Texto digital

Texto digital de Cuanto cabe en hora y media

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Vera Tassis y Villarroel
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción de un impreso contenido en la BVMC, corregido posteriormente.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cuanto cabe en hora y media. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cuanto-cabe-en-hora-y-media.

Logo BICUVE

CUANTO CABE EN HORA Y MEDIA

JORNADA PRIMERA

Al rocío de la Aurora la rosa el botón despliega, para suludar el día, con voces de nácar, cláusulas de perlas: y la Aura suave las flores alienta. Lisonjeando su esperanza, bañada en llanto despierta, que hasta las flores madrugan cantando en la cuna fúnebres exequias; y la Aura lo mismo destroza, que engendra, Suelta, falsa. Don Juan mío, toda mi esperanza muera a manos de tus rigores, si sé, que música es esta. Déjame huir de tus ojos, falsa engañosa Anfibena, que alagando martirizas, y martirizando templas. Si templa Laura ahora digo, que la música es por ella. Tenle, Inés, Tienes justicia, y es forzoso que se tenga. Aparta, Inés, no te pongas de parte de mis ofensas; pues su favor desestimo, Guacamayo, a Laura vuelva ese reloj donde tiene, estampada su belleza; que ni aún la copia ver quiero de una ingratitud tan fea. Aquí está, y está a las diez y tres cuartos por más señas, maravedí más, o menos, (cia, que aún no es ochavo en cocien- Señor, Laura mi señora no es culpada; si él supiera, . que lo soy yo, mal quedara absuelta a culpa, y a pena. Quién puede tener la culpa? El que compuso la letra. Pues quién fue el que la compuso di. Guacamayo? . El Poeta. De fragancias encendidas corona su pompa Regia, sirviéndola sus espinas de Archeros lustrosos por cándida Reina, y la Aura inconstante la enciende, y la hiela. Puede, di, para mi daño explicarse más la letra? Sí, que aún te faltan indicios con que introducir sospechas. Qué más? cuando a los oídos informan voces diversas: Y la Aura suave las flores alienta. A una culpa imaginada no hace argumento tu queja, Imaginada ser puede, publicando la evidencia: Y la Aura lo mismo destroza que alienta? Sí, que puede el desengaño examinar mis finezas. Muchas te debo, más ya las borran tus indecencias. A mi fe atiende. Es ninguna. Tente Don Juan, No me tengas, Mira mi honor. A estas voces déjame, Laura, que atienda. Dícente más sus acentos? Pues te dicen sus cadencias. Y la Aura inconstante la enciende, y la hiela. Laura dice, dime, Laura, es engaño esta experiencia? Sí, que la Aura es un viento, y yo mujer de mis prendas. Dice bien; y aquese tonto galantes con la fresca. Dejadme, salir, sabré si es equivoca la letra. No has de salir, vive el Cielo Disculpa esta resistencia. Fácil será, y vive amor, que es quien imperioso reina en mi pecho, por quien solo votándole la obediencia, con tierno afectuoso llanto, arrastro amargas cadenas; que no has de ausentarte, no celoso de mi inocencia, ni has de seguir el empeño, que tan airado deseas, sin que primero me escuches, la satisfacción primera. Entre la música, y llanto, . . Aguarda, Laura, yo la música eligiera. adornan las apariencias, estas son belleza en cuerpo, y aquella alma en la belleza. que tenga en las hermosuras el llanto tan alagüeña propiedad, que arrastre a un hom- lo mejor de las potencias, (bre Posible es, que mi atención no es digna de tu respuesta? los privilegios de atenta. (do Señor Don Juan de Peralta, cuyo valor, cuyas prendas. Detén la alabanza, Laura, y los episodios deja, que la lisonja es quien siempre autoriza las ofensas; y hallándome, Laura ingrata, lisonjeado de tu lengua, me acordaré de mis iras, y olvidaré tus quererlas. Digo, Don Juan, que aunque amada. . . . Piedad Cielos. sea una mujer, no llega a engendrar delito, cuando. el corresponder se engendra: siendo así, como tú quieres, (no queriendo yo) que sea, (porque son tan infelice) delito el que otro me quiera? Qué desorden, aunque me ame, viste en mí, cuando atropellas. por las leyes del cariño, sin examinar las quejas? Qué inconstancia? que tu amante lo refiera. Yo no, que cuando a la hermosa . El aliento de un instante compendio es de su belleza, donde los semblantes une, y en el encarnado el pálido engendra, y la Aura la risa en llanto la trueca. Qué falsedad No confundas la música con cautelas. Di, Laura, ya que has granjea . Mira, que tu vida estimo, y arriesgándola me arriesgas. Y la Aura suave, Pues mil veces te he creído. no engañosa Esfinge, quieras hoy con máscara amigable, embozar las indecencias. Tente, Don Juan. Suelta, Laura. Oye mi amor. . . Ea, suelta, Para para: e. . Aguarda, cochero; espera. Aqueste es otro cantar. Mas qué nuevo estruendo? Deja los estruendos, y ahora asiste. a la obligación primera. (do Laura, aparta. . De este mo- respondo a porfías necias. sabré yo. . Ser un grosero cuando intentes la volencia. La puerta haré mil pedazos. Pues si la rompieres, sea empezando por mi pecho, que es la más cerrada puerta. Señor, tente. . No se cae, y le dices, que se tenga? . Laura, Inés? Ay Cielo santo, mayor desventura es esta! mi padre es este. . Ea, abridle; pues me expongo a que me vea. Caimán, Inés? (ta- Ya es mayor, pues voz de tu hermano es es- Mi hermano? Ay de mí! Don Juan ya son ociosas tus quejas, cuando peligra mi honor, entra, Don Juan, a esta pieza. Fuera he de salir, y así es vana tu diligencia: Inés? Don Juan mío, esposo. A buen tiempo me requiebras? Mira mi famar . . Resuelto, porque algo tu honor me deba, huiré de tu hermano, y padre, a fin solo de que sepas, que por el balcón me arrojo a ver quien te galantea. Detente, Don Juan; mas ya yo también estoy resuelta; pues no es fácil, que te arrojes, sin que deshagas la reja, Toma ahora, Inés, esa llave. Hola; abrid aquesta puerta. Válgame aquesta cortina, y este resoj porque pueda rescatarme del secreto, cuando a él, y a mi amo venda Dónde está Laura? Allá dentro rezando el Rosario queda. Dila que salga . Bien presto verás, que te doy con ella, Donde fue Alonso, Caimán Al tiene una dependencia con una gente encantada, y ya bajado a componerla, Padre, y señor, qué es aquesto? Traerte, hija, las nuevas de que tu hermano ha llegado. Y con de mi hermano queda Cuando en casa se apeaba socorrió esta dama bella (lle de un coche, y volvió a la ca- Señora, mis brazos sean los que os reciban (ay Dios! cómo os halláis? estoy muerta Como quién llega a lograrlos que es forzoso se halle buena Muere traidor. En la calle cuchilladas. No quisiera, que en ellas se hallara mi hijo; y así desde aquí. Qué intentas? Saber por esta ventana quien motiva esa pendencia Detente, señor. Qué quieres? Mirar tu riesgo, A sospecha se pasa tu repugnancia. Ve a la calle. Es ya evidencia; quién se encubre aquí? Es mi esposo. No es sino un hombre, que intenta, huyendo de aquesa ingrata, daros muerte. Aleve, espera. Cúbrete, Juana; ay de mí! la voz de mi hermano es esta. Quedamos a buenas noches. Busquemos, Juana, la puerta. Caballeros, socorred a una dama. No hay moneda. (antes; . Pues siempre este empeño es el nuestro ahora se suspenda: Don Alonso soy de Rojas. Yo Don Diego de Tejeda, Yo soy Don Carlos Osorio, Caballero de Valencia. No huyas, traidor. Nunca huye el que tiene en su defensa mi valor. Tente, Don Juan. . . Es Laura? Sí, que desea que no te empeñes. . . Ingrata, aunque tus celos me ofendan, mi honor es antes, y así sígueme presto. Inés, entra a prevenir que salgamos por la otra calle. . Dios quiera. Donde, traidor, te retiras. . Señora. . Juana, estoy muerta. Qué nuevo estruendo será este, que mi casa altera? saca luz. . . Traidor, aguarda. No has de salir sin que sepa quién emboza tu osadía? Es vana tu diligencia. Hacia este lado es el ruido. No huyas, villano, espera. Juana de mí no te apartes. Ya Laura cobró la puerta, y así yo intento seguirla, pues se logró esta cautela. . Ténganse, que voy por luces. Hay confusión como aquesta! sacad luz. . . De Inés la voz escuché, arriesgarme es fuerza, por si la música es culpa de que mi Laura perezca Que dos mujeres serían las que del manto cubiertas salen de aquí, recatando de mis deseos sus señas? Quién es? ay de mi! . Quién solo sácaros del riesgo intenta. Pues de uno me habéis librado, sea el segundo el que os deba. . Quién va digo? . Es una pobre mujer. . Pues Dios la provea, Inés, Caimán. . De limosna doy esta cortina. . Venga. . Padre señor, cómo? yo? No me llames padre, sella el labio hasta ver bañada en sangre aleve una ofensa; dónde está el traidor? . . qué dices? quién tu claro juicio inquieta? Un agravio. Quién le causa? Una hija. De qué manera? Sabrás; mas hasta saber, que es la primer diligencia, que hombre de aquí ha salido, perezosa está mi lengua. De aquí salió? yo te ofrezco traerte luego la respuesta. Oh tirana ley injusta la del honor pues le entrega al arbitrio más contrario el dominio de su fuerza! al más bajo imperio, al débil aliento de una flaqueza, a la altiva fácil sombra, que empaña sus luces tersas: y para decirlo todo, a la mujer, que es materia donde se esculpen las formas que fabrica en sus ideas! Ay de mí! . Señor, repara, que entregándote a las penas, solicitas solo el daño, que es a quien menos remedias. Que quieres, Carmantun triste con lo mismo que atormenta lisonjea los pesares, sin dar alivio a las quejas: porque como se repiten, y por los oídos entran, duplican los sentimientos, haciendo explicación de ellas, déjame morir. . Repara que ya tu aliento flaquea. Dime, Caimán, conociste el hombre que en esa reja se ocultaba? . No señor, que como salió cubierta la cara, no pude verle. Y dónde está ahora esa fiera de Laura? En su cuarto juzgo que está con Doña Teresa, esa mi señora dama, que así nombró la doncella, y mi amo libró del coche. Ya el nombrarla me avergüenza. Toda la calle he inquirido, y no halló mi diligencia hombre alguno, de quien tú des motivo a las quererlas: De qué suspiras, señor? qué enigma tú juicio altera? Enigma es, que a pesar nuestro le desata una certeza. Más me confundes. Pues quieres que mi dolor le refiera, salte allá fuera, Caimán, a ser fijo centinela de esa cruel. Seré un Argos nocturno de las doncellas. . Para hacer seguro examen de la causa de mis quejas, quiero que primero digas, quién motivó la pendencia de la calle, porque ignoro si fue por la dama bella, que socorriste? Habla paso, Guacamayo, no nos sientan. Ya ves que amor que está en no se siente, aunque se sienta. (pie, Pues preciso es referirte, tan a costa de mis penas, memorias, que al dolorido más afligen, que consuelan, porque son las que en los tristes, cautelosamente opuestas, ofenden con lo que olvidan, y matan con lo que acuerdan, sabrás que esta noche, entrando en la Corte, patria nuestra, después que en Badajoz hice, tremolando la bandera, cantar mucho honroso triunfo, en poca reñida guerra, hallé en nuestra calle otra, aún mayor que la primera; Dígalo yo, pues llevado de una música, solo ella pudiera arrastrarme dócil, cuando blanda lisonjea, que a un fraude halagüeno pocos sentidos hay que se duerman, pues con encanto apacible, con lo que adulan despiertan: Con curiosidad no poca apelé hacia la experiencia, y a pocos pasos percibo, entre fragrancias, un etna, entre halagos, un veneno, y una muerte entre una letra: pues con tiernas consonancias, más duras, cuanto más tiernas, escuché el nombre de Laura, y de mi fin la sentencia. Cauteloso, y advertido, dudé si equivoca era la letra, antes de arrojarme engañado a la pendencia, que como la Aura es halago que a las flores lisonjea, pudiera ser accidente, y no prevención la letra, y así quise examinario, para suavizar mis penas, porque los males dudosos son los que más atormentan; cuando un grave estruendo escucho y en él lástimas diversas. Volví el rostro, y vi que un coche, con temerosa violencia. a unas damas arrastrara, a no hallarse mi defensa, para atajar el violento peligro de su carrera. Recibí el Sol en mis brazos, la más soberana idea, que en el barro organizado retrató naturaleza. Formaba entre el candor puro perfectamente tal mezcla la rosa; mas cómo, cómo me acuerdo de su belleza, cuando un ofendido escucha a un agraviado que cuenta? Perdona, que esta beldad tanto la atención me lleva, que pintará su hermosura, a no llamarme una ofensa. Recibila, como he dicho, en mis brazos, corta esfera para deidad tan sagrada, cuando tu alpaso me encuentras, y la trasladé a los tuyos, donde del desmayo alienta. Volví presuroso entonces, guiado de mis sospechas, al segundo engaño, porque no pasaron a evidencias, para que el primero fuese a quien mi honor asistiera, pues siempre lo es, que un hombre cuando obligado se entrega al ocio amoroso blando de la voluntad apela a su razón, porque quede de esta ceguedad esenta. Yo así, inquiriendo mis dudas, huyo de lo que deleita, que dio lugar la razón a que a mi punto atendiera. Encontré con mi enemigo, y a pocos lances confiesa serlo en todo; a quien furioso di con la espada respuesta: Y estando en la lid trabados oigo dolorosas quejas, que a ese balcón repetían, y juzgando acaso que eran de la beldad socorrida, quise que se suspendiera el duelo empezado entonces, que dando pendientes nuestras lides; y aunque herido estaba, vino allí en ello, y quien era le dije para efectuarle, y di a la calle la vuelta, donde lo demás has visto. Esta es mi venida, esta la ocasión de mis suspiros, y la causa de mis quejas: cuéntame ahora la tuya, por ver si en algo le templan mis dolores, pues es cierto, que en el tropel de las penas se alivian muchas, sabiendo que otras mayores no quedan. Mayores (ay de mí triste! son, hijo, las que me cercan, pues de dudas presumidas nacen claras evidencias. , . Cómo así? Porque el dolor me obliga a que las padezca. No señor, para informarme perezosa esté tu lengua, pues con lo mismo que ocultas, confundes lo que atormentas; dime la causa? . . Bien sabes que cuando a esa dama bella trajiste a mi amparo, y casa, vine a llamar a esa puerta a tu hermana Laura, y viendo que en abrirla tardan, vuelta diste a la calle, a salir de tus dudas. Aquí empieza a representarse al vivo nuestra infelice tragedia, pues luego que abrió, la hallé entre sus delitos muerta, con toda la acción turbada, y muy sobre si la ofensa. Disimulé por entonces, hasta que en la calle, envueltas en iras, escuché voces; curioso quise a la reja acercarme; ella honestando, hipócritamente necia, su traición, quiso encubrirla con máscara lisonjera, el riesgo me prevenía, y no fue poca clemencia, a quien su ruina buscaba, que el riesgo le previniera: porque al abrir la ventana la hallé en un hombre, que encierra un hombre, digo; ay de mí! de quien turbada confiesa ser esposa; y él airado, cuanto el la afirma le niega. Embozo el rostro, sacando la espada, que hizo mi afrenta mayor, aunque mi venganza no menos crecida que ella, porque le embesti arrojado, con ánimo de que viera salpicado de su sangre, cuanto me añadió de ofensas; mas la luz se apagó entonces, y en mis confusas tinieblas me dejó; tu entraste, y tú has sabido lo que resta, mira si es mayor dolor, y cuanto hay de diferencia, de ser culpa imaginada, al ser evidente pena. que por contar relaciones no se acuerden de la cena. (to, Guacamayo, tu eres bru y así en lo que comes piensas, Hay más trágico suceso! señor, las lágrimas deja, y no el remedio, que el mal si no se ataja, se aumenta. Cómo, si de este traidor aún no percibí las señas? Cree, señor, que la maldad es castigo de sí misma. Aún de la venganza temo, porque hay maldades tan feas, que al mismo que las castiga Un consejo podré darte, por si algo el mal se remedia. Dile, que no es gran mal donde el consejo caber pueda. Ya que Laura está en su cuarto, podrás informarte de ella, que bien sabrá a la amenaza decir quien este hombre sea, que publicó ser su esposo, que yo no me atrevo a verla; por no ver a su hermosura triunfar de mi diligencia, que es mujer, aunque es hermana, y si a las lágrimas tiernas apela, acaso hallaré ociosidad en la empresa, que al llanto de las mujeres que hombre habrá que no se venza? Miento, que es por no enojar la hermosura de Teresa: . y así, pues no me resuelvo, tu puedes entrar a verla. Con una tan grave injuria de su hermosura te acuerdas? No puedo más. . . Ni yo tanto puedo ya con mi paciencia: Hola, Caimán. . Señor. Entra, y di a Laura que la espero abajo en mi cuarto. . Sea. Dirás también a esa dama, que dando a Laura licencia, me perdone. Del perdón tendrá ella muy buena cuenta. que efecto han de hacer mis iras en Laura, cuando he de verla defendida de las armas de una adorada belleza! ofenden más, y avergüenzan. . Dios te ayude, y no estornudes. El sueño, y la hambre me inquieta a crucificar bostezos, con que es forzoso que tenga las jácaras del pulgar en el pico de la lengua. Pues ya habrá salido Laura. quiero ver a mi Teresa, porque no llegue a argüir de remisa mi obediencia, que después que averiguada mi padre la injuria tenga, sabré yo, Ay Guacamayo, que te ha cogido la rueda. Quién diablos puso al reloj campañilla como aquesta, porque él, y el que se la puso parecen niños de teta? Pero qué es esto? Las once. Quién aquí osado se encierra? Un reloj. Dónde el osado se esconde? En la faltriquera. Decid quién sois Guacamayo en por no serlo en cuanto Y a quién buscáis La puerta. Y a qué entrasteis? A salirme con cuanto yo no quisiera. Este sin duda es criado de mi enenigo Estoy muerta! Qué hacías aquí? Esconderme, para que usted no me viera. Decid verdad. Tener hambre, con más miedo que vergüenza. Digo que digáis verdad, La verdad, señor. Qué? . Es esta. Vive Dios, que si os burláis, que os dé la muerte de veras. Pues su muerte, ni aún de burlas la tomaré en mi conciencia. Chanzas gastáis, vive Dios! Yo no gasto otra moneda. que esta daga en vuestra sangre tiña. . Saldrá muy morena; pero en llegando a las dagas, no es gracia estarse con ellas. Si me contáis la verdad tendréis mis albricias buenas, y si no el justo castigo. Pues tenga usted al cuento cuenta, y no lo cuente por gracia: mi amo tuvo una pendencia, y en una pierna le hirieron, Sobre qué? Sobre la pierna. Y a quién servís? A mi amor . . Dónde vive? Donde alienta. Quién es vuestro amo? decid. Aquel que la herida lleva. Y esta en casa? No señor. Pues adónde esta? En la pierna. Segund vez, cómo? cómo? ya de mis iras no tiemblas? Ya la pura verdad digo, así la halle en la taberna; mi amo es don Juan de Peralta, esposo de Laura, y ella fue por quien riñó esta noche sobre su palabra misma: quiéres saber más? Bastante ponzoña es la que me entregas. Pues no me la vuelvas nunca, aunque no te halles con ella. Ven conmigo, y me dirás donde vive. Ya el ir es fuerza. Que en media hora no más tantos lances me sucedan! Pues muy presto sabrás. Qué? Cuanto cabe en hora y media. Ay de mí, cielos piadosos! Laura, Laura no parece, o ella ha errado el camino, o en su casa al contingente se quedó, de hallar su vida en los brazos de la muerte! Yo en el lance anduve errado en no decir claramente, que era su esposo, cuando ella se adelantó a defenderme, porque en su casa cesaran las justas iras crueles! Pero quién con celos supo distinguir discretamente, de corteses atenciones, ceguedades descorteses? Quiero entrar a ver si acaso mi hermana la ha dado albergue porque si no he de librarla de cuantos riesgos la cerquen. Caballero, en esta casa quedaré decentemente, porque tengo aquí una amiga de confianza, y creedme que os estoy agradecida. Y yo obligado mil veces a serviros. Pero el cuarto de mi hermano no es aqueste: pues cómo abierto a estas horas? si él queda (cielos valedme!) . en casa de mi enemigo, y mi acreedor? Qué resuelven vuestras dudas? Que os volváis, porque entrar quiero a valerme de mi amiga. Leonor, Juana, nadie llega a responderme: falta me hace Guacamayo, y es forzoso que me arriesgue: Si en casa de mi enemigo han llegado a conocerle? Juana. Valedme cielos! mi hermano (ay de mí!) no es este? tan preso en casa! . . Señora, qué es vuestro temor? Muy fuerte; suplicoos que sea el silencio en vos el más elocuente; yo el placer le perdonara a este pesar pues la muerte trae embozada en alegría, que darme pudiera el verle fuera del riesgo. Ninguno responder a mi voz quieres pero que pasos son estos? quién va? . . Ay de mí! Quién viene? Qué he de hacer triste de mí? amparadme, socorredme, que es mí; pero cómo, cómo mis alientos desfallecen? Qué decís? Qué calléis solo, y me dejéis, porque es este hermano de aquella amiga que os he dicho, y responderle quiero sin que os vea. . 1̱. Respondan, o haré que a lances muy breves se abran bocas en su pecho, donde hablando desalienten. Pues que erré en venirme aquí, ya mi yerro se resuelve a atropellar los peligros, que a mi fortuna se ofrecen. Caballero, una mujer, que de vos viene a valerse, (do? soy. . . Mujer? cómo entrar pú Por un bien raro accidente llegué a esta casa, y hallando este cuarto abierto, de este me valí, y ahora de vos, porque me amparéis clemente. Señora, mi obligación forzoso es que se confiese obediente a este debido precepto de las mujeres, y así aguardad que luz saque, y os dejaré en más decente compañía con mi hermana. . Caballero, esa mujer Conmigo dejarme quiere, y no podrá ser muy fácil, cuando sin mí llego a verme; más resuelta ya, no es justo mirar los inconvenientes; tras él me iré, que pues pasa ese cuarto el mío, puede mi temor quedar seguro, con el medio de atreverse, porque siempre la osadía es vencedora de leves. . Señora, que fin lleváis cuando intentáis de tal suerte confundirme, y engañarle, si ya vuestro temor puede decirle, que de su hermana hoy ha llegado a valerse? Y yo que he de hacer aquí, cuando él salga, y llegue a verme en vuestro amparo forzoso, y en vuestro amor firme siempre? Laura, señora, que enigmas son decirme que aquí entre, que aquí aguarde, que aquí sufra, que aquí calle, que aquí pene, que aquí? Señora, ya estáis; mas cielos, qué encanto es este! Adónde (raro prodigio!) se esconde, o se desvanece? A quién buscáis Caballero? Tened la espada, atendedme; una mujer, que de mí huye, se entró en esta casa aleve, y esa es la que busco. Dónde se pudo ir tan fácilmente? . que aquí buscáis, sea quien fuere, que no es justo averiguar aquel lo que no conviene, no está aquí como habéis visto, i. Pues mi valor se resuelve a examinar de la casa los más ocultos retretes. - No ha de ser de esa manera, supliccos que se os sosiegue la ira, pues la palabra os doy de que si la viere, os responderé al instante. Luego podéis responderme, supuesto que hablar con vos la he oído, y que a valerse, acosta de mis agravios, de vos vino? . . Bien convence vuestra pasión a mi punto. Qué decís? Cumplir pretende mi valor con la palabra que os ha dado, y os advierte, que esa mujer que decís. que solo a mi amparo atiende, sabrá entregárosla, para quitaros la dos mil veces, aunque seáis su hermano vos, pues basta que se confiese que ella de mí se ha valido, para defenderla siempre. . A quien tantos engañosos confusos lances suceden! Laura entrar aquí, y hablar con los dos tan falsamente, que en el cariño del uno engendre de otro la muerte! cómo, cielos, puede ser? áas bien puede, más bien puede, cuando es mujer la que halaga, al mismo paso que ofende, y siempre han traído mezclados los pesares, y placeres: traerme Laura por tercero de su amante, y esconderse! Adonde esta falsedad de una fineza procede, como lo fue el de librarla de su padre, que hoy crueles rencores ejecutara, a no hallar en mí su albergue? Mas la obligación fue mía, como la causa, por verse con músicas en la calle, celebrada tantas veces: y el reñir yo con su hermano también lo fue, y no se entienden obligaciones precisas, con atenciones corteses, Solo he hallado a mi hermana; qué abismo, o qué encanto es este! yo la toqué, yo la ! . Pues cómo, cómo ser puede, que se engañen dos sentidos con señales evidentes? Caballero yo no alcanzo donde esa dama se fuese, pues no está en mi casa. . Y voz me lo aseguráis fielmente? Si aseguro. . Cómo noble? Ya os digo que sí, y creedme, que no he dejado rincón sin examen diligente. Pues cómo pudo ocultarse? acaso es la dama duende? Ese asombro es el que a mí me confunde, y entorpece, pues jutira que me ha hablado en esta pieza. Ofreceisme entregarla, si la hallaréis? Si haré, como se os acuerde la palabra que os he dado. Perdonadme, y concededme licencia para buscarla. Id con Dios. . Yo haré que quedo en el portal un criado, que pueda satisfacerme. . Seguirle quiero por ver si algún lance se le ofrece a esta dama, porque basto que de mí llegue a valerse, para que cortés la asista, y la defienda valiente; y también para inquirir de Laura los accidentes, que pudo ser que en su casa quedase, y aunque atropelle mil riesgos he de librarla, pues es cierto, es evidente, que siempre vence sin honra, el que sin peligro vence. ACTO SEGUNDO.

JORNADA SEGUNDA

Ya parece que mi hermano de casa salió, y parece que fue con el Caballero, que aquí ha llegado a traerme, no sabiendo a quien traía: Y ya que hoy lo erré, hoy resuelve segunda vez mi osadía hacer que el yerro se enmiende, veré si ha dejado en casa a Guacamayo, que él puede volver a dar cuenta a Juana de los lances que suceden. Quien duda que anduve errada en dejarla, y resolverme a empeñar a un hombre, cuando no he llegado a conocerle, para dejarle en un riesgo con mi hermano: mas quién puede prevenirse despechada a acertar los accidentes? Quién duda también que erré en salir de aquel albergue, donde pudo mi fortuna amparme, y defenderme? Cuanto menos importara que allí me encontrase, y viese mi hermano, que no el hallarme con un hombre fácilmente en el umbral de su casa, pues pudiera allá creerme, viendo el coche hecho pedazos, y aquí no que no se entienden las malicias declaradas, con verdades aparentes: Y así, porque a Juana avise, buscaré; pero quién viene a estas horas a mi casa? No menos que dos mujeres, Señora no os asustéis. Pues decidme a quién buscáis? A Don Juan, si eso dudáis. Y a Don Juan que le queréis? Mucho, si tú el caso ignoras. Y de qué modo? qué escucho? Pues quién, sin quererle, mucho, le buscara a aquestas horas? Señora, el manto desmiente; mas dime no es esta Inés? La de nuestra casa es, no quitando lo presente. No es esta la hermana, cielos, del que me libró del coche? Esto no es la que esta noche aumento dio a mis desvelos? Yo, señora, sin sentido aquí he llegado a miraros. Ya conozco que a ampararos de mi hermano habréis venido. Es verdad, mas vos, señora, cómo sabéis lo que pasa? Porque estuve en vuestra casa juzgo que habrá media hora. La mano os pido postrada, pues de mí sois conocida. Yo os estoy agradecida, y a vuestro hermano obligada: En que paró me decid aquella inquietud severa, que hubo en vuestra casa? Fuera culpa ocultarosla, oíd. Yo a vuestro hermano he querido, y él su amor me ha declarado, basta haberle confesado, para hallarse arrepentido. Muchos cuerdos desvaríos he hallado en él malagrados, que el ser allí desgraciados, es la pensión de ser míos. Con mal fundados recelos le hallé esta noche en mi daño, fabricando un duro engaño sobre el aire de sus celos. Ya visteis la alteración de mi padre, y vuestro hermano, que negándome la mano, armas le dio a su pasión. Mas allí en lance tan fiero socorro me dio don Juan, porque obráralo galán monos que lo Caballero. Cuando al bajar embozado tres hombres le acometieron, a quienes respuesta dieron sus iras, y mi cuidado: Pues queriendo conocerme, se lo estorbe recatada con el manto, y alterada, no quise más detenerme, La puerta tomé aturdida, Ya don Juan perdí. Y salimos al momento que lo vimos, como una cosa perdida. Bien sabes tú que yo vino en la calle de la Abada, aquella que está casada con la calle del olivo. Cae una puerta a esta tal, que llaman falsa en mi casa, y quien sabe que es escasa, sabrá que no es principal. Por esta, por mis pecados, muchas veces he salido, y esta noche me he perdido aún por mis pasos cantadlos, pues yéndome calle abajo, la del Carmen encontré, donde más perdida hallé, tono cuanto no fue abajo. Las calles conté una a una, no el suceso a mi señora, pues basta el dejarla ahora en la cale de la Luna. Pesame de que os obligue a tanta resolución mi hermano. . Esta sinrazón habrá amor que En mi amistad una fe bien verdadera Por esclava, y prisionera obligada me tendréis; mas decid, qué novedad fue el hallaros esta noche en mi casa? . Y lo del coche precipitado? . Escuchad. A ese dulce paraíso, primer objeto del Mayo, blanda emulación vistosa de los Eliseos campos. A ese, que solo en Madrid, siendo vérgel, llaman Prado, que el desprecio de lo mucho, es el crédito de tanto, salí esta noche, y después que sopló el Céfiro blando con suaves tiernas lisonjas, fresca tempestad de halagos, que mansamente previenen los entretejidos ramos. para empleo de los muchos que fertilizan su espacio; y estando ya mis sentidos de su quietud lisonjeados, Dejé el sitio, motivada de un continuo sobresalto, que reina en mí, cuando estoy en ausencia de mi hermano; el cual vino ayer a solo dar aumento a mis cuidados, donde al venir por tu calle nuevamente se aumentaron, porque un coche con el mío, enredándose, trabaron lid temida entre los dos, hasta que disparan ambos truenos, uno en la caída, y el otro en la fuga rayos. A este fiero precipicio, con espíritu bizarro, se previno. . Don Alonso de Rojas, que está en el cuarto, viene, y parece de mala, buscando a Don Juan tu hermano. Don Alonso está en Madrid? . Señora, aqueste es mi hermano Ay triste! tápate, Inés; muerta estoy! Di que allá bajo le puede aguardar, y al punto que pongas luz, Guacamayo. Ve a la casa de Don Lúis, y mira si allí ha quedado Juana, y tráela con secreto, . No lo sabrá más que el barrio. . Que este es vuestro hermano? Sí. Y el que esta noche ha llegado? También. Cielos, si será este quién me socorrió? Villano aguarda. . . Su casa es esta, que no te engaño en un cuarto. Señora, dadnos licencia. Aquí podéis retiraros. No has de salir, vive el cielo! sin que le vea. . Mi amo no está en casa. . Y si no basta que lo diga ese criado, yo os digo que no está en casa. Perdonad, si es que alterado llegué, que a saber que estaba una Deidad en su amparo le creyera. . No lo dudo; id a aguardar a mi hermano. Mas cielos, qué es lo que miro? o estoy sin duda soñando, o es esta doña Teresa, y la que hoy tuve en mis brazos! Mas si en mi casa quedó, cómo pudo haber llegado a este sitio? . Qué dudáis? Mucho, si os estoy mirando. De qué modo? Porque tengo en mi idea vuestros rasgos. No os entiendo; mas decidme, qué ocasión ese criado os dio, para que le ajaséis? Señora, ninguna ha dado. Sí di. . Cuál? La de la pierna, Qué pierna? Es un cuento largo. No entiendo. Si bien me acuerdo, a mí aún no se me ha olvidado. A mi honor temerle puedo, si mi enemigo es hermano. . de mi adorada Teresa. Temerosa estoy, dudando si fue Don Alonso quien me socorrió, porque agravio a Laura, si él me conoce. Escuchen, que este es buen paso. A qué aguardáis. Caballero? A salir desengañado. El cuarto de las Teresas, no es cuarto de desengaños. Qué desengaño buscáis? Ninguno ya, pues le hallo. En quién? En vuestra belleza. Quién os le da. . Mi cuidado. Mas lo ignoro. Bien lo explico. Para qué? . . Para adoraros, Parece que de dudoso, os queréis pasar a osado. No es osadía, señora, rendirme a decir, que os amo. Ese nunca es rendimiento. Si es, cuando en holocausto de esa deidad soberana felizmente me consagro: después que siglos de penas, en espacio de dos años, por vos voluntariamente pasé, posible es que tantos suspiros en un momento los desvanezca lo ingrato! Dice bién, pues ni aún la ausencia de mi idea le ha borrado. . Pues si mi amor. . Deteneos: que ultraje así sus halagos, . cuando amante, y deseosa me es lisonja el escucharlos! Decidme, y cuantos favores mereció vuestro cuidado de mi cruel piedad? . Ninguno, que favores soberanos, no los méritos, la suerte es solo quien los ha dado: Esta noche la he tenido, cuando Atlante temerario, el cielo de esa hermosura he sostenido en mis brazos. Esta noche? . Sí señora. No me acuerdo. No a lo ingrato llaméis tan presto, con voces que profanan vuestros labios, que aunque lo ingrato es alhaja de lo hermoso el afectarlo nunca borrará el delito, aunque le haya confesado: y así hoy, aunque olvidéis tiernos suspiros pasados, cuando no de mi fineza, podéis del coche acordaros. Luego a vos estoy debiendo ese empeño? . Empeño tanto no le hice de agradecido, que le hice de obligado. Quién lo confirma? . Señales, y trofeos que he logrado de este feliz grande triunfo. Y de quién? De vuestra mano. De mi mano? de qué modo? Ya es forzoso el declararlo: conocéis esta sortija? Si conozco; pero cuando a vuestro poder llegó? Cuando rendida al desmayo estabais, tanto favor usurpé, que un desdichado solo cuando estáis sin alma puede alcanzar favor tanto. Pues hacedme ahora vos otro, que yo os hablaré despacio. En todo he de obedeceros; que me mandáis? Que en el cuarto de mi hermano le aguardéis, pues le buscáis: Guacamayo, ponle aqueste Caballero una luz. . Pondrele cuatro. Y veme luego por Juana. Soy yo en eso interesado. Señora, ya os obedezco. Dios os guarde muchos años. Perdona honor, que mi amor de la razón ha triunfado. . Voy a templar a mi Laura el susto, y el sobresalto, que tendrá por haber visto a don Alonso su hermano, mi amante correspondido; bien atento, y cortesano se ha mostrado en declararse: permita amor continuarlo, para que dichosamente le desfrutemos entrambos! Gracias a Dios que este viejo me ha dejado libre el paso, y que esta fuerte cortina de sus iras me ha librado: Tres, o cuatro, o cinco veces a salir de esta he probado, y también me lo ha impedido otras cinco, tres, o cuatro. Gran lástima por su casa vino hoy, porque le he escuchado que su Laura, y mi Teresa, ambas juntas las liaron: yo también quiero afufarlas, que puede Don Juan mi amo no haber ido a casa hasta ahora, si las ha ido acompañando: A dónde estará la puerta? San Antonio guíe mis pasos. No he querido asegurarme, aunque me dijo el criado, que Laura no había salido de la casa, y así paso a examinar en la suya la evidencia del engaño. Desde mi casa he venido siguiéndole a esta, y no alcanzo en su fin, mas que una nueva confusión de mis cuidados; que mujer sería, cielos. la que él buscaba en mi cuarto? Si era Laura, como pudo proceder tan arrojado, que a mi casa la llevara, sin que allí temieran ambos, ella el golpe de mis celos, y la espada él de mi agravio? Mas bien pudo en lo atrevido haber la música dado, y entrar luego a socorrerla, después que había lidiado conmigo; mas no ser pudo, mas si pudo, cuando le hallo en el umbral de su casa con tan diligentes pasos. Subir quiero la escalera. Matarele si lo allano Ruido he sentido en la puerta, o si fuese algún criado! Al que hallare esta perdida, yo le ofrezco buen hallazgo. Quién es? quién baja? es Inés? No soy sino el mismo diablo que te lleve, pues a oscuras me hace andar en tales pasos. Di, Dime, y Laura tu señora? Quiero fingir, por si escapo de sus manos: ya se ha ido. Y tú adónde vas? Abajo. (celos, Qué han de apurar más mis si ya han llegado a este estado? Y por qué Laura se fue? Porque estándola tocando, en la calle eran los tiples, y en casa los contra bajos. En la música que di bien ves que no fui (culpado, cuando así lo dispusiste de su parte? . Eso es muy claro, mas vete, que anda aquí el viejo. Quién va. Quién sabra mataros. Tente, traidor. No es traidor quien castiga los osados. Esta es otra, no habrá un viejo que nos saque de este paso? ladrones, señor, ladrones, Valdreme de este sagrado, pues por ladrón me han tenido, que este sin duda es hermano de Laura, y así esta fuga no se culpe pues consagro mi valor, y mi cordura a su honor, y su recato. . Dónde te ocultas, traidor . Caimán, trae luz. Como un galgo saco luz, que aquesta noche andamos desalumbrados. Adónde, traidor, te ocultas? Tened, aguardad, hidalgo, qué atrevimiento es el vuestro? Ay! muerta soy, qué es mi amo! Caballero, suspended. el acere, y reportaos. Cómo? más señor Don Juan, vos aquí, y tan indignado? Señor Don Luis (qué diré?) A quién buscáis, que turbado me respondéis? . . Yo he enido; mas qué es esto, cielo santo? Aquí Juana! . Ya me ha visto. qué haces, Juana, en este cuarto? Yo, señor, vine; estoy muerta. Responde . Vine a un recado. Y de quién? De mi señora. Para quién? Para el Vicario. . . Vive Dios! Usted responda. que esta mejor informado . Mas tengo que recelar, . callaré halla averiguarlo: Señor Don Juan no hay razón de que culpéis los acasos, si no es de satisfacerme a lo que os he preguntado. Que satisfación buscáis, cuando halláis el desengaño en la fuga de esa criada? Ya he dicho que este fue acaso, a que yo os satisfaré, Yo la venía buscando. Cómo sabíais que estaba en esta casa? Informado. de quien la vino siguiendo. Y vino a pie, o a caballo? en la trampa le han cogido. Ya son mis indicios claros; . mas qué he de hacer, si de casa su hermana, y mi hija han faltado; vos decís que la siguieron? Así es. . . Hasta casa? Es llano. . . Señor Juan. Qué? . Sabed, que muy mal os informaron, Misterios nuevos encubre, . Y pues palabra os he dado de satisfaceros luego, haced conmigo otro tanto. Ya he dicho que a esto he venido. Pues cómo yo pude hallaros en mi casa tan sangriento? Fue por haber escuchado, que andaban en vuestra casa ladrones. . Yo siento harto que deis frívolas razones, y vive el cielo sagrado, que lo que no hacéis aquí, haré que hagáis en el campo! Aquí, y en cualquiera parte sabré siempre castigaros; mas no dar satisfacción con el acero en la mano. Porque sepáis que soy noble, y que no en mi casa os mato, venid conmigo. . . Yo acepto el desafío. . Pues vamos. Buen encuentro pues en Juan, mi Juanilla se ha trocado! mas diré lo que hay en casa a señor. . Qué hay Guacamayo? Oye a una voz tres palabras. De qué bienes asustado? Es porque en casa está Laura, y don Alonso su hermano también está, y yo he venido a buscarte, y remediarlo. Quién llevó allá a Don Alonso? Yo, que el reloj, y el retrato, que te dio Laura esta noche, nos ha descubierto a entrambos: tómale, y mira que ya llega a las once y tres cuartos. Este es el primer empeño, pues a un tiempo me ha llamado honor, y amor, y aquí solo es al honor a quien falto. Señor Don Luis, yo no tengo culpa de ser desdichado. Qué decís? Que ya salía a reñir con vos, y he hallado otro no menor empeño, que antes me llama. Obligado estáis a reñir conmigo, o a satisfacerme. . . A ambos empeños satisfaré en otra ocasión, dejando la palabra como noble, a cuenta de mi cuidado. No os habéis de ir. Será empeño necio, aún más que cortesano: ya sabéis quien soy. Muy mal sabéis vos disimularlo. Permitid, señor Don Luis, que ahora lleve Guacamayo a mi casa esa criada, que yo os juro a fe de honrado concivir con este empeño, para llevaros al campo, . Tened, aguardad, Detente, que no podrás alcanzarlo, Adónde estará mi hijo? donde aquel monstruo de engaños se habrá huido? ay hija ingrata! mas este nombre es negado. en quien con la inobediencia mando en solo los agravios. Los gestos que hace el buen viejo no son no de hombre ordinario, Ah doncella. El que lo fuere. . Señor. Vete con ese criado. Dios guarde austed. . Id con Dios Él te dé canas, y cuartos. Mas dime antes, de qué empeño aviso diste a tu amo? De aquel que en su enfermedad tuvo con el boticario. No burles, que vive Dios, que morirás a mis manos! Doctor mío, no me mates sin habértelo pagado. . . Dilo, Es sobre una cuenta que tuvo con el rosario, No me apures. No eres vino, para dejarte apurado. Dime la verdad, oh mira que te ha de costar muy caro, Cómo quieres que eso sea si lo metes a barato? Di presto. . Esta cuenta reza de lo que tiene empeñado. Dilo, infame. Señor, tente. Digo, señor; con quién hablo? Parece que no es conmigo? Será. . . Con quién? Con los labios. Vive Dios, que de mis iras serás el primer estrago, aunque se manche mi acero en un pecho tan villano: Un hombre que tiene pecho, ya se ve que no es hidalgo. Detente, señor. Aparta. . Yo lo diré, señor. Cuándo? Cuando corra como yo, . te diré esto, y otro tanto. Villano, espera, no ligas las piedades de tu amo. Detente, y mira que corre como nueva de mal año. A quién jamás se acontecen sucesos tan temerarios, como son faltar mi hijo, cuando estoy tan ultrajado! Faltar Laura, con aquella dama, de quien es hermano Don Juan, y a este mismo tiempo estar de él desafiado, porque hallándole aquí, infiero! que es cómplice en mis agravios? pues quien huir quiere del juicio, el delito ha confesado! Si el viejo da ahora tras mí, me han de valer los zapatos. Que en fin servís a Don Juan? Si señor, por mis pecados. Por qué lo decís así? Porque me sirvo de mí amo. Y vuestra ama donde fue? Eso quería preguntaros. Luego no lo sabéis? . No, Ni con quién fue? No lo alcanzo. Adónde vive? En la calle de la Luna, y todo el barrio. Venid conmigo, que yo hasta casa he de llevaros, Conmigo irá usted bien puesto, pero mal acomodado. . Todo esto me habéis debido, por hallarme agradecida. Siempre la ofrenda admitida, es vanidad de un rendido. Fuerza es se muestre obligada quien una vida os debió. Yo soy quien la recibió, aunque en la muerte, embozada. Si tal crueldad llego a oíros, cómo podré acreditaros? Porque muero por amaros, y vino para serviros. Vuestra seré eternamente. Yo a vuestro imperio amoroso, consagraré venturoso la libertad de obediente. Quiera amor que la discordia. que hay entre vos, y mi hermano, ajuste una, y otra mano, en amigable concordia. Quiéralo amor, pues ya alcanza. en término de dos años, a desfrutar desengaños, floreciendo en la esperanza. Decidme, con Juan estaba, cuando venisteis aquí? Ya no os he dicho que sí; y que me quedé asombrada. El criado me informó. de todo lo sucedido, porque quedo allá escondido. Mejor lo sabrá que yo; quedad con Dios, que sintiera que aquí mi hermano me hallara Recelo que os enojara, nunca mi amor le admitiera, Aunque de vos me desvío, muy presente he de teneros. Siempre el término de veros será breve, por ser mío. Que en fin sois tan desdichado? Nunca desdichado ha sido. quien se halla favorecido de vuestra piedad. . Agrado le podéis llamar. . Piadosa se llama, quien a un rendido. da el título de valido, para elevarle. Afectuosa nos dice la consecuencia, porque tal vez la piedad. no nace de voluntad, que nace de conveniencia; quedad con Dios. Humillado. mi albedrío al vuestro está: Quiero volver, porque ya Laura esará con cuidado, y de las paces? . Quién ama en el solio del honor; nunca ha sentado al amor. Pues qué lugar? mas quién llama Abrid aquí. Este es mi hermano, mirad qué lugar le dais? e Solo aquel que vos queráis, si lo ajusta vuestra mano: Quien de confusión tan alta ha de poder salir bien? Caballero, sois vos quien busca a don Juan de Peralta? Sois vos quien aquesta noche estuvo embozado en casa del señor don Luis de Rojas? Yo soy. . A vos os buscaba Ya tardáis en declararos. Puesto que decís que tarda mi razón, de parte suya admitid estas palabras, que cuando hay razón que dicte, fuera acción muy temeraría dar el uso a los sentidos, que viven de atropellarla. Yo supe en fin que esta noche tuvisteis con una dama un empeño, el cual es justo que vuestro amor satisfaga: y así, pues sois Caballero, y habéis sabido que os ama, no permitáis que lo honor padezca injuriosas manchas. Buen consejo para quien . se enciende en mortales ansias! Venced señor, los recelos, y las ilusiones vanas, sea la razón quien os venza, que de aquella parte os llama, pues siempre es mal valeroso el que vence sin espada: Volved el rostro. . . Tened, dejad preámbulos, que casan, y decid, de su defensa quién os dio autoridad tanta? Su honor. Y a vos qué os importa? No menos que vida, y fama. De qué modo? . Porque soy quien es hermano de Laura. Pues sabed. . Qué? Que si solo consiste vuestra desgracia en que yo la haya querido, es cierto que no disfama amor honesto a ninguno, También es cierto que faltan satisfacciones al pueblo, pues nunca honesta las causas, y siempre el honor padece, porque en la opinión bastarda del vulgo, aunque sea del bien, el mayor mal es que se halla. Que ignore la decorosa decente fe, pura, y casta con que correspondí siempre al honor del Laura, no es argumento que puede convencer mi opinión clara, pues no he de padecer yo la culpa de su ignorancia: Y si me halló vuestro padre escondido allá en su casa, fue acaso; o pluguiera amor matarme antes que me hallara, usando de esta clemencia, porque a un infeliz le bastan los alientos de una vida, para martirio de un alma! Pluguiera, vuelvo a decir, que de una vez me matara, que es género de piedad, matar violento el que mata, y es propiedad del injusto matar a un triste de tantas! Divina hermosa Teresa, . pues tú eres la deidad sacra, a expensas de quien respiran mis desfallecidas ansias, inspírame nuevo aliento para triunfar de tan varias contradicciones, supuesto que en todo eres soberana, pues para vencerlas, menos que tu espíritu no basta! Qué resolvéis? . Solo tú . mi valor acobardaras: Si le declaro mi amor, juzgará que en la amenaza quiero vengarme, tomando bajamente la venganza, Decid, qué pensáis? Un modo con que uno, y otro quedara bien. . . Ea pues, no tan remisas desatéis vuestras, palabras. Matarele, que este solo es el remedio que alcanza mi discurso, no hallando otro para lograr a su hermana, y para lavar mi ofensa. Señor Don Juan de Peralta, noble sois, noble es también Don Luis de Rojas, que iguala, sino excede, vuestra antigua, noble ilustre sangre clara, y así, pues que con nobleza, hacienda, hermosura, y gracia, mi amistad os brinda, haced seguras las alianzas hoy conmigo, y con mi padre, y sobre todo, con Laura; ved que el honor de los tres se pesa en igual balanza; mirad que el barrio es cruel enemigo de mi casa, porque se halla ya informado, y satisfecho no se halla: si algún recelo os moviere a despreciar mis palabras, yo os satisfaré. . No es fácil, Pues decidme por qué causa? Porque todas mis sospechas las tengo ya averiguadas: y así cesad de esa loca pretensión. . Ya que no bastan ruegos blandos a venceros, yo haré. . . Qué? Que ha cuchilladas os desdigáis del agravio que me habéis hecho en mi cara. Pues buen sitio es este, aguardad. que estén las puertas cerradas, porque nadie nos estorbe. Oh sepúltenme mis ansias! por ti Teresa mis iras atentamente templara, mas el amor, si es perfecto, siempre alienta, y no acobarda Reñid, pues, No quisiera mataros con tal ventaja. Qué ventaja? . La razón, que de mi parte batalla. Mi valor es mi razón, pero tropecé en la capa. Levantad, que si os he dicho que es vuestra mayor contraria la razón nunca lo fuera mataros, cuando ella os falta, Discreto sois, y valiente. El valor siempre es alhaja de la discreción, que vence, persuadiendo sin la espada, Ahora veréis si la mía sabe triunfar temería: Reñid, Hola caben mis iras de humillar esta arrogancia; mas la espada se quebró! Pues volved por otra espada, y sabed que es mi valor quien vuestra fineza paga, mas no mi razón, porque ella que os dé aquí la muerte trata, Reñid, que está de mi parte, y lo que quedó me basta. No puede quedar airoso mi valor, cuando te para que vos pudisteis matarme, y no lo hicisteis. . Me basta saber que sois mi enemigo, para mirar vuestra fama, y que bien quedéis. . Adiós. Hasta volver con espada el duelo queda pendiente. . Subir quiero a ver a Laura, para buscar un remedio con que sacarla de casa, que en fin de mí se ha valido; y aunque su afecto me causa, cuando atiendo a ser quien soy, siempre me toca ampararla, que una cosa es obligarme, y otra cosa es ser ingrata. ACTO TERCERO.

JORNADA TERCERA

Ya estoy resuelto, señora. Caballero (ay desdichada!) mirad que mi hermano sube, adonde honor, vida, y fama aventuro, si os encuentra. Sabiendo que aquí está Laura, sabré feriar dos mil vidas, solo a precio de encontrarla. Qué incutriera yo en tal yerro, como entregarme arrojada en las manos de aqueste hombre! Qué respondéis? Que ya pasa a imprudente grosería vuestra resolución vana. Cómo así? Porque he empeñado mi autoridad, y palabra en deciros la razón de encubrirse aquí esa dama, y vos; mas ay de mí, que mi hermano llega a esa cuadra. Ya pretendo obedeceros, qué dispo Que a esa sala (neis? os retiréis, pues no es fácil salir sin que os vea. Ay, Laura, a que obediencia me obligas! Por esta puerta atajada de mi hermano estoy, en esta mi enemigo se recata, y así en esta escalerilla me podré negar a entrambas, pues da vuelta al otro cuarto por arriba; ella me valga, hasta que de mi enemigo las dudas se satisfagan. . Él te trajo aquí, y con él luego en tu casa reñí. Cómo, si yo vine aquí con esta criada? Ah cruel, no bastaban los desvelos que en mi habías introducido, sin que hubieras añadido con un agravio, unos celos! Toma tu reloj, ingrata, que tu retrato aborrezco. Lo que yo una vez ofrezco no lo admito. Muy mal trata vuestro afecto a mi señora, Si me copié para ti, y esta noche te le di, no es bien que le admita ahora. Tú, Laura, cuando maltratas el dulce amor que me debes, en cuantos afectos mueves parece que te retratas; tómale tú inés, y dale a ese músico galán. Señor. . . Toma. Ay tal desmán! muy mal sabes lo que vale. Yo sí, pues que sustos hartos me cuesta. . Yo le daba, porque supiera que estaba puesto a las once y tres cuartos. Él hará que pierda el juicio, ya que me ha quedado poco. Dices bien, yo soy el loco, porque me quejo de vicio; música en tu casa , aquí a tu amante encontré, seguile cuando allá fue, adonde con él reñí; mira bien si esta locura tiene falso fundamento, pues tanto ingrato tormento me acarrea tu hermosura? Parece que mucha tengo, según soy de desgraciada. Lástima es ser desdicha quien es tan final Yo vengo a ser falsa en tu dictamen. Pues qué eres? Poco dichosa. No eres si no venturosa, en que todos tanto te amen. Eso nunca en mí fue culpa. Es cierto, y en tu argumento, con sobrado entendimiento, autorizas la disculpa: bien sabes que te has valido de mí para que te abone, no para que te perdone el desmán descomedido: y así en fe de Caballero te llevará el amor mío a que hoy ampare tu tío las demasías, que quiero dar lugar a que tu hermano, y padre, de mi atención tomen la satisfacción. A todo, Don Juan, me allano, Quiero ya irte a prevenir que vayas decentemente, aguarda. . Ven diligente. Por si acertare a venir su hermano a ajustar los duelos, llevarla será advertido, que así podré haber cumplido con su empeño, y con mis celos, Yo, señora, iré a aplacarte la reguridad del ceño. . Amor, como injusto dueño aún no ha acertado a templarte? que hombre habrá tan riguroso, que a estas horas a su dama quiera llevar, cuando le ama, a un peligro más costoso? Ay infeliz qué he de hacer? ir yo en casa de mi tío? antes el despecho mío sabrá huir, pera vencer. Dónde vas, Laura? . Irritada a echarme por un balcón. Quién te induce a tal acción? Estar desacreditada con tu hermano, que quiere ahora llevarme para mi muerte. No te ausentes de esa suerte, confía de mí, señora, y mientras le satisfago, estarás aquí escondida, Debiéndote estoy la vida, y así obedeciendo pago. Cierra, y hasta que te avise no salgas. . Así lo haré. Yo a mi hermano informaré de este suceso, pues quise padecer este tormento. Ya, Laura; pero qué miro! dónde está Laura? Allá dentro fue a buscarte. . . Di, Teresa, quién la condujo a este puesto? Preguntando por tu cuarto, alterado, y macilento el rostro, y mezclando triste la intrepidez con el miedo, con una criada vino. Con más confusionme quedo: a qué hora llego? . Media hora habrá, poco más, o menos, luego que de aquí saliste. Bien pudo su atrevimiento mudar de consejo entonces; . pero no enmandar el yerro, que es difícil enmendarle, cuando yo la hallé encubriendo que no el verme padecer las falsedades de ingrata, con finezas de otro dueño. Quiéres que vaya a buscarla? Solo, Teresa, pretendo que me digas, porque el coche no está ahora en casa, supuesto que tú en él habías salido? Hermano, es, porque viniendo esta noche en él, pudiera no contarte este suceso, pues se quebró en el camino; a pie me vine. . . Saberlo pretendía, porque a Laura llevarla de aquí deseo a casa de un tío suyo; mas dime tu ahora, a que efecto estará Juana en la casa de Don Luis de Rojas? . Cierto, muerta estoy, que a tanta duda satisfacerte no puedo! Cómo no? Porque esta noche llegó conmigo, y no entiendo la causa porque se fuese. No uses falsedad. Yo muero por andar inadvertida! Yo no uso fingimiento, cuando la razón ignoro. Por decirlo tú lo creo; aquí me aguarda, que a Laura voy a buscar, porque intento ponerla en salvo, y contigo juzgo que hede hacer lo mismo, porque hallen mis enemigos seguridad en su duelo. . Enviaré a avisar a Juana lo que ha de decir, que es menos inconveniente el que finga algún amoroso entedo, con mi hermano otro tormento, Aunque he sentido ruido, no he percibido los ecos, y así pretendo salir desesperado, y resuelto, a que acabe mi dolor con el último remedio. Un criado que le avise; pero quién es? Quién atento. Ay infelice! pues cómo no os habéis ido? No puedo, sin hallar el desengaño. de mis dudas, y recelos. En desdeñar mi palabra porfiado sois, y hecio, mas siendo lo uno, lo otro cómo dejaréis de serlo? Dónde vuestro hermano está? Cerca le tenéis: ay cielos! Determinado a matar, o morir estoy, venciendo con el fin, si no el dolor, parte de mi sufrimiento. Pues si a mi hermano buscáis, que miréis por mí os advierto, sin que sepa que yo he hablado aquí con vos. . Aunque es cierto que obedecer a las damas es en mí el blasón primero, hay casos en que se puede negar este rendimiento, y esté lo es, pues no hay hombre que mezcle atención, y celos, . Dónde, Teresa, dijiste que Laura estaba? que veo en transformación tan rara! Negadme ahora, Caballero, que está Laura en vuestra casa. Mal animo lo que aliento. . negad vos que sois osado, cuando en mi casaos encuentro, disfrazando con profanos. Tened, templad el acero, porque el umbral de esta casa siempre pisé con respeto: y lo que es obligación, nunca ha sido atrevimiento, Caballero, no a reñir, a valerme de vos vengo, y cuando no por rogado; oireisme por Caballero. Qué pretendéis? . Advertiros, como estoy en un empeño con Don Alonso de Rojas, hermano de Laura, a efecto de que en su casa, y su calle conmigo riño resuelto. No me conoció sin duda; pues Don Alonso me ha hecho. Quedamos desafiados, y porque mañana intento concluir el desafío, amigablemente os ruego me entreguéis hoy a su hermana, antes de ajustar los duelos. Qué aquesto un celoso escuche! hay mayor atrevimiento! Caballero, vos sin duda habéis errado los medios, para conseguir de Laura los amorosos extremos. Cómo al darme vos palabra esta noche en este puesto de entregarla, si la hallaseis, y con ella os reconvengo, Ya que me reconvenís con la palabra, estad cierto que entregaros la ofrecí, para quitárosla; puesto que de mí vino a valerse, me confesasteis vos mismo. Trad a Laura, que de todo os dejaré satisfecho. Quiero ir por esta cuadra, pues no está en la otra Don Bueno quedará mi amor si Laura negara ahora sus afectos, mas no hará teniendo, tantos papeles, testigos ciertos en mi abono, y mi defensa. Llamen paso, cepos quedos. . Lladme al señor Don Juan. Mi amo está ahora allá dentro, aguardad. . De estar en casa . . Qué os admira? doy dos mil gracias al cielo; pero qué fantasma es esta? No me negará; qué veo? allí pasa una mujer, y que sea Laura sospecho, pues de mí se ha recatado. y así, atropellando riesgos, aunque aventure mil vidas he de seguirla. Esto es hecho, huye Inés que tu señor Don Luis entra ahora aquí dentro, Ay desdichada de mí, que he dado en manos del viejo! dónde iré? pero debajo de este bufete me meto, porque llega ya a esta pieza. No os hace mal el sereno? Con esa criada vine, idme a llamar al momento al señor Don Juan. Si haré, que en un sancti Amén ligero me he puesto a caballo; antes ver a Juanilla deseo, por saber de todo punto a lo que sabe este viejo. Caballero; mas qué varias transformaciones encuentro? Señor Don Luis. a que sepáis quien soy vengo; trayendo a vuestra criada: ahora vos gustoso, y cuerdo cumpliréis como quien sois, a vuestra nobleza atento. En todo me venceréis, mas perdonad, que pretendo examinar diligente adonde está un Caballero, que aquí quedó, No le he visto, que solo el criado vuestro me condujo a este paraje. Volveré a satisfaceros. Pésame que os embarace; señor Don Juan, otro empeño, como el que en casa fingisteis, Ociosos los fingimientos son siempre, en quien sabrá dar la razón con el acero: yo lo llevaré al campo, donde. veréis. Señor. Mas qué estruendo es este? . Aparta, villano. Váyase el hidalgo engerto en villano, y en Judío, a apartar a los infiernos. Mirad si aquesto es fingido, Señor un nombre allá dentro ha dado en seguir a Juana, como si fuera algún pleito, y le va metiendo a voces. Hacia dónde está? . Subiendo ya por la escasera arriba, Matarele, vive al cielo; esperad, señor Don Luin. . Yo os seguiré. Ruido siento, mas si acaso habrá mi hermano encontrado con Don Diego; pero quién? señor Don Luis, vos en mi casa? Qué es esto? Mira quien llama a la puerta, Guacamayo. . Bien por cierto, con tanta entrada, y salida títeres parecemos. Luego es esta vuestra casa? Donde favores confieso, que de vos he recibido. Y es Don Juan hermano vuestro? Sí señor, para serviros. Mucho, señora, lo siento; decidme dónde está Laura? Hay mucho que hablar en eso. . Trae, Guacamayo, una luz. Mi hermano nos está oyendo, y así os suplico, señor, que me escuchéis aquí dentro. Donde mandaréis. . Dírele los amores, y sucesos de Laura, y míos, por ver si hallamos al mal remedio. . . Hola, una luz, Guacamayo Dónde está Don Juan? Entiendo que está ahora sobre la pierna dando voces en secreto. Llamadle, y dejad las chanzas. Yo traeré la luz resuelto; perdonad, señor Don Luis, que es forzoso; pero cielos, un portento he de encontrar a cada paso que muevo! De qué tanta turbación, señor Don Juan, cuando vengo a concluir aquel lance que dejé pendiente, puesto que de tratar amistades entre los dos, ya no es tiempo, porque sé que está mi hermana en vuestro poder? yo muero! . Señor Don Alonso, acasos que fabrican los sucesos, no son firmados delitos, si falta el consentimiento; no le hubo en mí de que Laura, cuando su amor aborrezco, viniese a caso a buscarme, huyendo de vos, y huyendo de su razón pues se indajo, arrastrada de su afecto, con vanos errantes pasos, al daño, antes que al remedio, en mi casa: y pues. Señor, mira que el hombre encubierto se subió al cuarto de arriba, pues cuando me iba siguiendo, me quedé, como iba a oscuras, detrás de una puerta, y luego él pasó, y anda perdido, por no hallarse bien en ello. Toma una luz; vos me dad licencia, porque pretendo desvanecer este encanto, Yo os asistiré, Agradezco tanto favor, mas no es cosa en que embarázaros quiero. Que no toquen a Maitines, para acabar tanto enredo! Aunque es Don Juan mi enemigo, me es forzoso irle siguiendo, para asistirle. , . Traidor, qué quieres? valedme cielos! Parece que a aquesta puerta por arriba vuelta dieron? Cómo, Laura, mis finezas niegas, di? . . Tu atrevimiento escándalo de mis iras ha de ser, traidor, Qué es esto? Hermano, señor, tú aquí? confusa, y mortal aliento! De quién huyes? De su culpa, confesando; raro encuentro! Por qué queréis castigar vos los delitos ajenos? Para satisfacción tanta quién os dio a vos privilegio? Hermano. . a Laura hermosa; mas yerro Aparta alevosa. Hermano dijo; qué es esto? aunque su hermano seáis os mátare. . . Ya este duelo os ocasioné esta noche. Si allí me hirió vuestro acero, y no sé con qué pretexto beberé aquí vuestra sangre, con que satisfaré el duelo. . Baja por esa escalera. Esto es andar por rodeos, la tenía, y concediendo de escalera en escalera. Mal sabéis quien es Don Diego con arrogancia, y con ceño de Tejeda. . Tente hermano, Ay, quién fuera cuadrillero de esta hermandad? Cómo osados rompéis los sagrados fueros, que nunca violó ninguno? Responda este Caballero. En el campo es donde solo determino responderos, con la lengua de la espada. Yo os guiaré. Adónde, necio? Hermosas cuatro figuras para adornar unos gestos. Padre, señor, cómo aquí? ya mi mal es el postrero, perdonadme, y dad licencia de ir. . . Dónde? En seguimiento de quien me ha herido, y me ofende. Ni os agravio, ni os ofendo a los dos, y así atendedme. Mi amante herido? yo muero! A este Caballero, cuyo nombre ignoro, y no sus hechos, llegué esta noche a entregar en decir, que la entregué, cuando ella vino fingiendo, a finezas verdaderas, falsos agradecimientos. Con él en fin quedó Laura, huye el rostro a la atención, y la volvió al fingimiento. Negome que en su poder después estar en su casa, me ofreció traerla al mío: y fuese a buscarla a tiempo que recatada de mí, pasó Laura, y yo inquiriendo la verdad, seguila airado. Confieso que anduve ciego en desdeñar la palabra, que me dio ese Caballero, más halleme amenazado de su valor, y no es cuerdo quien permanece en el juicio con amenaza, y con celos. Seguila, y entre el confuso horror, que alentó su miedo, la perdí, y no la esperanza de hallarla, aunque forastero, en el cuarto, donde a pasos iba sus piezas midiendo, hasta hallar una escalera, en que escucho un ruido lento, Laura dije, y ella entonces, con tristes suspiros tiernos, me respondió desdeñosa, desordenado el aliento. Abrió la puerta, y llegó dónde habéis visto; todo esto bien veis que no engendra agravio, y más cuando humilde llego a pedirla por esposa, humillado a los pies vuestros. qué he de hacer, si no es casarla, pues noble, y rico es Don Diego? dale la mano de esposa, Laura. . Señor; hay más violento dolor! yo no he conocido hasta hoy ese Caballero, ni me siguió, ni me trajo, ni le he visto, ni le entiendo. Cómo no? . No le conozco; hola, inés. , Mi papel tiemblo. Dónde está Inés? Vos, señora, haced que la busquen luego, Ve a buscarla, Guacamayo. En el capote del miedo se habrá escondido. Señor, fue como hoy conté el suceso. Que viniese, o no viniese, dale la mano, que intento curar todos mis dolores con el último remedio. Cielos, hay mayor violencia! Que esté Don Juan tan suspenso! Negarme el venir conmigo, ya es de otra manera el duelo. Inés, señor, no parece. Si estáis todos satisfechos, qué importa? Basta que diga, que Inés me trajo a este puesto. Cómo se ha de confirmar? Viniendo ella. Lo que es cierto. fue que ustedme siguió a mí. Haranme que pierda el seso. Dónde Inés se habrá escondido? Ni lo alcanzo, ni penetro. Cpgiome la hora. Quién va? Vete al badajo con eso, Qué es esto? El reloj parece que hallé en mi casa. Es él mismo, que Inés le tenía ahora. Hacia allí ha sonado el eco. Quién está aquí? Tu reloj, cuyo curso, y movimiento pende de Laura, por ser su recato el relojero. Qué hacías tú aquí? Dormirme. . Cómo así? Porque me duermo. Deja chanzas, y di ahora, vino aqueste Caballero con nosotras? . No señora, Pues quién vino? Solo el miedo. Hay tal confusión! No importa, vuestra es ya Laura, Don Diego; vos, Don Juan, me perdonad, pues ya quedo satisfecho de mis dudas, y mi queja. Por eso yo no lo quedo, pues aún ignoro la causa de hallar en el cuarto vuestro a Juana. . Yo lo diré, Mis señores, va de cuento. Ya te dije como el coche me dejó en la calle, a tiempo que Don Alonso de Rojas garboso, galante, atento me socorrió; esto no dije, mas ya encubrirlo no puedo. Amor descifre mi duda! De su voz pende mi aliento. Socorriome, como he dicho, y con airoso denuedo me llevó a su casa, dando treguas a mis desalientos, Dejome allí con su hermana, cuando en rencores envuelto te apareciste, embozando el rostro, aún más que el acero, Mas luego que articulaste la primer razón sangriento te conocí, y temerosa, cubierta quedé de un hielo, aún más que del manto; entonces la luz se apagó, y huyendo de ti, no a Juana encontré, si no es a este Caballero, a quien empeñé dudosa, y el cortés, sable, atento me trajo aquí; lo demás ya lo has visto. . Y lo de menos? Señor Don Luis, Qué decís? Yo me doy por satisfecho, y así bien podéis casar a Laura, porque agradezco los favores de mi hermana, tanto, que le recompenso todo lo que más estima, a ese Caballero en premio, donde dos obligaciones cumpliré en lo que le ofrezco, una entregándole a Laura, pues le di palabra de esto; otra el favor de mi hermana, con el agradecimiento. Aunque ya sé que es Don Juan el del balcón, no deseo mas que sanear mi honor, que si él se resuelve necio a tomarla por su esposa, vaya a su cargo, supuesto que no lo ira. Don Juan; lo que proponéis acepto; ea, Laura, dale la mano. No será ya, Pues primero que promulguéis la sentencia, me habéis de escuchar atentos, que es propiedad de injusticia condenar, sin oír al reo. Dos Abriles ha que amor cuenta que obedece dócil mi libertad al tirano imperio de sus prisiones, donde he votado obediencias voluntariamente, y donde en dos Abriles se estrechan siglos muchos de dolores, porque en las heridas suyas causelesamente pene dulce apacible el martirio, para suavizar el golpe; mas luego en los accidentes el engaño se conoce. Dígalo yo, pues postrada, por haber visto (cegome la pasión, que no es decente confesar que los amores le introducen por los ojos, ni que una mujer se postre por haber visto al adorno alagüeño de los hombres) por haber oído digo, (también perezoso, y torpe está mi labio, al dejarse arrastrar de las razones, que aunque esto es más decoroso, por ser objeto más noble, aquel que por el oído toda una alma reconoce, no es razón que de este afecto el mío principio tome) porque conocieron, digo, ambos sentidos conformes, los méritos, las finezas, los riesgos las atenciones, y el rendimiento en don Juan de Peralta, sea su nombre quien desmienta al que acredite estas por adulaciones, cuando sola la verdad afianza sus honores: Permítase esta alabanza, aunque lidian tan discordes nuestros afectos, sabiendo que de guerra se compone el amar, y muchas veces, aún en las oposiciones, sabe amor de las discordias engendrar nuevos amores. Estos méritos hallo mi razón, vencida entonces, para poner en el juicio de la voluntad, y hallose de sí misma, sobornada; con que decreta, y dispone, que se abrace la elección, porque alguna vez se note, que no hay pasiones que obliguen, cuando hay razón que propone. Correspondile obligada; quien a estas obligaciones negará correspondencias, con título de favores? si no es quien desvanecida con su beldad, desconoce, por desatención grosera, el huir de estas atenciones, siendo está una urbanidad, que a la virtud descompone: pues la mujer obligada, que a su igualdad corresponde, es necia, o quiere soberbia afectar las presunciones, faltando a la racional explicación de lo noble, pues solo es la presunción la que finge superiores. Correspondile obligada con la decencia, que impone la ley de nuestro recato, para honestar las pasiones: hasta que a muy breves días él se ausento de esta Corte, dividiendo los objetos, aunque no los corazones, pues con suave deliciosa unión vivían conformes, que no pudo la distancia desenlazar las prisiones que tramó el amor gustoso en nuestras almas entonces, si no es antes encender nueva inmensidad de ardores. Así viví muchos días, mas no viví, cuando rompe las cláusulas de la vida la amarga ausencia a rigores: Y así es muerte en una ausencia la que un amante conoce, que aunque allí el amor no cesa, cesan las operaciones. Así yo, con sobresaltos, penas, ansias, y temores, por imaginarle ajeno, pasaba días, y noches, hasta que piadoso ayer permitió el amor que logre, con la vista de don Juan, seguras respiraciones. Llegó, y tan presto a mi alma este apetecido informe, que pudiera la alegría quitarme la vida entonces, a no haberla reservado para más crueles dolores, que los males en los bienes traidoramente se esconden, por hacerse más sensibles, pues tras del bien son mayores. Así fue, pues cuando estaba en quietud blanda esta noche, contemplando en mi retrato los bien mentidos primores. Una música escucho, cuyos acentos acordes no entendí, como tampoco la causa de este desorden. Aquí Don Juan alterado, receloso, descontorme, con ceño desapacible, troco en iras los amores, en agravios las ternezas, en rabias las sumisiones; y todo su afecto en celos, que de todo se componen. Quiso salir, le detuve, llamaste tú, y alterose: lo demás ya lo has sabido, mas no me designio, oye. Yo con este Caballero, que enojado me propones, no me he de casar, la causa ya la sabes, no lo estorbes, por no hacer que inobediente niegue las satisfacciones. Y así, señor, aunque juntes más espadas, y rigores, que luces el firmamento de prestada luz compone, mas que átomos en el aire, descubre el Sol, y rocoge; más incendios que el abismo gime, y vomita en rencores; mas espumas que herizado peina ese monstruo salobre, no es posible que mi pecho. la estampada imagen borre, sin deshacerla a pedazos. con duros violentos golpes. Si don Juan no acreditare mi constante fe, disponte a encerrarme en un Convento, antes que a casarme donde en eternos parasismos. pene, sufra, gima, llore; con ansias, penas, tormentos, rabias, muertes, y dolores, pues aún más que esto padece quien violentamente pone su libertad al imperio de tan tiranas prisiones, Hay más rata libertad! Gran constancia! Buen valor! No solicita mi amor conquistar su voluntad, señor Don Luis, porque es necio quien se empeña en pretender lo que siempre ha de poseer, a costa de su desprecio: Yo cedo vuestro favor, agradeciéndole antes, pues no pueden dos amantes vivir bien con un amor. Señor Don Juan, responded, qué decís? Mucho en callar. Que no me puedo casar. Matareos , Detened. Yo le tengo desafiado, y conmigo ha de reñir. Pues yo tengo de morir, por defenderle, a su lado. Teniendo tu honra manchada, cómo ella no te convence? Lo que la razón no vence, no lo ha de vencer la espada. Cómo quieres defender a quién tanto te agravió? Porque conmigo empezó el duelo, y me ha de tener en un lance tan honroso por segundo pues consigo laurear a mi enemigo, para triunfar de él airoso: Seguidme, Don Juan. Pues dime. contra mí le has de valer? Mi espada para ofender, contra ti nunca se esgrime, Porque está a tus pies rendida, Yo soy quien con vos riñó, y a quien heristeis, y yo con Don Juan iré. . . Mi vida sabré feriar tan ufano, que os venga a costar mi muerte mucha sangre. Triste suerte! Detente, Don Juan, hermano. Con quién tengo de salir? Conmigo, pues me retasteis, Conmigo el duelo empezasteis, Yo con vos he de reñir Yo estoy de vos satisfecho, y así el duelo se acabó. Pues con Don Luis iré yo, y así guiad . Esto es hecho, Yo nunca muevo el acero contra mi padre. . . Yo sí contra quien se opone a mí, y así vamos. . Pues primero romperá mi corazón vuestra espada. . Tened, y antes de Laura sabed alguna satisfacción. Pues dime, cuál puede darme? pluguiera Dios que eso fuera! Algunas darte pudiera, pero no para casarme. Pues que en Laura habéis culpado, si os satisfizo a los celos? Quédanme aún muchos recelos, que Don Diego me ha causado. Pues yo aunque a Laura miré, no os ofendí. . . Cómo no? Porque nunca mereció mi amor con ella su fe. Pues quién os dio la licencia de seguirla, y de quejaros, cuando he venido yo a hallaros en su casa? . Mi clemencia; Don Diego estuvo engañado, y las veces que allá ha ido, por mi causa fue, y ha sido mi bolsillo interesado: y pues la letra conoces de Laura, dile tú a él que te enseñe aquel papel que yo le escribí. Qué coces! Aunque yo con el acero nunca di satisfacciones; tomad, y ved sus renglones, porque el respeto es primero de las damas. Cómo, ciega, tal te atreviste a pensar? Tente, Laura, que el pesar la perdono por la nueva; así tú me perdonaras tantos como te he causado. Cuando el duelo esté acabado te responderé. Bien reparas, mis brazos, don Diego, son quien confirma esta amistad. Vuestro soy: y vos me dad la mano. Es obligación, que si os herí, vos me heristeis, y el duelo se concluyó, pues con sangre se lavó. Ambos valientes cumplisteis. Si algún escrúpulo os queda, yo os satisfaré garboso, mientras consagro dichoso la mano a Laura, pues queda vencida de sus desvelos. Siempre fui tu firme esposa. Perdóname, Laura hermosa, la ignorancia de los celos. Tu reloj, y tu retrato es este, y ya le veréis a las doce y cuarto, seis minutos más de barato. Aún no ha dos horas que Laura con el relojcme dejó obligado: Don Alonso, ya os he dado a Teresa. Hoy se restaura mi honor, y mi voluntad, tuyo seré eternamente. Serete siempre obediente. Inés, conmigo casad, por dar fin a los enredos. Aunque eres tan chabacano; Cuacamayo, esta es mi mano. Estos son mis cinco dedos: y aquí da fin la Comedia, que es cuanto en el tiempo cabel si alguien lo duda, no sabe cuanto cabe en hora y media: Léanla, que está concisa, no del modo que quisieren, que si despacio leyeren, señal que no leen deprisa, FIN.