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Texto digital de Cuál es afecto mayor, lealtad o sangre o amor

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XLVIII de Nuevas escogidas (1704).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cuál es afecto mayor, lealtad o sangre o amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cual-es-afecto-mayor-lealtad-o-sangre-o-amor.

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CUÁL ES AFECTO MAYOR, LEALTAD O SANGRE O AMOR

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA De Isis al Templo dichoso, Serapis divino llegue, y tutelares deidades unidas, amparé a Egipto, y Egipto venere. 1. Amaina, vira, que el buque, contra esa Sirte acomete. Ataja, que herido el bruto, contra una tan miserable, (dos hacia la playa desciende. Alto, y los puestos Solda. tomad, del Templo a la frente. A la Marina. . A la escota. Arria. . Cielos valedme! Alto, y pase la palabra. . Amparé a Egipto, y Egipto vea Destino, que nuevos casos, (nere. a mi naufragio previenes, si mi constancia, primero que el susto, verá la muerte? Hados, una triste vida, tan gran ojeriza os debe, que no mellándola en uno, le inventáis más accidentes? Fortuna, por qué? peligros tan generosos ejerces, triste vida de un pobrete, que morirá, del que tú mas a mano le pusieres? Toda la Gitana Playa, donder el Nilo, en ramos siete, árbol undoso, desgaja sus bástagos transparentes; toda la Africana costa, en que desangrado vierte al Líbico Mar, su vida, espinoso monstruo fértil que unido ahogará el Golfo; pues dividido, aún le crece. De confusos varios casos, está poblada, que tienen, del precipicio amagada, mi vida de ellos, pendiente. Debajo del negro manto de la noche, ya parece, que menos túpida aquella negra trama, que le teje, se clarean los purpúreos visos del Alba, en Oriente, que empezando a penetrarle, prosiguen luego, en romperle. Ya le rasga, y le arrebuja, ya a soplos le desvanece, ya sus carbuncios apaga, en los celajes que enciende. Y ya en fin, sobre el Bermejo Mar, la Aurora deja verse, nevando el seno jazmines, y destrenzando claveles, cuyos señolientos ojos, de los parpados lucientes; y de los rosados Labios, al Golso Erictreo llueven, las lágrimas, que le cuaja; las risar, que le endurece. Aún no distingo los bultos, que pueblan el viento, de este laberinto de el oído, en ecos tan diferentes; mas si el estruendo confuso, es tal, que aún hace que llenen el aire todo las voces, qué harán la tierra las gentes? Bien conoce la fortuna, que al pecho, siempre rebelde, de Tomitis, no bastaba sola una desdicha, y quiere amontonarlas; porque las que arrebatadas, lleguen, si no pueden igualarse, se excedan en sucederse; pues es siempre la mayor, la última, que se padece. No bastaba, que la Sirte Africana, deshiciese mi nave, scontra un nadante de átomos, monte eminente, vago peligro, que el mar le muda, y le desparece? No basta, que de mi Armada, los leños triunfantes siempre, venza a soplos, la fortuna; y viento, y mar, mis Bajeles, dérrame a distantes golfos, en remoras costas siembre? No bastaba ver, que Egipto, donde con armadas huestes, me esperaba auxiliar suya, naufraga, y sola me hóspede? No bastaba, haber pasado la noche en su playa estéril, entre magnificas tumbas, que erigir supo a sus Reyes de vasallos obstentosos, la soberbia reverente? No bastaba esto? sin ver; que si las desdichas duermen en la noche, con el día mas tragedias amanecen, teñidas en luz, que abtes asombra; qué resplandece? Soldado, que la fortuna quiso, quien quiera que fueses, cómplice de mis arrojos, castigarte con mi suerte: Qué es esto? Lisenia, dime, qué de estas voces infieres, que poblando el Horizonte, de tantos vagos tropeles, nada se percibe, y solo las confusiones se entienden? Vira alamar. Al risco, al Valle. Divinos Dioses, valedme. Alto, y pase la palabra. . Amparen a Egipto, y Egipto venere. Qué puede, señora, en tantas confusiones responderte, quien más, que tú las ignora, y quién cómo tú, las siente? Un Griego soy miserable, hijo de la guerra, en este ejercicio, a quien los fines, o ennoblecen, o envilecen. Segui varios Estandartes, serví a dueños diferentes, poniendo a ganar mi vida en las manos de la muerte; donde por mi sueldo, que fatigada la sustente, ajena ambición ampare, y duelos de otro pelee, que en quien por honra es Soldado, son premio los intereses, y en quien por oficio, solo son de su vida alquileres. El buscar la guerra, hizo, que plaza en tu Armada siente, y más el ver que la vaga instable Ciudad, que mueves, a surgir iba en Egipto cuyo distrito contiene, no más, que media alma mía, vendida: pero detente memoria deslizadiza, y no en el amor tropieces, que la lengua de un amante, en sus heridas, parece de perro, que siempre acude a lamer donde le duele. El venir de guarnición en tu Capitanal fuerte, hizo, que cuando el bajio la desbarató en cuarteles, cuidando menos mi vida, (como aquel, que ya la tiene samiliar con los peligros) a socorrerte acudiese, salvando está Dama tuya; y la fortuna ennoblece con el tuyo, mi naufragio, que capaz de conocerme, te hizo en él, pues los cuitados, que nunca igualarse pueden a los Supremos félices, tienen a dicha, ponerse a su lado, en las desgracias, que el destino les previene, haciendo a los Soberanos más tratables sus reveses. La poca gente, que a tierra contigo salió, guarece su vida, en esos villajes; sin que más de ti se acuerde, como en fin vulgo Naval; pues la Nobleza perece, habiendo menos que sepan nadar: mal haya mil veces, quien lo que importa una vida, por más que nazca, no aprende, y todo riesgo posible, no imagina contingente. Si algunos nobles se escapan, la resaca los impele a distintos surgideros de la Playa, sin que encuentren contigo, que de la noche, la negra envidia pretende tu luz, tu nieve, y tu grana, teñir de sus lóbregueces. Contigo estoy, de una vida, que cara sabrá venderse, aunque vale poco, y aunque, como de lance se ferie, puedes disponer, señora, y al peligro que viniere, írsela echando delante, para que en ella se cebe; pues en una mala vida, pierde poco el que la pierde, A mí, señora, a la vista de lo que a ti te acontece, que ha de sucederme, en que contigo no me consuele, si las desgracias en ti, mas que en mí no me doliesen? Ya, en aquel botón Purpúreo, que el Horizonte enrojece, abriendo va el Sol, de grana, flamantes hojas ardientes. Ya la luz, que el Mar le moja, tras de esa Montaña enciende, y el rocío nos sacude, del lecho que la humudece, Ya el Mar se ve, y de mi Armada, algunas Naves ofrece, corriendo fortuna, a vista del Puerto; o hado inclemente! aún me guardabas la angustias de ver perecer mis gentes; y que mi valor constante, lo sufra, y no lo remedie? Oh Real piedad, digna solo de pechos tan excelentes! solo al dolor de mirar, perder vasallos tan fieles, no hay serenidad que baste, constancia, que no se melle: y mal pudieras, fortuna, lograr en mis altiveces, sentimientos de mujer, que tus golpes conociesen; si de Reina, las piedades, no hubieran de enternecerme. La vez primera es, que lloras. No lo extrañaras, si adviertes, que son vasallos leales, que gustosos me obedecen, y pierdo un Imperio en cada corazón, de los que mueren, a quien el amor conquista, y a quien el valor no adquiere, Lo demás, piérdase todo, que yo soy (como yo quede) mi fortuna; y este brazo, artífice de su suerte, destino hará de su mano, o que los Astros se enmienden pues aún ellos no resisten, al osado, y al prudente. Aún más recelo me causa, aquel polvo, que anochece, la mañana, ciega el Sol, y el día en arena envuelve, que aunque el ruido de timbales, y clarines, no dijese, (en aquel rumor confuso, con que la playa ensordece en ecos, que aún no pronuncian, y mormuran balbucientes) que son tropas, las que forman, parda nube, en que esconderse; no lo negarán las Armas, que en su centro resplandecen, y al Sol en la cara escupen los rayos con que él las hiere. A todo estoy ya arrestada. Pues dale vola, y que ruede. . Si me quejo, fortua, de tus reveses, tiempo vendrá, pues tiempo, (quejes: tras tiempo viene, que tú de mi constancia, tambiénte Ay, que me río fortuna de verte, a ti tan airada, y a mí tan alegre. Voz peregrina! Oh estoy en mareos, o baibenes, borracho de agua salada, que me ha acecinado el vientre: o es esta la voz de Eudosía, dable es, que el oído sueñe, que a quien pierde Eudosias, cuando no se le antojan falseres? (depende, El hacerme infelice, de ti empleando en mi vida, iras aleves; pero tu hacerme triste, sin mí, no Ay que me río, (puedes: Ay, que me río,. Repite. Qué a mi propósito canta! Esta otra vez me parece; di a mi dictamen segundo. bofeton, y confírmele: alto a buscarla, que en sustos, aún la sangre hace que altere el gozo: Yo voy, señora, haber si hallo, quien nos cuente, qué Tropas aquellas son, y qué terreno es aqueste para ampararos. . Aguarda, Soldado. . Qué, me detienes? si del oído me arrastra, aún la voz que me suspende. Esta joya de mi mano recibe, antes que te ausentes, que acaso salvo conmigo, ser circunstancia decente, del adorno de aquel día. Pues qué, señora, te mueve? Ni sé donde estoy, ni que el destino me previene, o si seré Reina ya; y antes que de serlo, deje, premiar quiero tu socorro, no haya después quien alegue, que servir supo a Tomirís, sin que Tomiris le premie: pues más sentiré esa deuda, si es que pobre llego a verme, que cuantas necesidades mi Real ánimo oprimieren. O qué abatido se mira, quien nació a dar, y no puede! y o cuanto de Soberana pierde Majestad, que debel si aún en ella los vasallos, jurisdicciones adquieren. Vivas Reina generosa, lo que la opinión del Penix, que sobre la alma de Plinio, mil siglos ha que se miente, que con tal acción, no es mucho; que fobre las almas Reines, pues las de los Nobles, solo a beneficios se venden: vuelvo en estando informado. Que la fortuna me eche del Trono, vaya; mas no, que yo misma le confiese jurisdicción; pues ya deja, sin que otra fuerza la apremie, de ser Reina por su mano, quien no paga a quien merece Hacia aquí el paso dirigo vaga tropa de mujeres, si errante Coro de Ninfas, no le juzgo, al ver que mezclen músicos, y ven atorios instrumentos. Esconderme será fuerza, hasta que pasen entre las frondosas redes, que de Adelfas, y de Juncos, bárbara guirnalda tejen, que sobre canas de espuma, ciñen al Nilo las sienes; y así, hasta observar mejor, si de ellas puedo valerme, ven. . Ya te sigo. , . , s, Prosigue, que la letra me divierte. No son tanto tus iras, como tú quieres, que solo las gradua, el que las siente, y está en mi mano hacerlas, graves, o leves: Ay que me río, . . Qué bien la cantas? no en vano, todo mi cariño eres, que de tu voz, la dulzura, si parar puede las fuentes, si retroceder los Ríos, y si a los escollos mueves qué hará las inclinaciones, que persuade dulcemente? Tus plantas, señora, beso, por lo que me favoreces, siendo una mísera esclava, que arrojada a tus dinteles, su fortuna expuso, y que un Corsario llegó a venderte, para que fuese más tuya; porque comprada dos veces, quien lo fue por el contrato; por la inclinación lo fuese. Ya que para el sacrificio, que mi padre el Rey, ofrece a Serapís, en el día, que en procesiones solemnes, le conduce a ser del Templo de Isis, nuestra Diosa, huésped; porque como el himno dice, en esta guerra presente, dos tutelares Deidades unidas, amparé a Egipto, y Egipto vene- Ya que para el sacrificio, (re. (repito) todas las reses, que la Religión esmalten, cuando las Aras jaspeen, por mí; y sus Sacerdotisas, presas han de ser, y especie de Religión es, que manos prófanas; ni unas domeñen; ni otras hieran; y que sola yo, con vosotras, penetre contra ellas, ese vedado coto, que en si las contiene, a cuyo recinto forman los troncos de los Cipreses, murallas; las copas, Torres; y las puntas, Capiteles, fingiendo Ciudad frondosa, tantos Piramides verdes que parece, que caduca, al viento, que la estremece. Ya en fin, que van prevenidas, bien es que al Templo me acerque; pues vamos solas, y cuanto mas su luz introdujere el Sol, más expuestas vamos a peligros; porque suelen jaspear la tostada arena, muchos tosigos vivientes, en venenosos Dragones, que de sí mismos aleves, sucesivas olas manan, cuando a sí, tras si se vierten, hondeando en Libicas playas arroyos vivos, las sierpes. Se han ido? No; y antes juzgo, que despacio se detienen. Quién serán? Pues vamos, que yo haré, que el camino abrevie mi voz, volviendo a la letra, que si en ella te entretienes, de mi garganta en los pasos, pisarás lo que andubieres. Derribar mi constancia solo pretendes; pero cuando más furias (durece: en ella estrenes, la costumbre del golpe, mas la en- ay que me río. . Ay, que,. Guerra, arma. Qué nuevo escándalo es este? que aunque marciales estruendos, todarla mañana suenen, de las ropas de mi padre, cres que eran; y parecen contrarios. Bella Fenisa, cuyos luceros ardientes, influjos inquietos brillan, en las dos niñas, que mueven: retírate, que a buscarte, corro el Campo diligente, con esa escolta, porque nuestros batidores vuelven, descubriendo la avanguardía de Canvises, que impaciente, de que a su ambición, la dicha de tu mano se le niegue, marchando en demanda suya, intenta sitiar a Menfís, que aún quiere, que den sus armas al libre albedrío leyes. Lisena, no es Cloriarco? Si señora, él es, Atiende, que está es la Egipcia Princesa, según de su voz se infiere. Tomirís, Reina de Scithia, émula en las Armas, siempre de Canbises, como quien dio a Ciro su padre muerte, por medio de mi embajada, perpetua liga promete. con Amasís, nuestro Rey, contra Canbises, que quiere, del círculo de la tierra, ceñir Corona a su frente; y pareciéndole estrecho, aún áspira a los celestes. Y viendo, que el Persa, dueño de la Siria, de la fertil Palestina, y la Penicia, a Égito nos acomete, por el Istimo de Sidon, estrecho de tierra breve, que de dos mares limado, une los dos continentes de Asia, y África, a su engace broche, a su Comercio puente. Ella en el Hircano Mar, su Armada Naval previene, pudiendo el golfo debajo de sus buques esconderse, sale al Mar Mayor, envoca el Cana de Tracia, y vierte por sus fauces, al Mar Negro, la inundación de Bajeles, que apenas el agua sufre, pues su cristal transparente, se ve al peso, y a las quillas, ya avollarse, y ya romperse. El Archipiélago corre, y riza la tez de Tetís, en el Tirreno; mas cuando tiene nuestra costa enfrente, la misma, que Puerto busca, escollo se le convierte, chocando en ella sus Naves, a los soplos inclementes de una tramontana, que a las Sirtes las impele, donde deshechas algunas, vidas al piélago vierten de sus vasos, otras corren; sin rumbo; que las gobierne, no hallando en sendas instables, elección contra la suerte: de Tomiris no se sabe, a tiempo, que el Persa fuerte vencidas ya dos batallas, hasta el ánimo, nos vence con la fama, que abanzada, la fuerza es que más se teme; pues antes del golpe, rinde por el oído, la Plebe. Al ver, pues, que la fortuna, tragedias, hoy, represente a Egipto, uniendo a un Teatro Naval, Scena, y Terrestre, voto a Serapis, y a Ysis, holocaustos reverentes, vuestro padre en este Templo, que fuera de Memphis tiene Ysis, donde os ha criado, en claustros, a quien guarnecen murarlas, he inexpugnable del fiero Persa a las huestes, escollo de su fortuna, a tanta invasión se ofrece, donde, o su curso se ataje, o sus aceros se mellen: Y así. Cesa, no prosigas, que de ver, que hay quien intente vencer con armas, la noble exención de mis desdenes, a obstinaciones se van pasando mis esquiveces. Vamos Cloriarco al Templo, y el Persa en Egipto Reine, mas no reine en mi albedrío; porque es cosa inconsecuente, que lo que aún el Cielo, no domina, el hombre sujete, y hasta dentro de las almas, la ambición quiera estenderse. Ay mi Tomitis! absorto la noticia me enmudece de tu naufragio, y lo inmóvil me aparta de lo viviente. Pero advertid Cloriarco, que en tanto, que vos rigiereis las Armas de Egipto, yo por segura he de tenerme, de que fuerzen mi albedrío. Vos sois a quien más conviene lidiar por mí, más después, que lidies, sino venciereis, y me violentan la mano, no me dejan con que os premie: Vamos, y repita el Himno, en tanto que al Templo llegue. Y tutelares Deidades unidas,. Cloriarco, espera. Cielos, o sombras viste aparentes el aire en mi fantasía. Cielos, o el dolor me aduerme, y en desvelada modorra, sueño lo que me sucede. O mis ojos de la idea, abultando las especies, el semblante de Tomirís, mi imaginación florece. O se me vació a los ojos, la Tomiris del caletre. Eres, señora, Tomitis? De qué esa duda procede? si me ves de cualquier forma, Cloriarco, que me vieres, puedo yo, no ser yo? No. Luego si a dudar te atreves, tú, podré juzgar de ti, que eres. Qué? Lo que no eres: corazonano me derrames al sabio el dolor, detente. Permite, señora, que mi lealtad rendida, selle en tus manos, estampando los dos labios en su nieve. Para qué, si ya no sois vasallo, ya os desvanece la esperanza de Reinar, con que Fenisa os advierte; porque más vuestro coraje, en su defensa se empeñe, que si violentan su mano, no la dejan con que os premie: Y pues de vuestro valor, su defensa es bien que espere, le agraviara con la duda, quien besar os permitiere, mano de otro Soberano; vuestra Alteza se moderé, y no esté así. Ved, señora, que mi rendimiento ofende vuestro. . Bien está. Estoy muerto. Lepín, qué retiro es ese? El gozo de verte viva, tan fuera de mí me tiene, que otra vez me voy entrando, en mi para conocerte; no me das a mí, señora, tu mano a besar? Pues puede negársete a ti, no sabes, que eres mi amante, y que eres al primero hombre, que vive, y a hablarme de amor se atreve? Por lo menos esta dicha he encaja aquí lindamente, . que es concepto hecho a la mano, y a pedir de boca viene. De suerte, que vuestras honras, Lepín, más que yo merece. Oigan el envidiosillo; pues quien en eso le mete? Ya sabéis, que desde Scithia, me gustan sus sencilleces, que son verdades del alma. Pues si por verdades fuese. Muchas habrá que me cansen, y estas solo me divierten: Vamos al caso: a este Templo, cuyas Torres eminentes, la primera luz del día, tan anticipadas beben, que aún arde desde la cuna, el Sol en sus Capiteles, mi fortuna me conduce; y si algo el precepto os debe, no de una Reina, que ya no os obligan esas leyes, si no de una Dama, sea, que vuestra voz no revele al Rey, quien soy, hasta tanto, que sea yo quien lo confiese, mas airosa: si a esta Playa, algunas naves volvieren, de las que han desgaritado, que pues nadie conocerme, sino vos, puede en Egipto, desde que en mi Rey no fértil, Embajador manejasteis, de el vuestro los intereses; bien podré de vos fiarme, en esto. Y es bien se queje mi Rey de un secreto, que tiene de traición especie. Será traición a Fenisa, no al Rey, No, señora, intente vuestra voz, que con la dicha, mi indignidad se moreje: verdad es, que el vulgo ha dado en creer, que yo pudiese, a suerte tan soberana, aspirar osadamente: pero si a remotas dichas, hubiere yo de atreverme, y a coronar de escarmientos, félices mis altiveces, ya hubiera yo desde Seithía. La voz osada suspende, si ya derramar la vida, en tus acentos no quieres, a mi acero. En qué, señora, mi rendimiento te ofende? si de esas, que a no ser tuyas, pudieran quizá creerse, desconfianzas, o recelos, intenta satisfacerte mi verdad, y no agraviarte. Recelos? Villano, mientes, que no caben, en Tomirís, ni esos Áspides crueles, ni de quien tenerlos pueda, ha nacido: y si cupiesen en ella, no de quien forma, presunciones descorteses; qué son recelos? la voz con el escándalo hiere, y lo que más me ha ofendido; es que ningún hombre piense, que para atreverse a mí, la licencia le concede, el ejemplar de que en otra, tan soberana se estrene. Si el ser feliz con Fenisa, consecuencia os hace, a este atrevimiento, él será, quien de aquel os escarmiente. Acordaos, que soy Tomirís, y no me borró la suerte lo que nací; reprimid acentos tan imprudentes; pues qué hiciera, si de vos, celosa llegara a verse, quien solo porque la amaba, a Ciro le dio la muerte? Digo, somos todos unos; porque me favoreciese a mí, que soy yo, pensó usted de gorra meterses Esto de caer en gracia, a las Princesas de Allende, no es para todos, tenemos por acá, ciertos filetes, que se aciertan, no estudiados, y se yerran, si se aprenden. Válgame Amor! qué me dicen estos, que por más que niegue Tomirís, son celos; pues las manchas, que arrojan, tienen el color, de aquel azul tosigo, de qué proceden? Mucho ha, que inclinado a ella, ha podido contenerme, lo remoto, o lo imposible; y bien, que ella conociese la intención, de quien la sombra, en los ojos se me enciende, vislumbre, que muy lejana, ven aún las que no la atienden, no me atreví a hablar; ahora sacuda las timidices, y el mostrarse ella sensible, al golpe, mi pulso aliente. Matadlos, mueran. Villanos, pagatéis vuestra osadía. Qué es esto? Con vizarría, dos Caballeros Persianos, allá lidian, ofendidos de muchos. . Yo llegaré a ampararlos. . Yo no, que suelen volver sacudidos, los que llevan paz. s El Cielo me ampare. . Villanos, ved, que aún le defiendo. . Tened. A mí, aunque me falte el suelo, no el valor. . Tente Persiano, Cloriarco? . Hermano, amí- (go? Tus pasos veloces sigo; porque cuando al Soberano, Ídolo de la hermosura, hasta el Templo comvoyé, al Rey en su Claustro hallé; él te llama, y me apresura a buscarte. Qué ha sido esto? Buscando a tu Rey venía, Embajador, de él traía, (a estilo Militar) puesto mi Trompeta en el bonete el pasaporte: y airado ese tropel desmandado, de Villanos, me acomete, sin respetar de su Rey, el seguro, que a mis manos debo. . Pues como, Villanos, faltando a la usada ley, rehusáis obedecer pasaportes, que el Rey da? En toda la tropa va hombre, que sepa leer. 2. . Molineros, nuestro oficio es, nuestra ribera armamos; y en matarlos maginamos, que haciamos gran servicio, al Rey, y aún a nuestro Dios, cogiéndolos entre redes, que en sin para sus mercedes, ya son menos estas dos. 3. . A fe, a fe, que no hay Persianos, si no llega su merced, Clodio, a esos troncos haced, que ahor quen esos Villanos, que el derecho de las gentes, violan en Egipto, osados. Señor. A los desgraciados; tanto cuesta el ser valientes, Su ignorancia los disculpa, yo por ellos intercedo. No Embajador, yo no puedo hacer de mi Rey, la culpa de esa gente, y si permito, sin castigo su arrogancia, la que en ellos fue ignorancia, la hago en mi Nación delito. No solo culpara el Real decoro mi permisión, mas la honra de la Nación, que se encarga a un General; y así el ignorante exceso, castigue siempre el que deba; porque a lo menos reprueba, cuando no enmiende el suceso. El orden ejecutad, sea el que fue delito, ejemplo; y después Clodio, hasta el Templo de Salva. Guardia escoltad, Embajadores de un Rey, tan grande, como el Perfiano, que el caracter Soberano, que él les imprime, por ley, por deuda, y urbanidad, los hace atendidos, pues en todas Naciones es, sagrada la Majestad. Aguardad, si tan urbano, quien según de vos infiero, naciendo gran Caballero; se crió tan Cortesano; está con la Majestad: claro es, que no ha de querer, a vista suya exponer a un desaire su piedad. Este es mi Rey, su presencia podrá con vos, a mí ver, a un pintada, suspender, lo fatal a esta senteacia, según os mostráis atento. Qué veo, Cielos, no es él? de flores vistió el pincel, su mismo semblante al viento: Canbifes, Embajador de mí mismo? Sí, no hay duda, aún esta Lamina muda, le está gritando en color. Tanto se asímila a él, que parece en sus arrojos, que le duplican los ojos, y no le copia el pincel: Villanos, libres estáis; pues después de la sentencia, de tan Gran Rey la presencia, aún retratada, lográis, el Real indulto gozad, libres vais de mis enojos, pues de un Monarca en los ojos, debe vivir la piedad. Y vosotros sed testigos, pues su muerte se dilata, que así, aún la sombra se trata de los Reyes Enemigos. Vive, señor, y tu brazo, nunca lidie sin rendir. Ustedes pueden decir. 1. . Qué? Que han escurrido el lazo. Sin duda me ha conocido por mi Retrato. Señor, perdona, que grave error, no solo el venir ha sido, sino el darte a conocer. Nunca la luz se ocultó, y nunca más se obstentó la Majestad del poder, que en librar de los enojos, de la muerte aún enemigos, que no pueden de castigos, ser cómplices Reales ojos: nada temo, pues conmigo vengo. Esa es temeridad. Vuestro Retrato guardad, pues ya fue indulto a un castigo. Guardarle vos, es razón, pues veis, que por justa ley, es la Medalla de un Rey, premio de una noble acción Por él la vida a los dos disteis, y a esa tropa aleve; y puede, pues tanto os debe, fiarse mi Rey de vos. Guardarale mi atención, no a vuestra cortesanía le parezca, mi porfía defecto de estimación; Venid, que yo os serviré de salvaguardía, o Persianos! mas si venís tan humanos a esta conquista, os diré, que en el poder que traéis, mayor recelo me dais, con vidas, que perdonáis, que no con las que vencéis; que va mucho en las acciones, de rigores, y piedades, de avasallar libertades, a conquistar corazones. Matar con acero esquivo, y perdonar, es acierto; porque no se opone el muerto, y queda obligado el vivo. Vamos, Presaspes. Señor, temor con tu acción me das. Qué temes? conmigo vas, y contigo mi valor. Egipto, sin resistencia, perdida la Armada está, el Pueblo aborrece ya de la guerra la violencia. Y a voces mi casamiento, pide Ejército copioso, todo este campo arenoso, esconde en su alojamiento; yo he de mirar disfrazado, a Fenisa Egipcia Aurora, cumpla con lo amante ahora, pues cumplí con lo Soldado; yo mismo me he de arriesgar, para que pueda decir, que sé como Rey rendir, y como amante obligar. Estás de todo advertida? Tú verás, como lo borda mi disimulo, y también haré el papel de señora, que yo misma me lo crea, como se lo creen otras, cuando ven que las estima la cortesana lisonja. Hija, Fenisa, no hay otro remedio a nuestra congoja. Pero este señor parece muy duro. Cuando las cosas están al último estrecho reducidas, que se escoja, el menor mal, es fortuna; porque cuando el que se ahoga, ha rehusado el asirse, al contraste de las olas, ni de la zarza, que hiere, ni de la espada, que corta? no es tu amor, el que a Canbises trae, si no el de mi Corona, que heredándola por ti, a sus Reinos incorpora, el Egipto, y al Dominio áspira de África toda, Ya de toda ella el poder, en mi favor se convoca, desde el Nilo, hasta el estrecho, y las que marchan más promtas, son nuestras gentes vecinas, de la Libia, y la Etiopia. De la Armada de Tomiris, han zabordado en la Costa pocas Naves, las demás siguieron varias derrotas, desgaritadas; y es fuerza, que a Egipto otra vez se acojan. Solo el tiempo es quien me vence; pues tanto me estrecha ahora el enemigo, sin dar lugar a que me socorran. No se hace con oro el tiempo, que tanto en la guerra importas; pues hágase con engaño, y quien le cuipa, responda, si engañar a un Enemigo, tanto a un Monarca desdora, como perder indefenso, la vida, el Reino, y la honra. El oráculo de Isis, a tiempo, que mi debota anha le consulta, dando de desatados aromas, Arabes noches al Templo, nubes al aire olorosas; me dice, que el que casare contigo; con furia loca, condenará mi inocencia, a injusta muerte afrentosa. Canbises, aunque tan grandes prendas son las que le adornan, las borra con un defecto, que de él la fama pregona; pues en la Región del juicio padece, y con causa poca, aunque por breves espacios, de su razón se divorcia, bien, que se sosiega luego: pero en cuanto se reporta, quien tiene el poder a mano; qué no hará, si se le antoja? O qué le importa al herido, de injusta mano alevosa, que quede apacible el arco, después que la flecha arroja? Esto ha de ser, yo no tengo, en cuanto gentes recoja, mas armas, más resistencia, que una astucia cautelosa: hoy he dado pasaporte, a un Trompeta, y dos personas; sé que vienen a la misma propesición de tus bodas, ofreciéndome las paces, yo he de fingir, que es Eudosia mi hija, y dar a su ambición una esclava por esposa, que eso merece, quien Damas, de calidad generosa, pretende hacer con las armas, despojo de sus victorias. Ley es, que la que en el Templo se ha criado de la Diosa, aún casada quince días, ejerza las ceremonías rituales, sin concederse al tálamo licenciosa; y pues en estos hay tiempo de sendas más especiosas, respiremos de este ahogo; Eudosia es muy ingeniosa, es griega, a quien los engaños, como nacidos se aproprian, ha peregrinado, sabe varios estilos, e idiomas, es hermosa, es despejada, es de tu edad, y en la forma del rostro te da algún aire, por si su ambición curiosa ha visto retratos tuyos, que nunca tan puntual copian, que para engañar no baste, algún aire, que le cojan. Sabrá todo el Reino; que con Fenisa se desposa, pero solo los criados, (sía, que han de ver por fuerza a Eudo- sabrán que as ella Fenisa, Temo, que Eudosia. . Señora, no temas nada de mí; porque me estaré en la horea dos años solo por verme Reina de Persia una hora: así lo viera Euformión. . Ya llega con nuestra Escolta, el Embajador de Persia. Bien mis astucias se logran; hacedle que entre, y aquí espere en tanto, que se disponga su Audiencia, si un hijo solo cuesta a un padre mil zozobras, a un Rey, que es padre de tantos, que no le tendrán de costa sus vasallos? Qué de Espinas los Reales Laureles orlan? Señor. No hay que replicarme. Déjame ser Reina aposta; Clodio. Qué, señor, me mandas? Que calles, mires, y oigas. Rara prevención! Persiano, en esta estancia espaciosa, entrad, solo, y aguardad. . Si haré Maguifica obra! todo el Templo es maravilla, su fábrica es obtentosa. oboara lo ogoía, De todos me ando guardando, temiendo, que me conozcan tan desairada; y el Templo mirando voy cuidadosa: aquí está un hombre, ocultarme quiero. Lo que más absorta deja mi vista, es lo extraño de pinturas primorosas, que le adornan: mas qué miro? la sangre se ha helado toda. No es Tomiris, la tirana, bárbara injusta Amazona, que allí el pincel me dibuja, que allí el matiz me colora? No está dándole a mi padre muerte injusta, y rigurosa, porque la amaba no más? La cabeza no le corta, en tantos ceños crueles, desmintiéndose de hermosa, y confesándose indigna; del amor, con que él la adora? Oh glorioso padre mío! y qué de voces heroicas, tu sangre me está latiendo, te está escuchando mi honra, tú no vengado, y yo amante? Con quien este hombre sere que mira hacia mí, y se irrite, Contigo, aleve, traidora, Tomiris. Qué es lo que escucho? él me ha visto, y me provoca. Contigo es mi mayor ira, y tú en fin por mi memoria, contra mí, mi misma sangre, me vas volviendo ponzoña, que me abrasa, que me enciende, me ciega en fin, y me ahoga y aún al semblante, el airado corazón se me rebosa. Conmigo habla, y aún se mueve contra mí en iras furiosas. Pues falta el original, rasgue mi acero la copia: muera Tomiris. , h , Sabrá castigar, Tomirís sola, tu atrevimiento. . Mujer, que mil veces prodigiosa, sin desprenderte del lienzo, abultas aquella sombra: de donde sales, de donde mi imaginación te aborta? Quiero de hacer tu imagen, y el centro viva te arroja, o de mi concento mismo, se me ha vaciado tu forma. Buscando a Tomitis, vi su peligro, mi persona, Tomirís está a tu lado, Tomirís, dijo. La hoja desnuda en Canbises brilla, o no le dé en tan impropia ocasión aquel delirio. Qué es esto? quién ocasiona, que profanen las espadas, esta estancia Religiosa, y más estando yo en ella? Pero qué mis ojos tocan? al pie de aquella pintura, de Tomiris valerosa, que por suceso notable, la pared del Templo adorna, está una mujer, que de ella es semejanza tan propria. No he podido hallar la voz; mas Cielos, esta es Eudosía? De ninguno he de decirte, quién es, para que compongas, tan no visto duelo, solo de sus retratos te informa: de Tomiris es aquel; y este que verás ahora, de Canbises, si loscrees, tu verás lo que te toca. Cielos, Canvises, según el Retrato lo denota, es el que tengo presente, finja en tanto que me oponga. Si esta es Tomiris, qué hago, si está mi venganza ociosa, en mis ojos desairada: Ven Presaspes: tu perdona, que sin tu audiencia me ausente, pues ya mi vuelta es forzosa, sin que las paces, a vista de Tomiris te proponga, que ella de nuestros acuerdos, ha venido a ser discordia. Aguarda, yo a detenerle iré, en tanto que dispongas tu Fenisa, los cortejos, de Tomitis vencedora, que es mi mayor esperanza. . Servirla es mi mayor gloria, y así, señora, venid. Fenisa no me habla, y llora la criada me corteja, Cloriarco al aire arroja sulpiros, y se retira? hoy son confusiones todas. Tomirís, en tal peligro? Yo precio de una victoria? . Ah traidor! porque a ellabe llorar, se asige, y solloza, y ella se va sin hacer caso de mí, muy llorosa. Venid. . Quién sois vos? Fenisa. Esta mujer está loca. Qué enredo de Eudosia es este? Uno, y otro, me ocasionan ira, a uno, y otro, desprecie la rabia que me rebosa, al tenéis quien os crea; pues me obligáis que responda; que vos sois de las Penisas, para Cloriarco proprias. . De dónde me ha conocido? parece que lleva mosca. Aguarda, o celos! y cuante os debo, si de la hermosa Tomirís, aunque el amor en el recato se esconda, vosotras le vais vertiendo; de su semblante a las rosas. . Eudosia. Enformión es este, no es justo que me conozca: con quien habláis? Yo contigo? Llaneza, bien licenciosa sois locor, o busón? sabéis que habláis? Ella se me entona. Con la Princesa de Egipto? Hija conmigo tramoyas? daca esa mano. . Atrevido, villano, queréis que os ponga por si acaso estáis mareado, a ahorcar en una picota? Oyes pícara. Qué es esto, no tengo criados: ola. Qué es lo que mandas. A ese hombre. Acábose, ella me ahorca. Que según trae el vestido, bebidas del Mar las ondas, ha escapado de las Naves, que dieron en nuestra Costa, dad un vestido. Peor fuera. acomodarme la ropa, Venid. Pásito estrenado, de Princesas me acomoda? pero cuando no han querido imitarlas las fregonas, teniendo puestas en limpio, más humos, que las señoras. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Ven Himeneo, vuela, vuela Cupido, bate plumas de rosas, alado niño, porque en lace dos cuellos, un laurel mismo. No vienes? Antes, a estos verdes espacios floridos, Cielo vejetable, donde Astros brillan, matutinos, para derramar mis ansias a los vientos, me retiro. Qué bien haces! si a los tristes, confusos, y pensativos, no son músicas alegres, armonía, sino ruido, que inquietando la tristeza, no introduce el regocijo; a mí me esfuerza asistir al aparato festivo, de mis infelices bodas, consolada, en que no asisto, como Esposa, sino como criada de quien lo ha sido. O si fuera verdad! todo mi Patrimonio de Egipto trocara, por solo haber en otra esfera nacido donde a lo menos tuviese en mis desgracias arbitrio; pues todas sin mí me vienen, precisadas de un destino, tan absoluto, que obrando, por decretos decisivos, aún no se vale su Imperio de acciones, o pasos míos Todas nosotras, Penisa, con esa nensión vivimos, de no gozar lo que somos; porque entre los faustos ricos, y entre las Reales pompas, nace el decoro, ceñido de unos preceptos, que son allá amparados del juicio, Políticos interiores, tiranos del albedrío. Envidiamos la fortuna mediana, mas yo te afirmo, que no sin razón; porque si las dos, que lo sentimos, fuesemos particulares mujeres, no hubiera avido, quien solo por parecerle conveniente a sus dominios, incorporar ambicioso, el nuestro, a su Señorio, quisiese hacer de las armas causa, para conseguirlo, fineza, para obligarnos, razón, para persuadirnos. Todas las demás mujeres pueden elegir maridos iguales; solo nosotras nacemos con los precisos, sean como fueren aquellos, que nos produjere el siglo, sin más prendas para esposos, que lo igual, o lo vecino. Sobre esto intenta el poder, por fuerza, hacerse elegido; cuya pretensión, tirana le costó la vida a Ciro, y está Canbises por ella, también al proprio peligro. Triste de la que en su mano no tiene (como has tenido tu con Ciro) su defensa, pues te opusiste a su brío, por ti misma; pero yo que a marciales ejercicios no soy dada, ni gobierno Ejércitos tan lúcidos, pendiente de ajeno brazo, al arbitrio de otros vivo. En Cloriarco (apuremos recelos, estos indicios) . no fías? Soy desgraciada, haltó le empeño, y le animo con mí misma mano; pues mi padre tal vez se ha visto reducido, o inclinado, a que se case con migo. A no haber ciertos temores, que un Oráculo predijo, con cuyos antecedentes, en un trance tan impío para mí, me he visto tal, que casi se la he ofrecido, a precio de defenderla. Sin duda será el cariño que le debes, consejero; que te induzca a ese partido. No sé, porque yo entretantas penas, tiempo no he tenido de examinar mis afectos. ni saber por qué me inclino; solo sé, que en tan extraño, tan riguroso conflicto, no digo yo a Cloriarco, (con quien jamás he tenido resuelto entre mí el deseo a inclinación, o a desvío) diera una infelice mano; mas quien de un agudo silo, rehusa afirla, si amaga su vida tal precipicio? Y así quiero saplicarte, que pues él tiene contigo acepción, desde que fue de tu alianza Ministro, le esfuerces a defenderme de esta opresión, que resisto, de esta violencia, que temo, dando a entender, que dedico para su laurel mi mano, en premio de este servicio. Oh fortuna! yo me ofrezco? yo con migo mesma obligo? cuando en más dichosos tiempos, hubiera muchos rendidos, que de obligarme tuvieran por dicha solo el permiso? mas qué he de hacer? mejor es, en extremos tan distintos, hacer dichoso a un vasallo, que triunfante a un enemigo. . Buen encargo, Cielos, hace Penisa a mis desvaríos, tan locos, que de ellos, yo me a fusto, o me escandalizo. Yo, que del Amor esemra fábula del tiempo he sido, dando por mi mano muerte a un Monarca tan invicto, no porque me quiso, como el vulgo ignorante ha dicho. sino solo por el modo soberbio, con que me quiso. Traté en Seithia a Cloriarco, y en las pláticas de amigo, e interesado en mis armas, se me fue haciendo bien quisto su deseo, de mis glorias, con mi arrogante capricho, que quien se entra por el genio; qué derecho va al cariño, si hacia el corazón humano, es el más breve camino? Fui reparando lo airoso, lo cortés, y lo entendido, sin que entonces lo mirado, se pasase a persuasivo. Verdad es, que conocí en él, no sé que remiso afecto, que entre el respeto, o equivocado, o perdido, la senda de ser pasión no halló, y se quedó incentivo. Las hermosuras supremas, tan hechas siempre al estilo, de adoraciones atentas, en los cortesanos Ritos, ni lo rendido extrañamos, ni lo inclinado advertimos, que aún la costa del reparo no nos tiene por debido. Por esto, no conocí, yo en mí, que el callado, el tibio incendio de Cloriarco, que penetré por los visos, no solo no fue extrañado, sino algo bien recibido; pues luego, que de Fenisa, vi el favor, pudo conmigo lidiar mi capricho vano, del ejemplar, inducido, y echo menos envidiado, lo que expresado no estimo: bien, bien Cloriarco. Nada en Cloriarco, habréis visto, sino un rendimiento, donde en éxtalis suspendido le embelesa el adoraros, aún la acción para serviros. Ni eso he visto, ni lo que no me importa saber, miro. Ser visto, sin ser mirado, sobra a un rendimiento mío. Bien está. Sabed ahora, Qué? Que a tiempo habéis venido, que iba a mandaros llamar. Feliz quien a ocasión vino, que le echáis menos. Ni hubierais a mi memoria ocurrido, (porque ella nunca me acuerda, mas de lo que yo permito,) Si Fenisa, en sus especies, no hubiera poco ha podido con su voz resucitaros. Qué tan muerto en ella habito? Sí. Pues quién me da por muerto supone, que estuve vivo. Se llamará propriamente, presumir, el inferirlo; y así, dejando eso aparte, lo que tengo que deciros, un recado es de Fenisa. En este frondoso sitio, me acaba de dar Canbises otro para vos. Decidlo. Primero, que el vuestro? Sí. Tan grande es la ansia de oírlo? Qué disparate? Ay señora! qué aún no sabéis mis delirios? con qué infeliz sutileza discurro contra mí mismo! Si sé, pues sé, que es deseo de que nada interrumpiros, pueda de Fenisa hermosa, la noticia, y así digo. Tened, que no he de saberla. Canbises me ha prevenido. Yo, tampoco he de escucharla. Fenisa. Nada percibo. Canvises. Qué con Canbises tengo yo? Vuela Cupido. La tropa aquí se encamina. No nos vean: dividirnos es fuerza; y así a esta sala de las burlas me retiro, que está en el Jardín. Pues ved de sus cánceles, y vidrios cuando se ausentan, que es fuerza. Bate plumas de rosas alado niño. Proseguir en mi Embajada. Y yo en el recado mío, que sé con cuanta fineza, será de vos admitido, Porque en lace dos cuellos un laurel mismo. No se cuál es, pero sé, Ya llegan cerca. Pues idos. sin saberlo, aunque me deis mas celos a discurrirlo. Ven Himeneo, vuela, vuela, Cupido, bate plumas de rosa alado niño, porque en lace dos cuellos, un laurel mismo. A enlazar venturosos, a un Cristalino, nudo hermoso de nieve, dos albedríos. (Cúpido. Ven Himeneo, vuela vucla, A que puedas de diestro, ciego, y sin tino, flechar dos corazones, (ño. de un solo tiro, Bate plumas de rosas alado ni- Ven donde lo diverso, borre lo unido, dominando en dos almas, un solo arbitrio, (laurel mismo. Porque en lace dos cuellos un Ya que del furor primero, que en mi pecho ha introducido aquella fatal memoria de mi padre, en que ayeriguo, que en cuanto Tomiris viva, triunfante estará el delito: ya que del furor primero templado, o arrepentido, de vuestro padre las paces, con vuestra mano consigo. El día de desposada, qué hermosura no ha querido, hacer de sus perfecciones, ostentación? Cuál ha sido la que echáis menos en mí, de las mías? No examino, señora, si el desear una, que habéis escondido, de mí, sea echarla menos, que entre tantas, que en vos miro, ninguna puede hacer falta; antes yo, no detérmino, como lucen todas, siendo en grado tan excesivo, que en cualquiera se ahogara la otra, y en tanto abismo de perfecciones, en luces se oscurece lo divino. Dure, o no dure, que bien me está sonando su estilo, un rato de ser Princesa, que tonta es, quien lo ha perdido. Despierto sueño, o me han dado seos de asno, bebedizos, si no he de creer, que es esta la misma Eudosia, que ha sido mi respeto a lo Soldado, y mí trapo a lo jarifo. Como no asiste mi Dama a este nupcial regocijo, es grosería alegrarme, aunque me está dando brincos, (ay ausencia! no consiento) en el alma el estrivillo. Ya en aquellas celosías celajes suyos diviso. La perfección, no que hecho menos, sino que codicio, es la de la voz, en que sois portento peregrino, vartiendo también al viento dulzuras para el oido; esta, que es otra invisible dulce belleza, os suplico, que mostréis el día, que otros aseos púlidos, mas os confunden lo hermoso, cuanto os esmerán lo lindo, ostentando en el adorno, desde la falda a los rizos, el gusto, en lo matizado, el donaire, en lo prendido. Tal vez la voz me divierte; pero mi mayor hechizo es la militar sirena de bronce, el dulce suspiro del Clarín, que suavizando va el Aire, con sus gemidos, De las músicas gustáis Marciales? Sí, y no me admiro, si para tan gran Soldado, la fortuna me previno. otra gracia en el aliento? otro donaire en el brío? ey, que ya no basta un alma para tantos atractivos. Presaspes? Señor, qué mandas? De mi Ejército vecino, ya que en las fiestas nuciales está todo el divertido, los Obues, los Violines, y los Clarines, que al rico aparato de mis mesas, sirven de pomposo ruido, en Góndolas, y Jabeques conducirás por el río a la parte donde besa, estos jardines el nilo, y dónde solo sus ondas, le son murallas de vidrio, en sonatas, y canciones, harás, que a trechos distintos, unos de otros sean ecos, bebiéndose los sonidos. No me va ya pareciendo tan fiero, y tan vengativo, como le pintó la Fama, que en los ecos repetidos, vino abultando en sus hechos, semblantes para el oído: humano es, pues sabe amar. Hermosa me ha parecido Penisa, pero esta Dama que la asiste, es un prodigio; de los ojos, por donde ella prende los demás sentidos. Al son del marcial estruendo, poblaremos los vacios, del aire de consonancias, de cauciones, y de Ritimos yo, y mis Damas. Pues en tanto, (oh pesares! que mal finjo si estey entre mi dudoso, vacilante, y discursivo, de estos festivos rumores, a mi inda retraído.) en tanto, pues, prosigamos, en teremoniales ritos, la invocación de Himeneo, ciñendo todo el recinto del Templo, y jardín, pues es de la Esposa el domicilio, con las Teas, donde tantos Astros su luz han prendido. Venid, señora; pues como estás, Cloriarco amigo, retirado? Porque espero para dar aquel aviso, que mandaste. Bien. . Señores, yo he de hallar sin duda el juicio . Necio estás; mira de aí (porque perderle no es faci!) si su rostro no es el mismo cortado, su talle, y cuerpo, o pintado, o esculpido, el proprio: yo ostoy borracho (no obstante, que beba vino) o me estoy mirando ha dentro la idea, en que la concibo. Qué desaliño! no es bueno, que estaba ya divertido, sin estar aquí Tomiris? cierto, que el diablo anda listo, . Celos, y fieros, y los galanes ha donde su cuidado no ha venido, no pueden estar hallados, aunque estén entretenidos. Ve Himeneo, vuela, vuela, Cupido. . No hay que jurar, No fuera conmigo fiero, quién es con Endosia Fino. Bate plumas de rosas, alado niño, que te la quiero soplar? Con cuantos afectos de odio, . No conoces que de ti de amor, y de ambición, lidio. un laurel mismo. Aguarda Lepín. Qué cosa? sirvo en detenerme? Sí, en cuanto un instante aquí, hab lo a Temirís, hermosa, registrarás si nos ven, o quíen penetra lo espeso del jardín. Cómo va eso? yo soy muy hombre de bien, y nunca el sufrir me plugo, que en amorosos desvelos, mejor que espaldas a celos haré espaldas a un verdugo. si vienen. Pues, y mi amor? Acaba. No ves, señor, que está perdida por mí? Loco estás. Como amo ordena, en hacienda, vida, y fama, mas sobre esto de mi Dama, habrá la marimorena. Celos tú? quién me quitará esa palma? no tengo yo en carnes, alma si otros la tienen, en cueros? Vive Dios. que esto pundonor se llama; no hay más que dacá la dama, hace burla, y la entretienes? Porque enlace dos cuellos . Lo que conozco es, que tienes tu mucha envidia de mí, porque a ti te desdeñó me metes el pleito a voces; vamos claros, bien conoces que soy mejor mozo yo. Tú estás loco, sin remedio. Yo, en que tú lo estás, me fundo. mira como medio mundo, se ríe del otro medio. De Tomiris, que es empleo has de creer para ti? Qué importa que no sea así, si lo finge, y yo lo creo? De busón son tus razones, con términos tan groseros. Tomiráis los Caballeros, los gajes de los basones; y para que veas, señor, si es verdad lo que refiero, yo me finio cuanto quiero, y me llevan el hamor; sea busón, o sea pieza, me adulan, a mi entender, si Príncipe quiero ser nadie me niega la Alteza; y tratándome en los modos iguales, a lo que digo todos se huelgan con migo, y yo me sirvo de todos. Si Emperador quiero ser, nadie en negarlo se emplea, y qué importa que no sea, si ellos me lo hacen creer? Con saber, que a las señoras, agradó mi busonada, de los Príncipes la entrada tengo franca, a todas horas sin riesgo a todas verás, que mi amor puedo decir; pues no hay más que conseguir, dónde no se puede más? que amante no envidia fiel etintín, no hay cosa como Lepin: hay lo que yo gusto de él! También con estilo claro; a Tronos, y a Potestades puedo decir las verdades, que a otro le costaran caro, Ando con esto lucido al ver que todos me den, mejor que a un hombre de bien, ocho escudos, y un vestido. Campo en la Corte, en la Villa entretengo, y me entretengo; y finalmente no tengo de la honra la polilla, Igual en la estimación, me hago a todos, a mi ver nada le quedo a deber, al que me llama busón. Cuantos riesgos de questiones tiene esta vida, o afanes, paran solo en alacranes, ventosas, o mogicones. Y ando seguro por ley, ejecutando todo esto; vive Dios, que es este un puesto, que le había de dar el Rey. Qué te esté oyendo? Lepín. Señora? de ti tratamos. Mira, en tanto, que aquí habla (mos, si eruza gente el jardín, y si no a Lisenia llama. Esto es malo, y a mí ver, no sé que me toca hacer cuando lo manda la Dama, No vas? Si señora, ciego voy, que haré si amor me inflama; obedecer a mi Dama, y reñir con mi amo luego. . Ya que podemos hablar, primero he de decir yo; Fenisa aquí me encargó una cosa, que excusar pudieramos en rigor; porque dudar no podía, ni de vuestra valentía, yo, ni esa de vuestro amor: pues el discurso más sabio, por más que al reparo acuda, aún no supiera cual duda, tendréis vos por más agravio, Ella en fin fiaros piensa, por General, lo primero, por vasallo, y Caballero. de su mano la defensa. Y también su agrado muestra, que para que os alentéis. si ajena no la queréis, la defendáis como vuestra. Yo ofrecí a vuestro valor hacer esta deseada proposición, obligada de su angustia, y vuestro amor. Y pues ya de las Regiones, del África, mas vecina, se nos van a la sordina, juntando algunas legiones, a tiempo que de las graves olas, vencido el desdén, van a estos Puertos también arribando algunas Naves. En defensa me tenéis, de vuestro amor empleada, a todo trance arrestada, a vuestro lado veréis mi persona con valor, hasta morir, o vencer, sin que deje mi poder de lidiar por vuestro amor, hasta que la mano os dé Fenisa, con gran razón, e que me quiebra el corazón, ver malograda una fe; qué decís? Si saber quieres ahora mi embajada, digo. Cuerpo de Baco conmigo, hay vienen diez mil mujeres. Nada en el jardín escucho. Ni aún sus plantas mueve el viento Pues es que iba largo el cuento, y pican los celos mucho. . Canbises os quiere hablar a solas, a lo que oí, de no sé que paz, si aquí, audiencia le queréis dar; y así ved lo que queréis, que yo le avisé, señora. Eso no es del caso ahora, ved vos lo que respondéis. Esto importa más, pues quiere vuestra paz desde que os vio. Respondedme vos, que yo haré lo que yo quisiere, Qué he de decir? Que ofrecéis lo uno, y lo otro admitis. No sé lo que me decís. Ni yo lo que proponéis. Que os adoro habéis sabido; decidlo a Fenisa bella. No sé yo tal, que ni a ella, ni a vos hubiera sufrido. Pues qué tuvierais así, que castigar en los dos? A ella el hablarme de vos, y a vos el pensar en mí. Vuestra voz me da a entender, que sus celos sentiría. Yo digo lo que sería; pero esto no puede ser. Canbises, Fenisa. Así estáis? gente a este retiró va llegando. A nadie miro. Nadie viene por aquí. Pícaro, si hiciera caso. Cada pobre se remedia, a Galanes de Comedia, he visto hacer este paso; y pues de mi amo apuras el celoso frenesí, Señora. Vete de al, que no estoy para locuras. Ciertos mis celos serán: mudose la Dama, a quien ya no le parecen bien las locuras del Galán. De Canbises. Ya es exceso el vuestro, si se repara; pues que Canvises me hablara, qué teníamos con eso? Nada; y que admitiera yo la dicha tan ponderada, qué ofrecéis, qué importa? ada, pues quién os dice, que no? esa respuesta a dar voy a Fenisa, pues gustáis. Tened, señora. Os cansáis en vano. Qué necio soy! esa respuesta lleváis? No lo acabáis de decir? Quiero daros, que sentir, y siento que lo creáis. Yo sentir? Tan irritada, quién, señora, no os temió? Amenazad, que soy yo buena para amenazada. Gente viene, no llevéis esa respuesta por Dios. Mirad la que me dais vos; y para que la penséis, de las burlas a la estancia, que entre estos cuadros se ve, con las Damas volveré; paseaos a corta distancia, que como sue rejas tienen celosias, yo estaré detras de ellas; y porque las que al jardín van, y vienen, no os reparen, paseando hablaréis más cautamente; y solo no habiendo gente, os parad, de cuando en cuando, Al punto voy, pero en qué quedamos? No sé. Dudair? y a Canbises otorgáis aquella audiencia? No sé, Vin los ceños más serenos? No sé, y aún mucho adelanto. Jamás ignorasteis tanto. Ja mis entendisteis menos. Ya las Góndolas ocupan de mis Músicos la espalda, del Nilo por esta parte, que no tiene más muralla el Jardín, que los cristales, que a tanta verde esmeralda, en círculos espumosos, dan de sucesiva plata, a esperanzas permanentes, el avillo en que se engastan. Sentadas aquí, podremos gozar de su consonancia, la armonía, sin el ruido, que va en sus cláusulas blandas, rompiendo velos al viento, peinando espumas al agua, allí pulsando las hojas, y acá rizando las canas, . Menos lo que Isis predijo, no tuviera por tan agría suerte la de ser su esposa, ni con el semblante espanta, ni con el trato exáspera; poco le debió a la fama, entre los ojos, y oídos, que tan vecinos se hallan, quien creerá, Cielos, que es toda la imaginación distancia? No cantarás, mi bien? Ay, con qué terneza me habla todo un Rey! Una por una, si mi beldad le avasalla, de la Majestad raída, no me ha de quedar la cara, tanto, que no sea la misma, que le costó tantas ansias: niñas llegaos, y cantemos la letrilla celebrada del amanecer, ahora, que los Coros la acompañan, de clarines, y violines. No la sé bien; pero vaya. E. Ya los pájaros, sintiendo las risas de la mañana, sacuden las plumas. Plumas. Y basten las alas. Alas. Y en sonoros gorjeos. Gorjeos. Quiebros, y pausas. Pausas, Son de la Aurora clarines, Clarines. Y de pluma, violines. Violines. Que rompen el alborada. Alborada. Trinan, y cantan, siendo a la luz del día, trompas, y cajas, con que en dulces estruendos le hacen la salva, tocando contra las sombras, sus picos, al arma, al arma. Al arma, al arma. Qué dulce voz! a vestirse del semblante de la Dama, que está al lado de Fenisa. Mucho es lo que en mi repara. Romped sonoros clarines, de pluma el nombre, que el Alba, para tocarse las luces, se está vistiendo las granas: trinan, y cantan, siendo a la luz del día trompas, y cajas. No sé si estará Tomiris prevenida a la ventana, como me dijo. No sé, si Cloriarco, mas él anda paseándose en los Jardines, haré ruido. Allí me llaman. Alegres los Ruiseñores, . Qué locura! . Como mía, salpiquen todas las ramas, de tanto canoro brinco, tanta cithara con alma; con que en dulces estruendos le hacen la salva. . Salva. Sois vos, señora? Yo soy, ved, si traéis estudiada, respuesta para Fenisa. Aún no he podido pensarla. Saluden la tierna Aurora, que bulliciosa desata, al murmureo de las fuentes, risas que el hielo les cuaja; tocando contra las sombras, sus picos, al arma, al arma. Al arma, al arma, Tanto hay que dudar en eso? No es eso, sino que embarga mi imaginación, quien de ella, solo un punto no se aparta. Qué la diré? Que os adoro. Y he de mentirla en su cara? Miraos la vuestra, que en ella toda mi verdad se estampa. Ya los pájaros, sintiendo las risas de la mañana. Qué le diré yo a Canbises? es lo que saber me falta. Sacude las plumas. . Plumas. Y baten las alas. . Alas. Cómo puedo yo volverle a mi enemigo la espalda? Y en sonoros gorjeos. Gorjeos. Quiebros, y pausas. . Pausas. Ay, que no es eso, . Pues que Ver, que de amistades tratas. verdadera, y desgraciada. Son de la Aurora clarines. Clarines. Y de pluma violines. Violines. Que rompen el alborada, Alborada. Jamás oí voz tan dulce, ni destreza tan gallarda; y pues está todo el Río, rizándose, la argentada melena contra las quillas, de mis Falucas, y Barcas, gocemos vista, y oído, costeando todas las Playas del Jardín; veré, si así, logro hablar a esta bizarra Ninfa Gentil; y también, si Tomirís la aplazada plátiea aceptó, qué mal el odio suyo se aplaca, si está en la sangre, y es fuerza, que con mis incendios arda. Vamos, más de la voz siempre, diga la dulzura vaga. Trinan, y canten, siendo al Alba del día, trompas, y cajas, con que en dulces estruendos le hacen la salva, tocando contra las sombras, sus picos, al arma, al arma. Hacia aquí viene Fenisa. Pues la ventana cerrada dejaré, pero no tanto, que no escuche lo que os habla. Pues a Cloriarco he visto, solo de él saber aguarda mi fatiga, qué hay dispuesto, en contra de mi irritada adversa enemiga estrella: Cloriarco? Qué me mandas? Cielos, Tomirisdo escucha, qué he de hacer, si algo declara? Cómo aquí tan solo? . Como el ruido alegre embaraza otros cuidados mayores, que sobre mis hombros cargan: Cuál es el mayor? . El vuestro. Ah traidor! esto guardabas? Él vuestro, es el mayor mío, bien, que corrida se halla con vos mi lealtad, señora, de que andéis buscando trazas de empeñarme, mas que yo, por mi obligación lo estaba, creyendo en mayores dichas mi fineza interesada. Yo nací vuestro vasallo: yo manejo vuestras Armas: vos sois Dama, yo soy noble; pues qué mayor circunstancia, para que por vos arriesgue, vida, honor, hacienda, y fama? Las demás proposiciones, de dicha tan soberana, que fuera en mí no tenerla culpa, si no el desearla, me fueran de sumo aprecio, si estando en paz nuestra patria, vuestra voluntad, no vuestra necesidad las páctara, que no han de decir de mí; que hice de vuestra desgracia negociación, ni que pude valerme de esa ventaja: o moriré, o no seréis de Canvises: aquí estabas, señor? Aquí estoy, prosigue. De nieve soy viva estatual Hubo más fatal acaso! Hubo suerte más contraria! Que antes morirás, que sea de Cánbises esta Dama, era el discurso: aquicibas; por qué la razón no acabas? Por qué no hay más que decir, y es consecuencia bien clara, que más razón no le queda a hombre que en esto la gasta, Al lado de Cloriarco, es forzoso, que ya salga a hallarme. Cortó la suerte en botón mis esperanzas, Oh morir tú, o no ser ella de Canbises? noble hazaña! De dos cosas se compone, que es, o morir, o guardarlas si muero, que es lo más fácil, y está en mi mano, se saca por consecuencia, que cumplo sin tu ofensa, mi palabra. No eso me admira, si no ver, que aún no haya dado causa mi atrevimiento, con esta hermosura, a tu arrogancia. Ni ella es a quien yo la digo, que refiriendo nos hallas, lo que yo nofrecí a Fenisa, cuando pisasteda raya nuestras con inundaciones de Ejércitos, y de Armadas. Prométila defenderla, o morir en la demanda, con estas mismas razones que oíste cuando llegabas; o moriré, o no seréis, de Canbises, violentada, se entiende, que después supo hacer la fortuna varia, que el gusto del Rey, y el suyo, mi homenaje relajaran. Está bien, menos disculpa Cloriarco le bastaba, no solo por lo que estimo tu persona; pero en gracia, de que tu valor no hiciese promesa tan despechada, por esta belleza, que pudo causarme al mirarla. Tened, no lo pronunciéis, que no me hace a mí la saña, o el valor de Cloriarco, para mi defensa falta, ni ha menester los aceros, quien tiene el desdén por guarda. . Bizarra mujer! dijiste a Tomiris, lo que encarga mi cuidado al tuyo? Sí señor. Y qué su tirana esquivez responde? Que Tomiris, no está enseñada a negarse a su Enemigo dónde quiera que la llama. En tanto que hablo con ella, Cloriarco, un poco aguarda, Celos, y amor, no de vista los perdamos, que esta extraña conferencia está diciendo muchos presagios al alma. Vuestra Majestad no ignora, que la sangre no vengada, de mi padre acá en el pecho, todo cuanto pulsa, clama, todo cuanto late, grita, y que en interiores brasas, toda la sangre es hoguera, que el odio emprendió en sus llamas. Dos años ha, que su muerte ciñó la Diadema sacra a mis sienes; pero al ver, que de su sangre se baña, lisonjeaba yo mis iras, con saber, que preparaba la fortuna a mi despique, Nación tan feroz, y brava, como la Seithia; de cuyas bárbaras, y dilatadas Provincias, hacer quería, el rencor, que me inflamaba, desiertos, cuantos funestos Padrones a mi venganza; y queriendo ver primero, fenecida, o ajustada la empresa de Egipto, que mis designios embaraza; porque confinante inquieto; me mete la guerra en casa; cuando pensé hallar aquí Ejército, en que empleara mis furores contra Scithia, encuentro en él derrotada sola una mujer, en quien mal mis iras se lograran; pues en su sangre los filos, de tan vencedora espada, mas que en venganza se tiñan, en indignidad se manchan, La mayor parte de todas las Tropas, que me acompañan; en la muerte de mi padre militó, y aquella infausta rota, tan a costa suya, las graduó de Veteranas. Conmigo no tenéis riesgo, que sé muy bien lo que alcanzan, soberanias de Reina, y privilegios de Dama. Con ellos sí, que la muerte de su Rey los arrebata, y querrán hacer conmigo lealtades, aún de las rabias. Ya no tenéis en Egipto que defender, acabada la guerra con estas bodas, en esta Costa se hallan Naves vuestras, aunque pocas, volved, señora, a la Patria vuestra, donde yo os ofrezco, que promplo a buscaros vaya, porque lidie airoso, contra los vasallos que os amparan, Con Amasís, Rey de Egipto, contraté yo mi alianza: vos no sois Rey, todabia es Amasis el que manda; con que echarme de sus Reinos, ya se ve, cuanto es osada presunción, aunque se vista de moda tan cortesana. A tener yo igual poder, no dudaréis, que os buscara, en el mismo alojamiento, que vuestras gentes acampa; que de ningún Enemigo, por más orgullo que traiga, ha sido mi bizarría prevenida, o asaltada. No soy mujer, como vos decís, haciendo jactancia, de que a mi vista parezcan atenciones las templanzas. Reina soy, y son los Reyes de la especie de las almas, no hay sejo que los distinga, cuando el laurel los enlaza, que la Majestad excede toda imperfección humana. Demás de ser Reina, soy una Reina coronada de victorias, que se pueden numerar por mis jornadas; porque sellé de mi Imperio, cuanto oprimí con mi planta. En militares manejos, he sido siempre criada; y en fin soy quien dio la muerte a Ciro en campal batalla; y cuando la lid conmigo, no rehusó, quien me amaba, (según dijeron, por darme la airosa culpa de ingrata) su hijo, que me aborrece, por donde puede excusarla. Reyes somos, el poder no es igual, mas nos iguala la fortuna, las personas; redúzcase nuestra saña a fingular desafío: pues así las no culpadas gentes, de las dos Naciones, nuestros rencores no pagan. En la puerta del jardín, que mira hacia la Campaña, espero, de allí podremos arbitrar en la estacada; el gaje del duelo sea ese guante; pues usada ceremonia es en los nuestros, y aceta el que le levanta: ved que hacéis, Monarca sois, y quien os reta, es Monarza. . Aguarda, señora, espera. . Tomirís apresurada, le deja el favor de un guante: si mil vidas me costara, he de ser yo quien le lleve. Ya ni las voces la alcanzan: Cloriarco, que es de un guante, que arrojó aquí? Suerte airada! Tomiris. Yo le guardé, que no es justo, que negara la cara al riesgo, una vez mi vida en él empeñada. Yo duelo con Dama? Cielos qué haré? que si el guante guarda Cloriarco (pues sin duda, él oyó cuanto ella hablaba) que duda ay, en que por mí querrá tomar la demanda, y contra ella, yo tampoco le he de consentir que salga: tomarle yo, es acetar duelo, en que está desairada mi Majestad, y valor; y si un instante parara en mi poder, se dijera, que aún con la duda, agraviada tuve mi fama: qué haré? Mucho en resolverse tarda. Dejad Cloriarco el guante, que a vos no toca esa alhaja, Ya está en mi poder, y tengo por grande desaire el darla, habiéndola alzado yo. A mi vino destinada; cuando la arrojó su dueño. Aún esa es la mayor causa, para que yo no os la vuelva. El juzga obligarme, y trata de querer salir por mí; ya es vuestra tema cansada. Yo no puedo responderos, conferida la distancia; pero estoy a esto resuelto. Pues si la misma se halla de vos a Tomirís, como presume vuestra arrogancia, que el guante a vos se dirija? este hombre de atento, causa. Bien decís, y pues ya a ella se atrevió mi altivez vana, por qué no a vos? Con estar su porfía temeraria, obligándome cortés, ya la paciencia me falta: Ahora bien, pues competirme, quier e tu atención hidalga, pon ese guante en el suelo, no te valgas de ventaja. Aquí está, sin duda quiere reñir por él, ya está echada la suerte. Estarás contento, si en tu tema porfiada, quedares igual conmigo? Si estaré. No hay una Dama de Tomitís? Qué es, señor, lo que tu Asteza me manda? Esa prenda es de la Reina, solo digna de tocarla sois vos: alzadla del suelo Qué es esto! por tan extrasid industria, Canbises, Cielos, huye del lance que ataja? mas pues sin la prenda queda, no me deja que hacer nada. Llevádfela, y le diréis, que de Canviles la espada, duelos de Damas no acetas y aunque su furia gallarda, para obligarme me alegue tantas vencidas batallas; qué importa? si mi atención, por más que la mire odiada, de Dama, mujer, y Reina, la inmunidad no traspasa, y me juzgo más airoso en huirla, que en matarla. Vos Cloriarco, ya veis, que no es bien, que por mi hagan un vasallo, aunque imagine, que obliga con lo que agravia, lo que yo por mí no emprendo con mujer tan soberana. . Cielos, desafiónera; y no favor; quien pensara tal! ay Tomiris! y cuanto te ha ofendido mi ignorancia. Esperando están la rosa, cuantas contiene un Vergel, flores, hijas de la Aurora, bellas, cuanto puede ser. Libia? . Señora. Dirás, que el armonioso tropel, de voces, y de instrumentos, que al agua rompen la tez, prosiga, y suene más lejos. Voy señora a obedecer. . O qué gustazo es mandar! y más de prestado; pues manda mucho más quien sabe, que presto la ha de perder. Sobre haberla oído ya cantar, no hay duda en que es; de la joya de Tomiris me pienso ahora valer, Señora Eudosia pasada, a daros el parabién, de bodas tan venturosas, llega un pobrete, que fue vuestro Jaque en gracia, pero de amor en el Ajedrez, en vuestra casa no alcanza a darle jaque a este Rey. Y con joya? . otras traía, que os pudieseis vos poner, si toda la Majestad, no os borrara la merced. Joyas trae? aquí dio fin del fingimiento el desdén, que si de cuantas yo tengo, ninguna mía ha de ser, y pierdo las suyas, soy necia del haz, y el envés; y para quien, Euformión, las traías? Pues mujer, si el nombre me sabes, como quieres hacerme entender, que no eres Eudosía? Soy, quien antes, que otra la des, te quita la joya. Eso no, que yo la he menester. Suelta. Suelta tú, si sabes lo que agarraste una vez, con los jazmines de Arpía. Suelta hombrecillo soez. Mientes, picara. Qué es esto? sino prenderle, Villanos, ved como lo lograréis, Que el Cúpido de las flores, es la abeja, y si lo es, sus flechas abrevia todas en el aguijón cruel. Matadle si se resiste. . A Canbises socorred. Buena anda la gresca. Tú la has venido a revolver. Qué ruido anda en el jardín? Amparo el Cielo me dé, Cloriarco? Pues señor, qué es esto? De ese tropel me ampara, si hay en Egipto algún corazón con fe. A que te quiten la vida, la mía sabré oponer, que la de un Rey es sagrada, más resistir no podré de mi Rey a la obediencia, si es que te intentan prender; por aquí les saldré al paso. Yo tu lealtad premiaré. Ella, pues las solicita, y las despoja después, por señas, que sus despojos, son dulces como la miel. Por aquí podré salir. Esperando he estado, que vinieses, más como así te veo llegar? No lo sé, déjame esa puerta libre, que me importa vida, ser, Reino, y honor escapar de la traición más cruel Pues no ha de ser por aquí, que ya en la puerta esperé para reñir, y pues miro, que ya en la estacada estés, con el acero desnudo, antes que alcance aquel tumulto, sin que mi duelo se acabe, no he de volver. Antes hacerme pedazos podrá tu airada esquivez, que con una Dama sea grosero, puesto a tus pies me rindo. No me disfraces lo cobarde en lo cortés, que te daré muerte, riñe. No hay partido que escoger, sino el de esa puerta, aparta señora de su lintel. Por aquí no has de pasar, y a lidiar te obligaré, envistiéndote. . No harás. Buscadle en todo el Vergel. O muere, o conmigo lidia. Ni uno, ni otro pienso hacer. Cómo? Arrojándome al Río, antes que pueda ofender a una Dama, que en mis Barcas la vida refugiaré. Los colores de la Reina, vistió galán el clavel, Príncipes, que es de la sangre, y aún aspirante a ser Rey. Ni lo puedan mis volcanes tus cristales encender. . Arrojose, y más irrita mi altivo coraje ver, en tanta cortesanía, desarmado mi desdén. En viéndola, dijo dí un jacinto, y al papel, lo encomendó de sus hojas, porque se pueden leer. Seguidle todos vasallos. Buscadle en todo el Vergel. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Señor? Qué quieres? Lo primero, sepamos si estamos solos. Solos estamos, qué traes? Traigo un aquel, como un otro, un amor con mucha envidia, un cariño muy rabioso, un fuego que trae de hielo, ojaldrado su rescoldo, traigo una sarna de chispas, de que en el alma me cozcos y en interiores herizos, mi imaginación aforro, diciplinando la idea con fantásticos abrojos. Traigo unos como se llaman, que los siento, y no los nombro, porque su mayor delito, consiste en su nombre propio, Cosquillas de brasas me hace, un discurso escrupuloso; y en fin yo traigo unos celos, pólvora de los demonios, vinagre de amor torcido, polilla en que me carcomo, que corrupción del cariño, va degenerando en odío, Loco vienes? Loco vengo, y a graduarme en ti de loco; mas primero es el precepto de la Dama, ese envoltorio de mis agravios, de donde ciertas sospechas me tomo, que si no es para servirlas, no diré que las conozco. Esos papeles, que vienen a legajos, o a manojos, cerrados en ese pliego, con sus dos dedos de lomo; me dio para ti Lisenía, diciéndome (aquí me ahogo; atascando en los gaznates graves palabras de plomo) que Tomiris a ti mismo, manda que le dé yo propio, o recado, que a las ancas, me traes celos de retorno. Daca, que para locuras no estoy, y quizá de modo me coges, que en ti reviente la mina de mis enojos. Mi superiora me manda, que vuestros papeles todos, os embíe, que son esos, y que vos le embiéis los pocos que tenéis suyos, y aquel bosquejo suyo curioso, que os dio mi amistad, porque a los cuidados de novio, no se añada el de guardar testigos tan noticiosos de una diversión, que fue nada, y si algo fue, ya es polvo, Hay más desdichas! Ahora, señor, entramos nosotros, saca la espada. No fíes, ni en tu genió licencioso, ni en que gusta de él Tomiris, que te haré menudos trozos, si me enfadas. El trabajo del menudo te perdono: Ven aquí, qué puedo hacer, si en mi despecho brioso, aún no encuentro quien me apare una pendencia que arrojo? Adoraba yo a Tomiris, debiendo a sus dulces ojos, el agrado de la risa, y mi despecho amoroso, era por ser despreciado, consentido, o dulce oprobio? que con ella los desprecios, aún bastan a hacer dichosos. De aquella ilusión de miel, que apenas me untaba el bozo, dejé paladear mi juicio, creyéndome como bobo, que nadie merecería de sus arriscos córcobos, la atención, que yo por gusto, de ruin sujeto, o Gracioso, a carcajadas de perlas, vertida en sus risas logro. Vi favorecido a mi amo, quedé pasmado, y absorto con la novedad, de helado, me fui pasando a furioso; y de furioso, di en ciego, o como celos, o como, si en mí no cabéis, os sufro, y si me ardéis, no os aborto? Fuera, ninguno me quede vivo, ni aún el Ariosto, tan furioso poner supo a Horlando contra los tronzos, como, yo contra los aires, adonde de mi amo, y otros; porque ella no se los beba, hasta los suspiros corto: Traidores, hechos pedazos quedaréis, no me reporto, hasta acabaros. Qué es esto? Quítate, que no conozcó, sino a mis celos. Estás borracho? Ahora coloquios? riñe, o quítate de enmedio, sino quieres dos mamporros, que me han puesto en un tormento, y da estas coces el potro, Pues toma pícaro. Ay! que la cabeza me ha roto. Qué es esto? Ser manilargo mi amo, demás de envidioso; y acabar de derramarme, rompiéndome el casco el meollo. Esto es, que el pobre Lepin paró en lo que los celosos, que es en quedar ofendidos, descalabrados, y locos, Haz que me den la locura al punto por testimonio; pues podré a voces, señora, publicar lo que te adoro, hacer tema de quererte, sin limitación, ni coto, fabricar yo mis venturas, al gusto de mis antojos, donde más de cuatro cuerdos me envidien los soliloquios, y a trueco de lo que finjo, r tomarán aún lo que ign oro. . Posible es, que ni el pesar, me esculan vuestros arrojos de ofender lo que me gusta? Ya, señora, reconozco, que el rendido, que una vez llega a cansar, cansa en todo, Hay están vuestros papeles; pues al precepto imperioso; con que los pedís, en vano mis resistencias opongo, bien, que a tener yo albedrío, no obedeciera tan prompto, ni recibiera los míos, guardándolos de este modo, unos, yo, para reliquias, otros, vos, para despojos. . No te dije yo Lisenía, que sin repugnar gustosa, los papeles volveria? Pues digo, que ha sido un tonto, que en las dichas, que aún pasadas, dan vanidad, o alborozo, quien ay, que de si enagene los testigos de su apoyo? parece que lo has sentido? Es, que en sus acciones noto, que a la boda de Fenisa, se inclina vanaglorioso; y hay obediencias que ofenden, a quien da el precepto, rompo la nema, veamos amor lo que hiciste afectuoso: que yo escribiese a un ingrato, que necio, grosero, y tosco, prodigo de mis finezas, me restituve el tesoro: mas que es esto, los papeles, que de este pliego descogo, están en blanco: no hay letra, que de lunar tenebroso, salpique al cándido pliego la tez del bruñido rostro; ningún papel viene escrito, El es galán misterioso, yo le guardaré el secreto. Aquí una lamina toco, sin pintura. Ese, ser quiso tu retrato, que curioso, me pidió, y yo se le di. Esto sufro en mi desdoro? Calla, que ha tenido filís, qué amante ha de haber tan bobo, que soberanas finezas, de atento, o ceremonioso, restituya a quien las pide? Muera el olvido; o al odio; pero queden epitafios, si quiera en el mauseolo, que acrediten, que fue vivo, Tú: más quien este alboroto causa? Después, que Canbises, soberbiamente orgulloso, tus pocas gentes, y mías, en choque campal ha roto. De pues que tomando el Templo, (casi del primero abordo) el Nilo tiñó de vidas, haciendo, que vierta al golfo, (hidra de cristal, que ondea siete cuellos espumosos) purpúrea ponzoña en sangre, y en agua, veneno rojo. Después, que sitiando a Memphis, nos ciñó de numeroso Ejército, golfo vivo, donde a embates procelosos, de las olas de su gente, son esos muros escollo. Después en fin, que encerrados, sin que esperemos socorro, tumba tememos la Plaza, que nos cubre promontoriso. Hoy nos hace una llamada. un Trompeta presuroso que al organo del Clarín, infunde voz en el soplo. Con él un Araldo, trajo un cartel presumptuoso, diciendo de mí (no temo el repetiros mi oprobio, cuando más a la venganza, me empeño en lo que me corro) que aunque es verdad que le di contra su honor, y decoro, una esclava por mujer, a duelo no le provoco particular, por anciano, y por indigno del Trono, de que la elección me hizo capiz en fuerza de votos. Que a Tomiris, por ser Reina, descendiente del lustroso Real origen, Rama heroica de el Augustísimo Tronco de Sevtia; que brotó al Mundo mas laureles, que pimpollos debiera admitir al duelo, que le propuso brioso su orgullo, si la hermosura, todos los aceros votos dejara; y si no fuese en tan grande Dama improprio, querer pasar a las manos el oficio de los ojos. Pero porque nadie crea, qué su pecho valeroso, no responde a quien le reta, en singular duelo solo; y lo cortés nunca pueda desfigurarle lo heroico, depuesta su Majestad, y cuanto, pueda en su abono, ser preeminencia excelente, que le haga supremo a todos, si ella dieré Caballero, y en sangre, y armas notorio, que salga a lidiar su duelo, está a mantenerle promto, asegurándole el campo en ese vecino coto, que en Isla guarnece el Nilo, encaneciendo de copos de espuma, los siempre ancianos pies de sus antignos olmos; y en barcas de iguales remos, los lidiadores famosos, en número igual a un tiempo, en demanda de este Soto, dejarán las dos orillas, sin que otro alguno al contorno de aquellos verdes recintos, el Claustro pise frondoso, Este es el cartel, que envía, y estando sobre nosotros, donde vencedor su acero, ser á a su ley Cetro corbo, no hay duda en que es vizarría a trance tan peligroso. Ea Tomiris, aquí tienes Caballeros valerosos, y sobre todos los pechos de Cloriarco, y de Clodio, elige el que tu gustares, que yo asegurar dispongo el campo de esta otra parte, pues hace el Cielo piadoso, que un Ejército tan grande, vencer pueda un hombre solo. . Y si algo puede contigo mi amistad, y si el copioso llanto mío a tus piedades, es de aljófares soborno, no elijas a Cloriarco. Celos, qué es esto que oigo? ha alevoso. Qué me miras? Que si yo en su brazo pongó mi esperanza, aunque es verdad, que era el más posible modo de librarme de Canbises, lidiar en cerrado coso los des, como es tan incierto el fin del trance me expongo a correr sin más recurso, el pielago en que zozobro, de cuyos inciertos rumbos, es la fortuna el Piloto, son los vientos los influjos, y es toda la vida escollo; y no quiero de una vez aventurarlo tan todo, que sin reserva me quede en un tan fatal destrozo. . Ves Libia, pues de todo esto, solamente es lo que lloro, haber dejado de ser Reina en un plazo tan corto; porque toda la fortuna, en sus juegos mayor, como que volver a hacer de bastos la figura que fue de oros. . . Nunca con mi hermana (a quién amo) el ánimo acomodo a competencias; mas siendo el que le excluyáis forzoso, por los ruegos que a Fanisa despedazaron sollozos, en su lugar por lo menos, a vuestras plantas me postro, ofreciéndome al cómbate, que por lo que en vos conozco que le honráis, debo esperar, que substituro dichoso, sea de vos Cloriarco, y de Cloriarco, Clodio. Ninguno debe esperar mas que yo, sin que sea estorbo, que a mi valor. Quedo, quedo, que ni el estilo, ni el tono, a ocasión de obligar vienen, sobre infiel presumptuoso? Cierto, que la confianza, cerca está de desahogo, a tan mal tiempo: Lisenía, haz que busquen presurosos a Euformión, que es de mi Armada; y nada le causa asombro. . . Tal hombre me preferis? No soy de ánimo tan bronco, de tan obstinado pecho, que quiera, que en mi socorro, deis tan gran susto a Fenisa, y más si a su padre oigo, que os quiere casar con ella, primero, que poderoso, Canbises tome la plaza, y de su fin vea el logro. Y así dejando esto a parte (pues ya para vos no importo) que es de unos papeles míos, que la diversión, o el ocio me hizo escribir? Ya os los di. Los que en este pliego noto, vienen en blanco. Es verdad. Los que yo os pido son otros, no porque en vuestro poder es én mal a mi decoro (pues siempre son como míos) sino porque estos despojos, no mi escrúpulo pretende quitaros, sino mi enojo. De haberlos en blanco hallado solo vos culpa tenéis, que con un enojo habéis muchas cláusulas borrado. Yo las guardé, confiado en ver, que a honrarme se inclina vuestra hermosura divina, si están borradas ahora, escribieraislas, señora, vos, con tinta algo más fina. Prometió vuestra belleza en ellos distinta fe, cláusula hubo quizá, que dejasteis llamar fineza. Si faltó aquella firmeza, qué mucho haberse ocultado letras que la han afirmado? peor es a mis quererlas el arrepentirme de ellas, que el no haberlas pronunciado. Copiada vuestra beldad, con vuestro gusto tenía, y al retrato le servía de alma vuestra voluntad; de el enojó la crueldad se la quita, y la hermosura borra de vuestra pintura; y porque imitaros pueda, la lamina sola queda, que se os parezce en ser dura, Vos sois la que los borráis, y en la lamina que veis, vos misma os desparecéis, al tiempo que os retratáis. Y así en vano me culpáis, que eso traer me mandasteis, en esas prendas me honrasteis; y si ya os arrepentisteis, eso fue lo que escribisteis, eso fue lo que enviasteis. Con todo, los otros son los que quiero. Eso no haré, que mil vidas perderé, antes que solo un rengión; no falta mi estimación, porque falte su verdad. Eso es solo vanidad, y ya los borró el olvido. Adoraré lo que ha sido, sea ilusión, o realidad. A Buformión tienes aquí. Qué tienes, qué me mandar? Te atreverás tú a lidiar por mí, con Canbises? Sí. Que esto escuché? estoy sin mí, Qué voy en eso a perder? mañana, de no comer, todos hemos de morir, sin lidiar no he de vivir, y lidiando, puede ser, si mato a Canbises fuerte, vivo, y si no muero honrado, que el morir de hambre un cuitado; es desesperada muerte. Pues prevente. Feliz suerte preparas a mi memoria, que así moriré con gloria; pero si de hambre acabara, de mi muerte no se hablara, ni en sufragio, ni en historia. . Señora, mi amor, mi bien, y si mal, mi dulce mal, no puede ser en ves tal, o el enojo, o el desdén, que hagáis tal desaire, a quien os sirve con verdadero afecto. No lisonjero, el labio pase a adelante. Quitadme el ser vuestro amante, mas no vuestro Caballero. Sois de Fenisa. No hagáis, que sea descortés con ella, por desmentir la quererla, que de mi leadtad formáis. No quiero que lo seáis, ni tenéis que discurrir, cosa que haya de sentir ella; no prosigáis, no, que con ausentarme yo, no tendréis a quien mentir. Hay más extraña mudanza! siempre hallo un enojo esquivo, sobre que adorando vivo remoto a toda esperanza? Un hombre ordinario alcanza mas que yo, con quien permite, que obligarla solicite? Pero al duelo he de salir, no deje yo de servir, y más que en servir la irrite de la Isla el pasaje, a mí nadie me ha de embarazar, antes yo puedo estorbar, que llegue a salir de aquí otra faluca, y así, a daré muerte a Euformión, o mi Imperio, o mi razón, le harán ceder la quererla; ques nadie en moriy por ella, puede hacerme oposición. Aunque hombre fuera de fama Euformión en su valor, como ha de sufrir mi amor, que otro defienda mi Dama? Dulce voz! así la llama mi labio, que aunque ella aquí diga, que fue frenesí, y que es ilusión me arguya, no sobra una ilusión suya, a hacerme dichoso a mí? . s. Tienes ya para el asalto el Ejército dispuesto? Si señor, por las dos partes, que el Nilo de su terreno, desampara en corba línea la muralla, de ella huyendo, habiendo desembocado, ya con los ataques nuestros el foso, en que desangrado el río de extremo a extremo, al arco corbo de plata, le forma cuerda de hielo. El ferrado ariete al duro choque de volante encuentro, hizo caducar el muro, hasta que el alto soberbio círculo de su Corona, bajó a besar el cimiento. A sus dos brechas están abocados ya los Tercios, los retenes prevenidos, fortificados los puestos, donde de mampuesto barran la cortina los flecheros, y los trabeses las ondas, que con el sonante estruendo, de cañamo vago muro, puedan empedrar al viento: solo en tu seña se aguarda, que des el orden. Primero falta hacer solemne a todas en público manifiesto, el valor de mi persona; pues a nacer sin Imperio, de mis laureles pudiera cortarme mi espada el Cetro. Y así, antes que Memphis sea entrada a sangre, y a fuego, de tanto cadáver vivo, como hoy esconde su centro, o ya en polvos sepultura, o ya en ruinas monumento, porque ninguno imagine, que pude el singular duelo reusar con una Dama, por más motivo, que el serlo, no obstante, que estaba airoso, siempre con ella mi miedo, no habiendo con hermosuras, mas valor, que el rendimiento. Quiero quitar el motivo, a censuradores necios, que se toman una osada jurisdicción sin acuerdo, hasta en lo más escondido de los designios ajenos, de que juzguen, que no había por su fama, por su esfuerzo; por la muerte de mi padre, que a voces clama en mi pecho, de respetar la sagrada inmunidad de aquel sejo. Y así en prueba de que solo esta atención fue el pretejto, y no valiente la huyo, aunque Dama la venero, el reto que ella me hizo, a otro cualquiera mantenjo, No sé si en esa hidalguía aciertas, y con aquellos, que tu decoro, y tu fama trataron con tal desprecio, que contra la fe, una esclava vil por esposa te dieron: No hay que ser noble, una cosa es lidiar en un empeño, y otra vengar una injuria, que el poder es para esto, y para aquello el valor. Ya estoy al trance resuelto; tu preven siempre el asalto, que de todo este vil Reino, no ha de sobrar en su estrago una vida al escarmiento. . Llamada hacen de la Plaza. Y en la opuesta orilla un leño van ocupando dos hombres, sin duda es el Caballero, que ha señalado Tomirís: llega esa faluca presto, y solamente conmigo entre en ella un escudero; porque con remos iguales, a un tiempo mismo zarpemos a la Isleta, que del Río, el cristal engasta terso. Tu Presaspes, no te muevas, sino en caso de irviniendo mas gentes en su socorro: ya Tomirís, mostrar puedo, en quien lidiare por ti, no en ti lo que te aborrezco. . Ampare tu bizarría, como tu razón, el Cielo; y pues ya las dos falucas, los blancos rigos, y crespos, van a las canas del Nilo, o peinando, o dividiendo, los ordenes que me has dado distribusa. Con efecto, erel, que a reñir venía, y en un instante me has hecho tu Escudero? Sigue, y calla. Callo, y sigo; pero creo, que el Lobo (salvo el lugar) ya en la fábula, tenemos. Espera tú; el Cielo os guarde, galán Caballero. . Él mismo os prospere. Estando yo con el rostro descubierto, por qué os ocultáis? lidiar con Canbises cuerpo a cuerpo, no es hazaña tan indigna del más generoso aliento, que en mi desdoro rehuse prohijársela su dueño. Seáis quien fuereis, que podéis ser a quien le venga estrecho el triunfo de competirme, quien para tan noble empeño encubre el rostro, se hace muy solpechoso, supuesto, que en sí mismo entra, tratando como delito, el denuedo. Fingiré la voz: Tomitis, viendo, que el galán despejo vuestro, por Dama la ejeluye de las armas el derecho, substituye en mi valor, siendo suyo el nombramiento. No tenéis que averiguar de mí, que a no ser tan bueno como vos, ni por Tomiris (en cuya causa sucedo) saliera, ni contra vos pudiera medir mi acero, si en decir, que como vos soy, os parece que excedo, siendo tan bueno como ella, no imagino que os ofendo. Cumplir el cartel; en cuanto la calidad del sujeto, está a cargo de su honor; y pues no está el que yo tengo en el semblante; fino en el brazo, y en el pecho, qué tenéis que examinar, cuando uno, y otro os presento, sino, que si estos vencéis, veréis quien despojo vuestro es, y yo tendré el cuidado de blasonarlo, si los venzo? Aunque el venir a emprender embozado un tan gran hecho, que aún malogrado pudierais coronaros del intento, algo de descortesía trae, y algo de poco aprecio, eso habrá, que castigaros mas, no en eso me detengo, que vuestro Enemigo vine a ser, no vuestro Muestro, y enseñaros cortesía, no es cosa para este puesto: este es mi acero, Este es el mío. Deteneos. Deteneos. Que de estarbar su pasaje, no hubiese llegado a tiempo. Que aún no me baste estar loco, para servir, cómo cuerdo! Pues, Cloriarco? Presaspes? qué venida es esta? Viendo, que de la opuesta Ribera salen otros dos, yo vengo a hacerte la misma Escolta. Y yo a deshacer atento un agravio, tuyo, y mío; mío, por nombrarme al duelo Tomirís; tuyo, por ser contra tu honor, y respeto, lidiar con un hombre humilde, como este; y qué argumento mayor, de ser hombre indigno, que estar contra ti encubierto? De suerte, que a ti te nombra Tomiris? Sí. Yo me alegro, en parte, por ser tan digno de mi valor, tu ardimiento; y también lo siento en parte, por lo mucho que te debo: Y así, Soldado embozado, bien podéis (agradeciendo, que en vos no castigue ahora, engaño, y atrevimiento) volver a vuestra Faluca, llevándoos vuestro Escudero; y vos, Presaspes, también os volveréis, con él vuestro, porque el duelo prosigamos. La persona represento de Tomirís, solo yo, que Cloriarco ha supuesto la elección: a lidiar vine, y sin lidiar, no me vuelvo. Cómo, Euformión, atrevido? Conmigo imagina el cuento; mas cuanto va, que en su Estatua, si no acudo, un chirlo llevo? Cómo, villano? Hablad bien, y no os lleguéis más. Grosero, a contradecirme a mí, os atrevéis? idos luego, o os arrojaré en el Río. No es tan fácil, Si es, y. Quedo, que primero has de arrojarme a mí, pues yo le defiendo, También a vos. Y eso a todos toca, que es ardid muy necio estorbarnos, disfrazado. Si no tratáis de volveros, en castigar tanto arrojo, todos contra vos seremos. Todos contra vuestro honor obraréis, y tú el primero, Canbises, pues tú a este Campo, que en tu Cartél haces bueno, rompes el seguro, yo de Tomirís vive electo. Traes contra ti la sospecha, de que no te conocemos a ti, a Cloriarco, sí: él es Noble, y ni aún Plebeyo eres tú; porque es ninguno valor, que está sin sujeto, voz sin rostro, sin semblante razón, y espada sin dueño; Y así, como he de creer yo mejor, que a un Caballero; a un hombre, que aquello que es, es tal, que él no quiere serlo? Han visto, sobre matare, tales dispuras, y enredos? Mas locos ay, y yo digo, que les ve a todos el juego, el que ya está declarado. Hombre, vete, que perdemos el tiempo. No he de ausentarme. Pues mejor será, que al centro cristalino vaya. Todos a echarle de aquí ayudemos. Mi valor, que contra todos rayos vibrará violentos, te dirá, Canbises, cuanto aciertas, en no tenerlo contra ti solo. Tened, dejadme todos, os ruego, con este hombre, que me ha herido casi en el honor, creyendo; que por su valor, me excuso. Mas me ha ofendido a mí en eso, pues acetando tú el mío, cree, que le tienes en menos. Yo he de castigarle. Mal podrás, que guardar pretendo su vida. Yo la de mi amo, pues anda todo revuelto. Por qué la guardas? Porque ofendido me confieso de él, más que tú, y porque tú admitido ya el empeño conmigo, con otro no puedes lidiar, ̱. Eso, es cierto; mas tampoco puedes tú, y es fuerza, si está protervo este hombre, reñir con él. A eso habrá un medio? Qué medio? El de cogerte en mis brazos, pues ya tan cerca te tengo, y arrojarte en ese Río. Ah traidor! del fingimimiento de amigo, te vales? . Sí, que castigo, y no peleo, y a quien me estorba el volver por mi honor, sin lidiar puedo asegurar. Enformión. Ya, que no hay otro reme dio, mira mi rostro, y escucha antes, que hagas tal exceso; . mira, señor, que es Tomirís. Todo me ha cubierto un hielo! si la arrojara en el Nilo, buena la hubieramos hecho. No es, falso, la vez primera, que tus álagos se han vuelto traiciones. Ay dueño mío, en qué confusión me has puesto! Por qué el impulso detienes? Quien se ha visto en tan estrecho lance! Por qué le has soltado? Por no poder con el peso; hay tal apretar? Qué haré? No me tengas más suspenso, que no está airoso mi brío, Ni aún a responderle acierto. Porque me tuvo por otro, y se detiene, sabiendo, que puedo reñir contigo, siendo tu igual. No lo niege, Pues si es así, qué aguardamos? Sola la igualdad concedo; mas no el que pueda contigo batallar. Eso no entiendo. Qué haré? que dejar, que riña con él, es, si lo consiento, desaire de Amor, y honor. Que soy Noble sabes: luego puesto que primero vine, a Cloriarco precedo. Dices bien. No dices, pues, por Tomitis me presento yo, y me has acetado tú. No es mejor, que no gastemos tiempo? cuatro a cuatro estamos. Menos lo que fueren ceros. Redúzcase el lance a todos. Ni a eso tampoco convengo, Cielos, pues como a mi lado he de sufrir yo su riesgo? Pues si embarazar pensáis con reparos, resolveos, que una vez, habiendo dado satisfacción de mi esfuerzo en mi venganza al asalto, de vuestra ribieza apelo. Un remedio he discurrido a mi duda. Dilo; presto. Lidie en fin, el embozado, que yo por segundo quedo, y lidiaré con Presaspes. Yo lo admito. Y yo lo aceto. Cómo la deja reñir? Pues midamos los aceros, de los ahijados antes. Quién vio tales cumplimientos, para matarse! Este el mío es. . Y este es el que yo quiero: Allá va mi espada al Mío, y ya que la vuestra tengo, con ella (pues a ella toca el lance) a Canbises reto; y pues no tenéis espada, solo os toca estarnos viendo, A mí me hacéis tal desaire! sobre traidor, desatento! Mas para qué este bastón me ha quedado, si no vengo mi injuria así? Tente, qué haces? Arrebatome el despecho: dame tu espada. . Eso no, yo en tu favor la manejo, en mi brazo, tú la mandas, sin ella no te obedezco, que soy Soldado, y sin armas estaré incapaz de serlo; mándame tú, que le mate, que yo lo haré, Estate quieto, no le ofendas, que me ofendes. Palos reparte el mancebo? yo me aparto, no mi espada pida, y me dé cuatro muertos. Ea, Canbises, qué esperas? A que estés capiz espero de reñir conmigo. Cómo? El duelo satisfaciendo de quien te quitó el honor, con afrentoso instrumento. otra confusión? Conmigo no puede, hasta estar desecho su agravio, un hombre afrentado, reñir. . Qué haré? Deteneos, que a todo eso, satisfago yo por él, pues descubriendo mi rostro, digo, que estuvo de ser afrenta, muy lejos, mi cólera, y que le elijo; pues yo batallar no puedo, para que por mi batalle, Mujer, toda eres portentos, toda horrores. Ay Tomirís, en qué peligro te veo! Pues siendo eso así, partamos, porque presente el objeto del odio mayor, la ira será; qué osado! Qué diestro! Ella está en peligro, como podré llamar a los nuestros? sirva, o no sirva, a la orilla señas haré con el lienzo. Acudid, que pues nos llaman, hay traición. Cala los remos, que de la otra orilla, van mas Falucas acudiendo. Yo tropecé. Yo también, pero fue en vuestro respeto; en el suelo me tenéis, que estando vos en el suelo, no estoy yo bien, sin estar a vuestros pies. Nunca fueron vuestro valor, atención, y cortesanía, menos. Roto el seguro del Cango, de unas, y otras gentes, vemos, y ya en mi socorro acude de mis Tropas, todo el grueso; retiraos, que yo os haré espaldas. Vaya viniendo; toma, señora, mi espada, que en tu brazo es de provecho, y en el mío es oja al aire, que la repelará un Cierzo. Oh cuanto en esta ocasión, la fineza te agradezco! Retiraos, que van llegandos y en tanto, que yo detengo su orgullo, tomad los Barcos. Ven, señora, que mi pecho será tu escudo. Es posible, que mi furor conociendo, me pongas en ocasión de hacer tan gran desacierto contigo? Qué puedes tú conmigo hacer, que mi afecto no te estime? aún me coronas con iras, que no merezco? tus sinrazones, son otra razón de mi captiverio. Vamos, que llegan. Al agua. , que me chamuscáis a celos. Es, Presaspes, ya a la fama, que es el juez de los Supremos, he dado satisfacción, en particular reencuentro de mi valor personal, ahora antra el decoro Regio, a castigar mis agravios en el engañoso Pueblo, con las victoriosas armas, al asalto, que no quiero, que aún de Memphis las cenizas queden, hagamos al viento, en átomos desatada, de tanta ruina heredero. Vamos, que a todas las barcas haremos volver diciendo. Arma contra Memphis, sea entrada a sangre, y fuego. . Arma contra Memphis, sea entrada a sangre, y a fuego. . Qué es esto? Que el asalto prevenido nos da el Persa, después que concluido queda en la Isla el duelo, a que fue Cloriarco. Ya recelo la última ruina mía: Ea, nobles Vasallos, hoy el día es, que del Persa a los encuentros duros suplirán vuestros pechos por los muros. Arma, arma, guerra, guerra. Por esta brecha el Enemigo cierra, yo acudiré, que en resistencia dura mi espada servirá de cortadura tras de la brecha a cuerpo descubierto, primero que rendido, seré muerto, Al asalto. Ea, Soldados, a victorias, y a rotas enseñados, pues vuestra vida está en la resistencia, sirva de persuasión vuestra experiencia, que es el Persa cruel con el rendido. Oh Cloriarco! tú el amparo has sido de esta Corona, tú eres su valiente brazo, defienda el brazo, la alta frente. Tú, señor, desde aquí ordena, y envía retenes a las brechas, que hoy es día de resistir por mi persona osado; pues cuando el General se hace Soldado, ya es todo manos; nada es ya consejo: Y así por defenderte más, te dejo. Qué será cuando el Rey triste, y anciano, la espada vibre trémula en la mano? Rey soy, resuelto a perecer me hallo en la defensa de cualquier Vasallo, que así en mi oficio generoso muero Arma, arma. A mi Tomiris buscar quiero, que aunque cobarde he sido, no hay amante que lo sea, si su dama está delante, y más si está en peligro conocido. Como Soldado de la brecha huido, el rostro vuelves? Porque espalda tengo tan mía, como el rostro, y porque venga a estotra brecha, donde ya atropella Persianas vidas, mi Tomiris bella. Tomirís en la brecha? ya ha llegado la ocasión de que el Rey sea Soldado; a buscar esta brecha ir me conviene. No es menester, pues ella acá se viene, que el enemigo juzgo, que la ha entrado. Victoria por el Persa. Hh desdichado Rey! muere, Rey, no vivas prisionero. Eutrada es la Ciudad del Persa fiero. Rendid las armas. Siempre están unidas las de los Nobles a las mismas vidas. Ya estoy, Cledio, a tu lado. Solo a verme morir habrás llegado, que es mi mayor consuelo. Retírate, Señor. Válgamo el Cielo! Prended al que ha caído; hasta ver si Canbises da partido, y seguid la victoria. No sobrará mi vida, a mi memoria. Por otra brecha ha entrado el Enemigo? Si ya morir de gorra, voy contigo. Con gran valor la nuestra defendimos; ya, Tomirís, en vano resistimos, cuando por las espaldas, y la frente nos envisten, y cortan, Ya valiente Cloriarco, la vida renunciamos; por la honra de la muerte peleamos. Sí, más si eres mi vida, no he de guardarla? Dala por perdida; pues no es posible, ya, que así no sea, solo en vengarme, tu valor emplea. , , s Daos a prisión. Primero en vuestras vidas, mancharé mi acero. Ríndete, Cloriarco, a merced mía. La Patria muere, y de vivir no es día, Ay de mí! Qué escuché? De una pedrada le han abollado toda la Celada, y muerta, o aturdida dio en el suelo, Muerta Tomiris es? válgame el Cielo! Cloriarco se rinde, sin sentido. Yo con todos mis cinco estoy rendido. Ah muerto? qué su vida le procuro. No, señor, se ha caído de maduro, viendo a su Dama muerta, o desmayada. Hombre, qué es lo que has dicho? Al no es nada. Tomirís, que al Amor aborrecía, era su Dama? Así lo fuera mía. Retirad esa mujer, que pues amó (yo me abraso) no merece ya otro nombre, quien confiesa en si lo humano. Tomirís, la que al Gran Ciro, no tan solo ha despreciado, sino que en su sangre misma le vertió el deseo casto de ser su Esposo, ser rinde ciegamente a Clorioreo? Si, que no solo me mueve a creerlo este Soldado, sino otros muchos indicios, que en la memoria repaso, y que cuando sucedieron, quizá no se repararon: Ha mujeres (con las que lo sois solamente hablo) qué mal se puede hacer juicio de vuestros disignios varios! Ninguna es hoy, como ayer vuestro desdén apurado, las más veces es capricho, el que pareció recaro. Sobre la ofensa de Egipto, sobre el odio, que heredado contra ella, arde en mis venas, ver que admita a un Cortesano, y que el matar a mi padre, mas fue fiereza, que garbo, me enciende la sangre en iras, y me abrasa el pecho en rayos: Holo, se han rendido todos? No hay Templo, Casa, ni Barrió, donde hugan ya refistencia. Preso el Rey en su Palacio está, y con él muchos Nobles; qué haremos de ellos? Matarlos. En todo este Reino vil, no ha de perdonar mi brazo, ni una vida; todos mueran. Muy bueno salió el despacho sobre la Consulta, iré su sentencia poblicando. Qué dices, señor? Lo que oyes. Tú, que eras tan Cortesano con las Damas, y a Tomiris siempre el decoro has guardado, hoy mandas matarlas? Sí, que en Tomiris satisfago la justicia; fue homicida, pague un hecho tan tirano: Ayer fue Reina, hoy es rea, y hoy en fin he averiguado, que es mujer, pues tiene amor; los demás sacrificados han de morir a mi enojo: en iras, he incendios ardo! El frenesí le ha oprimido, con la furia del asalto. Ay de mí! Vives, amigo? Sí, que soy muy desdichado. , , a Piedad, señor, al mísero quebranto, que parte en mil sollozos un suspiro, y que anega las quejas, en los llantos. Qué es esto? Que todo el Pueblo, que a muerte está condenado, al son de tristes sordinas, busca tu piedad llorando. Piedad, señor, al mísero quebranto, Oh generoso Joven? pueda tu pecho airado templarse en los undosos raudales, que desato. É. El afligido Pueblo a tus plantas postrado, en tus Laureles mismos se ampara de tus rayos. No tiñas tu victoria en la sangre de tantos, que en la Púrpura, es solo mancha, el coral humano. Mil victorias te nie- solo con este estrago, (gas quien trata así rendidos, solo hallará obstinados, Mira, que al triumpho sirven de más glorioso lauro, que los contrarios muertos, los vivos perdonados. (to, Piedad, señor, al mísero quebran. que parte en mil sollozos, un suspiro, y que anega las quejas en los llantos. Ya en mí no hallarás piedad, y así la buscáis en vano; como a hombre vil me tratasteis; no os ofendo en confesarlo: Todos al fuego, y cuchillo perezcan; así lo mando otra vez. Qué es lo que escucho? Sin duda alguna, le ha dado la locura. . Qué locura! que debe de estar borracho, y Historiador Tavernero, el vino le ha bautizado con agua de frenesí. Solamente Cloriarco ha de vivir; y pues supo con espíritu bizarro darme dos veces la vida, vea, que en dos vidas le pago, la suya, y la de cualquiera, que elija de los culpados, sin exceptuar, le concedo; los demás mueran. Aunque algo, señor, te ofendas de mí, yo, como leal Vasallo, te he de suplicar, que mires, que está de ti apoderado un frenesí, una locura, que padeces. Es engaño; a ver? no es aquel tu hijo, que las calles paseando viene con otros? Él es. Pues mira, como a cien pasos y más, con cuerda destreza clavo este arpón, en su brazo. . Ay infelice de mí! Qué has hecho? Decirte claro cuan en mi estoy, pues acierto a hacer un tiro tan largo, y decirte, que otra vez no adviertas a un Soberano en público sus defectos, ni con tal desembarazo, que a ti te toca sufririos, si no puedes enmendarlos. . Qué aviso tan a mi costal Los Reyes enseñan caro. ̱. Ea, Cloriarco, la vida de tu Rey, está en tu mano. Yo quise hacerte mi Esposo, Dama soy, y eres Vasallo. Yo no te obligo, que solo es mi muerte mi descanso, Tú misma sangre arde en mí; mira, que somos hermanos. Si has de hacer algo por mí, olvida, que eres mi Amo. Tu Rey soy. Yo te he querido. Yo, aunque indigno, soy criado. Tu hermano soy. Todos tienen razón contra mí, y el hado podo solo con mi muerte indultarme estos cuidados. Yo he de elegir uno solo, y entre otros interesados mi hermano, mi Rey, mi Dama, mas me están ejecutando lealtad, amor, parentesco; qué poderosos contrarios sois! a quién elijo? A mí, que entro de discordia, en caso, Dónde está tu Rey, ay dudas? Has de permitir mi daño? Con tu sangre hay competencias? Ay, que quien está callando, sabe el Padrino que tiene, en mi Amor su sobresalto! Tu lealtad por mí te pide. No al olvido des mi agrado. Oye de tu sangre aquellos latidos, que está pulsando. Cielos, qué haré? Te has resuelto? El semblante más templado trae. A la vida, que eliges, porque eso estoy esperando. Sí, señor, la que yo elijo en afectos encontrados, donde está mi hermano. A mí me elige, qué estoy dudando? Mi Rey. Feliz soy. Mi Dama. Por mí lo dice, y qué a espacio? Es. Cuál es? La de Tomiris, pues es el Amor tirano el más poderoso afecto, Ven, pues, yo hiciera otre tanto; Vil Vasallo. Hermano aleve. Amo al uso. Amante falfo. Tu Dama, es antes que yo? Morir dejas a tu hermano? Así pagar mis deseos? Así cuentas mi salario? A los demás no respondo; pero tu Rey, di, qué agravio recibes en mi elección? El Rey, a quien has jurado; no es antes que todo? Sí; pero yo por ti consagro mi vida, por ti muriendo, pues a eso nací obligado. Mi vida, que tu Canbises me perdonaste bizarro, esa por mi Rey ofrezco, sin arbitrio; pues es llano, que nacén los Reyes Dueños de la vida del Vasallo. Esta, está en mi obligación, suya es, y en ella no mando; pero la que tú me dejas a mi arbitrio, y en mi mano, es de mi Dama, perdonen los demás, si no les pago, que este es el mayor afectos que hay en los pechos humanos, y con morir antes que ellos mueran, quedaré indultado. Levanta, que a mí me enseña tu valor, como tu garbo, de ser menos riguroso, cuanto estoy más sosegado; quién es Penisa? Esta Dama. Pues ya que por ti me allano a que mis dos Enemigos, al ver que indultas a entrambos vivan; porque siendo ella la misma, que ha aprisionado en sus ojos mi albedrío todos, si con ella caso, por ella no han de vivir? Ahora es tu valor hidalgo, si antes fue heroico. Y ahora todos cumplido miramos el Oráculo, pues ya a muerte me has condenado, Tomitis, por desmentirse del capricho temerario, que tuvo contra el Amor, ha de dar a Cloriarco la mano. Si haré, y con eso las paces tuyas aguardo. Nosotros, Eudosia, a Grecia será bien, que nos volvamos. Y que mis celos ninguno me acuerde, pues yo los callo. Pidiendo del argumento el perdón, solo por lauro.