Texto digital de Cuál enemigo es mayor, el destino o el amor
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cuál enemigo es mayor, el destino o el amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cual-enemigo-es-mayor-el-destino-o-el-amor.

CUÁL ENEMIGO ES MAYOR, EL DESTINO O EL AMOR
JORNADA PRIMERA
Favor, Dioses. Piedad, Cielos. Hiza el Trinquete, A la Gabía. Que nos perdemos, Fortuna, aún a tus ceños no bastan los piélagos de mis males, si no que injusta, y tirana en golfos de cristal quieras anegar mis esperanzas? Sacras Deidades, favor, En vano es, pues conspiradas las olas en cada embate, líquida pira nos labran. Baco, no a tu sopa en vino, dejes morir sopa en agua. Al Cafaldete. A la Escota. A la Triza. A la Mesana. Favor, Dioses. Ya te atienden. Piedad, Cielos. Ya te amparan, amaina monstruo; amaina, las horridas líquidas cóleras cándidas, que el vago soplo riza del Austro que amenaza, amaina, Aguardad, que ya parece que a nuestras míseras ansias al Marserenan. Yo doy q vierta flamante el Iris su transparente nacar; amaina monstruo; ama ina En su Delfín los calme el undoso Monarca, ceda a conchas bruñidas carrozas argentadas; amaina monstruo, amaína Y pues amor desciende de las esferas sacras, a vencer en tus penas aún mayores borrasca ya te atiende, ya te an se compadecen los Dioses. Es verdad, puesto que rasga los sacros celestes velos, Deidad, cuyas consonancias a la tal Deidad mil gracias, que ser rana no quisiera, aunque dizque no soy rana. Repitiendo cuando puebla de luces la esfera vaga. Amaina mostruo, amaina, serene el Mar las ondas, y en su cerúlea espalda Feliz, o gran madre! aquel que en dulce puerto te abraza. Dichoso aquel que después de la tormenta te abraza. Mas quiero tus tropezones que del golfo las bonanzas. Y tu flamante Deidad? Y tu enigma soberana? A cuyo sonoro Imperio. julao A cuya voz acordada. Serena el Boreas su furia. El Mar su soberbia calma. Quién eres? Y dónde vives? para hurtarte la garganta? Jovenes, a cuyas vidas, deudor el Cielo se halla, pues ya su piedad empeña, quien de su piedad se ampara, Acteón, y Melanto, Nobles Príncipes, ambos de Arcadia, Amor soy, aquel Sagrado, dulce imperio de las Almas, que dominando en su Esfera ilustra lo que abasalla; pues solo de mi violencia vive ejempra la ignorancia, enemigo de los hados, cuyas influencias varias presumen sus persuasiones, tanto, como mis constancias, he sido, y en vuestras vidas he de proseguir la incauta suprema razón, de que no se me reserve nada: Y así, aunque hoy contra vosotros la Fortuna se declara, haciendo que ese salobre Etna inconstante de plata. donde cándidas cenizas son leves espumas canas, si a llamas de olas os hiela, si a olas de hielo os abrasa, prenda en la mísera Nave, que de su horror inundada, las cristalinas Centellas, desde el Timón a la Gabía, u exhalación la acreditan, o vesubió la acompañan. Yo solo, a quien vuestro auxilio le toca Deidad contraria, a la injuria del destino, después de hacer que en bonanzas trueque ese campo cerúleo tanta verdinegra saña, en más apacible estancia desmienta la vista horrores, con tal que ninguno añada a la vista los curiosos anhelos de la esperanza. Guíanos, Deidad suprema, pues ves que de nuestra Patria, huyendo injurias del hado, hemos venido a tus plantas. Dichosamente, en quien logra de la tormenta pasada tanto alivio. Vamos presto, que ya la cena me escarba. De la Rosa que enamoras huye arroyo las caricias, pues aunque tus cristales se despeñan, mayor riesgo se esconde en lo que estimas. Aunque transparente tu undosa corriente la Selva camina, y al fin de tu vuelo, tú mismo de hielo te Mayor riesgo se esconde en lo que estimas. Aunque tan hermosa purpúrea la Rosa. tu amor acredita, di no importa, que osado mueras despeñado, pues si lo examinas, Mayor riesgo se esconde en lo que estimas. Avisos exala, si adoras la gala, que el Austro marchita; y aunque deliciosa la mires hermosa, con guarda de espinas, Mayor riesgo se esconde en lo que estimas. De la Rosa que enamoras, Qué bien repite este acento! Qué mal esta voz pública! Que Amor es riesgo del Alma. Que Amor es del pecho ruina. Proseguid. No prosigáis. . Qué dices? Nada, si implica a tu precepto. Llegad a donde el Amor os guía, pues que las puertas abiertas de este Alcázar, facilitan el que pueda franquearos mis glorias. mi amor! no es esta, Melanto, Diana, a quien sacrifica mi fe, adorando en su estatua una Alma, que ya no es mía? Qué hermosura tan perfecta! Qué beldad tan peregrina! Mejor que todo esto, fuera la mutación de hostería. Ay Amor! con razón dices, que al mayor bien encaminas nuestros pasos. No es razón que me convence la mía El riesgo ha de idolatrarse. Cómo? cuando en él peligra la adoración; y aunque no es cuestión de este lugar digna, no aquí como que se siente, sino como que se lidia, se ventile. Está bien. . Pues alternen ecos las Ninfas. Cielos, qué mira Aunque de Diana hermosa es la belleza divina, de esotra Ninfa el imperio no hay atención que no rinda, en su hermosura me abraso. Que violenta tiranía, los sentidos a la vista! a lograros mis delicias. Yo voy viendo que no hay cen reniego de la visita. Cuando en el amor más fiel se eleve el afecto igual, debe hacer fuga del Mar, u debe morir en él? Cuando en el Amor más fiel. Se eleve el afecto igual. Debe hacer fuga del mal? Vdebe morir en él? Debe huirle, si violento a la esperanza lerguía, que en llegando a la osadía, fallece el merecimiento; ib si es su intento e e con Ol ta n Ya en vuestro favor empiezo Cielos, me reduce todos a ento a ve adorarle rendido, ves aunque el Etna ha encontra le añade con lo abrasado, alces a lo encendido, ha querido ser feliz, sed admitido, D debe amar su ardor cruel. l V debe morir en él. Debe huirle, pues ofende. ve amarle, pues obliga. Así a la esquivez mitiga. si a más glorias asciende. , . Mal lo entiende quien incita, y quien defiende, que el afecto más fiel, y debe sin difinicio Que el afe Quién eres tú Pues él debe huir el mal, morir en él. abrázar en su suerte ya parcial, y ya homicida, para el réspeto la vida, para la ofensa la muerte; con que advierte el Amor postrado, y fuer to que tempestad improvisa, oculta la luz al Sol? Qué asombro! Ya voló el día. Guarda la fiera. Seguidme, pues esas voces publican, que en busca de alguna fiera se ha empeñado la osadía de mis Monteros, no hagáis caso de esa niebla esquiva, pues presto será a mis voces vaga funesta ruina. Ya te sigo. Al Monte, al llano. . Qué horror! Y yo en tus fatigas, dando lugar a mis flechas, pisare el rumbo que elijas. . Seguidme. Ya voy contigo. . Aguarda. en Dónde caminas? d A la Selva. . Cómo, si la triste prisión habitas de tu Destino? Engaño es? pues di, que miras después de ese horror, que yo somento, por si te avisa? l. Tristes calabozos veo, funestas bóvedas frías, por donde el horror bosteza, por donde el miedo respira. Dónde estoy, Cielos? Escucha, satisfaré a lo que admiras, cuando acompañen mis ecos, quejas de los que aquí habitan. Ay de aquel, ay de aquel, que aliviando su mal en el morir, malogra con vivir su padecer. Yo, Joven extranjero, soy tu Destino fiero, de tu vida enemigo el más cruel, quien hizo que oportuno malquistase Neptuno del Mar, y el viento la mudable fe. También es tu enemigo Amor, pues aunque amigo, te obliga astuto su tirano arder, de aquese propio halago Áspid, que hiere a quien le abriga fiel, Amor ha recatado, y el Destino ha mostrado la sana contra ti. ad al Tú verás quien es contrario más fiero, el uno lisonjero, y el otro declarando su esquivez; y así teme mi ira, y pues amor te inspira, vuelve a oír de la Diosa del desdén las venatorias voces, mientras dicen veloces los ecos del sentir, y el fallecer. Ay de aquel . A la Selva. Por aquí. pb Al jardín todos, que en él la fiera entro. Tó, barcino. . Al jardín. Oye, detén la fuga, enemigo asombro; mas en vano lo intente, pues mejorar el Destino, aún no lo alcanza el poder. No basta, Divinos Cielos, que unidos contra mí estén el Amor, áspid cruel, venenos vierta del mal, entre las flores del bien; la belleza de Diana, que en su Estatua idolatré, la causa hermosa; ay de mí, de darme muerte ha de ser O nunca nacido hubiera quién nace infeliz! a que supremas oposiciones funden el objeto en él A dónde huiré de mí mismo? tú a dónde, Cielos, iré? pues de esta prisión oscura, atezada lobreguez, no me da lugar a más de que diga: Feliz aquel, que aliviando su mal en el sentir, logrará con vivir su padecer, Cielos, que contraria voz muda el semblante esta vez al horror, cuando repite, vuelto el pesar en placer. p , . Feliz aquel, de Amor, y su poder, si puede triunfar, si logra alumbrar, si sabe vencer mayor horror del que funesto ves; aunque afirma el Destino, que soy contigo infiel, yo intento vivir, pudiendo adquirir contigo el tener asegurada en tu opinión mi fe: sigue la luz flamante de aquesta Antorcha, en quien es el resplandor imán superior, y guiado de él, saols? D VA podrá mi acento decir otra vez: Feliz aquel, Qué poderosa violencia es la que llega a tener tu voz, que el riesgo conozco, y estoy muriendo por él Si a tu dicha te conduzco, entonces no verás que es vil astucia del Destino el afirmarte, que fue engaño el auxilio mío. la hermosa luz que idolatro, mas que el eco diga infiel. Tó, barcino. Al Monte, al llano. od noga Al jardín. a aupuna Por aquí fue. Dónde, Cielos, de mi injusta suerte me podré esconder? . Seguidme todas, no quede planta, o tronco en el vergel, que no se examine, . Eb obring Ay Cielos! que en mi fuga tropecé. Qué importa, Irifile hermosa, si ya en mis brazos tenéis nuevo Alcides de otro Cielo que ama toque oonariom goslo y La voz suspended, que si en fe de la licencia de seguir la fiera, hacéis osada la permisión de entrar con injusta fe vuestro error. Me lisonjeará, Ninfas, Monteros. Qué hacéis? Llamar a quiene Advertid. Esto ha de ser: Cazadores. s y ̱. Qué nos quieres? Ay de mí! yo muero que sola Diana sigue la fiera, que en el vergel ha entrado, seguidme todos Solamente amago fue, mas yo seguiré sus luces, por lograrla lo cruel. Ya te seguimos Yo no, porque gran necedade segu ir de en el pensil de Diana, habrá quien castigue en él dándome en que padecer; y así, pues yo os idolatro. ras, donde hay eron se queda para que yo me vaya. Al arma, esquivez; que linda ocasión es esta de emplear los cenos bien! tuerzo la cara a otro lado. Afectos, si llegaré: Divina, dulce, adorada, hermosa, que sé yo quien, recibe de mí un afecto. Sois amante de alquiler. Por qué? Por que dais recibo. No señora, mas seré de Retorno, si a mi afecto, y a mi apellido atendéis. Cómo os llamáis? si acaso me acuerdo de él, Don Retórnelo de Italia. Y a quién servís? Es mi nombre; A Usasted, y para que lo conozca, desde que me acomodé a su hermosura, he compuesto dos mil y noventa y seis Sonetos, este es el uno. Mostrad, que le quiero ver. Yo os adoro con tanto retintín, yo os idólatro tan sin un vaiben, que presto, si es que os dura ese desdén, harán en la Parroquia dirlindín. Ingrato, mal Caballero, esto se me escribe a mí? Si no os agrada, acabose El paso he de repetir: Ninfas, Monteros. Qué hacéis? Llamar quién os casque. . Sí? pues no paro en legua y media. Dejad que os peguen por mí, y aquesa fineza más tendréis. El pícaro vil que tal haga. . Aunque sus alas te preste el viento sutil, te han de alcanzar mis arpones. En vano intentan herir a quien ya de su fatiga desmaya. Si jobado Ay Dios! que hasta aquí la fiera llegó, yo huyo. . Donde intentas encubrir, Monstruo, tu inútil porfía de mi altiva aljaba, si; mas, Cielos, que es lo qu Hombre, o fiera. Ay infeliz! Oeres ilusión es o asombro que o eres prodig Dígalo Térsiles soy, que te es la vez primera, que tus flechas me e n que Por qu crezca si e D obe po C darte, im a conocer te aviso! previene Nada me stra a tierra avieno id as de est verme airadas en que así mi desa aque igma, siles el Sabio, te Pais! o enter pú aliento t a lmí onocido endiero rendir, onfin discurriendo este Confín los Cazadores, y Ninfas, a qué aguardas? Sasliloaqe Oye. . Di. Bellísima Diana, cuya sacra, luciente, soberana Majestad, en tres Polos peregrina Luna, es a un tiempo Diana, y Proserpina, un Extranjero el hado a el Puerto de Tesalia hoy ha arrojado, y en él tu amante ruina, pues a tu luz se inclina de suerte, que rendida a su fineza, ha de ceder lo esquiva tu belleza, y del Amor vasalla tu Majestad luciente. limpón Calla, calla, que el Amor no querrá contra sí mismo, pues Diosa del Abismo me invoca el Orbe ciego. despertar los rencores de mi fuego. Teme su arpón. Do El mío es más ardiente. Al gran Jove postró. Mira, detente; pero quién aquí se oculta? , . Quién al imán de esos ecos le le conduce un atractivo, con violencias de precepto. Pues como osáis penetrar el coto de estos amenos pensiles? Como el del alma domináis vos, y al afecto no deben culpar que aprenda las licencias de su dueño. Aquí es forzosa mi ira. Aquí es del caso mi esfuerzo. Huid, si no queréis sea vuestra osadía escarmiento, Extranjero, y la ignorancia pase por disculpa al yerro. Quisiera huir; si embarazo, con la obediencia los cenos, y no quisiera, pues vivo de adorarlos, y temerlos: dígalo el ver que a una Estatua, aún siendo incapaz del premio que esas aras me consiguen, dijo tal vez mi deseo. Ama el peligro. Huye del riesgo. Pues así con rigores te halago. Pues así con hálagos te ofendo. Que en el Amor equivocas fueron las flechas de la lisonja, los arpones del tormento. Ama el peligro. Huye del riesgo. Nueva batalla de ocultos encontrados pensamientos lidia en mí. Pues por no dar lugar a ninguno de ellos, huyendo iré tu osadía; y por que en mí lo supremo se haja, si castigo doy a tu loco debaneo, llamaré a quien te escarmiente. Qué importa, si yo tu acento confundiré. Y yo al contrario los animaré, diciendo: Ah del ameno jardín. Ah del ameno jardín. , . Ah del Alcázar supremo. Ah del Alcázar supremo. , . Traición, traición en su espacio. Traición, traición en su espacio. Acudid, acudid presto. Acudid, acudid presto. En vano, Deidad, pretendes invocar para mi riesgo otras iras, si tus ojos el mayor peligro fueron. Y tú, Destino cruel. Y tú, Amor, monstruo sangriento. En vano agraviar intentas la vida que yo defiendo. Claro esta, si en tu defensa, segura su ruina tengo. Y entonces veremos cual enemigo es más violento. Repitiendo mi amenaza. Mis auxilios repitiendo. Con las métricas cadencias. Con los airados estruendos, ama el peligro. Huye del riesgo. mno Ah del ameno jardín, ha del Alcázar supremo. Pues así con rigores te halago. Pues así con hálagos te ofendo. Traición, traición en su espacio, acudid, acudid presto. , . Que en el Amor equivocas fueron las flechas de la lisonja, los arpones del tormento: Ama el peligro, huye del riesgo. Dónde vas, Amor? Hoy, Suerte, entre los afectos míos, vengo a elegir uno, que por cortes, atento, y fijo, señor pueda ser de todos, viendo que están confundidos de suerte, que se graduan por fuerza en los albedríos; Y a cuyo fin este espejo, cuyo primor cristalino los interiores descubre, fijar aquí enfrente elijo, por que con el desengaño, se deslumbre el desvarío. A eso vienes? mucho intentas. y pues ya estamos en parte, donde serán atraídos de tus ecos, y mis voces, repite, Suerte, conmigo. Ah de mis Imperios, ha de mis Dominios. Quién llama a los afectos? ̱. Quién intenta saber cual es el digno, que puede ser señor del albedrío. Aquí los acentos sueñan, quien duda, puesto que he sido la Confianza vestida de las plumas con que animo, que yo ser Reina merezca de los afectos rendidos, pues mi altivez (mas ay, Cielos!) . ̱. Vesla en el cristal? Ya miro, que su presunción fabrica del anhelo el precipicio. Y así en vez de premiada, rendida sea, quien lleva en lo que juzga A lo qu Ya yo el prem si a los afectos, ya que no confianzas, doy escarmientos. Nada he descubierto, Suerte. Pues por qué no repetimos. Ah de mis Imperios. así a le C on on lo o los sobresaltos, luz a los descuidos; mandar los afectos la vez que me visto o, y flechas, cuyas pur mis pensamientos vibro le vo merezca, claro está que a mi advir Poco importa, si cuando dichas no logro, aliento en lo que vivo de lo que ignoro. Nada vas examinando. Puede ser que dé el designio con lo que busca, si atienden a que dice el eco mío: Ah de mis afectos, ha de mis dominios. Dulce Norte, de este acento arrebatada camino; mas que mucho, si me llama al mérito que consigo? y pues que soy la Osadía, que de esta antorcha a los visos, alumbrando lo que abraso, enciendo lo que ilumino. yo he de ser (pero qué es esto?) ha qu miro, del rendimiento, solamente consiguen dejarle ciego. a la que lleva en lo mismo que aspira, lo que escarmienta? Dos se acercan. Pues repitan nuestros acentos unidos: Ah de mis Imperios, ha de mis Dominios. ̱. Dónde me llevas, Respeto? Temor, te conduzgo al sitio de los afectos. ̱. Qué has dicho? pues cómo? si en lo que temo desaliento lo que animo? No reparas el cristal? Ya veo que en él ha sido solo el Temor el que logra no empañar su candor limo Pues la Corona merezca. Ya a su atención la dedico. Porque las Osadías Pues para que castiga donde logres ser señor hace de la Fortuna merecimiento. amalo? Pues con tales alientos mi Suerte logre el fabricar las dichas de los Temores. Y pues hemos encontrado quien en el Amor más digno logre reinar, que es aquel Respeto al Temor unido, porque así los rendimientos. no tropezarán delitos, en aplauso del Temor, repita el eco festivo: Es el Temor los cuando a adoración, ción que es con si merecer se forme de amar or que la fe hoy, Amor soy, espere, el que esté o así os Soles, en quien renací. bcol si
JORNADA SEGUNDA
Muera quien piensa irritar de Diana los ceños altivos, que para vengarse dispone los rayos, si para alumbrar fulmina los visos. Por aquí va. Penetrad la maleza de esos riscos. y al bosque en su busca, no se libre un traidor. Divinos Cielos, cuyo azul volumen de mis ados los prodigios cifra, donde de mi suerte iré huyendo? pues no miro senda, que no me conduzca hacia un nuevo precipicio, cuando escucho. Ay de mí, Cielos! no hay quien me ampate? Hacia el risco, Monteros, que se despeña Irifile. Dadla auxilio, que a quien la socorra ofrezco el mayor premio. Qué he oído, cuando su precepto basta a quién es su sacrificio? que aguardo, que no obedezco? y más si aquella voz dijo . Que para vengarse dispone los rayos, si para alumbrar fulmina los visos. Adónde, Joven, me guías? Mide este bosque conmigo, que en él lograrás tu suerte. Mas con tus dudas me admiro. Pues ven, y serán verdades equivocos vaticinios, pues ya con mi rencor dicen los acentos repetidos . Muera quien piensa irritar de Diana los cenos altivos. Alienta, Deidad hermosa, en cuyo riesgo ha podido anadirle mi obediencia ánima, si pueden ser Sup en ti aliento mis suspiros; pero son de un infelice, y no podrán ser alivio: sobre este pequeño escollo, engastado en el tejido esta JupA vario matiz de estas flores recostada, determino dejarla; y pues que Diana tanto a su amparo ha acudido, bien es que la obligue así: iomp del aljófar cristalino de aquella fuente traeré, porque su contacto frío del desmayo la recuerde. Llega, pues. Cielos, qué miro! Ya como Destino infausto aún esta dicha le quito. Desmayado el Sol, y el día no fallece: O nunca el sitio pisara infelice, adonde galtio ser todo sombra es preciso! Cazadores de estas selvas, llegad, que en este distrito Irifile esta. Sid Ay de mí! que veo? ir no El mayor prodigio de amor, pues con un aliento qon y dos almas han revivido. Aquí esta Irifile, dame los brazos. lo Y en ellos cifro drazab mi dicha. Quién fue aquel Joven, qué impidió tu precipicio? ila Yo solo, ya recobrada, p aqueste Zagal he visto. Pues esta dicha el acaso me da, a conseguirla aspiro: . feliz, pues pude tener el más soberano Olimpo en mis brazos. ib aslo is Ya; mas Cielos qué veo! El premio que he dicho conseguiréis. Solo esto le faltaba a mi destino, que traidor mi amigo, logre dichas que yo he merecido. Detente, que aunque atropelle el peligro de ser rebelde a los ceños que idólatro, no permito que me usurpe la fortuna lo que con mi amor consigo: OSP yo, bellísima Diana, fui aquel que habiendo atendido, no al premio, sino al precepto, acudí osado a cumplirlo; SIVISI ofensa es de tu deidad, claro está, pues que te irrito con mi fineza; mas quede a la fineza el alivio de que aún siendo contra mí, te amo, te adoro, y te sirvo. Que siempre dije yo, que era hombre mi amo de capricho. Que aún la osadía no cese otrion de un traidor, Monteros míos olladl se guidle, que aún este engaño da mayor fuerza al castigo. Allá voy, que no es la vez primera, pues que le sirvo, que su enemigo he de ser. Todas tu rumbo seguimos. . Que la suerte me precise Acteón fue. Discreto so Por, qué? Porque haz el desvanec con negar y así, pues hicisteis, en nada a satisfacer lo ate sino en aumenta A la se Cielos, como ve sea contra un amigo. ue en fin me disteis la vida? Decir la verdad elijo, que ya no es acaso, aquella suerte que al otro le quito: No señora, no soy yo quien os libró del peligro; quien tan infe yo; pues hallo junto al lo neficio m ha sido que ofendo ve obligo! o C ivo ano pues para vengarse dispone los rayos, si para alumbrar fulmina los visos. Ya, Cielos, que en la sagrada p prodigiosa Architectura del gran Templo del Amor, adonde firmes colunas los rendimientos las vasas del alto homenaje fundan; ya que consulto parcial de su deidad absoluta en el globo, que al Celeste líneas, y signos dibuja el destino de Acteón para formar conjetura vuelva acordar a la idea tanta multitud confusa de circunstancias, haciendo primer eslabón la una, que es, que Príncipe en la Arcadia mueva sangrientas dispuras su suerte, y tal es, que le hacen vagar la espalda Cerulea al Mar, huésped de su undosa líquida selva de espumas, y después cruel tormenta uip a estas playas mal enjutas le arroje, llevando el pecho no cobrado de la angustia, otra borrasca en la tersa, en la insensible hermosura de una Estatua de Diana, que allá en su idea confusa copió, siendo los pinceles, trofeos que la aseguran. Pero Amor, que parcial suyo, como yo, su alivio busca, las dos tormentas aplaca, pues Real pone la hermosura de Diana, a que sus ojos vivan de lo que fluctuan, y serena al mar las ondas, previniéndome que acuda a introducir en Diana avisos, que la deslumbran, Todo esto sucede hoy; pues como, si atiendo a las muchas veces que al Celeste libro pase las hojas purpúreas, dicen las señas, que Amor ha de ser la ruina suya; siendo parcial, y el Destino, que enemigo se asegura, no? volvamos, pues ya esta a cuenta de mis astutas májimas su vida, a ver que las Estrellas pronuncian: Cielos, quien ruz de Acteón? El Amor. Qué escucha mi oído? o el el acento de mí o pronuncio, que El Destino. el v Triunfa. Ecos, que del que os admira sois más que del que os pronún qué decís? El Amor vence. Dol mra A quién? El Destino triunfa. otra vez distantes hacen mi duda más grave, supla la vista lo que le falta a tanta atención caduca. El Amor vence. El Destino triunfa. e tu nto ence por e a ser re vist voz, y concept Destino amo es mayor enemigo quien lleva consigo la herida sañuda. Pues cauteloso es tirano más fiero el que lisonjero rencor disimula. Y así, si piadosos tu atento los busca. El Amor vence. El Destino triunfa. Deidades, a cuya cuenta vive el Orbe, pues augusta vuestra potestad a entrambas aún lo irracional tributa, mayor enemigo tiene Acteón en su fortuna, pues sin duda lo que adquiere solo ve lo que fluctua. Poco importa, si el hado, mostrando la cólera suya, da lugar a su injusto despojo, sirviendo el enojo de aviso a la fuga. Y el Amor, pues le logra la dicha de ver lo que busca, bien se ve que no intenta su muerte, pues vive su suerte con esta ventura. Ambas son influencias de Estrellas, mas solo es la tuya un rencor; cuyos rayos son fuego, que a dar muerte luego primero deslumbran. Es verdad, mas tu influjo es cobarde civil conjetura, siendo eterno el imperio que es mío, en el albedrío que vence tu industria; y para que lo vea tu rencor ciego, cerca está la experiencia del vencimiento: Acteón de este Templo la senda pisa, y aquí he de conseguirle la mayor dicha. o Yo me alegro, que en esa suerte que fraguas, viene envuelto el veneno de su desgracia, porque al amor le sirva de desengaño, aile ver que no hay mayor ruina, que sus halagos. Pues al arma, que entonces ver huyendo iré de mi suerte? Adónde consigas solo hacer mayor tu peligro. Oráculo misterioso de este Templo aún me ame tu poder? No. Cielos, que o no sea mayor ti hacerme el ries No Au que quiere el A el triunfo mayo lograr en tú vi y si es tu omicio cual es el enemigo más poderoso. Cómo, si atento al afecto que hacia Acteón reconozco, antes que llegue este caso, sabre poner a sus ojos ruinas de amor, y destino, porque en sus varios destrozos, escarmentado, se aparte de dos tiranos escollos? Adónde, Divinos Cielos, para mis lamentos sordos, ofrece el descanso su hermosa fatiga. Allí gozar puedes el ver su arrebol, afrenta del Sol, y aliento del día, en (el yudampi cuando desafía con luces más bellas, en tierra, y en cielos, a flores, y a estrellas; sigue Acteón de tu dicha la fenda, que presto tu vuelo llegara aquel cielo, de quien es tu anhelo constante influencia. Qué dices divino asombro? yo a ver de Diana bella la luz puedo ir, sin que amante, mi rendimiento la ofenda? que temo? vencer los estorbos que airado previno: En este florido ameno pensil, a quien el Abril matiza de grana la bella Diana, sin que ya te siga, Tu peligro. Quién eres tú, que te empoñas en detenerme? Quién cede la altiva deidad suprema de amor por ti, pues más pueden que sus preceptos tus quejas. Y dime. Nada es posible, Acteón, que de mi sepas, ll A mas de que vives ajando lo aquella heroica nobleza, aquel valor que te ilustra. Así mi afecto le empeña b obritup a que huya; y para que la gran falta que haces veas en tu patria, vuelve, vuelve los ojos. . . Arma, arma, guerra. Qué es esto? Esto es; que rendida a un asedio que la cerca la Arcadia, padece el daño que se siguió de tu ausencia. A la muralla. Al fortín. Al baluarte. Guerra, guerra. Qué es esto espíritu mío, o como airado renuevas aquel valor heredado, tan mal dormido en mis venas? yo, por injustas delicias de Amor, deje las supremas glorias de una eterna fama, que con las armas sangrientas se consigue; ea, vasallos, ya os asiste quien desea de la eternidad las alas batir, hasta que en la esfera su vuelo toque. E Detente, no así de tu vana idea te arrebates, que todo esto p no es más, que vaga apariencia; dígalo el oír, que aquí los dulces acentos sueñan de las Ninfas de Diana, s. que con ese estruendo alternan. Guerra, guerra, al arma, al arma. Arma, arma, guerra, guerra. A la muralla; al fortín A los montes, a las selvas, pues aunque las flores A fragrantes pelean, la hermosa Diana previene en sus luces a cada botón una escuadra de estrellas. Guerra, guerra, Entre dos contradicciones tna tan extrañas, tan opuestas, qué haré, Cielos? a esta parte me llama el valor, y a esta tnolg el afecto; aún no cesaron de mi pecho las tormentas: aguarda, hermosa Diana; pero no, y mi fama excelsa: esperad vasallos míos; mas no, y mi amante fineza: de ol ha Cielos, quién hacer dos de su corazón pudiera para atender a dos partes, que dicen con igual fuerza. Guerra, guerra, arma, arma. Arma, arma, guerra, guerra. Al arma, al arma flores, al arma, al arma estrellas; y en acentos veloces las voces; y en sonorosos huecos, los ecos ilva ofrezcan del abismo del monte, y de la esfera: ib olld guerra pública la fuente, terso clarín de la selva, y el sonoro bullicio al Alba despierta, no oripao cuando asustando las aves, cuando animando las selvas, trinan, temen; susurran, y gorjean. Alarma tocan las flores, cuyas purpúreas banderas son lisonja del Aura, que los despliega, cuando asustando, Que mucho, si de Diana la soberana belleza es envidia de todo lo que hermosea! cuando asustadas repiten, al ver que en varia palestra trinan, temen, susurran; y gorjean; guerra, al arma, al arma. En fin a qué te resuelves? A que en fin el amor venza, pues no está de su poder nada libre en Cielo, y tierra, donde logra ya flamantes, o ya purpúreas pavesas. Pues aunque las flores, a b Eso dices? o Esto digo. Pues Acteón, para que adviertas que en todo tu parcial soy, ya que en suma te despeñas tras tu inclinación, Diana en aqueste punto deja la caza que sus Monteros siguen, y en la estancia amena de su jardín, a una fuente su cansado rostro entrega, queb zol sup para mitigar corales con la inundación de perlas; tras la caza te introduce, y así lograrás el verla, mientras que desvanecido todo escuchas en la selva. To, barcino. Al Valle. Al risco toy toma la nino sup Asa A la cumbre. A la maleza Guerra, guerra, al arma, al arma, sil la pues aunque las flores fragrantes pelean, la hermosa Diana previene en sus luces a cada botón una escuadra de estrellas. A la deliciosa sombra de estos sances, y a la bella margen de esta fuente, puede darnos la fatiga treguas. Asombro, Cielos, asombro añade en lo que me ciega, pues antes por verla muero, y luego muero de verla. Estas, Libia, muy cansada? De oírte: linda llaneza; de cuando acá es ese tú? Esto es aliviar tareas on de andarme tras una ganga. Cuál es? La de tu belleza. Qué hermosa en las aguas puras los dos elementos mezcla! pues los que eleva en cristales ad vuelve a despeñar centellas. q Dejadme todas, que aquí sola descansar quisiera. Ya obedecemos. . Fortuna buena ocasión es aquesta, al sueño se rinde. Imagen de la muerte, aunque en mí seas impropia, pues no es posible que las Deidades fallezcan, como descanso te admito, aliviame, aunque te atrevas. Ya se durmió; ea osadía no te culpe aquel que sepa batis que a la vista de la suerte es delito la pereza. oporil si de una fatiga, Cielos, el cristal la lisonjea, porque de su mano hermosa la cándida nieve tersa no ha de suavizar del pecho la nunca apagada hoguera, yo llego, pues me da aliento la voz, que dice halagüeña. Guerra, guerra. Quién traidor, quien atrevido, bárbaro, y osado llega a profanar; mas qué veo? tú eres? cómo, di, la tierra, tu sacrílego delito no sepulta? pero fuera desairarme mi venganza, siendo yo la de la ofensa; y así este cristal, que fue el mismo que infiel te alienta te castigue en bruta forma, mude el ser que injusto ostentas, para que despedazado de mis lebreles se vea, que el desdén las osadías combatir sabe en tragedias. r Diana (la voz desmaya;) señora (el pecho flaquea;) si yo (el juicio descaece; te ame (el corazón se hiela;) dichoso (un pasmo me cubre;) soy (los ecos titubean;) pues he muerto: (ay de mí triste!) de amante (Cielos clemencia.) Ya en pardo ligero corzo transformado la maleza discurre, y ya mis Monteros le siguen. A la maleza. No se escape, pues el viento éxala su ligereza. . Mal se librará de ti, si es que aprende de mi pena. . Por aquí va . e No dirán, estas Ninfas de Diana. ha sido su amor? Escucha Térsiles, aguarda. Espera Diana, que antes que intentes inquirir de esta extraneza las circunstancias, al sun Alcázar de la suprema Deidad de jove hemos de ir, donde difinido adviertas entre el Amor, y el Destino, cual es, si ojerizas muestra, el enemigo mayor. Cuando contra algún human sus cenos muestran los dos, que no son harto andariegas Que en fin, su ruina misma a estamos en su presencia. e cual enemigo es mayor, Atiende al Amor los ecos Del Destino oye la voz. Y sepan los humanos desde hoy, cual enemigo es mayor, el Destino, o el Amor? Quién duda que Amor enemigo es más fiero, pues que lisonjero, astuto, y traidor, sus alas dispone, T y vibra su arpón. Aquel quel Destino le sigue irritado, podrá resistirle, sabiendo al huirle. quil temer su rigor; op y aún tal vez le vence, si allá en su albedrío vive la razón; omA lo as y pues es tirano, que oculto fatiga, con rápido vuelo despeñe del Cielo su vaga traición, y viva el desdén, deidad que en deidades recata su aljaba, y sepan los mortales desde hoy, que el enemigo mayor inqe es el amor. Así castigada queda de una malicia el error. Pues aunque la mía castiguen, Irifile, tuyo soy. Donde afectos no se admiten cualquier afecto es traición. En fin cumpliose el presagio. Toca esos huesos, y alón, que te he de llevar a Italia, Libia, a manducar los dos macarrone. imbod Bien está. Repitiendo la Canción: cuando contra algún humano sus cenos muestran los dos, el enemigo mayor es el Amor.
