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Texto digital de La cruz hallada y triunfante, y Glorias de Constantino

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Felipe Sicardo
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Felipe Sicardo Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La cruz hallada y triunfante, y Glorias de Constantino. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cruz-hallada-y-triunfante-y-glorias-de-constantino-la.

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LA CRUZ HALLADA Y TRIUNFANTE, Y GLORIAS DE CONSTANTINO

JORNADA PRIMERA

Inguno de los Cristianos quede con vida. El primero sea el que los acandilla, como Pastor, y Maestro. Mueran todos. Amparadme, Soberano Dios inmenso, sin vuestro asilo, en vano las iras huir pretendo de un bárbaro Pueblo, a quien mueve contra mí el ejemplo de un Emperador, que niega de vuestra Te los Mesterios, y de la Gentilidad los Dioses adora ciego; que de un Príncipe fue siempre, viva imitación el Pueblo, o feliz la Monarquía que le debe sus aciertos. Biensabéis (como quien nada ignora) que mi deseo no es librarme con la fuga de mi amenazado riesgo, sino con mi persuasión reducir al Culto vuestro, al que siendo su grandeza la mayor del Universo, lo es su mueria también. Pues que de lepra cubierto, qué importa ser absoluto Señor del Romano Imperio, si es la Púrpura mortaja, en quien ya vive muriendo? Para este fin, que guardéis. mi vida, Señor, espero, porque Constantino logre derestar por mí sus hierros, y ser. Buscad a Silvestre, que de su Palacio huyendo salió. En varias tropas todos por la Ciudad le busquemos. Qué miro! cercado ya por todas partes me veo; y puer no puedo dar paso sin ser vilto, a vos apelo, Señor, para que piadoso me insi iréis lo que hacer debo. Yo te lo diré, pues Dios me ordena por su Decreto, que te asista, reservando tu vida del rigor fiero de tanto encrnigo suyo. Ven, pues, mis pasos siguiendo, que irvisele dejarás frusirado su aleve intento. Quién habrá que no os alabe por ravores tan supremos? Seguidme, porque no pueda dicanar de muerto, o preso. s , - Pan conseguirlo, basta qué te acompañe Mostrenco, que es lo más. Pues en Retaco se halla cosa que sea menos? Si eres su criado tú, yo también. . Ya estáis molesto: callad, o idos de aquí, que este no es de burlas tiempo. otro hiciera que lo fuese, por estar en uso puesto; y cuanto más disparate, ser más celebrado vemos. Para que no te congoje de su amenaza el estruendo, le confundirá mi voz, en cuyos acordes ecos (de ti solo percibidos) halle, tu aflicción consuelo, Si mover la Fe puede los montes de su asiento, que mucho que la tuya mueva de Dios el amoroso pecho? O alta virtud, que al hombre le haces dueñ de las riquezas que atesbra el Cielo! Vuestra, Señor, es mi vida, yo nada en ella os ofrezco, empleadla en lo que sea del mayor servicio vuestro. Aquí estoy, y estoy notando la falta que estoy haciendo al Emperador, pues cómo filico suyo, y primero en su confianza, mal faltar de su lado puedo; y así, proseguid vosotros la instancia de igual empeño, sin perdonar a la ira de la ley el cumplimiento. . Sigamos, pues, la derrota, que contra el Cristiano Gremio mueve a toda Roma hoy, mas que otras veces, diciendo: Mueran cuantos de los Dioses niegan el poder supremo. Mueran cuantes de los acioses niegan el poder supremo. Seor Mostrenco usted se tenga, y dígame, qué sujeto es, para que en tales casos se : magne de provecho? Que más que ser Platicante del Médico más experto, que tiene Roma? Y si me armo de aftismos de Galeno, matare con mis recetas, aún más Cristianos, que han muerto la ensalada de pepinos, y el agua fría robre ellos. Buena la arrogancia está; mas que mucho, si traes llenos siempre los cascos de zumo destriado de sarmientos? Tu hablas, urón de bodegas, con quien Pierres el Tudezco fue niño de Tera? Tú, apurador de pellejos, te me atreves? vive Baco Ea, démonos por buenos, y vamos a que confirme nuestra paz un Tabernero. Me conformo. Vanios, pues, que no es bien que supar demos a que de los dos se diga. i. No permitáis, Santos Cielos, que nos maten nuestros hijos, sinque mi amos primero. Hola, qué voces son estas? Por las calles discurriendo, gran número de mujeres le deja ver, y hacia el Regio Palacio caminan; cual sea la causa no infiero. Ni yo; mas si las seguinios, fácilmente la salremos. Pues vamos, si que de vista las pierda el cuida la nuestro, quedando para después nuestro convite suspenso; porque yo, mas que una holgura, cualquier novedad aprecio, donde, con lo que la añado, fábrico un cuento de cuentos. Tú haces bien, pues solo medran chacharones, y embusteros. Nadie con los Poderosos sabe negociar como ellos, y es el caso, porque nadie confronta más con su genio. . e , Oh cuanto vería el que juzga que haya cumplido contento en el coraron humano! pues el laurel más excelso no reserva a quien le ciñe de los milujos adversos, para cuyas propensiones todos igna es nacieron. Dígalo yo; pues qué importa, que a mi dominto sujetos, me tributen vasaliaje tantos dilatados Reinos? Sirendido a un accidente asqueroso, torpe ufeo, para no poder gozarlas, de qué sirve poseerlos? No tu discurso, señor, te llija concanto extremo, que te premonga impasible la esperara del remedio: Mas ormente, cuande en uno, que para os esta dispuelo, el exito ver aumardo de mi esulioso defecio. Peperida: experiencias, acreditadas del celo del caque mestros Dioses, me lo asegian, haciendo, quen los Claistiamos parasalo, pues que de vuestro cistigo viven a rigor suetos. ̱. Tn prueba de esa verdad, o tunminada el Pueldo, a tastancta miraprete, o matarlos, o pranderios, ombra siendo Silve de su Pontifice dieron) quien más que todos peligra; y aunque de su furia huyendo, no se sabe donde para, poco durará encubierto, pues la hambre le hara salir en busca de su fuitento. Cuando para mi salud sean inútiles los medios que prevenís, con saber el estado en que habéis puesto a ese fementido aleve, que con falsos argumentos, da nuestros Dioses por falsos, moriré con el consuelo, de que faltando él, no habrá quien siga tan loco empeño. Frustrado del todo queda con semejante suceso; y pasando a otro (que no es de menos cuidado) debo decirte, que tu salud estriba, en que tomes luego un baño de humana sangre. De sangre humana? Y es cierto, si de la Pilosofía no me engañan los efectos; pero que ha de ser advierte de aquellos infantes, tiernos, que no han llegado a dejar el primitivo alimento, que de sus madres reciben, producido de sus pechos. En una de aquesas salas prevenidos, señor, tengo hasta tres mil, y ya es hora de acudir a disponerlo. Para todo me hallaréis reducido a vuestro acuerdo. La vida nos quitad antes, que ver nuestros hijos muertos. Oiga el César nuestro llanto, A hablarle todas entremos. Volveos, porque de aquí no habéis de pasar. Qué es esto? Es, señor, que las Matronas, cuyos hijos son aquellos, que al cuchillo destinados están para tu remedio; no hay quien baste a reportarlas, con el dolor de perderlos, y pasar a tu presencia pretenden. . Raro despecho! Vuelve a decir que la Guarda castigue su atrevimiento. El que de injuriarlas trate, procederá poco cuerdo; que a quien con razón se queja, no debe juzgarse reo, por más que a la Majestad comprenda su sentimiento, pues la culpa es de el que altera de la justicia el derecho. Di, que remitiendo a una todas su pretensión, quiero saber a qué se reduce. . Poco hay que dudar en eso, pues ya lo han dado a entender de sus ansias los extremos. Sea la que fuere, a oír sus motivos me presiero. Invicto César Augusto, cuyos heroicos progresos, para eternizar tu nombre, dará la fama a su Templo. Una infeliz soy, de aquellas, que el trágico fin temiendo. de sus hijos, en sus vidas amenaza el mismo efecto; pues a nuestros corazones servirá el dolor de acero, al ver, que cruel Berdugo. hiera sus débiles cuellos: que en cualquier ley se prohibo el homicidio sabemos, al paso que son los Dioses en hacer justicia, rectos; pues no ignorando uno, ni otro como a tal error dispuesto, experimentar no temes su justo enojo severo? Demás, que nada mejoras en su ejecución, supuesto, que con lo que enferma el alma, no puede sanar el cuerpo. No mi llanto, mi razón te convenza; que no intento moverte como piadoso, sino como justiciero. A proposición tan necia, como ceder del derecho de su vida, por la ajena, un Emperador supremo, más respuesta no mereces (ni yo en mi razón la encuentro que el que tu castigo sea de las demás escarmiento. Tan contrario es mi dictamen, que no tan solo resuelvo la experiencia diferir de tan costoso remedio, dejando libres sus hijos, sino que vuelvan con ellos, gratificadas de mí, cuanto afligidas vinieron. Qué es lo que uigo! quién halló mas qué imaginó el deseo? Sus hijos se las entregue al punto, y medio talento entre todas se reparta. Qué haces, señor? Lo que debo, pues no es dudable, que así de una culpa me reservo, y a ellas resarzo el pciar de que yo fui el instrumento; y así, no os canséis, que más perder yo la vida quiero, que ver derramar la sangre de tanto inocente cuello. Vuelve, mujer, y anticipa con tu aviso ese consuelo a las que le aguardan. . Sea de tu piedad digno premio, con la salud, a que aspiras, de tu grandeza el anmento. Convertid el llanto en gozo, Matronas, pues ya tenemos nuestros hijos restaurados, y un precioso don con ellos. . Viva Constantino, viva, para oloria del Imperio. El ver que condescendieses tan liberal con el ruego de esa mujer me ha dejado confuso, absorto, y suspenso. Nada me digáis, que nada borrará de mi concepto sus razones, pues por ellas otro ser en mi contemplo; y ahora dejadme solo. Ya, gran señor, te obedezco, aunque ofendido de ver, . que desprecie mi confero. . Altas Esferas, que de Astros, Planetas, y Signos bellos, sois iluminado móvil de nuestros varios sucesos; para que sea en mi mano vara de justicia el Cetro, atendiendo en su materia, mas que al explendor al peso (pues se simboliza en este la gravedad del gobierno, si en aques la vanagloria de apetecidos obsequios) con vuestro divino influjo ilustrad mi entendimiento. Apenas su luz invoco, cuando de improviso el sueño la de mis ojos confunde, robándome sus objetos, propia imagen de la muerte, pues nadie de él se vio exento. d h. Monarca prodigroso, de Césares ejemplo, a cuya fama, el Orbe término será estrecho. 1. Escucha la voz. 2. Atiende al acento. De quién te conduce al bien más supremo. 1. A tu piedad obligado el Autor de Tierra; y Cielo, quiere hoy darte a conocer sus inefables Misterios. 2. Busca a Silvestre, a quien guarda de un risco el cabado seno; que de los Muros de Roma espacio dista pequeño. 1. Ese te dirá, qué baño sea el eficaz remedio de otro achaqué; de que más te importa sanar primeró. 2. A Pedro, y a Pablo debes igual favor, pues por ellos te le otorga Dios, juntando a tus méritos sus ruegos. Y así, gravando en tu ides sus imágenes el sueño, para que sepas por quien logras tan feliz efecto. 1. Escucha la voz. 2. Aciende al acento. De quién te conduce al bien más supremo. Espera, Divino asombro, no así de mi vista huyendo, a quien dormido consuelas, le desampares despierto; oye, pues, aguarda. El César da voces, acundid presto. Qué causa, señor, te mueje a tanto desasosiego? De qué tu cuidado nace? Pues todos entran, entremos. Que todos me acompañéis es cuanto deciros puedo, para buscar a Silvestre, no como hasta aquí, sangriento contra su vida, sino pacifico, y halagüeño. Si es necesario buscarle, yo a traértele me ofrezco. Semejante diligencia, fiarla de otro no debo. Pues permite que te traigan una carroza. . No pienso valerme de ella tampoco, pues a ir a pie me resuelvo, sin temor de que me sirva mi achaque de impedimento, pues si no es menos el mal, hallo ser el dolor menos; y con humildad, mejor que con aparatos regios, del impulso que me mueve lograr el fin me prometo, pues con vanidades, mal se puede obliga y al Cielo. Ya, Divina inspiración, . ves cuan pronto te obedezco, y verá Elena mi madre, cuan de hijo suyo me precio desde hoy; pues si sus instancias, para unirme a su Ley, fueron resistidas de mí, ya rendido a ellas me confieso. Cuanto veo me parece sobre natural efecto, de que en Constantino alguna notable mudanza temo. . Ya que lo que aquí ha pasado nos ha tenido en silencio, porque mezclar no era justo lo yocoso con lo serío, vamos a ver en qué para. Vamos, pero discurriendo en lo extraño de irse a pie un Emperador, y enfermo, sin llevar consigo un coche, aunque fuese de respeto. Si es por la necesidad, el reparo está bien hecho, mas por la grandeza no; pues ser tan comunes vemos ya los coches, que los traen hasta los Bodegoneros. Quién cómo ellos! pues son gente de substancia por el sevo; y este, convertido en oro, los transforma en Caballeros, que el que por si es nada, es cuanto quiere con dinero. Y lo peor es, que los tales han dado en traer Cocheros, que atropellan cuanto encuentran, a grandes voces diciendo: Fuera delante, por dar a entender, con hablar recio, ser algún gran Potentado el que va en el coche, siendo, quien estuviera mejor guardando cabras, o puercos. En la Corte, cada día se ve muchísimo de eso, donde unos por ricos, y otros por razón de sus empleos, no se permiten hablar sin muy grande acatamiento, y por si propios no valen lo que unos zapatos viejos. Dejándonos de discursos, vamos la tropa siguiendo, que va en busca de Silvestre. Muy bien dices, vamos presto. Pues camina. Usted delante. Déjate de cumplimientos. La cortesía es forzosa, aún entré los más estrechos. El Retaco es hombre raro. No lo es menos el Mostrenco. Pues en todo a trochi mochí. Pues a diestro, y a siniestro. Discurre como una bestia. Habla como un majadero. De qué sirvo, corazón, poblar de quejas el viento, si por darte al sentimiento, te niegas a la razón? Quién de vosotras, cantar los Músicos mandó aquí? Yo, señora, porque así tu pena juzgué aliviar. Si tú, ni nadie ha ignorado la causa, en vano tu anhelo me solicita el consuelo. Ay Constantino, hijo amado, quien persuadirte pudiera a que tu error olvidaras, y como yo profesaras la Ley de Dios verdadera! Qué importa que yo quedase Reina de Tracia, ni que él con el Augusto Laurel de Roma se coronase, si todo sin Dios es pada? Y así, en interín que no depaliga él su engaño, yo no viviré consolada. Tú a esos Músicos prevén, que no canten más, sabiendo; que a quien vive padeciendo, solo el llanto sueña bien. Tu mayor pena colijo de no tener continuadas las noticias deseadas del Emperador tu hijo. De orden mía, Flabio está en Roma disimulado, para observar con cuidado. lo que sucediendo va, de que siempre estoy pendiente. Yo, por no verle delante, a todas horas amante, me huelgo de que esté ausente. En fin, a tanto pesar el alma su alivio ignora. En este instante, señora, Flabio acaba de llegar, y que licencia te pida de su parte me previno. Dile que entre: no imagino a qué será su venida. Si de mi lealtad, en prueba hoy la mejor salva es, para llegar a tus pies, el contento de una nueva, por la que de mí sabrás, que hoy se ve, señora, creo, tan cumplido tu deseo, cuanto no es posible más. Porqué confusa no esté, dime como eso ser pueda. Como el Emperador queda ya reducido a la Fe; y porque adviertas mejor con cuan evidentes señas de piedad, provido el Cielo en su conversión se muestra, escucha las circunstancias. Ay hermosísima Astrea! mucho al referirlas temo, que tu atención me divierta. Prosigue, pues no aseguro mi consuelo hasta saberlas. Cuando en dulce suspensión de sentidos, y potencias, quien fue vencido de nadie, vencerse de un sueño deja; entre las vagas especies, que inflamar suelen la idea, las imágenes, o sombras de dos ancianos contempla, con cuya vista (si puede decirse que ve el que sueña su corazón animado de nuevo espíritu alienta. Que mucho, si los dos son (con señales manifiestas) Pedro, que siel Sobstituto de Dios, de su mano misma recibió la Dignidad de la Tyara Suprema? y Pablo, Baso escogido, que colmó de infusa ciencia, para que en claros raudales de doctrina se convierta? Las voces; pues, que le instruyen, que busque luego le ordenan al Pomifice Silvestre; que huyendo su ira ciega, poco distante de Roma vive oculto en una cueva; porque si el omite un baño con que cobrar salud pueda, por no derramar la sangre de inocentes vidas tiernas, otro le dará Silvestre, que con virtud más extensa, si medicina es del alma para otros, para él lo sea del cuerpo también, y a un tienmo de uno, y otro convalezca. Con este aviso, este anuncio, despierto se miró apenas, cuendo buscarle resuelve, en su retiro le encuentra: consúltale lo que ha visto; y él, con alta providencia de Divina inspiración, (según inferirse deja le declara, que aquel baño, a que tan ansioso anhela, es el Agua del Bautismo, en que el Cielo le reserva el remedio de su mal, pues de él sanará con ella (como el alma de la culpa original, que la infesta) recibiéndola con fe; porque sin fe, cosa es cierta, que los Sacramentos son de ninguna consistencia. Gustoso el Emperador le oye tan santa propuesta; y remitiendo a los ojos el oficio de la lengua, le dice más con el llanto, que con la voz le dijera. En fin, confesando en Dios tres Personas, y una Esencia, de la multitud de Dioses públicamente detesta el error en que ha vivido, dando indicios de su pena, por el tiempo en que rebelde malogró su resistencia, los auxilios, con que al hombre le llama Dios, y vocea. No sabré significarte cuanto de oírle se alegran, los que por su ministerio le acompañan de más cerca solo decirte sabré que como en todos se hiciera público el suceso, no hay quien aplausos no le ofrezca, unos por Cristianos, y otros porque ya serlo desean. Después de tan misteriosa, y admirable conferencia, como a Vicario de Cristo, a su diestro lado lleva a Silvestre, hasta dejarle de su Palecio a las puertas: gran principio, para que altas dichas se prometa; que de un Príncipe Cristiano es la obligación primera venerar a Dios, en quien es su Vicario en la tierra. Viendo tan ratos prodigios y maravillas tan nuevas todos, a una voz, en Roma su nombre Augusto celebran, con el mayor alborozo que en pechos humanos quepa Y para manifestarle con más expresivas señas, el día, que recibir el Sacro Bautismo espera triunfales arcos disponen, cuya arquitectura exceda los pirámides de Menfis en su elevada grandez. Calles, y Plazas previenen adornar con ricas telas do en vez de pincel la abuja pintó Abriles de oro, y seda. Danzas, músicas, y juego servitán en dos hileras de valla, siendo vistosa guarnición de su carrera. Oira se también la salva de cajas, y de trompetas porque no falten anuncios de sus marciales empresas. En fin, con el aparato mayor, que jamás se cuenta, que vio en sus Teatros Roma para laurcar las proezas de sus Césares famosos, dignos de alabanza eterna, celebrará su Bautismo, cuando instruido se vea de aquellos más principales Misterios de la Fe nuestra, sin los cuales su alto fin ninguno a conseguir llega. Esta, señora, es la causa de volver a tu presencia ufano, de que por mí logres tan dichosa nueva, como tever a tu hijo en el Gremio de la Iglesia. Oh Suma Bondad de Dios! qué propio es de tu clemencia, no negarse a quien la invoca, por más indigno que sea! Con la noticia (qué asombro!) . quedó en éxtasis la Reina. Por tanto favor, Dios mío, aún la vida es corta ofrenda. Ni un breve instante los ojos aparta del Cielo Elena. Para que tu nombre alabe, desata, Señor, mi lengua, confesaré eternamente tu misericordia inmensa: Flavio? . Señora? Yo quedo de tu lealtad satisfecha, y en tus ascensos verás lograda su recompensa: Y por qué tratar no es bien de esta, ni de otra materia, sin que de igual beneficio a Dios las gracias le ofrezca, en tanto que me retiro a cumplir con esta deuda, prevente para volver a Roma, porque tú seas, quien de mi parte, a mi hijo le lleve la enhorabuena, y las gracias al Vicario universal de la Iglesia. Nada hace en obedecer quien solo servir desea. El gozo que el alma siente, de mi propia me enajena. Si es permitido quejarse de su infeliz suerte adversa, quien tan desválido ama, que ofende con las finezas, que me oigáis, señora, espero. Y comra quién es la queja? Contra una estrella, que siempre la miro a mi dicha opuesta. Qué puedo hacer yo (decidme) contra el rigor de esa estrella? Vencerle de vuestra parte. Vencedle, vos de la vuestra, que es más razón. No es posible, pues dejar, de amaros, fuera negarle al Cielo el dominio que puso en vuestra belleza. Si (cómo decís) proviene vuestro amor de su influencia, también mi adversión: con que la disculpa es una misma. Bien vuestro discurso arguye, mas mi pasión, como ciega, fábrica de los engaños el alivio de sus penas. En busca de Astrea vengo, a fin de que mi amor sepa, que quien calla de cobarde, poco de fino se precia; mas con Flabio está, lo que hablan oiré: a espacio, sospechas, y hasta examinar la causa, quede la duda suspensa. Que el verme morir de amor, no temple vuestra entereza! Que viven muriendo dicen cuantos su afecto ponderán, y no vemos, que a ninguno la vida el querer le cuesta. Plática es de amor: qué presto se hizo la duda evidencia! Cualquiera deseo aflige luego que a ser pasión llega; pues qué será si no muerte amar sin correspondencia? Dejad encarecimientos, pues no es fácil que yo crea lo que me deéis, sin que antes lo acredite la experiencia haciendo verdad en vos el haber quien de amor muera. Luego queréis verme muerto? Muy otra es la consecuencia de lo que juzgáis, pues yo como por impropio tenga, que quien ama despreciado, muriendo explique su pena, uno es desearlo, y otro. no creerlo sin que lo vea. Y en caso de verlo en mí, que es, señora, lo que hicieráis? Qué? teneros compasción. Y no más? Pues ser pudiera otro su efecto? . No hay duda. Decidle, porque le sepa. Que fuese vuestro favor el premio de mi fineza. Pues mi favor una vez muerto ya, de qué os sirviera? De anticipado consuelo, como vos me le ofrecierais. Sobre un supuesto imposible, qué importa que os le prometa? Mas de lo que vos pensáis, aunque locura os parezca, Solicitad explicaros mejor, para que os entienda. Tan prolija cuestión, ya la escucho con impaciencia. Por ley natural, guien muere, no es dable que a vivir vuelva; pero por piedad del Cielo, es posible que suceda, y como sea posible, (aunque por milagro sea) para consuelo me hasta. Cónsolaos en hora buena con esa imaginación, que a todo un milagro apela; pero aunque muerto una vez, de nuevo a vivir volvierais, conseguir un sabor mío, no memis milagro fuera. . Oíd, esperad. . No intentéis, Flalio, que os escuche Astrea, sin oírme a mi priiero. Desde el cancel de esa puerta oyendo estuve a los dos, y ya que al acaso deba el saber que sois su amante, (bien que despreciado de ella) porque no de su desdén os rindáis tanto a la pena, cuando tenéis que sentir otra mayor que os espera, lo que el tiempo ha de deciros, mi voz es bien que on lo advierta. Desde hoy declarado amante me hallaréis de Astrea bella, sin que vos, ni otro ninguno a competirme se atreva; porque siendo, como soy, Duque, por mí, de Boemia, (por más que de sus Estados desposcído me tenga, por ser de contraria ley, a fuierza de armas la Reina) y siendo también su deudo, temeridad grande fuera osar a poner los ojos en Dama que yo pretenda; y aunque yo no ignoro cuanta es, Flanio, vueltra nobleza, no es para que compitáis conmigo en ninguna empresa: Y así, entendido tened, que si vuestro amor se empeña en proseguir con su intento, cuando ar repentirse quiera, no podrá, porque yo haré (dando de mi poder muestras) que quien sepa vuestro arrojo, también mi venganza sepa. . A que más pudo, fortuna, llogar la saña levera de tu rigor contra mí, que a poberme en contingencia (sobre declarados celos, de que el bien que adoro pierda, y de la Reina la gracia, si hago al Duque competencia? Porque de cualquiera empeño que haya, preciso es que tema, que por atenderle a él, contra mí su enojo mueva. En confusión semejante, no sé a lo que me resuelva, ni es fácil saberlo, en tanto que no dé a mi dolor treguas, y tiempo al tiempo: que quien su sentimiento no templa, para remediar el daño de que ofendido se queja, mayor contrario en sí tiene, que en el que le hace la ofensa; y así, por ahora no hallo mejor medio que la ausencia, para dar lagar a ver lo que resulta en Astrea de su amante pretensión. Y supuesto que la Reina volver a Roma me manda, cumpliendo con su obediencia; lo ejecutaré tan pronto, como su despacho tenga. Y porque ya desde aquí verle en su Oratorio deja, ante su Sagrado Altar, en humilce oración puesta, esperate retirado a que salga de él; y mientras doy solución a mis dudas, denme los Cielos paciencia. . Amantísimo Dios mío, en quien el alma contempla su mayor bien, porque solo se halla en Vos, como en su esfera. Rendidas gracias os doy, por las mércedes inmensas que os debo. en que Constantine a vuestra Fe se convierta. Y a Vos, Madre Inmaculada del Verbo, cuya pureza, en vuestro Ser, ni un instante tuvo la gracia suspensa. Vos también reconozco de tanto favor la deuda, siendo, con Dios, de mis ruegos Abogada, y Medianera. De mi vida disponed, dulce Jesús Virgen bella, como más al mayor culto de vuestras aras, convenga. Mas mis ojos, asal tados de una hermosa luz tan nueva, que aún la del Sol, breve sombra es, comparada con ella, dudan lo mismo que ven, temiendo qué ilusión sea; porque si bien mi humildad. sus méritos considera, mal persuadirme podré a una dicha tan suprema, como que Cristo, y su Madre. por mí a la tierra desciendan. 1. Elena, no dudes. 2. No dudes Elena. Que cuando en ti el Cielo. tal favor emplea, es, porque obligado. de tu fe le muestra. Por ti tendrá el mundo: la más felia prenda, que entre sus Reliquias adore la Iglesia: ávima, y alienta, pues María, y su hijo te buscan, para que asunto de sus glorias seas. Flena, porque ya es tiempo de que el Mundo no carezca mas de la Cruz, por quien libre fue de la culpa primera, parte a Jerusalén, donde, aunque la oculta la tierra, mediarte mi inspiración, la hallará tu diligencia. Si el hallar la Cruz, mi Hijo, a tu cuidado reserva, Constantino le tendrá: de su culto, y reverencia; por cuyo Cristiano celo, tan favorecido de ella se verá en todas las lides, que a sus enemigos venza. Aunque indigna me confieso para tan gloriosa empresa, conozco también, que solo el que os obedece acierta; porque siendo Vos, Señor, la Sabiduria eterna, y Vos quien, por Madre suya, goza de más excelencias que todas cuantas criaturas contiene una, y otra esfera, en naderrar puede, quien obra con vuestra asistencia. La mía, y la de mi Hijo. nunca te saltará, Elena. En mi amor vivirás siempre; queda en paz. Enpaz te queda: Yo, trocando el miedo en gozo, en fe de vuestra promesa, a mi corazón diré. con esas dulces cadencias: , . Ánima; y alienta, pues María; y su Hijo te buscan; para que asunto de sus glorias seas,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA TIchosa mil veces Roma desde hoy se llame, pues hoy, mudando de Ley, verá Cristiano a su Emperador. Qué importa que Roma logre verle Cristiano, si yo, enemigo suyo, armo contra él todo mi furor? pues para serlo,, me basta que le favorezca Dios; porque siendo aquel rebelde. espíritu, que intentó ver preeminente su Solio. al de su Divino Autor; no es mucho, no, que en el hombre se atreva mi presunción a borrar su imagen, cuando a su Dueño se atrevió. Y pues el que le merece algún especial favón, es quien con más causa excita mi obstinada indignación, en Elena, y Constantino la empleé, pues son los dos con quien más grato se muestra en una, y otra visión. A Elena (que el golfo sulca con un crecido convoy de naves) vija tormenta pondrá en tanta confusión, que sea el más rigoroso examen de su fervor. Contra Constantino haré que se mueva la invasión de Magencio, con Armada tan numerosa, que no pueda resistirle, y halle su ruina en su oposición. Ea, pues, el mar altere con tan nunca visto horror, que en vez de nubes, las olas. suban a eclipsar el Sol; siendo en Elena, y los suyos tan inútil el clamor, que no encuentren más remedio, que la desesperación. , . Cielos, piedad. Jesús mío, como, cuando a cumplir voy vuestro Divino mandato, estorbo los riesgos son? Y como, al fin, si no excuso cual jonás, su ejecución, se conspiran contra mí las hondas con tal rigor? Clemencia, mi Dios. Clemencia. Qué supersina petición! pues antes que él los socorra, sabré sumergirlos yo. No harás, monstruo del Abismo, que no te da permisión Dios para su estrago; y antes (objeto fiel de su amor) Elena, en su aslo, tiene segura su protección: y porque con fe más viva merezca igual galardón, será en su idea concepto, lo que armonía en mi voz. Toleré su pena, sufra su aflicción, quien pretende amante ser fino con Dios; pues la constancia en sentir, y penar, es de una fineza la prueba mayor. Por más que vea en su amparo tan rara demostración, insistiendo en su asechanza; no desmaye mi rencor. Aunque prodigio tan grande (cuan digno de admiración) es ver, que la tempestad sosegaste su furor, tan breve, que en un instante a convertirse pasó, la inquieta espuma en cristal, y en aura el fiero Aquilón. No menos de admirar es un nuevo gozo interior que siento en el alma, donde no cabe humano temor, que impedir el curso pueda de nuestra navegación. Quién tiene a Dios de su parte, qué peligros no venció? Tu ejemplo es nuestro resguardo contra su tribulación. Si los graves infortunios son del ánimo el crisol, pues cuanto la apuran más, acrecienta su valor, repita a voces con quien inflama mi corazón: Tolere su pena, sufra su aflicción, quien pretende amante ser sino con Dios; pues la constancia en sentir, y penar, es de una fineza la prueba mayor. Que esto vea, y esto escuche! Pero siendo, como soy inflejible, nada puede darme asombros,, ni terror, ni hacer que de continuar deje su persecución, por más que los unos digan, con el viento en su favor, Buen viaje, buen pasaje Y los otros en loor de Constantino, siguiendo. la nueva Ley que admitió. Dichosa mil veces Roma desde hoy se llame, pues hoy, mudando de Ley, verá Cristiano a su Emperador. Pues si la frájil materia contemplo, de que formó Dios al hombre (aunque ilustrado de su aliento superior) al fin es barro; sujeto a golpes de tentación; y a los de uno, y otro día, qué barro no se quebro? Qué es esto, Retaco amigo? de qué es tanta suspensión? en qué piensas? si no es efecto de aquel, licor, que perder la razón hace, a puro hacer la razón Aunque motejarme quieras de borracho, no lo estoy, ni puedo estarlo, que el vino no hace ya en mi operación. Si es otra naturaleza la costumbre, bien creo yo, que no puede ser exceso en ti la continuación; y antes,, si bebieses agua, te daría un torozón, y como achaque de bestias fuera otro tanto peor, que al fin lo borracho es de hombres. Y hombres, que valen; por dos, Vamos alcaso; qué hay que te aflija? dimelo, Que más (como ya tú sabes que el haberme de antubión despedídome mi amo, el día que se volvió Cristiano, porque no quise yo imitarle? . Y con razón, que para tener contento un criado a su señor, en todo, y por todo, es fuerza vivir a su imitación. Yo no he de mudar de Ley, aunque busque otra Región en que vivir. . Harás mal; y dejando esa cuestión pendiente, ven al Palacio Pontificio, adonde voy, por ver si ver algo puedo de esta celebre función, en que ha de ser el Mivistro Silvestre, por más honor de Constantino, o por ser misteriosa precisión serlo, él, para que consiga la salud que le anuncio. Pues en día de bautizo es fuerza haber colación, apresuremos el paso, porque según el rumor, llega ya la comitiva. Y también la aclamación lo denota, repitiendo sonoro el eco veloz. , . Dichosa mil veces Roma desde hoy se llame, pues hoy, mudando de Ley verá Cristiano a su Emperador. h , , - Muy Santo, y piadoso Padre, como Sagrado Pastor de la Iglesia, en su Rebaño me admirid; que si me vio algún tiempo contra el sangriento lobo farez, ser can prometo, que vele en su defensa desde hoy. Mis brazos, señor Augusto, señas os den de mi amor, y que ocupéis, os suplico, vuestro lugar. . Sin que vos dejéis el vuestro, será: justo que prosiga yo. Y siendo también preciso hacer la protestación en público de la Fe, a cuantos presentes sois, como el más humilde, os ruego, que me oigáis conatención. Retractando mis errores confieso haber solo un Dios, de Cielo, y Tierra Supremo, y absoluto Criador. Que tres Personas contiene distintas, con perfección tan igual en todas tres, que no hay mayor, ni menor, primera, ni última en ellas, pues solo en la relación graduarlas se permite.) Que la Segunda encarnó en una Virgen intacta, la más pura que vio el Sol, pues de sus rayos vestida, pisó la frente al Dragón. Que de esta nació, quedando su integridad sin lesión. Que nuestras almas a precio de su Sangre redimió. Que después resucitado; glorioso al Cielo subió; donde a la diestra del Padre. tiene su asiento, y mansión. Que del Espíritu Santo, (que procede de los dos) a la Católica Iglesia: proviene su dirección, por medio de su Vicario, que como tal, nunca erró. Y en fin, cuanto ella nos manda creer con más extensión, como verdad infalible, dispuesto a creer estoy. Fío de Dios, que cumplida veáis la revelación de los Apostoles Santos, por el ardiente fervor con que al Sagrado Bautismo os conduce la fe hoy. Entrad, pues, a mi Oratorio, adonde la prevención está, que su efecto pide, digna de tan gran Señor. Antes deponer pretendo cuanto sea obstentación de la Majestad, no sea que me cause igual error, con memorias de Monarca, olvidos de lo que soy. A buscar vengo el remedio de la culpa que causó en todos el primer hombre; y fuera desproporción llegar con tal fausto, donde vengo como pecador. Y así el laurel ya depuesto, púrpura, espada, y bastón, para seguiros, aguardo a que entréis delante vos. Yo acompañándoos iré. Y ya que lo admita yo, es bien que de vuestro lado el lugar tome inferior. Qué hacéis? Lo que pertenece al acto mismo a que voy; que si en común para todos su forma se instituyó, de ninguna circunstancia pienso admitir la excepción. Si así lo ordenáis, venid. Un ejemplo es cada acción en Constantino, de que no poco admirado estoy. . No me dirás qué papel hacemos aquí los dos? Él de mirones. Pues si a ellos toca cualquiera objección, dime si estas ceremonias las trae el Historiador? No sé; pero saber baste que verosímiles fon, y nadie se para en eso, después que en usar se dio muchísima cosa de musiquita, y tramoyón; que donde priva uno, y otro no sirve la erudición. Eso es para el ignorante, mas para el discreto no. Por más que mi diligencia el viaje apresuró, no he podido llegar antes a dar al Emperador, y al Pontifice los pliegos con que la Reina me envió; pero aquí pienso esperar a que acaben la función en que están, por si después de ella, tengo la ocasión de cumplir con mi embajada, si lo permite el dolor; con que me afligen a un tiempo celos, ausencia, y amor. Raro prodigio! Milagro como este jamás se vio! De qué causa, Cielo Santo, procederá este rumor? Aquí mi amo sale, de él saberlo espero. . Oh gran Dios! tus obras son de quien eres el testimonio mejor. Si no vienes muy de prisa, dime, qué es esto, señor? Que apenas a Constantino Silvestre subministró el Agua, que en el Jordán Cristo de Juan recibió, cuando no solo en el alma hizo su afecto impresión, sino en el cuerpo también, pues de la lepra quedó sano, sin dejarle de ella ni una señal exterior. Eso es decir que ha quedado hermoso, cosa que hoy parecer muchos desean con oficiosa invención, pues para estirar el curís, y aclarecer el color del rostro, en afeites gastan dinero, que es compasión, lo que para socorrer a pobres fuera mejor. Según lo que moralizas, pareces Predicador. Serlo quisiera de ti, por lograr tu conversión. No tienes que hablar en eso. Con que no hay remedio? . No. Con qué has de ser Gentil? . Sí. Pues toma ese mojicón, . entre tanto que otros muchos de este tamaño te doy. Ay qué me ha muerto! Qué haces? Castigar a este bribón, porque renegar no quiere de su maldita opinión. Déjale. . Si dejaré; pero con la condición de que no pare aquí más: ea, vete. . Ya me voy; y puede ser que algún día me la pagues, picaron. . Yo pagártela? no es fácil, porque aunque hombre bajo soy, en esto de no pagar, me precio de gran señor. Feliz suerte la mía, (oh Padre de la Iglesia Soberano!) pues por vos este día gozo tan altó bien, tal dicha gano, como estar ya en su Gremio recibido, y verme a mi salud resticuido. Demos con fe constante gracias al Cielo, por mencedes tantas. Si una nueva importante me permite llegar a vuestras plantas, podréis por estos pliegos informaros de otro suceso, digno de admiraros. Quién es quién os envía? Es la Reina de Tracia, mi señora. Elena, madre mía? Oh cuanto bien el alma hoy atesoral leer quisiera, si me dais licencia. Yo haré también la misma diligencia. Según le ha ponderado, . que sea no dudo caso peregrino, y bien, como admirado, suspenso lo denota Constantino, que en las obras de Dios, cada momento, un portento succede a otro portento. Mamadre aquí me dice, que a Jerusalén pasa diligente, cuyo asunto felice, de orden Divina, es hacer patente la Cruz Santa de Cristo, que la tierra, por tantos años, sepultada encierra. Eso mismo me avisa a mí en la suya, y que solicitaba efectuar su viaje, con tal prisa, que el temporal para él solo aguardaba, con que ya en alta mar la considero. Pues yo, sin dilación seguirla quiero, porque con mi asistencia, respuesta más conforme dé a su carta. Por justa vuestra ausencia tengo, con tal motivo, y cuando parta el Mensajero, llevará la mía, con recíprocas muestras de alegría. En interín que explique mi gratitud, con dádivas mayores, quiero que se edifique un Templo suntuoso, que en primores, y en magnitud le admire todo el Mundo, por primero en la fama, sin segundo. Básilica se llame, y vos dueño de Roma, que os la cedo, con que su Emperador siempre me aclame, y con ella sus rentas os concedo, porque de mi fe dando testimonio; venga a ser de la Iglesia patrimonio, Vos la ensalzáis de suerte, que ella el clarín será de vuestro nombre. Oh quiera Dios que yo a servirle acierte! que sin su auxilio no hay ciencia en el hombre; pues solo aquella lo es, que bien mirada, en el temor de Dios está fundada. Perder no pienso instante en la disposición de mi partida, pues Armada bastante siempre se halla en mis Puertos prevenida. Con Oraciones yo podré ayudaros, ya que por mí no puedo acompañaros. Vuestra bendición sea la que mejor aliente mi designio, al fin en que hoy se emplea. Dios con la suya os dé su patrocinio, y os vuelva con salud. Mas que mi vida, deseo ver su voluntad cumplida. Mostrenzo? . Señor? Vamos, pues fuerza es, donde vaya, irle siguiendo. Y si nos embarcamos, será fuerza también ir yo temiendo, que al mar de zampuzarme le dé gana, y de mosquito me convierta en rana. . Oh qué bien recibido ser de la Reina espero, cuando sepa el milagro en su hijo sucedido! Pero como es posible que en mi quepa gusto alguno si voy a sentir, Cielos de Astrea rigores, y de Enrique celos? Si celos, y rigores afligen a un amante de manera, que vida, y alma rinde a sus temores; qué haré yo? cuya saña, siempre fiera, en vano al hombre avasallar pretende, pues Dios de mí le guarda, y le defiende. Y para que mi tormento crezca al paso de mi envidia, con quien hoy de sus favores hace obstentación más fina, es esa insigne Matrona, a quien la ejecución fía de manifestar al Mundo la más preciosa Reliquia, que en su Iglesia se venere, después de la Encaristia: o sus efectos, mejor que mis pesares, lo digan. Luego que a la Ciudad Santa llegó Elena (sin que admita del causancio del camino reparos a su fatiga pasó al Calvario, y en él (por inspiración Divina) señaló el sitio que guarda la Cruz, que hallar solicita; y mandando derribar el Templo que le domina, en que a Venus hasta entonces dio culto la Idolatria, grande número de Obreros a cabar en él aplica, con que es forzoso encontrarla. O antes el Cielo despida nuevos rayos contra mí, pues cuantos de ella consigan alguna parte, seguros vivirán de mis insidias. Pues qué hará el original, si aún su copia participa de tal virtud, que me causa mortal asombro su vista? Pero como desconfío, si aunque la halle, confundida con las dos de los Ladrones, quedará siempre indecisa, pues están todas tres juntas, y su forma es una misma? Con que poco importa el celo de Elena, ni que la asista Constantivo, cuando logra tan a punto su venida, que viendo estoy desde aquí con cuantas tiernas caricias le recibe, y él las paga con sumisiones rendidas. Pero dejando en su efecto suspensa la astucia mía, en Flabio, y Enrique obre, porque de su amor se siga (restados a competirse alguna espiritual ruina; de cuyo empeño, ya el caso projimo en los dos semira, pues a hablar a Astrea, Enrique llegó, a tiempo que venía Flabio en su busca; y haciendo de unas ramas celosla, oír oculto lo que hablan previene: aquí de mis iras, aunque no son menester donde los celos militan, pues en sus ardientes furias todo un infierno respiran. . Ceda una vez a mi ruego vuestra ingratitud; no esquiva el triunfo de la hermosura le deis a la tiranía: que a los halagos de amor, qué pecho hay que se resista? El que sabe que la lengua no siempre verdades dicta; si bien, que lo sean, o no las vuestras, nada me implican: Pues a quien no ha de apreciarlas, de qué le sirve inquirirlas? Si la voz de Enrique fue rayo, que el alma fulmina, la de Astrea, reparar pudo el golpe de su herida. Que ni una sola esperanza vuestro rigor me permita! Ved que tanto extremo, es mas que crueldad, ojeriza, cuando mis ansias. Señor. Qué dices, Retaco? Aprisa, si hablar al Emperador quieres, el paso encamina adonde la Reina está en su obra divertida, que ahora de llegar acaba; y como dadome habías orden de que te avisase, vengo puntual a cumplirla, como criado moderno; porque quien el primer día no hace bien cuanto le mandan? Diligencia es tan precisa, que no la puedo excusar, aunque malogre esta dicha. No digo que perdonéis, que pues mi fe no os obliga, pienso que antes en dejaros os daréis por bien servida. . Qué fineza tan cansada! y aún más que cansada, indigna, por ser de quien, por Gentil, miro con antipatía. Seguiré a mi nuevo amo, y si con la comitiva viene, acompañando al suyo, Mostrenco, por cosa fija tenga, que de sus cachetes me ha de pagar la mohína. . Yo llego a hablarla: qué dudo? que pues de Enrique no estima el cortejo, en esta parte la dificultad vencida, los demás inconvenientes el valor los facilita. No extrañéis que a vuestros ojos vuelva, señora, con vida (cuando la ausencia en quien ama es la que de ella le priva) porque al contrario de todos (siendo del amor enigma) vivo a fuerza de infeliz, pues el mérito me quita, que, según vuestra promesa, muriendo por vos tendría. Y cuál mi promesa fue? La que tan presto la olvida, bien se ve que no la llizo con ápimo de cumplirla; y ya que vos la olvidéis, es bien que yo la repita. Esta fue (dudando que haya quién muera de amor) que el día que practicada en mí vieseis fineza tan exquisita, esperar vuestro favor, por premio de ella, podía. Ya me acuerdo; pero como tanto del supuesto dista la verdad, no llega el caso de que me culpéis de omisa. Sí, mas yo. No prosigáis; y advertido de que erba notando, por pasatiempo, la multitud infinita de gentes, que el campo inunda, de la novedad movida, con que a buscar la Cruz Santa hoy la Reina se dédica, sin que más que esa criada de mi familia me asista, porque basta a mi decoro ser por quien soy conocida; no me impidáis este gusto, quedaos, pues. . Celosas iras, qué es lo que llegáis a ver? cuando a continuar volvía la plática con Astrea (después que la bienvenida di al Emperador, por ley de mi urbanidad precisa a Flabio con ella encuentro? El que obligar solicita con rendimientos, no sabe ofender con groserías: Id con Dios. Guardeos el Cielo. . Solo permitid que os diga, que si amor vive en el alma, no en vano el mío confía ver a precio de mi muerte, vuestra palabra cumplida. Antes (sea la que fuere sabré cumplir yo la mía, dando por mi propia mano castigo a vuestra osadía. Deteneos, y hasta oírme, vuestro enojo se reprima. Si haré, por justificar mas la razón que le incita. Yo amé a Astrea tan rendido, que su condición altiva, en mi concepto, fue más que ceño, soberanía. Amasteisla vos también, y para que no os compita, licisteis conmigo alarde del poder que os autoriza. Si por Duque de Bohemia, y por la prerrogativa de ser de la Reina deudo, es vuestra persona digna del mayor respeto en todos, (como el mío lo confirma) no es para que presumáis, que a obedeceros le obliga al que no es vuestro vasallo; y así mi amor determina no desistir de su empeño, por más que lo contradiga el vuestro, pues será entonces el valor quien lo decida. . Yo, a ese fin, sabré seguiros, donde, al volcán de mis iras, dejéis de arrogancia tanta, el escarmiento en cenizas. . Y yo también a ese fin sabré avivar la encendida celosa llama de Enrique, al soplo de mi malicia. O, si como de su efecto son forzosas las premisas, lo fuesen, de que la fe de Elena, menos activa, dejara de atormentarme, siempre de Dios asistida! Y más cuando descubiertas ya las tres Cruces se miran, y aún fuera del centro, que sepultadas las tenía; pues aunque la duda en todos igual confusión motiva, (cuando, para conocer la que buscan, no examinan seña especial en alguna, por dónde serlo colijan.) no por eso, no por eso mis temores se mitigan; porque si esta empresa, Dios a Elena tiene ofrecida; primero que su palabra, faltará cuanto ilumina. el Sol, que de un polo a otro mide las opuestas líneas; con que ninguna esperanza me queda de confundirla; y así solo aguardo a ver (aunque de verlo me aflija con más causa) en qué prodigio su arcano decreto libra su revelación; y más, cuando dicen a su vista, mezclando música, y llanto, los que a tanto logro aspiran. Danos señas, Dios inmenso, de tu Santa Cruz bendita. Oye, mi Dios, nuestras ansias, y no atiendas, al oírlas, a nuestras culpas, sino a tu bondad infinita; y si la fe con que te amo, con mi obediencia te obliga, cuando vengo en busca suya, de tu precepto inducida. , . Danos señas, Dios inmenso, de tu Santa Cruz bendita. Si después que en ella diste, por nuestra salud, la vida, por bandera la dejaste de la Cristiana Milicia, para que nuestra Fe quede con ella fortalecida. , . Danos señas, Dios inmenso, de tu Santa Cruz bendita. No cesen nuestras instancias, volvamos a repetirlas, que para Dios nunca fueron descorteses las porfías: Digamos a una voz todos. Qué lástima! Qué desdicha! Esperad, hasta saber quien este alboreco excita, inquiriendo de el la causa Yo la diré bien aprisa: Enrique, y Flabio salieron a reñir por una Ninfa, o una Dama, que como es cuestión de nombre, no implica usar de cualquiera de ellos. Sin duda por mi sería, cuya contingencia en Flabio, a mirarle ya me inclina (como a causa de su empeño) sino afable, compasiva. Esta es la causa, que no fue difícil inferirla de las razones, que mal cauteladas, diciendo iban; y aunque estorbarlo quisieron algunos que los seguían, fue por demás, porque ya cuando llegaron, había muerto Enrique a Flabio. Qué oigo! llegó el término a mi vida. Ay de mi infeliz! a Qué es eso? Que estatna de nieve fría la dejó a Astrea un desmayo. De aquí, Nise, la retira, y encarga que en sus remedios, como a mi propia la asistan. Tú, Aurelio, en busca de Enrique irás, con una partida de Soldados de mis Guardías, y en esa Torre vecina. le asegurarás con ellos; que no por ser sangre mía, pueda ninguno decir, que me negué a la justicia. . Clame al Cielo la venganza de una maldad tan impía. Acá se acerca el estruendo. Y aún el cadaver, si miras, ser los que le traen, los mismos que de su desventura gritan. Diles, que aquí le conduzgan. O providencia Divina? cuanto le debe a tu amor el que en tus piedades fía! El triunfo de este fracaso, a mi tormento le sirva de consuelo (si es que puede darse alguno a mis fatigas) pues muerto en culpa, no dude que a Dios este alma le quita; aunque suspenso su juicio, su sentencia no pública. Ya te traen a Flabio aquí, los que por esta obra pía, de la Caridad pudieran formar una Cofradia. Ponedle en el suelo, y una de las Cruces (la que elija vuestro arbitrio) le aplicad. Su disposición me admira. . Y a mí, con no sé qué dudas de su fin, me atemorizan. Ya puesta sabre el cadáver está. . De que nada indica en su examen mi discurso; y así de restituirla tratad a su puesto, y de otra usad en la forma misma. Cero, y va una. Parece ser medio, que Dios la inspira, el que vemos, para obrar alguna gran maravilla. Y para que con mi rabia el fuego avive a mis iras. Ya está la segunda Cruz en la forma sobredicha. Y también veo, que nada nuestra confusión alivia; traed esotra que queda. Esta ha de hacer (cosa es fija) lo que no han hecho las dos, si es que a tres va la vencida. Y así lo temo, pues sobran las circunstancias ya vistas, para no dudar el fin adonde van dirigidas; y antes de verlo, por no hacer mayor mi ignominia, iré a influir en Magencio estragos, muertes, y ruinas contra este Imperio, y en tanto, pene, llore, sufra, y gima. . Acompañemos las voces del labio, con ansias vivas del corazón, no se hagan ineficaces, por tibias; y así, con nuevo fervor, juntas nuestras voces digan: Danos señas, Dios inmenso, de tu Santa Cruz bendita. Ya en mí las tenéis, pues cobro con su contacto la vida; y si la salud del alma a todos nos comunica, en cuerpo, y alma dos veces. hace que yo la reciba. Milagro, milagro. El alma de puro gozo no anima. Quién; con tan raro portento, no la tiene suspendida? Milagro, milagro. Cese un rato la vocería, para que pueda decir, a modo de profecia, que de todo el aparato que tenemos la vista, en Santa Cruz de Madrid se verá un cuadro algún día, en el medio del Retablo de su principal Capilla. Dejad que a mis manos pase, para que en ellas la rinda nuestra adoración las gracias del bien que nos combnica. Permitidme, que de mí el primero las reciba, como quien con más exceso de su favor participa. Pasemos a la Ciudad, y en tanto que la edifica Templo mi devoción, donde continuamente subsista su culto, en otro se ponga con la ostentación debida, si alguna puede juzgarse de tan gran tesoro digna: y allí podremos mejor, con solemnidad festiva, como devota, ofrecerla de nuestra fe las primicias. Empeño es también del Cielo el celebrarla este día, pues me parece que oigo, por el viento difundidas voces, que exceden de humanas, en dulzura, y armonía. Lo mismo a mí me parece. Y a todos. . Pues para oírlas con más atención, de salva nuestro silencio la sirva. Albricias, mortales, albricias, albricias, pues hoy os da el Cielo la Cruz, en quien cifra la Iglesia sus glorias, la Fe su divisa. 1. Ese Sagrado Leño, tabla donde está escrita la Redención del Mundo, con la Sangre preciosa del Mesías. 2. Si tronco seco antes, fecundo ya se mira, pues que todo un Dios Hombre. fruto fue suyo, dando en él la vida. Y pues qué lográis tan superior dicha, albricias, albricias. Pues en la que celebramos causa de nuestra alegría interesadas se muestran las Celestes Jerarquías con las suyas, será bien que nuestras voces repitan. Albricias, mortales, albricias, albricias, pues hoy os da el Cielo la Cruz, en quien cifra la Iglesia sus glorias, la Fe su divisa: albricias, albricias.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA ARma, arma, guerra, guerra. T Viva Magencio. El alcance seguid, y de los Romanos ninguno con vida escape. Soldados, a retirar, pues no hay fuerzas ya que basten a resistir el sangriento furor de tanto combate. Él puente ocupad, primero que de la Ciudad se amparen, que hoy he de aumentar del Tibes la corriente con su sangre, tanto, que munde los campos, rompiendo el coto a su maigen. No es posible que los nuestros, ya el paso les embaracen, pues tomados los caminos tienen de una, y otra parte. Qué importa que por sus muros Roma sea mexpugnable, si en un continuado sitio será su cuchillo el hambre? con cuyo suceso aguardo de Constantino vengarme, pues por un leve delito, envió a quien me arrestase con estrépito de armas, de que supe cautelarme para no dar en sus manos, y venir adonde iguale la fortuna de servirte, a la honra de ampararme. Y yo el menor escudero . de este Caballero andante, no sosegaré tampoco, hasta dar con el infame de Mostrenco, porque con lo acedo de mi coraje, aquel pellejo de vino, se le vuelva de vinagre. Sabiendo que de esta guerra el efecto consultaste con tus Agoreros, quise yo también investigarle, (como quien profesó siempre de la Mágica las artes y hallando que había de ser a tu intento favorable, tanto, que todo este Imperió te aclamaria triunfante; a su empresa te animé, ofreciendo acompañarte yo en ella, porque mejor su presagio acreditases, pues a recelar mi riesgo, fuera muy otro el dictamen. Esto es desmentir mi ser con razones naturales. A una, y otra expresión, debo agradecido mostrarme, y más cuando es la experiencia el crisol de sus verdades. Tú, Enrique, fía de mí, que tus Estados restaures, y tú, que mi gratitud en ningún tiempo te falte. Lo que ahora es menester, es, que de buscar se trate un hombre, que con astucia, y valor, al campo pase del Enemigo, y en él tome lengua. . Eso es muy fácil señor, si de mí lo fías. Qué dices! atreveraste tú a ir? . No es a tomar lengua? ̱. Sí. . Pues no hay porque lo extrañes, que no solo lengua, pero manos tomaré, y cuajares, si es menester, aunque sea (sin que el concurso me ataje) en el Rastro de Madrid, Sabado Santo en la tarde. Quita, loco. Antes para esto el ser loco es importante; pues quien, estando en su juicio, quiere ir por otro a matarse? Sin que te valgas de espías, sabré yo facilitarte las noticias que deseas, haciendo en representables objetos (que forma, y voz de tus contrarios retraten que oigas lo que con los suyos Constantino consultare; y más ahora, que asistido de Silvestre, y de su madre, podrás de su conferencia saber sus designios. Tate: Usar de conjuros quiere? no paro aquí ni un instante; pues como los encantados sin comer, ni beber pasen, por no dejar de beber, yo no quiero que me encanten. . Observar puedes lo que hablan, pues ya los tienes delante. Ya que dignamente busco en vos, Beatísimo Padre, y en vos, madre amada mía, el consuelo de mis males, (mejor dijera, en tal caso, el de todos) escuchadme, que aún la atención es piedad, con quien su alivio es quejarse. Después que fue descubierta la Cruz, por modo admirable, publicando su virtud por la boca de un cadáver, todo este Imperio, mundado se vio de calamidades, donde hasta el aliento ya es en respirar conarde. Desde que por mis Dominios entró Magencio arrogante con su Ejército, no hubo empresa que no lograse. El aurel de sus victorias, dilatado por instantes, como en su centro, se vio en sus sienes vejetable; y por decir de una vez adonde llega mi ultraje, sitiado en mi propia Corte, me sirve solo de cárcel. En fin (como en religión, en fortuna desiguales) de Dios destruyendo el culto, aumenta el de sus Deidades. Bien conozco ser mis culpas la causa de efectos tales, que las de, un Monarca son, para con Dios, las más graves; porque como es el espejo de los suyos, no es dudable que los errores de todos sobre su descuido caen. Y así, para que de Dios mueva las altas piedades, en lágrimas por los ojos mi corazón se derrame. Vuestras Santas Oraciones mi petición acompañen, porque sus méritos suplan lo que a los míos les falte; que si por un justo, Dios perdonar a muchos sabe, duplicado, vuestro ruego, hará mi perdón más fácil. Oh humildad, cuanto me asustas! . pues siempre de mi triunfaste. Mi onojo a su vista crece. . No viviré hasta vengarme. . Señor, los juicios de Dios son un todo inexcrutables; y si te metarjo alguno de cliva quiere hacer examen, juzgando por lo que ve, (sin que sus fines alcance) los males tiene por bienes, los bienes tiene por males; bien que debemos tener por principio indubitable, que aún, cuando más nos castiga, es piadoso como Padre. Pidámosle por la Cruz en que obro nuestro rescate, que de nuestros enemigos nos libre, defienda, y guardo No dudo que nuestro llanto de Dios las iras aplaque, si de su Madre también, como de la Cruz se vale; y así en nuestra protección sean hoy medios iguales, los que al nacer, y al morir fueron extremos distantes, pues si halló en la Cruz su Ocaso, su Oriente debió a su Madre. Mucho me da que temer . resignación semejante. A milagros de su Dios aspiran. Serán en balde, que contra el de nuestros Dioses ningún poder es bastante. Con vuestro Cristiano celo fervor me insundís tan grande, que en cada uno de los dos parece que me habla un Ángel. Yo nada por mi merezco, mas si está Dios de mi parte, no dudo, con su favor, vencer a Magencio. Antes, que con solo imaginarlo (aunque imposible) me agravies, serás sangriento despojo de este acero. Señor! qué haces? Qué sé yo? mas ya lo sé, pues sé, que al ir a matarle, yerro en Constantino el golpe, que solo imprimo en el aire. No es mucho, que arrebatado de la ira, te olvidases de que solo era una sombra con especies de su imagen; y pues que de sus designios de ella pudiste informarte, qué intentas? Poner al muro las escalas, y asaltarle, y que también los Arietes su fortaleza quebranten, porque a un tiempo Infantería, y Caballeria abancen: ueamos como se defiende, y como su Dios le vale. Ea, pues, a la muralla, y formados los ataques, toca a embestir. Yo el primero seré que el escudo embrace, y la lanza empuñe, dando asombro, y envidia a Marte. Eso sí, todo sea guerra: que de la que el Cielo me hace, mi mayor venganza es que la haya entre los mortales, porque como hija del odio, no hay delito que no arrastre. . Ninguno llegue a extrañar el verme con este traje, que el hábito no hace al Monje, ni en mi es virtud lo que es arte. Híceme Demandadero de la Cruz, por si medrase mas, que con servir, con ella; y aunque no tengo más gajes de esta suerte, no tendré por lo menos quien me mande, que la vida más dichosa es la de los holgazanes, pues toda su honra estriba en solo matar el hambre. Esta demanda, por nueva, me da entrada en todas partes, porque hasta en las devociones toda novedad aplace; y en fin un Deo gracias mío es de sus puertas la llave; y más en Palacio, donde gustan de mis disparates las Damas, pues con su risa los graduan de donaires que no hay cosa como ser sabandijas, o truhanes; pero Astrea viene aquí: entonada mi voz, clame como suele, porque acuda al bolsillo antes con antes. Den para la Cruz, devotos, así Dios quiera librarles de aquellos, que con dos caras son como tela a dos haces. Hermano, sea bienvenido; qué hay de nuevo? Muchos males. Si hay circunstancia, pregunto, que los alivie, o agrave. No sé si podré decirlo . sin lágrimas. Ea, acabe. Ya acabará con nosotros ese Herodes formidable de Magencio, como sí con inocentes tratase, pues que tocando a deguello, ordena que el muro abancen. Busquemos a Dios con fe, si queremos obligarle. Un bribón, a quien un toro le iba siguiendo el alcance, parándose en la carrera, pidió a Dios que le librase; y otro, que viéndolo estaba, dijo, dándole vejamen, fiate en Dios, y no corras. Lo cierto es, que en cualquier tras la fenos valdrá, si ufamos de los medios naturales. Bien, y pasando a otra cosa, digo, que dio muestras grandes de su mucha caridad la hermana, con desmayarse por la desgracia de Flabio; aunque a otro efecto lo achaquen los que dicen, que sus ojos (cupidillos de azabache le hicieron ser al pobrete blanco de sus flechas. Baste, no diga más que no gusto que en esa materia me hable. Si es acaso porque él viene, yo me voy por no estorbarle; pero la santa limosna es bien que venga delante. otro día. Eso no entiendo; que si usted quiere casquearme, sin ser Lunes hoy, mañana me dará con la del Martes. No es por no darle, sino porque no traigo que darle. No la faltara de sus alajillas manuales una, que la Cruzadorne. Este lazo de diamantes la ponga en mi nombre, y mire que nunca ha de enajenarle. Cómo es eso ? Pues yo había de hacer ruindad semejante? Venga, pues, y a Dios: al punto pienso a divero cambiarle; y este, reducido a cuartos, haré que en cuartillos paren; que cualquier Demandadero alquilón, lo mismo hace. Permitid que mis obsequios os repita, fiel amante, publicando agradecido cuanto mi fortuna ensalce, ver que con vos mis finezas acreditadas se hallén, aunque a precio de mi vida; porque ya que la cestaure por piedad del Cielo, espere que la vuestra no me falte. Ya no tenéis que dudarla; más creed, que de ella nace únicamente mi amor, pues no pudiera obligarme, por si el vuestro, a no tener mi lástima de su parte. Bien vuestro desmayo dio de aquesa verdad señales, al oír de mi desgracia el suceso lamentable, (como por público supe) motivo dando bastante a la Reina, de inferir que fuese por vos el lance. Por entendida conmigo alguna vez llegó a darse, conviniendo en nuestras bodas; más fuerza es que se dilaten, hasta ver el fin de tantas lastimosas novedades. Ellas fueron la ocasión de que a su hijo acompañe, en vez de volverse a Tracia. Su confusión es tan grande, que el Pontifice, atendiendo, como es justo, a consolarles, el día en Palacio gasta, sin faltar de él ni un instante; y aquí viene con la Reina. Pues yo quiero retirarme, porque no me vea con vos. El Cielo, señora, os guarde para dueño de mi vida, libre de tantos pesares. . Quién de Dios ha recibido favores tan singulares como vos, señora, espere que su asilo no la falte, pues en los mayores riesgos obstenta más sus piedades. No el llanto mío se opone a la fomenta como medio. para Dios más agradable; pues quien se buscó llorando; que propicio no le hallase? Esto mismo me asegura, el que Constantino alcance, por premio de su gran fe, colmadas felicidades, En el Oraturio ahora que laba, que su incesante oración, es el recurso de sus repetidos ayes. Ya, Soberano Señor, que prometéis ampararme, no dudo, con y estro asilo, poner término a mis males. Los ecos, aunque confusos, de sus voces, no escuchasteis? Y con ellos en el alma sie to un gozo incomparable. De él saber la causa espero, puesto que a esta estancia sale. Las voces que oí del César, otra vez aquí me traen. Pues debo a vuestra clemencia, que de mi (oh gran Dios!) fieis los medios, con que hoy queréis mostrar vuestra Omninotencia; no obstante mi insuficiencia, conocez el mundo, Señor, que quien con vuestro favor en vuestro nombre milita, nuevo Moises, facilita el imposible mayor. Merezcaos saber la causa que os trae suspenso. A inquirir la misma duda, me obliga tan extraño efecto. Gíd. Fatigado el corazón, sin poder ya resistie el poso de tantas penas como cargan sobre mí; con más fervorosas ansias, que otras veces, ocurrá a la Providencia Suma de Dios, para sacudir el fiero pesado yugo que oprime nuestra cerviz, impuesto por un tirano eneniga suyo en fin. Dedicado, pues, a esta. deprecación, advertí- trasladarse al Oratorio de esos Orbes de Zafir, la Alba del más bello Oriente, el Sol del mejor Cenit. Eran Jesús, y María. los dos que descender vi, sobre los alhados hombros. de uno, y otro Serafín. Creciendo la admiración, del ver le pasó al oír, pues con dulce halago tierno ambos me dicen así: Consta tino, de tu mano podrás hacerte hoy feliz, siendo tus trofeos ya consecuencia de la lid. Vencerás, recuperando tus Dominios del Gentil, cuando una Cruz en el aire veas nuevo Astro lucir. Estas voces pronunciaron apenas, cuando de allí. desaparecen, y yo siento en el alma influir un tan extraño, tan nuevo espíritu varonil, que ya me parece un mundo. corta empresa para mí. Con los Arietes, Magencio, brechas intentando abrir, montadas Tropas previene por el muro introducir. Mas sin darle tiempo a que use de esa májima, o ardid, al campor a desalojarle del sitio pienso salir. Postraré su ardiente furia, publicando desde aquí la vecturia, pues que llevo a la Cluz por mi Adasid. A Enrique consigo trae (que ya lesave que huir pudo, cuando a Aurelio, yo orcen de prenderle di. Mas qué importa, si es del Cielo permisión, quizá, el venir donde con la muerte pague su arevoso trato vil, pues en favor de Magencio. armas tomo contra mí. Hoy, pues, ha de ser el día que logre Roma ceñí nuevos laureles, saliendo de su opresión infeliz; y pues a la Cruz se debe igual triunfo atribuir, tremolada en mis Banderas, dirá la Historia que fui el rimeto que en el Mundo la hizo en ellas imprimir: Como combién que una J, y una P,cifra sutil del Nombre de Cristo, informan la Ley que de el recibí, sobre mi Corona puesta, por dar a entender así, que la Ley en el Monarca debe a todo prefurir. Con estas isposiciones, notad, pues, y discurrid, si habrá en el contrario fuerzas que nos puedan resistir. Causa es de Dios; pues qué mucho que vuelva él mismo por sí, despertando justiciero a las voces de David? Y en su consecuencia, sean las que prorrumpa el clarín, sonoras para el ristiano, fanestas para el Gentil. Nunca su piedad el Cielo, a quien le auvoca, negó, y así, jamás dude yo vieses premiado tu celo. Y de su alta inspiración i inflamada la voz mía, ten por cierta profecia, que será tu sucesión siempre de Dios auxiliada, como escudo de su Fe, siendo de quien más esté derendida, y venerada. Y aunque den de esta verdad testimonos evidentes muchos de tus descendientes, con más expecialidad en un Leopoldo han de ser, y en su hijo Carlos, mayores, con triunfos más superiores del Otomano poder; por más que haba quien con arte dé a su enemigo favor, que no conoce al temor quien tiene a Dios de su parte. Sean testigos Cielo, y Tierra de que, lidiando en su nombre, no hay peligro que te asombre. Arina, arma. Guerra, nuerta. Señor, las brechas haviertas ya en la muralía se ven, y sus albmenas también de mil escalas cubiertas; y los tuyos de tal suerte juzzan vana su defensa, que nivos entre tantos, piensa seguro estar de la muerte. Acudiré yo a exhortarlos, leves dándoles mi acero, al ver que soy el primero. que dispone acompañarlos. Y a Magencio quiero darle. a entender, que es excusado el avance que ha intentado, cuando yo voy a buscarle. Sus huellas seguire. Oh gloria de Monarcas! bien se arguye, que alto espíritu te instuye, pues anunchas lavictoria. . Vos, señora, permitid. retirarme al Tomplo Santo, a hacer Oración, en tanto que esté pendiente la lid. Mas cuando por cierta doy la esperanza de vencer los que eran ruegos ayer, convertiré en gracias hoy. . Qué Reina, como yo ha habido tan dichosa, que pudiese decir, que un hijo tuviese de Dios tan faibrecido? Su inmenso Poder Divino jamás cese de alabar, pues nadie llegó a igualar las Glorias de Constantino. Pues seguir esta facción por Dios, y el César es justo, mal podrá en vos ser disgusto, lo que en mi es obligación. Qué cumpláis con ella es bien; pero que advirtáis os digo, que se halla vuestro enemigo en la campaña también. Yo os estimo la advertencia, mas ya, sobre aviso, noto ser mi riesgo tan remoto, que aún dudo la contingencia, para volver a empeñar al Cielo en defensa mía, que mo es para cada día morir, y resucitar. Arma, arma. . Pues a oír el toque de guerra vuelvo, no detenerme resuelvo. Por mi bien podéis partir, que no es cuerda la pasión, que a su amante ha deseado, antes que verle arriesgado, verle sin reputación. Es (como vuestra beldad raro vuestro entendimiento; mas mucho el dejaros siento. Aquesa dificultad vence, la sabré yo aquí. Cómo? Cómo entre los dos sea yo quien os deje a vos, primero que vos a mí: Guardeos el Cielo (ansia fiera! Id, pues, con Dios (pena rara!) Oh quién sin temor quedaral Oh quién sin irse partiera! Quien no tiene sujeción, por servidumbre, ni oficio, ya se sabe, que cuanto hay, quiere saber por sí mismo, y así vengo (a fuer de ocioso a ser de todo testigo, porque otro no me lo cuente: Pero qué veo! por Cristo, que mezclados unos, y otros, andan hechos un ovillo. Por uno, pues, y otro campo tan reció el combate miro, que aún las flechas que disparan mueven batalla consigo, siendo tantas, que se impiden unas a otras el camino. Gran cosa es ver desde afuera tirarse los Enemigos, que por otro tanto, ahí me las den todas se dijo. Desmandado de las Tropas venir veo un Soldadillo, que en los traspieses que da, muestra venir fugitivo, pues mejor que un Cerrajero sabrá este hacer un tornillo. Mas venga como viniere, no quiero que dé conmigo, pues no será (aunque sea mucho) su miedo mayor que el mío; y así en el hueco me zampo de la quiebra de este risco. , o , Viendo que el campo Gentil al primer choque ha tenido tan mal despacho, que viene huyendo, de él me retiro, pues quien los sigue, los hace mas que de paso, andar listos; y más cuando se descubre una peña en este sitio, mas hueca, que por lo vano, lo es un necio presumido: mientras pasa este antuvión, esconderme en ella elijo. Quién va allá? pero qué veo! Retaco es; buena la hicimos. No es Mostrenco? el mismo es; bien que el traje no es el mismo: En fin usted, seor compadre, a dar en mis manos vino? Y qué tenemos con eso? Muchísimo, muchísimo: Acuérdase de un cachete que me dio en cierto litigio? Yo siempre de lo que doy, como liberal, me olvido. Pues como buen pagador, yo no, de lo que recibo: Aquí has de morir. Repara. Repara tú, pues yo tiro. Pues cuenta con la cuchilla de este al fanje damasquino, que a un mándoble suyo haré tu espadín dos mil añicos; y así de rendirle trata luego al punto. . Ya le rindo. Ahora veamos como corres. Que me dejes ir te pido a mi paso natural. Eso es lo que no permito: tu dicha en correr estriba, porque si te alcanzo, es fijo, que una Cruz hecha en tu rostro he de dejar con dos chirlos, y con ser un signo santo, será para ti mal signo. Corre, si librarte quieres de mí, cuando solicito, con mi venganza, y tu fuga, verte dos veces corrido. Pues si ha de ser, de esta suerte, a puto el postre, las lío. Y yo de estotra, también (para cumplir lo que he dicho) pienso seguirte. to? Furores, abortados deel Abismo, contra cuantos de Dios gozan mas que comunes auxilios, como, a mi pesar, estáis en esta ocasión remisos? Quién será este figuron, que sin ser oído, ni visto, para embarazarme el paso, me machaca los ocicos? Cómo, espíritus secuaces, no os irritan los prodigios, con que el Cielo se declara en favor de Constantino? Él viene según su rabia, de mil suegras revestido. Qué haces aquí; vil Cristiano? Él me vio, yo soy perdido. Di, qué haces? responder, acaba. Yo nada (estoy tamafico) que a usted, ni a hadie lo enoje, porque solamente aspiro a que me dejen usar libremente de mi oficio, que es él de Demandadero de la Cruz, para quien pido. Mírela qué bien, compuesta de medarlas, y Sánticos la traigo, porque yo, cuanto me dan, a este fin lo aplico: (miento, porque antes compongo . de su caudal mi bolsillo.) mírela bien . Quita, aparta, o te sepultaré vivo. El que de mi cutlerto trate, no lo extraño, ni lo admiro, que no falta todo, pues ya traigo la Cruz conmigo. Elta es con lo que me ofendes. De lo que dices colijo, que tienes mucho de diablo, si no eres el diablo mismo. Cara la Cruz. . Calla, infame. Cata la Cruz. Fementido, villano. . Cata la Cruz. Si no callas, te haré añicos. No podrás, si ella me sirve de escudo. Pues divertido. está en no sé qué quimera, sobre que da muchos gritos, con este palo, que el monte me dio de balde, imaginopara volver a excitar R quedar vengado. Que a huir no te obliga mi exorcismo? Para irritarme a tu salvo, de buen medio te has valido. Ahora es buena ocasión; caiga sobre sus costillas. Digo, tenemos otro demonio? No lo es poco un ofendido. Qué es esto? Dar, que van dando. No es fácil el conseguirlo; pues yo haré que con mi fuga den tus golpes en vacío. . Seguirete yo, cobarde; pero es error conocido, pues cobrado el espadín, de mi agravio me desquito, y más yendo con más palos que llevar suele un borrico, de un yesero, cuando va derrengándose de vicio. Que le vea de tal suerte hoy mi espíritu abatido, que no de paso en que no halle mi rabia nuevo martirio! Mas qué mucho, si porfía contra un poder infinito? y aunque vencido se mine, nunca se da por vencido. Victoria por el Cristiano Emperador Constantino. O pese a mí! que estas voces áspides son a mi oído. Soldados, aunque veáis tan declarado el destino este día contra mí, no desmayen vuestros brías. Estas voces si que son conformes a mis designios, como el ver que Enrique, y Flabio encontrarse hayan podido, sus enojos vengativos; yaquí llegan: bien que ambos os aceros suspendidos. Si creyera que tu muerte fue cierta, como se dijo, forzosa mi admiración sería, viéndote vivo: mas no tengo que admirar creyendo haberla fingido, para librarte de mí con tan mañoso artificio. A quién contra mi honor forma un concepto tan indigno, mal persuadiré a que crea, que la vida con que animo es efecto de un milagro, que obró en mí la Cruz de Cristo y más cuando el que lo dudes por idólatra, es preciso. Pues hable, el acero, y calle la lengua. En eso me afirmo: veamos si sabes pelear, con como hacer un falso juicio contra mi fama. A esa duda . te responda el valor mío, haciendo ahora lo que entonces no hice: Pero Divinos Dioses, como permitís, (negándome vuestro asilo que de mí un Cristiano triunfe, y atropellado, y herido a sus pies me vea? Cómo es de Dios justo castigo. Y ultraje de mi poder, porque en él me vea vencido. Aunque pudiera matarte, no lo haré, antes compasivo al reparo acudiré de tu vida, dando indicios, con perdonarte; de cuanto es justa la ley que sigo, pues prohibe la venganza; y así espero, que rendido mi piedad experimentes. No en ella fundes mi alivio, pues no es dable que de ti admira ningún partido, porque no tenga esa gloria tu Dios, a quien yo abomino; y no de mí te asegures, que aún todabia respiro, siendo en tu estrago bolcanes, los que juzgas parasismos. Bárbaro, cuando no fuera en la guerra permitido, dar muerte, a quien indefenso quiere resistirse altivo, por blasfemo te matara, como de piedad indigno; y así, a quitarte la vida resuelto estoy. Y a impedirlo yo de mi poder usando; pero en vano lo imagino, pues para su ejecución, de Dios me falta el permiso. Muere a mis manos, aleve, Mal podré ya resistirlo, pues tu espada para mí en rayo se ha convertido: ay de mí! rabiando muero. No se diga que yo he sido tu homicida, sino solo de Dios un mero Ministro. Vuelva a la batalla, donde de la promesa que le hizo al Emperador, tan claros los efectos examino. . Aunque viéndolos estoy yo también, no desconfío de que ha de ser la victoria de Magencio. A quién he oído pronunciar mi nombre, cuanda vengo a hacer mudos testigos de mi desdichada suerte, a estos troncos, y a estos riscos? Yo soy el que te nombré, porque haciendo formal juicio. por la Mágica, del fin p. de esta batalla, he previsto, que aunque se vean ahora tus armas en tal peligro favorecerlas prometen Marte, y Júpiter benignos, porque continuados crezcan tus blasones adquiridos. Vuelve a exhortar a los tuyos en fe de mi vaticinio, que hoy Constantino, de Roma se verá desposcido, y tú en el Solio eminente de sus Césares invictos. Tú me lo aseguras? Sí,) Cómo lo vea cumplido, no solo de mis Imperios partiré el mando contigo, sino, que dueño de mi alma serás también. A eso aspiro; y pues a término ya los dos Campos han venido, que por el vencedor quede Roma, y todos sus Dominios, para que su efecto logre Magencio, de mi asistido, comboque a su favor todas las legiones del Abismo. . Aa de aquella mansión triste, donde se oye de continuo llorar las penas de un fuego, que nunca será extinguido. Aa de el Infierno. Qué mandas? Qué ordenas? que ya te oímos. Que con las formas horribles. de los monstruos más noscivos, cuyo aliento el aire infeste, con espantosos bramidos, su esfera ocupad, de suerte, que hasta el Sol, despavorido. asmo de tanto asombro, sienta trémulos delirios. Ya te obedecemos. Pues de la oscuridad valido, a Magencio con sus Huestes sin ser del contrario vistos) para que la Ciudad tomen, facilitaré el camino. s- Qué susto! Qué horror! Qué espanto! Valedme, Cielos Divinos, que de tal modo me ofusca la niebla, que no percibo si los dos Campos están mezclados, o divididos. Pero en tanta confusión, acudiendo al Patrocinio Soberano de María, y al sumo Poder de su Hijo, ver asegurado el fin de mi esperanza confío. Una Cruz, si no listado Iris, Astro si lucido, me ofrecisteis, por señal del triunfo que solicito; y aunque obra de Luzbel sea la que procure impedirlo, espero que la Cruz deje su encanto desvanecido. Y hace bien en esperarlo, al paso que yo en sentirlo; pues ya de aquel Leño (qué ira! en que dulce el horror hizo, el que, con morir en él, dejó al hombre redimido, un trasunto (nuevo Sol, de rayos más peregrinos) iluminando los aires, baja de el. Celeste Impirio. Huya dé su vista, y todos los espíritus conmigo, dando de mi ruina el lauro. a Elena, y a Constantino. gant IN HOC SIGNO VINCES. Ea, famosos Romanos, en la empresa que seguimos, ya veis como Dios se muestra cada instante más propicio: Esa Cruz, como advertís, trae en su círculo escrito IN. HOC SIGNO VINCES, donde manifiesta repetido lo propio que la visión en su anuncio me predijo. Pues a embestir. A vencer dijeras mejor. Perdidos somos, pues sin ver por donde; con nuestros contrarios dimos. Y ellos, bien se ve, que se hallan de su Dios favorecidos, como esta señal lo muestra. Poco importa, si advertimos, que ellos tienen solo un Dios, y nosotros infinitos. Muera Magencio Soldados, y viva el Nombre de Cristo. Viva, y zurra en los Gentiles, hasta desollarlos vivos, que su piel, para abujetas. de perro, podrá servirnos. Viva Constantino, viva; De contento salto, y brinco, que al son de estas voces, puede danzar aunque sea un tullido: Salve, Norte de mis dichas, de el Cristiano fiel asilo, Muro fuerte de la Fe, de Dios dulce Paraiso. Salve, y pues por tu virtud la victoria he conseguido, en hacimiento de gracias, mandaré por mis edictos, que a delincuente ninguno, en ton el Imperio mío, se le como hasta aquí, muert ruz por castigo, que la ha de venerarse, no ha de servir de suplicio. Sabe, señor, que Magencio desesperado, y precito se arrojó al Tiber, y de él Flabio el cuerpo sacar hizo, y cortando su cabeza, en baldón de su delito, en la punta de una lanza; con ella venir le miro. Y el Pontisice, y la Reina. tu madre, como hayan visto la hatarla fenecida, a recibirte han salido. Aunque accidentes, contrarios, strá esperanza vimos, a mu efecto no du le, Dios promatido, do a gloria, en estatuas portarán los siglos, el renombre de Magno, ernamente aplaudido. n. La enborabuena que os doy, eas la misma que recibo; que de una madre son propios. aplausos de los hijos. En la cabeza que veis, quisiera, señor, cudiros cuantas se oponen rebeldes de nuestra Ley a los Ritos. Después que a Dios le dé gracias por tan grandes beneficios, es justo que al bremio acuda de quien servida me miro. De Flabio lo estoy, y como no ignore, que amante fino es de Astrea, que sus boda efectuen les permito. Soy su esclavo. Y yo feliz. s. triste, Yo, atendiendo a sus iervicios, (siendo el no menor la muerte que dio a Enrique su enemigo, procediendo en ella, mas Cristiano, que vengativo) Cónsul de Roma le hago. Y yo volver determino a Tracia, pues todo queda felizmente concluido. Y la Comedia también; y si su Autor ha tenido la fortuna de agradaros, lo mostraréis con un victor, sirviendo a la devoción, y al ejemplo a un tiempo mismo. La Cruz hallada, y triunfante, y Glorias de Constantino.