Texto digital de La corona en tres hermanos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Vera Tassis y Villarroel
- Atribución estilometría
- Juan de Vera Tassis y Villarroel Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La corona en tres hermanos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/corona-en-tres-hermanos-la.

LA CORONA EN TRES HERMANOS
JORNADA PRIMERA
, , y , . Ya en festiva aclamación DE ARAGÓN Y DE PAMPLONA Viva el Rey Don Pedro. Viva. . Viva el siempre sin segundo, y en los términos del mundo su nombre eterno se escriba. parece que coronado Don Pedro está? Él ha empezado por una coronación. que es por donde acaban todos. Tarde llegamos, Castrucho. Don Nuño, pésame mucho; porque yo de todos modos vine de Jaca este día, a celebrar el Rey nuevo con mis versos. . No te niego que es gustosa tu poesía: Vamos ya a besar la mano al Rey nuestro de Aragón. Encajaré una canción al Rey, al Monje, o su hermano. Ya hoy de Sancho se destierra el luto, porque hoy es día que diga nuestra alegría. Arma, arma. . Guerra, guerra. Viva el Rey don Pedro. Viva. Viva el siempre sin segundo, y en los términos del mundo su eterno nombre se escriba. Hay más rara confusión! unos riñen; y otros cantan, cierto que hay cosas que espantan, sin saber porque razón! Digamos con todos, viva. Viva él siempre sin segundo, y en los términos del mundo su nombre eterno se escriba. Por Sacerdote, y hermano beso tu mano el primero. Ramiro, alegre te espero, con toda el alma en la mano: llega a mis brazos. . Señor, aunque mi ventura crece, mi indignidad no merece tan soberano favor. Con piedra blanca Aragón numere este feliz día, y en retórica alegría mudo hable mi corazón, para que elocuente diga, Viva él siempre sin segundo y en los, & Hermano Alfonso, consuelo, descanso, aliento, columna, donde toda mi fortuna afianzo alza del suelo, llega, llégate a mis brazos. Dios te dé felicidades, Permita que las edades no disuelvan estos lazos; llegad, Don Pedro Atarés. Eterno hiciera este día, si pudiera el ansia mía conseguirlo. . Aquesto es, que un día de Junio hiciera, que es eterno en lo que dura: si así fuera una hermosura, pocos afeites hubiera. De Aragón es la fortuna, cuando es el merecimiento vuestro solo, así lo siento. Guardeos Dios, Gómez de Luna; llegad, García Vidaure. Con el alma. Ahora te llama. Llegad, Ferriz de Lizana. Dios por vos su Fe restaure, Señor, mi silencio basta a ponderar, aunque mudo, mis afectos. . No lo dudo; Nuño Pardo de la Casta, que es bien que este nombre os cuadre, cuando de temores llenos, pardos Moros Agatenos ilustraron vuestro padre. Señor, Poeta nací, y en este destino día, con mi copia, y mi alegría; quiero llegar así así. Y pues en Jaca he nacido, digo, que vivas de veras, aún más que mis faltriqueras, sin tu moneda han vivido: Tanto como el Fénix vivas, y tanto, como un apodo, y para vivir lo todo, vive más, que vive Cribas; porque con la copla diga, Viva el siempre sin segundo; y en los términos,. Arma, arma. Guerra, guerra. Hay novedad? 4̱. . Nuevas tropas, que van llegando. . No pocas Huesca en sus muros encierra; pero allí han de perecer, o luego se han de entregar. Mando tocar a marchar? Antes me habéis de atender: Don Nuño, a Jaca volved, y decid a Don Fortunio, quema asista. . Su infortunio desvanece tal merced. Del Francés Ínigo Arista, tronco robusto, que al ceño de la edad ha producido tanta llustre Rama al tiempo. De este pues, progenitor, cuyo alto fecundo aliento en el campo de los siglos recogo frutos eternos, bien sabéis, hermanos míos, cuan lastrosos descendemos; quiera Dios que las memorias, que dejan nuestros abuelos, sean aún más para imitarlos, que no para conocerlos! Fue nuestro padre Don Sancho Ramírez, que en mejor Reino, por su alta virtud alcanza el nunca inconstante premio. Casó con Doña Felicia, hija del noble, el guerrero Don Argamont de Balbastro, Conde de Urgel, y honor muestro; Sitió a Cuesca (aquí el dolor me enmudece) y quiso el cielo, que al reconocer el muro (todo en lágrimas me anego) una saeta (ay infelice!) o un áspid, cuyo veneno abrigó el infiel Pagano en su obstinado sediento corazón, saliera airado a embeberse en tanto Regio, magnánimo, generoso, heroico, su vencible aliento, desde lo duro del arco, a lo blando de su pecho. Disimulando la herida, sacó la flecha del cuerpo, y retirado a su tienda, para discordia, y sosiego común convocó a los Ricos hombres, a quien hizo a un tiempo, que a Alfonso, y a mi juraran por Príncipes, y Herederos. Este fue el sosiego que nos dejó, reconociendo, que en su muerte sosegaba la alteración en los Reinos, ya por dilatar el día, o ya por otros pretextos: pues no ignoro que en la guerra pelea con más acierto la quietud de una Cabeza, que la multitud de un pueblo; La discordia fue nacida del santo rencor, del ceño religioso, que observaba contra ese Moro soberbio, por exaltar de la Fe los sacrosantos misterios, extirpando en sus Mezquitas los bárbaros sacrilegios. Movido, pues, de este justo fervoroso amante celo, a Alfonso, y a mí tomó inviolable juramento de no levantar el sitio, hasta que Abderramen ciego nos entregue a Güesca, y todos los demás vecinos pueblos. Jurámoslo así, y los más sois testigos verdaderos, como también de que hasta ahora en este prolijo asedio no hemos dado ociosamente treguas al desasosiego: Y así, mi Alfonso, y Ramiro, para esta empresa os espero, a uno con las armas, y a otro con oraciones, y ruegos; y sobre todo, con llanto, que es llave que abre del cielo las puertas de la piedad, para conseguir venciendo; que esté un pueblo peleando, cuando está un Moisés gimiendo, El sacro laurel que hoy ciño le dividiera en Imperios, si pudieran avenirse, tres Coronas en un Reino: Y pues esto, hermanos míos, es acto negado, creo, que no lo será el que ponga por conveniencia, y obsequio la Corona en tres hermanos, a quienes mando, y venero, Iguales serán las glorias, vuestros heroicos progresos seguid, y sobrellevad en vuestros hombros el peso de esta Monarquía, de este corto dilatado Imperio, conociendo que este ilustre glorioso laurel excelso, si a mí la dicha, a vosotros os le dio el merecimiento. Vasallos, deudos, y amigos haced que traigan el cuerpo de San Vitorián al campo de Alcoraz, por ver si el ruego, el clamor, llanto, y suspiro llegan a Dios por su medio, Ahora es tiempo, nobles hijos, de mostrar la ley, el celo, y la lealtad, con un Dios, con un Rey, y con un Reino; con un Dios, si peleáis fervorosos, y sedientos de más Fe, contra el injusto Bárbaro monstruo blasfemo; con un Rey, si resignados, firmes, unidos, sujetos, observáis, como inviolables, sus órdenes, y consejos; con un Reino, si usurpáis el torpe tirano Imperio a un infiel, que irreverente profana sagrados Templos. Y así guerra contra el Meros y pues Dios, el Rey, el celo de Católicos Soldados os conmueve, y os da esfuerzo, no desistáis de esta empresa, pues laureles, y trofeos, aún sin conseguirlos, pueden coronaros, porque es cierto que la gloria de intentarlos, lleva tras si el merecerlos. Ea, acuerden vuestros triunfos los de tanto ilustre abuelo, que en el padrón de los siglos viven justamente impresos. No el ocio sea la fatiga quien descanse con los premios, para que con reverentes. santos belicosos ecos digamos en voces varias, unidas en un concepto, Arma arma, guerra guerra; San Jorje, Santiago a ellos. Viva el Rey Pedro. Viva. Viva él siempre sin segundo, y en los términos del mundo su nombre eterno se escriba, El primero seré yo, que encomiende este suceso a Dios; y también, hermano, haré que en suspiros tiernos se lo ruegue mi Obispado de Pamplona, y Burgos, puesto que es el mayor sacrificio el que se enciende en el pecho: Y a San Ponce de Tomeras, con tu lcencia me vuelvo, que no es bien que un Religioso esté fuera tanto tiempo de su casa, y allí haré falta, y aquí servirte no puedo. Dios te guarde, hermano mío Y te dé feliz suceso. Adiós, hermano Ramiro. Tu vida prospere el cielo, . Arma, arma, Ocupa ya la vanguardia. Alfonso amigo. . Yo ofrezco morir srviéndote, antes que quebrar el juramento Lo mismo ofrecemos todos. En Dios hallaréis el premio. Pues muera el Bárbaro. Muera. San Jorge, San Jorge, a ellos; guerra contra Güesca. Guerra. No desmaye vuestro aliento, viva el Aragonés. Viva. Ea embistamos, diciendo: Arma arma, guerra, guerra; Santiago, Santiago a ellos. . Viva el Rey Don Pedro, viva. Viva el siempre sin segundo, y en los términos del mundo, su nombre eterno se escriba. Arma, arma, guerra, guerra, San Jorge, Santiago, a ellos. El jabalí sube herido. Seguidle, al monte, a la cumbre, Venced su alta pesadumbre. Todo va en sangre teñido, Al monte al monte, Don Juan lucha con él. Gran locura! Seguidme hacia la espesura. Hacia lo fragoso van. Por más que esgrimas aquí tus transparentes aceros, serás de mis pulsos fieros. Ay infelice de mí! Con el jabalí ha rodado. Al valle. Ay hijo querido! Qué importa que haya caído; si aún ahora no he desmayado? Entre mis robustos brazos. el aliento has de dejar, porque si has de respirar, has de deshacer mis lazos. Hacia aquí cayó, lleguemos. Ni aún mis voces llegarán. Aquí esta; pero Don Juan! ya se aumentan mis extremos! mas como en rigor tan fiero lidio antes con mi dolor, sin castigar el furor de este horrible monstruo, fiero? Oh quien con versos astutos venciera tanta porfía pero esto de la poesía no es plato para los brutos. Libre estás. Y agradecido, pues a tus plantas confieso deudora a mi vida. . En mí eso de obligación ha nacido; no sé qué influjo secreto a mirar por ti me mueve? Yo sí. Nuño, más me debe la confusión mi respeto; que luego hubiera de ser quien me viniese a librar! Que luego hubiese de hallar motivo de enmudecer Mas puede ser que algún día. Mas puede mi cruel dolor, Os pague tanto favor. Dar más luz a la alma mía. Mas como en lid que me abraso me acuerdo de ser mujer? . dónde será? Aquí ha de ser, bajad todos a buen paso. Mi padre me ha respondido, para confundirme más. Juan hijo; cómo estás? Señor, muy favorecido, pues de ese bruto feroz don Nuño libró mi vida, y por ser más mi homicida, el aire selló su voz. No te entiendo, Yo tampoco, a Don Nuño lo agradece. Es mi sobrino, y merece por esta acción. Estoy loco que puedo merecer yo, cuando obligado me hallé con su riesgo? . Buena fe, si agradecimiento no, dad a Don Nuño los brazos. Eso si haré, y no te asombre. que hermosa presencia de hombre Teme no te haga pedazos. Abrazadme, que ya os quiero por vuestro valor no más, A un León los brazos das, y a un honrado Caballero. Vuestro aliento en su porfía con firme heroica excelencia, si se cae de contingencia, se tiene de valentía. Pues nadie llegue a dudar, que Juan, sin ser mujer, nunca ha habido menester caer, para levantar. Calla tú. Pues para que un hombre ha de ser poeta? Para callar. Esa es secta con quien tengo poca fe. Mas yendo al primer motivo, Fortun, que aquí me ha guiado, es, porque el Rey me ha mandado te llame. . De nuevo vivo! A Güesca tiene cercada, y hace falta tu persona. Mucho con honras me abona, y más si está perdonada mi culpa injusta. . Cuál es? Ahora le voy a servir, el como te he de decir, mas le has de saber después: Don Juan, vuelve al fuerte luego a descansar. . No hay en mí cansancio ya. . Un jabalí para él es cosa de juego. Cuando no por sangre, y parte de un hombre, a quien tanto debo, os amo, ilustre mancebo, por nueva imagen de Marte. Ay tal brío, y compostura, de partes todas iguales! Dejad ya lisonjas tales, con quien serviros procura; que este talle, y bizarría mejor se alabará en vos, pues sois en quien puso Dios tanta heroica valentía: De vos dicen por acá, que no hay Moro en Aragón, que no os tema por León. Y de vos, que lo sois ya, Ahora le llevaremos donde vea cortesanos, y pruebe mejor las manos en las guerras que tenemos? que la capa de sayal, aunque está afortada en tela, es como hablar con cautela, que sueña bien, y hace mal. Nunca llega la ocasión de que tales honras me hagas, Presto haré que satisfagas a tu misma obligación; ve al fuerte, y haz prevenir con que a Don Nuño regale, Ya voy. Quién habrá que iguale su airoso hacer, y decir? Guardeos Dios por la lisonja? mucho llevo que sentir! Que aquesto se llegue a oír, y haya quien se meta Monja! . Vamos todos. Ya se han ido, que es lo que yo deseaba. Lo que pensáis esperaba, después de haberse partido, que no fue sin ocasión el enviar de aquí a Don Juan. Hoy mis secretos os dan las llaves del corazón. Notablemente deseo saber lo que os ha movido ha verme a Jaca traído por tan extraño rodeo; lleno tengo el pensamiento de imaginaciones varias. Dos cosas son necesarias, Qué son? Vuestro juramento, y consentir en el daño, que de no cumplirlo os viene? Notables enigmas tiene este oculto desengaño! digo, que lo haré . Poned, para hacer pleito homenaje, la mano aquí. Que la encaje decís? . Lo que pido haced. Entre las vuestras las quiero poner, Don Fortunio, así. Hacéis juramento aquí como hidalgo, y Caballero, que cuanto os digo tendréis hasta la ocasión secreto? Pleito homenaje os prometo, sino es que vos lo mandéis. Sabéis que si lo quebráis, quedáis por traidor? . Si sé, Y porque retaros podré para que al campo salgáis. Que lo sé, y lo juro así, y que a cumplirlo me obligo Pues escuchad lo que os digo. Atendedme antes a mí. . Cómo? Si aqueste secreto es en deslealtad del Rey, no hay pleito homenaje, o ley, que obligue a lo que os prometo; como contra el Rey no sea cosa que de vos no creo, decid. . Que me oigáis deseo, Quién más que yo lo desea? Don Ramiro de Aragón, cuya alta aplaudida empresa de muchas voces caducas, compuso una voz eterna; aquel que en defensa noble de su madrastra, y su Reina, con solo un Veritas Vincit, llamó la mayor nobleza; quien contra sus tres hermanos, (que por rencor, o por tema, de adúltera la acusaron, con torpe afrentosa lengua, por negarles un caballo; estando el Rey en la guerra) sacó la cara valiente a defender su inocencia: y venció, dejando ociosa la prevenida palestra. Este, pues, vengador noble tuvo a Aragón por herencia, y Don Fernando a Castilla, y de Navarra, y Tudela Don García fue señor, Don Sancho heredó a Gascueña Esta que llamaban Sobrarbe, muerto Don Sancho, se entrega al Rey de Aragón Ramiro, y el justo heredero niega. Don Fernando, a quien tocaba el Reino en guerras sangrientas mató a Ramiro su tío, y Sancho a Aragón hereda. Este Sancho, aunque a su padre mató Fernando en su tierra, le ayudaba como amigo, contra el Moro en sus empresas. Murió Sancho, a quien Don Pedro sucedió, que ahora Reina, y tuvo en esta venganza la condición más soberbia, Solicitando vengar con impiadosa violencia a su abuelo, en el linaje de Don Fernando, comienza a buscar los de su sangre, como si la culpa ajena fuera original delito, que a su sangre comprendiera? Supo en fin que en Aragón quedo de una hermosa prenda una niña de dos años; ved que venganza tan tierna! Yo en mi casa la asistia, después de su madre muerta, cuando don Pedro envió con un hidalgo por ella; mas temiendo de su furia. alguna injusta tragedia, negué la niña; y el Rey airadamente se queja, y mandándome prender, me ausenté de su presencia con la niña, y mi familia; donde para defenderla, a las Montañas de Jaca subo, labrando esta fuerza. a Doña Elvira, que así se llama aquella doncella: y en hábito varonil la crié, sin que se entienda en toda aquesta montaña, pues solo a saber lo llegan aquesos fieles criados, que ahora parten con ella. Esa, Nuño, es doña Elvira, hija de Fernando; esa, que en el traje varonil tanta perfección obstenta. En esta ocasión murió mi hijo Don Juan, y secreta tuve su muerte entre todos. los que habitan en la sierra, guardando su tierno cuerpo en una caja de piedra: y después de algunos días, de los disfraces cubierta, salía Elvira con el nombre de mi hijo (estratagema que ha sabido defender su vida de la violencia) donde en este hermoso traje, como otra Atalanta nueva, ya salteador, ya montero, sigue los hombres, y fieras: Ya pone al arco Morisco la jara, llena de hierba, ya el acerado cuadrillo, a la Cristiana ballesta. Ya sale gallarda al campo, cuando el Alba clara, y bella lleva en albricias del Sol lirios, rosas, y azucenas, con su capa de sayal, listada de varias sedas, aforrada en tela de oro, y asida a un cordón de perlas, con un bonete de grana, de armiños todas las vueltas; que sobre el cabello hermoso descubre rizadas trenzas. Sigue el medroso conejo, y aguardándole en la cueva, mata, pensando que sale la matizada culebra, al pie de un olmo frondoso pasa la insufrible siesta, cuando Apolo al León de Alcides dora las pardas madejas. Ya mata el ligero gamo, ya el oso lascivo espera, ya al jabalí colmilludo, o ya a la cabra montesa: Ya en oyendo el enemigo deja el sueño, al arco, apela, si es contrario, le cautiva; si es caminante, le deja, Con esto el Rey agraviado de mi furor, se querella: si como decís me llama, hoy, obedecerle es fuerza, y está en gran peligro Elvira, si el Rey llega a conocerla en mi poder: y así. Nuño, mi sobrino sois, y es fuerza que yo me valga de quien tiene la obligación vuestra. Para esto os pedí el secreto, porque os quiero hacer entrega de Don Elvira, o Don Juan, porque nadie el caso entienda, y en las Cortes de Don Pedro por paje habéis de tenerla, sin que ella sepa de vos, que sabéis cosa en su ofensa, pues yo desde aquí me parto contra los Moros de Güesca, con la gente prevenida, que tengo para esta guerra. Extraño, y notable caso! Yo os confieso, que a saber, que Don Juan era mujer, no diera a este monte un paso. Por traidor quedo en efecto si a ella, ni a cuantos viven, por más que conmigo priven, dijete vuestro secreto. Yo fío que cumpliréis, Don Nuño, el pleito homenaje, como hombre de mi linaje, que es lo mejor que tenéis; mas vamos a descansar al Fuerte. . Voy muy contento: yo juego que el juramento la vida me ha de costar. Fuerte piadoso señor, dadnos suficiente auxilio, y vuestros amigos venzan la obstinación de vuestros enemigos Oíd nuestros lamentos, y gemidos hiera nuestro clamor vuestros oídos. Dormido el Rey se ha quedado, Pues no le inquietes, amigo, sino volvamos al campo a encender el sacrificio con las lágrimas del pecho. Yo en San Vitorián confío, que ha de alcanzar la victoria de Dios contra su enemigo. Aunque la horrorosa turba del Mahometano Morismo; puebla en formadas hileras campos, bosques montes, riscos, espero en Dios que ha de verse abreviado su guarismo. Ciento y sesenta mil Moros dicen, que habrán concurrido en favor de Abderramen, y otros más. . No desconfío, volvamos, pues, con el pueblo a exhalar en los suspiros el corazón penitente, y con lamentables Himnos digámosle al Señor grande de los Ejércitos digno, Fuerte piadoso Señor; dadnos suficiente auxilio, y vuestros amigos venzan la obstinación de vuestros enemigos Oíd nuestros lamentos, y gemidos; hiera nuestro clamor vuestros oídos, Arma, arma, guerra, guerra contra el infiel enemigo, Victorián, dulce Abogado, dad favor, dad patrocinio a quien rendido os invoca contra un Mahometano altivo! Sed mi auxiliar, y atended al llanto del pueblo mío! Oíd nuestros Pedro, Pedro. Quién me llama? Victorián soy, y tu amigo, O qué celestial visita! Las lágrimas, y suspiros de tus vasallos abrieron los piadosos escondidos tesoros de Dios, logrando, su inmenso favor Divino. Despierta, Pedro, que hoy triunfarás del enemigo; mira que tu negligencia. puede hacer sus pechos tibios, que si está un pueblo llorando, no está bien un Rey dormido. Oíd nuestros lamentos, . Arma, arma,. Victorián, aguarda, espera, hermoso raro prodigio: ya se ausentó, y dejo impresos en caráctares distintos. en mi pecho estas razones, y en mi alma este delito; mira que tu negligencia puede hacer sus pechos tibios, que si está un pueblo llorando, no está bien un Rey dormido, Dijo bien, recuerde ya del pesado sueño frío, que libertó las potencias, y aprisionó los sentidos, para estampar en el alma tan infalibles avisos; diciendo con los lamentos; humillado, arrepentido. Fuerte, piadoso, señor, dadnos, Arma, arma, guerra, guerra. Oíd nuestros, En vuestro nombre, Señor, presentaré al enemigo la batalla, con los pechos de cuantos vasallos rijo: pues armados, valerosos, determinados, contritos, Católicos, y constantes, se entregan a vuestro advitrio, Ea. Rey omnipotente, desaprisiónese Egipto de la servidumbre odiosa de este Faraón altivo; de este Moro irreverente, que con torpes sacrificios os niega el debido culto en vuestros Templos divinos) pretendiendo confundir con sus humos nuestros ritos. Yo, en nombre de mis Soldados prometo extirpar los vicios, reformando las costumbres con la voz de los castigos. Y en nombre suyo también, en lamentables suspiros, y en congojas depreciables, diré en resignados gritos. Fuerte, piadoso, señor, Oíd nuestros lamentos, & Arma, arma, guerra, guerra contra el infiel enemigo. , , . Este Campo de Alcoraz , C̱̱, - Rije, Alfonso, la vanguar- con aquel valor invicto, (día, que siempre te asiste. El cielo, antes muertos, que vencidos, nos verá. En los batallones tropas, y tercios unidos estén, que aquí no hay más orden; que vencer al enemigo. A ellos Gastón de Biel. Con tan heroico Caudillo el triunfo es nuestro, el valor tuyo, y el blasón mío. Rayos parecen de Marte. Presto cederán sus bríos, y Alzad el cerco. Villanos, después que os vea rendidos. Mahoma, a ellos. Buen santo llamas para tal conflicto. Arma, arma, guerra, guerra contra el infiel enemigo. En vano ya, Rey Don Pedro, te resistes al dominio mío, si ya tus soldados desmayan flojos, y tibios. primero en sangre teñido he de dejar, que desista de esta empresa. Eres altivo, pues despreciando la vida, te entregas al precipicio. Ríndete ya. Qué es rendirme? Favor piadosos Divinos cielos, que ya desalientan todos los soldados míos: A ellos Aragoneses, antes muertos, que rendidos. Arma arma, guerra, guerra contra el infiel enemigo. Esgrimid las mazas todos, no quede ninguno vivo: A ellos, nobles Montañeses, A tales perros malditos bien les asientan las mazas. A ellos, soldados míos. Poca es toca esta canalla. Soberbios sois, pues el brío desprecias de los contrarios. Pues si no queréis rendiros, os dispararé un Soneto, que mata por el oído. A ellos, valientes Gascones. Muera este bárbaro impío, Mueran los Cristianos. Mueran. Eso no, mientras vivimos, id como perros con mazas, o como monas, o micos, que aunque en Moros no es lo propio, yo juzgo que ahora es lo mismo: Quien diablos a mí me mete a tener medroso brío? Si ayer era Ayo de Elvira, porque he de ser hoy Ministro de la muerte, sin el grado, de Doctor, que huye del quinto, y mata a pulso el primero, por tirar siempre a lo vivo? No era mejor ser Poeta en Jaca donde aplaudido, fui en versos; de los necios, porque no eran entendidos; no era mejor? Guerra, guerra. Paz paz, es lo que repito. Celestial luz admiramos. Huyamos de este prodigio. De la Ciudad se guarecen. Matadlos todos, seguidlos, Poned escalas. Arrima. Juntad los paveses limpios. Arrima la escala, arrima. Robustos soldados míos, el crédito de Mahoma perdéis, si os dais ha partido. Entréguese la Ciudad. Defiende la Fe de Cristo. No habrá en Jerusalén Turco a quien no asuste mi brío. Prevenid flechas, y piedras. Perros, morid. No hay rendirlos. Hincad la rodilla en tierra. Este luciente Caudillo. dibuja en las señas de hombre excelencias de Divino. Tanto hermoso resplandor me usurpa de los sentidos, el conocimiento noble, pues sus señas no percibo! Aparta, Don Nuño. Mira, que tu heroica vida estimo, y arriesgándola, me arriesgo, yo subiré. . Y yo contigo, Hoy Jerusalén es nuestra. Cristianos, que mucho ha sido que triunféis de nuestras lunas, si es vuestro Sol vuestro asilo. Rayos el cielo fulmina. Numeroso estrago admiro, que ha hecho este auxiliar nuestro; quién será? No le distingo. San Jorge es, si no estoy ciego. Jorge es, Desaparecido se ha luego que le nombramos, Viva nuestro Rey Invicto. Güesca por el Rey Don Pedro. Viva nuestro Rey invicto. Güesca del Rey de Aragón. Gracias al Cielo Divino, a Dios se debe la gloria, y a Jorge, de esta victoria, y entre nosotros es llana la hazaña, digna de historia, de Don Fortunio Lizana: pues pavorosos desmayos estos trecientos lacayos, con las mazas que traían, causaron, porque vencian como munición de rayos, quebraban piernas, y brazos, máquinas, caballos, y hombres iban haciendo pedazos. Bien es que tuyo le nombres. Ya hoy merece mis abrazos, En el suelo estoy, señor, y tu perdón aguardando. En mi pecho estás mejor, donde hoy te he visto, animando con el tuyo mi valor, y de haberte desterrado, Fortunio, estoy enojado con mi esquiva condición. Si merecí tu perdón, mío es todo el parabién. Mío, Fortunio, también, pues por vos tengo a Aragón, y quiero que por memoria de la Maza, que fue traza para granjear la victoria, que Don Fortún de la Maza os llame de hoy más la historia, que aunque Lizana apellido de vuestro linaje ha sido, de este quedáis más honrado, pues que Maza habéis ganado, lo que Lizana perdido. Yo con mi clava aporreaba a todo Moro, sin darme susto cuantos machacaba. Y qué queréis vos? Llamarme don Castrucho de la Clava. Humor gastáis. Sin segundo; deja que este caso escriba, y verás si es bien profundo. Viva el Rey Pedro, vivas y conquiste todo el mundo. Ya queda Güesca por ti, Rey famoso Aragonés, que a su Mezquita subí, y aquestas lunas, que ves a tus Cruces abatí, y tu estandarte enarbolo, dando terror al Pagano. Eres un Marte Cristiano, A Juan se debe solo la gloria de estas proezas. Las coronadas cabezas por Nuño fueron cortadas. En ambos serán premiadas. Oh asombro de las bellezas! . Hazaña ha sido este día tan de vuestra valentía, como de mi celebrada. Cuatro mató vuestra espada, y dos degolló la mía. Heroica victoria ha sido Cuatro Reyes ha costado. Confuso estoy, y aturdido! Al Caballero Cruzado hoy te muestra agradecido. Quién sois vos? Señor, me nombro Feliberto de Moncada, y de cuanto veo nada conozco si no es mi asombro! y. Sois mi vasallo? No sé, Alemán soy de nación. Quién os condujo a Aragón; y a Alcoraz? Yo os lo diré, La Cruz, y armas que se ven en mí ya explican quien soy, pues contra los Turcos voy de nuestra Jerusalén, y es fuerza que me acobarde viéndome con gloria ufana en Antioquía esta mañana, y en Alcoraz esta tarde: En bien reñida refriega me arrojaron del caballo, cuando a un Caballero hallo, que me levanta, y me lleva en el suyo por el viento, y hasta aquí vine aturdido. Milagro de Jorje ha sido, Qué gran dicha! Qué contento! Por la gloria que contemplo, y en memoria de ella, yo, donde Jorje apareció, tengo de labrarle un Templo, y a vos os haré merced. Solo el serviros deseo. Y para mayor trofeo, nuevas armas me poned, con que se ilustre Aragón, de aquella Cruz singular, que mi escudo ha de elevar ese Angelico Varón: Y en cuatro partes partido el campo, que blanco sea, por serlo su arnés lucido, y porque mejor se vea, de la Cruz roja ceñido: Los cuatro cuadros tendrán aquestas cuatro cabezas. Tus soberanas proezas a los siglos cantaran. A Fortunio la tenencia doy de Güesca, y a mi hermano de los despojos, que hoy gano, las tres partes. Mi obediencia laureas con tal honor. A Nuño una parte he dado del despojo, y al criado otra, en premio del valor: Frotardo, Abad de San Jorje; gobernará mi Capilla. Ya Güesca, señor, se humilla, y abre las puertas de bronce. Viva el Rey Don Pedro, viva y conquiste todo el mundo, Guerra, guerra, Él sin segundo viva. Guerra, Arma, Viva. Qué nuevo confuso estruendo será este? Señor. Qué es, decid Don Pedro Atarés? Este es un mal muy tremendo, y así, no permita el cielo, que esta victoria declares, cuando estampan a millares plantas Alarbes tu suelo, De dónde? De Zaragoza, que su Rey Almochaven tus campos tala, y destroza, Vienen Cristianos? También, Quién le acompaña? Un García, del Rey de Castilla hermano. Cristiano ayuda este día a un Moro contra un Cristiano! Viva el Rey Don Pedro, viva, y conquiste todo Póngase en orden mi gente, De cólera ardiendo estoy! Sígueme, Don Juan. Ya voy con espíritu valiente. Id, que para más espanto las armas te han de pintar. La Cruz roja de aquel Santo al mundo ha de hacer temblar, Salgámosles al camino. Oh buen Alfonso, tu aliento me da valor! Su ardimiento verás que el mío destroza, en sangrienta ruda plaza. Aún no han probado la maza los Moros de Zaragoza, Pues a embestir, A pelear A conquistar, A correr. A combatir, A vencer. Cantando, para triunfar? viva el Rey Don Pedro, viva, y conquiste todo el mundo, Guerra, guerra, El sin segundo, venza. Muera, guerra. Viva,
JORNADA SEGUNDA
Viva el blasón de Castilla. Viva Alfonso, eterno, Venza. . Rinda. Triunfe. . Impere. En uno, y otro hemisferio. Viva en sucesión fecunda, para que al místico cuerpo infunda de Imperios muchos una alma a solo un imperio, Venza. Rinda. Triunfe. Impere. En uno, y otro hemisferio, Y como es el Sol, cetro del día, alma del cielo, sea Alfonso en el mundo, día de un Sol, alma de un cetro. Cantando los clarines en sonorosos festines, que adulando los confines, digan en unidos ecos, ecos, ven Himeneo, ven, ven Himeneo. Viva el Rey siempre invencible. Viva el Castellano cielo, Venza. . Rinda. Triunfe. Impere. En uno, y otro hemisferio. Sus más que hermosas niñeces, en tempranos ocios tiernos den, en copia de esperanzas, aún más frutos, que deseos, Y como es el Fénix voz de la vida, gloria del tiempo sea la generosa vida de un Fénix, voz de un eterno cantando los clarines en sonorosos festines, que adulando los confines, digan en unidos ecos, ecos, ven Himeneo, ven, ven Himeneo. Llegue vuestra Majestad a dar en feliz aumento tanta vida a mis vasallos, cuanta gloria a mis deseos, Vuestra Majestad es ya mi justo absoluto dueño, y en el imperio de un alma gozará el más leal imperio: Ay ausente Conde mío, cuanto supuras mi aliento! Vuestra deidad, más que hermosa, estrecha con primor nuevo en una muchas veldades, y en cada beldad un cielo, porque el talle airoso, el arte, la discreción, y el ingenio, siendo en vos blasón segundo, en mí es cuidado primero. No soy más que mi pasión, pues ella tiene sujeto el albedrío, triunfando hasta de mis pensamientos: Luego ella es mayor que yo, y no hay duda, ausente dueño, . pues no cabe en un suspiro toda la vida que tengo! Vuestros blasones, señor, arrastren tantos trofeos, que estén en mármol, y en bronce, a más siglos, menos muertos, para que los Orbes canten en números siempre eternos. Viva el terror de los hombres. Viva el Marte más guertero. Venza, &. Viva en sucesión fecunda, para que al místico cuerpo de imperios, Este aliento, no segundo, (generoso Rey excelso) con que derrama Aragón tan plausibles lucimientos, solo un consorcio, de ilustre, alto soberano empleo, le merece, y solo vos, en quien con vínculo nuevo cabe todo lo posible, y aún más allá, a lo que entiendo; porque cuanto no es soberbia, ambición, culpa, ni yerro, concurre en vuestro esforzado noble, magnánimo pecho. Mucho estimo la lisonja, Conde. No soy lisonjero; pues más que en años, en triunfos empezasteis los progresos. Ya no trae calzas azules, por desmentir el proberbio. Pues que proverbio es, Castrucho? Es uno, que en otro tiempo calzaba . Anzures. Y es este el Conde Don Pedro? Mi Agustina, no es el mismo. Pues quién? Es el que hace al mismo. Vuestras Majestades logren dulces fecundos empleos, en edades; ay deidad! fraude apacible, soberbio monstruo hermoso, que derramas como el áspid encubierto, en copia blanda de flores la fragrancia, y el veneno! mi Reina eres, yo tu amante, no poco a mi lealtad temo. En gratos felices días os gocéis con nudo estrecho, tanto, que la unión parezca indisoluble a los tiempos. Vos deidad, que sois injuria, y blasón de nuestro sexo, por nacer ya sin segunda, ya porque te merecemos; a cuyo candor luciente, y a cuyo elevado aseo tan corto viene lo hermoso; oemo justo lo perfecto: me conoced por vasalla, la has humilde del Reino, pues solo puedo ser grande, y feliz en vuestro imperio. Discreta airosa beldad, ved que estáis mal en el suelo, Doña Elvira es de Lizana, parienta nuestra, que tengo en mi Palacio, hasta tanto, que se ajuste el casamiento con Don Pedro de Atarés, que también es nuestro deudo. Antes mis mortales ansias, . cubiertas del desaliento se hallarán, buscando amante el patasismo postrero, que Don Pedro goce el grave, dulce, hermosísimo cielo, de doña Elvira, y aún antes le sacaré yo del pecho la viva imagen que copia, si la deseare. Estoy muerto! para posible te busco; pues soberana te encuentro. En mis brazos. Doña Elvira, afianzarás tus deseos. Señora, nuestra alegría pondere solo el silencio. La acogida de los tontos halló ahora el señor Don Pedro, pues cuando voces les faltan, dicen hipócritas luego, mi silencio lo ponderé, pero no dicen mi ingenio, porque este puede juzgarse, y esotro queda en el pecho. Es porque el silencio sabe aún más que su entendimiento, A vuestras plantas os rindo; en sacrificio, mi pecho, en fe del gozo común, que reverente celebro. Oh como a el oído ofenden . los halagos lisonjeros, despertando otras pasiones, que vacen fuera del sueño! Todos, señora, nos damos los parabienes supuesto, que siendo nuestra la dicha, es todo el mérito vuestro. Dios os guarde, Don Fortunio de la Maza. . Llegar quiero. Señores, y Reyes míos, vivid más que un mal contonto; vive más que el alto Coyme, y vivid más que mis versos, Vos hacéis versos? Y traigo unos treinta y tres sonetos, en forma de epitalamio, para vuestro casamiento. Humor gastáis. Los Poetas gastamos lo que tenemos; también fui Ayo de Elvira, cuando no era doncella. . Eso os atrevéis a decir? Sin agravio, pues fue en tiempo que ella era hombre por lo más, siendo mujer a lo menos. Dejad, señora, ese loco. Loco soy pero no necio, porque escribo de memoria, ya que no de entendimiento, Cómo así? Porque yo escribo de otros lo que más me acuerdo. Vuestras grandes Majestades me den sus plantas. . Del suelo os alzad, Conde de Alperche, Admitid mi noble afecto. Alzad Vizconde de Bearne, Hay mayor porfía! cierto que esta necedad cortés la inventó algún majadero. Entrad, señora, al descanso del blando mullido lecho. No estoy cansada; ay de mí! . Entrad que todos diremos. Ufanos. . Desvanecidos. Gloriosos. . Y sedientos. Regocijados. . Deseosos. Agradecidos. . Contentos. Viva el blasón de Castilla. Viva Don Alfonso eterno. Venza. . Rinda. . Triunfe. Impere en uno, y otro hemisferio. Viva en sucesión fecunda, para que al místico,. bélicos, Arma, arma, guerra. Muera el Batallador soberbio. Viva, rinda, triunfe, impere en uno, &. Sus más que hermosas niñeces, en tempranos Dejad los blandos solaces, dulces, alternados ecos, en ocasión que me adulan mas sonoros instrumentos, y sabed que estruendo es este. Señor, los Alarbes fieros de Tudela, Tarazona, y Zaragoza, salieron, y talando vuestros campos, guerrean a sangre, y fuego, Pónganse en orden mis huestes, y sálganles al encuentro. Señor, no hay que dar cuidado, porque soldados expertos de Franceses, y Gascones tengo en el campo. . Pues luego a marchar toquen, y vayan en batallones, y tercios. Guerra contra el Moro, . Muera el Batallador soberbio. Con seiscientos hombres solos, señor, me rindo, y sujeta a vencer los Tudelanos. Pues id, que si los dais eso, merced de Tudela os hago. Toca al arpa, asuste el viento Toca al alma, y gima el bronce; Viva Don Afonso eterno. Camperdes valerosos, ya que ha permitido el cielo darme esposa en doña Urraca, (hija del noble, el guerrero Rey Alfonso de Castilla, y viuda de poco tiempo del gran Conde de Tolosa) a quien hoy más reverencio: Y ya que también me ha dado muchos felices progresos en mis Católicas armas, pues con su favor rindieron a Tahust, y Egea, que llaman de los Caballeros; a Velés, Aurelia, Consuegra; y después al mismo tiempo a Opta, Cuenca, y Masatrigo en el Reino de Toledo: No dudo que ha de rendirnos en baldón del Moro fiero a Tudela, y Zaragoza; Zaragoza, en quien contemplo aquel soberano Erario de España culto primero; aquella preciosa joya, que sobre un Pilar ha puesto el valor de muchos mundos, y el poder de todo un cielo. Esta dulce Virgen pura, que a nuestro Patrón Gallego habló, no la usurpe el Moro, que yo vasallos, ofrezco estar contra la inclemencia de agra, calor, sombra, y hielo, aunque en la demanda quede como mi humano, mi Pedro amado, entrela erizada funesta injuria del Cierzo. Virgen alentad mis armas, pues sabéis que mis deseos, aún sin pasar de lo justos, pisan la raya de inmensos! Soldados, regid las tropas para el campo más sangriento, luego el Castellar se pueble de Almugárabes expertos, y Adalides veteranos, que por vida de mi dueño, en cuyos lucientes soles, de apacibles rayos negros, (que a la admiración se vienen, aún antes que al pensamiento) vivo a expensas de sus luces, que no he de volver a ellos, sin que con honra, en lid tanta, vuelva victorioso o muerto. Rescatemos el Pilar, que en tristes vapores densos se oscurece, y se aprisiona en nubes de torpes hierros. Mañana Virgen sagrada he de salir con esfuerzo, y he de publicar. Victoria. . Guerra. Victoria. . Fuego. Victoria por Don Alfonso. Soldados, sabed qué es esto? Señor, ya Tudela es vuestra; porque el de Alperche discreto de los seiscientos caballos, puso en celada trescientos, y doscientos arrestados cuerpo de batalla hicieron, y fueron de corredores. a sus puertas otros ciento; con que engañados los Moros, contra los ciento salieron, y el Conde se apoderó de Tudela. Heroico esfuerzo! Señor de Tudela le hago, y a vos, Vizconde, os prometo en ganando a Zaragoza, haceros merced, Mi aliento la recibe con serviros. Vamos esposa, y contentos, pues ya hay menos enemigos. Bastantes son mis tormentos. Oh quién volviera a ser hombre! Señor, a Castilla vuelvo. Ay El vira, ingrata hermosa! Ay deidad, cómo me has muerto! Ay Agustina de mi alma! Ay Castrucho de mi cuerpo, Todos a decir volvamos. En blandos festivos ecos. Viva el blasón de Castilla. Viva Don Alfonso eterno. Venza. . Rinda. Triunfe. . Impere. En almas, como en imperios. Viva en sucesión fecunda, para que al místico Venza, rinda, triunfe, impere en almas, como en imperios. Sus más que hermosas niñeces, en tempranos ocios tiernos, den en copia de esperanzas aún más frutos, que deseos: Y como es el Fénix &. Ramiro. Quién? quién me llama? Sacude ya el frío sueño. Quién eres? Aragón soy. Por qué me quieres despierto? Porque quien ha de ser Rey, se ensaya muy mal durmiendo. Yo Rey mujer, qué pronuncias? Del Rey Don Sancho el excelso no eres hijo? . No lo dudo. Y legítimo heredero? Eso dudo, pues mi hermano don Alonso es el primero, y yo no puedo heredarle, porque soy Monje profeso. Duélate mi llanto, y luto, mira que te llama el cielo. Imposible es que te crea, porque estoy en el Convento, y soy Obispo de Roda. Ramiro, aunque aqueso es cierto, para Dios no hay imposibles. Prodigio, asombro, portento, oye, aguarda escucha, espera; qué es esto? qué es esto, cielos? es verdad, o es ilusión? mentira será del sueño. Leonardo, Frotardo, amigos, socorred. Padre, qué es esto? Padre, es un horror, un pasmo, es una sombra, es un miedo que vi que hablé, que admiré sin voz, sin oído, y ciego, donde, o la vida, o la muerte velaban en solo un sueño! Ni allí mi razón causaba, ni a mi albedrío sujeto, que usurpó la fantasía el ser al entendimiento. Padre Ramiro, qué dice? sosiéguese, no le entiendo. Yo tampoco pero escuche verá de un dormido el hierro Todos al sueño se inclinan, sin advertir que en el sueño, con lo mismo que respiran, supuran más el aliento: y adulación de la vida es este mortal veleño, que halagando los sentidos, cautiva el entendimiento. Oh cuanto el deseo injusto representa, cuando necio de las mentidas ideas no fabrica el escarmiento quien acredita las sombras, encontrará en el recuerdo, a luces del desengaño, segundo desasosiego Y así yo, Padre, ilusiones las abomino, y desprecio, que solo de realidades he de formar los conceptos. Dígame que ha visto en ese de la muerte amago incierto que sombra vio? . Vi una loca vanidad, un devaneo, una majestad huida, un desestimado imperio; vi una mujer, desplegando un lustroso manto negro, que me daba generosa una corona, y un cetro, y con lúgubres sollozos me sacaba del Convento. Mire, Padre, en la Escritura tuvieron sueños diversos Faraón. Nabuco, y otros. a quienes se les cumplieron: Cuando Dios algo revela, Ramiro mío, entre sueños, sepa que son luces santas, que incluyen grande misterio. Luego cierto esto ser puede? Si Padre. bien puede serlo, Frotardo, y esta cautela del enemigo soberbio no puede ser? Sí, bien puede, desprécielo su deseo, que Dios le abrirá camino, si es su voluntad. Es cierto. si aún siendo Obispo de Burgos? y de Pamplona, si aún siendo de Barbastro, y hoy de Roda, no he salido del Convento. pues por mi elección los tuve como encomienda, en gobierno, como quiere, Padre mío, que salga hoy del Monasterio? Ahora no tiene ocasión, que Alfonso su hermano el Reino rige con bien altos triunfos. Y cuando lo hubiera, es cierto, que a poder ser, no saliera sin buscar. . Plaza, Qué es esto? El Rey parece. En San Ponce el Rey que tendrá de nuevo? Hermano, dame los brazos. Mi Alfonso, tus plantas beso; que honra es esta no esperada? Ramiro, yo la intereso. Ya sabes que el Rey Alfonso de Castilla murió, y viendo que a su hija Doña Urraca, mi esposa, le toca el Reino; sabrás que somos llamados, donde coronarme espero por Emperador de España, y así, por partirme luego, vengo por tu bendición. Dios te dé triunfos, y Imperios; mas quisiera antes decirte un escrúpulo que tengo, siéntate, que despacio quiero hablarte. Con gran gusto. Ramiro llego a oírte. Fray Frotardo está en pie, siéntese aparte, si gustas, y esto puedo yo pedirte, o estareme yo en pie. . Vuelve a sentarte, y él se siente también. . Quiero decirte, que para honrarlos siempre, es bien que notes, que son Cristos de Dios los Sacerdotes Después que de Daroca, y de Tudela, Borja, Calatayud, y Tarazona, arrojaste los Moros con cautela; después que el Arrabal diste a Pamplona, en cuyo arte el estudio se desvela: y después que tu Imperio se corona de Almansa, y Belorado, donde goza, con Berlanga, la ilustre Zaragoza. Vengo a decirte cosas, que te importan, para tu salvación, rústicamente, como ramas del tronco que se cortan, que no da un roble bálsamo de Oriente? Las causas todas que a la guerra exhortan, se reducen en una suficiente, que es ensalzar la Fe echando de España el Moro alarbe, que la oprime, y daña. He sabido que luego que mi hermano Pedro (que tiene el cielo) fue traído a San Ponce mi Casa (aunque fue en vano, pues fue a Monte. Aragón restituido) el Bárbaro de Huesca, y Gastellano, de quien entonces fue favorecido, corrió la tierra, y hizo en ella estrago, sin temor de las Cruces de Santiago, Y supe que también saliste luego, donde ganando Villas, y Lugares, les dabas el castigo a sangre, y fuego, talándoles los campos, y Aduares: y que para el común blando sosiego, alojabas en Templos, y en Altares Y ahora, antes de despedirme, óyeme aparte un secreto, Mucho estimo que Ramiro reprendiera al Rey su exceso. Sucedió, porque la carta del Rey traía mi sello, las gentes, y caballos con desdoros, robando a las Iglesias los tesoros. No sabes lo que cuenta la Escritura de aquellos Sacerdotes abrasados? y del Rey Baltasar la desventura, por los vasos del Templo profanados? y que Almanzor de Córdoba nos dura por ejemplo entre muchos numerados, que entrando por Galicia, hasta Santiago, llegó después del Castellano estrago, y en una pila, que lo había jurado, mandó que a su caballo a beber diesen agua bendita; pero el cielo airado, quiso que todos reventar le viesen? Hermano, pues en todo eres honrado, logrando Padres, que enseñar pudiesen celo de culto santo, a muchos Reyes, mira que no es de Rey solo dar leyes. De mí estoy satisfecho, hermano mío, te han informado mal, y cuando fuera, se podrá perdonar tal desvarío, por ser necesidad de guerra fiera; pero la enmienda en Dios, y en mí confío, de portarme de hoy más de otra manera, que me pesa en el alma si he tenido descuido igual en lo que me has reñido, Márchase a veces con extraña prisa, los Soldados son muchos, las posadas tan pocas, que en la tierra que se pisa suelen hacer barracas, y enramadas: Como mi hermano, y superior me avisa, deseo ya tus órdenes sagradas, por besarte las manos. . Rey hermano, si es por lo Sacerdote, esta es mi mano. llamándole Emperador de España Alfonso, y sintiendo este título la Reina, de que decía ser dueño, me quitó el Estado, y cargos, y el Rey me los volvió luego. Lo generoso del Rey es de su valor anejo. Mucho temo que la Reina no obre algún desacierto. La Reina tal ha pensado? por increíble lo tengo. Muchos indicios la acusan, repréndela tú advirtiendo, que hay en Aragón Castillos en que castigar excesos. Dame ahora tu bendición. Iré a Zaragoza luego. Dios la dé luz, como a mí valor para el sufrimiento. Y a mí en fe viva me encienda, para que no crea en sueños. Leves plumas, que volaron por tantas Celias, y filis, fueron aire, que en la tierra nada es cielo, si no es Lisi. Señor Pedro, qué es esto? como vuestro honor permite mi agravio? Qué agravio. Elvira? Qué mayor, que el de seguirme con obstinación prolija hasta aquí? Señora; oídme. Imposible es, que la Reina baja con canciones tristes a esta galería, donde se registran los jardines. Que al que aspira a vuestro esposo, vuestra esquivez no ha de oírle? Tratadlo eso con mi padre, si vuestro afecto permite, que el mío está muy distante de los dos, Hay más qué unirle? Sujetar un albedrío, que aún el cielo no le rinde, no puede ser, porque el cielo más puede, y le deja libre. Yo no he de heredar marido a mi padre, y si os elige a vos, contra mi opinión; volved, señor, y decidle, que el mayorazgo que espero, es el poder yo elegirle. Qué padre? No es Don Portunio Lizana? . Mal concibisteis, porque vuestro padre es muerto, y fue de más alto timbre. Cómo así? Yo os lo diré. Oh cómo ríe el rigor de un hermoso dolor, que luces llora, y estrellas; porque unas tristes lágrimas bella; alegría son de amor! Mas la música apacible llega ya a esta galería. Mucho mi ardor se reprime! y no queréis descifrarme este enigma? Ahora es difícil. Pues retiraos hasta luego. La Reina, aunque llegue a oírme aquí, no importa que en otras ocasiones me ha oído. Ay triste! don Nuño la viene hablando! hacia aquestos camarines os retirad, pues sois noble, y honor de mujer lo pide. Harelo, porque sepáis que mi rendimiento os sirve. Amor niño en los Comedias siempre juega al escondite. Leves plumas, que volaron por tantas Celias, y Filis, fueron aire, que en la tierra nada es cielo, si no Lisi. Con tan Real patrocinio, creo que han de ser felices mis deseos con Elvira. Quiera Dios que se eternicen para que en casto himeneo, y en guerra concorden lidien. Cantad, ay ausente Conde, causas tengo de afligirme, . por despreciada de un Rey, y amada de un infelice! Aquella Deidad hermosa, cuyos dulces ojos tristes, mares de glorias ofrecen a una lástima que piden. Qué te parece esta copla? La música es apacible; cierto es que a los contrabajos son agradables los tiples, Ay Elvira por más fina que estés, dudas me permite, pues bien sé que los amantes pocos merecen un firme! Serénese de tu Aurora la tempestuosa triste munición de blancas perlas, que aunque tu rostro concibe el rocio celestial, ocioso es que multipliques incendios de llanto, donde las flores, y luces viven. Elvira, deja lisonjas, que aún más que adulan afligen. No hay lisonja que te venga, pues porque deidad naciste, de estrechas, y de encogidas todas las lisonjas gimen. Ay Elvira, nada soy mas que un dolor insufrible, nada más que una congoja, y nada menos que un triste! Quieres oírme un Romance a un amor, que llora, y ríe? Será como tuyo. . Calla. Mal me ha salido este brindis, Nuño esperad; oye Elvira, Mi amor será el que la dice, Ay Elvira! desde aquí contemplaré ese terrible hermoso fraude alagüeño, que me desdeña, y me rinde. quien ha visto que el desdén aún más que castiga obligue? Vuestro es siempre mi albedrío? Tu beldad en brazos firmes deseo ver empleada, y sea más que yo felice. . Sus negros lucientes ojos, que hasta en llorar son terribles, solo en lágrimas les quedan las señas de lo que viven. ó̱z , Oh feliz mil veces yo, pues logro en amantes fines, que la Reina oiga esta letra! que cuando mi amor la escribe, de toda un alma es ditada, y es de todo un Dios origen, Ay de mí infeliz! . Señora, tu discreción sea el iris, que la tempestad serene de ese cielo, que aunque vistes nuevo explendor en el rostro, también es razón que admires, que de una pena que engendras, nacen muchos infelices. Nuño, haced que esas lisonjas solo a Elvira se dediquen. Nunca ser lisonjas pueden realidades infalibles. A Elvira! qué escucho, cielos! Proseguid. . Ya se prosigue Solo a una lágrima sola mil finezas se la obliguen, mil cuidados se la paguen, mil Auroras se la envidien. Oh cómo el llanto, señora, mas que me aleja, me rinde! Buen Soneto! Es sazonado Por ti mi Agustina, le hice, Ese es un flaco servicio. Al Mayordomo ve, y dile, Soñaba que en mis brazos amorosos Tu grave hermoso rostro poseía, Y que Atlante soberbio sostenía Todo el cielo en anhelitos dichosos. Y también que en extremos generosos, En paga de amor tanto te ofrecia El metal que en sus venas Ofir cría, Ricas, galas, y dones preciosos. Mas Laura, al recordar de amantes lazos, Levánteme, y buscando el bien que espero, Sin ti me hallé, un mí, sin nada, y todo, Porque hallé mi camisa hecha pedazos, La pobre faltriquera sin dinero, Y es, porque me acosté del mismo modo. qué importa que llores! tú con iras desapacibles, si mi amor se enciende más, cuando menos te permites! Señora, ese llanto enjuga, mira que en tiernos jazmines, brotando vas Primaveras, con el riego que reciben. Mira que han de consolarte de mi cosecha, sutiles endechas, que disfruté en la vendimia de Siquis: Sufre veinte y dos Octavas siguiera. No gusto de oírte. Unas décimas impresas, una canción has de oírme, espinelas, madrigales, si todo un Soneto. Dile. Aunque no es al mismo asunto dirá él mismo, lo que él dice, Castrucho, te dé un vestido, y doce camisas. . Vide, oh Reina excelsarlos siglos, que apurar puedan los miles, Cesa la música? . No, pues cuando más se repite, mas mi dolor lisonjea, porque en tono dulce gime. Cantad. Reina más que hermosa, qué importa que te dedique toda una alma en cada verso, si tu deidad no la admite! En amor aún lo más bello a tener miedo se rinde, que es en amor lo más fácil, asegurar lo difícil. Mucho que temer me ha dado este vaticinio triste! . , este infausto acreditado proverbio, si el amor dice, Qué es en amor lo más fácil, asegurar lo difícil. Mucho a mi esperanza incierta temo, aunque en verdes Abriles anuncia frutos, si en ocios de la palidez se viste! Qué es en amor Oh cuanto cobarde el pecho el golpe de amor recibe, pues para temerle, basta saber que soy infelice! Sea osado el pensamiento corazón no desconfíes, que tal vez las osadías del sacro laurel se ciñen. Por más. Elvira, por más que ingrato desdén me obstigue, en caricias de tus ojos, espero concordes lides; aunque en la palestra ardiente, guerreando desapacibles, digan mil veces esquivos, triunfando de lo que rinden, que es en amor lo más fácil, asegurar lo difícil. Ves pues, aunque hablan aparte, todo cuanto hablan dicen. Ves, pues, en cortas razones hablas mucho, y poco dices. No cantéis más. Una copla falta. . Cantadla, si es triste. No es imposible que amando lo más soberbio, se humille, que sin duda quiso poco, quien halló los imposibles. Créolo así, que un venturoso no ha de hallar nada imposible, que el no conseguirle, es solo pensión de los infelices. Aunque hoy esté aborrecida, corazón no desconfíes, pues mañana encontrar puedes caricias, si amor escribe. , . Que sin duda quiso poco quien halló los imposibles. Alma tiene el pensamiento, quién le encontró? 3̱. Un infelice, Hermosas cuatro figuras para honrar unos tapices! Quién el infelice es? Yo. Pues cómo los tres? Oídme. Yo el pensamiento estudié, Yo le ensayé. Yo le hice. Dónde le estudiasteis vos? En mi memoria insufrible, teatro donde represento confianzas de un amor triste, porque en una escena acuerden, cuanto en otra escena olviden. Y vos dónde la ensayasteis? En la palestra felice de mi idea, en un amor, que es solo en lo instable firme. Es teatro de mutaciones ese. . Dónde vos le hicisteis? En mi alma, que es Coliseo de un majestuoso difícil amor, donde mi osadía el papel primero finge, y en permanentes deseos toda la comedia escribe, para lograr por osado, cuanto pierdo por humilde. Luego es mío el pensamiento? Cómo de tres es posible? Escriben media con limpio, como Poetas aprendices. Mío es el intento. Alguno esta opinión contradice? Los dos. Pues este principio juzgo que es indefinible; quién le ha motivado? Yo. En argumentos sutiles le sustentaréis? . Yo sí, Ea, pues, defendedle. Oídme. Inclinarse la más suma belleza, solo consiste en que la razón la venza, o en que la pasión la incline, porque solo a su albedrío la voluntad mueve, y rige, y podrá formar dichosos a los que labró infelices: Nadie imposible ha pintado la correspondencia libre, porque es la ilusión, o el miedo quien le dio colores tristes; bien puede uno no alcanzar favores de amor difícil, mas también puede lograrlos, cuando pueden admitirle: Y así, venciendo las dudas, mi opinión con todos dice, No es imposible que amando lo más soberbio se humille. La majestad. Detened, y antes los dos, quién, decidme, os dio osadía de entrar hasta aquí? . Yo a saber vine de vuestra salud, que hoy, como otras veces, lo repite mi lealtad, y rendimiento. Y yo a traer las felices nuevas del Rey mi señor, que en esta carta os escribe, . Mostrad, y cómo está el Rey? Queda con gusto indecible, pues de Emperador de España ya el lustroso laurel ciñe, A mi pesar me le usurpa. y el cetro en Castilla rige. que hace, como me aborrece, vanidad de deslucirme. Ahora leerás mi osadía, y verás si hay imposible. Yo solo a manos del bello monstruo engañoso, que esgrimen dulce tempestad de flechas, en rayos desapacibles padezco, y en guerra hermosa sus cautelosos ardides, tan sin violencia me arrastran, como halagüeños me rinden! Mas en esta lid ardiente, corazón, no desconfíes, que la gloria ha de ser tuya, por más que el triunfo te quiten? Ama, y sigue permanente, no cobarde te retires, que no hay imposible amando, por más que el amor te pinte aras, desdenes, rigores, desprecios, olvidos, lides: pues si a más constante puedes hallar en afectos firmes caricias, favores, ruegos, posesiones, dichas, fines, logros memorias, piedades, pues la voz de amor repite. Que sin duda quiso poco, quien hallo los imposibles, Fray Ramiro, y Fray Frotardo. a vuestra Majestad piden licencia de entrar a hablarla. que aguarden: hecha una tigre estoy contra este traidor, . porque su osadía me dice. El ruego a deidad eleva el bronce rebelde, el firme mármol, y el tronco grosero; no aquel, cuyo afán imprime las perfecciones prolijas, con cinceles, y buriles: Ni aquel que en dispuesto lienzo copia en luces, y matices, beldad que formó su idea con más que airosos perfiles: Y así permitid que ruegos se acepten, cuando se rinden, y que de una voz, que ruega toda una alma, se os dedique, que no hay imposible amando, ausque haya un amor difícil, pues solo un remiso fuego inventó los imposibles. Decid, Don Gómez, al Rey, que os premie agradezca, estime la lealtad con que servís: y por si otra vez me escribe; tomad, volvedle la carta, y decidle, que os la firme. Qué será esto? Gran mal Nadie entiende este busilis. Nuño, con mi padre hablad, Vano será; Nuño, oídme, sabéis que el Rey, y su padre a Elvira me ofrecen firmes. La Reina a mí, y Doña Elvira mis rendimientos admite, y Fortún no tiene acción, No es padre? No es tan felice, porque Infante la engendró; como a vos, Sancho Ramírez. También lo sabe así osado vuestro afecto a Elvira sigue, sabré yo. Hacer que este pleito los aceros le litiguen. Don Nuño, la Reina os lla Don Pedro, mi padre asiste en Güesca. . Yo os buscaré. Guardeos Dios; soy infelice! Válgate el diablo por llanto; con tantos hazmereíres! , , ṉ̱- Alfonso el Batallador viva, como siempre Invicto. Arma, arma, guerra guerra. Venzamos, como vencimos. En Fraga el Rey Don Alfonso! cielos, hasta cuándo invicto ha de ser este monstruoso rayo de incendio divino! La batalla de Cotanda no venció ya! y no ha vencido a Daroca, Tarazona, Borja. Bayona! y él mismo no usurpó en Calatayud, y en Magallona el dominio! No rindió a Salce, Almudévar, Sariñán, Zuera, al vecino pueblo de Robles, Currea, con Lérida, no ha rendido! En Aranzuel a once Reyes Mahometanos, siempre invictos, no venció! no triunfo de otro en Medinacelín! sitio no pone hoy a esta Ciudad! Hasta cuando, otra vez digo, cielo ha de sentir el Moro tanto sangriento castigo! Alfonso el Batallador Viva, como. Apercíbanse las armas Alcaide Para hoy los bríos son Soldados; ea subamos, Celín al muro, y Castillo. Arma, arma, guerra guerra. Venzamos, como vencimos, Alfonso el Batallador viva, como siempre invicto. Señor os hago de Borja. Tan ilustre honra os estimo. A mí me ha negado a Borjal pues vive el cielo divino, que me he de vengar, aunque contra mi Rey sea el castigo. Bien sabéis nobles Campeones, cuyos esforzados bríos a las fatigas del bronce descansarán en los siglos. que a Soria, Almazán, Berlanga? y Bilotado, de limpios nobles vasallos poblé, libertando los cautivos en otras muchas Ciudades, que vivían oprimidos en las oscuras mazmorras de infieles rebeldes grillos; y Mozárabes llamaban, por ser entre Moros mixtos: (esto es, como que lo acuerdo, no como que lo repito, bien sabéis que a Doña Urraca (oh con cuanto honor lo digo!) la reduje al Castellar, por sujetar su albedrío, donde al Conde Candespina, que deseaba por marido, (y el que en Sepulveda halló entre la muerte, el castigo de su osadía, porque fui yo allí el Juez, y el Ministro) aviso en fin; yo informado, por castigar su delito, di cuenta a su Santidad, el cual cometió el Obispo de Santiago este divorcio, por inválido, y prohibido de la Santa Madre Iglesia, siendo en tercer grado primos, sin haber dispensación del Papa Pascual traído. Sabéis también que allá en Soria, atento, noble, y rendido. la puse en libertad, para que eligiese su designio, y ella se volvió a Castilla, por gobernar con su hijo. Nada de esto habéis culpado, y todo lo habéis temido: pues sabed que ahora enojado; colérico, y encendido, vuelvo a batallar con este Alarbe soberbio indigno. Lérida, Torrosa, y Fraga nos hacen guerra, y yo fío; en quien siempre me ha ayudado, que hoy no he de volver vencido. Todo esto no lo dudabais, mas os exhorto, e incito, para la mayor empresa; que Aragón ha conseguido, En veinte y nueve batallas campales he merecido arrastrar gloriosos triunfos, y esta presente a que áspiro, si en mí cupiera algún miedo, dijera, que la he temido. Hallásrasnos a tu lado antes muertos, que vencidos. Mandad reclutar las tropas, no el riesgo temáis, amigos, que siempre vence sin honra el que vence sin peligro. Numerosas son sus huestes. De Fraga salen. Unidos al oposito salidles, marchad. Y viva el Caudillo. Señor, un prodigio hay grande, sin cubrirse. Qué prodigio! La campaña de Velilla se ha tocado, y sus vecinos han soltado los badajos, por hablar en vaticinios. Para agüero siempre es poco, y mucho para temido; mas ya no me asusta cosa. Un Soneto tengo escrito, que es como voz de campaña, sin concepto, y con sonido, Ya a orillas de Cinca estamos, este caudaloso río, que besa los pies de Fraga. Mejor fuera a un buen chorizo. Toca al arma. Al arma toca, vénzase hoy el siempre Invicto. Guerra, guerra, Santiago, venzamos, como vencimos. Mahoma, favor, socorro. Ay Señor . Jesucristo al Santo que se encomiendan! Huid perros. Huid de mis bríos. . Trabado se ha la batalla, y por Dios Santo, y bendito, que es peor que la de Cotanda! Los soldados desunidos, en galana escaramuza, confusos van dando gritos; mal pleito tienen los nuestros, cuando a voces le han metido. Alfonso el Batallador viva, como siempre Invicto. Arma, arma, Ea, Leoneses bizarros, muertos antes que rendidos. Don Lope Cajal, a ellos. Mahoma nos dé su auxilio. Tarife, valiente eres. Honrasme por enemigo, mas hoy por acreditarte, muerto serás, o cautivo. Tarde será. Muerto soy! No será, que el valor mío, por librarse del enojo, que por la Reina has tenido, y también por eximirse de los tiranos impíos rigores con que me tratas, te dará la muerte él mismo. . Arrímense las escalas. Contra el fuego arrojadizo de piedras, y de alcancias, con paveses defendidos podéis estar, hasta que al muro llegue mi brío a fijar el Estandarte, con la Cruz de Jesucristo. Alá nos dé buen suceso. Ya no podéis resistiros. San Jorge, San Jorge, a ellos. Alfonso ha caído en el río. Viva el grande Alá triunfante, pues da la gloria a sus hijos! Qué voces tan agoreras son las que hieren mi oído! Cielos piedad, favor cielos, que Alfonso en Cinca ha caído! Y se ahogó ya? Ya se ahogó, porque al monumento frío se arrojaron los Soldados, adonde muerto, ni vivo le han hallado. Ay. Rey Alfonso! Ejecutose el castigo, por poner mano en la Iglesia, como le avisó Ramiro. De la celada salid, que a los Cristianos vencimos. Cómo tú no te arrojaste a librarle? Yo aturdido, de un hielo quedé cubierto. No huyáis, Leoneses vencidos. Mucho que recelar tengo, . si es traición, o si es castigo. Vamos hacia el río todos. No cayera algún Morillo, para salir bautizado con agua, y bebiera vino. Gran desdicha! Gran pesar! Gran lástima! Gran castigo! Gran jornada, por lo larga, y breve en lo discurrido. Viva el gran Mahoma, viva, pues dio victoria a sus hijos.
JORNADA TERCERA
Los dos lucientes blasones, que buen de Aragón, y Francia a muchos fecundos siglos más laureles, que esperanzas, vivan, triunfen, manden, reinen en los bronces, en la fama, en los pechos, en las almas. Vivan, triunfen, manden, reinen, En los bronces, en la fama, en los pechos; en las almas. Vivan en los bronces, triunfen en la fama, manden en los pechos; reinen en las almas. Decid que entre a Fray Frotardo y que la métrica varía melodía se suspenda por ahora. . Esta es de Navarra la sentencia definida. La espero con no poca ansia, Lindo Rey! Gracioso Imperio! Buen Fraile nos aguardaba! Este es Rey con dos Coronas. Cuanto mejor nos estaba jurar por Rey a Don Pedro, que es siendo de la Real Casa; Señor de Atarés, de Borja de Exabierre Latre, y tantas ilustres prerrogativas, como en él concurren claras, Rámiro, Obispo de Roda, podía estar, que no hacía falta para mantener la guerra, y alentar nuestra esperanza. Ya empiezan a murmurar. No empieza el que nunca acaba, Que yo le adopte por hijo, pide García en Navarra, y que domine a los nobles, y él los plebeyos. Firmada esa capitulación quedó por todos. Deo Gracias. Oh mi Abad! Frotardo amigo, superior! Dadme las plantas. Tú me echa la bendición. Vuestra Majestad Cesárea se levante. . Aquí estoy bien, súbdito aún soy. Ay más rara virtuosa excelsa humildad! Qué simpleza. Qué ignorancia! Siéntate, Frotardo. . Yo! Siéntate mi Abad, acaba. Como vasallo obedezco. Nadie en el mundo se halla ante los Cristos de Dios, con excelencia más alta, yo había de estarme en pie. Esa era acción muy Cristiana; pero impropia, que los Reyes tienen sus ordenes sacras también. . Mas no como tú, a Dios desde el cielo bajan, Sois Moisén. Tú eres Aaron, Sois Saúl, y sois Monarca. Tu Melchise dec celoso, Vos David. Natán te llaman. Ved que oye Amán. Seré Asuero Hay conversación más vana! qué tenga a un Fraile sentado; sin advertir que le aguardan tantos Grandes aquí en pie! Discúlpele su ignorancia, , Grandes delante de ti son pequeños. Conmigo habla. que aún Rey tan justo no tengan respeto! . Es cosa muy clara, que nadie puede tener lo que no tiene, ni alcanza, Qué pliego es ese? Es sentencia de una diferencia rara, que en alteración tenía todo Aragón, y Navarra. Cómo salió la sentencia? Oye, Frotardo, y sabrarla. En la Bula de Inocencio Segundo, que ahora manda en la Silla de San Pedro toda la Iglesia Romana, mandó, como ViceCristo, que yo me dosobligara de los votos de obediencia, y de pobreza que guardan los hijos de San Benito, nuestro Padre, y yo observaría? Y como sabes mejor, del Monasterio me sacán, para darme una Corona, cuando otra me quitan sacra, Con esta dispensación me casé ayer con Madama Inés, una hija del Conde de Puitiers, Duque de Guiana. Los Navarros, que supieron, que sin advertirles nada, les habían dado en mi Rey, la Nobleza a cortés llaman, y eligen a Don García, que con los Moros estaba en el Reino de Valencia, y Embajadores despachan. Vino a Navarra glorioso, donde trayendo la fama las nuevas de su corona, parto a Pamplona a estorbarla, Garci Ramírez, ya Rey, niega a Aragón la demanda; formo ejército, y comienzo a castigar su arrogancia: Y viendo en guerra dos Reinos los fieros Moros de España a entrambos nos hacen guerra, y campos con Villas talan. Nosotros, por defendernos, y al Moro volver las armas, pusimos en seis Varones la sentencia de esta causa: y Aragón nombró tres Jueces, que son, Don Cajal de Zayas, Don Ferriz de Huesca y Rojas, Don Pedro Atarés de Amaya. De Navarra a Badolvengo fue, Don Ladrón de Guevara, Simón de Torres Cortés, Guillén Aznarez de Otarza; Los cuales habiendo visto mi justicia declarada, a Navarra me adjudican, y por su Rey me declaran: Su Condestable a García eligen, y ahora tratan que le dé algunos Lugares fuera, y dentro de la Raya: Y doile a Ariza, a Ferrera; a la parte Castellana, a Tudela, y Tarazona; y a la parte de Navarra, a Santa Engracia del Puerto, y cuanto hasta el Ida baña Sarazón, hasta la puente del que a Dios le dio su capa: Badolvengo, y Galipienso, Río Aragón. Río Arga, hasta que paran en Ebro, y el pie de Tudela bañan. Y en fin los Valles de Alasos de Roncal, con las nombradas Villas Valtierra, y Cadreita; con que empeña su palabra, jurando el pleito homenaje, que Aragón ha de heredarlas segunda vez en su muerte, y así hoy lo firma, y declara, Con que ya no tengo ahora guerra Alarbe, aunque Cristiana tengo alguna porque Alfonsos que es hijo de Doña Urraca, en los Reinos de Aragón también me ha puesto demanda; y usurpándome a Vitoria, Lugares, y Campos tala. Mas también espero en Dios, que las Católicas Armas en concordes justas ligas han de vivir respetadas. Quien dijera, Padre mío, cuando barriendo me hallabas los dos Claustros de San Ponce, que trocara escoba en lanza? aquella corona en esta? aquella capilla en armas? aquella correa en tiros, y escapulario en espada: Aquella cogulla en gola? aquel manto en Regia grana? y en esta vota, y espuela aquella media, y abarca? Mi oración en estos pleitos? misilicio en estas camas? mi refitorio, en tal mesa, y aquel barro en esta plata? Solo de un sueño me acuerdo, que dejó en vela mi alma, y recordando dormida, parece que aún no descansa! Reinar es ciencia de ciencias, de arriba la luz dimana, aquella es quien os condujo, como la primera causa: y así aquella ha de alumbraros, como Reina, y como Sabia; no la dejéis de la mano, señor, tened confianza, que ella os mostrará el camino, donde se despierte el alma. Ni aún por mí quiero acertar por otro no erraré en nada, puesto que el pedir consejo, disculpará mi ingorancia, pues solo la elección pueden motejarme, siendo mala. Príncipe que se aconseja, el Gótico Idioma allana, que significa Ramiro: Y así, pues en vos se halla el nombre, será el efecto quien corresponda a la causa. Yo empeño, Frotardo amigo, mi autoridad y palabra de buscar en ti el consejo, en las empresas más arduas. La política de un Ruino un Religioso no alcanza. Bien sé yo cómo cuestiones políticas las desatas. Honráis como Rey mas hoy a que me llamasteis? Trata mi devoción religiosa con muchas fervientes ansias de hacer un Templo ahora en Huesca de Monjes, donde si alcanza sucesión de mí este Imperio, dejando grandezas vanas, me retiraré a una celda hasta morir. . Dios lo haga; si fuere su voluntad. La conversación va larga. No sabe que en pie nos tiene; mas yo llegaré a estorbarla. Señor, en el Real Salón la Reina espera, y sus Damas, al festejo de las bodas, que empezado tienen. . Gana tenéis vos de divertiros. Yo, señor, sí! Basta, basta. Vuestra Majestad me dé licencia que ya me llama el Convento de San Ponce. Vete con Dios, si haces falta. Castrucho, habla a Elvira luego Mejor será a la criada. . Los dos lucientes blasones, que unen de Aragón, y Francia a muchos fecundos siglos, más laureles, que esperanzas. Vivan, triunfen, manden, reinen,. Vivan, triunfen, manden, reinen en los bronces, en la fama, en los pechos, en las almas. En los bronces,. Vivan en los bronces, triunfen en la fama, manden en los pechos, reinen en la almas. Esto dijo mi señor, que le dijeses a Elvira. Tú, y tu amo ponéis la mira casi siempre en lo mejor. Que bien te quiero confieso, que por ti suspiro, y lloro, que te estimo, que te adoro. Y qué tenemos con eso? Tenemos, yo una fatiga, tú un desdén, y yo un pesar tú un reír, y yo un llorar. Peor es dolor de barriga. Desde el punto que te vi, dije, que nadie te iguala. Unas veces estoy mala, y otras veces así, así. Por tu hermosura, y desprecio a más amor me provoco. Quiere algo por no ser loco, no mucho, por no ser necio. No entiendo de ti, homicida, si es castigo, o galardón. Gasto yo mi discreción, solo en no ser entendida. Mil necedades de honrada respondes, sé mi mujer. Con solo mi parecer, Castrucho, estoy ya casada. Ya se casó tu hermosura? Y sin costarme desvelo, Pues hazme por mi consuelo marido de la furuta. Quien se casa con Poetas, se pierde, y no se acomoda. Mira niña, que a tu boda he de hacer unas cuartetas. Buenas artas, y buen dote para una mujer hermosa, También te daré otra cosa, si tu bailas de cogote. Mira que el festín empieza, que ya comenzado estaba. Qué importa si nunca acaba de empezarse tu belleza. Algún día puede ser, si tuvieres más dinero. Yo haré como Caballero, si tú haces como mujer. Si alguno me das al punto, verás como tuya soy. Una décima te doy de repente al mismo asunto; Por ahora, niña mía, no hay un cuarto que te dar, si me le quieres prestar, harás una bobería; porque a quien de mí se fía; no le envidio el interés, pues yo no soy Genovés; pero si tú lo has juzgado; pide sobre mí prestado, y partamos lo después. Si me dieran sobre ti unos doscientos mil palos, ni tus versos fueran malos, ni me siguieras aquí. Pero pues, quieres por mí partir esta diferencia; lleva sobre tu conciencia mi interés, que a buen partido te recibo por marido. si me prestas la paciencia. Eso no será en mis días. Ni eso ha de ser en mis años, Fáltanme a mi desengaños, Ya mí me sobran poesías, Mira que los alegrías empiezan. Voyme de verás. O más que nunca te fueras! Damas hay en Zaragoza, Oyes, y si otro te goza? Dime qué quieres? Que quieras Adiós, Agustina mía, Adiós, Poeta chabacano, de los demás escribano, Tú me das la escribanía. Qué importa, si en ti se cría, En virtud de tales manos, mis escritos son humanos, Y mis manos son divinas? Líbreme Dios de Agustinas. Dios me libre de Escribanos. Los dos lucientes blasones, que unen de Aragón, y Francia a muchos fecundos siglos, más laureles, que esperanzas. Vivan, triunfen, manden, Vuestra Majestad, señora, es quien en todo arbitraria, disponer puede a su gusto leyes al festejo. Mi alma solo a vuestra Majestad obedece, y se consagra, que ese será el mayor gusto a que aspire mi amante ansia. Felice mil veces yo, que encontré en beldad tan alta, un milagro no segundo; una deidad soberana, que a la admiración se vino, aún antes que a la esperanza! Dichosa yo, que hallé en vos un concurso de tan varias excelsas prerrogativas, que corriendo hacia, la fama, aún sin pasar de lo justas, llegan a lo soberanas! Ya los torneos empiezan. Airosas salen las damas. Los torneos de Aragón hacen a todos ventajas. Cánsase vuestra hermosura? Lo que delebra, no cansa, Elvira, no en la beldad sea lo ingrato siempre alhaja. No es beldad, ni ingratitud castigar vuestra inconstancia, Ah mudable! Ah fementido! Ah cruel! Ah falso! Ah ingrata! Los dos lucientes blasones, que unen. Festivo el sarao empieza. Traen mucha destreza, y gala, Ah Religión mía, quien felicemente trocara la música de tu coro, por el festín de esta sala! A las bodas del Sol, y la Luna, en trono, &. , . Guerra guerra, reine Alfonso. Reine Ramiro, arma, arma. Qué belico estruendo turba nuestras melodías blandas? Sabed soldados, que voces confunden las acordadas. Algún gran daño publican las trompetas, y las cajas, que en no bien distintas voces, dicen en confusión clara. Gobierne a Aragón Alfonso, por Emperador de España. Alfonso dicen! el cielo sea el juez solo de esta causa. . Señor, el Rey Don Alfoso de Castilla, que ahora manda, por legítimo heredero de la Reina Doña Urraca, viznieto del Rey Don Sancho, que el mayor la historia llama, A las bodas del Sol, y la Luna, en trono luciente Planetas venid, pues trasladados de un cielo a otro cielo, tendréis vinculado en su influjo el lucir. Venid plantas, que en lazos concordes veréis en un cuerpo dos almas unir, usurpando en más nobles abrazos lo amante a la hiedra, lo estrecho a la vid. Esmeraldas, zafiros, carbunclos, venid a aprender constancia sin fin, en un nudo indisuelto a los siglos, que grava en diamantes su eterno vivir. Prima verás fragrantes lustrosas, venid reverentes a un sacro jardín, donde se estrechan en luces floridas, aplausos del año, baldones de Abril. es el que hasta Zaragoza ha movido sus escuadras, pretendiendo coronarse, por aquestas circunstancias, Rey de Aragón. Muy injusta es, Don Pedro, su arrogancia; ármese luego mi gente, y al opósito le salga. Y digan conmigo todos, reine Ramiro, arma, arma. Gobierne Alfonso a Aragón, que es Emperador de España, Oldegario, el Arzobispo de Tarragona, os aguarda señor. . Si viene de paz, decid que entre en esta sala, si no, yo conservaré este imperio a fuerza de armas. Dios mantenga tu corona, pues su Fe inefable exaltas. Dios me dé muchos imperios. que ponga a tus Reales plantas, Elvira, dígnate ya de oír mis quejas, Serán vanas, porque aunque el arte las pinte, y la discreción las haga, podrán estar bien sentidas, pero no bien explicadas, porque a los oídos míos ofenden, aún más que halagan, cuando aunque estén muy rendidas, no se disculpan de osadas. Elvira, porque me culpas? bien pudieras escucharlas, pues dan reverentes voces en lo mudo de mi alma. Voy asistiendo a la Reina, guardeos Dios. Ni una palabra? El viento solo os responda; amor, aquí dejo el alma, . que esto no es huir del fuego, sino acrecentar la llama. Hermoso prodigio aguarda, que bien puede ser sufrida tu ingratitud homicida, por tu presencia gallarda; espera, que mis enojos perdonan a los sentidos la pena de los oídos, por la gloria de los ojos. Qué prodigio soberano es este; en cuya belleza tanto la naturaleza muestra, y esconde lo humano? qué he de hacer en mi inquietud para templar lo severo? Duerme como un majadero, que tiene buena salud. Dónde queda el Rey, Castrucho? Con el Obispo, ajustando la paz, y cuando está hablando poco, entonces no habla mucho, Villano, tú hablas del Rey, yo te daré dos mil muertes, Enséñame tú las suertes, y escogeré a toda ley. Bella deidad adorada, en ti pensaré sin fin! Yo sé de un flaco rocín. que no piensa nunca en nada. Infeliz soy con ninguna dicha, que valga a un pesar! Mira que no has de tasar los hombres por la fortuna. Si más me hablas de esa suerte; darte la muerte prometo. Pues escúchame un Soneto, que es epitano a mi muerte. Que aún porfías con maltrato? Pues escucha una canción, Aún apuras mi razón? Pues atiende a mi retrato. Vive Dios! Señora Elvira. . Qué es esto? Dará un lacayo. Señora, yo fui tu Ayo cuando eras hombre, y mentira, En los hombres todo es uno, Nunca hay regla general. Menos, o más es igual. Siempre se exceptúa alguno, Y el exceptuado sois vos? Si mi modestia habla aquí, bien puede decir que sí. Sí dice! quedad con Dios. Señora, oigame una vez vuestra belleza adorada, Hago falta en mi posada. Pues vuelva vuestra esquivez Si ha de ser la vez postrera, Nuño, habladme de una vez. A vez, consonante es nuez, y a postrera, Camarera. Escur ha tristes endechas, que en mi alma las escribí. Y a cualquier dama, y a ti vienen hechas, y derechas. Hermoso ultraje de Venus, luciente blasón del día, envidia de las beldades, del mayor Planeta envidia; sobre lo imposible airosa, sobre lo perfecto linda, y sobre todo tirana, ingrata, cruel, esquiva, pues en tu espacioso imperio estos atributos cifras, pera hacer beldad segunda, en tu primer Monarquía: Quien ha visto ser hasta ahora la crueldad apetecida, la ingratitud adorada, y amada la tiranía? Nadie lo habrá visto, nadie, pues ni en las selvas floridas; donde de embrazados arcos lustrosa copia hay de Ninfas: Ni en los húmedos Palacios, donde en blancas ondas rizas solio asientan las deidades, en hogueras cristalinas: Ni en los Alcázares sacros, donde en ferviente agonía. los Ídolos reverencian, cuando las aras salpican: se habrá hallado justamente quien exceda, ni compita. tu digna, majestuosa, grave deidad peregrina, En las Montanas de Jaca; estrechándote en ti misma, con majestad más que humana, hombres, y fieras regias, porque a tu imperio obedientes, y obligados a tus iras, de unos, y de otros triunfabas, con el plomo, y con la vista: Mira bien si esto era cuando traje varonil bestias, que será hoy, cuando en él tu yo con reverencia te admiran? En este, pues, generoso. ejercicio divertías cortesanamente hermosa aquella inquietud mal vista. que cuando suspende el alma, solo es del ocio fatigar Y estabas, sin conocer aquellas leyes indignas del ciego Rey a pesar de injustas obedecidas; hasta un día (cuando el Alba entre luces indecisas, flores pinta, y borra estrellas, porque en horas sucesivas, las flores del cielo mueran, los Astros del prado vivan) que yo llegue (bien me acuerdo de aquellas memorias mías, que penas de un infelice, o tarde, o nunca se olvidan) a tus ojos (pero miento, que fue a mi feliz ruina) vite, y antes te admiré, porque tu beldad divina se vino a la admiración, y de allí pasó a la vista; de la vista pasó al pecho, desde el pecho a la noticia; desde la noticia a la alma; desde la alma a la fatiga, ociosa de la razón; de la razón a la activa descuidada voluntad; de la voluntad, a ruina de sentidos, y potencias; quedando de esta conquista los sentidos prisioneros, y las potencias rendidas: Mas juzgo que amor, negado a toda filosofía, arrastro vista, pecho, alma, razón, voluntad, noticia, tan a un tiempo, que no creo que tuvo estás baterías, pues cierto es que lo triunfó todo de una vez la vista. Segunda vez te encontré, cuando un jabalí de envidia de verte en traje de Adonis, celoso esgrimio las iras, que a conocer que eras Venus, sus cerdosas puntas fijas contra sí las conspiraba, corrido de su osadía. Rendido, pues, a tus ojos viví, pero no vivía, pues tasados los alientos, y las penas sin medida; desmayados los suspiros, las congojas encendidas, los parasismo sin alma, y la alma sin medicina, padecia eternidades en lo breve de una vida: Y como aquel que padece no vive porque aunque viva; hacia los ojos ajenos cuando pulsa, siente, anima; no hacia los internos suyos, pues neutralmente se admira, vivo para los tormentos, y muerto para las dichas: Así yo, mirando el traje, que usurpaba, y escondia el sol tuyo, entre celajes de opuestas nubes tupidas, confuso, deseoso, atento, la negada luz seguía, y solo pisaba dudas, cuando buscaba noticias, pues tropezando en las luces, en las tinieblas caía, viendo que para aumentarme, confusiones, y fatigas, señas de humana mezclabas, con verdades de divina. Cuando el varonil adorno se vio con más excesiva gloria! más vana, más suma, más lustrosa bizarría! A este tiempo merecí algunas piadosas iras, con título de finezas; mas no fueron merecidas, miento, que cuando el deseo rendido las solicita, sabe recoger la suerte, lo que el mérito codicia. Logrando en fin los favores, desconfié de las benignas piedades tuyas, porque como el mérito vivía tan lejos de mí, no hallé donde aposentar la indigna, loca, altanera, infructuosa, florida esperanza mía, que nunca la razón supo confiarse de las dichas. Donde también a este tiempo Fortunio (aquel que tenías por Padre adoptivo) me hizo con forzada pleitesía, y voluntario homenaje, que jurara (oh ley indigna!) guardarle un secreto (siempre que me acuerdo de este día conozco el yerro que hace, quien nevio se determina a callar lo que no sabe, que ha de poder en justicia.) El secreto revelado, fue el decirme, que eras hija del heroico Don Fernando, ilustre Rey de Castilla. Aquí glorioso, confuso, las acciones suspendidas, alborozado el aliento, con dulce muerte la vida, temí el jurado secreto; oh a cuanto el honor obliga! Trájete a la Corte, y tú en la guerra te ejercitas; yo en la palestra de amor formé más cruda milicia: mira tú si antes te quise con ansias tan excesivas, después que haría al saber que eras mas que Don Juan, doña Elvira; que a poder acrecentar la llama, que en mí vivía, aún más allá de lo inmenso pasara desde remisa? Y así, beldad más que airosa, dulce apacible homicida, serénense con tus rayos las borrascosas esquivas flechas, navegue mi amor por blandas ondas tranquilas? No te busco para fácil, búscote para divina; no culpen mi atrevimiento tus suaves hermosas iras, que aunque suele deslucir el mérito la osadía, el que tanto emprende, hace la temeridad bienquista. Fulmínenme ya tus ojos con airadas, encendidas, apacibles, engañosas, duras, blandas, tiranías, que como violentas hieren; y halagan como remisas; que ya el imperio de mi alma sus flechas apetecidas, tiene tanto, que si faltan en el trono de tu vista, a morir por esos graves tiernos rigores aspira, pues si cuando miran matan, más crueles son si no miran. No poco estimo, Don Nuño, que abrigues en las cenizas del pecho, de antigua llama las generosas reliquias; Mira si quien te confiesa cara a cara que te estima, de la estimación pasara a obligarse. Doña Elvira. Ay más cruel raro estorbo! . Elvira a verte venía con Don Pedro de Atarés mi señor, que solicita efectuar el casamiento. Dilatadas son las dichas, señora, de un infelice, que a vuestros ojos aspira. Será en su luz, si gloriosa; despeñada la osadía. Quién os mete a hablar a vos! Yo, pues ni soy vuestra hija, ni ignoro quien fue mi padre. Hija es del Rey? Sí. Agustina, Traidor sois, pues revelasteis el secreto a Doña Elvira, y en público estáis retado. Sin que de reñir me exima, digo, que se engaña, quien dice, que la lengua mía fue quien primero lo dijo, Al Rey voy a dar noticia. . Dijísteiselo a Don Pedro? Delante de Doña Elvira. Pues ya retado quedáis, y no culpéis que se diga delante de vos el duelo, cuando en público se lidia. Pues ea, señalad el campo. Tened, suspended las iras, que no habéis de teñir solos, porque en la palestra misma reto a Don Pedro Atarés, pues quiero ir en compañía de Don Nuño, y podéis voz ir en la suya. Aún no olvidan las robusteces de Jaca vuestro valor? . Nunca olvida el desempeño mi honor, que injustas leyes motivan. Señores, aqueste hombre es mujer hermafrodita? Por qué pretendéis, señora, hacer tan feliz mi vida con crueldades tan hermosas, y discretas valentías? Dejad lisonjas, pues más mi ardiente rencor incitan: No os acordáis que vos mismo en aquesta galeria. me dijísteis, que era muerto quien me engendró, y que no era hija de Fortunio, pues mi padre más alto hombre tenía? Todo fue al pie de la letra, y yo fui de ello testiga. Es verdad que te lo dije. Si así es, porque desafía a Don Nuño Don Fortunio? Porque vuestra luz no siga. Mas es por razón de estado, pues Nuño la sangre mía . tiene; pero la palabra de Don Pedro es quien me obliga, . Pues sabré yo. Qué sabréis? Qué es aquesto, Doña Elvira? Señor, con mi padre hablaba. No es padre, que hoy se descifra el enigma, que encubierto dentro de tu alma tenías: la Reina, que te ha casado, dirá de quien eres hija. La Reina será con Nuño, como la ofrecí. Alma albricias! Señor, ya la Reina llega. Salgamos a recibirla: Vuestra Majestad hermosa sea a mis ojos bien venida. Y vuestra Majestad llegue a los míos, con más dicha, porque en cuidado me tienen estas guerras de Castilla: como fue con el Obispo? Dile a Alfonso por su vida a Calatayud. Daroca, a Zaragoza, a Velilla, Soria, Borja, y Tarazona, y yo he de tener las Villas en feudo, que él ha ocupado en mi Reino. Gran partida! Un Rey que quiere ser Fraile, solo entiende de capillas. Dios conserve esta concordia, Señor, el Rey Don García de Navarra el homenaje deshacer quiere. . Su firma será por Real, permanente. Cómo ha de ser, si hoy se mira en término de borrarla? Guerra pide esto, y justicia, Si la tengo, y si la pide, Dios la dará muy cumplida. Haya guerra con Navarra, A vos no os toca, García. Conviene haberla. Ni a vos, Lope de Luna. . Es precisa para la quietud del Reino. Ya es varia vuestra porfía; guerra contra Moros quiero, no contra Cristianos. . Digna será a los ojos de Dios la Católica Milicia. Así lo juzgo. Buen Rey! Su perdición causa risa! Hay negocios? Aquí hay algunos. Pues sentaos, Inés mía. (ro, A Iván Nuñez mató el Mo- y al noble rocín en que iba también mal le hirió, y se volvió herido a su casa misma, donde por hallar cerrado, llamó a las puertas con prisa; salió el hijo de Iván Núñez, y le brumó las costillas. a palos; viéndolo el monzo, que curarle antes solía, afrentó, por defenderle, a su amo; pero él se indigna, y también le dio de palos al mozo; y pide justicia. Mando, que la cama, y mesa adonde el hijo solía descansar, den al caballo, y a él su establo, y su oficina: y que el mozo a costa suya cure, y piense por su vida al caballo. Y mesa, y cama se le ha de dar? Pues no admiras, que llamar supo en su casa; viniendo a curar su herida, y que más bruto fue el amo, cuando su lealtad castiga? Hay santidad más notable Hay más fincera malicia! Decid más. Luis labrador tiene en un cerro una viña, donde un cierto galgo entró de un Cura, que a caza iba, y el dicho Luis le ahorcó en ella, y el Cura pide en justicia trescientos maravedís. Luego a prueba se reciba el pleito, que es sospechoso, porque en un Cura no es digno acción se ocupe en la caza, si estudio, y rezo le obliga: Decid que no le den blanca! Eso es darle el perro. . Mira que por burlarse del Rey estos pleitos le recitan. Deidades son de la tierra los Reyes, y es osadía. sacrílegamente torpe no reverenciar su vista. , Decid Una vaca un Moro en su corral la tenía, adonde un toro pasó de la casa más vecina: y era el dicho de un Cristiano, que viendo que ha pocos días parió la vaca le pide la mitad. . Que no la pida; porque ya perdió el derecho, Esposo, esto trae malicia, Yo lo remediaré todo, con cautela prevenida. Ea idos con Dios, y ved si quedan más sabandijas en el Arca de Noé, que yo las veré otro día, Cayó en ello! Es muy agudo! Bueno va el Fraile! Ay mi Elvira! Señora el Rey va enojado. Con mucha razón se indigna con vasallos desleales, que hacen mesurar su vista. Mucho temo que estás gracias no paren en sus justicias. Pararán en Alguaciles, que ellos así se apellidan. Quieres oírme una glosa que hice a uno de la Villa? Será ella dos veces mala. por ti, y por quien la dedicas, Óyela. No puedo ahora, venga si la traes escrita. Escribila en mi memoria. Esto ha de ser, Doña Elvira, que Don Nuño es hombre digno de tus favores. Me obligas con tus preceptos, señora. Cuando el Rey gusta, le estima. Adiós Don Castrucho glosa. Adiós glosada Agustina. Mandome su Majestad llevar la respuesta luego. Dejadme volver a leerla. Cansado, y confuso vengo. Como os tengo ofrecido, Padre Fray Frotardo, que en las dificultades más arduas he de so licitar vuestro consejo; sabed que la que hoy se me ofrece no es la menor, pues los Ricos Hombres, y Caballeros de mi Corte me ha- cen, ya en la guerra, que lleve sin orden las armas, ya en Palacio, que juzgue los pleitos de ani- males ridiculos, y detrás de mí murmuran, tanto, que ayer les decir querían hacer Rey a Don Pedio Atarés Aconse- jadme como prudente reser- vando el secreto de Nuño pues juzga que va a otra cosa. El que solía ser vuestro subdito. Oh Ramito santo! oh grande! o ciencia infusa del cielo! , Y cuando con Doña Elvira celebráis el casamiento? Ya la Reina mi señora a mi indignidad ha hecho la merced, y no sé cuando, tendrán logro mis deseos. Para gozarla seguro falta antes al honor vuestro un requisito. . Cuál es? El Rey os le dirá luego. A mí el Rey? confusión rara! Válgame Dios! porque medio responder podré a Ramiro? pues si lo que escribo sello, podrá este abrirle la carta, por descubrir el secreto; irle a ver, es dilatarlo; pero ya de un ardid nuevo quiero valerme; Don Nuño, notad cuidadoso, atento cuanto yo aquí ejecutare, pues de palabra no puedo responder ni por escrito. Bien me veis en este ameno jardín ir cortando flores. Con mas confusión me quedo! Id notando mis acciones. Eso es cortar los soberbios pimpollos, que sobrepujan, las altas flores, haciendo, que en una concordia queden iguales. Hay más misterio, decid lo que habéis notado al Rey, mas ved que os advierto, que si a otro lo reveláis seréis traidor Caballero, y no lograréis a Elvira. Id con Dios. Válgame el Cielo! si es mi vida, o si es mi muerte la que encubre este secreto, . Si lo ejecuta verán los desleales a un tiempo, el mayor Rey de los siglos, en el mayor escarmiento. Para que a Huesca convoca, los Ricos Hombres? Yo entiendo, que quiere a Navarra hacer guerra. otro es su pretexto; ya parece que el buen Fraile nos va teniendo algún miedo. Siempre fue en mí la opinión juraros a vos Don Pedro, por Rey de Aragón. . Y todos. Yo os estamo aquese obsequio; pero antes podía aceptar lo que ya despreciar puedo, Por qué? Por ver Coronado a quien tanto reverencio pues como deidad es ya mi justo absoluto dueño, y no es lo mismo hallar antes prerrogativas de serlo, que querer hoy usurpar, a un digno Rey el Imperio. No está mala la ironia. Aún en lo humilde es soberbio! El Rey en su Real Palacio, a Grandes, y Caballeros convoca. Qué quiere el Rey? Dicen que está ahora fundiendo el metal de una Campaña. Pues qué ahora da en campanero? No os burléis, porque en los Reyes todo ha de paracer bueno Proseguid, que decís bien. Ha traído para este efecto los mejores oficiales de Francia. Bueno va eso! Y dice que esta Campaña ha de hacer tan grande estruendo, que se oiga por todo el mundo, sin cesar en ningún tiempo. Grande Archime des! Notable! Rica industria! Bravo ingenio! Quiera Dios que la Campaña no se doble por los muertos. Entrad niños, y aguardad. A que el Rey nos ha llamado? A que viendo la campaña, seáis vosotros los badajos. Qué campaña? Una que hace: No poco misterio aguardo al descifrarse este enigma, . porque el Rey ha ido llamando a los Grandes por su nombre, y otros fuera se han quedado. Digo, y en esta campaña han de repicar muchachos? No, que han de servir de tordos éncima del campanario. A nosotros no nos llaman. Mucho, Nuño, he recelado, Vamos a ver la campaña. Señores, a qué esperamos? Para ser hijos de Grandes, cierto es que os crían muchachos. . Señor Rey todos seremos Algo le ha inspirado el cielo. Gran ruido hay, estoy turbado! . Eso aguardo. Noble Reino de Aragón, amigos, deudos, vasallos, que heroicamente arrastráis tantos lustres, como lauros; al Segundo Ramiro, que con justicieros labios os llama, para escarmientos, si os encontró para aplausos. Esta es la Campaña, esta que en el espacioso ancho término de todo el mundo; se ha de oír hacia los años. Ya habéis visto, ya habéis visto la Corona en tres hermanos, temed, temed al tercero, que os amenaza indignado, sirva este castigo, sirva de escarmiento, y desengaño, para injustos, desleales, torpes, traidores, vasallos, Y vosotros, descendientes de estos que están de gollados, temblad, temblad mi justicia, que aunque es piadoso mi brazo, sabe como justiciero dar castigo a los agravios: Y así hoy en cabeza ajena quedaréis escarmentados. Viva Ramiro pues une piedad, justicia, y aplauso. obedientes. , . Todos por Rey te tendremos. Juraislo así? Sí juramos. Qué espectáculo tan feo! quince son, si no me engaño. A ti, Don. Nuño, es razón premiarte. Es muy fiel vasallo; en premio, Nuño le dad, a Doña Elvira la mano: llamadla. . Ya, señor Rey, ser leales hemos jurado. Pues Dios os dé mucha vida, Absorto me tiene el caso! Esta es mi mano, mi Elvira. Con toda el alma la aguardo. Cielos piedad, Casaste tú? Y qué me das? En dote un epitalamio. Para remediar doncellas el dote es de mucho gasto. Y aquí, señores, da fin: ya ustedes habrán notado en Pedro, Alfonso, y Ramiro, la Corona en tres Hermanos, no siendo más que del uno, y hoy mía será, si os agrado. Vamos repitiendo todos entre la música, y llanto, Viva Ramiro, pues une piedad, justicia, y aplauso,
