Texto digital

Texto digital de Contra su suerte ninguno

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Jerónimo Malo de Molina
Atribución estilometría
Jerónimo Malo de Molina Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Contra su suerte ninguno. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/contra-su-suerte-ninguno.

Logo BICUVE

CONTRA SU SUERTE NINGUNO

JORNADA PRIMERA

Valeroso terror del Oriente, ejército triunfante, y numeroso, que en hombros de la fama, en vuelo ardiente, llegas de Marte al trono belicoso. Tú que de lauro, el cerco de tu frente, murado envidia el Sol de ti celoso; tu Emperador te obliga en grave acento: Pompeyo el Magno soy, estame atento. Cuatro lustros al tiempo sostenía mi floreciente edad, apenas, cuando, la Siciliana opuesta Monarquía quité de Roma, al enemigo bando: Marco cruel, que a tanta tiranía, se concede ambos polos conturbando; para que allí en su ejército imprudente, doblaste a mi coturno la alta frente. Vencile, y desde allí volviendo a España; por castigo inclemente Desertorio, domé de una invasión, de una campaña, todo su nunca entrado territorio: ir fuego celeste, en quema tan extraña, me venero el Romano Consistorio, viendo que en los vencidos Españoles, predominaba Sol a tantos Soles. Volví a Roma después de nuevas glorias, donde en carro eminente, que fatigo, los triunfos que requieren mis victorias, de Asia, de Europa, y de África consigo: alli dando burila mis memorias, ve Roma, que en el triunfo van con migo, despojos de mis hechos inmortales, cuatrocientas, y más personas Reales. Este soy, Capitanes, que he querido, cuando César me ofrece la batalla, decir el que he de ser en lo que he sido, para que no dudéis aventurarla: César, hoy a mis manos se ha venido, infausto Capitán de vil canalla; muera este nuevo Mario, que así altera la paz de nuestra patria, Muera. . Muera. Ahora pues, que exortado, contemplo vuestro valor, y en defensa de mi honor, se ponderá acrisolado; seguidme, porque prudente disponga el campo. . Camina, . Viva. y el Cielo que te apadrina, fije el laurel en tu frente. Si hará, pues contigo estoy. Si hará, pues dártele espero. Amigos, con vuestro acero, seguro en mis dichas voy. Mi hija, y esposa tuya, te sale al paso. Es de amor raro ejemplo. Su valor, no hay grandeza que no incluya. Hoy con nueva gallardía procura ensalzar tu diestra. Es en fin, Roselia, vuestra hija, y esposa mía, y antes que llegue, es razón, a mis pies deba a sus manos, favores tan soberanos; venid Noble Cipión, y en parche, y clarín, reciba la salva que yo. . Tocad, y al Cielo juntos clamad, viva el gran Pompeyo. Viva, aunque hará mucha cosa, si a buena luz se previene, en vivir mucho, quien tiene al lado mujer hermosa. Pero volviendo a Pompeyo, que a todo el campo a tenido, más callado, y suspendido, que Amor a Lucio Apuleyo. Digo que ha estado el sermón bravo; pero aún no con él, ha de obligarme a ser fiel Ministro de su estación. Porque yo, solo procuro lograrme sin embarazo, que andar al puto porrazo, no lo tengo por seguro. Esto he de trazar de modo, contra las iras de Marte, que sin deslucirme en parte, venga a conseguirme en todo. Tiene el gran César de aquí, tan cerca su campo, que en uno, y otro podré decir, que a entrambos seguí. Con lo cual, cuando el furor, rinda uno, y otro estandarte, me ostentaré de la parte, que quedare el vencedor. Bien así como el que ve) llegar dos que chabacano, al que gana da la mano, y al que pierde da del pie. Mas sin saber lo que he hecho en mi discurso ocupado, al ejército he llegado de César, que en el repecho de un monte, y su tienda, como Pompeyo pienso que trata, de echarnos otra bravata, Capitán de tomo, y lomo. Alto pues, llégole a dar, con la que he trazado aquí, que pues Romano nací, entrambos la han de tragar, Ce Itritable escándalo del Orbe, congregación de Palas generosa; que a pesar de la envidia que el mar sorbe, huellas del Sol la Eclíptica dichosa. Tú que ajena de brazo que te estorbe, vínculas a tú sien palma gloriosa; tu Monarca te invoca no vencido; César el grande soy, prestame oído. Tierno albor en mi rostro amanecía, el curso de mis años, cuando ardiente, sobre las galias como empresa mía, tributario me busca el Occidente. Allí de los Helbecios gente impía, alojados del Rin en la corriente, que tal vez presumieron agotalla, trecientos míl me ofrecen la batalla. Dóisela pecho a pecho, en quien mezclados, veinte horas los dos campos titubean, los Dioses, si de aquel en los airados, o si de aqueste en los sañudos crean. Hasta que yo venciendo sus cuidados, para que tierra, y cielo mi honor vean, puesta la espada en alto a cielo, y tierra, quité la duda, y fenecí la guerra. Cien Ciudades, mil villas he ganado, con esta espada por mi mano amigos; y en diversas campañas he lidiado, con cien mil centenares de enemigos. De quien las treinta, y más que he aprisionado siendo a tanto valor claros testigos, sueltas por mi del yugo sus gargantas, dicen que el Orbe se pondrá a mis plantas. Este soy; vedahora, o generosos Varones, cuan sin médula, cuan vanos de Pompeyo los fines ambiciosos, perbierten la unidad en los Romanos. Des hagánsele bríos tan dañosos, acabe pues, en vuestras fuertes manos, este infaciable Sila, que a tan grave rigor la patria obliga. Acabe. Acabe. Ya pues que en voz confirmada, de amor heroico nacida, antes me dais conseguida la victoria, que intentada; vamos donde mientras llega, Marco Antonio con la gente de Brundosio el campo asiente; pues ya sin duda navega, como le ordené. Si hará, aunque del tiempo el rigor no es mucho que a su valor suspenda. Zampome acá, que puesto que he fabricado el modo de acreditarme, no tengo que recelarme de mal suceso. A soldado, qué buscáis? idos de aquí. Déjale, que alguna cosa pretende. Y bien provechosa. porque soy, escucha. . Di. a. . Romano, ya lo verás. Y bien? . Tan tu aficionado que por tu amor ha llegado el mío a no poder más. Espía tuya en efeto desde tu campo me fui, al de Pompeyo, en quien vi tratar con todo secreto, no el sacarte al campo armado, si no con infame acción, la noche hacer tu prisión, que duermas más descuidado. Porque aunque saben que estás en gente muy inferior, han dado en este traidor arbitrio de Satanas. Diciendo, que aunque en batalla te venzan, puedes librarte; y dispuesto en otra parte, volver de nuevo a empezarla, Con lo cual eternamente durará la guerra, y que preso tú, claro se ve, cesa todo inconveniente. Yo pues, que cuerdo, y astuto, porsuyo, señor, me he dado, para que sin ser notado, te coja siempre este fruto. Apenas tanta insolencia de su maraña entendí, cuando con lealtad partí, a darte aquesta advertencia. Con cuya acción, si tuvieres por bien oírme, y honrarme, podrás, y sino mandarme echar, donde tú quisieres. Cómo yo, nunca otra vez te he visto. Malo es aquesto, . quiso, y revolviome el resto: él me estirará la nuez. Señor, como hasta tener servicio con que obligarte, ni en esta, ni en otra parte, quise darme a conocer. Hoy que le tengo lo hago. Pues prosigue en la invención, que a tiempo, como es razón, verás que ese amor te pago. Y ahora porque tu hazaña, logre puerta al interés, toma , . Hechareme a tus pies, no medra aquel que no engaña. . Prenderme a mí, cuando airado, soy quien la batalla obligo, y quien de tanto enemigo, laurel se ciñe dorado? Preso yo, que a la deidad de Venus, mi origen debo, y en sangre, y en valor pruebo, ser suya esta autoridad? Júpiter excelso vive, con soberano poder, que hoy mi contrario ha de ver, la acción a que se apercibe. Hoy el sitio adonde está, aunque fuerte, y dilatado, de altivos muros cercado, por mi ejército verá. Y en ellos todo el Oriente, que a quien Pompeyo amenaca, con valor, no con vil traza, le oprime afrentosamente. Mas ay, que es mi gente poca, para tan grande invasión; pues que he de hacer corazón, ya que lo ha dicho la boca? Esperar que Antonio llegue, y entonces obrarlo? si; pero si el mar, ay de mí! no deja que al mar se entregue; que he de hacer? mas ya he pensado, cómo traerle podré; porque mi valor no esté, ni un instante amenazado. Y desmentíreme aquí, si puedo a tanto pesar; no, que me llega a inquietar nada se entienda de mí. Ven acá amigo. . Señor. Que cosas notables tiene, de Pompeyo el campos Él viene a ser, del mundo el mayor. Di, por qué? . Porque si aquí. quieres de gusto escucharme, y algún tántico humanarme, lo divino que hay en ti; podré gran señor decirte, dejando a parte el estruendo de su gente, a lo que entiendo, cosas bien raras. De oírte gustaré. Pues lo primero que vi, para que te espante, fue un Indiano con semblante, de prestar algún dinero. Vi un rico, que de hacerbanos discursos se despedía; y un Capón, que no tenía juanetes en pies, ni en manos. Vi una mujer que al pedir, jamás la lengua inclinó, y un sastre en quien no se vio, tampoco hurtar, ni mentir. Vi celebrar a un mezquino la mano de un gastador, y un tabernero señor, que no hechaba agua en el vino. Vi un calbo que se reía del que más pelo criaba, y un Sacristan que lloraba, cuando alguno se moria. Vi un Letrado que oportuno los más pleitos componía, y un Médico que no había muerto en su vida a ninguno. Pero hablándote de verás, vi a Roselia, cuya rara hermosura absorto para, el movil de las esferas. Cuyo cabello en que el oro, como en su espejo se ve, desde sí mismo hasta el pie, riza de Arabia el tesoro. Cuya frente que serena, cielo se aclama de amor, es de quien toman color, el jazmín, y la azucena. Cuyos ojos que a centellas, mil al Sol prestan faroles, Estrellas son, que por Soles, obedecen las Estrellas. Cuyas mejillas, que igual candor, una de otra beve, sangre son, que sobre nieve, regó exprimido coral. Cuya nariz, que en agravios, pone al buril de más vuelo, doseles, que bordó el cielo, para cielo de sus labios. Cuya boca que el papel de su sitio sella hermosa, abreviatura es de rosa, que escribio galán clavel. Cuya barba, que en hendida, calidad mil tiene Godas, es donde se encierran todas, las leyes de la Partida. Cuyo talle en hermandad, de tanto asombro gentil, pompa es del mayor Abiil, que informa luciente edad. Cuyos pies, como no es nada, lo que ser mostraron, parece que se quedaron a serlo todo de pies. Y en fin, cuyo todo hermoso, tan raro me pareció, que solo allí me faltó verte, o gran César su esposo. Porque al mirarla agraviada de su anciana compañía, dije solo en ti caía; bien lo de César, o nada. Calla, que me has despertado el amor, que antes de ver su pecho en otro poder, el mío tuvo abrasado. Pero amor disimulad, que puesto que se acabó la esperanza, ya cesó la inquietud de su beldad. Hermosa Roselia es, con justa razón, así la alabas. Dimelo a mí soldado, que al interés de oírte, el alma rendida, ferio todo su decoro; más que mucho, si la adoro, como a ingrata de mi vida, que aunque en tanto dueño está. Y aunque César, a quien yo tengo por padre, la amó, nada impedirme podrá. Cómo te llamas? Señor, Gusano al servicio tuyo. Vuélveme a ver. Nunca huyo de ti. Estimaré tu humor, dando el premio que merece a tu aviso, y lealtad. Mil siglos tu hermosa edad, dure en la que hoy resplandece. Cierto en vuestra sangre voy. Yo a hacer otra enbustería. Roselia tú has de ser mía, . o no he de ser yo quien soy. Mueran los que pretendieren, hacer a Grecia ventaja. 2 Los que al Añia, no prefieren, mueran a manos del Asia. 3 Viva el Ponto. 4 Armenía viva. s Capadocia triunfe. o Italia Reine. Aún no cesa el tumulto? Las Naciones alteradas, de nuevo sobre los puestos, que han de tener, se levantan otra vez a motín nuevo. Dadme, volveré a quietarlas, presto un caballo. Tened amigos, tened las armas, y solo viva Pompeyo. Mas que escucho! Es que gallarda tu esposa, sobre un caballo, que veloz al viento iguala, las disensiones enfrena. O Semira mis Romana! pues no había vuelto a la tienda? No señor, porque apartada de todos, cuando saliste a sosegar la amenaza primera, de que ahora vuelves. Discurrio por las estancias de todo el campo, mostrando de su gran valor las altas prendas, tantas veces vistas. Y quién es quien la acompaña? Su ilustre padre. . 1 Roselia, viva, y Reine edades largas. 2 Viva la Venus de Roma. 3Viva la invencible Palas, para triunfo de sí misma. Pompeyo, Pompeyo. Oh cuanta es la alegría, que al pecho, viéndola produce el alma. Quieto él motín al Imperio, de suvoz mi nombre aclaman, y del caballo la apean. Todo está puesto a tus plantas, Las de mi esposo en el trono de Marte verá Farsalla, si el paves que desembrazo, y que hoy trancé para gala de mi brío, contra el Orbe, vuelvo a reperir mañana, fijando en su heroica frente la diadema que le aguarda. Tomalde allá. Dulce esposa deja, que en tus alabanzas, , o clarín amante mi lengua, hurte el oficio a tu fama. Deja. . Suspended, señor, los afectos que declara vuestro amor, que si mi brazo, tanto tumulto os allana, es, porque el vuestro le ilustra, cuya sombra le afianza, para que del Sol las luces, se le humillen tributarias. Vos sois quien lo ha conseguido, vuestra grandeza es quien halla, del mundo en si estos respetos, como en tan alto Monarca. Bien que a mi padre se deben, empleos que a vuestras aras, de esta, y de acciones mayores, víctimas nobles consagra. Ya yo sé cuanto le debo, y cuan heroico me paga la estimación, que a su pecho, sacrífica mi esperanza. Si al amor, que en vos me obliga, milltar fuerza lgualara, nuevo Macedon os vieran, cuantas Provincias se abrazan, desde adonde muere el Sol, hasta donde nace el Alba. Dadme los brazos. . El cielo vuelva por tu justa causa. Del campo del enemigo, que se dice? Que no pasa de treinta mil convatientes; más que de Brundusio aguarda a Marco Antonio, en quien libra César toda su esperanza. Viene ya embarcado? Quieren que venga, si el mar se amansa, que entronizado estos días, con las Estrellas se casa. Y es mucha su gente? Fuerte, dicen que conduce Armada: pero que importa, si el mundo. todo, milita a tu espalda. De la bondad de los míos, ningún riesgo me acobarda: pero antes que Marco Antonio llegue, he de dar la batalla, si el campo de mi enemigo, está en ocasión de darla. Verlo fuera bien. Si gustas, gran señor, que yo. Si mandas, que en esa acción, y en ella, quieres dar premio a mis canas, yo también. Oh como ahora siente mi valor, la falta del ser que de aquesta empresa, con tanto rigor me aparta. Y que ya que soy mujer, me impida la circunstancia. de tuya, para que viera el mundo, que de mi audacía, ni hay imposible seguro, ni horror que tiemble mi espada. Con ella el Imperio es mío, quédate ahora, y descansa, en tanto que salgo a dar, al ejercito las gracias, de haberdado a tu respeto, atenciones tan hidalgas. Pues no saldré yo también? No esposa, que fuera baja humildad de tu justicia, pensar que teniendo tanta, para que el mundo te rinda, demostraciones, más altas, hayan menester tu lengua, en ningún tiempo pagarlas. Por el favor te obedezco. Y quién ordenas que vaya, a reconocer el campo de César? Vuestras hazañas conozco, verlo he después, vamos, yo he de ser, quien haga tan ardua experiencia, a Dios esposa. El con bien te traiga. Buena anda la borrachera, y buenos mis juicios andan; de uno en otro campo, siendo mercader de pataratas. Pero aquí yace Roselia, quiero decir que está en casa, si es justo nombre a una tienda, de su sol divino Alcázar; que de bien labrados pinos, tan grande opulencia entabla. Gusano. Señora mía, tan sola? mas como guardas tus Damas con tal clausura, que el que más juegue a las damas, es imposible que pueda, ni comerlas, ni soplarlas; no me espanto. . Bueno vienes, que has hecho hoy? No es casi nada, con la de César le pego, . que aficionado a su gala, me dejo por todo extremo. No respondes? Traigo el habla, del cansancio en los talones; perdóname la tardanza, porque por servirte he sido, espía de más de marca, Cómo? En el campo de César he estado Y bien, que se trara en él? Solo en dar un corte al tuyo, con que le haga, tan entendido, señora, que en todo, del todo calga Tiene mucha gente? Y buena. Pues su Capitán que aguarda, que la batalla no ofrece? Que le acaben unas calzas pienso que espera. Estás loco? Sale muy galán mañana, y así Dios me de salud, que hablando fuera de chanza que es el hombre más gentil, que ha tenido nuestra patria. Que talle, que airoso brío; que pie, que pierna, que cara; que presencia, que valor; que frescos años. . Acaba, donde vas? Solo a decirte, de su persona las raras excelencias. Bueno está. Y qué? Ten la lengua, calla. no me acuerdes, hay honor, la inclinación que trocada, ya en el amor de mi esposo, dedicó a César el alma, otro tiempo, que mi mano, pretendió su edad lozana. Pero qué digo? soy yo, la que así su olvido agravia? mas son efectos de amor, que nadie entiende sus causas. Ya sé que es muy galán César, más para otra vez repara, que a mujeres como yo, no se les dice alabanzas de otro hombre, que de su esposo; d . y que si adelante pasa tu locura en casos tales, te haré colgar de una escarpia. Honor huid al honor, viendo que de lo que se ama, una vez para incitar, alguna aprensión bastarda, as la relación presencia, y está con ojos del alma: y que aunque después lo llore, con calidades de honrada, se introduce en menos tiempo, el daño que se restaura. . De hoy más coseré mi pico, y aunque la afición me haga, de César dos mil cosquillas, callaré como una estatua, o para acertar daré a una vieja la demanda, que ellas solas saben, como se negocia barba a barba. Sin que mi ejército entienda lo que mis designios trazan, de aqueste gaban cubierto mi Real decoro, en la barca de aquel pescador Amiclas, que pobre habita estás playas, he de pasara Brundusio, pues ya prevenido aguarda. Así traeré a Marco Antonio, y así su gente llegada, tendrá ejecución el cerco, que prometió mi palabra, a todo el Real de Pompeyo. Pero entre estas rocas altas ha de estar Amiclas sola, pescador. Ya disculpada tu tardanza. Pues bien, cómo? Como hasta el cielo encarama sus ondas el mar, y es fuerza, que suspendas tu jornada. No es posible. Gran señor, mira. Aunque de espumas blancas inaccesibles al miedo, ofrezca el viento montañas, doblándose en cada una, fiero el horror de las parcas, he de pasar a Brundusio. Señor, aquí está la barca, más mira que has de perderte, No temas amigo, traila, llégala, y al mar te arroja, que en la mía, y en tu guarda, va la fortuna de César; ondas mitigad la saña. Después de haber a los tres ocupado con distancias, lejas de impedir mi intento, viendo que ya en fin estaba junto casi al Real de César, y que según de sus largas noticias sabido habemos, no ha de ofrecer la batalla, saliendo del entre tanto, que a Marco Antonio dilatan. Rigores del mar temiendo, con su poca gente el darla, por esta parte, que altivas peñas sus ondas atajan, y mi intención favorecen, vengo a ver, que muros guardan, pertrechada su persona. Oh como alterado brama, el piélago que hasta el cielo, montes de cristal levanta. Piedad soberanos Dioses. Qué voz es esta? Hoy contrasta mi fortuna el mar. Señor, que nos perdemos. Más claras, y demás cerca las voces, favor a los cielos claman; pero en el mar sin gobierno, rota una perdida barca, viene por golfos de espuma, surcando muertes de plata. Ya de la orilla en las peñas llega a chocar, y ya el agua en vracanes soberbios, que repite el ceño salva, de sus copetes adonde, volcando la humilde tabla, de dos hombres que despide, uno hasta mis pies alarga: que pavor. Válgame el cielo! Notable esfuerzo. Ha inhumana fortuna! quédose Amielas. Quién eres? Yo soy, quien basta a romper de injusto hado, cualquiera ambición tirana. Pero tú quién eres? . Yo soy, quien ninguna contraria he tenido, que no he visto, como a ti nuesta a mis plantas Pompeyo es. César es. Aquí mi valor me valga. Aquí mi honor me aconseje. Que aún no me quedase espada de la termenta. En fin somos. Yo quien pública la fama. Yo quien el Orbe sujeta. Yo quien hasta el Sol se ensalza. Yo quién sobre las Estrellas sube. Yo quien las bajara al suelo, como me fueran en él de alguna importancia. Dírete quien soy. Yo, y todo te lo diré, aguarda. Aguarda. Propicio el cielo a mí ser tan alto me le buscó, que parece que no halló, otro en que poderle hacer. Donde, porque mi poder conozcas, permite que hoy, al llegar adónde estoy, veas postrado, y rendido, que soy todo cuanto has sido; y más lo que yo me soy. Marte segundo del suelo, mi ser me aclama, y la fama, estatua suya me llama, fija ya en el quinto cielo. Tu conoce en tu desvelo, donde llegas, pues te ves, desde esa barquilla, que es vil ceniza de tu frente, llegar a ser solamente tierra que huellen mis pies. De estatua tu pundonor, blasona en mentido empeño; más fue la que vio en su sueño, aquel Nabucodonosor. Bien te asímila tu ardor, pues después de verla altiva, porque su Imperio aperciba, el detrimento a que va, breve piedra a sus pies da, que su vanidad derriba. Yo pues, que en ser más famoso, que el de tu estatua nací; si a tus pies me has visto aquí, fue prodigio misterioso. Pues para que ventajoso me admires entre tu anhelo, viendo que soy más el cielo, breve piedra me arrojó de mí mismo, porque yo dé, con tu estatua en el suelo. Antes este es baticinio, de que Roma nuestra patria, te ha deber muerto a mis pies. Que esto sufra mi arrogancia! . Qué haré cielos, matarele; pero no, que está sin armas. . En notable riesgo estoy. . , s, Por aquí aportó la barca, y por aquí ha de estar César. Por aquí, si no me engañan las señas, está Pompeyo. Esta es mi gente, que anda en mi busca. Esta es Roselia, que admirando mi tardanza, con gente a buscarme viene. Amielas es quien lo causa. Gran César. Esposo mío. Marco Antonio, tu en Farsalía? Si señor, que la tormenta, como pudo ser contraria, fue favorable, y en este punto llego con tu Armada, y a buscarte aquí. Lógrome el cielo mis esperanzas. Qué es esto, señor? Tú en tanta soledad con tu enemigo? También yo soy de la danza. Tú solo entre tanto riesgo, sin arnes, y sin espada? No importa, que en mivalor mi encumbrada sangre, guarda mayor acero. Bien tienes ahora donde mostrarla. Siempre yo soy el que soy. j Pues mañana. Pues mañana. Con mi gente. . Con la mía. En el campo. . En la estacada. Te esperaré. Yo también. Y entre incendios de mi saña. Y entre ardores de mis iras. Y entre asombros de mis ansias. Y entre furias de mi pecho. Y entre horrores de mi espada. Y entre trancos de a diez leguas Será Pompeyo el que mata. Será César el que vence. Será Roselia el que abrasa. Será Bruto el que sujeta. Será Cipión el que allana. Será Gusano el que afusa. Toca al arma. Toca al arma,

JORNADA SEGUNDA

SEGUNDA JORNADA , e Ea Nobles Pompeyanos, saltad los muros, saltad. Ea Césarinos, dad al valor las fuertes manos. A ellos. . A ellos. Zape, como se cascan allí; a ellos pero no a mí; por donde iré que me escape? Alguna cueva quisiera hallar, que en todo este día, a nadie esta boca es mía, por ningún caso dijera. Guerra. . Guerra. Allá darás, rayo en casa de Tamayo, pues para su casa el rayo, piden los cuerdos, no más. Cercó esta noche atrevido, César de muros el Real de Pompeyo, en quien igual valor, ninguno ha tenido. Pues de madera formados, con tal presteza obró en ellos, que le tuvo dentro de ellos, sus bríos acorralados. Mas cuando a la clara luz de la mañana los vio, por cima de ellos saltó a pegarle en el testuz. Y esta es la zurra que anda: cueva pido, cueva quiero: mas de aqueste roble espero, que me libre de su tanda. Y al que de los dos más fuerte vea, desde el mejorado, diré que he sido a sulado, la guadaño de la muerte. Hueco bastante por puerta, capaz ofrece, que dudo? y su ventana, que un nudo, destroncado dejó abierta. Esperad. Gran torbellino. me amenaza, a la gatera; aunque mejor me metiera en una pipa de vino. Venga ahora quien viniere, que si me importare, yo saldré allá fuera, y si no, lleve el diablo a quien me viere. Cobardes en mi valor conoceréis lo que puedo. Aquí no hay que tener miedo: César es, mueran señor, dales. Más porque en matar gente inútil me divierto? mientras por mis manos muerto Pompeyo, no viene a estar? Sepa de mí, que el cercarle de altos muros, solo ha sido, porque entre ellos oprimido, pueda más presto encontrarle. Sí, pero porque has dejado, que estos pasasen de aquí? No eres tú mi espía? Sí, y añade un León desatado. que por seguirte salió movido de tu respeto, del sitio de más aprieto, que en la vatalla se vio. Ya me ha dejado el mi rar tu hielo en esta ocasión, tan trocado, que en capón, de gallo me haces tornar. Un volcán mi brazo hecho, iba a dar con todo al traste; mas ya como me enfriaste, no haré cosa de provecho. Por qué? no tu enojo impida mi acción, si yo le provoco. Es que en pasándose un poco, al instante se me olvida. Pues vuelve, y piensa que osado puede matar tu fiereza muchos más. Es gran vileza matar de caso pensado. Bruto allí empeñado va; que hago que aquí me estoy? Si no te vas, yo me voy. Por adonde? Por acá; que no quiero quien me tase mi acción, ni quien si me pongo a su lado, ha hacermóndongo, salcoche, sino que embase. Sigue a Bruto, hay hijo amado, mientras busco a mi enemigo. . En tales casos no sigo yo, ni aún al más avisado; pero que bien a sus ojos, fingir le supe valor. Mueran. Aquesto es peor; cargado allí de despojos, sigue el tal Bruto una tropa, a quien quita una bandera; mucho le temo que muera, que anda tentando la ropa. Ea valiente mancebo, que yo estoy aquí. Aguardad viles. otra tempestad viene por acá de nuevo, y hasta saber en que esfera, puede andar mi valentía, grande necedad sería esperar; a la gatera. Yo cercado, cuando soy, del mismo Marte el poder? Tampoco aquí hay que temer; ea que a tu lado estoy. No huyáis, pero huid, que en efeto sois Romanos, y al ver morir en mis manos tantos en sangrienta lid, me lástima su improperio, que este afecto me ha debido la patria, aunque he pretendido ganar con sangre su Imperio. Déjalos. Cómo dejar? cuando sirviéndote voy, tan de firme; que todo hoy, por ti hecho un roble he de estar, claro está pues de él no tengo . de salir. Ya te conozco. (eo No es mucho, si el mismo oroz. soy; mas por que me detengo? Qué bien mi gente pelea, y el cerco inútil, que bien de César castiga, o quien, si como yo lo desea, cuerpo a cuerpo le encontrara. Suspendiome. Por que aquí, sin daño de Roma en mí, y en él, tanto mal cesara, pero a voces le he de hallar. Ea gran Domicio. Aquella es mi esposa; o Palas bella, digna de más noble altar, a quien tu valor no admira? pero voite a socorrer . Oiga el diablo de la mujer, los zampuzones que tira. Ya el mucho polvo en que está no me deja distinguir, hacia donde pudoir; más buena mi industria va: aunque otra nueva quimera se avecina, y por sí a caso, no me viene bien el paso, roble mío a la garera. á, Cansada ya de quitar vidas, que en mi brazo ardiente, rindieron miseramente, diluvios de sangre al mar: vengo en busca de mi esposo, que en la batalla he perdido, segunda vez promovido de su aliento generoso. Pierde muy en hora buena, que en ti, aunque tan osca escarbas, no me aseguran las barbas, y así chitón, Qué bien sueña la lid, y que bien trabada, . por aquella parte está. Pues no llegue por acá, que andará desconcertada. Cielos, quien de Roma el gran laurel ceñirá en su frente. César, César. Oh inclemente baticinio, en quien no cabe consuelo; luego el vencido será que le ha de perder. Pompeyo, Pompeyo. . Ser puede tal? miente el oído. miente la voz atrevida, que tan vil presagio altera. Grandes cosas andan fuera; cuidado con la salida. qué Pompeyo ser no puede vencido; aún del mismo Marte. Si será, por esta parte donde oí su voz? Ya excede esta acción de acción humana: si será, dijo al salir. Aquí es ella. . Proseguir quiero la voz. Gran ventana. Pero a Roselia he encontrado. Mas que agüero puede haber, que en mí llegue a suponer, miedos de civil cuidado? Buscándose él, y Pompeyo, me respondieron, y así, on que temo? Envistela, y di, que te lo dijo un plebeyo. Oh como hermosa, de aquella primer llama, resucita el muerto ardor, que hoy excita, mano de inviolable estrella. Si él no se arrima, es gran yerro. Qué haré amor tirano aquí? Más vuelva mi honor por mí, y el de mi esposo . Zo perro. esgrime, esgrime el acero. Mas puesto que su hermosura no la admite, vuelvo a tras. Con ese punto te das? hombre prueba tu ventura. Líbreme así de su estrago. Esto es justo. Esto ha de ser. Gran mano deja perder. Mas qué temo? Mas que hago? Hable pues mi temor fiero. Vierta su sangre mi olvido. Oyeme Roselia. . Tenca hermosa contra mí; Envido. Ya vuelvo a escucharte. . la ruina que a enmendar voy, Quiero. Estimando de mi suerte, dicha tan insigne. Para la lengua; y solo repara, que vuelvo a darte la muerte. Buscabas mi esposo? Sí. Pues ya por él me has hallado. Tómolo, y pierdo doblado. Pelea, que quiero en ti, deshaciendo una ilusión, ganar yo sola esta palma. (ma, Quién llegó a triunfar de unal. de un cuerpo es corto blasón; y advierte. naalla, si vatonmoshomos a pronunciar atrevido, algo que hayas concebido, contra el olvido en que estás? Pelea, que solo ansí, mirarte rendido quiero; Tente, y vuelve más en ti, que para adquirir despojos de corazones humanos, sobran Roselia tus manos, donde concurren tus ojos. No es eso, no fementido, lo que mi espada desea; pelea, digo, pelea. Pues pide a brazo partido. Vitoria, victoria. Allí mi gente desordenada, vuelve a tras; a Dios, o airada que en parte agradezco al Cielo, por la que en tus ojos hoy le redime a mi desvelo; pues si bien se considera, de mi partir, o mi estar, puedo aquella remediar, y esta no sé si pudiera. Cielos, qué impulso me ataja darle la muerte? Ay de mí! Pues baste? Huyendo de tí. Miren que capa de raja. Recuperar tu destrozo no podrás, véngale pues en mí, que aguardas? Él es buen hombre; pero mal mozo. Si hablas del que tú me das, bien tu lengua me apercibe; más del que en mi espada estribe, presto la enmienda verás: que en apartarme de ti, ya con evidencia infiero, que venceré al mundo entero, pues me voy venciendo a mí. . con cuyo ardid honoroso, Espera; pero no, vete: más que digo? vuelve, aguarda. O quien le echara una albarda. Que ansí mi valor sujete un secreto no entendido? pues cuando más pretendí mostrar mi esfuerzo, ay de mí! le tuve más suspendido, qué es esto? Ser tonta creo. Mas voy mi esposo a buscar. De que me sirve ganar tanto encumbrado trofeo; si Pompeyo. Pero el paso me ataja Bruto. Ay de mí! Roselia. Cielos aquí? amor de esta vez me abraso. Y aunque en su mano el acero blandiendo sañudo está, me he de atrever. Sí será Bruto, tan gran majadero como César, Este hadado, en manifestarme amor, y aunque fuera bien su error, dejar aquí castigado; como le aborrezco, quiero que viva, para que en él tenga un Maestro cruel contra César, pues infiero, que al profesar la extrañeza de este, a la de aquel acuda, viendo cuan presto se muda el uso en naturaleza, que contra mí me prevengo, cuanto de mi parte tengo que hacer, hago pormi esposo. No quita el rostro de mí; Cielos, si mi amor la obliga? llego pues. No se prosiga el alcance. Mas qué oí? . Pompeyo es. Aquí ha de estar. El viejo ha llegado, malo. Pero tu Bruto aquí? Palo. . Tan atento? Que a estorbar. me viniese? que he de hacer, si es padre de la que adoro? Qué es esto? Nunca al decoro falto de cualquier mujer, de Reyes sí, a quien mi brazo, subditos vuestros quitó estos despojos. . Pues yo. Tente, señor. Que embarazo es Roselia el que me pones, cuando porque no te halla tu esposo, entre la batalla, deja perder los blasones de la victoria, impidiendo seguirá César, que ya, desbaratado se va, retirando, si no huyendo. Porque temiendo perdida tu vida, y llorando luego, ver que Roma a sangre, y fuego, padezca tan grave herida, Tal escucho! Refrenar su heroico pecho ha podido: más muera aqueste atrevido. Quita, no le has de matar. Ni pudiera el mundo entero: con que claridad mayor, . puede Roselia, su amor manifestarme? No infiero la causa, aunque maravillo tu acción. Mi pecho la entiende. Como al mócito defiende, cascaras dijo Andresillo. Matarle tengo. No harás; y pues mi esposo me espera, ven conmigo. Considera. . Vamos. Qué puede hacer más? ̱. Posible es. Templa el furor; que cuando tan cuidadoso anda en mi busca mi esposo, tardarnos es gran rigor. No solo andí con cuidado, sino que al Real vuelta da, creyendo que en él está tu persona. Retirado se ha Pompeyo, Decio ve por otra parte. Ya voy. . César viene allí, No estoy gustoso a fe, que andan muchos por aquí. Pues bien, qué importa? No quiero verle, ven señor. Hoy muero del pesarque llevo en mí. Ya es fuerza el irnos. Tenerte con migo, es lo que me obliga, a que tu dictamen siga, sin dar a todos la muerte. Qué bien de César me ha estado la venida. Bruto a Dios, . que tiempo aurá donde vos conozcáis este cuidado. Yo le sabré procurar muy presto, hay amor, que oí? Bruto está; señor, aquí. Pues no sepa, que a buscar le vuelvo, cuando mi espada, Pompeyo en tal ruina toca. Grande admiración provoca su indisereta retirada. Muy bien hizo; y pues no tengo ya que temer, ni dudar, quiero salir, y pegar a César con la de rengo. á. Vencer pudo. De corrido no llego. Venus sin duda, templó su mano en mi ayuda, o madre en fin! No a vencido Pompeyo, miente el menguado. Gusano! Nadie me vio. Has peleado? . Pues no, y de mil ojas cercado, me vio aqueste roble, dando a mi ardor furia tan brava, que al aire con que peleaba, estaban todas temblando; y sin que sea embeleco, tanto en fin mi valor hizo, que si tu hablas de macizo, yo te salgo a hablar de hueco. Este ha de ayudar mi amor. Bruto, qué es eso? Es traer despojos, ya que vencer, no ha podido mi valor. De dos Reyes adquirir pude esta espada, y bandera, con que a tus plantas. Espera Bruto, hijo fui a decir, mis brazos: mas tente, que con esa espada me heriste. Yo señor? Aguero triste! con quien ya luchando iré. Pero no vean que en mí pudo haberle. Humilde tierra soy de tus plantas. La guerra, toda es sangre, y no es aquí novedad Antonio ven. Terrible azar. Impensado. Sangre Bruto me ha sacado, ruego a Dios que sea por bien. Sin mí voy. Qué hay Bruto? Ven, y escucha. Iré a obedecerte. Rofelia, yo he de ira verte, por mi mal, o por mi bien. Ya de este pliego que ahora tuve, cuando apenas dejo las armas, veis Noble padre, cuanto me importa teneros en Roma? Y ya vos también miráis, o ilustre Pompeyo, cuan lejos de vuestro Real vais en mi acompañamiento. No habéis de pasar de aquí; y más cuando puede el riesgo, de venir solo con dos compañías, promoveros, que alguna gente de César. No tengáis ese recelo, que mal puede darle, quien va derrotado, y huyendo: Nadie del quedó encampaña; volvamos a nuestro intento Si es volverme a encon edar mi obligación; ya la advierto. Mandaisme que a Roma vaya, promovido de ese pliego, a sosegar los tumultos, que contra vuestro respeto, de parte de César, dice, que se amagan, por ser cierto, que ha diversas voluntades, se muda fácil el pueblo. Y así descuidad, que bien con toda el alma lo atiendo, Dadme los brazos. En vos consiste todo mi Imperio. Domicio, y Torcato vayan con esa gente a poneros en salvo, mientras Roselia, y yo al campo nos volvemos, pues no hay peligro. . Mirad. No hay que mirar: a Dios. Ruego al mismo, que en vuestra edad, se halle desmentido el tiempo. Venid. No sé qué temor, de no verle más me llevo, . Esta Bruto, es la tienda majestuosa de Pompeyo; la noche baja umbrosa, cuyo amparo. . Ya veo después de eso, cuantas cosas ayudan mi suceso, cuya ocasión de ti reconocida, vengo a lograr a costa de mi vida. Bien me lo pagas, pues con tal decoro, de tu negro disfraz la causa ignoro, mas pues ya te ha servido mi cuidado, y sabes, que el haber aquí llegado tan sin zozobra, solo ha consistido, en que con Cipión hayan salido, Pompeyo aquesta tarde, y su famosa, del mundo entero, celebrada esposa, a quien viendo en su vuelta dilatados por todas partes buscan sus soldados; donde sabes te aguardo. Amor lo ha hecho, para que temple su dolor mi pecho. Roselia, tus favores soberanos, son los que con desvelos tan tiranos, me conducen a verte, sin que airada te juzgue en ocasión tan impensada, pues al guardar mi vida fueron tales, de tu amor con el mío las señales. Sírvote en algo más? Aguarda, espera, y de este altivo Alcazar de madera, los cuartos que me trais relacionados, por quien aquí se atreven mis cuidados, diiea la vist . Pues atiende, si es que has de ser en sus alcobas duende. Por aquí al de Pompeyo se encaminan; por acá al de Roselia se avecinan, y en uno, y otro son los aposentos tantos, que se te harán cuento de cuentos, Gran fábrica. Era fuerza, habiendo en ella de habitar, de asistir Roselia bella; que a estar Pompeyo solo en la campaña, no fuera su opulencia tan extraña; porque en cargando un infeliz marido con su mujer, en todo es doble el ruido. Y dime, desde aquí quien me podría ver, si entro más? Ninguno, hay talporfía? Pues no tiene Roselia en su servicio Damas? . Apura bien; no hay resquicio que dañe, si las tiene, mas como entre soldados, las previene cerradas con un torno. . Tan guardadas? Si señor, que las quiere muy cerradas. Pues amor en tus manos me encomiendo, tuya es la acción, ayuda lo que emprendo, que aunque el empeño es grande a que me obligo, el incendio es mayor que va conmigo, y el que amando este arrojó me culpare, pruebe a amar, y después en mi repare, verá que el que ama celebre hermosura, la imprudencia mayor es su cordura, y que si con favores se imagina, ni el juicio enfrena, ni el ardor términa. Al cuarto de Roselia va; oste puto, menos Bruto que César es el Bruto; sin duda el favor de hoy en la campaña le ha traído. Alta acción, y dicha extraña. Mas otro enbozadito, cómo es esto? Echó mi brío en mi palabra el resto. Vanda también trai negra; aquí me oculto, por si en la habla le pescase el bulto, Apenas esta tarde dividido de Pompeyo, con pecho esclarecido, al escuadrón volante que traía, hice que desde allí con orden mía, Marco Antonio a mi ejército volviese, y esta noche a la sorda le trujese, en la mitad de su silencio mudo, a vista de este; con quien tenga escudo la acción, que de buscar a mi enemigo en su campo, y su tienda le consigo. No se le oye palabra; mas si fuese César este hombre, y a buscar viniese a Roselia también, con ojos gratos? ello es sin duda alguna, al agua patos. Y pues ya de la tienda el modo he visto, me volveré a la puerta, en quien negado. de alguna de las muchas que he notado, en quedando Pompeyo sin su esposa, le llamaré allá fuera, porque odiosa conmigo si me ve; de mis intentos, no derribe los altos fundamentos. A la puerta se vuelve, que capricho, será con el que viene el susodicho, que no es el que entendí; pero ya saca luces un paje, todo huelo a estaca, y es que Pompeyo viene andemos hola, que sin duda ha de haber gran carambola. Retírate a tu cuarto esposa mía, que antes que el Alba manifieste al día, he de dar la batalla en campo armado, a César, cuyo honor me trai postrado, a la envidia de ver su heroico pecho, en una acción que el mío nunca ha hecho. Es noble en fin. Y ahora para darme nuevo asombro, si ya no fue engañarme, después de haber mandado que se fuesen, los Capltanes, y a decir volviesen a sus legiones, que a la luz primera, he de salir ardiendo en saña fiera; un hombre que a una puerta viembozado con una banda negra, tal cuidado me ha podido infundir, que me prefiero: mas por mi esposa que lo ignora, quiero disimular, hasta que recogida, ni el desengaño, ni el buscarle impida. Pompeyo. A Dios hasta después. Roselia, el Cielo. guarde tu vida. No sé qué recelo llevo en el alma. Ahora valor mío podéis saber, si es César y en su impío duelo, con otra acción de igual grandeza, no tener que envidiar a su Nobleza. Traición, que tengo de oír villano? Válgame el Cielo: es burla de mi desvelo, o es Roselia? Repetir tengo mil veces las voces. Más voya darle favor. Pompeyo. De otro clamor se atajan mis pies veloces; si es aqueste César? si, que el que embozado admiré sería, pues bien, que haré Cielo en tanto asombro aquí? La voz es suya; que bizarro, y atrevido, como prometió ha venido, y no es bien que yo le huya: vuelva por si mi valor. Traición Pompeyo. Mas como podré, cuando el valor tomo, dejar, ay de mí el honor? este es primero, y así h , . voile a dar, mas si bien lo miro, sin duda quien de mi Noble esposa oí, que la provoca, ha de haber entrado por un pequeño postigo, que de su empeño la causa debe de ser; como quien a espalda está de su cuarto, y es mejor acuerdo, que mi valor busque su castigo allá, creyendo que por aquí, ya de Roselia al estruendo, no ha de volverse, temiendo su traición, de dar en mí, que al salir, yo dejaré con la llave estotra puerta, mientras que veo si es cierta mi duda, volando iré. Mintiome amor, pues apenas. Roselia me advierte, cuando sin escucharme quien soy; me obliga a volver el paso a tras; viendo que mi intento pública a voces su labio, por aquí entré, aquestas luces, para no ser visto mato, y ahora busco la puerta. Si es Pompeyo el que volandó salió, habiendo conocido mi voz, cuyo curso airado, cerrando tras si la puerta, no me dio lugar de hablarlo, desde adonde estaba oculto: verelo, aunque entre en su cuarto: sin luz está. h Pasos siento. De una banda disfrazado tray el rostro; y he de ir tras él, hasta: pero hay santos Dioses, cuando un disfraz busco, dos neutralizan mi agravio? cuál será de estos? No viendo a nadie, y habiendo echado la doble al postigo; vuelvo, a un mismo tiempo buscando, si el de la banda: mas como uno procuro, y dos hallo, que con unas señas turban mi valor? . Que estoy mirando? otro oisfrazado aquí? Cielos, otro disfrazado? Roselia tras mí, y Pompeyo. viéndoso? terrible caso! Qué enigma es esta? Sin duda, que el que a Roselia incitando voces, la obligó, temiendo su riesgo, en ellas turbado, la otra puerta erro, y por esta; pero para que me atajo, en discurrir, cuando puede el valor avtriguarlo, ya que las bandas por negras, no me los diferenciaron. Valor mío a vos apelo. Aspides del pecho arranco; más supuesto que está aquí Pompeyo, hasta oírle callo. Bien Roselia su honor muestra, llego pues; si hasta aquí he dado. la voz al silencio, ha sido, bien que airadamente cauto, por dispensar el camino mejor, con que he de mostraros mi valor, y mi grandeza, que aquellos hombres, que en altos timbres de sangre nacieron, aunque hayan de obrar airados, por las puertas de lo atento, entran a lo temerario. Uno de los dos aquí, Sé que me viene buscando. solo; y así descubrid, sin dilación, quien sois ambos, porque del otro que ignoro sepa el intento que extraño, o con la espada. . La mía, a mucho que está esperando verte, sin que nadie aquí conmigo. Tente, y pues claro tu acento explica tu nombre, y que vienes solo; vamos a estotro, hay honor! De César es la voz crueles hados, que injusto rigor os mueve? No te descubres? Paso, que puesto que es honor mío, calificar que no traigo, quien para ti solo ayudé mi valor, he de quitarle del rostro el velo. Qué haré? Esto le toca a mi mano: pero qué veo? . Qué miro? Bruto es, quien en el cuarto de Roselia estaba? ah fiero asombro! Sin mí he quedado, que haré en tanto aprieto? Solo faltaba, tras el presagio de aquella sangre, en quien temo, con tuina mayor, triunfando de mí este mozo; esta vil afrenta que me está dando, para matarle; pues muera, y con él mi aguero infausto. Qué intentas César? Ya pues que tu lengua me ha nombrado; descubrirme; y después de matar a quien afrentando está mi heroico valor, que nuestro duelo cumplamos, Está bien, pero primero he de saber yo, el cuidado con que viño, ya que tú no le trujiste. Turbado estoy, que diré? mas ya lo he prevenido. En tal caso, con vuestra licencia esposo, yo sola he de averiguarlo. Fácil será, cuando en mí (bien finjo) no hay vil embargo. Habla pues. . Dilo. Qué ha sido? Venir tras ti, deseando, que cualquiera riesgo tuyo partiese con migo el daño. Donde como en esta tienda te viese entrar, no he dejado cuarto en ella, que no anduve: así a los dos satisfago, . pues allá dentro Roselia, no me oyó cosa en contrario, ha ingrata! que tú me has muerto. Esto sí, honor sosegaos; - pues donde es tan verinmil la salida, no hay reparo. Mas juzgo que su venida, causó mi engañoso amparo; pero yo castigaré su locura, si lo alcanzo. A te satisfecho? . Sí. A mí no, y he de matarlo por mi ofensa. Padre, escucha, digo, señor. Ha villano, qué has dicho? La turbación rigio por el pecho el labio. Detente César. . Aleve, tú mi hijo? ni aún mi esclavo. De ser mi padre te indignas? pues si no lo eres, tirano, . yo vengaré andando el tiempo estas afrentas que paso de ti a vista de Roselia. Mucho siento, que sacado hayas la espada. . Por qué? Porque es César en agravio, pero qué es esto? Que estás de mi ejército cercado, con industria, y con secreto. Huélgome, porque dudando no estés de mi: mas qué nube, con tan temeroso espanto nos amenaza? . Esto es, que el Cielo viendo aprestarnos en tal batalla, nos toca los tambores de su mano. Pues saco la espada. Y yo la mía. Sin luz quedamos? Sí, que al cuidar del acero, no tuve de ella cuidado. Llégate a mí. Por no herir a Roselia, voy dudando los golpes. . Buena ocasión de vengarme, a no estorbarlo Roselia, cuyo peligro, Ya tus victorias cesaron, infeliz Pompeyo. . Ya tu mayor triunfo ha llegado, dichoso César. Pompeyo. Quién me da voces? Torcato. Mira señor, que tus gentes, huyendo a los muchos rayos que los mata, el campo dejan: abre, y detenlas. Qué aguardo? Es así, que yo lo he hecho, tu ruina pronosticando; Júpiter soy, que con esto, pongo fin a tus aplausos. César. Quién me llama? Decio. Sal fuera, y mira que es tanto el incendio prodigioso que se ve sobre tu campo, que juzgo abrasarse todo. Qué espero? Yo se le causo, por la gloria, que de ser vencedor le está esperando. Famoso César, Apolo soy, que en este verde ramo de laurel, como árbol mío, la insignia heroica te traigo, de primer Emperador de Roma, Señor. . Ya salgo. Señor. . Ya Pues tus gentes congregando, y tu ejército asistiendo. El Cielo una vez templado. Su furia una vez serena. Sacalas donde pongamos fin al duelo. Allá me espera. Parto pues. Mal se ha logrado mi venganza, mas yo haré por tomarla. Sigo el paso de Pompeyo. A Dios Roselia. . Sin mí voy. Júpiter santo, mira por César. Apolo, corónale de tu mano.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Esta es la puerta, por donde ha de esperar a Roselia, Casio, Cipión, su padre, hoy que a Roma da la vuelta, viuda, y triste, al tiempo mismo, que César triunfante llega de Pompeyo, Egipto, y Asia, que así me lo escribe en esta carta, en quien resueltamente, la conjuración acepta, que en libertad de la patria, nuestro altivo honorfomenta. Y así porque no conozca la falta de entrambos, César, que ya para entrar triunfando, en el campo Marcio queda. Vete, y asistele, en tanto, que con Cipión asienta mi vista lo escrito. A Dios, y supuesto que él se empeña con nosotros, como quien mas su venganza desea, no dilatéis la de todos. Eso a mi cargo lo deja. Pues valor, que por la patria, no hay acción que mal parezca. Ahora pues honor mío, quiero que entremos en cuenta los dos, este breve espacio, que Cipión tardare; y sea fundando en el bien común, mas que en el vuestro la idea. Tal vez llegó a vuestro oído, que es vuestro padre; y en esta opinión que el vulgo tiene, bien se ve que el vulgo hierra; pues aquella infausta noche, que de Pompeyo en la tienda os afrentó, no tan solo, no tuvo de serlo muestra, sino que de que mi pecho lo entendiese, se desdeña, con tal rigor, que queriendo quitarme la vida; aprueba lo engañado de esta voz: que un padre, cuando más llega a enojarse con su hijo, reprende, mas no afrenta; castiga, pero no mata: y el que odioso se desfrena, sin advertir, que la infamia dicha al hijo, es suya mesma, y que si al acero encarga su castigo, se penetra su mismo pecho, no viendo con los ojos de sus venas, que ha de verterse una sangre, por donde la otra se vierta: no es padre, ho: y pues sacamos, honor mío de ambas pruebas, que ni es mi Rey, ni es mi padre, bien podéis con justa empresa, sin que la lealtad os culpe, ni el paterno amor os venza, dar libertad a la patria, satisfacer vuestra ofensa, cumplir aquel baticinio, y en fin vengar a Roselia, para que a gusto de todos, tumba, y no tálamo tenga. Mas Cipión es este. Bruto, no sé como os encarezca, cuando os pasáis, de enemigo a tan amigo. . Suspenda vuestro labio, o padre Noble. de la patria, el fin que lleva, y al que importa vamos. Bien decís, mas los brazos sean, las lenguas de nuestro amor. En ellos el bien se asienta de Roma, a quien atendiendo quise, antes de entrar en ella, hablaros aquí. Seáis bien venido. El Cielo os vea vengado, ay. Roselia hermosa, . si yo ganase esta puerta contigo. . Vos me decís por vuestras cartas, que intentan algunos nobles Patricios, viendo ya tirano a César, sacar de su infame yugo la patria, en cuya resuelta conjuración, porque yo siendo quien soy, fortalezca su designio, me hacen todos, de aqueste impulso cabeza, para que en mi barba cana, muralla más firme tenga. Si señor. . Pues ya mis deudos y amigos están alerta, para cuando entre los dos, quede concluso el ponerla en ejecución. . Los míos, también Cipión lo esperan del mismo modo. Y en fin que decís? Que luego sea, sin que el talamo que aguarda, goce con ilustres fiestas. Pues con quién César se casa? Tratado con Claudia bella viene, hija de Márcelo Cincinato. Ha suerte adversa! Sepalo Roselia de él, . para que del todo crea, que la olvida. César viva. Esto he de escuchar? ya entra- César triunfando: ah Pompeyo, quien tu caída creyera? Viva, viva. . Pero allí, Roselia; y los suyos llegan, como hoy me tiene advertido; al tiempo que Julio César, en carro de oro, las calles de Roma ufano pasea. Qué importa, si ha de morir? Ea pues gran Bruto, muera. Mas idos a no faltarle, en tanto que yo a Roselia voy a recibir, que a casa, huyendo del triunfo vuela. que mañana. Si mañana os buscaré; o quien pudiera . hablarla también! Andad. Deme mi valor paciencia. Terrible estruendo el de hoy, parece riña de suegra. Voy volando, y quiera el cielo, que Bruto no desfallezca. No era Cipión aquel? si, pues vaya en hora buena, que supuesto que a suhija dejé, desde la postrera batalla, siguiendo ufano a César invicto, fuera mal hecho hablarle, ni dar un paso a su lado en esta ocasión, pues me culparan todos por cosa muinecia, querer ira andar con él, no queriendo andar con ella. Pero esto no importa nada, lo que importa es, que se advierta, que al entrar César triunfando, un hombre de grandes letras, que el Sabio Espurina llaman, con prodigiosa advertencia, llegando al carro, le dijo en voz alta, y descompuesta: César, César, guardate de los Idus, o Ralendas de Marzo, dejando a todos tan golosos de su ciencia, que con él mes en la boca, se están mesando las lenguas, Mas ya el triunfo viene, y ya la dulce música sueña, echo el compás, por si acaso le acompaña alguna regla. 1. O tu cabeza del mundo! 2. O tu Roma la más bella! 1. Que entre sus voces la fama. 2. Canta. 1. Ilustra. Aplaude. 2. Ostenta. 1. Oye, y celebra tus dichas. 2. Oye, y tus pompas celebra. 1. Que hoy para timbre a tus muros. 2. César. 1. Vive. 2. Triunfa. 1. Reina. 2. Viva en hora buena. 1. Viva en hora buena. Que son cielos de Roma plantas de César. Salve otra vez, o Roma, y tu empinado capitolio, que al cielo firme Atlante, Basilica te aclama el Sacro Imperio, recibe de laureles coronado, tu Emperador primero, que constante, todo el Orbe te da por Emisferio. No de vil improper recelen las Estrellas de su cumbre, verse a contrario impulsó amortiguadas; pues de mi augusto brazo preservadas, brillarán cada día en mayor lumbre. Que este hijo de Venus que las dora, de eterno Sol aumentará su Aurora. Cuatro triunfos en uno te presenta, de mi espada lo invicto perdonando, el de Farsalla mi valor clemente, por no jactarme ufano entre su cuenta, de que a Roma también supeditando, pude con sangre suya ornar mi frente: Y tú, o madre eminente, Venus divina, cuyo origen sacro, mi ser ilustra, pues sin duda has hecho, que de Apolo tu hermano a mi Real pecho, labre el laurel eterno simulacro. Mira por mí, y en póstumas memorias, trono feliz me canten las historias. Viva César. César viva. 1. Viva en hora buena. 2. Viva en hora buena. Que son lauros en Roma, días en César. s, Volveda abrazarme amigos. Tus ínclitos pies besamos. Dónde servirte juramos, nuestras almas por testigos. Alzad del suelo; y tu hija, llega a mi pecho. Señor, que más dicha. Tu dolor, menos airado te aflija, que ya en fin en Roma estás, donde como te he contado, tu esposo verás vengado, y en su enemigo darás alibio a tu llanto fiero, si es que puede contenerle, el mísero fin de verle muerto; al de Bruto, y mi acero. No desmaye tu esperanza, que ese triunfo en que hoy le ves, presto será a nuestros pies el solio de tu venganza. Bruto en fin, señor, fomenta la muerte de César? Sí pues dudaslo? Cómo vi tal vez, que con lengua esenta, el vulgo calificaba, ser. Dices bien, más después, de tan grande causa, es, quien de concertarlo acaba con migo, sin otras mil carras, en que concitado me tiene, cuyo irritado pretejto signo civil. Yo no, que la causa sé, . que aquella noche le dio, donde si a mí me buscó Bruto, jamás lo alcancé, por cuyo enigma, no tiene el castigo merecido. Mas como en sin promovido tan de nuestra parte viene, ya sea la patria, quien le obliga, o no, a extremo igual, no reparo en que hace mal, sino en que a mí me está bien. Y así, puesto que asentado está Roselia el vengarte, y que tu dolor, en parte puede verse consolado. Sepa yo ahora de ti, nuestra desdicha pues sabes, que antes de ella, con tan graves fines a Roma partí. Donde aunque tu triste pluma, me la escribio por mayor; quiero, hay penoso dolor! quien más dilatada suma, tu propia lengua me dé la pena de tu quebranto. Para renovar mi llanto, oye, que yo la diré. Partiste a Roma, señor, como tu refieres, donde quietar impulsos de César, te dio Pompeyo por norte. Y a penas, bien digo, apenas nos dejaste, cuando inormes los hados, que ya trocaban, en saña nuestros favores, segunda vez la batalla, por el suceso disponen, de un duelo, que aquella tarde entre ambos competidores se originó; por quien César, con asturas prevenciones vino a nuestra tienda, en quien estando los dos Mabortes para embestirse, sedientos de sangre sus corazones. Vieras, que instantancamente, caliginando vapores sobre nosotros, el Cielo, con tempestivo desorden. Robusta nube condensa, que en repetidos ardores, lanzas de alquitrán vibrando, de fuego esgrimiendo estoques. La fatal ruina predice tanto; de nuestros blasones, que para que el gran Pompeyo, ni la dude, ni la ignore, se explicó en rayos por lenguas, se intimó en truenos por voces. lua Pompeyo en un cisne Bridón; en cuyos fervores, sañudamente compuestos, domesticamente atroces, Hurtándole al Sol los jiros, tan brioso el suelo rompe, que de las muchas centellas, que al trinchar las piedras, sorbe en vapor restiruidas, la vez que se descompone del talón extimulado, y en los dos pies se recoge, pareció su blanco armiño, hecho un globo de primores, como por boca; y narices, éxhala el humo que esconde, poma de plata; que al viento, riza penachos de olores. Pero para que te canso, con prolijas digresiones, si he de parar en decirte, o gran dolor! que al azote , i de la fortuna deshechos, nuestros fuertes escuadrones, vencidos nuestros soldados, muertos nuestros valedores, arrastradas nuestras banderas, postrado nuestro renombre, sin fuerza el Magno Pompeyo, que su altivo brazo adorne. Y lo que fue más que todo, sin aliento yo, en quien cobré, satisfacción a seis horas, que en forcejados tesones, duro el fiero trance vimos, que en nuestros altos honores, las que amagaron proezas, se convirtieron padrones, que de nuestra sangre escritos nuestra miseria pregonen. Vencio César finalmente, y Pompeyo que a dolores, tantos rinde su desdicha, porque mayor no se colme, huye a Egipto, cuyo Rey, (aquí mi aliento me ahogue, siendo hechura de sus manos, ingrato, persido, y torpe, cuando en él su ayuda espera, manda, o fatales pasiones! ordena, o mísero estrago! decreta, o terrible golpe! previene, o cruel ruina! que cuatro aleves traidores, por ganar el gusto a César, de la vida le despojen. Apuñaladas le matan, cautelosamente sobre las ondas del mar, a cuyas quejas que en el cielo se oyen, imitándoles las mías, de agua, y tierra el Horizonte, parecio que apesarado, se vistio de luto entonces, más pagaronlo después, Tolomeo, y agresores, al fuerte brazo de César, muertos de sus invasiones. El dice que por vengarle, juzguen la verdad los Dioses, que yo que a mis ojos tristes tantos vi en el pecho horrores de mi esposo, volví a Lesbos, donde por tumba una torre, dos años sangre del alma, lloré en lóbregas prisiones, hasta que partiendo a verte, vi el Sol, que con resplandores fúnebres, dio a mi salida lisonjeras atenciones. Esta es, señor, la tragedia mayor que el tiempo ocasione; esta la más vil fortuna, que humana pompa trastorne; esta la más baja suerte; que ilustres armas valdone, y este el mayor desengaño, donde los mortales tomen ejemplo que los corrija, y acción que los proporciones pues si en el Magno Pompeyo, dueño de tantas regiones, Monarca de tantos Reyes, Señor de tantos Señores, de infausta suerte se mira, revolcado entre su noble sangre, muerto a punaladas; claro se muestra, que indócil, Contra su Suerte ninguno puede haber, que el brazo estorbe, Y quién oírre podrá, que a nuevo llanto movido; vida no pierda, y sentido? Ha Pompeyo, adónde está tu valor? yo estoy sin mí; mas que espera mi tardanza, que no alienta tu venganza? Quédate Roselia aquí, que con Domicio, y Torcato, en busca de Bruto voy, para que aplacemos hoy la muerte de aqueste ingrato, antes que a su esposa dé la mano. . Pues di señor, casase César? qué horror? . Que viene tratado sé, con Claudia hija de Marcelo Cincinato, a Dios te queda. Cómo es posible que pueda . sufrir tanto desconsuelo. Venid los dos. Ya te sigo. Yo también. . Sabéis a qué? Sí señor. Vamos. Yo haré, que hoy caiga tanto enemigo. Cielos que oí! yo abatida, sin esposo, y sin poder, he de ver otra mujer del sacro lautel ceñida, por César a quien rendido de amor antes de casada, y después miré abrasada, una alma en cada sentido. Cómo he de poder sufrir del cielo tanto rigor? no porque su antiguo amor, llegue mi pecho a sentir. Ni porque de aquel afecto, con que honrado le miré, pueda infamando la fe, moverme ningún respecto. Que estimo en más la memoria, de mi siempre amado esposo, que entre su laurel glorioso, cantar con él la victoria. Sino porque es gran bajeza, que a mujer de hombre, que vi a mis pies, tenga yo aquí de humillarle mi cabeza. Y así, o César, guárdate, que entre el sentimiento fuerte de mi mal, va tras tu muerte, de mi vanidad el pie. Mas quien se ha entrado? Sabiendo, que Cipión no está aquí, finjo buscarle, y ya vi, todo cuanto hallar pretendo. Sola está, bien lo he logrado, a vuestro padre señora hablar quisiera, que Aurora, . vertiendo en alegre prado, nectares, puede igualar su rostro. Y bien, qué queréis? Pues ya el motivo sabréis, con que lo puedo intentar, suplicoos. En busca vuestra salio ahora, no extrañarle . importa; para empeñarle de nuevo en la acción que muestra, que en sus locas esperanzas, después volveré por mí. Vida, y aliento perdí. . Hablad, que aunque las mudazas de los tiempos, tales son, seréis con gusto admitido. Nunca mudarse a sabido, Roselia mi corazón, siempre de una propia suerte, roca de sí mismo está. Ya sé que teniendo os va, de hoy más, por escudo fuerie la patria. Débeme dar el lugar que me apercibe, mas la que mi pecho vive, no sé si me da lugar. Porque uno que de su acción, descubrió mi suerte un día, fue para más pena mía. Bien me ha dicho su intención, . y bien me muestra que fue por mí a la tienda, pues yo sabré vengarme. Mas no por eso, atras volví el pie. Que siempre a su amor rendido, tan inmortal me consagro, que si ella nacio milagro, también mi fe lo a nacido. Basta ya, y si vuestro honor, que de César afrentado le vi, o la patria os ha dado impulso, o algún amor honesto, a que altivo, y fuerte; mostréis tan heroica fe: cumplidle, que yo seré la primera que en su muerte, siguiendo vuestro escuadrón, de justo dolor armada, esgrima sedienta espada, de sangre en su corazón. Y ahora andad, no falteis a César, que aunque despacio aurá llegado a Palacio. Nuevas alas me ponéis, y si ya mi fe os provoca, como quedamos los dos? Haced lo que os toca a vos, que yo haré lo que me toca. Con esa insigne esperanza me parto. . A qué? A libertar la patria. Y después? . A dar al vuestro, y mi honor venganza. Siglos mil del Palacio que ya honoras, quietudes vivas. . Y en felices horas, eterno el Sol te envidie. . De tus años nunca el tiempo publique desengaños. Mal me mira. No sé que me recelo de este, y de Bruto con mayor desvelo. Mas lo que más me aflije, es la adivina voz del Sabio Espurina, que de Marzo en los Idus, me amonesta que me guarde; mas que amenaza es esta? puedo yo ser de nadie, en tiempo alguno ofendido? más hay miedo importuno, que hallar a la fortuna es fácil cosa; pero tenerla en pie, dificultosa. Dejadme, pues, ya del celebrado triunfo el día pasado, la noche a su silencio me reduce. Y yo, aunque a hablar me cruce, por entretanto noble Caballero, como fiel escudero he de hacerlo; a tus plantas humillado, donde después de haber asegurado, te pediré que en pago de mi afecto, me señales provecto, en tu Casa Imperial algún oficio, que al mascar no suspenda el ejercicio. Álzate. . Bien por Dios. Mucho he tardado; pero no aurá en mi falta reparado. Qué riguroso a todos tres nos mira. Poco le durará su injusta ira. Así lo juro. . Así te lo prometo. Pues callad, y mañana tenga efecto. Idos todos. Qué humor para un marido. . Y el libro en qué mis hechos he esculpido, me tray tu Marco Ántonlo, porque quiero, gravar en él primero, que al sueño me condene tan gran día. Voy por él. . Que arrogante tiranía. No os vais? Su vida pende de un cabello. Morirá tu ambición. . Cairá tu cuello. Ya gran señor, el libro donde Marte llega, viendo tus glorias a envidiarte, tienes aquí. . Felicidades mías, no os canséis. Mal se obliga de las tías. Y tú, que esperas? . No pensé que hablaba. conmigo el idos todos, y así estaba esperando el oficio. . Pues ahora vete sin él. En vano el curso llora de un infeliz; más mira por tu vida, si atento a mi plegaria repetida, go co nig darme un oficio quieres ganancioso, para que presto mi remedio cobre, hazme cochero, y dame a todo pobre, que como el coche es casa en toda parte, usando de su arte, verás el bien que en breve me avecinas, con solo que le corra las cortinas. O a falta de este, suplicarte quiero, si hay bodega, que me hagas bodeguero; porque cuando mi vida, de tan suave plaza se despida, metiéndome en la cuba más a mano, fenezca en su capullo este gusano. . En qué te sirvo ahora? . Marco Antonio tú solo a mi valor das testimonio de tu amor; y así quiero, que veas, como a todos te prefiero, celebrando contigo mis hazañas, por leal, y por amigo. Honras tu hechura, que a tus pies rendida de nuevo te consagra honor, y vida. Siéntate, en ese vusete, y de tu mano sella mis triunfos, escribiendo ufano el día de hoy, que al fin de empresas tantas, de Roma la altivez pone a mis plantas. Obedezcote, y callo. . Más primero ve refiriendo de mi aujesto acero las proezas, los timbres, cuya gloria, heroicos me recreen la memoria. Francia rendida. Oh cuanto allí mi espada se vio temida, y se admiró estimada. Bretaña es quien se sigue. Aquí me pierdo de gozo, cuando entrándola me acuerdo, el vasallaje que a su Rey valiente le impuse, puesto el pie sobre su frente. Pasa adelante. En la Farsalla he dado. Esa es con la que el Orbe está admirado, pues venciendo a Pompeyo, más qué es esto? . Qué, señor? No escuchaste? que funesto . un golpe a fuera, casi amedrentado lo digo, se dio ahora. No ha llegado a mí oído. Pues yo, pero sería ilusión de mi propia fantasía. Gustas que a verlo vaya? Por si acaso alguien nos oye, ve, apresura el paso. El cuarto andaré todo. Santo cielo, cuando a Pompeyo nombro, en tal desvelo me pones? ya parece, que delante castigarme le miro, que triunfante de su esfuerzo me alabe, como hizo Hector a Aquiles; pero yo deslizo tanto de mi valor? fuera ilusiones, y vuelva a proseguir en mis blasones. Vencile digo; dando a su lustrosa grandeza fin; mas ay Roselia hermosa, por ti me pesa, que aunque te he olvidado con Claudia, siento el mal que te he causado. Y si te le causé, ya de tu esposo vengué la muerte, que más generoso quieres mi pecho ilustre? Deme ahora licencia el mundo, de que en voz canoras la fama de esta acción pida a la fama, y de que pues le llama mi mortal enemigo, me adelante a blasonar con pecho de diamante, que a Juba su parcial en justa guerra, quité del Cetro, y conquiste su tierra; donde también triunfando de Petreyo, ni aún reliquias quedaron de Pompeyo. otro golpe al nombrarle, ya no hay duda, de que esto es misterioso. . En calma muda, todo el cuarto, señor, he registrado, no se oye cosa en él. P Que no a notado este segundo golpe Marco Antonio, y yo ambas veces, sí, que testimonio más claro de que a mí solo me busca? pues quedareme solo, que no ofusca ningún temor a pechos como el mío. Proseguiré? . No Antonio. Tronco frío parece que le advierto. Vete, y solo me deja. Mira. . Él uno, y otro polo me ha temblado, que dudo? vete digo. Guardo el libro. Tampoco, que conmigo quiero tenerle, hasta que tu manó le cierre. Por favor tan soberano beso tus pies, a ver volveré luego, que le ha causado tal desasosiego. . De mis ojos Pompeyo no se quita, pero en duda, que así mi duda excita, inquiérame yo mismo este desvelo. No hay vanidad que no castiga el cielo. Bien temí. . Si bien temiste. Pues qué es di lo que me quieres? Desengañar tus placeres primero, y después. Hay triste! Que a la causa en que consiste mi venida, estés atento: Mas volviendo a tu escarmiento, oye, y verás de esas flores, que tu escribes por honores, como se las lleva el viento. Flores de la vida son, grandezas que en mayor vida, ni a sí se adquieren cabida, ni a su dueño estimación. De tan constante razón, toca el desengaño aquí; pues si en flores que adquirí, con ser tantas, mustio quedó, en las tuyas decir puedo, aprended flores de mí. Mírame ayer venerado, regir el mundo a mis pies; y hoy mira como me ves de la muerte atropellado. Hoy del más propio olvidado, que ayer me estimaba, estoy: en quien firme luz te doy, para que obrando prudente, veas en mi claramente, lo que va de ayer a hoy. Si maravilla lozana te juzgas, mira en su alarde, como le humilla la tarde lo altivo de la mañana. Pompa destierra, que vana tiranizándote en sí, fruto no saque de ti, donde lucir más esperes, conociendo si hoy lo eres, que hayer marabilla fui. Todo Sol que ayer humano, corrío en mejor paralelo, siendo mayor lumbre el cielo, sombra hoy fenece en su mano, Sol te admiras soberano, y sombra viéndote estoy. Cuando a contemplar me doy, que en ese ardor que te advierte, . Diestra mía, Sol me cogio ayer la muerte, y hoy sombra mía aún no soy. Basta, y la causa me di con que vienes? . Pues sabrás, . Como en mi pecho, que aunque gloriándote estás, de haber triunfado de mí, no lo has hecho, vuelve en ti, que otro encuentro más temido nos espera, el prevenido de Marzo en sus Idus es, en él te aguardo, y después podrás decir, si has vencido? . Pues espera, que en mi espada Bien dices, hallarás nuevo castigo: espera, espera enemigo. Él, y Casió vienen juntos. Señor, que es esto? No es nada. Que me viniese a estorbar. . me aparto, que según juzgo, Gran caso hay aquí escondido. . De cólera estoy perdido. más quiero disimular. . Señor. Ese libro toma, y ven, que si en mí has notado, Marco Antonio algún cuidado, es solo de hacerle a Roma, en el Senado mañana, una oración en que quiero, como Emperador primero mostrarle, ha pena inhumana! . Mi amor, y mi valentía, en cuyo ensayo me hallaste, cuando por la puerta entraste. Voite a servir. vuelve a mirar tus blasones, y verás. Mal satisfecho me deja. . no se imprimen ilusiones. En fin Roselia tu y todo, quieres con pecho robusto, hallarte en la acción? . Así conmigo, y con Roma cumplo. Los conjurados aguardan. y parte a avisar a Bruto, que ya mi padre le espera. Pues esperad. Mal despacho mi oficio esta noche tuvo. Pero esta es Roselia, aquí de su rostro, y los de todos, fuera llegar en mal punto. Ea Bruto. Ea Cipión. Ya de nuestro acero el triunfo nos apresura; ya César, mirando a penas del rubio Planeta, la luz desciende al Senado, como astuto os avisé, venid todos, que con audaz disimulo, setenta amigos guarnecen nuestra acción. Yo la aseguro con todo el pueblo. Pues rompa la patria su infame yugo. Eres noble? Soy tu esclavo, págame fervor tan tuyo. Venid. No sé qué demonios de su conclave presumo, algún grave mal intentan, de sus centenos, mi burro guarde Dios; pero ya César con Majestad de absoluto señor entra en el Senado: Allá dentro me cámbullo, ya lo estoy; mas qué es aquesto? todos en tropel confuso, al grande César envisten. Libertad, libertad. , , q Justos Dioses, que me matan, Muere. Tente Bruto; pues tu Bruto me matas? bien temí. Muere tirano. Muere iracundo. Y tu Roselia? Yo, y todo, que así me vengo, en mis muchos agravios. Muere. . Ya muero. Huélgome, que al cielo plugo, que al pie de esa estatua sea de mi esposo, que a su culto crigió el Senado adonde ya que no vivo, difunto su planta ponga en tu cuello. Bien con sus presagios cumplo, y el de Espurina los Dioses, den castigo a vuestro insulto; más tú, o Venus madre mía, en mienda tanto infortunio. . Así lo haré, acompañada. del grande Apolo, y del sumo Júpiter, que a mi poder vienen agregando el suyo. Pues ya que hacer no tenemos en nuestro rencor sañudo, seguidme. Va que he cumplido con tan justo deseo, en clausura eterna, daré a mi vida sepulcro. Qué dices ingrata? espera. Que con aquesta acción suplo tu castigo, por haberme. solicitado tu orgullo, tan gran venganza. Pues muera mi pecho a manos del tuyo. Traidores, que es lo que habéis hecho, a tal Varón perjuros? mas yo vengaré su muerte. Todo me voy de maduro, sin poder moverme. Ya Venus, tu hermoso coturno, puede lograr su venida; pues yo enmendando aquel duro presagió a Pompeyo, quiero, que honren su cuerpo mis triunfos, llevando de aquí su estatua, porque vea el Orbe junto, que al original le doy las honras que le descubro. Y yo, que a César le di, los de mi laurel augusto, favoreciendo su muerte, vivirá en eternos lustros. Pues subid heroes famosos, a ser entre el casir puro, de ese firmamento Estrellas, para que en siglos futuros, el grande Ovidio lo cante, con dulces versos al mundo. Y conozcan los mortales, mirando a tan sin segundos, Varones tan tristemente, pagar su mortal tributo, que en esta vida de todos, Contra su Suerte ninguno. Puedes moverte? Ya puedo, mas que es del cadaber? Juntos él, y Pompeyo debieron de irse a menear los bultos, Sin duda alguna Deidad los lleva, que nos detuvo, para testigos del caso: voy donde me acabe el curso de mi llanto. Y el Poeta pide perdón de sus muchos hierros, si en vuestras orejas, no es más el odio que el gusto