Texto digital

Texto digital de Conquistar un imposible

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Conquistar un imposible. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/conquistar-un-imposible.

Logo BICUVE

CONQUISTAR UN IMPOSIBLE

JORNADA PRIMERA

Eñor tan contento estás, C porque te casaste hoy? Ay Matachín! sin mí estoy de gozo: no puedo más. Pues ya de Diana diré, que es, siendo un Ángel, tu esposa? Hoy ardiendo mariposa, en sus luces me abrace. Y tú, Señor, de ella, di, eres esposo también? Hoy triunfe de su desdén. Y en fin te casaste? Sí: majadero, que es tu intento? Decirte ahora, en verdad, que de mucha volundad, perdiste el entendimiento: casarte hoy de par en par, y estar contento! por qué? Necio, porque me case. Y es que Esa es ya común locura: hasta hoy todo fue morir; y pues que vuelvo a vivir, fénix soy de su hermosura. Pues, Señor, ese es mi intento: casarme nunca podré. Por qué? Yo no lo diré? No? pues quién lo dirá? Un cuento: Vivia en cierto lugar, un Estudiante famoso, que nunca por estudioso en la ciencia pudo entrar: en fin cuando claro vio, que en ella entrar no podía, los cuadernos maldecía, y los cuadernos rasgó: si yo me casara fuera un tonto, para aprender de sufrir a mi mujer, el mando de bachillera; no entraria en sus gobiernos, y por entrar, o no entrar, en llegándome a apurar, rasgaria los cuadernos. Qué siempre gastes humor? Lo que tenemos gastamos; mas, dejando esto, sepamos, cómo te hallas con tu amor? Ya se que tu amor intenta casado y contento estar: pero sobre ese casar, vive Diana muy contenta? Qué dices necio? no es ley de amor amar a quien ama? Es, que como ella fue Dama, antes que tuya, de el Rey:::: Bárbaro ya me provoca tu vil hablar, a esta acción. Ay! que con este fusón, me has hecho cerrar la boca. Tú te atreves sin espanto con Diana, que su arrebol es noble envidia de el Sol? No lo dije yo por tanto: Señor ved. Solo te abona tu ignorancia. Si es así, lo que ahora me pasa a mí, pasó a otro en Barcelona: Hubo a quien hizo su guía Galénico Platicante, para ser siempre agarrante, con el rabo de la Mula. Burlose de la asquerosa immundicia, por su humor; hizo cestos al Doctor, y en fin la mula furiosa se enfadó de el bobo un día, cuando iba al Hospital, y con un soplo infernal le encalló la boquería. Aplico el cuento a tu boca; aunque por la mía hablé. Siempre tu buen humor fu quien hizo mi pena poca, en mis males enemigos. Es que soy muy liberal, y reparto mi caudal entre mis buenos amigos. Pero esto basta, que intente pedirte ahora Señor, que me cuentes por menor tu amor, y tu casamiento. Si haré. Pues esto se atreve a pedirte mi lealtad. Escucha pues. Brevedad, ante homnía. Seré muy breve: Ya sabes, que más noticia yo de mi origen no tengo, que saber que me criaron las entrañas de esos cerros, y que a Elíseo (un anciano que goza el mayor Imperio, por la amable soledad, en esos montes soberbios) solo conozco por padre, puesto que todo aquel tiempo, que estuve en su compañía, hallé con paterno afecto, sustento en su providencia, y avisos en sus consejos. Después me llevó a la Corte, a donde granjeó mi esfuerzo de nuestro Invicto Monarca Alejandro, el más perfecto cariño: soy su privanza, qué mayor fortuna espero? De mí no he sabido más: volviose Eliseo luego, al abrigo de los montes, nunca más le he visto; y::: porque me detengo ahora en referirte de nuevo, lo que supongo que sabes; a lo que ignoras pasemos. A penas la libre nave de mi loco pensamiento, sulcó golfos de cristal, en el mar de amor incierto; cuando por más que el piloto goberno su débil leño, teniendo a la monstruosa furia de su engaño, el freno; como de el centro del mar subió a la esfera del fuego; apique se fue, chocando con el escollo primero. Un día que por mi dicha sola, amanecio sereno; en Palacio ufano entre, vencedor ya de un torneo, que a los años de Alexandro consagro el debido celo de la principal nobleza: entrando de un aposento a otro, vi de amor rendido, en un balcón (que de Cielo no le doy nombre por ser común encarecimiento) a Juno, a Venus, y a Palas, que sus flechas esgrimiendo; era blanco de sus iras el más confiado pecho; donde yo segundo Paris, conociendo el noble empeño de competir la riqueza con lo discreto, y lo bello; para triunfo de mi amor rendí la manzana a Venus. Venus de mi amor fue Diana, a cuyo hermoso embeleso, se le añadió el ser discreta, chiste en lo hermoso bien nuevo: pues discreción, y hermosura, compitiendo en sus extremos, allá en las antiguedades, dividieron los Imperios. A Diana en fin la rendí, con reverentes obsequios, toda el alma en sacrificio; pero apenas llegué (ay Cielos!) a adorar ciego sus luces cuando vi, no se que afecto; mas ya digo, que vi mal, cuando me confieso ciego. Vi entonces, pues, que Alexandro (justo Rey, a quien venero) su mano solicitaba; cual quedaría mi pecho, considérate tú a solas; viendo en dos balanzas puesto, él si de Diana, que aunque la una pesaba mi afecto; la otra contraria balanza tenía el poder por peso. Pero el Rey (de quien las glorias escriba en mármol el tiempo, como Alejandro de Chipre) desvaneció mi recelo; pues supo su Majestad que era yo otro pintor necio, pues copié en mi fantesía, de Diana el retrato bello, para que con cada línea me labrase un monumento. Supo, pues, que pretendía ser de tanta joya dueño: a este tiempo por mi dicha infestó este quieto Reino, el Príncipe Arión, a cuyo fuerte, y atrevido empeño; me envío a mí por resistirle, a donde propicio el Cielo tanto me favoreció, que triunfando, que venciendo, acabe toda su Gente; hasta que pudo mi esfuerzo traerle a los pies del Rey; a donde hasta hoy está preso. Estimó, pues, Alejandro tanto esta hazaña, que viendo lo que le venció un Vasallo; Rey, no quizo vencer menos: dijo Don Alvaro, pide cuanto deseas, que en premio de Vitoria tan deseada, poco es mi Corona, y Cetro. Respondí a esta bizarría, diciendo: Mi Rey si puedo algo con tu amor, te pido, que merezca el noble empleo de ser esposo de Diana, a cuyos rayos me muero. Volvió a decirme, apacible: Don Alvaro amigo, pienso, que no debéis de saber, que soy Rey, y que la quiero? Señor (repliquele entonces, sagaz la desecha haciendo) que me respondas así, mucho vive Dios, lo siento. Si tal yo hubiese sabido, me atreviera, ni aún pudiendo, a tener contra tu gusto el más leve pensamiento? Así tratas mi lealtad? pues viven los Sacros Cielos que porque más la conozcas; aunque por Diana me muero, y aunque licencia me dieras, a mis bodas, no la acepto: Desde hoy de mi amor desisto, pues que te sirvo con esto. A esto replicó enojado, atrevido, loco, necio, no ves que es lo que más amo, lo que menos te agradezco: No ves que con tu humildad ofe des más mi respeto? Señor (le dije turbado) dime, pues, en qué te ofendo? en qué? en cederme a tu dama? (dijo) que, no sabes, que esto solo es propio de Alexandro? Pues porque tu atrevimiento pagues; solo con quedar menos airoso; no quiero advertirte más ahora, sino que en tan noble empeño si soy amante, soy Rey, y así yo, mas que yo, puedo. Y si porque a Arión venciste, vive ufano tu ardimiento; más glorioso quedo yo, pues que me venzo a mí mismo Desde hoy será tuya Diana, y no repliques grosero, que me enojaré, pues soy Alexandro, y esto ordeno. Así, ya pagado, queda el servicio que me has hecho, y yo quedo más airoso, pues que siendo Rey me venzo a mí, y a mi Majestad, que es el mayor vencimiento. Solo te advierto de paso, que obedezcas, porque pienso, que peligra tu cabeza, si yo de este amor me ofendo. Así dijo, y me dejó: quien creyera, que en tal pues me fuercen a obedecer lo mismo que yo deseo? Este es, Matachín, mi amor, que tan rendido confieso; y pues soy de Diana esposo, bien satisfecho te dejo. Ya es, pues, mi gusto vivir en los brazos de mi dueño. Diana es mi vida, mi amor, mi bien mi gloria, y mi Cie y pues mi gusto es lo más, todo lo demás es menos. Pues gracias a Dios, Seño que hemos de vivir contentos, y que se llevó el demonio, las quimeras, los enredos, los tiquis miquis, los dengues, los melindres, y los cuentos, que las Mujeres y Sastres inventaron, y cosieron: y que como goces tú glorias, dichas, pasatiempos, fortunas, gozos, aplausos, cum invocaremiego, ventres nostrí lucrum habent, tantum, sicur Galenum; cuantum bautisatum vinum, producit ad tabernerum. Deja, Matachín, los chistes vamos a ver a mi dueño, porque vivir sin mi esposa; si es vivir, será muriendo: pues soy otra flor del campo, que adoro con fino afecto, del Sol hermoso de Diana, los bien dorados reflejos; pues sin sus luces desmayo, y con sus rayos aliento. Bien esta vamos: pero antes no me dirás a que efecto, Señor tanto tiempo el Rey tiene al Príncipe Arionpreso? bien que toda la Ciudad. tiene por prisión. Pues esto, qué te importa? Nada; solo lo pregunto, por saberlo. No lo dudo, mas no sabes, que es política de el reino, y que estando practicada vive pacifico, y quieto? Qué política, ni que acá; tal política condeno, que si así politiqueamos; politiquee el Infierno: mas yo pensaba, Señor, que estarse Arión tanto ti empo en Chipre, amor lo causase? Pues, que, sabes tú algo de eso? No Señor, juicio es no más, y según lo que ahora veo, será juicio temerario. Pues yo nunca le vi objeto, que lo fuese de su amor; y amigos tan verdaderos, como somos los dos, nunca encubren tales empleos: porque aunque yo le prendí en el combate; es tan cuerdo, tan noble, el Príncipe Arión; que entendió que no fue afecto de mi malicia el prenderle; sino lealtad, y no tengo, desde entonces, más amigo, que Arión. Cómo gato y perro. . quien le dijiese al pobrete que Arión, atrevido, y ciego, a su esposa solicita, tanta amistad ofendiendo; y que aunque Diana es muralla fuerte, y que con noble ingenio, le ha bien cerrado los pasos, y aunque el enemigo fiero las probisiones malogra, y se le acaban: es cierto, que a quien dinero no falta, no la faltarán pertrechos. Y esto es seguro porque:: Pero ahora nos detenemos en estas frialdades? vamos, Matachín, a ver el Cielo de Diana, que estos discursos no importa que los dejemos. Importa más, que tu piensas, . y aún a mí porque me pierdo, si dejo esta comisión, aún más de cuatro por ciento: tienes razón, vamos pues. Ay dulce adorado dueño! aún más amante, que esposo, clicie soy de tus luceros. Vamos, que el non estorbabis es muy fuerte mandamiento. Vuestra Majestad, Señor, a honrar mi casa ha venido? de cuando acá ha merecido una esclava, tal favor? Levanta Diana del suelo, porque dice impropiedad, que mire mi Majestad, postrado en la tierra el Cielo. Tan bella, llego a advertir, tu frente, afrenta de el día, que al verla amor, moriria, por el gusto de morir, porque amante llega a verte hermosa en ser homicida, y cree más fea la vida, cuando ve hermosa la muerte. Alejandro soy, que más Diana encarecerte espero, cuando ponderarte quiero, que no me vio el Sol jamás sin gravedad en efecto, y solo tu singular gracia, pudo avasallar la mitad de mi respeto? Bien dije, pues tu Deidad, si la una mitad rindió; para resistirme yo, reserbe la otra mitad; pues cuando del Dios de amor el estandarte rendí, y del empeño cedí, otro Alejandro, a favor de Don Alvaro, mi amigo; aunque el méritos tuviera; sé, que ceder no pudiera, sino quedara conmigo, del respeto la mitad que de tu arpón defendí, y si no quedaba en ti perfecta mi Majestad; ya en fin Diana eres esposa del mayor amigo mío. A quién todo mi albedrí Señor, le rindo dichosa; porque el día que amoroso lazo, une nuestro amor; en mí sin él, no hay favor, y él sin mí, no halla repos bien como en la primer salu que hace el día a su arrebol si el alba no viera al Sol; si el Sol no mirara al alba. Yo Señor, aunque soy Lean Aristoteles rendido de Anciano soy, pues he sido maestro de otro Alejandro: y pues que vos habéis dado digno esposo a mi hija Diana, como es Don Alvaro; gana mucho el blasón heredado de mi casa; pues si viejo me hallo, y en mi edad prolijo tendréis el valor en mi hijo, y en mis canas el Consejo. Mucho se tarda a mi idea, Matachín: crueles tormentos! Que todos vivan contentos y sola yo infeliz sea, pues que vivo en un vaiben de celos! que en Arión quep otro amor, sin que yo sepa, a que Dama quiere bien! Pues aún pretendo exaltar, con mi mano nunca escasa, los timbres de vuestra casa. 2. Siglos viváis Para dar. Contento estoy: mas que poco puede durar un contento! el Rey tente pensamiento . A Clori veo, estoy loco. . Montes de dudas éxalo. . Todo estoy hecho un relleno. . El Rey en mi casa? Bueno. Tan cerca mi esposa! Malo. Oigamos pues: qué rigor! Desde aquí atisbarla espero. Tanto en fin Diana, te quiero:: Válgame todo mi honor; que esto las canas de Leandro sufran! Qué admirar no es justo este obsequio, pues tu gusto mayor, debes a Alejandro. Hola, yo soy un rocín; o el Rey también enamora a mi ama. Basta, traidora vil sospecha: Matachín? qué dices de esto? Adelante: Solo te digo en rigor::: Qué? Que te acuerdes, Señor, del cuento del platicante. Señor, como mi fe tenga ese bien asegurado; dirá mi amor obligado, que como viniere venga: pero ahora, aunque en los dos solo ese bien se asegura; bien será mayor ventura, cuando sois la causa vos. Oh malaya mi pacientia! cruel, que te acuerdes infa haré. Tente, que te pierdes No puedo más. Resistencia. Fuerte lance! el Rey, y Diana, (que no he de llamarla esposa, pues la hallo cautelosa) no hablan; sí: pena tirana! contra mi honor? ay de mí! pues como Leandro no intenta vengar de entrambos la afrenta? señal, que esto no es así; mas las palabras me obligan a discurso tan prolijo: salir mesurado elijo, para que sus rostros digan, cuando ofenden a mi honor, lo que cautelosos callan, Gran Señor, mis canas no hallan con que pagar tal favor. Vive Dios: también me ofendo de Leandro, en esta traición. Por tan leal atención, vuestros aumentos pretendo. Ay Señor, desde que aguarda todo su bien, mi amor llora. Pues divertámonos ahora, ya que Don Alvaro tarda. Qué hagan de mi afrenta alarde! ya me resuelvo a salir. Pues yo no sabré vivir, sin que vos::: El Cielo guarde. a vuestra Real Majestad, tanto como yo deseo. Esposo tú aquí? aún no creo tener tal felicidad. Así tengas la saluda no hay razón de amar a Arión, y para el Rey hay razón! buena capa de virtud. Llega Don Albaro amigo, dame los brazos, y advierte; que estar un día sin verte, es para mi amor castigo. Pues yo llegaré gustoso. Llega; mas no, porque quiero, que a Diana los des primero, que es tu esposa. Dulce Esposo, espero en ellos mi vida. Primero verás tu muerte: . Señor mirad (pena fuerte) que aún no ha un día (cruel herida) que la he visto. Obligación esa es de recién casado; dale los brazos. Amado dueño mío, que razón, de mi amor puede apartarte? Señor en vano es pensar, que Venus pueda estorbar los sacrificios a Marte. Baste, Don Alvaro, cuando vuestra ceguedad no llega; ver, que es Diana quien ruega y que soy yo quien lo mando. Forzoso es obedecer vuestro gusto (estoy mortal! Llegad pues. Mi bien::: Mi mal:: Tuyo soy. Tuyo he de ser Pues ahora ven a mis brazos Gustoso llego a ofrecerlos: a tirano! o quien en ellos, pudiera hacerte pedazos Mi esposo con desazón, hablarme tan desabrido! ay de mí! si habrá sabido, el vil intento de Arión? Don Alvaro, cuando empieza a lograr su amor deseado. tanta lealtad ha mostrado? mucho admiro esta fineza. Válgame Dios! yo no sé cual sea esta suspención de Don Alvaro. Que Arión burle mi amor, y mi fe! Cuando hallar mi honor proc claro camino a mi mal; si discurre por el real; entra más en la espesura. Digo, a reina? A seor pobrete. Cómo le va de su oficio? Arre allá, que ese es su vicio Qué vicio tonta? Alcahuete. Yo alcahuete? tú lo has sido: no me llamo así en rigor Pues cómo? Cómo? urdidor. de las tramas de Cupido. Ya Don Alvaro habrá un día a estas horas, que faltáis a palacio, y que no dais a la continua porfía, de la parte que os he fiado, de la carga del reinar; lo poco, que le ha de dar de tiempo vuestro cuidado: no os admire si este abismo de un solo día se queja; pues quien un reino maneja, es esclavo de sí mismo. Pero yo bien me hago cargo que recién casado os veis; bastante causa tenéis, para dar vuestro descargo: Por eso, y porque mi amor, es tanto, que esto habrá sido; a vuestra casa he venido, para añadirle este honor: mi amor en vos me ha mudado, vos aquí Rey os halláis del Imperio que gozáis; yo vengo a ser el privado, (. Bien claro habla, hado enemigo! Y aún a más llega mi amor; porque os hago Señor de mi Imperio, por amigo; pues siempre el alma deseó ser otro vos, de manera, que ahora Alejandro os hiciera, por ser Don Alvaro yo. (Así lo creo (Señor: bien haré disimulando: tanta honra sabré, callando, agradecerla, mejor: válgame Dios! qué he de hacer . frenesí es esta locura, mas de Diana la hermosura, y de Alejandro el poder, alientan este temor, y más que esto el haber sido Diana (yo pierdo el sentido) Dama del Rey, qué rigor! sin mí estoy: loco me vuelvo. Cielos, o yo me he engañado, . o Don Alvaro ha pensado de mí, más esto resuelvo: que aunque no creo se atreva a mi poder su delito; por ver lo que tiene escrito, en su pecho, haré esta prueba: Travando lucha las fieras (en cuyo campo de horror, son contra su opositor, naturalmente guerreras) de sus brutales trincheras sale un león, cuya esperanza es ver si un tigre se avanza a sus garras; cuando ve una triste oveja, en qué puede estreñar su venganza. Quisiera tener piedad, mas como fiero pensó hallar al tigre estreno con la humilde, su impiedad. Oféndela con crueldad; no por ella, solo ha sido, porque llegase al oído del tigre, la débil queja, porque ofendiendo a la obeja, quedase el tigre ofendido; viendo el bruto, que esta ofensa, era, en su irracional modo, contra su honor; loco en todo, al León atropellar piensa: pero, a lo que le dispensa su instinto, llega a entender que mal se intenta oponer contra el cruel León enojado; pues siendo Rey Coronado, no hay estorbo a su querer. Por mí habla, podré sufrir . tan vil intento atrevido? Pienso que se ha suspendido, . mi prueba he de proseguir: pero en fin quiere embestir el tigre, y tan en vano es, que el León venciendo después del honor con su fiereza, a su atrevida Cabeza, lahizo alfombra de sus pies. haciendo también:: No hará, pues si eso él tigre alcanzara; vive Dios que le arrancara al fiero león:: Bien está: bastante he entendido ya: el Cielo guarde a los dos. 2. Vuestra Majestad, con Dios vaya. Venid a Palacio, Don Albaro, que de espacio tengo que tratar con vos. Vamos Clori, que un mal aire novió tanta polvoreda. Sí, que tú le habrás soplado, para urdir alguna pieza. Enojado se va el Rey, sin que yo el misterio entienda. Sin duda mi esposo sabe, . que Arión su deshonra intenta. Así paga mis servicios Alexandro? fuerte pena! Pues todos están turbados; voy a llorar mis tristezas. Esposo, Señor, escucha. Falsa, engañosa firena; aparta. Mi bien, qué temes? Solo a ti teme mi estrella. Por qué? no es tu amigo Arión? Pues para vengar mi afrenta ha menester, más amigos mi honor, que saber la ofensa? Yo no lo digo por eso. Pues por qué? Detente lengua; solo te lo digo. Acaba. Porqué Arión::: No te detengas. Cuando:: Don Alvaro, hijo; mira que ya el Rey te espera, y que va enojado. Cielos; qué queréis de mi paciencia? . Pues qué dices de esto, Padre, Digo, que ignoro cual sea el enojo de Alexandro, y de tu esposo la queja. Bien lo sabe mi dolor: cuanto vil Arión me cuestas! vuelve pues, padre, a Palacio, o y tus canas con terneza desenogen al Rey; pues recelo alguna tragedia. A eso voy, hija no llores, que el Rey te quiere, y no test que te de disgusto, a Dios. V Él te guíe, y a él pluguiera, que lo que el corazón teme, lo añulase la experiencia: o malaya el vil traidor que hoy el gozo en llanto trueca Príncipe falso, y tirano amante; hasta cuando intenta tu mal cortesano estilo abusar de mis finezas? no eres tu Arión, que falso alabas, lo que desprecias? pues dice tu heroica fama que culpaste a quien te niega, en las saladas espumas, piedad que un delpín le enseña siendo bruto el racional dónde es racional la fiera? Cómo, pues, ingrato Arión, cuando arguyó tu terneza de infame, a la ingratitud; de ser ingrato te precias? cómo? Nise hermosa calla; adorado dueño cesa, que no es ingrato el que adora; sino es que culparme quieras, como el que una flecha, airoso dispara, y el tiro yerra, a donde se culpa al blanco, y no al que tira la flecha: (ay Diana imposible bello, por ti muero; pero penas disimulemos por Nise, aunque tanto amor, lo sienta) mi bien, si yo fuera ingrató, mas culpado me sintiera que no el, que lo fue conmigo; pues aquel hizo la ofensa a un hombre, que es breve mundo, y yo a una deidad que es fuerza ser un breve Cielos luego más culpado yo, que él fuera; porque de él se quejó un Mundo, y de mí un Cielo se queja. Que mujer viendo tan tierno . a un hombre, no le creyera, aunque vea que le engaña: en fin, aunque mi amor sepa que es engañosa, esa amante bien ponderada fineza, que falsamente encareces, he de creerte? Siendo cierta, debes, mi bien, no dudarla. (Ay Diana que en vano espera . quien a un imposible adora:) tuyo seré, Nise bella. Eso procura mi fe. Eso mis ansias desean. A eso aspira mi amor. Eso mi fortuna anhela. Eso quiere. Eso pretende. Mi constancia. Mi firmeza. Qué feliz unión! Qué dicha! Pero a Dios, porque se acerca alguien a este cuarto. Mucho llorará mi fe esta ausencia. Pues procura otra ocasión. Para que yo viva es fuerza. Ay Arión, lo que te quiero! Ay Nise lo que me cuestas! bien dije, pues me has costado tener hasta ahora paciencia. Un papel di a Matachín para Diana, amor quiera que sus amantes renglones tantas esquiveces venzan. El Señor Príncipe Arión ha dado en seguir su tema, mas querrá darse a partido, pues me envía ahora su Alteza, con este para el contrario; pero mi temor recela, que no podrán convenirse, aunque capitular quieran; pues Diana no rendirá la plaza, mientras no muera. A Don Albaro le he dicho, que aguardase en la otra pieza. para seguir al criado: que un papel incauto lleva, y he de quitársele, pues quien tiene enemigos cerca, y enemigos encubiertos, infeliz de él, si no vela. No hay oficio como el mío, pues me valdrá esta estafeta, algunos treinta doblones si en Dios, y en mi conciencia: más salgamos de Palacio, porque el Rey tiene linternas; sea Sastre un desdichado, Zapatero una bestia, se sea Barbero un tontón. sea: pero ya no sea ay de mí! el Rey me ha cogido. Matachín? a buena pieza? A estotro barrio. A buen hombre? No, sea lo quien quisiera. A borracho? Y es a mí? Si a ti. Válganme mil suegras. . Dame el papel. Qué papel? El que escondes. Es quimera: él es demonio, Señor? No me epures la paciencia. (San Pablo) es que ese papel, si tengo de hablar de verás, es de una illustre fregona, que una fuente en una pierna tiene, y por más disimulo voy yo a comprarlo a la tienda. Si así excusarte pretendes, vive Dios, que haré que. Tenga: que cara de Leonazo! aquí esta. Pues salte a fuera. Ay Matachín, y que presto treinta doblones, se truecan! . Abriré el papel ahora: dice pues de esta manera. Tirano dueño, homitida, si del tiro de tus flechas soy yo el blanco, porque soy el blanco, que más desprecias? si soy quien vivo por ti, porque haces, que sin ti muera? y si tus ojos me matan, porque las honrras me niegan? si por Don Alvaro, en fin, (Cielos, que será esto?) intentas no favorecerme; ingrata, con su muerte se remedia, que aunque es mi muyor amigo, para no perderte, es fuerza. Para que he de leer más, cuando es ya bastante prueba, lo que he leido hasta aquí, de que algún traidor concierta, contra el honor de quien goza mi privanza, alguna afrenta; y estar sin firma el papel; es circunstancia, que muestra, pues se encubre el agresor, la calidad de la ofensa. Diana puede:mas, no es fácil: a fuera vanas sospechas; que no es posible que el Sol, tan vil eclipse, padezca; Ay Cielos, y que entredado este laverinto queda. porque de Diana no dudo, que en todo innocente sea, que yo sé que hay un traidor. sin que, quien pueda ser, sepa que con un papel agravia a Don Alvaro, y que el piensa, que yo soy el que le ofendo, según su ceguedad muestra. Pues qué acción ha visto en mí digna de su loca idea? haberle dado mi Dama? quererle con tantas verás? hacerle tantos favores? aumentarle su nobleza? y en fin haberle hecho bien? si será; porque no, es nueva ley, en el hombre, pagar con agravios, las finezas. Si el primer día que logra la posesión que desea, sin causa amenaza, al regio sagrado de mi grandeza; que hará si llega a saber de un tirano la violencia? Qué haré Cielos! Rey me hallo, castigar quiero su necia desconfianza: mas no que es mi amigo: pero ofensa contra mi Majestad, pide castigo, con que escarmienta. Es verdad: en dos balanzas justicia, y amor lo dejan, y mi entendimiento duda, viendo en mis manos, cual venza, en la derecha el amor, o la justicia en la izquierda: Cuando quiere la justicia rigor, la piedad, clemencia, si me inclino a ser piadoso; justiciero ser quisiera. Ea, pues, yo me resuelvo vencio quién diré que venza? la justicia? eso es rigor, la piedad en todo sea: vencio el amor; yo he de ver, si mis finezas opuestas a su ingratitud, podrán con él, más, que la fiereza de un castigo, porque be, y será más aobre enmienda: mil ravores he de hacerle, veamos, si de esta manera, podré ganarle mejor; mas si fuere tan perversa su locura, que desprecie, mi demafiada paciencia; vive Dios que de aquel modo, que remonte su soberbia; para escarmiento de ingratos desplomare su cabeza. De tal modo lo has contado, que temo haberte creído. Señor, lo que he referido, es lo que me da cuidado: y a más de las causas, qué dejo ponderadas ya, no menos pena me da, lo que yo atento escuché, cuando los tres en mi cuarto, hablabáis que aunque dijisteis vos, que allí nada entendisteis contra mi honor. Calla, qué harto he entendido, a lo que escucho, de tus labios (pena airada!) pues lo que entonces fue nada, a mi parecer: ya es mucho: los que favores sobrados, eran a mi presunción; oída ahora tu razón, son agravios declarados: que bien mi agravio concuerda, del médico con la ira, si cuando el enfermo espira, el remedio se le acuerda! ya espira nuestro invencible honor. Pues a qué geramos? Ina as remedio acudamos. Es el remedio imposible. Sangrar es remedio vario, por mil males admitido. Tiene el pie muy mal herido Pues sangremos al contrario Basta; que es tu intento vano. No es si no muy justa ley. Muera Diana. Muera el Rey, que es contra mi honor tirano. Tu impertinencia, es prolija. Mi amor me infunde valor. Pues di, para nuestro honor, no es mejor que muera mi hija? Es verdad; mas aunque airado le des muerte en tal pesar; el Reino ha de blasonar, que tu honor ha profanado? Aunque es así; que me cuadre, no es bien, venganza tan ruin, que es mi discípulo, en fin. Sí, mas tu honor, es tu padre Dices bien, no se qué hacer, cuando obra el Rey tal crueldad; pero entre amor, y lealtad; la lealtad ha de vencer. Y el honor? Le vengaré, matando a mi hija Eso no, que sabré estorbarlo yo; hasta que el Rey muerto esté. Será venganza más fiera. Será más justo rigor. Que en tal pena. En tal dolor. Muera Diana. Que el Rey muera. Quién que ha de morir decíáis? Vuestra Majestad es tanta, que yo: nunca. Señor, cuando::: La prudencia aquí me valga, . cuando yo vengo a aumentar los honores de su casa, en el cruel valor del uno mi muerte hallo; y en las canas de el otro, la de su hija, mujer tan bella, y honrada, que su honor admira el mundo; y al Cielo asombra su gracia! qué es esto, Cielos! 2. Mirado. Cesa, cesa; calla, calla; porque apuráis mi paciencia, con una, y otra palabra. No soy Alejandro yo, de aqueste Imperio Monarca? no soy el León coronado, que al cruel tigre desgarra? no soy el Águila firme, que al Sol se atreven sus alas? no soy sacre, que derribo la más atrevida garza? no soy basilisco fiero, que una muerte es cada ojeada? no soy la sierpe atrevida, que sus hijos despedaza? no soy áspid, que el veneno entre las flores disfraza? no soy rayo desprendido de la nube más preñada? no soy el horror del mundo, que a todo un mundo amenaza no soy el que vengador de sus agravios, le llaman? no soy quien puedo enojado (con sola mi regía espada que ha dado terror al orbe, y a dos desleales no espanta) sácaros el corazón, Vive Dios, por las espaldas? h 2. 2. Señor. rabó mi vida. Que aquí musca es cierto. Basta: disimulemos, cordura: alzad, amigos de el alma, Leandro, Don Alvaro, alzad Qué será aquesta mudanza? Este enigma no le alcanzo. Que este movimiento causa la mal reprimida ira: vuestro soy, y bien se allana pues querer hablar contigo de espacio, solo fue, para añadirte más honores; y pues mi desvelo alcanza, cuan nobles de Leandro son tantos servicios, y hazañas; añado a vuestros estados, para honor de vuestra Casa, Micoña y Pafo. Señor, que demostración bizarra, bastará a tanta fineza? El ser más leal, me basta. En honrar a vuestros hijos, sois Padre de nuestra Patria. Y más piadoso, que vos. Oh tirano, y cruel Monarca! . ya se que intenta tu astucia, con las mércedes que alargas tan de balde ahora, a costa de mi honor, comprar mi infamia; mas yo seré lince en todo, pues das favores con maña. Yo he de ver si con finezas . sujetare su arrogancia. Mucho se irrito Alejandro: mas tuvo bastante causa. Ya en mi gracia os restituyo: conservad honra tan alta, pues siempre será más gloria, que adquirirla, el conservarla: pero advertid, cuidadosos, miradas las circunstancias, que no soy león, sacre, sierpe, basilisco, aguila cauta, áspid, rayo, horror del mundo; no soy; de todo esto, nada porque aquello fue dejarme vencer de una pasión vana, que solo soy Alexandro, y que con esta amenaza sola, doy espanto al orbe: poned más fiel la balanza; porque quien de vuestras glorias si desenojado se halla, hará lenguas a los bronces; si dais a su enojo causa, también de vuestras cabezas, hará parlera a la fama. Piadoso Rey, pues me horras: . Tirano Rey, pues me agravias: . Tus glorias propague el mundo. Logre mi honor su venganza

JORNADA SEGUNDA

Si se halla a mi pena igual, cualquier veneno apetezco, cuando es el mal que padezco, no hallar remedio a mi mal. 2. Si se halla, Qué oigo! sin duda, este acento, le dicto mi corazón. Qué escucho! y a mi pasión pública, sonoro, el viento. Oh quién su pesar dijera, sin que a nadie le contara! Oh quién, sin que a nadie hablara, su mal ponderar pudiera! 2. Más bien podré, mientras voy pesares a divertiros. Dando al viento mis suspiros, Si al viento mis quejas doy. Pues si él lo pública, suave. Pues si él lo avisa, importuno. 2. No es, no, decirlo a ninguno, decirlo a quien ya lo sabe. Y así diga el alma, triste:: Y así diga, fiel, mi amor:::: Cuál viene a ser mi dolor. Mi pesar en que consiste. Cruel mi esposo, en mi decoro, fácil receló un vaibén, y sin saber yo de quien, era bien, el mal que lloro; más ahora que ya no ignoro; que del Rey teme su mal; el bien, que juzgue immortal, a tal pena me condena; que al bien iguala mi pena, si se halla a mi pena igual. Aunque celos me dio Arión. lo sufre mi volundad, ignorando la deidad. a quien rindio su oblación: mas, pues sabe mi pasión; que es mi prima, que aborrezco; máteme lo que padezco, o un veneno, porque vean, que como celos no sean, cualquier veneno apetesco. Infausto permite el hado de un pensamiento traidor, que Arión sea el agresor; y sea el Rey el culpado: de golpe tan cruel, y airado, desesperando fallezco; pero poco es lo que ofrezco, si a más no puede obligarme; pues que hago en desesperarme, cuando es el mal que padezco. Quién ha llegado a sufrir pasión tan tirana, y fuerte; solo puede con la muerte, su remedio conseguir: y si hay quien llegue a decir, que ese aún no es remedio igual; desespere en caso tal, pues fuera sin otro medio, hallar mal a mi remedio; no hallar remedio a mi mal. Y pues mi fortuna ciega::: Y pues mi estrella enemiga:: Causa loca mi fatiga:: Fiera un alivio me niega::: 2. Diga el viento, a quie se entrega mi sentimiento immortal::: Si se halla a mi pena igual, cualquier veneno apetezco; cuando es el mal, que padezco, no hallar remedio a mi mal. Cielos, Sol, Luna, y Estrellas:: Astros, Planetas Signos::: 2 Porque iefluis:: Pero Nises? Prima? como hoy ha salido tu discurso, errante, a dar, admiración a este sitio, tan de mañana, que apenas el Sol pudo presumirlo? Pues claro está que a saberlo fuera tu escudero el mismo; A cruel si te abrasara la llama del pecho mío. Yo Nise dejando a parte ese cortéfano estilo, que aquí conmigo has usado; pues por ser nuevo le admiro; No dejaré de decirte, si bien, que no tan bien dicho, porque fías a esas ojas pensamientos mal distintos, que aunque a este sitio no admo quizá miran a otro sitio? Nise vive enamorada, mas de quien, no lo colijo. Yo Diana te lo pregunto. Yo te pregunto lo mismo. Sí, pero yo hable primero. De mí no es fuerza inquirir! Pues de mí no has de saberlo si tú antes no me lo has dicho Mira Nise, eso es muy lasg de averiguar, pero es fijo que se puede responder a esas preguntas, que hicimos las dos, pues son una misma, sin que se diga, que ha sido primera una, ni otra a dar respuesta. Pues dilo. Con decir que las pregunta? que las dos nos propusimos; no es más que vna, dicho qeu Pues cómo: Cómo es preciso, que también sea una misma la respuesta; y así digo, que pues lo que me preguntas, te pregunto yo a un estilo, te respondas tú, a ti misma, que yo ya me he respondido. Es verdad, mas yo no quiero ser tan esquiva contigo: esto es para averiguar, si es verdad lo que he sabido de Arión, y si Diana, falsa, corresponde a su cariño. En esto sigo de un sabio el consejo en que previno, que el que quiere ser por tema, de todo el mundo, bien quisto; que hable así como le hablaren, y que haga siempre advertido, que la pregunta, y respuesta tengan un estilo mismo. Pues para que tu conozcas cuanto mi pecho rendido te ama, y que aquesto fue solo pasatiempo; de ti fío el secreto más guardado, (mira prima si te estimo) que en la cárcel del silencio tienen sellados los siglos: escucha, pues, y sabrás, porque causa me han traído fuera de mí misma, tantos pensamientos divertidos. No he dicho que esto era amor, . (quiero obligarla) distinto en extremo, es, Nisemía, este, de aquel otro estilo; háblame como quién eres, que de todo mi albedrío serás dueño: de mi fía, y prosigue. Ya prosigo: mi mal, es solo un cuidado. No, mejor hubieras dicho, un C Mejor no, que las dos, muy bien decimos, porque un descuido es mi pena, con cuidado (ya ha entendido mi amor adelante paso) tan obligada me miro::: No digas más, di que estás enamorada. Pues digo que lo estoy, si aorrar quieres, de amor discursos prolijos: y de un Joven (aquí entra saber si muero, o si vivo) tan gallardo, tan airoso, tan noble, y tan atendido, que él solo puede ser, prima, hipérbole de sí mismo Tanto, Nise, le encareces, que a ser posible imagino, si, que de él me enamorara. Pluguiera al Cielo, que indicio . fuera, de no estarlo ya; por Dios que estás de capricho, prima. Esto no es más que chiste: prosigue. Ya he concluido: no tengo más que decir. Pues nada con esto has dicho; porque encarecer las prendas callando el dueño, es lo mismo, que decir, que es, por quién es, de tanto mérito indigno. No es tal, que más que heredado, por si solo, se ha adquirido. Quién es? El Príncipe Arión. Cielos no muero al oírlo! cuando el eco de su nombre me estremece los sentidos. A tirana y a conozco hoso estilo gaí tu falso e Que mi sagre ha de mesclarse . con la sangre de quien quiso, y aún quiere, manchar mi sangre Tampoco te ha merecido mi fineza ahora, en pedirte parecer; que cruel, y esquivo tu ceño, volviendo el rostro, quita a la lengua su oficio? Vive mi honor, que primero . que logre Arión atrevido esa dicha; hará mi enojo:: mas tente, vano delirio. Ya veo que Diana, falsa contra su pundonor mismo, la máscara se ha quitado: esto sufro! esto permito! respóndeme Diana, acaba. Yo no se lo que me digo: ahora si haré, y no admires, si tanto me he suspendido; que a tal respuesta, de esta, suspención, bien necesito. A tirana! Lo mejor es herirla por sus filos: yo te confieso, que Arión es tan cuerdo, y entendido, tan galán, y tan airoso, tan preudado, también quisto:: (Y lo que le alaba) Prima, eso ya lo tengo dicho; vamos solo a lo que importa. Forzoso es el repetirlo: digo, pues, que no lo ignoro, y que aunque preso le miro, no es bajesa su prisión, sino fuerza del destino: y así te aconsejo, Nise, por lo mucho que te estimo::: Qué me aconsejas? Que luego olvides ese capricho. Queda ahora a mi recelo de duda el menor indicio? mas yo no seré quien soy, si a la venganza no aspiro: nunca esperé esa respuesta, Diana, de tu cariño, pero si ese es tu consejo, yo me valdré del aviso. Dicha ha sido, que desista: no tengo poco motivo de aconsejartelo. Pues merezca, quien ha admitido sin réplica tu consejo, saber la causa. Prosigo mi idea, por si consigue fiel mi intento bien nacido; apartarla de un tirano: a ti te mueve lo fino de su constancia. Es verdad. Mira que es falso ese echiz pues me consta que es Arión cauteloso, en lo que he dicho, porque aunque rinde holocaust a las aras de Cupido, en nombre de tu Deidad; es a otra el sacrificio. s Porque aunque puede hablar más claro, cielos! o aleve vil cocodrilo! Nise? Don Alvaro? cómo tan de mañana a este sirio? Lloras? porqué causa? pero ya creo que lo adivino, pues querrás decirme, hermosa desperdiciando ese fino cristal; que el Aurora bella ahora, en los campos de vidrio las blancas perlas arroja de sus dos ojos divinos; paraque galán el sol enjugue su desperdicio: que, no es esto? pues esplica tu sentimiento, que alivio de un triste, es decir su pena:: poco rogando te obligo no me tengas más suspenso: qué temes, corazón mío? . acaba Nise, por Dios, de esplicar ese motivo. No me atrevo (empiece aquí . mi venganza) Pues conmigo, cuerda puedes descansar. Mi sentimiento es tan hijo de la desesperación; que se aumenta si le esplico. Quizá si alcanzo tupena, podré darte algún alivio. No, que fuera descansarme, en los brazos del peligro. Luego hay peligro, en que yo sepa tu dolor prolijo? Perdone Diana, pues lleva . tan contra mí su delirio: claro está, pues que te toca de este sentimiento mío, más parte; si en el honor hay más, o menos, delito. Cruel fortuna, aún me guardabas tal género de martirio? háblame más claro, y deja la suspención al olvido. Si haré, (pues que tiene ya . mi venganza su principio) un poderoso te ofende preso está con suaves grillos; sangre reallate en sus venas; no hay a vengarte camino. Cómo suele agigantado roble, que en soberbio risco; o ya azotado del Noto, u del Bóreas compelido; cuanto más violento sopla, tanto más crece su brío, siempre menos peligroso, cuando está más combatido; Así, pues, tantos embates, de pensamientos distintos, o ya del Rey, o de Diana, tiranamente movidos; solo mi muerte desean: y a no ser roble mi brío, fueran mis ramas por ellos, muerta alfombra de mí mismo, un poderoso te ofende; dijo Nise, claro indicio, de que es el Rey el tirano; preso está con suaves grillos, también es el Rey que está preso de un afable hechizo. Sangre real late en sus venas: este también es aviso, que no ha menester comento, no hay a vengarte camino: esto es lo que niego yo; que aunque le guarden propicios, el aire, con sus alientos, la tierra, con sus echizos, el fuego, con sus centellas, y el agua, con sus abismos; mi venganza he de lograr, y ha de ser el furor mío fuerte bracán, contra el aire, contra la tierra, estallido, cruel diluvio, contra el fuego, y contra el agua, encendido rayo, para consumir abortando incendios vivos, del más tirano Monarca los intentos más impíos. De las tres de la mañana hasta ahora, que con visos más dorados, dice el Sol mi venida os anticipo; he estado en Palacio, y nunca lograr mi intento he podido, porque el Rey en su retrete solo está, y según me han dicho las guardas, ha dado orden, que a ninguno, ni a mí mismo, que nunca me niega entrada; la dieran, hasta haber visto, que el que nos franquea rayos empezaba a descubrirlos: y pues esta es la hora, quiero no perderla, y atrevido dar cruel muerte a un tirano, y si admira este delito algún discreto, y le arguye deslealtad; mire advertido, que se halla en lance como este, y verá, que siendo sijo, que el honor vida es del alma en el que noble ha nacido; será aún venganza muy corta, será aún muy débil castigo; si a quien el alma me ha muerto, la vida del cuerpo quito. Que tenga por lisonjero, la humana naturaleza, un gozo perecedero; y le parezca ligero el cargo, que más le pesa! siéntase pues a gustar el ambicioso lo bueno, en la mesa del reinar; y en lo dulce del manjar, disfrazado halla el veneno, y si en el Solio hoy me ve; dirá, envidiando mi estado, nunca tan feliz seré; mas no se entretendrá, en qué toda la noche he velado: un prisionero a ser viene el Rey, para sus facciones, el vasallo le mantienes y solo de alivio tiene, ser doradas sus prisiones. Este papel fementido, que quité al desleal criado; Ay de mí! de Alvaro ha sido, quien esta noche ha tenido más parte de mi cuidado; pues por más que miro atento, cual puede ser el traidor, que con loco atrevimiento, deja al libre pensamiento de Don Alvaro, el honor; pues deja árbitro al que lea, quien lo fía de un papel; no puedo decir quien sea, porque ya mi varia idea está en confuso tropel: supuesto, que en acabar de culpar a este, por Dios, que hallo en otro, más lugar; si a estotro voy a culpar, hallo sin culpa a los dos: Ya en fin en vano prevengo saber, cual sea el tirano, si más indicios no tengo; que un papel sin firma, y ven a discurrir más, en vano. Si lo pretendo saber; por el vil criado mismo, que lo logre puede ser; pero también me he ver en otro confuso abismo: que un criado que intentó vender la honrra, sin fe de su amo callará? no; y aunque lo récate yo, han de saber que lo sé: y si el traidor lo supiese; huyera su desventura, sin que aquí estrenar pudiese el castigo, que merece, quien se ha atrevido a mi hechura: y pues el saber su anelo, que lograba mi pribanza Don Alvaro, sin recelo, no le enfrenó; vive el Cielo, que ha de probar mi venganza. Pues ya desde hoy solicito. si puedo, prudente, y sabio, con escarmiento esquisito, castigar este delito, sin publicar el agravio: mas ay! que como no he hallado descanzo en la noche entera, y ya el Planeta dorado, tiene el coche aderezado, para empezar su carrera; me rinde en sin la tibieza del sueño, es humana ley, pensión de naturalesa, que ha de pagar la flaqueza, y no me exime el ser Rey: Descansemos, si esforzoso; que aunque dulce nos convida, el descanso, es cauteloso, pues nos quita ese reposo, la mitad de nuestra vida. Aunque tarde a mi deseo esta hora haya llegado, porque el reloj del que espera, lento corre, y pulsa tardo; no he de perder la ocasión, cuando me la ofrece el hado tan propicia; que yo dudo, por venirme tan a mano, que no busque la fortuna, y por eso me ha encontrado. Dentro del retrete estoy, y si atento lo reparo, porque a veces el deseo, finge bultos a su agrado, duerme el Rey, sin presumir, que este instrumento inhumano, que esté pañal atrevido, le empuño contra él, airado. Cierto es, que el sabio que dijo, que este sueño, este letargo, era imagen de la muerte; lo dijo por este caso, pues Alexandro infeliz, gran Monarca, aunque tirano, porque ofende indignamente la sangre de un fiel Vasallo; pudiera decir que el sueño su muerte está bosquejando; aunque presumo, según la ira me empeña al estrago, que solo a su perfección, le falta el último rasgo; ea, pues, cósera mía, no te detengas, pensando en lo fiero de la acción, sino en la razón que traigo: muera Alejandro a la furia:::: Pero Cielos! que mal hago no es mi amigo, y no es mi Rey? claro es, pues detente brazo: mas esto digo, si es eso lo que le alienta a mi agravio? pues a no ser el Monarca se atreviera a imaginarlo, sin que el mismo pensamiento, se le volviera en su daño? pues muera otra vez, y mil: Mas no, ve cólera a espacio, porque me infunde respeto, aunque me mire agraviado, su vista airada, que mucho cuando sé que es Alexandro: pero discursos dejemos, y más tiempo no perdamos; aliénteme a tanto arrojo, y muéveme a empeño tanto, de mi agravio todo el peso, de su traición todo el cargo; y muera en sin quien me ofende. Pero qué miro! en la mano tiene un papel, a tomarle quién me mueve? mas ya lo hallo: como es cobarde el delito todo le sueña apresagio: poco a poco he de sacarle, sin perturbar su descanso; ya le he tomado, con tiento; pues lo que contiene veamos; Tirano dueño homicida; si del tiro de tus flechas, soy yo el blanco, porque soy el blanco, que más desprecias? si soy quien vivo por ti, cómo harás, que sin ti muera? y si tus ojos me matan, porque las honras, me niegan? si por Don Alvaro, en fin (corazón, que oyes!) intentas no favorecerme; ingrata, con su muerte se remedia, que aunque es mi mayor amigo, para no perderte, es fuerza. Caiga el Cielo sobre mí: para cuando son los rayos? que veneno introduciste (para mí, papel infausto) en el alma, por los ojos, que muere de haber mirado? si tengo tanta razón, por que me detengo, agravios? Diga ahora aquel discreto, si entonces me culpo, a caso, que haría en lance como este, teniendo en patente amago, a los ojos, su deshonrra, y la venganza, a las manos. Cielos qué veo! no está Don Alvaro amenazando con un puñal a mi vida? a buen tiempo he despertado; ay infelice de mí, si el sueño es algo más largo! mas ya que el Cielo, quizá por castigar a un ingrato, tan buena ocasión me ofrece; para averiguar el caso, fingiré que duermo ahora, y podré disimulando, saber su vil intención, sin que el sepa, que la alcanzo Muera quien mi honor ofende esta ocasión no perdamos venganza, que puede ser, que otra vez no la halle. A falso, dulce, y suave en la bevida, y ponsoñoso en el vaso! a Monarcas, este ejemplo puede ser que os sirva de algo: pero una industria me ocurre, para dejarle, en su caos, seguro, de que yo duermo; pues quedando el engañado, no se pública el delito, y así a su esposa no agravio. Ea en fin yo me resuelvo a darle la muerte airado: tirano Rey, homicida de el honor de tu vasallo, muere, muere. Ahora es tiempo: a de mi guarda, a soldados: no hay quien me traiga un p para matar a un tirano? La voz del Rey es aquella, acudid luego, soldados. Ay de mí! despertó el Rey, . pero aprovecho el acaso: Señor aquí está el puñal: seguro estáis, reportaos. Bien se ha sabido valer de la industria, a cruel ingrato! ya sé que estoy muy seguro, cuando estoy a vuestro lado. Yo en todo, puntual os sirvo. Pues en premiar tan bizarro aliento, he de quedar corto; no sé si me pese hallaros tan puntual, en mi servicio. Es mi gloria; mas que acaso, de vuestro sosiego, pudo interrumpir el descanso? Un sueño, que apresuraba mi muerte, con fiero amago; ya es nada, porque los Reyes no tememos los presagios, aunque a veces, nos avisen de quien hemos de guardarnos. Si lo habrá entendido el Rey? . pero no, porque indignado, a entenderlo, me prendiera. Aquí, gran Señor, estamos A buen tiempo vive Dios; si antes no hubiera llegado Don Alvaro, a socorrerme, cuando yo a todos os llamo. Señor::: Basta, pero en fin es mi hechura, es mi trasado: despejad. Ya obedecemos. Nada de todo esto, alcanzo. . Aunque el Rey tenga el papel. que esco que ag para cumplir mi deseo, si un etna en mi pecho traigo. . Mucho debo a mi fortuna, . pues salí de riesgo tanto. Con cuánta razón, o Cielos! debiera fiel mi cuidado, de lo que me ha sucedido, diligente atar los cabos: pero me precisa ahora (cuando el sol en el ocaso haya muerto presuroso) avisar a Diana, en tanto que a Don Alvaro entretengo, del riesgo en que está; pues cuando lograr su indigna traición contra mi vida, fue envano; temo por ella, que caiga sobre su inocencia el daño: pues bien me quedará vida para castigar mi agravio; como de ese Sol hermoso no se le eclipsen los rayos. . Si tú lo hechaste a perder, borracho, qué te disculpa? Pues Señor, tengo yo culpa, si el Rey me supo coger? Pues como el papel. Aespacio Señor, que el juicio me acabas. Del Rey no le recatabas? Si me le diste en Palacio, cuando el Rey entraba en él; posible es, que previniese, que el Rey entrase, le viese, y me quitase el papel? más propio es, en tal pesar, que yo tu trato publique, pues que me pusiste, apique de que me mandase ahorcar: y tanto lo creyo el miedo, que a obediencia me provoca, que apenas abrió la boca, cuando yo le dije, credo: y viendo el riesgo notorio, que mis males aguardaban, juzgue ya que me rodeaban las llamas del Purgatorio; mira si es buena tu flema, y si he de quejarme en fin, cuando estuvo Matachín si se quema, o no se quema: y así, pues me trata mal tú tan tibio agradecer, a Dios, a nunca más ver; que a quien sirve servicial, en el servicio mayor, no servirle, error ha sido; pues nunca será servido, quien desirve al servidor. Matachín, lo curas deja, vuelve a dar alivio, en tanto dolor, en tan duro llanto, en tal ardor, en tal queja, a mi vida, porque no te reñiré más, y así vuelve ya a mis brazos. Sí? pues ahora no quiero yo. Toma, Matachín. Qué tome? Matachín en ti se emplea:: Y lo que Matachínea, Esta de Oro. Concluyome. Hecha pues por esos cerros, Señor, que en este conflito, si a ti te llama un delito; me llaman a mí estos hierros: Di qué tienes? que mi fama, e ingenio, te servirán. Tengo en el pecho un volcán, y busco alivio en la llama. Esto hace quien a tener llega mujer infernal; si por dejar tanto mal, se emplea en otra mujer. Deja Matachín tu humor, y a mi remedio acudamos, que yo muero de amor. Vamos, que te dérrites Señor. Pues lógrense mis fortunas? pero este es muy grande exceso Si te detienes en eso, te quedarás en ayunas. Mira, loco me divás si mi fiero arrojo entiendes. Pues si un imposible emprende en pensarlo, no lo hlaras. Que yo estoy enamorado de Diana sabes muy bien, y que nunca su desdén, mi fineza ha conquistado: Porque ni el favor más leve de su agrado he merecido, que etna los dos hemos sido, entre mi fuego, y su nieve: y puesto que mis papeles, mis ansias, y mis ternezas, no mudan sus enterezas, ni sus ceguedades crueles; yo he de probar, sin que tuerza tanto delito mi intento; lo que yerra el rendimiento, si lo acertará la fuerza. Esta noche, pues que ya funesto estiende su manto por el orbe todo, tanto que asombro a su ámbito da; quiero robar su hermosura, sacándola de su Casa, porque el fuego que me abrasa, tenga en las llamas su cura. Señor yo no he de argüir si al rapto te has de atrever, sino el cómo pueda ser? El tiempo lo ha de decir. A eso te resuelves? Sí: No te asustas, cuando ves tan cruel traición? No. Pues menos me asustará a mí. De un necio más lo creyera. No, porque verás que al sabio, le asusta más un agravio, porque más lo considera: pero si resuelto estás, nada quiero aconsejarte: mira, en que puedo ayudarte. Ven conmigo, y lo sabrás, que es tarde y empresa tanta, has de ser tú quien la guíe. Que un sabio de un necio fie! eso sí que a mí me espanta, Yo no ahora a mi estrella, que esté firme sin mudanza. Señor ponme tú en la danza, que no haré mudanza en ella. Pues con tu ayuda ninguna desdicha recelo; obremos a nuestro gusto, y dejemos lo demás, a la fortuna. Diana hermosa, enjuga el llanto, no te entregues al dolor. Cómo podré, gran Señor, si mi pena puede tanto? Lo que te he dicho, es verdad; matarme cupo en su idea. Pues Señor, mi muerte sea castigo de su maldad. Ya sabes cuanto te quiero. Besa vuestros pies mi labio. Dime, Diana; de ese agravio me mostraré justiciero? Mucho tengo que pensar, aunque licencia me deis de decirlo, cuando veis dos afectos batallar: pues consentir, es forzoso, o ya airada, o ya propicia vuestro poder sin justicia; o castigado a mi esposo: y así, en prueba de que amo mi fe justa, y buena ley a mi esposo, y a mi Rey; mejor es que muera yo: porque aunque es lance tan cruel; sirviéndoos, Diana a los dos; quedéis con justicia vos; y no castigado él. Mi poder consentirá arrojo tan inhumano? Aún obrará más tirano, si muerte a mi esposo da; pues dos muertes consentir por un delito se infiere; porque si mi esposo muere, como puedo yo vivir? Fineza tuya, y no escasas más bien te advierte mi amor, que te guardes del rigor de quien a un Rey amenaza. Me avisáis que muero hoy. Esto los dos me debéis. Pues Señor, no me diréis, cómo en tal peligro estoy? Viste la rosa, que ufana Reina es de las demás flores, pues les presta los colores, ya de Nacar ya de Grana; estar en mano tirana, que por pensar que adivina que a otro su hermosura inclina; rasgándola de hoja, en hoja, sin dolor de su congoja, la deja sola en espina? Así pues, rosa infeliz eres tú, que en manos crueles el carmín de tus claveles, será blanca flor de lis: y aún serás menos feliz; pues según dice lo bronco del aire de su voz, ronco; si la rosa peregrina se quedó en la verde espina, quedarás tú, seco tronco. Ay de mí! pero Señor, si rosa me cría el hado, no habra pecho lastimado, que suspenda ese rigor, y como a inocente flor, me tome su mano ansiosa; antes que la rigurosa logre en ella su crueldad, estorbando una impiedad, dejando libre la rosa? Válgame el Cielo! si haré por lo que yo te he querido, que errado, e inadvertido, la oveja al lobo entregué: Diana esto solo fue aviso, porque vayas con cuidado: mas lo cierto es, que pasmado la muerte huí de improbiso: porque yo te quise atento, el duda de mi lealtad, y vive mi Majestad, que es esto lo que más siento: y que tiene arrojo tanto, la muerte bien merecida; pero en fin debe la vida, a las perlas de tu llanto. Pero a Dios, que es tarde ya, y cuando esté despachado, de lo que dejé encargado a su discreción vendrá él, sin duda, a retirarse, pues las doce cerca son: aliente tu corazón que quizá querrá enmendarse. Vos no olvidéis la clemencia. Lo que digo cumpliré. Bien sabéis que yo::: Ya se cuanta es Diana tu inocencia: p no quiero ahora averiguar, si algo de aquel papel sabe Diana, porque es más grave el riesgo, que hay que atajar; y pues la hora se acerca de venir tu esposo, adiós. Quién os acompaña a vos? El Palacio está tan cerca que en vano es Diana el recelo? vete luego a recoger, y aunque a callar, a temer; queda en paz. Guardeos el Cielo: ay de quien en tal batalla de honor, y amor infelice; nada acierta, si lo dice, s todo lo hyerra si calla! Que cerrada está la noche, y que temeroso aspira; quien a un imposible adora! pero ya esta prevenida la industria, para sacar de su casa, a la enemiga, que mis finezas desprecia, y niega toda mi dicha; con que el remedio, que aguardo en discurrirse, peligra: si el deseo no me engaña, hacia allí, un bulto, divisa, mi atención. Válgame Baco! que no encuentre el ansia mía con Arión para avisarle! pero allí un bulto se eriza: mas ay de mí! cien mil hombres me parece, que me atisban. Es Matachín? Soy un bestia: es Arión? Si soy. Pues mira, Señor, que la ocasión pierdes, sino entramos muy aprisa, en Casa de Diana, que es la de enfrente; ahora te enfrías? pues la diligencia arde. Esto es verdad? Como hay viñas: cuando lo fiaste de mí, que no lo hiciese querías? Con que la Casa de Diana, rojos Volcanes respira? Ay tal dudar! Eso es cierto? Cierto: qué diablo imaginas? Como soy tan infeliz, la dicha dudo; por mía. Pues si de creerlo no acabas, oye una, y otra fatiga, que esparce a los aires. Fuego. Fuego. Notable desdicha. Acudid, porque las ascuás, que cruel vulcano vomita, el cuarto de Diana, vuelve en pavesas. Ansias mías, pues favorable fortuna la ocasión os facilita, para lograr una gloria, donde mi amor se eterniza; pues se ofrece a vuestras manos, no arriesguéis el conseguirla. Ea, Señor, toca alarma. contra volcánes, y chispas. Fuego. Fuego. Llegad ahora, que más que nunca, peligra Diana. Matachín? porque del ruego a Clori no libras? Quémate ahora, que el librarte después, corre a cuenta mía. O pese a la vil pereza, con que las plantas anima mi recelo, pues que torpes no vuelan a lo que aspiran! Ay infelice de mí! no hay quien socorra mi vida? Amor, pues la libertad a tus aras sacrifica el alma, en dulce holocausto, tan noblemente rendida; ayuda a mi atrevimiento, para que estorbe la ruina, de la ingrata, que idolatro; y porque en su luz benigna, si fiel mariposa muero, que feliz fénix reviva: como todo yace oscuro, sin acierto, el temor, pisa buscando el cuarto de Diana; que aunque la llama prosiga vorazmente; el humo pone densas nuves a la vista: si del cuarto habrá salido, o si estará socorrida? Socorro, piadosos Cielos! Logre en fin toda mi dicha: para cuando incauta, necia, errada fortuna mía, benigno tu influjo guardas; si la vida no me quitas la primera vez que veo me nos tiranas tus iras? Diana hermosa, es posible que después de una indecisa travada guerra de amor, goce yo una paz tranquila? o quien tuviera una luz, para examinar si es fija una gloria, que el deseo dibujo a la fantasía; pero como busco estrellas, dónde el Sol rayos fulmina? mas no, no me culpará ningún amante, si mira que en mis brazos, Diana bella, opaca su luz anima, pues la nube de un desmayo, todos sus rayos eclipsa: pero porque me detengo en estas dudas, movidas de mi afecto, cuando sé (según mi amor lo adivina) que es Diana, y para que aguardo que viniendo gente, impía mi estrella, me hurte contraria, lo que me franqeó propicia? y así, mi bien, no me culpes acción que parece indigna; pues si me vieras el alma, se que no me culparias. Como es tan cerca el Palacio, y como yo todabía no me hallaba recogido, por ciertas causas precisas; de que Don Alvaro tiene en su casa llamas vivas, el humo, y el alarido me han dado cierta noticia. Con razón temo, que sea traza suya esta, nacida de su engaño, para da muerte a Diana: que imaginas loco temor? pero, pues la primera cuadra pisa de su cuarto mi cuidado, y en aquel cuarto fatiga al aire, el humo voraz; a entrar dentro me precisa, no sé qué impulso, a librar una inocente avecilla. Ay de mí! No temas, Diana, que una Deidad no peligra. Ay rosa infeliz! que presto te ha visto mi amor marchita bien puedo decirte amores sin ofender a mi altiva Majestad, ni a tu respeto; pues siendo ya estatua fría, que mucho, que rinda cultos a la imagen de mi vida! Arde al verte superior amor; mas no te quiere ofender mujer; porque tiene a tanto objeto respeto; Como podrá el más discreto, fácil la salida hallar, para saberme librar de amor, mujer, y respeto. Pero como me dirán, galán; sino hay para tanto arder, poder; logrando ahora mi pasión, ocasión? Que mal un fiel corazón, la resistencia previene; si en secreto juntos, tiene, galán, poder, y ocasión. También a tu esposo veo, reo; y apasionado esta vez, Juez; no hallo contra su malicia justicia; Yo te adoro, y sé se indicia, que con pasión juzgo aquí; bien se quejarán de mí, el Reo, el Juez, y justicia. No soy si te amo sin ley, Rey; ni si te pierdo ignorante, amante; ni si obrar piadoso espero justiciero; Oh quien sin obrar severo con amor, y sin querer; a un tiempo pudiese ser, Rey, amante y justiciero! Criados, hola, acudid a Diana: mas qué mira mi cuidado? Ansias, qué veo? No acabaras, llama impía, con una vida infeliz, o con una infame vida? Que siempre sea el acaso, . asunto de la malicia? Diana en los brazos del Rey? Matachín, qué es lo que admiras? soy taur, y aquesa flor la conozco por la pinta. Ay de mí! Ya vuelve Diana. Mi bien, mi Señor. Polilla. Mas qué miro! dónde estoy? Pregunta bien esquisita; si sales del Purgatorio, dónde has de estar, alma mía? Disimulo: que ha sido esto, Don Albaro? Qué permita el Cielo, tan vil arrojo? todos convienen, que ira! fue un descuido de un criado. Mas seguro es, que sería algún cuidado del amo. Pero como tan aprisa se dio el remedio, no creo que sea grande la ruiva. Con la escopeta de amor, . Arión hizo puntería; más bien puede el meter fuego, si otro la caza le pilla. Y padeció daño alguno? No Señor: solo quería deciros, que falta Nise. Ay Dios! si alguna desdicha le sucedió? No te asustes; pues después de ser ceniza ya, lo que antes era incendio; yo la vi famosa, y linda. Con Clori estará, sin duda, examinando si habría hecho la llama algún daño, en su cuarto. Pues a vista, de que ha cesado el incendio sin estrago, no precisa ningún reparo ea vamos a descansar sin fatiga lo que queda de la noche: no temas, Diana divina; que un Rey es mucha defensa. Sealo en las penas mías. La causa de estos enredos, . mi corazón no adivina. El Rey ordenó esta traza, contra mi honor, y mi vida. Don Albaro, aquí, honestando. su venganza, la hizo indigna. Entre mi esposo, y el Rey, . no se cual amparo elija. Todos asestan al arco, más ninguno al blanco tira. Y así discurso. Venganza. Cordura. Hado. Fortunilla. Deja de cansar mis canas. . A un Rey tirano, derriba. . Obremos, disimulando. . Cánsate de mis desdichas. . Dame albricias de tercero, pues siguiendo esta dotrina; dejare engañado a Arión a Diana en confusa cisma, al Rel enojado, y fiero, a Leandro en filosofías, y a Don Alvaro en locuras; mas yo, de romper sus crismas, quedare pagado, y ellos irán por yerro a las Indias. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Cielos! qué helado está Arión . después de un extremo tal? Ansias! nunca gasta el mal, . menos disimulación. No me sacá de mi casa, ahora, rendido amante? No he pensado hallar constante un incendio, que me abrasa? . Como tan tibio su ardor, . trata al más fino desvelo? Cómo (ay infeliz!) me hielo, . siendo mi incendio mayor? A cruel! A loca empresa! Mas no, oblíguele mi fe. Mas no, yo me esforzaré. Qué inclinación! Qué tibieza! Esposo, dueño, y Señor, baste tanto enmudecer; que el silencio en el querer, no es buen testigo de amor: si acaso yo te ofendí, por ser fácil en amarte, de mi amor puedes quejarte, mas no te quejes de mí; si cruel me quisiste hallar, de nuevo el error consiento; pues por tenerte contento, te había yo de agraviar; mas si muero, aborrecida, no el silencio sea medio; antes por si hallo remedio, manifiéstame la herida. Ya que ha errado mi pasión y no hay de emendario modo, para no perderlo todo, curelo la discreción. Nise mi bien, si pensaste hallá en tu tímida idea, que aquesta suspensión sea no quererte; tú lo erraste; antes provado verás por lo fino de mi fe; que suspenderme yo fue prueba de quererte más: A que amante, no dejó suspenso el objeto amado, cuando más enamorado de sus gracias se miró? que alma no dejo turbada, bien, que llegó, sin pensar? a que pecho, sin turbar dejó, dicha no esperada? que aunque yo de arder tu casa causa he sido, no creía, que una dicha, siendo mía, lo fuese, y siéndolo, pasa a decir mi amor, dichoso, que esta dicha me turbó, pues no pensé lograr yo la dicha de ser tu esposo. Oh que tibia es la fineza cuando no la mueve amor! Aunque es verdad, o fortuna! . que mi sospecha temió de Arión, y Diana, una injusta aleve, infame traición; viéndole a mi fe rendido, con la fineza mayor de sacarme de mi casa; toda mi duda cesó, mi bien, si dude la dicha, que ya por segura doy, de que tú me des la mano; la causa, que me movió a dudar, fue la que mueve a turbar tu firme amor; pues por ser dicha, y ser mía, la dudaba el corazón. Pues Nise, ya que seguros tus rayos, de dos endos, pueden penetrar mi pecho, sin rechazarlos veloz, por más que blasone ser de tus rayos girasol; no es menester que perdamos tiempo: esto procuro yo para dejarla, y buscar a Matatachín (cruel pasión!) y decirle, que mañana he de apagar tanto ardor, con la nieve de la fiera, que arma contra mí su arpón; pues hoy su traza no dudo, que acertará lo que erro. Dispón lo que hemos de hacer, pues sabes que tuya soy. Y yo, y todo, mas dejemos, Nise, aparte nuestro amor (ay Diana por ti soy cruel, y pase nuestra atención a discurrir algún medio, para asegurar tu honor; que más que mi gusto, Nise he de querer tu opinión: fuera te hallas de tu Casa; volver a ella es horror, que aunque no ha más que un instante, mi bien, que de ella los dos faltamos; no puede ser, no, cuerda resolución, poner a pique de errar, lo que fortuna acertó. Aunque el estar todabla cerca de mi casa yo, por habernos divertido una, y otra confusión, podía darme lugar, para elegir por mejor volver a ella, asegurando, que no me hallen menos; no ha de poder consentirlo lo amante de una pasión, lo firme de una fineza, ni el extremo de un amor. Es verdad; inadvertidos con nuestra mutua cuestión, nos hemos quedado cerca de tevasa, y mientras voy discurriendo, a donde puede estar decente tu honor; será lo más acertado, para quitar la ocasión, apartarnos de ella; pero aguarda que se paro un hombre, en aquella esquina sepamos pues su intención. Aunque me tenga ocupado del Rey, y Diana el empeño; que ahora no me rinda al sueño, me lo causa otro cuidado. Ya no es mucho, que a decir conformen sabios iguales, que son cobardes los males, pues no saben embestir solos, a un infeliz pecho: bien mi tormento lo dice, pues sé que ha faltado Nise de casa, con el deshecho alboroto; y confusión del incendio: que me asombre no es justo: pero allí un hombre veo, aunque si mi opinión no miente, dos bultos miro. Ya se llega Pues qué espero? sigue Nise; Caballero (pues que lo seáis no admiro) yo os suplico que a dejar- os resolváis, esa calle; porque paso franco halle, quien por fuerza ha de pasar. hombre esf Resolución por Dios d pero sabed también, que a mi cuidado, otra resolución forzoso le hace, que reconozca a quien por ella pase. Mucha arrogancia es esa, y vive el Cielo:; Así no os empeñéis; porque recelo, que de arrojo tan fuerte, será unico escarmiento, vuestra muerte; sin temer que os anime acción tan baja, como reñir cobarde con ventaja; Pues otro hombre::: Tened; porque os engaña la noche; que es mujer quien me acompaña; y pues ya sin ventaja nos miramos, riñamos sin escrúpulos:: Riñamos. Y veréis, como el paso me aseguro, franco, aunque lo estórbara todo un muro. Antes conocerá vuestro despecho, que no hay aquí más muro, que mi pecho. Qué aliento! Qué valor! Ay Infelice? No temas pues, mi bien, hermosa Nise. Qué escucho! Nise dijo! o vil infame yo agradezco al acaso, que me llame a tiempo de que mis obligaciones, stiguen de uno y otro las traiciones. No lo halléis por tan fácil. Qué recelos! Quién será este hombre, Cielos! Don Alvaro, es sin duda. Ay desdichada! Don Alvaro es quien riñe; pena airad Mas ay de mi infeliz! la mano herida, en vano pienso defender mi vida. Rinde el acero. O pese a mi destino. Qué aprieto! Nise? mientras determino, o morir, o matar a este tirano; ponte en salvo. Qué haré? lance inhumano! Muere a mi ira. No creo, que ser pueda, aunque mi vida en tal peligro queda. Cielos! en que agraviados os tiene una infeliz? para que airados, dos arroyos hagáis de mis dos ojos, que murmurando estén vuestros enojos? de quién me he de amparar? De mí se aleja, quien pretende vengarse. Bien me deja este oráculo en algo consolada: yo me animo a llamarle. De mi espada e retira, quien piensa::: Caballero, si lo sois, amparad (dolor severo! a una triste mujer que por su suerte, no quiere más alivio, que la muerte. La voz fingir intento, porque no me conozcan. Cruel tormento! Qué os aflige Señora? descansad (que este estorbo llegue ahora, para que no halle a Nise!) aprisa, no dudéis, que es forzoso, que en mi haya, con el valor, prudencia, es caso llano; pues que soy Caballero, y soy anciano. La voz fingir procuro, y mi honor aseguro: pues ya que abonos tales, buen seguro me dan; oíd mis males: Enamorada vivo mal lo infiero, mejor diré, que enamorada muero; corresponde mi amante::: mas esto no es de aquí, paso adelante; esta noche ha venido a hablarme, ansioso, y a tiempo que los dos, con amoroso mutuo favor, finos lisonjeamos nuestras locas pasiones; reparamos que un hombre llega::: Espera no prosigas, mujer, ni de este caso nada digas, por ahora, pues que creo, que un bulto hacia nosotros venir veo. Señor sin duda alguna, que mi dueño será, (grande fortuna!) que viene en busca mía, dejando muerto a aquel con quien reñía. Aquí, pues esperemos. Una industria previenen mis extremos; para llevarme a Nise; pues dejando mal herido, sino es agonizando, a aquel traidor; fingiendo, que soy él, pues un bulto allí estoy viendo; mo llevaré, acción sabia! a la fiera inhumana que me agravia: pero dos bultos miro; en fin yo quiero probar mi suerte, Es él? Claro lo infiero, Mi bien? ̱. Esposo? Ya será él, sin duda? Pues quién podría ser? C que al centro acuda. ilmente pues quien Dices bie- que aquí No Qu ñaor, forza Qué ha sucedido! Nada más, que dejar muy mal herido al contrario, y venir ya mi desvelo, rendido, a idolatrar tu hermoso Cielo, bella Nise. Ay Arión! Oh falso amigo! Arión y Nise sois? vuestro enemigo, la espada, contra vos, Príncipe alienta. Arión mi agravio intenta; mas para defenderme, ya es preciso que riña. Puedo vermo en lance más cruel, tirana estrella? Muere pues. No es tan fácil: Nise bella? Mi bien? Ahora amparados de la noche scapar asegurados, fácilmente podemos; es ignoramos, escapemos. en, que yo de él solo he sabi lo, me amparó cuerdo, y advertido. No te apartes, tirano, me aparto. ve intentas? Que pues harto mi Dama, consigo, si me llevo yo que riñas solo. Pues vive mi fama, le antes he de vengarme. exarme Con Nise, no es posible ahora que Ay amor, bien mi gusto satisfaces! De mí huyes tirano? más bien haces, pues de cólera ciego, te abrasara del pecho todo el fuego; mal fías; suerte dura! que te ampare en su horror la noche porque segu Muere pues. es tan bien? aimparado esca aunque el Mundo Caba llero? amparad a Hec con mí o lo estorbe. una Dama. cho, y dicho; sigo están las Damas de capricho: Señora, de mí mismo no soy dueño. No otro empeño sigáis, cuando este empeño sin escrúpulo os deja de deshonrra; y aún por noble os añade nueva honrra. Pues si dejar mi empeño halláis decente; decidme vuestro intento brevemente. A penas de la noche el negro manto a todo dio quietud, a todo espanto; cuando a mí me dejó mal sosegada cierto lance (que a vos no os irá nada en saberle, y a mi quiz aen callarle, me va todo mi honor) y así pasarle en silencio, es forzoso: a la calle salió airado mi esposo, desnudo el limpio hacero, no entera la color y el brío entero, para vengar sospechas más mal fundadas; yo asustada sentí las cuchilladas: a la calle bajé, por si podía moverles a respeto mi osadía, acompañada de un vecino anciano; y de un criado mío, más fue en vano pensar que una infeliz su dicha halle, pues pasando los tres de calle en Calle; los perdimos de vista, cuando escucha nuestra errante atención segunda lucha, en esta esquina, donde los lamentos de una triste mujer, suaves acentos, con la furia de Marte equivocados, lidiaban bien mezclados; siendo amables, y fieros, terribles unos, y otros lisonjeros. El anciano, que a mí me acompañaba, viendo que aquí, una Dama peligraba; en riesgo tan preciso, voy a ampararla dijo, y atisfizo su acción como aquella era yo, nunca su fama quedar mal, en dejarme a mí, podía, pues la demás peligro defendía: fuese, y quedó conmigo mi criado, bien que temblando, atonito, y turbado: ruin en fin; pues apenas su denuedo oyo que se acercaban, cuando el miedo, le hizo huir de cobarde; dejome, haciendo de villano alarde; que hombre, que a una mujer triste, no ampara, la da, de su bajeza muestra clara: considerad cuan triste y afligida estaba una mujer sola, y sin vida en una calle; más piadoso el Cielo, me ha dado este sagrado, por consuelo. Lance cruel! mas yo quiero (oye aparte consolarte. e infelice, por mujer, e Lastimado de la herida, y corrido de mi suerte; donde pensé hallar mi muerte a buscar vuelvo mi vida: y bien lo puedo decir, si a Nise vengo a buscar; que aunque no la acierto a amar, no sé dejar de cumplir con mi heredada nobleza, pues que vuelve mi valor; mas lo que toca al honor lo apropiaré a la fineza: luego vive en Nise ya la atención; sino el deseo: y si él no miente, allí creo, que con otro bulto está, mas no me hace novead, porque yo la aconseje que buscase amparo; fue forzosa necesidad: Acercarme a ellos quiero, y pedirla, cortesano. Un hombre se llega, consol En vano os alteráis, Caballero; que aqueste, sin duda, es aquel anciano prudente: que después de ser valiente, querrá ser también cortés: sin duda viene por mí. Él será, no hay que temer? Pues quién había de ser? También Nise, dijo así. Caballero? atento digo, (pues que lo sea es forzoso, quien ampara generoso a una Dama) que conmigo permitáis, que venga, os ruego, pues ella sabe quien soy. Siendo así licencia os doy: más respondaos ella. Y luego: en fin el duelo que ha sido? Una pequeña estocada, tengo en la mano: no es nada. Y la Dama! Estoy herido, y no permite tardanza nos Nise, mi repa que Arión te ama. Ay infelice. Quién ha visto esta mudansa? valgaos Dios por Arión, y Nise, que me queréis? Ahora es bien, que me amparéis, Pues sea aquesto ficción, o sea verdad; mi hacero satisfacerme sabra. Ahora traidor se verá, quien obra más Caballero. Desde que yo de la casa de Don Alvaro salí, y desde que mi respeto sosego todo el motín; cuchilladas en la calle se oyen: fuerza es inquirir, sin dar a entender quien soy, la novedad que hay aquí. Desde que el miedo, vinagre, se ha apoderado de mí, pues el elo, clode Gallina me enseño su retintín; busco entre lances la paz, y siempre doy en un tris. Y pues un hombre riñendo con dos, mal distingo allí. Y pues que dos contra uno, estoy mirando reñir. Amparar al que está solo, es ya obligación en mí. Amparar la mayor parte, no es si no seguro ardid. Caballero? a vuestro lado, quien estorbe una acción vil tenéis. Y también vosotros, quien la acción ha de hacer riún. Pues yo os lo agradesco amigo que aunque os pude antes decir, que no lo admitiera, siendo la que no bien distinguis mujer; no lo diré ahora, puesto que veo asistir al lado de mi enemigo, otro hombre. Pues siendo así, reñiremos dos ados; Aquí no hay si no embestir. Ahora me estuviera bien, que yo pagase el ardid. Fuerte pulso! Extraño aliento! Gran valor! Yo gran rocín! Ay de mí. en tal cruel lance, no hay más remedio que huir, por ver si acaso hallo amparo, en quien me amparo hasta aquí. Que mi valor no os acabe! Ahora lo veréis, reñid. Caballero, pues sois noble; el empeño que seguis dejaréis, si de él la causa cesa. Eso es verdad: decid. Yo soy la causa y soy Daman con vos me pretendo ir de vos amparada; ved, que soy mujer, e infeliz. Ah ingrata cruel! Nise piensa p que habla con el otro, a vil! vamos. Pues que voy segura, bien de este lance salí. Caballero? Qué mandáis? La Dama sigue, venid. Auis? 2. No tal. Qué intentáis; cuando os apartáis así? 2. Pues nos llevamos la Dama, que quedes solo a reñir. . Lo mismo me dijo el otro, qué es esto? os burláis, decid? traidores; que no bastaba, el no querer proseguir. (cuando probáis mi valor) Tan noble, y honrrosa lid; que a más de esto (ay tal infamia) quizá temiendo un desliz de la fortuna, os lleváis la que se amparó de mí? pues viven los sacros Cielos, y vive Alajandro en fin, Rey, de quien leal vasallo he de ser hasta morir; que os buscará mi cuchilla, a costa de vidas mil, aunque os oculte, piadoso, ese estrellado zafir. V de cólera turbado este, sin hablar se ha ido; o mi miedo ha conocido, pues las gracias no me ha dado de reñir: ay tal desaire? o si le pudiese hallar! vive Dios que he de tirar mil estocadas al aire. A la vuelta de esa esquina, de los dos me despedí, bien que no los conocí: sin riesgo los imagina mi cuidado: pero entremos discurso los dos a cuentas; más loca pasión, qué intentas? que vanos son mis extremos! antes que el alba se asome a los balcones de Oriente; fuerza es que el ansia impaciente del pecho, partido tome, para llorar, y sentir: volviendo a Palacio, pues. mas quién va? Yo soy. Quién es? Un hombre que ha de reñir, no más, que porque no habló otro hombre, y no os asombre. Pues sabéis si soy ese hombre? Si seréis más que sé yo, Reñid, pues vamos. Ya lucho, mas tened, que no os buscaba a vos, que a quien no hablaba desafie; y vos habláis mucho. Quién sois? porque son de ruin sujeto, las composturas. Pues si riño con figuras, sin duda soy Matachín. Es de Don Alvaro el Criado? Pues que, vuestra Majestad aquí? Si aquí, hay tal maldad! a estas horas! De turbado no podré ahora responderte: gran Señor (mentira encajo que será corto trabajo, si miento con buena suerte) suplico a vuestra Grandeza, que a mi amo no lo digáis. Dónde ibas? Mucho apretáis? Señor, iba a una flaqueza No se lo que me detiene, vive Dios, viendo tu culpa: pero paso su disculpa, porque hablarle me conviene; y pues es buena ocasión, ahora averiguare, del papel que le quite, quien era dueño. Perdón pido, Señor. Perdonado de mi piadad estarás, como una verdad, no más me digas, y si no ahorcado. Lo primero, gran Señor, mi celo elegir espera; porque antes que martir muera, quiero morir confesor. Dime, quien aquel papel con mano escribió liviana; que tú llévabas a Diana, y yo me quede con él? Aún esto queda en tumente, Señor? Qué es esto villano? vive Dios! Detén la mano, y ohyelo muy brevemente: El Príncipe Arióne amante de Diana, le escribió loco ese papel, vano, y poco golpe, a muro tan gigante: testigo soy, pues que pasa por mi mano todo el juego, y yo a noche puse fuego, por orden suya, en la casa de Diana; y para que acorte de palabras, y de enfados; yo de todos sus recados soy quien me he llevado el porte; pero aunque fuesen extraños los lazos que la echo Arión; nunca logró en conclusión sino honestos desengaños: y pues ya te he referido la verdad que jurare; pues confieso que pequé, misericordia te pido. Cómo te puede faltar el perdón, en mi clemencia, si de Diana la inocencia públicas. No hay que dudar. Ay Cielos! Ya su hermosura me parece más ufana; ay hermosísima Diana! mas qué es esto? qué locura! vete Matachín de aquí; en tanto que me retiro; lloro, padezco, y suspiro, s el error que cometí. Caigan pues sobre tu Alteza mil suegras, dueñas, y tías, que son tres majaderías, que hizo la naturaleza: valga el diablo el embeleco, que un engaño ha originado: mas lo malo es, que he quedad yo, de aqueste fuego en seco: y lo peor es, que presumo, que yo he de pagarlo luego; cayendo de aqueste fuego, tras mis espaldas, el humo. Pues en Palacio que ahogo! ay ansias mías! nos vemos; este rato aprovechemos, para nuestro deshahogo: y este volcán oprimido salga en lágrimas desecho; pues neutraliza mi pecho despreciado, o admitido: Ya que hemos quedado solos, pensamiento mío libres sino de embates, de penas, sino de tropel, de lides, que somenta mi discurso, contra mi henor invencible; si quiera libres estamos en algo, pues no me impiden precisas ocupaciones, que a desahogarte te anime: bien que no ignoré que contra diversos azares lidies triste bajel, que en el fiero, vario cristalino clime, contrarios vientos feroces, mas que te alientan te afligen, y entre Caribdís, y Scila te vas naufragando a pique: es verdad, más poco importa, no así tu aliento límites, antes haz fuerza de velas, y al norte el rumbo dirige; que aunque tantos bracanes, por opuestos te castiguen; salvo llegarás al Puerto, como del mar no te fíes. Mas dejando aquesto aparte, la razón cuerda examine; lo que el discurso propone, si será emblema difícil: salga del pecho esta llama, que mi Majestad comprime, y sepa mi amor el viento, pues sin esperanza vive; yo quisiera (aunque parezca que la sinrazón lo dicte; pues no cabe en la razón) Conquistar un Imposible: arduo, ay de mí! es el empeño más razón, qué es lo que dices? si la inclinación me fuerza, que fuerza habrá que me libre? que aunque es cierto que a los astros, cuerdo, el sabio, predomine, cuando dominante estrella pertinaz da en insluirle al hombre, por donde fácil naturaleza le incline; Aunque a la raz, por no serlo, el entendimiento sigue, no podrá discreto el sabio por empeñarse, o asirse; hacer la naturaleza, menos frágil, ni más firme. Con este supuesto, ahora, antes que el alma publique, cual sea este arduo, confuso vano, imposible; averigue, de dos opuestos agravios, cual mayor venganza pide. Doy por sabido que ufano, yo cediese (hazaña insigne!) a Don Alvaro, mi Dama, acción que es bien se eternice, pues no menos que Alejandro, por objeto digno elige: también no se ignora que ella con el casada, tan triste entre las delicias muere, como en los ahogos vive; tampoco se duda, que él desconfiando de mi inste, que el puñal de su malicia, contra mi pecho se afile: Pues de aquestos dos agravios, uno que a mí se dirige, que es el que hace, que tampoce Don Albaro de mi fíe; y otro que a Diana toca de mi parte, pues yo quise darle en Don Alvato esposo de quien tal pago recibe; cual será más grave, Cielos! Mas ay! si Diana infelice tanto padece, yo soy causa primera; mal hice si a Don Albaro culpe: la razón a Diana asiste para quejarse del León, que la dio a manos de un tigre, y no a mí de que él cruel, aunque motivos se finge, con un puñal me amenace, si a ella no la persigue: yo enamorado de Diana, vivía siglos felices; y a un tirano la entregué; para añadir ese timbre, loco, a mi fama! o malaya punto tan vil, pues consiste en que otro pierda despojos, porque en mí el triuinfo se estime muera pues desesperado, de golpe tan insufrible; que si yo me di la muerte, a morir no se resiste, mi valor dos veces, pues ya que se atrevió a herirme el puñal de mi jactancia; en Cadahalso tan terrible, máteme el de la justicia: y pues que vieron unirse en mí, justicia, y jactancia; siendo reo, y parte, firme contra mi propio, sentencia que yo propio es fuerza que inste; gusano de seda fui, que en señal de que a morirme me resolvia, sepulcro me labraron mis ardides. Pero qué digo? qué pienso? así corazón te rindes? no soy Alexandro, en fin, cuyas hazanas permiten a la fama, que su nombre de bronce en láminas, fije? claro está, pues por qué dudo? quién imposibles me impide? Ea poder atropella; que sí, aquesto me prohibes, de que me sirves, poder, si a la ocasión no me sirves? si el camino me enseñaste, Don Albaro, para irme engolfando en el abismo, e un incendio; llora, gime, y padézcalo tu honor; pues que con sospechas viles, de mis ya muertas cenizas vivos volcanes hiciste: Piérdame, y piérdase el Reino que todo es nada, si vive mi amor, si logro de Diana la hermosura, cuando cifre en ella:: pero que digo? Cielos! fero, apetecible, monstruoso, cchazo, que quie déjame ya, no me obligues, (si de quien soy no me acuerdo a que de quien fui me olvide: grande error! la majestad no ha podido reprimirme: que presto declaro el alma, porque ese afecto la rige, cual sea el disicultoso imposible de imposibles, que me propuso la idéa! no es mucho; Diana me rinde? Pero caiga ya el deseo, y el entendimiento prive: Ea Don Alvaro en ti mi gracia se retifique; y en unión indisoluble, goza, posche, consigue, la perla del mejor nácar, la rosa de estos jardines, de este Emisferio la estrella, del Sol, la prendada clice, de aquestos bosques la Diana, la Venus, Deidad de Chipre; todo esto logra dichoso, ya que tu empleo prosigues; porque Perla, Rosa, Estrella Sol, Diana; y Venus; residen en tu esposa, perfecciones, que el mismo amor cela lince: yo en sin absorto, confuso, sin aliento, débil triste, pues me di muerte, forzoso es, que contra mí me in y diga desesperado, para acabar de afligirme; a los Cielos, que me amparen; a la tierra, que me abrigue; a los aires que me alienten; y a mí mismo, que me anime; porque imposible es, que el alma, a lograr su vida aspire; si por conservarla, es fuerza, conquistar un imposible. A pesar de tu rigor, besare los pies al Rey. Será en vano, pues no hay ley contra las leyes de amor. De este sagrado, rendido se vale ahora mi aprieto. Locura es, pues no hay respeto para un honor ofendido. No repara el valor mío, en nada, si a arder empieza. Qué Majestad! Qué Grandeza! Qué aspecto! Qué señorio! Qué autoridad! Qué mohína! dónde está mi Matachín? Calla mujer. Qué hay en fin? Aquí hay mucha sarracina. y Bárbaros, locos, villanos, enfrenando no os estoy, con solo saber quién soy? Pues vive Dios, que a mis manos. Gran Señor. Con atención os suplican mis lamentos me oigáis, pues en mis tormentos, y en la grande confusión de todos, hallaréis mucho que enmendar: claro hablaré . de todo, pues me informe. Levantaos: ya os escucho. Magnánimo Rey de Oipre, invicto Alejandro fuerte; cuyas sabidas hazañas compiten con las de Jerjés; oye pues las confusiones, en este resumen breve, que han sucedido, en el corto parentesís de dos meses. Con Don Albaro casé, Señor, para obedecerte; pues tus preceptos, en mí, no son preceptos, son leyes: Referirte las angustias las ansias, los accidentes, los acasos, que han pasado, por mí en público, no debe quien sabe, que has sido de ellos testigo tú, tantas veces: solo es forzoso, que te haga sabidor (a qui clemente te inveco) de las ocultas hostilidades crueles, que infeliz padezco, en manos de quien tanto me aborrece. Cuando esperaba mi amor, en amante unión alegre; de mis decentes finezas, correspondencias decentes; desagrado, hallo en una entereza imprudente, una afectada tibieza. y un no sé que; que parece ser ya grosería pues, de desatención excede. Disimulando al principio, le sufrí impropios desdenes, porque una mujer que es noble, disimula lo que siente. Pero ahora, que mis ojos destilan, como dos fuentes, perlas que todo un mar cría; dan a entender que no puede sufrir más, en mar tan grande de aficciones; quien consiente, que se quejen los sentidos, primero que ella se queje. Cuando en el tálamo (el día primero; o hado inclemente! que a el por necio le cupo, la dicha de merecerme) me vi Cielos! esperando de mi esposo, pena fuerte! aquella tierna fineza, de amante, tan propia siempre, que la paga a su consorte el animal más silvestre; repare una sequedad, desde aquel temprano oriente; es sus palabras, y acciones, hasta ahora; que no compreende, mi repetido cariño, porque causa le merece a su tibio proceder, que bárbaramente trueque; los Privilegios de amante, con respetos de pariente: y por último, Señor, viuda Tortolilla, tiene, que padecer mi desdicha, a más de el dolor rebelde de haber perdido mi esposo; las desdichas, los baivenes, los desconsuelos, de quien tirano dueño posehe: Y así remedio te pido, gran Señor, no me le niegues? cual ha de ser no le alcanzo, solo mi llanto te advierte, que a ese tirano, mi amor, ningún afecto le debe. A questo es en cuanto a mí; ahora a los demás a tiende. Esta noche cuando a incendios ardió mi casa, (que de este caso el Príncipe, testigo, fue, Arión) su llama suspende tu respeto, y al dejarnos volvió otra vez a encenderse, pues falto Nise de casa (mas de este suceso entiende, que no fue testigo, Arión, sino parte) y si valiente salió a la calle mi esposo a vengarse, a detenerle baje yo sin reparar, resuelta, en inconvenientes con ese criado; lo mismo a mi Padre le sucede, con que nos vimos, Señor, toda la familia, entre mil lances equivocados, cuando en ellos, por valerme de mi Padre, sin saber Señor, que mi padre fuese; el tino perdí, y pensando con las pardas lobregueces de oscura noche, ampararme de él; ay infeliz, mi suerte dispuso allí ay de mí! que de Arión en las manos diese, quien hasta aquí me ha seguido Y yo viendo que amanece me valgo de este Sagrado. A Nise, en fin, cruelmente, la sigue airado mi esposo, hasta que tú amparo tiene. Mi padre viene resuelto, por si a declarar acierte tanto engaño; y todos, pues, te pedimos igualmente: Nise, que le des a Arión; Arión, que árbitro le dejes; mi padre, salir de enigmas; mi esposo, que me des muerte; y yo, que de esclavitud me saques, por inocente; y todos diremos juntos, si el remedio nos prometes; por mil siglos, Alejandro, viva, mande, triunfe, y reine. Qué cordura! qué inocencia! resistirme, en vano intento: pero tente, pensamiento. Calla, que no sé qué influencia de estrella cruel, me domina, que aunque inocente te viera; ser tu esposo no elijera, contento. Si no me inclina, Señor. Basta: qué he de hacer sino hallo la senda en tanto Caos? Mis ansias: Mi llanto: Difícil de componer es lo que me pides, Diana; y aún imposible, por Dios, pues sois casados los dos; de Nise, no será vana la pretensión: yo lo mando: Arión ya tu esposo es; yo castigaré después su atrevimiento, en pensando el castigo que he de hacer en Don Alvaro, penoso; mas dejar de ser tu esposo, no lo puedo disponer; Yo propio así me condeno, . pues la esperanza me saca; apartarme la triaca, para beberme el veneno: de esta suerte os satisfago, Leandro, a vos. Considerad:: Mire vuestra Majestad. No me repliquéis: que hago, si solo el remedio di, que a cada uno corresponde! y si no decidme, donde hallare el remedio? Aquí. Qué oráculo respondió? Aquí he de entrar. s Id a espacio, porque no entran en Palacio monstruos. Pues entraré yo, aunque de ser monstruo, doy señas. Qué es esto? Matadle. Tened el monstruo: tiradle. Ved, que el desengaño soy. Hola, ya ese ruido extraño. Señor voilo a averiguar Oh lo que cuesta de entrar en Palacio, el desengaño! Eliseo. Cómo aquí? no sin misterio ha dejado, las entrañas de los montes, este prodigioso Anciano Dónde están, gran Señor, Diana, y Don Albaro? 2. Aquí estamos. Y casados sois? 2. Si somos. Tarde llegó el desengaño. Prosigue (qué confusión!) Primero, Señor, mi llanto perdón pide, de un error. De mí estás ya perdonado: habla. Esto, misterio encubre. Oíd, pues, sin enojaros: era el tiempo en que reinaba vuestro Padre Arnesto, cuando su privanza enteramente gozaba feliz, Leandro: Él, y Ismenia, gran Señor, murnamente enamorados, pidieron a vuestro padre, para honestar sus alagos, licencia; se la negó, no se si por el milagro de su hermosura, o porque:: mas esto no importa al caso. Leandró, pues, Vasallo leal, desistir quiso, y fue en vano, porque un amor cuando es firme, tarde, o nunca, se ha mudado. Ydel carimo de Ismenia persuadido, u de sus rayos, abrasado, por forzoso remedio a su mal buscaron: casáronse de secreto, y aqueste amoroso lazo brotó un pimpollo florido? llego la hora del parto, y Leandro se fio de mí; soy su amigo, y no lo extraño. Vino a mi cabaña Ismenia, y entre ansias, y sobresaltos, parió un niño que al Sol mismo envidia dio de mirarlo: Por no enojar vuestro padre, dispusimos allá entrambos, que criar, y educar al niño, quedase todo a mi carso; hasta a Leandro, gran Señor, esta verdad ocultamos, pues le dijimos entonces, que el niño murió en los brazos de su madre, el Rey después menos, que antes indignado, licencia les dio a los dos, de vivir juntos: lograron de esta segunda unión, otro regosijo de sus años, como ya sabéis, que es Diana; puse en fin todo el cuidados que debí en criar aquel niño; y a los quince años llegando, le acompañe a vuestra corte, a donde os sirvió bizarro; de suerte que ha merecido lograr el dichoso lauro, Señor, de vuestra privanza. Mirad si me he declarado, pues que son Leandro, y Ismenia padres de Diana, os declaro; y que Don Alvaro, es hijo de Ismenia, y de Leandro El ocultario hasta ahora es, Señor, haber pensado que os enojaría a vos, y a Leandro, por el engaño; hasta hoy Señor no he sabido, el que estuviese tratado, por vos, ese Casamiento; por eso el aviso os traigo, pensando que a tiempo fuera: Diana, y Don Albaro, hermano son, el matrimonio es nulo; y si yo, en haber callado hasta ahora, os he ofendido; vengad, Señor, vuestro agravio, y sea en fin mi cabeza, despojo de vuestro brazo. Qué admiración! El er te perdonó, porque salgo, con esto, de un grande empeño Por más prueba un joy el le traigo que su madre le dejó. Es verdad, no hay que dudarlo, porque yo la di a mi esposa. Hermanos somos? Si hermanos. Llega, hermano. Hermano mío. Con mucha causa, los astros tal respeto me infundían. Mis desdichas se acabaron, Hijos míos de mi alma, llegad, llegad a mis brazos. Pues yo confieso, que fui quien aquel papel, osado, escribí a Diana; y aunque mis intentos temerarios a todos han ofendido; de todos perdón aguardo. Por mí todos te perdonan. Mis juicios salieron falsos. Diana, tu remedio solo, el Cielo es quien te le ha dado; aquesto ha sido una farsa representada en el teatro del Mundo; todos aquí nuestro papel acabamos y a ser como antes volvemos. Vuelva nuestro amor triunfando, y obre ahora tu albedrío; pues yo te ofrezco mi mano. Mi albedrío, gran Señor, a vuestras plantas consagro. 2. Dichoso amor! Mi bien, Reina de todo mi Imperio, te hago: decid que viva mi esposa, para gloria de este estado. Viva Diana, Reina nuestra. Tanta fortuna aclamando, dirá el Clarín de la fama, que esta hazaña, en que he logrado Conquistar un Imposible, solo es propia de Alejandro. Ahora Señor. Basta Arión, dad la mano a Nise. Esclavo de amor ser mi bien, prometo. Mi mayor fortuna alcanzo. Volved libre a vuestro reino, supuesto que se ajustaron los conciertos, de esta paz. Tu gloria se escriba en mármol. Hoy en mi gracia, de nuevo, Don Albaro te restauro. Yo doraré mis delitos, triunfado de tus contrarios. Ya mis canas se remozan, Señor, con favores tantos. Eliseo, toma en premio, mis brazos. Qué más aguardo? Digo a reina? Clori mía? Que me quiere, el seor lacayo? Si lo soy no gastar prosa! Pues tome, en verso mi mano. Salto, y brinco de contento. De contento, brinco, y salto. Aquí acaba la Comedia; y humildes os suplicamos, que a quien empieza a serviros, no le neguéis el aplauso.