Texto digital de La conquista de Madrid por el rey don Ramiro y conde Fernán González
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conquista de Madrid por el rey don Ramiro y conde Fernán González. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/conquista-de-madrid-por-el-rey-don-ramiro-y-conde-fernan-gonzalez-la.

LA CONQUISTA DE MADRID POR EL REY DON RAMIRO Y CONDE FERNÁN GONZÁLEZ
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA A murates, pues cumplimoo con huir en este caso, y no es defecto del brío, sin más dilación huyamos. El valiente Abderramen, que están a Madrid gobernando, nos envió a observar el rumbo del Ejército cristiano; Dices bien, no te datengas y pues vemos que Ramiro y ese Conde afortunado de Castilla, se han unido para emprender nuestro daño, y con todo su poder y buen orden, van llegando a vencer de Guadarrama lo montuoso he intrincado, no nos detengamos más. pues ya conceptuo claro su designio de intentar, por asedio, o por asalto, tomar a Madrid: y así, pues que yo tengo apostado? caballos para el intento, a dar la noticia parto, sin detenerme un instante, a Abderramen; pues aguardo, que en lugar de originarle con ella algún sobresalto, complaceré a su valor, cuando a mi valor complazco porque esos fuertes caudillos Leones y Castellano, vienen a su precipicio, cuando vienen a insultarnos. Dices bien, no te datengas que yo quedo mientras tanto a reunir los vecinos de los Villajes cercanos, y a procurar divertir al Ejército contrario, deteniéndole en su marcha, para que más preparado Abderramen, se aseguro el triunfo de rechazarlo: y también para que Aljama, que en una casa de campo habita desde el Estío, y con quien tiene tratado Abderramen su consorcio, con sus deudos y criados pueda a Madrid retirarse; pues está tan inmediato este sitio de placer, del Puerto, que si dilato darla el aviso, recelo venga a caer en las manos del enemigo; y consiga este triunfo al primer paso. Pues, Amurates, valor; que yo en empeño tan arduo deseara acompañarte; pero siendo necesario el pronto aviso, a que estoy solamente destinado, Sirvo tanto a nuestra gloria, con correr en este caso, como pudiera servirla, con que víbrase mi brazo contra el contrario común los golpes, más temerarios, Taris, al empeño. Amigo, Mahoma nos de an amparo. . Gracias a Dios, Rey invicto, que hemos descendido al llano, Sin alguna oposición; pues sea que descuidados los Moros, viven tranquilos; o sea que intimidados del poder vuestro, no intentan acción digna en nuestro daño, lo cierto es que hasta el presente nada nos estorba el paso, A Sepulveda tome nueve años ha; y he contado cada uno de los siguientes con nuevos timbres y lauros, que por el favor de Dios, contra el Alarbe he ganado. Esto, aunque vos lo sabéis, lo digo por declararos, que es tanta mi confianza, cuando contra el Africano alguna empresa médito, que estoy por aseguraros, que el Cielo dispuso unirnos, para que le destruyamos. Pues yo, Conde, desde el día en que miré sosegados los alborotos civiles, que contra mi proyectaron los hijos de Don Truela y Don Alonso mi hermano, (que restituirse al Trono pretendió dejando el Claustro) determiné destinar todo el poder de mi brazo a eclipsar las medias lunas; y como estoy cerciorado de que solo vuestro nombre causa al Sarraceno espanto, quise asegurar mis triunfos con vos y vuestros Soldados. Vos me honráis, y los honraja; pero es cierto que he criado en mi Militar Escuela Capitanes esforzados. Dígalo el valiente Felix, que me honra, con ser mi hermano, y están mandando en Segovia, quien de refuerzo me ha enviado a estos dos fuertes Caudillos, sustre de los Segovianos. Dígalo también Ramiro, mi sobrino, a quien encargo de Sempulveda el Goblerno. Y también puede contarlo el invencible Guillen, que siendo vuestro vasallo, digno es de que le fieis (como lo hacéis) dignos cargos. Y malmente, Señor, dígalo también Gónzalo, a quien fio mi Estandarte, y quien siempre le ha fizado, a pesar del enemigo, en sus torreones más altos. Conde, con vos, con mi espada, y tan generosos Cabos, como traemos los dos, quién podrá contrares tarnos? Nadie, si en nuestras empresas, gran Señor, nos gobernamos, no por ambición mundana, Sino por ir ensalzando la Ley, que por el Bautismo admitimos y observamos. Es doetrina como vuestra. Yo, Señor, os afianzo, que no seremos vencidos, Si por la Ley peleamos. Sobre ese sano prinospio, a que todos sujetamos nuestro modo de pensar, fuerza es irnos preparando a conseguir más trofeos, que hasta el día se han logrado; porque cuando el Rey Ramiro, y el Conde, salen al campo a coronarse de gloria, y España lo está observando, fuera descrédito nuestro volver tan solo cargados de intereses de los pueblos, que indefensos han probado la desgracia de la guerra: y así, pues nos acercamos a Madrid, sea Madrid de nuestro valor teatro. Sin conquistar una Plaza, no el valor acreditamos, y olcorcdito del valor se logra en empeños arduos. Señor, los dos Capitanes en mi lenguaje han hablado, riesgo, y honor solicitan: por honor y riesgo clamo. Señor, seguid su opinión, y veréis enarbolado en Madrid vuestro Estandarte. Y yo solamente añado, que reflexionáis muy bien, que son los primeros pasos que dais contra el Sarraceno en vuestro feliz Reinado; y conviene a vuestra fama, que logréis escarmentarlo. Qué gozo me causa oíros! Se ha de tratar más despacio tan considerable empeño: vamos ahora talando de Madrid las cercansas: y si fuere temerario el intento de asaltarle, bastante habremos logrado en tan rígida estación, con el perjuicio y espanto que causará a sus vecinos el vernos tan inmediatos. Qué decís? Que mi dictamen os diré en llegando el caso. Marche el Campo, y el Rey viva. El Rey viva, y marche el Campo. No intentes, no, persuadirme; tus consejos son en vano; pues mientras mis celos viven, no logró Zaida descanso. En mi altivo corazón residen ya avecindados el encono, y la venganza; y juro a los Cielos auntos, que he de perder el aliento, o he de vengar mis agravios. Señora, yo considero, que el quejarse, y públicarlos, en vez de sutissacerlos, es dar aumento a su daño. Bien dices; pero quién puede desde el corazón al labio, en un dolor penetrante, cortar al dolor el paso? Si ese fiero Abderramen, con sus fingidos halagos, pudo exigir de mi pecho que pagase su cuidado:- Si en fe de ser su amor cierto ofrecí darle mi mano y conseguí con mi oferta verle mudable, e ingrato: si vi repentinamente, que Celima me ha robado su fineza; y que ella sola es mi más fiero contrario; si por no ver mis ofensas, a pretexto del quebranto de mi salud, de Madrid vine a esta casa de campo:- y sobre todo, si sé que Abderramen, olvidado de mí, pasa con Celima los días que tristes paso; quieres que haya resistencia on un pecho acostumbrado a desdeñar a los hombres, para verse despreciado? No, Zaida, deja que exalo las iras en que me abraso, que son como precursoras de las venganzas que entablo. Divertid esa pasión; y pues tan sereno y claro se nos presenta este día, unidas todas salgamos a entretener en la caza vuestro pertinaz quebranto. Me conformo, que en la caza halla mi esfuerzo bizarro la más propia diversión; pues siempre que por mi mano hiero de muerte a una fiera te me está representando, que de otra fiera la sangre con atrocidad derramo; y así manda a los Monteros que se vayan preparando; y prevenios vosotras con aljabas, y con dardos. Voy a obedecerte. Moros, a la fuga preparaos, que viene sobre nosotros el Ejército cristiano. Amigas, qué es lo que escucho? Zaida, sal a ver que acaso, o qué motivo, produce la voz que hemos escuchado. No es necesario que vaya, porque yo vengo a informaros. Ramiro, Rey de León, y ese Conde, que ha ultrajado tanto el honor de las Lunas, con su Ejéreito han pasado el Guadarrama, y están de nosotros tan cercanos, que como sin dilación en fuga no nos pongamos para Madrid, nos veremos, o muertos, o aprisionados. Qué dices? sin detenernos fuerza es ponernos en salvo; y así, recogiendo todos lo más precioso, partamos a Madrid, que sus murallas nos servirán de resguardo. Recogeremos tus joyas, y quedará abandonado lo menos útil: seguidme. Aunque finjo tal espanto, por cumplir con mi familia. yo marcharé tan despacio, que pueda ser prisionera del Ejército contrario; pues en sus Geses, y en él mis venganzas afianzo. Amurates, tu noticia tan absorta me ha dejado, que aún para la fuga temo, que está mi valor helado. Salvaos vos, que yo pienss con los moradores varios de estos pueblos, molestar con ataques reíterados al Enemigo, impidiendo que pueda, Aljama, alcanzaros. No por mí a tanto te arriesgués; además, que amedrantados esos pobres habitantes, creo que ha de ser en vano que tú con tu esfuerzo animes sus corazones y brazos. Cerquese la Quinta, y muera el que pretenda arrestado defenderse. Quién intente Salir, muera a vuestras manos, Perdidos somos, Señora: sin duda nos han cercado los contrarios; pero yo elijo morir matando. El Cielo me favorece: Amurates, no expongamos las vidas por tu defensa; rendirse es más acertado. Moros, si queréis vivir, rendiós; por que si el brazo prevenís a la defensa, moriréis en el mismo acto. No habla con vos, bella Dama, la amenaza que he dictado; pues el sejo, y la hermosura, estoy en vos respetando. Todos, y yo la primera, a vuestras plantas postrados, imploramos la piedad, propia de pechos bizarros. Levantad, no me agraviéia con estar así humillado vuestro decoro; mirad que me estoy avergonzando de que él sol de tal belleza, se abata Señora tanto. . Vuestro semblante, y presencia me dicen que es elevado vuestro origen por que tiene un sobrescrito tan claro la Nobleza, que no puede ocultar sus timbres altos. No prisionera seréis hues peda sí, que en el Campo del Carólico Ramiro te hacen honras y no agravios a las Damas, que cual vos con capaces de ilustrarla, y yo, que de orden del Rey con García me adelanto a recorrer el terreno, en nombre del Rey os hago la oserta de que se os trate con respeto venganajo Si en la escuela de Ramiro documentos tan humanos aprendéis; no será mucho logréis triunfos reíterados, pues a lo menos mi sejo, debe estar de vuestro bando. No el mío; que pues estoy con las armas en la mano; aún que así os habéis rendido, todavía pienso ufano Aunque no tengo motivo abrirme yo con mis Moros entre todos, franco el paso. Si con las mujeres somos atentos; con el osado somos inflejibles: muere, pues que lo estás deseando. Ríndete Amurates. . Dejo que pague aquí su atentado. Obedece mis decretos, por que sino por mi mano, te daré el justo castigo que merece un temerario. Pues no puedo defenderme contra ti; ya desarmado me miras: pese a mi suerte que a este extremo me ha guiado. Quitad, a todos las armas. . Señora, ya habéis logrado que no mueran; vuestra acción dejó su muerte en amago. Pues este sable que solo es el que se ve empuñado en mano africana; a vos le entrego que de mi mano solo pudiera rendirte, a tan generoso cabo. Y yo le admito Señora, como trofeo el más alto por venir de vos, y ofresco estimarlo en sumo grado: entrad a reconocer este suntuoso Palacio; apresar sus abitantes; y a ninguno se haga daño. Ya que rendido me miras, permite que te haga un cargo muy justo. Como no has podido mi valor ultrajar tanto que hayas querido humillarme a tan abatido estado? Cuando sepa Abderramen, que solo por tu mandato me he rendido, qué dirá? Qué dirá, al verse informado, de que tú, con complacencia y rostro sereno y grato; tan voluntaria te entregas prisionera del Cristiano? Aunque no tengo motivo de satisfacerte; trato de descubrirte mi pecho, por que ya el tiempo ha llegado de que yo empiece a vengarme, de los ingultos pasados. Si he sido tratada es posa de Abderramen:- Qué escuchamos! Sí, caudilos; el concepto que de mi origen preclaro, formado habíáis; es cierto: Sigo ahora contestando; y así Amurates, escucha. El haberle visto ingrato, traidor, alevoso, y fiero, tanto mi amor ha mudado, que se ha convertido en odio: y pues el Cielo me ha dado está ocasión de vengarme, solo pienso en este caso de que del consejo mío se utilicen sus contrarios: y así, Nobles Capitanes, en mí sola habéis logrado, más auxilio, que pudiera un nuevo ejército daros. mur. Mujer traldora; a no estanr como me ves, desarmado, yo haría:? . Como en an ofensa vuelvas a mover los labios segunda vez; para siempre te los dejaré cerrados. Déjale que desaogue débilmente su quebranto, pues estando al lado vuestro, me burlo de sus amagos. Pues ya sabemos quien sola (aún que no erá necesario para vuestro justo obsequio os repito, que en el Campo del Rey, he invencible Conde, sabrán todos respetaros. Lo creo asl; y pues es mía esta Quinta, que consagro desde hoy el servicio vuestro, entrad a posesionaros de cuanto en ella se encuentra; pues de todo sois los amos. Harto interés conseguimos con vos sola; contemplaos libre, mas que prisionera, con todos vuestros criados. Con las armas, y atención, me vences, noble Cristiano. Vos si que podéis rendir, al pecho más esforzado. En te de la urbadidad de que ueáis; a suplicaros me determinó una gracia. Concedida están; mandadnos. ísin saber cuál es? . Si sé que desde luego acordado ha de ser lo que pedís; por que queréis que mi garvo dilate la concesión de lo que no he de negaros. Pues en esta confianza; por lo mis mo que ha intentado con sus voces, ofenderme Amurates; a rogaros me atrevo le concedan en libertad. . Ya os he dado la palabra de serviros, y así no he de dilatarlo: libre queda; dadle el sable. Pues ya que por ti he logrado la libertad, que agradezco, pienso Aljama demostrarlo con darte a ti una noticia que te interesa. . En tomando posesión de esta Alquería estos fuertes Castellanos, te escucharé lo que quisieras, y oiré Amurates despacio. Bien se dispone mi idea. Espérame. . Aquí te aguardo, Ea Castellanos fuertes, entrad. Si nos va guiando el sol de vuestra hermosura, podré discurrir que entramos mas que a un Palacio terrestre, a la estancia de los astros, Sois mis dueños. Venturosos, cuando tal dicha logramos. Parece que la fortuna me proteje en este caso, pues me fingí agradecido, solo por alucinarlos: y cuando yo meditaba (fingiendo un notable arcano separar a esta vil Mora del cuerpo de los Cristianos, para vengar en su sangre, el haberse declarudo, contra sus propios Patricios, ella mis ma me ha mandado q que la espere en este sitio, desde el cual, ejecutado el golpe que premedito, puedo huir de mis contrarios por una mina que ignoran, y sale distante al Campo. Ya de todos se separa, después de haberlos dejado de su Pasacio a la puerta, y veo que a largos pasos, de curiosidad movida, me biene Aljama buscando. Hy infeliz; como ignoras que te queda poco espacio de vida, y que por ti misma procuras en mí tu ocaso! Amurates, deseosa de saber lo que guardado tienes en tu pecho; vengo a entenderlo de tus labios; pues cuando ves, me has debido la libertad que gozando estás, no temo de ti un designio temerario, El misterio de este Moro dio a mi corazón cuidado, y así de la hermosa Mora, vengo siguiendo los pasos. Designio yo, que no fues en tu obsequio declarado? Mal me conoces; Si pude de mi pesar excitado ofenderte; ya te pido perdón de haberte ultrajado: y así, siguiendo mi intento, pretendo sin dilatarlo que sepas solo::- . Di, breve. Qué has de morir a mis manos. Paga tu atentado infame. Muerto soy. . Noble Cristiano, a ti te debo la vida. Dichoso quien ha logrado ser escudo de tu pecho. Qué es esto? pues obserbando que volvías; te seguimos y tu empeño hemos notado. No es más, que haber dado a tiempo un justo golpe, y bien dado. Retirad a ese traidor, y si acaso no ha espirado; se le curará, y tendrá hajo seguro resguardo. Much bo al valor suyo; pues respiro por tu amparo. Agradecer no debéis, lo que por mí he ejecutado: y pues la banguardía, ya se irá a este sitio acercando, soy de opinión de que unidos, a encontrar al Rey salgamos. Para presentarme al Rey; recogeré mis criados, a fin de qué reconozca, pues lo somos; tus esclavos. Y agradecida a tu brío; iré siempre publicando, que aún que por ti de la vida, será solo un justo pago. Viva, tan noble Africana. Vivan, tan nobles Cristianos, . Dichos a Celima hermosa quien consigue tu favor, pues es para mí tu amor, la prenda más prodigiosa: tú, sí que no eres dichosa, por verte de mi querida; pues siendo tan desmedida la distancia entre los dos; solo puede unirla un Dios que es amor, por darme vida. Cuando es tanta tu beldad y mi mérito tan corto estoy de tu amor absorto y crece mi voluntad, mi fineza, y lealtad, sean el mérito mío, que si acaso tu desvío, no me yeré el corazón en venturas con razón el más feliz desasíó. Desde que te vi, cegue; pero que vi más, consiento; pues acá en mi entendimiento, más noble vista logré: mi corazón de diqué a servirte, y obsequiarte y tomando el alma parte en tan venturoso empleo, por más que te amo, deseo princípiar de nuevo a amarte. Si a la expresión de tus labios corresponde tu amor fino, feliz será mi destino: viviré exenta de agravios: por necia tienen los Sabios la mucha credulidad, y siendo esto así; en verdad que al darte crédito en todo, incurriré en algún modo en la mayor necedad. A la que amarte has dejado: tú me quieres, y recelo; y es muy justo mi desvelo viéndote en tu amor trocado: lo que primero se ha amado, tarde se llega a olvidar, y al mirarte yo pasar desde un amor, a otro amor, temo que siendo traidor llegue el primero a triunfar. Tierna soy, siendo querida; terrible siendo olvidada, Si no has de mirarme airada; no has de buscarme ofendida; aí tu pasión, dividida, has de emplear; mira atento que en vez de haltar alimento tu pasión con mi pasión, hallará tú sin razón en mi razón, escarmiento. Quién nunca la Aurora vio, de una estrella se enamora; mas luego que ve a la Aurora, de la estrella se olvido: si a Aljama mi pecho amo; fue por no haberte mirado; pero luego que he observado la voz de tus ojos bella; vi que era Aljama una estrella; y por tu luz la he dejado Si tengo luz de hermosura; no es del mundo la mayor, y otra beldad superior, te hará ver mi luz obcura; por lo mis mo no es cordura el llegarme a confiar, por que se puede apagar esta luz que te ilumina, y entonces sobre mi ruina, otra te podrá alumbrar. Muy poco fías de ti, y ofendes mi realidad; si observo tu variedad. Temo es repita en mí. No lo receles así. El recelo es discreción. También es obstinación de un empeño declarado. Qué quieres? me has enseñado que cabe en ti mutación. Pues para que no receles en la fe que te dedico alteración; con cuidado convocar aquí he querido a mis gentes; por que sepan cual es mi último designio. Y así, Africanos, sabed, que para mí esposa elijo a Celima; pues en ella todas mis venturas eifro. A Aljama (yo lo confíeso en algún tiempo he querido; pero ya solo en mi pecho, a Celima tierno admito. Sea esta pues una prueba de que aquel amor olvido; pues pasión tan declarada de esta suerte ratífico. Decid, pues, si esta elección aprobáis; pues si consigo que sea con gusto vuestro; nada salta al gusto mío. Celima y Abderramen, vivan felices y unidos. Pues para hacer demos trable mi placer; quiero que hoy mismo empiecen en esta Plaza los públicos regocijos; y así, en saraos, banquetes, parejas, y otros distintos divertimientos; pretendo que mi caudal expendido, diga, cuan grande es la dicha. que con tu mano consigo. A un amor tan declarados resistirme no es debido; y así olvidados recelos de mi pasión producidos, digo que es tuya mi mano, y tuyo el corazón mío. Esas dos prendas tan dignes de un Monarca el más invieto; por completar mis venturas, las reverencio y admito. Sus pended, porque no es justo tenga tal placer principio el día en que nos amaga un inmediato peligro. 3 Qué dices? Cuando los riesgos por mi valor desestimo, ate atreves a interrumpir con tu voz, los gustos míos? Si Abderramen; porque fuera mal agüero, el que así a uniros llegaséis el mismo día, en que tan fuertes caudillos, unida su fuerza; vienen proyestando destruirnos. Esplícate. Pues oídme, para el riesgo prevenidos. Obedeciendo tu orden venerada; me interné por los campos de Castilla, y vi una y otra escuadra bien armada; que se unía a triunfar de tu cuchilla: por su poder ya queda destrozada, la Aldea corta, y poblada Villa, y el número y valor de sus Soldados, en sus dos Geses vienen dibujados. Don Ramiro, y el Conde valerosos, reunidas las tropas de su mando, marchando vienen tan vanagloriosos, que la victoria vienen pregonando; y como en sus conquistas son dichosos, vienen a tu poder amenazando, y si el hecho conviene a su esperanza, nuestra ruina veremos; sin tardanza. Los vi subir el frío Guadarrama con buen orden de marcha y sin recelo, porque de su valor la activa llama parece derretía nieve, y hielo: el eco del Clarín que al pecho inflama, desde su cima resonó en el Cielo; y desde allí parece sentenciaba, a humillar a esta villa a ser su es. helava. El número de gentes que gobiernan: el valor de sus cabos militares; si ponen sitio, y en el sitio invernan, nos causarán destrozos a millares: ya ves que las desdichas nunca alter- nan en las glorias del Conde singulares, y su ejército suerte reparado, Si no te da temor, dete cuidado. Preven pues la desensa; excita el brío; ansma con tu ejemplo a tus Soldados contando en todo con el brazo mío, para todos los lances arriesgados: no sies en que pueda el tiempo srío, disipar los ejércitos aliados; y al fin, pues eres Capitán valiente, desempeña el renombre de prudente. Dame los brazos, Taris, porque, cuando me has traído noticia, que es tan gustosa, con el alma te recibo: vengan Ramiro, y el Conde; y vengan tan prevenidos de Capitanes briosos, y de Soldados invietos; que a todo el globo terrestre puedan poner en conflicto: vengan, pues; a Madrid sitien, y con ardor núnca visto, resistan las intemperies por conseguir su designio que será mi resistencia en empeño tan preciso, capaz de eclipsar la gloria, de los fuertes Numantinos. Ea Soldados; ya os llega aquel tiempo apetecido de hacer del valor alarde, y conseguir cual médito el coronaros de gloria, con baldón del enemigó. Eso sí, nunca a mi amor te ofreciste tan bien quisto; que ese valor para mí es el mayor atraetivo, Pues el tú a lidiar me incitas, te ofrezcón que sea el filo de mi acero, quien destruya la dicha de esos Caudillos. Y Amurates? Se quedó a recoger los vecinos de los Villajes cercanos; disponiendo al tiempo mismo, que Aljama se retirase a esta Plaza sin peligro. Hizo bien, pues sentiría que fuese del Enemigo cautiva; pues una cosa es que padezca mi olvido, y distinta que no sienta su riesgo, como es debido. Esto no es darte a ti celos. io No es tan raro mi capricho, que el ser injusto con ella, te haga más galán conmigo. A prevenirnos, Señor. A disponernos, Amigo; y pues el riesgo se aceren, diga nuestro esfuerzo unido, todos Castilla y León acaben a nuestro valor invieto. JORNADA SEGUNDA Aquí, Señor, cual mandasteis, Y me juzgaré dichosa,
JORNADA SEGUNDA
Conde, mandad que hagan alto las tropas, que a las murallas de Madrid no he de acercarme hasta que esté ventilada la duda, de si conviene poner el Sitio a esta Plaza. Haced alto, y aquí mismo, si a tu Majestad le agrada, se celebrará el Consejo. Sí, Conde, sobre una caja me sentaré, y vos sobre otra: que si diversos Monarcas, guiados de marcial brío, en iguales circunstancias, las eligieron por mesa para comer, no es extraña la acción; de que un Rey y un Conde las presieran en campaña, como asientos del valor, pues son ecos de su fama. Es pensamiento muy propio de vuestro ardor; que las traigan. Para informarnos mejor de las fuerzas con que se halla Abderramen, quiero oír a esa precios a Africana, que hizo prisionera Dia. Pues así, Señor, lo mandas, voy por ella. . Puede sernos, Señor, de tuma importancia el oírla; pues sabemos, que por amorosas causas, contra sus propios patricios, se demuestra tan contraria. Ya, Señor, están aquí, como mandasteis, las cajas. Ocupemos, Conde invieto, tan nobles sillas. Ya alcanza este bélico instrumento más honor, desde esta estancia. Aquí, Señor, cual mandasteis, viene al orden vuestro, Aljama. Y me juzgaré dichosa, si en la perfecta observancia de vuestros preceptos, logro que deis lustre a vuestra esclava. Yo estimo la noble sangre, que en vos reside; y bastaba para que de vos cuidase; el ser mujer, y él ser dama. Esta caja, que es mi asiento, podéis venir a ocuparla: . que su Majestad, ni yo queremos que incomodada estéis, Señora. . No admito noble Conde, honra tan alta; y así ocupad vuestro asiento, porque si yo le ocupara, al lograr tal distinción delante de tal Monarca, puede ser que no encontrase mi rubor con las palabras. De tus labios saber quiero en qué fuerzas afianza Abderramen la defensa de Madrid; Si sus murallas están por algún paraje menos fuertes, y si se halla esta Plaza abastecida de los viveres que bastan para mantener sus gentes, Sin que sufran la desgracia de la escasez. De ti espero una información exfeta. De Madrid la guarnición es, Señor, tan numerosa, que aerá empresa costosa conseguir su rendición. Del brío hace ostentación ese Abderramen tirano, y se creerá tan ufano, pensándose vencedor, que velipsando vuestro honor, juzgará el triunfo en su mano. Se halla la Plaza murada, con tal arte y resistencia, que tal vez será imprudencia que mandéis sea asaltada. Vuestra gente denodada, en largo sitio consienta, porque si tomarla intenta vuestro valor de otro modo, creo que lo pierda todo, y solo gane su afrenta. Está tan abastecida de viveres y pertrechos, que no decaeran los pechos con flaqueza conceida. La Tropa es muy aguerrida; sus Cabos hijos de Marte; y pues que logro informarte de su estado y su defensa, consigan, Señor, su ofensa, constancia, prudencia y arte. Tienes más de qué informarnos? No señor. Pues vete Aljama. Y hasta el Cuerpo de tu mando, Dia Sanz, acompañada vaya, como corresponde, por un Cabo de mi Guardía. En todo me distinguís; y creen, que interesada estoy en el total triunfo de vuestras triunfantes armas. Ya, valientes Capitanes, sabéis cuan fortificada, procista; y bien guarnecida, se ve de Madrid la Plaza; y así, yo, por Capitán más visoño, en dos palabras daré el primero univoto, y después como Monarca, determinaré, pesando vuestras razones fundadas. Por el informe que a todos acaba de hacer Aljama, vemos que es temeridad dar el asalto a la Plaza. Vemos también que su sitio de duración prosongada debe ser: que es tan provistos los defensores, y es tanta su guarnición, que se pierde de rendirla la esperanza: y si observo al mis mo tiempo que la cruel pertinacía de la estación nos aflige, recelo que molestadas nues tras tropas se malgasten su valor, y su constancia. Corramos pues de Madrid, Toledo, y Guadalájara, las comarcas indefensas: que unidos en la inmediata, primavera; volveremos con más probables ventajas a que cómplete el valor; lo que hoy queda en amenaza. MHabéis dicho ya? Si Conde. . Habla Ortuño. No hay que añada al dictamen de mi Rey; pues siendo tan abanzada la estación; no es tiempo propio para empresas dilatadas. Qué dices Ordoño? . Solo que piden las circunstancias que tan prudente dictamen Sigamos. . Gónzalo habla. Yo digo Señor qué temo, que se eclipse nuestra fama, si a la vista de Madrid, se vuelve a Madrid la espalda. Qué dices Fernan García. Que creo que nuestra marcha hasta el sitio en que nos vemos, no ha sido en la confianza de que Madrid nos franqueas sin oposición su entrada. Y que si ahora se mira inexpugnable esta plaza; no estará en la primavera monos fuerte, y bien guardada. Qué dices tu Dia Sanz? Qué unión tan bien meditada de ejércitos tan gloriosos Ba edo de tal Condo, y tal Monarca, con tan valientes caudillos, y tan guerreras escuadras, no consiguiendo altos timbres, será unión muy desairada. 3 Qué triunfo se ha conseguido de los que han logrado sama en la historia; Sin que cuesten sufrimiento a la inconstancia de rígidas estaciones, y efusión de sangre humana? Si cuando teme Madrid, y demás contiguas plazas la espada del gran Ramiro, y del gran Conde la espada, ven que se pasma su ardor a vista de sus murallas; ano será un completo triunfo de las huestes Africanas, el haber helado el brío de tan vencedoras armas? No gran Ramiro; no cuento la, historia de vos que acaba unestro Militar empeño, en tan débil amenaza. Vnsí Señor; pues que veis que es solamente fundada mi opinión en honor vuestro; es pero que sin tardanza mandéis se es tablazca el Sitio, o se arrimen las escalas. Esa opinión arroganse; es opinión temeraría, y mejor que ser vencido, es rotirarse con sama. 3 Qué es eso de ser vencido? aCreéis Señor que en la escala de mis militares triunfos he lidiado con ventaja alguna vez? No Señor: siempre han sido muy escasas mis tropas; siempre crecidas las que he desecho en Campaña, Ninguna plaza hasta el día, a resistido a mis armas; acomo a las vuestras, y mías no ha de rendirse esa plaza? Contenga más desensores, que hay piedras en sus murallas; hallese también provista, que en nada se mire escasa: sea el valor de sus gentes, de otra clase más bizarra, que las que hasta aquí he vencido; que sí mi Dios nos ampara, y llevamos en su brazo toda nuestra confianza; aquién se podrá defender de Dios, y de nuestras armas? Creéis gran Señor que el Moro si a pasar el Guadarrama volvemos, anos dejará sin demostrarnos su saña? No Señor, no lo creáis, pues viendo la retirada de nuestras aliadas tropas; creerá que atemorizadas de su poder; le es muy fácil conseguir desbaratarlas. Y en tan vergonzoso caso, que imaginado me espanta, puede ser suyo el trofeo: puede ser nuestra la infamia. Adiós concagro mis glorias, y en él fundo mi esperanza; pero el voluntario riesgo, también a Dios desagrada. Cerquen a Madrid las tropas; que pues el Conde se jaeta de ser siempre vencedor; al Rey Ramiro le basta su nombre, para allanar empresas mucho más arduas. No lo dudo, y creo os lleno de elogios dignos España. Señora dónde señaláis a las tropas Segovianas su alojamiento? En Madrid. . 4 Qué decíe? Cuando las manda un tan valiente caudillo, es preciso señalarlas, un alojamiento digno de su Gese, y de su espada. Yo admito el alojamiento, y os rindo sumisas gracias; y mientras logro alojarme en Madrid; la dura escarcha, el agua, y aquilón fuerte, me verán en la Campaña, y a mis valientes Soldados, desestimar con constancia su rigor; sin más abrigo que nuestras lucientes armas, por que no he de armar las tiendas en en la cierta confianza de que cuarteles de Invierno, me dé Madrid en sus casas. Pasen el puente las tropas; marche el Campo. Toca a marcha. Del valor tuyo no dudo h . Si es tan fácil la conquiera en Madrid, como pensaba ese Segoviano altivo, cuya opinión apoyada ha sido, Conde, por vos, veremos, si su arrogancia en los hechos de sus manos concuerda con sus palabras. Mucho de su valor fío; mas no sé si es acertada providencia, le expongáis con sus valientes escuadras. Riesgo quiere? tenga riesgo pues que el peligro le agrada. , y Segobianos, en Madrid el mayor lauro os aguarda: anguid mi ejemplo, y o morir, o lograr eterna fama. Soldados, decid que viva vuestro guerrero Monarca. Vivan Ramiro, y el Conde, restauradores de españa. : , ,y Ya llega Celima hermosa el plazo que deseaba, mi valor; pues por mí he visto desde la Almena más alta que quedan pasando el puente todas las tropas contrarias: sin duda al sitio formal se determinan, y es tanta mi complacencia de ver que tal triunfo me preparan; que determino ofrecerte por esclavos a tus plantas con todos sus Capitanes, a los Geses que las mandan. Del valor tuyo no dudo se verifique captuada tu promesa; mas con todo, te advierto por que me amas, y te amo constante, y sina, que si en riesgo te mirara de perder tu amable vida, sufriría mi constancia en cualquier herida tuya; cruel herida en el alma. Para la defensa propia, el amor tuyo me inflama, y hará mi valor prodigios, cuando tu amor me acompaña. Y cuando el fuerte Tarif en defensa de esta plaza se halla conmigo, qué importa que ese Rey Ramiro traiga por aliado suyo al Conde, pues a sus fuertes espadas, abatirán animosas nuestras fuertes cimitarras. No del triunfo desconfío: Sintiennos esas escuadras aguerridas, y valientes, y con presunción osada, arrimen a nuestros muros sin temernos las es calas; pues espero sirvan estas al ver por ellas bajan vendidos los sitindores, de que quede nuestra famo a los venideros siglos: a su pesar, perpetuada. Pero supuesto que es fuerza que hagamos ver sin tardanza a esas gentes, el empeño que faltas de juscio abrazan, quisiera que pues tenemos tropas con tal abundancia, con una pronta salida, hiciesemos que pagaran el delirio de insultarnos, por una necia arrogancia. Tu consejo he de tomar en parte. Y a ti te encarga Bp mi confianzu, esta acción. Aunque son mis gentes tantas, no quiero se disminuyan ni voluntario arriesgarlas, porque es siempre muy del caso, tener fuerzas reservadas: por la mina que del centro de Madrid sabes que baja hasta la vega, y en ella su boca disimulada tiene, pues parece solo ser un depósito de agua, has de salir esta noche con el resguardo que basta al empeño que medito; y supuesto que ya armadas sus tiendas tendrá el contrario, será el objeto incendiarlas: si esto logras, como creo; veremos que incomodadas esas tropas al rigor de la estación destemplada del Invierno; se consumen, se debilitan, o cansan. Y forzados sus dos Geses de sus quejas reíteradas abandonarán el Sitio dándome en su retirada lugar para que en el puente al pasarle las desaga. Así que hayas estendido en el Campo voraz llama, te volverás por la mina mientras procura apagarla el Cristiano; y en el caso de que asas gentes osadas quieran por ellas seguirte, lograremos la ventaja de destruirlas; pues sabes tenemos troneras varias dentro de Madrid sobre ella, por las cuales abrasadas serán, pues tendré dispuestos conbustiblas, he incendiadas materias que hagan ceniza a quien de ofender nos trata siendo, pira de sus vidas, de mí triunfo luminarias. Gran pensamiento! Mahoma te inspiró una acción tan alta. Extraño es no haber sabido de Amurates ni de Aljama; sin duda son prisioneros; y es sensiBle tu dos gracía. Eso sí; de nobles pechos es sentir la pena amarga del amigo, y el opuesto; y pues tan asegurada estás de mí sino amor, el ver que sientes me agrada la desgracia de Amurates; y el infortunio de Aljama, pues a no estar prisioneros, ya con nosotros se hallaran. Para defender los muros, Amurates no hace falta; hay que importa que estén pregos si estarán libres mañana? Permíteme que al instanto tropa de mi confianza vaya a elegir; para hacer la sálida decretada, pues estoy rabiando ya por ver que la acriba llama índica puerta por mí, la que mi valor inflama. Vete Taris. . Yo te juto que en esta noche inmediata; sea Troya el campamento de esas gentes temerarías, Celima mía, no el cerco pesado que nos amaga, ha de entiviar mi amor puro: pues siendo ya su morada mi constante corazón; mis proezas señaladas harán a los ojos tuyos, benemeritas mis ansias. Cuando es tuyo el amor mío, y me afirmas tu constancia, cualquier acción de tu brío, será a mis ojos bizarra; mas no quiero que mi amor sea de tu riesgo causa. Y pues en tu vida estriba la vida que dices amas; cuídate, pues en tu vida; están mi vida cifrada. Dichoso quien tal escucha. Mas dichos a quien pagada vive así del amor tuyo: y Alá quiera que dos almas a quienes une Cupido: Hiriéndolas con tu Aljaba. 2. Logren su enlace, a pesar, e de la guerra, y de en gaña. Dia Sanz, pues tu valor expone tu Rey airado, breve serás alojado en Madrid por mi savor. La vida debí a tu acero, honor darte determino, y así que pago examino, lo que debí, y lo que espero. Lo que espero también digo; pues fio del valor tuyo; que por mayor lustre suyo, me vengue de mi enemigo. Y así, por que consigamos a un tiempo lo que queremos; para que los dos triunfemos, en el medio convengamos. Atonito de escucharte, deseo escucharte más y si tú a Madrid me das, estatuas sabré labrarte. y así Aljama, Si tus labios me dan medio de triunfar, te juro, que he de vengar, a tu placer tus agravios. Habla, pues, y ten por cierto que en pago de tu favor, pondré a tus pies al traidor pues te ofendió; esclavo o muerto. Pues en esa confianza que de tu valor la tengo, sobo que cuando yo vine a casarme, por concierto, con el fiero Abderramen desde mi patria a Toledo, en donde me vio ese infame; hallé que en el intermedio que hubo desde su ausencia hasla mi venida; el pecho de ese mudable Africuno trocado había su afecto; Salí al punto de Madrid (comprando a cualquiera precio la Quinta que te rendí) por no presenciar mis celos; y esto que podrás creer que es a tu asunto inconejo, verás que es iudispensable noticiártelo primero. Vamos ahora a tu ajunto. e Tiene Madrid en su centre, una mina dirigida hasta esta Vega; y yo entiendo que si tu valor altivo con tus valientes guerreros logra introducirse en ella, te verás de Madrid dueño, pues no esperando el sitiado sepas tan breve el secreto de esta mina; es muy facuable no resguarde mucho el puesto en donde ella desemvocu: y pues ya te doy el medio de alojarte en esa plaza; hagante el alojamiento la espada, y el valor tuyo, dignos de mayor empeño. Tú das la vida a mi honor, y yo te hago juramento, en pago de tal noticia, de vengar tus justos celos. Pero permite que admire que de tan útil secreto, no lo dieses parte al Rey. Le reservé con intento de que fuese recompensa del honroso acogimiento, que te he debido, pendando que a un Capitán de tu esfuerzo, la paga más decorosa, era el exponerle a un riesgo. Más tengo que agradecerte en esa elección que has hecho de mí; que lo que imaginas; pero declara al momento a donde esa mina sale; porque sino nada hacemos. Para este caso llamé tu atención; peus es lo cierto, que como estube en Madrid por muy limitado tiempo, y mo salí a la campaña, de Madrid, y amor huyendo; no sé el paraje preciso de su boca; pero el medio de saberle, está en tu mano. De qué modo? . Prisionero tienes al vil Amurates, de quien me libró tu acero. Este, cuya herida fue superficial, y fingiendo su muerte; evito en el lance que acabas es con su aliento; sí le sorprende tu voz; declarará sin remedio. Si tu siguieras mi ley, y fuera capaz mi pecho de amor; por estas finezas, te amara constante, y tierno. Y he de ereer que tu ignoras las impresiones, y efectos de las saetas de amor? Perdona, que no lo creo. APues por qué? Por que cuando eres tan galán, y tan atento con las Damas; es preciso que amor sepas con extremo. Para ser atento un hombre con las Damas: yo compreendo le basta él ser bien criado; y tener buen nacimiento, que no alcanza, lo segundo, cuando falta lo primero. Y así, sin que yo sujete mi corazón al imperio de amor, (en que es más esclavo el que logra más trofeos) bien puedo con las mujeres, tener finos rendimientos. Un Soldado sin amor, parece está desluciendo su marcial brío. . Un Soldado, que hace profesión de serlo; tiene su amor en las armas: y si acaso en el recreo de la paz a amar se inclina; ama por divertimiento. De ese ultraje de Cupido; él se vengará en tu pecho. A Marte solo consagro mis votos y mis deseos. Pues prepárate al peligro. El peligro es lo que anelo. Y ojalá quiera mi estrella:- Ojalá permita el Cielo: Que yo vengue, mis agravios. Que me haga de Madrid dueño. ata Ya tienen Señor tus gentes Situado su alojamiento: y las tiendas de Campaña en que se ven a cubierto de la intemperie; producen el más agradable objeto. Estos nobles Capitanes pendientes de vuestro acento, esperan que el nombre, y seña les deis para obedeceros; pues yo fio en su obediencia, que ligada a su ardimiento; nos proporcionen la gloria de adornarnos de trofeos. Solo falta Dia Sanz. Yo suplo su ausencia; y creo gran Señor que está tal vez Solicitando los medios de alojar en esa plaza, a cuantos le obedecemos. Heroe será, si lo logra. Lo emprenderá sin recelo; y yo espero de Sil brío, y confío de mi acero, que os hemos de dar, Señor, en Madrid, alojumiento. Basta de jactancias locas. Serviros, no es ofenderos. Lo veremos que en la guerra, hace más quien habla menos. Los Segovianos Señor, cumplimos lo que ofrecemos. Basta ya bacta, repito. Vues res órdones reapeto. Cortemos este diegusto. Ya Señor que anocheciendo va cual veis; se hace preciso que se vaya repartiendo. la ordan de seña, y nombre. El nombre sea San Pedro, y la seña Zaragoza. Señores, sin deteneros, repartir el nombre, y saña, a los respectivos cuerpos. Nuestra obediencia os responde. Conde amigo, con vos quiero ir reconociendo el Campo, porque cuando al lado tengo un Maestro como vos, aprovecharme pretendo para aprender a mandar, de vuestros sabios consejos. A los Reyes que cual voz saben por servir al Cielo vestir el arnés bruñido, y ceñir el limpio acero; el mismo Cielo ilumina para ascarlos maestros. Vamos pues, y solo os digo, que en semejantes empeños, la vigilancia produce los más gloriosos aciertos. Dices bien; declara, o muere, Yo declararla prometo; Quién te dijera Aljama Despacha. . Mi sentimiente que tu celoso afeclo te hiciera ser contraria de patricios mismos. Pero esta pasión fiera que ya vive de asiento en el corazón mío, le hace impío, y horrendo. Y pues él Segoviano vendrá ahora a este pueste negún nos convenimos, ayudarle pretendo, Y es clerto lo que declaras? pará que ese Amurates, ase enemigo fiero, no niegue a mi presencia de la mina el secreto. Y ojalá que produzca el descubrir su centro, que a Madrid aniquilez destrozo, sangre y fuego. Aquí hay un bulto:jea Aljamaé Si Capitán, pues cumpliendo con lo que he prometido, me presento aquí al careo que anelas con Amurates; y así vaya respondiendo a tus preguntas, que yo si con falaces intentos procúrase alucinarte, contradecirlos prometo. Y es posible que procedas Mira que no te traemos a escuchar reconvenciones; ni tolerar fingimientos, y así si la verdad dices, yo la libertad te ofrezco; pero si la ocultas, piensa que a la muerte te condeno. Pregunta, pues soy tu esclave. Respóndeme claro, y presto; ya que sitio se dirige, desde Madrid por el centro de la tierra, una gran mina que solícito, y no encuentro? Válgame Alá! yo Señor te lo dijera a saberlo, pero ignoro:- . Mal empiezas, La mina es cierta; y es cierto que se dirige a este sitio. Dia Sanz, no malgastemos el tiempo: si no confiesa, yo haré otra mina en su pecho. Dices bien; declara, o muere, Yo declararla prometo; sus pended vuestra umenaza. Despacha. . Mi sentimiente no estrañéis, que él ser traidor, tiene pavoroso aspecto. La entrada pues de esa mina, os esta que aquí estáis viendo: que aunque un depósito do agua parece ser; es a efecto de que así disimulada tenga oculto tal misterio. Ya fus traidor con mi patria: no me castiguen los Cielos. Y es clerto lo que declaras? Para comprobar el es cierto, romped la puerta, y haced que os vaya guiando él mismo, Bien dices. . Yo lo haré así; pues es fuerza obedeceros. Vamos pues Fernan García a conducir con silencio las gentes que han de seguirnos, para este descubrimiento. Tu Aljama retírate a la tienda que he dispuesto Solo para ti; y Dios quiera que nuestra idea logremos. En ella espero tus triunfos. En Dios el triunfo espere- mos. Ya en el Campo del Cristiano me miro; y en mi ardimiento llevo más fuego escondido que el material que traemos; pero pues nos es preciso cumplir en todo el precepto de Abderramen, al instanto que las tiendas incendiemos, el cóncabo de la tierra nos abrigará en su seno: pero Alá sabe que yo con mayor ansia deseo que nos descubra el Cristinno. porque en nuestro seguimiento empeñado, se introduzca a sufrir su fin funesto por esa espaciosa mina; pues ya quedan a este efecto dispuestos en las troneras, pez, resina, aceite hirbiendo, y otros combustibles propios para abrasar a estos perros. Y así lo que hemos de hacer Si nos vienen persiguiendo, es huir precipitados; porque luego que pasemos nosotros de las troneras, llueva la muerte sobre ellos. Seguidme, y solo os encargo, pronta acción, y gran silencio. Ea fuertes Segovianos, a nuestra gloria marchemos; pues esta para el huñor es caudal de bumo precio: Forzad al punto esa puerta; y sin dilación entremos; que la prontitud, es madre de los mayores sucesos. Amigos, no os detengáis. De mi suerte me avergüenzo. s Dia Sanz? Qué es lo que dices? Al primer impulso advierto que la puerta se ha franquedo. Estraño acontecimiento; pero puede ser sin duda por acaso, cuando es cierto que en el Campo no se nota alteración; y supuesto que a atropellar los peligros viene el ánimo resuelto; sea cual sea la causa, Sigamos en el empeño, que pues la puerta está franes, menos que vencer tenemos. Moro, vete tú delante. A mi pesar obedezco. Lograda será mi empresa; porque sin ser descubiertos mis Moros, he conseguido pongan a las tiendas fuego, y mientras se verifica que tomen las llamas cuerpo, vengo a exeminar si está la retirada sin riesgo. Voz . El Campamento sé incendia. A las armas. Fuego, fuego. Hijos, a la Mina todos; pues logramos nuestro intento, y con el aire que corre tan destemplado, y violento, t he convertirá en cenizas muy en breve el campamento. Leoneses, acortar tan inopinado incendio. Castellanos, el contrario sin duda ha prendido el fuego: busquemos al enemigo, para que le escarmentemos. Señor, pues vuestra persona libre está, nada recelo; y mientras vuestros Soldados cortan el daño, yo intento buscar a los incendiarios. Pero cuando a nadie vemos en el Campo, acontra quien se dirige vuestro esfuerzo? Contra quién! tan fiera acción no es casual, y yo contemplo que todavía esta noche he de ensangrentar mi acero. Parece que a esa esperanza, corresponde con sus ecos la tierra. No escuchas, Conde, el claro, y distinto estruendo de las armas. Y a esta parte parece vienen huyendo (como el rumor no me engañe algunas tropas. . Estemos prevenidos, pues así sí los que huyen son de los nuestros, podremos darles socorro; y si son los Agarenos, con corta dificultad acabarlos lograremos. , s Ya se nos viene a las manos como pensaste, el empeño. Pues Señor lidiemos juntos. Hijos, Santiago, y a ellos. Fiero Cristiano es tu espada rayo bibrado del Cielo? Es más que rayo, que es muerte. Huyamos. A deshacerlos: no quede, Soldudos míos, vivo ningún Sarraceno. s Pues esta libre la Mlina, y en ella vengarme puedo de este Cristiano, en la Mina me aseguro, y de él me vengo. Así me dejas cobarde: no huyas; pero que espero, que en la Mina que te ampara, no te labró el mausoleo? Por Dios Señor que a mi lado con tan valiente denuedo habéis lidiado, que yo he envidiado vuestro aliento. Pero por qué has impedido que sigamos deshaciendo. al contrario? . Si en tu fuga, vimos que por su mal dieron con las tropas Leonesas, que estaban cortando el fuego, y que vuestros Capitanes, ayudados del esfuerzo de Fernan García, están por nosotros concluyendo la obra que principias teis de acabar con todos ellos, apor que no queréis dejarles parte en este vencimiento? Además, que de esa boca vimos que todos salieron huyendo del Segobiano, y es fuerza que examinemos de que acaso se origina, tan no esperado suceso. Señor, ya nuestros contrarios quedan del todo deshechos. Pero el incendio voraz, Ca t va tomando mayor cuerpo. No importa que ardan las tiendas, sl logramos más trofeo; pero tu Fernan García, informanos del objeto con que en esa Mina entrasteis. Lo que yo decir os debo:- Válgame Dios! Virgen pura, a vuestra piedad apelo. Qué es esto? . Valiente día, ten qué situación te advierto? Qué fuego es ese? Que sangre, qué herida: Estadme atentos, que yo os diré mi peligro, Si acaso pintarle puedo. Procurando cumplir el orden vuestro de alojarme en Madrid con mis Solda, dos dupe tenían para daño nuestro esa horroros a Mina los sitiados: para su examen, el valor apresto; y elijo compatriotas denuedos; y a poco de ir, pisando sus arenas, mato me siguen tropas Agarenas. hago rostro al contrario, y brave. mente d cciéndoles calir a la campaña, con su Gese encontre, que muy valiente quiso probar en mí su dura saña: a su gente acuchilla vuestra gente, y el convierte su ardor en fugaas traña y volviendo a ocupar el seno frío, estimuló de nuevo al valor mío. Vuelvo a la Mina; sigo sus pisadas; Viva el invieto Ramiro mhallo una mecha, y luz me propor. ciona venzo así sus revueltas intrincadas, por emplear mi acero en su persona: a cierto sitio en voces destempladas, al Sarraceno su temor pregona, y a sus voces, que el eco repetía, se convirtió la noche en claro día. Resutó de su seña maliciosa, que a llover empezase cruel fuego, haciendo la manción tan es pantosa, que infierno puede creerla desde luago la pez ardiente cuanto pegajosa, en mí se imprime, y a morir me en- trego, de suerte que a no estar conmigo mís mo, las furias invocara del abismo. A vuestra vista es toy ensangrentado, mas no por eso cedo en mi entereza, que este fuego mi fuego ha alimentado; pues con él acrísolo mi nobleza: las heridas, del cutis no han pasado, porque el riesgo evité con ligereza, y pues daño interior en mí no siento yo tomaré en Madrid mi alojamiento. Sirvante los brazos míos, Dia Sanz, de refrigerio: que tal constancia y valor; bien merecen igual premio. Toma los míos también; y sírvate de consuelo en tu dolor, el saber, que de ti no esperé menos. Ya si que con más razón publicar mis glorias debo, pues tal distinción consigo, por un daño que desprecio. Vete a templar ese daña con eficaces remedios, que tu valor nececito, y en tu vida me intereso. Uno y otra emplearé constante en servicio vuestro. Conde, dispón que a esahora se ponga un crecido cuerpo de guardia, y vamos ahora a dircurrir en los medios de que el sitiado solere un inmediato escarmiento. Vamos Señor; y digamos todos con elogio vuestro: viva el invieto Ramiro Católico Marte nuevo. Viva el invieto Ramiro Católico Marte nuevo. TEREERA JORNADA
JORNADA TERCERA
Ya estoy, valiente Amurates, instruido de la fiera traición de la vil Aljama; y no acertara a creerla, si otro que no fuera tú llégase a imponerme de ella Solo falta que me digas, cómo de tu suerte adversa pudiste librarte? Luego que del centro de la tierra empezamos a pisar la tenebrosa caberna, sentimos que nos seguían gentes, con fuga deshecha; y conociendo el Cristiano, que eran Tropas Agarenas, volvió el rostro a resistirlas aspirando a deshacerlas; en cuya acción; olvidados de mí, conseguí la idea de hacer fuga, y de ponermo en paraje donde pueda vengar mi ultraje y prisión en las Tropas que nos cercan Yo, tú libertad celebro, pues me dice la experiencia que tengo de tu valor, que si se ofrece otra empresa contra el Sitiador, sabrá principiarla y senecerla, Sin que deje que en el campo mísero despojo sean los valerosos Soldados; que lleves en tu reserva. Si eso lo deéís por mí, es preciso que me ofenda de que ultrajéis mi valor con vuestras voces siniestras. Habrá alguno en esta Plaza, que más noble resistencia pudiera hacer al Criatiano? Si al volver a las tinioblas de la mina, conseguía el incendio que deseas, encuentro en la misma mina la inopinada sorpresa de un Escuadrón que me ataca con ardor, y con violencia, será mucho que volvieso retrocediendo a la vega del primer impulso? Acaso hui yo? mostre flaqueza, ni dejé de hacer prodigios, hasta que vi que dispersas mis Tropas, era imposible que a mi voz obedecieran? No volví a ocupar la mina solo porqué me siguiera aquel Capitán valiente, a cuya invencible diestra Vulcano viste de rayos, Marte imprime fortaleza? Pues si esto es así, qué causa te obliga a que así me ofendas, cuando yo solo a tal brío pudiera hacer resistencia, y cuando en mi Cimitarra tienes, si lo consideras, mucho más que las de aquellos, cuya perdida lamentas. Yo dierto es? que tú elegieres, porque a la acción te siguieran, las más aguerridas Tropas: cierto es también, que sin ellas volviste huyendo a la Plaza; y cierto que se comprueba de incierta tu narración en que huiste, por la idea de que el Capitán valiente, que dices te persiguiera por la mina; pues he hecho bájar a reconocerla, y ni vivo ni cadáver te ha hallado al Cristiano en ella; de suerte, que mal gastadas las incendiadas materias, por obedecer tu voz, se consiguió al encenderlas, que a tu temor le sirviesen de antorcha para que huyeras. Yo temor? Eres cobarde. Tus expresiones modera, porque esa infamla se imprime en en el pecho, con tal fuerza, que puede ser que me olvido del respeto y la obediencia. Cómo, infame, así te atreves a insultarme? Tu cabeza bajará a mis pies; y así sabré cortar tu soberbia. Qué hacéis, Señor? . No Amurates le impidas la acción; pues pesa tanto mi ultraje a mi honor, que más vale que fallezca, por no sufrir mancha suya, que no que viva con ella. Déjame, que he de verter la sangre que hay en sus venas, Qué es esto? Tú, Abderramen, con acción tan descompuesta? contra quién es ese encono? Contra ete infame, que oetenta valor contra el valor mío. Si algo puede mi fineza contigo; Si ya no estás cansado de que te quiera, por todo mi amor te pido, que tu indignación sus pendas, Si tú por tu amor lo pides, qué habrá que no te conceda? Sea, pues, tu amor el Iris que serene tal tormenta. Aunque la vida os merezco, no es vida hasta que pueda en sangre del enemigo borrar tan injusta afrenta. Pero en mi estado infeliz todo mi dolor consuela el saber que habrá ocasiones, en que el dictado desmienta de cobarde, haciendo ver, que es mi brazo en la palestra, parca fatal del Cristiano, y honor de las armas nuestras. . Sobre qué ha sido el disgusto? Ya le sabrás; que pues cesan a instancias del amor tuyo mis iracundas ideas, no es bien que ahura al repetirlas pueda tal vez promoverlas; y pues ya por esa mina no hay que temer que pretenda el Cristiano sorpreendernos, porque a toda diligencia dispuse que se cerrasen los rastrillos o compuertas, que hay a trechos esparcidas, con lo que el paso se niega, y es moralmente imposible al enemigo romperlas: Sígueme ahora, Amurates, porque de mi voz entiendas cómo de Madrid dispongo la gloriosa resistencia. Vamos, Señor, que te jure dar la vida en tu defensa. Lo creo así; y tu Celima, a quien nada se reserva de todos mis pensamientos, ven, que pues eres Minerva y Palas, cuando eres fuerte igualmente que discreta, no quiero estar ni un instante sin gozar de tu presencia. Bien merece amor tan fino, y que en mi obsequio se emplea, de Cupido los auxilios, de Venus las influencias. Y pues con tan recto fin tan puro amor alimentas, fuerza es que te pague fina quien su obligación confiesa. Moros, que viva Celima. Celima viva, y tu venzas. e. Permite, noble Cristiano, que te descubra la pena que me causan tus heridas; pues cada vez que contempla mi discurso, que yo he sido causa de que las sufrieras, te aseguro que te miro con tal pesar, tal vergüenza, que a ser posible mi fuga, para siempre de ti huyera. El adorno del Soldado son las heridas que ostenta; conque si el estar galán debo a la noticia vuestra, mal hacéis de avergonzaros de haber sido causa de ellas. Además, que han sido todas exteriores y ligeras, y aplacado au dolor con remedios, que atemperan el daño, no han de impedirme que hoy mis mo el asalto emprenda, como nuestro Rey glorioso a mi ruego condescienda; y así, Señora, dejad de ofender mi fortaleza, pensando que me incomoda lo que mi valor desprecia. No ostante, por mi emprendistes tan valiente acción. Y es fuerza, que aunque vos no la sintáis, yo vuestra desgracia sienta, mucho más cuando a Amurates vistéis que en la misma os deja, y por ella huyo a la Plaza, que es un indicio que estrecha a que creáis con él me puse de inteligencia y que os descubrí la mina, porque acabaséis con ella; pues aunque tan noble soy, nací al sin contraria vuestra. Ahora sí que necesito de mi noble resistencia, para que de ese discurso, bella Aljama, no me ofenda. Tan bajos, tan criminales pensamientos queréis tenga de una dama un hombre ilustre? Como convinar pudiera yo lo hercico de mi estirpe, con tan bastardas ideas? Aquietad, Aljama hermosa, vuestra infundada sos pecha, que los hombres como yo proceden bien, y bien piensan, Pues permitidme a lo menos, que yo de alguna manera contribuya a vuestro alivio. Entre las gentes diversas que en la Quinta me servían, hay un Mozo, cuya ciencia es suma en conocimiento de la virtud de las hierbas: venid, pues, a que os instruya de algún bálsamo que pueda curaros más brevemente; y sea, Señor, mi tienda vuestro hus pital de la sangre, ya que os hice yo verterla. A esto no podéis negaros, porque es tan en razón puesta la suplica, que es preciso que condescendáis con ella. que hoy mis mo el asalto emprenda, Vamos, Señora, que quiero que vuestra atención comprenda que deseo complaceros, y que os rindo mi obediencia. Sois atento como noble. Sois hermosa cual discreta. Caballeros, esta noche ha sido a las armas nuestras glorios a; pues conseguimos que las tropas Agarenas, que el incendio fomentaron, perecíes en en su empresa; y que la llama voraz, que congumio algunas tiendas, no contínuase su estrago, porque vuestra diligencia, y la de vuestros Soldados, impidió que prosiguiera; pero sobre todo, el brío de Dia Sanz, su entereza, su constancia y ardimiento, tanto con mi humor congeníian, que desde hoy me constituyo por su amigo muy de verás. Es plausible el valor suyo; mas su arrogancia es extrema: se desluce que en campaña es digno de preferencia el que ejecuta callando al que ejecuta, y lo ostenta. El aplaude su valor, y más su valor luciera, Si callando promoviése el aplauso de otras lenguas. No hallo en él ese desecto, pues que en su pecho encierra tanto ardimiento, es preciso que en los lances que se ofrezcan demuestre en sus expresiones aquel fuego que alimenta. Cierto es; pero su dicramen, en el Consejo de Guerra, contra el dictamen del Rey, le expresó con tel vehemencia, que ofendió al Rey por sus frases jacranciosas y altaneras. a Espera, Fernan Garcíe, que estas cláusulas postreras que he escuchado, me precisan a que la sesión atienda. Caballeros, caballeros, no me obliguéis a que sienta haber tocado esto punto; pues cuando en Dia se encuentran valor tan acreditado, tan recomendables prendas, no es justo que a estas y a aquel ofendáis de esta manera. Qué escucho! No es ofenderlo decir, que tal vez se precia con exceso de valiente; además que cuales quiera de nosotros es capaz de emprender lo que él emprenda. La pintura de su riesgo en la mina fue tan bella, que a fuerza de coloridos retrató el horrible escena. Eso es decir que añadió: Tal vez aunque se dijera, no sería aprensión vana. Pues quién diga tal:- No quieras tomar sobre ti el empeño de concluir la respuesta que merece esta expresión; pues cuando pude entenderla, Si la respuesta empezaste, me toca a mi fenecerla. Responded lo que queráis. Mucho del lance me pesa. Ved, Señores, que no es justo que llegue a ser competencia este acaso; y que yo estoy de por medio en la palestra, bastando solo a impedir que tenga más trascendencia. Yo he de responder; y así, aunque el orbe se opusiera, diré que del Rey abajo, si se halla alguno que crea que fue mi peligro incierto, y su pintura apariencia, es un cobarde; pues solo un cobarde tan mal piensa. A esa ofensa los aceros sean penetrantes lenguas, a La dilación es ofensa. Voto a bríos, que es mi enemigo el primero que se mueva. Lidiemos, pues, separados, porque impedirnos no pueda. Dices bien. Buen pensamiento. Yo acudiré de manera a todos, que no logréis vuestras sañudas ideas. Dia, Ortuño, separaros, . Ahora veréis cual pelean los Segovianos. García, Ordoño, dejad el tema. . Muera quien mi honor ofende. No es tan fácil como piensas. No basta que medie yo. He dé poner tu cabeza a mis plantas. No es trofeo, que para ti se reserva. Por Santiago que me canso de una cuestión tan molesta; y vivo yo::- Pero el Rey y el Conde hancía aquí se acercan. Conde invicto, Rey excelso, acudid a toda priesa, que Gónzalo pide auxilio, y a fe que es la vez primera. Gónzalo! Pero qué miro? qué ceguedad, que fiereza os ha obligado a este empeño? Qué motivo es el que os fuerza a un lance tan no esperado? Vivo yo, que si no cesa una safía tan injusta, sabré hacer que mi entereza conozca el mundo en vosotros, y que castigada sea por el poder de mi brazo, de mi autoridad la ofensa. Decid el caso. 4. Señor::- Gónzalo, no te detengas; refíérele tú. No ha sido un motivo tal, que pueda dejar escrúpulo al brío, cuando en los cuatro se observa un valor inimitable; y así, el hacer referencia del motivo del empeño, fuera hacer que reviviera el enojo; y me persuado a que es hastanto que sepas, Señor, fueron solamente asunto de la refriega escrúpulos del valor, que ya totalmente cesan. No pretendo saber más; y supuesto que contemplas no debe quedar rencor en sus pechos, quien proceda a nuevo empeño, verá de mi indignación severa los efectos. Esto baste; demos al campo la vuelta. No pretendo yo indignaros; pero si dejar bien puesta mi opinión, y en vos consisto logre mi honor lo que anhela: una gracia solo os pido. Y puedo yo concederla? Sí señor. Declárala, para que luego la obtengas. No es solo el interés mío, que pues también interesa a todos sus Capitanes, creeré cuando la concedas, que la gracia que pretende, todos, Señor, la agradezcan. Manda, Señor, que asaltemos esa Plaza: el Moro vea el aliento do tu tropa; y así dirá la experiencia, cual de los caudillos tuyos con más denuedo desprecia los riesgos; y cual aspira, cuando el peligro atropella, a la corona mural, con más constancia, y más verás. Señor, concede el asalto. Señor, la gracia dispensa. Nuestra fama en él consiste. Honra es tuya, y gloria nuestra. Y sobre todos Señor, permitir que os reconvenga con vuestra augusta palabra, pues me hicistéis la promesa de venir en concederme la gracin que yo os pidiera. 3 Qué haré Conde? . Conceder lo que animosos os ruegan, y esperar en Dios el triunfo por precias consecuencia. 3 Eso dices? . Esto digo. Las escalas, se prevengan, Viva Ramiro. . Señores, en esa Plaza os esperan, o la muerte o la victoria: por divina providencia, nacemos todos los hombres a sufrir el fin de aquella, y ese fin decido en todos no más que la suerte eterna. No a morir, nos espongamos Sin que primero preceda que a todos generalmente los Ministros de la Iglesia nos echen la absolución, porque yendo la conciencia por medio de un dolor cierto purificada, con ella, no habrá en Madrid ni en el muro quien nos haga resistencia. Dichoso, yo que milito a tu lado y en tu escuela, pues sí en el mando me instruyes, a Religioso me enseñas. Vamos, y pues al peligro la Ley y Patria nos llevan, esperemos la victoria pues corre de Dios a cuenta. Viva la Ley, viva España, y los Sarracenos mueran. s a 1. Soldados, el enemigo hace movimiento, alerta. 2. Al muro, que las escalas nues tros contrarios aprestan. Ea Amurates, pues vemos que avisan las Centinelas que el Campo del Enemigo alguna invasión intenta contra nosotros, subamos a la muralla a que vean esos Cristianos su estrago cifrado en nuestra desenta que yo juro por Alá y nuestro Santo Profeta, que he de levantar en su sangro la injusta, y sensible afrenta con que Abderramen trato al valor que en mí se encierra. Vamos, Tarir, que a los dos estos muros, y estas puertas nos toca que defendamos; y protexto, que por ellas, ni por ellos, lograrán el alto triunfo que anhelan. Soldados, seguid mi ejemplo, y haréis vuestra fama eterna. Qué esto, Tarir? qué esto Amurates? qué os empeña a que coronéis los muros con activa diligencia? Que con la misma el Cristiano hancir nosotros se acerca. Y prevenido de escalas, nos da a entender que proyecra el asalto. Moros míos, ya el feliz instante llega do adornaros de trofeos; y si vuestro ardor contempla, que en el número Igualands a las gentes que nos cercan, veréis que cuando lidiamos con ventaja tan inmensa, como las de estas murallas, no será mucha proeza hacer que los Sitiadores bien escarmentados vuelvan, Yo ofrezco ser el primero, que con mi acero defienda esta Plaza que gobierno, y a los golpes de mi diestra no habrá escudo que resista, ni habrá brazo que no venza: ya tubo a daros ejemplo. . Deteneos: bueno fuera l dete. que algún dardo del Cristiano, a las descargas primeras, en vuestra muerte lograso de mi muerte la sentencia: no, Abderramen, el que manda, toda su obligación llena con saber mandar, que el Jeso que por necio ardor se ciega, por ser un mero Soldado, no procede cual cabeza, y cuando su valor luce, se desluce su prudencia. Tu consejo es muy discreto, pero aunque así lo conceda, mucho será que en la acción logres que yo te obedezca; pues en viendo que el contrario a dar el asalto empieza, la voz glorios a del riesgo destruirá mi obediencia. Luego tú quieres perdorme? No, bien mío; mas no observas que aquel enco del honor me incita, y me lisonjea? Ea, Soldados, al muro. Ea, hijos, a la empresa, Alarbes, a resistir, Moros, el que suba, muera. Cómo quieres impedirme? Celima, no me detengas, porque no es bien que tu amor sea de mi honor afrenta; y así, pues no me es posible cumplir con lo que me ordenas, o retírate, o no impidas que como quien soy proceda. Ya te dejo; ya me voy donde me llegue la nueva de tu desgracia; pues siento una infausta voz secreta, que alterando mi quietud, me dice que serán ciertas tu desgracia, y mi desgracia; pero pues tú las deseas, quédate a morir, que yo de imaginarlo voy muerta. Qué especie de confusión, qué línage de tibieza, han infundido a mi brío estas voces? Mas qué altera tal predicción en mi pecho, cuando nunca mi fiereza ha visto al temor la cara? Cómo, di, no te avergüenzas, Abderramen, de admitir en tu pecho tal idea? No cedáis, Soldados mío:: donde está la fortaleza castellana? . Qué oigo Cielos! con estas voces se alienta mi valor. Moros valientes, proseguid en la defensa. Sus escalas hemos roto; pero con valor intentan romper la puerta: ahora es tiempo de que sobre todos lluevan las armas arrojadizas. . Segobianos, la promesa que hica al Rey, he de cumplir. Todos estos perros mueran. Hombre, que brazo es el tuyo, para el que no hay rasistencia? El que te ha de dar la muerte. Dios están de parte nuestra. Ay de mí, que ya el Cristiano de este muro se apodera; yo voy a morir matando, pues lo quiere así mi estrella. ay. Ya tenéis alojameato, Señor; ya os abre la puerta Sanz el Segoviano, que as! cumple sus ofertas. Amurates, carga activo al Cristianos triste escena! Tárir, tú y yo resistamos la entrada. Corta desensa, que yo sabré dejar libre tu entrada, y con diligencia haré a todo Madrid mío, aunque Mahoma no quiera. Dia Sana, contigo estoy. No se arriesgue vuestra Alteza, No dacaiga, vuestro brío, Africanos. Ya las puevias hemos roto. . Castellanos, a ellos, que Dios nos presta su auxilio. . No cedáis Moror. Cuantes se opongan, perezcan, No habéis vencido, que espero volver en noche funesra el día de vuestras glorias. Pues con un Dia peleas, que hará que tu vida pas desde el día a les tinioblas. Así mi brazo mi palabra desempeña. Tudavia resto yo. Pues si sumas como restas, toma esta estocada, y mira si te sale bien la cventa. Mahoma me dé su auxilio. - A buen Santó te encomiendas. (. a , Huyendo voy de la muerte. Pero con la muerte encuentras, Ven aquí, fiera enemiga; y pues te miras sujeta a la que por ti ha sufrido la activa esicaz hoguera de los celos, no presumas que hasta ver que te revuelcas en tu sangre, pueda darse Aljama por satisfecha. Pues viendo que los Cristianon de la Plaza se apoderan, solo a lograr mi venganza vengo siguiendo sus huellas. Vil Mahometana! mujer la más cruel y sangrienta, hasta donde han de llegar tus vengativas ideas? No te basta el haber sido contra nuestras gentes mismas traidora? No se ha saciado tu vil alma con la ofensa, que a tu honor, tú ley y patria has hecho? Pero qué esperas, que no me matas: y as tus impiedades completas? Qué es pero? Que Abderramen a mi poder también venga, para que al morir unidos, unido vuestro amor muera. Pero qué es lo que reparo? no es él quien tiñe la arena con su vil sangre? Ay bien mío! Ya se acabó la carrera de mis venturosos días; ya la muerte placentera será a tu triste Celima; y pues de vivir me pesa, qué hacéis; Capitanes fieros? qué haces tú, mujer perversa, que no arrancáis de mi pecho su imagen en él impresa? Muera quien ve tu desgracia; y pues no alcanzan mis penas a librarme de una vida, que es en mi carga molesta, sea vuestra atroz bárbario quien dé al alma lo que anhela. Quién mató a ese impío? Yo. Me cumpliste tu promesa, y no esperaba yo menos de tu valerosa diestra. Pero pues esta mujer fue causa de que perdiera yo su amor, el mismo sable del amante que lamenta ha de armar el brazo mío, para que acabe con ella. Eso no lo lograrás: su vida corre a mi cuenta, y así sus pende el efecto de ese furor que te ciega. Tú la defiendes? Sí. Aljama, que de quien soy desdicera el permitirte una acción tan inhumuna y violenta. No estás bien vengada ya por mi espada? pues qué anhelas? Extiaguir mis enemigos; y así, aunque tú la defiendas, yo he de emplear este acero en quien labró mis ofensas. Todo ese furor se evita con tomarme la licencia de desarmarte; perdona, que así la razón lo ordena. Esto suste el valor mío! Señora, tened paciencia, y creed que ya a Celima no habrá quien ofender pueda. Yo agradezco, Capitanes vuestra singular fineza, y ella me dice que es noble la sangre de vuestras venas; pero qué puede servirme la vida que me franquea. vuestro favor, cuando advierto, que ya a mis ojos les queda por oficio el llanto eterno, Sin qué mitigue mi pena? Soldados, cese el estrago, que ya del triunfo me pesa, cuando herido el Conde, el triunfo tan caro a todos nos cuesta. Herido el Conde! Qué han- gustía! Desgracia la más fu- nesta. Conde amigo, tus heridas en el alma traigo impresas, y a Dios ruego, que una vida tan preciosa no se pierda. Señor, vuestras expresiones me dan en mi suerte adversa el más eficaz consuelo; pero siempre están dispuesta mi resignación a todo lo que la piedad inmensa de Dios dispunga de mí; y así, no importa que muera. si es su voluntad, pues muero por su causa en tal empres. Reliradlo, y que al instanto cuantas medicinas quepan en la ciencia, se ejecuten; pues juro que más quisiera perder mi Reino, que a un heroe, a quien tanto España aprecia. Mucho os debo: bien pagáis la afición con que os venera mi pecho; y en Dios confío, me dé lo que me convenga. Mucho en el Conde perde. mos, si fallece. De la Iglesia y de la Patria, es columna; y espero que Dios atienda a los ruegos incesantes, que por justa recompensa todos le dirigiremos, porque el Conde convalezca. Cese, cual mande, el estrago; que así que la Providencia nos saque de este conflicto, haré que las Fortalezas de esta Plaza se destruyan; pues cuando no es dable pueda guarnecerla por ahora, justo es quede de manera, que no pueda el Africano tan breve fortalecerla. Dia, quién es esta Dama, tan llorosa, cómo bella? Mi enemiga. Soy tan solo una humilde esclava vuestra, que postrada a vuestros pies, imploro vuestra clemencia. Parece que Abderramen a casarse iba con ella, según informes de Aljama; pero permitió su estrella, que yo a Abderramen matase, Basta que elegida fuera esposa de mi enemigo, para que yo la mantenga Sin opresión, con decero, y con decente asistencia; tú, Aljama, irás a Toledo libre y rica: y a ti, en pruebe de lo mucho que he estimado me cumplieses la promesa de alojarme en esta Plaza, te premiaré de manera, que en ti, tu Patria y Soldados se difunda mi grandeza. . Tan maguánimo Mo- narca, feliz viva adad Inmenea. Y aquí la Comedia acaba, perdonad las faltas nuestras. Y pues vemos que los triunfor, que con recto fin se intentan, se consiguen: Dios auxilie las católicas emprezas.
