Texto digital de La conquista de Cuenca y primer dedicación de la Virgen del Sagrario
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conquista de Cuenca y primer dedicación de la Virgen del Sagrario. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/conquista-de-cuenca-y-primer-dedicacion-de-la-virgen-del-sagrario-la.

LA CONQUISTA DE CUENCA Y PRIMER DEDICACIÓN DE LA VIRGEN DEL SAGRARIO
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Ardo, y lloro sin sosiego; y aunque lloro, y ardo tanto, ni el fuego consume al llanto, ni el llanto consume al fuego. No cantéis, que vuestras voces mas mi tristeza acrecientan. Celinda, no en tus pesares des al dolor tanta rienda, que huyendo de los consuelos, de parte estás de tus penas. No digo yo que el peligro con que está oprimida Cuenca, que es de mi Regia Corona la más escogida piedra, no le sientas, pero el daño. prevenido cobra fuerzas, y es cómplice en sus desdichas. quien sin tiempo las lamenta. Qué importa que el Rey Alfonso con una, y con otra empresa, desvanecido a sitiar aquesta Ciudad se atreva, si ha de hallar el escarmiento, adónde el trofeo espera? Si ejércitos numerosos. ha juntado su soberbia, con que neciamente aspira a empañar las glorias nuestras; Por eso cuando a envestir nuestros muros se resuelva, hallará para impedirle corazones por almenas. Mi causa toma por suya el África, y con sus fuerzas socorrerme han ofrecido. con inviolable promesa, los Reyes de Fez, y Tunez, de quien ya el Cristiano tiembla; y lo que es más, ya Muley, que dueño de tu belleza presto será, nuevas tropas de Alarcón, y Moya espera, en cuyas fuertes cuchillas halle Alfonso en lo que intenta, en vez de aplausos, ruinas; en vez de triunfos, ofensas; en vez de glorias, estragos; y en vez de dichas, tragedias. Mas no será de Muley . Celinda dichosa prenda, porque ya al Príncipe Hajen, hijo del de Fez, su bella maño ofrecí, y ya le aguardo. para que al peligro venga. Y bien pudiera mi amor dos veces de tu tristeza estar quejoso; la una, porque estando ya tan cerca de ser tuyo, puedo yo, (equinocadas las señas) creer que está en tu disgusto comprendida tu fineza. Y porque cuando este acero asegura la defensa de esta Ciudad, es agravio aún la duda más pequeña. Hay padre! ay fuerte Muley! Atended, pues; a mi pena: que una ilusión, una idea; que vivamente retrata en mi memoria sus señas, me aflije, y me atemoriza; y aunque es lo que me atormenta un sueño, una fantasía, este susto que conserva el alma, sin duda alguna mayor mano le gobierna. De un sueño tu temor nace? Y con líneas tan impresas, que lo que soñé dormida, dudo si lo vi despierta. Pues dinos lo que soñaste. Dilo, si es que tu tristeza espera que ha de aliviarse. En aquese jardín verde, y copado; donde el Abril se mira vinculado, cuya esmaltada, cuya varia esfera, es catre de la hermosa Primavera, cuando huyendo del tiempo los rigores, se acuesta en el regazo de sus flores. En aquese jardín (no sé si diga) que entré a aliviar una interior fatiga, que allá en el alma vive retirada; mas verdadera, cuanto más soñada. Reclíneme llevada del ruido, que flores, y aguas mueven al oído, unas desde si propias despeñadas, y otras del blando viento provocadas, y apenas me quedé a solas conmigo, cuando el sueño con voz de falso amigo, me llamó por mostrarse más severo, y dice. Si este sitio es lisonjero, que mucho que con voz mal entendida alhague el gusto por quitar la vida? Al sueño los sentidos entregados, y aún no sé si del todo enajenados, me pareció que via, (aún contada me aflige la agonia) nuestros valientes, y invencibles muros. que blasonaron tanto de seguros ird contra las mismas leyes de los hados, de las Cristianas armas ocupados, y nuestra gente mísera, y turbada, aún en la fuga apenas confiada, tropezando en su miedo entorpecida, daban la libertad, si no la vida. Y tú señor, y tu Muley (ah enojos!) de la fortuna vil siendo despojos, de Alfonso el pie besabáis ya vencidos, de los injustos cielos ofendidos. r Y lo que es más (aquí la voz fallece) col y entre mudos acentos se entorpece, nuestra Mezquita siempre venerada, del bárbaro Cristiano profanada. A otro culto, a otra Imagen diferente era Altar, y era Solio irreverente de una Mujer una escultura breve, a quien hoy la memoria no se atreve, cuyo bulto, que aún dura en el sentido, al cincel le debió rostro, y vestido en luganeminente colocado, estaba en la mezquita coronado de luces materiales, cuanto bellas, que a mi cobarde vista eran centellas. Yo confusa; y suspensa la miraba, cuando una voz que dentro de mi estaba, de dijo a mi dudosa fantasía: anpurrisaa Esa que ves, es copia de María, pinsupob digna Madre del Dios de los Cristianos, humillate a sus fueros soberanos, ríndela el corazón; y yo irritada, ri quise dejar la Imagen injuriada, y al ofenderla con la voz, y el ceño, me hallé despierta, que sin duda el sueño, viendo que iba a ofenderla, y a injuriarla (porque sin duda quiso respetarla) para no tener parte en tanto arrojo, apartó de sus términos mi enojo. Despierta, pues, por más que se corrige, el corazón a la memoria aflije esta ilusión, y desde aqueste día halla en mi mal segura fantasía. Me parece, señor, que a ti te veo siendo de Alfonso desigual trofeo; y a ti heroico Muley en pena tanta, postrada tu altivez, besar su planta. Toda soy confusión, y en tal desvelo, al buscar la quietud, hallo el recelo, dudo, temo, vacilo, desconfío: y si os parece acaso desvarío aquesta pena que en el alma lucha, tomaos esta aprensión, veréis si es mucha. Hija, no a los sueños vanos debes lo que a la evidencia, que te ofrecen juntamente tanta inexpugnable fuerza. Cuenca es presidio de Alá, y si en él temor cupiera, en ella se asegurara de la Cristiana soberbia. Y yo soy al que más tocan estos miedos que te cercan; porque a mi valor le quitas lo que al récelo le entregas. No sabe el Cristiano ya, con bien costosa experiencia, a lo que alcanza el valor de este acero, y de esta diestra? En tantas escaramuzas no han sabido cuanto hierra el que opuesto a mi ardimiento no hace la fuga defensa? Y cuando en mí no se hallara valor, no me le infundieran tus ojos, que de la dicha son hermosas influencias, y hasta en el hacer felices son copias de las estrellas? Pues vive Alá, que irritado de esa tu injusta tristeza, hoy tengo de desquitar cuanto a ti te desalienta. Con mi gente he de salir, ya vida de sus trincheas han de probar que soy rayo, que Ala fulmina en su ofensa. Eso sí, Muley valiente, sepa Alfonso, que nos cerca, que corrido nuestro esfuerzo, los muros cobardes deja. Hoy que del Rey de Aragón las armas dicen que espera, siendo el Candillo a sus tropas; porque presumir no pueda, que se acobarda el valor, viéndole a él con muchas fuerzas, su confianza he de turbar, porque los dos Reyes sepan, que a valientes corazones el peligro los alienta. Pues a intentar tanta hazaña, para que Celinda entienda, que en mi consejo, y tu brío nunca puede haber que tema. . Ala te guarde, Celinda, porque quiero que me debas el vencer esos temores. Ha mal haya mi tristeza, pues ella ha venido a ser la que a tal riesgo te empeña! Como yo esté en tu cuidado, tendré a la dicha sujeta. No en el cuidado, en el alma queda tu hermosura impresa. Pues siendo así, nada temo. El cielo con bien te vuelva. Para que viva en tus ojos. Para que mi dueño seas. Ah cómo temo que Hajen. Si soy tuya, nada temas. Y si tu padre te obliga? Resistiré su violencia. Luego tu serás mi esposa? Aunque pese a las estrellas. Ol apresure amor los pasos. O! el tiempo su curso exceda. A Dios, Celinda querida. O ruego al cielo que vengas! Alcaparra, bien está envoscada entre esas peñas mi gente, porque si el Moro, como otras veces intenta con alguna escara muza asustar nuestras trincheas, en pasando la emboscada; que le rompamos es fuerza, pues cortado; no es posible valerle la resistencia. Es posible que te andes tras esta canalla perra todo el día? aqueso mismo. en unas Carnestolendas suelen hacer los muchachos. No sabes que en mi es herencia de la beldad más perfecta, el valor, que heroicamente a más hazañas me lleva? Ya sé tu grande valor, y que el Sarraceno tiembla. solo al nombre de Fernando de Cañizares; y Cuenca te está en grande obligación, que en todo el día la dejas sosegar, y cada instante te llegas hasta sus puertas. Ha Alcaparta! no te espantes, porque tengo el alma en ella, y en busca de mi deseo el riesgo me lisonjea. Como es aqueso del alma, y el deseo? mas que fuera, que el amor? Pese al amor, que así mi altivez sujeta. Pues dí, quién te ha enamorado? El infierno que lo ordena. Tu enamorador te burlas? no me has de hacer que lo crea, y en Cuenca? En Cuenca; mas oye, direte la causa de estas inquintudes, porque he oído decir, que de amor las penas se alivian comunicadas, y ya que el alma profesa esta Religión, pretendo seguir en todo sus reglas. Cuundo Alfonso me envió a hablar con su Rey a Cuenca, para proponerle algunos tratados de conveniencia, por hacerme más favor Aljafa, quiso que viera, porque muriese a sus ojos, a Celinda su hijo bella. Es Celinda centro hermoso que para asombro del mundo fábrico aturaleza. El Sol se enciende en sus luces, y aprende la Primavera de las rosas de su cara, para sacárgalas nuevos. Mira tú como tendré el pecho de amantes penas, cuando tú en mi corazón agora a escucharme llegas! esto de luces, y Soles, de rosas, y primaneras; yo no sosiego, Alcaparra, desde que vi su belleza, y estoy temiendo por Cristo, que si este amor no me deja, he de meterme a discreto, que es una cosa muy necia. Tú tienes famoso gusto, y es una gran conveniencia el ser Mora, porque en fin si te casares con ella, no has menester Capellan. No te burles de mi pena. No me burlo, juro a Cristo, sino que te está de perlas, que sea tu mujer Celinda, que si te casas con ella, en vez de dar chocolate, dará a las que a verla vengan lindo alcuzcuz de Guajaca, que harta más, y menos cuesta. Calla loco. . Esto es verdad. Oye, que aquesta es la seña con que me avisa mi gente que tropas Moriscas llegan, y es cierto ya mi emboscada han pasado; y ya es fuerza cogellos por las espaldas. e. otra vez el clarín fuena, voy a tomar el caballo ven tú a hallarte en la refriega. Yo no me hallo en esas cosas con gente que no se entierra en la Partoquia, y si acaso me cascan matarme es fuerza, porque ellos no tienen Clura: mas ya el chincharrazo empleza Sántiago, cierra España. Cierre; mas sea la puertas o valiente Cañizares, pegales en la cabeza, un Moro mató; allí es chaza, ya de vencida los lleva, y en la punta de la lanza, sin qué resistirse puedan en arra cuerpos de Moros, como si madrofos fueran: todos se los va mamando, como viz cochos de Cuenca, pero aquí viene un Morillo, y es de mi Calaña misma, porque parece gallina. Mahoma encontrar el cepa, y sin duda estar borracho, pues darle al Cristiano fuerza. Ríndete perro Morillo. Este parecer vadea, y si yo hablarle muy recio, temblar de mí. qeuie Rinde apriesa las armas. . Yo a ti rendir, no conocera Zulema? de aqueste modo rendir, tómate esta, y tomatesa. . No lo dije yo por tanto. Guardar que alfanje decienda, que de un tajo que te darte, échara espaldas cabeza, y parecer gigantilia cuando arrimar al Taverna. Muy fuerte viene ese tajo, habrá llovido en la sierra Tomad, y tomad, ay Dios, y agradened que el pelea haber vencido el Cristiano, que si no llegar a Cuenca. Oyes, paje de San Roque, que el pan le lleva a la mesa Qué decir? No digo nada, Tener el boquita queda. Que sea yo tan gran gallina? pero Cañizares deja el caballo, y con un Moro, que a pie valiente le espera llega riñendo a otra parte. está enfermo, porque el diablo Aún hay en mi resistencia. No vi más gallardo brío; ríndere, que en vano intentas defenderte. . Mi valor matando, morir desea Rindibu. Ouita bergante. Vive Dios que yo le hubiera rendido cuarenta veces, mas yo soy rayo en la guerra. Bien ves que tu gente rota, es en valde tu defensa pues cercado, de la mía, no hay como librarte puedas. Fía pues tu libertad de mí, que a tu heroica diestra estoy tan aficionado, que aunque tu obstinado quieras morir, no he de consentillo: tanto tu valor me lleva el afecto, y así rinde a la fortuna la fuerza. Bien sé yo que es imposible librarme, pero en mi pesa tanto el quedar prisionero, como el morir, que mi ausencia ha de hacer que muera el alma, ya que la vida no muera. Pues porque con tu prisión tanto la vida enajenas? Porque adoro una hermosura, tiempo, sube en mi canallo, que es el alma con que alienta el pecho; y faltando yo, a que dé la mano bella a otro más feliz que yo, de su padre la obediencia es preciso que la fuerze. Pues oye, que ya tu pena es feliz, pues ha encontrado con quien de aquesa dolencia ha querido que estosea; y pues me has compadecido quiero hacer una fineza por tigriñe. Pues porque cuando te mueve mi pena? Porque quiero darte aquí la liberad que deseas, y así pretendo rendirte, porque si agora te ausentas antes de ser mi cautivo, puede ser, Moro, que entiendas que no hago nada por ti: y ya que mi mano llega a darte la libertad, quiero que me lo agradezcas. Pues ya valiente, Cristiano, fuera ingratitud muy necia no rendirte yo la vida, y la libertad con ella, porque en mi opinión es vil, infame, y de bajas prendas quien a la voz de un favor responde con una ofensa. Tu esclavo soy, y esta es mi espada, que a tus pies puesta, la coronan más blasones, qué lides vencio sangrienta. Vuelve el acero a la mano, y para que no se pierda y párfete donde puedas volver a ser venturoso, Deja que tus plantas bese. . Pues yo porque se detengan, El pecho es mejor esfera. Y dime como es tu nombre, porque la vida te ofrezca? Fernando de Cañizares. Bien en tu valor se muestra, pues él mío. No le digas, que aunque la vida me debas, . Mi vida es paga pequeña. para que quiero saberlo, si no he de cobrar la deuda? Pues dírete el de la dama, que el alma idolatra ciega: Arma arma. Con que obre yo como noble, Esto es que salen en tu socorro de Cuenea, DOA algunas tropas. aunque le pese a tu estrella. . Arma, arma, las quiero ir a recibir; vete, porque no suceda que tu persona se arriesgue. Acaba, pese a tu flema, que graniza el campo Moros. Nuestra amistad será eterna. Siempre me hallarás muy fino. Vete, no espere tu dama. En paz, Cristiano, te queda; pues con darme libertad. mas tu cautivo me dejas. . bastante paga me queda. , s, , Sea vuestra Majestad muy bien venido; donde con su valor esclarecido, para gloria de Dios, y honor de España se asegure en su brazo aquesta hazaña. De los vuestros, señor, el lazo estrecho se deberá el aliento de mi pecho: Cómo venís? Como quién os ha hallado con la salud que pide mi cuidado. Ya con vuestra venida la esperanza perdida; Aljafa, que hasta aquí se ostentó rayo, el vano orgullo volverá en desmayo. Dónde está vuestro celo; y vuestro aliento nunca en duda se pone el vencimiento, pues sin haceros resistencia alguna, triunfáis sin darle parte a la fortuna, y más cuando aspirando a eternos fueros, os acompañan tantos Caballeros, cuyas cúchillas son en la campaña terror del Moro, cuando honor de España. Yo a vuestros pies, señor, os agradezco las honras, y el lugar que no merezco. Don Diego Lopez de Lara es el que honráis satisfecho. Mejor estara en mi pecho el que es de sangre tan clara. Yo vuestros pies deseaba, para que mi gloria empiece. Bien vuestros brazos merece, señor, Andres de Jaraba: es mi deudo, y por blasón trae en sus Armas mi Corona, las bandas de Barcelona, y las barras de Aragón. Ya la fama anticipada nos trujo vuestro renombre, y ya estaba vuestro nombre en prendas de vuestra espada. s Yo, señor, por lo que gano en tan honroso interés, llego agora a vuestros pies, por merecer vuestra mano. En mis brazos siempre sinos vuestro esfuerzo se eternice. Todo lo dice, quien dice t que es Alvaro de Chirinos, cuya sangre esclarecida compite con su valor, A eso; si calla el valor, os responderá la vida Mil Capitanes valientes tdn me asisten a esta jornada, cuya generosa espada tiemblan Orbes diferentes, pues contra las Africanas Lunas se fulminan rayos, Cajas, Valdeses, Tamayos, Guzmanes, y Lorenzanas. Y duplicando los ecos, cuando eternos los aclama, son cuidado de la fama Estuñigas, y Pachecos. Y de otro la eterna gloria, aunque del triunfo la muerte, también mi amor os advierte, porque aún vive su memoria. Murió en el primer encuentro Rodrigo de Valenzuela, cuyo nombre eterno anhela a tener al Sol por centro. Apagose su violencia, siendo horror a la campaña; pero tan heroica hazana será en su familla herencia. Llega porque no te aguarde Alfonso el Aragones. El que llega a vuestros pies, nunca, señor, llega tarde. A todos les da mi amor más generosos lugares. Fernando de Cañizares digno es de tanto favor; ya en la lid el enemigo conoce bien su destreza, y de su antigua nobleza, solo el tiempo es fiel testigo. Dele a besar de justicia Vuestra Alteza el pie glorioso al hombie más valeroso que ha venido de Galicia; cien batallas he vencido. Gran valor tu pecho encierra. Y ninguna fue por tierra, todas por el mar han sido. Por el mar? triunfos iguales, dudaralos la malicia. Pues hara mal, que Galicia. toda es batallas navales. Tú tienes fuertes aceros. Y otra vez a su pesar mil Moros hice cejar. Pues cómo fue? Eran cocheros. Quítate, necio. Al que lidia, nadie el hablar le estorbó, pelea tú como yo, y nunca tendrás envidia. Este es loco, Vuestra Alteza no atienda a nada que diga. Ya el humor he conocido. Eso es saber medicina. Vedme después en mi tienda. Beso tus plantas invictas, que claro está que una tienda de un Rey será joyería. Y cuanta gente, señor, en vuestro campo se alista, es regular al intento, a que vuestro celo aspira? Para poder responderos a lo que mandáis que os diga, es menester quedar solos; despejad. A vuestras vidas aumente el cielo más años, que triunfos os acreditan. Oh plegue a Dios que este Re me dé cualquier sortijilla, que valga millón y medio vendida en la plateria! Preguntástesme, sobrino, si para tan gran conquista tengo fuerzas regulares? y fue acción bien prevenida el quedar con vos a solas, porque si acaso os decía, que tengo fuerzas bastantes, era deciros mentira: y si os decía que estoy (aunque entre la conducida por vos) de gente muy falto, a la heroica valentía de tanto noble Caudillo hacia una ofensa indigna: y por aquesto os lo dije a solas, porque se evita uno, y otro inconveniente, porque en los dos no peligra, ni en sus hazañas la queja, ni en mis labios la mentira. Gente me falta, y dinero, pero en tan ardua conquista tengo celo, y tengo fe, a quien los montes se humillan; y tengo una gran Señora, que traigo en mi compañía, a quien Dios nada le niega, y es al hombre tan propicia, tan piadosa, y tan amable, que siendo Reina Divina, me suple a mí que la traiga en el arzón de la silla. Ya por las señas que os di, conoceréis que es María, y aunque es afecto indecente, y es fineza muy indigna el llevarla en tal lugar, son sus entrañas tan pías, que viendo que aquesto nace del amor que el pecho anima, me perdona la indecencia, y del afecto se obliga. Y no extraña cuando al lado de un bruto su pecho arrima, aliviando la fatiga del pecador, y es más bruto que este a quien mi fe le aplica; no excusara este lugar, quien de aquel no se desvía; aquí al culto que la guerra permite, está reducida, siendo mi pecho amoroso su más decente Capilla. Esta es, sobrino, mirad - ha entrado, y dicen, que es , el socorro que le envía si puede errar quien camina con este Norte Divino, porque a quien sirve de guía, para que vaya seguro, es. Stella Matutina. Músicas el aire ocupan. Estas voces son divinas; espíritus soberanos hoy la gala le publican, viendo los pocos aplausos que mi afecto la destina; mas los Ángeles que mucho que la aplaudan, y la asistan? si para que la festejen, es. Ángelorum Regina. No solo el viento se llena de celestial armonia, mas de suaves fragrancias el olfato participa, para darnos a entender, que aquesta Aurora Divina, cuando aromas vierte suaves, se ostenta aquí. que si siempre la miramos . Rosa Mística. Arma, arma, arma, arma. Qué nueva ocasión obliga a que el campo alborotado armas confusas repita? qué es aquesto? Gran señor, por esa parte que guía al mar, impensadamente de Alarbes copia infinita al Rey de Cuenca el de Fez, y Hajen su hijo acaudilla sus huestes, que en la soberbia Africana se confía. Acude a estorbar su entrada, aunque fue tan improvisa, que dudo que se la estorbes, Ea señor, en buen día he llegado, porque prueben los filos de mi cuchilla los Africanos soberbios. Con tu valor nos incitas. Ya que el socorro introduzgan, sea a precio de las vidas. Toca al arma; Santiago. Hijos, Sántiago, y María. Toca al arma, que el infierno hoy ha de tener gran día. , s Ea, Señora, al arzón, que a vos Reina esclarecida, no os asustan los rebatos, que ya sois Guertera antigua, y a esto que voy a decir, divino furor me incita: Yo confío en Dios, y en vos, que aunque es ardua la conquista, conduto que llevo, sigo que en Cuenca os he de labrar Trono, que el Sol no compita, o en tan Religiosa empresa tengo de perder la vida.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Infelice estrella mía, que presto mi dicha te hizo de fija en las esperanzas, errante en los precipicios! A sinior. ar Ah infame estrella! bien en mi suerte averiguo, que fue conducirme al riesgo, convidándome al cariño. supazo sisun an A siior. A Yo voy muriendo. Hay más estrelía? Rendido Dop me siento ya, ya perdí a Celinda; pues que vino . A mí. Sil Hajen, Príncipe de Fez, sito muera yo al dolor esquivo. A Sinior, a mi dejar no Dasto? estreliar otro poquito, a- que ya harto estreliar tú, yo estreliar los Cristianilios, por ser huevos, y aún gallinas, y ya imaginar sorbidos, Pero decir donde vanios, que según lo que anduvimos, seis cuartos tener ar dados para el Real del Cristianilio: adonde ir cuando en Cuenca hacer belicos ruidos, aplauso al valiente Hajen, so! con quien ya dar por vencido al Castellanilio? Apenas sé donde voy, conducido de mis males: con el salvo y mi presunción: a un Cristiano valiente busco en quien cifro algún medio a mis tormentos, sin coprender el motivo. Un Cristianilió buscar? no uno solo, Señior mío, a dos venir alli: estreliar agora. . Aparta. n si obnon A mi brío tiemble África, yo basto, mueran todos los Morillos, yo, yo basto, . Y yo espadilla, y malilla, y un codillo darte, y un todo, y valdarte tus dos Reyes grande, y chico, Señor. Quién llamar? Aparta; dichoso he sido: aqueste es el gran Fernando, de Cañizares, prodigio de Castilla, y a quien busco: Fernando heroico, un rendido a tus pies. . Gallardo Moro, no así me corras de fino en tus rendimientos, cuando fue tan corto el beneficio que recibiste de mí; y si quieres proseguirlos, dame ocasiones, y empeños en que yo osado, y altivo adquiera derecho a tanta fineza, como en ti admiro. Soy tu esclavo. Ya sé yo quién eres. Quién te lo dijo? Tu atención. Y quién soy? Noble, porque eres agradecido. Ella decírtelo pudo, que yo no sé de mí mismo. Qué tienes? parece que vienes turbado? Perdido, desesperado, y mortal vengo, y con haberte visto, parece que cobro aliento contra todo mi destino, mi fortuna, mi desdicha mi estrella. Qué tienes? dilo; a que vienes? A valerme de ti; dirasme advertido, que como cuando te debo te busco, y te solicito, en vez de pagarte, para empeñarte más? y digo, que con empeñarte más, te pago, que los invictos pechos darles ocasiones de amparar a los rendidos, es darles glorias, que el noble que con valor ha nacido como tú, ha de hacer el bien, y pagarse de lo mismo; yo vengo a tu esfuerzo. Acaba: sies que alguno te ha ofendido allá entre tus Moros, habla, llévame a Cuenca contigo, y le mataré mil veces, y pues que tú te has valido de mí, y otras tantas sobra para hacer lo que te he dicho. No es eso mi mal. Pues qué es? Aunque en tu valor confío, y tú alientas mi esperanza, fijamente no averiguo en que te vengo a empeñar, ni sé. Todo eso es delirio de tu pena, vuelve en ti, contigo estoy; yo te animo. Por montes de mis congojas solo puede abrir camino tu aliento. Dime tus males. Manda que para decirlos quedemos solos. Biendices; vete Alcaparra. Haz lo mismo Zulema. Oír, Alcaparra; venirte agora conmigo a ver si ser matadores mi espadilia, y tu bastilio. Fernando ilustre, ya sabes que el Africano Haien, hijo del Rey de Fez, entró en Cuenca ayer, que con diez navios a introducir el socorro de África, confiado vino en sus fuerzas. Ya lo sé pues estorbar no podimos su entrada, y volvió mi acero satisfecho, aunque corrido. En Hajen por poderoso en fin tiene prevenidos Cuen Cuenca el socorro, el amparo, el trofeo, y el alivio, y yo mi muerte, mi rabia, mi desdicha, mi martirio, porque mi Rey, por hacer lisonja al recién venido Africano, en quien confía burlar de tu Rey el sitio, hoy la hermosura, y la mano para mi mal le ha ofrecido de Celinda (que Celinda, Fernando, es el dueño mío) Celinda la Infanta? . Sí: la Infanta. Buena la hicimos, el primer amor en tierra. Celinda fue el dulce hechizo de mi vida, y hoy la causa de mis desdichas ha sido. Yo aunque quiera defender de mi fortuna el partido, atento a que de mi dueño dulces favores repito. Favores recibes de ella? Hasta aquí, señor, me he visto el más dichoso del mundo; mas no me vale, pues miro al de Fez con los aplausos de todos, con el dominio de poderoso, en quien juzgan el vencimiento preciso. Yo, aunque entre los Moros tengo la opinión que han adquirido mis triunfos en esta guerra, soy solo un hombre; si aspiro a darle la muerte a Hajeén, que hoy es difícil arbitrio, no es medio para excusar mi mal; antes solicito perder del todo a Celinda, cuando fuera en mi disinio tan dichoso, que escapara con vida: los precipicios de mi fortuna son estos. Este es el fiero motivo de mis ansias, y en ti solo, Fernando, busco un alivio, que le ignoro deseado, y le gozo presumido. Mi vida pongo en tus manos, mi dicha busco en tus bríos, mi amor fío en tus alientos, mas no sé lo que me digo; tú en que me puedes valer? Señor amor, amo mío, a Dios, que es primero en mí, cuando entre los dos vacilo, mi valor, que mi pasión: y este afecto resistido me ha de deber ese Moro, demás de lo que imagino. Pues vive el cielo que solo porque de mí se ha valido, he de vencer su desdicha, y he de vencerme a mí mismo, que viene a importar muy poco en este afecto, n delirio que quede el amor mal puesto, si el valor queda lucido: no te vales de mí? Sí, más cómo? Eso no averiguo: no es quien estorba tus dichas Hajén? Mi muerte en él miro. No es lo que quieres ser dueño de Celinda? En ella cifro toda el alma de mi vida. No te hace el mismo cariño ella agora? Aunque el temor tiene de celos un viso, no he visto mudanza en ella. que no ha muerto tu esperanza. Pues qué dispones? No digo lo que intento, solamente sé que de mí te has valido, y que soy quien soy. Si intentas, algunos arrojos, hijos de tu bizarro ardimiento, bien consultarlos conmigo puedes; y si te parece, yo te podré dar avisos las veces que Hayen saliere a escaramuzar, que altivo, y soberbio quiere hacerlo, porque es muy desvanecido por la parte de valiente, y con ardid. No lo admito; ardides no son hazañas, y yo hazañas solicito, y me pesa que presumas que yo he menester arbitrios para matarle. . Ya sé tu valor, solo te aplico la ocasión, porque sin ella. no es el valor conocido. Todo corre por mi cuenta, vete. . En tu valor confío. Vete, que mi Rey Alfonso hoy nos tiene prevenidos para su tienda Real, y esta seña que has oído nos está llamando. El cielo te guarde. . El vaya contigo: tú verás como me empeño. Bien de tu valor lo fío: en este Cristiano amor todas mis venturas libro. Pues vuelvete, y ten mas brío, . Dime. Señor, ha bajado la Consulta? podré yo saberla? . Pues porque no? antes juzgo celebrado en ti el cuento; este es amante de Celinda. . La que a ti te cuesta desvelo? . Sí, y viene. . Pasa adelante. A que yo le de favor para gozar lo que adora, porque le compite agora un poderoso. . Y señor le piensas favorecer, queriéndola para ti? No es forzoso, si de mí solo se viene a valer? Por Dios que eres un pobrete bobo; el Morislo vermejo, como eres soldado viejo, te quiere hacer alcahuete; muchísima es tu paciencia, mas aquí te advierto yo, que queriéndola tú, no puedes hacerlo en conciencia; de noble guardas los fueros muy mal. . Mal los guardo? Pues: el hacer tercios no ves que es oficio de harrieros. Hoy muerto a Hajen has de ver. No habrá menester responso. Solo siento aquí que Alfonso no nos quiere conceder licencia para intentar singulares desafíos con los Moros, más mis bríos hoy la han de solicitar. No sé si te la dará. Yo haré que a mi esfuerzo atienda. Ya hemos llegado a la tienda del Rey, y es la hora ya que han señalado sus fueros. Siempre obedezco las leyes. Aquí se juntan los Reyes, y todos sus Caballeros; pero esta Junta por mal de las culpas en que erré, no es de millones, porque no hay un cuarto en el Real. , , Reed corona al fuerte soldado. , , No se diga vez ninguna, Sobrino, hoy a proponer vengo mi justo desvelo. Señor, siempre vuestro celo no se rinde al padecer. Mayor soberbia ha cobrado el Moro, ya socorrido del África. . Ya ha perdido el miedo, pero engañado. Los riesgos que se me ofrecen, no tienen el pecho inquieto, mas lastímame el aprieto que los soldados padecen, disculpolos descontentos y confieso los rendidos al afán, mal asistidos de pagas, y bastimentos. Satisfacerlos no ignora mi deseo, y mi porfía: y entretanto vos María . habéis de ser mi fiadora. Muy bien sé yo la razón que tiene vuestra lealtad de huir la necesidad que pone en duda esta acción. Bien sé que el campo apretado va rindiendo su arrogancia, pero siempre la constancia que sujeto un Castellano, ni un Aragones, la mano besaron a la fortuna. Brille agora la lealtad única de Polo a Polo, que el cerco he de alzalle solo para entrar en la Ciudad. Flado en vuestra fineza, os provoco a los aceros, que ya por mejor valeros, he pedido a la Nobleza de Castilla, que a ofrecerme se allane en tan grave empeño, mas por padre que por dueño, para poder socorrerme, un tributo, que largüeza se llame, y no imposición, pues nadie con más razón lo ha de hacer, que la Nobleza, Cinco escudos cada año a cualquiera Noble pido, y ya noticia he tenido. Pero qué rumor es este que estoy oyendo? casi a tus ojos se atreve. Sepa el Rey lo que nos mueve. Quién ocasiona este estruendo? que novedad en el Real es esta? o s. Ella misma, señor, es la respuesta, de las Naciones por lo mal pagados, tan quejosos, señor, como soldados; cuarteles diferentes se han ido amotinando, aunque prudentes los Capitanes con valor Cristiano solicitan en vano apaciguarlos, porque ya rendidos a cansancios, y a afanes repetidos, a faltas de socorro, y de sustento, en impaciencia truecan el aliento; Vuestra Majestad mire que ordena. Dios nos libre, señor, de una hambre buena, y les hace gran falta a las Naciones cerbeza, vino, queso, y salchichones. Remediar esa falta es importante; cuanto en mi tienda hubiere, que de mi casa, y mi servicio fuere, plata, joyas, se saque, y páguese esa gente, porque aplaque su queja ya que es justa. De mi tienda se haga lo mismo luego; esto se entienda, que en iguales empeños, y cuidados primero es remediar a los soldados. Oíd, oíd primero, lo que advertiros quiero, es, que a la plata, o joyas que tocaren al culto de María Virgen Pura, no se llegue: esto advierto; y que repare es justo, aunque es verdad que su hermosura, 1l de perfecciones más que celestiales, no ha menester adornos materiales, que cuando lo que es mío distribuyo, no puedo disponer de lo que es suyo. El uno, y otro Rey en casos tales han de gastar en platos cien reales; gran señor, pues sin plata te has quedado, el vidriado. al arma toca, y ruedo Y pues deciros pretendo de aquel tributo el estado, ya que el rumor se ha quietado, a mi propuesta volviendo, cinco escudos cada año a cualquier Noble he pedido, y como os dije, he sabido, que con un afecto extraño la Nobleza, que repara el celo que en mí se infiere, que lo determine quiere Don Diego Lopez de Lara, En vos han comprometido sus diversos pareceres, y ya vendrán los poderes con que os han constituido dueño de tan granacción. Y no os quiero preguntar, si por mí habéis de aprobar esta fiel contribución, que no es tiempo, y ahora callo hasta que dueño os mostreis, que entonces sé que andaréis como tan fiel vastallo. Señor, aunque es grave el punto, dan aplauso a la fineza, es fácil de resolver. No tenéis que responder, que agora nada os pregunto. Bien hacéis, que hasta llegar a ser de este caso dueño, no hace en mi lealtad empeño el conceder, ni el negar, pero dejo a vuestros pies, cuando mi fe se mejora, que ya yo he resuelto agora, lo que he de decir después. Ya os he entendido; esta bien, Don Diego. Vivan los dos Alfonsos, vivan. Pardios que está alegre el campo. Quien causo en los Reales ese regocijo? s. La piedad de tu generosidad, aunque al Alarbe le pese: como mandaste, señor, se dio para los soldados plata, y joyas, y obligados haz en afecto el valor, y de tan Regias piedades que hoy fue la menor grandeza de vuestras dos Majestades. No se reservó entre todo lo que al Altar? . Por error eso también, gran señor, se entregó, y se ignora el modo: que fue descuido pregona la acción, como lo verás, y entre todo lo demás también se dio una corona de diamantes, que tu diste a la Emperatriz del cielo: que te ha pesado recelo, y con disgusto lo oíste. Verdad es que al principio el sentimiento eló mi corazón, pero ya atento a misterio mayor, digo que ha sido de la Reina del cielo permitido, por darnos a entender que su divina piedad en nuestra ayuda determina, que prosigamos esta guerra, puesto que su amor de manera lo ha dispuesto, según lo que al discurso aquí se ofrece, que su caudal para socorro ofrece. Ea soldados míos, que María sus joyas ha ofrecido, ya confía mi fe de su grandeza la victoria, a su favor se ha de deber la gloria. Hoy crece, amigos, el honor de España, Maria es Pagador de esta campaña, seamos todos en afecto iguales, mi voz habla con todos, porque en tales aprietos excusarnos es locura, cuando veis en María Virgen Pura, sin opinión contraria, la mejor hidalguía tributaria. Yo la vida le ofrezco a la victoria. Morir en mi será la mayor gloria; al arma toca. Viva Alfonso. . Cierra, mas no quede yo dentro de la guerra. Escuchadme, atendedme, oíd primero un sentimiento justo de mi acero. Digo, pues, que arrogantes los Africanos llegan por instantes a tus tríncheas a desafiarnos, a hajarnos, a ofendernos, y a afrentarnos, mostrando sus altivas presunciones en arrojarnos lanzas con listones, favores de sus Moras, o donaires, que vienen escribiendo por los aires, con letras de colores a mudanzas, cual celos, cual amor, cual esperanzas: y viendo, porque más brillen sus hechos, que no hallan competencia sus despechos en los Cristianos, porque no consiente Vuestra Real Majestad injustamente, a pesar de los bríos, con los Moros campales desafíos, se burla de nosotros su fiereza, y cada Moro lleva en la cabeza, soberbio, y arrogante, mucha más vanidad que no turbante; en sus yeguas feroces, y ligeras nuestra campaña bordan a carreras; pues volando tal vez en su ardimiento, plumas de fuego son, rayos de viento; y si relinchan, aunque se desvien, de nosotros pensamos que se rien. A Vuestra Majestad suplico, y pido ruegue a su Majestad, que este partido haga a sus Caballeros Castellanos, y verá como hay menos Africanos dentro del cuarto día. De mi parte lo mismo, gran señor, llego a rogarte. Y yo os lo ruego. . Y yo. Yo no me quedo. Yo a mis Aragoneses les concedo aquesa petición. . Yo no réplico. Y a vos, señor, que concedáis suplico a los vuestros lo mismo, pues el pecho tenéis de su valor tan satisfecho. Por si no te acordares, Fernando soy, señor, de Cañizares, que con aquesto digo prevenido, que no hay ninguna duda en lo que pido. Yo Albaro de Chirinos. Todos buenos. slóm Y yo Andrés de Jaraba por lo menos. Ya sabéis mi valor. Digo que el celo me llama a la atención, mas no al recelo; ya de lo que pedís, tenéis licencia. Mil siglos vivas. Mucha es mi violencia, ya yo meterme en un capato intento, y Canizares salta de contento. Di pon, Fernando, como de tu mano, para un Aragones un Africano. Ya mi otro de los de ufana fama, que yo en conclusión, con quien no tiene opinión, no riño de buena gana. Buscame a mí, si te place, el más gallina: camina, que a mi valor la gallina mejor estomago le hace. Vamos. Vallente osadía! Vos Don Diego, sabed, pues que nadie en el mundo es mas hidalga que María. A eso no me he de oponer, porque mi piedad se enoja; más doblad aquí la hoja, que aún tengo que re ponder. Ya dio licencia mi Rey; ea Muley, en Africanos, que si Hayen viene a mis manos, no hay quien te estorbe, Muley. Extranjero pastorcillo, vino de ajenas montañas, rico de merecimientos, de venturas, y esperanzas. Rico de merecimientos, de venturas, y esperanzas viene Hajen, para quitarme el bien, la vida, y el alma: ha Celinda, yo te pierdo! A esta quinta, que poblada de Abriles (siendo sus flores bucaros) se bebe el alba; a este jardín; que de Cuenca es primavera, y muralla, qBA mirador de los Reales de Alfonso, y de la campaña, te traigo a ver si te alivias; mas de tu idea llevada, ni te divierten las fuentes, ni te olvidan las fragrancias: y sobre todo, Celinda, la música no te agrada; mas siendo el dichoso asunto de ella la feliz llegada del gran Príncipe de Fez, que es de nuestro aliento causa, no ha de vencer la tristeza al gusto, cuando se halla, que para la dicha gozas el todo del bien, y para o la tristeza solamente tuviste una circunstancia. Mira, Celinda, que tienes a tus ojos a Hajen, bastan las tristezas con tal dueño; que temes? qué te acobarda? a mi Corona, y mi fama lisonjear al de Fez. , , . Mi dueño el de Fez? ah vanas . esperanzas mías! Muley desesperado se aparta, mas no del alma: la pena me ahoga. Señora, el alma es vuestra, y sola la vida para defensa bizarra de vuestra patria me queda: y si mi vida empeñada ha de ser quien os defienda, i2 si vuestras tristezas vanas me la quitan, no me queda que ofrecer a tanta hazaña, y muy mal se compadece en la esfera de una causa, que entristeciéndoos el riesgo, solicitéis la desgracia. Celinda, Infanta, señora. Esto escucho, y no me matan mis ansias? . bnn Muley me mira, que desdicha! pniloO aniV No reparas en las finezas, Celinda, de tu esposo? no las pagas? Disimulemos, sentidos, este afecto que me arrastra; estas tristezas, señor, que me afligen, son de causas mayores, como te he dicho; mas ya procuro arrojarlas de la idea, conociendo cuanto el Príncipe afianza la victoria, y desvanece mis temores. . Corta paga es el alma a este favor ino ii no que me hacéis. AUSlO Celinda le habla Perdone Muley, que importa . con agrado, yo estoy muerto. Ha si mi pecho miraras, Muley, como no tuvieras fácil la desconfianza. Vuestro esclavo soy. Mi amante desconfiado se abrasa, yo he de estorbar los cariños de Hajen; cantad Cantad, y haga tregua vuestra injusta pena. No habrá consuelo a mis ansias. Extranjero pastorcilló vino de ajenas montañas, rico de merecimientos, de venturas, y esperanzas. , el Sol, cuando ve a tus ojos No cantéis más, no se ve que entristecen a la Infanta mas los acentos suaves? otra música Africana, es la que ha de divertirla; toquen jabegas, y cajas, muera Aragón, y Castilla, toca al arma, toca al arma. . Viva Celinda señora, yo sé muy bien que os agrada aquesta música, puesta a las voces de las armas. Eso me contenta más: salga Hajen al campo, salga. . y mátanle los Cristianos. Mas que clarín hace salva al valor, pues que con lenguas de alientos que el aire rasgan le lisonjea en mi pecho? Si la vista no me engaña, de hacia el Real del contrario en un caballo que infama el aire Andaluz, traslado de la máquina Troyana a vista nuestra se llega un Cristlano. Y ya le alcanza las voces nuestra atención. Brio, amor; albricias, alma, . que este es el Cristiano, en quien solo vive mi esperanza. Guárdete el cielo Aljafa, porque aunque de ley contraria, esta atención se le debe V a la diadema sagrada: y a ti divina Celinda, O en cuyas luces se apaga nacer entre nieve, y grana, también te guarde. Tu vida A la prospere, que mandas? Lo que os propone mi esfuerzo, lo diré en breves palabras: Arrogantes Africanos, atended, que solo habla ln con vosotros mi valor, in no con los Moros que alcanzan el renombre de Españoles, que para blasón les basta. A vosotros Africanos digo, porque la ignorancia vuestra sea desengaño, que no nos turba, ni espanta vuestra venida; escuchadme: En este monte con alma vengo, a que tres caballeros Cristianos en la campaña esperamos cuerpo a cuerpo a tres Africanos: salgan tres, o tres mil, si quisieren, que en Cuenca harán mayor falta, y nos haréis gusto, pues a más Moros más ganancia. Sea el Príncipe de Fez uno; pues de sus hazañas, y de su valiente acero nos dice tanto la fama. Salga, como digo, Hajen, que a él le reto; y si repara en que la sangre Real inmunidades alcanza, no tiene excusa, que en todos los que le retan, y llaman hay tanta sangre Real, como él en sus venas guarda. De tres atres es el duelo; salid, pues, que en esa falda de aquese collado, entre mi campo, y vuestras murallas, los tres esperando estamos, con caballo, escudo, y lanza, hasta que el Sol de cobarde, al horror de nuestra saña, huyendo caiga en el mar al volvernos las espaldas. Cristiano soberbio espera, que ya tu valor te iguala conmigo, cuando la ilustre sangre en tu pecho faltara: ya salgo al campo, ya salgo. Detente. Es en vano, aparta. A los Príncipes no obliga. Si obliga: y es excusada diligencia el estorbarme, que desea mi arrogancia desuerte estás ocasiones, que para verlas logradas me sobra la obligación, y salgo al campo por gala. El señalar Africanos me quita esa dicha. Vaya vuestra Alteza con favores de mis memorias, y traiga la vida que le deseo. Ah Cristiano, que no hay paga, si no es solo en mis deseos para finezas tan altas! Resuélto estás? Quién lo duda? dadme un caballo, y hazañas en la escaramuza ganen las dichas que espera el alma, no las quiero hasta volver de vencedor a tus plantas. De esa suerte, sí, me obligas Rayo seré por tu causa, que a las luces de tus ojos son fuego mis esperanzas. . Tú verás en su valor que merece cuanto alcanza. . Y yo en ir solo a morir, Celinda, tengo cifrada mi dicha. Que mal conoces mi corazón. Solo acaba de conocer mi tormento, que te pierdo, y que te gana el de Fez, porque es dichoso, y porque tú le afianzas en el vencimiento el premio de tu amor, para mi rabia. Engañado dueño mío, en que salga a la campaña cifro mi vida en su muerte, y provoco su arrogancia, porque se empeñe; y le maten. Luego no estas olvidada de mi amor? Cómo es posible, si mi vida te idolatra? Luego aún tengo que esperar? A pesar de quien me agravia. Serás mía? Amor lo sabe. . Soy tuyo? Si no me engañas. Yo soy firme. Yo te adoro. y en mí no ha de haber mudanza . Allá me llevas el alma. Y Hajén? Que muera deseo. Muera, y cesarán mis ansias. El alma te dejo; aDios.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Dé Vuestra Majestad en su desvelo menos autoridades al recelo, porque Andres de Jaraba (que lo abona su nombre, timbre, honor de mi Corona) es hijo del valor, y asegurando, que Albaro de Chirinos, y Fernando de Cañizares, hombres prodigiosos en hazañas, valientes, y animosos, fuertes, constantes, diestros, son (siendo vos el Sol) dos rayos vuestros: no hay que dudar, que alcancen por más gloria de los tres Africanos la victoria. De ese cuidado (claro está) no niego que está pendiente mi desasosiego; pero como el valor incontrastable, del honor prenda amable, ya errante, ya importuna, tiene por enemigo a la fortuna, pude temer sus varios accidentes, Los temores aquí son temerarios, señor, y yerro la desconfianza adonde es todo el cielo la esperanza. Es verdad, no lo dudo, que aunque dije fortuna a este cuidado que me aflije, solo de la divina Providencia tienen todas las cosas dependencia; más reservole Dios juridicciones a la naturaleza, permisiones de su concepto grave, y en este natural término cabe el suceso, el acaso, el accidente, y a este dejar obrar naturalmente, con esta permisión siempre oportuna, todos le damos nombre de fortuna. Los Africanos Moros son osados, son valerosos, luego más cuidados en el temor del accidente impresos se pueden sujetar a los sucesos? Que puede suceder, fuera negarlo locura grande; mas desconfiarlo fuera mayor. Pues si es la confianza fe, en la que tengo cierta mi esperanza: esta es la hora que los tres guerreros Católicos esgrimen los aceros con tres triunfos del Orbe admiraciones, haciendo las victorias posesiones. Alvaro, Andrés, Fernando agora están venciendo, están triunfando, y dando a España honores, postrados a tus pies, y vencedores los has de ver, desmiéntase el recelo, que este es negocio, gran señor, del cielo. Tu Majestad me escuche un sentimiento. Callad. Gusto de hablar, y este es mi intento, porque estoy muerto de hambre (eso que es nada!) y aquesto de meter mi cucharada alude algo a comer, y me divierte; porque, señor, en esta guerra fuerte hay pleitos, escrituras, testamentos, cédulas, suplimientos, memoriales, despachos, peticiones, y solamente faltan provisiones; pero a mi sentimiento vuelvo, y digo, que Cañizares mi señor, y amigo, y Jarava, y Chirinos al presente están haciendo campo heroicamente contres perrazos Africanos, tanto, que esta vez vencedores con espanto, los tres del triunfo ciertos, han de dar a sus damas perros muertos. Digo, pues, que yo quien sé (siempre osados) mis ardimientos, que los desafiados Morillos fuesen cuatro, y que a mí uno mecupiese, No os cabe a vos ninguno. Si cabe vive Dios, y Usia advierta, que cabrá más en mí, que en una espuerta, porque estos días que el acero mancho, como he vencido mucho, estoy muy ancho. Yo estimo esos alientos, y deseos. Mejor es pagar obras, y deseos, y dejar que los hombres de mis prendas se empleen en hazañas, y contiendas. Dije me sacasen un Morillo, con quien yo combatiese, y con oíllo, y saber mi valor, no le han sacado. Qué Moro han de sacarte? El más osado, el más osco, el más fiero, o alomenos un Moro cocinero, que saliera con pies escurridizos, armado de salchichas, y chorizos. Y siendo así, comiéndole a bocados, hiciera de una via dos mandados, o un Moro tuerto, a quien hacerjígote, que desde que leí en Don Quijote, aquel Manchego Horlando, por deshacer un tuerto estoy rabiando, o un villano. . Tullido, y fuera hazaña hacer con él campaña. Cuando no fuera hazaña, alo menos siento que fuera lucimiento el vencerle atrevido, porque siendo tullido pudiera a troche moche quitarle dos muletas para un coche, o un Moro corcobado, pero fuego. Porque no? Porque no, señor Don Diego, tiene mucha ventaja un corcobado, que aunque es uno no más, riñe doblado. Pero que clarín sonoro del aire es lengua? Felice suceso el alma me dice. Ni lo dudo, ni lo ignoro. Que duda, o que fingimiento turbará lo que se ve? cuando en tres caballos, que traen arrastrando el viento, ya se divisan los tres llenos de triunfos, y honor, que por líneas de valor, buscan por centro tus pies? Señor, señales son ciertas de la victoria; ellos son. Quisiera mi corazón abrir del alma las puertas para recibillos. . Ya los tres pierden los estribos del gusto de llegar vivos a vuestras plantas quizá. Ya dan libres del empeño la rienda al arzón, y astuto da un relincho cada bruto, porque le deja su dueño. Viva el grande Alfonso, y viva quien vence, que es el valor. , s, . Vuestra Majestad, señor, vencedores nos reciba, que aunque excede al interés de las obras el deseo, el más heroico trofeo es llegar a vuestros pies. Alzad a mis brazos. . Cobra realces aquí mi honor. Aquí os iguala el valor tanto, que la sangre os sobra. En fe del valor constante de mi Rey, pude vencer todo el bárbaro poder de un Africano arrogante. La victoria es conocida en mí, aunque calle el valor, que a volver sin el honor, no volviera con la vida. En la noble autoridad vuestra esa verdad supongo; pero a escucharme dispongo de que suerte fue. . Escuchao De impulsos al fin Divinos. La Alarbe soberbia estaba. Déjalo, Andrés de Jaraba. Hable Albaro de Chirinos. Yo lo diré, que el blasón vuestro conozco, y aclamo. Dilo. A los Moros mi amo los envía en relación. Hajen. Príncipe de Fez, que en el cristal de sus obras claras se mira su fama a todas luces heroica, me cupo en suerte, y mi suerte fue la mejor, quien lo ignora? Acompañáronle Alique, y Celín, valiente honra de toda el África, o rayos encendidos a la sombra de su Príncipe, que adustos, hasta en las robustas formas parece que al darles alma naturalez a oficiosa, en la fragua de su clima los quema cuando los forja. Eligieron por campaña, de lucar la margen roja; vionos tres atres el río; y al vernos, sus crespas ondas, en señal de que temía, fueron temblores las olas. Vímonos los seis, y el vernos no fue acción dificultosa, porque eran las armas nuestras espejos unas de otras. Vímonos, y cada cual viendo a su contrario, torna a verse a sí mismo, como quien dice con duda honrosa, mucho contrario es veamos si compito a quien me toca. Empezó el cómbate, y yo llevándome el alma toda el suceso de mis dos compañeros, a mi costa tal vez me hurtaba al cuidado. Y esto fue acción ventajosa en mi favor, pues la duda que los impulsos me estorba, al ver su esfuerzo valiente, fue envidia en mi generosa. Albaro, y Andrés peleaban como prodigios, deforma, que a faltar valor en mí para conseguirla gloria, venciera con los ardores que me infundian sus obras. Con esta satisfacción mi atención entregue a sola mi empresa, que te la pinte, gran señor, permite ahora. Gobernaba Hajen un bruto, hijo feroz de las sombras, un botrón hecho en el aire, con toda la abrasadora Región del fuego por alma, que le mueve, y le alborota, un pedazo de la noche, tan negra, y tan espantosa, que se tosto a los alientos del Besubio de su boca. Yo que vi que contra mí la armada feliz se engolfa, echando velas de asombros, fuego en todo, y viento en popa; enristre la lanza, y fue encuentro de tan dichosa suerte, que para volverme respuesta el de África, rota su adarga, pecho, y espalda, hablaron por una boca. No cayo el Moro, que en fuerzas créditos de mármol goza. mal vivo sacó el alfanje, mas cuando mi acero a ondas una tormenta de golpes iba a llover procelosa, como conociendo el bruto, que ya el dueño suyo ignora las leyes de la defensa enrizando crín, y cola, y encargando todo el peso de su máquina a dos rocas, en defensa de su dueño, contra mi cuchilla heroica puso por muralla el pecho, barbaridad misteriosa; y que habiendo brutos leales, haya intenciones traidoras? Ejecuté en él dos golpes, que hizo golfos de amapolas; albórotole la ofensa, que hasta los brutos la lloran, y relinchando centellas, como feroz se congoja, cuando no de las heridas de su furia abrasadora, mordiendo los alacranes, sangre saca, y hierro brota. Y a pocas de sobediencias. de la rienda, al río se arroja con el Príncipe, y envuelto en polvoredas de aljófar, hoguera bruta fue entonces, pues como cuando se ahoga alguna brasa encendida, hierbe el agua, y ella sorda brota humo, rechinó todo el río, y por la boca el bruto sudando alientos, todo el sitio en que se engolfa le empañó las raridades a respiraciones solas. Esperele, mas del bruto no fue diligencia ociosa arrojarse al golfo, puesto que le hizo pira espumosa de Haien cadaber, de quien fueron mortaja las ondas Volví, y hallando en miados compañeros dos victorias, por ahorral me duraones, con almas afctuosas le dimos a Dios las gracias, ya vos gmu suñor, las glorias. ̱. El tritinfo que yo gané, diva la campaña propia, pues regadas con su sangre Moriscas plumas, y tocas, jaco, turbante, brázales, pero, grebas, y manoplas; como lo sembré, ha crecido mas el árbol de mi honra. También dirá el triunfo mío, pues a la impresión gloriosa de mis hazañas altivas tuvo la campaña hojas. Gozar debe eternidades tal hazaña en la memoria del tiempo. Señales ciertas son estas de mi victoria, invencibles Caballeros; y pues el de Cuenca osa a intentar desesperado salir a poner en sola una batalla campal todo su honor; y su gloria, salga ya de Cuenca, salga, si la muerte no lo estorba de Hajen, salga a la batalla, y mi campo se disponga, que fiado en una Princesa lo de aquesos cielos Señora, ni la soberbia me asusta, ni el peligro me congoja. Y por si acaso no fuere mi suerte tan venturosa, y dispaldre el suceso, que se dilnto per ahora este celcos de Toledo hobles voluntades prompras tengo para el feudo, que se me ha de ofrecer de toda la Nobleza, en quien Don Diego superioridades goza; para que se me conceda; pero aquí doblo la hoja hasta su tiempovenid. Mi vida a tus pies se posira. Sois mi vasallo, y mi deudo. Muerto el Africano, toca al arma, que agora el susto de su falta los ahoga. Toca al arma. Alfonso viva. np Muera esta conalla Mora. Todo es tocar arma, y yo no toco un cuarto. Si logra mi deseo el cielo, Cuenca de mi escudo ha de ser orla. Murió Hajen, murió el valor, ya es evidente el récelo de la desdicha mayor: ha pese al fiero rigor de la fortuna, y del cielo! Señor. ya el dolor es ley. Ya presumo en mí, Muley, sin el que difunto alabo, jurisdicciones de esclavo, no Majestades de Rey. La constancia, gran señor, hoy es cuando ha de lucir a la vista de este horror. Qué constancia ha de suplir tan grande falta? El valor. Murió el Africano, pero como valiente guerrero, dando en sus nobles acciones a su patria más blasones, que Rodamonte, y Rujero. De honrosa envidia su muerte sirve, no de cobardía, a los que admiran su suerte; y la envidia honrada cría en todos fervor más fuerte. Y a cualquiera en el dechado. de Hajen su valor inflama, para envestir alentado, y alegres han protestado morir adquiriendo fama. Tú, perdiendo la esperanza, que tu sentimiento alcanza, con afecto, y sin razón, les llenas el corazón de horror, y desconfianza. Luego es error homicida, y falsedad conocida de la inconstancia más fuerte, que animándolos su muerte, los desaliente tu vida. Embraza el arnés brillante. Que horror del Cristiano es, y sala un tiempo triunfante del Castellano arrogante, del soberbio Aragones, quede su orgullo deshecho, que en mi solamente (hecho blanco de su presunción) tienes dos Moros, que son esta espada, y este pecho. Dice muy bien, no profanes tu antigno honor repetido con recelosos afanes, que nada tiene perdido quien tiene estos Capitanes. No digáis más, que ya siento (vuelto en furor mi tormento) lo que vuestra voz intenta; y me servirá de afrenta lo que me sirvió de aliento. Ya soy otro, con que pruebo, que vuestro afecto (a quien debo los impulsos que me da) se parece al grande Alá, pues me pudo hacer de nuevo. Quién teme al Cristiano? quién? quien con Hayén no compite? antes en cuantos la ven, mayor furia resucite la honrosa muerte de Hajen. Capitanes míos, ea, a campaña detérmino salir hoy de Cuenca; vea Alfonso su desatino, Jucar su sepulcro sea, a un trance solo apercibo todo mi poder altivo, que es de mi fama el tesoro, no quede en la Ciudad Moro; ni quede Cristiano vivo. Todos salgamos, y sepan sus Reyes, que no es bastante la muerte del Africano, para que tu honor desmaye, y sepan que estoy yo vivo. Yo soy quien teme que faltes. . Dispongamos la salida, y respondanos el lance: mas que es esto? . Al arma tocan en los Cristianos Reales, sin duda por la victoria, de sus tres Cristianos hacen esta seña, para darnos temor: al sin Cañizares . me quitó el mayor estorbo, me dio la dicha más grande; pues sepan que no hay temor, en nuestros pechos, y pague nuestro aliento con lo mismo, y desmiéntase el ultraje. Yo voy a juntar mi gente. Viva Aljafa. Y que le aclamen Rey del mundo; mas Celinda me espera. . Fuese mi padre? si Muley. . Celinda. Apenas, mi bien, razón sabré darte de lo que intento . Ni yo, pues no sé si por lo amante de la muerte del de Fez el parabién debodarme. porque le heredo las dichas de merecerte, y gozarte: o darte el pésame debo; de que en su vida te falte la defensa de tu Reino. Pésame de que fundases en su muerte lo que debo a tus afectos constantes. Muerto el Príncipe, aventuro con mi Reino (ya lo sabes) mi vida, y la tuya; luego, si aquí de su muerte nace, que las glorias se malogren de nuestras dos voluntades, podemos llorarla, como la desdicha más notable, y vivo Hajen. . No prosigas, que causándote pesares la muerte de Hajén, procuras que vivos celos me abrasen: y si dudas de mi esfuerzo, yo haré que te desengañes. Corona, pues, de hermosura esas murallas Reales de tu Ciudad, me verás contra el Cristiano arrogante con más triunfos a mis pies, que dudas mi amor combaten. Espera, señor, detente: no es duda, recelo es grande del peligro de tu vida. Si me quieres, no me agrauies, a hazañas se ha de adquirir el mérito a las beldades; y ya, Celinda, es forzoso que la campaña me halle el primero. . Toda el alma me llevas. . Fuera bastante para vencer a ser cierto. O Tu empeño temo. Esto es antes que mi vida. . Muerta quedo. Sin ti voy. . Es engañarte, que voy contigo. En mi pecho. . Es mi centro. Ala te guarde. Esperaré como firme. Yo pelearé como amante. Esta es prevención forzosa. Sentaronse sin andar en cortesías; ahorrar en todo tiempo es gran cosa. Agora sabréis de mí el deseo, y el cuidado para lo que os he llamado. La guerra está mala, y para curar sus afanes mi curiosidad barrunta que hace el Rey aquesta Junta de Dotores Capitanes. Ilustres vasallos míos, nacidos para soldados, ponderación del valor, Españoles, Castellanos, a ganar a Cuenca vine, y el sitio os informa es llano, que cifro en esta demanda todo mi honor empeñado. Yo no he de alzar este cerco hasta el último fracaso, que vencido me le usurpe, o vencedor me dé el lauro. Yo he de proseguirle hasta entrar en Cuenca triunfando, o perder la vida agora; atended a lo que os llamo. Hoy en el último lance, al parecer, nos hallamos. de este empeño, pues el Rey de Cuenca desesperado, y rabioso por la muerte de aquel famoso Africano, Príncipe de Fez, que yace al esfuerzo de Fernando de Cañizares, honor de su sangre, y de mi Estado. Digo, pues, que el Moro ardiendo en despechos, y en agravios, hoy a campaña salir quiere por mayor estrago, y ya se juzga triunfante de mi ejército bizarro. Yo que lo espero advertido, digo, que aunque nos hallamos con todo el cielo propicio; puede su divino brazo, no lidiando por nosotros, dar fuerzas al del contrario. No venciendo, ya es forzoso el suponer dilatado este cerco; y así atento a los empeños, y gastos de esta dilación, pedido tengo un feudo tributario a los Nobles de Castilla, que es en suma en cada un año cinco escudos cada Noble, y ellos en aqueste caso se han remitido a Don Diego Lopez de Lara, y ya el plazo forzoso llego; en que yo, Don Diego, he de confesaros luta el vasallo más leal, y el deudo más obligado, delante de Alfonso, heroico Rey de Aragón, a quien hago testigo de los precisos im aprietos en que me hallo, os pido me concedáis este tributo, forzado de tan Católico empeño, porque se os deba el aplauso de haber dado a vuestro Rey el triunfo más deseado. Señor, lo que proponéis, tiene inconvenientes tantos, que no dudo la respuesta, y en el modo me embarazo; pero si es fuerza decirlo, atendedme un poco: En cuanto a los aprietos, confieso, señor, que son grandes, claro indicio de vuestro esfuerzo, pues padeciendo, y callando, constante se iguala en ellos al más humilde soldado. En cuanto a mi lealtad, sé, que la estaréis confesando. eternamente, pues hoy, como en los siglos pasados, una misma en la constancia del tiempo sigo los pasos. Digo, invicto dueño mío, que en esto detributaros la Nobleza de Castilla, la hacéis tan notable agravio, cuanto en vuestro heroico pecho viene a ser celo Cristiano. Y antes de alegar razones debidas, para excusarlo, digo, señor, que os le niego, y quedo vuestro vasallo. Que razón hay para que haya riesgo, que os parezna tanto, que os obligue a hacer iguales los Nobles, y los villanos? Ni hacéis el agravio solo a los Nobles (escuchadlo) también le hacéis al plebeyo, y es su fundamento claro. La Nobleza tuvo origen del valor; pues igualando las dos esferas, quitáis la acción que tiene en su estado el que no es hidalgo, para aspirar a mayor grado. Luego esta es también ofensa, porque les quitáis a entrambos, a este lo que ganará, y al Noble lo que ha ganado. También quitáis el asunto al valor, que es caso llano, que no habiendo emulación, es ocio el ejércitarlo. Y aún quitáis el valor mismo, si, que yo me persuado, que ha de haber ocasión para haber valor, y quitando la ocasión, que es la materia del valor, es excusado, y aún es imposible haberlo sin materia en que fundarlo. Don Diego Lopez de Lara os niega el feudo, y Fernando de Canizares también, y quien leal, y bizarro los cinco escudos os niega, que aplicáis para tan santo empeño, os dará la vida, Toca al arma, y si los gastos de presumir dilaciones en este cerco, os han dado Do ooT motivo a solicitar ese tributo, yo os hago ié juramento de pelear hoy solo en una hora tanto como todo el tiempo junto en que podierais gastarlo. Con cuya resolución os sirvo en dos agalsajos, pues el tributo os ahorro, y os anticipo el aplauso. Las vidas os ofrecemos todos, siel fendo os negamos. Toca al arma, porque es, invicto Alfonso, excusado, mientras que gastar hinviere vidas, aceros, y brazos. Cierra. Españar? . Todos hacó como heroicos Castellanos: su opinión sigo, señor, de su valor obligado; mandad envestir agora, que aquel ardorfomentado de vuestro valor en ellos, será cada impulso un rayo. Y agora, señor, es tiempo, porque ya Aljafa ha sacado tantas bárbaras escuadras de Cuenca, que todo el campo es ya marcial árboleda de turbantes; y penachos. ̱. Oíd el Morisco estruendo. Conozco, ilustres vasallos míos, vuestro honroso afecto, y mi celo, y asi darnos por buenos; es aquí el modo mejor, para que cuando bien todos me confeseis, que fue honesto mi cuidado, y yo os confieso más fino, en la inobediencia: vamos, perdamos todos las vidas. Antes vencedor te aclamo. Cierra España. Oíd primero: Si la victoria alcanzamos, si entramos en Cuenca, amigos, vencedores, os declaro mi intento, y es, que ha de ser la primera acción que hagamos, colocar en su Mezquita, que entonces será sagrario, esa Imagen de María, que siempre conmigo traigo, en quien pongo la esperanza, con firme celo Cristiano, del suceso de este día. Todos en ella confiamos, y seguiremos tu afecto. Pues toca a envestir. Santiago Viva Alfonso. Aljafa muera, y lleve el perro en los cascos. , . (do) Ya es tiempo (en furias me encien Muley, de que tu valor adquiera el triunfo mayor, que de la dicha pretendo Verás, pues te satisfago, cuando General me nombro en cada amago un asombro, en cada golpe un estrago. Tu patria triunfante vea del grave empeño en que estás. Ser prodigio me verás. Ya se empieza la pelea. Ya la vltoria me llama. Tuya ha de ser. ̱. En mi estriba. Viva yo, y Mahoma viva. Viva Celinda, y mi fama. ; s Mahoma, y Aljafa vivan Valerosos Castellanos. Osados Aragoneses. Yo os aliento. Yo os áclamo. Acordaos de vuestros hechos. Por la Fesanta pelcamos. Viva Alfonso el de Castilla. Viva el de Aragón. Santiago. ala Pocos sois, porque es mi escudo la Fe de Cristo que ensalzo. Déjate, Cristiano asombro, prender, serás el más alto despojo para mi Rey. Muriendo más honra aguardo Pues muere. Pedidme eso. . El valeroso Fernando de Cañizares es este, que de mis Moros cercado se ve en el último riesgo: aquí he de pagarle algo de lo que le debo. inzo Quién, quién eres, di, que me has dado la vida? Yo soy. Muley? Claro está que no te pago un rasgo de las finezas que te debo; y pues espacio no nos permite la guerra en que se arden los dos campos, según pelea, parece vuelve a hacer lo que te toca en defensa, y en amparo de tu Rey, y de tu fama, que yo a lo mismo me aparto: Después de darme la vida me solicitas contrario? Sí, que tú mismo valor, tu Fe, tu lealdad, tus lauros, tus atenciones, tus obras, tu opinión, me han enseñado a ser leal, a ser valiente, a ser fino, y ser bizarro. Entonces darte la vida me fue forzoso; obligado a ser quien soy, como agora advertirte que volvamos a ser los dos enemigos, que es obligación de entranbos. . en Cuenca, y al Rey le ofrecen Lindo Moro vive Dios! que envidioso me ha dejado; mas la batalla se cierra; perros, allá va mi brazo. Arma, cierra España; hoy la hace voy, corro, vuelo, entro en Cuenca, cerrada España, Santiago; hagan venir de Galicia cien mil Gallegos, y aún hartos esportilleros no habrá para cargar con el saco. Viva Alfonso, y gane a Cuenca, aunque hoy al entrar triunfando se nos haga cuesta arriba, que luego habrá cuesta abajo. Que atrevido el viejo Alfonso vaya venciendo al contrario! y con su bastón, si no es matador, es Rey de bastos, sobre un caballo de oros, y es que el animal es vayo. Pues Alfonso el de Aragón, vive Dios, que aunque muchacho, que ha que vencedos mil años. Pues Chirinos, y Jaraba dando chirlos, y embrazando, se guardan con sus escudos, como otros con sus ducados. Pues Fernando Cañizares, por otro nombre mi amo, es un Santo juro a Cristo, porque está haciendo milagros. Ya los llevan de vencida, pues huyendo, y destrozados, es de los Moros el río ya sepulcro de alabastro. Vitoria por los Alfonsos. Esto es hecho, agora rabio por entrar en la batalla: cuando todos van entrando las llaves, ya franquearon las puertas, ya todos somos Capitanes reformados, ya no hay pariente pobre; más tonto de mí (qué aguardo?) ando las calles, y que hago? busco un bodegón, hallele, entro, siéntome, y sentado, pido un torrezno, una lengua, dos morcillas, tres mil tragos, y otras dos mil chucherias; como, ártome, y no pago, q sálgome; pero que digo, cuando los Reyes gallardos, y todos los vencedores con las voces debizarros consagran la gran Mezquita, y en ella están colocando a María, Madre, y Virgen, concebida sin pecado? herelos aquí. , . . Entre las oscuras sombras , , N; ode un erron imaginario , ebr del último desengaño. ue enns. Mil siglos, Conquistadores bizarros, vivan los Alfonsos. Vivan Viva María, soldados. Viva María. A pesar del infierno, y del Pagano. Famoso día! El principio de las glorias que gozamos fue María, que desde hoy es vocación del Sagrario, ella triunfo, y le debemos las gracias. Todos postrados se las demos, Salve llena de gracia, único amparo del hombre, a vos solamente se os debe todo el aplauso. Yo a vuestros pies, gran señor, . Viva María. pues quedó muerto en el campo mi padre el Rey, justamente esclava vuestra os consagro cobor mis fortunas. ael nos Vuestra Alteza tinoo merece lugar más alto. Y bien puedo merocerle, paes guiada do un extraño impulso, c quien en mí haalgún tiempo que combato, vi las verdaderas luces Confieso que esa Mujer que colocáis, es traslado deluna que tengó en la idea, y la venero; y aclamo por divina, y quiero ser piedra de sus pies sagrados; vuestra ley quiero seguir. Y yo también, que en los raros sucesos vuestros, diversas veces he considerado que es vuestra ley verdadera. Ya quien no llega a envidiaros agora si que es victoria la mía; el Bautismo santo se les dé a Alfonso, y María, nombres que habéis alcanzado eternos, y yo el Padrino seré de esta dicha. Iid el arm Vamos. Y sealo vuestra Alteza de sus bodas dulce lazo, en que vivirá seguro un amor de muchos años, ingod Feliz seré. imvioso Yo dichosa, y aunque hasta agora contrarios, digamos con los demás. Y con tanto dé fin el Cerco de Cuenca, que dos Alfonsos ganaron, y primer dedicación de la Vingen del Sagrario.
