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Texto digital de El conde Dirlos

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Atribución tradicional
Álvaro Cubillo de Aragón
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Álvaro Cubillo de Aragón Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El conde Dirlos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/conde-dirlos-el.

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EL CONDE DIRLOS

JORNADA PRIMERA

e Hoy goza la Francesa Monarquía el más felice día, pues tiene a Vuestra Alteza en Paris aumentando su grandeza, después de tantas guerras, y pasiones, que en dilatados campos, y escuadrones con su padre Agramante hemos tenido, ya el odio a paz perpetua reducido, Para mí que la paz, y el pacto hice, es gran señor, el día más felice. Ya se vieron primero por él valiente acero, (res; de Rodamonte, y de tus nobles Pa esos campos, que miras, y esos mares de esmeraldas, y pálidos jacintos, parpúreas el toja sangre tintos, Ya con prolija guerra, ardió el ai te veloz, tembió la tierra, y hoy trocada la fuerte cesó el rigor, y vive en paz la muerte, porque yo aficiona al espíritu heroico, y levantado de la Francesa gente, deje el Caray, y atravesé el Oriente, fiado en mi valor, y en tu nobleza, solo a ver de tu Corte la grandeza: Adonde ya de tus augustas manos mércedes, y favores soberanos (go por huésped, por extraño, y por amí dichoso alcanzo, y vencedor consigo; que tiene la amistad más consistencia cuando se originó de una pendencia, y más si bien reñida, nunca falto a la obligación la vida, De un Rosdán sin segundo, que espada conoció mayor el mudo? De un gallardo Rugero, quien resistió los golpes, ni el acero? confiésele gallardo en el campo vencido Mandricardo, pues del valiente brazo, dao Conde Dirlos, lustre, y embara (zo de la sonora trompa, quien habrá que las glorias interrom (pa? de un Infante Celinos, don Beltrán, Oliveros, Montesinos quie el orgullo ignora, y la braveza igual en todo a la mayor nobleza, dignos sujetos de inmortal decoro. G. De mi valor no a hecho caso el Mo- (ro; se aquerde de la casa de Maganza. Ya Galdión murmura, porque del no se acuerda en la pintura, y haz mal, que pudiera dar al pincel una traición siquisiera, habiendo el hecho tantas, tan crueles, que me ecornuries, y pinceles(dos Tedos, Príncipe muicto, yo por to reconocemos por diversos modos la merced que a los Pares habéis hecho, digna accio del valor de vuestro pecho. Conde, soy vuestro amigo ve dade. y así público lo que os amo, y quiero (ro Ya verá vuestra Alteza en este día de Francia la hermosura, y bizarría. Las damas, y la Iusanta al sarao se aperciben. . Honra tan. (ta quién merecer la pudo? Oh imor, si como ciego fueras mudo para mirar sin lengua la belleza, . que en Márfina cifró naturaleza. Oh quién lince pudiera . ver de Mársira el sol en cuya esfera deslumbrados los ojos, ignoro glorias, y padezco enojos! Ay Mársira del alma! . Ay mi Marfira Llora el Infante, y mi señor suspira. La última es la Infanta. (. Quié Conde, dudará en belleza tanta? e ( preside como el sol a las Estrellas, Un cielo hermoso es la sala. Será el farao extremado. Notable hermosura, y gala. Qué pena a mi pena iguala? . Qué amor llega a mi cuidado? . Quién vio aplauso semijante? Vi en el Conde mi alegría, Vi mi agravio en el Infante. Ay dulce Marfina mía! C. Ay Marfinal . Anffalso amante! Licencia para enn pezar, piden los Pares. . Mejor, Flordelis la puede dar. Hoy pienso deci mi amor Vos Conde habéis de danzar. Yo obedezco . Gran fave Y solo a devoción mía, aqueste ramo ha de ser, del que en galante porfía pudiere a todos vencer. Dichoso premio. . G Yo, señor, pues todo ale nombre de fiesta seré, censo del que baila, y danz y un vejamen le daré, a la más sina mudanza. Vuestra Majestad, señor, por huésped, por forastero, ya que no por mi valor, me haga tan grande favor, que empiece el sarao primero. Ese lugar se debió a quien tanta sangre alcanza; salid. . Mudanza, eso no: que no debe hacer mudanza quien tal galán mereció. Alrosamente ha danzado: Enamorado está el mozo. Muevo a la Infanta ha mirado, Quiera Dios que este Medoro no corte la flor del prado, El lugar me toca ahora. Todos tenemos lugar. Quién lo duda? . Quién lo ignora? Si a mí me toca el mandar, Celmos dance, y Leonor. Poco tenéis de galante. Siempre Leonor me enpasa. Nunca yo os cúlpara Infente, si compao danzáis, fuerades tan sino amante. Oh que de sigual pareja, con mudanzas diferentes, mal compás, él son se queja, del uno a regaña dientes, del otro a reniega oreja! Danzad Conde. . Habrá de ser con Marfina. . Quién lo ignora? Eso es echarlo a perder, que no acierta el que enamora, cuando más lo ha menester. Pues a vos que más airoso, galante, cuerdo, advertido, danzáis, el premio es forzoso. Hoy avuestros pies rendido confesaré ser dichoso. . Qué agravio! qué sinrazón! . Yo estoy muriendo de celos, que haré tío Galalón? Mátale, busca ocasión sin mirar leyes, ni duelos. Mejor será. . Qué? . Fingir, que aquel ramillete es mío, y llegársele a pedir, reduciendo a desafío la duda del competir. Reducir a espada, y lanza la porfía de tu amor, no es de la opinión Maganza: pues te dará más valor, mas no tan cierta venganza. Si este ramo me convida, señora, a gloria mayor, quien puede haber que me impida una vida en cada flor, y en cada hoja una vida. Calle el cesario laurel, que an gusta frente inquieta, pues mejor hallaré en él la cásaca en la viosenta la púrpura en el clavel. Y en el todo junto un rayo desatado de la esfera, a mis contrarios desmayo, prisión de la Primavera, y mayorazgo del Mayo. Mucha gloria te promete este florido banquete, y pudiera ser ansí cuando no tuviera en mí digno dueño el ramillete: yo a Márfina se le di, y prenda que mía ha sido no pudo dártela a ti. Qué dices? . Que no has tenido razón de ofenderme ansí Válgame el cielo! . A traidor, cómo ese engaño has pensado! Cielos templad mi dolor, pues en sospecha ha parado si no en ofensa el favor! Las hojas de esos claveles testigos fueron fieles de mi verdadero amor, hojas donde mi dolor gravaron mudos sinceles. Hojas donde retratado entre amorosas congojas, la di a entender mi cuidado. Vive el Cielo, que ha empezado el embuste por las hojas como si rabano fuera! Tiene el Infante razón. Eso yo me lo dijera, que el señor don Galaleón testigo de vista era. Cuando el ramo fuera tuyo, en dármele ahora a mí tan grande favor arguyo, que no queda para ti aún el nombre de ser suyo. Ya de tú n ano pasó, la mía le recibio; y puesto que le recibe, en mi mano el favor vive, que ya en la tuya murió. Aún no está determinado, cual sea mayor favor, en la prenda que se ha dado, recibirla de mi amor, o Jársela a tu cuidado. Porque si en obligación queda el que recibe acción tengo al favor soberano, pues recibió de mi mano, y debe satisfación. Falso arguvas, necio vas; que aunque a Mársina en el don, sin causa obligando estás: ya pagó su obligación con recebirlo no más. Porque es paga suficiente, humanarse a recibir, quien con rayo más ardiente pudiera al lol presidir en las puertas de su Oriente. Y así aunque tu industria diga que el don a Mársina obliga, si no que me obliga a mí, con lo que a ti desobliga. Yo confieso indignidad, tú te alabas en venganza del desdenssi esto es verdad destrúyate tu alabanza, y válgame mi humildad. Tanto el Conde ha satislecho, que a haber de juzgarlo yo, piedad hallara en mi pecho; porque aquel que se alabó pierde a la gracia el derecho, Mucho hay que pensar aquí, que amor en primer lugar, deve amtarse. . Es ansi. Pues a muen de mos deda crédito en el caso? . A mí, porque no hay nadie que alcance de mi Fecho, y de mi amor tanto como yo, señor Excusar tengo este lance. . Remítase a un desafío, y el que en singular pelea, saliere vencedor, sea dileño del premio que es mío. Yo lo areto. . Y yo lo apruebo, Seré padrino del Conde. Al Jnfante corresponde la obligación que le debo. Yo le apadrino, y yo basto. Mis sobrinos son los dos, y a sí Galalón en vos tendré padrino. . Y padrasto, Qué bien don Beltran advierte, discreto ha andado, y galán, como está ausente Roldán, anda todo de esta suerte. Don Beltran, qué decís vos? Que puesto que en Francia es fue? darle campo al caballero, (to que lo pide; entre los dos le difiera, y nadie diga, que amor de Márfina espere: mas al que el valor la diere San Dionis se la bendiga. Bien ha dicho . No habrá quien diga en ocasión igual, que don Bestran dice mal Digo que no dice bien. Porque ofensas merecí, Señor, que en tu pensamiento se concierte casamiento tan sin mi gusto, y sin mí? esto esperaba de ti? Es bien que entrance tan fuerte que meamiento tenga, por instrimento na mierte? Es bien, señor soberano, que mi esposa por despojos, ronco sí; y sangrienta mano? Esto merezco, esto gano en tu sagrado laurel? Pues advierta él más cruel, que antes que apruebe tal mengua, daré a una escarpia la lengua, y la garganta a un cordel. Si el fuero siguiendo vas, mi gusto es tan poderoso, que tiene de ser mi esposo quien yo quisiere no más; no me ha de vencer jamás pensamiento tan injusto: con la ley de Dios me ajusto; libre soy, libre he de ser, que el casarse no ha de ser, por fuerza, sino por gusto. Sabia, discreta, y constante diste a mis dudas reposo, elige a tu gusto esposo. Si el dar el si es un instante, y el casarse un siglo es; también pido que me des licencia, para pensar, a quien la mano he de dar, para no llorar después. Pase la fiesta adelante, ya que el Príncipe está aquí: que Marfina hará por mí digna elección de su amante. A vuestra Alteza no espante, la controverfia amorora, que todo es fiesta, y no hay cosa, que me pueda divertir, como un noble competir, una competencia honrosa. Quién hace grande la fiesta, y quien opulenta la hace, Maljesi por festejarte, una fieta te previene, con su mana por el aire. Pues quientes Maljesir. . Es hon Maljesí que puede, y sabe formar ejercitos muchos de caballos, y de infantes, hacer que el mar se embravezza; y caliginoso el aire, llenar de rayos la tierra, con sangrientos bracanes. En la parte donde asiste conoce, penetra, y sabe lo que aquí tratando estamos. Extraña ciencia! . Admirable! Y es hombre de valor? Es de mi casa, y mi sangre. Eso creo yo muy bien; quien estos embustes hace, Magances tiene de ser, porque el oficio le cuadre. Dejó por seguir las letras, villas, castillos, ciudades, de quien señor se llamaba, porque es tío del Infante. s. Pero qué es esto que miro? Rompiendo viene los aires parda nuve que en el viento sobre este jardín se esparce. Sobrino, este es Maljesí. A que buen tiempo me traen mis desesperados celos, porque estorbe tus pesares. A ti Carlos valeroso, Rey de Francia, y a tus Pares, cuya fama el mundo admira desde el Tigris al Eufrates, salud Haljesi te ofrece de la cueva dondeyace, alvergue común de sierpes, tumba de rayos, o jarpes, Y con ella, o Magno Augusto! te avisa, como Altarde Rey de los Persas previene su Baibodas, y Bajaes, para que con gruesas huestes en ofensa tuya marchen: no tan descuidado vivas ni el tesoro, y tiempo gastes en fiestas, y regocijos hiera la vaquera el parche. Tu caballeria se aliste, tremblen tus estandartes, despléguense tus banderas en cruzados taferaves s y el bronce animado, al viento victorias Francelas cante. Buen vasallo es Maljesí; bien deves señor, honrarle: Vuestra Alteza no se altere, que a Carlos no hay quien le espante, aunque Aliarde convo qué en bien concertadas haces mas hombres que arenas tienen los paramos Orientales. Mas porque ya no parezca, que con desprecios igua es de la defensa se trate; yo nombraré un General, que opuesto al Persa Aliarde con general escarmiento honre a Francia, al mundo espante. l. Quién ha de ser, si no yo, que en empresas semejantes tantas veces te he servido? Señor, después de vengarte, del Imperio de Levante. Pues de mis Estados solos te daré gente bastante: a mi me elige, señor. Sosegaos amigos, baste; en gran confusión estoy, pues son tan vanos mis pesares, que siento agraviarlos todos cuando a uno solo señale. Escritos sus nombre truje, para que en suerte se echasien, sacando al mantenedo: de las justas que ordenase. Don Beltrán, ya te he entendido, discretamente pensaste, de la suerte el General, no hay replicar: todos calien. Qué sientes? . Penas de muerte, porque soy tan desdichada, que la suerte barajada saldrá contra mi la suerte. Entre tantos tu temor es injusto. . Poco importa, si sé que mi dicha corta, vence al número mayor. Según soy de desdichado a mi amo ha de rocar la suerte; no hay que dudar, yo me doy por condenado. O siempre fortuna adversa en qué jamás te ofendí? que agravios me ha hecho a mí el ejército del Persa? Sempre confuso cobarde, con términos cortesanos, que hacen muy bien los Persianos; y que es un santo Aliarde. Saque Leonora la suerte. Aunque conozco al Infante será sacarle mi muerte. Usar quiero de una traza. . por ver ay de mí! por ver, si ya del Conde mujer mi asistencia le embaraza. Vuestra Majestad, señor, antes que la suerte vea, si mis aumentos desea, le dé licenci a mi amor, para que diga, y publique la resolución que encierra, y al estruendo de la guerra su dulce yugo no implique. Ya que saberse es forzoso: dices bien; sépase, pues, Marsina, el dichoso que es dos veces por ti dichoso. Cielos, con ahogos tales, y dudas de agravios llenas las esperanzas son penas, y los consuelos son males! Si a mí te se corresponde, . hoy del Conde he de triunfar. Puesto que has de señalar entre el Infante, y el Conde, cuyo valor, y nobleza reconoce Francia iguales, para que mejor señales los igualaré en riqueza. Señor de diez villas es, Celinos, sobre su Estado. Mucho, señor, me has honrado; pondré la envidia a tus pies. Y yo en tan confusa calma, . de temores, y recelos, pondré mi vida en los celos, y en sus tormentos el alma. Si yo en mi Reino estuviera Conde: hago al ciele testigo, que estimándoos por amigo el Reino con vos partiera. Mas ya que daros no puedo lo que yo quisiera daros, porque podéis igualaros con esperanza, y sin miedo. Yo os doy en fe de amistad, firme, segura, y constante, un cupido de un diamante, que es precio de una ciudad. Vuestra Alreza me enriquece, y a besar sus pies me obligo. Cieed que soy vuestro amigo, aún más de lo que parece. Ya que vuestra Majestad homar al infante quiso, por grandeza; o por aviso de su oculta voluntad. Avierta cuanto se ofende a sí mismo, en dumentar riquezas, para comprar la que es suya, y no le vende. Y vuestra Alfeza, señor, también mi valor afrenta, que no se ponen en venta las prendas de mi valor. Que entre el Conde, y el Infante no hacen conmigo argumento las diez villas de su aumento, ni el Cupido de diamante. Y así el Conde me perdone, y el Infante no se queje cuando esquiva al uno deje, cuando amarte al otro abone. Perdone el Conde, ay de mí! que el perdón supone ofensa. Quién tanto en mis quejas piensa ya juzga la ofensa en mí. qué confusión! . . qué desvelo! qué tormento! . . qué dolor! Socorre el cielo mi amor. Mi esperanza lo que el cielo. Pronuncia pues la sentencia. Mársina a mi amor respond Ahora prefiere al Conde. Contra mi ahora sentencia. Será el Infante tu esposo? Seralo señor. . Ay cielo Bulvió la vida al consuelo. Quién fuere menos dichose Quien entre flores esconde el fruto de su esperanza? qué ventura! . Qué mudanza! Celinos? . No sino el Conde: porque entre dos pretensiones con quien tantas dichas gano, quiero que sea mi mano el fruto de aquellas flores. Muerto soy. . Ya la fortuna digno me hace de tus plantas, pues desde ellas me levanta sobre el cerco de la Luna. De lo insimo a lo supremo, de la desdicha a la suerte, al vivir desde la muerte desde un extremo a otro extremo. De mármol trío he quedado, que desdichado que soy, y nunca tanto como hoy en las dichas desichado. Prosiguirare la nesa, ya que casamientos tales inducen fiestas reales. Euerte ocasión es aquesta, sobrino, y clara pasión con la casa de Maganza. Verá el mundo en mi venganza rayos, ira, y confusión. Oíd, qué música es esta? Si aquesto sabe Roldán Requiés sin duda serán del calamiento, y la fiesta. En el palacio de Francia compería el Conde Dirlos con el infaute Celinos. qué dulce voz! Cor nuestra historia, nos cantan hay dueño mío! Cómo yo este a vuestro lado ninguna fortuna envidio. Calado sin ser calado, llorara males prolos, siendo envidiado en sus dichas, y en su valor perse guido, Fantarma, sombra, o quién eres, de que inopinado abismo lamentablemente triste a darme muerte has salido? Ninguna mano se atreva a sacar de los escritos el nombre de General la suerte de aquel oficio. Qué dices voz misteriosa, escandaloso prodigio, sácale tú, don Beltrán, huyamos este peligro. Toma espantosa visión; toma viviente vestigio, tu mano saque la suerte: dale el bastón al más digno. Atended, valientes Pares, que atravesado en el fiío de su lanza vencedora, le sácara Marte mismo. Raro, y no visto suceso! La lanza Marte enarbola, en cuyo hierro trémola el nombre del Conde impreso. Para cumplirie mismales, porque no haya duda a lancadas la fortuna. nos quiete hacer Generales. Francia es notable Región; jamás tales cosas vi. Por aquí anda Maljesí, o no soy yo Galalón, Ah fortuna, bien limitas . en mi tu svor tirano, pues cuando con una mano leslas, con otra le quieas tin erusa de tu o, si en una suerte la vida, en otra astambro, y posar. Encentrando has el savor para mi mayor castigo; pues ya he de ser enemigó u del alma, u del honor; Y para mayor violencia de una enemiga venganza, en la punta de una lanza me traes fijada la ausencia, Ya Conde sois General, si el casaros no lo impide. El noble, señor, no mide con su autoridad su mal. Ya la suerte me ha tocado: y aunque Márfina mi esposa sea en el mundo, no hay cosa que me impida el ser honrado. Toma el bastón. . Sea palma de la merced que me has hecho. No hay hielo como mi pecho. No hay fuego como mi alma, lalanza, señor, que fue instrumento de mi suerte, mejor diré de mi muerte, armas, y bastón me de, pues para causar desmayo al Persa, haré en la ocasión de un trozo suyo, el bastón, y de su cuchilla un rayo. Yo, señor, con tu licencia al Conde he de acompañar: sepa el Persa que ha de hallar en mi valor resistencia. Y que de su religión se levanta en contra suya un braco que le destruya siguiendo el Flancés pendón. A vuestra A reza agradece el alma esa voluntad. Señor, oye con piedad a duda que se me ofrece, Di cuál es? . que no es decencia ni permitido ha de ser, puesto que el Condena de hacer tan tardos ands de ausencia, Que mi sobrina, señor, se quede en esta jornada viuda; y el día que casada sin dueño amparo, y favor, que aunque su honra advertido, fiarse en mi valor puede; no hay mujer, señor, que quede bien ausente su marido: pues yo con valiente pecho ocuparé en esta empresa una parte de su mesa, no la mitad de su lecho. Advierte, pues, mira bien la falta que hace un marido, Muerta soy! . Dichoso he sido! Fortuna el furor detén. Don Beltran, vuestros intentos alabo, porque el soldado no es bien que vaya preudado de amorosos pensamientos. Por ahora se suspenda el casamiento; y de Marte trémole el rojo estandarte. Hay otro mal que me ofenda? Hay más penas. . Hay más llanto Hay más suerte? . Hay más modos Vega todos. . Vengan todos Que ya de nada me espanto. Invicto Carlos famoso, Májimo César Augusto, cuya espada, y cuyo nombre venera el Sol, tiembla el mundo, Caballeros de la sangre, en quien la fortuna puso por clavo a su rueda instable de vuestros brozos el yugo, Oídme, y oigan los hombres el más piadoso discurso, que en tantos siglos, y edades pautaron del tiempo surcos, Ya que imagino imposible, conformarle, y vivir juntos, amor por floridos campos, honor por matc ales rumbos, ya que opuestos en mi pecho piadoso me obliga el uno, severo me fuerza el otro: y yo con entrambos lucho. Ya que llego a conocer, que en la ma icia del vulgo mujer con marido ausente es fragu vidrio caduco. Flor, que el aliento la empache, nieve que resuelve el huino, color que destuye el viento, vela que un soplo tradujo. Yi que el partirme es forzoso, ya que quedarme procuro, y entre partirme, y quedarme tantos imposibles juzgo; porque partiéndome quede, y en lo que más dificulto halle la piedad camino, y el honor halle condutos. Quiero hacer un testamento, acción que está puesta en uso en el que se ausenta, o muere; porque al sintir todo es uno. Yo, pues, sintiendo el partirme, con señales de difunto, con parasismos mortales del dolor que disimulo. La leve porción del alma encomiendas restituyo a su Criador, que no puedo mandar yo de lo que es suyo. El cuerpo mando a la tierra, en cuyas entrañas busco piadoso a luergue, y posada, si no funera sepulcro. La vida, que es de Marfina, de mandárselo me exculo; pues hasta el último aliento se sacrifica a su gusto. Y ques de m libre hacienda lodi poner confrjo por heredera a Marfina, para que con firme nudo, herede villas, ciudades, castillos, fuerzas, reduros, tículos, estados, rentas, jurisdicciones indultos. Cuantos mi casa entiquecen, cuantos mi familia tuvo: y pluguiera a Dios que fueran muchas más, aunque son muchas. Con esto invencible Carlos, iré aerviros seguro, que me quedo, y que me parto, que os sirvo, y no me descuido de Marfina, y de un vez, con irme, y quedarme cumplo, Y a Dios Rey, y señor mío, de cuyo valor presumo, que miraréis por mi honor cuando en serviros me ocmpo. Adiós bellísima Infanta, a Dios hermano, en quien dudo, si más que por mi partida lloráis por lo que os usurpo. Adiós, tío don Beltran, Infante, a Dios, que en lo oculto del disponer de los hados, si a mí la fuerte me cupo en la de gran Caballero, ni os ofendo, ni os injurio. Adiós Galalón, a Dios, que más a vos que a ninguno he menester, si las obras, por las pasadas reguío. Y a Dios mi Concesa Dirlos, que aunque desdichas que sufro os impiden el ser mía; razonablemente arguyo, que pues es vuestro el Condado, en llamarosle me ajusto. Todo mi Condesa es vuestro, el tíirulo os sosituyo para vender, y empeñar E dentro, y fatra de los muros cuanto vuestro gusto sea, como su dueño absoluto. Solo os suplico, Condesa, si acaso obligaros pudo un amor de tantos años en mis lealtades tan mudo, que siete años me esperéis, ya sé mi bien que son muchos, y que solo en un Jacob tan rara fineza cupo. Mas si tantos me esperáis, y yo por culpa, o descuido no viniere, libremente os casad; dueño segundo, podéis buscar, que lo sea de cuanto ahora os renuncio, Y si antes de los siete años al fanje Persiano, o Turco me diere muerte, concierto lo mismo; porque no es mucho que suceda en mis estados quien sucediere en mis gustos: Y a Dios mil veces, Condesa, no os abrazo, porque dudo, que entero en mi llanto falta el ser, que hoy os induzgo, salte al tiempo que malogro, falte al morir que procuro, falte a la vida que pierdo, y falte al alma que busco. Mis ojos te den respuesta; pues con llanto la pronuncio. Aguardad Conde, que yo morir con vos no rehuso. . Vencedor os vuelva el cielo. Faltó el aliento a los pulsos. Acompañe nos al Conde. Llorando morir procuro. Triste, y sastimoso caso Que pocos amigos tevos Vuélvale el cielo a mie ojos, Ánéguele el mar profundo. Suya seré hasta la muerte. Nueva esperenza descubro?

JORNADA SEGUNDA

ACTO SEGUNDO. Niño amor, cuya verdad tanto en tus obras florece, que ni el tiempo te envejece, ni te desluce la edad: hoy en mi fe, y mi lealtad se verifica, y predice, cuanto te ofende quien dice, siendo tu cándido armiño, que el privilegio divino a tus cántelas desdice. Si niñez dice inocencia, quién duda de esta verdad? en la niñez hay lealtad, y en la lealtad hay paciencia: los peligros de la ausencia no ofenden a un niño amor, bien del Conde mi señor, a los peligros me ofrezco, mas a la ausencia agradezco la prueba de mi valor. En más número que arenas incluyen golfos, y mares; vengan montes, y pesares, no de encantadas Sitenas la engañosa voz presuma, que un atomo, que una pluma pierda en sus tiernos acentos, Del fin seré de los vientos, Garza seré de la espuma. Ahora más animoso, puedes atreverte: llega, que el Rey tirnes de tu parte, llora, porfía, y no temas. Más amante que otras veces, y más ciego en tu belleza vengo a decir . No prosigas, cuando tan bárbaro empiezas. Escuchadme. . Quién escucha, favorece, o lisonjea. Pues esta vez has de oírme. Seré a tus voces de piedra, y cuando aquesto no baste; vive el cielo, que de estrellas contra tu malicia infame, rayos vibra, y luces quema, que en tú misma espada busque tu castigo, y mi defensa. Señora, Merfiva, advierte. Marfina. . Ahora que llegas, quien resconderá por mí? oe tus injustas quejas. A lindo tiempo he llegado. Perdone Leonor, y piensa que la razón vive a escuras. Por dicha traidor te ruega mi amor: o por dicha espero del cuyo correspondencia? satisfacer, si, pretendo, con la sangre de tus venas lo que debes de mi amor, si es que para tanta deuda o astante paga es la vida, que alevosamente alientas, solo el honor que defiendo del Conde en su esposa bella no has de ofender, que del mío yo sabré pedirte cuenta tan rigurosa algún día, que reconozcas, y veas, que hijo de mi padre soy, y en quien su honor desprecias. De que hables tan sospechoso si en tu recato, me pesa, li cuando no te debo más a que una palabra ligera de casamiento Leonor tiata le eno la dere, pues que pelabras, y plumas sabes que el viento las lleva. En los hombres como tú las palabras y promesas no tienen valor ninguno; mas quien de honrado se precia, no hay cosa que más le obligue, es vínculo, es ley expresa. Vete infiel, vetet aidor. . De estos rigores apela a Maljen, ya no esperes mas remedio, que su ciencia, quien sabe a terar los males, y entre la perpetua guerra de los elementos, sabe introducir paz perpetua, también sabrá conformar voluntades tan opuestas. Y dónde está Maljesi? Una prodigiosa cuena le oculta, de cuyo sitio, la agradable Primavera, para vestirse de flores hurta humores, y belleza. Vámosle a ver, que si el alma Galalón es digna ofrenda, será de Maljesi el alma, como este imposible venza. . Cuando la fortuna mía tan desdichada me hiciera, que lo que Dios no permita, muriese el Conde en la guerra, daré ejemplo con mi vida a las Romanas, y Griegas Matronas, calificando la fama que las celebra. Un año ha sobrina mía, que el Conde se partió a Persía, y de su vida, o su muerte no habemos tenido nuevas. Qué quieres dicirme en eso? Que me pesará que sea lo que en tu virtud constancia en la voz del pueblo tema, si el Conde, Marfina, es muerto, cordura será, y prudencia digna de tu nombre, el ir disponiendo la materia para tener el estado que a tu hermosura convenga, el mirar bien al Infante, cortés, agradable, honesta, tengo por mejor, que ser esquiva, ingrata, y soberbia; que demás de su valor, hoy en la gracia del Céstar le he visto, en quien se promete honras, y mercedes nuevas, recibir una visita, alegrarte en una fiesta, agradecer sus cuidados, no son liviandades necias, ni el ser cortés es lo cura, ni cordura el ser resuelta. Quién es hermana del Conde no puede estar con paciencia oyendo estas sinrazones; Marfina, con Dios te queda. . Tienes razón; pero escucha, si quieres tras de esa puerta. Vienes, señor, a burlarte, o a provocar mi paciencia? porque llegas a tal tiempo, que me obligas a que crea, que mi desdicha te envía, o su malicia te alienta. Que hable al Infante, me dices, que mire bien me aconsejas a un enemigo del Conde? Vive Dios. . . De qué te alteras? Oh con la edad desvarías, o con la pasión te ciegas, cuando el Conde mi señor, Dios le guarde) el pecho entrega a las enemigas lanzas, y a las contrarias saetas, tengo de alegrarme yo? Aún no te ha dado la Iglesia la facultad de su Esposa. El alma, que es la primera que la ha de dar me la ha dado: yo soy suya, y en su ausencia, ni aún mirar alegre al Sol es permitida licencia. Tú que habías de aconsejarme la contraria acción me enseñas en ausencia de mi Esposo, que me alegre, y me divierta? Tú que reciba visitas? tú que cortés a gradezca? tú que escuche? tú qué mire? tú que hable, y me entretenga? Aa mal haya quien nació con tan infeliz Estrella, que la virtud le calunían, y el recato le condenan! Yo (repórtate Marfina) no te digo que le quieras, Pues eso habías de decirme? no basta para mi queja inducirme a la ocasión? no basta que el pueblo entienda, que yo le miro, y le hablo? para que mormure, y crea las ofensas de mi honor, y del Cónde las ofensas? Tan poco, señor, le debes? posible es que no te acuerdas, que ayer posesión tomaste de sus Estados, y Hacienda, y que por él destribuyes sus averes, y sus rentas? Esto no puede obligarte? ha señor, como me pesa de ver en la sangre mía ingratas correspondencias, cuando debieras celarme, sendo espía, y centinela de mi casa, solicitas su descrédito, y su afrenta? Ya no tengo que esperar, pues que tos canas se niegan al respeto, y al decoro inviolable de mis puertas: mas no importa que el Infante hallará en mi resistencias, presidios que me al guren, murallas que me liendan, rebellinas que le asombren, tor es que le destinacan, y riyos que le eruyan, a pesar de quien le alienta. Ogló ia del honormío! no enojes, que quisiera infun dirte tuda el a ma en mis lágrimas desecha; cuanto te dije fue hacer de tu honor heroica prueba. También en eso me agravias, que en mujeres de mis prendas no se ha le dudar jamás la obligación que profesan, ni la mujer, ni la espada admiten seguras pruebas; no que al peligro ofrecidos, y pruntas a la flaqueza, en manos del propio dueño, o se rompónto le quedan Tú lo has reñido muy bien, y para mayor pendencia Marfina los dos bastamos. Quuen saltare al honor muera, Dardo arrojado le pase. Saeta veloz le ofenda. Un tigre le despedace. Un León su sangre vierta. Viva el Conde. Viva el Conde y sus en migos mueran . Oh soledad divina, o divino sagrado, a donde retarado el ánimo tranquilo se encamina a conocer en una y otra esfera de las segundas causas la primera, Aquí solo conmigo de las divinas obras soy testigo; cuya verdad precisia es laz del prado, y de las fuentes risa. Todo es verdad, no llega aquí el enga. o bienaventurado desengaño, (ño, donde se goza y mira con reposo hondo valle alta herra, orado hermoso! desde aquí considero, velando al Rey, singusto al caballero, inquieto el pleitcante, quejolo el pretendiente, y el amante, que a si padecen por humanas leyes, los que siguen las Corres de los Reyes, Con que desasosiego, y desaire, el Infante Celinos mi obrino, enamorado, y ciego, pisan lo niqve es un bolcán de fuego, lo que padece enciendo, que a mi ciencia, ni la di tancia importa, ni la ausencia, pues cuento en esos cielos, y esos Ma- a la flor hojas, y ala Estrella rayos, (yos Graitio, alegre mote, hermosollano. Es albergue perpetuo del Verano. Gtio, y señor. . sobrino, Dios os guar C En besarte la mano estoy cobarde (de Galalo. . Primo mío co los brazos os responde mi amor. . Tiernos abra ya sé alo que venís, ya sé Celinos, (cos que amor os descamina a estos caminos. Sin duda será Médico importante, quien ve la enfermedad en el semblae, Yo hice que la fue te le tocase al Conde, yo traze que se ausentase, procurando escularte con la endañosa labes del Dios Pues ya sabes, el mal que amor a echo solo el remedio espero de tu pecho; así tío querido quede en bronce tu nombre esclarecido. Ayudarte prometo en tu querrerla, mas tiene el Conde tan felice Estrella, que a vencerla no hay fuerza suficiente. Mira en aquese globo trasparente de mi junco herido, su ejército en cuartoles dividido, llégate Galalón. Estoy temblando. Mira al valiente Conde peleando, desnudo el fuerte acero, que en sangre tiñe del contrario fiero; y a su lado aquel Príncipe valiente, que amigo es suyo en rayo del Oriente. La escaramuza mira, en que el vence, y el por si se retira. Ya el Persa retirado, la victoria que ha dado a Francia, canta el Conde. Justos cielos, . iguales ya mi envidia con mis celos, si ha de ser tan dichoso, como es en lo marcial, en lo amoroso? hoy Maljes tu ciencia me convida a ver mi muerte y a perder la vida. Ya está el Conde enainando la cuchí en su tienda sentado en una silla (lla contemplando suspenso, y amoroso en un etrato de Márfina hermoso. Ya en el pecho se encierra tan fino en el amor como en la guerra; pero de aquel retrato hermoso, y bello luecesira mi ciencia; vuelve a vello, de ya a turpes leliere Desagrado laurel ciñas las sienes: alzad del suelo, cania de millanto, del Sol hermoso espanto, que en vos Solo se esconde. la pena mía y el favor del Conde, y dime, ya que esta victoria alcanza, gozara de Márfina la esperanza? Lo por venir, sobrino, pretenderlo saber es desatino. esto que ya ha pasado puede mi ciencia haber representado a tus ojos distantes, siéndole fácil cuando más te espantes; pero saber si ha de gozar el Conde a Marfina, a mi ciencia se le esconde; porque es secreto reservado al cielo, y nunca le sabrá humano desvelo, Pues dime, en hierbas flores, y plantas; pues hay tantas, y tu conoces tantas, no habrá remedio alguno para mi mal cruel? y a qué importuno, tanto a Marfina quise, y he querido, o que la infuda amor, o en mí sea olvido? También es imposibie vencer la indignació. . Caso terrible! Solo puede estaciencia cautelosa en senarte la fe siendo hermosa; y agraviado el objeto, mudarse con las causas el efeto. Eso no, aunque Mar fina me aborrezca, quiero que siempre hermosa me pareza. Tambien te ofrezo por camino extraño usando del conjuro, y del engaño, hacer que el Conde tarde sin volver de los Reinos de Aliarde, tato tiempo, que el Rey tenga por cierto, o que no ha de volver, o que ya es muerto. Mayores cosas de tu ciencia espero. Esto es mejor y esto a deser primero Yes? . Qué haré precisa instancia, en que carta del Code, no entre en Francia, o que si alguna Carlos del recibe, que la lea al tenes de lo que escribe, de suerte que las glorias de su muchas victorias, siempre al reves las lea; y que es vencido, y destrocado crea, y no solo vencido, y destrozado, mas que sirviendo al Persa, ha renegado. Eso solo es bestante a asegurar la dicha de Julante. tu industria me addar lo que he perdido Idos, pues, que de mí seréis servido. Adiós sañor, te queda. El Cielo os guarde. Mis es Mársina como el Conde tarde, Sublos en esa pena, que ella os podrá en Paris en tan pequeña distancia, que el ligero pensamiento no llega a tan presto por el viento. Avnsa, pues, avisa a mi criado, que con nuestros caballos, embozado se quedó en esa selva que sin buscarnos a Paris se vuelva. El tiempo es bien se ataje. Buen viaje, parientes, buen viaje. Gran vitorial ona. Gran valor, hasta ahora de mi oído, ni visto hereconocido en vuestra a teza, señor. grande valentía, aún la envidia no se atreve, Conde, a vos solo se debe la vicoria de este día pero con vuestra tristeza se desluce tanta gloria. Dudo la mayor victoria: pel dóneme vuestra Alteza, que como en Mársina está cistado mi pensamiento de las penas que allá siento llega la tristeza acá. Templad, Conde los enojos, y suspended la querella, así de Marfina bella gocéis los dulces despojos. Ahora, señor, que has vencido de los Persas la arrogancia, y que a las lises de Francia su Corona se ha rendido; siendo para tu persona, y para tu brazo duerte, contra el olvido la muerte, siendo inmortal su Corona. No has de pensar en desdichas, si no en glorias, y trofeos; pues a la par tus deseos van corriendo con las dichas, Piensa bien, pues bien te va, que el dichoso no suspira. Cómo estará mi Marfina? Yo te diré como está? más fresca que la mañana mi señora la Condesa, pollera trairá Francesa, como cotilla Alemana. Fllara (vuelta la espalda a quien pretendo cogerlas) con una boca de perlas, y unos ojos de esmeralda, Tendrá por iguales marcos, que una Equinocial sustente, un cielo hermoso en la frente, y en este cielo dos rostros. Y igualmente vergonzosas, milagros, o maravillas en las sopradas mejillas tendrá sopladas dos rosas, Tendrá entre alminar, y miel, que el guso vegur anira, una garda doclavel. y unos labios de eia Tendrá sin echar amal las lazadas carmesíes en dos oreves polevies dos colunas de cristal. Tendrá (del tiempo a pesar) el cabello suelto al aire, valentía en el donaire, y donaire en el mirar. Y debajo del tabí, siendo gloria de mujeres, tendrá lo que tú quisieres, como tú lo creas ansí. Deja Landín la pintura, que más con ella me matas, pues en vano la retratas, si está el alma en su hermosura. Es Landín leal criado. Soy cuando a sí lo imagines cabeza de los Landines, solar que ya está asolado. Cómo? Porque la nobleza la autoridad, y el valor no viene a tener, señor, mas solar que la riqueza. Aténgome a los más votos, que importa la hidalguía si está la tripa vacía, y están los capatos rotos? Hombre ha de ser ordinario, según ya en el mundo pasa, aunque el solar sea en la casa del signo de Sagitario. Y mucha nobleza espere con riqueza estraordinaría el que naciere en Samaria, o en Cafarn tu naciere. Vuestra Alreza oiga mi intento en una relación corta, que a nuestra jornada importa. Va, Conde os escucho atento, Hoy Príncipe valeroso, hoy Rocándolfo gallardo, ya que de nuestra amistad el indisoluble lazo ha de celebrar el tiempo, y ha de eternizar el málmol, ya que triunfando nos vemos del poderoso contrario; y que vencedor a Francia le paga feudo Aliardo, las nuevas de esta victoria, de tanta dicha el aplauso, y está Corona del Persa que al laurel Frances añado, de vos fiar solicito, ponelda en manos de Carlos, haciendo de mis victorias a su grandeza volocausto, en tanto, que con la gente de nuestro ejército marcho; que por no volver la espalda tan presto, será de espacio. Sepa el Rey lo que nos debe, y sepan los cortesanos, que tiene Francia victorias sin Roldán, y sin Reinaldos; Y cuando en Francia os veáis, mi amigo sois, no os encargo en lo que toca a Marfina, que la digáis mis cuidados, pues sé que vos le tendréis de referirla mi llanto: y si el ahora me ataja el ser en esto más largo, disculpad en mi terneza la ceremonia a que falto. No la escribo, porque ya muchas cartas le he enviado; y sin duda por ser mías no han merecido sus manos: pues no he tenido respuesta, si ya no es que en el largo camino, enemigos míos, las han rompido, o trocado. De vuestro valor, señor, fio, lo que importa tanto: vos solo sois fiel amigo, que honréis mi amistad aguardo, y que recibáis el alma en la prisión de mis brazos. En nada, Conde conozco la amistad que profesamos, como en mandarme que sea vuestro Embajador. Yo parto con la Embajada a Paris, más contento, y más ufano, que si de nuevos Imperios me viera el Catay triunfando. Seré fiel Coronista del valor de vuestro brazo, diré de vuestra lealtad lo que Efaestión de Alejandro, y hare oficios tan de amigo en la Corte, y en Palacio, que me conozca en la paz quien me vio armado en el campo, y con esto a Dios os quedad. Otra vez os doy los brazos. ADios, Conde, a Dios amigo; la brevedad os encargo, porque ya que el cielo quiso tan altas victorias daros la que en Marfina os espera sea Corona de entrambos. Señores, que esté del cielo el despedirnos llorando, yo pienso que tiene el Conde desdichas por Mayorazgo: pero que bastante causa sea en el mundo el ser honrado para no ser venturoso? Con esto me descristiano que tenga ventura un necio? que tenga suerte un menguado? que sea rico un miserable? que halle hacienda un pie de palo? cuyo talento es tan duro, como su mismo cancajo; y que los bien entendidos anden rotos y descalzos; vive Dios que no lo entiendo: pero como soy un asno, lo que es providencia ignoro; ello está bien ordenado. Landín, qué discurso es ese? Aquí me estoy lamentando, por lo que no importa nada. Creolo: dadme el retrato en quien ausente contemplo y en quien gentilidolatro. Qué retrato? No te di en una caja, el sagrado trasumpro de mi Marfina? Debes de haberlo soñado; prendas de tanto valor nunca llegan a mis manos; tú le tandrás en el pecho. Dices bien, y fuera agravio, que otro lugar ocupara, si en el corazón le guardo; pero qué miro? Ay de mí! Qué tenemos? ay espantos? Ay prodigios! que ya me salen al paso, exccntando crueles los golpes en los amagos; en los temores, las penas, en las dudas, los presagios, en las sombras, las desdichas, y en lo vivo lo pintado. No te entiendo. Ay infelice! en el lugar del retratro hallhe una muerte, Laudín, un cadaver, un espanto, un asombro, una fealdad, una noche, un negro ocaso de mi vida, un sol difunto, y un eclipse de sus rayos. Válgame Dios! Llega a ver, mira Landín si me engaño. Mal agüero, mas sin duda mis ojos acatarrados no ven lo que ven los tuyos. No ves en el breve espacio de esta casa, un edificio amarillo, y descarnado de pálidos huesos? . Yo, si tal veo, con un palo me derrienguen, y machaquen Fierabras, o Guindalafo, que son en el Gigantismo los dos más fornídos brazos. La casa veo vacia, pero lo demás no alcanzo. Qué esto no ves? Ay de mí! que yo lo veo, y yo basto, pues para mis ojos solos se hicieron penas y agravios. Misterio sin duda tiene, pues el retrato ha faltado. Ay Marfina de mi vida! Ya la lloras? Ya la llamo, y aún pintada me la niegan, llenos de envidia los Astros, sin duda Marfina es muerta, o golpe acervo del Hado! porque la flor mate hitaste, que fue lustre de los campos? porque la purpúrea rosa, diente fatal del arado, arrancó barbaramente. de entre el Mirto, y el Acanto? No vuelva a salir el Sol, deje de mostrarse humano a los mortales el Cielo, encubriendo, y derribando de su aparador hermoso. Los Diamantes, y Topacias, los montes se preciniten, y desgajando peñascos de su presunción altiva, y de sus copetes altos, sean tumbas lastimosas de la hermosura del prado, bomite sierpes la tierra, y el humor líquido, y claro de las fuentes, sangre sea de áspides enojados, el aire sople ruinas, el fuego fulmine rayos, y trabucando la Esfera sin orden, y sin descanso, todo se consuma al choque de los elementos cuatro. Tente señor, que parece que obediente a tu mandado, y a tu voz, esa montaña vecina se viene abajo. s Conde esposo, por tu ausencia muero a las sangrientas manos del Infante, a Dios te queda. Aguarda, espera villano. Quien mi muerte solicita munra así y este collado sea Monumento, y Pira del más hermoso Milagro, Oh bárbaro desatino! Oh fiero impulsoloh Tirano sacrilego! Que te atreves a lo divino, y sagrado. Murió al fin cumpliose al fin el lastimoso presagio, Marfina, a buscarle voy, tocad al arma soldados, Landín viste mi desdicha? Sí señor, me lleve el dablio, r si tal he visto. Franceses, haced las cajas pedazos, y penetrad esos montes, piedra a piedra, y ramo a ramo. hasta hallar los despojos de la vida que idolatro, Marfina, Marfina mía, el Conde soy, yo te llamo, recibe el alma en mis voces, ya que no llegue a tus brazos . El ha perdido el juicio, y yo no le tengo sano, que las malas compañías son riguroso contagio, duélase Dios de Landín, señores, rece un Rosario quien pudiere por nosotros, que an danes en malos pasos

JORNADA TERCERA

Grave traición! Pena extraña. Raro caso! Jojusto olvido! Quejoso estoy, y ofendido. Nunca el corazón se engaña, Malas nuevas me han llegado del Conde, Ahora es tímepo Infante Gaurinos el Almirante me escribe, que destrozado fue del Perla. Mal suceso. Ay de mí! señor advierte. Mársina en su mala suerte, reputación intereso. Ya no tenéis que esperar, que yo tengo aviso cierto, que el Conde para mí, es muerto, Muerto, señor? qué pesar! Creed, señor, que vencio, y que verle el alma espera porque si el Conde muriera no estuviera viva yo No habéis viso cuando a un son dos inftrumentos templados, uniformes, y acordados desde la prima al bordón, aunque haya alguna distancia del uno al otro instrumento, si al uno hieren violento, suentel otro enconsonencia? Pues con el mismo concierto, templada, amente, y cautiva, no pudiera yo estar viva, si el Conde estuviera muerto. Toda esa filatería es de nuestro amor lealtad, esto es Márfina verdad, lo demás es fantasía. Creed, señor, que en la ocasión que mi corazón recela, finge mucho la cautela, miente mucho la traición. Mas de lo que digo es cierto, no es cautela, no es mentira, y no es lo peor Marfina ser vencido el Conde, y muerto. No es lo peor? Qué cuidado! No será mucho peor si el Conde fuera traidor, y a la se hubiese faltado? Por mi opinión, y la suya este secreto guardaba; pero que amigo llevaba para que no le destruya? Del Príncipe la amistad le redujo a tal estado, traidor fue, y es renegado, ved a quien guardáis lealtad. Que esto los cielos consienten? Mas tenéis ya que sentir. Ahora me atrevo a decir, que cuantos lo han dicho mienten. Que en la baralla campal, roto, y muerto el Conde fuera, bien puese ser, que no era invencible, ni inmortal. Mas que dejase de ser leal, valiente, animoso, Católico, y Religioso, en ofensa de su ser. Eso me espanta, y admira. Ello dado, y eso extraño. Vive el cielo que es engaño! Vive el cielo que es mentira! Esta carta de Guarmos es testimonio bastante. Es pariente del Infante, y eso crealo Celinos. Ya que he callado hasta aquí, por parecer sospechoso, aqueste retrato hermoso hablará ahora por mí. Él te dirá si es verdad la traición que ha cometido el Conde, pues no ha tenido aún con tus cosas lealtad. Conocéis ese retrato? Bien le conozco, ay de mí! . Pues por no tener de ti memoria, le envía ingrato. Qué es posible? pero mienten mis ojos aunque le veo. Ahora señor, ahora creo cuanto los cielos consienten. Y yo lo admiro también. Veo traición semejante, dale la mano al Infante, que ya es injusto el desdén. Que el Príncipe haya salido tan falso amigo, me pesa. Quién contraria ley profesa, nunca más seguro ha sido, Si algún servicio, señor, os hizo la lealtad mía. Ya os entiendo, En vos confía la esperanza de mi amor. Lo que, importa que la mano arfina deis al Infante. Yo se que no es importante para el Intante mi mano. Por qué? si es cierto su amor. Porque no querrá tener por esposa, y por mujer la que lo fue de un traidor. Más amante os corresponde. Estase el Conde en el pecho, y no ha de caber sospecho mientras no saliere el Conde. Que porfía Qué rigor! Que hielo ardiente. Que fuego. Yo os lo ruego. Cuando el ruego no es violencia en el señor. No irrites más mi paciencia. Señor da al tiempo lugar, que cuando se llega a amar en el gusto no hay violencia. No adviertes que es trance fuerte, y precepto riguroso. casarse, cuando en su esposo llora la infelice suerte? Déjala sentir, señor, llore ahora sus enojos, que si le tapas los ojos reventará de dolor. Yo que sin pasión lo siento; juzgo en ocasión igual, que dicen señor muy mal lágrimas, o casamiento. Ya no me atrevo a oponer con las palabras que pido, si traidor mi hermano ha sido, quién me querrá por mujer? ̱. Qué cajas son las que escucho: ved quien causa este tumor: El Cónde faltó a mi amor? . mas si falto a Dios, que mucho? Invicto César, gran Carlos, a quín el Frances imperio gravadas en oro rinde las Lises de Clodoneo. Hoy para grandeza tuya ufano, y contento vengo, siendo Embajador del Conde, y soldado de sus tercios. Oye del mayor vasallo, y del mayor Caballero, que tiene Príncipe alguno los victoriosos trofeos. Marchamos con orden tuya, hasta las lindes, y extremos de Persía, en tierra, y mar, pasando golfos, y puertos, y en los confines de Europa con un ejército inmenso nos esperaba Aliarde, valiente como soberbio, presentonos la batalla, tan mejorado de puesto, que inespunable su campo sujetaba el campo nuestro: mas como el valor del Conde los peligros, y los riesgos, y aún las mayores fortunas, son accidentes pequeños, fortisicando escuadrones, mas de valor que peltrechos, dio a la virtud el lugar que merecer pudo el miedo. El brazo derecho ocupa, dándome el brazo siniestro seguro de mi amistad. y de quien soy satisfecho. Tocaron a acometer los bélicos instrumentos ocupando todo el aire; y aún todo el valor del pecho. Travose la escaramuza de entrambas partes, tan recio, que caducando los montes, a las voces, y al estruendo se humillaron a la tierra, se oprimio contra su centro. Decirte lo que yo hice por indecente lo dejo, dedicado a la modestia, sacrificado al silencio: Pero del valor del Conde, de su lealtad, y ardimiento, ni la modestia me excusa, ni a la amistad lo concedo. Sobre un valiente Córcel, hijo sin duda del viento, cuyas crisnejas, y crines le daban seguros vuelos, como fortaleza mucha, firme rostro, grueso pecho, breve silla, gran cadera, fuertes brazos, corto cuello, terciando el fresno del asta por los Persas discurriendo, rompió el vínculo a más vidas, que anudo en su estambre el tiempo. Cubierto de sangre andaba sobre el Andaluz revuelto, tan arriesgo en las lides, ven las órdenes tan cuerdo que a no ser rayo, en el alma fuera espíritu con trueno. Buscó a Aliarde, y hallole donde los dos cuerpo a cuerpo difinieron la porfía, y sentenciaron el pleito. Era el bárbaro un jayan, y sobre una alfana puesto, si a la vista, parecía montaña de carne, y hueso, con las plumas del turbante quitaba el polvo a los cielos. Envistiéronse valientes, y fue tan recio el encuentro, que hechas astillas las lanzas, tan altas subir pudieron, que abrasadas en la esfera bajaron cebizas luego: llegaron a las espadas, a que te procuro atento, pues cada golpe del Conde está una atención pidiendo. No has visto brillar del Sol, hiriendo al mar les reflejos siendo al viso poco estables, y al número mucho menos? pues con tanta argenterería rodeaba el limpio acero, gravado espejo del Sol, y de los ojos desvelo: En un instante, en un punto estaba el campo cubierto de un pedazo de la adarga; del duro alacrán del freno, de los lazos del turbante, y de las mallas del pecho; Pero para que te canso, de un reves puso en el suelo la Corona de Alierde llena de esmatite sangriento, y atormentado del golpe, tras de ella vino su dueño, siendo a la merced del Conde su cautivo, y prisionero, Y viendo a su Rey cautivo sin orden, y sin concierto huyó el ejército suyo, triunfo heroico blasón nuevo, que sobre el laure prances el brazo del Conde ha nuesto, yasallo tuyo es el Persa, su Corona te presento y porque paces le otorgues te paga cada año fando. Solo te pide Aliarde, que aunque enemigo, es discreto, que honrando al Conde permitas en su escudo por aumento esta corona ganada con tan singular es fuerzo. A esto señor he venido, esto es lo que el Conde ha hecho, esto en lo que te he servido, lo que te súplico es esto: goza el laurel que te ha dado tu dicha el Conde, y el cielo, Príncipe, llega a mis brazos, llega, que en ellos te ofrezco el castigo a una sospecha, sino a tu voluntad premio, Por honras tantas, señor, la invicta mano te beso. Corazón siempre sois mío, lalcaltad os agraderco. A vos hermosa Marfina, de espacio hablaros deseo: y a vos soberana Infauta estos servicios ofrezco, Traéis cartas de Guarinos? Guarinos murió el primero en la batalla, señor. Confuso estoy, no lo entiendo, Condesa, sea para bien, Infante, a Dios, que no espero, nien su firmeza mudanza, ni en vuestra aficción el premio. Siempre ofenden con las dudas, desleales pensamientos. Ven Marfina, ven Leonor, Principcen veros me alegro. . Si mi obligación no esuso, siempre señora soy vuestro. . Los que infamaron el Conde, conocerán lo que han hecho. Descuídose Maljesí. . Volvió por mi causa el cielo . Dio mi ventura al traves. . Bajó la trición al centro. . Triunfo la verdad del Conde. . Quedó el engaño desecho . Pero vivid esperanzas. . Pero corazón lloremos. . Hasta acabar con la vida, . . Hasta que el Conde haya vuelto . Señor, espera, advierte, Monstruo infernal, o sombra de mi muerte, excusa mi tormento, cuantos golpes le tiro doy al viento; y en un pequeño instante humo se vuelve el que miré, Gigante: Llega Landín. Ya sigo tus pisadas, y tiro como higado estocadas. Aquí se pierde, allí estituye, de una parte me enviste, y de otra huye. Fuese. Mucho, señor, te desvaneces. Oh terrible visión! Jasos mil veces! Qué ves? Vestigios diferentes, de mi desdicha sombras aparentes. Envainaré la espada? Bien puedes. Gloria a Dios que no veo nada; porque es tanto mi miedo, que estoy cierto, que si algo viera, me cayera muerto. Dónde estamos Landín? Yo no lo atino; tus furias me han sacado del camino dos veces, y a pesar de mi cuidado a desandar volvimos lo ya andado: y ahora ya perdido, tercera vez lo mismo ha sucedido, Nunca a Paris veremos, si tan nuevos extremos olvidar no procuras, que parecemos libro de venturas. No has visto algún caminante con la noche deslumbrado, que después de haber andado temeroso, y vacilante pierde el camino importante, y porsenda desusada, cuando la luz desleada los montes vuelve a rayar, se vuelve perdido a halla: donde empezó su jornada? No has visto en cauto bajel, que en la tormenta perdido desarbolado, y rompido Busca el puerto, y en el? Y el mar soberbio, y cruel le vuelve a hacer nueva guerra, y antes de tocar en tierra, de los vientos el raudal, en paramos de cristal le sepulta, y no le entierra? Pues la mesma confusión mis sentidos desvanece, cuando la esperanza crece retrocede la pasión en una, y otra ilusión, en uno, y otro pesar, sin poderme remediar anegado, y divertido soy caminante perdido, soy nave que arroja el mar. Pues, señor, ya que nos vemos por montes y por collados de tu ejército apartados, a esta cueva nos lleguemos, donde puede ser que hallemos hospedaje. Cuando el daño es tan prolijo, y extraño, que albergue, Laudia esperas entre brutos, y entre fieras? Allí he visto un Ermitaño, en el hallarás piedad, llega señor, solicita su favor. Este es el Conde, . sus trabios me lastiman, y al cabo ha de poder más su constancia, que mis linces, su estrella que mis conjuros, y su razón, que la envidia no puede impedir el paso al Príncipe, que debía de tener la contraberba de mayor quiromancia. Ya que a mi dolor sean sordas, las luces que el cielo brilla, las Aves que el viento nadan, los peces que el agua abiran, las fieras que cuevas moran, las penas que montes cimbran, las plantas que valles puebian, y aguas que las fertilizan: Ya que mi humana infiuencia, ni constelación divina, ni voz de sononoro pico, lavele de terteria, ni l gemido de fiera, ni eco de montaña esquiva, ni son de trémola hoja, ni murmurio de agua fría responden a mis cuidados, y todos juntos olvidan, loces, aves, peces, fieras, aguas, plantas, peñas guijas. Digasme tú el Hermiraño, que haces la sua vida, así de tus luengos años veas el fin que codicias? así de tus blancas canas la nieve no se derrita, y pernada sobre el pecho a pesar del tiempo viva que más piadoso me adviertas, que más hermano me digas, si hombre que de amores muere el alma lleva perdida? No te niegues a mi llanto, dime con entrañas pías, dime con piedad debora, dime con alma sencilla, si se condena, o se salva, si se pierde, o precipita, el que de bellidos ojos la luz soberana mira El que de amor fatigado, el que de afición sin vista, el que de celos sin alma, el que de temor sin vida padece, suspira, y muere. Si camina a su desdicha? si a su perdición se a cerca; si se expone a su ruina? si en tinieblas espantosas verá visiones temidas? Enternecido me ha el Conde en sus ler mas me abía lo que por mí ha padecido sin razón, y sin justicia. Y pues mi ciencia se rinde cuando su razón me obliga a no perseguirle más, natural piedad me obliga. Puesto Francés valeroso, que el que de otro hombre se fía, aún cuando enemigo fuese de todo engaño se libra, de lo que habéis preguntado esta es la respuesta, oílda. Es amor Estrella noble, que divinamente inclina nuestros mortales deseos a que amen cosas divinas, en los cuerpos, y las almas hacen sus flechas heridas, y la virtud de sus flechas a vida, y muerte convida. Quién hay que sin el batalle? quién ay, que sin el envista? que galas sin sus colores? que fiestas sin sus cuadrillas? Que Rey entre guardas fieles no saltea, y solicita? que sujeción no rescara? que libertad no cautiva? De una misma enfermedad padecemos, una misma flecha hirió nuestras almas, que amor los montes derriba. El medir tan luengas canas, él me tiene en esta Hermita mas penado que devoto, menos triste que debía. En aquel se pulcro yace una dama que fue mía, mas ya del cielo es ahora por su suerte, y mi fatiga. Y así os respondo, que amor si es lícito no peligra, y el que bien su vista emplea, no tema penosa vista. Oh padre, y como me habéis consolado, no podría saber vuestro nombre? Sí, que fue cuando Dios quería el Conde Dirlos, mas ya con la muerte de Marsina mi Esposa. Válgame Dios! No soy el que ser selía. Oh qué asombro! Cielo santo! que jardín de Falerina, o que encantada Tesalia en estos montes se pisa. De qué os admiráis? Estoy tan sin alma, que podría entre fieras de mármol prestar al cincel la vista. Adónde estamos señor, que ya la razón delita? luego tú no eres el Conde? luego allí tu ser se cifra? Sí, que si Mársina es muerta, vejez caduca es mi vida, mátame, que está demás esta figura fingida, aquella si es verdadera, de sentir, mas se acredita, pues tantas canas la cubren, y tanta vejez la inclina; saca la espada villano, que no es razón que se diga, que vive el Conde dos veces, o que el Conde se duplica, habiendo Marfina muerto. Señor, repórtate, y mira. Qué lastima! qué dolor! Oh fino amador, que imitar a las flores, que en ausencia del sol que aman se arruinan, se desojan, y envejecen, se asombran, y se marchitan. Tú si que sabes sentir de aquel eclipse las iras, siendo en tu dolor las horas siglos, y edades prolijas: y insensible yo, que apenas los anos me sirven días. Si para verla tenéis valor, en mi compañía, venid. Yré como Orfeo sobre la laguna estigia a la Antártica Región. Pues ya no temáis desdicha, que quien ese animo tiene vence a su fortuna misma. Entrad. Yo con tu licencia me he de quedar en la orilla, porque esto de ver sepuicros no es para mi golosina, No temás necio. Yo doy la merced pos recebida. Vive el Cielo que te mate. Señores, a quien obligan a que visite a los muertos, si ellos no pagan visitas. Ay de ti Conde que vives para que tu suerte aflija. Si te niegas a el consuelo, la vida habrás de perder! Qué consuelo puede haber en tan grave descón suelo. Toda la noche has pasado sin dejar de suspirar Cómo puede descansar quien vine tan descuidada, Dando de mano a las penas. Oh que bien os consoláis las que de lejos miráis sin sentir penas ajenas! Yo te quiero divertir. Eso como puede ser, si un triste empieza el places cuando acaba de morir? Con tu ausencia se atropella tu vida. Que bien perdida, si está en el Conde mi vida, no quiero que piense en ella. Sí, más oyenos cantar. Melancólico ha de ser. Yo te quiero obedecer. Y yo te quiero escuchar. Afligidos pensamientos, tristes imaginaciones, dia para mi sin dicha, oscura, y lóbrega noche. Oh como a el alma me hablas, pues son sin cesar conformes lóbregas noches, y días las que paso sin el Conde. Paramo deserto, y seco, fragolos, y asperos montes, torpe arroyo, que eres mudo, funesta lengua del bosque, Asu corren mis suspiros, que son lentos como torpes, en el reloz de mi muerte, del alma despertadores, Descuadernado edificio, el volumen de los Oebes, Estrellas, que apena contarse en el cielo doce, a Bien Mársina tu pena se divierte. Son señor las obsequias de mi muerte, Ya Mársina estarás más persuadida, que fue del Conde traza concedida el enviar al Príncipe primero a fuer de Embajador, o mensajero, por lograr a su salvo sin razones, y con menos testigos sus traiciones, a la verdad la prudencia corresponde, pues mi ejército vino sin el Conde, vencedor el ejército ha venido, y el Conde desleal no ha parecido, clara señal del vergonzoso trato, pues contigo, y el cielo ha sido ingrato, pasándose cobarde en servicio de un bárbaro Aliarde. Mira, señor, que ofendes su no bleza, No me ofende su bárbara fiereza, pues reniega con término villano, luego al Infante le has de dar la mano, para aquesto a palacio te he traído. Si el Conde fue traidor, yo he merecido tu mano por leal, por firme amante, premio dichoso de mi amor constante. Bárbaro infiel, cuyo amor a su falsedad responde, pues traidor llamas al Conde, siendo tú solo el traidor enemigo declarado de la lealtad más prudente, vilano que jura, y miente, traidor que parece honrado. Como quieres, como intentes harbaramente infelice, dar la mano a quien te dice tan conocidas afrentas? Porque mi amor puede más que la injuria de tu labio, y porque amando el agravio merezca, y me debas más, Dale la mano. Aquí está? pero haurá de ser corrada con el flo de tu espada, que sin serlo no podrá; y lo mismo vendrá a ser en su proceder injusto, mano cortada, y sin gusto, que sin alma una majer; pues cuando un pulso in humano a dársela me condene, llegue, derribe, cercene, corte, y llévese la mano. Que el alma que corresponde a lo que debe sentir, sin mano podrá vivir mas no podrá sin el Conde. Gran valor. Esto ha de ser. Dame un hora de lugar para que pueda pensar en morir, y obedecer. Pues quédate sola, y mira que si resuelves él no, o no he de ser Carlos yo, o no has de ser tu Marsina. Que en tan astimosa calma; cielos me he llegado a ver, que del alma he de creer traiciones que ignora el alma? El Conde no es alma mía, si pues como el Conde pudo, (gene hacer tal alevena, sin saberle yo? Es quimera, que en la lealtad de mi amor, si el Conde fuera traidor. yo lo su piera, y lo fuera. Al Rey, y al mundo responde mi heroica resolución; que solo traideres son los enemigos del Conde. a a Entra, y verás su belleza, que aún en el cadaber frío no adnitió fealdad, gozando privilegios de lo lindo. Estará hermosa la muerte entre jazmines, y lirios. Al menos estara el Sol, como dicen ha crecido. Conde mi señor. Ay Dios! que el valor todo he perdido: temblando estoy, sombra hermosa, a quien idolatra sigo, aunque te adoro me espantas. Jesús, Jesús qué prodigio! a los muertos hablan? Señor, si por ventura sois vivo, como no me dais los brazos? Tente esposa, y vuelve al nicho, donde en eterno descanso te aguardan eternos siglos Sin duda que el Conde es muerto, y que su sombra ha venido a verme, Cuáles estamos! Landín llegare. Conmigo, no hay para que hablar palabra, que con muertos no me tiro? si algunas Misas me pides, aunque, pobre juro aCristo, de decirlas en saliendo,