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Texto digital de El conde de Saldaña (Segunda parte)

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Atribución tradicional
Álvaro Cubillo de Aragón
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Álvaro Cubillo de Aragón Segura
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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El conde de Saldaña (Segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/conde-de-saldana-el-segunda-parte.

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EL CONDE DE SALDAÑA (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Cantad, que las penas mías, bien piden remedio igual, si el canto espanta los males, libradme de ellos; cantad. A la virtud excelente de la pura castidad, que a los Ángeles imita. Ea, basta, no cantéis más, que ni admito la lisonja, ni quiero que me digáis los méritos que prevengo, y que no puedo alcanzar; despejad, dejadme solo. No hay quien le acierte agradar Que poco alivian las penas ajenas voces! qué mal donde no hay propios suspiros propios desahogos ay! La música deleitando aviva el discurso, y más quien más desgado discurre, se comúnica al pesar, que adelgazado el ingenio, siente más agudo el mal, y aquello que ser pudiera desahogo, ahoga más. Con el disgusto, y la pena, del desacierto que vi, tan contra mí; y contra sí, propia en mi hermana Gimena Escribia Carlos Martel, que ocupa en Francia la silla, que le entregaria a Castilla, dilatando su laurel, Con el Españo blasón, y él, a pesar de Bermudo, quiere poner en su Escudo las Lises con el León. Tan arrepentido estoy de aquel colérico arrojo, que diera todo el enojo de ayer, por la pena de hoy. O como ya el alma siente, cuanto un desacierto pesa! y quien promete de priesa, que de espacio se arrepiente! Pero al fin, se ha de buscar el remedio, y no le dudo, que Dios querrá que Bermudo llegue en España a Reinar. Que vaya Bernardo, quiero a Francia, pues claro está, que del empeño saldrá, más fácil que mi heredero, Él viene, y por justa ley le debo estar obligado, que nacio para soldado, Si Bermudo para Rey. A los pies de vuestra Alteza, lastimado, señor, vengo, no ya con la antigua queja de tanto dolor ejemplo, sino con temor de haber vuestros enojos dispuesto, Es luto por vuestro padre? No señor, que aunque le debo demonstraciones iguales, y aunque como hijo siento su muerte, a las honras vuestras, es mucho más lo que debo: no es por mi padre este luto, no señor, porque muriendo con tanto lustre, mas pide su muerte galas que duelo; por otro padre, señor, que lo fue mío algún tiempo, es el luto Qué decís? que el Conde don Rubio es muerto Cómo? Fue desdicha mía: atended, señor. Ya atiendo. Estando en mi cuarto algunos. Hidalgos, y Caballeros jugando las armas, todos vizarros, nobles, y diestros, presente el Conde don Rubio, Fávila, ordoño, y Tancredo, Hube de tomar la espada, y apenas ocupé el puesto, cuando el Conde se arrojó, determinado, y resuelto, a tomarla contra mí: yo con el justo respeto, que siempre le tuve al Conde, rehusé el lance, diciendo: señor, pasados enojos, ya en mí se desvanecieron, ya murio en mi noble sangre la enemistad; mas no ha muerto la memoria de que os tuve por padre, con vos no puedo medir mi espada; mas él con mi humildad, mas soberbio, mostrando aquel odio antiguo, y antiguo aborrecimiento, sin responder, me envistió tan determinado, y ciego, que hube para defenderme, de poner la espada en medio: cogiómela con destreza, y yo librando, y siguiendo el lance, meti una punta, que por el parparo :z quierdo entrando, salió el bosón ensangrentado al celebro. Fatal desdicha del Conde! cayo luego, y murio luego! pero tan sin culpa mía, como lo dirán los mesmos, que con la hermosa Leonor su hija vienen a veros. Yo lastimado del caso, por no parecer sangriento, ni vengativo, y por ser tan impensado el suceso, quise en este negro luto publicar mi sentimiento. Si soy culpado, señor, si algún castigo merezco, a vuestros reales pies, con toda obediencia llego; espada tenéis, a ella cruzo el brazo, i rindo el cuello Raro, y peregrino caso! . Bernardo, aunque no podemos saber de vuestra intención lo intimo, y lo secreto, si fue efeto de la ira; s de la defonsa efecto; si colerico os vengastes, o piadoso con vos mesmo, de la defensa nació tan raro acontemiento. (Siendo así, que suele haber en los errores acierto) cuando en caso tan dudoso la ley pida escarmiento, siempre se ha de presumir lo mejor; pero primero se ha de oír a la otra parte. A vuestros pies estoy puesto, y ya Leonor a ellos viene. Señor. Señor. De mi padre la muerte. Del más atento vasallo en vuestro servicio. Del mayor servidor vuestro. No me partáis las razones: diga uno solo el intento; porque ni entiendo a Leonor, ni a quien la acompaña entiendo. Pues, señor, yo hablo por am- y ya que conozco, y veo (bos, la desgracia de mi padre, ni me agravio ni me quejo de Bernardo, que presumo, discurro, imagino, y pienso, que fue castigo sin duda, que fue permisión del cielo. Bernardo no tuvo culpa, ni a culparle, señor, vengo: y cuando alguna tuviera, os pido, suplico, y ruego? le perdonéis, dando al munde de vuestra piedad ejemplo. Pue Bernardo, hermano mío en la uez, y pudieron la crianza, y el cariño. (con que dolor lo refiero) criar en nuestras entrañas mucho amor, y parentezco. A esto he venido, señor, Favisa, HOrdono, y Tancredo, que en el suceso se hallaron saben que es este mi intento. Piedad os pido, señor, no venganza, y alga el ruego, y el llanto de quien adora vuestro soberano imperio. Señor, ello fue un acaso, solicitado del mesmo Con le, que Bernardo, siempr rehusó prudente, y cuerdo. e. Creolo así, como lo decís. Creed, señor, que aunque ve en Bernardo vuestra sangre, y que por sobrino vuestro, pudieran acobardarme tan merecidos respetos. Soy yo tal, que si creyera, o culpa, o duda en el duelo, con las manos, con los dientes le matara, vive el cielo; hasta que mi honor quedara del agravio satisfecho; mas sé qué culpa no tuvo, Este piadoso concepto, para quererle, y amarle borra todo lo sangriento: yo como a hermano le estimo. Bien sabe Dios que me alegro de oír disculpar a Bernardo, que le ha menester el Reino. Leonor, si el suceso fue tan sin culpa, yo no tengo cuchillo contra inculpables: alzad, alzad, que yo quedo por vuestro padre desde hoy. Hagaos muy dichoso el Cielo, A quien con tanta nobleza ha hablado por mí, no tengo que ofrecer persona; y vida, mas todo junto lo ofrezco. Vuestro hermano fui algún día, Leonor, y hoy a serlo vuelvo, y a ser, como vuestro hermano. amparo, y defensor vuestro. Qué nobleza! qué valor! Mi amo anduvo tan cuerdo como arrojado otras veces; pero asegurarte puedo, que fue la muerte del Conde. a gusto de todo el Pueblo. Y si no, diganlo todos cuantos me están oyendo: por la vista fue la herida, no carece de misterio, que él por la vista ofendió a su padre, y murio ciego. Con vuestra licencia. retirarme agora quiero. Mejor será que os quedéis en Palacio. Lo agradezco. Con doña Sol, en mi cuarto, puesto que el cuarto está dentro de Palacio, estará bien, por ella, y por mí os lo ruego. Del mismo parecer soy. Por tanta merced os beso los pies, invicto señor. Vamos. Yo logré el intento. Al Rey agradó tu acción. Lo que a mi atención le debo, no es posible que lo olvide. Leonor, de mi vida es dueño. Bernardo, sobrino, amigo; pues tanta dicha tenéis, que obligáis cuando ofendéis; sin dar lugar al castigo. Pues que vuestra dicha es tanta, que os disculpa persuadida la misma parte ofendida, cosa que admira, y espanta. A un caso bien peligroso os convido, pues que Dios quiso vincular en vos lo valiente, y lo dichoso. Dejad los lutos, que están desluciendo lo gallardo: vestios de gala, Bernardo, que os he menester galán. Señor, siempre a vuestros pies, mi voluntad con mi vida, postrada estará, y rendida. Al atrogante Frances habéis de ir, con embajada mía; y ha de ser tan presto, que yo reconozca en esto vuestro amor. Aquesta espada, brazo, y aliento, que están por vos, siempre que se mueve, serán vientos, que me lleven, y alas que me volverán. Pero que intenta el Frances? Es reservado secreto a mí, y a vos. En efeto vos me lo diréis después en ocasión más decente? Vedme luego, y luego sea, que importa que Francia vea vuestro espíritu valiente. Creed, señor, que pues sé que nací hijo en España del gran Conde de Saldaña, y su nobleza heredé. Y pues vuestra esclarecida sangre da aliento a mis venas, veréis las historias llenas en el solio de mi vida, de una, y otra heroica hazaña. Creolo en vuestro valor. Aún muerto os sirve, señor, en mí el Conde de Saldana, Monzón, que dices? Señor, que el discurso me inquieta, y que es peligrosa treta en ti, la de Embajador. Tu padre lo fue, enviado del Rey, mas con tal fortuna, que en el Castillo de Luna quedó ciego, y sepultado. Quiera Dios que no llevemos carta, y embajada igual. Eso es pensarlo muy mal. Es temer lo que debemos. Solo que lo consideres te pido, en nada te alejo: oye, señor, mi consejo, y haz después lo que quisieres. Que puedes tu aconsejarme contra la obediencia mía? Nada, Luego tu porfía mira a desacreditarme? No puede estar ofendido el Rey, Monzón, de mí ser, que ni le ofendí al nacer, ni después de haber nacido. Mi tio es el Rey, y sabe que tiene su sangre en mí, y que siempre le serví. Sí; pero es negocio grave el ir a Francia. Qué importa, para mí tan alta hazaña? sabrán que como en España, en Francia mi espada corra. Y contra sus desafueros, en mi espíritu gallardo, conocerán a Bernardo sus Roldanes, y oliveros. Y deja porfía igual, porque arrojando centerlas, te estrellaré en las estrellas, si del Rey presumes mal. Sobrino, por la retilla eres del Rey, yo un criado, que por no verme estrellado callaré como en tortilla. A Francia iré, y aunque apure la dificultad allí, no han de hallar flaqueza en sus Pares, y sus Monsiures. Antes en las ocasiones que se ofrezcan de importanc con su soberbia arrogancia jugaré a pares, y nones. Bernardo, dueño, señor, que disgusto, que pesar! tú con luto? qué es aquesto? debes por ventura más al Conde Rubio, que a mí? No culpes mi autoridad, que esto me debo a mí mismo y a su hija, que vendrá por huéspeda tuya, debo quedar con el Rey en paz. Hasta el salón he llegado, temiendo, temiendo ya en tu vida, que es mi vida, algún peligro, o azar, (ced. El Rey me ha hecho granmer- ̱. Dios guarde a su Majestad. A la embajada de Francia. me envía, mira si es tal; que corresponde a quien soy, y que la debo estimar: Por Embajador a Francia? Si bien mío. Qué pesar! Si señora, y porque yo de la embajada hablé mal; por una ventana de estas me ha querido despeñar. Tuvo razón: pues tú, necio, bárbaro, indigno, incapaz, en cosas de tanto peso te atreves a aconsejar? otro demonio tenemos? . Estos señores están, por lo grandes, padeciendo martirio en su autoridad. a. Pues necio, puede mi esposo: puede Bernardo faltar a la obediencia del Rey? Faltar, yo no dije tal, mas puede temer. No puede. Pues, señora, no haya más, ni tema, deba, ni pague, vaya, y quedemos en paz. Y qué es la embajada? Yo no lo sé, el Rey lo dirá. Si todos. Bernardo, somos del Rey, a su voluntad está sujeta la vida, no hay honra donde él no está. Dame los brazos, bien mío, que ese valor monta más que cuanto registra el Sol, y que cuanto inunda el mar. Con la embajada me espera el Rey, y me tardo ya: Dame de vestir Monzón, que el Rey me manda dejar los lutos, y que de gala vuelva a verle. Bien está. No te aborrece, Bernardo, quien te quiere verigalan. Ven volando, y deja el luto. Agora, Leonor, vendrá, a quien como a hermana mía en mi casa has de tratar. Si haré, pues que tú lo mandas, que n mí es ley tu voluntad. Vamos, señor, y en apriesa, que el Rey esperando está. Prueben caballos en tanto, que ya, Ines, me vestirál Ya están, señor, prevenidos el cisne, y el alazan. Al Rey besaré la mano, y sin detenerme más, ni volver a verte, parto a Paris, conmigo van un Sol, un Rey, y un Bernardo, que toda Francia no es más. Y un Monzon, que vive Cristo, (esto, señor, sin jurar) que llevo dentro del cuerpo todo un antubión, y un zas. Antes de partir quisiera que llegases a mirar el mármol, que de mi padre noticia a los siglos da. Dices bien, quierole ver. En este salón está, entre los claros varones de la familia Real. Monzón, corre esa cortina. Este es el original de la copia que en ti miro. Y qué me viene a enseñar, porlas pautas de su vida, aún después de muerto ya, como he de servir al Rey. Mira tú, Sol, quien pudiera dejar de imitartal padre, varón santo, tal lealtad, tales, y tantas hazanas? Qué es esto, señor? me dais el bastón? Válgame el Cielo! que prodigiosa señal! Aún después de muerto el Con ha vuelto a representar (de, su segunda parte al mundo. Bastón, gran mano dejáis, mas si en ella fuisteis rayo, y yo no puedo ser más, ni tanto, que ningún hijo pudo a su padre igualar. Yo os prometo ser centerla, tan parecida, y igual al rayo, que dude el mundo lo que de hijo a padre va. Hágate Dios más dichoso, pues quien pudo serlo más? Corre, Monzón, la cortina, porque pueda mi humildad, delante de aquella sombra cubrirse, que estaré mal en su presencia cubierto. Respeto, a su sangre igual A Dios Sol. A Dios Bernardo. Lloras? Agraviado me has. Pues qué es eso? Reprimir el corazón todo el mal. Lloras hacia dentro? Sí. Ese es el mayor llorar, que lágrimas detenidas duelen mucho, y cuestan mí pero no llores bien mío. A Francia, Bernardo, vas? Voy a obedecer al Rey. Dios te vuelva. Dios lo hará. Sabes lo que es una ausene sabes que es ausente amar? Fuego que abrasando hiela hielo que abrasando está. Pues si eso conoces, juzga como podré yo quedar. Como quien está en mi altao que aunque voy, me quedo a Sin irte vas? Sí, que el alma se parte, mas no se va. Quién supo vencer su afecd Quién de honor se supo arm Luego vencer es posible? Vitorioso me verás. Vitorias alcances muchas. Todas a tus pies están. Vasallos míos, y valientes Pares, de quien tiemblan del uno al otro Polo, los montes, las campañas, y los mares, a cuyo valor solo Europa se estremece, Asia, zozobra, y África enmudece. Sentid, con la razón que os acompaña de Alfonso el Casto último Rey de España la palabra fingida, que a la venganza, y la invasión convida. Él a la castidad que sigue atento, en tan alta virtud siempre contento, hallándo se sin hijo, ni heredero, me escribio, que en mí el Reino renunciaba, y aceptándolo yo, de solo el hecho, quedó adquirido aquel Real derecho. Pero ahora he sabido, que de la acción primera arrepentido, a Bermudo ha llamado su sobrino, y le tiene ya jurado por Príncipe de Asturias: esta ofensa pide igual recompensa. Este es el valiente empleo, el cópete pasad del Pirineo, que nos divide: haced cámino, y calles, para triunfar de España en Roncesvalles. Señor, tus soberanas atenciones, piden, que de tu ejército corones los montes, y campañas, que es España, señor, muchas Españas, Roldan te ofrece, aumenta tus blasones, poniendo entre tus Lises sus Leones. Y a tus pies, oliveros, humilde los pondrá, cuando más fieros. Mucho ofrecéis, amigos. Ya de nuestro valor serán testigos, las futuras edades, Francia es la Majestad de Majestades, a su nombre, a su voz, a su fortuna, caduca, y tiembla el Orbe de la Luna. Ea, señor, que Pierres, tu criado, también tiene vislumbres de encantado, y tiene en la campaña. llave maestra para el cierra España, que en la paz, y en la guerra abro por medio a España, cuando cierra, y en ella he sido. . Qué? Para hacer daños, amolador he sido muchos años, y volví a Francia llenos los bossillos. de vender fuelles, y amolar cuchillos. Qué es esto, Roldan? Señor, un Embajador de España, a quien el pueblo acompaña, que ahora ha entrado, en Paris. A pensar llego, que el Rey lo ha de hacer mejor, pues envía Embajador: recibilde, y entre luego. La mano, señor, os pido, deslumbrado en tanto Sol. Bizarro es el Español: . alzad, y seáis bien venido. Como queda Alfonso? Ya, si a mi embaja atendéis, su intento, y salud sabréis: siempre vuestro. Bien está. Alfonso. Rey de León, mi señor, llamado el Casto, cuya virtud negó al mundo, y a la su cesión el paso; teniendo por más seguro el ser a Dios consagrado, que humanas prósperidades, y que re petos humanos. Sin embargo, que tenía una hermana, y sin embargo; que Bermudo su sobrino estaba afecto a heredarlo, por algunos accidentes, (que ahora no son del caso) os llamó a la sucesión; como heredero inmediato, que fue así, vos lo sabéis, y él nunca podrá negarlo. Mas coléricas acciones, y impulsos arrebatados, en la consideración, piden término, y espacio. Tal vez busca el precipicio, el que después reportado se enmienda, y a mejor luz ve el hierro, y huye el fracaso Lo que os ofreció, señor, no es posible ejecutarlo, y quien ofrece imposibles, siempre estará disculpado. Pero cuando el Rey quisiera cumplir con vos el contrato, el Reino, sin duda, el Reino se lo estorbara bizarro. Y yo, que soy su sobrino, aunque en esta parte valgo poco, perderé mil vidas, antes que se llegue el plazo. Primero del mar las ondas tendrán perpetuo descanso, y el Sol dejará de andar las estaciones del año, que se consiga el intento; porque para ejecutarlo, ni el Sol, ni el mar, ni los cielos se concederán a tanto. Esto me manda que diga, vos como prudente, y sabio tomaréis mejor acuerdo, y yo la respuesta aguardo. Sin responderme, señor, vuestra Majestad seva? Ya la respuesta os dará un trompeta, o un tambor. Que pues no responde nada, serán cuando a España marche las claras voces del parche, respuesta de la embajada. Guélgome de aversabido en vos su resolución, porque también del León, en Francia se oirá el bramido. Siempre con estos Leones los Españoles nos dan: sabéis que habláis con Roldán? Sé que en todas ocasiones Sois de espíritu gallardo; más pues así os declaráis, tanibién quiero que sepáis, que quien os habla, es Bernardo. Quién es Bernardo? No sé, un hombre que el Rey envía, y él os lo dirá algún día. Yo en España os buscaré, Donde si de ardientes rayos os coronase la esfera, a una voz mía severa, todo horror, todo desmayos. Y ahora, sí, con la atención de Embajador no os mirara, con mi aliento os arrojara desde Paris a León. Gran cosa fuera imagino . que por ese breve atajo, mos excusara el trabajo, y la costa del camino. No te parez ca arrogancia, y solo es bien que repares, que hablas con los doce Pares de Francia, y que estás en Fracia. Cerrará la ofensa el labio; . es acción cuerda; y prudente; pero es mejor ser valiente loco, que ofendido, y sabio. A Reinaldos, a Oliveros, y a Roldán puedo yo hablar, porque me sé hacer lugar entre propios, y extranjeros. Si Roldan da al mundo espanto con su encanto, importa nada; porque no tiene mi espada para empezar en su encanto. Estás, Bernardo, engañado, que yo encantado no he sido, por no ser jamás vencido, me llamaron encantado. Y que has de decir espero lo mismo que digo aquí, que no hay más encanto en mí, que este brazo, y este acero. Pésame de saber tanto; porque ya es fuerza creer, que aura menos que vencos, si está vencido el encanto. Tus amenazas parecen más locura que valor. Las leyes de Embajador le amparan, y favorecen No es matarte grande hazana, y por eso no lo hacemos. Ya en España nos veremos. Yo os aguardaré en España, Y aquí, sin que de esas leyes, podáis decir que me valgo, sustentaré con la espada, (do, cuerpo a cuerpo, y brazo a bra- que no hay más Rey en el mundo, que el Rey dón Alfonso el Casto, mi señor, cuyo derecho de siglo en siglo ha heredado, desde el padre de las gentes, el mundo es su mayorazgo, como de segundo hermano y todos los de más Reyes, descienden, son ramas cortas de aquel tronco, y de aquel árbol. Solo el Español es Rey, y a quien diga lo contrario, desde luego (con la salva debida a tanto palacio) le reto, y le desafío, y en la campaña le aguardo al invencible Roldan, a Oliveros, y a Reinaldos, y a todos los doce Pares incito, provoco, y llamo, para que en aqueste acero conozcan quien es Bernardo. Solo estoy, mas no tan solo, que si de razón me cargo, cuando estoy conmigo mismo, yo solo, y osolo basto. Has acabado de hablar? Hasta ahora no ha comenzado, aguárdense, y lo verán. Yo cuando empiezo no acabo menos que con mucha sangre. Tú aliento me ha enamorado. Dios te guarde, hasta que yo Roldán, te pague amor tanto. Ya haura ocasión, en que puedas sustentar lo que has hablado. A España a buscarte iremos. Antes que en ella deis paso os saldré yo a recibir, y veréis como marchando con los mejores de Asturias sale de Leon Bernardo. Vete en paz. Parto ofendido del desaire de haberdado tu Rey la espalda a mi Rey, y a mí, que sus veces traigo. De enojo, y cólera lleno el pecho valiente parto, por no poder, pero ya satisfaré tanto agravio, bebiendo sangre Francesa, hasta que se apure el vaso. Oclaro nonor de Castill o Espáñol el más bizarro! A Dios valerosos Pares, hasta que a ver nos volvamos Presto será. Dios lo quiera. Si querrá. Dame la mano, de que en la ocasión primera me has de buscar en el campo Toma ese guante. s Agradezco la señal. Yo iré a cobrarle. De tu valor nunca dudo. Roldan soy Yo soy, Bernardo. Tened, que lo que decís en favor de Alfonso el Casto Rey de León, contradigo, y vos debéis sustentarlo. Señor. . No os surbéis. No hará, que en su vida se haturbado. De nuevo vuelvo a decir, que en los límites de humano, no hay en el mundo más Rey que mi Rey, y a sustentarlo en una justa, me ofrezco, apodo trance empeñado, Donde? En Paris vuestra Corte, y dentro de un breve plazo. Mucho os debe el Rey, mas sois sangre suya; y no me espanto. Grande atresto! gran valor! . de mis armas quiero daros, las que vos en mi armería escogieredes, Bernardo, para sustentar lo dicho, y el mejor de mis caballos. La merced, señor, estimo. Mas cuando de España salgo, no vengo desprevenido, armas, y caballo traigo, dos cefiros andaluces, que yo mismo he manejado, me sacarán del empeño, que son Españoles ambos. Hasta el caballo ha de ser Español, de vuestro amparo, y seguro necesito. Ese no podrá fáltaros, valiente Español. Mas tiene de temerario. Id a preveniros luego. A poner carteles parto. Un Sol será mi divisa, conózcame el lirio Franco por Español en el Sol: cuyos rayos idolatro. Monzón, a alistar mis armas: mi vida es de mi Rey, Tanto puede esta virtud, que estoy de su aliento aficionado. En lo que he dicho me afirmo, Ya lo pagarás con llanto. Qué valor! Qué valentía! Viva Alfonso. Viva Carlos.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Matadle, muera, no vuelva a España ese monstruo fiero. Sígale un monte de acero, y de lanzas una selva. Todo es menester, y aún son pocos para tanta hazaña, que nací monstruo en España, de una tigre, y de un León. Ahora verás si podrás librarte de mis aceros. Que es aquesto Caballeros? baste, vizarro Roldán. Bernardo, valiente muro de su patria, sustento lo que dijo, y mandé yo, debajo de mi seguro. Ley es mi palabra, y ley, aquí no puedo faltar, porque así quiero enseñar a un Rey, cómo ha de ser Rey. Si la fortuna os aqueja, o contraria, o importuna, quejaos de vuestra fortuna pero de él no tengáis queja, Hirio. Basta, que el valor sin duda perdido habéis; pues de nuevo os ofendéis, alabando al vencedor: tenga el que en la ofensa se halla, sin volver arrepetirla, pundonor para sentilla, y esfuerzo para vengarla. Vuestra Majestad, señor, dice muy bien, que esto ha sido. (viendo mi rostro ofendido) desacierto, y no valor. De la ira y la venganza me dejé llevar, y es cierto; que también fue desacierto el ofenderme su lanza. Estoy de vos satisfecho, y de vuestra bizarría; pero en la presencia mía, y en Francia fuera mal hecho. Yo iré a España, señor, y aunque por vos recibida, me curare de la herida; pero de la ofensa no. Porque en justa recompensa, ya obediente, ya ofendido, si aquí obedezco advertido, allá vengaré la ofensa. . Señor, si en algo he faltado. al decoro merecido, a vuestros Reales pies, con toda humildad me rindo. Yo soy Vasallo de Alfonso, lo que en su favor he dicho, volveré a decir mil veces, si hubiese otros mil peligros, que contrarios se opusiesen a la verdad que repito. Eso está demás. Bernardo, valeroso habéis cumplido. con la lealtad de vasallo, coon el amor de sobrino. de Alfonso, mas él no cumple lo que me tiene ofrecido. Es, porque no fuera buena razón de estado el cumplirio, teniendo tres herederos. Pudieráis el Francolirio mandarlo a Rey Extranjero, no fuera inválido arbitrio, que no consintiera el Reino. Francia, esa ley ha admitido más en España no corre. Está, señor, muy bien dicho; vive Dios (dejando a parte el amor que en mí es preciso, de mi Rey, y de mi patria, a quien igualmente sirvo) que me han de ver vuestros Parte como ya en Francia me ha viste sangriento brazo de Marte, para impedir sus disinios. Ya escampa, Mi Reino diera por un vasallo tan fino: idos, Bernardo, volved a vuestra patria, advirriendo, que soy yo quien os defiendo; y ahora os respondo, atended: Al fonso diréis, que yo hago esto, y que tinda el cuell al cumplimiento de aquello que como Rey me ofreció. Que la fe, y palabra dada, cumplo yo de aquesta suerte, cuando para vuestra muerte veis tanta valiente espada. Que honre en esto su Corona, dándole mayor laurel; pero que si falta en él; iré al remedio en persona. Mucho, señor, sentire, que vos en persona vais, porso mucho que arriesgáis, y porque de España se. Que lo que el Rey prometió, no lo ha de querer cumplir; yo, siempre os he de servir; pero contra España, no, Ni contra mi Rey, que fuera, cuando en la ocasión me hallo, mal pariente, mal vasallo, y Español de baja esfera. Siendo tan fino Español, como ha visto la arrogancia de Francia, a quien llama Francia el Caballero del Sol. Y Sol, cuya ardiente llama goza en esfera más pura del Sol toda la hermosura, y por eso Sol se llama. Que dejes, señor, volver a España tanto enemigo! Oliveros, no hay castigo, en quien no pudo ofender. Leonor, en ti resplandece mi esperanza, y si mi amor, es digno de tu favor, lugar la ocasión te ofrece. Mucho quien ama merece, callando, en la luz que das vivo yo, y también tendrás. experiencia, Leonor, bella, que una amorosa centerla, cuando calla, siente más. Tancredo, aunque el nombre Go te lleve a la presunción (do de merecer, no presumas, que mereces más que yo. Hija del Conde nací, y aunque ya sin padre estoy, quien sin querer le dio muerte, aún más que yo lo sintió. Laatisfacción de amante, ni la pido, ni la doy, solo a tu amor satisfago; porque no digan, que yo, cuando de honrada me precio, niego esta satisfacción. Pero advierte, que en llegando al duelo, y al pundonor, dejaré de ser mujer, y entre el aliento, y la voz seré lazo, que aprisione las alas del corazón. Seré asombro, seré fuego, seré rayo, y confusión, no contra ti, contra mí, que soy quien te ocasionó; y así más piadosa digo, que agradezco tu afición; que estimo tu afecto, y debo reconocer tanto amor. Bernardo, es hermano mío; el Rey es mi padre, y yo no puedo elegir esposo sin licencia de los dos. Y aunque el Rey siempre es prime respondo a tu pretensión, (ro: que como Bernardo quiera: más vete, que sale Sol. Leonor, amiga, qué es esto? Una imprudente pasión, una amorosa locura. No me espanto, Leonor, no, que vuestra hermosura obliga al desacierto mayor. El que en loqueció de amante, siempre su disculpa halló en la causa, y siendo tal, justamente en loqueció. Mas los cuerdos Caballeros deben templar este ardor con la modestia, que pide la causa de su afición. Leonor, desde el triste día que su padre le faltó, es mi huéspeda, y está con la Real protección; sirviendo Bernardo en Francia, y antes que él venga, es error hablar en estas materias conmigo, ni con Leonor. Mi pretensión, por honesta, no merece ese rigor. Yo que a obligaciones tantas no puedo faltar, y yo. que al decoro de esta casa, aún más que obligado estoy, os suplico perdonéis de un noble afecto el error, que no tiene amor más ojos de los que él mismo se dio. Consideradlo, señora, y pues os preciáis de Sol, sean aquí vuestros rayos, de su tiniebla esplendor, de sus ceguedades vista, de sus locuras razón. Eso es buscar el camino que primero se perdió. Pérdime, y perdí el camino, y espero, señora, en vos hallarle. . Ya le hallaréis seguro en mi intercesión viniendo Bernardo. Ten esos caballos, Monzón. Hay señora, dicha extraña! ya ha venido mi señor. Salid todos, venga, venga lo que deseando estoy. Entra Bravonel valiente. Entro, Bernardo, en tu casa. Verás al Sol que me abrasa Seré ctrope en su Oriente, de tanta luz ilustrado. Esposo, amigo, señor, llegué a la dicha mayor. Yo en ella a verme abrasado Y yo entre tanta hermo ura grandeza, y lustre, concedo, Bernardo, que hallar no puedo mas dicha, ni más ventura. Ya prevengo la vitoria que desde este punto empieza por huésped de esta belleza, por la dicha de esta gloria. Sol, milagros has de ver. que aún los rayos no los vieron del Sol, que calza tu pie, dando vuelta al Universo: quien está aquí? Yo. Bernardo. También es milagro el verlo aquí, estando ausente tú. No es milagro, que Tancredo es mi amigo. . Yran tu amigo que desea el parentesco de Leonor. De tu nobleza, Tancredo, estoy satisfecho; pero de tu vizarría, la satisfacción espero: que dice Leonor? qué dice? Yo soy tuya. Y yo te ruego favorezcas. Basta, basta, vuestra será, mas primero la habéis de merecer vos, empleando esos aceros contra el Frances, que pretend la conquista de estos Reinos. El Frances? venga, y el mundo que estando a tu lado puesto, verá el mundo, y el Frances como su mano merezco. Ya estaba yo tamanita, sino temblando, temiendo que tocase a degollar, de Bernardo el duro acero. Sol, el Rey está esperando de mi embajada el efecto: Brabonel es nuestro amigo, mucho en su amistad espero, que aunque Africano, se viste de Español, por parecerlo. Español soy, y Africano. Y yo, que de Francia vengo, también lo soy, pero traigo un Paladín en el cuerpo. A Dios Sol. A Dios Bernardo: vuelve presto. Al punto vuelvo, que solo pudiera el Rey, a quien le al obedezco, apartarme de tus ojos. Si bien volveremos luego, Brabonel; y yo a darles la hatalla a sangre, y fuego, y he de volver victorioso. Con toda el alma te espero. Leonor, si de la campaña no te acobarda el estruendo, yo he de seguir a Bernardo. Tus ordenes obedezco. Pelear para vencer es el único remedio. Viva el Monarca Español. Viva el Español imperio. Viva quien la paz adora. Ya que no me has preguntado, Ines, a fuer de criada, el chisme de mi jornada, ni lo que en Francia ha pasado; yo que rabio por decirlo, te llamo a la relación. Estímolo yo, Monzón, y hago lugar para oírlo. A la Corte del Frances vienen naciones remotas, y todos se calzan botas en la cabeza y los pies. Cómo es eso? Yo imagino. que es contra los fríos treta, en los pies son de baquera, y en la cabeza de vino. Anda el brindís a porfía, haciendo un alegre trueco, lo de Candia con lo Greco, lo del Rin, con Malvasía. Y cuando ya la cabeza anda por dar al traves, se arrojan, sacando pies un socorro de cerbeza. Al Espáñol, por mil modos le pretenden derribar; pero suelen encontrar con quien los derriba a todos. Al entrar una hosteria, dice una Gabacha hermosa, cualquicosa, cualquicosa bólite Vueseñorias Aquí está el pabo, el faisan, el capón, el francolín, la vitela de Esterlín, el churizo de Ascerdan. El pernil de algarronilla, la lamprea del Rodano, el formache Parmesano, la azeltuna de Sevilla. Y apenas yo le replico, cuando al asador clavada, sale una perdiz asada con un limón en el pico. Uno por aquí; anda apriesa, otro allí dice, volando, y sin saber como, o cuando, me hallo sentado en la mesa. Desuerte es su proceder, y su cortesana arenga, que harán comer a quien tenga mala gana de comer. Yo, que siempre la tenía abierta de par en par, con dejarme regalar pagaba su cortesía. Paris, lugar de los Cielos, solo eché menos en él aquella fuente de miel, y el árbol de los buñuelos. Y eso se da sin dinero? porque de tu relación; lo que importa más, Monzón, te dejas en el tintero. No, más no es tangrande el gasto como lo es en otras partes, con tres sueldos, y dos llartes, comerás a todo pasto. Mas también te sé decir, que es su ingenio tan delgado, que todo lo que ha sobrado, hacen que vuelva a servir. Y con bien poco trabajo zurcen de un pollo el alón a las piernas de un sison, y a las pechugas de un grajo. Y forman un abe entera con todos sus aderentes, más de cuatro diferentes linajes, como primera. Con esto a tu cuarto guía, que ya quedo descansado, con haber desembuchado esto que decir quería. Ten, que falta más, y aguardo la embajada de tu boca. Esto es lo que a mí me toca Y lo demás? A Bernardo. Ya nueva he tenido agora, que ha llegado Bernardo, y que del Pueblo acompañado entró en León. Que causa habrá tenido para no haber venido Bernardo, a darme cuenta de lo que Carlos dice, y lo que inten- (ta! Ya parece que viene, y ya parece, que a mi deseo su lealtad se ofrece Sin licencia, invicto Alfonso llega Bernardo a tus plantas, humilde vasallo tuyo, y tu Embajador de Francia. Alzad, sobrino, y decid el fin de vuestra embajada. El fin, señor, no es posible; pero los principios bastan. Llegué a Paris, donde habiendo precedido las usadas ceremonías de aquel Reino, tuve la audiencia ordinaria. Hablé a Carlos en tu nombre proponiéndole las causas, a tu intento favorables, tan justas como Cristianas. Oyome, y sin responder, volvió a mi rostro la espalda, desestimó mis razones, malogró mis esperanzas. Respondiéronme los Doce Pares, cuando solo estaba, que me darían la respuesta tambores, trompas, y cajas. Y así, a riesgo de mi vida, cuando ya estaba arriesgada, afirmé, que solamente era Rey el Rey de España. Alfonso, y que el mundo era mayorazgo de su casa: volvió Carlos, y mandó que mi opinión sustentara. Figé públicos carteles en las calles, y en las Plazas, y en la de Paris entré al plazo que señalaban. Sobre un cefiro de nieve, debajo de cuya blanca piel, un volcán, un besubio, centerlas aprisionaba. Tan hijo del fuego, que cuando las piedras quebranta con la herradura, parece abrasada salamandría. Del fin, cortando la espuma del freno que muerde, y tasca, fenij entre los aromas, mariposa entre la llama. Poblada clín, y aucha cola, no quiso que fuesen alas, porque en cada pie tenía un sacre, a vuelo de garza. Un Gerifalte, un nebli, cuyas domésticas garras, despreciando blanda arena, huellas en el aire estampan. De blancas armas armado, con un Sol, que me alentaba, pordivisa, que de Sol fue cifra luciente, y clara. Pisé el dilatado circo, y la nobleza, y las damas, el Caballero del Sol; porla empresa me llamaban; Entró Dudón el primero, vizarro, a provar su lanza, tocó el clarín, y pártimos a un tiempo Francia, y España. Mas fue tan poco dichoso, que a pesar de la estofada forma del borrón, voló desde la silla a la plaza. Durandarte fue el segundo, más con la misma desgracia, que aunque muy galán aquí, no le aprovechó la gala. El tercero entró Roldán, soberbia torre con alma, gigante de cuyos nervios se formaba una montaña. Confieso que recelé la vitoria, porque estaban ya, después de dos enquentros, las fuerzas algo cansadas. Mas acordándome entonces, que defiendo vuestra casa, y que soy hijo, señor, del gran Conde de Saldaña. Cuyo valor siempre invicto, ni se turba, ni se haja, puesta la lanza en el ristre, y vuestro nombre en el alma, Diciendo España, partí, arropellando la balla: partio Roldán contra mí en una robusta alfana; Llegamos al choque; y fueron hechas pedazos las hastas a buscar fuego a la esfera, para volver abrasadas. Pabesas al volver fueron, cenizas fueron llegadas, que de pavesa a ceniza hay muy pequeña distancia. Firme Roldan en la silla, como una roca animada: firme yo, como yo mismo, que rocas no me aventajan. Dimos fin al acto, porque con la punta de mi lanza, entrando por la visera, le herí sin duda en la cara. Verrio púrpura sangrienta, y el Pueblo con voces altas, favoreciendo a Roldán, pidió contra mi venganza. Muera el Español decían de balcones, y ventanas: Roldán herido, no viva el que su sangre derrama. do, conociendo el tumulto, y que ya no se aprestaba ninguno ajustar, volví la rienda, mas no la espalda. A los balcones del Rey me fuy, y cuando ya llegaban juntos Roldán, y Olineros, esgrimiendo las espadas contra mí, la Real presencia fue rémora de sus armas: detuvo el curso a su furia, tanto la razón contrasta. Aquí me dio la respuesta, señor, de vuestra embajada: decid a Alfonso, me dijo, que yo hago esto, y que si trata de no cumplir lo ofrecido, pasaré en persona a España: ados, Bernardo, con Dios, mi seguro siempre os valga. Partí con esto, señor, juzgando sus amenazas, para despreciadas grandes, para prevenidas flacas. Víneme por Zaragoza, hablé a Marsilio, que estaba con este mismo recelo: caballos previno, y armas en tu favor, y en el suyo, Con que a Brabónel despaña que vestido de Cristiano; se disimula, y disfraza, para que el Frances no entien nuestra amistad, y alianza: es, aunque Moro, Español, es una valiente espada, gran Capitán gran soldado, toda el África le aclama. El, y yo, contra los Doce Pares, que soberbios marcha saldremos acaudillando nuestras valientes escuadras, Para que tu nombre viva, a pesar de las contrarias, para que Francia le admire, para que le tiemble italia, y para que Roncesvalles; sea en los siglos plaza de armao Seáis, Brabonel, bien venid Beso, señor, vuestras planta por mí, y por mi Rey la manó Bien os parecen las galas de Cristiano, y Español. La amistad une las almas, aunque de contrarias leyes. Donde dejáis alojada vuestra gente? En las fronteras de Aragón, y de Navarra. Está bien, de allí no pase. Si el recelo, señor, pasa a sospecha, estad seguro que seré firme muralla a vuestro Reino, y también sabré defender mi casa. Cinco mil gineres traigo, que con la lanza, y la adarga a los Bridones Franceses les darán muchas lanzadas. Mas mis armas auxiliares os están subordinadas, para serviros vinieron, y yo en empresa tan alta soy soldado de Bernardo, Moros, y Cristianos manda, sus ordenes obedezco, sin él, señor, no soy nada. Mucho Bravón el me obliga, valiente Moro, eso basta, tu lanza, y mi lanza sobran, y a mi brazo reguladas, diré cuando Francia venga, diré cuando envista Francia, servía en España al Rey, un Espáñol con dos lanzas. De Bravonel la primera, por huésped, y convidada, de Bernardo la segunda, defensora de su patria. Tan leal, que sirve siempre a su Rey con toda el alma, y con el alma, y la vida a una Española gallarda. Amigos, lo dicho baste las obras son las que faltan. Desplieguense las banderas, toque la trompa, y la caja. Instrumentos militares, avisen a nuestras armas, y ellas al Sol en que adoro, para que sus rayos salgan, que los rayos de la Luna, para tanto amor no bastan. Partid. Bravonel. Tu nombre, celebre en mármol la fama. A Dios, Bernardo. Sea el mundo, digno blasón de tus armas, Fuerte ocasión! grave empe Suerte heroica! (ño! Acción bizarra! Toca al arma. A vencer toque el pifano, y la caja, para que el mundo conozca, que amando a un Sol que me abrasa, espuelas de honor me pidan, si frenos de amor me paran.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA , s, Hagan alto. . Hagan alto. Sol divina, Sol hermosa: tu en arma? quieres que diga, viendo en militares pompas ese valor invencible, quien eres fuerte Española? mas no diré tal, diré: quien eres Divina Antorcha, que deslumbrando hermosuras de todo el Sol te coronas, tú en la campaña, tú aquí? Vive Alá, que me provoca este valor, este aliento en la Nación Española, a despreciar de las Lunas Africanas la memoria. Yo soy valiente Bernardo, sin afectar vanaglorias, de la casa de Quiros, en las Montanas, señora. Serví a tu madre la Infanta, cuando Castellana rosa floreció, que al lado suyo, toda hermosura fue corta; merecí muchos favores, merecí ser gracia toda en Palacio, y merecí ser tu mujer, y tu esposa. Pues cuando estás en campaña contra Francia, y cuando llora Castilla, algún mal suceso, fuera bien, quedar yo sola en mi casa retirada? ni era favor, ni lisonía. Con él alma he de seguirte, soldado soy de tus tropas, perder la vida por ti, y por el Rey, poco importa, que en mujeres como yo, más que la vida, es la honra. Este escuadrón de hermosuras, es guarda de tu persona, que debajo de tu mano, vienen a servir celosas de la patria, como nobles, leales, como Espáñolas. Oh claro blasón de Asturias! ya con tu presencia sola, será el brazo de Bernardo rayo que abrasa, y asombra. Bien haya mujer insigne, que amando a su esposo logra lealtad, y nobleza. Vaya tras del caldero la soga, conozca Francia, que como pares barbados aborta, desbarbadas hermosuras, contra ellos España arroja. Nosotras Bernardo, estamos a tu orden, que nosotras, soldados tuyos venimos, para vivir a tu sombra, y valerosas sabremos alcanzarte la victoria. Y advierte, señor, que yo por criada de tu esposa, y por tu criada, traigo mayor licencia que todas, y con ella un tanto cuanto, un es no as de busona, de graciosa iba a decir, mas no quiero ser graciosa sin licencia de Monzón. Yo te la doy dende agora. De Tancredo; espero, y creo que ha de merecer agora el favor que solicita. Ya por ti mi espada corta con más filos que hasta aquí; ya querrá Dios que conozcas sangre, y valor en Tancredo. Eso es lo que más te importa el valor me ha de hacer tuya, sin él, ni aún mi nombre ponga en tus labios, que será para matarme ponzoña: De nuestro ejército al centre se retiren, y recojan Sol, y Leonor, y su escuadrada Nuestros deseos mal logras. Cuando a pelear venimos, porque nos quitas la gloria, de que conozca el Francés quien somos las Españolas? Por vida de Alfonso el Casto, y dé Sol, a quien adora mi espíritu, que he de hacer, porque Francia me conozca que a tus pies rindan sus Pares peros, brazales, y golas. Este es orden, los soldados no han de replicar, no hay cosa como obedecer. Sin duda quieres que yo el orden rompa Pues advierte, que en llegando como dicen, la forzosa, no me acordaré del orden, y determinada, y loca me arrojaré por las lanzas, púrpura vertiendo roja de mi sangre, y la Francesa, que soy para ser Leona de León, sino de Albanía, de Asturias, si no de Escocia, bizarro esplendor de Julio, del cielo regente pompa. Y yo, que tu rumbo sigó, daré al bronce, y a la historia blasones que me autoricen, desde el coturno a la gola. De este valor persuadido me prometo la vitoria: ya no hay riesgos que temer, ya los peligros no asombran, ya. Bernardo, hemos vencido, que cuando una mujer sola, de tantos rayos se arma, de tantos bríos se adorna; principios son, y presagios de la Francesa derrota. Pero quiérote advertir; porque luego la discordia no malogre tanta dicha, ni destruya tanta gloria, que he de llevar la banguardía; por huésped tuyo me toca, yo he de recibir la furia Francesa, toda esta honra a mis armas, y amistad se debe. Bravónel goza todo ese honor, desde luego la doy, la banguardía toma, que por mi causa no quiero que nuestra amistad se rompa. Con un batidor Frances, que la estrada discurria, dio nuestra caballería. Y el aura dado al traves. Llegue, La guerra, señor, mi prisión ha ocasionado: sirvo a mí Rey, soy soldado. Hombre seréis de valor. Un pobre soldado soy. Sí, que nunca son señores los hermanos batidores; pero que mirando estoy? no es Pierres? buen lance a echa si es él; él es, vive Cristo. (do Diré todo lo que he visto. Si dirá, que es buen criado, y los que lo son, jamás supieron guardar secreto. Querrá vivir. Es discreto, cuanto quisieres sabrás, Conocesme? Desde aquel gran día de tu embajada. De Bernardo es esta espada. Y aquesta es de Bravonel. Pues señores, ya que en mí la libertad se perdió, mal podre negaros yo lo que supe, y lo que vi. Que armas, y gente contiene el ejército Frances? Mucha; y muy lucida es, el poder de Francia viene. Quién le gobierna? Rosdán. Eso importa más que todo. Si tú le honras de ese modo, en ti las honras están. Los carros del bastimento, y las recámaras rieas en el batallón de picas tienen destinado asiento. Siete mil caballos son, Y catorce mil intantes. Mosca. Mas qué importa, si antes se los vende Galalón al ejército de España? Qué dices? Fue suerte mía, descubrir su alevosia, Esa será infame hazaña. Esta noche lo he sabido, que en ese bosque apartado, de las sombras ayudado, lo que han concertado he oído. Y como sirvo a Roldán. De Roldan eres criado? Si señor, y su soldado. Siempre los señores dan Plaza a sus criados. Yo con su licencia salí y la traición entendí, mas la dicha me faltó; pues ya no puedo volver con el aviso a Roldán, y los traídoros podrán. Sin mí, como han de poder? Es terrible la ocasión, y siempre, señor, ha sido el traidor aborrecido, y admitida la traición. Solo por eso he de darte libertad, para que así, no piense el mundo de mí, que en la traición tengo parte. Libre estás. Besarte quiero los pies. Tu partida ordenta, y llévate esa cadena. Vuelvo a ser tu prisiónero, Que en sus ricos eslajones, y en tu heroica bizarría, dirá la libertad mía, que una cadena le pones. Señor, que es Pierres, aqu criado de don Roldán. Y espero ser Capitán. Que mucho, si honrado, y fin sirve a su dueño? Esto escucho? y yo no sirvo, señor? entrome ha ser batidor, si el ser capitan no es mucho. Vete, y di, que tuve en poco de la fortuna ese alago; que ni del traidor me pago, ni de la traición tampoco. Que la justicia, y razón me prometen mayor gloria, y no quiero la vitoria, por mano de Galalón. Di a Roldán, que no admiti la traición de aquel cobarde, que de Galalón se guarde; pero que me busque a mí. Y esto le dirás también, a ese Frances arrogante, que venga a cobrar su guante, si pretente quedar bien. Y que de guardar se trate, de traición tan conocida, que yo deseo su vida, porque mi mano le mate. Y Galalón, si algún día le ves, que pienso pagar con mandarle alancear su traición, y alevosia. Que ya atento a mi decoro, no pondré la mano en él, mas que morirá el infiel a la lanzada de un Moro. Y zurdo, qué diz que son peores, si bien me acuerdo, lanzada de Moro izquierdo atraviese a Galalón. Partid. El sacro laurel vea tu frente vencedora. Tened, que yo falto agora: decilde, que Brabonel con cinco mil Africanas lanzas, le espera, aunque son en su Francesa opinión, armas, y defensas vanas. Que con ánimo gallardo desean verse con él, la lanza de Brabonel, y la espada de Bernardo. Voy con eso. Paso, paso, que a Monzón también es dada su poquito de embajada: dígale a Roldán, si acaso Sele ofreciere ocasión, que es Galalón un aleve, y que a Bernardo le debe este aviso, y a Monzón. A Dudón, que está dudando su fortuna siempre enferma, y a Gayferos, que Velerma le está en Sansuena esperando. A Galban, que todos van muy vestidos de Romeros, porque en sus claros aceros no los conozca Galban. Acaba necio. Señor, luego parto a obedecerte. . No ha tenido mala suerte el señor don batidor. Amigo, a poner la gente en orden de pelear. Tu orden sigo. Y a pensar, que el más presto es más valiente. Aquel que acomete, gana el envite, y todo el resto. Pues yo para ser más presto traigo cólera Africana: Y si por diversos modos, ya la ocasión nos convida. Sea España defendida por Africanos, y Godos. . Hbiendo de pelear, me viene a pedir de boca la ocasión, Pierres me toca, a Piertes voy a buscar . Que eso pasa? qué Bernardo te envía? bizarra acción! Para que de la traición te dé aviso. Él es gallardo: y como fue? Yo llegué, a donde de tanta maldad, él, y su parcialidad trataban, y allí escuché De Galalón todo el caso, dijelo a Bernardo, y él, aunque enemigo fiel me dio libertad, y paso Para venir a contarte lo que intenta Galalón, y afeando la traición se mostró muy de tu parte, Y esta cadena me dio, premiando mi acción leal. Tiene al fin sangre Real, y con su sangre cumplió. A pesar del Magances, hoy se ha visto en un crisol la lealtad de un Español, y la traición de un Frances. Pues guárdese él de Maganza, que ya esgrimen contra él, o Bernardo, o Brabonel de dos hierros una lanza. El temor de tu arrogante ejército a tanto obliga. También me mandó que diga, ya vayas a cobrar el guante. Ya que en la ocasión estás libre del traidor, y pues él hace como quién es, tu como quien eres raz. Mirad, si es temor, yo digo, que es bizarría, y despojo, y que es el primer consejo mejor, el del enemigo. Tan reconocido estoy a su generoso pecho; que diera por haber hecho la acción, cuanto valgo, y soy. Aquesto es anticipar los Españoles aceros. Pues apeear, oliveros, amigos a pelear, Que ya solo en esto estriba, y pues que de la traición nos libran de Galalón, viva Francia. hl. Francia viva. Pero qué es esto? hasta aquí rayos esgrimiendo llega un escuadrón de hermosuras, un misagro de bellezas: soldados, tened, tened, ninguna espada se atreva. a profanar lo sagrado de tanto escuadrón de estrellas. Deja Capitán que todos peleen, no los detengas, que en la bizarría de España, en las nobles Montanesas, no cabe temor ninguno. Ni Francia mide sus fuerzas con mujeriles aceros. Por Dios que la hicimos buen que de tu tienda salieses a tanto peligro expuesta? Pues yo vine a la campaña para quedarme en mí tienda? o para morir al lado de mi esposo? Heroica prueba de valor! quién sois señora? Quien este escuadron gobiern quien rige estas Amazonas, y quien primero que sepas quien es, perdiendo la vida, satisfará tanta deuda. Del campo soy de Bernardo, a tus soldados ordena, que para mayor victoria nuestro escuadrón acometa que cómo todo tu campo le rinda, cautive, o prenda; no puede alcanzar más glori la Monarquía Francesa. Mas primero, más primero; que la victoria merezcas ha de costar tantas vidas de los que audaces lo emprene que de este campo las flores, nadando en sángrese vean, quedando si no marchitas, pálidas, mustias, y hierras. Si en el campo de Bernard si en sus valientes banderas. tales soldados militan, a la fortuna no tema. Ocasión me hadado el cielo para que en ella agradezca e lo que ha hecho por mí. Francia, y el mundo lo entiende soldados valientes Pares, celebrad la acción más nueva. Señor, mira que es. No quiero, cuando ella misma lo niega, que me digas quien es, calla, ni me avises, ni la ofendas. Salió en busca de su esposo, tan determinada, y ciega; con el escuadrón volante, de bizarras Leonesas. Ya te he dicho que no quiero saber agora quien sea, basta saber que a Bernardo . le debo honradas ausencias. Un comvoy de cien soldados con estas señoras vuelva hasta dejarlas seguras en su cuartel, o en su tienda, que si Bernardo envio libre a mi criado, no es esta menor acción que la suya; y tú, para que lo sepa, le dirás lo que ha pasado, y has visto, mas que se queda nuestra enemistad en pie, pues a embarázar no llegan las leyes de cortesía a los lances de la guerra. Volved, señora, y no os pese de que yo galán parezca con las damas Españolas. Plubiera a Dios yo pudiera hacer que fueseis amigos. No es posible. . qué nobleza! Ol Sabes lo que has hecho? No, basta que el mundo lo sepa. Vamos señoras, que ya, aquí el comvoy nos espera, y yo me adelanto a darle a Bernardo aquesta nueva, para ganar mis albricias, y pescarle otra cadena. Aquesto hace Roldán. Roldan sois? el cielo quiera que aquestos odios se acaben! Cuando España nuestra sea se acabarán. Pues creed que ha de durar la pendencia muchos siglos. No me coge de susto esa mala nueva. Id soldados, sin faltar al decoro, y reverencia, comvoyando a estás señoras. El bronce, y el mármol sean digno blasón de tu nombre. Gran valor! Rara belleza! Buscando a Sol, que perdida- por entre aquesta maleza, la lleva su gentileza, poniendo a riesgo su vida: Vengo Brabonel. Espera, que si no miente el ruido, hacia acá me ha parecido que se acerca un hombre. O quiera el cielo! sin vida estoy! que halle alivio mi pesar: quiero salille a buscar. Ya llega. . Quién es? Yo soy. Qué traes? de dónde has vení- y mi esposa? (do? Atiende un rato, y te diré de barato todo lo que ha sucedido. Tu esposa, y todas sus damas, retiradas en tu tienda. para que el Frances no entienda, que tu andas por las ramas. Oyendo al arma tocar, Sol, que es un cielo, y un rayo se adel antó como un rayo a ayudarte a pelear. Roldán, viendo la arrogancia, deslumbrándole su cielo, puso a sus pies por el suelo. todos los Pares de Francia, Tan bizarro, y tan atento, que sabiendo, que a un soldado, suyo libertad le has dado, te paga cien mil por ciento. A tus Soles, y a tu Sol convoyándolas te envía, por Dios que esta es bizarría de valeroso Español: Con lindos desembarazos te envía a tu esposa fiel; pero en viéndote con él te ha de hacer dos mil pedazos. Toma, señor, mi consejo, y por una, y otra hazaña, da licencia, que en España le quitemos el pellejo. Que si conmigo justara, como ha justado contigo, yo le tirara al hombligo, y esta guerra se acabara. Heroica accion! gran vitoria! la fama, el mundo la alabe, si en humanas lenguas cabe, tanto laurel, tanta gloria. Vencio Roldán; y a venció con sola esta bizatría, bajó la valancia mía, y su valanza subió, A más supremo lugar: Brabonel, no ai más que hacer, Si más cayó sobre haber enseñadole tú a obrar. Primero fue tu hidalguía, tú el cámino le enseñaste, a su criado libraste, y a él de tanta alevosía, Y aquellas líneas siguiendo: no nudo errarse. Es ansi: a penas he vuelto en mí! que todo el Marcial estruendo Desprecie un amor constante, y que se halle en la mujer es fuerzo para vencer, del temor fiero el semblante? Ya envidio el Frances valor, ya deslució la acción mía, pues pagó mi cortesía; y aún en moneda mejor: No en la propia me a pagado no, que para mayor palma, él me restituye el alma; si yo le vuelvo un criado: mucho debo a mi fortuna, Ten sin embargo recelo, pues Roldán en cuanto al duelo no hizo novedad ninguna. En eso estamos iguales, Monzón, que con esa mesma cireunstancia, le envíe con su criado la nueva de aquellatraición cobarde, de aquella aleve cautela. Y pues frente a frente estamos y las enemigas lenguas no dirán que nos valemos de indignas estratagemas; pues ya ha llegado el certamen y la Marcial Academia, al son de trompas, y cajas nos convida, y nos alienta; hoy es día de vencer; o morir, ninguno vuelva cobarde rostro al peligro, infame espalda a la ofensa. Lo propio digo a los míos; pero Africanas centellas, con los bridones Franceses, a escaramuzar comienzan, Bernardo vuelve a mirarlos. A nuestro escuadrón se acerca una tropa de enemigos. Llegue que a buen puerto llega Sántiago. . San Dionís Soldados, aquí se encierra la dificultad mayor. Eso busca quien pelea. Ya te he buscado. Bernardo, olvida, a una parte deja las hidalgas cortesías, las cortesanas finezas. Más valor es no olvidarlas, quien las olvida las niega, y yo negarlas no puedo, que siempre es mejor vencerlas que negarlas. Dices bien: mientras los campos pelean, vengo yo a cobrar mi guante, y a llevarme tu cabeza, por la sangre que en la justa derramaste de mis venas. No será, Roldán, muy fácil. El acero, y no la lengua ha de hablar. Muy bien has dicho. Pues ajustar la materia, porque la victoria cante, el que valeroso venza. Ya esgrimo el valiente acero. Y ya en mi brazo te esperan los filos de Durindana. Valiente Frances, peleas. Bizarro eres, Español. Saque del León la guedeja. Tus golpes son poderosos. Ahora Roldán, empiezan. Herido, herido estoy. No será la vez primera. Sagrada deidad te anima, La razón sola me alienta, Bien se ve. Rinde la espada. Porque ninguno posea a Durindana, la haré pedazos en esta pena: muerto soy! a Roncesvalles, se puscro de armas Francesas. La espada embaino (que asombro) en el penasco, gran fuerza! pero no será menor, si de baina tan estrecha, yo la sacaré: murio Roldán, y su espada es esta, que en la Armeria de Alfonso, pendiente de su correa, será blasón que publique, mi vitoria, y su tragedia. Murió el Frances más bizarro. ya parte la diferencia tan reñida, y que a mi patria debo amarla, y defenderla. Vive Dios, que me ha pesado, que aunque la enemistad no llega a reconocer venganza, en quien bizatro pelea. Pero tan solo he quedado, que a penas escucho, a penas de un solo tambor, se oyen los golpes de la baquesa. Que suceso aurán tenido mis soldados en mi ausencia? Mas te queda que vencer, más victoria puedes darte, cuando de los enemigos los menos la hagan mas grande. Voz misteriosa, que dices? mi vitoria aún no es bastante? mas me queda por vencer? más contrarios me combaten? Pues viva Alfonso, que yo para que sus glorias cantes. prodigiosa voz, seré instrumento, cuyas claves torciendo enemigas cuerdas, Viva España; y Francia llore suceso tan lamentable. Pero qué miro! mi esposa con un escuadrón volante viene hacia aquesta parte vitoriosa, decir puedo, que el Sol en sus ojos nace. Bernardo; ya mis temores. en viéndote se acabaron. Y en ti, señora, empezaron mis glorias, y mis favores. Ya de Roldán, la arrogancia Francesa has puesto a tus pies. Ya mira el campo Frances sin luz las Lises de Francia. Si mirándo me estuviste, poco tuve yo que hacer, tú me ayudaste a vencer, tú la victoria me diste. Para ofrecerte en despojos la gloria, en tan breve plazo, cada golpe de mi brazo era un tayo de tus ojos. Tancuya, Sol, es la gloria, tan poco me debo a mí; que se paró el Sol en ti para alcanzar la victoria. Tu gran valor lo ha alcanzado, Lo más que yo pude hacer, fue dar al mundo a entender, que Roldán no era eneantado, Y si lo era, no me espanto de tan extraña aventura, que al rayo de tu hermosura se desvaneció el encanto. A los más profundos valles lanzas llegan; y pavesas. Mala la huvisteis Franceses la rota de Roncesvarles! o las temple, o las quebrante! . Victoria, España. . Ya da la victoria declarada estás voces. . Y esta espada. la muerte de don Roldán. Murió el Paladín? Murio valiente cuanto infelice; que al valor no contradice la dicha del que vencio: Mas porque el traje has mudado? Porque después de vencer quiero esa lisonja hacer al que ofendí despreciado. A mi traje hice uitraje, y pues tantas dichas veo, quiero gozar el trofeo de la victoria en mi traje. No te entiendo. Yo sabré darme a entender, Cuando? Luego, pues generoso te entrego la victoria que al cancé: Ahora es ocasión, fortuna, ahora es tiempo de ayudarme. que ufano, y vencedor me hallo con ejército bastante para ser dueño de todo, aunque la amistad se acabe. Ahora. Bravonel, solo falta el ajustarse la materia entre los dos, haciendo partes iguales. Escoge, elige el primero, tratando de contentarte. con la gloria del vencer, o el interés del pillaje, o la honra, o el provecho: escoge una de estas partes, porque yo pueda después tomar la que tu dejares. Modestamente me obligas, la partición es galante, yo la banguardía llevé. Porque tú me lo rogaste, que la banguardia era mía. Yo vencí a los doce Pares. Ya los había yo vencido, antes que a ver los llegase. La gloria del vencimiento me toca de parte a parte, de quien vence es el despojo: según esto, no me canses, que todo es, Bernardo mío. Mucho llegará a pesarme, si soberbio no te ajustas a pactos tan razonables: yo le di muerte a Roldán, y como tu mejor sabes, ejército sin cabeza, puede poco, y poco vale. Todo es mío. Nada es tuyo. Sabes quien soy? No te alabes. Puedo hacerlo. No es cordura. Es valor. Es propio ultraje. Brabonel soy. Yo Bernardo. Valgo mucho. Nada vales; porque quien todo lo quiere todo lo pierde, y deshace; seamos Brabónel amigos. En vano me persuades, vitoria, y despojo es mío. Qué soberbio está el alarbe. Esto ha de ser, vive el cielo. Pues quien no sabe obligarse de la cortesia, sufra que en todo con él se falte, y ahora entiendo la razón, porque de traje mudaste, y me huelgo, pues ya puedo en tan diferentes lances, si te miré como amigo, como a enemigo mirarte. Señor, de los enemigos los menos, Sentencia grave! esto aquella voz me dijo: Moro, trata de guardarte. Si haré, que también conmigo habla esa voz que escuchaste, enemigos sois, y siendo. menos, seré yo más grande: en la campaña te aguardo. no es menester que me aguardes! prevenios Leoneses míos. Lo mismo mi gente hace. Ahora veremos si iguala, tu razón a tu coraje. Verá el mundo mi valor. Ninguno podrá culparme, pues te rogué con lo justo, cortés, cuando tu arrogante. Al arma toquen las trompas, Brame el bronce, y gima el par- Viva Marsilio. (che. No viva si no Alfonso, cuya sangre en mis venas, deshará tus banderas, y estandartes. Contra los Moros, quien duda, que podemos ayudarte las Leonesas Amazonas. Ahora es tiempo de emplearse nuestros aceros, conozca el mundo nuestras lealtades. Al arma, Áfricanos míos. Leoneses, muera el aleve. Esto es lo que me faltaba por vencer, ya son iguales Africanos, y Franceles. Venciste bizarro Marte, y mi soberbia me ha muerto. La fama tus ecos cante. Lises, y menguantes Lunas, juntas a tus pies se abaten. A los tuyos. Sol, las pongo, para que desde ellos pasen a los de Alfonso, diciendo, las venide ras edades, que yo, de los enemigos los menos, quise dejarle. No es nada, vayanle echande Braboneles, y Roidanes, como quien a la tarasca caperuzas que se trague. Toda la campaña es suya. Entre tantos capitanes, Tancredo, famoso ha sido, y pues que debo premiarle, su ya es Leonor. Soy tu hechura: A León el campo marche, a donde se hará el casamien pues me toca apadrinarles. Yo te obedezco. Y aquí da fin la segunda parte del de Saldaña, y los hechos en Francia, y en Roncesvall de Bernardo, dismintiendo hechos, y lenguas mordaces.