Texto digital

Texto digital de Con amor no hay amistad

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
Atribución estilometría
Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto ha sido preparado por Germán Vega a partir de TESO.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Velasco, Adrián. Texto digital de Con amor no hay amistad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/con-amor-no-hay-amistad.

Logo BICUVE

CON AMOR NO HAY AMISTAD

JORNADA PRIMERA

Esta posada escogí, qué te parece? Ay amor! que fuera, Sancho, mejor un sepulcro para mí. Si por eso te querellas. no faltarán sepulturas, mas son casas tan obscuras, que ninguno vive en ellas. Solo morir determino. Fácil remedio has buscado. Fácil, siendo desdichado? mal conoces al destino, que para quien no es dichoso anda la muerte remisa, porque aun en morir aprisa no parezca venturoso. Confiésame tu pasión, Es repetir el pesar. Pues cómo te has de salvar si mueres sin confesión? Di, por qué tan triste vienes? qué tienes? muéstrame el pecho. No sé. Tan rico te has hecho que no sabes lo que tienes? No imagines el fracaso, haz caso de mis razones, que tus imaginaciones no son de las que hacen caso. Qué necio estás. En efeto me lo callas? Ya se enmienda. Y si te doy una prenda me fiarás el secreto? Quiéresme, Sancho, dejar? Que no has de decirlo? No. Pues llámate como yo si eres de tan buen callar. Que tan porfiado seas, que sin mi gusto me obligas a decirte mis fatigas. Yo sé que tú lo deseas. Ya sabes, pesar violento! Que en Madrid desde Valencia, no de amor, de conveniencia he tratado un casamiento con doña Leonor mi prima por su padre y por el mío, aunque don Pedro mi tío por fama solo me estima que hoy llegué, que tu veniste, y en Atocha me dejaste, que posada me buscaste, y a don Juan se la dijiste, porque me tiene avisado que no me case hasta verle, y no sé si obedecerle es amistad, o es cuidado: Pues apenas, ay de mí! de tus ojos me aparté, cuando un laberinto hallé adonde el alma perdí. Vi una mujer soberana, en todo tan peregrina, que pasando a ser divina rompió los fueros de humana. Dejome su perfección con rigurosa piedad cautiva la voluntad, suspensa la admiración, Y no pienses que a querella ningún Astro me inclinaba, que a su beldad la sobraba el precepto de mi estrella. Acerqueme no medroso, si no amante y lisonjero, que fuera el temor grosero en peligro tan hermoso. Y como siempre quien ama con tan gran ardor se ciega, que estando en el pecho llega hasta los ojos la llama. Dijo también mis enojos le vista en afectos sabios, por añadir a los labios el crédito de los ojos. Discreta y agradecida me respondió (siendo hermosa) porque hallándola piadosa, no la admirase entendida, Favoreciome, no quiero presumir que amor ha sido, que siempre fue bien oído lo que dice un forastero. Estuve hablando un instante: qué mal las horas contara, si el mundo se gobernara por el reloj de un amante! Despidiose y como el prado vio que el día obscurecido por haber ella salido huyó de su luz turbado. Parece que la decía: Por qué me dejáis funesto, o no te vayas tan presto. o vuélveme a dar el día. Pregunté su casa en fin, negola, castigo fue, que solo yo pregunté donde vive un Serafín. Seguirla mi amor dispuso, mas como nuevo en la Corte perdí la dicha y el norte; entre dos calles confuso quedé ignorando su casa rendido a un amor tan ciego, que me ha dejado en el fuego sin decirme quien me abrasa. Mira si fue cauteloso un rigor que hacerme quiso el achaque tan preciso, y el remedio tan dudoso, Y si es justa mi pasión, pues cuando mi pecho fiel, el arco hallara cruel de este venenoso arpón, tuviera más que sentir, fuera mayor mi pesar, por no poderme escusar ni el casarme, ni el morir. Este, Sancho, es mi tormento, esta la pena que lloro, si no sabes lo que adoro, no condenes lo que siento. Ni admires en mal tan fuerte, que tenga un alma afligida por embarazo la vida, y por alivio la muerte. Es el caso de manera, que a más de dos admirara, y si un Moro le escuchara, pienso que Cruces se hiciera. Que ya tanto amor padeces, siendo libre no ha dos horas? Oh qué a priesa te enamoras; galán de farsa pareces. Más que tu descuido fuera tan grande que la dejara: yo sé que si allí me hallara lo mismo te sucediera. Temí, Sancho, su desdén, ya lo pago, pues estoy fuera de mi. Causa doy de que eso te está muy bien. Bien, estar fuera de mí? Sí, que siempre loco estás, y más juicio tendrás cuando estés fuera de ti. Mas di, llego a preguntarte a lo que a Madrid veniste? Si preguntó. Y la dijiste que venias a casarte? Necio fuera en no encubrirlo. Pues yo temí hasta saberlo como lo eres en hacerlo, que lo fueras en decirlo. Creyendo engañada fue, que a unos pleitos vine aquí, en el amor no mentí, solo en esto la engañé. Y eso aunque mentira sea, por verdad en muchos pasa, porque un hombre que se casa toda la vida pleitea. Qué haré yo, que enamorado voy a un bien aborreciendo? Que darás arrepentido en cometiendo el pecado, que si a los que más pecaran casarlos al punto hicieran, yo sé que se arrepintieran al punto que se casaran. Con tan esquivo pesar, cómo he de poder vivir? Señor, paciencia y morir en el sitio del casar. Entra, Inés, en esa casa. Tu hermano me ha parecido que siguiéndote ha venido. Mira si adelante pasa, que también porque medrosa mi sospecha lo imagina a la vuelta de la esquina me retiré cautelosa aquí; pero aguarda Inés, no es este (qué dudo yo) el que en Atocha me habló? Notable suceso! Él es. Creerás; que no he sentido hallarle. Te da cuidado? Tiene mucho granjeado un forastero entendido. Espera, que están aquí dos mujeres. La mitad es mía. No es la deidad a quien el alma rendí? A mí me lo has preguntado? Si es mentira del deseo ya lo he visto y no lo creo; lo que duda un desdichado! Ya que a ruegos de mi suerte, oh bellísima homicida, volvéis a darme la vida con repetirme la muerte. Segunda vez abrasado llego a vuestra luz rendido, al incendio agradecido en lugar de escarmentado. Caballero, tan pagada de vos. Advierte señora, que llega a la puerta agora, y pregunta en la posada no sé por quién. Ay de mí! lo que porfía un pesar. Mira que entra y te ha de hallar si nos estamos aquí. El color habéis perdido, de qué os habéis asustado? Vine huyendo del cuidado de un hombre que me ha seguido? y fue mi dicha tan corta, que al entrar debió de verme; y así quisiera esconderme, porque la vida me importa el huir de su presencia. Ay recelo semejante! o es su hermano, o es su amante quien toma tanta licencia. Qué decís? Que en mi aposento si el recato escrupuloso. En peligro tan forzoso habéis de ser tan atento. Ven, Inés. Entro en sagrado. pero ya no importa nada. Ay mujer más desdichada? Hacia acá nos le han guiado. Qué he de hacer? No sé por Dios, que el aposento que veis es solo y ya no tenéis donde esconderos las dos. Mas yo ampararos prometo. Que un retrete no tuviera esta posada, siquiera para salir de un aprieto. Que llega. Yo soy perdida. Si aqueste nos coge vivos, nos deja muertos. Esquivos hados, qué os hace mi vida? El mejor remedio es este. Apriesa, que entra y no llama. Poneos detrás de la cama. Mejor será que se acueste. mas don Juan el coco ha sido. D. Juan, seáis bien hallado. Vos don Diego bien llegado. Inés, que se han conocido Y el buen Sancho, cómo está? trae salud? Qué bobería! dígame Fabio, quería que me la dejase allá? Paréceme que venís triste. Que fuese don Juan de esta mujer el galán, qué pena! bien presumís, porque un grande sentimiento me atormenta. Yo creía que siguiéndote venia. Amor, ampara mi intento no le diré que yo he sido el amante de su prima, hasta ver lo que la estima, que si por amor ha sido, ha de proseguir su empleo; y no quiero declararme, porque no es bien empeñarme, y no lograr mi deseo. Sin duda os habrán traído confuso y desconfiado. Las cartas que os he enviado cuidadoso me han tenido. Supe vuestro casamiento. Hablad paso; de este modo se pierde mi amor del todo. que es lo que escucho tormento Y mi amor quiero mostraros con preveniros prudente. lo que ignoráis por ausente, que haré mal de no avisaros en acción tan peligrosa, cuando remediarla puedo. Proseguid, mas hablad quedo, que ya os oigo. Vuestra esposa. No os digo, que paso habléis. Ya entiendo lo que os altera, salíos los dos allá fuera. Lindamente lo entendéis. Seguro agora escuchad. que me engañase el traidor! Sin tu licencia, Leonor, he de ofender tu beldad. Repetir la amistad nuestra que en Flandes principio tuvo, y por cartas ha durado desde que volviendo juntos, yo a Madrid, vos a Valencia por un preciso disgusto, dejamos riesgos más nobles por ocios menos seguros. Es fuerza, que es tan pesada la prevención que os pronuncio, que llegando a ser fineza con mi amistad la disculpo. Un ilustre Caballero (que atento su nombre encubro, porque en todo no se rompa de mi palabra el seguro) Sirvió a Leonor vuestra prima de cuya beldad presumo, que para pintarla el cielo se tomó a si por dibujo. Quiso firme y como siempre halla fuego aunque esté oculto un eslabón porfiado en el pedernal más duro. A dos años de finezas se rindió pero qué mucho, sino dura tanto el cerco de los más rebeldes muros. Mostró su afición callando, que viendo el amor astuto, que por no decir sus penas las disimulan algunos: haciendo lenguas los ojos, que las declaren dispuso por excusar la vergüenza, o no malograr el triunfo. Y así, como en ellos habla, el que la venda le puso, no quiso dejarle ciego, sino solo hacerle mudo. Tan amigo de este amante era yo entonces que juzgo (si soy yo mismo no miento) que los dos éramos uno. Acompañábale siempre, no sabiendo que el influjo de los Astros os guardaba de esta flor el dulce fruto. Desde que la negra noche tendía su manto obscuro, y el Sol al fin como muerto se pasaba al otro mundo. Hasta que del mar saliendo, adonde paró su curso, despertaba, publicando que fue lecho y no sepulcro. Hablaban los dos amantes en un jardín, dando asunto de murmurar a una fuente con tan envidioso estudio, que más ruidosa corría en el silencio confuso. Para que no se escucharan los requiebros, aunque dudo si fue porque no se oyeran los dos, o porque ninguno los oyera, que las voces ofuscadas en susurros, no sé si fueron estorbos, o si fueron disimulos. De esta manera vivían. al amor rindiendo juntos, como a deidad y Monarca holocaustos y tributos. Cuando su padre, ay memoria! del alma fiero verdugo, cuando don Pedro su padre su mano bella os propuso, sin consultarlo primero con Leonor, qué mal anduvo, quien de voluntad ajena quiere ser dueño absoluto, y al albedrio le rompe un privilegio tan suyo! que aunque fiaba el abono en vuestras partes le culpo, que solo por ser precepto, y no elección, temer pudo que bien no le pareciese a Leonor, que nunca supo ajustarse a la obediencia la republica del gusto. Viendo el infeliz amante una esperanza que tuvo por la muerte de sus dichas cubierta de triste luto. Determinó (torpe traza) salir hoy (bárbaro impulso) al camino, qué imprudencia! para mataros, qué insulto! Diome parte de su intento, y yo no solo rehúso ayudarle como quiere; más con atención procuro desvanecer aquel rayo, que a no refrenar su orgullo de la nube de sus celos, ya para caer estuvo. Deciros quien es don Diego, ya veis que no será justo, basta que sepáis el daño para huir del, que me escuso de arriesgar también su vida, ya que su amor os descubro. Esta de mis prevenciones era la ocasión, yo cumplo en avisaros con tiempo; pedidle a vuestro discurso agora que os aconseje sin pasión lo más seguro. Leonor está enamorada, que aborrezca dificulto, aunque olvide amor primero se enciende al menor disgusto, y quien de amante se hospeda en pecho donde otro cupo, o tiene su honor en poco, o estima su amor en mucho. Ay hombre más desdichado A lindo pleito venia. Bien empleada tenia mi afición. Mudo he quedado. que Leonor tenga ofendido su decoro y mi nobleza, qué yo adore otra belleza cuando a casarme he venido. Que esta mujer se escondiese de don Juan y que él me hablase a tiempo que me escuchase, y mi engaño conociese. Qué infeliz soy, pues que veo zozobrar con tanta afrenta en una misma tormenta a mi honor y a mi deseo. Cómo no habláis? Ay amor, qué tan presto has de morir! De este modo he de cumplir con mi amor y con mi honor. Don Juan, a mí me ha dejado quejoso y agradecido, lo que me habéis advertido, y lo que me habéis callado. Mas ya que vuestro valor sus fueros no ha de romper hasta llegar a saber el amante de Leonor. Encubierto y disfrazado me tendrá la industria mía, que aunque ya de que hoy venia esta don Pedro avisado. Como nunca llego a verme, nada en encontrarle arriesgo, por no amenazarme el riesgo de que pueda conocerme. Y si mi prima faltare a su recato, es forzoso que atento más que celoso este peligro repare. Que yo don Juan no he venido con amor, antes sospecho que le está bien a mi pecho el estorbo que he sabido. Porque estoy en dulce calma otra belleza adorando, que aun aquí me está escuchando porque la tengo en el alma. Y así cuerdo y advertido más he de lograr prudente atenciones de pariente, que venganzas de marido. Escogéis el mejor medio qué poco el discurso alcanza de quien toma una venganza adondecabe un remedio? Si antes hubiera sabido que no estaba enamorado, le dijera mi cuidado claramente; yerro ha sido, que agora le ha de ofender, si me vuelvo a declarar, y mi engaño ha de culpar: mi industria me echo a perder ya es fuerza que se prosiga. Satisfecha habrá cuidado La causa de mi cuidado. Que sea Leonor mi amiga la que este lazo divide. Dadme don Diego licencia que voy a una diligencia que me importa. Otra me impide, don Juan, el acompañaros. El corazón se me abrasa. Ya Sancho sabe mi casa. Yo iré después a buscaros Pues don Diego no ha querido a Leonor, seré dichoso, que primero que un celoso, se compone un ofendido. El trujo linda embajada. Fuese? Todo lo he escuchado; pero muy mal me ha sonado aquesta prima rozada. Ven Inés. Oíd primero, escuchadme dueño hermoso. Pues sobre ser engañoso, cae muy bien el ser grosero. Señora, si os he ofendido oídme. No he de escucharos. Satisfación quiero daros. No me deis lo que no os pido Os seguiré. Será error, porque yo os haré quedar; si me sigue, me he de entrar en la casa de Leonor. Detente beldad esquiva, que de admirarme no acabo, de que siendo yo el esclavo, seas tú la fugitiva. Seguiré tu Sol divino, Clicie a su luz desdeñosa. Aquí me han dicho que posa, Si es don Diego mi sobrino: Caballero, si no vais de prisa, apeaos aquí. Parece que contra mi vos también os conjuráis; no veis que es poca atención el llegarme a detener cuando sigo a una mujer. Qué necia resolución! ay tan loco desacierto escuchad vos, que el semblante dice que sois más galante. Miente el semblante, por cierto Proceded con más reparo. A fuera. Qué desvarío! ea parad. Señor mío yo soy hombre y nunca paro. Bien os podéis detener: quién va tras vos? El me da como, tras mi nadie va (que asomo, yo voy tras una mujer; cansado sois, os prometo. Que tengáis respeto os digo. Por qué pensáis que la sigo, por tener algún respeto. Pues ya que en la resistencia ofendéis la atención mía, lo que no la cortesía ha de poder la violencia; no me repliquéis a nada, no queráis. Ay tal capricho! Probar mi espada. Han me dicho que es malo probar la espada. Respondedme a lo que os hablo y no hagáis chanza mi ofensa, o sacad para defensa el acero. Hombre del diablo, porque a mí me has de estorbar, y no al otro, en qué pequé? Con el otro me enojé, y vos lo habéis de pagar. Esa es causa advenediza; miren que gentil aliño: pues soy hombre yo que riño lo que el otro encoleriza? No te alteres; no pretendo, si tú te vas enmendando enojarme. Id preguntando, que a todo iré respondiendo: que será muerte más blanda, aunque no menos molesta, el morir en la respuesta, que el morir en la demanda. Poco tardarás conmigo; saber solamente quiero quien es aquel Caballero que se apartó de contigo? No sé. Más necio te llamo ahora. Qué he de decirle? que si no es para servirle no le conozco: es mi amo. Y llamase? Sin desgracia, es discreto y gentilhombre. Pregunto, cómo es su nombre? Yo os digo cómo es su gracia, y no penséis que estoy ciego, que hasta el nombre le conviene por lindo. Qué nombre tiene? No está claro que es D. Diego. Si es verdad lo que imagino! don Diego, de qué? De Prado. Qué dices? Pues qué le ha dado? Es mi yerno y mi sobrino. Qué? la tramoya se acaba, perdona mi grosería, que yo no te conocía, y por eso te compraba: que dirá mi amo; echelo a perder. Que haya llegado, y que no se haya apeado en mi casa? qué recelo! Ha mucho que está en la Corte don Diego? Hoy hemos venido. Y esta dama que ha seguido sabes si es mujer de porte? Jesús, de eso no hagas caso porque era una mujercilla de estas que andan en la villa a socorrer un acaso. Antes dijo que a tu casa iba agora; si él se fuera, que dándome le dijera a mi señor lo que pasa. que ese me engaña colijo; pues dime, cómo podía, si mi casa no sabía. Un barbero nos la dijo. Yo presumo que es enredo que finges? Verdad te digo. Yo lo veré: ven conmigo. Entendiolo: yo no puedo porque una cuenta he de hacer, y ya la huéspeda está fuera. El huésped no la hará. Eso cómo puede ser? tengo yo de hacer la cuenta sin la huéspeda? Engañarme quiere, pues no ha de burlarme, yo le aguardaré. Es afrenta que tú no me hayas creído: vamos y verás si miento; hablar al huésped intento. Pues él viene, no ha mentido. Ya la traza va perdida; si mi amo se enojare, y esta vida me quitare, yo me pondré la otra vida. Todo ha de ser lamentarte; cuándo te he de ver alegre? Ay Don Juan del alma mía! Presto, señora, fallece tu esperanza, aún hay remedio mientras dura el accidente. Deja consuelos tan vanos, que en mi pesar desvanecen, pues no me sirven de alivio, y mis pasiones ofenden. Deja que a plantas y flores en este jardín me queje de un padre que violentando lo que fue tan libre siempre, aun más de mi pecho cobra, de lo que mi ser le debe. Solo por don Juan te pesa; que poca lastima tienes de don Félix En tu vida me has de nombrar a don Félix: si sabes que le aborrezco, para qué tan necia eres? que me enfadas con su nombre. Yo no he querido ofenderle: bueno es esto, cuando el pobre está esperando a que llegue a abrirle la puerta falsa del jardín; pero no piensen que es de balde, que un vestido me ofreció, porque le abriese, y le sacase a mi ama, que es una piedra. Si puedes hablarme, Clara, en don Juan, que es a quien el alma quiere; no un pesar me solicites, y una lisonja me niegues. Oh qué industria! pues, señora, yo quiero satisfacerte el disgusto que te he dado: desde ese balcón que viene a caer hacia la puerta del jardín: oh si cayese: a don Juan vi no ha un instante acechar curiosamente por la misma cerradura. que luego no me dijeses tan buena nueva. De todo soy muy flaca y olvídeme. Pues la llave está en la puerta, mira si acaso parece, y llámale. No quisiera. Acaba y no me aconsejes, que mi padre no está en casa. Yo voy; qué bien me sucede! No es deseo el que se posa al mayor inconveniente. Bajó Leonor? Ya ha bajado; mas haz como que pretendes entrar por fuerza, que importa: qué atrevimiento es aqueste? no habéis de entrar. Ay tal necia, pues para qué le detienes? Mira que es. No me repliques, déjale entrar. Que le deje; norabuena. Mas qué miro? Si está ya menos rebelde. Cómo traidora? Señora tengo culpa. Quien merece castigo, Leonor, divina soy yo, que tan poca suerte la he debido a mi fortuna, que ha hecho que tengas siempre por agravio el adorarte, y por delito el quererte. A morir vengo en tus ojos; que aunque tu rigor me acuerden, lo continuo de escucharle me ha enseñado a no tenerle. Un año habrá que te adoro, al amor tan obediente, que obstinadas mis finezas los desprecios te agradecen. Un año dije que había; yerro fue, la lengua miente, que no ha sido sino instante; que aunque por no merecerte, pudiera juzgar los días más largos, a mí me debes que como infeliz los pase, y como feliz los cuente. Y es porque disimulando con mi pasión tus desdenes, miro lo que me enamoras, y no lo que me aborreces, Pues que se me hiciera el tiempo, bella Leonor, a quererme tu, si el que me has despreciado me ha parecido tan breve? Porqué ingrata. Deteneos, y no queráis imprudente, cuando me hacéis una ofensa, con otra satisfacerme. Así agraviáis de mi padre la amistad? mas quién no teme que sabrá también fingirla, quien ha sabido ofenderle. Oye, mi bien, la disculpa de este error. Señor don Félix, por donde atrevido entrastes salid al punto; y creedme, que no hay disculpa de un yerro, como que luego se enmiende. Abierto el jardín he hallado y no es amante el que pierde, ocasión; pero qué miro! qué a prisa el placer se vuelve tormento! Siempre conmigo tan cruel; mas la que tiene quien la gaste los favores, no es milagro que los niegue. No fuera tan desgraciado don Juan; ha celos crueles! mas cuando no va la dicha al que menos la merece. Qué es lo que escucho? Pudierais advertir que estoy presente. A estarlo Don Juan, lo mismo dijera. Ninguno puede estorbar la torpe lengua que sin atención se mueve, por el necio que la rige; pero sabrá cuando empiece a pronunciar una ofensa, el que como yo las vengue, hacer antes que acabarla en el castigo escarmiente. Hízose verdad mi engaño. que a tan mal tiempo viniese. Pues si ya lo habéis oído, mi colera os agradece que me quitéis el trabajo de que lo diga dos veces. Porque me deje este hombre veré a Leonor. Y fue suerte hallar el jardín abierto. D. Ana a buen tiempo vienes Pues, hermana, a qué has venido? A ver a Leonor, qué quieres? Qué aguardáis? Salid afuera, que no riño entre mujeres. Tengo desnuda la espada, y ya no querrá volverse a su lugar con desaire; que yo, don Juan, riño siempre donde me coge el enojo. Leonor, ya es fuerza perderte el respeto. Aquí se ha entrado: mas qué miro! no es aqueste don Juan? Don Félix, teneos. D. Juan, hermano, detente. Hermano; qué es lo que escucho? Qué no receléis que llegue mi padre. Tened. Qué es esto? qué de penas me suceden! Al sagrado de mi casa vuestros aceros se atreven? Verdad me dijo el criado. que diga verdad quien miente? Cómo D. Diego ha venido? que hasta aquí me persiguiese! Este no es el Caballero que llegaba a detenerme? y con él Sancho ha venido: no lo entiendo. Qué os suspende? qué es esto señor D. Juan? responded señor don Félix. De este modo he de vengarme De esta industria he de valerme Señor don Pedro. Los mozos ya sabéis cuan fácilmente a los aceros apelan por la ocasión menos fuerte. D. Félix y yo en la calle tuvimos una tan leve, que de vergüenza la encubro; y por huir de la gente, viendo este jardín abierto, entramos en él a hacerle menos blancos los jazmines, y más rojos los claveles. Salió Leonor al ruido con mi hermana, descorteses han sido nuestros aceros, aunque el perdón os merecen, que el rendimiento os obliga más que el delito os ofende. Ay honor! yo lo creyera, a no saber que imprudente don Juan a Leonor adora, y que es mi amigo don Félix. Desvaneció mis intentos. Disculpose cuerdamente. Que la dama a quien adoro de mi amigo hermana fuese? Sin duda ignora don Diego dónde está. Así me parece. Pero aquí por mi sobrino disimular me conviene: pues don Juan de aquí adelante advertid que se procede con más prudencia en mi casa; y ya qué a reñir os mueve, una ocasión tan pequeña, daos las manos. Obedece mi respeto. Esta es mi mano. Mi amor será vuestra muerte Celos serán mi venganza, Pedro en qué se detiene? D. Diego, yo defendía vuestro honor. Así lo entiende mi amistad; mas yo le haré que su loco amor enfrene. D. Diego, cómo a esta casa venís? qué habéis hecho? Hallé me tan cerca que fue preciso que las espadas oyese; pues qué importa? Es vuestro tío el que veis. Mi tío sin duda es este. válgame el cielo! que aquí mi ignorancia me trajese? mas don Juan, de qué me aflijo, si él no puede conocerme? Decís bien. Ea, sobrino, llegad agora a que os bese las manos Leonor mi hija. Qué es esto que me sucede? viven los cielos que Sancho se lo ha dicho. Infeliz suerte! Este es mi primo, desdichas, Aquí mi esperanza muere, Este es de Leonor esposo. Pues sobrino, qué os divierte? Mal año y cómo me mira. Ciego el enojo me tiene. El me mata, yo me escurro sin que una gota me quede. Conoced prima y señora, a quien un alma os ofrece: qué torpes están los labios, cuando el pecho los desmiente! Seáis, señor, bien venido a matarme. Cómo advierte mi sospecha en su semblante lo que don Juan me previene. que esto mire y que no muera; Esos cumplimientos cesen, y venid a vuestro cuarto a descansar. No parece sueño lo que me ha pasado? Ven Leonor, a Dios don Félix. Doña Ana a Dios. Él te guarde. Si es el que mi prima quiere este don Félix? Don Diego algo sospechoso viene. que sea tan desdichada! que sea mi amor tan breve! dichoso mecharan violencias, pues rendimientos no pueden. Qué pensáis hacer? Amigo, morir antes que se arriesgue mi honor. Pues mirad don Diego lo que os importa prudente, porque vuestro honor peligra, y mi esperanza se pierde.

JORNADA SEGUNDA

Mucha paciencia he tenido. Haces bien en tener tanta, porque en dos mil ocasiones habrás menester prestarla. Que dijeses a don Pedro quien era. De eso te espantas? pues quieres que yo conozca a los suegros por la cara? Tú sí que fuiste más necio en irte a la misma casa de Leonor. Tuvo la culpa el norte que me guiaba. Al fin es don Juan tu amigo, su hermano, según lo trazas, cierto que más la tenia por carnal, que por hermana. Vamos, Sancho, donde posa don Juan, porque la adorada prenda mía ver deseo. Vamos, pero cómo agravias a un amigo? El que amor tiene, en la amistad no repara, que es ciego; y también son ciegas las heridas con que mata. El que es atento, no adora, que poco amante se abrasa quien se enciende con el fuego, y se alumbra con la llama. Creerás que tan rendido estoy, que no me pesara de que Leonor se ofendiera: mas tú no sabes la causa de lo que quiero decirte. Bien sé todo lo que pasa; que cuanto don Juan te dijo, escondido lo escuchaba; que soy muy fino criado. Pues, amigo, yo me holgara de que tuviera otro dueño mi prima; porque mis ansias solo por ser bien nacidas, no fueran tan desdichadas. Oye a propósito un cuento. Como no sea largo, vaya. No es muy largo, cuando mucho, durará de aquí a mañana: Diole un hombre a un zapatero una vuelta muy bien dada; y viendo que lo sentía, le dijo aquestas palabras: Pues no es dicha, mentecato, que sin que le cueste blanca, haya hallado un zapatero quien le zurre la badana? La aplicación ya está hecha; sufre, disimula y calla el que te zurren le prima, porque te dejen la dama. Todo, Sancho, lo perdiera, si a merecerla llegara. Bien sé yo que ella te quiere. En qué lo ves? que te engañas. En que siente que te cases, que eso harán cuantos te aman. Tanto el casarte aborreces? Tanto que hoy pensando estaba, y hacia una consecuencia, que a mí me parece clara. Si al que se casa dos veces docientos azotes cascan; porqué ciento no les pegan a los que una vez se casan? Pero ya habemos llegado: en esta primera sala está el cuarto de don Juan: este será el de doña Ana. deja que yo entraré a verlo. Espera y veré si anda el demonio de Finesilla por aquí: mas con su ama está hablando; llamarela: ce, Inés. a un lado te aparta, que yo entraré. No hay que entrar, que ella sale. Quien la llama. Un amante desdichado, que por no enojar al día, pedir licencia quería para morir abrasado. El que se mira agraviado, quisiera verse temido; y así el venir atrevido a mis ojos, no es fineza que a satisfacer empieza, quien huye del ofendido. Si es vuestra esposa Leonor, decidme lo que intentáis? en qué esperanza os fundáis, si sabéis que tengo honor? Dejad de fingir amor, que ya será mal nacido, porque es tan poco advertido, que de hoy más vuestro cuidado solo tiene de acertado, lo que tiene de fingido. No niego a vuestra beldad que vine a casarme aquí, que haber sido contra mí, acredita que es verdad: Pero si mi voluntad no ha tenido parte alguna, (pues que la suerte importuna me procuraba el empleo) no achaquéis a mi deseo delitos de mi fortuna. Después, señora, que os vi, y a vuestro hermano escuché, de pensamiento mudé, por él, por vos y por mí. Alma y corazón os di; pues como noble y constante haré boda semejante, si ha impedirla se han juntado las atenciones de honrado, y los afectos de amante? Luego no amáis a Leonor? Quién os ha llegado a ver otro amor puede tener? qué ciego fuera el amor! No aseguráis mi temor que os tiene muy empeñado la palabra que habéis dado? Pues que importa dueño mío, si vive en vos mi albedrio. y en Leonor otro cuidado. Señora, don Pedro dice, que te quiere hablar y queda esperando, que a tu hermano buscaba y como está fuera, me ha pedido que te avise. A qué mal tiempo que llega: di que entre. A Dios, Finesilla. Oh qué donosa llaneza! Mi bien, que don Pedro es este? Vuestro suegro. Pues quisiera, porque aquí no me encontrara, retirarme a esotra pieza. Para qué? no queréis darle celos? No advertís que es fuerza el volverle acompañando. Solo porque no se vuelva permitiré que se esconda. Dadme, señora licencia. Gracias a Dios que hay alguno que para esconderse ruega; retiraos en esa cuadra. Ven Sancho. Como de fieras se puede huir de los suegros. Ay amor! qué de experiencias tienes de mal empleado, y qué pocos te escarmientan! De estorbaros me pesara Cómo en casa que es tan vuestra podéis estorbar? Yo vengo a deciros una queja que tengo de vuestro hermano, para que vos como cuerda le deis prudentes consejos: que su juventud resuelta, ni a su obligación atiende, ni mi decoro respeta. Mucho siento que mi hermano a disgustaros se atreva con el menor pensamiento. Ya sabréis Ana bella, quien lo duda, que constante a mi hija galantea: mas aparte hablaros quiero, que no son estas materias para tratadas a voces. Que a mí con esto me venga? El criado de D. Pedro en esta sala primera estaba aunque no me ha visto. Mi hermano viene y me pesa mas él está con mi hermana. De que calle me hizo señas. No quiero hablarle, que siempre de mis pasiones se queja, y agora vendrá a cansarme con la misma impertinencia; pues volverme, será yerro, que podrá ser que me vea su criado y se lo diga: mejor es que en esta pieza me esconda hasta que se vaya. Donde está don Diego intenta esconderse; mas perdone que antes soy yo: hermano llega, mira que el señor don Pedro quiere hablarte. Oh vil cautela! sino me engaña la vista, viven los cielos que en esta sala está, escondido un hombre. Vengáis, D. Juan, norabuena. mas ahora por D. Pedro el disimular es fuerza. Bien me he librado. Parece que llamaron a la puerta. Yo, Don Juan, vengo a pediros que dé fin vuestra prudencia a tan locos galanteos, y a pretensiones tan necias. Dos años ha que mi casa rondáis mariposa ciega, atento a escalar mi honra a no estorbarlo sus rejas. Mirad, pues, a quién no admira que con tanta diferencia las atenciones me agravien, y los yerros me defiendan. Hasta aquí lo he permitido por ser menos indecencia, no estando Leonor casada: pero ya que su belleza tiene marido tan noble, es forzoso que os divierta, que seguís un imposible; sujetad la pasión vuestra. Si presume de que os vence, no blasone de que os ciega; no deis que decir al vulgo que con malicia grosera hace un delito de un yerro, y un agravio de una ofensa. Que como el honor se funda en lo que los otros piensan; basta que todos lo juzguen, para que yo no lo tenga. Que es un delicado espejo que en su mismo ser tropieza; pues en la opinión consiste, y en opiniones se quiebra. Esto, D. Juan, os suplico, cese tan bárbara empresa; y a Dios quedad, que enmendaros será la mejor respuesta. O si no, viven los cielos que si mi valor se alienta, sabrá castigar brioso, como prudente aconseja. Que aunque en mis canas el fuego de mi coraje se templa, mas que por nieve le postran, por ceniza le conservan. Qué escucho? Mis presunciones me dejaron de manera, que ni oí sus demasías, ni he atendido a sus querellas: apuraré mis recelos. Mi hermano, ay de mí! se acerca. yo estoy en grande peligro. Oh, quiera el cielo que mienta! pero imagino desdichas, y nunca salen inciertas. Dónde vas? Qué presto han dado señales de verdaderas! Advierte. Quita villana. Que Don Diego. Matarela. Ha venido. Que esto sufra! A buscarte. Que te atrevas a impedirme, tu castigo será esta daga. Detenga vuestra mano el golpe injusto. Pues vos D. Diego. Qué pena! Cómo estáis aquí escondido? Antes, Don Juan que os ofendan mentirosas presunciones, será bien desvanecerlas. Yo vine a veros y cuando por vos preguntaba, acierta a venir también don Pedro; y porque no me impidiera a aguardaros, la pedí a vuestra hermana licencia de retirarme aquí dentro. Y aunque tú me hicistes señas, porque entrando de repente sin conocerle, pudieras descubrirle, te he llamado; no hagas culpa la advertencia. Pues por qué me detenías? Porque todo lo supieras antes de entrar. Lo que miente; a algún sastre se encomienda. Bien está, vete allá dentro. que hablarle otra vez no pueda De quedar solo me huelgo. Vuelve luego, Inés, Que vuelva? no tengo vuelta ninguna. Pues yo te daré una vuelta. Si acaso escucho a D. Pedro qué he de hacer? Así tuvieran satisfación mis agravios; así las traiciones vuestras pudieran tener disculpa. Todo lo ha oído: suspenda vuestra voz razones tales, que de puro satisfechas han de volverse corridas a quejarse de la lengua. En lo que escuché a don Pedro, que satisfación os queda de esta injuria, de este engaño decid, cómo puede haberla? Disimulo, mientras puedo valerme de la cautela. No os dije que acompañaba al galán de Leonor bella por ser entonces mi amigo; pues la causa porque piensa don Pedro que yo la adoro, es por hallarme a su puerta muchas veces hecho lince de su calle y de sus rejas; que como le favorece, dispone el amor que sea para el uno la ventura, y para el otro la queja. Señor don Juan yo deseo tanto que en mí no se pierda la obligación de serviros, ni en vos la correspondencia, que he de creeros dudoso; mas sabed que no es fineza. si me escondéis la venganza, manifestarme la ofensa. Que mejor hubiera sido, aunque lisonja os parezca, para negarme el remedio, no decirme la dolencia. Es don Félix el amante de Leonor? Si yo pudiera decirlo, hubiera callado hasta aquí? Pues no pretenda vuestra amistad escusarse de esto que mi honor os ruega. Venida a ver a mi prima, y cuanto hablareis con ella lo he de escuchar escondido: que puesto que ha de ser fuerza el tratar de sus amores, vendré a saber de ella mesma, sin que vos me lo digáis, su amante; y de esta manera no rompéis vuestra palabra, y desmentís mi sospecha. Al homenaje faltara si lo que pedís hiciera, que yo soy el que lo digo, si por mi a saberse llega: que a mi parecer, don Diego, ay muy poca diferencia en que lo diga la industria, o en que lo diga la lengua. Nada hacéis de lo que os pido: y una amistad verdadera solo advierte lo que importa, y no mira lo que arriesga; que no habrá nadie que culpe, aunque el decoro se ofenda, que una palabra se rompa, cuando un honor se remedia. Muchas razones hallara que convenceros pudieran, mas con esta solamente disculpo mi resistencia. Si a don Pedro habéis oído; cómo queréis que yo vuelva a darle más ocasiones de indicios? Quede a mi cuenta remediar cualquier empeño que en este lance os suceda. Ya no es posible escusarme Esto no tiene respuesta. Que aumentaré sus recelos. Ya lo duda el que lo piensa. Vamos, pues ello es preciso. Así la amistad se muestra. Terrible! ce me aguarda. Perdona querida prenda. Por vos falto a mi decoro. Mucho aquesta acción me empeña. Más me empeña a mi Don Diego. Saber la razón quisiera. Pues vos lo veréis mui presto si el amor no lo remedia. Gracias a Dios que se han ido: quien tiene honra es mentecato; llamaré a Inés, porque un rato me entretenga. Ya he salido a saber (aunque me venza) qué quiere. Inés de mi vida, tu seas muy bien venida. Eso sí hablar con vergüenza. Beso el zapato que toca. Punto en boca, mentecato. En besando tu zapato pondré diez puntos en boca. Toma pícaro. Eso sientes, no me hagas tales baldones, que das unos bofetones fríos, que quiebran los dientes. Qué carne tan delicada que tiene. Qué barbarismo; para mí es esto lo mismo que darme una bofetada. Me enamora de esta suerte? Cómo sé que me has cobrado tanta afición, no he tratado de obligarte. Yo quererte? a nadie con más rigor he llegado a aborrecer. Pues si no me puedes ver, no estás muy ciega de amor. Yo me inclino a valentones, y tu muy devoto eres del temor. Pues qué más quieres, si soy de los temerones? Todo mi desdén atajan, y solo me satisfacen los que muchos fieros hacen, y estos que hienden y rajan. Querrás bien a carpinteros; mas si los dos nos casamos, ya tener hijos llegamos, yo sé que haré muchos fieros. Fabio si, que por galante merece hallar más abrigo en mi amor. Para contigo poco mérito es bastante. Puesta con él, hombre bajo, estropajo es tu persona. Pues dime, siendo fregona me dejas por estropajo? Aunque tu pasión resista, sé más cortés. India fea, anda ve y dile, que sea cortés al que te conquista; que me tiene tan mohíno, que si él agora llegara, lo colérico aplacara con ponerle lo sanguino. Si él saliera, más qué huía. Qué es huir, si aquí saliera le hiciera yo: Qué le hiciera? Una grande cortesía. Sabe que es Inés hermosa cosa mía? Aunque me arguya, no puede ser cosa suya. Por qué? Porque ella no es cosa. Yo le haré hablar comedido. ea, riña. Injuria ciega; antes si agora me pega hablaré más sacudido. Riña. Soy hombre ejemplar, y cuando voy a reñir, me acuerdo que he de morir, y no me quiero matar. Acabe el mandria. Qué puedo hacer con tan grande ofensa? natural es la defensa; pero es legítimo el miedo: Óigame. No escucho nada. Vuesamerced se reporte, y demos en esto un corte que no sea el de la espada. La lengua quiero cortarle. Bien sé yo hablar muy cortado. Saque la espada el cuitado, que por Dios que he contarle los botones. Será exceso en lo que yo no le pido, cuando hiciere algún vestido le llamaré para eso. Es un mandria en mi conciencia, déjale. Por ti me aplaco. Pues si yo me desataco no ha de oler bien la pendencia. A creerlo persuades. Yo tengo malos humores, y así guardo los temores para mis necesidades. Pues no enamore el menguado a Inés. Que se engaña creo, yo la he dicho mi deseo; pero no la he enamorado. Que si he de decir verdad me ha dado mil celos hoy. Tómelos, que se los doy de muy buena voluntad. No he de sufrirle, atrevido, porque pretendo a Inés bella, para casarme con ella? Pues aprenda a ser sufrido. Y si otra vez le encontrara. No haya miedo que le impida que ella es fea y en su vida me ha de poner buena cara. De oír disparates huyo. que aun dice cuando se humilla su parecer. No es decirla mi parecer, sino el suyo. Pensará que me avergüenza. Como es tu fealdad tan rara procuro, Inés, que la cara se te caiga de vergüenza. Ya que soy tan desdichada, que el vital aliento mío, aun más que en respiraciones le voy gastando en suspiros. Denme los ojos su llanto, porque me sirva de alivio; que haya menester un alma pedir favor a un sentido! Referir quiero mis males a mi sentimiento mismo, que tal vez está el descanso entre la queja escondido. Pero como yo los oigo cada vez que los repito me atormenta el escucharlos mas que me alivia el decirlos. Que por no dejarme nunca, o por hacerse infinitos, el que sale por los labios vuelve a entrar por los oídos. Don Diego ha de ser mi esposo, yo el corazón le resisto: porque ha de hallar en el alma de menos el albedrio. Adoro a don Juan; qué pena cielos! es verdad que vivo, que le confiese adorado, y que le llore perdido? Voy a olvidarle y no acierto; que esta voluntad se hizo desgraciada en mi fortuna, y precisa en mi destino. El honor me da consejos; y si acaso los admito, se enoja el amor de suerte que cruel como ofendido, con más rigores me abrasa el pecho, porque al principio heria de acostumbrado, y después de vengativo. Aquí está Leonor don Juan: a mi cuarto me retiro a escuchar, haced de modo que se logre mi disignio. Que fuese tan poco atento que pudiendo haberle dicho claramente mis pasiones, desde luego haya querido hacer la amistad agravio, y la fineza delito; mas ya no tiene remedio. Así mi intento consigo. Ay de mí! venga la muerte a dar fin a tanto abismo: pero don Juan? Leonor bella. Mi deseo le ha traído. Antes que ella se declare he de atajar el peligro. Y a culpaba. Oíd primero, y os diré a lo que he venido. Cielos, qué mudanza es esta! que don Juan hable conmigo de esta suerte, no se muda sin el amor el estilo. Aquel infeliz amante que dichoso un tiempo ha sido, porque su fortuna ingrata subirle a la cumbre quiso por derribarle, que el hado aun más que prodigo, esquivo suele gastar una dicha por lograr un precipicio. Aquel de cuyos requiebros, (injustamente perdidos) de un jardín, plantas y flores fueron callados testigos: Ojalá no los hubiera; porque es el mayor martirio, que quien le miro encumbrado le esté mirando abatido. Viendo que esta vuestro esposo en Madrid y prevenido para quitarle la vida en el tálamo el suplicio. Por sentir menos el golpe, con no mirar el cuchillo, quiere huir de sus desdichas, aunque las lleva consigo. Y así para que se parta licencia vengo a pediros; porque al punto. Deteneos; que no sé cómo he tenido paciencia para escucharos, ni corazón para oíros. Así se pagan finezas? tan presto yace rendido el amor, que en lo medroso nunca pareció más niño? Aunque llegase don Diego, siempre no están a mi arbitrio mis acciones? pues qué importa que mi padre, o mi enemigo casarme por fuerza intente; si dejando al albedrio libre, de no sujetarle me disculpa el cielo mismo? Antes faltará del Orbe ese Planeta divino, que nunca muere abrasado, viviendo siempre encendido. Antes romperá su coto esa campaña de vidrio, que no teniendo, ni aun sendas, parece toda caminos. Y al fin, antes apagado se verá el incendio activo de mi corazón, que llegue don Diego a ser mi marido; mas quedad con Dios, que el tiempo se correrá de haber visto una mujer tan resuelta, y un hombre tan advertido. Oíd, señora. Dejadme. Averiguar no he podido lo que dudaba. Qué voces son esas: pero qué miro, don Juan aquí? Qué de penas, guarda para mí el destino. Que don Pedro haya llegado. Que don Pedro haya venido. Vete Leonor allá dentro Mira. Que te vayas digo. qué quieres de mi fortuna? Don Juan, lo que no ha podido hacer con vos el consejo ha de poder el castigo, ea sacad el acero. Mirad don Pedro que estimo vuestras canas. Que a este empeño le trujese. Más me irrito, de que imaginéis que nunca puede a mi faltarme el brío, no disfracéis lo cobarde en un respeto fingido. Decís tantas demasías, que ya no puedo sufriros. Qué es aquesto? Que estuviera en su cuarto mi sobrino. Con don Juan reñís? decidme, señor, en qué os ha ofendido, porque es mi amigo, y muy grande? que don Juan es vuestro amigo? Disimular es forzoso, pudierais haberlo dicho. Sepa yo qué fue la causa. El no haberme respondido, habiéndole preguntado tres veces (qué mal reprimo la colera) que buscaba! Disimular ha querido. Otra vez sed más atento, Dios os guarde; ay honor mío. Qué sufra tantas ofensas por vos? Con estos avisos voy despertando recelos. En confianzas dormidos si acaso don Juan me ofende; pero como lo imagino, dudara las evidencias, y he de creer los indicios? Parece que está don Diego sospechoso y pensativo. Ya vi salir a mi padre, y por saber lo que dijo, vengo, qué pasa don Juan; mas cielos, que ya mi primo esté aquí! Soy infelice. Pues cómo tan presto vino? Proseguid, qué os ha turbado? cobrad el color perdido, no os disguste mi presencia: qué importa el haberme visto? antes faltará del Orbe ese Planeta divino, antes romperá su coto esa campaña de vidro. Y al fin antes apagado se verá el incendio activo de vuestro amor, que don Diego llegue a ser vuestro marido. Oíd don Juan. Leonor mía, perdóname, que es preciso acompañar a don Diego, después sabrás lo que ha sido. Ay mujer más desdichada? A quien le habrá sucedido lo que me pasa en un día en el término de un siglo. Pues cómo sabe don Diego lo que yo a don Juan he dicho? ah falso traidor amante! él sin duda arrepentido le ha declarado mis penas; y encubriendo su delito, quiere dejarme olvidada en las manos del peligro: porque pedirme licencia para ausentarse, es indicio de su mudanza y mi ofensa, de mi agravio y su desvío. Que así don Juan me mintiese? y que gastase conmigo tanto suspiro engañoso, tanto requiebro fingido. Mal haya la voz infame de tan aleve artificio, que sin pedírsele al alma, sabe formar un suspiro. Quien su afición no creyera, si llegaba tan rendido, que era verdad el halago, siendo mentira el cariño? Pero las señas de amante le hicieron más fementido, porque no fuera tan falso, a no parecer tan fino. Qué he de hacer? ya está mi padre sospechoso y ofendido, Don Diego desengañado de lo poco que le estimo; y don Juan, que es por quien pierdo aun más de lo que repito, debiendo me una memoria, me paga con un olvido. Oh quién pudiera del pecho sacar su retrato vino: mas él se irá bien aprisa; si es retrato parecido. Acabe ya con mi aliento el dolor, pero mal digo, que se tardará la muerte, si la espero como alivio. Toda la casa está sola; ea atrevimiento mío hacedme ahora dichoso: a Clara la he prevenido que no responda, aunque llame Leonor. Que habiendo querido a don Juan. Que bien empiezo. Tan rendida. mal principio. Me dejase de esta suerte. Poca razón ha tenido. que buen consuelo me ha dado en mis penas el destino. No temo vuestra crueldad con lo que he llegado a oír, porque es fácil de rendir quejosa una voluntad; pero que vuestra deidad sienta de un hombre el desdén? al que os olvida es a quien le viene el pesar mejor. Dejad, señora, el dolor para el que ha perdido el bien; pero aunque es amante necio el que no os estima y quiere, así sabréis lo que hiere un olvido y un desprecio. Que si es igual menosprecio el que pasamos los dos, es que intenta el ciego dios, que viéndolo que lloráis, lástima de mi tengáis, por lo que os aflige a vos. Señor don Félix, que hallado en cansarme y perseguirme doráis con nombre de firme el yerro de porfiado; Dejad tan necio cuidado, que solo mi enojo enciende vuestro ardor y si pretende con finezas granjearme, cómo tengo de obligarme de lo mismo que me ofende? Ya que soy tan desdichado, solo por ser tan amante, que no te obligo constante, y te ofendo enamorado. Haré violencia el cuidado, haré el amor desatino, ser dichoso determino, y pues no nací dichoso, yo me he de hacer venturoso, a pesar de mi destino. Qué intentas, loco, villano? Vencer tu rigor pretendo. Sabrá mi padre esta injuria. Apenas dejé a don Diego, mas qué miro! De este modo ha de ser. Suelta la necio. Antes daré yo castigo a tan loco atrevimiento. Desdichado soy en todo: que estorbase mi deseo! De un peligro me he librado, y muchos peligros temo. Daré a mis celos venganza. Don Juan, don Félix, teneos, cómo ofendéis mi decoro! Yo tu decoro defiendo. Señora, gran mal! Qué dices Clara? Tu padre y don Diego suben ya por la escalera, que las espadas oyeron. Ay más pesares, fortuna! que he de hacer, yo no me atrevo a esperar aquí, don Félix: don Juan, pues sois caballeros, mirad por mi honor entrambos; vámonos Clara allá dentro: qué nunca me falte un susto! que siempre me aflija un riesgo! Qué hemos de hacer? Retirarnos, si queréis. Pues escondeos, que para daros la muerte me sobrara mucho tiempo, El villano que le atreve. El que ha perdido el respeto. No escuchasteis el ruido? Y era en aqueste aposento? Mirad hacia vuestro cuarto. Mirad, señor, hacia el vuestro. Acá viene. A mí se acerca. Don Juan. Don Félix, qué es esto? Cómo estáis aquí escondido? Cómo estáis aquí encubierto Yo me libro de este modo. De esta manera me vengo. Responded. Hablad don Félix. Siempre vuestro honor defiendo Decidme lo que ha pasado. Agora amigo no es tiempo de callar. Qué ha sucedido? En el cuarto de don Diego hallareis al que os agravia. En el cuarto de don Pedro hallareis al que os ofende. Sois amigo verdadero, no os vea aquí mi sobrino, salid por mi cuarto luego, que esta es la llave. Don Juan, don Pedro tiene recelos de vos, por la puerta falsa de mi cuarto salid presto, no os vea, tomad la llave. Qué aguardáis? Ya os obedezco. Bien se ha logrado mi industria. Bien se ha logrado mi intento. Ya don Diego le habrá visto. Hoy saldré de aqueste empeño, a quien habéis encontrado? Saber lo mismo deseo. Yo a nadie. Pues yo tampoco. Qué decís? El juicio pierdo, habláis de veras? Miradlo. Vos también haced lo mesmo. que quiere engañarme juzgo. que quiere engañarme entiendo Mas todo el cuarto está solo. Pero no hay nadie aquí dentro. Vive el cielo que don Juan me ha mentido. Vive el cielo, que don Félix me ha burlado. Ha traidor. Ha infame. Quiero disimular. No quisiera dar a entender este yerro. Sin duda ilusión ha sido. A mí me engañó el recelo. Mataré tan falso amigo. Castigaré este desprecio. Qué no haya amistad amando? Qué no haya amistad queriendo

JORNADA TERCERA

Leonor, mira no me engañes Yo he dicho lo que ha pasado. Qué intentase acción tan loca, que profanar tu recato quería! no hay enemigo peor que un amigo falso. porque la amistad le sirve para ofender con resguardo. Oh ignorante confianza, qué de yerros has causado! el que no teme el peligro, a voces le está llamando, que como son tan cobardes, desdichas y sobresaltos, acechan y matan siempre al que ven asegurado. Y ha mucho que te pretende el traidor? Más ha de un año que contra mi honor porfía. Por qué no me has avisado? Por escusarte el disgusto cada día iba esperando que mi rigor le enmendase. Necia, Leonor, has andado que al principio es el remedio más fácil y siempre hallo, que por no apagar centellas mil incendios se causaron. Y cuando puede estorbarse, es, Leonor, más acertado desvanecer los vapores, que esperar que se hagan rayos. Que si es llama tan antigua, tendrá su amor en mi daño, desatenciones de niño, y rebeldías de anciano. Pero yo daré castigo a su traición, atajando en su amistad las injurias, y en mi temor los cuidados. Y pues él mi honor agravia con fingimiento villano, del modo que fue la ofensa, ha de ser el desagravio. Un papel has de escribirle, (notable venganza trazo, con vergüenza te lo digo, mas ya estoy determinado) en que digas que tu pecho, ya de su amor obligado quiere enmendar los rigores, y que esta noche a tu cuarto venga a verte. Pues no basta que lleve Clara un recado de mi parte. No Leonor, qué más he de asegurarlo, que habiéndole aborrecido, si ve favor tan extraño podrá ser que no lo crea. Medroso, o desconfiado también yo fuera a buscarle, pero allá puede negarlo: y si contigo le encuentro es el delito más claro, y más justa la venganza. Es ofender mi recato querer que yo escriba a un hombre No te toca a ti el mirarlo, escríbele luego al punto, no repliques, yo lo mando. Digo, señor que obedezco. Por el al instante salgo; sea un engaño el castigo, pues fue la ofensa un engaño, que ha de pisar la venganza por las huella, del agravio Aborrézcole de suerte, que temerosa no acabo de escribirle, que aun fingidos me han de faltar los halagos. Más qué he de hacer? es forzoso, empiece a mentir el labio, temo que el alma ofendida se me ha de huir de la mano. De mil dudas combatido, ciegamente vacilando hasta aquí llego confuso a saber lo que ha pasado a don Feliz con don Diego: porque estoy anticipando pesares, que mientras vienen me matan imaginados. Más no es Leonor la que miro? escribiendo esta, ya tardo en ver a quien: más ay triste, veneno el papel me ha dado. a don Feliz mi enemigo escribe, de celos rabio, un puñal es cada letra, y una herida cada rasgo. No hallé a don Juan en su casa y se quedó en ella Sancho para avisarme en viniendo; mas no es este? Pues qué aguardo que no averiguo mi ofensa. Quién es? Un desengañado. Qué infeliz soy! No le escondas. A que ha venido este ingrato Suelta el papel. No has de verle. Dejad el papel entrambos. Hay mujer más desdichada! Hay hombre más desgraciado! Dilataré la venganza por hacer mayor el cargo; pero a don Félix escribe. que a verte venga a tu cuarto, ah villana! Ah falso amante! Lo que leo estoy dudando; no es don Juan el que me agravia Y agora está acreditado lo que Sancho me decía, que cuando al ruido entramos don Pedro y yo, me asegura que vio salir asustado por el cuarto de don Pedro a don Félix. Yo he quedado sin vida. A quién le sucede lo que a mí? Cómo dilato el remedio, o la venganza: esto es lo más acertado. Ya por el papel he visto, (que mudo está declarando vuestra afición y mi ofensa, vuestro delito y mi agravio) Lo que estimáis a don Félix, y habéis de deberme tanto. que esta noche, aunque él no quiera con él habéis de casaros. No venís don Juan? Ya os sigo. Daré una excusa en bajando para dejarle: ah traidora! de celos voy abrasado. Qué es esto que me sucede? un pesar a cada paso! un susto cada momento! cada instante un sobresalto! a cada acción un peligro! no lo entiendo, no lo alcanzo! o es tema de la fortuna, o es ojeriza del hado. Qué estrella tan desdichada, y qué signo tan contrario presidió cuando nacía a ser infeliz espanto? Mas si yo vivo tan ciega, que a un traidor estoy amando, para qué de yerros míos echo la culpa a los Astros? a escribir el papel vuelvo; pero ya, si no me engaño vuelve don Juan, de mi enojo, ha de quedar castigado. Falsa, engañosa, enemiga, sirena, que al dulce canto de tu hermosura, adormeces para matar con engaños Áspid, que oculto en las flores de esa beldad que idolatro hiciste preciso el riesgo de puro disimulado. Cómo tan presto olvidaste finezas, que si tocaron la cumbre de tus favores, fue por caer de más alto? Así pagas mis afectos? que tu amor ha sido falso? que hayas tenido mentiras para fingirle dos años? Mas ay, Leonor, que escusada es la admiración que hago! de que eres mujer me olvido pues de que finjas me espanto. Solo me pesa de verme tan rendido y tan postrado al incendio de tus ojos, y a la fuerza de tus rayos, que no dejara de amarte ofendido y despreciado: porque te adoro tan ciego, que en la luz del desengaño más que se alumbra se enciende mi corazón obstinado. Y bien supiera enmendarse; pero ha que se abrasa tanto, que aunque se apague de cuerdo, ardera de acostumbrado. Mas yo huiré de tus ojos, a morir ausente parto, goce don Félix las dichas que mereció mi cuidado. Creí que le aborrecías, y que era yo solo, cuanto me engañaba el pensamiento, admitido y estimado! Mas ya veo que fue industria de mi destino contrario, que siente más una ofensa el que vivió confiado, Y así cruel. No prosigas aleve, traidor, ingrato; pues cómo de mí te quejas si procedes tan villano, que le dijiste a don Diego mis pasiones, ocultando que eras tú el que merecías un amor tan mal pagado? No me pediste licencia para ausentarte, dejando mi vida en tanta zozobra, que entonces darme tu amparo podías, sino de amante, si quiera de lastimado? Yo a don Félix he querido? asaltar quiso alevoso los muros de mi recato. Este papel que escribía fue fingido por mandarlo mi padre, que su venganza dispone con este engaño; que nunca. Leonor detente, detente, Leonor, que en vano a delitos verdaderos das mentirosos descargos. Cómo quieres que yo crea, que tu padre te ha mandado que este papel escribieses? No ves que está publicando la indecencia que es mentira, aunque lo dice más claro saber que los dos nacimos, tú mujer, yo desdichado. Para qué son fingimientos? déjame huir el encanto de tu hermosura y que vaya a morir desesperado, que de ti no he de vengarme, y es fuerza vivir penando, que es la venganza el remedio para sanar de un agravio. No te has de ir sin escucharme, y ha de ser imaginando que mi decoro defiendo, y no que te satisfago. No me detengas, ingrata, que si te escucho y te hablo desvanecerás mis quejas entre fingidos halagos: que por ceremonia usada te valdrás luego del llanto, y me harán creer tus ojos lo que mintieron tus labios. Tú has de oírme. Ya te escucho; pero ha de ser no mirando tu belleza, porque temo que dulcemente engañado me he de olvidar de mi injuria, y ya, Leonor, solo trato de ver por lo que te dejo, y no por lo que te amo. Ya no podré, porque viene mi padre. Piadosa ha andado la fortuna en estorbarme que te oyera. Vete ingrato. Ayer, Leonor me pesara, mira a qué tiempo he llegado que estimo las ocasiones de huir de ti. Qué villano tan vilmente procediera? de amor y enojo me abraso. Dónde está el papel? Tormentos venís tan apresurados que no me dejáis sentiros. No me respondes? No hallo disculpa. De qué enmudeces? y el papel? qué te ha turbado? Aun no le he escrito. Qué dices? así cumples lo que mando? Estaba. No te disculpes, ven a escribirle a mi cuarto delante de mí y prevente, que esta noche. Estoy temblando. Has de quedar tú casada, y don Félix castigado. Antes me daré la muerte; pesares dejadme el paso, ya que venís tan aprisa, no me matéis tan despacio. Y tú Señor? Que yo en esto por ver a Inés me haya entrado que aquí espere, me ha mandado. Y sabéis si vendrá presto? Yo apostaré que no tarda un año. Para un amante es un siglo cada instante, y más si una dicha aguarda. Aunque estoy a diferente cosa y a su hermano espero, con esta mentira quiero degollar a esta inocente. Dime, Sancho, por tu vida, don Diego está enamorado? corresponde a mi cuidado? pensaré que soy querida? Es pasmo de voluntades, te adora los pensamientos, de beber por ti los vientos, tiene mil ventosidades. Pero si se ha de casar luego con doña Leonor, de qué me sirve su amor? No hayas miedo. Ha de quebrar la palabra? Qué escusado pundonor y qué importuno, pues no se quiebra un ayuno, y es mucho mayor pecado. Enviar con Sancho el papel me ha parecido mejor, que puede negar su amor, y en hallándola con él no le podrá desmentir; pero aquí doña Ana está. Vive Dios que vino ya, que no acierte yo a mentir! Guardo el papel no le vea. Don Diego. Doña Ana hermosa. Soy tan poco venturosa, que es preciso que lo crea. Vos de pena, o suerte alguna os quejáis? qué hará lo humano, si aún no está lo soberano seguro de la fortuna. Parece que lo ignoráis en la admiración que hacéis, y vos la culpa tenéis. Por qué no me castigáis? mi vida está en vuestra mano, aunque en vuestros ojos muerta. Poneos los dos a la puerta por si viniere mi hermano. Ven a hablar. Eso está en duda, pondreme muda y severa. Pues no será la primera vez que te hayas puesto muda; mas no es don Juan el que veo? Señora, tu hermano. Ay triste. Con tu miedo le trujiste. Qué infeliz es mi deseo! A mí sin duda me ha visto, y así es error esconderte. No te aflijas de esa suerte. Que llega, cuerpo de Cristo Entraos adentro las dos. Pues qué has de hacer? ay de mí! cómo has de librarte? Así. Buenas noches nos dé Dios. Saldré agora. Con el miedo perdí el tino. Luz, qué hiciste al postrer rayo que diste vi un hombre, culpar te puedo, pues la ofensa no deslumbras, el castigo no deshagas; para el remedio te apagas, y para el daño me alumbras? Inés, veme tú guiando. También he perdido el tiento. Qué frio es este aposento, vive Dios que estoy temblando. Por luz a tu cuarto iré. Espera, que esto es mejor. porque no salga el traidor. Adónde me esconderé? Hay tal desdicha! No aciertas? Estoy turbada, qué quieres? Que siendo aquestas mujeres no nos echasen por puertas. Vive el cielo que ha cerrado, y por Fabio me ha tenido. Entra adentro y advertido pide una luz sin cuidado. Hay hombre más infeliz! pensando estoy lo que haré. Una alacena topé debajo de este tapiz. Pero aguarda, que no acierta mi honor. Del riesgo me aparto. La luz traerás de mi cuarto, que yo me pondré a la puerta, ven y saldrás. Qué es aquesto? enmendose mi fortuna. Hay suerte más importuna? Anda Fabio y vuelve presto. Sancho me echará a perder si no ha salido. Ay honor, que del alma lo mejor se fiase a una mujer! Aquí esperaré escondido a que pase la tormenta, y aunque el hermano me sienta, no me he de dar por sentido. Ya está aquí. De mi rigor será despejo. Al venir a don Diego vi salir, diréselo a mi señor. Ay de mí! qué es esto, hermano? Ah falsa. Yo me deslizo, esto está resbaladizo, Dios me tenga de su mano. Dame esa luz. Pues los pies no sé por qué se me van, que bien tratados están; no lo dije yo. Quién es? Cierto que te has asustado como si hubieras caído. Qué hacías aquí escondido Este dice mi cuidado. Direlo; mas por tu vida que esa lanceta de acero envaines que yo no quiero sangrarme de esta caída. Acaba. El diablo se suelta. Yo lo dispondré de modo, que quede enmendado todo, y lleve Inés una vuelta. Ya sabes las tentaciones que tiene la carne humana, y que es muy amigo el cuerpo de este enemigo del alma. Yo vi a Inés y enamoreme, que aunque no es buena su cara, y ella es un diablo, imagino que por eso me tentaba. Díjela mi amor y como por lo que tiene de blanda para mujer de un cerero valía lo que pesaba, porque harán cera y pabilo de ella con una palabra. Me respondió, que esta noche la viese y cuando ya estaba en lo que Dios no es servido; tú que entraste por la sala, yo qué maté la bugía, tú que sacaste la espada, yo que me escondí aquí dentro, Inés que me dio la traza, tu hermana que oyó el ruido, mi zapato que resbala, tú que caíste en la cuenta, y yo que caí en la trampa, Esta es la verdad y juzgo que aquí no he pecado en nada, aunque a no venir tan presto, pudiera ser que pecara. Qué embuste! Qué bien ha hecho; Inés, disimula y calla, que ya ves lo que me importa. Cómo a una acción tan villana te has atrevido? no sabes que es sagrado aquesta casa. Pues si he hecho algún delito, el ser sagrado me valga. Os queréis los dos? En eso mi disculpa está. Pues dala luego la mano de esposo. Esto solo me faltaba, por Cristo que la hice buena Señor, mira que te engaña. Inés, calla. Quién te ha dicho que quiero yo ser casada. Qué esperas? Tengo hecho voto de castidad. Necio acaba. Pondrá Fabio impedimento? No pondré tal. Ya me cansas. Digo, que en todo he mentido. Bueno, de engañar me tratas agora. Ello va de veras. Dala la mano, qué aguardas? darla el pie será lo mismo, porque ella es ruin y villana, y se tomará la mano. Vive el cielo que me hagas que te mate. Algún Vicario se te ha metido en el alma: Inés, ves aquí mi mano; mas protesto que me casan por fuerza. Y yo hago lo mismo. Pues descasarnos mañana. No estén los dos un instante aquí; y otra vez, doña Ana, me enojaré si no tienes cuidado con tus criadas. De buen susto se ha librado mi honor, ay de mí! no hallara satisfación tan segura mi voluntad agraviada. Mi señor está engañado yo le diré qué pasa, porque esto a su honor importa. Yo os quedo tan obligada, que no os faltaré en mi vida; muerta de temor estaba. Miren ustedes qué dote. Voy a juntar mis alhajas: adónde hemos de ir, marido? Al infierno. Así me hablas? Dejadme mujer, dejadme Jesucristo qué cansada es la vida de un casado; decidme, habrá una semana que fue la boda? Qué dices, ni un instante. Estáis borracha? más ha de quinientos años. El gusto con que lo pasas te hace la cuenta; oyes, mira que he menester una gala para la boda. Ya empiezas a pedirme, aqueso basta para que yo me descase. Esa es causa? Y muy gran causa; si una mujer pide mucho, no dicen luego, a esta dama la huele muy mal la boca; pues por esto se descasan. Buscarelo yo, no importa. Cómo, quien te ha dicho, hermana, que ha de querer mi cabeza emparentar con Jarama. Tú quieres que no riñamos? pues la vida que te aguarda conmigo quiero decirte, dame la oreja tan larga. Lo primero, aunque seas buena, has de parecerme mala, porque es muy necio el marido que con su mujer se casa. A cuanto yo te dijere no has de replicarme nada, que te has de ir muy norabuena, si te envío noramala. Tú no has de afeitarte el rostro, no ha de haber muda que valga, si le tienes en tizona, no has de ponerle en colada. Que por si acaso algún día (Dios me libre de esta plaga) tuviere bubas, no quiero que tú me gastes la pasa. Moño, ni por que se dijo, si ponértele pensabas, bien se te puede quitar de la cabeza esa alhaja. Las razones serán buenas, llamarete mentecata, puerca, sucia, que no pienso tratarte mal de palabra. He de dejarte con llave siempre que fuera me vaya, porque si viene algún diablo se vuelva a puerta cerrada. Jamás has de entrar en coche, que pudiendo andar a pata no he de tratar yo en tinteros, porque tú trates en cajas. Nunca saldrás si no a Misa, y no has be salir tapada, que no has de darme un disgusto por un ojo de la cara. No irás al rio en Verano, que allá suelen muchas damas en lugar de agua del rio bañarse en agua rosada. A la comedia, hoste puto, eso no, que arregostada, querrás si hoy comes cazuela irte a pasear mañana. Aunque no tengas un cuarto, no has de dar una migaja de tu honra, que más quiero verte pobre que alcanzada. Que siendo tan convenible no hayas miedo, Inés amada, que te dé más que ocho vueltas de palos cada semana. Oh quien tuviera testigos que esta relación bastaba para pedir yo divorcio. No te aflijas, que si alcanzas que por esto nos aparten, iré a decirlo en la plaza. Que salir viste a Don Diego? Cuando con la luz entraba. Ah falso amigo! villanos aquí os estáis; mi venganza empezará por vosotros. Ya nos vamos, ten la daga, aunque me harás buena obra si de marido me sacas. Pero ven, Fabio, conmigo que no he de ver a esta ingrata hasta que esté con don Diego; así queda asegurada por si estos la dicen algo. Déjanos salir. Aparta. Ay que me ha cogido un dedo, toda la yema cortada me ha dejado con el golpe; mujer trae luego una clara para curarme esta yema. Dios te castiga la mala vida que me das. Demonio búscame una telaraña, que estoy casi desangrado. Toma un lienzo: a ver; no es nada, yo no sé de qué te quejas! Miren que buenas entrañas; ya tú te holgaras que fuera cosa de más importancia, pues no has de enviudar tan presto; válgate el diablo por casa! ya me han cogido entre puertas dos veces; mas que me casan el dedo si a mano viene. Hay mujer más desdichada! salió por aquí mi hermano? Oh, qué linda flema gastas! salió agora tan mohíno tirándose de las barbas, que de veloz y de airado iba que se las pelaba. qué he de hacer! ay infelice! qué desdicha! qué desgracia! Pues qué tienes? Ya, Inés, sabes, que hay una puerta que pasa de mi cuarto al de mi hermano que agora está condenada. Yo mal segura, o curiosa quise escuchar lo que hablaban por la cerradura y Fabio le dijo: Quién le matara. Que vio salir a don Diego, mira si es grande la causa de que me aflijo, teniendo la vida tan arriesgada. Y más de lo que imaginas, porque no hay salto de mata, que aunque esto es en Leganitos, esta es la Puerta cerrada. Qué dices? que aun este alivio la fortuna me quitara si no estuviera cerrado, hasta ver en qué paraba, con doña Leonor me fuera, aunque el honor me culpara, que ocultándola que ha sido por don Diego, no importaba. Y más, que presto podías entrar por la puerta falsa del cuarto de mi señor, sin temer que te encontrara tu hermano, que esta es la llave; más bueno será probarla, que bien podrá ser que sea maestra y que diga y haga. No soy yo tan venturosa. Ya entró, puede ser que abra; Jesús qué dicha! la puerta se abrió como una granada: albricias. Yo te las mando. Luego es linda cosa el darlas, que a mi muy poco me sirven las que son más bien mandadas. Voy por tu manto y el mío. Ha sido ventura extraña. Es valiente aquesta llave, en llegando a la cerraja hizo con mostrarla dientes, que nos abrieran las guardas. Ya están aquí. Pues aprisa dame el manto, Inés, acaba. Vamos, Sancho, y vuelve luego a cerrar. En qué te tardas, sal infierno. Ya le he dicho, que mire cómo me habla. La carga del matrimonio cierto que es carga pesada, pero si más no pudiere, echareme con la carga. Gracias doy a mi firmeza, pues ha gastado importuna la crueldad a mi fortuna. y el desdén a tu belleza. Como vi que mi fineza premio en tu papel hallaba dije, o Leonor se olvidaba de que para mi venia, o la piedad le escribía cuando el rigor le notaba. Firme siempre mi cuidado tu esquivez ha pretendido, pues qué hará favorecido quien te adoró despreciado? A tus pies llego postrado, Leonor bella, a agradecerte la vida, pues que mi suerte. Ese rendimiento injusto suspended, porque no es justo que me agradezcáis la muerte. Escribiros, fue mandato de mi padre, que ha sabido, que a un tiempo habéis ofendido su amistad y mi recato. Por amante y por ingrato quiere ser vuestro homicida, poned en cobro la vida logrando acción tan airosa, que soy dos veces piadosa, pues soy piadosa ofendida. Injusto será el perdón de tan loca voluntad; pero sea la piedad primero que la razón. Dejad tan necia afición, huid tan fuerte enemigo, cómo no hacéis lo que os digo? mas el error os disculpa, que es achaque de la culpa andar buscando el castigo. Si mis pesares pondero más el engaño he sentido por el favor que he perdido, que por la muerte que espero. Antes procurarla quiero, porque he llegado a perderte, y mi desdichada suerte me dice que no la aguarde, que se ven de tarde en tarde las desdichas y la muerte. Ya don Félix ha venido; bien mi industria se logró. Volveos Don Félix, volveos? qué esperáis? De modo estoy, que los peligros soborna mi obstinado corazón. Sancho no ha venido y Fabio creo que al salir me vio; vuelvo a saber lo que ha habido: mas don Félix y Leonor están aquí. De esta suerte castigaré su intención. Yo aseguro de este modo mi voluntad y mi honor. Qué es esto? Dar a un villano castigo. Pues pocos sois. También don Diego ha salido. También don Pedro salió. qué os detenéis? para todos me ha de sobrar el valor. Mas no es tiempo de callar Pero ya no es ocasión de ocultarle lo que ignora. Mis piedades malogró. Oíd, don Diego, la ofensa que me ha obligado a esta acción y veréis que la venganza os toca también a vos. D. Félix enamorado de mi hija, se fingió mi amigo, porque este nombre diese entrada a su afición: Mil castigos merecía; que es muchas veces traidor el que hace a la amistad tercera de la traición. Mas ella, que aún no conoce ese mentiroso dios, a quien pinta ciego el mundo, para disculpar su error. Diamante ha sido rebelde a su loca pretensión; qué mucho si con la sangre de mis venas se labró? El de su esquivez cansado, (villana resolución) quiso rendir con violencias los muros de su rigor. Defendiose, porque tiene muchas fuerzas la razón; y al que comete un delito se las desmaya el temor. Súpelo y con un engaño le trajo mi indignación, solo por darle el castigo del modo que me agravió Ya Leonor es vuestra esposa, también ofendido sois; démosle entrambos la muerte, pues a entrambos ofendió: Que aunque la ventaja culpe del vulgo la unida voz; con el que procede mal, se ha de proceder peor. Y así, muera. No advertís que yo en su defensa estoy. Teneos. A quien os agravia defendéis? Oíd, señor, que no ha de ser el enojo primero que la atención. Muy engañado vivís que don Félix y Leonor se quieren; quien os ha dicho otra cosa, os engañó, que de ella misma lo sé, que es el testigo o mejor: por el jardín se han hablado, quien lo sabe me avisó, desde el ocaso del día, hasta el oriente del Sol. Yo no tengo de casarme con una mujer que amó a otro galán, porque fuera aventurar mi opinión. Ni tampoco vuestra honra en segura estimación quedaría por lo menos con los que saben su amor. Pues supuesto que se quieren, y que casándome yo, vos arriesgáis vuestra fama, y yo mi reputación. El medio más conveniente, de asegurar nuestro honor, (aunque yo pierda esta dicha) es que se casen los dos. Este susto me faltaba. Luego Leonor me mintió? mi sobrino dice bien: pues don Diego, yo por vos aun más que por mi tenia esta determinación: mas ya que sois tan prudente, y el empleo no es menor, tomaré vuestro consejo. Dichoso mil veces soy. Dale a don Félix la mano. Hay desventura mayor! Esta es mi mano. Qué haré? A qué esperas? Quién se vio en aprieto semejante! Lo mismo que amáis no os doy Acábese de romper del silencio la prisión, que si perdiere la vida, será escusarme el dolor. Y muera también don Juan, pues que tan mal procedió, que a don Diego le ha advertido de que enamorada estoy, y le ha ocultado que es él quien merece mi afición. Yo a don Félix no he querido: si aquel papel qué llegó por desdicha a vuestras manos es don Diego la ocasión de presumirlo, sabed, que mi padre me mandó, escribirle, por vengar su ofensa y mi pundonor. Quien ha dos años que amante, mis favores mereció, quien por el jardín me habla, (perdóneme la atención) es don Juan, si él os ha dicho otra cosa: Ten la voz, que antes que acabe de oír tu culpa y mi deshonor, he de quitarte la vida. Teneos; o amigo traidor! vive el cielo que era él el galán de quien me haló. Dejadme que dé la muerte a esta ingrata. Ya murió mi esperanza. Qué he de hacer, si a matar a don Juan voy, dejo a peligro su vida. Muerta me tiene el temor! Aparta, déjame entrar. Espérate. Vive Dios que me hagas ser descortés. Quién es? Quien averiguó del más engañoso amigo el delito más atroz. Parece que habláis por mí, y que os trujo vuestro error a las manos del castigo. Don Diego, no os toca a vos esta venganza, dejad que tome satisfación quien es el más ofendido. Decidme, con qué intención entráis de noche en mi casa? Bien temí: Fabio me vio, y se lo ha dicho. Acabad, que no espera mi furor palabras. Señor don Pedro, conmigo por qué razón os irritáis? Qué esto sufra! sois amante de Leonor, quitaisme por el jardín cada noche mi opinión, y eso decís? Mi desdicha sin duda lo descubrió. Ya he sabido vuestro engaño Qué notable confusión! Pues si los dos, ofendidos estáis de mí; yo lo estoy de don Diego solamente; más reñiré con los dos. No haréis tal, porque yo tengo de cumplir mi obligación, y ponerme a vuestro lado; que si fui competidor hasta aquí, ya quiero ser vuestro amigo, la traición con que intentaron matarme castigaré. Pues mi honor de entrambos se vengará; que cualquiera le ofendió. Esperad veré quien llama en mi cuarto. Abre señor. Es Sancho? No me conoces, pues no he mudado la voz. Yo no le dejé encerrado. Aguarda. Linda razón, abre. No importa, reñid, que mi criado llamó. Mira que viene doña Ana conmigo. Cielos, qué oyó, mi enojo. Apretado lance. A qué esperas? Vive Dios, que no sé lo que he de hacer. Su loca resolución castigaré. Deteneos, y abriré la puerta yo, esto es preciso. Sin duda se quieren. Por San Antón, que hemos dado con la hermana en la ceniza. Este error me habéis de pagar entrambos. Quien tan infeliz nació! No veis que yo la defiendo, y que culpar esta acción me toca a mí? A vos, por qué? Porque su marido soy. Esta es mi mano. Ese nombre todo mi enojo templó. Pues vos si don Pedro gusta dad luego a doña Leonor la mano. Cómo es posible sabiendo lo que escribió a don Félix. Ya don Juan que don Diego se casó, tanto como pierdo en él he de restaurar en vos. Yo la mandé que escribiera aquel papel, la ocasión fue castigar a don Félix, que con violencia intentó rendir su honesto desdén. Postrado os pido perdón a todos. Tu no llegaste al tiempo que él se atrevió. La dicha y el desengaño merecen admiración. Pues ya que todos se casan descasémonos tú y yo. Los tres podemos decir, que en cegando la pasión, no hay con amor amistad. Disculpe a todos amor. Aquí la comedia acaba, merezca vuestro favor un fresco Poeta, que es puesto en las tablas de hoy