Texto digital de Cómo se engañan los ojos
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- Juan Bautista Villegas
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- Juan Bautista Villegas Segura
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cómo se engañan los ojos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/como-se-enganan-los-ojos.

CÓMO SE ENGAÑAN LOS OJOS
JORNADA PRIMERA
Esto me envía a saber. De su valor y prudencia los efectos pueden ser. Es vuestro talle y presencia mayor que de mercader, aunque en tiempos tan perdidos pueden con los bien nacidos tener iguales renombres, si es que ya valen los hombres lo que valen sus vestidos. Decirle al Duque podréis al fin, que mercader soy. Que le diré que vendéis. Piedras en que muestras doy de la fe que no entendéis, joyas que al Sol luz le dan. Mucho resplandor tendrán. Jardines son que a la vista, la esmeralda, la amatista, el diamante del Ceilan. Riqueza en piedras fundada algún mal día os ofrecen. Antes está asegurada. Y si cuerdos amanecen todos, que flor todo es nada, sin oro a mi parecer porque es forzoso el perder en piedras, pues se han de hallar todas de fondo al comprar, y son tablas al vender si en persona humil de van, piedras que tan finas son de vidro pareceran, que tienen la estimación según la mano en que están. Por eso enseñarlas quiero al Duque. Quedad con Dios. De ellas mi ventura espero. Tened vuestras piedras vos hermano, y yo mi dinero, a darle esas nuevas voy. Confuso de ver estoy tus amorosos extremos. otros ejemplos tenemos de la locura en que doy, cuantos engaños mayores causa el deseo de ver, porque no es justo que ignores que son al buscar mujer, sin reparo los errores. Casamientos no advertidos; con acuerdo prevenidos forzosos traen los enojos, sino acreditan los ojos lo que estiman los oídos. Puerte determinación. Poco de amor has sabido Flora. De tu discreción no crey que hubieras sido, verdugo de tu opinión, si este caso se declara, que dirá el mundo. Repara en el yerro que se ve, que ha sido para mi fe como mi Estado Ferrara. Gente hay aquí. . Vueselencia. pudiera mostrar mejor de otra suerte su prudencia. Nunca a las fuerzas de amor hubo humana resistencia, Príncipe de Visiniano nací, más intenta en vano ayudarse del poder, quien sabe que es la mujer dulce, amoroso, tirano. Qué es esto Flora? No ves, lo que dicen. Ya imagino que uno nuestro intento es. Verla ahora determino por no quejarme después. Calla que siento ruido. Ya estás de todo advertido. Mujeres son. Venderé algunas y pasaré a Roma. Bien han fingido. Sospecho, que nos sintieron ves que riendo se están. A fuerte ocasión vinieron. Sus palabras te dirán si la verdad entendieron bien, y escucha desde allí. Es cierto, turbado está. Deja que salgan de aquí. La ropa subieron ya ven Alejandro tras mí. Ya se fueron. Yo he quedado consolada en mi cuidado, pues que la locura mía al fin halla compañía de un hombre tan estimado. Cual puede ser la ocasión, de venir de esta manera. No adviertes en mi pasión, que es amorosa quimera, y secreta pretensión. Por Dios que te han conocido. P. Vive Dios que soy perdido. Más Flora de que te espantas cuando sin razones tantas en mi amor has advertido, si el es Príncipe, no soy yo Duquesa de Ferrar? y ciega siguiendo voy otro sol de luz más clara a quién el alma le doy? Raro caso. Dicha extraña pues mi locura acompaña. Pues quién eres han sabido, y a las dos has conocido, ansi tus penas engaña declárese la verdad, pues juntos mejor podréis animar la voluntad y al fin os ayudaréis. Que poco la calidad hace, al amor resistencia, pues tampoca diferencia el cayado, y la tiara. Bien fuera que respetara el valor de Vueselencia. Qué es esto? No os alteréis ya señora os conocí, como vos me conocéis vuestro intento me decid, y mi pretensión sabréis que ya que fue con los dos, tan cruel el Niño Dios nos podemos declarar, para que os pueda ayudar y porque me ayudéis vos. Porcia el callar no es razón cuando el favor considero que te ofrece la ocasión. Quiero obligaros primero contándoos mi pretensión, hermosa Duquesa Porcia cuyo amor puede servir de disculpa, y de consuelo, a mi amante frenesí. Después de saber quien soy, mis pretensiones oíd y los engaños que traza este ciego dios gentil. Heredero del estado de Visiniano nací, que en Nápoles es ahora el más ameno páis. Tomé posesión, y a penas en paz segura me vi, cuando guerras amorosas el alma empezo a sentir. Tiene el Duque de Florencia una hermana, un serafín, que en mejillas, frente, y labios, cifra las flores de Abril. No formó naturaleza más apacible jardín, juntando rojos, claveles, en márgenes de márfil. Allí la sangre de Venus, aunque falta de raiz, púrpura atenta mezclaba en lo blanco del jazmín. Son sus hermosos cabellos viva afrenta del ofir, a quien él sol pide rayos en el opuesto Cénil, vi su retrato, no digo los impulsos que sentí, las potencias contra el alma hicieron dulce motín, deleitáronse los ojos, y por su tierno viril, entró el amor a estamparla en el alma que le di, como el amoroso fuego, es difícil de encubrir escribí luego a su hermano para dueño la pedí, dilatada la respuesta causó una guerra civil, entre el amor y el deseo a quien luego me rendí, determíneme en efecto hermosa Porcia a venir, a Florencia disfrazado con esta industria sutil, mercader digo que soy y no pienso que mentí, pues a trueque de deseos vengo el alma a redemir, junté las joyas que pude labradas con el buril, de mi amor que en los diamantes tiernos sellos pudo abrir, esmeraldas de esperanza, entre el celoso zafir, la enamorada matista con el alegre rubí, desesperados topacios el crisolito feliz, que presume con el Sol arrongante competir, el Iris que al arco imita entre diferencias mil, detornasoles alegres con el cambiante matiz, el abrasado jacinto que se suele resistir, del fuego pardas pantauras con sus manchas de carmín, con estas vengo a Florencia para ver con este ardid, si iguala con el retrato este humano querubín, del águila la hostería para morada elegí, por ver si como ella puedo ver este sol sin morir, en ella quiso mi suerte que os viese cuando venís, señora con el intento que ya me podéis decir, que si es gozo el mal de muchos os consolaréis en fin, donde mi historia le tiene para empezaros a oír. Alegre y agradecida a esa breve relación, Príncipe de Visiniano parte de mi pena os doy, aunque por varios caminos nos fingiamos los dos, pues vos adoráis a Estela y a su hermano adoro yo, Duquesa soy de Ferrara mas que soberbio Ilión, de la inclemencia del tiempo arrogante vencedor, que sobre piras de montes fue del cielo emulación, a las llamas de Cupido no se confiesa inferior, yo pues soberbia y esenta con altiva presunción, de sus flechas me burlaba no le conocí por Dios, armo como contra Apolo después de muerto Fitón, el arco vibró la flecha mi soberbia castigó. Las alabanzas del Duque hicieron dulce impresión en el alma, y poco a poco sentí el amoroso ardor. Blanco cendal es la nube, del aire por la región, y después rayos conjela con el terrestre vapor. Nace el cristal, de una fuente entre la verde prisión, de las más débiles hierbas, y la más tirana flor. Como mar, que poco a poco hasta que airado, y veloz, ya sufre el humil de barco, ya el soberbio galeón. Así creciendo en mi pecho, el amoroso furor, Gigante ha sido que labra mi sufrimiento mayor. Dícenme, que el Duque tiene partes de Ilustre señor, talle, y rostro Italiano, brío, y donaire Español. Que fuese mi dulce esposo pidí por mi Embajador, y él, soberbio, y arrogante mis ofertas desprecio. Alteró de nuevo el alma el ingrato disfavor, que un desprecio en las mujeres más aumenta la pasión. Y lo que causara en otra algún oculto rencor, en mi causó, mas deseo y aumentó la inclinación. Disimulé mientras daba una vuelta entera el sol, desde los piscis de plata al abrasado león. Y dejando en mis estados un sabio Gobernador, vengo llevando por guía las alas del corazón. Por cierta promesa, y voto finjo que a Loreto voy, y así cogí de camino del copete la ocasión. Las grandezas, de Florencia, que la fama celebró, digo a mi gente, que quiero ver, y con este color, con solos cuatro criados en esta Ciudad estoy, donde ver al Duque intento, y que conozca mi amor. Aquí llegué, donde supe de vuestra boca quien sois, de vuestra nobleza espero, si no remedio, favor. Ya de serviros señora me corre la obligación. El Duque a llamarte invía, que ver pretende el valor, de las joyas, que has traido. Oh quién pudiera con vos ir a verle. No conviene. No hay amando dilación. Dame O tabio aquellas joyas, y especialmente, las dos sortijas, tan parecidas en las piedras, y lavor. Yo voy al punto por ellas. Tienen más estimación perded señora el cuidado, pues veis que a serviros voy. Ven a descansar señora. Mal descansa mi temor, haz amor este milagro, si eres como dicen Dios. No niego que es justa cosa el casarme, mas temer puedo, si no llego a ver, la que me dais por esposa. No es bien, que me case yo por ajenos pareceres. Siempre las propias mujeres el buen gobierno eligio. Porque la razón de Estado los casamientos concierta. Ese temor me despierta y múltíplica el cuidado. Y será buena razón en un casamiento injusto, que por el ajeno gusto tenga propia confusión? No es tarde para casarme. En lo que ganas repara siendo Duque de Ferrara. La Duquesa queréis darme. Por esposa, bueno fuera si con tan grande cuidado, vivo con el propio Estado que los ajenos quisiera. No está ya desengañada la Duquesa? De tu amor. Basta ya Gobernador pues a Florencia le agrada. Que me case, yo elegido esposa, cuya belleza, tan igual a su nobleza son dignas de tal marido. Basalla tuya? Mejor la podre así sujetar, pues cuando quiera mandar verá que fui su señor, porque si tiene igualdad con migo, altiva ha de ser, y es en la propia mujer el mayor don la humildad. Quién es? Bien la conocéis. Tiene calidad? Por Dios, que es tan buena como vos que a Florencia en nobleecéis, esto basta por ahora: temo que entiéndami amor dónde está Laura? Señor co tu hermana y mi señora está que verla desea. Aquí espera el mercader si sus joyas quieres ver. Sin que Ricardo le vea vaya al cuarto de mi hermana, y dile que a Laura dé en muestras de tanta fe, y de voluntad tan llana cuantas joyas eligiere, y que también tome Estela las que guste. Esa cautela es propia de quien bien quiere, porque no hay amor sin dar. Yo si enamorado estoy hasta pesadumbres doy. Esas no pueden faltar. Yo voy, dulce fin prometo. No entres con el mercader, que será dar a entender que sabes tú mi secreto. Ah sido aviso ingenioso en el amor que te ofrece, que ya el secreto merece tanto como el dadivoso, Con algunas confusiones sus razones me dejaron, cuando en sus bodas hallaron excusas, y dilacienes, Dama de Florencia admite por esposa, y que es tan buena, como yo. De tanta pena mi ciego amor resucite. Muéstrese ahora el poder. Por no darte más disgusto otro casamiento justo te dejo de proponer. Para mí? Para tu hermana. Decidlo pues. Está llano que casada en Visiniano, un Príncipe Ilustre gana. Aquí mi desdicha empieza. Ya fue. Y es justa razón que me mueva su opinión su valor, y su nobleza, mi hermana, pero quiero, porque con su gusto sea yo, que al Príncipe no vea, que esté informada primero de sus partes y valor. Podrás vivir descansado si sales de ese cuidado. Bien dices Carlos, Señor. De ti aquesta impresa fío. Bien mi desdicha recela. Parte ya mi hermana Estela persuádela en nombre mío, di que dé al de Visiniano el sí, que su amor merece, sus méritos encarece, di, que es galán, cortesano, discreto, y de calidad. Solo no mentir intento. Cuando has visto casamiento en que se diga verdad? Bien le puedes alabar, que en matrimonio intentado alabar al desposado, no es mentir, si no adular. Voy a servirte, amorir, pudiera decir mejor. De tu turbado color tu pena puedo inferir. Calla. No dirás si puedo. De ti parto confiado. Él si de parte ha quedado, y es fuerza quejar, se quedó por ser oculto el dolor. No descansas mis recelos. Yo quedo muerto de celos. Yo voy muriendo de amor. No es mal oficio al fin casamentero, por lo menos serás entremetido, los linajes sabrás, y lisonjero, César harás al menos atrevido, serás de las virtudes pregonero, pondrás las faltas en perpetuo olvido. Pero hallole un gran inconveniente, y es, que el mismo, que alabas te desmiente, de esta desdicha a la fortuna apela, que suele remediar penas más claras, que piensas, qué imaginas? Ay Estela, Si no la hubiera, nadie la buscara. Tirano amor, que matas con cautela sin que jamás te atrevas cara a cara, todo lo sigues, pero nada alcanzas, mal hayan tus inciertas esperanzas. Crédito quise dar a tus engaños llevado de una necia fantasía, pero ya los costosos desengaños vuelven en noche oscura, el claro día. La vida rastran al pasar los años Leben también la desdichada mía, a donde tenga por felice suerte, que a donde salga amor, entre la muerte. O, tú de mi pasión hermoso objeto, y de mí tan querida, como hermosa, por quien guar dará el sol vacas de adneto. Ahora poesía, linda cosa Solo en amarte se que fui discreto, pues es a tu beldad, deuda forzosa el alma que te di, que necio fuera si llegándote a ver no te quisiera. Mira con cuanto extremo en esta pena está mi pecho a tu beldad rendido, que en profecia te contemplo ajena y no estoy de adorarte arrepentido. Antes con más afecto amor ordena que idólatre tu rostro enternecido, que yo ser tuyo Estela Pretendía pero nunca espere que fueses mía. A hablarte voy de parte de tu hermano pediré que te cases, si señora, y mándaras con gusto a Visiniano, que como nuevo sol busca tu aurora, es afable, es galán, dale la mano, mi amor olvida, pues se acaba ahora. Válgame Dios. Que tienes. Desespero que de mi muerte vengo a ser tercero. No des voces. Oh lengua inadvertida quedo os quejad, no escuchen mis enojos, Estela bien amada, y mal perdida, del alma es móvil, luz de aquestos ojos. Es mi bien, es mi mal, mi muerte, y vida, sepan estos tápices mis antojos, mía es Estela, y busco mis agravios, el alma llevo entre los mismos labios. Nunca he visto mercader con más gana de vender. Si en precios no reparáis presumire que las dáis, o que falsas pueden ser. Mal penetras mi intención, que si les dáis con tomarlas quilates, y estimación, yo soy el que gano en dallas, si en mi poder pobres son. Sin concertallas procuro que en vuestro pecho seguro mas su valor se adelante, pues dáis la luz al diamante que en mi poder está oscuro. otro de intento mudara diciendo, que fuera error, que la vista le ocupara en ver joyas de valor, pudiendo veros la cara. Mas yo aventurarme quiero, y que os las pongáis primero, porque sirváis de crisol, que al rayo de vuestro sol con más luz las considero. Qué joyas tomaste? En su gusto me fíe, y tomé las que me dio, el diamante encubriré . pues que Laura no le vio. que tengo determinado dársele a Carlos. A dado muestras de bien entendido. El anillo parecido a este Estela ha tomado. haz lo que el Duque ha mandado, Hablaros aparte quiero. Ciertas sospechas causó de que es noble Caballero. Esta es orden que me dio. No quiero ser descortes. De vuestra belleza es efecto, que maravillo. Esta tomo, y este anillo. El otro anillo tomó. Laura. Buen premio te ofrecen. De manera los labró el maestro, que parece uno mismo. Ahora al Duque diréis los precios, que aquí calláis. Lo que se gana, no veis en que de todo os sirváis como del dueño podéis, no tengo ningún cuidado en cuanto al verme pagado, pues porque me satisfaga fuera la más rica paga la gloria de haberlas dado. Mucha liberalidad. En mi comienza el amor a luchar con la lealtad, quien ha de ser vencedor en tanta dificultad. Ay bellos ojos queridos para mi dicha dormidos, despiertos a mis cuidados de mi memoria adorados, de mi desdicha perdidos. Laura está, con ella quiero persuadirla en su presencia, pues si ve al Duque primero en ella de mi obediencia tener un testigo espero. Carlos, que es lo que queréis. Que mi embajada escuchéis por el Duque mi señor, en que de su mucho amor la mayor prueba veréis. Decid. Pretendo casaros. Muerto soy, triste de mí. Noble dueño quiere daros de cuyas partes aquí vengo señora a informaros, Yo Perdonará a mi hermano tanto amor. Quejaste en vano, oye, y quéjate después. Y decid Carlos, quién es el nobio? Él de Visiniano. Ya vuelvo a cobrar la vida. Ya Vama porfía. El firme amor en ningún tiempo se olvida, de lugar a tu favor ser con firmeca querida. El Príncipe te merece. Bendita tu lengua sea. Alabarle es fuerza vea, que mi lealtad le obedece, advierto os que es muy galán, y en su prudencia, y valor, todas las partes están para un perfecto señor. Todos lo mismo os dirán, y si la mano le dais un esclavo en el ganáis. Nadie en amar le igualó. Baste que le alabe yo para que vos le alabéis. Calla. Cómo puede ser. Es noble su proceder. Y tiernamente os adora. Este mercader señora tiene ya más que vender? No Carlos. Sálgase fuera, que turbado no advertí, que no era bien que me oyera. Por hablar mi bien perdí, pero quien callar pudiera. Que tenga tanto cuidado el Duque en que tome estado, alguna malicia arguye cuando temeroso huye, el mismo, de ser casado si importa su sucesión para que quiere él la mía? Es forzosa obligación en un hermano, y querría aumentar más tu opinión. Su intento culpas en vano, casate. Caso inhumano. Estima su gallardía. Conoce Vueseñoria acaso el de Visiniano? No, más oile alabar. Cómo tanto le alabó pude acaso imaginar, que en algún tiempo le vio. Siempre se ha de acreditar dela nobía, en la prefecia el nobio. Donde hay paciencia en las penas que resisto, señora aunque no le ha visto dé crédito Vueselencia a Laura. Se que acomoda a la gala el proceder, alábale Italia toda. Válgate Dios por mujer que te importa aquesta boda. Qué es galán? Ya lo creéis estoy por decir que no. Que no ablases me espanto. Aveisle alabado tanto que no soy menester yo. Para decirte mi intento Carlos, solo has de quedar. Que dudes en ello siento. Laura, porque es bien mirar muy de espacio un casamiento: porque necedad sería que con resuelta porfía, sin recelo de los daños prisión para tantos años, se cosúltase en un día. Si es tu gusto, yo me voy. Yguale con tu hermosura tu dicha Tu hechura soy, donde abra mayor ventura . si a tu hermano el alma doy. Carlos, vos sois el tercero de mi casamiento, espero, o que a solas me digáis si de mi boda gustáis, que luego casar me quiero. Alabáis al desposado, sus partes me encarecéis, ni afligido, ni turbado, que en lo presente perdéis memorias de lo pasado. Esperaban mis antojos ver entre tiernos despojos conforme al fingido amor, vuestro rostro sin color, con lágrimas vuestros ojos, No se lo que puede ser, decidlo carlos por Dios que ya me dais que temer, y habiendo mudanza en vos mudaré de parecer. Ay Estela al decir mía me acorde de que venía, a hacerte ajena, y la mengua nudos ha dado a mi lengua, y el pecho hielos rompía. Pongo al cielo por testigo antes que adelante pases, en el mal, a que me obligo, que deseo que te cases pero que sea conmigo. Los años que ha que te vi, a que el alma te rendí, y si al ver púrpura y hielo puedo decir que vi el cielo, en aquel punto nací. Di con mirar a entender cuanto el corazón adora sabe el noble agradecer, y me pagastes señora solo en dejarte querer. Premio fue de mis porfías venturosas penas mías, porque mi dicha confiese no el dejar que te quisiese. El decir pudo entendías que si de verte querida, con tantos modos de amar te mostraras ofendida. Fuerza era darte pesar mientras Dios me diere vida, y sin hacer más efecto que adorarte con secreto. Tú sabes, que me has tenido constante, cuanto rendido, cuanto obediente, sujeto. Con esta embajada vengo, que la muerte me apresura, y si del mal, que prevengo he de sanar, por ventura, ay de mí, que poca tengo. Culparte Carlos podía cuando en la nobleza mía tu fe mudanzas temíó, y cuando tu amor mostró tan injusta cobardía. Tuya soy, tuya he de ser para que el mundo se asombre cuando lo llegue a saber, de ver que desmaya un hombre y le anima una mujer. En ti hay bastante no bleza, Baste. Qué mandas? Espera, y en mí sobra de firmeza, a tu voluntad me ajusto, que con menguas en el gusto es inútil la riqueza. Toma Carlos esta mano en fe de que tuya soy, a ser tu esposa me allano y esta respuesta le doy al Príncipe, y a mi hermano. Que si a desgustar se vienen, y su venganza previenen conforme tiranas leyes, en el mundo hay otros Reyes, y cuevas los montes tienen. Oh nunca vista firmeza para que pierda mi amor el cuidado, y la tristeza, di mi bien, cual es mayor, tu constancia, o tu belleza? Pero con igual decoro si la diferencia ignoro a ponderarlas me obligo, una alabo, otra bendigo, una estimo, y otra adoro. Oh quien un Altar hiciera donde por víctima honrosa toda el alma te ofreciera. Adiós mi esperada esposa, lleva por muestra de mi fe constante esta piedra, de ver enternecida, tan firme amor, que si el peligro olvida que más señal de verdadero amante. No para asegurarme es importante, yo dolo, no es razón que ahora pida, señal será, que mientras tenga vida será firme mi amor más que el diamante. Ahora la ferie, seguramente la trae, que el conocerla sea vano. Cómo es posible que mi bien se aumente. Que él se case primero, di a mi hermano. Llévate el alma, y el dejar te siente? No pierdas el Anillo. Antes la mano. Por aquí viene a pasar. Ay Laura hermosa y divina. Hablarla te determina. Esa puerta has de guardar, no dejes a nadie entra. Fuese su padre? Ya es ido. Ay amor lugar te pido de declarar mi locura; si atrevimiento y ventura hay muchos que le han tenido. Señor aquí vuestra Alteza? Aunque ese Sol me acobarda donde ha de estar quien aguarda rayos de vuestra belleza para fin de su tristeza, estrella soy, no queréis, que porque luz me presteis os esté esperando al paso. Dejad que llegue al ocaso y más resplandor tendréis, que si buscáis sus centellas tan cerca de su arrebol, en la presencia del Sol poco ducen las estrellas. No falta la luz en ellas aunque el mundo no la vea porque el Sol su opuesto sea, y yo solo pretendí tener vuestra luz en mí, y que ninguno la vea; mas de que sirve gastar el tiempo en estas razones, si perdidas ocasiones no se vuelven a cobrar, ya no podréis ignorar que mi abrasado deseo solo admite vuestro empleo, y cuando mi alma os doy tántalo infelice soy del mismo bien que poseo, quiere la razón deestado dote, y grandeza mayor, como si fuera el amor a riquezas inclinado, por eso nos le han pintado desnudo, porque no es inclinado al interes; aunque dicen que ya hicieron paces, y que se vistieron de mezcla, entrambos dos pies: yo exento a la tiranía de la ciega ambición muestro, vella Laura que soy vuestro como vos queráis ser mía, y aunque mi Estado porfía en que me case en Ferrara, donde hay riqueza más rara que vos? pues al zailán miro, a ofir, al mar, al zafiro; solamente en vuestra cara si juzgáis adulación, mis abrasados antojos ved los vuestros en mis ojos y en ellos el corazón, yo buscaré la ocasión para que aquestas verdades, conformen desigualdades cuando mandéis a Florencia, que el amor, y la prudencia vencen las dificultades. Antes que os determinéis en lo que hacer intentáis, ved señor lo que ganáis y adevertid lo que perdéis. Temo que casado estéis y que vuestro fuego helado, lloréis lo que habéis dejado que es tibia la posesión, y viváis por mi ocasión bien quejoso, y mal casado. Que me digáis puede ser, o lo que por vos perdí, no hay muerte que sienta así una principal mujer. Yo estoy hecha a obedecer pero después de casada querre ser más estimada, que si entonces me mandáis pensaré que me olvidáis, o no me estimáis en nada. Pensaréis que de los dos vos el que me obliga ha sido, en querer ser mi marido pues yo hago más por vos. Por testigo pongo a Dios pues vuestra intención lograda, menos un hombre se enfada pues divertiros podéis, arrepentido estaréis pero yo menospreciada. No niego que os tengo amor por el al riesgo me animo, pero al paso que os estimo va creciendo mi temor. Ser dos veces mi señor a quien no ha de hacer dudar, que mar no hará temblar pues más sujeta ha de ser, y ya veis que es la mujer muy amiga de mandar. Culpo el temor que tenéis pues si mi alma mandáis, es fuerza que me cedáis no solo que me igualéis, si ahora temblar me veis. Seguridad no os promete mi amor, sin que os inquiete, que os estimaré marido, que noble hay bien nacido que a su mujer no respete? Si después que os elegí os llego a menospreciar, no advertís que es confesar que necio en ámaros fui, y será afrentarme a mí y no a vos. Vuestras razones animan mis confusiones. Mil almas mi Laura os diera como tenerlas pudiera, y otros tantos corazones, dejad que os bese la mano en fe de que será mía. Ya la memoria perdía con la ventura que gano, y os agradezco. Qué vano, cumplimiento. Esta tomé entre las joyas, y fue con intento semejante, recibid este diamante por símbolo de mi fe. Para prenda le recibo de que mi dueño seréis. Suplicoos que aquí os que déis. A serviros me apercibo. Pienso que de nuevo vivo. Carlos me acompañará. Carlos. Señor. Bien está. ese bien se le conceda que penas siente el que queda. Tantas como el que se va.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Yo te digo la verdad. Celos tuyos pueden ser pues no se puede creer semejante libiandad, a su criado? Qué cuidados que en discretos pareceres, las señoras son mujeres y hombres también los criados. Si conciertan las estrellas Otabio las voluntades, que importan las calidades si no las conocen ellas. El anillo que le di a Estela, Carlos tenía, ay que por desdic a mía con achaque vine aquí, de la paga que no espero. Él de Laura puede ser y te engañó el parecer, el uno, al otro. No quiero dejar de satisfacerte, ese, al Duque se le vi. Sabes qué es el propio? Sí, y pruébase de esta suerte. Entre hermanos los amores aunque se quieran más bien, no llegan a que se den tales prendas por favores. Y si el Duque me mandó que a Laura las joyas diera sin que su padre lo viera, que la quiere bien mostró, Y ella en quererlas tomar, que a su amor sujeta vive, pues el noble, que recibe está obligado a pagar. En Carlos no conociste cuando con Estela hablaba, y de mi boda trataba fuera del semblante triste, cuanto le pesó de ver que yo me alabase a mí, pues al fin me echó de allí? Fácil fue de conocer, y fuertes indicios son. Amor sabe fabricar de suerte, que hoy me ha de dar bastante satisfacción. Ya le he dicho a la Duquesa las sospechas que he tenido, y así a empezar he venido la más temerosa empresa. Presto sabre la verdad. Ruego al cielo. Qué imaginas? Muy presto te determinas. Amor, no hay dificultad. El Duque sale. Esperemos; aquí mi industria has de ver. A dvierte. No hay que temer si el amor es todo extremos. De que lo mire muy bien no te debes enojar. Bien puede determinar presto el favor, o el desdén, al Príncipe me ha inclinado. Tratando bienen de mí. El mercader está aquí. A que buen tiempo he llegado no se pierda esta ocasión. Qué has hecho señor? Otabio disimula, que mi agravio averigua esta invención. Pagadle luego. Es señor excusada diligencia, yo estoy de espacio en Florencia, aunque de priesa mi amor. Seguro entre fuego y hielo no hay sospecha que me aflija. Los guantes y una sortija que estaba aquí? Recelo tu delicto ha de decir. Qué necio temor tuviste. Para qué te la pusiste? No tengo más que pedir. Muestra Carlos. Qué? señor. El anillo que no alcanza aunque es tanta tu privanza a merecer tal favor. Cielos si le ha conocido. Yo me voy con tu licencia con la buena diligencia, dicha alcanza el atrevido. Ya ofende la dilación Da tu lealtad, pues me animo por lo que a su dueño estimo, a culpar tu presunción, a prendas mías te atreves. Que ya sabe es cosa llana, que adoro a Estela su hermana. Mayor llaneza me debes. Advierte bien gran señor que es mío el anillo, y es, no favor, porque a tus pies. Mas me admira tu temor, tú puedes negar que es mío? Entre tanta turbación si amando ofendo al perdón, de tu clemencia confío ciego es amor. Santos cielos, amarte atreves aquíen. Si no ofende el querer bien de que puedes tener celos, confieso mi atrevimiento, pero advierte. Tal ohí, no es bien que averigue aquí, tu ofendes mi pensamiento, dame el anillo. Después pido que el furor incites, a solas, y me le quites cuando la muerte me des, que entre tanta confusión mayor claridad prometo asolas, pues el secreto le conviene a tuopinión. Vive Dios que a Laura quiere pues me quita sus favores y confiesa los amores. Que más pruebas ay que espere, pero no es bien castigar en publico su osadía, que al fin es ofensa mía. Que me quisiese igualar, yo me vengare después. Cuando en la justicia imites. No quiero que te la quites, ni que a nadie se la des. No salgas Carlos de aquí que después te quiero hablar, que no quiero publicar los agravios que sentí. Aquí te queda encerrado considerando mejor, que a prendas de su señor no se atreve el buen crindo. Si te honré, y engrandecí con favores, y mercedes, gozar tu privanza puedes, pero no igualarte a mí. Debieras considerar cuando esa prenda tomaste, que tu lealtad agraviaste buen tercero vine hallar. Buen amigo, buen criado para empresa tan gallarda, prenda, que un Príncipe guarda ha de querer un criado? Negar no sabe el temor, yo sabré en tiempo pequeño, si a caso gusta su dueño que la traigas por favor. Poco dura la dicha, al desdicado, la puerta me ha cerrado, y con desgracia cierta de par, empar, la de la muerte abierta. Entre temores veo donde acaba la vida, y el deseo, de quien pudo saber el dulce efecto de un amor tan secreto; pero para infelices hablarán las figuras de tapices, favores lisonjeros ay que solo os gané para perderos, que mayor desuentura en tal enredo pues aún huir, no puedo, que es tal la suerte mía que aún no me da lugar a cobardía, busco el remedio tarde y no entra en los peligros el cobarde, si mi valor algún remedio ofrece que es traición me parece, midir el limpio acero con mi señor, y al fin morir espero, pues no sirve de nada humilde lengua, mi atrevida espada, a imitar al soldado el pecho aspira que los pasos retira, y al Capitán previene a cuantos detenerse le conviene, pues en forzosa ofensa natural en el hombre es la defensa, a cierto Duque, un Español prudente viéndole que del impaciente a agraviarle venía con igual humildad y valentía, a un tiempo afable y fiero sacó la daga, y se quitó el sombrero, lo mismo puedo hacer, que cuando Estela, aunque el alma recela, porque mi mal se arguya amagos de traición a sangre tuya, quejarme al cielo intento de me oculto lugar este aposento. La industria ha de vencer. Tu ingenio alabo, de esta suerte sabré su pensamiento, y aseguro más bien mi casamiento. Oh quimeras de amor! a quien no admira, que apure la verdad una mentira! Este es su cuarto Laura, está con ella. Celos me causa, imaginar la bella, aunque puedo pensar sí, esta dichosa, que no será perfetamente hermosa. Laura es gallarda, Estela al cielo imita, procede cuerdamente, solicita a Laura, di quien heres, con Estela te ayuda, con ingenio con la cautela, este anillo asegura tu cuidado, cada uno ha de pensar que es el que ha dado. Flora, que te parece de este entedo. Estoy temblando, asegurar te puedo, aunque para engañosos pareceres. somos muy animosas las mujeres. Que la Duquesa, Porcia, el Duque quiera, si el quiere a Laura, que ventura espera. Si Estela quiere a Carios, y procura Federico. Una misma es la locura, mejor fuera que entrambos, Nunca alcanza buen fin el casamiento por venganza. Ya quedas para todo prevenida, dete el cielo favor, y amí la vida, ven Otabio. Ya voy. Turbada quedo. Flora, tienes temor? No si no miedo. . Todo es uno. No quieres que me asombre de ver que intentes por hablar un hombre, que del sigue diferentes pareceres, engañar por lo menos dos mujeres. De mujer a mujer son los engaños. Ya saben mucho más los pocos años. Avisados están de mi venida, ya salen. Bellas son. . Si por mi vida, disculpado está el Duque, yo invidiosa. Qué nuevo es alabar, y estar celosa. Sabes tú quién puede ser? Esa pregunta quería hacerte. Por vida mía, que es hermosa la mujer. Ya me da mayor cuidado su hermosura, y su presencia. Guarde el cielo a vueselencia, dichosa soy, si he llegado a ver el cielo en las dos, Felice fue mi venida. Lisonjas son por mi vida, si puede el espejo en voz enseñaros más belleza. Sin duda vuestros extremos, procuran que os alabemos. Por adulación empieza el engaño. Estela, mira el donaire, y el aseo de la criada. Ya veo lo que me asombra, y admira, entre las dos os sentad. Mi humildad engrandecéis. Sin duda igualdad tenéis en belleza, y calidad. Esta vez pues las engaña no está en medio la virtud. La lozana juventud a la hermosura acompaña. Dice Estela la verdad. Baste ya tanto favor. Pues que belleza mayor amiga, que poca edad, que donaire. Valen más sin lisonja, ni cautela vuestras manos bella Estela. Tente Porcia, donde vas. Que todo el donaire, y gala del mundo. Tiene razón, hermosas las vuestras son. Y la sortija, no es mala, ay cielos! Qué es lo que veis en ellas, porque os espante? Excelente es el diamante. Y a se que le conocéis? Volved porque las tapáis? en vano mi pecho animo, que buen anillo. Y le estimo en más de lo que pensáis, Sin duda es él. Ay de mí poco el Duque le estimó. Ya la ocasión se llegó de ver porque vine aquí. Ya mi pecho lo recela. Profeta de celos muero. Laura aparte hablaros quiero si nos da licencia Estela. Para todo la tenéis. Quién empieza a preguntar. Razón es que os dé lugar porque a mis quejas le deis. Laura, conoceisme? No. Ya esta prenda, cosa es clara, ya me dice vuestra cara lo que la lengua calló. Quién sois deseo saber. Cómo palabra me deis de que a nadie lo diréis os podré satisfacer. Hame mandado callar. El secreto es peregrino, a que viene aquí. Imagino que se ha venido a casar? Sabéis con quién? No lo sé. Qué dudo, mi afrenta es clara. Duquesa soy de Ferrara. El secreto guardaré si es posible en tanto mal. De desengañaros gusto Laura, Laura, es caso justo que busque un noble su igual. Nunca en promesas fiéis de un Príncipe enamorado, pues en lo que os ha pasado bastante ejempo tenéis. Yo vuestro honor solicito no deis prendas excusadas, pues de puro mal guardadas a quien vos las dáis las quito. Buscad, buscad, vuestro igual baste por ahora. Oíd Duquesa Porcia advertid, que hacéis bien, y decís mal muy en buena hora os casad. No me pesa sea así que no puede darme a mí el Duque más calidad. Excedérame en riqueza pero para entre los dos, soy tan buena como vos mirá si él os da nobleza. Será vuestra, cosa es llana gozareisle sin recelo un siglo, mas sabe el cielo lo que pierde, o lo que gana. Porque llegado a mirar los casos, de amor ajenos, se decir, que por lo menos no le he venido a rogar. Y queda en mi mejorada la nobleza, que se esfuerza, si vos le queréis por fuerza y yo le dejo rogada. Oh que atrevidos desuelos neciamente os atrevéis, pero culpa no tenéis, no habláis vos, hablan los celos. volveos a asentar ahora. Mi error está disculpado no me siento a vuestro lado, si habéis de ser mi señora. Pues callad. No estáis casada? No habéis de obligarme a más de lo que quisiere? Estás, del deseo disculpada que en todas es natural el deseo de saber. Válgate Dios por mujer venida aquí por mi mal. Quién dudara de que estéis confusa. Si por mi vida con razón. De mi venida aún la causa no sabéis. Mas quiero me declarar. Llega Laura. Ya yo se lo que quiere. Bien a fe. Yo me he venido a casar de cierto amante llamada con amorosa verdad, que de buscar la igualdad para su boda se agrada. Quién es? Bien le conocéis, y Laura también, que ya sabe quien es. Bien está una tercera tendréis en mí no hay valor bastante. Decidme, quién os llamó. El que hoy por prenda me dio bella Estela este diamante, que aunque fue de otra hermosura mayor, puede suigualdad animar la voluntad con los gustos que asegura. Yo soy la que le conviene al dueño de este favor, porque otro del lícito amor mil disgustos le previene. No puedo deciros más. Demasiado me decís, y que a casaros venís. Amor no mira jamás mas que a lograr la elección, y remediar el cuidado: pero más considerado aquí miró la razón, y así con modo más llano, aunque mil impulsos tiene, busco lo que le conviene al honor de vuestro hermano, porque no se han de igualar los vasallos al señor. Por mí lo dice, hay honor. Que más claro puede hablar, no digáis, mas ya os entiendo, id con Dios. No os disgusteis, pues como cuerda, sabéis que os sirvo, mas que os ofendo, yo os veré de espacio, adios. Corto bien, en mal tan largo. Laura, el secreto os encargo. Que tales quedan las dos. Conviene disimular aunque contradiga amor, que es afrentar mi valor mostrar tristeza, y pesar. Forzoso es valerme aquí de mi honor, y mi nobleza, porque si muestro tristeza, mi afrenta declaro así. No puedo hablar de corrida. Yelos en el pecho siento, que mal se finge el contento. Perdí el gusto con la vida, No puedo disimular. Aquesta descortesía me perdona Estela mía y dame ahora lugar de dejarte, Eso deseo, y disculpa podrá ser sino te volviere a ver, lo que en el Palacio veo que no me importa, y lo siento. Porque quien ha de sufrir que sea gala el fingir faltando agradecimiento. Sin duda siente mi mal que esta mujer le diría, como ya a Carlos quería, loca quedo, estoy mortal. Qué señal más clara, y más eminente si vi el avillo presente, que maldad, que donde no hay igualdad es el amor accidente. Solo en mí, perfecto ha sido, pero en tales ocasiones, con llaves de sin razones abren la puerta al olvido. Mi aborrecimiento empieza, no me repliquéis firmeza por los cielos, que amor que crece con celos arguye poca nobleza. Extremo ha sido mi amor, y la mujer que se abrasa, de extremo, en extremo, pasa. Hoy lo seré del rigor, ay honor, miradlo bien por mi vida, firme amor, tarde se olvida, y es forzosa, hoy locura de celosa mañana de arrepentida. Pero si es tan importante, sin duda será acertado que muera el fuerte soldado. No os espante caro amor el padecer, pues es forzoso escoger este medio, que para amor, no hay remedio que querer, o no querer. Ninguno pase de hay. De hablar con tu hermana sale. Yo sabré si gustó Laura de que el favor me quitase, que pienso que no tuviera atrevimiento tan grande sino fuera gusto suyo. Que me espere, y que me engañe dadme lugar. Deteneos que esa esquivez al mirarme más aumenta mi sospecha. No porfiéis. Escuchadme Laura, no ignoréis que os adoro vuestros ojos celestiales, mientras es más fino amor, mas apura las verdades. Cuando me disteis señora por favor aquel diamante, para ser yo vuestro esposo hallasteis dificultades. Diversas dudas pusisteis que de poco gusto nacen, que los que quieren de verás jamás se vieron cobardes. No he de forzar vuestro gusto, ni es bien, que sin él se case una mujer, porque está muy apique de ser fácil. Esto, y el veros ahora conmigo tan intratable; me da a entender que queréis, que no os sirva, o que no os canse, quitaron me el favor vuestro. Esa disculpa, o achaque, que yo, que nada os ofendo no tengo de disculparme, yo gusto de que mi anillo esté en poder semejante, que por lo menos amor se aumenta en las igualdades. No imaginéis, que os creí, ni que altiva, y arrogante, pense verme vuestra esposa si bien no debe mi sangre nada a la vuestra, mas siempre vi, que promesas de amantes, como escritas en arena las botra el agua, o el aire. Que no tengáis prenda mía es justo, porque no halle estorbos, vuestra memoria, cuando, o tragedia os enlace. Que las tenga, es bien quien puede i gualar las calidades. Dadme licencia. Esto es, escucho mudable. Cómo mudable es mudanza el ser honrada, mirad lo mejor, tratadme como quien soy, y advertid que es mi calidad, muy grando para dama vuestra, y creo que cuando se efectuase nuestra boda, mas lo hecho pienso que es más importante; porque los vasallos vuestros gustaran de que los mande persona, que por lo menos, sino os excede, os iguale. Tales desengaños oigo, mas de que roca constante me fíe al que altivo muro de valor inestimable, le pido amor cuando el mío llamó a las eternidades. A competencia, yo tuve Laura, la culpa en amarte, pésame que no me quieras, porque no puedo vengarme. Si en otros brazos me ves no por dejar de gozarte, miraba entre densas nubes por mal distintos celajes. Los engaños que en tu cielo como rayos congelaste, mas ya libremente veo, lo que me importa el dejarte, que no me honrará marido quien me desestima amante. No viene con la nobleza señor Duque ese lenguaje, los hierros de vuestro amor a mi costa han de dorarse. Dejadme. Quién te detiene, tu perdiste. Tu ganaste en ser esposo. Qué es esto. Ay Carlos, este es mi padre. Disimularme conviene aunque los celos me maten, que debe a Ricardo mucho. Que tan de presto se entrase. Aquí importa la prudencia. Dije a Laura que. No acabes, que su honor, y tu valor son siguridad bastante. Sobre mi llovera todo que sin duda ha de enojarse, porque le he dejado entrar no se que disculpa darle. Servir de escudero quise a Laura. La vida alarguen de vuestra Alteza los cielos por lo que procura honrarme. Laura no lo consentía. No pisara los umbrales mas de Palacio, ni es justo que ya con visitas canse a vuestra hermana, y a vos os obligue tan afable, aque acompañarla vais habiendo quien la acompañe, yo os serviré de escudero sin que tanta nota cause. Que me manda vuestra Alteza. Muerta voy. El cielo os guarde, este criado sin duda todos los secretos sabe de Carlos, mas de que sirve con más certeza informarme, si lo ha dicho claramente Laura, que tardo en quitarle con la sortija, la vida. O lo que vuelve a mirarme. Más bien será que averigue si el con sus ruegos fue parte de esta mudanza, o si Laura le incitó para agraviarme, que menor será su culpa, si ella dio ocasión. Qué hace, él sin duda determina el castigo que ha de darme. Llega más cerca. Señor, ya conozco en tu semblante, tu enojo, y la causa entiendo. Vive Dios que he de quitarle la vida sí. Cómo quieres que un hombre humilde estorbase los pasos de un poderoso. Bien pudieras avisarme de mi agravio. Quiere a Laura de modo que suele entrarse en el cuarto de tu hermana sin que se lo impida nadie si sabe que la visita, Luego el según eso es parte, de que Laura no me quiera. Quién duda, que ha de estorbarle queriéndola con extremo? Y cuitar las ocasiones atrevido, y arrogante. Perdóname, que no tengo culpa, ni deben vengarse, en tan humildes sujetos, los hombres tan principales. Salí de todas las dudas, que de esta suerte me pague, Carlos el haberle honrado con mércedes liberales. Oh ingratitud como quitas porque puedan despeñarse, los ojos a la razón, y a la lealtad, los quilates. Morira viven los cielos, aunque pueda disculparle amor, mi palacio tiñó con rojo humor de corales. Encerrado está que dudo llore mi ingratitud su amante, y la ocasión de mis celos con mi esperanza se acabe. Dónde va el Duque, ay de mí, defienda Dios mi gaznate que de servicios se olvidan que son de barro al quebrarse. Por un descuido no más mucho tardo en escaparme, el va a llamar quien me prenda, y es triste cosa entregarse, un desdichado mosquito a quien de yerro le cargue, y docientos perdigones por lo menos le dispare. Adiós por algunos días sor Palacio, hasta que pase, la cólera del gran Duque. Adiós lacayos, y pajes, si tota la vita honora un vel fugir no me alcance, plegue a Dios en muchos días bendiciones de mi madre. Llevado de mi furor incitado de mis celos pensión que han dado los cielos a la nobleza, y del valor las venganzas de mi amor. Vengo a cobrar, aunque tarde pues no hay remedio, que aguarde, solo es justo que lo intente porque no hay traidor valiente, ni hubo celoso cobarde. La puerta volví a cerrar símbolo de mi ventura, que cuando estaba segura, no le dio al gusto lugar donde se piensa ocultar. Carlos si de su maldad conoce la calidad, y en casos tan atrevidos, para desagradecidos falta en los cielos piedad. Carlos, Carlos. Ay de mí, siempre el descanso es pequeño, y de este violento sueño al que es natural salí. Dormías? (ción. De suerte, difuerza a la imagina. que faltó la propia acción a corporales sentidos, y se quedaron dormidos en su misma confusión. No es, si no que no sentías con tus favores contento, es desuelo que yo siento de que sirvas prendas mías, verme en secreto querías. Si procuras disculparte aquesta es secreta parte; aunque tengo tan sabido todo cuanto ha sucedido, que estoy yo por informarte, y pienso que es lo mejor procurarte defender, si a caso puede tener brío, y aliento un traidor. Saca la espada. Señor. Qué aguardas, que te retiras si con la humildad aspiras, a defender tu maldad tarde llega la humildad donde son justas las iras. Invictísimo Fernando noble Duque de Florencia, locuras de amor castigas que a efectuarse no llegan? Ten la espada, que te agravias, en que Príncipe ensangrientas sus filos, que muros rompes, sino un pecho sin defensa. Cuando se vio acero noble tenido en sangre, que apenas, colores le postra al rostro, y movimiento a la lengua. Si los pobres tienen alma adornada de potencias, como, la del Rey, que mucho, que viva al amor sujeta. Si las especies visibas a nuestros ojos no dieran luz, con que ver bellos rostros, como a los del Rey, el César. Admiración fuera justa que enamorado viviera un pobre, mas a quien ve, no hay humana resistencia. Los pensamientos altivos hijos son de la Nobleza, si bien es justo mirar que no lleguen a soberbia. Si te confieso mi amor, si te propongo la enmienda, si a mejor dicha no aspiro, si mis pretensiones cesan. Si muero, callo, y padezco, puestos en cárcel perpetua los deseos, si al cuidado doy por prisión mi vergüenza. Qué pides más, que me quieres de tu Palacio me ausenta, quítame de la ocasión, de tu Estado me destierra, solo me deja la vida, para que viviendo muera, mayor castigo a mi culpa es que de espacio padezca. Y por la Cruz de esta espada que mi boca humilde besa, y para esta acción, no más ha salido a que la veas. Que no se como lo diga que si el peligro me alentó, el respeto me desmaya, y la lealtad, me aconseja. Repórtate, que por Dios que me corro de que puedan, atar manos tan hidalgas córdeles de mi obediencia. Puesta el alma en dos peligros no sabe si favorezca a la vida que me quitas, o a la lealtad que respeta. Vuelvo a la cinta la espada, desde la vaina pudieras, besar al pomo, y jurar. mucho mi cólera templas, quiero dejarte la vida como dejes a Florencia, ni has de traer ese añillo, ni quiero que tú le tengas, Enseña Carlos la mano. Mira señor. Quita, deja. Si con besarte las tuyas la bejación se remedia, mil veces pondré mi boca. Questo guardes, questo sientas, nol basta dejar la mano dónde trujiste la prenda! Carlos no repliques más. Présteme el cielo paciencia, Ay de la ciudad te parte para no entrar más en ella: tus pretensiones olvida y a mi noticia no venga. Qué vuelves a porfiar que no habrá humana clemencia, basta que por causa tuya tan grandes disgustos sienta; perdono como quien soy, tú como quien heres yerras. Ya para que pueda irme libres quedaron las puertas, pero detienen mis pies las amorosas cadenas. Qués esto cielos en mí, vuestros rigores se muestran, al sujeto tan humilde queréis mostrar vuestra fuerza! Loco estoy, que puedo hacer, o si transformar pudiera mi cuerpo en mis pensamientos para invisible asistencia. Ay Estela de mi alma, mas que aguardo, mal remedian males que tocan al alma las enternecidas quejas. Quiero salir de la Corte, deme sepulcro una fiera, sino las manos del Duque, mátenme los de una fiera, Que no he de verte señora, mis ausias y mis sospechas para tanto atrevimiento animaron mi flaqueza! Aquí dicen que está Carlos, ruego a los cielos que mientan mis celosas fantasías, que toda el alma penetran. Quién es! ay cielos, sus ojos mas mis pesares aumentan, ques más desdicha el gozarlos para que luego los pierda, cuanlo en ellos me deleito recelo que el Duque vuelva. Carlos en este lugar no es justo que me detenga, ques del anillo que os di? Esa turbación Estela. del que el suceso has sabido me ha dado bastantes muestras. Y como que lo se todo, que es de la sortija, enseña la mano, que perderías antes que el diamante. Estela rigurosa, que no sabes quien le tiene. Esta prueba faltaba para saber que era verdad tu bajeza, villano favores míos dados con tanta firmeza, tu ingratitud, tu traición desestima, y menosprecia. No me quejo de tu engaño antes estoy muy contenta, que favor, que no mereces es justo que no le tengas. Señora. No digas nada, que peligros, y que afrentas por guardar favores nobles, quien ama bien, no atropella, yo tuve culpa en quererte. No quieres que me detenga el respeto de tu hermano. Amor a nadie respeta, que ha de hacer mi hermano. Qué? a señora si supieras. Solo se, que necia fui, pero no seré más necia, vete Carlos, vete Carlos, humildemente te emplea, y no pongas la lealtad por excusa a tu Cautela. Por respeto de mi hermano quien ama no es bien que tenga, ni más vida, ni más alma, ni más cielo, ni más tierra, que el gusto de lo que quiere. Es posible que no quieras escuchar disculpas mías, pero ya que me aprovechan cuando es forzoso el dejarte, y que en rigurosa ausencia, sin los soles de tus ojos viva en oscuras tinieblas. No me mires, no me hables, lleguen con tan grande priesa, mis males, que se atropellén. y en ceniza me conviertan. Que no te mire, me dices cuando la muerte quisiera, antes que haberte mirado, hay semejante insolencia. Villano sabes quien soy? Mi bien. Qué es mi bien. Estela. Dónde se prueba el amor de nuevo el respeto empieza. Idos de aquí. Dónde aguardo que en tu vida no me veas. Yo pienso vivir tan poco, que no aguarde vuestra vuelta por muy presto que volváis. Solo tu piedad consienta que llegue a besar tu mano. A tener tosigo en ella dejara que la besaras. Gente viene. Adiós te queda, ay Estela. No me nombres. Vuelve el rostro, No me veas.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Desgracia he tenido. Nueva, y no vista mudanza. Pero siempre la privanza estos fines ha tenido. Todos somos desdichados. Sin alma y sin vida estoy. Héreslo tú? Pues no soy, también de los desterrados, hijos de Eva! Qué ocasión diste al Duque? No fue mía, sino entrar vueseñoria sin llamar tan de rondón. Cuando Laura mi señora estaba hablando con él, Si da Fernando en cruel mucho su valor desdora. Solo en vos pudiera hallar remedio, alivio, y amparo. Dadme los pies. Prevenir quiero un cuarto donde estéis, con Laura quedar podéis. Yo contigo he de vivir. Mientras esta furia pasa, sentaos. Ta que sola estáis quiero Laura que sepáis porque vengo a vuestra casa, que no sin misterio ha sido. También mis penas sabréis. Que a dos voces os quejéis tengo por mejor partido, que yo diré la tercera. Ay Laura. Ay Carlos. Oíd. No se si podré, mostrar el alma quisiera. Adoré divina Laura desde mis años floridos, que es tan antigo mi amor que no conoce principio. A un milagro de belleza, por quien hoy muriendo vivo, tan discreta como hermosa, asombro de nuestro siglo. Pienso, que por estas señas aunque, su nombre no digo sabrás, que Estela, ay cielos, que callando te lo he dicho, Aquesto es lo del rapaz, que tan satisfecho dijo, si adivinas, lo que llevo aquí, te daré un rácimo. No pienso, que los amantes, de los fabulosos libros acreditaron su amor, con accidentes, más finos. Pasar el mar, no fue tanto, si yo en mis ojos le he visto, darse la muerte es remedio, pues fin de males ha sido. Yo paso mares, de fuego, por morir, más veces vivo, y al fin padezco olvidado, y ellos murieron queridos. Como el agradecimiento, en efecto es acto digno, de nobles pechos, Estola gradecio, si no quiso, Con mil honestos favores, fue llevando mis sentidos, adonde ahora no aciertan, a salir, del laberinto. Prometiome ser mi esposa, diome por prenda un anillo, conociole el Duque, y supo, mis encubiertos desinios. Quitómele, desterrome, y Estela airada conmigo, con afrentosas palabras me echó, de su paraiso. Sospecho que será cierto casarse con Federico, Príncipe, Devisiniano, ya no es mi intento impedirlo. Solamente Laura hermosa quisiera amante perdido verme en parte, donde viera, aquellos ojos divinos. Yo se, que el Duque te adora, y ansí, a tus pies te suplico, le escribas, que me perdone volviéndome a su servicio. Oh almenos, que me consienta, vivir, en Florencia, alivio, de mis penas, porque ausente triste fin me pronostico. No puedes pidirle cosa, que no otorgue, si te obligo, con lágrimas, de piedad en ellas te sacrifico, el corazón, tan amante, y tan firme, que ha podido admirando, a los presentes afrentar, a los antiguos. Ay Carlos, como ignorante los escollos, y bajios juzgas, por seguros puertos en el mar de tus peligros. Amí me pides remedio, cuando en piélagos, y abismos, de confusiones se auega engolfado el albedrío. Si el Duque me quiso Carlos, amores fueron fingidos, engañar quiso mi honor, mil veces más, que el Sol limpio. La Duquesa de Ferrara oculta, a Florencia vino llamada por él. Qué dices. Lo que siento, y lo que he visto Yo no soy su secretario cuando escribir ha podido, sin que lo supiese yo. Carlos, el de su letra habrá escrito. Yo se todos sus secretos. Cómo como, vive Cristo, que porque tu padre entró, sin que yo le diese aviso, quería matarme. Necio, si mis ojos son testigos, de que tiene la Duquesa Porcia, los favores míos, que porfías. Laura bella, engaños han padecido, lo ojos diversas veces. De vuestra duda me admiro. He señora no porfíes. Si mi amoroso delicto le tiene tan enojado no ser a bastante indicio, del, que te quiere, si luego, que haya el papel recibido, de tu letra, me perdona. No se, que su pecho altivo, pueda hacer por cortesía, lo que por amor no hizo. Nunca a cortesía obliga lo que ya está aborrecido, Tan cierto estoy, de su amor, que si le escribes, me obligo a llevar, el papel yo, y aunque su enojo he temido, me prometo las albricias. Ahora yo me determino, por solo desengañaros, de a escrebirle. Tus pies pido. Hoy en mí un esclavo adquieres, y yo ejerciendo mi oficio, cual que cadena, o diamante, o extraordinario vestido. Plegue a Dios que yo me engañe, voy a escribir. Yo testigo. Que me olvida. Que te adora. No porfíes, No porfío. No es poco siendo mujer, porque pocas han nacido, que en diciendo tigeretas no salgan con lo que han dicho. Que bien el traje te esta. Con todo no voy segura, que no vence la hermosura, sino la ventura ya. Deleitoso bosque, El río da con cristalinos lazos, a sus árboles, abrazos dividiendo el curso frío, El Duque sale a cazar, y tú con nuevos antojos, puedes, de tus bellos ojos flechas al alma tirar. Ya esta seguro el vencer, pues del engaño pasado el salir, ha resueltado, a su casa de placer. Laura, y Carlos atrevido? No parece ya en Florencia, por lo menos, de esa ausencia ha de resultar olvido. La sortija guarda ahora, porque el Duque no la vea. Saber mi pecho desea de él, tus pensamientos, señora. No hechas de ver, que procura, que en este bosque la vea, el Duque. Quién hay que crea, tan peregrina locura. Ah se de enamorar luego! es comedia! No se entienda, que es forzoso, que se encienda, sino que disponga el fuego, Tú esa carta le darás antes que Porcia le hable. Ingenio tienes notable, donde aguardando estarás, para que puedas saber, lo que hubiere sucedido? Encubierto, y escondido, en la casa de placer. de Laura, en anocheciendo me hallarás, arrebozado, junto a la puerta arrimado, que ver a Estela pretendo. Luego también ha venido con su hermano? Con él viene. El encubrir nos conviene, porque ya siento el ruido, de perros, y cazadores. Dividámos nos los dos. Porcia a Dios. Príncipe, adiós, Qué cautelosos amores. En esta clara fuente, que con lazadas de cristal enlaza su risueña corriente, las flores; demos treguas a la caza. Entre tanto tormento, mas las quisiera dar al pensamiento. Detén la gente Arnesto, que quiero hablar a solas, a mi hermana, que ya, su pecho honesto émulo en corto traje, de Diana, quiere, con nuevo aviso ser en la fuente afrenta, de narciso. Entre aquesta espesura aguardo con la gente. Estas cansada? que muestra tu hermosura, de púrpura a pedazos esmaltada, que descansar deseas. Mal tus lisonjas, en mi amor empleas, de vergüenza pudieran salir colores, a mi rostro, ahora. Mis males, a que esperan mas siente el alma, cuando nada ignora, escucha, hermana mía efectos, de mi amor, y mi porfía no es posible, que ignores, que adora, a Laura. Ya lo se, prosigue. Con secretos favores vivi contento. Tu pasión mitigue ser señor poderoso, su esposo puedes ser. Como su esposo, de eso nace el cuidado, que siente el alma, porque el pecho abrase, si a Carlos ha estimado, si adora, a Carlos quieres, que me case, con Laura. Santos cielos, que duplicados, que me envíáis los celos Advierte, que podría ser ilusión, de tu sospecha, loca. No ha sido Estela mía. De quién lo sabes? De su misma boca. Cierta es mi pena ahora, y que te ha dicho Carlos? Que la adora confiesan claramente, los dos mi agravio. Como no quitaste, al bárbaro, imprudente la vida. Fuy piadoso. Tu mostraste, piedad con una fiera, mal haya yo, si yo sola tuviera. Tras de haber confesado mi agravio, y su traición, por mil razones matar le quise, airado, más hizo su humildad en mis pasiones, que a piedad me moviera. Mal haya yo si yo se la tuviera. Jamás con los rendidos mostró el noble rigor, cuando difunto, los colores perdidos, y mande con piedad, que luego al punto, de Florencia saliera. Mal haya yo si no se la tuviera. Mucho Estela lo sientes. Pues no es razón, que sienta tus agravios? o necios accidentes, el alma me ponéis, entre los labios. Mi amor hermana ha sido, quien a cazar, al bosque te ha traido? fingiendo estar cansada, veste a laquinta, donde Laura bella, de Florencia apartada, es Flora? de estos campos, sabrás, de ella si de Carlos ausente, puede olvidarle, y mis pesares siente, esta noche en achaque, de ir a buscarte, i re donde la vea, porque mi ardor se aplaque. Obedecerte mi afición desea. Aqueste hidalgo llega, a darte un pliego. La pasión me ciega. Beso tus pies. Levanta. Que veas esa carta te suplico. Tanta traición me espanta! Quién es, el que me escribe? Federico, ciego de su deseo. Su amor estimo, y sus finezas veo. No se admirará vuestra Alteza, si conoce, lo que puede amor de mis importunaciones, supue- sto, que consiste, en ellas el remedio, de mi vida; y ansí le suplico premie los deseos, que tengo, de ser- virle con su hermana, y mi señora Estela, Cuyas manos mil veces beso, con las de vuestra Alteza, Devisiniano. Esto me faltaba ahora, mas si Carlos es traidor, para que duda mi amor, qué finezas atesora? quiero casarme, y morir. Saber ahora me toca la respuesta, de tu boca. En todo piensto seguir tu gusto. Pues ya está lleano, si en esto el poder me das, que del Príncipe serás. Mil veces beso tu mano por la merced que le has hecho. Esta palabra le doy. Con tu licencia me voy, un volcán tengo en el pecho a la quinta, donde esta Laura, que el bosque me enfada. Guárdete el cielo. Casada por venganza, quien podrá dar a mis penas consuelo. Esta noche os volveréis, y la respuesta daréis. Mil años te guarde el cielo. Flores de esta Selva. De nácar teñidas fuentes, que corréis plata fugitiva. Del placer, que os sobra prestad a la niña, que sigue, a quien huye y ama aborrecida, ay Dios, que desdicha. Dos villanas bellas, las flores, que pisan, vuelven en diamantes. Graciosa mentira. Mira su belleza, que vienen vestidas de suerte, que pueden vencer, a las ninfas. Mal haya el ingrato, que poco la estima. Mis desdichas canta, mas no le maldigas. Quiéres, que las llame? Detente Belisa gente hay cortesana, tente por perdida. Qué lindos temores, no somos tan lindas, que forzar nos quieran, aunque nos pellizcan. Oye, que donaire. Qué queréis, que os diga, nada me contenta. Ni aún de falso en vida. Infelice agüero, en la empresa mía no vuelve a mirarnos. Porque te retiras, esten en buena hora Tu melancolía divierte con ellas. El cielo os bendiga, dónde vais zagalas? A una romería, voto, que hicimos, en cierta desdicha una de nosotras de amores perdida. Hizo esta promesa por ver si le libra, pero quien bien ama, tarde, o nunca olvida, que más le enamora mientras más camina. Es enfermedad el amor, amiga. Que mal ay, tan grande, ved, que vobería. Mozas ay de amor tan deseoloridas, que piensan sus madres faltas, de malicia, que están opiladas, y el Médico aplica, hacero, a su pecho, ved, que medecina. Sois enamoradas, que esa gallardía, aunque lo encubrís, claro lo pública. Con notable extremo. Pues que os maravilla, que las dos busquemos las hierbas divinas, para remediarnos. racía. Ya pica, prosigue señora, hasta que se rinda. De qué lugar sois? Somos de una villa cerca, de Ferrara. Quién os encamina por aqueste bosque? Ver, las maravillas, que adornan, las fuentes, entre clavelinas. con cristales mansos, que al paso se enrizan, de las verdes hierbas, y las pardas guijas. No sois vos villana? Menos, por tu vida, deja ahora Porcia las filaterías. Quién sois vos, hidalgo? El Duque. Jacinta santos, en los pechos ponte, de rodillas. Huélgome de ver, a su Señoria (porque la Duquesa) casar se imagina, con su reverencia. Qué necia porfía. Pardiós, que merece, que un Prior la sirva, han visto, el desprecio! Puede ser, que vista. os agrade. Cómo, si el alma no es mía. Mal haya, el pecado! No hay cuentas, y Misas, que os saquen el alma, si pena por dicha, Es hermosa Porcia. Sus ojos imitan al Sol, cuya gracia las almas cautiva. Mirad esta moza, que hallá nos decían, que es, de la Duquesa. semejanza viva. Qué a vos se parece? Dicen, que es la misma la cara, y despejo, los propios los días. Si os es semejante. Atento la mira. No será hermosa. . Si no que! Bonita. . No más! Pues es poco! Decid, son más lindas, vuestra hermana, y Laura? Que te precipitas. Bonita, y que a secas. A lo que se inclina el gusto, es hermoso. Esperanzas mías, yo quedo corrida, Nunca la Duquesa, si es como la pintan, será mi mujer. Ni Dios lo permita, faltarale a esotra bodas, más erguidas? No le digas nada, déjale Belisa, quiere en otra parte no tiene amor vista. Forzar voluntades. es con osadía allanar los montes, que al cielo se empiñan, ven, y no te enojes. Adiós, so bonita, así mos resquebra. mi señora tía Loca voy, de celos de rabia, y envidia, mal haya belleza tan falta, de dicha. Corridas van las villanas, Y aún yo creo que lo estoy, con tu licencencia, me voy las diligencias son vanas, hay firme amor de por medio. Id amigo a descansar. Era el remedio olvidar, y olvídósele el remedio. Lo que tardó en escribir, de turbada, y de dudosa a una mujer melindrosa puedela el diablo sufrir. Lindas albricias espero, aquí me dicen, que está, por lo menos me valdrá su gracia, y bello dinero deja, que ponga mi boca en tus pies. Dónde has estalo? Vite conmigo enojado, y aunque la causa era poca pude temer tu rigor. No soy contigo cruel. Pero ya, de este papel me prometo tu favor, las albricias no pierdo. Quién lo escribe? Laura. Ay cielos! por triunfo, de mis desuelos con su laurel me coronó, dame el papel. Vesle aquí, si vestido me has de dar, poco se abra, de acortar, pues todo me viene bien, nada al pobre le ha venido largo ni corto. Es verdad. si me tiene voluntad, pondré mi agravio, en olvido, aunque me obliga el desdén solo a que padezca, y calle. No es él, más largo de talle que yo, vendrame muy bien. El ser piadosa me inclina, (lce a que os escriba. Al calzón, acorzallo de pretina. Bien se que yerro en pedir, si he de quedarme después corrida. Más fácil es el cortar, que el añadir Carlos, por vos perseguido, es honrado caballero. Mas que quiere el camarero el jubón, cabos le pido. Sin temer vuestro rigor, aquí, en mi quinta, le tengo. Luego las medias prevengo. Esto es verdad. Sí señor, a vulto le he respondido. . y os suplico, que aplaquéis la ira, y le perdonei: Pierdo de enojo él sentido, (. que aunque ya no habéis de ser mi esposo, vuestro valor debe hacer, este favor al gusto, de una mujer si habéis sido enamorado, que le disculpéis espero. Estoy por pidir dinero, (. que el vestido es excusado. A no ser tan conocida su letra, mi corazón dudara, si era invención, hoy le quitaré la vida. Estas las promesas fueron a enternecerme bastantes, pero cuando los amantes, lo que prometen cumplieron. No tienes de que dudar, las sospechas atropella. Qué Carlos está con ella? Allí le quiere amparar, perdónale, que es razón, y mis albricias, no olvides. Burlas villano, que pides, si es tu muerte, el gallardón, Laura se atreve, a escrebir de esta suerte. Vive Dios, que fue engaño de los dos. Esta vez no has de huir, atad, aqueste villano, y pues ya se acaba el día llegue la venganza mía, a ser igual, aunque en vano al agravio, que recibo, ven solo conmigo Arnesto, que a vengarme, voy dispuesto. A tu gusto me apercibo. Id poco a poco con él, vosotros, yo voy delante. A señor. Calle el vergante, o aprieto más el cordel. Ven, y sabrás mi intención. En peligro está la nuez que me he metido otra vez, en ducas en tentación. Estela en mi casa? Sí. a hablarte llega! que haré, que mirarla no osaré. Carlos, escóndete aquí hasta que sepa de mí como en esta quinta estas. Hoy vida, y muerte me das. Que bien se muestra tu amor. Se, que la tengo, temor, y no le ofendí jamás. Tú seas Estela mía bien venida. Qué traición que así encubra su afición, cansada vengo, desvía. Bien debes, más cortesía, a la que contigo tengo, y al gusto, que te prevengo, qué tienes? de qué te enfadas? Que preguntas tan cansadas, cuando ya sin alma vengo. Aprendiste de tu hermano Estela, di la verdad, a olvidar, la voluntad? A responderte me allano, que no es término tirano el mío, el alma se abrasa. Casi de ignorancia pasa, visita tan excusada para venir enojada estuvieraste, en tu casa, que yo me estaba en la mía. Ahora culpar me puedes, más después, aún las paredes que no me oyesen querría, cuando mi enojo porfía. Qué miras? Déjame ver, si alguien nos puede entender, que este es respeto debido, si esto tienes escondido, que más pruebas he de hacer, sal Carlos. Si me permites. que llegue a besar tus pies. De esta manera. No es justo te precipites, y que en mi casa limites tu rigor, qué es tu intención? si conoces su afición. De tus pies, al cielo subo. Quién escondido le tuvo, que le defienda es razón. De suerte le estimo, y quiero por constante, que estuviera en mi casa, si supiera que tu hermano altivo, y fiero la que mara, y ansí espero pues voluntad le has tenido, le perdones, pues no ha sido, a tus deseos traidor. Como declara su amor, pierdo de enojo el sentido. Cuando mi lengua previene disculpar, a tu rigor la vergüenza, y el temor la acobarda, y la detiene. Quién tanta vergüenza tiene bien sabe, que me ofendido pésame, que habrá sabido Laura, que te quise bien, y se alabará también de que es causa de tu olvido. Como olvidar, Laura puede significar lo que siento? declara mi pensamiento, para que en duda no quede. Carlos en constancia excede a cuantos amor le dio triunfos, a quien coronó de Laurel, y de Cipres. Para contigo lo es, mas para conmigo no. Extraña incredulidad. El ser firme caso es llano, o más guárdese de mi hermano, que ya sabe la verdad, a mí por mi calidad disimularme es forzoso, viva en tu casa gozoso. Como tu gustes, es llano que no temeré a tu hermano, aunque airado, y poderoso. De que tengo de gustar yo? De que en mi casa esté donde, de su mucha fe pueda quilates mostrar. Por mí llégale a abrázar, en mi presencia, a qué esperas? Qué locuras, que quimeras son las que estoy escuchando. Estela, estaste burlando, o a caso hablas de veras? yo abrazarle, estas en ti? Es mucho si bien le quieres! Nunca, con nobles mujeres se ha de proceder ansí! Tú no le escondiste? Sí. Del no estás enamorada? Si es burla Estela, es pesada, que si a guardarle me animo, por criado aún no le estimo de tu hermano, despreciada. Por criado. Cielo, es sueño! loco estoy entre las dos. otras mejores, que vos le han querido, para dueño. Pues es su gusto pequeño a lo que en mi conocéis. No es noble? Sí. No podéis negar su gala, y valor. Si no me tenéis amor, para que me defendéis? No ves que es hacer desprecio, de mí, porqué te he querido. Repórtate. Que ha creído tu recelo vano, y necio. Laura, estos rigores precio, déjala. Que mal lo entiende. Encubrir su amor pretende con menospreciarle ansí. Ay que dice bien de mí, cuando piensa que me ofende. Gente siento. Después quiero, hablar con más claridad. Perdonad la libertad, de entrarme ansi caballero con fe hidalga, un forastero que sabe, que estáis aquí, os quiere hablar. Ay de mí! Dónde queda? Fuera aguarda. Toda el alma se acobarda. Carlos no salgáis ansí! Tú le detienes también. Tú también no le detienes? Que mal informado vienes, niega que le quieres bien, otra defensa preven, pues vas solo. Tuyo soy, id, y decid, que ya voy. A tu vida tengo miedo. Confusa, y dudosa quedo. Medrosa, y celosa estoy. La oscuridad de la noche me ha de ayudar, y valer para castigar a Carlos, y a mi enemiga cruel. Toda mi quierud consiste, en que la muerte le de, pues en su pecho tirano morira Laura también. Pasos siento, quién será, imagino, que es mujer, dos son, callar me conviene. No dudes de que aquí esté Arrebozado me dijo, y arrimado a la pared que estaría. Las villanas son estas. Sin duda es él. Ya no puedo, ni es posible a mis desdichas vencer, pues que no han sido bastantes las industrias, que intenté. Príncipe Devisiniano, a que efecto me traéis, mudando trajes, y voz transformado en mercader. Si no valen las cautelas, que entre las joyas traéis tanto, como la ventura, que llega Laura a tener, que importa, que piense el Duque, que es la que adora infiel. Por el parecido anillo, que yo a Laura le enseñé, y vos, al Duque tomastes, si mientras más le engañéis, mas quiere a Laura, y desprecia los méritos, de mi fe. Y de que sirve, que a Carlos de la Corte desterréis por parecerle a Fernando, que quiere, a su dama bien. Si al cabo, de estos enredos, que es amante, ha de saber de su hermana, y parara en que ufano se la dé. No quiero oír más desprecios, quiero a Ferrara volver, donde llore mi desdicha, pues olvidar no podré. Desengañad vos al Duque, como quien sois proceded, almas, que firmes se adoran con engaños no apartéis. Tomad Príncipe el anillo, . que el llegar a parecer, tanto, al que Carlos tenía, causó el confuso Babel. El Duque viene esta noche a esta casa de placer, verle quiero, pues no aguardo gozar su vista otra vez. Ven Flora, no te detengas, que no sabrá responder quien no supo remediarme, Príncipe no porfiéis. Qué es esto piadosos cielos hoy todo el gusto cobré sin duda que es la Duquesa, y el oculto mercader es el Príncipe engañado, sin duda a Laura culpé. Eres tu señor? Yo soy. Ya tu contrario llamé, y él sale a verte animoso. Conviene, que oculto estes, porque le he de hablar, Arnesto de otra suerte, que pense. Aquí estoy entre estas ramas por si fuere menester. Pues aborrece, la vida el riesgo despreciaré sois vos, quién me llama? Sí. Decidme lo que queréis. Conoceisme? No os conozco. Aquí a Porcia esperaré para saber, lo que intenta Los pasos señor detén, aquí hay gente. Pues escucha. Ya que no me conocéis quiero deciros quien soy. Hareisme mucha merced. El Príncipe Federico soy. Oístelo. Muy bien. De Visimiano he venido disfrazado, para ver a Estela, cuya belleza per un retrato adoré, Yo soy el mercader Carlos. Hay enredo como aquel. Enredo, verdades sice. De quién las pudo saber. Mil sospechas he tenido, de que altivo pretendéis. A Estela! Todo lo sabe. Y la Duquesa también de Ferrara, está encubierta en Florencia, no neguéis la uerdad, solos estamos. Ni he mentido, ni sabre. Es verdad, qué amáis a Estela? No queráis, que cuenta os dé que luego es fuarza, mataros, porque no lo publiqueye. Los dos en el campo estamos solos. Pues la verdad es, que es Estela dueño mío desde que he tenido ser. Prometiome ser mi esposa, y en prendas, de tanta fe me dio un anillo, y su hermano no tirano, si cruel le conocio, y darme quiso la muerte, porque intenté tan desigual casamiento. Salí de Florencia ayer Laura me ampara en su casa divino, y verde laurel, que me defiende, piadosa de los rayos, del poder, que como, el Duque le adora, y Laura idolatra en el pienso, con su intercesión presto a su gracia volver, Ya que he dicho la verdad porque no la publiquéis sacad la espada. Teneos. Qué es esto Oh tabio. No sé. Hoy, de la industria me valgo a este hombre, he de conocer, teneos. A quién. Al Duque. Triste de mí, que are. Ya os he conocido Carlos a ese hombre reconoced. Sin duda, que es Federico, que bien se deja entender, . pues que para hablarle, Porcia quiso este puesto escoger. Fingir quiere que es el Duque como yo finjo ser el, hoy por sus filos le yero. Quién sois? no me respondéis? A tu lado estoy, no temas aunque me mates después. Aquí estoy señor. Arnesto. cana, quien soy os diré, si juráis, que sois el Duque, y que jamás negaréis, que lo sois? Lo mismo juro. Nada en el bosque dejéis por mirar, que falta Carlos y una traición sospeche. Parderé por él, la vida. Gente viene. No os turbéis si sois el Duque. Señor dame tus invictos pies. Qué confusión es aquesta! Señoras dejadme ver un desengaño, primero que a nadie respuesta dé. Carlos, es este tu anillo? Sí señor. Y este? También. No es aquesta la Duquesa porque la duda excuséis, hable el Príncipe. Qué engaño. Señora, al Duque diréis para este entedo amoroso, de la industria me ayudé. Esta sortija, es de Laura, y esta, es de Estela, yo hurté la que os dio Laura, y en Carlos visteis esa otra, esta fue causa de entedos tan grandes. Pues para que no os quejéis con el Duque he de casaros. Verdad mi desdicha fue. Mi ventura reconozco. Llegad Duque, no quebréis no quebréis vuestra palabra. Qué es esto? De espacio el caso os diré, Vuestra soy, tú eres el Duque. He jurado no negarlo. Así podéis ser esposa del gran Duque. Siempre tu ingenio estimé, Carlos. Señor. Tanto mi contento es, de ver, que tan falso sea el daño, que imaginé que en pago, de mi rigor te doy a Estela. Tus pies beso mil veces. Camine. Que bodas vamos a ver, yo tengo de ir muy de espacio. Para que le desatéis me huelgo que haya venido, y vos perdonad mi bien mi error, mintieron mis ojos. Yo los míos engañé. Y los míos, si dudaron en tu noble proceder. Mi esposa sois. Nuevo caso! Y perdonad, si no fue Señores, a vuestro gusto, porque se engaña tal vez un Poeta, en lo que escribe prueba, en que se puede ver como se engañan los ojos con amor propio juzgué.
