Texto digital de Cómo se engañan los celos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Manuel Daniel Delgado
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cómo se engañan los celos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/como-se-enganan-los-celos.

CÓMO SE ENGAÑAN LOS CELOS
JORNADA PRIMERA
Oh habéis de pasar de aquí. Ya fuera en mi grosería T no obedeceros, y más cuando vuestra voz me intima una tan cruel sentencia, como, que si mi porfía prosigue, será forzoso, que eche a perder una dicha. Y Uced no permitirá, que hasta su casa la siga? No, Rey mío. Pues cuidado, que quizá por más esquiva que sea, me iré con ella, bien, que puesto a sus pies. Diga: De qué modo? Soy. Juanete. Ya que vuestra bizarría. tanto favor me dispensa, merezca yo que benigna vuestro nombre me digáis, porque el alma agradecida, a quien lo ha de estar no ignore. Bien sabéis, que en lo que estriva la mayor fineza, es, en hacerla, y no decirla; pues el que dice su nombre ya la fineza pública, ad con Dios, y no juzguéis, que yo soy tan poco fina. Yo quedo, (aunque motejado de necio) hermosa homicida, tan vano con la respuesta, que si la indiscreción mía con favores de tal clase vuestra belleza castiga, prometoos, que no seré discreto en toda mi vida. Con que en fin: iréis mañana? que amor aún de si no fía. Desconfiado me sois, sobre poco cuerdo? Niña: con que no hay forma de que te hablande la batería? No soy de las que se rinden a Lacayuelos. Altiva sobre fregona me sois? pero qué fregona hoy día no se entolda? Caballero con Dios os quedad. Divina beldad, de quien soy esclavo, adiós, y el amor permita no deis libertad, a quien tanto el cautiverio estima. Vamos Inés. Ciego niño, ya que de ti voy herida, tú me alivia, pues tú eres de ti propio medicina. Adiós postizo señor. Adiós señora postiza. Qué dices de esto, Juanete? Qué quieres, señor, que diga, sino que ya no faltaba otra clave a tus desdichas, que el estar enamorado. Deja locuras, y mira si se alejan. Entre tanta gente como a Madrid guía sus pasos, ya no es posible el llegar a distinguirlas. endo así, conmigo ven, que antes que en las ondas frías del Sol los ardientes rayos hallen espumosa pira, de Don Manuel de Cardona saber la casa querría, valiéndome de ella, antes, que adquiriendo más noticias de quien soy, suceda aquí lo que en Granada. Por vida:: No jures. No juraré, mas si a la seca estantigua de aquel Judas Mesonero cogiera:: Y bien: qué le harías? Antes que él de algún sauco colgarle yo de una encina. Qué hace Elvira? Con Inés metida en su cuarto está. Hora parece que es ya de ir a mi visita. Pues alón. Pero no dirás, señor, primero una cosa? Esta Dama quisicosa, quién es? Quisiera yo más que saberlo, majadero? Dime, si yo lo supiera, lo ignoraras tú? No fuera milagro que de parlero la faltilla me achacaras, porque siempre con los amos en tal opinión estamos. Y a saberlo tú, si hablaras, donde esconderte pudieras, que te libertases, loco, de mi furor? Poco a poco, que parece va de veras. Las manos, señor, detén, que desde que enamorado estás, te has endemoniado: antes me pagabas bien, y aunque hubiese mil refriegas nunca a darme te atreviste, mas desde que te rendiste no me pagas, y me pegas. Qué necio estás! Necedad llamas pedir lo que es mío? Ay dueño de mi albedrío! Esto sí que es frialdad. Pídole mi ración yo, y dame un requiebro vano. Vive Dios, que Diocleciano martirio igual no inventó al de un amo enamorado! más fuerza es sufrirle al fin. Abre la puerta, Martín, ( que parece que han llamado. . Aunque no me pagues voy a servirte. Ved aquí, Lacayos, cumplido en mí lo que va de ayer a hoy. Noche enhorabuena ven, pues con tu oscuro cendal, anocheciendo mi mal, ha de amanecer mi bien. Señor, Don Félix de Lara quiere hablarte. Pues aquí Don Felix está? Ve, y di, que en qué su amistad repara, que no llega? Cumplimiento Don Félij para conmigo, siendo mi mayor amigo? Saldré hasta el recibimiento. Seáis Don Manuel bien hallado. (- Vos Don Felix bienvenido. (. Cómo en mi ausencia os ha ido? Mal Granada me ha tratado. Perdí el Pleito, que partí a seguir, un enemigo gané, y hoy también amigo en la Corre me perdí. Mucho vuestras penas siento, mas por si en algo aliviarlas puedo, quisiera escucharlas mejor. Pues estad atento. En Italia, que Palestra es hoy de marte cruel, ha seis años, Don Manuel, que nació la amistad nuestra. Después que cinco servimos, vos de vuestro ascenso instado, yo de mi padre llamado, a España juntos venimos. En Granada, a su obediencia quedé yo a pleitear, y allí, demás del Pleito, perdí el dinero, y la paciencia. Mientras no se llegó a ver la instancia, ni a sentenciar, fue mi diversión jugar, por aprender a perder. Cierta tarde, en una casa de juego hallándome, Juez de una suerte (que esta vez fue para mi suerte escasa) cuatro que estaban jugando me hicieron: mi voto di, y levantándose a m uno de los que ganando iban, y contra quien fue la sentencia, que mintió mi voz dijo: entonces yo el acero desnudé. Sacó el suyo en su defensa, pero el mío en una herida abrió una puerta a su vida, y echó un candado a mi ofensa. Salí a la calle, seguido de tantos, que fue forzoso huir, no de ellos temeroso, sino de ser conocido. Pero por más que evitar este riesgo procuré, no solo no lo logré, pero aún llegó a averiguar la justicia el agresor: pues viéndome en la Posada entrar, desnuda la espada, turbado todo el color, y correr la voz del caso, el traidor, que me hospedó, sospechando que era yo, empeorando el fracaso, porque su infame malicia maldad no omitiese, al punto a un hermano del difunto dio parte, y a la justicia. Mas un criado leal, que sus acciones notó, de la traición me avisó; pero como nunca el mal viene solo, al mismo tiempo, de haberse el Pleito perdido nuevas me dio, y advertido anduvo en tal contratiempo: porque al fin, y a sucedida la desgracia, (aún cuando no fuese conocido yo) estorbándome la huida, el riesgo quedaba en pie, porque no siempre al culpado en casa del agraviado seguro el asilo fue. Salí, pues, de la Posada, que a estar en ella una hora mas, no dudo yo, que ahora preso estuviera en Granada. En fin, sin senda, ni norte, ya del todo despechado postas tomé, y por sagrado mejor elegí la Corte. Entré ayer, y no he querido ir a mi casa, porque de mis locuras, bien sé que está mi padre ofendido. Y esta tarde, cuando Pebo iba bajando al Nadir, de rebozo a divertir me fui al Paseo nuevo. En el de una deidad bella (a pesar de mis enojos!) el amor vibró los ojos, y amé por fuerza de estrella. Hablela, y ella risueña mis palabras escuchó, que no es más esquiva, no, tal vez la más zahareña. Entre cortés, y atrevido hice enigma mi dolor, pero, no con tal rigor, que no quedase entendido. Licencia para servirla hasta su casa pedí; mas me respondió, que ni eso, ni intentar seguirla pretendiera; importuné, y en fin, premiando mi amor, dijo: A la Calle Mayor mañana a las ocho iré. Mas amante, y más ufano con el favor me dejó; yo no sé si se burló, pero a ley de Cortéfano acudir al puesto debo. Por vos al anochecer pregunté, y logré saber, que vivís en Barrionuevo. De vos me vengo a amparar, pues a mi padre no es justo, cuando está esperando un gusto, dar duplicado un pesar. Si en la Posada me estoy, conmigo el huésped hará lo propio que el otro allá, en rastreando quien soy. Y así he de estar unos días en vuestra casa escondido, ya que en veros han tenido consuelo las ansias mías. Cielos, Don Felix, mi amigo . es; mas teniendo una hermana moza, y sin casar, mañana quizá será mi enemigo. Si no le admito en mi casa; se ha de dar por ofendido, y es peligro conocido, si a hacer lo contrario pasa mi atención. Pero ya hallé medio. . De qué tan suspenso os quedáis, que al veros pienso, que os doy disgusto? De qué me preguntáis? Pues acaso; que no me admire queréis, Don Felix, cuando me habéis contado tan grave caso? Ni de mi fe verdadera tal presumís, que os negara mi casa, y cuando importara, aún la vida por vos diera? Ahora bien, porque veáis, como os satisfago aquí, ya que vuestro amor oí, quiero que el mío sepáis. Una mañana, de aquellas apacibles del Abril, en que la Aurora se muestra más ufana, y más feliz: La noche, corrida huye, por no poder competir, con la luz la oscuridad; la sombra con el carmín; los Astros, viendo a su Rey, dejan el azul vítil, porque a su vista ninguno puede alumbrar, ni lucir: sacude las blandas plumas el Pájaro, y al partir, tocando al Alba es suave, dulce animado clarín: las flores (que opresas tuvo la noche) con su matiz saludan al Sol, que viene su verde cárcel a abrir; por murmurar el cristal, que mudo estuvo hasta allí, quiebra el hielo, y envidioso flora, y dice, que es reír. Al despertar, pues, el día, desde mi casa salí, seguido de mis cuidados; pero esto fue solo a fin, no de llevarlos conmigo, sino de echarlos de mí. También del Paseo nuevo al fresco ameno pensil, (que al margen de Manzanares es otro oiprio jardín) ij, y ahora, amigo, conocí, mirando que tan rendido del propio sitio venís, que no es nuevo en el amor hacer sus tiros allí. Oh dígalo yo, que apenas: (a glorias mejor decir pudiera, pues me permite amor no ser infeliz hasta ahora, si no es que con doble trato vil, por precipitarme, al monte del favor me haga subir.) Apenas, pues, con ligera planta hollaba su confín, (divirtiéndome el susurro del agua, a quien entre sí los árboles murmuraban, queriéndola competir:) cuando advertí, (bien he dicho, que solo supe advertir, cuando con mi voluntad, memoria, y razón rendí:) cuando vi, (verdad profiero, porque debo presumir, que ciego anduve hasta que tan grande hermosura vi;) cuando admiré, (aquí no sé como acierte a proseguir, que es rudo pincel la lengua, y la voz tosco buril:) vi una Diosa en forma humana, y vi una belleza en fin, a quien di el alma, sin que lo pudiese resistir, pues al verla, conociendo, que era su dueño feliz, el vulgo de los sentidos en alterado motín, (nunca más en mi favor) se reveló contra mí, sin más armas que sus ojos mostró su beldad gentil; amor sí, que de sus luces creo yo que se armó allí. O, si quisiera el vendado, que pudiera describir parte de sus perfecciones! no el todo; que bien sé, sí, que aquel que del infinito más procura descubrir, cuanto piensa estar más cerca, tanto más dista del fin; pero aunque el amor me envidie diré que la adoré así. Preso el dorado cabello en una red tan sutil, que no estorbó, para que él me aprisionase a mí. La frente palestra fue, donde el vendado adalid de blancas armas usando me pudo a su salvo herir. Yo no tuve paz conmigo, hasta que en la amante lid, de sus dos hermosas cejas los serenos iris vi. Porque su sol goce, de cada mejilla el Abril, dividió el luciente imperio de sus ojos la nariz. Avaro amor en su boca quiso un tesoro encubrir, siendo a tan preciosas perlas breve clausura un rubí. junto al cielo de su rostro, que era su cuello advertí, de garza, a quien no se atreven torpes osados neblís. Sutil cendal cubrió el pecho, mas fue del amor ardid, porque sin que deslumbrase se pudiese percibir. Al ver su mano espirando casi dije al rapaz vil: Si ya muero, a qué fin es tantas flechas prevenir? Dejo de pintar el talle, porque al mirarle asentí a que no habrá pensamiento, que discurra tan sutil. En lo demás; pero fuerza será, que el concepto aquí se suspenda, porque habiendo de quedarse en presumir, no cabe en todas las voces, lo que en solo un falderlín. Viendo, pues, tanta hermosura, tan del todo la creí deidad, que pude atreverme (consejo de amor al fin) a ofrecerla un sacrificio, donde la víctima fui yo propio, considerando, que no por pobre excluir de sus aras le querría, y ya que volver en mí pude, entregándome a ella, dije a su beldad gentil: porque habiendo Si en tus ojos, dulcísima homicida, halló prisión gustosa el albedrío, duélate mi dolor, y no por mío, sino por parecer agradecida. Mas si en hacerte dueño de mi vida cumplí con lo que debo, en qué me fío, pues quien aún no merece tu desvío, cómo en tu agrado encontrará acogida? Pero si cuando están equilibrando los motivos del premio, y del castigo, es la misericordia quien domina: Pues eres aquí el Juez, y estás mirando, que es mi mérito igual para contigo, a la piedad, y no al rigor te inclina. Esto la dije, y no en vano, supuesto que merecí, que me respondiese asable, tanto, que me mandó ir a otro día al mismo puesto, donde, entre donaires mil, ni admitió mi rendimiento, ni le dejó de admitir. Así otras muchas mañanas en hablarla proseguí; pero que me revelase, nunca pude conseguir, ni su nombre, ni su casa, aunque el mío descubrí. Pero hoy, que para mi amor amaneció más feliz, dando nueva luz al campo, y verdor nuevo al Abril, me dijo su casa, y que esta noche fuese, si verla, y hablarla quería; bien, que su nombre decir no quiso, aunque con mayor es instancias lo pretendí. No has visto hermoso Bajel, que navegando al Ofir, llega al Puerto, donde, aunque sereno el Mar hasta allí, gozó, mas se alegra, cuanto va, de asegurarse, a ir expuesto a la loca furia de agua, y viento? pues así mi corazón quedó entonces, que aunque pudo pervertir el contento, la tristeza de vería ausentar de mí; (dejando mustias las flores de aquel ameno Páis) con todo eso, al sentimiento logró el gozo preferir, pues de tal favor el Puerto en mi afecto conseguí. Esta, amigo, es la ventura, que no llegué a discurrir poder alcanzar jamás: esta es la Beldad, que vi: este es el suave incendio, en que apetezco morir: este es el tosigo dulce, que por los ojos bebis y en fin, un bien, que por mío dudo tenga tan buen fin. i Dichoso sois en amar, si no os es la estrella impía. No siempre fue la alegría, la víspera del pesar. Pero a lo que importa vamos: Del cuarto bajo las llaves, que estáo, Martín, donde sabes, dale a Don Felix. Veamos, lo ̱V si ahora desconfíáis. Perdonad mi torpe error, que con aqueste favo? nuevamente me obligáis. Estas son: la principal es la más labrada: esta del Patio, que siempre puesta está por dentro. Al Portal el Patio tiene otra puerta, cuya es esta llave grande. Esto es porque usted no ande probando, y mientras acierta pierda el tiempo, y la paciencia Pues ya estoy bien informado, haré que traiga el Criado la ropa : dadme licencia, que ya se va haciendo tarde, y también tengo que hacer. De mi podéis disponer. Don Manuel, el Cielo os guarde. Vamos, que estoy impaciente Sí? Pues quiera Dios, señor:: Qué? Que un repentino amor no se mude de repente. . Fuese ya mi padre? Sí. Ya me parece que tarda Don Manuel. Señora, tú loca estás de enamorada: piensas que es tarde, y aún no han dado las ocho? Juana, de la esperanza las horas son en amor las más largas. Pero ahora que las dos hablamos en confianza, di no tengo muy buen gusto? Yo confieso, que la la bizarría, el donaire, y las demás circunstancias de Don Manuel, son muy buenas: mas si entre todas sus gracias llega a tener, la de hijito de Vecino, es una falta, y bien grande. Di, por qué? Bien se ve por tu ignorancia, que en toda tu vida es esta la primera vez que amas. Mira: Sale un Pitimetre de estos, muy hecho de barba, con su peluca muy blonda, y con su media muy blanca. el sombrero muy de moda, muy sin arrugas la manga, y sobre superlativos tantos muy grande pantasma, pensando, que con su garbo a todas las avasalla. Algunas de las más bobas, caen en sus redes incantas; y ellos, que por lo común son de pescar lindas cañas, a la fea la desdeñan, a la bonita la halagan, siguen a la melindrosa, y a la que es rica la agarran. El fingimiento? con todas. Amar? sobre su palabra. Adonde pueden la pegan, donde no, diversión hallan, mudando, como camisa, cariño cada semana, y aúncada día, que lo otro fuera ya mucha constancia: y así, Don Manuel::: Locuras cansada, deja, porque est y en quien tiene sangre noble ( no es fácil; pero ya llama: (. abre, y ve si es Don Manuel. Ay Dios! De qué tan turbada vuelves? Tu hermano, señora. Quién dices? Fuerte desgracia es la de amor, si entre sustos siempre sus placeres andan! Buen lance, si ahora viniese el otro. Felij? Hermana? Pues tú en Madrid? Sí, Isabel, y combatido de tantas penas, que no sé por donde pueda empezar a contarlas. Tú en casa, sin avisar primero por una carta? Y mi padre ha de ignorarlo; porque a no saber que estaba fuera, nunca me atreviera a entrar a verte. Tan raras son tus desdichas, que niegas aún a tu padre la cara? Sí, Isabel, que mis tragedias le ofenden; y la palabra me has de dar, (si es que saberlas quieres) de que mi llegada a Madrid no has de decir, pues me va, solo en callaria, el asegurar mi vida. Un mármol seré, Mi A hablar? Haz cuenta, señor, si ese recelo te escarba, que echas tu secreto a un pozo. Ay Cielos! si dilatará . su venida Don Manuel. Ya sabes como a Granada partí desde Italia; . Espera, que, o mis oídos se engañan, o están llamando a la puerta. Sí es mi padre? Pena extraña! Deja, Isabel, que me esconda en esta pequeña sala, hasta que pase. Bien dices: entra en ella; y aún cerrada la puerta, porque si acaso . es quien juzgo, lo que hablan escuchar, ni entender puedas. Y si este es Don Manuel, Juana, qué hemos de hacer? Despedirle presto, porque estotro salga. Mira si eres nueva, pues al primer lance te embazas. Entrad, señor Don Manuel. Aunque siempre desgraciada fue mi estrella hoy la desmiente vuestro favor, pues me ensalza tanto que a no ser vos quien templa su influencia infausta, dudara, solo por ser mía, de dicha tan alta. Sois discreto. Aunque os burléis, yo lo estimo, que quien ama de verás, aún de las burlas Ah Daisa? No habrá para mí un poquito de esto, que Palillo llaman? Por qué no? apropinquese, Culta es uced? dicha rara! con eso no entenderé, si algo me pide. Te engaña tu juicio, que cuando piden, siempre hablan claro las Damas, Si el haber venido un poco más tarde os tiene enojada. Mas quedo, que las paredes escuchan tal vez. Y aún hablan. Una ocupación::: Teneos, que más, quizá, os estimara el que no hubierais venido. Sacadme de dudas tantas, o, vive el Cielo! qué crea::: Qué creeréis? desazonada estoy: bien os podéis ir, y ven tú a acostarme. Aguarda: Yo no me he de ir, sin saber qué tenéis. No seas maza, señor, que será algún flato. Sabes qué tiene tu ama? Jaqueca. Lo ha oído usted? Vamos de aquí. Loco, aparta: Bello imposible, que adoro, si es mi vida la que agravia tu deidad:: . No prosigáis. De ella te venga. Qué causa tiene tu enojo? No ha dicho, que es xaqueca? Tan tirana procedes, con quien tan fino te adora? Estoy disgustada, temiendo, que si mi padre Don Alonso aquí os hallara conmigo:: mas idos, idos, que presto vendrá, pues tarda mas que acostumbra. . Hecho, y dicho. Por cuanto no se mezclaran, los disgustos, con mis dichas? Y por cuanto aquí faltara el adagio de: En nombrando al ruin de Roma? Hay más ansias? otra vez vuelve a dar golpes. El llama como en su casa. Ahora bien, pues no queréis que me vea, en esta cuadra me esconderé. No haréis tal. Por qué causa? Porque guarda mi padre aquí sus papeles, y fuera acción temeraría el esconderos, en donde os viera luego que entrara. Ah, que no es eso! Señores, se le ha olvidado a mi Ama, que está cerrada la puerta? Pero quizá, si llegara a ella, haciendo algún estruendo, se levantara la caza; y así, discreta procede, Si Pensáis:: No pienso en nada, sino en mirar lo que hay dentro. Aquí un engaño me valga: . Teneos. . No haré. Pues abre. Vive Dios, que con mi espada haga pedazos la puerta. . Qué es esto? Así se profana mi casa? Yo, Caballero, tan sin mí estoy, (pena rara!) que nada puedo deciros. Yo sí: (salve yo mi fama con mi padre, y venga luego lo que viniere) yo estaba sola en este cuarto ahora, cuando escuché, que llamaban a la puerta: abrí, creyendo ser tú; pero (de asustada, la voz se hiela en el pecho) vi un hombre, que con la capa el semblante recatando, me dijo: Si las desgracias compadecen, amparadme, y sin detener las plantas, cerrando tras si la puerta, (que es de golpe) en esa sala, que estaba abierta, se entró. Mas como estando turbada no advertí en cerrar, tras él, empuñando las espadas, esos dos hombres entraron. Mujer, si no estás borracha, ve que es falso testimonio. Salió al ruido esta Criada, he hizo lo que no debiera, que fue cerrar, pues dejaba imposible el paso, a quien sagrado halló en esta casa. Procurelos reportar, mas fue diligencia vana, porque no me respetaron. Entras a este tiempo, y hallas, a ellos, violando respetos, y a mí, impidiendo venganzas: y así, a estos dos Caballeros, hasta la calle los saca, para que en estando ausentes, libre a quien de mí se ampara. Valiente sarta de embustes! a Confuso estoy de escucharla. De esta suerte quedo bien con mi padre, y logro salga Felix, sin que verle puedan. Yo, señor:: No digáis nada, que aunque la cólera quiera discúlparos, con las Damas no tienen lugar las iras. Pero ya que de mis canas la autoridad se interpone, la amistad aquí ajustada ha de quedar, pues el caso, quizá, de poca importancia será. Sobre el juego ha sido. Una suerte mal juzgada a cualquiera irrita. Abre esa puerta. Suerte infausta, qué quieres de mí? Señor: (esto está peor que estaba) advierte:: Qué te suspende? Que tal vez, aunque se hagas aquí las paces::: Qué dudas? Fuera::: Tu juicio retrata. Hay mujer más infeliz? Mas yo a Felij la palabra no quiebro, pues no descubro que aquí está, y supe guardarla aún contra mi amor. Aún no te resuelves? Mas que trama otra mentira? No encuentro la llave. En eso te paras? No lo dije? La maestra tengo yo. A las inmediatas la va este diablo del Viejo. Repara, señor:: Aparta. Cuanto ella más lo resiste, menos resistencia hallan los pesares en mi pecho. Pues está la suerte echada, abra, que en ver a mi hermano nada pierdo, antes restaura mi amor su fe, y opinión. r r Salid. El Cielo me valga! No es mi padre? Pero huiré, por esta ventana baja. Agua va. Por el balcón se ha echado. Acción temeraría. Mejor pudieras decir, ser a, que es arrojada. Extraña resolución! Dejadme, que tras él vaya, para que en su infame vida mis ofensas satisfaga. Deteneos. Isabel::: Isabel dijo? Qué salgan no dejes, hasta que vuelva cierto, de que asegurada aquel Caballero tiene la huida. Su dicha es rara, si al arrojarse hubo quien le guardase las espaldas. Martín? Vámonos de aquí. Esperad. Cierra tir, Juana, la puerta. Cuanto va, que la quieren hacer cerrada? Ah, sí: Sea enhorabuena, que ya el nombre de tu Dama habrás oído. Estás loco? Vive Dios, si más me cansas, que te rompa la cabeza! No en ella la puerta abras a tu enojo. Mi señora Doña Isabel, disgustada estáis, idos a acostar, que no es razón que estéis mala. por mi causa. Dueño mío, piegue al Cielo, que me parta un rayo::: Pataratera es sobre todas sus maulas? Si te ha ofendido mi amor. Mucho vuestro padre tarda, y quizá me halle con vos: Qué así, mi bien, tratas una fe tan verdadera? Ya he visto vuestra constancia. Escúchame. Hablad más quedo; que oyen las paredes, Guarda: y cómo se la volvió! Si el ser yo tan desgraciada:: Es verdad: razón tenéis. Te enoja. Señora Juana, la puerta abrid. No hagas tal. No haber venido estimara, pues ha sido a disgustaros. Perdonad mi error. Ya escampa! Qué, en fin, no quieres oírme? Ya escuché, lo que me basta para ir de vos satisfecho. ( Y aún harto. Mi bien, aguarda: Martín; detenle. No quiero. También contra mí? La rabia está en su fuerza, y ser puede, que me muerda. De la manga te he de tener, hasta tanto que me escuches. Suelta, ingrata: quita. Ya se desahoga. Ay, Martín, qué llamaradas echa por los ojos! Chispas! alse, Qué podrás decirme, f estando tan a la vista mis celos? Que ellos se engañan, y mi amor es verdadero. A lo menos, esta Dama con su satisfacción, sabe concluir en dos palabras. Tenéis más que decir? No. . Pues soltadme. Ved, que manda mi padre, que yo os detenga. Ah! sí? Ya no me acordaba; pero bien podéis dejarme ir: no quedéis asustada, que ya estará de aquí lejos, quien os cuesta penas tantas. Demás, de que yo, tampoco le conozco, y me alegrara saber quién es: No os turbéis, que no a tomar de él venganza le buscara; sino solo a darle de mi desgracia yo propio la enhorabuena: No fuera la enhoramala? Que no es culpa en un dichoso ser una mujer ingrata. Ah! si yo pudiera hablar claro! . Pues por qué no hablas? Porque no tiene qué; eso dicho está. Mi señor llama. Abrid luego. Al punto voy. Ya que tiene asegurada la vida vuestro contrario, pues no parece, tú, Juana, alumbra a estos Caballeros: Tú, asabel, la puerta guarda con más cuidado otra vez, que no están bien a mi casa estos ruidos. . Mi obediencia, solo de agradarte trata. Con Dios os quedad. . El Cielo os guarde. Suerte tirana! Estrella impía! 2. Hasta cuando has de mostrárteme varia? Mira, que tu padre espera. Mira, que el Viejo la aguarda Señora, adiós. Caballero, él vaya con vos. Sin alma quedo. . Pues quedarás muerta Ay, Martín! en mi desgracia sin vida voy. Pues requiescat. Y ahora, tú, no te desmayas, siquiera de cumplimiento? No es estilo en las Criadas. Tú tienes culpa de todo. Es verdad, que si yo hablara quizá toda esta volina viniera a parar en nada. Pues, mujer de los demonio por qué, si importa hablar, callas Solamente porque importa. No se deshará esta trama? No, porque está la Comedia pendiente de una palabra. Dímela solo en secreto natural. . Y que te ahitaras, y si bomitases, luego me echasen la culpa? guarda. Oyes? Tan grande embustera pareces como tu Ama. Y tú tan gran gazmoñero como tu Amo. Adiós manla. Qué finísimo alcahuete! Qué astutísima bellaca! SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Ljuicio me ha de quitar esta mudanza. Milagro no fuera, que una mudanza le quita el juicio a un Cristiano. Qué trabajo es concertar a los Mozos del trabajo, que si caros no se ajustan, no suele salir barato? pues lo que el dueño no gasta, luego lo pagan los trastos? Que es ver, que nunca contentos quedan, aunque estén pagados? Qué, ver rodar por el suelo, lo que uno ganó rodando; y después de tanta gresca no poder acomodarlo? El lienzo de esta pared ( es chico. Pues estirarlo. (. Bajo es de techos. Andar agatas, si el techo es bajo. Cuidado con ese espejo. Señor, quiere usted dejarnos? Este cuadro viene aquí muy grande. Hay más de cortarlo, y a poca costa después, hacer achicar el marco? Y si pierde su valor? Será mejor arrolarlo? Este pais no hace juego. Pues quede ese lienzo sallo de pinturas. Está feo. Habrá más de hermosearlo, con estas dos cornucopias, estas repisas al canto? Señores, el que lo entiende, lo entiende. En el hito ha dado. Hombre, si no sabes de esto, qué porfías? Pues andarlo; hagase como gustares. Dejo las faltas del cuarto, (Es las vecinas, y el refresco, para otra vez; y ahora paso a la mañana siguiente. ( Oyes, muchacha, llamaron? (. Sí señor. Quién es? El dueño de la casa. Este es el diablo. Que entre. Usted, naturalmente vendrá por el medio año? Si señor. Y para eso os levantáis tan temprano? Desde niño lo acostumbro. Pues no fuera yo a llevarlo? No penséis vengo a eso solo, sino a ver como pasaron vuesas mercedes la noche. Con nosotros excusado es todo ese cumplimiento, porque acá no los gastamos. ( Suelta, por fin, el dinero, (. si lo hay, y si no es un caos la casa, y luego::: . Martín, sin duda que estás borracho: Qué dices? . No oíste? . No. Pues ahora iba empezando lo mejor que hay en el cuento; pero vale Dios, que es largo, y en la primera mudanza, tú te artarás de escucharlo. Calla, que no estoy ahora para tus locuras. Malo! cuando no está gracia en casa, sin duda anda suelto el Diablo. Cielos, entre amor, y celos en fieras dudas batallo: Martín, no es frágil la vista? En las niñas no es milagro. Y di, en el lance de anoche no pudimos engañarnos? Sí. Y en Isabel no puedo no haber culpa alguna? Es llano. Y ser leal? Lo es tan cierto, como tres, y dos son cuatro. Mientes, mientes. Miento, miento: pero otra vez ten cuidado en no desmentir tan recio, que duele mucho este agravio. Dime, no es cierto, que vimos un hombre? Sí, y ahora caigo en que era::: Quién? . El Casero. Estás loco? No. Atontado sí, de los gritos que das. Es posible, injustos hados, que así me burle Isabel? Ya el nombre sabes; veamos el apellido. . Le ignoro. Yo no. Le has averiguado? Dile. Se llama: Isabel::: De qué? De todos los diabios, y aún los excede en mentir. Viven mis iras, villano, que te mate, si te burlas. No me rompas más los cascos, y advierte, que el nuevo huésped aquí se viene acercando. Pues disimula, Martín. Eso es lo que yo te encargo, Don Mánuel? . Don Felix mío; No orel, que levantado estuvierais. . Ahora iba a veros a vuestro cuarto. Digo, también de Isabel aprende a mentir mi amo. Mas vos os adelantáis, como noble, y cortesano, preciándoos de agradecido; y pudierais excusarlo, que en mí es deuda, lo que en otro no fuera más que agasajo. Seo Juanete, y cómo ha ido? Muy bien. Y no hay que extrañarlo, porque siempre los Juanetes se hallan bien en cuartos bajos, Yo anoche vine algo tarde, y así no quise inquietaros; pero con vuestra licencia me vuelvo, que aunque de un rano lance informaros quería, son las ocho menos cuarto, y en la Calle Mayor creo, que ya me estará esperando la Dama del Prado nuevo, y no es bien, que al primer paso me culpe de omiso. Adiós. Él os haga afortunado mas que a mí, Felix. Decidme, pues qué ha habido? Mas despacio lo sabréis. Pero advertido llevad de un escarmentado, que muda presto el amor los favores en agravios. Es como mula Galiega, que sirve al dueño siete años bien, para desvaratarle luego de una coz los cascos. Después lo sabremos todo. Ven, Juanete. . Señor, vamos. Fuéronse ya? Ya se fueron. Ahora puedes a tu salvo quejarte de esa ingrataza, de esa cruel, de ese humano áspid con basquiña, de esa::: Calla, no la injuries tanto, que es mi vida. . Te enterneces? Que haya hombre tan mentecato, que no sepa ser celoso? Bien dices. Salgan al labio, desde el etna de mi pecho, los volcanes en que ardo. Eso sí, pléguete Cristo. Di conmigo. Dueño ingrato: aleve esfinge:: Suspende la voz. Ya te has humanado? Qué he de hacer, si mi amor crece al paso que mis agravios? Para eso hay remedio. . Cuál? Olvidarla al mismo paso; mas tu hermana: Quién? . Elvira. Don Manuel? Tú tan temprano fuera de tu cuarto? . Sí, porque ya me están llamando mis dependencias. . Anoche parece, que disgustado veniste. . Señora mía, de eso hay que hacer poco caso, que selo fue una jaqueca. No hay tal. erdad: fue un flato. Siempre has de gastar humor? No veis que si no le gasto me dará una hidropesía? Yo, Elvira, vine algo malo, pero estoy mucho mejor; mas a lo que importa vamos: Viste al forastero? . No. Ah Inesilla? Qué? Al reclamo viene uced? De cuándo acá? Mira, amor es fuego manso, mas si le soplan los celos, crece hasta hacer mil estragos. Yo siempre te quise bien, pero temo, que el criado del huésped mi manso amor quizá embrabezca. Oiga el diablo! también los Lacayos celan? No son hombres los Lacayos? Y Juanete:: Cómo dices que se llama? Ah dueño ingrato! quieres, que yo con mi propia voz adule mis agravios? Por qué el nombre de Juanete saber intentas? . Menguado, solo para despreciarle. De qué suerte? . No está claro, que si es Juanete, y se atreve, le meteré en un zapato? Concluísteme en un punto. Esto. Elvira, es lo que encargo a tu cuidado. Martín? Señor? . Ven conmigo. Vamos. Tú verás que te obedezco. Adiós. de, hermano. Ah señor? Si otra jaqueca hoy nos estará esperando? Anda, que estás loco. . Anda, que tú estás enamorado. . Fuéronse? . Sí. Pues preven a toda priesa los mantos. Para qué? . Tú lo preguntas, sabiendo tengo citado hoy a la Calle Mayor a aquel Galán Cortesano del Prado nuevo? Anda presto, que ya estaba deseando, que se fuesen. s. Aquí están. Con que de verás? El dardo de Cupido te hirió el Pecho? A fe, que escogió buen blanco! No con lisonjas, Inés, gastemos el tiempo en vano, sino vámonos, que es tarde. Si haré; pero antes sepamos, qué es lo que mi amo te dijo? Muy revestido de hermano, (como quien está celoso, y muestra estar confiado) me previno, que la puerta de esa escalera, que al pario cae, (adonde tiene otra del nuevo huésped el cuarto, para que, si no ser visto de alguno quiere, tomando la vuelta por la de enmedio, al portal sin embarazo salga, y desde allí a la calle) cerrada esté, que es Soldado el huésped; y aunque de mí satisfecho está, no es malo cerrarla, porque una puerta tal vez la abre un desacato; añadiendo, que me oculte de él, con otros mil reparos, que allá en el pasado siglo de los Caireles se usaron. A mi nada se me da, porque habiendo ya entregado mi albedrío, de estas cosas hago poquísimo caso. Y haces bien, que el repudrirse es para bobas de antaño, muy puestas en la etiqueta del chapín, y del estrado. Si no fuera tarde, ahora la cerrara. . De aquí vamos, que lugar habrá después, aunque no es bobo mi amo, pues no ignora: . Qué? Que a puerta cerrada se vuelve el diablo. . Aunque la Calle Mayor atento he reconocido, en ella ver no he podido la causa de mi dolor. Que fuera, que se burlara de mi aquella Dama bella; pero según es mi estrella infeliz, no lo extrañara. O el lance de anoche diga, si he nacido desgraciado; bien, que no me persuado en tan penosa fatiga, a que mi hermana dijese a mi padre estar yo allí, pero inavertido fui en huir; ya que me pese es fuerza, pues un capricho, fundado en vano temor, pondrá duda en el honor de Isabel; mas ya habrá dicho ella ser yo el embozado; porque estando su opinión de por medio, no hay razón, que la obligue a haber callado. De más, que en el aposento algunas voces oí, y lo atribuyo a que allí usó de algún fingimiento, para no dejar entrar a mi padre, y impedir, no pudiéndolo, a mi huir fue preciso, y a ella hablar. Y si allí de otra disculpa se valió, mejor estamos, puesto que a un, tiempo quedamos, yo oculto, y ella sin culpa. Mas si tan fatal su estrella fue, que no se la admitió, no bastará decir yo, que estoy satisfecho de ella: con que de cualquiera modo queda bien puesto su honor; mas ay de quien tiene amor, que todo es mal, penas todo! O, cuán en breve hacer sabe sus tiros! Dígalo yo. Quien con alas le pintó, bien discurrió, que es un ave: si ya no fue demostras el pincel, con muda voz, que su dicha, más veloz que el ave, suele pasar. Mucho tarda esta mujer. Cé. Pero yo me he engañado, o esta es la Dama del Prado. Es a mí? . A quién ha de ser? Pensáis, que no se cumplir yo las palabras que doy? a; pero soy infeliz, y a presumir casi llegué, viendo cuanto tardabáis, que no vinierais. Siempre entendí, que me hicieráis más merced. . Enojo tanto suspended, que yo prometo vivir sin desconfianza. Por tener más confianza no os juzobéis menos discreto: De la malicia espantoso parto aquella es, y en verdad, que es muy común propiedad de un necio lo malicioso. Vuestro ingenio peregrino todo lo sabe allanar. Dichoso soy en amar a sujeto tan divino, en quien logro a un tiempo ver ingenio, y beldad lucir, que suele el bien discurrir, no unirse al buen parecer. No os creí tan lisonjero. Muy mal habéis presumido; mas si lo soy, he aprendido del hechizo, por quien muero. La lisonja es una fiera, que dicen mata alagando; y lo mismo estoy notando de vuestra luz en la esfera. De vuestros ojos el fuego bebi incauta mariposa, y mirándome amorosa muerto quedé luego. Luego? . Sí. De eso no hay que admirar; pero que extrañe consiente, el que siendo de repente, no fuese sin confesar. Inés, vamos. . Dura suert queréis me hallen junto a vos, y me achaquen vuestra muerte? Esperad. . Volvesteis ya a vivir? . Si vos volvéis, si señora . Bien hacéis, pues eso solo podrá detenerme. La presencia vuestra me ha vuelto a animar, porque ya me ibáis a dar segunda muerte en la ausencia. Admirada, y confundida estoy de que en vuestra suerte, para duplicada muerte no tengáis más que una vida. Es que en mi amoroso arder, aunque acabe de morir, vuelvo fénix a vivir, por volver a padecer. Luego apellidar no es justo infelice vuestra suerte, pues que manejáis se advierte vida, y muerte a vuestro gusto? Bien al contrario; el sentir más grave que yo padezco, es, que morir apetezco, (mo y no acabo de morir. Vida, y muerte a un tiempo mis- mezcláis; yo no os sé entender, Si supierais, si querer quisieseis:: Sois un abismo de dudas. No, si a advertir llegáis, que en este pesar muerto estoy para gozar, y vivo para sentir. Pero dejando esto aparte, yí que tan dichoso soy, y favorecido estoy, no me diréis en qué parte, de aquí adelante, podré mirar de vuestra hermosura los rayos, y la luz pura? Las más tardes bajaré a la Florida. . Está bien. Mas decidme vuestro nombre. Qué pregunte, no os asombre, si el vuestro diréis también? Sí. . Pues Don Felij de Lara es el mío. . El mío es: Doña Elvira de:: 1. . No ves la gente? Pícaro, para:: 2. . No quiero. . Así a un atrevido se enseña. . Esperad, que creo, que es pendencia. Mas qué veo? No es Don Pedro? Estáis herido? Qué es esto? Haber un Cochero dos Damas atropellado. Pronto estoy a vuestro lado. (Ri- Ay señora! Yo me muero . del susto! Pobre de mí! s. Don Felix es: Qué es aquesto? Mi hermano; cúbrete presto. Luego os lo diré. De aquí (. estas dos Damas llevad a mi cuarto. A desatentos así les dan mis alientos castigo. . Oíd, esperad. Qué ha de esperar, ni ha de oír? Muy buen oficio has tomado: por Dios, que desde el criado pasó al Amo sin sentir! Ahora bien, venid, señora. Famula, venid también. Hado, tu furor detén. Inés, qué haremos ahora? . 2. Qué? seguirlos, y callar; si se descuidan, correr; y si no, siendo mujer, te podrá industria faltar para huir? . Tu opinión sigo. Cielos, mi vista mintió, o esta Dama se encubrió cuando yo llegué, Conmigo, señoras, seguras vais. Y de mí no receléis. Qué es esto? No respondéis? Parece que en muda estáis. Sí? las mejores mujeres (si es que hay mujeres mejores, (res porque todas son peores) sois, que he visto. . Martín, quie- no ser hablador, y andar? Pues un dedo apostaré, a que este silencio:: Qué? . En voces ha de parar. Fiera pensión es servir, y pensión mucho más fiera, el no cobrar la ración. Tendrá un Cristiano paciencia para quedarse encerrado? Vive Cristo, que no fuera Monja, aunque me lo pagaran! Ahora con la Dama bella del Prado nuevo estará, mi señor amo en parleta, y a mí, que lobos me coman; pero a bien, que hay aquí cerca juego de Trucos, en él inversación. , , s. Entra, y pregunta si está en casa. Harase como lo ordenas. Ah Hidalgo? Hola, de buen porte son las chulamas: mis Reinas, qué se ofrece? Entren ucedes, no se queden a la puerta, que no solo las del cuarto, pero aún las del alma abiertas hallarán. . El picaron, sabe con quién habla? Ea, no se me enojen, que esto solo una insinvación era. De Don Manuel de Cardona, sabéis si es la casa está? Sí señora: el cuarto bajo, y el principal, por su cuenta corren; mas si a mi señor buscáis, habrá ya hora y media, que fue a la calle mayor, en corso de dos pequeñas fragatas, que en el gran golfo de Madrid son lindas pescas. Cielos, qué es esto que escucho? . Vuestro Amo? . Sí. Qué pena! Pero si hablarle queréis, pues me dejó la advertencia de que le fuese a buscar, si viniese, estando fuera, preguntando alguien por él, que luego le avise es fuerza; y así si gustáis que vaya, dadme, señoras, licencia, que muy en breve los dos volver Norabuena, id, y decidle, que aquí aquellas Damas le esperan, del Prado nuevo. . Ya tengo de ucedes algunas señas; mas como tanto se encubren, no acabo de conocerlas, Ni nos veréis hasta tanto, que vuestro Amo no nos vea. Adiós, Él con bien os lleve, Segura pienso que queda la casa; pero si acaso se llevaren las maletas, yo sé que les pese más la cascara, que la almendra. . Por cierto, señora mía, que quedamos muy bien puestas, de frágiles indiciadas; y aunque ignoramos quien sea este Criado, sin duda, de Don Manuel, estafeta debe de ser, pues conoce las que le rondan las puertas: por otras nos ha tenido, Calla, Juana, porque un etna, un volcán, tengo en el pecho, y temo, que si revienta, tanto arruine, que aún no queden del incendio las pavesas, Posible es, Cielos divinos, que cuando con mi inocencia, a satisfacerle vengo, de venganza tan apriesa, a una ofensa imaginada, una verídica ofensa? Habla quedo, porque siento, si no me angaño, que entra gente a este cuarto. . Escondidas en esa alcoba pequeña, desde ella acechar podremos quien son. . Presto, que llega, No pudimos escapar. Confusa estoy, y suspensa, viendo, que a mi propia casa me trae mi hermano; qué intenta; Válgame Dios! si querrá vengarse? Mas si supiera, que era yo, ya en su semblante se viera. , , Qué miro, penas! Juana, este no es Don Manuel? A fe, que en la diligencia no anduvo lerdo el Criado, Aunque tuviera la mesa puesta, no fuera más pronto. Mas solo la buena pesca de Martín viene con él. Ten silencio, y oye atenta. Este es, señoras, el cuarto de Felij. . Qué escucho, penas! . Felix es el forastero, que en este cuarto se hóspeda? Dichoso riesgo es el mío, pues en tan contraria estrella, cuando temió una desdicha, con una ventura encuentra. Bien podéis correr el velo, que ofusca tanta belleza, pues vela en vano el recato, donde duerme la advertencia. Descubrios. . Para el bobo, que tal tontería hiciera! Y descansad, mientras Feliz viene aquí. . Menos adversa se deja ver mi fortuna, porque si me conociera, no me hablara de este modo. Qué han dicho? Tan avarienta, tienen, hasta ahora, él habla, que aunque alargo las orejas, no puedo alcanzar las voces. Cuánto me habláis es por señas? Señor, sin duda estas Damas son fregonas Palaciegas. De qué lo infieres? De que hablan por la mano. Que la puerta cierre, y me vaya? está bien, y presto daré la vuelta. . Solo he entendido, que presto volverá. . Y ahora qué intentas? Abrir la puerta del patio, y entrarnos por la escalera, hasta nuestra habitación. Y si vienen, y no encuentran a nadie? . Discurrirán, que por esotra que media, entre el patio, y el portal, nos fuimos. . Aquí se acercan. Cuanto va, que en este encuentro anda la marimorena? . Ven, Inés; pero qué miro? Quién sois? Por si acaso hay gresca, voy previniendo las uñas. Quién su agravio lisonjea, viendo que el dueño del cuarto tiene tan buen gusto, Reina. Ah traidor Don Felix! esto . ocultabas? . Tan suspensas se han quedado vuesarcedes, que las palabras no encuentran? Cómo son aquí perdidas, han se pasado con ella. Ah pícara! Aguarda. Llegue la señora. Quita, necia, y ven. Él no responderos, agradeced, a que arriesga mi vida la detención; que yo daré la respuesta al aleve, que desaira a una mujer de mis prendas, por dos comunes mujeres. Sígueme. Ven, Juana. . Espera. No os vais, señora, pues tanto he tardado? Hay más adversa fortuna? Tápate, Juana, que así pretendo, encubierta, averiguar más mis celos. Si la posada no es buena, aún más arriba hay posada. Vuelven al antiguo tema de enmudecer? Que en el Mundo se sufra esta desvergüenza! Si en mí tenéis un esclavo, por qué con tanta violencia negáis el rostro, a quien fino solo serviros desea? Que en hombre, que nació noble, semejante infamia quepa! . Si temiendo parecer mal, descubrirse recelan, por darnos siquiera en rostro, haganlo. . Quién tal creyera . del pícaro de Martín? De mí no tengáis sospecha, que seguro soy. . Y yo también. Vaya, que aunque tengan mala cara, hecho a trabajos viene un hombre de la Guerra. Descúbrase uced: saquemos ( - el obillo por la hebra, Rabiando estoy por traer a este infame a la melena. Qué esto escuche! ya no puedo . sufrir más, porque estoy ciega. Poco os debo, cuando os traigo:: A ver, y oír mis otensas (. es a lo que yo he venido ( 2. solamente. . Santa Tecla! Qué es esto, señor? Martín, qué es esto? Pues con la misma me dis? Jaqueca es sin duda, al salir de casa esta mañana, no te lo dije? Estatua he quedado hierta. Y aún yo, que ellas convidadas son amás nosotros de piedra. Ahora enmudecéis? Estáis estudiando la respuesta? Será flaco de palabras. Por Dios, que no sé si crea, que estoy soñando. . Lo dudas? Pues verdad es, que no sueñas. Admirarame yo, que males míos sueño fueran! Señora Doña Isabel, posible es, que aún no contenta de ofenderme en vuestra casa estáis, si no que resuelta venís también a la mía infirmar mis afrentas? Qué vil disculpa elegido habéis! Qué vulgar! Qué necia? querer negar un delito, fingiendo hacia si una ofensa! Vive Dios, que no os entiendo, Ay Jesús! Muy bien pudierais: pues aquellas mis señoras, con quién venisteis? Suspensa la voz quede en vuestros labios, si no queréis, que me vuelva loco. . Yo juzgo, que en eso muy poco que hacer te queda. Negareisme, que trajisteis aquí dos Damas? . No es fuen confesarlo? . No sabéis (de cumplimiento siquiera) disculparos? . Eso es bueno? Persuadirme, a que yo mienta, siendo las mismas? . Nosotras? Vos haréis, que el juicio pierda. Que no halle yo el mío entre es locos, es lo que me resta. Luego nogarás, que ahora a mí Don Félix te entrega, para que aquí te trajese, hasta que él a hablarte venga? (bueno es negar el agravio, y de más a más dar quejas!) Y para más convencerte: negarás, que descubierta estabas, cuando en la calle mayor llegué a la pendencia, y que luego que me viste, te echaste con tal presteza el manto, que fue imposible conocerte: Y cuando quieras decir también, que esto es falso, muda, turbada, y suspensa todo el camino conmigo no veniste? Que esta puerta cerrase no me mandaste? Usando de todas estas prevenciones para huir, cómo, (de hecho) si no hubiera vuelto tan apriesa yo; lo lograras por aquella puerta, que desde aquí veo? Y de esto, no es bien que infiera, que no errará ya la casa; quién las salidas acierta? Y qué::: . Señor Don Manuel, vuesa merced se contenga, que no soy yo de las que en su cuarto salen, y entran. Yo vine a veros: (la causa nondiré, porqué eso fuera desairarme, y más teniendo tan a la vista mi ofensa) (ga, díjome vuestro criado:: Qué va, que otro embuste enger- y me mete a mí en la danza! No prosigas, cesa, cesa, no con ciertas falsedades confundas verdades ciertas. Si no me escucháis, mal puedo disculparme. . Señor deja, que hable. Veremos quien miente con más desvergüenza. Di, pues. . Que aquí os esperase, me dijo. . Que estés tan ciega con la culpa, que te oprime, que ni aún disculparte sepas? Dime, no valiera más, que claramente dijeras, ser Don Felix a quien amas, que no, que engañar pretendas a un mismo tiempo a los dos? Señor Don Manuel, la lengua refrenad, porque ya pasa a osadía vuestra queja. Qué pendencia? Qué Don Felix? Qué engaño es este, que os fuerza a atropellar desatento de la urbanidad las regias? Con que a Felix no conoces? Qué Felix? . Mas él se acerca, y si es verdad, veré como delante de él lo confiesas. Si haré. Mas qué es lo que miro? Encúbrete, Juana, apriesa, . y vos, si sois Caballero, no permitáis, que nos vea con vos, porque solo en esto mi vida, y honor se arriesga. Ah tirana! En recatarte ya públicas lo que yerras. Tal vez las más recatadas no suelen ser las más buenas. Don Manuel? . Señor Don Felix? en que paró la pendencia? Brevemente se esparció, que solo fue causa de ella un atrevido Cochero. Y cuál hay, que no lo sea? Pero dejando esto aparte, cómo os ha ido con las bellas Damas, que con vos vinieron? Que yo con harta presteza he andado, porque Juanete me notició haber ya media hora, que estas dos señoras estaban aquí. Ves, fiera, . cómo buscándote viene? Yves tú, como no niegas, (. que con dos Damas veniste? (M No discurro cómo pueda Juanete haberle avisado, pues cuando vine con ellas no estaba aquí: mas qué dudo? No es factible que viniera en tanto que yo falté? A Don Manuel con aquestas . Damas no vi; mas no es fácil, que pudiese venir, mientras fui a avisar a mi Amo? Lo que unos celos no enredan, no lo ha de enredar el diablo. . s. Qué decís? . Escuchad. Queja tengo de vos. . Por qué causa? Porque a estas Damas, violentas conmigo habéis enviado: pues no solo aquí encubiertas se han recatado de mí, sino que las permitiera ausentarse, me han pedido muchas veces::: Que no entienda nada de cuanto se dicen? Pero sin que vos vinierais no consentí, que se fuesen; mas ya que ruegos les cuesta, no me dejéis desairado, y haced por mí la fineza de permitir, que a su casa, libres otra vez se vuelvan. Mucho extraño, Don Manuel, que me hagáis esa propuesta, cuando os las fío, con solo el sin de hablarlas, y verlas. Corred, señora, del rostro, del manto la nube negra, que Don Manuel es mi amigo, y no es bien, que desmerezca este favor. . Hado injusto! . este hombre solo intenta echarme más a perder. Esto de la conferencia ha salido? Ah, qué canalla son los hombres de esta Era! Quién es de tantos favores . deudor, este más os deba. Solo me faltaba, ver, que mi hermano me requiebra. . Veis cómo os digo verdad? Qué pase por mí esta afrenta! Yo he de verlas. . No haréis tal: Si es esta la Dama bella, que os dije, del Prado nuevo, en qué tanta resistencia fundáis? Qué haya de ser yo . cómplice en mí misma ofensa! No os lo he dicho? Esa es muy vana excusa, y pues la licencia, en fe de lo que las debo, puedo tomarme, ya es fuerza el llegar a descubrirlas. Poco política, y cuerda es vuestra acción, y más cuando lo están resistiendo ellas. No lo que es melindre suyo, hagáis que culpa parezca en vos: dejadme llegar. No es posible lo consienta mi valor, porque no es justo, de un hombre noble en presencia, el desairar una Dama. Ni quedarlo yo, Sospechas, de la resistencia de ambos no sé que el alma recela: sin duda, que Don Manuel ama a Elvira, pues las señas de la Dama, en que él me habló, tanto convienen con estas. Pero así he de averiguarlo. Don Manuel, ya a ser grosera se pasa vuestra porfía: . . Cómo, cuando mi cautela. hace de vos confianza, y aquesta Dama os entrega, os oponéis, neciamente, a que yo la hable, y la vea? Como antes llegué yo a amarla, que no vos a conocerla. Eso solamente quise, saber. Cómo, ingrata fiera, . tan engañosa procedes? Pero ya que en ti no pueda, me vengaré en el traidor, que una amistad menosprecia. . Huid, señoras, en tanto que le estorbo el que os detenga. Siempre un galanteo, es quebradero de cabeza. Sígueme. Que entró aquí Felix, . Fabio me dijo. . Hay más penas? Mi padre: Juana, qué haremos? No temer. . Bien me aconsejas. Qué será esto? Libre el paso. dejad, que mi honor se arriesga. Caballeros? Pues qué es esto? adre: ausentarme es fuerza. Don Manuel podrá deciros la causa de la pendencia. Esperad, que presto vuelvo. ( Tras ti, engañosa Sirena (. voy. Dónde vais? Aguardad. Vuestra planta se suspenda, y informadme del suceso. No tengo tanta paciencia, como pensáis. Tú, Martín, . en este cuarto me espera; y si Don Felix viniere, di, que presto doy la vuelta. Isabel, a que no corras riesgo voy, aunque me ofendas. . Oíd:: Si colérico va, cómo queréis tenga flema? No me diréis vos, qué es esto? Aguarde usted hora y media, y ya verá en lo que para todo el cuento. De carrera marcho a buscar a mi Amo. . Decid vos:: pero las señas confundo, o anoche os vi en mi casa. . Si ahora hiciera el diablo, que hablador fuese, no era una bellaca hacienda? Mas soy Lacayo de bien. Qué, no merezco respuesta? Señor mío, usarced viene engañado: aquí a dos puertas, subiendo por Barrionuevo, y bajando a la Taberna de la Merced, hallará luego una Panecillera: esa dirá donde posa. Estáis en vos? Esa es buena! No pregunta usted por Don Guillén de Garabatea? (yo he de deslumbrarle así) . Vaya con Dios, y no quiera se lo digan de otro modo. Qué queréis de mí, sospechas! Un hombre anoche escondido? . otro, qué matarle intenta? Mi hija turbada, y confusa? Y hallar hoy una pendencia, por una Dama, y en donde dicen, que mi Felix entra; (sas? y este diciendo delirios? Ay honor mío! . En qué pien- Vayase ya, o le harán ir:: Perdonad mi inadvertencia, y adiós. O, permita el Cielo, que tantos indicios mientan. . Yo he escapado lindamente, aunque encerrado me dejan, no se si avise a mi Ama; pero no, estemos alerta: Pues de buena condición está mi Amo! Guarda, fuera, que si vuelve, y no me halla, quizá me dará una vuelta.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA , , s. Priesa, Juana, te quita el manto. No estoy en mí, que de ver al viejo allí ( . me he quedado tamañita. El tener resolución nos valió. . Nada hay que alcance para salir bien de un lance, como determinación. Mas diciendo, que tu hermano es Don Felij, no pudieras de todas estas quimeras salir con victoria? . Es llano. La causa saber espero del callar. . Mis celos son: Darle yo satisfacción, sin que él me la dé primero? eso no: que yo bien sé, que estoy libre; y si él está culpado, dime, será razón, que yo se la dé? Satisfágame él a mí, que al fin saldré mejor yo; pues fue engaño lo que él vio; y verdad lo que yo vi, Cuanto va, que, aunque enojada te muestras, y recelosa, le quieres? . Si estoy celosa, no he de estar enamorada? Pluviese a Amor no me hubiera rendido su gala, y brío, y hecho, con libre albedrío, mi voluntad prisionera! O, nunca: . Así Dios te guarde, que no me exageres más, pues ya sé que a decir vas: O nunca fuera tan tarde! Loca estás. . Ando a tu lado Burlas te? . Así te burlars tú, y a Don Manuel no amaras. Has te ya desengañado de qué es hijo de Vecino? No ves ser verdad lo de peluquín, y barulé? Cierra el labio, que imagino Que lo que yo digo es cierto? No sino:: . Qué quedo cora? Juana, razones acorta, o vivo yo! . Tienes muerto de amores el corazón, y a matarme te dispones? Cómo he de acortar razones, si en todo tengo razón? Sabiendo, que estoy amando. Con lo que acabas de ver? Pues no pudo engaño ser? Bien pudo ser; más llamando están. . Anda, ve si es él, que a satisfacer mis celos vendrá. Entrad. . No es esta, Cielos, la Dama de Don Manuel? . Si un delito amante tiene: (Mas, recelos, dónde estoy? No es esta la que vi hoy?) A muy buen puerto se viene . a5 mi Ama. Estas son las hermosas . de endenantes. . No os turbéis: alentad: qué os suspendéis? Las desdichas amorosas: Decid, que yo sé de alguna. Cómo queréis que prosiga, (que a casa de mi enemiga me conduzca mi fortuna!) si absorta, suspensa, y muda, (- temiendo, que Don Manuel (. de Cardona:. . Hado cruel! . Saliste ya de la duda? . Me siga:: mas ay de mí! (- Esto tenemos ahora? (. Ay Jesús! . Pobre señora! qué lástima es vería así! Retiradla, y en mi lecho la poned. Vamos con ella. El corazón, (dura estrella!) rse quiere del pecho. Ah tirano Don Manuel? Pero, Cielos, esta Dama, (fuerte duda!) si le ama, cómo viene huyendo de él? Mas para qué perder trato el juicio, cuando tan presto puedo saber, qué hay en esto? Aunque aventure el recato, mis celos, antes de una hora he de averiguar, y ver quien es aquesta mujer, Juana? . Llamabas, señora? . Sí: Qué hay de la desmayada? La que la acompañó está, con ella, y volviendo va poco a poco, porque echada en tu cama, se la ha dado a oler Sucino, y también se la ha rociado. . Está bien. Tráeme de escribir recado. Y qué pretendes hacer? , Traele, y deja de ser loca m repliques, pues te toca solamente obedecer. Aquí está. Quién me dijera, que, en la amante pena mía, contra mí, la pluma había de tomar la vez primera? . Que no sepa esta mujer la escuela del desdeñar? Ah! como llegue a pillar a alguno, le he de traes en un pie. No si no luego darse al partido de amor, y recibir de un favor en pago un agravio? Auego de Cupido en quien tal? Este lleva a Don y no te vengas sí Anda presto. . Que n Pero si viene a comer mi señor: . Ah de faltar industria con que estorbar, ir, ni ver? Miren aquí lo que puede la buena doctrina hoy día: anoche nada sabia, y hoy en embustes me excede. e tus traiciones, rapaz ciego, y ya que en mi inquietud no hallo sosiego, quiero experiencia hacer de si me engaño. Que si de ti una vez me deso, y con tú venda la razón no ciego, seré feliz, diciendo, que mientras no llegue a creer tu aleve e. Porque es cualquiera dicha en mi destino, si espero eterna, y si la logro corta; y nunca diste tú cumplido un gusto. Mas ay! Que cuando el tiempo de huir do, tu dulce falsedad mis pasos corta, y de lo mismo que disgusta, . Ah vuelto Don Felix? . No. Forzoso será esperarle. Y tú has salido de aquí? Tampoco; mas dime, hallaste a Doña Isabel? . Aunque hice diligencias grandes, no he podido conseguirlo. Cómo vive en esa Calle del Duque de Alba, y de aquí está tan poco distante, no le sería difícil brevemente en casa entrarse. Yo al contrario lo creí; porque, temiendo a su padre, discurrí que otro camino tómara, por deslumbrarle; y así, al rededor el Barrio todo anduve, pero en balde. Déjame por Dios reír, de que discreto te llamen. Por qué necio? . Por rodeos te andas a buscar beldades, cuando sin rodear ellas dan la vuelta en un instante? El fin de ampararla fue solo, el que pudo llevarme. Y no otro? . No. Pues por qué la llamas a cada instante frájil, y alevosa? . Calla, si no quieres enojarme con tu voz. . Luego la quieres? No; pero dime, ignorante, he de dejar de ser noble, porque ella sea mudable? Sí señor: luego Si no viera, que eres un infame, hiciera:: Quedo con eso, y mire no me amostace los cascos, que::: Di, qué harías? Qué? Dejar correr la sangre. Por amor de Dios, señor, que conmigo no te enfades: ya sabes, que soy: . Busón. Ested, se esmera en honrarme, mas de los muchos que da, puede algún honor tomarse, no se queden solo en mí. Eres necio al fin. Un Ángel eres tú en la condición, permitirasme, que hable? Sí. Pues digo, que Isabel es amorosa, no es fácil; no es inconstante, que es firme. Mientes, que si es inconstante. otro enojo? Si no quieres, que la injurie, ni la alabe, cómo ha de ser este niño? Callando. No me mandaste, qué hablase? Sí, pero no juntas tantas necedades. Cuándo ellas no vienen juntas? Discurramos sobre el lance que nos pasa. . Estoy en muda. No tienes palabras? . Dale. Habla pícaro. . Efera. Si solo de aporrearme en la jaula ha de servir, para qué quieres que cante? Por ver si se hacen menores comunicados los males. En verdad, que cuando cascas, mayores en mí se hacen, aunque me los comunicas. Don Felix centó ayer tarde, e vio su Dama. . En ese paraje, si no me engaño, fue donde de Isabel te enamoraste. Anoche, yendo a su casa, pretendió con ansias grandes despedirme. . Para que el escondido escapase. De un raro suceso, dijo Don Félix, que había de darme cuenta. . No la dio, más creo, que tienes en él gran parte. Hoy en la Calle Mayor me encargó (desdicha grave!) dos Damas. . Que de borrica frontina dieron señales. Mudas hasta aquí vinieron. Querías, señor, que hablasen, para que hicieses, con ellas lo que ahora conmigo haces? Ausentarse procuraron. Sabrían lo de, más vale salto de mata, que ruego de buenos. . A declararse llegó conmigo Isabel. Usando la vulgar frasí de reñir, porque no riñan. Y al querer desengañarme se encubrió, viendo a Don Felix: y este mirando a su padre. Cuál padre? Él de Isabel, necio. Y aún por eso recatarse quiso con tanto cuidado, Pues ahora dime: no es fácil ser él, el que anoche vimos? De quién hablas, preguntarte quiero: del padre, o de Felix? De Félix. . Pasa adelante, Que aunque a la Calle Mayor hoy Isabel le citase la siguiese hasta su casa ayer; y como un amante no sosiega, fuese a verla, sin que a mí me rebelase el secreto? . El padre, oh Felix? Loco estás. . De furia baste, y de coloquio también; pero si he de declararte, lo que yo siento:: . Qué es? Que si de todos los antes se ha de hacer juicio, los postres serán de yel, y vinagre. En vano se cansa aquel, que pretende desahogarse con locos. . También se cansa, aquel que sirve de balde. Mucho tarda ya Don Félix. Ese sí, qué es disparate! Matarme yo porque otro no viene presto a matarme? Si el oído no me miente a la puerta llaman, abre, que Don Felix es sin duda. Bien cumplís de vuestra sangre la obligación, pues me habéis esperado. . Los esmaltes de mi nobleza no admiten dolo alguno. . Cómo sabe . mentir! De llegar acaba, y dice que espera; tate, y qué presto que ha aprendido de la Isabelita el arte! No penséis, que fue temor el encubrirme. . Tratadme mejor, y no hagáis mal juicio de quien de vos no le hace. Los cumplimientos que gastan dos nobles para matarse. s de excusas no es tiempo, (que si lo fuera, bastante; quizá os pudiera dar yo) sino de que el duelo acabe, desnudad el limpio acero. Quisiera deciros antes, que solamente el respeto de un padre pudo obligarme a hacer ausencia. . De nada juzguéis que estoy ignorante. Ves, Martín, como es verdad, (. que Felix conoció al padre (̱ de Isabel? . No te lo dije? Mas ya en el presente lance solo nos toca reñir. Bien decís. , Ustedes traten de tener paciencia, en tanto que veo quien con tan grandes golpes a la puerta llama. Oh Poeta el más perate, por qué con tantas llamadas, nunca firmas unas paces? Pero en Ingenios no es mucho; que de puerta en puerta anden, y continuamente en guerra. Haced que se le despache presto, y que no nos estorben. Con más de mil ademanes me ha entregado una tapada para ti este papel. . Dadme licencia para leerle. La nema rompo. Pesares no dice Isabel la firma? Nuevas dudas me combaten, exeo os si el co más vea alguna luz puede da me. , . Dias Doña Isabel. No se firma el Apellido; . pero no hay por qué lo extrañe, si miro, que aún estuviera del nombre ahora ignorante, a no ser por el acaso de anoche. Impensados lances ninguno puede estorbarlos. . Don Felij, yo de ausentarme solo por un breve rato necesito, y pues fiasteis de mí que os esperaria, en tanto que a efectuarse llega cierta dependencia, de que este papel me trae aviso, os he de deber, que en este sitio me aguarde vuestra bizarría, puesto, que como me lo mandasteis, lo ejecuté poco ha. Enredos más garrafales, que desde anoche acá pasan, no habrá diablo que los trame. Qué decís? Quién calla, otorga: Responde, que si al instante. Aunque quedando pendiente un duelo, no era muy dable la licencia que pedís, cómo, Don Mánuel, es fácil, que os la niegue mi nobleza, i confiasteis, desconfiar de vos, fuera agraviaros, y agraviarmo. Vos cumplís como quien sois. Ven, Martín. El Cielo os guarde. Adiós. Amor, hoy saldré de confusiones tan grandes. . Yo no sé en qué han de venir a dar embelecos tales; más Dios guarde mis costillas, que quizá darán en darme. . Oh, qué bien dijo un discreto, ser las desdichas cobardes, porque envisten muchas juntas? Y o, cuán bien verificarse puede en mi pecho sentencia tan clara, e indubitable! apenas de un riesgo huyo, (no juzgo que erré la frase; pues entré en Madrid, mi Patria, solo a más penalidades, cuando viendo, que le evito, otros nuevos me combaten, y al paso que los reuso, ellos al paso me salen; cual escuadra foragida a infelice caminante, estorbándole la fuga, le cerca por todas partes. Si yo hubiera de poner su propio nombre a los males, ladrones de la quietud me atreviera a apellidarles. Hacienda, Dama, y Amigo he perdido. Aún de mi padre temiendo estoy, que si llego a su casa, no me ampare. Qué haré? Dónde estás, que ando más perdido por hallarte, que Mercader cuando quiebra. Podrase dar quien me iguale en el sentimiento? . Yo, que a impulsos de tu coraje, es una admiración, verme escupir muelas a pares. Juanete, aquí estabas? Sí: y a tiempo tan importante, que debr de parecerte, de aquellas dificultades, con que luchabas, alguna, porque diste en mí al instante. Pero hola, hola, ha venido cual que Embajatriz a darte algún papel, entre tanto que he estado en términos casi (si tan presto no te encuentro) de mandar te pregonasen? Suelta. Mas, Cielos, qué miro? Cara de probar vinagre ha puesto al verle. . Hidras son mis desdichas, porque nacen donde una se corta muchas; no te faltaba, inconstante estrella, otro mal que hacerme, sino la fama quitarme? Vive Dios, que si no fuera de un hombre la más cobarde, más detestable, y más vil la acción del desesperarse, muerte me diera, por ver si acababan mis pesares, finalizando mi vida. Engañareme? No es fácil; pero así he de averiguarlo. Ven acá, Juanete, sabes tú, de quién es esta letra? Si acaso puedo acordarme de las cartas, que en Granada vi, cuando allí te quedaste, parece de::: . Dilo presto. Tu hermana. Mientes, infame. Pues no sea: estas albricias me das, de que verdad hablé; pero no hay hoy quien así un desengaño no pague. Ah traidora! a Don Manuel . de Cardona escribes? Antes que todo es mi honor. Juanete, sígueme. . Y has de obligarte a no darme? . Sí. . Cuidado; porque en eso del no darme, no se incluye mitración. Esto solo es explicarte el texto, pues a la letra, parece que mucho te ases. . Ya Don Manuel está aquí. En qué vendrá esto a parar? Confuso estoy. a Aún de hablar no tengo aliento, ay de mí! Nunca, señora, entendí:: Que os llamara a decir vais, pues solo es a que veáis, siendo testigos los Cielos, que no se engañan mis celos, y que vos os engañáis. No os entiendo. Yo a entender me daré; pero antes trato deciros sé vuestro trato, y villano proceder. Así se burla a mujer de mis prendas, y se ultraja mi decoro? Así se haja? Qué humildes están los dos! . Con estas, válgame Dios, . lo que el demonio trabaja! Bueno es, que teniendo yo más razón para ofenderme, queráis agresor hacerme de culpa, que en vos se vio. V decid, en qué fundó vuestro sutil, y advertido ingenio, (ya que ha elegido ese modo de argüir) que haya de poder mentir mi vista; y no vuestro oído? En nada. Yo propia) oí requebrarme, discurriendo ser otra. Así? Pues yo entiendo, que un hombre escondido vi. Sí, mas no diréis, que aquí habló conmigo? . Ah cruel! Es verdad. . Luego soy fiel? Y mucho; pero si no entré hasta que él se escondió, pude yo veros con él? Yo solo sé, que inocente, soy de vuestras iras blanco. Razón es de pie de banco. Y yo el que erré solamente, es así? Pues ya prudente, no quiero enojaros más. Ven, Martín. . Adónde vas? A acompañar a mi Amo. Volved. Ay dulce reclamo! A quién no cautivarás? Bien os podéis detener; si no atendiendo a quien soy, al menos por la que hoy de mí se vino a valer. Vuestra Dama en mi poder tengo: veremos ahora quien miente. Mirad, señora::: Ya lo he visto. A aquellas dos mis señoras llama. . Ay Dios! Tu padre. Llegó mi, hora: golpes me da el corazón, de que a la puerta los den. Adiós. . La planta detén, y advierte, que no es razón aventurar mi opinión, si os ve. Pues qué hemos de hacer? Aquí os podéis esconder. Yo no me escondo. . Yo sí. Haced aquesto por mí. Si lo haré; pero ha de ser con la condición precisa, de que en pudiendo salir, ni has de hablar, ni te he de oír. Está bien. . Vamos aprisa, Entrad. . Qué poco remisa estuvo en el conceder, que no la volviera a ver! Oh, qué tirano rigor! 2. Quién? . Ay celos! Ay amor! 2. Lo que sois puede saber? ( Juana, abre presto. Quién es? ngrata, que vengo y ̱. Yo solamente: . Tente, Félix. Pues cómo tan sin recelo aquí te atreves a entrar? Desde esta puerta pretendo saber quién es; mas qué miro? Ya más recobrada intento salir:: pero no es Don Félix? De cólera estoy tan ciego, que aún no entiendo donde estoy. Tú turbado? Tú suspenso? Tan sin colores el rostro? Tan afanado el aliento? Qué es esto? A ese sobreescrito . pregunta, ingrata, qué es esto. Ah traidor! Que así me vendas? . Ah Martín, no ves aquello? Sí señor, y más quisiera:: Qué vas a decir? . No verlo. Qué muda que te has quedado? Yo testigo de mis celos? Quién escucha, su mal oye. No me respondes? Fingiendo estarás ya la disculpa, que en los femeniles genios, no hay arte para otra cosa. Ya me lo dirá en sabiendo, lo que es la tal Isabel. Mira, y calla. . Callo, y veo. Admirada estoy: (aquí, valiéndome del Ingenio, he de quedar disculpada, convenciendo al propio tiempo a Don Manuel con su Dama, saber quien es ella, y luego echarlos de aquí, de modo, que todos quedén sin riesgo) Admirada estoy Don Felix, (otra vez a decir vuelvo) de que sabiendo quien soy hayas formado un concepto tan indigno, cuando solo a no disgustarte atiendo. Viven los Cielos, que está satisfacciéndole! . Quedo: no nos demos por sentidos, señor mío, aunque nos demos por agraviados. . Sin duda, que le está satisfaciendo. Esto supuesto, y que sabes, hay en el Mundo sucesos, en que el respeto se arriesga, mas no se pierde el respeto; con inocencia, y verdad satisfaré tus recelos. Dónde parará esta arenga? Estando en este Aposento, habrá una hora, una mujer infeliz: (que he dicho pienso, que era hermosa, pues no fuera tan desdichada, a no serlo) de mí se llegó a amparar, tan turbada, y sin aliento, (efecto, al fin, de la fuga, o del propio lance efecto) que al quererme referir, quienes causaron su riesgo, solamente entender pude, entre los cortados ecos de su voz; pues un desmayo, la ha robado los acentos, que Don Manuel de Cardona, era:: y aquí, suspendiendo la voz, proseguir no pudo, porque a un mismo tiempo hicieron en su tragedia, y su vida, (trocando el carmín, al hielo) punto sinal los sollozos, parentesí el desaliento. Martín, donde ira a paras esta mujer? . Al Infierno, que allí hay de pleitos un horno donde hierben embusteros. Todo mi empeño le cuenta. Veamos si ha hecho empeño de decirle el fin que tiene. Ya recogerme pretendo, porque donde está mi Ama, . no han lugar mis embelecos. Confuso estoy de escucharte. Si es un enredo de enredos, a quien no ha de confundir? Pues aún lo esencial advierto, que falta: Yo, Felix mío:: Ella maya, y te da perro. Ah falso! Ah infiel! Di embustera de una vez, y acertar mos. Ah algún tiempo (aunque no mu- (cho) conozco a este Caballero, y sabiendo donde vive, por haberle visto. (a tiempo) en una visita mía, un papel le escribí a efecto de que la Dama amparase, que por él pregunta. . Cielos, si ha llegado, muerta soy; porque, cuando vengo huyendo de él mismo, por discurrir, que en aquel pasado empeño, del cuarto de Felix, pudo reconocerme, y por esto, después que subí a mi estancia ser el ruido de armas, creo me ha traído mi fortuna, a donde es mayor el riesgo, y adonde miro mi ofensa. No doy por mi vida un bledo. Ella lo pinta tan bien, que también lo voy creyendo. Pero lo que siento más es el proceder grosero de quien te dio ese papel, aunque casi lo agradezco, porque con el desengaño quede mi honor mejor puesto. Que así me haya descuidado? Lo fuiste desde pequeño, hasta en pagar la ración. Ya Inés, que oír no tenemos, Sin verlo no he de creer lo que dices. . Ve allá dentro, y di a aquellas mis señoras, que salgan. . Ya te obedezco, aunque será en vano, pues desde aquí lo están oyendo. , y Ahora, señor Don Manuel, salid, y veréis si miento. Qué miro? No es Doña Elvira? Sin que de vuestro precepto necesitase, saldría . a vengarme. mas qué veo? ( Ah alevosa! Matarete. (. Dimos con todo en el suelo. No mintieron mis sospechas. . Mis recelos no mintieron. Teneos. . Muerte he de darla. No haréis, que yo la defiendo. (- Lal sabel bien pone embustes, . sino que la salen hueros. Huyamos. Tened, tened. Ya escampa, y llueven empeños. Quién en mi casa? Mas ya causa de todo creo que sé, y en una hija vil (. tomaré venganza. . Cielos, amparadme:: Don Manuel, mirad si sois Caballero por mi honor, ya que os debí tanto amor en algún tiempo. Si haré. . Con más causa ahora vengarme de vos pretendo, puesto, que en amor, y honor me ofendéis. . Lo mismo siento yo de vos, pues en amor, y honor agraviado quedo. . Detente, hermano. . Hijo, aparta. Pero qué es lo que oigo, Cielos, que Elvirá de Don Manuel . 4. es hermana? . Mas qué es esto? qué Felij de Don Alonso es hijo? . Mas según veo, hermano es de aquesta Dama Don Manuel. . A lo que entiendo, Felix, y esta Dama son hijos de este Caballero. Mi amor queda averiguado, mas no mi honor satisfecho. Cierta estoy de mi fortuna, mas no libre de este riesgo. Ven ustedes, qué hermandad? Ven todo este parentesco? pues al último vendrá a parar en casamiento. Pero muera, quien mi honor deslustra. . Ten el acero, y sepa antes el agravio, que el castigo; qué ha sido esto? Yo lo diré, que en mi daño, cuando a declararme llego, por una dicha, que alcanzo, un peligro menosprecio. guir un engaño, que ya es error manifiesto, un equivocar fortunas, y un atropellar deseos; y si los yerros de amor, ya son disculpables hierros, por llegar, a ser tal vez accidentales aciertos; yo, que los míos declaro, que los perdonéis espero, pues para mayor disculpa, también a mi favor tengo, el ver, que todos aquí hemos incurrido en ellos. (y es alivio del culpado, que sea común el yerro) Dos meses aún no cabales ha, que a Don Manuel ofrezco en pretensiones de amante las esperanzas de dueño. No porque jamás he dado de este amor indicios ciertos, pues siempre dio mi recato disimulos al afecto. Mas qué importa, si al instante conoce un amante diestro, que se oculta la fineza con la capa del desprecio? Así Don Manuel en mí habrá por fin descubierto, que su fe no desestimo, pues de su amor no me ofendo. Sirva con urbanidad, solicite con anhelo, que faltarán imposibles, si sobraren rendimientos. Con este mérito, en fin, se hizo lugar en mi pecho, tanto, que determiné mostrárselo, a cuyo efecto, y al de dar satisfacción a unos mal fundados celos, esta mañana a buscarle a su casa fui, a tiempo, que venir hacia su cuarto con esta Dama le veo. Turbose en mí la confianza, quedose el amor suspenso, y entre temores, y penas, entre dudas, y recelos le negué la posesión, que le iba a dar de mi pecho; pero ya que satisfecha de que es su hermana ahora quedo, con la posesión del alma la de mi mano le ofrezco. Conozco su calidad, y sus méritos aprecio; y así, a su amante fineza fiel correspunder pretendo. Y pues conoces mi amante, . y vos no ignoráis mi intento, ( no me impidas una dicha, (. ni vos estorbéis mi afecto. Así restauro mi fama, así mi amor manifiesto, aseguro mi fortuna, y nuestro honor desempeño; que donde aquesto es lo más, todo lo demás es menos. A quí paz, y después gloria solo ha faltado a este cuento. Cielos, en tal confusión lo que he de hacer no resuelvo, . pues lance tan no esperado me llega a coger de nuevo. El procurar la venganza, es publicar el sucerto; permitir, que Don Manuel siga en su amoroso intento, es arriesgar un cuidado, y despertar un recelo. Pero así en este peligro dará mi atención remedio. Señor Don Manuel, ya que en esta ocasión podemos, vos elegir lo que os toca, yo proponer lo que debo, no en recíprocos elogios dejemos pasar el tiempo; que esta vez aún lo preciso no es excusa a lo molesto: noble, galán, y advertido os ha de ver este empeño, o conseguirá la fuerza, lo que no lograre el ruego. Hoy con mi hija casado habéis de quedar, supuesto, que vos visteis sus ofertas, y ella oyó vuestros deseos. Mi sangre os es conocida, y ya con decir, la muestro, que iguala a la vuestra, pues lo digo todo con esto. Esto estará bien a todos, a mí por lo que intereso, a mi hija por el bien suyo, y a vos por el honor vuestro. Discreta resolución! Prudente ha sido el acuerdo. (. En medio de sus achaques (. no ha perdido los alientos. Dudas ahora me cercáis añadiéndome tormento? Cómo es posible, que admita esta dicha, si me acuerdo del lance de anoche, cuando por evitar un recelo a Don Alonso, esconderme procuro, y ella oponiendo su cuidado a mi cuidado, en su resistencia veo la causa de su traición, y el motivo de mis celos? Puesto, que al abrir la puerta, un hombre en su casa advierto, que huyendo el ser conocido por un balcón se echó luego? Qué resolvéis, Don Manuel? Pues ahora os quedáis suspenso? Esto es más? Señor, si quieres ( servirte de mi consejo, haz ahora el melindroso, afecta un poco el desprecio, que es arte del que pretendo disimular el deseo. Qué respondéis? . Qué obligado vuestro favor agradezco; pero es fuerza no admitirle, (- pues cuando yo, si un recelo: (. Turbado estoy. . Don Manuel, si acaso el recelo vuestro nace del lance de anoche, fácilmente está disuelto, cuando sepáis, que el que visteis era mi hermano. . Así es cierto, que no queriendo ser visto de mi padre en aquel tiempo, determiné retirarme dentro de aquel aposento. Y ahora, qué decís? Qué alegre la dicha, que no merezco, logro feliz; mas ya que en vos la prudencia aprendo, solo os suplico, que Félix dé la mano a Elvira, puesto, que en pretensión semejante los mismos casos advierto, y cualquier agravio mío, fuera descrédito vuestro. Esta es mi mano. . La mía, y en ella el alma os ofrezco. Gracias a Dios, que salimos de todos estos enredos? Solo a nosotros nos toca el discurrir lo que haremos, lo mejor es lo que todos: me entiendes, Juana? Ya entiendo. Pues toma una buena mano. Pero con su pie de puerco. Y tú, Juanete? . Yo nada, que los necios, y discretos dirán, que es inverosimil, sin preceder otro enredo, que se dé en un día solo, vista, amor, y casamiento. Es lástima, que te quedes, cuando Inés está de hueco. Cásate, que en lo demás las faltas son del Ingenio. Pues como a él se las absuelvan toda la ley arropello: Mi señora Doña Inés, allá voy. . Aquesto es hecho, Esperad, una palabra no más a los Mosqueteros. Este Ingenio primerizo, que es del día, como huevo, en vuestra heroica piedad se asegura el buen suceso, pidiendo a la discreción, que admita su buen deseo, si no ha acertado a probar, cómo se engañan los celo
