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Texto digital de Cómo se curan los celos y Orlando Furioso

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
Género
Zarzuela
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en Obras cómicas, obras póstumas de D. Francisco Bances Candamo I (1722).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cómo se curan los celos y Orlando Furioso. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/como-se-curan-los-celos-y-orlando-furioso.

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CÓMO SE CURAN LOS CELOS Y ORLANDO FURIOSO

la unión siemo de Angelica! con Medoro el Ge o, d Sea parabién prefeliz, a bella, ntil, Ucho ho Cobra aquel Alcón violento, que transcendiendo más allá del viento, perdido vaga entre celajes rojos, y ya en el Sol se esconde de los ojos. A tierra, bruto, a tierra. Cazadores huid del monstruo alado los horroras. 1. Pájaro formidable surca el viento, 2. Monstruos tiene también cada elemento. 3. Qué horrorosa que es esta. 4. Bestia fiera! Cielos piedad, que aunque a la fuga quiera encomendar la vida, aún a mi brío, hiela los pasos este pasmo frío. Berroqueño es mi miedo, de piedra soy, pues aún huir no puedo. Bella Armelina, deja el susto, aguarda, que es quien diafenidades Vago hyerra, el Palatino Astolfo de Inglaterra. Tente, que humana voz ha articulado, Abate el vuelo, a tierra, monstruo alado, y aunque escalar el Sol, Vago presumas, al aire amaina velas, calma plumas. Ay, que a nosotros viene, No te alteres, pues dice que es Astolfo. Cómo quieres, que asombros dejen de causar, y espantos, de las Caballerias los encantos, si hasta hoy las he tenido por Novelas. Ya que lo grave dismintiendo vuelas, monstruo, de dos especies, y elementos, abate aquí los ímpetus violentos. Émulo Vago de Flegón, y Etonte, y esperame en la cumbre de aquel Monte. a c Qué bien mandado diablo! Qué te espantas? Oh Armelina, corónenme tus plantas. Primo Astolfo, qué es esto? que aventura divorció tu valor de tu cordura; pues aún monstruo te fías, que atrevido peregrino del viento te ha traído. Pésame que tú seas, (bellísima Armelina, a quien Francia llamó la Peregrina) quien lo pregunte, pues saber deseas, (bien que público ha sido) lo que querrás después no haber Sabido. No ignorarás que Orlando el Palatino a quien razón, o mérito, o destino por tu futuro Esposo han declarado, (pues tu Padre al morir dejó ajustado el contrato, y la dicha en el segura, antes que elección fuese, fue ventura) se enamoró de Angelica la bella, aquella India Peregrina, a quella que tanto amor, en quien la vio produjo, que por su vista se mandó el influjo, perdona el alabartela, a quien piensa con sus elogios minorar tu ofensa. Siguiéndola en fin Vago Peregrino, pues de su voluntad hizo destino, sin acordarse de su honor, y fama, que a la defensa de Paris le llama, donde sitiado Carlos de Agramante, si resiste constante al Africano, de socorro falto, descansa de un asalto, en otro asalto. Viendo, pues, que sin él no hay resistencia, pues cuantas Tropas junta mi obediencia para el socorro en que mi amor no cesa, le piden por caudillo de esta empresa, a buscarle resuelto he discurrido, he volado, he corrido, uno y otro Horizonte, de Ciudad en Ciudad, de Monte en Monte, en un Caballo alado, hi pogrifo beloz, que dio encantado el Docto Malgesí, Mágico anciano, al dócil tiento de mí leve mano, agravando también la diestra mía de la encantada lanza de Argalia; que es toda de oro, cuyo golpe fiero jamás llegó a tocar a Caballero, que de la silla no le derrivase, y la firmeza más gentil postrase: diome también un cristalino Escudo, cuya diafanidad estorbar pudo. de encantos, y conjuros la violencia; pues pacto contra pacto hizo su ciencia; y porque son en fin discursos vanos usar de tales pactos los Cristianos, dejo aparte si el siglo venidero, al oír los prodigios que refiero, por fabulosos los tendrá en la idea; pues mejor es que la prudencia trea docta moralidad, oculta acaso, en la ficción galante de este zaso; si el caballo con alas significa. la diligencia, que veloz se aplica, a buscar el socorro en casos tales, El escudo también, cuyos cristales. desacen del encanto la violencia, índica en el espejo la prudencia, que burla prevenida artificios, y encantos de la vida; la lanza de oro, cuyo colpe fuerte. derriba a todos, cifra de esta suerte, Las Damas de mi opinión, exentas a la influencia, no aman por correspondencia, sino por obligación. Desde que a mi descuidado pecho, a Orlando valeroso destinaron para esposo, To de aquel metal la fuerza, que no hay firmeza, que no rinda, o tuerza, En esta, pues, ficción, donde se mira hermosa la verdad con la mentira, debajo de su docta fantasía (tenga el Mundo después la Historia mía por verdad, o novela) buscando a Orlando en el caballo vuela mi amistad, y lealtad; porque presumas, que me calcé de vientos en sus plumas; pues, en él corro tan veloz, y firme, que aún la vista se cansa de seguirme, A esta selva, pues, donde funesta gruta esconde en su cóncabo bosque tenebroso, de Merlín el cadáver prodigioso, llegué, que en ella Malgesí me avisa, que encontraré a la Mágica Melisa, que de otro encanto libertó a Rugero y de su ciencia espero me diga donde Orlando se recata, y adonde está la fugitiva ingrata, que del amor bandida, entre sus plantas arrastró su vida, y la sigue, adorando sus enojos, pues adonde ella el pie, pone él los ojos? Perdona la noticia que te he dado, que aunque es pública, y no la has ignorado, porque el ánimo irrite, se renueva la vez que se repite el dolor, aunque acuda el honor a ampararse de la duda. decretaron para amado, aunque él por varia influencia ame, o aborrezca allá, que en mi obligación está de más su correspondencia; y aunque (si a mi amor constante pagara con fe amorosa) viviera yo más gustosa, no pudiera más amante; de su amor los desvaríos, que los siento es bien que arguyas, por ser desazones suyas, aún más que por celos míos; pues hijos los celos son, si les buscas la verdad, de amor de la voluntad, más que de él de la razón: negar no puedo el dolor de su ausencia, cuando arguyo, que por un afecto, suyo, el Conde falta a su honor; y este solo es el cuidado, que me has dado, si se infiere, que quien por razón le quiere, le debe querer honrado: hoy, por la tristeza suma, que en las soledades siento, salí a que infesten el viento esos Piratas de pluma, queriendo aliviarme en vano; pues de todos me desvío, en ese Castillo mío, que está a esta selva cercano; , s s, y pues llegas a este fin, voces vagas escuche, de que esta es la selva, en que la cueva está de Merlín; pero el paraje a saber no llegué, ni aquí ha quedado, con el asombro pasado, Montero, de quien poder informarnos. Li una rústica alquería, cuya gente de armonía bárbara, poblando va el viento. Ven, que allí creo informarme del camino. Tente, que es el que imagino, aún más pasmo que el que veo. De qué, Astolfo, tan turbado estás. Retírate aquí, no nos vean: estoy sin mí! Ya esto pide más cuidado. s . nevando, y ardiendo en el uno, y el otro incendios la rosa, y candor el jazmín. . Sea, y en su unión se vean competir la dicha de durable, al gusto de feliz. . Fecunda suecesión, exceda a este con fín, racimos del Septiembre, (otro, pimpollos del Abril. Ardiendo, y nevando en el uno, y el Amigos, la gente toda, su labor por estos días deje, y toda sea alegrías, de mis huéspedes la boda. Vaya de gira, y de fiesta. Mal disimular pretendo. Según de la letra entiendo, sin duda Angélica es esta, que se casa. Así es verdad. Pobre Conde, y qué dolor te espera. Pese a tu amor, tu decoro, o falsedad, eso te causa cuidados, tratándote él con desvío? Si él fuera marido mío, me le comiera a bocados, y a ella también. Por qué a ella? si aunque me da tal recelo, fue culpa que tuvo el Cielo, si es su culpa el ser tan bella, Dale muerte. No haré tal; y si algo para vengarme pudiera en ella irritarme, es que al Conde trate mal, Mi bien, qué sueña a tu oído lo dulce de esta canción? Que gustoso el corazón, sus acentos ha bebido, que el aplauso que procura cantar mi felicidad, fábrica en mi vanidad otra segunda ventura. Dicha de todos sabida, dicha es dos veces lograda, que a veces es envidiada, más gloria que conseguida. Pues cantad, por presumir mi fineza singular, que quien más no puede dar, se engaña con repetir. . En su belleza, el tiempo no se atreva a imprimir, lo pálido a la tez, lo marchito al matiz. . Ella cobre su Imperio, tributándole allí, sus veneros ceilan, y sus venas ofir. Sea para bien la unión siempre feliz, Noticias hallaré así de Orlando, y de su amor ciego. Pues se casan con sosiego, no anda el Conde por aquí. Adónde podrá caber, desde hoy la vanidad mía, pues esta pobre alquería, Palacio ha venido a ser de bodas de tal grandeza? Bato, aunque toda la vida me tendrá reconocida tu atención, y tu fineza, este brazálete de oro, de diamantes tachonado, te doy, por lo que has cuidado de la salud de Medoro, y estímale, porque cuando por todo el Orbe constante me siguió importuno amante, finísimo el Conde Orlando me le dio, y aún no he querido casada, que en mi poder llegue Medoro, ni a ver prendas de un aborrecí Mil edades vivas. No le lleves, porque se arguya, que antes por ser prenda suya quiero rescatarla yo; porque un despojo de Orlando, mas mi ventura exagera en mi poder. Eso fuera a no estarlo yo mirando, Desvanecida beldad de tan instable locura, que solo con tu hermosura compite tu vanidad: si esta prenda en ti no alcanza por su dueño estimación, tú estás con tu sinrazón, culpando su confianza. Tú, Africano, que cobrarla intentas, según escucho, no ves que se atreve a mucho quien de él se atreve a guardarla; Tener una dicha odiosa; es peligro; y tu repara, oh belleza! en quien lo rara está aumentando lo hermosa, en el riesgo a que se ofrece, y que de mi esposo el don. merecerá estimación; si cariño no merece, porque alhaja de su mano es prenda muy elevada, para mirarla empleada en un Moro, y un Villano. A mi Castillo acudid, Bato, cuando el Sol descienda, y en rescate de esta prenda, cuanto quisiereis pedid, que aún no es precio, vive Dios, que a alhaja de Orlando excede, ni el deseo de quien puede anhelar a más que vos. Informate presuroso, Astolfo, que acá te espero, y oír más tiempo no quiero los desaires de mi esposo, Espera, Francesa. Aguarda. no la sigas. Ya es, Señora, necia hidalguía lo que ahora ejecutas. Ay Lisarda! no apures más mi despecho, que cuando miro este agravio, de prudencia tiño el labio, y de dolor baño el pecho. 2 Cómo se atreve he de ver, prenda que es mía a llevar. No me hagas rmaginar. Que la sientes perder. Eso dices? con sidera quien soy yo. Pues en mi amor, que abrosa, sin mi temor, ni indiguidad estuviera, que estar con satisfacción en la dicha que me das, no sé yo si arguyo más, que respeto presunción, y ignoro en igual balanza, cual es más ofensa aquí, el creer mérito en mí, o el temer en ti mudanza; y así a temer siempre anhelo, que a dichas de tal blasón, se quita de estimación cuanto falta de recelo: Qué esto Angelica hermosa? Seas Astolfo bien venido, solo tú hubieras podido a suerte tan venturosa añadir gusto, y pesar; que pues en tan alta suerte cupo en mí el gusto de verte, algo debió de dejar de ocuparmo este contento, con cuya ocasión presumo, que no debió de ser sumo, pues se ve capaz de augmento; y aunque más gloriame ofrece este gusto en mi alegría, hace la fineza mía escrúpulo de que crece. Mi boda, que habrá seis días que fue termino a mis males y aún duran de estos Zagales las rústicas alegrías, vendrás a honrar? Ignorante. de todo estoy, quien ha sido quien la fortuna ha excedido de tanto supremo amante, cómo adoró tu desdén? Quién decirlo no sabrá, según de sí mismo ya le desfiguro tal bien. Aquella ingrata esquivez, que costó una, y otra vada, aún Afrícano rendida se ve, qué es de la altivez con qué despreciaste? Tente, que aunque tu duda confieso, porque admires el suceso mi historia es bien que te cuente, que muchos han deseado saber, y ya que has venido, aunque Medoro ha sabido parte también, ha ignorado parte, y si el suceso grave. le refiere todo ahora, por adquirir lo que ignora, tolerara lo que sabe. Galafrón, Emperador del gran Cathas, cuyo fértil Páis en lo más remoto del Polo anterior atiende sus dilatados dominios, tan vecinos al Oriento (por ser entre India, y Tartaria) que el Sol en sus hondas duerme, antes que en bostezos claros de púrpura se esperece, y en soñolientos albores las tibas luces despierte, pludado de tiernos rayos. sénix del mundo amanece. Galatrón, otra vez digo, en cuyas invictas sienes, o tarde, o nunca, el olvido marchitará los laureles. Es mi Padre, en cuya Corte del más delicioso temple nací, donde el día nace, y donde a la Aurora mecen en transportinas de vidrio, que mulla el viento, y encrespe de las matutinas auras, los blandos cephiros leves, en tantas cunes de nácar, adonde el golfo congele, con la risa que le cuaja, las lágrimas que le bebe. Leyendo mi Padre un día en imágenes celestes, a esos cuadernos azules tantos rojos caracterés, que en los futuros al tiempo quieren hacer transparentes, o que en los vidrios del golfo sus espaldas reberberen, pues persuaden a los ojos, que traslucen lo que leen. Leyendo que mi hermosura (perdóneme si la cree mi vanidad, no porque en el Orbe comunmente me llaman todos la bella, sino por desvanecerme de que mi hermosura es tal, que tus aplausos merece, solo en tu elección miradas perfecciones me parecen, las que de mí me retratas, copiadas allá en tu mente. Y solo a mí me parezco hermosa, si llegó a verme en las niñas de tus ojos, que por copiarme se beben mi imagen arrebatada en las visuales especies, donde con ellas (cual niño) en bullicios de luz jueguen.) Leyendo mi Padre en fin (aquí mi discurso vuelve) que sería mi hermosura la que sola dividiese el poder del Magno Carlos, Emperador de Occidente, introduciendo discordias en sus Paladines fuertes, que las Religiosas Armas por la fe unidos ejercen. Con. Argalía mi hermano me envió, porque consiguiese sembrar disensiones tantas en la unión de tantos Heroes: porque qué mayor discordia, que una hermosura, si atiendes, que solo es bien para uno, y que todos le apetecen? No me dio mi tierna edad licencia de que advirtiese, que aún siendo el intento justo, el medio no era decente; y así en el Mar de la Aurora tanta copia de vajeles se previno a mi pasaje, que siendo volantes Puentes, a ser menos la distancia del golfo que desparecen, escondiéndola en sus buques la abreviarán, sin moverse la Capitana, que pudo mas que hospedarme sorberme. De los ojos me arrebata la Patria, que desvanece a mi vista con su fuga, y sus altos Capitales. en nieblas, que el Sol desata, marino orizonte envuelve, interponiendo sus olas, cuando la nave rebelde. al levante que acá sopla, y a las olas que allá impelen, cuesta arriba por las aguas, que en voluble giro rueden, la esférica superficie del globo del mundo asciende. Cuales quedaron mis ojos, cuando a mi vista parece, que mi Patria es la que huye, no mi vaso el que se mueve! pues por disculpar mi ausencia, hacer mi engaño pretende. de los delitos de instable, aún lo inmóvil delincuente. Doblamos de India de Arabia, Persía, y África en tres meses. los no conocidos cabos a nuestras remotas gentes, hasta que en las fortunadas. Islas, el Mar inclemente; todo el golfo de las aguas hizo que mi Armada siembre, derramando nuestros vasos, y haciéndoles que envistiesen contra ancianos promontorios, que de espuma se encanecen a la sed del monstruo undoso, que a sus cóleras se enciende de despedazados buques, las míseras vidas vierte, donde velas beba el golfo, vomitando después muertes: Rono el Mar, y el aire ronco de sus bramidos crucles están, y de las faenas, a un las voces ensordecen; las gumenas que rechinan, los buques que se extremecen, las entenas que se rompen, los árboles que se tuercen: qué mucho, si aún irritado de que el naufrago se queje, el piélago no permite que al Cielo sus voces lleguen, y hasta en el aire sus olas las alcanzan, y las beben! Entre otras Naves la mía maltratada se guarece, a un Puerto Africano, adonde sobre el ferro se defiende, hasta que en fin reparada Costas de Francia le ofrece el Mar de Aquitania, donde, si la distancia no miente, di medio círculo al Mundo, conducida dentro de este alado monstruo marino, pues en su concabo vientre me ha concibido en Levante, y me ha abortado en Poniente al Ejército de Carlos, opuesto contra las huestes de Marsillo, y Agramante (dos Mahometanos Reyes de España, y Africa, que en Afrícanos ginetes, y Andaluces mundaron toda la Francia, de suerte, que cuanto nievan sus tocas sus turbantes onrojecen!) Al Ejército de Carlos llegue a tiempo que acomete a las lunas, con tan grande estruendo, y ardor tan fuerte, que todo el habré agotaron las trompas todo el ambiente se benieron los Clarines, porque con más horror suenen, haciendo que hasta los Montes, que al ímpetu se extremecen, por concobirles los ecos, aún los escollos revienten: llegué, miráronme todos, y quedó en todos el verme inseparable de amarme, pues tan ticio el brazo hiere del Paladín más gallardo, que a mirarme se detiene, que colgadas de sus ojos las manos se le suspenden. Rendí en fin los vencedores, no te enojes, no te alteres, mi bien, por más que te diga, que hubo otros que me quisiesen, pues al verlos desdeñados, tu amor rehusar no debe, que por contrarios los nombre, quien por triunfos los acuerde; lidian por mí unos con otros, pues a las ansias que sienten (bien que todos desdeñados de mis rigores se viesen) aún no pareció partible la gloria de mis desdenes: Por defenderme mi hermano murió a las manos crueles de Ferragur, o hermosura, que en opuestas lides eres dicha de quien te codicia, peligro de quién te tiene! A tantos amantes míos en los extremos excede el Conde Orlando, que fino a seguirme se resuelve en la peregrinación, que segunda vez emprlende mi derrotada fortuna, con culto tan reverente, con afecto tan rendido, y con ansias ten corteses, que (no lo encarezco poco) sin dejar de aborrecerle, pudieron vivir tratables, su amor, y mis esquiveces; las aventuras, porque me perdió de vista, queden a Pohemas que las canten, y a Nóvelas que las cuenten. Perdida, en efecto, a Francia volví, por si hallar pudiese pasaje a mi Patria, cuando una noche, que luciente la Luna a las sombras iba plateando las lobregueces; entré en esta selva sola, porque bizo que me perdiese mi Familia entre el horror, el impensado accidente de una tempestad tan grande, que en la oscuridad que teje, para borrarnos el día a cegar el Sol se atreve: sin saber de que me asusto, al ver que (fantasmas verdes) le duplican a la noche el negro horror los cipreses; bultos concibo las sombras, aún el susurro más débil del aire; imagino voz, que las fantasías tienen para el temor sus oídos, que aún despiertos voces sueñen, y en el silencio que escuchan, aún lo que no sueña entienden. Un lastimoso rumor, como de voz que se queje, en mi corazón sonó, antes que a mi oído llegue; porque acá herida la sangre, sin percibirle le siente: vuelvo a aplicar el oído, y cuando él la voz inquiere el soliego se le hizo sospechoso, pues advierte, que sin tocar el oído, la imaginación penetre de un silencio que ove mucho, un miedo que interior sueñe: no hay elección en los pasos del temor, y así a la suerte. entregué los míos, cuando lastimosamente yeren mi pecho tus tristes voces, que aún la fuga me detienen, pues haciendo que el pabor mi vida en mi sangre hiele, congelándome las plantas, mis pasos un pasmo prende de una rota, que aquel día dieron allí los Franceses, a Darinel Africano; quiso el amor que tu quedes mal herido entre el horror, que nizo que aquel campo estéril despoblándose de vidas, de cadaveres se pueble; Abiertas tus venas ibas vertiendo en hondas perennes tu vida en tu sangre, donde en las rosas, y clabeles, que el humor purpúreo chupan, y que con su riego crecen, tu tragedia está fragante, tu lastima aún hoy florece: Mírote a la Luna, aplico al rostro un cendal, que bebe tu sangre, y la simparia hacer en mi pecho puede, que al ver verterse la tuya; la mía se me conjele. Limpio el rostro, y a la imagen, que dibuja en él tu muerte, cuanto de incendios le borro, le pinto de palideces; una pieda? desusada, sin saber porque me mueve. Una compasión traidora, pues con lento fuego aleve tu sangre que se va elando, siento que la mía enciende, válida en fin de las artes, chímicas que más se aprenden en la India, erbas busco, que restañen el corriente. humor, ganando las flores todo el color que tu pierdes, vendas mis volantes hago que las cisuras aprieten, y aquellas nieblas tejidas, que tu púrpura enrojece, como son nubes de gasa, diluvios de sangre llueven. Este anciano Pastor noble, dueño del rústico albergue, en que estamos, que iba entonces sobre un bracán de pieles rompiendo la greña al Monte, hizo que al bruto rebelde mis quejas ansiosas paren, mi voz lastimosa enfrene: vino en fin, y condolido de que ni a la queja alientes, porque en la ya helada sangre los suspiros se detienen, y a pedazos tus palabras cuajadas del labio penden, hasta que a la que se para, precipita otra que viene. Sobre a quel bruto te pone cuando lánguido a quien debes tanta piedad no percibes, porque en En tu vista débil de mi semblante la ira, para ti trémula eve, parece que te derrite, cuanto te la desvanece. Llegamos a esta alquería donde mejor pude verte, y el mirar tus tiernos años, que apenas en flor perecen de tu semblante el agrado, en cuyo atractivo afeite, aún el dejo del desmayo asabilidad parece. El galán, traje Africano, en cuyo color ardiente púrpura te viste Tiro y te calza Tafilete; fueron en mi despertando una ansia, de que vivieses, que parece piedad solo, y es algo más que parece. Cuando sanaste de herido, yo adolecí de clemente, porque en tu flaqueza misma mi piedad se fortalece, y amor que con lo robusto no pudo mis altiveces rendir, ya astuto con sola tu debilidad me vence; vencida en fin (ya lo sabes) rompí los inconvenientes del temor, y del recato; y así llegue a resolverme a hacerte mi Esposo, donde nuestras dos manos uniesen los dos pechos enlazando (sin que puedan disolverse) las dos esferas de fuego en los dos nudos de nieve. No hay en todo el Bosque chopo, cuya corteza no obstente nuestros dos nombres gravados, a donde tan fijos queden, que sensitivos pronucen, y vejetativos crecen: a quí estamos detenidos, hasta que a esta Costa llegue embarcación, que a la India nos pase donde te entregue la posesión de un Imperio, que en tantas piedras lucientes, cuajando en el centro luces rayos del Sol endurece: allí finas esmeraldas de diafanidades verdes en las hierbas conjeladas las luces tieñen, y prenden: allí artificioso el clima (porque en tus galas se empleen) con flores, y ramos de oro jardines de seda teje, donde va hilando su vida el gusano que la engendre: allí peregrinas aves (por más que al Cielo se eleven, y primaveras del aire volantes jardines yerren) te matizan en sus plumas. los airones del honete: y allí en fin todo será delicias, cuando advirtieres que la inconstante fortuna para sus volubles ejes, pues en tan excelso trono quitarte, ni darte puede. Tu suceso peregrino, cuanta admiración merece, pues miro que tu hermosura tantos amantes desprecie, por ella heridos en tantas. batallas, y que sujete su albedrío aún Africano herido por accidentes, tan remotos de su amor, absorto estoy, ha mujeres! que soberano albedrío vuestras libertades tienen, que ni méritos le obligan, ni servidumbres le mueven, y solo es él por si mismo quien a sí mismo se vence. Sin duda, que aún los influjos a mandaros no se atreven, no quiero aquí por Orlando preguntar, que no es decente exponer a otro desaire su nombre: feliz mil veces logréis Medoro las dichas, que tal fortuna os promete, muerto de admirado estoy qué hiciera si amante fuese! Yo, Angelica a inquirir vengo los ignorados retretes de las grutas de Melisa; a quien rústicos guarnecen estos escollos, y a quien los troncos más eminentes son fragosas celosías de en marañados canceles, llegar a hablarla me importa, aunque ignoro donde encuentre su albergue; y así si alguno de estos Zagales quisiere enseñarme, vulveré después a hablarte, y a verte. Yo, señor, iré contigo. Pues guíame. Y cuándo vuelves? Presto vendré a despedirme, ay Roldán si esto supieses, que hará quien ama, pues esto a quién extraña sucede! . Ya me cansaba este Astolfo, Por qué? Por nada. Qué tienes? Desde que soy tan dichoso, no hay cosa que no recele. Tu recelar, dueño mío, hay mi bien, si eso te ofende, no solo quiero en mi vida volver a hablarle, ni a verle, por no ver un ceño tuyo; pero aún mi amor te promete cegar mi imaginación antes que me represente objecto que te disguste, No llores más, no despeñes más Estrellas, que en tu llanto. el Alba a pedazos viertes. Nicanora? Belzoraida? l. Quién dijera que viniese a tal sujeción nuestra ama. Amiga, quien conociere, que así en hijos de vecinos paran muchas esquiveces. Entremos, pues, que ya el Sol empieza a herir más ardiente. Entremo, y en esas voces otra vez el el eco alterne. Sea parabién, . No entres a este bosque Orlando, porque importa a tu decoro, y a tu vida. . Ata Gabrino los caballos a esos troncos, que he de buscar en lo más enmarañado del Soto esta voz. . Para qué quieres la voz? habemos nosotros de hacer alguna Capilla? . A infeliz Francés, y como el condicional influjo te arrastra cómo forzoso! . Ven por aquí, que es por donde la voz parece que oigo, y al tacto de los oídos ciega en el aire la toco, pues por más que la percibo, no juzgo que la conozco. . Los caballeros andantes, todos del Solar famoso, debéis de ser de los Vargas, porque lo averiguáis todo, cuando a Angelica buscamos, qué te va en ser tan curioso, que tras esta voz el aire, por todos estos contornos te arrastre de las orejas, por zarzas, y por abrojos donde aún la voz trae espinas, según picado te noto de sus avisos. Gabrino, no hay temor, pasmo, ni asombro que a Orlando le dé recelo, susto, inquietud, ni alboroto: luego decirme esta voz que no entre en este fragoso bosque ameno, y provocarme a que entre en él, es lo propio: a la gruta de Merlín vengo a preguntar ansioso por Angelica, que en ella Melisa está, que a este globo, de más ejos que hay luceros, de más influjos que ay ojos, descifra los caracterés, oscuros de luminosos. No pases más adelante, pues dije que a tu decoro, y vida importa. Un Mancebo no miras en cuyo bozo avaro, el tiempo aún no quiere desperdiciar hilos de oro! Quién eres tú, que me avisas ese peligro que ignoro? . Soy el temor de los celos, que en este cristal, con recelos, y ahogos, de lejos los veo, de cerca los finjo; y en necios antojos, temiendo lo que no espero, echo a perder lo que gozo. Terrones de azucar canta, y como yo soy goloso, en los labios del oído, almibar del aire sorbo. Aunque dé a entender tu acento, suavemente ruidoso, que en la interior armonía se escucha como sonoro, a qué efecto me previenes, si no temo, pues no logro? . Oh tu Paladín gallardo; por quien la fama en elogíos, a estatuas su templo abulta, su clarín inflama a soplos, teme algún fatal aviso de quien buril alevoso fue un puñal, y a cuyos rasgos láminas fueron los troncos. De este bosque no penetres el enmarañado coto, Tom. ni con tus ojos conversen las voces que dan sus chopos. Encantada es esta selva, de quien en árboles broncos, convertidos mil amantes, son Ciudadanos frondosos: aquí escarmientos florecen; pues aún los gemidos roncos de sus ramas, son suspiros a quien dio voz el Favonío, desde la ruda corteza, a dónde los aprisiono? Escucha lo que te dicen allá en su metro ruidoso. . Ay mísero de ti, si malograres el desengaño que hallas en nosotros que a esperezos de cortezas formando acentos llorosos, cuando el bastago gime, rechina el corcho. Aquí ay Árboles, que cantan, vive Dios, que aunque ses todo por arte de encantamento cuanto sucede a los bobos, que en este Mundo se alquilan para andantes sin retorno, esto es ya mucho encantar, y habrá quizá escrupuloso, que sin ver que hallan los hombres desengaño hasta en los troncos, y que suele lo moral disfrazarse en fabuloso, no lo pase. Asombros vanos, que monstruos sois espantosos de la idea, y parecéis de naturaleza monstruos, quién sois? Troncos racionales. Y qué intentáis? Ser piadosos, . 1 Nesotros fuimos un tiempo Heroes del Mundo gloriosos, en quien la envidia empleaba el veneno de sus ojos. . 2. De una Mágica hermosura, el encanto prodigioso, vistió de incultas cortezas lo racional en lo tosco. . 3. Las gomas que el Sol líquida, desatadas en arroyos, lágrimas son Orientales, que lloramos por los poros. . 2. Ypues siendo fuertes Heroes arrastrados de un antojo, de una hermosura al encanto, troncos inútiles somos. Hay mísero de ti si malograres, . Orlando, yo soy Melisa, a quien buscas presuroso, que en forma de joven quise advertirte, porque noto, que la persuasión da fuerza a lo eficaz con lo heroico. Este espejo es de los celos, que en su cristal luminoso, aún el riesgo muy lejano suelen traslucir los ojos. Si no quieres que te dejen, tan trágicamente docto en los celos que no sabes, los temores que te expongo, sal de esta selva, y no quieras pene trar más sus centornos; pues para que más me creas, dirá mi acento sonoro. Soy el temor de los celos, (gos, que en este cristal, con recelos, y aho- de lejos los veo, de cerca los finjo, y en necios antojos, temiendo lo que no espero, hecho a perder lo que gozo. Ay mísero de ti, Aunque me dé a entender este galante meraforfoseo, que el amor a grandes Heroes, con engaños cautelosos, convirtió en troncos vivientes, tan inútiles en todo, que en lo que crecen, y sienten, conocen que viven solo: no está mi amor para avisos, y solamente los oigo, porque en ver que los desprecio, no obstante que los conozco, si no mérito segundo, segunda fineza logro. Aquí la fiesta, Gabrino, pasaremos al umbroso dosel, que de olmos y yedras? haciendo al calor estorbo, anochece en nueves verdes la fresca sombra del Soto. Pues yo voy por los caballos, por si en las alforjas topo con que hacer los duelos menos; pues cuando contigo troto, ahito de andar ayuno, mi humbre en mi flaqueza engordo. Solo estoy de tus enojos quejarme Angelica intento, pues ya está mi pensamiento dibujándote a mis ojos. Blancos matices, y rojos va la imaginación mía hurtando para ti al día, y traer siempre procura de sombras de tu hermosura vestida mi fantasía. Bien, que envidioso me vea, cuando ansioso de tus lazos, para asirla entre mis brazos quisiera arrancar mi idea; no porque ofenderte crea, pues tal es tu tiranía (dulcísima ingrata mía) que aún está allá con rigor ofendida de mi amor tu copia en mi fantasía, Al Soto preguntaré, si has hollado su verdor, mas ay! que en sola una flor se esconderá cada pie. Ninguna huella se ve; porque a quien más la apetece se oculta en lo que florece, produciendo rosas tantas, por más que a copiar tus plantas cuanto pisas se enternece. No ha pasado por aquí, según de lo ajado creo: más ojos, qué es lo que veo? no dice Angélica allí? Tronco, es esto verdad? Sí, que al leer esta inscrición, con hidrópica ambición, para templar mis enojos, salió a hurtarles a los ojos los ecos el corazón. Mas el alma absorta queda, animándo me sin mí, que dice Medoro allí, y a los dos un lazo enreda. Quien hay que sufrirlo pueda, si con acero gravaba su nombre quien le copiaba en un tronco, hay prenda mía! que el traidor que le esculpia, el nombre te maltrataba. dice en otro Árbol: o aleve mano! que a estampar se atreve lo que ya siento, aunque ignoro. Yo me enternezco, yo lloro, qué mucho, si a esta pasión no hay alguna oposición, que en los sentidos resista, y en los rayos de la vista se me hiere el corazón. El nombre es de hombre, morta? estoy en rabias, y enojos: Rudo troncó, que a mis ojos gritas voces de un puñal, no supiste imprimir mal de su punta lo severo, con que aún vas hiriendo fiero, si guardando esas razones, heredaron tus renglones los filos de aquel acero. Puñal, que en los troncos piensa poner sus nombres, terrible quiere (en lámina sensible) hacer viviente mi ofensa: qué reparo, que defensa hallaré a agravio que crece, y que (el pensarlo estremeco) en su vejetable vida, el tiempo que otras olvida, esta injuria reverdece? Ojos resistid, que ya agravio tan declarado, de vuestro llanto regado, con el tronco crecerá. Fecundidad triste da, el llanto que me ha bebido, al verde padrón florido; dolor no salgas al labio, pues va creciendo el agravio del llanto del ofendido. otra Angelica sería, pues otra bien puede haber mas ay! que no puede ser, que la haya como la mía. Dulce amiga fantasía, defiéndeme de este daño, forme tu artificio extraño una duda, donde intento esconder mi entendimiento de este aleve desengaño. . Aquí hay que comer, señor, esgrimamos los colmillos, que a peligros de fiambre se echan rescoldos de vino. Muerto estoy! No me respondes? estás en rapto? Ay Gabrino, dame, dame algunos golpes. De los que de ti recibo, . restituyo, mas qué intentas? Despertar, si eltoy dormido. Pues señor, o estás despierto, o yo lo sueño contigo. Desdichado es mi desvelo, pues el dolor que examino, si es malo para soñado, qué hará para sucedido. Pues qué es lo que tienes? Que reviento, y en vano gimo, porque ni aún la menor queja me cabe en cada suspiro, y de mi pecho no puede estar mi dolor ceñido. Habla claro, qué te ha dado? No sé, no sé, yo he leido, Gabrino veneno en letras de estas selvas en lo umbrío, ocultos están en ramas unos áspides escritos, que la vista inficionando, en los ojos me han mordido: discurriendo van mis venas entre trasudores fríos, que en agua están por mis poros vertiendo el calor nativo: unos puñales de fuego, que hiriendo el corazón mío, le están punzando con llamas, y quemando con cuchillos. Señor, ya esto va de verás, qué pasa, dime, por Cristo, qué es esto? Llega a esta gruta, cuyo verde frontispicio enredan de olmos, y yedras frondosos nudos lascivos, y le de aquella corteza el padrón vejetativo, que en mi corazón estampa sus letras; pero mal digo sino que el mismo puñal en él me las ha esculpido; pero Gabrino, no ya Escudero, si no amigo, si mostrar quieres aquella lealtad, con que me has servido, le, sin que reserves nada, por si yo en mi daño finjo esa fatal inscrición, esto solo te suplico. Qué es esto Orlando, qué es esto? conmigo tú tan rendido, por Dios, que a Orate sin Frates me va oliendo ya tu estilo. No te admires, que esta rabia celosa, este basilisco hace mayores efectos en los ánimos altivos, que esperan menos la ofensa, y crecen más el delito, Dice así: Cómo, vuelve a repetirlo, Eco suave. Atroz sonido, mira bien, no te equivoques, advierte, qué dices? Digo Y lo afirmas? Lo resfirmo. Mal hayan amén tus ojos. . Y mal hayan tus cariños, que de la caja de Tabas una mezcla me has vertido. Pero este que culpa tiene, prosigue. No quiero, amigo. Oh, en yendo por bien enternezcome, y prosigo: , e Mal los objetos distingo, turbada la vista, y casi vacilantes los sentidos. Cielos, qué he oído, ni aún la duda le has dejado por sagrado a mi martirio, traidor cruel. Pues, señor, yo que culpa te he tenido, si allí lo hallo escrito? Muere. Derrámosele el capricho, y para molde de locos se le ha quedado vacio. Yo voy a buscar Pastores por las grutas de estos riscos, por si atándole, cogemos algo del seso vertido. Traidores, troncos aleves, villanos, y fementidos, que lo que no os preguntaba todos me habéis respondido, así pagaréis mi muerte, que de mi espada en los filos, ni a florecer escarmientos os dejaré quedar vivos, porque aún durará el agravio, lo que durare el castigo, no, Ay! que si al golpe me extremezco, mas que de mi dolor de tu delirio. Viga armonía, que ignoro, y mal en ecos percibo, no detendrás mi furor? . Pastores de estos apriscos, ayudadme a atar a un loco, que ha hechado por esos trigos. . Al loco, al loco. A li tienen los Pastores encendido fuego, mueran en los troncos de las llamas lo activo, los testigos, beba el fuego, mi ofensa, y cruel ministro, la memoria de mis celos guarde el solo allá en su archivo. . Venid a ayudarme. Al loco. Ay de ti, qué enfurecido creciendo vas sin remedio el agravio con sentirlo. Fuego, fuego. . Que me abrafo, socorro Cielos Divinos. Al loco, al loco. Ah traidores! que todos habéis leído mi agravio. 1. Ay de mí! que abrazo es este, que ya despido el alma en él. 2. Ay de mí! que en un vuelo fatal mido el aire. 3. Ay de mí! que el abré me lleva a mi precipicio. . . Si es que para templarte el bosque enciendes, la materia que añades el fuego crece. El incendio produce efectos tales, que no se disminuye, si se reparte. Nada escucho, nada atiendo, y pues la espada he perdido; huid de mí, armas cobardes, que puesto que no resisto con vosotras, esta herida, qué aprovecha que mi brío de sus láminas de acero traiga el corazón bestido? Qué me habraso el pecho, Cielos! Este arroyo cristalino temple mi fuego, mas ay que al ardiente volcán mío marigosas son de nieve sus cristares encendidos, en las llamas que retratan de todo el bosque vecino, y está des ruego que copia todo el arroyo teñido, que aún la sombra de las llamas abrasa su raudal frío. . Guarda el loco, guarda el loco. Aguardad, no fugitivos villanos sembréis de voces todo el aire, que ya os sigo. . . Los extremos celosos dolor no vierten, porque más los aumenta quien más los siente; los que pierden si muestran tantas congojas, anadiendo están dichas a los que logran. . A la cumbre. A la montaña. Saltando de cada brinco va una roca, algún demonio le espere. Ya, señor, dimos con el sitio de la cueva, mas todo está en su distrito abrasándose. Qué es esto? . Ay de ti, que enfurecido, creciendo vas su remedio el agravió con sentirlo, Melisa es. Gabrino, pues, qué es esto? Que habéis venido todos a mal tiempo, pues Orlando perdió su juicio, de celos de no sé que, letreros, que aquí escondido? halló. Sin alma he quedado. Sin alma, Cielos, anime, . Huid todos. Ay de mí! que buscaba este retiro, y está ocupado del fuego. Qué accidente dio motiva, esposa a tu veloz fuga, que siguiéndote he corrido, sin alcanzarte, estos montes? No sé, Cielos, que respiro escollos, pues aún del pasmo se endurecen los suspiros, Si contigo estoy, qué temes? Solo el que estés tu conmigo. . no quiero, por no empeñarle decirle que a Orlando he visto, Melisa, sabia, y piadosa, ya que coronas a giros el aire. Melisa bella, supuesto que percébimo? en los incendios que esparces de tu ciencia algunos visos, De Orlando el furor suspende, Sana su dolor esquivo Templa. A quién? Por no enojarte no me atrevo a repetirlo. . Entrad en mi gruta todos, en cuyo erroroso asilo intento prender a Oriando a mi conjuro oprimido, pues aunque digan los troncos vivientes vejetativos. 1. Ay! 3. Ay! Ay! Ay! que si al golpe me extremezco gimo, mas que de mi dolor de tu delirio; fuego, fuego, que me abraso, socorro, Cielos divinos. Vendréis a que el mundo vea, y quede claro a los liglos. Cómo se curan aquellas vívoras crespas, áspides rizos que mordiendo la memoria son de la idea azules basiliscos, Cielos. Sol. Estrellas. Luna. Astros. Flores. Montes. Riscos. Do eos todos de este daño. Y todos seréis testigos. Que vamos a examinaros. Que vamos a descubriros. . Cómo se curan aquellas vívoras crespas, áspides rizos, que mordiendo la memoria son de la idea azules basiliscos. . ##### o se curan aquellas, Ya que a fuerza de mí encanto a todos os he traído al fantástico jardín, cuyo frondoso artificio, aún el Sol enreda en tantos verdes bastagos floridos; y ya que en él, preso Orlando; conjurado, y compelido tiene a su pesar suspenso el furor, si no el delirio, qué pretendéis? Que de Orlando, Par de Francia, y Palatino Conde de Ánglante, y de Brava, y heroe, a quien nadie ha podido vencer, hasta que él ahora se opuso contra sí mismo, nos restituya tu ciencia, libre el discurso, y el juicio; que Carlos, César de Roma, estando en Paris, ceñido de enemigos de la Fe, y suyos (pues es preciso que sea enemigo del César, quien es de la Fe enemigo) a toda la Cristiandad Occidental ha pedido socorro en caso tan grave, y en tan estrecho conflicto, como asaltarle en su Corte número tan excesivo, que en su comput apuradas las figuras al guarismo, lo incomprensible se va introduciendo a infinito, tantas auxiliares Tropas, como a levantar el sitio se juntan, todas a Orlando pidiendo están por caudillo de la empresa, mas que mucho si en su brazo conseguimos tantos triunfos, y la fama lidiando, aún con el sonido, antes del combate empieza a vencer desde el designio. Por estos motivos todos, y porque el Conde elejido allá en la mente del hado está para esposo mío, te pido lo mismo. Y yo. también, porque habiendo sido esta elección de Medoro, antes pasión, que destino, no quiero que en las locuras de Orlando, que enfurecido. quiere hacer tan a mi costa fineza lo vengativo, peligre. Por cuvas causas, a saber de ti venemos. , . Cómo se curan, Difícil cura pedís, cuando ya Orlando ha perdido el juicio de celos, y es este un dolor tan nocivo, que es mayor donde hay más fuerza, si el valor, soberbia, y brío, contra sí mismos lidiando, pueden más contra sí mismos, y suele ser el más fuerte menos valiente consigo: yo he de intentar esta cura, por todos cuantos caminos o halle el arte, y la experiendia de estos casos; mas sabido llevad, que porque veáis los remedios que se aplico, y porque el mundo conozca cuanto efecto han producido a fuerza de mis encantos, vilible hacer determino su imaginación, defuerte, que odio, amor, ira, cariño, pensamiento, entendimiento, y cuanto afecto escondido interiormente le fuere influyendo persuasivo; vilibles figuras sean, pues espíritus que ligo irán tomando sus voces de humanas formas bestidos: de esta suerte veréis todos, que si no sana, he cumplido con mi piedad, y mi ciencia, con cuyo electo consigo, que si este suceso sale al Teatro de los siglos, asentado lo historiado sea él ornato feltivo. Desuerte, que hemos de v cuanto dentro de sí mismo batalla, Desuerte, que en la idea has pretendido, dar a sus afectos burto. Desuerte, que tu capricho intenta hacernos visible lo que solo es discurrido, Sí, y no os admiréis de que hoy mi afecto compasivo asista a Orlando, pues nace quizá (ay de mí!) este retiro, con que alma de estos escollos su concabidad habito, de algunos celos; mas hay memoria, que más me aflijo, pues segunda vez padezco el dolor si le repito? Y asentado que el encanto tendrá, quizá en lo alusivo, oculta moralidad; retiraos, y sin ser vistos id observando. Si haremos; pero antes ten entendido, que no ha de saber Medoro que yo a esta experiencia asisto, porque en fin es ya mi esporo, aunque humilde haya nacido; y aunque su edad delicada no pueda oponerse al brío de Orlando, ni a su braveza: tampoco al decoro mío le conviene desairarlo, con precisarle a sufrirlo. Cuanto esta experiencia dure, a mis encantos dermido estará, que lo curioso, no ha de exceder de lo digno de los sujetos. Pues todos a saber de ti venimos. Cómo se curan aquellas vívoras crespas, áspides rizos. . . Quién pudiera curar, Cielos, el tosigo azul de los áspides celos, en cuyos desveíos, y en cuya infeliz dolorosa pasión, aunque es nada el mal, es mortal el dolor; su accidente más mortal es el ignorar el mal, para aplicar el remedio al dolor, pues en suelar, pues en su arder, entre el amar, y el aborrecer, no se distingue si es odio, o amor. Ya nos sentimos elar, ya nos vemos abrasar, terciana que sabe enfriar, y encender; y aunque el valor finja de suyo, falso es el frío, siendo en amor, tan peligroso el elar, como arder. Esta es hebre, cuvó ardor el hielo le hace mayor, sin que templanza espere tener, y no ha de empezar, según presumo, llegando a lo somo a querer declinar; porque su estado le tiene en crecer. si entermo más mortal ignora adonde está el mal, de qué se origina, y como es su rigor, y en su vacilar, penar, y sufrir, si por vivir se intenta curar, no se halla la crida, y se tienta el dolor quien pudiera curar, Cielos el tosigo azul de los áspides celos, . Mema, ya a mi conjuro vienen del pacto oprimidos los espíritus Ya todos a tu precepto asistimos, vistiendo sombras al viento. . Ninguno ha de quedar vivo de cuantos saben mi agravio. Al valle, a la cumbre, al risco. El cadáver de Merlin habló, ofreciendo al designio los espíritus que rompen las cárceles del abismo, y Orlando con sus locuras se acerca: atención os pido, segunda vez a la idea, Astros, Plantas, y signos, que visibles sus afectos hago, y en este artificio son de interiores pasiones los personajes fingidos. Vivo no me ha de quedar alguno. Señor, quedito, que yo estoy muerto de miedo, sin ayuda de vecinos. Da muerte a todos. Quién eres? tú, qué intentas tan esquivo irritarme? Soy el Odio, que Angélica has concibido, y el amor que la tenías fui primero. Ahora digo, que es verdad que se ha trocado en Odio todo el cariño. porque acá siento una rabia, que se alimenta del mismo ardor, y del mismo fuego que el amor dejó encendido; y sin que mude él incendio, solo ha mudado el motivo; tú si me agradas, tú sí que me templas, ven conmigo, que hallo un descanso en tenerte, aún cuando más me fatigo del ardor, on que te tengo, si en la rabia con que animo aún de lo que me atormento descanso en lo que me irrito. No dieras muerte a esta ingrata? A ninguno es permitido ajar decoros de Damas, mas si fuese caso digno, no quedara satisfecho todo el odio que reprimo, con beber su aleve sangre, teniendo, aún en el fastidio, cuanto más la sed abogue, más sediento el apetito. Este hombre ya la aborrece. Ay que del Odio no fío! que de la llama de amor se encendió, pues averiguo. A ser vuelve cariño, porque en su incendio, si el odio se consume, queda el deseo; falsas son estas rabias, pues si se mira, no hay con celos finezas, como las iras. Y en fin, qué intentas? Que sientan mi dolor enfurecido cuantos supieren mis celos, por si apurarlos consigo en la noticia, sino en la verdad, pues es fijo, que aún más que en el dolor dura un agravio en los testigos; pues de lo que en ellos duele, no está en mi mano el alivio, y ellos con tenaz memoria le acuerdan si yo le olvido. Y es decir que alguno hay flaco de memoria en estos siglos, para lo que a otro está mal; siempre lo traerá en el pico. mueran a mis iras. . Tente, que ya has desmentido tu fama con tu furor, si en las locuras que miro tú mismo de tus elogios te estás confesando indigno. Quién eres? No es maravilla que no me hayas conocido, teniéndome tan ajado, en furores, y en deliquios: el Entendimiento soy, que a moderar me destino las pasiones, y a tenerlas en un igual equilibrio; en las fortunas adversas soy el más piadoso amigo, pues (sucedides) constante, o (esperadas) prevenido valeroso desvanezco, las que prudente no evito, y siendo de las mayores, aún más que el estrago, el ruido, ya que a rebatir el golpe, no basta el esfuerzo mío, ensordezco el sentimiento, desvaneciendo el sonido. Ven acá, ya que consuelas, y me hallas arrepentido de no haberte oído antes, porque aquel furor activo le arrebató tras si todo, cuando mi accidente quiso crédito de poderoso, cobrar con lo repentino. Respóndeme a una consulta, yo mis celos no he sabido con certeza, que a tenerla, no celos estos martirios fueran, si agravios celosos; en los troncos he leido no sé que, ya tú lo sabes, que en los árboles escritos, aunque me atreví a saberlo, no me atrevo a repetirlo. No puede ser que esto sea falso? Sí, porque qué indicio es hallar escrito un tronco, cuando hay hombres tan indignos, que con andarse jactando de lo que no han adquirido, intentan ser en la fama dichosos desvanecidos, de que otros puedan creerlo, ya que ellos no conseguirlo, como si el engaño ajenos pudiera ser propio alivio, en tan tirana esquivez, y en un rigor tan impío, que a voces con sus desdenes se enojó por atractivos; pudo ser cierto este amor? no; mas hay que cuando aspiro a disculparla en las ansias, con que a dos partes vaciló, tanto como en lo irritado, padezco en lo discursivo, y por no sufrir la duda a morir me determino de la verdad: dila tú, que yo en dolor tan nocivo de lo que miro me estoy cegando con lo que finjo. . Qué feliz el celoso, será que logre desmentir sus discursos con sus ficciones. Quiéres saber la verdad? Eso pretendo. Pues digo. Tente, no la digas, calla, que aunque más lo solicito está el alma en tus verdades temblando de mis oídos. Quién yerdad busca en celos. lleva en el alma, con ansia de saberla temor de hallarla. Yo no sé cierta verdad de lo que all ha sucedido; mas no hallo dificultad, si discurro por motivos naturales, pues no hay cosa más varia que el albedrío de la voluntad humana, cuyo absoluto dominio obedece a un leve soplo de los vientos al arbitrio. Mal haya amen tu agudeza; pues aleve sementido, que contra tu dueño empleas lo noble de tu ejercicio, Si yo, a que es mentira todo, estaba ya persuadido, que te cuesta, que te cuesta. que yo me engañe a mí mismo, que me estas desvaneciendo los consuelos aún fingidos? . Quién engañarse elcels puede a si propio, finge sin duda mucho, o entiende poco. Que Entendimiento celoso no es el mayor enemigo de su dueño, si esforzando el mal aún no acontecido, en contra de lo que veo persuado la que imagino. Quizá por huir el daño, en buscarle me fatigo, y estoy por temer el riesgo tan ansioso del peligro, que ha veces de escrupuloso donde no le hay le fábrico. Pues si así son tus consuelos, necio, sabio, a que has venido, a ser contra mí no más lo severo de tu juicio? Si así sirves consultado, no estabas mejor perdido; vete de aquí, que me ofendes Mira que a tu cura asisto, y es el primero remedio conocer el mal. Qué lindo es argüir con un loco tan señor de su capricho, que de la menor puñada desbarata un silogismo. Y aquí paran tus hañas mísero, tú que has vivido mas que tu fama, y tu vida le ha sobrado a tus prodigios; mas pues el Entendimiento representa discursivo al hombre cuanto le importa; exponerte determino allá de tu aprensión en los ocultos retiros, lo que me parece que sueeder puede en el sitio de Paris, si en tanto que te ausentas, tu divertido en tus necios debaneos, está el César en conflictos. . Arma, arma, guerra, guerra. A la muralla, al rastrillo. Huid, Franceses. ̱̱̱. Al muro. ̱, Socorro, Cielos divinos, Carlos en Paris pengra. 2. Oh qué ingrato es su sobrino Orlando! que así le deja por andar desvanecido en locos amores. 2. Es traidor. 3. Es falso. 4. Es impío. 1. Socorre, Orlando, tu patria De cobarde se ha esondido. Mentís, villanos. Qué es esto? A la muralla, al rastrillo. No ves que dicen en Francia que soy traidor? Nada he visto, que no es fácil prevenir lo que interiormente quiso mostrarte tu entendimiento, más discurro compasivo que si dirán. Mientes, mientes. También miento, y no replico, Esto, que de ti dirán, tu espíritu no ha movido a cobrar tu antigua fama? No, pues antes más me irritó de que contra una esquivez mis triunfos no haban servido, arrastrándolos un vil Africano advenedizo; perezca Paris, de quien acá en la idea has querido representarme el estrago, no quede en ella edificio, que padrón a mi vengaza no se erija destruido, que si airoso con mi Dama, no he de estar al resistirlo; para qué la fama quiero si con ella no la obligo? Y tú no me busques más, ni el Remedio, ni el Alivio de mi dolor, porque tanto venero, adoro, y estimo a Angélica, que antes quiero perder el honor, y el juicio por disculpar su mudanza, que no que honrado, y bien que infamando su elección estén los méritos míos, y sirvan solo a su agravio, no sirviendo a su cariño. Y el Odio que la tenías? Dices bien, mas tú has tenido la culpa, ponte a mi vista, que si te ocultas remiso de su hermosura me acuerdo, y de tu razón me olvido. Emboscados resabíos de afecto tiene, el odio que se olvida de que aborrece. h , . . Cese, Orlando en el olvido el sollozar y el gemir, que a quien hizo el amor desdichado, solo el Olvido hacer puede feliz. . No olvides, no, no. 1. No, no, no, Si olvidei, si, sí. 2. Sí, sí, sí. . Que no es venganza olvidar el dolor. . Que no hay más vengar que negarse a sentir. 1. No, no, no, no. 2. Sí, si, sí, sí. . Yo soy, Orlando, el Olvido, del descuido hijo feliz, pues no hay sentimiento humano, que no se sepulte en mí en la más durable pena, que borrar no conseguí, hago valor del penar la costumbre del sufrir. Liinando voy con los días todas las penas, y así logro ablandar el dolor, o endurecer el sentir de estas encantadas fuentes, que dejó el sabio Meriín, aquellas saben amar, y estas olvido influir. Bebe las nevadas hondas, pues en cada fuente vi, allí fuego destilar, y nieve aquí derrebir, Olvida de tu pasión las ansias, pues advertí, que a desdicha sin remedio, no hay más remedio que el fin. . A la ingrata que te ofende, si tú la olvidas así, de paz para poseer, tu olvido le ha de servir, de mudable, y no de airada hizo a Medoro feliz, y en quien no intenta que sientas, no es venganza el no sentir: si tus iras, por lo menos pueden obligarla a huir, melor es darla un cuidado, que una paz tan contra ti. Si el odio es más peligroso, es afecto más gentil, aborreciendo vengar que no olvidando sufrir. Y así en las fuentes de fuego, con armonía sutil las estatuas del amor volverán a repetir. 1. No olvides, no, no, no. 2. Si olvides, si, sí, sí. 1. Que no es venganza, 2. Que no hay más, Quién tener siempre pudiera balcón en la fantasía de un enamorado, viera que no hay en ella quimera que no esté haciendo armonía, y es vista de gran contento. Desuerte, que en lo que he oído persuadirme aún tiempo siento de ti, al aborrecimiento, y de ti, Olvido, al olvido? Sí, que porque un pecho honrado da al Olvido su pasión, si es (al verte sosegado) la quietud de tu cuidado, la paz de su posesión. Sí, que si tu agravio piensa vengarse, el Olvido alcanza más valor, que en tu defensa, desvanecida la ofensa, que falta hace la venganza? déjala en paz, olvidados tus celos. Eso no pidas, que son en los desdeñados finezas para perdidas, sufragios de condenados. Que él conquiste su desdén, sentirlo al principio es justo, luego no, que en él también, haciendo costumbre el bien se va envejeciendo el gusto: en el más enamorado, pasando uno, y otro día, lo que tanto ha deseado, bien podrá no darle enfado; pero ya no da alegría: en su gusto, y tu tormento, te pondrá el tiempo me, or, pues tendréis, a lo que siento, tú que ir dejando un dolor, y él que ir perdiendo un contento; harta venganza te alcanza, si elige a quien no merece. Eso no, que no se ofrece venganza, que sea venganza, si a ella no se lo parece; el olvidarla es error, por más que el Olvido pida, pues sin hallarse mejor, quien hay que sienta el dolor, y se olvide de la herida: que aborrecerla desea el alma, fingir intenta; pero cuando esto así sea, si aún me pesa que lo crea, como quiero que lo sienta! ya olvidar no he de lograr. Solo el llegar a beber es lo que te ha de costar. Ay que es en él olvidar lo más difícil querer. Solo has de olvidar tu pena en esta fuente encantada. Fuente que el Olvido ordena, para hallada acaso es buena, pero no para buscada, Yo haré que a beber te atrevas, forzado de mi valor. V Ya que mi paciencia pruebas, que Olvido eres que me llevas a las fuentes del amor? La Máscara quitaré a este Olvido cauteloso; y así al mundo mostraré, que no hay afecto celoso que sea lo que se ve. Pues como te veo traidor en memoria transformado, El extrañarlo es error, que no hay memoria mayor que el Olvido con cuidado. Dices bien, no hay que trata? de que consiga victoria olvidando mi pesar, si el cuidado de olvidar se me convierte en memoria; y pues no he de consolarme ya ningún alivio pido, que quiera el Olvido darme, que acordarme del Olvido solo sirve de acordarme. Yo te lo quise decir, porque no culpes mi celo cuando te vi persuadir: porque no hay mayor desvelo que el deseo de dormir: cuando en olvidar se muele hace, el que celoso amó, lo que el muchacho hacer suele, que donde un golpe se dio se tienta a ver si le duele. . Nadie que olvido busque ay que le encuentre, solo le halla un amante cuando no quiere. . El Olvido se tiene, sin que se sienta, porque huye al instante que de él se acuerdan. Desvaneced esas fuentes, pues aumentan su dolor. Por más que ausentarme intentes; te dirá el eco interior al murmurar sus corrientes. 1. No olvides, no, no. 2. Si olvides, sí, sí, Orlando, tu suerte dura va burlando la esperiencia ansiosa de tu cordura. Solo le falta a tu ciencia la experiencia de otra cura. Quién eres tú? El Desengaño. Desengaño tan raído fuerza es que se le haga extraño, porque todos han traído más barbas que un Hermitaño. . Desengaño soy, y error es esperarme caduco, y anciano, que todo amor muere en flor; y así en la vida amanecen temprano los desengaños que nacen de amor. La beldad que adoras hoy, no dudes que vive casada, y constante porque tal médico soy, que el no haber remedio al dolor de él amante, es el primero remedio que doy. La duda es alivio leve, que aumenta tu sed, engañándote injusta (gusta, con esperanza tan breve, porque el enfermo que poca agua parece cristal, y es sed lo que bebe. De alivios imaginados mal una duda templarte concierta con discursos fabricados; porque la sed entiende, despierta, bañar la memoria en arroyos soñados no hay remedio, y si tenerle quiere tu pena en tu mal, para hallarle el primer paso es creerle, (hacerle, porque un desengaño es desdicha el pero una vez hecho, es fortuna el lo- Pues tu ciencia mal creída, (grarle. en qué dolor halla medio? qué haciendo mayor la herida, si quitas antes la vida, cuando logras tu remedio? que la que idólatro ausente, casada está, tu rigor dice, o Médico imprudente, que sanas solo el dolor cuando matas al doliente! Como curan tus desvelos tan trágicamente sabios, aumentando los anhelos: pues los que eran en mi celos pasan en ti a ser agravios? muere a mi dolor extraño por verdadero alevoso. Así le hajas en tu daño? Qué despecho de celoso no atropella el desengaño, no esperen los sentimientos, con que gimo, peno, y lloro; ver templados mis tormentos, pues la prisa con que adoro arrastra aún los escarmientos, mal se esfuerzan mis pasiones. a huirme de unas prisiones, que aunque en fin romperse puedan, pedazos del alma quedan en los rotos eslabones: a mi mano has de morir. De ti me sabré guardar, que aunque no me has de admitir, para otros he de vivir, que en ti hayan de escarmentar. Porqué es el desengaño tan raro traje, que no les viene a aquellos para quien se hace. Ven Entendimiento atento conmigo. Triste de mí, que me arrevatan violento. Vete aleve, aunque tras ti te llevas mi Entendimiento, Repara Orlando tu daño, pues a tu dolor atento quedas solo con tu Engaño, que siempre el Entendimiento se va tras el Desengaño, Ven Odio, y furias de amor, acabar el mundo puedan, que se ausenta mi furor de este lugar donde quedan padrones de mi dolor. Síguele tú. Yo no quiero. Seguro vas. No lo espero, porque no puede un criado servir a un enamorado, sin gracia para Loquero. Lo huvéis visto ya? Ay de mí! tarde su dolor aguardo; pero Cielos, yo hablo así? o como en la voz vertí los celos en que me ardo! Incurable está su herida. Rebelde está su dolor desesperando mi vida. Pues di, beldad presumida, que malte está a ti su amor? Que elección te hace deidad, con proceder más injusto su obstinada voluntad, si no es lisón a a tu gusto, no es triunfo a tu vanidad? De la hermosura dejemos cuestiones, que den enojos, cuando en competirnos demos, que la mía, donde ay ojos, no necesita de extremos. Y si se ve más la mía en esta pasión celosa, mi beldad aspiraría a ser solamente hermosa de Orlando en la fantasía. Mujeres tan elevadas, desdeñar menos debemos el ser así idolatradas, porque nacemos guardadas en lo mucho que nacemos. No deben ser en amor crueles las enterezas, siendo el desvío mejor, que es muy cobarde el rigor, que se asusta de finezas. . Melisa, no hay esperanza en otra alguna experiencia? Ya mi ciencia no la alcanza, si él no encuentra su templanza, escondiéndose en la ausencia: ya celoso se ausentó, y así a estorbar sus extremos vamos. Ay de mí! que no espero que lo logremos. Volveré sin juicio yo. Dónde, sin vengarte, corres conmigo? Cómo podré, si ignoro donde esta ingrata está, y antes a correr vuelvo el Orbe, no en su busca, como antes, hizo mi fe, sino a huir de buscar en toda la redo para mi ausencia, y zar tan oculto, que no esté expuesto ni a oír su nombre; y pues el bosque que ves aún al Sol se le este hurtando el trondoso anochecer y el negro verdor de tanto melancólico cipres, que a la luz que entrar procura, más es muralla que red. Con una ociosa fatiga en su quietud viviré, donde olvidaré a esta ingrata en tanta soledad, pues en quietud tan horrorosa, y en tanta seledad, quien ha de acordármela? Yo. Cielos, aquí hubo de haber quién me inquietase, quién eres? vago acento que escuché. . Soy el Pensamiento tuyo, alado monstruo, que sé los abismos penetrar, y las esferas correr Monstruo, que monstruos concibo en ideas, y de quien no hay imposible seguro, ni aún dentro de la esquivez, nieblas de varios colores mi rostro ocultan, porque tan veloz soy, que el pensar acaba en desvanec e Precisa alhaja soy, acosta de su fe, porque no tienen más mal que el dejarme a mí en su bien: y así el curso detén, porque a mí no me puedes dejar, aunque me quieras perder. Ya que me has de acompañas por fuerza en mi ausencia, ven: y puesto que no hay amante que ya el pesar, ya el placer no consuite al pensamiento, dime una verdad, Si haré, aunque sé decirla a pocos; pero si mentira es la que hago a veces pensar, también la esfuerzo a creer. Mi amor intenta conmigo mis razones deshacer, y yo procuro cegarme y ensordecerme también, por si puedo iguorar algo de aquello mismo que sé: Llégate, no pueda el odio nuestra plática entender, que huyendo de mi razón mi rendimiento cortés, para buscarla disculpas procuro guardarme de él, podrá esta dulce enemiga disculparse? Puede ser. Bien hayas tú; pero dime qué disculpa puede haber sobre no poder dudar que está ya en otro poder? Ninguna. Mal hayas tú, aleve, y traidor. Por qué? No dijiste que podría hallar disculpa. Y no ves, que a pensamientos celosos, porque más varios estén, solo toca el vacilar, sin llegarse a resolver Qué hará mi Angelica? Yo lo representaré a tu idea, pues no ignoras que sé Palacios hacer, machinas sé fabricar, ilusiones proponer, y que mágico interior mutaciones correré de infierno, gloria, Palacio, piélago, bosque, y bergel, y aún de vagas fantasías, que nunca pudieron ser; y así a tu pregunta en ti visible he de responder, pues con especies, que de ella, desde que la vi guarde, te diré lo que imagino, que puese ahora suceder. i , Fuentecillas no corráis, vientecillos no inspiréis, Yo pajarillos silencio, quedito, músicas, hojas, pásito, ce, ce, ni os desatéis en bullicios, ni en suspiros murmuréis, los dulces picos callad, las ramas enmudeced, quédito, pásito, callad, y atended, que duerme mi amor, y descansa mí bien. Oh pensamiento traidor, yo de tu encanto huiré. No podrás, que sé arrastran a quien me empezó a tener. Pues por qué me representas mi mal pudiendo mi bien? Porque no siempre me puedo de la verdad esconder, y pensamiento de un noble, por más que resuelto esté a ir huyendo de su agravio, siempre va a parar en él. . Fuentecilla bulliciosa la risa de plata ten, que te hiela el murmurar, quien te condensó el correr. . Airecillos sonorosos el susurro suspended, con que organizáis suspiros a las ramas de un laurel. . Pajarillos no celosos, en dulces quiebros cantéis las alboradas de pluma al joven amanecer. . Músicas hojas callad, y en sordo rumor haced los murmúreos de gemir, arrullos de adormecer. Fuentecillas, no corráis, vientecillos, no inspiréis, Se ha dormido? Sí señora. Pues blando letargo fue de la confusa armonía el dulcísimo tropel, proseguid el lento ruido de la suavidad, porque a quien con cantar dormisteis, con callar no despertéis; pues en la idea, rumor le podrá el silencio hacer, ni aún el aliento es ruidoso, según le miro mover con blanda respiración, sus dos hojas de clavel: o quien a su fantasía pudiera vestir mi tez, para que aún en el soñar, no me dejase de ver! Si te hacen ruido mis ojos, como dijiste tal vez, ya que ocultando los tuyos en señoliento desdén, enfordeces tu semblante, mi vista enmudeceré. Quien a las auras pudiera, porque más lentas estén, dejarlas el inspirar; dejándolas el mover! Ternísima estás, señora, y para propia mujer, ya es dulzura fastidiosa, que amor de casados es un dalcecillo casero con sus resabios de miel. Y esto, cómo no te irrita? Ay! y cuanto mejor fue la inquietud en vacilar, que este sosiego en creer, Cielos, ay de mí! Qué escucho! que le oprime, al parecer, de un funesto sueño, alguna perezosa pesadez. Mi bien ni penas soñadas te quisiera dar, porque, aún lo que en ti imaginar, en mí será padecer. Por qué con nieblas me ocultas el rostro a ese hombre? Porque lo que nunca vi, no puedo copiar, si no comprender; y así, solo un Africano galán, te representé, sin que acierte con su rostro mi fantástico pincel. Fuentecillas, no corráis, Infeliz; pero qué miro! ay Ámpelica! ay mi bien! halle sagrado en tus brazos una ilusión, y aún no sé si podrá tanto gozar, desmentir tanto temer, Ya esto no puede sufrirse, Odio, pedazos haré a mi Pensamiento mismo, pues se entró Medoro en él, y yo no he de perdonarle a donde quiera que esté. Toda esa vaga ilusión, al aire desvaneced. Silencio, quedito, callad, y atended, que duerme mi amor, que descansa mí Por qué ahora me le ocultas? (bien. Si antes con tirana ley a imaginar me forzabas esta ilusión? Fuerza fue, que dejases de pensar de tu mal en lo cruel, si todo el imaginar pasaste al enfurecer. Pues traidor, si he de ausentarme, porque no pueda otra vez representarme tu magía los celos, que yo engendré, he de ausentarme sin ti: quedate. No puede ser. Pues de qué me sirve huir? De qué sirve interponer entre mi agravio, y mis ojos, las distancias que volé? Si tú siempre has de seguirme, y con perspicacía infiel, las ofensas más distantes sabes, no solo atraver pero el óptico cristal, con que tu aprensión las ve, cuanto más lejos las mira, tanto las hace crecer? Si en mi pensamiento traigo conmigo mi mal, de qué sirve huir, pues no hay lugar, que de él me pueda esconder? Qué importa que mude lecho el enfermo, si con él va siempre arraigada al alma la siebre que le hace arder, y está toda su aprensión encendiéndose en su sed? Qué importa que huyendo vaya la mano que le hirió, quien va tremolando las plumas del bibrado arpón cruel, y le hace más penetrar el impulso del correr. Qué importa que de la Cárcel huya la odiosa pared, quien hollando su delito lleva la cadena al pie? Y si ya el veneno traigo, que llegué incauto a beber, qué importa que el vaso huya, dónde el tosigo agoté? A los hermosos jardines de Melisa he de volver a preguntarle, si sabe donde se oculta mi bien, donde mi Angelica está, que más quiero su esquivez presente adorar, que no ausente comprender. Ya sé que es ajena, ya toda mi desdicha sé, mas no deja de ser verla, el verla en otro poder. Odio, qué dices? Qué vuelvas, que siempre mi parecer es, no el huir, y olvidar, sino el ver, y aborrecer. Y tú, Pensamiento? forzado te volveré donde ella está, pues Melisa (como espiritulo sé, no como su pensamiento) la tiene, y no has menester andar mucho, que en su encanto. ha sido quizá también fantastira la distancia. de este bosque a su verjel. Pues a Melisa volvamos; y pues arrastrao me veis del Pensamiento, y el Odio, flores del verde plantel, troncos de la selva umbrosa, luces del azuldosel, nadie se ausente con celos, cuyo buito es al reves. de los cuerpos, si a la vista los lejos le hacen crecer. Nadie se ausente con celos, que aunque se aleje tal vez si lleva consigo el Odio, lleva el agravio también. Nadie se ausente con celos, que aunque se aleje tal vez, si su pensamiento lleva él le arrastrará a volver, Toda fiesta, y alegría sean la noche; y el día, Músicas todo, y todo primor, sin que alcún dolor lo impida, pues se marchita la vida, antes que el Alba comience a ser flor. z Tan presto habemos llegado! Que te admiras, si corremos con mis alas. Qué festín será aquel, ay Santos Cielos, como mi pesar se asusta. de cualquier placer ajeno. . Aquel ruiseñor ausente, cuyos blandos tristes ecos, aunque su queja endulzaron; no suavizaron sus zlos, olvida en fin sus ansias, cansado de lamentos. y cláusulas trina de armónicos quiebros aquella Tórtola viuda, que con su canto funesto, en tristes voces vestía, lutos del oído al viento, nuevo consorte admite, y en más suaves metros el tálamo arrulla. con amantes gorjeos. Esta yedra, a cuya copia cortaron el olmo excelso dejando heredar al Sol la sombra que hizo primero. A aquel laurel corcano, tendiendo sus renuevos, en dociles lazos. le da nudos tiernos. Esta fuente, que a la imacen, de quien se miró en su espejo, fingió en sus hondas viriles de los cristales más tersos: también cuando otro rostro llega a mirarse en ellos, en jóvenes risas, copia los reflejos. Todo se muda, todo se acaba, si el bien se nos huye, los males gastemos: tenga dolor antiguo, cuidado nuevo, porque esto de lo firme, es atributo más propio de un peñasco, que de un pecho. . 1. Orlando, en fiestas, y bailes divierte tus males, puesto, que el ruido, y bullicio, si el mal no destierran; le estorban la quietud al sentimiento. . 2. No con tu dolor a solas estés diviértete cuerdo, acude a festines, pues no hay enalos males; cosa más peligrosa, que el sesiego. Aquí hay muchas hermosuras, que atenderán a tu ruego atiéndelas tú, que de amor en los males, con un afecto se olvida otro afecto. 1. Las bellezas, que aquí miras, te ofrecerán digno empleo, pues tu elección te tendrá más dudosa que su hermosura te tiene suspenso. Toda fiesta, y alegría sean la noche, y el día, . . Te has divertido? Ay Melisa! y como en mis ansias veo lo poco que de ellas sabes, pues pretendes que con celos, ya que del amor me olvide, me olvide del sentimiento! Qué importa que dentras Damas, me ofrezcas halagos tiernos, si a mi amor ningún cariño parece, cómo aquel ceño? En todos estos festines, se hallará como extranjero el gusto en mi dulce ingrata, echando su Patria menos, y todas las diversiones. se me volverán acuerdos. Este es el mayor peligro, que en su adversidad tuvieron soberanas elecciones; pues no hallando otro sujeto tan igual, en rostro alguno se halla a su falta el consuelo, y es infeliz el cuidado, porque fue sumo el acierto. Ya de mi ciencia procuro tentar el último medio: una sombra de Medoro fabricad, que haga desprecios a Angélica, por si acaso. con la venganza le templo. Déjame, mujer, qué intentas? El bien que logré en tu empleo, quieres que de muy continuo se introduzga va a molesto? deja que de ser dichoso descanse un poco el contento y que conozca la dicha, el rato que no la tengo. Mi bien, si ansiosa te adoro, qué puedo hacer, cuando temo, que si no te estoy mirando, mis ojos te van perdiendo? No es esta Ángeliza? Sí. Y quién es aquel grosero desvanecido? Medoro es, templa Orlando tu incendio, pues la desprecia. Ay bien mío! en tal estado te ha puesto tu elección? un Africano, desdeña con tanto imperio lo que yo con tanto amor a costa del alma pierdo? cuando no te diera muerte, o atrevido por mis celos, por este desprecio solo lo hiciera, muere. Tente Orlando, Tú de mí le defiendes, este empeño me irrita más. No le mates. Tú, Odio, que tan Sangriento me aconsejabas vengarme, oponiéndoré a mi esfuerzo de defiendes? Sí. No harás. Si haré. Quita, mas qué veo? la Máscara con la lucha se te cayó, y ahora advierto que eres amor. Es verdad. Cómo traidor encubierto estás con Máscara de Odio? Como el querer con deseo de venganza en los amantes, es tan equivoco afecto, que siendo un amor rabioso parece aborrecimiento, Que a ella diese muerte, no me aconsejabas severo? Esa fue fineza airdaa, hija de un cariño tierno, que de un amor ofendido es ira el primer consejo. Yo te volveré a buscar con armas, este es pretexto de desvanecer la imagen, que di de Medoro al viento. Seguirete. No le sigas, si algo contigo merezco que no es amor, el amor, que poco advertido, y cuerdo, por esforzar la fineza quiere arrumar el objecto. Medoro no tiene culpa, para que intentes tan fiero en él vengarte de mí, mueva si quiera tu pecho con el llanto que derramo la primer piedad que vierto. Aguarda ingrata, no llores, que aún en la tragua que siento en el alma, a fuer de fragua, con agua se aviva el fuego, en una lágrima tuya naufraga todo mi esfuerzo lágrimas tú, vida mía, desde cuando acá aprendieron piedades tus ojos, ay, y como es hechizo nuevo este, por ser la primera señal que en ti experimento de humana, mas si por él sen, para qué me enternezco, si aquí cualquiera cordura parecerá sufrimiento? buscarle quiero, y huirla, mira ingrata lo que has hecho, todo mi valor infamas con tu dulce llanto, puesto que huyo; porque mi valor tiene de mis ojos miedo, y temo, porque no llores, sufrir a Medoro, Cielos, libradme de mis piedades, pues de las suyas me ausento, y mira, adorada ingrata cual debo de ir, pues si llevo el odio vuelto en amor dejo en ti mi pensamiento. Para que tu quieto vayas en ma la parte me quedo. Ya de Angelica la sombra fingí, sin ser de provecho mi astucia, qué es lo mandas? Qué desvanezcas el bello bulto, que al aire vestiste de Angelica. Ya obedezco. Astolto? Qué es lo que intentas? que tus experiencias, viendo desengañado de que no bastará humano medio a sanar a Orlando, a dar el aviso a Paris vuelvo. Toda via has de aguardarte, que poco tiempo perdemos en intentar por locura curarla, no distinguiendo que sea afección del alma ya, si no infección del cuerpo, La Luna, humedo Planeta en el humano cerebro tiene dominio; este es del juició Corte: y asiento, de donde se ha originado, que lunáticos llamemos, vulgarmente a los que viven de aquella región enfermos: los nebulosos Palacios. de la Luna penetremos, tú en el hipogrifo, y yo en un dragón, que el Aberno abortará a mis conjuros, pues demás de que en su centro se guardan todos los juicios, que en el mundo se perdieron, como en la esfera de aquel Planeta, que influye en ellos; en los montes de la Luna, muchas hierbas hallaremos, que el temple de la cabeza fortalezcan. Aunque creo que han de ser esos Palacios fantásticos, no pretendo que con mi pereza excuse la fortuna sus defectos, por si alguna alegoría se oculta quizá en el belo de esa ficción ingeniosa, pues no repugna a lo cierto ser artificioso el modo, siendo verdad el remedio: al hipogrifo. Al dragón. Bruto alado. Monstruo fiero. 2. A tu ligereza fío la seguridad, y el vuelo. Los vagarosos Palacios del concayo de la Luna, gira el tiempo, y las tres parcas su niebla habitan confusa. Atropos en los alientos hila el estambre que anuda. . . Lachélis va debanando la sutil hebra caduca. . Que con su dura tijera romperá Cloto sañuda. 3. Pues al torno del tiempo anda la vida en el concabo Alcázar de la Luna, . A mí, luciente debdad, que la oscuridad nocturna, ya nobulosa platea, ya caliginosa alumbra, densos vapores componen en vagas nieblas, que ahuman de explendores bulliciosos salomónicas columnas, tirando a tornos la esfera su móvil architectura de la plata, que yo engendro forma solidas molduras. Todos los cuatro Elementos, que en oposición aunan, en mis Palacios engasta el globo que los círcula. Pues al torno del tiempo, . O tu tiempo, que en veloces alas de invisible pluma, girando la esfera a tornos, círculos de vidrio surcas. Tú, que siguiendo del Sol la carrera en veloz fuga, impresa en Signos, y Estrellas dejas la planta caduca. Yo por el juicio de Orlando vengo a ti, porque se arguya, si en su locura es verdad, que todo el tiempo lo muda. De los humanos remedios mi ciencia le deshaucia, sin que a su dolor le quedo más remedio que tu cura. Absorto estoy, biendo cuanto aún estas nieblas me alumbran. , . Y que al torno, . Mortales, si Orlando, ansioso el afecto remedio le busca, atended lo que el Tiempe os advierte, que solo del Tiempo. los hombres estudian. Estos vidrios que veis engastados en nieblas confusas, que iluminados de varios colores encienden la vista, y los ojos deslumbran, contienen los sesos. de algunos mortales, que varia la Luna en influencias al celebro humano, altera mudable, o húmeda chupa. Este de Orlando es el seso perdido, que aquí se sepulta; porque el juicio que amor le ha quitado el tiempo en su curso se le restituya; y así sin dejar mi esfera volante desciendo a esta cura, puesto que envuelto, aún en vuestros alientos entre vosotros el tiempo se oculta. , . Pues al torno, . Ya que visible esta idea mi encanto al mundo produzca, y no es objección que aquí lleguen mortales siguras; porque dentro de de este globo toda la tierra se funda, cuantos ocultó mi encanto dentro de mí misma gruta, salgan aquí con Orlando, aprisionando sus furias mis espíritus. 2. Veloces tus órdenes ejecutan: Cielos, qué violencia es esta. Aquí anda el diablo sin duda: De qué letargo despierto? y qué ilusión me perturba? Qué nueva experiencia es esta? Qué intenta tu ciencia astuta? Mortales, no la verdad. esta ficción nos confunda, aquí está el juicio de Orlando que el tiempo sabio procura volverle, Cómo? Atended: Tu ciencia, Melisa, nunco se engañó, las persuasiones, que su entendimiento apura, el odio vuelto en amor, que el Olvido le estímula, la ausencia que le aconseja, como vencerá en la fuga la diversión de otras Damas, que alivien el pesar de una, son eficaces remedios para sanar su locura; pero han deser por mi mano, Melisa, y no por la tuya, porque aplicados sin tiempo mas el peligro apresuran, ven conmigo Entendimiento, ya que contigo se aunan, Pensamiento; Olvido, y odio, y veréis que su sañuda cólera todos templáis, volviéndole por mi industria el juicio, sepan los hombres, cuando más remedios buscan, que locuras de los celos el tiempo solo las zura. Ya llegamos. Ay de mí! dónde estoy? de que profunda suspensión recuerdo. Orlando, cuanto mejor es que acuda tu fama a Paris, que en tantas olas de sangre fluctua, allí te llama tu fama. Y aquí en ocios te sepulte el Olvido. Y a tu ingrata a ajeno dueño tributa su favor. Tu Pensamieto, no ha de abatirse a que sufras de una mudable deidad la esquiva condición dura. Decís bien, vengan mis armas, que un necio afecto me usurpa los elogiós, que mi fama en mis estatuas abulta: A socorrer a Paris voy veloz, no digan nunca que por celos, de mi fama se divorció mi cordura. Veis como aprovecha ahora todo lo que antes se frustra, Pues para decirnos en suma, que el tiempo cura los celos, era tanta varahunda? venlo aquí dicho más preve. Astolfo, Armelina, juntas hoy todas las dichas vienen. No habrá para mi ninguna, como verte Orlando bueno. Esa es mi mayor ventura. Allí está Angelica, Cielos, que poco ahora me asusta verla, hay Armelina, cuanto descansa en ti mi fortuna, conociendo cuanto es más tu lealtad, que su hermosura. Ya con lo que ves, Medoro, de tu peligro segura, contigo a mi Patria vuelvo. Nada mi amor te pregunta, que aunque nada entiendo, infiero de tantas cosas confusas, que tú eres, en fin quien eres, y mi sosiego procuras, pues de ti, ni de mi puedo formar presunción injusta. No se olvide el brazalete. Ya he dicho Bato que acuda? a mi Quinta. Donde intento que mi fe me constituya tu esclavo, viendo que antes que yo me ausente, me anuda a tu cuello de Himeneo la siempre dulce conyunda. Qué más falta? Que antes que la machina se desuna del fantástico Palacio, en que Melisa conjura, sus espíritus el tiempo, esta tijera sañuda quite a la parca, que en años. de Majestad tan Augusta, no tiene jurisdicción, porque apar del tiempo duran, y aún más allá de los siglos volará la fama suya. Y desvanecido todo el encanto, que en mi gruta fabriqué en este argumento, que el Ariosto dibuja en el Poema en que canta de Orlando las aventuras, visiblemente en ficciones, cómico ingenio divulga, que las locuras de celos. el tiempo solo las muda, diciendo al desvanecerse las vagas architecturas. . Que a los tornos del tiempo anda la vida en el concabo