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Texto digital de Como noble y ofendido

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Atribución tradicional
Antonio de la Cueva
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Como noble y ofendido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/como-noble-y-ofendido.

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COMO NOBLE Y OFENDIDO

JORNADA PRIMERA

Muere. Traición semejante sabrá castigar mi acero: no huyáis, villanos. Yo quiero seguirlos. . Tente, ignorantes que has de hacer tú? A cuchil ladas, pues es mi capa en la empresa, de esta canalla la presa, hacerlos diez mil tajadas. Qué dices? . Pues que mi agudo valor, a pesar del astro, no los siguió por el rastro, tirándoles a menudo? Y aunque es. Sabado, livianos temores no dejé ardiente, diciendo al pecho valiente, para ahora son las manos? Calla, cobarde. . Ahora hallo que no estimas mi altivez. Que calles digo otra vez. Digo, señor, que ya callo. Ay de mí! Ventura ha sido haberte errado, señor, el tiro. . Lo hizo el temor del que pretendió atrevido lograr su intención. . Fue loca, y del caso me confundo: quién, di, se ha visto en el mundo libre de una mala boca? Que cuando de Flandes llego a Madrid, mi Estrella esquiva de esta suerte me reciba! Señor, no el discurso ciego de este contingente error te prive de tu sentido; pues se ve que aqueste ha sido un acaso. . Mi valor, nanca a cobardes enojos se ha redevido: y pues ya que en la calle de Alcalá. Oh suspensión de los ojos! Estamos, al Caballero de Gracia pasemos, pues la casa de Don Pedro es a lo último. . Verdadero; y si no amigo, por Dios, te es Don Pedro de Toledo. Mucho le debo. . No puedo (aquí para entre los dos) debar, señor, de alabarle, pues cuando (qué maravilla!) tú a Don Carlos de Padilla. le diste muerte en la calle de Atocha, sobre la suerte del juego, osado, y brioso de tanto vracan furioso de Alguáciles, y tan fuerte tormenta de cuchilladas, con solo su valor, cierto, te sacó a seguro puerto, dejando a todos burladas. sus pretensiones. . Su brío es grande. . Y su acción honrada: Mas di, porqué en la posada dejamos, a pesar mío, las maletas? . Por no dar ecasión a algún ocioso, de que pregún te curioso, si acaso nos viese apear en la calle, quien soy, pues no conviene. . Así es forzoso. . Ataos la herida. Este es, muera. Oh qué donoso en este caso es él es. Aunque sois tantos, mi es sabra daros el castigo. Qué dices de aquesto? . L que es fuerza haber quijorada. Así me he de defende Qué valor! . Vamos de a antes que haya fiesta. . A mí me toca el favorecer a este hombre. Linda paciencia. Ya tenéis a vuestro la quién os ayude restado. Yo piadoso a esta pendenci he de vestir con donaire, porque soy muy atrevido, y le he de dar un vestido; todo con puntas al aire: mas por Dios que temerario mi amo en la cuadrilla fiero da que decir al Barbero; y que hacer al Boticario. Muerto soy. Así, traidores, un noble toma venganza. Huyamos, que a tal pujan no hay resistencia. . Señol la calle abajo su talle anda imitando a Faetonte y si aquel fue un Rodamo aqueste es un rodacarle: o espadilla, y que atrevida en todo te considero! a quien le debo la vida. saber quisiera. . Yo soy in forastero. . Menguado. . Que hoy de Flandes he llegado. De Flandes? de enojo estoy tiego, porque en él está Don Felix, aquel tirano q que le dio muerte a mi hermano Don Carlos. Seguidle ya, qe que la calse abajo echó. Esta es la ronda. Yo muero. Perdonadme, Caballero, e porque habiendo un muerto, no que está bien ser conocido: qduedad con Dios, que ya haré por buscaros, y os veré, que soy muy agradecido, ̱. Eso no, que mi valor solo no os ha de dejar, sin que quedéis en lugar seguro. No table humor casta mi amo, pues la banda ledió, y le sigue atrevido. En la casa se ha metido del Embajador. . Bueno anda. Por más que apresuré el paso no importó mi diligencia, . pues antes que la justicia llegó a la casa, y fue fuerza letirarme. . . De la calle ningún Ministro haga ausencia. Ya hasta mañana no es fácil . que a este Caballero vea, por el peligro en que estoy: o cuanto mi valor diera por conocerle, y saber la causa de la pendencia! pero mañana no es tarde. Qué hay, Lenguado? Liuda flema: qué quieres que haya? por Dios que me pesara que en esta ocasión sea pescado. Aquesos recelos deja, y a ver vamos a Don Pedro. Quiera Dios que no suceda otra aventura. . Envidioso voy de ver con que destreza de tantos se defendía. Cierto, señor, que me pesa de escuchar cuanto le alabas, sin ver que no es verdadera valentia, aquella a quien siempre le dan. . Esa es necia opinión entre ignorantes, pues es muy clara evidencia, que cuando un hombre brioso anda en cualquiera refriega, no deja de ser valiente, porque dichoso no sea: fuera de que siendo tantos, y habiendo un muerto, no llega nadie a dudar; pero aquesto no es para ti. . Pues paciencia, y no dilatemos más el irnos. . Aguarda, espera, qué ruido es aqueste? oces Fuego. . Fuego. Lances de comedia parecen estos, los diablos andan sueltos. Que se quema toda la casa. . . Oh infelice de mí! pues quien me defienda de las llamas no hay. . Fortuna, ayudame tú, no seas tirana para el alivio, pues lo eres para la queja. Valedme cielos piadosos! O qué infelize rragedia! Esta que escucho, es mujer, y pues mi valor me alienta la he de socorrer. Qué haces? Quita aparta. . Considera el empeño a que te pones, y el peligro a que te arriesgas. Quien a voces de mujer el brío, y la piedad niega, . Pues llévenme mil demonios, si yo allá fuere. Soberbias, llamas el fuego respira. Agua, agua. . Qué quimera! Callad, porque es imposible que os falte, estando tan cerca (a pesar de San Martín) mas de veinte y dos tabernas. Mal año, y el fueguecillo. con qué buen aire se empreza; parece que está enojado con la llama, pues la echa por cima de los rejados. Ahora bien, a mi destreza. aquesta empresa la fío: yo he de matarle, aunque venga echando chispas; la espada saco, y con gran ligereza le doy aqueste rebés poniéndome en línea recta, porque no me pueda entrar. Mas reparo que se aumenta mas con esto; yo sé qué si con el tajo le diera, que no viviera una hora. Gracias al cl lo que vuestra vida pude redimir de la paborosa fuerza de ese mo estruo, que en horrores va aún más allá de su esfera. Ven aquí, porque no es malo saber: ah señor. Qué intentas? Mas desmayada en mis brazos, d el susto está: qué perfecta hermosura! qué prodigio! O tú, divina belleza, que su de un fuego te libro, en otro fuego me dejas! Como tan presto (ay de mí!) has trasladado a mis venas este ardor, que aunque consun parece que lisonjea? Pero qué pregunto, cuando no será la vez primera, que quien no temió el peligro halló el peligro más cerca? Jesus! pero como vos, Vuela yo así, de aquesta manera, en vuestros brazos. Ya el fuego ha cesado. Que de verás se oirán en aqueste paso mil majaderias tiernas. Señora, al incendio debo ser mariposa de aquesas. luces vuestras, ser Atlante de un cielo, cuyas estrellas, nada hay en mí que no influyan nada hay en mí que no venzan Un atrevimiento hizo (en medio de las violentas iras del fuego) felice mi ventura: quien creyera que allí vuestra luz me alumo con lo mismo que me ciega? Aunque en este sobresalto tantos pesares me cercan, la obligación reconozco, y de la lisonja atenta, aunque fui capaz de oírla, quedo incapaz de creerla. ̱. Pues porque? . Porque no obligan padil cortesamas discretas; i mal puede enamorarfe, os quien tan presto lo confiesa. Al Sol, Lucero del día, que en incansable carrera, el mundo ilumina a tornos, yel cielo a giros rodea; cuando más se constituye tú esa diáfana esfera, por rayo mayor de todos, suns ypor. Rey de las Estrellas: un caligmoso eclipse de interposición grosera, todo el esprendor le empaña, oytodo el candor le ciega. Almar, gigante de nieve, cuando en su quietud serena es espejo de ese globo, yes suspensión de esa idea: impensado torbellino, s despedido de las recias jurisdicciones del Boreas, santo levanta las crespas guedejas del agua rizas, que parece que las peina el Sol con peines de plata, porque tanto al cielo llegan, que suben montes de espumas, y bajan montes de perlas. La tierra (que haciendo a Flora emulaciones diversas) si allí una rosa concibe, aquí mil flores engendrá: cuando por verse lozana. de su humildad no se acuerda, y en alfombras de jacintos pone almohadas de azucenas, Repentino terrémoto, que de marar que le tiembla, rompe sus entrañas duras, en cuyas concavas cuevas, hallan las flores sepulcros, en monumentos de arena. Mirad vos si aquestas cosas, que de nada se recelan, hallan su fin, que haré yo que entré libre, y saqué presa el alma de haberos visto? Y así no digáis resuelta, que no pude enamorarme, cuando dice la experiencia, que se reduce a accidentes el Sol, el mar, y la tierra, De lisonjero os preciáis? Lo que he dicho es evidencia. Sobre deberle la vida, tan discreto! quién confiesa la obligación Caballero, si no págaros la deuda, sabrá estimarla. Ha cuidado, . cese tu injusta violencia. Si de piadosa gustáis que ya viva por la cuenta de vuestra hermosura quien. Don Quíjote de la legua parece mi amo, aunque no tiene malas vigoteras la tal dama, vive Cristo. No desairéis la fineza que habéis hecho, con querer tan presto la recompensa; y decidme vuestro nombre, para que yo os agradezca a uesta piedad? . Don Carlos me llamo de Abellaneda. El nombre fingido ha dicho. Hija, Leonor? . Padre? Llega a mi pecho. . Qué hay, Ines? Que como te vea buena, lo demás no importanada. Y mi hermano? . aquesa pena suspende, porque yo sé de Toribio, que está fuera, y que le espera a las doce. . a No lo creo? qué sucedan en Madrid tantos acasos en menos de una hora! . Piensa que todas las Cortes tienen infinitos, y más esta, que es la mayor de la Europa. Y no dices la más bella, donde el valor, y el ingenio, siempre andan en competencia? Señor, al señor Don Carlos la vida debo, pluguiera al cielo que antes del fuego hubier a sido pavesa. Siempre que este nombre escucho de mi hijo Carlos, se acuerda la terneza de mi afecto. . Ay Leonor! cuanto me cuestas ya de suspiros. . Señor Don Carlos, si quien se precia de agradecido, y de noble. Excusad, por vida vuestra, cortesanas, ceremonias, que hacéis a mi honor ofensa, en que fineza presuma lo que en mi opinión es deuda, Mucho dolor de tus iras temo, en mudezca la lengua, . y válgame mi recato. Dígame, señora Reina, 3. porqué no se dejó usted abrasar, para que fuera yo también como mi amo animoso a socorrerla, siendo en esta nueva Troya, yced Creusa, y yo Eneas? Porque soy gorda, y ninguno sacarme podría acuertas. No más que por eso? . No Pues de la duda no temas, que ninguna, aunque sea gord deja de tener flaquezas. Muy promta, señor, mi cas hallaréis, siempre que de ella os queráis servir. . La mano os beso, por tan inmensa merced. Ay Leonor hermosa Ay Don Carlos! quién pudio mas cómo de mí me olvido? Concededme ahora licencia (puesto que se acabó el fuego para recogerme. . Esa la tendréis muy de continuo para mandarme. . Qué Juene se hacen estas cortesías: son de Gétafe las leguas? Quedad con Dios. El os guarde: Leonor, el alma me llevas! Yo no sé (ay Leonor!) que es él que tanto el pecho me altera! as Yo os buscaré. . Yo vent a veros. . Lo que me pesa es, que Alonso tarde tanto: hay hijos! quién os desea! ADios, señor Lenguado, A Dios, Inés, buena pesca. Mucho a este dolor me post Hombre del diablo, que esper a qué aguardas? solo esto nos faltaba! considera que tocarán a Maitines: Aa mí señor? él se eleva! qué es lo que tienes? . Lengua un mal que me lisonjea, un fuego que no me abrasa, una desgracia que alienta, un ahogo que suspende, un martirio que deleita, un no sé qué bien hallado, un que sé yo que recrea: y para decirlo todo, llengo amor; porque estás señas son las que el cariño estudia en la amorosa academia. ̱. Puesto que has dicho tus males, descúchame ahora mis penas. Lo primero que yo tengo les, un miedo de potencia, un zapato descosido, sn calzón lleno decera, una volsilla sin blanca, que trato como una negra, una guna de acostarme, un tobillo en una pierna: y para decirlo todo, tengo una hambre, que comiera cuanto el apetito estudia, tu una llena despensa. lCalla, necio. . Si haré, y stallando, iré, aunque no quieras, haber a Don Pedro. . Vamos. Leonor, mucho me desvelas: . quen pensará que a un descuido antos cuidados siguieran? ̱. Yo, porque somos los dos por su camino) dos bestias: lálgate el diablo por fuego, por pistola, y por pendencia. ̱n . Cual más gloria ha merecido enel amante cuidado, quel que ama despreciado, del que ama favorecido? Vuelve, Elvira a repetir quesa proposición, que entregada a mi pasión, no la pude percibir, Yo al menos no me acomodo. aresolverla ingeniosa, porque es muy dificultosa, Cómo dice? . De este modo Cualmas gloria ha merecido, Y que sientes tú? ̱. Que adquiere mas mérito el despreciado, porque vive su cuidado cuando su esperanza muere. El correspondido alcanza en su amorosa asistencie, a un tiempo correspondencia, sin dudar de la esperanza. Luego si uno al premio áspira, y otro solamente a amar, mas bien se le debe dar al que al interés no mira? Antes, Elvira, se extrema aquese de interesado, pues se ve que lo que ha amado, no es de amor, si no de tema. Como sin favores lidia en su desvelo oprimido, de ver al favorecido, crece a su anhelo la envidia. El correspondido, amando (las finezas posevendo) si otras no se ve adquiriendo, estas está conservando. Luego en aqueste sentir, nadie me puede negar, que es más gloria el conservar, Elvira, que el adquirir. Yo, como sosisterias no se, no te contradigo; y así el probiema no sigo: mas dime, por qué estos días con Don Pedro; tu constante amante, te enojaste tanto? que de verdad que me espanto de encontrarte cada instante, por cualquier descuido leve que haga el pobre Caballero, celosísima. . Es que muero por él, y pienso que se atreve, como se juzga querido, (do a ofenderme. ̱. En fin, yahas da en eso, y siempre habrá enfado entre los dos. . Di, has sabido, amiga, como Don Diego mi primo, mi mano trata con mi padre; aunque yo ingrata he despreciado su ruego? Sí, biendo sé. Espera al, Fabio. . Tu criado soy. Qué no haya podido hoy ver al Sol que me rendí? Tres años ha que a Leonor amo, constante, y rendido; y siguiendo la ha venido desde Sevilla mi amor a Madrid, donde ha dos años que estoy, sin que en este empleo haya visto mi deseo mas que injustos desengaños. Y así hallándome ofendido de sus rigores, intento de mi prima el casamiento; pero allí está. Ya he entendido. con él no pretendo hablar: . ven Elvira: . Nada medro. HAy mi querido Don Pedro. Bueno queda. . Reparar en mi no pudo, y pues hoy prudente a Leoner olvido; por si Isabel me ha admirido, a hablar con mi tío voy. . Señor, suspende, mitiga de una vez tantos enojos, no se introduga en los ojos esa ignorada fatiga: qué tienes? qué ha sucedido; habla ya, que si un cuidado suele matar declarado, (ameños) no mata escondido, acaba (dilo) señor, pues con tu melancolía hacesa la pena mía el sentimiento mayor, Si de anoche el accidente ocasiona ti desvelo, no te aflijas; pues el cielo (qué soberbias no consiente) permitió que no pasase adelante su rigor, haciendo en aquel horror, que ninguno peligrase. Solo con migo ofendido anduvo, pues en tal calma; porque se rindiese el alma, me dejó libre un sentido. ̱ . No procedo, no, Leonor, mi pesar del fuego, pues otra su mayor pena es, otro más fuerte el dolor. Sácame (pues oprimida estoy) de esta duda atroz, y débale yo a su voz, el alivio de mi vida. Sabe, que anoche tu hernm (cuando a casa se venía) a un hombre mató, hija mía y el herido en una mano está, no sé (pena fiera!) como con tal sentimiento no pierdo el entendimiento? y más si se considera, lo que en la Corte, Leonor me sucede, después qué por conveniencias mude (bien acosta del dolor) de Sevilla aquí mi casa, hviendo infeliz, pasado primero (aqueste cuidado el corazón me traspasa!) la muerte de Carlos mi hijo; que aunque su alta condición tuvo siempre inclinación sollanto! mucho me asijo) a despreciar con rigor mi apellido (que declara) por tomar (oh pena rara!) el de su madre; mi amor no puede, Leonor querida negarte, porque te asombre, que en mi terneza su nombre, siempre venueva la horida. Señor, ya Carlos murió, ya ha dos años que en Madrid estamos: oyos, sufrid; pues qué me consumo yo. . Ya de Sevilla mudanza hiciste, prudente, y sabio, y recatado al agravio, procuras tomar venganza: muera, pues, Don Felix, piensa contra tu enemigo, que apresurar el castigo; es hacer menor la ofensa. Madime, como has sabido que está Alonso de esa suerte? ̱. Este papel me lo advierte. Suyo? . Sí pero qué ruido es aqueste. ̱.Mi señor Don Alonso ha entrado ahora. Tú le has visto? . Si señora. N. Apenas tengo valor. Dame, señor, a besar su mano. Alza del suelo; y dime como (de hielo soy) te atreviste a dejar el retraimiento. . Hermano, sácanos de confusión, y cuenta sin dilación todo el suceso. . Eso es llano: oíganle aquesta quimera. . Acaba. . Di. Trance fuerte! Señor, por obedecerte, ello fue de esta manera. Paseando por la carrera ayer (estación cursada) llegó una mujer tapada, pidiendo la defendiera de un hombre, que apresurado en sus alcances vea: y viendo que se valia de mí, le detuve osado, tiñendo con él alíí; hasta que le di higar que se pudiese escapar la mujer, quedando así pendiente el lance, porque con la gente que acudió, adelante no pasó, Con que él pieado (esto fue) de ver que yo de su enfado estorbé la groferia; ya cuando me recogía a casa, bi en descuidado del suceso, y del estruendo, con otros embroquelados, cobardes adocenados, me envisten; pero yo haciendo alarde de mi valor, un poco me defendí, hasta que a mi lado vi un forastero, que por sentirme solo, sirbrío me ayudó, siendo bastante causa, para que arrogante pudiera el aliento mío dar a uno de ellos la muerte: sacando por despedida aquesta pequeña herida en esta mano; desuerte, que con la gran confusión de justicia (no te asombre no pude saber el nombre de quien en esta ocasión con esta banda la vida me dio, solo sé advertido que de Flandes ha venido: y porque en esto seguida mi altivez, y mi furor de tantos ministros miro, dejándole; me retiro en cas del Embajador. Allí estuve, aunque cercado de la justicia, hasta qué con un ardid encontré, con que salí disfracado: porque como tú, señor, el suceso me escribiste del fuego, no pude triste estar, sin saber mejor lo que arruinó este elemento? y así me indució el cuidado a venir adonde he hallado alivio a mi sentimiento. Notable caso! . Tu obraste, hermano, como quien eres; porque amparar las mujeres, es de nobles. . No dejaste nada que hacer. Oyes? . Di. . Pues que no tiene otro medio, lo que importa es el remedio. . Si te digo que le vi. Ay Carlos! y qué te habló? Dijo que estaba perdido su amo, por ti, y rendido. Así, Ines me sient y dijo que volveria a verte? . Sí, y con cuidado, que diz que está enamorado de mí. . Pues por vida mía que me avises. . Por qué no? Mal mis enojos mitigo. Qué a Don Felix mí enen (ah cruel!) no conozca yo! Pero di, como a Don Diego así olvidas, que te ama? Nunca, Inés, pudo su llama lo que ha podido este fuego: y así desde hoy no me nombre lo que disgusto me de. Lo que me dices se hará: paciencia señores hombres. Que en fin Don Carlos ser el que a mi hermana libró? Si será acaso al que yo, la vida debo felice? mucho holgara conocer a quien tan bien sabe obrar. Vámonos, hijo a tratar adentro, y a disponer lo que haremos . Ya tese vámonos, hermana. Ah desvelos! Denme venganza los cielo Aa si hallara a mi enemigo!! Ven, Inés, y a mi tormento no culpe tu ceguedad, que es fuerte la volún tad que vence el entendimiento Vamos, y diré en la calma que Don Diego mira cierta, en vano llama a la puerta quien no ha llamado en el al Ya de haber llegado a noche tenéis amor? . Os confieso que estoy rendido. . Sepan de quien, y como, que es cier que será el caso notable. Ay Isabel! cuánto debo a tu hermosura, en quien hallo tan altos merecimientos. os aseguro que es bien slara aventura. . Primero qme decid, porque de Flandes os venís? . Estadme atento. Ya os acordáis de Don Carlos de Padilla, cuyo aliento, ano asistir en el suyo; no cuplera en otro pecho: a quien di la muerte, por aquella suerte del juego; cuando vos de la justicia que me venía siguiendo, me librasteis. . Sí, Don Felix, ya de ese lance me acuerdo, pues os obligó a salir, de Madrid, siendo el pretejto vuestro de pasar a Flandes. Y con el nombre supuesto. de Carlos de Abellaneda, el de Don Felix Pacheco habéis ocultado: con que siempre yo a ese nombre, atento, os escribia de todo; yos avisé, como el muerto, tra Felix, de Sevilla, y que en ella tema deudos muy ricos; si bien no supe otra cosa del suceso. ̱. Pues hasta ar sabéis, ahora pido me escuchéis de nuevo, Apenas dejé a Madrid, y apenas a Flandes llego, clase heroica del valor, y palestra del ingenio) cuando al cabo de dos años, después que se halló mi esfuerzo entres campales batallas, y en no menores reencuentros; en una conversación; donde muchos Caballeros acudían, por curioso en ella entré, a tan mal tiempo, que un Capitán Andaluz estaba a voces diciendo (muy necio) mal de los hijos de Madrid: yo de ira ciego; al ver que sus demasías. apuran mi sufrimiento; que miente (enojado) digo y vengativo, y resuelto, lo que pronunció la voz, vino a sustentar mi acero. Matele en fin, y alterado se conjura todo el Tercio contra mi vida, aspirando, a la venganza sangriento. Yo que de enmedio de tantos ahogos, tantos empeños, a costa de mi peligro salí triunfando del riesgo, a Francia dirigo el rumbo, y acordándome, de vuestros avisos, hasta Madrid vengo en alas del deseo. Piso sus calles, y a pocos pasos (los aires rompiendo) una pistola desparan, cuyos globos: mas ya de esto, y de la pendencia, con todos los demás sucesos os he informado: y así a repetirlos no vuelvo, por no cansaros, y por no aumentar mis sentimientos. Apenas, pues, por la ronda pasaba ya al Caballero de Gracia, cuando en la calle de los Jardines, estruendo de voces, y gente escueno, que de un repentino fuego se quejan en una casa; y entre distintos acentos de mal formados suspiros, y repetidos lamentos, voces oigo de mujer, que rasgando el aire, hicieron en las orejas el ruido, y en mi corazón el eco. Lllegue a la casa, y mi brío golfos de llamas vertiendo, en tre tormentas de humo, y entre fatigas de incendios, como puerto en una hermosa sala (por la que del dueño luz participa) donde hallo una deidad, un portento: que a faltar cielo, sin duda la venerara por cielo. Y al ennoblecer mis brazos (oh cuanto al atrevimiento mifortuna le ha debido!) con su hermosura, pues ellos mirándola desmayada, dichosos la merecieron. Dije entre mí, aqueste sitio es al rebés mongibelo, pues echa la llama fuera, y guarda la nieve dentro. De esta manera en mis brazos del peligro la defiendo. qué mucho, si me ayudaba, ya una piedad, y a un afecto? Volvió Leonor del desmayo, (que este es su nombre) y volviendo yo a ver que se me retira toda el alma en sentimientos. Asustase de mirarme, quiza porque me vio ardiendo, pues lo que el fuego no pudo hacer, sus ojos lo hicieron. Agradéceme cortés la obligación, pretendiendo con misteriosos suspiros saber mi nombre; y yo Juego después que oyó de mis labios mil amorosos requiebros, el propio le oculto, porque como ya era de mi pecho el dueño, mas bien pudiera informarse del secreto. Rendido en fin; y postrado. a tanta deidad, suspensos encontraba mis sentidos, cuando en encumbrados bu aún alcanzar no podía lo altivo de mis deseos. No habéis visto un feroz brut que la obediencia del frene rompe veloz, conquistando con su ligereza el viento; que temerario, y furioso, ciego de cólera, y ciego del polvo, que levantando va al rápido movimiento, no hay opresión que le rinda y sin mirar su despeño, hasta que cae despeñado no para el curso soberbio? Pues ansí mi amor, que bre mejor ya le considero, al ver a Leonor hermosa, tan rayo empezó violento que haciendo pedazos tod las riendas de su respeto, no fue bastante a oprimirlo la luz del entendimiento? porque tanto se empeñasa en ir con su fe cortiendo, que hasta que en la volunte cayó, no paró ligero. En esto llego su padre, a quien Leonor el suceso contó, y a mí su prudencia iento con y ofreciéndome agasajos confiesa agradecimientos. ya el fuego había cesado, porque no fue, a lo que entiendo, mucho, con que por ser tarde se déspide de mí, haciendo que Leonor (a quien ya el alma gustosamente la entrego) me dejase sin sus luces, en cuyo amante tormento supe allí, que Don Francisco de Lara se llama; esto es todo lo que me allige, mi dolor, mi sentimiento; pues del empeño de Flandes por lo que a Madrid huyendo vengo) esta pena ha nacido: ventura llamarla puedo. Y así, pues vos me avisasteis, cuan entregada al silencio la muerte está de Don Carlos, y no tener aquí deudos, seguro podré, y rendido, trecatado de el comercio) buscar advertidamente a mis achaques remedio, ami pesar el alivio, a mi ahogo los alientos, por ver, si con estas cosas, este Dios vendado venzo, aqueste encanto descifro, y este cuidado divierto, Admirado estoy, Don Felix, de acasos tantos, y creo, que haber venido a Madrid, ha sido el mejor acuerdo, pues como vos no salgáis a Palacio, ni al paseo, podréis estar muy seguro. Pues yo os he dicho; Pedro, mi amor, no mediréis vos, siaún os dura aquel empleo de Doña Isabel de Ayala, o si tenéis otro nuevo? Que esto cada día en Madrid, a la imitación del tiempo, suele suceder. . Si amigo. Y como con los afectos amantes os va? . Con firmes demostraciones, atento mariposa de sus luces, si no me abraso, me enciendo. Cada día de mis males alivia el dolor severo, concediéndose a mi vista, y permitiéndose al ruego: en cuyas conversaciones; sin estilo lisonjero; la repito en lo que digo lo menos de lo que siento. Gracias a Dios que he llegado a casa. . Qué traes? . Direlo. Fui, como me lo mandaste, a saber del Caballero de anoche quienera, y dicen los criados, que al momento se fue, y no se sabe donde. Nunca has de hacer con concierto cosa. . Pasé por la calle de Leonor, a tan buen tiempo, que la Inés en una reja estaba, y no fue por yerro, porque llamándome, dijo, como su ama: esto es bueno. Acaba. . Vale la onza mas de dos reales y medio, y no quiero recetarla. Burlas? . Está en lo postrero de su vida. . Cómo así! Porque por ti está muriendo, y me dijo que volviera a verla, habiendo primero preguntadome la casa; yo no sé para qué efecto. Pues la fortuna me ayude: con vuestra licencia intento ir a ver si tanta dicha puedo lo grar. . Majadero es mi amo, juro a Cristo. . Yo tengo de iros sirviendo. Eso no; aquese cuidado os estimo, y agradezco: solo he de ir, quedad con Dios. A Dios: yo learé siguiendo, . que anque a él le toca estorbarlo, a mí me toca el hacerlo. O si llegara mi gloria dónde llega mi deseo! O si no sirviera a un loco, . cómo me tornaba cuerdo! Ay bella hermosa Leonor, . y en qué cuidados me has puesto! Ay Isabel, dueño mío, . móvil de mis pensamientos! Hay embusteros famosos! . hay lindos patarateros.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA onoa En hora dichosa, dueño del alma, por más despojos, lleguen a verte hoy mis ojos, en tan apacible empeño; que estoy tan fuera de mí; cuando en tu vista no estoy, que para ser lo que soy, es fuerza buscarme en ti. Muy bien, Pedro, explicada queda vuestra se advertida; pero ella fuera creída; a ser menos ponderada. No crees de mi afición el fuego que al alma toca? No, que eso dice la boca, sin sentirlo el corazón. Pues si yo en mal tan severo y en pena tamimpaciente, cuando de ti vivo ausente, infelizmente me muero: y cuando de tu donaire no veo los dulces giros, a fuerza de mis suspiros hago poderoso el aire; porqué, la verdad que entien estás Isabel dudando, si tú la causa estás dando, y yo la estoy padeciendo? Porque puede un desenga oponerse a esa opinión. Mi ama tiene razón, ya se va rompiendo el paño Repara bien lo que dices, pues ves lo que me consume no tragues, señora, el humo, échalo por las narices. Ay, Elvira! que le adoros y no sé si aquí podré desdeñarle. Mira que es priniero tu decoro. En qué, mi prenda querida (porque mi gloria concierto bella ocasión de mi muerte noble objeto de mi vida, Sol que sigo; al arrebol de tus rayos siel amante (por quien de su luz conste la otra desprecio del Sol) te puede mi rendimiento ofender, si en mi dolor, no fuera tenerte amor; sin este conocimiento? Cuando mi casa, tu cielo esfera hace más dichosa, vienes, Isabel, quejosa perdido el color brillante, todo el brío suspendido, elaliento enmudecido, y retórico el semblante? Qué tienes, que en tus enojos, (parajados mis sentidos) dan el ver a los oídos; y el escuchar a los ojos? Qué dices, Elvira? . Digo, que lo ha dicho de los cielos; qe pero prosigue en tus celos. . Hay mi bien? . Ay enemigo, has de decir: tu errarás la solfa que te penetra; e ya yo te he dado la letra, lleva tu ahora el compás. . 2. ed. No te merece mi amor una palabra siquiera? y habla, Isabel, considera que eso es ya más que rigor. ojos, el curso enfrenad, que es difícil de vencer. . No me quieres responder? Señor Don Pedro, escuchad, que de vuestras sinrazones (de quien a quejarme vengo) diré la causa que tengo, si atendéis a mis razones. Ya os acordaréis, Don Pedro, de aquel día, en que la suerte me condujo a Manzanares, haber la estación alegre de su Soto, donde el Sol, que de luces se enriquece, olvidado del Ocaso, se construye a nuevo Oriente. Cuando vos en un brioso, ligero parto del Betís, hoguera que encendió el rayo de la polvora que vierte. Disteis en seguirme, hasta que en las márgenes de nieve paró el coche, dodde ufano (por un estribo) corteses afectos me repetisteis. Mas yo, que en mis altiveces creía que aún no había nadie que un desdén me mereciese, os pedí que me dejaráis: y vos atento, y prudente, conociendo mi recató, tratasteis de obedecerme. Acabose con la noche la fiesta; y por conocerme, hasta mi casa llegáis; cuerda, y recatadamente: sabéis quien soy, y al instante intentáis mis esquiveces, solicitáis mis enojos, y procuráis mis desdenes. Yo escollo a vuestros gemidos, a vuestro ardor roca siempre, resistí tantos combates de finezas, como suele el vegetativo pino, Rey de las plantas silvestres, de los bramidos del Boreas, burlar las iras crueles. Empeñado vuestro amor (que siempre los que pretenden se empeñan) ya con recados, con músicas, con papeles, con lágrimas; y lo más (memoria, no me atormentes!) con la porfía, pudisteis voncer el alcáza? fuerte de mi libertad: qué mucho que al porfiar se rindiese, si vemos que una montana (áspero asombro eminente) al común afan se postra, y al continuado se vence. Finalmente, agradecida, o inclinada; si se puede decir así, os admiti a los términos decentes del galanteo; donde ha cuatro anos que tan fieles amantes hemos vivido en unidas estrecheces, que nos habemos juzgado (y aún ansí no se encarece) dos pávilos de una antorcha que si por un accidente un aliento los apaga, otro aliento los enciende. Paréceme estáis diciendo ahora entre vos (penas, cesen . vuestras iras) para qué lo que yo sé me refiere esta mujer? es verdad; pero a un ingrato, a un aleve; cuando finezas olvida, es fuerza que se le acuerden. A vuestra casa, Don Pedro, he venido solamente a deciros rigurosa lo que a mi constancia debe vuestro engaño; y de camino a quejarme juntamente de vuestros necios descuidos, pues en dos días sin verme le habéis dado a mi memoria puñales para mi muerte. Eran estas las promesas, las palabras, los ardientes suspiros, que a mi hermosura; con álagos elocuentes tantas veces le fingisteis, pronunciasteis tantas veces? Hablad, de que en mudecéis? o pese a mi enojo! y pesé a mi paciencia! el candado zompa mi cólera, y deje que en voces mi sentimiento toda la mina reviente, De qué, tirano enemigo te has helado? esto merecen, dime, traidor, mis afectos, mis atenciones valientes? cuando solo por amante, por seguirte, y por quererte, ne despreciado a mi primo, pareciendo inobediente, al precepto de mi padre? Pues como falso pretendes, contra mi amor? Dueño hermoso, suspende el ceño, suspende la indignación, que me matas en presumir de esa suerte que puedo ofenderte nunca Tu desconfías? tu temes de mi lealtad? de mi amor? cuando ha sido a los luciente soles tuyos, en lo firme, mas que el Olimpo, que tiene sobre sus rígidos hombros esos celestiales ejes? Yo olvidarte más posible, será que la unión se quiebre de los Polos, y que el mar embravecido, y rebelde de las preceptibles líneas rompa las diáfanas leyes: estás ya desenojada? En vano, falso, pretendes, disculparte. . Aqueso si; échale de aquese acelte, que ya el poraje se apura; y es bueno que no se pegue. Ya te avise con Alberto (oh cuanto hace por Don Feli mi amistad, pues por él hoy estas cosas me suceden!) como supimos que habían seguido alevosamente a Don Felix, desde Flandes, sus contrarios, y que al verle aquella noche en Madrid entrar, fieros, y crueles, la una pistola le fían el acierto de su muerte. Por lo cual, viendo su vida en peligro tan irgente, me encargué de ver si acaso mi diligencia pudiese inquitir donde se ocultan: y así que no te ofendieses, si a tus incendios divinos no iba a habilitarme Fénix. Fuego de Dios, cómo espuma! mas no me espanto, que hierbe. . Si imaginas que con eso te he de creer, no lo pienses, que ya veo tus engaños. Pues no te dio (pena fuerte!) Alberto el recado? . Sí, mas quien duda que tú, aleve, el caso no fingirias? A qué propo sito? plegue al cielo, si no es verdad, que su claridad me niegue, o que una fiera me mate. Mentiras tan evidentes, lo mejor es no escucharlas: vamos, Elvira. Detenme: vuelve por él; hay amor! Miren que lindo julepe, o que la medor violado. ̱. Espera mi bien. . Detente, señora. Déjame, necia. Es posible que no adviertes que soy tuyo? Ea, acabemos: mal año si él lo entendiese! . que es cierto cuanto te ha dicho. También tú, Elvira, me mientes? ̱. Yo mentirte? plegue a Cristo, m4 si no es así, que reviena Mal me asegura tu labio. . Bien puedes, Isabel, creerme, que está fue la causa. . Presto se desenoja quien quiere; pero advierte (por si acaso otra vez te sucediere) que son dos días dos siglos, para quien amando muere. Bien a mi costa he sabido esa experiencia, mas llegue a ser dichoso en tus brazos. En ellos el alma tienes. Mira, señora, que es tarde. (. Mas le rompiste de un jeme de cabeza al picaron del lacayo impertinente. Calla, Lenguado, que juzgo que en aquesta sala hay gente. Doña Isabel con Don Pedro están hablando. Pues no intentes entrar. Desde aquí, aunque no oigo, quiero escuchar cuanto hiciere. Vamos, Isabel. . En fin, dasme esa palabra? . Puedes estar de mi amor segura, que será perpetuamente girasol de tus ventanas, y lince de tus paredes. Qué fortuna! . Qué ventura! Qué felicidad! . Qué suerte! Ay cuanto a mi fe la obligas! Ay cuanto a mi pecho debes? Ay, que os lleven mil demonios, y ay, que mil diablos os lleven. Fueronse ya? . Ya se han ido: mas al la cayo volviendo, reparaste qué tremendo, con su rocín desvaido, el paso limpio estorbaba, diciendo que por el lodo pasastes? . Fue de tal modo la ira con que le escuchaba, que me obligó a lo que hice. Tuviste mucha razón, y más cuando el bergantón, amenazándonos dice, que Don Diego de Meneses. su amo, le vengaría, porque ya él te conocía, y me holgue que respondieses, que le dijera (oh lugar que nos procuras perder!) si lo intenta defender, que lo sabrá sustentar Don Carlos de Abellaneda: respuesta muy merecida. a su arrogancia atrevida. Deja eso. . Lengua está queda. Dime, donde has estado. esta mañana? . Señor, como siempre mi valor de curioso se ha preciado; le fui a mandarlá mi espada echar una vaina cierta, que aunque otros la hacen abierta, yo la pienso hacer cerrada. Y dónde está? . Dada a brujas en eas de un oficial romo; donde cometá solomo a falta de las abujas: a acicalar (que es honrada) se la dejé, por donosa; y al dársela allí mohosa; la la vi en sus manos tomada. En efecto allá. Qué duda? La tienes? 1s A fe que aprieta; si señor, que es muy discreta la punta; . Cómo? Es aguda: Y no has visto el rosicler de Leonor? Entre ansias lucho Con quererla, señor, mucho hoy no la he podido ver. De su hermosura obligado estoy, y aún favorecido. Quien se ve correspondido, fuerza es que esté enamorado, En fin, nunca se ha sabido quien fuese aquel Caballero de la pendencia? . No infiero quien pueda ser. Y qué ha avido de los que matarnos quieren? Cosa: mas que solicitan ocultos vengarse. . Incitan a que aquí se desesperen mis crudezas. . Este aviso de Flandes tuve, y constante Don Carlos fino, y galante no ha podido (qué preciso es mi sentir) saber nada, por más que lo diligencia: Señores, tanta pendencia en qué ha de parar? . Airado fortuna, abrevia el rencor, que es inútil confianza, tener firme tu mudanza, porque me ves con valor. Vive Dios que si yo los. llegara a reconocer. Qué les habías de hacer? Qué dejarlos ir con Dios. Cobarde eres. . Eso no lo niego; pero repara, que Don Francisco de Lara por ti ayer me preguntó. Donde estabas tú. . A la puest sadizo que tiene del pa esta casa. . A verme viene alguna vez. . Cosa es cierta; mas yo sé que sus visitas las trocaria tu amor opor las de su hija Leonor. e Con nombrármela me quitas mil pesares. . Yo también a la Inesilla cabal, aunque no la quiero mal, ampoco la quiero bien. Hasta aquí sin que nos viesen, ni ser seguidas de nadie, habemos entrado. . Inés, mucho puede, mucho hace amor, que vence imposibles. Allí esté an fino amante, y mi Lenguado. . Lleguemos. Solo de Leonor me trates. Don Carlos? l. Leonón, señora? a qué buen ti impo llegaste, dulce imán de mis sentidos, Lenguado? . Inesilla? Dame bre un abrazo con decoro. Deja fregatriz, ultraje de las fregonas del Sol, pues soy tu estropajo afable, que con tu garbo me friegue, o con tu aliño me enjuague. Juya soy. A verte vengo, Don Carlos, porque me trae a su centro mi albedrío, bien así como la nave (del Oceano garzora, bello embarazo del aire) que por más que se le opongan los soberbios iracanes, hasta que pose el Puerto, no cesa el curso al viaje: mucho me debes. . Ya miro, hermosa adorada imagen (pues de mi pecho en el templo propicia te colocaste) cuanto, te es deudor mi amor; pero cree que constante fábrico agradecimientos a obligaciones tan grandes. No lo dudo, y pues aquí este estilo ha de negarse, dime como lo has pasado? Como el que se halla en la cárcel, ya condenado a morir, aguardando por instantes la muerte, que en lugar de ella le traen el perdón, y sale sin los ahogos del susto a respirar como de antes. Y tú qué dices? . Yo digo que eres, Inés, como un Ángel: mas qué mé paso sin ti. A mí este desprecio, infame, alcahuete. . Quedo, quedo, no fuera peor ser sastre? Yo agradezco las lisonjas No son lisonjas, verdades desnudas son, que mi pecho las calificó al examen; pero tú, cómo has estado? Sin ti, muriendo al envate, expuesta de mis fatigas, dudosa, triste, cobarde, acongojada, suspensa, y en el golfo de mis males, el bajel de mi discurso nunca fijo, siempre errante, A poder, dueño querido, a todas horas hallarme a tus celestiales ojos, (en cuyas llamas suaves dichoso mi corazón, firmistimamente arde) un átomo no estuviera ausente de ti, pues nacen de no verte, en mi desdicha las penas, y los afanes. Ay Carlos, cuánto te estimo! si supieses, si alcanzases los suspiros que me cuestas! En eso, Leonor, no haces mas que pagar los que mudos entrega mi aliento al aire. Que tal gira ay de Albañiles. en vuestra casa? . Ayer tarde a trabajar empezaron lo que los rayos voraces del fuego arruinaron, z.. Calla: otra vez, Carlos, se enlacen nuestros brazos. . Y otras mil, para que vivan iguales, amor (que es Dios poderoso) o los víncule, o los ate. Mas cielos que es lo que veo? . Oh mátenme mis pesares! no es mi banda (a espacio penas! la que miro? qué mal sabe tener firmeza un alivio en el que infelice nace! presto acabó mi esperanza! No tan remiso te apartes de mi pecho, dueño mío, que imaginaré a desaire ese intempestivo ceño: que tienes, que en un instante (no sé, ay de mí!, qué recelo!) al despego consultaste, dilo. . Qué quieres que teng (el sentimiento me arrastre) tengo (ah enemiga! ) un incen un volcán, un erna, un áspid, que las entrañas me muerde y el corazón me deshace. Hh infelice! si habrá sabido que Don Diego, a quien ultra hago, me enamorarpero ignorancia fuera grande presumir, si lo entendiera, que afectuoso, y afable usara de las caricias: en qué de enigmas, qué azares me confundo! Oyes? chitón, que hay gran sopa. Y es picante? Qué es lo que sientes? l Qué siento? siento un cordel formidable, que la garganta me oprime; un hielo, que sin helarme; me abrasa todo el sentido; un estoque penetrante, que ejecutivo me hiere; un despeño, donde cae precipitado el discurso; una niebla, en que a cegarse llega mi vista: y en fin, (si quieres que lo declare) siento celos, que a sus iras no hay iras que se le igualen Bien temía, ay de mi triste! oye mi bien. . No me hable fementida. . Qué he de had pues si intento darle parte, que es Do Diego quien se atre a mi amor, es solicitarle un empeño, y el suceso no le está bien a mi sangre, ni a mi honor; no sé que dig Ha lisonjera! ah mudable! y ha mujer! todo lo dije al decir mujer, y fácil. Después los dos nos veremos. Que así tan presto olvidaste aquellas ansias primeras, aquellos suspiros graves? No me pesa, no me pesa que cruel a mi amor faltes, sino que a tu honor le impongas nuevas nieblas que le empañen. No fuera mejor decirme, (aquí mi dolor me mate!) cuando busqué tus favores: hombre, agrade certe baste la obligación que conozco, no pretendas, no te canses en vanas solicitudes, que no puede ser de nadie el diamante de mi pecho labrado, porque constante lo benefició otro dueño? Y no, traidora, engañarme con admitir mis finezas: pluguiese al cielo que antes que las pronunciase, fuese de aquel fuego penetrante, o breve materia triste, o ceniciento cadáver! Ya basta, Don Carlos, dime (i no quieres que me acaben tus sinrazones) en qué te he enojado? . Muy bien haces en quererlo (ah tiranía!) ignorar, cuando a matarme tan favorecida vienes, con esa banda que traes. Es verdad, tiene razón, (ay confusión semejante!) que esta manana mi hermano, me la dio, porque a alabarle las puntas llegué curiosa: y en muestras de que estimarse debe prenda que a su herida suspendió tantos corales: por festejor del peligro la mejoria, mis males de ella hicieron gala; justa atención de mi amor grande; pero no sé que colija. Qué me dices? No hay más Flandes que oír a dos que se quieren, decirse estos disparates. Digo, Carlos, que no ha sido sin causa tu enojo amante; pero esta banda es de mí. Imposible es que se escape, prendedle. . Creo que el ruido es en el zaguán. . Pesares, . ahora me estorbáis la dicha. Y por si acaso aquí entrare alguien, en esotra sala es preciso retirarme, hasta ver lo que es aquesto. échate el manto, Ines. . Zape. Ello habrá fiesta de toros. Caballero, amparo halle. en vos, quien a un hobre ha muerto: que cuando a ver a mi padre . venía, esto me suceda? Y así mientras ocultarme intento en aquesta sala de la justicia libradme. . Fuerza ha de ser? de quie cuentan tan impensados combates de sue te, como la mía adversa? Por cien Abades, que es el lance peligroso. (le. Por aquí entró. . Pues buscad Caballeros, qué es aquesto? Seguir un. Lindo vinagre. Delincuente. . Qué decís? (así pretendo obligarle) . vos le visteis entrar? . Yo. Ved que tiene a la otra calle pasadizo aquesta casa, y que haberse ido es muy fácil por él. . No lo dificulto: hay tal cosa! Mas no obstante, (de esta suerte se asegura) si la casa (rato lance!) queréis visitar, de vuestras diligencias judiciales usad, que no será justo, cuando ese buen celo os trae; si alguna duda tenéis, que de ella el sentir no os saque. Si ellos lo intentan, te pierdes. Cuento ay que hacer de mi parte he hecho: qué respondéis? . Si el dentro estuviera, nadie duda que aquesto dijera: con que es cierto que librarse por el pasadizo pudo. Digo, señor, que galante vuestra razón acredito; y así, por seguir su alcanze, me quiero ir, quedad con Dios. . Bien sucedió, Dios os guarde. Pues señor Dn Carlos? . otro demonio más? Basten, basten vuestras iras, cielos. Cuando os vengó a ver. Qué pesares! Estáis tan alborotado? No os admire, no os espans señor Don Francisco, si os digo que ahora se vale de mí un hombre que a otro ha y que a prenderle arrogantes llegaban los Alguáciles; a quienes cortés, y afable convenel con mis palabras, librándole del ultraje de la prisión. . En un nob luce con mayor realce la piedad: no sé qué tengo. Qué en esta ocasión llegase todo es prodigios. . Sup que son las seis de la tarde, podéis decir que se vaya. Eso no, que hasta dejarle seguro, le he de valer; que no es bien (cuando a empes se introduce un beneficio) que del todo no se acabe. . Buscando vengo a Don Carlo para irritado vengarme de su atrevimiento, y juzgo, si no mien ten las señales, que es el que miro. Don Carlos, entendido sois. . No tarde mis alientos: señor Don Carlos? Ya escampa: Santangel, San Eligio, San Eutropio: yo voy a traer al instante, pues anochece, unas luces. Ya prevengo nuevos males? qué mandáis? dadme licencia Do. Diego, qué es lo que os a esta casa? Que aquí encuentre a Don Francisco! importante es otra cosa fingir. Vengo, Don Francisco, a darle a mi amigo (así conviene) . de cierto suceso parte. s Esforzaré aqueste engaño, porque el empeño no alcanze Don Francisco. ̱. Vos tenéis, por cierto, un amigo grande en Don Diego, cuyo brío es muy igual a su sangre. ̱. Asi entiendo. Conoceisme? Aquesta noticia baste para responder que sí. Pues yo os busco. ̱. Raro lance! Para ver si a mí en el campo me decís lo que en la calle a mi criado dijisteis. De disgusto es el semblante; pero yo lo evitaré. Malo Lo que pronunciare yo una vez sabré cumplir, y así en Atocha esperadme, que ya voy. Oyes Lenguado, en saliendo de aquí, hazle a esa ingrata que se ausente; y a ese hidalgo que se aguarde, hasta que venga Don Pedro, a quien dirás le acompañe adonde él quisiiere. . Y dime, de he de dejir. Muere infame. Valedme cielos piadosos. Primero en mi ha de estrenarse tu rigor, huye señora. Quién se vio en tan desiguales desdichas? Por JesuCristo que andan los diablos en carnes. Hoy morirás a mi acelo. Ampárame, Carlos. Antes que lo intentes atrevido sabrá mi espada quitarte la aleve vida . Oye, hijo, qué es esto? cómo aquí entraste? Y tu? mas no este tiempo de preguntas, deja, padre, que a una obligación prefiera una ofensa que nos hace. . Aquí es fuerza a mi enemigo socorrerle, y ayudarle, pues está solo. Fortuna! Que con mi espada no me halle! o si pudiesen mis tiros hacer que se desviasen: mas no dan lumbre, y a vuelvo. . Ofensa? . Sí. No dilates la venganza: y quien ha sido la causa de tus pesares? Leonor. . Ah traidoranijal así a quien eres faltaste? muera, y el que nos ofende. Aunque en mis celos me abrase, siompre he de hacer como noble: Don Carlos, de vuestra parte me tenéis, que es mal nacido el que a su contrario en lance ve que puede de defenderle, y no estorba que le ultraien. . Yo estoy muerta, Iues. . La banda que se te cayó. . Qué azares! Nos dio a conocer. Bien muestra vuestro valor vuestra sangre: notable caso! mas de esta manera he de remediarle. En vano es la resistencia. Don Diego, ya veis cuan grande es el riesgo de esta Dama. y así, pues sois tan galante, y tan noble, aquí os suplico, que de este aprieto la saque vuestro generoso alento. Yo la aseguraré en parte digna, y después volverá a libraros me coraje, que me importa daros vida, para que después os mate. Yo sabré obligaros: ve, Leonor, con Do. Diego. Lave tu sangre la afrenta mía. Quede corriente en granates aquese humor que te alienta. Vamos: el alma en tres partes dividida dejo. . El cielo permita, que esto en bien pare. En estando con mi prima volveré: celos dejadme. . Ya es mucho menor el daño. Aunque el centro te ocultase, Ya me tienes, como un Reduán, o un Marte a tu lado. . Defenderme solamente intento. Dales, pues de la cocina vengo hecho dos mil Satanases. Quítate necio. Hh enemigo! Qué me dices, yo quitarme? aunque vinieran ahora ejércitos de elefantes te he de ayudar. Mas, qué fuera en la pendencia variable, ya que no escurro la bola, que me pegaran un cabe? Mucho a mi amo persiguen: mas yo; pero el labio calle. La oscuridad de la noche nos contradice el dictamen de nuestros intentos. Muerto soy! . Aquí el rui Ah cobardes! Se escucha, lleguemos tod Hijo, pues ya nuestros male nuestra venganza consiguen; salgámonos de aquí, antes que nos halle la justicia. Vamos a inventar crueldades contra un aleve; por quien suceden desdichas tales. Adónde estáis, alevosos? temblad, temblad mi coraje, que. , Sacad aquí unas luces: qué es aquesto, amigo? A nadio veo, sin duda se han ido. No me respondéis? habladme Don Felix. . No es para ad el contaros los combates de mis desgracias. Decidme; es este Lenguado? . Hh fácil mujer! sí, Pedro, y juzgo que está muerto. e. Aún los vitales. espíritus se conservan: Lenguado? . Ay, Jesús! no traten de que yo torne a vivir, que estar muerto es dicha grande. Dónde es la herida? . quédito, porque estoy de parte a parte pasado. No veo nada. Hay tan lindo disparate! luego, porque no se vea, no puede un hombre quejarse? Ay! . No corre sangre? Bueno, aunque es la llaga flamante, no es tan fresca, que decirse pueda está chorriando sangre. Vive Dios, que si no viera que eras un loco. Dejadle: porqué has fingido este embuste? , Dime, no pudieran darme? malaño, si él me entendiera. . Quitáteme de de ante, villano . Señor. . Y vos, Don Pedro, venid donde hablen mis sentimientos. Soy vuestro; la deseo oír el lance. ̱. HAy amigo! qué de cosas mi amistad ha de fiarle a la vuestra: ah falso dueño! . Experiencias muy bastantes de ella te era el cielo de estos ahogos sacarme, y que cumpliendo con todos, mis celos se desengañen. . ̱. Concédame amor que logre de Isabel el Sol brillante. . Y a mi ahora los mosqueteros un victor, para curarme. los cascos rotos, pues miran que no me le dan de valde. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Oh tú, Planeta luciente, o tú, trémulo topacio, que en aquese cuarto móvil, al torno azul de tus rayos te vas incesablemente en ti mismo debanando. Haz que las nubes te usurpen (orrores amontonando) tu esplendor, o que ambiciosas, entre sediciosos bandos de mis ojos le retiren, porque se niegue a mi agravio, Mas ay! que en vano le pido alivio al cielo, si al campo que nunca lograrle pudo el que nació desdichado. O tu terrestre elemento, a qué esperas, que en espantos no despedazas el seno, porque quede sepultado hoy mi deshonor en ti? Pero no, cese el estrago, que según soy de infelice, al cultivar tus espacios, como siembro los suspiros, que nazca después, es llanto mi afrenta, pues la humedezco con el agua de mi llanto. Oh mal haya el que introdujo fiar el honor sagrado a la mujer! y mal haya el que esta lei promulgando, observó los estaturos, adonde es lo imaginado, como la ejecución misma! Mas en qué me anego? vamos valor a los desempeños, y pues solo aquí me hallo, permíteme que discurra en mi ofensa, si intentarlo puede el que se ve ofendido, mientras no se está vengando. Leonor (ah traidora hija!) áspid, que abrigó mi alago: con qué lágrimas lo digo! con qué pesar lo declaro! con qué martirio lo siento! con qué iras lo dilato! es quien da muerte a mi honra: pues busquela mi cuidado, y también muera ella; muera: que no es noble, ni es honrado, el que sin lograr el golpe, avisa con el amago. Ea, alientos, al castigo, no débiles, ni reacios estéis a vuestra venganza: muera Leonor, y el tirano (oh ahógueme mi congoja!) que siendo origen del daño, cómplice fue en el delito; pero, como tan templado al pronunciar quien me ofende, del pecho incendios no exhalo? cómo centellas no arrojo? cómo no fulmino rayos? mas qué consigo con ellos? nada; pues medio más sabio será penetrar lo oculto, lo más rémoto, mas arduo, que dar término al enojo, no es olvidar el agravio. Hay honor! y hay otras mil veces digo, del que usando de la confianza necia, su honra le encargó al recato femenil, siendo tan fuerte, y él siendo (ay dolor!) tan flaco Buscar pretendo a Don Diego para que me diga (ah falso amigo!) donde Leonor está: pero esto es en vano, que un noble, cuando peligra una dama, en tales casos, debe mil veces morir primero, que declararlo. (en Pues, qué he de hacer? qué h corregir la voz al labio, negar el curso a los ojos, dar a la cólera estragos, y remitir al acero valiente mis desagravios, que siempre lo generoso, se acompañó de lo osado. Y supuesto que a mi hijo la parte le ha perdonado (que a veces con las desdichas las venturas se mezclaron) por una parte mis bríos, y por otra sus bizarros alientos, nuestra venganza lograremos arrestados. Y ya que a noche la industria (como hoy supe) de un villano la pudo desvanecer; hoy no podrá, si reparo, que indigno contra su dueño, todo el tosigo que guardo; todo el volcán que con servo; todo el hielo en que me abraso y todo . Padre, y señ con justa razón te hallo (oh aleve hermana!) sintiendo, lo que yo vengo llorando. Ay Alonfo! hay hijo mío! sin duda que soy de mármol, pues no muero de sentirlo antes que de imaginarlo: has sabido algo? . Señor, que propio es del agraviado . al acordarse la afrenta, estar de enojo temblando!) a nadie ver he podido que me diera de Don Carlos noticia (de enojo me muero) A. Escúchame. l Disfrazado de Albañil de ver a Juana sporque me mandó mi amo que lo que pasa supiera) lengo: y desde aqueste paso, llecho penetrador lince, lo que los dos han trazado de estado oyendo, aunque Juana después de su sobresalto) sumbién me ha dicho lo mismo. ̱. Dices bien, muera entrambos: mas quien está aquí? s. Acabose; no doy por mí un, cuarto: sa prevención sea conmigo; queste parche me planto, a de embuste. ̱. Quién sois? Quién soy? lindo desenfado: so veis que soy Albañil? lo tomo ducientos palos slo hablo de tejas arriba, slo de tejas abajo) porque me dejen. . Pre fuma que otra vez con él he hablado: vení aca, cómo os llamáis? Yo, señor mío, me llamo (malo!) Juan Osorio; y aunque no soy Valenciano, como el otro Caballero, nací como el Rey hidalgo, mas tan pobre, que me corro (bien mis mentiras entablo) . vive Dios de haber nacido a ser afrentoso blanco de los otros, y los unos, de los buenos, y los malos. A este hombre pienso que he visto otra vez. . Averiguarlo me importa por si me dice lo que deseo. Cuidados, haced por un poco treguas, hasta ver un desengaño, que no es dejar de teneros, porque me dejéis un rato. Decid, qué fue lo del ojo? El aprieta demasiado, mas como me ve Albañil, me da ya ripio a la mano; pero porque no se queje, yo también le he de darbarro: lo del ojo? . Ay dolor mío. Jugando con un Romano la espada, así me lo puso, porque ellos siempre han tirado a los ojos; y más este, que era muy grande bellaco. De dónde sois? De Torrosa, lugar que dista cien pasos de Caramanchel de arriba, hijó de un hombre de garbo de quien son hechuras nobles los Zuñigas, y Fajardos. Qué es lo que decís? . El viejo es famoso mentecato, si, porque era pastelero, y mi avuelo fue el milagro (aunque albañil) de la solfa, pues ninguno delos cuatro de Esquilache, mejor que él entendia de los cantos. El es loco: idos con Dios; que mal se encubre un agravio! Mámola el viejo, a Dios; todo se lo contaré de plano a Leonor, y a mi amo, puesto que lo he visto, y escuchado. . Padre, pues sin menos riesgos puedo andar ya, forme el brazo la venganza a nuestra injuria: no le consintamos plazos al dolor, pues lo remiso desluce a lo temerario. Eso sí, Alonso, no quede señal, átomo, ni rastro de nuestra afrentosa pena, que no castiguen los bravos ímpetus nuestros. . Yo juro por ese celeste claustro, de quien es de tantas luces el Sol noble mayorazgo, de satisfacer la sed hidrópica de mi agravio con la sangre que me ofende, si aquí valer puede acaso a una afrenta, la que anima todo aqueste globo vario. Y yo, pues de fuerzas nuevas hoy mi espíritu acompaño, he de hacer que aquesta nieve transfiera en fuego lo helado. Vamos hijo. . Huid de mí traidores, que os voy buscando: mas presto os alcanzaré, pues corre mi ofensa tanto. Temed las ardientas iras, que altivo conspiro airado contra vosotros. . Temedo de mi furor los estragos, que he perdido, y soy noble, la joya de el honor que no restano Que no encontro imposiblo quién siempre los miró facilitalo Dicha fue en esa ocasión hallarse Don Diego allí, Inés. . En verdad, que vi de mala disposición el pleito, cuando mi amo, sintiendo nuestro delito, voló como un pajárito al oír nuestro reclamo. En fin, la banda desmanda su sentimiento cruel? Sí, y vino a ser bajel, que navegaba a la banda. De tan horrible tormenta puerto habéis hallado en casa, aunque tu ama lo pasa llorando. . Llora su afrenta Hoy Lenguado, disfrazado (a ver lo que ha sucedido) a tu casa, Inés, ha ido. Calla, que él viene. Ay, Lenguado! Quién me nombró? Yo, que muero de amores por ti, pieaño. Grande cosecha hay este año de tontas, ya considero tu voluntad. . Qué amoro Mis celos ahora mi tigo ̱. No dices nada, Ines. . Dig que es en todo extremo airoo y yo le adoro. . Y yo te n no vi semejante agrado. Mujeres, que soy Lenguado mirad que no soy Bonito ella hará con estos cocos, que yo tenga bravo vicio. Por cierto Ines, que su juicio es una cosa de locos. us. Cómo paciencia esto escuchas? iben que te guste tal menguado? . No hay qué hablar, por un lenguado s dejaré ducientas truchas. l Cuéntanos lo que hay de nuevo en casa? De buena gana. Oye: Llegué, y hablé a Juana con aqueste ardid que apruevo: deciros que trementina lubo de verme turbado, pienso que será excusado, sabiendo que soy gallina. Encontre la (escúchame) peinando se (vaya así) yaunque en sus lazos caí, apor Dios que no la toqué. Mejorando su fortuna, (con impulsos más que humanos) tal Lomó el espejo en las manos, con que se quedó a la luna, yadvirtiendo el desmán del afeite que ponía, renegar allí la hacía el perro del soliman. Dijome que tu amo el viejo si encerro junto a una alcoba, y que a palos la corcoba ñosí la hizo mudar el pellejo, porque dijera. . San Pablo! Lo que sabia. . Y lo dijo? ̱. Todo: mas que entrando el hijo inrsque es tal la piel del diablo) la dejó; con que al momento en una sala se entraron, adonde los dos lloraron ado lágrimas de ciento en ciento que hablaron, que amaneció, que salió el hijo valiente, que ella del impertinente viejo molida quedó. Y que ya le ha perdonado a Don Alonso la parte: ves aquí lo que mi arte con el disfraz ha alcanzado. Bien se echa de ver que has sido soldado, en lo valeroso. Eso has dicho? por brioso en Brúselas me han tenido. Pues qué eras tú? Mosquetero. Lenguado, en eso lo errastes como el mosque te tomaste siendo buen arcabucero? Mira, yo Capitán era antes de esto, de una tropa, aunque jamás a mi ropa la pude dar la bandera. Pues un reformado aceta mosquete con viles tratos? Sí, que andan mil sin zapatos, y se estima la vaqueta. Eras guapo? . De los crudos, pues. . Ahora nos la armas. Siempre tomaba las armas; pero nunca los escudos. Y entiendes de fortalezas? Muy bien. En todo es un Marte. Yo parezco valvarte ahora con estas piezas. Así le he de despreciar: no eres tú el que en un instante se fingió muerto, bergante? Eso no puedo negar; pero a no ser (bien lo fundo) (y no es alabarme gacho) mandría, embustero, y borracho, no habría, otro hombre en el mundo. Pues como aquesas bravaras vendes a fuer de valor? Pues hay ningún hablador que no ande con pataratas? Todo esto, muy excusado pudiera estar. . Ya lo sé: mas a qué soldado le apuntan, que hayá callado? En fin, me querrás? Hh fiera! dígote que eres mi aurora. Y yo? pero tú señora. Salios todas allá fuera. A la cocina me acojo. Acá sabréis mis intentos. Mis amos beben los vientos, no hay si no es abrir el ojo. . Bien creo de tu piedad que se habrá compadecido de ver a Leonor llorando, negada aún a sus suspiros. No me espanto, no, Pedro, del suceso, si averiguo que en un acaso se encierran mil generos de prodigios. ni me admira que de amante padezca el sordo martirio su opinión, si considero que siempre de estos delitos, amor su imperio dilata ya indignado, y ya propicio, porque el honor se gobierna de sus leyes al arbitrio, mas me confundo de hallarla. sin solicitar alivios a su dolor; pues no quiere que la vean. Siempre ha sido política entre los cuerdos depositar los sentidos, (por no malograr el llanto) Del criado de Don Feliz lo que sucede he sabido en la casa de Leonor. Grande advierto su peligro que es Don Alonso gallardo y es muy no ble Don Franciso mas Don Diego? No le nombres. Esa fineza te estimo. Pues aún no es de las mayo que has de ver en mi cariño Mayor que esta? Si Don Pedro. Que la digas te suplico, porque pase de obligado mi afecto ha reconocido. Ya sabes como mi padre no está en Madrid? Sé qué ha ido a Toledo a unos negocios, y que mañana me has dicho que le esperas. También sabes como Don Diego mi primo (aunque despreciado) intende mi mano. Todo eso he visto. Pues a sus ruegos mi pado cuando se ausentó, me dije que me ha de casar con él en volviendo. Mal resisto mi pesar! y qué pretendes? Dar la garganta al cuchila primero que a ti te pierda Qué es lo que dices? Qué digo? que antes faltará la arena a los salobres abismos, al Abril purpúreas flores, y al viento alados ministro que te fa Pues el modo no me dirás? . Los designios hasta que el amor los venza; no es fineza repetirlos. d. Con el silencio responda qe quien te ha de obedecer fino: tuya, Isabel, es mi vida. Permita el cielo benigno que consiga mis intentos, pues es injusto domío, que tenga albedrío yo, y no vie de mi albedrio. Dame los brazos, y con ellos (oh dueño querido) licencia, que mi deseo vaya a buscar a mi amigo Don Felix, que con cuidado me tiene. . No le prohibo (liendo acudirle forzoso) a tu amistad, lo preciso toma, y vena verme luego. e. Vendré a adorarte rendido, úíctima de tu deidad, oracional sacrincio. ̱. Si mi padre en su dictaman prosigue, del amor mío ha de saber los desvelos, aunque se enojen sus bríos; pero aquí sale Leonor. O rigores del destino! ̱. Dejarla, sola pretendo, pues sé que en esto la obligo. Cuantas por tus inclemencias sentre ciegos laberintos) aventurando el decoro, la libertad han perdido! Apenas, cielos, apenas confiesa en mis desvaríos, discursiva en mis congojas, y entregada a mis gemidos: lo que me sucede creo, porque son tan inauditos mis pesares, que aún no puede comprenderlos el sentido. A quien (que el juicio no pierdal) le habrán (ay de mí!) seguido tantos linajes de ahogos, tantos piélagos de abismos? Yo de mi casa (o con cuantos sentimientos lo repito!) desposeida, por una ciega pasión que concibo en la de Isabel, debiendo con agasajos, cariños? Yo de Don Diego (ah tirano!) que aborrezco, y desestimo, asistida, pues del riesgo me sacó atento, y altivo? Y sobre todo (qué angustia!) perseguida (qué conflicto!) de un padre (aunque viejo) noble, y de un hermano ofendido, que es forzoso, si me hallan, de mi pecho vengativos, que tinan de sangre el suelo, paralismo a parasismo, y piedades no procuro, remedio no solicito? Mas qué aprovecha el remedio. a quien sin dicha ha nacido? pero a Don Carlos no adoro? por él no muero, y no vivo? mi crédito en opiniones no anda ya (de repetirlo me muero) y lo que en mi casa ay, Lenguado no lo ha dicho? Pues si consuelos no espero, y solo aguardo castigos, buscar la propia desdicha no es ahorro, ni es alivio, que no se remedia el daño, lisonjcando el precipicio. Y así en tales desventuras, que corra tormenta elijo este galcón de mi pecho de infortunios impelido; quizá alagueña la suerte, o los hados compasivos, si no le conceden puerto, le abrirán algún camino. Mas Cielos, mucho don Carlos se tarda! si ha sucedido alguna desgracia? qué como mi amor no le ha visto desde que le satisfice de la banda (que principio fue de mi mal) recelosa estoy. Que eso le has oído a Inés? Si señor, don Diego la servía. Hh fementido! matarele, que un agravio no respeta beneficios. Pero allí viene, señor, mi bien, Carlos; dueño mío? . Que así finjan las mujeres? ya no puedo reprimirlo. Encantadora Sirena, engañoso cocodrilo, que cantas para matarme, y lloras viéndome herido. Infiel esfinje alevosa, lisonjero basilisco, que en el clavel de tus labios desperdicias el hechizo. Si crees que tus traiciones no las alcanzo, has creído muy al contrario, pues sé que quieres (aquí me irrito!) a don Diego, y que te adora. Eso sí, cuerpo de Cristo, haz, señor, que ese gígote se nos vuelva picadillo. Solo esto a mis confusiones les faltaba, cielo impío! Don Carlos, no es de discretos ni de jueces entendidos sentenciar a nadie a muerte no más que por los indicios. Para cumplir con las leyes, y obrar como buen ministro, es necesario primero que se sustancie el delito. Y si en las informaciones quedan falsos los testigos, ya que a ellos no se castigue por sobornos, o por vicio, premiésele al inocente, porque estamos en un siglo, que aunque no lo haya soñado divulgan que ha delinquido. Según eso, a entender das sofística en tus motivos; que estás libre? Es evidente. Luego lo que significo no es verdad? Este vinagre presto le verán torcido. Sí, y no; sí, porque él ha tres años, que rendido. me cansa, como es notorio. Y no, porque mi capricho, por haversión natural, o por decretos divinos, ni a sus ruegos se ha obligado ni a sus lágrimas movido. Por cierto linda disculpas un flegra es cada suspiro: Piensas que es esta la banda de tu hermano? Aqueso es lindo, echa un poco de pimienta. Cuando sabes que te esti cuando notas que te adoro, ya cuenta tuya respiro, me dices eso? Que quieres, si tú así me has ofendido? Escúchame, que no puedo, (a tanto error atrevido) ni mitigar mis ofensas, ni oprimir mi fuego activo. Qué importa, que al cielo hermoso, vapor condensado a giros, las claridades le empañe, subiendo a los epicielos: Si cuando amanece el Sol, dorando cumbres, y riscos, lo que la niebla le hurta lo mira restituido? Que importa, que pueda el arte, con fuerza, o con artificio ver de un río caudaloso el curso retrocedido: Si cuando junta las aguas con enoyos cristalinos, lo que le impide, deshace, por correr más fugitivo? Qué importa que a las injurias de la lima, o del martillo, el oro de más quilares pedazos se haga infinitos, si tiene el mismo valor entero, que dividido? Qué importa que el Fénix muera en aromáticos nidos, purificando sus plumas, del incendio el fuego activo, si de su fin se origina mas dichoso su principio? Y que importa, que a mi honor (Astro si brillante, fijo) así desprecies, si a locas sospechas, necios delirios; mal nacidas presunciones, y cobardes enemigos, ha sido, es, y será (a pesar del tiempo esquivo) cielo, que a nubes de agravios el Sol de mi amor altivo, desvaneciendo las sombras, sereno amanezca, y limpios río, que atropelle estorbos de riesgos, y de peligros Oro, que a golpes de celos se le conozca lo fino; Y Fénix, porque solo él quemándose en tus desvíos, si muere por adorarte, resucite por lo mismo? Ya lo errará la Leonor, que sabe más que un chorizo. . Estás ya desengañado? Responder que si es preciso . hasta ver estas razones ciertas: perdona bien mío la desconfianza amante; que como el amor es niño, cualquiera sombra le turba, y le inquieta cualquier ruido. Esto es amar, De don Diego, . pues en Atocha me ha dicho, que para reñir me espera, me vengaré a un tiempo mismo de su duelo, y de mis celos. . Pues que no ames te suplico de esa suerte, que me matas. No lo haré, y ahora te pido no te enojes. Mi obediencia te informe el afecto mío. Me quieres? Dentro del alma, Leonor, tu nombre confirmo. Ya que la confirmas, dale, y andarás, como un Obispo . Sabes el riesgo en qu estamos? Si Leonor? y tu peligro es solamente el que siento. Como yo viva con tigo, no temo dessdichas. Tú padre, y hermano, atrevido a vosotros, y a D. Diego os buscan. Yo detérmino excusarme de sus ojos, porque es necio barbarismo parecer el ofensor delante del ofendido. Eres cuerdo: de este modo . mayores daños evito. No sosiego hasta escuchar la verdad, y así me insisto a salir de aquesta duda. Leonor, hoy se me ha ofrecido hacer cierta diligencia importante (bien lo finjo) . a nuestra seguridad, con que ahora será preciso; que a ejecutarla me vaya. Si ese es el fin, no replico que me dejes con mis penas. Al punto volveré fino, pavesa a ser de tu incendio, donde mariposa asisto. a Dios El cielo te guarde Señora, que has hecho? dilo a reñirva con Don Diego, como dos; y tres son cinco: que el paso no le atajaras? Qué dices, Lenguado, amiga es cierto? Telle de engañar yo? . A seguirle me ahimo, que está en su vida mi vida (brino Como un gamo, en cuatro me planto a ver la batalla del pendiente delafío, y de estos celos. Amor, pues eres Dios, en ti libro el acierto de mi intento, y el fervor de mi cariño? p l A Don Carlos aguardo aquí brioso, que aunque ya de Leonorno estoy celoso, pues miro que le ama, y por él pierde honor, sosiego, y fama como ayer advertí cuando mi acero del riesgo la libró; vengarme espero (pues le desafió mi esfuerzo osado) del desprecio que me hizo en mi criado. Fuera de que consigo, ya que anoche (en mi cólera prosigo) por lo que sucedió (raro despecho!) no quedó del mi brío satisfecho, lí aunque parezca injusto, dar a Leonor ingrata este disgusto. zoja Y puesto que mi tío taeua dolmia vedijo (que en ue unir al de mi prima me promete; y a Leonor, no me inquiete el nombre dulce que provoncia el labio, que no hay amor en conocido agravio. Sintiendo a un enemigo, con mudas plantas sus pisadas sigo. Aquesto tiene de emprender mi fuego. . Ha honor escuchad señor Don Diego. Mal previne este lance que ahora empieza, mas ya sé que le toca a mi nobleza: qué queréis? Cesad ojos el llanto, y moderad vuestros enojos: no me parece que será acertado que duplique Don Diego mi cuidado, refiriéndole aquí, como vos mismo sabéis de mis desgracias el abismo. Solo pediros trato (pues vos fuisteis quien a Leonor (ah infelice!) socorristeis) que me digas adonde de mi furor intrépido se esconde? En cuanto a lo primero respondo, que he nacido Caballero, y no seráblasón del que profesa alustre sangre, cometer empresa en que diga la fama, que muerte consintió dar a una dama; aqueso es imposible. Ved, Don Diego, que os lo suplico, que os lo pido, y ruego como amigo. Ese nombre se os olvide, que lo que me está mal, no se me pide, ni yo lo puedo hacer. Pues no os obligo, y de amigo os pasáis hoy a enemigo, porque queden mis iras declaradas, callen las lenguas, y hablen las espadas. Decis bien, hablen ellas ya sin menguas, pues también los aceros tienen lenguas. . El es brioso. Él es atrevido. Si primero Don Diego habrá venido? mas si yo no me engaño, a lo que entiendo, el que se ofrece es, que está riñendo: no sé lo que presuma. O si la suerte quisiera que a Don Carlos diese muerte! . Qué esto a mí me suceda? No apercibo quien el contrario sea. Apenas vivo. Defenderle le importa a mi cuidado. Buen pulso. Ya tenéis a vuestro lado quien os ayudará. Qué es lo que veo? cumpliósele a mi enojo su deseo! A mal tiempo llegáis. Lance terrible! pero ya el excusarme no es posible. Hoy tomaré venganza de mi agravio. Esperando os estaba. Calle el labio, hasta ocasión mejor. Y pues mi honra, por vos solo padece la deshonra, siendo en aquesta pausa, el efecto Don Diego, y vos la causa: mataros solicito. No ofenderos procuro. Mas me írrito. Mirad que le defiendo. Cómo intentas aumentar a mi afrenta más afrentas? Porque no puedo menos. Fuerte aprieto! Pues con la causa morirá el efecto: valor para los dos tiene mi espada. No le ofendáis, Don Diego. Acreditada tengo ya mi opinión, no os dé cuidado. En vano es resistiros. No me han dado mala noticia. Con mi pena lucho. ̱. Hh cobardes! Qué es, cielos, lo que escucho? Mi padre es, llegue mi brío a satisfacer su honor: aquí me tienes, señor. ̱. Quién vio empeño como el mío? Hijo, pues de aquesta furia tanta parte a ti te alcanza, empiece nuestra venganza, porque acabe nuestra injuria. Valeros mi brazo piensa. . La muerte les daré sabio, porque no pide un agravio, señor otra recompensa. Pues iguales nos hallamos, yelegis aquese medio, ya que no tiene remedio, no hay si no reñir. Riñamos. Qué tal sea su malicia! Mis rigores me maltratan. . Acudamos, que se matan: deténganse a la justicia, Caballeros. Este es el que prenderme intentó . cuando mi aliento mató al noble Don Carlos. Pues qué mandáis? nadie se altere. Vos sois, señor? Sí, y os pido, supuesto que nada ha avido, que os volváis. Eso no espere de mí la merced repetida que me hacéis. Pues por qué no? Porque no me puedo ir yo habiendo aquí un homicida. Por mí sin duda lo dice. . Ya qué tengo que saber? A Don Alonso prender intentara. Ay infelice! mirad que ya se apartó la parte, o piadosa, o cuerda. Prociso es que yo me pierda. . Perderme es forzoso yo. . Ya sé lo que vuestro eco me quiere decir prolijo, mas no es, señor, vuestro hijo. Pues quién? Don Feliz Pachecho. Ay Carlos! decid, sois vos Don Felix Pacheco? Sí, que hombres como yo Ay de mí! No niegan su nombre. Ay Dios! Notable caso! Estorbar conviene su pretensión, porque en aquesta ocasión de él nos podemos vengar. Es así: quien a cruer llegará esto que sucede? Daos a prisión. No concede tal quien le ha de defender. Cómo noble, y cuerdo aquí hace. Por mí se empeñó. No me dejáis obrar? No Y vos le defendéis? Sí: ahora elegid qué queréis, porque ya en ello empeñado, no lo he de dejar del lado, si mil pedazos me hacéis. A resolución tan rara, hallándome aquí sin gente, no andubiera yo prudente, si en prenderle me arriesgara y así a darle cuenta voy a un Alcalde del suceso. Vuestra mi vida confieso. Pues Don Felix, si os la d para quitáros la ha sido: que si dos me habéis quitado vos, aún no quedo vengado con una que me ha ofendido Volvamos a nuestro duelo y pague aqueste tirano hoy la muerte de mi herman Don Carlos. Válgame el cielo! mayor el inconveniente miro ya. Su acción envidio. O con cuantas dudas lidio Grande fuerza! Él es valiente! Recupere mi valor aquella difunta llama; pero primero me llama la eclipsada de mi honor. Daros la muerte dispensa mi deshonra (oh pesi al labio!) porque no olvida un agravio quien se acordó de una ofensa Yo, aunque de vos combatido resistirme aquí pretendo; y aunque me estéis ofendiendo he de ser agradecido: que es bajeza conocida del que hidalga sangre advierte animarse a dar la muerte a quien le ha dado la vida. Tú, que a un traidor acredir no te ofendes? En tu aprensión me granjeas reputación, creyendo que me la quitas, porque (aquesta opisión sigo) y de toda la bizarría, es la mayor valentía amparar al enemigo. A un hijo me matáis vos, y mi honor muerto se advierte; vedsí merecéis la muerte por cualquiera de las dos? Si a Don Carlos maté airado, cuerpo a cuerpo, fue brioso; y como yo fui dichoso, bien pude ser desdichado. Además, que no hay ninguna ventaja en igual rencor, con que lo hizo el valor, fue gran parte de fortuna. Satisfacciones no quiero, venganzas lí. Como alí me defendéis, y ahora aquí me persigue vuestro acero? ̱u. Aquesa razón que he oído, la mía sanca al doble, como os libro como noble, yos mato como ofendido. ̱. Pues yo con vos combatir no puedo, aunque aquí no os cuadre Si no queréis con mi padre, cinmigo habéis de reñir. A pelcar los dos bolremos, ̱. Yo no lo puedo reusar. Que aunque la vida al entrar los en la Corte (qué extremos!) ton una banda me disteis, e estos lances inventora como ya he sabido) ahora, supuesto que me ofendisteis, mi noble altivez se alienta en este ardiente ejereicio, a ultrajar un beneficio, por redimir una afrenta. Tampoco con vos mi acero se ha de mostrar indignado; porque si habéis confesado que os di como Caballero la vida, y segunda vez (sin conoceros y la guardo, no viniera a ser gallardo; ni de bizarra altivez, si desluciéndome a mí (obrando villanamente) porque me incitáis valiente; os quitara lo que os dí. Esa, ya es más cobardía que otra cosa. Aqueso no, que aquesto hacerlo tocó hoy a la modestia mía; pero en llegando al honor, nada hay primero en su alarde: ahora veréis si es cobarde quien ostenta este furor. Eso emprendéis? Esto emprendo. Malos queréis. Soy honrado. Vedque soy noble. Yo osado. . Yo os obligo. Yo os ofendo. Qué os incita? Mi deshonor. Qué intentáis? Mi desagravio. Vos sois entendido? Y sabio. Quién os vale? El pundoñor. Vos me dais la muerte? Sí. Y con él, que alcanzáis? Mucho. Reparad. Nada os escucho. En qué manera? Advertid, en que habré atento cumplido (mi sentir acreditando) librando a un tiempo, y matando, como noble, y ofendido. Llegad, que se hacen pedazos. Carlos, señor, mas qué miro? mi padre, y mi hermano cielos! En otro mayor peligro habeos dado. Teneos. De mis enojos altivos llegó la última venganza: hija aleve, hoy a mis bríos morirás. Bueno anda el ajo. Don Carlos, esposo mío, defiéndeme. Infame hermana, ahora quedará limpio mi honor. No será muy fácil, puesto que reñís con migo. Difícil será el intento, mientras con vos aquí tiño. Los aceros suspended, Asonso. Francisco, que es peligroso el remedio; que toca en ejecutivo. Ved, que así de vuestra honra perdéis el blasón antiguo, y no afanzáis la opinión, por verter la sangre a ríos; pues aunque quedéis vengado del duelo allá con vos misme el escándalo no muere, aunque muera el enemigo. Tened, que yo en tales lanor (mirando lo discursivo) sé lo que mejor le está a mi honor. Aún no respiro. Qué disponéis? Qué trazáis? Ya me alegro haber venido sirviéndote por ver el sin de aquellos laberintos. Quiera el cielo que sea buen Atiendan. Qué decís? Digo, que enemigo de Don Felij (que con el nombre fingido) de Don Carlos, hasta ahora, como de un lance he sabido ha estado; por vengar mi he noble, y colérico he sido: con que ahora; por lo propio tengo ya de ser su amigo, pues dando a Leonor la má (aunque no haya con seguido de mi hijo la venganza) mi honra (a lo menos) con Y más pesa la opinión, en tan severo martirio, de una hija por casar, que el dolor de un muerto hijo. Descubriose la maraña. . Cielos, pues los albedrios confrontáis, yo me confirmo, como Felix sea mío. Hoy Pedro; mi fineza ha de ver. Después mi brío tomará satisfacción d Felix. Sísentido me tienen aquestas cosas. . Como os hallo tan remiso, cuando juzgué que me dieráis, atento, y agradecido las gracias, pues os perdono (a pesar de mi cariño) porque os caséis con Leonor, mi agravio, y el de mi hijo? Porque para que eso sea, es Don Francisco preciso, que Don Diego de una duda s me satisfaga. O qué lindo Dn Diego! Aguardad, que a mí eso toca referirlo. Decidme, señor. Diego, en tres años, que rendido solicitáis mis favores, qué habéis visto en mí? Qué he visto? mil montañas de desprecios, sin haberos merecido, ni piadosa a mis tormentos, ni obligeda a mis suspiros. Ahora, aquesta es mimano. Para ser tuya he nacido. Esperad, Felix, que os salta que ajustar con migo aquel duelo. Con quien la vida me da, yo no riño. Vos la vida de Leonor, que es la mía, de un peligro la sacasteis, y no fuera, ni noble; ni bien nacido, si cuando no ha avido agravio; no pagara un beneficio Mis armas a vos se rinden. Cortés me habéis convencido, desde hoy he de ser muy vuestro. Esa fineza os estimo. Pues me quedo sin Leonor, yo voy a ver si ha venido mi río, que aquesta noche a Isabel me ha prometido. No os vais, Diego, que yo (perdonad que así os lo digo) no puedo ser vuestra; porque es Pedro el dueño mío. Uced queda muy airoso. Bien cumple lo prometido tu voluntad. Aunque aquí tan desairado me mito; yo agradezco el desengaño, pues por infame apercibo al que le avifan el riesgo, y no festejó el aviso: Digo que os gocéis los dos. Con esto restituido queda mi honor. Yo os diré después todos los motivos, que a Madrid me condujeron. También yo os diré los míos. Esta la fineza es, Pedro, que mi cariño tenía que hacer por ti. Yo, hermosa Isabel, me obligo a que la abone tu padre; Y yo a sacar advertido de su Majestad perdón para los dos. Un poquito vuesas mercedes me oigan. Sepan que los fementidos que de Flandes nos siguieron después acá) se ha sabido que los prendió la justicia, por torparlos vengativos con las pistolas; y así los condenan a un presidíó. También, que las dos criadas que a esta función no han salido, en la casa de Isabel se quedan, porque ha querido el Poeta ahora dejarme soltero, para serviros. Y pues aquestos señores, de mi amo (que es un buen hijo se han vengado, pues le hanber en esta ocasión marido. Por él, y por todos, yo (a vuestras plantas rendido) que perdonéis nuestras faltas, humildemen te os suplico. Con que tendrá la Comedia fin, si os agrada el capricho, a quien su Autor intítula, como noble, y ofendido.