Texto digital de Los comendadores de Córdoba
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Álvaro Cubillo de Aragón
- Atribución estilometría
- Álvaro Cubillo de Aragón Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los comendadores de Córdoba. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/comendadores-de-cordoba-los.

LOS COMENDADORES DE CÓRDOBA
JORNADA PRIMERA
Con miedo, hermano, he venido a Palacio. Pues porque con miedo? cuando tu fe, y tu calidad han sido tan dignas de estimación, y tan cierta tu lealtad? Temo alguna novedad, porque tengo presunción, y sospecha vehemente, que casi evidencia es, (plegue a Dios que sea al revés) de que aquel hombre valiente, que de Beatriz a la puerta anoche riñó conmigo, era el Rey. . Qué dices? Digo, que mi presunción es cierta, que aquel no volver un paso, aquel ser, y gravedad, da indicios de Majestad. El Rey solo, y tan acaso en riesgo tan evidente? no hermano, no ereas tal. Es una espada Real RORN A DEA PRIMERA muy cortés, y muy valiente. Vive Dios que es un León, no vi tan valiente brazo: al primero cintarazo me tendió como un lechón. Del puesto me quiso echar, como en efeto me echó; llegó la justicia, y yo con temor de disfamar a Beatriz, me retiré; pero él sin descomponerse, sin más que un mármol moverse, por por entre todos se fue, como si toda la guarda le fuera haciendo lugar, sin que le osase llegar lanza, espada; ni alabarda, Esto, y el haber notado, que mira con atención a Bearriz, grande ocasión a mis sospechas ha dado. Y bien, que más sucedió? Por entonces me ausente; fuese él, volví yo, y hablé a Beatriz, porque salió al ruido a una ventana, donde soy favorecido muchas noches. . Tú has perdido a Beatriz, y yo a doña Ana su prima, si ello es ansí: porque el Rey ha de quitar la ocasión de tropezar otra noche en ti, o en mí. Ese es mi temor Fernando: pero que se puede hacer? Esperar; y obedecer. Ya espero, y estoy temblando. En mi vida (aunque ya fui tal vez de tres embestido, tan acosado, y perdido como esta noche me vi, El Rey sale. Aquí me arrugo, que al golpe de su enchilla, a noche deslicé auguilla, y ahora me pesea besugo Don García, hablaros quiero solo. . Mi amor, y lealtad os atienden. . Despojad aquesta sala primero. Yo, señor, vengo llamado de tu Majestad aquí Don Jorge, bien está ansí, Qué gravedad! Qué cuidado! salios fuera, y ásperad nueva orden. Cruel sentencia espero muda obediencia jura, señor, mi lealtad. Vuestros consejos, García, siempre de la mocedad mal sufrida su verdad, como sombra opuesta al día, tal efecto han hecho en mí, y tan reducido estoy, que apenas siendo quien soy me acuerdo de lo que fui. Quise a una dama, y en vos hallé siempre resistencia, que el consejo, y la prudencia, es un amago de Dios. Ella quiere (y no me espanto, otro sujeto menor, disculpa tiene en su honor, y yo la tuve en mi llanto. Que si atiende a su nobleza, también debe reparar el sentimiento, y pesar de un desaire en mi grandeza. Yo la he de casar, que ansí la deja he de querer, pero aquesto no ha de ser ya que sea contra mí) tan a su gusto, que intento, pues en otro amor se emplea, vengarme con que no sea a su gusto el casamiento. Qué confusiones son estas? por Beatriz lo dice (ay cielo) hay no excusado del velo, Comedia famosa. hay hija cuanto me cuestas! Bastan ya, acábense aquí tantos pesares, y enojos, abra la razón los ojos, reine el desengaño en mí: Y yo en mis propias pasiones, que corrido, y afrentado, lloro el tiempo que he faltado a tantas obligaciones. Mucho me huelgo, señor, de veros tan reducido, los viejos siempe hemos sido contra el juveñil ardor una escuela rigurosa, pero como la experiencia es crédito de la ciencia, en la vejez es forzosa. Mas quién es el preferido que tanto llegó a alcanzar? Caro me pudo costar, García, haberlo sabido. A don Jorge haced llamar que tengo que hablar con él. Él es sin duda, y yo por él, siempre te mí algún pesar, Esperad, sabed primero de estas cajas la ocasión. El Cordovés escuadrón será. La noticia espero del valiente Cordovés por quien ya Granada llora, Entre el Venticuatro ahora. Y don Jorgo no? . Después; Pudo el desengaño en mí sacarme de un ciego abismo, quiero reinar en mí mismo, pues Rey de tantos nací. Comedia famosa. Deme tu Alteza (por Dios que en verle tiemblo.) . Qué ha sido? Muchos Moros no he temido, y me turbáis solo vos. Reportaos, y referid el socorro de Antequera. Aliento mayor quisiera; atended. . Ya escucho. Oíd. l Valeroso Rey don Juan, en la virtud el primero, como el Segundo en el nombre, y sin segundo en los hechos. Hijo heroico, y sucesor de don Enrique el Tercero, a quien por dolencias suyas llamó Castilla el enfermo. Escucha, y sabrás de mí el deseado suceso que contra el Moro Andaluz tus Castellanos tuvieron. Los Infantes de Granada, con el estilo soberbio que su arrogaucia acostumbra, de voces llenando el viento, pusieron cerco a Antequera. no con menos, no con menos que con quince mil infantos, y en lanza, y adarga diestros de la nobleza Africana. eis mil caballos ligeros. Defendiéronse en la villa con firme, y constante pecho los cercados invencibles, animados del esfuerzo de Rodrigo de Narvaez, aquel sin par Caballero, que de su sangre y valor tantas experiencias vemos. En los continuos asaltos las máquinas, y peltrechos rompieron parte del muro; pero siempre fue el primero Narváez, que con la espada a tanto poder opuesto, fue (embrazada una rodela murella viva de acero. Una vez, y muchas veces rebatidos, lugar dieron, que el Conde de Fuensalida llegase, a quien de Toledo ya slolo enviaste con socorro, El no Llegó al fin, y el día mismo omon llegué de Cordoba yo con ese elcuadrón pequeño, que aquella ciudad condujo, a tiempo, señor, a tiempo que estaban para rendirse os Cristianos Caballeros, Porque la hambre insaciable los redujo a tal extremo, que de inmundos animales hacían infame sustento. Alentó nuestra llegada los ánimos ya deshechos lan de aquellos que viendo esta de la muerte el rostro feo pe Y poniendo sobre el cam de los Moros sobrecerco a defenderse empezaron y dejaron de ofendernos Formó su escuadrón el Conde, el Moro hizo lo mismo, y de porder a poder, como a todo trance, y riesgo, la batalla se empezó tan reñida, que los ecos de los balles respondieron con escandálolo estruendo, De tantas jaras, y flechas poblaron los ballestero el aire, que eran del sol por un espacio pequeño o toldo que le impedia o nublado sobrecejo. Mahoma allí repetión, aquí Santiago y a ellos, y encontrándose las voces con duro, y fatal encuentro, fue la de Santiago rayo y la de Mahoma trueno, porque en algázara, y voces sus armas se convirtieron Un Vencerraje valiente, que presumido de diestro qu en la gineta, vatia los ijares de un Hobero, se adelantó de los suyos, desafiando soberbio a todo nuestro escuadrón, lanza a lanza, y cuerpo a cuerpo, Fue bizarra acción, y tuvo los ánimos tan suspensos, que a más de cuatro robó el color, y templó el fuego Yo, que nací Cordovés, y que no menos me precio de gínete, que el Alarbe, sobre un bayo cabos negros, primogenito del Betís, y mayorazgo del viento, en cuyo relincho cabe toda la esfena del fuego, sin remisión a la espuela, y sin condición al freno, en el pasear bizarro, en la carreta revuelto, los ojos con poto blanco las crines con mucho pelo breve sillar, gran cadera fuertes brazos, ancho pecho y al sin de aquellos que al son de su repetido aliento, tascando argenta la espuma se navegaba en sí mismo; salí a su bárbaras voces onir con con el adarga cubierto, Comedia famosa. terciados los veinte y cinco palmos del herrado fresno, que como delgado junco, tocaba la punta al cuento. Mas él despreciando altivo, cuanto lo amenazo cuerdo dio un torno al campo, librando en la destreza su empeño. Hice lo mismo, y busquelo él se aparta, y yo me acerco, y por entre adarga, y lanza, An rebatido el primer terció arremetiendo el caballo, logré tan libre el encuentro, que sin totar en los antes, trabó la punta en el pecho A donde a pesar del jaco abrió un portillo sangriento, para que el alma dejase tanto cadaber desierto Cayó dejando la silla; y el caballo libre, y suelto dando corcobos, y coces, lloró en relinchos al dueño. Que sobre la verde hierba, ríos descoral berriendo, frondosamente le dio todo el campo monumento, siendo la agarga, y turbante tumba, y pira de su entierro. No menos valiente el Conde desbarató todo el resto del campo del enemigo, y cantando a un mismo tiempo la victoria singular y el general rompimiento, perdiendo todo el vagaje, a espaldas vueltas huyeron, Su castigada soberbia, en caracteres eternos guardar el mármol, y el bronce, escrita en prosa, y en verso, Comedia famosa. Reforzando la muralla queda el Conde, y yo a Toledo doy la vuelta, donde humilde esta victoria te ofrezdo, este amor te significo esta lealtad te refiero esta facción te consagro, y otras muchas te prometo Llega a mis brazos Fernando, llega y corona con ellos la heroiea frente, que a voces An pide laureles eternos Indigno, soy de tus pies. Oh cuanto a Cordova debo! o como siempre sus hijos, preciados de Caballeros, en la lealtad, y el valor lucen mucho; y saben serlo Yo el menor de ellos señor, vuestros pies Cesareos beso, Genticuatro, y hijo suyo Vienes Fernando a buen tiempo, para que de tus servicios justamente satisfecho el premio debido alcances. Señor, si premio merezco. Esta es famosa ocasión El mayor será. . Ya entiendo lo que me queréis pedir no soy, Fernando, amigo vuestro: ya sé que amáis a Beatriz, joya de tan alto precio que ni ella puede ser más, ni en mi amor puede ser menos, con ella, y dos mil dueados de tenta a pagar empiezo. Siempre yo, señor, me hallaba ton de tanto favor muy lejos, Pues no os está bien? Quién duda, Inod cupioo que con haberlo vos hecho, y di- y dicho, me está muy bien. Señal era entre los Griegos el avillo de amistad y porque amigos quedemos este diamante somad, que vinculado, y ererno, en vuestra casa será señal de este pacto nuestro. Yo juro por vuestra vida, que es lo más que jurar puedo, de no enajenarle, y ser tan sirme como él en esto Aquí está señor don Jorge. Humilde vasallo vuestro, eñor, que mandes aguardo, para obrar obedeciendo. Don Jorge, lo que os quería decir, y a callarlo quiero. Por qué señor? . Porque en mí solo, estará más secreto. De mármol nací a serviros. No hay mala ocasión de hacerlo Pues si hay ocasión, señor, de quien mejor, ni más cierto podéis fiarla? . Don lorje, Alcalá enviaros quiero, que es frontera de Granada, donde los servicios vuestros me ocasionen a premiaros: Fernando también espero que os acompañe, y me sitva. Todos, señor, somos vuestros siempre, y en cualquiera parte, Los que son tan Caballeros, no han de rehusar ocasiones. Pues como faltar podemos al decoro de quién somos? Don Jorge id a disponeros, porque mañana os partáis; y vos, Venticuatro, luego venid; porque lo tratado, yo, y García ejecutemos. Primos adiós. moz ip Dios os guarde. Envidia por Dios os tengo? Venid García. . Qué grave! sus palabras son misterios. Por Dios que habemos quedado arrimados, bueno es esto: a Alcala? pentil despacho; pero conforme a mi miedo, no hemos negociado mal, que yo esperé por lo menos de palabras tan preñadas horca, y cuchillo, y aquello que se sigue a los enojos de tan meromixto imperio. Doyme desde aquí ha partido, luego en Alcalá me meto como en baraja sin ver. Ay Galindo, que no es eso lo más; desdichas mayores tras de estos principios temo: perdí a Beatriz. . Perdí el alma en doña Ana. Qué remedio? Vamos a verlas Fernando, y a despedirnos muriendo. Aquí señores no hay más que clamorear a muerto, liar el trompo, y decir requiem eternam deseos. Ay Ana, qué te he perdido! Ay Beatriz cómo te pierdo! . Ay Zorodover, y como te me quedas en Toledo. Perece que hoy te has vestido mas más bizarra que otras veces qué adivinas? qué pareces que desposada has salido? Culpa de Esperanza ha sido, prima, no cuidado en mí, hoy de vestir la pedí, y sin repatar que hoy mas triste que nunca estoy, gustó de vestirme ansí. Antes porqué reparé la tristeza que señalas, quise alegrarte con galas de intento, y no acaso fue. Nunca Esperanza espere remedio en los accidentes, tú que mi tristeza sientes desde afuera, has presumido, que el pesar al alma asido con la gala se desmiente. Y muy engañada estás, si lo entiendes de esta suerte que lo que a todos divierte, al triste entristece más, Filósofa, prima, das fuerza a la melancolía, Esto no es filosofía, sino razón natural, que se aumenta el propio mal con el ajena alegría No has visto alguna hermosura del azabache guardada, que con envidia mirada (ya que entonces se asegura de aquella vista perjura, de aquel capotillo, y teño envidioso, y halagüeño) el azabache fiel siente el veneno cruel que había de sentir el dueño? Y se rompe, y queda abierto de aquellos ojos herido, de aquella vista ofendido, y de aquella envidia muerto? Pues con el mismo concierto en mi amor se procedió, con envidia le miró quien verle muerto quería, y como honor le asistía de mal de ojo se rompió. Don Jorje viene, señora. Qué dices? . Qué acompañado de don Fernando se ha entrado No sin causa el alma llora. Amor, que riesgos ignora, que ciego atropella enojos, que grillos tompe, y cerrojos, que libre vive, y sin ley, desde las plantas del Rey, Beatriz, me arroja a tus ojos. Pues a qué? (qué turbación! qué dices don Jorge?) ay cielos! Que unos poderosos celos, que una imperiosa pasión, que una Real inclinación, que una Augusta Majestad, como si la voluntad vasallaje conociera, me manda, ar Dios! que no quiera, que no viva. . Pues por qué? Beatriz, no hay más porque, que saber con evidencia, que el dueño de la pendencia o pudo ser, o el Rey fue. Qué dices? . Que yo me iré, Bearriz, a no verte más que el Rey se queda, y tú estás a los riesgos que prevengo, que ya a desperdime vengo de la vida que me das. Que ya en mi llanto anegado. y perdido en mes enojos, porque me miré en tus ojos, A 2 voy voy a morir desterrado. Yo también voy condenido a lo mismo. . Tú también? Si porque iguales estén mi muerte; y la de mi hermano, o en el golpe de una mano, o en la crueldad de un desdén. También a mí me destierra, también me manda servir más mejor diré salir bonn de su gracia, y de su tierra. A mi hermano le hace guerra y vengo a sentirla yo, celoso rayo esgrimió, con que a los dos atropella, pues me alcanzó la centella del rayo que en el cayó. No has visto (ay fieros temores) arder en voraces llamas de un mote trontos, y ramas, verde hierba, y tiernas flores? cuyos fatales ardores el monte se ocasionó, en la leña que crió con providencia no escasa, porque siempre al monte abrasa la leña que del salió? Pues así (ay Fernando) ansi (bien lo he llorado, y temido a tu amor le han sucedido, y me ha sucedido a mí. Yo a don Jorge intro luci con Beatriz, yo entre en su casa la ocasión de cuanto pasa; pues de quien me quejo yo, si de mi misma salió el fuego que el monte abrasa? Que al fin don Jorje te vas? Que al fin Fernando me dejas? Ya Beatriz no importan quejas. Ya doña Ana es por demás, Dilatarlo no podrás? Los Comendadores de Cordova. Que no prodrás detenerte? Es ocasionar mi muerte. Es aumentar mis enojos Cieguen de llanto mis ojos. Muera yo si no he de verte Y tu Galindo? . Esperanza, también contra mí es la ley, porque el enojo de un Rey, del amo al criado alcanza: su tormenta, o su bonanza, su inquietudio su sosiego se mira en nosotros; luego bien sentirá este lacayo la centella de aquel rayo y las llamas de aquel fuego? Ay señora, que se apea de un coche Quién? . Mi señor, y tu padre. . Qué temor! Pues qué importa que nos vea? entre, Beatriz, entre, y sea testigo de que me vengo a despedir. . Ya prevengo otra o asión más cruel Cómo? . El Rey viene con él! Qué poca dicha que tengo turbada estoy. . Muerta estoy. Primos, don lorge, Fernando, En cada hora voy contando nuevos sobresaltos hoy. Beatriz, cuando ya me voy, qué temes? . Estoy perdida quiero asegurar tu vida escondeos aquí. . Eso no, que el Rey partir me mandó, mas no que no me despida. Éntrate Fernando aquí; ya que don Jorge no quiere. Lo que de mi hermano fuere, doña Ana será de mí. Al Rey núnca le ofendí mi amor no le ha disgustado Comedia famosa. Caballero soy, y he dado satisfacción de quien soy: entre el Rey, vea que estoy bio obediente, y no culpado Ebito No pudo mi deseo dar a Bra riz, señor, mas digno empleo, ni pudo vuestra Alteza honrar mi casa con mayor nobleza, pues poniendo el pie en ella, honras estampa, y privilegios sella, Así quiero García empezar a pagar deuda tan mía, Señor, si vuestra Alteza tan liberal empieza, y tan señor nuestra humildad abona, mas que paga cautiva, y aprisiona Beatriz, obligacionas que confieso hacen preciso lo que fuera exceso con otro que Gaecia y vos no fuera pues a ninguno tanto amor debiera. Deme a besar su mano Alzad del suelo: hermosa estáis, dichosa os haga el cielo Con tan grandes favores, que humanas dichas pueden ser mayores Oh cuanto debe (ay cielo) a su cordura, quien arranda del alma esta hermosura! Don Jorge, aquí estáis vos? He de partirme dentro de una hora, y vine a despedirme de mi prima. . Está bien. Seréis testigos, (ya que ni deudos más, ni más amigos tengo aquí) del empleo venturoso sposo. que me hace de Beatriz indignone Válgame Dios! qué escuché, Dálgame el cielo! qué he oído? A ver mi agravio he venido, A ver mi muerte llegué, Caba Que os gocéis primo y señor muchos años, quiera el cielo, oh terrible desconsuelo! Oh nunca visto dolor! Beatriz, si el tomar estado es preciso, aunque esto sea acto de la voluntad también lo es de la obediencia. Y yo por lo que deseo vuestro aumento, y por la deuda que a vuestro padre confieso, me he tomado esta licencia Viváis, señor, muchos años, que yo: qué dolor! qué pena! no tengo que replicar de mi padre en la presencia. Beatriz, señor, siempre vive debajo de mi obediencia. Don Fernando es Caballero de tantas partes, y prendas, que aventajándose a muchos, no hay ninguno que le exceda. Quién, señor, puede dudar razón tan clara como esa da luego Beatriz la mano. Mi mano, y mi alma es esta. Y la mía, que aunque está siempre a la mánopla hecha se ablandara aquel acero mío en tocando la vuestra. La llave del honor mío Beatriz, os entrego en ella; dad bien la vuelta a la llave, que aunque es vidrio que se quiebra, siempre seguro estará como se dé bien la vuelta. Quién tantas obligaciones tiene, señor, no las yerra; perdona don Jorge, y mira que ya el mirarte es ofensa, p La obligación Venticuatro en en que me puse, ya es fuerza que no la olvide jamás, a Cordova dad la vuelta, y descansad, que es razón que el estruendo de la guerra, en la paz de vuestra casa, quietud, y descanso tenga. Vosotros Jorge, y Fernando, partid luego a la frontera, vean do, Moros Andaluces en esas Cruces bermejas lo claro de vuestra sangre, cuando la contraria bierta, que el rojo color entonces más bien teñido se muestra. Yo, señor, obedeciendo quedo en mi lealtad sin deuda. Los dos a servir partimos. Yo a penar; pero no sea escrúpulo de mi honor esta cobarde obediencia. Yo me acordaré de vos. Yo, señor, de mi promesa Esa palabra me dais? En mí será siempre eterna Yo os la pediré algún día Yo sabré cumplir con ella.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Qué descuido! esto es razón? dame mi lavor, que es tarde. Señora así Dios te guarde, que las ocho apenas son Afligido corazón, déjame de atormentar, para qué es tanto pesar? que bien consigue, ni alcanza; quien perdida la esperanza, nunca deja de esperar? Quién tanto al disgusto dura, su muerte busca, porque vistes de negro? . Este fue el color de mi ventura; por esto, y porque es cordura vestirse negro vestido a los ojos de un marido, que en su valor confiado, aún más que de ser amado, se precia de ser temido ̱. Pasando de extremo a extremo, hizo amor suerte en los dos. Que le quiero sabe Dios, pero es más lo que le temo, Afe que no es malo el remo a que tú te condenaste. no la Deja que el tiempo le gaste, Padézcale por los dos don Jorge. . Mal te haga Dios, para que me le acordaste? Luego ya le olvidas? . No; pero pretendo olvidar un bien que solo el pesar de perderlo me quedó. Ya para mí se acabó, ya cuando acaso le nombro, tiemblo Esperanza, y me asombro; que acobarda la señal de que fue bien, y ya es mal del que fue amor, y es asombro. Como el cadaver que dio la pálida sepultura, que ausente de él la hermosura, con la fealdad se quedó. Así ya ese amor murió, sombra, humo, vanidad, horror, sueño oscuridad me queda de aquella historia; ya me aflige su memoria, ya me asombra su fealdad Mucho te debe tu esposo, triste del que pena ausente. otra vez impertinente le nombras? . Fue aquí forzoso. No ves qué es muy peligroso? no ves que su pena aumenta, (si acaso olvidarla intenta) y que acordarle es rigor al enfermo su dolor, y al agraviado su afrenta? Ría el vivo, llore el muerto, cante el que empieza a vivir deja al mundo discurrir en su natural concierto El fuego que está cubierto cuando más le solemnizas, su actividad sutilizas déjame, no me hables más, que si otro soplo le das, quizá arderán las cenizas Prima mía, buenos días, hermosa estás, Dios te guarde, bien te parece lo negro. Es el color que más sale, por la oposición que tiene con todos. . Tan de buen aire te vistes, que aún en lo triste divina atención te añades, Mas si yo te diese ahora una buena nueva, harasme merced de mudar color? Qué nuevas puedes tu darme, sino es decir que mi esposo tiene salud? (Dios le guarde) que ya yo sé que la tiene; que está en Toledo mi padre favorecido del Rey, también lo sé. Y de otra parte no pudieras tener nuevas No prima, que nuevas tales, si son de donde yo pienso antes quiero que las calles. Para mí ya no hay más gusto, n do in que respetar los umbrales odolnnpseo de esta casa, amar mi esposo, servirle, y reverenciarle. Jesús qué grande fineza luego ya difuntos yacen pensamientos de Alcala? p Oh qué necedad tan grande! abe no te he dicho que me dejes? l osino no te rogué que callases? onon la Cómo callar? ya es preciso de rigurosa culparte: don lorge, y Fernando están en Cordova que ayer tarde secretamente vinieron, y sin ser vistos de nadie, en la Cala del Obispo su tío. . Nuevas me traes de sobresalto, y pesar oh cómo quieres matarme! al pero como lo has sabido; como tan presto lo sabes! Por este papel, que ahora con una industria notable me dio Galindo, . Galindo? pues en mi casa entra nadie sin mi licencia? es posible 9y prima que tan mal me pagues ol oy? Escucha, que no hay peligro, his on Entró por disimularse cobal vestido de pobre, haciendo is on esclamaciones notables; eldad salí al corredor, y vile, y él con una seña fácil me dio a entender que traaía alguna tosa que darme: bajé, y diome este papel, mira por Dios lo que trae. Luego a mí viene? . A ti viene? Muestra, pues, aquesto hacen con semejantes papeles las mujeres principales, las B2 Los Comendadores de Cordoba. las que de honradas se precian, as que a ser honradas nacen con tantas obligaciones de honra, estimación, y sangre, Pues sin abrirlo le rompes? Sí, que quien papeles abre, entrada ofrete al peligro, paso les da a los pesares, al honor descubre riesgos, y a la estimación achaques. Demás, de que no te acuerdas, que me entregó al desposarse mi esposo una llave, que era custodía de un vidro fácil, diciendo, que era este vidro el tesoro inestimable de su honor? pues yo advertida, porque no llegue a quebrarse, sobre la cerrada nema le doy la vuelta a esta llave Ver lo que en él te decía pudo ofenderte? . Ahora sabes, que bien escrito un papel, es comó Sirena infame, que en dulce voz disimula ruegos, peligros, y males? Si yo le abriera, y leyera, no era fuerza lastimarme de don Jorje? y lastimada, no era fuerza que le hablase y habláudole, no era fuerza de su fineza acordarme? y acordándome sus penas, no era piedad remediarle? pues con romperle, y no verle me excuso de tantos lances; Luego, no has de verle más? No prima, no, no te canses. No hay en la naturaleza cosa alguna que al instante que llegaa su mayor línea, no decline, o no se acabe. Llegó a su punto mi amor, y este punto fue al casarme, acabose, y solo quiero a mi esposo (Dios le guarde. Como a señor le respeto tomo a dueño he de estimarle, como ha marido le temo, y le adoro como amante. Pues mira lo que has de hacer, porque Galindo no aguarde la respuesta, que la espera en la puerta de la calle. Ea señora, es posible; Dejadme todos, dejadme todos sois mis enemigos: que de penas me combaren! Hagan bien, y caridad a este pobre miserable, que estropeado en la guerra, entre infieles alfanjes, sin pies ni manos quedó. Que bien lo finge el vergante Limosna te esta pidiendo. Duélause de los afanes que ha padecido, y padece con dolores incurables, en un injusto destierro de fronterizos Alarbes. Si estás voces no te mueven, mas que mujereres áspid. Si lo soy, y pues lo soy, me taparé como él hace a este encanto los oídos porque su voz no me encante. Hola Rodrigo? Señora. Haz a ese probre que calle dándole alguna limosna. Cuando sus voces te enfaden, le diré con tu licencia aquello del Moro Zaide. Mira pobre, que te aviso que no pases por mi calle. Oyes, no le trates mal Basta que tú me lo mandes. Venid vosotras, que quiero que el Capellan no me aguarde la l1 y ya estará en la Capilla del Oratorio. . Aún no es tarde señora. . Ayudadme cielos, que aur que yo quiero ayudarme, oa son flaras las fuerzas mías, y recelo que me falten. Ponsible es que no se duelar de tantas necesidades Cristianos? Dios sea bendito Oye hermano? tome, y marche, que hay un enfermo y se ofende de sus voces. . Dios le pague la caridad. Este perro pienso que sale a ladrarme. Láyase, váyase apriesa Oigan que hace de arrojarme tan buenos pies tengo yo? No sea respondón acabe; pero qué miro? no es este el entre lacayo, y paje de don Jolge, y don Fernando él es Qué hace de mirarme el perrazo, si me saca por el olor, doy al traste con tado. . Denga acá hermano, ha servido? . Por mis males he servido, pero al Rey. an o Al Rey? dónde? od oroo En Roncesvarles, Aí murieron los Doce. J. Su poco de historia sabe, conocí como a mis manor al buen viejo don Beltrane dn iní Mira Dijer a yo que le he visto? En algunos muladares nV haurá visto mi vestido. Bien puede ser que me engañes mas vive Dios la l1 Malo es esto, yo me escurro sin mirarle: duélanse de aqueste pobre, que con sus miembros cabales se vio algún día, y hoy tiene comidas todas sus carnes. Oye hermano, cuanto haurá lo que dice? Por mirarme lo dice: pienso que fue Cuándo? oque El año de la hambre: hay otra pregunta más? porque buste tiene talle sino de hacerme muchas, y aquesto pioma más es pedirme que darme. Daya con Dios. . Ea devotos de la Princesa del Carmen, hagan bien para sí mismos pues en los pobres le hacen. Notable sospecha tengo de este pobre, que me maten si no fuere Galindillo, y si es él, hay grandes males encubiertos, de quien pienso M que tantas tristezas nacen: dl omos mas yo sabré la verdad, ino o no habrá ley en el naipe Mucho Fernando debemos al Obispo mi señor, molinuro Por él, y por su favor fuera de Alcalá nos vemos. o Bizerro el Alcayde anduvo, abnob Fernando, por su respeto, onvos al peligro de un secreto oinol la orden expresa que tuvo, Y con con que ya en Cordoba estamos. C Ventura notable ha sido, pues nadie nos has sentido, y ni aquí, ni allá faltamos. Porque en camino tan breve como hay desde aquí a Alcala reducidos, callará la envidia que más se atreve La dicha es tuya, mas yo, así mi suerte lo ordena) más cerca estoy de la pena, pero del remedio no. Porque Beatriz ya casada, y de hombre tan noble esposa, no ha de ser por mi piadosa mas que por sí misma honrada Mucho en la porfía espero y aunque su nombre autorices, tiene profundas raíces amor que fue amor primero Oh cuanto Galindo tarda Ahora sabes, ahora ignoras, que son prolijas las horas del que desea, y aguarda? notable fue la invención Notable, si suerte tiene; de mas ya parece que viene. Yo vengo a linda ocasión No en balde el alma te estima: cómo se hizo? . Extremada mente; mas no traigo nada. Diste el papel? . A su prima, Es tu ingenio peregrino. Son maravillas secretas caballero en dos muletas, y clamoreando apino, por esas calles me fui, donde la piedad Cristiana por una, y otra ventana llovió limosnas en mí. Y aunque los perros (verdugos de pobres) me dieron pena, yo traje la alforja llena de cuartos, y de mendrugos, El oficio es importante: más vamos al caso Entre al zaguán, luego pasé al pario, y con disonante voz, que las piedras movía a lástima, y la color, saqué hasta el corredo a doña Ana, fiel espía. Por lo piadoso, y lo humano hice una seña, miro me, saqué el papel, conociome, bajó, y dísele en su mano. No hay respuesta? . Bien por Dios, quién había de responder? no basta hacerlas saber que en Cordona estáis los dos? Basta, aunque si amor quedó en Beatriz, no ignorará, que sin venir de Alcala estaba en Cordova yo Pues más me debes afé que hice por verla, y la vi A Beatriz Galindo? . Sí. Cómo? De esta suerte fue. lunto a una sala que a un jardín caía estaba una dorada celosía, que poco escrupulosa daba paso a la vista más medrosa. Allí Bearriz suelto el cabello estaba, que si bien por la espalda le inundaba, en la prisión sucinta de una encarnada cinta, celando el rostro hermoso, libre volaba, y se encrespaba undoso, formándole cadenas, dulces prisiones de tan dulces penas. Descuidada, y segura de que nadie miraba su hermosura, daba en descuidos tales de humano ser vislumbres, y señales. Bien digo, pues divinamente bella, casera humanidad conotí en ella; y el bruñido márfil, bañado en grana, la desmentía al parecer de humana, siendo por peregrina deidad humana, humanidad divina; Ángel dos veces, una en la belleza, y otra en la voz, con gala, y con destreza, cantaba a la almohadilla, m juntando maravilla a maravilla, pues si de su hermosura alma no había segura, de sus bellos acentos mudos se daban a prisión los vientos, y en Imperios iguales, se abrazaban los bienes con los males, Cada vez que la agujalevantaba, el alma me picaba, que aunque el lienzo rompía, suyo era el golpe, mas la pena mía, y es consecuencia clara, que por el lienzo entonces me trocara porque su mano bella rompía el alma para entrarse en ella Labra (la dije) o mano de los cielos! laberinto de seda a los desvelos C del que ajeno te adora, no del que sin dicha por tu causa llora. Pespunta el alma, pues hacerlo puedes en laberintos, cárceles, y redes? ella que a su voluntad correspondía, el nombre de su esposo repetía, haciendo de esta suerte mayor su dicha, y tu dolor más fuerte, más paciencia, señor, que todo cabe en la esperanza de un amor tan grave. Muerto me has, hay amigo! ni estoy en mí, ni el alma está conmigo, ni oigo consejos sabios, ni admito quejas, ni perdono agravios, dab porque está en esta calma o aobrí D conmigo el llanto, y con Beatriz el alma, y pues ya lo has sabido, remedio solo, y no consejo pido. Piensa amigo de suerte, que a costa de mi vida, o de mi muerte, este imposible allanes piérdame yo como en Beatriz me gabe. Con paciencia se alcanza el fin de la más tímida esperanza; esta noche podréis pisar su calle. Discurra el Sol de un valle en otro valle, y despeñado del más alto monte, bañado en sombras deje el Horizonte, y esto tan breve sea, que el mar se extrañe, cuando en él le vea zabullir la guedeja de oro fino, revuelta en el sudor de su camino, Gran cosa fuera cercenar el día, si oyera el Sol tan tierna legacia; pero a comer nos vamos, puuiaer que él pasará más presto que pidamos, aunque le demos priesa. Nosotros comeremos en la mesa de mi tío. . Y Galindo? En el estado. Con la hambre de pobre me he quedado. Vamos pues. Dive Dios hambre que aprietas, y que desmuelen mucho las muletas. . Ya, Beatriz, en vuestra casa omon experiencia haréis mayor de mi rondición, y amor aquí mi hacienda no escasa; mal digo. Beatriz, no es mía, vuestra sí, porque aquel sí, en que toda el alma os di, nada reservar podía. ad Aquí en efeto tendréis, porque contenta os merezcan, cría criados que os obedezcan, y criadas que mandéis. Es grande hechizo, y sii vale el Venticuatro aquí lo que un señor en la Corre, Podéis estar con certeza, que tenéis en mí, señor, vos solo mayor valor que to da aquella grandeza. Vos doña Ana, a quien estima Beatriz, y yo estimo, y quiero, por la que en vos considero de virtud, y por su prima, con igual estimación seréis amada, y servida. ̱. Mi prima, y yo en una vida, en un alma; en una acción, estaremos tan pendientes de vuestro gusto, señor, que en la obediencia, y amor no nos juzguéis diferentes, p Be atriz, yo os amo de suerte onún y me gozo tanto en veros, lo a que solamente el perderos puede o afionarme muerte Y os juro por vuestra vida, que Al arbe lanca arrojada, saeta veloz flechada, bala ardiente, despedida del brazo, el arto, y el fuego, no dieron a mi valor tan grande asombro, y temor, tomo el que a tener os llego Mal dije, quise decir, no me entiendo, ni lo entiendo, y es que siempre estoy temiendo aún más allá del merir. Quién a estos riesgos se anima, digno es de laurel, y palma, y es Beatriz que teme el alma perder lo que más estima. Mucho, señor, agradezco de tan fina voluntad la certeza, y la verdad: que poco se lo merezco! A famoso tiempo llego Pues Rodrigo qué hay? . Señor, ahora el correo mayor me dio para ti este pliego. D Muestra: mi bien, mi Beatriz, mientras le abro, y leo, bajen la vianda, pues ya es hora, llama Esperanza esos pajes Vuestro regalo, señor, no lo fío yo de nadie: yo iré. En más obligaciones me ponéis a cada instante. Que hay de nuevo en la Ciudad, Rodrigo? . Si perdonarme lo a quisieras, yo te dijera, señor, ciertas novedades que por tocarte he sabido, Siempre, Rodrigo, me amaste, criete, y quiérote bien, dime ahora lo que sabes. Desde el punto que en Toledo con mi señora casaste repare, señor y vi mas tristeza en su semblante de la que yo ver quisiera Bueno es que en eso repares, Tomo muy de atrás el cuento para lo que he de informarte. No ves, necio, que eso fue (pero que bien reparaste, fiel amigo y fiel criado) efecto de lo que hace y puede la novedad? fue de repente el casarme, y donde no hay prevención, Comedia famosa. B no se excusa, no, el turbarse Reparé también (que yo miraba sin ocuparme en otra cosa) que fueron en la turbación iguales Mira don Jorge, y Fernando. que vas a precipitarte Rodrigo (ay Dios, qué bien dice!) a un abismo de maldades, Señor, u dame licencia, o vuelve a mandar que calle, si has de ofenderte. . Prosigue, prosigue pues ya empezaste. Partiste a Cordova tú, y partieron como sabes a Alcalá los dos hermanos, y hoy encontré en nuestra calle, y aún en el zaguán, vestido (para más disimularse de pobre, y con dos muletas a Galindo, salí a darle limosna y aún mi señora me mandó de allí lo echase: no me sie en esto solo, que por más certificarme, le fui siguiendo, y entró entre muchos mendigante en la casa del Obispo, y en un aposento aparte le vi que le desnudó aquel descompuesto fraade, y subió por la escalera, y informándome de un paje, me dijo, que habra venido Don Jorge, y Fernando a holgarse de secreto con su tío. lunta, pues, aquestas partes, y piensa lo que quisieres, que yo esto debo avisarte Vive Dios perro, qué hiciera en tu vida un disparate, sino mirara, anda vete, no Comedia famosa. vete perro, puede nadie poner mátula en Bearriz cuando Beatriz es un Ángel? Señor, perro soy, mas mira que los perros son leales al dueño que los crió. Ay desdicha más notable? que un hombre bajo discurra tan delgadamente grave en las cosas de mi honor? Y que yo no reparase; mas si reparé, mal digo, que consonancias iguales hacen su voz, y la mía, aunque yo calle, y él hable, Mas discurramos ahora sobre estos puntos, y lances: casarme el Rey tan apriesa, tún sin dejar que pensase si me estaba bien, o mal en un negocio tan grave, pudo ser malicia? no, no es posible, que no caben ni malicia, ni cautela en las personas Reales, y así en esta parte cierto pasemos honra adelante. Que se turbase Beatriz al tiempo de desposarle, no es mucho, que en las mujeres la turbación es esmalte de su honor; ni lo es tampoco que igualmente se turbasen Jorje, y Fernando, pues dio el Rey ocasión bastante con su destierro, y su enojo, por causas que ellos se saben. Que don Jorje; y don Fernando estén en Cordoba, pase, y que de secreto estén también porque el Rey no sabe que han faltado de Alcala, C y aún- y aunque tengan del Alcaide licencia, es justo respeto, buno que se encubran, y recaten. ñar Pero que Galindo venga vestido de pobre, y que ande por la puerta de mi casa; vive Dios, que arguye grave cautela, y grande u aición porque no viene de paces ann el león, cuando se encubre con la blanda piel del Aries. a Lobo con piel de cordero up por desmentirse a los canes, al robo se inclina, y teme que el dueño le despedace. Pues vive Dios, que ha de halla la guarda tan vigilante, que apenas mire la oneja, cuando con la vida pague en la intención su delito. Pero que me quejo al aire, que bien puede ser (si puede) pensamiento consoladme min que alguno de los hermanos pretenda, y quiera casarse con doña Ana, y que por ella estas diligencias se hacen; si, que Beatriz no es posible, la mujer de tan alta sangre, o mujer de tanta nobleza de tanta hermosura, y partes, n pudiera acosa tan fea o persuadirse, ni inclinase? no puede ser vive el cielo. Mas hay desdichas, que fácil ̱ vo quien consolarse desea, se consuela, y satisface! Ahora bien, remito al tiempo ss la luz de aquestas verdades. Basta pensamiento mío, no discurramos en balde, d oup no condenemos sin culpa, ni culpemos ignorantes a quien puede ser que apueste con todo el sol claridades. Abro, y leo aqueste pliego, también novedad me hace; del Rey es, beso la firma ñar para obedecerla aún antes que sepa lo que me manda De dónde esta carra os halle al punto partía Toledo, Fernando que es importante a mi servicio Yo el Rey. Que esto ahora el Rey me mande! pudo, pudo la fortuna con orden más inviolable, ni en ocasión de más pena solicitar mi viaje Qué haré? pero qué he de hacer? a yo obedezca, y el Rey mande, fortuna ruede, o no ruede, el tiempo pase, o no pase. Y el cielo excente en mí tantos decretos fatales que a mil muertes me conduzgan antes que a una afrenta, y antes que al cristal del honor mío atrevido aliento empañe. Señor, pues tanto os divierte esa carta, que olvidasteis la mesa, y que yo os espero en ella? Bearriz, dejadme, min que ya no quiero comer. Ay de mí! qué novedades os escriben? por ventura, señor, es muerto mi padre? No Beatriz, yo soy el muerto. Mil años el cielo os guarde, la que aún viéndoos vivo en mis brazos pudo esa razón matarme: decid. decidme lo que tenéis, porque llore vuestros males: pero ya sobra el pensarlos, cuando el temerlos lo baste. Qué es posible, que estos ojos y estas lágrimas me agravien Oh mil veces fementido pensamiento, donde cabe tan baja imaginación, miento yo si lo pensare. Decidme, pues, qué es esto vos turbado, señor? vos descompuesto Ha pasado por mi después que os fuistes, muchas cosas Bearriz todas muy tristes, y sobre todas ellas (ay cielo riguroso a mis quererlas, me manda el Rey, que al punto vivo no podrá ser, será difunto a Toledo me parta. Esto dice esta carta con tan breves razones, que no hay más que una firma, y dos renglones. Mirad mi bien, como partirme puedo dejando el alma en Cordona, a Toledo? Tente, Fernando, tente, llórete muerto, y no te llore ausente, aunque mejor sería, que entonces fuese de mi entierro el día El cielo hacerlo puede quede enterrada yo, y sin ti no quede, que si es en casos tales la muerte última línea de los males, también la ausencia es muerte más severa, pues de los males es línea primera. Qué has dicho? oh triste calma! cada palabra me atraviesa el alma. . Sentir Beatriz mi ausencia justo será, mas no con tal violencia; temer mis riesgos, yo también los remo, mas no con tanto extremo, que pare ce que tienes a la espalda los males de los bienes En tu casa Beatriz vive el decoro del honor mío sobre vasas de oro, Tú, que habías de alentarme, y valerosamente consolarme, diciendo: id a Toledo, obedeced al Rey, que yo me quedo de vuestra sombra al generoso abrigo siempre con vos, y vos siempre conmigo, tan junta, y tan unida tomo la luz a la materia asida, que el soplo de la muerte solo puede cruel hacer que dividida quede, me acobardas, me afliges, y condenas a inciertos males y a dudosas penas? No te entiendo Beatriz, que esos cuidados o ya tienen principio, o son sobrados Ay dulce esposo mío, con el amor fin duda desvarío, perdona a quien te adora, y ha de matarla de tu ausencia un hora, No peligros, no riesgos, no traiciones arguyas de mis frívolas razones, amor si; y no te espantes, que quien vive ciego al discurso, de razón me prive. Yo temía tu ausencia, porque solo vivía en tu presencia, pero si el Rey lo manda, caso fuerte camina tú a Toledo, y yo a mi muerte. Beatriz, ya es inexcusable, yo he de partir a Toledo; solo te pido que temples de mi ausencia el sentimiento. Y cuándo señor? . Ahora Ahora? . Luego, y tan presto, que iré a comer a Adamuz, Pues no comerás primero en tu casa? . No Beatriz que como volver deseo, q in es al reviar mi partida ganor tiempo, y sentir menos, Hola Rodrigo. Los Comendadores de Cordova. Señor. Preven mi partida presto, que a Toledo tengo de ir, p del Rey es justo decreto. ala Ensilla esos dos caballos, Sijib aunque para más ligero pado ninguno fuera mejor que mi propio pensamiento. nos Iré yo contigo? . No, de aqueste fiarme puedo, que es leal, y tiene amor Brava ocasión me da el cielo: señor, pues con tanta priesa Doña Ana, excusar no puedo las órdenes de mi Rey Vuélvate el cielo tan presto a los ojos de mi prima, como yo señor deseo: a mal tiempo es esta ausencia, Que al fin señor yo me quedo? Tú te quedarás aquí, Rodrigo, siempre atendiendo al regalo de Beatriz que esto ha de ser lo primero. Lo segundo, sea cuidar esos caballos que dejo, párticularmente el bayo, que más que a todos le quiero. Si otra vez ves aquel pobre, no le ofendas; pero advierto, que sepas bien lo que pide. Basta, señor, ya te entiendo. Beatriz, si bien me queréis, excusad llantos, y extremos, que me atormentáis el alma. Ya que deciros no puedo mi pena como ella es, permitid amado dueño que os la signifique (ay Dios! Cómo Con aqueste ejemplo. Los Comendadores de Cordova. Yo vi en la orilla del mar, que una tortolilla estaba, a quien su amante arrullaba; lindo modo de obligar! Sin duda debía estar enamorado, y perdido, porque con tierno gemido, galante, airoso, y cortés, para belarla los pie dejaba el árbol, y el nido. Ella, que por lo arrogante algo tenía de mujer, no le pesaba de ser celebrada de su amante Pasó un águila rapante, y del tálamo en que estaba la robó, y cuando volaba, (que ejemplo a la pena mía! quien la robó se reía quien la perdió, la lloraba Esto esposo, esto vi yo si algún poderoso brazo romper quiere el tierno lazo, que nuestras alma juntó, su oficio al águila hurtó, lo atrevido, lo arrogante, alma tiene de diamante, pues no escucha enternecido de la tóriola el gemido. los arrullos de su amante. Beatriz, no entiendo esa historia, porque troca la la veo a mí me roban no avos, mas yo volveré tan presto, que ni el águila se ría, ni yo llore el bien que pierdo, No hagáis caso de esas cosas, que nunca creí en agüeros, ni espejo rompido en partes, ni derramado salero, ni voz de coneja triste, ni vil grazvido de cuervo, pudie pudieron nunca alterarme Comedia famosa. porque yo solo en Dios creo y después de él, solo en vos porque nadie está tan dentro de mí como vos Beatriz, y en fe de que aquesto es cierto, tomad aquesta sortija, pues todo mi bien es vuestro. En ellaon dor cuanto valgo, cuanto soy, y cuanto puedo, no en ajenarla juré, pero en vos no la enajeno, que si vos sois otro yo, yo la guardo, y yo la tengo. Y con esto a Dios bien mío; abrazadme, pues. . Yo muero de pesar. . Sin alma parto. Mucho en su ausencia me temo. Qué dolor llevo conmigo! y Qué pena? . Qué sentimiento! Vuélvare el cielo a mis ojos. Vuélvame a tu vista el cielo,
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Gran Ciudad, bello río, hermosa puente? Fue Cordoba, señor, intiguamente en otro siglo, y otra Monarquía, cuando el Arabe en ella residia, la cabeza de España. . No lo ignoro Aquí puso feroz, su silla el Moro. Y aquí las inquietudes me han traido del que Doque de Ariona pretendido, cuyas quejas llegaron a ofenderme, y de Toedo a Cordova traerme. Y pues ya estoy aquí, también quisiera que Beatriz con su esposo paz tuviera, Nuño. . Señor. Estás bien informado. que vive aque? has sabido con cuidado la casa? . Esta es la casa. A esto se obliga el Rey, que aún no de casa nadie me ha conde ido. Comedia famosa. Tan secreto has venido, que aún en San Pablo posas y no sabe mas que el Prior, quién es huésped tan grave Supe en Toledo, como habían salido Jorje, y Fernando de Alcala, y venido a Cordova; y temiendo como es justo en Beatriz y en su esposo algún disgusto, a llamar lo emvié, porque él ausente, el remedio se diese conveniente: no le pude esperar, que fue forzoso partirme a remediar el sedicioso morín del vulgo; mas dejé a García orden para Fernando, y carra mía, que le diese en llegando de lo que había de ejecutar Fernando Ya estoy aquí, y me toca estando ausente discurrir en el caso cuerdamente. Si aquí prendo, y castigo a los Comen sadores, no consigo el intento, que el pueblo malicioso se vengará en Bearriz, en mí, en su esposo. Luego mejor será secretamente guardar la honra del amigo ausento esta es su propia casa, y yo su amigo, quien la rondare encontrara connigo. Llegó la noche, y por Dios que anduvo el Sol diligente, mas que no pedís ahora que se apresure, y despeñe? Ahora váyase a espacio Ahora, mas que se quiebren las ruedas, y los caballos en esos mares se aueguen Bien, y quedaramos todo: a buenas noches. . Oh aleves! estos son; mas sel a bien que mi autoridad se empeñe, que mi nombre se descubra y que mi vida se acriesgue? pero ya estoy empeñado, no Los Comendadores de Cordoba. no son ellos más valientes que yo ni tanto. . Gran calma! Como descuidadas duermen, parece que están tapiadas las rejas. D Gente parece que sueña. Un postigo abrieron; quieres, señor, que me llegue? No Galindo, que podrá ser persona diferente. Ceres Don Jorge? Esa es Don Ana. Que así el respeto se pierde a una casa principal? hay honra puesta en mujeres! Muy bienvenido seáis. Doña Ana, o cuánto te debe mi amor! cómo está Bearriz? Tan honrada, que no quiere mas que a su esposo. . Qué dices? Que le adora, y le obedece. Y el papel que la escribí? Rompiole sin querer verle. Qué tan olvidado estoy? Olvidado no, mas teme su honor, su esposo, y su vida, y jura que no ha de verte. Huélgome de haberlo oído. Aunque Beatriz no concede licencia, tengo de abrir, que el Venticuatro está ausente, que ya se partió a Toledo. Permite doña Ana que entre para mayor pena mía, a ver a quien me aborrece. No entrará viven los cielos, Abre este divino oriente, donde se encubre el sol mío, porque sus rayos me cieguen. Esperad, que siento ruido. Así las honras le pierden Los Comendadores de Cordoba. por una falsa mujer: a hidalgos la calle dejen, si no quieren, si no aguardan que a cuchil ladas los echen. Quién lo manda? Quién lo manda, es quien mandárselo puede, y lo hará como lo dice, que ya lo ha hecho otras veces, y no repliquen palabra. Precipitándose viene aqueste hombre por Cristo. Pues sabrá aqueste barote, que hay quien le corte los pasos. Detente por Dios, detente, Fernando, que nos perdemos. Es mucha resolución. Y aún por eso, que quien viene tan determinado, y linre, mucho vale, y mucho puede; fuera de que es bien mirar, que podría ser que fuese el Venticuatro, que ahora como Caballero cele su casa. . Oh qué cuerdo estás! Bien parece que no quieres a Beatriz, para que fácil su vida, y su honor a riesgues; aquí no ganamos nada, y es mucho lo que se pierde. Pues qué haremos? Que nos vamos. Santo acuerdo me parece. No es si no muy mal acuerdo; más haz lo que tú quisieres. Acábose esa consulta? Caballero, quien no viene buscando ocasiones, fácil as excusa, y las divierte. Agradezcoles la acción; y sea por lo que fuere: no hay crueldad que no se humane, Comedia famosa. Buobio no hay rigor que no se temple con la humildad, ella sola con armas divinas vence. Por solo esto he de enviarle al Obispo para que entren en Cordova la licencia que en el Consejo pretende. Llega don Jonge callando, Fernando llega. Aunque llegue, ni yo entraré, ni Fernando. Bien podéis, que todos duermen, yBeatriz se está acostando. Dile a Beatriz, que ya tiene dueño, que con él se goce. que de mí nunca se acuerde; que ya mi amor se acabó, que todas las cosas mueren, tomo el nombre de Beatriz en mi alma eternamente, Y tu Fernando? Fernando hará lo que yo quisiere; a esto de Alcala venimos, no por verla ni por verte. Aguarda don Jorge, aguarda, escucha, Fernando, fuese: a ingratos, como pagáis tal fuego con tanta nieve? Esto ha sucedido bien, y si el Denticuatro vuelve, lo le en san Pablo me hallará, y en su favor ahora, y siempre. Que no está el Rey en Toledo? Este orden dejó que os diese; hijo, abrilde, que deseo saber ya lo que contiene. No lalgo de confusiones, todo es sombra, y noche es siempre. Fernando, cuando esta escribo. no Comedia famosa. me parto secretamente a cosas que al Reino importan, y remediarlas conviene. Esperadme, y no salgáis de Toledo antes de verme; mas si tardare ocho días, y a la Corte no volviere, en Cordona me hallaréis en san Pablo; y se os advierte que no reveléis a nadie donde estoy, que no conviene que por ahora le sepa, Yo el Rey. Cielos socorredme en tantas penas, y en tantos ahogos, que ya parece, o que la razón peligra, o que el discurso se vence. Qué dice el Rey? . No se nada, decirlo no me concede; yo he de estar aquí ocho días, aquesto es fuerza saberse, o demás no se permite. Servirle es obedecerle; esta carta para vos vino en mi pliego, holgareme que sea de vuestra casa. Plega a Dios que me consuele; de Rodrigo es, ya el temor aprieta más los cordeles, temblando sus letras miro, que temo en ellas mi muerte. ol Señor, tu presencia importa en tu casa, brevemente aquioña? protura venir a honrarla, o porque aquel pobre ya tiene hábito mejor, y pide On lo que tú es bien que le niegues. Ea fortuna, hay más pesares? hay más penas? hay más muertes? ahora es tiempo no perdones las iras de tus báibenes, Vengan Vengan todas, vengan todas que aún no han de poder vencerme, porque vienen tan apriesa, y tan juntas me acometen, que unas a otras se estorban, y no logran lo que quieren Qué triste, y confuso est es de vuestra casa? puede saberse lo que os escriben? dadme alguna nueva a egre. No señor, que es de yo amigo, cuyos secretos no quiere que se sepan, hasta tanto que yo vuelva, y los remedie Triste estáis. . Es muy amigo quien me eserive y me entristece una desdicha en que está por mi ausencia. . Bien se deben sentir penas de un amigo pero no tanto, que lleguer a ocasiona propios males, Pues si por mí los padece no es justo sencirlos tanto y aún algo más que él lo siente. Lo que me aflige, es el ver que he de estar precisamente ocho días en Toledo Término Fernando, es breve, en vuestra casano estáis? si vinierades a verme, aún no se habían de contar os días, si no los meses: Qué es ocho días en la Corte? ̱. Señor, para quien bien quiere ocho días es un siglo; y aún cada hora lo parece. Oh, pues si es eso Fernando, mucho me huelgo de verte tan amante de Beatriz Bien sabe Dios cuanto debe a mi amor, y que ella es sola la causa de entristecerme. Pues ocho días, Fernando, con solo un sol anochecen; quedaor adiós, y alegraos. Oh nunca el cielo me alegre pues en mi daño permite, que tantas desdichas cuente, que tantos pesares sume, que agravios tantos recele. Mas quien con daños menores, mas quien con penas tan leves fio su vida al mudable caduco, y frágil albergue de una mujer, en quien vive la resolución tan fuerte tan projima la mudanza, tan vi os lo accidentes que no hay salud en la honra que de su acheque no enferme? Oh como quien de ellas fía, pide al fuego que no queme, al mar, que no se alborote, al viento, que no le trueque. A la tierra, que dejando su centro ligera vuele, y al sol que inmóvil un siglo, firmezas al norte apueste. No fuera yo un hombre ahora de humilde, y de baja suerte que sin atender al orden, ni ocuparme inconvenientes, obedeciera a mi esclavo y al Rey no le obedeciese! Que me embarace el ser noble para ser honrad ?o llegue la desdicha a tanto extremo, que llore males los bienes. Que el día parezca noche, que la luz del sol me ciegue, que la salud me destruya, que el veneno me sustente. Que la tierra no me sufra y que rompiendo esos ejes, sobre honro sobre mí se caiga el cielo para que todos se venguen, Eso te dijo? eso pasa? tal despreció? al rigor? hay mal entendido amor. que cuando más hiela abrasa, Conmigo el desprecio fue yo soy Beatriz la ofendida, pues de él bajé persuadida, y burla la me quedé, Hombres, los que más perdidos de amor os lleguéis a ver, despreciad a una mujer, y veréis que sois queridos. No estaba en mi casa yo quieta amando a mi matido, ay Ana, que me has vendido a quien tan mal me pagó Yo prima deseo tomar estado, y este quisier- que con don Fernando fuera; esto me obligó a bajar Sufre una muljer a mada priva se del bien que estima, pero no lo sufre, prima cuando se ve despreciada Con ver que me tenía amor don lorje estaba contenta, era dolor, no era afrenta, y hoy es afrenta, y dolor Qué puedes hacer que abone tan injusto proceder? No soy mujer, y muje despreciada? pues perdone el sagrado de mi hono? la clausura del recaro, la fidelidad del trato, la cortesía, el valor, y todo humano respeto, porque ya no puede ser, dodo que puedan juntos caber con desprecio en un sujeto. Mira bien. . Lo prevenido id aun deja, que es impertinente acción buscarme prudente, cuando me has enloquecido Esperanza ve al momento, llaan y a ese traidor fementido, quis que encubierto, y escondido vino para mi tormento, dile, que me venga a ver, que aquí esperándole estoy, que se acuerde de quien soy, y dile que soy mujer? Pero no le digas nada, que si ya desesperado esta de querer cansado, yo también estoy cansada de amagar con un delito, Inos err Ay desdichadas mujeres! M. ve, y dile lo que quisieres, lora . a que a tu ingenio lo remito mam Yo voy? . No vayas parece que ya tu afecto es furor. Aoa sabes que el amor con un desprecio enloquece? Temiendo estorlo he callado, y encubierto tantos días. Qué bien Doña Ana que hacías si lo hubieras continuado. Para qué me lo dijiste? para que me lo contaste? a quien dormía recordaste en esa puerta que abriste Pues cuando ahora vinieta nmno le habías de hablar con amor? No creas, no, que a mi honor el decoro le perdiera que estimando a mi marido, y de quien soy amparada, quedara airosa, y venguda, y él despreciado, y corrido, Para Los Comendadores de Cordova. Para esto pobre a mi calle Galindo vino? ah cruel! si esto decía su papel, que bien hice yo en rasgalle. ud lom Señora a la puerta están tus primos, Jorje; y Fernando que des licencia esperando para pasar del zaguán. oan Qué dices Que me mandaron, que te viniese a avisar Prima para que han de entrar, si como dices te hablaron No enviabas a Esperanza a llamarle? si él se viene, que más quieres? Eso tiene una confusa esperanza. Mira que están en la calle. sal Ya no le quisiera ver, mas mi venganza ha de se velle, hablarle, y despreciarle; di que entren. Ahora sabré fiel espía, y fiel criado si no todo su cuidado, algo más de lo que sé. Mucho me temo; ay de mí! Quién haurá que decir pueda, hermosísia Bearriz los tormentos, y las penas que me deben vuestros ojos en está pesada ausencia, Fue en Toledo mi dolor (ya lo sabéis) tan apriesa, que aún los ojos (ya lo vistes las lágrimas a la puerta, al corazón las volvieron Los Comendadores de Cordova. por no descansar con ellas, Y reventando después en el camino, las peñas se lastimaron corteses, se ablandaron lisonjeras. Llegamos a Alcala, a donde no me espantó la frontera de enemigos, si no el ver, que era mi vida tan necia, que para morir buscaba ocasiones en la guerra, siendo más preciso achaque el morirse de sí misma. Allí piadoso, y cortér nos dio el Alcayde licencia para Cordona, en quien vive digno Obispo de su Iglesia, nuestro tío, y vuestro tío cuyas santas diligencias han alcanzado del Rey, (mil años viva su Alteza que a Alcalá más no volvamos, Y aún en Cordona se sueña, que de secreto está el Rey, no sé que verdad se tenga. Y yo por vuestro respeto cuerdo la excuse, y apenas amaneció, cuando tuve el Obispo la licencia de estar libremente aquí, no sé, no sé si esto sea agradecido a la acción que entontes hice, más venga. Ya al fin en Cordona estamos libremente, con que cesar (cesando nuestro recato aquellas extraragamas que de Galindo supistes Y fue del amor licencia, o mandato de otra dama, que en Cordova hacerlo pueda, el despecio de mi casa, Comedia famosa. ido y el hablar con tan resuelta al ninqu libertad? porque si fue cualquiera cosa de aquestas, para que viene de día cortés quien de noche afrenta! Qué decís, que no os entiendo! Ana, sin razón te quejas que vive Dios que te engañas Pues cuando yo abrí la puerta Que puerta, que antes de abrirla, porque alboroto no hubiera, nos fuimos: no es esto así Galindo? . La acción más cuerda y más a mi gusto fue que la antiguedad celebra. Pues quién pudo ser? Por Dios, prima, que en mayor sospecha confuso estoy, y turbado, Sería aquel hombre en pena, olud o aquella fantasma en hombre, cimao que nos sigue, y atormenta. v asa on Muy enojada con vos estuve. . Es bien que se crea de mí una descortesía? Pues agradeceldle a ella el entrar aquí don Jorge, que rabiosa de la ofensa lo permití. . Y anres no? De ninguna suerte os viera. Por qué? . Por no revivir algunancenterlas muertas, Muertas decís? Ay de mí! Rodrigo salte, allá fuera, que quiero hablar con mis primos. Qué mal encubren sus penas! . Esto es lo que yo temía, y dispuso de manera la fortuna estos sucesos, que vino a ser la tercera una ofensa imaginada; y el Comedia famosa. quién lo pensó de una ofensa? Qué decís? . Que yo no sé, don Jorge lo que me cuestas de lágrimas, de suspiros, de temores, de violencias, ya hablando con mis criados, ya al aire esparciendo quejas, una vez de honor vestida, otra de afectos cubierta, vencedora allí constante, aquí vencida, y sin fuerzas, un paso dando al peligro, y otro paso a la defensa, sin que la honra zozobre, sin que el amor desfallezca! Como en el aire he vivido, como entre el cielo, y la tierra, como entre el fuego, y el hielo, como entre el ocio, y la guerra sin ser propia en los afectos, ni en la resistencia ajena, tiranizada de todos, siempre viva, y siempre muerta, Pero al fin ya veo que es fuerte inclinación de estellas, pues cuando más nos apartan, más apriesa nos conciertan Primo, mi bien; mi bien dije y dije bien, que la lengua dice lo que está en el alma. Es posible, que merezca D oir favores tan grandes? su lo ajib Fernando, si yo tuviera que ib muchas vidas que entregarte, no dudes, que tuyas fueran. Bien doña Ana satisfaces mi amor, cuando así le premias. Esperanza, en estas farsa, somos aunque figuras pequeñas, figuras somos también, que ya sobre dos muleras tergal antee en la calle; mía Da V7 mía fue aquella fineza Ya sabes que tuya soy. Buen paso para comedia, tres a tres se hablan, y yo Idad contando indicios, y señas, hago el papel del celoso, que callando representa Primo, idos por Dios, que ac ni muchos criados nos cercan, y este esclavo. . Qué teméis? o Ay de mí! no es bien que tema 0V cuando el peligro es tan claro? nopor? Tan presto de ti me alejas? No me aparto, no me aparto, pluguiera a Dios que pudiera. no, Ahora bien, por darte gusto mon me iré, aunque yo lo padezca n00 que el Obispo me mandó fuese a San Pablo a la celda del Prior, que me importaba: mas no llevaré una prenda tuya por consuelo mío? Toma esta sortija, y sea para que de mí te acuerdes el que es diamante firmeza. Para estamparlo en el alma, era carácter, o estrella. Adiós mi doña Ana. Adiós. . Vendré esta noche? Que vengas, dice el alma, mas mi honor dice primo que no vengas, Todo la noche lo encubre. Y todo el Sol lo revela. Al fin vendré? No sé; ay cielo! como tú quisieres sea. Cuerdos anduvieron, Nuño Jorge, y Fernando, y por esta razón le envié a su tío el Obispo la licencia ODEIdED para salir de Alcala, iberiadí porque el que a la puerta misma de su dama, siendo amante, cuerdo excusa laspendencia, o no tiene amor, o ya se reduce, o se enmienda, Es cuerdo don Jorge, y sabe, que ha de sentir Va Alteza cualquier nuevo atrevimiento Fuerza es Nuño, que la afrenta, por lo que quise a Beatriz, por lo que debo a las prendas de su esposo, y por quien soy, que así mi valor se empeña. Buscando vengo al Prior, y está pienso que es su elda: Emiro Válgame el cielo! Señor? no Qué ordinaria in a suertencia! buscáis al Prior, don Jorge, o a mí? . Donde V. Alteza (u está, ya no busco nada, solo os suplico en enmienda de mis hyerros, permitáis (puesto que no lo merezca) que os bese la mano. o Alzad. En mi señor, qué os altera? Nada don Jorge. en la mano. . trae la sortija misma; que di en Toledo a Fernando. Con admiración atenta me mira; válgame el cielo! Recojeos don Jorge, y sea para merecer conmigo, que os honre cuando se ofrezca al Siempre mi humildal repite sabor de vuestra grandeza: que en Cordova estaba el Rey, decían decían inciertas lenguas del pueblo, verdad ha sido, que no siempre el pueblo hyerra. Posible es que el Venticuatro tan poro de mí se acuerda, que al justo respeto falta, y al juramento se niega? A la hidalga cortesía, y a la debida promesa, enajenando tan presto la sortija, que en él era ínculo de la amistad, y de sus servicios prenda? Mal lo ha hecho. A vuestros pien augustos mi lealtad llega, cansado ya de la Corte, porque ocho días en ella, sin hacer nada; y sin veros, mucho vive Dios, molestan. Alzad Fernando, y llegad a mis brazos; como queda García? Bueno señor, yo solo con vida enferma he vivido hasta saber lo que me mandáis. Ya cesa Fernando lo que os quería, por ser cierta diligencia aque yo vine en persona. Vuestra casa halláis la buena? Cómo esta Bearriz? Primero señor, que llegase a verla, vine a besaros los pies. Esa es muy grande fineza, que primero es vuestra esposa. En mi no hay cosa que sea primero que vos, señor, todo es después. Mal se prueba esa fe con lo que he visto, quien de mi amigo se precia, quien es tan sioble, Fernando, prendas mías enajena? Si pobre estáis, yo podré remediar vuestra pobreza; no soy amigo de burlas, vuestro amigo soy de verás. La sortija que yo os di, Fernando, es bien que la vea en don Jorje? Ay Dios! No veis que quien así el don desprecia, o la estimación profana, o la amistad atropella, viciando la cortesía, y adelantando la quejas Señor, no por pobre fue enajenada de mí, mas por desdichado sí. Bien se ha visto, y bien se ve en el alma la guardé, en el alma la tenía como prenda vuestra, y mía; mas como en tan dulce calma a Beatriz la he dado el alma, envuelta en el alma iría. Cuando a Toledo partí, en fe de mi amor, señor, le di la prenda mayor, alma, y sortija la di, perdonad, si os ofendí, que nunca llegué a entender, no, que os podría ofender, (por amor, ni cortesía que la prenda que era mía, lo suese de mi mujer. No Fernando, en eso has dado. bastante satisfacción creí, que en otra ocasión la od la hubieras enajenado? mas si a Beatriz se las ha dado, ya mi enojo cesó tu acción disculpada está Fernando, muy bien hiciste, si alma, y sortija le diste, Beatriz te la volverá. Que alma, y sortija Beatriz me vuelva, justa sentencia, decreto faltal de un Rey, de un Príncipe voz tremenda. Qué desdichado nací a vil mujer, ha sirena que con engañosas voces halagas la muerte en ellas. Estas las lágrimas son la fe venerable es esta, que a mi partida juraste, en llanto infame deshecha? Pero callemos honor, el Rey me advierte, y me enseñas si mi sortija Fernando le diste en el alma envuelta a Beatriz, no está perdida, alma, y sortija te vuelva Señor mío, bienvenido, un labrador, que a la puerta del Convento vio apearte, me dio tan dichosa; nuevas, y entré a buscarte. Rodrigo Dios te guarde. A tiempo llegas, que eras de mi deseado. Qué hay de nuevo? Malas nuevas No está buena tu señora? Buena está, mas no está buena, Cómo? Don Jorge, y Fernando. Habla Rodrigo, no temas, dímelo todo, habla claro, que más que decirme puedas me ha dicho ya mi desdicha Recibiste en llanto envuelta una earta mía? . Sí Pues señor, ya con licencia del Rey en Cordova están, y en tu casa libres entran todo está señor perdido, esta noche los esperan; tu honra padere, y tu honra morirá si no te vengas. Oh agravio no merecido! oh bárbara ley traidoral que el honor que un hombre adora, heredado, y aquitido, esté sujeto, y rendido al caduco, y frágil ser de una mujer! Qué ofender pueda solaló ley impía sin culpa de parte mía, ofensa en mí puede haber? Que del ajeno delito que ni vi, ni cometí, resulte el agravio en mí, con letras de infamia escrito Yo, que aún al Sol no permito que me mire, y de él me ofendo sin culpa estoy padeciendo? Yo inocente! y reo soy? yo honrado, y sin honra estoy? vive Dios que no lo entiendo. Qué hora será? Son las diez. Sabes que noticia tengan de qué he venido en mi casa? No señor. Pues vuelve a ella, y mira, apercibe, atiende. Seré en tu honor centinela. Juntos iremos los dos a hacer lo que el Rey ordena Beatriz tiene alma, y sortija, alma, y sortija me vuelva. Linda hora Ya la calle está quieta. Entrar podéis, pues ya licencia tenéis y no hay amor sin gozarle La noche es amigo fiel, cultos le dédico altares. Amor, como tú me ampares, viento en popa va el bajel. Mira no caigas Rodrigo, que aunque son bajas paredes, puedes lastimarte, y puedes hacerme falta. Contigo tomo cairá en tal lugar, quien celolo de tu honra del centro de la deshonra, te la ayuda a levantar? Bien hayas tú, que no en vane para celoso, y valiente, sangre tienes igualmente de Español, y de Africano Acostados estarán; gran silencio hay en la casa Como si en fuego se abrasa voces a fuego no dan Yo soy aquel de di hado que en la República toda más vil oficio acomoda a su persona y su estado. Ea desnuda la espada, y advierte, que a mi enemiga yo he de mata le, Rodrigo, tú no has de ofenderle en nada A los demás atropella con valentía, y denuedo, Beatria biere sin piedad, sin miedo, destruye, abrasa, deguella, porque si no es los caballos, no ha de quedar cosa viva. Eso a prevenirte iba bien haces de reservarlos. Cobarde, infame, traidor vil pariente, y vil amigo hoy hallarás tu castigo en las manos de mi honor. Qué es de mi espada: ay de mí! Rodrigo, toma esa puerta Mi muerte es cierta Y muy cierta que hoy vive la muerte en mís Brava desdíchala saber que tan riguroso fuera, su ofensa no le dijera: o que Ángelló que mujer! desmayada está en el suelo, y a doña Ana ha muerto ya brava venganza será, hoy reina la ley del duelo. , s Antes que me mates, anter piensa que no te ofendí. No importa, castigo en ti culpas de participantes Ea Rodrigo, prosigue, discurre por esa casa, y a cuantos en ella encuentres, cruel hiere, y feroz mata Oyes, la primera sea Beatriz, que valor me falta para matar a quien quise; pero no, detente, aguarda, que Los Comendadores de Cordova. que venganza en mano ajena, es castigo, y no es venganza qué es esto valor? espera, Con resolución gallarda, en la prenda que más quiso ejeruta su venganza. o nunca visto valor eis veces dejó manchada hacierra con sangre suya Y o ras seis me llegó al alma. Oea el mundo el honor mío, que en los abismos estábi, que hasta las estre las mismas se cozonra, y se levinta. No que de escrúpulo al duelo, no quede antojo a la infamia salga de una vez en limpio lavada en sangre esta mancha, y en tanta sangre, que dure de un siglo en otro llorada en los Anales del tiempo, y en las lenguas de la fama. Ya, señor, murieron todos, as dueñas, y las cria las, el lacayo de don Jorge, que estaba con Esperanza. no queda persona viva. Bien hiciste; mas quién habla en el pario? El Papagayo. Pues cómo traidor me engañas? ino le dejas, sabiendo que lo vio todo, que hablaba, no me dijo mi afrenta, Muera, pues que tú lo mandas. . Romped las puertas, y entrad. Voces oigó, y amenazan golpes a romper las puertas, Los Comendadores de Cordova. o las rompan, o las abran, que a lo hecho no hay remedio. Qué es esto? llega esas hachas Fernando? . Señor invicto, en mi casa? . En vuestra casa me han dicho. . No estoy señor para relaciones largas, porque pide el corazón más aliento, y menos ansias. Pero lo que se deciros, que cumplí vuestra palabra, alma y lortja la di a Beatriz, sortija, y alma me ha vuelto, vos lo dijisteis, yo cobré, si ella es quien paga aquí lo veréis, supliendo con las obras las palabras, s. Aquesta espada lo ha hecho, y a vuestros pies esta espada leal a su dueño, os pide, que cercenéis mi garganta Oh nunca visto dolor! Fernando vuestra venganza disculpa el mismo delito, mas vuestra crueldad me espanta Llore Cordona el mayor suceso que ha visto España, y yo lloraré también el haber dado la causa Perdonado estáis Fernando. Vuelvo a besar vuestras plantas: Y aquí a la mayor tragedia, sino a la mayor venganza, dio fin Albaro Cubillo su Autor, perdonad sus saltas,
