Texto digital de Cinco blancas de Juan de Espera en Dios
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cinco blancas de Juan de Espera en Dios. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cinco-blancas-de-juan-de-espera-en-dios.

CINCO BLANCAS DE JUAN DE ESPERA EN DIOS
JORNADA PRIMERA
Ya tu conoces mi flema. Ya mi colora conoces, calla, o matareme a coces. En mí este prolijo tema, es condición natural. También en mi es condición, con razón, o sin razón, diga bien, o diga mal, no sufrirque me aconseje, ni el pariente, ni el amigo. De eso soy yo buen testigo; pero por más que se aleje tu razón de mis consejos, que esto del aconsejar, dices bien; se ha de dejar a los padres, y a los viejos. Ni mi salario te pido, ni me quiero despedir; porque yo te he de servir mal comido, y peor vestido. Seré criado en tu será flaco siempre como un galgo en la áldea de un hidalgo, o en la Corte de un Poeta. Y pues severo me quitas de aconsejar el poder; dime agora, podré hacer tres, o cuatro preguntitas? Si pesado no me juntas preguntar, y persuadir, aunque me atreveré a sufrir. Y bien, qué es lo que preguntas? Pues se atreve tu paciencia a un necio preguntador, de pregúnticas, señor, va con tu buena licencia. Muerto tú pedre Valerio, o el que por padre creíste, en cuya hacienda tuviste, y voluntad tanto imperio. Cuya hacienda confiscó el Senado, porque osado, libre, intrépido, arrojado, a nuestros Dioses negó. Y con ardiente deseo, y con tesón sin igual, libre siguió por su mal a ese Cristo Calileo. Qué intentas, o qué pretendes? tus largüezas se comidan, no te ofende que te pidan, cuando de todo te ofendes? Muy liberal puede ser, da (mi consejo llegó) no lo que he de comer yo, si lo que tú has de comer. Dar al que llega a pedir congojado en sudesdicha, siempre lo juzguen por dicha; antes él podrá decir, que primero me pagó, y más liberal anduvo, pues que de costa letuno lo que el pedir le costó. Bien está, y con las mujeres dime como te acomodas, pues queriéndolas a todas. dices que a ninguna quieres. Cuando a todas las pretendes, todas te parecen necias, a la fácil la desprecias, y de la honrada te ofendes. Y en tu gusto, o tú quimera de la discreta, y airosa, solo te parece hermosa, no la hermosa, la postrera. Aunque te parezca injusto quiero fundarte en razón esta mala condición, a que yo llamo buen gusto. No es rosa la que es tratada, el ajado no es jazmín: porque turbado el carmín, y la nieve mal tratada, ya pierde el nombre de flor, ya la hermosura de nieve, el desprecio se le atreve, el olvido, y el rigor. Porque el gusto ya logrado, es la mujer más hermosa, menos que tratada rosa, menos que jazmín ajado. El fin conseguido, pues, de este caduco apetito, necio no me precipito, que la más bella no es rosa, o jazmín, pues no huelé, nieve, ni flor, pues no agrada, y así la mujer gozada mas que me obliga, me muele, Pues con Libia en tus desvelo tan necios, y desiguales, porque de eso no te vales, cuando la matas a celos? Pero ya con ello he dado, y para que? que te escucho, si a Libia la quiero mucho, es porque no la he gozado. Porfía, y conocerás, de este tu amor importuno, que eres tú como ninguno, y ella como las demás. Di, borracho, otra mujer, con Libia se ha de igualar? con Libia has de comparar a Libia? nadie ha de ser. como Libia, inadvertido. Vive Dios, sino mirara; que la vida te quitara. Yo lo doy por recibido. La diferancia que el Sol hace hermoso a las Estrellas la que a tantas flores bellas, la pompa del girasol, y la que esparciendo nieblas torpes de la noche fría, alma luciente del día, que a pesar de las tinieblas, que hermosamente deshace, es alba, y luz cuando crece, topacio cuando fallece, como rubí cuando nace. La que eminente un escollo, nace en lo humilde del suelo, cuando del jardín del cielo es un florido cogollo. Y la que yo (no te asombres, si tanto de mí me pago) bizarramente les hago a todos los otros hombres, Esa misma diferencia ay de las demás a Libia, que cualquiera luz es tibia del Sol en la competencia; cualquiera es niebla grosera del aurora al esplandor con el girasol es flor humiloi sima cualquiera. Saca de esto que te digo por consecuencia forzosa, que con Libia no hay hermosa, ni hombre de valor conmigo. Así el pueblo lo pregona, así lo dice el lugar, ocupado en publicar blasfemia de tu persona. Dígolo porque lo he visto, todos te llaman terrible, descortés, desapacible, desesperado, malquisto. Cuando te nombran te infaman, si es que bien lo consideras; pues cuando en Dios desesperas, Juan de Espera en Dios te llaman. Siendo (bien lo sabes tú, y lo sabemos los dos) mas que Juan de Espera en Dios, Juan de espera en Belcebú. La razón de ese apellido no la ignoras, y pues sabes, que son mis penas más graves, que importa que inadvertido, tú, y esa pueblo ignorante quedice mal, de envidioso conmigo se muestre odioso, porque a todos me adelante? Si todos de bajas prendas, si todos de viles modos, ellos, y tú como todos no hay cosa de que te ofendas. Diote pesar algo? . No. Tienes amor? Poco; o nada. Para qué ciñes espada? Piensas tú que lo sé yo. De racional solo el nombre tienes con bajas costumbres. Luego en tomarpesadumeres consiste el parecer hombre? No, más consiste en vengar las que un desprecio me hiciere. Pues tomelas quien quisiere, que no las quiero tomar. Y vendré a perder el juicio. Poco tienes que arriesgar. Dos mil muertes le he de dar. Mas que sé a quien? a Patricio; pero apurado también el caso y puesto en razón, no tiene su inclinación, y sus sentidos? . Pues bien? Que podrá a Libia adorar, pretenderla, y festejarla. Si él se atreviese a mirarla, no le sabré yo matar? Par Dios nunca tal hiciera, al reves lo juzgo yo. miren en que me ofendió aquel que a mi dama quiera. El quiere lo que yo quiero, y adora lo que yo adoro; llora él por ella, y yo lloro, él se muere, y yo me muero. En el desdén, y en el susto una igualdad nos convenga, o bueno, o malo le tenga él tiene mi propio gusto. Y pues el fin es servirla, y procurar regarla, no es voluntad el celarla; ni es amor el destruirla: No hay porque ser enemigos. de la razón, no me aparto, con cualquier mujer hay harto para diez, o doce amigos. A Marcio, y Libia venir miro hacia acá, y no quisiera que aqueste viejo me viera, allí me quiero en cubrir. Pues de cuando acá señor de alguna te has recatado? El excusar este enfado. mas que respecto es amor: alguna vez sujeción a la razón ha de haber. Y yo el juicio he de perder de verte tan en razón Eslo mucho que obedezca; cuando por Libia me pierdo? Eslo mucho estar tu cuer- do, mucho dure, y bien parezca. Esto ha de ser, y ya me aprietas mucho. Esto es razón, y cuando ansí te escucho, te desconozco Libia en tus dc- ciones. Tú a mi gusto te opones? sabes que eres mi hija? Bien sé que eres mi padre, y con prolija persuasión me riñes los recelos, que casi te haces tú, viven los cie- los; que obligues mi cordura a hacer esa que tu llamas locura. Pu sin mi gusto dar la mano a alguno? Desde padrete y asas a impor- tuno y no por serlo tude mi albedrío dueño has de querérser, que solo es ainío. Si amorosa violencia, si blanda de los cielos influencia a quererle me obliga, castiga en mí, castiga delito que cometen las astrellas; y si le juzgas grande obedecellas: altera tú si puedes, o si sabes lo que en sentencias sin recurso graves; escribe para dichas, su desvelos. el eterno voluen de los cielos. Jua este Juan infeliz, que des- dichado (doy después que la riquece le ha falta a todos les parece inadvertido, terrible, descortés, y mal sufrido. Costumbre ya en el mundo muy (nada, usada, porque el pobre jamás acierta en le aborreces de modo, que de él te ofende todo, cuando yo en justos lazos llegue a darle la mano. Antes en mis brazos se sabré dar la muerte, advierte Libia, advierte. Ya es forzoso decirla Que he de saber, ya sé qué eres mi padre, algo que sea bastante a reducirla de secreto tan grave. Si quién eres ignoras, Libia sabe? que fue Aurora mi madre, mujer tuya, y que por muerte suya a la Corte dejaste que seguías, donde tantos favores recibias del gran Tiberio Augusto, que aquí estás retirado por tu gusto, que es mucha tu nobleza, y que a esta parte el mismo Emperador viene a buscarte, que se aloja en tu casa, que a su amigo te pasa de vasallo Tiberio, y sus favores querrás lograr haciendo que en mayores empeños se conozca, y mi marido a su gusto, y al tuyo sea eligido: esto querrás decirme? pues lo entendí no tienes que advertirme, que debo obedecerte lo confieso, mas no soy la primera, ni es exceso, aunque así a primera luz parezca injusto, que a un hombre que es tu igual de por su gusto. No es Juan tu igual, escucha, no te alteres, que mucho más de lo que piensas eres. Fuítese este daño. el tiempo llegó ya del desengaño. No soy tu padre vo, yo te he criado. Quién soy, dimelo pues. . Mayor estado del que piensas te aguarda. . Ya en decírmelo tarda tu prolija advertencia. Pues que la tengo yo, ten tu paciencia. Soy mujer, y no sabes el efecto que hace, en todas nosotras un secreto. Bien sé que eres mujer, pues por tu gusto me obligo a hacer aquello que es injusto. (perdieras. Si tú no me advirtieras. . La vida a un tiempo, y la opinión Ya que me has advertido rébela lo que soy, pues nada he sido. Tudicha es mucha. . Ya con ansia la espero. Pues escucha: todo aquello excusando que del caso no fuere atropellando, la causa, y la razón de mi retiro; puesto que solo miro lo que te importe a ti, por todo paso, y lo demás dejando voy al caso. Unaño casi había, que en mi quietud, y soledad vivía, cuando una noche del Diciembre helado, estando yo en mi lecho descuidado, sentí que me nombraban, y con voz tan medrosa me llamaban, que apenas la razón se distinguía; yo que también recato la voz mía, quién me llama, pregunto? respondieronme al punto, y abriendo una ventana, que el resplandor alumbra de Diana, quién es conozco. Han gran Tiberio Augusto! . cuantos miedos te custa aqueste gusto? Tu padre, que es lo más que decir puedo, quién es no me preguntes; que con miedo, aún el alma rhusa. esta pequeña relación confusa, me dijo, habrá tres Soles, que en hermosos dorados arreboles, aquesta que te entrego prenda mía, nació a ilustrar el día, en nombre de hija tuya se ha de criar, que de saberse cuya. agora sea, nacen graves daños, tú lo disponcon fáciles engaño quien te puede mandar es quien te ruega, que el havermenester a tanto llega: no te quites, o Jubia, inadvertida. a ti la suerte, cuando a mí la vida, que tú te perderás, y yo perdido, eso habré de criarte merecido Pensará que me ha vencido . el nuevo estado propuesto, mas me he alentado con esto a eligirle por marido. Cuando me dice que valgo, tanto quedo consolada, de que suan no pueda nada, porque me deba el ser algo. Que fuera mi amor muy loco, cuando mis dichas escuho, si olvidase siendo mucho quien me quiso siendo poco Esfuerzos cobre mi amor. en su persuasión prolija, aún cuando en vez de ser hija fuera del Emperador. Pero por no malograr este noble pensamiento, haré que mudo de intento, fuerza es el disimular. Padre, y señor no te aflija el pensar que la esperanza malogras de mi crianca, nunca he sido más tu hija. Que agora que me revelas las mejoras de mi estado, pero en nada he mejorado, señor, si no te consuelas, y en albricias de que haré todo cuanto me mandares. Ya dieron fin mis pesares. Qué harás? . Yo te lo diré. Tenle Laura, solo un día que cuerdo ha querido ser, quiere ya echarlo a perder. Qué intenta hacer tu porfía? Enfádame el esperar, quiero que Libia me vea, que aunque con su padresea, es ya muchísimo hablar. No ves que es locura quien tus desatinos excede? Nada con su padre puede hablar que a mí me esté bien. Que te quiere Libia sé. Yo sé más. . Qué? Que te adora. detenle tu amiga Flora, que yo le aconsejaré. Si eso es verdad, porque así? Extremos nunca son buenos. Dejadme; que por lo menos los escuche desde aquí. Santo, y bueno este pecado, cometele en hora buena, que presto tendrá la pena del haberlos escuchado. Desde que me acuerdo igual, he hallado por varios modos, que los que escucharon, todos siempie escucharon su mal. Tan grande ha sido el poder de tu cuerda persuasión, que venció mi inclinación, y me mudó a nuevo ser. Será lo que tú quisieres. Logrose mi diligencia. . En viendo su conveniencia mal conoces las mujes. Bueno fuera que casaras con un loco, qué consuelo? bien pájaras mi desvelo, y mi cuidado pagaras. Perdone está vez mi amor; . pues conoce mi fineza, de hoy en adelante empieza el agrado a ser rigor. Túverás como le trata mi desprecio. . A vil mujer! Ni la cara me ha de ver. Ya el refran comienza. Ah ingrata! O qué consolado estoy! de verte ansí reducir. Dios te guarde: apercibir lo que es necesario voy: porque Tiberio esta tarde avisó que ha de venir. Seguro puedes partir. Dios te guarde. . No te guarde. Para qué te ha de guardar vil traidora, fementida, para que quieres la vida al que te la supo dar? Para que en vez de arrojarte a mil riesgo por mi amor, desde hoy comience el rigor, y ni el rostro he de mirarte? Pues vive Dios que he de verte, siguiendo en todo mi gusto, solo por darte disgusto; y si intenta defenderte ese viejo, aunque ampararle quiera el mismo Emperador; ha de llorar mi furor, y la casa he de quemarle. Vienes loco? . Loco estoy. Tu conmigo de esta suerte. Yo que sabré no quererte si te he querido hasta hoy; y en ti has de ver el efecto de quererme a mi agraviar, solo en ti me he de vengar, y he de perderte el respeto, Sin que temple mi locura, ni sosiegue mis enojos lo apacible de tus ojos, lo dulce de tu hermosura. Sabes que en todo el lugar nadiese atreve a enojarme, y que nadie ha de estorbarme cuanto quisiere intentar? Sabes que a un pesquisidor que quiso ponerme tasa, dentro de su misma casa le eche por un corredor? Sabes que por ciertas quejas que yo tuve por agravio, siendo aquí potestad Fanio le corté entrambas orejas? Sabes que si quiero yo, o sea justo, o no sea justo, en sabiendo que es mi gusto nadie me dice de no? Pues por qué has de presumir que tú me podrás temples? quien ha de poderme echar, si yo no me quiero ir? Pues qué causa he dado yo para que de esa manera a mí te atrevas? . Ah fiera! no he de referirte, no lo que he podido entender en tu desprecio agraviado, que es tener pesar doblado, y dar doblado placer. Que yo te lo cuente quieres? Templa un poco tu pasión Aquí no hay más de que son unas todas las mujeres. La libre, como la honrada, y aquella que en superior esfera tiena mayor obligación de acertada, con desaciertos mayores. se olvida de lo que debe; fácil a todo se atreve, y con necios pundonores, cuando a su honor se atrevió me quiere a mí muy templado, y lo que ella no ha mirado quiere que lo mire yo. Ven Esparrago, yo sé, que has de ver en mi rigor. Y luego quertan señor que las guarden mucha fe. Si mi flema me dajara, segun que tienes razón, esta es sola la ocasión en que me encolorizara. De cuando acá yo sufrir que nadieme de pesar? Quisiera verte acabar lo que tienes que decir. Sí, Libia, ya se acabado, ni que hacer, ni decir tengo, solo una cosa prevengo a tu miedo, o tu cuidado. . Y es! Que en tu vida me nombres, que aunque parezca arrogancia hay muchísima distancia de unos hombres a otros hombres Y me corrovive Dios an este caso importuno, siendo yo en todo tan uno, llegar con naide a serdos. Si bien cesa mi porfía, que yo nunca te he querido; y ansí nadie ha competido conmigo, ni en cosa mía. Nunca me has querido bien? No Libia. Vete en buen hora. Ya me voy. Pues quiero ahora, que a mí me escuches también. Haz después lo que quisieres: pese a mi loca paciencia, no ves que hay gran diferencia de mujeres a mujeres? Si ofendido quejas das, cuando mudable me llamas, cuando más mi nombre infamas, es cuando me debes más Mi padre. Todo esto es, porque a su disculpa cuadre. Qué impertinente tu padre te riño mi amor; tú pues, a su precepto obediente, en su gusto conveniste, y medrosa prometiste de no verme eternamente. Que fue todo por cumplir. del viejo con la porfía: mas que es esto, Libia mía, lo que me quieres decir? Bueno estuviera mi juicio, si yo te creyera agora, sabiendo que te enamora tan finamente Patricio. , s Quién me llama? Aquí por Dios, que ninguno os ha llamad mas si no hubierais llegado, yo os fuera a buscar a vos. Y antes que me preguntéis, que ocasionaba el buscaros, quiero agora aconsejaros, que a Mensisla vuelta deis. Y a este lugar no volváis, como tenéis de costumbre, porque me dais pesadumbre; y si otra vez me la dais, sabrá mi loco furor, que jamás nada previno, no mirar en que sobrino seáis del Emperador. Y justa mi indignación; pues avisaros me abona, sino queréis en persona volváis allá en relación. Si a rigor no me proco, como debiera enojado, es por Dios, porque he juzgado que el amor te ha vuelto loco. Y porque es tal la ocasión, que aunque el castigarte es justo moreces por el buen gusto, mas que castigo, perdón. Que yo a templarse el desdén de su hermosura severa, si Libia lo permitierra, loco estuviera también Señor Patricio, por Dios. Juan, si es verdad que me quieres? Esto no toca a mujeres, que solo toca a los dos. Toda esta filosofía está demás, solo entiendo, que yo de verás me ofendo, y que Libia es dama mía. Con la decencia se entienda que permite su decoro, y cuando yo la enamoro, no ha de haber quien la pretendas Y ponsad bien, que advertiros; ha sido mucho estimaros, puesto que yo sabré echaros, no quisieredes iros. Aquí temo un grande mal. Juan. . Aquesta mal nacido, en fe de vos se a atrevido, y aunque es a mi desigual castigaré su delito. Caballero mal criado; porque estáis enamorado de propósito os írrito, a ver si os hace el amor; como arrogante, valiente. Ninguno de los dos ama, pues ninguno se reporta. Es que aquí el reñir importa por la opinión y la dama. Padre, señor, Lelio, Bruso. Gloria es ver como se dan HAy tal pena? ay tal afan? Yo siempre el reñir escuso. Sigarme todos a mí por que a esta parte escucho el ruido Vive Dios que estoy corrido, que un hombre me dure ansí? que está aquí el Emperador: la cólera reportad. Deteneos, apartad. Vos habráis de ser. . Señor. No tenéis que replicar, pues no os puedo reducir; y cuando yo os sé sufrir, vos no os sabéis enmendar. Agradeced mi atención. Aquí agora . No hay disculpa, que vos siempre tenéis culpa, y nunca tenéis razón. A unque siento tus desvelos, hechos mis ojos dos mares, muera de pulos pesares, quien me mata a puros celos. Vos, quien sois, y que razón para el disgusto tuvistes? Puesto que reñirnos vistes, y no vistes la ocasión que me dio vuestro sobrino; y ella, y quien soy preguntáis, si de tanto honor soy digno, a todo os satisfaré, aunque temiendo cansaros. No tenéis que acobardaros, decid, que yo escucharé. Mario, ejecutado esté. Cuanto me habéis advertido, ya todo está prevenido. El día ha llegado ya de más gusto para mí: hay hija del alma mía! hoy si que tendré alegría, que hablaré claro, decid. Grande Emperador Tiberio, a quien todo el mundo aclama feliz, y dueño dos veces, por el ingenio, y las armas. A quien obedecen, cuantos de la milicia Romana fueron despojo triunfante al castigo, o la amenaza. Escucha, y oírás prodigios, la maravilla más rara; de tu Imperio soy, el caso dirá si son arrogancias, mis presunciones, o sí cuando a la atención te llama mi prevención justamente audiencia te pide grata. En las riberas del Nilo, prodigio hermoso de plata, que cosarió de esas nerras baja a robar las campañas. Hidra luciente, que escupe por siere hermosas gargantas. ardiente tanto cristal, y líquida tanta llama. Que al mar se opone atrevido, por más que en espumas canas, para oprimirle cortés, mañosamente le abraza, Pues cuando van a pagarle preciio feudo las aguas, escandaloso parece, que le presta, y no le paga. Y hacían muchas aldeas, que su ribera poblaban, donde Jeres, y Pomona frutas coge, y mi eses guarda. Páis, que sin esperar del cielo influencias varias, nia que con lluvias aliente su cosecha, o su labranza. A luriesgo debé cuanto, sin la costa de esperarlarlas da la Primanera en flores, y orrece el Oroño en plantas. Este, pues, que de los ríos es cristalino Monarca, a fuerde Príncipe humano, lo mismo que alienta mara. Treinta años habrá según dicen todos, que esplayada su corriente imperuosa, que furiosa se desata. Trocó a injurias las caricias, la blandura en amenazas, en enojos los agrados, y los halagos en rabias. Y precipitadamente, sin recurso alguno, arranca a los árboles de cuajó, y de cimiento las casas. Poblaciones llevóre tan subita esta mudanza. que el proceloso cortiente, que furioso se dilata. En instante troco breve lo que duró edades largas; y las que en la tierra alneas, fueron ciudades del agua. En una de estas, o fuese que nací en ella, o que estaba, según pienso, de mis padres, cometida la erianza. A algún labrador, de muchos que en inquietud sosegada vides podan, y haces trillan, que uno es oro, y otro es ambar. Me cogió la tempestad, y en la cuna, que guardaba mi inocencia, fui despojo miserable, que acompaña. En ruinas tanto edificio, estrago horrible, que arrastra tantas vidas sin aliento, y tantos cuerpos sin alma. Dichosamente el bajel en que corrí la borralca, sin zozobrar en escollos. libre saludo la playa. Lloró el barquillo, y la tierra con muda apacible salva seguro puerto le ofrece, benignamente le abraza. Libre ya de aqueste riesgo, igual otro me amenaza; puesto que alliera imposible, que hubiera quien me criara. Que el que desdichado nace, cuando de un peligro escapa, no es porque de este se libre, sino porque otro le aguarda, Pero el cielo, que piadoso así reserva las causas, para fines no pensados providamente me guarda. Aquí, gran señor, atento mas que hasta agora te llaman mis sucesos prodigiosos, y mis maravillas raras. Fuse del cielo, u del Nilo, la indignación ya templada, lo que atropelló rabioso, piadosamente lo halaga. Serenas todas sus luces, el Sol común padre, baña el terreno, que inundado. padeció inclemencias tantas. Lo vegetable, y sensible el orden natural guarda, uno engendra, otro produce; este brutos, y aquel plantas. A nuevo ser reducida, la hermosísima campaña de bellones le corona, y se viste de esmeraldas. De tropas irracionales, ya feroces, y ya mansas, válidos son las razones, y bramidos las palabras. De las esquilas los ecos son avisos, que a la playa con político desorden se avecinan las escuadras. República, que obediente a las señas que la mandan; imperioso un blando silvo las recoge, o las aparta. Soberano impulso obliga a una obeja, que entre tantas entonces recien parida en los rebaños se halla. Vino a el margen; a donde ansí en las últimas ansias (por la falta de alimento) si no me busca me halla. Y atropellando discursos del como fuese, alentadas con su blanco humor mis fuerzas la debilidad trocada, volví otra vez a la vida; de maravilla tamaña, admirados los pastores, de aquellacuna me sacan, que fue mi sepulcro casi: A fragilidad humana! que empiece a morir un hombre cuando de nacer acaba? Valerio, de todos dueño, es quien me aluerga en su casa, y a quien hasta en estos años debipiadosa crianza. Mas con tal oposición, a sus preceptos, que labra un ingrato a beneficios, rebelde bronce, en quien halla más despego a más ternura: volviéndole mi arrogancia, por advertencias, desprecios, por avisos, ignoraneias. Juan me llamó el ganadero, y de Espera en Dios me llaman; porque al ver mis impaciencias. aún por la más leve causa. Juan, espera en Dios, decía; obrando en mí estas palabr un tosigo que me ahoga, y un veneno que me abrasa. El a ese Cristo, o Jesús, que entrambas cosas le llamana con escándalo atrevido le dio adoraciones vanas. Yo que a este Dios, o Profeta le tengo tal repugnancia, que sus prodigios me ofenden, y sus aplausos me cansan. Aunque en perder a Valerio, perdí padre, y perdí casa, no hubo cosa de más gusto para mí que sus desgracias. Esto es cuanto sé de mí, que lo que en esta medalla que pendiente de una cinta hallaron en mi garganta; y yo hasta agora conservo, por ver si en ella se guarda. algún secreto, que pueda serme tal vez de importancia. Lo ignoro absolutamente, vuestra Altena, señor, haga que algún docto la interprete, pues mi grosera ignorancia no acierta, ni aún a leerla. De la pendencia la causa. fue tener celos de Libia, y de Patricio, que trata de venirme hacer disgusto. Yo la quiero, ella me ama, y sino, lo pienso yo; él muy si no no se cansa de escuchar desprecios suyos; yo que sufro poco, o nada, di. le hedicho que no me irrite, que se este quiero en su casa. El mucho, y nosotros poco, despreció mis amenazas, trátome mal, enojeme, y sacamos las espadas. Pues aún falta otro mayor prodigio; válgame el cielo! halle mi mayor consuelo. Este es mi hijo, señor, De que lo inferis, Torcuato? o es caduquez, o locura. . Esta inscripción lo asegura, y lo dice este retrato que en la medarla se advierto por mi orden esculpido, cuando yo de agradecido de esta vida, que aunque muerte dio a su madre; qué desvelo! el ado que solicita mi pesar, si aquel me quita, me deja aqueste consuelo. (Lesús, Martí armigero Torcuatus Procónsul excorde filiúm dicar, A Marte, según colijo (d sacrat, ha de decir la versión, Torcuato de corazón le consagra aqueste hijo. Es así, yo dedique, siendo Procónsul a Marte, de mi amor la mayor parte, de mi religión, y fe. No tuve culpa en mi empieo, ̱ Jesús, que no habíáis nacido, aunque estabais prometido, bellísimo Galileos Bien sabéis vos que el profano culto abomino ignorante, y bien sabéis que constante adoro el nombre Cristiano. Mucho más de mi colijo, . y ansí no se alegre mucho mi vanidad cuando escucho que soy de un Procónsul hijo. Todo es maravillas hoy, y en tan prodigioso día, sepase que es hija mía Libia, a quien los brazos doy. Muerta mi esposa, a quien tuvo mi fe tan grande respeto, rompa mi amor el secreto, que preso hasta agora estuno. Porque Juan fuese mi igual se alegra mi corazón, que a mi altiva inclinación aún esto le es desigual, Torcuato, primo, los dos libres de áfanes prolijos a los Dioses por dos hijos. No conozco más de un Dios . Vamos, y las gracias demos. Marso, escucha. A más fazón, vencida mi inclinación hace mayores extremos. Si yo nunca me inclinado, Diana en qué te he ofendido? Se corres, y agradecido. Estoy muy enamorado. Mi venganza el desdén fiero rendirá de tus antojos, Yo no temo los enojos. Según las cosas se ven, y este suceso según, hijas tu Flora de algún jran señorserás también. seo Esparago, puede ser, que debajo del (ay al algo se encubra. . Y que tal, en todo eres muy mujer. Yo te diré lo que encubres, cuando tanto me persuades, encubres dos mil verdades, cuando tanto piedescubres. Y martir tu pregrosero, que te vienen grandes, dices, los capatos, y maldices al infeliz zapatero. Y yo también digo, que es milagro que en ellos andes, mas los que te vien en grandes son los dedos de los pies. Como os advierto he de entrar. Yo lo voy a disponer. . Vos sabéis obedecer; pero yo sabré pagar. Vamos, porque publiquemos izamos. . Vamos, porque al cielo hagamo gracias de lo que debemos. e Vamos: ah fiero rigor! a morir de amor, y celos. Vamos a morirrecelos de rabia, celos, y amor. Y tú mi Juan aque irás? cesó tu loca porfía? Con las glorias de este día, mi Libia a quererte más. Eso es verdad? . Libia si. Qué me quieres mucho? Es cierto, solo una cosa te advierto. Qué quieres? . Escucha. . Doei Que pues sabes lo que soy, no te mude el nuevo ser; porque te haré conocer lo que va de ayer a hoy.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA I. s. Siempre lo juzgué de ti. Siempre de ti lo pensé. Esto nunca lo dude. Esto siempre lo creí. Claro está, que la grandeza: no acierto a hablar! qué furor! a trocó en olvido el amor, no me espanto. Vuestra Alteza cuerdamente arrepentida, eligió mejor cuidado, y quiere mudar de estado, porque ha mudado de vida. Y tú con la autoridad, que te ha dado el nuevo ser, la vanidad, y el poder, mudaste de voluntad. Si no es ya que soberana tu amante jurisdicción, tiene igual inclinación a Libia como a Diana. Propísimo pasa tiempo de los de buena fortuna, que sin querer a ninguna las quieren todas a un tiempo. No me admiran tus rigores, ni el ver tan común tu amor; querrás, pues eres señor, parecerte a los señores? Es Patricio muy galán. Es bellísima mi prima. Libia; si tu amor me estima Si tu amor se mudó, Juan. Porqué irritas mi furor? Por que me agravias grosero? Yo por Diana me muero? Yo tengo a Patricio amor? De mí tienes queja? . Sí. Contra mi hay razón? Y mucha. En qué te he ofendido? Escucha, si antes no me muero. . Di Son mis agravios desuerte, y son tantos mis pesares, que no sé por cual empiece, porquevienen a acabarme. tan juntos, tan de una vez, propio valor de cobardes, que no sé al morir de todos, cual es primero a matarme. Y si al querer referillos, con todos me embarázare, no es porque razón me falta, cuando razones me falten. Si no porque se atropellan, y quieren a un mismo instante salirtodos a la boca de una vez, juzgando fácil, como el entrar, el salir; y por sino me explicare, con un ejemplo, quizás acertaré a declararme. Has visto un glono de vidno. que en esferas circulares, se va formando hasta el fin, sirviéndole de remate una boca muy estrecha, que al acabar de formalle, al todo de este compuesto sirve de unión a las partes, si lleno de agua le tomas, por más que intentes vaciarle. de una vez, es imposible, que sus líquidos cristales se atropellan de manera sobre querer salirantes, que por querer salir todos, ninguno de todos sale? Pues ansi mi corazón, que es elvaso, donde caben tal multitud de congojas, tanto número de afanes. Cuando quiere por la boca, remedio de que se vale, para desahogar en algo sus cortas capacidades. Dar lugar que salga alguna, vienen todas a ocuparle la salida, que de todas quiere en un tiempo librarse. Y unas a otras se confunden, batallando de tal arte, que al querer quejarse todas, ninguna puede quejarse. Cobra aliento, no te ahojes; que si de espacio intentares echar fuera de ese vaso, o congojas, o cristales, verás como poco a poco viene el intento a lograrse; quedarás sin que te aflija, como él sin que le embaraze. Y pues yo tengo paciencia, que no es cosa en mi muy fácil; ten la tu para decirlas, como yo para escucharte. Pues tomando tu consejo, por ver si se alibia en parte este vaso del veneno, te digo., . Pasa adelante. Que no acordándome agora de tantas temeridades, como en los primeros años cometiste en Miravalles, aquesa corta al degüela, donde con supuestos padres, los dos igualmente a un tiempo, y en la calidad iguales, servimos a todo el pueblo, siempre de escándaro grande; yo padeciendo tus celos, tu haciéndote los pesares. Pues por tuantojo no más, sin que yo te ocasionase, ni alguno en todo el lugar, ya atentos, o ya cobardos. Oh todo, para que todo, o te avergüenea, o te amanse, No hubo quien de tus locuras feliz supiese librarse. Trocó el cielo las fortunas, trocando las calidades, hallando dichosamente, tú tu padre, y yo mi padre. Pudo enmendar los errores. del rústico villanaje, debas costumbres groseras de los villanos desaires, Lo templado de paldelo, lo apacible, lo tratable, donde es dúlcolo severo, y lo recatado es facilo Que como en verdad se funda, que lo terrible, y lo agradable, luces de razon son cuantas. alumbran las Majestades. Pero opuesto a las virtudes, que a este sagrado inviolable le adornan más que lucientes los pérsidos, y los jaspes. Mas duro, y más obstinado que ellos, pues que labrarse dejaron con sufrimientos, al parecer racionales. Como que alcanzaban rudos, y de corrección capaces, que de vimudes se adornan hasta las paredes Reales. Soberbiamente atrevido, y vanamente intratable, no hay razón que no atropelles, sagrado que no profanes Dejo aparte mis agravios por ser conmigo más grandes, que fácil te los perdono, como juez, o como parte, Y porque agora no fuera, serfina, ni ser amante, si cuando todos se quejan, de ti también me quejase. Que tan de tuya me precio, que como del pueblo alcanzes, que tus excesos terribles los disimule, o los calle. Yo por tu amor haré más, que con rendido dictamen, pensaré que son virtudes las que son temeridades. Esto es querer, pues que quiero que solo lo razonable pueda contigo no más, estia solimunte amarte, Pues procuro tus aumentos, y con aplausos iguales, siendo cortés con el noble, y con el pleveyo amable. Holvídame en hora buena, como los demás galanes, desprecia la que está ausente, quiere la que está delante. Que aunque el perderte es tan duro en quien confiesa adorarte, mucho más que mis injurias siento las que a ti te hace. Diana es deidad hermosa, y merece que constante, a la luz de su belleza, o te ciegues, o te abrases. Si Patrocio te da causa de enojos, y de pesares, el vencerlos es posible, solo con saber templarte. Con libertad mi albedrío, no ha de querer cautivarse, ni a conveniencias caducas, ni a preceptos inconstantes. Y si en dulce unión intentas, que en los dos llegue a gozarse el vínculo que estrecharon conformes las voluntades. Con enmendarte lo logras; porque el miedo inexcusable de mi padre, temeroso de tus locas mocedades. Se asegure que me da dueño que sepa estimarme, despreciame como ajena luego que tuya me llames. Que como dichosa pueda decir que lo vi, un instante es poco precio de injurias, o siglos de eternidades. Yo te quiero, yo te estimo, yo soy quien llega a rogarte que no te faltes atento por más que ingrato me faltes. No te sirva el ser mayor, de que con necios ultrajes, tú mismo te hagas tu ruina, y tu perdición te labres. Que yo por más que te quiera, cuando te precipitares, podré llorar tus desdichas, mas no podré remediarte. A estar menos persuadido, pensara que son verdades esas vencidas lisonjas, y esos tiernos ademanes. Dicen los muy entendidos de las cosas naturales; porque de ejemplos también mi razón valer se sabe. Que si el que escucha las voces de las sirenas; infame caricia de los sentidos, hechizo hermoso en quien cabe mientira, y verdad a un tiempo, con disimulo ocultare un áspidcerca del pecho, nunca podrán engañarle, ni lo dulce de las voces, ni lo hermoso del semblante. Aspides los celos son, que han sabido apoderarse de mi pecho, de manera, que aunque yo intento librarme del furor que me ocasionan, y del daño que me hacen, ni la persuasión me vence, ni el llanto me satisface. Pero con tal beneficio, que nada contra mi valen, ni de tu rostro lo hermoso, ni de tus voces lo suave. No tienes que persuadirme, que si quieres engañarme, no importa que seas firena, que traigo en el pecho el áspid. Nada te perivade en fin? En fin nada me persuade. Que en engañarte consigo? Solamente el engañarme. Qué mal sosiega quien ama! Qué mal resposa un amante! Aunque al hijo del Procónsul no le quiero, por vengarme y por vanidad también, gustaré de que me ame. Aunque Libia me desprecie, y en celosas llamas arde mi corazón en sus ojos, vengo gustoso a abrasarme. Juan, y Libia están aquí, o amor que susto tan grande? que pense que era Patricio. A sus desprecios constante sabré estar, mas no a mis celos: aquí están los dos. . Pues sabes, mucho mejor que yo misma, que del alma son verdades cuantas te digo, y a ellas te resistes, o ignorante, o porque ya de Diana. Pluguiera a Dios que la amase, Eeres como siempre ingrato, o pretendiente, o amante. Sabiendo que si te quejas, es porque quieres quejarte, y no porque haya razón en mí de que seas mudable. Haz tu gusto. . Y tu haz el tuyo, Y si Patricio intentare que le escuche, podré ya sin temores escucharle. Bien podrá, . Y si él quisiere. Todo cuanto el intentare podrá lograr si quisieres. Guárdete Dios. . Dios te guarde, que ya yo soy de Patricio. De Diana soy amante. Y yo tuyo Libia hermosa. Es menester preguntarme si quiero yo que lo seas. Linda ocasión de vengarme. a Si querrás, pues lo merecen mis finezas; porque rabie De celos sabre morirme. Por matar sabré matarme. Yo primo siempre te quise. Aún antes de verte, amarte supo mi amor, porque supo solo para ti guardarse. Qué hará Libia. Ya no ay Libia. Y tu amor. . Qué amor? Hh infame! Que aborreces a Diana. Quisela yo? . Asegurarme. puedo que me quieres mucho? No son los cielos constantes como yo, dueño del alma. Deja, pues, que en inmortal lazos confirme esta unión. Permite que los cristales de una mano, tanto fuego le siruan de alivio en parte. No lo dije yo por tanto. Ni yo pensé que llegase a tanto tu atrevimiento. Eso si pese a mis males, lindamente le ha enredado. Fuego de Dios que os abrase, cuales sois todos los hombres. Vive Dios que al que intenta hacerme el menor digusto. No era mejor avisarme que te habías de enojar? Pues pudo de mi dudarse que jamás sufriré nada? Todos los que pruevas hacen se ven como tú te has disto; Ya la he advertido que nadie. Paso, paso, que conmigo es menester ajustarle primero en este disgusto. Tu conmigo no quedaste de que quisiese a Patricio? Es menester que me hallane a quererlo sufriryo. Eso es lo que menos hace al caso, por vida tuya. Eso es lo más importante por la tuya, o por la mía, A todas esas libertades, las castigaré acá fuera. Yo aquí, y en cualquiera parte le daré a entender, Qué es esto? Este si que hará las paces entre estas señoras damas. Y aún entre aquestos galanes, En fin que mi sufrimiento no ha podido ser bastante, con atrevimientos tantos, v habéis querido irritarse, hasta volverle en furor? Por los dioses inmortales, que lo ha de ser el castigo. Ha de la guarda, quitadles las armas a estos villanos, en esas torres que al parque tienen la vista, poneldos; locos, necios, y ignorantes. Esta señor es mi espada. A qué aguardáis? desarmalde. Quita villano, que yo no rindo la espada a nadio vuestra Majestad no quiera gran señor precipitarme, que yo he menester muy poco; y a no mirar que delante estabáis. Qué habíáis de hacer? Nada, no más que arrojarle . por una de estas ventanas. Dad luego sin replicarme la espada a Marío, acabad. Ya la doy, que pueda atarme . las manos respeto alguno. Y si agora no mirase que sois hijo de Torcuato, coyas canas venerables se han hecho tanto lugar por su valor, y su sangre, Y a no mirar que en la mía, tienen sus venas gran parte, villanamente en un palo ejemplo fueráis infame, que escarmentara osadías A pese al cielo! Las llaves de la prisión me traed, que nunca vos la pensasteis tan honrada; quien sois vos? para que atrevido osaseis merecer una hija mía. Yo soy mejor. . Es llevaldes. que aún me temo en mi templanza, Vive Dios que he de vengarme. a costa de toda el alma. Señor. . No hay que replicarme. Solo la obediencia templa las indignaciones Reales. Lo que os importa es prenderme. pero no el aconsejarme. Retiraos a vuestros cuartos, que de demasias tales yo sabré tomar enmienda. lora de los dos se olvida. Pues a Dios hasta que pasen estos nublados. . Mal año, del Rey aún mata el semblante. Dura pensión del reinar, y ni imposible de sufrir, que me toque a mi el sentir lo que todos han de obrar! Achaques trae consigo, lo que piensan que me abona, que sea yugo la corona, y el Imperio sea castigo! Si perdonar quiero humano, al transgresor de la ley, infamo el nombre de Rey del bien público tirano. Y si me írrico fevero, y a la justicia soy fiel, me truecan por el de cruel el nombre de justiciero. Cielos en tan varios modos. de perdonar, y ofender, solo un Dios ha de saber tener contentos a todos! Estas, señor, son las llaves, tu precepto se ha cumplido, si bien. . Pues qué ha sucedido Cada instante son más graves de aqueste Juan los excesos; medio muerto queda un hombre de las guardas; y tu nombre. Mas que le infamas? los presón, y más de esta calidad, sin vergüenza ya una vez, piensan que mfamando el juez consiguen la libertad: mañana aquesta osadía, veréis muy iemplada ya; porque un preso siempre está colérico el primer día, Hablarte quiere Torcuatos No es agora tiempo, espere; ved si alguno hablar me quieres No señor que como ingrato, nunca al pueblo. . Esa licencia no la digas por blasón, yo le debo la atención, y el me debe la obediencia. Hay algunos memoriales que despachar? . Si Señor. No envidie al Emperador quien cargas tan desiguales considerare en un Rey, pues aún el más soberano, no ha de eximirse de humano, que es la más penosa ley. Esta es consulta. . De quién Del Tribunal de justicia, en que tración, y malicia, aquien un hombre le ven, que atrenido, y cauteloso de tu consejo de Estado, decretos halsalscado, cartas escribió mañoso, a Príncipes extranjeros, en que les hizo creer, que olvidando tu poder, y temiendo sus aceros intentaste darles muerte, cosa indigna en tu valor; creció el odio, y el temor en todos de aquesta suerte. Provincias ha conspirado que la obediencia han perdido, los leales ha inducido, los rebeldes ha alentado. Y en Europa finalmente, es tal el desasosiego, que todo es ira, y es fuego, también en Asia sesiente. De las armas el furor causando estás no vedades las extrañas falsedades, y embustes de este traidor. Esto consta por lo escrito, y por el siscal provado, demás de haber confesado el agresor el delito Pues qué dice el Tribinal? Que las leyes ignorantes de delitos semejantes, no previnieron igual pena; a delito tan grande del bien público enemigo, merece extraño castigo; y que ansi tu Alteza mande ordenar el que parezca. De más pena, y más rigor, aún consultado da horror, dado caso que merezca mil muertes por cada vida, que su traición ha costado delito, nunca escuchado, maldad jamás cometida, que pide, yo lo confieso, según sus hierros inormos, extrañas penas conformes a la culpa del proceso. Dartormentos inhumanos, ignorados de las leyes, no es de naturales Reyes, sino de Reyes tiranos, muera, y no más que ofendida, aún mi majestad advierte, que basta que le dé muerte el que no le dio la vida. De la gran Jerusalén tu Virrey ha despachado ese pliego, y que cerrado a tu Majestad le den dice. . Será algún aviso que importe a nuestra corona, A el gran Tiberio en persona, Seño, juzgando preciso, dará vuestra Majestad cuenta de cuanto se ofrece hoy más, porque lo merece la siguiente novedad. Aunque en otras he avisado a V. M de un Hombre a quien unos llaman Cristo, otros Jesús, y otros Profeta, cuyos milagros traen asombrado el pueblo; porque sana los enfermos, ro sucita los muertos, cosa hasta ahora no conseguida de alguno, me ha pare cido advertir que esto que pareció al prin cipio nada va pasando de mucho, sus costumbres corresponden a sus palabras, y sus señas a ese retrato original, vim. lo que más convenga. De Jerusalén,. Dice verdad, ya me ha escrito, y Léntulo me escribió, lo que entonces me admiró, Maicio no me precipito; contra este Cristo, o Propheta, por oculta persuasión de alguna grande razón a nuestro juicio secreta. Raras maravillas cuentan, no vistas en las edades. Tantas que si son verdades, a nuestros dioles afrentan. jamás le vieron reir, es terrible en reprender, muy templado en el comer, muy modesto en el vestir, solo a la virtud da precio, y nada estima después, es de cualquiera interés, un admirable desprecio. Prudente en la persuasión, y sobre manera amable, aunque también formidable, si llega a la reprensión. Hermoso; pero mejor su retrato lo dirá. Aquí gran señor está. No es posible que pintor tanta hermosura pensase; ni tan grande Majestad, si no es viendo esta beldad. alguno la imaginase. No admite comparaciones, que los humanos diseños serán bárbaros empeños, y pararán en borrones, Cuando acopiarle se alienten por mucho que le autoricen, en lo hermoso verdad dicen, falta el más que hermoso, y mienten. Pero quien a tantas lumbres, sin miedo podrá mirar, y más si le ha de copiar, con el rostro las costumbres. Digno es de ser colocado por sus gloriosos extremos, entre los dioses supremos, pese, o no pese al Senado. Viendo señor que tardaba Marcio que os entró a avisar, de que yo os quería hablar; y que todo abierto estaba, me tomé de entrar licencia. Hicistes mal en entraros, que yo soy quien ha de daros. licencia para la audiencia, Así señor me dejáis? tanto Torcuaro os ofende? nombre que jamás pretende, ni aún aquello que le dais. Ha sido error muy prolijo? para no quererme oír; pensar que venga a pedir, siendo padre por su hijo? La pena de los excesos toca como a vos el darla a los libres remediarla, y el padecerla a los presos. Siempre benigno se ofrece Dios a escuchara cualquiera, y desdichado al que diera no más de lo que merece. Y pues sois retrato vos de Dios, oíd con sosiego, que más que el poder, el ruego semejante os hace Dios. Los cielos, aunque ofendidos. les tengan nuestros enojos, cierran al error los ojos; mas no al perdón los oídos. Vos al rebes en las quejas, sin dar lugar a disculpas, dáis los ojos a las culpas; mas no al ruego las orejas. Que es Dios, aunque es enemigo del malo, y escandaloso, en el perdón portentoso, si tremendo en el castigo. No me espanto si inhumano, sabéis ver, pero no oír, algo había de distinguir, lo divino de lo humano. Mas mi dolor sin igual. temple ahora la pasión, que en grado de apelación llega a mayontribunal. No estoy de vos tan ajeno, aunque nuncaos haya visto, que no sepa que sois Cristo, Bellísimo Nazareno. Ya se que es el padecer medio el mayor de obligar, y que en vos el escuchar es aún primero que el ver. Que si todo en un instante. es en vos, y de una vez, aunque el mirar es de Juez, el escuchar es de amante. Pedro vuestro compañero, en vuestra ley me ha instruido, y ansí Señor nada os pido, dulce Jesus nada quiero. Que vos sabéis al que tiene en vos puesta la esperanza, como el que todo lo alcanza, darle lo que le conviene. . Flora. . Pasito. Y tu ama? En su aposento estará. Distela el recado va? Ya se le di, y en la cama, por no dar que sospechar; la resolución espera. Eso también yo lo hiciera, dormir, y disimular, Este cuarto con la torre confina de la prisión. Como no espera perdón, ya mi amo se socorre de medios desesperados, contra tanta indignación. Mayor desesperación tendrán si se ven casados. Este es tema de nosotros. Esta es verdad en nosotras. Qué costa os tiene a vosotras? El sufriros a vosotros. Dájalo, dalo al demonio, que aunque dices la verdad, es necia vulgaridad hablar mal del matrimonio. En parte segura estamos, habla de lo que quisieres Hablemos de las mujeres. No si no de nuestros amos, Lindamente, que esa es flor, en los sirvientes fatal, servir ál amo muy mal, y hablar de el mucho peor. Cómo me huelge que abones este error aunque es vulgar. En algo emos de cobrar la falta de las raciones. Va de cuento, no es graciosa esta Infanta por tu vida, con soberbias de entendida, con vanidades de hermosa? A lo bien dicho, muy dueño del chiste su vanidad, lo alaba con falsedad, y lo celebra con ceño. Cualquiera beldad irrita su alabanza perezosa, y de la que es más hermosa, dice, cierto que es bonita. Vana de que el alquitara su blancura no compone, blanca es, dice, mas se pone mucho recado en la cara. Pues esperad que lo aliñe el humor, si se le antoja, porque amanece se enoja, y porque anochece rine. Y con tan lindas costumbres, por más que con ella valgo, lo que manda, es hacer algo, mas tal vez da pesadumbres. Vale en zaga el desalmado de mi amo al más infiel, muy preciado de lo cruel, de lo crudo muy preciado. Solo en la traición constante, que sin que él lo sepa miente, pensando que es muy valiente porque tray camisas de ante. Junto al pecho la pobreta dagaza, con que enamora, y hace bien, porque hasta agora son sus aceros de tera. Diciendo formando arrugas, y sobrecejos de ájeme, pues voto a Dios que los queme, si me enojan con lechugas. No habiendo a quien satisfaga con su condición maldita, que al que no lo da lo quita; y al que presta no le paga. Ea quedemos vengados de sus tiranos rigores, con los que son muy señores, no hay más de ser muy criados Pese a la canalla infame, pícaros todos sois pocos. Mas que nos oyó, y los dos canalla, y pícaros somos. Palacio está alborotado. El dicho Juan es un loco, y por no acertar en nada lo habrá agora errado todo. Qué haremos? Irte a tu cuarto. que yo de tras de estos olmos quiero esperar el suceso. Válgame el infirno todo, pues tengo dentro del pecho. El va a decir mil demonios. Diez mil legiones de diablos. No tengo en diablos buen ojo, La devoción no es muy mala. pues cuando al infierno invoco, todo el infierno parece. que ha venido en mi socorro. Juan, hijo del alma mía, que has hecho? . Tan amoroso, Jamás ninguno me ha hablado. Yo soy, Juan, que cuidado el afecto paternal. Me vendrá a servir de estorbo. Temiendo alguna desdicha, por ser tan grande el enojo que el Cesar tiene contigo, vive al parque, por si oigo por esas ventanas algo Pues si te trujo eso solo, ya lo has visto, y puedes irte. Di, qué bárbaro; o que loco hiciera este desatino? Pues esto te causa asombro, agora empiezo. . Qué has hecho? O pese al viejo! de enojo reviento, con mucha flema aunque en mi parezca impropio, digo que viendo enojado a Tiberio, sospechoso que quisiese hacer conmigo lo que puede hacer con otros. Habiendo avisado a Libra, más acá, que el alboroto va creciendo, y no quisiera, que aún de pensarlo me corro, dejar de sus tiranías hacer infame despojo. Digo, pues, que avise a Libia, que entre tanto que dispongo mi fuga, aguarde en su cuarto, porque intento de sus ojos ser dueño, por más que pese a Tiberio, que ambicioso, o por muy grande me teme, o me desprecia por poco. Viendo dormidas las guardas, de unas cuerdas me socorro, échome al suelo con ellas: uno que lo ha visto todo, los demás avisa, y yo a que el grande peligro noto, quitándole a otro la espada, valiente a todos me opongo. Creció el riesgo con las voces de esos viles, que alevosos estorbaron que mi intento tuviese felices logros. Porque de toda la guarda, guardados los pasos todos, ver a Libia es imposible, que sepa de mí tampoco. Viéndome en tanto peligro, de los infiernos invoco el auxilio, que me vale; pues de tan grandes estorbos, casi invisible mo escapo, de tino meescapo solo, que más que todos me ofendes, que alevoso más que todos, para padecer mil muertes me diste vida, qué enojo! el ser modiste, qué infaviia! fuiste mi padre, qué oprobio! Vive Dios que es el Juanillo bonito como mil oros, no quiero que aquí me ver, y caiga, sobre, ni todo. Y si no te mato agora, es por advertirque es corto blasón de mi atrevimiento matar a un caduco. e Loco que dices, estás en ti? No estoy si no en mis enojos, imperio oculto detiene este veneno que aborto, y por eso no te mato; pero así a lo menos logro parte de mi indignación, de Caín solo envidioso, que supo matar primero, (loso. él me valga, o valiente, o caute Jesus mío. Qué has dicho? de que me as- sombro? matarte quisiera agora, y cuando en mayores odios crece mi rabia, aún la vista halla para verte estorbos. Yo me vengaré villano. Tienes poca fuerza, cómo? Mi maldición sea contigo. Nada ha de causarme allombro. Y la de Dios. Nada revio. Nunca tengas caudal propio, Para tu sustento; mío será el caudal de los otros. De todos aborrecido seas el común oprobio. Qué importa que me aborezcan? yo los aborrezco a todos. No alcances a mautenerte, con vil afan, trabajoso por más que en bajo ejercicio te suden sangre los poros. Beberé yo sangre humana, que es mi alimento más propio, Bago, y fugitivo siempre discurras el Orbe solo: Por comodidad lo elijo, que de necios me lo ahorro. Vos bien sabéis que no peco, . pues en vuestro nombre obro. Perdiendo a Libia, no hay mal que no me parezca poco. Yo volvere a darte muerte. Será mi mayor abono. Todo el cielo te maldiga. Válgame el infierno todo. JORNADA I
JORNADA TERCERA
Válgame el cielo que estruendo! parece que el primer moble. se viene al suelo, arrastrando la turba de esotros Orbes. Si han falscado los ejes, en cuyos eternos bronces se mueven tantas firmezas, se afirman tantos temblores? La firmeza de la tierra, lo pesado de los montes, leve ceniza se esparce, fácil materia se rompe! A un temblor se rindió toda la trabazón de esa torre, y yo miragrosamente sini saber como, ni donde, huyendo me hallé en tu cuarto, que con milagros socorre tu misagrosa hermosura, la clemencia de los Dioses. Siempre te he debido mucho, yagora lo reconosco en este postrero examen mis desusados temores. Hurrose a la luz del día, en ló brega escura noche la vista, y el tacto miente, y asombros no más se oyen. La cabellera flamante, tras la corona se pone el Sol, y en pardas cenizas dispensa los arreboles. Retirado el Sol ateza el mundo; nuevo Etiope, que en este segundo caos el primero reconoce. La sombra deciende al aire, a que en ella lutos corte, y al túmulo pavoroso alta oscuridad compone, Duramente fatigada; rímvomba en acentos dobles la tierra, y de allí a su centro estremecida se encoge. Qué novedad es aquesta? qué importunas impresiones los fuegos del cielo apagan en uno, y otro horizonte? V del mundo el Autor grande padece, o de todo el Orbe la máquina se disuelve en estragos desconformes. Marcio, la fugamos valga, que de la tierra lo doble, ni en lo firme se asegura, ni en lo grave se socorre. Gran señor, en la campaña son por lo menos menores los peligros, sin el riesgo que amenaza en esas torres. Procura Libia seguirme. Si haré, como no lo estorben las sombras, que tanto día confunden con tanta noche. Yo, a quien dos veces la luz me falta en los arrebeles lucientes, que han apagado, iré siguendo estas voces. . Salgamos al campo todos, Qué lamentables clamores! la tierra también parece que se queja con los hombres. Oh como estos acidentes razones grandes esconden! que superiores efectos. piden causas superiores. Cuando mis prolijos años no fueran duras prisiones, que las fuerzas; y el aliento a un tiempo me descomponen, no supiera del remedio buscar camino conforme, que de Dios justas las iras no habrá donde no me topen. Solo hay un medio entretantos. peligros que le conocen, pedir perdón de las culpas, templa sus indignaciones. Pequé, Señor; y pequé solo contra ti, y inormes mis culpas, si las labraron cristalinas ondas nobles de aquel lagrado Bautismo, que me dio Pedro en tu nombre, que no hay mancha que no quite, ni delito que no borre. Oh cuántas veces, o cuántas! esta incorregible fomes. del pecado me ha inducido a que te ofendiese torpe. Yo, Señor, de aquella fiera que no merece ser hombre de aquel miserable hajo, templar quise las pasiones, que precipitadamente entonces, y agora corren a la ruina, y al castigo. de su vida, y sus errores. De ti maldito, y de mí desesperado partiose a lerusalen; ah nunca le echara las maldiciones! Alli mísero me avisan que de su trabajo come, con infelices tareas de algunas pieles que coge. Y humildemente soberbio; porque vilmente se postre a los pies sirve de cuantos le ven y no le conocen. Pero si dichosamente de la luz de tantos soles, del fuego de tantas luces supiese val erse dócil. Puesto que vuestra doctrina; puesto que vuestras razones. saben amansar las fieras, saben ablandar los bronces. Feliz mil veces, pues pudo de fuego y luz los ardores; sograrbiendo cara a cara a un Dios que sabe ser hombre. Con más violencia que nunca, vagas del viento interrompen. las espaciosas campañas, crínitas exhalaciones. El mundo todo perece: valedme, Jesús: a donde de tempestad tan horrible me escondere? Qué baldones son estos que via conmigo el cielo? ni aún sus rigores me espantan; pese a su Imperio, si piensa hallarme más dócil con el castigo, se engaña. De tus desesperaciones, cuando tú la culpa tienes, yo tengo la pena; pobre de mí que me ha deslomado de las banquetas el golpe. No basta, que a aqueste oficio? No es malo, pues que se come, y un pedazo de suela tiene cada, y cuando el hombre. Sola esta vez he temido, Con las peñas los pastores vienen todando, y se han dado un famosísimo choque. En los abismos parece, que de Júpiter se esconde todo el templo, que arruinado se desvarató de un golpe. De los sepulcros se salen sus muertos habitadores, o ya en vivientes fatasmas, o en animadas visiones. A dónde estás? . Aquí estoy. Dime en buena fe, eres hombre? que a estos sustos no te rindes; pues los peñascos, y bronces, sin alma, tiemblan de miedo? Son más robustos los montes que yo? para no turbarse, o en estos; o aquellos Orbes? Hay cosa que me parezca, dure inquieto, o viva inmoble? Dices la verdad, que quien a los terribles rigores de la fortuna, jamás acierta a vivir conforme, mas es que monte, que es necio; pues si le añadieses soble estas gracias, lo inhumano, es oro, y azul, negose a la compasión alguno, sin qué irracional se nombre? Yo, que lástima no tengo de mí, por más que me anoguen destierros, necesidades, y vilezas desconformes a mi altivo pensamiento, que si el cielo injusto pone el hombro en darme pesares, ni miedos, ni compasiones me han de vencer: qué querría, que muy preciado de noble, cuando del trabajo infame solo el afán me socorre, con que a penas me sustento entredesnas, y entre bojes, muy tierno, y muy compasivo me pese de los dolores de alguno? . Pardiez, que yo, o lo condenes, o abones, llore, cuando vi pasar pornuestra tienda ese hombre, que a crucificar llevaban; y más cuando entre feroces tormentos, ni aún el semblante miro que no descomponé. Yo no, que si por sus culpas, con que usurpar a los Dioses, quiso blasfemo, y osado, la autoridad, como el nombre, va a padecer; que padezca, mal a un tiempo se componen hombre, y Dios; que lo inmortal, lo pasible desconoce. Por eso cuando pasaba, dije, conociendo sus errores: vaya, y pague su delito, pues otros que son mejores, sin culpa están padeciendo. Y una voz se escuchó entonces, que no pudo conocerse, por ser de muchos las voces. El irá, y tu quedarás, dijo, y en nada ofendiome el vaticinio, o la burla; pues fue decir, que él al monte Calvario a morir subia, y yo, porque con mayores causas puedo blasonar de inmortal; entre los hombres, para siempre quedaría, por más que las maldiciones de aquel mi caduco padre, sin que me rindan, me postren. Ya vuelve otra vez el día, fantásticas ilusiones, de ese echicero, o Profeta, tuvieron confuso el Orbe. Ya dio la vida en un leño, infame suplicio, donde por más infamia a los lados le acompañan dos ladrones. Todo de aquí se destingue, pormás, que tápidos forme, de aquesa inontaña el ceño, fatigados tormasoles. Muchísimo ves, que yo, aquí que nadie nos oye, o aquí que a ninguno veo, bien percibo tus razones. Mas con tu bulto no acierto, y la vista reconoce esta campaña, esa sierra, esas aguas, y esas flores. pero airáseme pegado de ti aqueste afecto noble, que no puedes ver anadie. Misterios grandes esconde . su ceguedad! ya otra vez, cuando me echén de la torre, en que el César me tenía, tuve suceso conforme al que agora me acontace; y en medio de los estoques de las guardas, invisible melibre de las prisiones. lunto a ti estoy, no ves? No señor. Nada te asombre. Ya te busco, y no te hallo, y solo escucho tus voces. Tampoco al tacto me hallas? El viento mis brazos rompen, y con solo el viento encuentran. Maravillas superiores. son, a nadie sucedidas, con prodigios me socorren los cielos, cuando piadosos al tacto, y vista me esconden: No hay pájaro, que en el airo con ligeras alas corte de esa media esfera agora las diáfanas regiones, como yo me reconozco, que ya lo grave, y lo torpe perdido, ligero igualo sus movimientos veloces. A Mensis daré la vuelta, veré de Libia los soles, que está sola me ha quedado de mis antiguas pasiones. Y si su olvido; mas esto, cuando llegue el caso entonces, Juan de Espera en Dios será la fábula de los hombres. Vaya usted con mil demonios, que solo por esos montes, como un Esparago a Menfis me iré también, porque un pobre harto hace en llevarse a sí. Sirvientes, los que me oyen, escarmienten de servir a Juanes de Espera en Dioses. . , s l. Ya que a la vida volvimos, de aquel no visto temblor, pues fue hasta agora el mayor que en las historias leimos. Ya, pues, que en sosiego yace, libre el pueblo de cuidado, que en el riesgo amedrentado, hoy le parece que hace. Vuelva al orden natural, todo cobrando su ser; para esto es el poder, a pridad Leal, jo oieé Dijisteis Marcio mi intento a Libia? . Ya de tu gusto la advertí, y como era justo gustase del casamiento. No hice más de proponer, respondiome, como es justo, que a tu precepto, y tu gusto ha siempre de obedecer; pero con despego tal. No interpretes su desdén, si hace lo que digo bien, qué importa escucharlo mal? Ya perdida la esperanza de aquel su primer amor, error grande; pero error hijo de aquella crianza. La mano, y la voluntad, hoy ha de dar a Patricio; y pues es en beneficio de su bien, y autoridad, no hay que temer que replique: Que se casen hoy intento, haced vos que el casamiento en Palacio se publique, para que de ello advertidos, sepan que por varios modos, gusto de que vengan todos a la boda muy lucidos. Veré si puedo el pesar aliviar de alguna suerte, si bien de la injusta muerte nunca me podré olvidar, que al Nazareno, de quien otras veces me advirtieron, hoy ha seis meses le dición en la gran Gerusalén por bueno solo mal quisto. La ley de Cristo obedecen muchos de razón ajenos. Yo no sé si ellos son buenos, ape pero sé que lo parecen: al El bando echad, y en penas, a delito tal, muera aquel que hablare mal de los Dioses inmortales: Su Alteza viene, señor. Dejadnos solos; seáis bien venida. . Adónde estáis vos, de quien tanto favor alcanzo favorecida, claro está que lo he de ser, Yo siempre os he de querer. Yo siempre os debo la vida. Libia, quiero sin prolija dilatada persuación, que sepas la obligación que tienes por ser mi hija. Todos, porque soy su Rey, sin intentar resistencia, con prevenida obediencia, mi gusto tienen por ley. Deberas lo hacer mejor tú con dos obligaciones, pues de no hacerlo, te opones a padre, y a Emperador. Patricio es sobrino mío, haré en él como en tu dueño; mira si es bastante empeño. De tu cordura confío, que me sabrás merecer, cuanto yo te sé obligar; y esto que agora es rogar. En mi será obedecer. Hazlo Libia, que no hay ley, que no irrites contra ti, si me enojases a mí, que soy tu padre y tu Rey. ̱ En vano es amenazar, cuando tanto sé sentir, que yo me sabré morir, y no me podrás matar. Podrente dar, prima mía, de la boda el parabién? Si prima mía, de quien como de ti (fiero día!) le puedo yo recibir. Goces el dichoso empleo los años de mi deseo. No tienes más que decir, bien encarecida queda de tu mucha voluntad la indubitable verdad; como lo dices suceda. En fin, se venció el rigor de tu hermosura tirana. En fin, hermosa Diana, ya se te acabó el amor? Que he de hracer si no me quiere Patricio, y es tuyo agora? Que he de haceryo, si me adora Patricio, y por mí se muere? Lo que causa olvido en ti, causa en mi agradecimiento. Yo te digo lo que siento Yo lo que me pasa a mí. Tan presto en cenizas yace, fe que tanto solemnizas? Sí pero de esas cenizas otro nuevo amor renace. De Juan estás olvidada? Ansí Patricio se olvida? Esto es ser aborrecida? Y estorro ser adorada. Yo labré oculto tener este incendio que me infama. Yo al fuego de tanta llama. sabré en un instante arder. Luego más actividad, en el fuego se presume, cuando en dos horas consume voraz una gran Ciudad, que cuando durar permite una casa en lento ardor dos años, fuego es amor, la brevedad le acredite. Tú solo pruebas lo ardiente, mas no pruebas lo constente. No esfuego el de aquel amante que en disímulos se miente. El padecer, y callar, qué nombre ha de merecer? Eso llámalo querer, mas no lo llames amar. Oculto el desasosiego, no tiene fuerza de ardor. Eso llamarlo calos; pero no lo llames fuego. Con que te vengo a probar, que no son de un mismo ser, el tener calor u arder, el querer bien, o el amar. Pero dejando argumentos, y ingeniosas falsedades, hablemos, prima, verdades: unos mismos sentimientos. son por más que se corrigen, con más, o con menos calma los que a las dos en el alma sin remedio nos afligen. Yo quiero ausente; un perdido bien, que sin remedio lloro, y más agora le adoro, que me agravia más su olvido, Tu adoras a quien presente te ofende con tiraas; yo en sus amantes porfías miro un ejemplo evidente. De un mal a tu mal igual; quiéresle tú, y no te quiere; y solo por mí se muere, porque a las dos hace mal. Cuando a todos le prefieres, yo a todas soy preferida, y de ti solo se olvida, no más de porque le quieres. Conmigo siempre mal quisto, @teca Nación me quiere sin esperanza, y yo pienso que es venganza, de ver que yo me resisto. Y en la desdicha que ves la que él juzgara por dicha, es Diana una desdicha que mos sucede a los tres, A mi padre le obedece temor, mas no voluntad, en ti pierde una verdad, goza en mí quien le aborrece. Más de seis meles habrá que en Jerusalen estuve, y todos estos anduve a pie por llegar acá. Gracias al piadoso cielo, que despeado, y molido, dichosamente he podido pisar de Menfis el suelo. Donde el trato es más humanó, más honrado, y más cortes, que aquí el más arrisco es por lo menos un Gitano. Pobre solo, y peregrino, sin comerlo, ni bebello, que por mí se dijo aquello de a la brida en el camino. He llegado donde tome algún refrigerio breve, porque aquí vino se bebe, y aquí se come tocino. Que porfiado, y que terco un Judio sin razón, viviendo como un lechón, aborrezca tanto un puerco! Un animal tan de bien caricia pide no escasa, que importa que gruna en casa, si se ríe en la sarten? Aunque un poquito de espacio por más que prisa me doy, ya si no me engaño estoy a la puerta de Palacio. Con la mucha confusión que a Palacio corresponde, sin saber como, o por donde di conmigo en el salón. Cosa parece imposible, ninguno ue ha conocido, si me hubiese sucedido también el ser invisible? Con muchísima razón invisible ya me llamo, porque aquello de mi amo no es virtud, que es maldición Y en esta humana inquietud todos me han de confesar, que es más fácil de pegar un vicio que una virtud. Uno, o otro, quiero entrar, de ello aquí me he de valer, hachas salen a poner, sin duda hay particular. Háganse atras. 2. Caballero no hay orden. 3. Yo no embarazo 1. Donde va el picaronazo? Matome el alabardero, ya desengañado estoy, de un soldado de la guarda me lo ha dicho la alabarda, visible, y pegable soy. Soldado necio, aunque fiel, tu mucha ignorancia noto, no conociste en lo roto que puedo hacer mi papel. Pero ya de lograr trato, que el señor soldado calle, con mi cara, y con mí talle entraré por mozo de ato Aquí me pienso esconder, do donde a ninguno embarazo, sino es ya que otro porrazo me llega a reconocer. Fortuna no hay que temer. . pues que de dichoso muero. Ya mis desdichas espero. . ni ya me queda que ver. Fiero rigor inhumano, . y nunca vista crueldad, que ha de hacer mi voluntad. la voluntad de un tirano! Sentaos junto a vuestra esposa, bien lo merecéis sobrino, pues que llegáis a serdigno de la deidad más hermosa; pues habéis de dar la mano a la que es madre de amor, y a la belleza mayor, hoy del Imperio Romano. Ea empiecen acantar. Agora empiezo a vivir. Agora empiezo a morir. Agora empiezo a llorar. Guarda corderos Zagala, Zágala no guardes fe, que quien te hizo pastora; no te escusó de mujer. La pureza del armino que tan celebrada es, vistela con el pellico, y desnudala con él. Ojalá que Libia quiera el consejo obedecer de estas coplas, y trocase en caricias el desdén. Empieza Libia el sarao, que la comedia después habrá lugar para hacerla. Tu gusto señor es ley, que injustamente castiga! . Qué diera yo porque ver pudiera agora mi amo la vodilla, y de una vez se alborotara el corrincho, desde que ligero es, y invisible, hace mudanzas como un mismo Lucifer. Crucifíquese al villano, que así se supo atrever al respeto de los dioses, Justo es, crucifiquenle. Qué ruido es este? quién osa lo soberano romper de mis preceptos? Yo soy. quien entre tantos ose aapellidar que castiguen hoy a Torcuato, porque rebelde a la Religión que todos obedecéis. Al publicarse tu bando, dijo en público, que él de sí mismo denunciaba; yo soy, dijo, y he de ser Cristiano, hijo soy de Cristo, aunque mil muertes me den, de aquel que crucificado padeció en Jerusalen. Irritado agora el pueblo lo mismo en Menfis hacer que en Jerusal en hicieron con Cristo, intenta esta vez. Tú que de esta indignación intérprete eres, y Juez, a quien por más que te escuchen todos, ninguno te ve. Quién eres, que ansí te escondes? Infeliz qijo de aquel que agora a manos del vulgo la muerte ha de padecer. Juan soy, aquel que maldito de Dios, y en su nombre de el que me dio el ser, siendo nada, agora le quito el ser. Por diversos juicios suyos, que nadie ha de comprender, desde que la injusta muerte del Nazareno aclamé. Vago, profugo, invisible, y visible alguna vez, ando por el mundo en tanto que en mí se cumpla la ley justa de Dios, que permite que aquellos me puedan ver que están vendiendo el sustento, porque sustento me den. Cinco inferiores monedas cuyos nombres han de ser los que en aquellas Provincias que yo me hallareles den, son mi socorro invisible, que aunque yo el como no sé, las hallo en mi farriquera; bastante numero, que para mi sustento alcanza: así de Jerusalen habrá seis meses, y he andado dos mil leguas en los seis. Dueño soy de mis afectos en cuanto al apetecer, no en cuanto al ejecutar; pues cuando algo quiero hacer de aquello que mi apetito intenta, torpes los pies, y las manos, se embarazan, sin saber como; o porque. Castigo el mayor de todos, pues permitido me es, que pueda quererlo todo, y nada pueda querer. Aa quien agora pudiera matara Libia, y beber de la sangre de Patricio! Este gran Tiberio es a quien como a sombra escuchas a quien como a nada ves, a quien es lo que Dios manda, y no sabe que ha de ser. . Muera en Cruz como su Dios. El pueblo bárbaro, y cruel aumentando va el tumulto, la boda suspendase por hoy, que todo es prodigios, cuanto se escucha, y se ve; vamos a ver si templarse puede aquesta turba infiel: Cristianos disimularos, no perdonaros, podré. Como el caso ha sucedido, . ha mucho que lo pensé? Cómo les suceda mal, todo me sucede bien, Allí muero del pesar, y aquí vino del placer. De dilación un instante muchos siglos han de ser, Cada día va mi amo siendo más hombre de bien. Ver quiero todo el suceso, aquí escondido estaré, que si a él no le ven las guardas, a mí me dan, y me ven. la En cuanto puedo ejecuto aquesta hidrópica sed, que tengo de humana sangre, ya crucificado pues este que el mayor delito que ha podido cometer, es ser mi padre, y que tanto ha sabido parecer a aquel que imitó en la vida, como en la muerte también; aunque me pese a cumplir el duro precepto iré que me impone el cielo. Aguarda, que la causa has de saber; en continuo movimiento vago andarás, hasta que a juzgarnos venga Dios en fuego segunda vez. Que yo por su gran Bondad a gozar su vista iré, a la diestra de Dios Padre, y Espíritu, que son tres, y uno no más, pues que son una sebstancia, y un ser. Pues invisible hasta entonces por el aire, a ver iré todo el concurso del mundo, sin que a mí me puedan ver. Y yo a gozar de Dios Pa- dre si lo llego a merecer. Y aquí de las cinco blancas la tradición vulgar de fin, y si merece un victor de limosna nos le den los señores Mosqueteros, si es que ha parecido bien.
