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Texto digital de Ciencias impiden traiciones

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Atribución tradicional
Juan Bolea y Alvarado
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No es posible No concluyente
Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Londres. British Library: 11728. a 53).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Ciencias impiden traiciones. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ciencias-impiden-traiciones.

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CIENCIAS IMPIDEN TRAICIONES

JORNADA PRIMERA

Viva el gran Dionisio, viva. ̱. Y la adquirida Corona; la sublime su persona. Su nombre la fama escriba. ̱ . De aplausos gloriosos florezcan Laureles, para que Sicilia sus triunfos numere; con el segundo Dionisio valiente. Amaina, amaina las velas. t Aferra. . El esquife llegue abordo; para que ansioso la tierra humillado bese. Dad fodo en aquesta playa aogusta, mientras alegre. paso a venerar la tierra, que tanto cultivó Ceres. Apenas de Grecia llego a las ruidosas vertientes de Sicilia, cuando sustos discorde el aire me ofrece por esta parte, pues dice en vagas voces que mueve. Viva el gran Dionisio, viva. Y la adquirida Corona la sublime su persona. Su nombre la fama escriba. Por aquí las asonancias llegan a darme cadentes ecos, pues dulces repiten, confundiendo el aire alegres. De aplausos gloriosos, florezcan laureles, para que Sicilia sus triunfos numere con el segundo Dionisio valiente, Y a estotro nánticas voces. Abordo el esquise llegue. Se escuchan: qué admiración! qué inquietud! aún entorpece el oído, pues allí aplausos de belicos ecos fuertes, y aquí músicas, y acentos. hacen se ofusque el ambiente, siendo tantas confusiones embarazos que pretenden divertir mi estudio, y más cuando el aire unidos hieren. Viva el gran Dionisio, viva. De aplausos gloriosos, Amaina, amaina las velas. Oh confusión de las Cortes! cuyos ruidosos torrentes, a un de las admiraciones los oídos entorpecen. Aquí en la gran Siracusa, nací, y con sed ardiente, de la gran Filosofía, pasé a Grecia, y en la siempre, Madre de ciencias Atenas, estudié advertidamente, de las causas naturales, efectos que ocultos tiene; y hoy que el amor de la patria, (oh dulce madre) me vuelve, me malquistas las quietudes, con esas voces alegres, que porque olviden mis ojos, la ciencia que no comprenden, ruidosamente el oído, quieres que confuso entriegue a el airé; pues no, no así será, que un sentido puede vencer la razón: no diga que supo una voz alegre que trae el aire, rendir aquesta caduca nieve de mis canas, en que estudio de la prudencia las leyes. Y más cuando repetidas dicen una, y muchas veces. Viva el gran Dionifio, viva. De aplausos gloriosos. Amaina, amaina las velas. C. Detente Sabió Aristipo. Heroico Cleantes valiente, no me impidas las quietudes de mi pobre amable albergue: déjame huir las confusiones que el aire oprimido vuelve, que después te buscaré. Sabio Aristipo, detente. De una confusión renacen otras muchas; pues quien viere a Cleantes en Sicilia, y a Ludóvico, igualmente, extrañara los motivos, que aún yo no alcanzo evidentes. Pues porque ninguno ignores, escúchame atentamente. Pues porque ninguno dudes, la voz de mi labio atiende. Ludóvico generoso. . Ilustre Cleantes valiente, llega a mis brazos. Los míos ya son cadenas corteses: e Tú en Tinacria, cuando atento de tus avisos pendiente estuve, pues me escribiste que hasta fines de Septiembre no surcarías los mares que el Archipiélago vierte, por entre las Hermópilas, para llegar diligente. al golfo Mediterraneo, cuyos cristales peregnes huellas admiten de vidrio, y surcos sufren de nieve: Es verdad, y así cumpliendo con los dos, mi labio emprende noticiarte mi viaje, y avisar más latamente a Aristipo del suceso que hoy en Sicilia me tiene. También yo (siguiendo en todo tus dictámenes) valerme pretendo de sus razones, pues con eso se previene que tú me informes a mí, y yo a ti; y así igualmente sacaremos Aristipo de las dudas que padece. Sora ocasión tenemos de hablar, sin que se recele la atención escrupulosa, de que haya ningún oyente, pues todos van con Dionisio al sacro Templo de Ceres, para hacer los sacrificios que tales actos requieren. Proseguid, y quiera el Cielo que mi ciencia os aproveche, ya que la confunden tantos vaticinios de la suerte. Salí de Grecia, cortando argibos mares, con veinte naves, que ya exhalaciones materiales de su nieve eran, pues de sus favales los hermosos trasparentes, girando campos undosos, nadaron mares celestes. Apresuró mi viaje, el ver que vos impaciente de mi tardanza perdíáis la ocasión que airada mueve a imaginar la osadía, de quien tanta hazaña emprende: Esto, y el tener mi Armada carenada prestamente, alas me pulo de lino, para qe ufano acelere de las náuticas faenas los trabajos diligentes. Solo en el Puerto han entrado dos Naves, y el remanente de la Armada asegurada está en las quietas vertientes del Mediterraneo: esto Sabio Aristipo me tiene en Sicilia, y esto amigo, cumpliros lo que promete mi amistad es, ved ahora si es que errar en algo puede quien a su amigo le sirve, con naves, vida, y con gente. Después Ludóvico Heroico de agradeceros alegre los recibidos favores, que por vuestras manos vienen a las mías, me es forzoso tomar de atras el corriente de mi noticia, sin que por repetida moleste, y lograré así acordarla, cuando a decirla no acierte. Mucho ha dicho en pocas voces Ludóvico, oír conviene a Cleantes, por saber el fin de lo que prometen. Ya sabéis como después que los Griegos impacientes, a Troya en voraces llamas entregaron a el ambiente, siendo pira de su estrago, toda la Región Celeste, y sepulcro de sus luces volantes cenizas leves, como aquellos agresores se repartieron crueles por el mundo, y caminando, unos el ruimbo al Oriente, volvieron a Grecia, y otros navegando hacia Occidente, llegaron a la fecunda bella Provincia de Ceres Italia, que hoy este nombre goza con muchos laureles, por Hítalo, Rey supremo de sus vencedoras gentes. También sabéis como entre estos airados Griegos valientes, vino Tevero, Adalid Sabio, plausible en todas las gentes: este midió el mar, quedando en Sicilia, que es la siempre hermosa fecunda madre de bellas doradas mieses Tinacría, nombre que antiguo a todia su isla comprende. En ella Reino, y su nombre puso en su contorno fértil, hasta que sículó Rey de la vencedora siempre España, arrío Sicoris se le puso sabiamente, por donde toda su Isla, los Jeografos más fieles llamaron por siglos muchos (sinduración de su suerte) Sicania, que hoy corrubrible el vocablo antecedente se nombra, Sicilia: así todo el tiempo lo pervierte, pues él solo basto a darle Etimología peregue al río Sicoris, donde sículó, logró prudente que fuese claro padrón su cristal, en que se viese, que hasta en lo istable lograba duraciones lo evidente; y de sículo, y sicoris hecho el complejo, proviene el gran nombre de Sicilia, que hoy con aplausos posee. otros la dominación de Tinacría, de otra suerte la ponen, por ver que están en triangulados nibeles el Peloro, y el Páquino, y el Lilibeo, y pretenden que de triángulo renazca Tinacría, he impertinente conjetura, como dicen muchos Autores prudentes: mas sea su origen, uno, u otro muy poco puede importar a la noticia, que dar mi labio pretende; y así volviendo a enlazarla, silenciosos atendedme. Murió el poseedor primero de esta Isla, y sabiamente en común se gobernaban sus moradores prudentes, hasta que el primer tirano, llamado Hieron, cruelmente. se alzó con la Majestad, y el dominio, a cuya suerte, el coronó de venganzas, mucho más que de laureles. Luego le siguió Celón, que logró con muchas muertes el dominar en las vidas de los Isleños, y aleve, fue añadiendo tiranías a las pasadas (que siempre el tirano se recela, en las que afecta, que tiene quierudes, de cuyos sustos indices, en palideces son los afectos que al rostro en bien confusos tropeles arroja el corazón, como teniendo sabio prudente su estrago, de cuyas ansias los colores caracteres son, que a la vista de todos dicen la maldad que tiene, pues teme el cruel castigo de las culpas que consiente.) A Celón se le siguió Dionisio el primero, aleve mostruo infiel, hidra voraz, que con estruendos ardientes vertió la inocente sangro de mis pasados fieles. Este murió, y en su hijo Dionisio el segundo, quiere mi saña, vengar de todos las maldades impaciente: ese que con sangre hoy, manchados trae los laureles; ese que en belicos triunfos está en el Templo de Ceres, ha de acabar a mis iras, y a mis impulsos crueles: no solo porque su padre vertió la sangre inocente de los míos, y tirano con subeesiba progenie, se mantiene en esta Irla, sino porque infamemente me causa celos, mirando las dos estrellas alegres de Cleonisba, en cuyas luces me abraso amoroso Fénix. Para aquesto Ludovico te hallas en la Isla fértil de Sicilia, y para esto el Águila que ella tiene, me dará sus rizas plumas, para flechas de su muerte. Para esto mis furores tan justamente se encienden, yo buscaré la ocasión; tú que las Naves se aprester dispondrás: y tú de las cientificas leyes, no te admirarás, sabiendo que este tirano pretende (después de verter mi sangre) quitar mi honor, e imprudente solicitar de Cleonisba las perfecciones celestes. Muera, muera, este tirano, muera a mis ansias ardientes, pues quita más que la vida, quitándome a quien la tiene: Así lograré más triunfos, así venganzas adquiere mi brazo, y en una vida redimo infinitas muertes. Ea Ludóvico excelso, ea Candillo valiente, ahora de tu amistad, (que aventaja a la de Orestes) he menester el auxilio, las Armas, y el brazo fuerte. Muera Dionisio, y acabe su vida, para que empiece mi fama, y de su ruina erija muchos laureles. Con tan grande suspensión mi memoria está severa, que aún excede a la primera la segunda admiración. Bien sabéis cuan amoroso os trate, cuando por vuestro me halle dos veces maestro del dulce afán estudioso. Allá en Grecia mi porfía haceros deseo sabios; aquí encuentro en vuestros labios torpe la Filosofía. Pues queréis (mudando nombre a la maldad) con vil suerte, el deshacer con la muerte, el mundo todo en un homb No os dotrine esas lecciones en mis Artes literales, donde estudiando leales, ignorabáis las traiciones. Deponed, pues, vuestro anhelo, desechad esa malicia, por vos tomarán justicia, los Dioses del Sacro Cielo. Vuestras razones, o sabio ilustre, heroico Maestro, aunque fuerzan el oído, no los rencores del pecho. Dionisio no es un tirano, aleve, cruel, sangriento, si? Pues muera a los enojos. de mi rencor justiciero. Yo Cleantes generoso diré a Dionisio que vengo de Grecia para el ajuste de aquel pasado suceso de su padre cautelando de esta manera el pretexto de nuestra acción. ̱̱. Meditad más prudentes los empeños de vuestro enojo, y veréis los dos distantes extremos que hay de ejecutar osados, a discurrir con aciertos, y hallaréis que la razón, es quien domina al deseo. (do, Co marcial velico estruen- del Templo Augusto de Ceres, Dionisio renace, Fénix de su incendio, para que el obsequio sea sacrificio que ofrece el respeto. Mas estas voces avisan que viene el Rey a este ameno firio, y así me retiro a mi albergue, donde el viento no traiga de esta asonancia, ni aún la silaba del eco. Aguarda Aristipo sabió, verás el triunfal estruendo con que viene este tirano violencia haciendo el contento. Yo ver vanidades tantas, yo oír músicos acentos de aplausos, yo ver un hombre, que tiranizando un Reino, aún no sabe disculpar con agrados lo sangriento. En mi pobre albergue vivo, Emperador de mi Imperio, siguiendo las justas leyes, que me da el entendimiento. A veces soy mi vasallo; y a veces reparto premios, a los discursos que ansiosos, de lograrlos, y poseerlos, los apetitos dominan, triunfando de sus deseo En la gran Filosofía miro mi estado supremo, pagándome los tributos, las causas con sus efectos; y donde para castigo siendo ministro severo el juicio, las sentencias consulta al conocimiento. Y en fin el hombre es un mundo abreviado, en cuyo centro, si es que estudia lo que olvida, sabrá vivir con aciertos. Y ahora que repetidas vagas voces, en el viento imprimen, tumultuados aplausos, en varios ecos, me retiro a mi Palacio, que en ásperos aposentos me previene arquicteturas, que labró oficioso el tiempo. , n - Viva el gran Dionisio, viva. Su nombre víncule el tiempo. Con marcial velico estruendo, del Templo augusto de Ceres, Dionisio renace, Fénix de su incendio, para que el obsequio sea sacrificio que ofrece el respeto. Ya generosos vasallos, a cuyos leales pechos, las enlacadas Diademas de y Augusto Cetro, que de mcoronación hoy ha sido el fiel festejo, adonde en vuestros semblantes, se está abultando el contento. (Disimular me conviene . por Cleantes, cuyo ceño a mi quietud amenaza con tristes fatales riesgos, más venciéndole a finezas, aseguraré su intento.) Ya vallallos valerosos (repito otra vez) el Templo de Ceres he visitado, en cuyo claustro supremo ardieron los sacrificios, y los afectos ardieron, siendo la corriente sangre de los recentales tiernos Occeanos de granates, de coral goltos vermejos. Si fuera licor de Baco, yo fuera su marinero, Yo Dionisio generoso, humillada a los pies vuestros, en nombre de todas cuantas alberga este sacro Templo, Ninfas de Ceres, os rindo con la obediencia el respeto, A fe que él te la estimara, según ama tus desprecios. Y yo Augusto Monarca; siguiendo el claro reflejo de Cleonisba, a vuestras plantas en nombre de todo el Reino, la obediencia que consagra por mí os da leal, y afecto. Oh quién pudiera quitarle el bracán de su aliento! Alzad gran Sacerdotisa de Ceres, ay dulces cielos, en cuyos rayos mis ojos, acrisolán lucimientos. Vos valeroso Cleantes, también alzaos del suelo, que yo la obediencia admito por dármela vos. . Recelos parece siente Dionisio, . mas yo saldré a detenerlos: el haberme suspendido en vuestra presencia ha hecho, que pase mi admiración por estatua del respeto; mas ya que de aquella culpa público señor el yerro, halle en vuestros pies indulto el temor de no tenerlo. Ludóvico, tú en Sicilia? llega a mis brazos, que el Cetro, haciendo vasas tus fuerzas, será pirámide excelso. Qué es lo que miran mis ojos? . Ludóvico (alma alentemos) en Sicilia, aquesta dicha arque es mía no la creo. Oh quién hablarle pudiera! Argos mis ojos se ha hecho, . viendo de Lisida hermosa. los deseados reflejos. Del Archiepílago undoso, arando líquidos centros con esas Naves, que surtas están señor en el Puerto, vino a Sicilia, a tratar como tan afecto vuestro aquellos pasados sustos de Militares estruendos: para esto el Griego Senado, y sabio también (pues vemos que se halla de más lo sabio, en diciendo que es el Griego) me envía a la islada tierra de Tinacría, donde el viento el Mediterraneo Mar alborota con sosiego, o ya se cntrosque en cristales, o ya se vibre en reflejos, cinta de plata la ciñe, con cándido nudo el pecho. Y en fin para que su aplauso logre el más sublime acierto son sus Castillos navios, aferrados en el centro de sus hondas, que a el embaté, de sus cristales desechos, parece van navegando. con solidos movimientos. Ahora acabo señor de tomar tierra, y pretendo daros en solo un aplauso muchos de mi fino afecto. Mi amor sus veloces alas, . ministro a tus movimientos. Después sabio, Ludovico en el tratado hablaremos: Ay Cleonisba, a cuyas Aras es victa dulce el pecho! Mucho (ay de mí!) se declaran los ojos del Rey, y temo que Cleantes a sus iras añada la de los celos. Advertid, señor, que traigo. breve limitado tiempo: (así esfuerzo del engaño la cautela) esto os advierto. Con la mayor brevedad os despacharé. . Y lo creo, porque en despachar las vidas: gasta brevísimo tiempo. Ay Cleonisba Soberana que mal pagas mis afectos! Oh vil tirano Dionisio no te bastaba soberbio. quitarme la libertad, sino procurar resuelto usurpar de mis cariños. el idolatrado ojecto. Mas que fatigo el discurso, si tiene mi brazo aliento, para quitar con tu vida. los tiranos pensamientos. O si lugar nos dejaran de hablar, para que el incendio. con el aire de las voces amante desahogue el pecho: repitan los militares. aplausos, en varios ecos. Viva el gran Dionisio, viva. Su nombre víncule el tiempo. s Este, papel en que cifro de amor el activo fuego, . intento llegue a las manos de Cleonisba; y pues su empleo es ser gran Sacerdotisa de Ceres, feliz intento tajerle entre el ramillete de estos bastagos, que el fuero reservó, según los ritos ficiosos de este Templo Entre sus confusas ramas se oculte su nieve, haciendo que el color de la esperanza aliente mi fiel deseo; ya lo conseguí, ahora a darle lo facilita el respeto. Repita el métrico coro de Ceres, dulces trofeos, y la esplicación del labio inflame la de los pechos. Esto, sí, vamos cautando, alégrese todo el pueblo, y habrá quien diga que se hacen a un gran tirano festejos. Ceres oficiosa en cultivo anhelo, floreció la tierra de hermosos luceros, para hacer guirnalda a Dionisio excelo. Siendo los claveles rubies sangrientos, etro. las rosas diamantes, que esmalten, y adornen su Corona, y Bien entra ahora el ardid . que me ofrece el pensamiento. Hasta quitarle la vida . no cesaran mis tormentos. aHasta aquietar a Cleantes . no habrá alivio a mi desvelo. En cesando los aplausos . hablar a Lisida intento por la gruta, que animoso labrar supo mi deseo. Avisaré a Ludovico . que venga esta noche al Templo. Cada uno para sí van triunfando a lo que veo. Ven ustedes tanta fiesta, ̱. pues temblando están de miedo. Venid noble Ludovico a mi Palacio, hablaremos (el Senado convocado) en el tratado propuesto mañana, que hoy demostraros todas mis grandezas quiero. Y a vos Cleonisba divina, den tanta vida los Cielos, que aún los numeros no alca de todo el papal supremo a numerarla: tomad de Ceres este renuevo, que sobró del sacrificio de esta tarde; y creed que en ello os doy el almo sembrada en esos granos de Febo. Ellos os dirán, que sabe lo tirano, en lo modesto no afectar lo cariñoso, y no encubrir el afecto. Poned en el Ara ese geroglifico supremo del año, cuyas espigas son renglones, que discrete escriben las esperanzas al verdor de sus anhelos, en él he puesto el papel, en que expresados deseos, si se ocultan misteriosos, también se explicam parleros. (. Viniendo por vuestra mano, to no hay duda Príncipe excello, que con la cortesanía, vendrá ceñido el respeto. Penas, si disgustaria. p a Cleantes, ver que atento mi temor, el ramillete del Rey tómase . Qué jes avinagrado mi amo a su Cleonisba le ha puesto. Ua etna tengo en el alma, un rayo tengo en de con que a incendios visuales, aún los suspiros enciendo: qué tomase de Dionisio las espigas? . Los extremos omite a más oportuno felice granjeado tiempo. Mal disimular podré, cuando me abrasan los celos. Señor la Nobleza toda os aguarda con estruendos festivos, que alegres dicen en dulces métricos ecos. Viva el gran Dionisio, viva. Sus glorias numere el tiempo. Vamos, y el músico aplauso repita en canoro acento. Viva el gran Dionisio, viva. Venid Ludovico excelso. Con Marcial velico estruendo, del Templo augusto de Ceres, Dionisio renace, Fénix de su incendio, para que el obsequio, seasacrifielo que ofrece el respeto . Entre la festiva tropa, introducirme pretendo, hasta llegar a los claustros de Ceres, porque el acento avisar a Ludovico consiga Entre el estruendo de los aplausos, alegre iré, por ver si mis ecos a Lisida avisar pueden, como esta noche iré al Templo por la gruta que labraron mis ansias en otro tiempo. . Qué pueda un tirano así burjarle de mi tormento! mas yo daré en un castigo a muchas venganzas premio. Pues que por esta campaña se comónica el gran Templo de Ceres, por una gruta, que de un amante el afecto, supo investigar curioso, por ella puedo a mi centro volver, sin nota de que me vean: mas antes quiero y saber, si Cleantes siente, lo que en su semblante leo. Qué suspensión, que tristeza es esa, cuando en trofeos, toda la isla consagra más plausibles sus festejos? Cleantes, mi bien, señor, si yo. Detén el acento, hermosísima Cleonisba, que tú no causas tormentos a mi vida, si no el hado, que se me opone severo. Ya veis que me fue preciso, por cumplir con el respeto tomar este ramillete de manos del Rey. . Ya veo (que mal reprimo mi enojo!) que cumpliste con el fuero de la cortesía, mas ese del año revuevo, y de mi daño, pues vive de aquello mismo que muero, en átomos desasidos, entregar al aire intento; porque con mis esperanzas se desvanezca en los vientos. No más Cleonisba divina le abraso con mis incendios, sino porque de sus manos ocupó el infiel asiento; y así lleve el aire tantos vejetativos fragmentos. Ay de mí! si yo culpada, (en vano la voz aliento!) causa he dado, cuando, no. Mas Cielos, qué es lo que veo! entre sus tejidas ramas un papel (que mal me esfuerzo) estaba, sin duda que es vasilisco de los celos, pues entre las esperanzas, cándido aborto veneno. Cleantes, pues mis cariños en expresados afectos, si los has oído amante, ahora los oirás atento. Esta cándida serpiento, este papel (enefecto, que dar hipérbole al susto, es dilatar el remedio.) No sé (de mi parte digo) que ocasión, ni que pretexto tuvo Dionisio a enviarle. con las espigas cubierto. Esto por disculpa baste de mi verdad, suponiendo. que quien de la acción se agravia, sabrá hacer valor del miedo, si en mi cupiera, pues soy rayo de tan vivo incendio, que con solos resplandores, confundiré pensamientos. Bueno fuera que pensaras que yo creyera resuelto tus engaños: bien sabias que ese papel (lance fiero!) así vendría a tu mano cautelando el fingimiento. Pues no infiel tirana, no lo has de presumir si puedo, que es mucha paciencia estar a tus traiciones espuesto, pudiendo morir del daño, cuando enfermo del remedio. Pues porque no malicioso culpes mi honor, ahora intent (porque no puedas ufano vanagloriarte soberbio, de que doy satisfacción a tus injustos recelos) arrojarle en esa gruta, avisando a tu ardimiento, que ella la satisfacción dará por mí: así cumpliendo darla, sin darla; con que todos quedamos bien puestos. Suspende ese acelerado ligero volante vuelo, hermosa Cleonisba mas Lisida . Cleantes excelso; este papel al pasar junto a Cleonisba, en el suelo. hallé: ocultarle ahora aquí de Cleantes pretendo, porque puede ser que sea de Ludóvico, siguiendo aquel estilo pasado. de nuestro amoroso empleo. Lisida hermosa, cansada estaréis de los estruendos de los aplausos, y ritos; que en tales actos como estos, aún la mucha variedad. fatiga el dulce sosiego. Y así permitid licencia, para que a mi amigo, atento avise, como vos dais a todo el parque reflejos. En vuestra cortesanía, y en vuestro sublime ingenio, están de más las palabras, para entender los conceptos. Ay de mí! ya que dilata la noche su manto negro, la gruta penetraré, e encuentre mi anhelo el papel, ahora por todos auidados disimulemos. Oh amor, y como labrando vas los gustos con severos enojos: díganlo tantas ausencias, que forjó el tiempo. Quiero leer este papel, cuyo amoroso contexto, aún no le alcanza el oído, y le oye el entendimiento. Mi bien, si un amante firme, que consagra a vuestro cielo las respiraciones, donde se ilustramas sus alientos. Qué dulcemente propone las inquietudes del pecho! No es posible que las llore mayores; que las que tengo amorosa, y leal. . Si está Lisida ya en este puesto, si, que el Aura armoniosa lo avisa en susurros frescos. Con hidropesía amante leerle otra vez pretendo, pues las luces se retiran con pausados movimiantos. Merece por el portillo que cae del Suntuoso Templo a el parque hablaros. . Hermosa Lisida. . Deseado dueño, llega a mis brazos, que amor impaciente, y con recelo repasaba en los renglones, la lección de los afectos. Qué renglones? . Los que tú escribiste a mi deseo. Yo cuando, aquí hay traición, . y averiguarla pretendo. Estos que en este papel se abultán con los afectos. Yo ese papel no escribí Cómo no, cuando mi anhelo en la gruta le encontró. No engañes mi fufrimiento, mudable, ingrata, alevosa; y enfin mujer, tanto el tiempo te pareció de mi ausencia que mudaste de otro dueño. Dame ese papel aleve, no te disculpes con eso. que anfioso de tus traiciones desengaños apetezco. Así premias mis suspiros, así pagas mis extremos; hombre en fin. . Y tu traidora, pues con engaños violentos desperdicias los ardores, que son volcanes del pecho. Tú eres un falso . Tu aleve. Buscando a Cleantes vengo: mas allí miro dos bultos. Salgo a registrar el centro de la mina y cuidadoso buscar el papel intento. A encontrarme con Cleonisba me conducen mis deseos, pues en el papel la aviso, que soy rayo de su fuego. Buscando a Cleantes ando, alma en pena de su cuerpo. A llamar vengo a Cleonisba, porque hace falta en el Templo. o , Si yo dueño mío. . Esta es Cleonispa. . Los intentos he sabido del papel. Ya sueña a cariño esto, mucho puede la porfía. Este es Cleantes mi dueño, sin duda: si yo señor causa he dado a sus afectos, Júpiter mi vida acabe. No creo tus fingi e. Ingrata, alevosa, suspende él infame acento. Ya aleve de tus mudanzas todo el engaño comprendo. Señor, todo el día he andado progonando lo que pierdo. Acaba, mira que todas por ti preguntan a un tiempo. Quién va? . Quién osado aquí oculta el labio, y acero? Entre tanta oscuridad, lo mejor es que mi aliento se reprima, ya que hablar en esta ocasión no puedo con Cleonisba, pues ya voy con aquel favor contento, que no siempre las pasiones han de valerse del Cetro. Venid fervorosas de Ceres al Templo, venid, y los votos, penetren su cielo. Pues cuando callan las voces, hable el valor. Raro empeño! En danzas de espadas hago malísimos movimientos. Gran valor! este sin duda que es Ludóvico. . El esfuerzo me informa de que es Cleantes el que aquí lidia resuelto: Cleantes? . Ludóvico, amigo, con vos exgrimo el acero. Sí, que un engaño ocasiona muchos enlazados hierros. La puerta hallé de la mina, amparen mi amor los cielos. . Pues con la mina encontré, voy a retirarme al Templo, sin darme por entendida de este impensado suceso, pues ya la música acorde nos llama con dulces ecos. s Vienes, señora? Yo embra, sin duda ninguna es sueño, el que padece mi amo. Escurrirme ahora intento por la mina, pues mi ama con el aviso la dejo, aunque habiendo oído ya el suave métrico estruendo, es fuerza que como todas, se halle obediente en el Templo. . Mas vale salto de mata que el ruego de muchos buenos, antes que la música haga sus compases en mis sesos. . Ludóvico generoso, perdonad si mi ardimiento, lo colérico pasando, llegó al rigor de los celos, Por lo mismo mis rencores, exhalando sus incendios, aún en tanta oscuridad, divisaron los objectos. Disimularé mis iras. . . Reprimiré tanto fuego. Sin decirle mi desgracia. Sin noticiar mi tormento, Reservando a mi valor. A mi valor omitiendo. La venganza de mis ansias, El castigo de mis celos. Que tanto incendio, olo estinguirse sepodrá e

JORNADA SEGUNDA

Ah del centro de la fama. Ah del cientifico Archivo. Ah del que las ciencias ama. Ah del Oráculo vivo. Sabio Aristipo. Quién llama? Quién en tu razón prudente. Quién en tus vocesfiado. Salir quiere de un cuidado. Castigo halla en lo que siente. ̱. Qué padecen tus desvelos? Un dolor de la mudanza. Y el tuyo? . De una venganza. Quién la ocasiona? Los celos. Según eso, los anhelos disculpo, pues os alcanza sobre una injusta mudanza, el infierno de los celos. Sabiendo excelso Aristipo, que en las Academias Doctas. de Grecia, lograste sabio con májimas ingeniosas; dotrinar a Ludovico la Filosofía heroica, disipando en sus lecciones varias de sus causas sombras. Logrando en ser su Maestro, que con obediencia pronta, a tus dictámenes rinda, los que ofuscan su persona. Y que él obediente siempre a tu voz conceptuosa, lo que tarda a efectuarla, juzga la malquista toda. Vengo a valerme afligida idencia (que borra tú pr el susto, quien el remedio, en las ciencias le coloca) a que disvadas las iras, que con causas rigurosas, vertiendo están en el pecho. tosigos de su memoria. Y en fin para que mis ecos la oprimida cárcel rompán, intento que por razones, volantes suspiros oigas. Mal satisfecho de mí, desprecia las cariñosas insignuaciones que el alma, fiel consagra a su memoria; y así. . Suspende el acento, que ya tu pasión celosa, cuando la ocultara el labio, por tus luceros se asoma. Es verdad que Ludovico en las Aulas siempre doctas de Grecia, entre mis lecciones, gastó prudente las horas, que a el tiempo le muerden, todo. el movimiento que forma; ya latiendo en los minutos, ya pulsando su concordia, y ya con pausadas alas, desplumándoselas todas: mas no por eso. Detente, antes que a Lisida hermosa tus prudentes discreciones sabio, Maestro, respondan, que yo como fiel amigo de Ludovico. . No abona mi intento lo que propones, porque fuera acción impropia, que lo que yo a su maestro llego a pedir afectuosa, lo consiga la amistad; que mirado bien, desdora mi punto; pues si lo hace, será por la ceremonia s la unión, no por las que tiernó mi labio informa; y así al precio de una afrenta, todos mis alivios compras. Proseguid. Siendo mi amigo el que tus luces adora, pudiera facilitar sosiegos a vuestras glorias. No pudiera. . Para daros en una respuesta sola la solución de esa duda, pretendo digáis ahora vuestro intento. . Siendo así, oíd, que el labio le informa. Dioniso, tirano fiero, que con acción alevosa, va imitando de su padre las traiciones rigurosas, pretende quitar mi honor, pues a Cleonisba (que adora el alma) porfiadamente con acciones imperiosas solicita: A esto se añade que las Auxiliares tropas que Cartago dio a su padre, hoy a su Ejército apropia, para con mayor violencia usar sus traiciones todas. De Numidia, y Mediolano también aguarda briosas armas, ligeros caballos, que cuando la esfera corran, le crean exhalaciones de varias pieles vistosas. Es más que un intruso aleve, que con acción belicosa; tiranizó la que enlaza, excelsa augusta Corona? No es el que vertió la sangre de los míos, pues que importa que muera a cuchillo, quien le afila en gargantas otras. Para este triunfo prevenje que me amparen, y socorran los Militares Soldados de las legiones pretorias. El gran Senado me asiste, de la siempre vencedora hija Augusta de la fama; ínclita triunfante Roma, que por quitar de su vista esta tiranía, brota estímulos al valor, dando ejemplares victorias. Ludóvico veinte Naves me ofrece, que entre las olas, pájaros de pino sean, que escupan ardientes bombas. Cártago tiranizada, ya su infiel desdicha llora, y de secreto, tratado tiene conmigo (si logra mi brazo darle la muerte) ponerse en firme concordia con el invencible fabio, Senado Augusto de Roma. Esto está en aqueste estado, aquesto mi voz te informa, porque si el intento llega a su ejecución heroica, en esa volante Armada que Ludóvico me apropia, iré cortando del agua cerúleas histriadas ondas. Cleonisba a la acción se opose, tú en ella tampoco abonas; pero aunque les pese a todos, me de acabar su memoria, que después de ejecutadas, hay otro viso en las cosas, y Cleonisba hará el valor, alma de su esfera hermosa. Todo este episodio que miras Aristipo ahora, se encierra; en que si mi mane el erte e vengas conmigo a Grecia, donde en sus escuelas doctas, puedas informar que hizo tu dicípulo la heroica hazaña de borrar un fiero tirano de la memoria. Ya determinado día nombres, ocasión y hora tenemos, para que llegue. a estinguirse esta rabiosa fiera cruel, hidra voraz, letal serpiente traidora, mostruo que con sangre vive, rayó que incendios aborta, cometa que baticina los estragos que ocasiona el vago inundando viento, de tristes quejas luctuosas. Muera, muera este tirano, y tu prudencia disponga (sin disuadir mis intentos) hablar a Cleonisba ahora; para que juntos surcando la tez de Neptuno undosa, del Mediterraneo mar, pasemos a las ruidosas corrientes, que en circos varios el Archipiélago forma, de quien es vago instrumento el aire que le alborota. Pronto mi amor a seguir está a Ludovico. Y pronta su costancia, para darme en una muchas victorias. Por más que los dos procuran . honestar su rigurosa acción, y llevarme a ella, voy huyendo de su sombra. Dos efectos, y una causa me proponéis, pues responda mi acento en solo un aviso, e hacer en todo os toca Yo la quietud solio Yo el alivio que me importa, Pues vos el alivio oíd, y vos la quietud: no estorban A las vivientes pasiones, las desdichas que la ahogan, sino la aprensión tirana de temerlas rigurosas: Los celos son mucha parte del amor, pues quien le goza, suele abultar los objectos para rendirle victorias. El ánimo, siempre es uno con el Cetro, y sin Corona: pues qué le lleva en la suerte, quién la suerte no mejora? No a la tiranía castiga, quien castiga a la persona, pues si no se borra el vicio, que hace el que a su dueño borra? La desconfianza muere de lo mismo que se forma; luego si es leve vapor, nada asegurarle importa, porque si a un suspiro nace, puede ser que el que le forma, al procurar estinguirle, le aumente con lo que sopla. El cariño en los recelos, mas sus fuerzas acrisosa; y así de vuestros cuidados deponed ya las congojas. Vos generoso Cleantes, esa ira bvelicosa reprimid, porque los Reyes son personas poderosas, y aunque con la tiranía la Augusta Diadema logran, a ella se le hace ofensa, cada vez que la desdora traidora mano; y así pues mano dije alevosa, de representa ado edit el Monarca la persona de Júpiter, cuyo brazo vibradas trae las antorchas, para confundir a rayos, al que ofendiere su copia. El Magno terror del Asía (aquel que con tus victorias estrechar intentó el mundo en una coyunda sola.) Navegando de los mares las espumas procelosas, se le cayó la Diadema entre sus confusas ondas: Violo solo un Marinero, y arrojándose a sus olas, sacó dentre sus cristales, la ya esmaltada Corona, de quien fueron sus diamantes; del agua pendientes gotas, y sus perlas las que asidas en mal sostenidas pomas, liquidando los reflejos, fueron llanto de la Aurora, Para nadar libremente, y bracear entre las ondas, se la puso en la cabeza, y llegando a la Galeota, en que Alejandro venía, se la dio en su mano propia: Recibiola el Rey, y cuando aguardaba la memoria de la acción, el Marinero de su mano dadivosa, mandó Alejandro colgarle de un árbol, porque con loca inadvertencia se puso del Monarca la Corona, enseñando así lo que deben respetarse todas las insiguías de los Reyes. Pues como la velicosa nazaña de vuestro pecho quitar quiere la Corona, a quien Júpiter sagrado, la víncula, y la coloca? Jove sacro errar no puede, pues si nos castiga ahora, dándonos este tirano, es señal que nos importa el sufrirlo; él tomará la venganza rigurosa por todos, dejad al Cielo a que haga lo que le toca. A hablar con aqueste Sabio vienen mis voces medrosas, porque disvada a Cleantes del riesgo de su persona. Enmudecéis? Tardo el pecho, trémulo late congojas. Consolada voy Maestro, de tu razón imperiosa. Buscando vengo a Aristipo, para que su ciencia docta me avise. Mas ya mis voces en suspiros se trasforman Mas omitiré a otro tiempo, . lo que dictó mi memoria. Disimulare mis ansias, pues llegó Cleonisba ahora. Suspenderé de mi aliento las llamas abrasadoras por Cleonisba, pues disvade venganzas que el pecho brota; Vos quedáis obedecido, vos también Lisida hermosa lo estáis: o fuerte Cleantes, las esferas luminosas te aparten de la amenaza que te aguarda rigurosa: el consejo que te he dado, el darosle así me toca, pues siempre para los males remedios la ciencia logra, que a veces son los discursos, famas de tales victorias. Bella Lisida. No extrañes el verme Cleonisba hermosa en el campo, a quien guarnecen azucenas, y amapolas. Sin hablarme está Cleantes, . con suspensión rigurosa, sin duda que en sus pasiones reinan las iras celosas. Sin mirar me Ludóvico . está, y es que en su memoria, aún de los pasados celos, las crueldades se impresionan. Los imanes de sus ojos, fuerzan dulces mi memoria: hermosísima tirana, que con vista contagiosa, la muerte de mis quietudes, vas fabricando entre sombras. Vete de mis ojos; vete. Sus luceros me provocan, disimulada serpiente, víbora, que engañadora, haces que reviente el pecho, las iras que el labio informa. Huye de mi vista, huye. Bien dices que muere en sombra tu cuidado, pues no mira las que le ofuscan traidoras. Bien informan tus rigores, bien han dicho tus congojas, que es menester que reviente su pecho, donde se forjan a rencorosos latidos, lágrimas que el mío solloza. Ya sé que el Rey te idolatra, Ya sé que a Dionisio adora tu hermosura. Y que por él, falsa, aleve, y engañosa desprecias a mis finezas. Y que por su Real Corona me dejas: mas yo prometo a esa excella claraboya, con cuyas luces el mundo floridos contornos dora, de que al rayo de mi enojo, su tirana sangre corra. Es engaño. Es fautasía. Bien lo aseguran tus obras. Bien tus obras lo publican, y las letras cautelosas de aquel papel. No lo encubras con la fuerza rigurosa de tus traiciones, aleve. Si con ansias amorosas leí el papel, fue solo, porque juzgué afectuosa que era tuyo Bien lo finges. Bien disimulas ahora, quédate a nunca más ver. Quédate donde no oiga las voces de tu hermosura, que es sirena engañadora. ̱ Tú eres un falso. Tu infiel. Tú eres traidor. Tu alevosa. Tu mudable. Tu inconstante. Tu aleve. Señor. Señora Dionisio viene a este sitio. Mientras de las ceremonias; el tiempo llega, el Rey viene a esta amenidad frondosa. Pues por no verle me voy. . Solo por no hablarle ahora me retito. Mucho puede de unos celos la memoria. Este aviso aquí te traigo, por ver que Dionisio adora tu belleza, y por si gustas. dejarle el campo a sus solas,; Tú le dejaras semorado con las flores que deshoja tu habilidad. Malicioso en ti reverdecen todas. Cuando las verdades dices, es senal que no las soplas, pues aunque tienes tanto aire, para ellas no tienes cosa. Mucho agrava mis desdichas, una pasión recelosa. Mucho a mis infieles ansias, de amor la ley aprisionan. En tanto; pues, que de Ceres, las sagradas ceremonias se disponen, salgo al campo: mas allí a Clconisba hermosa, y a Lisida miro: amor, apadrina a mis congojas: su vista da luz al Cielo, su contacto al Prado rosas, y sus alientos del Aurora, purifican las aromas. Hermosísimas Deidades, sacras Ninfas de la Diosa, que cultivando esperanzas, las florece agricultora, a cuya dulce influencia de la verde tierra go y del Cielo, pues su azul pabellón, que luces doran, es dosel de su grandeza, y ella de sus pies alfombra, esmaltando aquel de rayos, y esta bordando de rosas. No es mucho no que florezcan, con apresuradas pompas, si con vuestra vista alientan lo que por su deidad logran. Solo aquesto le faltaba . al rigor de mis congojas. Solo aquesto a mis desdichas les faltaba (ay de mí!) ahora. Vuestra Alteza gran Señor, siempre a sus vasallos honra. Vuestra gran cortefanía esperimentamos nosotras, Ay belleza soberana, la inquietud que me ocasionas! Cleonisba, pues a tu arvitrir consagro las amorosas ansias. Qué escucho! Señor. A esperimentar mi celosa, pena a este sitio llego, llevado de mis congojas, y desde aquí lo que hablaren, advertido sufra, y oiga. V. Alteza es gran Monarca, y así con acción gloriosa, sabrá reprimir incendios, que oscuros humos embozan. Qué es aquesto que oigo Cielos! He de saber si es que adora a Lisida este tirano, encubierto entre estas rosas, pues con lágrimas de sangre de Adonis la muerte lloran. Vella Lisida, mis ansias apadrinad, con la docta espresión del sabio amor; si os hirió su voladora airada flecha. Qué escucho! aleves penas traidoras, hijas viles de un deseo: Dionisio es quien la enamora, y lo negará; a cruel! Las ansias afectuosas se disculpan. No si ultrajan el decoro que las forma. Ya falleciendo el valor . se esfuerza de lo que llora. Mirad, señor, que el afecto se amedrenta, si imperiosas, las espresiones del alma, la voz las trae a la boca. Ya conocido su amante, qué dirá aquesta alevosa? Cuando la dolencia ardiente en el remedio empeorá, es fuerza que para alivio todos los deseos ponga, y que obre el gusto, lo que la medicina no obra: y así aquesa blanca mano, que cinco rayos de aljófar vibró al alma dulcemente, es preciso que su ansiosa sed entre sus cristares, mitigue el fuego que aborta. Señor, mirad. La de amor es una pasión tan loca, que a veces el tener juicio, a sus efectos desdora; y así de mi mal se temple la infiel ansia rigurosa. Señor, advertid. Qué es esto? Venid al sagrado Templo de aquella suprema Diosa, que cultivando esperanzas, florece verdes antorchas, (na, ventiladas a rayos, que Jove ilumi- y aumenta la tona. A buena ocasión la tropa festiva llegó. A buen tiempo llegaron las Ninfas todas de Ceres. Decid, qué es esto? Penas el callar importa. Señor que para el festivo aplauso es tiempo. Señor, que ya de la suntuosa sagrada oblación de Ceres, os avisan que es la hora. Ay Cielos cuantas desdichas vinculáis en mi memoria! Ay amor, y cuantos sustos mis sosiegos aprisionan! Señor, las Ninfas envían avisar vuestra persona con la mía, así logrando con su inmunidad hermosa, el que lleve las franquicias, cuando no lleve otra cosa. Venid señor, y en el Templo las sagradas ceremonias del segundo sacrificio celebrad: el alma toda del susto trémula late, con respiración medrosa. Ya sigo hermosa Cleonisba vuestras luces misteriosas: que perdiese la ocasión de tocar su nieve hermosa! Mirad que todas las Ninfas de la Deidad oficiosa de Ceres aguardan. . Cielos, sino acuden mis rabiosas iras, sus aleves ojos las bellas luces ahoran de Cleonisba. Si no salen mis pasiones cautelosas, de Lisida los cristales, se bebe con sed ansiosa. Así fomentas tirano tosigos que te inficionan. Así tirano el incendio de mi venganza le forjas. Pues solo me quedo aquí, quiero ahora soliloquiar, para que a solas parlar pueda todo lo que vi: pues con estilos usados, a mi oficio desempeñó, que el murmurar de su dueño, es oficio de criados. Así yo, que ahora agencio alivios por varios modos, les quiero decir a todos muchas cosas en silencio: mi amo con varias acciones a Ludóvico previene; esto muy mal viso tiene, mas que me importan traiciones: Ludovico con desdén a los de Palacio mira; que será aquesto algo de ira, no que el Rey le trata bien. Sí, pues mi amo de Naves no sé que le dijo, y sé que él comprometió su fe, con mil juramentos graves; si es que mi amo solicita venganza a su agravio fuerte y Ludóvico la muerte al Rey le da, pues habita en Palacio: este es exceso de mi discurso importuno; mas sea lo otro, o lo uno, a mí quien me mete en eso. Con que de aquesta ocasión, sacamos en limpio que lo que he dicho solo fue algo de murmuración. Quién en estas soledades voces al aire le humilla? Quién de otra redondida; detiene las dos mitades. Pues sois ingenio? Excelente, hago coplas muy peinadas. Bien suelen ser deseadas. Yo las hago de repente. Qué queréis en este ameno pensil? Buscar en su hierba un soliloquio que ahora se me cayó de la lengua. . Oh deseada quietud! que en tranquilidad suprema, dejándome los discursos, la luz de los ojos llevas. Qué amenidad, que hermosura, que proporción, que belleza: las Rosas Prados esmalta, el Cielo adornan Estrellas, la Fuente risueña corre, el Río al Mar se despeña, el Ave trinados canta, el Pez las ondas inquieta, el Bruto la hierba pace, el Álamo al Cielo llega; todo aque la concordancia suprema, la madre común de todos, la sabia naturaleza. Pues la rosa, pues el Cielo, la fuente, el río, la estrella, el mar el ave, y el pez, el bruto, y álamo fueran, si a su aumento no ayudaran, polvo, sombra, aire, y tierra. A el árbol de verdes hojas, le corona su cimera, que son, si el viento las mueve, vejeativas cadencias. Al bruto viftosas pieles, que le abriguen, y defiendan, le dio natural vestido, del uso de su fiereza. Al pez ruidosas escamas, que en istriadas palestras, le defiendan de los golpes de cristalinas tormentas. El Ave de rizas plamas, volantes trae galas crespas, con que a latidos el aire, mi de cuando le navega. Al mar límite le puso, porque su airada soberbia, el coro no exceda nunca del margen de las arenas. La Estrella luces reparte, que con vivas influencias, puede inclinar voluntades, mas no rendirlas con fuerza, El Río, a su centro ansioso, con grillos de plata vuela, y con lo mismo que vive, muere cuando al centro llega. La Fuente, desperdiciando los aljófares, y perlas, llora lo mismo que canta, lo armonía su quej El Cielo, Alcá de los Dioses, con dos teas ilustra el mundo, que son el Sol, y la Luna bella. La Rosa, ejemplo nativo de la vida, nos enseña, que por la mañana vive, y muere en la noche negra, fragrancia que apenas nace, cuando infeliz muere apenas. Todo vive por el orden de la gran naturaleza; pues luces, plumas, escamas, centro, Sol, Luna, y Estrellas, ejémolo, límite, pieles, cadencias, ondas, y perlas, fueran triste caos confuso, si ella provida no fuera. fenecidos los sacros o cultos de Ceres, me lleva el ansia de mis fatigas, hacia la espaciosa. Vega de este Prado, en cuya enancia, no hay terreno que no sea (en florida oposición) de los de Chipre palestra. Mas allí (según el traje, y el aspecto, lo demuestran) está un Filósofo, en dulces amables, doctas tareas, con que suspensión que mira la luz de la sacra esfera, en que parece que ahora todas las que bebe letras. También de las verdes plantas examina, las diversas formas, para que las causas, den de sus efectos señas. Intento llegar hablarle, e informe que es la que en este retiro la sabia quietud le enseña. Sabio anciano Quién me llama? Quién de ti saber quisiera, porque en muda suspensión, porque en pausadas tareas, al Sol le bebes los rayos, gota a gota, y hebra a hebra. Y no preguntáis más que eso? De esto quisiera respuesta. Pues esa es curiosidad, y castigarla pudiera, no satisfacciendo ahora su intento. Lo que desea saber mi persona, es solo lo propuesto (ay más notable entereza!) . Siendo así, no quiero que llevéis queja de mis voces. . Decid, pues. Respondo, que aprendo ciencia, con que estáis obedecido con una palabra misma, pues en respuesta; y pregunta, solo hay de diferencia, que vos preguntáis sin causa, y yo respondo con ella Pocos instrumentos usas, poco aparato demuestras, porque si es la Astrología, la sabia que estudias ciencia, no descubro ni Astrolabio, ni Tuvo Obtico, ni esfera, ni libros. De aquesa duda apartaré vuestra idea: que más libro que ese azul, que en once hojas reverbera, en caracteres brillantes, varias, y lucientes letras? Que más glovo, que el que e esférico representa, pues según la Jeografia, es una redonda esfera esta máquina visible de la dilatada tierra? que más lignias que las que con ya medidas impuestas, van regulando distancias, con bien compasadas leguas? Qué más compás que los giros del Sol, y de los Planetas, siendo cálculo a sus pasos, la Astrología suprema? Mirad, pues, si lo que he dicho, advertidamente enseña, mas que todos cuantos libros contienen las Bibliotecas del mundo, pues solo el Sabio en su contento encierra un todo, de cuyas partes, los otros abultan letras. Pues si con tantos avisos acrisolas tus ideas, muéstrame si quiera algo de tantas que estudias ciencias. Si haré, de muy buena gana, mas primero (con licencia vuestra) hemos de páctar que os iréis. Costancia excelsa! Porque apartáis del discurso del objecto en que se emplea. Ya para escribir prevengo el estilo, y la obediencia. Sabio varón, es prodigio de la gran naturaleza. Ya en esta hoja en verdes gravadas letras una sentencia; tomad, meditad esa sentencia. Dice este concepto así. Curiosa es su impertinencia. . Cuando alguna cosa intentes, medita sabio, y observa, los que pueden resultar efectos que nacen de ella. Quien si no tu sabio asombro, pudiera dar tal sentencia, Que no la olvidéis jamás os ruegó por vida vuestra. Seguro puedes estar que la estime, y que la aprenda, haciendo que se coloque, sobre la dorada, puerta de mi Cámara, porque siempre que pase por ella (cuando la olvide el discurso, firme la vista la tenga. Venid al Templo de la sacra Dea: venid, volad, corred, y vuestra priesa, de los corazones las alas mueva; venid al Templo de la sacra Dea. Venid, señor, que os aguardan. Esperando a V. Alteza. está la Nobleza toda. Qué escucho! Dionisio era el que aquí conmigo estaba, Adiós Archibo de ciencias. Adiós esqueleto vivo. Mirad que el Senado espera. Vamos: confuso, y absorto su gran constancia me lleva, Aún en el aire las voces con vil confusión tropiezan. Dios saco de plegarias, aforro de faltriquera. Venid al Templo de la sacra Dea, Cómo es tu nombre. Aristipo. Ya vendrás a mi presencia, Júpiter te dé victorias. Si tú mi Reino gobiernas. JORNA TERCER

JORNADA TERCERA

Ya avisada la Nobleza para vuestro intento está. Esta noche acabará este mostruo a la fiereza airada de mi desden; que fuego exala fatal; pues me da en celos el mal, mostrándome querer bien. Al áspid quiere imitar su vil ardor que no apaga, pues traidoramente halaga, para poder lastimar. Muera al riguroso aliento de nuestro brazo. Estinguida, la animación de su vida; niebla haré que sea del viento. Cuando dé al sueño rendido el quiero sosiego blando. Llevaré el puñal, bribrando. su acerado esmalte buido. Y cuando entregado al sueño, le vieres en quieta calma. Infecionaré su alma, con triste eterno beleño. Así lograrás despojos. de su infame aleve suerte. Solo entonces a la muerte, volverá infeliz los ojos. Mirad que en esto quedamos. Cuando Diana desabroche bello el manto de la noche morirá Despacio estamos, se dijo solo por esto, pues he andado todo el día, con repetida porfía, buscándoos; y en este puesto, os hallo en conversación de confianzas fieles. Pues qué hay Libio? Estos papeles digan por mí su oración; pues como yo no sé leer, su contesto no le alcanzo, que aunque está escrito co negro, para mí se queda en blanco: de Lisida, y de Cleonisba. son los dos. Y de su mano. a mi Cleonisba me escribe. De Lisida son los rasgos . de este papel. Callarele. a Cleantes este caso. No decirle determino a mi amigo este impensado. suceso. Parecen que están un poco turoados. Dice así este papel. Luego que Irucina el manto esmalte con las estrellas, vendréis al Templo sagrado de Ceres, porque os importa un aviso que he de daros. Dice mi papel así. Habiendo el Sol descansado en Occidente, vendréis Ludóvico a este sagrado Templo, porque un alivio os importa ejecutarlo. Esto es que Lisida intenta disuadir a mis cuidados, como amiga de Cleonisba de sus recelos, al sacró Templo ir me loca. Sin duda. que de Cleonisba el agrado, como de Lisida amiga, quiere mi ardor mitigarlo. con sus razones, y así fuerza es cumplir su mandato. Parece que están los dos a las palabras mazcando; esto bien puede ser bueno, pero parece muy malo. Ludóvico, en lo propuesto, fío de vuestro cuidado. Del valor de mi persona podéis Cleantes estarlo; y ahora a Dios, porque tengo que acudir a otros cargos: ya le oculto que su Dama . es la que ahora me ha llamado. También yo de aquesta tarde. he menester el espacio, para que asistan los nobles. aquesta noche en Palacio. Así le encubro que sepa, que Lisida convocado me tiene; a diós Ludovico. Anime Marte tu brazo. Esto es jugar al mudillo, aunque si en cartas reparo, juzgo que del mal contento, pasaran al fenegado. Habiendo sabido Cleantes le llamas por tu papel, no hay duda venga fiel con cortesías galantes. Con alegría público mi dicha, pues viendo que de tu parte el papel fue, vendrá atento Ludovico. Yo asegurar ass celos, porque reprimas tu llanto. Yo le suabizaré tanto, que olvide viles recelos. A Ludóvico diré, como Dionisio no te ama. Yo volveré por tu fama, y a Cleantes aquietaré. Ay pobre de la que calla. padeciendo su disgusto, pues por dar al Rey un gusto, temblando de miedo se halla. Él un volsillo me dio, porque la entrada le diese, y la gruta le dijese, y el voliillo me rindió. Pues mientras Cleantes viene, canta Irene. Ay qué espanto, porque la seña del canto, es la misma que el Rey tiene. Canta por tu vida. Así esperaré divertida. Así más entretenida, veré a quien el alma di. Vuela, vuela deseo, las alas vibra, que de amor las dos flechas, tus plumas rizan: vuela, vuela deseo, las alas vibra. to, Ya la noch lan y con estrellas lucidas, de este jardín los boscajes, se argentan, y se iluminan. Ven deseada inquietud, al contento que suavizas, pues de todos tus disgustos, vas labrando la alegría. Vuela, vuela deseo, Ya de las sombras nocturnas, las mudas centellas tibias, hacen con la oscuridad de sus reflejos enigmas. Vuela, vuela deseo, las alas vibra, Mientras que al precepto tuyo viene Ludóvico, fina mi voluntad, a esperar voy al Senador Cleonisba. Anda ve, que yo a la puerta mal formada de la mina me quedo, siendo de amor inmutable estatua viva. . Mudos alientos al aire, ufano vierte, y respira, que quien desahoga el pecho, el mal exhala que avisa. Siguiendo la voz sonora de Irene, mi fiel porfía, viene ansiosa a idolartar la perfección de Cleonisba: pues como se halla tan cerca Palacio, por esta mina del Templo, puedo a sus ansias esta dicha repetirla. Vuela, vuela deseo, las alas vibra, Albricias amor, que ya está en el jardín Cleonisba: yo llego a hablarla, que amor las audacias apadrina. ̱. Ya Cleantes el jardín, con tímidos pasos pisa. Yo llego a hablarle, sin que Lisida venga, que implica que sirva ajena disculpa, cuando no hay causa a que sirva. Llega pensamiento osado, y tus afectos explica, que lo que la voz alienta, abulta lo que acredita. s . Amado dueño del alma. Hasta saber si es Cleonisba; el declararme no intento. ̱ Dejad la pasión impía, que con estruendos airados. nuestra quietud amotina. Aún no estoy bien en la voz: si es ella. Toda tirita el alma, porque es él Rey: hagome desentendida. Vuela, vuela deseo, las alas vibra, Es posible amado dueño; que aún dura en tu fantasía aquel recelo villano, que alborotó infiel mi dicha? A cumplir vengo el precepto de Lisida: mas mi vista descubre, si no se engaña dos bultos en la florida campaña de este jardín, y hasta saber si es Cleonisba, Lisida, esté encubierto entre esta gruta florida. Mi bien, mi dueño, mi amante, cesen ya señor las iras. A falsa, aleve, tirana, infiel, traidora Cleonisba! Basten señor los enojos, mirad mi humildad reí dida. Ya sufrir no puedo el etna que dentro del pecho habita. Mas si no miente el oído . pasos se oyen en la mina, voy a ver si es Ludovico, para hablarle por mi amiga. Vuela, vuela deseo, las alas vibra,. Es Ludóvico? No es, sino quien ya tu malicia conoce. Ay de mí infeliz! Cleantes es este, y creía mi voluntad (ay error como el que mis fantasías causaron) que era el que audaz, todas sus señas le imita. Disfraza tu engaño, aleve, dime ahora que mentía. Mucho Ludóvico tardar: mas hay corazón respira, que allí espera los favores, de quien darlos solicita. Ven deseada inquietud al contento que fuavizas, pues de todos tus disgustos; vas labrando la alegría: vuela; vuela deseo, las alas vibra. Ya hacia a mí el hermoso bulto, segunda vez se avecina. Era ya hora, señor, que mis fieles ansias finas lograsen satisfacer una presunción creída? No te disculpes tiran Basta que mi fe lo diga. Esta sin duda que es la hermosa ingrata Cleonisba. Vuela, vuela deseo, las alas vibra. Presuroso mi deseo, de amor las alas vatia, pues para lograr las paces, tuve el enojo por dicha. Las impresiones celosas duran en él todabía. Mas allí oigo que hablan. Si duran las fementidas sombras de nuestro sosiego, es eternizar las iras. Y así mi bien. Ay de mí! qué es lo que escucho desdichas! Linda no es la que habla, si, que su voz conocida tengo, bien acosta de los engaños que eterniza. El amor, Deidad hermosa, en los sustos acredita, mas su poder. Que es Cleantes ya conozco, pues suaviza mi pasión; y así yo llego. Es Cleantes? ̱. Pues facilita mi engaño, diré que sí. Si, yo soy, y ahora quería, pues llegasteis a buen tiempo, deciros que en la florida estancia de este jardín me esperéis, A su porfía celosa llega Cleantes, y estorba las andias finas, que retórico mi labio a Ludóvico decía. Mirad que volváis al punto. Ya se que tiene Cleonisba . otro amante: yo sabré quien su perfección divina idólatra, para que muera al rayo de mis iras. Tirana, no bastan tantos testigos de mi desdicha, sino que también Cleantes las llegue a saber? Cleonisba, no con razones de perlas, de tus ojos las dos niñas, disuadan a mi desgracia, de las ofensas impías. Pues por más que de tu llanto, las corrientes cristalinas, en lenguas de nieve formen, lastimadas armonías, he de saber el amante, que a tus luces sacrifica; y así deja que mi acero conozca: qué es lo que mira mi ardiente pasión! Quién es el que con vil osadía: más Cleantes. Ludóvico? Qué causa así te motiva, para slegar tan osado? De mis vanas fantasías, fue un error (enmendaré mi engaño) hay ansias mías! Así son las presunciones tuyas. Perfectísima Cleonisba, disculpa el afecto, que desdeñoso de su dicha, para alcanzar los consuelos, tropieza con las desdichas. Hermosa Lisida, a quien ufano mi amor dedica, de aquellos pasados sustos las presentes alegrías, disculpa el ansia celosa, que de amor la ley pública. Ahora que de tu pecho satisfecha la malicia esta: el mío se ofende de tu presunción indigna. . Ahora que tus recelos, burlados de una mentira se hallan, con fingimientos, mi vanidad ofendida lisonjeas; pues no ingrato lo creo, porque peligra, si aquí en la verdad mi fama, mi honor allí en la mentira. . Vuela, vuela deseo, las alas vibra, El Rey a los dos os llama. Ya voy: Cleantes avisa los Nobles de Siracusa, que en quedando recogidas las guardas de su Palacio, rendirá infeliz la vida, al impulso de mi airada acerada punta fina. Yo en el Atrio de Palacio . estare. . Haz por tu vida que no entienda este criado nuestro intento. Qué eso digas? no sabes que de mi aliento las respiraciones vivas, porque al labio no le informen lentas éxalo, y remisas. Esta noche . Bien está. Marte mi brazo apadrina. Júpiter te dé victoria. La razón la facilita. No sé que se tienen estos, que andan todos estos días cabisvajos, como que buscando la flor caminan del berro: esto es señores, (y va fuera de mentira) que si se aguardan un poco, la historia lo dirá misma. Ya recogiéndose queda Dionisio; y mi amigo fiel, asegurándole a él está. Pues para que pueda mi intento el asegurarse, tú, y los nobles convocados; en Palacio retirados estaréis. . A ejecutarse la acción dispon, que después se aclamará la victoria. Quedará firme memoria, de lo que la lealtad es; y así pues ya recogido el Rey se halla, ahora intento que llegue su fin sangriento: vete sin hacer ruido. Ya en tu brazo poderoso trasfiero mis iras graves. Haz que se apresten las Naves. Muera el tirano ambicioso. Marte, si hazañas amparas, de generosos furores, esta que intenta mi brazo, todas las tuyas corone: este fementido aleve, tirano, cuyos ardores, infaustamente del viento abrasan exhalaciones. luera al valeroso impulso de mi acero, porque logre, exhalando un solo aliento, triunfos de respiraciones. Esta combustible llama, me sirva material norte, para que con luz acierte, más ejecutivos golpes: con eso no, no irá ciega mi pasión, pues reconoce que de su incendio los rayos, fulmina el sagrado jove. Muera, pues, este tirano, muera a mis ansias veloces. Mas primero que ejecute, mi rigor, a sus rigores he de notar la hiscrición, que sobre el dorado bronce. del escudo de la puerta, dice con pocas razones. Si intentas alguna cosa, medita sabio, y conoce, los que pueden resultar, daños que en ella se esconden. Mas Cielos, qué es lo que he visto! mas Cielos, que es lo que oyen. mis rencores, pues parece. que sus leves hiscriciones, del golfo de mis enojos, fueron rémoras acordes. Todo el furor ofuscado, en las imaginaciones, le quita al brazo la fuerza la fuga al corazón rompe, haciendo violento amago, para suspender el golpe. Válgame el Cielo, que varias, especies el vago orden, del discurso representa al entendimiento noble: sin duda que esta hiscrición conmigo habla, pues dócil. me procura disuadir A con sus elegantes voces. Esto es que Dionisio sabe: todas las conjuraciones. que contra su vida han hecho. nuestros celosos rencores; y porque me estima mucho, con piadosas atenciones, por mí me puso a la vista, el mudo aviso que oye mi lealtad; no, no se diga; que cuando él con pecho noble, me aparta de los castigos, me acerco yo a las traiciones. Y así este aleve instrumento, que forjaron los rencores de un yerro; ahora de un acierto sirva a las ejecuciones; traición Dionisio, traición, mirad que quieren traidores, estinguir en un aliento ya vuestras respiraciones. Señor, señor, despertad, guardaos del áspid, que rompe. el nido, que entre fragrancias fue leve cárcel de flores. Quién osado, quien aleve, contra mi airado se opone? Yo, señor. Cómo traidor. Antes de ofenderme, oye en una razón Dionisio, inconsecuentes razones. Cómo? De aquesta manera. Confusa estoy a tus voces. Entre dos contrariedades, encuentras mis confusiones, pues hago leales traiciones muchas traidoras lealtades: si a oírlo te persuades, digo, que cruel, y fuerte intenté tu fin; advierte ahora en lance tan preciso, que la voz te dio el aviso, si el brazo intentó tu muerte; persuadido mi ardimiento de muchos parciales míos, fue demostrando sus bríos, para tan atroz intento; pero reparando atento en esa verde escrición, conoció mi indignación, que por avisarme a mí la hiciste poner allí, y calmó la ejecución. Y así, señor, humillado a vuestros pies, dolorido me muestro ya arrepentido, aún antes de castigado: vuestra clemencia he invocado, en causa tan merecida, pues aunque en culpa atrevida intenté daros la muerte, ya enmiendo la errada suerte, pues diavisándoos la vida. Aún después de haberte oído Ludóvico, mi pasión con airada admiración dos veces se ha suspendido: tu osadía se atrevido, muerte a darme fementida; no lo creo: mas temida la tuve con vil desdén; porque tratándote bien, fuerza es fueras mi homicida. Quién son, di los conjurados contra mí? Estatua innoble soy! Solamente de mi riesga te apartaron las razones conceptuosas de ese letrero sabio. Su dócil concepto del fuerte braza calmó las ejecuciones. Oh sabio Aristipo, ahora tu ciencia fue fijo norte de mi vida, porque diga la fama en lenguas, y voces, historicamente, que Ciencias impiden Traiciones. Luego, señor, un acaso fue solo el que a mis rencoros detuvo ahora. Sí, y por él. Qué? Verás lo que dispona. Quién? Mi justísimo enojo. Ya lucho con los temores! Ah de mi guarda, Soldados, acudid todos veloces. Ay de mí! mi vida acaba, clemencia inmortales Dioses. Quién gran señor el aleve es, que en ruidoso desorden, alborota el Real Palacio? 1. Decidnos los agresores, para que en átomos vuelen, desechos en las Regiones. Llevad luego a Ludovico a la más segura torre de Siracusa. Señor! descúlpenme las acciones. Y vosotros luego al punto llamad a Aristipo (ay más infeliz suceso) asiste (de confusiones soy un caos.) ̱. En la espelunca agreste de ese alto monte, entre una cabada peña. tiene sus habitaciones. A vos Ludóvico os mando prender, no por las traiciones; que contra mi vida; airados. firmaron vuestros rigores: sino solo porque puedan resguardarse mis acciones, de los que osados, aleves mi muerte intentan veloces, y su estrago: declaradme quien son los inducidores de tanta maldad. . Ese intento, no habla con hombre tan noble. como yo; pues si fui osado. al riesgo, ya se supone, que quien valor para aquello, tuvo, gran señor entonces, no le faltará valor, para que sus pundonores. no se desvanezcan nunca. en el aire de las voces. Aquí estoy, sacad la espada, vengad así afectos torpes en mi vida, no en el punto de mis heroicos blasones. Nada sé más que lo dicho, esto señor os reporte, pues mi corazón renace, duplicando corazones. Un delito he cometido, tres hazañas he hecho nobles:: díganlo, aviso, silencio, y temor; que los temores bando el Monarca los caus plausibles ejecuciones son, pues solo es el resoeto. de sus latidos el móbil; no la muerte es la que turba. Lograste ya las atroces. venganzas: Cielos qué miro! . fría estatua soy de bronce! El ímpitu de la ira. le culpa en sus mismas voces. Aunque tu heroico silencio, no diga los agresores, su mismo delito, hace que aleves ellos se nombren. Soldados, haced que luego la cabeza a Cleantes cortén: por traidor. Ya de mi vida. cesan las cabilaciones. Ahora un Correo llega de Roma, y expresa orden trae de hablar con vos. Decid. que entre. Fieros temores. no me acordéis de Cleonisba las hermosas perfecciones! Airada, esquiva memoria, . no de Lisida me formes las dulces, tiernas, suaves, bellas imaginaciones! Del Cónsul Quinto Serbillo os traigo esta carta. Dioses inmortales, disculpad. mis bien nacidos furores. ̱ . Habiendo sabido que está en Siracusa Cleantes mi herma- no, os ruego que con brevedad le remitáis a Roma, pues para ello van Naves, y Soldados: él no sa- benada, y aún yo lo ignorabas mas mi padre lo deja declarado por hijo. Los inmortales Dioses os guarden. Roma, y Julio. Olime a ros, Cielos suspended ya tantas enlazadas confusiones: ya castigarle no puedo sus delitos agresores, pues Serbilió en esta carta me avisa (ay ansias atroces!) que es su hermano. Apartad, fuera. He dé entrar. Ay tales hombres: mirad que vienen tres Damas a un triunbirato de amores. Mirad que como mujer soy en estas ocasiones, pues me valgo de los pasos, solo para hacerme hombre. Aunque lo impida el furor, descortés de esas acciones, sabré atropellarlas yo, con los ojos, y las voces. Mas que de paso, corriendo vengo, a puros rempujones. Qué es esto, asombros fulmina. la oscuridad de la noche. Ay de mí! Cleonisba es esta, . aún el aire de sus voces, es consuelo del oído. De Lisida los furores los, y de escucharlos se me hielan las pasiones. Afuera, apartad. Qué es esto (repito otra vez?) Las voces de la gente, y de Soldados son, que en airado desorden, y en vagos torrentes dicen. Viva Dionisio. Pues oye; sabrás Invicto Monarca hazañas del Dios de amores. Cleantes (ese que osado tu muerte intentó) se pone con el carácter de mío, nuevos plausibles blasones. Y así siendo ya mi esposo, bien es Dionisio que notes, que si sin mí fue traidor, ya por mí es dos veces noble. Después de lograr Cleonisba tan deseados favores venga la muerte, pues borran tantas dichas sus informes. Ludóvico (ese que en triunfos de Militares Pendones, al viento le causó tantos airados sustos veloces) es mi dueño; ahora mirad lo que os toca hacer, pues dócil, A vuestras invictas plantas, con enternecidas voces, con pálidos rostros tristes, y pausados corazones, pido la vida, señor, atenta a vuestros favores. De Cleantes. . De Ludovico. Dionisio se halla, señores, cullando la respuelt y aunque él ya se la supone como la tiene entre dientes, ni la arroja, ni la come, ni la traga, ni la dice. Pues para que se corone mi clemencia de benignas plausibles aclamaciones: Alzad, ya la vida tienen: (así logro se perdone, sin darlo a entender Cleantes, por esta carta del Cónsul, pues a castigarle ya, no hay dominios superiores; y más cuando Reino yo cercado de confusiones, que infaustamente amenazan, con tantos viles temores.) Ya no diréis que tirano soy, pues vuestras atenciones un delito tan infame han logrado que perdone. Ya Aristipo a la obediencia gran señor de vuestra orden se pone. Dónde, señor, llego ufano. Anciano noble, Archivo de todas ciencias, llegad, y de mis blasones gozad, pues por vuestra causa respiro volantes voces. Felice mil veces quien premiados ve sus amores. Dichoso el deseo, que ánima las espresiones. A qué vendrá aquí este saco, portatil de remendones? Ya sé que habéis perdonado a todos los agresores, asegurando así el Cetro, en vasas de firmes bronces, Ya el suceso le he sabido; y así en sus ejecuciones veréis lo que es el estudio de las ciencias, pues disponen, aún en un acaso, que Ciencias impidan Traiciones. Tú en mi Palacio conmigo te quedas, porque se borren los inducidos agravios, que mi memoria descoge. Yo en Palacio, no señor, no lo permitan los Dioses; yo dejar las soledades, donde jazmines, y flores son los Catres del verano, donde las Aves acordes, en cadentes armonías, son música de los bosques, no señor. Que más dijera si le brindaran a azotes. Tomad, Cleantes, leed la nota de esos renglones. Ay Cielos, con sustos lucho! Soy de mármol bulto inmóvil! Conmigo Sabio te quedas, y mientras que se dispone el viaje de Cleantes, vuelvan las festivas voces. Por hijo de Siracusa me tuve: mas pues disponen otra cosa los sucesos, cúmplase del Cielo el orden. Toma Cleonisba esa carta. Por tuyo amor se dispone. Viva Dionisio el Segundo, Fama eterna le corone. Ya perdidas de Cleonisba las o livinas perfeccio solo es consuela a mis ansias, olvidar a sus ardores. Viva Dionisio, viva, (ces, logrando que digan los tiempos velo- que el castigar perdonando, es la venganza más noble. Yo me caso con Irene. Con que aquí da fin, señores, esta historia verdadera, en que el ingenio supone, porque no acabe en tragedia; que perdona los traidores el Rey: lo cual por tirano él no hizo, si no indócil darles crueles castigos, con finales muy discordes. (ces. Viva Dionisio, viva, logrando que digan los tiempos velo- Y aquí el Ingenio rendido, confesando sus errores, pide un victor, si os agrada, Ciencias impiden Traiciones,