Texto digital de El cielo siempre es piadoso
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El cielo siempre es piadoso. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cielo-siempre-es-piadoso-el.

EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO
JORNADA PRIMERA
E Minerva en el Templo Y Fenicia, consagra dichosa, para eterno holocausto, los cultos con que Religiosa hace del sacrificio misterio, con voces sonoras; a cuyas cadencias, (sas, trinados bémoles, con paces, y glos- procura el auxilio, pieda des implora. Ya que misteriosos cultos a Minerva en sus Altares mi Reino consagra, haciendo sacrificios inviolables; quiero informaros las causas, que Religioso, me traen a aplacar el justo enojo, con que en Fénix el caracter de su poderio, predice crueles lúgubres señales. Ya sabéis como en Hismenia, (que en mejor Imperio yace, donde sin mudar fortuna, son eternas las edades.) Tuve (con feliz consorcio, de aquel yugo inseparable, si no es de la muerte, que su poder rompe inviolable.) A Fénix (bello prodigio de hermosura) y porque halle el encomio más seguró, dOMEDIA RFAMOSA para encarecer sus partes: Fénix en todo, pues ella es sola, sin que haya nadie que en perfecciones la exceda, ni en discursos la aventaje. Tan hermosa es, que (oh desdichas, quitadme el aliento, u dadme fuerzas, para que el suspiro acento llegue a formarse!) Que su desgracia acredita su belleza incomparable; pues es tan infeliz, como de hermosa tiene señales. Nació, en fin, postumo fruto de Ismenia, y haciendo alarde de traerme un gozo, y tanto, que por aliviar mis males, madre se hizo de mi gusto, siendo hija de un cadáver. Apenas miró las luces de ese estrellado celaje, que va ilustrando luceros, los que antes fueron diamantes; cuando a un Astrologo sabio hice apurar (triste lance!) de su oróscopo las señas, en esos rasgos brillantes; que en cifras de luces dicen suceso, causa, y señales. de venébolos influjos, si de futuros pesares. Este examinando el Cielo, (si es que puede examinarse) digo, a diestras conjeturas de astronómicos compases. Fue de sus azules hojas recorriendo el vigilante, curso de la edad de Fénix; y hel llanto se hace rémora de cristal, que discurso lanabe dOMEDIA RFAMOSA detiene, porque en las penas de nuevo llegue a engolfarme, Qué Fénix (fuerte desdicha!) al querer hacer enlace de la voluntad, el yugo del maridal vasallaje moriria, al fiero impulso de un cruel acero brillante; que irritado por su esposo, en heridas penetrantes, sacaría por testigos de su impiedad los corales, que, en el mar de su hermosura se están liquidando en sangre. Y siendo forzoso (ay Cielos!) que tome estado, por darle sucesor a aqueste Imperio, de quien las antiguedades en el metal de los días gravan triunfos inmortales. Y viendo, si se ejecuta el peligro irrevocable, de su muerte, hoy gran Fenici pretendo que en los Altares de Minerva, el sacrificio llegue a su enojo a templarle en parte, el castigo que la amenaza: ea, imploradle la misericordia, sea la música más suave el llanto con los afectos de tan urgentes pesares. Pues si de la Infanta Fénix el tálamo no se hace, no habrá sucesor que rija de Fenicia el regio esmalte: Con tantos, vasallos nobles, y tantas fuertes Ciudades, que al tiempo mismo se opor en largas eternidades. Ea, pues, el ruego sea EL CIELO SIEMPRE ES PIADoSO: el que su rigor aplaque, pues las deidades se vencen a las lágrimas constantes. Muevaos su hermosura, muevaos ver estas canas, que yacen en un sepulcro de nieve, mientras llegan a el de jaspe. Muevaos ver su discreción; y sino, vasallos, basten a moveros estas quejas, EL CIELO SIEMPRE ES PIADoSO: que de nuevo ahora salen; o presas del corazón en movimientos cobardes, que lo que la voz no informa, dice el silencio elegante; y la admiración explica mejor los tristes pesares, que en un desdichado pecho sin ningún consuelo yacen. Si el llanto dolorido no bastaré, mirad el sentimiento por más enternecido; pues es un hay la voz, queja el aliento, para implorar benignas igualdades, de quien tiene de oficio las piedades. Minerva soberana, que Diosa de las ciencias te apellidas, vuelve a la queja humana; la piedad que te implora, no la impidas, pues es naturaleza en las Deidades ejercitar propicias las piedades. De los arcanos miserios. los mortales no averiguan las causas, de que confarios tal vez parezcan con lo que publican. Y así el repetido llanto suspended, y la agonía; pues equivoca respuesta su Deidad misteriosa os participa. S Y pues ya Minerva a el ruego con que la invocas (Fenicia te responde) oye esas voces, que ellas te lo dirán, sin que lo digan. Ay mísero de mí, en quien se advierte ejemplo desdichado; A2 pues Ay de mí! ya los anuncios COMEDIA FAMOSA pues lo que previene helado es irrevocable suerte, y no hay poder humano contra él fuerte! Ay de mí! ya los anuncios a evidencias eficaces y no hay poder humano contra él fuerte! los trocó el Cielo. En lamentos nos trujo la voz el aire. En tiernas confusas voces de acentos tristes fatales, respondió Minerva. Todo esto me parece hablar a el aire . Piedad, Cielos, Iza. . Leva. Si de la arena la margen llega a tocar mi fortuna, yo prometo en los Altares y no hay poder humano contra él fuerte! de Neptuno, en holocausto, hacer arder, sin que acabe (después de un gran sacrificio) mi corazón palpitante. Misericordia. Clemencia. Piedad, Dioses inmortales. Un bajel entre las hondas de ese de esmeralda frágil monstruo, viene combatiendo en sus fieras tempestades. Si puede un desdichado hallar en la clemencia algún sagrado, que es pulso de los mares en la guerra, en este Templo Cielo tocó tierra, que en esta hermosa playa fabricado, es de sus cultos material traslado. Mereciendo saber su fiel deseo adonde le arrojó (qué es lo que veo, aquí Aurístela! o riguroso, o impío ado, adverso por mío!) La variable, inconstante, infiel fortuna, si es que con él hay variable alguna, pues siempre permanente en la desdicha, nunca advirtió que señas trae la dicha. Dígalo yo, y mi suerte desdichada, que en la tierra no es, ni en agua, nada. Decid quien sois, o jovenes valientes, que del agua en las líquidas corrientes trujisteis, a mi infiel desasosiego, voces que el Cielo ha convertido en fuego, haciéndoos instrumento de todo sin rigor, y mi tormento, que siento, peno, y lloro con enojos. tanto, que sus voluntades, EL CIELO SIEMPRE Es PIADoSo. Si no fueran antojos de mi vista turbada, por salir de la mar bien marcada, dijera que es aquella tu Auristela. Por duplicar rigor a la cautela de mi dolor tirano. Si es que vendrá a ganarte por la mano. Cesa el labio, Tortuga, sé advertido, que si ella es, aún no me ha conocido. ̱. Si recatáis el decir quien sois, por estar en duda del paraje en que os halláis, sabed que estáis en la augusta Fenicia. Cielos, qué escucho! El valor a su nobleza ̱. Buena la hizo la fortuna con nosotros, pues nos trujo (después de una desventura) en casa de tu contrario. El callar quien soy procura mi prudencia. Yo Cresencio su Rey soy, Fénix (oh angustias!) mi hija es, esa belleza; que entregada está a las muchas lágrimas, con que acredita el ser grande su hermosura, que el llanto a las perfecciones tiernamente las ilustra. ̱. Con llanto está siempre mi amo, no saldrá en seco en su angustia, que es agua de calábobos el llanto de una hermosura. ̱. Esotra Dama, Auristela se nombra, Princesa suma de Tracia, que al riguroso embate de la fortuna. De los mares, derrotada llegó a mis Reinos, en cuyas atentas demostraciones con mi hija Fénix se junta, tanto, que sus voluntades, siendo dos, no son más que una, Y pues estáis informado de donde os halláis, y en suma sabéis quien somos, decidnos vuestro suceso, y fortunas. El valor a su nobleza heroicamente promulga; mas de qué sirven ideas, si el vaticinio las fustra? Albricias, alma, que el dueño de mi voluntad segura, con un acaso le encuentro. Los pensamientos me ofuscan. Pues que gusteis de saber quien somos, oíd las muchas desgracias con que nos prueba la infiel variable fortuna. En Sidonia nací, Corte del gran Flodorevo, a cuya prudencia, y valor, se rigen ̱. Con llanto está siempre mi amo, tantas militares puntas de aceros, que a el tiempo mismo eternidades vinculan. Inclinado a aquestas, siempre busqué la heroica blandura del clarín, siendo la caja a la valerosa lucha de mi espíritu, el concepto de más acorde dulzura. Ya con esto os he informado mi hidalguía, pues no hay duda, que COMEDIA que a los marciales alientos se purifica, y se ilvitra. Y basta el que sea Soldado (aunque no tenga otra alguna prerrogativa) a que todos crean mi nobleza augusta. Demás, que me sobra tanta, que hacer pudiera otras muchas noblezas (sin los blasones que en la militar resultan.) Con la que me resta, pues es Flodorevo (ofortuna, sé constante en el silencio, pues lo soy a tus injurias. Mi tío, hijo de su hermana, quedando desde la cuna debajo de su tutela. Crecí, y mirando la mucha inclinación que tenía a la guerra (en quien se ajusta de este espíritu añimoso la noble gallarda fuga.) De los puestos más honrosos me encarga, para que acuda a mirar por sus Estados, y a dejar con fama mucha, de mi corta edad, proezas que el mismo tiempo vincunla. Hasta que sabiendo (oh Cielos, qué poco la dicha dura!) que un General que mi tío tenía, con naves surtas, en ese de cristal monstruo, retrato infiel de la Luna, se hizo Pirata de cuantas los sidoneos mares surcan, sin rendir el vasallaje al Rey mi tío: este junta gran copia dé vasos, y a mi valor (suerte dura!) manda que contra el traidor FAMOSA se prevenga, él no reusa la demanda, y cuando iba confiado en la fortuna se trocó su movimiento de dichas en desventuras. Entro en la espumosa playa (que fue de la Venus cuna) con mi Armada; cuando (ay, Cielos levanta montes de espuma, riza su bruñida plata, arenas, y olas encumbra, torres de cristales forma, o volubles espeluncas de nieve, teatro horroroso de la inconstante fortuna. Tres días continuos del tiempo pasamos la adversa furia, sin hallar nuestro contrario, que también entre la dura tormenta, él, y sus naves padecieron desventura. De todas mis naves, si no es solamente esa, en quien luchan las hondas, con los comvates de sus rafagas sañudas, no hay memoria, si no son los fragmentos de sus muchas jarcías, que sobre las aguas son escarmiento en la adusta saña de su centro undoso, y su rigurosa furia. Con los embates crueles de sus soberbias cerúleas, llegamos a aquesta Playa, donde nuestra desventura se mejora, pues nos vemos a vuestras plantas augustas. Mi nombre es el de Alejandro (aunque no con su ventura) (el mío que es Auristeo, en el silencio se encubra, ha EL CIELO SIEMPRE ES PIAoSO. hasa que los Cielos quieran sustrar mis penas injustas.) Ese joven es criado, en quien la ley se asegura; pues siempre de mis desdichas pasó las fatales furias. Aqueste he sido, este soy, y aquesta es la historia en suma de mi desgraciada vida, y duplicadas angustias. Vuestra desgracia he admirado por lo infeliz, mas no extraña, pues en esa infiel campaña siempre el mal es reiterado: Pues de instable movimiento, es en curso presuroso, porque no salga dichoso ninguno, y de su elemento. Venid, y os repararéis en parte de la desgracia. Ahora entrará mi gracia, si vos, señor, la queréis. Cómo os llamáis? Yo, Tortuga. Pues, Tortuga, así a Palacio venid. Oh fortuna! a espacio, reprime tu voraz fuga. Habrá más adversa suerte que la mía, pues rendida a una amenazada vida, sufro leyes de la muerte! No sé pues qué impulso fue (desde que Alejandro vi) el que siento tan en mí, como ajena de mi fe. Vuelva lo acorde, y sonoro de la Música, a implorar a Minerva, y a aplacar su rigor con lo canoro. EL CIELO SIEMPRE ES PIAoSO. De Minerva en el Templo Fenicia consagra dichosa, Vos, Fénix, con Auristela os vendréis; vos, Alejandro, en mi Palacio hallaréis con más alivio reparo. Agradezcaos el silencio favores tan soberanos. Pues acabemos de sustos, de miedos, y sobresaltos. Oh quién pudiera a Auristeo . hablar, sin el embarazo (o siempre adversa fortuna!) de Fénix! Quién de Alejandro pudiera; mas de estos gustos sale a el estorbo el presagio. Oh quién de Fénix divina . mereciera el agasajo! Esto es hablar de misterio, como nos habló el acaso. Entre sus admiraciones, los gestos son los hue alabo. Necio amor! Fiero imposible! Qué medroso! Qué tirano! Qué ciego! Sigues tú impulso. Me das en la muerte agrado. Me conduces a las luces. Suspende, suspende el rayq. Y usted nohace exclamaciones? Yo ando por lo más bajo. Eso es decir buenamente, lo COMEDIA FAMOS lo que pública el adagio: En Palacio entrará usté, mas nunca entrará Palacio en él. Sus ceremonias las tengo como en la mano. Pues veamos como las usa. Todo, menos el veamos. De mi apacible tormento, solo fue causa un descuido, a quien hace la memoria incapaz de todo alivio. Ay de mí! qué bien lo acorde de aquese añimado hechizo de la música me alienta, pues dice con dulce estilo. , . De mi apacible tormento, solo fue causa un descuido, No cantéis más. Si postrado así a el accidente impío te rindes, la mejoría nunca en ti tendrá principio. De mi mal, Fabiano, es causa otro superior motivo, que nadie alcanza, si no es el que sufre su martirio. Pues descanse V. Alteza (si lo merezco) conmigo, que atento criado, siempre se procuraré el alivio. Es el dolor tan tirano, que del silencioso archivo de mi pecho, cerró alientos, Ya tu mal he conocido: porque no hubiese suspiros, Fuera el negarlo, que en organizadas voces pudieran (oh amor!) decirlo. COMEDIA FAMOS Deja, gran señor, que admiro mi lealtad mal tan impío; pues siendo tu excelso dueño de aquestos Tracios dominios a quien las plumas, y bronces publicarán por invictos en padrones, y en Anales, a los venideros siglos. Te dejas de una pasión, (o de algún leve capricho) sujetar. Ea, señor, desecha el mal atrevido, que los discursos te ofusca, y te ciega el albedrío. Si Aurístela hermana vuestra, (y de hermosura prodigio) al ir a efectuar sus bodas con Aurilleo, el invicto Infante de los Sidoneos, antiquísimos distritos. Por voluntad de los Cielos, en el centro cristalino halló máúseolo de nieve, undoso templo de vidrio. Ya la desgracia, no tiene remedio, y es desvarío procurar que el sentimiento de nuevo acuerde el martirio. Demás. Las voces reprime, no con la ley del alivio dupliques mi mal, ya veo que mi hermana a los continu movimientos de los mares pereció: ya he conocido la grandeza en que me veo; y sobre todo, el martirio que me aflige es superior. Ya tu mal he conocido: amor es. Fuera el negarlo, a EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. a tu lealtad gran delito. Pues ya que el amor confiesas, dime el objecto a quien fino te rindes. . Eso, Fabiano, es imposible el decirlo. Por qué? Porque aún yo lo ignoro. Pues ese será capricho, y no amor. . Eslo, y constante. Sin objecto conocido, no puede ser. . Pues escucha. Ya con la atención te firvo. Vino a Tracia un Mercader con joyas tan importantes, que el valor de sus diamantes el Sol pudo comprender solamente, y de su ser los sondos examinar encada piedra, y hallar el preció de su esplendor, porque a tanto resplandor, solo el Sol pudo tasar. Trujo entre ellas un retrato de tan divina hermosura, que en él gastó la pintura la ciencia de su fiel trato; allí fue el pincel tan grato, que hizo en rasgos, y primores, a su belleza en colores, que imperiosamente sella, pasar con luces de estrella por las fragancias de flores. Bellas persas salpicadas sus cuatro extremos adornan, que calladamente informan ser la Aurora, a quien postradas sirven, mas tan obligadas de ver que el Cielo mejora su obsequio con tal señora, que yo así las dije, al verlar? Fuerza es que hubiese perlas al retrato del Aurora. EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. De esta, pues, muda belleza, Pues ya que el amor confiesas, o inanimado traslado, celoy tan enamorado, que olvidando mi grandeza, me doy tanto a la tristeza, que no sé si muero, o vivo; porque de mi mal esquivo es tan fuerte la crueldad, que a un teniendo libertad, soy de mí mismo cautivo. Rendido de su hermosura, adoro el retrato, que la copia, mas yo no sé quien dueño de su pintura sea, para que (oh ventura!) la sirviese tan constante, que al persido, y al diamante pudiese apostar firmeza, que bien su grande belleza merece tan grande amante. Ignoro el original, y adoro el bello traslado, con que a pensamientos dade de mí me enajeno; y tal estoy, con tan dulce mal, después que el retrato vi, que me desconozco, y si procuro el divertimiento (tanto me ofusca el tormento) a un yo me olvidó de mí. Este es el bello portento. que idólatro, ve advertido, si tiene causa mi mal de tan discreto delirio. Con justa causa, señor, te rindes al peregrino asombro de su belleza. Es de perfección prodigio. Si yo, señor, te dijera Que COMEDIA quién es, qué hicieras conmigo? De mi Estado, y mi Corona, de mi vida, y mis sentidos fueras dueño. . Pues, señor, atiende. . Ya de mi oído los deseos se previenen a tu voz agradecidos. Ya sabes como en Fenicia estuve al feliz arvitrio de la paz con este Reino. Sí, Fabiano, ya he sabido, que por tu medio logradas se ven hoy. . Pues en el mismo tiempo que en Fenicia estuve, conocer pude el divino asombro de Fénix, que es la que en breve colorido en ese bronce delínea el pincel. . Deja, que el fino atento leal afecto te agradezca mi cariño. Y pues ya (oh hermoso asombro!) sé quien representa a el vivo de tus mudas perfecciones, tan duplicados prodigios; yo prometo (oh amor lo quiera!) el hacerte un sacrificio, con que de mi afecto pruebes quilates no comprendidos. Ven, Fabiano, que a Fenicia, aunque el Reino esclarecido de Tracia habandone, y pierda hereditarios dominios, he de ir incognito, a ver el bello rostro benignó, de Fénix, y disfrazado, mudar nombre, y apellido, solo porque vean mis ojos de Fénix el Sol divino. Y pues del supremo arte de la pintura, he sabido AMOSA la parte, que basta, haciendo algún retrato a lo vivo, me he de ayudar de ella, siendo (por no ser tan conocido) pintor de mi propio gusto, si alguno feliz ha sido en poseerle, como él le dibujó en sus sentidos. Gobernando estos Estados dejaré por interino de mi ausencia (oh feliz suerte!) a mi hermano Federico. Esto, Fabiano, ha de ser, no hay que disvadirme, amigo, que aunque hubiese de perder los Estados, y Dominios, la vida, y la libertad, que es el rigor más impío, que de la desdicha humana llegó a inventar el martirio; he de ir a Fenicia, adonde lograré el feliz alivio, de ver a Fénix, dejando a eterno ejemplo del siglo, de mi mucho amor señales, que en mi heroico pecho escr Aguarda, señor, espera; mas en vano reprimirlo procuro, de una pasión que se ha engendrado delirio. Oh amor, bien dicen que ciego eres, pues el precipicio deseas, y hollando riegos, así te guías tú mismo! Con que en fin llamado vien de Auristela? . A esta flor estancia me avisó que viniese. . De sus desdichas te querrá contar los pasos, y decirte que perdida El CiEzo se vio por ti en esos mares. Deja gracias, por tu vida, y hablemos en lo que importa: No hice bien, di, en la fingida ficción de mudarme el nombre? Si hiciste; pero me admira, que de eso te alabes, siendo una cosa tan antigua en ti el fingimiento, pues estando en tu tierra misma, y sin riesgo alguno, usabas tan continua la mentira, que a veces yo, con ser quien mas tus cosas entendía, por verdad indubitable aquel rato la tenía. Tus locuras no comprenden las májimas exquisitas de amor: Aurístela viene. Ella irá bien socorrida. Quién engaña más a quien (. Solo a la fortuna debo agradecer la propicia benignidad, que conmigo esta vez usó . En la mía sus duplicadas venturas, heroicamente acredita; pues del proceloso monstruo, y sus rafagas continuas, os pudisteis librar, cuando creímos vuestra desdicha en su intrépida voluble, infeliz confusa ruina. Pues ya que el Cielo dispuso el mejorar las desdichas en los dos; oye, Auristeo, el modo con que tu vida podrá, saliendo del riesgo en que sin medio se mira, efectuar de nuestras bodas los conciertos: que ya ha días entre nuestros padres hallan SIEMPRE ES PADOSO. obligaciones precisas. Mujer, mira lo que haces, pues combódale con vidas ahora, cuando casado con sus ideas se mira. Esforzar el fingimiento es preciso, y lo que diga aprobar, porque de Fénix no me embarace la vista. Mucho te agradezco (oh hermosa Auristela!) la benigna memoria, que de mi suerte procura aumentar las dichas: y porque veas que estimo mércedes tan repetidas, propón tu intento, que yo con el alma agradecida, le intentaré, aunque me cueste perder libertad, y vida. Quién engaña más a quien (. de los dos? . A esto precisa amor: Ya, bella Auristela, el cuidado te dedica el alma. . Pues a mis voces toda tu atención inclina: Del rigor de la fortuna pasé las fieras fatigas, en las procelosas hondas de aquesa playa enemiga, en cuya quietud tirana va disfrazando ruinas. Efectuaron nuestros padres nuestras bodas; y cuando iba mi amor en alas del viento al colmo de sus delicias, sucedió la infiel tormenta, que de tanto bien le priva. Solo estable en su soberbia, solo en sus rigores fija, sus portatiles báibenes trujieron a estas orillas mi nave, y en cuyo puerto tierr B2 COMEDIA FAMOSA tierra tomó (aunque enemiga.) Movido el Rey a piedad, que está en los Reyes es fija, me ampara, y socorre (oh Cielos, como del mal, y la dicha los extremos eslabonas, porque de ti nunca digan, que eres en el mal cruel, su causa haciendo propicia.) Informase el Rey quien soy, sabelo, y con Fénix su hija me manda, por más decoro, que como Princesa asista, hasta dar cuenta a mi hermano Segismundo a que aperciba distintas naves, y armada forme, que veloz oprima de la verdinegra espalda la soberbia cristalina, para que venga, y me lleye con mi esposo: (y pues la dicha previene que aquí te halles. a hacer mayor mi alegría) cuando Segismundo llegue surcando esas ondas rizas, te irás conmigo, supuesto, que con la historia fingida de ser Alejandro, no hay, ni habrá, señor, quien impida, (amor esfuerze mi intento) ni estorbe vuestra partida; pues vos les diréis que vais (como obligación precisa) acompañándome, y que de nuevo aquesto os precisa el ir yo casada con vuestro primo; y se les quita con esto de las sospechas que haber puede en su malicia. Con eso de mi fortuna mejoraré las fatigas, pues vine sola, y desecha COMEDIA FAMOSA de la procelosa ruina. de los mares, y gustosa vuelvo con el alegría de hallar a mi esposo donde iba a buscarle rendida. Cierto que para abogada, por lo que relata, es linda. . Ay de mí! ya duplicados mis tristes males se miran; mas de tan preciso empeño una traza discursiva me ha de librar: Cómo puedo (oh Aurístela peregrina) . contradecir lo que el alma desea con ansias vivas, que es cada minuto un siglo. Mejor tengas la comida. Mientras de la ejecución no llega nuestra partida. (Miente la voz, pues tirana, . cruel, traidora e impía, pronuncia lo que a un fingido al cariño atemoriza. Buscando Alejandro. Deseando Auristela. A los jardines he venido. . A estos confines he descendido, y hallando con el forastero (o, Cielos!) a Auristela. . Y es advertido, pues le encuentro divertido con la Infanta. Qué recelos serán estos que me aflí) A atenderlos. A escucharlos. . M EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. Qué tanto de mis desdichas . A examinarlos mis crueles ansias me eligen. Pues hasta la ejecución, Qué tanto de mis finezas lo que te pido es secreto. Qué será esto, en que Auristela tanto le encarga el silencio? Sellará mi voluntad las voces, y del deseo descubrirá los quilates mi siempre constante afecto. Ay de mí! yo misma quise apurar todo el veneno a el vaso: qué más rendido ha de decir (oh tormento!) que la adora? más sufrir tanto volcán ya no puedo. Mas la Princesa a el jardín viene. . Malo. Sus extremos amorosos, declarados están. Mas mi hija, (o Cielos!) a. está aquí. . Pero (odesdichas!) . mi padre. . Disimulemos: Buscándote, o Alejandro, venía. . Siempre mi afecto a ti se consagra. . Deja de discurrir pensamiento. Qué tales están los cuatro para un retablo de duelos, siendo figuras de tallas, sin tener talles de serlo. Qué tanto de esta pasión dulcísimo debaneo, pueda la aprensión, que haga locura el entendimiento! Qué el dominio de amor forme oscuridad los reflejos, y que quebrante las leyes que se deben a el respeto! EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. Qué tanto de mis desdichas . pueda el infeliz suceso, que de su volante curso no detenga el movimiento! Qué tanto de mis finezas pueda el culto verdadero, que amando una causa, sea su contrariedad efecto! Qué tanto de los embustes de mi amo pueda el enredo, pues en estás confusiones, ni comemos, ni bebemos. Venid, Alejandro, que de vuestro viaje quiero comunicar. No permita el ciego Dios tal suceso. Porque vuestro tío no culpe mi atención: qué mal me esfuerzola, Nunca, gran señor, el Rey turbado estoy, vive el Cielo!) . tendrá esa queja de vos. Zape, como aprieta el viejo. Venid, pues: qué mal reprimo el mucho enojó que llevo. Siempre de tu voluntad es imán mi rendimiento. Vendrá a parar esto en palos, sino lo remedia el Cielo. . Muy ameno está el jardín. Pues estando en él el bello prodigio de tu hermosura, no era fuerza estarlo? . Bueno: Aurístela, es eso burla, o lisonja? . Ni las quiero, ni las gasto, por mi vida. Que esto sufro! . a el forastero solamente las estimas. Ya sus celos dieron fuego; sin duda que nos oyó, más pongamos el remedio, ME DTA Co Bien demuestras, bella Fénix, de tu pasión. Fuego, fuego. La Fábrica del Palacio al claro brillante incendio se disminuye. . El temor anudó todo mi aliento. Aunque aventure la vida al voraz rigor severo de las llamas, a mi padre he de acudir. Que me quemo. A la confusión, a el susto, a el pasmo, a el asombro, a el miedo, los espíritus vitales yacen sin ningún aliento. Con la confusión tirana del abrasador incendio, llegar pude a estos jardines, sin poder ver el objecto divino de Féniximas una Dama, a lo que creo, aquí yace desmayada, socorrerla ya es empeño de mi brío, pues por Dama, y por ser yo Caballero, es preciso, sin que haya otra obligación. . Ay, Cielos! Ya podéis restituir el espíritu. Qué veo! . Quién es? más qué es lo que miro! Idea del pensamiento. i. Engaño de mis sentidos. A instantes crece el incendio. Que aguarde un puto a Eres son bra del deseo? (Plutón. Eres luz de mi memoria AMOSA, animando los reflejos? Eres Auristela? . Eres tu Segismundo? . Sí. Luego en el centro cristalino no hallaste infiel monumento? No, pero quién, dime, a ti en ese traje, y en Reino extranjero, traerte pudo? Amor. . Pues ahora advierto, que si es amor quien te trujo, que él disculpará tu yerro con sus finas invenciones. Tú le has de ayudar. El fuego a instantes dúplica llamas del edificio sediento. Ven, pues ya la confusión nos da lugar, y tu intento me informarás. . Con tu vida hallar confío el remedio, pues de una muerta esperanza hallo vivos los efectos. . Oh amor niño, y lo que arrastras! . Oh sabio Cupido! . Fuego. Templo te labrará el culto. . Mi causa ayuda. El incendio es implacable. . Piedad. Que me abraso. Fuego, fuego. Piedad, o amor severo, (feo. logre en la ejecución yo tal tro-
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Uste sea bien venido, El cinto ̱̱ oo. Por muy suya se consagra mi amistad: Callarle quiero, . que es Tracia mi noble patria, y que siguiendo he venido a Segismundo. . Hoy en casa se queda uste por criado del Pintor. . Es fuerza que haya un hombre buscar con que pasar esta vida. . Brava la pasará usté, moliendo colores, con tantas ansias, que del trabajo, y la fuerza, le salgan hasta la cara, Mejor es moler colores, que moler a busonadas. Esas suelen pintar bien con reflejos de oro, y plata, donde el pincel es el toma, y el lienzo es una gracia: mas Auristeo mi amo, viene a este sitio, y la Infanta Aurístela. . Pues aDiós. . Ponga a la margen. Pagada. La voracidad del fuego, y el impulso de sus llamas, somentó un descuido. Siempre nace de esa circunstancia. Yo creí, que de mis conchas la fortaleza cesaba, siendo Tortuga del fuego, como otras veces del aguna. Al Templo, pues, de Minerva pasó el Rey a darla gracias de hayer librado su vida del riesgo de la tirana inundación del incendio. Y Fénix (oh como el alma un nuevo alivio acreciento siempre que llega a nondiiar? no fue con el Rey? . Pare El cinto ̱̱ oo. (oh Auristeo) que te agrada mucho el Fénix, pues de Fénix quieres saber (oh qué rabia!) si fue con el Rey, o no: de cuyas fuertes palabras un fuego enciendes, en que, a imitación de su causa, yo muera en fuego de celos; y ella en celebre esperanza; de mi muerto amor, cenizas va juntando en que renazca. Cierto, que con tanto fuego parece Troya este Alcázar. Si de una palabra sola así, señora, te agravias, habré de sellar mi acento en el silencio. Esta cuadra es la que me han dicho que he de pintar: mas mi hermana con Auristeo está aquí, escucharé lo que hablan resguardado de esta puerta; pues con el Príncipe, nada ha descubierto Auristela de mi amorosa jornada; y así es preciso, que de él me encubra, hasta que clara la verdad, tantos enigmas descifre. . Ya es fuerza salgan de la reservada cárcel de mi pecho las tiranas vívoras, que con recelos me están arrancando el alma. Qué será esto? Colitos tenemos ya en la campaña. Bien se ha acordará, señor, vuestra Alteza. . Alta palibra! Sí, Auristela, no tus voces me descubran. . Deja! que haga UUM EDI A con una verdad. . Señora: (yo soy perdido, si alcanza . alguno a oírla.) . El informe, que me saque de. . Ya escampa. Un desprecio en que me veo. Aquí es preciso atajarla, y así ha de ser. El pintor colores saca a sus caras. Ay de mí! si acaso este hombre oyó a Auristela? Qué salga mi hermano ahora a fustrar mis quejas? . Pintiparada topó la ocasión, y vino a la luz de una desgracia. Esta pieza, según muestran colores, lienzos, y tablas, es, que hoy he de pintar. El Rey, Alejandro, os llama, que ahora del Sacro Templo llega. . Pues a sus plantas voy dispuesto. Si el pintor no llega, todo se aclara. A moler colores vengo, por fingir disimulada mas tu invención. Pues lo verde desaz, mas no mi esperanza. Qué quieras (oh Segismundo) desechar la soberana grandeza de tus dominios por Fénix? . No más, hermana, esa voz formes, supuesto, que a la fineza arriesgada de mi amor, a un es ponsible lo que imposible se halla, Y supuesto que ya estoy introducido en su casa, por la habilidad excelsa de la pintura, y lograda FAMOS A, miro la intención, con que salí de mi propia patria; pues pintando esté retrete estoy con historias varias de Dioses, y Héroes, no quieras fustre diligencias tantas con mi ausencia; que esta aunque me cueste la vida, y alma, no he de hacer, hasta cumplir mis dichosas esperanzas. Y porqué ahora no malicien alguna sospecha baja, tirar los pinceles quiero en aquesa lir, tabla, que a fuerza de la destreza, las figuras de si realza. Empiezo con mi ejercicio. Disimula. . Esa no es mala, cuando ves que a tus amores doy las colores que gastan. Mal un cuidado se alienta, mal una pena descansa: mas, Aurístela? . Señora? Alteza, como se halla de sus congojas? . Mis penas en nada consuelo hallan. Mire V Alteza, como el pincel sobre la tabla va demostrando la historia, que aún sin decir mucho, habla. Muda retórica es de la vista. A Por ella se hablan dos reciprocas finezas. Dígolo el mal de mis ansias. . Pintiparado este lance te viene sobre una tabla. No quisiera aquesta hisporia proseguir. . Pues por qué causa? Porque de un desdén tirano es toda su circunstancia: Ano- Apolo, y Dafne es, que viendo de las finezas postradas de su amorosa pasión en un laurel transformada, acredita su fiereza, con crueldad tan irritada, que a un lo verde de sus hojas, no quiere sea esperanza. Con ese laurel que pintas, siempre llevarás la palma. Tanto la esquivez sentís de Dafne, que ni a un pintarla queréis. . Las crueldades siempre para todos son tiranas. Distingo, que si el desdén, por mirarse soberana, le usó, en él acredita de su beldad la constancia. Cuando es igual el objecto, toca en desprecio del alma. Dale más luz a esos visos, verás que cuadro que sacas. Las empresas del honor, no atienden a circunstancias. Pero la atención modera el obiecto de su causa. . Eso sí, pinta a lo vivo, . pues colores no te faltan. Y a vos eso, qué os importa? A mí, gran señora, nada, mas que de la sinrazón el mucho rigor culparla. No pongas sombras, que harás oscura la parte clara. Aunque por frase, y rodeos, Y ella sabe vuestro amor? de simpáticas palabras, ya Segismundo ha culpado la crueldad, porque avisada esté del horror, que siempre igualmente a todos causa. Parece, según volvéis por Apolo, en la demanda amorosa, que en sus penas alguna parte os alcanza. Pluguiese a el Cielo, señora, que del rigor no probara la infiel agresora ley. Que, no sois de vuestra Dama pagado? . Es el sujeto tan alto. . Él se declara. Que ni aún la imaginación puede llegar a su estancia. Según eso, atrevimiento será, y no amor. Nunca iguala su dominio las personas. Dígalo mi amante causa. . Mira que de ese pincel la punta ya se adelgaza. Preciso es, ha Segismundo, atajar, porque no haga tan apriesa de su amor mérito. El Rey a esta cuadra viene a recorrer los lienzos, que el pintor; pero la llama en que salamandra vivo, caistro de mi esperanza, con Aurístela mirando está los lienzos, y tablas; y por quitar las sospechas de Aurístela, aquí al Rey trata mi prudencia aguardar, pues muy poco tardará, o nada. . Y ella sabe vuestro amor? Esa es toda mi desgracia, . pues porque le ignora, advierto con desdén su soberana belleza; pero no puedo mis afectos declararla, pues al formar los acentos, significativas causas, fallecen las tiernas voces COMEDIA a la duplicada llama de mi pecho, siendo Fénix, que en ella nace, y acaba. No colores tanto, deja en bosquejo, que lo acabas. A la cadente dulzura de la música suave, la cruel tristeza se acabe, que ultraja infiel tu hermosura. Mas quien en ecos veloces, de concertado instrumento, de dulzuras puebla el viento con tiernas canoras voces? Los músicos son, señora, que por divertirte pasan al jardín. . Bien se compasan pintura, y música. . Ahora se experimentan divididos. entre selectos despojos, sus colores a los ojos, sus voces a los oídos. A la música agradezco, que a Segismundo atajase. Que la ocasión malograse la música. . Ya te obendezco cruel amor, previniendo nuevo cuidado a mi pena, de cuyo mal se enajena mi bien de nuevo sintiendo. Haz que vuelvan a cantar, por aliviar mis congojas, entre aquesas verdes hojas, que el viento empieza a tocar. Si tanto el dolor te oprime, descansa, alienta, respira, que es consuelo al que suspira el aliento con que gime. Que tanto te declarases con Fénix, fin conocer de su soberbia hermosura lpresumido desdén. FAMOSA Esto es alzar de labor, que por hoy lo hicimos bien. A un a mi amor le parece poco lo que declaré de su amante pasión, cuando equivocamente fue. Si habrá el Rey venido; mas Aurístela (enigma in fiel) con el pintor tan hallada, él sin tiento, y fin pincel, tan con iguales razones se hablan: aquí hay más que apurar, y así atenderlos. quiero desde este cancel. u. Amor gusta de humildades, aunque es su imperio cruel. Pero no gusta que pierda la Majestad de su ser. A recorrer las pinturas vengo, en que diestro el pincel ha delineado; mas sino me es la vista infiel, la Infanta con el pintor tan en secreto: aquí es preciso poner el oído, para llegar a saber si hay en él que castigar, o en ella que reprender. Pues Segismundo, cautelas, para llegar a emprender a Fénix, en cuyos rayos quemar sin lucir te ves. Qué escucho! este es Segismundo. Yo, o hermana, las pondré tan eficaces, que vuelva zas su d EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. Qué oigo! Segismundo es este, el de Tracia (hado cruel!) Príncipe, que disfrazado, en pintor muda su ser, por Fénix este es engaño, en que la prudencia fiel ha de obrar más que el rigor. Pues a fingir. . A emprender la causa de tanto efecto. Que a quien yo llegué a deber lo que Aurístela, me burle . con un amante cruel, que incognito, los favores de Fénix a merecer llegue: mas aquestas dudas disvélvanse de una vez. , . Determinarme es mejor; y así el remedio ha de ser. Más Alejandro está aquí, . y así es fuerza suspender la ejecución de mi intento. Pero en este puesto el Rey está, y así es ya preciso . disimular, hasta que el tiempo más ocasión a mis justos celos dé. Válgame el Cielo! si acaso . Auristeo (a un no mover puedo la planta) escuchó nuestra plática. . Hado infiel, que así contra mi conspiras, . las iras de tu desdén, si acaso de mis disfraces habrá sabido algo el Rey. Toda inmóvil soy, estatua de alabastro vengo a ser. Disimular es preciso. Ya el callarlo fuerza es. Buscándoos venía, Alejandro, para daros cuenta de que ya a Sidonia!! EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. mi Embajador; y que el Rey me escribe en aquesta carta, agradeciéndome el hospedaje con que os tengo a vos, y a Auristela; y que previniendo queda Armadas, que por los dos venga. . Sí es, gran señor, nueva de gusto la que me dais, bien se ve que está cerca algún pesar, que me combata después, pues siempre dicen, señor, que es vispera del placer. Por el cuidado, señor, de mi condución, los pies, me dad (ay de mí, que mal , . Determinarme es mejor; alienta todo mi ser!) Estos, gran señor, los lienzos (amor, esforzemos bien el engaño) son, que yo he pintado. . Bien se ve en ellos vuestra destreza. Y aún también señor, en él. V. Majestad me honra: si acaso malicia fue? pero no, si nada saben, qué es lo que llego a temer? Yo sabré todo el engaño. . Todo el engaño sabré. Amor, el enigma aclara, en que confusos nos ves. Amor, pues soy tu pintor, yo te prometo él hacer, sin la color de los celos, como me des por pincel una flecha tuya, un bello retrato de Fénix, que no pareciéndola mal, a ti te parezca bien. Soy yo tu entretenimiento, que quieres tan a mío COMEDIA reirte. . Yo gusto mucho de la chanza en las personas, y más de tu lindo gusto. Yo no, que es tremenda cosa el hablar siempre de burlas, y más con quien no se gozan los jajes de su ejercicio. Con interés se malogra su valor. . Antes se gana: mas dejando esta chacota, y hablando un rato de verás: has visto, di la persona de mi amo, porque quiero avisarle de una cosa. que importa mucho, y por eso he llegado hasta esta hermosa. galería. . Desde a noche no le he visto: mas ahora viene el Rey con Antenor: retírate no te oigan, o te vean. . Abuscarle voy, pues. . Adiós por ahora. . Quién es? . No es nadie, señor. No estoy (ay de mí!) ahora Tortuga para tus gracias, retírate. . Fuerte cosa, e ya obedezco; pero desde este cancel, o tramoya a pie quedo de la sala he de oír toda la historia de estos dos viejos, por ver si hay algo que de su boca pueda yo echar en la mía en depósito de un hora Ya vuestra Alteza, señor, puede a mi lealtad heroica mandar con cierto seguro, de que la tendrá tan pronta, que oírlo, y ejecutarlo FAMOSA todo ha de ser yna cosa. Pues para informar mis penas, a tu noticia, es forzosa obligación empezar desde el principio de todas. Fuerza es Antenor que tenga sucesor esta Corona, de quien el tiempo, y la fama, en dilatadas memorias. Este hazañas solemniza, y aquella las da a su trompa, para que a noticia vengan de los siglos en la historia, brillante espejo del alma, cuyas luces misteriosas de las pasadas edades. nos reflega la memoria; y viendo que el cielo (oh como los pesares me divorcian las voces, porque este alivio consuelo ninguno ponga.) Nos le niega, y que de Fénix es tan imposible cosa que le haya, como que ponga a riesgo su persona, dándole esposo, sabiendo (que en esas brillantes hojas, donde iluminando giros aquesa dorada Antorcha va recorriendo los Signos, va registrando las Zonas,) está escrita su desgracia, solo por ser tan hermosa. He discurrido un remedio para tan grande congoja, el más eficaz, el más acertado, y de más gloria que en ingenio discursivo llegó a ofrecer, la forzosa necesidad, que está a veces es la que más sutil forma, de adelgazadas ideas, EL CIELO SIEMPRE las máquinas ingeniosas. Es, pues, que a Minerba Sacra, en él mes que se le apropia y dirige, que es Septiembre, por ser cuando el tiempo goza de quieta serenidad, simbolizado al que goza la quietud de los estudios, la tranquilidad dichosa de la amigable fatiga del nuevó ser deleitosa. Por eso a Minerba Sacra dedicado se mejora, pues como Minerba es, la bella erudita Diosa de las ciencias, es Septiembre; en el que las ceremonias de inmolación, y holocausto se le dédica, y se postra: Y así he dispuesto que todos mis Vasallos, y Matronas en dulces ignos festivos, y en regocijadas tropas, la gran Deidad de Minerva a la piedad (que es muy propia en su Deidad) hagan que la sentencia rigurosa de la muerte (ay de mí triste!) de Fénix mi hija hermosa revoque, pues por castigo basta el susto, y la cozobra que hemos tenido, ademas, que de su misericordia espero que al dulce acento de instrumentos, y canoras voces, el cruel decreto trasfieras, que si se logra, yo prometo en sus Altares el sacrificar la bronca máquina de esas Montañas; Ya de la agreste Corona del Leon: ya de las manchas E Pr. de la Tigre vengadora: ya de los lunados Brutos, que de la pasión celosa en su armada testa miran con la infamia la deshonra: Ya la Fiera colmilluda, que fue aleve, y agresora de la desgracia de Adonis, infeliz triste memoria. No quedará, en fin, ninguna en su máquina redonda, que en concabas espeluncas cuenas de esmeralda gozan, que no sean del cuchillo, y la llama abrasadora despojo en púrpura sangre, humó en niebla vaporosa. El apreciado perfume, de quien hasta hoy se ignora, si le pare la ballena, o si las peñas le brotan: vendrá a ser de sus Altares en debidas ceremonias, cándida olorosa nube, que en piedades Religiosas el Sacro Cielo del Templo, siempre ahume en si olorosa; y para que de las dichas sea la verdad más propia, en viendo que de Minerba el Oráculo responda, que del malébolo influjo borró la ira rigurosa haré (o el cielo lo quiera) el efectuar las bodas de Fénix con Segismundo; Infante de las heroicas Provincias de Tracia, que disfrazada su persona, por Fénix, y su belleza el Arte de la ingeniosa pineraererce detando. COMEDIA las grandezas, y las glorias de sus Estados, pues tanto gano en aquestas dos Coronas, se unan para terror de Tesalia, y Macedonia. Estos mis intentos son, y estas, Antenor, las cosas que he de efectuar, si el Cielo tan justa piedad me otorga. No en balde todo esto he oído, para que como una onza vaya a buscar a mi amo, y a decirle aquestas cosas, . y que el viejo marrullero le quiere quitar la novia. Es tan justo, gran señor, que la deidad misteriosa de Minerva, el culto aplaque en sus iras rigurosas, que yo el primero seré que en sus aras Religiosas sacrifique; y en lo de él Príncipe, que ahora goza (aunque en disfraz) de la vista de la Infanta mi señora, es también tan diestro medio, que fuera acción rigurosa contradecirle; y así, desde hoy a mi cuenta corran, las prevenciones de todo. De tus lealtades honrosas bien asegurada tengo la Religión, y Corona. Propicia su gran deidad, hará la causa piadosa. Así lo espero, aunque ha untriste a un los Cielos le revocan los gustos. . No, gran señor, Majestad la sombra del futuro pesar siga, y más teniendo en la Diosa tan segura la clemencia. OSA FA Es en el infeliz propia la desconfianza, como experimentada cosa, y tan ajena (esto es cierto) la confianza, que borra solo discurriendo en esta el gusto que trae la otra. Y ahora porque el festivo mes de Septiembre (se pongan las Religiosas felices, acciones ceremoniosas) pues projimo llega, vamos. Eso por mi cuenta corra. Piedad, o divinos Cielos! muevaos ver esta Corona sin sucesión, muevaos estas paternales ansias propias, para que los hombres digan en tiernas voces canoras: El Cielo siempre es piadoso, en él la clemencia es propia. . También lo acorde, y sonoro de la música, te cansa? Mi pena en nada descansa, si no es con lo que lloro. De su rigor la extrañeza culpa más tu sentimiento, pues la haces con crudo intento émulo de tu belleza. Mas Tortuga, a lo que entiendo, entra en el jardín. . Di que yo le llamo. . Digo, ce, Tortuga. . Ya voy viniendo a ver lo que Vl Alteza me manda, si de algo yo puedo servir, aunque no sirvo más que con simpleza. Una cosa preguntaros quisiera; pero mirad que habéis de decir verdad. EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. De mi podéis informaros, pues en humildes efectos tan pronto estoy a serviros, que solo sabré deciros cuantos ajenos secretos supiere. . Oh Tortuga, el fuero guarda bien, examinado de diestro, y bueno criado, solamente en ser parlero. Pues este diamante premio de lo que dijeréis sea: A la luz de sus reflejos veréis de mi cuanto sepa. Un edificio de embustes fundará sobre esa piedra. Alejandro vuestro dueño, decidme, ama Auristela? Sobre eso hay mucho. Qué hay, que yo saberlo no pueda? Con que en fin lo he de decir? Mayor premio te acrecienta: mi palabra. . Con que yo lo he de desbuchar? . Es fuerza. Pues si ha de ser, atención, sabréis toda la quimera, que como secreto, estaba mordiéndome la conciencia. Mi amo es hijo, no sobrino, del Rey Flodorevo. . Espera, que si empiezas por un gusto, senecerás en las penas. Pues si tenemos paradas, noticia hay para seis leguas. Lláma se Auristeo, y no Alejandro. . Hablas de veras, o burlas, como tu humor Mas impías, y más fieras, tiene de naturaleza? Cuando yo mintiese, digo, me mande ahorcar V. Alteza: Cuando del susto llegamos portar erra, EL CIELO SIEMPRE ES PIADOSO. derrotados de los mares, en sus rafagas violentas, iba el Príncipe mi amo a casar con Auristela Princesa de Tracia, que también de la infiel tormenta fuero padeció el voraz estrago, yendo de Tracia diez leguas a recibir a su esposo, en cuyo tiempó, la adversa fuerza de los mares, hizo en los dos con una misma fortuna hallarse perdidos, donde se hallaron más cerca. Hija. Ya todo el secreto habré de callar por fuerca. Qué, gran señor, vuestro gusto dispone de mi obediencia? Haz, pues, que nos dejen solos. Qué pataratas son estas. . . Embustes tuyos, parlero. . lo he de desbuchar? . Es fuerza. Despejad: qué será esta prevención? si algo ha sabido . del suceso de Auristela, y del fingido Alejandro? Sabrás, Fénix, las cautelas más engañosas, más falsas. s . El Rey, y la hermosa esfera, . en que anima el pensamiento, están aquí mi prudencia entre estas murtas aguarde. Mas impías, y más fieras, más fementidas, y atroces, más crueles, y soberbias. La Infanta, y el Rey su padre hablando están estas yedras me encubran, por si algo puedo . arque hay, mis o COMEDIA Mas indignas, y engañosas que forjar pudo la idea; esto no es más que con Fénix. . hacer las causas más feas del engaño del Infante, hasta que la Diosa quiera, aplacando el justo enojo de las lucientes estrellas, que yo la case con él, y todo aquesto fenezca. Qué es, señor, lo que os suspende con tan encontradas señas? El bello adorado objecto que de mi ser me enajena está con el Rey hablando, no sé que el alma recela; y así escuchar es preciso entre estas tejidas hierbas. Sin duda el Rey lo ha sabido, . y así bien puede mi lengua decirle que no lo ignoro. Señor lo que V. Alteza me va a informar, ya lo sé, con tan claras evidencias, como hijas de la verdad; y porque veáis si ciertas son, oídias. . Solo Fénix por mirar si se conciertan las noticias que tú tienes con las que yo tengo, empieza a referirlas. . Oh Fénix qué de cuidados me cuestas! Oh Auristeo, que de sustos, por solo tu amor me cercan! Hoy casualmente, señor, llegué a saber lacautela de Auristeo, que fingido, (mal un engaño se alienta!) su nombre en el de Alejandro, en tu Palacio se alberga, también fingido sobrino Flodorevo, que reina FAMO SA en los Sidoneos distritos: Este pasando a la excelsa Tracia, efectua conciertos con la Princesa Auristela, que saliendo por los mares a recibitie encrespan la rizas bruñidas olas, en tanta fatal tormenta, que de su tride na afrigio, y su inconstante violencia pudiera llegar, adonde hallaron piedad, y clemencia. Qué oigo cielos, a cruela Auristeo, como a fuerza de una traición abandonas mis finas amantes penas, descubriéndote con Fénix. Qué escucho! a infiel Auristela, como por vengar tus celos (de presunciones soberbias) con Fénix me has descubierto. A ingrato! A cruel! a fiera! Tan abrorto, y suspendido he quedado Fénix bella, que casi formar las voces no puede mi ruda lengua. Solo na noticia (ay cielos!) llegué a informarte, y mis penas otra, con la misma causa me dúplica, porque sienta, no habiéndole a la seganda medio para la primera. Ya descubierto Auristeo se mira de sus cautelas, por eso yo es imposible lo llegue a estar: esto es fuerza, ves no sabiéndolo nadie, sino mi herana Auristela, y yo, es caso negado, que el Rey, ni nadie lo Conque, señor, la no que me informaya tu Alteza no es esta misma. No Fénix; pero casi es una misma. ̱. Con que V. Alteza nada (ay cielos!) de estas cautelas sabia? No, y sí. Pues cómo? No, porque en esa materia de Auristeo, nada es cierto sabia, sí, de la deshecha con que Segismundo (qué es el que disfrazado muestra de la excelente pintura la habilidad siempre excelsa!) Vive en mi Palacio (ay cielos!) su dignidad encubierta, obrando más cauteloso, por adorar tu belleza. A este fin desde sus Reinos. a esta heroica Corte llega, fiado en la intercesión de la Princesa Auristela su hermana: aquesto informarte ha querido mi prudencia, para que avisada estés, por si sus necias finezas tal vez rompan el decoro que se debe a tu presencia: que yo el remedio prometo a todas estas cautelas, con la prudencia, que es la que se debe de fuerza, por no vencer con las armas a personas de su esfera. Esto es lo que yo decirte quería; y pues me cercan de dos Príncipes incognitos las finas estrafagemas de amor, el cielo me ayude a vengarme con clemencia. Es sueño (ay de mí! yo verdad El ereto sizr Es Tiposo lo que he oído; pero es necia mi duda, que siempre el mal es cierto, en el que atropella la inconstante infiel fortuna. . El disimular es fuerza, señora, bien de las flores, y las fuentes lisonjeras colegia yo que aquí estabas. Pues en que hermosa Auristela. De las fragancias de unas, y de otras en las perlas. Que no quiera el cielo darme lugar de hablar esta fiera por deshaogar mi pasión! Porque no me desvanezcan tus favores (a tirana!) me voy del jardín. Tu Alteza la edad de su nombre viva. Dios te guarde (a falsa!) Fiera, tirana, engañosa, aleve: mujer en fin. Esa es buena: aleve, falso, cru él, y hombre de tan bajas prendas, que por adorar (ay cielos!) la presumida belleza de Fénix, mi mucho amor tiranamente desprecia, descubriéndose quien es, porque nunca lugar tenga nuestra partida, y hacer desaire de la fineza. Eso es disculparte tú, de lo que hiciste; y es fea accien POMEDIA FAMOSA acción de un honrado pecho, como el que su sangre alienta, por vengarte de unos celos la resolución tremenda de descubrirme. No culpes (cruel tirano) tu inociencia, cuando tú, mas que me canso, si todo (ay de mí) se encierra, en decir que eres ingrato, Tu falsa. Tu aleve. Tu traidora. Quién causa estas voces? Quién con mi hermana tan atrevido. Que sea tan contraria mi fortuna! Viviente estatua de piedra soy! Ea, pues, decid: quien la ocasión descompuesta dio de vuestro sobresalto. Sobre una porfía necia de Auristeo de Alejandro, . Digo señora. La lengua, regida del corazón cuando una mentira alienta, movida del noble impulso en las verdades tropieza; ya Aurístela los engaños bastán. Quien a V. Alteza le hubiere dicho que yo. Bueno está. Qué linda gresca he metido entre los cuatro para verla desde afuera. Pues ya señora que claras EIIII POMEDIA FAMOSA las verdades a evidencias las trocó el cielo, no es justo que lo padezca Auristela: yo solo soy el culpado, si es culpa amar la belleza, en un retrato señora, breve lámina pequeño, que de vuestra deidad es abreviada corta esfera, donde lucientes diamantes, o iguales, y hermosas perlas son adorno a su hermosura, y son de su cielo estrellas, os vi pintada, no es mucho que os adorase, y quisiera. No más; y pues no me toca responder, hacer es fuerza ausencia: el cielo os guarde. El conserve tu belleza. Vamos a llorar desdichas, y vamos a sentir penas. Fortuna, pues declaraste la acreditada fineza de mi amor, sé favorable conmigo, lo adverso deja. . Bueno estoy yo, pues me miro tan convatido de penas, tan cercado de desdichas, tan ofuscado de quejas, que solo el remedio espero en el cielo, y su clemencia. Señores, tengan cuidado con lo que entablado queda, que es estar ya declarados los Príncipes, y Auristela; mi amo a Fénix adorando, Segismundo con la misma intercadencia de amor, que es un fuego que los hiela, sin dejarlos tibios nada, descubierto en su cautela, EL CIELO SIEMPRE con muchos celos su hermana de Auristeo, que desprecia por Fénix a sus favores.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA EL CIELO SIEMPRE E Pi. Y yo todo esto desde afuera lo estoy mirando, sin que me importe, me vaya, o venga. JORNADA TERCERA Que eso pasó? Aquesto que te digo. Mal de mi estrella el curso adverso sigo. Y si de amor no medias la batalla, el Rey con Segismundo hará casalla. Antes ese brillante turquibelo sus ejes desplomando caiga al suelo: antes del mundo ese bullicio enorme en caos inteligible se trasforme: antes del Sol los rayos luminosos nieblas exalen humos vaporosos? antes las Aves hallen en el viento en concabo sepulcro monumento: antes las Fieras de erizadas greñas mi vida acaben entre agrestes peñas: antes del aire el vulgo de las plumas al centro caiga de hondas, y de espumas: antes de la escamada muda guerra su natural sepulcro sea la tierra: Antes, en fin, que logre esos intentos, giman, y bramen pues los Elementos. Esas son invasiones que el amor te provoca, y las razones: mide señor al diestro beneficio, y hablemos con discurso, y no sin juicio. Qué pretendes hacer ya descubierto en Fenicia? . Qué, ver más de cierto mi estrella rigurosa, mirando a Fénix de otro dueño esposa. Y no es tirano intento querer que sea la vista más tormento. Por eso yo le solícito fuerte, porque el último sea con mi muerte. COMEDIA FAMOSIA Mas qué sortija es esa, que en tu dedo hace villano engarce al valor soberano de su piedra. Tiene virtud, señor, de contra el miedo este anillo; y así por mucha medra le traigo. Bien esparce: n los rayos que su luz ha comprendido, siendo del Sol, pedazo desasido. Quién pudo ese lucero soberano colocar en la noche de tu mano. La Luna enamorada de mi cara alunada, que también, o señor tiene la Luna piedras que dar a pobres de fortuna. No burles así Tortuga de mis penas: quien te dido ese luciente diamante, sentís el fuego veloz. Fue. Dime quien. v Yo sujeta a tanto accidente, piedras que dar a pobres de fortuna. rendida a tanta pasión, solo haciendo la esperanza martirio la dilación. El acaso, y la verdad aquesta vez se encontró, Mas quién es? quién está aquí? Bellísima Fénix, yo, es que de Tortuga la dicha quedó, envidiando desde hoy. Pues vos, tenéis que envidiar. Sí, gran señora, pues soy Fénix, que en aquel diamante voy somentando el ardor, para que a sus luces, viva, y muera a su resplandor. Pues bien; y que circustancia es la de aquel breve sol de mis penas: quien te dido ese luciente diamante, sentís el fuego veloz. que tanto de sus incendios El haber, señora, estado en vuestra mano: quién vio v que los rayos en la nieve dejen de sen lo que son. Y él haber vos misma dicho, al irle a preguntar yo, piedras que dar a pobres de fortuna. quien el luciente diamante le había dado, fuisteis vos quien de mi ignorante duda me sacasteis, con un yo tan serío en la Majestad, como hermoso en el rigor. El que yo se le di, es cierto; pero que fuese mi voz la que lo digiese, es mas que verdad, aprensión. es A dios sortija, a Dios piedra, de aquesta vez afufó, que siempre están con el pobre mal las piedras de valor. Temo tanto el enojaros, voy somentando el ardor, EL CIELO SIEMPRE ES PIAPOSO. que por no tocar la acción de inreverente, os suplico me deis licencia (ay amor) para que aquella sortija. Miren si lo dije yo, pues sabiendo ahora mi amo que pasó por el crisol de la mano de su Fénix, no tendrá ya remisión que me la deje, con que lo que gané por la voz de rebelar un secreto, he venido a perder hoy de mano, solo por ser en la baraja de amor, mala para mí la pinta, buena para mi señor. No sé (ay de mí!) si me atreva, porque me ataja el temor, mas el respeto atropella, lo que en mi es obligación. A qué rescate, señora, aquese diamante, o sol, que es vil empresa la deje mi fina hidalga atención, en manos de quien estima la piedra por su valor, y no por él que ha tenido, de ser rayo de tu sol. Habiendo sido esa alhaja la que liberal le dio mi mano, no es justo (ay cielos cuanto esfuerzo mi pasión) que nadie violentamente quitársela quiera; y no es darle yo nada, si llegáis a tomarla vos, pues lo que premio fue en él, en vos será disfavor. Oh piedra bien engarzada! o sortija, o eslabón, en que se agarra mi buena EL CIELO SIEMPRE ES PIAPOSO. fortunaza desde hoy. Pues que no me permitís que el diamante (oh ciego Dios!) adquiera, dadle a mis ansias de lástima algún favor. Dadle, pues otro, estaremos con igualdad todos dos, y no tendrá que envidiarme. De vuestra desatención, castigo sea el ausencia. Aguardad, mirad que yo sabré con el alma. Qué es lo que sabréis, señor con el alma? No sé (ay de mí!) si me atreva, Es una cierta duda en que estamos. Error es grande, bella Auristela querer saber lo que no importa nada. Es que tengo unos recelos, y soy tan amiga de saber todo lo que os toca a vos, solo para remediarlo. Que tales están los dos hablando en fálsete, donde el contrapunto, y la voz viene a ser el contrabajo de esta amorosa canción. Dejad tan injustos celos, pues veis que no hay ocasión para tenerlos. Pluguiera aquese azul resplandor, que todas cuantas sospechas oprimen mi corazón fuesen falsas, que con eso se aliviara mi dolor; pero ay Aurístelo, mal COMEDIA FAMOSA disimulas tu pasión para disvadir mis celos. Que has visto en mí que el furor te ocasiona despechado tan infiel resolución. Un desprecio, un desagrado, un no mirar con favor, y una vil desconfianza, con inconsideración de las finezas que debes a mi cariño, y amor: Mas de estos fieros agravios sabré yo vengarme: yo sabré castigar tan tibia ingrata demostración. De tu amenaza el oído se ofende, que la pasión puede vengarse callando, pero diciéndolo, no, que lo uno es osadía, y lo otro poco valor. Eso sí, triunfa de espada que si tú lo haces, yo te prometo, llevarás la polla sin remisión. Y porque veas que poco tu amenaza, o tu rigor siento, desde hoy me verás; mas esto la misma acción lo ha de decir, sin que diga yo a una dama un disfavor. Fuese como un viento. Aguarda, espera Auristeo, no malogres mis finas ansias. A quien tu acento veloz llama así tan irritado? A Auristeo era (ay dolor!) . Bien como en el triste fulminas iras de tu indignación. Con demasiado anhelo COMEDIA FAMOSA le llamabas. Siempre son las voces de dos amantes desconcertado reloj, que aunque el curso de las hora Un desprecio, un desagrado, llegue a perder, eso no le usupa la fiel cadencia. de su armoniosa voz. No le usurpa, pero estraga su mucha continuación los oídos de quien llega a saber de su rumor, que de las horas que muestra, no da más que confusión. Bueno es que a celarme vengas ahora tú, cuando el rigor de mi adverso hado fulmina con cruel desesperación mi muerte; y saber te baste Segismundo en mi dolor, que a Auristeo como a dueño de mi fina inclinación, puedo hablar como quisiere, sin que celos pueda, no pedirme ninguno; y de esto quedad advertido, adiós. Escucha, señora, mira, que fue efecto de un error el mío. Quién es, Infante, a quien con tan fina voz llamáis: que es con Fénix quiero . disimular, aunque hoy me declararé con él, en parte de mi pasión. Con Aurístela mi hermana hablando estaba, señor, cuando aquí llegasteis. Bien disimula su pasión, diciendo que con su he hablaba, cuand EL CIELO SIEMPRE ES PoSO. en ternezas de sus ansias la retórica de amor. Si de algo a tu Majestad puede ser, mi intercesión pidiendo para mí mismo, pues llego hallar la ocasión de toparos solo, oíd lo que un fino amable ardor introduce de centellas a mi ardiente corazón. Yo vi en breve colorido a la beldad superior de Fénix. Bueno está, basta. Pues sin oír la razón me atajáis. Sí, porque es inútil que vuestra voz me refiera aquello mismo que estoy sabiéndolo yo. Alo cual Príncipe os digo, que es imposible en mi hoy el responderos, sin que primero ese resplandor (de cuyos brillantes ojos niñas las estrellas son) me responda a mí, de aquesa pregunta que me hacéis vos. A no saber que mi sangre (en tanto ilustre blasón) la mereciera por dueño de su fiel noble esplendor, no os hablara en ello: Y sí os ha dicho algún traidor antes que mi amor el suyo, sabré castigarle vo. Mirad, atended, venid. A quién V. Majestad llama? Fue su mocedad la que respondió, oíd Antenor. EL CIELO SIEMPRE ES PoSO. Ay de mí, como el amor, por ser travieso, y ser ciego hace de mis ansias juego, y burla de mi dolor. Habla paso, que allí el Rey está con Antenor. Hija, para que el rigor corrija el cielo, y la dura ley de tu presagio, en acciones de invocación, he dispuesto para el sacro heroico puesto del Templo, que en oblaciones mis vasallos, y en cadencias a Minerba soberana aplaquen, haciendo humana esta vez a su clemencia. V. Majestad, señor, con la Religión conviene, cuando remedios humanos faltan que haya los celestes, es muy preciso: además, que la piedad no es urgente en ellos, cuando a milagros continuados nos mantienen. Para hoy queda dispuesto todo el rito. Solo quiere pediros una merced mi inclinación. Pues tu Fénix has menester el pedirme, haz tú lo que tú quisieres. Es, señor, que pues el Templo yace entre la falda verde de aquese empinado monte, que es obelisco silvestre, con cuya cima, borrar luceros, y estrellas quiere, me deis licencia que vaya con mis Damas, y mujeres, como por divertimiento, COMEDIA o retrato de la fuerte guerra, que es noble ejercicio del espíritu valiente, a caza de sus boraces horrendas fieras silbestres, cuyos colmillos, y garras, cuyas greñas, y copetes, terror son de las montañas, a quien dan de miedo albergue. Con los más diestros Monteros, y más osados lebreles, si doy. Haz tu Antenor, que de aquesas Aldeas gentes se junte: pues mi hija gusta de cazar fieras silvestres. A esta inclinación: osada este espíritu valiente está con cíbil batalla amor, dando guerra ardiente. Pues a prevenir venablos; y que Monteros se apresten con vocinas, y traillas de sabuesos, que hoy previene mi amor, y valor a mi hija acompañar en la fuerte similitud de la guerra. Esta caza solamente es una fatiga en que se alegran por lo que muele. Vamos, pues, y los caballos eligiréis. Solamente de vuestra voluntad todo mi gusto, y sentido pende. A cazar fieras se van, habiendo hermosas silvestres, que sin buscarlas, en montes a cada paso se ofrecen, Tanta prevención como es menester para molerse FAMOSA entre valles, y entre riscos, jarales, y peñas fuertes. Y tu Tortuga has de ir a cazar fieras? No quiere el Dios Baco, amiga mía, que yo con aquesta gente me ponga nunca; y más cuando mi valor a ti te tiene cazada ya aún (que no hermana mía) eres liebre. Él es tímido gazapo, y cobarde tan vilmente, que aún de mi hermosura no llega a merecer desdenes: vaya el pícaro. Usted vaya, que yo vengo. El nunca vuelve, llevado de aquel licor que Baco esprime, y él bebe. En qué quedamos? En qué me traiga animales fuertes, despojos de su valor a mi hermosura. Si quiere usted mi persona, tome, que es animal de tal suerte, que no muerde, si no es cuando mormura de las mujeres. Pues ruin, que mayor honra, que más valor, y más suerte que servirlas, y adorarlas, y hablar de ellas cortesmente; pero los pícaros nunca observan aquestas ley es. n , ver parado lo que corren. 1. Ataste ya los sabuesos? Tó, tó, ventores. Hasta que del alazan 2. Ya lo están en aquel roble. 1. Ya poco el Rey, y su hija tardarán. V 3. Ya de los coches se apean. 1. Pues vamos. tir Quita, necio. Aparta, loco. 1. Al risco. Al collado. Al monte. Por más, o enojado bruto, 2. Tú Indócil vienes? y Allí la Princesa Fénix ̱. Pues no soy conforme animal, para venir a ver tantos Cazadores, como brutalmente hacen gala de lo que se rompen. 2. Al prado. . Al risco. 4. A la falda. lsoto, al valle, y al monte. ̱. Ve aquí ustedes lo que es la caza, no más que voces, y confusión, con peligros inremediables. 1. Al monte. Ta, to, Hasta que de las crueles fieras el veloz desorden de armas, y de Monteros, procuran sacar del moe, vengo aqueste verde sitio. Al llano. Tó, tó, ventores. Hasta que del alazan me traigan el brío dócil, no he de empezar la fatiga de las fieras. Si se acogen ustedes aqueste sitio, por estar de los veloces Jabalies, y Venados en seguro, no alboroten estas ramas, porque en ellas un lobo, feroz se esconde. Quita, necio. Aparta, loco. 1. Al risco. Al collado. Al monte. Por más, o enojado bruto, que de mi venablo rompes la fina acerada punta, probarás tu muerte. Indócil irritado bruto, que igual con los vientos corres, sabré yo de tu carpera tener los pasos veloces. Allí la Princesa Fénix con un fiero espín disforme, está en gran peligro, E COMEDIA FAMOSA Cielos, quien a mi vida socorre. Qué aguardo, valor heroico, que sus dos hermosos soles no libro, de que los haje tan triste lóbrega noche. . El que a mi hija librare, haré yo que se corone. con mi laurel, y del Reino empuñará el cetro noble. Ve aquí ustedes de que sirve el cazar fieras feroces, de procurar el peligro, y solicitar un golpé. Pero mi Filisto, ahora se cumplió el refran conforme, que dice que cada oveja con su pareja. Al bosque. Precipitado hipogrifo, que veloz los aires rompes, reprime el curso, no acabes en despeños tus rigores. Al llano. Melampo, tó, tó. Suelta la trailla. Al roble. Que el caballo de Auristeo se despeña. Aguarda indócil brutó, que rompiendo leyes del freno, por altos montes te desbocas; mas el fresno de este venablo, reporte COMEDIA FAMOSA tu infiel precipicio, haciendo caída el despeño. Dioses inmortales, y piadosos, valedme. Amparadme, Dioses. Llegó el bruto a herirte? No. Te hiciste daño del golpe? Bueno estoy: por las piedades de tus generosos nobles alientos. Dos vidas juntas me debes, no las malogres. A Segismundo la vida le soy deudora. Él pone con aqueste beneficio mas timbres a sus blasones. Mi obligación fue, señora, la que del bruto disforme os libró, que muy cobarde fuera; señora, si entonces procurara del respeto los cortesanos temores. Que cuando siguiendo a Peni- en su peligro, los Dioses permitiesen que el caballo desbocado sus veloces. pasos, hasta el precipicio cayesen fuertes, y enormes. F. Ya, gran señor, con la vida pagó las desatenciones el bruto, víctima siendo de Minerva, y de los Dioses. La vida a Aurístela debo. . además de los favores que finamente conmigo, atenta, y leal corresponde; y así de este beneficio pagar quiero obligaciones. Vos pintáis con él acero, también como con colores. Porque nunca pinte al vivo, dio muerte al bruto disforme. La vida que Segismundo . me dio, postrada conoce un fino agradecimiento que la razón en razones se rinde, como tributo del triunfo, que reconoce. Decid, Fénix, si es que el susto, no os ha embargado las voces, este temido peligro. Sea sin escucha, ni oye. Escúchelo quien quisiere, que yo no quiero más monte: Ya que gustáis que el acento mi infeliz susto os refiera, oídle, pues, y de mi aliento disculparéis la carrera que hizo en su seguimiento. Después que la noble caza empezaron, y que hube montado en un generoso bruto fiel, que se reduce a los preceptos del freno, del acicate, y el fuste: Salí en seguimiento (ay triste!) de un animal, que desune solo viéndole el valor de más quilate, y más lustre. Pongo espuelas al caballo, y a lo que el freno le induce, antes que el bruto corriese, él volaba por las nubes. A poca distancia, rostro me hace, yo del apunte del venablo yerro el tiro, y el bruto irritado, cruje los dientes, la testa encrespa, y de su rigor reduce el fuerte enojo, en que fieras nativas flechas sacude. Era su fiereza tanta, que me obliga a que la sume con vivas colores, cuando mi muerte su horror conduce. Y la retórica supla el susto, y las inquietudes, que del palpitante pecho estorban las voces dulces. Airada testa cerdosa, en enmarañada greña, pareció voluble peña, que del monte presurosa bajaba: tan horrorosa era su fiera crueldad, horror, y velocidad, que con rugidos el monte asustó, cuyó orizonte padeció calamidad. De su riguroso aspecto recelo tuve importuno, no temor, que no es todo uno: siendo uno mismo el efecto, no extrañaréis el concepto, cuando sepáis que afligida, recelé fuese homicida de mi ser hoy su fiereza, siendo de su rabia empreña mi valor, audacia, y vida. Su fuerte disforme bulto, aún sin el aliento, miedo E2 ato- Ca a todo da, estando quedo en los dinteles del culto de Minerva: ved su insulto de los hombres homicida, entre crueldad repetida de su sanguinio alimento, cual sería con aliento, si da horror a un con sin vida. Ensangrentados los ojos, atroces irás fulmina, a cuya luz, la ruina se mira de sus enojos; y entre míseros despojos, de peligros tan urgentes, las garras juega valientes, la testa engrie atrevida, amenazando mi vida sus ojos, garras, y dientes. Tomo otro venablo (ay Cielos!) y él de su acero burlando, intrépido enviste, cuando, con los sustos, y recelos, busco mi gente, en anhelos de mi valor, y mi vida, por no verla dividida de un bruto cruel, y aleve, que fuera en mi triunfo leve verla a sus manos perdida. Llegan todos, y el acero irritan con leal enojo contra el bruto, qué despojo es sánguinamente fiero (a un con susto lo refiero) de los claustros consagrados a Minerva, en los sagrandos dinteles de sus pilastras, que en cornisas, y en balastras, es triunfo de sus tallados. Quedé tan fuera de mí del susto, y sus inquietudes, FMOS A, que a un de todo mi valor los fuertes alientos hube menester, sin que el temor óbrase en mí, que bien pude tener recelo del riesgo, sin miedo que me perturbe; que es muy natural lo uno, infamia lo otro, y deslustre, de quien noble, y regia sangre en heroicas venas une. El valor, no es más que hacer esfuerzo lo que se sufre, aventurándose al riesgo, sin que el peligro le acuse la detención del impulso que procura, aunque discurre que emprende un riesgo, no dej de ejecutarle, y le induce no más que el crédito osado a que fama, y muerte busque: Sin que deje de temer, que el temor siempre se uno con la vida; el valor, es disimularle a las luces de las hazañas, que son las que le dantodo el lustre: No porque temor, y miedo, al ver el horror que infunde, tuviese yo, si no solo porque cuando alguno escuche, que tuve miedo sin miedo, temor sin temor, procure, examinando esta causa, ver de ella que efecto induce. Que entonces advertirá, si el valor recela, y sufre el riesgo, aunque de arrojado su mismo daño procure: que entonces le diré yo que el valor siempre discu tumiente las inquietudes, que de la gloria del triunfo le embaracen, y perturben. Volviendo, pues, al fracaso, que de mi valor desuné las hojas, de cuya historia mi he roico pecho es volumen. Digo, pues, que cuando (ay triste) del fresno el errado ajuste erré en el tiro, la fiera me acomete; a esto acude Segismundo, y con la espada rindió su soberbia inútil, por despojo del valor, y por blasón de sus lustres. Este, gran señor, ha sido el riesgo en que infeliz pude perder la vida, que cuesta cuidado a las inquietudes de vuestro amor, y rigores, aquesas hojas azules. Ya, pues, que el Cielo ha avisado con aqueste visto ejemplo de clemencias, lo obligado que se halla en su sacro Templo, habrá el rigor revocado. Y así, todos vamos luego en dulces himnos acordes invocando sus piedades, pretendiendo sus favores. Oh Cielos, mirad mi causa con piedad, no con rigores! Oh sabia Minerva, mira con clemencia mis pasiones! La vida me debe Fénix, haced me la pague, Dioses; a Auriteia, reconoce mi voluntad un agrado, imán de mis arenciones. Yo me adelanto a coger el mejor lugar, que un pobre, si es que no llega primero, se suele quedar de postre. Clavela, avisaste a Arminia? Ya avisada está de todo, y queda de los Ministros, que a los cultos religiosos asisten, mandando que acudan a los forzosos servicios del Templo. Ya los aromas, y preciosos inciensos, la sabia Arminia tiene en su poder. No es poco que tu enágenes los humos, cuando presumes de docto. Yo nunca lo he sido; mas en el que es sabio, es impropio el presumir, si no es de que llegó a saber poco. Aténgome a ustedes, que se están en salvo. Qué propio el temor es en los viles. Usted me honra. Fuiste al soto? Si he ido. Y ninguna fiera por tu fuerte mano has muerto? No he muerto sino una, que a Fénix con riguroso ceño amenazó la vida. Qué dices? Que un valeroso espín. Prosigue ya. 1. Para. Pero los Reyes, y todos vienen ya. Pues tú, Clavela a Arminia avisa. El dichoso sacro Templo de Minerva es este; los religiosos cultos, y víctimas sacras, empiece la voz, y tono: Y pues de un riesgo nos libra, sin duda quiere el forzoso borrar hoy, que es el del triste presagio, que en ese solio de estrellas, y de luceros, se escribe en esmaltes rojos. Feliz yo, si de la Infanta llego a ser dueño dichoso. Yo felice, si Auristeo llega a ser mi amante esposo. Empiece la aclamación de tanto festivo voto. Sea sin templar, templando al Cielo lo riguroso. AMOA Siempre las cuerdas al Cielo le piden con otro tono. Minerva piadosa, el llanto te obligue, pues ves cuanto vive en el que solloza. Piedad, y clemencia, pues es influencia que en ti se consigue. Piedad, y clemencia, pues es influencia que en ti se consigue. Ya de vuestros sacrificios admitió los religiosos cultos Minerva, ilustrando la petición de vosotros. Ya los caracteres tristes de ese tachonado gloro borró su clemencia, haciendo el Cielo siempre piadoso. Ya pues, gran Rey de Fenicia, dueño la darás heroico, de cuyo tálamo, ilustres nacerán heroes famosos. Oíd, escuchad el decreto glorioso del Cielo benigno, del Cielo piadoso. Nunca dudamos piedades del Cielo siempre piadoso, por cuya alegría el llanto hace gustos los sollozos. Alienta, viva esperanza, de aquel letargo horroroso, en que sin moria, morias, entre confusión, y ahogo. Ya está Fénix del peligro ibre. Antes no, tonto. Porqué? Porque es el casarse el riesgo más peligroso. Con tres clemencias el Cielo se hace misericordioso; fuera Fénix del peligro, su vida libre del monstruo, y del precipicio mío libre el golpe riguroso. ̱. O quiera el Cielo conmigo participar sus piadosos dementes fieles instujos, sendo Auristeo mi esposo, Mas qué clarín es del aire pájaro de bronce heroico, a cuyas voces se anima el Céfiro, y el Fabonio. ̱. A lo que de aquí, señor, se deja ver, es que el monstruo de hondas, y de espumas, surca una Armada. Los lustrosos valientes nobles aceros (oh Soldados valerosos) esgrimid, hasta que el Rey Segismundo, siempre heroico, nos entreguen. Arma guerra. Las armas prevenid todos. Tened, Soldados, las armas, y deponed el enojo, pues vuestro Príncipe ya le tenéis a vuestros ojos. ̱. Deme V. Majestad los pies. ELCIELO SIEMPRE E FIAVOSO. Mis brazos más prontos están: ahora llegad a Fénix, prodigio hermoso, por quien muriendo he vivido. Teñed, que ahora dispongo, cumpliendo con ambas leyes, que primero, pues, que heroico cortesano, quiero que como vasallo propio le beséis la mano:ea Segismundo, pues piadoso quiso el Cielo, de los Astros revocar lo riguroso: dad luego la mano a Fénix. Felice soy, y dichoso. Ay de mí! mas a Auristela no es a quien le debo todo el aliento? pues sea paga, el consagrarme su esposo. Esta es mi mano, y el alma. La vida os pago. Hoy todo el gusto ha de ser cumplido; y así, Auristeo, de esposo dad la mano a la Princesa Auristela. En ella logro la vida. Con ella misma tan feliz acierto compro. Sabréis como vuestro hermano, que interino vuestro, todo el Reino rigió, tan sabio como fuerte, y animoso, falleció. . Tened la lengua, que el día de hoy es impropio mezclar con fatalidades tan dulces felices gozos. V. Majestad, señora, a un leal vasallo dicho so le dé la mano. La fina atención os reconozco. Decid viva Segismundo, y Fénix. Vivan dichosos. Auristeo, y Auristela vivan. Vivan. Vivan todos. El armada, que en mi busca la espalda ocupa a ese monstruo, FIN cneorao a Auristeo, y a mi hermana llevarán a sus heroicos Reinos. Y Clavela, y yo nos casamos, y así todo con gusto a caba, si no es solo nuestros desposorios. Viva Fénix. Viva, viva. Y aquí, gran Senado heroico, la Comedia acaba de el Cielo siempre es Piadoso, FIN
