Texto digital

Texto digital de El cielo por los cabellos, Santa Inés

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido (Tres ingenios)
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El cielo por los cabellos, Santa Inés. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cielo-por-los-cabellos-santa-ines-el.

Logo BICUVE

EL CIELO POR LOS CABELLOS, SANTA INÉS

JORNADA PRIMERA

No asuste ahora la Región del viento, Romanos, tanto belicoso instrumento; mi vencedor Ejército no marche, no retumbe el clarín, no gima el parche, que no le agraden, por un rato quiero, caricias del Fabonio lisonjero, a las Invictas, Águilas Reales, blasón de mis pendones Imperiales. Y pues hacen de luz tantos ensayos, solo al sol de mi ardor beban los rayos; que en esta alegre, y deleitosa Quinta, en quien sabio el Abril primores pinta, y en cuyas fuentes el costoso aviso reperirte pudiera de Narciso, pretendo descansar, porque me oprime el Sol, que de su ardor rayos esgrime; en tanto que tu padre, o Césarino! me avisa del triunfo peregrino, que Roma me previene con bizarros laureles, Nobles en triunfantes carros. Ya el paso tu Escuadrón ha suspendido, ya el clarín no es asombro del oído, ya los tambores, con acentos roncos, no infunden alma en los peñascos broncos. Todo descansa, solo este Cautivo, luz repetida de gastada vela, que en parasismos a más vida anhela; salamandra Cristiana, que en ardores, que no se aparte de tu vista intento, por agravio mayor, por más tormento. Esta, que juzgas pena en tu memoria, tengo yo, Cesarino, por más gloria: De mi vista no dejes apartarle, que aún lugar a la queja ha de faltarle. No me falta lugar para la queja, pues la memoria tu rigor me deja. Cómo, vil Anacleto, de esa resuerte respondes? . Porque no temo la muerte; acaba de ser ya de mi omicida, darasme en breve muerte eterna vida. somos yo, Apolo, y Marte. Ahora que lo deseas, la vida no he de quitarte, porque repetidas muertes tengas no más con mirarme: Llega, Cristiano, a mis pies. qué crueldad! . Llegaa humillarte: No dices, que eres Cabeza de tu Iglesia, y Militante? Aunque indigno, si lo soy. A mis pies quiero que bajes, porque me sirvas de alfombras, y porque te desengañes, que del mundo las Cabezas Para que mejor la palma a los cielos se levante, en el tronco menos fuerte le ponen un peso grave; mas al paso que la humillan, suele también levantarse, llegando a tocar sus puntas la misma Región del aire. Débil palma soy, cargada del peso de mis pesares, y cuando abatirme quieres con repetidos ultrajes, mas llegas a sublimarme, porque más glorias así de tus sinrazones salen. Eso de las tiernas palmas escriben los Naturales; pero en ti, tronco caduco, no te parezca muy fácil. Aunque Anacleto me ofende, . porque ya llega tu padre. también quisiera excusarle. el rigor, y esta piedad no sé de que causa nace en mí, mas es desvarío. Escucha, Linarco, aparte. Invicto Diocleciano, asombro siel del bárbaro Cristiano, por quien la ilustre Roma tantas Naciones invencibles doma, sellen mi boca iguales Declara tu pensamiento, mas me engrandeces entonces, di lo que quieres. . No sabes, que está de Ines es la Quinta, donde es entre flores áspid, y que soy de su hermosura seis años ha fiel amante? Sé muy bien que te aborrece, olvida virginidades. Vamos a verla. . No puedes, Yo le perdonara ahora el contento de mirarle, por el gusto que me quita en ver la beldad de un Ángel. ogrion las huellas de tus plantas Imperiales. Oh Perfecto, de Roma siel columna; p en quien carga, y no pesa mi fortuna, llega a ceñir mis brazos, serán de la amistad eternos lazos. Cómo vienes, señor? . Con mil despojos, ganados a los míseros enojos del pertinaz. Cristiano. El Orbe es corto a tu Cesarea mano; perdonadme, señor, que son prolijos en los padres, afectos de los hijos: Llega, hijo, que aguardas? ya, Cesarino, en abrazarme tardas. Bésar tu mano espero. Con los brazos la mano darte quiero. Qué galán! qué alentado! con verle mi vejez se ha remozado; no me acuséis ahora de prolijo, hasta que como yo tengáis un hijo. L. A risa me proboco, el viejo de esta vez se vuelve loco, obe Ay, soberana Ines! desdicha fuerte! que esté en tu Quinta, y no pueda verte! Por los dos, que en la gloria que conquisto, arruinada he de ver la Ley de Cristo: el Cielo no lo quiera! entrañas tiene de silvestre fiera, Y porque veas que esta gloria empieza, este esclavo que ves es su Cabeza, este Anaclero es. . Da claro juicio, que ya se desmorona el edificio de la Iglesia Cristiana, pues tiene tan caduca barba cana. . Un festivo rumor suspende el viento. Parece de rústico instrumento; los Serranos serán de estas Aldeas, porque su amor en sus afectos veas. Cuál es el Emperador me digan luego, que quiero habrarle agora el primero? Yo soy. . Llegad, labrador. Pardiez, no sé si lo crea, aunque ya me diz que es él esa cresta de laurel, que la frente le todea: Yo soy. . qué extraña simpleza! Creí que hombres semejantes eran de prata, y diamantes, y a la he que de una pieza a entrambos mos hizo Dios; solo me lleváis ventajas en aquesas zarandajas, que os dio la fortuna a vos. Aparta, necio. . Dejalde, que de esta simpleza gusto. No intentes darme disgusto, que so Batín el Alcalde. A qué venís? . Su Insolencia, mal dije, Paternidad; su merced, su Jamestad, subes, su perlinuitencia. Como digo de mi cuento, ya sabe que so Batín, vino a la noticia en fin del rústico Parlamento, ca qui descansar quería, y las mozas de lugar la vienen a festejar. Mas diga, por vida mía, porque mata a los hermanos Cristianos, no tien razón, porque al sin hermanos son suyos también los Cristianos? Cómo tienes sufrimiento para oírle? . Si sopiera, que so Cristiano, que hiciera? Como digo de mi cuento, con muchas palmas ramor. el suelo le han de entamar, cual si hueran a adornar el de Chisle; y el Deus Amor. De Chiple, y samos dirás ya está, señor, importuno, para con Dios todo es uno, aunque me remiembre más. Desde aquí se escocha el son, y aunque palmas muchas, de ellas caen, traen, por parecer doncellas, perjeno que no lo son: Mas viene entre todas una, que la fror del Abril es, su propio nombre es Ines, que no hay como ella ninguna. Vive retirada aquí, dempués que el padre murió, y aunque más la chero yo, ella no me chere a mí. Acompañala su hermana, que también hermosa es, mas con la beldad de que es toda hermosura espabana. Descalza la vi en la huente, y al pie breve, por mi mal, cuatro puntos de crista! la calzaba la corriente. Ardían en mi mil fraguas, al tiempo que de envidiosas, unas a otras furiosas, se rempujaban las aguas. Yo admirado la miré, y dije con desvarío, o quien fuera huente, o río, para besalla aquel pie! Vídome, y de adonde estaba corrida al punto salio; pero quien más se corrió fue el agua, pues la dejaba. Escapose como un potro, las frores blancas ajando, y al huir iba pisando. un branco jazmín con otro. Y yo en la arena que toca su huella vi, y la bese, porque adorde puso el pie, fue gloria poner mi boca; pero miento, que su pie era tan breve, que allí, aunque más lo pretendí, huella que besar no hallé. Si mi frema no le inquieta, pintarla quijera yo, porque ha de saber que fo un rediculo Poera, hago seguras extrañas cuando quiero enquillotar a Apolo, y todo es llamar mis Musas a musarañas. Cabales hago, y enteros los versos, bien los me di: mi dieran ojalá así, su vino los taberneros, So Poeta singulan, tanto que a oír oreja, di por consonante oveja, que sé consonantear: Y aún ayer tuve un arrojo, con tan raro desconcierto, que al cielo le llame tuerto, porque el Sol no es más que un lojo: Y aunque la Luna retrata otro, no me satisfizo, que al fin es ojo postizo la Luna, todo de prata. Haciendo mil liras ando, con vena tan singular, que sé muy bien deliriar, donde quiera, como, y cuando. Mas ya dice está señal, que ha llegado su hermosura, dejo agora la pintura, pues viene el original. Aunque pobre, esta fineza estime tu Majestad, que es esmalte la humildad del oro de la grandeza. Notable confusión! posible es que estos villanos a los Césares tiranos den solo la adoración! , , . De nosotras no hace caso: Sea bien venido nuestro Emperador, la la gloria de Roma, del Cristiano horror. De palmas, y olivas le ofrezcamos hoy coronas, que afrenten los ruyos del Sol. Sea bien venido, En nombre de los zagales de estas Aldeas vecinas, cuyos pies, piadoso el Tiber; besa con labios de risa: Coronadas de amarantes, de laureles guarnecidas, queremos, señor Angusto, que os sirvan de alfombras ricas, u doseles, donde os demos por todas la bien venida: porque los miunfos de un pobre, solo en afectos se libran. Cielos, no es aquesta Inés! ya se comienzan mis dichas! Corto anduvo el labrador, bella mujer. . Peregrina. Ay de mí! si es ilusión de la ciega fantasía! Pues que ya sé tu nombre, en quien del cielo se cifran tienes tanto de divina, mucho la acción agradezco; levanta del suelo, y mira, que a una deidad como tú, se agravia cuando se humilla. Mire, señor, que so Libia, y es estotra Emerenciana. A las dos mi afecto estima también, levantad del suelo. Nadie con Ines compita. Posible es que soy Cristiana! posiblé es que tengo vida! El que alli rendido yace, si no mienten mis noticias, es Cabeza de la Iglesia: esto veo! hay tal desdicha! Así, ay de mí! la Cabeza de la Iglesia se autoriza! Así el Sagrado Piloto de su barca; estoy perdida! Nacar parece que vierten sus dos rosadas mejillas. Él no responderte ahora, su honestidad acredita. Ha, Linarco, no quiesiera que el César. . Ya desvarías. Es hermosa Ines. Tan presto te hacen los celos cosquillas? necedad. . Hermosa, Ines, que te suspendes? qué miras? Pide, que por mi Corona, y aunque el Imperio mi pidas será tuyo. . Gran, señor, advierte, si bien lo miras, que es mucha voz me silencio, y si no le significan los labios, viendo mi afecto, sin explicarte te explica. las partes, pues siendo humana, . Es como hermosa discreta. Ya Febo la frente inclina, porque pretende bañar en el mar sus trenzas rizas, triunfante carro te espera, y Roma glorias festivas te apercibe. . Vamos luego: y este Anacleto, que aspira a ser más que nuestros Dioses, pues que no les sacrifica, y porque también fue causa de que Decio, a quien quería tanto, despeñado fuese en los montes de Sicilia: Decio, que era de Cristianos la más sangrienta cuchilla; es bien que uncido en el carro, adonde los brutos ligan, sea el Cristiano escarmiento. Quien tuviera tanta dicha, que en esta Cabeza sola cortara la Monarquía de los Cristianos! mas esto en vano lo pretendían mis rigores, pues de un cuello le nacieran infinitas, que son, para inficionarnos, todos los Cristianos idras. Gran crueldad! Qué rigor. . qué notable tiranía! No ves, o César supremo, que tus hazañas invictas en esa acción se deslustran? Un hombre, viva ruina del tiempo, así para el triunfo de tus victorias áplicas: Tus antecesores siempre fieros Leones uncían al carro de sus victorias, cuyas fuertes bizarrías daban a entender que es justo; que aún las fieras se les rindan. Mas un viejo, que retrato es de la flaqueza misma, que a quien de la edad del cierzo tiene agostada la vida, qué gloria puede aumentante? qué noble triunfo? qué dicha? Pues mercedes me prometes, mis afectos te suplican, que este caduco Cristiano, para el triunfo no te sirva. Mi hermana Emetenciana, y yo iremos uncidas al carro en que has de triunfar, porque las Matronas sigan nuestro ejemplo, y quedé en Roma esta ley establecida. Y si castigarle intentas; porque ingrato no se humilla, a los Dioses me le encarga, que yo misma, que yo misma; ejecutando tormentos, he de hacer, y de rodillas, lo mismo que adoro adore, y la, ley siga. Terrible mujer! . Si acaso, que es Cristiana se le olvida a Ines? . Perdóname ahora; . Anacleto, que algún día, estos que juzgáis rigores, serán de mi Fe caricias. Señor, las deidades siempre son piadosas. . Qué permitas lo que Ines te ha suplicado es justo. . Su Señoria no la reprique. Mi hermana a honrar los Dioses se inclina. Qué mal lo entiendes! Ines, cuyas raras maravillas son emulación gloriosa de Lucrecias, y Camilas, tú sola en esta ocasión mudar mi intento podías: Lo que pides te concedo, mi triunfante carro guía, será el del Sol, y el de Venus envidiosa maravilla. Por qué me quitas las palmas? . No te den cuidado porqué los lirios me quitas? Porque envidio a quien los gana, y para mí los querría. Aurelio, lleva a Anacleto en casa de Ines: y mira, Ines, que has de castigarle con el rigor de mis iras. Si haré, porque ha dos añes que vivo en aquesta Quinta, casa noble tengo en Roma. Será del Sol la más rica: pues llevas a este Cristiano, donde es la casa me avisa de Ines. . Vamos, que es mul tarde Si no me falta la dicha, al pasar pretendo hablarla. Posible es que así me olvidas, bella Ines? . De quée te espantas? no hubiera al suelo bajado: que olvide no es maravilla aquello que no aprendí. Advierte. . En vano porfías, como no ha de hacer señal Eres cruel! . No te entiendo en una tierna hermosura Vaya de fiesta, y de Baile, que me esto endo cosquillas. Venid tormentos aprisa, Ay, amigo Cesarino, siguen estos pareceres, no he visto en toda mi vidaque no todas las mujeres mujer más perfecta en todo! son en todo semejantes. Sobre las desdichas mías, celos faltaban agora. La música se prosiga. Bienvenidosea nuestro Emperador Si perlas buscas, qué perlas qué tienes? . Muchos desvolos, a sus dientes se aventajan, Mira que el. César se ha ido, deja los vanos recelos, Amor hasta aquí he tenido, mas ya, tengo amor, y celos: el Cesar va enamorado de Ines. tan repentinos amores, porque los grandes señores quieren por razón de estado. De un Príncipe el ardimiento amoroso, es flor temprana, que viendo al prado su aliento, lisonja por la mañana, es a la tarde escarmiento. Si quieres a letra vista conquistar a esta mujer, con oro su amor conquista, porque del oro al poder no hay deidad que se resista. Nunca Júpiter sagrado llegara a haber profanado, señor, el casto decoro de Danas, si en lluvia de oro Si repetido un raudal rompo la peña más dura, repetido este metal. Diamantes, labra diamantes. Los Nobles, y los constantes Lavioneza singular, que después del mundo es guerra, y oculta avariento el mar, en Ines toda se encierra, on Si. oquie losporque es de riquezas mar: pues con la envidia de perlas, el Aurora, y Alba bajan codiciosas a cogerlas: Y si el oro que atesoro, como el que lazos ofrece, que esparcidos con decoro, cándido cisne parece, que nada en estanques de oro. En sin vengo a conocer, que nada podía bastarme a rendir esta mujer. Y pues, que has de hacer? Matarme. Eso es muy fácil de hacer. No es fácil, que un desdichado nunca llega a conseguir la muerte de cuidado. Pues yo me atengo a vivir, y pierdo, señor, doblado. Que se hubo de despeñar Decio en aquesta ocasión! No me puedo consolar, que en fin por su intervención pudiera en su casa entrar! Direte en breve mi dicha, En fin, no hay remedio? . No? diera por tener remedio el alma. El seso perdió. Si tu mal no tiene medio, quién puede dártele? . Yo, yo, Cesarino, que soy desde allí la confusión de tu amor. . Si es ilusión! Qué miro! . Eres Decio? Sí; Docio soy, llega a abrazarme, que el cielo librarme pudo. Aunque lo veo, lo dudo. Aún no puedo asegurarme, Haverme mostrado esquivo, no juzgues a desacierto, pues quien te ha llorado muerto, no es mucho, te admire vivo; Dame los brazos agora por tan felice desdicha. pues toda Roma la ignora. Adónde más Nectuno proceloso los montes de Sicilia airado bate, y con trabucos de cristal hundoso gigantes peñas su rigor cómbate, no lejos del volcán, que monstruoso, porque en ardientes iras se desate, para infundir asombros, y desmayos, llamas aborta, si bosteza rayos: un miserable albergue se reserva, de silvestres gemidos rodeado; cuya menuda; y siempre exteril hierba el matutino aljófar no ha bordado. Aquí, a pesar del tiempo, se conserva un peñasco de acebos coronado, en cuyo seno, en cuya estancia fría, siempre vive la noche, y muere el día. Aquesta soledad, esta aspereza habita un Cristiano, en forma de hombre, cuya rusticidad, cuya corteza, en su ser desmentían ciencia, y nombre; el que desuerte la naturaleza alcanzó de los otros, no te asombre, que siempre en sus caracteres lucientes leia los futuros contingentes. Yo, pues, que los Cristianos perseguía, midiendo la aspereza de estos montes, y haciendo que a perderse su osadía, se despeñen al mar nuevos Faetontes, a este bruto Cristiano seguía un día, que bajando silvestres horizontes, corría tan veloz, con tanto aliento, que era cometaracional del viento. No has visto veloz liebre, que acosada del diestro, con que por su muerte anhela, que en sus mismos temores animada, de pensamiento en pensamiento vuela, caer por escaparse en la celada del vigilante cazador cautela? Así tropas de míseros Cristianos caían en las redes de mis manos. Pero como no siempre es oportuna la fortuna, al que nace desdichado, por alcanzarle, quiso mi fortuna, que cayese de un monte despeñado. Recibiome en su centro una laguna, foso de plata, que guarnece al prado, adonde batallando con mi pena, a pesar del salto, que la arena, sentida al parecer de este fracaso, el Cristiano que he visto, una bebida, por animarme, me ofreció en un vaso; con la cual me privara de la vida, si otro Cristiano más piadoso, el paso no le ataja con otra prevenida, con tal virtud, que un sosegado sueño fue la triaca del mortal beleño. Es verdad que caí, más no te espante, porque otra vez, midiendo el azulvvelo, me despeñe del monte más gigante, que corona del Sol, registra el Cielo, y ese globo rotundo de diamente, rasgando para ello a paralelo, sin peligrar tampoco por mis huellas gran parte me arrastre de las Estrellas. Vivo estoy, aunque muerto me has guardado, que estimo tu amistad, es cosa llana; Sé que de Inés estas enamorado, y tú sabes lo estoy de Emerenciana: en señal de amistad le has dedicado el alma, a quien te rinda esta tirana, yo la acepto, que tengo las acciones de Dios, cuyo manjar son corazones: si bien un grande estorbo se me ofrece, aunque cualquiera para mi es pequeño, y es, que tiene un galán, que favorece Unés, que es ya de su hermosura dueño: al paso que le adora, te aborrece, porque es entre los dos tanto el empeño, que en su efecto decírtelo es forzoso: No solo es su galán, si no su Esposo, de esto te advierto, porque cuando veas en posesión trocada su esperanza, de mi amistad los imposibles creas. Blasón es de tu noble confianza, ven, porque goces ver lo que deseas, no engendre en ti el temor desconfianza, que si me has ofrecido por más palma el alma, yo te ofrezco vida, y alma. Cielos, qué es lo que he escuchado! Ya el veneno empieza a obrar. Ya comienzo a cozobrar en el mar de mi cuidado. Sin duda ha resucitado para matarme. . Ay de mí! que Ines tiene esposo? Sí. . Quién es? Su nombre se exalta en la Almenia más alta. Cuál fue su principio allí? Principio en él no se siente. Qué riqueza? . La mayor. Qué entendimiento? El mejor. . Y qué ciencia? La eminente. . Qué talle? El más excelente. qué rostro? D Compuesto, y grave. qué condición? La más suave. Según tu fe lo encarece, aún más que Apolo merece. Todo en su persona cabe. Enigmas son los conceptos, que tu relación me causa, pues me dan ciega la causa, y con vista los efectos. No vi más cultos secretos, Poetas del tiempo son. Muy presto la solución de aqueste enigma verás, no le puedo decir más. Mi amor todo es confusión. Ven verás como escondido le tiene Ines en su casa. De nuevo el alma se abrasa, ya la esperanza he perdido! La noche cubre de olvido el mundo. . Una vez perdida, gustosa será la herida, y el morir sería gustoso, orque si Unes tiene esposo, para qué quiero la vida. Deja, señor, el pesar, y vamos de aquí. . Ya voy. Padre de mentira soy, . otra forma he de tomar para volverle a engañar. No seas de ti homicida. Nadie la mente me impida, morir con gusto es forzoso, porque si Ines tiene esposo, para que quiero la vida! Dándome el César Romano, que vuestra casa supiese, ya lo sabéis, y os trajese este Cautivo Cristiano, que se intítula Cabeza de la Iglesia. . Con razón provoca la indignación de su Césarea grandeza. Quiso, ilustrando sus glorias, dedicar a vuestros ojos esta parte en los despojos de tan heroicas victorias. Que, pues, el triunfante carro le escusó vuestro favor, es bien que pruebe el rigor de ese espíritu bizarro. Quedo muy agradecida, y de hacer, por lo que gano, que me obedezca el Cristiano, y le ha de costar la vida. Esta condición extraña en Ines vengo a dudar; pero debe de importar su crueldad a la maña. Y aunque lo demás extraño, podéis por respuesta dalle, que mi casa es en la calle, que llaman del desengaño, adonde le cruzan dos, por sena más verdadera, la del Baño la primera, y otra la del Amor de Dios: Tiene el pórtico un blasón, que ocupa el escudo entero, con un León, que es Cordero, y un Cordero, que es León. Entre nácares de ormus, sobre unas ondas de mar, y allí se ha de preguntar por la Casa de la Luz. Que así lo digáis os ruego a la Majestad Augusta, porque si deshonrarla gusta, la puede acertar un ciego. De la luz no diré solo, que es la casa, y diré que es vuestra casa, hermosa Ines, la casa del mismo Apolo. . Por tu vida, Emerenciana, para que después admires mas de mí, que te retires, mientras yo, querida hermana, mitigando la violencia de mi corazón airado, con un Bárbaro obstinado, hago aquí cierta experiencia: porque tengo de vencer al Cristiano que conquisto, y si fuera el mismo Cristo, de su sangre he de beber: pues tanto enciende este nombre mi pecho, que miro humano a Cristo en este Cristiano; y entiendo que es Cristó, y hombre. Valor tienes, de que arguyo, que a su pecho de diamente, de este Cristiano arrogante habrá de vencerse el tuyo. Gracias a los Dioses doy, la cual en ti persevere, y si acaso se ofreciere algo, en el jardín estoy. . U. Este equivoco delirio, Señor, en que Ines se emplea, vos lo ordenáis, porque sea ensayo de su martirio. Ver en Anacleto intento, por lo que en saberlo gano, la sé que muestra un Cristiano a la vista del tormento: porque cuando a declarar llegue mi pecho constante, que de Cristo es fiel amante, nada me pueda estorbar. Comience, pues, mi rigor, porque comience a emprender como le sabré vencer en el tormento mayor: El escondido tesoro veré, que si amor me induce, que es oro lo que reluce, no importa apurar el oro A Cristo en él reverencio, tanto, que a ignorar quien es, dijera, que es Cristo, pues tiene de Cristo el silencio. Dime, atrevido. . Señora, como es posible caber, en la que Dios quiso hacer de su mismo Sol Aurora, la ceguedad que seguis, la dureza que ostentáis, con que su Imagen borráis, y a su beldad desivéis? Qué divino es su ardimiento! con mi tierno afecto lucho! como es posible que escucho semejante atrevimiento! Vive Apolo, que eterniza, con su luz, con explendor, que al fuego de mi rigor has de ser débil ceniza! Goce yo este bien por Dios, que puesto que no soy mío, solo en cuyo soy confío. Cuyo eres? . Soy de Dios. Ay Dios! gloria de mi alma. . Lluevan sobre mi rigores, que cuando fueran mayores, me prometé mayor palma. Lloras? . qué tengo de hacer? Si desmaya? ay cielo santo! . Y de qué nace ese llanto? de dolor, o de placer? De dolor, viendo el error en cuyos lazos os miro, que es tal, que de mí me admiro, no haber muerto de dolor: De placer, viendo que el día, que ha tanto que ya deseo, se sea cerca de mi trofeo, con que es mi llanto alegría. Corazón enternecido, ya no es justo fingir más, pues aunque tan fírme estás, sé que has de quedar vencido. Pues que adviertes en que lloro, como en mi valor no adviertes? Has de padecer mil muertes, u adorar al Dios que adoro. Qué Dios es? . El uno, y trino en tres, infínito, y eterno; porque se rige el gobierno de lo humano, y lo Divino, el que ha sido, será, y es, Dios, y hombre en carne humana. Inés, luego eres Cristiana? Y lo confieso a tus pies. En vano el gusto resisto, gracias a los Cielos doy. Es Cristiana, y yo lo soy, si no lo cree, juro a Cristo. Gran Pontifice Anacleto, luz, norte, patrón, y amparo de la nabe de la Iglesia, que infestan Piratas Santos, dame a besar esos pies, que el estandarte Cristiano sigo, y por tu dulce Esposo; en Divino amor me abraso: impresa tengo en el alma toda la pasión, y aguardo, que mi Fe el tirano escucha, y me divida en pedazos. Diome el sagrado Bautismo Evaristo, un varón Santo, que anda escondido en los montes, por huir de Diocleciano. Paso, que varmos perdidos, caminemos más despacio: Cristiano soy, Padre, y pienso morir también; pero el cuando no se averigua tan presto: parece que somos santos. Y pues eres firme piedra en quien veo, que estribando hasta la Fe, seré en ti, a pesar del tiempo cano, como la sabia Aulelia, que el ayuno renovando, al Sol resplandezca, siendo emulación de sus rayos. Yo no, como la culebra; pero si como el lagarto, pienso mudar el pellejo. A conducir tu ganado vuelve, porque anda perdido entre fieras, y peñascos; mira que solo, y sin dueño, silvestres Monjes vagando, amargas adelfas pace, bebe cristries salados. Advierte, que ya el gobierno no atiende de tu cayado, ni de tu silvo amoroso le conducen los regalos. Que si el manto de la Esposa es la Iglesia, está a tu cargo, imitando al buen Pastor, el cubrirle con tu manto, que ya te consagro humilde este albergue de resguardo, adonde acudas de noche, como a puerto deseado, en mi pecho se aposente, primero que en mi Palacio, porque es tálamo de Dios un pecho sencillo, y casto: Acompañete Batín, que me ha sido fiel criado, y como Padre procura poner tu familia en salvo. Oh fuerte heroica mujer! o ejemplo de gracia! oh pasmo de valor, y de hermosura, en quien compiten milagros! Llega, que otorgarte es justo, con repetidos aplausos, como Pontifice el pie, y como Padre los brazos. Ea, Capitana fuerte, sigue a Cristo eterno labio, tus cándidas sienes gocen, pues muriendo es tuyo el campo. Teñiré la blanca estola, a pesar de los contrarios en la púrpura de Tiro, que es el martirio sagrado. Padre, qué es esto? ay de mí! y pienso, si no me engaño, que a bien morir nos ayuda por muesos pasos contados: mírese en ello, y perdone. Cristo es vida. . No es el caso, si no que yo no quisiera morir a mata caballo. Mas si Barín martir muere, holgarán gordos, y flacos el día de san Batín. Deje esas cosas, hermano. Más esperad, que en la sala de fuera pienso que entraron, y quiero saber quien es. Si acaso son los soldados, que con mosotros vinieron, y te estaban acechando? En este Horatorio, agora podéis los dos ocultanos, mientras que yo lo averiguo, Ven. Batín. . Aquesto es malo, Aunque rumor escuché, ninguno en la sala ha entrado: mi hermano debió de ser, que pasaba a esotro cuarto. Cuando soberano Esposo pude mereceros? cuando tener en mi casa humilde de vuestra Iglesia el batrio? Cuidadoso a Cesarino dejo en la calle aguardando, mientras los inconvenientes de aquesta casa le hallano. Nunca, Señor, Y yo agora, forma de otro hombre tomando invisible para Inés, entraré en esta sala: en su Esposo contemplando está Inés, y Cesarino ya de esperarme cansado, sube a ver su misma muerte; Enfrente de Ines mepaso, pues para Inés solo estoy invisible, porque cuando llegue a verme Cesarino, piense que los dos hablamos, y me tenga por su esposo. No merezco favor tanto. Decio no volvió, sin duda con Emerenciana hablando debe de estar: Mas qué veo? con Ines, si no me engaño habla un hombre. Ya me ha visto. Que en lo galán, y bizarro muestra que es su amante Espos Decio no es amigo falso, la verdad me ha dicho Decio; pero recelos, oígamos. d. Con razón, amado Esposo, os quiero, estimo, y alabo; por vos vivo, por vos muero. porque este traidor no pueda escaparse de mis manos; la puerta cerrar intento, que la llave se han dejado en la cerradura; sí, en vivos incendios ardo! Pues los dejo en el peligro, no soy aquí necesario. . valedme dioses sagrados! Agora veréis traidor. Qué es aquesto, Cielo santo? Pero como Inés, adonde a tu esposo has ocultado? (ra? . Buen modo de castigarlos; Césarino, tú en mi casa a esta ho luego tu Cristianaeres? Dueño ingrato, a dónde está mi enemigo? (ños, Qué enemigo? . Hay más enga . Para cuando, para cuando encantadora sirena? Detén Cesarino el paso. La casa he de registrar, que en ella está mi contrario, y tu esposo. . Advierte. Aparta, que he de buscarle. Si acaso, que soy Cristiana ha sabido: Considera que no he dado ocasión para que intentes. Cómo, di, puedes negarlo, si hablaba contigo agora, y tú con tiernos alagos respondido. . No es posible, porque el Esposo a quien amo. no deja verse tan fácil aún de sus mismos criados, que ha menester mucha Fe el que hubiere de mirarle. Yo le he visto. . Fue ilusión. En nuevos Etnas me abraso! . No estabas con el hablando? Es verdad? . Pues cómo niegas? Que tal vieses fue engaño. Sin duda que aquí le ocultas. Con la oración hemos dado en la ceniza. . Qué miro! Cesarino, de mi esposo es el que miras retrato, y estos Batín, y Anacleto. Y los dos lo confesamos: voyme, que freir nos manda. Neptuno enfrena sus hondas, guarda Júpiter sus rayos? este es encanto sin duda, porque todos los Cristianos sois encantadores. Ya no pretendo, Ines, buscarlos, pues bien conozco el hechizo de tu ingenio, y de tus labios. Soy Cristiana, a Cristo adoro, y niego los dioses falsos. Inés, mira que me matas. Sepa de Roma el tirano, que inés es ya Cristiana Ay triste! . Extraño valor! Bizarro. Vengan, vengan los verdugos fieros de Diocleciano, que no vivo hasta que muera por mi dulce Esposo amado. . La música, gran señor, Inés, yo pierdo el sentido! mira que puede escucharnos Decio, que está en esta casa con Emerenciana hablando, porque fue ilusión su muerte. Nada temo. . Ay desdichado! si lo digo, a morir vengo; muero también si lo callos pues, cómo ha de ser fortuna? ni decirlo, ni callarlo. Césarino, adónde estás? abre esta puerta. . qué aguardo? Ines, mira lo que haces, que este, es Decio, y Diocleciano; si sabe que eres Cristiana, te ha de hacer dos mil pedazos. Eso deseo. . Mas quiero carecer de los alagos de tu amor, que no que pierdas sudolor . . De mis engaño? la vida en quien idolatro; vive tú porque yo muera. Es en vano. . No es en vano. . Mucho siento su accidente, Cesarino, no respondes? Abre, pues que publicarlo intento a voces. . Detente: que esto escucho, Cielo santo! Oh valerosa matrona! Quédate, Inés, que me parto a callar que eres Cristiana, y a morir desesperado. s mi Corona, siempre suma; No lo permitan los Cielos! No lo quieran tus engaños! Ay Cielos! hoy te he perdido! Ay Cielos! ya me he ganado.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA ya en la galerta está. Después, Decio, cantará, por si divierte mi amor, aunque amar a Ines es gloria, que ilustra a mi Majestad, siento que mi voluntad la abilite su memoria. Perfecto; que a Cesarino tanto el dolor le enajena, que aún de mi amistad la pena le retira su destino? Señor, el mal que padece es una extraña pasión, de que enferma su razón, pues de la razón carece, y de si tan olvidado se mira, y tan divertido, que parece que su olvido, es de su dolor cuidado, y casia demencia pasa es ardid para sus daños el incendio en que se abrasa. y porque alivio tuviera, según yo le estimo, diera sacro el laurel de mi frente. Cesarino, y Decio son las columnas en que estriba mi Imperio, y así que viva uno, y otro en mí, es blasón, pues tienen asegurada uno, con su docta pluma; y otro, con su noble espada: Y así en imperio divino siente mucho mi cuidado, cuando a Decio he restaurado, el perder a Cesarino. Si vos el dolor prolijo así le sentís, señor, qué hará de un pecho el amor, viendo padecer un hijo? Remediad con vuestra mano afanes tan rigurosos, que están los Dioses ociosos donde asiste Diocleciano. Llamalde, que quiero ver si es que alibia su dolor de mi grandeza el favor. Ya te voy a obedecer. . Haz a la música en tanto, Decio, que cante. Voy, pues. Esta memoria de Ines suspenda su dulce encanto, pues aunque intento olvidarla, por no ofender el desdén, con que su beldad me trata, es imposible en mi fe: Y si la adoro, malquisto mi afecto con su esquivez, con que rendido mi amor rapetir suele tal vez. Ay de quien por fineza quisiera dejar dejar de querer! Eso de mi pensamiento la música acorde fue, pues por fineza dejar de amarla quisiera, pues entre mi afecto amoroso, y su desvío cruel. Yo entiendo este afecto, Unes bella pues si con él despero, espero con él, Yo no entiendo este afecto, Ines bella, pues si con él desespero, espero con él. Padre ingrato, a qué me traes? a que ese acento me dé en mi desesperación las señas del padecer mío? La muerte suavizas a quien la desea? a quien desesperado no entiende este dolor, este cruel modo de sentir, pues siento tan sin esperanza, que desespero en lo que espero, sin poder esperar, pues ofendo lo soberano de un poder, y una esquiveza Y en tu temor, y respecto dice mi afecto tal vez. Ay de quien por fineza quisiera dejar, dejar de querer! Qué es aquesto, Cesarino? Gran señor, esto es haber tirado a la ceja, y dar en el ojo, puesto que es este concepto armonioso su tema continuo, aunque si quieren sanarle, canten, levantó la falda Ines. Mira, que a su Majestad tienes delante. . A sus pies estoy ya. . Dame los brazos, descansa conmigo. . En quién padece, como yo, solo la muerte descanso es. , qué sientes? . Siento un dolor. Pues declarale. Cómo se explique mi mal, pues no se sabe entender, pues siento un mal tan vehemente, con unas señas de bien; siento un fuego, a que me hielo, un hielo, a que me veo arder, un respecto; que acobarda en mi afecto mi altivez; un impulso, que me anima, y retrocede a mi fe: Y en fin un dolor tan grave, que explicarle no podré, pues siento decir mi mal, y no decírletambién. Aquesta es pasión de amor, . que es un efecto tan cruel, que le sabe él ignorar, y le ignora el entender. Sin duda de los rigores de algún hermoso desdén adolece tu pasión? El cojea de ese pie. Vete, necio. . Ya me voy, si esto te llega a ofender. . Para mi cautela importa decirle al César, que a Ines adora. Señor, si quieres. todo su dolor saber, te lo diré? . Dile, Decio. Sabe que su afecto fiel adora a Ines, y leal su pasión, por no ofender tu gusto, réprime amante todo el incendio que ves. Qué dices? cómo atrevido? Mas digo mal, que si él, por no ofender mi grandeza, sabe su afecto vencer, no es atrevido quien da una victoria a su ley. Mas no ha de ser su lealtad, aunque lo sienta mi fe, mayor, que el poder Augusto de mi aliento: esto ha de ser. Cesarino. . Qué me mandas? Ya tu mal todo lo sé. Mi mal sabes? no es posible; porque tan secreto es, que aún la queja en mi dolor le desconoce tal vez. Nada los Dioses ocultan a mi sagrado poder: Ya sé que a Ines idolotras, y que tu pasión cortés, por no ofender mi grandeza, la reprime tu altivez. No hubo menester los Dioses tu afecto, para saber, señor, mi pasión, pues sí en tu pecho vive Ines, y Ines en el mío vive, y una deidad propia es la que a entrambos nos anima, preciso era conocer mi corazón por el tuyo, pues nos gobierna una ley. Verdad es que a Ines adoro, con tanta violencia, que aunque mi lealtad procura, el ídolo que adoré de su hermosura borrar, amante idolatra fiel, es imposible olvidarla. Y así, pues, que tu poder ofende ciego mi amor; te pido, puesto a tus pies, pues mi delito confieso, el que la muerte me des. Levanta, que antes la vida mi amistad te ha de dar, pues para que el mundo conozca mi valor, y mi altivez. y que nadie a Diocleciano vencer pudo, si no es él, para mayor gloria mía, hoy me he de saber vencer. A Unes te doy, que aunque al fuego de sus luces me veo arder, soy yo, que lo puedo todo, y así templarme sabré. Vos, Perfecto, luego al punto a mi presencia trairéis a Ines, con quien Cesarino dichoso se llegue a ver. El cielo te haga inmortal. Deja que bese tus pies. Levantad, nada los dos me tenéis que agradecer, como Diocleciano he obrado: callad, no me eche a perder la vanidad de escuchar, la victoria del vencer. Ya no hay que temer desdichas. Fortuna, nada temed. Vida tiene Cesarino! Dueño de Ines he de ser! Por ella voy, hijo mío. Sí, padre, por ella ve, que es el ver a Ines mi vida, mi muerte no ver a Ines. Venga Ines, que en esto fundo hoy mi mayor interés. Ande aprisa. . Ya andarán. El sacristan. . Es incierto. Pues más que le doy un muerto. Ganancia es de un Sacristan. Su flema me mata infiel, ande. . Que en fin le maltrata? Digo, cierto, que me mata, Pues yo doblaré por él. Las frialdades a pares, dice, sin son, ni gobierno. También las digo en Ibierno, como en los Caniculares. Qué ruido es ese? Cumpliendo con lo que manda tu bando, vamos la Ciudad rondando, y los Cristianos prendiendo: Este, en el traje que ves, le hallamos muy en secreto, hablando con Anacleto, el prisionero de Ines: que unos libros trae verás, a que muestra grande amor. Lo que contienen, señor, de ellos, y d él lo sabrás. Quién sois vos decid? . Según creo, usted habla conmigo. Qué quién sois a vos os digo? Pues no se ve, ego sum. Cómo os llamáis? Es dilatarle mi nombre. . Decilde. Es, pues, Cacao. Qué nombre ese es? Usted toma chocolate? Acabad de responder, o a palos haré a ese hombre. Digo, qué Cacao es mi nombre, y usted me quiere moler. A quién servís? decid aprisa. Yo no sirvo, pues a mí todos me sirven Atí? de qué te sirven? . De risa. qué libros traes? . Si te enojas, no me atreveré a enseñallos. Acaba, pues, de mostrarlos. Este de cuarenta hojas, es libro muy sazonado, si en su lección se repara: Tómale, gran señor, para que juejes al Renegado. temiendo estoy mi deguello. . Juegas, villano traidor? Al sacanete, señor, juego yo, que me desuello. qué libró es este? . Ay tragedias mas raras! . Dámelo, pues. Pues si lo preguntas, es, un librillo de Comedias. Cuyas? . Mías, li pues ha tanto, que soy Poeta se sabe. Pues en que se advierte? . En qué? en mi poco luermiento. En tu traje advierto solo, que eres Cristiano. . Señor, es Sacristan . Es error, que soy Sacristan de Apolo, y yo alumbro al Dios Febeo con muy grande deboción. Pues con que le alumbras? . Con las lamparas del manteo. Lee, Decio. . Aunque son perversos mis versos, manda, señor, que yo lea, que mejon lee un hombre sus propios verfos. En trece del mismo mes Lelio, Lucio, Marco Antonio. Que así lo trace el demonio para mi desdicha! . Ines. Ello parará en tragedia: aquí es menester valor. Todos esos son, señor, figuras de la Comedia. En el principio estará el título. . No le tiene la Comedia. . Me conviene que tú no lo sepas. s Ya he descubierto el secreto que a los Dioses contradice: Memoria de aquellos dice, que ha bautizado Anacleto; que eres ya Cristiano saco: qué bautismos son aquestos? Señor, que estos son supuestos, pues son bautismos de Baco. Dime, aquesta Ines quién es? Abrio el infierno su abismo. Qué profesa, ya el bautismo? Ines es, mas no es Ines. la que Anacleto persigue. Si la descubre ignorante perdido soy. . Pues constante aquesa a tus Dioses sigue. Alma, volved a alentar, que de mi amor se fió, cuando me lo confesó, y al César lo he de ocultar! Luego al punto este villano la vida en un palo dé. A mí, señores, por qué? Por embustero, y Cristiano. Que aquesto a los cielos plugo! Háganle luego empalar. No me mandes empañar, señor, que no soy besugo. Pues quémenlo. . Buen recado es aquese en mi sentir! pues si tengo de morir, que más tiene así que asado Venga a la cárcel. Qué aprieto! Ande, no haga resistencia. Ya, señor, a tu presencia te trae a Ines el Periecto. Cielos entró todo el día. Qué hermosura tan honesta? A obedecerte dispuesta me trae la ventura mía: tan generosa porfía colmo de mis niedras es; honra a tus plantas a Ines, que estando en ellas, señor, cuando en mi crezca el honor, crecerá el triunfo a tus pies. Sin que cosa alguna hablemos, que toque al tuyo, y mi amor, porque en un Emperador todo el dominio es extremos, remedio a los males demos, que el hado infeliz ordena, para alibiar una pena, cumpliendo con lo que soy, como a mía, Ines, te doy, y te entrego como ajena: Y dándote Cesarino de esposo tuyo la mano, seáis dueño soberano del impetio más divino. Con esta acción detérmino la inmortal gloria de tres, la tuya, puesto que ves, cuando llegas a deberme, la de saber yo vencerme, y la de casarte, Ines: Para este bien te he llamado, tanto me acuerdo de ti. Qué es lo que escucho? Ay de mí! el corazón se me helado! Señor. . Deque te has turbado? Casarme yo? . Es interés. Pero ya. . Mi gusto es, No les posible. . Cómo no? Como estoy casada yo. Qué es lo que dices, Ines? Decir verdad es forzoso, . sin temor de este tirano, que no podré dar la mano, porque la he dado a otro esposó. Quién, dime, ha sido el dichoso, que tu mano merecio? Aquel a quien le debió mi ser su primero ser, de quien siempre he de creer, que no le merezco yo. Es tan ilustre, y tan fuerte a quien yo vivo rendida, que siendo la misma vida, no está sujeto a la muerte. Noble, y galán es de suerte, que es de riquezas abismo, júzgueslo, o no a babarismo, sin dependencia de alguno, no deciende de ninguno, y se parece a sí mismo. Esta mujer es Cristiana, porque las mismas locuras todos los Cristianos dicen, si por su Dios les preguntan. Lo que el libro de bautismo refiere, es cierto sin duda: Tu acaso sigues a Cristo? Una de las leyes suyas, es no poderlo negar. Pues, Césarino, esto escuchas? como una Cristiana adoras? Inés, no adviertes que turbas con eclipses tan infames el cielo de tu hermosura? Unés, mira por tu honor. Mudar un monte procuras, Cristo es mi Dios solamente, mis labios solo pronuncian porDios a Cristo. . Calla, aleve Viven las deidades puras, que el cielo en nichos de plata, con solio inmortal ocupan; que es mi indignación desuerte, contra la rebelde turba, que a un Crucificado adora, cuyos delitos, y culpas dieron muerte en un madero, que la entereza perturban de mi invicto, corazón: y aunque de Ines la hermosura fue dueño de mi albedrío, ver que a los Dioses injuria, me obliga a darla la muerte. Gran señor, esta es locura: Ines, mira que es mi suerte la que han de pensar que es tuya, porque tu nobleza infamas. Tú la tuya desilustras, pues a unos Dioses fingidos das adoración perjura. Decio, contra los Cristianos las leyes, que se promulgan haz cumplir hoy en Ines; vaya presa, y a su culpa exceda el castigo en penas, que su ignorancia confundan. Gran señor, mira que en mí este castigo ejecutas, y es quitarme a mí la vida. Si memoria os debo alguna, mirad, señor, por mi hijo. No me deis muerte tan dura. Templad, señor, vuestro enojo, Qué decís? siendo su culpa en ofensa de los Dioses! Vos, Perfecto, en quien se funda su adoración, me templáis? temed, que en cólera justa el amor de Cesarino convierta en airada furia, pues traidor es, o Cristiano, quien a Cristianos disculpa. Mira tu error, Cesarino. Ya nada mi muerte excusa. Pues será también la mía, si no hay remedio en la tuya. Soldados, ea el precepto del César luego se cumpla. Muy poco, Decio, me quieres, pues a mi hermana no ayudas. Primero es, Emerenciana, defender la gloria suma de los Dioses. . Decio, amigo, a mi obediencia no arguyas. Inés, que todos te faltan. Dios es la mejor ayuda. No ves, Ines, que te pierdes? No se pierde, quien es suya, Así mis finezas pagas! Así mis finezas dudas! Quieres, pues? Solo a Dios quiero. No has de reducirte nunca? Seré escollo al mar opuesto. Roca seré a tus injurias; el cielo tu error alumbre. Cristo es la luz queme alumbra. Que al fin al riesgo te arrojas? No es riesgo el que el cielo busca. Pues muera yo en tal desdicha! Pues viva yo en tal ventura! Yo contrastaré su Fe con afrentosas injurias, para que el tormento mío no sea corona suya. Vamos a la cárcel. . Vamos. Aguarda, Decio. . qué cumpla es forzoso su castigo. Ven, hermana. . Ay desventura mayor! más mi fe constante, aunque sin piedad alguna te escuché tantos desprecios, que mis finezas injurian, a pesar de los Ministros, que tu castigo ejecutan, aunque se arriesgue mi vida, he de defender la tuya. . Aunque con muy grande afán, porque mi Feme condena, ya está metido en la trena este pobre Escartaman. Pédiale a los sayones me soltasen por favor, y ellos me trajeron por los pliegues de los calzones. Con cadena, ánima en pena me miro, mas por mi mal, mas parezco puerta Real, pues me han echado cadena. De hierro en fin me han cargado. y cierto me desatino, que solo por Vizcaino sea el hierro tan pesado. De estos grillos no me deja la prisión andar un paso; quien dirá si estos acaso son los grillos de la vieja? Pero sin duda lo son, bien lo saco de su efecto, pues de una vieja el afecto es la más mala prisión. El calabozo sin gente, en que me entraron está: si en esta cárcel habrá quién me cobre la patente? De estar aquí me derrito; pero si me han de quemar, no fuera mejor rogar, que me matasen de ahito? Mas, pues esta pena parten por mí, yo pretendo ver si algo traigo que comer, entre tanto que se asa. , s Un pie, y otro vine hallar, todo es que empiece a sacar de las alforjas los pies: lo que aquí ay, si lo reparan, arder puede con razón: Válgame Cristo, si con esta lumbre me quemaran! Con gran reverencia, pues, beso estos pies reverentes; mas por Dios que entre los dientes se me resvalan los pies. Vaya un trago, vayan dos del licor de San Martín, más creo que le doy fin. Quede en aquesta prisión presa Ines. . Cielos! qué es esto? si en el río de mis males hay presas, mucho me temo. Vuestros infelices rigores, fieros Ministros, no siento, pues cuanto más me maltraten, me previenen más el cielo. Ines es esta que miro; Ines. . Batín, qué es aquesto? . Estar preso. Por qué? . Por la muerte del basurero Por qué te prendieron? dí. Por Cristiano me prendiero. Feliz tú, que la corona de Martir lograrás presto. Qué es corona, Ines divina? yo quiero ser mártir lego. Morir por Cristo es ventura, pues él por nosotros mismos en el Ara de la Cruz se sacrificó supremo: mayor mérito será, mientras fuere más tormento. Y si en aceite me frien? Qué importa. Soy yo buñuelo? porque presa la han traído? Porque rendida confieso por Dios verdadero a Cristo, Acedor de tierra, y cielo. De Virgen, y Martir ella, que alcance la palma es cierto. Y él, hermano? Palma yo? ni aún los dátiles merezco Haga oración, porque Dios para morir le dé esfuerzo. Para no acabar le pido en los molinos de viento; sobre una mesa, aquí está tinta, y papel. . Ya le veo; váyase, y déjeme sola. Dulcísimo Esposo mío, por tu Fe, y tu amor deseo en el Ara del martirio sacrificarte mi aliento. Termite, Señor piadoso, este logro a mis afectos: tú, mi Jesús, por salvarme, padeciste los cruentos rigores de tanto cruel sacrílego atrevimiento! Una corona de espinas te pusieron por mí, siendo las que más te coronaban, aquellas que más te hirieron! Cinco mil, y más azotes araron tu sacro Cuerpo, porque arado diese fruto, la redención de mis hierros! De mis culpas, y delitos al hombro cargaste el peso de aquel cetro soberano, que es insignia de tu Reino! Y por mí, Señor, quisistes fuese Cruz, antes que cerro! Pendiente de tres escarpias te vestís en un madero, que mis culpas le labraron, y tu sufriste alagueño, que por tus manos pasasen, para que no fuesen hierros! Pues si tú, Señor, por mí padeciste los tormentos, las injurias, las afrentas de aquel obstinado pueblo, hasta dar en oblación el Espíritu Supremo! Permite, Señor, por ti, aunque yo no lo merezco, el que padezca también, cuantas injurias, desprecios, afrentas, y penas pueden inventar el rigor fiero: porque tu gloria la alcance con algún merecimiento! Pero de luz, y de gloria este sitio se ha cubierto. Ines. . Paraninfo hermoso, quién eres? . Pierde el recelo, tu Custodio soy, ya Dios te concedió los deseos de morir por él, prevente a padecer por su afecto los tormentos, las injurias de Diocleciano soberbio, pues la corona de Martir te labrará el sufrimiento. No temas, pues de tu parte ya tienes a todo el cielo, y a mí, pues que Dios me manda, que siempre te esté asistiendo. Pues te vas, Custodio mío? No me voy, aunque me ausento, pues invisible te asisto. Aguarda prodigio bello, dulce Paraninfo, espera. Quién ha de esperar? quees esto, Ines? Bienes, Cesarino, a llevarme como reo al suplicio, que ha de ser de mi victoria el trofeo? bienes a darme la muerte? No vengo divino dueño, si no rendido, y amante, la guarda, y prisión rompiendo, a darte vida. Qué dices? que yo vida no deseo. Qué dices? cuando es la tuya respiración de mi aliento. Que Cesarino aquí venga, mis cautelas han dispuesto, para vencer la constancia de Inés: a mi astucia apelo, porque con mis persuasiones, él la ha de vencer con ruegos. Morir deseo por Cristo, a quien rendida confieso, y así en vano solicitas. persuadirme con lo atento. Mira, Inés, que te idolatro, y que no es Cristiano celo, por morir tu por tu Fe, matarme con tus desprecios. Yo tengo Esposo a quien amo, y así el desengaño viendo, para qué desprecios llamas, los que en mi Feson respetos? Aunque confieses a Cristo pon Dios sumo, y verdadero, no estorba para que seas, Ines, mi esposa, supuesto que el matrimonio, vosotros le tenéis por Sacramento. Aunque en mi Feme dejaran vivir, libre voto tengo hecho de guardar pureza al Esposo que venero; y así es en vano el cansarte Que no te obliga mi afecto? Soy Esposa de Jesas. Que no te ablanda mis ruegos? No es posible. Que mis ansias no te persuaden? ̱. Creo solo en Dios. . Mira mi fe. Sola la de Cristo aprecio. Porque veas, que mayor es mi amor, que tus desprecios, aunque no quieras ser mía, te han de librar mis afectos: y pues tus engaños me ciegan, al rayo de aquesto acero, pues que yo no he de gozarte, perderte será consuelo. Custodio defiéndeme. Ya, Ines, tu vida defiendo. Aguarda aleve tirana: Mas que ilusión, que portento, que encanto es este, a que tiembla todo el furor de mi pecho, pues el Sol de su hermosura, en sombra, o vapor resuelto, se desvaneció a mis ojos? Mas este es hechizo, es cierto, de estos mágicos Cristianos; buscarela, aunque en el centro de la tierra se me esconda. Aguarda tirano dueño; pero en la prisión, por más que la busco no la encuentro, Ya sé que a Inés el Cielo ha defendido por la puerta se salió. Seguiranla mis incendios, pues mi amor para alcanzarla, volará en mi pensamiento, del rencor atrevido de Cesarino, y que boló el engaño, que sagaz la previene por su daño; mas no por eso, contra el Cielo mismo, dejaré de meterla en más abismo; y pues de la prisión no la ha sacado su Custodio, me verá vengallo. Aguarda ués, espera, que aunque ha el viento sigas, va tras ti mi pensamiento, y te ha de hallar. . Qué toco? Cesarino, qué tienes? estás loco? Loco estoy, si no muero: queriendo a las violencias de mi acero dar muerte a Inés en la prisión ahora, de mi vista, y mi ira encantadora se desapareció. . Qué es lo que dices? Qué burló mis rencores infelices. Que estás loco es constante, pues con Inés he estado en este instante en la prisión. . Espera, volvere a darle muerte a aquesa fiera. Detente. . No es mi amigo quien me estorba el castigo. . Yo el castigo de su culpa, y tu enojo intento darla, y que logres la dicha de gozarla. Cómo ha de ser me advierte. Escucha, Cesarino, de esta suerte: Juez absoluto soy de los Cristianos, y si bien con tormentos inhumanos, quisiera ser yo mismo verdugo del infame Cristianismo, no es matarlos vencerlos, más monta el apartarlos, y el moverlos de la Feque profesan. cuando obstinados ese Dios confiesan, que dalles muerte, pues se ven contentos, en variedad inmensa de tormentos. Esto supuesto, Inés en cuyos ojos puso el Cielo lo más de tus enojos, no ha de morir: mañoso mi artificio cumple con tu amistad, y con mi ofició: En público lugar poner la intento, donde el temor de ver, que desatento puede manchar su honor, y su pureza, el apetito ciego con torpeza: Viéndose en riesgo tal, cosa es forzosa, que se rinda al instante a ser tu esposa; pues no querrá que el desacato infame, ramera vil, y pública la llame. Tú a hablarla al punto irás, y con ternura rendirás a caricias su hermosura: Solo por ti hiciera esta fineza, y así a lograr prevente su belleza. Si consigo por ti, Decio, esta palma, el alma te daré. . Darasme el alma? El alma con la vida. Pues a tu gusto la verás rendida; pues parto a ejecutarlo. . Parte luego. Que de infamias admite un hombre ciego. voilo a saber allá fuera. . De la prisión me han sacado a ponerme a la vergüenza; pues pertero de la casa me han hecho de las rameras. Cielos! Can Cerbero yo del infierno de las hembras? pues soy yo acaso corchete, para estar asido a ellas? Yo he de perder el sentido, por el siglo de mi agüela. En este lugar infame, dejadla, como ramera. Manche su honor la lacibia, que así lo ha mandado el César. Qué ruido aqueste será? Ande la rámera vil. Glorias son vuestras ofensas, pues por mi Esposo las paso. Dejadla aquí, y su pureza rompa el apetito torpe con deshonestas violencias. Aquí ha de quedar desnuda, conforme a las leyes nuestras, Desnudadla del vestido, porque llore la indecencia de mirar su honestidad a tanta vergüenza expuesta. Poco importa desnudar de esta pompa lisonjera mi castidad, pues si crueles la deshojáis azucena, ha de lucir más en mí el oro de mi pureza; Y si la mano de Dios viste, dibuja, hermosea de plumas, hojas, y pieles, aves, hombres, plantas, fieras, fuerza es que haya de vestir a quien por su Fese arriesga. Ea, llegad, desnudadme. Llega, pues, qué os amedrenta? Ya el vestido la quitamos. Invisible mi asistencia recata tu honestidad con las hermosas madejas de tu cabello, que es de tu puro espejo en trenzas, ebano que le guarnece. No acabáis? En vano intentas, Decio, ultrajar su hermosura, pues de su hermosa cabeza, el aliño que servía desatado en ricas quiebras, forma un vestido, que basta a recatar su belleza. Ya lo veo a mi pesar. Veis si do Dios la clemencia sabe vestir al desnudo? Hulgamos de su presencia, y lacibo Cierzo estrague el candor de su Impieza. Avisos vamos a darle de estos encantos al César. . En grande peligro estoy en este lugar, expuesta a atrevimientos lacibos de las villanas torpezas. Dulcísimo Esposo mío, amparad vos mi pureza, que a mí me toca guardar, y a vos, Señor, defenderla. Ya este prófano lugar en gloria todo se trueca, solo visible a tus ojos, que merecer tal fineza. Ay que el amor de Dios, con finezas, en gloria convierte de puras Estrellas, aqueste lugar, que fue de torpezas. 2. Porque aquesta Rosa, de Ines la defiendan, los rayos que alumbran, las luces que ciegan. Ay que el amor! Qué gloria tan celestial! qué soberanas bellezas? Si así me asistes, Esposo, ya ningún temor me cerca. Qué es esto, divina Ines? que músicas eran estas, que hace aquí? A este lugar me ha traído la inclemencia de Diocleciano. . Qué dice? vive Cristo que la hierra, porque aquesa honestidad lo propio es para ramera! que yo con questa cara. Mi honor el peligro tiembla No tiemble, pese al demo que en viéndola con modestia, no ha de haber quienla dé un cuarto ni afecto que sen atreva. Solo en el cielo confío. Pues Cesarino aquí llega. Llega, amigo Cesarino, y vence su resistencia. . Qué miro! Cielos, qué es estó? toda cercada de Estrellas, de luces, y resplatidores está de Ines la belleza; qué fuerza interior me turba a llegar a su presencia? Mas yo llegó, hermosa Ines. Si usted. . qué dices? . Que mire le han de picar las abejas. Aparta; divina Ines. A visto lo que Inesea? digo, que aqueste panal no está labrado de verás, Aparta villano Inés, mi deseo. . Avispas fieras! Encendido en tu hermosura. No digo que esta sincera. Qué dices, Cuistiano infame? Si no te vas al instante te he de dar muerte. n qué hiciera . Qué determinada estás? por librarla. . No te vas? Iranse, que no son vestias. Hay pobre Ines de mi vida, Divina Inés, ya conoces, Di, Cesarino, que intentas. Ya sabes que el ser Cristiana a este lugar te condena, indigno de tu hermosura, y merecido a la ofensa de los Dioses; pero yo que idolatro tu belleza, sin atender a la infamia a que tu error te despeña, a darte vengo la mano de esposo, como resuelvas dar a los Dioses sagrados la adoración que les niegas: Con esto tu infamia evitas, recompensas mi fineza, te fábricas inmortal, y deseñojas al César. Ablándere, pues, mi llanto, mira estás lágrimas tiernas, que corridas de mis ojos, bajan mirando tu afrenta: estos suspiros. . Detén las lágrimas alagueñas, que no han de poder servir de foso a mi fortaleza. Cristo es mi Dios, y mi Esposo, y con constante entereza le he de confesar rendida, sin que amedrentarme puedan el deshonor que padezco, ni la crueldad de las penas. que notevence mi amor? Mi resolución es esta. Qué no es la miel; hay tal tema! . Ni el honor de ser tu esposo? Son en vano tus finezas. Ya digo que estoy resuelta. No es posible persuadirte? No hay nada que me convenza. si este hombre te Inesea! . . Pues si nada te persuade, desatento se convierta mi amor en llama lesciva, que haga mi gusto violencia. Poco tu vielencia temo. Quién habrá que te defienda del incendio de mi amor, cuando de mi brazo tiemblan? No teme a nadie mi Esposo. Dile, tirana, que venga a yer si de mí te libra, , de tu recaro, y modestia, , , pon en mi mano, que quiero Villano, deja a mi esposa. Muerto soy! valedme Dioses! Señor, la justicia vuestra volvió por vos, y mi honor. Con su muerte satisfecha queda mi ofensa, y la tuya. Inés, la hermosa madeja, . Hágase tu voluntad que túnica fue luciente

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA que Roma ignorante sepa, que de los cabellos saca Dios a sus amadas siervas, de aqueste lugar infame, donde en tu casa te veano en la que es esclava vuestra, Que ronco son; que cajas destempladas son las que absorto apenas determino? Si no se escusan nuevas desdichadas, sabe, señor, que es muerto Cesarino, en una de las públicas entradas, siguendo a Ines con trágico destino, su cuerpo hallaron sin señal, o herida, que algún encanto le quitó la vida Entrando a averiguar tan triste caso, ni dentro hallan a Inés, ni al homicida, ni guarda alguna, que les diese paso, ni aquel lugar dispensa otra salida. Bañado en llanto triste en tal fracaso, su padre, y toda Roma enternecida, traen a tu Capitán con triste pompa al trágico compás de aquella trompa. Si el viento, que él son funebre dilata de mi pecho alentado a impulsos fríos, no informa la tragedia que retrata, informente, señor, los ojos míos, informente por márgenes de plata las corrientes que ves, que con ser ríos, aún no basta el furor de sus raudales a llevarse la presa de mis males. Alienten, pues, señor, en dolor tanto a mis ojos cansados tus enojos, porque saliendo el corazón en llanto, haylo que la boca no, digan los ojos. Este caduco muro, que quebranto, rim carga desecho en líquidos despojos, y muera yo llorando mi destino, pues que perdí la luz de Césarino. Enternecido; airado, aún no imagino, que es posible rigor tan inhumano! Cielo a mis ojos muerto Cesarino! Tiemble el mundo el rigor de Diocleciano, tiemble la tierra, tiemble el cristalino golso de espumas mi sangrienta mano: y si levanto el brazo, tiemble el cielo, hasta saber que baja contra el suelo. Este Cristiano se ha hallado, . Ponelde, hasta confesar, que estuvo presente allí. El furor que me contrasta probará antes de templarlo. Pues, señor, para probarlo a mí un tántico me basta. Di, alebe, quien se atrevió a dar muerte a Cesarinó? Señor, él tomó, y que vino, y no sé lo que pasó. Dadle un tormento. . Eso no, yo daré un indicio cierto. . qué es? Pregunténselo al muerto, que él sabe quien le mató: es verdad, por esta cruz. Muera luego. . Tenganse. ya lo dirán. . Quién fué? No lo sé por está cruz. Cómplice ha sido el villano. Mil diablos vengan por mí si Comitre nunca fui: si no me cree no es Cristiano. Vuestro corazón esquivo mata con mágica fiera. Pues si yo matar supiera, quedara aquí nadie vivo. a un tormento nunca usado. Mire que estoy ordenado, y quedará irregular. Llevadle. . Esperen por Dios, probaré a resucitarle. Qué dices? vida has de darle? Sí, haciendo un milagro, udos. Qué dices? No es evidencia, que estos suspenden la vida: Decio la tuvo perdida, y en fin volvió a mi presencia: pues acaso el mismo encanto le han hecho, por darme enojos? Si es, yo he de ver a mis ojos cosa tan digna de espanto: Vida, y bacienda te doy si haces cierto lo que extraño. Pues denme de plazo un año. Vida, o muerte han de ser hoy. Pues apartense. Qué es cierto? qué aún tengo esperanza alguna? Oiga, que de tres la una en mi vida he errado muerto, a tres voces vuelve en sí; cielos! qué haré en temor tanto? Mas si acaso soy yo santo, y hiciera un milagro aquí: pues probarlo detérmino. Muerto, de allá donde está levántese, y venga acá, si se le hiciere camino: Mas que no quiere menearse? le vántese pese a tal, él es muerte muy le al, y no querrá levantarfe. Que en esto puede haber pacto! tan fuerte cosa es sin fin! La postrera es en Latín: mortue surje ab insoflauto de tabernáculo oscuro, no asorgido ya. . Aún no puede? Pues lo mismo me sucede con cuantos muertos conjuro. Qué dices, loco atrevido? llevalde, y muera abrasado. Señor, no muera yo asado, manda que sea cocido. Baya, y pague sus traiciones, pues en su error está terco. Sin duda ven que soy puerco, pues me hacen chicharrones. Muera Ines. Pero qué es esto? de que es aquese rumor? A tus plamas, gran señor, vengo, después de haber puesto en servirte tal cuidado, que te traigo presa a Ines. Este tumulto que ves es del pueblo alborotado, que en su casa la halló dando a su Dios adoración. y siendo en esta ocasión, su muerte viene aclamando. Ya la tienes a tus pies. Y a ellos, si es tanta mi suerte, larga vida, en breve muerte, vengo a esperar que me des. Logra tu gloria cumplida, que tienes, siendo tirano, pues viene a estar en tu mano hacer eterna una vida. Qué hiciese naturaleza tan soberana hermosura, y que pueda esta locura manchar tan rara belleza! Parece que me ha templado el enojo? estoy corrido! Inés, dime si tú has sido quien la vida le ha quitado a Césarino, y si es cierto que a vivir puede volver? Que si tú tienes poder, y a ese Dios dejas incierto, cuanto tesoro el Sol cría, cuanto imperio el mundo incluye, cuanta dicha el cielo influye, cuanta luz registra el día, pues todo a la sombra dura de mi laurel soberano, hoy, Inés, será en tu mano, despojo de tu hermosura. Mira antes que lo reboque mis manos, cada, cual fiel, que en una tengo el hurel, y en otra empuño el estoque. Señor, intento es en vano, yo tengo dueño Divino, ni dar vida a Cesarino, ni mudarme, está en mi mano: No he sido yo su homicida, brazo le mató más muerte; pero quien le dio la muerte, le puede volver la vida. No hará, que ya condenado murió en su error pertinaz, de toda vida incapaz. Cielos! qué es lo que escucho? Invicto señor, perdón te pide mi amor, no impida tu respecto mi pasión, que se sale el corazón tras el eco de su vida. Inés, si penas tiranas, si este implacable dolor, si estas lágrimas, que humanas arroyos van por mis canas mor murando este rigor, mira en mí un cadáver yerto, . Espera santa mujer. el dolor de verle muerto. En vano os cansáis, si en vos no hay Fe que a mi Dios alabe. Ines, hagamos por Dios un milagro entre los dos, pues a tan poco nos cabe, Pues qué haré? Dar con amor fe a que mi Dios puede tanto. Si doy. . Esto oyes, Señor, que así engaña mi deseo! Suspenso está mi rigor por ver el fin de este encanto. Pues, señor, porque despierte su error tan dudoso agora, mostrad que sois el que fuerte las duras rocas convierte en fuentes de agua sonora: Admiren poder mayor en perdonar este error, y sepan que el Dios de Inés de los Ejércitos es soberano, y vencedor, Vea este monstruo feroz, que al eco eterno que dan los cielos de vuestra voz el mar se enciende veloz, y retrocede el Jordan. Puelva a vivir por tu amor este cadáver, Señor, y sepan que el Dios de Ines de los Ejércitos es, soberano, y vencedor. Ya, pues, en fe del Divino poder, que en mi reberbera, de esta Fe, que a Dios inclino, cobre aliento Cesarino. Levántese, pues. Espera. mueven tu pecho, no esquivo, . Ay Dios, qué tiemblo de espanto? pues muerte en mi hijo recibo, . Levantese. . Grande encanto? Que soy santo, y no lo acabo de creer! Padre, gran Señor, amigos. Césarmo, hijo. . Los dos, que os llamáis sus enemigos, oíd, y seréis testigos de los misterios de Dios. Dudando estoy lo que veo Oh pese al poder Divino, Cristo es Dios, en Cristo creo, Prosigue, habla, Cesarino, Conoce a tu Dios, señor. Qué dices? Tu engaño advierte. Quién te dio muerte? Mierror. . Quién te dio vida? Su amor. . Cómo ha sido? De esta suerte. Ciego, atrevido, olstinado, bárbaro, fiero, y lascivo, templar con fuego intentaba la la sed de mi amor indigno, cuando al eco temeroso de una voz, que oyó el avismo, como que en tremenda ruina, quebrantó el polo sus quicios, sin alma caí tan presto, que fue en un instante mismo voz, caída, asombro, muerte, pena, escarmiento, y delito. Apenas, pues, arruinado este frágil edificio, (a amada prisión del cuerpo dejó el espíritu mío,) Db cuando a un tribunal severo, el como no sé, aunque admiro esta visión, ni el lugar de este inefable prodigio, que como en sueño la via, y como en sueño la miro, fui arrebatado en el viento de dos contrarios ministros; uno enemigo, y horrible; otro agradable, y amigo: Aquel tan fiero, y cruel, tan bello este, y compasivo, que si su ser uno, y otro vieran con ojos distintos, aquel a si se temblara, este se amara a sí mismo: porque no hacia ventaja, siendo de extremos precisos, la hermosura a la fiereza del contrario, y el propicio. Sobre un tachonado trono de diamantes, y zafiros, que al Sol colmaban de rayos sus reflejos cristalinos, estaba el Supremo Juez, y en su dienta aquel divino instrumento, que es en Roma teatro vil del suplicio, tan benigno, y tan airado, tan afable, y tan esquivo, tan piadoso, y tan severo, que obrando, sin ser distinto, si su aspecto me animaba, me amedrentaba lo mismo: porque, o se trocaba a instantes de amoroso en ofendido, o en su soberana esencia, poderosamente unidos, lo benigno era lo airado, y lo airado lo benigno. Enfrente de sí tenía, como para espejo, el Hijo, aquella mística Rosa; entre espinas aquel Lirio, aquella Alba celestial, de cuyo albergue nativo, sin abrir puerta al Oriente, nació a ser Sol de los siglos. Con su sagrada presencia cobró aliento el temor mío, porque templado a la vista de espejo tan cristalino, lo airado estaba piadoso, mas amoroso lo esquivo, apacible lo severo: y al ver su rostro divino, como en la corriente clara del Sol el rayo encendido, reberberaba en su pecho toda la piedad de Cristo. En medio de tanta gloria, dando a mis ansias principio, los dos referir querían en mi causa mi peligro: Cuando un coro de doncellas, afrenta de los arminos, en cándidas albas llegan todas con palmas, y lirios; las blancas frentes traían coronadas de jacintos, de rosas, y de claveles, y púrpúreos los llevaban, estos a su luz vecinos, vivieron de venturosos, si murieron de vencidos: Delante de ellos Ines, por privilegio preciso, llegó al trono a dar aliento a mis temores indignos, y a intercesión de sus ruegos, dilatando mis delitos, suspendiendo sus rigores, a una voz restituido, de aquel tranco, a este escarmiento, de aquel horror, a este aviso, de aquella muerte, a esta vida, a esta luz, a aquel abismo, me hallo animando estos miembros pálidos, muertos, y fríos: Y en fe de la Feque alcanzo, por misterios peregrinos, en mí de un bruto ya muerto, hallo agora un hombre vivo, para que a Ines engrandezca, porque a su Dios infinito en altas voces alabe: porque pregone lo mismo por calles, placas, y campos; y dando a mi Fe principio, por toda Roma iré agora publicando lo que he visto, confesando lo que creo, declarando lo que admiro, advirtiendo lo que ignoran, previniendo sus peligros, comunicando mis dichas: Nadie estorbe mis disignios, dejadme, dejadme todos, y atended lo que público iluminado de Dios. Romanos inadvertidos, que aunque en su rostro más vivos, Cristo es el Dios verdadero, imitad tedos a Cristo. Hijo, qué dices? aguarda, oye, espera Cesarino. dn. . Cristo es el Dios verdadero, imitad todos a Cristo. Miren si es bobo el milagro, Cristiano, y todo ha salido. Hay tan peregrino encanto! sin duda a vuelto sin juicio. Pesar de mí, que rabiando he de confesar lo mismo! . Señor, estos son efectos de sus mágicos hechizos: muestre tu brazo, que es más el poder de tu castigo. Muera Inés, que en su encanto tiene loco a Cesarino. El pueblo aclama su muerte. A esa dicha sola aspiro; logra tu rigor, si quieres darme el laurel más invicto. Señor, templadle, y mirad que ha dado vida a mi hijo. Acordaos de mí, que más del medio milagro es mío. Cuanto de su error meofendo, de su hermosura me admiro. Entregalda al pueblo, y él la dé el perdón, o el castigo, que irritado a sus encantos, y a su beldad compasivo, parece que a mi rigor templa también con su hechizo. Piedad cabe en Dioclenano! qué es esto, fieros ministros? yo haré que luego su pecho se abrase en incendios vivos Muera Inés, seguidme todos. Ay cielos! qué es lo que he oído? Con orden del César vengo, para que al pueblo ofendido los dos entreguéis a Inés, librando en él su castigo. Yo por mi parte obedezco. Dadnosla, pues. . Hay amigos! qué ceguedad! qué locura os conduce a tal fiereza? porqué en tan grande belleza se ejecuta acción tan dura? Mirad, mirad su hermosura, que a amable piedad convida; el ser me dio enternecida, no queráis que de esta suerte permita dar yo la muerte, a quien me ha dado la vida. Qué dices, señor? no ves que está mi gloria en mimuente? No me estorbes de esa suerte el bien que espero después. Qué decís? Que muera Inés. Oh pueblo ingrato, y tirano! pues darosla está en mi mano, yo os quitaré la ocasión. Sí, pero ved que es traición favorecer al Cristiano: El César tu error sabrá. Sepa mi piedad también. Es traición. . Es obrar bien. A él nos vamos. . Idos ya. Tened, que mi Feos dará medio al rigor que os divierte; Si por mi andáis de esa suerte, seguidme, y no le culpéis, que yo me voy, porque halléis lgar de darme la muerte, Seguilda. . Oye, mira Inés, que no te podré amparar. Ya no la podrás librar, aunque tu amparo la des. Nadie ha de ofenderla, pues. Ya es tarde. . Pena crecida. . Venid ya. Que no os impida. No es lealtad. Pues de esta suerte. Qué intentas? Darme la muerte. pues no lo pagó la vida. . Seguidme, y muera Inés hoy. Señores, mi hora es llegada; más válgame la cuartada, tenganse, que muerto soy. Muerto cayó este Cristiano, pisalde, y seguid a Inés. Ay de mí! que di en sus pies, por escapar de su mano: Maldito sea el fingimiento! sin barriga me han dejado, y aún pienso que reventado, según humedo me siendo. Mi santidad es escasa, que a otros mi virtud consagro, y no tengo yo un milagro para el gasto de mi casa. Mas ya vuelven, yo me amparo de su pie, aunque me moleste: bien fácil milagro es este, si no costara tan caro. Bárbaro cruel, sangriento, cánsete el ver perseguida esta vejez afligida. No es ofenderte mi intento. Qué buscas? Qué un bien me des. Es mi muerte. Es darme vida. Lógrala; pues, homicida. Arrojándome a tus pies. Qué haces? Besar obediente. Cielos, que es esto! . Un rendido, Sígueme, porque a la fuente que en ti, comoel ciervo herido, del cielo llegue tu amor. vengo a buscar la corriente; una oveja, a quien esmalta tu Fe; pero por mi daño me arrojan de tu rebaño, por el matiz que me falta. El agua busco sagrada en ti, que incluyes la acción del que se la dio a Sansón de una sangrienta quijada. Si sus líquidos despojos de valde no he merecido, a trueque, y canbió la pido de la que vierten mis ojos. Pues tú eres la piedra, en quien fundada la Iglela medra, dame lo que dio una piedra en el desierto a Moisen; que preciso es que la dé tu pecho, aunque fuera roca, pues en él mi amor te toca con la vara de la Fe. No dilates mi esperanza, a un sacrílego soldado, por el golpe de una lanza; que si bienes soberanos no sedan sino a lanzadas, harras le tengo yo dadas al pecho de sus Cristianos. Cielos, que oigo! A un pecador. No eres Césarino? . Sí, Quién te mueve? Cristo en ti Ya le adoras? . Es mi amor. Hijo, levanta a mis brazos, porque como vid en trueco, por este tronco ya seco, suba tu Fe en mis lazos: Pues no os detengáis, señor. Vamos; pero hay Dios! detente. Viéronme; si finjo bien, mas si me huelen es cierto, que me han de tener por muerto, y aún por manido también. Si es este algún Martir, que hoy han muerto aquestos tiranos. Ay Dios! estos son Cristianos Si, amigos, un Martir soy. Si está muerto he deinformarme, que ahora habló al parecer. Muerto estoy, y desde ayer, y no han venido a enterrarme, Sin duda, cielos, él habla, que no había espirado es cierto! No amigos, que ya yo he muerto; pero no he perdido el habla. Pues quien fue el Martir? . Yo, que el martillo hepadecido. . qué dices? Martir he sido por la leche de mi madre. pues es Dios tal, que la ha dado . Vivo no te vengo a hablar. Qué importa; estuve difunto, y hice un milagro; y al punto me volví a resucitar. Hay más extraña simpleza! Pues de qué andas así dudo? Era hechizo, y no me pudo coger de pies a cabeza. Y Ines? . Ahora me enterneces? Esta es la hora, según van, que los sayones la están dando un pan como unas nueces, y ya la habrán hecho gígote. Cómo ha sido? dilo ya. Cómo? váyanse hacia allá, que aún llegarán al escote. Ay Inés! quién te ha ofendido? Qué al martirio la ha llevado! Ella se ofreció de grado, y a su muerte los llamó: yo viendo su infiel denuedo, dispuesto a mi muerte triste, aparéjeme. . Y qué hiciste? Caerme muerto de miedo. Como si estaba contigo su Feno seguiste al bella? Cierto que quise ir con ella, pero no pude conmigo. Qué esto escuche mi piedad, sin partirse el corazón! Padre, si en tanta aflicción no cabe temeridad, yo publicando mi Fe, la iré a buscar, si es mi suerte, que feliz siga en la muerte, la que en la vida adoré. Vamos todos, pues lo ordena la piedad de Dios así, a morir con ella. . A mí no me metan en docena. Cómo no? qué duda topa cuando Inés nos acaudilla? Yo soy santo de vigilia, y no he de morir en tropa. Por Dios todo es acertado. Si verdad he de decir, yo no estoy para morir. Porque no? Estoy en pecado. Logre el martirio que espero, Mire a que olla me convida. Vamos, no estime la vida. Padre, digo que no quiero. Pues los dos a Ines sigamos. Ya tarda en ir mi deseo. Logremos tanto trofeo. Envidia al cielo le damos. Qué en fin he de ir? qué dolor! Vamos, que el triunfo es igual. Como no me hicieren mal; yo fuera Martir, señor. Arnesto, Fabio, Floro, hola, criados, Aurelio, Decio, guardas, y soldados. Quién al César ofende? Sombra, espera. Señor, qué es esto? Aguarda, sombra fiera. Tu asustado, señor? tu descompuesto? así en público sales? pues qué es esto? Bien se logran mis iras; di que ha sido? De breve sueño, a mi pesar vencido, quedé, cuando entre horrores espantosos, del Cielo los zafiros luminosos, rotos abortan una nube oscura, cuyo horror, escediendo a su hermosura, vomitaba en incendios tronadores cuantas ruinas, estragos, y temores, idra de llamas, que iba acrecentando; que el mismo impíreo cielo al verla obrando, aunque allá la formó de eterno fuego, parece que tembló de verla luego: y al estrépito relámpago del rayo, disfrazaba el temblor de su desmayo. De ella, que a mí se acerca a un vuelo solo, veo que sale la deidad de Apolo, y en tremenda voz, dice: Diocleciano como en mi afrenta dejas al Cristiano? como ay Cristianos vivos a tus ojos? Y al ver que absorto dudo sus enojos, Ines, dice, las iras te suspende; Inés vence tu enojo, Ines me ofende. Despierto a aquella voz, y aunque indeciso, entre ilusión, y asombro hallo el aviso: Apolo está enojado, a Apolo ofendo, muera Ines al instante; ya pretendo buscar a los Cristianos, él me mueve; buélvase Roma un mar de sangre aleve, cuyas espumas bañen aquel monte, porque está cuando raye el Horizonte, al verse Apolo en el sangriento espojo, más rojo, que del rayo, del reflejo. Eso intentan mis iras contra el cielo; véngueme yo del hombre, de su celo. Pues, señor, toda Roma en ese empleo parece que ha informado su deseo: Toda está por lnes alborotada, y a muerte agora infame condenada; por hacer más lisonjado a tus enojos, la ejecución disponen a tus ojos. En esta plaza enciende un vivo fuego. en que abrasar quien turba su sosiego. el tumulto que ves a verlo aspira, pues está en tu presencia, su horror mira. Este contento debo a mis vasallos: acerquémonos más para mirarlos; por agradar a Apolo a este castigo, yo mismo he de asistir como testigo, que Nerón he de ser en la inclemencia de este incendio. Ya están en tu presencia. Ciudad de Roma, a Inés tenéis presente, que turba su quietud tiranamente. vuestra es la acción, qué hacéis? Muera en el fuego. Su rigor me deleita, avivad luego ese incendio voraz, que la consuma. Avivad, que del mar la blanca espuma imitara, creciendo en alto vuelo, para que yo en sus llamas llegue al cielo. Ea, amigos, que así llámaros quiero, pues por vosotros tanto bien espero; triunfad de esta inocente corderilla, que a los que más la ultrajan, mas se humilla. Cebaos como el Alcón, manchando el nido de aquesta humilde Garza, al pecho herido; quitadla a su Pastor la amada Oveja, que a dulces silvos llama con la queja: Y si algunos a llanto acaso os mueve, ver de mi tierna edad la muerte breve, no de mí tened lástima, Romanos, de cuantos perseguis a los Cristianos. Bierta Gerusalén tiernos despojos, por cuantos de Sion huyen los ojos; llorad gente engañada, llorad tanto, que apague a vuestro fuego vuestro llanto. Arrojalda en el fuego, al punto muera, que más me irrita su locura fiera. Pues veréis como imita mi ventura de Oreb la verde carza ardiendo pura, entre el incendio fiel, que en vez de estrago, la adusta actividad trocó en álago. La llama acrecentad. Al viento exceda. Pero sobre ella Ines intaca qued Desde el Ocaso al Oriente se alabe el nombre de Dios, que fuego, y agua divide contra el duro Pharaón. Extraño asombro! . Todos son encantos. Cielos, que sean sus prodigios tantos! Triunfo es de Dios, triunfo es de Dios. Qué mi poder contraste su error ciego! llegad todos, llegad, ponelde al fuego. Seguid a mí; mas Dioses que me abraso! Qué me quemo! . La llama sale al paso al que la va a ofender. Qué importan, cielos, en tanta ceguedad tantos desvelos! Huiga tu Majestad peligros tales. Qué encanto es este, Dioses inmortales? Triunfo es de Dios, triunfo esde Dios, Quitad esa mujer de mi presencia, vengad mi enojo, pues, o mi impaciencia. Yo seré por mi mano el homicida; triunfe mi espada de su aleve vida. Premiaré tu valor. . Muera su encanto. ̱ Dulce Jesús, ya logro triunfo tanto, como habéis prometido a vuestra esposa! No me desamparéis. Extraña cosa! . Qué dices? Que lograda mi violencia, se desapareció de mi presencia. Sin que la hirieses? . El agudo acero la dejó atravesado el cuello fiero. Vamos a morir por Cristo, todos a lnes imitemos. Decio, qué tumulto es este? En nuevas iras me enciendo! Césarino es, que animando los Cristianos a su intento, a despreciar tu poder los guía obstinado, y ciego. Seguidme, nobles Cristianos, los que labráis en los pechos corazones de diamante, con la sangre de un Cordero; aquitenéis la victoria, lograd todos sus trofeos. Como sin despedazarlos miráis este atrevimiento? A Cristo adoramos todos, llegad tiranos soberbios. No lleguen tal, que llevará pan de perro el que llegaré a Batín. Mueran todos al momento. que no nos vemos ninguno? El cielo en rayos, y truenos se desata sobre Roma. Nuestra muerte impideel cielo y recibe agora en premio, Gran tempestad! Yo los veo, seguidme a mí, que a su muerte a pesar de Dios os llevo. , s que te la ha labrado Ay de mí! Gente engañada, un rayo dio muerte a Aurelio, y otro os advierte que soy idea inmortal del infierno, pues en su llama abrasado voy encendiendo los vientos. , , . . Ya, Esposo, vengo a lograr Gran prodigio! Favor grande! De su encanto nos libremos; retiraos a la Ciudad. Señor, que favor tan nuevo es aquelle que nos haces? declaranos tus secretos. HAy amigo al gran ventura! indicios son verdaderos los divinos resplandores que miro ilustrando el viento, Inés está aquí sin duda. Oh milagroso portento! El cielo para encontrarla nos ha librado del riesgo. Mueran, más tened, Romanos, s , , que sombra ha cubiertoel cielo, , Ven, amada Esposa mía, la corona que mi padre te preparo al siglo eterno. La corona admite del sagrado Reino, tus merecimientos. 2. Y de tu pureza esta palma es premio, cuya laureola envidian los cielos. Y a Dios la alabanza por su gloria demos. de ti como amado dueño, en el tálamo dichoso tus amorosos requiebros. Recibe ya el alma mía, que en tus manos encomiendo. Fieles, siervos de mi Padre, de Ines el alma me llevo, porque en su muerte la honren vuestro martirio suspendo. Y a Dios las alabanzas por su gloria le demos. Amigos, disponed todos a tanta empresa el aliento. Esa será más despacio, n que ahora es tarde, y pidiendo tres victores quien la escribe, tenga aquí aplausos eternos la vida de santa Inés, y el Cielo por los Cabellos. FIN.