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Texto digital de El cerco de Túnez

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Juan Sánchez
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El cerco de Túnez. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cerco-de-tunez-el-2.

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EL CERCO DE TÚNEZ

JORNADA PRIMERA

Honrad el puerto de Tunez galeazas vencedoras, con muchos cautivos ricos, nobles con muchas victorias. Dejad descansar las aguas, que han rompido vuestras proas, desde el mar de Cartajena a la Genovesa costa. Y agradecédselo al tiempo; que entre peñascos y rocas hoy habéis llegado a Tunez, donde habéis de ser señoras. Mirad desde aquí el Alcázar, cuya punta al cielo toca, y los edificios ricos, y miradores de Roma. Descansaréis entre tanto que duerme al son de las trompas, el que de un cosario pobre es ya Rey de tres Coronas. El que con solo su nombre hombres y fieras asombra, el perseguidor de Cristo, y el defensor de Mahoma. El que sujeta las aguas, el que a la fortuna estorba buenos, o malos consejos en siendo contra mi honra, El lucero de Turquía, el escándalo de Europa, el freno de los rebeldes, el cosario Barbarroja. Antes que duerma, escuchadme mares peces, peñas, rocas, para moveros de envidia contaros quiero mi historia. Pobrísimo fue mi padre, no alego noblezas locas, ni antiguas genealogías, que soy hijo de mis obras. Tales fueron mis principios, que con una barca sola llegué a la costa de Belez, do hice empresas honrosas. Tuve a la vista dos meses las galerás de Andrea Doria, aprendiendo sus ardides envidiando sus victorias, Y determinado entonces a las inconstantes holas entregué mis esperanzas, y el cielo favoreciolas Híceme infame caudillo de alguna gente ladrona, cosarios de mar y tierra que viven de lo que roban. Comence a hurtar con ellos, y en espacio, y breves horas, de hurtadas galeras hice una armada poderosa. Y haciéndome señor de ellas acometi grandes cosas: l entré en Argel, y rendile, diome el Reino la Corona. Llegó al Gran Turco mi nombre, llevome a Constantinopla, ota de donde salí arrogante por General de sus floras. Lleguén al faro de Mecina, pasé al golfo de Narbona; desembarqueme en Calabría, y mi gente saqueola, Que me sitiaron sus naves, llegué a Nápoles la hermosa, cerqué a Prochina, y trujeron sus cabezas defensoras. y al navegar de una noche pasé el Promontorio y Costa, matando tantos Cristianos, que no tiene abril más hojas. Tomé a Fiudí por engaños, espanté a Roma, y ahora estoy a vista de Túnez, donde Mahoma se entona. pienso apoderarme de ella, y por las Cristianas costas, de Genova a Gartajena, de Sicilia a Barcelona. Borrando el nombre de Cristo, y aumentando el de Mahoma, que bebo Cristiana sangre, y vale mucho una gota. Sueño siento, aquí me arrimo, árbol prestad vuestra sombra, al más famoso cosario que ha visto el mar hasta ahora. Y si algún rayo algún tiempo ofendiere vuestra sombra, en mi hallaréis venganza; dadme voces que os socorra. Veréis que es poca su fuerza, y que la mía no es poca que contra los rayos mismos crió el cielo a Barbarroja. Con gran razón, buen Dios crucificado; de mi descuido grande estáis sentido, pues en mis cosas propias ocupado, vuestra desensa soberana olvido: pero no estoy, Señor, tan descuidado, que aunque esta santa empresa, he difirido pienso poner por tierra a Barbarroja, que con Cristianas muertes os enoja. Prestad vuestro favor a Carlos Quinto Rey de Castilla, Emperador de Roma, que con resolución de castigarlos deja sus hijos, y sus armas toma, que por profundas mares va buscando el santo estoque, que soberbios doma, de leones de España acompañado, que con sangre Áfricana se han criado. Armado estoy aquí con verdadera Fe, que profeso como buen Cristiano, de no quitarme un punto la visera; hasta amenazar la furia a la Africano: al arma hermano, Barbarroja muera, sígame el Español, y el Italiano, el Aleman, el Ungaro, y Tudesco, que estoy, Señor, sentido de un agravio fresco, Al arma España, con el vicio afloja, viva la Fe de Cristo, y muera Bárbarroja. (enoja Sueños vanos, quien me atormenta en sueños, quien me sin temor de mis hechos soberanos; viva Mahoma, y venza Bárbaroja, y muera Carlos Quinto entre mis manos, bañando el suelo, de su sangre topo, que pues en sueños se me representa, no es valeroso el que adormido afrenta. Mas a quien temo yo? por quien desdeño mis honrosos designios, y mi fama, si el mismo Carlos Quinto, aunque le sueño, se está durmiendo en regalada cama? adónde voy? por dónde me desdeño? quién me incita a la guerra? quién me llama? qué es esto? que Español mis armas corta ( volvamos adormir, que es lo que importa. Por los sagrados pies que adoro, y beso, vuelvo a jurar de no volver a España sin haber visto el próspero suceso que me promete tan Cristiana hazaña: venid hidalgos, cuyo amor profeso, y de quien mi peasona se acompaña, celebraréis el juramento mismo en favor de la Fe que os dio el Bautismo. Valeroso Duque don Fernando, Andrea Doria famoso, en paz, y en guerra, Marqués del Basto, del ilustre bando que vencel al moro, y al hereje attierra: buen Garcilaso; en todos confiando, contra el soberbio infiel muevo esta guerra, que prometéis a Dios, por quién conquisto? La vida Emperador, Pues viva Cristo. Ahora es tiempo Capitanes míos, que mostréis el valor que os acompaña; para ahora ha guardado vuestros bríos la Fe sagrada, y nuestra hermana España: inmensas mares, y profundos ríos, y extraña gente de vivienda extraña: habéis de saber pues, que a Tunez vamos, juráis seguirme todos? . Si juramos. Juráis tomar a pechos la defensa, de vuestro Dios, y la conquista santa al Reino moro, que con tanta ofensa contra sus santas leyes se levanta? Juráis, que a Barbarroja, que es quien piensa desbaratar la Iglesia sacrosanta, pondréis en tierra en sangre roja tinto? Así lo juramos invicto Carlos Quinto. Pues veis aquí el Cordero que os envía contra el moro feroz a esta jornada, subí a besar sus pies, y diestra mía, que tan santa humildad a voces dada: y haced las ceremonias de este día: cualquier alma Cristiana está obligada a Dios, cual sus criaturas humillados, y a mí que sois mis brazos y soldados. Habéis besado el pie, por culpas vuestras, y las de todo el mundo, al fin sangriento, en fe de que os armáis, y alzáis las diestras, a defender la Fe con santo intento: valerosos soldados dad las muestras que de su luz espera mi contento, muera este Barbarroja, que se espera; Españoles al arma: Muera, muera. Al arma toca España, o se me antoja, al arma grita el fuerte Carlos Quinto, mil amenazas por el aire arroja, promete verme en roja sangre rinto: pues que esperas con esto Bárbarroja, lleguen mis voces hasta el cielo quinto: al arma, al arma, al arma a la campaña, alerta acometer, que viene España. Caballa, quien os ensaña para tanto vocear? que armada veis en la mar, qué gritáis España, España? Cobardes que España es esa, que en cuatro metes no ha estado el mar tan desocupado, que es de lo que a mí me pesa. Invencible Barbarroja donde está tu atrevimiento, que apenas se mueve el viento, cuando España se te antoja. Qué temes, pues solo entablo cuanto por ti tomo a pechos; no sabes, que por mis hechos me llaman el cachidiablo? Quién te osará a dar batalla, pues tengo el mundo vacio, y con solo un soplo mío viene al suelo una muralla. En oportuna ocasión vienes vertiendo desdenes, pues, semblante humano tienes, como te finges león, Que do tu familia afloja ajenas famas se sorve: tiene otro valiente el orbe, Si no solo Barbarroja? No ves, que como me dio Alá a escoger valentía, son cobardes cuantos cría después que a mí me crió? Al nacer me dio a escoger, y en cielo y terra escogí las calidades que a mí me habían de ennoblecer. Y qué escogiste? Destreza, fama, y valor, osadía, resolución, valentía, temeridad; y nobleza. Pecho para acometer, brazo para atormentar, fuerza para pelear, ventura para vencer. Esto escogí: Y qué dejaste? Palabras, y vocerías, mas tú, si voces sabias, con voces te contentaste. En fin que soy voceador? Esa virtud te concedo, que cuando yo hubiese miedo tú has de morir de temor. Suba a lo gabía un Grumete, y atalaye todo el mar: propio es del miedo pensar, que aquel que duerme acomete, Desde el mar de Cartajena al puerto de Berbería está la costa vacía, ni se ve mástil ni entena. Ningún remo al agua ocupa, ni despliega al viento vela, ni cosario en caravela, ni pescador en chalupa. Paz, seguridad bonanza, promete el mar en su orilla, Brava voz tiene Castilla, pues hasta Tunez alcanza. Una galera ligera, descubriendo solamente voy, y la extranjeragente levantan de paz bandera. Y aunque es de pequeña marca, traer gente noble debe, a vela y remo se mueve, ya llega, ya desembarca. Sin contradicción alguna hemos en tierra saltado, no ha sido mala fortuna, estando el mar rodeado de una y otra media luna. Cristianos, al parecer, son los que en tierra han saltado: Desde hoy comienzo a creer, que cuanto hasta aquí he mirado, ceguedad debió de ser. Que aunque he visto las corrientes de los cristales, y bellas aguas que encierran sus fuentes, la lumbre de sus estrellas conformes, y diferentes. Cuanto he visto hasta ahora ha sido un rasguño, y sombra, de aquesta que aljófar llora, que si el universo asombra, esta asombra, y enamora. Es posible, que Alápudo, formar criatura tan bella? que traes aquí Capilludo, es Serafín, o doncella? Uno, y otro: . No lo dudo. así no es maravilla que la libertad me quite tan soberana esclavilla; El moro se me derrite con el fuego de Castilla. Aquí es menester el vuelo de alguna voz recia mía con que espantar moros suelo: Qué miras cobarde? El día, . Qué dia? El que admira al cielo. Oh perro, en tu corazón caben tan tiernos antojos, ataja imaginación, o sacárete los ojos que miran con afición. Esta fortaleza mira, y no la delicadeza de ese rostro que te admira; que allí hallarás terneza, y aquí hallarás monte de ira. Huye del fuego que arde con disinio diferente, y haz de estos miembros alarde, que estos te harán valiente, y esta te hará Cobarde, Yo solo miro la extraña composición del vestido: Quién más la mira se engaña, que desdicha os ha traido a mi armada; sois de España? La fama de Barbarroja, y las treguas que asegura al África, nos arroja: Luego no por desuentura venís, y que se os antoja, Compráis cautivos Cristianos? Sola esa empresa traemos: De qué nación? Castellanos: Toda amistad os haremos; Bellos ojos soberanos. tiene el mirar por afrenta, mi Rey por eso no os mira: Turco mi fama acrecienta, o en dando el primer suspiro entre los muertos te cuenta. Cual Rey tengo prometida tregua a cualquier mercader de España que esclavos pida, porque el comprar y el vender. es el reloj de la vida. se Queréis mucha cantidad? No irá mi bajel vacio, si nos hacéis amistad, Lo posible, y más, que fío a quien me trata verdad. Mas quién es esa mujer que ansí me inquieta mi gente con hechicero poder? Comprela a un moro valiente que encontré en el mar ayer. Y dónde la cautivó? En la playa Genovesa, donde una tarde salió: Quién quiso vender tal pieza no la quería como yo. Qué dijiste? . No trataba de amor, ni de tal me acuerdo: Tú has de mirar una esclava? eres tú el valiente, el cuerdo, que de ternezas burlaba? Di quien eres fuerte moro, Soy el hijo de la ira; que por sangre humana lloro: Ahora que no me mira quiero mirar mi tesoro. Bárbarroja soy, Perdona; que el no haberte conocido nuestra cortedad abona: Luego nunca habéis oído las señas de mi persona. No os han dicho que mis ojos vierten saña, y vierten lumbre, y que hizo Alá mis ojos, mas para dar pesadumbre, que para quitar enojos? Que yo soy en la figura, y en la fiereza gigante; robusta torre en la altura, Marco Tulio en el semblante, y César en la ventura, En la firmeza montaña, en las paces la hidalguía, en las batallas hazana, el temido de Turquía, y el temeroso de España? Luego a España temes? Sí; Pues en ti cabe temor? Con una estrella nací, que temo al Emperador, aunque en mi vida le vi, Decidme por darme gusto su edad, su figura, y talle: es delicado, o rebusto? Ninguno podrá pintarle mas al vivo, y más al justo. Más bajo que yo? Mas alto, Luegos cmediana mi altu Escucha sin sobresalto, y hasta ahora te asegura, pues no estás de aviso falto. Que tu robusto modelo la más apartada nube puede tocar desde el suelo: pero Carlos Quinto sube con su pensamiento al cielo. Y pues yo, adónde me que do? Esto es mirar con trabajo Quién puede lo que yo puedo? burla, si burlas, más bajo, Pues que sin verle le has miedo. Bien dices, pasa adelante: Es mansa su condición, venerable su semblante, Valiente? Como un león, si al alguno hay su semejante. Prudente, discreto, sabio, alegre el rostro, aunque grave, mal sufrido de un agravio, de conversación suave, y belfo del bajo labio. Y más señas podré darte, pero manda aqueste moro, que se reporte, o aparte, que le guardo algún decoro, no más de por no enojarte. Qué hace? Mil necedades, esta haciendo mil señas, un millón de libertades: Porque tan niño te sueñas no hay más distinción de edades. Vete de aquí: Yo prometo no alzar los ojos del suelo: Di, que ya estará más quieto, di más de ese vegezuelo que tratas con tal respeto. que Capitanes apresta contra mí? Tan bravos son, que es en su comparación, una estrella al Sol opuesta. Es el Daque don Fernando, a quien, si los ojos vuelves, viene ya recuperando la perdida de los Gelues, su ilustre padre vengando. Es hijo de don García? Su hijo, quien acompaña más nobleza y valentía, que al Cid famoso de España, y al Tamorlan en Turquía. Dime tu nombre Española, Quita, que vivo sin nombre: Porqué? . Por venir sola; Bárbarroja es loco este hombre? Asegurémonos hola. quién más? El Marqués del Basto, y el Genoves Andrea Doria, que alcanza; aunque grueso, y basto una importante victoria con un moderado gasto. Estos son; y sus soldados nobles, y de todas suertes, tanto al trabajo enseñados, que de ellos los menos fuertes, duermen dos años armados. Qué armas usan? Duras planchas de acero, y no les fatigan, haciendo carreras anchas; es Alferez general Garcilaso de la Vega, Caballero principal, cuya fama clara llega a más que ser inmortal, es luz de la más discreta; y más aprovada gente, y por su ingenio poeta. Tiénele notable amor España, a su patria mira, que tanto el Emperador alaba su cortesía, y celebra su valor. Pero mucho me detengo en la alabanza Española, volvamos a lo que vengo; No dice mal, venga hola; de esos cautivos que tengo. La nobleza es recibillos, tormentos son por la Fe; Ánimo para sufrillos; hay triste niñez amarga: Por vuestro amor determino librarlos, si se me encarga. Galgo, si más me amohíno, echáreme con la carga: Oh Padre de la Merced, venisnos a refcatar? Si hijos: Adiós merced, que ya han hecho renegar a otros seis por hambre, y sed. Y aunque nosotros tengamos el mismo riesgo y amor, con nuestra fe nos quedamos, envidie a vuestro valor; En fin rescatados vamos. Hermano mal inclinado, de que servirá el rescate, pues te hallo renegado? Del precio y venta se trate; que noble sangre has manchado, Qué he de dar por estos tres? Tengo de pedir lo cierto? Para acabar de una vez: Que aún no está hecho el con triste de nuestra niñez. (cierto. Hasme de dar mil coronas de España; . Mucho has pedido y muy de franco blasonas: Mucho es esto, pues ahora pi- mil por cada dos personas. (do Dele los mil padre mío; que dárselos yo en Valencia dentro de un año confío: Esperad, tened pacicecia; Sois corto a Argel los envío. En fin nada has de quitar? No me canséis capilludo, que no sé recatear: Pues por un rapaz desnudo cien doblas? Por no cansar. Padre conozco a los dos, y son muy nobles, concluya; Míos son: Gracias a Dios: Toda la partida es tuya, pagad, y idos con Dios. Qué dices fiel compañía de esta dicha? Que la adoro; aunque con poca alegría, que dejo un hermano moro por no esperar solo un día. Mas llevaré, Pues espera, que en Túnez te daré con que hinchas tu galera: En Túnez? Boila a ganar, aunque Mahoma no quiera; en mi propia Capitana, entretanto te aposenta, Harelo de buena gana: Entra, y las coronas cuenta, Seguidme gente Cristiana; Oh claridad, cuanto puedes, Sea glorificada, amén, la Virgen de las Mercedes. Un hermano me atormenta, por quien mi sangre ofendida será de mil moros cuenta, mas quitarele la vida, y se acabará mi afrenta. Hola fraile, Qué hay que hacer? pero para que me llama hombre de tal proceder: He menester esa dama: Yo también la he menester; Yo la quiero para amarla; Yo para mirar por ella: Ofrecéreme a pagarla; Yo no trato de venderla; Pues yo trato de compralla; Con qué has de satisfacer? Con mi voluntad: Es poco, No tengo más que ofrecer: Muy cuerdo estoy para un lo. bueno será enloquecer. (co, Comitre de mi galera, venga el freno de arrogantes que está en la sala primera, póndrele a este moro, que descomponerse quiera. Qué freno es ese? Este freno; La temeridad condeno; Con este soy otro Alcides, cuando más manso, y sereno. Este te pienso poner, que para tantos donaires, loco, todo es menester, aunque es libro que los frailes nunca le suelen leer. Perdone la soberana Religión de mi Señora, que aunque en esto se profana, debo defender ahora una doncella Cristiana. ahora puedes pedirme esa dama por quien pides, comienza perro a seguirme. Contra mí te descomides? de ti estaba por reírme, pero no conviene risas, donde con tanta congoja con mi fortaleza frisas; espera volveré roja la infame tierra que pisas. Invencible Rey de Argel, señor de la mayor fama, que hombre tuvo desde Abel, un inocente te llama, ofendido de un cruel, ven, y escucha por un rato, que con mil atrevimientos usa conmigo un mal trato. Quién me llama? Un ofendido para pedirte favor, Mis intentos ha impedido. Fuerte invicto vencedor, hallarasme agradecido: Quién te ofendió? Mi fortuna, mi misma suerte mi estrella, desde que nací importuna. Si no hallas juez contra ella, aquí, ni en parte ninguna, di el caso, y dime quien eres: Fui un Príncipe desdichado, que un Reino entero perdí: Príncipe? Desheredado: De dónde, de Tunez? Sí, de do Reina Mahomar, y porque no le suceda, en vida me deshereda con fiera inhumanidad. Desherédame mi padre por Muley, que es un mi herma- y el hombre más inhumano (no, que ha tenido humana madre. Todo el Reino me pedía, mas nada pudo bastar a dejarme de quitar lo que también me debía. Eres mayor? Soy mayor, y es mi hern que huyo de mi padre, y de el, ciego de enojo, y temor. Mas ciego llegas aquí, porque te fuera mejor buscar contra mí el favor, y no pedírmelo a mí. Que el Reino te restituya quieres? Militar lucero, esto pretendo, y espero de la gran clemencia tuya. Con meterme en la ciudada el cetro y Reino conquisto, que está mi hermano mal quisto, y yo estoy en amistad, Qué oración más importur me puede el cielo buscar. Qué dices? Que has de Reinar a pesar de la forr ponte vestidos entrarán tus triunfando de donde! Escribe seo lo que pal y para no con mis ga Les di, o de verte? y que t el tras lo restante del mundo, que Túvez mañana es mía. Y tu furioso instrumento, por quien me hago temer, oye que te quiero hacer ejecutor de mi intento. Eutra en la Real galera, y este que de aquí se aparta, después que hubiese en la carta puesto la letra postrera. Con un soldado la envía de quien se pueda fiar, porque en darla, o no la dar está la ventura mía. Y tras esto, con recato arroja al mar a Roselo: A este mozo? este mozuelo? por robarle le mato, scrito, no, n acabar, a a guardar ano. de él se ruicio Por estos pasos que llevo, en todo indignos de un hombre, subió Alejandro su nombre, yo soy Alejandro nuevo, y le aventajo sin duda, que si el no erró en cosa alguna, ayudole su fortuna, y ya mi brazo me ayuda, en mi favor no hay estrella que órdene, ni desordene, si otro Capitán la tiene, yo solo nací sin ella, que la fortuna más llana en quien las armas profesa, es ganar Reinos apriesa, uno hoy, y otro mañana. De estas fortunas me pago, que me ha hecho mi fiereza mostruo de naturaleza, que Reinos enteros trago. Es mi valor sin segundo, que de nada desconfía, hoy tendré a Túnez por mía, y mañana a todo el mundo, Y si aquel sueño de atrás no fue caso de temor, halleme el Emperador con una corona más. le al mar morillo flaco; que no te venzo llorando? e aplaco perdonando, olo me aplaco. questas quejas; Ca No m matando solo Alégranme a Santo Alá, Por Túnez lloras. pero en morir las mejoras, pues muriendo me las dejas. Valedme santa María Madre del gran Dios d España, sed hoy defensora mía; aunque os sueñe como extraña una voz de Berbería. Mirad con ojos más vivos, Reina, mi mortal discordia, que en sus trabajos esquivos, os llamaban mis cautivos madre de misericordia, pues si un cruel nos enoja, también yo os quiero llamar; mirad. Virgen, que me arroja en las entrañas del mar la crueldad de Barbarroja. si me ayudáis os adoro: Tal quiere Alá consentir? Que me ahogo: A falso moro, que por miedo de morir pierdes a tu fe el decoro. Desatinado mozuelo, a nuestra enemiga invocas? de tu desgracia me duelo, pues con devociones locas pierdes la vida, y el cielo. Cómo te podrá ayudar una tan pobre mujer? que favor te podrá dar, la que por no lo tener vio a su hijo justiciar? Ningún mal que se te haga, según es tu desbarío, voy al más alto navio a ver como el mar te traga. , d i Blasfemo de mi bondad, quien más que yo suelo ser, cierta en la necesidad; llamasme pobre mujer, si lo fui, dices verdad. Pocos bienes posey: pero no es bien que no sobre a los que viven ansí, que soy rica para el pobre, aunque pobre para mí. Moved apriesa la barca, aunque el oficio no os cuadro verá este falso Monarca, del que cielo y tierra abarca el gran valor de su madre. Y el moro que me ha llamado, que dentro del mar se ha undido, verá que se ha encomendado a una mujer, que ha podido todo cuanto ha procurado. Moro confiesas de mí que concebí al mismo Dios, y que Virgen le parí? Así lo siuñmio de vos, aunque lo neguén hasta al Y prometes bautizarte, si en esta galera mía te pongo en segura parte? Si prometo: . Quién te fía? Vos mismo, Quiero fiarte, trava a ese cordón sagrado? Misericordiosa Madre, vuestro nombre sea loado, o cautivos de mi padre, que bien me habéis enseñado, dichosa crueldad aquella. con que Bárbarroja al mar me arrojó, divina estrella, pues que merecí hallar tal remedio contra ella. Ya estás más seguro Ahora, que mares podré temer, teniendo yo por Señora; dichoso llamo el nacer que naciendo os adora. Apora se que se engaña asbarios a extraña: o5 aña lo, sa jueva, or el bravo clemento de España su curso lleva? no la verás, que no hay viento que tan ligero se mueva? Que no ves una barquilla llena de luz, que embaraza de Barcelona la orilla? aprestad una galeaza, y salgamos a seguilla. amos presto; Bárbaroja prueba mi poca paciencia, porque reviente de floja: Sueñolo? Con tu licencia, o sueñas o se te antoja. Seguro estás de Roselo, que lo eché yo, y ha de estar por los tiros que hacer suelo, mas lejos dentro del mar, que está de la mar el cielo. Basta, pues tú me aseguras; Yo te aseguro, que soy coluna de tus venturas: a matar el fraile voy, Yo a ver como lo procuras. Y en viniendo el mensajero que llevó a Túnez la carra, parta el ejército entero, Mejor es que luego parta, para que llegue primero. Triste mozo mal regido, que por no haber esperado tal Dios habéis ofendido; veis aquí ya rescarado vio hermano, y vos perdido. Veis aquí vuestra nobleza derribada por el suelo, donde un bárbaro tropieza: veis aquí perdido el cielo por falta de Fe, y firmeza. Veis aquí el pasó a la popa del remedio y salvación del alma, y de un padre honrado, la buena reputación perdida por mi pecado. Que hay si no desesperar, se seguirá muerte infame a un infame renegar. Mas que hago, que imagino que vengo desatinado, haciendo otro desatino; Aquí esté aquel renegado, que de mi furia huyendo vino. Apercibite traidor, que has de morir por mi mano, en venganza de mi honor; o Español mal Cristiano, de tu sangre infamador. Apercibete enemigo, que vengo en nombre del cielo a verme a solas contigo, que hasta aquí fue tu consuelo, y hoy ha de ser tu castigo. Y antes que mueras me di, por aquel piadoso Dios, tanto ofendido de ti, entre tanto que los dos estamos juntos aquí. Hasete, acaso, olvidado que eres hijo, aunque indino, de don Andres, un soldado, que por serlo el, imagino que es Capitán afamado. Que aquel que por honra brama siempre crece como espuma, y el vulgo bueno le llama; hoy por su espada, y su pluma ha eternizado su fama. Bien se hermano, que nací en su casa, y como a padre tiernos abrazos le di, y que me crió mi madre, a quien desabrido fui. Y se muy bien, que le obligo, a que sus manos crueles hagan de mí un gran castigo, que si es malo con infieles, desde hoy lo será conmigo. Pero bien sabes; Desuía, Que no pudo resistir mi cuerpo tanta porfía: Perro había más que morir, hay muerte que dure un día? Tienesme a mí por más fuerte? quince años tengo, y aún menos, y no me espanta la muerte; al fin soy hijo de buenos, y el bueno todo lo advierte. pero a ti, bien sabe el cielo que te dio leche una esclava de Argel, y tengo recelo que dio la que te criaba (lo. por mi hermano algún su hijue- Esto es cierto, entre los dos no hay parentesco, yo salgo por ello, apartémonos, que un buen Cristiano hidalgo, no renegará de Dios. (do, Tu hermano soy, y he llega- por no haber sido obediente, a tan miserable estado; pero si uno se arrepiente halla perdón del pecado. Ya estoy bien arrepentido: Qué arrepentimiento basta Cristiano recién nacido? sanbenito de tu casta, mal criado, y bien nacido. Rapaz vencido por sed, en quien causó cobardía el verte tras de la red; porque no esperaste un día al Padre de la merced. El mismo tormento esquivo padeció de sed tu hermano, y vesme aquí sano, y vivo, que estoy libre, y soy Cristiano, y soy un pobre cautivo. Que diré al noble valor de tu padre, de esta hazaña; que con el Emperador vienen a seguir de España al Mahometano error. Cómo esperarás los brazos de aquella presencia noble, y sus paternales lazos; a roca, peñasco, o roble, un rayo te haga pedazos. Quebrántome el corazón aquese honrado mozuelo, que hoy su reprensión; del un hermano me duelo; del otro cobro afición. Don Juan! Oh Padre! el decoro os pierdo como villano: más perdonadme, que lloro un desuenturado hermano que se me ha tornado moro. Siento ver que se condena, y temo a mi padre honrado, que ha de hablar en tierra ajena a un hijo que le ha afrentado por no verse en la cadena. Qué os parece que delito ha cometido un traidor entre los vobles escrito? qué agravio! qué grande error! que infamia, que sanbenito. Padre estame atormentando, no hace si no llorar; Mas llorara, hermano, cuan- (do, entendiera yo labar vuestra deshonra llorando. Francisco vuestra nobleza poco se os ha mostrado aquí; menester es más firmeza, De que a mi Dios ofendí, mi arrepentimiento empieza, Perdido estáis a remate. que la verdadera Fe nunca se rinde a un combate: Ayer, padre, reneguén, y hoy has venido al rescate. y desde aquel triste día que nos prendió Barbarroja, y nos trujo a Berbería, contra mi paciencia floja no aflojó su batería. E sufrido su crueldad, mas tanto se desenfrena; que a pura necesidad, por verme una hora sin pena rompí con Dios la amistad, Pero mi culpa confieso a su Majestad, y a vos, y humilde la tierra beso: Francisco eso quiere Dios, vuestro remedio está en eso. Tomad este Crucifijo, y besando sus heridas, pedilde perdón mi hijo: espaldas por mi ofendidas, de vuestra ofensa me aflijo, maldad se disimula? esto se sufre sin pena? lo que Barbarroja ordena con sus cautivos, se añula? Capilludo temerario, que has hecho aquí? Restituyo a la Merced lo que es suyo, como fraile Mercenario. Ya entiendo, que atiende el Sol a castigar tus delitos; Que no me rindo a tus gritos, no ves que soy Español? No ves, que si alguien me nombra tiembla el suelo, y más el hombre? No ves que pasma mi nombre? No ves que espanta mi sombra? No ves que al mundo resisto? No ves que obedezo a Cristo? No ves que soy maravilla de la pagana nación? No ves que soy el león de las armas de Castilla? No ves qué imito al demonio? No ves que sigo a S. Pablo? No ves que soy cachidiablo? No ves que soy Fray Antonio? No ves, triste, que soy fuego, que soy muerte? No ves galgo, y que soy fraile, y soy hidalgo, qué es ser dos veces bueno? No ves que me temblarás? No ves que no se temer? No ves que soy lucifer? No ves que soy Barrabas? Qué ruido es este? Un moro ol que quiebra el salvoconduto, un soberbio, un valentón, que me quería arvinar: un cordero para obrar, y para hablar un león. Un Español baladí, que te quita lo que amas: Perro baladí me llamas? valiente te parecí. Ah castigado, y rendido a este rapaz renegado: Buena ocasión has hallado, bien sabes tú que otra ha sido. Al pie de aquella montaña muera el moro inobediente, y no se halle presente gente ninguna de España. Ponedme en cobro a los dos hasta haberme obedecido: Padre confesión os pido, Hijo confiésate a Dios. Hermano voy a pagar lo que contra Dios pequé, a marir voy por la Fen por no volver a pecar. Ven hallaraste a mi lado, No me deja el Rey, perdo. gana solo la corona (na, que tanto te ha deseado, Abrázame hermano mío, pues no he de volver a verte, y ánimo contra la muerte que es cobarde donde hay brío, Apartaldos: Confesión, Padre, que voy a morir: Hijo, no te puedo oir, mas lleva mi bendición. Vamos reliquia Cristiana, que a beber tu sangre voy: que ha muchos días que estoy sediento de carne humana. La mayor de sus venturas es la que ha tenido hoy con el Rey, de vuelta soy, Moro; . Rey. A quién procuras? Este es el Embajador que a Túnez la carta, Y dice Tunez que parta tu ejército vencedor. Que entre Roselo en su tierra, donde a pesar de Muley le levantarán por Rey sin aparato de guerra. Y que cuando se acometa haga un trompeta señal, que Túnez, como leal, solo a Roselo es sujeta. Entra en Túnez a Reinar, pierd este si más esperas: Desembarque mis banderas, toqueña desembarcar.

JORNADA SEGUNDA

acto segundo Socorro Túnez, socorro, que se entra furiosa España, y si la Goleta pierdes África es toda ganada. A la costa, a la marina, al arma toquen, al arma; que más de ochocientas velas de Españoles desembarcan. Espáñolas son las velas, que las Castellanas armas en los estandartes ricos descubren las duras hastas. Y el Emperador invicto es este que desembarca, que hasta las aguas mismas le hacen alegre salva. Oh dichoso Carlos Quinto, que con tanta confianza, no buscándote en las tuyas; nos buscas en nuestras casas. Qué sed de vencer es esta que han hecho, Túnez a España, que por rendir su Goleta, entregas al mar tus canas. h . Oh furiosos Españoles, con brava priesa disparan, ánimo valientes moros; Santiago, España, España. Oh fortísima Goleta, tantas veces conquistada, hoy te pierde el Rey de Tunez, y Carlos Quinto te gana. 2. Espesos vienen los tiros, los más fuertes desbaratan: Carlos Quinto, Carlos Quinto; Santiago, España, España. Arena de África ardiente, adonde los pies estampa la Católica del mundo, y de lo fuerte la nata. Piadosas, y altas olivas, victoriosísimas palmas, jardines del Rey de Túnez, secos troncos, verdes ramas. Desde el más florido almedro, a la más esterizarza, que habéis hasta qui servido a tantas moriscas almas. Hoy al son de vuestras hojas haced alegres la salva al invicto Carlos Quinto, único señor de España. Que en vuestras solas riberas vitorioso desembarca: y vos fortísima torre, que de la Goleta os llaman, llena de moros de Tunez, que os fortalecen, y ufanan. Rendid vuestros capiteles, sujetad vuestras murallas, mirad que no hay fortaleza contra las armas de España. Ea Marqués valeroso, Santiago; al arma, al arma, si hoy la Goleta gano, Túnez mañana es ganada. Encarnizados leones, por esta parte más flaca se puede escalar la torre, arrimad esas escalas. Y al soldado valeroso; que sobre piedra, o muralla, plantare este Crucifijo, le doy en premio estás armas. Yo me encargo de esa empres Oh famoso Duque de Alba, (sa; envidia de todo el mundo. y gloria de toda España. Que se entran los enemigos, que trepan por las muralla; a ellos moros, a ellos, pocos son y piedras bastan: Oh buen Dunque don Fernando, que en fin eres el primero que sube al muro volando: ánimo buen caballero, que te está tu Rey mirando. Subio, y ha ganado la Goleta; mas lleva a Dios en la mano, claro está que le socorre: Viva el valor Castellano, y nadie sus hechos borre. Santo estandarte del cielo aquí os planta el Duque de Alba para general consuelo, toquen cajas, y hagan salva: victoria, que vence el cielo. Valerosos hijos míos, ya subo a solenizar vuestros Católicos bríos, hasta vencer y matar, vuélvanse en sangre los ríos. La será que tan ufana verse regada desea con noble sangre Cristiana, hoy en su defensa vea ríos de sangre Africana. Carlos Quinto, espera, aguarda, Quié me a llamado del mar? Una galera gallarda, que te quiero encomendar un nuevo Cristiano, aguarda, Este es Roselo, heredero de Tunez, y convertido al camino verdadero, a quien he favorecido, y de quien servirme espero. Saquele del mar airado, adonde fue con rigor de Bárbarroja arrojado; que el que me pide favor, no puede serle negado. Tendrasle en tu compañía; y harasle bautizar: Oh soberana María, que no es nuevo en vos obrar milagros en Berbería. Venga el Príncipe dichoso, que con la afición que suelo le seré padre piadoso: Desembárcate Roselo, que el dejarte aquí es forzoso, O dulce navegación, que presto te has acabado: Trava otra vez del cordón; En tierra firme he saltado con firme resolución De ser vuestro eternamente: Adiós César sin segundo, Adiós Sol resplandeciente, común refugio del mundo, y amparo de nuestra gente. Adiós, y mirad que asisto ensalzando vuestra Fe, y pues con ella conquisto, es razón que se me de un esfuerzo nunca visto. Tendrasle de Dios, pues haces sus negocios como fiel contra locos pertinaces: Vos me acreditéis con el que yo animaré mis haces. Soberano Emperador dadme los pies Imperiales: Merecistes tal favor, que nos ha de hacer iguales en amistad, y en honor. Dices que mi padre es mucato y no me dejáis llegar? dejadme el paso desierto, que quiero esperimentar si mi regocijo es cierto. A padre, a padre, ya creo que Reino en vuestro lugar, pues en tal peligro os veo: cierto he venido a reinar, ya se cumplió mi deseo. Muerto está? si que está frío, quebrados tiene los ojos, y con todo desconfío: que es esto muertos despojos, que temo, pues todo es mío. Pareciome, fue el temor, que os vi en la silla mover, más Mahoma engañador, para que yo he menester estas gotas de sudor. Padre, ni por pensamiento os pase volver al mundo, que ocupo ya vuestro asiento, y por no tener segundo tendré poco sufrimiento. sudor es, y fue desmayo lo que ser muerto entendí, del trono de Túnez caigo, cielo, no habrá contra mí, o contra mi padre un rayo? Quién me trujo a la Mez- hijo? (quita No hay porque a mí me cuadre tal nombre, ni se permita de mí a vos, porque no es padre el padre que resucita. Ea Rey resucitado, que habéis de volver ahora a andar el camino andado: Qué dices lengua traidora, hijo por mi mal criado. Cuando de un desmayo largo vuelvo por milagro a ver el siglo para mi amargo: cuando del penoso ser del cuerpo otra vez me cargo; Y cuando mi dura estrella que ya me vuelve a la vida para que padezca en ella, he de hallar un homicida hijo que me saque de ella. Esto se ha de usar conmigo, es esto porque te di el Reino, falso enemigo, si un hijo me trata así, que hiciera el más enemigo. Olvida tan gran ciudad, y si temes que han de darme el Reino, y su Majestad, poco pueden conservarme casicién años de edad. No hay que pedirme, perdona, que tengo de asegurar con tu muerte mi corona: que en fin me quieres matar, y con tu propia persona? Sí, mis manos, y esta liga, harán el castigo infame, a que mi ambición prosiga, nobles respetos, dejadme, ninguno me contradiga, Que tengo de ejecutar este escándalo que trazo: al vuestro, y a mi pesar, padre echado tengo el lazo, no falta si no apretar: Aprieta cruel, aprisa, el lazo por la garganta de esta cansada ceniza, que la muerte no me espanta, si por ti me escandaliza. Sienta mi cansado cuello ese espíritu feroz, y pues que tu gustas de ello, ahoga, aprieta la voz que te hizo Rey sin sello. Aprieta las mal hechoras manos, y sin pena alguna goza del Reino que adoras, que yo espero en la fortuna que no has de reinar dos horas. Gran crueldad es lo que intento, solo pensarla me espanta, mudemos el fin violento, aunque la anciana garganta padezca mayor tormento. A dos Cristianos cautivos quiero encargar este insulto, que como son vengativos tras un Afrícano bulto, se ponen dos mil estribos. Que ya que al cielo le plugo que el nombre de hijo me cuadro, y que sea tan dulce yugo, basta ser juez de mi padre, sin que sea su verdugo. No ejecutas tu crueldad? No ves que fue por provarte aquella temeridad, antes quiero regalarte; No es segura tu amistad. Hola Luis, y Ramiro, Los dos estamos aquí, De vio servir me admiro, lleva a mi padre de aquí, en cuyo ser me remiro. Y sobre una rica cama le echaréis, y haréis llamar los médicos de gran fama: Ese es modo de pagar a un padre que tanto te ama. Oídme, en una barquilla solo le echad a la mar, por la más de sierta orilla; Eso es quererle matar? Pues eso te maravilla? De que es tu padre te acuerda, y si esta razón te exhorta, no permitas que se pierda: No importa déjalo necio, que un perro a otro se muerda, Hágase mi voluntad, como digo, y luego al punto yo os daré la libertad; Júzgale ya por difunto; Vamos gran Rey Mahomar, Padre a la cama os envío. Esto es hecho, ya he salido con mi cruel pretensión, aunque se no he cumplido con la honrrada obligación de un hijo favorecido. Pero no hay que me culpar, que me he visto coronado: y en mí, que empiezo a madar, es menos grave el pecado cometido por Reinar. Voces sueñan, cajas tocan, al arma, victoria gritan. favor, y socorro invocan, mis recelos resucitan, mis esperanzas se apocan. Mas qué es esto Barbarroja pronuncia ahora tu voz, de nuevo el el aire le arroja, si está en Túnez el feroz, cuyo apellido congoja? Perdido soy, mi esperanza no hay muro en que se sustenga, castigo es este, y venganza, mi muerto padre se venga, y su maldición me alcanza. por donde huiré estrella pía, que la pura enemistad cualquier miedo me desvía: Hoy Túnez fuerte ciudad, hoy por engaños es mía. Nnunca domados leones, de todo temor vacios, que para estas ocasiones he menester yo esos bríos, levantad esos pendones. Túnez os ha dado entrada, si en ella alguna persona, aunque sea noble, y honrrada, me negare la corona, pruebe el filo de esta espada. Sea todo sangre, y rigor, que como astuto Africano, de coronas robador, lo que por amor no gano quiero ganar por temor. Este es el cruel tirano que mi Reino tiraniza, al fin echado en su mano: Quién eres? Quién soleniza Tus victorias, . Temprano. eres el Rey por ventura? Por desuentura lo fui: Pues un hombre te procura, que tiene dentro de sí universal sepoltura. Conoces a un Africano, que es Barbarroja su nombre, el más soberbio pagano, que después del primer hombre nacio de discurso humano? Pues yo soy, y soy el rayo, que el cielo llama sin treguas, y es tal la furia que traigo, que tiembla, quinientas seguas todo el suelo donde caigo. Todo cuanto topa abrasa, mi fuego, de parte a parte, hasta el mar por donde pasa, mira cual podré dejarte, que hoy he caido en tu casa. Poco aventuras valiente, moro la furia recoge, toma esta prenda, y consiente que por un muro me arroje a la furia de tu gente. No tengo más que entregarte, y aquí te juro, y prometo, por lo que puedo jurarte, que aunque es más en tu respeto, Y confieso, que has podido matarme, y por Alá que adoro de llamarme tu vencido: Eso basta, y guarda el oro, que es torpe el valor vendido. Vete, y cuando alguíe pretenda tu ofensa, conosadía les muestra esa rica prenda, que en conociendo que es mía, no hayas miedo que te prenda. Cómo señor absoluto, por la más cruel batalla pasarás de sangre enjuto, que es mi prenda, y en llevarla llevas el salvoconduto. Vete presto, no me coja otra determinación: vete, que soy Bárbarroja; Perdonas como león noble, al que a tus pies se arroja. Voyme, y voy tan obligado, que de voluntad te diera el Reino que me has quitado: Jamás entender pudiera haberme tanto humanado. Mas no lo agradezcas moro, que si yo tan enojado te he guardado algún decoro, es, que a veces garrochado no suele ser bravo el toro. Yo vencí sin resistencia, que aún no me dieron lugar para perder la paciencia; pues quien se puede enojar contra la misma violencia. Túnez por mi Rey publiquen las cajas, y esta victoria aunque ella de si es notoria, sin que más la certifiquen. Qué ay Capitán? Venciste: ya no hay armas, contra ti, sienten su engañoso sí, pero ninguno resiste. Bien es verdad, que con gritos, que hasta las nuves subían, a su Roselo pedían: Muchos del pueblo? Infinitos. Pero mil golpés feroces, de quien a ratos te espantas, cercenando las gargantas les atajaban las voces. Ahora falta cumplir lo que importante me ha sido; Sin duda será cumplido lo que quisieres pedir, Que se debe a tu valor: Pues dadme mi dama amada, Procuralda por la espada, Tiene un fuerte defensor. Llámale, Ya le he llamado, y por venir sin mi estrella, y a buen recado ponerla, de industria se habrá tardado. Ya vengo a ver lo que quieres, llamado por ese moro, mal guardas Rey el decoro a tu valor, y a quien eres. Qué pudieras enviar un rapaz desos tus pajes, sin que haciendo mil ultrajes me fuera un moro a llamar. Qué moro fue? Yo fui el que le llamé en tu nombre, mas en que ofendí a este hombre para que me trate así. Hízote algún disfavor? Entró diciendo ternuras a una de aquellas criaturas que compré por mi dinero. Y con tal resolución, le vide ante mi presencia; que a no tener resistencia hiciera una sinrazón. Y suelo yo, si me enojo, aunque es mi fuerza tan flaca, aplacar con una estaca un enamorado antojo. No hay razón que más ofenda, una vez desenfrenado, que un fraile, siendo soldado, es un caballo sin rienda. Todo es, porque a doña Elvira le dije un donaire hidalgo; No la ha deber ningun galgo, que le ataré si la mira. Por Dios cansado querer, y demasiado guardar: Fraile yo puedo mirar, Pues moro, no la has de ver. Por la fe santa que adoro, que es este el mismo donaire: Cómo sufres este fraile? Cómo sufres este moro. Cese el enojo impaciente, que aunque no adoráis un Dios, sois tan valientes los dos, que ya os estimo igualmente. De ese la Cristiana bella, fray Antonio al Capitán, y del despojo os darán treinta cautivos por ella, No gano nada trocando, ya la esclava se pagó: Mirad que lo mando yo; Mirad que yo lo desmando. Ya, fraile, me desobligo con tus muchas libertades, rompamos las amistades, no quiero treguas contigo. No pares en Tunez más, sal de la provincia mora, donde solo día y hora de seguridad tendrás. Y pasado, aunque en rescace ofrezcaz cien libras de oro, doy licencia a cualquier moro para que te prenda, y mate, Dia, y hora me señalas, más plazo es bien que me nombres, que no son aves los hombres que han de caminar con alas, porque tu amistad se gasta, dudo de la fe Española; Dia y hora llevas hola; Moro la mitad me basta. Y si tú eres tan valiente como siempre has blasonado, un fraile soy desarmado, no salgo con mucha gente. Y si por tu valentía trujeres a tu poder esta Cristiana mujer que ahora tengo por mía, Tú quedarás con tu dama, yo con mi desconfianza; tus obras con la venganza, y tus victorias con fama. Mas para que me fatigo con dichos estraordinarios, que entre crueles cosarios nunca se halla fiel amigo. Arma un millón de villanos hasta que cubran el Sol, que basta un solo Español para cien mil Africanos. Mis hijos, Cristianos míos, caminemos sin temor, que vuestro rescatador, aún tiene vivos los bríos. e Salimos del Reino moro, Yo salgo a morir por Dios, Muramos todos con vos, Yo cobraré la que adoro. Primero que sus abrazos goces, fiero renegado, verás mi espada quebrada, y mi brazo hecho pedazos. Y aún no habrá llegado el día de la fortuna siniestra, aunque se quiebre la vuestra, que no se quiebre la mía. Que la ejército, y arrisco en los trances de más suerte, para que vengue la muerte de mi hermano don Francisco. Que esta es la dichosa hora que aquella sangre Cristiana, desde la Cruz soberana, cimaita la arena mora. Por Dios que sois gente extraña, juzgo de vuestras razones, que deben de ser leones hasta los niños de España. Vamos hijos, Voy tras ellos, que pienso volverlos presos: Prósperé Alá tus sucesos; Hoy os rescato ojos bellos. Ahora el Emperador venga a Tunez a buscarme, que por Alá que ha de hallarme con harto menos temor, Invencible Bárbarroja, (en Túnez de nuevo reinas, cuyas insignes victorias cubren el cielo y la tierra. Crucificado el Cristiano, dejó las blancas arenas tan cubiertas de su sangre, que a dos leguas colorean. Pero temo, Barbarroja que está la venganza cierta, y que han de hacer riza en Tunez las Españolas banderas. Que el famoso Carlos Quinto cuyas alabanzas ciegan a las del Magno Alejandro, y vencedor Julio César. Hoy de cuatrocientas naves ha sacado, y puesto en tierra treinta y cuatro mil soldados armados de fuertes pieza Y gritando España. España, Santiago, cierra, cierra: al desocupar el agua dieron sobre la Goleta. Y tantas balas disparan, que a las dos horas y media por lo más alto del muro cayeron moros y almenas. Por donde el grandon Fernando, Señor de Valdecorneja, arrimando unas escalas, deja de trepar, y vuela. Y a pesar de espesas valas de cañonazos, y Piedras, que al que las tira se vuelven de la acerada rodela. Plantó en la fuerte muralla un Cristo, en cuya bandera, alzando sus esperanzas, y derribando las nuestras. Gritó España, y tras los gritos, abriendo las fuertes puertas, en menos de media hora han ganado la Goleta. l Y ufanos de esta victoria, y no contentos con ella, hacia los muros de Túnez vienen cañoneando apriesa. Jurando el Emperodor, de no volver la cabeza, hasta que en nuestras mezquitas consagren nuevas Iglesias. Pronosticado tenía, Sinan valiente, esta guerra: estos fueron mis temores, mis sospechas fueron estas. Vuelvan a provar mis brazos, vuelvan a provar mis fuerzas, que ellos volverán a España las manos en la cabeza. Y para que no imaginen que sus gritos me amedrentan, toquen al arma mis cajas, y desplieguen sus banderas. Y antes que lleguen a Tunez, salgamos a la defensa, que los que piensan cercarme han de hallarme, sin cerca: a ellos Túnez, a ellos, muera Carlos Quinto, muera. Mucho gusto he recibido con el Infante robusto; nuevamente convertido: Gran Carlos Quinto ese gusto todos le habemos tenido. Dónde se le dio aposento? El Duque de Alba Fernando le hizo gran recogimiento: En todo me va obligando, bien sabe darme contento. Y vos, también, me le dad; y en tanto que en la campaña no hay de vos necesidad, en alabanza de España vuestra pluma ejercitad. Escribid como poeta, pues lo sois aventajado, la ruina de esta vil será mora, y el mísero estado de la ganada Goleta. Qué razón es, pues sois prenda de España, y España os llama de lo mejor de su hacienda; que en acreditar su fama hoy vuestro ingenio se entienda. Escribiré, esclarecido Príncipe, con el cuidado que de escribir me ha cabido, vuestro renombre inmortal, nunca hasta hoy vencido. Vuestra Fe, vuestra firmeza, vuestro celo, vuestro honor, vuestro amor, vuestra nobleza, vuestro divino valor, vuestra esplendida largueza. Vuestro cuidado Cristiano, vuestro recelo piadoso, vuestro obrar determinado, vuestro premio tan honroso, vuestro proceder humano. Vuestro perpetuo vencer, vuestro templado mandar, vuestro humilde obedecer, vuestro corto castigar, vuestro largo agradecer. Vuestras divinas hazañas, que no sabré encarecerlas pues son todas como extrañas, que os hace la menor de ellas digno de cien mil Españas. Esto escrebiré, compuestos versos, y rimas discretas, aunque a la elegancia puestos, ha menester mil poetas cualquiera atributo de estos. Basta Garcilaso amigo, celebrad la valentía de los que vienen conmigo, que no es gran hazaña mía ser de las suyas testigo. Antes por veros presente hace el más sin hora honrado, al remiso diligente, cuidadoso al descuidado, determinado al valiente. Quien al Duque don Fernando movió a escalar la Goleta con alas de amor volando, entre una y otra escopeta sus balas menospreciando? Quien le hizo tan entero, hasta plantar nuestra seña escaló fuerte, y ligero, sufriendo allí media peña, y aculla un peñasco entero. Y con ser la resistencia tanta, mientras más crecia, mas era su diligencia: Moviole su valentía, Moviole vuestra presencia. Quien mueve al Marqués leal, que Avalos se apellida, nuestro digno General; aventurar una vida tan noble, y tan principal? Procurando en competencia de los de menos edad hacer de la Fe experiencia? Moviole su Cristiandad; Moviole vuestra presencia. Y al Genovés Andrea Doria, esclarecido en el mundo con una y otra victoria; quien le ha hecho sin segundo, y sin primera su historia, siendo oliva en la clemencia, en la fortaleza roble, y palma en la resistencia? Moviole su sangre noble; Moviole vuestra presencia. Y vos que hacéis, Garcilaso en mi presencia? Mil faltas, y ansi en silencio las paso: vuestras obras so muy altas, haced de ellas mucho caso. Y ahora por mi contento dad una vista al Real, pues es de tanto momento, que estando muy puntual vale un soldado por ciento. El Capitán don Andres quédese con migo solo: Conforme tu valor es, el mundo de polo a polo es poco para tus pies. Harta ventura tuvimos en traeros a esta guerra los que vuestra lengua oímos, reconozcamos la tierra, y hágase a lo que venimos. Aquel colladillo oscuro que del monte se desvía parece lugar seguro) para que el artilleria bata de Túnez el muro. Yo subo a ver si es ansí, y habiendo comodidad pondré cien piezas allí; Vuestra sacra Majestad se ocupa en eso? . Sí. A su potencia absoluta no conviene ese ejercicio, que es la tierra áspera, y bruta; y basta para ese oficio un Capitán de conduta. Y yo, que soy el menor, tomo ese cargo por mío, y digno de ti, señor, y ejercitarlo confío con excesivo valor. En todo pienso hallarme, y juro por Dios de ser, mientras pudiere esforzarme, primero en acometer, y postrero en retirarme. No hay peligros para mí, y si los ay, no remerlos; mas si Dios se sirve de ellos, para servirle nací. Vos entretanto en lo llano descubrid alguna fuente, que en el rigor del verano la sed temo solamente al ejército Cristiano. Aquí os volveré a buscar después de haber ponderado la calidad del lugar. Oh buen viejo, o buen soldado, quien te pudiera alabar. Cobardes hijos de España, si os puedo llamar sus hijos, que con la adarga y la caña alteráis con regocijos la plaza, y no la campaña. Guarneced vuestra cuadrilla de más nobles esperanzas, que mejor será escribilla en Túnez tirando lanzas, que bohordos en Castilla. Dejad el regalo blando, y de tanta envidia llenas, burlas en verás tornando, vení a morir como buenos, al gran Carlos imitando. Vida, como habéis sufrido una carga tan pesada? Entre estos ramos he oído, una voz dibilitada, y un lastimoso alarido. Qué será? quiero atender si se vuelven a quejar, y procurare saber si es a quien puedo ayudar, o quien me puede ofende Oh Católica España, o dulce, y regalada patria mía, si por esta montaña sus hijos aportasen, algún día de tan amarga prueba nol llegase a don Andres la triste nueva. Qué es esto? a mí me nombra la triste voz, que tristemente sueña: Árboles cuya sombra, guarda del Sol mi sangre en el arena; tened cuenta con ella, hasta que mi buen padre venga a bella. Y decilde en mi nombre, que se perdió por Dios, que no la pise, que don Andres es hombre que guardará respeto a quien lo dice, aunque de aviso falto le dirá como es suba el sobresalto. Árboles, mostradme a ver el que mi antigua osadía en temor puede volver, que quien vierte sangre mía mi sangre debe de ser. Aquí el eco corresponde de aquella voz afligida, que está montaña me esconde; dónde estáis voz escondida? Aquí estoy, Sepamos donde. Quién te puso de esa suerte, Conoces a Barbarroja? Yo vengo a darle la muerte porque nuestra patria enoja: Ese mi sangre derrama: con quién vienes? Con un hombre que Carlos Quinto se llama, que ha hecho eterno su nombre, y soberana su fama: Dime, tu patria dónde es? España, En ella nací: que sientes alma, que ves? dirasme tu nombre? . Sí; Dime cual es, Don Andres: Don Andres es tu apellido? Por qué? Porque te he querido, Pues quién eres? Soy tu hijo, mira al tiempo que has venido, Mi hijo, cuál de los dos? Francisco; Oh luz de mi Orientes abrazadme si sois vos, Aparta no te ensangriente. Retrato del mismo Dios, hijo más bien empleado que yo imaginar podía; martir que me habéis honrado el sello de mi hidalguía. Gusto mío atormentado, comendador de mi vida, solo por vos merecida, no en el hábito cosida, sino en las carnes clavada. Qué importa que vuestras venas a poder de yerro rotas, lluevan en mi sangre y penas, merezco menos sus gotas que estas dichosas arenas? Pues si ellas están teñidas de las corrientes Cristianas, porque han de ser preferidas las banderas Africanas, y las Españolas vidas. Dejadme hijo, que goce de esta sangre vencedora el que también la conoce: Padre que años tengo ahora? Cuando cautivaste doce. Pues de doce vine preso, dos años debe de haber que mis culpas no confieso: Qué culpas puedes tener? Muchas, y de mucho peso. Procuradme el confesor, solo este bien os encargo, si me habéis tenido amor; Dulce hijo yo me encargo de traeros confesor. Ese remedio es el cierto; mas advertid hijo noble, que estáis de heridas abierto, y si os dejo en ese roble, cuando vuelva estaréis muerto. Padre, si este bien que os pido me negáis, iré dudoso de lo que me habéis querido; Mirad que es muy peligroso el trance en que estoy metido, que neguén a Dios por temor, y aunque en el alma me duelo de haberle sido traidor, Es más cierto abrirme el suelo la llave del confesor: Pues hijo voile a buscar al campo de fieles lleno; Padre y habéis Aguijar, que tres días ha que peno, y poco puede durar. Presto padre: Hijo amado, presto será mi venida, aunque el campo está apartado; Mi Dios, dejadme la vida hasta haberme confesado; Mas hay alma, mucha priesa te dan para que te apartes, y el remedio humano cesa, que está rota por mil partes la carne donde está presa. Sumo Pontifice Dios, Sacerdote soberano de naturalezas dos, pues no hay confesor a mano, quiero confesarme a vos, Y no os quiero ver sentado para ser mi confeso en vuestro trono sagrado, porque quizá de temor me dejaré algún pecado. otro asiento extraordinario, que quiero que la Cruzvuestra sirva de confesionario; en ella os volvé a poner. que en tan piadoso lugar, clavado vuestro poder, todo será perdonar, pues todo fue padecer. Ea Señor, coluna firme, sagrado báculo, y palo, a quien cansado he de asirme, que pues con tantos tormentos cuidastes de mi ventura, cuya sois, y en mis discuentos, echaré la culpa al cura, si muero sin Sacramentos. Hasme sabido llamar tan bien, que me has obligado a venirte a confesar, en la Cruz estoy sentado, comiénzate a confesar. Que aunque mi infalible ciencia sabe tus culpas mejor, vengo como confesor a oirte de penitencia. Di Francisco; Rey venigno, Confesor, a quien confieso por Dios sin fin uno, y trino, pues habéis venido a eso contesarme determino. Confiesome que os neguén, que vos sabéis mejor aún cuan de mala gana fue: confieso que fui traidor, que a vuestra Iglesia afrenté. Confieso que pretendía la muerte al cruel tirano que cautivo me tenía, que quise matar mi hermano por solo que me reñía. Que me vino al pensamiento darme la muerte a mí mismo, de que ahora me arrepiento, que dije que era el vautismo engaño, y no Sacramento. Qué hurté a vuestra Deidad la honra también debida desde vuestra eternidad, por flojedad conocida, y no por necesidad. Pero ya estáis satisfecho de mi justificación, que aunque estás faltas he hecho, en efecto soy ladrón, y estoy a mano derecha. Y pues con buenas razones alcanzo aquí tantos dones, todos hemos de ser unos, pues todos fuimos ladrones. Quiero sentenciar por ti, y envidie el mundo tu aviso, Francisco yo desde aquí te prometo el Paraiso, como a aquel le prometí; Serás segundo ladrón, que estando crucificado me supo hurtar su perdón; y pues estas confesado recibe la absolución. Cuido de ti como Cura, cuyo cuidado es más cierto que de angelica criatura; y como a Lázaro muerto de la hedionda sepoltura, De las culpas te levanta, de ellas te absuelvo y desvío dando al pecado quebranto, en nombre del Padre mío, y del Espíritu Santo. Y con esto, verdadero martir, santo en pelear, mas que humano caballero, sube conmigo a reinar, que con mi padre te espero. Ahora muerte, no importa que cortés mi vida tierna, será más larga la eterna cuanto esta fuere más corta. Que esperas alma dichosa, id tras Dios, que se os aleja: Quién llora aquí? quién se quej cuya es voz tan lastimosa? Válgame Dios! Quién se halla a mi muerte? . Un Español; Gracias al cielo, que el Sol se ha detenido en mirarla. Yo soy el Sol; . Profetizo cuanto más que así te llama el mundo, porque tu fama más claro que el Sol te hizo. No eres el Emperador? Carlos Quinto: No lo dudes, que conozco tus virtudes tanto como tú, y mejor. Quién eres, que en verte así quiebras las peñas más duras; Pésate de mis venturas? No, de tus desdichas sí. Luego yo soy desdichado? Por tal te puedo tener, tierno mozo, hasta saber por quien te has despedazado. Y si es por Dios? Si es por él? puesto en el suelo de hinojos adoraré los despojos que le ofrezco como a fiel. Por martir quiero tenerte en mucha veneración: pero cual es la nación que has honrado con tu muerte? España, porque me ampares como a vasallo este día; Oh dichosa España mía, y quede martires pares. Y tu padre venturoso quién es? . Es un hombre muy famoso por su nombre, y por sus obras famoso. Aquí vendrá, y verás, que acompaña tu persona: Dime su nombre, Perdona, no puedo decirte más, que me enternezco en nombrarle: Hate visto? . Sí señor. que le pedí un confesor, y fue a tu campo a buscarle. Dirasle en llegando aquí, como ya me he confesado; y que al puerto deseado con seguridad partí. Y dale un abrazo est cho, aunque el llanto le apasione, y dile que me perdone los disgustos que le he hecho. Dame el abrazo primero, si le he de dar tus abrazos, Tengo clavados los brazos. Aunque lo estés los espero, Enlaza los brazos bellos por esta anciana garganta, desampara la Cruz santa y honra a tu señor con ellos. Que si lo haces así, desde hoy tus abrazos son; para tu padre blasón, y reliquias para mí. Dios mostrad aquí el poder vuestro en mi hecho pedazos, y dadme libres los brazos, porque los he menester Llega Emperador de España, Contento a España volviera cuando en Tunez no tuviera sino sola aquesta hazaña, Ese abrazo señalado se dé a mi padre primero, que porque tanto le quiero se lo doy tan apretado. Y este será para ti; Quiérose yo más extraño, aprieta martir tu pecho, y deja tu sangre en mí. Y si vuestro padre el ques, tardare mucho en llegar, dime a quien he de abrazar, Al Capitán don Andres. Y a Dios, que en tus brazos mue- (ro. Oh dichoso Emperador, que oria quiero mayor, que mayor victoria espero. De aquella imperial garganta de mi Rey, le hallo colgado, hay hijo bien empleado, vejez niña, y niñez santa. Que bien parece en los brazos de un Emperador Cristiano un lucero Castellano. un martir hecho pedazos. Querrasle dar sepoltura como a hijo de un amigo; O padre, que a ser testigo veniste de mi ventura. Llega, y de los pies sagrados quita el clavo penetrante, Niño en las obras gigante, solos nos dejas, y honrados. Recibí el cuerpo arenal questos mis brazos os dan. que ya es muerto? . yo gocen de velle cuando espiraba, Pues ya el confesor llegaba, sino yo me adelanté. Trueca el sollozo profundo don Andres, en regocijo, que más quisiera este hijo, que ser Monarca del mundo. Y pártase entre los dos del martir el amor blando; tomad que me dio espirando este abrazo para vos. ofendéis vuestra grandeza; Aquesta llaneza os muestro; y para os dar lo que es vuestro, he de usar de esta grandeza. Y porque la edad ingrata, no escurezca esta hazaña, llevaré el martir a España en una caja de plata: Alzad; Bien sabéis honrrar: Llevémosle hasta mi tienda: si yo vivo, ilustre prenda, yo os haré Canonizar.

JORNADA TERCERA

acto tercero o el Reino, y el honor perdido cansado de correr con ansia extraña no sé que buena suerte me ha traído a vista del ejército de España donde de mis trabajos condolido el magno Emperador, que en la campaña que tiene, y su poder Cristiano me cobrará mi Reino del Pagano. Quiero sentarme en tanto que anochece, A ver si acaso el sueño me entretiene, que un triste Rey, que soledades tiene, buscar algún alivio le conviene, Tristes ojos, que llanto os enmudece al son del monte, que a su falda os tiene, y al murmurar de estas alegres hojas demos alivio un rato a mis congojas. s. De haber hecho tal crueldad arrepentido me veo; A mí me obliga el deseo de conseguir libertad. Y luego dando la vuelta a que firmase el tirano la libertad de su mano vimos a Tunez revuelta. Y por esto la noticia del ejército de España nos ánimó con tal mana a procurar su malicia. Que fue ver el triste viejo en la ligera barquilla volar de la armada orilla sin comitre, y sin consejo. Y que fue después mirar las vueltas sin fundamento; cual fiero y soplado viento le dio la barca a la mar. Ya será muerto sin duda, y hoy en las aguas perece, que nadie le favorece, y todos le desayudan. Quéjase de un hijo ingrato que en el agua le entregó: De mí estoy quejoso yo que consentí tan mal trato. Un moro dormido está al pie de esta montaña; Y sin acuerdo de España, perdérase de atrevido. No es este Muley Hacen el tirano patricida, verdugo de nuestra vida, turbador de nuestro bien? El que nunca se contenta de servicios que reciba; el que a la turba cautiva miserablemente afrenta. Y para no me cansar, no es este el tirano esquivo que a su padre medio vivo nos mandó echar a la mar. Este es, venguemos la ofensa de tanta sangre Cristiana; muera en la arena Africana el que estar seguro piensa. Apercibete a su muerte: Siempre estoy apercibido, Matarémosle dormido, Más venganza es que despierte: Vaya al mar, para que muera, como él a su padre ha muerto; Perro, tu castigo es cierto, de vivir más desespera. con su propia espada tenga el primer golpe y herida: Qué es esto Alá? Patricida, es tu padre que se venga. Quién me mata? Dos Cristianos de tus injurias vencidos: A perros desconocidos, que al fin mueto ha uias manos? Caiga en el mar el traidor, do tendrá la sepultura que él a su padre procura: Favor cielo; . No hay favor. Ramiro gloriosa hazaña habemos por obra puesto: Acabémos la depresto, y alto a la armada de España. ondas recebí ese aleve, que a su padre os entregó: Ya es muerto, . Ya acabó, pague el traidor lo que debe. Cuando no hubiera ganado sino tu honrada amistad; después de ser bautizado, ganara más calidad que jamás ganó soldado. Oh buen Duque, quede honor, y quede virtud mantienes; Agradezco ese favor: mas aunque por tal me tienes debo ser mucho menor. Quituve un padre que fue padre de sus mismos Reyes, y coluna de su fe, y si yo sigo sus leyes ejemplo de hombres seré, Mas qué es esto, santo Dios, que oigo ruido de espadas? Volvamos, y armémonos, Mas don Juan, si no te enfadas solo por un hora, o dos Has de sufrir con paciencia que me halle a este alboroto faltando de tu presencia: Vamos los dos, que No es buen voto, solo he de ir con tu licencia. Fraile aquíhas de aca- Moro aquí has de morir, (bar, No puedo más esperar, Ni yo te puedo seguir, Duque, por no te enojar. Valerosísimo hidalgo, varón que tu patria asombras, por cuya virtud soy algo, para parecerte en algo quisiera ser cual tu sombra. No hay siquiera un pescador que llegue esta barca a tierra? otro espanto; otro temor mi virtud heroica atierra, y escurece mi valor. Una pequeña barquilla de repente se me ofrece, poco trecho de la orilla, sola de remos, y gente con que moverla, y regilla. Y un viejo, si no me engaño, viene en la barca ligera, y será protento extraño: Mancebo, que en la ribera estás mirando mi daño, Si en ti algún dolor despierto, llega y despierta mi pena, que está mi barquillo abierto encallado en el arena sin poder llegar al puerto. Yo soy un viejo cansado de la vejez consumido, y de la mar maltratado; Que espero, afuera el vestido, que a sacarle voy a nado. Apriesa, que estoy muriendo, moriré en la tierra amada, porque de la mar me ofendo; Ya voy vejez maltratada, (do. mar bravo a Dios me encomien Fraile triste, ya has provado la dureza de mi acero, la fiereza con que hiero, con sangre humana comprado. El desatinado herir, el furioso acometer, el sangriento deshacer, el osado resistir. El penoso atormentar, el ligero revolver, el cauteloso ofender, y el templado reparar. Si no quieres que esta guerra se acabe contra tu fama, pon en mi poder tu fama, y vuelve libre a tu tierra. Moro; ya ves por los ojos mi osadía, mi destreza, mi furia, mi fortaleza, mis rigores, mis enojos. Mi herir determinado. mi acometer riguroso, mi segundar peligroso, mi desatinar osado. Si no quieres que esta guerra pare en obras, y no en voces, déjame darte mil coces, y dejárete en tu ticara, Que tal sufro? Qué tal paso? Prueva a ver como peleo, Prueba a ver como batallo. Muera este perro a pedradas Mi piedra va la primera: Esta es la pendencia fiera de quien hoy las espadas. Teneos digo, tente hola, moro que de morir medras; no has visto que llueve piedras en ti la furia Española, Moro enfrena la osadía, que más ofende, y más daña una pedrada de España. que una flecha de Turquía. Y esa niñez despreciada podrás muy mal resistilla, que un muchacho de Castilia naciendo pide la espada. Oh valeroso Fernando, claro sol de Castellanos: Yo te cogeré a las manos; Basta ya, vete callando. Qué es esto Padre? qué riña es esta tan sin consejo? Pretende este galgo viejo quitarme esta tierna niña. Y yo defiendo mi capa; Honrada pendencia es esa, De que se escapó me pesa, Por poco tiempo se escapa. Y no se escapara fío; si supiera esa razón, solo aplaque la cuistión pensando ser desafío. En fin el Emperador está ya en Túnez venciendo: besalle los pies pretendo, como a mi Rey señor. Llegad niños, y abrazad al mejor de los soldados: Son cautivos recatados? viva vuestra caridad. De dónde sois niños fieles? Yo de la noble Madrid. Yo, de adonde asistir sueles, soy de Holoria; . Mi vasallo aposentaos en mi tienda, y a cualquiera que os ofenda mandare yo castigarlo: Y vos? De don Andres soy hijo: Nueva apacible: es posible que lo sois? Sin duda: . Espero albricias del bien que decirle puedo. Oh valeroso Toledo; siempre nuestro amor codicias, Y vos hermosa doncella? Yo, señor soy Genovesa: La de la pendencia es esa, Ay partes para quererla. Estos tiernos muchachuelos de Murcia y su tierra son: Mal empleada prisión, vamos, y regalarelos, Verá Carlos mi señor aquesa lástima extraña: Viva el Duque; Viva España; Viva el Maguo Emperador Padre esta satisfacción os dio aquel hijo cruel en pago de su elección, bien empleada fue en él, por cierto, vuestra afición. Quitásteme el Reino a mí para dársele a un ingrato, que después te trató así: pésame de su mal trato, Mas que de lo que perdí. Pero quien llegare a ver que os he sacado del mar, debiéndoos aborrecer, dirá que se perdonar; mejor que el agradecer. Una barca hecha pedazos os dio por cama segura, llenas las almas de lazos: mas hay cansada ventura, que se me a muerto en los brazos. Padre, padre está sin vida: o mozo desatinado de tu honor, fiero homicida, bárbaro mal inclinado; temerario patricida, Vena ver este delito, que ha de quedar en el mundo por perpetuo ejemplo escrito; donde estás Nerón segundo, ven que a enterrarle te cito. Ven, y en la Africana arena enterremos los despojos que te dieron tanta pena, y si aún duran los enojos, por un hora los refrena. Mas qué importa vocear, que me dirás por ventura, que no le pudiste honrar con más rica sepoltura, pues se la diste en el mar. Yo propio quiero enterrar este cuerpo, que en la guerra murió de tu por siar, daré la tierra a la tierra, que es impropio darla al mar. Con esta daga pequeña daré a mi padre, y señor el bien que más se desdeña, que como la mueva amor, podrá mejor una peña. Allanaréis con presteza aquel pequeño collado donde ese olivar empieza, que tengo determinado plantar allí alguna pieza. 1. Latirémosla a una mano: Quién viene qué me inquiete? oh Príncipe soberano, a quien el cielo promete todo el Imperio Africano. Tengo aquí mi padre muerto, que por una gran ventura vino a morir a este puesto, y hagole la sepoltura para dejarle cubierto. Oh noble agradecimiento, o hijo bien inclinado; entre mis hijos te cuento, muy poca tierra has cabado: Es pequeño este instrumento. Yo te ayudare a romper con estas manos cansadas la tierra que es menester: venga una de esas azadas, Hasme hecho enmudecer. 1. Vuestra sacra Majestad se aplica a tan bajo oficio? démonos priesa, y callad, que bien sabéis que es mi vicio hacer obras de piedad. Oh lucero militar! que cabe en tanto valor obra tan particular? soberano vencedor, quien te ha enseñado a cabar. 2. qué a tanto humillarte, quieras? Vuelve el cuerpo, y participe de las obsequias postreras: 1. Oh Príncipe don Felipe, si ahora a tu padre vieras. Padre sepulcro os encierra, pero alomenos piadoso; padre dirán que os entierra el Príncipe más famoso que tuvo jamás la tierra. Ahora gente Cristiana cubrid esos huesos hiertos. con el arena Africana que para los Reyes muertos no hay más sedas, ni más grana. Y porque de Bárbarroja, me han dado noticia, y vos, donde dio al Muley feroz la tierra que el mar despoja, Conforme soy informado. por dos testigos de vista, vamos, y cualquier soldado esté para la conquista en este punto avisado. Tu retírate a vestir en medio de ese olivar: id vosotros a asistir, y yo entretanto mirar por donde podré embestir. España, al arma, al arma: Cosa extraña: quién alborota a España? Bárbarroja hinche de moros la campaña, y pelear sin moros se le antoja. A ti me envía gran patrón de España, que si verte con él no te congoja, te quiere ver, de tu valor pren- (dado; Venga seguro, Vengo confiado. Y hete pedido licencia para poder verte así, porque después que nací muero por ver tu presencia. Ya gracias a Dios, te veo, ya gozo de este favor, ya me admira tu valor, ya se cumplio mi deseo. Y de ver la noble cara, que tal Majestad encierra, si hubiera Dios en la tierra por Dios de ella te adorara. Santo Alá, que peregrina gravedad, tanto me admira, que con respeto te miro como persona divina. i . No he visto en tierra Africana más noble semblante moro: No sé como no le adoro, Notable afición me gana. Qué venerable semblante! Qué robusta gentileza! Qué soberana nobleza! Qué bien compuestogigante! Qué hermoso, que colorado, que dispuesto, que bien hecho! Qué buen brío, que buen pecho, y que bien proporcionado! Qué agradable valentía! Qué llana afabilidad! Qué natural gravedad! Qué compuesta bizarría! Qué aspecto de Cortesano! Qué respetivo decoro! Oh quién te tuviera moro; Quién te tuviera Cristiano: Emperador sin segundo; Rey primero en valentía, Nuevo espanto de Turquía; Nuevo prodigio del mudo; Soite muy aficionado: Mucha afición en ti dejo: Quieres que te dé un consejo? Si es bueno, será estimado. Alza los ojos, y mira la multitud de soldados con leche infernal criados a los pechos de la ira. Mira los campos cubiertos de banderas importunas, cubierto de medias lunas, de tu mal prodigio ciertos. Mira aleñados los brazos llenos de esperanzas ricas, que al ímpetu de las picas harán los montes pedazos. Escucha las escopetas que hacen las piedras migajas, el retintín de las cajas, el runtún de las trompetas, Y si es así, que te quieres, como es razón que te quieras, si volver a España esperas, vuélvete, y no los esperes. Y si por dicha desmayas por ver pobre tu tesoro, cuatrocientas libras de oro te daré porque te vayas. Alabo el término honrado, y estimo el ofrecimiento, pero nunca me arrepiento una vez determinado. Y tu gente no me espanta, que a la que a mí me acompaña como la más es de España; es mejor, aunque no es tanta. Ya estoy fuera de mi tierra, y no he de volver a ver mis hijos y mi mujer, hasta acabar esta guerra. Qué es posible excusalla? Vengo a morir, o a vencer, Pues tocad a arremeter; Toquen a dar la batalla. Advierte yerás la saña con que España le envistió; Bien se ve que falto yo pues lo mejor lleva España. Ánimo cobarde gente: Españoles machucad, No huyáis, perros, animad, que aquí me tenéis presente. Hoy verán vuestro valor las extranjeras naciones; ea imperiales leones que os mira el Emperador. A esta parte se retiran, ponte en otra más segura; A quién peligros procura, nunca peligros le admiran. Hoy, noble España, se ha visto tu osadía, y tu valor: o Dónde está el Emperador, fuerte defensor de Cristo? procurémosle Marqués, Aquí estoy noble hidalgo, si soy menester en algo; Vence España, no lo ves? Vuestra Majestad Real le retire a mejor puesto, que consiste solo en esto la salud universal. Guarde su imperial persona que nuestras faltas socorre, que es mucho el riesgo que corre tan Católica Corona. que aquí está el Duque Fernando, Garcilaso, y Andrea Doria, que hasta alcanzar la victoria, moriremos peleando Sí, si vuestra Majestad. conviene que se retire; No queréis Duque que mire vuestro Rey vuestra bondad, Veré alguna vuestra hazana, que tales soléis hacerlas, que basta la menor de ellas para dar crédito a España. No son las hazañas mías dignas de vuestra presencia, que es muy poca mi esperiencia porque son pocos mis días. Sois mozo, y recién armado: pero aquí lugaros dan como antiguo Capitán, porque nacistes soldado, Y a la clara fama mía vuestra luz hace la salva, que sois en efeto el alba por donde comienza el día. Parece que os habéis puesto, don Fernando, vergozoso? Oigo a un Príncipe famoso, que echa en alabarme el resto. No tengo de avergonzarme; mas no es mucho que me honre con las sombras de su honra, Con vos Duque pienso honrarme. Dais nos tales esperanzas de vuestro valor divino, que por mil causas sois digno de tan nobles alabanzas. Mas señor, mucho se hiciera en detenernos en esto, que se nos viene a este puesto el ímpetu de la guerra. Vuestra Majestad se vaya luego a su tienda: No hay cosa que más me ofenda que vuestra importunidad. Yo he de morir, o vencer, no tratéis vos excusallo: in Como su humilde vasallo, que se vaya a recoger Le suplico de rodillas; Marqués no tengáis temor; no veis que traigo el valor de mí, y de las dos Castillas. No he de irme, antes creed que moriré a vuestro lado: Pues que como a su criado no quiere hacerme merced, Como General le mando que asegure su persona: O escudo de mi persona, yo obedezco vuestro bando. Vamos donde me ordenáis: Obediencia sin segundo; hombres rebeldes del mundo, qué importa que obedezcáis? Oh Bárbarroja vencido, que presto te has retirado. Fraile véngote a buscar: Moro pues llega, Detente, que es negocio diferente el que habemos de tratar. No vengo ya a disgustarte sobre que me des mi dama; que aunque el corazón la ama eso ya se queda parte. Veo de la gente mora, la más bizarra, y lucida, desbaratada, y rompida en poco más de una hora. Veo poblar por mis ojos de hombres muertos la campaña, y los soldados de España ricos con nuestros despojos. Veo de las banderas moras por el suelo, y las gineras; sin valas las escopetas, y sin sortijas las cotas. Rodar quebradas las cajas, banderas desbaratadas, hechas sierras las espadas, los hombres hechos migajas. Veo la inmortal pujanza de Bárbarroja acabada, sin los dos tercios la espada, la vida sin esperanza. Y veo a España venciendo con valor tan infinito, pues sin obrar, con un grito se van los moros huyendo. Pues de estos extremos dos vengo a conocer, sin duda, que el Dios que tanto os ayuda es el verdadero Dios. no quiero más testimonio para seguir vuestro bando: Caramano está burlando? Cristiano soy Fray Antonio, Bautizarme determino: Oh verdadero valor, vamos al Emperador, Vamos serás mi Padrino. Mas invencible, y valeroso moro, rayo del mundo, espejo de Turquía: no puede hallarse, por la Fe que adoro; en cuanta tierra reconoce el día: pero si yo merezco algún decoro, indigno hijo soy de don García, ríndete a mi nobleza, confiado: Que eres el valeroso don Fernando. Pues a tus pies estoy, soy tu rendido, que reconozco en ti ventajas tales, que antes de mucho de haberte conocido; envidiaba tus hechos inmortales: Levántate Afrícano esclarecido, a quien no reconozco dos iguales, y vete libre muy en hora buena; que al más airado un buen respeto enfrena. Y si por dicha pobre te han dejado estos sangrientos del furioso Marte, aquí te ofrezco lo que me ha quedado, con esa cantidad has de escaparte: y cuando estés mejor acreditado, para acreditarme vendré a buscarte, que con ningún vencimiento puedo honrar mejor la casa de Toledo. Id con Dios . Oh noble Castellano, con la espada y la lengua me has vencido: No esperes más el ejército de España, huye, y salva tu esfuerzo esclarecido; Quiero escaparme, pues me das la mano; dame los pies, y a Dios, que me despido: . Vete terror del mur de la de traidora fe de Si al vulgo no se le antoja, a voces están gritando, lleno de gusto y congoja, que tiene el gran do Fernando preso al fuerte Bárbarroja. Él solo prender merece tan robusta valentía: mas no es este que se ofrece? Oh gran señor, Oh alba mía, que para España amanece. Quesde el preso valeroso, cuyo esfuerzo inmortal suele, Prendile, mas libertele: Porque Duque? . Fue forzoso. No quise descomponerle, a ver si acaso la suerte vuelve a mi mano a traelle, que el ser vencido del fuerte honra, cuanto y más vencerle. 1. Túnez, tu bella ciudad, te entriega, señor, las llaves: do: V ndo, Dios te guarde algún cobarde. Estos son dos moros graves, y de mucha calidad. 2. Y en recompesa te envía diez mil cautivos Cristianos, que entre muchos ciudadanos infamemente servían. Y de su comon tesoro, nunca hasta ahora gastado, te trae cada rescatado diez mil ducados en oro. Y todo en solenidad de tus vencimientos bravos: Entren los tristes esclavos, que hoy verán su libertad. En extremo me he holgado de vuestra traza prudente, que me ha Tunez enviado con mis fieles el presente, y con mis armas armado, Oh Cristiandad perseguida, nuestra victoria estimad, mediante Dios conocida, pues por darlos libertad he aventurado mi vida. Muy presto pienso teneros en nuestra España arribados, donde volveréis a veros, con sus hijos los casados, con sus padres los solteros. No entre más gente cautiva, que en ver su infelicidad algo del gusto me priva: Viva el alta Majestad del gran Carlos Quinto, Viva, viva. . Pues qué Tunez los rescata, páguenme estos niños bellos, Yo os doy, padre por ellos dos mil ducados de plata. Viva el valor soberano tuyo, aunque mayor tesoro recibirás de mi mano, qué es este gallardo moro que ya se ha vuelto Cristiano. Testigo, y publicador de sus hazañas me ha hecho, no se cuál es la mayor, la nobleza de su pecho, o de su brazo el valor. Estimo mucho la ofensa, y por la deuda en que estoy, para principio le doy de Alcántara una Encomienda. Más premió espero de ti; Pide, y a un grampremio aspi- Por mujera a Doa Elvira (ra, Yo lo otorgo desde aquí; Y con veinte mil ducados de dote, y seis mil de renta: gustáis de esto? . Soy contenta. Pues vivan los dos casados, Y por los servicios grandes del buen Duque; desde hoy es General con el Marqués contra el herejo de Fiandes. Donde estoy determinado de entrar, si algún medio hallo; No ha dado Rey a vasallo cargo tan bien empleado. Viva el noble General: Por inferior me confieso de todos; y los pies beso a la Majestad Real. A Garcilaso le hago de mi Consejo de guerra: Arrodillado por tierra tan gran merced satisfago. Al victorioso Andrea Doria, no le señalo otro gaje, que para honrar su linaje basta un poco de su gloria. Don Fernando de Toledo, por muy honroso me hallo de ser de tal Rey vasallo; aún que sin Túnez me quedo: A Roselo restituyo, por ser tan buen caballero, de Túnez el Reino entero, y desde hoy le hago suyo. Oh soberana grandeza, quien tal pensara jamás; Si pudiera daros más, mas diera a vuestra nobleza. Dos caballos Africanos daréis cada año en tributo, Señor del mundo absoluto atad mis vencidas manos. También habéis de guardar ciertas capitulaciones; leel de las condiciones, con que le subo a rezar. Que se consientalen Túnez libremente Iglesias! y Capillas de Cristianos; donde con libertad se diga Misa: Y que el Rey de Túnez guarde las orillas de Genova, Milan, y Cartajena, con soldados y naves a su costa, y que tenga en pie, y segura para siempre, el presidio que deja en la Goleta la Imperial Majestad, con su sustento: Que rompa cualquier tregua con el Turco, y guarde la amistad hidalgamente con los Reyes Católicos de España, que pague dos caballos por tributos, y dos alcones, sin jamás negarlos. Juras aquello? Pues sin duda desde aquí tendrás un amigo en mí, y este Reino muy seguro, pero si das en negar las condiciones, perdona, que quien te da la corona te la volverá a quitar. Con mucho agradecimiento pagaré tus obras graves, Apercíbanse las naves, y demos velas al viento. Y el martir Francisco, en tanto, vaya en mi imperial galera, que tranquilidad se espera si navego con tal santo. Prospere el cielo tu vida: Viva el Monarca de España; Con esto acaba esta hazaña, de Túnez restituida.