Texto digital de El celoso extremeño
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Coello
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El celoso extremeño. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/celoso-extremeno-el.

EL CELOSO EXTREMEÑO
JORNADA PRIMERA
Vos leáis muy bien venido, cómo venís? . . Bueno vengo para serviros, don Juan. Dichoso ha sido este encuentro. Cómo es va de pretensiones? Eso amigo, es lo de menos, mayores son mis pesares, Tenéis amor? . . Amor tengo pero no es solo el amor quien me da tantos desuelos, que en mi mal las circunstancias hacen mayor el tormento. Mucho padece quien ama, más amor solo, don Diego, es tener solo un cuidado, es padecer solo un riesgo. No tres penas, tres pesares, como los que yo padezco: mtir y para que vos veais el más extraño, el más nuevo pesar, pues que juntos hoy caben en solo un sujeto tres linajes de cuidados, atended a mis sucesos. En Sevilla, que es mi patria, vivía libre, y contento, cuando concertó casarme mi padre don Pedro Tello, con doña Violante Enríquez, una dama de Toledo; yo que entonces (ay de mí!) libre a los comunes riesgos de amor, gozaba mis años, burlando su dulce Imperio, determiné (que mal hice) no resistir al concierto. Fiándolo a la elección de mi padre, y de mis deudos; pluguiera al cielo, que entonces no hubiera sido tan cuerdo, Que aunque me daban noticia, con grande encarecimiento, todos de sus muchas partes, de virtud, beldad, y ingenio. Cuando no añade la fama, que el pintarla todo el cuerpo lleno de ojos, y de lenguas, no fue solo según pienso, darnos a entender que ve, y pública cuanto hacemos, lino también fue decirnos de su enigma, que al respeto de sus lenguas, y sus ojos ve en uno muchos objetos: de suerte que si hay en mí un grado de entendimiento, o de ignoriancia, ya a ella le parece que son ciento, y esto también va en la dicha, o desgracia del sujeto, que hay necio tan venturoso, y hay infeliz tan discreto, que en los aciertos de uno, y del otro en los defetos, avara entonces la fama, para decirlos, y verlos todas sus lenguas son mudas, todos sus ojos son ciegos; Hasta aquí, don Diego, amigo, estaréis confuso; viendo que hasta ahora no encontráis en todo lo que os refiero estos tres cuidados míos, que os he dicho que padezco. Porque casarme mi padre atendiendo a mi provecho, ya su materia de estado, y venir yo en sus conciertos, cosa es que sucede a muchos, y cada día sabemos que por conciertos se casan. Pues oíd un rato, os ruego, y veréis que de una causa nacen estos tres efectos, porque es hidra una desdicha, que otras están procediendo de ella; y nunca es una sola, aunque tenga solo un cuerpo, A caso en Sevilla un día vi en manos de un forastero un retrato de una dama de Madrid, pero no acierto, Vi lo más de la hermosura en un traslado pequeño, todo el Sol en breve copia, mucho asombro en poco lienzo, Quedé absorto, quedé mudo, quedé loco, quedé ciego, y para decirlo todo, quedé sin el alma, viendo aquel primor del pincel del arte aquel desempeño, aquel hechizo segundo, aquel repetido cielo, tanto, que entre las acciones de verla, y amar su dueño, ninguna fue la segunda, que entrambas fueron primero, sin duda mecelo el pincel entre colores diversos en cada matiz un alma, en cada rasgo un veneno, o si no sin duda alguna debió de ser que al vosquejo se le pasaron las almas de todos los que había muerto, porque estaban en su rostro con tal primor lo severo, con tal arte lo fingido, con tal decoro lo bello, con tal viveza lo hermoso, y todo tan verdadero, que alguna vez divertido, cuando la miraba atento quiso averiguar la mano lo que los ojos creyeron. A tener voz le sobrara, porque mejor sin estruendo de palabras el retrato hablaba con el silencio, aún de su dueño el rigor en él no se echaba menos, que parece que por senas estaba medio diciendo: Hombres, si me habéis mirado, no esperéis de mi remedio, porque hasta en el ser ingrato a mi dueño me parezco. Disimulé cuanto pude mi amor, porque el forastero no échase de ver mi muerte, aunque él me dio el instrumento. En esto a Madrid me envía mi padre a seguir un pleito, cuya sentencia importaba antes de mi casamiento. Mándome que de camino, cuando llegase a Toledo, viese encubierto a Violante, vila en toledo encubierto. En fin me pareció mal, que no me dejó en el pecho lugar desembarazado la dama que estaba dentro. Víneme a Madrid al punto, deseando con extremo hallar el original de la causa de mi incendio. Seis meses aura que estoy en Madrid, y nunca puedo hallar de aquesta mujer indicios, y así me veo muerto para la esperanza mas no para el sentimiento. Por engañar mi cuidado, divertido en otro empleo, puse los ojos amante en doña Luisa Pacheco, una dama de buen arte, gentil talle, lindo ingenio, y de mediana hermosura, y lo que más encarezco, de cincuenta mil ducados de dote porque os prometo, que es mucho mejor sin duda (en mi opinión alomenos) que tengan por cara el dote las damas en estos tiempos, que no por dote la cara: a esta pues sirvo y paseo para casarme con ella, que cualquiera casamiento a trueco de no casarme con la que tanto a borrezco, Fuera de que doña Luisa por sus méritos ha hecho algún lugar en mi amor, y que fuera sola es cierto dueño de mi libertad, a no tener otro dueño, tanto sus partes estimo, que aquel mi loco deseo la eleción me ha cautivado, pero no el conocimiento. Veis aquí los tres cuidados, don Diego, que yo padezco, aquel pintado imposible es el mayor, y el primero, haber de casarme yo es mi segundo tormento, y el tercero es doña Luisa, y aunque menor, no es pequeño que la perpetua asistencia de un continuo galanteo, Seguir en saliendo el coche, estar haciendo terrero, agasajar a la amiga, obligar al escudero, conquistar dueñas, criadas, llamar amigo al cochero, tener obligado al paje, andar muy fino, y que luego por premio de sus trabajos le embien con gran secreto a un hombre, una cinta verde, que se ponga en el sombrero, es cosa muy enfadosa, en quien no suese de aquellos que por costumbre enamoran, que aunque es verdad que divierto así mi primer cuidado, aqueste divirtimiento tiene muy grandes pensiones, que aunque al favor; y al desprecio siempre desapasionado, con doña Luisa me veo, y aunque no la quiero yo, ya le he dicho que la quiero? En lo exterior soy su amante, y como su amante debo, si otro alguno la enamora, mostrarme celoso, siendo hi pócrita del amor con exteriores desuelos. Demodo, que este descuido con que en este amor procedo, para los gustos me excusa, pero no para los celos, que aunque viene a ser en mí desamor el no tenerlos, parecerá cobardía el mostrar que no los tengo: mirad si os he dicho bien, pues conformemente opuestos para matarme se juntan tres generos de tormentos, de una mujer que no estimo, el forzoso casamiento, la asistencia de una dama; a quien tibiamente quiero; y en fin la eficaz memoria de aquel bellísimo objeto, cuya copia está en el alma, y a quien siempre considero imposible a mi esperanza, y posible a mi deseo. Tanto siento vuestras penas, que hauré menester consuelo, yo también de vuestros males, pues son míos, por ser vuestros, y en fin no podéis dejar de casaros en Toledo. Si podré, pero aventuro, dejando aparte el respeto de mi padre, que es muy justo, la hacienda que del heredo, porque aunque tiene fundado en mí un mayorazgo, creo que ha de poder revocarle, si yo le desobedezco, y dejársele a mi hermano. Advertís prudente y cuerdo, pero que pensáis hacer? Ya determinado tengo casarme con doña Luisa, si ella quisiere, y con esto, siendo tan rica mi esposa, poco sus enojos temo; pues no le auré menester. Bien decís. . . Con este intento la escribo aqueste papel; esta es su calle, aquí espero a mi criado, o alguno? suyo, que le lleve luego: pero de su casa sale mi criado. . . Yo no puedo detenerme más aquí, que algunas visitas tengo que hacer de reciénvenido. Pues idos con Dios don Diego. Mañana os veré, don Juan. Id con Dios. Guardeos el cielo. Huélgome de haberte hallado en esta ocasión. . . Talego, que traes? . Primero has de darme albricias. . . Yo las prometo, no basta? . Ni medio basta; que es bastar? . . Acaba necio, Aquesta banda te envía d. Luisa. . . aguarda, entremos a hablar en este portal, que también yo escrito tengo este papel que le lleves, y esta joya. Mas qué es esto, a dónde habemos entrado? es a caso algún Convento? en el portal hay un torno, y con un candado grueso. Aquí una puerta; quien vive en esta casa. . Eso es bueno, nunca has visto aquesta casa? Nunca la he visto. . Viviendo en esta calle tu dama. Ah poco que la paseo. Aquí vive Carrizales un Judiano, o Extremeño, muy rico, y es tan celoso, que de este modo que vemos tiene una sobrina suya encerrada, que sospecho que se ha de casar con ella, y encarecen en extremo la hermosura de la dama, de que enamorado el viejo no hay en este mundo cosa de que el no viva con celos, no hay ventana; que es ventana, no hay un resquiero pequeño que mire a la calle, a un patio salen, tan alto, y estrecho, que en el camina la vista por línea recta hasta el cielo, chimínea de la luz, o cervatana del viento, que desde abajo se puede con un soplo muy ligero tirar un garuanzo al Sol, o a la Luna, por lo menos. Después de cerrar las puertas con llave, les echa luego, para más seguridad, este candado que vemos por dedentro, estando en casa, y por defuera en saliendo. No se ha de ver en su casa fingida en tapiz, o en lienzo, del género masculino cosa alguna, gatos, perros, y otras sabandijas, todas han de ser hembras, y pienso que aún a los ratones quiere averiguarles el sejo. Para comer, en su casa solamente se admitieron perdices, gallinas, vaca, y para siempre el carnero esta excluido por macho, y condenado a perpetuo destierro el pollo, y el pabo, y aún a los capones mismos, con ser genle tan segura, no los admite, temiendo que se le han de volver gallos, y no anda en gañado en esto. Para comprar la comida, tiene fuera un dispensero, que la da por ese torno, porque solo vive dentro el, y Leonor, que es la dama, y una dueña, un esqueleto con sus tocas, que también es tía, según sospecho, de la Leonor, fiero monstuo de tía, y dueña compuesto, que esta es la calabriada que se vebe en los infiernos. Esta en fin . . No digas más? extraño, y nuevo portento, pero quien te dio noticia de aquestas cosas, Talego? Informome una criada, que a los principios tuvieron, que a fuer de buenos criados en sabiendo algún secreto de los que fueren sus amos, es ley precisa, y debemos, aunque importe vida, y honra, sembrarlo por todo el pueblo. Notable hombre, mas que fuera que no fuesen de provecho todas esas prevenciones. Este es imposible intento. Mas lo imposible me incita. Esa es locura. . . En efeto es muy hermosa Leonor? Así lo dicen. . . Lleguemos por curiosidad al torno a ver si responden dentro. Y si viiese este hombre, que es demonio, y aunque viejo tiene bríos, y es honrado. Pues que importa, aparta necio Pues yo me pongo a la puerta para avisar si le veo. Pensamientos que vivís entre estas paredes presos que apenas registra el Sol, y apenas penetra el viento, decidme, tendre algún día libertad? E. . . Sí dijeron, pero ilusión fue sin duda engendrada del deseo, cuando saldre de este Argel en que vivo, o en que muero? cuando tendré libertad? Cuando quieras, Respondieron ahora distintamente; algún hombre me está oyendo de esa otra parte del torno, oráculo lisonjero, que a las palabras que digo me respondes tan resuelto, quién me dará libertad? El amor, . . Ahora infiero lo falso de tus promesas, que siempre escuché, y me acuerdo de haber leido también, que es prisión del pensamiento, que es cárcel del albedrío el amor, pues como puedo prometermé libertad de otro mayor cautiverio? No es cautiverio el amor, sino un dulcemente estrecho lazo, en que unidas dos almas de dos distintos suietos se hace una conforme unión, de dos partes un compuesto, y un todo de dos mitades, que amor es Dios en efeto, y hace aquestas maravillas. Nombre de deidad le dieron para disculpar así lo imperioso, y lo violento de sus impulsos, que amor no es si no un liviano afecto, que eficaz se comunica de los sentidos al pecho. No es necia a se la mujer. A sé que el hombre no es necio. Con la esperanza os respondo, Yo tengo amor, y os prometo, que no trócara estos lazos en que aprisionado muero, esta prisión en que vivo voluntariamente preso por la mayor libertad. Jesús, que amante tan tierno, pues por qué? . . Porque la causa hace glorias los tormentos. Y no sabremos quién es tan soberano sujeto? Ya vos estáis respondida, que no soy yo tan grosero, que delante de vos diga, que a otra amaba. . no os entiendo pero decidlo más claro. Digo, señora, que os quiero (y no la he visto en mi vida) mas con todas esto mismo no sucede siempre a todos. Si a las finezas que oyendo esto, y crédito les dieras mas hay a mi tía veo, que baja por la escalera, i dos, Señor, y dos presto, porqué? . . Qué os ha sucedido? Que no os detengáis os ruego, Si os importa que me vaya, ya, señora, os obedezco. Pues idos, pero no os vais, oíd, esperad, . . Ya espero, aguardad un rato aquí, que quizá volveré luego, y me diréis de esa dama, que ya me enterdéis, no pienso que me haura visto mi tía, escondereme en el hueco de esta puerta mientras pasa, Qué tenemos? qué hay de nuevo? No está en mal estado. . en fin añades aqueste empleo a los otros? . . Solos tres son con este los que tengo. Y la que ha de ser tu esposa? A esa siempre la aborrezco, Pues para qué es doña Luisa? Casarme con ella intento. Y esta que ahora has hablado? Con esta solo pretendo allanar un imposible, de más que también divierto con esto de doña Luisa el continuo galanteo, que estando en la misma calle me servirá de hacer tiempo. Gente sonaba en el torno, si es a caso el despensero? Ella volvio, yo prosigo, ayuda amor mis intentos: Gracias al cielo, señora, que a ser tan dichoso vengo, que halle ocasión de deciros mi amor, mis penas. . qué es esto? No penséis que ha sido a caso hablaros, que ha mucho tiempo que esta dichosa ocasión la solicita el deseo. Qué mariposa abrasada anda buscando el incendio de vuestros divinos rayos, mi amor abrasado y ciego, y por no perder, cobarde, aquesta ocasión que llego a conseguir por dichoso, sabed ya que por vos muero. Si me a conocido este hobre Diréis, que como sin veros os tengo tan grande amor, y os lo digo tan resuelto, no penséis que no os conozco, ya le quien sois, y a mi pecho le costáis tantos suspiros, que han embarazado el viento, y mucho llanto a mis ojos. No hay que dudar, esto es cierto, el está por mi perdido, pero yo no lo agradezco, no tengo yo muy buen talle, manos blancas, y ojos negros. Y muy entero mi rostro, que aunque cumplo por Enero cincuenta y cinco cabales, (que yo a solas nunca miento) arraba de veinte y dos, nadie dirá que los tengo, pues porque no ha de quererme? Curpo de tal, peor es esto, que esta es Inés la criada de doña Luisa. . Talego. Cogionos vivos. . Tu amo dónde está? . en terrible aprieto estoy. . . No me castiguéis con tan esquivo silencio. Dónde me vería cuando se enamoró este mancebo? Jugando está a la pelota. Qué dices, pues aquí dentro no le vi yo entrar contigo? Dices muy bían, y confieso, que en fin como hombre mortal mentí, que de un testamento entramos a ser testigos: quiero hablar un poco recio, por si me oye, esto es verdad. Sí respuelta no merezco de vuestros labios, señora, caltando estoy padeciendo. Será bueno responderle? pero no, picarlo quiero. Que tan divertido esté. Callando también pretendo. Esto ha de ser de este modo. es grosería. . . Qué es esto? que estando aquí la señora doña Inés, un Caballero. Inés tú estabas aquí? Sí, porque a buscarte vengo de parte de mi señora. Ella sola, Inés, es dueño de mis acciones, que manda? Que te vengas al momento conmigo, que quiere hablarte. Anda, Inés, que yo voy luego, Mándome que no me fuese sin llevarte. . . Yo obedezco. Pero es rigor apurarle tanto al cuitado tan presto, Vamos, pero vive Dios, que soya, y vanda, Talego, y el papel que estaba escrito a dona Luisa me dejó en el torno. . Volvere a cobrarle. . . No hay remedio, que como volviste el torno ya le habían visto allá dentro. Vive Dios que he de volver. No vuelvas, no, que es perderlo todo, si sabé que a caso fue el dejarlo, ya estoy puesto en rendir esta mujer, y este no será mal cebo. Caro nos costó el parlar. Vamos Inés. . Muy suspensos se han quedado estos señores, así como llegue pienso decírselo a mi señora. Ay joya, de ti me ausento. No perdere esta ocasión, vendre por horas al puesto, que alcanzar un imposible es lo que más apetezco. . Ya en fin me he determinado, quiero hablarle con despego, que la esquivez en las damas a los principios es fuego. Que aviva más el amor, yo comienzo: Caballero, que de llegar a este torno tuvistes atrevimiento. No sé yo con que ocasión, arrojado, loco, y ciego, llegastes a profanar mis oídos con requiebros. Que para tanta licencia como os tomastes, no pienso que habéis visto en mi recato el indicio más pequeño. Que aunque vuestro amor será sin duda con fin honesto, con todo es gran demasía, habiendo mejores medios para tratarlo: mas cómo no responde? mis despegos le han enmudecido al triste, más humana hablarle quiero, que estará desesperado: Aunque graves vuestros hierros mi clemencia solicitan, que aunque anduvistes muy necio; los que hyerran por amor siempre perdón merecieron. No responde, si se ha ido, él se fue; pero qué es esto, aquí me dejó un papel, una banda (ya esto es bueno) y una joya en esta caja: o amador el más discreto liberal sois, rendireme, mas Leonor viene, esconderlo será bien. . qué es lo que escondes? Quién os mete a vos en eso? A que venís acá al torno, mujer libiana, a saberlo vuestro esposo? . No me basta un eterno encerramiento, por mi desdicha? . Desdicha la llamáis, si habiendo muerto ya vuestra madre, y mi hermana y vuestro padre primero. Quedastes en mi poder huérfana, y pobre, y viviendo el Capitán Carrizales de las Indias a este tiempo, hermano de vuestro padre, compadecido a mis ruegos, y a vuestros años, nos trujo a casa, donde nos vemos tan regaladas las dos, y ya ahora tiene liitento de haceros a vos su esposa, y en fin solo para hacerlo falta la dispensación, que se espera por momentos: llamáis a aquesto desdicha, agradecedsero al cielo, pues ayer huérfana, y pobre, y hoy rica, y casada os veo. Digo que tienes razón, perdona, si ha sido yerro llegar aquí. . Pues en pago de ese humilde rendimiento, quiero, Leonor, darte parte de mi dicha. Un Caballero está perdido por mí. Qué es lo que decís? Y intelido a caso a este torno yo, él me conocío, y resuelto me dio cuenta de su amor, y en fe de que es verdadero estas prendas me ha dejado. Este sin duda es él mismo que habló conmigo, y después a mi tía, presumiendo que era yo, le dio estas prendas, Este es el papel, yo leo. Los ordinarios lances de los ga- lanteos, cuando son forzosos son imper tinentes, no os espantéis que yo procu- re apresurar los medios de mi preten- sión, siendo vos el fin de ella, con saber que me llamo don Juan Tello, sabéis mi ca- lidad, mi hacienda son tres mil duca- dos de venta, que heredo de mi padre, si os parezco a propósito para vuestro ma rido, hacedme luego dichoso, y si no de- sengañadme, que por excusar el cansa- ros, mas quiero estar desengañado, que dudoso. Qué dices de esta ventura? qué tengo envidia. . . Eso bueno tú, Leonor, ya estás casada, déjame a mí mi remedio. Qué dicha es aquesta, amor? De barato darte quiero una prenda (loca estoy) de estas dos. . . Yo lo agradezco, La joya no la querrás? Con la banda me contento, o quien viera si es galán. Leonor, que orden tendremos de ver el talle de este hombre? Ese es imposible intentos porque aunque tenemos llave de aquesta puerta de en medio, la cierra con el candado Carrizales en saliendo, y por dedentro a la noche, pero ya he pensado un medio con que sepamos quien es. Dile, Leonor, dile presto. Mañana iremos a Misa, y aunque es verdad que va el viejo con nosotras, y esto es cuando amanece, supuesto que aquese galán te adora, ya estará informado de ello: y así en la Iglesia, o la calle esperara para vernos. Tú esa joya que te ha dado has de ponerte en el pecho donde él la vea, en señal de que la estimas, y el viendo que tú le has favorecido, ha de dar de su contento señales, agradecido, o ya que no pueda hacerlo, con palabras por mi tío, hará señas por lo menos, y el que vieremos que da estos indicios, sabremos que es el galán que consagra a tus aras sus deseos. El ardid es extremado. Póndreme la banda al cuello yo también, y con la misma experiencia ver intento quien es aqueste galán. Vamos, Leonor, allá dentro, que mañana hemos de ver si es galán. . Vamos, Dios ciego si es que su brío, y su talle iguala a su entendimiento: el número a tus rendidos añadiran mis desvelos. Deidad, que miras severa mezclando glorias a enojos, porque al rigor, y a los ojos, con pena, y con gusto muera. No me des tan dulce muerte, si quieres que la aborrezca, que no es mucho que apetezca morir de achaque de verte, porque tan cruel responde tu ingratitud a mi amor? Advertid, que tengo honor, que a mi sangre corresponde, Dejad tan loca porfía, desde el soto habéis venido siguiéndome. . . Amor ha sido. Mas parece groseria. Cómo, hoy te quieres volver tan presto a casa? . . Si ha dado en seguirme porfiado este galán, que he de hacer? Quién puede ofender amando? De que me queráis me ofendo. Yo solo amaros pretendo. Que no me queráis os mando. ̱. . Si fuera elección quererte, posible fuera olvidar, ya no es libre en mí el amar señora después de verte. Aunque mi amor persevera, yo a tu imperio no resisto, haz tú que no te haya visto, y harás que yo no te quiera, Deidad, imperio, o poder que hay en ti, me fuerza a amarte, si es culpa, la mayor parte tuya en esto viene a ser. Tú me impides mi obediencia, y me obligas a querer, yo en amar no vengo a hacer mas que no hacer resistencia. Aunque me has visto podrás muy bien dejar de quererme, Cómo? . . No volviendo a verme Eso es una muerte más, Quién por no ver olvido? Es tan eficaz remedio, que solo con este medio a los principios sanó. Cualquiera amorosa herida, que en esta mortal dolencia tal vez da muerte la ausencia, y tal vez suele dar vida. Pues en que fundáis, decid ese milagroso efecto, que hace el no ver el sujeto, que se quiere. En esto, oíd. Es el amor, señor, sangre violento, que de la vista amada se concibe, y solo en las especies que recibe, recibe la materia de su aumento, como en la ausencia falta el alimento que aquella vista amada le apercibe, faltando la materia con que vive, muere ceniza el que nacio ardimiento así tu amor, a quien mi vida inflama arde en presencia mía: pero luego que le falta la vista de quien ama, se volverá ceniza su ardor ciego, que pues yo soy materia de tu llama, en faltándote yo, saltará el fuego, (lla Fuego es amor de ver la imagembe de perfecta beldad ocasionado: pero aunque por la vista fue engendrado no su inmortal ardor se que da en ella basto para engendrarse solo ella (trado mas como el alma el fuego hapene- no ver lo que la llema le ha causado. No bastara después para perderla, y así mi amor, que introducido veo en lo mejor del alma, anque estó ausente no podrá de él la ausencia ser troseo que si el verte, o no verte es contingente y inmortal el ardor de mi deseo, lo inmorta! no se muda a un accidente En tan sosístico engaño quiero darme por vencida, no porque en tan conocida verdad para el desengaño muchas razones no haya; mas porque os quiero enseñar, si quiera a no porfiar. Eso es decir, que me vaya, y no he de ser más grosero. Yo lo pido en cortesía. Por monstraros la se mía daros este gusto quiero. Y advertid de esta experiencia lo que debo de quereros, que si al fin cuesta el no veros, no es muy fácil la obediencia. Mucho nos hemos tardado, ya doña, Luisa se fue. Solo para que hoy vinieses te llamo ayer con Inés. No faltará una disculpa de haber tardado esta vez. Descuido fue, mas espera, no es mal encuentro el que ves, de la mano el Extremeno viene con una mujer, y otra con ellos. . . La dueña, y Leonor deben de ser: de dónde vendrán? . De Misa En fin, que al falso, al infiel, le vite hablar por el torno. Digo, que no me engañe. El descuido que ha tenido hoy en venir, muestra bien, que nuevo amor le divierte. Ya llegan. Apartate. Échate el manto, Leonor. Échola el manto, par diez. No lleva Leonor la banda? Y la dueña trae también la joya. . . Fineza ha sido. Ya te debe de querer. Mucho me holgara de hablarla. Será hablar con Lucifer; deja descuidar al viejo. Que aún antes de amanecer ande esta gente en la calle. vámonos, Leonor. . . Haced, señora, que aquella dama, que ayer por el torno hablé, no se olvide de mi amor, Aqueste sin duda es mi amante, por mí lo dice, buen talle tiene: creed que aquella dama del torno os estima ya, pues veis en su pecho vuestra prenda. Pienso que me declaré mucho. . . El favor agradezco, No viene vuesa merced? Este sin duda es don Juan, porque cuando yo pasé reparo mucho en la vanda: que buen talle. . Espera Inés, no es don. Juan aquel que viene siguiendo aquella mujer? Él es, señora. . Este mozo mira mucho, y pienso que es don Juan. Tello, que en Sevilla una vez le vi: que haré? disimular quiero ahora, mas no saldrán otra vez de casa para ir a Misa. Qué es lo que mis ojos ven, Inés? no es esta la banda que yo a don Juan envié? Ella es sin duda, señora. Cierta mi sospecha fue. Buen talle tiene don Juan, amor ya estoy a tus pies rendida. . Pues no me basta salir tan temprano, a fe que yo haga en casa Oratorio, este el remedio ha de ser. . Vamos tras ellas, Talego. Antes de eso he menester hablaros yo dos palabras. Señora. Ingrato, cruel, mal Caballero, villano, que este nombre merecéis, úsase en la ley acaso, no de amante, de cortés (que no es menester amarla, para que a cualquier mujer un caballero la estime que el favor que os envién en afrenta de mi honor a otra mujer se le deis: pero yo tengó la culpa, pues fácilmente escuché lisonjas de un hombre ingrato de un amante descortés: tan mal os estaba a vos, decidme? tan mal tener Una prenda que fue mía? pero en esto bien se ve, que nadie estima la dicha hasta llegarla a perder. Prenda mía en otro cuello? pero yo la cobraré, aunque me cueste mil vidas. Señora. Vamos, Inés. Iré está tarde a la casa de esa dama, y le diré que me dé la banda, y luego tan grande venganza haré, que el mundo, el cielo, más vamos. Mi bien, señora, mi bien. Ya se fue. Perdido estoy. Y acora qué hemos de hacer? Ve tras ella. Aqueso no; porque siempre en el papel del gracioso en las comedias muy introducido es, si están las damas celosas vengar su cólera en él. Vamos a desenojarla, que la que llegó a querer disculpas admite; amor vencí, pues me quiere bien Leonor, porque a doña Luisa yo la desenojaré.
JORNADA SEGUNDA
En fin en tan buen estado está vuestro nuevo empleo? Desde ayer acá me veo con otro nuevo cuidado, lo imposible ha despertado mi amor. . . Y en fin discreta. No sé qué fuerza secreta tiene está mujer en mí, que aunque el rostro no la vi, o me inclina, o me sujeta. No sé si es curiosidad de hacer que este hombre celoso sepa que es dificultoso. impedir la voluntad de una mujer . . Necedad fuera empeñaros ahora por tal causa. . . Quien ignora, que un hombre tal vez porfía sin más causa que la mía; y de curioso enamora. No será mucho el rigor, que por amor padecéis, pues divertirle podéis con Luisa, y con Leonor. Quien trócara a vuestro amor su cuidado. . . Vos cuidado? de que? estáis enamorado? Sí, Don Juan. . . Tan presto ha sido, tanta mudanza, hoy rendido, y ayer desapasionado. Tan presto en fin me rendí a unos ojos que miré, que ayer a Madrid llegué, y hoy la libertad perdí: esta mañana salí al soto, y esta mañana vi una beldad soberana; en todo tan peregrina, que solo para divina le faltaba el ser humana. Vila yo, y luego abrasado quedé a su beldad gallarda, que aquel que en amar se tarda poco el amor ha obligado; grosero fue, y obstinado el que no se rindió luego, que sin duda estuvo ciego al mirar tan bella dama; quien no murió de la llama, y se guardo para el fuego. El bello pie que calzaba cuatro puntos de ámbar, donde avaro jazmín se asconde, fragancia a las flores daba cada vez que las pisaba, como tanto olor traían sus breves pies, parecían por pequeños y fragantes, dos flores del prado errantes, que con ella se movían. Suelto el cabello, que al viento era dulce adulación, fue apetecida prisión; del más libre pensamiento; el aire, y el manso aliento moviendo el rubio tesoro con un lascivo decoro, cuando en él se entretejía mil crespos nudos hacía con aquellas hebras de oro. Deidad le dije, pues tienes. el rigor tan poderoso, no te ayudes de lo hermoso, mata solo con desdenes, si dos muertes me previenes, una se ha de mal lograr, porque nos viene a sobrar; pues no me he de resistir, una a mí para morir, y otra a ti para matar. Caballero, respondió, si con todas las que habláis esas lisonjas habláis, poco las estimo yo. Iba a replicarla, y dio respuesta a mi amor, huyendo, y al ver que la iba siguiendo, que no me sigáis os pido, dijo; y si estáis tan rendido, mostradlo aquí obedeciendo, Yo que amaba su belleza, en esto la obedecí, que quise obligarla allí con tan costosa fineza, que cuando un amante empieza a querer a una mujer, obligarla, viene a ser el mejor modo de amar, y el mejor para obligar, fue siempre el obedecer. Fuese en fin, y quedé yo sin luz, camino, ni estrella, que en solo faltarme ella todo aquesto me faltó, No de otra suerte quedó el caminante sin tino, sin el día el peregrino, sin el Norte el marinero; y en volverla a ver espero cobrar luz, Norte, y camino. Notable suceso ha sido, y no supistes quién era? No, don Juan, y ya quisiera no haber tanto obedecido, Bien fuera haberla seguido. Ya entonces no pudo ser. Qué pensáis ahora hacer? Bajar al prado, que es centro de las damas, por si encuentro en el prado esta mujer, y si no mañana iré al soto donde la vi, que sin duda estará allí. Muy bien decís. . . Esto haré Pues yo aquí me quedaré, por si en el torno hay lugar de poder ahora hablar. Esta es la casa? . . Esta es. Pues entrad luego. . . después que a Tálego he de esperar. Él viene ya. Aqueso no, perro muerto a mi bellaca. Oh Talego. . Vive Dios, pues a mí, mujer cuitada, pagármela tu querías, conmigo de toda manla linee, y relince. . . Talego, que traes? . No traigo nada, aquí es un poco. . . Qué dices? Yo, señor, conmigo ertasa, valiome mi diligencia. Que gracias tan excusadas, Borracho viene sin duda: quedaos con Dios. . Digo. . . Calla. Id con Dios, don Diego. . Digo No quiero que digas nada; quédate aquí en esta puerta, y mira con vigilancia, si Carrizales asoma, y avisa, que a ver si baja Leonor, al torno me allego, En notables cosas andas, si a la del retrato adoras, porque a doña Luisa engañas, y a doña Leonor pretendes? Necio, aquella está en el alma, y estotras dos me divierten. Pues por qué casarte tratas con dona Luisa? . . Porque es noble, rica, y honrada, y la amara, pero tiene para mí una grande falta. Cuál es? . . que sé que me quiere, porque es cosa averiguada, que en estando satistecho un hombre de que le aman, o tibiamente prosigue, o de proseguir se cansa. Sabes lo que he reparado? I. qué? . que aque slas mismas mañas tienen también las mujeres, todas mienten, nadie trata verdad en el mundo, todas con lo exterior nos engañan, y nadie es lo que parece, no hay quien no tenga una falta, que encubrir en las costumbres, en la hacienda, o en la fama. Deja esas cosas, y ten cuidado en la puerta. . Llama al torno, que yo me pongo centineia, o atalaya, para ver, mas vive Dies. Qué? . Peor esta que estaba, que es aquel que viene allí a toda priesa en la trampa nos ha cogido. . . y haremos? pero antes que llegue a casa salgamos sin que nos vea, del portal. usoria, aguarda, que es imposible sin vernos. Pues remitirlo a la espada, Eso es echarlo a perder: pero allí en frente se para a hablar con un hombre. . . Pues no sé qué remedio haya. Pues señor del mal lo menos, cubrámonos con las capas los rostros para salir. Pues si a cualquiera que salga es forzoso que le vea, para su sospecha basta ver salir de aquí dos hombres recatando de él las caras, aunque no sepa quien son. Pues en tal lance te andas a excusarle las sospechas? Sí, que yo no lo dejara por otra razón, que hallarme el por mí, que me importaba. Pues qué temes? . . que me quite aquesta poca esperanza que tengo, por este torno, cerrándole. . Invención rara, ten este tú. Pues qué intentas? Gran inventora es de trazas la necesidad. . . Qué haces? Ponme por aquí esta capa, y luego descoge apriesa. De dónde traes esta saya, y este manto? . Eso preguntas ahora, linda flemaza; no hay mal que por bien no venga, Ya te entiendo. . Pues acaba, mira que vendrá. . . Aún no viene. Que hasta dejarme empeñada la espada en el consitero, pesia a la grande bellaca, para que aquí no me estorbe hubo de ser de importancia, póngome el manto, y me cubro. Ya puedes bien pasar plaza de mujer. . Qué te parece? La invención es extremada, que como está un poco oscuro el portal es cosa clara. Que no ha de advertir, ya viene, Pues haz que conmigo hablas. Viven los cielos, señora. Quién está aquí? . . Que os engaña Quién está aquí, no responde? Quién lo pregunta? . En mi casa mas hay honor, no es don Juan Tello el que aquesta mañana miro a Leonor muerto soy, no fue mi sospecha vana, pues qué pretendéis? . . Señor, si es vuestra casa, agraviarla no pretendo, que aquí entré Con muy diserente causa; yo en ella calle enamoro a una principal y honrada doncella para casarme. Y por no dar nota tanta en la calle, algunas veces, porque se ven sus ventanas desde esta puerta, me he puesto En ella para mirarla, cosa que acaso sucede, y ella que celosa anda, y falsamente, por Dios, Como vido que aquí entraba para lo que ya os he dicho, creyo con sospechas falsas, que era la asistencia mía por alguien de vuestra casa; y no por ella, y así loca, ciega, y temeraria, ejecutando el primero Impulso, que le dictaban sus sospechas, se salio de su casa averiguarlas, y diole satisfacciones. Esta señor, es la causa, si os ofendí, con salirnos no se habrá perdido nada. En parte me ha satisfecho, verdad me parece clara, mas o malicia celosa, un escrúpulo me falta: Válgame Dios, no podía ser que no fuese la dama, que el dice aquesta mujer, sino alguna mujer baja, y que prevenido este hombre solamente aquí la traiga para darme ella disculpa? que sutilezas tan raras piensan mis celos; bien digo, la sospecha es bien fundada: pues que hemos de hacer honor si yo le viese la cara a esta mujer, para ver si es lo que dice, acabara de hacer verdad, o mentira la sospecha que me mata: pero es cosa imposible, que llegar a dellaparla, ni él lo sufrira ni es justo, aún si yo viese en que casa vivía, para poder conocerla me bastaba, A pues de este modo podré, Caballero, yo dudaba. daros la respuesta aquí, que no es parte acomodada, Porque quizá de las lenguas vendremos a las espadas, sino me respondéis bien. Vive Dios que ya me ensada este viejo, más sufrir será de más importancia, que no he de reñir con él, no será razón que vaya dejando esa dama sola, después yo os doy mi palabra de acudir donde gusteis. Dilaciones no me agradan, dejemos esta señora en su casa que dejada, los dos nos esconderemos. Curiosidad excusada es esa, que si os ha dicho, que es principal esta dama, y se arriesgo, bueno fuera, que vos supierais su casa, para conocer quien es: mucho importa que no salga, que ha de advertir, que Talego no es mujer. . Él se me escapa y esto mismo mi sospecha hace mayor, y más clara. Pero no le ha de valer? ea sospechas al arma, ya estáis en reconocer a esta mujer empeñadas, y en fin en qué os resolvéis? En no dejar esta dama, y en que vos no habéis de ver su casa. . Pues yo pensaba un remedio, Decid pues. Aquesta industria me valga aunque tiene inconveniente, yo la dejaré encerrada dentro en mi casa hasta que Volvamos, y así se llaman, todos los inconvenientes, pues ni hacéis mal en dejarla, ni yo la conocere. Con aquesto averiguadas han de quedar mis sospechas, que dejándola en mi casa agora haré que me diga don Juan quién es esta dama, y al entrar después por ella la descubrire la cara, y veré si es la que dice. Bravo ardid. . . Ventura extraña porque no penséis que yo por otra razón dudaba de irme con vos, vengo en eso, Mira viejo que te engañas, Pues abro la puerta. Abrid. Gran desventura te aguarda, como gusano de seda tú mismo sepulcro labras: considere aquí el Lector benigno, la vigilancia, la malicia, y el cuidado de este buen viejo en que para. Ahora digo mil veces, que es un puto el que se encarga de una mujer, que aunque dice, que algunas cosas muy arduas mas quieren maña que fuerza, está ni fuerza, ni mana. Ya abrí la puerta, señora, d. Marialonso. . . . Llamo v. m. . Y Leonor. Arriba queda la santa, rezando, miento, que aquí está escuchando. . Esta dama se quede aquí mientras vuelvo, que tengo yo dos palabras con el señor don Juan Tello, que con ella hablando estaba, y procure que le diga, quien es, y como se llama, porque para cierto intento, saberlo me es de importancia, que yo pienso que celosa vino a buscarle. . . A tirana a don Juan. . Entrad, señora. Gran ruina te amenaza, viejo, pues allá me metes. J. Venid pues. . Entrad, señora, la puerta. . . Venid apriesa, que a mí no me sufre el alma, (si a caso vuestras razones ha de responder la espada) esperar tanto. . Ya voy. En vano, viejo, la guardas, pues a que esperáis por Dios, que tanta flema me cansa. Ya eché la llave. . . Venid. Vamos, que nunca dilata las ocasiones mi acero, que el ser viejo no acobarda mi valor, mas vive Dios, Que con la priesa que daba se me olvido de cerrar con caudado, pero echada quedó la llave, y si vuelvo es mostrar desconfianza delante de aqueste hombre, mas no perderé mi casa de vista, y volveré presto, este parecer me agrada. Yo procurare llevarle lejes de aquí, porque haya tiempo para que Talego le diga a Leonor mis ansias, y aunque me incite el acero no sacaré de la vaina. qué dices? . . Esto que escuchas Le co don Juan dices qué hablaba? Si Leonor. Ah falso amante, estas fueron las palabras, las lisonjas? Estas fueron las finezas que mostrabas. ayer por el torno, a salso? Celosa estoy, y agraviada. Muerta estoy. Estoy perdida, hay amor, en esto paras, entre dulzuras me diste el veneno que me mata. Fiad de los hombres. . La quién mas de los hombres fiara. Esta es cólera, o son celos? , . Estos son celos, es rabia; y dónde está la señora? Allí quedo retirada, salga acávima Estoy compungida. Salga. . No se atreva, que es vergonzosa la muchacha. Mal talle tiene, y sin duda que debe de ser muy mala, pues mirándola con celos me parece mal. Repara en lo que dices, tu celos? Loca estoy, ya me olvidaba por vimelos tengo, que por mí no importa nada. Como esta aquí vergonzosa quien ha sido tan liviana, que a buscar un hombre, a un salso se salió así de su casa? Pero ves debéis de ser una mujer ordivaria, que sin respeto ninguno de obligaciones henradas, en el mundo habéis nacido, solo para mi desgracia, qué os ofendió mi amor? ̱. que grande risa me guarda. Que os hacía mi quietud, mujer fácil, mujer baja; vuertro proceder livia no hoy divide, y desenlaza la más reciproca unión en que se vieron dos almas. A don Juan dice que quiere esta dueña, esta borracha. Don Juan que me dijo ayer, ha traidor, finezas tantas, don Juan, que tan tiernamente me miró aquesta mañana. Tan presto, ay de mí, tan presto con otra mujer me agravia, estos son los hombres, muero: ha falso, ayer me engañabas Con lisoas con ternezas para que te diese entrada, juntamente con el pecho, y ya que estas en el alima me das la muerte, y que tenga delante de mí la causa, sin que el fuego de mi pecho exhalado de mis ansias la abrase, la haga cenica: pero reviente mi labia por los ojos, y la boca para sacudir la carga. Cruel, traidora, enemiga, cierzo de mis esperanzas, que antes de llegar al fruto, antes de estar sazonadas, Su flor tu hielo marchita; su verdor tu aliento abrasa, rayo, que heriste la torre en el aire levantada sobre frágiles cimientos de incrédulas esperanzas, salteadora, de un placer tormenta, cruel borrasca. En que cozobró una dicha cuando llegaba a la playa, perturbadora de un bien. Qué dices, aguarda, aguarda, pues tú Leonor tienes celos de don Juan? . . Arrebatada del afecto, me olvidé: celos yo, pues porque causa, por vuesa merced lo digo, que a mí no me importa nada. Picada está la mozuela, dilátese la maraña. quiero proseguir. . . La mano sacó, . . Ya sé qués bien blanca. Cuál debe de ser el rostro. Descubra su buena cara. No puedo, que soy doncella. Que metal de voz, que habla tan grosera. . . Que por esta me deje don Juan, venganza. Piden mis celos: qué es esto qué miro? . De que se espanta, esto es, que no me he quitado el bello aquesta semana. Corrida estoy. . Y la tez del rostro no les agrada, pues esto es con agua sola, que aún no me he puesto la pasa. Leonor, no es este el criado que estaba esta mañana con don Juan? . . Él me parece. El mismo soy, qué os espanta? Pues cómo, y en este traje pudiste? . Don Juan llegaba a ver si por este torno podía hablar a la dama que ayer habló por si a caso el dueño de aquesta casa venía, me puse yo, para avisar de atalaya, en la puerta; en esto veo. Que viene, y cuando dudaba don Juan el remedio; vemos, que a hablar en frente se para con un hombre, mas de modo, Que es fuerza, yer a quien salga, entonces (quisolo el cielo) se me ofreció aquesta traza, con que el penso cuando vino, Que a caso don Juan estaba hablando allí una mujer, y fingiéndonos. . . Aguarda, pues si dices, que fue acaso, de donde, o cómo, esta saya, y este manto hallar pudiste? La objeción es extremada para una comedia, escucha. Después de comer llegaba yo hacia la calle mayor, cuando encontre una tapada, de gentil talle, y despejo: Agradome, llegué a hablarla, y de lance en lance vino a no responder, ingrata a mi intención, y pidiome En pago algunas alhajas; hacia su casa camina, y antes de llegar (oh falsa) al pasar de un confitero Pidio dulces la bellaca, y como ya hiua la bolsa limpia y desembarazada mas que la frente de un calvo, Hube de dejar la espada empeñada al confitero: al llegar pues a su casa, apenas me hube sentado, cuando reciamente llaman, vino una moza, diciendo: Mi señor viene. La dama fingiendo grande albornto, me suplica, que me vaya, y que volviese otro día. Yo que conozco la manla, no me resisto, y así por otra puerta me sacan, yendo delante de mí, para abrirme, la criada: vi al pasar en un bufete el manto, y sobre la cama, doblada aquesta basquina, y con sutileza rara el manto a la saldriquera, y aquí traslado la casa, encontré a don Juan, después venimos hacia tu casa, y sucedio lo que oiste. Notable ventura. Extraña, pero como Carrizales te metio? A la puerta llaman. Gran novedad. otra vez llamaron, espera, aguarda, quién será? Debe de ser Carrizales. . . Él no llama, porque tiene de la puerta llave. . En aqueso repara, Él debe de ser, Leonor, podrá ser que perdido haya su llave, y que llame ahora para que de acá le abran, pues que nosotras tenemos otra llave. . . Si pues vaya v. n que es sin duda. Yo me afemino la cara, y cubro, mas dime ahora, esta dueña está endiablada? porque si yo no me engaño, colegí de sus palabras, que ella piensa que la quiere don Juan. . . Disimula, y calla que es cierto engaño: ya viene. Cosas suceden extrañas. Quién era? Apenas abrí, cuando una mujer tapada se entró acá. Pues sin candado está la puerta cerrada? Descuido debió de ser, que de allí el candado falta. Pues qué quiere esa mujer? Ella viene. Espera, aguarda. Qué haremos? Éntrate allí de presto, hasta que se vaya? que mandáis? Oíd, que yo lo diré en breves palabras; conoceisme? . . no os conozco Pues sabed, porque ignorancia no aleguéis de aquí adelante, que don Juan Tello me ama, que yo le quiero también, y que conmigo se casa, y que si alguna en el mundo, mas esto que he dicho, basta. Qué es lo que escucho, ay de mí! mira mujer me matas, no se que ese caballero. La disculpa es excusada, sola la enmienda procuro, que yo se que en esta casa hay quien traiga divertido a don Juan Tello, y quien traiga en su pecho prendas mías, que estarán avergonzadas de verse en otro poder. Y que yo no he de cobrarlas, por no volver a ser dueño de prendas tan desdichadas, que hoy se ven tan en el suelo. Habiendo estado tan altas, que han meneller subir muche, por ser mucha la distancia. Ella piensa que es Leonor la querida, que engañada que está. . Brava anda la fiesa. Quiero reprimir la rabia; sentaos aquí por mi vida, que venís apasionada, descansad un rato os ruego, mientras la cólera pasa, que yo os daré la respuesta cuando estéis para escucharla. Si se mesaran las dos, no trocara esta ventana por una bota de vino; mas miento, que si trocara. Cuando aquese Caballero pretendiera en esta casa, no le admitieran tan presto, como en otras, que disfrazan La sacilidad con nombre de desensado, y de gala, que el despejo algunas veces es liviandad, y es infamia. Y cuando fuera admitido, ociosa fue y excusada vuestra venida, que cuando a quien ama le acobardan Para dejar de querer, las groseras amenazas a que se arroja con celos una mujer despreciada. En lo que toca a sus prendas, aunque vos estéis tan alta, y ellas tan bajas se vean, muy bien podéis restaurarlas, que aunque hayan de subir mucho por ser tanta la distancia, bien podrá, o fueron vuestras, y así sabrán ser livianas. Esto sufao, loca estoy. Agradeced la templanza: mas ay de mí! Carrizales viene allí. Que con palabras me haya llevado tan lejos, pero la puerta cerrada la halle como la dejé. Siento que venido haya en tal lance. . No tenéis para que cubrir la cara, mi señora doña Luisa ya os conozco, y se la causa con que venistes aquí. Qué es esto que por mí pasa? Qué es lo que escucho, ay de mí! si a caso escuchando estaba. Pues si me habéis conocido no importa. . Desengañadas habéis quedado sospechas, pedid albricias al alma. Verdad me dijo don Juan, que doña Luisa es la dama que me dijo. . . Yo, señor, no pense que ella se entrara. Pues tú de qué te disculpas? Leonor ya sé que engañada vino aquesta dama, y se, que aunque os tiene disculpada El amor para haber hecho una acción tan temeraría, con todo en una señora tan principal, tan honrada, es demana, es error, que tan resuelta se salga a averiguar unos celos: volveos pues a vuestra casa, que aquel hombre que sabéis en el portalos aguarda. Esto me faltaba ahora, el sin duda me escuchaba, Yo me voy pero advertid, que neciamente se engaña quien fín el guardar mujeres de una llave y de unas tablas: Porque las tablas se rompen, y suele haber llaves falsas; en fin las mujeres solo consigo mismas se guardan. . Qué obstinada está en sus celos y que sin causa engañada; la pobre está, vive el cielo, que a no tener tan cerrada mi casa yo, y tan segura, que pudieran sus palabras darme mucha pesadumbre: bien haya el hombre, bien haya, Que puede oir estas cosas, de modo que al escucharlas no pasen de las orejas, gracias a mi vigilancia. Vamos señora. . . Sin duda penso que era aquesta dama la que trujo aquí (ay amor) rendida te doy mil gracias, Que después de haber salido de tal susto (dicha extraña) el criado de mi amante se queda dentro de casa. Ma, El criado, aquí tendré a quien referir mis ansias. Soñando estoy cuanto veo, hay tramoyas más extrañas. Vamos de aquí, quien quisiere tener su mujer guardada, no se fie de ella sola, que el mayor recato allaba la ocasión, para acertar, guarde como yo su casa. Lejos llevé a Carrizales para que más tiempo hubiese de que Tálego pudiese decir a Leonor mis males. Déjele al sin satisfecho, que a cuanto me pregunto quise asegurarle yo para allegurar su pecho. Díjele, que dona Luisa era la misma mujer, con esto llegó a creer mis engaños más apriesa. Que como estoy empeñado en rendir esta mujer, disculpa podré tener, si es que soy tan desgraciado. Que otra vez aquí me viese, ya tarda, y por vida mía, que en extremo sentiría, que a Tálego conociese. Abrieron. . Señor don Juan, esa es vuestra prenda, a Dios; y así os obligo a los dos, y dos con vuestro galán, Que yo haure quedado así seguro de mis recelos: quien quiere no tener celos haga lo que yo hago aquí. Don Juan está en el zaguán, qué sería? . . Gran dieha fue el no verle, aguardare. Adiós mi señor don Juan. Sin duda don Juan sabia que yo entre allá. . . Ya se fue, acaba descubrete. Qué es esto cielos! . . porfía descubrete ya, que aguardas? que te dijo dé mi Leonor? quiéreme mucho? . . Ay amor que es lo que escucho? . . Ya tardas acaba, di, que te dijo aquel Ángel soberano? De estas palabras no en vano mi desventura colijo. Conmigo tambi én pretendes fingir, pues adonde sales, no basta con Carrizales; a borracho no me entiendes? hacía la casa te vas de doña Luisa a tal priesa: No sabes que doña Luisa no quiero, pesado estás. No sabes que solo quiero casarme ahora con ella por el dote es Leonor bella? dilo, acaba majadero. Esto sufro. . . Ya perdí la paciencia, vive el cielo, que esta daga sin recelo. No es menester, veisme aquí. Qué es lo que miro? . . Yo soy Si es ilusión la que veo? que es esto, apenas lo creo. Perdida estoy. . I muerto estoy Solo os llego a responder, que vos me habéis visto aquí, que mis agravios oí, que soy noble, y soy mujer. Qué haré no me he de rendir a mi bien, a doña Luisa, que perdido estoy de risa, que bien lo supe fingir. Que lo llegaste a creer, famoso picón te he dado (no puedo hablar de turbado) mucho fue acertarte a ver. Que tal llegase a pensar una mujer entendida, no es mucho que esté corrida, pues como pudiera entrar Mi criado, o con que intento; cuando yo no te adorara, en tal traje, cosa es clara, que el mayor entendimiento suele tal vez no acertar. Mas irrita mi paciencia ese engaño. . . Mi inocencia disculpas te quiere dar. Mal hacéis, que la disculpa hace el delito mayor. Pues si me has tenido amor cuando yo tuviera culpa, fuera muy dificultoso perdonarme una mujer. Eso imposible ha de ser, que aquel que necio, o piadoso, perdonare fácilmente su engaño, o en llegando a oirle, o debe de consentirle, o es tan vil, que no lo siente. Mi bien, señora, mi dueño, darela satisfacción, que notable confusión en casa del Extremeño. Ella sin duda había entrado, y el por algún accidente pudo creer fácilmente, que era la que había dejado. Esto solo a entender llego, ya vencí, victoria, amor, que para hablar a Leonor dentro de casa, Talego, Se habrá quedado, sin dudas dichoso soy, quiero aprisa dar disculpa a doña Luisa, pues tanto el amor me ayuda. Que mayor ventura quiero, pues el Extremeño ha lido el mismo que hoy ha metido en su casa mi tercero.
JORNADA TERCERA
ACTO TERCERO. En este cuarto encerrado, que es el de mi tía, y mío, en un retrete excusado, donde nunca entra mi tío, desde ayer acá has estado. Los pocos ratos que puedo hurtar, a ti te los doy, y aunque con recato y miedo de don Juan, hablando estoy, con que más rendida quedo. La dueña nos ha impedido muchas veces, que sino muchas más hubieran sido: mas porque nos deje, yo un buen remedio he escogido. En casa un cierto criado me hizo una burla cruel, de quien el tiempo pasado queriéndome vengar de él, yo, Leonor, había buscado para salir de este empeño, estos polvos de beleno, y apio, que violentamente por dos horas solamente infunde tan grande sueño a cualquiera, que mezclados los beba en algún licor, que luego al sueño entregados, del Argos más velador verás los ojos cerrados. Estos polvos le daremos a la dueña, con lo cual nos deje. . , darlos podremos pero no gallemos mal este rato que tenemos, Tratemos de mí don Juan, quiéreme bien? . Eso dudas; no quiere más a su cans quien quiere mucho a Beltran. anos, por más que la quiera, qiere un rico su dinero, lindo, su vigotera, descortés, su sombrero, y un caivo, su cabellera. Menos su esposo querido quiere la córtola bella, que a la lid se han persuadido, el con arrullos, y ella con uno y otro gemido. Menos quiere los albores el gilguerillo sonoro, que diciendo al alba amores, es ramillete con oro, o es armonía de flores. Menas, cuando de repente, Neptuno, arrugado el ceño, sacude furiosamente las estrellas con el leño, las ondas con el tridente. Sin arte, y ciego el Piloto quiere el deseado puerto, y en aquel trance devoto procura de mal tan cierto redimirse con su voto. Y menos quiere, en rigor, la mujer su soliman, y el músico su tenor, que a ti te quiere don Juan hermosísima Leonor, Ay amigo, si eso fuera verdad, que dicha pudiera compararse con la mía? pero allí viene miia, quiero salirme allá fuera. . Ay tan notable mujer, que no me deje, hay tal dueña, ella me vendrá a moler, con don Juan, pienso que sueña, mas los polvos lo han de hacer, ella es, señora. Oh Talego, que hará mí don Juan ahora; que yo por el no sosiegos Qué puede hacer quie te adora, sino arder, perdido y ciego, mariposa de esta casa, dando vueltas al ardor, que ya el corazón le abrasa. Si me tiene tanto amor, dime, como no se casa conmigo sin dilatar su ventura, y mi placer? Él solo llega a dudar el modo que ha de tener para haberse de casar. Si Carrizales te diera licencia, yo me atreviera con don Juan, que se casara. Pues dármela es cosa clara, que el tampoco no pudiera impedirlo a mi despecho, hoy licencia me dará. Pues haced cuenta que está hecho. Pues ya soy novia. . tú? . yo bailando me está en el pecho la boda, quiérote dar en albricias un vestido, Dónde está? Yo he de mandar, que se saque muy cumplido cuando me vaya a sacar don Juan mis joyas, mas no tiene don Juan coche? . Sí, pero otro se podrá hacer, Eso será menester. De qué color? Carmesí. Una silla. . La mejor que haba en el mundo se hará. Verde? Es vulgar cosa ya, el azul es más señor. Azul, pues azul será. Voy a hablar a Carrizales, que haurá venido. Harás bien: Quién vio locuras iguales? Así, una soya también a don Juan en bodas tales no se excusa. Claro está. Pues voy a hablarle, Talego para hacer que busque luego a don Juan. El estará en la calle. . . No sosiego. Ni vos tenéis que decir, ni yo tengo que escuchar. Déjame, por Dios, hablar, y luego. . . No os he de oír, Eso es crueldad. Es honor. Honor, en qué te ofendí? En nada, pues voy así. Lame, hasme tenido amor? Sí, no lo puedo negar. Pues la que llegó a querer ella suele pretender ocasión de perdonar Las disculpas de tu amante: bien doña Luisa, se ve, que fue fingida tu sé, o que fue poco constante. Quién ama siente infinito la ofensa, mas el sentir le hace en su favor mentir incertidumbre el delito. Y si a creerlo llego verdad, haciendo el recelo, aquí el dudoso consuelo del engaño se acabó, Razones estudia y piensa, para hacer menor la culpa, que quien no quiere disculpa no se halla mal con la ofensa. Aquese consejo sabio de admitir, o pretender disculpa se ha de entender, cuando es incierto el agravio. Y así, don Juan, cierra el labio, no quiero satisfacción por no ofrecerme al perdón, que fuera gran liviandad, remitir yo a mi piedad lo que hoy juzga la razón. Si mi agravio es evidente, no me está bien perdonar, tú te quieres disculpar, si escucho, haré neciamente. Tuve amor, y amor ardiente, que muerto entre agravios yace con las ofensas renace, que aunque la ofensa sea mucha, mujer que a su amante escucha muy presto se satisface. Fuera bueno al que salió libre de un incendio ardiente, que hidrópico fácilmente edificios se volvió, cuando apenas se escapó de tal violencia, si luego viese que en lento soliego se iba durmiendo al calor, que alimentado su ardor despierte a soplos el fuego. Es nueño, que el navegante, que al impulso, y a la saña de viento, y más fácil caña, fue su dueño naufragante, si él, y la nave, constante, resibtiendo al mar incierto, llegase a vista del puerto, puidiendo besar la orilla, ga que envista la quilla contra un escollo desierto? Es bueno, que el marinero, que de Caribáis huyo, que de Scila se escapo, y de las Circes primero; pasando en calma el mar fiero, de estos riesgos libre apenas, a la voz de las Sirenas deje regalar su oído, para arrojarse atrevido de su encamo en las arenas, Yo pues del luego he salido, de tormentas me he librado, de Caribdis me he escapado, y de las circes huido, incendio mi amor ha sido, tormenta, y sirtes de arena; mas para excusar mi pena, ni el fuego he de despertar, ni el escollo he de tocar, ni he de escuchar la Sirena. Ya el alma, don Juan aquí? Aquí don Diego, qué ha sido? Huélgome que hayáis oído lo que a don Jua. . . Nada oí, Pues escuchadme, y así tendréis respuesta los dos, podrá ser que os quiera a vos cuando experiencias me deis de que por mí me queréis, y no por mi dote:a Dios. Ay suceso más extraño. Qué es lo que pasa por mí? Ya de un engaño salí. Ya salí de un desengaño. La que yo vi por ma daño en el soto, sin saber quien era, ha venido a ser la que don Juan me conto. Doña Luisa es la que vio don Diego en el soto ayer: mas como me dijo a mí; que su casa no sabia, y que no la conocía? Ya con mi silencio os di disculpas, y quiero aquí con la voz. . . Callad, os ruego, ya he visto amigo don Diego, vuestra lealtad, y valor, aunque de celos y amor pude estar dos veces ciego. Sin oír vuestras razones, conozco vuestra amistad, y sin ver vuestra lealtad miro mis obligaciones, que son tantos los blasones de esta amistad que acredito, que si habláis, y os lo permito, es ofender mi afición, y hará la satisfacción lo que no puede el delito. Lo más que puede causar vuestra disculpa en mi pecho, es dejarme satisfecho, y esto ya lo vengo a estar, que yo no puedo peniar, aunque en este lance os vi, Que me ofendistes, y así, aunque uno somos los dos, no he de deberos a vos, lo que ya me debo a mí. Esa verdad os confieso, mas no quiero disculparme, sino para consolarme, pues vuestra amistad proseso, referiros mi suceso, ya os dije, que visto había esta dama, y no sabia quien era, el fiero desdén con que me trató, y también, que a buscarla volvería. En fin otra vez la vi en el prado esta mañana y al hablarla, más humana su respuesta merecí, no sé la causa, y así permitro que la siguiese, mas no porque yo supiese quien era, y yo sospechoso seguí su norte, dudoso que este bien me sucediese. Mi amor que ignorante estaba de que era vuestra, con esto volver a buscarla presto solamente deseaba, ya la halle, si la buscaba, mas ya nace mi pesar de haberla venido a hallar, mirad que infeliz me veo, pues hoy que cumplí un deseo aún no acerté a desear. Que era vuestra conocí, y así mi amistad ordena, que ya como cosa ajena os la restituye aquí, y aún arrancando de mí la esperanza de este empleo, mas hay triste que ya veo que haciendo en mí esta mudanza al llevarse la esperanza se olvidaron del deseo. Yo mi amor reprimiré, y castigaré mis ojos, y a pesar de mis enojos mi afecto corregiré, queredla vos, que mi fe: No, don Diego, no es razón, que esa fuerte inclinación, aunque la queráis vencer, no podréis, porque el querer es imperio, no elección. Queredla, pues que olvidar se que no habéis dé poder, pero no habéis de torcer esa inclinación de amar, vos no la habéis de dejar por mí, y lo mismo os dij cuando aquesta dama fuera la retratada hermosura, a quien quiere mi locura, que imposiblemente quiera. Y porque veáis mejor, que os sirvo poco en dejar lo que vos podéis amar, yo voy a hablar a Leonor, así os digo, que su amor no me tendrá muy picado, pues asisto a otro cuidado, que asistir a doña Luisa en mí no fue ley precisa, sino materia de estado: Salgamos, venid conmigo. Vamos. Leonor será mía, curiosidad, o porfía me obligan a lo que sigo, sabed pues, don Diego amigo, Cerra habemos ya llegado de su dasa, avéis la hablabo? Tengo os mucho que contar, cosas que os han de espantar: sabed pues, que mi criado. No me acano de admirar de lo que ahora me informa doña Marialonso, puede haber cosa más impropria. Don Juan Pello, un caballero galán, de gentil persona, que es rico lo que lo basta, y noble lo que le sobra. Con una mujer viuda; y que no es niña, ni aún moza, quiera por amor casarse: mas lo mismo me responda, Que si es por amor no es esta la hajana más prodigiosa, que sabe hacer el amor: bien lo dicen las historias, y celos de doña Luisa lo muestran, hablarle he ahora, porque deseo el remedio, de aquesta pobre señora. Por ser cosas de Leonor, con extremo. . J Empresa heroica él las estará engañando. No le faltarán tramoyas para hacerlo. . Este es Don Juan quisiera hablaros a solas, con licencia de ese hidalgo, para un negocio que importa, Vamos pues, a Dios Don Diego, que será? . . Que quetra ahora. Si hubiera visto a Talego. Sospecha, tengo, y no poca. No me iré, por si a don Juan le importare mi persona. Qué lejos estaréis vos, señor don Juan, que remota tendréis la imaginación de la causa tan forzosa, que a solas, y con tal puesa. a hablaros aquí me exhorta. Pensaréis que aquí también quiere en materias celosas hablaros como otra vez, no don Juan, la causa es otra. Tan de vuestra parte vengo, que aquel bien, aquella gloria que yo engañado os quitaba, vengo a otreceros ahora. Porque ya vuestra intención noble, justa, y amorosa, he sabido, y que servís con solicitud no poca. Y hablando por este torno, y a quien distes una joya, me dijo de vuestro amor la resolución dichosa. Dice, que os casáis con ella, y un papel vuestro conforma con lo mismo que ella dice, con que su verdad se abona, Vos queréis, y ella también, dice que ser vuestía esposa desea mucho, si a caso mi obediencia no lo estorba. Casaos muy en hora buena, que no es bien que yo me oponga a una inclinación que mueve mano oculta, y poderosa. Dadme luego la respuesta, para que luego disponga lo que fuere necesario para tan felices bodas. Hay más notable suceso, que credulidad tan loca tienen todas las mujeres, esto el papel ocasiona, que a caso dejó en el torno, Talego sin duda apoya lo mismo con algún fin, que a mi pretensión importa. Pero como Carrizales viene a ofrecerme la propia prenda que amante guardaba con vigilancia celosa hasta ahora, más bien es que la respuesta disponga, dilatando estos engaños, que esta mujer enamora sin verla, por imposible mi condición ambiciosa eficazmente deseo verla, por si es tan hermosa como dicen. . Pues dudáis darme la respuesta ahora? yo vengo mal informado. Fuerza es que así le responda dadme licencia de ver a la que ha de ser mi esposa, que no es razón que me case sin ver primero la nobía. Este hombre tiene razón, pero es razón que me ponga a meter un hombre en casa, que es ocasión peligrosa, que podrá verle Leonor? mas de esta pobre señora deseo tanto el remedio, que intentaré cualquier cosa. Ya se me ofrece un remedio: ahora quedaba a solas Leonor leyendo en mi cuarto, llevando a don Juan ahora al cuarto de María Alonso, y alistiendo yo en persona por el recato, si viene Leonor, con que yo me ponga a la puerta; y cuando venga hacer que don Juan se esconda, se excusa todo: don Juan no será bien que os responda negándoos lo que pedís en ocasión tan forzosa, y más en causa tan justa, vení a hablar a vuestra esposa, que es mucha razón, venid. Hoy mis venturas se logran. Vamos pues. . . Así averiguo si es la fama mentirosa. Vive Dios que le ha metido en su casa, y cierra ahora la puerta, que será aquesto, el alma tengo dudosa. Si hubiese visto a Tálego, y con traza cautelosa a don Juan (bien puede ser) le mete en su casa propia para matarle después, que intentará cualquier cosa un cobarde, el riesgo es cierto, pues que haré, el remedio ahora De mi amistad, que si aquí doy coces hasta que rompa las puertas, o allá me abran, la vecindad se alborota. Y esta es sospecha, y bien puedo meter a don Juan con otra intención el Extremeño; pues irme, y dejarle es poca Fineza, que por lo menos ya lo sospeché, y le sobra a mi amistad la sospecha aunque sea tan dudosa, Para no dejarle aquí no sé qué remedio escoja, mas ya se ofrece, yo tengo de salir de esta congaja, Asegurando a don Juan, sin que entiendan, ni conozcan que soy yo quien lo ha trazado, y aunque sea mentirosa Mi sospecha, importa poco, si el autor del yerro ignoran; aguardaré a ver si sale don Juan, y si tarda ahora, Diligente aqueste intento le pondré luego por obra, que para excusar un riesgo cualquier diligencia es poca. Este aposento ha de ser a donde la habéis de hablar, aquí podéis esperar, que ya la voy a traer. Notables masterios son as que miro, no sosiego esta ver si de Tálego puedo saber la intención. Señor don Juan, veis aquí la que tanto deseáis, que os suspende, qué miráis? Válgame el cielo, que vi! Mas quiero disimular hasta saber su intención, hay tan grande confusión! Allí me quiero apartar, para que podáis mejor tratal lo que se concierta, yo me pongo en esta puerta, por si viniere Leonor. La dueña es, confuso estoy, si ha sido engaño el haberme creído así de Talego. Yo soy (bien puedo atreverme) señor don Juan Tello, a quien siempre amante, y firme siempre servistes en mucho tiempo Sin poder hablarme, y verme mas de una vez, que en el torno me dejastes un billete, una joya, y una banda, Y vuestro papel promete, que habéis de ser mi marido, bien mi amor os lo merece; ayer viniendo de Misa llegastes osadamente a hablarme, en vuestro cuidado, y con palabras corteses entre el favor, y el recato respondí dudosamente, y después me ha asegurado quien vos sabéis, y quien tiene gran parte en vuestros secretos. Que teméis, solo que os niegue la licencia Carrizales? yo me fui resueltamente a darle cuenta de todo, y a que licencia me diese: el prometió de ampararme, haciendo que se concierten nuestras bodas, y yo quise que por su cuenta corriesen. Descubriose la maraña. Esto es peor, trance suerte; Leonor viene acá. . Esta cuadra sin luz? . qué haré? pero aqueste sea el último remedio, meteos en elte retrete, porque para cierto fin importa. . . Quiero esconderme, Aquí el loy. Quién está aquí? Calledes don Juan, calledes, que lo echades a perder, si hablades tan reciamente. Es Talego? . Sí señor, Mi tío en casa sin verme, Bien esa queja, Leonor, mi voluntad te merece. Todo lo he estado escuchando de ratón que no se atreve a salir del aguiere, porque mira el gato enfrente. Qué es esto, di? . Calla ahora, Mira Leonor, que ya puedes darme albricias, que esta noche tengo nuevas de que llega la dispensación. . . Tan presto? llegue primero mi muerte, mucho será, que una dicha nunca tan ligera viene: ay don Juan. . . que está llegase a estorbar tan solamente. Que venga en esta ocasión, hay más desdichada suerte. Vive Dios que es ya muy tarde y que Leonor me parece que esta despacio, que fuera, que poco a poco se quede. Dentro de mi casa este hombre, vive Dios que yo me acuerde de esta necedad que hice: llevar a Leonor conviene. a mi cuarto, y a sacarle volveré, mas no es decente dejarle, que hay mil engaños, que haré, mas ya se me ofrece remedio, yo lo ejecuto: Leonor ve a mi cuarto, y trae otra luz. . . A obedecerte voy senor. , Señor don Juan, adónde estáis? encontrele, venid apriesa conmigo, que para que se concierten estas cosas. . Agarrome. Mas acomodadamente otro día os buscaré: siempre un hombre excusar debe la ocasión a una mujer. aprendan los que las tienen. Por mí se lleva a Talego. Que antes que me respondiese haya sacado a este hombre. Gracias al cielo, líbreme de este susto, todo en fin sucedio dichosamente. No me meteré en mi vida en otro aprieto como este, aunque me importe el remedio de todas cuantas mujeres hay en el mundo, eso no. Ya, señor, otra luz tienes? Antes nos inamos ya a mi cuarto, Leonor vente, vamos señora. . . Perdí, que don Juan él si me diese. Voy a avisar a Talego de aquesto que me sucede, mas para poder hablarle, porque mi tía me deje, he de echarle en la vevida estos polvos, que aunque breve aquel tiempo podré hablarle, que les polvos adormecen. . Ya saque adón Juan afuera, y sin que Leonor lo viese, mi casa tengo segura, dormiré seguramente, Ya se han ido, y me han dejado. solo, que esto sucediese de este modo? pasos siento, quiero volver a esconderme. Dile el vino con los polvos, y obró tan eficazmente dentro de muy poco rato, que sin poder contenerse Sobre la cama del viejo se echo, sin que yo pudiese resistirlo, y me ha pesado, que esforzoso que él la encuentre, cuando se vaya a acostar: pero ahora tiempo tienen mis recelos para hablar, que el queda sobre un bufete azado mirando, viendo papeles la dispensación espera esta noche, y por si viene Aún no ha cerrado la puerta allé como suele, porque la dé el despensero torno, ahora emplece a podsolarse mis males con quien otras veces suelen: quiero llamar a Talego. (me Voz es de mujer. . L.ya duer válgame el cielo. . . qué miro? Es ilusión que me ofrece el deseo. . . No es visión, verdad es en lo aparente. Mas no, do Juan es sin duda. Mas no, verdad me parece. Señor don Juan; cuando os vi vuestro criado busqué, y no creí lo que hallé, que no hallé lo que creí, alivio buscaba aquí, por ser vuestro en el criado, mas tanto se ha mejorado, que os halló a vos, quien ha oído que mayor, que prevenido fuese el bien después de hallado? a caso según dijistes, vistes un retrato uío, que fue el que envié a mi tío, pues en Sevilla le vistes, toda el alma allí le distes, y a mí los sentidos luego sin el alma, yo os lo niego, que estando sin armonía; verme, y oírme sería, (go. que oiga un sordo, que vea un cie- El más sonoro instrumento, sin la mano que lo ordena artificioso no sueña, aunque lo procure el viento, y así sin el alma siento que estarán como dormidos los ojos, y los oídos en muda; y suspensa calma, que son sin duda del alma austrumentos los sentidos. Para vivir mi pintura de vos el alma recibe, pues si a vuestra cuenta vive ya es otra nueva hermosura, Imperio amparo procura, y como ya somos dos, celos tengo (si por Dios) de que más que a mí la amáis, pues vos el alma le dáis, y ella está dentro de vos. Y por no tener de mí celos dividir quisiera de mí misma: qué es aquesto? Llamad, o romped las puertas sino abrieren? . . Qué será? Pues no responden, rom peldas. Por la parte de este torno, es la pared menos gruesa. Pues derribalda en el suelo, y entrad todos. . . Ruido sueña como, que se ha derribado algún tabique? . . Qué espera mi valor. . o dónde vais? Donde mi esfuerzo me lleva. Esperad, no os habéis de ir, decidme, será fineza dejadme a mí? vos tenéis en esta casa otra prenda que defender sino a mí? Pues qué queréis? . . que me vea con vos, aunque muera yo. Bien dices, quien fuere sea. Vámonos a este aposento. Vamos, pondreme a la puerta que contra dos mundos de hombres solo sabre defenderla. . , s, Mirad bien toda la casa. No hay nadie en aquestas piezas, Tan gran ruido en mi cuarto, ay Cielos, qué gente es esta? El señor Corregidor. Qué manda? . que a toda priesa un hombre que en vuestra casa tenéis oculto, parezca. Hombre? . No hay que replicar, En mi casa? . Cosa es cierta, entrad, y buscadlo todo. Excusada diligencia es entrar en estas cuadras, que yo salgo ahora de ellas, y no hay nadie. . El resistillo confirma más la sospecha, entrad, mirad esa sala. Qué confusiones son estas? Viniendo a ver a mi amo, y darle unas buenas nuevas, hallo aquesta confusión. A ver como se concierta aquesto que yo he trazado he entrado en la casa misma. Señor don Diego. . . Señor qué es esto? . La causa es esta, hoy tuve un papel sin firma, sin saber de donde venga, en que me daban aviso de que al momento acudiera, para excusar un gran daño, a aquesta casa, que en ella estaba encerrado un hombre con gran peligro, y apenas lo leí, cuando he venido a remediarlo, aunque a ciegas con tan confusa noticia: vamos. . Vamos nora buena, veréis que os han engañado. Ya es fuerza que ado Juan vean, pues quiero echarle la culpa al viejo, y será gran treta: decir yo, que él le metio dentro de su casa misma, y en esto diré verdad. Negarlo me da sospecha de que le ha muerto, o le tiene en parte muy encubierta. Señor, si el hombre es don Juan Tello, la sospecha es cierta; yo vi, que aquí le metio poco antes que anocheciera, y sé que le tiene dentro. En la clausura postrera me remito a este testigo, dentro le tiene, aunque niega. Ya no hay que esperar. . Aquesto es querer que el juicio pierda, si a esta gente envía rilá dentro, es cierto, que a Leonor vean, y esto es quitarme la vida. Vamos. . Veréis mi inocencia hombre dizque había de haber en mi casa, bueno fuera. mirad si hay aquí, ay de mí! Ya cayo en la ratonera. Y lo negaba, llevadle. . Dónde? A la cárcel. . . Advierta m. que no ha sido el suceso como piensa. quién os merio aquí? . . Vos. . Yo, Que aún así negarlo quiera, y vos, si no es vuestra casa aquesta, qué hacéis en ella? Yo estoy aquí con mi esposa. Doña Marialonso es esta, dice verdad. . Vuested haga que esta señora parezca. Voy por ella. . Yo no puedo tender de que manera stá don Juan en mi casa, ni por donde ha entrado. Aquesta es mi mujer. . Ay de mí! Vive el cielo, que aunque muera lo he de impedir. . Estáis loco? tenedle. . No hay quién le tenga? Salid acá fuera. . Aquí solo faltaba la dueña para estar todo cumplido. qué es esto? . En la misma pieza que el dijo que era su cuarto dentro de su cama misma hallamos esta mujer. Y aunque he hecho diligencias para despertarla ahora, aún no sale bien despierta, Y aún por eso rehusaba con tan grande resistencia, que entrasen a ver el cuarto, viose mayor desvergüenza, quién es aquesta mujer? Una señora tan buena como yo. . Pues es casado; Aún no lo soy. Que se atreva un hombre de tantos años, que ya muy pocos le quedan, a vivir en mal estado, pues cuanto más justo fuera, si se quieren bien los dos casarse. . Advertid. Debiera quien tiene esas canas dar mejor ejemplo con ellas, yo he de hacer este servicio a Dios, casese con ella, pues es su igual, y sino. Mirad que. . Tenga vergüenza, salga de su mal estado. Pues vive Dios. . que se atreva a replicar, . Injusticia es esto. . Pues agradezca, que es tan suave el castigo, que no permito que sepa el mundo su liviandad, dele la mano, en qué piensa? No acierto a hablar de corrido, aquesto sin duda ordena el cielo para castigo. de mis pecados, paciencia. Esta boda sí, que tiene bonísimas congruencias, bien tendrán entre los dos ciento y cinqueista Cuarismas. Ya que don Juan se ha casado con Leonor, a mí me queda la empresa de doña Luisa libre de estas competencias. Pues estando hechas las bodas, a qué demomos esperan? pidan perdón al Senado, y acábese la comedia,
