Texto digital de Celos vencidos de amor y de amor el mayor triunfo
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Celos vencidos de amor y de amor el mayor triunfo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/celos-vencidos-de-amor-y-de-amor-el-mayor-triunfo.

CELOS VENCIDOS DE AMOR Y DE AMOR EL MAYOR TRIUNFO
JORNADA PRIMERA
N el dichoso día, La que en el janto celebran al Sol todas sus Ninfas, su luciente carrera, formando de sus aguas cristalinas Cadencias. Todo sea júbilo, placer, y fiesta. Ya hermosas Ninfas del Sol, que tan fielmente dispuestas al sacrificio os mostráis, de su deidad, será fuerza que en bien alternados himnos, invoquéis de su clemencia. el favor, porque auxiliar se muestre en tanta tragedia, como amenaza después, que de Troya en la sangrienta invasión, mi hija Casandra, robada en las asperezas del Ida, al violento estrago, de cruel enemigo muestra, que, o bien muerta, o escondida esté, siendo la fiereza tanta, que en su propia cuna triunfaron de su inocencia. Que hay genios de tan extraña jerarquía, que no piensan mas, que en lo cruel, y el rigor, siempre fue naturaleza. En las cóleras de Marte, cuya impiedad no reserva, ni aún al que sin culpa vive, el primer aire que alienta; memoria, detén el golpe, . y no apresurada quieras, que al contacto del dobor quede mi nieve pavesa. Sepa yo, si acaso vive, pues con que solo esto sepa, menos violento el suspiro será, para que se vea, que en la propia pena, se halla el consuelo de la pena. Vuestra acordada armonía, consulte su luz, que en ella pienso encontrar a mi llanto alivio, y en las inmensas luces de sus resplandores, dará brillantes respuestas. Yo primer Sacerdotisa, daré principio; en que veas cuanto interés propio en todas se halla, en que su luz febea, bocal oráculo muestre a nuestra duda la senda. Y puesto que es ceremonia, que abrasadas flores sean fragrante culto a sus aras, sube tu Doris, y puebla el altar con verde fuego de encendidas primaveras. Si haré, y el Laurel frondoso, con elverde Sauce, sean los que al olocausto ardan, en cuya activa materia, vejetativos se abrasen, cuanto encendidos Florezcan. Ay Serapís, padre mío, sin duda, que en las malezas de los Montes vives, siendo compañero de las fieras, después que traidora maña dispuso, que la fe atenta de tu lealtad, no lograra los premios de su fineza. Y vosotras, al compás de dulces liras, la esfera del aire ocupad acordes, diciendo en cláusulas tiernas. Monarca del día, cuya luz inmensa, cegando da vida, abrasando alienta, consuela las ansias, de quien con fellega a inquerir de tus rayos noticia, y a esperar de tus luces respuesta. 1. Sepa nuestro llanto, si Calandra bella vive, o si infelice pereció al golpe de mano violenta 2. Sea el sacrificio de nuestra fe ciega, el que en tus altares, por interior culto más mérito tega. Y propicio numen, en tu estatua alienta, con voces de rayos, feliz vaticinió que temple la pena. Sepan nuestras ansias, si Casandra bella vive, o si infelice pereció al golpe de mano violenta. Moradores de Troya, a quien sirve el janto en cristales murallas de vidro, formando sus aguas de lentas corrientes, apresurado violento bullicio. Ya que os conduce a mi Templo Sagrado, el áspero ceño que Juno previno para Troya; que siempre rebelde. se mira a su Templo, negándola el rito. Y ya que en su enojo, asistiendo al estrago de tantas violencias, compuso el castigo, como pablican en tristes lamentos, las voces eternas de tantos suspiros. Y siendo el cuidado mayor en vosotros, saber si el furor pudo ser tan benigno, que libre al estrago, Casandra viviese, o si a su Aurora eclipsó infiel destino. Y en señal de que acepto el sacrificio, sabed, que vive, y que ha de ser ejemplo de escándalo, su voz para los siglos; y hasta otro lustro; tened entendido, que vuestra congoja estará sin alivio. Y en senal de que acepto el sacrificio, sabed, que vive, y que ha de ser ejemplo de escándalo su voz para los siglos; y hasta otro lustro, tened entendido, que vuestra congoja estará sin alivio. Dioses, porqué tan severos os queréis mostrar con migo, que tan dilatado plazo me dais para el regocijó? Ya mi anciana nieve helada estará, que mis suspiros, arruinarán la caduca fábrica de este edificio. Paciencia, señor, que el hado, entre cruel, y compasivo, partiendo las diferencias, sabrá templar los martirios. Casandra vive, y es el término prescripto; un lustro no más, a tanta congoja para el alivio. Sufrir, y esperar, señor, que Apoló, obrará propicio en que vuelva su respeto a enlazarse en tu cariño. Y yo de parte de todas, constantemente te pido, que adviertas, que los decretos de los Dioses, y los juicios, tocándonos venerarlos, no nos toca discurrirlos; pues su voz dijo. , . En señal de que acepto el sacrificio, sabed, que vive, y que ha de ser ejemplo de escándalo su voz para los siglos. Es verdad, y así, entre tanto que en círculo ermoso, a jiros vuelve el Sol cinco estaciones; retirado, y escondido estaré, siendo mi llanto el abonado Testigo de mi dolor, y vosotras, en vuestro claustral retiro estaréis, hasta que llegue el reliz sagradó aviso, de tanto día, en que Troya renazca de aquel Impío, adverso desdén, con que Juno nos ha perseguido. Así Céfiro encontrase, a. pues de su lealtad lo fío, a Casandra, pero es en vano, que los Divinos Oráculos, no revocan lo que ya una vez han dicho; vamos, y en grata armonía, los dos afectos unidos del lamento de después, y invocación del principio, decid acordesal dulce compás de vuestros echizos. En el dichoso día, que en el janto celebran al Sol todas sus Ninfas, su luciente carrera, formando de sus aguas cristalinas Cadencias. Todo sea júbilo, placer, y fiesta. Y en senal de que acepto el sacrificio, sabed, que vive, y que ha de ser ejemplo de escándalo, su voz para los siglos; y hasta otro lustro, tened entendido, que vuestra congoja estará sin alivio. ESCENA SEGUNDA Mutación de Bosque. Por qué injusto padre, en prisión tan estrecha, oprimida me guardas? Qué rigor hubo, qué ira, qué inclemencia, que mi suerte igualase, pues todas las esferas parece que conjuran contra mí? Cesa, cesa, que solo de mi carino puede nacer la inclemencia, a que te persuade el siempre sanudo aspecto que muestras a mis álagos: y porque más claramente comprendas, de seguro vaticinio, la pronosticada estrella que te amenaza en tu voz, sabe, que en la hermosa ciencia de Astros, y Luces, que mandan todo lo que inclinan, esa Infancia tuya, que cumple solo tres lustros, demuestra, que a grave riesgo te induce la sonorosa alagüena, consonancia de tus ecos. Que aún quiso la providencia de los Dioses, que en tu nombre se viese, que no violenta está la voz armonía, pues bien claramente enseña, que nombre, y hado se unan, para que un concepto tengan. Este, ignorando su nombre a. la puse, que poco acierta en los sucesos, quien no sabe todo lo que yerra. Callárela, que una noche, galán Joven la desierta Campaña de aqueste Sitio corrió, tan veloz con ella, que no hubo lugar de que me informase de más señas, que las de haber su piedad restaurado su belleza del fiero volcán, que a troya redujo a fácil pavesa. Y como su tierna edad era tan corta, que apenas las señas de haber nacido, eran sus mayores señas. En mi albergue la he criado, sin que más noticia tenga, que la de ser yo su padre, y que su madre Amaltea. Murió luego que cesaron los movimientos de Grecia contra Priamo; a sucesos fatales! Cuanto me cuesta la guerra de Troya, pues Troya fue mi mayor guerra: Siendo Priamo su Rey, quien me quitó la suprema Dignidad de Sacerdote de Apolo? por las secretas emulaciones injustas de Laomedonte, que apenas me vio en la gracia del Rey, cuando supo su cautela, arruinar mi confianza, para aumentar su soberbia. Pero él lo pagó después, pues desterrado le ordenan, que al Peloponeso vaya, que quiere el Cielo que tengan palaciegas travesuras, muy infaustas consecuencias. Pero volviendo, hija mía, a aquel empezado Tema de tu voz, debo decirte, que Juno, Deidad que mezcla belleza, y crueldad, que es propia de su crueldad su belleza. Particular ojeriza, tiene a la familia nuestra, después que uno de los votos fui para que no la dieran culto, ni Altar, Templo, ni Hara. Quién pensara, quien creyera, que un caso que fue justicia, pagase así mi inocencia: mas todos lo creeran, puesto que se ve por cosa cierta, que haya rencores eternos, porque hubo justas sentencia, siendo Troyana, no miento, . en decir que la comprenda el rencor de Juno, como tampoco, en que su voz sea gran portento, que observando su oróscopo en los Planetas, rúbrica de luz lo firma, plana de Antorchas lo muestra. Y juntando de los ados, la que te influye, severa constelación en tu acento, se añade también la adversa oposicioión con que Juno te ha de tratar. Cesa, cesa, digo, una vez, y otras mil, que aunque todas las severas luces contra mí se armen, de su poder no habrá fuerza para resistir la llama interior, que se apodera de mí; a fin, de que en la hermosa matizada Primavera, de estos. Vosques sea mi voz, quien dibuje la belleza de su Páis, en quien es Ceres, oficiosa Maestra, Agricultora, y el fértil janto, siempre que la riega, cuantos cristales derrama, tantos Abriles condensa; y así, mi admiración mi gusto sea. Señor, no hay si no dejarla, que es locura, y lo demuestra, el andarse a todas horas pintando las verenjenas, los pampaños, y otros frutos; parece propio Poeta de estos siglos, que se andan solo a lo que salta; y vuela, y todo lo que trasladan, es la novedad que inventan, en volviéndola el deseo, de cantar será la idea, alguna fuente que baje precipitada. Risuña cristalina monarquía, de ondas suspende la fuerza; y advierte, que el precipicio forma sepulcros de arena a las flores, que se ahogan con lo mismo que se alientan, Mira si dije yo bien; y que gustes que yo sea cada instante escuchador, de tan redícula arenga? Como es que las flores corran, o que las fuentes se mezan. Si fueran otros asuntos de amorosas ansias tiernas, vaya, que allí anda el suspiro, entre si alivia, o revienta. Pero sin duda armonía, es el plinio de estas selvas, pues en cosas naturales, toda su fatiga emplea: Bien que aquel lo reza en prosa, y está en gárgaras lo reza. Con qué arrevatado impulso de sus concentos se deja llevar! hija, cuanto pude hacer por ti en la maleza de este Monte, he ejecutado; pero viendo cuanto intenta airadó el destino, obrar contra ti, pues te atropella de modo, que en mi respeto se desaira tu obediencia, sin que basten paternales avisos que te contengan en no cantar, pues el Cielo con voz de rayos decreta, que de tu voz la caricia, sea tu mayor tragedia. Ten entendido, que ya no te he de hablar más en esta plática, porque yo juzgo que tu yerro tendrá enmienda. Tú, Jitiro, cuya ley me acompaña en tan adversas fortunas como yo paso, pues todo el secreto arriesgas, si algo del secreto dices, como quien le sabe, en fuerza de ser de todo testigo. Calla, y sufre, mientras llega el tiempo en que Apolo Sacro, tantas sombras desvanezca. Obsérvala sus acciones, y con cuidado recela, no alguno de sus delirios, la precipite violenta a los cristales del janto, donde su jenio la lleva a escuchar Driades Ninfas del agua, que yo a mi ciega horrorosa Gruta voy, a ver si la diligencia de mis estudios, ignora las verdades de mi ciencia: Ay amada Doris mía! o llegue el plazo, en que seas único alivio a mis ansias, feliz descanso a mis penas. En vano será, porque aunque yo pobre trompeta, no entiendo la facultad de saber arquear las cejas, Ademán con que en el mundo las discreciones se obstentan. Allá en mi Patria dijeron los siete Sabios de Grecia, que a los precisos influjos, nadie les borra la estrella. Pero yo con un secreto, me he de estar jornada, y media, es imposible, yo haré de mi parte cuanto pueda, y si no pudiere más, cada uno ponga en su idea la mano, y verá, que en mí dura, lo que en otros fuerza, de cuan viciado está el mundo en esta parte, que hay lenguas, que no solo lo que saben, mas lo que imaginan cuentan. En acecho de armonía he de estar, por si pudiera apartarla el frenesí de ablar con fuentes, y piedras, que las unas descalabran, cuanto las otras vozean. Qué apresurado el bruto corre a su orrible cueva, llevando entre sus garras la desgraciada presa, el arroyo que helado, la fuente que risueña, la roca que constante, y el abe que ligera; todo es en la campaña admiración perfecta, las flores se matizan, los pájaros se alegran, y así tal variedad mi gusto sea. Si es que has acabado ya la repetida Comedia de Orfeo, que cada día se andaba de peña en peña gritando los animales, y quedó tanta cosecha, que sin que nadie los llame, se vienen como unas bestias con el debido respecto, y con la gran reverencia que se debe a tu persona: Quiero Armonia que sepas, que tienes a quien mandar todo lo que se te ofrezca. Aparta, villano, como atrevidamente intentas, que yo en tus simplicidades mi imaginación divierta, Y más cuando posehida de este furor que me lleva; quiero solo investigar, que hermosa, y que varia la naturaleza, todolo facunda, y todo lo alienta. Que no haya un hombre que vaya, que no haya un hombre que venga anquietarle a esta criatura, esta montaraz conciencia, con un requiebro de alcorza, un suspiro de jalea de aquellos blandos, que no hay persona a quien no enternezcan. A fe, que en meloso estilo, cuando yo en Palacio era persona de las personas, que de personas se precian. Cuando por el mundo andaba el Dios nos libre, y defienda de aquellas vonitas bocas, como hoy de malditas lenguas. A fe, que cuando fui a Troya, cansado de estar en Grecia: Qué oí, qué oí, ha senores, y que ansias tan discretas, que cláusulillas de almibar, que con la menor pudiera relamerse, y cosquillarse un Palaciego Poeta, Qué bravos cortesanazos había entonces; quien creyera, quien pensara, que yo había de parar en que no tenga con que llegar a la voca, ni aún un amor de estameña. O bien haya amen la Corte, y mal haya amen la selva; vayan a la mi señora, con un concepto de seda, o un cortadillo de azucar, diciéndola contingencias, esferas, y sacrificios, expresiones, y violencias, y verán lo que responde aqueste Cisne de Jerga. Pero volviendo a mi Estado, trato de ajustar mis cuentas, pobre, y desválido entonces, por Sacristan de la legua, con Serapís, Sacerdote, me acomodé, a quien destierra Priamo, por solo culpas. De favorecido vean, que el ser más favorecido, es la mayor culpa, y crean, que es mayor fortuna, estar mas lejos, quien esta cerca. Ve aquí, pero suspendida parece toma las senas a algún tronco, por si el verde vestido bien no le asienta, para ponérsele azul. Plegue a Apolo, que no venga a parar aquesta Ninfa, en Arpones, y Saetas. Con qué robusto sentido, aquel tronco a sus cortezas participa el humor verde, que en su origen le alimenta, aquel Laurel como crece, y aquella Vid como trepa, gustosa con la esperanza de haberle de ver Diadema; todo es primor de la naturaleza, cuanto el aire produce, el Monte vuela. Todo es primor de la naturaleza, cuanto el aire produce, el Monte vuela; que Divina confusión tanto en mis sentidos crece, sin duda que hoy amanece al monte la admiración. Y se ve con novedad, aún más que la vista alcanza, pues no cupo en la esperanza tan peregrina beldad. El perderme ha sido dicha, pues si no llegara aquí, no fuera dichoso, y fuera mi mayor desdicha. Viste, Pátulo, mayor asombro, belleza tal, que en el alma imprime un mal, siendo venigno el rigor con que actividad inflama la religión de mi pecho, y aún no queda satisfecho todo el ardor de la llama? No sé si llegar intente a hablarla, porque imagino, que permite lo Divino, que calle más quien más siente, y le añadió a mi tormento aquel suspiro veloz, que causado de su voz, me enajena el pensamiento. Dioses, en la inquieta calma de dos afectos unidos, pueden estar dos sentidos, haciendo tal guerra al alma? Mas bien pueden según veo, pues se anade a mi dolor, para hacérmele mayor la verdad de mi deseo, Con mil confusiones lucho en cuanto vi, y imagino, pero si fuere destino, aún no me parece mucho al margen de la corriente de aquel arroyo se para, y parece que repara algo en nosotros. Detente hermosa prisión de perlas, en cuya cárcel padecen las ondas el cristalino insulto de morir Sierpes. Mira que no te apresures, que si apresurarte queres, pensando que te deslizas, puede ser que te despeñes. El viaje prosigamos, y deja vanas quimeras, señor, que en estas esferas, solo hay árboles, y gamos: y en cuanto a la mi señora, que allí suspendida está, me parece que será, sio Driade, Pastora; pero Doris, qué dirá de tal tivieza en tu fe? No se acordará, porque su desdén la olvidara. Que ligera vuela el abe en las campañas del viento, siendo el matiz de sus plumas, la elevación de su vuelo. Que ergido que sube el olmo, despeñándole soberbio hasta las nubes, que sirven de pabellón a su aliento. Yo no puedo más, perdona, Doris, que aunque en mí se acuerden los singulares favores que me hicieron tus desdenes, y aunque en busca tuya a Troya vaya, no es fácil que arriesgue ventura tan grande, como asunto tanto me ofrece, y es verdad, pues aunque el Rey fía de mi diligente, que busque a Casandra, no muy pequeña parte tiene Doris, en que yo apresure mi jornada, porque siempre que en un pecho noble se unen amor, y honor, se previene, que sin faltar a lo honrado, se sobre a lo que se quiere. Pero ya que amor propicio, feliz acaso me ofrece, primero es obedecer al alma, que tan vehemente precepto impone, mirando, que en esta mansión agreste, Deidad Soberana vive, que ya usurpándole a Ceres sus ejercicios, con más novedad su ceño enciende en el alma, oguera noble, que como materia prenden mis ansias, sin que peligren al suspiro que las mueve, y fuego, y aire se aunan de modo, que sin rebelde oposición, tan iguales en mi pecho se convienen, que si el fuego enciende el el a re al fuego le enciende; yo llego. Repara antes, señor, que a su vista llegues, en lo que deviste a Doris, que aunque es Deidad, y no siente, puede pensar muy de burlas, que tú de verás te mueres. Bellísima suspensión, de qué nace ese retiro, no ves, que está mi suspiro convocando tu atención, y por más que tu desdén tenga ejercicio mental, has de atender a mi mal para transformarle en bien? Dime, pues te reverencio con fe tan cierta, y segura, si consiste mi ventura en la voz de tu silencio, que muy bien pueden iguales, unirse silencio, y voz. Dónde, Joven, tan veloz vas a ocasionar mis males? Tu mal, como puede ser que yo le quiera intentar, si es primor el adorar, puede ser culpa el querer? Qué es querer, que nunca oí acento tan superior? Querer, es tener amor como yo le tengo. Y di, amor es monstruo muy fiero, o es apacible beldad? Yo lo diré, pues dejando mi solio por ti, hermosa Ninfa, vengo surcando en espumas de fuego regiones distintas, a darte noticia, de que amor, no en severas crueldades, mantiene el Imperio de su Monarquía. Que apacible rigor el que muestra, pues es la fatiga el ansia dichosa, el acorde suspiro, con que las caricios secretos publican de aquella llama interior, que en el pecho, si no respirará se hiciera ceniza. Soy aquella inquietud, que en el alma el sosiego origma, aquel venigno rigor, que en las flechas los ceños suavizan, formando mis iras de cólera ardiente, y Arpón penetrante, rencores que halagan, crueldades que animan. Cuanto en el aire, la tierra, y el agua, mi fuego domina, todo es Imperio de Amor, pues amando sin que se resista, mi influjo registra, jiros, mátices, escamas, y rayos, que el alto poder de mi solio autotizan. Y así, pues de Amor no has logrado hasta las dulces heridas, (ahora desde hoy hallarás en mis plumas, y venda protección propicia, que siempre te asista, por más que de Juno la cólera intente vengar las memorias de injurias antiguas. Dichosa en Amor, contra todos los ados te harán mis delicias, quien mis aras sirviere, no tema sanuda ojeriza, que nunca peligran, afectos que hacen, que a nobles cuidados, las armas de amor les prevengan las dichas. Qué es esto que por mi pasa, Amor, es quien me convida con su amparo, y que yo quiera me ordena; dime Divina Deidad si el amor es bueno? pero no, no me lo digas, que si eres Deidad, y mandas que se ame, impropio sería que fuese malo, porque en las Deidades implica contradicción ser Deidad, y poder tener malicia. Si has oído ya de Amor las voces, en que te avisa, que contra todos los ados. te ha de auxiliar su propicia piadosa atención; porqué te suspendes, no te animan a querer aquellas gratas inspiraciones que cifran de la verdad de mi fe, la más segura noticia? No sé que siento (ay de mí!) que en el alma poseida, una novedad la miro, como que alaga, y fulmina; qué es esto, el ardor me hiela! qué es esto; el fuego me enfría! puede Amor contradicciones causar? En sus tiranías divierte, pero no agravia, porque para hacer bien vistas en el alma las acciones de su poder, determina, que haya en contrarios extremos opuestos bandos, que lidian con tal primor, que divierten siendo verdad conocida; que el alivio es realidad, y el martirio es fantasía: Esto es verdad, pues yo siento . una sedición tranquila, una apacible violencia, y una tirana caricia. Dirá mi amor, mi respeto? no mi respeto le diga, conózcale en mi desdén, porque hay leyes tan precisas en el decoro, que arriesgan todo lo que no autorizan. No sé si podré con migo vencer esta llamo activa, que ya de mi apoderada está, pues el joven cifra en lo airoso de su talle, yen su gran cortesanía, todo el mérito que basta, para que mi fe, remisa no esté en escucharle. Oigan, y cual va la señorita aprendiendo a entusiasmos, y impresiones peregrinas. Lo que puede aqueste diablo con su carcaj, y su cinta, que aunque dicen que no hiere; me quemen si no lastima. Yo bien sé, que escarmentado, de mi primer osadía no he de quedar, pues teniendo. en el alma tan escritas, voz, y semblante, no puedo dejar de decir que vivas, en el pecho estarán siempre. Y así, por más que resistas, responderme mi tenaz adoración, inducida. de interior afecto, que alienta cuanto palpita, ha de seguir de tu rayos el norte, y en la florida mansión de estos vosques, ser solo el blanco de tus iras. No es fácil que aquí te quedes, puesto que mi padre avita. vecina cueva, que a horrores todo el valle fertiliza. Y si con migo te encuentra (pues sale todos los días a ver el Sol, por si en él puede templar su desdicha) se arriesga mucho, porque su ancianidad, que prolija con los muchos años, hace severidad la alegría, no permite que yo hable, ni a los pastores que avitan esas rústicas cabanas, solo a Titiro me fía que con migo al Soto baje; a divertir las fatigas de esta soledad, y a oír dentro de las fugitivas ondas del janto; el concento de sus Driades Divinas, en que suelo acompañarlas, y así, vete a toda prisa, creyendo que aqueste acaso, puede ser que te permita otra ocasión en que hablarme. Cómo ha de ser, que aunque intimas una pronta fuga, mas me acercas que me desvías. Mientras que yo te lo callo, deja al tiempo que lo diga, y en el más breve que puedas, dime si el paraje avitas de estos convecinos vosques, puesto que amor determina, que me deba este cuidado quien tuvo de verme dicha: Mal dije, cuidado no es, a sino curiosidad. Mal haría mi rendimiento en callar lo que ordenas, la vecina Isla, abundante del Tracia, es mi patria, y en sus ruinas, me vio Troya sus Escuadras regir, sin fortuna, y dicha, porque es infelicidad, y no es más que a quien se fían las armas, y con buen celo a su manejo se aplica, no correspondan sucesos faborable villanía: es del bulgo interpretar a traiciones las desdichas. Quede en gracia de su Rey, Priamo, que fuera impía temeridad, que la gracia del Rey pierda el que le sirva, y más cuando la esperiencia debe apartar la malicia. Fenecidos los sucesos de la guerra, determina fiar de mi lealtad la grave importancia de una ruina; que su carino padece. Pues faltándole su hija, Casandra, desde la noche en que Troya reducida a tanta tragedia, aún fueron abrasadas sus cenizas. Se presume, que robada, ya que no muerta, podría hallarse en todo el to torno de las comarcanas Islas. Nada reservó el cuidado de mi diligencia fina, sin haber podido hallar hasta aquí, ni una noticia de aquellas, que ya que no alientan del todo; alivian. Sin duda, que a tan voraz incendio peligraria, cuando de ella no se sabe, que en persona en quien se cifra tanto explendor; ya el contento hubiera pedido albricias. Que haya de callar por fuerza un hombre de bien, bien fía sus secretos quien a un hombre de bien como yo los fía, que fuera ser esta Dama la que nos trujo en mantillas aquel Caballero andante, diciendo, que de las ruinas de Troya la libró, y luego se escapó de modo, que iba, como quien deja una cosa después de hallada, perdida, y mi amo, Preste de Apolo, la bautizó, de Armonia, no más que porque chillaba muy bien cuando nos gruñía: mas ni aún esto he de decir, porque fuera villanía, que quien es tan palaciego, la tentación no resista de hablar; a lo que un secreto sabe entender de cosquillas; y así, primero es mi grande pundonor. Muy mal haría en ausentarme de aquí, hasta ver si es que por dicha puedo lograr, que este raro prodigio de amor, que anima tanto mi espíritu, que hace en adoración precisa, que olvide antguos favores . de Doris; menos esquiva responda, siendo mi muerte la razón para mi vida Pero responder al Rey es forzoso, que diría la lealtad, si no volviese a Troya con la noticia de no parecer la Infante, que en la obediencia precisa de los vasallos, no yerra el amor, si solicita hacer de su parte todo lo que puede; y pues la dicha no permite que yo encuentre su original con la prisa, más acelerada logre del Rey Priamo la vista, para volver donde Amor me previene en dulces iras crueles suspiros, que el al ma con tanto gusto fulmina, que porque se lo permites, solo mi aliento respira. No el tiempo malogres, parte a buscar a quien te envía, que aunque adversa, nunca es culpa tanta diligencia activa. Y aunque gustoso no vayas, por ver que de tu prolija solicitud no se logre, todo el cuidado que aplicas, es fuerza cumplir con tanta obligación, como íntima decreto tan soberano, ve en paz, y el cielo permita, que tu trágica jornada, con felicidad prosigas. No sé que me dice el alma . pues al ver que se retira de mi presencia esté Joven, va padeciendo mi vista, por gustos de bien hallada, castigos de bien sentida. Ya que tus preceptos mandan, y que es conveniencie fija, por el temor de tu padre, que de esta Selva florida, deje mi planta el hermoso matiz, porque tú le pisas ten entendido (ay de mí!) que quedas con alma, y vida, de quien lleva vida, y alma, que puede la tirama de tus flechas tanto, que hace en dos acciones unidas, que tu favor me las vuelva, y tu desdén las admita, o para mayor lisonja de mi adoración, sería la novedad de tenerlas, por el gusto de rendirlas. Ve en paz, y permita el ado, que ya que te ausentas viva, con la esperanza de verte en este vosque algún día, que dejas mucha memoria en el alma introducida. Queda en paz, y Amor disponga que se logren las heridas, que desde su aljaba arpones, son a mi pecho caricias. Usted, no ha hablado palabra, y es mucha descortesía no hablar algo, estando aquí, quien sí quiere que le sirva lo hará bien. Usted perdone, que su gran fisonomia, con su respeto me turba. Bueno va esto, no os impida que por acá no lo usamos. Pues quién es Va Señoría? Él varón de los varones, de los varones de Lidia, y de varón en varón, varón de mil varonias. Es gran casa? Razonable. Incáreme de rodillas, (pero qué miro!) eso no, que la flor ya conocida entre los dos, no ha de haber diferencia, la carilla quise conocer de Troya, pero estoy corto de vista después que sirvo a mi amo en continuas romerías, que redundan en aplauso de Doris, hermosa Ninfa, del Sol, porque en fin me tiene hecho perpetuo estantigua de su atención: Vamos claros, aquella tierra es muy fría para los pobres sirvientes, y por cierto se averigua, que a los criados nos mata, lo que a los amos da vida. Dices bien, abraza, y toca, y dime de tiranías; cómo le va a Doña Doris? En mi tiempo bien la iba, porque aunque mi amo a veces muy discreto la pedía, un rencor, jamás le quiso atender su hipocondría, y no me detengo más, porque es ligero, y camina mas que un corzo, y un alcón. Pues si volviere, le avisa mi amistad, que hemos de hablar en más de mil parlerías. Pues a Dios hasta la vuelta. Pues a Dios hasta la vista. . ESCENA TERCERA Mutación de Celajes. I, , , En los vosques de Armonía, se hallaba el hijo de Venus, flechándole a una hermosura su libre seguro pecho, guárdense de mis alas los pensamientos, porque las livertades las cojo al vuelo. , . No será fácil que logres, Amor, tus vanos intentos, que yo arruinaré tus triunfos con el volcán de los celos, pólvora tan activa, que su veneno pone entredicho a todo lo que es contento. Yo lograré de mis armas, todo el poder advirtiendo, que sirva al gusto la rabia, y al regocijo el tormento, porque sabe mi aljaba juntar extremos, y mi poder al aire covierte en fuego. Preven el arco, y la flecha, rota al impulso violento, apuntando a la esperanza, será al engaño trofeo, porque aquel que se arroja sin ver un riesgo, camina al precipicio con él intento. Yo haré, que por más que el mundo se persuada a que soy ciego, advierta en mis rayos todo el explendor de mi incendio, que no importa la venda, cendal supuesto, cuando hay mentales luces en los deseos. Preven la aljaba, Cupido, que por más que intentes diestro, reservarla de la herida, no has de poder del veneno, que mi deidad incluye poder supremo, y hará en la resistencia mayor esfuerzo. Si hará, haciendo que mis plumas logren seguro el trofeo, y vuelen felicidades, las que escándalos nacieron, no importa tu venganza, cuando yo puedo desvanecer la saña de sus afectos. Pues, amor, al arma, que yo no puedo, en memoria de mi antiguo rencor, dejar de hacer que sean los celos, los que en Armonia obren tan activos, que viva muriendo. Pues Suprema Juno, a la lid, que quiero que veas, que tu furor, es de mi poder forzoso desprecio; y más cuando adviertas, como te ha burlado el hijo de Venus. aldoma Ay como temo, que tus espumas se vuelvan volcanes, a las venganzas que abriga mi pecho. Que poco temo, cuando soy yo, quien lidiando caricias, ajusta las lides que causan los cenos. Pues yo te prometo, que has de ver, si a Deidad, y ofendida, puede el Amor ablandarla lo terco. Pues ten por muy cierto, que queden mis triunfos memoria, que acuerden eterno el estrago para tu escarmiento. Ay como temo. Que poco temo. , . . Que tus espumas se vuelvan volcanes, a las venganzas que abriga mi pecho. Cuando soy yo, quien lidiando caricias, ajusto las lides que cansan los ceños.
JORNADA SEGUNDA
Héroicas Sacerdotisas, ya que el tiempo se dilata del sacrificio, hasta que se cumpla el lustro que aguarda nuestra Fe tan religiosa, y ya que las consonancias de vuestras voces, no pueden invocar las luces altas de Apolo, hasta el grande día en que en acciones postradas, reverente fuego amime. el explendor de sus harás, para que voces, y fuego, en rayos, y acentos hagan, que propicio nos responda. Y pareciendo, Casandra, como lo ofreció (que nunca: lo Divino nos engaña) ensevándonos su ejemplo, cuan ciertamente contrarias son promesas de los hombres, pues claramente se halla, que indefectibles las unas, y inciertas las otras, guardan tan distintas diferencias, como el mundo nos declara, viendo los Dioses enmiendan, lo que los humanos faltan. Vivamos alegres, y aunque mi senectud ya postrada de lo blanco de los días, y del peso de las canas, estaba como mirando del tiempo la última raya, parece que más gustosa revive ya a la esperanza, de haber de llegar el día que el vaticimo declara, o no perezoso el tiempo corra, ni en tareas largas sus veloces movimientos dilate, que su inconstancia, bien puede una vez en dichas convertirnos las de gracias. Y tú, Céfiro, a mi corte bien venido seas, y hasta que del penoso camino que desde Troya hay a Tracia, bien reparado te halles, no quiero hablarte palabra en sucesos de la guerra, que el cuidado de Casandra, hasta ahora me ha detenido, para no invadir las altas torres de Grecia, y quemar sus defendidas murallas, en venganza del injusto pretexto con que las armas tomaron, y la traición, que con traidora asechanza armó su industria, pues fueron de el Paladión las entrañas; las que abrigaron el cruel sañudo horror de su rabia, y traidoramente astutos (que riñe mal el que halla a su contrario dormido, y valiéndole la maña de su atrevida cautela, no es victoria la que canta, sino rengión que pública toda la voz de su infamia) lograron tan alto triunfo, porque el sueño les sobraba a a los Troyanos; ha como la experiencia nos declara lo que aventura quien duerme, pues al despertar, se halla con tantas ruinas, que es casi imposible el repararlas. Y pues que de tu fineza no tengo que dudar nada, dame los brazos, y en muestra de la suma confianza que hago de ti, ten por cierto, que el bulto de mis Escuadras has de regir, que yo sé, que de Grecia las Campañas, se han de acordar de mi nomber en pareciendo Casandra, sin que se pueda culpar tu diligencia, pues mandan los Dioses que no parezca, hasta que el lustro manana tenga fin; que los decretos de los Dioses, nunca andan expuestos a derogarse de actividades humarias. Siempre, señor, me confieso deudor; de lo que a la gracia de V. Maja debo, pues favores, y honras tantas, nunca pueden merecerse, siendo cierto, que en la larga penosa solicitud de buscar la Infante, cuantas ansiosas solicitudes pudieron ser destinadas a este fin, tantas mi afecto ejecutó, mas no bastan, si los celestes decretos no alumbran nuestra ignorancia. Y con verdad decir puedo, que si llega el caso en que haya de regir tus Escuadrones, si tanto poder me ampara como el tuyo, verás como se ve toda la arrogancia de Grecia puesta a tus pies, pues sin que entonces les valgan, ni caprichosos arbitrios, ni hallar indefensa tanta, gente como aquella nocha, al fosiego de las blandas? quietudes del ocio, treguas de tantas fatigas daban, han de ver como rendidos a los filos de mi espada perecen todos los Griegos; ay dulce afecto del alma! hermosa Deidad silbestre, pues tú mis afectos mandas, pues con tu poder gobiernas esta dulce voluntaria, prisión con que mi albedrío tratas, bien aunque le arrastras permite (pues no es posible, que sin ser Deidad hallaras senda para introducir en el corazón tal ansia) que a tus ojos vuelva presto, pues cuanto se me dilata esta fortuna, parece que el vivir se me dilata, Y no es posible que viva, quien ausente de lo que ama está, que no se componen el amor, y la distancia; o mal haya Ley, que hizo, que porque dé una palabra de volver un Noble, sea fuerza el cumplirla, y al alma, nunca se le toma en cuenta lo que de amor en las harás ofrece, y no es menos que todo el concepto de un alma. Cómo, Céfiro, no llegas en reverente postrada, obsequiosa acción, a dar a Doris, Enone, y Aura, las gracias de lo que yo he debido a las instancias de sus ruegos? Pues, Apolo, movido a las dulces blandas, sonoras armonías de sus acentos, palabra dio de que parecería dentro de un lustro Casandra, que ya se mira tan cerca su cumplimiento. Turbada mi revererencia, no sabe mas que llegar a sus harás, y que supla mi respeto la lengua de las palabras. Con bien vengáis, que nosotras, solo cumpliendo con tanta obligación, como al Rey debemos, en las sagradas víctimas que en este templo se ofrecen, votivas ansias al Sol de dicamos, porque piadosa su luz guiara, a orientes de una noticia, ocasos de una ignorancia. Y ya que sus luminosos, rubios resplandores hablan tan cerca, que se divisa en breve término tanta alegría, como Troya ha de recibir las gratas demostraciones, del culto al Sol suspendimos, hasta que llegue mañana el día, en que nuestras esperanzas dichosamente se logren. Cómo Doris no te habla? Bien hallada en su silencio, la Deidad siempre recata el idioma de las voces, y en lo mental dilatada la expresión de los desdenes, tan mudamente se trata el estilo del cuidado, que solo es su idoma el alma. No es eso, si no que como la damería es alhaja de revelación, la ha dicho todos los pasos en que andas, las suspensiones, las Ninfas, y en fin, cuanto en la jornada, desde que al venir a Troya, el pie sacamos de Tracia te ha sucedido, que yo apostaré que no hay nada que ignore, sin que la queste solicitud, porque sabia la atención; sabe, que ni este afecto tienen las Damas. Quedad en paz; hasta que el sacrificio manana se publique, porque todos lo sepan, y convocadas sus atenciones, asistan a ofrecer verdes guirnaldas de Sauce, y Laurel a Apolo, pues en su instituro manda, que estas dos plantas le sirvan, por ser siempre estas dos plantas, las que deben a su influjo mayor ejepción, pues hallan los Dioses también motivo, para admitir en sus harás a unos, no admitiendo a otros, siendo providencia clara, el ver lo que unos merecen, y lo que otros desagradan. Con gran cuidado me tiene, . ver que el Príncipe de Tracia, Celauro, tanto dilate venir a Troya, que a causa de nuestra antigua inclusión, y de la grande alianza que nuestras tropas tuvieron en esta guerra pasada, quiere conferir con migo puntos de suma importancia, para cuando llegue el caso, de que unidas nuestras armas, escarmiente toda Grecia de tanta hueste Troyana. Si pudieran, Doris bella, declararte bien mis ansias, las fatigas que me cuestas, y las penas que me causas, vieras cuan hidalgamente mi rendimiento se halla, ansioso de que el desdén de tu esquivez siempre extraña, coronase de rigores mi atención; y aunque lo ingrata, en ti fue naturaleza, no sé que me dice el alma, de que pueden las Deidades no siempre mostrarse ingratas, y propicio arpón; bien puedo salir de cruel aljaba; que mal finge aquel que finje apo tan a su costa, que anda esforzando en su respeto su arención Aunque no agravian nunca corteses estilos, a esquiveces, que tiranas siempre, y alagüeñas, nunca viven solo porque matan. No quiero darme al partido de no creer, que en la jornada vuestra hayáis tenido asunto, en que vuestra fe empleara, si todo el aire en suspiros, todo el rendimiento en ansias, Mirá si dije yo bien, todo lo saben las Damas, que como es su ciencia infusa, no se les oculta nada; por esto es bueno vivir bien. Que mal halladas estuvieran mis fortunas sin estar siempre en tus harás, dichosa víctima al templo de Deidad tan soberana, cuyas flechas siempre crueles de la violencia irritadas, de tu ceño el rencor mismo, con que la crueldad dispara, siendo el que más las fulmina. es el que más las ablanda. No puedo aquí detenerme, por lo vecinas que andan en aquestas Galerías mis compañeras, y a causa del enfado con que todo Palacio está (hasta mañana, en que el decreto de Apolo se cumpla, y venga Casandra, que pesadumbres del Rey, es más que justo, que hagan en los pechos de sus nobles vasallos tal consonancia, que duplicada la pena, quede sin ella el Monarca) no se permiten aquellas reverentes Cortesanas, públicas demostraciones de los respectos, las pardas lóbregueces de la noche, darán motivo a que vaya vuestra atención hacia el Parque, en donde la confianza menos reparada, pueda ser más segura confianza, y no más, que detenerme no puedo, las consonancias de Flora darán aviso a que os acerquéis; mal haya . respeto que en el desdén, con cautelas, y con mañas, anda huyendo lo que busca, pues en acciones contrarias, cuanto mi atención le estima, tanto mi desdén le aparta, y a poder tener yo celos, que tengo celos pensara . Ven Pátulo (ah cruel afecto!) . que permites que ande el alma entre este agradecimiento, y el destino a que me llama aquella Deidad silbestre, que la razón de adorarla, aunque no fuera precisa, fuera siempre voluntaria; mas puesto que es imposible que viva sin verla, haga de mi parte cuanto pueda para volver a su Alcázar, templo del Sol, donde brillan al fuego de mi esperanza todas sus Divinas luces, con tanto explendor, que al Aura, que sus dalcísimos ecos mueven, la región abrasan de mi pecho, que se ilustra del propio ardor que se inflama. . Qué hay Florilla? cómo estás? que no te he hablado palabra mas ha de un siglo, y reviento por decirte mil palabras. El como va es muy ocioso, preguntar a las que andan con resabios de Deidades, que acá no nos duele nada, y si algo tenemos, es un alto de habellanas, barro, y chocólate frío, y otras dos mil zarandajas a este tenor, que le quitan pocillos de leche helada, pasteles fríos, y fruta verde, mas sin esperanza de que la sazone el tiempo, siendo cosa averiguada, que tantas de cosas buenas, no pueden ponernos malas; mas dime, acéfiro como le ha ido en esta jornada de cuidados de galán, porque dicen que hay en Tracia damas de mucho desdén, de gentil donaire, y gala? Todo te lo he de decir, allá no tuvimos nada, que todo fue ocupación en buscar esta Casandra, que yo apostaré que está en esos Montes guardada, hasta que algún Dios nos diga por su oráculo con barbas, el sitio, el modo, la forma, los Gigantes, y el Alcázar. Pero en el camino hubo una aventura muy, rara de una Música en un Monte, que entre peñas, y entre jaras, anda hablando con los brutos, con las aves, y las plantas, y dio mi amo en decir que tenía buena cara, y hubo dos mil discreciones de semblante, y voz, y tantas de aquellas impertinencias, que se dicen pataratas, que fue milagro de Apolo, que no pusiéramos casa para vivir muy de asiento: y no digas de esto nada a Doris, que aunque no ignoro que sentimiento en las Damas no puede caber, al fin estos sucesos enfadan, y no quiero que por mí, Qué es Pátulo lo que hablas? puede nunca pensar Doris, que su respecto agraviara, Céfiro, aunque sus rigores no mereció, a Deidad tanta, aún medroso el sacrificio llega, y ceños de sus harás, sabiendo no se merecen, se sabe que se idolatran? Buena ocasión, pues en Troya . se halla Laomedonte (a causa de intentar, que su destierro tenga fin) mi amistad halla, para que honrándole mucho Dorís, en premio de tantas fatigas, como en su obsequio ha manifestado, le haga aquellas honras, que solo las saben hacer las Damas. Y aunque ha presumido Doris siempre, que fuese la causa del destierro dé su padre, Serapís, también se habla, en que para su destierro, fuese gran parte la varia oposición que los Jueces tuvieron, cuando se hablaba en hacer a Juno Templo, con que estando equivocadas estas dos razones, y no dudando de la hidalga atención de Laomedonte, Doris, buena ocasión halla (vuelvo a decir) mi amistad para incluir su confianza. Y pues está de secreto, y no puede hasta que salga la orden del Rey acudir a Palacio, con gran maña en un aviso le diga acuda al Parque, por si halla mi industria forma, de que pensando Doris, que habla con Céfiro Laomedonte, de mis acentos guiada su inclinación, pues así se lo prevengo en las pardas sombras de la noche, logre hablar con Doris, que tanta fortuna solo la logra, quien sabiendo lo que gana, en un desprecio le adora, aún no teniendo esperanza en la mayor dicha de ver al desprecio la cara, y como Doris previno a Céfiro, que escuchara mi voz, y de ella inducido hablase, mi aviso haga prevención a Laomedonte, de lo que yo con las gratas suavidades de mi acento, he de cantar la ignorancia de Céfiro, que no puede estar en ello, le aparta (pensando que es otra Ninfa, pues el concepte no habla con él) la que en aquel sitio con otra persona habla; además, que él no me ha oído nunca, y con esto se salva el no conocer mi voz, y como de noche cantan en el Parque varias Ninfas, podrá pensar que otra canta, para que Céfiro vea que ya su atención villana está conocida, y que vastardo afecto le arrastra. Cómo eres tan palaciega, tan discretona, y bizarra, no haces caso de los pobres que no tienen buena labia; y de todo hay en el mundo, no te pongas mesurada, ni te estes hablando a solas, que un majadero sin gracia, también divierte su poco en Palacio, y la estacada del Terrero, se mantiene por diversión de las Damas, muchas veces de cabezas, que parecen calabazas. Mira, Pátulo, yo gusto de gente muy cortesana, de quien gaste sus conceptos, y si algún día se sangra una persona, la digan lo del jazmín, y del nácar, el arrebol, las estrellas, el olocausto, y el hara, y gusto de esto, porque si mi Superiora habla alguna vez con alguno, oigo de estas frases tantas, que me parece son buenas, cuando con ella se gastan: y a Diós, Pátulo, hasta que el sacrificio mañana nos junte en el templo. Mira que tú no has de decir nada de lo que de mi amo dije. Anda vete noramala, yo no soy mujer que dice, soy medio deidad que calla. Amor, que es lo que pasa por mí, como no puedo vivir sin la memoria de aquel joven, que tanta guerra le causó a mi pecho. Milagro de la espuma, yo no puedo resistir esta llama; y así, del elemento que te produjo, forma cristales, que al inmenso volcán en que me abraso, sirvan templando el fuego, de alivio, de descanso, y de consuelo. Pero como te invocó Deidad del agua, siendo quien tal ardor me causa, y no produce el agua mis incendios; sin duda que los rayos más ardientes, te dieron la esencia, y cuando no, te encendiera el besubio de mi aliento. Ah como me has burlado, diciéndome alagüeño, ser todo suavidades, el tirano dómimo de tu imperio: que no eres Deidad creo, pues te adornan en fáciles engaños, mentiras que te ayudan los intentos. Eres tirano, aleve, sedicioso, y fiero, y pues tan justamente de ti me quero no permitas que viva mi amor, dicie Amor, que es lo que pasa, Qué novedad, Dioses es, la que en Armonia encuentro? pues ya parece que entona en suspiros, y lamentos, sucesos de amor, tirano, sucesos de agua, y de fuego. Pero yo lo he de apurar, que es bravísimo contento, ver aquestas Montaraces, todas venablos, y aceros, que matan todos los días aún a los que ya están muertos, rendidas al suave yugo de los álagos de Venus, muertas por un Ninfo, todo boberías, y escarceos, gracias a Apolo, que ya dejará los arroyuelos, y no se andará gritando a las rocas, ni a los cerros, Mareándonos todo el día con dibujarnos el lienzo de este Pensil, como sí necesitaran los cerros, las rocas, ni los cristales del arte de sus acentos, cuando su naturaleza los tiene con tanto aseo; pero veamos en que para este ya empezado cuento de amor, a que puede ser que se siga el de los celos, pues yo he de hacer cuanto puedao por decirla, que el mancebo, llevaba su cuidadillo, y la ha de doler más esto a Armonia, que no a Doris, que como allá no hay deseos, no se puede padecer este tan villano afecto. Joven, cuyo denuedo, tan airoso, y gentil, ha podido en el alma tal ansia introducir. Tú, que cuando llegaste a este hermoso Páis, encontraste mi pecho en descuidada lid. Como tan presto, Cielos, se pudo introducir, afecto que me trae ya tan fuera de mí: ay infeliz, de la que tiene ausente lo que adora, sin saber si a su vista ha de venir, ay infeliz, ay infeliz. Como Cupido tardas en ayudarme, si me ofreciste propicio, hacerme muy feliz Deidad: No puede ser, quien tarda en asistir, a quien su amparo invoca, quejáreme de ti, y en altas consonancias, oirá todo el confín: ay infeliz, de la que tiene ausente lo que adora, sin saber si a su vista ha de venir, ay infeliz. No hermosa Ninfa llores, cuando tendrás en mí, para tan alto triunfo, el mejor adalid. Presto verán tus ojos, el adonis gentil, cuya fineza, nunca se apartará de ti. Qué importa que el amor diga que ha de venir, si te previene Juno, en batalla civil. Como en Troya se halla, obligado a asistir a objeto, en cuyo Altar, no tendrá el culto fin. Suspende airada Juno, tu acento, que al oír que hay Deidad a quien sirve. no puede resistir mi pecho este vocal veneno, y áspid vil, que de mi apoderado, me obliga a prorrumpir. Contra, Amor, cuyas flechas, que eran blandas creí, que delirio, que ansia, que horror, que frenesí. Créeme a mí, que irritada Deidad te persuade Juno, y Amor nunca sabe mentir, y si mi arpón te parece violento, lo que ahora llorar, será luego reír. (vios, Créeme a mí, que Amor como es ciego, no ve los agra- y puede su venda un engaño encubrir, y el hijo de la espuma, nunca ha entendido de ardores, que en el alma son vasiliscos. Cuando hay seguridades en los que aman, nunca entiendo de flechas, que son villanas. Pueden dejar los celos de hacer su oficio, en la grande oficina de los sentidos. Sí, que aunque no dan causa, jamás dan pena, cuando son favorables, sus consecuencias. Y pues tan breve el tiempo se va acercando, presto verás el triunfo de mis milagros. No es fácil que los vea, Deidad injusta, quien en Amor no quiere que haya fortuna. Y así, Amor, por más que intentes a Armonia persuadir, que hay grande seguridad en Céfiro. Y aunque a ti te obligue antiguo rencor, a pretenderla inducir, a que es engañosa fe la de su añor, no salir con tan vano intento juzgues, pues volverán a decir, mis cláusulas, al sonoro compás de acorde clarín. Créeme a mí, que irritada Deidad te persuade Juno, y Amor nunca sabe mentir; y si mi arpón te parece violento, lo que ahora llorar, luego será reír. Créeme a mí. (agravios, que Amor como es ciego, no ve los y puede su venda un engaño encubrir No os ausentéis tan presto, crueles Deidades, que os burláis de las penas de los amantes. Ah que poco los Dioses saben de penas, que a lo Divino nunca su ceño llega. Yo viviré penando con mi martirio, ay Amor lo que puedes con tus caprichos. Ya yo no me atrevo a hablarte, ni sé que te he de decir; porque estoy más aturdido de lo que piensas, pues oí mil legiones de Deidades hablarte. . Yo estoy sin mis Pues qué tienes Armonía, que si puede conducir a tu alivio mi persona; toda ella dispuesta aquí está, para que la mandes, que yo muy bien sé servir. Titiro, no sé que tengo, porque solo se decir, que es accidente del alma, y su dolón tan sutil, que no se puede explicar, aunque se sabe sentir. Ese es amor, y algo más, pues tiene su perejil, y alguna púntica de hajo, que llaman celos. Qué oí, que solo su nombre asusta, y que un afecto tan vil padezco! En qué lo conoces? Lo conozco en más de mil cosas, porque luego al punto que con los Dioses reñir te vi, en aquel mismo instante que eran celos, conocí, que solo ellos obligaran con los Dioses a reñir. Pues yo no sé lo que es, y vamos, porque salir querrá mi padre; ah tirana, . sediciosa pasión vil, que no se puede acultar, ni se sabe resistir! Miren si dije yo bien; no he visto Ninfas así; que no paren en carcaj, en delirio, y frenesí, y tanta lástima me hizo, verla penar, y gemir, que no la quise acordar, por vela fuera desí Lo que Pátulo me dijo, señores, es hombre ruin, quien anda acarreando chismes, pues hay mucha gente vuin. . ESCENA SEGUNDA Ya que severa la ley; mi inociencia castigó, y contra mi fulminó su airado decreto el Rey, viendo cuan poco distante el plazo se acerca ya, y cuan pronto el tiempo está para parecer la Infante, según Apolo, propicio mostró en su oráculo fiel, y cumplido el lustro; a él se repite el sacrificio, viendo que el tiempo ha llegado, y que mañana ha de cuando el Rey se llegue a ver tan libre de este cuidado, pues tanta solemnidad toda Troya regocija, y pareciendo su hija, alégresu Majestad, debe hacer muchos favores a sus vasallos, que en día de tan común alegría, se han de olvidar los rigores, ya que justamente creer puedo el quedar perdonado, aunque no tenga a su lado aquel antiguo poder, viva con gran confianza, de que olvidando mi insulto, lleje el día del indulto, en que lograr mi esperanza, y en que premiando su ira, mi constante adoración, vea Doris que la oblación, no la esconde, ni retira la adversidad de mi ausencia, pues siempre debo adorar, todo lo que supo obrar el rigor de su inclemencia. Y pues que estoy de secreto, y no me puedo poner en público, hasta tener noticia de que el decreto mande que me restituya a la Corte, siendo Flora, quien por mi aviso no ignora este accidente, y la suya lo confirma ya, que en ella veo lo que me previene, y que su fineza tiene solicitud, que mi estrella mire en Doris su esquivez destino, esta vez propicio, haz que advierta algún indicio de ser dichoso esta vez, logre en tanta adversidad, mi fortuna el sumo bien, de mirar en su desdén las flechas de su crueldad. Y pues que Flora me dice que será su acento fiel, quien prevenga a mi cuidado todo lo que debo hacer, ya que está tan solo el sitio, que ni una guarda se ve, bien que tanta oscuridad no deja percibir bien. Si alguien se puede ocultar, aguardando a que le den la seña con que se acerque (porque es muy posible que haya algunos que concurran a hablar de noche) estaré con atención, por si Flora me llama, que no dude de su amistad los oficios, que su amistad sabe hacer. Y aunque, Doris, persuadida (según dice Flora) este, en que yo pude ser causa, que su padre con el Rey se desgraciase, bien puedo asegurar que no fue mía la culpa, pues solo de otros compañeros fue, que viendo que él no venía, por ordenarlo la Ley de Troya, en dar templo a Juno, se dijo, que mi poder le hechó fuera de la gracia de su Majestad, bien sé que esto solo fue pretexto; ha cuantas cosas se ven en las Cortes, que piensa el bulgo con candidez, que es uno la causa de ellas, cuando suele suceder, que en quien menos se presume, toda la malicia esté? que viniese algo temprano me avisó, yo cumpliré con haber estado aquí, que una adoración coriés, no solicita tardar, premiada en obedecer todo en profundo silencio, yace lo que tarda un bien, y no habiendo aquí esperanza, hay un privarse de aquel álago, que se ocasiona del rigor, en quien la fe, del rendimiento puede ni aún la crueldad merecer. Ven rendimiento, ven, a lograr la más alta fortuna, que ocasionan rigor, y desdén, y no temas, pues te alienta a su logro amistad tan fiel. La voz de Flora, me avisa que llegue; noche, detén tu curso, y no te apresures: mas no es posible, porque si sale, Doris, es cierto que empieza ya a amanecer. Prévenle a Céfiro que hable, aunque poco aquí podré detenerme, porque como el sacrificio ha de ser luego que amanezca el día, no al templo faltar podré. Obediente a tu precepto, como lo ordenas lo haré, y como aquí se habla quedo, . bien persuadida podré quedar, de que juzga Doris, que ella está hablando con él, y como los dos ausentes han estado, fáciles, aunque él hable de su ausencia. que no se entienda que fue industria mía esta traza, hasta que ella vea después la lisonja que la hice, en apartar de su fe, la ingratitud de un villano, cuando al mismo paso, es bien que logre un atento, todo el mérito de su ley. Explica de tu atención aquel noble padecer, en cuyo accidente el mal se califica de bien, y no temas, pues te alienta a su logro amistad tan fiel en breve cláusula explique tu rendimiento su fe, pues siempre fue el adorar, motivo a no merecer, y no temas, pues te alienta a su logro amistad tan fiel. Bien se adorado motivo de mis ansias, que no fue culpa mía el avientarme, pero ya que me ausenté tan viva mente en el alma, tus rigores adoré, que eternamente constante, a tu Deidad dediqué, indefectible olocausto, cuya antorcha sabrá arder en mi pecho, sin que pueda por accidente, o valven, de infiel destino, dejar en tus altares de arder. Yo estimo vuestra atención, aunque bien pensar podré, que en esta ausencia habrá habido otros cuidados en que emplearla, cuando no ignoro, que no falta a ser cortes, quien a tantas dedicado, tiene tanto en que enten der. Dejad a vuestra aprensión, tan vuestra como ella es, y no queráis engañarla, y claramente veréis, que solo tengo una imagen, cuyo original llevé, y cuyo original traigo, sin que diferencia haber pueda nunca en sus colores, pues tan fino la copie desde el punto que la vi, que jamás equivo qué en la lámina del pecho, color, matiz, ni pincel. Con que sin duda, ninguna bien satisfecho estaréis de la beldad que adoráis, pues os permite tener tal alhaja en vuestro pecho. Si lo estoy creyendo, debo tanto a su impiedad, que a no gustar su altivez de que la sirviese, templo mi corazón, nunca a él le concediera fortuna tan grande, como tener por Ídolo de su Altar, la Imagen de su desdén. juzgo que vengo muy tarde, porque me detuvo el Rey en sucesos de la Guerra; pues cemo tan cerca esté ya el saberse de la infante, y el sacrificio ha de ser tan luego, que a la primera luz del Sol, todos le den verde adoración en asquás de no apagado Laurel, quiere imbadir toda Grecia, yo al sacrificio estaré, y luego con un pretexto, asegurando volver muy apriesa, a las Riberas del janto me partiré a ver mi adorado asunto, que tal dominio a tener llegó en el alma, que nunca se podrá borrar aquel fijo caracter, que imprime la eternidad de su fe. Ruido he sentido en las ramas, que nos encuentren no es bien, por el motivo que os dije; pues con pesadumbre el Rey, no es justo que se repare, que aquí nos pudo traer esta diversión; y más, que habiendo luego de ser tan precisa mi asistencia al Templo, apenas tendré lugar, pues falta muy poco, para que el Aurora dé en leve blanco rocío, principio al amanecer, y allá nos veremos luego. Si fuera Doris mujer, se hubiera tragado esta pildorilla, o esta nuez, pero habrá disimulado su damería cortes. Ya cerraron la ventana; ha que poco dura aquel gusto, en cuya esclavitud es lisonja de la fe el ruidó de la cadena! pero si yo no olvidé otra salida, que el Parque, por detrás de este cancel de Murtas tiene; la puerta abriendo, pienso volver, por ser más pronta salida. Aa que aprisa la encontré, que presto que se halla el mal, que poco que dura el bien. No quisiera que pensara, Doris, que la culpa fue mía en no venir temprano; pero como no escuché a Flora, cuya armonía la seña me había de hacer? son muy posible dos cosas. Una, que viniese, y que viendo lo que yo tardaba, por la causa que noté se fuese. La otra, que no pudiese venir, porque habiendo en el sacrificio de estar, pudo su esquivez no gustar de concederse al Parque. Suspenderá la imaginación, si acaso es posible suspender imaginación; que toda apacible, acuerdo es de aquel echizo brillante, aquel rayo hermoso, aquel perdona, Doris, Lucero dominante, Astro, que fue tan activo en alumbrar, que se ha pasado a encender todo mi pecho; mas cómo me detengo, cuando sé que va creciendo mi mal, no yendo a buscar mi bien. Espera, aguarda, Divina Zagala hermosa; mas quién. Señor. Quién me llama? Eres Céfiro, un mi amo, que Apolo me ha dado? Sí, ven con migo. Aguarda, ten, y déjame descansar, de un gran susto que un broquel, y un hombre con él me han dado, pues yéndole a conocer, por ver si eras tú, me dijo mal comedido, y cortés, otra vez no hande mirando, si tal, si vino, si fue, ni jamás registre a hombre, que usted no sabe quien es. Dónde fue eso? En cierta parte. Ningún cuidado me den, nuevos recelos partamos. A dónde con tal tropel? A buscar a quien adoro. A Doris. Villano, ven, que aunque Doris es Estrella, no es Doris. Ya sé quién es, al buen entendedor pocas palabras; como ha de ser el viaje, porque el janto donde la Ninfa cruel avita, no gustará sin comitiva, y api verno Que alegre, y gustoso, en las halas partiré del Niño Dios. Eso vaya; mas dime una cosa? Qué? Sutre ancas? No repliques. Atiende. No hay que atender. Hoy en el templo se unen todos con Priamo, Rey nuestro, para que declare Apolo de aquesta vez, donde está su hija. No importa, que en mi reparable, no es, que falte al Templo de Apolo, y al de Amor sí. Alto, pues. Lleguemos presto. Ea, vamos. Qué tanto Falta? No sé, o mi amo es loco, o no soy Titire; tu Patulé. ESCENA TERCERA co. De Apolo cantemos, delfico Dios, que sus rayos esparce, en los que llegan con festivo anelo, a invocar de sus altas piedades, sagrado favor, dedicando a su templo, Laureles, y Sauces, que sirvan coronas cuyo verdor se matice del fuego, reverente la fe lo publique, y sonoro lo diga el concepto. m. Ya hermosas Ninfas bellas, a quien en vez de Estrellas, adornan en las manos luminosas Antorchas; en que afectos Troyanos, vnen de Apolo al ruego, voces que bajan humo, y suben fuego. Ya que en postrada, afable reverencia se llegó el día, en que de su clemencia la protección rendidos invoquemos, todos las consonancias ayudemos, y en sus harás pongamos, de Sauce, y de Laurel los verdes ramos, pues siempre en su Deidad se vio el indicio, de que fuesen más grato sacrificio, estas dos plantas que la fe dedique, para que su olocausto purifique volcán sagrado, y sean en su Templo, de nuestra Religión seguro ejemplo, diádemas abrasadas, que su piedad las vuelva mejoradas, dando a entender ceremoniales leyes, como pagan los Dioses a los Reyes, pues tu verdad abonas, que vuelve mejorada la corona. Y dígalo mi suerte, que ya vecina al Plazo de la muerte, encada instante estaba, y al ver que el edificio caducaba, quiere (no el llanto mi dolor aflija) que se restaure el Reino con mi hija, que en feliz sucesión el Reino goce, y porque toda Troya se alboroce, siendo la sucesión la que mantiene el Reino en paz; y pues el Sol ya viene, y ha pasado el Aurora, que de sus rayos blanca precursora, nos da en templadas luces el aviso, de que venigno a nuestros ojos, quiso salir esta mañana, a vestir montes de jazmín, y grana, al ver el explendor con que amanecen, cuantas en vuestras manos hoy florecen, Diademas a su altar consagre el culto, vuelva la aclamación, para que el bulto de Apolo, corresponda a nuestras voces, que informadas de alientos tan veloces, lleguen a sus oídos siempre piadosos, nunca adormecidos. De Apolo cantemos, Piadoso Monarca, Ya se llego el tiempo, que en tu piedad gustosos esperemos, que nuestro desmayo se cobre al aliento. 2. . En tu altar repara, tanto verde feudo, como su esperanza pública en su incendio, y premia los votos pagando el afecto. 3. . Pues nunca falible, puede ser lo inmenso, alivie la pena de nuestra congoja, en grata respuesta, propicio decreto, 4. . Venga nuestra Infante, a ser en su Reino, común alegría, gozo interminable, placer sin segundo, porque es placer nuestro, De Apolo cantemos, Ya Tróyanos respondo, desde mi solio excelso, escuchad no ya conceptos lugubres, sino armoniosos celebres conceptos. Y porque veáis que los Dioses cumplen lo que prometieron, y no a contingencias debiles, su Deidad tiene oráculos expuestos. Agradecidas mis harás. atan religioso intento, quiero que logréis pacificos, serenidad de escándalo tan nuevo. En el Monte de Lathona, se oculta el prodigio bello, de la que en poder de Serapís, logró su crianza, aunque en bárbaro aseo. Con el nombre de Armonia, T del janto el cristal más terso avita, siendo sus líquidas transparencias, su diáfano recreo. Y pues no lejos, ter vuestra Infante, siempre atentos, confesad que Apolo inclito, la ayudó con luz delfica en el riesgo. Qué es lo que he escuchado Cielos? . pues se unen para el martirio, del oráculo las voces, y las ansias con que lidio; si será idea del alma? amor ordena propicio, que esta, y la que adoro amante, sean un concepto, mismo. Pues el Monte no está lejos, y todo está prevenido, como quien siempre esperaba, que Apolo obrase venigno, cumpliéndonos la palabra que nos dio todos unidos: Vamos a buscarla, y todas suspended el regocijo, hasta que en unión dichosa, sus brazos, y mis sentidos, se den las enorabuenas del mayor día que ha visto en el Teatro de Troya, la carrera de los siglos. Permite, señor, que pida, pues en su infeliz destino, fue quien amparó a Casandra por mi padre. Y yo lo mismo te pido por Laomedonte. Perdonados sus delitos queden, pues en tanto día; fuera impiedad el castigo, porque días favorables en los Monarcas, han sido para hacer a sus vasallos muy copiosos beneficios. A Céfiro hablar no puedo, que mi padre haya podido criar la Infante, y lo ignoren, mi fineza, y mi cariño; ha mejorables decretos, de los Dioses siempre fijos. . Por lo menos, la he logrado luego al instante un nudico, escribiré a Laomedonte, avisándole que he sido la que a Priamo acordó su destierro; y si muy impío, algún gran Cortesanazo, muy preciado de entendido. me reparare en la forma que he de escribir a mi amigo, no es muy crítico reparo, que hubiese en Troya nudicos. No me dices nada, Flora? Para eso estoy yo florillo, por cierto hiciera yo caso de ti, ni otros veinte, y cinco, y a Doris he de decir . lo que hasta ahora no la he dicho de Céfiro, y Laomedonte, uno ingrato, y otro fino. . No me habló Doris palabra, pero qué importa si vivo con la esperanza de haber de lograr que aquel prodigio, a quien rindió mi cuidado, las leyes de mi albedrío, de mí no se haya olvidado, pero adoraré su olvido: y aunque pensé partir antes a ver su ceño Divino, no quise me echara menos Príamo en el sacrificio; y así, Pátulo, al instante vamos, que el celestre arbitrio de los Dioses, puede ser, que a mis afectos rendidos, de el consuelo de ser la que el oráculo predijo, Cuando, querrás amor cansarte ya de no aflojar la cuerda, mira que tus flechas ya no se sufren, aunque se padezca: qué angustia; qué violencia, el corazón se arranca, el aliento flaque Qué te hice airada Juno? como contra mi empleas y tanto volante áspid, side Deidad te precias? Cómo tanto mal tratas? hpiedad, la clemencia, siendo prendas Divinas, no han de ser crueles prendas? que angustia, que violencia, nada me alivia todo me atormenta. Qué podrá ser lo que en ti me asombra tanto Armonia, que de noche, ni de día (no puede volver en mí? Sin preguntar; ah recelos! . de algún descuido del Monte, que también hubo Faetonte, por quien Dafne tuvo celos. Qué pudo ser la ocasión de tan ardiente tormento, donde anda tu entendimiento, tan fuera de tu razón? Ni con qué causa te obligas, porque a mi fineza cuadre, a no decir a tu padre lo que intenta que le digas? Me escuchas, y tu voz calla, disimulando el dolor, este es suceso de amor, (u de celos es batalla. No sé el corazón que siente, pues es tan terrible el mal, que para ser muy mortal, le sobra el ser accidente en tan penoso vivir, y en tan terrible penar, fuera consuelo acabar, para dejar de sentir. Una rabia introducida, late al corazón de suerte, que juzgo yo que la muerte, es quien me diera la vida. Todo mi sentido en calma estuvo, hasta que una fiera sedición, cruel, y severa, se me apoderó del alma: este es un fiero rigor, y una violenta crueldad. Pues esa es enfermedad, que nunca tiene Doctor. Ella es una ardiente llama, que eterno volcán predice. Eso es un como se dice, y eso es un como se llama. Qué angustia, que violencia, nada me alivia; todo me atormenta. Cuando llegará el día, o Deidades supremas, en que alivie un álago, y una rabia no ofenda. Ya en el pecho no cabe, tanta irritada flecha, que el corazón ahoga, y la voz desalienta. Serapís, padre mío; déjame en mis ideas, que yo me las oculte, y yo me las padezca: Qué angustia, que violencia, nada me alivia; todo me atormenta. Titiro; no sabes nada de tanta cruel invasión cómo padece Armonia? De qué he de saberlo yo? soy acaso más que un Ayo, que de ella no se apartó un instante? puede ser que de este bosque algún Dios (que todos su tutelar tienen) la haya hecho algún son con su zampoña, o su lira, que no es el primero Dios que a los bosques se ha venido, muy preciado de Pastor, a dar música a las Ninfas, y muy rufían en su amor, le haya dicho en un instante, su gusto, y su devoción, y que no lo haya yo visto, que una Deidad superior, puede galantear por in sensible transpiración. Oh quiera Apolo sacarme de una vez de confusión tan grande, que cada instante se aumenta mi confusión. . Qué angustia, que violencia, nada me alivia, todo me atormenta. Que más dijeran ansias, y recelos de quien muere por ti. Qué miro, Cielos? Qué angustia, que violencia, nada me alivia, todo me atormenta. Joven, si has venido a ver mi delirio, y mi pasión, no tienes más que saber, y bien te puedes volver, pues llevas mi corazón: si, sí, sí, vuélvete, vuelvete, no, no, no, pero no, no, no, no te vuelvas, no, no, no, no, Joven; si aquí a registrar has venido tanto ardor, ya no hay en que reparar, pues has sabido abrasar el hielo de mi rigor: si, sí; sí, vuélvete, vuelvete, no, no, no, pero, no, no, no, no te vuelvas, no, no, no; no te vuelvas, no. Ninfa, a quien el alma adora, y en cuyos rayos, por bellos el Sol su imperio mejora, pues si dora tus cabellos, se queda con lo que dora. Alivie la pena mía, en dulce, blando rigor, esa tu neutral porfía, o efecto de la armonma, o cuidado del amor. Ese tu gemir ardiendo, ese suspirar cantando, ese padecer riyendo; dime, si es estar amando, o es estar aborreciendo? porque si te dan enojos mis ojos, que no lo sé, en dulces de amor arrojos; mis ojos me sacaré, por no ofender a tus ojos. Dime, si porque logro mi dicha tan feliz suerte, merezco la muerte yo, porque me daré la muerte. si acaso te ofendo. No, no; no, si, sí, sí, Vuélvete, vuelvete, pero no, no, no, no te vuelvas, no, no, no, no, no te vuelvas, no, Mas que he dicho, sí, porque. Tan presto hay bien te retratas, tan presto burlas mi fe, tan presto das vida, y matas, quien pudo obligar, No sé. Cómo respondes así? tu acento, no me alento a que te adore? Sí, sí, sí. Pues qué pretendes de mí? quieres que te olvide? No, no, no, vuélvete, vuelvete, pero no, no, no, no te vuelvas, no. . . A las márgenes del janto se divisa gente, o son Driades, o es lo que busca nuestro cuidado veloz: hacia allá nos acerquemos. Mi padre, ya no hay temor que me asuste, pues le veo. Qué es lo que mirando estoy, o esta es ilusión, o es, que no sé que es ilusión. Invicto excelso Monarca, rendido a tus pies, señor, te suplico que me digas, que novedad se formó para que tú aquí vinieras? Es acaso nuevo horror, de Grecia, que otra vez forma segundo Paladión, y abrigado en estos Montes, quieres estar mientras son, venganza de tus Escuadras, las violencias de su horror? Mas no debe de ser eso, es sin duda que soy yo a quien busca tu justicia, para vengar con furor, culpa que no cometí. No es eso, Serapís, no, si no que pues tú no ignoras, que Casandra nos faltó, la noche que toda Troya, en general confusión era un continuó suspiro de violencia, fuego, y voz. Y juzgando que lo tierno de su edad la condenó, a ser víctima infelice de algún violento baldón. El Oráculo de Apolo consultamos, que veloz respondió, parecería al término que cumplió, al rayar su hermosa luz Apolo, en los rayos de hoy, y habiendo antes precedido el sacrificio, en quien vio verdes fragrancias arder, por víctima a su explendor; responde como tu guardas a mi hija Serapís, no te detengas un instante en ir por ella. Señor, esta es la Ninfa que guardo, la cual un Joven dejó cuando la guerra de Troya, en mi ospedaje; y huyó tan veloz mente, que nunca más supe de él. Y fui yo, pues me acuerdo de la noche, que encontrada en el horror de tanto fuego, a un Soldado se la quité, en presunción de que la llevaba al río, entre otros mucho que vio el janto entre sus cristales, y viendo su superior hermosura, aún en edad tan pequeña, me movió la generosa piedad a ampararla; y pues yo soy tan feliz, que en el camino te he encontrado, yendo yo a tratar varios sucesos de la guerra, que hacer hoy deben Troya, y Tracia, a Grecia, con gran amistad te doy mil enorabuenas. Llega, Casandra, donde el amor enlace en vínculo estrecho, el más paternal amor. Casandra, no soy Casandra, porque yo Armonia soy, hija de Serapís. Eres la Infante, y yo a Apolo doy rendidas gracias, de ser quien tal acaso logró, siendo el único instrumento de tu crianza. Pues soy quien tanta dicha por ti, en su naufragio logro, nunca tan gran beneficio olvidará mi atención. Perdona, hija mía, el rato que aquí sin hablarte estoy, porque el respeto del Rey, me causa esta suspensión. Si será Doris mi esposa, pero tan croica acción como esta, lograr no puede, quien se ve tan inferior en su fortuna. Ah tirano, Céfiro, que mal pagó tu respeto mi fine; según Flora me contó; y aunque su antigua amistad, con Laomedonte intentó hablarme en él, como siempre he creído, que del baldón de mi padre fue la causa, a escucharle se negó, de más del natural ceño, este motivo. Pues no permite aquí detenernos lo impropio de la mansión, vamos al instante a Troya; pero qué voz resonó, que en blandas cláusulas hiere mis oídos. Soy, Amor, y no quiero que dilate su mayor triunfo, el amor de Casandra, enamorado Céfiro su fe, logró vivir en unión dichosa, que lo divino no tiene oposición; y así, por más que haya Juno fulminado con traición, áspides, celos, no puede quedar victoriosa si le asisto yo. . Así será, porque Troya conserve el justo rencor, con que siempre me ha injuriado única causa de mi rabia atroz, pues en venganza del templo, de que su ley me privó, quise vengarme en Casandra, con flecha tan mortal al corazón, y así diga a mi pesar, el volcán de mi dolor. Eres Amor? Soy Amor, soy Amor, y no quiero que dilate, su mayor triunfo el amor. Ni yo, ni yo. Pues viendo que los Troyanos, aplicaron su fervor, a que fuese en mis Altares, de abrasados Laureles la oblación; quise piadoso a su ruego corresponder, y en mi voz alló su pena el alivio; que a mi Deidad su lástima pidio: Ni yo, ni yo. Pues viendo arder en mis harás tanto fragrante vapor, atendí de su olocausto, mas que a las llamas, a la religión; y así, en fatidico aliento, mi estatua determinó, que pareciese Casandra al término feliz que cumple hoy: Ni yo, ni yo. Pues viendo irritada a Juno, como tutelar que soy de Troya, quise dejarla vencida de mi ardiente oposición; y así, por más que su orgullo con fiera saña, intentó influir en Casandra celos, quedan ya vencidos de Apolo, y Amor: Ni yo, ni yo. Pues porque queden al mundo señas de mi protección, quiero que en mi Templo arda de Himeneo, la lámpara mejor; y así, a mi influjo su afecto, participe duración tanta, que sean los siglos quien repitan la gloria de esta unión Ni yo, ni yo: Pues decretos de los Dioses, ninguno los resistió, y es culpa de lo mortal, condenar lo que ordenó su clemencia a Troya; var donde con demostración, correspondiente al caracter, de quien es ella, y yo soy, se celebren estas bodas, Felice, quien en amor logró tan eroico triunfo. Y felice también yo, pues queda vencida Juno, que tan ardiente pasión quiso influir en mi pecho. Si pueden algo, señor, mis canas, y mis antiguos servicios, tu permisión aguardo, para que Doris, logre también dulce unión con Laomédonte, pues sé constantemente, que no fue cómplice en mi sucesos, y su casa; y la mía, son muy antiguamente unas. Pues perdonado su error, esperad de mi mercedes, que premien vuestra atención. Si esto puede ser verdad, Doris, que dichoso soy. Verdad es, pues mi obediencia, será mi resignación. No es malo tener amigas, para cualquiera ocasión. Y yo no me he de casar? Y no me he de casar yo? Si todo ha de ser en Troya, allá escogeré un busón de los dos, que lo sois mucho. Pues todos al dulce son de las voces, y las liras, digamos. Eres Amor? Soy Amor, soy Amor. , . No quiere Amor, que en sus Triunfos se dilate, el Mayor Triunfo de Amor.
