Texto digital de Los celos hacen estrellas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Vélez de Guevara
- Atribución estilometría
- Juan Vélez de Guevara Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los celos hacen estrellas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/celos-hacen-estrellas-los.

LOS CELOS HACEN ESTRELLAS
Elebren por las Selvas, con repetidos bailes, Labradoras, y Ninfas, Apenas de los Cielos a la Tierra me abaten mis recelos, viendo, que del Supremo, y Sacro Solio, de los Dioses celeste Capitolio, Júpiter ha faltado, para añadir sospechas al cuidado, las Fiestas Baccanales. Al arma, guerra, guerra; del aire del Clarín tiemble la tierra. cuando varios rumores, la atención de las flores equivocar intentan, que unas alagan, y otras amedrentan: atiéndalas mi miedo, por si su confusión descifrar puedo. Celebren por las Selvas, en repetidos bailes, Labradores, y Ninfas, las Fiestas Baccanales. Suenen de él parche los acentos roncos, y den pavor los ecos a los troncos. Aquellas alegrías son las Fiestas de Baco, para mí siempre molestas: este marcial estruendo, de Marte las hazañas va esparciendo, que aún cuando no pelea, de su furia padece el aire belicosa injuria, que en acentos feroces, las manos se ejercitan con las voces. Casa suya parece esta, que de peñascos ennoblece tanta inmortal hazaña; con que corona el ceño esta Montaña; buscuenla mis recelos, para hacerla atalaya de mis celos. Ah de la Casa altiva, del Dios Guerrero estancia:: Marte viva. Mas su Deidad la confusión no aclame, oíd, pues basta, que mi voz os llame. Quién a las puertas de Marte llama con tanta soberbia, e imperiosamente pisa de sus umbrales las piedras? Quién celosa, y airada, de una sospecha viene amenazada: Juno soy, que de Júpiter querida fui alguna vez, y muchas ofendida; porque una variedad con altiveces, si una vez quiere, ofende muchas veces. Y tú quién eres, que despavorido, con tan trémula voz me has respondido? Soy el Temor, que de Marte, mas las hazañas ostenta, que ha de vencer al Temor quien quiere que no le venza. Cuando más recelosa bajo del Cielo, es la primera cosa, que halla la pena mía, un agravio, que aplaude la alegría, y en la Casa de Marte, cuando airados Escuadrones buscaban mis cuidados, en el daño que espero, con el Temor encuentro lo primero, porque publiquen guerra mis enojos entre dudas, y antojos, que el pecho no resiste una leve alegría, un temor triste. Si eres Deidad Soberana, cómo a un Temor te sujetas? Y si de hermosa presumes, cómo tus celos confiesas? Cuando te asusta el Temor, poco del poder te precias, pues a vista de tus luces, que triunfen sus sombras dejas. Mas condición, que cuidado tus celosas ansias muestran, que no se enoja de amante la que por costumbre cela. Porque el recelo no logre los desvelos, que te cuesta, pues te ofende, no te pongas parte de la sospecha. Juno, que del Dios Supremo eres Esposa, y no Amiga, pues todo lo que te quiere, en lo que te ofende libra: Ya que el temor te desmaya, la indignación te apadrina, porque contra tus recelos tengas al lado la Ira. Esta de Marte gobierna la victoriosa Milicia, porque no esté sin coraje desmanada la osadía. Por las huestes de tu agravio Si de los celos que buscas no consigues más que ofensas, es locura desairar la estimación, y la queja. Vuélvete al Cielo, que habitas, entre Luceros, y Estrellas, y no desprecies tus glorias, por solicitar tus penas. Para tus seguridades esto el Temor te aconseja, y desperdicia el aviso quien con temor no escarmienta. Oye, Temor villano, ya que te vence mi sospecha en vano, no tu cobarde extremo me obligue a temer más de lo que temo. Ya sé por la experiencia, que apuró tantas veces mi paciencia, que en el daño que infiero, voy a buscar lo, que encontrar no quiero mas quien celos padece, siempre busca lo mismo que aborrece. rompe, deshace, fulmina, y rayos de tus ofensas satisfáganse en cenizas. Tiemble el Amor de tu enojo, aunque de su tiranía, ni se escapa la violeracía, ni el agasajo le libra. Sañudo el recelo conte los pasos a la malicia, y al peso de tus venganzas amantes traiciones giman. Arda en volcanes la queja, reviente el rigor la mina, y en castigar sinrazora es parezca noble la embadia. Doblado el esfuerzo vengue tu cólera vengativa, no salga de tus enojos mal contenta la ojeriza. Aquesta voz sí que alienta la cobarde pena mía, venganzas me den los celos, pues a ofensas me destinan. Dudosa estoy en mi agravio; mas de quien las solicita, cuando han sido las sospechas en las traiciones mentira? Júpiter, que quiere en Argos, donde mi Deidad domina, ofenderme en el respeto, no bastaba en la caricia? Qué le pueden dar los hombres, cuando corre de la vida, por cuenta de su poder, la duda de la que animan? Pues qué pretende? su engaño a mis ofensas camina, que no acaso su memoria tanta obligación olvida. Algún deseo le fuerza, algún cuidado le obliga, porque en las inclinaciones aún las Deidades peligran. Antojo nuevo le arrastra, nuevo amor le solicita desvelos, que lisonjean con lo mismo que fatigan. Pero yo averiguaré su amorosa alevosía, que linces de amor los celos, todo lo que ciega miran. Pues a examinar desvelos, a no dudar fantasías, a saber su amor sospechas, a ver mi agravio desdichas. Contra el rayo de mi enojo no privilegiados vivan en mi ofensa, el junco verde, ni la cabaña pajiza. Pues de la Casa de Marte llevan las sospechas mías, el Temor para creellas, para vengarlas la Ira: Y así, loca:: Válganme todas las aguas estigias! Qué voz mis pasos detiene? No quede gota, ni pizca en la Laguna, que toda en mi socorro no asista. Aunque la voz es humana, la invocación es divina. Rodando voy por el mundo, si encontraré con la dicha. Despeñado un bulto baja. Ay, señores de mi vida, lo que duele el despeñarse! Quién eres hombre, que pisas con la cabeza las flores, que con el susto marchitas? Quién? un hombre, que no sabe despeñarse boca arriba. Mas qué miro! huyo del fuego, y doy en las ascuas; chispas: no me bastaban chichones, también ha de haber vegigas? buen lance habemos echado. Si no me engaña la vista, este es Momo. Juno es esta. Y si no está con la tirria de sus celos por su Esposo, volverá como una arpía, de cuyo enojo, del Cielo vengo huyendo a toda prisa. De haberme encontrado está temeroso; y no me admira, si de Júpiter huyendo, del Cielo se precipita. Y como ha dado en mis manos, que su poder participan, a mi indignación atento, que algún cuidado le asista no será mucho; mas ya, que airados guerra publican contra el Amor mis recelos, no será muy mala espía su maliciosa asechanza; que en batallas, en que lidian los celos con el Amor, buen Soldado es la malicia; y así, asegurarle quiero. Qué pensará esta maldita? Momo, no te sobresaltes, que aunque de Jove las iras vienes huyendo, y en mí temer lo mismo podías, otro pretexto me mueve a que por sagrado elijas el peligro, si leal a obedecerme te inclinas. Juno, todos somos Dioses; y aunque de menor cuantía, también la sed me regala, también el gusto me brinda, en búcaros de Venecía, el néctar, y el ambrosía: Si la Diosa del Engaño, a quien culto le dedicar los embustes de las viejas, las traiciones de las niñas, con Jove me ha descompuesto, que engaño, que no lástima, no es engaño o me disculpe la lástima, o me persiga la sinrazón verdad es, que en el Cielo me teman por Abogado de chismes, mequetrefes, arbitristas, maldicientes, embusteros, y de Amor alcamonías. Júpiter supo estas mañas, que aunque el engaño las diga, si ofenden en el poder, en cualquiera escandalizan; con que huyendo de su enojo, vine trompicando Climas, dando en la tierra de hocicos desde las siete Cabrillas; lo que siento es, que en la fuga perdí la lumbre divina, con lo que Deidad capona, no ejerceré maravillas: y solo tendré en el mundo, si lo sumbático atisva, de los muchachos las piedtras, de los hombres las mohinas, de las hembras las estafas, y del diablo zancadillas. También yo para el intento, que he de lograr, si me atijilias, la luz de la Deidad traigo en mi sospecha escondida, que luz de Deidad con ce los desairadamente brilla. (tar Cuando has de hartar te de es- celosa? Y pues ningún día te satisfaces de celos, tienes, Juno, hambre canina. Mis recelos no me dejan descansar. En tus porfías, antes parece que tú eres la que los fatigas, pues siempre quieres que sean verdades lo que imagnas. No los creyera, si algunos hubieran sido mentira. Tú eres, Juno, la primera, que te ofendes a ti misma, sin reparar, que los celos de cualquiera paz son cisma, de cualquier beldad ultraje, cizaña de cualquier dicha: Siempre ha de estar la celosa rostrituerta, desabrida; y lo rostrituerto causa en quien se precia de linda un gran defecto, pues queda con mala fisonomia. Deja locuras, y atiende a lo que en ti determina asegurar mi desvelo. Sin duda del viento es hija la que de mi ligereza se escupa. Aguarda, qué Ninfa tan hermosa Al revés es siempre la celosa envidia de las demás, pues con ella aseitan a cuantas miran. Dónde tan apresurada, hermosa Ninfa caminas? Siguiendo vengo una Corza, que de mis flechas herida, tan veloz por esas ramas escaparse solicita, que el melindre de las flores aún no sabe si las pisa. Cazadora eres? Los Montes a esta diversión inclinan, que no hay en la Soledad otra menor compañía; y son para la tristeza en algunos medicina. Eres Ninfa de Diana? No soy de Diana Ninfa, sino de aquestos cristales, cuyas aguas fertilizan, ya con flores, ya con frutos, estas amenas orillas. Si será la que ocasiona mis desvelos. No te aflijas, que esta será, y serán cuantas en estos Bosques habitan, que Júpiter no es amante, que repara en gullorias. Y repartido entre todas, aún no les cabia una brisna de amor, con que en él será, no fineza, golosina. Bien consuelas mis temores. Es, que el consuelo no estimas, que hacerte menor el daño, no ha de ser alivio: Mira, qué mandas en tu servicio, que la Caza me convida, y quiero, en la que encontrare, lograr las flechas, y el día. Aguarda, que te aseguro, que a tu hermosa bizarría, mejor dijera al cuidado de averiguar mi malicia, me he inclinado, y saber quiero quien eres. Aunque lo finja la curiosidad, pues no hay en mi estorbo que lo impida, y traes para obedecerte muy grandes prerrogativas en tu agrado, y tu belleza, de Inaco, Rey de Argos, hija soy. Cómo te llamas? Isis, que un presagio me confirma, que aunque le teme el cuidado, podrá ser que le resista la inclinación; pero tú, que ostentas Soberanía oculta, quién eres? No me conoces? En mi vida pienso, que te he visto en Argos. Pues aquí tiene una Tía, que los más Inviernos suele vender castanas cocidas. No hagas caso de este loco. Yo nací en Argos: Lucina me llamaron, por ser nombre de Juno, y ser esta Isla a su Deidad consagrada; aunque hoy es fuerza que viva, si Señora de otra Esfera, huéspeda de esta Provincia; bien que el amor de la Patria algunas veces me obliga a que venga hacer recuerdo de lo que nunca se olvicla. Una promesa, que a Juno hice, añadir solicita más gusto a la devoción; y me holgara, que los díos, que aquí he de asistir, quisieras, que fueramos muy amigas. No ha de ser pretensión tuya la que es coveniencia mía; siempre estaré a tu obediencia. Bien podré pedirle albricias a la dicha de encontrarte: En su ignorancia camina mas seguro mi cuidado. Qué presto la pobre cita cayó en la trampa de aquesta paparrabias cristalinas. Pues se recata, no quiero darme yo por entendida, aunque pública que es Junio su extraña Soberanía. Es divertirte en la Caza inclinación? o por dicha, es gana de divertir amantes melancolías? Yo amor? antes abomino su bárbara idolatria. Por qué? Porque es el amor una loca fantasía, que al principio es alegría, y poco después temor. Es un tirano rigor, que oprime la libertad, una aleve ceguedad, donde el escarmiento mira padecer por la mentira sinrazones la verdad. Es un delirio, un cuidado, que atormentando el sentido, cuando está más presumido está menos confiado. Es un bien imaginado, que pocas veces se alcanza, y al riesgo de la mudanza, en el más dichoso empleo, de la gloria del deseo es infierno la esperanza. Yo seguir una pasión, que cuando obligar procura, me deja con la locura, y se va con mi razón! Yo adorar la confusión (do, de un Dios, que ánima temblan- que ya terrible, ya blando, ya de pluma, ya de plomo, si da muerte es no sé cómo, si da vida es no sé cuándo! Si quiero bien, y no obligo en la pena de mi daño, quién creerá, que el desengaño es el menor enemigo? Si he de haber el bien que sigo, no quiero, no, en el pesar la fineza desairar, que es desigual padecer, que esté en mi mano el querer, y en la ajena el olvidar. Al Amor has retratado, con no haberle conocido, sin echar lo parecido menos lo comunicado. En ajeno mal he hallado la copia de su violencia; y para que la prudencia se burle de su tormento, sépalo el entendimiento, y ignorelo la experiencia. En tus medrosos bosquejos, si tu tema te asegura, será mejor la pintura con el primor de lo lejos; mas quien no ha de hacer festejos a tu divino explendor? Algún engaño traidor. Di algunas ansias traidoras, que si los celos ignoras, aún no sabes qué es amor. Como no he sabido amar, de su veneno no sé. Yo tampoco le probé. No más que hasta reventar. . Si me podrá asegurar su temoso parecer. Gran misterio da a entender. . Que al fin te has de resistir? Obstinada he de morir. Recelosa he de temer. . Recelos, cuidados, desdén, y favor, todos son trofeos del carro de Amor. Quién de lo que discurrimos hace al aire relación en sonoras consonancias? De Amor parece la voz, De Amor? Qué, te asusta? Temo, por mi desdicha al Amor. Pues dónde está tu esquivez? Aunque esté en mi condición, podrá sola resistir a todo un poder de un Dios? Pues no es más fuerte un recelo, también le temeré yo, que si anda Amor por aquí, ciertas mis sospechas son. El Cieguézuelo malvado se ha de vengar de las dos. Por si a cantar vuelve, escucha. . Paciencia temor. No es el peligro menor el oílle. En la advertencia no peligra la atención. del Rapaz flechero Dios, aún peligra la blandura menos que la obstinación. Quien a su culto consagra voluntaria adoración, en el mal de querer bien logra piadoso el dolor. Solo con la resistencia ostenta más el rigor, pagando la voluntad culpas de la presunción. Con su incendio no compite aún la luz más superior, que apagara al Sol, si acaso pudiera apagarse el Sol. las finezas del Amor, no hacen menos el cariño, y hacen más la obligación. Y pues con la resistencia no se defiende el temor, ni los celos se aseguran con dividir la atención: Recelos, cuidados, desdén, y favor, todos son trofeos del carro de Amor. Si no basta el refistirse. Si no vale la razón. A excusar una violencia. A castigar un traidor. Paciencia osadía. Si no hay fuerzas que luchen con un Niño Dios. Mas tan presto se reduce. Tan presto muda intención. Cuidado, que en el poder (. . De mis sospechas el miedo. De mi despego el valor. Porque los enojos. Porque la aversión. Han de ser esclavos de un tirano Amor. Porque es una cosa sin tón, y sin són, que quieran los celos, que quiera el rigor, que en el mundo no campen fineza, y favor. Al Río. Al Prado. A la Selva. Esta sonora ilusión divertir quiero en la Caza. Los celos, cuando persiguen . . Sigue su planta veloz. Este es Júpiter, sin duda le divierte otra atención. Yo le sigo: Isis, el Cielo te guarde. Lucina a Dios. En el Templo nos veremos. Buscarte es mi obligación. Momo, ven conmigo. Guarda. Pues sigue también su voz por otra parte. Si haré, con engañar a las dos, aunque haga su negocio, haré mi negocio yo. Qué quiere de mí mis celos? y. Qué quiere de mí el Amor? y. Lo que Amor quiere de ti, es Isis, que blanda al ruego no desprecies de su fuego el incendio que arde en mí, que apacible tu rigor, dore mi amante cadena. Huye del Amor mi pena, y encuentra con el Amor; mas no logrará el trofeo en este necio cuidado, que aunque es riesgo del enfado, no lo será del deseo. No de ingrata suspendida trueques en azar mi suerte, que no es bien que des la muerte a quien te ofrece una vida. Si el gusto es quien puede hacer a la edad más dilatada, una vida, que me enfada, para qué la he menester? En tu desprecio verás, cuan incurable es mi daño, pues me sirve el desengaño solo de dolerme más. No dices, que me amas? Sí. Pues no te estorbe el desdén, que para quererme bien, no me has menester a mí. No te ofendiera mi amor, si a pesar de mi destino, supiera mi desatino encontrar con lo mejor. Si lo quieres conseguir, déjame, que hoy en la Caza, de un riesgo, que me amenaza, quiero el susto divertir. Será de Amor. No, es pasión de quien hace el gusto aprecio, siendo este el primer desprecio, a quien dan satisfacción. Como cuando te encontré, qué quiere de mí el Amor decías; ese temor, que era del Amor pensé. Antes de su nombre huía mi condición, que en su nombre hallo, para que me asombre, natural antipatía: Déjame lograr mi intento. No has de ausentar tu belle- (za. Y te parece fineza quitar un divertimiento? Suelta. Qué miro! Villano, al Cielo de Isis te atreves, y en su ofensa el brazo mueves, para profanar su mano! Viven los Dioses:: Qué intentas? Dar la muerte a este traidor. Dicha será de mi amor, que mis desprecios desmientas; pero tu muerte será de tu ignorancia testigo. Si cualquiera es mi enemigo, contra quien la furia va? pues a ti Glauco, y a ti, Licio, mi desdén quisiera, que muerte el enojo os diera, si no os mataráis por mí. Aunque a tan crueles extremos con el amor te obligamos, por nosotros nos matamos, y por ti nos moriremos. Qué es esto? Disimular es fuerza. Que su respeto estorbe el sañudo efecto. Qué causa os pudo obligar delante de Isis a hacer tan libre demostración? Que ha de pagar mi atención lo que Amor quiere ofender. Como en común alegría, las Luchas, Bailes, y Juegos, son de Baco humildes ruegos en la Fiesta de su día:: Ejercitarnos quisimos Glauco, y yo de Gladiatores, para ganar los honores, que en Coronas de Racimos nos ofrece su Deidad. Siendo Isis la ocasión de aquesta demostración. Pues adelante pasad, por si su melancolía se divierte. mis celos. Castigaré con mi valor su osadía. e̱̱ , Celebren por las Selvas, con repetidos bailes, Labradoras, y Ninfas, las Fiestas Baccanales. Hija, diviértete en estas sestivas solemnidades: no con tu melancolía pretendas anticiparme las sombras, siendo la luz, que más en mis ojos arde. Señor, no te desazone este, al parecer, achaque, que niebla en mí la tristeza, y a los rayos se deshace de tu amor, que a tanto fuego tendrá resistencia frágil. Por si Ilis se entretiene, id con la fiesta adelante: bailad todos, porque todos celebréis día tan grande. Los pampaños, y hyedmas de los Prados amantes, como sus verdes hojas, sus cabezas enlacen. Glauco, yo te buscaré. Yo sabré, Licio, buscarte, porque aunque no me das celos, no quiero que me embaracos. Los pampaños, y yedras (. de los Prados amantes, como sus verdes hojas, las cabezas enlacen. Isis bella, por quien dan estos Montes, y estos Valles a los Eliseos envidia, por la gloria de mirarte, honre tu beldad la fiesta, y los hermosos cristales de tu frente esta guirnalda, porque sus flores fragrantes logren, a pesar del tiempo, floridas posteridades. Temia, la verde lisonja te estimo, sin extrañarmo en tan atento alborozo. Yo quisiera acompañarte, . Prosiga el Baile. si a pesar de mi deseo los años no lo estorbasen. Del terso de tu mano (. las Rosas cetro hacen, porque de flor, y fruto gobierne dos edades. Todos estamos acá. Quién eres, que en nuestros bailes tan hallado te introduces? Quién también pretende hol- aunque vuestra bobería (garse, . Mercurio, Isis en la Fiesta celebre los disparates de un Dios, del Vino abogado, . No perder el lance. por serlo de los Vinagres. Deidad Cupia, que en los brindis han permitido que mande, porque la razón de todos deje sin razón a nadie. Sacrilego, contra Baco osas decir disparates tan atrevidos? No gusto de remostadas Deidades. Pues gustarás, que a porrazos nuestra indignación te mate. No es este el que con Lucina estaba? Ay! hay! ay! Dejadle. Bravos cachetes le ahorras. Si tu sagrado le vale, quién se atreverá a ofenderle? Bien emplea sus piedades. Burla burlando, las muelas se me andan. Apláudale el deseo, ( . pues su Deidad aplauden, con risa los Arroyos, con música las Aves. Agua en las Fiestas de Baco? miren, que podrá matarle. Bien te enmiendas. Así quiero de los cachetes curarme. está. Y para que el contento en todos se dilate, refresque Baco el gusto, y Amor el gusto abrase. Válgame el Cielo! Te hiciste mal? No señor, aunque grande fue el golpe, y mayor la pena, de que en Amor tropezase. Mía ha de ser la Guirnalda. Yo llegué a cogerla antes. Pues de esta suerte:: Qué hacéis? Dividir en dos mitades una Guirnalda grosera, pues sus flores ignorantes, en el bello Cielo de Is no han sabido conservarse. Qué le importa al corazón, que el enojo transformase la Guirnalda en medias Lunas, que así alborotado late? Qué presagio en esta forma me amenaza inexcusable, que sobresaltando el pecho, atemoriza el mirarle? Mas que el Amor le transforma! para mi pena es bastante; pero en los que lo ocasionan podía mi susto vengarse. Soltad, villanos, las flores, no sea en grosero alarde, si fue en mi cabeza adorno, en vuestras manos ultraje. que mejor es, que las logre hechas pedazos el aire. (. No entiendo tus desazones, que aunque las dice el semblarate, las ignora la razón. No ha de ser triunfo de nadie lo que ha sido alhaja mía. Qué ingratitud! Qué desaire! Enojada está. No importa. No quiere, que flores gaste nadie con ella. Es un Tigre. Para que puedas cobrarte del susto pasado, al Templo vamos. Donde tú mandares. Mercurio, tu voz sonora, de Juno ha de asegurarme, pues en mi ayuda el Amor, sé, que no ha de descuidarse, mientras yo lograr procuro, con las finezas de amante, la más hermosa victoria de la ingratitud más grande. Como atiendas al aviso, será el prevenirte fácil. .̱. Volved a cantar, y todos seguid la Música, y Baile. . Qué ingratitud tan hermosa! . Qué desdén tan agradable! . Cantemos, Femia, y bailemos. Baile él, norámala, y cante. El riesgo que me amenaza solo el corazón lo sabe. Celebren por las Selvas, Aguarda. Quién me detiene? Un amoroso cuidado, que con tus ojos me has dado, y a decir que es tuyo viene: Una atrevida pasión, que a vista de tu hermosura, en mi parece locura, y en ti parece razón: Un poder, que ha menester la fuerza disimular, que poder, que ha de rogar, no parece, que es poder: Una fineza, trofeo de las victorias de Amor, que pretende ser favor, sin dejar de ser deseo: Un bien, que está en el cuidado; por el gusto introducido, que atormenta resistido, y consuela imaginado. Y al fin, Júpiter amante, que deja, por verte ufano, si en tu luz lo soberano, en el Cielo lo tonante. Todo a tus ojos lo rindo, siendo de Amor interés, porque reconozco que es más poderoso lo lindo. No ingrata a tanta fineza te obstines, y en la porfía, no pienses que es culpa mía la que es de tu belleza. Ya tu Padre, ni tu gente no te buscarán, porque en su confusión haré, que se olviden fácilmente de ti, porque solo yo me acuerde de tu hermosura: dale a mi amor la ventura, que el tiempo le concedió, porque no acuse lo ingrato mi amoroso rendimiento. Sin fuerza deja el aliento el repentino rebato. Qué respondes a mi amor? Aunque el susto me ha vencido en riesgo tan conocido, ya está de más el temor; y así, viva lo invencible en mi condición. Qué airada te resistes obstinada, a quien vence aún lo imposible. Es fuerza, que por Deidad digna adoración te dé; pero cariño, por qué? Por pagar mi voluntad, sin desairar el poder, que Amor te quiere rendir. Lo que no quiero admitir, por qué te lo he de deber? Ya entregó mi desvarío a tu beldad su fineza. Las deudas de la belleza no las paga el albedrío. . Al poderoso ruego no se resista quien tiene bellezas muchas, y sola por defensa una esquivez. Ya he escuchado aquesta voz, por mi desdicha, otra vez, y lo que entonces fue susto, ahora peligro es. Si el Amor te persuade, si te persuade el poder, este con lo que desea, y con lo que influye aquel; por qué, Isis soberana, hermosa Ninfa, por qué aqueste ruego desprecias, y aquel influjo también? Porque negada al amor, tuve desde mi ninez inclinación de morir del achaque de cruel. Lo hermoso en el desprecio no se obstenta, porque malquistará la tema los jarifos primores del desdén. Entre el desdén, y el desprecio . Mi se no te obliga? grande distancia se ve, pues se apartan lo que va de divertir a ofender. La que quiere divertir, obligar querrá también, que empezar a caminar, deseo de llegar es. Obligada, y no sorda escuches, pues ves en tus bellos ojos tanta Deidad helarse, como arder. Traidora voz, que del alma veneno pretendes ser, que bebiéndole el oído, llegue al corazón después: no quiera tu suavidad la razón adormecer, que por qué ha de ser victoria el rendirse una altivez? Por triunfar de un rendimiento, . Penetrará con mis ansias que solicita cortés tu agrado. Engaño es, que adula; pero al fin, engaño es. Si el Amor te enoja, y por lo cruel dejas sus aplausos, de la hermosura, dime, qué has do hacer? Oh mal haya mi hermosura. Porque yo la quiero bien la maldices? No es bastante, si la quieres osen- Obligarte solo quiero. (der? Si me dejas lo creeré, Eso fuera en mi mudanza. Y en mi fineza. Es imposible: Dafne obstinada he de ser. Si en tronco Dafne trueca la beldad de mujer, que a costa de lo lindo, tremola privilegios el Laurel. Qué importa, si entre sus hojas conserva la candidez de su beldad, y con huir su ingratitud seguiré. Mal podrás, pues esa nube, grillos te pondrá a los pies, por más que plumas te calcen las alas de tu esquivez. Ay de mí! que ni aún los ojos penetrarla han de poder: qué quiere de mí el Amor? Que tan ingrata no estés. esta, del viento pared. El paso detén, que que plumas en vez de botas calza, vistiendo de embustes la faramalla chismosa, que lo que dice el suceso, quiere que calle mi boca. Qué nueva inquietud el pecho confusamente alborota? Cuando estaré asegurada, pues, de mi rabia celosa, si nunca del corazón se engañaron las zozobras? Qué nuevo susto le oprime? Qué nuevo pesar le ahoga? Momo está aquí ven acá. Qué mandas? En las frondosas de este prado amenidades, adonde el Mayo se aloja, has visto a Argos, mi pastor? Yo no sé nada, Señora. Tu misterioso silencio, mas mi temorrocasiona: ven acá, no has visto a Argos? Yo no sé nada, Señora, a Mercurio, solo he visto, que en tosco pellico emboza su inmortal bellaquería, como cuando el Lobo toma, piel de Oveja; por si puede asegurar a las otras; pero aunque Mercurio he visto, yo no sé nada, Señora. Mercurio aquí disfrazado, de grande traición informan. A hurtar dizque iba una Baca blanca como una paloma. Baca, ay de mí! Pues di cómo. Yo no sé nada, Señora. Guardándola Argos, y siendo mía, su maldad traidora ha de pretender hurtalla, sabiendo lo que me enoja? Cómo? Engañando al Pastor, que aunque cien ojos le adornan, también los ojos se engañan. Eso es imposible cosa. (nas Pues mira entre aquellas pe- si es posible, o no, y perdona, que aunque todo te lo he dicho, yo no sé nada, Señora. Vive mi Deidad divina, que traición tan alevosa no la han visto las Estrellas, aunque de linces blasonan! Muerto mi Pastor robada la Baca, que me ocasiona los ruidos como ajena, los cuidados como propia: Argos muerto atropellando por mi enojo una lisonja, para que un soplo apagase tantas vivientes antorchas; pero ya que en mi servicio estas luces fueron sombras, inmortalicen su muerte de mi Pabón en la cola, en mi eterno Carro sean, sintiendo lo que no lloran, si de mi razón testigos, de su fineza memoria. Llevelos al Cielo el aire, su vanidad por pompa; y tiemble mi enojo, cuanto el Mar baña, y el Sol dora. Los Dioses venguen mi injuria, y a su Tribunal se acojan mis quejas, si contra mí el poder no los soborna. justicia, Dioses, justicia contra Mercurio, y aún contra:: pero calle mi respeto quien su traición ocasiona, que cuando lo soberano por alguna causa enoja, no lo diga la atención, ni la malicia lo oiga. justicia vengo a pediros, no quede, Dioses, quejosa; tantas razones mirad, que es Juno quien os invoca. Y tú esta traición pública a los montes, roca a roca; a las selvas, rama a rama; y a los prados, rosa a rosa, en tanto, que de mis iras, todo el Cielo se alborota. Tiembla el fuego, arde la tierra, gime el viento, y el mar llora. . Guárdense de Juno, miren, que va de celos con mosca; pero quiero obedecerla, cantando toda la historia. Sepan todos, que Juno muy querellosa, contra Mercurio pide justicia, y costas. Dizque al Pastor dio muerte con buena maña, y como una persona le hurtó la Baca. Quién de Mercurio pública, para Juno la traición y para mí la atención, que más su fineza explica? Momo parece, pagar quieré lo que me ha enojado, oyéndole retirado, su malicia he de apurar. No es mucho que lo sienta, cuando celosa, teme; qué es esta Baca la de la Boda. Que Júpiter la quiera, no es nuevo antojo, que gustan de animales los Poderosos. Suspende la voz villano, por tus costumbres, indigno de ser del Orbe divino venturoso ciudadano: no prosiga tu maldad, que lo peor te aconseja, pues mucho más que la queja públicas tu falsedad. Calla tu voz atrevida, no pretenda en tu traición hacer más mi indignación, de sus ecos persuadida, hijo de la noche, y hijo del sueño, que lo pareces, no en el descanso que ofreces, sino en el ser tan prolijo de la sombra de tu madre, a la traición pareciste, y nunca aprender quisiste de la quietud de tu padre; pero aquí serás despojo de mi castigo enojado. Ya que tu malicia ha dado en las manos de mi enojo, porque puedas advertir que no te valió el temer, pues quien huye del poder no se aparta con huir: y así mis iras:: Templadas, logren furiosos ensayos que con quien empuña rayos no es bueno andar a puñadas. Si corazones no robo, por ser de verdades flaco; si es culpa en mi ser bellaco, tanta virtud es ser bobo? Si es que puedes engañar de tu rigor lo enojado, haz cuenta que te has vengado, y pelitos a la mar. De la ira vengadora la saña cruel olvida, y perdóname por vida, de la Baca mi Señora. Mira quien eres, pues cuando obligar pretendes ciego, sabe malquistar tu ruego, lo mismo, que está rogando. ̱. Y ya que tu falsedad, por destemplada influencia, grillos pone a la clemencia, y plumas a la crueldad. Ya que te miro humillado, sin perder lo malicioso, cumpliendo con lo piadoso, y también con lo enojado, que vagues el mundo ordena mi justo enojo, y te obliga a vivir de tu fatiga, y a no morir de tu pena. Vive los humanos senos, sin los divinos regalos, perseguido de los malos, despreciado de los buenos: mas si de Isis al dolor en vano la cuerda aflojo no me detenga mi enojo, cuando me llama mi amor. Aguarda. Qué he de aguardar? Cuando tu favor codicio, privarme, Señor, de oficio, es no dejarme privar. Pues ya Mercurio ha robado su hermosura disfrazada, sígala mi amor. No hay nada acerca de lo privado? Arrojarete al Leteo. Isis ya me buscó en ti. Ay privadito de mí! Ay asustado deseo! Allí está el que ha prosanado sacrílegamente el Templo. Seguidle. Matadle. Muera. otro Júpiter tenemos. Seguidle. Aquel es. Matadle. Aqueste es mayor aprieto, pues sé, que aquestos villanos son en las ondas tan diestros, que meterán una piedra en la mitad de unos sesos, Qué haré? No se escape. Al villano. Que a mí me buscan es cierto, que en granjear enemigos grandísima maña tengo. Prevenid las ondas. Malo. Tiradle. Tiradle. Quedo, por si acaso me ha quedado de haber sido, aunque pequeño, do los celestiales Manes alguna virtud, yo quiero convertirme en iedra, y dar con este verde embeleco, trampantojo a estos villanos: parece, que ya me eniedro: retacillos de deidad, aún me han quedado acá dentro. Penetrad el monte. Zurra: Mas que me aciertan por yerro. Por si las ramas le encubren, tirad a las ramas. Temo, si andan mucho por las ramas. que han de lograr su deseo. No hayas miedo, que se esca- pe, sino es que le oculte el centro. Ay mi cabeza. Tirad. Soy olivar, soy Majuelo, que me persigue la piedra? Diera por hallarle un ciedo. Yo por perderme doy más. Hy mis brazos! Deteneos, que he escuchado en esta hiodra algunos ayes, y es nuevo, que sepa quejarse tanto, quien no tiene sentimiento. Debe de esconderse en ella el que buscamos. Es cierto. Pues arranquémosla toda. Id vosotros deshaciendo sus ramas, mientras nosotras con alegría el suceso le celebramos, cantando al son de los arroyuelos. Presto la verás deshecha. A mis hocicos me atengo, la virtud, que me ha quedado es de muy poco provecho. Hy como gime, mas hay como sueña la piedra en el aire y el aire en la hiedra. Gime, y sueña, la piedra en el aire, y el aire en la hiedra. El aire, que por las ramas alguna cara se lleva, por frialdad, de buen gusto, el alborozo calienta: ay como, Gime, y sueña, Despedacen con amor. Háganle pedazos quedo, y a espácito, porque así, por sus pedazos me muero. Pobre Mómo! hoy es tu fin. Quería el simplón soberbio conseguir de la alabanza el no merecido premio. Siompre la alabanza quiere el que la merece menos. De la virtud un bellaco quiso pretender ser hyerno? Engañar con la virtud, maña es de los embusteros. La alabanza un mentecato. Ya faltaba para ello el Templo. Y de sus Deidades no le embarazó el respeto? Pues muera. Sin más, ni más, desauciado está el enfermo. Luego al punto has de morir. No me engordarán primero, que de puro pellizcado, ya me tienen en los huesos. Hartaremoste de palos, y engorda después de muerto. Gran sopa. Huid, que la fiera viene desde aquellos cerros furiosa. otra tempestad. No hay tronco seguro al riesgo de su arrebatado enojo. Qué horrible monstruo,! Qué haremos? Qué habemos de hacer, huir. Ese es el mejor consejo. Pues para huir más seguros, pongamos este al encuentro, para que cebada en él, de su rigor escapemos. A Toreador me condenan. Huye Femia. Huye Liseno. Hoy villanos, en vosotros. vengaré mi enojo fiero, ya que a furias, ya que a ponas me han condenado los Cielos. Por capa rota me alojan. Solo uno ha quedado, y quiero satisfacer en su vida el agravio que padezco. A mí solo para huir ha sido embarazo el miedo. En ti villano. Señora. Baca, mire, que protesto, que no soy hombre de plaza. En ti del hado violento . vengaré la horrible injuria. Que no se halle un Caballero, que quiera hacer un socorro. Dónde irá mi desconsuelo, que que no encuentre mi desdicha, pues que mi dicha no encuentro. Ay Isis! Que con las Bacas no me sea de provecho el hacer la mortecina? Qué miro? mi Padre. Ay Cielos! Parece, que va a flojando. Huir de su vista quiero que es no poder consolalle, martirizar el contento. De la quererla se aparta sin duda, yo las apeldo, libremo Dios de villanos, que las. Bacas son buñuelos. Divertido en sus pesares, aún el ruidoso suceso, no le ha inquietado: qué mal que se despierta un desvelo! Hay hija del alma mía, que estés para mi desvelo, tan cerca del corazón, y de los ojos tan lejos? Yo me aparto de su vista, y entre estas ramas pretendo verle para no negarme el alivio que le niego. Oh fortuna! cómo sobra en tu tirano gobierno tiempo para las desdichas, y falta a las dichas tiempo. Selvas, pues testigos sois de mi amargo sentimiento, que aún no os deban mis suspiros las piedades de los ecos? Encinas, que consagradas a Júpiter, por decreto de los Dioses, ostentáis soberanos privilegios, pues suelen ser vuestras ramas Oráculos del Desierto porque aún en las soledades hallen socorro los ruegos, decidme, dónde está llis? Qué se ha hecho, qué se ha hecho, de mi vida, y de mi amor aquel suecesivo aliento? Qué aleve sombra la oculta? Qué infausto rigor la ha puesto, de su ausencia en el peligro de mi vida en el recelo? Donde se esconde la luz, que sin dejar de ser fuego, de la escarcha de mi edad, conservando estaba el hielo? Donde está la que animaba las flores, pues a su ejemplo, para malograrse aprisa a ser bellas aprendieron? Oh mal hayan las Estrellas, que equivocando el acierto, quizá de envidiosas juntan lo desdichado, y lo bello! Y mal haya mi desdicha, pues de quejarme el consuelo me niega, pues en los ojos la pena respira menos. Flechas sus lágrimas son, que atravesándome el pecho, no me matan, pero dejan las heridas sin remedio. Júpiter, pues por tu amor tantas desdichas padezco, no niegues lo poderoso a quien le debes lo atento. Ya en tu favor, Isis bella, con toda mi deidad vengo y aún no sé si bastará contra el poder de los celos; pero porque de la pena, que te aflige salgas, quiero quitarte de la cerviz el imaginado peso. La fingida piel desnuda viste el natural incendio, a quien la sobra el cuidado para abrasar los deseos: Sal de la penosa cárcel, en que te puso mi miedo; más contra los celos, cuando logró lo mejor el riesgo? Mas para que, tu hermosura no se aventure de nuevo, nube te defienda, solo para los ojos ajenos. . Desconocida de Juno te asegurarás, teniendo su sospecha más engaño, y mi amor menos recelo. No te enoje cuando empañe tus cristalinos reflejos, que si es nube, tus dos soles. la podrán deshacer presto. En tanto que yo te asisto, en este traje encubierto disimulemos entrambos: yo el poder, y tú el desprecio. Qué haré, al ver que mi dolor con los días va creciendo? O, si el morir me quitara la razón de padecerlo! Mas no bastará la muerte a sosegar mi tormento, que aún pienso que me durara la inquietud en su sosiego. Ay de mí! Pastor amigo así te conceda el Cielo más ventura en lo que guardas, que a mí me dio en lo que pierdo; Has visto en el monte? A quién? A una hija, que no tengo, que por quitármela, solo parece, que me la dieron. Qué señas tiene? Es muy linda, y en su desgracia lo veo, porque siempre es la desdicha pensión del me recimiento. Si acaso es la que yo juzgo, cree, que la verás presto. Viva? Viva la verás. Adónde está? No está muy lejos, si la verdad te engañare, culpa a tu conocimiento. Pues dime: Oh es ilusión, que la ha fingido el deseo, o se ha librado mi vida del tirano cautiverio. Ya parece, que mis brazos han sacudido aquel peso que le impuso una fineza, por desmentir un recelo. Júpiter oyó sin duda de mis fatigas los ruegos, y notarda una memoria, que sabe llegar a tiempo. Pero para averiguar, si vuelvo a mi forma, quiero cantar, por ver si son voces las que ya bramidos fueron. Al aire se entregue mi acento veloz;; Qué voz en mi cuidado, por él oído el alma ha alborozado? Conocesla? Es mi placer tan nuevo, que dijera que sí, mas no me atrevo. Por si vuelve a cantar, atento escucha. Mil confusión con mi deseo lucha, por si acaso es engaño, pues divierte a pesar del desengaño; sin ver, a escuchar vuelvan mis sentidos, no desmientan mis ojos mis oídos. Espere mi deseo retirado a ver si logra en Isis su cuidado. Si dulce mi acento suena; ya bien me puedo alegrar que no se deja engañar tan fácilmente una pena; y pues la triste cadena rompió del Cielo el favor, al aire, El contento a qué aguarda? O, lo que siempreel alborozo tarda! de que es Isis no duden mis desvelos: Yo la voy a abrazar; valedme Cielos! pues por ser inmortales, con un engaño consoláis mis males. La pena se burló de mi esperanza; mas porque tiene un triste confianza, y dígame el aires, que antes me escuchó, si gime la pena, o canta la voz. En este nuevo alentar de mi dudoso sentir, aquel sin cantar gemir, es ya sin gemir cantar: Y por si logro trocar, por lo alegre lo feroz, al ay re, y ignorando, que es Isis, suspendido el pesar le ha dejado; sufrase, pues se sufre mi cuidado. Mi padre, de mi vista se retira y más se extraña cuanto más mira: si no me ha conocido? Mas en aqueste amor no cabe olvido. Dijo el Pastor, que presto la vería, por consolar la triste pena mía, y diciendo que presto la escuchara no mintiera, mas no me consolara. Burlome su malicia. Culpa tú a tu aprensión, no a mi noticia. Yo quiero hablarle, en mi ventura escasa: qué presto el gusto a ser temor se pasa! porque suspenso ahora, la pena mira, y el silencio llora. Pareciole en la voz, no en la hermosura, y túvola por Isis mi locura, sin mirar mi contento que no tiene facciones un acento. Que no quieran mis ansias: Aún no escucha. Contentarse una pena con ser mucha. Sientan, que en sus pesares no haya medio, que el dolor: es camino del remedio. Mujer quién eres? Tú no me conoces? No se fían mis ojos de tus voces. Pues qué causa? a mover no acierto el labio, si entorpece mi ser segundo agravio! Tu semblante, y tu voz mi amor impide, que uno me lleva, y otro me despide: y dejarte pretendo, enigma, que no entiendo por más que consolar mi pena intentes, con decirme verdad en lo que mientes. qué presto el bien en mí se contradice! que mi Padre me mire, y no me vea, desconociendo lo que más desea! Qué forma habrá tomado mi desdicha, para que nunca encuentre con la dicha? No es la que tengo ahora la que le debo a mi primera aurora natal, que solo el llanto solemniza, por nacer de los hados ojeriza? Pues mi Padre, por qué me desconoce? Porque no me alboroce verme restituida, ya que no a nuevo ser, a nueva vida. Oh tirano tormento! Que ha de explicar mi pena mi contento. Qué confusa se halla! Ya llega el tiempo de desengañarla. Por todas cuantas selvas, prados, montes contienen estos bellos Horizontes a quien en torno baña el Ponto Euxino, de su esmeralda anillo cristalino, tronco a tronco, hoja a hoja, a Isis ha buscado mi congoja, y es bien que así lo diga, porque no hay voluntad sin ser fatiga, no pudiendo encontrar de su belleza seña, que dé consuelo a mi fineza: Al cansancio rendido, a esta selva el pesar me ha conducido, que en un enamorado, el aliento se cansa, y no el cuidado. No es Glauco este que miro? Pues de sus locas ansias me retiro, que teme mi fortuna desgraciada, que solo me conozca el que me enfada. Si este es su amante, atienda mi cuidado, que tal vez puede darle un despreciado. no es de Isis, si de amor no es desvarío, Ninfa a quién guarde el Cielo? Yo aventuro un pesar por un consuelo, qué queréis? En el valle, el garbo, el brío, la presencia, el talle es de Isis; mas qué importa a mi locura, si no tiene de Isis la hermosura? Dime, has visto: Engañose mi deseo. Que no me ha conocido también creo. Una beldad, a cuyas luces bellas, de envidia han ocultado las Estrellas; pues con sus arreboles, aún el Sol era sombra de sus soles? Como no me conoce su esperanza, me ha parecido ajena la alabanza. Glauco. Licio, qué ha habido? De su luz ver la sombra aún no he podido, descubriendo mi amante diligencia, de aquesta Isla la circunferencia. Tampoco la han hallado mis extremos; y al fin, Licio, qué haremos? juntarnos a buscar su luz serena, pues ya no cabe envidia en nuestra pena. Cuál es la soledad de una porfía, que halla en la competencia compañía? No han sido ociosos los fingidos velos, pues ya me han excusado de unos celos. Vamos. En sus antojos engáñanse mis ojos, o sus ojos, Ninfa, adiós. Locos, ciegos, que en la ignorancia abandonáis los ruegos, Isis soy. Para luz de las esferas, Que a Júpiter le ofendió de nuevo el obedecer mis ordenes? A comer de gorra me conde- y no es moderada pena, (no, que un hombre de mi bambolla qué te faltaba a ti, si tú lo fueras. Que soy Isis es cierto. Qué locura! querer una fealdad ser hermosura. No siento, que me ignore su amor necio, que me desprecien sí los que desprecio. Júpiter, que pretendes obligar con lo mismo que me ofendes: O, quien de ti pudiera huir! Aguarda, espera. Déjame, pues, tirano conmigo, aún en el traje eres villano, pues de mi Padre ya desconocida, para qué quiero vida? Por Juno ese disfraz mi amor te deja. Con un miedo acaricias una queja. Temo tu riesgo. Ofendesme engañoso, pues niegas al amor lo poderoso. No lo logro en que estés de esa manera. Cuándo asegura lo que desespera? Las sombras quite, y a tus resplandores. Ya tengo mala fe de tus favores. Que no sepa querer tu entendimiento! Cómo lo ha de aprender de un escarmiento, que a huir de ti me obliga? Seguirate mi amor. Aunque me siga no ha de poder vencer mi queja triste. Por qué ha de obligar mas quién se resiste? . haya de poner la olla en la voluntad ajena. Déjame entre unos villanos, que darme muerte quisieron; y aunque no lo consiguieron, me pusieron en las manos de una Baca tan furiosa. Baca? Ay de mí, si es la mía. Que los troncos deshacía. Era por ventura hermosa? Un diablo me pareció, y aún el mismo Belcebú. No la mirarias tú, como la he mirado yo: mas yo aliviaré tus males, pues también me ofendió a mí. La mitad te toca a ti, por enojos gananciales. Así yo de mi pesar pudiera, Momo, salir. Remediasle con consentir? No. Pues déjale pasar. Una ofensa, una traición, quién fácilmente la olvida? Quien ha menester la vida, para mejor ocasión. (velos, Pues dime: aunque en mis des- del cuidado, por defensa quisiera olvidar la ofensa, pudiera olvidar los celos? Ten antojo más bizarro, y como Deidad divina, busca mejor golosina, que el tener celos no es barro. Los celos, que en mi tormento hacen más grave el dolor, buscándolos mi temor, los halla mi sentimiento. Si los celos se hallan donde amor se pierde, para qué los busca, quien ya los tiene? Esta voz, a la porfía, que ha respondido parece. Quién canta? Alguna zagala, que da a su afán un verde. Pues viene cantando, quiero, por si mis penas divierte, oírla. No es la que quiso darme un pan como unas nueces? Si los celos, Celos me pide un Pastor; pero yo muy fácilmente se los doy, aunque no quiero; y él tómalos, aunque quiere. De los celos las traiciones allá en la duda se queden, si averiguar un agravio no es más que para creerle. Si los celos, Villana, quien te ha enseñado a discurrir de esa suerte? Él descuido alguna vez y el cuidado muchas veces. Has estado enamorada? Qué sé yo, que el diablo suelo perseguir una persona, aún más de lo que ella quiere. Lo que yo sé es, que la piña persigue bastantemente. Aquí estás tú, buena pesca. Aquí estoy yo, mala sierpe. Has tenido celos? Mire, yo he sabido claramente, que tiene celos quien ama, mas no aman a quien los tiene. Por qué? Porque declarados los celos son. . Qué: Sí, advierte, pues no lo entiende, cantado lo diré por si lo entiende. Si los celos se hallan, La que sus celos declara, sus finezas escurece, que de las seguridades nacen las traiciones siempre. Si los celos se hallan; Calla, porque más tu voz en mis ofensas no mezcle con lo triste de mis ansias, de sus cláusulas lo alegre. Dejadme los dos, dejadme. Ay como se enfurece. Quién es esta Ninfa? . Juno. Pues regaña lindamente: Yo me voy antes que en mí, de sus enojos se vengue. Y yo, a ver si con mis ruegos, los tuyos, Femia, te vencen. No piense, que soy tan blanda. Por sí, o por no, a cantar vuel- ve. Si los celos se hallan, Qué hará un amor ofendido, y una Deidad juntamente, sin que se queje el poder, sin que el cariño se queje? Oh tú, Madre de las Ciencias, a cuya enseñanza deben otra vida los mortales que nunca en la fama muere! Minerva, Deidad sagrada, que de la más clara fuente, en la copa de tu estudio todos los cristales bebes. Como Minerva me enseña; como Palas, me defiende, porque el ruego no me engañe, ni la traición me atropelle: poder contra poder junten mis enojos, y las huestes, que convocare mi queja, prudencia, y valor gobiernen. Escuchas mi voz? Si escucho. Y qué respondes? Atiende. Con la pasión amorosa, que sin la esperanza luchas, si en no tener resistencias, sus victorias asegura; no a la razón se reduce, no el desengaño la inmuta, no a los consejos atiende, no la amenaza la asusta: (muda, que loca, que ciega, que sorda, que ni advierte, ni mira, ni habla, ni es- Ya las llamas de tu enojo (cucha. las ha reducido a una el fuego, que lo que abrasa quiere que no se consuma: como a términos pretendes reducir su amante furia, si milita la razón, a sueldos de su locura? (da Qué osada, cobarde, suave, y sañu- alienta, desmaya, obliga, y disgusta. Si ya está en la obligación su actividad más robusta, queja que le halle gigante, para qué niño le busca? De los recelos, que más. sus tiranas flechas culpan, la variedad le defiende con lo mismo que le injuria, que altiva, alagüeña, traidora, y segura, desprecia, agasaja, ofende, y adula. De qué te sirve el cuidado, mas cuando más te asegura, Porque el consejo mi rigor no impida, de tu prudencia quiero ser vencida, que una celosa ofensa en quien la calla, mas costa hace el sufrilla, que el vengarla. No a tanta furia quiera la razón persuadir! . . Isis espera. Isis dijo la voz: de mi venganza ya no tengo muy lejos la esperanza, pues Júpiter la sigue, y ofendida, de dos agravios me dará una vida satisfacción; pues viene su hermosura de este bosque buscando la espesura por sagrado, aunque en vano hallarle piensa, pues el peligro tiene por defensa, aunque a su forma ya restituida, de nuevo aplauso venga presumida. A dónde hallará abrigo una desdicha, que el semblante ha ignorado de la dicha? Dónde? pero qué miro, . sino huyo de mí, que me retiro. Isis aguarda: mas qué miro, Cielos, busco al amor, y encuentro con los celos? Mas mientras de cobarde, y de ofendido, el miedo, y el rigor se han suspendido, estas ramas encubran mis pasiones, dudosas entre dos obligaciones. O, a qué mal tiempo a Isis quité el velo, si huyendo de mi amor, dio en el recelo! Es tanta mi ofendida confianza, te consigue una obediencia, que hace más noble la duda. Y para que la sospecha no se atreva a tu hermosura, la vanidad la desprecie, pues la presunción deslustra; y cuerda, constante, atenta, y astuta, ignora, desmiente, calla, y dis- simula. que le parece poca una venganza. Temo que me conozcan sus desvelos, que es ciego amor, y linces son los celos. Isis, de la esquivez de tus enojos, qué buena cuenta que me dan tus ojos. Que en mi confuso engaño me ignore el bien, y me conozca el daño! No eres la esquiva Ninfa, que en el valle, huyendo del Amor se fue a buscarle? Tu queja está engañada, que no es seguir a Amor ser desgraciada. En quién tiene albedrío; no es disculpa querer que las Estrellas tengan culpa. Mi albedrío mandar puede en mi pena; pero no manda en la pasión ajena. Válgame Amor! El lance se ha estrechado, y mi atención peligra, o mi cuidado. Tu falsedad. . Tu enojo. Tu delito. . Tu antojo. De mi fuego será pavesa frágil. Si la desiendo yo, no será fácil. Pues cómo a mí te opones? Pues a quién no se atreven mis arpones? Amor en mi defensa, Su enojo embarazo, si no su ofensa. Cuando creyó mi vida de las flechas de Amor ser defendida! De Júpiter siguiendo vengo los pasos, y el confuso estruendo de su voz he perdido. Pues de Amor el poder nunca he vencido, en aqueste traidor vengar pretendo mi agravio. . . Mal podrás, si le defiendo. Pues como tu tirano desatino, que en lo injusto desmiente lo divino, a este aleve defiende? Tanto te obliga lo que a mí me ofende! Mercurio te ofendió más, que en haberme obedecido? Y si debió obedecerme, gasta el enojo conmigo. Pero porque en tus pesares, mejor dijera en los míos; pues más te induce a mi ofensa la costumbre, que el cariño. Ya que han querido los hados que sea en mi amor preciso, por dar gusto a una atención, martirizar un alivio. Ya que no te satisface, que tu sospecha haya visto, que quien huye de quien ruega no da de savor indicio. Para sosegar tu indicio, para sosegar tu enojo, aunque en tu extraño designio, no lo tendrá por lisonja la inquietud de tu capricho. Ofreciendo a tu Deidad tan costoso sacrificio; porque asegurada quedes, juro por el Lado Estigio de no seguir de los ojos de Isis, los rayos divinos. Quién satisface alabando la culpa con que ha ofendido? Quién no te quiere engañar, pues fuera mudar de estilo, sospechosa diligencia, de volver a mi delirio. De no verla doy palabra; pero dejando a mi arbitrio, el satisfacer de Isis lo que por mí ha padecido. Qué respondes? Que el agravio, que está sujeto a un dominio, si quieren satisfacerle, no ha de negarse al partido. Pues Mercario, y el Amor con sonoros regocija; convoquen a ver logir a un podar agrade. sin pro anar un respeto las atencianes de sino. Por dalusa da ventura, si la cratcá mi destino? Hh de las montañas de Arvas! Ah de los Campos Esiños! Los unos ricos de flores. Los otros de Etrellas ricos. Oíd de amor los tropens, pues entre prados, y riscos la sencillez os grangea mas barato el regacijo. De Júpiter al intento, atended desde el Oumpa, que por ser sín de la tierra, es ya del Cielo principio. Oíd, dejando las chozas. Oíd, rompiendo zafiros. De Júpiter, y de Amor Los poderosos avisos. Venid, venid, venid. Aves, fieras, fuentes, y ríos, pues de Amor conocéis el domi- seguidlo volando, corriendo seguidlo, y las aguas saltando, rompan los vidrios, que aún de Amor no se escapa lo fugitivo. Estrellas, Luceros, Pla- peras, y Signos, pues de Amor conocéis el dominio, dorando, influyendo pesares, y alivios los Cielos disculpen amantes delitos, que aún de amor no se escapa lo cristalino. Venid, venid a este sitio, donde de amor, y poder veréis el poder unido. Que aún de amor, Que aún de amor, Dioses, ya vienen las selvas a ver en este distrito que haga el amor maridaje de esmeraldas, y zafiros. Selvas, ya bajan los Dioses a ver con discreto arbitrio, que haga el amor en los celos, conformidad lo distinto. Venid, venid a este sitio, donde de amor, y poder, veréis el poder unido. . Qué dulces voces ablandan la aspereza de los riscos? Qué resplandores alegran estos Prados? . Qué divino acento admira los ecos? Del Cielo son pajaritos. Hay hija del alma mía! Qué tarde me has conocido! Ciudadanos de las selvas, del Cielo Dioses conscriptos, hoy ha de unir el poder la obligación, y el cariño. En la hermosura de Isis hallaron los ojos míos mas rayos, que dio a mi diestra el enojo vengativo. Y hoy queriendo agradecer lo que por mí ha padecido; borrando a un tiempo de Juno los celosos indicios. A Estrella su luz se pase, deje el humano vestido, y acredítenla divina los soberanos aliños, mientras que Deidad la aclama la veneración de Egipto, adornando sus Altares los devotos sacrificios: porque a pesar del recelo, para aplauso de los siglos: Los Celos hacen Estrellas, y el Amor hace prodigios. Como Podetoso premias, Isis tan presto te miro ausentar. Padre, mi Amor siempre ha de vivir contigo. Qué admiración! . Qué fatiga! Qué pena! . Qué regocijo! Porque a pesar del recelo, para aplausó de los siglos, Los Celos hacen Estrellas, y el Amor hace prodigios,
