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Texto digital de El castigo más piadoso al soberbio más cruel

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El castigo más piadoso al soberbio más cruel. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/castigo-mas-piadoso-al-soberbio-mas-cruel-el.

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EL CASTIGO MÁS PIADOSO AL SOBERBIO MÁS CRUEL

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Cese el templado rumor de tanta diestra armonía, que a vista del alegría tiene más fuerza el dolor; que aunque piense el instrumento ser rémora del oído, se arrastra todo el sentido Di, señora, la razón. Contarla el labio no sabe, donde pulsa el sentimiento; y aunque en dulce quieta calma; se tenga la admiración, a un golpe del corazón, siempre le responde el alma; y en fin, da a mi parecer, Para ayudarte a sentir si juntos llegan a estar, más pena, poco pesar, que gusto, mucho placer. Cuando envidian tu fortuna, Luna, y Sol, al mismo tiempo, porque eres Sol sin Ocaso, y sin menguante eres Luna, cuando a el Alba de tu frente, que aún de ser Cielo blasona, le biene corta Corona. el grande Imperio de Oriente, cuando hoy entra vencedor, del tiranó Majimino, tu Esposo el feliz Licino, de todo el Orbé señor; y cuando al recibimiento asistes como has traído, el sentido sin sentido, tan descontento el contento? Di, señora, la razón. Contarla el labio no sabe, que lo que en el pecho cabe, no cabe en la explicación. Aunque no me ha satisfecho, a tu razón no replico. Difícil remedio aplico a mal que cabe en el pecho. Para ayudarte a sentir lo pretendemos saber. Pues, Aurora, ahora ha de ser más difícil de decir. Por qué? Porque alivio siento, A EL CASTICO MS PIADOSO, en veros con alegría; y sin con la pena mía se ha de volver sentimiento, mucho mejor es callar, que así no podréis sentirla. Pues ya de más el decirla es, para haber de llorarla, y aún así será el dolor más grande porque quien piensa en un mal, en una ofensa, la suele juzgar mejor; y como es el padecer, a él tanto de imaginar, da más pena el ignorar, que pudo dar el saber. Pues por ver si el pensamiento, en vosotras finge tanto como siento, que juzgo, que es gran locura el pensarlo! Porque el dolor que padezco, aún es más que imaginado; y porque logre en saberlo, vuestro deseó el descanso. Pues por daros un alivio, quiero tener un trabajo; le diré, porque es de suerte, este tormento que paso, que si le digo me mata, y me mata si le callo; como sucede a un doliente, que estando debilitado con extremo, el mismo riesgo, que en curarlo, en no curarlo. Tiene, que si no le aplican el remedio para el daño, corta la Parca el estambre vital, y lo va dejando, sin sentir, y sin sentido. un mármol organizado; y si intenta diligente, dar el Médico el reparo, con poner la medicina, (como está el sujeto flaco se falta la resistencia) con que si antes por dejarlo, sin medicina, morir, ahora que le aplicaron el remedio muere, y muere, por solo haberle curado. Y así, como en mis pesares, EL CASTICO MS PIADOSO, sin fortaleza me hallo, muero, y muero de decirlos, también como de callarlos. Pero porque los discursos cansan, y no hacen al caso, para decir el suceso es bien acuerdo olvidarlos. Nací en Roma, no refiero Ilustres hechos pasados de Heroicos antecesores; pues con decir que Constancio fue mi Padre, en cuyas sienes, permaneció muchos años la Corona del Poniente; cuyo honor, y cuyo cargo fuera más aperecido, sino fuera tan pesado, juzgo que lo he dicho todo, también en silencio paso, si soy, o no soy hermosa, pues cuando lo estáis mirando, era horror querer decirlo; de más, que es riesgo muy claro pintar propias perfecciones, que si la humildad formando va la copia, lo abatido le desfigura el retrato; y si toma el amor propio el pincel, con el engaño va poniendo los cosores; de modo, que a poco rato sale a desmentir la vista. lo que va afirmando el lavio; y así, por no haber delito, si abatiendo, o ensalzando, juzguen allá buestros ojos lo que digo, u lo que callo. De aquesta suerte me hallaba en Roma, cuando mi hermano Constantinó, que el Imperio heredó, muerto Constancio, ajustó mi casamiento con Licino, que mi mano pretendió, con los afectos, con las ansias, y agasajos, que antes de las posesiones tiene un amor deseado. Vine con él al Oriente, porque levantando el brazo, trujo contra Majimino, AL SOBERVIO MAS CRUEI de quien hoy entra triunfando, las galas las bizarrías, los festejos, los aplausos, que a la entrada de su Corte dispusieron sus Vasallos, ya lo visteis, y sabéis, que fue el lucimiento tanto, que preguntaron algunos de las sombras, olvidados, de qué suerte eran las noches? Porque por todo el espacio de dos meses tan lucidos, y tan continuos, duraron las invenciones de fuegos, que si el Sol en el Ocaso se entraba, quedaba todo sin luz; pero más claro, porque el perfecto artificio puede mucho, y aunque hallamos pocas veces los primores que se desmienten de humanos; en verdad, los que se han hecho son pocos, pero son raros, si bien todos estos gustos, tan fuera de mis agrados los hallaba, que pudiera darles títulos de agravios; porque Licino, mi Esposo, a penas logró en mis brazos, o su amor. o su deseo, cuando le hallé tan trocado, que dudaba si era él mismo, que supo con sus halagos comvatir en cera blanda un pecho todo de mármol. No pararon sus rigores en desvíos, mas cuando en lo que es menos sensible, los infortunios pararon, porque añadió a mis tormentos, el más duró, el más extraño, el de los celos, que es el castigo más tirano; los ojos pulo en Glafira, aquel hermoso milagro de honestidad, y belleza, y en todo tan acabado, que aún viéndolo con envidia, no lo excuso el alabarlo; y aunque no fuera tan grande AL SOBERVIO MAS CRUEI su hermosura, mi cuidado no dejara de elogiarla, que nunca ha de cargar tanto el enojo, que lo bueno calumnie, por ser contrario. Rendido, pues, a su amor, se declaró, y su recato, roca incontrastable era a el golpe de sus halagos. Pero viendo que a la fuerza es la resistencia en vano, y que si una vez se quiebra, el honor queda manchado para siempre, que es un vidrio, imposible de soldarlo: se llegó a mí, y me dio cuenta de mi pena, y de su daño, quedé entonces: mas no intento con razones ponderarlo; júzguelo alguna, si tiene tan patentes sus agravios. Díjome, que yo podía remediar aquel estrago, que por instantes estaba a su fama amenazando. Quién vio Aurora, quien vio Laura, que de dos males contrarios, haya de ser un remedio, alivio el más acertado; pues así fue, pues las dos, por nuestro consuelo hallamos, que solo la ausencia era quien podía remediarnos; y así, ayer cuando Licino salió a componer el Campo, salió Glasira también huyendo de sus engaños, disfrazada su hermosura, que es el rigoroso lazo, ministro de sus desdichas, y se ve ya tan usado, que las naturales prendas, no tengan premio, ni aplauso, que no admite admiración, ni novedad el contarlo. Este es, en fin, el remedio de mi pesar, tan extraño el tormento que me aflige, que juzgo que el mayor daño de mi mal, es el remedio, A2 EL CASTICO MAS PIAboSO, pues en viniendo a Palacio Licino, y no viendo en él su dulce objeto dorado, han de ser más sus rigores. Mirad, aunque esté gozando, La En peratriz, señor, allí te espera. cuanto el Aura alienta a soplos, y el Sol ilumina a rayos, o ya en la Selva del viento, o ya en la Esfera del prado, si es con causa mi tristeza, si es con motivo mi llanto, pues no padezco recelos, sino que estoy lamentando el sin remedio, el terrible tormento del desengaño. Pues, señora, como nunca Disimulad un rato pensamiento . de tu Esposo te has quejado, siendo tales sus desvelos, siendo tan malos sus tratos? Porque dicen. Viva, viva Licino felices años. Ya llega, y viene con él, sus dichas acompañando, toda la Ciudad entera, compuesta de altos, y bajos. Sobre un oscuro de cosor melado, Obedeceros trato Si mil mundos hallara, mil mundos mi valor avasallara, y me olgara perderlos, o dejarlos, por volver otra vez a sujetarlos; que a mi valor heroico, y sin segundo, es muy corta victoria todo el mundo, que es de la fama, que con voces brilla, mi aliento la primera maravilla. En treinta Emperadores, del Oriente, y Poniente defensores, que en todo el Orbe ha habido hasta ahora, ninguno ha merecido EL CASTICO MAS PIAboSO, como tú, aqueste nombre deseado de Augusto; por Augusto deribado, pues si el valor de todos se midiera con el tuyo; de modo se excediera, que todos sus ardores, solo pasaran plaza de temores. La En peratriz, señor, allí te espera. Pues ya es fuerza llegar de esta mañera. y aún juzgó que rendido, y reberente, no asistiré decente, a donde todo un Sol hermoso gira, que es la bella Glafira, Harpón el más ardiente de Cupido, hechizo apetecido, que así como la rosa da a lo hermoso, por espinas, amor lo desdeñoso. Disimulad un rato pensamiento . que artó lugar le queda al sentimiento. En buen hora, señor, vuestra grandeza, honrando mi humildad con tal alteza, llegué donde le ofrecen dignos dones de voluntad, postrados corazones, que es víctima de grandes calidades, rendir de corazón las voluntades; y si acaso con vos he merecido algún favor, que me digáis os pido como pasó el combate, que aunque haya sabido, fuisteis en la vatarla, con industria, y con arte, un fuerte Adonís, un heroico Marte, de vos saberlo quiero; y así que, me digáis, señor, espero, como aquí habéis llegado. Sobre un oscuro de cosor melado, y no hay que reparar, ni mormurarlo, porque el concepto ha sido de caballo, y de bruto no es mucho no acertarlo, que lo más natural es el errarlo. Obedeceros trato mal mi peña recato! ay Glafira divina! quien creyera, que tan tirano. tan constante fuera tu pecho rigoroso! que cuando vuelvo amante, y victorioso a ofrecer mi valor a tu presencia, tu favor me faltara, y tu asistencia; pero tus bellos rayos, de negras luces, cristalinos Mayos, AL SOBERVIO MS CRVEL gozaré, si lo estorba todo el Cielo, en Harpones de hielo, porque de mi valor no están seguros, los claros altos diamantinos Muros: mas vuelvo por un poco a mi memoria, hasta que con tu vista tenga gloria. Amaneció, Constancia, oscuro el día, Tu nombre el mundo en mármoles escri- Viva Licino. con Constancia viva. que como el Sol armado me atendía, con tal valor, con furia tan extraña, no le atrevió a salir a la campaña, porque él dio a los Cíclopes la muerte, . Viva y dure su fama no ligera, Viva, y vos perdonando lo pequeño huyó mi brazo fuerte, y de que me temiera no te espantes, porque mis fuerzas son más que gigantes. Tocó al arma, el contrario valeroso, júzgueme al instante victorioso, porque, como en el punto que peleo la vatalla, y el triunfo a un tiempo veo, y ya a la lid armado me arrojaba, pensaba que vencia, y bien pensaba; y aunque mucho juzgaba, mas hacía, Y no le pagarán tantos desvelos, porque juzgando yo lo que podía, Yo también rindo a vuestras manos, cuando en ella me hallaba. mas podía, en verdad, que imaginaba; y así, así que el acero, (parca invencible) desaté ligero; cuando la bizarría, la valiente osadía del contrario, y los suyos que arrojados, . Yo los dones acepto, intentaron dejar avasallados, A mí, que en todo soy de los primeros, con enojo impaciente, los Cetros del Oriente, y del Poniente, y como al verme todos se turbaron, sin Oriente, y Poniente se quedaron; pero en mi heroico en mi atrevido bra- hallaron sus intentos el Ocaso, (zo, y fue mucha ventura Hay tirana violencia! encontrar tan honrosa sepultura; y viéndose a mis plantas humillados, Paréceme, señor, que estáis inquieto; quedan más ensalzados. Es un aprieto que si de mi brazo están rendidos, ni se ven desontrados, ni vencidos, porque yo pienso con victorias tantas, poner hasta los Astros a mis plantas, y nunca se verán más ilustrados, que cuando a mi obediencia estén postrados, que así como es bajeza de viles, y cobardes, ser cabeza es muy feliz, es muy dichoso caso estar sujetos a un Invicto brazo; AL SOBERVIO MS CRVEL y si el contar el caso ha parecido muy breve. no lo ha sido. pues que por mi grandeza te confieso, que con más brevedad paso al suceso, mas vuelvo por un poco a mi memoria, porque es lo propio en mi lácar la espada, que tener la victoria alligurada. (va. Tu nombre el mundo en mármoles escri- Viva Licino. con Constancia viva. Viva, y eternos sean sus blasones, aventajando al bronce en duraciones. mas que la luz más fija de la esfera. porque él dio a los Cíclopes la muerte, . Viva y dure su fama no ligera, Viva, y vos perdonando lo pequeño de la ofrenda, y su dueño; recibid el bastón de Majimino, que por despojo a vuestras plantas vino; y aunque es corto trofeo, entended, que es de modo mi deseo; que si como el bastón quité en la guerra, la vatalla, y el triunfo a un tiempo veo, ganara todo el mundo, y lo que encierra, en vuestra heroica mano, lo dejara para que hasta los Cielos se encumbrara. Y no le pagarán tantos desvelos, con ser que ha dicho cosas de los Cielos. Yo también rindo a vuestras manos, rozagantes Estrellas: (bellas esta bandera de mi amor, indicio paga de mi valor, y mi servicio. y a pagar me prometo el amor que en los dos llega a mirarse, del contrario, y los suyos que arrojados, . Yo los dones acepto, si es que la voluntad puede pagarse. A mí, que en todo soy de los primeros, nada se me ha ofrecido que ofreceros; pero si acaso vuestro gusto fuere, me ofrezco a cuanto a vos se os ofreciere, sin que en serviros cese, pero en mi heroico en mi atrevido bra- que sé decir mis chanzas, si se ofrece, que soy yo muy burlesco; por lo cual, daros gusto es lo que ofrezco. Hay tirana violencia! hasta qué punto apuras mi paciencia! Paréceme, señor, que estáis inquieto; qué es la causa, decid? Es un aprieto de mi contraria estrella, que el pecho rompe, pero el labio sella. Él no ver a Glafira así le tiene; dime fortuna, lo que hacer conviene; pero si ha de inquirirlo, me- EL CASTIGO MAS PIApoSO, mejor será decirlo, fingiendo que no sé donde ha ido: Nueva vida en tus voces me concedes. Qué quieres, señor mandarme? Que me des modo, intento, un aviro, señor, he tenid, que es fuerza que sepáis, y no quisiera daros con él pesar. Nunca pudiera (cuadrones, a mi asustarme nada, que a mi pecho, y espada, pesares, y es- no asombran en ningunas ocasiones; y así, decidme, pues, lo que ha pasado. Lo que ha habido, señor, es que ha faltado del Palacio Glásira, dama mía. Y aún suya, con razón decir podía. Solo aquesto bastara para que mi valor titubeara: ay ingrata belleza hasta aquí llegar pudo tu extrañeza! mas yo juzgo que sola no lo hiciera Constancia, en tu rigor es compañera! mas yo me vengaré de sus arrojos, mongibelos con alma son mis ojos, y es mucho que su incendio no esté he calma, Y te parece tan fácil que en Gláfira les faltaba toda el alma. Señor, yo entiendo que pesar te he dado (ay corazón! qué pena te ha asaltado!) Es enojo, y no pena la que tiene Constancia, el alma ajena de todas sus acciones, Pues aunque la tenga el centro (disimular conviene sus traiciones, para mejor vengarlas, y con mayor ardid ejecutarlas) No trato ahora y acaso el atrevido que de aquí la sacó, no se ha sabido (Ni que se sepa nunca quiera el Cielo) no ha podido saberlo mi desvelo. Pues yo lo sabré todo, y les daré castigo; de tal modo, a los que la llevaron, y atrevidos Faetones se arrojaron al Sol de mi grandeza, que ponga en el olvido su bajeza, que el que aún Palacio pierde los temores, poco respecto guarda a sus señores; pero id a descansar, porque aquí quiero determinar primero algunas prevenciones importantes, a mi valiente Ejército tocantes: oís Eduardo, vos quedad conmigo. Vuestro gusto, señor, tan solo sigo. Fortuna, si a mis penas das consuelo, EL CASTIGO MAS PIApoSO, yo te creeré, deidad de todo el Cielo! Aurelio, aquesta noche verme puedes. Nueva vida en tus voces me concedes. Qué quieres, señor mandarme? Que me des modo, intento, para hallar este tirano aperecido veneno, que bien sabes, Eduardo, pues eres de mis secretos (cuadrones, la llave, que era Glafira, de todos mis pensamientos el Norte, la estrella, el rumbo, la luz, el imán, el puerto. Señor, no es el mal tan grande, que pida tal sentimiento. Cómo tú no lo padeces, no conoces el extremo con que está apurando el alma, con que está apretando el pecho, que aunque el Médico penetre por lo exterior, lo de adentro, nunca entiende los dolores como los pasa el enfermo. Es que en pesar no muy grande, es muy fácil el remedio. y es mucho que su incendio no esté he calma, Y te parece tan fácil Señor, yo entiendo que pesar te he dado (ay corazón! qué pena te ha asaltado!) encontrar a quien huyendo va de un amor, y que irá predominando los vientos, porque es otra hermosa Juno. Pues aunque la tenga el centro más oscuro del abismo, se podrá a tu poder Regio ocultar? No trato ahora de contradecirte en eso; (Ni que se sepa nunca quiera el Cielo) pero mientras a mis ojos vuelve mi tirano dueño, me podrá durar la vida? Si sueltas al sentimiento la rienda, que morirás, ni lo dudo, ni lo niego. Que un bronce es bronce, y se rinde, si tiene un continuo peso; que el que aún Palacio pierde los temores, mas si da treguas la pena, pero id a descansar, porque aquí quiero si se da gusto al deseo; no tan solo vivirás, si no que se irá perdiendo la realidad de los males, Fortuna, si a mis penas das consuelo, AL SOBERVIO MAS CIUEL del placer con el reflejo, que del cuidado esta contra rel divertimiento. may ingratitud es causa Si v de tu llanto y tu tormento, sean otros agasajos motivos de tus contentos. Si por hermosa Glafira, triunfo de tu pensamiento; cuantas bellezas habrá, que merezcan en tu Imperio tus agrados! cuantas ay, de cuyos ojos se han hecho verdades, las que antes eran antojos del sufrimiento! Ea, señor, no se diga, que un tan grande Invicto pecho, que a un amago ha sujetado, de todo el Orlente el Cetro, yace a una pena rendido, a un dolor está sujeto, las Selvas Montes, y Valles, convidando están tu aliento. Sean sus fieras despojo de tu heroico brazo diestro. Sean sus fragrantes Astros, de tanto color compuestos, delicia de tus sentidos, y de tus plantas trofeo. Sean sus plumadas rosas, ya en en las ramas, ya en el viento, dulzura de tus oídos, y de tus ojos empleo. Con sus voces, y sus plumas, pues que son a un tiempo mismo, vivas flores, y son vivos, irracionales orfeos. Sean sus corrrientes claras, hermosos, del Sol, espejos, incentivos de tu vista, ya parando, o ya corriendo, ya en la eminencia con dichas, ya en la falda con despeños, que de ajenos precipicios se labran propios recreos. Sean, en fin, de tu mano ejecutados efectos, cuantos formare posibles, antojos tu pensamiento, que es desdoro a un poderoso, AL SOBERVIO MAS CIUEL valiente atrevido pecho. que los gustos que imagina se le queden en deseos. Dices bien, y aunque el pesar quiera estorbar mis intentos con el duro, el insufrible torcedor de mis recuerdos, no ha de quedar en mi Corte belleza que mis afectos ignore, no ha de quedar deleite, sin ser trofeo de mi brazo, y de mi gusto, aunque piense desacerlo, o la razón atrevida, o respectuoso el consejo, que mi voluntad no mira, ni razones, ni respectos. Y si de mi Religión Cristiana, quiere el precepto que yo mida las acciones, romperé sus Sacros fueros, dando culto a las Deidades de Jobe, de Marte, y Venus. Y si acaso para mí fuere su instituto estrecho, me haré yo Dios de mí mismo. y será razón hacerlo, que si Marte, y otros muchos, por valientes consiguieron ser Deidades, me parece que yo mejor lo merezco, que en el valor no hay ninguno que pueda tenerme en menos; y porque trata Constancia de quitarme el instrumento de mi placer, a sus ojos le he de poner lo que quiero; y porque lo sienta más, Aurora sea el primero objeto de mi apetito; que pues ella es el objeto de su amor, así serán más rigorosos sus celos. Y así, Eduardo, en mi nombre, de tu letra lleva luego un papel, en que le digas qué la adoro, y sea presto, que yo al puntó que la noche despliegue su manto negro, iré a gozar su hermosura, EL CASTICO MAS PIADoSO, y después haré lo mismo con Laura, y con todas cuantas quisiere mi pensamiento, . que al brazo de un poderoso, ni el humilde, ni el soberbio le estorban, porque de todas hace siempre menosprecio, y le diréis, Eduardo, que me venga a ver Aurelio, que se necesito, y todo será mejor, siendo presto. Absorto me deja! y parte de enojo, y cólera ciego. Ay Aurelio! qué pesar has de tener en sabiendo que el Emperador intenta quitarte a Aurora! que el centro es de todos tus cuidados; pero yo tener el propio esperó, y como le aguardo, ya parece que le tengo; qué mal hice! qué mal hice en alentar sus intentos! mas no, que él solo bastará para pensarlo, y hacerlo, que para obrar mal, de más están todos los consejos; pero como de mi Laura sea el amor verdadero, yo estorbaré los escollos que se me van previniendo; mas en tanto que lo logro, es preciso obedecerlo, con darle el papel a Aurora. O! quiera piadoso el Cielo refrenarle o alumbrarle el errado entendimiento! dónde con tanta priesa vas? Voy, señor tras de mi amo; y si no queréis creerlo, porque él no viene delante, pues le busco, tras él vengo, y tras él, aunque le halle, he de ir, que en todo tiempo el delantero es mi amo, y yo, con perdón, trasero, aunque estoy muy adelante. Por qué? Porque estoy queriendo, EL CASTICO MAS PIADoSO, sin lisonja, una mondonga, cuyos graciosos ojuelos, si hubiera luceros pardos, fueran de verdad luceros. Ella será como tuya: bueno fue hallar este necio; oís, en hallando a Aurelio, diréis que el Emperador le aguarda, que yo no puedo esperar más: ay amor! muchas confusiones llevo. Pues no parece mi amo: discurrir aquí pretendo si ya habrá admitido Clori, mis amantes embelecos; pero vive amor, que soy feliz amante en extremo! porque ella biene hacía aquí; y pues ya mi sentimiento la dije cuando aquí entré, quiero retirarme presto, que ella es fuerza que hable a solas, pues es loca, y con aqueso sabré de mí lo que siente. Sin que la pasión me ciegue, es el Perico discreto. Así en todo lo que hablo tuviera yo fundamento. No me pesara de hallarle; pero decir que le quiero abulto, es cosa muy tosca; a donde hallará mi ingenio una extraña frase! En mí que las vendo, y a Uia daré de balde, porque ya la he estado oyendo los favores que me haza: mas solo lo que pretendo por premio, es solo una blanca; Tuya es la vida; y la mano. Ya tengo ganado el juego, puesto que la mano es mía. Esta noche nos veremos más despacio, porque allí viene Aurora. Ya lo entiendo, y miro mucho el decoro de Usiria, que le tengo gran respecto. Fino amante, AL SOBERVIO MAS CRVEL Y amante, que a Usia venero. Mi Périco, hasta la noche. Mi Urraca, a la noche espero. . Qué gustosa me ha dejado! Si él es liberal, con esto será el Périco mi Dueño, mas si es mísero, al Infierno; pero ya Aurora ha llegado con Eduardo. . Ya veo que el ir contra vuestro gusto, es preciarse de grosero: mas no incurre en el delito quien molesta obedeciendo; pero para no cansaros, que toméis, señora, os ruego, este papel, porque en él, muy rendido, y muy atento el Emperador os habla Yo voy; mas qué es lo que veo? con Aurora está Eduardo, aberiguados los celos, como matarán, si acaban, a los visos de lo incierto: más oírlos solicito, por ver si vivo, u si muero. Eduardo, pretender que pueda mi pensamiento convencerse a tus razones, es muy vano, y loco intento. Que en breve vi mi desdicha! más ser tan breve no es nuevo, que entre el viento, y el pesar, el pesar es más ligero. Es posible que no admites un tan noble amante afecto! No cabe en mi pecho, tiene ya dueño mi pecho. Pues yo te daré del mío, que tiene bastante hueco, y cabe un hombre, con ser que tengo un Périco dentro. Con que fineza le incita. Que, en fin moverte no puedo. No, porque es mujer pesada. Pues, señora, por haberlo escrito, yo no merezco más favor? No, y si le acepto, es porque le neces ito para lo que hacer intento; AL SOBERVIO MAS CRVEL y si otra vez, Eduardo, quisiereis hablarme en esto, y os respondiere atrevida: suplid el atrevimiento, que son voces muy incultas las de un aborrecimiento: Vamos, Clori. No entendí cansarte con tanto extremo. Pues bien claro habla mi ama, bien puede usted entenderlo. Mal ha salido este lance. Para mí ha salido bueno, porque con eso he sabido como han sido fingimientos, vuestro amor, vuestras finezas, y vuestro encarecimiento, que no es mucho que sea falso todo, siendo todo vuestro: no os turbéis, ni receléis que me enoje, que habéis hecho grande elección en Aurora: habéis andado discreto, que no era razón, señor, trocar lo más por lo menos, que va de un Sol a una Estrella, que va de un Dia a un Lucero, que va de una Antorcha a un Rayo, que va de una Rosa a un Cielo, lo que va de Aurora a Laura. Y así quedáis más bien puesto, porque ahora que me voy, cuando mucho, en mí me llevo una Estrella, aunque muy fija, un Lucero, aunque muy cierto, una rosa, aunque muy casta, y en la hermosa Aurora os dejo un Sol, aunque muy tirano, un Dia, aunque muy sebero. un Cielo, aunque muy difícil de alcanzarlo, ni tenerlo. Mi bien, mi dueño, mi Laura, si me atiendes verás presto. Qué más he de ver, que ver que con ansias, y con ruegos le habláis a Aurora! qué más he de ver que un papel vuestro en sus manos! Laura, dices CASTIGO MAS PAbOSO, la verdad, mas no lo cierto. Pues si digo la verdad, qué tengo ya que atenderos? Es que en la propria evidencia está el engaño encubierto. Yo vi requebrar a Aurora. Yo también te lo confieso; mas siendo mías las voces, no era mío el sentimiento Claro está, porque era mío, pues oía mis desprecios. Mi bien, el Emperador me mandó que hiciese empeño para que ella le amara; y así de aquellos afectos, siendo yo el que los mostraba, solo era Licino dueño. Y dime, era de Licino el papel? por qué tú mismo le dijiste que era tuyo? Que yo le escribi. fue cierto, pero fue por su mandato. Y eso, cómo lo sabremos? La misma Aurora podrá decirlo, y verás con eso, como si te pierdo Laura, sin causa alguna te pierdo. Mucho temo que me engañes. No sabes lo que te quiero? así me pagaras tú. Si eres fiño, yo prometo que sepas lo que me cuestas. No es difícil el saberlo, que allí con la Emperatriz viene Aurora. Pues yo quedo para saber la verdad; y si es así; en el Terrero aguárdame aquesta noche. No hay duda, que verte espero. Pues, adiós. Amor te guarde. Oh! quiera el Vendado ciego, pues me ha herido en el combate, que yo logre el vencimiento. Que en fin, el Emperador se te ha declarado Aurora. Con Eduardo, señora, CASTIGO MAS PAbOSO, me envió a ponderar su amor, díceme que su dolor es incapaz de esperar, que si no llega a lograr con mi gusto amor tan justo, con la fuerza, sin mi gusto, será fácil de alcanzar esto: en aqueste papel, . como refiero, me dice. Mi errante estrella infelice. se me ha declarado en él. Ya conozco que fiel, Eduardo, conmigo ha sido, que aunque la vista, y oído no se engañaron; advierto, que no dijeron lo cierto el uno, y otro sentido. Un placer con un pesar hoy ha mezclado mi suerte; pues es el pesar tan fuerte, que el placer llega a borrar: un papel me vino a dar un aviso, y un placer, y en otro vengo a tener un pesar, que miro, y toco, que se distinguen muy poco el gustar, y el padecer: en este que tú me has dado, mis desprecios he sabido, y en este que he recibido, . algún alivio he logrado, porque en él sé que ha quedado, oculta ya en un Convento Gláfira? pero el contento que salió a darme este aviso, salió tu papel, y hizo que le hiciera sentimiento; pero qué mucho que en ellos se difieran los sentidos? qué mucho que desunidos, llegue yo a reconocerlos? que mucho que cuando a bellos paso, guste, y pene tanto? qué mucho que gloria, y llanto me den, si son de la mano, uno de un hombre tirano, y el otro de un hombre Santo: del Obispo de Amasea es aqueste, que a Glafira fla ocultado de la ira que la SORERVIO MAS CRUE que la busca, y la desea, (oh gran Basileo!) yo vea premiado tu lanto celo. Ay Aurelio! quiera el Cielo, que libre de este traidor, llegue a conseguir tu amor, por paga de mi desvelo. El Emperador, Aurora, allí biene tú has de hablarle, yo aquí oculta he de escucharle, que es lo que conviene ahora: Tu Laura. Manda, señora, en que he de emplearme. En irte luego con Clori. Voyme que el sosiego buscar quiero en mi Perico, que es mozo de lindo pico, y por mi amor está ciego. 2. Pues, señora, no es mejor huir el rostro al peligro, y no meterse en el riesgo, pues está tan conocido; que quien no excusa el despeño, acaba en el precipicio. Yo pretendo que conozca que desprecias sus cariños; y así, este propio! papel, de sus deseos ministro le has de volver, porque tenga un desengaño tan vivo que yo quiero verlo todo; y si entonces atrevido no enmendare sus errores, avisaré a Constantino mi hermano, para que acabe con su Imperio, y con su brío: mas él viene, y a esta parte a escucharle me retiro. No pases más adelante, que a el Emperador he visto con Aurora, y estoy muerto. Él es peor que Basilisco, pues te ha muerto sin mirarte, SORERVIO MAS CRUE y es que te ha dado en lo vivo. juzgo bellísima Aurora, que ya mi muerte habrán dicho este papel, y mis ojos, con ansias, y con suspiros, que hablar por señas, también es de los ojos oficio, que en la escuela de las manos, el idioma han aprendido; y así, supuesto que sabes con las verás que te estimo, solo intento que me digas si acaso están admitidos en tu agrado mis afectos, solo a tu deidad rendidos. A no conocer que Aurora le ha de pagar con desvíos, fuera sobrada materia de mi muerte lo que he oído. y por mi amor está ciego. 2. Pendientes de su respuesta están todos mis sentidos. Y se han de quedar colgados, según lo que yo imagino. Yo reconozco, señor, que más que dichosa he sido, por ser blanco, de tan noble, tan airoso amante tiro; pero confieso también, que tan indigna me miro de favores tan supremos, que con verlos, con oírlos, mentidas sombras, los creo, y engaños los imagino. El seso pierdo. Mal haces, que es gran locura te digo, que esto de perder el seso es para perder el juicio. Mucho tarda el desengaño. No dudéis de lo que digo, porque es mi amor tan constante, es mi afecto tan crecido, que puede por fuerte, y grande. ser un animado risco. Es que soy tan infeliz, que el amor que en vos admiro, siendo posible creerlo, me es imposible admitirlo. Pues, quién se opone a estorbarlo! B2 EL CASTIGSO MAS PIADOSO ̱z Quién basta para impedirlo? Quién puede ser quien estorba lo que amante solicito? Quién ha de ser, es un hombre en figura de Ferico, y que es ningún figura. Amor, dame algún alivio. Señor, quien sale impidiendo vuestros amantes degsinios, vuestros corteses afectos, vuestro amor constante, y fino, vuestros deseos, y vuestros agasajos bien nacidos, es. Di, quién es? acaba. Solamente mi albedrío. Y tiene muy lindo gusto, dos veces, sino son cinco, que en la verdad, por ser gusto, y bello, es dos veces lindo. Y así, señor, perdonadme, que en esto de no admitiros dene mi estrella la culpa, porque aunque yo solicito rendirme a vuestras finezas, lo pienso, y no lo consigo, que contra la voluntad no hace la razón su oficio, que es causa libre, y no obra llebada de esos motivos; arto he dicho por quereros, más hacerlo no he podido, porque de querer, a hacerlo, hay un muy grande distrito: este papel que por vuestro reverencio, traigo, estimo, muchas veces le leís por ver si podía conmigo enternecer de mi pecho la piedra, el mármol, o el risco; pero, pues, que nada puede, que le toméis os suplico, que vuestras prendas, en nadie están mejor que en vos mismo; esto es decir de una vez lo que siento, y lo que afirmo, es que no podrá mudarse en contra de lo que he dicho, ni lo blando de un halago, ni lo cruel de un cuchillo, EL CASTIGSO MAS PIADOSO (qué solo Aurelio pudiera haberme a su amor rendido!) Vida me han dado sus voces. Voraces llamas respiro. . En verdad que la muchacha ha hablado más que un Perico, pues ha hablado más que yo. Bien me vengo de Licino. Haré el papel más pedazos, que tiene el Sol desperdicios! que por no vengarme en ella, en rasgarle me despico! mas qué veo! no es aqueste el que Eduardo me dijo qué había de darle a Aurora! pues no es su letra, y Basileo, el Obispo de Amasea, según la firma, le ha escrito: leerle quiero, por si acaso algún suceso averiguo. Ahora salir intento, como que nada he sabido. Ah traidor! viven los Cielos, que has de morir a mi brío. Quién, señor. ha de morir? Vos, y un traidor atrevido, que os oponéis a mi gusto. Quién lo dice? Quién lo dice, este papel, o aqueste veneno, que a vos escrito os vino desde Amasea, de mano de aquel indigno de Basileo que aquí Aurora me le ha dado. El que a mi vino hoy, de vuestra mano es el que os di que otro no ha sido. Yo tengo toda la culpa, pues por darle el que había escrito Licino, le di el que a mí me había enviado el Obispo. Que a Glasira, este tirano infame me haya escondido, y en un Convento la tenga! y que vos aigáis querido, Constancias darme un enojo, que a no poder reprimirlo, abrasara todo el mundo, según está de encendido! vivo yo; que Cielo, y tierra pos- AL SOBERVIO postro, avasallo, domino, que ha de ver el Orbe como las deslealtades castigo. Señor. Dejadme, dejadme, apartad, que si me irrito os haré dos mil pedazos. Qué grande fue mi descuido. Hola. Señor, qué nos mandas? A fe que estoy tamañito, porque es tanto mi temor, que me he puesto, según miro; más chico con el pesar, ahora que cuando era chico. Que te vayas a Amasea luego al punto, que a Basileo le digas, que sus maldades, y traiciones he sabido, y que al instante a Glafira, dulce apetecido hechizo de mis ojos, y mi amor, te entregue, y a él reducido! a prisiones, me le traigas, para que con su castigo, escarmienten todos cuantos asisten a mi servicio, que de sufrir una ofensa se causan muchos delitos, y entiende, Arnesto, que si faltas en algo arlo dicho, que habrá de ser tu cabeza quien pruebe el filo a un cuchillo. Te obedeceré, de modo que se logre tu degsinio. Vos, Constancia, agradeced a mi enojo, que remiso ha estado con vuestra vida, y quizás os la permito en albricias, de que haya mi Glafira parecido, y vos, Aurora, sabed que a mi natuarl altivo, ni están las torres seguras, ni los muros defendidos, y que es mejor que a mi gusto se rinda vuestro albedrío, que no que postre la fuerza lo que el amor no ha podido. MAS CAUEL. Yo, tirano, daré cuenta de tu trato a Constantino mi hermano, para que humille tus siempre soberbios bríos. Ay Aurora, mucho temo tan poderoso enemigo! Yo soy muy constante, Aurelio, Sí, pero él es atrevido. Me alegrara de que antes hubieras aquí venido, y vieras como le hablé. Todo, mi bien lo he sabido; mas dime, por qué el papel le distes, de Basileo a Licino? Fue por darle uno que él a mí me había escrito, y Constancia le trocó. Su infelicidad lo hizo. Aurelio, adiós, porque puedo volver por aquí Licino, y no quiero que me vea. Dios te guarde, pero digo te rendirás a su amor. Primero pondré a peligro la vida. Mucho lo temo. Desconfías? Desconfío, que eres, Aurora, muy bella, y yo infeliz. Yo te afirmo; que no me obligue su fe. Y la fuerza? Y mi albedrío? Yo he de amarte eternamente. Mi pecho constante, y fino ha de faltar? Cuándo? Nunca. Por los siglos de los siglos.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Al llano al monte, al risco, a la ribera. Al pabo, al gallo, al ave, a la ternera. Al bosque, a la espesura, a la colina. A la despensa; al trago, a la cocina. Ni fieras, ni hermosuras, se pueden ver de mi valor seguras, EL CASTIDO MS PIADOSO, que a unas vence, rendido mi albedrío, y a otras sujeta, vencedor mi brío; y así puedes dejar de persuadirme, pues que a tu parecer no he de rendirme. No es, señor, enojarte, cuando solo pretendo aconsejarte. Ninguno, Eduardo, mi deseo impida, Para Fraile es el Hermano sino intenta ignorante, que su vida Ahora verá Basileo, sea frágil despojo, a el átomo más breve de mi enojo, que serán mis rigores, como el Cierzo enojado entre las flores, Es muerta, y cuando lo dices, que acaba con ruidosas arrogancias, con olores, con rosas, con fragrancias, a Aurora he de gozar, si lo impidiera el que en primera luz, y cuarta Esfera, las tinieblas destierra, árbitro de los Cielos, y la tierra. Guarda la fiera. Algún puto se empeñe en tal empresa, échenme acá las hermosas, y guárdense allá sus fieras. que como puedo guardarlas, Pues ya esta enterrada queda, si vengo a guardarme de ellas? Qué ruido es ese? Dile a Basileo que llegue, Señor, que me sigue en estas Sierras, un León con tantas garras, un León con tanta lengua, un León con tantas manos, Señor, repórtate un poco, un León con tantas greñas, Eduardo, di a ese indigno, que hay muchos que traen las uñas, como de pelucas mechas, porque ellos se desencalban, de lo que a otros muchos pelan. Viva el gran Licino, viva. Quién esas Sierras inquieta? Deje usted que las molesten, A vuestros pies, gran señor, que a mí me parten las fieras. Obediente a tus preceptos, llegué, señor, a Amasea, con brevedad, que es mejor, cuando es presta la obediencia, vi a Basileó, y al punto que reconoció tus letras, con su voluntad, también dio su persona sujeta, retirado entre esos troncos, con humildad grande queda, EL CASTIDO MS PIADOSO, hasta que a besar tu mano que a unas vence, rendido mi albedrío, le dé alientos tu licencia: mira, señor, si tu gusto otro precepto me ordena, que solo es fiel el vasallo que vive de la obediencia. Ninguno, Eduardo, mi deseo impida, Para Fraile es el Hermano excelentísima pieza. Ahora verá Basileo, si hay quien mi albedrío tuerza; pero, Arnesto, no me dices si biene Glafira? Es muerta. Es muerta, y cuando lo dices, tan festivamente llegas, que avisas con los clarines, lo que el llanto hacer debiera! Es muerta, y cuando lo oigo no queda el alma suspensa, siendo disculpa el desmayo, de escuchar tan grande pena! Es muerta, y no se ha eclipsado el alma de esas Esferas, para que los Cielos lloren la desgracia de la tierra! Es muerta, y yo vivo, es falso. Pues ya esta enterrada queda, si no es que allá medio vivas, de codicia, las entierran. Dile a Basileo que llegue, y que mire como llega, que puede ser que no salga con vida de mi presencia. . . que esgrime rayos mi vista, sin los que arroja mi lengua. Señor, repórtate un poco, (Dios humille tu soberbia.) Eduardo, di a ese indigno, que no admito más disculpa que ponerle la cabeza, donde nunca contra mí alzarse, tirana, pueda. Según eso, el Santo Obispo jamás alzará cabeza. A vuestros pies, gran señor, biene humilde quien intenta, satisfacer las que nunca, culpas llamarse pudieran, que no es delito estorbarle. SOBERVIO a todo un Dios las ofensas, ni agravia a un Rey quien le quita; las causas en que se arriesga, ni le enoja quien le estorba que del dichado se pierda, que no hay razón que lastime, si acaso es voz qué aconseja, que son rigores muy dulces, los que impiden lo que arriesgan. Advierte qué Basileo, hoy tus pies humilde besa. No mira él el agraviarme, y pretendes tú que advierta, cuando es más piedad no verle! que está mi vista tan ciega, que el oírle, y no matarle, es imposible que pueda; y si tu intentas que en ti no ejecute mi fiereza, no hables, que si lo haces no lograrás lo que intentas. Señor, si mis ruegos valen. No me irrites la paciencia, Eduardos que haré contigo lo que nunica hacer quisiera: ay Gláfira! yo prometo adorarte, de manera que te halle mi fe más viva con el amor que me alienta. A y Laura hermosa! si puedo, yo libraré tu belleza, de un tan tirano apetito, de una tan loca violencia. Señor, de vuestros preceptos, mi amor órdenes espera. Eduardo, haz lo que he dicho, Basileo, Eduardo muera, me aliviarán sus pesares, lo molesto de mis penas: Arnesto, por esta parte di que los Monteros vuelvan, por si me divierto un rato. Yré siguiendo tus huellas, No erraras tanto, si tan divertido no estuvieras, porque humanas alegrías acaban con lo que alegran. Al llano, al monte, a la selva, AS CRVÉL. Anda con cuatro mil sastres, que te despunten la lengua, porque calles, y lo que a otros haces padecer, padezcas. A vos, señor, (solo aquí el enmudecer quisiera, que hay penas que referidas, pasan más allá de penas.) A vos, señor, me ha mandado que os diga que sus ofensas, con vuestra cabeza, solo se pueden ver satisfechas. Porque escarmiente Constancia, señor en cabeza ajena. Qué mañana en Tribunal, (qué gran pesar os espera!) porque en público pretende, que se oiga vuestra sentencia; otra dio a Cristo Pilato, esta es otra como aquella. Este es, señor, el dolor que tiene, y tendrá suspensa toda esta infeliz Corona, dominada de una fiera. Con admiración extraño de Licino las violencias, que los agravios de Dios admiran hasta las piedras. Díganlo las de aquel monte que se quedaron desechas unas con otras, mostrando los sentimientos por señas. Mucho me lástima el ver quejosas todas sus tierras, con tanta razón sentidas de rigores, y molestias. El ver padecer a tantos, es la causa de mi pena, que en mí es muy justo el castigo, que es mucha mi inobediencia. Sabe Dios cuanto he sentido, el que la espalda os volviera. A mí el que la vuelva a Dios, es solo lo que me pesa. El Señor, contra un tirano, nos ampare, y favorezca Si hará, y le dará castigo EL CASTIGO MAS PIADoSO, a quien tanto nos inquieta. Eso sí, pídale Padre a Dios, que a esta mala bestia le dé una famosa sarna, fina, menudita, y buena. Ay Laura hermosa! tus rayos, a permita el Cielo que vea, para que alumbren tus luces lo que empañan mis tristezas, y, o! quienra amor que la noche se apresure, porque en ella espero, con tu hermosura, ir donde mis brazos sean Jobes, mucho más felices con una Europa más bella: Perico a Dios, a avisar iré a Laura, que dispuesta esté, para que a la noche asegure su belleza; más Clori podrá avisarla, que hacía aquesta parte llega: oye aparte, Clori hermosa. Hay más gentil del vergüenza! qué a los ojos de su amante tenga una pícara arengas; pero para tales casos, diz que se hizó la prudencia. Pues hasta la noche, Clori. Será como tú lo esperas: (pero Périco está aquí, si es celoso habrá pendencia) Périco del alma mía! En vano me Periqueas. Qué tienes? Cuatro mil cosas en el pico de la lengua, sin otras cosas de hueso que me apuntan en la testa; pero soy prudente, y callo: harto he dicho, a Dios te queda. No te irás, sin que me oigas. Quita falsa, aparta necia, Qué? porque yo soy. Becérrito; y me toreas. Sabe el Cielo que te adoro. Y Eduardo, qué le esperas? Pues si no quieres creerme, ya no quiero que me creas: anda vete, vete al punto, EL CASTIGO MAS PIADoSO, Se hiciera aquesto en Ginebra! No me hables más en tu vida. Tú a mí, ni viva, ni muerta, que si estando viva espantas, mira que harás calabera. Tu volverás a buscarme, y me hallarás descontenta. Adiós, hija, para siempre. Mas que en su vida me vea. No he dicho que no me mire? No he dicho que no me quiera? Plegue a Dios, si le quisiere, que tenga cara de suegra. Pues si yo más la nombrare, plegue a Dios que no parezca, plegue a Dios que se me caigan, al ir a comer, las muelas; plegue al Cielo que me case, sin dote, con una tuerta, que me fuerce un Italiano, y que me abrace una vieja. Quién tiene tantos cuidados nunca le divierte, Aurora. Como hoy en el monte ha habido tanta causa en que pudiera, deleitándose la vista, tener la desdicha treguas? Por eso te pregún taba, si aliviaban tus tristezas lo empinado de sus riscos, lo hermoso de sus florestas, lo claro de sus cristales, lo confuso de sus selvas, porque con las variedades, mas la vista se contenta. Señora, bien es sentir; pero si tanto se sueltan las riendas al sentimiento, es querer sentir sin rienda. Es que hay personas que quieren padecer a rienda suelta: (ahora es buena ocasión de que a Laura le de cuenta de lo que Eduardo me dijo, porque es muy mala tercera la que en cualquiera negocio no aprieta luego la cuerda. AL SOBERVIO MAS CEUEL Ay Basileo! el sentimiento de ver tu persona presa, es el dolor más agudo, de tantos como penetran aqueste infelice pecho; mas como posiple sea, aún acosta de mi vida remediaré tu tragedia, que de Constantino espero aquesta noche respuesta. Pues, señora, como lloras tanto, si el remedio esperas? Por eso mismo, Diana, porque como se desea el remedio, y en llegando la pena, o el mal, se aquietan; el remedio es más pesar, todo el tiempo que no llega; y así, he de llorar la angustia, hasta que el alivio tenga. Mil años, Clori, me vivas. Conténtome con ochenta, que eso de vivir por siglos, a los asnos se reserva. Laura hacia mi cuarto vuelve, porque mi cuidado intenta ir a ver a Basileo, pues tengo llave a la puerta de su prisión, porque así, si Licino llama, seas tú la que venga a avisarme. Ya voy a hacer lo que ordenas, (y a disponer que Eduardo en mi fe, y promesas crea.) Clorí, vente conmigo. . Aurora, en la estancia amena, de ese cuarto, aguardar puedes a Aurelio, que con las nuevas de las cartas de mi hermano ha de venir, y desea pagarle mi voluntad, su lealtad, y diligencia, con que con tu mano logre sus esperanzas honestas: Ven Celia, vamos Diana. . Dios tu virtud engrandezca. Amor, pues flechas, y alas, sabes repartir violentas, dale las alas a Aurelio, pues me has dado a mí las flechas, AL SOBERVIO MAS CEUEL no niegues con lo que alivias, si das en lo que atormentas, que es de Dioses dar la cura, cuasi en la enfermedad misma, como la nieve, y el fuego, que están animando el Etna. Ay Périco! yo me muero de mi mal a la violencia. Pues, señor, con enterrarte ajustaremos la cuenta, que en mí tienes un criado famoso para Albacea. pues no haré nada que mandes, por descargar tu conciencia. Ay Aufora! ay hermosura, tan infeliz como bella! Toda hermosura es Demonio, que a la criatura tienta. Gente a esta parte he sentido, y es Aurelio, que las señas de su voz faltar no pueden: hoy fue dichosa mi estrella. Si lo que ahora con Licino me ha pasado te dijera, déjaras burlas a un lado, acompañando mis penas. Ea, señor, desembucha, echa esas cóleras fuera; advierte, que de un empacho un tabardilló se engendra, arranca ese mal bocado, si es veneno dilo apriesa, que te daré una babida con que eches hasta las muelas. Fortuna, qué es lo que oigo! vil linaje el de una pena, que muero ya por oirla, y por no oirla muriera. Tendrás valor para oír de mi muerte la sentencia? Le tienes tú, y la has oído, y dudas que yo le tenga? Soy muy valiente de oídos, y tengo tan gran paciencia. que aguanto el cantar un ciego, en un día de Cuarisma. El Emperador me manda, que llame a Aurora, y por fuerza la lleve, y ponga en su cuarto, que EL CASTICO MAS PIADoSO, que pues se resiste honesta, ha de poder el rigor lo que a su voluntad niega: mira si breve te he dicho mi dolor, y mira. . Deja, que no es eso para hablado, ni con un zurdo se hiciera, con un jorobado, un calvo, un tuerto, ni una alcahueta. Ah estrella ingrata! ah fortuna! qué breve diste la vuelta! El amor, y lealtad, tienen en mi competencia; faltar a el amor, no es fácil, dejar la lealtad, es mengua, asistir a uno, y a otro, es imposible propuesta, no hacer una de dos cosas, es más difícil materia irme sin llevar a Aurora, dejando entrambas suspensas, mas imposible es que todo. Oh quien hallara una senda, para salir sin estorbo, de una tan confusa selva! Yo te la daré, y segura. Quién es? . Alguna echicera, o será la Dama Duende, que ha dejado su Comedia, sino es que es Clori que viene a desvelar mis sospechas, sino es que es alguna cosa, sino es que es esta, o aquella. Aufelio, yo soy Aurora, que salgo a romper las nieblas que confunden tu discurso. Aurora, nunca creyera que de verte me pesara; mas quiere mi suerte adversa, que sea lo que me mate, lo mismo que me consuela. Ya sé todo lo que pasa, que quien conoce su estrella, mirando está su desdicha, aún antes de que suceda: ya sé que tu amor, Aurelio con tu lealtad tituvea: ya sé lo que con Licino te sucede. . Tómate esa: que lindo chiste es aqueste; EL CASTICO MAS PIADoSO, mas sabe que las culebras, y parece que no sabe la mogigata doncella. Pues si lo sabes, Aurora, como dices, como piensas hallar senda que asegure tan impensada tormenta. Señor, vuestra lealtad miro, que ya es fuerza, que ya es fuerza, que quien presume perderos, os hable de otra manera: Digo que vuestra lealtad, digo que vuestras finezas están para conocerse en una valanza puestas, mucho pesará mi amor, y entiendo que tanto pesa, que si en un lado se pone el de Cleopatra, el de Alcesta; el de Ero, y el de cuantas, todas las Historias cuentan; y en otro se pone el mío, dará la valanza muestras, con lo poco que se baja, de lo mucho que les lleva. Pero aunque mi amor es tanto, vuestra lealtad es la prenda, que más aprecia mi afecto, que más mi valor aprecia; y pues es ya tan preciso, que una de las dos se pierdan, arriésguese mi amor todo, y vuestra honra no padezca. Entregad a ese tirano, que no será la primera vez, que me haya defendido de su socura violenta que bien cruel me mostré hablando en vuestra presencia. Entregad a sus rigores, que ni Dafne, ni Lucrecia. ni Aretusa ni la otra esforzada mujer Griega, que a el mar entregó su vida, por acabar con limpieza sabrán vencer tiranías del modo que yo las venza; que si me faltare acero, servirán mis manos mismas de parcas para mi vida, AL SOBERVID MAS CRVEI pues que siempre querrán ellas mas, verme muerta en la vida, que verme en la honra muerta; que no sentiré la muerte, si es la muerte mi defensa. Solo sentiré, señor: aquí mi dolor empieza, aquí el llanto me embaraza el uso de las potencias. Solo sentiré dejaros, y lo siento; de manera, que aún no sé ya si estoy viva porque el dolor. . Señor, tenla que este es paso tierno, y puede pegarle una pataleta, por San Simón: solo ahora el no ser Doctor me pella, aunque yo sé de estas cosas tanto como una partera. Porque el dolor: mas no puedo proseguir, porque se anegan, si los ojos en dos mares, las voces entre dos penas, que, o terribles los atajan, o piadosas los encierran, porque saliendo del mío, tu infeliz pecho no yeran. Aurora del alma mía. Ya no es tiempo de ternezas, que si es preciso dejarme, de qué sirve que me quieras? Yo dejarte, yo dejarte! piárdase lo que se pierda. Ya él se echa a perder gustoso: (relio? veamos lo que hace ella. Pues qué hemos de hacer, Au- si miras como nos cercan los rigores de un tirano? y si restados se empeñan, quién bastará a resistirios? Que los resista su abuela. Aurora, peligros hay donde es el valor prudencia; pero también hay peligros, en que tan solo pelea la prudencia, y es entonces el valor la menor prenda. Si Licino fuera un hombre, no de tan suprema Esfera, sino como yo, yo solo AL SOBERVID MAS CRVEI era mucho en tu defensa; pero si quieres vencerle, huyamos de su sangrienta condición, que no es desdoro huir, comó huyendo se venza, que el vencer, de cualquier modo es todo fin de la Guerra. Pues en la tardanza, Aurelio, cobra el peligro más fuerzas; y así donde tu gustares, y dispusieres, me lleva. Dame mil veces los brazos. Bastante tendrás con treinta, mira que es cosa dañosa, cosa arriesgada la flema: salgamos de aqueste Alcázar, y en andando diez mil leguas, abrázala cien mil veces, por lo que ella a ti te quema. El piadoso Constantino, juzgo que está ya tan cerca de esta Ciudad, que mañana habrán de ser sus Vanderas los Gilgueros, que saluden a el Alba cuando amanezca, que así lo avisa a Constancia, a quien iré a dar las nuevas; y así, a encontrarle salgamos, que en sus valientes hiseras, me verás como desmiento el temor, que es conveniencia ahora, que yo de ardid tan solo temer pudiera. Pues en este puesto aguardo, temerosa, hasta que vuelvas. El tiempo en que traer dos brutos tardaré, será el que esperas: ven Perico, Aurora hermosa, tú verás mi ligereza. Vamos, pues, señores míos, aprendan de mi paciencia, que después de dos amantes, voy a lidiar con dos bestias. Qué bien que parece siempre aquello que se desea, sin comparación; el So es mejor que las Estrellas, y como yo he desendo, las terribles sombras negras, EL CASTISO MAS PIADoSO mucho mejor que las luces he juzgado las tiniablas, y las respecto lucidas, sabiendo que son funestas: En esta cuadra ha de estar todo mi bien, pues en ella quedó de aguardarme Laura. Ohl los Cielos me concedan gozar su Deidad, amante, sin temor de las cautelas de Licino, que quien tiene temores, aunque posea aquello mismo que goza, parece que se le niega, que si el bien cierto aún se duda, qué será si se recela? Mas hacía allí: si no finge lo que pretende la idea, qué siempre lo que se ama en sombras se representa; y también sueña despierto el que siempre se desvela. Ya vuelve Aurelio, y con ser, que su tardanza pequeña ha sido, me ha parecido cada instante edad eterna, que a el deseo se le antoja, que tarda aquello que vuela. Ea, mi Bien, mi cariño os puede servir de espuela, para que más breve vamos. Por aguardar a Constancia, no he sido en venir más presta: más bultos allí diviso, no llegar será acción cuerda, porqué si fuera Eduardo llegara a mí, y no llega, será otro, y no siendo él, razón será que no me vea. De esta suerte excusaremos, de Licino la molesta, la temeraría porfía. Así todo el riesgo cesa; y así, vamos Dueño hermoso, donde notes, donde sepas, que no hay diamante que iguale los fondos de mi firmeza. bien hice en no descubrirme, mu- EL CASTISO MAS PIADoSO porque si Eduardo fuera no déjara aqueste sitio. Toda la cuadra está quieta, y aquí está aguardando Aurora. Quién es? Quién va? Quién pudiera, sino quien viene a sacarte del peligro que te cerca. Pues ya es riesgo detenerse, que el Alba amante, y risueña, cuna va poniendo al Sol, de aljófares, y de perlas. Que me mándase mi amo mas de trece milarengas, y que diga, que me aguarda del Alcázar a la puerta, y sin esperar se vaya; pero no, que en esta pieza ay dos bultos, y son ellos, yo me haré ahora de pencas. Mi bien, gente hay en la cuadra, y aunque yo esperar debiera un Criado, no pretendo el que haya alguna sospecha; de más, que él ha de alcanzarnos. Gran dicha ha sido la nuestra! Ellos se van sin remedio; miren que fantasma aquesta, que no me deja seguir a quien burlado me deja. Ol ruido en la prisión de Basileo, y vine a verla más todo está quieto, y todo a el dulce sueño se entrega; pero quien a aquestas horas, aqueste sitio paséa? más fácil es el saberlo: quién es? Haga usted cuenta que no es nadie. No se burle: dígame, quien es aprisa, no se conoce a sí mismo? Es muy difícil materia conocerse un hombre a sí. Dígame, quién es? qué intenta! si le coso a puñaladas. AL SOBERVIO MAS CRUEL. Ya me parece que empieza: Perico soy, señor mío, que sirvo a Aurelio, y sirviera, más ainas, a una Monja, porque sus impertinencias fueran tan solo de día; pero este anda de vareta, toda la noche en suspiros, que parece un alma en pena; por lo cual, señor, os pido, para ir a dormir; licencia. No me conoces Perico? Tengo muy bellaca vista; demás, señor, de que yo no conozco cosa buena. Licino soy, que buscando vengo a Aurelio, porque espera mi amor, lograr por su mano a Aurora, Sol de esta esfera. Ya él te la tendrá segura, (y tanto que no las huelas) y si quieres que le llame, iré tras él, (si me suelta no me cojerá jamás, que más quiero una cojera, que me cueste el ir a pie, que no el miedo que me cuesta.) No, que ya el Sol dora el campo, y ya es hora de que venga a ese mirador, que hermoso domina aquesas riveras, a sentenciar a ese ingrato, que necio, o altivo, piensa reducirme a sus mentidas, sus fallas costumbres necias; y así, le dirás a Aurelio, que mire que me obedezca, que de no hacerlo así, su vida, su gusto y su famaarriesga. No he visto en toda mi vida tal Emperador, cansera; ya no puedo ir tras mi amo, y para más cantaleta, ni ya de dormir es hora, porque el Sol se despereza para correr por el mundo, y intento ver la tragedia, que en aquese mirador, hoy es fuerza que suceda con el paciente Basileo; AL SOBERVIO MAS CRUEL. Yo he de ganar la palmeta en llegar, y ya he llegado, cosa linda están las tierras, las rosas, a los votones de coraje los revientan, porque las dejen salir; en fin, hacen como hembras, destruyendo a quien les quita el salir, o las encierra: bravo mirador es este: y si en aquesta Comedia se duda como se pasa de un mirador a una sierra, o aún salón: sepan ustedes, que es casa de Campo esta, y todo en ella está junto, como está en esa Cazuela, mozas, viejas, suegras, niñas, paparabías, y risueñas. Señor, aquí me ha mandado el Emperador, que sea donde juzgue vuestra causa su justicia. Dios le tenga de su mano, porque así conozca que se despeña. Basileo es Pastor, y está humilde como una oveja. Ya a el Supremo Tribunal, parece, señor, que entra la Majestad de Licino, a concederos audiencia. Señor, aquí, aquí tenéis puesto a vuestras plantas Regias, a un Ministro del Supremo Monarca de los Planetas de Dios, que solo su nombre puede explicar su grandeza. Si como sois en palabras, humilde, en obras lo fuerais, entonces os venerara quien castigaros desea. Mas sois tigre en las acciones, siendo Cordero en las muestras, En qué defensa fiado os oponéis a mi diestra? Sabiendo que de mi enojo no hay cosa en el mundo esenta! CASTIGO MES PIADoSO, Solo en el poder de Dios, que es quien te ha dado la excelsa preminencia de que gozas, y quien, si no te resienas, te sabra quitar la vida también, y la preminencia. Calla loco, necio calla. Quién te cortara esa jeta. Qué Dios, a donde estoy yo? que Dios, a donde gobierna lo invencible de mi brazo? Yo solo Dios de la tierra, y de los Cielos he sido, y soy, y si no confiesas esta verdad, y si no mi culto sacro veneras, será tu cuello despojo de mi cuchilla sangrienta. Si será, pero también, si en ese error perseveras, llegará quien del Imperio valiente te desposea. Qué dices? quién puede ser quien temerario se atreva a mi valor? Constantino gobierne edades eternas. Qué es esto? quién alborota de esos riscos la maleza? Es Dios, que viene a vencerte, porque sus prodigios creas. Haced alto, y disparad a los muros una pieza, para que salgan a hablarme. Señor, el Campo se puebla de Soldados, y de Armas, tantas, y tan bien dispuestas, que exceden a las de Dario, y aventajan las de César. Esta es traición de Constancia: más pagará lo que intenta. Señor, el Emperador Constanstino, si las señas no me engañan, a caballo a aqueste Alcázar se acerca, y sin duda quiere hablarte. Pues responded, porque advierta CASTIGO MES PIADoSO, que a mí no me asustan armas, ni me han de vencer cautelas: Hola, andad, decid a Aurelio, decid a Eduardo que vengan, para que ordenen mis Tropas. Harelo como lo ordenas. Si no sucede un trabajo, aquí ha de haber brava fiesta. Ya, Constantino, bien puedes decir, o hacer lo que piensas, si el aliento no te quita lo grave de mi presencia. Bien conocas mi ardimiento, y así esas locuras deja, y vamos a lo que importa. (Negarele cuanto quiera) di, pues, a lo que has venido. A que luego al punto vuelvas a su Iglesia, al gran Basileo, a quien bárvaro sujetas, que luego pidas al Padre Santísimo de la Iglesia, que perdone tus errores, y tus delitos absuelva, que confieses de un Dios solo, la Pura, Divina Esencia. que a costa de tus Vasallos; no quieras crecer tus rentas, que a mi hermana, esposa tuya, Constancia, siempre la tengas, como tu esposa, y mi hermana, y en todo a Dios obedezcas. No pides más, Constantino? Si más que pedir tuviera, ya lo hubiera referido. Señor, Aurelio, y Eduardo, entiendo que se revelan, pues no están en el Alcázar, y más de alguno sospecha, que al Ejército contrario se han pasado. Vengan, vengan traiciones, que todas juntas contra mi nada aprovechan, yo los mataré, si acaso no siguieren mis Vanderas. Hola AL SOBERVIO MAS CEVEL Hola. Arnesto aquí a Constancia traed luego al panto presa, y a este tirano llevadle, y que degollado muera en público, donde pague atreverse a mi grandeza: id breve, que Constantino, a que responda me espera, y no es razón detenerle: Constantino, adios te queda. Aguarda, aguarda, cobarde, porque pretendo que sepas, que esas Tropas Miritares, que todo ese Campo llenan, que todo ese Monte asombran, que toda esa Esfera pueblan, no vienen para ofenderte, que para tan corta empresa, con la mitad de mi brío, le sobra mucho a mi diestra; y así, a ti, y a todos cuantos dieren tu traición por buena, reto, a plazo, des afió, y aguardo en esa ribera, immediata a esa laguna, que todo ese espacio argenta; ninguno de mis Soldados se venga conmigo, pena de la vida, y de la honra: Viva Constantino, viva. Sal pues, Licino no temas. En breve tiempo verás como mi valor desprecia, de tu arrogancia las voces, de tu hermana las finezas. Yo veré si en la campaña tanta bizarría obstentas. Qué es, señor, lo que me mandas? Que en tu vida no me veas. y en una prisión te pongan, donde a mis rigores mueras, que no te nombres mi esposa, que sin hablarme te vuelvas. Ea, Arnesto, ya te he dicho el que Basileó muera, que presto he de castigar tus mal fundadas violencias. Qué presto he de ver, aleve, Válgame mi valor! qué despeñado Jesús, Jesús, que el golpe me ha AL SOBERVIO MAS CEVEL tus arrogancias desechas! Ea, ahorremos de razones, que la espada es quien pelea: Dadme un caballó, y al arma toca. Adiós hasta la campaña, que eso de vida te queda. Viva Constantino, g guerra. . Nadie me siga; en el pecho llevo de cólera un Etna. Vamos infeliz Constancia, hasta que los Cielos quieran libertaros, del que hombre tiene los hechos de fiera; pero a tan grande pesar solo triunfa la paciencia. Guerra, guerra, arma, arma. Por la vida de mi suegra, que el escapar de este lance, ha sido famosa treta: Périco, pues tienes alas, hasta el otro mundo vuela. Viva Constantino, viva. Viva el gran Licino, guerra.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Aquí acudid, que hay poca resistencia, y es mucha del contrario la violencia. Esta gente está mala, que no hay duda pues suplican que le echen una ayuda; mas yo estoy tan cansado, que me vengo a este sitio retirado, a ver si puedo descansar un rato, y en está Selva de dormir me trato; no será muy difícil a el sentido que me quede dormido, aunque el estruendo me lo esté estorbando, que eso es cosa que la hago yo soñando; pero el rumor de no cesar da señas, como anda en monte durará por peñas, pero juzgo que el risco viene a tierra, que hasta los risco desará una guerra. Válgame mi valor! qué despeñado acaba mi furor precipitado! (molido, Jesús, Jesús, que el golpe me ha di- EL CASTICO MS PIADOSO, Negarasme que huir es cobardía? dicen que todos dan en el caído, y soy tan desdichado, que es el caído quien a mí me ha dado: miren, pues, si con toda su caída, se levanta hecho fiera enfurecida. Atajó mi despeño mi osadía: Corred de todo el monte lo intrincado. Sígueme, pues, señor, por este lado mas quien de un bruto sus alientos fía; Quién dijera que un pecho tan de roca qué mucho que no logre sus intentos? Mas de la Caja horribles los acentos tocan a retirar, que mi caída tendrá toda mi gente divertida: mas mi voz bastará para animalla, que aunque esté ya perdida la vatarla, Todos aquí llegad, porque aquí entiendo solo con mi presencia sobra para más ardua resistencia, (brado . A dónde estás cobarde, solo lo que me impide es este monte, de quien he sido bárbaro Faetonte, la subida me niega mi fortuna, infeliz mil veces ciega: mas quizá aqueste necio sabrá alguna senda, que puede ser que la fortuna a el centro me arrojara, y mi dicha de esta no pasara. Hola, sube de aquese monte a lo encum- Señor, si tú que lo has bajado A dónde está Licino? no sabes penetrar el montecillo, que haré yo sin bajallo, ni subillo? pero aquí aguarda, y buscaré siquiera, quien nos quiera prestar una escalera. . A aquesta parte aquesa Escuadra acuda, . Aquí solo conmigo que en ella retirado Licino está, sin duda. No he de enseñarte yo, que es desatino, estos que sueñin te abritán caminos Todo el risco cercad, y preso venga. Un instante, señor, no se detenga en salir, de este sitio tu grandeza, porque cercando van esta maleza toda, con gente armada, y ha sido acción bastante afortunada de mi suerte el hallarte, que todos ignorabamos la parte a donde el bruto te arrbjó inhumano. a lo que aunque se duda hacer se puede. . Ay Aurelio ay fortuna! quién cre Arriesto, por el Cielo Soberano, que ni he de retirarme, ni esconderme, qué quién ha de bastar para prenderme? No es valor, gran señor, el arrojarse, a lo que es imposible de alcanzarse, que de valor el nombre se concede, EL CASTICO MS PIADOSO, Negarasme que huir es cobardía? No es si no una prudente valentía, que si puedes, huyendo, con reacerte, volver acometiendo, y si no te retiras, eres despojo a sus sangrientas iras: mejor es retirarse, que no sin la esperanza el empeñarse. Corred de todo el monte lo intrincado. Sígueme, pues, señor, por este lado hay una senda que al Alcázar toca. Quién dijera que un pecho tan de roca supiera retirarse a la campaña? pero cuando es para mayor hazaña, es valor el retiró, y si toro me miro que vuelve atrás la saña enfurecida, es para dar más fuerte la embestida. . Todos aquí llegad, porque aquí entiendo que está Licino mi valor temiendo. (brado . A dónde estás cobarde, haz de tus fuerzas, y valor alarde, que ya que nuestra gente, una con otra se envistió impaciente, porque no sucediera el que yo cuerpo a cuerpo te venciera; aquí yo solos lidiaré contigo. puede lidiar, señor, tu bizarría aunque muy mal haría en pelear conmigo, por prenderme que solo en cortesía ha de vencerme. A dónde está Licino? Por un rato que has tardado, no has sido el mejor gato en coger tal ratón, pescar tal fiera, A aquesta parte aquesa Escuadra acuda, . Aquí solo conmigo porque aquí estaba el pobre en ratonera; No he de enseñarte yo, que es desatino, pero Arnesto, que todó lo embaraza, Todo el risco cercad, y preso venga. Un instante, señor, no se detenga ha sido el tiro que espantó la caza, por ahí, señor, se fueron, tan veloces, que al viento le excedieron. Y tú quién eres? Soy de los amigos, y lo puedo afirmar con dos testigos. que Eduardo bien sabe que yo he sido un Périco (señor) muy conocido. a lo que aunque se duda hacer se puede. . Ay Aurelio ay fortuna! quién cre qué quién ha de bastar para prenderme? No es valor, gran señor, el arrojarse, AL SOBERUIO MAS CRUEL el que un punto sin ti vivir pudiera . Ay Laura! ay suerte ingrata! quién pe. que vida con tu ausencia me quedará. (sara Pero yo he de buscarte, aunque lo im- el riesgo de mi honra, y de mi vida. (pida Pero sabré buscarte, aunque encuentre la muerte por hallarte. Pues ya de aqueste trance, es sin fruto el alcance, y Licino en los muros encerrado, de su antiguo valor está olvidado: En este Vosque umbroso descansemos. Si con tu ejemplo mi valor alientas, Todos, señor, tu gusto obedecemos. Ea valiente Eduardo, ea Aurora her- no afrentes tú con llantos a la rosa, (mosa, ni tu desmientas tan leveramente, contristezas, lo airoso, y lo valiente, más principal de toda aquesa gente, si faltas, y sucede un accidente, que ya he sabido donde Laura bella, Sol de las noches, si del día Estrella, con Aurelio ha quedado, y aunque es verdad, que pena me ha causado, demás, que yo he pensado entrar hasta su Alcázar, y informado de el nombre, y contra señas, ir induciendo por entre esas peñas los Soldados mejores, y cuando del contrario los ardores estén al dulce sueño sepultados, coger con mis Soldados todas las centinelas saber que están sujetos a la mano de ese traidor, de aquese vil tirano! y embestir de repente, con todo decir puedo, de un revato al aviso, que mandaré tocar, llegar, preciso será lograr victoria, digna de eterna gloria; (me ajusto, y aunque este es mi dictamen, y a él sobre todo, señor, haré tu gusto. Con tu aliesto, Eduardo, lograr el triunfo con tu ardid aguardo, y asistiré al rebato con presteza; y para que te empeñes en la empresa, toma la llave que Constancia envía. De mi cuidado todo el trance fía. y es mucho mal el de perder la llave. que con la nueva ya sin pesar quedo; pues sabiendo que viven mis esfuerzos, valor nuevo reciben, pues que por presos no es razón nombrarlos, cuando tan presto espero libertarlos. Pues, Laura, di señor, a dónde queda? porque mi amor ir alibrarla pueda. Pues, Aurelio, señor, dónde ha que dado? porque le halle mi pecho enamorado. De Constancia esta carta que me dieron, cuando o puestos los Campos se envistiero, oiréis, porque de todo me da cuenta. ̱. Ya la atiendo. Ya la oye el alma mía. Piadoso Emperador del Ponien- te, como solo, de tu mano espero el re- medio a mi desdicha, no puedo dejar de molestarte con mi desventura; ya sa- bes como estoy en una prisión, yo, y mis a Damas, en donde solo vemos la cara de él rigor, esperando más tormentos cada ins- tante, su leal amigo Aurelio se quiso ir con Aurora a tu Campo, por excusar las violencias de Licino, y fue tan desgracia- do, que por sacar de Palacio a Aurora, . La llave guarda, que es el riesgo grave, sacó a Laura, y volviendo a buscarla, fue AL SOBERUIO MAS CRUEL preso con Laura, y ellos, y yo quedamos esperando la muerte, y con el sentimien- to de la del Obispo Basileo, siendo tan fácil nuestra libertad, como si hubiera un Soldado de tu Campo que entrara por la puerta de el jardín de este Alcázar, cuya llave es esa, gozaramos el remedio de tú piedad, y su valor: así te lo suplico lo dispongas. Yo mismo he de librar su vida, de tan fieras tormentas combatida. Si con tu ejemplo mi valor alientas, el Iris seré yo de las tormentas, porque no es conveniente que tú vayas que tú, señor, vatarlas con mucho más furor, sin arresgarte, que como eres la parte más principal de toda aquesa gente, si faltas, y sucede un accidente, es posible que todos se desmayen, y el aliento no hallen, que solo tu ardimiento, es de todo el Ejército el aliento; demás, que yo he pensado entrar hasta su Alcázar, y informado de el nombre, y contra señas, ir induciendo por entre esas peñas los Soldados mejores, y cuando del contrario los ardores estén al dulce sueño sepultados, coger con mis Soldados todas las centinelas puelas) (que son de todo un Campo las es- y embestir de repente, y en esto, gran señor, con vuestra gente, de un revato al aviso, que mandaré tocar, llegar, preciso será lograr victoria, digna de eterna gloria; (me ajusto, y aunque este es mi dictamen, y a él sobre todo, señor, haré tu gusto. Con tu aliesto, Eduardo, lograr el triunfo con tu ardid aguardo, y asistiré al rebato con presteza; y para que te empeñes en la empresa, toma la llave que Constancia envía. De mi cuidado todo el trance fía. y es mucho mal el de perder la llave. do, que por sacar de Palacio a Aurora, . La llave guarda, que es el riesgo grave, EL CASTIGO MAS PIADoSO, En tanto que la noche con capuces, no nos priba gozar las claras luces: Dime, Eduardo, fuerte, como de Basileo fue la muerte? Dime, cómo pasó rigor tan fiero? Del modo sucedió que lo refiero. Luego, señor, que animoso, mas lleño de aclamaciones, que logró César en Roma, y Alejandro en todo el Orbe, fuiste a aguardar a Licino a la falda de ese inmóbil, galán empinado risco, que hermosamente disforme, o es monte entre los Gigantes, o es Gigante entre los montes. Salió Licino en un bruto, parto propio de la noche, soberbio como su dueño, del color de sus errores, las Cajas, y los Clarines, se hicieron salva conformes en acordados suspiros, disimulando clamores, que no pueden ser muy dulces consonancias, que hace un golpe en el medio de su gente, que ya toda estaba en orden, del freno, al duro precepto, paró del bruto lo indócil. (O si a tan fácil instancia sujetaran sus errores los hombres!) Pero no hay rienda que le ataje, ni le estorbe, que es más bruto que los brutos, la vez que se ciega un hombre. En esta ocasión cesaron los unisonos rumores de las trompas, y los parches, porque triste se le oponen las voces de las sordinas, que ya es uso que se lloren a las espaldas del gusto, de la pena los rigores. El grande, pues, Basileo, tan sin ningunos temores, con tal mansedumbre iba, que no es fácil que se note, ni otra humildad tan valiente, ni otro valor tan conforme. EL CASTIGO MAS PIADoSO, Pasó por todo el concurso, y todos los corazones asomaron sus pesares, en señaron sus dolores, entre diluvios de llanto, de la vista en los balcones, que no hay Constancia que baste a disimular errores, ni arte que oculte, o desmienta las naturales pasiones. Llegó, pues, firme Basileo a un teatro que disponen tantas, tan fúnebres sombras, que juzgaron que la noche, antes que el Sol se ocultara, quería ocupar el Orbe. Subió constante a lo alto, y Apolo eclipsado entonces de accidente, en una nube negó su aliento a las flores, o por no ver la injusticia que ordena quien la conoce, o porque viendo en Bafileo, un Sol en la fe más noble, luciesen los rayos suyos con alientos tan mejores, desde la funebre altura, con santas humildes voces habló a Licino, intentando que de costumbres mejore. Mas él que competir puede, en durezas a los bronces, y en el todo los excede, que ellos se ablandan a golpes, y a él, ni hay golpes que le labren, ni prodigios que le asombren. Hizo seña al cruel ministro, y cumplió tan breve el orden, que entre el mandarlo, y hacerlo, que entre la mano, y las voces, o fue todo junto, u no hubo instante de dilaciones, que lo injusto se ejecuta en el punto que se oye. Muerto, pues, el Campo, todo se llenó de confusiones, todo el aire de suspiros, toda la tierra de horrores, toda la esfera de tristes inusitadas canciones, todo todo el mundo de tristezas; pero Licino de ardores, y revolviendo el caballo, desnudo el luciente estoque, tocó al arma, y los clarines, insensibles Ruiseñores, celebraron la desdicha, que será razón que llore, todo el Cielo enternecido, lastimado todo el Orbe. Eduardo, tal maldad no permite dilaciones en la venganza. Señor, yo promento que se logre. Pues, Eduardo, ya es tiempo, porque la noche descoge su horroroso, y negro manto, y antes que mañana torne a oscurecerse la Esfera, todas las disposiciones han de estar ya prevenidas, para que al punto que toques el rebato, en sus reales den todos mis Vatallones. Pues lo que es para ese lance lleva mujeres, no hombres, que para quitar realces no ha de haber lanzas mejores. Ea, señor, tu licencia esperan mis pretensiones. Dios te dé feliz suceso, bella Aurora, vamos donde descanses de la fatiga. No me manden tal tus voces, que he de seguir a Eduardo, aunque el mundo me lo estorbe, que no es razón que descanse estando Aurelio en prisiones. La muchacha es una plata, . . . Horrorosos preguntones, y no ha menester azogue. Ea, Aurora, si la suerte no impide nuestras acciones, han de ser nuestras finezas ejemplo del Dios de amores. En fin, si la ejecución ay influjo que malogre, para hacer grande la hazaña le bastan las intenciones. Hacia el Alcázar, Perico, qué senda habrá que me informe? Pues las sendas son Letrados que han de dar informaciones; pero según advertía por aquí, por este Bosque le dijo Arfesto a Licino, que era el caminó por donde hasta el jardín se llegaba, y pues que la priesa corre, vamos al jardín derechos, que aquesto es andarse en flores. Pues ve delante sirviendo a nuestros pasos de norte. Ah Perico, dime ahora, qué hará entre aquellos rigores, la hermosura de mi Laura? Qué hará, di, a mis confusiones, de mi Aurelio la constancia? No me dirás, di. Señores. a dos preguntas a un tiempo, quién rectamente responde? Pues no me dices, qué hará. Lo que te digo, no oyes. Pues, es que a preguntas necias no hay ninguno que no ensorde; pero a lo que yo discurro, Laura, y Aurelio, conformes hacen Qué hacen? Re sollar, aunque velen, o aunque ronquen, Aunrora, no me dirás, como sufres los dolores del ausencia de tu amante? Lo mismo intentan mis voces decirte, de qué manera te atormentan las pasiones de no ver a Laura bella? para un vejamen son lindos, La muchacha es una plata, . . . Horrorosos preguntones, porque son preguntadores. De aqueste mondo padezco. Dejémonos de pasiones, que ya yo veo el Alcázar, sino me mienten sus torres y ya el Alba al señor Fevo la cabellera compone, para que se vaya breve, que la más sina Consorte, por verse sola, a el marido EL CASTISO le pondrá como un Adonis, y si no miren algunos, y los rizos que les poñen. Dices bien, que ya saludan los Gilguerillos acordes a el Sol y ya los Soldados, s sin duda rompen el nombre, y las Cajas nos avisan; y aún se perciben las voces. Dejadme todos, dejadme, para que quiero Escuadrones, si se han de mostrar cobardes a el tiempo que más importe? Esta es Licino, estas ramas son los canceles mejores para no arresgarse, y ver todas sus disposiciones, que mientras él divertido estuviere, por el Bosque hasta el jardín llegaremos. Ohl quiera amor que se logre. A el escondite, que llega, y hace en estas ocasiones en andarse por las ramas su negocio, el que se esconde. Señor, rapórtate, mira. Qué quieres que me reporte, Arnesto, cuando he notado es cada Soldado un roble, cada pecho una montaña de bárbaras presunciones, cada mosquete es un rayo, un prodigio cada estoque, y antes del trance son todos Anibales, y Scipiones. y en saliendo a la campaña, porque más su infamia note, la espalda dan al contrario. Digo Qué dices? Qué tomes mi consejo, y mientras él está en sus soberbios choques, le juegues la sosegada. Dices bien, Périco coge el camino hasta la puerta del jardín, porque se logre abrir sin que alguien nos vea. Con la llave; y las traiciones S PIADoSO, los hemos de abrir por medio: Vamos breve, y no te estorbes, que el negocio de la llave es mejor hecho de golpe. Sígueme, pues, bella Aurora. Dispuesta estoy a tu orden. Hacerla abierta, como otros la hacen cerrada es el toque. Arnesto, hansta que mi brazo no venza, y domine solo todo cuanto ilustra Apolo, desde el Oriente a el Poniente. Hasta que hagan mis ardores nuevos Adonis del prado, que se mátice encarnado todo el verdor de las flores. Hasta ver que los cristales, que el mar empieza, y remata, de ser piélagos de plata, no son golfos de corales. Hasta que los Horizontes, que ciñen Provincias tantas; no se rindan a mis plantas, y me obedezcan los montes. Hasta que mares, y fuentes, hombres, legiones, esferas, a el horror de mis banderas no se postren obedientes. Hasta que los mismos Dioses no se humillen a mis manos, y queden más Soberanos con obedecer mis voces. Y hasta que hallé mi arrogancia el cobarde Constantino, samentando su destino en la prisión de Constancia. Y hasta que la furia mía, para desquitar mis penas, no agote en sus rotas venas la sed de mi tiranía, no han de cesar mis enojos, no ha de pausar la terrible, la arrojada, la insufrible locura de mis arrojos. No será dificultosa la empresa, ni el alcanzarla, que en tu valor intentarla, y hacerlo es todo una cosa. Ay de mi infelice! Quién triste clama con voz tan funesta! La voz de Constancia es esta que en aquesa torre asiste, y lamenta su prisión Es más que justo, que sienta, y con lo que se lamenta alivia mi corazón, porque está ya de tal suerte mi cólera enfurecida que está labrando su vida a costa de ajena muerte; y para que pueda así dar alivio a mis pasiones, a cuantos tengo en prisiones haz que vengan luego aquí, . que de modo llega a ser, desesperado un sentir, que consigue de un gemir, para su gusto un placer, y entiendo que no es severa esta sentencia, ni esquiva, que ya para que uno viva, es menester que otro muera: pero aquesta parte viene, triste, y llorosa Constancia, y aunque mi piedad pudiera, por ser mujer, perdonarla: la razón lo contradice, el discurso lo embaraza, que no es digno de remedio quien busca lo que le mata. Ay Aurora! ya perdida tu belleza soberana! no hay mal que mal no parezca, que en desuniéndose el alma, ni los tormentos fatigan, ni las fortunas alagan. Con la ausencia de Eduardo, todo es penartodo es ansia: mas qué mucho si mi alivio es su presencia, y me falta? Desde que se fue Perico no me parece bien nada, que sus gracias me contentan, aunque sus celos me ensadan, que no hay cosa sin defecto, que nohay Périco sin tacha, como mula. Gran señor, ya rendidos a tus plantas están. Ya los veo Arnesto, pero de suerte me cansan que ni mirarlos intento. Aguarda, Périco, aguarda, que Licino aún no se ha ido. Arnesto, harás que mañana, antes que la lid empiece, saquen los ojos a Laura; y pues que no le sirvieron para mirar lo que erraba, mejor es que no los tenga, que vista que errores causa es dañosa, y lo dañoso, en perdiéndose no daña. A Aurelio harás degollar, que cabeza que se alza contra el gusto de su dueño, es más que piedad contarla, pues me quitó el gusto él de que yo a Aurora gozara: yo le he de quitar la vida, y aún entiendo que no paga, que a una traición no hay castigo que vengue, ni satisfaga: Constancia que quede viva, que mañana en la vatalla yo prenderé a Constantino, y entonces sus dos gargantas serán ejemplar al mundo, de mi enojo, y de mi saña. Señor, mira que mi amor no merece pena tanta, y que si yo en un peligro te hubiera visto, arriesgara mi vida por darte vida. Yo de ti no la tomará, y fuera el mayor castigo que tú en algo me ampararas; y así no me digas nada: Arnesto, ven conmigo, que mientras tiende las alas la noche, he de visitar las tiendas, y las murallas: Constancia, en mí no hay piedad, ya EL CASTIGO MAS PIApOSO, valeos de buestra Constancia. Anda cruel, que esta noche verás tu furia humillada. Anda, que en breve sabrás en lo que un soberbio acaba. Ay bien mío! si mi vista dicha de verte lograra, Ay Aurora! si mi suerte antes de morir, tu bella perfección me concediera! Ay Constantino! si hallaras modo de librar mi vida. Ay Perico! para huir quien te quitara los pies. Dónde estás, Eduardo mío! qué al mejor tiempo me faltas! Dónde estás, Aurora hermosa, que no atiendes mis desgracias? A dónde estás mi Perico, que no atiendes a mis ansias? A tus plantas está, quien rendida en ti, tiene el alma, y a tus ojos, bella Laura, a ejecutar lo que mandas. Aquí, Aurelio mío, tienes el norte de tu esperanza. Y aquí está Périco, Clori, que ve todo lo que pasa. De alegría el corazón no cabe en toda su estancia. Lo mismo que está mirando, lo quiere dudar el alma. Al mirarte, bella Aurora, dudo, la vista se engaña. No creo que estás conmigo, entiendo que eres fantalma, no ignoro que eres Perico, pero te tengo por rana. Señora, para esta noche la disposición trazada de libertaros está, que ha sido mi dicha tanta, que el gran Constantino fía de mi lealtad esta hazaña, viniendo advertido en todo lo que me avisáis en la carta. Quién pudiera si no tú, Eduardo, aliviar tantas, EL CASTIGO MAS PIApOSO, tan insufribles desdichas, pero el camino que hallas para empresa tan difícil, no me dirás. Si lo mandas, cómo excusaré el hacerlo? El Cielo en todo me ampara; y así, vamos donde nadie nos vea. Sigo tus huellas: Fortuna, mi valor solo ha de vencer tu inconstancia. Yo, bella Aurora, algún día, hazaña tan soberana, satisfaré con mi vida. Aurelio, ya está pagada. Laura ven, que ya la noche despliega las sombras pardas. i , . Cómo te ha ido en mi ausencia? Cómo has sentido mi falta? En tales cosas, las penas los amantes las comparan; y así, atención. Estaré como si fuera una estatua. No has visto, Clori, no has visto, alguna vez la tarasca, que a falta de caperuzas se traga toda la Plaza? No has visto algún pajarillo el que una Nave se traga? No has visto volar un tigre? No has visto andar una casa? No lo has visto? No lo he visto. Pues no te he dicho palabra. Luego al punto que lo veas avísame por tus cartas, y sabrás como padezco. La explicación es extraña. Vino en la Flota pasada. Bien se ve en lo dilatada. Pues ya están rotas las Guardías, no quede ninguno vivo. Toca al arma, toca al arma. . Qué es esto? dime, Perico. Calla, Clori, que no es nada. Aí es una cierta burla que se hace a unos camaradas, Pues a lo que yo discurro, parece que no es de chanza. Ea. Eduardo, ya tienes Ahora verás que no hay en tu defensa mis armas. . Por más traiciones que intentes, cobarde, no has de lograrlas, porque nunca están durmiendo, ni mi valor, ni mi espada El mío excede a los montes Arma, arma, guerra, guerra. Muera quien a mí me agravia. Ay Périco! yo me muero Cómo a mi furor no acabas? Muere a mi razón aleve. de miedo con tal desgracia. Aguarda, señor, aguarda. Pues si tú no quieres verla, tápate esas dos ventanas, Si no me hubiera ofendido, que de mí lo irás sabiendo de la manera que pasa; ya las Cajas, y Clarines les tocan la zarabanda, porque no digan que ellos Pues ha de quedar sin pena sin son, ni con son se cascan, y porque ya estaban muchos zampuzados en la cama, Perdonándole, señor, y salieron de repente Cuál, Constancia, es el castigo? El que mi brazo le ampara, hay bravas encamisadas: miralos como se pegan, míralos como se agarran. Bien dices; qué mayor pena un corcobado endereza por allí con una Elcuadra, y como le ven merienda las espaldillas le mascan. Mira allí un zurdo que diestro Castigó mi furia el Cielo. Decid que viva Constancia. Viva Constancia mil siglos. Pues ya, señor, ves logradas le pesca a un calvo en la calva. Un cojo con todos cierra, Tu esposa es Laura, Aurelio, y es prodigio lo que arranca, Jesús, qué gran del ventura! . Qué ha sido? de qué te espantas? De que a un hombre le han quitado la mitad de las ventanas, y él lo siente con extremo, aunque le hacen poca falta. Allí a un hombre le han metido una espada de once varas. Ah Périco, no me cuentes mentiras de más de marca. Arma, arma, guerra guerra. . Es mucho rayo mi espada. A mi valor no hay difícil acción para ejecutada. Grande temor me ha venido. Pues déjalo que se vaya. Ahora verás, traidor, desechas tus arrogancias. . Ahora verás que no hay prodigio como mis armas. Por más traiciones que intentes, En la campaña, Licino, es mi pecho una muralla. El mío excede a los montes en el valor, y constancia. A esta parte acudid todos. Cómo a mi furor no acabas? Muere a mi razón aleve. Aguarda, señor, aguarda. Pues tú, a quién tanto te ofende? tan piadosamente amparas? Si no me hubiera ofendido, el impedir la venganza fuera impiedad, más ahora, mas que piedad es hazaña, que el perdón en la nobleza es heroica acción bizarra. s , . Pues ha de quedar sin pena el que por tan grandes causas, merece que su cabeza sea alfombra de tus plantas. Perdonándole, señor, castigo mayor alcanza. Cuál, Constancia, es el castigo? El que mi brazo le ampara, y el castino que al soberbio mas le afige, mas le mata, es que se sirva de escudo a quien despreció su saña, Bien dices; qué mayor pena hay para soberbia tanta, qué el que una mujer le quita de los filos de mi espada. Ea, Licino, del suelo, o la muerte te levanta. Castigó mi furia el Cielo. Decid que viva Constancia. Viva Constancia mil siglos. Pues ya, señor, ves logradas tus esperanzas, te pido que logre mis esperanzas. Tu esposa es Laura, Aurelio, EL CASTICO MAS PIAboSO, y tuya, Eduardo; es Laura. De tu grandeza, señor, menos premio no esperaba. Esta es, Aurelio, mi mano. Quién tuvo dicha tan alta! Gracias al Cielo, que ya de este tirano nos saca. Siempre acaban los soberbios sirviendo a quien despreciaban. Périco, dame esa mano a trueque de aquesta blanca. EL CASTICO MAS PIAboSO, Después de una noche buena me quieres dar una mala? Constancia, ese Imperio es tuyo, en él, y Licino, manda. Pues, señor? en un destierro acabará su arrogancia. En él para siempre viva. Y aquí da fin la Comedia, y el Autor a vuestras plantas, aqueste primer aborto de su numen os consagra.