Texto digital de El castigo de la lascivia
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- Atribución tradicional
- Manuel Pereira
- Atribución estilometría
- Manuel Pereira Probable
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El castigo de la lascivia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/castigo-de-la-lascivia-el.

EL CASTIGO DE LA LASCIVIA
JORNADA PRIMERA
Muera el adúltero aleve, precipitado Faetón baje a el centro de el Abismo, Calabozo de el horror. Muera: y pues ya de sus culpas torpe, el número llenó, ejecútese el castigo de la justicia de Dios. Vagos fantasmas, a quien allá sin bulto, y con voz, el oído en la amenaza, y el brazo en la ejecución: por más que (en Fuego, Aire, y Tierra, espíritus de furor al viento solo acuchille, no sabré temeros yo. Villano, alevoso, injusto, disimulado ladrón de aquella fama más pura, que a el lado vivió del Sol, espera, y no a el plomo huya quien se atreve a la opinión, si puede no ser cobarde el que sabe ser traidor. Primero a el de esta pistola, escandaloso embrión, verás qué muerte te da quien el honor te quitó. Ay infelice de aquella, contra cuya estimación, no siendo la vida aún una, son ya los suplicios dos. Muere a mis iras. Cobarde, si entre el adusto fragor, con que funesta la noche viste a la vaga Región del Aire, en sulfúreas sombras, su caliginoso horror, oyes el ardiente estruendo, con que preñada silbó dos veces, Sierpe de fuego, que escupe en voraz pavor ponzoñas de piomo, a cuya primer ciega confusión, de aceros sucede, airado duro estrépito re roz: si entre el sangriento combate del uno, y otro rumor, colérica, de Domicio la airada voz se escuchó, como a mi restado orgullo embaraza tu temor, que a darle socorro suba? Infame, aparta. . Señor, mira que hace oscuro, y huele a queso. . Aleve agresor de mi honra, fiera enemiga, donde os ocultáis. . Yo voy:: Pero quién baja? . Ay de mí! donde en tanta confusión, Cielos (si le llevo ya inseparable a el error) voy a esconder del castigo transfuga mi turbación? Mas ay! que al grave, afrentoso peso de mi deshonor, que hizo a un hierro cómplice de otro mayor, se rinde, o se desanuda; pese a el instrumento atroz, que le niega a la innocencia, y dio paso a la traición! ús. Faltole la escala, por la escala de Jacob! Quién va? Es Domicio? No habla Qué ha de hablar, si se achocó del golpe? . Da luz, Besitre, al cauteloso farol, que ocultas. . Hétela aquí: buenas noches nos dé Dios. Es macho, o hembra? Por más, que en las sombras que abultó el Chaos, con todo su abismo combata mi indignación: a él, no a ti, vuelvo la espalda; sigue, si tienes valor, villano Arnoldo, el despecho de mi desesperación. Aunque ilusión pavorosa, peleando a tu favor, tu pecho esconda a mi acero, y a mi cólera el balcón, te he de matar. No podrás, que espíritu superior le auxilia. Mas ay de ti, fiera, si tu obstinación le desprecia esta piedad a la clemencia de Dios! Todo el Infierno me valga! Bellísima devoción Domicio. . Sí. Te has herido? Te has perniquebrado? . No, sano estoy. . Pues en mi vida sto arr hombre eres desesperado. Una mujer no bajó por la escala? . Ay de mí triste! Caballeros, si lo sois, ma mujer infelice, a quien fama, vida, honor, se injusta, mano atrevida, sacrílega profanó, de vuestro favor se ampara, contra el atrado rigor de su fortuna; cumplid de nobles la obligación. Ponedme en salvo, si acaso nmueven vuestra compasión las lágrimas en mis ojos, los suspiros en mi voz. Quedas enterado. Sí. Señora, a vuestra aflicción responde con la obediencia mi valor: Capitán soy, a quien obedece hoy surto, Francés, velero Galeón de guerra: lo que a la noche resta del curso veloz de sus sombras, pasaréis en él, que palabra os doy como Católico: . Miente, que es Herege, juro a Dios. Como noble, y Caballero, de no ofender la atención, que al respecto de una Dama deben hombres como yo. No encargará el juramento. Yo os sigo sin elección. Vamos. . Enemiga suerte, ya tu injusta indignación no temo; pues a el infausto estrago de tu furor, qué le queda que perder a quien vive sin honor. Jaque de aquí. Ea, bastardo rencor, ira aleve, lana infame de mi injusta inclinación! Ya que de esta luz a el breve, débil, trémulo explendor crece a gigante, de el fuego voraz la ardiente ambición, arda en la casa de Arnoldo cuanto agravio apadrinó mi ofensa; y en la cadena, que la obstinación forjó de mis insultos, haciendo sombra a un error, de otro error, rapto, adulterio, y violencia, cierre el último eslabón de el incendio, haciendo espaldas a mi fuga. Ya salió tu padre, que como es día de Correo hoy, y la ausencia de tu hermano (por la inquieta condición de sus arrojos) trae siempre sobresaltado a su amor, él mismo va por los pliegos, por verlos antes, y por saber si ha partido ya. Oh qué mal a su aflicción paga el cuidado Domicio! Pero cuando no se vio, que al tierno afecto de un padre satisfaga con rigor la ingratitud de un mal hijo? Hago la sena? . Sí. No; pues sin tu aviso, a sus rayos siempre atento girasol, llega mi amor ya a abrasarse; que inflammarse amante flor, es influjo de su fe, no diligencia del Sol. Bellísima Artemidora? Muy lisonjero llegáis. Mi firme afecto agraviáis. No mucho, pues no se ignora, que en ese afecto que adora pues con perfección más pura, sobran a vuestra hermosura votos de mi adoración. Tu pasión:: . De ella me alejo: más segura es mi esperanza; pero a tu desconfianza dé correcciones tu espejo. Déjalo ya. . Ya lo dejo, si así ofende el que así adora: mas cuando mi fe, señora, logrará en segura unión casto lazo. . En tal pasión, nunca, Eduardo, o ahora. . Cómo Aguardando a mi hermano por puntos mi padre está; con él sin duda vendrá otro homicida tirano: Ángelio, a quien caso es llano, que mi desdén despreció: darle Domicio juro mi mano, y mi libertad: mira nuestra voluntad a cual extremo llegó Mas espacio no se da a el logro de nuestra fe: ya a más no aguardes, porque mi hermano lo impedirá; pídeme a mi padre ya, dueño Eduardo, señor; no esperes a que traidor Ángelio: . Fieros desvelos! no tropos me des de celos en Retóricas de amor. Si de mi padre el consejo burla en Domicio el doblés. Si Ángelio:: . Ángelio otra ves? Déjalo ya. . Ya lo dejo. Señores, que llega el viejo. Pues ya a hablarle mi fe aspira. No es tiempo, sí, que suspira un pliego leyendo, ves. Ireme? . No: hasta después a esta pieza te retira, a en las ruinas dee incendio, celebró sus funerales, apo. cos días desapareció de Nápoles, ha. ciendo pública su afrenta la confes. sion de una criada, que en el sagrado de un Convento buscó refugio a castigo de el delito, de que fue con- plice. Divúlgase, que Arnoldo partí en seguimiento de los agresores; y siendo vuestro hijo el reo de tanto crimen, os doy el aviso, para quesí hubiese aportado a vuestra casa, prevengáis con tiempo el remedio que pide tanto daño. Dios os guar- de. Cómo, Cielo sagrado, mi lástima no os mueve, y a vuestra piedad debe mi gemido, la enmienda del pecado de un hijo inobediente, y obstinado? No mejoró su vida de su muerte el recuerdo; ya la esperanza pierdo; y ya aguardo, con pena repetida, o tarde, o nunca verla reducida. Padre? . Señor? 2. Qué tienes? Nileta? Artemidora? aquí estáis? . Por qué llora tu fe? . Qué tienes, di? Penas, desdenes, males sin tasa, en número los bienes. Tu aleve hermano ciega con injustos enojos mis lastimados ojos. A ún golfo de dolor torpe me entrega un hijo vil. Pues hetelo que llega. Hasta lograr, padre, y señor, ufano, colocado a tus pies, belar tu mano, que llego no creí. . Nunca llegaras! Nuevo Isaac, obediente hasta las aras, tu hermano vuelve, humilde ver se oveja. Tú, hermosa Artemidora, a quien dos veces mi cariño adora, galán una; otra hermano, de que suerte estás? tienes salud? En fe de verte, felice ya: tú seas bien llegado. Si de vuestra salud el dulce estado sacer logro, en albricias de volver sano ya a vuestras caricias a Domicio:: Mentira es grande, y roma: sano? como manzana de Sodoma. Igual nueva os merezca la fe mía. En vuestra compañía (en vano contener quiero el veneno) mal puede volver bueno el que nunca lo ha sido. Qué ojos les echa el viejo! Y yo qué mido, reglo, y pauto, en tu ausencia, sus acciones, meatreveré a oscularte los talones? De tan buen Muñidor, bien se pro- mete su corrección. Por Dios, que lo alcahuete . se me trasluce de a cuarenta varas! Si en puntos, tú, señora, no reparas, cuando a ese tu pie en cifra mi fead- voca, dame con su chapín un punto en boca, porque mudo me tengas. Con bien, Belitre, vengas. Nisetilla Belitre? qué hay, menguado? como en ausencia mía lo has pasa- do? Haste de mi acordado en tus rebeses? Para ofrecerte a el diablo, muchas veces: mas tú en tu soledad, que a otro com muto, una Porcia habrás sido. Sí, como tu Bruto. pero mientras no llaman nuestros laré Que ni aún para matarme a sus enojos, Artemidora, en mi ponga los ojos! Bella ingrata, por ti a sufrir me obli- el repetido oprobrio, que consigo. Debéis de venir loco. Qué gente:: mas celoso ar- dor, qué toco. Ángelio no es aquel? Por cuanto, Cielos, no dará un infelice con sus celos! Pero atendamos. Ah cruel tirana! Mas Domicio llegó. Sácame, hermana, de una duda cruel: Padre qué tiene, que cuando un hijo afectos le pre- viene, tras de prolija ausencia que suspira, ni me oye, ni me habla, ni me mira? Su paciencia acrisolas: yo, hermano, me retiro, quizá a solas declarará contigo su cuidado. Ya que solo ha quedado, (pues Ángelio no impide) veré si la razón, que en mí se mide, labrar logra lo inculto de este leño. Tu airado rostro, tu arrugado ceño a el labio dé el disgusto que percibe. Cuando honor tanto ya ofendido vive:: más torpe el labio erró; mejor profie- re: Cuando honor tanto ya, ofendido muere a el bruto antojo, torpe debaneo, sacrílego deseo de tus acciones bárbaras, traidoras, la causa me preguntas, que no ignoras? Nacistes racional? Eres Cristiano? Diote Tigre feraz el pecho ircano? O en la clase cursastes del Abisno el furor, el estrago, el parasismo, que alimenta sus furias? con colética faz, palabras graves. Pues ignorar afectas lo que sabes, en esa carta, si a ella las limitas, tus culpas, y mi muerte mira escritas. Qué contendrá? Cuando a leerla aspira, se enciende en furia, y se despecha en ira! Viven los Cielos santos, que si a pesares tantos en mis brazos ligara al Cronista infame, que bájara, si más insultos escribir codicia, a llevar a el infierno la noticia. Mas ya que tu decrépita imprudencia el límite pasó de mi paciencia, que a abrasarse en mi cólera conspira, a mi razón atiende, o a mi ira. Recelos, atención. Celos, alerta. Nisa, aquí del oír. La voz despierta. Y ojalá sea mi desabrimiento esta ves sola, injusto. Escucha atento. Lancestre, Páis helado del Norte, fértil Provincia de Inglaterra, en quien (aún no la Fe de Cristo extinguida a el desorden, que introdujo la sacrílega perfidia de Bolena) entre pavesas calientes, cenizas tibias arden del Romano Culto las Católicas ruinas, ilustre cuna me dio, tú el ser, su sangre la antigua estirpe, que coronada la sien de Laurel, y oliva, ya el Cetro obtuvo Britanno: y adusta estrella enemiga su influjo, en tropel violento de estragos, y tiranías, con que a ser nací del Orbe escandalosa noticia. la primer luz; pues nativas conmigo la furia, el odio, la sana, el rencor, a mi ira la vida fue de mi madre bárbara injusta primicia, pues tropezando en su muerte, pisé el umbral de la vida. Tan dueño de mis deseos, (desde mi infante puericia) crecí en los brazos del fausto, del poder, y las delicias (del hecho de la torpeza bastardas viles Lucinas!) que ya recelar me hice de tu amor; cuyas benignas permisiones, poco a poco forjaron contra sí mismas rayo adusto, que encendió la nube de las caricias. Rayo dije, y dije bien; pues así como improvisa llama (que concibió lenta en su entraña entumecida, túpida nube) primero ralga el seno, en que se abriga áspid de fuego, y después pasa a ser desde su sima alto estrago (en las distantes regiones, y las vecinas) de la insensible, y viviente robustez vejetativa: Así yo, a quien educaron mal, con blanda disciplina, las dulzuras de un afecto, que halaga, mas no lástima; incorregible a el precepto, y pronto a las demasías, a tu respecto primero, y luego a la establecida immunidad de las leyes violé las no holladas líneas. Cuánto yerra el padre! oh cuánto! cuya terneza nociva hiere a el hijo con halagos, y con ceños no acaricia. Y ya a el rapaz desenvuelto, torpes oprobrios que dicta, celebra como agudezas, hiriendo cómo malicias! Crece libre, he imprudente a elegirle antes se inclina un desorden, que le halague, que un precepto, que le aflija. bienla que le quiere, y yerra, que si a perderle le cría, no le estima para Dios: luego para quién le estima? Tú en este error comprendido; por qué extrañas succesivas mis culpas, si encadenadas en tu omisión se acriminan? De la niñez tropezando en travesuras indignas, a la adulta edad llegué; en cuya ciega impericia de afectos, creciendo a incendio la centella desprendida de aquella preñada nube, fue caliginosa mina, que ardió mal disimulada, y abrasó bien encendida. Corrió el campo de los vicios ya mi juventud florida, acoronarse de Rosas, para ceñirse de espinas. Mujeres, y juegos fueron Polos, sobre que en mi estriba de la esfera de la culpa la máquina: y de la Hidra formidable del pecado, en mi inclinación maligna las Capitales cabezas, Ira, Soberbia, y Lascivia. Lancestre lo diga; en cuya torpe Ecena de desdichas, profanadas sus clausuras, insultadas sus familias, fueron los violados lechos, que mis violencias publican, espectáculo funesto, en tragedia repetida. A tanto error, tu prudencia (ya que no de la justicia humana, a quien tuvo ciega, vil, culpablemente omisa, tu autoridad, o mi arrojo) de la justicia Divina temerosa, o de que en tanta noble opinión ofendida, alguna diese en mi muerte, escarmiento a mi osadía, me ordenaste, que dejase la Patria, y en nuevo clima, o el celeste azote huya, o modere la avaricia de mi apetito: qué error! pues ni redime la herida el Ciervo en la fuga, a quien da plumas la flecha misma, ni entre extranjeras costumbres beberá mejor doctrina el que transfuga, no a el crimen, sino a el lugar que le grita, no huye el error que delinque, sino el brazo que castiga. Obediente esta vez sola a las voces que acredita tu consejo de prudencia, mi valor de cobardía, dejé tu casa una noche, sin más fausto, o compañía, que un amigo que me ayude, y un criado que me asista. Belitre, y Ángelio. Ángelio, en quien (de Damón, y Pithias, de Pilades, y de Orestes, ni de cuantas las antiguas memorias, que en bronce esculpen las Crónicas mentidas de su Anal) no igualó alguna a la aún más allá de fina firme amistad; y a quien tú (objeto de tu ojeriza) nunca con buen rostro, siempre con airado ceño miras, hasta negarle a sus altas generosas bizarrías la mano de Artemidora; o porque la Pontificia Llave, reprueba (pretexto que vistió tú hi pocresía) o por castigar en él (qué tarde!) mi endurecida a inflejible condición: que y tronco, ya a robusta encina, árbol débil, planta tierna, dejaste crecer torcida; o por todo junto, en fin; pero para qué suscita mi memoria este desprecio? si en mi cólera oprimida es fuerza estar desairados, hasta que por mi consiga (a pesar de los caducos dictámenes, que consilias) en el Solio de mi gusto, laurearse de sus dichas. Belitre, y Ángelio (vuelva a atar el discurso) unida familia, séquito breve eran de mi comitiva; cuando con los documentos, que te oyó mi rebeldía por ceremonia, partiendo tu bendición, y mi prisa, nos dio su rumbo la noche, y te halló en Lancestre el día. Los varios casos homito, que vi en Colonias distintas, y del principal suceso paso a la historia sucinta. Llegué a Nápoles la bella, en cuya siempre lucida, apacible, numerosa, atenta cortesanía de Caballeros, y Damas, bebio el oído, y la vista, todo el agrado que rinde, todo el donaire que hechiza. Pero como a las comunes hermosuras, no se aplica mi antojo, que siempre rayo, a lo más sublime aspira (vil ley del humano abuso, que anteponer ciego insta, el que se le dificulta a el que se le facilita!) En una puse los ojos, tan alta, tan entendida, tan perfecta, y soberana. mas por qué desacreditan y pérboles cortos, tan todo cómo ella misma? A poder mayor realce dársele, a el que en su luz brilla, la exaltara lo imposible a superior Gerarquía. Eralo, en fin, por esposa de Arnoldo, a quien la Milicia de Antecesores gloriosos, sangre indujo esclarecida. Pero estrechando amistad con él (si así es bien se diga, la que de su honor dos veces fue cautelosa asesina) de su sinceridad noble, su deshonra le fábrica perjura fe, hasta el estrado de Felicia introducida. Qué mal domésticos riesgos, inconsiderado mira, quien sin susto el vidrio expone a el golpe de qué peligra! Confianza incauta, aquella, que a elemento ardiente fía, con necias seguridades, leve paja, y seca arista! Pues rudo Cazador, cree su inculta Philosofía, que baje el Avea el señuelo, y no se prenda en la liga! Ya así de Felicia ardiendo a las frecuentes visitas el Vesuvio de mi pecho, mas que el de su Monarcía, de una en otra audacia torpe osé mi pasión decirla, lisonjeándola hermosa, por profanarla lasciva. Vívora no, venenosa negra ponzona escupida, con diente así imprime agudo en la planta que le pisa, como ella Áspid de su fama, en la no viola a Libia, a mi voz, en saña, el aire con los ojos atosiga. Hasta el extremo, en que ya de una amenaza vestida de el nombre de su marido, muró su costancia invicta, Sicre comvatí sangriento la Garza, que el Sol anida; mas del ruego, el Latón dulce ya no la alcanza, y la avisa. El despecho mío entonces apela en tenaz porfía, a que la fuerza, lo que la voluntad no, consiga. De una criada me valgo, que hecha a el oro doble espía, vende el honor de sus dueños: y una noche, que teñida en más atezado horror, negó obediencias a Cintia, cierto de estar fuera Arnoldo (cuando su ausencia no finjan escrúpulos de la honra) a la violencia se animan mis arrojos; y teniendo fletada ya, y prevenida una escala en su balcón, y en el puerto una Saetia, asegurada la fuga, subo con acción furtiva a ser vil ladrón de un Cielo, que innoble entonces no gira. Auna cuadra me introduzgo, donde purpúreas cortinas celán de costoso lecho torneadas barandillas. Pavellón corro de grana, y en nube de Holandas finas rebozan Sol eclipsado, brocados, y telas ricas. Dije eclipsado, y no mal, pues en Felicia yacía, a vecindades de el riesgo, mal segura, y bien dormida. Majestades del semblante me enfrenan; y solicitan en su candor, los deseos, deshojadas clavellinas. Descubierto a su enemigo el pecho, aunque no le rinda, llama a el umbral del peligro, Y mata a el amor de envidia. ica en más bello desorden, acudiendo a corregirla, suplió cortez el cabello desmanes de la camisa. Negro golfo de azabache, en crespas ondas tendidas, del pecho inunda, y del cuello la animada nieve viva. Ya en el templo de su honor parasismos agoniza la lámpara, de quien solo fue mi intención la torcida. Mariposa ya a su llama mi amor, torpe Abeja liba en el clavel de su labio, la Aroma mejor del Hibla. Interior impulso aquí llamó al alma; mas remisa a su luz, por la que abrasa, desprecia la que ilumina. La que arde en la cuadra mato; y a esta luz, que leve espira, las que en sus ojos se encienden, no se despiertan, se eclipsan. Gigante el susto, la embarga la facultad discursiva, y eminente el riesgo, aún es monte, que su fuga implica. Acerada llave cierra su labio, daga bruñida; cuyo filo, en su socorro, cortó a el auxilio la fila. Viendo su constancia entonces, (ya a mi violencia rendida) que sus impulsos no bastan, que sus lástimas no obligan; o de su vida cansada, o de mis fuerzas vencida, un desmayo la posee, y una afrenta la amancilla. El casto lecho violado fue apenas, cuando concita el Cielo contra mi toda su cólera vengativa. De sus eternas visagras pareció que desasida tanta inmensa pesadumbre, desplomada se desquicia, bismo impuras Sombras de abultan, y aterrotizan del ámbito de la cuadra las raridades vacías. Brama el Mar, gime la Tierra, arde el Aire; y en el seisma de una voz, que me amenaza, y un impulso, que me auxilia, entra por el cuarto Arnoldo; y a la luz de una bujía, que en tímidos explendores, trémulos rayos palpita, cadáver su honor alumbra, y a celebrarle conspira, de la venganza en el templo, las honras a sus cenizas. Ofendido, a una pístola la escondida lumbre atiza, y oprobrios de plomo, a el aire boca de fuego vomita. En el mismo idioma, a un tiempo, doy con una carabina respuesta y de la luz, solo fue un tiro, y otro homicida. Vuelve con la oscuridad a abultar la fantasía nuevo horror. Felicia bella (de mi torpe alevosía cómplice innocente) huye, y tras su fuga afligida. por el balcón, ya a la calle mi furor se precipita. Llegó sin lesión a el suelo, donde la saña bándida de mi enojo; ya en Ángelio hallando quien la apadrina; viendo su espada a mi lado, Belitre en leal vigilia, pronto el bajel a la leva, y en mi poder a Felicia; como el toro, que acosado, en la capa se desquita del hombre, que se le escapa, y de la voz, que le silba, prendo en dispuesta materia fuego, que su casa extinga, y hago de su riesgo espaldas a la vela fugitiva. golfo el leño se entrega, y a el viento el lino, que hincha propicia esta vez, del Noto la violencia embravecida. A el vernos en mar distante del Alba la hermosa risa, todos gustosos se alegran, solo Felicia suspira. De su fama, a el conocerme, la tragedia solemniza, y a vista del Agresor vierten sangre las heridas. Inconsolable su pena, crece el golfo de Sicilia, y de piedad de su llanto, perdona a la nave Scila. Ya los piélagos de el Norte rizó la embreada quilla, y a ver la extranjera Diosa salen las Ninfas Marinas; cuando enjugando en sus ojos, cuanto encendió en sus mejillas, a quien la profanó ingrata correspondió agradecida. Por lisonjas del amor, a el Aurora succesiva, la seguridad del puerto saludó nuestra crujía. Llego, en efecto, a tu casa, y cuando a ti se arrodilla mi respecto, recatando su amorosa idolatria, severo me reprendes, despegado me desvías, con oprobrios me baldonas, con pliegos me fiscalizas. Y pues tu loca imprudencia, de nada desentendida, a mi inobeciencia así la atenta máscara quita: (que una corrección sin tiempo nunca enmienda, y siempre obstina Hola, Belitre, ve a el punto por Felicia; aquí resida su beldad. Viven los Cielos, que pues tanto me limitas, a tu pesar, y de cuantos mis intentos contradigan, a su lado has de asistirla; venga a casa, en ella imponga preceptos a la famina, tu caduquez la obedezca, Artemidora la sirva, ella la sed alimente de los insultos que alista, del pendón de mi apetito, la escandalosa bocina. Fiera he de ser desbocada, que sin sujeción de brida; la campaña de los vicios corra voraz, sin que impida, ni con imperio el enojo, ni con amor la caricia, ni el Cielo con amenazas, ni el mundo con ignominias, el curso de mi apetito, hasta que la despedida saeta del arco airado de la tremenda justicia, toda la tierra tentro, suplicio todas las iras, en mi ejecute el horrible castigo de la Lascibia. Bien haya quien te enseñó tanta virtud! . Reprimida la ira a tanto insulto, inflamma la razón! . Lindas partidas tiene el Domicio! . A templar salga este incendio mi vista . justa pasión le despecha. Bárbara, feraz, altiva bestia, que degenerando de humano ser, con malicia sacrílega, el paso cierras a las piedades divinas; pues de mi respecto abusas hasta la sagrada línea de su poder, no ya el blando documento te corrija: Este palo, que a la torpe caduca fábrica viva (que contrastada del tiempo, desmoronaron los días) siirvió de puntal, hoy sea en tu maldad pervertida, Así, decrépito, aleve:: Tente, Domicio. . Abatida tu audacía:: . Fiera sangrienta (cuando a el casto lazo aspira de Artemidora mi fe) ya de aquellas canas, hija, mi obediencia, así vengando ofensas tan propias mías, en desagravio de un padre, blandó la airada cuchilla. Danza tenemos de espadas? a saltar voy en cuadrilla. No le mates. Falsa, torpe, así tu honor amancillas con un traidor? y a mi oprobrio vistes modestias fingidas? A la infamia maldiciente de tu voz, no hallo más digna respuesta: suelta, Belitre. Muerto sor! . Linda sardina pesca el diablo! Hereje menos. Domicio. . Caduco, quita, que he de saciar de los dos, en la sangre aborrecida, mi saña. . Qué brava gresca! Jesús, qué fiera bolina! Gran falta le hace la espada a un hombre? . Calla, gallina. Ay, infeliz! De mi enojo a el rayo que se fulmina, morid, viles. . De mi acero Hijo aleve, espera; infame reliquia del odio: mas ay de mí, . que tropezando, camina mi planta a el sepulcro! Vamos, señor, a tu lecho, y mira por tu salud. . Plegue a el Cielo, mal hijo, que su justicia: Mira, señor, lo que haces, que la tierra estremecida a tu voz, hacen visajes los muertos. . Y a chamusquina de azufre huele que rabia: no maldigas. . No maldigas. No hago tal: plegue a Dios, hijo, que en su furor, en su ira no te arguya, muerto animo! un hielo mis venas frías, discurre! torpe, en el pecho, alteraciones palpita el corazón! y temblando rostro, y pies, pecho, y rodillas, señando voy a la muerte, llamando voy a la pira! Ay, hijos. Vamos, señor. Ea, infierno, ya que liga tu eterna cárcel, el alma de esta infiel desconocida ingrata criatura aleve; y la justicia divina posesión de su cadáver . me da, para ser ruina de ese contumaz rebelde, sacrílego particida: a el arma contra Domicio; avivese en la oficina de una adúltera belleza, su obstinada rebeldía. Viva torpe, arda blasfemo, cause afrentas, quite vidas, os, hasta aquella hora precisa de su castigo. Y en tanto, cubra la región vacía del Aire, funesta noche; brame el Austro, el Noto gima, estremézcase la tierra, dé fuego la desasida máquina del Orbe, en rayos, a la ardiente artilleria de las nubes. Dónde, aleve Eduardo, fementida hermana, os guardan cobardes las sombras. Virgen María, valedme en tanto horror! . Pesie a tu voz. . Asombros pisa el pie: Artemidora? . Eduardo? Válgame una Letania de Santos! . Me lleve el diablo, si no transciende a pastillas de alcrevite: ay, qué me cogen la palabra! ay, qué me pringan! el Flos Sanctorun me valga! Ay de mí! . a . Muere, enemiga. ̱ . Ea, infernales rencores, a el arma! vuestro es el día.
JORNADA SEGUNDA
joRNADA SEGUNDA u , Contra el Amor, a un espejo, María, beldad tirana, acicalando los r perfeccionaba las llamas. Ay de las alas, que en su luz no abrasaren el vuelo de su esperanza. Ya estás tocada. . Está bien. Hasta cuando, suerte ingrata, me tendrás en la opresión de un tirano, cuya saña, noble un esposo me quita, y anciano un padre me mata? Hasta cuando ha de vivir ni libertad violentada a el obsequio de una infame adultera, a la amenaza de un vil hermano, que en fe de que cumple su palabra, por el medio indecoroso de servidumbre tan baja, pretende lograr, que dé (primero un rayo abralara mi vida!) la mano a Ángelio, aún hombre indigno, sin fama, y sin Dios, pues bebe en dogmas de infames Heresiarcas la fatal ponzona. Cielos! yo a un reprobo dar el alma Negarle a Eduardo yo la jurada fe? O, irritada Estrella! demme los Cielos, en tanto mal, tolerancia! Nileta? . Luego te sigo: . gustosísima va el ama del servicio que ha hecho a el diablo, pues pone en punto la salsa del vicio, porque a Domicio no fastidie la vianda. Pero qué embobada ella, de sí misma enamorada, se atroba! Válgate el diablo! valdrá, pues a mi rabia, que invisible (para hacerla desesperar) la acompaña. Ya a el cristal torpe adormece la razón, la vista alaga en profanas copias, y del alma el oído encanta, a la lasciva armonía de una Sirena, que mata. Corsaria de voluntades, y bándida de las almas, lleva en la luz de sus ojos dos Basiliscos por armas: Feliz quien haya una muerte, que es vida, en las iras que da de gracia. La música, y la piutura, qué acordemente hermanadas, de quiebros, y líneas forma unisona consonancia. Qué bien el olio! qué bien el armonía, relatan en rasgos, y voces, triunfos de una hermosura profana! En la vista, y el oído, qué dulcemente se estampa historia, que aún no desdice lo que dos veces retrata! Bien haya el pincel valiente, la sonora voz, bien haya, que tan diestramente pinta, que tan dulcemente canta. Ah, infelice, que no sabes cuanto veneno disfraza una voz, que hiere, envuelta en un hechizo, que halaga! Ya de Magdalo, en el fuerte, sitia el Amor su muralla; y aunque por trato la rinde, a escala vista la asalta. Abanza, abanza, que atrevidos deseos obligan, con lo que agravian. Válgame el Cielo! parece, que este concepto declara, mas que de la Magdalena, la historia (ay, Dios!) de mí inf El sitiador es L la fortaleza es mi casa, escala la de mi fuga. conquista la de mi fama. , . Y aunque por trato la rinde, a escala vista la asalta. Ay de mí; que este recuerdo, en la interior estacada del pecho, de honor, y afrenta presenta dura batalla a mi memoria, y despierta del letargo de la infamia, mas que con lo que me dice, me avisa en lo que me calla! . Pesie a el vil concepto, a cuya agricultura bastarda, surco esteril, vuelve grano cuanto abrigaba zizana! Mas no ha de valerle a él Cielo, que si hacer triaca traza de la ponzona, yo haré ponzoña de la triaca. Qué inútilmente a afligirte ideas consilias vanas. Yerro, que no tiene enmienda, no se llora, aunque se arrastra. Dejará ya de ser? No. Luego neciamente tratas dar, en delicias presentes, dominio a peras pasadas? Si Domicio profanó tu honor, Domicio idolatra tu hermosura. Un yerro amante siempre fue prisión dorada. El querer nunca fue ofensa; adoración es la audacía. , . Que atrevidos deseos obligan con lo que agravian. Bien dice este pensamiento! aquel afecto bien habla! Qué sirve irritar la herida, si es incurable la llaga? Esclava fue de amor torpe; mas ya de Cristo a las plantas, redime en la penitencia yerros de la pertinacía. Ama aún, más ama da la o que el llanto lava. Válgame Dios! . Pesie al Cidl qué con piedad inhumana vuelve airado contra mí las saetas de mi aljaba. Mis propias armas me hieren, y sus clemencias me matan. Mas no he de dejarle el campo; pues hor menos limitada su licencia, a mis astucias ha de perder la batalla: Ea, Infiernos! . Ay de mí, con cuanto impulsó, a la aldaba de mi obstinación rebelde, superior auxilio llama. Protano pincel, voz torpe, en el piélago engolfada de impuras delicias, puso la nave a pique del alma. Mas ya el propio acento, el proo lienzo, en tan dura borrasca, sirve a el escollo de aviso, y a la zozobra de tabla. Cascada nave, no miro, que destrozadas las jarcias, purpúreo velamen rompe, racional faval apaga? Y huyendo a el enfurecido huracan, que la contrasta, a seguro Puerto arriba, que Norte sacro señala. A el pie de suplicio injusto, no ancora, en cuya cruzada máquina, golfo de injurias quiebra embravecidas sañas? Pues si Magdalena, siendo escandalosa, y profana, la Flora del Evángelio, de la Escritura la Laida, la torcida senda deja, rompe la mentida gala, huye la tremenda muerte, y de alta luz ilustrada, camino, verdad, y vida halló en rumbos de la gracia: Como mi arrepentimiento endurecido, aún retarda seguir de dolor tan puro las penitentes pisadas. Con menos excusa, a aquella herida Innocencia, agravia mi omisión; pues si a ella ayudan lis piedades Soberanas, a mí las piedades mismas; llevándola de ventaja un alto ejemplo, que sirve a mi ceguedad de hacha. Pues qué aguardo, que en mis ojos dos Nilos no se desatan, donde anegadas mis culpas, salga a salvamento el alma? Qué espero? . Aquí de mi astucia, abismos! pues si se escapa de la red de mi cautela, de qué me sirvió enredarla en su lazo? Mas qué es esto? la imaginación turbada de mi discurso, a la vista fingió idéales fantasmas. La primer imagen miro, y en su matiz retratadas. las luces con que deslumbra, el imperio con que arrastra, el donaire con que hechiza, y el poder con que arrebata una belleza a su obsequio, las voluntades humanas. Reina de las libertades, que ambiciosamente vana, pisa el elevado Solio de rendidas esperanzas! De postrados albedríos. triunfa con airosa gala, y con hermosos desprecios las adoraciones paga. Pues por qué de iguales triunfos no gozaré? Mi ignorancia talará a mi edad florida las juventudes lozanas? Tiempo a la enmienda le queda, años que vivir me faltan, quien me ha esperado hasta hoy, no aguardará hasta mañana? No, pensamiento blasfemo, que es consecuencia muy falsa, que desprecie su justicia, y espere su tolerancia. Contra el Espíritu Santo es contumacia obstinada. de tan maliciosa aleve sacrílega confianza. Pero si de Dios la grande clemencia, ociosa no obrara a faltar culpas, e inmensa en el perdón se dilata, darla insultos, darla ofensas, que perdone, será darla en que explaye su Atributo su Misericordia Santa. Este discurso me anima; y más cuando ya cobrada mi turbación, esa Efigie con más atención repara. Pues entre sombras, y lejos, con que a los ojos engaña, dos imágenes diversas muestra a dos luces contrarias. Cauteloso procedió el pincel en su elegancia, dando a el lienzo en los matices, con noble doblez, dos caras. Entrambas son verdaderas; pero con distinción tanta, que la una, afligida, angustia; y la otra, apacible, agrada. Penitente, y pecadora, arrepentida, y profana, con lo que es delito eleva, con lo que es virtud espanta. Terrible lienzo! mas ay, que para darme enseñanza, n hizo el que hizo en la cú bier equivoca la amen Desde el delitó a la enmienda, abreviando la distancia, bien dice el contrito azote a la delincuente espalda. Pues qué aguarda ya la aleve ceguedad mía, qué aguarda, si aún no la persuade viva una enseñanza pintada. Ya mi contrición; María, te imita, por sí a sus ansias: , . Redime en la penitencia yerros de la pertinacía. Caiga el fementido adorno de mis vanidades, caiga a ser pisado tropeo, que mi desengaño arrastra. Salga del pecho la torpe afición, que abrigó, salga, para resolverse llanto, cuanto se introdujo llama. No haya a el ardiente gemido de mi contrición, no haya de mi error en la cadena, eslabón que no deshaga. Y hasta el lisonjero hechizo del aleve cristal, hasta la Luna; a que adulé torpe, Sol mentido, beldad falsa, rota a mi impulso:: Ahora es tiempo, cautela, astucia, asechanza! el antidoto la mate, pues el tosigo la sana. Baje en pedazos:: mas, Cielos, valedme, que atosigada a tanto asombro la vista, todo mi aliento desmaya! Arnoldo? Señor? Esposo? Pero sola está la cuadra, a nadie en ella examino: qué me hiela? qué me abrasa? Si fue ilusión, si fue efecto la que abenena la vista, la que immoblece la planta. Pero no; pues del espejo, en la lámina azogada, a milagros del asombro, inmóvil vive la estampa. Con rígido ceno mira, y del semblante en la plana, mi deshonor, y su afrenta escriben rasgos de nácar. Retóricas del aspecto, con elocuencia callada, su ofendida sangre irrita, mi impura vida amenazan. A el Cielo mira, y parece, que de su esfera sagrada, contra mí, a exclamación muda, rayos la región taladran. Río de fuego, en su boca, por aguda ardiente espada, el Sunmo Juez, y en su mano estrellas arma por balas. Ay de mí! quién agravió tanto Esposo, Deidad tanta, hallará misericordia? Cómo, adúltera, ha de hallarla si de Dios:: (aquí, cautelas, de mi astucia, que a esta al arma, ya en el campo de mis iras titubea despechada!) Si de Dios, en el oído la acusación justa clama de Arnoldo, airando severo el brazo de las venganzas. Aún en los juicios del siglo, reo de convicta causa, a quien la parte no absuelve, la justicia no le salva. Dios es Juez, parte es Arnoldo, él perdonarte no trata; pues como puede indultarte la justicia Soberana? Ve ahora cuan atrevida tu infame vida comparas con Magdalena, a quien todo el auxilio de Pues tú a un esposo la honra hieres, cuya mancha lavará solo la vida de quien le mató la fama. Y ella, sin terreno dueño, que la acuse, solo agravia a dueño divino; en cuya alta piedad confiada, , . Ama aún, más ama aún esposo, que olvida la ofensa, que el llanto lava. Ah, Cielos! que dice bien, diciendo mal, la bastarda sutileza, que a un despecho me entrega desesperada. Suficiente ni eficaz auxilio (ay de mí!) no basta a mi remedio? A mi enmienda la piedad de Dios no alcanza? No hay clemencia? No hay clemencia; miento, que sí la hay, y tanta, que no hay culpas que la impidan, si la contrición la llama. No hay Misericordia? . No. Pues no quiero que me valga: muera despechada, y muera. Ea, aparente fantasma, que a un tiempo real, y fingida, engañas, y desengañas, pues es verdad cuanto dices, y es mentira cuanto hablas: ahora! ahora! . Quebraré el cristal infame. Aguarda, torpe enemiga, no rompas el terso espejo, la clara luna de mi honor. Detente, persido traidor, no hagas la amistad, tercera infame de la afrenta. Mas ya airada mi cólera, llega, ya pongo en Lancestre la planta. Ay de vosotros, aleves, en cuyas torpes, villanas in no ha de templarse la ardiente sed de mi sana! La vil mancha de mi honor en vuestra sangre lavada veré esta noche: será Troya encendida el Alcázar que os refugia; y este acero: Ay de mí! Niseta? Laura. Artemidora? Domicio? Muerta soy! . Felicia llama. Dejémonos ver, cautela, y esta sombra se deshaga, dejando en Domicio impresos celos, y desconfianzas. Aquí fue el ruido, y:: que hubiese de ser, de mí hado impelido, un infiel aborrecido; lo primero con quién diese! Qué susto, Felicia mía:: pero quién sale de aquí? Traidor, aguarda, que así sabré lo que pretendía tu infame intención, aleve. Mas viven los Cielos, que de entre mis brazos se fue! Trasgos a cántaros llueve la casa: dolle dos higas, que el corazón me alteró. Pues vístesle tú? . Yo no; más basta que tú lo digas. Pues, majadero, de qué se asombró tu fantasía? Asústeme en cortesía, y tengo miedo por fe. Ángelio? . No digas más, luego hablaremos los dos. otro demonio? Por Dios, tengo horror a su fealdad, que sin ser necesidad tiene una cara de hereje. Él sanó, cual no se sufre, por ensalmo, bien le mide, y un olorcillo despide, como a escarpines de azufre. Él se halla, se desparece, es trampa de toda ley, y hace ventajas a el Rey, pues donde no está, parece. Con esto el temor que entablo da de quien es testimonio, y en llegando a este demonio, estoy, que me dor al diablo. Doíce a Bersebú, tremendo hereje, a el diablo te mando. Belitre, qué estás rezando. Nada, que estoy ofreciendo. Felicia. . Señora. . Amiga? Estatua de nieve es. Ella no vuelve esta vez. Pluguiese, a el Cielo! Ah, enemiga. Pero yo me vengaré, si verifico mis celos. Pero no querrán los Cielos dar este alivio a mi fe. Pero el desmayo profundo la ha dejado rostrituerta. Mas cuando se quede muerta será todo lo del mundo. A su lecho la llevad, donde el letargo resuelva. Ruego al Cielo; que no vuelva Esta carga es por mitad. Belitre, ayuda mi amarga congoja, llévale un pie. Hija, soy flaco, y podré echarme yo con la carga. Pero, señor, vive Dios, que es tratar así a tu hermana, crueldad grande, acción airana! Quién os mete en esto a vos? ̱. Yo me meto. . A los sirvientes rmejo q Pues me mete el diablo. . Miente Mientes a mí? Juro a Dios! Belitre, vete, y espera. Mientes a mí? Sal a fuera. . Ya que quedamos los dos a solas, Domicio, ahora da a el labio tu sentimiento. Yo vi un hombre. . Ya lo s?. Que de esta pieza saliendo: No lo ignoro. . Dio motivo a que le siguiese. . Es cierto. Huyóseme. . Era cobarde. Como ilusión. . No lo entiendo Resuelto en humo. . Fue engan de la vista. . Yo sospecho. Sospechas bien. . Qué Felicia: Es verdad. . Pues qué remedio Matarla. . Menos cruel le procuro. . No le encuentro más piadoso. . Pues en tanto a otra plática pasemos. Oh; pesar de mis rencores, que frustrándome el intento, le vengo a encontrar remisto, dónde le espere resuelto! Yo he recibido un papel: De Quién? . Decirlo no puedo porque a mi mano sin firma llegó. . Y qué contiene? . Eso Un Caballero, que vive de vuestros procedimientos quejoso: solo os espera junto a la Quinta de Arnesto. Dios os guarde: qué os parece. Breve, y compendioso; pero de quién sospecháis que sea? Finja, que lo ignoro. . Espero de tantas partes el rayo, que dudo cuyo es el trueno. Y has de salir? . Quién lo dud Y cuándo ha de ser? di. . Lugo Pues vamos. . Eso no, solo me llaman, y solo ir tengo. Y si fuese: . En nada dudo. Una traición. . No la temo, que llevo conmigo siempre todo el poder del infierno. Es verdad, pues contumaz, por la senda de el despeño vas buscando el precipicio último. . Qué estás diciendo? Que no pretendo apurarte. Haces bien; adiós. Ángelio. Bella Artemidora mía? Vuestra? Guardad el requiebro para otra Dama, que yo ni quiero, ni puedo serlo. Tanta crueldad? . Escuchadme, que hablaros en eso intento. Qué importa, si mi cautela esconde en su fingimiento discordia, que ha de poblar las cárceles de mi imperio? Ya os atiendo. . Seré breve. Señor Ángelio, querer violentar un albedrío, y atropellar una fe, es pretexto tan injusto, tan grosero proceder, osadía tan villana, pensamiento tan infiel, que huyendo su tiranía, a dominio tan cruel su poder limitó el Cielo, siendo inmenso su poder. Si nació con voluntad el alma libre, por qué se ha de quebrar en la mía lo inviolable de esta Ley? Yo no me puedo casar (quién esto duda?) con quien del Sunmo Pastor de Roma deja la obediente Grey. A este impedimento grave otro sigue menor; y es, que aunque quererlo pudiera, no lo quisiera querer. Si os dio palabra mi hermano, neciamente la creéis, pues nadie pudo empeñar pienda que suya no fue. Y aunque Domicio porfíe en que yo la mano os dé, podrá que mas no hacer que os quiera bien. Si porque en casa os hóspeda indignamente, entendéis, que de el trato, o la porfía he de dejarme vencer: junto con los golfos vive el escollo, y a el vaiven de un embate, y otro embate, siempre firme le veréis. Escollo me combatís, golto sois; pero entended, que han de encontrar vuestras olas uno siempre mi desdén. Si presumis sangre ilustre. mostradme que la tenéis, desistiendo noblemente a el ruego de una mujer. Yo entregué mi voluntad a otro dueño, y no podré, sin romper muchas cadenas, rescatarla de su Argel. Que es Eduardo mi Amante, no creo que lo dudéis, ni ignoráis que por él muero, y que no vivo sin él. Pues ya de esta confesión fue vuestro pecho el papel, donde con pluma de acero tan noble verdad firmé. Y aunque los méritos vuestros le excedan, si ya le amé, el que yo proceda ciega, por qué os hará descortés? Yo he de ser suya, o Domicio (si vos no lo resolvéis) podrá triunfar de mi vida, pero no de mi altivez. Si con este desengaño no os obligo a ser cortés, romped por donde quisiereis; pero entendido tened, que primero que llamarme espola vuestra, daré a una ponzoña los labios, y la garganta a un cordel. Ven, Niseta. . Todo esto, por más que mi Ama plaguee o, que decirlo a Lucifer. Eso pretende mi astucia; y pues lograda se ve de Artemidora, y Felicia en el despecho esta vez, a obrar invisible acuda en los que quedan, porque junte a el triunfo de las dos la perdición de los tres. No creyendo, que fueses con arrogante empeño, de este papel el dueño que a tanto os atrevieseis, (to. no os trajo tantes mi aliento, envuelto en un castigo, un escarmien- Dudando, que salierais (cuando a el mundo acobardo) a el sitio, en que os aguardo, si que yo soy supierais, (le. nombre no quise darle, porque con sangre vuestra he de firmar- Pero antes que el acero forme otras conclusiones, venceros con razones prudentemente quiero: si a estas no os reducisteis, la muerte llevaréis, porque venisteis. Aunque no he de doblarme a persualiones locas, en voces, decid, pocas, lo que intentáis hablarme; (daros. si en discursos más claros la muerte antes no os doy, que vine ha Pues a ver como crece este lance su estrecho, de mi amo en asecho aquí llegué; aunque pese a un consonante samio, (mio. los teros pienso ver desde el anda- Yo adoro a Artemidora, y vuestro padre atento, mandó en su testamento, que fe alguna traidora, no se opusiese en vano, a mi dicha, en el logro de su mano. hice ligera ausencia; vuelvo, y vuestra violencia a Artemidora obliga a el culto de una adúltera enemiga Contra sí, contra el mundo, contra mí, contra el Cielo, vive a vuestro desvelo, en ultraje profundo; y contra vos no ignoro, pues es decoro vuestro su decoro. A un infecto villano la tenéis ofrecida, y verla reducida solicitáis en vano a tan desigual yugo, siendo vil servidumbre su verdugo. Yo, aunque mi muerte sea, desisto de su mano, si me ofrecéis humano, que Ángelio no poséa gloria a su error tan alta. qué respondéis? Que el sufrimiento falta. A buen puerto ha llegado. Pues hablen los aceros. . A mis impulsos fieros:: A mi esfuerzo enojado. Gran balcón he elegido! Pero la espada se ha desguarnecido Pese a el Cielo. . No importa, id por otra: yo aguardo. Muy simple es Eduardo. Sin guarniciones corta: reñid, que satisfecho, guarnición de sus filos es mi pecho. Mataros con ventaja, no es triunfo que apetezco: la mía desguarnezco; ya rayo se desgaja (ciera de más activa esfera. Lleven los Diablos a quien tallie Gran pulso! . Diestro acero Bueno está lo mirado. Alto a contarlo. . Airado te he de matar. . Primero V a mi furia indignada: mas ay de mí! quebróseme la espada. No huyas, que desarmado, ni te agravio, ni ofendo. En cólera me enciendo! pesie al Cielo indignado! si a tanto triunfo amagas, fenezcamos el duelo con las dagas. Si haré; mas ay de mí, que tropezando? en mi capa, caí! . Porque acabando g ta vida, satisfaga así la ardiente saña de mi furor. . Bárbaro, tente. Alentad, ansias mías. Si escondido tenías quien te guardase, con acciones bajas, siguro despreciabas las ventajas. Quién, cuando él obra mal, de mí? entendido:: Mantenerlo sabré. De mi ofendido en lo probará la furia airada, quien se mueva. Su voz dejó cortada la anmosidad mía. Un pavor ocupó la fantasía, que medroso a mi aliento el ejercicio, elado usurpa. . Sígueme, Domicio: vete, Eduardo. Hora el temor he visto de esta voz a el imperio; no resisto. Rebozado misterio, que extremeces, donde llevarme ofreces, ya noche, y con semblante recatado? Pues cabe en ti temor. Ya has obligado mi valor a seguirte; pero mira, que aunque voy sin acero, voy con ira, y no han de contrastarme los desdenes de la traición más vil. . Seguro vienes? Mañana es otro día, y verte espero. Prevén mejor acero, Domicio, que yo aguardo siempre. Pisa más firme tú, Eduardo, Está bien. . Está bien. Tendrá castigo su traición. No me sigues? . Ya te sigo. Ea, noble enojo mío! ea, cósera valiente! ea, irritada venganza! ya pisamos de Lancestre las piedras. Esta es la calle, cuyo límite contiene la injusta casa, que guarda la vil torre, que defiende (torpe Alcázar) de mi honra los enemigos crueles. Esta es la noche (si el Cielo mis intentos favorece) que a el incendio de mis iras, entre cenizas calientes, el cadáver de mi honor, piras formando de muertes, a la vida de la fama renacerá mejor Pénix. Esta es la casa; y aunque en sus intimos retretes, turba de criados, guarda los cobardes delincuentes; cuando introducir no logre los airados intereses de mi enojo, dentro, donde con solo un golpe me vengue; puesto, que oscura la noche, tan funesto el manto tiende, que de confusos horrores medio mundo enlobreguece, centinela de su umbral seré; mas con tan aleve viguia, que cuando todas, con lo que? velan, defienden: yo en la plaza de mi afrenta, yo de mi ofensa en el fuerte; con contrarios institutos. ofenda con lo que vele. Tan diversas han de ser, en opuestos procederes, de los fueros Militares de esta Milicia, las leyes, que el que a su puerta llegando, entrar, o salir intente sangrienta muerte he de darle, cuando a darme el nombre llegue. Oh qué largas son las horas en el Reloj impaciente de un noble ofendido! Pero si la oscuridad no miente, un bulto se acerca. Ya que el siempre rigor clemente de Dios, de su gran justicia el justo impulso detiene; y haciendo del golpe amago, cuando amenaza, y no hiere, espera entre muchas culpas solo un dolor penitente. Cumpliendo con su precepto, que me manda, que amoneste a Domicio, de su ira a el dulce amago, le entregue mi obediencia. Ya que en mudo callado silencio, prendes la voz, y guardado el rostro, eres egnima dos veces; pues de tus plantas guiadas mis cobardes timideces, a fuerza de oculto imperio me has inducido obediente; ya que de mi casa miras los umbrales, y linteles, qué aguardas para explicarte? cuando intentas dejar verte? qué es lo que quieres de mí? qué de mis dudas pretendes? a qué hasta aquí me conduces? Sombra, o asombro, quién eres? Entra en tu casa, y sabraslo. Quién va? Domicio: y quién puede el paso estorbarle? . Ahora lo verás: injusto, muere. i venganza, felice principio tiene. Gente viene, y aquí más no es posible detenerme, no me conozcan; mas yo volveré, Felicia aleve, con tu muerte, a coronar mi venganza de laureles. Pesie a el Cielo! qué dispuso, que yo sin armas viniese, para que a mis ojos mismos, y en mis brazos, de esta suerte logre una punta traidora sus impulsos inclementes! Cadáver helado yace, ni respira, ni se mueve; bulto es de nieve, de mármol estatua innoble parece! Válgame Dios! quién será hombre, que mi nombre miente, redimiendo con su vida, muerte, que a mí me previenen? Pero a los trémulos rayos, que en poca luz, fatol breve, en este zaguán dispensa, mis desengaños apelen. De este modo he de saber; llegando a reconocerte, hombre infeliz:: más ay, triste! Padre, Enrique? . No me afrente con ese nombre, infamando cenizas, que aún no obedeces. Tú puedes, ser hijo mío? Vil, sacrílego, insolente, homicida, deshonesto, vuelve en ti, tu vida trueque esta amenaza del Cielo: sirva de ejemplo a las gentes tu atropentimiento. A el mundo escandalizado tienen tus insultos: a Dios suben los lamentos innocentes. Estragos torpes te acusan, a Dios tienes enojado, nunero las culpas tienen, muerte eterna te amenaza, vuelve en ti, Domicio, vuelve! Despierta ahora del sueño, que impuro, y lascivo duermes, óteme, que a immensa noche despiertes, cuando despiertes! Todo mi aliento me valga! Padre, aguarda, escucha, tente, eye, mira:: pero ya el aite le desvanece. Lálgame Dios! Si fue sueño esto que vi? Si fue leve eshalación de la vista? Si es ilusión aparente? Si ha sido engaño de el susto? O es cierto aviso celeste, para que yo de mi vida el errado rumbo enmiende? Mucho puede esta amenaza! Este amago mucho puede! Este susto mucho pasma! Mucho este aviso extremece! Mas qué pronuncio? Mi orgullo se rinde tan fácilmente a una apariencia soñada? Y aunque verdadera fuese, para el arrepentimiento tiempo queda conveniente. Coronémonos de rosas en la primavera fértil de la juventud florida, que luego vendrá el esteril luvierno de la vejez; cuya escarcha, cuyas nieves, entonces apaguen cuantos ardores ahora se encienden. Yo no he de alterar edades; cesea mis temores, cesen, el desaliento cobarde ceda a el esfuerzo valiente. Siga su rumbo mi vida por gustos, y por placeres; en torpes delicias viva, obstinado persevere, bronce seré, que rebelde resista del brazo sunmo los impulsivos cinceles. Sin la diligencia mía me busque Dios, si me quiere; que pues por mi dio su vida, no ha de pretender mi muerte. Si los auxinos repulso; con que llamarme resuelve, dispénselos eficaces, de más de los suficientes. Y cuando de su justicia el severo plazo llegue, en el Tribunal Supremo; Dios Juez, y yo delincuente, o piadoso me perdone, o irritado me condene.
JORNADA TERCERA
jornada tercera ro Qué pavoroso estruendo de la región impura, la raridad del aire embaraza, y asusta? Y hace que de los Orbes la máquina confusa, errante titubee, y extremecida cruja? Mas qué asombros descoge un lienzo, que dibuja el misterioso vuelo de Evangélica pluma. A Dragón formidable, de cuellos siete, ocupa imperiosa hermosur Cubren preciosas piedras, franjan brillantes puntas, de rozagantes granas costosa vestidura. Lasciba vital nieve en sus miembros rebujan, del purpúreo ropaje, libres desenvolturas. El márfil, que organiza, con fragrantes unturas de preciados ungüentos, torpe aroma perfuma. Del vagante cabello, corona risas lluvias, deslumbrante diadema, que sus sienes circula. Sobre papel de nieve, doradas letras rubias, misterioso carácter en su frente rotulan. Copa de oro en su mano, en dulces amarguras, brinda abominaciones, ponzonas, y cicutas. Torpes ejecraciones, por rubíes pronuncia, y sacrílegos nombres de blasfemia articula. Los pueblos la entronizan, siete montes la encumbran, turíbulos de Reyes la inciensan, y la ahuman. Formidable belleza? Portentosa estructura? Quién (oh mujer terrible!) quién eres? . La Lujuria. No en vano me arrebatas; qué mucho me confundas? Oye, aguarda. Así sigue el castigo a la culpa. Válgame el Santo Cielo! qué temerosa lucha me avisa cómo amago? cómo golpe ejecuta? Ay de mí. Ya que ardientes mis celos te sepultan, injusto Ángelio, nadie me embarace la fuga. Ya es muy otro mi susto. Hombre, cuya locura en mi casa a estas horas arrogancias consulta: como escapar pretendes, por donde de esta aguda espada ha de impedirlo la fulminante punta? Pero, Eduardo? . Sí. Dame paso. . Ahora dudas, que ha de darte mi enojo la muerte furibunda. A intentarlo, de mi ira la cólera sanuda, pues la ventaja miras, fácil fuera la tuya. Mas de armas desiguales no he de valer mi furia, cuando aplazado duelo pende aún de tu fortuna. Y pues ya de mis celos queda la acción segura, para buscar la calle ventanas hay, por una, cuando otros de cobardes, yo de valiente huya. Arrojose por ella; seguirele, aunque oscura le refugie la noche. Sepamos donde oculta sujácara persona este Jayan transfuga. Ténganse a la justicia de un chuzo. . Ahora te burlas, bufón? . Por aquel alto Dios, que crió las uvas, que si no hablas, te embazo. A quién sigues? qué buscas? Luego el tiro no oístes? ero quien insulta de mi casa el sagrado? e. Cierto guapo lechuza, que cargado de bocas, disparándose en bulla, si es que es lampara Ángelio, su vital olio chupa. Tiole, y acertolo; la descalabradura no fue cosa mayor; pue dándole en la nuca, no hizo más de matarie; tendiole: Ad cuamperducar. A quién dio muerte? . A Ángelio: tan maldita ciiatura, que de cualquiera cosa le quema, y se chamusca. A quién dices? . A el diablo. e , . Mientes, vil, que ninguna humana sana alcanza acfenderme a mí, y nunca puedo morir yo. . No? No, traidor. . Pues sacuda usted con más templanza; que tengo malas pulgas, y no nos oiga el diablo. Piensas, que se me oculta, villano, que a Eduardo diste entrada segura, y que su infiel cautela de tu traición se ayuda? Por Dios, que me ve el juego! él habla con las brujas, o el diablo se lo dijo: no escapo de sus uñas! Belitre? . Señor, miente por cuantas coyunturas t. Mas qué quería, que acosándome a zurras, no haga yo de las mías, haciendo él de las suyas? miente. . Viven los Cielos, que a esta daga desnuda daré vaina en tu pecho! San Simón, y San Judas, . y San:: Jesús me valga! sie a el nombre que injuria el poder del Infierno! Dejadle, que su insulsa bajeza vil, le abona. Por tan honrada excusa a usted beso las manos: Ah, perro; cena a oscuras! De dos te has ya librado, y ambas mortales tundas? Quien no te conociera Yo sé, que no estornudas, por no oír la respuesta. De las balas la impulsa violencia, logro el jaco recazar con fortuna; bien, que impelido a el golpe, caí. . Mala ventura te dé Dios, si tal fue. En fin, mañana juzga buscarle mi valor, y matarle. Confo imaginación mía, que ciega, he irresoluta a el superior auxilio, que tu discurso alumbra, vanos pretextos te obstan, y te embarazan dudas. donde, hurtando a el descanso estas horas nocturnas; desvelada me llevas? Obren ya mis astucias; que si este lazo salva, todas mis iras frustra. Pero aquí está Domicio. Proseguid, pues. . En sunma, arrebatado quise seguirla, cuando anuncian estragos, y amenazas, que los sentidos turban voz, y estruendo, del sueño pavorosas resultas. Oráculos celestes los creí; mas ya añula la traición de Eduardo, el horror que compulsa sucesos, no atribulan ánimos generosos. Qué será lo que asusta corazón tan rebelde? Bien dices, la dulzura de aquel hermoso hechizo, aquella Beldad sunma; aqquel agrado, aquella bella descompostura; los sentidos me roba, las potencias me usurpa. Que mucho, si mi saña, para ruina tuya, abultó a tu torpeza aquella idén impura? Y pues el alto aviso. inútilmente pulsa tu obstinación, yo haré, que la infernal clausura sea tu eterna cárcel. Sus luces me deslumbran, y yo he de amar:: . Los celos (yo me pierdo!) me buscan. A quién, Domicio? . A quién fácil, aleve, injusta, en su cuadra no oculte nuevo amante, y acuda de un fingido desmayo, a apadrinarse. . Mucha es la razón, que irrita la bastarda calumnia de tus infames celos; pero ya que me acusas tan sin razón, finguiendo pretextadas censuras, cuando en otra idolatras, oye esta vez: Y alguna! obre más un despecho, que logró una cordura. Oh, pesar del Infierno! que burlando mi astuta cautela, con las armas que pensé vencer, triunfa! Ya te atiendo, prosigue. y ojalá halle disculpa tu perjuro cariño! De la noche a la una que el polvo se sacudan, yo aquí me tiendo, donde a el sueño que me hurga, pues me tienta la ropa, y los ojos me abubla, le diré a cabezadas el sueño, y la soltura. Dividiendo el imperio de las sombr (madre del sueño, del insulto el rob tirana potestad de los mortales, era la noche en su funesto Solio, Cuando de infiel doméstico auxiliao bárbara, aleve, oscenamente loco, a escalar de mi honor el fuerte Alcánn llegastes, alterando mi reposo. A el susto viva, y muerta a la defensí desperté a el sobresalto, y a el asobo y creí que soñaba mi desdicha: mas, cuando fueron sueño los oprobo Con sacrílego acero me amenazas; y sin valerme ruegos, ni sollozos, el lecho profanó de la pureza, cómplice mi temor de tus arrojos. O, primero, trisulco rayo ardiente, que delatara el encendido globo, mi vida resolviera, no violada, en cenizas, en humo, en nada, en polo Vuelve mi esposo de fingida ausenda o de mí, o de su afrenta, receloso; y entonces, Basiliscos de Bulcano. incendio escupen, y vomitan ploma Delincuente inculpable mi innocendo la fuga elige, por refugio solo. (qué ciego error! mas cuando un tus te acierta?) a la irritada furia de mi esposo. Por el balcón pretendo despeñarme; pero mi suerte, para más destrozo, la escala me enseñó, que mano aleve en un hierro anudó, para hacer otro A el trágico gravamen de mi afrenta, el cáñamo tenaz, vencido rompo; y cayendo, a su inmensa pesadumbo huigo el castigo, y doy en el oprobria Corderilla insultada, y ofendida, presa voraz me entrego a ladró Loba de Ángelio me socorro, y en su fuste hallé peligro, el que busqué socorro. Con propicio huracán, para tu fuga, entregada furtiva Nave a el golfo, aumentaron el aire mis suspiros, y crecieron el piélago mis ojos. Vencida ya a el carino delincuente de un torpe aleve amor facineroso (a el contemplar irremediable el daño) seguí fácil la ley de tus antojos. Ol hubiera permitido el Cielo antes, acabando en ahogos mis ahogos, que fuera fatal choque de su buque laviolenta dureza de un escollo! A el curso eslabonado de los días, ya un ano hará, Domicio liguroso, que ado mecido a tu conjuro, yace de mi honor torpemente el Áspid sordo. ConIrecuente recuerdo está pulsando todo este tiempo, auxilio poderoso, de mi conciencia a la certada puerta, el aldaba interior, y no respondo. Pero después que mis profanidades (a ún espejo prendiendo el vano adorno, alagaron en voces, y pinturas. a un tiempo los oídos, y los ojos; Esigie hermosa de la Magdalena me nostró, con prodigio nuevo, como debe contrito estar lo penitente a las espaldas de lo escandaloso. Todas las amarguras su semblante, austeridades su ropaje todo, muda reprensión fue de mi vida, melancólico el bulto religioso. De encontrados impulsos combatido utubeó el discurso temeroso, cuando el terso cristal copió en reflejos el ofendido original de Arnoído. Atanto asombro súbito desmayo del corazón se apoderó, de modo, que a la imagen horrible de la muerte (y puede ser que eterna) miré el rostro. A Arnoído vi, Domicio. Arnoldo asiste viilante en Lancestre, y cuidadoso, y ha de vengar de su agraviada fama, en nuestras torpes vidas, el desdoro. Y quizá fue su acero aquella noche, el que a tu puerta acometió brioso; recobrar en tu muerte pretendiendo, de su perdido honor, el lustre heroico. Este amago del Cielo, esta amenaza, discursos revolviendo misteriosos, confusa, he irresuelta, a mejor vida me llama a gritos, que repruebo, y oigo. Si viste ya esta sombra, si atribuyes a esta causa los celos rencorosos de una torpe pasión, solo ella anima la impura sinrazón de tus enojos. Huyendo a un tiempo los que das, y pides? ya a mudar vida aspiro; y siento solo, que quite a mi dolor, torpe el despecho, los méritos que diera puro el voto. (to Si la florida senda de los vicios hasta aquí seguí oscena, ya a el angos- comino pisare de las virtudes, con penitente pie, zarzas, y abrojos. Contra mi levantado tiene el brazo, y amenazado el golpe el Juez piadoso, esperando que mi arrepentimiento desarme los furores de su odio. Ya, Señor, me arrepiento, ya me humillo, ya tus Misericordias teconozco; convicto reo me confieso, digno de habitar los eternos calabozos. Con piedad me castigue tu justicia, que ya el azote beso, ya me postro; y no has de ensanotentar, Señor, tu ira en la frágil materia de mi lodo. Penitencia, mortales, penitencia! Ay, Domicio, de ti, si como ansioso cómplice has sido de mi errada vida, no lo eres de la enmienda que propon- go! En vano, cuando prosiga en ese error tú quimera, huir de mi amor espera: aguarda, hermosa enemiga. . Pues le incito a que la siga, aunque tantos odio debo a el Cielo, con quien me atrevo, mi cautela logrará, que él no se levante ya, y que ella caiga de nuevo. Pero, o pesar de mi atroz enojo! saliole al paso su padre, y último plazo le notifica su vo Dios con una criatura aleve! Auxilios tantos le debe un pecador obstinado! Si le puedo ver pintado al diablo, Ángelio me lleve! Villano, infiel, si llevara, si Dios licencia me diera; pero así mi sana fiera vengaré en ti. Santa Clara! San Juan! San Pedro! . Tu rara traición, vil truhan, molesto, y el desafío propuesto pagarás. . Soy para ti . yo mucho hombre. . Cómo? Así. Jesús mil veces! Qué es esto? Belitre, de qué das voces? Cierta pendencia reñía. Con quien tu miedo lo había. Con el diablo anduve a coces. Con el diablo? . Mal conoces mi valor: contra él le entablo, y aunque sea en un retablo, ya ha de temblarme. . Por qué? Amiga, porque ya sé como he de armársela a el diablo. Mas tú a estas horas, señora, levantada? . Penas son. Qué me quieres, ilusión? déjame, visión traidora. Con qué saldrá mi amo ahora? Mas qué urde el diablo más cuentos? Tente, hermano, cobra alientos: qué tienes? . Qué te ha pasado? Mas qué otro Ángelio le, ha dado? Qué traes? di. . Oíd atentos: Felicia siguiendo el curso leve L con que de mi cariño se desvía, corriendo expalación de rosa, y nieve, Aurora, que la noche amanecía; arrebatado del desdén aleve, con que, cuando me helaba, me encendia, llegué en golfos de amor, dándola cn a el último retrete de la casa. Oda la pieza (aunque en sus ojos el con una, y otra estrella la alumbrab porque mi amor la siga sin estrella, lóbrega opacidad la entapizaba. Su pavimento apenas vio mi huellí cuando sentí, que el pelo se erizaba y de pavor, asombro, y miedo llen discurrio un terror Pánico mis vena el reflejo, que hi pócrita me engí A a un lado de la cuadra, llego cey idólatra del Sol, que en su pestana presumi abría el parpado de fuego; pero cuando a mi arrojo desengaña la luz de suerror mismo, a verme lleg (temeroso portento! trance fuerte!) en los funestos brazos de la muerte. leve el cuello enlacé de un bule helado, inmóbil esqueleto, arido, y frío; y a tanto susto, el ánimo alterado muere en el despechado pecho mío El tenaz nudo, deshacer travado intento, y menos logro, y más porfío alzo la voz, y desuniendo el razo, la daga empuño, y dol atrás un pisao y Hllano hijo: (prorrumpe aquella a sombra, que conjeló prodigio tanto y a la llama, que prodiga dispensa, en su aspecto, a leer, me dio el espano Villano hijo cruel, porque te venza la postrera piedad del Cielo Santo, de mi labio oye ya el decreto sumo. Y a voces dio de fuego acentos de humo TL más bárbaro ignoto, Indio Caribo adustamente inculto, he inhumano desordenado como tú; no vive torpe, aleve, sacrílego, y tirano. Redución penitente, infiel prohibe tu oscenidad, a un Seraphín humano a quien hizo a su error tu error esclava y ya sus culpas en su llanto lava. A innocencia oprimiendo de un hermana, casto yugo de puro amor la impides y a imposible coyunda, ciega, y vana la solicitas con tenaces lide Con la desobediencia soberana, precipitado, tus insultos mides; y aún los portentos de la Omnipotencia no mueven tu pecado a penitencia? Diles ya de Dios el brazo poderoso, que la amenaza tuvo levantado, (zo, y a la enmienda esperó, para el destro- llega impaciente a el límite ordenado. Aquel previsto término espantoso, tan breve cumple ya, que a tu pecado (en fuego condenado a eterno remo) la sentencia fulmina el Juez Supremo. DLdia de Martín (mira cuán breve!) l de ardiente ecúleo, a el trágico su- plicio (si con dolor no gimes) te promuebe formidable el de Dios, tremendo juicio. Llora, Domicio, en tiempo; a piedad mueve la justa ira de Dios. Este, Domicio, es el último plazo perentorio, que de parte de Dios te haga notorio. (ce, Don Esuelto en humo, entonces despare- la región penetrando de su abismo; y el pavor con que el pecho se extremece, late uno, y otro torpe parasismo. Mas pues ya mi temor se desvanece, vive el Cielo, cruel! vivo yo mismo, que a pesar de ilusión, encanto, y susto, ley inviolable, he de seguir mi gusto. L N su undecimo día me amenaza Noviembre con su Obispo celebrado? 6 Hores, y a su pesar, mi orgullo traza burla hacer de este Oráculo soñado. No ha de salir Felicia de mi casa; contigo Ángelio ha de quedar casado, a Eduardo he de dar muerte sangrienta, y con Arnoldo he de acabar su afrenta. Y pues vecina la purpúrea Aurora, Y de San Martín nos amanece el día, rasga el inútil luto, Artemidora, y de gala te viste, y alegría. Fiestas, saraos, banquetes, desde ahora prevén, y agradecida, a la fe mía REsuelve, o vive Dios, tu pecho haga Ssunto de los filos de esta daga! Domicio, hermano, señor, (mi dolor me ha de matar!) por dueño me intentas dar un vil Herege traidor? Tema a el Cielo tu rigor, haz de su aviso más caso; pues te le dan tan escaso, no hagas violencia a las dos: desenoja, hermano, adios, no dejes pasar el plazo. Risa a Domicio le da! Luego a creer has llegado, que hor podré ser condenado sin remedio. . Claro está, si arrepintiéndote ya, tu ira no enmiendas tirana. Pues, necia crédula hermana, tu fe te ha de castigar; ya hoy no te pienso casar, mas te he de casar mañana. Si yo he de morir hor, como fácil llegaste a creer, mañana te podrás ver libre. . Esa palabra tomo. Pues toda te coge a plomo, porque yo en muertos no fío. Hermano, Domicio mío, teme el rigor justiciero de Dios: vuelve atrás. . Primero volverás atras un río. Muy frescos hemos quedado. Ahora lágrimas envia tu pecho? . Ay, Niseta mía tiemblo a Domicio obstinado; temo de Dios irritado, un justo castigo en él. Tu suerte enmienda cruel. A tu remedio te aguardo. Ven, Belitre, y a Eduardo le llevarás un papel. Si él, el simple, la manera de herir a Ángelio alcanzara, ni a noche el bulto le errara, ni hor estas bodas temiera. mas mi fe industriarle espera. Qué risa! . El gesto repulgas? Pues no, si me descomulgas con tus cosas? . Por mi fe:: Pues qué has de enseñarle? l el modo de matar pulgas. Ya que la confusa sombra de aquella noche funesta, a un furor de realidad, dio un objeto de apariencia; pues ignorando a quien di muerte, su vida reserva el alevoso, villano, infame author de mi ofensa:: Ya que a la invisible astucia de mi traidora cautela, Domicio injusto, de Dios la última piedad desprecia; y el número de sus culpas lleno, dado a las torpezas, en desrreglados festines, su muerte halagando queda. Ya que a mi indiguado acero, oculta virtud secreta, casa, y personas esconde, que mis agravios hospedan; pues si a el entrar en su calle a miro, a el llegar a ella, sombra ignorada la encubre, alto prodigio la niega. Ya que Felicia, en mis iras (siguiendo de Magdalena el ejemplar penitente) deja la prisión deshecha, y a su contrición, de el Cielo la misericordia atenta, previene alta laureola, prepara eterno Diadema. Sobornando algún criado, que me ponga en su presencia:: Dejándome ver de Arnoldo, pues es fuerza que me tenga por Ángelio: . Verteré cuanta impura sangre albergan de los Agresores viles las torpes villanas venas. Le pondré donde en Domicio, y en Felicia, atroz cometa, de Dios la sentencia en él, de un error la culpa en ella. Arnoldo? . Traidor Ángelio, en ti mi espada sangrienta ha de empezar los estragos. Tente, Arnoldo, y considera, que te busco, para abrirle a tu desagravio puerta. Escúchame. . Si pretendes con engaños: . No lo creas: oye el medio. Eduardo viene, y que me embarace es fuerza; pero invisible a sus ojos seré. Pues ya que atropella Domicio, injusto, mi fe en la imagen que venera, y malogré de mis iras en Ángelio la resuelta ejecución de su muerte; pues cobardemente ciega su traición, fingió quedar en la agonía postrera; vive Dios, que ha de ver hor en lastimosa tragedia, el tálamo de sus dichas túmulo de sus exequias! Di, Belitre, a Artemido a, que de su hermano a la fuerza, no haga resistencia alguna; que yo (llevando cubierta de una máscara la cara) concurriré a el festín. . Buena traza será de librarla, ir a danzar en la fiesta de su boda. . Necio, yo iré a casarme con ella a pesar del mundo todo. Direlo de esa manera. Pues a Dios: el Cielo os guarde Id con Dios. . Quién será est extranjera bizarría, que siempre en la calle encuenta de Domicio mi cuidado? Mas qué me importa a mí? Esta es la industria. . Vida dais asas ̱g. Jú tas ofe pusque de su hermana, esposo Caser espero) me esfuerzan auriliar vuestra venganza. Señor, con quien manorea, lrazona alto aquel hombre, (está solo? la chaveta il juicio ha perdido. A Dios hasta después. . ADiós. . Esta, in duda, es manía. . Oíd, lilalgo. . Santa Gadea! e es Armoldo, y si conoce, e yo soy la buena pesca dlcriado de mi Amo, le fue: en la faltriquera ayo cierto emplastro, con que se he de curar una pierna, que ha de enfermar un ojo puuresta vez. . que me ordena vuesa merced? . En gáñeme; u nada, no sois quien piensa venojo, por otro os tuve: Ea, nobleza se mi ofendida opinión, ques ya tu venganza esperas, destansa el enojo. Fuese, (namola como un bestia lamigo: pegó el parche. tha hombre de estratagemas uel mundo más sutiles! lno avisar será fuerza Amo, porque viva con cuidado, y ojo alerta. sallego a casa, y por Dios, que los guisos saboréan llolfato: y los oídos armoniosa cadencia se los instrumentos: alto, n , - lana a muia En siempre apacible lazo, que casto vinculo estrecha, Angelio, y Artemidora viván edades eternas. Cielos, si ya de mi vida tan otra ha de ser la senda: que a vuestra esfera me eleve; como vuestra piedad deja, que mis designios profane el rigor de una violencia? Desdicha, ya en el extremo estas de tu suerte adversa, si no apredura Eduardo su osado valor. . Cautela, aflijámosle la vida, pues no logramos la presa! Temores, qué andáis puesando con torpes intercadencias el pecho, si ya pasó el día de la sentencia? Las máscaras van llegando. Famoso balcón, Nifeta, escogistes! Ea, valor! ya tienes en la palestra tus enemigos. . Orgullo, pues ya prevenidos quedan mis parciales, a lograr:: A conseguir:: (ganza La interpresa de mi Amor. . La gran ven. de mi honor. Ahora templan, músicos de Bercebu? Qué hermosos gestos enseñan las novias! . Nifeta? . No me gaste el nombre el badea. Mire qué dote la gasto! di a tu Ama, que no tema, que luego viene Eduardo, y habrá la marimorena. Ya entiendo: señora? . Sí, ya estoy: calla, no lo entiendan. Dese principio a el festín, mientras previenen las mesas. Así de el pesado sueño, que afligirme en vano intenta, he de triunfar. . Ah, infeliz Domicio, qué te despeñas! Teme a el Cielo, su amenaza te escarmiete. . No pretendas; que a vanos sustos me rinda; y aunque fuese verdadera la predicción que me avisa, como quieres que la tema, si el día de San Martín en delicias, bailes, fiestas, paso ya? Ah, que no ha pasado rebelde contumaz fiera! Que si Confesor, y Obispo, San Martín, en el día era de ayer, Pontífice, y Martir a otro celebra hoy la Iglesia: pero de tus ceguedades labrará la Omnipotencia tu condenación, y aún no tarda, castigo que llega. No empieza el sarao? . Sí. Yo haré la salva. Y yo. . Templa la ira, Eduardo; tuya, si el fin de el festín esperas, será Artemidora. . Basta; pues cuando no tu promesía, mi acero me la dará. Pues un traidor me violenta, Cielos Santos, no culpéis este arrojo! . Que obedezca la ley de el balle esforzoso a mi suerte. . No lo sientas, que yo soy. Pues a qué aguardas? A el fin de el minué. Ea, ciega cólera de mi furor! los viles cómplices mueran de mi afrenta. Oh, pesía a quien me obliga que la defienda! Ay de mí infeliz! Los Cielos me valgan! Tened, que a esta osadía, he de dar yo (pera, castigo. . A qué el Cielo es- pues media el día? Señor, llega tu castigo? O, pesía a el torpe accidente, que con mortales inclemencias, en frío hielo me abrasa, en fuego ardiente me hiela! Fuerte dolor! Cielo injusto, quién me apaga? Quién me quema? Quién me pasma? Quién me as- sombra? Quién me hiere? Quién me ciega? Todo me abraso! Ay de mí! me la justicia severa de Dios, el justo castigo me mata! Ea, infierno, ea, tuyo es Domicio, prevenle las cárceles sempiternas. Ángelio? . No soy Angelio, bárbaro; que soy aquella pisada Sierpe, que a Dios se opuso aleve, y soberbia. Ea, abismos, licenciad a las gargantas sedientas de vuestro centro, las bocas! Qué horror! Nisetilla, llega a aplicarle alguna untura a aquel enfermo. No ofendas (oh Arnoldo!) a tu penitente esposa, a quien Dios ordena, a pesar de mis rencores, que en sacra clausura tenga fin feliz, dejando a el mundo ejemplos de penitencia. Pesie a quién lo escucha! y muere rabiando! Dios me condena por lascivo. . Torpe ingrato pecador, baja a las penas infernales. . Muerto soy. Qué susto! . Qué horror! Qué pena! Fiedad, Señor! esta víctima funesta! Felicia, yo te perdono y empezando vida nueva a un pa, amo me retiro. Yo me refugio a una donde las lá grimas mías aplazar a Dios merezcan. Yo te ofrezco Artemio la mano. . Mi fe la acep esposo, padre, y hermano cobrando en ti. Y por la misma concomitanza, Belitre, qué dices? . Toca, Nise que no quiero que otro dí por mi otro. San Martiny Este es verdadero ejen que en la Católica Escuda de su Cristiano instruido docto Jesuita, enseña Señerí. . Señores míos, abrir el ojo, y alerta, porque asan carne, y a todo su San Martín se les llega Y dando fin a el casta aquí de la Incontinencia, perdonad el corro vuelo de una pluma que se estre
