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Texto digital de Castigar por defender

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Atribución tradicional
Rodrigo de Herrera y Ribera
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Castigar por defender. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/castigar-por-defender.

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CASTIGAR POR DEFENDER

JORNADA PRIMERA

Detente ciervo racional, detente, advierte que soy rica, y vivo enfrente: para cochero por tu vida, para, que tengo dos mil barros en la cara, y si no voy en coche aquesta noche, mi cara no podré pasar sin coche. Él se burla de mí, fermar no quiere, que es cochero siluestre bien se infiere; aunque también cocheros cortesanos, la desvergüenza tienen en las manos. No hay tortuga que tanto vuele, y vuele, cuando las aguas de Neptuno muele: ya se da con los cuernos lindos toques en las cortezas de los alcornoques. A árbol seco navega, como nave, sin temer de sus purgas el jarabe, cuando yo entre el uno, y otro extremo, alcanzarle no puedo a vela, y remo. Válame Dios! secretos son extraños, que se ajuste la cuenta de sus años, por el guarismo del mar sil siluestre, y sus agravios con sus años muestre: por esto solamente un hombre honrado es mal hecho que quiera ser venado. Pero ya en aquel charco suspendido, ensaya las liciones de marido: ya como en turblo espejo reluciente se afeita los chichones de la frente: ya se sorbe el caudal del charco enluto; O hi de puta, que sed tenía el puro! Dichoso tú, que con las aguas haces dulces guerras de amor, y dulces paces: mas distingo, que es grave desatino hacer paz con el agua sin el vino. El monte, sin querer, he castigado, y tanto de mis dueñas apartado se mira el corazón, que naufragante, parece vergantín, si no es vergante. El cansancio me han dicho que me oprime, mientras de fuego el Sol chispas esgrime, al pie de estos quejigos, y jarales. baralaré mis bienes con mis males. Salid, que os detenéis? salid retrato del chulo más jarifo, y más ingrato, que en el Cuzco jamás he conocido. Que entre tantos, mi amor haya escogido a un pícaro cruel, y más que humano, que dio muerte a mi hermano? como mi mal, verdugo, no le ahoga? estaba por tirarle de la soga. Mas no, que es el muchacho como unoro, que por eso ha mil años que le adoro: hay Príncipe de hHolías! cuando vendrán los desdichados días, en que con revoltillos, y alabanzas, rompamos los secretos, y las panzas? Mas como una Princesa de Napoles trata ansí los maridos caracoles? en fin, por amo amas me declino, y afe que no estoy harta de mal vino. Mas ya se me olvidaba, un humo amargo, que algunos llaman sueño, he yo letargo, en apio se convierte, o en veleño, y me va disponiendo para el sueño: aún antes que viniera le llamara, que ojos dormidos hacen linda cara. Arcabuz tan suave, que enseñado estás a bomitar el plomo helado, dando tantas arcadas de ardimiento, que aún peligran los vuitres en el viento. Dejemos por ahora las rencillas, que no quiero de plomo almondiguillas: después me haréis, si os pareciere, un plato, que en casa de Pórtela no es barato. Agora os arrimad, como sirviente, que después de estar viejo, y muy doliente, le echan sus amos (cual caballo en Soria) sin ración, y sin gajes a una noría. Que en fin, ya yo me arrugo, y mis ojos se ponen de besugo, que viene de Laredo tras nochado, en los días de Enero, que no ha helado. Esto es decir que ya me duermo toda, al pie de este carrasco se acomoda mi grandeza Real, ha fortunilla! no lo hiciera una dama de la Villa. . Donde me llevan mis patas, tanconmigo, y sin mi propio, quepor mí mismo pregunto salos pepinos más oscos? Que sirve, o muerte, que estires sinlicencia el arco corbo, sicastigas córcobados, tullidos, mancos, y cojos? No me atropelles, pues soy tanderecho como el rollo, tan delgado como el hilo, y como el tocino gordo. Quien le soplara a mi padre todos cuantos corroclocos me intima la fortunilla: ya me faltan los meollos de la garganta, pues sufro semejantes soliloquios. Voces en el monte he oído decazadores, que a un lobo iban dando grita y yo soy de lobos temeroso, si no es cuando en las bayucas, sin que me cojan los cojo. Bien quisiera declararme, que diz que en estos contornos anda la Princesa acaza, que es mi enemiga, y de todos. A su hermano di la muerte, sin querer, yo le perdono, que por vida de mi madre, que él se murió como un tonto. Si no, dígalo mi tía, que es mujer de lomo, y tomo. Que campo tan marchitado, que sitio tan deleitoso: allí gruñendo requiebros, y ladrando promontorios, como si calandría fuera, un mochuelo me da como. Allí graznando finezas, y lambicando despojos, un ganso pollo me avisa, que en mi vida fui más pollo. A esotra parte se escucha, en la alcandara de un tronco, la torrosilla viuda, que del tortolillo esposo, hace las osequias tristes, con pico suave, y ronco. Tortolilla, torrolilla, no es este tiempo de bobos, ya se te olvida el refran de que un clavo saca otro? Con esto, sin decir nada, pienso que lo he dicho todo: y así dire con Bártolo, y Bartolo, que ve mejor el que le falta un ojo. Mas Cielos, que es lo que miro? a la sombra de aquel chopo una picarilla duerme, que parece que en un torno fue labrada su hermosura sin el martillo, ni escoplo. De cazadora se viste, cual Gallega de estos sotos, y calza toscas abarcas, de los pellejos más toscos, Por Dios que la Tarquinada me hace arrúmacos, y cocos; sus pies son de redondilla en lo largo; y en lo corto, de arte mayor, con que deja los corazones absortos. Y si no me engaño, tiene, mirándola sin antojos, un retrato entre los dedos; naipe parece, es notorio. Ella sin duda ha jugado al tendérete, demodo, que perdió todo el caudal, y con este naipe solo en la mano se quedó, después de romper los otros: veré si es el Rey de bastos, el de espadas, copas u horos. Detente cruel Lisardo, . Príncipe de Monicongo. Cielos, si me ha conocido? . No basta que hasta los codos diste la muerte a mi hermano, sin mirar sus abolorios? Esta es la Princesa, hay triste! pero no durmiendo, como entre sueños me ha nombrado? ella se duerme. Tramposo . Lisardo, qué pretendias? Yo señora. . De mi enojo has de ser el negro. . Palo; desvanecer es forzoso la verdad. Este es Lisardo mi enemigo, que su rostro, al retrato que aquí tengo tanto parece, demodo, que los dos correlativos son de un huevo, y de un repollo. En manos de mi enemiga . he dado. . El liquido plomo de este arcabuz abrirá boca en tu pecho cerdoso, por donde la verdad abras. Corrarela a piedra, y lodo. No callas? qué te detienes? Yo Madama, soy Astolfo, no soy ese Lisardillo, que me dicen que es un mozo, que cuando canta, parece, que está ladrando un cachorro: y aunque en valor es diamante, tiene mui necios los fondos. Yo tengo título honrado de Marqués de Montehermoso, que desde el Monte olivete descienden sus colombroños. Verdad es que malas lenguas han dicho en un Locutorio de Monjes, que ese Lisardo es mi primo, y mi consorcio, después que cierta fregona en el lugar de los Cobos, con la sangre de los dos hizo en un cubo un mondongo. Parieron nos nuestras madres tan parecidos, tan sordos, que nací cariaguileño, y Lisardo nacio romo. Cuando salimos al mundo, llenos de alorre, y de mocos, que eramos entrambos hombres, dijo contento un Astrólogo. Y el juicio adelgazando de caso tan monstruoso, halló, que en decir la caca no seriamos muy prontos. Pero mucho antes de tiempo, en envíar sin causa al rollo a nuestros padres, y madres, como suelen hacer todos los higiros de vecino, que el Arte estudian de Antonio. Por esto, dama, por esto, con equívocos abortos, afirmáis que soy Lisardo, sin mirar que soy Astolfo. Fingiré que me he engañado, - pues se encubre temeroso. Hbéis hablado tan culto, y con tantos reconcomlos, que han sido vuestras razones para mi fiesta de toros. Conoceisme? . No Madama, más entiendo que sois monstruo de esta montana agradable, y afe que teniendo ojos en la carira; es sobrado ese cañón polvoroso: dejadle para escribir bastardas letras de plomo, en el papel de mis ansias, cuando sepáis que soy topo. O que arlajo, o qué jarifo, es el inozuelo visoño! Fenisa soy, la Princesa de este Reino cabernoso: así pienso asegurarle. Luego lo vi por San Roro, porque no podía ser otro el sujeto que ignoro. De adónde venís? . Venía buscando por estos sotos unas seras, que el caldirlo es al gusto muy gustoso. Deme su Pateruidad, de dos pies uno tan solo. Al Sabado solamente doy mis pies, Marqués Astolfo, y a los que son Dominguillos, manos con todo el mondongo. Qué bello será, y tendrá, sin comerlo me da cómo. Ved que llegan mis monteros de Espinosa, y es forzoso que aquí se doble la hoja, si tenéis sangre en el ojo: ya no es tiempo de engañifas, yo os pondré como un madroño la parte rebesa; ola, Mariscal, Celio, Sempronio. Engañome la taimada. . Treinta pajes, treinta pajes. Sin duda que es renegada. . Ya lo veredes Agrajes, al freir de la ensalada. Icio, Llamas? . En tu cuerpo, ne- porque el fuego de un desprecio, tal incendio me ha causado, que me bajé del terrado, porque llovia muy recio, Qué quieres, señora mía? Qué pide tu Majestad? Pensaba a Vueleñoria hallarla en la soledad, y se está en la compañía. Quién es este campañario, o tumba de aniversario; con Rosario por cadena? Es un alma que anda en pena en la calle del Calvario. No te he visto ha treinta meses entre los haces de mieses, y así toqué con mohina, de cuerno aquesta bocina, porque mejor me entendieses. Yo castra puercos Reales, a cerriles animales, mas luego que el chisme oyeron, a guardar al punto fueron sus secretos naturales. Ajabalies de fama, Capadocia los infama, pues los capones, Princesa, son buenos para la mesa, pero no para la cama. Cuando los cómo, de aquí para allí se andan mis dientes, de los más lindos que vi, porque aún estando calientes son fiambres para mí. Tiene, señora, razón tu cuerda satisfacción, pues en la fuerza del hambre, más quiero un gallo fiambre, que no caliente un capón. Cómo se llama esta niña? Cómo se puede llamar? la giralda con basquiña. De ese más alto pinar, decid me alcance una piña. Es para el caso aliñada, pues sin tomar los conejos, de esa torre levantada suele alcanzar los vencejos, como quien no dice nada. Y por eso a la ligera viene con Madama Flor, contra el León, y Pantera, pues se caza a más sabor con una fiera otra fiera. Una al marada dibuja, y aún la saca de la puja, pues que pueda la tamaña oradar una montaña, y sobrarle mucha abuja. Quién es este Marquésote, autipoda de Aranjuez, que intenta, viniendo al trote, sin presentarme una nuez, dar a la mía garrote? Es cazador de abutardas, que entre espadas, y alabardas de robles, y cabahigos, se halló diez serás de higos, pensando que eran albardas. Es un milano ratero, que cazando sin dinero, a la garza se abalanza, sin ver que no hay buena danza, si no la toca el galtero. Y aunque le veis tan muchacho, juega al hombre el hombrecillo, más cuando quiso el gabacho, con destreza darla un chacho, la garza le dio un codillo. Quédeme un año dormida en la falda de ese cerro, y conociendo mi herida el perro, dándome un perro quiso ladrarme la vida. Mas sacando una saeta, luego que entendí la treta, tan diestramente tiré, que la tera le oradé por encima de la tera. Calentarase de espacio, si el viento no me socorre, y así Mariscal Oracio, llevadle luego a una torre de mi cabaña, o Palacio. Asidle de los calzones. Ya yo le comienzo a asir, . por ver si tiene doblones. Sin duda voy a morir, pues que me cercan visiones. Esta rueca del perrillo me dad también general. Digo, y bien puedo decirlo, que las pintas de mi mal no senalán tabardillo. . Con aqueste testimonio le prendo en un matrimonio, y suelto de una tragedia, porque llaman la Comedia los enredos del demonio. . Ungaros, a quien la fama, por afrenta, y vituperio las colunas de mi Imperio, sin tener razón os llama, del laurel la seca rama, vuestras sienes de campeche guarnece, peche, o no peche con que topo, y sin encuentro, que debisteis nacer dentro de algún barril de escabeche. Ya el de Escocia, que aturdido estaba, porque a Ricardo mató mi hijo Lisardo, sin querer, ni haber querido mas vencedor que vencido, dejamos, bien lo autoriza tanta asada longaniza, y tanta cruda aceituna, pues con solo comer una, lamparas de vino atiza, El harriero ha venido de Ungría con esta carra. Avisará que me parta, pensando que estoy tullido mi Reino, y no por olvido: la nema rompo a traición, ya se alegra el corazón, dejando al higado en calma, miedos que previene el alma, venturas sin duda son. Luego que vuestra Alteza sa- lió de Ungría, a dar de mojicones al de Escocia, el Príncipe Lisardo su hijo, y el Marqués Astolfo, se en- barcaron en una cascara de nuez; andaba el mar muy hambriento, y viendo que los dos estaba pasados por agua, y en cascara, se los sorbió como a huevos; y aunque la casca. ra era de nuez, no pudieron nadar, ni hacer piernas, porque no las te- nia. Esta venturosa nueva trujo un Del fin, correo escamoso de aque. llas marítimas veredas. Vuestra Al- teza crea de esto lo que peor le es- tuviere, y advierta, que no hay Ra- lendario que no rémate con decir: Dios sobre todo, el guarde a vues- tra Alteza de peña baja, como sus vasallos deseamos, y abemos me- nester. Deshecho en dulce llanto, Lios, elbazo se me exprima por los o- y sin mostrar enojos, Tias, sea su llanto tanto, que en Cobeña, Gétafe, y Castille. ahogue los garbanzos, y lantejas. Vistan de gamuzado aquestos campos de el Abril orro. Eres, más lúcidas las flores hagan escaramuzas en el Prado, y risuenas las aves, chillé traviesas, y no vuelen gra- Ay Lisardo sorbido! ues. hay hijo, en buenos años mal lo- de mí tan castigado, (grado! como yo de tus cosas perseguido oye mis chistes tristes, tes. que aunque parecen chistes, no son chis- Señor, no el llanto enfrena, la boca sí, que está como la plata de tus canas. . Relata el contento mi pena, o sirviente, demodo, que hilo a hilo las perlas ensartar quiere del Ni- Quedo sin herederos, (lo. cuando la edad guarismaya en mí porque los ceros cuente, (frente, de mi agravio los Cielos, pues son la edad pasada, ceros los cueros que no tienen nada. Dos mimbres eran fuertes, el Príncipe, y Marqués de este edi- mas ya (pierdo el juicio) (ficio: con sus tardias muertes, (lo, es fuerza que con flema, y sin desve- este fuerte edificio de enel suelo. Confieso, señor, que en ti son los dolores muy grandes, mas no es justo que malparas, sin consultar la comadre. Apretada una ropilla, revienta por los hijares, y si revientas la tuya, no hallarás en todas partes, por el ojo de una abuía, como de la cara un sastre. Mas qué reviente tu cuerpo: que te importa a ti Pelaire? que aunque era rubio mi hijo Bobalias el Infante, como algunos curan bobos; pudiera también curarse. No es cosa que tiene cura, aunque le echen dos mil parches. Deja, amigo, las mentiras, que no estoy para verdades. Al callo, que es muy justo. Haz se congreguen mis haces. De trigo, u de alcacer? Que necedad! de Gigantes, venidos de Trapisonda, solo a servirme de pajes. De Trapisonda son todos los vestidos que ellos traen, mas no tienen haz, ni emves, y así no conozco a nadie. Mucho ves, di que caminen a embarcar mis doce Pares. Mira que quedo de nones, porque no hay quién me acompañe, Graznaste como gallina. Tú como cuerbo graznaste. Ea, toquen las bocinas, que antes que el chulo de Dafnes, dos mil veces en su coche por esas esferas vague, han de dormir mis bajeles a la sombra de los sauces de la playa de Napoles, sin que despierten su margen. Porque son por lo pequeño una montana portátil, por lo veloz Escribanos, que escriben plumas de sacres, por la cuenta despenseros, pared, y medio de sastres, o de Alguaciles, que fundan el ser mógil en ser ágil. Di, con los mares te metes, cuando acaban de tragarse a tu hijo, y tu sobrino? Qué importa que se los traguen. Yo les domaré los lomos con las quillas de mis males: y afé que la Princesilla, muy cumplida, y muy bastante, me ha de dar satisfacción de que mi Lisardo ande en las bocas de los peces, como en las del vulgo infame. Tocad, pues, los caracoles, y los rubios tafetanes enrosquen culebras muchas, en el viento, o en el aire. Llega aprisa la canoa. Echa la plancha Amurates. Estamos en Berberia, o en la venta del Alcalde? Ya rezan los Marineros. Mal viaje, mal viaje. Ya el viento en los remos sopla, y el mar en las aguas bate. Allá voy monstruo marino, guarte de mi flema, guarte, que pues me sorbiste a un hijo, te he de sorber como un padre. Aunque en Nápoles estoy, dejar de temer no puedo, por más que pistos al miedo de aliento, señor, le doy. Que aún parece que escuchando estoy los ahullidos roncos, que entre los peñascos broncos iban los mares ladrando. Y aunque ya me veo aquí, libre de su airado centro, cada sar dina que encuentro, es ballena para mí. Y aunque en valor diferentes, señor, cada camaron me parece un Tiburón, con siete ordenes de dientes, Y sin ser la Cesel cada ouicona un pirata, cada fregona fragata, y cada dama bajel. No me cantes más responsos, deja plegarias, amigo, que no se me da un quejigo de tus quijares intonsos. Ya de los Reyes Alfonsos se comieron las perdices, masca muy bien lo que dices, y mira que si te agarra de las natices mi garra, te he de agarrar las natices. Vamos al grano, señor, y deja la paja agora para las albardas, que andan las tuyas muy flojas. Que tierra es esta? . Napoles, que llamaron Macedonía un tiempo los Longobardos. Según escribe la glosa de los toros de Guisando, guisan muy bien una olla en esta Ciudad. . Piñata la llaman en Babilonia, y en el Cairo sancochera, porque las carnes sancocha. En Lusitanía panela, y puchero en Calahorra: aquí nació de su madre el de las narices romas. Sirena fue, que cantó las necedades de Troya: esta es la Regia cahurda, en quien dicen que se aloja, o se envina Fenisilla, que viene por línea corba del Fénix que nadie ha visto. D el afirman se remoza con humos de incienso macho, que algunos llaman aromas: cala porque los venden y en la calle de las Postas, y que pretendes decirla? Yo, contarla mil tramoyas de las que se dicen, y hacen, de San Felipe en la lonja, los que de un pernil no pueden comerlas a todas horas. Diréla que soy Astolfo, referiré nuestra historia. Y a vuelta de mil mentiras, dirás esta verdad sola. Y aunque se reurte más, la pediré por esposa. Y si no quiere? . Forzarla, como hice con otras tontas, y después me casaré con la Infanta, que es gran moza. Con su hermana? No es su hermana. Estás en Constantinopla? tu buscas que en las espaldas te den ducientas manoplas, y en lugar de la Corona quieres pretender coroza. (mes No es su hermana por S.Les- que una Monja muda, y sorda me lo dijo. . No es posible, porque en el mundo no hay Monja muda, aunque bien puede ser que la haya sorda, y coja. No digas que eres Astolfo, que aunque es Fenisa una onza, tiene librás de venganza, y de crueldades arrobas. No fíes de esta mozuela, que un Poeta que hace coplas, en que juega del vocablo, porque no tiene otra cosa, estos versanganos hizo. Fenisa, Fénix tan oíca es tu condición, que cuando tus ojos, ajos, se enojan, con Hércules se Herculcan; y con Sanson se Sansonan. Vete ya, que la Princesa, cargada con dos alforias llega a Palacio. . Ya, voyme a dormir como una mona, y atiende a aqueste consejo, aunque agora nada importa. Lindamente sabe el vino después de comer bellotas. . Yo el aforismo bebiera, aunque fuera en una bota: a secas pienso admitirle, que la Princesa es machorra, y si mi nombre la digo, verterá toda su roña. Direla que soy criado de Astolfo, que es mi persona mismísima, que escape por encanto de las olas. Y si acaso refunfuña, la diré con mucha sorna, que vaya a espulgar un galgo, y si no quiere, a una zorra. Con esto me conglutino, y hago públicas mis bodas, sin que la novia lo entienda, aunque lo entienda la novia. Despiojad aquesta sala, que Fenisa mi señora ha llegado en un borrico, de hacer lo mismo a la sombra. Hola. . Hola. . Que oleadas son en Palacio las glorias. Ya ha llegado, linda sembra. Aunque vengo calurosa, un frío fraigo que es rabia. Causaranle las toronjas, porque son muy peliagudas: así lo afirma en se Historia Hipocras, no es muy sagrada, mas tiene cosas devotas. A este criado diré que la avise. De modorras de mal de madre, y jaquecas refiere cosas que es cosa, y cos el poder contarlas, sino es yo que las sé todas. Un Ungaro mal trapillo, dice que sablar te importa, antes de dormir la fiesta, porque es frágil de memoria. Decid que muy ágil llegue, si no viene por la posta. Manda que solos quedemos. ̱. Parece el bobo de Coria, pues con la madre Fenisa sequiere quedar a solas. ̱. Idos todos. . Venid. Vamos. ̱. Ya sabéis rubia Amazona, yno es mucho lo sepáis, qques tan poca parte os toca, que en un balle del torneo, no con industria alevosa ledió el Príncipe Lisardo avuestro hermano en la cholla un palo, que le escoció mucho, en el monte de Escocia, aunque han dicho que en el monte fue de los piojos, bonda que él lo sintiese, y que a mí nose me dé una chichota. Vamos al punto, él murió, ganando aquesta victoria: si fue dicha, o fue accidente, javos lo sabéis Madona. Por aquesta niñeria, Astolfo, y Lisardo toman las de Villadiego, vanse, y que hacen, luego en la fiera de nueva España se embarcan, aunque les soplaba en popa el viento, para escurrirse, como otras veces la bola. Cuando Dios y en hora buena, de Marsella allá en las Pomas (que fueron pomos de espadas, sino de hierro pelotas) se alzó sin ser Ginoves el bellaquito del Boreas, que estaba por soplón preso en una oscura mazmorra del Palacio de Neptuno, sin rejas, ni claraboyas. Este, dando el soplo al mar, hizo alborotar sus ondas: los capotes de las nubes eran tantos, que en Segobía no se ha visto tanto pano, que es tanto paño, o que alforias? ni batanan tantas piezas en las Navas de Tolosa, que allí piezas, y batallas de paño, son milagrosas. Los cuales se encarrujaron, y encresparon de tal forma, que creí que eran tohallas, jabonadas en Lisboa. Los gabilanes grumetes, dan voces, aboga, aboga, porque trinquete, y mezana, como si fueran escobas, iban barriendo la espuma, que en su torre el viento forja. Ya sube al centro el bajel, ya se baja a la picota, siendo del género neutro, no masculino en sus cosas, tanto, que dijo un forzado, este barel es peonza, pues con correas de vidrio el mar muchacho le azota. Y otro que el lenguaje culto, cortado en la Corte toda, afirmó, que parecía Do minguillo de las olas, o pelota de las aguas, pues en la Naval discordía, con sus palas cristalinas tantas veces le rebotan. Astolfo, y Lisardo entonces (que en el gárito de proa, al hombre jugando estaban, para cenarse una polla. Los naipes descuartizaron, dejándose al Rey de copas, para hacer brindís de vino a las aguas que los mojan. Mas no dándosele un prisco de todas sus carantoñas, el banquillo de madera en otro banco de roca, se hubo de hacer las narices, entre aquellas carámbolas, adonde sin decir hoste, el batelillo se ahorca, apretándole la nuez tantas cristalinas sogas. Mi amo Lisardo entonces (que como las buenas boyas de galera, pretendía remar bien, por temer ronchas. Viéndose a la boca el agua, que tenía por ponzoña, a sesear se bajó, de Nepiuno a las alcovas, adonde dicen que está (así lo afirma una foca) tomando unciones, porque es la parte calurosa. Después supede un Delfín, que aún hasta agora las toma; sin babear, con que entiendo que es su cura peligrosa. Y que ya todos los peces, en la fiesta de una boda de su carne, y sus entrañas, hicieron mil pepitorias. Astolfo, y yo, que quedamos asidos de una maroma, nos embarcamos en ella, como si fuera canoa. Viendo malparado el pleito, y que el bajel no era cosa, sino de desesperados, que con sus logas se ahorcan, al charco de los atunes nos arrojamos, sin bota, begiga, ni calabaza, mesón de vino, o cambos. Y esgrimiendo a lo de gatos, a un tiempo las uñas corbas, fuimos arañando el agua por una parte, y por otra, no quedando sin aruño, ni una gota de sus goras, hasta que el mar afligido de traernos como alforjas al hombro, nos arrojó, sin otra costa a la costa, adonde unos bandoleros, que andaban cogiendo conchas, para bordar el vestido de una avarienta señora: como en su cabaña a Bras, nos tuvieron en su choza, y viendo Astolfo que es tiempo de olvidar cosas moosas, desde Escocia me ha enviado a pie, descalzo, y con botas, a deciros, que pues ya de Lisardo no hay memoria, por quedarse remojado, como los pulpos, y anchoas. Que os sirváis, pues que le hereda, de ser al punto su esposa, sin dilación, sin melindre, sin córcobos, ni córcobas, y si no, que por su vida, que al momento, y a la hora que lo contrario fagades, sacará una moratoria del Realengo más cercano, para abanarse las moscas, que de vuestro amor le pican como si fueran lisonjas. Ea pues, Cristiana fembra, eapues gentil machorra, ya es tiempo que se derramen achaques que el tiempo achoca. Ya Lisardo es abadejo, que en las plazas se remoja, haced, pues, que este imeneo No pudiera mi intento, sea cuerbo, y no paloma, de la paz de estos dos Reinos, tendrán paz, y después gloria. Que si respondéis ingrata, que si os ítritáis piadosa, para celebratos tienen cuadernos de euernas hojas los árboles en invierno, como en el verano aljófar, las playas de Manzanares, aún más que su arena gorda. Para cántaros también chirimias las historias, cornetillas Medellín, sacabuches Trapisonda. Caracoles tienen cañas, y llegando a la forzosa, por si fueréis nariaguda, tiene Jubileos Ronia. apoyar su lascibo pensamiento mejor que de esta suerte: quiero disimular, si bien se advierte, daros mil palos debo, por las nuevas, mancebo: quiero decir, que muerto ya Lisardo, mucho en daros las gracias mucho tardo. Mas sin duda de Escocia habéis salido cuatro mil años ha, pues no eis sabido, que de ella vino agora ese bellido Astolfo, y que en Zamora quiso darme la muerte? Astolfo? qué decís? . Y fue gran suerte, si el Cielo por mi cara no mirara, ya bodoques se hicieran de mi cara; mas ya por este viluefando exceso, aunque sin libertad le tengo preso en esa torre que en la tierra estriba, no sé si cuarto abajo, s cuarto arriba. Señora, el seso gano, y pierdo el seso, vos al Marqués Astolfo tenéis preso? Hay tan gran desacato! no basta que lo diga mi zapato? Resobra que lo diga, y que lo mande, pues bien puede cubrirse por lo grande: quien será el mal logrado, que con mi nombre aquí se ha disfrazado? No perdáis de temor vuestro juicio, que el mandarle prender en mí no es vicio; y creedme que soy mujer honrada, que aunque prometo mucho, no doy nada, que la prisión importe, o no os importe, mandaré que os regalen en mi Corte, que tengo, sin ser nieta de una arpia, con los hombres notable simpatía. Pues que ya me hacéis, señora, favor tan antiguo, y nuevo, permitid que en la prisión, sin estorbos, ni embelecos vea al Marqués. Sin más lances, ni más lanzas lo concedo. Beso vuestros pies mil veces, aunque estén sucios los dedos. Esta sorda la Princesa? Esperancilla, qué es esto? Mariscal, que os ha picado? Emos comido pimientos. Sí vuestra Paternidado no apropinqua algún remedio, la ruina se apropinqua de sus levantados Reinos. Y cómo ha sido Esperanza? como Mariscal? . Comiendo. Alborotada la pleve de saber que tienes preso, con justa causa al Marqués, le quiere dar pan de perro. Cieéis lo que os dije agora? Si no es bien trobato, es vero. Mas como la pleve, o pebre, quebranta mis mandamientos? Muera Astolfo, muera Astolfo. Ya hyerbe el pebre más quedo, en la olía, o en el caso de ese pequeño aposento. Vamos a cogerle. . Vamos, no le dérrame en el huerto. Lindo, que capricho tienes, porque me dicen que es bueno la mañana de Juan Sanchez, para enrubiarme el cabello. . Quién eres fiera estantigua? quien eres gordo esqueleto, que para doblar mis males, toca campañas tu cuerpo? Por no decirlo en romance, te lo diré en un Soneto. No has visto cuando ladrán las chicharre por el mes de Diciembre en esos cerros encogerse las flores de los berros, y ensancharse las hojas de las parras? No has visto que no es yatiempo de marte pues se casan los gatos con los perros, que por yerro en bilbao se hacen los hierro y en Aragón los barros por las barras? No has visto cuando ilbana los hijares, con agujas de plata el Dios Calijto al atún de la hijada en esos mares? Di si lo has visto ya? Por lesu Cristo, Lres. que sin mondongo he visto mil cuaja. Pues vete norámala si lo has vis. sto.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA De una tía es tu porfía. De una madrastra tu error. Yo no miro en el honor. Tampoco en la cortesía. En la prisión no has de entrar. Yo he de atisbar al Marqués, porque nadie dice que es su persona singular: no es gentil, ni tiene brío, y merece que piadosa le trates. . Ya estoy rabiosa, y aunque es grande desvarío, de mi hermana le recato, pues si entra el Príncipe a ver, luego le ha de conocer, porque pintó su retrato, y también porque con hielos de mis celos, querrá amor, no mirando al pundonor, darme un cañazo de celos. No le tengo de aojar, dejámele ver. . Es susto, hermana, y de ellos no gusto. Pues yo los quiero gustar. Yo la ofendida soy, y de su vellaqueria, yo soy juez en rebeldía, y tú, hermana, no, y reno. Castigarle toca a mí, que soy tu hermana menor, si no en años, en valor, digo que sí, y que resí. Como el pundonor me ultrajas, de la plaza verdulera? Como tu de ella frutera, mis pundonores relajas? Miente tu chapín ingrato, por la gola, y por la frente. Y otras tantas veces miente por la boca tu capato. Esto a una dama de Corte se ha de intimar mujercilla? Tú eres dama de la Villa, yo soy damaza de Corte. Esa impudica quimera, bachiller, en que se funda? En que soy yo la segunda mondonga, y tú la primera. Yo la trasquilara el pelo, si supiera trasquilar. Si a pelo supiera andar, yo anduviera al redopelo. Me pesara que este encuentro azar sea más despacio. u. No juego más, porque Oracio quiere salir acá dentro. A voces te quiero hablar, aunque me escuche su Alteza. Oye aparte: qué hay de viejo? Hablar quiere a tu Eminencia aquel Gandalín criado, que de Lisardo las nuevas trujo. Qué venga me importa, . y no importa que le vea. Qué le he de decir? . Nada: pero decidle que venga, más que en la trena no gusto que entre con armas, ni ruecas. Entrará con usos? . Sí; que andar al vio es prudencia. Que ansí de mí se recate! . Echa la dejo una bestia. . En volviendo a su cuartel, yo volveré a mi cartela, por si me echaron de clavo más rayas en la despensa. Hy Lisardo, Lisardillo, pícaro de cuatro suelas, no conoces los quilates del plomo de mis finezas. . Que se dé tanta papilla a una Infanta, que es tan vieja? Ella me ha de volver loca, si aprieta mucho la cuerda. Pisando con pies de lana, como rumían los Poetas, con un freno la osadía, y el temor sueltas las riendas, sin ver buena pieza alguna, he llegado hasta la pieza primera de lienzo, adonde es de mi amo la trena que le rogué. . Gente viene. Que su nombre no dijera, y que no quiso si no soplárselo a la Princesa. Quién a la Princesa nombra? Yo he dado en la ratonera, . caza me han dicho que estaba la Princesa; mas qué es ella: mi miedo sin fuego hierbe, hoy me empluman, yhoy me enmie- Clan, y mañana me dan mitra en la sala de echiceras. Y si a docientas manoplas se hace mi espalda de pencas el Jueves, de aqueste agravio apelo a mil y quinientas; la industria me ha de valer. Decid, quién sois? Yo, quién vuestra Serenencia más gustare, y quien mándare que sea sere no más, que no intento quebrantar nunca sus fiestas. Humor gastáis. No he heredado de mis padres otra renta, después que de un mal Frances se curaron en Sansueña. Qué buscáis? Busco alfileres, porque el agua ha sido recía, y en esta calle que llaman del Arenal, siempre quedan tantísimas de estas maulas, que los muchachos de es cuela, ya por las faltas del río descubren entre su arena. Y también a un Marqués busco que por su culpa, y sin ella, en esta torre está preso, y consolarle quisiera, que soy del Marqués sirviente, desde que se usan las suegras con tocas de perpetuan, y sayas de sempiterna. Criado sois del Marqués? Tan leal, que en competencia mía son todos los canes galalones de la legua: que beldadllo que me pierdo por no ser Príncipe. Buena es la ocasión, de él sabré lo que en mi pecho no pecha: como os llamáis? . Esto siro a tu natiz por respuesta. Qué hacéis? Empiezo a envíar por la apretada estafeta de mis narices correos, echos polvos, que penetran, que caminan halla donde se rematan las molleras, para que haciendo cosquillas alos sesos, se entretengan, y en acabándose el humo de la espesa polvareda, las molleras, y los cascos se nombran con grande pena, cabos de finibus polvos, como de finibus terra. No os he entendido. Mi nombre es, señora, de una hierba, con cuyas virtudes son las del romero frusleda, ya quien las humanas tripas, demodo viven sujetas, que cucharon en un punto las revuelve, y las menea, siendo alambique de cascos, y sanguijuela de flemas. De los catarros ventosa, y esponja de las jaquecas, delos campos de Barinas se plantó mi descendencia, en los fértiles de España; y aunque veo que es moderna mi nobleza, como antigua la respetan, y veneran, pues por estima, o buen trato, aún hecho polvos me celan, y aunque esté muy bien molido, mas molido me quisieran. En humo tal vez resuelven mis rollos, no de manteca, y tal vez como a pastilla, entre los dientes me aprietan. En fin, todos me maltratan, auaque les cuesto su hacienda, y por creer que he de irme, en un estanco me encierran, pienso que por el valor que les causa mi presencia. Mas solo un desaire tengo. Cuáles? Que si alguno llega, tomándome, a estornudar, con cláusula que reservan, dicen los que están propinquos, (aunque tomarme no vean, si no es tabaco, señor, Dios le ayude, de manera, que solo a mi nombre el mundo el Dios te ayude le niegan, Ya te entiendo yo, Tabaco, seré de hoy más tu defensa: dame un polvo de tu nombre, porque también las Princesas, por los polvos, y los lodos caminan como estafetas. Aquí mandó que aguardéis, hasta que su Alteza vuelva. No sé quien viene, Tabaco, aquí te retira. . Deja que vea al Marqués: mas él sale agora de la trena con otro hombre. . Favor es de las guardas. . Qué obedez- es justo, como un Tudesco (ea espero firme a su Alteza. Temo que vuelva mi hermana; mal talle, gentil presencia. Sin espada está, bien hace porque si arcabuz tuviera, al vuelo acierta tan bien, que aún una pulga no acierta: hablarle quiero. . No quiero, primero importa que adviertas lo que a ti nada te importa: en esta cuadra de afuera, sin lisonja, y con me indre te diré la más horrenda invención que ha sucedido entre Cabañas, y Illescas. Este criado me tiene por mi hermana la Princesa: trague agora la papilla, y al Marqués, sin que lo sepa mi hermana, pretendo hablar, por esas del jardín rejas: ya tengo rumiado el modo, alerta cocote, alerta, sígueme. . No es tan cruel como pensé la Princesa; yo creí que era una sierpe, y por Dios que es una dueña. . Ya la culebra Infanta se ha escurrido. Su Alteza viene. . Estoy como aturdido, y por este favor más que inhumano, beso, y rebeso tu afeitada mano. . De todo punto esa intención se borre, que tenéis en los labios mucho ahorre: avisad al Marqués que salga luego. Bien le podré avisar, que no estoy ciego. . Quien puede ser esta mujer, u hombre, que la cara me usurpa con el nombre? El lance es de comedia en lo apretado, . plegue a Dios que el copiero no haya errado. A tus pies, más forzado que obediente, me tienes como copla de repente. San Jesucristo, aqueste no es Lisardo? . Aqueste es el Marqués, y no Belardo, . más por sí quieren barajar su vida, el naipe esconderé de este homicida. Mas por sí quieren hoy parar su muerte, no les pienso topar tan mala suerte. Parece que os quedáis atolondrados, como novios que son recién casados: no estéis entrambos largos de encogidos. Sin pulsos los talones, y sentidos, cual Labrador que encuentra entre las flores del carrasco, que ostenta más olores, una suegra enroscada a lo serpiente, sin haberlo pensado de repente, que embargada la acción del movimiento, figura se quedó de paramento, hasta que la materia con la forma se juntan, cual zaparo con su orma, y los miembros que estaban apartados, se vnen como cuenta de quebrados. Así, viendo señora, este sirviente, que pensé por mi vida, y ciertamente, que con Lisardo entonces se quedaba, cuando la mar tan regañona, y brava, nos divorció a los dos con rigor tanto. No es mucho que de enojo, y que de espanto se vista mi desnudo pensamiento, mas agora que palpo, miro, y siento que vive, y es quien es, le doy mis brazos, pues bien merece de cadena lazos. Acatés tan fiel, ven a mi pecho. Mi primo, y mi señor, que es lo que has hecho? Una gran necedad, guardar la vida. La mía daré yo por sumergida en tu servicio. . Disimula agora. Con justa causa gratular, señora, debo tanta merced, pues de un engaño, que acreditaba el corazón tamaño, he salido por vos aqueste día, que por Dios que jurara que en Pabia se quedaba el Marqués de Monthermoso. Qué bien me avisa el Príncipe mocoso. . Mas con esta experiencia me retardo: si es el Marqués Astolfo, y no Lisardo? que aunque al verse parece que tuvieron calentura, después se convinieron en las razones: pero bien se advierte, que el sirviente es leal, y de esta suerte, como Leona, cuando está parida, quiere guardar al Príncipe la vida: y también me lo dice su retrato: caso tan grave, pide más recato, y no querrá el Marqués decir su culpa, estando aquí los dos. . Examen fuerte. Mi Reino pide que le dé la muerte. Qué piedad! . Qué decoro! Ella me aturde, cuando yo la adoro. . Aún antes de comer todo el besugo, se lo dirá de vueltas el verdugo: yo le daré un tormento de tramoya, que le haga confesar, aquí fue Troya: ola, guardas, cuidado con el cuento, no me dejéis entrar al mismo vien- , . Ito. Gracias a Dios que se ha ido esta tarasca de aquí. Y gracias a Dios que en mí no reina sueño, ni olvido. Suceso indomito ha sido. Yo te narraré después mis fracasos, el Marqués dije que era, y no mentí, porque si no vive en mí, tu vida de entrambos es. Es tan rala la infusión de la sangre, y la fealdad, que de dos en igualdad, hacen solo un cangilón. Luego por limpia razón, diferencia no ha de haber del un ser al otro ser, que entre mujeres, y hombres, las personas, y los nombres, como Frailes han de ser. Yo no entiendo esta Princesa, antipoda de Catón, ya intenta darme marrón, y ya muestra que la pesa. En eso mismo confiesa que te adora con recato: ella es mujer de mal trato. De cuerda debe de ser; aunque loca me dio ayer, sin pedirle, su retrato. a el retrato, de quién era? Mío. . Gatuna invención; zape, amigo, esa es traición con gato, y con raronera: gran manotada te espera; pues en ratonera estás, acuérdate bien de Bras, cuando estaba en la cabaña, que esta mujer es braña, y en lo fiero Fierabras. Esta noche hablar pretende la infanta con el Marqués, fingiendo, o que embuste, que es la Princesa a quien ofende, es mozuela, y no lo entiende, y así a avisarle me envía: y porque haga bien la guía, esta cadena me empuía, por el ojo de una aguja meteré la terceria. Esta sortija me ha dado, que a la Princesa sopló, con lo cual no me estorbó la guarda el haber entrado. Con otro está alli parado: llamarele:ce. . Quién es? A vos os busco, Marqués de Monthermoso. . Yo. Calla. . Prevenida una bata. que os llama lanza, y pabes. Illa, Quién a ella me convida? Una dama oculta, a quien habéis parecido bien, y os puede escapar la vida, que es Cristiana, y bien vestida esta noche, o Conde Claros, la tal dama quiere hablaros por las rejas del jardín de Palacio, porque en fin puede salitos, y entraros. Primo, la Princesa odioso, sin duda a llamar me envía, que esta cosa no podía reinar en ella sin cosa. Ya la noche perezosa tiende el manto de color. Iré con él? . No señor. Miquís, y él somos bastantes, que no es de participantes esta dama. . Gran finor. Allá fuera está un criado, que dice lo es del Marqués. Tabaco sin dudaes, . que piensa que estoy ligado. Y aunque viene a lo soldado, él sus armas os dará, porque ya avisado está. Dos córcobas mi amor tiene, pues no sé cuando se viene mi amor, o cuando se va. Seguid mis pasos, venid. No sé, primo, si lo aciertas. Quién me franquea las puertas, no es muy parienta del Cid. No lo sepan en Madrid. Citón, vete a descansar: mi estrella guiar, guiar . podéis apriesa la danza. Harelo como Esperanza. Ya se fue, hombre a la mar allá torne, y nunca vaya; no me importaun flauto, o pito, que estoy de damas ahito, que juegan al tres en raya. Si Lisardo no desmaya atiempo de las cosquillas, ledarán almondiguillas, mas si hecha por el atalo, morderá sin duda el ajo, que llaman de Valdestillas. . Encima de ese vufete deja ahora la bujía. Mira que es cándil. seria ahorcado, déjale, y vere. . Es de la Mancha y de Galicia su aseo. (su trato, Bien puede ser que sea feo, pero tiene garaunto: vete, que aumentar intento de mis gustos el rigor, debajo este corredor, que corre al jardín. . No siento causa que pueda brindarte a tal retiro. . Consiste en el infierno de un triste la gloria? . Quiero alojarte, de pues que en la soledad, tu mal dices que es menor, no alojarte fuera error en Palacio, o la Ciudad. . No dio la Caba a Rodrigo, mas que digo. Rodrigón no le dio tanta ocasión, como Lisardo mi amigo: estoy conmigo, y finmigo. Nápoles me lo dirá, cuando vea que se va, tan inconstante marido, quien como yo le ha tenido, quien como yo le tendrá? Muy roto os contemplo, amor, criado os luzgo muy fiel, que le desnudan a él, y visten al que es traidor. Cuando con frío rigor, cuando con caliente espada, pudiera quedar vengada yo misma, que indignación! le suspendo el bofetón, y enfreno la cuchillada: la yedra niña con lazos prende al olmo vielo, y grave, y él se la mece suave en la cuna de sus brazos: y aunque con tiernos abrazos la va chupando el vigor del vejetativo humor, se huelga cuando le chupa, porque es subir a la grupa la mejor brida de amor? Ay de mí! si haura estendido mi amor el Príncipe? si, pues cuanto le descubrí, más le descubrió el sentido. En las sombras del egido, aclarar quisieran sabios mi fe, y mi amor, sus agravios: más que importa en sus manojos, si están mudos en los ojos, si están sordos en los labios? Aquí debe, y ha de haber un tintero de escribir, mucha tinta, divertir me pretendo, y responder al de Escocia, que a mi ver dejó el de Ungría aturdido, pues de su agravio ofendido, ya contra Nápoles viene, y por mí saya que tiene de hacernos mucho ruido. En aqueste corredor, la tapada me ha dejado bien parado, y mal corrido, y yo le dejé a Tabaco, porque no me conociese: y también por no tomarlo allá fuera, que me irrita de tal manera los cascos, que al más pequeño estornudo alboroto todo un barrio; y no quiero que me saquen de estornudos por el rastro, como por el de la sangre. Luz hay aquí, Cielo santo, no es aquella Fenisilla? si por la vida de entrambos. Mas la criada me dijo, que con silencio, y descaro, hasta que venga a comprar, no haga ningún desbarato, y así el precio no pregunto hasta que venga, no en vano este sitio ardía en sombras, pues sus ojos cirujanos curan al Sol lamparones, y sarna, y tiña a los Astros. O luz de candil, que aumentas al mar de mi amor salado tranquisidad, en ti veo que encándilas muy a espacio, aunque el aceite que tienes, aprisia se va gastando: y si acabas, no veré de buena esperanza el cabo. Rebieja el mal sus memorias, cuando tanta pena alcanzo, y estando dentro del puerto, son naufragios mis naufragios. Que grande de la fealdad es el respeto, pues cuando me manda que venga a verla, tengo de pluma los pasos. Temor me ánima a que llegue, y a que no llegue el gustazo, uno es del caballo espuela, y otro freno del caballo. Ormiga con alas soy, que ando a la sombra rondando, para vivir dulcemente, en sus llamas abrasado. Que la tapada dijese, mira hijo que te mando, sopena de que no quieres que no chistes hasta tanto que te avise; es un precepto que quisiera quebrantarlo, como a los días de ayuno los quebranto, sin quebranto. Un tántalo tonto soy, pues con el vino a los labios, beber no puedo un cuartillo, que es cuartillo, ni un ochabo. Demos otro paso amor, con lindo desembarazo, como pícaro cangrejo, como cabestrero honrado. Escribiendo está su signo, que es muy fiel escribano; pero si el signo es el mío, no será fiel, que es falso. Atención tendré. . Pasar quiero adelante: si os amo primo, y señor. . Esto es echo, los amo, primo, que aguardo? la prima del instrumento se haroto por treinta cabos. Jano puede sonar bien el rabel de mis cuidados: papel humoroso escribe, celos mucho a mueho, vamos amorir, como el que sube desde la plaza a un terrado, estando enfermo de gora, y con calentura de años. Engañome la echicera, pues al de Escocia está amando, que es sobrino de su tía, como de ella primo hermano. Que presto sangre, y amor, que presto conglutinaron; pero si al de Escocia adora, como la ingrata ha mandado, que de la trena me saquen, para hablarme en este cuarto. Todo es infusión mi pecho, de un jarabe tan amargo, que parece de verdades, cuando se dicen muy claro. ero corazón oye. y pues que tiene, tengamos. Si el Rey Ungaro os exprime, como a racimo en el baño, porque al muerto Lilardillo disteis tantisimos palos, en Nápoles a su encuentro, prevenido está el reparo. Que tengo a Lisardo preso, . no es bien avisar a Carlos, hasta más limpia ocasión. Hay suceso más tacaño! si ya me tiene por muerto, como aquesta infame ha dado a entender que me conoce? Un hombre dentro en Palacio a estas horas, que traición! Qué es lo que escucho? soldados de la guarda: la hujía con el temor he matado. Alguna traición sospecho, sin duda que con Tabaco encontraron. . Qué desdicha! qué he de hacer? . Hola, criados, prended, matad. . Esto es hecho. Al que altivo ha profanado estos humildes retretes, ya de arriba, ya de abajo. Flora, Esperanza, avisad a la guarda; en mis estrados hombre oculto? vivo yo, que hecho muy grandes pedazos su vil cuerpo, ha de subir a empañar del Sol los rayos. No puedo encontrar la puerta. Aquí me ha metido el diablo. El Palacio anda revuelto. Quién se volviera gazapo. Quiero hablar con esta fiera: si obedecer tu mandato ha sido traición en mí, amor me esta disculpando, Lisardo soy, no el Marqués. San Panuncio, San Macario, si vienes del otro mundo, o si acaso estás remando en estas cuadras, pues reman tantas almas en Palacio, dime lo que quieres luego, que aunque no tengo un ochabo, te diré veinte mil Misas, con otros tantos sufragios: alma, no respondes? . Este me parece que es Tabaco: escucha necio. . Abernuncio: soy algún demonio de auto, para andar tras almas? voyme tras cuerpos, que es más barato. Registrad todos los techos, no quede rincón, ni almario que no espulguéis. . No quisiera ser telaraña, ni barro por un ojo de la cara. El rumor se va acercando, veré si escurrirme puedo, antes que escurran el jarto; y si no, mi temor vive, que a la fuerza de este brazo no ha de quedar brazo enfermo, . Como el rayo en mí no dé, aunque blasone de sano. El demonio me engañó. La puerta, si no me engaño, ha de ser esta, topela como carnero, de un salto atrancar pienso la calle, aunque lo estorben mis callos. . Tentar quiero a lo demonio todas las puertas del cuarto, porque pienso que en él, solo, sin luz, ni cruz me han dejado. Donde vas hombre? . S. Lesmes. No te despeñes. . S. Mauro. Quién eres? . Soy Esperanza. Dosesperación te llamo. Esperanza, a aquestas horas no quiero pleito tan largo: vere a casa de un Hebreo, que yo soy Frances marrano, y la esperanza Judia no muere por mis pedazos. Como soy el cucharon que revuelvo aquestos caldos, vengo a decirte que queman, porque te pongas en salvo. Ya estoy tan harina hecho, que pudiera ser salvado. Ya encontré con el traidor entre unas serás de esparto. Cerradle la infame boca, y con los ojos vendados vaya por el parque al río, porque no quiero escucharlo, ni saber quien es, que así con él mis cuentas remato. Hay pobres de mis calzones; con el miedo os he borrado vuestra antigua ejecutoria, a pesar de tanto hidalgo. . dé en la casa de Tamayo. Lo que una dueña no hiciere, no lo hará cuarenta diablos. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Que se atreviese en mi cuarto un hombre tan matador, a entrar, por ver si podía hacer baza en mi opinión. No pudo su atrevimiento barajarme la razón, que hay desquite en el castigo, para el fullero de amor. Sin duda que quiso hacerse hombre conmigo, el traidor, y así robarme engañoso, con la espadirla intentó. Qué permitiesen mis ojos un delito tan atroz, y que sus ofensas locas durasten de Sol a Sol. Matarle mande sin verle, por hacer noble mi acción (que en obrando bien, no importa el saber con quien se obró. Al Mariscal asesino encargué la ejecución, que basta a matar a un Santo con sus cosas, vive Dios: mas si mi hermana al empeño locamente le obligó, digo que. -̱ Desdicha grande. Que tienes niña? . Un doblón. Teha salido falso? . Todo, trocándose en mi temor, que ha salido verdadero, y en tan loca confusión, te pregunto si supiste a quien has mandado (ay Dios!) matar, pues entró encubierto, solo por encubridor? A un Caballero ignorante, entendido, y hablador, sulano de no sé que, que ansí dicen se nombró, y que tu conoces bien, por las señas que te doy, hice matar. . Disparate. Qué dices? . Que lo mandó tu locura bravamente, siendo tan grande el error, que el Marqués de Montehermoso, inocente pagador es de tu enojo cruel, harto te he dicho. . Vellón . no me falte en tanta pena: que era el Marqués? . No se vio en que no te habló palabra? O qué fuerte es la razón? Y yo para aqueste hecho, sin querer di la ocasión, aunque por querer lo hice. . Pues como libre salió quien estaba tan modesto, y cortés en la prisión? Un anillo fue la causa, que mi voluntad te hurtó, para hacerle libertado. Si como Obispos lo son los libertados de anillo, sin renta se liberto: pobremente morirá. Eso sí, cuerpo de Dios, haya verás en los pasos que tocan al pundonor. Ahora si que has mostrado ser mi hermana en el valor. Apuremos la ponzoña . poco a poco. . Que ambición? Se ha sabido ser verdad que era uno, y no erandos el hombre? . Aqueso me han di- que anda agora en opinión, (co porque yo le vi al Marqués. Lindamente se apuró. . Mas darme por entendida será necedad mayor, porque si mi hermana quiere con tanta resolución a este Marqués, es forzoso amarle, y en tal ardor, es levantar las cenizas que allá mi pecho escondió, y con la mina de fuego, volarme la estimación. Si lo dilato, a Lisardo, como hizo unas nueces Dios, le han de pegar maz culillo. Hay tan grande confusión! pero como aquel retrato no hizo mella en la razón de mi hermana, pues le tiene para conocerle? no parece si no que idrás, estas mis desdichas son. Qué respondes cuando ves, que en sola la dilación su muerte, o vida consiste? que te embelesas? . Amor . no hiciste como el demonio, metiéndole en la ocasión, solamente porque en ella pereciese? tu valor le defienda, que de mí no ha de sacar, vive Dios, una chichota piadosa, que pueda ofender al Sol de está mi honraza terrible (ansi la guardo mejor) El no responderte luego, . es que tan pronta no soy como tú, que eres mujer, y pienso como se vio, que tienes muy malos modos para entrar en Religión. No eres Infanta, ni Infante, sino coraza Valón, ni mereces otro nombre, por la leche que mamó de tu avuela este apetito, criado con ambición: y porque no se publique tu liniandad, y traición, no te deshago con fuego esta vana exhalación, pero a lu bre mansa intento darte el punto desde hoy. In fin, que muera el Marqués neterminas? . Qué temor! . sepa Frapoles que estimo . su gusto, a quien ofendió este Marqués Montehermoso, o Montefeo traidor: (lindamente el hospiral . éncubro de mi pasión) Ime. Si disculpas. . No hay que hablar. Valen. . Nada te oigo. Has de saber. . Calla necia: y por ejemplo te doy, que el melón solo se acierta cuando se cala el melón. . Ella se fue sin hablarme, pero nada me importó su viaje, que es paltida sin pluma, ni Contador. La fortija en mi poder, por olvido se quedó, y ella ha de ser esta vez el instrumento veloz del remedio a que me inclino, por natural propensión. Fortuna, a ti me encomiendo, haz que el Marqués mi amador no esté ahorcado, cuando llegue esta cuenta de perdón. . Caballero, que en cubierto dais de Anacoreta indicio, pues venís dejando el vicio a morir en un desierto, de ese letargo despierto abridlos ojos y ved, que vengo a matar la sed de una Princesa que amáis, y para que lo creáis, aquesta carta leed. Vanas son vuestras razones, puesto que llegué a salir al campo y no he de admitir, Mariscal, satisfacciones, Dejen aquesos baldones la carta, y vuestro cuidado; al campo me habéis sacado. (aunque en él no llego haberme) y al lugar no he de volverme, si no es que vuelva matado. Los cordeles inhumanos, de mí son prendas amadas, pues que me tienen atadas, para arriesgarme las manos: yo lo confieso, más vanos serán sus estorbos hoy, porque siempre soy quien soy, y hoy pienso reñir asaz. Que no haya quien meta paz. Ya sé qué terrible estoy. Veros tan galán, testigo es de lo que sois, señor. Ya sé qué es nuevo valor alabar al enemigo. Y así a reñiros me obligo el que en pendencias andéis. Pues con eso, que queréis, aquí para entre los dos? Que antes que anochezca Dios, en vuestra casa os estéis. La Princesa no os mandó que me dieseis muerte luego? Cómo se ve que está ciego. . Porque en su cuarto me halló conmigo mismo, y que dio voces; no es cierto, y seguro? de aquesta suerte le apuro, . decid. . No puedo librarme. Pues como os vais sin matarme? ansí mi muerte procuro. . Muy resuelto habéis andado conmigo, si vive Dios. Antes delante de vos parece que estoy atado. Y me tenéis obligado desuerte, que os doy aquí la vida. . Luego lo vi. Quién me lo agradece? . Yo. Hbéis de descubriros? . No. Guardaréis secreto? . Sí. Pues yo os quiero desatar, pero por vos no me atrevo. . Aquesta mercedos debo, y me la habéis de pagar. Ruido llego a escuchar, y ansí me parto, que es tarde, sin hacer ahora alarde del afecto con que os quiero. Sois mi amigo verdadero. A Dios, pues. El Cielo os guarde. Vida me dio su piedad, mas dejome aprisionado (qué siendo desvergonzado, no tenga yo libertad!) Noble el Mariscal me deja con la vida que me labra, sin que hablarle una palabra pueda en sus cosas mi queja. Echicero es el deseo de nuestra Princela bella, y esto es cierto, pues por ella ligado agora me veo. Para marido, qué pena! no valgo cosa ninguna, y a soltero la fortuna, sin más, ni más me condena. Qué dirán de mí en el balle? pero en aquestas locuras, para romper ligaduras, auré de meterme Fraile. Con las manos, y los ojos he de hacerme mil pedazos, pues que lo estorban los lazos y lo impiden los antojos. Que he de hacer para escaparme de esta amenaza atrevida, cuando el quitarme la vida es cosa para matarme. Daré carreras, mas no, que eso es tirar a moler, y me han dicho que el correr a mucha gente cansó. Quejaremeal mar? tampoco, que el mar meda claro indicio, que es para perder el juicio esto de volverse loco. Hablaré a las aves? si, que no es su instinto tan necio, que como las hable recio, no se espanten, ay de mí! Sueñen del Caistro voces, aunque sus hijos se mueran; y los quiebros con que yeran, sean en parar veloces. Que yo; pero que instrumento, señas da, sin respirar, que en el veci no lugar hacen algún casamiento? Guitarra fue, no se yerra acertado mi sentido; que no ha de hacerme el oído también escuchando guerra. Granice la suerte terca, fortuna en que más se escarhe: otra vez he oído el parche, alguna goma está cerca. El que aquesta voz echó, a ser necio se dispone, pues a repetir se pone lo que ya he entendido yo. Válgame el Cielo! qué haré en confusión tan extraña? quiero salirme a campaña, o si encontraramipie la puerta: cuanto recelo, que en este campo cualquiera cerrado abra por defuera, porque ver no pueda el Cielo. otra vez el son se encaja en mi comer, por regalo, y pues acabo, no es malo para acabar una caja. Este instrumento atrevido, en sus cosas es mañoso, porque no es escandaloso, haciendo tanto ruido. Sueñe tu voz con donaire, más el aliento que intimas, parece que no le estimas, pues le arrojas en el aire. Resuelto a seguirte estoy, y estima, que aunque te envoces, no siendo amigo de voces, hoy tras las tuyas me voy. . Del campo del enemigo avisan, no sino el Alba, de que en mi Reino amanece su guerra cada mañana. Mas venga a Napoles, venga el de Ungría, venga, o vaya, que si mandé dar la muerte a Lisardo, y él se agravia, diciendo que se la debo, soy tan galante, y vizarra, que sabré dársela a él, para no deberle nada. Pero Cielos, que disculpa he dedarle, cuando el alma vive tan confusa, que todo lo que dice calla. Un buen carnero. . Topete, como me he alegrado, hermana, porque has de saber, amiga. Con el tiempo, cosa es clara, si me aplico, que vendré a saber. . Linda bobada. Digo que el Marqués no es de tus rigores la causa, y que bueno, y gordo está en la prisión que le mandas, desuerte, que estoy contenta y alegre como una Pasquá. Con que virtud lo encareces, que modesta, y embozada das la nueva, y en tus ojos, en tu rostro, y en tu cara, que pocas señas se han visto del amor que dentro guardas. Con que prudencia la hablé, . el corazón no me engaña. Pero dime, qué decías? porque divertida estaba. l. Qué haurá sido este silencio . de la Princesa? más vaya, cumpla mi honor, y mi fe, mas que no guarde palabra. Acaba, que estoy mortal yes mucho aqueso que pasa. u. Si señora, y lo que almendra, y está el Marqués con su habla, y muy vivo. . que desdicha, . para aquel que le heredaba! tú le viste? . Yo le vi. Pues apostemos, hermana, que es mentira lo que dices, aunque es verdad; pero aguarda, que aquí viene el Mariscal. Ya le di la muerte airada con el aire de este acero, al hombre entres estocadas. Y decid, de qué murió, si puedo saber la causa? Aquí me importa el callar. . No es mucho que le acabara lo que dice ese silencio. Si señora, y cuando andaba viniéndome yo hacia acá, un soldado de la guarda venía con el perdón. De mi salió aquesta traza. . Acompañado de voces, buena gente, y bien armada, y demasiado ruido, diciéndome, que mandenes, por señas de tu sortija, que el estafermo dejara: con que no tuvo remedi aqueste juego de cañas, porque estaba muerto ya, y enterrole Luis Quijada. Muy bien la fiesa has pintado. No me asusta lo que habla, . pues el Marqués en su fuerte, la hizo entonces cerrada. El hombre era bien nacido, porque aunque más le apretaba, siempre tuvo lindas piernas: lindo talle, y gentil traza: aunque de quererme mal me dio allí muestras bien claras, porque no me pudo ver. Disimulemos entrañas, . hasta mejor ocasión. Y decidme vos Infanta, enviasteis el anillo sin mi licencia? . Y con gana de que el Marqués se librase. La diligencia fue extraña, porque está el Marqués mejor si, de lo que tu pensabas. Tengo de entrar sin remedio, que no hede hallarme en mi casa con una valona sucia, sabiendo es fiesta mañana. Quien altera mi Palacio? quién es? . Sí es, yo soy, abran. Tómate este, vesle ar: este es el Marqués. . Borracha, este es un criado suyo. Que buena que va la danza. Sabes, Princesa alevosa. cómo traigo la garganta, para dar un estallido de nudos, y de lazadas? Viendo el golpe tan feroz con que ordenaste tirana, sin ser Obispo, a Lisardo, mandando aleve, y ingrata que le diesen muerte luego, siendo él quien se disfraza por mí en aquesta prisión, y que esto pide venganza. Eso no puedes negarlo. Que estando con tanta rabia, no tope quien me salude. Das respuestas? . Y demandas Haga el valor lo que importa, . que Lisardo sea, o Lisarda, lo que vive muerto ya de perlas, y de esmeraldas, de rubiés, y diamantes, de oro, como de plata, me viene a estar: como quieres que esta joya se deshaga? pero tú, que con disfraz de criado me tratabas, que era tu intento . Temerte. Ah probado la cuartada? . Mira que este es el Marqués, y que en lo demás te engañas. Hay démonio de mujer! hay tan habladora hermana en todo el infierno junto? Eres hermana, o cuñada? que es el Marqués tantas veces. Si te canso. . No me cansas, pero si viéndolo estoy, y averiguando su causa, de que sirve atro, ellar a un hombre de esta manera? Vueseñoria, señor. Yo vengo a morir de estampa y no me habéis de borrar la imagen viva que guarda de Lisardo el corazón. Y pues ya muerto se escapa de tu rigor, hoy a mí, que me maten luego manda, porque si él yace difunto, que no he de vivir repara, pues la amistad de los dos era tan grande, y tan alta, que no ha de haber en el mundo hombre que pueda alcanzarla. Ansí todo se remedia. . Qué dices? . Qué quieres? Habla. . Callad, que presto sal- de toda vuestra maraña. (dré Parte Mariscal al punto, a disponer muy vizarra una zuiza de gente, para que conmigo salga, que pues los soldados todos avisan las atalayas, las atalayas los fuegos, los fuegos a las campañas, el Rey de Ungría diciendo, que (cuando más se repara) trecientos gínetes fueron de este rebato la causa. He de saber si el Marqués era en tan penosas chanzas, con quien estaba una noche, cuando tocaron al arma. Seguidme todos al punto. Todos seguimos tus plagas. Desmonten poco a poco los soldado y en las naves se quede los quebrado muden todos camisa en la ribera, pues traemos agora la bandera. Mire Nápoles bella tanta gente, y en lugar de narices haga frente. Ya la playa han cogido tus hileras ocupando del campo las dos serás. ̱. HAy cordeles como aquestos, hidalga sangre los hierra, pues de mi afan en la guerra, se están en los mismos puestos. Vengan males inhumanos, que no dirá quien me vio, que aquí me los tomo yo, como dicen, por mis manos. Cosa por cierto es notable, ver lo que en su aprieto excede; mas tanto apretar me pueden, que vengan a hacer que hable. Bien se deja conocer hoy en su tormento airado, que debo de estar ligado, pues no los puedo romper. De desposarme jamás, tan mala gana he tenido, pues al buscarme marido, daré la mano hacia atras. Pero hablando con donaire, están a mi parecer: quien la voz pudiera ver! mas esto es cosa de aire. Al camino mi destino es bien que salga, que no pienso hacer agora yo cosa fuera de camino. Quien da este paso, no yerra: mas la tierra que gozaba, . sin duda en juros estaba, pues me ha faltado la tierra. Válgame el Cielo! . qué ha sido? Media cabeza me he abierto, ulo deor es que estoy muerto. ̱, dadd, y ese cordel le quitad. Yo os lo agradezcón y presto, más el cordel, que no se rompa mirao Con tu licentia me quio el embozo. uae! Norabuena. Este es mi padre, que pe pues si me ve, que deli ha de conocerme al pu No me ha visto. . E un hombre, que estando viv le tenía por difunto. Una mujer, o deme que en la antecamara de que sabe hablar nos con sus voces testimo Por mi aliento, por por mí pico, por mita por mi monte, por mí y por quien soy, y por lo general de mujer, me debéis con cortesí tratar la persona mía. Pues quién os llega Bravos extremos ha mi padre al verme con en fin mi padre. . Sa la Princesa, con desper te viene a ver. . Lis Tu hijo soy natural, y legitimo. . Quen encubre Lisardo el pie Él es, más agora quiero no darme por entendir ya Lisardo he conocido. ser tu padre verdadero más disimular importa. n or aquesta foraslera. hermosísima, y absorta, tengo en aquesta tragedia la voluntad de mi alma. Válgame Dios! en que calma está agora la comedia. Vasallos, pues sois leales. Ya la tormenta se ve. Acudid a tanto empeño, mirad que no me dejéis en ocasión tan urgente. Seguidme todos. . Qué haré para ponerme en defensa, cuando vemos ha cruel! sin espada, sin pistola, sin arcabuz, sin lebrel, sin tercerola, o caballo, y sin daga a una mujer, que quiere darnos la muerte? Que apenas yo me libré de un tan grande riesgo, cuando en otro me llego a ver? Entra, que yo estoy aquí. Aquesta su espía fue: por engaño nos cogiero. . A tu lado has de tener Marqués de Monrehermoso. queste mi hermano fue le tiempo. . Quién son? como se llaman? que hacen en esta calle parados? ey Lusticia debe de ser: gonte de paz, y me llamo el Rey de Ungría, y si veis que estamos parados, nada aquí debemos de hacer. Jg Muy bien nacido parece, si por Jesu Cristo, el Rey. Loca de contento estoy, amigos, aquesta vez, porote Espeñanza, y Tabaco, os le llegan a ver en este camino, cuando en las jornadas que veis, sin que los dos se aborrezcan, verse no han podido afe. Yo ofrezco ser su padrino. Qué Lisardo vivo es. Y yo también, si importare, a entrambos bautizare. Yo quiero a Tabaco mucho, y casareme con él antes de cumplir un voto. Juramento me has de hacer, en casándote conmigo de ser mi esposa después, que la Princesa bien sabe que este de Ungría es el Rey, y que Lisardo ha venido en esta ocasión también. Y no dirás, mentecaro, que este señor, el Marqués su hermano, hoy nos asiste, y que la Infanta, cual veis, en aquesta sala está. Ya el disfraz no es menester. .̱ De más está el encubrirme. . Forzoso es llegarme a ver. . Todos se olvidan de mí: . por si importa callaré. En bravo aprieto memiro, yo me aflojaré después. Aunque mi recato muera, . acabemos de una vez. Sabed todos. . Ya es locura, cuando tan forzoso es que tenga el fin que deseo castigar por defender. De quién el Triunvirato pide que le perdonéís, y si no, cada cual mire lo que en esto puede hacer, y espere, si le da gusto, que ya sale el entremes.