Texto digital de Los casados por fuerza, y ejemplo de desdichas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Álvaro Cubillo de Aragón
- Atribución estilometría
- Álvaro Cubillo de Aragón Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los casados por fuerza, y ejemplo de desdichas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/casados-por-fuerza-y-ejemplo-de-desdichas-los.

LOS CASADOS POR FUERZA, Y EJEMPLO DE DESDICHAS
JORNADA PRIMERA
No ha visto el Alba tan sangriento día. Triste suceso! l. Extraño rompimiento! Falsó a mi Raino el bien, y la alegría. El Príncipe, señor, cuyo ardimiento mayor en los peligros parecía, al belico tumolto, y al concento de las armas, y voces le arrojaba, despreciando la muerte que miraba? En cada flecha, en dada opuesto brazo un Ministro mortal roconocimos; mas él a quien jamás causó embarazo el contrario poder que resistimos, tojo desde la punta hasta el recazo, su estoque de enemiga sangre vimos, que queriendo venderla bien vendida, por un mislon de vidas dio su vida. Glorioso con tan próspero suceso el Lóngobardo Rey supeditaba, un tordillo frizón, que de travieso; iedras al cielo con los pies tiraba: soberbio el bruto, y del bocado preso, los negros alacranes argentaba, que parocla de espuma en tanta suma, monstruo que navegaba por la espuma. La insignia Real pendiente de su cuello, con un bastón el campo discurría, que armado del empeine hasta el cabello, un animado risco parecía, miedo a sus enemigos puso el bello, y amor en sus vasallos infundía, que asegurados del fatal destino aclamaban el nombre de Albuino. Juventud desgraciada, pues naciendo Torismundo en mis Reinos heredero, cuando en mis años del vivir me ofendo, da su garganta al enemigo acero; vuelvan las armas, y el confuso estruendo: la ofensa lloro, la venganza espero, o muera, pues murió mi hijo amado, a manos de ese Rey afortunado. los Al son de bastardas trompas, y a los destemplados ecos, que en él azotado parche forma el oprimido viento, huérfana afligida, y triste, puesto a tus Reales pies me han los golpes de la fortuna, de la guerra los sucesos. Torismundo hijo tuyo, y mi padre cuyo esfuerzo tembló el Tártaro feroz, admiró el Scita soberbio. Después de haber estendido su nombre por varios Reinos, con más triunfos que la fama, y más victorias que el tiempo; teniendo ya de Albuino desbaratado, y deshecho el Ejército arrogante, conios amo soberbio, turar su dicha en solo el golpe siniestro, a que lo indujo el valor de tan altos pensamientos. Al campo le desafía brazo a brazo; y cuerpo a cuerpo donde la instable fortuna, cansada ya en sus aciertos, volvió el rostro a sus victorias, y arrebatado, y sangriento, levantó el airado brazo, esgrimió el luciente acero Valiose del Albuino, ya la ejecución poniendo manos torpes, que villanas afrentan el vencimiento; mas que valiente dichoso, y más que dichoso, fiero, cortó el hilo de su vida cercenó el gallardo cuello, que tantos Príncipes lloran, que adoran tantos pielievos. Bien se que yo sola he sido de este fúnebre suceso la causa, pues por mi causa fue su primer monimiento. Mi hermosura o mi desdicha, que esto será lo más cierto, fue del bárbaro Albuino incentivo a sus deseos: ligeramente obligado pretendió mi casamiento, por un retrato mentido de algún pincel lisonjero. Pluviera a Dios, que al templar las colores que pudieron provocar a tal desdicha, causar fines tan sangrientos, fuera entre lo blanco, y rojo, lo amarillo, y verdinegro, contra animadas pinturas, disimulado veneno Negó mi padre a su gusto el logro de sus deseos, esquivo en su pretensión, riguroso con su afecto. Por esta causa Albuino, ofendido del desprecio, tomo las armas furioso la venganza dispuesto. Fue dichoso en alcanzarla, si bien cruel, y grosero en derramar tanta sangre del que pretendió por suegro. La cotonada cabeza tiene en su poder, haciendo de nuestra desdicha alarde, de sus victorias trofeo. No a la venganza te incito con lastimosos ejemplos, que ofrece la edad pasada en sentimientos ajenos. Con tu hijo te provoco, cuyo destroncado cuerpo, hoy al mortal estaturo fonebre lisonja ha hecho. Que más desdichado caso! que más infausto suceso? que más afrentosa acción? que más bárbaro desprecio? No pido a tus largos años juve niles ardimientos; pues me lo niegan tus canas en la nieve de su invierno. Armas, y favor te pido, dol que en las venas, y en el pecho, sangre, y valor me concede para la venganza el cielo Tus banderas se enárbolen, vuelvan a ocupar los vientos voces de la caja opresas, libres tafetanes sueltos. Los Reyes oírcunvecinos conozcan por los efectos sentimiento en nuestra parte, y en la contraria escarmiento La cabeza de Albuino cortada a tus pies ofrezco, que no con menos será nuestro agravio satisfecho. Plomo este cañón encierra, que compelido del fuego de mis entrañas, dará venganza a mis pensamientos. La roja caliente sangre derramada, considero esmalte de esta cuchilla, gravazón de sus extremos. Tantas puertas a la vida le pienso abrir en el pecho, que queriendo entrar la muerte, y ella salir, todo a un tiempo, indeterminables hagan crítico, y dudoso encuentro. Y palpitando por todas, el vital hilorompiendo, igualmente se reduzgan muerte, y vida a un soplo mismo. Tanto me agradan tus bríos, que si no te conociera sangre mía, lo creyera en lo que parecen míos. A Y advertido en tu valor y del agravio advertido, lugar le daré al sentido, y lo negaré al temor; pesada, que aunque mi edad tan que juventudes marchita, fuerzas al cuerpo le quita, no quita al valor la espada. Y en venganza del agravio, que aflige mi amarga suerte, el brazo más flaco es suerte, precipitado el más sabio. Y con acciones lozanas, a la vejez lisonjeras, en vez de rojas banderas, arrastraré blancas canas. Con General tan valiente, seguramente a vencer puedes disponer tu gente, que ofendida una mujer, no es mujer fiera es serpiente. Y pues la razón provoca, y mi agravio a todos toca, hasta llegar a vengar, manda tocar a marchar, no a marchar a vencer toca A vencer, a castigar oberbias de ese tirano, pueden tus cajas tocar, y vertida por tu mano corta de su sangre un mar. Que si reservó está espada al Princine obedeciendo, fue por ver en tal jornada, victorioso a Turisendo, y a Rosimunda vengada. Una vida mal segura en servicio tuyo ofrezco, acreditarla procura, que poco, o nada merezco guardan dola tu hermosura. Y en los marciales despojos, verás mis bríos lozanos, cuando entre celajes rojos muertes despiden tus manos, rayos fulminan tus ojos Y yo que cobarde he sido todo el tiempo que he vivido, el miedo quiero perder, cuando una, y otra mujer su valor me han advertido. Tenga miedo el que a su ser, y a todo el cielo enemigo arma contra su poder, y por vender bien su trigo le pesa de ver llover. Tenga miedo un presumido caballero nuntual, hombre del cielo caído, que de to los dice mal, y él solo es el bien nucido. Tenga miedo un Ginoves un Asentista pirata que de la quilla al vampres, el galeón de la plata en sus libros dio al traves Tenga miedo la que ha sido tía en una, y otra venta, corredora de Cuoido, V y ha de dar estrecha cuenta de las honras que ha vendido. Tenga miedo un boticario, cuya droga, o letuario las armas son en rigor, que esgrime fiero un Doctor, y su butica un armario. Mas yo libre, y sin oficio, pretensión, pleito ni trato, vana ambición ni artificio, solo temo el aparato del universal juicio. Fuerte Belisario, amigo Ataul A taulfo, a la venganza; que tan justamente sigo, obligueos vuestra alabanza, si con mi amor no os obligo. Cuanto tu valor provoca! Cuánto tu razón altera! Beber su sangre me toca; muera el Longobardo. Muera. . Toca al arma A marchar toca. Parece que obedeciendo aún hasta el aire tu voz, ecos formó de la caja, voces de trompas formó. Una tropa de caballos del enemigo escuadrón a nuestras tiendas se acerca, ya llega; en ellas entró, Suspended trompas, y cajas, dejad el belico son, en tanto que a mis victorias el justo lugar les doy. Valeroso Turisendo; cuyo arrogante pendón audaz trémoló en el viento; libre se miró en el Sol. Yo soy el Rey Albuino, yo soy el que muerte dio a tu mal logrado hijo, a tu digno sucesor. Mal digo fue su homicida la atrevida presunción, que le indujo a mi desprecio, que a mi ofensa le incitó. Matole su bizarría, murió a manos del valor, que intrépido le inspiraba generoso corazón! Mas pues ya sabes las causas de mi justa indignación, no a referírtelas vengo, que fuera satisfacción del vencedor en mal tiempo, y del vencido en peor. Pero porque reconozcas centellas de aquel amor, que aún en piélagos de sangre, mas que cenizas guardó. Hoy tengo de usar contigo la más generosa acción que acredita pecho noble, ue aclama hidalga voz. La gloria del vencimiento pongo a tus pies, con que doy lustre al afecto más vivo, a la victoria mayor. Rosimunda es hija tuya los veces, y de mi amor infinitas repetida, perdone en su esfera el Sol. Que si una copia, un retrato fue encanto fue confusión a la que deidad me atiende, humo de sus Aras soy. Poco lisonjero anduvo el pincel más cual conió purpúrea nieve abrasando, que no perdiese el color? Conocí su hermosura como entre nubes al Sol, como entre montes la Luna, como entre espinas la flor. Cómo la rosa que ofrece por entre el verde, botón de su púrpura el emves, lo menos de su exelendor. Afrentado halló al arte, viendo en dulce confusión frus- frustrada su valentía, malogrado su primor. Hoy adoro cara a cara, li lo que entonces por fe; y hoy más gloria merece el alma, cuanto más ciega adoró. Si mis afectos te obligan; si te obliga la pasión de un hombre que ser quisiera ven vido, y no vencedor. Olvida enojos pasados, a un alma reduce dos, vuelve en amistad el odio, en parentesco el tencor. Que no son nuevos milagros de aquel poderoso Dios, quien ciegos pintan ciego, ince le venero yo. acrificaré mis glorias al templo de mi afición, a tu cordura mi agravio, a Rosimunda mi amor. Cenirá su hermosa frente de dos coronas, de dos Orbes calzará sus plantas, que ya ofreciéndola estoy. Darán envidia tus nietos a la Majestad mayor gozarán paz tus vasallos, aumentos tu Religión Darás quietud a tus canas, a tus contrarios temor, fin a pasiones tan largas, a tu Reino sucesión. Mas si me niegas cruel, lo que injusto me negó tu hijo dando a la ira, yo lugar, y tu ocasión. Proseguiré la venganza, daré espuelas al rigor, desnudare de terneza el pecho que amor vistió. Pondré fuego a tus estados, y en su mediocre Región lloverán sangre las nubes, que aneguen tu remisión. Y gozaré a pesar tuyo, la nermosura, y el favor de Rosimunda, que en parte cuando es forzada, es mayor Tan arrogante has nacido, y tan hijo de tus voces, que el peligro no conoces a que tu propio has venido. Sabes dónde estás? no adviertes, que has puesto en mí tienda el pie, donde a una voz que yo dé te darán a ti mil muertes? Como cruel desprivaste la gravedad de mi ofensa, si ya no traes por defensa la cabeza que cortaste? En tu misma tiranía sagrado hallaste, por ver que me había de enternecer tanta sangre, y sangre mía. Condición tienes de fiera, mortal es son tus enojos, sangre me echaste en los ojos porque tu crueldad no viera. Pero quien tu culpa abona, cuan lo agravas tu delito? como piedades permito a quien mi ofensa blasona? De tu término insolente me vengaré por mi mano, amigos muera el tirano. Aguarda señor, detente. Cómo remediar podré la vi da de este homicida, que lo ha de ser de mi vida, si de mi padre lo fue? Porque tu piedad enfrena de mi justicia el rigor? Pormatarle yo, señor, no muera por mano ajena. Deja que en su libertad se ponga, porque yo luego rayos fulmine de fuego, lanzas vibre de crueldad Excusada prevención, cuando yo implicado en ellos, son lazos vuestros cabellos, muertes vuestros ojos son, cuyas dulces penas sigo. Extraña suerte es la mía! nunca entendí que tenía tan poderoso enemigo. Nunca sus armas, y gente, cuando la imaginación en semejante ocasión le ponderá más valiente le juzga más soberano, me pudo causar temor: y él solo (qué es esto amor?) a un enemigo? a un tirano? Por un injusto homicida, que aún enamorando mata, ser tengo a mi padre ingrata, y a su amor agradecida? No es justo, que a su crueldad se debe más atención, que a su fingida afición: matarele. . Tu piedad arguye tímido miedo mátale, pues de tu afrenta bandera arrastra sangrienta. Yo matarle, cómo puedo? Qué suspensión te arrebata? Extraña fuerza de amor; . mejor se venga, señor, quien su venganza dilata. Ya son claros mis errores, pues ven todos en mi mengua, que a cada oprobio de lengua le da el alma mil favores, Con el cristal de su frente . al terso márfil escluyo, y en cada cabello suyo un alma juzgo pendiente. Cuerdo en mi enojo repara. . Bella en mi daño se altera. . Ay quién su pasión venciera. . Hay quien su cielo gozara. Seguro detén la espada: su mucho valor me admira, vuélvete a tu campo, y mira que te perdono agraviada, Guárdate de mí, que estás donde el morir te asegura. Bien se que de tu hermosura me debo guardar no más Y acrecienta mis enojos con pasiones infinitas, ver que a las armas remitas, lo que hacer pueden tus ojos Pero agradecerte quiero, cuando de librarme tratan, que pues ellos no me matan, como ha de poder tu acero? No te vas? . Obedecerte es justo: mas he pensado, que tu venganza has librado en la pena de no verte. Y según tus ojos bellos solemniza mi memoria, morir con ellos es gloria, y infierno vivir sin ellos Vaste? No lo mandas? . Sí; hay si pudieras quedarte, A yo iré a verte, y a matarte. No hay muerte viéndore a ti No se si acertado ha sido, haja, el dejarle volver, consejo al fin de mujer. Y de mujer que ha perdido el seso, no ve, señor, que si tomaras venganza, pospuesta su confianza, agraviaras tu valor? Con las armas en las manos, a igual fortuna labrada, será la venganza honrada Hay pensamientos villanos y con cuanta dificultad os encubro! a vil mudanza! que atribuyo a la venganza, lo que es acto de piedad: Muero entre mil confusiones, y al cabo vengo a entender, que a nadie puedo vencer, sino venzo mis pasiones. Que aunque el alma se reparte en partes que al viento doya si yo contra mí no soy, no puedo ser de mi parte. Del remedio desespero, ninguno mi pena alcanza, pues muero por la venganza y con la venganza muero. No es bien, si a vengarte aspiras que la ejecución suspendas, que a remisiones de agravios, e siguen sombras de afrentas qué es esto cielo, honor mío, yo en amorada? yo tierna? como dejé con la vida a quien mi muerte desea? Toquen al arma las cajas, tremólense las banderas que harevantado mi agravio que ha enarbolado mi afrenta, Las azacaladas armas sus tundas dejen, y en ellas átomos registre el Sol sino compusiere trenzas. Globos de humo se opongan en número a las Estrellas, que con presunción de nubes fulminen rayos de penas. Montes de plumas ocupen los aires, y en competencias de los que riscos animan, émulos del cielo sean. Aguarda Albuino, aguarda, que a fuego, y a sangre ordena ejércitos mi venganza contra tu vida, y mi ofensa. Ea valientes soldados mis tiernas voces os muevan, que si las armas me agradan, rigores me lisonjean. Por mi vida voy, soldados, que tiene mi vida presa el Longobardo Albuino, y es fuerza morir sin ella: hay no encendida guerra contra mi vida, en mis pasiones cierta. Loca la lleva el dolor, iré volando tras de ella, que a la vejez más pesada, alas el amor le presta, Todos seguimos tus pasos. . Laura aguarda, Laura espera, que quien con tus ojos vive, morirá sin tu presencia. Ataulfo, estas mujeres son de los hombres afrenta, a morir con ellas vamos. Vamos a vencer con ellas. Calcante estoy perdido, divinas perfecciones pasa a pasmaron mis acciones, turbaron mi sentido, que a fuerzas de hermosura no hay cetro firme, ni deidad segu Matole su belleza (ra y entre tantos enojos, no se yue vi en sus ojos de amor, y de terneza, que fingiendo rigores, glorias negaba, yocultaba amores No la vista enojada, a Rosimunda digo, perdonarme enemigo, disculparme agraviada, publicando en mi mengua, piedad sus ojos, y crueldad su len- Señor, de tu cuidado (gua siempre fui centinela y en el que hoy te desvela, también me he desvelado, porque en él está unida la quietud de tu Reino,) de tu v Mas cuando considero (da la sangre detramada, por tu valiente espada, por tu luciente acero, del que fue (suerte abara! infausto padre de tu prenda cara Pierdo las esperanzas de conseguir tu intento, hallo que das al viento deseos que no alcanzas, mil imposibles veo, que el paso impiden a tu dulce em- Cuando el amor te quita (pleo. de las manos la espada, Rosimunda agraviada venganzas solicita, ejército convoca, pífanos busca, y atambores toca Ay Calcante, no dudo o que está de amor herida, quien defendió mi vida cuando vengarse pudo, en que es amor repara, que sin amor ninguna perdenara Cómo te persuades a que mujer que vive airada, y venga tiva se acomode a piedades? en semejantes coses, hijas son del amor, obras piados. Deja que con su gente nuestro ejército envista; y que mi amor resista, tierno más que valiente, encuentros de sus ojos, armas bastantes a matar de enojos Deja que en su hermosura ciego me precipite, cuando severbio imite la singular locura del que escaló la esfera, fiado en alas de inconstante cera! Que si fuere vencido de sus hermosas manos, favores soberanos me habrán enriquecido, y aumentando mis glorias, pondré a sus pies mis eclebres vito Perdido estás, (rias, Confieso que estoy de amor perdido, a un Ángel he ofendido, terrible fue mi exceso, y en mi daño recelo que ha de vengar su agravio todo el (cielo, Sin duda se va acercando el campo del enemigo, toma las armas Calcante, vuelve a referzar los sitios, la- máquinas fuertes levanta, acude al mayor peligro, enviste a fuego, y a sangre, que a fuego, y a sangre envisto. Cómo, señor, tanta furia? tú eres el muerto? el rendido? tú el enamorado, y tierno? tú el que en los ojos divinos de Rosimunda idolatras? como airado, y vengativo me mandas tomar las armas? Yo, Calcante, cuando he dicho que a Rosimunda no adoro? que su belleza no estimo? ni tomes armas, ni trates su riguroso ejercicio, pues las de sus ojos bastan a cautivar mi albedrío. Qué fuerzas hay contra un Ángela contra el Sol no es desvarío levantar gente? hacer guerra? pues Rosimunda es lo mismo, Ángel, cuya luz adoro, Sol, cuyos rayos admiro. Cómo a este tiempo, señor, la guerra en olvido pones, cuando el peligro en que estás tus enemigos conocen? Deja el pabellón bordado, niégate a falsos amores, tranza el arnés, vibra el fresno, que espanto ha sido del Orbe, y ánima con tu presencia los fugitivos pendones, que huyendo golpes mortales, los aires trepan veloces. Llenos los profundos valles, cubiertos los altos montes verás de enemigas armas, que con arrogantes voces, diciendo: Albuino muera, repiten satisfacciones. Por General, y caudillo, desprecio de Cipiones, viene Rosimunda, dando luz al Sol, al campo flor Si estimas a tus vasallos, si merecen tus favores, las armas toma en su ayuda, esgrime el valiente estoque, consiguiendo la victoria, que yo público en tu nombre. Quién me impide, Polinarco? qué es esto Albuino? a dónde está el pasado ardimiento? cómo las armas depones? guerra amigos, amor guerra, al mundo la guerra asombre. Dónde voy? dónde me llevan arrebatados furores, cuando a Rosimunda adoro, y me suspende su nombre? Rosimunda dice el aire, y Rosimunda responde el alma, que en ella hicieron dulce reflejión sus voces. Hoy pagarás arrogante, el delito más inorme, que fabricó aleve pecho, que ejecutó sangre noble. Hoy verás en el castigo de tus bárbaras acciones, afrentada tu crueldad, condenados tus rigores. Cobarde, que de valiente has tiranizado el nombre, acre- acreditando tu fama con la desgracia de un golpe. Llega a probar este acero, no por mujer me perdones, verás que en almas de cera, se hallan pechos de bronce. Yo soy quien te dio la vida, cuando tú la muerte a voces pediste, para que en tiendas, que en diversas ocasiones puede quitártela ahora, quien pudo dártela entonces. Qué te retiras? qué tiemblas? que te admiras? qué te encoges? Rosimunda soy, que esperas, si de mis resoluciones sabes que a matarte vengo, aunque tu dicha lo estorbe? Qué bizarra valentía! que hermosura tan conforme nació, para ser sin duda admiración de los hombres! Si no temiera sus partes, sino temblara su nombre, irracional bestia fuera, monstruo me juzgara torpe. Indeterminable, y mudo, con dudosas turbaciones, nudos a la lengua aprieta, lazos a las manos rompe. Como si tienes valor a mis voces no respondes? o mi razón te enmudece, o te acobardan mis voces. Si es amor no responderte, mis ciegos ojos te informen, que en mudos términos dicen amorosas locuciones. Fijos en ti los verás como la Imán en el Norte, careciendo intercadencias, abundando admiraciones. Y que mucho que se pasmen; si el cielo por armas pone en tu discreción un Ángel, en tu hermosura dos Soles? Fuerzas son, que hacer pudiero tus soldados vencedores, más bien que Africanas lanzas, mejor que fuertes estoques. En tu presencia turbado, la espada me desconoce, que ni la mano la rige, ni el corazón la socorre. Tardos los veloces pies, y el gallardo brazo inmóvil, hallan que en ofensa tuya el pomo en la punta pone. Y así me postro a tus pies, para que venganza tomes, para que mi vida acabes, para que mi cuello cortes. e Levanta, pues Albuino, y en aquesto reconoce, que no hay quien valiente riña, que piadoso no perdone. Dos veces de ti vencido confesaré que me pones hierros de esclavo en el rostro, que el tiempo inmortal no borre, Estrella su perior tienes en las vidas de los hombres, en las plantas, en las piedras, que tu Imperio reconocen. A tu divina hermosura debo mis triunfos mayores, luz a tus ojos el Sol flores a tu pie los montes, Dichoso yo si llegara a merecer los favores, de que tocando tu mano, la mía, y mis Reinos honres. Pue B2 eeee eees od Pues confirmando estás paces, y dando fin a rencores, envidias causaré a Marte, dichas gozaré de Alonis. O mis sentidos se engañan o en Rosimunda conocen de la afición de Albuino agradecimientos nobles. Hija, estos odios se acaben, no hay cosa que tanto importe, ofensas que en sangre paran, con parentesco se borren. Dale la mano a Albuino, oy sus pensamientos logres, pues merecen sus finezas tus deseados favores Paguételo Dios mil veces, que mi honestidad socorres; digo, señor, que es muy justo y obediente a tus razones, la mano le doy. Yo el alma. Qué decís todos? Qué gocen un siglo estos Reinos. Ellos tu frente inmortal coronen del laurel, que en puntas de oro el mundo a tus plantas pone. Albuino, y Rosimunda vivan Veneren sus nombres las tres partes de la tierra, as más remotas naciones. Fortuna, quiebra tu rueda, que ya sus vueltas atroces amor contra ti ha fijado, deidad le aclamen los hombres, que a eterna amistad reduce los enemigos mayores, eeee eees od
JORNADA SEGUNDA
JORNADAI Vanas sombras, que afligís mi cansada fantasía, pues que no venís de día, de noche porque venís? dejad gozar los sentidos de la hermosura mayor, antes que pueda al temor declarallos por perdidos. Qué decís? Que a vuestros ojos debo triunfos inmortales: hay nunca sentidos males! Hay nunca vistos enojos, que poco gusto ha tenido el Rey conmigo! ay de mí Si a todo el cielo ofendí, castigo notable ha sido. Fiero, y desigual tormento por sacrílegos agravios, fue tener siempre en los labios el fugitino sustento Si tengo parte señor, en la pena que os agrava, decid. . Divertido estaba. Eso es ofender mi amor, pues si la razón se advierte, ley es de amor asentada, que ofende la cosa amada, quien con ella se divierte Puesto que agraviáis mi fe, y que soy vuestro, señora, si en vuestra presencia ahora a divertirme llegué, para mí el castigo ha sido, para mí la mala suerte, pues quien con vos se divierte vies viene a ser el ofendido Honrame al fin V. Alteza Sabéis vencer, y obligar. Alomenos envidiar, prima mía esa belleza. Hipérbole tan extraño, si ya no es fuerza de amor, hace agravio del favor, y de la alabanza engaño. Que alabanzas excusadas en rartes tan conocidas, sino son burlas fingidas, son ofensas consitadas. Y ponderándolo así, que no es justo advertir puedes, que hoy día de hacer mercedes me hagas ofensas a mí. Basta Laura, basta prima; que esas razones no son debidas a mi afición, y a lo que el alma os estima. Y no el veros cause enojos vuestra hermosura alabar, que el Sol oudiera envidiar los rayos de vuestros ojos. Mi Camarera mayor os hago. Pequeño pago. Con esto aún no satisfago los límites de mi amor. Es merced no merecida, yos beso los pies por ella. Alzad prima. Es grave, es bella. Es cuerda. Es bien entendida. Calcante. Señor. Desde hoy Mayordomo de mi casa os hago. . Merced que pasa lo que valgo, y lo que soy, A Belisario también hago, pues trata en la guerra, General de mar, y tierra. Vida los cielos te den sin numero, a la par vivas con el tiempo, y en su Aurora; de la Reina mi señora larga sucesión recibas. Mi esperanza pongo en ti, que hoy que a todos has honrado, puesto que soy desgraciado, no puede faltarme a mí. Quién eres? . Criado tuyo, tan pobre cuanto fiel, culpa del siglo, que a él mis desdichas atribuyo De qué mesirñes? . Mi estrella me hizo con mano escasa, comelitón de tu casa, oficio importante en ella. Cómo te llamas? . Barrend. Extraño nombre! . Por qué, si hoy tan valido se ve que es propio en el más ajeno? Barreno es cuando el Señor, árbol saca de su casa, en cuya ascendencia pasa el primer progenitor. Y hallándose más propinquo al Imperio universal, Adan, dice, pesia tal, es mi abuelo ciento y cinco. Barreno es cuando se atreve a saquear una tienda, fiado, mas que en su hacienda, en no pagar lo que debe. Barreno es que el oficial se introduzga caballero, gastando bien el dinero que noza adquirido mal. Barreno es que la vejez ̱ e st e eate eesia to e se disimule, y se tiña, vendiéndosenos por niña, siendo abuela su niñez Barreno es, que una mollera desierta sin un cañón quiera fingir población con supuesta cabellera. Y porque no se alborote el pueblo, que el caso ríe por pobladores envie a las Indias del cogote. Barreno es, y aún disparate, que quiera ser Senado un ignorante un Pastor Barreno es que se retrate un nombre no conocido no iustre, no generoso, ni por las letras famoso, ni por las armas temido Que hoy la fuerza del dinero ha igualado los estados, y yo he visto retratados dos lacajos, y un cochero; Barleno es. . No digas más. Esto, pues, baste a informarte, que hay Barreno en toda parte, En todo lugar estás Es Barreno linda pieza. Quedaos, pues, en casa, y sed mi amigo . Extraña mero redención de mi pobreza. Barreno fuera, y no poco ser tu amigo, que amistad que no consta de igualdad, quien la apetece es un loco. Yo conozco un sigurita muerto por ser caballero, que en viniendo el forastero le acomoda una visita. Y con ceremonia extraña, y más que enfadoso modo, ̱ e st e eate eesia to e a vista del pueblo todo, todo el día le acompaña, sin haberle conocido, ni jamás comunicado, tanto, que el pueblo enfadado le llama el introducido Desuerte en esto se emplea que en telación más sucinta, a visita cuarta, o quinta con cualquiera se vosea. Mas es bizarro también en el dar las cortesías, pues da treinta Señorias porque una sola le den. Eso es ganar calidad, y adquirir caballería Sí, que hasta la cortesía se da a logro en esta edad. Con tu licencia señor por fiestas de este Himeneo, sustentaré en un torneo, que todo lo vence amor. Y pues con larga experiencia hoy nos muestra lo que pudo, será el mote de mi escudo la Pratónica sentencia. Todo amor lo vence, sea o que defenderme toca. Si la ocasión me provoca, tu valor me lisonjea. Gustáis, señora, de dar licencia? . Vos sois el dueño de mi gusto. En nuevo empe os vuelve mi vida a estar. (no Ricos premios se darán al que tres lanzas rompiere, y de la espada hiriere más airoso, y más galán! Será la fiesta extremada, juez quiero ser en ella. Amor, favorable estrella incli- incline a mi Laura amada. En vuestro nombre deseo el torneo sustentar, porque el Sol llegue a envidiar los aciertos del torneo. Conozco vuestro valor Belisario; pero advierto, cuan dudoso, cuan incierto se ofrece un Mantenedor, a probar tanta fortuna de uno, y otro aventurero Puesto que a todos has hecho generosa merced hoy a mí que tan tuyo soy se me debe de derecho. No quiero serte prolijo, mas con paternal amor, pido que me des señor la cabeza de mi hijo. Ya con mayor potestad ejecutaste tu intento, porque el mayor vencimiente es vencer la voluntad Y pues supiste vencerla con el triunfo soberano que te aseguró la mano de mi Rosimunda bella permite que el dividido hueso por tu dura espada, sea en compa moderada al cuerpo restituido Darás triste recompensa, y sepulcro a un tiempo junto, no solo a un cuerpo difunto pero aún a la misma ofensa. No me lo niegues, pues es tan justo lo que te pido De todo estoy advertido, yo lo mandaré después Sin causa a las penas mías niegas debido consuelo. Mayor desdicha recelo de aquestas melancolías. Ya no se puede excusar este lance . De qué modo? A tornear me acomodo Bien haces de tornear La vida sin ofenderla es torneo, y en rigor quien torneare mejor saldrá más airoso de ella. El Mantenedor es fuerte, que es el mundo; aventureros los que nacen pasajeros desde la vida a le muerte. A cuantos pasan con vio- y ambiciosos de alabanza cada cual rompe su lanza, ya bien, y ya mal rompida Unos en caballos de oro, con espuelas de codicia, corren lanzas de avaricia contra su mismo tesoro. otros Religión mintiendo (hin crita falsedad) son lanza de santidad, fundada en sayal, y vendo. otros sin fundarse en nada pintan cuárteles, y escudos, lanzada de lina judos, y esta es terrible lanzada. Un pabón desvanecido caballo de aquestos es que mirándose a los pies, queda afrentado, y corrido. Con capa, y gorra de sabios, corren sus lanzas volantes, infinitos ignorantes, que hacen a la ciencia agravios. En una mula enlutada corre corre su lanza un doctor, tan infausto alanceador, que jamás llega a la espada. otros en postas de pluma son torneadores del vuelo, que un pájaro junto al cielo, por más que volar presuma no está seguro: otros son por lo dulce, y presumido, torneadores de Cupido, lanzas de alcorza, o turrón Al fin, todo es tornear, y ya el torneo acabado, de lo bien, o mal justado los Dioses premio han de dar. Notables alegorías hallas en toda ocasión. Fur para mi perdición hacia Poeta unos días; digo, entre necio, y Poeta. Los cultos lucen ahora. El común idioma llora los errores de esa fera. En esta edad hallarás remió digno de estimarlo. Pobre de cascos me hallo, y de bolsa mucho más. Y esta es la mayor pobreza, que es cierta filososía, que influye bolsa vacía vanidades de cabeza. Gran fiesta! Amigo en efecto es cierto? Quiere su Alteza ivertir una tristeza. Es extremado el conceto; y pregunto, en el torneo que premios se han ofrecido? Notables, no lo has sabido? Di, que saberlo deseo. A tres lanzas limpias dan un reloj, con más diamantes que hay en sus ruedas instante, premio discreto, y galán. A dos lanzas un Cupido de una esmeralda, pendiente la aljaba, el arco valiente de la cuerda compelido. A una sela un instrumento templado con cuerdas de oro, que dicen vale un tesoro su artificioso ornamento. Ricos premios! . Ricos son? pero la mayor riqueza es, que se sirva su Alteza en tan lucida ocasión. Vamos, pues, a prevenir las armas . Dos peros tengo, y ya la traza prevengo como ambos han de servir. Pues cómo, si peros son, os dos se han de acomodar? Servírame de espaldar el uno en esta ocasión Demás, de que tan valido está el uso, que sospecho, que será como en el pecho, en la espalda recibido. Y hoy ya vivimos sujetos al defecto en que reparas, si hay amigos con dos caras, armas haya con dos peros. de , . Detén el brazo alevoso, suspende el rigor, espera, que son infames venganzas, Rosimunda, las que intentas. Esposo, amigo, señor, que pensamientos te inquietan? como como huyendo de mis brazos furioso el tálamo dejas? No te allegues, no te acerques, ha de mi Guarda, ola, apriesa. Señor, qué mandas? . qué tienes? Qué ilusiones son aquestas? soñaba ahora, que estando tan cerca de tu belleza, cuanto amorosos deseos en tal ocasión se acercan; llegaba tu padre a ti, toda la cara sangrienta, todo el cabello erizado, armado de todas piezas, y con espantosas voces, diciéndote mil afrentas, te incitaba a la venganza; para cuya injusta empresa ponia en tu mano un cuchillo; y tú a sus voces atenta, obediente a su mandado, y condolida a sus quejas, en mi garganta ponias el filo; ah infausta estrella, que amenazando mi vida, terminó vuestra influencias Venganza pedía tu padre a voces, dando con ellas fuego por ojos, y boca, y tú mi sangre a la tierra. Y no esta vez sola ha sido, porque la noche primera que amor me juntó a tu lado, sin darme lugar apenas para pronunciar tu nombre, un hielo sentí en las venas, discurriendo perezoso. y obrando eficaz en ellas, sueño puso en mis sentidos, y con los miembros de piele; tan insensible quedé, si bien el alma despierta, que estuve toda la noche en una espantosa brega, en una pesada lucha, con tu padre, visión fiera: hasta que el Alba llegando, cubierto en sudor, sin fuerzas, desperté tan fatigado, que segunda vez se entrega al sueño el cansancio mío, y el alma en temor envuelta, desperte, cuando la noche de horrores cubre la tierra; cuatro hachas encendidas alumbraban las tinieblas de una sala, a cuya luz vi mi sombra sin cabeza, Ocho días he vivido con espantosas ideas, vacilando la memoria, peleando las potencias. Y últimamente, esta noche, contra mi vida más fiera, la muerte me dispones, al cuchillo me condenas. Cruel venganza repites, vil satisfacción intentas, sin haber yo, bien lo sabes, gozado de tu belleza. Esto los cielos permiten, esto los cielos ordenan, porque en mis mayores gloria; halle mis mayores penas. Mi bien, esposo querido. vuelve en tu acuerdo, no creas soñadas supersticiones, imaginaciones deja Yo matarte? yo ofenderte? primero el cielo me ofenda; con más diluvios de rayos que tiene abismos de estrellas. Llégate a mí. . No te llegues. Aay desdicha cómo aquesta? que mis regalos te cansan? que mis favores desprecias? no pensaré de estos agravios que has burlado mi inocencia Ay Rosimunda, que temo que airados los Dioses llegan a ofenderse, y es sin duda, que el casamiento no acetan No puede ser, no es posible, que si los Dioses se precian de piadosos, de benignos, de nuestras paces se ofendan. Y cuando estén ofendidos, yo (que no es bien que talicrea) desenojaré a los Dioses, yo haré a su deidad eterna sacrificios olorosos, grandes, y ricas ofrendas. Y cuando esto no bastare con lágrimas, con ternezas, con suspiros; y con ansias conquistaré su dureza: Ay Rosimunda; que en vano mis aflicciones alienta cesen las fiestas Calcante, Belisario, no haya fiestas, que los decretos del cielo inviolablemente ordenan, que a pesares se reduzgan, que en lágrimas se conviertan; salios todos, y dejadme Yo también? . También. Quisiera aflegurar tus temores, o que alomenos creyeras de mis sencillas entrañas, iguales correspondencias, Déjame solo, que quiero Pues da primero licencia que te vista. No me toques. Ay de mí, que miro cierta mi desdicha Ay Rosimunda, menos dichosa, que bella. . Valor, quién os aniquila? ánimo, quién os altera? no soy Albuino yo? de mis heroicas proezas no tiembla Italia? no asombre con solo mi nombre a Grecia? yo no maté a Turismundo? yo no corté su cabeza, y puse a mis pies rendida su arrogancia, y su soberbia? Yo, que no vi el rostro al miedo, yo, que en la espantosa guerra a la muerte le hice cara, y di el pecho a sus saetas, estoy temblando de un sueño? de un difunto un vivo tiembla? vive el cielo soberano, que es en mi valor bajeza. Pero qué es esto que veo? nuevos temores me cercan; no es Turismundo el que miro? que me quieres sombra? déjame visión terrible. que sin manos me atormentas, No basta en sueños, no basta? aún despierto no me dejas? si quieres vengar tu muerte, llega a probar estas fuerzas, y te mataré otra vez: fuese, notable apariencia! solo estoy, ola Calcante, Por Polinarto, Fabio, apriesa. s , , nin Señor, que tienes? . Qué es esto Duérmo amigos? Si durmieras, tuvieras mayor quietud. Dinos, señor, que te altera Mirad bien si estoy dormido, No vi cosa más despierta. No hay duda, verdades son; visiones son verdaderas; qué es de la Reina? llamadla, no permitáis que carezcan mis ojos de su hermosura; mas no vais. . Su Alteza llega Estás, señor, reportado? Mas lo estaré si me dejas. Si mi presencia te ofende, si mi vista te es molesta, yo excusaré darte enojos. Quién habrá que aquesto entienda Vive el cielo, que la adoro, y que en estando sin verla, venero su honestidad, idolatro su belleza, y en viéndola, me provoca alguna deidad secreta a que la injurie inhumano, a que enemigo la ofenda; tirano soy de mí mismo. Yo quiero con tu licencia señora, asistir al Rey, en tanto que estas tristezas se pasan. . Agravios míos dirás mejor, Laura bella, que aborrecerme esta claro, quien me ofende en mi presencia Yo me iré a llorar desdichas, cuando más no merezca, el más humilde ejercicio V de su casa haré contenta. Estaré entre sus criadas, on solo porque el Rey entienda, que es siendo su esposa humilde, la que antes era soberbia. Fuese la Reina? lla madia Rosimunda aguarda, espera, mas no la llaméis, dejadla, que me pesa de ofenderla, Vamos, señor. Vamos donde de espacio contaros pueda lo que aquí vieron mis ojos, si acaso acierta mi lengua. A no ser testigo en todo, Belisario, no creyera, que el Rey tal mudanza hiciera Falso amor. . Ingrato modo, un Ángel miro ofendido, un Sera fin despreciado. Siempre fácil se ha mudado amor, que violento ha sido El Rey quiso a Rosimunda por tema, no por amor, y es fácil mudarse amor, cuando en amor no se funda. Será amando desdichada la dichosa en ser hermosa. No hay hermosura dichosa sino llegala ser amada: que importa que hermosa sea la que se ve aborrecer? Qué cierta debe de ser la ventura de la feal Hermosas hay con razón yi estimadas de su igual. No hay regla tan generil, que no padezca excepción, C Ya, gloria al cielo reposa el Rey. . Qué dices Barreno? Que ha puesto a sus malesfreno alguna deidad piadosa y haciendo demostración de entero, y de agradecido, me mando dar un vestido. Diéronle? . Gentil razón. Del uso común se aparta quien da al decreto primero, no sabes que el Camarero ha menester sobrecarta; y aún es ventura con ella alcanzar lo prometido. De Laura el Rey que ha sentido? Qué es Laura del cielo estrella. Asístele con amor, y el estima su cuidado, dice que Laura le ha dado vida, salud, y valor, y que sin ella seré imposible tener vida. Y Laura vive oprimida? Hermosa, y contenta está. Al fin el Rey se restaura con su cuidado piadoso. Mas que según soy dichoso que se enámora de Laura? Y la Reina mi señora que dice de este infelice caso? . No sé lo que dice, pero bien se lo que llora P. Llora mucho? . Y con razón. Oh dura infelice estrella! el Rey no se acuerda de ella, ni la llama? . Es compasión; dice que la Reina ha sido quien la vida le ha quitado, y como ve que apartado quietud, y vida ha tenido, hoy a persuadirse llega y oír su nombre aborrece. Desdichas son que mereco quien fácilmente se entrega a su enemigo mayor, donde al primero disgusto, comodo, y término injusto, en odio trueca el amor. Y Laura no siente, y llora la desdicha de su prima? Mucho el Rey a Laura estima, y ella es cuerda, nada ignora. Quiérela el Rey? Quién lo sabe? Tú lo pudieras saber, puesto que sueles tener de sus secretos la llave. Qué sientes de esto, Barreno? Yo, amigos, no siento nada, la pregunta es excusada, cualquier parecer condeno. Dicen que viendo el León, Rey de aquella Monarquía, que mal la boca le holía, tomó con esto ocasión para castigar vasallos, y por los más graves modos, para proponerlo a todos, uno a uno hizo juntarlos. Dijo que su enfermedad importaba consultarse, porque no quería curarse hasta saber la verdad Unos que cerca llegaron y el aliento conocieron que olla muy mal dijeron, claro con el León hablaron. De los higadosidañados es olor tan asqueroso, dijeron, a quien rabioso mató por desvergonzado, otros por lisonjearle, aún- aunque el mal olor sintieron, no solo se lo encubrieron, más trataron de alabarle. Buen aliento, buen olor, daño; dijeron, no hay mal no ha antes será yerro extraño ocasionar al doctor. Matolos también, que en ira los condenó su crueldad, aquellos por su verdad, y aquestos por su mentira. De la zorra, o la raposa se informó, y escarmentada, dijo, estoy romadizada, cierto que no huelo cosa. Yo a lo que habéis preguntado, digo, aunque más me provoca la verdad, si al Rey le toca, siempre estoy romadizado eso. Harto has dicho en decir Si el Reya Laura enamora, con razón la Reina llora Con razón perdere el seso. Ya mis males se acabaron después que tus ojos bellos, Angélica medicina Laura, para el alma fueron Ya no me inquietan temores bellezas me traen inquieto oh cuánto debo a tus ojos! lo que tú debes al cielo que te enriqueció de hermosa, a tu hermosura le debo. Por ti soy hombre, por tu tengo vida, por ti Reino; hay si tu reinar quisieras, como ya en mi pensamiento, en mis estados dichosos, siéndolo yo, fueran ellos, en gloria eterna trocaras los tormentos del infierno Mira, señor, que te engañan tus ilícitos deseos, más lascivos, que corteses y más tiranos, que cuerdos Mi fealdad llamas belleza; discreción mis desaciertos; Por mi torpeza, que soy monstruo de fealdades lleno, de la Reina mi señor: la belleza olvidas? ciego te tienen vanos antojos Qué es hermosa te confiese la Reina, y que su virtud es al mundo claro ejemplo, que puede su discreción dar leyes a muchos Reinos, y uno, y otro disculpar mil amorosos deseos en Reyes; mas dame tú remedio, si es que hay remedio para una pasión rabiosa, a que me provoco, en viendo la hermosura que conozco, y que sin causa aborrezco. Piensas tú que es obra mía, cuando la injurio, y ofendo? superior causa me inclina, fuérza me imperio secreto, pues hallo que al tiempo mismo que la maltrato, lo siento y sin tiéndolo, quisiera no maltratarla, y no puedo; de donde colijo, Laura, que con ascendente opuesto nació Rosimunda al mío o que han revuelto los cielos contrarias inteligencias para el dolor que padezco. Cuando más enamorado a su hermosura me llego, pa parece que se me opone todo el sagrado Colegio de los dioses, a impedirme aquello que más deseo. En ti he hallado quietud, tú sola has sido remedio de las portentosas penas, o temerosos portentos que en Rosimunda hallé; bien sabes que aquesto es cierto. Yo he de mirar por mi vida, pues tanto importa a mis Reinos, mía has de ser si se juntan las luces del Firmamento con las arenas del mar que fuera consejo necio, hallando remedio en ti, buscar en otra remedio. No ves, señor, que es mi prima Rosimunda, y que me ofendo de que ofendas su inocencia. No me la nombres, que temor a terrible confusión con su nombre me enternezco y en su presencia me airo Echarás de ver en eso que justamente resisto tus amorosos deseos. Por qué? . Porque no es razón fuera de ser caso feo el ofender a la Reina dar a tus razones credito, cuando en tus ojos descubro amorosos sentimientos. Cesando la causa, Laura, cesarán estos efectos, yo le quitaré la vida Este es mayor desconsuelo quiero fingir darle gusto, remitiendo a solo el tiempo el fin de desdichas tantas,. de esta violencia el remedio. Señor, ya no es bien que calle, yo que en tu remedio he puesto todo el cuidado que has visto, a servirte me resuelvo. Tuya soy. . Cómo no pides de albricias todo mi Reino? mas si es tu yo, no lo pidas, triunfa de él, y de su dueño. Dos cosas quiero pedirte la primera. . Ya te espero. Que el ejecutar tu gusto suspendas por algún tiempo, no porque en mi faltar pueda, sino porque este respeto se debe a mi honestidad, que no quiero que tú mismo me puedas notar de fácil, causa justa de un desprecio. La segunda, que prometas con solemne juramento de no matar a la Reina, pues basta el agravio hecho a su sangre, a su hermosura, a quien es, y al cielo mismo. Si esto, Laura, es gusto tuyo, yo juro por todo el Cielo, y por tus ojos, que es más, de cumplirlo, pero advierto, que no ha de ser para darme con dilaciones tormento. Cómo si soy tuya? a injusto, de ti me libren los Cielos. Desde hoy empiezo a vivir, dame los brazos. . No niego lo que tan tuyo ha de ser. Qué es esto, que miro cielos? no hay cosa incierta en mi daño, cuanto temí, tanto veo Tuyo es mi Reino, y mi vida. Ese favor te agradezco A falsa, y aleve prima, de tu lealtad desespero; estorbareles su gusto, aunque enoje al Rey. Qué es esto? . Señor. Qué dices? qué tienes: qué te turbas? . El respeto llamas, señor, turbación: que vasallo noble, y cuerdo no se turbo en la presencia de su Rey? . Con tan buen terció nada temas, di que quieres. De Narses Capitán Griego estas carras han llegado para vuestra Alteza, y pienso que del rigor ofendido de la Emperatriz, ha puesto toda la gente de guerra en desgracia del Imperio, y te ofrece la corona. Dad al Secretario el pliego, y no volváis más aquí. A mi pesar te obedezco gusto Que aún este instante de solo para mí no tengo! fiera pensión de la vida, si no vivo, cómo Reino? Mucho me alegro, señor, de tu mejoría el cielo alargue un siglo tu vida. En solo mirarte tiemblo: cómo entraste aquí? Por verte. . No me veas. Si te ofendo perdona. . Estate en tu cuarto Ten tu salud, que no quiero más gusto ni mayor bien. Qué cansados cumplimientos. No te cansaré otra vez; y a ti Laura te agradezco la asistencia; y el regalo que al Rey mi señor has hecho Vete, vete . Ya me voy como que este breve tiempo no permites que te goce! en que ofenderte pudieron mis amantes humildades? . Ya es torpeza el sufrimiento; bárbaro, fiero, inhumano, que ofendes un Ángel bello, que ocasiones te provocan, que furia infernal te ha puesto en la lengua su ponzoña, y su frialdad en el pecho? Esta inocencia ofendida, estas lágrimas, que fueron a los perfidos rebeldes penetrantes instrumentos, tu inhumanidad publican, tu fiereza están diciendo la falsedad de tu amor, lo engañoso de tu intento. Venganza a los cielos pido, en cuya justicia espero el castigo de tus culpas, de tu vida el escarmiento. Y cuando en ellos faltare, a pesar del frío invierpo de la vejez que me cubre, donde escarchado me veo, rayos haré de estas canas, que abrasen tus vensamientos. Basta, basta inadvertido, bárbaro, caduco, necio, castigaré tu locura a medida de tus hierros Mi autoridad no conoces, así pierdes el respeto a mis años, y a quien soy? Rey soy como tú, y mi Reino mas más antiguedades goza, más nobleza, más trofeos, y si a mi hijo mataste, de su fortuna me quejo, que ni en valor le excediste, ni al suyo agravió un cabello, y para que así lo entiendas solo en el campo te espero. No mis razones desprecies, valor en mis años tengo, verás que hay rayos de nieve a sinrazones de fuego. Aguarda loco atrevido. Señor, esa acción condeno, así te olvidas de ti? esto quieres tener menos en la heroica estimación de tus altos pensamientos? no ves que ya libres yacen, por leyes, y por derecho vejeces apasionadas de bizarros ardimientos? no es justo. . Tú sola puedes, como generoso dueño retroceder mis acciones, tomo esta vez tu consejo, que si en la mujer es poco, el que no la toma es necio. .
JORNADA TERCERA
JORNADA 1 Penosa estrella mía, cuya influencia sigo, ascendente enemigo, aún de la luz del día, revuelve si es posible, el rostro airado, y el mirar terrí Tan poco obligo al cielo (ble con lastimosas quejas, que con sordas orejas me niega su consuelo? (ojos. no ignora mis enojos cuando los mira con millares de Mudose el Rey, dio en tierra mi venturoso estado. cualquier bien es prestado, todo es continua guerra; no hay ser ninguno estable, y solo mi desdicha no es mudable Ciegos discursos míos, cansad el cielo en tanto que al mar doy de mi llanto dos caudalosos ríos de lágrimas, y enojos, cuyas nativasfuentes son mis ojos, Fortuna vil, qué hiciste? como en tan alto estado, para ser desdichado, a un viejo Rey pusiste: mas como ser pudiera viera? desdichado, si en dichas no me El Monarca, el villano, el pobre, el poderoso, sienten el golpe odioso de tu valiente mano, pero más desiguales (les. Rea- fiera, los das en las personas Señor. . Quién eres? . Yo soy, puesto que tú no lo ignoras, la causa del mal que lloras, y que yo llorando estoy. Hija querida. . A ti llego afrentada en dolor tanto. Es tan ordinario el llanto en mis ojos, que estoy ciego. Que sabes de ese tirano, bárbaro, sin Dios, ni ley? Mejor dicen que está el Rey de su accidente inhumano: ruego al cielo poderoso le de quietud. . Loca estás, tal tal dices? . No puedo más, quiérole bien, es mi esposo. Aunque alabo tu valor, me obligas a que te diga, que eres también mi enemiga, no sientes mi deshonor. Que si mi agravio sintieras, por propia, o ajena mano, con la muerte de un tirano venganza a mis canas dieras. No consideras, no adviertes que has visto siempre mudados con los tiempos los estados, con los estados las suertes? Y que entonces injurioso mi pensamiento conmigo, le amenazaba enemigo, y hoy le reverencio esposo? No ves que el yugo que al cuello me puso, amor me convida, a perder antes la vida, qué imaginar ofenderlo? Mátame a mí, vengate de mi culpable deseo. Oh qué mal lograda veo en tal crueldad tanta fe! Mas pues me obliga a que sienta mal que remedio no alcanza, muriendo yo en la venganza, acabaré con la afrenta Amigos ola criados. Señor, que me mandas? Hoy quiero temitir al limpio acero el peso de mis cuidados: dadmé unas armas. . No ves, señor, que tu edad prolija. Ella, cuando más me aflija, remedo a mis males es, dádmelas luego. . En tu estado son las armas grave exceso. Cuando me mate su peso, moriré en efeto armado. A así, aunque más no conceda el cielo a mi honor, no dudo, que quien hizo lo que pudo, vengado, y honrado queda. . Dices que está prevenido? Y con modo superior. Tanta merced, gran señor, cuando te la he merecido? Las mesas haced poner, con la Reina comer quiero, Hoy perder la vida espero del no pensado placer. Quiero ser tu convidado. Apenas tendré que darte, puesto que puedo obligarte con mi amoroso cuidado. Tan pobre estas? Qué riqueza te puedo ofrecer mayor, que la verdad de mi amor, el gusto de tu grandeza? Cantará el músico? . Cante dando la letra a entender, y excuse, si puede ser, largos pasos de garganta. Después que el Rey Albuino mató en batalla sangrienta al Príncipe Turismundo, infausto fin de la guerra, la Princesa Rosimunda a la venganza se apresta, mas quitole de las manos el amor, armas, y fuerzas. A A su enemigo se rinde, a su voluntad se entrega tierna cuando vengativa, piadosa cuando soberbia No comes? . Comiendo estoy Come, pues, que esa comida costó a tu padre la vida. Y yo, que ocasión te doy para tratar mi inocencia con tan extraño rigor? Has leido? . Sí señor Si has leido, ten paciencia. Ese papel me escribió tu padre tan afrentoso, cuando para ser tu esposo más cortés le escribí yo Vino a las manos conmigo, murió su arrogancia brava que siempre el soberbio acaba a manos de su enemigo. De la razón que tuviste satisfecha estoy señor; pero no de aquel amor, que fácilmente perdiste. Y volver a la memoria esto que tu gusto ordena, a mí me es de mucha pena, ya ti de ninguna gloria. Que con un Ángel se haga . tal crueldad, tal tiranía! Tu voluntad es la mía. Que así tanto amor se paga? En este plato me advierte tu crueldad jamás usada que me tiene condenada al cuchillo de la muerte. Si ese es tu gusto, señor, mi inocencia te obedece, puesto que no lo merece tan afectuoso amor Ese cuchillo sangriento en mi garganta ponias cuando durmiendo querías abreviar mi fin violento. Librome el cielo de ti con acuerdo soberano, cuando tu injuriosa mano pensaba triunfar de mí. Dadla de beber, que ya bastantemente ha comido. Cual quiera bocado ha sido un contrapuesto mana Todas suertes de crueldad en estos bocados caben, a lo que tú quieres saben, tiránica potestad Que vaso espantoso, y fiero No te espante su fiereza, bebe, que esa es la cabeza de tu padre. Ya que espero en tan desdichada vida, en desdichas tan extrañas? sin duda que en tus entrañas se guisó aquesta comida Si el verme llega a ofenderte, deme la muerte tu espada y no en taza tan penada me de tu crueldad la muerte. Tendré con ella reposo, pues viviendo peno más siendo el plato que me das un cuchillo riguroso; el vaso un vestigio extraño, un cadaver que convida con la fealdad de la vida, corrido el velo al engaño; donde ve el menos discreto, que que me das con breve pausa en la comida la causa, y en la bebida el efecto Ese vaso no apeteces? cual otro habrá que le iguale? un Reino, un Imperio vale, y sola tú lo mereces. De su valor numeroso te advierto, que es sin segundo, pues no hay Monarca en el mundo que le alcance más costoso. Y así es razón que te cuadre, confesando estar pagada, pues por no deberte nada te restituyo a tu padre. Llorad, llorad ojos míos la desdicha que miráis que entre tantos desvaríos, poco lloráis cuando dais a un mar de penas dos ríos. Llorad más cansados ojos, sed ya del dolor despojos; y porque os pueda faltar prevenid de llanto un mar si habéis de llorar enojos. A la desdicha mayor os condeno, infausta estrella llorad agravios de amor, sentid la ofensa, y con ella dad sentimiento al dolor Y si con discursos largos vuestros raudales amargo lloran manos, que queréis, para que mejor lloréis, ojos, convertios en Argos veréis en la suerte mía a la verdad eclipsada, oscura la luz del día, la inocencia castigada, soberbia la tiranía. Veréis mortales enojos por desiguales antojos y veréis que el desdichado, que a llorar nace obligado bien ha menester cien ojos. Si da lugar el dolor, prima, y señora, y si el llanto a escucharme no os impide, grave el uno, y tiernos ambos, oíd la mayor crueldad, hija del mayor tirano que permitieron los cielos, ni vio el mundo en siglos tantos El Rey, a quien he asistido con el debido recato a mi sangre, y a quien soy, de que siempre me he preciado; vanamente persuadido torpemente enamorado, en mi deshonor intenta nuevas violencias, y agravios, Y aunque yo le he divertido, por excusar mayor daño, a ejecuciones lascivas se resuelve temerario Esta noche entrar intenta, a mi pesar, en mi cuarto, donde sus torpes deseos solicita ver logrados Ved prima Reina, y señora, como podréis remediarlo, que mi ofensa siento mucho y la vuestra siento tanto. Sola esta desdicha, ay cielos! faltaba en desdichas tales que el mayor mal de los males, es el rigor de los celos Ya con más causa ofendida, tirano siento mi honor, pues fuera cruel lad menor D des- despojarme de la vida; que aunque siempre me ofendiste con proceder inhumano, nunca te llamé tirano hasta que celos me diste. Señora, al remedio importa, antes que al llanto acudir. Déjame, Laura, sentir, ya que mi dicha es tan corta; pero pues que tú me adviertes, menos pena el alma llora Pluviera al cielo, señora, que se trocaran las suertes. Este es dolor insufrible, el alma tengo en los labios, sufrirse pueden agravios, mas de celos, no es posible. Que me ofenda, y me maltrate, que el Rey me tenga oprimida, que me quite aquesta vida, o que mil veces me mate, sufriré piadosos cielos, mas no esta grave dolencia, porque es infame paciencia la que induce a sufrir celos. Ven conmigo, y pues que estás de mi parte, estalo en todo. Dime qué intentas? El modo con la experiencia sabrás. Pondreme donde al injusto Rey sus intentos impida, porque me quite la vida, y luego cumpla su gusto, Para que llore Italia, y llore Grecia la presunción, y término arrogante, con que a su Capitán Narcés desprecia, siendo el famoso de su Imperio Atlante. La Emperatriz soberbia, altiva, y necia, mujer, al fin, preciada de inconstante, colérica le dijo, y enojada, que cíñese una rueca en vez de espada. De esto ofendido el Capitán valiente conociendo el valor que en ti se encierra, armas te ofrece, y valerosa gente, con que te incita, y te provoca a guerra. A su venganza aspira solamente, tuya ha de ser la conquistada tierra, conozca tu valor el Griego Imperio, y tu nombre el Antipoda hemisferio. Responded luego, Belisario, y sea la respuesta una espada, que sangrienta amenaza cruel, audaz pelea por la justa venganza de su afrenta; mas porque en otra cosa amor me emplea, oye aparte, que quiero darte cuenta de la victoria que esta noche espero, y que al Imperio universal prefiero. Laura de mis razones persuadida, si bien no de mis partes obligada promete a mis afectos nueva vida, y a mi esperanza posesión colmada esta noche me espera, prevenida la gloria de mi amor tan deseada será Reina conmigo, y yo con ella daré envidia a la más luciente estrella. De ti me dijo que fiar podía secreto igual, y que importaba al caso que tú fueses a verla. Ay suerte mía antídoto, y veneno tiene el vaso, si Laura es fácil, como a mí me envía a llamar? y si honrada (yo me abraso) como promete al Rey, y le asegura entregarle esta noche su hermosura? Digo señor. Qué dices Que a tu nombre, ni a la quietud común de tus Estados conviene. Belisario, no te asombre, que amor triunfa de Cetros, y cayados, el ser Rey no me escluye de ser hombre, mis méritos están bien empleados en Laura, ve a su cuarto, y con cordura, cuanto ella te mandare, hacer procura: Mi gusto es ley, y de esta ley te advierto. A obedecerte iré: cielos paciencia Cuando no pide el Rey consejo, es cierto, que el vasallo le obliga en la obediencia Tu hechura soy: o extraño desconcierto o bárbara afición, ciega imprupencia: Laura de ti ha de ser obedecida, posponiendo a sus órdenes mi vida. Qué confusión puede haber cielos, qué iguale a la mía? ama el Rey, Laura es mujer, ella me llama, él me envía, y me manda obedecer. Medroso, y deshecho en llanto está entre tantos enojos el palacio, y son tus ojos el conjuro de este encanto. Del Rey la poca razón referirte aquí no quiero, porque ya el ser lisonjero se tiene por discreción. Al soberbio el mundo llama grave, al cruel justiciero, al intratable severo, ingenioso al que le infama. Al adulador modesto, al presumido estudioso, al perdido generoso, al hipócrita compuesto. Y pues todo es de esta suerte, con la corriente me voy engañando y esperando el de la muerte. Barreno, advertido me has, y de tu razón infiero, que solo el que es lisonjero vive en el mundo no más. Pues bien declararte puedes conmigo. . Aay poder tirano! De tu generosa mano espero largas mercedes. Esta es Laura, sin aliento llego a hablar, llego a morir; excusado me has el in a buscarte a tu aposento. Ya se que a buscarme vienes. Así de mis penas fieras noticia, Laura, tuvieras. como de esto ciencia tienes. (do. Mándame el Rey. . Ya te entien Qué fuese. No digas más. Díjome. . Cansado estás. Pésate de oír? Me ofendo. Ya se que te dijo el Rey, Belisario, que me vieses, y mis órdenes cumplieses, el obedecerle es ley: y esa misma potestad para mandarte me ha dado. Por Dios que se ha declarado, y que habla con Majestad. Tú sabes que vengo aquí para solo obedecerte, y yo se que está mi muerte en obedecerte a ti. Manda, pues, mi muerte ordena que dando tú la sentencia, las leyes de la obediencia. facilitarán mi pena. No a la muerte te apercibas, vivo me has de obedecer, que con esto podrá ser, que más alentado vivas. Esta noche al cuarto irás de la Reina, donde abierta hallarás entrada, y puerta, y en ejecución pondrás lo que mandare prudente la persona que esté allí, a quien no menos que a mí eras en todo obediente. Y haciendo esto, no enajeno la propiedad de la ley, pues obedeces al Rey y haces lo que yo te ordeno. . En no menor confusión Laura, que el Rey me ha dejado, y de los dos obligado ignoro su prevención Que Qué he de hacer? obedecer, pues me amenaza injurioso amante, un Rey poderoso, y obligada una mujer Que poco reposo tiene quien ama, que mal se quieta quien horas cuenta, y minutos, deseando la que espera. Laura en su cuarto me aguarda, y aunque dijo que la puerta estaba abierta, no quise venir sin llave maestra. Abierto está no me engaña, ya empiezo a deber, que es deuda recibirme con verdades, cuando una se halla apenas Quiero entrar, y dar principio a la vida que alimenta el soplo de una esperanza, con la posesión más cierta Quédate Barreno aquí. Antes excusar quisiera semejantes comisiones, y más cuando almas en pena le aparecen en Palacio, que hay unas almas tan necias, que vienen solo a espantar, caminando tantas leguas de noche, solas, y a oscuras: no era mejor que vinieran de día, y que negociaran cuando unos, y otros las vieran. Vienen a hacer su negocio dando pesadumbre: buena urbanidad, cortés modo, aprendan almas, aprendan, y si han menester, no espanten, que eso es pedir con soberbia. No pienso que me he tardado, ni he faltado a la obediencia que debo a quien soy: aqueste es el cuarto de la Reina, i está abierto? Aquesto es hecho. mal haya el hombre que espera a donde almas de difuntos le vengañ a dar culebra: Ello hemos dado en las manos del que ya su calabera sirve del más rico vaso con que se sirve la Reina. O Palacio el más confuso! P quí Barreno se queja, la oscuridad es terrible. Si acertaré la escalera? No hay una luz en Palacio mas que mucho si está muerta la de la razón, que estemos en tan oscuras tinieblas! A señora alma de bien, sino y ya nos de lugar a que aal que yo prometo de darle, si es que es amiga de cera toda la que aquesta noche pro lujeren mis colmenas. Espirando, dijo un sabio, amigos dadme esa vela, y iré a ver este secreto, que a los vivos se le niega. Lo mismo puedo decir muriendo en rabiosas penas, pues entro a ver el secreto, que confuso me atormenta. Ya parece que se ha ido, quiérome irantes que vuelva, que es cobardía esperar al que incorporso pelea V95 Aunque a mi ardimiento, y brío la vejez caduca, y negra se le opone marchitando miembros, y robustas fuerzas; entre pálidas cenizas, el Fénix honor conserva animados gusanillos, para que renazcan nuevas. Verá el fiero Longobardo, que mis canas no respeta, si hay valor que le resista, y que le castigue en ellas Verá cuanto es poderosa la razón, y que con ella su tirana fuerza arrastro, y que humillo su soberbia. Bárbaro Rey, oye a un hombre, que la Corona depuesta, no como Rey te provoca, p ofendido te veta n ̱ cada palabra una flecha, cada pensamiento un rayo, y cada voz un cometa. Responde fiero a mis voces, el infame lecho deja, o de mi razón llevado, canceles romperé, y puertas. Hola vasallos, y amigos, ba, y altera? quien os linareo, Belisar la Reina, iba decido de mis ientidos, letud oria de mis potencias. Que viva la Reina dice. Nueva confusión es esta. Sal, porque te juren Laura: que es esto Si ya te pesa o de haberme llamado gloria, pasiones injustas deja, verás como soy la misma, aunque aquí me juzgas pena Oh traidores, vive el cielo Sal Belisario, no temas. Qué es lo que has hecho villano Yo le mande que lo hiciera. Y tú me mandaste a mí, que en todo la obedeciera. Es mi esposo. Soy su esclavo. Bien trazada está la fiesta. Decreto del cielo ha sido, que volvió por la inocencia de Rosimunda ofendida. Pues el cielo así lo ordena antiguos odios se acaben, pues nuevos gustos comienza Rosimunda es dueño mío, perdóneme su belleza, y confirmense amistades, de ambas bodas se hagan fiestas. Mas falta, el hueso has de dar (mo de la difunta cabeza de mi hijo. Ya señor stituyó esa deuda; epulcro está puesto Pues Laura, cuerda, y honesta no hizo virtud, del enga se la comedia,
