Texto digital de Carlos Quinto sobre Túnez
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1770).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Carlos Quinto sobre Túnez. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/carlos-quinto-sobre-tunez.

CARLOS QUINTO SOBRE TÚNEZ
JORNADA PRIMERA
Y Ictoria por Bárbarroja. No, Soldados, os parezca, que cabalmente he vencido, si de mi furia sangrienta huye Muley y así, para que yo viva, Muley muera. Muera Muley. Muley viva. Amigos a la defensa, y la desesperación sirviéndoos de arma postrera, antes muertos, que vencidos, nos halle el Tirano. . Guerra. Pues en la defensa inútil nuestro gremio solo apela a comparecer al Cielo, la zalá repita nuestra. 4. Alá, compasión, Mahoma, clemencia, no a la inocencia ultraje la soberbia. Muera Muley. Muley viva. Astros, plantas, riscos, montes, vientos, aves, flores, selvas, deidad, que la noche enciendes, llama, que el día alimentas, pues libros sois naturales todos, en donde mi ciencia tantos prodigios estudia, tantos asombros encuentra: qué es esto? qué novedad las Africanas Riberas de marcial horror inunda, de acordes lástimas puebla? Los benévolos afectos del Orbe no manifiestan en Muley, que la domina, inmutable la Diadema de Túnez, donde por justo natural derecho reina? Y no tan solo inmurable, mas de poderosa diestra amparada, según dice Marte, que de su defensa se encarga contra Saturno, ladeando fuerzas a fuerzas? Pues como la quietud mía lejanas voces alteran, que con la muerte amenazan, al que los hados reservan? y aclamando a Barbarroja, ladrón pirata, qué infesta estos Mares, contradicen sucesos con influencias? He olvidado yo mi estudio? he confundido mi idea? he barajado mis líneas? he destemplado mis hierbas? he perdido mis acentos, con que Mágica Sirena montes muevo vientos paro, hombres venzo y postro fieras? o qué es esto? . Esto es ceder, amigos, a la violencia de mi destino. . Huye, en tanto que estorbamos, que te puedan alcanzar. . Por Bárbarroja . Túnez arma, guerra, guerra. otra vez las voces vuelven, y otra vez vuelve con ellas a ser más mi confusión: allí distantes pelean dos numerosas escuadras, y de la que ver se deja de espaldas hacia este sitio, vivo del aire cometa, sobre un alazan un joven disparando rayos vuela: válgame Alá! no es Muley? sí, que bien pueden las señas de mis antiguos agravios tener su imagen impresa en mi para mi venganza; mas no, que es vil recompensa la que busca en la desgracia satisfacción a la queja. Desbocado el bruto corre, sacudir fogoso piensa el peso que le domina: una vez arco, otra flecha, o se encorva o se dispara; ya no obedece la rienda, lfreno despedaza, ya tropieza en su ligereza misma. Ya que el aire me le niega, tierra, favor pues el Cielo tan sordo se hace a mis quejas, que: pero qué es lo que miro! Muley generoso, alienta. Cómo es posible, si cuando mi injusta fortuna adversa, de una traición me defiende, a una venganza me entrega? no eres tu Marsilia? . Sí. No eres tú, quien las primeras luces de mi amor gozó jurada en Tunez por Reina, hasta que al verte inclinada tanto a las Mágicas ciencias, aborreciendo tu estudio, de mí te arrojé a que fueras (pues fuiste en el pueblo monstruo) racional bruto en la selva? Pues cómo no he de temer logres el fin::- . Calla, cesa, no hagas más docto al que dijo, que quien mal obra, mal piensa. Por aquí fue. Al monte, al llano. Arajemos la ladera de este risco. . Y solamente, pues aún lugar no nos deja el hado que te persigue, según estas voces muestran, de que la razón concluya lo que el acaso argumenta; solamente, a decir vuelvo, has de ver cuanto hoy ordena el Cielo, que aquel estudio que injurias, te favorezca, viendo las prendas no solo, que en mi cariño desprecias, cuan en tu favor militan, sino, las viles finezas de Fátima, que idolatras, cuanto mudables te ofendan; pues si llega a darte celos, harto vengada me deja. Qué dices? . Que que a una parte te rodean Tropas armadas, y a otra de afeminadas bellezas no menos fiero escuadrón, pues las arma la cautela; ya no puedes escapar, si a mis estudios no apelas, que tanto aborreces, pues no importa que los ofendas, que obrando ellos generosos, lo que has de elegir te enseñan. Oh tú del viento sólido embarazo, a las tercas prisiones rompe el lazo, franquea las cabernas, que en el concabo seno son eternas, en tus entrañas duras funestas sepulturas, donde los dos podamos escondidos vivir de tus piedades guarecidos. Al eco del trueno romped las prisiones, y el lóbrego seno suaves mansiones fabrique en su horror: La tímida estancia apreste en florida suave fragrancia, albergue a la vida, recreo al Amor. Al eco del trueno, Ay de mí! si como dices, mayor desdicha me queda que sentir, sintiendo celos! Entra, que diciendo llegan. Generoso Bárbarroja, tú, que heroico señoreas desde el Mar de Berberia hasta las altivas sierras de Argel nuevo Emperador del África, a quien sujeta ya Tunez, insigne Reino, cuyo emporeo es esa bella fuerte Ciudad, que en las ruinas de la gran Cartago, muestra ser de sus nobles cenizas murado Fénix de piedra: a tu invencible poder dobla la cerviz hiniesta, habiendo, ya sacudido de sí la cruel, la fiera sujeción con que Muley la tuvo cautiva o presa. Penas, qué escucho! Recibe, en señal de su obediencia, el Laurel de su Dominio y las llaves de sus puertas, que ya que de un Marinero pobre y mísero, las prendas de tu valor te elevaron, cuando ciñen tres Diademas tu frente, a ser el mayor Rey, que el África respeta, razón es, que a la fortuna, como deidad te obedezcan los poderosos decretos; y así trocando la letra, de aquella deprecación en este aplauso, estas selvas poblándose de armonía; repitan las voces nuestras::- Pues la gran Numidia::- 4. Pues la gran Numidia::- A las plantas puesta::- 4. A las plantas puesta::- Del grande Aradino::- 4. Del grande Aradino::- Su dicha celebra. 4. Su dicha celebra. Recíbale Tunez::- 4. Recíbale Tunez::- Con salva y con fiesta:- 4. Con salva y con fiesta::- Diciendo, que viva, que triunfe y que venza. 4. Diciendo, que viva, que triunfe y que venza. Arma, arma, guerra; gu Suspended valientes Moros, pausad, Africanas bellas, mi aclamación, y sepamos con qué novedad alteran vagos estruendos del Mar, con las salvas de la tierra. Cañones son de crujía los que esos montes alteran, y según las bajas proas, que bandérolas demuestran blancas y azules bordada la media luna Turquesa, de gente nuestra Africana son esas cuatro Galeras. Marsilia, qué será esto? Atiende, calla y observa. Ya un Moro de aquel esquise desembarcado, hace señas, que le esperemos. . Guiadle. Dame tus plantas excelsas. Fuerte Aradín Cachidiablo, qué es esto? a mis brazos llega: tan presto de Grecia has dado a nuestras Costas la vuelta? Tan presto y tan bien, señor, como traerte dos nuevas de gusto y pesar; mas oye la de gusto la primera. Ya sabes, que con tu orden di al Mar las Moriscas velas, surqué el Bosforo de Tracia, que en lazo de plata estrecha del Marmóreo Mar, y el Negro las cóleras contrapuestas. En Constantínopla entré, famoso emporeo de Grecia, presentele al Gran Señor de tu parte cien Doncellas, y cien camellos cargados de oro, plata, grana y seda, mil esclavos, que cada uno en la mano una presea llevaba, y en varios carros varias especies de fieras. Constantínopla admirada del poder que manifiestas, tu nombre ensalzó, y llegando del Gran Turco a la presencia, con diferentes semblantes vi tu fortuna deshecha, y vi tu dicha segura: (que es lástima que dependan, premios de propias hazañas, de inspiraciones ajenas) Visires y Belerbeyes refutaron la propuesta de hacerte Bajá, diciendo, que puesto de tal grandeza en un Bárbaro Corsario, que solo en robos y presas fundaba su gloria, estaba como con baldón y afrenta. Abrábimo, que en Alepo manda, y quien solo maneja de Celín la voluntad, quiso tomar tu defensa; y en fin, tanto hizo por ti, que el Gran Soliman, que reina en las tres partes del Mundo, no solo Bajá de Persía te nombró, sino en los Mares de Europa, que señorea, te hace su Grande Almirante, puesto, que no hay quien le pueda merecer, sino es un hijo del Grande Alfaquí de Meca. Una Corona te envía, y orden de que te obedezcan cuantos Vasos suyos aran del Mar la espalda, a qué esperas, señor, si tal nueva escuchas, que en señal de agradecerla, no mandas; que a repetidas Salvas al aire estremezcan tus cañones, asustando tus cajas y tus trompetas de estos bárbaros confines las más remotas cabernas? decid que viva::- . Detente, quién ha de vivir? espera, qué he de celebrar haber quien me mande y yo obedezca? Pese al Gran Señor y pese al traidor que le aconseja; si antes de honrarme me ultraja, para qué después me premia? yo Corsario? yo ladrón? cuando Argel mis plantas besa, Fez reconoce mi yugo, y Tunez me abre las puertas? No le basta a Soliman, que le perdone, y no quiera disputarle mi valor los Imperios que gobierna? No es bastante paga el que le permita mi soberbia tierra en que mande, no habiendo Dominio que no me sea tributario según todos, si no me siguen, me tiemblan? Pues qué quiere el Gran Señor? No hace por si en que yo sea el freno de Carlos Quinto, pues mis Moriscas Galeras a toda la Italia asustan, y sus victorias enfrenan? Hay quien a tan gran Caudillo, quien a tan dichoso Cesar compita, sino Aradín Barbarroja? Las empresas del demólido Peñón, Sicilia asaltada yerma Menorca, Ibiza ganada, y destruida Valencia, no lo publican? Y en fin, adonde a esta hora estuvieran del valiente Andrea Doria las victoriosas Banderas, a no ser por este brazo, que es a quien solo respeta? Cierto, que cuando consigo un Reino en que mande, hiciera caso de un honor, con quien ser de otro mandado es fuerza. No hagáis caso de este acaso, vamos a las cosas nuestras: Fátima hermosa, si un Rey perdiste, otro Rey desea tu hermosura, y tu valor a que te deje me empeñan segunda vez en Palacio. Ansias, qué oigo! Qué oigo, penas! Tu esposo soy. . Gran señor, feliz quien en recompensa de su afecto, te merece tal piedad (reine yo, y como la suerte quisiere) y no solo esta fineza por ser tuya te agradezco, sino es por librarme en ella de los brazos de Muley, pues no hay cosa que aborrezca tanto como su memoria. Lo oyes? . Ah tirana! ah fiera! Entremos en la Ciudad. Ya mi coraje revienta: . Fátima, a quien tanto quise en otro tiempo y ajena lloré, hoy para otro la suerte la cobra porque la pierda? Aradín no es este, Cielos, . quien obsequió mi belleza en Tunez, antes que en Túnez la mano a Muley le diera? Señor, si mal no pensar, no estar aquella Zulema? Sí, Testuz. . Gracias a Alá, que volver el susto festa, que hasta ahora caliar de miedo. Si tan vano no estuvieras con tus glorias, ya que dije, que de placer y de pena dos novedades traía, la de pesar te dijera. Di, que el mismo rostro me hacen peligros, que conveniencias. Después de haber peleado, y echado una Escuadra entera de Galeras de Cristianos a fondo, de dos que presas truje, de su gente supe, que una grande Armada apresta Carlos Quinto en Barcelona, no saben contra quien sea, aunque al África se dice, que amenaza: también esta será nueva despreciable para ti, y pedirte es fuerza perdón, de haber tus oídos embarazado con ella. Mira, Cachidiablo, cuan al reves, que jugzo, piensas: La noticia que creiste, que yo estímase, desprecia mi vanidad; y esa, que por inútil consideras, la estimo tanto, que al punto tengo de aprestar mis fuerzas: mi General has de ser; y el nombre que tus proezas te adquieren de Cachidiablo, ha de ser tu fama eterna. Armada con tal secreto, y ser quien la junta el Cesar en persona, no es noticia, que despreciarse merezca. Prudente Capitán eres. Repetid las salvas vuestras. Qué poco debo a mi suerte! . Qué poco debo a mi estrella! . Viva Aradín Barbarroja; y en señal de su obediencia:- 4. Recíbale Túnez con salva y con fiesta, diciendo que reine, que triunfe::- Y que muera quien nació tan infeliz como yo. . De qué te quejas? De qué preguntas, perdiendo Corona, esposa y hacienda en un hora? . En otra hora a ir revocándola empieza. Cómo? No oyes, que una Armada el gran Carlos Quinto apresta? Sí. Pues qué esperas? sus plantas, Muley, tu sagrado sean. La disposición me ataja. Pues para cuándo es mi ciencia? vuelve el rostro a la enseñada, que hace el Mar junto a esas peñas: qué ves? Un Bajel hermoso, que tiene en las blancas velas, y en los rojos gallardetes, alas de lino y de seda. Pues éntrate en él, que en él, espíritus que gobiernan su máquina, sus Pilotos serán, que el golfo trasciendan, familiares que te sirvan, y escuadras que te defiendan. Qué dices, mujer? Que escuches. Ah del Mar, ha de la Tierra. 4. Qué ordenas? qué mandas? Que el buque que alberga la playa, despida la playa, y en placido vuelo, arando las olas despliegue las velas. 4. Ya de tu conjuro rendido a la fuerza, el numen que rige el timón y la entena, la playa despide, y el placido vuelo, arando las olas, despliega las velas. Entra en el Bajel. Si el hado otro arbitrio no me deja, obedezco a tus asombros. Vira el Mar. Iza. . Proeja. Marsilia, adiós. . Muley mío, solo quiero en recompensa de lo que por ti ejecuto, que la distancia comprendas de Fátima, que te injuria, y Marsilia, que te obsequía. Si no amante, agradecido sabré premiar tus finezas. Pues Alá con bien te lleve. Mahoma con bien me vuelva. Y para hallarte piadoso:- Y para que amarte sepa::- 4. El numen que rige el timón y la entena, la playa despida, y en placido vuelo, arando las olas, despliegue las velas. . Viva el gran César, Carlos Va viva. A vuestros pies reciba el honor deseado (llegado, mi lealtad, gran señor. . Seáis bien Marqués del Basto: Capitán valiente, como viene la gente que me habéis desde Italia conducido? El pedazo de Tropa más lucido, que han visto los Ejércitos Cristanos, catorce mil Tudescos he Italianos traigo, en quien Marte repetido se halla. Buen trozo para un trance de batalla. A conseguir, señor, vengo la gloria de tus plantas. Oh invicto Andrea Doria, del mar fuerte Neptuno: y la gente Valona? . Aunque importuno nos fue el mar al principio, ya aplacado seis mil Flamencos he desembarcado, trozo experto y valiente. Para avanzar a un muro brava gente. Permitid que mis labios hagan salva a vuestros pies. . Oh Duque de Alba! que Españoles traéis? . Diez mil Leones, que formados en veinte Batallones, dan señas del furor que encierran Godo. Aquesa si que es gente para todo, que aunque Flandes, Italia y el Imperio, llenando de esplendor el Emisferio, encieran gente belicosa y fiera, no sé qué tiene España, que en su esfera los hombres, a pesar de la fortuna, Soldados nacen ya desde la cuna. (tinto, No es mucho su valor crezca dis- viéndose honrar así de un Carlos Quinto. Yo, señor, si merece Lusitania el renombre que apetece de una parte de España, la que doma en Flavio Emilio la altivez de Roma, no sin gran vanidad pongo a tus plantas cuatro mil Portugueses, porque cuantas proezas mi valor hacer intenta con mis Soldados, corran por tu cuenta, digno yo solo de adorar tu influjo. Noble Infante Don Luis, si el ansia (os trujo del triunfo y la victoria, no faltará ocasión de adquirir gloria. Si entre tantos señores, de grandezas, de estados y de honores, a un pobre Capitán se le da entrada, cuyo título es solo el de su espada, con besar vuestros pies quedará honrado. Cuando, no un Capitán, si no a un Solda- le ha negado mis brazos mi fineza? (do, Este es, señor, aquel que a Va Alteza le tengo encarecido: este es Ripalda. . Ya lo he conocido: que otro, que un Español tan gran Soldado, no osara hablarme tan desenfadado: Y vos quién sois? . Yo? Vos. . Soy un volonio, hijo del diabio, nieto del demonio, y por vida de tal, y voto a Cristo, que no es la primera vez, que se me ha visto una bomba sorberme, una granada, y mi bizcocho largo en esta espada: con que al que pillo en la postrera suer- le sirvo el agasajo de la muerte; (te, es mi nombre Pichón, harto temido, y juroy voto::- . Ya os he conocido; y ni juicio ni espada, de hombre que jura, es buena para nada: vos seréis linda pieza. Agradezco el favor de V. Alteza: mas el primero sois, que esos baldones ha pronunciado contra los Pichones, que asados o cocidos, siempre han sido estimados y queridos, y por vida::- . Apartad. Habréis estado cuidadosos, al ver que haya juntado en esta Playa, a quien el mar rodea, tantas gentes, sin ver contra quien sea tanto marcial estruendo, de quien la Europa, con razón temiendo, en varios juicios yerra, asustada del eco de la guerra. Pues atended, que ya en la Tienda mía, mejor Palacio de mi Monarquía, Alcázar propiamente de Soldado, siéndolo yo, por más que coronado de Emperador de indicio, que esta es mi dignidad, y aquel mi oficio, a sácaros aspiro brevemente de vuestra duda: oíd atentamente, y sentaos, que en las dudas que manejo, esta es noticia en forma de consejo. Ya sabéis, o Duque de Alba, Infante, Marqués del Basto, Duque de Amalfí, con quienes, entre todos mis vasallos, mis mayores glorias logro, mis victorias afianzo, que la insolencia del Turco, común aleve contrario de la Católica Iglesia, viéndome tan ocupado en las guerras interiores, y en los domésticos bandos, que mis Pueblos dividieron, y mi Imperio sublevaron, junto con las invasiones de los vecinos Estados, aprovechó la ocasión, y con cuatrocientos vasos, en que alistó su poder doscientos mil Africanos, surcó en persona las vagas ondas del Golfo Carpacio, sitió a Rodas, Isla entonces, adonde los esforzados Caballeros de San Juan tantas hazañas obraron, que vierten para imprimirlas llanto el bronce, y sangre el mármol; pues por más que a España, a Francia y al Pontifice aclamaron por socorro, al marcial ruido del belicoso aparato de la guerra, que era propia, o no hizo impresión su estrago, o embelesó a la piedad lo improviso del espanto. Ganola, en fin, con afrenta de los Príncipes Cristianos, y con tanto dolor mío, que a aquietarle no ha bastado haberle dado a San Juan tres Islas por una: (oh qu tienen en tales sucesos de parte nuestros pecados!) No paró aquí la osadía de Soliman, pues bajando a Ungria, venció en batalla a su Rey Luis, mi cuñado, siendo su rústica tumba de Buda el sangriento Campo: tampoco se dio la Europa por entendida del caso, ni yo pude resistirlo, sino con solo llorarlo: pero lágrimas distantes para males inmediatos, satisfacen al dolor, no restituyen el daño. Todas estas osadías, todos estos desacatos del Príncipe de los Turcos, Capitanes y vasallos, aunque mi saña ofendieron, mi vanidad no irritaron; pues aunque un bárbaro sea, basta verle coronado de la Dignidad suprema entre su rústico bando, para que me den sus triunfos enojo, pero no enfado. Mas hoy, ni mi pundonor ni mi poder ni mi garbo puede tolerar ultrajes de un hombre, que vil y bajo se atreve a mi dignidad, sin que le cieguen sus rayos; no ya como Emperador de dos mundos, como Carlos, a darle castigo aspiro, que es desdoro el que empleado un Cesar y un Rey de España, se mire contra un Corsario, que ayer un pobre Alfaharero, haciendo alhajas de barro, miseramente vivía del sudor de su trabajo. Ese Aradín Barbarroja, ese traidor, que de engaños infamemente valido, hoy está en Argel reinando cen, siendo su y en Tre de los mares Italianos; en maritimo y terrestre dominio ha crecido tanto, que temo que ha de sorberse la Europa, si no le atajo. Mas Armada tiene él solo, que los Príncipes Cristianos todos juntos; más Provincias ha adquirido y ha domado, que tiene el Persa y el Turco; está (su dicha temblando) de Sinan, Corsario aleve, Caraman y Cachidiablo, poderosos salteadores del Golfo Mediterraneo, asistido; nos ganó el Peñón con dos asaltos; Sicilia sintió su orgullo; Valencia lloró su amago. Muy cerca son estos golpes, no sé yo a lo que aguardamos; otro segundo gran Turco se va en Europa formando, y a su dicha solamente mi fortuna y mi conato imagino yo que basta; otros medios saldrán vanos. Aunque no me quiere bien, débame el Papa este amparo, débame Francia este auxilio, Italia aqueste resguardo, Cristianos son, poco importa, que hoy estemos encontrados: cuarenta mil hombres tengo, cuatrocientas Naves traigo, los mejores Capitanes, que Escipión ni que Alejandro consiguieron: Berbería ha de ser duro teatro de esta santísima guerra, todo está determinado, menos ver si es conveniente, que yo vaya acaudillando mis Tropas y no lo siendo, a quién debo dar el cargo de General? A esto os junto, a todos oigo, id votando. Ni mi lealtad ni mi genio sabrán, señor, adularos: estas canas las produjo la campaña, no el Palacio, con que mal platicaré doctrina que no he estudiado. Qué dijera todo el mundo de ver, que un pobre Corsario mereció, que Carlos Quinto fuese en persona a domarlo? Si nos perdemos con vos, nos perdemos sin que el hado nos deje recurso; y sí con vos un Reino ganamos, qué hemos hecho? despojar a un Morillo gran milagro. No señor, vos en España estáis bien; y aunque tan sabios Capitanes os asisten, para sucesos más arduos con vos queden, que yo solo contra un ladrón Africano, yo con vuestra gente: . Basta: decid vos, Marqués del Basto. Italia, Francia y España han sido, señor, teatro de mis hazañas; jamás presumi llegar a estado de acordaros mis servicios, sino cuando el acordarlos para más serviros es, el triunfo es de vuestro brazo; donde está un Rey, vivifica con su vista sus Soldados, y como dueño del premio y testigo del trabajo, por otro Ejército vale, según en él confiados emprenden los que le imitan temeridades y asaltos. Si vais, vuestro paje soy de lanza; mas no pasando en persona, claro está, que el Bastón está en mi mano: quién disputármele puede? Quién supo::- Callad entrambos: decid, sobrino. No yendo vuestra pera que hoy junta la Religión, no queda entre vuestros Cabos mas Real persona que yo; y para no aventuraros, siendo más cuerda opinión, la debo exponer al daño, en vos a toda la Europa, Solo queda saneado el ver que no mande el Rey, con que se confiera el mando en hijo de Rey, pues veis cuan más decoro y más garbo de vuestro Bastón es, que le empuñe yo y no un vasallo. Vasallos el César tiene. Su Majestad trae criados. Quién lo duda? puede alguno disputar que no los traigo? Andrea Doria, proseguid. Señor, si verdad os hablo, nunca he tenido por cuerdo el desprecio del contrario: Barbarroja es enemigo poderoso, afortunado y valiente, los demás por noticia saben algo, yo lo sé por experiencia; en esos mares batallo con sus Escuadras y en ellas trae hombres muy esforzados: vuestra fortuna es muy grande, en Italia vuestros Cabos os han dado muchos triunfos: vos en persona lidiando habéis logrado trofeos dignos de eternos aplausos: no me atrevo a decidir cual será más acertado, que os vengáis o que os quedéis; pero sé que es lo más sano, que donde yo esté, yo mande; solo el nombre ha respetado Barbarroja de Andrea Doria, la opinión es muy del caso, y no mandar yo, es querer dar la victoria al contrario. Oh ciega ambición injusta! cuando en los pechos humanos el deseo y la razón vivirán reconciliados! Duque, con que vos deéís, que no salga? . Eso he votado. Vos, Marqués, decís que sí? Es conforme lo que alcanzo. Vos, Infante, y vos Andrea Doria, aún no determinados, el dictamen diferis? No es fácil el acertarlo. Pero en querer cada uno del Bastón el sumo cargo, conformes todos estáis? 4. Si señor. Pues ya yo he hallado General para esta acción. 4. Quién es? Este Soberano Señor, que en este madero murió solo por salvarnos; causa suya es esta guerra, él es quien nos va mandando, yo solo su Alferez soy, vosotros sois sus Soldados: despejad. Oh heroico Cesar, digno de mayores lauros! . Dichosos Dominios, que merecen un Rey tan sabio. . Vive Dios, que le he temido. El Emperador es Santo, Marqués. Y añadid, felices cuantos con él militamos. . Desarmé su presunción. Oh Señor, si en todos cuantos os amán, hubiese el celo, que reina en mí de ensalzaros, qué poco humanos deseos les causara sobresaltos! pues: pero qué es esto? el sueño, válido de mi cansancio, quiere introducirse en mí; qué hemos de hacer? soy humano, y tan desvelado estoy desde que esta guerra trato, que no es mucho que me rinda. Oh Corona! oh dulce engaño del poder! cuantos desvelos el oro está deslumbrando de tu presunción! tesoro de ambiciosos, no de sabios, deja libre mi cabeza, para descansar un rato, que mientras ciñas mis sienes, aún será susto el descanso. (. Esta es la Tienda del Cesar, Moro; y pues a ella has llegado, hechas ya las salvaguardías precisas, entra. Ni un paso me atrevo a dar: Santos Cielos, toda mi vida es encanto! Salté del Bajel a tierra, y donde me desembarco la Playa es de Barcelona, un Ejército acampado reconozco, y es del mismo César, que voy anhelando: busco su Tienda, y habiendo por el examen pasado de las Guardías, estoy donde ya: pero tente, cuidado, que lo que aspiró tu suerte, te lo dispone el acaso. Si es este el Emperador, que suspenso y recostado en aquella silla yace sensible estatua de mármol? él es sin duda, yo llego. Salve Rey de los Cristianos, Salve, Emperador del Mundo; y si un mísero arrojado de su patria y su dominio, merece besar tu mano, atiéndele afablemente. Rey yo te ofrezco mi amparo; si un tirano te despoja, . yo en tu Reino te restauro. Válgame el Cielo! qué escucho? como sin ser informado el César, sabe mi historia? si duerme? si está soñando? mas no, que a dormir, no había de responder tan al caso. Señor, mil gracias os rindo por favor tan soberano. En señal de que es ya tuyo el Imperio de Cartago, . toma tu Corona. . Cielos, qué es esto? . Yo te la alargo, aunque era mía, y ganada . por el poder de mi brazo. Yo la acepto. Pues yo quiero::- Pues yo estimo::- Cielos santos, qué es esto? quién está aquí? Gran César, un Rey tu esclavo. Válgame Dios! velo, o sueño? Moro, cómo te has pasado a realidad desde sombra? Sabes el camino acaso, que hay desde mi fantasía a mi vista y a mi tacto? No sé, César, lo que sé; solo sé, o invicto Carlos, que soy Muley, Rey de Túnez, de su Imperio despojado por Aradín Barbarroja, que a tus pies llego implorando tu favor, que en este punto, señor, palabra me has dado de ampararme, y que pusiste esta Corona en mis manos. Si fue soñado todo esto, de mi suerte no lo extraño, que en mis desgracias ya ha días, señor, que a influjos infaustos, son mis males verdaderos, y mis alivios soñados. Cielos, ya entendido tengo . el camino extraordinario que tomáis para empeñar mi afecto en vuestro holocausto. Moro, ese mismo suceso me estaba representando en sueños mi fantasía, cuando a mis pies te arrojaron tus miserables fortunas. La palabra que haya dado, aún en sueños, Carlos Quinto, cumplirá despierto Carlos: Barbarroja es tu enemigo? Mi opuesto es ese tirano. El Reino es tuyo de Tunez? El acaba de usurparlo. A mi sagrado te acoges? En él mi fortuna aguardo. Pues siendo así, y que después me informaré más de espacio de como aquí hayas venido, de como allá hayas faltado; vuestra Majestad, señor, le dé a su amigo los brazos. Qué hacéis, gran señor, qué hacéis? Nada; esto es ir empezando a cumplir yo mi palabra. Infante, Marqués del Basto, Duque de Alba. . 4. Gran señor. Disponed, que en mi Palacio se ponga a su Majestad, en el interín, un cuarto. A quién, señor? . A Muley Rey de Tunez, que ha llegado, despojado de su Reino, a buscar en mí su amparo. Tu esclavo soy, noble César. Mi amigo sois y aliado. Qué es esto, señor? Este es el accidente más raro, que pudo trazar la suerte. Andrea Doria, yo me parto a Tunez, allí ha de ser de aquesta guerra el teatro. Tiemble el África tu nombre. Absorto estoy! Cómo o cuándo vino este Moro a esta Playa? Eso mismo dudo y callo. Id acompañando al Rey. Fortuna, preven un clavo para fijar en la rueda de la dicha que hoy alcanzo. Hasta después no hay sosiego. Sin saberlo no descanso. Rara novedad! . Extraña! Ensalce Alá sacrosanto vuestras armas, gran señor. El Cielo os prospere, hermano. E ea a GUN
JORNADA SEGUNDA
Uchoó. Suelta el segundo Neblí, que el vuelo remonta la Garza. . . No le desates el capírote, antes cobra el primero, y a la Playa todos me seguid y todas, que aquellas Banderas son de mi esposo Barbarroja. Haced salva, pues a vista llegáis de Fátima hermosa, triunfantes Galeras mías. Deboó. . Canalla, boga. Al repecho, a la ladera. Larga el trinquete, a la escota. Muley, pues en esa fiesta, que de esas marinas rocas tan encubierta has dejado, que aún el propio mar la ignora, te adelantastes a verme de la Escuadra numerosa de Bajeles del Cristiano Cesar, que esos golfos doma: dime a lo que vienes presto, y qué te inquieta y te asombra? Notar, Marsilia, que cuando vengo a ver, como esas Costas pueda tomar nuestra Armada, sin ser sentida, en que importa no menos, que el principal paso de nuestra victoria, vea poblado este Puerto de Fustas y Galeotas, de gentes esta Playa, a ese Tirano en persona, a esa enemiga, a quien pude dar nombre injusto de esposa: con que siendo ellos testigos del designio, que se opongan al desembarco es forzoso, impidiendo que las Tropas Salten en tierra. . Sus pende la voz, que si en ti no es otra la pretensión, que el querer, que la Playa sin zozobra pueda ocupar Carlos Quinto; haz cuenta, que ya lo logras. Cómo? . Cómo prevenida hoy tiene aquesa traidora, de volante cetrería una fiesta, y si se engolfan una vez en su boreal ocupación deliciosa, mis engañosos ardides sabrán disponer de forma, que distantes de la Playa ocupen sus arenosas llanuras, cuantos en nuevos Paladiones, nueva Troya intentan hacer a Tunez. No hay fineza, que tu heroica pasión no intente por mí: Ay Fátima, que la propia fuerza con que Amor te impele, te trae hacia mi memoria! Ay Muley! que creo que esto es ir granjeando a mi costa un ingrato. . El Cielo::- Deja esa expresión por ahora, que del mar y de la tierra se entretejen y eslabonan a las Marítimas huestes las Escuadras venatorias, y no es bien que aquí nos vean. Mira, que a tu cargo tomas desembarazar el Puerto del tirano Barbarroja. Así lo haré, aunque repita esa aclamación traidora::- Viva Barbarroja viva. Uchoó. . Arria de proa. Honrad el Puerto de Tunez, Galeazas vencedoras, con tantos cautivos ricos, nobles con tantas victorias: dejad descansar las aguas, que han rompido vuestras proas, desde el mar de Berbería a la Genovesa Costa, y conducid a los ojos de la más perfecta Mora, que el África reconoce, y que venera la Europa, al que sujeta las aguas, al que los Cristianos postra, al lucero de Turquia, rayo de Constantinopla, al perseguidor de Cristo, al defensor de Mahoma, al freno de los rebeldes, y al Gran Turco Barbarroja: Prevenid, festivos Moros, y Africanas generosas, en aplausos de Aradín, liras, adufes y trompas de la boreal caza; pues dispone ya la lisonja, que siendo golfo del aire, piense que aún vive en las ondas, cuando galeras de pluma, siendo velas las garzotas, siendo las alas los remos, siendo timones las olas, agujas los picos, buques los pechos, las garras proas, en naval batalla lidien las aves que al viento bogan, dedicándole este obsequio quien más su fineza adora, de sus afectos el norte, de su luz la mariposa; de sus timbres el objeto, compañera de sus glorias, la que por él reina en Túnez, y Fátima al fin su esposa. Deja que extrañé, Aradino, (oh Carlos, cruel ponzoña . del corazón!) que sabiendo, según la lengua que tomas en Cerdeña, que el Cristiano César Carlos Quinto forma Ejército numeroso para pasar en persona contra ti, p vuela por África toda; no solo en el mar no esperes, adonde su Armada rompas, lidiando en naval batalla, sino que al Puerto te acojas, como haciendo de tal nueva olvido, desprecio y mosa. Eres tú el cuerdo, el valiente, y el que pasando tus obras sin airar a la fortuna, a los tiempos te acomodas? Toda el África, señor, espera que la socorras, viendo el Cristiano poder, que el Estandarte trémola contra Tunez; y aseguran, que rayos España aborta, tempestades Alemanía, Italia, Flandes y Roma: pobres, señor, de nosotros, si los deleites te roban el tiempo, en quien los instantes tal vez los triunfos importan. Quién te ha dicho, Moro infame, de ruda prosapia tosca; quién a ti, débil Hebreo, hombre en fin, que ciñe tocas, que a Barbarroja ninguno tiene en su brío y su honra que advertirle? Soy yo acaso Capitán en quien no sobran cautelas para los triunfos? perdí yo jamás las horas? Si vivo en este descuido, bien sé yo, que no se forjan esos rayos contra mí; y cuando venir disponga Carlos Quinto a esas riberas, son las gentes Españolas capaces de tolerar los trabajos que mis Tropas? El blanco y rubio Aleman, el Flamenco, a quien corona la Estrella del Norte fría, hecho al hielo de su Zona, sufrirá el intenso ardor ni un punto en que esta arenosa calidísima región, o se abrasa o se sofoca? delicado Italia que de los deleites goza del jardín del universo, no morirá de congoja en este ardiente desierto, dejando mi espada ociosa? Ciento y cincuenta mil Moros, si mis trompetas se tocan, en un hora, y aún en menos, no me irán haciendo escolta? Y en fin, sesenta Galeras, de la Goleta a la sombra, no defienden ese Puerto, cuya fortaleza sobra a defender a Escipión, como ya lo logró en otras edades, pues de Cartago aún dura reliquia honrosa? Pues si esto es así, de qué sirven esas ceremonias inútiles de ostentar, que vuestros consejos logran prevenirme lo que sé? Prosiga, Fátima hermosa, la caza, y deten el oído a impertinencias tan locas. Alá, querer que no lieve Barbarroja golpe en vola. Dices bien, esposo mío, goza del bien sin zozobra, que quien previene los males, parece que los convoca. Cazadores, ocupad de aquel risco la mejora, prevenid los Jerifaltes. Apriesa, que de la loma de aquel escollo desciende una garza voladora a retraerse en el vago cristal de esa bulliciosa laguna. Seguid al Rey. Apriesa, caballos: hola. . Toca, Trompeta; y tú, pobre Testuz, llevar te toca la alimaña; anday perrote. El diablo a ti, picarona, engarráfar con el uña. reo. ̱. Anda, Andar, cachorra. Por qué no vais vos siguiendo también la caza? . Señora, fuerza es, que olvide esa caza quien vive pensando en otra. Cómo? . Como una es peranz a que estuvo a tiro hasta ahora del vuelo de mi deseo, tanto al Cielo se remonta, que superior a las nubes, de mí se oculta y se emboza tanto, que aunque van tras ella suspiros que el aire cortan, sin encontrarla cansados, o se pierden o se tornan. No sé qué quiera decir enigma tan misteriosa; pero ya que habláis de caza, con responderos me sobra, que a Reales Águilas, tarde bastardos. Sacres se arrojan: y si pasando tal vez de coto, a las iras corvas de pico y garra se atreven, al ver como los destroza, en vano su ruina sienten, y tarde su estrago lloran. Cazadores, a la selva. Ah infiel! ah injusta! ah traidora! mas por qué traidora, injusta, ni infiel te llamo, si en todas tus acciones acreditas la inconstancia que pregonas? Dejásteme por Muley, y a Muley por Barbarroja, no solo por ser mudable, sino por ser ambiciosa; pero yo me vengaré, si el Cielo no me lo estorba, y satisfaré mis celos. Uchoó, al risco, a la choza. Sígueme, Rey poderoso. Monstruo, por más que te escondas en los laberintos verdes de troncos, ramas y hojas, te he de seguir, donde veas, que mi espada te débora. Si harás, si puedes. . Espera, que ya que seguir me estorbas la caza, y por ti perdido penetro esta pavorosa estancia yo haré que mueras a manos de quien enojas. Suspende el acero, que en quien se te postra el ceño no hiere, y el filo no corta. Válgame el Cielo! quién eres, fiera, en todo tan hermosa, hermosa, en todo tan fiera, que en ti misma te equivocas, siendo menos que mujer, para ser aún más que Diosa? quién eres, dime? y por dónde, desde la ruda a la tosca mansión, donde entré a seguirte, me has conducido tan pronta al delicioso Palacio, que de jazmines y rosas o es alcázar de Amaltea, o es retrete de Pomona? (roja, Este pensil, valiente Bárbar- donde el Mayo deshoja de carmesíes primores, fabricando tapetes de las flores, es el Palacio donde triste lloro desprecios de Muley, ingrato Moro, mi es poso indigno, el alma me enajena, que en el dolor no cabe tanta pena; más teniendo tu brazo en mi defensa, seguro es el castigo de mi ofensa. Ampara una belleza, que ser feliz malogra, si en tu pecho no logra tan noble compasión: Contigo la fortuna será menos atrada, labrando vinculada eterna duración. Ampara una belleza, Marsilia, llega a mis brazos, y haz cuenta, que a cargo toma el fuerte brazo de Alá la venganza de tu honra. La cabeza de Muley pondré a tus pies, aunque contra mí se conjuren del Cielo abismos, rayos y sombras: esta palabra te ofrezco. Ol nunca el Cielo te oiga, . bárbaro injusto! y pues ya las Escuadras valerosas del Cesar habrán pisado la Playa, deshaga toda la máquina que dispuse. Con que osada y vengadora tu mano ofrece matarle? Así lo juro. . Perdona, que dude el que lo consigas. Por qué, di? Porque a estas horas harto harás en defenderte de la suerte que te acosa. Cómo? . Cómo tus maldades, monstruo en palabras y en obras, quiere el Cielo que fenezcan. Qué dices, encantadora? Que ya la Playa de Tunez poblando Cristianas Tropas, y el gran César Español a su testa victoriosa, empieza a ser el teatro de tu ruina. Infame boca, que tal pronuncias, espera. En vano a abrazar te arrojas el aire, si en él no queda mas eco, que el que pregona. . Viva Carlos Quinto, viva, viva, y muera Barbaroja. Detente, astuta Medea, aguarda, Circe engañosa, monstruo en forma de Sirena, alma con cuerpo de sombras. Barbarroja::- . Gran señor::- Qué suspensión::- . Qué congoja: Te acobarda:- . Te detiene::- Para que al muelle no corras::- Para que la Playa dejes:- Cuando aquella armada aborta:- Cuando esas Naves escupen::- Armadas huestes furiosas::- Católicos Escuadrones:- Que ya en la arena se forman? Que ya por tu tierra marchan? Ahora, señor, ahora creerás de nuestro recelo los informes que abandonas: aquellas brillantes huestes, que diestramente escuadrona aquel Caballero a pie, armado con peto y gola, traje Español, en su mano dorada una pica corta, banda encarnada en el pecho, y una media borgoñota, que a su augusto rostro sirve de Diadema que le adorna, Tropas son de Carlos Quinto, y él las dispone en persona: la flor viene de sus Reinos, Soldados trae, cuya heroica fama, temió Soliman, y huyó hasta Constantinopla: mira qué has de hacer. Ah Cielos! triunfad de esa gente loca. Siñan, con cuatro mil Turcos, las Tropas más belicosas entra en la Goleta; en ella, el que me sigan estorba seis días: a socorrerte vendré con África toda. Una cosa es que te avise tu peligro y otra cosa es, que sabré hacer en ella mi nombre eterno en la historia: Soldados, a la Goleta. Que mi Fátima recojas dentro de ella es fuerza, en tanto que a encerrar en las mazmorras voy cuantos perros Criastianos mis cadenas aprisionan. En defensa tuya iré, donde Africana Amazona daré la vida lidiando. Cachidiablo, a ti te toca juntar la Caballería Arabe, Turquesa y Mora. Aunque antes me abandonaste, y ahora por fuerza me honras, rayo seré fulminado de la esfera luminosa. Aúnono sale Carlos Quinto: bien que de osado blasona la dificultad que emprende, por más que digan sus Tropas: . Viva Carlos Quinto, viva, viva y muera Barbarroja. Gran Sultan, Cesar Cristiano, norabuena hayas venido al trabajo que has querido tomar por tu propia mano; porque tu esclavo Muley de ti socorrido sea. Alza, que hoy Carlos pelea por tu razón y su Ley: Qué ruinas aquellas son? Aquel muro significa haber sido aquella Otica Patria del sabio Catón. Y aquella Torre eminente, que casi a rozar se sube con la más altiva nube? Reliquia es, que casualmente el voraz tiempo dejó de la invencible Cartago. Posible es, que en tanto estrago tanta grandeza paró? La que un millón encerraba de hombres, y en el Mar tenía tres mil Naves que regía, la que a Roma amedrentaba, de media España señora, de cuatrocientas Ciudades Reina, honor de las edades, yace así! O lo que débora la edad, fatal homicida! y si pierde ser y nombre un Imperio, qué hará un hombre sujeto a una frágil vida? La tierra que pisas es la que el fuerte L donde de peste murió aquel Paladín Frances, que con infeliz estrella pasó aquí a ensalzar su Ley. Oh Santo! oh dichoso Rey! tierra es, que el andar por ella calzado, es poca razón, que es reliquia sacrosanta la que mereció la planta de tan ínclito varón. Ya, a pesar de Barbarroja, toda tu gente está en tierra. Pues marche en forma de guerra, y de suerte se recoja, que no suceda desmán: y si hallan algún Soldado de su grueso destacado, luego le arcabucearán. Esa es la forma perfeta de que, viéndonos unidos, nos cojan más prevenidos. El Fuerte de la Goleta, Duque de Alba, no es aquel? Si señor, aquella Torre, y el muro que altivo corre hasta el Mar, batiendo en él, tiene cuatro terreones de terrible fortaleza, y no le falta una pieza en cubos y bastiones: el Mar a la espalda tiene con casi imposible entrada, por delante está amparada de un foso, que del Mar viene, la joya es de Berbería, y es empresa inaccesible. Veis todo aquel imposible? pues mañana ha de ser mía. Mas serenos y más soles ha de costar en campaña::- Duque, mire que se engaña; no ve que traigo Españoles? Es verdad, votado a Dios, lo que Españoles no hicieren, de otra Nación no lo esperen. Quedo para entre los dos, que si oyen los extranjeros, no es razón desalentarlos. Yo no aspiro a desdorarlos, que hay valientes Caballeros. Yo a todos estimo iguales. Son de nobleza un crisol; mas, señor, un Español::- Vale por diez nacionales. Qué marcha es aquella, Infante? Son de la Iglesia los Tercios, con el Conde de Águilara Virginio Ursino. Qué bello escuadrón! Y aquel, Marqués? Son, gran señor, los Tudescos, Caudillo el Conde de Sarro, valentísimo guerrero; va allí el Marqués del Final, va Fadrique de Carreto, los Príncipes valientes de Visiniano y Salerno con los Tercios Italianos. El que se sigue es el grueso de Españoles. . Sí señor. Tened: cómo van entre ellos aquellas dos Compañías (parecen de Arcabuceros) tan rotas, tan deslucidas, casi desnudos los cuerpos, atados los arcabuces con cordeles, sin sombreros los más, pero en la ordenanza de marchar, vivos y diestros? cuya es esta gente, Duque? Mía. . Vuestra? Y no lo niego: aquellos son Españoles, gran señor, Soldados viejos, los que en Italia os han dado a millares los trofeos. Aquellos rotos vestidos, aquellos semblantes negros de los soles del Verano, y los fríos del Invierno aguantados en campaña, son, señor, cuenta con ellos, que aunque no vienen galanes, tiran bien y empujan recio. Aquellos pobres andrajos galas son de Marte horrendo, adornos son porque tantos agujeros, cuantos el vestido muestra, tienen en rostros y pechos, dados por vuestros contrarios: con solo esos cuatrocientos rotos y descamisados he de entraros, vive el Cielo, en Túnez, aunque lo impidan más demonios: . Yo lo creo, Ripalda, son Españoles en suma, y Soldados vuestros. Pues, y cómo que lo son, y yo, que ni aún vivandero merezco ser vive Cristo, ni aún Tambor, por Dios eterno, entre quienes, voto a Dios, harán más en un momento, que el Ejército en un año, que son, que serán y fueron, sustentaré en la campaña, aunque ni a mí me sustento. Deben de ir hombres famosos, Duque, aunque rotos y hambrientos, entre esos pobres Soldados. Oígánmelo a mí: Ahí va un Pedro de Alcocer, Hernando. Bargas, hombre que metiendo un dedo en el cañón del mosquete, a pulso le alza del suelo, aunque le echen en la llave catorce libras de peso: va un Alvaro de Granados, va un Sahabedra, un Juan Acero, tan fuerte como su nombre: va un Hurango, tan perfecto Vizcaino, que sus palabras son el Santiago, y a ellos: Rueda el Alferez, Morales. el Cabo Escuadra, el Sargento Truxillo, el Capitán Quijada, hombre que es lo meno ir a encender un cigarro de la primer bomva al cebo; y sin estos dejo tantos, que a haberlos de ir repitiendo, había menester tener la Comedia diez mil versos: o ve si los Mo solo sé, qu los esperan por San Pedro, que no han de vagar los diablos, ni han de bastar los Infiernos. Marché el Campo a la Goleta: Don García de Toledo y Don Alvaro Bazan, Héroes a quien encomiendo de Nápoles y de España las Galeras, desde el Puerto combatan a la Goleta, procurando por sus puestos abrir brecha, que nosotros entre tanto avanzaremos. A la Goleta, Soldados. Cesar invicto y supremo, condúcenos al asalto. Duque de Alba, qué es aquello? Los Españoles, señor, que sin atender soberbios a que hay aquí otras Naciones, que anhelar saben al riesgo para conseguir el triunfo, pretenden, ser los primeros. Al asalto, gran señor. Hijos, quitarles no puedo a los demás, que del saco se enriquezcan en venciendo. Dese a nosotros la honra, y a los demás el provecho. Sea suya toda la presa, solo el peligro queremos. Oh generosa Nación! Marqués, qué decís a esto? Tuvierais ánimo vos, a ser su Rey y su Dueño, de negarles tan honrada pretensión? yo no le tengo: hijos vuestro es el combate, a vosotros encomiendo el triunfo y la gloria. . Pues a la Goleta o al Cielo. Viva el Rey de España, viva. Ya en el choque nos veremos, gran señor, que Italia sabe lograrlo y no pretenderlo. Yo sé que no han de quedarse los últimos mis Tudescos. También son mis Portugueses Españoles. . Caballeros, peligro habrá para todos: lo imposible del empeño para todos dará honor. Con gentes de tal denuedo, no sé como no habéis ya conquistado el Universo. No es tarde, Muley: concibes esperanza de que el Reino de Tunez podré ganarle? No está seguro en su asiento el gran Celín Soliman. Ea, amigos que ya el fuego empieza de las Galeras, al fuerte nos acerquemos. Arma, arma. Qué venturas son estas, propicios Cielos? Las que ha podido adqurirte mi amor y mi industría a un tiempo. Mira ese formado Campo, que al Sol las luces bebiendo en las brilladoras armas va publicando reflejos, tanto que aún quiere a la esfera combatir incendio a incendio. Mira qué cerrados marchan, con qué igualdad y concierto, que parece, que danzando al compas del bronce hueco, y de la caja sonora, van de fiesta, y no de asedio! Mira el fuerte Emperador en aquel caballo overo, con qué majestuoso brío, con qué gravísimo aspecto, con mover solo el Bastón va todo el Campo rigiendo, como si fuera no más, que una cabeza y un cuerpo! Todo, Marsilia, lo miro, y todo a ti te lo debo. Pero qué transformación es esta? . Ya de mi afecto, que no ha podido sufrir no entrar matando o muriendo a tu lado en el combate; para po oder hacerlo, visto gala, y arnes ciño. Y qué dirán si consiento, que te expongas al peligro! Que me estimas y te quiero; mas mira si la Goleta se gana::- . Qué? Que está dentro Fátima, no correspondas a un amor con unos celos. Ay, Fátima, que aunque más . te olvido, aún no te aborrezco. Segura, Marsilia, te hallas. Vamos, que ya estás haciendo falta en este grueso. Vamos. Ah del muro. Quién me llama? Yo, que otra vez te encomiendo, valiente heroico Sinan, la defensa de este Puerto: mira que consiste en él la salud de todo el Reino. De Genizaros y Turcos tiene seis mil hombres dentro, y yo desde aquella loma las hazañas estoy viendo para premiarlas, y para si resistes el primero choque entrar por las espaldas despedazando esos perros. Ve seguro, Barbarroja, que si no es, o preso o muerto, no he rendir la Goleta. Así en tu valor lo espero. Esposo, pues sin poder retirarme, por el riesgo de ser presa, a la Ciudad, en la Goleta me quedo, no haces tu falta. . Mi bien, presto a conducirte vuelvo; y a Dios, que ya las partidas avanzadas del opuesto Campo, cargando las nuestras vienen; ánimo y a ellos. Ve seguro. . Ve seguro, que estar temblando de miedo. Y meter aquí a Zulema algún diablo del Infierno. A mi Fátima te encargo, Sinan otra vez te ruego, que mires por mi y por ella, peleando como bueno. Así lo haré, Barbarroja. Una Provincia te ofrezco. Qué Provincia, ni qué alforja? mejor fuera un agujero en que escapar a esta hora. (. Alto, y al muro lleguemos solo yo y Muley. . De allí la señal de paz han hecho, nadie dispare. . Ah del muro. Quién va? Amigos en haciendo lo que debéis, y enemigos si estáis a la razón ciegos. Decid en pocas palabras, que no es de perder el tiempo. Carlos Quinto Emperador del Orbe: . Quedo con eso, que dueño del Orbe es solo Soliman, y en su defecto Aradino Barbarroja. Hay desvergüenza de perro mayor! cuánto va que subo, y de cabeza le estrello? Aliado de Muley, vuestro legítimo dueño, descendiente de Racín, hoy llega a los muros vuestros a que admitáis al que es Rey natural y verdadero; de ese ladrón Barbarroja, de ese tirano sangriento, sacudiendo el infelice yugo, que más os ha puesto la violencia, que el amor, la ignominia, que el deseo; que respondéis? . Que si no es su venida más que a eso, me pesa que haya venido a cansarse sin provecho. Eso decís? . Esto digo. Cors río vil y blasfemo, presto lo verás. . Muley, mas obras, y menos fieros. Que no toquen a embestir! De furia estoy que reviento. A osadía tan infame, solo así responder pienso: Ea, amigos, la Goleta avanzad a sangre y fuego. . Arma, arma, guerra, guerra, a la colina. Al infierno voy a despachar diez gruesas de mastines y podencos. Ea, Genizaros míos, ea, Turcos, despreciemos esta canalla. Italianos, haced vuestro nombre eterno. Alemanes valerosos, estos Turcos son los mismos de quien siempre habéis triunfado. Españoles, el deseo se os cumple de ensangrentar en infieles los aceros. Mostrad, Lusitanos míos, el furor de vuestros pechos. Arma, arma, guerra, guerra. Cruelmente se va encendiendo la pelea con valor; con coraje y con despecho los Genizaros resisten. Oh señor! que nos perdemos. Qué decís, Marqués? Oh Carlos! no fiaste en los esfuerzos de los Españoles? mira lo que ensalzas. Pues qué han hecho? Detenerse en la estacada. Remolinarse cediendo. Es mentira, miente el mundo: Españoles? no lo creo. África, victoria. Acude, César, a poner esfuerzo en tus Españolas T pas, que al duro incesante fuego, que llueve sobre ellas, ni ellas ni cuantas las van siguiendo pueden dar paso adelante. La imposibilidad no es miedo a mis Leones de España; mis hijos, mis compañeros, cómo os detenéis? seguidme. . El César, adentro, adentro. Vive Dios, que ya han ganado la puerta. . Corrido quedo de dudar de su valor. En qué os detenéis? qué es esto? el Cesar veis empeñado, y os divertís un momento? Viva España. España viva. Villanos, aún no estáis muertos de solo verme? el trabajo me ha de costar viles perros, de tros matando uno a uno. No vi más feroz aliento! preciso es el retirarnos. Aún no os valdrá ese remedio. . Perro, ya que estás rendido, larga vestido y dinero: lárgale, perro. . Senior, solo esta almalaja tengo, ni un zequí llevar conmigo. Pues páguelo tu pellejo. . Ay, que me matar Cristiano por no tener. . El podenco miente, que antes porque tenga, le quiero ir dando estos muertos. . Arma, guerra. En la refriega perdí a Marsilia, su esfuerzo la empeñó a mi lado, y entre la confusión y el estruendo quisiera porque me quiere, hallarla y porque la quiero, ando dé Fátima en busca, adonde::- Valedme, Cielos! Mas de Marsilia! o escuché? en su seguimiento voy. (ca? No hay quien me favorez- Mas, Cielos santos, este eco no es de Fátima? pues cómo, habiendo hallado el objeto dé mis ansias, no la busco? Mahoma, favor. Afecto, detente, que antes es ser agradecido, que tierno: de Marsilia las finezas llaman mi agradecimiento. Socorro, Alá. . Mas mi amor, con impulso más tremendo, me guía a esotra pasión: quién, duro destino adverso, sabrá decirme a qué parte, entre aquella que aborrezco y me quiere, y la que adoro y a otro amante está queriendo, debo acudir? Si esta busco, soy fino y no Caballero; si a estotra amparo soy noble, pero no amante ni atento: aún dentro de una batalla cupo otra, en que dos afectos rigurosamente lidien. Favor. . Piedad. Mas qué espero? Ser noble y agradecido no es antes, que ser tan ciego, que solemnice yo propio mis agravios y mis celos? Viva Marsilia y yo muera. Solo eso esperé; y sabiendo, que tan ibizarro procedes, que te vences a ti mismo por seguir la que no quieres, a la que quieres defiendo, fingido fue mi peligro, y en Fátima verdadero: Muley, ya Fátima es tuya. No, Marsilia no lo acepto, por no exponerme a poner en duda mi vencimiento. No he podido hacer por ti más fineza, que sabiendo que la quieres, ampararla, contra los que pretendieron, hallándola, cautivarla. Ni yo hacer mayor extremo, que pudiendo restaurarla, dejarla como la dejo. Infeliz de quien nació a solo ser el objeto de extrañas finezas, llena de mis propios sentimientos. Victoria por Carlos Quinto. Soldados, no digáis eso, decid que viva Muley, y seguidme: mas qué veo! Veis un extremo de amor, este Africano portento, qué antes era esposa mía, y Barbarroja soberbio Reina en Túnez coronó, y ya el destino la ha vuelto a mi poder. . Bueno está; mis gentes y yo venciendo vuestros contrarios, y vos entretenido en requiebros? Muley, no debe un Monarca dar a entender sus defectos en públicó, que es deidad, y aventura su respeto. Señor vuestras Reales plantas sirven a mi sentimiento de asilo. Alzad: Duque de Alba, retiradla, y con obsequio se la trate, que la basta, para hacer yo lo que debo, ser prenda de mi enemigo. Qué cortésano y qué recto! Ya desocupada toda la Goleta está. . Me huelgo, que venisteis asustado. Marqués, ved si consiguieron la empresa los Españoles. Es verdad, pero cedieron al principio. . Y a una carga continua de Mosqueteros, piezas llenas de cartuchos, con un foso de por medio, al y el pec Marqués, qué hicierades vos? . Lo mismo. Eso es ser valiente y sabio. A vuestras plantas ofrezco el Caudillo más valiente, que tiene el Morisco Imperio: llega, Moro, valga al diablo quien me trujo a conoceros. Señor, Sinan a tus plantas yace. . No soy yo tu dueño, besa la mano a tu Rey, Caudillo fuerte y experto, no por verte en mi poder, juzgues que te estimo menos que Barbarroja. . Tus pies desde hoy han de ser mi centro. Señor, este gozque viejo traigo a tus pies. . Oh Pichón! valientegois. . Pues yo apuesto, que a no ser por los pobretes descamisados y negros, entráis hoy en la Goleta, señor, como yo en Marruecos. Así lo confiesa el Mundo: Andrea Doria, quienes fueron los, primeros que avanzaron? El valeroso mancebo Don Alvaro de Bazán, por el portillo que abrieron las Galeras; por la puerta todos estos Caballeros: y demás de esto has ganado la Armada, que tenía dentro de este Puerto Barbarroja, que pasará dencién leños. No a mí, Señor, se dé gloria, sino a vuestro nombre excelso. A Túnez, a Túnez. . Hola, qué voces son estas? Viendo perdida ya la Goleta, Barbarroja, que el repecho de aquel escollo atalaya hizo aguardando el suceso, y sus Galeras cautivas, rabiando marcha y huyendo a Tunez; mientras aguarda la Goleta, que entres dentro a tomar la posesión. Veis aquí de vuestro Reino, Señor, la puerta y camino: entrad, os la entregaremos. Oh César bizarro! quién si no tú, a tan grandes riesgos, por lo que no ha de ser tuyo, se expusiera? . Entrad diciendo, viva Muley, Rey de Tunez. Bien puede añadirse a eso, viva la Fe, viva el César Cristiano Alejandro nuestro. Viva Muley. . Viva el Cesar Cristiano Alejandro nuestro. E
JORNADA TERCERA
Entre solamente el Rey: ados, Duque, idos, Infante. Qué me querrá a tales horas el César? . Ved sí puede alguien oírnos. . Solos estamos. Mucho él que a solas os llame extrañaréis: tome silla vuestra Majestad: acabe, que me tiene en pie. . Señor::- Es cansaros y cansarme: sentaos, señor. . Por Alá, . que me asusta su semblante. . Muley Hacen Rey de Túnez, aunque he estudiado mil frases en que hablaros y advertiros en lo que es más importanté, no sé por donde comience, que los Reyes son Deidades, y para haber de decirles los defectos en que caen cara a cara libremente, ni aún otro Rey es bastante. Mas ya que ha querido el Cielo, que como a mi hermano os trate, tomando, como habéis visto, a mi cargo vuestros males, a cumplir la deuda aspiro, como hermano he de portarme. Hijo de Mahomet nacisteis, compitiéndoos el caracter de Rey treinta hermanos vuestros, que aunque entre Moros no pase la justa ley de que herede el primer hijo que nace, ser entre treinta el dichoso, es felicidad notable; pero este favor del Cielo, con qué, Muley, le pagasteis? con dar cautelosamente un veneno a vuestro padre, a vuestros pobres hermanos con crueldad abominable hicistéis quitar la vida, pasándoles por delante de los ojos una barra de ardiente hierro: quien hace tales injurias al Cielo, cómo quiere que le ampare? Vos sois cruel, ambicioso, desconfiado, inconstante y vengativo; no son de Rey estas propiedades, no todo lo venga un Rey: arte de reinar, es arte de disimular injurias, que pecados generales la justicia en dos o tres los reprime y satisface, y queda el ejemplo a ser castigo de los restantes. Acuérdome cuando ardía mi Reino en comunidades, por haber yo dado a Tebres, ambicioso intolerable Flamenco y privado mío, más lugar que el que dar cabe: no lo hice yo de malicia, crieme con él en Flandes, ignoraba yo, que celos de la Majestad, llevarse por los vasallos no pueden, y más en los naturales Españoles, que su Rey no quieren que quiera a nadie; porque como le idolatran, aún tienen celos del aire; y en verdad, que tuve el Cetro, si se cae o no se cue. A la Nobleza Española le debí, y al Condestable la Corona que poseo; no tuvieron poca parte el Cardenal de Toledo, Benavente, el Almirante, y otros Grandes de Castilla, propio impulso de su sangre: no hay duda, que de ellos fuera España, si se arrimasen al bando de los rebeldes; mas son tan nobles, que no hacen estimación de ser Reyes, dejando de ser leales. Pero en qué con digresiones me detengo? a sosegarse empezó la disensión, cuando yo de coronarme di la vuelta; entré en España conquistando voluntades, premiendo los que eran míos, animando los cobardes; castigando los opuestos con dolor, no haciendo alarde, Muley, sino es persuadido, que el mover sus Estandartes contra mí, fue de engañados, no de traidores ni infames. Memoria de una consulta hago, en que quiso inclinarme el Consejo a que doscientos de estos propios degollase: dejé nombrar hasta seis, y luego hecho hacia la parte de mi natural clemencia, dije ansioso, no más sangre, que son hijos los vasallos, y es justicia intolerable para un padre, ver morir tantos hijos, esos basten. Ensalzaron mi piedad los que estaban vacilantes, corridos de hacer ofensa a un Rey benigno y suave, se entregaron al amor; no hay hombre que no me aclame, y una vez con este corto castigo llegué a olvidarme de todo, volviendo a todos a mi gracia como antes. Esto os he dicho, Muley, porque sé que a dos Alcaides, que en la Goleta prendisteis, a otro día degollasteis. Quién queréis que se os entregue de bien a bien, si lo sabe? Mecánicamente humilde, me dicen que atesorastéis lo más que hubo en la Goleta; un Rey entra en el pillaje? cómo es esto? Pues no es esto, ya que ceda el que lo gane, de aquellos desnudos Moros, de aquellos pobres Alarbes, que os acompañan y sirven en vuestras adversidades? No, Muley, no ha de ser eso; y así, para que no os falte, ni decencia que os adorne, ni caudal con que galante traigáis a sueldo los Moros, será fuerza que os señale veinte y cinco mil ducados, razón es que yo lo pague; que consejo sin dinero, no es don airoso, aunque es fácil. Para poder advertiros de esas faltas, que son graves, os quise, Muley, a solas; espero el Laurel triunfante de Tunez en vuestras sienes fijar, aunque lo dilaten esfuerzos de Bárbarroja, a quien hoy espaldas hace Soliman, y quien me dicen, que un millón de gentes trae; mas eso hay más que vencer, no importa, paso adelante, espero, como os he dicho, haceros Rey; ahora dadme mano y palabra. . Señor::- Hacedme pleito homenaje de que habéis de ser piadoso, benigno, atento y afable; de olvidar ciegas pasiones con los vasallos, que nadie, sino es otro Rey, merece de un Rey las enemistades: así seremos amigos. Yo os lo ofrezco por el grande Profeta de Alá. . Mirad, que si otra cosa intentaréis, esta espada, vive Dios, que supo dificultades atropellando venir a que el Cetro os entregaren de Tunez, sabrá quitaros Corona, y::- Tus plantas Reales beso, gran señor. . Jesús! así dejo arrebatarme? no estuve en mí, pareciome, que ya intentaba mi ultraje este Moro. Alzad, Muley, venid, señor, abrazadme ya a Fátima y a Sinan a ese vecino villaje he hecho llevar con escolta. Siempre procuráis honrarme; pero, señor, asustado de ver, que así os indignastéis::- Lo extrañaréis, claro está; Jesús y qué disparate! Hola. . No dejáis que os dé las gracias, Cesar galante, por el don? . Qué don? callad, que eso solo debe hablarse con mi Tesorero en él lo hallaréis pronto al instante. Señor::- Qué marcha es aquella? Gran César, dispon tus haces, que el osado Barbarroja viene formado a buscarte. Qué decís? . Cesar valiente, apercibete al combate, que tus escoltas han visto desde aquellos olivares, que están camino de Túnez, el Ejército que trae Barbarroja y se compone de ciento y diez mil Infantes en el centro, sus dos olas de cuarenta mil Alarbes a caballo, y de reten un número formidable. Yo por mis ojos acabo desde aquel risco gigante de piedra, que la campaña dómina por todas partes, de reconocer sus Tropas, y cubren montes y valles; delante de un escuadrón de Turcos, cuyos turbantes de gasas blancas y rojas viene floreciendo el aire, marcha el fiero Bárbarroja sobre una yegua arrogante con un almaizar, sembrado de algájares y diamantes, albornoz de grana fina, dorado escudo y alfanje damasquino, cuyos visos turban del Sol los celajes. Lo más de su Infanteria entre los arcos que yacen ruina de la gran Cartago se fortifica y se esparce; y noticioso quizás de la falta que nos hace el agua, los dulces pozos, que hay en todo aquel paraje, ha guarnecido con Moros. Señor, no es justo te extrañes cuando viene el enemigo furioso a desafiarte; Barbarroja te acomete. . Españoles, brava tarde de diversión! hartos perros tenemos en que el coraje se satisfaga y si el agua (tos. nos falta, bebamos sangre de enemigos. . . A sus pues- Qué es esto? cómo se salen esas Tropas de sus líneas? Duque, es eso amotinarse? Tan al contrario es, señor, que impacientes de que tarden en formar los batallones, sin que los disponga nadie, se han formado tus Soldados: tan de repente se saben en batalla disponer, que sobra el que se lo manden. Duque de Alba, Andrea Doria, Marqués del Basto e Infante, vive Dios, que no creí, que este vil Corsario infame, perdida Armada y Goleta, en campaña me esperase: grande es su poder sin duda, no quisiera aventurarme como Luis Noveno, ilustre Rey de Francia, en tal paraje a ser perdido; no es este temor, ni puede juzgarse, que en el César Carlos Quinto el menor recelo cabe. Pero qué me decís, Duque? Digo, señor, que ya es tarde para consejos, y todo lo que las manos no hablaren, es tiempo perdido. . Aún hay lugar de fortificarse, y de pensarlo mejor. Y un aparato tan grande como trae su Majestad, de quien se espera que alcance un triunfo correspondiente, ha de parar en quitarle sus Galeras a un Corsario, un Fuertecillo y tornarse? Por qué no? os parece poco hacer lo qué no ha hecho nadie? Abrasados del calar de este clima intolerable marchan nuestros escuadrones, vencidos no poca parte de la fatiga; pues qué queda que hacer al alfanje? pues mirad adonde van, donde si ese Moro sabe lo que ha de hacer con dejar que a los pozos se abalancen a satisfacer su sed, y cargarlos al instante, cogiéndolos en desorden, pueden triunfar sin combate; pues si el agua ha envenenado otro peligro más grande, Señor, piénsese mejor, ̱. Válgame Dios! que aún en trance n tan apretado ha de ser discurso cada dictamen! Señor vive Jesucristo, que es un desatino andarse en consejos ni demonios, sino apretar adelante. Es más esa infame turba, que un mal esparcido enjambre de perros, que sin que muerdan, harán mucho en que nos ladren? pues no andemos en consejos; en que si es temprano o tarde se nos va el tiempo y el juicio, y juzgará ese vergante de ese Moro, que es temerle el no ir a descalabrarle. Ya yo llevo seis talegas, que ir llenando de almaizares, de turbantes y almalafas, y ya, voto a Dios, se me hace muy sobrada mala obra en no ir embasando canes. Señor, yo solo os advierto, que no son de despreciarse las gentes de Barbarroja. Muley, el que recelare, que se quede. . Eso hablará con quien no tiene mi sangre. Bizarrísimas Naciones, fuertes, nobles Capitanes, no he venido solo a Túnez por unas pocas de Naves: por coronar a Muley, y por cumplirle constante una palabra, que en mí mas que un Ejército vale: Cristo nuestro General, cuyos sacros Estandartes seguimos, no se conforma con qué en cadenas infames queden veinte mil Cristianos en Túnez sin el rescate, su orden hemos de seguir, pues somos sus Militares; y pues ya formado el Campo, debo nombrar Generales: Marqués, mandad vos el centro, la ala derecha el Insante, vos el ala izquierda, y con las Tropas restantes, vos de reten, Andrea Doria, socorred al que flaqueare, que yo el primero al peligro ocuparé en el avance la testa de la vanguardía. La vanguardía? pues es fácil? Por qué no? Excusemos ruidos, vuestra Majestad se trate de estar en la retaguardía. Marqués, a mi retirarme? Por qué no? no mando el centro? pues basta que yo lo mande. Es verdad, vuestro Soldado soy pero sabré arrojarme el primero en la ala izquierda. Para que una bala os mate, y perdamos en un hora mas que treinta Túnez valen; no era malo el pensamiento. Sobrino, sobre que nadie me quiere. . Ni yo tampoco, que no es justicia quitarme la gloria de que yo rija las Escuadras formidables de Carlos Quinto. Andrea Doria, qué os parece? tan en balde suelo yo sacar la espada? Soldado soy tan cobarde, que no merezco me admitan tan bizarros Capitanes? Hacen muy bien, gran señor, en guardaros, y en dejarme la honra a mí de iros sirviendo. Al son del bronce y el parche marche el Ejército en orden. Aún eso ya es tolerable; mandar vaya pero entrar en el juego, eso no cabe. Yo obedeceré si puedo; pero si no perdonadme. Marche el Campo. Marche el Campo. A acaudillar mis Alarbes iré. Carlos Quinto y a pesar de las edades. Huid, perros villanos, vencidos de esos frágiles Cristianos, no paréis a la vista de mi saña, que yo me basto solo en la campaña. Si me habéis de dejar en la embestida, infielchusma, canalla mal nacida, mejor es que el ardor que en mí se en- con vosotros acabe. (cierra, Guerra, guerra. Pero qué es lo que veo! o me engaña la vista o el deseo, o es Cachidiablo aquel que peleando un Cristiano es cuadrón va retirando: o Corsario valiente! (te! o excelso honor de la Turquesca gen- Mas no es Fátima aquella, que desprendida trémula centella de la nube del polvo, que a desmayos escupe truenos y graniza rayos? Hacia acá se encamina en un ligero hijo del aire, luminar primero, pues bruto Faetonte, dos soles arrebata al Horizonte: y Sinan, no es aquel que se adelanta a su curso veloz? Dame tu planta, excelso Bárbarroja. (enoja? Cómo se atreve a verme el que me Merezca, señor, aunque infelice, piadosa tu atención. Qué es lo que dice tu labio osado, perro mal nacido? vivo te atreves a llegar vencido a mis pies, sin temer que mi fiereza despique mi venganza en tu cabeza? Señor::- . Muere, alevoso. (poso, Barbarroja, mi bien, mi amor, mi es- qué es esto? cuando logra la ventura de burlar mi prisión asperay dura, y habiendo Cachidiablo peleado con escolta Cristiana, que al poblado, que en ese monte está me conducia, tuvo lugar mi provida osadía de huir hasta encontrarte, enojado, señor, merezco hallarte? con quién es tanto ceño? (dueño, Con quién pudiera ser, o hermoso sino es con ese vil infame Moro, que a su Ley y a su Rey perdió el decoro? Vienes airoso, bárbaro Judio, de perder el Imperio, que era mío, quedas ufano con haber burlado miconfianz?? . Hubieras me mandado, que con hombres tan solo pelease, que no hayas miedo, que mi ardor faltases mas no contra demonios invencibles dificultades manda, no imposibles, que nadie puede, sin nacer eterno, contrastar a las furias del Infierno. Es verdad, Barbarroja, soy testigo, que obró milagros contra tu enemigo; pero trae escuadrones, no de personas, sino de leones, que esgrimen de la muerte la guadaña, y estas dicen, que son gentes de España; pero en fin, si ha perdido el Fuerte, ya a tus pies me ha conducido, por esta acción, que le perdones quiero. Tienes razón, he andado muy grosero, pues como libre joya tan perfeta, qué importa que perdiese la Goleta? Ánimo tuve en estos mismos lazos, que té premian, de hacerte mil pedazos, agradece a tu estrella; que enfreno mi crueldad. Fátima bella, espera, no otro logre la ventura, que yo gané librando tu hermosura. Si para mí la libraste, ya está en mi poder, descansa, valeroso Cachidiablo. Qué es esto que ven mis ansias? con noticia de la Escolta, que a Fátima a esa montaña conducia, a pelear salí con ella y librarla, y a poder de Barbarroja (reniego de mi esperanza) la vuelve mi adversa estrella? Llega, amigo en qué te paras? dame los brazos, que en todas tus generosas hazañas, ninguna para mí ha sido mayor. . Ni para mi rabia ninguna más infelice. Guerra, guerra. Al arma al arma. Qué es esto? Qué ha de ser, pese quien a la estrella contraria que te persigue, es preciso que siga contra tu fama: Al retirarme lidiando con aquella corta Escuadra, que a Fátima conducia, vi las Banderas Cristianas del Emperador, que ansiosas de encontrar las tuyas marchan. No salir de una bolina, y entrar en otra algazara? Carlos sin duda está loco, su felicidad le engaña: O, quiera Alá de una vez castigar sus arrogancias! Apenas treinta mil hombres tiene, y presenta batalla a ciento y cincuenta mil? yo en mi tierra él en la extraña; en qué se funda esta ciega fantasía? . En que una espada de un Soldado suyo, vale por doscientas cimitarras: presto lo verás si esperas. Ah perro cobarde, aún hablas? No le ultrajes, gran señor, sino es puesta en ordenanza tu gente, cuida de ti. Dices bien, que si acompañan un Alvaro de Bazan, un fuerte Martín de Ibarra, con un Marqués de Mondejar, un Marqués de Villafranca, y un Fernando de Alarcón, un Doria, un Basto y un Alba a un dichoso Carlos Quinto, también siguen las Escuadras de un felice Barbarroja un Muza, Jeque de Arabia, un Jafet, terror de Europa, Mesguín Ulat, Jaico Taiba, Helbee Alie, Omar Jeque, Fabac, Fatiman y Abdalla; y fortuna por fortuna, hemos de ver el que gana. . Confía, señor, de Alá; que ha de volver por tu causa. Orden he dejado en Túnez de pegar a la Alcazaba fuego, si fuere vencido, y que en las mazmorras ardan cuantos Cristianos hay dentro. . Ya se acercan. . Yadís paran. Y ya Testuz de temor humedecerse las calzas. Ea, Genizaros míos, ea, Turcos, la venganza de las muertes de los muertos a voces por sangré clama. Id convirtiéndoos al centro, y con él y las dos alas cercando esa poca chusma, cogedlos por las espaldas; y pues ciento para uno estamos no ya con balas ni con alfanjes lidiemos, puñados de arena bastan, para que esas pocas gentes queden en polvo enterradas. Arma, arma, guerra, guerra. Ahora verás al que ultrajas hacer pasmos y ni aún pasmos has de notar que no alcanzan. Pues muramos en defensa de nuestra razón. s Avanza. Horrorosa confusión es la que estos valles pasma, estos collados atruena, estremece estas montañas. El climatérico día llegó, en que quede firmada la sentencia con la sangre Española y Africana, de quien reinar debe en Tunez, con espantosa pujanza: las Tropas de Carlos Quinto deshacen y desbaratan los Turquescos Escuadrones: mas no con menos bizarra resolución Barbarroja los rehace y los restaura, diestro Capitán el uno es, mas al otro no falta ni astucia ni atrevimiento, empezada es la batalla; pues aquí de mis acentos: Al conjuro de mi Magia haré que se turbe el Sol, y vagas nubes preñadas de menuda artilleria, que el viento en su seno cuaja, dando a las Moriscas huestes la munición que disparan en el rostro mostraré, ya que no tengo otras armas, que por Muley mis ardides hacen todo lo que alcanzan. . Arma, arma, guerra, guerra. Guerra, guerra, arma, arma. Arma, arma. A ellos, que huyen. Infames volved las caras, así me dejáis, aleves? A retirar que nos cargan. Mira, infeliz Barbarroja, si fue temor, si fue infamia dejarme vencer de gentes, que te hacen volver la espalda! Mientes, traidor, no huyo yo, aunque hasta el Cielo declara el triunfo por mis contrarios, haciendo a truenos la salva. Pues haces mal, Barbarroja, porque si a que cargue aguardas sobre ti todo aquel grueso, que ha deshecho tu Vanguardía, bien puedes darte por preso, y la Ciudad por ganada del enemigo. . A pedazos el corazón se me arranca; yo vencido del Cristiano? . Cuando hasta el Cielo te amaga, el contrario te atropella, los tuyos te desamparan, qué esperas, triste Corsario, cuyas locas arrogancias nos han puesto en este estado? Huye, que aún tierra te falta: herido vengo de muerte, del Emperador la lanza un muslo me atravesó; (ojalá que fuese el alma) si perecer no deseas, vuelve a Tunez; a qué aguardas? . Ahora os detenéis, amigos, a beber, cuando se escapa el enemigo? el alcance sigamos. Señor, acaba, que en tu favor quiere Alá darte lugar a que vayas seguro, pues los contrarios, abalanzados al agua de los pozos, que ocupaste, con la sed que los abrasa, dan mayor tiempo a tu fuga. Ah injusta estrella y tirana! si ahora tuviera yo Tropas, como los despedazara. Sangre y agua a un tienpo beben. A Túnez. A Tunez marcha. Victoria por Carlos Quinto. Válgame Dios! Duque de Alba, gran día habemos perdido: mal haya la sed, mal haya el ardor, que a mis Soldados detuvo a que no acabaran con ese Corsario aleve, que por la fuga se salva. Andad, señor, que si hoy huye, le pillaremos mañana. A ellos, amigos, que va preso el Capitán Ripalda. Qué es aquello? . Gran señor, una notable desgracia: Ripalda, aquel Capitán, cuyas ilustres hazañas tanto a conocer le han dado, entre la hueste contraria tanto se metió, que va cautivo. . Desdicha extraña! Pues si a Ripalda perdemos, qué triunfo ni que ganancia nos ha dado la victoria? Ese es favor con que ensalzas a la Nación Española, sintiendo tanto la falta de un Español. . Duque amigo, yo sin ellos no soy nada. Diez mil Moros hemos muerto, cuarenta Estandartes ganas. Jamás habrá visto Tunez mas memorable jornada. Ya no se descubre un Moro. Adios le demos las gracias: pero cuantos Españoles me cuesta victoria tanta? Ciento y cincuenta no más. No más, decís? esos bastan; armemos aquí las Tiendas, que sobre Tunez mañana (aprovechando el pavor con que los Turcos desmayan) he de amanecer. Señor, esa cabeza a tus plantas pongo de Amiza de Cuza: cuatro mil hombres mandaba de Barbarroja. . Oh Pichón! también vos hacéis hazañas? Por qué no? acaso he nacido en Castilla o en las malvas? Yo os estimo mucho el don; den a Pichón, Duque de Alba, cien escudos de oro. . Qué? eso conmigo no se habla: Yo he venido a ganar honra; un Español no se paga con dinero, voto a Cristo; para Tropas alquiladas es eso bueno: dinero? ni cuanto vale Alemania puede pagarme a mí un día de hambre, calor y galbana. Vuestra Majestad se meta sus escudos y sus tarjas en la faldriquera digo. Está bien que aún gente baja Española ha de tener esta honra y esta jactancia! Ya tenéis puesta la Tienda. Muley, lo que el día tarde tardáis en ser Rey de Túnez. A vos os debo tan alta dicha, y hoy tenéis, señor, puestas las Reales plantas en paraje donde nunca llegó Cristiano Monarca. Venid. Viva Carlos Quinto, viva el Gran César de España. Capitán, a cuya espada tantos míos perecieron; cuantos vencerte quisieron, di, quién eres? . No sé nada. De ti por fuerza sabré los intentos del Cristiano, y si es el seguirme ufano su dictamen. . Nada sé. Solo de ti se esperó digas, qué mantenimiento, para tanto atrevimiento, tendrá el Cesar? . Qué sé yo? Pues si nada, perro, sabes, en la Alcázaba encerrado has de morir abrasado: ve, Sinan, toma las llaves, por gran favor te las doy, carga a ese infame de hierros. Vive Dios, pícaros perros, que conocéis como estoy, y a no estar, viles, atado, mil pedazos os hiciera, y el corazón os comiera. A fe, que estar bien guisado: demonio Cristiano, estar desesperado y rabioso. Sinan, al profundo pozo de la Alcázaba has de entrar, los bárriles prevenidos están, hazlos pegar fuego, ardan los Cristianos luego. No es de Monarcas ver tanta crueldad y rigor, mi afecto a templarte aspira, señor. . Mueran todos. Mira, que irritas al Gran Señor con hechos tan inhumanos. Así a un Reino desquito la perdida, así le quito esos veinte mil Cristianos al César, que otros tesoros tiene por precio civil; mátele yo veinte mil, pues me ha muerto diez mil Moros. Voy a obedecerte. . Infame Corsario Bárbaro Rey, sin Dios, sin honra y sin ley, al Cielo esta injuria clame, presto el Cesar tomará satisfacción de este agravio. Cierra a ese Español el labio: temor y asombro me da oír del Cesar el nombre. Pues si llegas a creerte incapaz de defenderte, ríndete al Cielo y no a un hombre, huye de la Ciudad luego, Argel te ampare y su tierra. Ese es temor. Guerra guerra. Mas qué escucho! (vos. Fuego, fuego. Que nos quemamos Cauti- Mejor es morir, Cristianos, de los Moros a las manos, que dejar quemarse vivos, armas haced las prisiones. En la Alcázaba pelean. Imposible es que no sean estos Cristianos leones. Viva Carlos Quinto, viva. Sinan amigo qué es esto? Señor, que en arma se ha puesto esa canalla cautiva; mientras al foso bajé, el cautivo se soltó, que enviaste, y degolló con solo un alfanje, que co, diez u doce guardas, que el Fuerte tenía; cerró la puerta, y porfía (bien del rumor se conoce) no solo a matar el fuego, sino el cautivo escuadrón librar y la guarnición degollar. De Alá reniego. Cautivos, cómo esto hacéis? no teméis qué os dé la muerte? rebelaros de esa suerte solos, sin armas, queréis? abrid, enmendad el yerro, mi fe premiaros espera. Vaya fuera vaya fuera el vil, el canalla; el perro. Ah canalla, mal nacida! Señor, deja los extremos, y librarte procuremos. Oh Túnez! ya estás perdida! rabiando voy de congoja. Ya el día se ve distinto. En fin, triunfó Carlos Quinto del poder de Barbarroja. . (liente, Invicto Emperador, Censar va- émulo del Farol resplandeciente, que en círculos felices no reposa, siguiendo su tárea luminosa, oye el clarín sonoro de la Fama, que una y otra victoria tuya aclama, y a dar anticipado tu deseo de Túnez el trofeo (asombre viene gustosa, porque el mundo la gloria repetida de tu nombre. Solo la Fama de su victoria la dulce gloria puede cantar: Publique el eco de su armonía, que este es el día que has de triunfar. . Viva el César. V el Gran señor, daños albricias. De qué? De que desde el muro de la Ciudad apellidan tu nombre. Banderas nuestras trémolan en la vecina Torre, que es de la Alcazaba. Mirad, que engaña la vista, o es artificio del Moro, pues no han ido Tropas mías a la Ciudad. Carlos, Carlos, Túnez es tuya, entra y pisa su orgullo, Cesar valiente. Ripalda es aquel que grita. Tuya es Tunez vive Cristo, señor ven y triunfa aprisa. Ya no se puede dudar. Alguna no prevenida novedad nos da la Plaza. Muley, amigos, gran dicha. Haced, Moros, la zalá al gran señor que conquista, diciendo conmigo::- Viva Carlos viva::- Viva Carlos, viva::- El nuevo Escipión::- El nuevo Escipión::- Que a Cartago domina. Que a Carrago domina. Ya, sin que os mováis, señor, con salvas de artilleria, y con músicos estruendos se abren las puertas, y guía a esta parte un escuadrón, demostraciones festivas de júbilo y de placer haciendo. . Muley reciba las llaves de la Ciudad. Llegó al colmo mi alegría. Vive Cristo, que es Ripalda quien ha hecho toda esta riza. Llegad, postraos a las plantas, diciendo, al ver como os libra::- 4. V Emperador generoso, ya besa tu planta invicta Fátima, la más soberbia, en vil y cobarde huida: los Cautivos y este heroico Capitán, han hecho altivas acciones, que quedar pueden en los mármoles escritas. En la Alcázaba se alzaron, y apellidando tu dicha, a Barbarroja expelieron; las llaves es bien te rinda, a tus pies están. . Muley, estas prendas no son mías, ya te cumplo mi palabra, tuya es Tunez: mi hidalguía con los Cautivos Cristianos, con que Corsarios no admitas, con que permitas Iglesias, y la Goleta y dos millas de tierra me des, hoy queda airosa, contenta y rica. No solo eso, gran señor, ofrezco, mas en rendidas parias doce mil escudos, y doce hyeguas Moriscas he de tributarte al año. En fin, es de tan cumplida victoria vuestra, señor, un Español sin camisa, como decís, instrumento. Tendréisla, y aún quizá encima su Manto Capitular. Y con qué comprar la insignia? Tenéis razón yo os lo ofrezco. Permitidme, que a Marsilia, las finezas que la debo pague. . Esa es deuda precisa, yo daré a Fátima dueño. Según mi piedad me inclina, ha de ser siendo Cristiana. Mejor pides, que quería darte. . Señor, las venturas hoy a pares se enraciman. Me también Cristiana ser. Vamos con Tropas unidas a la Ciudad. . Y diciendo en aplauso de tal dicha::- 4. Viva el Cesar, viva el nuevo Escipión. yo domina. T aquí, Senado, da fin de Túnez la gran Conquista, perdonando a la Comedia faltas que tiene infinitas.
