Texto digital de El capuchino español
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El capuchino español. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/capuchino-espanol-el.

EL CAPUCHINO ESPAÑOL
JORNADA PRIMERA
s y ̱ Jul Y As puesto ya los caballos donde descansen un rato, pues del afán del camino vienen algo fatigados? Ya quedan, señor, seguros en ese acebuche atados, así lo quedara mi hambre, que de gana está espirando. Eres deshonra de buenos: Pajarillo, vamos claros, que comes como un Camello, pero engordas como un Gamo. De un Pajarillo es posible, que se ha de admirar tal caso, de estarse muriendo de hambre cada hora? Y cada paso. lo soy Pájaro, señor, de la gran Pipirip Pájaro aguilucho, y soy en todo Pajarazo. Cómo, señor, como un Buitre, bebo tanto como un Ganso, y si he de hablar la verdad, atiende mi extraordinario. Suelo comer, y gustoso, medio ternero estofado, aunque pese doce libras, cuatro gallinas, un pabo, dos perdices bien guisadas, dos gazapillos, un ganso, un buen pernil de tocino de algarrobillas, un trago de vino de la Membrilla, correspondiente a tal plato: es mucho comer? Deja esas flores, y a el caso? Dime, amigo Pajarillo, como se hallará aquel pasmo de mi potencias hechizo, de mis sentidos el racto, extasis de mi albedrío, la flor bella de estos campos, el cristal de esas riberas, de esas Montañas el ampo, el sol bello de mi día, el día de mi descanso? cómo estará Doña Juana? Estará que será un pasmo. Pregunto, como estará sin componerse el tocado? como está la más bonita sin la mano de su gato, pálida, descolorida, rostro blanco, y afilado, pues la ausencia del amor arrastra estos malos tratos. Estará como una Dueña, que se pone de alquilado el color de las mejillas, y con pulera industria atados los dientes, y los colmillos, que la faltaron de un parto. Estará como una Beata:- Calla, calla, mentecato, no le hagas a mi paciencia, que de cuatro cintarazos te diga como estará el encanto de mi encanto. No riñamos por tan poco: despacio, señor, despacio, mi señora Doña Juana de Mendoza y Alvarado estará ahora como un Ángel, (desacoto los Retablos) estará como un primor, estará que será un pasmo, siendo hechizo del hechizo, milagro de los milagros. Aquellos hermosos ojos, que al Sol le beben los rayos, estarán dándole envidia a los más lucientes Astros. Aquella boca clavel, aquellos pinceles labios estarán brotando perlas, nácares desmantelando, desmintiéndose rubies, declarándose topacios. Prosigue, pues, Pajarillo, prosigue, prosigue un rato, que está el corazón de gozo dando en su centro mil saltos. Proseguiré, no lo dudes, pero has de escucharme un rato. Cómo estará mi Chacona con su mal puesto guisado, con su cara de vinagre, sus ojos de contrabando, sus mejillas berbería, y sus etyopes labios? Cómo estará? estará con cara de Viernes Santo, Procesión de Gremios, pues que se compone de pasos. Estará hecha un día de Corpus con Gigantilla, y Tarascos, que será mirar su vista, mirar el mismo pecado. Estará: . Deja las chanzas, Pajarllo, y ojo a el caso. Parece que allí distingo, por las sendas de aquel Prado, un bulto, y aunque el día va su crepúsculo dando albóricamente alegre luz a luz, y rayo a rayo, si no me engaña la vista, es el traje de Soldado. Y que sea el que se fuese, señor, se tendrá a milagro, que los campos de la Corte sean paseo de hidalgos? Estas mañanas de Abril, es cuando los Cortesanos salen ad manducatione hasta la Casa de Campo. Allí la leche de Bacas es la alcahueta de acasos, de torcidos galanteos, y de tuertos contrabandos. Es Cura, y es Sacristán, que hace infinitos casados. Pajarillo, vive Dios, que el que se viene paseando, si no se engaña la vista, no hay duda, es Don Feliciano: al punto, no te detengas, desata los dos caballos, que ha de salir a el encuentro mi afecto, con un abrazo. No hay para qué, Don Tiburcio, que ya está Don Feliciano cumpliendo su obligación en el lazo de este lazo. Y para mí no hay también otro que sea apretado? Quita, loco, y no empieces. Dejad, que vuestro criado tiene amor. . Señor, amor de Soldado, que se gasta, si se gasta, a costa de vino blanco. Qué venida, Don Tiburcio, es esta tan de impensado? sin avisar los amigos, ni escribir a los paisanos, a esta hora, y a este retiro tan temprano, y tan despacio? Que ha de ser, las pretensiones de aquellos que miliamos, no dan lugar para avisos, origen de aqueste caso: llegamos fin de jornada, de noche, y algo temprano, y como en Madrid acontece no madrugar, esperando, por descanso en estas flores, yo quise hacer el descanso. Este es solo el suceso de estar aquí, y es el caso. Pues a Madrid, Don Tiburcio, nos podemos ir paseando; y tú, Pajarillo, lleva a mi casa los caballos: vamos, pues. Yo, como un galgo . y Cielos, qué miro! este es Don Tiburcio: temor, despacio, pues saliendo de un peligro, en otro voy tropezando. Caballero, una palabra. Señora, aunque soy Soldado, siempre me he expuesto a preceptos de femeniles mandatos; y así, decid, qué mandáis? El lance es algo apretado, si aí que allí miráis venir no le detenéis el paso. Necio, descortés, grosero, con sobrado desacato, no solo en seguirnos da con total desembarazo desde el Ángel, pero con atrevimiento osado intentó en esa alameda quitarme del rostro el manto; y así suplico, pues sois Caballero, y cortesano, no permitáis de que siga, ni él, ni los dos nuestros pasos. No he de dejar de seguir el rumbo de aquellos mantos: con estos dos Militares hablaron un breve rato, donde sin duda querrán dar a mi curso embarazo, pero el valor de mi espada le abrirá a mi gusto el campo. Caballeros, suspender vuestro curso un breve rato: esas dos damas que veis por el matiz de ese prado, nos pidieron suspendieseis en seguirlas vuestros pasos; ellas pidieron así, nosotros lo suplicamos. Es el interrogatorio retórico, y de ese garbo; pero jamás Caballeros retrocedieron sus pasos, con el acero en la cinta, por suplicas de Soldados; y así, solo determino el seguir esos dos mantos. Es demasiado el valor, y os tiene envidia mi brazo, laz que uno contra dos aceros intente salir con garbo; y creed, que la suspensión nace de ser dos, que es claro, que a ser yo solo, el partido ya estuviera asegurado. Mi brazo veréis si tiene menos valor, menos garbo que el vuestro, y vive Dios he de cerrar con entrambos. Ni es razón, ni es valentía, . que uno contra dos riñamos; y así, suspended las armas, y promediándose el tanto, riña solo el que le toque salir cuerpo a cuerpo a el campo. Acudid presto, que allí, de aceros desenvainados hay una quimera. . Suspended, pues, que reparo, que se acerca la justicia, Srlo que de la Casa del Campo se retira hacia Madrid. án . Caballeros, y Soldados, aiga paz, pues en la guerra fcio! hiciera mucho ese garbo. Y quedara yo muy bien, señor, si se ha de hablar claro, que viniera a echarme plantas el señor por cortesano. Vive Dios que estoy de humor; y así, luego, y sin reparo, trate usted, señor Alcalde, de dejar por nuestro el campo. Demasiado atrevimiento es el del señor Soldado: favor al Rey. . A ese sirvo, pero mi espada a sus casos. . Aquí, Doña Rosa amada, está a tus pies humillado uno, no digo tu amante? uno si sellado hermano. Ya tenéis a vuestros pies, ya tenéis en vuestros lazos . el que se ha gloriado siempre en serviros, y en amaros. Estimando tal fineza, Don Miguel, querido hermano, vuelvo a agradecerla, siendo su signo segundo abrazo. Señor, mi amo Don Tiburcio a la puerta se está apeando del coche, pues viene en el del señor Don Feliciano. Vamos luego a recibirle. Tanto trabajo excusando, llega, llega mi deseo, vogos oup Doña Rosa, a vuestros lazos, . aqueste nudo confirme lo que pronuncian los labios. Ergo sequitur también, que en el tratado de abrazos, no se descubre en sus solios quien los de más apretados. Tan gozosa en mí es la vista, que asegurar puedo a entrambos, fundo mi consuelo en ella, y en los fraternales lazos, El mío no es menos cierto; pero ahora bien; qué cuidado tan de pronto, y a la Corte os ha conducido; hermano? Dándome licencia, yo en breve contaré el caso. Ya sabéis como en Pampiona fue ilufire mi nacimiento, de la Casa de Redín descendiente, y heredero. Don Carlos Redin mi padre, sirvió a nuestro Rey, haciendo acciones tan valerosas, y tan valerosos hechos, que una Véngala le hizo público el merecimiento. Diez y ocho años de servicios honraron su grande acierto, siendo en la de Naval, adonde el Turco soberbio, infestando la Venencia, se arrojaba a sangre, y fuego, haciendo mi padre en ella notables, y heroicos hechos, y siendo lo más en esta, fue en esta donde hizo menos. El ardor de aquesta sangre inflamó mi nacimiento: no os admire, que de cuatro varones que le nacieron, yo me aplicase a las armas, pues me generé en su incendio. Fue mi educación conforme su cristiandad, pues haciendo, que los estudiosos Artes, en la juventud primeros, de escribir, leer, y contar, valiente regir un freno, disparar una escopeta, vibrar ligero un acero, quiso que no lo dudase, porque nací Cabaliero. Ya con aquestos ardores, que vesubiaban mi pecho, que iluminaban mi sangre, que me influian aciertos, marché a Milán, no os admire tal arrojo, tan mancebo, pues que de catorce lustros en la Milicia hice asiento, A siendo el mosquete más alto, que lo era su propio dueño. En el sitio de Bercelí fui sin igual el primero, pues el reducto que estaba a San Andrés, con esfuerzo le asedié toda la entrada, y desvaraté sus lienzos. Asaltele la muralla brazo a abrazo, y cuerpo a cuerpo, dentro de su muro entré, @iva a pesar de los Suecos tomé el fuerte, salí herido, quedé bien, lució el empeño. Una Bandera en abono de esta ilustre acción me dieron, y esta Santa Cruz, que esmalta el timbre de mis sucesos. En la Isla de las Nieves cuatro Navios resueltos, a nueve de Ingalaterra contrastaban por empeño: estos guerreaban llevarse los Galeones; pero aquellos, aunque ya con mal partido, procuraban defenderlos. Llegué yo con mi Faluca resguardando el barlo vento, me encañoné entre la arena, tomé en un banco mi puesto; disparo a los enemigos, a uno tronzo a a otro pierdo, desbarato las marlotas, caen las velas, rompo remos, dejando libre a un Galeón, que tenían prisionero. Asalté luego la Isla, 1o con ánimo tan resuelto, que a mi encuentro los contrarios cesaron de sus encuentros, dejándolos hechos piras para su propio escarmiento. La Isla de San Martín, con otro tanto ardimiento, tomé fuerte, y valeroso, desmantelando soberbio mil valerosos Ingleses, que tenía en si guerreros. En las Villas de Otuña, Crbaru, San Juan de Puerto, d San Juan de Luz, y Cocoa entré, pero a sangre, y fuego, dejándolos por despojos a su propio sentimiento. Mis repetidos servicios me han sido tan lisonjeros, que ya en la mar, y en la tierra, entre el frío, y entre el fuego, con aguas, con tramontanas, con aires, y con incendios he sido de mis Soldados ejemplo de los ejemplos. El Júpiter Español mis acciones merecieron me nombrasen los contrarios, y aún mis propios lisonjeros, cediéndole a mi cuidado los asaltos más sangrientos, las salidas más reñidas, los más lucidos encuentros, que en marciales pompas viste el Capitán más soberbio. Maestre General de Campo me confirieron, empleo, que al nombre de mis victorias dio su Majestad, haciendo, que de mil lances tuviese el primer mando, y gobierno. General de Mar, y Tierta con repetidos Decretos me nombró, dando el seguro su Real nombre a mi real premio. En seis batallas me hallado, en cuarenta y dos encuentros, doce sitios, diez avances, dos desafíos soberbios, seis ataques de Naviós, quedando en todos mi esfuerzo, a pública voz, y fama, que dan de ellos los ascensos. Por estos servicios ahora a mis pretensiones vengo, este Memorial le traigo a su Majestad, que creo, M que merecerá el despacho, como mereció el trofeo. En él inserto mi vida, mis servicios, mis empleos, mis trabajos, mis tragedias, mis triunfos, mis contratiempos, mis abances, mis batallas, mis heridas, y mis premios, mi ensalce, si quiere ensalce, mi ascenso, si quiere ascenso, para proseguir gustoso en tan marcial ardimiento, siendo gloria de mi Casa, de mi Patria, y de mi Reino. justa es vuestra pretensión, Don Tiburcio, que un Soldado, solo cuando pretendiente, es cuando tiene el descanso. Ahora os pregunto, en donde dejasteis vuestro caballo? pues que venís en el coche propio de Don Feliciano. Un bien extraño suceso me hizo tomarle, el caso sabréis luego, que ahora solo pretendo tomar descanso. Muy bien decís, Don Tiburcio, y así es razón que el cansancio desechéis del cuerpo, que vendréis harto molestado. Vamos, pues, a descansar. Hermano Don Miguel, vamos: Hay querida Doña Juana, cómo estará tu milagro! Ay hermosa Doña Enfrasia, de mi corazón encanto! . Ego sum: Bella Chacona, no hay más hablar? ese caso merece este Pajarillo, que no es Pajarillo pardo? t más avo A el cabo de tantos días no mereceré ya un cabo, un medio, un principio, un fin de un tu dulcísimo abrazo? Si no es más que eso, allá va: tómale a coz, y bocado. Por Dios que quedamos buenos: muy de ver es este paso! Ay pícara de Chacona, qué duros pones mis cascos! Dulce amigo Pajarillo, traes en tus alas acaso a la hierba serpentina, que es la atractiva de abrazos? Vive Dios, que mi Chacona se muere por tus pedazos. Yo, Melocotón, por qué? acaso que desacato, deshonestidad, o infamia has visto en mí, o has notado? no soy tu mujer por secula seculorum? Sí, y siglos hartos, que en mi frente se conoce los años que soy casas Abrázar a Pajarillo! no es nada lo colorado, y tenía hecha la niña mas de cuatro mil pedazos. Ya, Melocotón, sabrás, que está en Cádiz tú cuñado, que es de Chacona tu esposa un enterísimo hermano. Yo le hable cuando partí para Madrid, y enterado de que vería a Chacona, me suplicó, y con cuidado, que de su parte la diera a el verla dos mil abrazos, la he dado ya los mil de ellos, con que faltan otros tantos. . Basta, amigo Pajarillo, o265 que está no es caja de cambio, que ha de cumplirse la paga a el tiempo que cumple el plazo. Saliros luego allá fuera, dejar desembarazado el salón, que tengo que hacer sola en él un rato. Obedecer es razón. Habla conmigo el mandato, señora, del tal retiro? No, Chacona, no habla contigo el mandato: dime, sabrás si ha venido a hablar conmigo Don Fausto? Sé que ha venido, y que está en el retrete esperando, avisarele que estas sola ya, y en este cuarto. No es necesario, señora, señora, no es necesario, de que vaya aviso a quien, centinela del cuidado, desvela sus pensamientos en seguir tus nobles pasos. Donde, Doña Rosa amada, donde, bello simulacro de mis sentidos, querrás que hospede yo mi cuidado? ade he de archivar mi gusto, sino en el bello sagrado de tu claustrálico pecho, de tu Vestálico, pasmo? No me admira, no me admira, que perifrascado halago lisonjee mi presencia tan retóricos tus labios. No me admira, no por cierto, lo bien parlado, Don Fausto, solo me admira el creer tú, que he de creer yo tus engaños. Fundo mi cuestión en qué; por qué, si eso no es agravio, ayer al amanecer, allá en la Casa de Campo hubo ciertas cuchilladas por seguir a ciertos mantos? Plegue el Cielo, Doña Rosa: Con pliegues entra este caso, sin duda que quedaremos en este cuento plegados. Plegue a el Cielo, digo, pues, que los Cielos con un rayo dividan mis pensamientos: Eso sí, mas no tus pasos. Si yo torpe, ciego, o loco, colérico, u cortesano tuve tales cuchilladas. No, que fueron chincharrazos. Es posible, es posible, decid la verdad, Don Fausto, que por dos damas tapadas, tuvisteis con dos Soldados una quimera, y llegó un Juez, que por ser ya claro, se retiraba de Ronda desde la Casa de Campo? Es verdad, que valeroso, uno de los dos Soldados pegó con toda la Ronda, y los metió en el Palacio, que conserva aqueste Sitio, dejándolos encerrados? Es esto verdad, o no? Señor, confiesa de plano, que si hay culpa, habrá perdón; mas si hay rebeldía, malo. Vuelvo a decir, Doña Rosa, que parta mi vida un rayo. Santa Bárbara bendita no. ejecute aquí un milagro, pues soy testigo de vista dtiq del proceso fuiminado. Yo, señor, soy la parlera, que meche a meche vi el caso; yo fui aquella tapada, yo fui la deidad del campo, yo fui la nube del Sol, yo la que le usurpé el rayo, yo fui el Alba, yo fui el día, solo fue la noche el manto Amor, quedaste lucido! pero compondré este caso? bien juzgarás, dueño mín No prosigas, no, Don Fausto, que no puede ser mi dueño hombre de tantos engaños. Cocodrilo de mi vida, mi mal, mi muerte, mi agravio, mi sentimiento, mi pena; mi tormento, mi indescanso, jamás vuelvas a mirar mi rostro, ni mi retrato, pues esto merece quien es tan cruel, aleve, y falso. Mi dueño, mi bien, mi vida:- La letania de amantes, pide por muy buenos Santos. Oye mi disculpa, atiende. Señora, que viene mi amo, y de un cuarto en otro, ya se nos viene a nuestro cuarto. Iros presto, no os vea. Soy a obedecer postrado; mas mi dueño, admitirás mi disculpa? . A enamorados siempre le valen disculpas: más salir presto, Don Fausto. Adiós, dulce dueño mío. O, y qué fingido halago! Máteme el Cielo, si lo es. No te mate, porque te amo. . Le distes a Doña Juana el papel que iba cerrado? Di el abierto a Doña Juana, y el cerrado di a Don Fausto. Qué te respondió mi dueño? Nada, que estaba echa un diablo, celosa como un demonio. Dijo por qué? Por un guapo que tieney que está en Madrid, y que no la ha visitado. Tiene razón, Don Tiburcio; qué amante, qué cortesano no ve a su dama, que es lo primero en todo caso? Las diligencias han hecho a la vista embarazo; pero no le han de hacer ahora, que solo aqueste cuidado me saca de vuestra casa, de mi quietud, y descanso: y así, Pajarillo, sigue hacia su calle. . Volando 2aj05 será, señor, o sera paso corto, o paso largo. Qué siempre has de estar de humor! En mi vida lo he gastado, pues tomé remedio, siendo mancebo de Boticario. Con que sabrás el oficio? Y hacer ungüentes es claro; sé hacer una girapliega, sé hacer jarabe violado, unto de rosa, agengibre, el de la mano del gato, catalicón, miel rosada, y su jarabe rosado. Déjate de esas locuras, y hasla seña. . Eso es malo, que si hago señas, no puedo sino salir señalado. Qué gente va a la justicia? Dimos con la Ronda. El diablo. Caballero, si lo sois, ir con tiento, y con despacio, que habláis con el Rey, si estáis con sus Ministros hablando. Este es mi quedo, jamás hablé en tono más despacio. Pues quién sois, y son los dos, que vienen a vuestro lado? Don Fermin, y Don Redín, y Don Balandrín. Es chasco tanto tin, tin, tin. Este no lo es; y más chasco es, Don Reas de Vellón. Atrevimiento es osado, el que a un Ministro del Rey trate con tal desahogo; y así, daos a el Rey. Treinta años ha que estoy dado; pero ahora les daré aquesta zurra de palos. No he visto hombre más atroz con los Ministros, que mi amo, se muere solo por ver los en dos pedazos los cascos: cómo los lleva! por Dios, . . que ellos corren como gamos; pero qué miro! ya vuelven con total desembarazo. Guapamente van corriendo, no les alcanzará un galgo. Seguro es que les alcance, pues que corren más los gatos. Haz la seña, Pajarillo. Daré tres silvos, o cuatro? Da los que siempre, y no seas, ni molesto, ni cansado. Por Dios que están bien a punto. Parecen Padres Descalzos, que dan a las doce, trece tocando a Maitines. . Alto, que hacen seña en la ventana. Es Don Tiburcio? . Es mi amo; abre, Isabel, pero no me abras con algún chasco. Abierto está. Espero, Don Feliciano, aguardes un poto, que presto saldré. . Gazapo; si los dos cogen la taba, llevarán la noche en blanco. Id seguro, Don Tiburcio, de que tengo de aguardaros. Y ahora, señor, qué haremos los dos en aqueste paso? quieres que echemos un truque, o un juego de renegado? Ten paciencia, Pajarillo, presta flema, ten despacio, que Don Tiburcio merece esto, y mucho más. . Acaso me acomodé para ser Sotalacayo, o Lacayo? Usted me hace mal partido, si bien el caso reparo. Y el por qué; no me dirás? Yo lo diré muy cantado: Si los dos fueramos solos, Don Tiburcio, y yo, es claro tuviera con Isabel mi poquito de fandango, la dijera mil requiebros, la daría mil abrazos, la echaría mil suspiros, y ella me diera otros tantos. Raro humor tienes por cierto. Ojo a lo Boticario, solio quinto, primer hoja, primer tomo, libro cuarto. Suspende, que allí distingo unos bultos. . Malo, malo, Don Beas de Vellón vuelve con los Ministros, a el cabo yo he de venir a llevar muy buena zurra de palos, Ponte tú en aquella esquina, que quiero salir a el paso a reconocer la gente. Que la reconozca el diablo, porque yo de meche a meche dentro del portal me encajo. . Sin duda gente es que pasa, no quiero salir a el paso, hasta ver en lo que para su venida. . Despacio, Melocotón, que allí veo un bulto. . Bultazo: válgame aquí San Cristo val, Abogado de los altos, y qué Gigante tan fuerte! fue Goliar un enano, Holofernes un chiquilio, y Fierabrás un zancajo. Calla, loco, y no dispares. Yo juzgo que ya disparo, y pudiera un Zapatero pasar por mis bragas cabos. Quién va allá? Quién lo pregunta? me he de hacer un rato guapo, pues mis espaldas sin duda las guarda Don Feliciano. Quién puede; al punto desocupe, seo hidalgo, porque si no, habrá: Chincharrazo, y aún será mejor hacerlo. Vive Dios, que esto va malo: Señores, en cortesía, yo jamás causé embarazo, la casa, el portal, la calle, los vestidos, los zapatos, la espada, capa, y sombrero les daré sin embarazo, dejaré a Madrid, y me iré donde oustase ese garbo. Este sin duda es busón, y he de averiguar este caso de estar aquí, y a estas horas: dígame, señor hidalgo. Con licencia, no soy señor, que soy un Lacayo, que ando ha pistos, como ha pistos, y vivo de pistos pastos. Pues qué hace aquí a estas horas? Estoy a mi amo esperando. Ya es demasiada pregunta; señor mío, ese criado lo es mío, y así adelante, que me causan embarazo. Por Dios, qué es usted valiente: quedo, quedo, seo guapo, si no quiere usted que aiga una de:- . Todos los diablos. Vuelvo a decir, señor mío, que luego, y sin embarazo deje la calle, el portal, vuesamerced, y su criado. De esta suerte dejaré de causarles embarazo. Arranque vuesamerced. Ah días que estoy refriado, y no es posible arrancar siquiera medio gargajo. Vive Dios, que es un gallina, y me he de fingir el gallo: arranque, u haré:- No hará, que ya arranco. Montescos, y Capeletes sin duda que están peleando, pues más de cuarenta espadas las dos solas han juntado. Siempre en la Puerta del Sol es asistencia de guapos, y aunque de noche, también suele tener gatos pardos; pero aunque estoy junto a el Carmen, por Dios que vienen volando las piedras. Pajarillo? . Pajarazo. Dime, se halla en la quimera mi amigo Don Feliciano? No se halla, porque él ha sido, señor, el que la ha causado. Qué dices? válgate Dios por accidentes, y acasos! voy presto en su defensa. Válgame el Cielo Sagrado! confesión, que muerto soy. Señor, señor, qué te ha dado? sin duda que está sin habla. Por aquí es lo más ancho de la calle, y se podrá asegurar unos cuantos. Aseguren este herido, que tiene rotos los cascos. Alumbren con la linterna, y es Caballero Cruzado. Cómo del Hábito solo? Maestre General de Campo, General de Mar, y Tierra, señor; el primer Soldado, que las armas del Rey tienen. Qué decís? registradlo con la linterna, mirad si está vivo, o está muerto: válgate Dios por acaso, y cuanto siento el hallarme en lance tan apretado! Señor, según registramos, está vivo, y en el casco es donde tiene la herida. Al punto, sin retardarlo, con la brevedad posible, y el más posible cuidado, llevadle sobre los hombros adonde diga el criado. Señor, yo los guiaré, despacio con el Soldado: o fortuna! oh desgracia! oh fatalidad! o acaso! oh valor! o mocedad! que acabaste en estos pasos; y aborreciendo Ministros, su espíritu da en sus manos.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA n Tal suceso, Don Míguel, a todos tiene admirados! no creyera de Tiburcio tan determinado acaso! A mi confuso me tiene, es un prodigio! es un pasmo la santidad que profesa, Doña Rosa, nuestro hermano! Después de aquella pedrada, con que le hirieron el casco, desengañado del mundo tomó el noble heroico Saco de mi Padre San Francisco, Reformación de Descalzos. Después que con humildad cumplió con su Noviciado, quedando Lego profeso en el Instituto Santo. Después de las circunstancias solemnes de tanto caso, ha dado en que ha de ir a Indias, y será si en ello ha dado. Ese es mi sentimiento, y no de que consagrado esté a Dios, pues este siempre es deuda del buen cristiano: el carecer de su vista, sus discretos, y avisados consejos, ver su humildad, su vida de heroico pasmo; es tanto lo que el Guardían me lo tiene ponderado, que dice, que es vivo ejemplo del Religioso más casto: con su ejercicio, un ejemplo; con el silicio, un milagro; con el ayuno, un portento; con la oración, un espanto; con la caridad, un esombro; un remo, con el trabajo; con los pobres, un Abrám; y un Aaror con sus hermanos. Quién dijera, ni afirmara tal reformación, tal caso, que un joven tan arrogante, tan soberbio, tan osado, tan quimerista; tan fuerte, tan intrépido, tan guapo, tan servidor de las damas, tan discreto, y cortesano, tan galante, y animoso, se reduciría a un Saco tan rústico, y penitente, tan grave, y tan soberano, que aún apenas el más hecho hace harto en poder llevarlo. Él lo dirá, ahora, señora, que licencia está esperando para entrar a veros. . Necia, tiene que esperar mi hermano? yo misma saldré, yo misma a recibirle. Es en vano, pues ya a vuestra vista está este humilde siervo. Soberano Dios del Cielo, también ego sum benedicamus. Solo a daros cuenta vengo de mi jornada, y a daros, por el fraternal cariño, dos fraternales abrazos. A los Llanos de Caracas, Guayana, y Cantillano va nuestra Misión, y yo intento seguir sus pasos; marcha dentro de dos días, y ya el Provincial me ha dado licencia para poder ir con ellos. Etiam, también el Hermano, que predicara a los Moros como a perros renegados. Es posible, Fray Francisco, es posible, dime, hermano, que tienes aliento de ir a hacer un viaje tan largo! Es posible! . . Es posible el que mi Instituto santo siga penitente en todo, pues me consagré su esclavo. No hay más vida que el Señor, no hay más que seguir sus pasos, no hay más que la penitencia, no hay más gloria que el trabajo, no hay más suavidad que el yugo, que en cada uno ha consignado. Cuanto el Señor agradece la predicación, hermanos! La trompeta de la vida llama Augustino a San Pablo: cuanto la predicación quiere a los Infieles, tanto como su sangre vertida, nos nota el dulce Bernardo. Aquellos que no conocen a el Dios que los ha criado, y juzgan que el limo terre salió de su propio barro, viven en lo impenitente, en lo impuro, en lo profano, adorando solo a el Sol, y en Ídolos adorando. Antipodas de nosotros, en climas, que son su espacio mucha sombra, o mucha luz, mucha aurora, o mucho caos, siendo su propio sustento unos a otros, cause espanto el manjar de su alimento, sus cuerpos acecinados! A estos me resuelvo ir, sea el Señor alabado, pues si me da de sus fuerzas, todo en su amor me consagro. Yo también voy ad pradicum pradicandum, donde he de poner los Indios como cabezas de ajos; el que no se convirtiese, le he de sacar en un asno a la vergüenza de todos los que fueren ya Cristianos; voy con mi señor, señora. Quién es tu señor? . El Señor; y qué tentativo caso! Es mi Señor, el Señor que mata a los Asturianos. Con que ello ha de ser, Francisco, cierto el viaje? . . No hay reparo. Cierta ha de ser la partida? Si Dios no da el embarazo. Te has de ir a remotos Reinos? Irme a el otro mundo es clare Con qué has de dejar tu Patria? Os he de dejar, hermanos. Es posible, qué ha de ser? Posible es, cesad el llanto, que el servir a Dios, no quiere sea con suspiros tantos; y así, este lazo sea último suspiro. Sea, pero no el último abrazo. . Y para mí no ay, Chacona, por despedida otro lazo? Y tal dice un Religioso? Mientes, que yo soy Donado. Pero ya es Fraile también. No soy tal, que soy Hermano; y así como tal, pudiera lograr este fino abrazo. Y es cierto que no eres Fraile? pues pudieras ser casado. Sin la ropa, yo lo creo. Si con ella hay embarazo para matrimonio, luego le habrá también para abrazos. Muy escrupulosa estás. No tienes, no, que admiraros, porque Don Tiburcio ha hecho con su conversión mil pasmos. Aquí está con Chacona Pajarillo de Donado: . vuestro señor, está en casa? No sé si habrá faltado de ella lo que ha que aquí estoy. Pues entrad presto, y mirarlo, que aquí espero la respuesta. Aguardad, que presto salgo. . Pajarillo, cómo va? Pajarillo? buen vocablo; acaso, en qué bodegón habemos comido, hermano? Pues dime, cómo te llamas? Fray Pajarillo me llamo, que soy Fraile, y no soy Fraile de cocina; pero a el paso no sale la Rosa rosita, para el clavel clavelazo: dígala dos mil requiebros, que yo voy a echar mil tragos. Esa criada me dijo, que estabáis aquí esperando, y estando mi hermano fuera, a ver que le mandas salgo. Qué puede mandar, señora, el que se confiesa esclavo de tal Deidad, tal prodigio, tal asombro, y tal milagro? Solo puede obedecer tus preceptos soberanos, expliquenso los rendidos, publiquenlo los flechados, que son tantos, cuantos miran vuestros ojos soberanos. Eso es ya de otra materia, de otro ser, y de otro caso; y así, dóblese la hoja, y decid para mi hermano lo que se ofrece, que yo no puedo estar tan despacio. Es posible, que un objeto, tan solidamente casto, un cielo como es el vuestro, un sol entre tanto rayo, que alienta lo mismo que, en si va beneficando, pueda: Cielos, qué es lo que estoy escuchando! la vida se me perturba, mi aliento sufoca un pasmo, mis sentidos se oscurecen, mi ser ya se va acabando; otro amante Doña Rosa? pero pasión mía, oigamos. Ya, señora, a su retiro mi amo Don Miguel ha entrado. Pues entra ahora con él, el señor Don Feliciano. No entrara, si no tuviera tan reverente sagrado. Y de esta suerte se ha de ir este tan rendido esclavo? Y de esa suerte se irá, cuando yo por tal no le amo. Vamos, señor. Vamos, pues: adiós, bellísimo encanto de todos mis pensamientos, mi hechizo, mi ser, mi pasmo. Mi pasmo, mi ser, mi hechizo: eso sí, valga el halago, valga el prado, la quimera, y para mí sea el cargo; quien fue, quien fue la tapada, que fue a la Casa del Campo, que yo seguí? que yo dije, que era su noche su manto, y que tuve cuchilladas con la Ronda, y dos Soldados? Quién fue si no tus acciones? y el que en el cuarto se ha entrado no me admiro defendiese d tan arrogante los pasos, si es tu amante, y es tu dueño, si es tu hechizo, si es tu esclavo. Sin duda que habéis perdido el juicio, señor Don Fausto, pues vivo muy ignorante de lo que estáis explicando. Ese Caballero, que ha entrado a ver a mi hermano, a él le busca, que a mí no; concedo que es un Soldado, que con mi hermano Tiburcio profesó estrecho lazo; pero esto, qué le hace a vuestras palabras? . Nada, pues no son del caso: con que, dime, ingrato dueño, dueño, sobre todo ingrato, que ya se ven tus traiciones, y no ignoro tus engaños? seguí en la Casa del Campo a Chacona, y a Isabel, solo por darlas un chasco. Confiésote la pendencia con el que ahora está en tu cuarto; pero me negarás tú los requiebros que han pasado a mi vista, y a mis ojos con tu amante, y con tu engaño? Negarás, que han admitido tus oídos aquel halago, todo aquel ofrecimiento, aquel sobre todo encanto? Dime, y tengo yo la culpa de que viva enamorado de mí, si no lo consiento? Buena disculpa vas dando. Sale está de la inocencia, que en mi hay de lo pasado. Solo sale de tu aleve traidor, e indigno trato. Mi bien, no tienes razón. Mi mal, sobra en este caso. Mi vida, mi ser, mi dueño: Mi horror, mi muerte, mi agravio: Escúchame la verdad. Solo lo es lo que he escuchado. No has de atenderme? No, hasta satisfacer el agravio, Pues el Cielo lo declare, si tan inocente me hallo. Siempre, hermosa Belicema, vivo fuerte, y animado a consagrarme benigno a el Ídolo de tu halago. Siempre dédico a tus aras repetidos holocaustos, porque ardan defechos humos en tan bello simulacro. Ya sabes la adoración, que a Júpiter consagramos, que a Minerva la ofrecimos, y que a Molocprofesamos. De este Religioso culto, de este incendio, de este pasmo, de esta adoración, que influye a el sacrificio profano, con que aplacamos la ira de nuestros Ídolos santos; habiendo ido yo a ofrecer los corales derramados de los Gentiles más puros, que en nuestras Islas hallamos vertiendo ya por las aras su purpúreo nacarado, y a un ofrecimiento justo dado el golpe soberano. Después que torpe el cuchillo, a la propia ira adulando, dividió de la cerviz su cabeza en dos pedazos, se oyó una voz, que salía de Júpiter, (oh qué pasmo!) diciendo, (raro prodigio!) no permitiese, (qué espanto!) que los Papaces (qué asombro!) predicasen. (raro caso!) Aturdiose el Templo a el punto, y las gentes convocando su ardor, su fuego, su ira contra todos los Cristianos, si muchos fueron los muertos, muchos más los desterrados. Todo el Reino se alborota, todo se convoca en bandos, unos corren, otros vencen, y otros con ánimo osado se ofrecen al sacrificio para aplacar el estrago. Tan civil forma la lucha mi número de vasallos, que aún en las propias familias lo guerreaban alentados, siendo escarmiento en la ira el mismo que estaba airado. En este intermedio, pues, llegó con ánimo osado un Papaz, un hombre justo, un varón virtuoso, un santo, que a la Misión de esta Isla había desembarcado. Fray Francisco de Pamplona le llaman los suyos, pasmo de virtud, y santidad, pues ha hecho (raro caso!) pacificar mi Provincia con su voz, y con su halago. Todos le veneran ya, con tal modo, y gusto tanto, que se aturde el más rebelde viendo en él tanto milagro. Hoy le espera mi cariñio, Belicema; y así, en tanto que viene, prosiga el gusto en la diversión que vamos, de ver los bellos jardines, pensiles de este Palacio. Estoy, bello Zulamí, siempre expuesta a tu mandato, a tu orden, a tu precepto con rendimiento postrado. Pero dime, dulce esposo, dime, señor, cuanto, cuanto Fray Francisco de Pamplona rinde nuestro afecto, cuanto? Tanto es lo que mi cariño le venera, señor, tanto, cuanto en él se miran ser repetidos los milagros. Tanto: Cuanto a tu orden estoy, señora, postrado. Levantad, pues, a mis pies no está bien hombre tan lanto; y cómo va de Misión? Gracias a el Cielo Sagrado, que dispone que se explaye tanto su Evángelio, tanto, que los Reinos más remotos no lo ignoran ya, es pasmo! Mucho, señora, se admira en nuestro Instituto santo, ver la conversión que causan los Misioneros, es caso no creible, y solo el Cielo ejecuta este milagro. No hay duda que es, Fray Francisco, obra del Cielo ese caso, pues en un año que estáis en esta Provincia, es tanto el fruto de vuestra voz, que es prodigio, asombro, y pasmo. Y la mía queda atrás? no es un asombro, un encanto, pues convierto cada día cien Indios? Silencio, Hermano. l Benedicite, mi Pater. Calle, digo. . Digo, callo. Yo predico en la Misión a Cristo Crucificado, según San Andrés enseña, según predicó San Pablo. Este. Señor derramó, por todo el genero humano, en el Ara Lignum Crucis su Sangre, y con pecados mibo le paga tanta fineza, siendo a su Dios tan ingrato! En una Cruz de pasiones con tres Clavos le enclavaron, le coronaron de espinas, con hieles lo paladearon la sed que tenía: , dijo, no estoy harto de padecer por el hombre: no se acabe, Cielos Santos. Con una Lanza le abrieron su Santísimo Costado, y siendo ciego el actor, le dio el reo susanado, pues con su Agua, y su Sangre le puso los ojos claros. Con agua cobraréis vista, hijos míos, alentaos, que os traigo toda la gracia en esta gracia que os hablo, y os traigo un ser, una gloria, una eternidad, un descanso. A vuestros pies, Zulamí, tenéis rendido, y postrado a Turbique, Capitán de vuestras gentes, Soldado, que siempre en vuestro servicio su sangre ha sacrificado. Levantad, no estéis así, que valor tan esforzado debe estar, para más honra, en mi pecho descansando. . Honráis, señor, vuestra hechura, como quien sois; y así, en tanto que se explica con las armas lo que he estimado el abrazo, escucha si permitís. Decid, pues, que ya escuchamos. Siendo público, y notorio en esta Isla, que habitamos, en las vecinas, y aún en los Reinos más extraños la virtud, ejemplo, y vida, los asombros, y milagros de Fray Francisco Pamplona, que presente está en Palacio, acude mi rendimiento manifestando este caso. Ese niño muerto ya, que trae aquese Soldado, dos días cadáver yace, con sentimiento tan raro de sus padres, que la vida posible es pueda costarlos. Es único, y heredero de un copioso Mayorazgo, por lo cual pide, señor, solo le tome en sus brazos este Padre Fray Francisco. Suspéndase vuestro labio, que mis brazos no son dignos de poder resucitarlo. Que lo son ninguno ignora, y aunque no hagáis el milagro, los padres tendrán consuelo de que ocupó vuestros brazos. Solo por verle le tomo: . sea el Señor ensalzado, persigno en nombre del Padre, del Hijo, y Espíritu santo: dormido estaba sin duda, pues que despierta llorando. Qué admiración! . Qué prodigio! Qué asombro? . Qué milagro! Por siempre, dulce Jesús, seas, Señor ensalzado, que así levantas la hechura vuestra entre estos Paganos. Ay, corazón, y qué ardor te causa ver tanto pasmo! no me faltes; no me faltes hasta que me vea Cristiano. Si no fuera por mi esposo, no saliera del Palacio Fray Francisco, sin echarme la Agua del Bautismo santo. . No se pasará de hoy, sin que quede bautizado, pues es asombro de asombros esta Ley de los Cristianos. . Bien quedasteis, Fray Francisco, con el empeño. El caso solo a el Señor se le debe, que yo soy mísero esclavo pecador, más pecador que todo el género humano. Vuestra humildad bien merece otro realce más alto. Vuestra virtud es heroica. Vuestro celo es extremado. Sírvase el Señor con todo, pues yo soy mísero esclavo de su gran misericordia. la Y yo de eso soy extraño: También yo soy del Señor mísero cautivo; cuantos habrá como yo en el mundo santos, sin hacer milagros, que a un tuerto le dejan ciego, y a un cojo le dejan manco? Hermano, silencio digo. Benedicite, mi Pater: tendrásilencio el Hermano. Absorto voy del primor: Fray Francisco, del Palacio no os ausentéis, sin verme en mi retiro. Despacio os intento hablar; y así, hacer por verme despacio. Solo yo he quedado ya, n así he de hablarle claro. Padre, yo tengo deseos muy grandes de ser Cristiano, pero quisiera que fuese con todo secreto, en tanto que me oculto del rigor de este Pueblo, y sus tiranos, De Zulamí, y de su Reino yo soy el primer vasallo, Capitán de su gran Guardía, rico Zequí en su Palacio, Alcaide en sus Fortalezas, Mensaguí de todo el Campo, empleo que en esta tierra se estima por el más alto. De saber mi nueva Ley, confiscarán mis Estados, y en un mísero suplicio ses á mi último descanso, de su rigor, de su ita, de su fuerza, de su estrago; b y así pregunto, si puedo en secreto ser Cristiano? Bien moral es la pregunta, y el caso es bien apretado: También os pregunto yo, para disolver el caso, si en aquestos sacrificios, que hacéis a los Dioses falso? del culto que les rendís, podéis desistir? Es claro que sí, pues siendo Cristiano, omitiré la oración de otro Dios, mas que el que amo. Y si os hiciere el rigor, por violencia forzado, hacer aquel sacrificio? En ese caso perderé vida, y hacienda por Cristo Crucificado. Bien comprendéis mi doctrina, si tenéis tan buen amparo. La escucho con gran afecto, y por eso en mí la estampo. Pues de esa suerte, al punto que estéis bien catequizado en saber de Dios la Esencia, sus Artículos Sagrados, su Credo, sus Mandamientos, con el secreto más alto, os daré el Bautismo de Agua, y del Santo Espíritu santo. Y hasta que llegue esta forma, tened valor, animaros, con deseo con amor de amar a Dios, ser Cristiano, morir en su Santa Ley, y en su Evangelio Sagrado. Esas palabras mi aliento tanto le han vivificado, que me muero de deseo de profesar lo Cristiano. Dios os dará el lugar para serlo. Cese, hermano, que yo le encajaré el agua en el piión de Palacio. Padre, mi deseo es grande de amar a Dios. en Cielos Santos, mucho me amparáis, supuesto que experimento tantos pasmos! Lograré el Agua de Cristo? Lograréis el ser Cristiano. Ese es solo mi deseo. Él te dure hasta lograrlo. Diste ya, Melocotón, el papel? . Don Feliciano le tomó, y respondió este sobreescrito enviando. Está bien, el mismo es con que iba el papel cerrado; y así, en tanto que responde, puedes tú, sin afanarlo, ir a ver si en el Correo tengo cartas de mi hermano, y irte a casa. . Lo que me dices, juzgo que no es acertado; pues a lo que creo, estás para reñir en el campo, señor, y no es de justicia el que te falte a tu lado este brío, este acero, este valor, y este garbo, y así no resuelvo el irme. Sin duda que estás borracho, marcha a el punto, no te haga dos mil áñicos los cascos. Quedo, quedo, que me iré aún con menos embarazo. . Cielos, en tanto que llega a el sitio Don Feliciano, por mí, y conmigo mismo me he de hacer cargo del caso, Doña Rosa de Redín es de Solar muy hidalgo, y dama de buena sangre, no cabe que le haga agravio a el que le llamó su dueño; pero miente, miente el labio, pues que dio oído a los dichos de uno que es su enamorado. Me agravio en el escuchar? mientes pensamiento vano, pues que también escuchastes en el eco de su labio, decir, que no era su dueño: luego no se encuentra agravio; si se encuentra. No se encuentra, mas que los dos en el campo. Raro vaticinio, cierto, en defensa de mi agravio! Ya tenéis en este sitio a mi persona, Don Fausto. Pues luego arrancar la espada. Caballeros de mi garbo jamás suspenden las armas por miedo, ni sobresalto; pero razón es que sepa, qué motivo lo ha causado? Una dama, y unos celos son de esto causa. . Don Fausto, y no sabremos qué dama; y qué celos? . El agravio es cierto, y solo pretendo satisfacerme el agravio. No desdigo yo el reñir, pero es el empeño raro de no saber por qué dama salgo a el campo desafiado. Cuál adoráis? . Bueno cierto; y he de decir yo la que amo? Pues esa es por quién reñís, que vivo en su cielo claro, soy su dueño, es mi amor, es mi vida, soy su esclavo. Bien se conoce que estáis, cuanto celoso, agraviado, pues sin decir el motivo sacáis mi persona a el campo; y así, sea lo que fuese, ya el acero está en mi mano. Y el mío está también en el comedio de entrambos: dos Caballeros valientes, políticos, cortesanos, atentos, y generosos, in de esta suerte desafiados solos a reñir? pues faltan dos padrinos tan honrados? No admite el caso padrinos, que admitirlos, en tal caso concedo que no faltaran. El empeño de más garbo es el reñir, Don Miguel, sin segundos embarazos; pero pues habéis venido, vos lo seréis para entrambos. Para serlo, es preciso que se me informe del caso, que causa esta desazón. Ni esencial, ni necesario, para ser padrino, es del accidente informaros; y así, si gustáis, seréis mediador en esta lid. . Raro, cuanto discursivo azar, fuera, Don Fausto, aceptarlo; pues qué dijera la Corte, que un Caballero, y Soldado, según me precio de serlo, consintió, sin estorbarlo, riñesen dos Caballeros? y así, valga aquí lo hidalgo, este empeño ha de ceder, por pedirlo yo, de entrambos. Es imposible oponerme. Ay Doña Rosa, adorado dueño de mi pensamiento, cuanto me debes! . Cuanto a mi parte, Don Miguel, aquí se halla sin agravio, pues yo, si al campo he salido, es, porque he sido llamado; y así solo pende el duelo del silencio de Don Fausto. El omitirle yo, es, ni seguro, ni acertado, pues escrúpulos de amor no se hace su cura en blanco: el omitirle por ahora concedo, pues que declaro, que hasta que Don Miguel pida silencio del caso, pero que queda pendiente es seguro. . Agraviado quedara yo de esa suerte, a no estorbar de embarazos; y así, aquí de todo punto se ha de difinir el caso. Señor, perdona si estorbo, pues es necesario hablaros; este papel con gran prisa una señora me ha dado, me encargó que luego, luego hiciera por encontraros: que luego; luego os le diera el tal papel en la mano, que luego, luego le vieras, y le dieras su despacho; y así, luego, luego verle, pues luego, luego le traigo. Caballeros, con licencia, un papel que este criado me trae, es preciso verle. Para ello no hay embarazo. Licencia tenéis para ello. Con ella a mirarle paso. Lee aparte. , , , Vuestra sña Válgate Dios por fortuna, y que amantes sobresaltos les concedes a los gustos, el propio gusto usurpando! este papel es motivo que desembarace el campo, a dejar la lid me empeña a fuero de cortesano. El motivo es de silencio, el lance algo apretado, el ir solo es preciso, pues aún excusa el criado. No es desafío, señores, y así cedo en este paso 0Q el lance presente, pues es primero en todo caso la dama, que lo demás: demos treguas a el agravio, pues dar tiempo al tiempo dijo, Calderon, que era acertado. . Raro humor de Caballero! es en todo cortesano, con que no hay delito donde no se concibe pecado; y así, si me dais licencia para proseguir mis pasos, sobre ciertas diligencias, lo estimaré. . Estimando vuestro político modo, vuestro soy, vuestro es el campo. Quedad con Dios. Él os guarde largos, e infinitos años. Luego que ha sabido mi ama la quimera de Don Fausto, por la infame parlería de Melocotón, mi amado, los habiéndole escrito al punto un papel, de enamorado no paró, hasta que yo venga buscando a Don Feliciano; y así: Pero allí le veo, manto a el ojo, y aiga chasco. Señora, no deis retiro a el verme, pues vuestro garbo no cabe que se retire, siendo cielo de este astro. Por qué oscurecéis a el sol? por qué le ocultáis sus rayos? por qué le eclipsáis sus luces? dividir aquese manto, noche que oscurece el día, anquí día que vive nublado. Señor mío, yo no soy para semejante trato, y así suspenda esas voces, y el seguir también mis pasos, que tengo ya dueño, y correrá peligro. . En tanto permitirle a lo grosero lo impolítico, y osado, que vea yo tanta luz como encubre vuestro manto; desvanézcase esa nube. Está el aire en calma, y allá en el estudio Nántico, dice, que no se deshacen sino con el Cierzo. . Acaso necesita un elemento otro elemento? Pues soy yo estudiante acaso, que me ponéis silogismo? El chiste es extremado: por Dios que la tal tapada es discreta. En cuando en cuando suele aqueste entendimiento sacar su discurso a el campo. No os habéis de ir sin que os vea, que aunque sea incortesano de vuestro rostro, he de hacer por dividiros el manto. . Esa es depravada acción: suspended, pues es osado, señor, el atrevimiento de por fuerza, y en el campo, querer mi ocultado rostro registrar con vuestras manos. Yo soy, yo soy la criada de Doña Rosa. Cielos Santos, fuerte lances, fuerte empeño, fuerte chiste, fuerte chasco! . Pues no me dirás, Chacona, por qué lance, o por qué caso venistes a este paraje? Pagáis muy bien el cuidado en que vive Doña Rosa, pues ella envía a llamaros. A mi llamarme mi dueño? Conmigo envía el recado. Te chanceas, o me burlas? Ni os burlo, ni me engaño. Pues qué os dijo Doña Rosa? Que os esperaba en su cuarto. A mí, Cachona? ay tal dicha! A vos, a vos, hay tal caso! Qué más os dijo, mi vida? Que no os dejase en el campo. Mi cielo, qué más os dijo? Que no declaréis el caso, y entréis como que os entráis a buscar solo a tu hermano: esto os digo, y os digo que aiga en lo dicho cuidado. Si tal dijera, Chacona, me mate del Cielo un rayo. A mí me mate un bolsillo de doblones Mejicanos, Vamos a ver a mi dueño. Vamos a ver este paso. oña Rosa de mi alma, lo que me cuesta tu encanto! Ay el gusto que me espera este enamorado!
JORNADA TERCERA
Hermano, ello ha de ser, pues tengo por acertado ausentarme de la Isla, aunque Zulamí me ha honrado; sus vasallos con infamia me están tanto atropellando, que aún a su autoridad misma pierden el respeto. . Y tanto, cuanto en su Palacio propio le dicen mil desacatos, solo porque le da oído a tus palabras. . . Es claro, que me causa sentimiento ausentarme del Palacio, A pues él, y Sultana están del todo carequizados; pero ello ya no hay remedio. Y que ya no le hay es claro, pues tres jornadas, y más de la Isla, Padre, estamos; y así, picar, y adelante, que se causan los caballos. Mucho siento, sí, el dejarles en tan primoroso estado, y mucho más lo sintiera, si no quedaran Cristianos. Válgame el Señor, amén, válgame el Cielo Sagrado, y lo que enreda a las almas la tentación del pecado! , Tiburcio, Tiburcio. Dos veces en eco suave mi nombre propio nombraron; valedme, Sagrados Cielos! quién me nombra en este campo? quién me busca? quién me llama? No te ausentes, yo te llamo. Soberano Dios del Cielo, a este tan indigno esclavo tantos favores! . Tanto estima Dios tu Misión, Tiburcio, Tiburcio, tanto, que a mí me envía porque sepas dirigir tus pasos. No me dirás, Santo mío, qué motivo el Cielo santo tiene, para que yo viva de los Cielos tan honrado, que siendo el más pecador, np soy aquel que más alcanzo? Tu humildad, tu penitencia, y tu celo tan cristiano, es por lo que el Señor hace el número de milagros: vuélvete, vuélvete luego a esa Isla, y tu paso ni retardes, ni suspendas, pues el Señor ha ordenado, que en ella prediques, hasta que otra cosa ordene. Cuanto es preciso obedecer! pero advierte, hermoso Santo, que si me privas tu vista, me llevas todo el regalo. Fuese, y me dejó: (qué ansia!) luego, luego al punto, Hermano, volvamos a la Isla, aunque aiga escollos de embarazos, que obedecer al Señor, según dice el Cartujano, es la primera lavor que se debe hacer. Vamos, Padre, corriendo la posta, no suspendamos el paso, que en ir, y venir, yo juzgo, que el tiempo se irá pasando, Después que de Zulamí el amor he experimentado, y me confirió el empleo de Zequí de su Palacio: después que Gobernador de la Isla me ha nombrado, no he visto de mi Lucema el original retrato: Ay amor, y cuanto puede en el pecho tu embarazo! que es volcán que incendio luce, que es ardor que causa espanto. Cielos, admirado estoy! qué extasís, o qué rapto, qué prodigio, o qué primor ha conmovido mis pasos? Cuatro jornadas, que son en esta Isla que habitamos veinte y dos leguas corrientes de los campos Castellanos, habré andado en una hora. Es un primor, Cielos Santos! es asombro! es prodigio! es fortuna! y es milagro! Padre Fray Francisco, el cucuentro es soberano, pues días ha que yo estaba con el deseo de hablaros. Sea ensalzado el Señor, el Señor sea ensalzado; a vuestro servicio, Anarta, me tenéis. Cuanto agradezco a la fortuna tan feliz encuentro! cuanto! días ha que mi deseo es de que le honréis. Honrado estáis, y muy bien, Anarca, porque yo no puedo honraros. Yo deseo, Fray Francisco, un favor de vuestra mano. Pues decidle, que en serviros seré pronto. En vano fuera ocultarle, cuando vivo deseando. Qué es lo que pedís? Que me acompañéis a el punto, que seáis por hoy siquiera de mesa de convidado. No es posible, que mi ayuno no da lugar a regalos. Pues lo dará por un día, y ello ha de ser. Me allano, siervo del Señor, y siervo soy siempre a vuestro mandado, aceptaré este convite por ser de vos, Por honrado me tengo en la aceptación; y pues puesto está el recado, entremos; y tú, Zulamí, prevén viandas. Hoy un plato os he de dar de gran gusto, pues en convidarme has dado. Entremos en el sasón. os norabuena al cuarto. Van s. Sentaos, pues, Fray Franciseo, que hoy intento bien despacio hablar con vos. Ensalzado Go ca sea entre las criaturas el Señor! sea ensalzado! . Antes, por tanto favor, que pasemos a los platos, quisiera decir: e el Dicobzón Decid. Pues si ha de ser, escuchadlo: Gobernador de esta Plaza sois, Anarca? No puedo negarlo. Sois noble Zequí también? Guarda Mayor de Palacio, y Gobernador también s de las Minas del Estaño. Con menos empleos juzgo, que tuvierais menos cargos. Creolo así, que a más puestos, se duplican los trabajos. No lo digo yo, Anarca, por lo que juzgáis. Pues claro habladme, que mucho estimo vuestro consejo, tan santo. De vos se quejan los pobres. Pues qué les hago mal trato? No se quejan del rigor, se quejan de lo tirano. Pues usurpo yo sus bienes? Yo creo, Anarca, que en algo; pues la voz común del Pueblo, es voz Deí, según San Pablo lo dice así en sus palabras a los de Corintio hablando. No dice, no, lo seguro. Lo seguro es lo que yo hablo, que a no serlo, Anarca, no hablaría en balde. Es vano, vuecsulón as n y presuntuoso recelo en voces del vulgo vago, solo llevo los derechos que me tocan por mis cargos; ninguno puede decir, que su hacienda le he usurpado, y muchos habrá que digan lo que os estoy afirmando. Muehos más habrá que afirmen lo que yo digo. Raro estáis en esa porfía. Mas raro estáis vos, pues que queréis desmentir un Pueblo. sio Caso que le desmintiera yo, por todos ellos no valgo? Solo uno valió por todos, y ese fue Crucificado. No puede mentir el Pueblo? no puede ser mi contrario? no puede quererme mal? no puede ser mi tirano? Muy bien puede el Pueblo serlo; mas por vuestro desengaño, decidme, podrá este pan, ni engañarme, ni engañarlos? Pues decid, qué tiene el pan? no es bien hecho, y fermentado? no lo es de muy rico trigo? no lo es de todo regalo? No es de nada de eso, Anarca, es lo que estáis preguntando de la sangre de los pobres, que usurpáis los bienes. Tanto lo afirmáis, que de la instancia ya me voy mucho ostigando; dónde está la sangre? dónde? Corriendo al suelo. Es un pasmo! es un asombro! un prodigio! y un soberano milagro! Esta es la sangre de pobres: ved ahora si sois tirano de su hacienda, su sudor, y su mísero trabajo. Son en balde mis suspiros? son mis palabras en vano? son estas voces sin tiempo? son mis ecos sin reparo? son mis dichos sin verdad? son mis oídos engañados? son mis discursos ociosos? o son ociosos mis labios? Son mis culpas, Padre mío, las que causan este pasmo? a vuestros pies me tenéis, mi hacienda está en vuestras manos, repartirla con los pobres, pues es de ellos, no aiga agravio contra ellos, si lo mandáis, que yo solo con un saco, con una tabla por lecho, con un canto por descanso, con hierbas para alimento, con nada para mi amparo tengo bastante, teniendo vuestra gracia, varón Santo. Levantaos de mis pies: no a este indignísimo esclavo del Señor tanto alabéis: levantad ya, digno Hermano, y sea vuestro consuelo el refugio de mis brazos. . Padre mío, que me muero, Padre mío, que me abraso, pues de prodigio a prodigio, parece que voy entrando: dadme el agua del Bautismo, pues confieso a Cristo Santo, confieso que en una Cruz me redimió mis pecados, confieso que se hizo hombre, y fue virginal su parto. Venga el agua, pues al punto saldré el Pueblo alborotando, saldré el Palacio aturdiendo, saldré pregonando a el campo, que quiero morir por Cristo, por vivir en su descanso: Padre, Padre, que me quemo, que me muero, que me abraso. Sosegaos, que os daré presto el agua, sosegaos. No es posible, no es posible, esto lo ha hecho vuestro abrazo, pues sin duda que es tu pecho aún más santo, que: . El paso es digno para alabar al Señor; y así, Hermano, sean a él las gracias, que bien lo merece. . Y tanto, que he de morir en su Ley, y en su Evángelio Sagrado. Pues vamos, para que pueda echaros el agua. Vamos. Dias ha ya, Belicema, que Fray Francisco a Palacio no viene, lo que me tiene con sobrado sobresalto. Ya que los dos, dueño mío, hemos el caso tratado, solo deseo que venga, pues profeso el ser Cristiano. Si perdiera todo el Reino, si quedara sin Estados, sin el mando, sin hacienda, expuesto a graves trabajos, expuesto a graves miserias, a sobrados sobresaltos, no he de dejar de seguir la Ley, no, de los Cristianos. Yo tampoco, Zulamí, dejaré el seguir tus pasos, pues es norte de mi guía la Ley de Cristo adorado: el Agua ya del Bautismo tengo recibida, cuanto vivo ya de descansada desde que la recibí! cuánto! Es un prodigio del Cielo, que esté oculto a mis vasallos. Es un milagro que el Reino ignore tanto este caso. No dudo, si lo supieran, me hubieran ya despojado de la Púrpura Imperial. Y ese fuera poco caso, pues ya tu vida la hubieran dado a el golpe de un cadahalso. A el Cielo me sacrifico, cumpla en mí todo su agrado. Cúmplase en mí su deseo, pues mi pecho le consagro. A tus pies, gran Zulamí, está Turbique postrado. Levantad, no estéis así, valor de mi Reino. . Es tanto lo que engrandeces, señor, a este tu mísero esclavo, que siento el no consagrar mi vida a tus pies. Cuantos Reinos, Provincias, y hombres me ha puesto en ellos tu brazo? Si me prestas el silencio, te explicaré en breve caso los que han sido; pero ya es imposible contarlo, pues veo que Fray Francisco viene a este salón entrando. Qué decís? a recibirle he de salir con mis brazos. Los míos siempre, señor, hallan en ellos descanso. Mucho retiro habéis hecho, Fray Francisco, de Palacio; tanta ausencia a tanto amor? a un amor viaje tan largo? Después qué os conté, señora, los antecedentes pasos, la tropelia que hicieron contra los dos tus Soldados: Después que con alboroto de la Ciudad nos echaron, sin que del caso supieras, mas que ahora sabes del caso: Después: Ninguno quede a la puerta, todos entren en Palacio, muera el embustero, mueran, mueran los dos Frailes. Hola, qué caso es ese, que a voces tanto aturden mi Palacio? qué tropel, qué bulla, qué armas causa tanto sobresalto? Yo soy, señor, de esta Isla vecino, soy tu vasallo, y vengo a pedir justicia de este Fraile. Por qué caso? Escúchame, si es que quieres saberle. . Decidle. Contario. . No iguoráis con cuanto fingido engaño, ese embustero Papaz de la Ley de los Cristianos prédica por nuestros Pueblos, dando conversión a cuantos llegan a sus pies rendidos, ya contritos; ya llorados. Toda la Isla trae revuelta, todo el Reino está hecho un caos, pues son más los convertidos, creo, que son los vasallos. De cincuenta y dos mil Indios esta memoria te traigo, instruidos solos por él, y ya por él bautizados. Los primeros de tu Reino profesan el ser Cristianos, y a voz de todo el común, aunque con ánimo osado dicen lo eres tú también, ni es creible, ni es acertado; que Belicema, y Turbique siguen estos propios pasos, nadie lo duda, pues todos en tu Reino están armados para quitarles las vidas, por ser a sus ritos falsos. Anarca ya queda muerto con dos lanzas en su cuarto, donde pagó lo atrevido en un mísero cadahalso, habiendo hallado en su pecho ese Dios de los Cristianos. Ciento y dos Isleños quedan en Cruces crucificados, veinte y dos hechos cenizas, cincuenta de ellos ahorcados, amarrados a columnas quedan también otros tantos: otros muertos, otros presos, otros fueron desterrados, otros colgados a encinas, siendo tanto aqueste estrago, que entre hombres, y mujeres fueron mil los que pagaron. Por este alboroto vengo de esa gente convocado, a sacar de tu poder, a llevar de tu Palacio a ese hipócrita embustero, por enredador, y falso. Si lo defiendes, confirman todos el que eres Cristiano; y así, permitid al punto, que se entregue a nuestras manos a el que ha causado en tu Reino tanta ruina, y tanto estrago. Yo responderé, señor, con tu licencia. . El caso, Fray Francisco, a vos os toca, bien veis que es bien apretado. El Cielo me dará aliento para salir bien. Osado, juzgas que no te conozco tus embustes, tus engaños, tus enredos, tus quimeras? juzgas que no las alcanzo? Dime, dime, cuantos Indios traes en esa lista? cuántos? yo tengo doscientos mil Isleños catequizados, tú traes solo los cincuenta; luego que mientes es claro. Tú dices que Anarca es muerto, y que es puesto en un cadahalso, es verdad que es muerto Anarca; pero di, que lo ha causado? Solo fue de la opresión de amar a Dios, pues es caso que no se ha visto en las Islas en cuanto se ha predicado. De lo demás que públicas, es un manifiesto engaño; y para que a todos sea público, y notorio el caso, solo con aquesta Cruz veréis quien os ha informado. gil Fuego de Dios lo que echa el demonio del Diablazo! él era como un Demonio, y se parecía a un Diablo. Raro asombro! diéas Gran prodigio! Viva el Padre, pues a todos nos deja desengañados. Viva norabuena, viva: que lleve tal sobresalto, que el corazón en el pecho se me divide en pedazos! Viva el Padre Fray Francisco: fuerte susto me he llevado, pues consentí que la vida le quitaran los tiranos. Ya, señor, que del peligro me ha sacado el Cielo Santo, dadme licencia, que a España por la obediencia me parto. Así lo ordena, señor, el aviso que ha mostrado, y lo siento por mi vida, pues que pierdo en tu Palacio las mantequillas de Soria, y de Esquivías buenos tragos. Mirad qué ruido alborota las puertas de mi Palacio, que hoy parece que conspira el Cielo accidentes tantos, que si desvanece oírlos, es consuelo el apurarlos. Mas de mil pobres, señor, que a Fray Francisco esperando están, solo porque salga a las puertas de Palacio, tuertos, ciegos, y tuliidos, cojos, quebrados, y mancos, leprosos, y virolentos están, y están esperando les eche la bendición este Religioso. . Espanto es de toda la Provincia la máquina de milagros, que el Cielo se esmera en que haga este celebre hombre santo. Señor, mi humildad suplica, a el amor que profesamos, a el cariño que me tienes, a el afecto con que te amo, que toda esa turba multa desocupe tu Palacio, o permite que yo salga por distinta puerta. Hermano, déjese querer, y ver, pues nada le cuesta, Hermano; y si no, deme el Cordón, que con él haré milagros, no será la vez primera, que ha sucedido ya el caso. Si no es más que eso, al punto que desocupen; y en tanto, no me diréis qué partida es la que ibáis contando? Si contaré: La partid es a España, que ha ordenado la Obediencia de Provincia el que pasemos mudados; buenas lágrimas le cuesta a mi corazón! buen llanto! pero en vuestro pecho queda mi Jesús Crucificado: No os olvidéis de su Ley, y su Evangelio Sagrado, vivir siempre en el Señor, y esperar de él el amparo. Es posible que ha de ser cierta la partida? Es tanto lo que debemos, señor, a nuestro Instituto santo, que no podemos ceder de su precepto. . Es tanto, que por auxiliar tres almas, no detendrán el mandato? Es tan fuerte, que no harán suspensión por tres Cristianos, que necesitan auxilios cada instante, y cada paso? El Señor os le dará, ofreceros en sus manos, pedirle, pedirle bien, que él os le enviará, hermanos. Yo os afirmo mi palabra de escribiros, y animaros con mis voces, en mis cartas, a imitación de otro Pablo; y ahora os lo afirma mi amor con el nudo de mis brazos. El mío sea el primero. Haced, Cielos Soberanos, que se influya en esta alma todo el amor. Que me abraso! todo soy ardor en Dios. En él moriréis, hermano. Y vos, señora, aceptad besar este Hábito santo: o mi Dios! o mí Jesús! sea en tu consuelo. Tanto en Dios me influye, que a diós quiero, y adios amo. Dame tú también, Turbique, por despedida un abrazo. . Mi corazón os le da, pero mucho más mi llanto. Adiós, Padre Fray Francisco. Él os guarde, señor, tanto, cuanto veáis vuestro Reino con sacrificios Cristianos. No dejéis, no, de escribir por nuestro consuelo. Caso que no me llame el Señor a cuenta de mis pecados, os afirmo la palabra. Yo la acepto. . Yo la amo. Yo la confirmo. Yo la admito, que en todo caso, nos servirán de consuelo vuestros religiosos rasgos. vn Es en extremo mi gozo, de que ya viváis, Don Fausto, tan satisfecho en el todo de vuestros celos, y agravios. No es menos mi gusto, no, aunque han pasado tres años, pues escrúpulos de amor son siempre muy delicados. El enviarme aquel papel, buscar a Don Feliciano, y para satisfacciones conducirle a vuestro cuarto, ha sido, que lo aseguro, de ingenio tan soberano. A costa de un sentimiento, lo he dado por bien empleado, porque serviros, señora, es obligación, es cargo de mi propio rendimiento, debido a mi propio estado. Notable es mi sentimiento! . El Caballero Soldado, que viene en mi compañía, Doña Rosa, es Veinte y cuatro de Sevilla, y es Don Francisco Maldonado, trae noticias muy extensas de nuestro querido hermano, dirá presto las que son, pues no estoy para explicarlo. Primero, señora, es justo me permitáis cortesano el ponerme a vuestros pies, en cuyo centro consagro la estimación que se debe a tan noble simulacro. Alzad, señor, y no estéis de esa suerte, que el bizarro, cuanto político atento estudió de cortesano, tanto luce en vos, que creo, que puede sin embarazo poner catedras de tal; pero miente aquí mi labio, que a vuestro ser le debió la naturaleza el tanto, siendo, señor Don Francisco, del tronco de Maldonado; y así, solo espero el que me refiráis de mi hermano, Fray Francisco de Pamplona, su salud. El caso. referiré, agradeciendo vuestra política, cuanto cortesana atención, si es que me escucháis un rato, Todos atentos serán a el eco de vuestro labio. Después de las diligencias precisas para un embarco, prevenidos los Navios, de viveres pertrechados, puestas ya las municiones, los trinquetes en su estado, tendidas las velas, y próspero viento esperando, llegaron de la Misión dos Religiosos: qué pasmo de virtud, y santidad en los dos experimentamos! Fray Andrés Péndomo el uno, el cualera de su estado Sacerdote, el otro Lego, que ya sé ser vuestro hermano. Fray Francisco de Pamplona llamaban, era Navarro de Provincia, hombre insigne en su vida, y sus milagros. Entraron en el Navio, corrió el aire, y velas dando a el nautico movimiento, que en ellos iba surcando, volaban aves ligeros, tanto las leguas ganando, que en una hora treinta leguas a todo aire caminamos. A Guaira de Canarías fuimos en fin a dar alto, por el motivo de hallarse indispuesto aquel pasme de santidad, de virtud, de prodigios, de milagros, Fray Francisco de Pamplona, ejemplo de lo Cristiano. Agravósele su achaque, recibió aquel Hlio Santo, que llaman Extrema. Unción, después de los cotidianos Sacramentos Penitentes de la Confesión, y Víático. En una tabla tendido, sin más descanso que un canto, más sabana que un silicio, mas cobertor que su laco, más Doctor que un Crucifijo, mano, rindió su espíritu en dándole su propio esritu a su propio Padre; tanto, que aún más convirtió muriendo, que viviendo; predicando. En las dos mangas metidos tuvo sus dos santos brazos, pero luego que cadáver todos le consideraron, procuraron desasirlos; s y por más que procuraron, no fue posible lograr el intento comenzado, El desasírselos era por quitarle el santo Saco, para reliquia, y memoria de tan prodigioso espanto de virtud, y santidad, de asombros, y de milagros. Unos a otros se miraban aturdidos de tal pasmo, confundidos tropezaban, sus discursos con sus labios discurren, pero ninguno consideraba acertado. Llegó Fray Andres atento, y su cadáver mirando, que un día ya natural hubo de haber espirado, le protextó la obediencia a que sacase los brazos. Raro asombro! gran prodigio! fuerte ejemplo! grave caso! gran primor! gran obediencia! gran santidad! gran milagro! Intimado la obediencia, él por si sacó los brazos: cese el mundo en los prodigios, cesen, cesen los milagros, suspéndanse los asombros, suspéndanse ya los pasmos a vista de tanto ejemplo, y a vista de tanto caso. Diósele su sepultura en un lugar reservado, para conservar feliz cuerpo cadáver tan santo. Los milagros, que en las Islas ejecutó, fue milagro, pues pasaron del guarismo, si de infinitos pasaron, siendo todos tan continuos, que se cuenta, (grave caso!) que salía a cada día (gran primor!) por veinte y cuatro: Catorce mil leguas fueron las que sus pasos andaron, la conversión infinita en los Reinos más extraños. Los créditos, que en las Indias ilustremente ha dejado, ha sido solo el nombrarle todos solamente el Santo. Esta es, señores, la vida, la muerte el ser, y los pasos, los prodigios, los asombros, los favores, los milagros, los religiosos ejemplos, los domésticos trabajos, los sin segundos afanes, los tan sin primeros pasmos de Fray Francisco Pamplona; vuestro dignísimo hermano. Es gloria de vuestra casa, es triunfo de sus pasados, es ejemplo de sus deudos, es honra de sus hermanos, es timbre en su Religión, es la regla de los castos, es ejemplo de obediencia, y es corona de Navarros. No da lugar a sentirse muerte que es de tanto pasmo. No da lugar a llorarse prodigio tan extremado. Yo la enorabuena os doy. Yo la repito llorando, de no haber sabido ser tan feliz en el estado. Quién dijera que sería hombre tan travieso, Santo? cuando no estaba gustoso, sin dar de comer al diablo? Feliz mil veces su muerte. Yo, señores, imitando el prodigio que refiere Don Francisco Maldonado; pues Doña Juana, mi dama, tomó el Hábito Sagrado de las Carmelitas, luego que Don Tiburcio arrestado tomó el de Capuchino, como le consta a Don Fausto, intentó vivir también en tan Religioso estado. Yo tan solo es mi deseo el pedir el soberano prodigio de Doña Rosa, para mi esposa a su hermano. Y así, señor Don Miguel, si aunque tan indigno me hallo de servir a Doña Rosa para ser siempre su esclavo, os la pido por mi dueño: el si solamente aguardo. Por mí, si mi hermana gusta, yo gano en ello, Don Fausto. Pues esta es, dulce bien mío, mi ser, y vida, mi mano. La acepto con mucho gusto. Y mi amigo Pajarillo? En su Orden, mentecato. Pues todos pidamos juntos un victor al Pueblo, en tanto: Que el Capuchino Español, honra del Reino Navarro, la gran Ciudad de Pamplona niza por Sar
