Texto digital de El canto junto al encanto
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Miguel de Barrios
- Atribución estilometría
- Miguel de Barrios Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en Las poesías famosas y comedias de don Miguel de Barrios (1674).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El canto junto al encanto. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/canto-junto-al-encanto-el.

EL CANTO JUNTO AL ENCANTO
JORNADA PRIMERA
Tropezón, que novedad es la que así te obligó a venir hoy de Alicante? dime, murió Don Melchor, por la herida que le di cuando hablando en el balcón me halló con Leonor su hermana? Antes con designio atroz viene (Señor) en tu busca, como te dirá mejor hoy en Valencia, la Dama de quien me hiciste Peón. Está en ella? Y tan hermosa que con la espada de Amor triunfando, al hombre que va le gana hasta el corazón. Qué importa? si ya mi afecto a su esperanza murió. que aún que amante la adoré y te obligué, (Tropezón) a que a su hermano sirvieras, Por que así con tu favor pudiera más fácilmente ser de su luzgirasol, ya aborrezco su hermosura. Eso dices? qué rigor a tal delirio te incita? Él no estimar su afición. Vive Dios, que en la Capona tal mudanza no se vio. Pues para que no la admires escucha lo que hasta hoy te he callado. Mucho es, para ser tan hablador, El Mayorazgo de la luz ardiente Nacia en las espaldas de Ocidente, dejando a escuras la mitad del mundo; cuando en ese fecundo de robles coronado excelso Monte, Término (al parecer) del Horizonte, Alzando entre las nubes la garganta Que Nembrot contra el Cielo se levanta; Cazador atrevido Siguiendo aún Acteón que me huye herido, En un hijo del Viento, Hipogrifo violento, Que siendo Ave sin plumas Delfín parece despreciando espumas; Pues tan veloz las matas a tropella Que sin dejar señal en donde huella Al extremo del Monte alarga el paso, Queriendo de sus cumbres ser Pegaso. En riesgo tan penoso No se si temeroso, Con advertencia noble Desamparé el Bucéphalo, de un roble Asiéndome a las ramas, de manera Que el bruto en la carrera De un Risco despeñado Se miró al fin, dejándome colgado. Bajé al suelo al proviso Y del Monte al ameno Paraiso, Qué chupando de un Río los albores Cuanto en perlas le quita, le da en flores; Tan liberal que el Río En el espacio umbrío Mientras más sedilata Criando aromas, y esparciendo plata, Suspende su torrente, Por no estar con el Prado muy corriente. A cuyo margen veo (que ventura) Un celeste prodigio de hermosura En una Diosa humana, Alma de Venus, rayo de Diana, Que al pie de un Árbol sobre verde al fombra Tomó de asiento siendo Sol, la sombra. Sirena de Cupido Lisonjeando armónica el oído, Entre un Choro de Nimpas amorosas, Estrellas de su luz, del Mayo Rosas, Tocando un instrumento, Con tan suave accento Panales de Oro de la voz vertía, Que Angélica juzgué su melodía, Por que rayo canoro de Cupido En el Alma me entró por el oído. Tan encanto su vista de mi anhelo, Que con lagloria de mirar su Cielo No sintiendo la herida Que me quitó la vida, En el ver y el oír el alma atenta, Libando fuego, de su amor sedienta Ardió (no sin espanto) De ver estar el canto en el encanto. De los pies los coturnos se quitaba A esta sazón, y yo abrasado estaba Oculto entre las flores Que las hizo al pasar salir colores, De suerte avergonzando sus despojos Que donde pone el pie pongo los ojos, Por mirarlo mi amor con tal cuidado Que más lo puso en ellos que en el Prado. El hermoso cabello, Por el nevado cuello, Onda a onda esparcido se dilata, Vidas prendiendo en piélagos de Plata, Siendo a mi ver (con singular decoro) Caribe de explendor, Pirata de Oro, Dando a las libertades En ondas sueltas, sueltas tempestades. Ya desnuda del todo, tan hermosa Se entró a bañar, que la agua bulliciosa Suspensa de mirarla Con lenguas de cristal llego a labarla. Las Colunas hermosas Movidas de Acucenas presurosas, Metió dentro del Río, y como haberlas Jvan corriendo Perlas, Tan impensadamente Me pareció al instante, de repente, Maravilla amorosa, Que el agua, y ellas eran una cosa. Y no reparé bien (por vida mía) Si era su cuerpo el agua que corría, Por que tan blanca pareció a mis ojos Que el cristal con enojos De sus manos herido, Con ser corriente se miró corrido. Salió del agua luego, Abrasándome más en vivo fuego, Pues con mirar su talle lo que hacía No supe si quedaba o si salía, Ni el mormúreo del agua lo supiera Si ella misma en salir no lo dijera. Prevenida le espera una criada Con camisa de olan, tan aseada Que le bastó a enjugar con poco arte No del todo, una parte De las que de su cuerpo perlas llueve, Tan hecha toda de animada nieve Que mirando a sus soles celestiales Deshacerse cristales, Dudándola de albor estatua fría Pensé que por los pies se derretía. En esto de aquel Libano fragante (Imperio del Abril, del Cielo Atlante) Al undoso Elemento Bajando un toro (al parecer) sediento En su clara corriente Vio las dos medias Lunas de su frente. La cerviz no domada Corto el cuello, la cola prolongada, El cuerpo grande, y fuerte, Los ojos fuego, la braveza muerte, Ancho el pecho fornido, El color de la piel tan encendido Qué arrojándose al hielo, Pareció entre la espuma Mongibelo. Y viendo en la Ribera, Que vital Primavera Desperdiciando aljófar por el suelo Era del Prado Sol, y del Sol Cielo, Se detuvo cobarde sin moverse, No osando a su fiereza concederse, Cuando al sol de sus ojos al mirarse La temió acometer por no quemarse. Ella asustada, se cayó en las flores, Mas yo lleno de ardores, Por más asegurarla en su recelo, La espada saco, y a mi esfuerzo apelo, Contra el fiero animal, que ya bramando Con las manos el suelo acepillando, Se vino a mí de suerte Que aseguré dos vidas con su muerte, Cuando a ojos cerrados por herirme Bajando el cuello al tiempo de envestirme, Ensangrenté el acero Dándole un golpe fiero Con tan presto rigor, y furia tanta, Qué tajándole toda la garganta, Aunque sangre vertía, Muerto estaba, y apenas lo sabia, Por ser tal su braveza, Que volvió acometerme sin cabeza. Entonces rayo a rayo, Volviendo del desmayo Mi Sol resplandeciente, Me dijo, (qué favor) joven valiente, No menos que la vida Te debo agradecida; Doña Ines soy de Luna, Que aún a pesar del Tiempo, y la Fortuna, Viviendo mi nobleza, y mi albedrío, Se rinden al precepto de tu brío. No pude hablarla, oyendo Entre las matas un pequeño estruendo, Y era que la buscaban sus criados Y consigo llevándola, admirados Quedando mis sentidos del sueceso, Que lo dudé confieso, Con sentir en el Alma el verla ausente, Por que todo pasó tan de repente, Que vino aún tiempo mismo Toro, victoria, ausencia, y parasismo. Seguila vigilante, Arrepentido nunca, siempre amante, Supe su casa, mas de mí no supe, Entró en mi corazón, yo en su luz cupe, Firme la solícito, y galanteo, Mengua el reposo en mí, crece el deseo, Mi firmeza a sus rayos comunico, Menos me entiendo, cuando más me explico Gírasol de su hechizo luminoso, Al paso que encendido cariñoso, No dudando que atenta o amorosa Me hiciera tan feliz cuan es hermosa; Que aquella que agradece Si no está enamorada lo parece. Oyome a fable, prometiome atenta La bonanza que a viva la tormenta, No conseguida como deseada, En la Mar abrasada Que a puertos de alegría Norte del Alma mis potencias guía. Un mes ha que apacible cuanto bella (De Febo Aurora, de Cupido Estrella) Con pecho ansioso, con alegre cara, Privilegio me dio de que la amara, Tan fina, y amorosa, Que a suluz provocada Mariposa, La idolatro de suerte Que solo tengo vida en tener muerte, No quedando en mi pecho Ceniza apenas del ardor, deshecho Amanos del reciente que me ciega, Tan dulcemente en cuanto a mí se llega Que Leonor si a culparme se resuelve Disculpándome Amor, Ines me absuelve. Si así de ese amor enfermas, bien será que vuelva yo aún que de Leonor te purgues hoy a ser tu servidor, Pues ven, qué intento mostrarte este Seraphín de Amor, que elevando los sentidos tiraniza el Corazón. Vamos, y quiera la suerte que hoy en su Remifaso! te haga cantar por Natura. entonándote el Bémol. En el Choro de Amor, con voz sirena Corazones atraes, vidas encantas, (Nise divina) con dulzuras tantas Que reduces a gloria lo que es pena. Suspendida no canta Philomena La suavidad oyendo con que cantas, Y a las métricas voces que levantas El Cepiro en los Árboles no suena. El Arroyo entre flores detenido Al dulce quiebro de tu acorde Lira Queda en florido tálamo dormido; Pues si como tu luz, tu accento admira Aquí en falta razón, vida, y sentido, Qué hará con alma quien por ti suspira? Deseos de un imposible me han traído a tiempos tales que en la fuerza de mis males el morir me es apacible. Ardores siento insufrible, por que para atormentarme llegan tanto a desvelarme buscando a mis ansias medio, que no teniendo remedio solicitan remediarme. Batallando el pensamiento con mi preso corazón, confieso su inclinación en el potro del tormento. Si alivios buscar intento pongo al Alma más cadenas, por que de rigores llenas saben de modo prenderme que apenas puedo moverme, y si me muevo es a penas. Hallándome a mí sin mí, atesoro en mis desvelos la belleza de más Cielos que tiene el Campo turquí. Cegué desde que la vi, mas no me quitó la gloria de quedarse tan notoria en mis amantes antojos, que cuando no con los ojos,; la veo con la memoria. Introduciéndome el fuego de su hechizo luminoso, ella es Venus en lo hermoso, y yo Cupido en lo ciego. Deseando sin sosiego que de mí no se desvíé, para que a su luz me envie al Cielo pido favor, que como es ciego el amor a menester quien le guíe. Mas aquí viene Don Diego. Qué cuidado (Don Melchor os trae así pensativo Amigo, dudando estoy si os lo podré articular, por ser tanto su rigor que cabe en mi sentimiento y no cabe en mi razón. Si es a caso el que a Valencia armado de indignación os ha traído, no dudo si ese Don Juan que os hirió está en ella, que sangrienta se logre vuestra intención, mi favor no ha de faltaros, hasta que dándole atroz castigo, vengéis la herida. Yo os estimo ese favor. si bien, el mal que de nuevo me cónsume, es ocasión una celeste hermosura; En cuyo ardiente fulgor cual incauta Mariposa, testejo mi perdición. Sabéis quién es? Ignorando quien sea, idólatra soy que le sacrifica el Alma. en las aras del Amor. Ayer la vi, que del Dia opuesta al claro farol, gozando de Amor despojos fragancias al campo dio, exhalando luces tales que por ser su emulación Tan hermosamente graves. que a las almas con rigor disparando de sus Arcos las flechas del crego Dios, triunfos lograba de suerte que el matador de Pitón, Astro más bello, si errante desperdiciando fulgor a las plantas florecía, moviendo airosa, y veloz, tan breve extremo de nieve que de Mayo en la región Yo entonces que de su vista era amante girasol, llegando a hablarla turbado, tan esquiva respondió que le dije al Dios flechero si no has de templar mi ardor, Y solicitando ansioso aún más que vida favor, a la guerra de sus ojos se postró mi corazón, por no poder resistir. de su divino explendor En fin rendido, y amante. mas quien toca de Arión el siempre dulce instrumento? Si no es del Alma ilusión, (ay Doña Ines) una Aurora, que del más tirano Dios Sirena, suele en tal sitio matar con la vista, y voz, si a las bellezas, de envidia, a los amantes, de amor. Esta (Cielos) es la Dama . que sin vida me dejó. Ya alterna la voz suave. Y con tanta perfeción, que el Río cuando no Cisne, su margen la admira Flor. Quejándose Philomena de las iras del Amor, cuanto bebe por los ojos, lo derrama por la voz. Qué gallarda, que sonora, . vibra el amoroso arpón, por que muera a su armonía quien lo duda a su explendor. Panales dorados vierte, por dar de lo que libó al oído la dulzura, padeciendo el amargor. El encanto de su boca es un compuesto primor, que lo penetra el oído, y lo extraña la razón, En su métrica armonía pascándose el dolor, no le anuda la garganta por volverle al corazón. Sirena de los sentidos . en mares de resplendor, enamora con la vista para matar con la voz. Oh como trina doliente lo que de su privación haciendo menor la vida hace la gloria mayor. Con tal suavidad me mata . que por su dulce rigor es ventura el padecer, y el morir es galardón. Enamorado la escucha aquel tierno Ruiseñor que se a perdido en su vista, por hallarse en su atención. Esto acantado por mí. . Aquello por mi cantó. . Pues estoy perdido en ella. . Pues hallado en ella estoy. . Mas qué miro? vive el Cielo. que Don Juan, el que me hirió, es el que la llega a hablar. Castigo pide este error. Dare venganza a mi agravio. Iras vibro. Incendio soy. Mi fuego le hara ceniza. Eso le toca a mi honor. Señora, que triste Suspende el rosicler de tu belleza? Que después que veniste de Alicante Valencia, por causa de tú Sujeta a los designios de tu hermano, Lacrimosos (en vano) No permiten tus ojos Ni del Sol luces, ni de Amor despojos. Si llorando el sentido La ausencia de Don Juan, temiendo olvido, Si mi hermano violento A entrarme en un Convento Me ha traido a Valencia, Fiado en su rigor, no en mi obediencia, Y en cuanta pena fuerte Me convida la vida con la muerte, De mí menos creida Me convida la muerte con la vida, Por que de esta manera Ni permite que viva ni que muera; Que alivio, que consuelo, Podrá templar del Alma el Mongibelo? Si el ciego Dios en mi desvelo ardiente Deja de ser Amor, y es accidente. Mas qué belico ruido es el que escucho en la calle? Tal es el tropel de gente que me obliga a retirarme en donde pero qué miro? Válgame Dios, no es mi amante? El Juanete es de tu pie. De pena el Alma no cabe, . Leonor es, no hay que dudar. Hay ventura semejante? quién pensara, quien creyera, tan no imaginado lance? estoy por tornarme. . Espera, (Don Juan) no al fiero combate volviendo, intentes mi muerte dando indicios de inconstante. Que al verte (no sin espanto) romper con rigor tan grande los preceptos amorosos por observar los marciales, A mayor pena me entrego; afirmando te constante que después que a Marte sigues con más amor llego amarte. por que mi noble afecto en riesgos tales cuando menos alcanza es más gigante. Bella Leonor, no te admire (disimulemos pesares) que con el gusto de verte excusara el del hablarte, solicitando volverme; Que esto fue por no entregarme al tormento de perderte con la gloria de mirarte; Esperando a que tu hermano altivamente arrogante al verme de tu Sol Clicie, fulmine el Rayo de Marte, Por ver si con solo un golpe dos vidas puede quitarme, la tuya, por que en mi asiste, la mía, por que en tiarde. Y así ausentarme conviene, por ser dolor menos grave apartarme de tus ojos que de tu vida apartarme, Con la esperanza de templar mis males volviendo a verte más que triste, afable. Oye, Señor, no permitas que el temor de algún desastre, me acabe de dar la muerte. Pues qué he de hacer? No dejarme en tantas penas. Leonor, (que así esta mujer me canse) . mira que tu hermano altivo si nos halla en estalance ha de obligarme a un exceso. Yo sabréd el ocultarte. Y qué dirá mi valor? Dirá que es tu amor más grande. Aquí entró, Tápate (Celia,) De lo que hay dentro ignorante. Temo que le hayan herido. Por eso viene a curarse a la Angélica, por cuyo hermano, afufe al instante; que esto tienen los que somos personas de tantas partes. Qué miro? No te alborotes que es cosa que todos hacen. Sabe el Cielo que te adoro. Amor que te pago sabe. Ay de mí, qué es lo que escucho? fuerte dolor me combate; o mal haya la mujer que se fía de hombres fácil. Pues venderse de contado, y no fiarse de nadie. Esto has de hacer por mi amor. Señora (que así en matarme insista) si eso es tu gusto será en mí, ley inviolable. Qué cariñoso la obliga y ella que hermosa le atrae. Pues él la juzga un Demonio aún que te parece un Ángel. Bien merece esa fineza la fe con que siempre amante te hice dueño de mi pecho. Eso (Leonor) espagarme. Abrasada estoy, que aguardo? Advierte Mira Dejadme. Que una mujer con celos y pesares, es Tigre fiera, venenoso Áspid. Señor Don Juan, yo me alegro de hallaros, y más en parte que deponéis lo fingido, introduciendo lo a fable. Repetid tantos favores, y escuchad tantas verdades como esa dama os refiere, tan dignas de eternizarse. Señor Don Juan, (ah tirano) esta dama (incomparable ardor me abrasa) os estima, no he de poder reportarme. . Quiero arrimarme a esta Sierpe. . por que la manzana trague de celos, aquella Eva, tan moza como mi madre. A quién esto le sucede? . Señora (penoso trance) Leonor (empeño terrible) mira. qué ha de acreditarme? . Si el accidente confuso que el corazón me deshace, por que no sepa como he de curarle, no determina un modo de explicarse. Frágata de Don Platón, . petrarca del que no es Dante; tentación de Correydile, y niña de Toma y dame; Hoy a tus umbrales llego, y pues llego a tus umbrales, muy alto debo de ser, mira no me descalabres. Si tan alto se presume, mande que le achique un sastre, y entrara por cual quier puerta sin que le cueste abajarse. Esas disculpas conmigo son excusadas, (qué pase, . esto por mí, y que las penas, no acaben ya de acabarme) A esa hermosura que os sigue . corresponded, pues que sabe aventurarse por vos. Presunciones tan notables os engañan, que yo solo intentaba daros parte de las ternezas, con que se precia de fino amante, el Señor Don Juan, el firme, el prodigioso, el constante, el competido de todos, el no imitado de nadie. bien podéis premiar su amor, que el mío estorbo no os hace, fuera de queño le tengo; por que las actividades que me incitan, en mi pecho tan a prisa lo deshacen, que no se si fue el quererle primero que el olvicarle. Leonor, Señora, mi bien, no con tal rigor me mates. Que por una tal por cual, . me repudie este vergante; pero no lo he de sufrir. Sánguijuela del sonsaque, . que con la cara del Viernes das en chupar a los Martes. si a este vuelves como vino, o tuerces como vinagre, Sabe que soy su basija, y que si de mí se sale no gustaré que le bebas con esa boca de Alnafe. Son tan dulces sus palabras, que de mis labios panales, me sabe como la miel ser de este zangano enjambre. Yo tengo de hacerle mío. Yo haré que te diga zape. Y yo me pagaré más de la que más me pagare. Excusad esos rigores, ved los extremos que hace por vos, admitid atenta a quien os estima, amalde. No malogréis su esperanza, correspondeldle, (voraces . Etnas del Alma respiro) pues yo por que a vos os ame . le destierro de mi pecho, que una mujer de mis partes la reputación no siente como siente los desaires. En gran confusión me hallo. . Si por mí habéis de olvidarle, no os rindáis a ese disgusto, supuesto que menos fácil de mí le retiro, (ay cielos, . Que me muero por mirarle) si os parece bien, querelde, . y si no queréis, dejade. por que a mí; nada me importa. Ya es forcoso declararme . aún que desaire a Leonor. Tu gallardía . Tu talle Me madura el corazón. Me ha vendimiado en el aire. Que mientras más se hacen ubas . me parezcan más agraces. Qué respondes Qué declaras. A este brío? A este donaire? Que ya tivias, ya calientes, muy purgas, o muy jarabes, a todo me habéis de hallar. (si no es que me pierdo antes) con más firmeza que un Monte, con más amor que cien Paris, más tierno que un Portugues. y más devoto que un Fraile. Déjame salir. Espera . A traidor. A mudable. Quítese Amor el embozo. y de los confusos Mares donde el corazón flutua corriendo fortunas grandes; Al puerto de la razón salgan desengaños tales, que desmintiendo sospechas acrediten mis verdades, De las dos quiero a la una tanto, que el vendado infante en premio de mi firmeza me pone el ramo de Dafne. A la otra, aún que la quise, ya la olvido, por hallarme tan remoto de su amor que aún no me acuerdo de amarle, A una adoro, a otra aborrezco, que mi afecto inseparable si sabe finjir con una, con otra finjir no sabe. Y en fin para no cansaros, a la que idólatro amante, a la que firme venero es (Ines) . Quién? pena grave . (Leonor) Equivoco intenta . volver mi duda en desaire; Por ver a Leonor tan fina a. no me resuelvo a explicarme. Celia, un Cielo me pareces. Y yo? (Tropezón) Un Ángel; pero de los que cayeron. Qué pudiera así escaparse de las iras de mi espada el traidor que en agraviarme Mas (Cielos) qué es lo que miro? eo, La ingrata que sigo amante, aquí me dicen que entró. El pecho en incendios arde. Oh fensas, qué es lo que veo? No en hablar estés cobarde. temo quedar de airaca . Qué intentas? No declararme; por ser más para sentidos que para dichos, mis males. Esto ha de ser de esta suerte. sangriento, le haré cadaver. Ahora (villano Don Juan) así vertiendo tu sangre- Conocerás mi valor. No volverás a enojarme. Ay de mí. De pena muero. Hay más a pretado lance? . En el lance nos pescaron. Temiendo que nos empañen, como nos quieren comer, hemos que dado fiambres. Defenderte en vano intentas. Tened, que yo he de matarle. Yo le he de quitar la vida. Ay desdicha se mejante? A mí me otende. Y a mí. Quién tal hace que tal pague. Pelead, conoceréis en este acero brillante, si como supo ofenderos mi valor, mataros sabe. Mi enojó te hará pedazos. Yo basto para matarte. Con que valor se resiste Temiendo estoy un desastre. La casa se viene abajo. Pues ponerla unos puntales. Cielos, amparad su vida. Libralde (Cielos) libralde.
JORNADA SEGUNDA
Es tanta la oscuridad que aún a penas se divisa. sígueme (Señora) El Alma, de turbación no respira. pensando que soy su amante asombros son cuantos pisa. Aún que con celos, le sigo temiendo alguna desdicha. mi honor en tus manos pongo, . Y yo en tus ojos la vida. no he de perder la ocasión a. de gozar su luz divina. Mas si queda con Leonor Don Juan, mi opinión peligra; y el recelarme al agravio es resistirme a la dicha. Tan confusamente (a Cielos) que neutral no se si elija con el temor de perderla la gloria de con seguirla. Es tan oscura la Noche, y la gente tan continua, que impidiendo mis enojos, me provoca a nuevas iras. Él no hallar a la tirana, cuya luz, y melodía dan mesclado en dulce néctar, a los sentidos acibar; Es lo que me aflije el Alma, por que el ardor que me incita mas sin su voz me a tormenta, mas me abrasa sin su vista. Gente viene. Estoy temblando. Señora, aquí terretira. buscar a Don Juan me importa a. que está en su muerte mi vida. Allí distinguo tres bultos. Uno es. Ay ansias mías. . De qué es me informa el deseo Don Diego. Qué determinas? Reconocerle. Repara. Es fuerza. En tu riesgo mira, mas que en el mío. No temas. El uno se me abecina; prevenido así le aguardo Es Don Diego de Padilla? No se que imagino, pero . con viene que serlo finja, por ver lo que intenta; y quien . conocerle solicita? Vuestro amigo Don Melchor. Pues en qué esperáis que os sirva? no fue mi sos pecha vana. . Es la ocasión tan precisa que a en cárgaros esta Dama, me ha obligado, y a que ospida que mientras vuelvo la calle me aguardéis en esta esquina. Id seguro, que a ser Argos suyo, de suerte se obliga mi amistad que aún del más lince, Mercurio, sabrá encubrirla. Pendiente de esa palabra queda, como agradecida, mi esperanza. a quí me espera . (Señora) en su compañía. Dónde vas? Callarlo importa? A traidor, bien se averigua que Leonor de mí te aparta. Es verdad; mas no me priva, su amor de tus bellos ojos. Pues qué? Él no querer que viva. A matarla va de amores. Dices bien; y yo encendida de celos quedo, a tirano. A ingrata. . A falso. . A enemiga; . mas de aquí sacarla importa. Ardiendo en cólera impía busco entre la gente, airado al que con celos me irrita. allí hay ruido; seguidme, (Señora) que es la justicia. así he de lograr mi engaño . si he de seguirte, camina. muerta voy. Yo hecha de hiel. Que no le encuentren mis iras. A donde (Señora) vas? Huyamos presto (Lucia) del enojo de mi hermano. Allí está un hombre. Ay amiga, si fuera Don Juan, no fuera mi pena tan excesiva. Oh es ilusión, o a mis ojos dos personas se registran. Ligero más que una onza (aunque peso muchas libras) escapé de la pendencia en dos pies como gallina. Saberlo así de termino; es Don Juan? . La que me quita . con la vista el albedrío, y el Alma con la armonía, (a celos) esta es sin duda; pues que tan mal advertida presume que soy su amante. Aún no escapé de paliza que todabia en la calle hay quien puede hacerme astillas. Fingiendo lo que me enoja . gozaré lo que me incita; Yo soy (gloria de mis ojos) . el que más tu amor estima. Bien seya como me quieres; aquella beldad lo diga que en el Argelde sus ojos el corazón te captiva. La obligación de ampararme te corre, contra la inicua amenaza, a que me expone o tu amor, o mi desdicha. Sin duda que con Leonor. . según sospecho, y me afirma esta ingrata, no recela Don Juan, su fatal ruina; por que me estorba el matarle amparar a mi enemiga, Dando voy por las paredes con la fuga arrimadillas. Disfrazar la voz esfuerza. no temas (prenda querida) que por guardar tu persona sabre aventurar la mía. mas quién es? Quién más no es. Si de mi saña crecida probar no quiere el rigor, salga de la calle a prisa. Don Diego es; ya imagino . la ficción, a que me instiga saber que sirvo a Don Juan en ver quien son estas Ninfas, que si no de medio a bajo tapadas de medio arriba, dan a entender que Don Diego las saca de sus casillas. Hidalgo, mal me conoce; . voto a Dios, que si porfía en estrellarse comigo, me lo coma hecho tortilla. Don Melchor soy de Alvarado. Qué es lo que escucho? desdichas. Entre varias confusiones . el alma tengo indecisa, si con Leonor Don Juan queda la reputación peligra de Don Melchor; a quien debo la obligación de acudirla sin que se lo de a entender; y si la acudo, la dicha de templar mi llama, queda a otra luz escurecida; Pero un medio se me ofrece que la esperanza impedida de lo que más dificulto, es lo que más facilita. Esta Dama os encomiendo, . por que mi amistad la fía, de vuestro invicto valor, mientras vengar determina el accidente celoso, que el corazón me lástima. Ya en el guardarlas ostento tan criminal valentía que a cuantos osaren verlas pongo pena de la vida. Aquí me esperad con ellas. Id con Dios, que mi osadía en defensa de estas rosas tendrá calidad de espina. Qué es lo que Don Juan intenta? . Ya mi temor lo adevina. Yo lo estimo. . Con el cueda. . , ingrato, así te retiras? No receles ningún daño; presto será mi venida. Aún que lo impida Leonor . tengo de ser su homicida. En su poder me ha dejado, que crueldad, que tiranía. No creyera de Don Juan semejante villanía. Sigue (Lucia) mis pasos pues nos importa la vida. el no que dar con mi hermano. Hárelas ir de caida; pues me da pie la ocasión de armarme dezancadilla. Vamos a prisa (Señora) que la vida está en la prisa. Pues echan a las espaldas cosa de tanta cudiciar? hay tal? como mala nueva corren, tan hechas Abispas que me levantan ampollas en la parte que pican: huyen de suerte ligeras, que de Peneo la hija aún no las llega al zapato. o exhalación fugitiva, que con vapores de hollín negas ser de Garapiña; No te retires, espera, los pomos que arrojo mira, pero cuando no alcanzada juro a Dios que has de ir corrida. Mayores males me cercan, pues mi deshonra confirman. o mal haya mi tardanza, Etnas el Alma respira, No hallé (terrible dolor) la que ingrata (pena esquiva) con el puñal de la afrenta deja mi nobleza herida. Don Juan sin duda la lleva, por que el rigor, la porfía de mis ardientes enojos, no los con vierta en ceniza. Aún que te socorra el Mar, y el Cielo te de acojida, (Don Juan cobarde) has de ver lo que corta esta cuchilla. Pues con celos me atormenta, y con agravios me indigna, vive Dios, que he de vengarme gozando a su Dama misma. En este sitio quedó. Ya que no puedo en su vida en el honor de su dama. tengo de vengar mis iras. Este que viene, parece Don Diego. En aquella esquina la dejé con Don Melchor, allí está, llegue atrevida el Alma, a templar su fuego. Conseguiré sus caricias. . Don Melchor, mas de mi Alma dónde está la hermosa Harpía? Don Diego, pero qué miro? aquí no está mi homicida. Pues, Don Melchor, Pues, Don Diego, Qué presunción- Qué noticia. Tan sin causa. Tan sin riesgo. Os provoca- Os precipita- A paliar- A esconder- La hermosa. La peregrina- Estrella, que sigo amante? Venus, que de mí me priva? Vos, pues, guardáis subelleza. Vos, pues, de su gallardía me prometisteis ser Argos. Hay confusión más crecida? eso cómo puede ser? si yo de su esclarecida hermosura, os hice guarda. con intento de adquirirla otra vez, volviendo amante de su amor a la conquista. Yo fui quien os la dejó. Pesia a la paciencia mía, queréis quitarme el juicio? volvedme su luzi divina. no me la neguéis (Don Diego) Si dais en esa corfía me haréis hacer desatinos. De que eso digáis me admira. Vos, me ocultáis su belleza. Vos, la tenéis escondida. Vos, me la habéis de entregar. Ya eso pasa a demasía. Pues así sabré cobrarla. Vuestra arrogante osadía en este luciente acero presto se verá rendida. Mi enojo os hará pedazos. También aquí se acuchillan. yo no he de tener pendencias, que hartas tengo con Lucia. Gente viene. Pues seguidme, si pretendéis que no impida el mataros. De mi enojo seréis sangrienta ruina. Por Dios que solo de verme mas huyen la calle arriba que liebres, bravo valor se me a infundido en las tripas. El corazón me revienta, las piernas se me reilan, las espaldas se me agobían, y todo yo arrojo chispas. Que no fuera mi Tizona Colada en los que publican en el vibar como liebres que aún el de Vibar me envidia. Deuna doncella de acero huyen, hay tal picardía? que no le hayan hecho sangre si quiera por verla entinta. No topara diez o doce que con violencia crecida, al tirarme uñas abajo cayeran patas arriba. Y yo fuerte cual vinagre, relámpago de las chinas, trastornándome a una banda aún más falso que una liga: Derribándome de cara arrempujado de vista, abultado de narices, Qué pretendiera La huida. aquel amigo traidor negarme su alevosía? con la gente lo he perdido. o cobarde se retira, temiendo de mi rigor la cólera vengativa: mas quién es? No es si no menos de lo que uced imagina. Este es mi aleve criado. . Señores, aquí me pringa. Veré, mudando la voz, . si lo que sospecho afirma; Don Juan soy; qué te acobarda? Hablara para otro día por que ya me iba enfadando de tanta bachilleria. Hurtado de la pendencia, donde mi fuerza tarquina con la que traigo en los tiros acertó sus punterías; llegándose a mí Don Diego, de dos Damas que traía. juzgándome Don Melchor, me hizo guarda, mientras iba a reconocerte el juego por meterte la espadilla. Y apenas quedé con ellas, cuando a priesa determinan ausentarse de mis ojos revolviendo aquella esquina. Seguilas, Señor, y es cierto que son Leonor, y Lucia, por que entrando en una casa las brujulce por la pinta. Honor, desengaños míos, . en lo que ois se examina que no conoció Don Diego a mi hermana; pues afirma lo que este aleve confiesa, que por otra la debía de tener, que yo engañado. entregué (según confirman mis indicios) a Don Juan la Sirena que atractiva quitando me (ay Dios) el Alma ignora que me la quita. Si a este la muerte le doy no vengo la ofensa mía. Diga ahora donde está la que me injuria atrevida; que después castigaré traiciones tan conocidas. (Tropezón) guíame a donde . la dejaste. Con tal Guía, a la Primera que amaste como te quiere te envidas. Me importa verla en extremo, para que llena de heridas. . quede en su sangre anegada y mi ofensa sumergida. Vamos; Dios nos saque en paz de Leonores, y Lucias. Mas cómo podrá? si son mujeres la guerra misma. No dudes de entrar (ingrata) donde con más tirama puedas (admirando el ver que no soy quien presumías) resistirte a mi esperanza, de rigores prevenida. Don Juan soy, que te suspende? no Don Diego, que te admira? Yo con este justo engaño te traigo, donde aún que fingas no has de poder a mis celos negar tus alevosías. Si no preciabas mi amor, si engañarme pretendías dando indicios de amorosa con muestras de agradecida; No fuera mejor entonces menos blanda, y más remisa desobligarte de amante que acreditarte de fina. Si amabas a Don Melchor, si por él no me querías, quitarasme de una ves y no de tantas la vida. En los términos de ingrata aún que mata más aprisa un des engaño, es más fácil que una terneza fingida. Si en fin matarme intentaba con desahogos de esquiva, tan mudable como bella, tan bella como querida; Por qué tierna me escuchabas? por que mi amor admitías? por que me dabas favores quitándome. no prosigas; que me matan tus palabras aún más que las penas mías. sin ver que cuando sin culpa estoy de lo que imaginas, se considera en mí, agravio, lo que en ti, traición se afirma. Si acusándome (que rabia) de fácil (furias me inspira) anticipado a la queja con engaños solicitas. que siendo la culpa tuya venga a ser la pena mía; me obligarás a que airada. (por desvanecer mentiras) lo que no intenté celosa procure obrar ofendida. Ya conozco tus ficciones, ya no amorosa, advertida. veo con cuantas cautelas. conseguiste mis caricias; disfrazando, tus traiciones. con los extraños enigmas que se dan más a entender cuando menos los explicas. Tan falso, tan lisonjero que indignada, que sentida de tu engaño, de mis celos, solicito. No lo digas, que si tu voz es mi muerte y articularla porfías, cuando no por escuchada, me matará por temida; tan activamente extraña, tan violentamente activa, que el temor de padecerla me excusa el horror de oirla. El juzgar que la mereces a recelarla te obliga. Tu rigor me hace temerla por saber que he de sentirla. Tu engaño está descubierto y mi lealtad conocida. Pues, dime, podrás negar que con Don Melchor venías? Y tú, podrás desmentir la certeza de que estimas a Leonor, y a mí me engañas? Sí, por que el Alma rendida, en las aras de Cupido a tu luz se sacrifica. Sacrificios ay que ha veces por su mucha idolatria, aún el mismo Amor no acepta. Los míos es bien que admita, por que en tu Sol abrasado muero a manos de mi vida. Qué importa? si luego Fénix en otro amor resucitas. Vive el Cielo, que te adoro. Vive el Cielo, que es mentira. Señora, no hagas de hiel un amor que es todo almibar. Celia mía, pues, conoces mi tormento, dila, dila que me mata; por mi vuelve. Que esta humildad no te rinda? Ay Celia, que es engañosa. Ay Doña Ines, no me afligas. Eso es ficción. Por ti muero. No te creo. Tú me hechizas. Que no se te haga la boca un agua con tal caricia? Es en vano persuadirma, que soy nieve a sus porfías. Qué importa? si junto al fuego es fuerza que te derritas. Basta matarme de hermosa no tantas veces de esquiva. Mira con que niño amor sufre que le des papilla. Ea mi bien. Quita (ingrato) Que mi amor no te lastima. Pues, tú, sabes qué es amor? No he de saberlo (enemiga) si en el rigor de tus ojos el pecho me martiriza? Qué cosa es amor? Escucha; si quieres, que te lo diga. Incendio es amor, que tiene perdida el Alma a quien ama; es una perpetua llama que en desvelos se mantiene. Cuando maltrata, entretiene, cuando entretiene, aprisiona aprisionando, blasona de aquel que rendido ve, y a quien le tiene más fe ni le mata, ni perdona. Atormenta el corazón con tan suaves enojos que abrasándome a tus ojos, no siento su indignación. Él siempre dorado arpón fulmina en tus claros Cielos, dándome tales desvelos que me causa más temor un rayo de tu rigor, que un indicio de mis celos. No sientes verme morir a manos de sus crueldades, mas si no hay pena en Deidades cómo tienes de sentir? Mátame sin advertir que en los celos que me das al paso que esquiva estás amo tus soles serenos, por que cuando espero menos entonces te quiero más. Ardo en un incendio activo, y sin Alma considero que cuanto más por ti muero tanto más en penas vivo; Y así, si tu pecho esquivo a mis martirios atiende, no se ofenda, si se ofende de deseos que porfían, que amor mientras más lo enfrían es fuego que más enciende. Ese amor aún que te oprima tan lisonjero es ahora que al paso que me enamora el corazón me lastima, Cuanto en ti más se sublima, tanto más violento en mí se acredita frenesí, abrasándome de celos. Si te adoran mis desvelos cómo puede ser? Así; Por Artífice astuto, si de pluma Decera exhalación, altivez loca Mientras más a su riesgo se coloca Menos teme que el fuego la consuma. el Sol se expone a la violencia suma Que en piélagos de rayos la sufoca, Y al de Tetis de modo la provoca Que haciendo herbir al Mar, quema su espuma. De tu Dédalo amor, Ycaro alzanza Gigante el mío, tan osados vuelos Que al Cielo de su logro se abalanza, Tan expuesto al ardor de los recelos Que sin alas cayendo su esperanza, De mis ojos al Mar, quema de celos. on este nuñal tonase. Sin ser de nadie sentidas hasta este cuartos mas (Cielos) no es Don Juan? A buen sagrado. acojido nos habemos. Hay más azares? que siempre he de tropezar en celos. Aquí entraron mas qué miro? Calla; o vive Dios que el pecho LORINIRO PIIIAOI Moriré también por yerro. Sí es lo que veo ilusión? Que no supiera antes de esto . La casa que tan de casa Vuelve lo de fuera a dentro, Firme, tu hermosura adoro. Quién lo afirma? Mi tormento. De cólera no respiro. De enojo respiro incendios. Que fuera si por mis cascos . se vinieran a hacer tiestos, No te creo. Oye, y verás si en amarte soy extremo; Cuando en abismos de tu amor me anego Dudo si muero, o si tu luz adoro, Que aún que abrasarme miro, siento, y lloro Falta de actividades en mi fuego. Abrasome, y me quejo del Dios ciego, Pues toda via si te quiero ignoro, Que aún que tantos incendios atesoro juzgo que es poco si abrasarme llego. Yo me quemo, y lo dudod esta suerte, No muy alegre estoy con adorarte, Si mi amor es pequeño, tú lo advierte. Pues si tanto mereces al mirarte, pienso que es poco amor para quererte Siendo infinito lo que llego amarte. No hay más que esperar aquí, que ya esmengua el sufrimiento. Esto sufro? vive amor. Don Juan, villano, Qué es esto Qué miro. Lance terrible. Con mil palos me contento. En grande peligro estamos. así tu sangre vertiendo mis injurias satisfago. Pedazos te haré primero. pegale, pues por su pie se ha venido al matadero. Cielos, quién vio tal desdicha? No hay defensa a mi denuedo. Yo te tengo de matar. Aquí se dan pan de perro. Así evito una desgracia. Que la luz falte a este tiempo. Muera quien mi amor ofende. Dios nos saquede este aprieto. Ah quien pudiera escurrirse. Tú, temes? No, pero tiemblo. No has de escapar de mi enojo. Temió Don Melchor mi esfuerzo; y yo al estruendo marcial me arrojo de este aposento; donde me veo perdido, y perdido no me veo. Dicha fue encontrar la puerta. Con la pena no sosiego. Busco en la salida a ciegas que a mi honor no se haga tuerto. La vida te he de quitar. Dónde estás? que no te encuentro. El que habla es Don Melchor, . romperé su aleve pecho. Muere traidor. Si me sigues, verás quien muere primero. Sangriento fin sabré darte. así he de lograr mi intento. . Cobarde, no te retires. Yo estoy en muy grande aprieto, yéndome por aquí abajo aún que caminar no puedo. Huyes? más quién está a quí? Ay de mi triste. Estoy ciego. Que visión. Ya le conozco. Las manos tiene de fuego. Es Doña Ines? Si Don Juan, (aquí importa el fingimiento) . Falsa, enemiga, tirana. Bien empieza, favor Cielos, ap Podrasme negar ahora que Don Melchor de tu afecto está gozando favores? Yo Don Juan no te lo niego. (Vive Dios) que de este modo . tengo de vengar mis celos. Mas en decirlo me abrasas. Sobe Amor que no te miento. Tente. No puedo tenerme por que me ha liciado el miedo. Qué de esto no te disculpes? Para qué? si considero que a Leonor dices ternezas. Que a ti te las digo es cierto. No se quién se engaña. Firme te adoro. Pluguiera al Cielo. Celía. Qué quieres? Saber. si bonito te parezco. Cómo? si estamos a escuras. Hay más qué quitar el techo? A Lucia ese donaire. En Lucia lucimiento no hallará, por que Lucia de más de tener a medio lado el chirlo de la cara; con los dientes en el suelo, la tez arrugada y negra, los ojos de nubes llenos, y la nariz como un puño; es tan pequeña de cuerpo que de ella no he de hablar más por que no puede ser menos. Hay tal pícaro? . El oído va tras esta voz a tie Aún no respiro de enojo. No puedo estar con sosiego, por no dejar a Don Juan, visto que el marcial estruendo ha cesado, vuelvo ansiosa con esta luz, que allá dentro. mas qué veo? Mas qué miro? Que trocaramos los frenos. Yo tantas faltas? (picaño) . Antes no faltas, pues creo que tú eres sobra de todos. Y yo (Tropezón) Lo mismo. Ase visto lance igual? Toda el Alma es un incendio. . El pecho se abrasa en iras. . con tan penosos tormentos que es menos mal el morir, a manos de mis desprecios. Ahl ingrato; y que riguroso con el rayo de los celos Faetonte a mi desengaño me provocas de tu afecto. Es posible (no es posible) que engañoso (no lo creo) de mi amor (mal te disculpo) ofendiste (bien lo siento) Cuanta acción, cuanta lealtad, a tus esperanzas dieron mayores seguridades en los peligros más ciertos? Y que a mis ojos se muestre el motivo, el instrumento del fuego, en que Salamandra mi corazón está ardiendo. Sin que a infausto Mauseolo no la éxale el Mongibelo que en vorazira me abrasa; Pero reviente el veneno por los ojos, por la boca, para que muera cual muero. Enemiga, Cirse fiera, . que con ficciones, y excesos del Elises de mi amor entretienes los deseos; Rémora, que de la nave de mi altivo pensamiento suspendiendo la esperanza, la expones de Scila al ceño; Bárbara, cruel, tirana, tormenta, Uracan soberbio, que zozobrando un placer cuando ya llegaba al puerto, insistes. Suspende el labio, o vive, o viven los Cielos, que con el ardor que exalo convierta tu vida en hielo. Tu conmigo? a mí te opones? sin considerar que tengo valor para no temerte, y para abrasarte fuego. Si anduvieran a la greña, me viniera el gusto a pelo. Tú a mí? Yo a ti. Tente, aguarda. Quita (aleve.) aparta (fiero.) Yo te adoro (Leonor mía,) Ines, Ines, por ti muero. Eres un desconocido . pues no precias mis afectos. Deven de valer (sin duda) muy poco, pues no los precio, Lo que debes no me pagas. Jamás pago lo que debo. No más engaños (traidor) (Aleve) no más requiebros. Esa indignación fingida a . es de muy celosos pechos. A quedarme de este ingrato breve amago, asomo lento de deseo (sin mí estoy) de memoria (mas me enciendo, con las manos (soy un Etna) con los ojos (oh mal fiero) te hiciera, te fuiminara, mas átomos que violentos al Cielo suben en humo hajan a la tierra en hielo. Ese modo de amenaza mas que de olvido es de celos. Pero no, pierde el temor, pues yo la esperanza pierdo que oscurece el desengaño con la luz del escarmiento. Tú eres el Norte que sigue con la fe, que el chiprio ciego asido de tu esperanza promete sacarle al puerto. Tú eres la gloria que ama, al ver tus ojos tan tierno que siendo de amor Harpías, a él le parecen Luceros. Tú eres la flor, que amoroso en el jardín de su afecto mereciendo con suspiros logra con merecimientos. Y en fin la dama eres tú que adora con más extremo, pues lo que con otras finge es contigo verdadero. Si luy su Norte, ya soy Euro contrario, que anego la nave de su esperanza en el Sirte de mis celos. Si fui su gloria, ya soy una impiedad, un infierno, por que a desaires tan locos haya desengaños cuerdos. Si fui su flor, ya de enojos tan Áspid me considero que donde la vida busca ha de encontrar el veneno. Y en fin si amante le quise, ya enojada le aborrezco, que una mujer agraviada toda es iras, toda es fuego. Vamos (Lucia) Señora. El Diablo lleva en el cuerpo. Seguirla tengo, oye, aguarda. Ve (tirano,) y plega al Cielo, que cuando a sus ojos llegues que llegues, que llegues muerto, que un rayo te despedace, que te consuma un veneno, que pases lo que yo paso, que sientas lo que yo siento. Mas qué digo? (ay corazón) plega a Dios que llegues bueno, que tus ternezas escuche, que agradezca tus festejos, que consigas su esperanza, que la goces sin recelos. Mas vive Dios, (enemigo) que si altivo o lisonjero, solicitas de mi enojo templar el ardor violento, que cuando no con suspiros, con rigores, con desprecios, para volverte en ceniza lo convierta en Mongibelo. Ven (Celia.) Escucha. Detente. Suelta (ingrato) Aparta (necio) En el pecho llevo un Etna. A Señora. Estamos buenos. Oh amor que me lleva el alma. Oh Celia no huyas el cuerpo. Suspende activo su paso, Detén el bulto ligero, Pues sabes que soy leal. Pues sabes como te quiero. Mas cuando no a mis suspiros Mas cuando nos a mis requiebros Ablandares su rigor, Centelleare tu gesto. Quítame luego la vida. Llévete el Demonio luego.
JORNADA TERCERA
Que no escuches a Don Juan ninguna satisfacción? Tengo bastante razón, Nunca le vi tan gaíán nui tierno, como ayer tarde. Eso me dio más temor por que el más fingido amor hace de más fino alarde. Ya el mío le juzga extraño, con que de celos perdida hallo que es fin de mi vida el principio de su engaño. Lo que sienten sus desvelos de tus remisos ardores que matándole de amores digas que mueres de celos. Sé que por Leonor me olvida. Yo sé que por ti la deja. Según me informa el indicio que excede a tu diligencia solo rigores le debo. Yo juraré que finezas. Cómo es posible (si cuando Leonor fugitiva intenta dar a mi amor más recelos, y a su hermano más ofensas) que Don Juan de esta enemiga con cuanto favor ostenta, ocultando la hermosura quiera desmentir sospechas? Tus celosas presunciones te engañan, si acaso piensas por que ella falta de casa, que Don Juan no falta de ella. Hoy (cuál me dijo) a tus ojos si no escuchas sus ternezas, resuelve perder la vida. Yo también estoy resuelta a no escucharle. Terrible es tu condición. Ay Celia, que recelo sus ficciones. Cómo? si te ama de verás. Plega a Dios que mis indicios sus disculpas no desmientan. Hallaranos ocupadas en la labor, No sosiega con lo que imagina el Alma. Apostaré que deseas ya su llegada. No, amiga, más verle tardar me pesa. No cantarás mientras viene algún tono, que entretenga ese desvelo? Me hallo. tan bien sintiendo mi pena, que se la niego a la voz por no divertirme en ella. Tú sola puedes cantar. Hoy a tu amor está abierta la casa. Con Celia está. Oye, que a cantar empieza, Amor dice que es locura quien no prueba su rigor, mas yo se a quien mata Amor por que diga que es cordura. Con la gloria de mirarla no sentido mi sentido me halla en ella tan perdido que en mí mismo no me halla. La dicha de contemplarla prodigio de la hermosura, a su vista me apresura, con tan amante violencia que el buscalla aún que es prudencia, amor dice que es locura. No es locura, cuando atento entre discursos de enojos con la lengua de los ojos pública su sentimiento. Tan activo, tan violento, que en lo interior y exterior inficionando su ardor, promulga al dar su veneno, que está de razón ajeno quien no prueba su rigor. uié . Rayo su flecha atractiva despedida con violencia, donde halla más resistencia hace impresión más activa. Al corazón que derriba en el incendio mayor lo hiere, con tal rigor que aún que es incierta la herida, yo no sé a quien da la vida, mas yo se a quien mata Amor. Qué pecho habrá que resista lo intrépido de su arpón? si atrabiesa el corazón entrándose por la vista. El fuego de su conquista le abrasa, con tal dulzura que si parece locura, embargando le atención se lo cuenta al corazón, por que diga que es cordura. Solo Don Juan el sentido dulcemente me arrabata. Solo Doña Ines me mata por la vista y el oído. Cuando más que yo querido Cuando al ver lo que me apura Amor dice que es locura quien no prueba su rigor; mas yo se a quien mata amor por que diga que es cordura. Desasosiego insufrible. Es posible que no venga Don Juan? Oh dulce palabra! No salgas tan presto, deja que mientras menos ve el fuego, mas su deseo la encienda. Quiéres que vuelva a cantar? Quiero que a escucharme vuelvas lo que armónico otra vez te manifestó mi pena. No dijiste que te estaba bien el callarla? Ya (Celía) se considera tan grande que a desahogar su violencia como no cabe en mi pecho por la voz salir intenta. Ah si Don Juan te escuchara. Ah si Doña Ines te viera. Conociera que me mata. No dudara que me quema. Mas diga su pena el Alma. Mas mí se la escuche atenta, Diera gloria y suspensión vuestra vista a mis enojos, si os pudieran ver mis ojos a hurto del corazón. Con que luz, con que dulzura, lo que mata lisonjea. Don Juan parece que tarda. Yo me estoy muriendo (Celia) Al Sol su beldad compite. Y al Cisne si se muriera. Ay Doña Ines. Di, de Luna, pues de hermosura está llena. Es Luna, en todo constante. Gracias a Dios que no mengua. Direle como la adoro glosando su dulce letra. a vino Don Juan (Senora) Venga muy en hora buena. Deesta vez queda mi amo . a la Luna de Valencia. h . Bien con ser Luna conforma vuestra beldad soberana, si en Sirena se trasforma, mujer en divina forma, Ángel en figura humana. Si el ser de la causa ordena su efecto, fuera razón que quien por mujer da pena siendo Ángel, y Sirena, Si Ángel, Sirena, y mujer, producen igual victoria, al dulce triforme ser riuda el Alma su querer, entendimiento, y memoria. Y si entre el ardiente asedio que le influyen vuestros ojos, desdén no se pone en medio, pues dio causa, dé remedio Si enemiga oposición de mi humildad, no impugna tan alta contemplación, con este amante Endimión sed vos amorosa Luna. No tapéis la hermosa cara, apercibiéndome enojos, que cuando en vos no os hallara, dentro de mí, no os dudara La beldad que vista enciende, si al Alma se comunica, sus tres potencias suspende, que el corazón luego atiende donde la vista se aplica. Si sois de hermosura fuente sin amorosa pensión, vuestra beldad no consiente que os vea por accidente Cómo deseo creerte, ya no hay duda que me impida el tener vida mi vida en aquello que es mi muerte; El mucho gozo de verte me priva de mis enojos, con tan amantes antojos que en los mayores desvelos sufriera un siglo de celos por un mirar de tus ojos. Estoy en mí fe tan firme opuesta al mayor combate que no siento que me mate con la gloria de morirme. Lo que más llega a rendirme es la pensión que recibo del Amor, que siempre activo ostenta ser verdadero, ignorando como muero por no saber como vivo. Es tanto lo que te adoro que si explicarlo pudiera fuera muy corta su esfera, pues su actividad ignoro. Si sus llamas atesoro, su explicación no se dar, basta para ponderar lo que te llego a querer, que lo sepa conocer, y no lo pueda explicar. Tú estás en mí tan querida, que si por dichosa suerte pudiera yo con mi muerte, hacer eterna tu vida, Yo de mi propio homicida fuera, y si a nacer volviera, y alcanzarte no pudiera si amatarme no tornara, por que tu amor me premiara una y mil veces muriera. Óyeme (Celia) un soneto. De quién? Mío. Tu poeta? de cuándo acá? No me falta mas que solo tirar piedras. Con atención he de oirlo, para darte la respuesta. Estrenada beldad, Nimfa común, que siempre hecha al favor, nunca al desdén, por que tu mala faz parezca bien la enjalbiegas no se con que betún. Esponja del licor de Sahagún, marca de marcas, tentación de quien te dice, toma, y a mis brazos ven, echaremos dos higas al Runtún. Si ya el que pan te gana es el galán que suele escudriñarte el faldellín, dame (y volveré a ser tu ganapan) Aquella flor que tiene tu jardín; pero no me des palo en tal afán, por que con él seré tu Palanquín. Si conmigo mostrándose feroz trata de no tratar bien esta faz, sepa que soy devota de la Paz y que no he menester un toma atroz. No el oído me atruene con la voz de que en mí ha de moler al Dios rapaz, que le mostraré dientes, más mordaz, y le daré de mano, si da coz. Mas si quiere que amante le haga el buz, y que le diga en vez de zape, miz, hágame de oro le llamaré mi luz, Y arraigada a su amor le haré feliz, que así al que liberal me da orosuz afirmo que le quiero de raiz. En sin vas a la Ribera esta tarde Si (mi bien.) allá puedes esperarme. Sin Alma te esperaré por que la dejo en tus ojos. Ay Don Juan. Ay Doña Ines. Podré amarte sin recelo? Verte sin temor podré? Nunca te sabré olvidar. Siempre constante he de ser. Quiera amor que no te mudes. Plega a Dios que firme estés. Adiós chula. Adiós bufón. Bufón? Bufete seré, pero tú serás carpeta. Ay que mano de almirés. Ay que Primera de mano. Ay que correo de apie. Ay que estropajo. Ay que criba. Ay que seco palafren. Ay que entremes de frialdades. Ay que mil años sin mes. De ofensas rigurosas acosado. mientras con menos vida más airado, de celos combatido siempre olvidado nunca arrepentido, mi honor todo es rigores sin venganza, todo incendio mi amor sin esperanza. Satisfice a Don Diego, que pretendió matarme, cuando ciego juzgándele Don Juan como le sigo mi desengaño fuera su castigo, si advertido al examen de su enojo no hiciera suspensión lo que fue arrojo. Callele mis injurias, y mis celos, lloro a la Tierra, quejome a los Cielos, a la venganza apelo vigilante, noble ofendido, cuan celoso amante, y soy tan infeliz en to que intento que por verme indignado y no sangrieto de cuantas iras su traición me influye huye mi hermana, y mi criado huye. Ay de mí! Pero qué miro? al parecer en la hierba de esa población de Mayo un coche cayó, y espera favor una dama en él. Quiero irá socorrerla. Infeliz yo! mi Señora debajo del coche queda. quiero avisar a Don Juan, que le dejé de aquí cerca hablando no sé con quien. Ay lástima comó esta? muerto me tiene el pesar. Señora (oh desdicha adversa!) Mi bien, (ay Dios) que el desmayo con tal rigor la enajena de sentidos, que del alma la respiración le niega. El cristal de aquella fuente me valga, para que vuelvan a flecharme sus Luceros nuevos rayos, luces nuevas. Dime; (Celia) donde, donde está mi Aurora? mi estrella? a dónde mi Sol dejaste? Ven conmigo; y de tinieblas te sacaré, por que el coche como si Pavlina fuera sin respetar su hermosura está matando candelas. Oye, no es ella? Ella es. Y por señas. Qué? Qué es ella. Si aquí el dolor no me ahoga, no digan que matan penas. Hay encanto de mis ojos, que conjuración de estrellas eclipsaron esos Astros? robaron esos planetas? (Amigos) de aquí partamos con mi adolatrada prenda y en la casa más cercana. dejaremos su belleza. Juro a Dios que pesa tantó que ya el llevaría me pesa. Dicha fue hallar en la fuente quién me dio esta copa. o! bella deidad, vuelve del eclipse que me ha dejado en tinieblas. Mas cielos! (turbado estoy) entre esas matas espesas su hermosura no quedó? cómo, cómo no está en ellas? quién de aquí la llevaría? quién de mis ojos la ausenta? ay objeto de mis ansias, hay Norte de mis potencias, dónde tus luces retiras? dónde el corazón me llevas? Responde, dando a mi amor permisión de que te vea, si puede ser, por que un Ángel no de todos ver se deja. Vidrio, pues no mereciste tocar su boca de perlas, entre esas flores quebrado. vierte las que de agua encierras, por que con propias heridas los males ajenos sientan. Atlante de todo un cielo mereció ser mi firmeza llevando en peso (ay de mí) mis glorias en su belleza. Mas cuando más amoroso Clicie de su vista era dejándola en esas flores di con mis glorias en tierra. Pero siempre un desdichado cuando con el bien se ostenta no le llega a conocer hasta que a perderle llega, Don Melchor. Don Diego amigo. Señales dáis de tristeza. que lo que el pecho padece el rostro lo manifiesta. La ocasión de mi tormento, el motivo de mi pena, es un rigor aparente en una dudosa ofensa. Aquella Sirena ingrata por quien reñimos, aquella que con la voz enamora matando con la belleza; en este instante asustada de ver que un coche en la arena cayó, oprimiendo su aliento: de un desmayo a la violencia rendida, (al paso que puso admiración a la selva de oir que el coche quebrará, llevando tanta riqueza) muerto al coral en su boca, la vida en su voz suspensa, turbado al Sol en sus ojos, mustio al Abril en su esfera, mostraba; mas tan hermosa me tenía el alma presa que la creyera divina si no la llorara muerta. Turbado la cojo en brazos, por que aún que pálida y hierta la vi, de modo me hería arrojándome saetas que en los suspiros del alma la dije con muda lengua mucho para nieve abrasas, y para Sol mucho hielas, Cuando al mirar en su rostro marchita a la primavera, previne a las flores agua llorando lágrimas tiernas. Y con ansioso cuidado visto que esto no aprovecha dejando en la tierra al Cielo pedí a esa fuente clemencia. Quedó a las flores, y de una sierpe de plata, que en ellas de cansada u de corrida se arrastra sudando perlas; previne el remedio, cuando (aquí el alma desalienta) ansioso vuelvo, y la suerte su hermosa vista me niega. Discurro el sitio, y no la hallo, doy voces, esparzo quejas, lloro agravios, riesgos temo, siento olvidos, forjo penas. Y en fin no hallando a mi dueño dudoso el discurso alienta en su busca, mas que mucho qué dude? quién busca aciegas. Esto (amigo) me ha pasado, esto me aflije, y altera, sin consuelo que me anime, en el mal, en la tristeza que no procuro aliviar por no padecer más penas. Dudoso a lo que le escucho, . confuso a lo que me cuenta no me resuelvo a su alivio; por no morirme a su queja. Aa tres días que a su hermana encontré, y ha de fenderla me obligué cerca de aquí, donde oculta no recela esrigor que la amenaza. Y aquí de mi ingrata bella divulgando la desgracia en vivos celos me quema. Mas disimular importa. De suerte al pecho me llega a Don . esa pena, que no sé quien más sin vida la ostenta, vos, remiso en no dejarla, yo, confuso en conocerla. Vamos, vamos en su busca, que si algún traidor la lleva, veréis a Marte en mi acero desatado de su Esfera. Pues ya que vos tan bizarro favorecéis la impaciencia de mi impulso vengativo. Mas quién toca esta vihuela? No sé. (Leonor es, que oculta . tal vez divertirse intenta cantando; mucho recelo que ahora su hermano la vea.) esta voz (si no me engaño) . es de mi hermana, (que afrenta) Mas honor disimulemos por que Don Diego no sepa mis injurias. Qué haré (Cielos) . para que no llegue a verla? Aquí me es fuerza dejarle, . y dando a la calle vuelta volver a satisfacerme; entrando donde ver pueda si es la fiera que me ofende. Adiós, que una diligencia. (a .) me importa hacer. () Él os guarde. No sé que el pecho recela. En gran peligro la advierto, mas yo sabre defendería: por que debo a su hermosura estimación tan modesta que a no estar de Ines captivo, del alma dueño la hiciera. De suerte estoy congojada sintiendo mi esquiva suerte que ni el cantar me divierte ni la soledad me agrada. Ciego Dios, rapaz tirano, faretrado peregrino, que te haces más divino no siendo conmigo humano, De tu violento rigor con razón quejarme quiero, pues me alagas lisonjero para ofenderme traidor. Perdí con Don Juan el bien, y el albedrío perdí, y después que no le vi el Alma perdí también. Dar cabida a la esperanza es dar al cuidado fuerza, por donde a ofender se esfuerza de amor la esquiva mudanza. Nada puede aprovecharme, todo me causa dolor, y aquello que no es amor es dolor para acabarme. Oh rigurosa adición! mal que no espera remedio, que tu más seguro medio es morir en la pasión. Mas qué es esto? Aquí Señora. qué es lo que miro? Qué veo? Del Purgatorio salimos y venimos al infierno. Huyo mayor desvergüenza? Hay semejante suceso? Cielos en que Labirinto, ( .) en que encanto, en que Leteo de celos, volviendo en mí, en mí de pesar no vuelvo? Hallándome (que dolor) en la casa (qué tormento) de mi enemiga (qué angustia) por Don Juan gravio de celos) Ah! mudable, hal falso amante esto es darme alivios? esto es quererme? esto es amarme? No es si no quemarme el pecho, no es si no echarme a una Fiera no es si no darme veneno, no es si no quitarme el Alma, trayéndome a ver (oh Cielos!) el fuego, el rigor, la ira, que lloro, suspiro, y siento. Señor Don Juan, que delirio os ha dado atrevimiento a profanar esta casa perdiéndome así el respeto? No tantas burlas (Don Juan) basta las que me habéis hecho; idos de aquí, o vive Dios; que la cólera que tengo que a vuestra dama engañada, que a vuestro amor lisonjero, que a vuestro tercero infame. Tente mujer del infierno, que si más te precipitas temo que yendo al tercero, quebrantes, en este cuarto el quinto, pero no el sexto. Os haga tantos pedazos. Señora, tu hermano. Ay Cielos! Ya escampa, o quién se pudiera esconder ahora en un huevo, y fuera cosa muy propia. pues de gallina me precio. Es Don Diego, no te alteres; . que como a Don Juan encuentro aquí. Eres entendida. . Si mi amor valió algún tiempo . con vos, y os lástima (ay triste) mi peligro, spresto, presto idos, idos. tu (Lucia) por la puerta. Ya te entiendo. El obedecerte es justo. Lo que me pasa no creo. . Difunta voy. Dios loado, que salimos de este aprieto, Estoy de enojo perdida, esto es hombres y fuego Mas el canto en el encanto de la afición que Don Diego me muestra, con voz suave me ofrece divertimiento. A una estrella el Alma adora, que al afecto que sublima por ser humana le estima, por ser divina le oñora. Leonora? Leonora soy. Si me quiere? Sí. Mas siento que si quiero no querer, no quiero saber si quiero. Avertida de su amor me resisto a los incendios, suerte haciéndome en la torre de la afición, que no debo al tirano que la rinde con baterías de celos. Viviendo estoy, y no vivo, muriendo estoy, y no muero, cuando más alivio aguardo más penalidad padezco. Don Juan, ingrato, engañoso, Cocodrilo lisonjero, Uracán de mis sentidos, Caribdis de mi sosiego; has visto en mi alguna vez culpa liviana, u defecto por donde corra mi amor. átomos de menosprecio? pues si no has visto, por que con términos tan groseros pagas mí se con desdenes? mis cariños con desprecios? mis firmezas con mudanzas? con olvidos mis afectos? tan cruel, tan riguroso, que en el campo de los celos armado de ingratitudes desconocido no atento, hiriéndome el corazón con una espada de fuego, en suplicio de congojas cortas de mi amor el cuello. Resuelta estoy (no es posible) a olvidar (notable yerro) al traidor (ay dueño mío) que me olvida (por el muero.) Mas para que me congojo? para que en llanto me anego? por que me entristezco más pensando que me arrepiento. Yo triste? de cuándo aca? yo llegar a tal extremo por un hombre tan ingrato? Ea amor, desocupemos el pecho, a fuera locuras, no más vanos pensamientos, muera el amor de Don Juan que tanto vivió en mi pecho. Pero qué dices? mujer, deliras? vuelve en tu acuerdo, si es tu vida, si es tu alma, si es de tus glorias el centro, como con tantos delirios, como con tantos excesos te solicitas la muerte? Amor, Amor, ya pretendo seguir tus pasos, aguarda, no me mates, el violento arpón de plomo reprime. Mas cielos, decidme cielos, si ya con ojos de Lince mis desengaños penetro como he de seguir a un Dios, que intenta guiarme ciego. Sin mí estoy. Qué traes? (Lucia) Ay Señora! mortal vengo. En más turbación me pones, que ha sucedido? di presto, que mientras te tardas más sosegar me dejas menos. Con los cuatro al jardín que me mandaste fui, con tal turbación y tal espanto que de una fuente di conmigo al traste en cuanta risa le causó mi llanto Sentida de que el agua me contraste, excediendo mi pena a mi quebranto, provoco al hielo a que me moje aprisa ahogada en mi pesar más que en su risa. Salí de los diaphanos cristales, tan aflijida cuanto de agua llena, y los cuatro que al ver desgracias tales de gozo se banaban en la arena, los pésames me dieron de mis males, llenos de rigocijo, y yo de pena, que cuando pasa cosa como esta lo que en uno es desdicha, en otro es fiesta. Abro en fin el postigo, y advertida reparo que tu hermano le miraba, que acaso con cautela prevenida poco distante, y encubierto estaba: Con que del susto al riesgo persuadida volví a cerrar, y mi temor no acaba, pues presumo, (vencida del cuidado) que lo que me pasó no me ha pasado. Dime (ay Cielos) reparaste si te vio mi hermano? No: que apenas de verme a mí me dio lugar el temor. Dónde a los cuatro dejaste? (muriendo de pena estoy) A Celia con Doña Ines en tu cuarto, y a los dos en otro apartado. En eso me has dado placer, yo voy a ver por la celosía si es cierta tu información; para que yo prevenida me homita de su rigor. Dejé a Don Juan en su cuarto, por buscar en el de Amor desahogo, pero aquí Lucia está. Tropezón, dónde vas? A tropezar contigo, por que no doy paso, donde no presuma que caigo en la tentación. De humor vienes, De humor vengo, pero de muy mal humor, solo a decirte (Lucia) que consideres que estoy ahogado. Más ahogada estuve en el agua yo. Linda ocasión era esta para hablarte de mi amor, que como estás remojada tendrás tierna la afición. Deja ahora esas locuras. Pues cuando podré mejor hablarte en ello? su puesto que el argumento mayor es echar el pecho al agua en cualquier resolución. Pues sabe que aún que yo eché el mío, soy la que soy, y aún que mojada, he quedado muy seca de condición. Tan valiente, y arrojada anduviste, que por Dios que se la puedes tender a la de mejor valor; pero el caer de celebro es lo que celebro yo. Mira, Tropezón, que aquí para donaires no estoy, y recelo que a esta cuadra entre ahora mi Señor, si acaso os vio, y podrá ser que otra caida peor tenga yo que celebrar, pues si te halla su furor no dudo que medirás la tierra desde un balcón. Qué dices? mujer del Diablo. Lo que digo; y yo me voy que acompañar una fea a un hombre, cuando el temor le avisa de algún peligro, es hacérsele mayor, pues no hay indicio en la muerte como ver una visión. . Oyes? aguarda, detente, ella se fue, y me dejó con el miedo que Dios sabe. o! mal haya la afición, que en tales peligros pone a los hombres como yo. Si Don Melchor entra ahora y me dice, que hacéis vos aquí pícaro vergante? qué he de responder? por Dios que es dificultoso el caso, a más de diez se lo doy. Pero la mejor respuesta es el quitar la ocasión. o siyo. Quién está aquí? La puta que me parió. No responde? mas qué miro? es Tropezón? Tropezón es, que ha caido en la cuenta. Pues qué haces aquí? El temor me dio una purga, y la estaba destilando para vos. A dar venía a mi ama cierto recado, que hoy me mandó que la trajese. (así he de escapar.) . Mayor . es mi confusión, sin duda que le envió Don Melenor llevado de algún indicio de que ampara mi afición a su hermana en esta casa. Según lo Judas que soy de su enojo me hace Malco. El desumbrarle es mejor? . quien te dijo que entró aquí, . sabiendo que vivo yo en esta casa? Imagino que la errado a lo Doctor, perdona (Señor) lo que merece Qué? Tu perdón. Vete con Dios, y otra vez ten diferente atención. Yo andaré más advertido (lindamente la tragó) . De semejante suceso. quiero avisar a Leonor, este es su cuarto, yo entro. Mas qué miro? Es ilusión? Tirano Amor, esto más? Doña Ines es, vive Dios. Pasando por esta calle reparé con atención en un postigo que abrían. mas qué es lo que miro? Am Atropellando recelos alivios buscando voy. Mas qué veo? Amor injusto! Sirena que con la voz lisonjeando el oído echizas el corazón, quién te ha traido a esta casa? cuando de mi amante ardor huyes por que te idolatro: Qué escucho? Rabiando estoy. Si aquí le digo a Don Diego . la verdad, pongo en peor estado mis esperanzas, y de Don Juan (pena atroz!) la vida ariesgo. Qué dices: Notable es mi confusión, Ya me dice tu semblante en su robado color que aquí no estás por mi causa. Bien se lo que hoy te pasó, pues Don Melchor en sus brazos. te dio en el riesgo favor, y te dejó en el desmayo, sin atender al dolor menos sino que debiera a tan justa obligación; aún que ignoro lo de más. Qué esto escucho? y que la voz no le suspende mi acero Ya so amigo, esta traición, uue tenaas cacabena i. ̱dado Muerta me tiue el temor Si encuentra a Don Juan mi ermane perdidos somos los dos. Mas quien está aquí! Qué miro to es la que ofende eel honor muere traidora Ay de mí No morirá, mientras yo tengo vida Deteneos, Hay más desdichas Difunta me tiene la turbación A los dos sabré para pues que me gr Que se matan Entra aprisa Me pesa mucho el temor Tened amigo el acero, y no presumáis que yo voy contra vueltro decoro, pues por que veays que soy leal, a Leonor os pido, a quien mi amante afición sacrificó el albedrío ocultándola de vos, que huyendo sin tener culpa vuestra injusta indignacion la amparé dentro en mi casa Dadle la mano, pues no hay otro remedio aquí y muera quien a los doragrabio Hay penas mayores Pues avuestro lado estoy Hoy moriréis a mis manos Tened, tened el furor pues lún lde ta losupio una mujer con amor que no es de pechos hidalgos el tomar satisfacción, cuando no son las ofensas que tocan en el honor Permitid me de la mano Don Juan, a quien entrego mi afición la libertad Y si merezco algo yo de mi parte os lo suplico (a pesar de mi dolor) él fue quien aquí la trajo Digo que es mucha razón y que mi agravio perdono Y yo el para bien le doy No esperó menos mi afecto de vuestro noble valor esta es mi mano Y la mía, apradecendo el favor, con que logro mi esperanza Para mejor ocasión nos guardamos, por que no hay bodas sin un Tropezón Ya salimos de este encanto Y del canto, cuya voz podrá volar si os agrada con la pluma del Autor.
