Texto digital

Texto digital de Callar hasta la ocasión

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Hurtado y Cisneros
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Callar hasta la ocasión. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/callar-hasta-la-ocasion.

Logo BICUVE

CALLAR HASTA LA OCASIÓN

JORNADA PRIMERA

Socorredme cielo santo! Ya apesar del movimiento de este abismo de cristal, seguro del riesgo os veo; ya la tierra nos recibe, feliz, y deseado puerto. De tan noble patrocinio, no esperé menor suceso; dejad que segundos lazos, en vez de agradecimiento, se repitan por lisonjas, los que empezaron por riesgo: vuestra es mi vida. Excusad cortesanos cumplimientos, que en mi piedad, el peligro en que os vi tan manifiesto me obligó preciso el daño a procurarle el remedio. Sabéis quien soy? No lo sé, ni quiero ahora saberlo: porque si cortés me nombro, y lo he sabido primero de vos, quedaré obligado a deciros quien soy luego; y no pudiendo, es forzoso que me tengalas por grosero, juzgando el recato mío por desaire, o por desprecio; y no es bien que me pongáis en pago de mi buen celo, en ocasión que atropelle por respetos, el respeto que a vos os debo, y a mí; y así, pues me veis resuelto, dejad de ser cortesano por no hacerme a mi grosero. Con esa misma razón también convenceros puedo, pues queréis hacerme ingrato por reusar galante el premio de una acción tan generosa; y no es justo, ni lo apruebo, comprar vuestra bizarría de mi cortedad en precio; pues lo que os movió a piedad, me obliga a agradecimiento. Cuando a mi vida le importa mas que vivir el secreto, mayor fineza es callar, y más agradecimiento obedecer un error, que replicar un acierto. Pues advertid cuerdamente el arbitrio que tendremos, para que quedéis pagado, y yo me parta contento; porque si a vos os obliga a ocultaros un respeto, y violarle no queréis, porfinezas, ni por ruegos; a mí también me persuade el pundonor que profeso, a no dejar de pájaros luego lo mucho que os debo; que si pública ha de ser mi obligación, pues es cierto, que yo no la he de callar, podrá mormurar discreto quien oyeré mi fortuna, y no mi agradecimiento. Aquí me importa la vida . tener quien soy encubierto: vos decís que me debéis la vida? Yo lo confieso. Mucho aventuré en libraros. Por grande hazaña la tengo. L. Cualquier cosa haréis por mí. no haré mucho, pues soy vuestro Satisfacerme queréis? Eso es lo que más deseo. Y en efeto haréis por mí, lo que yo por vos he hecho? Quien lo duda, si soy noble? Yo lo dudo, y así quiero examinar esa fe en el crisol de mis ruegos. Mi vida está en nodeciros quien soy, ahora os empeño la palabra como a noble, pues naufragante me veo en golfos más peligiosos del mar de mis males fieros; excusadme este peligro en satisfacción del vuestio, como noble, pues decís aquí que os obliga el serlo: demás, de que si corrés procuráis premiar mi afecto, queriendo saber quien soy, antes me ofendéis en ello, supuesto que me está mal; y así imaginad discreto, aunque es tan grande la deuda, y tan corto el desempeño, que me tenéis más pagado, pues que quedo más contento. Sin juicio estoy! quién ha visto tan peregrino suceso? más cese el discurso, cuando viene a ser el mejor medio decirle quien soy callando, con industria, y con ingenio. Ya que me habéis obligado con tan fuertes argumentos a que desista rendido la obieción de vuestro intento, por empezar a serviros toda mi razón os cedo; y así este anillo os informe, insignia, o trenes que os dejo enreede mi voluntad, que vos podéis en teniendo comodidad de buscarme, ir a la Corte a Palermo, adonde os dirá quien soy por esta seña Roberto, Conde de la Flor, mi amigo, conocido caballero, para que os sirváis entonces de mi casa, y mi deseo; de ella, como vuestra propia; y del, como esclavo vuestro: así os he dicho quien soy, sin empeñaros en ello, con que cumplo yo con migo, y vos quedáis satisfecho; pues queda a vuestra elección, el sacarme de este empeño. No será bien despreciar tan agradecido afecto; y así nuevamente ufano por el amigo que adquiero, mas que por la buena dicha de llegar a socorreros, me ofrezco a vuestro servicio, a quien sin falta prometo valerme de aquesta insignia cuando dé lugar el tiempo. Pues a Dios hasta que vais a cumplirlo. A Dios. . No quiero decir quien soy, pues cifrado en el anillo lo dejo. Menos importa perder el gusto, que no el soliego; pues para quien vive oculto no hay cosa como el secreto. De andarte buscando, traigo como una arina los huesos. Oh Vridón! Espera, aguarda; eres pescado abadejo, o trigo de regadio, o vino algún tabernero a bautizarte vestido, como a los demás encueros? Qué, has nadado? Deja ahora por tu vida de ser necio, que no estoy para locuras. Es acaso sacrilegio conocer que estás aguado? Ya estás cansado en estrem Será de andarte buscando con las nuevas de un suceso, que es en quien es hablador, la carga de mayor peso. Mas no me dirás que fue, que reviento por saberlo, causa de ponerte así? Escúchame, pues, atento. Discurriendo este monte libremente, cuando el Sol con calor menos ardiente, al Zefiro permite entre las flores albagos de sus cándidos amores; y las aves con música armonía, paran el viento apresurando el día; que Fenixdo su llama su belleza, muere en las sombras que otro día empieza. Entonces (qué ventura. de entre la amenidad de esta espesura, que incultamente teje de esmetalda, para ese monte, rústica guirnalda, que emulación del Sol al rayo puro, aunque es corona, se le opone muro, guardando abaramente en parda sombra, mátices, y dibujos de su alfombra, pues la ve el Sol con rayos tan suriles, que a su pintura sirven de pérsiles. Vi salir a Rosaura (quien ignora que su belleza repitió el Aurora en puros arreboles, siendo su rostro un cielo de dos Soles!) Dudé primero al bella, si era Palas gallarda, o si era ella: porque el orro, el valor, la bizarría con que un fuerte venablo corregía, me pudo hacer dudar, si imaginaba, que el rigor a su Imperio le sobraba, pues cualquiera (aunque fiero) prefitiera, supuesto que morir preciso era, al impulsó violento de su mano. el arpón de sus ojos, y no en vano, porque aquella era muerte por su suerte; y esta dicha adquirida por su muerte. Salí de aquesta duda, cuando atento examino a su curso el movimiento, cuyas plantas. Abriles de aquel prado, cuando su vista hermosa había formado laberinto de flores tan confuso, que ignoraba el camino (aún quien le puso) su ecríptica florida dibujaban; y aunque confusamente se miraban efectos de dos Mayos, mi cuidado, que dividió de entrambos el estiso, si uno fue el laberinto, el otro el hilo. De este milagro absorto, mudo, y viego, perdí de mis sentidos la acción luego: más fue industria de amor, porque en tal calma, como su vista me cogió sin alma, pues al ver ahotra vez, la había rendido a sus ojos, por no quedar corrido, si vien sola mi afecto no mostraba con nuevos sacrificios que la amaba; a la dicha de verla suspendidos, también se le rincición los sentidos porque celebre amor de aquesta palma, que tuve más que dar cuando di el alma. Rendido, pues, amante determino buscar algún camino para hablarla, y en ella acciones veo, que daban osadía a mi deseo; que aún mi dolor, porque mi fe se arguya, no se atrevió a quejar sin orden suya: porque es groseramente desdichado, quien prefiere al respeto a su cuidado. Llegué a hablarla: quién duda que la lengua el temor cobarde anuda, y el corazón, por vitimos despojos, quiere salir del pecho por los ojos a declarar mejor con su retiro, lo que quiere decir cada suspiro? Así confuso en accidentes tales, de mi amor verifica las señales; y dando alivio a mí modesta pena, su nombre dijo: mas mi suerte ordena, que en un caballo entonces, que del viento aprendió lo veloz del movimiento, un caballero se despeña al río, cuya violencia rompe el cristal frío, siguiendo de una fiera el curso de su intrepida carrera. Comparar lo violento de una Nabe, que en campos de cristal se finge Ave, cuando el Eolo, crujiendo entre las velas, los bramidos proija por espuelas. De un nebli la presteza, cuando ardiente el viento escaramuza, y diligente a latidos de pluma le desata, para ser de sus pielagos pirata. Al curso del caballo, y de la fiera, que irritados se mueven, vano fuera, que a movimientos de furor tan grave, inmóvil es el pajaro, y la nabe: porque les falta en suma, viento, velas, timón, ardor, y pluma. Mas habiendo Rosaura conocido, (si ! al que el caballo despeñar procura con nuevos accidentes de hermosura, a quien el susto, o la congoja mueve, en cristal, rosas, o rubies en nieve. Me pide (quién creyera que su piedad tan rigurosa fuera!) que si tengo valor, y me ha obligado que el peligro es examen del honrado, que excuse aquel, me ruega enternecida, porque importa (que pena!) aque la vida, mas que todo este Reino (qué tristeza!) que acabe el bien adonde el mal empieza! Temi cobarde discurriceloso, dudé infeliz, determiné brioso responder obediente, con arrojarme luego a la corriente; y aunque fuera el cristal ondas de fuego, estaba entonces de su luz tan ciego, que cualquiera peligro atropellara, y al fuego, como al agua me arrojara: porque el que trata de sermir galante, mientras más obediente, es más amante. Yo, pues, que discurria presuroso el raudal, con aliento generoso, y enamorado brío, saqué en mis hombros, a pesar del río, la causa de mi pena, y mi cuidado, a quien ya el caballo había dejado; que el bruto fugitivo, en urnas de cristal se enterró vivo, solicitando él propio (qué locura! por no morir, más presta sepultura. Dirás, como atrevido atropellé las leyes de escondido, dándome a conocer, pues es tan llano, que a quien yo di la vida correfano, cuando no agradecido, pretendiese saber quien soy, y yo se lo dijese; pues ninguno hasta ahora lo lla sabido, que aquello es ser cortés, y esto entendido. En fin negué quien era cauteloso; fuese cortés, premiome generoso, con darme aqueste anillo, cierta seña de muy grande sujeto, aunque pequeña. Hallé en la mayor dicha, mas desvelos; en la infancia de amor, gigantes celos; en mi pecho cobarde, fe valiente; en el hielo del agua, fuego ardiente; adonde mi valor, fue de mi vida lazo, cuchillo, estrago, y homicida; y examinando el monte, pardas nieblas cubrían su orizonte, pues con faltar Rosaura, murió el día; y esta es Vridon toda la historia mía. Por cierto muy linda alaja, para haberse un hombre puesto en peligro semejante: Pero sabes lo que veo? que está tu cuerpo llorando, y el otro se va riyendo; pero dejando esto a parte, oye ahora mi suceso. Si no te burlas, ya escucho. Pues va de segundo cuento. viniendo a buscarte ahora, que ya el dorado Criseo, esconde su medio rostro con la cumbre de estos cerros. De entre la redde unas ramas, que incultamente tejieron el Mayo con verdes hojas, y el Abril con troncos nuevos. Veo moverse dos bultos, yo entonces procuro atento examinar escondido de entrambos el movimiento: porque después que vivimos en este monte encubiertos, valiendo yo por ninguno, mi miedo vale por ciento; conozco que son Rosaura, y Flora; pierdo el recelo, y ignorante de tu historia, a hablarla en tu deseo llegu respondiome afablemente, y encrepúsculo un requiebro del acepto, y de la voz, dijo que te amaba. . . Cielos si esto escucho; y no estoy loce claro está que no soy cuerdo. Que eso te dijo Rosaura? sin juicio estoy de contento! Aves, celebrad mi dicha: más neciamente me alegro, y más cuando en mi fortuna, para desengaño veo, que cuando mi mal le digo, y mis penas le encarezco, por excusar el peligro, de quien estrano el sujeto, a mí que me tiene amor, me empeña en el mismo riesg Sin duda que los amantes, no os halláis sin tener celos, pues apenas queréis bien, cuando empezáis a tenerlos. Esto es temor de mi dich Cualquiera temor es necio, cuando persuade el amor de Rosaura. Pues qué habemos de hacer, cuando quiera verla? Ira su casa. Sospecho que has olvidado que di la muerte al Conde Vireno. Bien me acuerdo; mas que importa si puedes ir encubierto? Cómo, sin saber su casa? Con las señas que me dieron, aunque viniera de Flandes, pudiera acertarla un ciego. En fin ya sabes su casa? Como los diez Mandamientos. Ahora bien, yo determino dar treguas a mis desvelos con ira verla esta noche, pues el recato es tercero de cualquiera diligencia. Eso sí, que no es discreto a al que siendo venturoso le hace desdichado el miedo. Vamos, que si amor me incita áspid que disfraza el riesgo, como en la flor en los ojos de un soberano sujeto, disculpa tiene mi engaño; y así acaba mi recelo, examinando en la rosa, ya el aroma, ya el veneno. Ya que mi suceso extraño y atentos habéis oído, y solo le habéis creído por ser mío el desengaño; solo os mando, solo os ruego, ya que mi empeño sabéis, que su origen me busquéis para que tenga sosiego, que es placer ponco advertido, aún en tal caso el placer, si primero se ha de ver, que mostrarme agradecido. Bien confirmado se ve el valor de vuestra Alteza, pues dejó por su extrañeza prendas que abonen su fe: demás, de que no hay persona en la Corte, que no intente buscar hombre tan valiente; tanto esta hazaña le abona. No dudo que así consiga su deseo vuestra Alteza, pues a todos su tristeza a mayor desvelo obliga. Solo me puede alegrar, en tan esquivo rigor, ver satisfecho el valor de quien me supo obligar: porque conforme blasona mi afecto de agradecido, poco fuera haber partido con él mi Regia Corona; y en buena razón fundado, si en efecto Reyos dio más que un Reino mereció, pues valgo más que mi Estado: que es palma bien adquitida, si mi obligación se advierte, que quien me escuso la muerte, sea la mitad de mi vida. No ha menester argumentos el que servirte profesa, supuesto que es ley expresa en todos darte contentos: y así, pues sabes mi amor, pues conoces mi lealtad, pues ves mi fidelidad, que es a todos superior, ordena, manda a mi fe la empresa más imposible, que mientras más invencible, mejor mi amor lograré. Ahora bien, a este jardín me retiro, en cuya amena estancia de flores llena, a todas vence el jazmín: vos roberto iréis a ver a Rosaura. Qué porfía! Y diréis de parte mía. Resistese. Esto ha de ser: que si vos mismo decís, que imposibles venceréis por mi amor, menos hacéis en esto, y más me servís. El Rey porfía en su intento, y yo porfío en amarla: . siempre que he llegado a hablarla, desdeña tu pensamiento, y es cierro que me dirá que dejéis vuestra afición. Ya vos sabéis su intención, pues dais la respuesta ya. Esto es solo colegir lo que puede responder. Pues sin llegarlo a saber, porque lo habéis de decir? que no es la empresa mayor conquistar una mujer. Cuando da en aborrecer, no hay quien temple su rigor. Al vasallo no le toca saber si el mandato es ley, que a preceptos de su Rey, no ha de replicar su boca; y pues sabéis mi desvelo, no os canséis de porfiar; que quien ama, viene a hallar en la porfía consuelo. . El Reiran resueltamente su intento me ha declarado, y yo mi agravio he escuchado sin morir del accidente? a mí me empeña imprudente en que siga sus desvelos, y yo le he conseguido, cielos! si, que en penas tan mortales, no importa aumentar mis male si muero ya de mis celos: Yo de la dama que adoro, (de leal, injusta ley!) por obedecer al Rey, pierdo a su fama el decoro? Culpa ha sido, no lo ignoro, de mi lealtad, y se ve en esto, que poca fue mi afición, aunque se infama, pues niego la fe a mi dama, porguardar al Rey la fe. Mas que sirve discurrir, cuando en tan fuerte pesar, ni el mal me quiere acabar, ni del bien puedo vivir. Mas pues vivir, ni morir consigo, en tan triste calma, amor se lleve la palma; que es muy necia vanidad, porque triunfe la lealtad, dejar agraviada el alma. El Rey me ha ofendido, yo darle la muerte intenté cuando de Italia llegué, porque a mi sangre agravió. Dejelo entonces, mas no se aplaca mi enojo ciego por no ejecutarse luego antes su tardanza incierta, porque el dolor no se quita durando el desasosiego. Muora el Rey, que en caso ti viene a fermas grande error, ser con mi dama traidor, que con mi Rey desleal; que es piedad más principal habiendo de ser cruel con migo, serlo con él; pues nacie estasa fue comigo riguroso, por ser con otro fiel. Esto le importa a mi honor. Si te puedo aconsejar. No, que no quiero acertar Porcia con tan grande error; fuera, de que si el Rey es entendido, claro está que por mi honor cesará de visitarme cortés, es muy necia hipocresía, cuando es, tan grande el sujeto, dar con nombre de respeto disculpa a una groseria: tú le has tenido afición, que negarlo es necedad, pues lo sabe mi amistad, y lo mostró tu pasión. Ese rigor, y desdén con que a despreciarle llegas, es argumento, en que niegas, que al Rey has querido bien. Y esto para mí, es dudoso, porque tu pena he sabido, y es amor correspondido, de olvidar dificultoso. Esto así, que novedad pudo haber, que en un instante moviese tu pecho amante aextremo de tal crueldad? Ya Porcia que tu porfía está constante en mi agravio, y lo que es acuerdo sabio tiene por hiprocresía, sabe, que en mi presunción, no es proceder muy extraño, pagar con un desengaño deudas de grande afición: porque si en fin es locura que es desengañarle ahora de amor la mayor ventura; fuera, de que le estaba bien a mi honor, y en caso tal, es decoro principal, no extrañeza, ni desdén; que admitir un poderoso por bizarría, era dar al vulgo que murmurar, más que atento, malicioso; que aunque es verdad que le hablé, y por tu mano escrvi, juez el pundonor aquí condena a muerte esta fe: Y así Porcia, yo prosigo, sorda a su amoroso ruego; porque el Rey, aunque está ciego, no ha de casarse con migo. Para aquesto te he pedido que escribieses un papel, desengañándole en él; pues yo de ti me he valido otras veces, portemer que mi hermano, como ha sido de el Rey tan favorecido, acaso llegase a ver mi letra en tal ejercicio, y fundase en este indicio su reprensión importuna, que si de mi letra va el desengaño que espero, y de la tuya primero su amor engañado está, podrá juzgar advertido, como de mi letra extraño, que el desengaño, es engaño, y que el papel es fingido. Por lo que yo resistía desengañar al Rey, fue, porque siempre imaginé que tu ingenio lo fingia; y ahora, aunque tu amistad me a segura, estoy dudosa, porque es muy dificultosa suspender la voluntad. Mas si dices, que escribiendo un papel (fuerte pesar!) puedo el peligro excusar, que cobarde estás temiendo, yo le escribiré obediente, aunque vea que es error. Haz aquesto por mi amor, que él lo vale solamente Pues yo prima, no he dudado de tu feejamás; y así el empeñarme por ti, es logro de mi cuidado; fuera, de que este servicio es muy corto (amor cruel!) . hoy con aqueste papel los celos hagan su oficio: voy a obedecerte luego. Sabes lo que has de escribirle? No ignoro que he de advertirle, que a tu honor, y a tu sosiego importa que se reporte su pasión por tu opinión, porque es grande su afición para ocultarse en la Corte: y en fin, que no te vea. Así está bien; ve, que aquí te espero. Ya voy, ingrato amor fiero! . tantos males contra mí? yo adoro al Rey, y ya veo que el corto bien que tenía de verle, cuando venía, traído de su deseo, a ver a Rosaura, es ya muy imposible; porque quien el desengaño ve, cerca de olvidar está Obligarle yo a mi amor, allendosele, es locur- porque adora otra hermo sura y agraviará mi favor. Pues dejarle yo de amar, más locura viene a ser, que nadie tuvo poder quetiendo para olvidar. Pues morir de mi desvelo, callando mi pena fuerte, es necedad, cuando advierte la industria el mejor consuelo. Y así yo me determino a valerme del papel que he de escribir, pues con él abro a mi dicha el camino, Escribiendo cautelosa, que venga de noche a ver a Rosaura, aunque es hacer mi amistad muy alebosa. Que de noche disfrazada, con su nombre, y su vestido, podré verle: aquesta ha sido la elección más acertada. Y pues cerrado el papel, le he de dar con prevención, no sabiendo mi intención, no ha de reparar en él. Mas cuando permita el cielo desbaratarme la suerte, esta fineza en mi muerte me servirá de consuelo. Ya que Porcia fue a escribir de mi persuasión forzada al Rey, el intento mío, por lo que importa a mi fama hablemos en mi cuidado. Yo señora reparaba, cuando ocultas de tu prima el nuevo ardor que te abrasa, que es horror, porque viviene las dos con llaneza tanta, que abriste puerta a su cuarto por el tuyo, y que se pasa lo más de el día contigo de tu amistad obligada; y viendo su condición, que no hay cosa tan guardada, que pueda vivir segura en llegando a sospecharla; y muchas veces la informa tan necia su vigilancia, que el átomo más pequeño de indicio que ve, dilata a extremo de voluntad; porque en su opinión tirana la aprenensión de cualquiercaso, a hacerle infalible pasa. Viendo, pues, estos extremos, porque ocultas, porque callas a Porcia tu nuevo amor? Si es verdad que es tan ingrata . Pues acaba, la condición de mi prima; porque buscas otra causa, pues sabes que cuando el Rey haciendo finezas tantas por mi amor, a mi pesar, amante me visitaba? Ella entonces atrevida, resuelta, y enamorada, quiso divertir su amor; mas como no me pesaba, jamás se lo di a entender, o por no desesperarla. Esto ansí, quiero excusar que sepa mis nuevas ansias, pues también querrá a Dn Luis, según en todo es de varia. Mas dejando estos discursos, que no importan, y me causan, si vendrá Don Luis a verme? Sí, que sabe que le aguardas, porque anoche le avisé saliendo del jardín, Basta, que ya me alegra la dicha que espero. Dichosa pasma es rendir el amedrío a una beldad soberana; pero Rosaura está aquí. Y flora, tan desflorada como almendro por Octubre. Este es Don Luis, y ya el alma recela si viene Porcia: grande mal. No temas nada, que yo me pondré a la puerta de su cuarto. y avisa cuando viniere. Voy a ponerme de guarda. on Luis? señor? pues tan presto? No admires bella Rosaura volver tan presto a tus ojos, pues sabes que siempre tardan, aunque más el tiempo corra los deseos de quien ema. Ya mariposa encendida, de amante ardor, que la llama festeja, y para su estrago mueve animosa las aras; vengo, si bien más cobarde, porque el la muere de osada, y yo de te temor, que amor se muestra en lo que acobarda. Ya conozco vuestra fe; y así, pues mi amor os paga con lo que licitamente es cambio de afición tanta, no hallo que mis finezas veros nada; pues cuando vos me queréis, mi fe confiesa que os ama. En fin mi amor os obliga? Quién la ignora? Mi desgracia. Pues yo asegurarla puedo. Solo un recelo me falta. Recelo? . Sí. De mi amor? No os enojéis, que a quien . L. Que ha de ser fuerza esconder escrúpulos que imagina, son incendios que le abrasan: vuestra piedad me dio celos del Rey, advertid humana, que porque os quiero los tengo; . Ahora trae el papel si son vanos, tuve causa, y vos la culpa tenéis, supuesto que yo ignoraba, que era el Reya quien di vida; cuando fue mi dicha tanta, que el fuego de mi valor burló su riesgo en el agua. Vos me avisasteis después, vos, más que amante, y inhumana, me empeñasteis a un peligro, por excusar la desgracia del Rey: mirad advertida, si es la consecuencia clara. Aunque pudiera enojarme de presunción tan villana, no quiero, porque veáis; que os sé querer tan bizarra, que os sufro las sinrazones, por no auméntaros las ansias; y así solo aseguraros quiero; con finezas tantas, que ellas sean desengaño de la pasión que os engaña: hoy veréis cuanto os estimo. Señora, que Porcia. Aguarda, señor Don Luis, porqué importa asta dama, que no os yea aquelee- que aunque es mi prima, y amiga no me está bien: de esta cuadra os valed para ocúltaros. Ay desdicha más extraña! Pues qué importa que me vea? No porfiéis. Presto. (ama . Acaba. (me! No es muy poca la ventaja; pues sin vernos escondidos, acechamos cuanto pasa. sin duda; haré que se vaya con algún ardid, si acaso en dandomele se tarda; pero si leve Don Luis, y quiere leerle, que traza puede haber para estorbarlo? mas esto no importa nada, que cuando tanto porfíe que se le dé, si no halla. en él cosa que le ofenda, que temo? qué me acobarda? Ya prima escribí el papel! que mandaste, aunque forzada, por ver que es grande locura, si resuelta. Poco alcanza tu discurso, cuando culpa el acción más acertada: perdida soy, si mi prima . en estas materias traía! Quiero examinar ahora con industria, si me engaña . Rosaura, que puede ser, pues que mi afieción es tanta, que la haya echado de ver; y ahora con esta traza quiera saber mi intención; la sospecha es bien fundada, de esta suerte he de saberlo. . Aunque callar procuraba la sin razón con que ofendes el amistad más honrada, y aunque ya tus extrañezas de tal manera me agravian, que las siento como tuyas, y me enojas como extraña: quiero que entiendas de mí, que sé todo lo que pasa. Cielos! si ha visto a Don Luis, acábose mi esperanza. Si sé que admites al Rey. Calla Porcia, que me matas. Porqué pretendes que yo, falfamente asegurada, dé crédito a tus cautelas? bastan los recelos, bastan, que como amiga me quejo de que de mi te recatas: quiere al Rey sin pesadumbre, que a mí no me importa nada. Todo lo escucha Luis. . muerta estoy! A falsa! a ingrata! de esta suerte me aseguras? Mira Porcia que me agravias, cuando indignamente dudas verdad que miras tan clara. Luego quieres perivadirme a que es verdad lo que tratas? ya me enoja tu extrañeza; guarda esos modos Rosaura para quien no te conoce. Y aún por eso procuraba que yo me escondiese apriesa. Ay desdicha más extraña! . que esté perdiendo a Don Luis, y no me acaben mis ansias! basta Porcia el fingimiento, que si saber procurabas mi intención con este ardid, ya ella te desengaña: yo te perdonó el exceso, aunque me ha llegado al alma: porque confieses (ay triste!) que no te mueve otra causa. No está malo el fingimiento, bien tu delito disfrazas. Válgame el cielo! qué quepa tal traición en una dama que confiesa que me quiere! Como eso en el mundo pasa. Pues di, que indicio te informa, o qué evidencia tan clara, cuando ese papel me abona? Verte de mi recatada: más toma el papel ahora, y deja preguntas vanas del que se ve convencido cuando en la traición lo hallan; y a Dios, que no quiero verte. . Oye, a vierte, espera, aguarda: fuese, y déjome sin vida: que haré, en desventura tanta que Don Luis lo escuchó todo? pero este papel me valga. Puedo salir? Vamos presto, no te detengas, acaba: vamos, señor. Que según tus injurias me embarazan, apenas dejan lugar para que el aliento salga: que ufana estarás ahora, Sirena dulce que alagas? Dulce, y Sirena; la guerra se volvetá en paz de Francia. Que ufana estarás mirando la máquina derribada, que fabricó con tu engaño mi crédula confianza? mas de que sirven extremos; suelta este papel, ingrata. Advierte, que aunque te informan: muerta estoy! razones tantas contra el amor que me debes, que todas juntas son vanas; que hay sucesos tan extraños, cuando la suerte es contraria, que suceden por precisos, y como próbidos causan duda a quien los determina, confusión a quien los pasa; pues la que ha sido fineza, la más nueva, y la más rara, para que se logre en mí, aún ser fineza no basta: mas si el papel te ocasiona él volverá por mi fama: leele, pues, y cesen tus dudas. Yo le leere, más repara si en el aumentas mis males, o mis celos desengañas. Le, y verás el desengaño; ya me ofende lo que tardas: por lo menos verá aquí . lo que mi aficiónle ama, pues al Rey, aunque me obliga, no le admito por su causa. Ya leo, aunque temeroso. Hoy mis pesares se acaban. . El mirar por su opinón, no es desdén en una dama que os confiesa voluntad: esto es matarme Rosaura, o satisfacer mis celos? Cómo dice? Estoy sin alma! que Porcia; pero lee más. Para matarme no basta? Ya se enmienda. . Y así os ruego, que mirando por mi fama, pues podéis verme de noche por el jardín: a tirana! querrás ahora decir que mis sospechas son falsas? Claro esta, y tendrá la culpa quien se parare a escucharla. Sin juicio estoy! si digo que es cautela. No faltaba, sino que quieras decir, cuando ves averiguada tu ingratitud, que es engaño de tu prima? no, Rosaura, que es duplicar el delito proponer disculpas falsas: más neciamente te culpo, pues dijiste que esperara para ver mi desengaño; bien cumpliste tu palabra, mal haya el discurso mío! mal haya mi fe! mal haya mi presunción! pues en ella alimenté mi esperanza; no me lo avisan las flores cuando empiezan, y se acaban, escarmiento por la tarde, lisonja por la mañana. Apenas el Nereo goza blanda quitud de tu plata, cuando el Boreas impaciente su seguridad asalta; que ventura no fue sombra? que dicha no fue soñada? que gusto no fue inconstante? y que mujer no fue varia? Pues si en todo reconozco ejemplo de tu mudanza, yo solo tengo la culpa, tú no la tienes en nada; y asi sirva de escarmiento como la fior mi esperanza; como el cristal, mi ventura; pues a ninguna le falta, ni sombra que la marchite, ni viento que la deshaga; que yo me voy a aprender entre las caducas plantas, que es la ventura mayor capaz de mayor desgracia. Eso no, viven los cielos! porque primero que salgas de mi casa, has de tener tus dudas desengañadas; que aunque se atriesge mi amor, poco importa, si mi fama en el mar de tus recelos infelizmente naufraga. Si quieres darme la muerte con otro papel, es vana diligencia, cuando estoy muerto a fuerza de mis ansias. Cómo está mudo mi agravio? como mis suspiros callan? . y como el cielo piadoso, que de traiciones se agravia, compadecido en mi abono este engaño no declara? No has de irte sin saber. ̱. . Suelta, o pensaré que aguardas para quitarme la vida al dueño de dichas tantas. Que ha si desprecies mi amor? Deja cruel, que me vaya a ser escarmiento injusto de tu sinrazón villana. Pues acabe el sufrimiento lo que los males no acaban. De tan inconstante fe, los cielos me den venganza. Yo satisfaré tus dudas, aunque mayores las hagas. Yo falsas satisfacciones, también sabré no escucharlas. Serán medio mis finezas. Ya con mi agravio son tardas. Pues quejareme a los cielos. No importa, que estás culpada. qué quiera yo a quien me ofende con firmeza tan extraña! . Que me vaya sin oírla, y esté descando escucharla! Que me quiebren la cabeza sin importarme dos blancas! Más, pues, mi amor no te obliga. Más, pues, me ofendes tirana. Muera al rigor de mi pena! Escarmiente mi esperanza! que las dichas, y las glorias, antes de verse se pasan.

JORNADA SEGUNDA

Qué has hecho? . . Lo que viste: mal un celoso afecto se resiste! Pues qué intentas así? Qué? morir ciego, siendo objección de mi amoroso fuego; pues cuando más adoro, como has visto, mas el remedio de mi mal resisto Si el amor de Rosaura te asegura con tan grandes finezas, no es locura dilatar la quimera de un engaño, cuando es tan verdadero el desengaño? si Rosaura ha venido por restaurar su crédito perdido a buscarte, y el mal que te desvela. sabes que procedio de una cautela; porque no acabas ya con tus recelos, o con tu amor, pues del nacen tus celos? Porque la adoro más cuando más niego el rendimiento a su amoroso ruego, que aunque resisto oírla indignamente, bien sabe amor lo que mi pecho siente: mas es razón de estado, muy conveniente al bien de mi cuidado, que a su voz se hagan sordos mis recelos: porque se juzgan fáciles los celos, cuando tinendo amor tiernos enojos, persuaden perlas en hermosos ojos; y así como conozco, que si viera cualquiera extremo de estos, me rindiera a creer quizá engaños de su labio, provido excusa mi cobarde agravio, aunque aumente lo esquivo de mi pena, que no escuche su voz, que es de Sirena. Pues cuando ha de acabarse tu porfía? Cuando se acabe la desdicha mía. La tuya, no es desdicha, que es locura, pues tu mismo embarazas tu ventura, ocultando la hazaña más lucida, que a pesar del olvido, renombre de inmortal ha merecido; pues diste al Rey la vida, cuando en el mar su desdichada suerte, con bombas de cristal le daba muerte. L. Bien sabes que mi amor no ha consentido que me descubra al Rey, porque he sabido con el extremo que a Rosaura adora, cuyos celos padece el alma ahora, que aunque es poca atención querer la dama que el Rey por mi desdicha quiere, y ama, si yo cuando la amé no lo sabía, disculpa tiene la ignorancia mía; pero podrás decir, que ya no ignoro, que ofendo su decoro: mas si es amor espíritu violento, que en lo mejor del alma se introduce, ciega pasión del noble entendimiento; y alma de mis afectos se reduce: como podré olvidar lo que adorado, si es causa de mi vida mi cuidado? y así para la empresa que procuro, viene a ser el camino más seguro; pues no puedo vencerme en lo que adoro, guardar al Rey callando este decoro; pues para no ayudarle en su deseo, mejor cumplo con él si no leveo, y conmigo también; pues me obligara mi nobleza con verle, a que olvidara a Rosaura, y aqueste es desvarío, porque es de ajeno imperio me albedrío; y así callando adquiero en parte alguna, con él, y con mi amor mejor fortuna; pues ya que no le obligo, no le incito, cuando oculto su dama solicito. No entiendo tus quinieras, solo entiendo que el favor de Rosaura estás perdiendo, pues desprecias iuamor, cuando el rendido satisfacer tus celos ha querido. Yo confieso su amor; pero quisiera satisfacerme yo de tal manera, supuesto que mis celos son engaño, que ignorara Rosaura el desengaño, y yo, como al descuído, me asegurara de lo que he temido. Eso muy fácil es: mas gente siento; vamos, que puede ser. Es vano intento imos sin que nos vean. Pues qué habemos de hacer? Que procuremos ocultarnos de modo que no nos sientan, y lo veamos todo; escóndete conmigo en esta parte. Si es la justicia acalo, que a buscarte a este monte ha venido? Por eso de esta incustria me he válido: desde aquí bien pedremos examinar quien son. Sí, que tenemos del recato manosa fulleria; por defensa esta espesa celosia de troncos, y de ramas que nos cubre, y gran parte del bosque nos descubie. y alguna gente de monte, Este es el mejor lugar, y la más oculta parte de todo el monte. Mi amor ciego a las dificultades se alimenta en lo imposible, y se embaraza en lo fácil; y así para aquesta empresa, aunque mi opinión se ultraje, he de ejecutar violencias, pues caricias no me valen. Bien seguro puede aquí vuestra Alreza, disfrazarse: hoy con aquesta cautela, . del Rey tengo de vengarme, Pues no malogremos tiempo; dame este capote, engaste rústico de mía randeza, que amor es todo disfraces. Tome tu Alteza. Pon presto: más dime Roberto, sabes que sale Rosaura sola? Aunque con su hermano sale, Sé que suele retirarse con Flora, criada suya, que ya tus finezas sabe, de quien supe cuidadoso que ha de salir esta tarde: Todo aquesto es fingimiento por hacer que se apartase solo conmigo, y poder seguramente matarle. Estoy bien diasimulado? En mi puedes informarte: que en mi afecto vengativo, sea mi traición tan cobarde, que aunque la ocasión me incise el respeto del Rey hace que al amago retroceda el impulsó de vengarme. Hás conocido quien son? Es la espesura tan grande, que apenas sus rostros veo. No sé que demonios hacen que parece que se abrazan por detrás, y por delarte. Pues escucha arentamento que quizá de lo que hablaren coligiremos quien son. Así, brancreo que nadie ha de poder conocernos. Vamos, pues, no se dilate mi gloria, venza rigores quien sabe así transformarse: Sepa Rosaura, que puedo, después de desdén tan grande, si como amante servirla, como ofendido vengarme. Qué sufran esto mis celos . sin que luego no le maten! Vamos, pues, que aquesta empresa será fin de tus pesares, pues te ha de costar la vida. . Hoy Rosaura he de gozarte. Ya se van, y no he podido, aunque procuré, escucharles razón distintas lalgamos, pues ya no parece nadie. ̱. Miralo bien. Pues qué temes? Lo que temo, bien lo sabes. Ya ese temor es locura. Y si acaso nos buscasen los parientes de aquel Conde que por Isbella mataste? Por eso así me recato: Pero volviendo a mis males, bien sabes, que me dijiste, que examinar era fácil lafede Rosaura, sin que su crédito aventurase. Es verdad. Pues dime ahora, con que industria imaginaste daralivio a mis tormentos, y recurso a mis pesares? Tú tienes celos del Rey? El hace a mi amor cobarde. Y quieres satisfacerte de manera, que no halle en que reparar tu honor, de crédulo, o de inconstante? Todo es así. Pues el modo mejor para asegurarte, es, según mi parecer, que esta noche te disfraces. Ya sé qué vas a decir, que engañosamente hable a Rosaura; y finja que soy el Rey. Adivinaste mi pensamiento: mas ya que el camino mejor sabes para salir de una vez de confusiones tan grandes: que has de hacer? No sé, qué es tal lo peligroso del lance, que temeroso el discurso, resolverse anada sabe por hallar dudas en todo, Mas si en fin ha de ser parte tu arbitrio, para allanar tan grandes dificultades, esta noche he de intentar morir, o desengañarme, viendo a Rosaura, y fingiendo que soy el Rey. Quedo, tate, que pienso que viene gente. Los mismos son de endenantes. Estos, sin duda nos buscan. Escóndete en esta parte, y no temas. Ya me escondo, aunque es grande disparate, pudiendo escurrir la bola. Acaba, pues, ignorante, que el verlos volver me ha dado mas deseo de escucharles. Todo el monte he discurr sin haber podido hallar el placer de mi pesar, ni el alma de mi sentido. Mal lo dispone mi suerte, . pues en tan buena ocasión, por cobarde, mi traición no le ha dado ya la muerte: Flora me engañó, o ha abido en su venida mudanza. Nunca creyó mi esperanza que más feliz había sido. El Rey a quien di la vida es este. Qué dices? Digo que es el Rey, y mi enemigo, pues es del alma homicida. Pues ya, que esperas aquí? Bien conoces de mis celos los importunos desvelos, hasta que al Rey conocí, saber me daba cuidado, quien así se recataba, se fingia, y disfrazaba; pero ahora me le ha dado saber a lo que ha venido, porque adora lo que adoro. Pues no ofendes su decoro, si le escuchas escondido? No, Vridón, que si el desea, como ves, disimularse; claro está que no ha de holgarse de que ninguno le vea. Qué matarle no he podido . aunque más lo he procurado: mas ahora, estoy turbado! buena ocasión he perdido. Ahora bien, ya que he llegado a aumentar mi pena fiera, mucho suspender quisiera el afan de mi cuidado; y pues el sitio convida con tan dulce soledad, válgase de la piedad del tirano de la vida. Guardadme Roberto el sueño el aviso perdonad, que agravio vuestra lealtad cuando os advierto el empeña Tu esclavo soy, quien lo ignor hoy se acaban mis desvelos, pues de mi agravio, y mis celo to naté venganza ahora. Veré si puedo aliviar de esta suerte mi tormento, pues es tal mi sentimiento, que aún no me deja quejar. Cuando tuve más perdida la esperanza de vengarme, A hallo, que sin arriesgarme, le puedo quitar la vida. Esta es ocasión, agravios, que ya el confuso Morfeo entregadas sus potencias, yace cadaber durmiendo; seguramente podré lograr ahora mi intento; pues para fin de mis males, y confusión de mis celos, cuando procuro matarle, espaldas me hace su sueño. Que suspenso que está toda apenas se mueve el viento: más que dudo? qué me tardo cuando el confuso silencio de esta selva, me persuade cárcel del mayor secreto. Oh cuanto obligan los Reye a adoración; y a respeto! pues cuando estoy más seg medrosamente me atrevo. Quién me mata? quién me ofende? deten, deten el acelo. Todo es dudas el sentido; . pero si este lance pierdo, cuando verá mi fortuna tan buena ocasión sin riesgo? Muere tirano. Qué miro! eso no, yo le defiendo. Aquí se acabó mi vida. . Válgame el cielo! qué hecho? solo atento a mi valor, me llevó mi impulso ciego: mucho importa recatarme. Poco a mi fortuna debo. Si el Rey o ve, soy perdido! Si despierta el Rey, soy muerto! Aunque pretendo estórbaros. Negar mi traición no puedo. . Intento tan alevoso. A disculparme no acierto. También quiero que debáis. Con que industria, con que medio. . Una fineza al valor. Podré salir de tal riesgo? . De mi pecho geneioso. Parece que soy hielo. . Que si al Rey traidoramente le dabáis muerte sangriento (da? Yo al Rey? pues cuado en mí vi No habléis palabra, supuesto que he visto cuanto ha pasado, y vuestra vida pretendo; que fuera piedad cruel, y acción de villano pecho, por excusar un peligro, originar otro riesgo. Yo solo esta vida guardo, y así, pues solo este empeño fue impulso que me obligo a suspender vuestro acero, no me toca a mí, por mí, aunque culpado os advierto, procurar vuestro castigo, sino adelantar mi intento. Por esta razón ahora, piadoso la vida os dejo, y porque sé que este lance os basta para escarmiento; pues cuando miréis que yo solamente por mí mesmo os doy la vida callando, (que tan fácilmente puedo quitaros la vida aquí) vos la guardaréis, temiendo, que no en todas ocasiones hay quien sepa hacer aquesto. Pero si aleve, o remiso, dais rienda al intento vuestro, y sordo a aquestas razones, de obstinado, o de resuelto, proseguís en vuestro error, yo, que por mí cuenta tengo la vida del Rey, pues ya dos veces debea mi esfuerzo, (la que goce edades largas, a su venganza violento, contra el mundo he de oponerme, sin que me acobarden riesgos. Y así, pues tanto os importa, haced como noble, y cuerdo; pues yo, que llego a saber vuestro loco atrevimiento, por no borrar vuestro honor, callar mi valor pretendo; y así cumpliendo con vos, con migo, y con el Rey; quiero despertarle, porque así vaya con menos recelo de vuestra traición, que ya que a callar estoy resuelto, no es razón que os deje aquí sin dejar al Rey despierto: Y así para despertarle, y cumplir con el silencio, la voz de aquesta pistola dirá lo que yo no puedo. Revento se la postema. Sígueme Vridón. Qué es esto? y álgame el cielo! Qué miro? turbado estoy, y suspenso! . Como Roverto tenéis desnudo el lustroso acero? de que os turbáis? quién me ofende? como cuando estoy durmiendo me dais tan gran sobresalto? hablad, pues, porque sospecho; acabad, porque imagino. Triste lance! fuerte empeño! : O, que soy muy desdichado! O qué disgustado os tengo! decid, decid, no os turbéis. Para cuando es el es fuerzol. Quién me ofende? quién me obliga? hablad, quitadme un recelo: que ocasión? Daros la vida mi voluntad, y mi afecto, lo fue para despértaros, (de temor hablar no spuedo! y así, pues sabéis la causa, cesen ya vuestros desvelos. Pues quién contra mi poder, migo Rol animó el acero agudo, disparó el oculto fuego, como ordenaban mi muerte? Ya que ha permitido el cielo guardar tu vida, a pesar de la fortuna, y del riesgo; y ya que yo venturoso llegué a ser el instrumento, por quien sustrada la ira perdió el norte de su acierto, quisiera excusarme ahora de repetir (estoy ciego!) Dudoso está mi cuidado! Lo que hice defendiendo vuestra persona, porque no se deslustre con esto parte de la vanagloria que pudo darme el suceso, pues parece que contando lo que aventuré yo mesmo, con la gloria de decirlo me pagó el blasón de hacerlo Mas porque cesen las dudas en que a vuestra Alteza ha puest el ruido de una pistola, y turbación de mi pecho, lo auré de decir: Aquí me ha de valer el ingenio. Apenas entre los brazos de aquel robador del tiempo, que tiraniza a la vida gran parte de su derecho, vuestra Alteza reposaba, (o qué de dudas padezco! cuando (ya en vano me animo dos hombres (que atrevimiento resueltos (qué desvarío!) y el rostro aleve cubriendo, intentan (pierdo el sentido!) máteros (pluguiera al cielo!) yo entonces (qué infeliz suerte viendo el peligro (que yerro!) de vuestra Alteza, que engaño! procuro, que fingimiento! estorbar, que alevosia! su traición cobarde, siendo blanco de sus iras, cuando solicitan vuestro pueno. Mas ellos, alevemente, viéndome a su intento opuesto, temiren a una pistola el dictamen de su empeño. Ella, en una voz publica. el arrificial incendio, que dormido se despierta al pedernal, y al azero. Mánchase del humo el aire, responde, informando el eco; procuro saber su estrago, temo tu vida en su acierto, huy en el riesgo cobardes, yo no les sigo discreto. Despierta tu Alteza entonces, hallame turbado, y ciego; examina la ocasión, yo en repetirla concedo: porque es su gusto, y porque de esta suerte le obedezco. Cuando estoy tan obligado a vuestro valor, pequeño premio, de vuestra lealtad, son mis brazos, y es mi Reino; pues cuando os debo la vida, es tal mi agradecimiento, que me pesa de ser más, solo porque vos sois menos. Dadme los brazos, alzal, y dejad vanos extremos, Conde de Catanía, amigo. Hónrame con tanto exceso vuestra Alteza, que ya dudo, si no es subiéndome al cielo, que pueda haber más favores con que premiar mis deseos. Sois amigo, y os estimo. que sean tan viles mis celos, . que se inciren con lisonjas, y en vez de agradecimiento, en mi pecho se fabrique contra el Rey mayor veneno; sus favores pago eniras: O qué desconforme efecto! Esperad? que voz es esta que va penetrando el viento? Como mandó vuestra Alteza retirar a sus monteros, y ya comienza la noche, guardando, y desvaneciendo al Sol, de tras de esos montes, y al día en cendales negros, se valen de este clarín, rémora dulce, que ha puesto sonoros grillos al aire, y pluntas al pensamiento, para mostrar su cuidado. Que vanamente pretendo resistir la pasión mía, aunque más burlado veo el ardid de mis finezas, y el rigor de mis afectos. Vamos Roberto, que solo en vuestra amistad divierto parte de mi pena esquiva. Solo en servirte me empleo. Rosaura, si amando firme tan poco tu amor granjeo, débale yo a tu desdén lo que a la muerte no debo. Ya que este lance he perdido, agravio mío, el remedio ha de ser, pues me he empeñado, morir hasta el desempeño. Que en fin no los conocistes? Fue mi diligencia vana, que apenas a la ventana me asomé, como tu viste, por si conocer podía, quien tus rejas inquietaba, pues ya decretado estaba de tu sospecha, y la mía hacerlo, para saber si Porcia, ciega de amor, agraviando su valor, perseveraba en poner tan en peligro tu fama, hurtándote el nombre, y dando rienda a sus pasiones; cuando oigo que un hombre me llama al mismo tiempo, que atento cubre el rostro; yo turbada, por no errar, como criada, (milagroso advertimiento) no le quise responder; o fue respeto, o temor; o por hacerlo mejor, sin tomar tu parecer. Tu entonces, matar mandaste la luz, por cuyas tinieblas, tropezando en pardas nieblas, a la ventana llegaste. Ves dos bultos solamente, juzga tu imaginación, que el Rey, y Roberto son, mas que advertida, imprudente. Y en fin con este concepto, porque el Rey desengañado crea, que nunca te ha hablado, y que tu honor es perfecto, le llamas; y apenas llega, cuando una luz que venía a la misma galeria donde estábamos, te niega la ocasión que preveniste, con intento de apurar este engaño, y acabar de una vez tu pena triste, Esto es lo que pasó, si a ninguno conocí, conjetura tú por ti, lo que he podido hacer yo. Desgracia fue de mi suerte, no culpa de tu cuidado: mas ya que al lance pasado ningún remedio se advierte, llore mi mal, hasta tanto, que mi pena enternecida, lo se acabe con mi vida, o se alivie con mi llanto: si bien mi afición ignora, en tan penoso accidente, si ha de llorarar lo que siente, o ha de sentir lo que llora? porque si pretendo ahora llorando aliviar mi pena, cuerdo mi amor lo condena; pues por virtud superior, padecida por amor, cualquiera dolencia es buena; y si con llorar aumento la fuerza de mi pasión, contradigo la razón del natural sentimiento: mas ya la disculpa intento, que pues es fragilidad el llanto, con más verdad ama, y siente quien no llora; pues al consuelo se ignora, pordarse a la voluntad. Y así, cuando a mi dolor no me pueda resistir, podré a lo menos morir de su importuno rigor: que si en los males de amor el remedio es tan ajeno, que el llanto a mi fe condene por no aliviar el sentido, un afecto reprimido, no es malo para veneno. Don Luis desprecia mi fe, el Rey ofende mi honor, y Porcia contra mi amor causa de mis males fue. Y así, porque fin se dé de una vez a mi pesar, resuelta tengo de hablar al Rey, por darle a entender que hace mal en pretender lo que nunca ha de alcanzar. Y a Don Luis, si con desvelos, fuegos, o firmeza mía, no se ablanda en su porfía, que ya no se llaman celos, pediré vida a los cielos, y fuerzas a mi sentido, para llorar en su olvido, cambió de un amor tan cierto, no el pesar de verle muerto, sino el mal de haber vivido. Mas retírate a esta parte, que podrá ser que alcancemos la victoria que emprendemos, si al valor ayuda el arte. Pues si una vez has perdido la ocasión, que esperas ya cuando todo quieto está? Ver si los hombres se han ido que ocuparon la ventana: Entra con migo, y ahora no me des consejo, Flora, que toda advertencia es vana. Ya te conocí, Roberto, descubre el rostro, pues ya todo declarado está. Ya le tengo descubierto: mas tú que con nombre ajeno . Ay suceso más extraño! engañaste mi cuidado, con que intento has procurado el disfraz que aqui condeo? Yo al Rey su nombre usurpé, por ver a Rosauta bella, y a ti engañosa por ella, fingida también te hallé. Si dices que te has fingido porque el amor te obligó, lo mismo respondo yo, cuando mi engaño has sabido. Y así, te quiero adverir, porque no lleguas a errar, que yo no pienso callar, si me piensas descubrir. Mas porque entrambos pagados quedemos, y no ofendidos, ya que son tan parecidos los míos, y tus cuidados, pues Rosaura te da enojos, y yo por el Rey padezco, pues su favor no merezco, ni tú sus bellos despojos; una cautela me ofrece el discurso, de quien creo que ha de alibiar tu deseo, y a mi amor lo que padece; que puesto que sabes ya mi pena, y la tuya sé, ni más mi honor perderé, ni menos tu honor será. Y así, en el mismo aposento de Rosaura te he de entrar, donde podrás acabar la lid de tu pensamiento. Tú, en pago, me has de traer al Rey: mas has de advertir, que siempre le has de decir, que a Rosaura viene a ver: y de mi ingenio confía lo demás de aqueste engaño. hay dicha como la mía! Qué dices? En tal ventura, que te puede responder quien ama, y sabrá perder la vida por su locura? Pues toma esta llave, que esta puerta que ves, corresponde al mismo apolento adonde mi ingrata prima se acuesta: este es mi cuarto, por él al suyo aurás de pasar. No hay más de que te avisar, pues procediendo fiel, este es el mejor camino para lograr la ocasión de tu amorosa afición, y mi amante desatino. Antes podrás ser dichosa, que yo sé que ha de venir esta noche a proseguir el Rey su porfía amorosa, que por llegarlo a entender mi engaño, se adelantó, cómo has visto, y procuró probar fingiendó a vencer. Pues vete ahora, y podrás, si acaso el Rey no ha salido, decirle como ha vencido, que donde estoy me hallarás. Tú lo has dispuesto muy bien. El amor es quién me advierte. Pues luego volveré a verte. Pues aquí espero también: Bien mi suerte lo ha trazado, ahora importa matar esta luz para acabar el engaño comenzado. Sígueme, y no me aconsejes, que ya he llegado a la mesma pieza en que estaba Rosaura. Ya lo veo, más recela mi cabeza, en piezas tales, (el temor es como quiera) que un leño aposentador, haga de sus cascos piezas. De esta vez se ha de acabar tanta engañosa cautela, pues después de haber venido para allanar mi sospecha, resuelto a fingirme el Rey, apenas llego a la reja de Rosaura, cuando Flora a reconocer me llega, y Rosaura para hablarme a la ventana se acerca, habiendo muerto primero la luz, cuya providencia, aunque parece recato, o adorno de su flaqueza; mas fue en lance semejante abrir a su amor la puerta, que suele el honor fiarse, (qué locura!) con más verás, de la oscuridad confusa, que de la antorcha más bella; y entonces en un instante, o por conocerme sea, o por otro cualquier caso; sin escucharme me deja. Mira, si tú no eres loco, no son locos los Poetas. L. Cuando ves que estoy muriendo con donaires me atormentas! No te espantes, que jamás sentí las penas ajenas, ni en mi vida saber pude cual fue mi ofensa derecha. Gran ventura fue no haber luz en todas estas piezas! pues podré lograr mi engaño, mejor cuando están sin ella, Parece que siento ruido; quiero examinar atenta si fue ilusión del sentido. No hayas miedo que parezca Rosaura en toda la noche. Porque? Porque tú la esperas, y yo dejo de dormir. No hay duda, mi dicha es cierta, el Rey es este; que dudo! cuando mi suerte es tan buena, que está sin luz todo el cuarto, porque mejor lograr pueda lo atrevido de mi amor, lo amante de mis finezas. Espera, que siento pasos. Si son de garganta, un Persa que los aguarde. Hoye, necio. Vive Dios que hablas de verás! que siento ruido. Aquí importa celos, que me deis paciencia. Yo llego, que amor me anima. Yo voy, pues celos me lleva. A gozar el bien que aguardo. A buscar mi mayor pena. Qué temo? Qué me acobarda? Si ya es forzoso. Si es fuerza. Pues llegue. Pues me empeñe. A tal lance. En tal emeresa. Examinar esta dicha. Buscar el fondo a mi ofensa. Quién va? es su Alteza? Que escucho! ta: mi agravio, y mi muerte es cier- es Rosaura? Y vuestra esclava: turbada estoy de contenta . Y yo rabiando de celos. . Disfracar la voz es fuerza porque el Rey no me conozca. Bien la marana se enreda. Yo soy la que más dichosa en voluntarias cadenas dejó aprisionarse el alma, que ya conocéis por vuestra, y yo la que más os quiere; pues aunque callen finezas, confesar lo que os adoro no imagino que es pequeña. L. Qué sufran esto mis celos! . quien creyera, quien creyera, de quien dijo que me amaba, tal mudanza, y tal ofensa? de ese fin a tanto engaño, diga mi agravio mi sengua, porque este infame veneno, no me acabe tan apriesa, que muriendo de sentirle, no me deje que le sienta. Cuando por desengañar . al Rey, y aliviar mi pena, le esperaba en esa cuadra, siento rumor en aquesta; y así vengo temerosa a mirar si fue quimera del sentido, por vencer mi duda con la evidencia. Cómo vuestra Alteza ahora tardo en responder me niega la fe con que se acredita dulce dueño de mis prendas? pero pasos siento, y temo . que a estorbarme ahora venga Rosaura, que este es su cuarto, y quedó la puerta abierta. Que esto sufra! que esto pase! ingrata, enemiga, afrenta de ti misma, pues tú misma oscureces tu nobleza. Válgame el ciele! qué escucho? No hay dudal mi ofensa es cierta. Si este engaño se descubre, no hay con que dorar se pueda. Porcia ofende mi decoro! . trae Flora una luz apriesa, que quiero ver ofendida, quien es cómplice en mi ofensa. Ya te voy a obedecer. Más temor, la puerta es esta; yo me voy, pues mi fortuna favorece a mi cautela. . Esta es la luz. Alebosa, no soy el Rey, como piensas Válgame el cielo! qué veo? cómo? con quien? estoy muerta! a solas: pierdo el sentido! hablando ahora, que pena! Qué bien sinjes homicida, que mal pagas tigre fiera. Pues yo Luis? tú, aquí dentro? tú, quejoso? yo suspensa: tu indignado? yo ignocente: vivo el daño, y la voz muestre: matadme ahora desdichas! valedme ahora tristezas! L Ingrata, cuando fingido el Rey, por saber mi ofensa, justo castigo de quien tan grande locura intenta, me hablabas enamorada, y me obliganas resuelta, quejándote licenciosa, y diciendo satisfecha: yo soy la que más rendida, en voluntarias cadenas, dejó aprisionarse el alma que ya conocéis por vuestra; y lo que decir no puedo, porque es mi mal de manera, que aún la voz para quejarme no le permite a mi lengua. Advierte? sin alma estoy! que Porcia a mi amor opuesta es dueño de aqueste engaño, que he de hacer que ella mesma. No busques satisfacciones, que en ocasión como aquesta, ni tú lo querrás negar, ni yo repitir mi queja. Pues tus celos son injustos. Que así apures mi paciencia negando lo que estoy viendo? si dentro de aquesta pieza me acabas de hablar, pensando que era el Rey, porque lo niegas Porque conmigo no hablaste. que no te hablé? a Dios pluguiera pues dejara de haber visto con tan penosa esperiencia, la falsedad de tu amor, y la verdad de mi afrenta: y así, pues vine a morir, ya me voy, pues no me queda después de tal desengaño, ni esperanza, ni paciencia. Primero verás tu engaño deshecho con mi inociencia. Primero el curso de Sol será inmóvil, que te crea. Pues que valdrán mis suspiros sino acaban tu extrañeza? Pues que mi valor, si escucha tu blanda voz de Sirena? Esto es morir, o es querer? Esto es amor, o es violencia Estas son dudas, o agravios? Estos son celos, o afrenta? En fin mi amor no te obliga? Antes mi mal acrecienta. Pues mátenme mis desdichas! Pues válganme mis tristezas!

JORNADA TERCERA

Con la llave que Porcia me ha fiado, pisando horrores hasta aquí he llegado, donde en sorda quietud la noche muda, con negra oscuridad mi intento ayuda. Aqueste es de Rosaura el aposento, que está solo imagino, pues no siento tumor ninguno en él; y así advertido, quiero volver a entrar donde escondido aguarde el feliz fin de mi esperanza, pues puedo con segura confianza, decir, que ya he vencido, cuando entrar en su cuarto he conseguido; y el Rey con la ambición de sus amores, está logrando engaños por favores; pues Porcia le divierte asegurada de mi fe, y en su engaño transformada; y así, pues solo aqueste cuarto veo, voy a hacer tiempo al tiempo que deseo. Deja Rosaura enemiga tantos extremos fingidos, tantas lágrimas sin tiempo, y sin fe tantos suspiros; yabre esa puerta, que es bana presunción la que te ha dicho, que después de un desengaño tan claro, como yo he visto, tienen crédito finezas, ni mérito beneficios. Y así déjame salir, no estorbes el dolor mío, que si me paro a escucharte cuando él me atormenta esquivo, eso más tarda en matarme; pues por más que obre remiso, no es todo mi sentimiento cuando ocupo algún sentido. Basten Don Luis en mi ofensa tantos injustos desvíos, tanta sin razón constante, y tanto desprecio indigno; no cierre tan prestamente tu celoso desvarío la puerta de la razón al tribunal del oído; pues si (cuando la inlustrila, o pecho aleve lo quiso) obra el veneno que abrevía la muerte en un parasismo: a Nacional de España así brura indignación, que sorda al tierno gemido, la ceguedad de su enojo sirve de espuela a su brío. Así al rayo, que violento penetra el vapor tejido, que a la fuga de su incendio le está sirviendo de grillos; y no es bien que pueda tanto una ceguedad contigo, que siendo odioso igualmente el efecto repentino del bruto, rayo, y veneno, que por injustos, maldigo! tú los intires demodo, que tu enojo ejecutivo, ni se temple del álago, ni se venza del suspiro, ni se alime del remedio, o cruel, o vengativo, mas que el rigor del veneno, del bruto, y del rayo altivo. Yo quiero satissacerte; no con aquesto te obligo a creer lo que en mi abono no tiene el crédito fijo. No suele al rayo del Sol negar nublado atrevido, y empeñarse del aliento la tez del cristal más limpio? Pues si es verdad, como dudas que puede haber sucedido, que como al Sol, y al cristal se atrevan al honor mío? Si yo estímara del Rey Nos favores que han servido, solo de que le aborrezca al paso que a ti te estimo; como era posible, como, en tal caso, haber pedido una mujer de mis partes amar dos aun tiempo mismo? Fuera, de que si en mi pecho el Rey hubiera tenido algún lugar de esperanza, u de amor algunindicio; según su heroico valor, y mi presunción, colijo que ni pudiera agraviarle, ni él fuera tan poco fino, que estando de mi afición premiado, o favorecido, te diera yo lugar tanto, que pudieras haber sido dueño de mi casa, y dueño, que es lo más de mi albedrío, Y el último desengaño con que más lo verífico, pues sabes Don Luis del alma, lo mucho que he resistido hacer público mi amor, y ahora yo le público, porque Porcia desengañe tus celos con su delito. Qué respondes? soy dichosa? que dices? te he merecido? crees mi amor? pero estoy loca muy bien digo, muy bien digo que no es el amor de verás, cuando deja libre el juicio. qué puedan ser en Rosaura ̱ estos extremos fingidos, está, lágrimas supuestas, y falfos estos suspiros: quien lo duda, si mi agravio es certidumbre, y no indicio. Acaben Rosaura ingrata tantos afectos perdidos, que los paso por ofensa, y niensas tú que es alibio. No imagines cauielosa que tienen valor más digno las disculpas que tu finges, que las verdades que he visto. Si me hablabas por el Rey, si te hallé un papel escrito, en que le llamas, y eliges el jardín por dulce sitio? Si para saber mi ofensa, ignorando otro camino como el medio de olvidarte, Rey a tus ojos me sinjo? Si me respondes resuelta, con tan amante cariño, que celoso de mi entonces, quise matarme a mí mismo? Y si después una luz, (que mi mal, o tu artificio trujo, para ser engaño de los celos que confirmo me dice (viendo turbado tu hermoso rostro, y perdido del clavel de tus mejillas el tojo carmín de Tiro) que eres, o falsa Rosaura! el objeto más fingido, el áspid más engañoso, y el más disfrazado hechizo, que aunque sin luz conocía tu traición, mi suerte quiso, por si alguna duda era de alinio al tormento mío, que viniese aquella entonces, porque al ver mi mal preciso, mi corazón se vistiese del luto que ella deshizo. Haz que se esconda Luis. Apriesa, porque ha venido tu hermano, y sabes que viene; tanto tu amor le ha debido, en recogiéndose a verte. Ahora estoy sin sentido: Don Luis, ya ves mi desdicha, con miedo te lo suplieo: escóndete en esa cuadra. L. Yo no he de verme escondido por temor, ni por respeto. Es locura. ̱ . Estoy sin juicio. Con linda flema lo tomas. Haz aquesto. Ya te he dicho; pero aquella puerta abren. Esta es Porcia, dueño mío, ahora es fuerza esconderte; porque ya que el cielo quiso traer a Porcia, porque acaben de esta vez sus desvaríos, quiero lograr la ocasión sin el miedo, o el peligro de que mi hermano te vea: que dudas lo que te pido, pues a los dos nos conviene? Acaba. Que estás remiso? Temo. . Apriesa. Qué te tardas? Mas ya tu consejo admito, porque anadas a mi amor la fe de este sacrificio. Ya Rosaura está en su cuarto: Amor, ciego, y atrevido, logra con esta ocasión pensamientos tan altivos. O nunca me dieras alas! . si cuando estoy más vecino del bien, medrosos desvelos enrurbian la luz que sigo. Válgame el cielo! qué veo? Todo soy un hielo frío. . Esto es acabar mis celos, o dar a mi mal principio? Con la de Porcia nos dan; no está malo el estrivillo. Saldré a volver por mi honor. Eso yo lo contradigo; porque alborotar la casa sin saber a que ha venido este hombre, es necedad: escuchemos escondidos un rato, pues siempre queda sin embarazo ese arbitrio. Dices bien, escucha atento. Escucharé que sea vicio. Qué dudo, pues está sola? Nueva traición imagino? . O lo puede el Respeto! O que de dudas me finio! más Roberto; tú en mi cuarto? cómo? quién? (estoy sin juicio! Aunque te admira Rosaura esta visita, por ser tan a deshora, y por parte que es forzoso que te dé que discurrir cuidadosa, y que recelar también; mi amor, que siempre ha buscado ocasiones de poder acreditar en tu pecho la firmeza de mi fe, la buscó, para llegar donde tus ojos le den, sino más luz que adorar, más rayos si que temer. Esto más, desdichas mías! . mal, señor, correspondéis con mi honor, y vuestra sangre, cuando ciego, o descortés, al sagrado de mi casa sacrílego os atrebéis. Este es Roberto, que dudo! aquel privado del Rey, que en la farsa de mi amor hace el tercero papel. Este es un traidor. Veamos lo que intenta. Dices bien. Yo admiro por atrevido cuantos castigos me des, pues no verte por cobarde, fuera pena más cruel: en fin, señora? Advertid, que no parecerá bien, que a estas horas en mi cuarto a solas conmigo estéis: perdida estoy si Roberto no muda de parecer! Ya eres mi dueño, hasta aquí pudo mi amor proceder temeroso; u recatado, por saber que tu desdén, (si bien ya sé lo contrario) siendo diamante fiel a mis ansias, y a mis ruegos, era cera a los del Rey. Hay confusión semejante! n Luis lo escucha, que haré? ya os he dicho; estoy mortal! Este el desengaño es, para que espero escondido? ha falsa! a ingrata infiel! Yo que te estaba adorando al mismo tiempo que a ver llegaba que tu afición pagaba del Rey la fe. Ya escampa. Cuidado mío, dad otra vuelta al cordel. Para engañar mi cuidado, resuelto determiné, (ya que por otro camino no te podía merecer) fingirme el Rey una noche, en la cual me aseguré, más que en mi amante recelo pueda llegar a temer: porque Porcia, no me espanto. Cuidado mío, atended. Ciega de su voluntad, (ardid de Cupido fue) estaba está misma noche, mas que animosa, infiel, disfrazada con tu nombre, demanera, que juzgué al verla, y al obligarla, ya amoroso; y ya cortés, que a ti misma me quejaba; cuando en su descuído hallé desagraviado tu nombre, y en mi advertencia también burlado mi amor, que entonces mas ciego pudiera ser. Parece que entre mi mal hallo disfrazado el bien. Atended sentidos míos, que aquí podrá ser que halléis sin cuidado el desengaño, que es del modo que ha de ser. En fin, como Porcia vio perdido su amor; porque sabiendo yo su cautela había de saberla el Rey; para obligarme, advertida me dio estallabe, después de dar por disculpa a todo del Rey que ama el desdén. L Colgado estoy de un cabello. Yo por no quebrarle en pie; Dijo, pues, que enamorada. se vio despreciar, y que mientras le obligaba más, más retiro hallaba en él por lo cual determinó con tu nombre, pretender el favor que a su deseo imposible siempre fue; que se dierivió mil papeles dándole suscc a entender: que así le habló muchas veces cautelosa, y infiel; y en fin, que así prosiguió hasta la postrera vez, que engañoso, y advertido su dicha desbararé, Qué dudáis, recelos míos? temores, que más queréis? Mira si hubieras salido? 2. Me hubiera echado a perder. Ay dicha como la mía! no es muy grande mi placer, pues no me ha muerte el conten de mirar que de esta vez (to, Don Luis queda asegurado. Bien haya lo que dudé, si después el desengaño tan bien me ha de parecer. Ahora Rosaura mía, ya que he visto, ya que sé, que tu divina hermosura del Rey desprecia el poder, vengo humilde a su plicarte, si con mi amor te obligué, le premies asegurada, en que siempre honesto es. Ansí tengas la salud. Confuso estoy otra vez. Ahora importa la industria, y el valor es menester: . señor Roverto, pues siempre luz el desengaño fue, y de amantes elecciones, la voluntad solo, juez, y en esta, mas que el valor, el gusto, o la dicha es ley. Yo, después de agradeceros todo el honor que me hacéis, havyándome leal del pecho de una infiel, por pájaros la advertencia, os desengaño también: si es ceguedad el amor, yo no os puedo merecer, el desengaño os alumbre, y baste, que una mujer de mis partes se declare de este modo, para que ni más engaños hagáis, ni más el caso apuréis. Acábose mi esperanza: viose pena más cruel! pues Rosaura (ciego estoy! mi amor constante ha de ser, ni ha de vencerle el desprecio, ni acabarle tu esquivez Oh cuanto llega a deberme de Rosaura el honor! pues no salgo a estorbar razones de quien me quiere ofender. Déjale, que harto trabajo se tiene el pobre, pues que vino por lana de amor, y le trasquiló el desdén. Firme ha de ser mi porfía hasta morir, o vencer. Advertid, temiendo estoy! que atrevido, o descortés le de ocasión a Don Luis . para que salga a poner en mienda a su atrevimiento. Que a mi mal no os lastimeis? dadme una mano si quiera. Ya no hay sufrimiento, Ved, que mi honor. Para que os pido lo que yo tomar podré? Apartad. Esto es amor. Y este mi agrabio; tened, porque os tengo de matar primero que la toméis. Muerta estoy! Válgame el cielo! Esto lo que importa es. Aqueste es quien me estorbó que diera a muerte al Rey, y ahora me he de vengar. Ya entiendo; me conoceis Ya os conozco, que agraviad de vos dos veces, quisiera que en vos dos vidas hubiera para quedar más vengado. Mal lo juzga vuestro error pues en competencia igual, por vencera un leal, falta valor a un traidor. Traidor es quien a su Rey quita la dama atrevido, y está en su cuarto escondido, vasallo injusto, y sin ley. Yo puedo estar con mi esposa sin hacer al Rey ofensa, puas de su honor la defensa por mi honor es ley forzosa; y a vos no ostoca juzgar de ese modo mi intención, pues vuestra misma traición os debía reportar, pues deseal, y imprudente quitarle el gusto intentáis, y matarle procuráis a traición cobardemente: y así cuando mi valor os dé la muerte, notad, que mataros es piedad, y no mataros rigor; pues sabiendo vuestro intento alevoso, de esta suerte os excuso que os dé muerte igual, y infame instrumento. Como en el monte no os di muerte, cuando me impedisteis mi venganza, presumisteis que haría lo mismo aquí; y entonces pude perder, sabiendo el Rey mi intención, de vengarme la ocasión que ahora vengo a tener; y así fue industria advertida, aunque os parecio temor de mi invencible valor, déjaros libre la vida, pues por mi dichosa suerte, y pena de vuestro error, con seguridad mayor ahora os daré la muerte. Esta ha de ser mi respuesta, que en castigar un cobarde, siempre se aventura tarde la resolución más presta. De tan loca presunción castigo ha de ser mi espada. Mi presunción, es fundada solamente en mi razón. Que estoy viendo! soy diamante? Don Luis, Roverto; estoy loca! mi afición, sin duda es poca, pues no me pongo delante. No me estorbes que violento dé la muerte a mi enemigo. No me impidas el castigo de tan loco atrevimiento. Y tu como estás ahora sin mostrar tu valentía? Porque es gran supercheria señir de Esperad, tened, qué es esto? El Rey aquí, soy perdido! Esto más? Pierdo el sentido. Acabad, decildo presto. Que tan mal me sucediese cuando mi agravio vengaba? Que cuando castigo daba a mi ofensa, el Rey viniese. Estando con Porcia ahora en ese cuarto, sentí ruido de espadas, y así vengo a saber quien desdora de esta casa la opinión con tan grande atrevimiento: Acabad. En vano intento que se encubra mi traición: mas otro engaño hede hacer: . Sabiendo por modo extraño al Rey de Porciael amante engaño, vine de tu parte a ver a Rosaura; y arrogante este hombre, que escondido estaba, me lo ha impedido. Viose traición semejante! Pues matalde, que os detiene en dar tan justo castigo? muera, pues es mi enemigo. Tened, mirad que os conviene. Muerta estoy! Guardar mi vida. A mí, cuando me ofendéis? Turbado estoy! no escuchéis su disculpa, que es fingida. Mi vida os importa, digo: mas si vuestro gusto es que yo muera, a vuestros pies estoy ya, dadme el castigo Que a mí me puede importar vuestra vida, no es error? Viose confusión mayor! Si se llega a declarar, soy perdido. No? mi vida os es de importancia, pues os ha de pesar después que la tengáis ofendida. Pues decid ya, declarad esta enigma, porque acabe mi desvelo. Pena grave! Aquí hay romance. Escuchad: Invicto Rey de Sicilia, cuyas sienes se coronen del árbol, que lo triunfante a lo ingrato reconoce; primero que tu justicia ejecute sus rigores en mí, quiero referirte, si atentamente me oyes. quien soy, y como me debes la vida; que siglos goces; porque si acaso la mía probare el airado golpe de tu espada, consideros, que podrá ser que se embote, o porque no es bien que pague con otensas los favores, o porque tendrá respeto a lo piadoso que escondes, y no querrá que se estrague tu piedad con tus rigores. Yo soy Don Luis de Aragón, ya dije en qste renombre que me falta lo dichoso, porque me sobra lo nobre. Nací, señor, en Mecina, donde he vivido conforme, sin ambición de mirar. las grandezas de tu Corte, y sin conocerte Rey, mas que solo por el nombre de quien parlera la fama va estendiendo por el Orbe majestuosa alabanza en rudo estilo de bronce. En esta, pues, me crié pasando mi edad entonces, bien descuidado del trance en que mis penas me ponen; pero como la fortuna, y el tiempo son tan veloces, que aquella, aunque ciega vuela y aqueste, aunque viejo corres cuando ya mi Primavera produjo tempranas flores en la nema de mi rostro, sobrescribiendo lo dócil, produjo también desdichas que no es posible se logre la ventura, cuando tiene a la cordura por norte. En este tiempo que digo, una dama aficionose de mí, siendo festejada en Valencia de los nobles. Fue creciendo su locura con tantas demostraciones, que mi amor solicitava con pretentes, y favores. Quiehabrá que no se admire de que ya vestubo se goce, en que las mujeres quieran solicitara los hombres? Viéndome, pues, obligado de esta dama, pareciome necedad el no fingir con aparentes acciones, que la estimaba, aunque fuese mi voluntad desconforme; que aunque es verdad que sus ansias, suspiros, y persuasiones eran búriles de cera para mi pecho de bronce; cuando una mujer se empeña en publicar sus amores, es bajeza no admitillos; y ya que no se conformen los dos sujetos, por ser diferentes sus pasiones, darlo a entender por lo menos en las muestras exteriores, es dejar de ser ingrato, y blasonar de muy noble. Amaba hipocrtamente a Isbela (que este es su nombre y yendo a representar este papel una noche, que en vez de estrellas el cielo brotó desdichas entonces, de finezas, de suspiros, de requiebros, de razones, para con ella muy rico, para conmigo muy pobre; lo aborrecible, constante; lo amoroso, con ficciones; la voluntad, estragada; la lengua, despierta, y torpe (despierta a los fingimientos, y a las verdades inmóvil Miro, en entrando en la calle, junto a su puerta dos hombres; acércome a conocellos, al tiempo que a los balcones salió Isbella; izo mi seña, y uno de ellos acercose a la ventana, y yo atento oigo que el nombre me cog bajan a abrirle la puerta, y viendo yo sus traiciones, lleno de enojos el pecho, brotando el semblante ardores, en cólera ardiendo el alma, y en venganza las pasiones, muy sin que agravios me falten, aunque celos no me sobren, (que no siempre los agravios se originan de temores Colérico me presento, repruébole sus acciones, desnudo el luciente acero, con el suyo me responde; doyle muerte, vienegente, repiten que he muerto al Conde; ocultome en el lugar, publicanme con pregones; y yo, y un criado huyendo de la fortuna los golpes, escógimos por sagrado el abrigo de unos montes. Y una tarde (ay Dios!) estando arrimado al pie de un robre, alimentando en mi pecho tristes imaginaciones; alzo los ojos, y miro: Vuestra Alteza me perdone, que le he dedorar mis culpas, porque parezcan menores. En Rosaura, una belleza, con tan rara compostura, que del garbo, y la hermosura, fue una sola mi extrañeza; lo hermoso, con tal viveza; lo vivo, con tal beldad, que admirando la igualdad del uno; y otro poder, me pesó de no tener para entrambos voluntad. Amela en efeto. . Calla, y deja que se me logre con repetirla yo misma la dicha que tuve entonces, que pues que se anticiparon mis afectos interlores en amarte, y en quererte, justo será que mis voces se anticipen en decillo, para que su Alteza abone con esto tú leve culpa; que bien sabe, bien conoce, que el amar correspondidos, no es gran delito en los hombres. Perdime, saliendo a caza, en la espesura de un bosque; halló a Don Luis, y ganeme; fue desde entonces minorte, mírele con afición, y en mirándole rindiose, que en esta presa de amor fueron mis olos alcones. En fin, yo señor, saliendo a cazar brutos feroces, truje rendido a Don Luís, que hay dichosos cazadores. Sacome del laberinto, formado de espesos robres, que no fue poco guiarme quien iba ciego de amores. Fuimos llegando hacia el mar, cuando va tu Alteza (oye) en un desbocado bruto, que con impulsos veloces al Borcas desafiaba, se precipita de un monte al mar, que le prevenía tumba en sus aguas salobres. Viendo, lo cuala Don Luis le ruego con mil favores, que te libre de aquel trance; si es que blasona de noble; considera Rey supremo pues por librarte, su vida puse en riesgos tan atroces. Arrojome, pues, al mar, en sus ondas me recoge, venzo riesgos, surco espumas, descubro a tu Altece, donde ya de la muerte sin duda, esperaba el fiero golpe. Mas de lo que hice en tal la no aqueste anillo te informe, que es testigo que me diste, para que fiel pregone la obligación que me tienes. Esta es la que tu conoces: mas porque sepas que pasan de aquí tus obligaciones. Estando al sueño rendido aquesta tarde en el monte, fui defensor de tu vida segunda vez: Reconoce esta deuda, que aunque falta otro anillo que lo abone, yo sé, señor, que Roberto, que se halló presente entonces dirá lo mismo que digo; porque el negar mis acciones, aún siendo yo su contrario, no cabrá en su pecho noble. Y porque tambien entiendas que en Don Luis aquesta noche no hubo culpa del delito, que juzgaste por norme. Estando acaso escondido, entró Roberto con torpes intentos para eclipsar de mi honor los esplendores. Fue creciendo su malicia, vio Don Luis estas traiciones que con decir que las vio, es imvosible que ignores el efecto de esta cabsa: porque si es honrado un hombre, en ver su agravio, y vengarle, tan poca distancia pone, que el decir, viose ofendido, es como decir, vengose ̱ . Salió tu Alteza en efecto, y la venganza impidiome; quieres matarme, y temiendo de tu justicia el estoque, te rofiero el beneficio, porque tu piedad abone, porque tu justicia olvide, porque tu advertencia dore, (no el intentar mi venganza, que eso es fuerza que lo apoyes) sino el haber proseguido de Rosaura en los amores, culpa fue, yo lo confieso; pero también reconoces, que es ceguedad el amor, y que quien venda se pone sobre los ojos, no es mucho que tropiece en sus errores. Hasta aquí pudo el silencio hacer a mi lengua torpe, hasta la ocasión callé: mas ya que mi lengua a voces tus deudas a publicado, sia pagarlas te dispones, por la una deuda te pido, que es la culpa, mesperdones, y en cambio de la seguuda, permite, señor, que goce de Rosaura la hermosura. Deja, señor, que se logre en entrambos la firmeza. Ansi en repetidos loores el siempre Laurel Augusto, tus sacras sienes corone Ansi en Himeneo Santo, de tu Regio tronco broten nuevos pimpollos, que sitnan de remozar tus veidores. Como piadoso me atiende. Come justiciero me oye. Mas aunque piedades falten. Más aunque justicias sobren. En cuálquier suerte que tenga. En cualquier suerte que goce. Libre, o preso. Muerto, o vivo. Triste, o alegre. Rico, o pobre. Rosaura ha de ser mi Venus. Luis ha de ser mi Adonís. De esta manera os castigo: llegad a mis brazos hoy, que consigo con premiaros, cumplir con mí obligación; y advertid, que me ha pesado, después que supe quien sois, de que fuese, aunque en mi ofensa, tan pequeño vuestro error, que por tener que obligares, lo estimará mi afición: Dalde la mano a Rosaura. De envidia rabiando estoy? Hiciste como prudente. Obraste como señor. Mi obligación, es prmero que mi gusto, y mi pasión Ya que pretendo? qué espero? pues se sabe mi traición, (reza A Roberto. .̱ . Vuestra Al- me ha de hacer otro favor, que aunque Roberto se muestre mi contrario, por quien soy, (puesto que yo he sido causa que se sepa su traición) debo pedir por su vida. pues se hallará mi valor corrido, si la perdiera ahora por mi ocasión. Si conocer mi delito puede disculpar mi error; rendido a tus plantas llego, donde con mayor blasón, cuando deudas satisfaces, das a mis culpas perdón. Por castigo solo baste. Rendido a esos pies estoy. El destierro de tus Reinos. Su aleve culpa, mayor castigo merecermas con tan buena intercesión, bien puede partir seguro, pues quedo seguro yo. El cielo aumente tu vida: turbado, y confuso estoy! Y a Porcia, pues de sus hierros ha sido causa el amor, yo me encargo de ampararla; y así palabra la doy de meterla en un Convento, pues de sus excesos, yo fui la causa. Ahora falta que conozcas a Vridon, concomitante, y criado de quien la vida te dio. Yo me encargo de premiaros Pues Flora, casado estoy, esta es mi mano. . Yo aceto pues nos queremos los dos. Ya solo falta pedir, como es costumbre, perdón al senado. Ya le espero, aunqueindignamenteyo, pues de parte del Poeta os le pide mi afición.