Texto digital de Cada uno es linaje aparte
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- Atribución tradicional
- Antonio de Zamora
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- Antonio de Zamora Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cada uno es linaje aparte. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cada-uno-es-linaje-aparte.

CADA UNO ES LINAJE APARTE
JORNADA PRIMERA
Valerosos Infanzones, leales Aragoneses, cuyas antiguas familias enlazan gloriosamente al Escudo de mis Armas, el honor de sus paveses; Don Sancho Ramírez soy, vuestro Rey, pues por la muerte de mi padre Don Ramiro, (que Dios en su Gloria tiene) ha ha treinta años, que descansa esta Corona en mi frente. Bien sabéis, cuantas fatigas costaron a mis niñeces las defensas de Aragón, y Navarra; pues los Reyes Moros de la Celtibería inquietaron hartas veces las descuidadas campañas, con las Africanas huestes. Buentestigo es en mi abono Balbastro, sobre quien tiene Abderramen, Rey de Huesca, tanto número de gentes, que para un Cristiano hay cien- to: mas si Manuel la defiende de Lizana, vuestro hijo, tan noble, como valiente, no la llevará de balde, dado caso, que la lleve. Esto sentado, y que ya sobre mis ancianas sienes la edad derrama el diluvio de tanta peinada nieve, quisiera (antes que la Parca de su guadaña ensangriente en mí el filo) que Don Pedro mi hijo, Jurado Rey quede de Sobrarbe, y Ribagorza, pues como yo consiguiese, viviendo, ver, que en su brazo admitís gustosamente el Imperio de las armas, y el dominio de las Leyes, muriera al fin consolado, ya que no muriera alegre. A este fin, o Caballeros, os he llamado, y a este, al Imperio de Monarca, que añada mi afecto quiere, las persuasiones de amigo, las instancias de pariente: qué respondéis? Si Fortun de Lizana se suspende, quién queréis que hable? Demás, de que hallándose al presente Jurado en Cap, por el Brazo Noble, a su valor se debe el primer lugar. Lo que él ofrezca, todos ofrecen hacer en servicio vuestro. Por qué, pues también lo eres, con los demás infanzones, que ha llamado el Rey, no metes tu cucharada? Materias de tan importante especie, no a tan cortaedad se fían. Pues todos se comprometen, Lizana, en vuestra prudencia, qué decís? Que me enmudece, Señor, el sobrado aprecio, que estos Caballeros quieren hacer de mí, si no es ya, que por anciano, pretenden preferirme, sin que estorbe lo caduco a lo prudente. Ramón Viel, Guilién de Aza nar, y Don Gastón finalmente de Ansa, que tan a porfía me honran, y me favorecen con su voto, y con su espada, uno cuerdo, otro valiente, son capaces de sacaros de más empeño, porque este, ya en sí mismo trae ganado el modo de responderle. El Príncipe (qué Dios guarde) por ser en las lides fuerte, en los castigos piadoso, en las conductas prudente, y en los premios liberal, tan generalmente tiene ganado el amor del Reino, que cuando rama no fuese de ese Tronco, de quien va brotando el tiempo laureles, debiera el amor buscarle, solo por obedecerle. Y así mi voto, en la voz de todos, es, que quien puede ser Infanzón tan indigno, Aragonés tan aleve, Caballero tan ingrato, ni Cristiano tan rebelde, que no solo no le jure, sino, que no manifieste cuanto os debe, pues el darnos tan glorioso Rey os debe? pero porque no adelante ocurran inconvenientes, de no prevenidos daños, esto deberá entenderse, con tal, que guardarnos jure, al tenor de nuestras Leyes, los Fueros, que han mantenido todos vuestros Ascendientes: esto respondo. Y nosotros, siguiendo sus pareceres, decimos, Señor, lo mismo. Nunca esperé de tan fieles Vasallos menos; y para que mi cariño demuestre, cuanto os estimo, mis brazos os respondan mudamente. En mi tendréis, Caballe. ros, un Atlante, que os sustente, mas, que un Monarca, que o rija. De vuestro espíritu ardient esperamos, que del Moro haga el penacho tapete. Por cuenta del Cielo corre, y pues a esto solamente vine a Sobrarbe, y importa, el que la función se abrevie; Guillén, id a prevenirla, pues mañana, si Dios quiere, se ha de hacerla jura. Aunque tan poco tiempo nos quede para aplaudir tal ventura, en cuanto posible fuere, se el metara nuestro celo. . Porque veáis, cuan breve mente mi amor a vuestra grandeza, empieza a pedir mercedes, un favor he de deberos. Qué es? que eso tardo en ha cerle. El que no echéis en olvido, pues su valor lo merece, a Manuel. Bien sabe Dios, que he intentado socorrerle; mas la estrechez de los tiempos, y la falta de la gente, no lo han permitido hasta ahora? No quisiera, que perdiese a Balbastro, cuando solo tiene para defenderle de treinta mil hombres, ciento; y aunque el saber me consuele, que son los treinta Lizanas, con todo, temerse debe un mal suceso, que en fin, el General más valiente pelea solo por uno. Antes que el cerco pusiese el Moro, no había dentro mil hombres? Es evidente. Pues dónde están los demás? Pregúntaselo a la Muerte, porque fenecieron de hambre. Qué esto en mi historia se cuente! Estaréis mal informado. Mal, Señor? adiós pluguies- se. Yo cuidaré del socorro. Luego que vea en mi frente la Corona, en la Campaña la dará el primer relieve el Alba. 4. El Cielo, Señor, vuestras dos vidas prospere. Entre V. Majestad. No me tratéis de esa suerte, Padre mío. Este decoro a la Majestad conviene. Señor? Qué queréis, muchacho? Que de mi ruego te acuerdes. Si haré, sígueme a lo largo, istón diese Con esa esperanza, que me ofreces, resucita el corazón. Señor, qué misterio es este? Qué cosa? se toca a boda? Cómo Don Gastón quisiere. Luego es Aldonza la Dama? Pues quién querías que fuese sino ella? Tiene el amor, para que las almas fleche, mejor arpón? Tiene el Mayo, para adornar sus vergeles, mejor flor? mejor Lucero tiene el espacio Celeste de la Esfera? No. Pues cómo pude amarotra, si excede en hermosura, a Deidades, Estrellas, y Rosicleres? Es verdad, que eslinda; pero: Celtiberos, Montañe- ses, ya es el Príncipe Don Pedro vuestro Rey; que viva, y reine decid todos. Reine, y viva. Ya el júbilo de la gente se va explicando. Pues vamos a saber lo que resuelve a mi favor la fortuna. Ve aquí ustedes lo que pier- de al mundo, querer casarse, y cargar con un vejete por Suegro, y con una niña, arrevolada de dengues; dice, que es fortuna. que el Rey en su cuarto queda, y para que hablaros pueda, el tiempo ocasión me da, oídme señor Don Gastón. Si yo soy de inconveniente, permitid el que me ausente. Nunca puede un Don Ramón Viel de Azor, embarazar plática, que cortesana, hace un Fortun de Lizana. Pues ya podemos hablar, ved, que me mandáis. Yo, Señor, viendo cuanto está en la guerra, por defender nuestra tierra, expuesto mi hijo el mayor, a que en tanto Ala befiero, una flecha despedida, corte el estambre a su vida; en otro asegurar quiero, de mi Solar conocido, el timbre en la succesión, viendo, que no es su blasón blasón para oscurecido: a Fortún mi hijo colijo, que conocéis lo bastante, es honrado, es arrogante, y es noble; al fin es mi hijo: yo quisiera::: De su acento . pende el alma desde ahora. Que a vuestra hija, y mi se- ñora, le dieseis en casamiento, Qué oigo? Pues igual ha sido para ambos empleo tal. No es Don Fortún tan igual, como vos habéis creído. Cómo no igual? vive Dios; que todo el tiempo, que dudo, el acero no desnudo, por creer, que no estáis en vos? Tened, que a vuestra Nobleza no mira la excusa mía, que esa es más clara, que el día; mas de Aldonza la belleza no ha de ser, aunque importuna porfía, la de cuidados, de quien no tenga sobrados muchos bienes de fortuna: aunque es nuestro lustre igual, Fortún, dudar no se puede, que en lo mucho, que os excede, nos desiguala el caudal: si a vos os sobramblasones, tampoco a mí me hacen falta, y ved, que el oro, que exmalta entre ilustres Infanzones las armas, fuerza es, que venga a descaecer mañana, si no tiene en quien las gana, otro oro, que las mantenga. Qué respuesta tan audaz . sufra yo! Esperanza, alienta! Y este desaire consienta . por el gusto de un rapaz? Y pues ya estáis respondido, quedad con Dios. Id con Dios, pues el que pierde sois vos. Y que es lo que yo hep dido? un Gar que por noble, y valeroso, pudiera ser digno esposo de una Infanta de Aragón: mas pues él se ha de casar, y le despreciáis así, yo buscaré por ahí otra Casa, a quien honrar. A Gastón de Ansa, ninguno puede, por antigua ley, nonrarle, si no es el Rey; y ved, que estáis importuno, tanto, que vuestro capricho:: Ya lo dije, no hay remedio. Ved, que estoy yo de por me dio. Está bien. Lo dicho dicho. Demasiado habéis andado, Don Fortún; esto es lo cierto. Don Ramón, pues no lehe muerto, no anduve muy demasiado: despreciar un hijo mío es agravio tan pequeño, que no merezca este ceño? Si en el lustre, ni en el brío no os tocó, en qué os ofendió? Pues si en eso me ofendiera, obrara de esta manera? Ya tu suegro las lió: llega, señor. Muerto llego. Padre, y señor, en qué estado ha puesto amor mi cuidado? En quitarme a mí el sosiego? por ti padece mi fama desaires, que no creyó, ni se sufrieran, a no sufrirse por una dama: mas como pudo, tampoco, esperar mejor despacho quien obedece a un muchacho y se rige por un loco? Ahi va eso. Qué es esto, amor! No me reveles, semblante, . que aunque soy de Aldonza amante, no es bien que el competidor conozca mi voluntad. Por mí mi padre padece . desaires, que no merece, ni su valor, ni su edad? que esto escuche! que esto vea! mas qué será lo que hoy le ha sucedido? No doy dos cuartos por la librea; Ramón, pues nuestra amistad asombro del tiempo ha sido, decidme, qué ha sucedido? o en fe de qué novedad, con extrañezas tan raras, mi padre airado se fue? Yo te lo dijera, aunque tú no me lo preguntaras, pues nada me importa más, que anticiparte el aviso. A esta boda en compromiso se la llevó Barrabás. Lo que he podido saber, es, que Don Fortún desea el que Doña Aldonza sea, Lizana, vuestra mujer; que habiéndose la pedido, se la negó Don Gastón; de cuya conversación resultó, que desabrido vuestro Padre, os respondiese, viendo su intento frustrado; y pues ya vuestro cuidado justo es, que desde aquí cese, tratad desde hoy de olvidar su hermosura, pues no es bien, ni que obstinéis su desdén, ni a él le hagáis este pesar. Qué decís? Aquesto digo: Que pues soy amigo vuestro, en desengañaros, muestro, que soy verdadero amigo. . Hhí de mí! Sal quiere el huevo; y de mí, Señor, también. Qué perdí todo mi bien! Qué perdí un vestido nuevo! Yo sin lograr su hermosura! Suerte, qué es lo que dispones contra mí? Yo sin calzones anchos, por la bragadura! Esta es su casa. A más ver: y hagámos la despedida. Hay esfera de mi vida! Hay tienda del Mercader! Qué causa::: Almendras de baile! Para que en mi ofensa obre, tendrá Gastón? Ser tú pobre; y el pobre, métase Fraile. No son de mi Casa ornato timbres de memoria eterna? Aténgome yo a una pierna de vaca en el garabato, Ah desventurada fe! Ah desflaquecido estambre! Muero de amor. Rabio de hambre! Ah, Cielo! Ah barriga! Llamaron? No ha sido yerro. Quién será, destino vario? Mas qué es tu testamentario; que va a ajustar el entierro? Cé, Tello. Vuelvo al reclamo. Aldonza es. Qué te retira? Estoy ayudando, Elvira, a bien morir a mi amo. Di que llegue. Tarde avisas; más veré como se ordena. Ea, venga acá, alma en pena, le darán para unas Misas. Muerto llego! Fortun mío, qué motivo te retira tanto de mí, desairando el ansia de mi caricia? Hablaste a tu Padre? Sí; pero el tuyo, prenda mía, me niega en tu mano todo el crédito de mis dichas. Aunque te estimo que sientas la tardanzanza, que motiva su respuesta, siento el ver, que maltrates lo que estimas. Cómo? Como en ser yo tuya, aunque el mundo lo resista, no hay duda: con que me ofendes todo lo que desconfías. Es raro hombre: ha dado ahora en esa nueva manía, y no creerá que le quieren, aunque lo diga una tía, de estas, que andan acotando finezas de su sobrina. Lo creyeras tú? Pues digo, es algún dolor de tripas un mucho te quiero Inés? Ay qué Bártolo! Ay qué inicua! Como mi desconfianza, bella Aldonza, solo mira al corto mérito mío, no te espantes, de que viva temeroso, de que quien no merece, no consiga. Eso, sin que yo lo crea, es bueno que tú lo digas; pues por tu valor, tu sangre, tu gala, y tu bizarría, mereces más de lo poco a que en mi belleza aspiras. Qué presto con esa suerte acallara yo a mi envidia! Yo te quiero. Yo, te adoro. Bien se ha enmendado, afe mía, Fortún. Vengan a hacer sopas, que se derrama el almibar. Acercáreme, por si oigo lo que tratan. Elvirilla, me quieres tú? Ver colgado de la copa de una encina. Qué fineza! no se te cayera la paletilla! Con que, en fin, me das palabra de que contra la ojeriza del hado, serás mi esposa? Si mi bien: mas si se irrita tu padre? Que se recoja el señor viejo potrilla a curar sus almorranas. El tiempo lo facilita todo; y porque me asegure tener enblanco una firma, dame una mano. Y el alma. No será mientras yo viva. Señor, pues como:: Ahí va eso. Don Fortún es. Cierra, Elvira, no su cólera se vengue en mi honor. Hay mis costillas. En fin, loco:: pero antes que tus errores corrija, será bien (que en mí el enojo no ciega a la cortesía) dar a entender a esta dama, que un imposible conquista, si:: mas cerraron. Acuda usted a la portería. Yo haré, que sepas, busón, como has, en ausencia mía, de hablar de mí. Caracoles. Pues, señor, qué culpa indica llegar a hablar a esa reja, para qué así inadvertida, tu cólera me maltrate, sin mirar, que solo iba a desengañar a Aldonza de que no puedo servirla contra su gusto? Y para eso la palabra ratificas de ser suyo? vive Dios, que al ver como desperdicias los honores de mi casa, los timbres de mi familia, de las quejas de tu sangre me he de vengar en tu vida. Qué haces, señor? Quita, infame. Considera:: Aún me réplicas? Hombre, escapa. Muerto estoy! Tú te atreves:: Dale guindas. A amar a quién me desprecia? Ten ese estribo, García, pues allí a mi tío he visto. Hombre, u diablo, llega apriesa, que hay aquí un estelionato. Señor, pues está rendida mi obediencia:: Cada vez que me hablas, me encolorizas; suelta, pícaro. Repara:: Aunque el llegar a tu vista añada en mi sentimiento, señor, desdicha a desdicha, el verme en tus brazos, temple el dolor de ambas fatigas, Qué pampringada será esta? Corazón, mucho malicias! . Qué es esto, sobrino, Feliz? qué nueva causa motiva, que en melancólicas galas, funestos adornos vistas? se perdió Balbastro? Sí; pero en duplicadas ruinas, se perdió más. Y Manuel, dónde está? Dónde, adquirida fama inmortal, con su muerte a más vida resucita. L esdichado viejo! penas, cobardes sois, pues unidas tantas, aún en mí no hacéis tan poca brasa cenizas. Mi hermano ha muerto al im- pulso de las cóleras Moriscas, y contra ellas no me abortan viviente rayo mis iras? vive Dios:: Pobre muchacho! Por ver si en algo se alivia mi dolor, dime, sobrino, cómo murió? Con envidia del propio Marte, pues viendo cuanto le imposibilita la defensa de la Plaza, el mirar, que de hambre espira su poca gente, (ha descuido, cuantos males originas!) abriendo de la Ciudad la puerta, al romper del día, con cien hombres, que quisieron no morir con ignominia, envistió a treinta mil Moros, destrozando su cuchilla tantas Alarbes gargantas, tantas Africanas picas, que fue fuerza, de cansada, ceder más, que de vencida. Y los treinta Caballeros Lizanas, que le seguían, murieron también? Yo solo, por providencia Divina, quedé, para ser correo de tan infaustas noticias; cuya certificación han firmado estas heridas. De suerte, que conservando la gloriosa fama antigua de su apellido Manuel, fue rayó, que despedía la nube de su coraje? No corta la hoz más espigas, que él desbarató turbantes Moros. De gloria le sirva. Si servirá, pues de Mártir logra la corona invicta. Fortún. Señor:: Ya has visto la distancia desmedida, que hay de un ardimiento he roico a una inclinación indigna. Qué quieres decirme en eso que ya en el pecho palpita de ira el corazón. Oh cuánto el oírte me regocija! ven conmigo. Dónde vamos? Donde una sola acción diga, quien es Fortun de Lizana. En tocando en valentía, el vejete está más verde que un montón de siempreviva Ven acá, Feliz; podrás dilatar esta noticia al Rey, hasta que mañana, cuando en la jura prosiga del Príncipe de Sobrarbe, vea, al pasar por mí misma casa, que el que un hijo pierde, otro hijo le sacrifica? Sí señor, pues con decir, que entonces llegué, se quita cualquier reparo. Pues ven, que con una acción no vista; sabrán del Rey el acierto, y de Don Gastón la envidia, uno, a quien fía su Cetro, y otro, a quien niega su hija. . Como tú, divina Aldonza, . no me olvides, mas qué impía la fortuna me maltrate. A que el viejo, según pinta, hace una del diablo, van dos cuartos de calderilla. Aunque os queráis encubrir, mal podréis, pues su arrebol tarde disímula el Sol. Bien pudierais, al huir de vuestra necia porfía, haber conocido ya, cuanto disgusto me da; y pues la cortesanía alhaja es de Caballeros, que me dejéis sola, os pido. Poco conmigo han cedido vuestros desdenes severos: No le des barro a la mano. Que pesado amante es. Cierto, que este Aragonés pudiera ser Valenciano. Aunque vuestra peregrina beldad máltrate mi queja, ya la fortuna me deja el consuelo de otra ruina. No os entiendo. Yo me entiendo, pues es ya desconfianza el vuelo de otra esperanza: con que amando yo, y habiendo muerto ella, bien aspirar puede a ser de esa belleza acreedora mi fineza. Vos os sabéis explicar tan bien, que en conocimiento estoy de vuestra malicia; y así, llevad por noticia; cuan mal de vuestro argumento esa mudanza se infiere; pues si en caso tan preciso mi padre hizo lo que quiso; haré yo lo que quisiere. Que esto oiga? Ah guapa, eso sí, sacudete bien la maza: No obstante eso:: Plaza, plaza. Ved, que va llegando aquí ya la guarda, y que no es bien, que me conozcan por vos. Guardeos el Cielo. Id con Dios. Aunque pese a su desdén, . yo conquistaré su agrado, que todo el tiempo lo allana, despedido ya Lizana. Has visto hombre más cansado, Elvira? Déjate de eso; y pues de campar es día, vamos paseando, ama mía, las calles. Yo te confieso, que solo por ver si hallaba a Tello, o Fortún, salí de casa. Cátale, allí, que aún no de sudar acaba el vinazo, que ha bebido. Fiera bulla! que haya gent que atropellando imprudente por el concurso, y el ruido, sufra a las mil maravillas, por ver cuatro tafetanes, puntillazos de patanes, y encontrones de mantillas: vive Cristo. Tello? Quién? Yo soy; dónde tu amo está? El viejo te lo dirá, que ocultándole también a los de casa, ha dispuesto un hecho de Barrabas. Dimelo. Escucha, y verás, lo que son ubas en cesto: cuando en las calles por donde pasa el acompañamiento, ha ido adornando el contento, que a la lealtad corresponde, las casas de colgaduras de extraordinarios primores, espejos, plumas, y flores, arcos bandas, y pinturas; el vejete Montañés la suya solo ha colgado de retazos, que le ha dado el desván del Guadarnés. Qué dices? Que en la fachada verás, sin ton, y sin son, allí un arco, allí un lanzón, allí un peto, allí una espada, y entre los claros distantes de ventanas, y troneras, escudos, yelmos, banderas, partesanas, y turbantes,; en la puerta principal, que es entrada de la casa, de ayer acá, con su basa ha labrado un pedestal, sobre quien ha de poner, según nuestra conjetura, no sé que nueva figura, que tapada ha de tener de cubierta, o pabellón, hasta que el Rey a su lado, con el Príncipe jurado llegue a la Diputación. Esto es en suma, ama mía, lo que he podido saber; lo demás velo tú a ver, pues ha de decir el día, qué intenta con igual traza la chocha resolución de este viejo remolón. Dices bien, y::: Plaza, plaza. Mira, que llega el tropel, vámonos de aquí. Primero, que des esta llave quiero a Don Fortún, ya que de él la fortuna me retira. No sabremos, a qué fin? A que entre por mi jardín, cuando: mas vamos, Elvira, no nos conozcan. Alón, y ten con ella gran tiento, que puede importar al cuento. Adiós Bruja. Adiós Busón. Cese el acompañañiento, en quien para tanto día, se han esmerado a porfía la lealtad, y el lucimiento, pues de tan noble Ciudad a la casa hemos llegado. Como mayor Diputado suyo, a vuestra Majestad. suplicaré, que su esfera honre; hallándose presente. a la jura. Es conveniente; demás, de que a quien se es- mera en solemnizar así al Príncipe, fuera error, negarle ningún favor. Has visto esa casa? Sí. Raro adorno! Extravagante. Extraña ridiculez! mas qué ha de hacer la vejez? Antes que pase adelante. sepa, para averiguar tan no vista fantasía, cuya es esta casa? Mía; mas qué tenéis, que extrañar? Que cuando Aragón me aclama, adornéis tan al revés su fachada. Es, que esta es Guardáropa de mi fama. Cuando otros vanos antojos del suelo, hasta los terrados, empavesan de brocados, yo entapizo de despojos: con alarbe sangre rojos, costaron hartos desvelos; pues qué galá mis anhelos. hallaran más importante, que poneros por delante. los timbres de mis abuelos? Alguno con vuestra Alteza vendrá, que podrá poner a la vista más poder; mas no, Señor, más nobleza; esta es solo la riqueza mas alta, más acendrada, pues para que venerada estar del olvido pueda, no ha habido en ella moneda, que no cueste una lanzada. Adornos, que el tiempo apura, logran pequeñas ventajas, y solo aquestas alhajas. duran, lo que el tiempo dura. Queréis ver cuanto es segura mi opinión; y su memoria; pues al que hace más notoria la fama de su tesoro, decid, que compre con oro los aplausos de la historia: y no obstante el explendor, que estáis viendo por defuera, daros mi lealtad espera joya de mayor valor. Cuál será esa? Esta, Señor. No es vuestro hijo? Claro está. Pues qué hace así? Él lo dirá. Ahora es bien saberlo? Sí. Pues si ha de ser, Fortún, di, lo que es fuerza saber ya. Rey Don Sancho de Aragón, aunque en tan festiva pompa sienta el haber de mezclar con las tragedias las glorias: Sabe, que ya de Balvastro en las murallas, trémolan sus lunados tafetanes las Banderas de Mahoma: muerto en campaña lo diga Manuel de Lizana, honra de Aragón, pues viendo cuanto tardas en enviarle Tropas, solo concién Caballeros acometió de tal forma a la alarbe muchedumbre, que muriendo, se corona de más fama, pues matando enteras Escuadras Moras, túmulo hizo a su cadáver de Turbantes, y Marlotas. Bien puede ser, que parezca mal prevenida, acción loca de la juventud, querer dárbatarla con tan corta gente, a número tan grande; pues no hizo mal, que aunque eran los treinta Lizanas, y treinta Lizanas, sobran: no lo quiso la fortuna esta vez, pues envidiosa, de que una sola familia se alzase con las Historias, dio muerte a los veinte y nueve; mas si uno quedó, no importa, que él, y yo, si nos entregas la gente que estaba pronta, vengando su muerte, haremos, que veas, como retoñan de aquel generoso tronco las siempre triunfantes hojas. Y pues este fue el motivo, de ponerme de esta forma mi padre, como ofreciendo al honor de tu Corona otro hijo, que le ha quedado, porque por su mano sola, su hermano se satisfaga; concededme a la gloriosa acción de su desempeño; en fe de que, si lo otorgas, el Escudo que está en blanco he de pintar, de tan otras distintas Armas, al temple de las tintas de Belona, que nuevos timbres le esmalten, pues si a adquirir nueva honra, cada uno es linaje aparte, bien es, que aplauda la Europa, que a ganar los quie le estrenen, olvide los que le adornan. Entre admiración, y pena, entre alborozo, y discordia, no sé a cual de los dos ceda: primero, pues se conforman, allí una osadía infausta, y aquí una facción heroica, más justo es saber primero, quien trujo tan lastimosa noticia? Quién con sus las bios las huellas, que estampas, borra. Por qué me la dilatasteis? Porque en función tan dichosa nada sonase a tragedia, enlutando con mis sombras tantas luces. Mal hicisteis, en callármelo hasta ahora, porque no me tiene el Cetro tan vano, que no conozca, que en el círculo del mundo, aunque sea (Feliz) toda la circunferencia dichas, es todo el centro congojas; mas pues la acción en que me hallo, hasta que la acabe, estorba el dar otras providencias, prosíganse en toda forma, Caballeros, de la jura las usadas ceremonias: y vos esperad, Lizana, que con brevedad responda a vuestra leal oferta. Si tanto mi aliento logra, yo le pediré a mi fama bronces para mis victorias. Mucho debo a vuestra Casa, Fortún. Mas hacer me toca; Señor, en obsequio vuestro? Qué humildad tan jactan. Qué sumisión tan soberbia Vamos, hijo. Cuál se entona el viejo. Y otra vez diga la marcial salva canora, Don Sancho, y Don Pedro vivaña Vivan edades dichosas. Don Ramón? Qué me mandáis? Que pues no tenéis forzosa acción en la jura, mientras el acto se perfecciona, deis alivio a una fatiga, y consuelo a una zozobra. Con qué? Con una palabra. Yo os la doy: decidme ahora, en qué pretendéis que os sirva? En que me cuidéis de Aldonza; si acaso fuere mi ausencia precisa, pues ella sola es dueño de mi albedrío, es centro de mi memoria. Bravo Soldado tenemos, De quién decís? De mi esposa, que lo ha de ser ha despecho de su padre, que lo estorba. No ha hecho el Ramón bues na cara. Oh qué mal quien no se forma primero de lo que ofrece, hace en dar palabra, a costa de sus propios sentimientos; mas si él a su cargo toma el recobrar a Balbastro, que siga es precisa cosa, la fortuna de su hermano. Pues la guerra me divorcia de sus brazos, avisadme, si de mi adorada hermosa, otro en mi ausencia, pretende dichas, que mi fe malogra; mas no, no me lo aviséis, que son celos tan penosa hiebre amante, que en lo mismo con que respiran, se ahogan. Yo aseguro, de que en mí hay lealtad, que corresponda a tan grande confianza. Si a espaldas de mi señora quisiere ciudarme usted, de Elvirilla, cierta moza, que es a lo de helar, quemando, hecha de caldo de Zorra, lo estimara yo por cierto. Calla, loco. Dale, vola: qué quiere usted, que un Lacayo se olvide de su mondonga? Por la merced, que me hacéis nueves vínculos compongan, Ramón, mis brazos. Dejadme, desconfianzas celosas. Aragoneses, id, oíd: Sobrarve, y Ribagorza, por el Príncipe Don Pedro. Viva, viva. Y beba, y coma, para vivir. Con qué afecto el concurso se alboroza! No oyes allí los chillidos de Mariquilla la tonta? Volved, volved al aplauso, Vasallos, pues esa ansiosa fina lealtad, para el Rey es la más plausible trompa. Monarca que tiene al Pueblo, bien puede vivir con forna. Viva, viva. Don Fortún: al verle se me alborota el corazón. Al hablarle, se vuelve la voz ponzoña. qué mandáis? El Rey, en fe de que General os nombra de sus armas, en venganza de la muerte lastimosa de vuestro hermano, os envía, (premiando vuestra persona) bastón, y espada, seguro de que en vuestra mano, ponga terror al Alarbe; y pues sois digno de iguales honras, recibidlas de mi mano. La suya es tan generosa, que con un descuido solo favorece, y galardona. Y pues antes que en mi diestra, deben estar en mi boca, decidle:: mas pues él sale, a ambos de una vez responda. Don Sancho, y Don Pedro vivan. Con los aplausos, que hoy lo- gra mi amor, a segunda vida mi ancianidad se remoza. Tan inmortal dure al tiempo vuestra Majestad, que sola vuestra duración impida ceñirme yo la Corona. feliz día! No diréis, Don Fortún, que a vuestra airosa galantería mi afecto no dio la respuesta pronta: General sois de mis armas, y pues ni una sola hora es justo que os detengáis; venid, tomaréis la posta, en dejándome en Palacio. Aunque vuestra generosa piedad le haya honrado tanto, como callando pregonan espada, y bastón; con todo; auntengo yo mejor joya, que darle en la despedida. Mejor? No es dudable. Toma, si purga, ni aún con el Rey el viejo morlón se ahorra. Decid cuáles? Esta Esigie de la Divina Patrona de Aragón. A ese respecto, cualquier dosel es alfombra. Hijo, por la fe, y el Rey vas a pelear, y aunque todas las glorias humanas, son lucidas Ejecutorias del honor, Dios por delante, que ese es el Rey de la Gloria. Y pues para que te saque de riesgos, y de congojas, no hay más seguro camino, que la intercesión piadosa de su Madre, en esta banda, mejor Tusón la coloca al pecho, de donde nunca la separes, aunque expongas en su defensa la vida; pues como a su cuenta corras, si te quito la que tienes, te daré la que te importa: y con esto, y este abrazo, parte en paz. Si tal Aurora llevo pornorte, qué susto me pueden causar las sombras, Enternecido me deja su acción. De partir cebolla tengo los ojos::: Prosiga el paseo en toda forma hasta Palacio. Mas diges lleva mi amo, que una novia. Los Caballos. Trompetero, en qué piensas, que no tocas? Adiós, padre. Adiós, muchacho. El Cielo me de victoria. Encomiéndate a la Virgen del Pilar de Zaragoza. .
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA , , , , s Hoy, Hacen, bella Armida, que de Balbastro ocupo la campaña, en quien a nueva lucha me convida, de otro Lizana la valiente saña; ya que en ella un Manuel perdió la vida, piérdala un Don Fortún, y igual hazaña los hará ser, si Alá no lo remedia, hermanos en la sangre, y la tragedia. Bien de tu brazo, valeroso hermano, su ruina fío, y mi laurel espero, pues es desde la nube de tu mano, vibrado rayo tu invencible acero. O no permita Alá, que del Cristiano triunfe tu orgullo, pues dolor tan fiero, será insufrible para la ansia mía, que si fue inclinación, ya es simparía. Pues si nuevas victorias te previene el numeroso Campo, que conduces, qué esperas, si oyes, que marchando viene el Pensil bajo de arrolladas Cruces? Presto verás, Hacen, que le detiene la ira de mis Flecheros Andaluces, porque despojos vote, tanta ruina; al Mosaico dental de Salomina. Ea, Señor, de la manchada Alfana dame licencia de que ocupe el fuste, porque nueva Tomitis Africana, solo el verme a tu sado los asuste, si Bien de tu esfuerzo creo, amada hermana igual acción. Me creer, que ser embuste, si a cualquier Cristianilio en el mazmorra, dar Datil, Alcuzcuz, e Mazamorra. Si triunfar quieres de la roja funda, desenvaina el Alfanje Damasquino, pues parado en batalla, a lid segunda nos provoca su Ejército vecino. Solo mi amago su altivez confunda. Sin que el Escudo embarace diamantino, resonando en los huecos de la Sierra, decid, que África viva, Guerra. Guerra. Viva Huesca. Aragón viva. Injusto airado destino, qué quieres de mí? no basta, que mal del orgullo mío, rechazados los contrarios, pierda, al mirar fugitivos mistercios, honor, y fama; sino que también herido, y solo; la vida pierda, porque cerrado el camino, quede a mi despique? pero pues entre el polvo distingo un bulto, muera matando. Viva la gran Fe de Cristo, perros. Quién es? Un botracho tan harto de beber vino, que se ha venido a laguerra por devoción. Tello, amigo, en fin, ganó la Batalla el Moro? No, que son figos, un gígote de Cristianos ha hecho, que con su caldillo colorado, puedeser gígote del otro Siglo, en el Figón de la muerte. (visto, Allí al General he cercadle todos. Zarazas. Ya delúltimo conflicto llegó el plazo, y pues Escudo, que defender no ha sabido a su dueño, está pidiendo otro Escudo más Divino, vos, Señora, os encargad de la vida, que os confío, en prueba de que Vos sois Madre de los afligidos. Que no tenga yo una estam- pa, que sacar, por si me libro de la zurra, que me espera. M. Pues ya te hemos conocido, date, Lizana valiente, a buen cuartel, y no altivo abuses de la piedad, que pretendo usar contigo. Moro, si mi nombre sabes, como también no has sabido, que muerto, y no prisionero, me has de llevar? Ah buen hijo. Cómo nunca es el despecho valor; y pues solo aspiro, a que la vida rescates, rinde el acero. Teñido en vuestra sangre, veréis, que le mancho, y no le rindo. Pues se resiste, matadle. No le matéis, que es in- digno impulso, el que se ensangrienta en la vida de un rendido. No tan rendido, señora, como juzgáis. Perro Chino, no callaras? Pues aunque su Ejército dividido yace en el último trance, no quiere darse a partido. Cómo sin defensa dices, que estoy, si en amparo mío está todo el Cielo? Alá, qué portento es el que miro; que a domiñar toda el alma se ha entrado por un sentido? más para después dejemos mi duda. Pues ya has sabido de su despecho, y mi empeño los dos contrarios motivos, deja que muera. Eso no, pues una vez que me he visto empeñada en su socorro, he de evitar su peligro. Pues con mi obligación cuma plo, no me culpes, si atrevido falto a tu respeto. Advierte:: Esto es fuerza, Al Cristianilio berros. , . Muera acen qué es esto, pues como omiso el valor de vuestro brazo, en no dejar fenecido el triunfo? co Cómo no es po triunfo el que yo solicito, pues es Fortún de Lizana, el que veis, y el que ha querido bárbaramente brioso, resistirse al infinito número, que le combate. Y no estás, Hacen, corrido, de que tan poco despojo haya estorbado a tu brío seguir el alcance; acaso ir libre, o quedar cautivo, qué triunfo añade a mis Armas, si en su poca edad he visto, más razón para el desprecio, que empeño para el castigo; y por que lo veas, oye, Cristiano desvanecido, en qué piensas? En que no se diga, que no he cumplido con mi obligación, muriendo; y así, aunque sea delirio, este acero, este bastón, y esta Imagen (en quien fío, no solo mi libertad, sino vuestro precipicio) no he de entregar, sin que sea en el último suspiro. Vive Alá::: Mira, Señor, que rendida te suplico, pues su mocedad persuade mi piedad, que compasivo tu justo enojo moderes. Tú lo mandas? Yo lo pido. Pes sea así: ea, Cristiano, pues quiero que quedes vivo, mira, qué partidos quieres, para poder conseguirlo, pues yo piadoso, y atento de Armida al gusto, me eximo. del reparo, de que digan, que un hombre solo ha podido conseguir, el loco asunto de capitular conmigo. El primer pacto es, que este brillante acero, que esgrimo, y este bastón a las manos, de Pedro, Monarca invicto de Aragón, han de volver por mano de algún Caudillo tuyo, pues no ha de decirse, que habiéndolas yo traido, no las defendí en la forma, que pude. Yo le confirmo, ve adelante. El segundo es, que ha de irlibre con el mismo, que restituya las armas ese Criado, en quien libro la acción, de queme asegure en Sobrarbe ese lucido blanco Escudo, que mi padre me dio, mientras no le pinto de empresas, que a nuevos time bres eleven mi lustre antiguo. Está bien; prosigue. Miedo, ya estoy libre en compromiso, El último pacto, y más principal, que los que he dicho, es, que este tallado bulto de María, por quien vivo, no has de estorbar a mi afecto, el que ande siempre conmigo, ni que a su Divina Imagen puedan los demás Cautivos en mi compañía hacer continuados sacrificios. Dificultosa propuesta: mas pues todo lo he ofrecido, todo he de cumplirlo. Ahora, una, y mil veces rendido a tus pies Alza del suelo, y pues solo Armida ha sido tu arco de paz, a ella sola da gracias del beneficio. L. Si haré, con la novedad de haber, señora, en vos visto una hermosura piadosa. Pues también soy compre- hendido en el indulto, amo, deja lugar para mis hocicos. Quitar, berro, que estar su cios los labios. Es de tocino? Qué borquería. Este Moro tiene cosas de Judio. Ay, Aldonza, qué mal, entre el belicoso bullicio me olvido de tu hermosura. Ya, Armida, te he obede: cido; y pues a dar convenientes órdenes voy, con que aspiro a perfeccionar el triunfo, que de este esclavo consigo, tan a tu arbitrio, que penda su libertad de tu arbitrio; que no quiero, ni acabar con su familia, ni impío quitarle al Rey de Aragón un General tan altivo: ven, Hacen. Aunque de Armida adoro el ceño divino, silencio, amor, no la queja acreciente su desvío. . Venir al mazmorra. Hombre, no has oído, que me libro por Embajador adlitem. Hola: Gran Soniora. Idos: y poniendo a ese criado donde esté bien asistido de mi piedad, con Lizana me dejad a solas. Lindo. Zalámele. Oyes, podenco, trata de servirme listo, que lo manda la Princesa. Sonior sí. Es un pobrecillo; ea, venga, que yo haré, que le denun Catecismo. . Ya, Aragones valeroso, has visto, como yo he sido quien te dio la vida. Sí. Y que por mi mano quiso Alá, que contu honor quedes más airoso. Agradecido lo confieso. Pues aún m me has de deber, si propicio me favorecen los hados, pues enviarte es mi designio libre a tu patria. Ay, amor. Lloras? Sí. Mucho me admiro. De qué? Si cuando idolatro una hermosura, en quien cifro todo mi bien, al oír, que volverla a ver consigo, se pasó a la vista toda el alma de los sentidos, y como no cupo, en poco, se fue derramando a hilos. Pues cree, que más breve- mente de lo que tú has discurrido, has de ver lo que deseas, y si ahora no te libro, es por dejar, que mi hermano cumpla lo que te ha ofrecido; mas yo dispondré, que sea Hacen, de quien me confío, el mensajero, y te lleve. Pues no tengo otro camino de estimartelo, tuyo es el aliento con que animo, el alma con que idolatro, y el aire con que respiro. Menos pido. Qué me mandas? Dime antes, ese exquisito amoroso, aperecible Simulacro peregrino, no es la Madre de tu Dios? Sí, que es la Madre de Cristo Pues de mi fineza en pago esa me has de dar. Qué has dicho? a infiel poder ha de ir el tesoro del Impireo. Ese reparo se salva, pues toda el alma te fío, por Caballero, sabiendo, que un ignorado atractivo me inclina a tu Ley. Señora::: No te excuses; advertido de cuanto me importa, el que quede esa prenda conmigo, a ser norte en mi naufragio a ser antorcha en mi abismo De suerte, que de tenerla afecto, ha de ser preciso amarla, y seguirla. (obligo Sí. Pues ve en paz, que yo me a dejarla en tu poder, antes que en fe de tu auxilio vuelva a mi patria, y no olvides, que el habérmela pedido, fue después de haberme dado la libertad. i. No lo olvido: mas qué sacas de eso? Saco, el que no pueda indeciso murmurarme mi respeto, que a precio tan excesivo la compre, si no que ansioso de tu bien, te la he cedido, pues entre comprar mi vida, o facilitar tu alivio, uno es ser interesado, y otro ser agradecido. Vete, que la guarda espera? Si haré. Qué mal me despido de sus luces. No me culpes, devoción; pues si desvío de mí su beldad, es solo a fin de que con su auxilio sacuda un alma la torpe cadena de sus delitos. Yo te buscaré. , Deseo, resucita de ti mismo. y a perdió la batalla? Y tan perdida, que le ha costado la vida. No seré tan feliz yo. Por el Ejército infiel rompió tan osadamente, al ver en fuga su gente, que aún no se ha sabido de él. Pero esto aparte, mirad, que traigo de vuestro amor buenas nuevas. Pues, señor, ya que me hacéis la amistad de persuadir el desdén con que me trató hasta ahora Doña Aldonza, mi señora; sedlo en decirme también si admitido de ella está mi cariño. Señor, sí: miento; pero importa así, porque la empeñe el que ya dada la palabra tengo: y esta noche iréis conmigo a verla. De vuestro amigo, l a ser vuestro esclavo vengo: dadme los pies. Esos son cumplimientos excusados? pero el Rey sale. Cuidados, dejad libre el corazón. Qué intentará Abderramen, que un Embajador envía? : Abusando su porfía de su suerte, y tu vaibén, pedirá indignos partidos para las treguas, que intentas. No, gran Señor, lo consien- tas, que aunque estemos tan perdi- dos, que dos Batallas nos gana, y u na Plaza; aún está aquí, para que vuelva por ti, un Don Fortún de Lizana. De vuestro hijo no he sabido? con que fin duda murió? Pues hasta que muera yo, aún no ha el Alarbe vencido. Dicen, que intrepidamente se despeñó. Eso es lo cierto; pero el muchacho no ha muerto, Cómo qué no, si su gente, cortado le vio quedar en poder del Enemigo? Cómo llevaba consigo a la Virgen del Pilar. Si esa esperanza os alienta, bien creéis, pero Don Gastón? Cumpliendo mi obligación, solícito daros cuenta de como a Aldonza mi hija, librando mi lustre en él, caso con Don Ramón Viél: pues aunque esta sea prolija ceremonia, mi lealtad no aspira a otra conveniencia, que a lograr vuestra licencia. Su valor, su calidad le hacen digno de tal fuerte; y entre ambos merecimientos, cuidare de sus aumentos. Qué ya ha creído tu muerte, pobre Fortún, la que tanto te quiso, y tanto tú quieres? Oh mundo! estas son mujeres? Oh cuanto me alegro, o cuanto, de que haya mi dicha oído Lizana! El Embajador, esperando está, Señor, licencia. Habéis conocido quién es? Moro Principal, en traje, y modo, parece. Decid, que entre. Oh cuanto crece mi dolor! Mas si en igual airada suerte severa Espada, y Bastón perdió, de qué me estremezco yo? Que en recobrarlos no muera! A ti, Don Sancho Ramírez, Rey de Aragón, y Navarra, Abderramen, Rey de Hüesca, Balvastro, Daroca, y Fraga, salud envía; y después de repetirte la instancia, de que se le den en reenes las dos importantes Plazas de Moya, y Calatayud, para firmar, sin tardanza, las treguas, que solicitas por cinco años, me manda, que a segundo informepase el tenor de mi embajada: entre las desechas Tropas, entre las vagas Escuadras de tu gente, en el destrozo de la pasada batalla, bañado de sangre, y polvo, burlando flechas, y lanzas, se vio en el último trance un tal Fortun de Lizana, tu General (según dijo) y según dio su arrogancia a entender; pues despreciando el buen cuartel, que le daban, antes, que quedar cautivo; morir quiso, y lo lograra, si compadecido el Rey de su juventud infausta, si ya a porfías del ruego no fue de A no le otorgase a fin solo de que se rindiese cuantas condiciones propusiese, acción, al fin, de Monarca: entre otras que le otorgó, fue una, que a tus Reales plantas volviesen restituidos cierto bastón, cierta espada, que antes de partir le diste; y como Reales palabras nunca faltan, u del Cetro hajan el honor, si faltan, conmigo te las remite; mas como dadas alhajas, que como adquiridos triunfos; pues si a un joven los encarga, errando quien las entrega, poco logra quien las gana; y pues político ajioma es, que el consejo se haya de admitir del enemigo, busca, Rey, si cobrar tratas lo perdido, otros alientos, que aunque no de más pujanza, sean de más experiencia; pues si tu Ejército mandan Generales tan visoños, pierdes todo cuanto gastas; y a tu enemigo, algo más, que le adulas le desairas. Está bien; di a tu amo, Moro, cuanto en suerte tan contraria el presente le agradezco; y por lo que mira a tantan vanidad como le ha dado un descuido de la fama, dile, que no solo espero cobrar las perdidas Plazas, pero irle a sitiar a Huesca. Qué Aragonesa jactanciia Presto, para su escarmiento me verás puesto en campaña. Pues allá, Rey de Sobrarbe, nos veremos. Si mis canas me recen esta licencia, permitid que otra demanda responda yo. Ya la tienes. Pues antes de hablar en nada, di si me conoces, Moro? Que eres Fortunde Lizana, me han dicho tus señas. Pues como, sabiendo que es rama Fortún de este trenco, tanto, o le desprecias, u le hajas, sin temer, que quien le ha dado el ser, le dé la venganza: si en que estoy viejo te fías, vive Dios, si no mirara, que tengo a mi Rey presente, que en castigo de tu audacía, habías, hasta la calle, de salir por la ventana: A jóvenes, y a caducos, no responde mi arrogancia con otro idioma, Fortún, que el de volverlos la espalda. Guárdete Alá, Rey Don Sancho; Si eso es huirme la cara, Moro, por San Vitorian, nuestro Patrón, que sí::: Bast Señor, yo:: Venid conmigo, que yo haré, que sin tardanza se rescate vuestro hijo. Señor, pues dinero falta, lo que por armas se pierde, se ha de restaurar por armas. Ah hecho el Rey tan poco aprecio de su prisión, que mañana creo que os le enviarán libre; y aún hoy: pero confianza . no reveles el secreto de Armida. Pues si se tarda, nos pondrá en empeño de ir a cobrarle a cuchilladas. Pues nadie me ha conocido, cual debe de estar mi cara con los vigotes. Sigamos al Rey, aunque oír me cansa las locuras de este viejo. Pues esta noche me aguarda la dicha de ver a Aldonza; noche, cálzate las alas de mi amor. A Don. Ramón, para entregarle la carta, esperaré a la salida. Oh las señales me engañan, o el disimulado Moro es Tello; para que salga de cuidado, será bien que le siga, luego que haya comboyado al Mensajero. Mucho vuestra hid alg atención estimo. Es deuda el serviros. Oh mal haya a las pasadas heridas; pues ellas fueron la causa de no seguir a mi primo. , ,y Pues tan cerca está mi casa, quedaos hijo. Ese nombre da vida a mis esperanzas. Mirad, que en anocheciendo os aguardo. Si se pasa tan presto como yo espero el tiempo, poca distancia habrá entre deseo, y dicha, favor, y desconfianza. Adiós. Los Cielos os guarden. Allí está, vaya de maula, por si pega. Qué querrá aquel Moro, que repara tanto en mí. Mas que el mensaje en palos para? Deo gracias. Qué decís? Zalámele. Cómo de esa suerte habla a medias? Cómo aunque ser Moro el padre, ser Cristiana la madre. Y qué se os ofrece? Esto solo. Carta canta. De quién es? De Don Fortún, que en Balbastro ha dos semanas, que estar cautivo. Esto solo a mi paciencia faltaba? Él es; y pues con Ramón Viel está, hasta que se vaya, bien es esperarle aquí, para que de tan extraña duda me saque. No doy dos cuartos por mis quijadas. Pues no debéis extrañar, amigo, que en tan infaustas fortunas, entre la ausencia a la parte en mis desgracias; avisadme (mientras yo logró volver a la patria) en qué estado está mi vida, pues teniéndola cifrada en Aldonza:: no leo más. Ya se templa la guitarra. Adónde estará el Cristiano que truje, pues su ignorancia temo que el secreto diga: mas ya le he visto, con que hasta que quede solo, no es bien llegar. Buena va la danza. Hombre, que a aumentar ve- ira a ira, rabia a rabia, di a Don Fortún:: Qué he escuchado! . Que a proposición tan vana solo es justo, que responda hecha pedazos la carta. s Vive Dios, que es muy hecho lo hecho; y:: Moro, si me cansas, vive Dios:: Él solo es el Moro, y toda su alma, que yo con cualquier Parroquia cumplo la Semana Santa; y mejor que él, pues él cumple con la Cédula comprada. Ya es desdoro el sufrimiento Tened, Don Ramón, la espada Qué se os ofrece? Enseñaros, como criados se tratan de mi primo. Pues guiad a que quiebre en vos la saía, que contra él tuve. Yo Moro? Esperad, que aunque con traria es la ley, la obligación siempre es una; y pues acaba Tello de llegar conmigo, solo a mí esta reservada la acción de seguir el duelo. Quién primero llegó, gana el primer lugar; demás, de que desaire, que haja a un pariente, no ha de ser un extraño el que le salva. Debajo de mi seguro vino ese hombre; y quien le agravia me agravia a mí. Moro yo? Ved que he sacado la espada. antes que vos, y sin sangre no ha de volver a la vaina. Yo para ponerme en medio, hasta que me satisfaga. Yo para reñir con ambos. Mirad:: Ved:: Quién en la Plaza de Palacio:: mas qué miro! Feliz, Ramón, como falta el respeto a estos umbrales? decid, qué es aquesto? 3. Nada. Cómo que no he de saberlo? Pues yo te lo diré en plata. Yo, señor, como lo muestra arrojar las opalandas Morunas, soy Tello, truje a Don Ramón una carta de tu hijo; y fue la respuesta el tirármela a las barbas: con que sobre, cual es bien, que el dicho tuerto desfaga, se quieren matar. Ya arguyo, que de ese lance fue causa su amor: de suerte, sobrino, que por un rapaz, que acaba de perder la libertad, y el honor, emprender tratas ridículos desempeños? Yo solo sé, que se engaña quien se fía en que mi primo cautivo está; y:: Feliz, basta: mensajero, vuestro Rey no os ha enviado a esta jornada a reñir duelos ajenos; y así, pues la escolta aguarda, idos. Yo solo procuro castigar a quien maltrata un ciiado de vuestro hijo. Quién es mi hijo? el que des- aira las prendas que el Rey le dio? bien por Dios; y cuando lo haya sido, mucho mejor, Moro, fuera, que en salir pensara de su prisión, para ver si restauraba su fama, que acordarse de imposibles pretensiones malogradas. No ha mucho, que yo te oí defenderle. Hay gran distancia de disculpar sus alientos, a abonar sus rapazadas. Pues Don Fortún, Caballero, es quien la acción embaraza, quien tuviere que hacer, puede Castañas. Guardeos Dios. No ira ninguno, que soy yo quien se lo manda; y pues yo sé bien, sobrino, que en proseguir esta instancia no me haréis tanto disgusto. Venid vos. Advertid:: Hasta que os unáis a vuestra escolta, he de ir con vos. Si llegara a saber, que en ella viene su hijo, y que solo aguarda para entrar a que la noche haga a su intención espaldas. En el camino sabré si tener puedo esperanza de ver libre aquel muchacho. Yo procurare mañana, dejar mi valor bien puesto. Ya Armida, vuelvo a tus aras a añadir con mi obediencia otro mérito a mis ansias. Ya que hemos quedado solos, dime, Tello, qué mudanza es esta? Hay mucho que hablar; pero ahora el que sepas basta como mi amo Don Fortún: Señor Don Feliz? Quién llama? Quién tiene aparte, que ha- blaros. Este secreto me escarba en las tripas, y no hay forma de echar una bocanada; pero él saldrá, Qué mandáis? Mi ama Doña Aldonza de Ansa, por Caballero os suplica, el que os lleguéis a su casa conmigo, pues ya anochece, y será fácil la entrada sin reparo. s De esta suerte se obedecen de las damas los preceptos: vete tú, y esperame en mi posada: Mira, señor, que tu primo: Para que en decirte cansas lo que podré saber luego: guiad vos, señora. Jurara, que aquel es Tello, mas como no le veo bien la cara, voy en duda. Por la pluma no es mala la cogujada; mas pues sin saber se fue, que ya, pues la noche baja, estará en su casa mi amo, vamos hacia allá en volandas a esperarle, que pues él ha de ir a ver a su ama, yo entonces le diré a Elvira, en los malos pasos que anda. Qué te ha hecho mí confianza de amor tirana violencia, que has disparado la ausencia, para matar la esperanza? Di que no canten. Por qué? Porque el tono a mi cuidado retrata el infausto estado de mi malograda fe, Aunque mi amo, y tu amante, cautivo esté, amor querrá, que logre volver acá. Ay, que aunque en tan in, constante adversa estrella cruel, ese es el mal principal, no ese es solo, Celia, el mal. Pues cuál? Que Don Ramón Viel quiere mi padre que sea mi esposo, aunque he resistido tanto el sí. Darte marido por fuerza, no es mala idéa; mas tú, qué piensas hacer? Presto, Celia, lo verás, pues solo a ese fin no más me bajo al anochecer a este jardín. Pues ya es hora, si tu padre ha de venir con Don Ramón, de subir. No me lo acuerdes. Señora? Elvira? A la puerta está Don Feliz. Ya, que has venido tan presto, sin hacer ruido, guíale hasta aquí. Agua va: mas qué va, que este capricho cuesta caro. . Tú, pues no te he menester, di que yo, que se retiren he dicho las demás. A bien, que hay puerta falsa por donde vaciar el hidalgo, que ha de entrar, Ten cuidado. Estaré alerta. De esta criada llamado, y mi obligación traído, hasta este sitio he venido, señora, no sin cuidado, hasta averiguar así, pues a todo trance muestro, que estoy al servicio vuestro; que me mandáis? Ay de mí, que aunque más quiera veloz salir a ocupar el viento, apenas sabe el aliento el camino de la voz. Señor Don Feliz, yo creo, que no ignoráis cuanto estimo! a Don Fortún, vuestro primo, ni que un descortés deseo insta en querer con violencia cautivar mi voluntad. Nada ignoro. Pues mirad cuan poco mi resistencia ha valido, pues obliga una injusta fuerza airada, a que de vos amparada. me oculte, donde consiga ver el fin de este suceso; y puesto que en vos consiste, logre por mujer, y triste. Buena la hicimos. Qué es eso? Que a la puerta, Don Ramón, a mi amo aguardando está, con que por allí será dificilla pretensión, de echar a este Caballero, sin que esto en pendencia acabe. No importa; toma esa llave, Elvira, y mientras espero volverle a llamar, a fin de que su valor me valga, el señor Don Feliz salga por la puerta del Jardín, y tú vete. Ande hacia acá, y no con paso tantardo: Ved, que vuestro aviso aguar- do en la calle. Quién va allá? Hombre aquí! Que al primer paso hayan de hallar mis desvelos el tropiezo de los celos! Bueno va esto. Ay, qué fracaso! Qué tienes? Que al escurrir el tal Feliz, encontró otro hombre, que se coló. Mi padre es, porque venir otro, no puede, si no él por aquesta puerta, hoy muero. Mas qué aguardo? Mas qué espero? Sígueme, y para fingir, desde mi cuarto podrás. dar voces. Su padre es, sin duda, aunque calla; y pue nada ahora importa más, que asegurar el honor de una Dama, buscar quiero otra puerta. De mi acero dónde te escondes, traidor? Como quien no dice nada: ve aquí, porque en ruina acabe de lo que sirvió la llave de la primera jornada. Que no le encuentre. Bien va. Dichoso yo; pues hallé la puerta pordonde entré. Hay más dudas? Quién va allá? otro acaso? Quién es, digo? Quién ha venido? Qué es eso? No sé; mas presto la duda me satisfará el acero. A vuestro lado tenéis el mío. Bueno va esto. Hola, Favio, hola, Criados. Vive Cristo, que es el viejo. Bajad luces al jardín. Ah, traidora! Dónde, Cielos, iré a parar. Aunque muera, he de mantener el puesto. De mi señor son las voces. Lleguemos todos. Qué es esto, Señor? Con más justa causa debo yo dudarlo, puesto, que encuentro tantos agravios. No es Lizana! aspacio, celos. A darme nuevos pesares, por donde Fortún ha vuelto? . Feliz aquí, él fue sin duda, el que hallé al entrar. Ya que ha hecho público el lance este acaso, no me diréis, Caballeros, qué hacéis en estos jardines? Si yo::: Detén el acento; y porque yo satisfaga a todo, dime primero, si fuiste el que en esa puerta halle al entrar? Sí; y a efecto de amparar tu amor, llamado de Doña Aldonza. Pues eso basta, para que asegure la inquietud de mi recelo: señor Don Gastón, dejando a una parte, el como vengo aquí, pues no toca a vos inquirirlo, ni saberlo. Pues portí me veo libre, o Armida, lo que te debo! . Baste saber, que he venido, a vengar un menosprecio, y a dar una libertad; el como, dirá mi esfuerzo, dandomuerte a Don Ramón, de cuyaosadía tengo, por este criado mío, noticia, con que poniendo en salvo a esta Dama, a quien queréis violentar, podemos a vuestra queja, y la mía, dos a dos satisfacernos. Que este desaite suceda a mi valor! Suponiendo, que ni ella ha de casarse con vos, ni vos de este puesto habéis de salir con vida, que ha de ser en balde creo, gastar más voz, que la ira. , . Decís bien. Señor, a ellos. Mata esa luz. Buenas noches. Muerto soy. Allá va eso. Ah traidores. Ven, señora. Que mal con las sombras puedo encontraros. Tras ti voy. Sígueme Feliz. Bajemos, pues hay ruido en el jardín. Que no los queme mi incen- dio! Ah señora: Quién va allá? Sácame por Cristo, Tello, de este embolismo. El amor favorezca mis intentos. Porque no nos sigan, cierra esa puerta. Me convengo. 1. Señor? 2. Señor? Dónde, aleves, estáis? pero, Fabio? Ernesto? 2. Qué tienes? Muchos agravios; siendo mi mayor tormento haber cerrado la puerta por donde escaparon; pero, retirando ese cadáver, venid en mi seguimiento a toda prisa. 2. Volando vamos tras ti. Ea, esfuerzo, ahora te he menester todo. Dentro de esa casa creo, que fue el ruido. De Gastón de Ansa es. Pues por eso mismo, habiéndole hechoún acaso mi enemigo, es bien que en- tremos a saber si necesita de mi valor. Caballeros, si las honradas desdichas merecen en nobles pechos hallar socorro, evitad, no tanto porque os lo ruego, cuanto porque de una dama puede importar, cuando menos, vida, y honor, que esa gente me alcance. Por allí fueron, Qué infeliz soy! Esta voz quiero conocer. Andemos, que ya vienen cerca. Hidalgo, id seguro de que quedo guardándoos yo las espaldas; y adiós. Yo digo lo mismo. A bien que es la calle angosta para que al ponerse en medio, no pase un alma. Ya es fuerza seguir a Fortún. Los Cielos os paguen tanto favor. En qué os paráis? idos presto. Ay amor, lo que me cuestas! Venid por aquí. Teneos Don Gastón, porque este sitio corre a cuenta de mi esfuerzo. Vos me embarazáis el paso? No lo veis? Sabed primero, que es vuestro hijo. Qué he escuchado? El que a Don Ramón ha muerto, y robádome el honor. Bien de su arrojo lo creo; mas pues ya estoy empeñado, lo disuadiré, si puedo. Qué decís? Lo que escucháis. Bueno es, que quedando prese en Balbastro, le queráis achacar lo que no ha hecho. No es tiempo ahora de demán; das; y pues atajarlos pienso por esta parte, no dando lugar a que nuevo empeño me aleje de ellos, seguidme, Advertid; pues:: Nada atiendo, andad aprisa: hija aleve, en qué paraje me has puesto. Habeislo oído, Guillén? Sí; aún no acierto suspenso a determinar. Por donde, paradarme sustos nuevos, habrá venido este mozo a Sobrarbe? mas pues riesgo corre su persona, vamos, que al fin es mi hijo, y le quiero Embarazar es preciso, que le prendan. Según esto, él se lleva a Aldonza; y solo el verle casado siento
JORNADA TERCERA
Jornada Tercera Señor Señor En vano es vuestro intento, pues una vez, que resolvió mi aliento sitiar a Huesca, y para su conquista mi Ejército triunfante está a su vista, yo he de ser en persona quien del muro tenaz, que la corona, registre las defensas. No arrojado nos quieras dar, Señor, tan gran cuidado, como exponer tu pecho al tiro aleve de tanta flecha, como el muro llueve, del arco despedida, pues la vida de todos es tu vida. Si hoy se atampó la gente, de cuyo ardor es General valiente Don Forún de Lizana, dejad algo que hacer para mañana; Si a averiguar sus fortificaciones, a pesar de los trágicos arpones, morva, gran Señor, vuestros cuidados, yo el menor de tan ínclitos Soldados, no solo iré contando las arenas, mas treparé de un brinco sus almenas. Bien lo creo de vos; pero no quiero, que Abderramén su Rey, bárbaro, y fiero, sejacte, de que vino en busca suya Sancho, Rey de Aragón, y aunque me huya libre de las defensas de la malla, no llegue a provocarle a la muralla. Ya sabe el Moro en uno, y otro alarde, que sangre Real no sabe ser cobarde. Gastón, esto ha de ser. 4. Igual arrojo, no es justo consentir? Pues si me enojo, vive Dios::: 3. Gran Señor::: Nadie me siga, que solo he de ir, aunque entre la enemiga saña del Sol en rápidos cometas, se volviesen los átomos saetas. Extraña intrepidez! Al son del parche, el Batallón de Guardías, Guillén, marche a nuestra espalda. O quiera la fortuna, que al Sol no apague un rayo de la Luna. . Tras vuestra Alteza, mi obediencia pronta, buscando va el peligro. Monta. Monta. Y aún lo veloz no me parece presto, peligrando mi Rey. Guillén, qué es esto? Que sin que el ruego baste, se ha empeñado el Rey en registrar ciego, y osado, por lograr el asalto, que dar traza, las muradas defensas de la Plaza. Así contra la belica experiencia, falta su Majestad a la obediencia de este Bastón; mas ahora solo el celo le intente socorrer. Válgame el Cielo. Oíste una queja? O si para su ruido se secasen las fauces del oído. Mucho mal temo. A deshacer acuda la evidencia, los sustos de la uda? en por aqu Dejadme, ya que quiera, que muera el hado, que a la vista muera de esa Ciudad, a quien en vez detiros, brecha he de abrir a golpes de suspiros. Padre mío? , . Señor? Ay de mí! Pedro, Vasallos, hijos, ya en mi muerte medro, fama más alta, aliento más glorioso. Infeliz Sancho, Pedro generoso, qué novedad es esta? Hable mi llanto. Herido el Rey, o cuanto logró altivo despojo de arco perjaro el fulminante enojo. Don Fortún, Don Guillén, como a mi anhelo vuestra vista le sirve de consuelo! No esmejor, que en la Tienda veamos, si a tanto daño se halla enmienda? Cómo ha de ser, si el duro arpón violento se afía con cualquiera movimiento; y pues para mi orgulloso, valiente espíritu bizarro, a vista del Moro, alivio es, el morir en el Campo, traed un Misal, porque logre mis designios. Voy volando. Ya que no permite el riesgo, que te conduzca el cuidado al Real Pabellón, sobre este risco hallarás más descanso, que en pie, Sea en hora buena; pues cuando en la tierra caigo, me admitirán, como urna, las piedades del peñasco. alladahor Ah, Señor! estas desgracias nacen de no meditados arrojos. También proceden de no favorables Astros, Cómo te hallas? Por minutos me va pisando este dardo el aliento. 1. Ya el Misal está aquí. Cuanto, Soldado la brevedad os estimo; y pues vale el tiempo tanto; Pedro, arrodillado en tierra, escucha, puestas las manos sobre las Sacras Verdades de los Evángelios cuatro. En todo he de obedecerte. Hijo, ya ves el estado, en que tu Corona queda; si Abderramen temerario mantiene a Huesca, ya has visto, cuanto a tu padre ha costado su sitio, y pues por Rey quedas de tan leales Vasallos, y para que ya que muera, pueda morir consolado, jura a Dios, y a los Misterios de este Libro Sacrosanto, de no levantar el sitio de Huesca, aunque hechos pe- idazos tú, y todos, salga Don Pedro, como ha salido Don Sancho. Así lo juro, y protesto a Diós, ante quien me hallo, que he de vengar tu tragedia. El ayudará a tu brazo, si ensalzar su Fe procuras, como Príncipe Cristiano. Qué lástima! A este dolor jurará de cera el mármol. Pedro, llégate a mi rostro; Don Fortún, dame un abrazo; O si pudiera infundirte mi aliento! Oh, si al abrazarnos, dejándote libre el riesgo, se pasara a mí el estrago! Y pues no permite el tiempo, instruine más despacio. Hijo, si quieres, que el Cielo te dé succesivos lauros, sé piadoso con los pobres, rígido con lososados, seguro con los amigos, piadoso con los contrarios; y con todos justiciero: mira bien lo que te encargo; que es mil culpas permitidas, un delito perdonado. De Don Ramón Viel la muerte castiga, pues a tu cargo está el dejar satisfecho de Don Ramón el agravio, que yo sé, que Don Fortún, aunque es su hijo el culpado, te aconsejará lo mismo; y pues:: pero ya es en vano querer proseguir, si apenas encuentra la voz al labio. Oh Aragón, qué de peligros te amenazan! Soberano Rey de Reyes, tu clemencia se duela de mis pecados. Ya espiró. Rara desdicha! Para qué, destino airado, si hacia él enviaste una flecha, hacia mí no enviaste un rayo? Vuestra Majestad se temple, gran Señor, que estos trabajos son golpes de la fortuna. Muerto el Rey. Muerto Don Sancho. Antes que de la noticia se origine otro fracaso, sosiegue vuestra presencia la confusión. Entre tanto, retirémosle a la Tienda nosotros. Dadme un caballo. Eso importa. Suspended el alboroto, Soldados, que Rey tenéis, que os defienda? Fuerza es estar a su lado por General de las Tropas. Venid Lastimoso caso! Ah buen Don Sancho Rami- rez, Dios te haya dado descanso. Qué novedad, bella Armida, viniendo determinado Sancho en recorrer los muros en persona (procurando averiguar la más flaca surtida para el asalto) le obligaria tan presto a retirarse? Aún no acabo de creer, que si desde el muro vibraba tu gente tanto volante arpón, despedido de los mársiles del arco, aventurase su vida el Rey, pudiendo sus Cabos reconocer la muralla. Si no fuera tan osado, decías bien; pero si piensa, que no he de salir yo al campo a recibirle antes que del Sol el luciente carro segunda vez en las aguas se labe del Occeano, mal discurre. A lá permita, que favorables los hados, le ayuden. Pero a mi Tienda debe Hacén de haber llegado, como este clarín avisa. h. Africano, besar la tierra que pisas. Levanta, Hacen, a mis brazos: qué traes de nuevo? Que al golpe de un agudo áspid flechado, que despedido de él muro buscó su pecho por blanco, murió Don Sancho Ramírez, Rey de Aragón. Qué he escuchado, sustos! Tan felice nueva, ni aún con un mundo la pago: de qué lo sabes? De haberlo asegurado este esclavo, a quien cogió una partida nuestra, en lo oculto encerrado de un bosque. Dile que llegue. Andar berro. Ya andar, galgo. Bella Efigie, que venero, . no permitas, que este acaso dilate mi dicha. Liega; u dar de coces. Alano, mas, que te encajo en los sesos este alcaparrón de palo. Cristiano, dime si es cierto, que de una flecha el contagio dio muerte al Rey. Cómo al Rey? a la Sota, y al Caballo, y al As, que en juego de cientos es cuarta mayor de bastos. Ay, que estar busón. Qué hacías en el bosque retirado? En metafora de escuela, acababa de hacer campos. Qué nuevas armas son esas, que hasta ahora no ha practicado la guerra? Yo no sé más, de que me las dio mi amo. Si de tu rostro recorro las señas, no eres criado de Fortun? Ni más, ni mocos. Bien podéis estimar ambos vuestra libertad a Armida. Y como que la estimamos; y si ahora a dármela vuelve, la agradeceré otro tanto. Si daré, como yo pueda. En qué la historia ha parado de sus sucesos? Usté es General, o Mayorazgo? Por qué lo dices? Porque preguntáis más que un Indiano, que viene del otro mundo. Mirar, que es el Rey, borra- cho. Ah perro, quién te cogiera una noche de verano con Luna, teniendo cerca una espuerta de guijarros. Di lo que sabes, u haré que te empalen. Guarda Pablo; de oírlo solo está ya, con perlesía el espinazo. Señor, lo que sé, es, que apenas pudo escapar de tus manos; y a un cierto amigo en la colla. le pegó dos sepan cuantos, de qué resulto el haber pisón, y campañillazo. se retiró a las Montañas de Sobrarbe, y que juntando a su costa un Escuadrón de trescientos Hijos- Dalgo, en este traje, y con estas mazas todos van marchando (paro, al Ejército del Rey. Pues qué, piensa con su am- hacerle posible el triunfo? Él es hijo de los diablos, y hará una de mil demonios. Presto lo veremos. (muerte Malo. Hacén, pues del Rey la fuerza es, que desconfiado tenga el número pequeño del Ejército contrario, démosle batalla, y vea, que no en el muro le aguardo, válido de sus defensas. Haces bien; y pues cercano está Mahomad con las Tropas volantes, por un costado envista él, mientras nosotros, no estando fortificado, le atacamos por la siente. Ve a ordenar lo necesario para la empresa, aunque temo, Hacen, que no han de esperar- nos. Ya obedezco, Ala te guarde: Miciruf? Zape aquí, Gato. Simior? No pierdas de vista ese hombre, pues aunque bajo, uno es menos. Y tan menos, que no ha sabido ser algo. Ven, Armida. Pues oculta la Sagrada Imagen traigo, su piadosa luz alumbre la ceguedad de mis pasos. Rey de Sobrarbe, mañana fiera has de ser de mi Carro. . Ea Cristianilio, audar conmego, si no querer llevar zurra. Si ha de ser, vamos, por no porfiar. Verás en mi casa tú sete mujeres, que atento e las gozo, e las sustento. Pues Moro de Bercebú, no bastaban dos? Con dos no en solo un día haber visto ser ehijos. Jesucristo, y qué bendición de Dios! otros tener cuatro, e tres, con lo que ganar al guerra; más decir: allá en tu tierra haber esta moda? Pues? mozo hay allá del Lugar, y no de poca fortuna; que tiene una, y esa una no la puede sustentar. Haber pocas? Un enjambre, y si no envisten con bodas, hay hombre, que tiene todas las que puede matar de hambre, Tu ser beliaco. Es verdad. Mas venir, que el Rei se aleja. Quien te cortara una oreja, Ya es bien, que tu Majestad firme estas cartas, que son especiales providencias, que se dan a las Audiencias, y justicias de Aragón. No sé, Gastón, si podré, en desventura tan suma, mandar la pluma. La pluma tan precisa, Señor, fue en un Rey, cómo la espada, pues qué importa de otro modo; que aquella lo lidie todo, si esta no trabaja nada? Deéís bien; pero en qué estado está el fausto militar, con que a mi padre llevar a Zaragoza he mandado. Antes de lo que imaginas, informarán tus oídos los destemplados gemidos de Cajas, y de Sordinas. Qué dolor! idos de aquí, que quedarme solo quiero. Solo obedecer espero. . En fin, fortuna, Ay de mí! llegó el Cetro Soberano a poder de mi grandeza, en tiempo, en que a la cabeza mal puede ayudar la mano; mas si la palabrad; a Sancho (que en Gloria esté) de que no levantaré el sitio, que ya emprendí, aunque en la lucha campal, conmigo toda mi gente muera; y faltar no es decente nunca a la palabra Real: a qué espera mi desvelo, en abismo tan profundo, que no sube desde el mundo en apelación al Cielo. Victorian, Martir Divino, si por Santo, y por Soldado, está el favor empeñado de tu influjo peregrino, en amparar mi razón, no olvides desde la Gloria, para darme la victoria la fe de mi devoción: por tu mano, adiós deseo que llegue mi memorial, que no puede salir mal, si tu amor:: pero qué veo! brotando golfos de luz, aquel tronco en dolor tanto al cultivo de millanto ha florecido una Cruz, y es la que en igual impío mal, al que padezco yo, Don Garcí Jimenez vio, Glorioso Antecesor mío. Qué es esto? mas que ha de ser, señal, que el Cielo me envía, de que la victoria es mía: en virtud de su poder, claro está, que igual portento ser en mi amparo no dudo, pues es blasón de mi escudo. Mas hay triste, que en el viento ya aquel funeral clamor a otro pesar me condena; enlutando con su pena el gozo de este favor; hay difunto padre mío, con cuantos pesares lucho en tu ausencia: mas no escucho herir al aire vacío, lejana marcha, a otro lado? si; pues quien unio atrevido este sonoroso ruido, aquel eco destemplado? hay más confusión? si ay, pues ya se desapareció la Imagen, que me ilustró: con que indecise con tres varios afectos, apenas sabe distinguir mi espanto entre asomoro, gozo, y llanto, pesames, y enhorabuenas; pero descifrar mi ardor tanta novedad es bien. Gastón, hola? Hola, Guillen? Don Fortún? o Señ Qué marcha, decidme, sido al la que a lo lejos oí? Mal podrás saber de mí lo que ignoro; mas pues ha ido de mi orden Guillén de Azuar a ver, qué jactancia loca, a marcha en tu campo toca, y él llega, él podrá informar a entrambos, Un Montañes, que airosamente galán, o Caudillo, o Capitán de trecientos hombres, es: cubierto con una banda el rostro, y el hombro armado de una maza, en que ha fiado su triunfo, viene en demanda de conseguir en audiencia llegar a tus plantas Reales él, y otros tres Oficiales, quedándose en la eminencia de ese monte, lo restante de tan extraño escuadrón. Todo es hoy admiración; id, y decidle al instante, que debajo de seguro pueden llegar. Verle es bien el rostro, no sea que quien mató a Sancho desde el muro; a Pedro pretenda así prender dentro de su Real. Hoy no temo ningún mal. Llegad, que el Rey está aqu h. Generoso Rey Don Pedro de Aragón, a quien venera por Primero de este nombre la fama, y cuya Diadema, por la muerte de Don Sancho, (que Dios en su Gloria tenga) para lucir en tu frente, pide socorro a tu diestra: hoy, que en funerales pompas enlaza la Celtibería clamores, y salvas, pues de dos Monarcas celebra, entre festivos aplausos, melancólicas exequias; no extrañes, que interrumpiendo una, y otra acción; parezca ante tu Real Majestad, sobre los muros de Huesca, el corto Escuadrón, que alisto, pues quizá viene a que sepa el mundo, que la intrincada, impenetrable maleza de Sobrarbe tiene hijos, que de su Rey en defensa nacieron, entre sus riscos, a ser pasmos de la guerra. Un Montañés Caballero soy, cuya antigua nobleza, a expensas de su cariño, y de su lealtad a expensas, trescientos Soldados trae de socorro, con que puedas dar asuntos a la fama, pues ninguno hay que no sea de conocido Solar, Armas, Pendón, y Caldera; y trecientos hijosdalgo, cuando del honor se acuerdan, que granjearon en la cuna, por trescientos mil pelean. Bien las mazas, que nos arman; lo acreditan, pues confiesan; que contra el alarde Moro nuevos Hércules engendran las Monrañas, coronando de victorias tus banderas, espra a pesar de tantas hidras, o Africanas, o Lerneas. Si tosco buriel nos viste, no es porque encubrir pretenda villano pecho, sino intentar, que a diferencia de cuantos Tercios distinguen ya colores, o ya señas, sea el Tercio de los Pardos, a la moda Montañesa, quien haga con sangre Mora, paño de mézcla la gerga; y no el encubrir el rostro, Pedro invicto, te parezca malicia, si no respeto; pues como el que cuando llega a mirar al Sol, procura, que la mano le defienda de su luz; así nosotros queremos en tu presencia, que la banda nos indulte de lo que tu ardor nos ciega; demás, de que en la batalla, mejor, que el rostro, y la lengua, lo dirá el brazo, y no quiere nuestro amor, ya que nos debas un lauro, hacerte la costa, Señor, de que le agradezcas. Si Abderramén, jactancioso, si ado en que descaezca el orgullo Aragonés, con la noticia funesta de la muerte de tu padre, (si ya no ha sido en la inmensa ventaja, que siempre ha habido, de sus Tropas a las nuestras, desamparando los muros) darte la batalla piensa; aquí estoy yo, que escarmiente su osadía, aunque viniera toda el África en su amparo; y no, Señor, te parezca la proposición jactancia, ni vanagloria la oferta, pues solo con los trescientos Caballeros, que respetan en el bulto de esta maza. el mando de mi gineta, derrotaré sus Escuadras tan del todo, que no tenga sitio capaz; donde abra sus sepulturas la tierra; nobles somos, Rey Don Pedro; y siendo nobles, es fuerza ser leales, la Banguardía a nuestro ardor encomienda, si quieres triunfar; pues no sin superior providencia, quiero con ganarte un triunfo, satisfacerte una queja; y pues para que conozcas nuestro valor solo espera la arrogancia de mi brazo; el eco de tu licencia; qué respondes? . Raro caso! Suceso notable; apenas me deja la admiración, adivinar la respuesta; pero esto ha de ser. Abs estoy de escucharle. Oh quiera amor, que no le conozca, pues conocido se ariesga su vida. Notable envidia me ha causado la propuesta del Montañés. No respondes? Hombre, quién quiera que seas, que a crecer mis confusiones has parecido en mi Tienda, aunque el socorro te estimo, que me ofreces, en la estrecha línea, a que me han reducido, en duplicadas urgencias, de Abderramén la ventaja, y de Sancho la tragedia. Como quieres, que le admita, si en acciones contrapuestas, lo que obligas, desconfías. y lo que concedes, niegas? Hombre, que dice, que es no? ble, y en favorecer se empeña el honor de su Monarca, y el crédito de su Iglesia, por qué ocultando el semblante, ha de llegar, cuando llega, sino hiciese a su malicia embozo de su cautela? Si quieres, que yo me fíe detí, para que lo crea, quita del rostro la banda, porque mal de otra manera me persuadire, a que eres tan leal, como manifiestas, tan fino, como públicas, tan hidalgo, como obstentas, ya que llegando hasta este paraje, en fuerza de mi real salvo conducto, mal puedo hacerte violencia, vuélvete, vuélvete aprisa a la aspereza desierta de los montes, que Don Pedro de Aragón, aunque se vea tan afligido, no admite bien, que la batalla pierdan, Soldados, que necesitan encubrirse de vergüenza. Ya he dicho, que hay especial razón, para que no sepas a quien debes el socorro. No le llamarás ofensa? No, pues exponer su vida, a trueque de que tu venzas, es fineza. Si es indigna, qué importa que sea fineza? A quién hace un beneficio, no debe, el que se interesa, argüir el modo de hacerle. Tampoco el que le dispensa, le ha de hacer de modo, que aje al mismo a quien lisonjea. Mira bien lo que te importa fiarte de mí. Considera tú, que mientras no llegares con la cara descubierta, no he de admitir tu socorro; y pues ya de esta materia cesó la plática, vamos, Caballeros, donde sea el árbitro la fortuna. Fortún. Seño Yo quisiera no despreciar este acaso, mayormente cuando aprieta la necesidad; y pues me bastará el que tu sepas quién es, para que me fíe del Batallón, que gobierna, mira si puedes lograrlo, y avisame. Mi obediencia te responda, aunque, según el espíritu demuestra, temo, que ha de mantenerse en lo dicho. La cautela quizá aprovechará. En fin, más vale maña, que fuerza: Para que viv a mi fama; Señor, de mi honor te acuerda. Yo, Gastón, te haré justicia, como Lizana parezca. Tarde será, pues robada una hija, y en mi presencia, . muerto su esposo, valido del disfraz, y la tiniebla, es preciso, que se oculte del castigo que le espera. . A qué atrás se habrá quedado mi tío? Nadie se mueva, que aquí hay segundo designio. Hidalgo, mucho me pesa de que siéndolo, ultrajéis las famas Aragonesas, pues discurrira el que viere negar el que el rostro os vea el Rey, que por acá todos son de una misma manera; y pues en campaña es solo este bastón quien da reglas, ya que estáis tan deseoso de hallaros en la Palestra, decidme, quién sois? Si haremos; y con tan gran diferencia, como buscar aquí el gozo, lo que allá repugnó el tema. Qué es, Cielos, lo que estoy viendo? no es Fortun? Si ea entereza, no permitas, que el cariño, me inhabilite la queja. Padre? Tío? Señor? Amo? Qué bese tus plantas, deja mi respeto. Y con mis labios te recosa las soletas. Poderosa batería. es la que contra mi apresta amor; mas porque no sirva, yo les clavare las piezas. Qué es lo que hacéis, Caballeros? las rodillas en la tierra para quien no es vuestro Rey. Si allí es preciso, aquí es deuda, pues siendo? No estéis así. Tú, hijo::: Alzad. Desaire fuera: Esto ha de ser. De mi amor:: Es cansarse. El que tus huellas:: Aún porfíáis? No venerase mi cariño. Qué indecencia; levantaos, otra vez digo. Imposible es, que obedezca. Cómo que no, yo lo mando. A esa voz no hay resistencia. Qué es esto, Feliz, qué miro? Siendo mi duda la misma, cómo queréis, qué responda? No es mala la cantaleta: voto al Demonio, que el viejo nos la juega de cirvela. Y pues una vez vencida. la dificultad primera, solo el conoceros falta, decidme, para que pueda informar al Rey, quién sois? Bien digo yo, que chochea. Qué decís, señor, a un hijo que como debe, se precia de serlo, finges, que no le conoces? Buena es esa; pues tengo algún hijo yo, a quien reconocer deba, desde que sobre Balvastro, haciendo su fama eterna, murió Manuel de Lizana? Pues Fortún, a cuya diestra sio el Rey el desempeño de su muerte, no lo era? Si lo fue, degeneró de serlo, como lo prueba haber perdido las armas, que llevó para la empresa. No las perdió, pues lidiando capituló, que las vuelva al Rey, el Moro. Mejor fuera, que no las volviera, sin teñirlas en su sangre, para que de su flaqueza no fuera testigo el mundo. Mira, señor, que me afrentas mucho, y que solo contigo puedo tener yo paciencia. Quién sois vos, para que así le defendáis? Quién quisiera, antes, que oír en su agravio una palabra, una flecha. Pues si le conoces tanto, decidme por vida vuestra, que se hizo un Escudo en blanco que le di, para que hiciera nuevo blasón a mis Armas? Aí le tiene, y bien apriesa dirá el tiempo, que con sangre le ha de pintar Agarena. Ello dirá: mas sepamos; una Efigie de la Reina de los Ángeles, María del Pilar, de gracia llena, dónde está? Ganando un alma; que no ha menester traerla consigo abultada, quien la trae en el alma impresa. No creáis, que hombre, que cuando tuvo libertad, la emplea en dar la muerte a un amí- go, llevando en una belleza, robado el honor de un padre, puede hacer cosa bien hecha. Si dio muerte a Don Ra- món Viel, fue por vengar la ofensa de faltarle a la palabra, y solicitar la misma Dama, que él le había fiado, Gran acción (cuando en su tierra ay Moros en que emplear las picas, y las saetas) detenerse en garzonías de celos, y de finezas: no os canséis, que él, es cobar) de. Si otro que vos lo dijera, hubiera poca distancia, entre su muerte, y mi afren- ta. Acortemos de razones, y pues lo que el Rey me ordena, es, que sepa vuestro nombre, decidle, y quede suspensa la plática: ay amor, cuanto el disimular me cuesta! . Ya le he dicho, y no me basta. Si no me dais otras señas, no os conozco. Yo os diera otras, pero no fueran tan buenas. Con que en fin, os mantenéis en callar quién sois? La lengua de esta maza por testigos os traerá muchas cabezas. Idos, pues, que este bastón no admite gente, que sea sospechosa. Yo me iré, mas será donde mantenga lo que una vez he ofrecido. Cómo? De aquesta manera. h. Qué hacéis? Presto lo veréis: Caballeros, a la vega, y sin aguardar más orden, que el toque de la trompeta, al Moro, y Aragón viva. Cuando ese caso suceda, no tendréis vososadía de pelear sin mi licencia, u os pasaré por las armas. Si las del Moro me esperan, en deshaciendo las suyas, yo me entregaré a las vuestras. Osado sois: vive Dios, que si lo hace así, lo acierta: . Hidalgos, el Cielo os guarde. Don Fortún, Dios os defienda. Muy bien despachados vamos. Qué valor! Qué friolera! Oís? Mandad. Si encontraréis a ese, que finge en mi ausencia ser hijo mío, decidle, que para que lo parezca, trate de ganar sus armas. Fuerza será, pues si niega su Padre que lo es, mostrar es justo, que en sus proezas, cada uno es Linaje aparte. Está bien. Dios le provea. El Cielo permita, hijo, . que o tu triunfes, o yo mue- ra. Ea, Feliz, ya ha llegado. la ocasión de que el Rey crea nuestra verdad. En mi pecho un escudo, Fortún, llevas contra las alarbes lanzas. Eso pido, haya una hembra, que al manejo de las armas trueque el uso delas ruecas: mas dónde se habrá ido Tello? Aunque con susto me tenga, poca falta hace un gallina. Y más si es gallina clueca. Este es el único modo, mi bien, de que tenga enmien da el vaibén de mi fortuna. Pues qué aguardáis? Arma, guerra. y. Ea, que ya nos avisa. el toque de la baqueta. A la lid. A la batalla. Elvirilla, haz una, y buena, si quieres en esta historia ser personaza de cuenta. Gcomo tu riesgo temo, dueño mío! No le temas; que a cuenta de tus influjos lidia mi brazo, A qué esperas? Vamos;, que hoy con esta ma- za he de hacer mi fama eterna. Viva Mahoma. Arma, arma. Viva Aragón. Guerra, Guerra. Buena estoy yo, por seguir a mi ama, hecha, y derecha Floripes de medio baño, y Tomirís de la legua: ahora bien, en este caso, si yo enseñase soleta, que diría de mí el mundo? que era una pícara, puerca, fregoncilla de no nada: eso diría? canela, pues arrear, que ya hay quien dijo por mujeres de mis prendas, también hay duelo en las Damas Ira de Dios, y qué gresca anda en el Campo; ea, Tello, a qué aguardas, que no pegas con una runfla de Moros; pero, talones, alerta, que peligráis, si otra vez os cogen en ratonera; o si aquí hallase al Morillo diprongo de Gato, y perra, cual le pusiera los lomos con esta maza; mas cuenta, que hacia aquí, si no me enga- ño, llega la marimorena, pues escondite me fecit. , y Dese a prisión vuestra Alteza, pues conocido ya de nuestra gente. y sin armas, ceder es conveniente al numero. Sin darme a ese partido, primero quiero ir muerto, que vencido. Ese es despecho, y presto de esta suerte, huyendo la prisión, veréis la muerte. Ya os desengañará mi brazo airado; Lástima os tengo. El suelo me ha faltado? No le matéis, y pues vencido se le retirad al cuerpo de Batalla. Qué esto sufra mi enojo? mas qué advierto! el Hidalgo encubierto, que de las Mazas adornó su gente, cual fulminado vivo rayo ardiente, no deja Moro a vida, pues qué aguardo que en ampararme de su orgullotardo. Llevadle, Moros, pues, qué os embaraza? Infanzón de la maza, socorre a tu Señor. Allá va eso. Maza, Maza, cua llevan tu Rey preso. La voz del Rey he oído: seguidme todos. Pues está rendido, mejor es, que en la Plaza le aseguremos. Vamo Maza, Maza. Oigan lo que mácea. Llevadle con violencia, porque sea mía la gloria de tan gran Batalla. Soltad la presa, bárbara canalla. Un hombre solo emprende tanto arrojo? Primero, que mi voz, hable mi enojo. A ellos, Lizana. Un rayo es cada amago. Decid, San Victorian, como Santiago. Huyamos de la punta de su acero. Ah, honrado Caballero, cuanto debo a tu brazo; mas como el ardor mío pagará su fineza, Calle vuestra A que haciendo la temblona, hay una maza aquí, llave capona. Mucho te estimo el Don, y de ella armado, dejaré de ser Rey, por ser Soldado. Eso me gusta, zurra la badana; al señor Micifufe victor Lizana, que por aquesos cerros con una maza burla muchos perros; aunque el ver me condena, que hombre que es maza, haya hecho cosa buena; más cuidado, que crece lalid. El Rey Don Pedro no parece. No os desconfiéis, hijos, que el cuidado, y el valor le hallarán: decid, Soldado, adónde el Rey está? Bien poco rato ha que iba preso de un perrillo Gato; mas ya le libró. Quién? notable gozo! Don Fortunillo de Lizana el mozo. Qué dices, hombre, mi hijo le dio libertad? mas antes, que corriendo la noticia, mi aviso los desengañe, atriunsar, o morir, honra. Ya es el resistirte en balde, pues tan sin aliento lidias. Es verdad; pero aunque acabe a manos de vuestras iras, no me he de rendir. Ma es de la clemencia abusa. Esperad, que hay quien le am- pare. Quién, habiendo conocido, que es Abderramen quien yace en tierra, quedando rotas en la campaña sus haces, piensa defenderle? Yo. Cómo? Poniendo delante este Escudo. La extrañeza de ver, que un Moro se vale de tan Sagrado Refugio, me hiela. Quizá este traje es disfraz de quien::: Qué es esto? Respóndate el mismo lance, en que nos hallas. Esto es, heroico joven triunfante, ser mi hermano el que defiendo; y pues llegando a mirarle rendido, no es bien que en él el ínclito acero manches, no olvides, el que me debes, el verte en este paraje; y el patrocinio le valga de esta Efigie, que dejaste en mi poder. Bella Armida, como puedo no otorgarte su vida, si me la pide el respeto de esa Imagen cuya luz segunda vez, es bien que mi pecho esmalte; mas porque a mi honor importa, bastón tomaré, y Alfanje por despojos de este triunfo; y vosotros retiradle donde:: Aquél es, llegad todos. El Rey viene, y en marciales ecos al aire publican los Clarines, y los Parches. Victoria por Aragón. , , ,y Dónde está el Español Marte, a cuya maza debí vida, y laurel? A tus Reales plantas, adonde los triunfos, que ha conseguido; consagre. Alza a los brazos, que solo un heroe de tu linaje fuera capaz de igual gloria, Mi hijo es: el alma se sale . a los ojos de alegría. Ese, que medio cadáver mal respira, es generoso, invicto, Monarca grande, Abderramén, Rey de Huesca, y la que de tus piedades se ampara, su hermana Armida, Mucho te debo; llevadle, adonde con el debido justo respeto, setrate su persona. Fortún, hijo? Caballero, perdonadme, que no os conozco. Qué dices, no conoces a tu padre? No, porque a nuevas empresas. cada uno es Linaje aparte; y porque en público quiero vean, como satisface un noble su obligación: a tus pies, Cristiano Atlante, tienes Alfanje, y Bastón (je de un Rey Moro; en nuevo can- del que me diste: tú, el Bello, Sagrado Bulto admirable, de esta Imagen, que llevé por Piloto de mi Nave: Y pues, supuesto el perdón, en la culpa de que maté a Don Ramón, solo falta, que el Escudo en blanco manche con nuevas Armas, que acuer- mi victoria a los Anales: (den mira cuales me señalas? Pues de la Guerra en el trance Maza te llamé, dos mazas de oro en campo azulte aclamen: Maza de Lizana, siendo Fortún, de aquí en adelante, A pellido de tu Casa. Por los favores que me haces, otra vez beso tus pies. Mercedes llueven a pares. Ya pareciste gallina. Sí, Capón. Llévete el diantre. En albricias de tal gloria, después de darte las llaves de la Ciudad, mi fe logre, que mi antiguo borrón laven los cristales del Baprismo. Mas esa mudanza aplaude mi afecto, que todo el triunfo, En tantas felicidades, no de mi perdido honor os olvidéis. Ese es fácil, que se satisfaga? Cómo? Uniendo dos voluntades al lazo del matrimonio, llega Aldonza. Aunque cobarde me retiré mi temor, tus pies me da. Ya trocaste. el tormento en alegría. Boda me fecit, vinagre. Buen provecho le haga, Queda otro escrúpulo, que salve a tu honor? No; Pues ahora, ya podrás, señor, llamarme hijo tuyo. Y, hijo en quien Pénix mi vida renace a nuevo ardor, Feliz día. Dichoso quien tuvo parte en igual dicha. Si encuentro al Morillo he de lardearle. A la Ciudad, Caballeros. Y aquí la Comedia acabe, en que se prueba, que en todos, cada uno es Linaje aparte.
