Texto digital de Cada uno con su igual
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cada uno con su igual. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cada-uno-con-su-igual.

CADA UNO CON SU IGUAL
JORNADA PRIMERA
que stro Montañas eminentes, S, que pasáis levantadas mas allá de los cielos con las frentes, desde cuya cintura registradas, Italia hormiga es leve, la Francia átomo breve; s que en vuestras cumbres bellas le ven por otra parte las estrellas. del verde rico, es ya galón de plata. Altivos Alpes bellos, y ambiosos, por cuyos precipicios deliciosos decienden los Abriles, y los Mayos, por aquel a la Galia, por aqueste a la Italia, inmunidad frondosa de los rayos, porque de sus encuentros en su altura el Montañés Vaquero se asegura; que aunque ceñudo el emisferio siente, ní teme lo ruidoso, ni lo ardiente, ni le llegan vibrados de la nube, mi el que baja a la tierra, ni el que sube. Monarca delos montes cristalino, César de Europa, que inferiores veo, que re besa la mano el Apenino, y de tus pies no pasa el Pirineo, en cuya verde mano cetro armigero es el Saboyano, sirviendo en tu horizonte de trono de tus plantas el Piamonte; si de púrpura no, que el color pierde a pesar del Invierno, y del Estio, adornado de rico siempre verde, y con descuido hermoso guarnecido de plata de aquel río, que el Po, que caudaloso de tu Corona a Italia se desata, En cuales rústicos senos entre ocios amenos, en cual retiro ingrato la beldad se coloca de este soto? En qué cárcel hermosa, en que mina la plata, en que bruteza ingrata el diamante se sella? En qué nube la estrella. que parte vuestra pisa la más bella que todo Francelisa? o cuales espesuras parpados son de sus estrellas puras? Pues piedad os merece un extranjero Príncipe de Bearne despojado, donde nació heredero, que amante peregrino en vos se oculta: Decilde, pues, decid, pues os consulta, cuando la pena mía cesarán y acabarán mis males, Alpes, que a mis desdichas sois iguales? mas ya me respondéis, que será el día, que a la Princesa de Saboya vea; mas nunca llegará, que le desea un hombre desdichado: o si te viera ya! que no en mi estado, en el tuyo, señora, y acabara la vida que te adora, que allí fuera la vida bien empleada, cuanto bien perdida. Emulación antigua del Alberna, en que parte del valle de Lucerna se esconde el dueño mío, que por su ausencia grave, Jave? ni baja claro el río, ni canta dulce el Pero si yo le viera, dulce cantara, y claro decendiera. Alma del Sol, y espíritu del día, que maleza te esconde? O si tú lo supieras, prenda mía! mas mi pena de mí note confía. (de: por esconderte de mí, Quiero llamar por ver si me respon- ha dulce dueño mío, ha despreciado. Albricias corazón, que te has hallado. Más tu dicha quisiera, dichoso enamorado, que volver a mi estado. Bajar al balle por aquí pudiera, . Buscándote a la suprema mas no quiero impediros: plantas teneos, y callad suspiros. Eres tú mi bien? . Agora, cuando me hallas me dudas? Entre las tinieblas mudas espera un triste al Aurora; su imaginación, señora, de luces su lecho viste, va a alegrarse, y ve le asiste una luz imaginada, y triste más, en la almohada se deja caer el triste. Tal yo, triste, como ausente, cuando por mi Aurora lloro, veo una luz, más ignoro, si es Francelisa, o me miente; que aunque te tengo presente, por no doblar mis enejos, no creyendo en mis antojos, dudo, si la luz que veo es fábrica del deseo, o es verdad que es de tus ojos. En la forma que podía por el valle despreciado, como sombra te he buscado, que en tu ausencia no vivía: No temí el rigor del día, ni del Alpe la maleza; y así sea mi belleza tanta, que pueda agradarte mi bien, que entrar a buscarte mira si es poca fineza. En ese arcabuz cruel, que ostentas al hombro ansí dentro te abreviara de él: Que soy amante tan fiel, que por volver a mi centro buscando mi vida loca, y viendo el plomo en la boca entraba a buscarte dentro. cumbre del Alpe ascendí, donde una belleza vi en la parte más extrema: Era rizado en diadema rayo de oro cada pelo; que eras tú, mi bien, recelo, y era el Sol, que por costumbrela suele andar por esta cumbre, que mel sin alejarse del cielo. Llégueme al que estrellas pisa, dees Ales cuando ya se iba cortiendo, y al Sol le dice (enfendiendo que tú eras) Francelisa: porque de mí tan apriesa tu desdén huye inhu mano? y por detenerte en vano, le así de los rayos rojos, y si no lo crees, mis ojos, mira abrasada esta mano. Para saberlo mejor llega tu mano a la mía. Pues eres cristal, enfría con la tuya tanto ardor; más (ay mi bien) que es rigor. qué sientes? . Un dulce mal, un fuego el más celestial, a cuyo ardor no me niego, que allí llegué a un Sol de fuego, y aquí a otro Sol de cristal. Perdonad los sobresaltos, que me pesa divertiros. Adónde fueron los tiros Peregrino? . En estos altos. l. Tu divina Francelisa; pues eres la mejor guarda del valle, y no te acobarda quien atrevido le pisa: espera al pie de esta cuesta, que por ella han de bajar. Tú, Peregrino, esperar puedes escondido en esta. Que yo por adonde van subiré a reconocerlos: o pesie la vida de ellos, que deprisa que se dan. Siguiendo un ave gallarda, que en la quiebra de esos cerros me levantaron mis perros de extremos rojos, y parda. Alejado de mi gente di en esta maleza hermosa, y esta senda, aunque fragosa, me llevará fácilmente al sitio. Prevengo el rayo; que un cazador por la cuesta deciende. . Bella floresta! centro es de Abril, y de Mayo. Oye hidalgo (si lo es quien entra en la tierra ajena) no le han dicho enhora buena, que este bosque es del Marqués de Lucerna mi señor? Bien lo se, bella Diana. Ni soy día, ni soy ana. Quién eres rayo de amor? Guarda soy de aqueste valle. Y Ángel de este Paraíso. Y tan Ángel, que le aviso, que no volvera a pisarle, ni a comer de lo vedado. Sobre hermosa, eres discreta, Rinda galán la escopeta, muy aprisa que me enfado. Mi corazón, sin enojos, y no con pocas heridas, mucho antes que la pidas se la ha rendido a tus ojos. Solo mi valor lo pide. Yo la rindo a tu belleza. Acabemos. La espereza bajar al llano me impide. Disponga mi amor tu agrado Me enamora? pues lo yerra. Bello sitio! hermosa tierra! la mejor es de mi Estado. Qué señor tal bosque goza? Hágase allá. Pues primero has de decirme. Caballero, de el arcabuz a la moza, abreviando de razones, y agradezca el buen pasaje, sino quiere que allá baje un nido de perdigones. Que por Cristo, que si tiro, que he de acertarle: qué aguarda? Quita hombre. Mira Guarda que es el Duque. . Amor, que miro? Válgame Dios! Que desdicha! A la Princesa socorre. Para aqueso nací yo: Vuestra Altez a se reporte, que no es nada, que al caer, no sin asombro del Orbe, el cielo, yo le detuve, y dio, para que me honren, en mi corazón el susto, y en estos brazos el golpe. Hizose mal vuestra Alteza? No señor. No me conocen. Mi vida a esta guarda debes. Por mí quenta el premio corte de este servicio. . Señor, guárdele Dios, y perdone el no haberle conocido. Lo que ha delinquido el bosque en su dueño castigad. Marqués, buena estoy. u. Pordiobre, que morir no era posible un clavel tan lindo, adonde no se mueren por achaques, sino de viejas las flores. La lisonja te agradezco. Porque el Deuque no lo note, hila mía, no te abrazo. Si me desprecia, perdone: conocéis esta mujer? Vive mucha gente el bosque. No es muy hermosa? Sin ojos no juzgo bien de colores. Quién la tuviera en Turin! O que ciego estáis! De amores. Vine a llevar de Lucerna una hija vuestra a la Corte, y en cambio dejaré el alma. Ay de mí! si la conoce? En Turin las estafetas entregaron por mi orden los pliegos, por ver si alguno daba noticia del Conde, y esta carta hallé, tomalda: conoceisla? . Es de Godofre mi Guarda mayor, la letra. En el sobreescrito pone, para el Marqués de Lucerna: Leelda. Que confusiones! Vuestra hija está ya grande, guárdeos Dios, de vuestro bosque Aquesta caza fingi para llevarla a la Corte, pues no tenéis herederos: más vamos al sitio, adonde hablaremos más despacio. La carroza al Duque. Oyes Por los oídos, señor. Verémonos? . A las doces que es cuando cantan los gallo Yo te adoro, no me enojes. Apártate Francelisa. Hbéis de hablarme a la postre Dios te guarde buena estás. Que se quedades, señores. Muy agradecida estoy, no me dejéis gentil hombre. Yo se lo juro Princesa. Mucho os debo. Así se logre, que no me debiera poco; mas ya me ha pagado, porque habiendo estado en mis brazos cumplió sus obligaciones. Mucha merced he de haceros. Ha si fueras de otro porte! . no me castigues amor, por los desprecios del Conde. Baste Peregrino? . Sí. Me dejas? . Sigo mi norte. Ya no lloras? . Soy dichoso. Y la tristeza? . Acabose. Qué miras? . Lo que deseo; en la carroza se ponen. No te entiendo. Bueno fuera! ya en el viento seis frisones, a la casa del Marqués llevan el Sol del Piamonte. A Dios Francelisa. . A Dios. Amor, que piadoso corres, muchos siglos de esperanza serán pocos, como gocen otro instante a la Princesa mis ojos, no me lo estorbes, y el alma pondré en tus aras, que son los bienes de un pobre, acétala como Dios, pues es la ofrenda más noble. . Ellos van por el camino, o yo por la senda del bosque, que antes llegaré que todos para avisar a Godofre, no me falte despreciado, y todo el mundo perdone. . Que quieres Flora? Bartolo no te entiendo, Yo querría, dilo tú. . Es niñeria, estarnos sola con solo. Dilo, Bártolo, mas claro. Harto claro se lo he dicho: mire, yo tengo capricho, y en la dote no reparo. Quieres te casar? Pardióbre, que si señor dalicencia, porque importa a mi conciencia, que he de ser pierna de pobre, chusa de cabra almorrana, vestido de dotrinario, mesilla de letuario, y ciruela chabacana. Puches (manjar muy bellazo sabañones, mal de muelas, y muchacho con virvelas, y narices con tabaco. Que aunque me ve muy gartido todo junto lo he de ser, porque me quiero meter a Religión de marido. Yo también (si gusta el amo que si hará si está de Dios quiera hacer juntos los dos. Flora, o Floreta, a quien amo como la fresca ribera en el bochorno el pastor, y en el invierno el calor; como la cabra ligera, el cabritillo que bala, ni te abates, ni te enredes, que siendo mujer no puedes ser ninguna cosa mala. Ninguno este valle pisa, que luego no quiera bien; y porque temo también, que otro día a Francelisa otra guarda me demande a su padre le escribí, porque la saque de aquí: vuestra hija está ya grande; harto dije. De ese prisa, que no nos responde nada. Si repara en la soldada, yo la tomaré en camisa. Ah venido despreciado? Qué tenemos? Cosas graves: las fuentes, flores, y aves, ya te lo aurán avisado. Flores respira tu aliento, y tu voz dulce señora, es con la que da el Aurora hermosa música al viento. Si no son perlas tus dientes, puros cristales serán; dinoslo tú, y lo dirán las flores, aves, y fuentes. El gran Duque de Saboya, la Princesa, y el Marqués vienen a casa. . Si es, te aseguro gentil joya; quien serán nuestros padrinos? Francelisa podrá hablarle. Allá me contó en el valle un cuento de Calainos, y por mi fe que le temo: guarde Dios, Flora, mi honor, que es de aquellos el señor, que almagran, y echan a extremo. Vuestra flema me enamora. Como la moza es honrada! Saca, Bártolo, cebada. Nos casamos? . Y tu Flora. cama, y ropa preven. Como en efeto me iguala. Andad los dos noramala. Para nuestro amo. . Amen, Señor. . O criado fiel! pues mi diena fue tan corta, esta prevención importa: Aparte oíd. . Si no es él, la luz a mis ojos miente. Pues nadie me ha conocido irme podré. . Divertido está el Duquesola detente; haced que ese hombre aguarde. qué mandáis? . Miente el olor del ambar, y de la flor; miente el rayo que no arde, miente el cierzo que no enfría, miente el Sol que no produce; miente el cristal que no luce, y la tierra que no cría: miente, si no es el que veo. No me valió mi retiro. Válgame el Cielo! qué miro? Imagen de mi deseo, quién eres? . Era, señor, mas ya no soy el que fui; cuando era presumí ocupar por mi valor la parte mejor del Cielo; ser quise lo que no era, y cal desde tu esfera a ser lo menos del cielo. Era de luz adornado mi nombre favorecido; y después de haber caído, es mi nombre despreciado. No eres tú? . Yo soy el propio que dudáis? yo soy el Conde, que hizo tu nombre famoso, (o gran Duque) y a Turin condujo tantos despojos de enemigos estandartes, que tuvieron para adorno de tu Palacio, y sobraron colgaduras para todos. Yo soy aquel, que tus armas entre tus términos cortos sustentó con opinión, y las dejó con decoro tan grande, que persuadirte y a neutral, y ya devoto, convino al León de España, importó a las Lises de oro, y al Águila del Imperio, que te dio para soborno un ala el ave del César, una guedeja el Rey Godo, Francia el olor de sus Lises, siendo en la paz, y en su asombro tú la mano, y yo la espada, tú el arcabuz, y yo el plomo, tú el arco, y yo la saeta, tú la nave, y yo el Piloto. Pues como ya no te libro, ni empuña mi mano el pomo, como el arcabuz no asombre: como dejaste en el golfo desamparada la nave? Atiende, y dírete el como. Publicó se el testamento de tu padre, y por esposo mandaba, que la Princesa recibiese (ya es notorio) al Príncipe de Bearne tu enemigo, y de este modo unidos en parentesco cesase el antiguo enojo. El de Bearne en Turin por su Embajador Astolfo, pidió a su Alteza; mas tú, (ni te disculpo, ni abono) se la negaste: en efecto, no sin pena de uno, y otro, el legado de tu padre le cancelaron tus odíos. Para vengar sus desprecios el Príncipe belicoso, coronó con tanta gente los Alpes, que siendo pocos sus copos para sumarla, pidieron sus promontorios para contarla prestados al Apenino sus copos. Organizaba el guión del Príncipe (a efecto heroico!) un retrato de su Alteza, y este mote en campo rojo: A la Princesa, o la muerte. Guarneciste los contornos del Plamonte, y al Navarro para que entrase le invoco en Bearne, que el quedaba sin gente, y Príncipe solo. Repetir, Conde, es error los servicios, que me has hecho, cuando tengo satisfecho desde el primero al mayor. Importa al caso. . Mi amor te prometió en esta empresa, por esposa a la Princesa, sino volvías vencido, y tuya la culpa ha sido de no cumplir la promesa. Para después de vencer al Príncipe, que ambicioso decendía de los Alpes, a tus mercedes me otorgo; porque se opone a los Cielos el que se niega dichoso. Marchaba tu gente, cuando de la Princesa a los ojos, pedí un agrado, mas no, mi ingratitud reconozco, que cansado de servirte me entregué del campo al oclo. No te culpes callando, que no quiero deber Conde a tu mucha bizarría lo que me debo a mí, bien que el acero provoque de mi hermano la ación mía: tan galán, que depuesto lo valiente, más tu agradable escuchas, o sebero, tan bravo, que depuesto lo lucido, sabe la causa, admira mi osadía, Notable confusión. La ocasión oye. Después que vio su pretensión postrada su valor, y su gala le propuse, el Príncipe infeliz, que aún oyle llora luego un desdén, y apercibi unaira: mi sentimiento, y desnudó la espada, en la alta esfera de quien soy me puse no sé si amante diga, o vengadora: y tan lejos mi mérito le mira, puso su gente, y abolló este monte, decendiendo sin cuestas al Piamonte. (dije) si en mi valor fáltare el brío, nombraste General, y depusiste el valor, que en las armas me dispensa, Príncipe serás Conde, y no dichoso; mal segura de mí (qué bien hiciste!) con que ansias lo dijo mi desvío! que mi espada (no miente quien lo piensa) que para ser feliz no corresponde que mis bríos (qué cuerdo discurriste!) ser mi vasallo, y ser mi dueño Cond por ser esposa del Boreas (bien lo creo) que batallaron mal contra el deseo. y sobre este verde muro de tu Estado, y me quedé conmigo que bastaba: línea del mundo, celador gigante, me vio el Francés, y el lirio su brillante más tengo yo quien defenderme pue color perdió, que en esta levantado agora, diga el Conde lo que queda el acero a pesar de la distancia, temblaba el otro término de Francia. Después al fin, que la Marcial fatiga remitiste del Conde al ardimiento, con la promesa que a vencerte obliga, Y al Príncipe me presento se dispuso bizarro, leal, y atento, (parte que le confieso, aunque enemiga) de Susa, y el muro estaba; y casi dueño ya del vencimiento, por detener a quien los Alpes baja, sonó el clarín, y retumbó la caja. Entonces en Turin osadamente se presentó a mis ojos, guarnecido el medio cuerpo de un arnes luciente, le ocupabalos Estados y el bastón en la mano suspendido: la gala ostente, o ya la pica encorbe, ni bien te enoje aquella, esta me apoye, menos que a mí se conquistara el Or A la defensa el ánimo dispuse contra los rayos que a mi pecho gira después que en esta cumbre levantada, que fue imposible, ni ascender a ella cuna del Sol, delicias del Aurora, ni bájara ser flor, quien nació estre Fuerza será ser tuya, y ser mi esposo Después que leva hiciste, y en mi ofensa cuando rinda mi hermano riguroso en desigual coyunda el cuellomío: El triste; claro está pues me pendía yo alegre, claro está pues descansaba Que alguna vez vestida de diamante, se partió a la ocasión como debía, yo propia me aconsejo, y defendía, que te guarda de nieves coronado: el contra mí con tu favor instaba; Yo entonces más discursivo, y confuso, sigo absorto mis soldados, y llevaba menos soldados que ahogos. una tarde, que entre el foso y una espía le aprisiono aquella noche; de quien que levantaba me informo el cerco porque sabía, que el Navarro en nuestro apoye de Bearne; y al socorro nte, volver quería a su tierra, ni bien vencedor, ni roto. rbeal En un bosque le esperé, donde en celada me opongo, al ejército seguro gira envisto, y al arma toco. Mato, y deshago hasta el día, y a los esperezos rojos el del Sol al Príncipe busco, y en el margen arenoso lla del Po, su caballo encuentro tel con indicios dolorosos s de que el cuerpo de su Alteza, río, escamado Mauseolo roso hizo el Po,donde le sellan lio: urnas de vidrio en su fondo. osos Vuelvo a Turin con victoria, ol y al desembocar de un soto, le ados millas de la ciudad, ondí miro acercarse a nosotros, endía defendido de armas negras asaba un Caballero brioso, ría, llevantada la visera, ava: y un tafetan por rebozo, ndia, lanza negra, sobre un bruto ha; morcillo de cuello corto, le puesuerte de brazos, y pecho, edar bien dilatado de lomos; do, bruñido de piel, y crin, y de cola tan lustroso, que de seda parecían hebras torcidas al torno. Tan poco claro era el bruto, y tan negramente hermoso, que para ser todo noche tran estrellas sus ojos. Brotaba sobre la piel, del coraje de si propio, bplanco humor, y sacudiendo poyopor entre el freno espumoso blata hilada; parecía lipatra nevada el monstruo, cuando el Sol la va quitando el afeite de los copos. Puesta la lanza en la cuja me llamó a duelo, y me opongo a su esfuerzo en un caballo, que Boreas le engendró a soplos. Pídeme nos alejemos de mi gente, yo lo otorgo; corrió el tafetan, y presto caló la visera al rostro. En las señas del caballo, en la voz dulce, en lo airoso, y en las armas guarnecidas, al bello campión conozco, Y en una isleta (de quien eran valle dos arroyos desiguales) embestimos cuerpo a cuerpo los dos solos. Pero a los lances primeros los encuentros le perdono; más después (vive tu Duque) que fui menester yo todo. Rompió su lanza mi arnes, y tropezando en su trozo mi caballo a su caballo, y al blanco acero me postro. Perdió la lanza, y él luego remitió el golpe a mi enojo, porque me dijo; Princesa, y a que tu intento no ignoro, vive en paz de mi segura, que por quien eres depongo la dicha de merecerte. Yo, que entonces reconozco, que fue sus méritos culpa, recogiendo mis enojos me vuelvo a Turin secreta, cuando en Palacio, y tu solio, al General esperabas con la mitad de tu Trono, Llegó su ejército triste, y no a fuer de victorioso, si no alternando sordinas en vez de clarín sonoro, sin el Conde: mas tu viendo el sentimiento de todos, la primer nueva te halló con el dolor en los ojos. Pesar fingí a tu tristeza, mas ya, hermano, que es forzoso decirte mi sentimiento, la puerta al silencio rompo, porque tu fuerza no vea en mis años un malogro, un descrédito en tu sangre, y en daño mío un dichoso. Armado quedé en la arena, y no sin afan me cobro, buscome leal el caballo, en él otra vez me pongo; llegué a la margen del Po, y un pescador en su chozo las armas me quitó, y diome mucho alivio en breve corcho, Troqué con el mi vestido, y en estos bosques me escondo, porque volviendo a Turin del Príucipe victorioso, era preciso cumplirse tu palabra, y en mí todo era preciso callando la ocasión, no ser esposo de su Alteza: y no sabiendo la causa; de aqueste modo quedaramos desairados, yo arriesgado, y tu quejoso. Paréceme, que reparas advertidamente como pudiendo de ti ocultarme, no lo hice: esto supongo, y a la duda satisfago. Por aquellos cerros broncos descendía tu carroza, fue abolcarse, a ella me arrojo con Peregrino (otra guarda de Lucerna) en cuyos hombros se detuvo el precipicio, y el daño paró en asomo. Quise huir, y me llamaste, y si es Príncipe generoso, para dar pena a mi culpa, ni serviros te propongo, ni aculaciones reuso, ni me humillo a tus enojos, ni heridas te manifiesto, ni te he menester piadoso. Mas si pretende casarme con su Alteza; aquel escollo verás primero hecho arena, verde primero aquel olmo, la nieve arder de aquel Alpe, llano aquese promontorio, volver atrás aquel río, que antes del daño conozco, que una Alteza de Saboya, cuando de quién soy me informo es mucho para ser mía, y para suyo soy poco. Conde, llega: y pues no es justo que fuerce una voluntad, pues no tiene porestad mi poder contra su gusto: yo haré tan grande tu Estado como el mío, y podrá ser tenga envidia a tu poder, quien te arrojó despreciado. Hechura soy de esos pies. No me case yo con vos, y deos a Saboya. . A Dios mis esperanzas. . Marqué quien es el Guardamayor? Yo gobierno todo el valle. Qué bien hice en avisarle. Sois Godorte? . Si señor En habito de villana una hija el Marqués tiene. Yo la he criado. Conviene, que la entreguéis a mi hermana. Ya sabes lo que has de hacer. Vamos a ver vuestra casa; el Duque por ti se abrasa, como le dejas arder? Señor, poco atento estás, y lo reparan. . A un vielo no pide el amor consejo, óyeme tú, que amarás. Id, Peregrino, a Turin. Nunca has visto al Girasol, que enamorado del Sol le galántea hasta el fin? Pues yo giraso! seré, y tú sus rayos serenos. Olala yo fuera menos, Peregrino. . Para qué? No la conoces? . Muy bien, Pues mi poder atropella aquesa villana bella, dila, que la quiero bien. Hay tras aqueste otro mal? Conde, cómo estáis? . Así. Tenéis quejas? . Yo, de mí. Esto de no ser mi igual no conformara con vos; que en lo demás, yo deseo vuestros aumentos. . Lo creo; guarde a vuestra Alteza Dios. Si vuestros ojos serenos, licencia les dieran hoy a mis ruegos. Yo os la doy. Hablad con el Conde menos. Venid, que yo os lo prometo, Conde a Dios. A Dios Princesa. Presto rompéis la promesa. No es humilde ese respeto, Si ha acabado Vuecelencia. (Conde mi señor) de hablar; si la Princesa le estima, mudando de voluntad, que lo que ruegos no pueden, suele un desprecio alcanzar: deme licencia; que en mí una criada tendrá a quien debe hacer favor. Eso es tirarme a matar, para vivir falta mucho, para morir sobra ya. Un mensaje que te traigo, que el Duque (terrible mal! conmigo a decir te envía, que te adora, que crueldad! que yo solicite el fuego adonde me he de abrasar. Yo te adoro, y es de suerte, que si me engendrara más que un título, o mi valor César me hiciera Aleman: esta mano, que fue tuya, hoy lo ha de ser; tú verás si soy mejor para esposo, que el Duque para galán. Vuecelencia, señor Conde, a su Alteza le dirá lo que debo responder; pues sabe; que este sayal cubre un corazón tan noble, que a mí me suele engañar mirándole como siente, y no como adonde está. Deja que tu mano bese. Teneos, que otro tiempo es ya: ayer erades un hombre muy posible a mi humildad; yo a vuestro amor un sujeto, ni ingrato, ni desigual. Soy una pobre villana, y vos quitado el disfraz, Gran señor en el Plamonte, yo lo menos que en el ay. Que soy tan pobre, y humilde, que no pasa mi caudal de este corpiño, y mis padres son estos montes (quizá inporados por mi dicha.) Y si en vuestra calidad mi bastardía se mezcla, y villanaje; estará como en cándidos armiños una mancha, y por acá entre iguales confundida la disímula la edad, que nunca en oscuro rostro se brujulea un lunar. Y aunque amor en nuestras almas vuele con velocidad, entre amantes desiguales, o se queda, o vuelve atrás. Casaos, no con la Princesa, ni conmigo, procurad un medio proporcionado a quien sois; y pues dejáis para un Príncipe a su Alteza, a una villana dejad para un villano (si puede querer mi amor, ni olvidar) que de esta suerte, señor, del Duque os aseguráis, viveréis vuestra grandeza, haréis la guerra fatal, y me dejaréis segura sin la pensión de un afan, sin la infamia de un repudio, sin zozobras de un pesar, sin recelos de un desaire en mi floreciente edad, que una villana es lo propio, que una rosa por allá, que en sirviendo un rato al gusto del señor más principal, aún antes que se marchite la arroja la voluntad. No es Rey amor? Absoluto. No suele el amor labrar de un cayado una corona? También con facilidad, como niño la deshace; y es gran desdicha bajar la corona a ser cayado; mejor cayado se está. No es Dios? Que consiente poco. No es firme? Como la mar. No es poderoso? Y terrible. No es suave? . Con su igua Qué te debo? . Mucho amo Qué has de hacer por mí? Llorar. . Es crueldad. Es conveniencia. Es conveniencia? Es crueldad, que me aflijáis, señor Conde; idos con el Duque en paz, que ni he de ser vuestra dama, ni vuestra esposa, acabad de entender, que soy humilde, vos grande, y que se ha de casar para no vivir penando, cada uno con sui gual.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Esta llave habéis de dar al Duque, que es la maestra: esta señor, es la vuestra; aquí el Duque ha de posar: y vos en aquesta pieza. Qué hay de Flora? Que al instante os obedeció, ignorante del engaño de su Alteza. Vio a Francelisa en el valle, y agradose el Duque de ella; Godofre, estaba muy bella, y era fuerza enamorarle. Viene a llevarla a Turin, y si consigo la lleva, y el trato, y amor le ceba, temo un afrentoso fin. Si no la lleva, presumo, que alejado de su amor, este que agora es ardor, será brevemente humo. Y cuando cuerdo le vea mas prudente; y acertado, divertido; y olvidado de la causa que desea, podré la verdad contarle seguramente; y en fin Francelisa irá a Turin, y Flora volverá al valle. Mas en efecto, es la Flora a propósito? Es villana con noticia cortesana, supadre, y su madre ignora. Hase criado en la casa de las guardas desde un año, yos juro, que por engaño no lelevante la baza el más fullero en efeto ninguna mejor conviene para el caso. El Duque viene, Godofre amigo, secreto. Tan secamente responde? Es en efecto villana, menos hermosa que vana. Vanisima será, Conde. Mi ruego, ni vuestro amor fue bastante a reducilla. Yo sé bien como se humilla de una villana el rigor. Permíteme aquesta ausencia. Sé lo que pierdes en mí, quisiera honrarte; y así te dilato esta licencia. Y olgara saber de ti, quien de mi favor te aparta. Vuestra Alteza, y una carta, que ha poco que recibí. O no fías de mi fe, o tu humildad desconfía. Prendas ay, Princesa mía. Háblame después. Si haré. Marquesa dicen que soy y hija del Marqués también; y como a mí me está bien, por todo pasando voy. Pero yo no sé por donde se comienza mi papel, que a solas está con el Duque, hablando el Conde. Y allí la Princesa con Peregrino; de manera, que me han sacado acá fuera como dueña de cartón. Hablame Conde después, sin ovonerte a mi gusto: esto he de hacer, y esto es justo, pues lo quiero yo Marqués: Gentil casa! Como el dueño, humilde, mas vuestra Alteza puede hacer de su grandeza un epilogo pequeño, y cabrá en su habitación: y aunque es vuestra en propiedad, con esta llave tomad de toda la posesión. Señor, diz que sois mi padre? Si Flora. Y mi madre? Ha muerto. Y soy vuestra hija? Es cierto. Quién se lo dijo? mi madre? Oh maliciosa villana! Guarde a vuestro padre Dios, que no faltará en los dos amparo, padre, y hermana. Decid a mi rustiqueza, que he de responderie? Flora, muy agradecida agora pedir la mano a su Alteza. Y si no la quiere dar? Y mis brazos. Pues por eso a vuestra Alteza le beso cuanto se puede besar. Marquesa, de vuestra amiga también los brazos os doy. Deberas? Marquesa soy? padre, aura quien se lo diga a Bórtolo? . Es conocido? Sirve en casa. Quién es? Quien fuera su yerno también, si hubiera sido atrevido. Mas él viene triste, y solo. Qué hay Barrolo? . Qué? tu engaño. Ol en los nidos de antaño, ya no hay pájaros Bártolo. A su natural se fue. Al fin es pobre el sayal. Mira, aunque no eres mi igual yo te quise, y te querré: porque no deja el demonio arrancar en las más vanas una costumbre con canas, mas no para matrimonio. Pues casaraste? Con ciento. Que no has de ser mi mujer? Eso cómo puede ser? Pues póngote impedimento Conmigo está apalabrada matrimonialmente Flora, y quiere escurrirse agora, teniéndola yo ligada. Y si se casa perjura con otro la he de empatar ante el Cura del lugar, y si no la empata el Cura, apelo para el Vicario, y si no lo hiciere bien, para el Obispo; y también de cuarquier auto contrario ante el Duque de Saboya presentaré mi derecho; y si se libra de hecho, y mi razón no se apoya, al Emperador apelo, y si me condena al Papa: y si allí también se escapa, y no hay justicia en el suelo, y me la ponen en dudas, y el Procurador con arte, entre una; y otra parte, besa, y vende como Judas; ante Dios he de alegar mi razón, y su malicia, y haciéndome Dios justicia, no tendré donde apelar. Qué es esto Flora? Verdad. No lo niega la traidora. Mientras que dispongo a Flora, a vuestro suegro informad. Para ti apelo también de un atrevido rigor, tengo a Francelisa amor, y oblígame su desdén a serpoco cortesano. Es villana presumida. Esto has de hacer, que mi vida tiene el remedio en tu mano Al fin os queréis casar con Flora? Por el suceso la palabra que confieso se la pudiera negar; que ni me place, ni alegro; pues para que mal me cuadre, si es Marquesa, tengo padre, si soy Marqués, tengo suegro. Mas como la quiero bien, todo mi amor lo atropella, y me casaré con ella, si tiene suegra también. Si es ese vuestro pesar, yo le quitaré depresto, qel pájaro os pondre en puesto donde lo podáis tirar. No pide el caso tardanza. Retirad la gente agora, y dejadme. Hablad a Flora, y no perdáis la esperanza. Ve hermana, Marqués, Conde. Advierte que me has de ver. Es fuerza o dejar de ser girasol, que corresponde mala los rayos serenos. Bizarro vasallo estás. Nunca sentí el no ser más, yahora siento el no ser menos. Bártolo, por tantos modos mi Bartólico, y amigo, que son Bártolos contigo los Barto lómicos todos. Flora, o flor, que perderas el fruto de bendición, flor de fullero ladrón, no me Bartolomees más, pues falsa te desbártolas, y me dejas desflorado. Ya mi amor te he confesado en público, como a solas; pero no puedo arrojar el ser hija del Marqués, aunque las galas que ves, no me hacem buen paladar. Y ansí por si mi apetito por la costumbrilla ruin se lamentare en Turin por las cebollas de Egipto: vente conmigo a la Corte en las alforjas del gusto, que si me casan, y es justo, con otro de mayor porte: tu serás (si no te altera dejar el campo tu centro) cuasi marido acá dentro, y mi criado allá fuera. Qué es cuasí? Cuasí, es idiota no ser del todo cumplido. Pues a mí para marido no me falta una chichora. Qué es chichora? Es una; y una, que son dos, y no son más; y es cosa que no hallaras en Capadocla ninguna. Que es Capadocia? Una tierra, donde se cría una gente sobrada, e impertinente, para la paz, y la guerra; que ni es carne, ni salmón, ni son gallos, ni gallinas, y son aves: no adivinas que son capones? . Si son. Y pues Dios me hizo cabal, goce yo de mi ventura. Para que nos case el Cura Bártolo, no eres mi igual. Y a Dios, que mi inclinación sin resistirla, me lleva a dar una mala nueva, y a empezar una traición. No te dejara yo ingrata si me dieran a Saboya; pero fue su amor tramoya, y fue su fe patarata. Que a querer como decía, y como lo hiciera yo, al padre que la forió, y al amo que la regía, no dijera esta mujer, si fuera su amor el mío, con despego, y con desvio al declararle su ser, pues me tenía delante, y todo amor lo atropella, al encajarla, o ponella la trampa, o el guardainfante, las enaguas, y el vestido, la jaulilla, y los quillotros; vasallos, reinaos vosotros, que Bártolo es mi marido? Al fin me dejáis? Es fuerza. Qué os obliga? Amor, y fama, que para volver me llama, y para vivir me es fuerza. Volveréis? Salen del mar, divertidos por los poros de la tierra sus tesoros; y después de barrenar los riscos por dónde nacen (porque con blandura ingrata víboras de dulce plata las entrañas los deshacen) vuelven al mar sus corrientes por los márgenes sombrios, con la Majestad de ríos, y del mar salieron fuentes. Tu eres el mar, y yo soy un arroyuelo, y demodo, que puede beberme todo el menos sediento hoy. Y a la vuelta (dulce dueño) si al mundo me comúnico, podrá ser que venga rico, aunque salgol tan pequeño. Idos con Dios, y volved (rio, o arroyo os quedad) que en mi hallaréis voluntad de haceros mucha merced. Que demás de agradecida, como me debo a quien soy, tan inclinada os estoy, que haréis pesar a mi vida en no volver al favor, que os aseguro; y que siento, que es más que agradecimiento, y nada menos que amor. Que tan otro os imagino sea inventiva de mi afecto, sea causa de otro efecto, o arrastrarme mi destino) sea de un error disculpa, o sea lo que no sé y negar lo que se ve para dorar una culpa. Sea aquesta inclinación (que aquí con vos me sucede) simpatia, que procede de una igual constelación. Sea mi estrella fatal, y de los Astros concurso: en efeto en mi discurso le parecéis tan igual algran nacimiento mío; que un guarda que humilde veo tan grande le juzgo, y creo, que el Majestuoso brío, (que al término de mis pies no dejó llegar al Conde.) Hoy tan otro corresponde; y en fin tan epuesto es; que sin saber quien me influye, ni que pasión me adolece, ni que sangre me merece, ni que Al eza os constituye, desde el instante que os vi, que de ello debéis de ser, no me pesó de caer por el abrazo que os di. Quién duda que te embaracen estas niercedes impropias, pue me haces, contra el orden qe una Alteza de Saboya? Quien duda, que si te acuerdas, que fuiste en campaña sola bella emulación de Palas, rayo ardiente de Belona, muro hermoso de ti misma, tú de las Marciales diosa, la primera, y la mejor, poniendo tú diestra heroica reparos a un vasallaje, y estrivos a una deshonra? Quién duda, si te contemplas al cristal de su memoria, y afable te vees conmigo, y con el Conde tan otra, que revocas las mercedes que me repites, y otorgas, o como pabón deshagas los plumajes que te adornan? Mas si me obseruas atenta, y más adentro me notas, sin que decline tú ser del timbre de que blasonas, sin que el pundonor se haje, bien puedes Princesa hermosa multiplicar los favores; que aunque me ves de esta forma, ni romperas el cristal, ni decliínara tu pompa. Con que Majestad me obligas! con que méritos revocas la altivez mayor de Italia, y me arrebatas forzosa, como el imán al acero! Quién eres, que no te estorba el principio del favor? que tienes, que así me postras? que te promete tu amor, si con el mío te apoyas, repara como me arriesgas, y advierte como me arrojas? Porque hay dichas de un linaje de calidad, que se compran con una muerte secreta, y ciegamente te otorgas a unas dichas, que es cordura dejarlas por peligrosas. Lince es amor de las almas; si le tienes como informas, mírame dentro, y verás pasa esta corteza tosca, un alma fiel, y tan tuya, y tan grande, aunque la apocas, que no es mi empresa locura, ni en ti acción de efectuosa amarme, tú lo dirás cuando mejor lo conozcas. Ya te miro, y no te acierto; Bien que a mis dudas agora por las ventanas del alma un grande señor te asomas, y solo sé que te quiero. Piloso fía es notoria, que me quieras porque adoro. Yo hede queter porque adoras? Tú has de querer porque amo necesariamente. Apoyas unos principlos, que niego; que si fueran ciertos, todas quisieran a quien las ama. La implicación ocasiona la desigualdad de estrellas, que llaman en Griego idioma antipatía: y pues sabes, que es simpatia, y no ignoras, que es conformidad de estrellas, y de sangre que confronta; es fuerza, que tú me quieras, y que nuestras almas promptas se muevan por una acción juntamente en dos personas; escucha en aqueste ejemplo la demonstración, señora. Vense, que dos instrumentos, que de una medida constan, labrados de una matería, y acordados de una forma; si igualmente están templados, y el un instrumento tocan, sueña el otro sin moverle, con las consonancias propias, Yo soy, Princesa, una Lira acordada, tú eres otra, yo sueño porque te mueves valiente, magestuosa, agradecida, gallarda, bella Princesa en Saboya, (que es lo menos, cuando tú con causa natural obras,) que como somos, de un peso, y fabricados, señora, de una especie, y a los dos una igualdad nos conforma: tú te mueves sin tocarte, y es la causa porque agora en mí está haciendo el amor consonancias amorosas. Eres mi igual? Eso dudas? interiormente te informa, pregúntate si me estimas, examínate entiosa, no te perdones afecto, y esos favores que logras, esas voz es que respiras, ese dulzor que acrisolas, esa armonía que dictas, en la lira de tu boca, donde tus labios son trastes de coral, y ella de rosa; y las clavijas pequeñas dos hileras son de aljófar; esas piedades que anuncias, esos discursos que formas, cárcalos con el Conde, ponme en una parte, en otra soponle amante, bizarro dueño ya de la victoria del Príncipe de Bearne: mira que poco le importa ni el aplauso, ni el favor del Duque, mírame agora pobre guarda de este valle en las pretensiones propias; que no me contento menos que con hacerte mi esposa, Y si mi humildad acetas, y al Conde rico baldonas, verás como soy tu igual, pues a mi lira te tocas, cuando a la lira del Conde, no deja amor que respondas. Pues cómo estos alpes vives No era una Marquesa Flora! no era despreciado el Conde? si esto es verdad, que te asombra, que en el teatro de Italia, haga una humilde persona un Príncipe Peregrino, que disfrazado te adora? Quién eres, pues te declaras? Pona ese solio una nota, que despacio podrás ver el capítulo que doblas, ya Dios, que me aguarda muchos No dirás tu nombre? Importa que no le sepas. Por qué? Tú lo sabrás en la hoja Al fin volverás? Soy tío. Y yo mar donde te acojas Soy ave sin libertad. Yo viento donde te gozas. Soy piedra que estoy violenta Yo tierra donde reposas, Soy rayo. Pues hiere en mí, y tu luz hará lisonja a mi esfera, sin asombro del mundo. Si eres piadosa, fuego, viento, tierra, y mar; yo soy en tu ausencia agora, río, ave, piedra, y rayo, como a su centro las cosas, precisamente a tus ojos volveré como al mar tornan a la tierra, al viento, al fuego por necesidad forzosa, ríos, aves, piedras, rayos, donde viven, y se forjan. Tu Alteza vaya con Dios. Tu Alteza quede en buen hora O que confusión me deja! O que verdad galardonas! V h , que - Dónde me llevas señora? Ven Francelisa. . No ves; que aqueste retrete es del Duque? Callad agora, y no hagáis tantos porajes, villana. Decirlo puedes; más que intentas? Lo veredes de aquí a un rato, dijo agrajes. Vos sois una mujercilla tan necia, que ha desechado a un señor con el enfado de doncella de la villa. Y porque os tiene ventaja, despreciáis cuanto os ha dicho; y no ha de tener capricho una montañesa baja. Querelde, pues os lo digo, por él, por vos, y por mí; no le tratara yo así si las hubiera conmigo, Qué dices? Que aquesto es no más de como se toma, que a Lucrecia alabó Roma, y la murmuró después, No está el mundo a la razón ni a la verdad sempre atento, ni se busca el fundamento, sino sola la opinión. Así pues veis que mañana serán chanzas las que hoy verás, dejad vulgares quimeras, y recibid más humana, al que os ama, y os avisa; que en siendo vos pecadora, si sois Francelisa agora, seréis doña Francelisa. Mas tambión os aconsejo, que os aprovechéis muy bien, que no le came el desdén, y que le agrade el despejo. Porque es muy grande bobada el melindre, y el enfado, y ruin pecado el pecado, que no deja en casa nada. Mas ya que como quien soy os di una lición de estampa, yo os he metido en la trampa, cierro la puerta, y me voy. . Flora, demonio, o Marquesa, no cierres, abre, detente, que a su nobleza desmiente, quien tan vil trato profesa. Mas ya mi fiera enemiga ha cerrado, y no responde: esta acción es tuya Conde? así una mujer se obliga? Si, que un Duque de Saboya no galantea un desdén tan bajamente, y más quien mas en su valor se apoya, que en su sangre: aquesta puerta cae al cuarto del Marqués, y aquesta del cuarto es del Duque; y si el Duque acierta a saber esta traición, o el Marqués, la han de vengar: así no quiero llamar, deba el Conde a mi afición, que en peligro tan extraño aventuraré a morir primero, que conseguir mi remedio con su daño. Mas una puerta han abierto: ha traidor? . Hay dura estrella! Tú alevoso? Hay prenda bella! Muerta estoy! Yo vengo muerto! Yo temor? Qué he de decir? Aquí de mí! Que dolor! Para cuando es el valor! que quieres Conde? Morir; morir porque yo te adoro de suerte, querido dueño, que antes que atropelle el ceño imperioso a tu decoro, morir me verás primero: esto que puedo aseguro, que lo demás que procuro, que lo demás que te quiero, que lo demás prenda amada, al tiempo de repetirlo, lo mismo será decillo, que atravesarme la espada. Conde deja los halagos, deja las falsas finezas, que no ablandarán ternezas, a quien no asombran amagos, Y muérete Conde, o no; ni me muero, ni me espanto, porque yo te quiero tanto, (si Conde, así viva yo) que con tu muerte contenta viviré, que es feliz suerte, si negocias con tu muerte la ejecución de una afrenta. Mas oye, pues que sebero a mi pundonor te atreves, de lo mucho que me debes, este epilogo primero. Después que del desamor huiste de la Princesa (justa acción en quien profesa honra) pobre pescador te visolo en ese valle (o nunca llegara a verte! y me obligó a recogerte ni piedad, tu estilo, y talle. Cerminos la primer luz entre la noche, y el día en piramides poría de rayos, y mi arcabuz. A los primeros albores, mi arcabuz, que hurta violento mas ramilletes al viento, que el Cierzo a los Alpes flores: Hbía (cuando te halle una perdiz derribado, que era pabellón alado de una mata, y a mi pie teñida en rojas espumas, cayó la perdiz lozana, porque su pico de grana vertió el plomo por las plumas, Tu entonces. Yo entonces (pues me repites lo que vi) dije a la perdiz así viéndola muerta a tus pies, Como suelen espíritus de rosa exhalarse dejando el ser en ella junta tu vida, y alma perdiz bella se suprimieron en tu herida hermosa. Torque a ser inmortal alma dichosa, te adorara en el cielo pura estrella, que dia demá la planta que te sella está cancnizándote gloriosa. Mas ya que no pasaste de la vida, no podiste ascender a mayor suerte, a costa de la sangre de tu herida. Y si no estás contenta como acierte a caéralos pies de tu homicida, muere en mi vida, y viva yo en tu muerte. La perdiz que ya en mi mano era purpúreo trofeo, tela ofrecí sin rodeo de prólogo cortesano. Agradecida ya, cuando las guardas de aquestos senos de mi arcabuz por los truenos iban el rayo buscando; y a tu persona gallarda guarda hicieron aquel día, dejando por cabsa mía a mis sentidos sin guarda. Porque tan mal los guardé, que inadvertida al engaño, y mal reparada al dano por tus lisonias me entré. Como en la fértil orilla suelen del Gitano Nilo, a la voz del Cocodrilo la inocente Pastorcilla; o como en campos de plata pez, que el golfo cristalino nada, y en cuerdas de lino se enteda él propio, y se ata; o en piélago rojo, y verde, florido de ambar la plata en las flores que quebranta pisa un áspid que le muerde. Así yo, que ser solía tan dueño de mis acciones, que cuantos dulces arpones amor flechó al alma mía; tan sobre mí los miré venira mi pecho sano, que los cogí en esta mano, y con esta los quebré. Tan otra fui en un instante, tan mal el pecho sacude cebado arpón, que no pude (bien que lo intenté arrogante) el veneno que me daña arrancarle del pie mío, ni por volver a mi río, ni Pastora a mi cabaña. Mas con tanta voluntad me conformé con mi pena, que no diera la cadena por la mejor libertad. Alguna vez que entro en lucha mi varia imaginación, romper quiso la prisión. no lo niego: mas escucha. Vi entonces un russeñor en una jaula pendiente, que lloraba como miente una novela de amor. Ya fe que viendo su llanto, dije entre mí con mis penas; si así como lloras sueñas, como sonará tu canto? Estaba cuando le oía a una reja del jardín, donde un tejido jazmín es fragrante celosia. Llevome con la atención ndo piens que descansaba suspenso; miro con admiración, que este de Godofre es despertador, que a una hora en la torre del Aurora campaña de plumas es. El alícate del pico quebrantó el alambre, y roto de la jaula salió al soto presto, alegre, libre, y rico. Y a la margen de un sonoro de cristral dulce instrumento, a los Poetas del viento llamó a certamen canoro. Tocó un mórete suave, y al uno, y otro escuché tan conformes, que dudé si era arroyo, o si era ave. Que sonando tan igual, no fue mucho que presuma, si era el arroyo de pluma, o el pájaro de cristal. Y ansi pensando que en él el pájaro fugitino albergue buscaba vivo en la copa de un laurel; la jaula le vi rondar (como suele mariposa rodear la luz hermosa) por donde poder entrar. Viole Godofre su dueño, que le lloraba perdido, y al pájaro arrepentido abrio la puerta alagueño? Y mudando parecer me dije (viéndole entrar) si a la jaula he de tornar, para que la he de romper? Y ansí todo mi albedrío (juzgándore por mi igual desdicha mía fata!) te di llamándote mío. Que enmedio de esta esperanza (como lo puedo decir) tan lejos te vi subir, que mi vista no te alcanza. Y pues no puedo jamás volar a tan alta esfera, porque mis alas de cera tu propio las desharás: Vete, vete, que combates un león en mi desdén, no es paloma contra quien las plumas de Águila bates. Abre la puerta que cierras, cierra el intento que abres, no contra mi pecho labres puñal en la acción, que hyerras. Que soy, no sé yo si hermosa, que soy, yo sé que constante, un imposible a tu amante, y otro imposible a tu esposa Y puedes Conde en rigor en esta trágica calma, llevarme a Turin el alma, mas no llevarme el honor, que es mío, y el pecho esconde un corazón tan de acero, que otro próbaras primero, que me obligues; y ansi Conde echa otra puerta al retrete, solicita, insiste, intenta, ruega, atropella violenta, suspira, llora, promete, que a suspiros, ruegos, llantos, quejas, promesas, furores, fuerzas, violencias, rigores, iras, asombros, y espantos, soy una estrella en el cielo donde no puedes llegar, soy un escollo en el mar, soy en los Alpes un hielo. Y aunque estoy sola enemigo, ni te temo, ni al amor, que para guardar mi honor Francelisa está conmigo. Tú me afrentas? tu valdones? tu recelosa me admites? tus beneficios repites, porque ingrato me supones? Yo (que si posible fuera no amarte, por no ofenderte) entre agraviarte, y quererte, aborrecerte escogiera? Yo adorarte grosero? cuando es opinión constante, que el más vil en siendo amante profesa de Caballero? Yo olvidado? yo traidor? hay mi bien! como no sabes, que mis penas son mas graves, y tu peligro es mayor. Mi peligro? El Duque. Aguarda, no pases más adelante, que es mucho más un amante que el Duque, y no me acobarda, porque el Duque de los dos es muy fácil de vencer, que es tan menos su poder, cuanto va de un Duque a un Dios. Mas qué intenta? Una violencia. Y a que vienes? De su parte. Qué pretendes? Obligarte. Y tu amor? Y mi obediencia? No me estimas? Cosa es cierta. Tengo riesgo? Es evidente. Da lugar a que me ausente rrá y cor esa llave. Y mi fama? No me debes defender (ya que no soy tu mujer, ni es posible) como a dama, que ha merecido tu amor? Es bicatría muy fea, que contigo galán sea, y con el Duque traidor. Y es más honrado apellido el de ingrato? Honor, que ves? Escuchad señor Marqués. A qué buen tiempo ha venido. Obligaciones de amor debo a esta dama, y me hallo con las que debo a vasallo del Duque, aunque soy deudor de aquesta piedad hermosa de beneficios tan buenos, que no los pagaré menos, que con hacerla mi esposa, aunque no lo quiera ser, porque dice no es mi igual, siendo el mejor un cristal, y la más pobre mujer una esmeralda risueña, que aunque el cristal es mayor, ella tiene más valor en su cantidad pequeña. Ignorando que la adoro, el Duque que la pretende me la confía, y entiende atropellar su decoro. En este confuso miedo me pide amparo, yo dudo, que seré (si no la acudo) ingrato; y si le concedo, traidor al Duque: y pues es lo mismo (si no peor) ser ingrato, que traidor, aconsejadme Marqués (porque en vos libro mi fama) que parte debo asistir, si primero he de acudir al Duque, que no a mi dama. Haréis lo que os diga? Sí. Abre Conde. Estoy absorta! Fuerte ocasión! Poco importa, idos que yo quedo aquí. Marqués, donde vais? Pasaba a servir. Qué es esto amor! no estaba aquí? Si señor, aquí Francelisa estaba con el Conde, y cuando entré confuso estaba, y perplejo, más admitió mi consejo. Qué os dijo? Todo lo sé: vos sabed, que era su amante, y dudando entre los dos, si os acudiria a vos, o a Francelisa, constante estando neutral elige mi consejo el Conde. Y pues? Se la ha llevado. Marqués, que decís? Qué se lo dijé. Vos se lo aconsejasteis? Yo. Yse la llevó? . Por mí. No es salevosia? . Sí. Luego sois traidores? . No. Que hay casos tan al rebés repetidos cada día, que en uno es alevosía, lo que en otro virtudes. Soy Príncipe? Soberano. Qué me debéis? Múcha fe, Luego alevosía fue? En otros es caso llano. Pidiome (si vive Dios) que mi parecer le diera, y aconsejele que hiciera, lo que yo hiciera con vos. Qué hicierades? Qué, señor? la escondiera, y la matara. Y fuerades (cosa es clara) contra mi Alteza traidor? Tanto apretáis la clavija, que mi senectud que es cuerda quebraréis. Mas que se pierda. Acabemos, que es mi hija. Vuestra hija? Y de una madre de tan honrada divisa como yo, es Francelisa. Y Flora? . No soy su padre Supo el Conde que lo era? No lo supo? . Pues porque? Porque era posible que se envázara, o me temiera. Yansi tuve por mejor encubrir su nacimiento, porque solo fue mi intento quitársela a vuestro amor. No la a nava el Conde? Sí, aquí smpeque la amaba. Pues peor está que estaba. Cómo puede ser así? . Así: donde la pólvora tiene más peligro? . Junto al fuego No es fuego amor? No lo niego; ese nombre le conviene. No es la mujer un compuesto, que es más fácil cuando ama, que la pólvora a la llama, y un desdeñado su opuesto? Si señor. Pues será nieve? Quién ama con dicha escasa, siempre vela, y nunca abrasa. Pues si permitís se lleve vuestra hija quien la adora, y merece su favor, y es polvora, y fuego amor, y yo nieve, quien ignora (si a mí no me corresponde, y con mi ruego se eleva) que peor está que estaba? que si se la lleva el Conde, más a riesgo está su fama, que soy nieve que la enfría, y más segura estaría en la nieve, que en la llama. No erades su amante? Sí yo confieso que la amaba. Pues mejor está que estaba. Cómo puede ser! . Así. Nada el campo cristalino vuela el piélago espacioso, pájaro antes frondoso, y ya con plumas de lino; un escamado Delfín, y laberinto inconstante de una república errante marítimo albergue: en fin pájaro, pez, o batel, a España el metal conduce, que el seno Indiano produce, y el Sol multíplica en él. Codicioso por la plata, el olandes el mar cubre, y el Español, que descubre más ventajoso al Pirata, viendo que las armas mueve, manda a todos alijar, y echa la plata en el mar, porque a olanda no la lleve. Y hace bien el Capitán, aunque parece cruel, que puede más fácil de él sacarla, que de Absterdan. Así yo por vuestra Alteza, en esta guerra prolija, viendo acosada mi hija, (que es mi honor, y mi riqueza) para que no se aproveche de su valor en mi daño, juzgándole por extraño, es bien que al Conde la eche, y que os la quite, señor: que entre el uno, y otro agravio eligiera el menos sabio, como yo elení el menor. Que de vos fuera imposible restaurarla eternamente; y es agora (aunque esté ausente) acción menos que posible. Y si de vos me aseguro, como lo espero de vos, a mi poder, vive Dios, que vuelva el honor más puro, que está en la sierra el cristal: y pues se ajusta mejor en las materias de amor, cada uno con su igual: si la agravia, o si la esconde, huzano de honor seré, que mi pleta sacaré de las entrañas del Conde. No digáis más. Está bien: qué queréis? Sacarla yo. Hbéis de agraviarla? No: soy quien soy. Y yo también.
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Escollo armado de yedra, yo te conocí edificio, ejemplo de lo que acaba, la carrera de los siglos. Cantaleta a mí, traidor? vérsitos a mí, picaño? coplitas a mí, tacano? trovas a mí! qué dolor! A mí cómo? qué pesar! culebra a mí, que las doy? a mí, vieja? por quien soy que me lo habéis de pagar, dándole el mayor castigo, pues me he de casar con él, y la pena más cruel será el casarse conmigo. Antes de los años mil, vuelven las aguas por do soliair. Qué es esto Flora? . Un aviso del mundo, un triste modelo: arrojaron me del Cielo, me echaron del Paraíso. Fuy (como sabrás después) alcahueta entre el pecado, y entre Adán, y han me dejado en la calle, como ves. Y el Marquesado? . Voló. Y la trompa? . Pue cautela. Y la gravedad? . Fue vela, que pabesa se volvió. Y tu padre? . Fue mentira, y descubrió la mataña. La vida es sueño (en España dijo un grande ingenio) mira? que via soñaba un ciego, y que se hallaba un tesoro: comenzo a sacar el oro, y despertaronle luego. Algo estoy bien con mi mal, pues ser tu esposa asegura. Para que nos case el Cura, Bártolo, no eres mi igual. Tú serás (si no te altera dejar el campo, tu centro) casi marido allá dentro, y mi criado acá fuera. Qué fue aquello? Soñé un rato. Que bien a la gente baja la gravedad se le encaja con el dínero, y el hato! Mas gástese el oro, y cobre: rómpase el hato temprano, y hallase en fin el villano mas que rico, roto, y pobre. Mas pues dices que es mentira tu gravedad, y rigor, y en su puridad amor en escrúpulos no mira: no es justo que yo te ultraje, que a la verdad te deseo dame los brazos, que veo que hará muy buen maridaje el sayal, con el sayal, porque es la mejor pareja, cada oveja con su oveja, cada uno con su igual. Flora, qué haces? . Señor, desmarquesada volver a Bartoso, y a mí ser. Venus, la madre de amor, un animal que tenía doméstico. . Fue la gata? Ya sé que en viendo la rata arrojó la dioseria. Mas peor será que me aburra en fortuna tan cruel. Quieres casarte con él? Si señor, porque ya curra. Cómo zurra? . Un zurra. (dor un lobo cogió cruel, y estando durmiendo, en el tropezó un rico señor, entre el cual, y entre un criado (que era el señor de capticho) echaron al susodicho en un catre muy dorado. Y desnudando al doliente, le pusieron (no sin risa) una olorosa camisa, con su balona pendiente. Y entre telas, y entre granas desolló el lobo: a otro día (cuando el borracho solía ir a currar sus badanas) despertó; y como le vieron, con grande mesura entraron músicos que le cantaron, y pajes que le vistieron. Así estuvo un día entero, creyendo ser Potentado, muy servido, y comultado: cenó, y cargó delantero, y quedándose dormido, volvierona desnudarle, y pusiéronle en la calle, con su camisa, y vestido. Despertó a otro día el zaque, y contolo en el lugar por sueño, y volvió a zurrar entre canina, y zumaque. O se aburra, o no se aburra, Marquéla se creyó Flora, no quiso currar, y agora ha vuelto a su ser, y zurra, Mil ducados os prometo para badanas. . Dos reales tomaré de ellos cabales, si los dais en un efecto. Que aunque el Príncipe, y el Rey, viene a pagar cabalmente; en Tesorero, y Agente se confume todo el buey. Declarome: un labrador un buey viejo (que tenía) llevo a la carniceria para pesarle; y señor, yendo a cobrar su dinero, vio en una cuenta precisa, que en derechos, y en la sisa se quedaba el buey entero, y en la alcábala del Rey: y al fin dijo el labrador, su merced mire señor, cuanto debo sobre el buey. Yo pagaré de mi mano. Será la traza sútil, o quedáranse los mil en los huesos, porque es llano que no he de cobrar un real, y vuestra Alteza lo crea, aunque la libranza sea dada en el Cirio Pascual. Grave los pasos que mueve, y mudo el valor resuelto, tan triste el Marqués ha vuelto, que a llegarse no se atreve. Marqués, que mudo pesar, que perdida, que fracaso os detiene? por si acaso os pone para llegar a vuestro achaque molesto algún temor embarazos: llegad Marqués a mis brazos, para que lleguéis más presto. Con la Palas de Italia, esperanza costosa de la Galla, hija de vuestro padre, mejor digo hija de Marte, y no me contradigo; que no ignora ninguno, que Marte, y vuestro padre fueron uno. Con la Princesa al sin hermana vuestra, con el manejo de un caballo diestra, partí siguiendo al Conde, y a mi hija, (que aunque la gota con la edad prolija pesadas concurrieron y contra mi valor contrarias fueron) jamás permito, aunque jamás se aplaque, que se mueva mi honor por este achaque. Dividiose su Alteza por otro rumbo, y yo por la maleza me introduje en la cumbre levantada columna de la máquina estrellada del Alpe Atlante bruto, con el salvo conduto, que os alcanzó la sangre derramada tantas veces del Conde en la estacada, y la que vertí mía dentro en Bercelí, y fuera de Pabia, cuando a los Esforcianos Milaneses, a tajos, a estocadas, y reveles, los eché del Plamonte, y debelando todo su orizonte, cerqué los Pabianos, y me quitó la presa de las manos, vuestra piedad, la religión, y el uso, Católico, y político se puso entre los afligidos, y el asedio un parpúreo legado de pormedio; (nes cuando entre los dos amigos, y Cristia Príncipe como vos, y Esforcia herma la discordia mantuvo, (nos: (bien sabe Roma que la culpa tuvo; pues contra el Aleman pálaro Augusto vana mi diligencia, con su pico tan breve descabezó las Hidras, y a su Corte él solo se murio dragón desporte. Esto ha sido de paso, vamos señor cogiendo el hilo al caso: que no haya vuelto al valle, Esta sangre vertida, la gracia os tiene Dujo merecida; estos servicios hechos, cariños en vos fueron, o cohechos, que un Príncipe no sabe en lalra más grave ejecutar su saña, contra quien liberal en la campaña lasangre derramo cuando conviene: que su poca fortuna que quien en ella a sus servicios tiene muy aprisa los lleva, con rojo humor escritos, adelantados paga los delitos; o lo más cierto sea, porretiraros de una acción tan fea, que quien fama pretende, cuando el golpe suspende, slercaya del estrago, Banidad se acumula en el amago. Ai fin con vuestro indulto, le ese Astrólogo inculto, que ve los paraielos, yescudriña los Astros a los cielos; registre lo más alto, y más oculto; y arrendando el caballo, sus entrañas inquiero, y no las hallo; hi en los concabos duros, di donde los Favonios corren puros, si donde se adelanta, del primitivo día la luz santa, intre la escarcha fría, primero que a la Italia, porque el día que allí nace temprano, los horas gasta en descender al llano. Viendo en efecto ociosa mi fatiga, ga, la poca vida que truje. or no encontrar quien de los dos me di- No quiero por mi defensa, del Setimo Sentrión las Hidras mueve, precisa a vuestro lado mi asistencia; para volver a vos, como a mi centro, a la Princesa busco, y no la encuentro. En el sitio del valle la imagino, vuelvo a Lucerna, y quiere mi destino, que a una pierda, y que a los dos no halle, que malogre mi empleo, y pierda la esperanza, porque creo, que a los dos aresora, gruta que el Sol ignora, o la verde maraña de esta inculta montaña: o sin duda ninguna, porque los busca una dichosa nueva. Mirad agora, Duque generoso, si es bien que vuelva triste, y temeroso, Qué me diréis agora? Que mi desconsianza fue traidora, el suceso os responde, y la elección incierta. . Apartad. . Conde? Si alguna vez mis servicios han merecido, gran Duque de Saboya tu atención, ni te ofendas, ni te excuses agora que vuelvo a que las iras en mi ejecutes: más primero que me acabes importará que me escuches. Del desafuero de hoy no quiero que me disculpen instancias de Francelisa, ni la obligación que tuve a su amor, desde el instante que el pie en este valle puse, y deposité en sus ojos, decirte que me propuse la infamia con que violabas tu nombre, y de tantos Duques, que de laurel coronados, de Marte a la diestra lucen; y estorbar quise una afrenta a tu pundonor ilustre, que como a ti no te agravies, no importará que me culpes. Solo me basta que sepas, que convino que te hurte a tu honor luego a Saboya: y amor, porque lo ejecute, un caballo en el caguan me ofreció, de tantas luces rodeado, como el Fénix suele de ardientes perfumes, porque a sus golpes las piedras tantas centellas producen, que juzgando se abrasaba, con desprecio no las huye, que era de nieve, y el fuego, cuando encenderla presume) era en llegando pavesa, y hasta la piel era lumbre. En este bruto Español, a quien mi mano conduce, rayo Extranjero en los Alpes, de vapores Andaluces, en la silla, y en las ancas subimos los dos, y sufre tan ligeramente el peso, que para que no nos busquen por las huellas de la nieve, (qué siempre a los Alpes cubre) en los copos que calan, las erraduras esculpe. Y como el hierro, y los golpes los daba forma, y los bruñe, y la nieve repetida a denso cristal reduce, cuando el vizarro Españo! las manos, y pies sacude en el cristal, que arrojaba por la campaña voluble. Parecía que del Sol, para los caballos suben herraderás, sabricadas en el taller de una nube. A la falda de aquel monte llegamos entuya cumbre, oyendo brámara un toro la primer vez que la anduve, con mi arcabuz le busqué; pero de otro guarda supe, que era el bramido del toro, que pace campos azules. Decendimos del caballo, que arrende de un acebuche, dosel de una fuente, adonde con el decoro que supe, de su esposo a Francelisa repetí promesas dulces. Mando me entonces fingida, y fiera a mi amor, que ayude a una perdiz, de quien fiera boraz amenaza un vultre. Obedecila, y en tanto, ligera al arzón se sube, y el caballo desenlaza: y viendo que ocupa el fuste, y en él se afirma gallarda, y últimamente, que huye: porque me dejas (la dije) síncopa de ingratitudes? Porque no es justo (responde que una villana deslustre tu sangre, y enamorada me temo a mí, como al Duque. Llegué a esa torre eminente, siguiéndola, que descubre, cuando en senos, y en llanuras el Mapa Frances incluye, y por la parte de Francia, (aquí ruego que me escuches, aquí pasme tu atención) vi, que armada muchedumbre los Alpes, que te defienden, a pesar del pesar suben. Ya no sgo a Francelisa por el rastro, y las vislumbres que dejaba, como el Sol: mayor ocasión me ocurre, mayor ocasión me llama, mayor empresa me incumbe; porque vueltos eriazos, sin que su entrada se anuncien, penetran, y bien Franceses, pasos a Italia comunes. Viste rebaño de cabras, que sueltamente discurren los Alpes de breña en breña, sin que en su altivez se ofusque? No de otra suerte brincando, conágiles prontitudes van por los riscos, que dejan, aunantes que los ocupen. Discurri por los peligros de mi dama, y de mi Duque, y la obligación que tengo la uno, y otro, me concurren a un tiempo, tan grandes todos, que neutral un rato estuve, porque un empeño con otro se rozaba, y se confunde. Propone honor que te avise; díceme amor, que la busque, firme el honor argumenta, sofístico amor arguye. Honor me presenta glorias, lamor con gustos ncinduce, uno vasallo me obliga, otro amante, y me concluye la obligación de vasallo, y a mi dama te antepuse. Ansí, pues ves tu pelig que el amago es certidumbre, y que el rayo centellea, y la defensa es inútil. Llama, señor, a su Alteza, que después que se aseguren en Turin vuestras personas, como tú no me lo impugnes, o vengativo, o celoso, en los llanos, en las cumbres, en los Cielos, y en la tierra, en los montes, y en las nubes los buscaré; y si la encuentro, y si a mi amor la reduce, guarda seré de este bosque. Y para que no se excuse de ser mi esposa, mi Estado permitirás que renuncie, porque un amor nos iguale, un imeneonos junte, unos males padezcamos, unos bienes sean comunes, un cuerpo a los dos construya, un alma a los dos añuda, un golpe a los dos divida, y una losa nos sepulte. Apenas a Francelisa llevaste, cuando el Marqués (como lo sabrás después) que es hija suya me avisa. Y yo trocado, y resuelto, luego al punto, y a gran priesa, a su padre, y la Princesa mandé ossiguiesen: no ha vuelto mi hermana, cuando me advier- tu relación, y tu fe (te mi riesgo, y mi honor se ve mas empeñado; de suerte, que están por mi cuenta agora de las armas Extranjeras, cerca de estar prisioneras mi hermana, y una señora. Y si me entrase en Turin, sin cobrar (acción villana!) a Francelisa, y mi hermana, que dijera Europa? en fin este servicio el mayor, que has hecho a la Alteza mía, de tu lealtad bizarría, y argumento de tu honor, no ha de excederte a mi fama, yo por un vasallo quiero buscarla, porque en el mundo he de vivir sin segundo, al peligro me prefiero. . Señor, détenle Marqués. A mi Daque, a mi señor, no te aventure el valor; agora me faltáis pies? Oígame, señor, primero que el Duque tras si le arrastre: que le ha de quedar a un sastre si un Marqués es embastero? Respóndame, y no se escurra. Déjame villana agora. . Quiéreslo más claro Flora? vamo nos adentro, y curra. , s de mi designio ajeno, cajas, el rayo sin relampago, ni trueno: Pares de Francia, en cuyas bellas lises al arcabuz sonante, debajo de pacificos pretejtos, álpides sois de Olanda en los Paises, lisonja del sentido de la España, que en las flores ocultos siempre opuestos, que en el brasero es de su Campaña veneno bomitáis en la Campaña, que permitís valeros de la maña; porque el poder de su Monarca es tanto, Retiradme las aves a sus nidos, que el Católico Cetro rige cuanto de marca el Sol a Ocaso desde Oriente, no les lleven las nuevas, siempre isustrando su león rugiente; unas piando, y otras con bramidos; y examinando el Águila Alemana, desde que envuelto en grana, en cuna de esmeralda, y cafir nace, hasta que en tumpas de cristales yace. amigo le reduzga el tratamiento: Estos Alpes, con cuya eminencia la construyó la lince providencia, para que de ellos fuese su distancia parentesís de Italia, y de la Francia: adonde descollado su orizonte, yace un Palacio hermoso, de los aires encuentro generoso, que a caballero está sobre el Piamón cuya altivez opima, quiere, y no acaba de caerse encima. Aquí mi prenda hermosa, gentil afrenta de la blancarosa, de cuya tez serena, imiraciones pide la azuzena, al Mayo de las flores, fecundo Autor en ministrar colores, para ser su belleza más precisa, (perdóneme el candor de Francelisa va desdiciendo en liquidos raudales la nieve que la edad hizo cristales: que como no se atreve a competir con su color la nieve, que embejecida en esta sierra yace, en arroyos de envidia se deshace: y porque baje sobre el Duque altive el silencio apercibo, ni le inquiete la polvora fragante, pastilla, adonde cuando más ahuma el honor de sus Reyes se perfuma. retiradme las fieras a sus cuevas, y al mejor Saboyano, hipérbole del Duque soberano; y al vasallo inferior, y más esento, sean en sus Palles pacificas olivas nuestras Lises. Olvidó la venganca, quietud nuestra esperanza, amor nuestro pretejto; de paz el manifiesto, la guerra persuasina. Y viendo esto la Francia altiva, y el sire me condene, de que sangriento al buque no le enfre. Antes mi empeño me avisa, este es amor, aquesta vizarría: este honor, aquesto os comúnico: este deseo a mi dicho, esto os suplico soy contigo Piamontesa, esta es mi pretensión, este mi intento, para en hacerte Princesa, que aunque vuestro ardimiento contra mí se quererle, mas quisiera obligarle, que vencerle. con quien en tropas todeo Oh cómo, ilustre Frances, si viera lo que en ti creo, amartelado trofeo fuera Europa de tus pies. Porque vizarro, y corrés, y en tus finezas constante, siendo discreto, elegante, fuerte, piadoso, prudente, distribuyes lo valiente, sin perjuicio de lo amante. Cuando en el valle te via, generoso, y verdadero, tan retirado, y severo, Príncipe te presumia. Y cuando por dicha mía, Príncipe te llego a ver, tan más te llego a creer, queentiendo en mi presunción, que fue Alexandro botrón de lo que habías de ser. Que como suele un Pintor, en el papel bosquejar la figura, por sacar el lienzo con más primor, En Alexandro, señor, quiso dibujarte Apeles: hallaronte en sus papeles, como entonces te propuso, y agora el Cielo te puso colores con sus pinceles. Este abrigo, Francelisa, que hallaste en mi pecho Real, no fue virtud liberal, (ne: si no obligación precisa. que soy tu deudor forzoso, pues cuando más generoso y tú me has hecho famoso. Y quiera Dios que mi gente, los Alpes, como deseo hallen al Conde valiente, que entonces. Conde, detente. Daos a prisión. Quita hermano, que yo sobro, que en mi mano aqueste acero me apoya. La Princesa de Saboya, así se rinde, villano? Soldados, deteneos: lograron su fortuna mis deseos. Pues hallamos, señor, a la Princesa no os arrojéis en tandudosa empresa. Así, Marqués, importa que a los dos retiréis: mi amor lo y el peligro lo avisa. (exorta No es esta Francelisa? que yo al impetuo puesto de esta pequeña tropa (mas que es esto? peregrino con ella? Seré Pirro vallente. Y en traje diferente? Un discurso con otro se atropella. El riesgo es evidente: vuestra Alteza no aguarde (mas como desmayáis alma cobar- de? . a ser viles despojos: veneno estoy bebiendo por los ojos. Jamás busqué por donde pudiese retirarme. Ni yo, Conde. Mas qué es esto que miro? que yo de aquesta suerte me retiro! . Por hija te he declarado Altezas del Piamonte, Condeamigo, al Duque, al Conde, y al valle. de mi adversa fortuna fiel testigo, . Yo tu hija? no os receleis de mí; los brilladores . Ahora no, aceros embainad, y los temores, las dudas, los recelos, los enojos, . Enigmade aquestos montes, que el manifiesto intima de los ojos: que esta que veis, mejor que a la que a Troya vizarro honor de Saboya, hizo su amor violento, páramo ceniciento. Duque, Princesa, Grandes de Saboya, alibio de mis pesares, no es mía, tuya es Conde: tan tuya es ya, tan otra corresponde, y tuyo en cualquiera parte. que agoraque en estado no la excedes, Y aunque no te juzgo aleve, la que fue caprichosa, si con el ouque justamente ingrata, . laurel contigo, y fugitiva plata, dedicada a tu esposa, y de aquesta asistida te busca, te desea, y te apellida. Y este campo de gente numeroso, (o Duqué valeroso! Clavero de la Europa militante, que abres, i cierras con tu diestra mano, como vuelves, y la traes cuando se calza el acerado guante, a ser mía, cuando toco las puertas al Frances, y al Italiano, dudas que no satisfaces, siendo en tu poca tierra, árbitro de la paz, y de la guerra.) Tan tuyo es, si tu piadoso eres; tan tuyo es, si eternidad te adquieres; nublados que no deshaces, tan tuyo es, diralo la experiencia; tan tuyo es, que presto a tu obedien arrojarás unidas las legiones, a tus plantas las armas, y pendón Hora seas peregrino, o Príncipe de la sangre: como sin noticia mía, armado ocupas los Alpes? Desempeña los cuidados, y los recelos, que sabes, que cuanto más te penetro, te retiras a mi examen. que has adulterado el traje. epílogo de beldades, alma de flores fragantes. Noble compañero mío, tu amigo en Lucerna fui, ni a ti te luzgo inconstante, a l. si te dejé pobre guarda, si te perdí como sabes, si de humildad te vestías, si eras villana en el traje, como ostentas poderio? como Princesa te hallaste? como las armas gobiernas? sospechas que no desmientes, recelos que me combaten, apariencias que me ofuscan, y visos que me confunden, que arrojan vuestros semblantes, uno, esplendores de Venus, y otro reflejos de Marte? Vencido de tu fortuna, yConde ilustre) pasó al margen del Po, solo en su caballo Carlos de Foj, de Bearne Príncipe, en cuya ribera depuso el arnes brillante, y desamparó el caballo, que tu después encontraste. Cifrado en habito humilde, para salir como sale el Sol de la noche oscura, coronado de azahares, mas aplaudida su luz, y el día más rutilante. El Príncipe se guardó en las tinieblas del valle: aquí vivió, mejor digo aquí lloro, tan instante, que siendo guarda del bosque, fue escándalo de los Alpes. Amaba sin esperanza del premio, que entre sus males la posesión le impedian montes de dificultades. Perdóneme vuestra Alteza, sino es decoro, delante de amor, decir, que la amaba sin esperanza, y quejarse, porque amar con esperanza, es vulgaridad de amantes. Querer por solo querer, es el último quilate de amor, y común afecto de un Príncipe; mas reparé, que como entonces estaba entre ornamentos vulgares, pegó al alma este resabio la villanía del traje. El Cristianísimo supo su retiro, y de su parte seis mil infantes le envían, y discurriendo los Alpes, encontró (no sin asombros) un pajefalso, que yace sobre un tapete de grana, si balsamo de corales. Descollávase a lo lejos un bulto, que lo distante era atalaya, y más cerca, del Príncipe satisface a la dudosa apariencia, en el militar examen un tronco, que fue algún tiempo coluna verde de un sance. Llegó a una tosca rotura del tronco leño un infante, y al Príncipe dijo: Llegue, y no pierda por cobarde vuestra Alteza: ver al Sol, bien puede, sin que le abrase, que lentos los rayos son, pues este leño no arde. Salió entonces, como rompe la rosa la verde cárcel, el Sol el verde telliz, y la túnica el diamante. Francelisa (que asombrada de los ecos militares, se escondió en aquel vergel, rústico pasmo del arte. Refirio sus dos sucesos al Príncipe, que ignorante de la igualdad con el Conde, Princesa la hice de Amalfí. Y para estorbar el otro a tu presencia la trae, porque retirando un vicio, una virtudadelantes. Ansí permite a los dos, pues son conformes, y amantes, y al Príncipe, y a su Alteza, que juntamente se casen. La necesidad te obliga, la razón te persuade, el pundonor te convence, el ser quien eres te baste. Así al Príncipe aseguras, así tú mismo te aplaudes, así vencerás sin daño, así sus armas abates, así agravios se cancelan, así se olvidan pesares, así la paz fructificas, así al mundo satisfaces, así juntas dos Altezas, así aseguras dos Grandes, así lo quiere el amor, así lo manda tu padre, así yo te lo suplico, Duque de Saboya, y sabe, que soy tu amigo, aunque soy el Príncipe de Bearne. La posesión de Saboya, sujeta a valor tan grande, puede tomar en mis brazos vuestra Alteza. El Cielo guarde a vuestra Alteza: Marqués, que respondes? Que se case cada uno con suigual. Quien soy vuestra Alteza sabe. Mi mano tiene por precio de su amor. Hija, a tu padre da los brazos, y la mano, como Princesa de Amalfí. Los brazos sí, que la mano es del Conde, porque acabe cada uno con su igual, pidiendo pardón de parte del Poeta, si merece su humildad favor tan grande.
