Texto digital de Cada loco con su tema
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Hurtado de Mendoza
- Atribución estilometría
- Antonio Hurtado de Mendoza Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cada loco con su tema. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cada-loco-con-su-tema.

CADA LOCO CON SU TEMA
JORNADA PRIMERA
Esto ha de ser, vive el Cielo. Teneos, que es desatino. Bastale ser mi sobrino; y ser mi padre su abuelo; tan gran desvergüenza pasa, despreciar con tal rigor a mi sobrino, al señor del solar de nuestra casa; ha de casarse con él una de ellas, y aún las dos, si pudieran, vive Dios. Terrible padre! Cruel. Mirad, que es mucha crueldad darles marido a disgusto. Yo lo quiero de mi gusto. Yo de mi comodidad. Hijas, las dos enemigas, sí, y ocasión de mis daños? ve descanso de mis años! qué fruto de mis fatigas! Pobre a las Indias pasé, y en ellas por mi nobleza, con gran dote de riqueza, y de virtud, me case con su madre que me dio esas prendas afrentosas, hijas suyas en lo hermosas, pero en las costumbres no: que a ser viva, bien segura corrigiera su bondad, esa peligrosa edad, esa ignorante hermosura. Faltó vuestra hermana, y luego, a España volví, y querría dar un verde a la edad mía en los campos del sosiego. Traigo mucho que me sobre, y aunque más lo multiplico, tengo tesoros de rico, mas no descansos de pobre. Quisiera ser rico honrado, que la hacienda peligrosa, vive en los cofres ocisa, y anda inquieta en el cuidado. No quiero de Indiano el nombre, que su riqueza mezquina, es hacienda en la picina; que le viene a faltar hombre. Murió mi hermano mayor, dejó un hijo, solo lleno de este ordinario veneno, poca hacienda, y mucho honor. Quiero casarle con una de estas; y que mi riqueza, plante en su naturaleza los frutos de mi fortuna; y cuando a sus pensamientos salgo a proponer los míos, una piensa desvaríos, y otra dice atrevimientos. Sosegaos, hermano, un poco, que ellas serán obedientes. Qué terribles, qué insolentes! No quiero. Ni yo tampoco. Estas injurias resisto? perderanme con perderla. Yo no le quiero, sin velle. Ni yo cuando le haya visto. Pues antes verle desean, ya tienen razón en algo. Como a un hidalgo, a un hi- es menester que le vean? (dalgo Hidalgo, qué triste nombre: que aún no dijo caballero, solo hidalgo es mal agüero. (bre? No es galán? no es gentil hom- quien le ha visto no me advierte, que es de su padre trasiado, que es dispuesto, que es trabado, robustó, animoso, y fuerte? Trabado, y fuerte en efecto, será tirador de barra, que persona tan bizarra, que aún no le pintó discreto, que aún no dijo tierno, amable, cortés, gallardo, amoroso, gentil, despejado, abroso, apacible, ni agradable; pero qué talle, o qué gusto tendrá un moceron muy recío, entre sinajudo, y necio, entre pesado, y robusto, vestido de paño azul, que el negro aunque menos vale, no más de las Pasquas sale de la cárcel del baul, que con su acona, y su perro, vive en el monte, y no en casa, y a la noche vuelve, y pasa todo el libro del becerro, creyendo de si después, que aún es más claro, que Apolo, dando a Dios gracias de solo que le hizo montañes, y en la iglasia muy profundo, y en las bodas placentero, querer sentarse el primero, y no beber el segundo? Muy puesto en que su montaña vale más que mil tesoros, y pensando que es de moros todo lo demás de España. Ay tal maldad? que consuelo de mi vejez! Calle padre, que el decía a nuestra madre, esto mismo de su abuelo. Tiene razón, muchos días, sobre mesa lo contaba. Quién bien de comer acaba, cuando refiere hidalguías, esta es ya resolución. A mi sobrino he llamado, y aún a Roma he despachado ya por la dispensación, los retratos le envié, que quiero que suya sea, la que más le agrade, y crea, a la vista, no a la fe. Mentid pinceles ingratos, ninguno sea cortés, que es el primer Montañes, que se casa por retratos. Dejadlas con sus engaños, yo guiaré con más paciencia, a la luz de la obediencia la ceguedad de sus años. Eso importa, eso ha de ser, de vos lo quiero fiar, que a mi sobrino he de dar hacienda, sangre, y Fuese? Ya se fue. Sobrinas, trebelión vayan sus a una corte de castaños, y babilonia de encinas. No faltaba más, después que España nos dio acogida, que traducir nuestra vida de cacique en Montañes. Isabel, ya mis intentos te descubrí, ya verías en tantas cenizas frías encendidos pensamientos; no haya más necesidad de advertirte. Ya se tía, que la inquieta todabía esa pobre humanidad. Hijas, en Madrid vivimos, no hay parentesco mejor, que el del gusto, que en amor, hasta los rubios son primos. No doy a vuestros antojos más licencia, que esparcidos, el dar gusto a los oídos, y munición a los ojos. Demasias, ni aún por costumbre, que el papel, requiebro y trato, sino lo sufre el recato, ya lo admite la costumbre. Y que tienen, advertid, otro saber diferente, de otro clima, y de otra gente, estos aires de Madrid. No hallaréis lugar segundo para vuestro alegre humor, que para achaques de amor es la bótica del mundo. Qué bien lo ha dicho mi tía! esta sí, que es nuestra madre, váyase con Dios mi padre con su cansada hidalguía, yo vengo de buena gana, y esto el mundo lo confies que la sangre Montañesa, mas la vida Castellana. Ay amigo, corazón no más me faltaba a mí, que un hidalgo jabalí de los montes de León. Hermana, a lindo lugar a Madrid hemos llegado, que es la región del agrado, y la Provincia de amar. Que talles, que entendimientos no hay aquí! que aún los antojos pasan más allá los ojos de los mismos pensamientos. Cuando yo a Don Luis quería en las Indias, no pensaba que en Madrid amor armaba mayor lazo al alma mía. Leonor, qué te ha parecido de Don Juan, de este mancebo, no Fénix, ni Adonis nuevo, sino galán, y entendido, que no soy de las pesadas, que buscan narciserias, sino verdes gallardías, con buen airo descuidadas? Dime del mil perfecciones, mil gracias encarecidas, dejando en él presumidas las mismas admiraciones, que en su talle bien se ve lo infinito que merece; qué dices? qué te parece? Bónico, mas anda a pie. Luego andar a pie es bajeza? los nobles quedarán buenos, si una bestia más, o menos fuera en el mundo nobleza. Pues advierte, hermana mía, que en el ejército ya del mundo marchando va a pie la caballeria. Y dime, Isabel, te ruego, y el primo de allende el mar? Era muy fácil templar tanto mar, tan poco fuego. Hay nacia, y varia Isabel yo si gran dueño escogí, cuéntame envidias de ti, dime perfecciones de él. Muérome por alabarlo, no es mucho lo que merece? qué dices? qué te parece? Necio, y aún anda a caballo. Pues yo admitiera despojos de hombre de a pie, de un manteb pisa barroso, no debo cosa tan vieja a mis ojos, cuando miro en esa calle a pie un triste gentil hombre, asco me da ver el hombre, que lástima ver el talle. Pues en la calle Mayor, qué es mirarle embarazado entre el coche del Letrado, y el caballo del Señor! Allí da una sofrenada, pasar quiere, y luego fiero alza el azote el Cochero, y el bravo empuña la espada, y porque no le permite su fortuna que se vea en coche, rabia, desea Pragmática que los quite; mas si tal vez desempiedra la calle en vano, sospecho, que querría quedar hecho coche mármol como piedra. Y ese tu galán cansado, o cochista, o rocinista, majadero a letra vista, del Pueblo ial acerado, no es Cofrade de los lodos? No, que cuando llueve, y topa coche ajeno, le dan popa, y mano derecha todos. Qué es Caballero Popero? Oh pobre gente, y molesta, lo que aún pícaro le cuesta guisarse de Caballero, vanidad, o ley estrecha, que esta gente vana, y grave, solo de los otros sabe cuál es su mano derecha! Yo había de dar cuidado, de que mi calle registre hombre de brazo en el ristre, y de dolor de costado? Yo había de estar sejeta de que mis favores pida una ventura a la brida, y un oficio a la gineta? Esto, Leonor te convenza, aunque vano el mundo esté, que nunca a ninguno a pie sacaron a la vergüenza. Vaya un señor por la calle, y lleve la vista mía atada a su bizarría, y suspendida en su talle salga en un caballo hermoso con bizarro desenfado, cortes, con mucho cuidado, y con gran descuido airoso lleve lucida detrás su familia, y su valor, le haga parecer señor, y él lo sea mucho más, que sin soberbia ninguna, de lo que el mundo blasona, le alivien por su persona, aún más que por su fortuna, y en su inclinación constante sea fino, y bueno en todo, que si no es joya de lodo puesta en caja de diamante. Oh qué vulgares intentos! qué lástima! qué locura, que tenga tal hermosura tan descalzos pensamientos! Pues como a un señor lucido no escoges? Fuera importante, si hubiera de ser amante esto que ha de ser marido. Yo, Isabel, soy más prudente, no quiero en la escucia tuya, ni grande, que me destruya, ri pequeño, que me afrente. El antojo me acompaña solo de un gran Caballero del Solar de su dinero, que es el más noble de España. Pues yo solo un hombre quiero de ingenio, de honra, y valor, sin bostezos de señor, ni escrúpulos de escudero, que solo tenga por mengua mentir, engañar, y ser descomedido, y tener fama indigna, y mala lengua, Que si a la Comedia llega, y no halla banco, se siente en una grada, y se afrente quien por él madruga, y ruega. Que a pie se baje hasta el prado, y diga en viendo a las dos, aquí, por gracia de Dios, no viene nocin prestado. Y f, ecia na mía, la vana ambición destierra, que en el amor, y la guerra espáñola infantería. No lo haré, vive Dios, si me asaetean. Bernardo, amigo. No hay Bernardo amigo, es esta mi mocedad descomulgada? apedree yo las mozas por ventura? fue mi padre traidor a la hermosura? no lo haré vive Cristo, aunque me mates. Mira que estás diciendo disparates, mira que en tu amistad mi amor se fía; mira que eres mitad del alma mía, mira que está solo mi bien en tu mano. Mira tú que soy mozo, y soy Cristiano, mira que tengo el gusto bien nacido; yo afrentar de esa suerte mi linaje? yo hacer bajeza? yo bellaquería? yo querer a una tía? yo a una tía? aredro vayas, pensamiento injusto, Dios mire por la honra de mi gusto. Qué loco estás! que en fin en siendo tía, no es mujer? qué opinión tan enfadosa! En llegando a ser tía es otra cosa; no hables en eso más, que tengo hecho voto de castidad de tía, y suegra, de madre, y de parienta cuarentona, y no quiero por ti, ni tus engaños, meterme por la pica de los años. Mira que doña Aldonza es rica, y noble. Eso más? Doña Aldonza rematolo, tendrá ducientos años como un día, pequé en Matusalén si vivo en tía. Ducientos años? solos veinte y nueve cumple por Mayo. Quién reinaba entonces, sería por ventura Don Pelayo; porque también se usaba el mes de Mayo. De la edad de mujeres no has oído, que es un pique a los cientos? Qué i qué extraña novedad! En sus engaños, oye el esfuerzo inútil de los años, veinte y tres, veinte y cuatro, veinte y cinto, veinte y seis, veinte y siete veinte y ocho, veinte y ocho, veinte y ocho, veinte y nueve, más veinte y nueve, mas, y en esta cuenta, en no pudiendo mentir más, sesenta. Tienes razón, por Dios; pero qué imp a si casado con ella? Qué es casado? hay traición hay engaño semejante! tirabasme de llano con lo amante, y ahora, o falso, o vil, o fementido, de corte me tiráis con lo marido! o qué susto me ha dado solo el nombre! Hay cosa como ser casado un hombre, y con mujer de bien, qué es más que hermosa? no hay más bien, no hay más dicha, que en efecto el matrimonio es santo. Y santo oficio, porque en entrando en él cualquier casado, por fuerza ha de salir penitenciado. Cásese un apacible, un fordo, un ciego, que afinando su rico Mayorazgo, con manco privilegio en lo caído de el almojarifazgo de marido. Vive Dios, que me corro, y que me afrento, que siendo tú mi amigo, y hombre honrado, sigas el vil error de quien infama, la honrosa vida, y la segura fama! hay cosa tan vulgar, tan baja, y fea, como hablar de mujeres, y maridos, y aún de otras peligrosas novedades, a la lengua de España, cosa extraña, hacer de ajeno mal enferma a España. Honremos nuestra patria generosa, que por tantas hazañas, y blasones, es la envidia común de las naciones: muchos hombres de bien Madrid encierra, muchas Lucrecias hoy en Madrid vemos, que se visten con valor divino al Rey Clinero, y al poder Tarquino; y si habías de premiar merecimientos, que tantas veces dieron escarmientos a la virtud, y letras, en que edades se vincularon más las dignidades. Escucha un argumento, en que conozcas que está España en virtudes floreciente, que pocas veces Dios a indignos Reinos dio bueno, y Santo Rey de favor tanto; qué más aprobación, si el nuestro es Santo, y de su tronco esclarecido vemos ramas tan generosas, y felices? Espántome también, como no dices, que no se tira ya por recobezo, sino cierto a ventana señalada. A pluma tan sutil, aguda espada. Ea, Don Juan, yo quiero obedecerte, y tanto en no hablar mal mortificarme, sin tocar la provincia de enfadosos, que aún pienso decir bien de los dichosos; solo esto de la tía. . Vive el Cielo, que no he hablarte más. Ferrión conmigo? No sabes hacer bien, ni ser amigo; pídote yo por dicha, que la adores, sino que la entretengas, o la engañes, para que a su sobrina. . Ya te entiendo, vuelve, que tuyo soy, tía me fecit, con liga de vejez por ti me pescan ancianas redes, y caducos lazos. Oh Fénix socarrón, dame esos brazos! O mundo, mundo, quién de ti se fía! ayer era hombre honrado, y ya soy tía. Cé, qué digo? . Quién nos llama? Cé, galán. . Quién puede ser? Una chispa de mujer, una centella de dama veo no más. . Caballero. No es a mí, que soy hidalgo solamente. . Queréis algo? Mucho, pues a vos os quiero. ̱. Luisica? No, aprendió tarde el oficio. . Mi señora me dio con gran prisa ahora este papel. . Dios te guarde. A la Trinidad a Misa va con su tía, y su hermana. ̱. Qué habilidad tan temprana! Espera. . Vengo de prisa, Bernardo. Alegre te escucho. Traes un doblón por ventura? Es hoy Martes. Qué locura! pues qué importa? Importa mucho, saberlo mil veces quiero, que ha de ser aciago el día, en que he de amar a una tía, y he de prestar mi dinero. Dale el doblón a la niña, que aun cien mil le diera. Oh fuego, que valga dinero luego el traer una basquina! Oiga. . Qué dice, galán? Qué presto gran Cruz tuviera, si el ser alcahueta fuera el Avito de San Juan. Reciba, pues, el tributo de estos villanos de amor, que siendo alcahueta en flor, lo ha venido a ser en fruto. Muestre. . Y lo toma? Y lo tomo. Yo la guardaré el dinero. No he menester Tesorero, Contador, ni Mayordomo. Ay tal abe de rapiña! Toma, pide, y da recado, vive Dios, que han enseñado linda lavor a la niña. No ve que soy de un criollo, engendrada a lo moderno? Qué perla para el infierno! Qué arracada para el rollo! Sabe persignarse? digo si sabe hacer esto. Escuche, con los dedos de un estuche en la cara de un amigo. . Oh perra, cara de endrina! Vive Dios, que es la rapaza, no menos que de mostaza un grano de celestina. Bernardo, Bernardo. Ay susto, quitó el doblón. . Qué rigor! o lo que se precia amor de hacerle tiros al gusto! oye, escucha este papel. Mudarase, que es hermosa. Entre una dicha dichosa viene mi desdicha en él. En dar mi padre porfía a su sobrino mujer, temo, que yo lo he de ser, que es más la desdicha mía: Si ganamos a mi tía con tu amigo, decir puedo ser tuya; aguardando quedo a que logres esta dicha; Don Juan, vence a la desdicha; pues que yo he vencido al miedo. Pesia con la suerte mía! qué más lamentos hicieras, si tú de pasar hubieras por el golfo de la tía? hay tonto más temerario! Muchacha tan rica, y bella, pescala, y demos con ella en la Isla del Vicario. Estás loco? yo en mi vida casarme con Vicariada? yo con boda cedulada, hecha mal, y bien mentida? Yo pleito matrimonial, atento a que me consuma la flaca hacienda una pluma, la paciencia un Tribunal? Yo sufrir venga el proceso, y entre muda bolsa, y labios den ecitado agravios, y dilaciones de preso? Yo pleitear, Bernardo amigo, con un rico perulero, que me dirá su dinero las palabras de un testigo? Si la engañé, si fingí grandezas que no he tenido, si pasé desvanecido de los términos de mí, si atento a cautelas viles cubrieron en mis acciones fantásticas relaciones, miserias escuderiles, y siendo yo más honrado me vea solo, y fallido, de un anciano perseguido, y de un rico despeñado, Dios guarde mi voluntad de perder tan sin razón, si me vencen la opinión, si venzo la libertad. Pues mal haya tu cordura, en qué se funda, o qué espera? A que su padre se muera. Jesús qué extraña locura! ya por menguado te dejo, Mas fácil no viene a ser que se mude una mujer, que no que se muera un viejo? Pues en qué tu amor se fía? para que intentas, cobarde, que las espaldas te guarde a la esquina de una tía? No sé, solo estoy constante, en que me veré afligido con cuidados de marido, y sin deseos de amante; y si el amor siempre dura, qué corazón no traspasa el tener en pobre casa mal servida una hermosura? Del Vicario con licencia a casarme me condeno, mas no con sentencia. Bueno, y el casarse no es sentencia? Que digas mal te permito del que atrevido, y violento quiere entrar al casamiento por la puerta de un delito. Los dos tenéis linda flema. Ni soy de a pie, ni a caballo sin gusto del padre. . Andallo, cada Loco con su tema. Ansi el cuidado se pierde de lo que mando? qué es esto no haber al caballo puesto, picaño, la cinta verde? No me obedecéis jamás. Quién es este? Un buen sujeto, un Don Julian en efecto, un Don Julian, y no más, Caballero testaniento todo. Iten más, de esta gente, que hogaño le dio accidente de un poco dé crecimiento: de que oiga Misa me avisa siempre. . La causa deseo. ̱r. Cuando a caballo le veo, se que es Fiesta, y voy a Misa. ̱. Es grandísimo galán de Doña Leonor. . Qué dices? Ven, y no te escandalices, que aún le quiere bien. Don Juan se llama? . Sí, llega a hablarle, que es buena persona. . Qué? yo hablar a quién anda a pie? No es muy trabajoso el talle. ̱. Que en fin quiere a este animal? qué baja, qué infame cosa! no es Doña Leonor hermosa? no sé como escoge mal. Bien se trata, y se sustenta, y anda bien acompañado. Don Juan, siempre le he topado empañado en una afrenta, que un Lacayo muy corito adelante, y luego atrás un Paje andrajoso, mas es familia San Benito. Fuje el Don Juan? Ya se fue. Y el otro quién es? Un mozo de gracejo, y desembozo, también ministro de a pie. Y el hidálguete peinado tiene sazón? . Si lo es ser noble, cuerdo, y cortés, es hombre muy sazonado. Dios le saque, si es así, del purgatorio de hidalgo; qué hay de nuevo? contad algo; qué dice el Pueblo de mí? que dicen esos podridos? decid, que no siento nada; o qué vida tan holgada gozamos los presumidos! la verdad, que no me espanto, ni me desdeño de oílla. Que no hay tal necio en Castilla. Por eso me quiero tanto; que más? . Qué cansas. Es justo, si a todos les doy cuidado. Que te quieres demafiado. Hago bien tengo buen gusto; que más? Que eres mal nacido. Buen parto tuvo mi madre. Que no te conocen padre. Fue muy poco entremetido; qué más? Que eres rico, y loco. Rico, tacha acomodada; qué más? Que a nadie das nada. Bien, ni lo ofrezco tampoco. Que eres hombre bajo. Alguno es más alto, o más entero. Que no quitas el sombrero. No quito nada a ninguno; qué más? Que es cosa pesada, que siendo ayer nada admira. Si en esto de ayer se mira, todos, todos fuimos nada; qué más? Que de muchos modos mientes. . Ese es grande error; que cosa para mi humor hacer yo lo que hacen todos! Dicen de estas mil verdades. De eso, amigo, te fastidias? ellos pasan las envidias, y yo las comodidades. Hallarlos aquí es mejor. Ya prevengo a su lindura bonetada, y miradura, que es el barato de amor. Isabel amiga. . Quedo, tía, menos presurosas, como se ve, que a estas cosas les tiene perdido el miedo; ha tía, y este enfadoso . no la tiene embarazada? Nunca miro al que me enfada. No es gallardo? no es airoso? qué gravedad le acompaña! tan géntil mozo no he visto. Ea con la tía envisto, Santiago, cierra España. Tente, que estas en la calle. Pues en la calle, y de día se ha de mostrar valentía. Qué mal hombre! qué buen talle! Necios los hados están, que dieron sin ley ninguna tan desairada fortuna a mancebo tan galán. Cualquiera es linda, y honrosa. Yo enámoro a lo marido, solo a un dote bien nacido, y a una hacienda bien hermosa. Qué buscan estos mocitos jarameños de vigotes? a lo dulce de los dotes como acuden los mosquitos! Ellas son tan inquietas, que darán, siendo casadas, veneno en copas doradas, como dicen los Poetas. Isabel, advierte ahora en aquella gentileza. Es muy grande su riqueza, seis mil ducados, señora, tiene de renta, y es ya de la gente más lucida. Seis mil tiene por tu vida? Es muy necio, si tendrá. Y tú Don Juann, que está allí, Isabel, qué es lo que tiene? Merécelo todo, y viene a tenerlo todo en mí: quien no tendrá voluntad, si se va por lo mejor, a lo bizarro el amor, a lo pobre la piedad? Cómo haré que llegue aquí? Dejando caer un guante, porque acuda, y le levante, y a un necio hablaras así; qué se te cayó? No es nada. Cé, criados, hola, un guante se ha caído, cé, levante; qué digo? cén, camarada. Él, y su ánima podrá levantarle, majadero, que a ser de la que yo quiero, (ahora encajó la tía) ya estuviera el guante ahora colocada su fortuna en la mano de la cuna, que es la tia de la Aurora. Por mí lo dijo, sobrina. Nunca yo me bajo a nada. Déjame, que estás pesada. Aunque el alma no se inclina a esta gente, es ten galán Don Juan, que muy suya quedo, y negarte no te puedo, que no es muy cortés Don Juan: cierto hermana que lo es. De linda cosa se precia, no tiene cosa más necia ya como ser muy cortés. Qué presuroso! qué hallado mostró su galán descelo, que antes que bajase al suelo cayó sobre su cuidado? Qué fino, y loco diría con su loca brevedad, que llegó la voluntad antes que la cortesía; pues en cuidados tan vanos descubrieron mis enojos, que le alzaba con los ojos primero que con las manos. Yo voy muy agradecida, y muy vuestra. Qué lenguaje! dale al alma buen pasaje, que es vuestra como la vida. Seré vuestro eternamente, siempre os tengo de servir, solo me cuesta el mentir quererla muy fácilmente. Cansado me ha Don Julian, pensó que era el ignorante de desafío aquel guante; más apacible es Don Juan, quien le diera otra fortuna. Doña Leonor te ha mirado. con enojo, y con enfado. No me duele cosa alguna, lo que no le daña a un hombre nunca es daño, majadero. Esas calzas, caballero, y perdone erralle el nombre. Defenvaine esa malicia. Ya que no puede torcerlas, ni doblarlas, haga de ellas una vara de justicia. Esto sufres? pesia atal. Por qué no, si es ya costumbre, que no me de pesadumbre cosa que no me hace mal? Mi bien, ya me dio el papel Lucia, y en mi posada; qué es esto? tu mesurada? amor es, Doña Isabel, amiga. . Gracioso humor! y con el guante en efecto, no se dijo algún concepto de la limosna de amor? Mucho aquella mano os debe, y no le iría muy mal de lisonjas de cristal, y necedades de nieve. (go; No os dio mi hermana el hallaz- servidla, que es la mayor; pero no penséis, señor, que es la hacienda Mayorazgo. Mosca lleva; qué tenemos? De un amante desventuras, y de una mujer locuras, y de una venganza extremos. Qué cansada niñeria! a quien no cela, y desmaya cosa tan niña? o bien haya la prudencia de una tía! Sirve Don Juan, a su hermana, que aunque Isabel es mejor, yo tomara que Leonor fuera tía una semana. Deja, no seas cruel, que de un triste que le adora, toda el alma ocupa ahora solo el nombre de Isabel. Vamos siguiendo este dote. Qué desaliñado estás! ven; y a la tía hablarás. Yo mandare, que la azote, yo mandaré, que la riña. Ay como ha de hacer quejosa desatinos de celosa, y desacuerdos de niña. Un mundo puso a sus pies un cortés, si el mundo fuera Isabel, no le venciera el mismo Fernan- Cortés. Que al fin llegará esta tarde? Ayer salió de Buitrago. Trairá famoso cuartago. Lindo, señor, Dios le guarde. Viene bueno? Como un roble. Es bien dispuesto? Es terrible. Es gustoso? es apacible? El mismo Rey no es más no- Eso a las mil maravillas: (ble. si es bien acondicionado, pregunto si tiene agrado? Eso, no sufre cosquillas. Cómo, es soberbio? Es un Cid enojado. Eso me agrada; pero si no sufre nada no es bueno para Madrid. Tómense con el sobrino; Lucia regalenme a este criado, que a fe que él sea hidalgo muy fino. Eso ninguno es mejor, no par Dios. Él tal criado solen: nemente es barbado, ay si es así su señor. Este todo prevenido, y avisa si viene luego. Oh mal haba el solariego, y qué presto que ha venido! Oh qué buen yerno que espero para casar a mis hijas! no quiero arengas prolijas de extraño casamentero. Son estos aduladores en conciertos bien mentidos, antojos de los oídos, que hacen las cosas mayores. Ninguno es tan confiado, que de si mienta insolente lo que el otro engaña, y miente. Dadme albricias, que ha llegado vuestro sobrino dichoso, tan hermoso como el Sol. Basta, bizarro Español, vaya en buen hora lo hermoso. Es más galán, que Narciso. Y como que lo será. Oh gracias a Dios, que ya tierra de mi Cielo piso! Ya llega. Sobrino mío. Tío, y señor. Mas ay Cielo! no eres Don Luis? Qué recelo es este? no sois mi tío? Don Luis dijo, a mi señora, le voy albricias pidiendo. . De las Indias vengo huyendo de ti, y en Madrid ahoro aún no me dejas? qué espías previenes a mi quietud? qué lazos a mi salud? qué peligros a mis días? Isabel ya esta casada, y con hombre que has de ver la cara de su mujer por la punta de su espada. . Este es el recibimiento, Cielos, después de pasar tantas montañas de mar, y tantos golfos de viento a solo dar escarmiento a tristes, y a desválidos, y a ser queja de ofendidos nace ya llena de antojos, la prosperidad sin ojos, y la hacienda sin oídos: así la sangre se engaña, así falta la nobleza, así muda la riqueza a los hombres en España? tanto el ser dichoso daña, la abundancia es ya locura. Quién pensara, o suerte dura! quién creyera o falsa gloria! que era contra la memoria la hierba de la ventura? Casada Isabel se ve, cuando imaginaba yo, que si de su padre no fuera huésped de su fe? En deudo, y mujer fie vil pariente, y loco amante; ha como soy ignorante, pues necio hallar he querido, rico deudo agradecido, y ausente mujer costante. Qué Don Luis vino de Lima? con qué gusto a verle salgo! Es la causa a fe de hidalgo. Primo de mi vida. Prima, queyida. Jesús! qué hombrón es este? ay tristre! qué miedo me ha dado! Confuso quedo. Prima, Isabel. Estos son los parentescos de acá? juro a Dios, que un galgo mío, precio más que de mi tío todos los doblones ya. Esto el ser ricos encierra, deben de ser muy peinados, y úsanse muy delicados los primos en esta tierra. Que piensan los bachilleres, que yo algún hombre sería de estos que la Corte cría consultados en mujeres? Hombrón a mi a tacaña, sepa, aunque me ponga nombres, que a los hombres para hombres los engendra la Montaña. Quién será este moceron? Quién será este apocado? Qué osco, fiero, y airado! Qué galano, y fanfarrón, con sus botas, y plumillas! Tal hombre en mi vida vi. Pensaban, que yo era así compuesto de mantequillas? Quiero escuchar lo que pasa. qué grandes voces que dan! Qué le dicen? ah galán, nadie escucha en esta casa. Quién os mete en eso a vos? Yo; que en el campo al ins- (tante lo haré bueno. Al de Agramonte he llegado, vive Dios, un reto, y otro en buen hora venid. a Por aquí saldré, venid tras mí. Yo llegué sobre el Cerco de Zamora, bien me ha hospedado mi tío, que en él hallé una venganza, en su hija una mudanza, y a su puerta un desafío. UNDA RI
JORNADA SEGUNDA
No quiero pasar de aquí, que este modo de sacar al campo, y desafiar todo es nuevo para mí. Si al campo ofrecéis la espada, y anochece ya, dejad la confusa variedad de tanta calle ignorada, que pienso que esta es la parte donde nos vimos los dos, y aquí todos, vive Dios, salsedad, mentira, y arte, que estos recelos consiente, y aún esta sospecha mía, quien sin causa desafía, y quien riñe fácilmente. Este engaño; que se encierra en vos disculparle puedo, si os dan recatado miedo las costumbres de esta tierra; y no hay segura campaña, ni se ve pendencia honrosa, cosa indigna, y afrentosa del claro blasón de España. Caballero, yo os confieso, que ha sido este desafío demasías de mi brío, y de mis años exceso. Platícase en la Montaña poco lo lindo, y lo airoso, y mucho lo escrupuloso del antiguo honor de España; y así, aunque fue culpa mía esta ardiente mocedad, no quiere a la necedad añadir la cobardía. Ya no es bien que más aguarde, que el reñir a lo prudente, antes lo excusa el valiente, pero después el cobarde: meted mano. Aguardeos Dios, que así me habéis despeñado. Dos son. Qué te da cuidado? deja, péguense los dos: no has oído aquel consejo, y más de noche también, que entre dos que riñen bien nadie se puso discreto? Paz, Caballeros. Paz digo. Cuchilladas hay aquí. mete mano. . Estás en ti? con quien no riñe conmigo, nunca yo me metí en nada que no me tocase. Acuda, Don Julian fuese sin duda, que trae con calzas la espada. Ténganse fuera, qué es esto? Oh qué traviesas espadas! En mi puerta cuchilladas? venga una acha de presto. Toscón, acuchillador, detente. , y Llega, no tardes, llega esa luz. Ah cobardes; a fuera, que es mi señor, dales, que estoy a tu lado. Espera. Buen desatino, si es mi señor. Mi sobrino? Tu sobrino. Ah Cielo airado! y han le herido? Este es mi tío. Llega, y dale mil abrazos. P. Mi señor, dadme los brazos. ̱. Amado sobrino mío, norabuena yo te vea; tú con la espada desnuda? Presto saldréis de esta duda. ̱. Qué más mi vida desea! ̱. Qué bien riñe! pesiatal. Hanse herido? Siempre vi, que riñen bien para sí, estos que no se hacen mal. Qué imaginación qué sueño pasa por mí, que este ha sido el llamado, el escogido, para injuria, y para dueño de mi querida Isabel? será en tronco hermosa hyedra, y en tosco muro de piedra un rácimo de clavel. Es este aquel venturoso, que ha llegado a ser ahora, noche de mi blanca Aurora, sombra de mi Sol hermoso? No será en él Isabel, aunque más deudo, y más noble, en seco tronco de roble verde ramo de laurel. Este hombre es el Montañes; qué pulido, y agraciado, será en blandura, y agrado un feron de Portugues! El mozo es bravo, y valiente, y en él el viejo ha traído, gran cantidad de marido, y gran bulto de pariente. Cuál de estos es? El que viene de camino. Ay tal maldad! este de envidia, y crueldad a matarle habrá salido: ha traidor! Cómo traidor? Entra a descansar en casa, que allá sabrás lo que pasa. Qué locura! Qué rigor! Ven, que te esperan los brazos de más donaire, y más brío, mil caricias en un tío, en dos primas mil abrazos. Fuese sin hacerse amigo. No se enojará con él por lo cortés, Isabel, como se enojó contigo. Bonete de pedernal el señor novio ha traído. Sin duda fue concibido en sombrero original. Posible es que aquella dicha, y esta sin razón consiento? tanto puede un sufrimiento, tanto rinde una desdicha, tirano viejo ambicioso, que te desvela, y engaña, solo es noble la Montaña, solo es deudo el que es dichoso. Con ocasión tan segura a ver a tus hijos vengo, que la misma sangre tengo, mas no la misma ventera. Y el pulidete, a fe mía, que es brioso. Bueno fuera, que desayudar pudiera la gala a la valentía; yo le estoy aficionado, sepamos quien es también. Será muy hombre de bien, que parece desdichado. Por parecer forastero, porque en vos he conocido mil señales de ofendido, y mechas de caballero os he cobrado afición; decidme quien sois, que os juro, que hallaréis en mi seguro un hidalgo corazón. Vuestra bizarra presencia os abona, oíd, señor, las desdichas de un amor, y los daños de una ausencia. Lo que lloro, y lo que siento, quien soy, a lo que he venido. Vive Dios que es entendido, que no dijo estame atento. Yo soy Don Luis de Peralta, Caballero decendiente de los que a un mundo pusieron duro freno, y blandas leyes. Nací en la Ciudad de Lima, donde los Virreyes tienen la bien respetada silla del Imperio de Occidente. No pasé mi edad primera en ocio ignorante siempre, vil tirano, y falso amigo de los años florecientes, sino con libros discretos, amigos los más fieles, y consejeros más duros de la edad florida verde, pues con su ejemplo despiertas los Varones excelentes, afrenta de los que ahora en tanta ignorancia duermen, que las historias, y hazañas en divino ardor encienden los ánimos generosos, los espíritus valientes. Versos tal vez escribia cuerda, y atinadamente, ni pesados en las burias, ni en las verás descorteses, sin hacer ofensa a nadie, aunque él vulgo los celebre, que no es donaire el que agravia, ni agudeza la que ofende. Resiltime a los antojos de moro, mas no de suerte, que entre pesabas corduras viviese de amor ausente, que pocos años preciados de severos, y prudentes, hacen necios los afectos, cuando piensan que los vencen. Son el ocio, y el amor cazadores diferentes, uno los campos saquea, otro los vientos suspende, el ocio por tierra llana rinde la cobarde liebre; pero el amor junto al Cielo la garza animosa emprende, que de vista, y no de fe entre los aires se pierde, a los mismos pensamientos su velocidad emprende, y aún a la misma esperanza se esconde infinitas veces. Remóntase por los aires, y al derribarla parece, o que una nube se rompe, o baja un rayo de nieve. Ella vuela, y él la sigue, crece la porfía, y crece el gusto, que amor desprecia lo que alcanza fácilmente, esta inclinación fue causa de que los ojos pusiese en altas dificultades, y no en vulgares deleites. Una prima hermana mía, hija de ese viejo aleve, lisonjero, y falso amigo, ingrato, y si vil pariente en Doña Isabel, en años, y en cordura la más breve, y la más grande en mudanza, en belleza, y no en desdenes, ella niña, y yo mancebo, uella la pudo encenderse? más fácil, y más fiel alma bien elige, y mejor siente. Pasabamos los amores entre finezas alegres, entre pendencias sabrosas, entre experiencias corteses. Era yo tan tico entonces, que el padre quisiera verme al estrecho parentesco añadir lazos más fuertes; pero sucedió en mi hacienda un espantoso accidente, que buscan lo más lucido las injurias de la suerte. Un volcán tiene Ariquipa, que de fuego armado, suele en las convecinas tierras hacer estragos ardientes. Este revento, y en montes de humo, y cénica convierte los que tantos años fueron campos de doradas mieses. Quedó mi hacienda abrasada, luego el viejo se arrepiente, que no hay fe, ni amistades vivas, cuando las venturas mueren. Quiso apartarme de casa, pero como no pudiese, porque el amor resistido peligros, y engaños vence, quejose de mí al Virrey, que en las Indias tanto puede, que aún las imaginaciones se adoran, y se obedecen, grandeza del Rey de España, que en otro mundo respeten tantas tierras, tantos mares una sombra de los Reyes. Pensó desterrarme Achiles, que aún hoy está más rebelde, que en tiempo de sus Lau taro Cincoyas, y tu Capeles; mas no pudiendo enojado, hijas, y hacienda previene, con todo a España se embarca, salió pobre, y rico vuelve, yo perdido, y lo consigo, no su hacienda, aunque él lo piense, sino del alma ofendida tantos ya perdidos bienes. Y cuando llego a Madrid, después de traer diez meses pisando mi ausente vida los confines de la muerte, hallo un monstruo, que me agravie, un serafín, que me deje, un necio, que me acuchille, un deudo, que me desdeñe, una envidia, que me mate, una pena, que me anegue, un triste, que lo padezca, y un discreto a quien lo cuente. Señor Don Luis, vuestra pena, en tan justo sentimiento, ya como propia la siento: (y como que no es ajena) en mi amistad ofrecida tendréis segura, y honrada a vuestro lado una espada, y para todo una vida. Aunque es Don Juan solamente el discreto, aquí también tendréis un hombre de bien, no quiero decir valiente. (mira, Guardeos Dios, que en vos se aún más que decís: No sé, Don Juan, como contaré una iguorancia, unaira simple, y loca, sin reirme no podré contarlo; oíd. El mentecato a Madrid viene a buscar mujer firme; en tantos meses de ausencia, hay mudanza que le espante, si acá basta alzar un guante, y hacer una reverencia? aquella cordura extraña, y perfección en criarse en Indias debe de usarse, porque aún no ha pasado a España Que metro de argentería, para contar su afición! basta, que el vicio es lebrón, y el amor volatería. Yo liebre quiero a mi dama, y no garza a lo discreto, que las liebres, en efecto, son gente que tienen cama. Por esto al campo salimos, y en las calles ofuscados, dando pasos engañados, al mismo lugar volvimos. Oh que estrecha condición debe el hombre de tener! si aquí vive, ha menester más holgado corazón; solo por eso acuchilla? qué desconfianza! piensa, que está clavada la ofensa en las puertas de Castilla. En Madrid hay tanto honor, que en él cien mil casas veo, que ni las sabe el deseo, ni las penetra el amor: a la posada venid, que he de ir con vos. Es en vano, yo he de ir con vos. Pobre Indiano, qué alhaja para Madrid! Todos aquí sois corteses. Pobres sin caudal en nada, es cosa muy defabrada Indianos, y Ginoveses; Don Juan, qué dices? qué sientes? Que vino a linda ocasión este primo. . Ricas son, hallarán dos mil parientes. Mi remedio haré que sea. Tantos primos se le ofrecen, que estas hidalgas parecen Montañesas de Guínea. . Desde aquí le escucharemos. Temo que ha de ser muy malo. El buen viejo Arias Gonzalo, que viene haciendo de extremos. Es hijo de mi cuñado, como digo, y reprendo sus travesuras. . Ya entiendo. Parece desconfiado, lo demás quiero encubrir. Querer matarme? ah traidor! no es tierra para mi umor donde hay tanto que sufrir. Ea, deja que te abrace otras mil veces. . Cuál es? Ay hermana, no le ves con el cuello de aquí yace? Isabel, si es este el hombre que decías? . El que vi es este hombrón. . Este sí que es bravo, que es gentil hombre; qué bizarro, qué membrudo! Si estas del sobrino amado son galas de desposado, cual serán las de viudo? Algo parece a su madre; pero no, mas a mi hermano, que en lo robusto, y lozano es retrato de su padre: quitadle aquí las espuelas, venga una ropa godoy. Temblando por Dios estoy de la montera, y chinelas. Ropa, Isabel, cosa extraña. Calla Leonor, que imagino, que quiere que eche el sobrino la Loa de la Montaña. No soy tan acomodado, paso, que no soy señor, ni recipe de Doctor, ni párrafo de Letrado: Ropa quiere que me den? si esta le parece mala, en mi tierra no hay más gala, que ser muy hombre de bien. Si compitiendo no están entre la envidia, y el gusto, mis hijas tendrán mal gusto. Y como que le tendrán. Loco está el viejo, Isabel. De las hijas me lastimo, que les ha de hurtar el primo, y se ha de casar con él. Si es la gala del baul, esta? . Al cuello has de mirar, que ha jurado de no entrar por las puertas del azul. Da gracias de esto a los Cielos. Leonor, decir has querido de esto de azul, y marido algún concepto de celos. Qué brioso! qué alentado! él es moceron de chapa, llegue a quitarle la capa un pulido almidonado. Mártir de nuevas cuchillas, ̱a. que en hondas azules va pasando su rostro ya un golfo de lechuguillas, Llamad, de gozo estoy lleno, a mis hijas, y a su tía. Qué tía? . Cuñada mía. Cuñada en casa no es bueno. Yo voy. . Tía de mi vida, medrosa estoy. Desposadas vengan, porque son llamadas. Ay triste de la escogida! Ya vienen. Tal mozo aguarda, y ellas tan discretas son? Esta es la que dijo hombrón, y aunque es loquilla, es gallarda; si son así las costumbres, no hay querer, ni pedir más; pero hablo mal, y jamás me enamoran pesadumbres. Hermana, apercibe el sí, suya serás, que es muy justo. El hombre tendrá buen gusto, y vendrá a escogerte a ti. Qué quedo se está! ay tal cosa! Tía, debe de esperar que le vamos a abrazar. Quien no perdona a una her- mosa? Mil veces, primas, os beso las manos. . Triste de mí, acabemos, que temí que se quedaba en el beso. Seáis, señor, bienvenido. Cómo fuisteis deseado. Qué cortesmente que ha entrado! De todas seréis servido. Venís bueno? . Aún es avaro de palabras. . Salud tengo, y a vuestro servicio vengo. Ay hermana, que habla claro. Qué pensabas? o cuál es esa ignorancia! . Imagino, que al fin, como Vizcaino, hay bascuence Montañes. Cuál te parece mejor? escoge luego. . No es justo, de repente escoja el gusto, pero despacio el honor. Cualquiera es muy virtuosa, lindo entendimiento enseña. Paréceme la pequeña bachillera, y más hermosa; esotra es más mesurada, y en mi mujer me contento con mediano entendimiento, y hermosura acomodada: yo me declaro, señor, ya tengo esposa. Cuál quieres? Tío, en esto de mujeres la más poca es lo mejor, a la más niña. Oh qué bien! Isabel. . Señor. Marido tienes, albricias te pido, y te doy un parabién. Marido? Tu primo hermano, cuando menos. . No es mejor Leonor? No quiere a Leonor, dale, rapaza, la mano. Pesadamente le quieres. Esa palabra me enoja. Dónde se sufre que escoss un hombre, y no dos mujeres? Vengan más primos, darás en que escoger (ay de mí!) mas si todos son así, yo perdono los demás. Oh cómo es bien entendido! cien mil años goces de él. Jesús! . Qué te dio, Isabel? Aquí un dolor de marido. No hay remedio, esto ha de ser. Aún resistillo no puedo; si prima le tengo miedo, que será cuando mujer? Abrázala, ten más brío, llega de presto. . Ah cruel! Si que es garifo el doncel; ay mi bien, hay Don Juan mío. No me parece razón sin dispensación llegar. Llega, que para abrazar, basta mi dispensación. Entra, que bien lo he trazado. Sin llamar? estás en ti? Cómo estáis, pobre de mí, tan sin pena, y sin cuidado, quedando herido tan mal Don Luis de Peralta? . Quién? Muy sosegados estén; hay flema en el mundo igual? Saber si el otro es querido, y que este en casa no quede, . solo esta industria lo puede. Don Luis queda tan herido? Tiene tanta cuchillada, y que es peligrosa dicen, unos el brazo maldicen, y otros alaban la espada. Gran cuchillada, mancebo. Oh pesia quién me parió! parece que se la dio el Caballero del Febo: No la sintió hasta después, y entrando en casa un Barbero, llegó un Alcalde. . Qué espero? llegó un Alcalde? Y aún tres; la confesión le han tomado, y aunque él se ha estado en sus trece. Demasiado lo encarece. Ya está todo averiguado, no estáis seguro, señor, que queda el buen Caballero. Sobrino, esto es lo primero, Iglesia, o Embajador: vos, Caballero, informadle de quien soy, y a toda ley fuga, que es mayor el Rey en la vara de un Alcalde. A esto a Madrid he venido? No te detengas, acaba, que vendrán; ya me espantaba de que no le hubiese herido. No han caído en la malicia. A quedarme es bien que pruebe; mas no, que el más noble debe mas respeto a la justicia. Oh qué buena va la gente! Mi sobrino el ofendido? Mi primo Don Luis herido? Vive el Cielo que lo siente. Tan gran herida el traidor le dio? . Perderá la vida? No, muy pequeña es la herida, pero es grande aquel dolor. Sin duda, que algún Gigante le prestó aquel chirlo. Enredo me parece; muerta quedo, vos pagaréis lo del guante. Ah Don Luis, tuya es la palma, que peña tan bien sentida, mas que deudo de la vida, es parentesco del alma. Tan tristes nuevas escucho! Hay como en todo eres loca Sin duda la herida es poca, y aquel sentimiento es mucho. Vuelto me habéis el sentido. Beruardo, yo he de perder el joicio. . Poco hay que hacer, ya es Don Juan el mal herido; o qué extremadas nineces! no con Don Luis firme estés, que por Dios que es más cortés, que Don Juan cuarenta veces. Qué dices? Que es bravo el potro, cantó lindamente en él. Qué has sentido de Isabel? Que dará cédula al otro. No la ha mudado la ausencia, siempre se quieren los dos. Ea, encomiéndalo a Dios, y a la primer reverencia. Mira qué extremos aquellos, piedad Cielos soberanos, que muero celoso a manos de sentimientos tan bellos. Déjela ya, que es mancilla, que sigas a quien te ofende; esta es garza, bien lo entiende, más parece tortolilla. Qué desatinos, qué engaños! seguir con tales porfías, una firmeza sin días, y una hermosura sin años. Procura disimular, que a Don Juan haces la guerra. El vino a descubrir tierra, y a de anegarse en la mar. La espada de aquel cruel herir a Don Luis? No es nada. Más atinara la espada, si el estrago hiciera en él. No ha de quedar su m idanza sin tomar venganza mía, que es muy dulce villanía lo civil de la venganga. Hermosa Doña Leonor! Señor Don Juan. El cuitado, que a lo antiguo se ha vengado, pasó de farsa, y amor; pero fue gran desvarío con mi hermana. Él es gallardo. Así os retiráis, Bernardo? Muchísimo, dueño mío; qué es retirarme? quién hay más firme en esta demanda, aunque esas tocas de olanda son castillo de cambray? Temo que ha de ser fingido, y engastado en pedernal. Jesús! yo bajeza igual? Bien parece, mal nacido, el amor, pues cuando ve que le ofenden quiere más. No supe ofender jamás. Oh si no anduviera a pie esta noche aunque más tarde, holgaré de hablar con vos. Qué falsos están los dos! Haréis que de noche aguarde todo el Sol, también lo siente; ahora vengo a entender, que aún mismo tiempo hay mujer, que dice verdad, y miente. Tiene Isabel cada día mil pareceres. Cansado está Don Juan, y enfadado de tanta rapacería; por eso es cuerdo mi amor, que busca infinita edad. Liuda lisonja en verdad. Dios manda amar al mayor, y así, nunca me desvela quien mi nieta puede ser, que es más respeto querer a quien puede ser mi abuela. Socarrón me ha parecido, pero sea socarrón, no quiero amante lloron; sino alegre, y esparcido. Tanto Isabel se acobarda después que ha sido escogida, que ni obedece entendida, ni se resiste gallarda. Qué buena está mi locura envidiando, y con razón, del un primo la elección, y del otro la ventura! Que esto sufro, y que esto callo! que Leonor celos me de él qué presto con el de a pie, que cayó de su caballo! Aunque la vida me cueste, lo he de ver, que mal reposa quien tiene el alma celosa; pero qué silencio es este? si podré ver a mi tía? Este es Don Luis, mas qué aguardo, si hay embustes de resguardo? como has tenido osadía de venir aquí? estás loco? Amigo, qué ha sucedido? Está el Montañés herido, y no es tu peligro poco: la justicia como un rayo anda ya, y es junto al pecho, vete, que esta vez sospecho, que se descuidó el soslayo, vine a ver. Extraña cosa! Si nos culpan. Quién no admira mi desdicha? Qué mentira no es en crédito dichosa? creyolo. . Quién era? Un paje mío; qué digo? un criado. No te veo acompañado. Hago siempre buen pasajen a la familia. . Qué buenos seréis los dos. No me canso en reñir, que es gran descanso tener un pícaro menos. Que una cosa no se ofrezca en que vengarme! El ruido quiero saber de qué ha sido, aunque más tarde parezca. Don Julian, linda venida. Doña Isabel, mi señora. : Don Julian, venga en buen hora. Agradela, es entendida: he de hacer una fineza esta noche. . Gran favor me haréis. . Llevará primor, tendrá garbo, y extrañeza. Bien le merece mi fe; y la vuestra es verdadera? Como yo. . No te quisiera, aunque anduvieras a pie. Tan viles celos me dan, o que no los puedo sufrir. A fe que no ha de morir tan bajamente Don Juan, mire usted por su vida, que es muy bien mirar por ella. Que aquí ha de haber cuchilladas, n honesto usté, que de mala gana ve en carnes a las espadas. Qué merecerá, galán, el que viene muy hallado a ser necio, y ser cansado? Que le llamen Don Julian. De estos hallo yo desprecios, que parece en bajo cobre un discretico muy pobre. Tan mal como rico un necio. Que ha de haber pendencia aguardo, llego a quitar la ocasión. Don Julian tuvo razón. Mas razón tuvo Bernardo. Mira, Leonor, que te engañas, que es de a pie, como Don Juan. Por solo este Don Julian se han de perder quince Españas, dije el concepto, paciencia. Y a Don Julian no conoces que es de a caballo? Estas voces han de parar en pendencia: hermanas, entraos adentro, y si ha de haber valentía, en el campo. . Oh cruda tía! Es muy pequeño este encuentro para mí, yo me recojo, quédense, que yo me fundo en que no hay cosa en el mundo, que me merezca un enojo. . Esto ha podido sufrir? oh Athimista de la honra, que piensa que no hay deshonra, ni más vivir que vivir. De nuevo mi amor empieza, que la traición enemiga la voluntad desobliga, mas no vence a la firmeza. . Algo confusa me siento, que me lleva en mi afición, al uno la inclinación, y al otro el conocimiento. Mi Bernardo, adiós. Yo estimo ese desengaño: ah Cielos, Cielos, no me da a mi celos con su poquito de primo. No estoy en muy mar estado, Cielos. Pues Don Juan, qué ha sido? aún Don Julian te ha vencido? qué de buen aire has quedado! Isabel, si yo te pierdo, loco moriré sin ti, que no tomaré de mí loca venganza de cuerdo: tantos extremos haré, que en mirándoto perdida, daré, con perder la vida, satisfacción a la fe. Tomarás cédula ahora, y casarte de antubión. Burlas en esta ocasión? Tomarasla, quién lo ignora? Cuando sin honra ninguna viviera, y fuera ofendida una experiencia mi vida de agravios de la fortuna: cuando para mi ventura descubriera en su belleza nuevos mundos de riqueza, nuevos Cielos de hermosura: cuando mi amor invencible solo ese remedio hallara, y esta ocasión le aumentara nuevos lazos de imposible: cuando quiero hacer la salva a nuestro adagio Español, fuera despreciando al Sol, hija al fin del Duque de Alba, no me casara, Bernardo, con ella, si he de tener mi legítima mujer por camino tan bastardo. Tú de amor haces alarde; Don Juan, tu tibieza miente, que obstentación de prudente, es disculpa de cobarde: o qué honrada bobería! pues mira lo que en mi humor puede una ley, un amor, y una honrada cortesía. Cuando aquel dulce anáscote naciera sin Soles, ni Albas en las, no digo en las malvas, sino en las Indias sin dote; cuando en su frente, y su cuello, sin ser ofensas tempranas de la batalla de canas, no se escapara un cabello: o bien haya la fe mía, si ella me quisiera a mí, juro a Dios, como el sosí, me casara con la tía. No tienes maña, no tienes felicidad en servir. Si no han querido venir. Con dos Músicos te vienes? rogarías, andavete, necio; al testigo rogado, pero al Músico pagado la presea, el dobloncete: no trujiste chirimias, y el organo, que advertí? Son Vísperas? . Para mí, de tantas venturas mías; y las hachas que he mandado, qué es de ellas? No consideras, que a dar música vinieras con luz, muy desalumbrado? Lleguen los Músicos, hola; qué letras? . De los florido? claros ingenios lucidos de nuestra lengua Española, que muchos puedo nombrarte. Pulidamente se escribe entre gente ilustre, y vive culto el metro, y crespo el arte. Hase escondido el Parnaso, y corre ya tan oscuro, que por claro, terso, y puro no se entiende a Garcilaso. A un ingenio el más divino imitan cien majaderos, y han venido a ser romeros por donde el es peregrino: cantáis algo de marcial? No es conocido tal hombre, ni es pastoril ese nombre. Al fin Músico legal; qué tonos? . Cosa bizarra, de Juan Blas. . Es muy solemne; vengan de Alvaro, que tiene gran sabor en la guitarra. Templad diez veces, y aún ciento, y cruda música espere quien bravo aguardar no quiere que se guise el instrumento: va de Isabel por mi amor, cosa gloriosa, y no Cielo. La Reina Doña Isabel viendo venir vencedor. Quedo, ignorantes, parad. No es de gloriosa memoria esta Isabel? . Quiero historia de gloriosa voluntad. No ay de Isabel, o Belilla, o Belisa, pastoril, alguna letra gentil? Nueva, y famosa letrilla. Pastores de Manzanares, yo muero por Isabel, a cuya beldad solo admite competencias de mi fe. Musiquita? o cómo sueña! o como que dan placer a las doce una guitarra, y a las once un almirez. Cogiome el aire el Poeta, y en la ventana se ve, que la florece, y ocupa aquel Ángel de clavel. Oír cantar solamente lo habían de merecer el amante, y el discreto, y con cédula del Rey. Cé, mi señora. Eorracho, amante de Lucifer; mas quiero fingir un poco. Hermosísima Isabel. Tontísimo Don Julian, conocile. . Grande fue el favor de aquesta noche, para la primera vez. Es una sierpe mi tía, mi hermana es un no sé qué, mi primo un desatinado, mi padre un Nerón cruel. Don Julian un mentecato, mas Don Julian es quien es, Digo que hiciste muy mal, y si entraráis con él. Vieras deshecho su entedo, y en Doña Isabel después el requiebro, y el abrazo, y él mi primo, y él mi bien, y el Bércebú que te lleve, Todo lo quisiera ver: ofendiérame una envidia, o matárame un desdén; viera mi gloria en sus manos, y mi ventura a sus pies, y con Don Luis no mintieras, que como amigo le hablé, y los más leves engaños infaman la buena ley. Que por cuanto el mundo tiene dos cosas no las haré, ni hacer traición al amigo, ni decir mal de mujer. Hipócrita del amor, di que eres noble, y fiel, generoso, y entendido, cuerdo, y bizarro también; mas no digas, ni lo pienses, que tienes amor, que en él, ni es el alma tan sufrida, ni es la envidia tan cortés. Yo soy así, no me mates, guitartas, qué puede ser? Guitarras no más? un hombre, a, lo requiebro lebrel, de la reja del balcón, Don Juan, asido se ve, Hay más penas que me acaben! hay más celos que me den! quién será? . Será otro primo. Si es Don Julian? No, yo sé, que ahora, para mañana, tratando esta de poner listones verdes a un bayo, esqueleto Cordovés. De celos muero. La tía, qué hara ahora? Quié has de ser pesado siempre conmigo? Que está dando, apostaré, en ansias de mocedad dos filos a la vejez. Ay dulce Isabel! Mi dueño, la mano os doy, y daré uma cedula. Ella tiene una mano de papel: este sí que es hombre al uso, agarrola. Déjame matar a este venturoso, que tiraniza mi bien. Estás en ti? Oh pocos años, que desatinos hacéis? Isabel, de vuestros ojos ya las cortinas corted, que está nublado ese cielo. Tanto, que empieza a llover, y a cántaros por lo menos. Don Julian, Don Julian es. Los celos se han vuelto en risa. Perdóneme vuesarced el haberle bautizado. Será la primera vez. Todo cuanto hay en la Corte es como lo imagine, poca verdad, mucho engaño, trato doble, y mala ley. Sospecha tengo que ha sido embuste cuanto escuché, y que estas primas son falsas, y fáciles de romper. Del Embajador la casa con mil recelos dejé, que del viejo me ha cansado tanta anciana sencillez. Quien puede vivir en tierra donde hay tanto que temer, que solamente en la mía tememos aDios, y al Rey? Gente hay aquí; si es justicia? más ladrones podrán ser: allí hay dos, y aquí son cuatro; pícaros, no bastan seis? puédese pasar, hidalgos? Podrá quien tuviere pies. Mejor quien tuviere manos, Cantad más, que me engañe, Aquí guitarras? qué presto señas del cuidado hallé! Lo de Isabel proseguid. Eso no proseguiréis, hidalgos, que en esta casa nadie se suele atrever de su fama al generoso verde sagrado laurel. Esas músicas son buenas donde no pueden tener, ni más que perder la fama, ni que aventurar la fe. Hay nuevo oficio en la Corte de quita músicas; quien os mete en cosas ajenas? o la, cantad. . No cantéis, y a quien aquí se atreviere a cantar, le rompere el instrumento en los cascos. Y vos sois un descortés, un necio, y un atrevido. Por siempre jamás amén. Vos sois un hombre arrojado, yo soy quien soy, y seré lo que quisiere, y no más. Muy sufrido parecéis. Soy muy grande Cortesano. Esto se snfre? no estés tan cobarde. . Oh buen cantor! Aunque no traigo broquel, quieres que yo le acuchille? Hareisme mucha merced, que es un gallina. Villanos, o qué mal me conocéis! Don Julian perece ahora, que el Montañes es aquel, y entiende poco de filis. Yo le quiero socorrer. La justicia. Guarda fuera. Desviense. Ténganse; del solar del mismo infierno es un rayo el Montañes.
JORNADA TERCERA
El dinero es fuerte muro, nada cuidado te dé, que siempre el dinero fue el Sagrado más seguro: aquí estarás escondido, muda de traje. Apartad, que no está mi autoridad pendiente de mi vestido; no gusto de cadenillas, ni de esos cuellos me den, que en otro estará más bien un bosque de lechuguillas. Ya estoy temiendo algún daño. Ay tan peregrino extremo! Llevadlo, que en todo temo que ha de haber algún engaño. Uno temo, y otro dudo; qué tienes? . El majadero se precia de verdadero, y quiere andarse desnudo. Sobrino, tú de este modo? Hablar claro determino. Parece que estás mono? Vos tenéis culpa de todo. Ya das tan presto esa muestra; qué ingratitud! yo culpado? Tío, yo he sido engañado, pena es mía, culpa es vuestra: yo pienso que la justicia, y el aviso (perdonad) es prevenida piedad de alguna prima. Hay malicia, ay sinrazón semejante! Yo de vos llamado he sido; solo para ser marido, que no para ser amante: en hija rica, y hermosa me ofreció vuestra cordura una posesión segura, y no esperanza dudosa. Y he menester con la espada ganarla, y vengo a pensar, que me he venido a casar a la vega de Granada. Son cosas poco fieles, que no estén (oh primas locas!) ni estas ventanas sin tocas, ni esta calle sin broqueles: ni lo culpo, ni lo apruebo, mas que tenéis, averiguo, vos la verdad a lo antiguo, y ellas la vida a lo nuevo. Eres un descomedido, de malicioso estas ciego, que un desconfiado, luego se convierta en atrevido. No ha de dar un hombre honrado a un engaño tan violento lugar en el pensamiento, cuanto más en el cuidado. Cuando ha sido sospechoso ningún hombre bien nacido? Quien ha entrado a ser marido por las puertas de celoso? Los daños siempre los ve con prevención cuerda el sabio, y el necio, atento a su agravio, siempre los mira con fe. Si no hay cosa en que dispenses, y del engaño haces gala, qué mujer no será mala, si basta que tú lo pienses? Yo no sé philosofías, solo sé, que no dan muestras ellas de ser hijas vuestras, ni de ser parientas mías. Queréis que yo sufra, y calle, que en vuestra hija, señor, me deis un pesquisidor de mi cara, y de mí talle? que yo soy tan bien nacido, que aunque más presume, y siente, la excedo para pariente, y sobro para marido. Oh qué soberbio que estás! advierte, Luzbel segundo, que ser hidalgo en el mundo es ser hidalgo, y no más. De Aragón reinó en la Silla un hidalgo que eligieron, y de un hidalgo se hicieron los más Grandes de Castilla. En eso no, no, te engañas, pero crecer los verías, no con necias hidalguías, sino con fuertes hazañas. Vienes en traje, que puedo preguntarte, si entendías, que a desposarte venías a las Asturias de Oviedo. Y de suerte, que no dudo, que pensaste a lo infanzón, que Madrid era León, Corte de Ordoño, o Bermudo. Ya no es el tiempo del Cid, que ahora más ricos son, que los Grandes de León, los chapines de Madrid. Si esto os causaba desvelos, cómo no me socorristeis? y qué, más galán salisteis de casa de mis abuelos? Mas de un rico nadie aguarde bien ninguno, que esta gente, por no hacer bien solamente, viven mucho, y mueren tarde. Qué ya te parezco eterno? ha enemigo! bien está; aún no soy tu suegro, y ya tienes achaques de yerno? Si allá tan ricos no están, pudieras haber venido en las finezas lucido, y en las palabras galán. Si antes de estar desposado no haces caricias, y amores, qué sequedades mayores te quedan para casado? Isabel toma venganza de ver tu poca afición, que será en la posesión un soberbio en la esperanza? Ya he dicho, que no venía a enamorar. . Qué rigor! ya que infamas el amor, no agravies la cortesía. No la caséis a disgusto; si para mí la forzáis, el honor aventuráis con las violencias del gusto; que yo, no porque soy vano, si no libre de interés, un mundo pondré a mis pies, por no torcer una mano. Qué es forzar? ella te adora: ya salen, no seas loco; sobrino, véncete un poco, dile requiebros ahora, muéstrale agrado, y blandura, caricia, humildad, y amor, que no hay victoria mayor, que rendirse a la hermosura. Corderilla amorosa, que triste, y extranjera pierdes, a mano tan fiera, la dulce vida hermosa, cuando era entre el ganado, la blanca admiración del verde pra- do. Lucida flor bañada de púrpura, y de nieve; que fue de mano aleve oprimida, y cortada, cuando en verdor temprano gozaba los umbrales del Verano. Fuentecilla risueña, desprecio del rocío, que en más violento río vida, y cristal despeña, cuando eran en amores aplauso lisonjero de las flores. Avecilla sonora, de envidia, y mano incierta, o perseguida, o muerta en su primera Aurora, cuando era su armonía clarín del Alba, y suspensión deldía. Flor, corderilla, y fuente, avecilla quejosa, muerte más lastimosa, mi vida espera, y siente, que es más para sentida forzar el alma, que perder la vida. Llega, mira que te espera, que aguardar, siendo tan linda, a que una mujer se rinda, es victoria muy grosera. Ay triste! huyendo del mal, he venido a dar en él. Oh qué hermosa está Isabel! es su talle celestial. Dejadnos solos; por vos, y por ella pienso hablarla. Eso es modo de agradarla; qué finos veré a los dos! dila que has sido dichoso, tierno la pide una mano. Dila, dueño soberano, cielo mío, sol hermoso, no digas que es una dea, que no es al uso, y repara, que tiene su hermosa cara entendimiento de fea: desde aquí escucharlos quiero. Yo quedo bien advertido, por bárbaro me ha tenido. De amores, y penas muero. Piensa que yo he de rogarla por su dote, si yo valgo. Solo sabe ser hidalgo, él no acierta a enamorarla, pienso que la desafía. Pues a fe, prima enfadosa, que algún día. Linda cosa, castigos en profecia. Hablarla será forzoso, pues lo ofrecí duramente. Él será honrado pariente, pero desairado esposo; que Don Juan me olvide ya y este se me acerque tanto! Prima, infinito me espanto. Espántese más allá. Esto se consiente aquí! Hija, dime lo que ha sido. No más de que no he querido que se espante junto a mí. Es una muy mal criada. Quedo, que no ha de ofender a la más baja mujer, ni la lengua, ni la espada. Un hombre con otro puede ser soberbio en el disgusto; pero uina mujer es justo, que siempre bizarra quede. El ser cuerda, y amorosa en mi prima apetecía, no su loca demasía de ser rica, y ser hermosa. Que más ternura, y firmeza! demasiado favorece, pues de quien no la merece se deja amar la belleza. Tierno, y no bravo el amantes qué más testarudo fuera, que más fiero si viviera a enamorar a un gigante? Mucho más cuerda es Leonor, mas me agrada que su hermana, no quiero esta filigrana, ni este melindre de amor, adore a su primo Indiano, que ya es historia sabida, y que debe más la herida a sus ojos, que a mi mano. Yo soy poco temporal, desdén pago con desdén, que en mi vida quise bien a quien me quisiese mal. . Qué condición tan extraña! consigo querrá casarse. Padre no deben de usarse requiebros en la Montaña; huélgome, que le conoce, y que saldrá del engaño. No quiero, no, que un extraño mi hacienda, y mi sangre goce, ni es bien que heredarme acierte, quien ni aún con piedad fingida sufrir no sepa su vida dilaciones de mi muerte; y la muerte misma aguarde, aunque parezca rodeo a pasar por su deseo para llegar menos tarde; y así, que me herede quiero, quien templara mansamente en la sangre de pariente la codicia de heredero. V engaño! qué locura! hermosa, Qué ceguedad! qué este agrado común de ser adulación del Cielo peligrosa, y antigua enemistad de la ventura, fuerte agraviada sería mal segura, daño apacible, y ofensa generosa, que en difícil región de ser dichosa, nació para escarmiento la hermosura. Qué buen gusto que tiene la desdicha, pues elige el mayor merecimiento, sin darse a la ignorancia en parte alguna! Qué agravios hizo el mérito a la dicha, que siempre la verdad, y entendimiento los tiene por delitos la fortuna? Aunque me encuentren aquí tu padre, y tu primo ahora, no hay más peligros, señora, que vivir, y estar sin ti. Hermosísima Isabel, mi bien, mi cielo, mi vida, yo agraviado? tu ofendida? Yo quejoso, y yo cruel? qué causa, amores, te di, para llamarme enemigo? que el alma no está conmigo, por saber que estoy sin ti. Vuelve, y no tengas en calma a quien te ruega, y te adora, pues tu amor, dulce señora, sabe el camino del alma. Así lo dice el Señor: Mi primo tal viene a ser, que precia más la mujer la venganza, que el amor. Don Juan, ya me ves casada, que no hay daño que no intente la resolución valiente de una mujer agraviada. Nunca agravies en presencia, mira que son mal sufridos los ojos, que los oídos songente de más paciencia. Primera luz de mi vida, del alma temprano dueño, y de mis floridos años prisión dulce en lazos tiernos: Qué agravios, que sinrazones mis tristes ojos te han hecho, que solo de tu hermosura dan seña mis pensamientos? No me mates, que soy tuyo, que si vi tus ojos bellos, para quitarme la vida llegan tarde los tormentos. Si quieres satisfacciones, a tus pies, señora, vengo, bañando en lágrimas tiernas tantos arrepentimientos. Qué bien pareces quejoso! los hombres así están buenos, que viven los confiados en jurisdicción de necios. Qué he de hacer? tengo marido, él me adora, y bien le quiero, y como no empieza el gusto, aún no llega el escarmiento. Ayer uino, y hoy te casas? solo en mis males pudieron caber siglos de desdichas en solo instantes de tiempo. No lo digas, aunque en mí los imposibles son ciertos, quizá podrá ser que viva en tanto que no lo creo: por qué, mi bien, me has dejad on Juan, que han de ser, te ad- vierto, en lo que aún no importa finos amores, que son discretos. . Ah fácil, como tu amor era niño, y lisonjero! Vivia en flacas prisiones mal pendiente de sí mismo. Tan poco duran los bienes? tanto engañan los deseos? tan presto, de tanta gloria, señas, y esperanzas pierdo? De los grandes edificios, en quien mostraron soberbios su jurisdicción los años, su monarquía los tiempos. En las ya mudas ruinas parleras reliquias vemos, para despertar descuidos, para avisar escarmientos. En sus violentas hazañas perdona siempre el incendio, a bronces para testigos, a mármoles para ejemplos. De las fábricas de nieve, que ayudadas de los vientos, sobre los montes levantan ambiciones del Invierno, aún deja el Verano ardiente contra la ley de su fuego, contra el poder de su llama blancas memorias de hielo; pues de amor al edificio, con obligación de eterno, que a pesar del mundo apuesta duraciones con el Cielo: como han faltado cenizas, que digan en su silencio: Aquí hay luces de un amor, que fue más, y duró menos? Ya no me puedo sufrir: Qué bien quedan satisfechos mis mal fingidos rigores con tan dulces sentimientos! Generoso dueño mío, dejar de ser tuya puedo; tan necia soy yo, mi vida? tan mal gusto, mi bien, tengo? Como es posible olvidarse amor, que siempre venciendo vive en lo mejor del alma, atado al entendimiento? Don Juan, el peligro es mucho, mi padre constante, y viejo, mi primo altivo, y dichoso, yo desdichada, y tu cuerdo. Llévame luego contigo, mira, mi señor, que temo llorar desventuras mías en duros bronces ajenos. Si eres pobre, yo te adoro, no podré advertir en ello, que en las descomodidades tiene amor ojos más ciegos; y no pienses que es flaqueza, que jamás cuipadas fueron gallardas resoluciones. Quise tomar por remedio; parece que te mesuras; no me respondes? qué es esto? ha como siempre sois todos en las venturas soberbios! Oye, mi señora, escucha. Qué he de escuchar? esto espero? conmigo traiciones tantas? para mí tantos desprecios? tú quieres bien? tú eres noble? tu galán? tu Caballero? Tía, y primo se me antoja; cuanto en esta casa veo! si ha venido aquí Don Juan? Despreciar mi casamiento? Casamiento? aquí fue Troya, dense batalla de celos. Dejar de ser mi marido cuando en tus manos me entrego, no hay disculpa, eres un loco. A ser de mi primo vuelvo, moriré por no rogarte, que la bajeza del ruego profana de la hermosura los altos merecimientos. Pues bien, Príncipe; qué cascos! este es paso lindo, y tierno para que te vuelvas loco, vaya de furia, y de extremos, Don Juan arroja la capa, ea, derriba el sombrero, di, Cielo airado, y pregunta por el alma, y niegue el cuerpo. Vaya lo de la memoria, y razón, todo aquello, que está obligado en Comedias a decir quien pierde el seso. Don Juan, para ser Poeta (que los buenos son discretos) no he visto jamás en nadie tan desmentido el ingenio, que el hacer coplas, quien duda, que es el pedazo más bello del entendimiento humano, hechas con entendimiento? Hay hombre más desdichado! Hay hombre que sepa menos! desdichas llamas las culpas, y antiguos engaños nuestros? Desdichado es quien gobierna prudente, acertado, y cuerdo sus cosas, y luego salen ofendidas del suceso; pero a Isabel tú la pierdes por solo un capricho, siendo un Serafín de doblones, y un Fénix de amores nuevo. Si aguardas a que se muera su viejo padre, te advierto, que el desearles la muerte es el Jordán de los viejo Ni me disculpo, ni aguardo mas que a morir, que ni espero más riqueza, que adorarla, ni más bien, que el mal que tengo. Bernardo, yo nací pobre, nobleza, y valor me dieron mis padres, y quietamente se casaron mis abuelos. No quiero pleito, y mujer, que a un rico es atrevimiento ganarle por enemigo, sobre costumbres de suegro. Soy hombre de bien, y aunque es Mayorazgo tan pequeño, no he de deslucirlo a manos de dorados menosprecios. Y en fin, como he de encargarme de nn Sol, de un Ángel, teniendo posesión en pobre casa, y esperanza en rico pleito. . Hay menguado semejante? en toda mi vida vi cuerdo tan fuera de sí, y tan encogido amante. Si es Don Juan? no, ya se baído, vuelvo a decir, que ha quedado el picaron. . Por un lado conversa, y favor la pido a mi señora Donada de este Convento. . Ah señor motilonazo de amor. Podremos, de camarada, entretenernos un rato? Aún no he llegado a ser tía, que para él, por vida mía, que se está niño este plato. Probarle un tántico, deja, que de todo un poco entiendo. Cómo no le quemán, siendo amante de la ley vieja? Ay tal agravio, y deshonra! Diga, y no la tiene miedo? De la tía decir puedo, que me ha llevado mi honra; mudo plática, parece, o medra lo tomajón. Siempre le duele el doblón, (bre cuitadillo me parece. Cómo se llamaba? . El hom- quiere hablar mal de Lunica; ya no sabe que Márica? Pues diga, y con ese nombre se atreve a ser fea? . Y diga, es más grande la beldad de la grave ancianidad de la tía? . Quedo, amiga, victor tu niñez, y agrado. No es muy malo el bellacón. Lrífica, y Bernardo son; qué tratarán? . Hasme dado hacia contento, y solaz. Tal cosa mis ojos ven? La tía es todo su bien. Tengo el gusto más rapaz; yo en la tía mis deseos? De la tía es gran compadre. Soy muy des oto del padre de los Santos Macabeos. Ay tales bellaquerías! Eso no lo entiendo yo; por qué? . Porque se llamó no menos que Matatías. Cómo se llamo, pieaña? entraos adentro, y no más. Latía es en Barrabas. . Disimulo, y cierra España. Matatias? . Por ventura el ser yo docto te aflige? Vive Dios, que es lo que dije de la Sagrada Escritura, y que hablar cosa en contrario, es caso de Inquifición. Dignísimo socarrón, fingido, inconstante, y vario, con una niña un mancebo tan secudo? qué dolor! Junto en un cuerpo de amor testamento viejo, y nuevo. Bueno ha estado el desengaño. Yo engañarte madre mía? ya no sabes que uuatía es uerva contra el engaño? Por antojos presumidos no tengo lo que va espero. Han dado en llegar primero los anos, que los maridos. Si me quieres veré yo ahora. . En qué cosa? Amigo, en que te cases conmigo. Agraviarte yo? eso no. Agravio? . Y traición también; digo, que traición se llama el casarse con la dama que se está queriendo bien. Traición casarse con ella? Sí, traición se ha de llamar el casarse, que es tomar remedio de aborrecerla; y tan fino soy, que digo, que he de amarte hasta la muerte, y así, por no aborrecerte, no he de casarme contigo. Ya no más palabras locas, no entraréis, pues esto pasa, vos, ni Don Juan en mi casa. Esas canas, y esas tocas, y esa noble autoridad enojarse? qué indecencia! Ya sé tú libre insolencia, y tu ciega libertad; ya sé que no eres fiel, que aún la herida de Don Luis mentistes, y que fingís por el dote de Isabel. Pues en vano se os antoja mentir a vuestra codicia: ni me ruega, ni acaricia, ni el traidor me desenoja. No lograréis los engaños, sola es vieja la pobreza, que hay madres con gran belleza, y tías con pocos años. otros mejores que tú me ruegan, y ansi me vengo, que por cara, y edad tengo doce barras del Perú. Quién fuera bien entendido, para volverse aquí loco! ha Cielos, como sé poco, pues tan gran dote he perdido! Luego fuera Caballero, que cualquier persona rica Caballero se fábrica del polvo de su dinero. Doce barras, qué desdén! mas para mi voluntad son muchos siglos de edad en pocos años de Argen. Contenta de hallarte aquí vengo, porque he deseado darte de cierto cuidado alguna cuenta de mí. Bernardo, la cortesía en los hombres siempre ha sido de nuestro agrado, y sentido una blanda tiranía. Si anduvo Don Juan conmigo tan cortés, que pudo hacer, que yo pudiese vencer otra inclinación; amigo, dime, y dime la verdad, andar a pie (qué disgusto!) es necesidad, o es gusto? Es gusto, y necesidad. Qué mal caso! Él es un hombre, que de nada, que no es culpa, ni se corre, ni disculpa, y es tan bien quisto su nombre, que si engolfarse quisiera en lo que llaman prestado, en calle Mayor, o en Prado potro Caballero fuera. El Duque de Alba Fernando, a un Sastre le preguntó, cómo os llamáis? Respondió: Señor, Toledo. Temblando es Sastrecillo de miedo, de las orejas le asió, moino el Duque decía, Toledano, y no Toledo. A muchos que veo yo a caballo, hiciera ansí, necio encaballado sí, pero caballero no; mas pues eres tan notable mujer en el desear, llévete Dios a gozar la gineta perdurable. Si rico le hiciera yo, a caballo no andaría? Por comodidad si haría, pero por soberbia no. Que pienso que la igualdad sería su mayor gloria, aunque es falta de memoria siempre la prosperidad: mas no recibas enojo, él no es bueno para ti. Que no es bueno para mí? Tienes Príncipe el antojo, si hay ventolera. . Mal sabes mi elección, y a los señores, por más buenos, por mejores, por más ilustres, más graves, y porque a todos exceden en grandeza, los estimo con respeto, y me lastimo, que son mucho, y nada pueden. Bien has entendido el modo; vives, Leonor, engañada; cómo que no pueden nada? no ves que lo mandan todo? Un señor es de temer, que manda, y no es importuno, que nunca falta a ninguno mil doblones que ofrecer. Ya en efecto como yerno entro sin llamar. . Leonor, tu saborido. . Mejor dirás mi cansancio eterno, es un cansado ignorante. Yo pienso que él, y Don Juan, como si fuera en Adán, pecaron en aquel guante. Nada le da pesadumbre: qué felicidad! . Ah hecho (oh qué afrentoso provecho!) del sufrimiento costumbre. Dale unos celos de a pie conmigo. . Es un majadero, no tendrá celos. . Ver quiero donde está Isabel. . Yo sé que ha de rabiar, que en amor siempre hay celos. Don Julian, favorecidos están de Isabel, y de Leonor dos hombres en esta casa, diciéndose los traidores mil requiebros, mil amores. Eso es verdad? . Esto pasa, Tienen celestial agrado; o mujeres de los Cielos! Ten celos, bestia, ten celos, majaderon confiado. Deja, no hagas caso de él. Que nada quiere sentir. De nada me he de podrir, no, por vida de Isabel. Leonor es más recogida, más retirada, y honesta, y aún es; mas qué gente es esta? Mi primo; yo soy perdida. Qué temes? . Sus atrevidos sospechosos atrevimientos, que como cuento de cuentos, es marido de maridos. También Leonor? bien están criadas estas doncellas; de qué sirve ser tan bellas, sino. . Al arma, Don Julian. No es bien ayudar en nada a la muerte, que al morir harto le ayuda el vivir. Mi alma con vuestra espada. Este es: el uno es mal hecho, que a las casas principales se atreva a personas tales, sin virtud, y sin provecho, entrar aquí de ese modo; diga, quién se lo mandó? Soy muy comedido yo, nunca me lo mandan todo. Yo soy muy poco apacible para donaires; qué aguarda? Hombre, que pareces guarda de la puente de Mantible, qué has visto? Resuelto sigo este error aunque me prendan, que es mayor mal que me ofendan tantas dudas. . Ya le digo, que si aquí vuelve otro día. Suplico ajuste. Hablador, vaya con Dios. Yo temor? pesia tanta valentía. . Pesia tanto hablar. Qué escucho! Bien haya lo poco honra del Julian, que la deshonra mira por la vida mucho; voime, que gran gente acude, Qué veo! Que estoy mirando! El caso me está obligando a que lo crea, y lo dude. No eres Don Luis? Don Luis soy, y tú el Montañes? No estás herido? No vi jamás tal engaño, no lo estoy; y tú no quedaste herido? Herido yo? ay tal maldad! Ya es fácil hacer verdad lo que de ambos han mentido. Oh qué invención tan extraña he pensado! mas qué miro! ya lo dudo, y ya lo admiro. Ésa es la amistad de España. Don Luis la espada suspende, no es justo ser enemigos, que hace seguros amigos pendencia, que nada ofende: De esta casa a entrambos toca este engaño, y falsedad, qué primas! qué autoridad! una es necia, y otra es loca. Ya se, primo, que has venido de Isabel enamorado, y en mirarte desdichado pienso que la has merecido: mi nobleza te asegura su esposo, Don Luis serás, porque hoy ha de poder más tu razón, que mi ventura. Si acaso saber intenta mi pecho, mas no que ha sido a Madrid reciénvenido, y aún no es posible que mienta. Ay tal liberalidad! aún no tiene en mi albedrío parte Don Luis. . Yo me fío de vuestra noble amistad, volved por un ofendido de amparo, y de vida ajeno, y siempre ha de estar el bueno de parte del desválido. No hay hombre en el mundo fuerte en la dicha que declina, que todo vive, y camina al semblante de la suerte; mas vos de ayer cortesano poco de esto entenderéis, que para que os enmendéis de hombre de bien es temprano; haréis una rica hazaña, liberal, nueva, y piadosa, y una prueba generosa del valor de la Montaña. . Corazón de primo en primo, pues esta vez no ha de ser, yo he de morir, o vencer. Oh cuánto la nueva estimo! Isabel, como no miras mi alegría? que ha llegado la dispensación. . Qué enfado! Ay triste. . De qué suspiras? qué sientes? . Hay desdichada! Qué tienes? qué ha sucedido? Nunca yo hubiera nacido, temo. . Qué? no temas nada. Qué bien finjo! Está segura, descubre el alma conmigo, tu padre soy, y tu amigo. Qué afrenta! qué desventura! Ay! Dios te dé buena dicha; declárate amiga hermana. Oye en vida más temprana la más antigua desdicha. Noble padre mío, o qué dulce nombre! que es padre dos veces, ser padre, y ser noble. Don Juan de Guevara, un gallardo joven, flor de los mancebos, Fénix de los hombres, puso en mí los ojos, fabricando entonces solamente un alma de dos corazones: Quise de Don Luis romper las prisiones, y en más fuertes lazos las hallé mayores, con blandos suspiros, con tiernas razones, con nuevas finezas, con dulces amores halló en mi desdicha muchas ocasiones, y en mis pocos años resistencias pobres, Con blanda violencia robó (no te asombres) del mayor cuidado las tempranas flores. Son fáciles selvas, son plumas veloces las que fueran antes imposibles montes. Siempre en el amor tienen los errores, no solo disculpas, pero adulaciones. De mi esposo, hay tristes! hay hombres traidores! me dio la palabra, que atrevido rompe, y teniendo en poco mi sangre, y mi dote, que ya son ofensas las obligaciones, me deja burlada. Padre, pues conoces tu antigua nobleza, tus claros blasones, señor, no consientas, que el desprecio logre, y Guevaras sean de tu honor ladrones, que yo de mi vida cobraré en rigores, deudas, que un ingrato niega, y desconoce. Cansando afligida, si no me socorres, al mundo con quejas, al Cielo con voces. Qué es burlar? qué te des casárase, aunque le pese, cuando su Guevara fuese el mismo Conde Don Vela. Si es Guevara, tanta vela? encierra la sangre mía. Herile por la hidalguía, amor victoria, victoria. Ciego con su calidad, que es su mayor desatino, ni se acordó del sobrino, ni culpó mi libertad. Yo reduciré a mi tío. Temo la cólera suya. Isabel ha de ser tuya. Bizarro sobrino mío ahora de tu valor. Mira que está aquí Don Luis. Pues juntos los dos venís? juntos volved por mi honor. Tío. . Mi señor, que furia es esta? . Venid conmigo a cobrar de un enemigo una deuda, y una injuria, no da espacio la desdicha, allá la causa os diré. Confuso voy. . Yo seré aún desdichado en la dicha. o. cho, Don Juan, aquí me vuelves? no te he d que este Cid Montañés, que en su tizona envaina la que a nadie no perdona? ya que no en lo retórico, en lo fiero fue segundo villano del Danuvio, celoso universal como diluvio. Con este enredo que te digo es estorbo el casamiento de Isabel, puniendo demanda ante el Vicario. . En nombre tuyo. Dios me libre de parte de un Don Carlos del primer apellido Campañoso, diciendo, que Isabel le ha dado cedula, que la mentira es madre de los pleitos, pues ha engendrado con error profundo, el engaño, los pleitos en el mundo, que si miro a Isabel en otro dueño, será con alma tierna, y afligida, lo menos del morir perder la vida. Cuando se huelgan los que juegan cañas, mirando su cansancio, y su fatiga preguntaba un ginete cuidado, y así yo quiero preguntarte ahora, viendo tu amor, tu pena, y tu cuidado, cuando se huelga un triste enamorado? Qué bien trazada cosa! . Alerta, digo, mira un Ángel de perlas. . Ay amores, qué linda es esta! Si a fe, como unas flores, o simple que siguiendo una locura cesar dejas de ser de su hermosura. Sin duda, que Isabel me quiere menos. En qué lo hechas de ver? notable cosa! En que me ha parecido más hermosa. Burlarme quiero, estoy de tan buen aire, que lo que fue dolor será donaire: Don Juan, vuelves por mí? mi bien, mis ojos, qué aguardas? tuya soy, llévame luego. De abundancia de luz estoy tan ciego. Rueguen al ángelito. . Es todo en vano. Oh barbada ventura de Cristiano. Ea, Don Juan, que yo pienso algún día adular toda el alma de alegría, sin duda espera el tonto que le fuercen; señora Doña Isabel, tenga paciencia, que a mi señora Doña Juana ahora le quitaré el melindre, y el empacho, que un hombre de templado esté borracho. Aquí ha venido, matadle, si se resiste, o lo niega. Jesús, este ha sido encanto de la tía. . El traidor muera, si al momento no se casa. Tened la mano, y la lengua, que no me habéis conocido. Has de casarte por fuerza aunque te pese. . Mi espada ayada mi muerte misma. Ved, que soy un caballero, que no tengo más hacienda, que el ser noble. . Eso te basta, si usas bien de la nobleza. Santo Dios, hay tal suceso! vive Cristo que le ruegan los dos maridos, y el padre. Yo soy la misma pobreza, que os engaña. . Si eres rico, ya te has de casar con ella, si pobre también, pues eres tan noble, que lo confiesas. Cásate con todos juntos? hay tal honra! ay tal simpleza! hasta con la misma tía. Qué desventuras son estas! a Isabel, y a Don Juan juntos hallaron? . De no ser cuerda, ahora verá los daños: mataranlos. . A qué esperas? dale la mano. . Cobarde pecador, qué temes? llega, que a mí me lo debes todo. Mi mano, y mi vida es esta; que el alma ya está contigo; pero qué embuste, y quimera es este? . Admirada quedo. Estoy confusa, y suspensa. No has de salir con la tuya; que bien me vengo! así queda Don Juan vengado el honor de ilustres casas anejas: ya me entiendes, No te entiendo, dicha es mía, y gloria es vuestra. Qué liviandad! Qué ventura! Ya sé que más te contenta, Leonor, sobrino. . Qué importa? Tenemos historia nueva? Yo, señor. Hay más Don Juanes? qué aguardas? que tanta renta le pondré, que ande a caballo. Eso me anima, y me alegra. En mi poder, yo sé bien, que será honrada, y honesta. A caballo, eso te basta. Mi fe con vos será eterna. Ahora un enamorado se huelga, Bernardo. . Tenga, con su mujer se lo coma, que un casado no se huelga. A lindo tiempo he llegado, mi suegro, y señor, la bella Doña Isabel me dio a noche palabra firme, y expresa de ser mi esposa, y así vengo a casarme con ella. Isabel, tantos maridos? Si es Don Julian, qué te alteras? que luego os diré la causa de liviandad tan discreta. Yo, mi señor Don Julian, soy la malvada doncella, que os dio a noche la palabra, con Cristiana diligencia, que os bautice, vuestra soy. De la divina belleza de Isabel yo soy el dueño. Sedlo muy enhorabuena; e pero tener por marido hombre de a pie, que verg denza! No hay hombre cuerdo a caballo se dijo por esta bestia. Quién es este? Un ordinario Philósofo de esta tierra, que las descomodidades tiene solo por afrenta. Don Luis, ya que no has podido ser mi yerno de mi hacienda, tendrás lo que tú quisieres, que al fin eres sangre nuestra. Ni vuestra riqueza estimo, ni vuestra sangre, que en ella gustos buscaba, y no pobre, y mal nacida riqueza. No quiero en la Corte nada, donde es tan vil, tan incierta la amistad, y donde vive la ventura tan soberbia. Don Luis, yo soy vuestro amigo. No quiere amor que lo crea, mas yo lo quiero ser vuestro. Bernardo, que no te alientas, para casarte conmigo? Esta en su sejo? a la Iglesia tiene gana de ir por novía, cuando era justo por muerta; pero deme acá esa mano. Es de burlas, o de verás? Sí, sí, la mano, pues no. Recibesme? . Por mi suegra Maldito seas. Amen. Ya mis deseos se enfrenan, que los años, y sucesos lo más rebelde escarmientan. Todo es temas en el mundo, que en él vive, y en él medra, cada cuerdo con su agravio, cada Loco con su tema.
