Texto digital de Cada cual con su cada cual
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- Atribución tradicional
- Antonio Pablo Fernández
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- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cada cual con su cada cual. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cada-cual-con-su-cada-cual.

CADA CUAL CON SU CADA CUAL
JORNADA PRIMERA
Scalante, aprisa, aprisa, escóndete por San Pablo, que anda mi padre hecho un diablo buscándonos en camisa; que aunque estabamos a escuras, oyó la conversación, y es que tiene allí un jubón, que oye por las coyunturas, y así procura escapar, si no puedes esconderte; porque si él llegare a verte, no hay más medio, que amorrar. Pues adonde, Serenisa, me entraré, sin ser exceso? En un calzón. . Según eso, no estoy bien en mi camisa. Di, y a Matilde dejaste sin ayudarla a escapar? temo que la ha de matar. Por qué? . Porque no se gaste Nos vio el Rey a los tres juntos? Yo creo, que nos miró, y pienso que se espantó. Nos tendría por difuntos; mucho su rigor me asusta: ay Matilde, hermana mía! Yo también tengo una tía, que se llama Doña justa. Dónde mi hermana estará? Adónde me esconderé? Si el Rey la mata, qué haré? Ella resucitará. Que llegase tan severo mi padre, leyendo un mapa! Oyes, si tendrá mi capa? si se pondrá mi sombrero? Ya feneció mi bureo, ya acabaron mis arrojos. Dónde estáis? que aún con antojos, infames hijas, no os veo. Mi padre aturdiendo a voces la casa anda, ven conmigo. A las ancas? ya te sigo; oyes, no me des dos coces. En este cuarto los dos entraremos; di, querrás? Si querré con Barrabás. Pues con el diablo entrad vos: pero mi desdicha es cierta, ya viene aquí, lance grave! Pues yo cogeré la llave, y cerraremos la puerta. Ay que con paso indiscreto llega, mi industria no vale. Pues Serenisa, si él sale, vele aquí, que yo me meto. Así dais a mi decoro, infames hijas, matraca? Por vida de Doña Urraca, . hija de Don Sancho el Moro, que si averiguo, inhumanos, vuestros lascivos excesos, que os he de comer a besos los pescuezos, y las manos: ya dice toda Castilla vuestras maldades inmundas, y juzgan que son coyundas las cintas de mi golilla. El más borracho hecho un cuero, murmura con más despejo, porque a título de viejo me vais echando al carnero. Esta es honra? es pundonor? es morcilla, o arbarismo, que amenaza a romatismo, si no se llama al Doctor? A averiguar tengo de ir el agresor de mi agravio, y lo sabré de su labio, si me lo quiere decir. Para lograr este intento vengo armado, y prevenido, en este cuarto está el nido: abrid aqueste aposento. Es el Rey? . Me desatina. Pues qué pretende a hora tal? Que me deis un orinal, porque tengo mal de orina: bien disimulo. No morirá de ese mal; ya son las once. Andad presto, que el de bronce le he quebrado con la piedra. Esperad. De miedo ajeno espero: . bien me ha salido, mirad que salgáis vestido, no os haga mal el sereno. Tomad, que vuestro desvelo me hace salir en camisa; qué esperáis? Estáis de prisa? pues soltadle en ese suelo. Soltarle, fuera delito. Pues por qué? . Se quebrará. Pues si en eso solo está, idle poniendo quedito. Decir quiero mi pasión, sepa ya el enojo mío. Voyme, señor, que hace frío. Oíd una relación. Pues decid, no os hacéis cargo de que me duelen las muelas? Si estáis con botas, y espuelas presto os vais, yo seré largo; sentaos, y os iré contando mi delirio, y mi furor, que esta noche hace calor. Sí señor, está nevando. Ya sabéis como en Verlanga, Patria de mi Cocinero, cuatro leguas de Camarma, y dos, o tres del Pozuelo, tierra donde están desnudos todos los que andan en cueros: Ya sabéis, pero no importa, que las cortezas del oueso sirvan para hacer guisados, si está el gran Turco en Marruecos. No importa, que de una cuba mande hacer un solideo el Papa, que en fin el Papa le ha menester para el pelo; tampoco importa, que vendan sin mi licencia cangrejos, ni que coman caracoles en Aragón los Flamencos, ni siento, que en San Francisco engorden tanto los Legos, ni que canten en romance los muchachos Gloria, y Credo; tampoco me martiriza saber, que los Taberneros sin mi licencia bautizan los más adultos pellejos, porque esto le toca al Rey, que guarda en el campo puercos. Nada de esto me repizca, no me punza nada de esto; solo lo que (pero aquí os he menester sin seso para que no me escuchéis lo que os iré refiriendo) lo que me rasga el almilla, lo que me rompe el coleto, lo que: Escalante, os dormís? No señor. Pues qué iba diciendo? Vive Dios, que me ha cogido, sin que le encuentre remedio. . Decías, que en Transilvanía sacasteis un ojo a un Sueco: que en Valencia de un balazo hicisteis en un sombrero una rotura tan grande, que cabia el Sombrerero, su mujer, dos hijos suyos, un Sastre, un Tamborilero, y un coche con cuatro mulas: decíáis, que en un entierro en Londres:: Qué he de decir, sino que según os veo, o estáis borracho, o dormido. Borracho no, junto a cuero. Pues no me oigáis. . No señor Prosigo así. Así me duermo. Lo que me desnalga a ratos, es que en mi Palacio mismo, a mis ojos, y a mis niñas, sin juicio, ni miramiento, vos: pero aquí he de mataros, vos: pero aquí he de prenderos; ha de mi guarda, hola, hola; Qué decís? traición. Teneos. Preso por la Inquisición. Por el Santo oficio preso? Bien me ha salido mi industria; Escalante, andad: yo siento vuestra desgracia; no importa, que mañana os ahorcaremos. En cada voz que os escucho, me da el pecho una patada. Y yo os daré una estocada. Jesús! y dolerá mucho? Conforme, si al corazón os llega, es fuerza sentilla. Dádmela en una faldilla, no me rompáis el jubón. Id preso. Y me he de ir en camisa? Echádmele una cadena. Con el rigor de la pena voy reventando de risa: hacerme dar unas mantas. Ponedle en una canal, hasta que yo en el corral tenga presas las Infantas. En fin, nadie me socorre? Solo nos toca prenderte. Ya me pesa conocerte: ponédmele en una torre. Esto es proceder sin modo; este es arte de reinar; y esto, sin alborotar, es echarlo a perder todo. A mañana he de aguardar para prender las doncellas, porque no es razón hacerlas para eso levantar. Así daré a tanto mal el castigo que convenga, y cuando el Príncipe venga verá ya mi honra cabal; que si una vez sola ha sido la que pecaron, colijo, que aunque tengan algún hijo, bien podrá ser su marido; porque el caso examinado, deberá reconocer, que pues él los ha de hacer, eso más se tendrá andado: Y aquesta es májima mía, que es razón se desabroche, pues veis, aunque ahora es de noche, mañaba será otro día. Que sin poder escaparse preso está? dulce tormento! Es mi mayor sentimiento, que le prendió sin lavarse. Solo por servirte a ti, lo estuve atenta escuchando. Pues venoslo relatando. Cómo, si yo no lo vi? Fingenos como sería. Viejo, Escalante, prisión, y después por conclusión, mañana será otro día. Eso fue, y no me descalzo? eso fue, y no me repelo? eso fue, y se están aún sin almidonar los vuelos? Caigan sobre una infelice los discursos de Quevedo, las májimas de Garan; el algodon de un tintero, los Autos de Calderon, las Comedias de Moreto; sepa mi mal un bufete, diga mi pena un tintero, mire mi ahogo un tapiz, y con rabioso lamento, dé mi congoja triste una puñada sobre el ala derecha de un vencejo. Hermana, mucho te afliges, cuando ya va amaneciendo, como si el hacer encajes fuera tocar un pandero. Deja ese qué sé yo como, y repara:: A nada atiendo, que estoy hecha un ya se ve, como un así me lo quiero. Temo que te has de matar: qué bien que finjo mis celos! qué bien que los disimulo! Hermana, hermana, bailemos, a ver si así me enquillotro; haz que canten. El qué? El Credo, o un responso por el quinto, sin que me toque en el sexto. Rabiando está de dolor, un corazón amoroso, como si los ojos fueran Ánimas del Purgatorio. Pide una glosa en justicia el armonioso concepto. Glosa pide? . Sí. Y pregunto, ha de ser la glosa en verso? Pues no? aquí la diré, a el paño mi sentimiento. Pues repetid sin hablar. Cantad con mucho silencio. Rabiando está de dolor. Una pena que me urga, me tiene el alma que es vicio, tan sujeta a su servicio, que lleva talle de purga; y aunque yo fuera Licurga, mujer del Legislador, no fintiera tal rigor, ni tan infeliz derrota; porque al fin, quien tiene gota, rabiando está de dolor. Enseñad el otro pie. Veisle aquí. No digo ese. Pues explicaos otra vez, porque es mucho atrevimiento, que yo me quede corrida con el un pie descubierto. Así dice: ea, chitón, y a lo que estamos, estemos. Un corazón amoroso. No habéis visto un Boticario enfrente de un Pastelero? No visteis un Zapatero estar rezando el Rosario? Ni romper un halendario visteis al Cid animoso? Pues si un hecho tan glorioso no visteis, qué hay que admirar, que no hayáis visto brincar un corazón amoroso? Qué se sigué? . Ya lo cantan: ea, cuidado con ello. Como si los ojos fueran. Cómo los escaramujos tengo la vida violenta, y está el alma, que revienta, con una accesión de pujos: son mis pensamientos brujos, y si no los conocieran, todos los que me los vieran, me quitaran con enojos las pestañas de los ojos, como si los ojos fueran. Adelante. . Dice así: qué bien lucen los ingenios! Ánimas del Purgatorio. Corazón, que palpitante estás hecho una triaca, no des al alma matraca con la prisión de Escalante: Vuélvete a entrar al instante, sosegado al dormitorio, mas que ahorquen su avolorio, no traigas mis pensamientos hechos con tantas Ánimas del Purgatorio. Mas amo yo, que no tú. A más mi amor se atropella. Ella miente. . Miente ella. Teneos con Bercebú. Confieso, que es indecencia. Quién dio causa a esta impiedad? Oiga tu Paternidad. Escuche tu Reverencia. Aquí, con poca razón, sobre una gran bobería, Serenisa, que mentía me dijo. . Daos a prisión, que después de ser liviana, ahora dais en esa mengua? os he de cortar la lengua. Y ponédsela a mi hermana: qué dirá en el mundo, quien viere tanta malicia? que para ella no hay justicia. Digo, prendedla también. Así mostrándome esquivo, . sin decirlas la ocasión, las pondré en una prisión, sin que sepan el motivo. Adonde en ocasión tal, a que estén presas, te inclinas? Adónde? con las Gallinas: pues no hay bastante corral? El rigor del tiempo es fiero, y de noche tendrán frío. Habrá mayor desvarío? que se entren al gallinero. Nos prendes sin que colijas lo que de esta acción se infiere? Haré yo lo que quisiere, que para eso son mis hijas. Y cuando aquestos destinos se acabarán desusados? Cuando lluevan los nublados diamantes como pepinos. Que nuestro amor equivo que! Que tal maldad se ejecuta! No aficionarse a la fruta, dejad los albaricoques: llevadlas, no seáis molestas. Señor, si quietas están. Si de bien a bien no van, cargad con ellas acuestas. Ese es doblado trabajo, y al oírlo pone grima. Vayan esta vez encima, de cuantas andan debajo. Nuestro honor en opiniones? Serenisa, ya me enfadas: entradlas allá a patadas, métanlas a pescones. Yo haré, que con mi entereza algún remedio se halle. El Príncipe está en la calle. Dadle un trago de cerbeza. Fatal caso ha sucedido, Monzón la llave ha perdido. Que entre por el albañal, porque no es caso indecente, el que yo al Príncipe iguale, en entrar por donde sale de noche mi Presidente. Mucho en eso le maltratas, siendo chieo el agujero. Si no puede, majadero, entrar en pie, que entre a gatas. Ya abrió la puerta un criado, con que ha cesado tu ocio. Él habrá hecho buen negocio, si me la ha descerrajado. Monarca desconocido, Monarca de por ahí, huélgome de estar aquí. Según eso habéis venido. En esta carta has de ver, si verdad mi afecto os dice. Después veré lo que dice, porque ahora no sé leer; y este, quién es? . Soy Lacayo. Parece mozo de porte. Él me servirá en la Corte. No gusto que traigas Ayo. La Princesa, a quien no iguala el Cielo, quisiera ver. Es una mala mujer. . Qué decís? Que es mujer mala. Por detrás, o por delante? Por delante fue el exceso, pero ya, ya tengo preso a mi Privado Escalante. De ese modo lo confiesa vuestra impiedad a un marido? Ya le tengo corregido, ella también está presa; y vuestros raros caminos, cómo han sido en conclusión? Escuchad con discreción. Diréis dos mil desatinos. De celos tengo arrugada el alma con mil dobleces. Cuándo será bien que empieces? Voy allá con la jornada. Salí, señor, ya se ve, de la antigua, celebrada, horrible, fiera, infeliz Corte insigne de Camarma en un pollino Andaluz, que del pie a la mano abanza todo lo que deja atrás, y se deja lo que anda: y aún de lo que lleva encima suele arrojar por las ancas, por mostrar lo que le pesa, mucha parte de la carga. Dígalo yo que di un golpe, de que sentida esta nalga, repite a ratos los ecos: dígalo, pues, si lo calla; mas no lo diga, que en fin, como dice un camarada, todo aquello que se dice suele ser lo que se habla. Esto supuesto, y supuesto, que vos tenéis esas barbas, y yo tengo unas tijeras, no extrañaréis, que en la jaula comiendo esté cañamones el gran Duque de Toscana. No pondréis duda, que lluevan lagartos en Transilvanía, ni hacer mis necesidades tendréis a mala crianza, hasta lo que te he contado presumo que lo ignorabas. Escucha ahora, y sabrás lo que no te importa nada. Andando a caza de grillos en medio de unas retamas, a mí se acercó un mochuelo; pero arrancando la espada, en un punto le metí junto a una ceja dos balas. Pidió confesión el triste, y porque se confesara, le volví a tapar la herida con un montón de espinacas. Salí de aquesta refriega tan colérico, que andaba de suerte: pero un simil lo explicará con más gala. No has visto nunca una hormiga? nunca viste una almubada, un cogín, una maleta, un jubón, unas polainas? un cántaro desbocado, un jarro viejo sin asas? un almirez, un embudo, un facistol, una daga? un santurrón en Imbierno? un duende, o una Beata? Nunca visteis nada de esto? pues yo tampoco vi nada. Ciego de ver, que en Castilla, los doce Pares de Francia, estén haciendo un arnero para zarandear la plata, quise impedir en los puestos, que se vendiesen las malvas, por quitarles las ayudas, que en este género hallaban. En tan extraño ejercicio, y en ocupación tan rara, me encontró tu Embajador, estando haciendo unas natas junto a un pesebre una noche. El retrato de la Infanta me puso (aquí me espeluzo) en la mano, (fuerte rabia!) y con él (rara mohína! me dijo: (el jubón se rasga) mi Rey (si será el de Bastos?) dice, (si será el de Espadas?) que os solicita, (esto es malo) que os quiere (me huele a Italia) para yerno: (ya me animo) si aceptáis la mano blanca de Serenisa: Yo entonces, componiéndome las mangas, respondí: Dígale al Rey, que yo no le debo nada, y que si el Rey tiene hijas, yo también tengo almorranas en un hombro, y que no puedo resolverme hasta mañana. Agradeciome el favor, y escarbando allá en el alma el amor, miré el retrato, de cuya belleza rara, quedé sin gota de sangre, toda se me fue a las ancas, y se quedaron los dientes tan tiesos como se estaban. Cóbreme, si no del susto, de una deuda, en que alcanzaba a un Cárbonero en seis reales, que me hacían harta falta; y entre admirado, y confuso, volví otra vez a mirarla, y en forma de mogicones, le pagué estas diez palabras: Hija de mi corazón, tu peregrina hermosura, me parece una basura arrojada en un rincón: quita el cordel del jubón, y desecha los enojos, mientras un orden promulgas, con que destierras las pulgas, y das tormento a los piojos. Esto la dije; y cogiendo una espuela, y una manta, partí con ese criado con tan tremenda mudanza, que anduvimos cinco leguas en menos de seis semanas. Si te mueven mis fatigas, si mis desprecios te alagan, si eres Rey, si tienes ojos, y narices en la cara, si me quieres, como dices, con mil asíes, que faltan, que me deis la prometida pido con rabiosas ansias; y si mi excelsa persona no te gusta por ser baja, dásela a quien tú quisieres, como a ti te dé la gana. De haberos así cido, el uno, y otro pie tengo dormido: de haberos escuchado, se me quiebra de risa este costado, y en el razonamiento conocí vuestro poco entendimiento. Veréis lo demás luego, en leyendo despacio aqueste pliego. Y mi historia, señor, queréis oílla? Empezadla, pues no? Nací en Sevilla, y fue por un aborto: mas no, mejor es en verso corto. Nací, señor, en Sevilla, hijo de una mondonguera, y así mi sangre es notoria: crieme como una bestia en un rincón de un establo, debiendo tanta fineza a la mujer del verdugo, que cortesana, y atenta se enamoró de mis partes, y las quiso para ella. Después pase a Celidonia, Provincia, que está en la Grecia, allí capando cochinos me encontró un día su Alteza; hizome su capador, y con muchas experiencias examinado, pase a ser atambor de guerra, luego furriel, luego arriero, luego mariscal de yeguas, luego mozo de pelucas; después::: . Escucha, espera, que tus razones merecen estar en una despensa: ven te pondrás de golilla. Y conmigo di, qué ordenas hacer? que estoy al sereno. Que os traigan una montera. Nos acostamos? . Sí, amigo. Y mi cuarto? . Aquí está cerca; venid, hacedme la cama. Solo en servirte interesa mi gusto, y fe. . De ese modo seréis desde hoy mi doncella. Pues despachemos cuanto antes, que se me anda la cabeza. Vamos, que es tarde, y allí pegado a la chimenea, os echaréis con dos galgos que tengo, como unas perras, y mientras tanto, también dormirá un poco el Poeta.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Bárbaro, infame orificio, en ti pretendo apurar, si el organo del lugar tiene roto algún resquicio. Aquí cumpliendo mi oficio, como Dios me dé salud, me quejaré en plenitud de mi trágica novela, mientras voy con una azuela fabricando un atahud. Nace el otro mete sillas como si fuera un Guevara, y con un costal por cara tiene el salvaje cosquillas. Ocho son las maravillas, sesenta mil los agüeros, infinitos los Boteros, porque sienta el duro ultraje, y que yo con más coraje tenga menos candeleros! Nace para ser señor en un Pueblo chico un payo, y más ligero, que un rayo va tocando un atambor. Corre pidiendo favor, a todos los Estudiantes, que asistiéndole constantes, hacen escarno de Apeles, y que con más cascabeles tenga yo menos danzantes! Nace sagaz, y discreta la Beata disoluta, que en otro tiempo fue puta, y ahora sirve de alcahueta. No está libre la bragueta del Papa de sus traiciones, y con anchas opiniones quebranta toda la ley, y que me castigue el Rey porque baje los calzones! Nace el mochuelo pelado, y no nace el pobre en suma cuando le faltó la pluma para sacar lo restado; y después que le han mirado sus padres, le van a dar, para hacerle sustentar, la comida con desvelo, y que no siendo mochuelo, me mande el Rey emplumar! Pues, si es verdad que nacieron, si esto es cierto, y es notorio, en qué pecó mi avolorio? en qué lo desmerecieron? que la dicha no tuvieron, que al que nació por su pata, le conceda el Cielo, ingrata, y me niega en fiero ensayo lo que da a un salvaje un payo, al mochuelo, y la Beata? Razón es, que al sueño de siquiera veinte y cuatro horas; qué hará el Turco con las Moras? mañana le escribiré, y de su boca sabré en durmiendo mis desvelos. Cielos, pues en mis desvelos me traéis hecha un molino, por qué triunfó en un pollino la hermosa Deidad de Por qué repara en pelillos mi padre en esta ocasión, y a Escalante en la prisión tiene con un par de grillos? Vengo de cariño muerta por ver su extraña figura, estará hecho una basura, por eso traigo esta espuerta: aquí está, a mi amor se iguala el Sol, de su luz se duda. Ah perra Infanta cornuda! yo te pondré no muy mala. A quién no moverá la risa una pena tan graciosa? Nunca más te diré cosa, infelice Serenisa. De mi voz con entereza juzgo aquí sin que me cuadre. No es gusto, no, de tu padre, que me toques esa pieza. Despertad luego al instante de aquese sueño civil. Vos aquí con un candil? Y vos así aquí, Escalante? Por tu padre, Serenisa, preso estoy; y con todo esto, a qué venís? . A un incesto. Perdonad, que estoy de prisa. Mucho siento en el Invierno vuestra apacible prisión. Pues veis en esta ocasión, a mí no se me da un cuerno. Escóndeme, que te tardas, que si no, es fuerza que acabe. Pues qué sonó? Fue una llave. . Viene sola? No, con guardas. Quién aqueste ruido mueve? No os alteréis, que soy yo. Quién es? quién es? Qué sé yo, será el diablo que te Yo vengo a caza de gangas, y os encuentro en mal estilo; qué hay aquí? Un ovillo de hilo. Pues pegadme aquestas mangas. Y en qué puedo yo serviros? No andéis en esos reparos, resuelto vengo a mataros, y así podéis preveniros; y porque al punto riñáis con un hombre como yo, la licencia del Rey os dio: Escalante, libre estáis, vamos, no me hagáis reñir, hacedme aqueste favor, que si os morís, el Doctor os podrá luego asistir. En eso no hay que dudar, me muriera de contado, pero ahora estoy ocupado. Pues procurad despachar. Aguardad, que aquesta pierna me causa grande desvelo: tenéis por aí un pañuelo? Ataos esa linterna. Vuestras piedades alabo. Por el sacro Luminar, que os la podéis bien atar, porque tiene un largo cabo. A mi esposa es que has forzado, de que me he agraviado mucho. Quién os lo dijo fue un chucho, porque antes fue muy de grado: no hay en eso inconveniente, Príncipe, bien os casáis, y doncella la lleváis. Con qué destreza que miente! Bien lo llego a conocer a costa de lo sufrido; pero qué está aquí escondido? Qué os importa? una mujer. Mi muerte forjando están. Verla aquí dentro me espanta. Es Serenisa la Infanta, no quiero que lo sepáis. Y si yo el Príncipe fuera, qué hicierais ahora, Escalante? Lo cogiera en un instante, y en un calzón lo metiera. Notable resolución en vuestro labio se expresa! Para qué tiene la mesa aquí debajo un cajón? Ello estáis desafiado, conmigo habéis de salir. Y adónde hemos de reñir? En el ala de un tejado. En ese sitio no quiero, aunque vos le prevenís. Pues dónde vos elegís? En el ala de un sombrero. Cómo saldremos vestidos? De militar con golillas. Y qué armas? Dos estusillas, y unos cabos encendidos. Mucho el mirarte me irrita, cuando en Palacio te topo. No se os olvide el hisopo. Llevad vos agua bendita. . Mi valor al Cid no iguala. Puedo salir con llaneza? Sí, ya puede vuestra Alteza irse mucho noramala, que aquí no fue conocida. Dicha fue. No se atrevió, porque estaba en medio yo. Os voy muy agradecida. . Si me precisa a reñir, temo que me han de matar, procuraré hacer lugar para ver si puedo huir. Aunque reviente he de ver lo que el Príncipe escribió: grande falta tengo yo conmigo en no saber leer; dice así: tiene una cruz, y después, no entiendo nada: esta carta está borrada; hola, sacad una luz. Luz ahora, es cosa fiera, si el Sol baña el aposento. Decidle al Sol al momento, que se me salga allá fuera. Con un juicio tan moderno, contra sus ardores sales? Cogedlo en unos costales, servirá para el Invierno. Y después en tu opinión, que has de hacer de él, no lo infiero. Bueno: échalo tú en el brasero, ahorraremos de carbón. Esto más me desatina; si es imposible que sea. Pues yo vi en la chimenea puesto el Sol en la cocina; pero volviendo a mi apuesta, dice: mas esta es manía; acercad la escribanía, daré al Príncipe respuesta. No hay el mismo inconveniente? cómo, si nunca supiste lo que dice, ni lo viste? Mentecato, es diferente. Cosas tenéis de un Abad. Qué queréis? en mi opinión, cualquiera gallo es capón la noche de Navidad. Repórtese tu inclemencia. Ea, pues sois Secretario, id leyendo el Ralendario, porque quiero dar audiencia. Me admira vuestro consejo, me lleva el diablo de gozo. Porque soy Rey, no retozo, compradme luego un conejo, llamadme a todo el lugar, sin que venga aquí ninguno, porque para desayuno ya es hora de merendar. Este es Jorje de los Hados, el que hace en las derrotas los frenos, sillas, y botas. Pues qué conjura nublados? Tiene en su cuenta cabales, sin yerro dos mil ducados que aún no le han sido pagados. Pues mandad darle cien reales. Mirad que es cosa indecente, para el ansia que le aflige. No supe lo que me dije, hacerle dar ciento y veinte. Aquí se queja un esclavo con mil ansias infelices, de que perdió las narices en campaña. Dadle un cabo. Un cabo? cuando él anhela sin narices? Lo que parlas; si no hay harto para hallarlas, que le den toda una vela. Sois Monarca Soberano: en este un manco exagera su mal. Que le den de cera luego al instante una mano. Un mudo aquí lamontable una limona pidió. Decidle, que digo yo al mudo, que venga, y hable. Eso es su infelice mengua, que la lengua presa está. Eso se remediará con que le suelten la lengua. Y ese papel, que levantas? Arre, cuerno, so. Qué ha sido? . 1. Que una marrana ha parido en manos de las Infantas, y con fatales destinos vienen de su furia huyendo. Y fue el parto muy tremendo? 1. Parió trescientos cochinos, dos monas con sus cencerros, tres docenas de barriles, ciento y noventa perniles, mas de cuatrocientos perros, cuatro Monjas, dos Lacayos, seis colmenas, y un nogal, un bufete, un orinal, y veinte y dos papagayos; un coche con cuatro mulas, once mujeres en cueros, nueve velas, tres tinteros, dos mil y quinientas bulas, un Obispo, un Sacristan, seis Guardas con escopetas, cuatro mozos con abujetas, dos anades, y un faisán, un lagarto, unos cogines, una grande celosía, que está en una galería, que cae sobre unos jardines. Item, parió::- Tente, tente, que es terrible su despecho. 1. Parió también un Consejo. Le parió sin Presidente? 1. Las Infantas lo dirán. Adónde están las Infantas? 1. Sembrando quedaban llantas. Aquí, gran señor, están. . Mi afecto a entrambas se inclina. Pero el nuestro huye de vos. Y decid, cual de las dos es la parida cochina? De la duda así saldrás. Yo lo diré adredemente. Miente ella. . Y ella miente. Decidlo con Barrabás. Confesaros, gran Señor, que sois peor, que una bestia, ni es del caso, ni tampoco es deciros casa nueva. Decir que somos tus hijas, es la mayor desvergüenza, que pudo decir Ulises a la insigne Anabolena. Quejarnos de la prisión en que estabamos contentas, fuera lo propio que hacer unas guindas en conserva. Discurrir, que tenéis juicio, que es mentira, es cosa cierta, desde que tenéis los cascos aprendices de veleta. Daros la razón en todo, es justo que no os convenga, y más cuando vos tenéis siempre la razón tan hecha. Pues padre, loco, borracho: Trasto viejo, mala testa:- Torpe, mal quisto, embustero:- Tonto de pies a cabeza::- Si estas verdades te obligan::- Si te mueven por ser nuestras:- 2. Dadnos libertad a entrambas, así pares en Ginebra. Qué modo: qué cortesía! . qué crianza! qué obediencia! gana me da de poner a las dos en la galera. Por mí ya estáis perdonadas: hola, criados, prendedlas. No decís que nos perdonas: Es verdad; pero en Atenas aprendí a comer la vaca fría, con sal, y pimienta. Májimas son como tuyas. Si aquesto el Príncipe viera, jugara al toro conmigo, aturdido de mi ciencia. 2. Vamos a hacerte una almilla de cascaras de lantejas: a diós, padre. . Adiós, Judias. 2. En fin, somos hijas vuestras. Que el corazón me levante este infame desafío! que me vaya dando frío de acordarme de Escalante Si será miedo, o furor: si es que estoy herido ya: No obstante, bueno será, que me llamen el Doctor: conmigo ha de ir, porque acuda con presteza en un instante, y por detrás de Escalante me eche al momento una ayuda. No es fiereza irse a matar: no es desatino reñir: cuanto mejor fuera ir entrambos a merendar: Pero vamos discurriendo: si me mata, qué he de hacer: adonde he de ir a comer luego al instante en muriendos Si me rompe una costilla, lo sentiré demasiado: Si dará en este costados si entrará por la tetillas leyendo todos los Barcías, he estado para matarle. Digo, qué tengo de hablarle? Príncipe, señor. Deo gracias: quién eres, hombre cruel? De ese modo habláis conmigo? Has hallado a mi enemigo? Ahora me dio este papel. Jesús! Jesús! Qué te ha dado? Papel te dio para mí? Sí señor. Para mí? . Sí. Pues tenme ya por difunto. Para que se satisfaga tu dolor, leele: ay tal? Cada mosca es un puñal, cada escarpín una daga. Métete en la faltriquera un puñado de melones. Ya me tiemblan los talones; dice, pues, de esta manera. Escalante. Pues le leí, soy de bronce: pues le acabé, soy de mármol: Esto sufro? esto sucede, y no hacemos un retablo? Habrá despecho más romo? habrá caso más extraño? Qué hiciera el Duque de guisa, si le quebraran un platos Qué dijera el mismo Rey, si le faltara el tabaco: Un papel a mí como este, sin ser batido, y cortados Qué más hicieran los negros, aunque se volvieran blancos? Vive mi enojo, traidor, que he de ir al Padre Santo, y he de pedirle una Bula para calos reservados. Antojos me he de poner, llevaré un escapulario, un facistol, campañilla, tumba, alfombra, cruz, y paño, todo metido en el pecho en un bolsillo guardado: y si con estas reliquias con la vida no me escapo, si muero de veinte y nueve, no he de llegar a treinta años. Que con rigor temerario tengan de matarse intento! Qué he de hacers harto lo siento; vamos rezando el Rosario. Por nuestros viles decoros han dado en esas manias. Pasémosle a sacristias, si no quieres que sea a coros. Escalante, que es de Europa asombro, hacia mi acomete. Vendrá quizás el pobrete a tomar alguna sopa. A los dos vi por allí, que hacia aquí viniendo van. Vámonos adonde están. No, no, retírate aquí. Este es el sitio sin duda. Este es el paraje inculto. En que he de buscar un bulto. Para encajarle una ayuda. Escalante aquí sin reír: El Príncipe sin llorar: Ah de venirlo a pagar. Ah de echar luego a huir. Pero un macho, o un varón andando allí se menea. Si no me engaña la idea, allí se anda un figurón. Sois Escalante? . Si so: y el Príncipe vos? . Sí, sí: y digo, a quien vos así buscáis? A quién sí, y quien no. Ea, si estamos armados, sacad la espada, y cascad. Y nos hemos de matar: No si no huevos hilados. Pues allá va un bravo tajo, mirad que va a la tetilla. No importa, que tengo almilla, untada con punta de ajo. . No hay nadie que nos reporte. Ni quien ponga paz por Dios. 2. Sí, que aquí estamos las dos para dar en esto un corte. Vuestra presencia me aplaca. Y yo a vuestra vista callo. Andad, que sois un caballo. Vos, ni caballo, ni haca. Ea, baste ya de riña; y demos en esto un medio. Si no salgo, sin remedio se echan del ojo una niña. A cualquier partido vengo, como las dos lo ajusteis. Si entrambas lo componéis, a vuestros dichos me atengo. Esta noche a festejarnos vendréis a la sala mía, que ha de haber academia. Mirad, que antes de acostarnos: Bien está, seré el primero. El primero yo seré, y una mano te daré. Qué mano, di: De mortero. Lo que advierto, que en los puntos, sin andar equivocados, ninguno lleve pensados los versos, ni los asuntos. No lo tenéis que encargar, que así es fuerza que haya de ir. Por qué: Por que han de decir, sin tiempo para pensar. Pues yo voy a prevenirme El mismo impulso me llama. Yo te esperaré en la cama. No sé qué quieres decirme. Que mi amor: Es un envudo. . Que mi fe:- Es de Escribano. El Príncipe:- . Es un enano. Escalante::- . Es un cornudo. Y en tan insensible pena:- Tan desusado embarazo:- Me he de untar el espinazo::- Con aceite de ballena. Aquesto el Rey ordena. Sabéis vos cuando cae la no che buena? Cae por el Verano. No vi modo de hablar más cortesano. No vi viejo más vil, ni más horrible. Todo, viéndome a mí, se hace creible, pero oíd lo que el Rey nos ha mandado. Cascabel, Cascabel: Qué? . Yo había pensado, que los dos, sin tardanza, hemos de hacer muy bien una mudanza. Es cierto que me agrada, tú has de hacer la salida, y yo la entrada. Oigan el orden real sin gollorias. Toca por el canario unas solías. El Rey que es soberano, tiene un palmo de cuarta en cada mano. Jesús! Jesús! estense quedos, pues tendrá en cada mano cinco dedos. Item, tiene dos pies. . Rara mohína! lo mismo tiene el Rey, que una gallina. Tiene dos costados. En los Reyes no es mucho tener los dos. También se pone antojos. Y decidme por Dios, en cuántos ojos? En dos: qué disimulo! Es que tiene otro más. Dónde? . En el culo. Esa es una indecencia. Pues yo sé, que le tiene conveniencia, Vamos al intento; dice que se aderece un aposento, y se vista al instante con gran prisa. Pues poned a secar una camisa. Para qué es la camisa, di, agua chirle: Para qué puede ser: para vestirle. Una tapicería, dos doseles. Y de que los haremos? . De papeles. Escucha, aparta, ha de ir el aposentó en una carta: Esa es gana de hablar, es debaneo. No le pudiera enviar por el correo: Componedle, y gastad la noche toda, porque en él se ha de hacer una gran boda, y en él quieren ufanos, Escalante, y el Príncipe, las manos dar a las dos Infantas. Y ellas las tomarán como unas santas. Pues si en eso los dos andan tan francos, si las manos les dan, quedarán mancos. Pues haced que traiga una escalera. Subios por aí sobre cualquiera, o si no hay sobre quien en estos casos, se vendrá la escalera por sus pasos. Yo voy, en servirte no haré nada. . Siempre tenéis por flor ser mal mandada. Voy a plantar de rabanos el techo. . No haréis vosotros cosa de provecho. Yo también voy a hacer unos ojales en las bocas de dos, o tres costales, que ha de llevar el Rey en las rodillas, y a poner a una cuba unas canillas, que quiere, a lo que infiero, presentarle a Escalante por sombrero, y dejando las bodas aplazadas, les da fin el Poeta a dos jornadas.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Aleluya, aleluya, lindo bureo, que las bodas deshacen todos los tuertos. No hay ninguna doncella por culpa de ellos, que antes de ser casadas les ponen cuernos: Tumba, marinerillo, tumba, retumba, que quien fuere cornudo, lleve la zumba. Aqueste es mi dormitorio, al que se entra por allí. Una cosa falta aquí. Decidme qué? . Un Refectorio. Un Refectorio, a qué intento? Eso está ya averiguado; porque después de calado, será su casa un convento. Tu discreción a cualquiera dejará como se está. Con el tiempo llegará a ser linda cocinera: es sutil por vida mía, y tiene bellos alientos. Pues tomemos los asientos, y empiece la academia. Nadie de tardo me arguya. . Aquí yo. Yo en cualquiera lado. Yo en el suelo. Yo en el prado. Empiece la academia, y dadle vos los asuntos. A el gallo de la Pasión diga Escalante un sermón. Yo no predico por puntos. Pues alabe en una octava la cola de una borrica. Buen asunto. . Qué bien pica! casi esperándolo estaba; allá voy sin detenerme, nadie me sople a la mano. Ea, despachad, hermano, porque quiero recogerme. Penacho de rosicler, moño de plata, pelotudo en borujo desgreñado, que se encoge tal vez, o se dilata, o torcido, o derecho, o enroscado, es aquel sobrecejo inculta mata, que a las nalgas le sirve de tocado, y en rojos bueles, que el hisopo explica, es peluca la cola en la borrica. Escalante discreto su asunto copia, y pues merece el premio, lleve la cola. Hicisteis bien vuestro oficio. Está la octava discreta. Agradecedlo al Poeta. No tenéis pizca de juicio. otra, si gustáis, diría a ese asunto, que me agrada. Le daré una bofetada, si está mejor que la mía. Decid, que oyendo os estoy. Durmiendo me estoy de rabia. Que va que a Escalante agravia, y se pegan. . Allá voy; pero mirad que me atollo en diciendo cuatro coplas, si acaso tú no me soplas. Despachad, o iros al Rollo. Conchudo golfo de inundados hielos, la burra enriza, si la cola alarga, mezclando a ratos con los duros pelos las pasas cortas con la paja larga: reparte bolas, que cuajo en bunuelos, pelotas echa, de que el viento carga; y en viendo el burro, si el carino explica, la enárbola derecha como pica. Lleve el Príncipe en premio de aquesta copla, la cola puesta al cuello como balona. Esto ha sido salir hoy con destreza, y Según estoy de coraje, qué apostamos que le doy? Son tus versos infelices. Los tuyos desvergonzados. Pues qué, se están ahí parados sin quitarse las narices? Temo que salgamos locos esta noche en caso tal. Florilla arrima un costal para sonarme los mocos. otro asunto señalado podéis dejar. . Decid vos, en una decima, o dos, su derecho a un corcobado. Es divina en escoger. Es extraña en acertar. Por Dios, que la he de comprar para ganar de comer. El Rey componiendo hoy para sí? bien lo ha de errar. Cascabel, quiere callar? Abala aquí donde voy. A espaldas del corazón el gibado un orizonte tiene, y si no llega a monte, a lo menos es montón: siempre lleva el tropezón para el precipicio hecho, y aunque vaya satisfecho, si es infeliz escribano, no podrá salir ufano defendiendo su derecho. No le den al Rey premio, porque ya goza, por las leyes de viejo, tener corcoba. Nunca en eso dificulto. Fácil fue haberlo acertado, porque para un corcobado buenas son coplas a bulto. Diga Serenisa bella, con ademán muy discreto, a una sartén un terceto, en donde entremos yo, y ella. Todo el infierno será, si conmigo os casáis vos, la lartén para los dos. Serénisa merece, por el desgarro, que la den por la copla un sartenazo. Todos el concepto extrañan. Bueno fue: . No fue. Si fue. . Apostemos algo, que las dos Princesas se arañan. Que mis prendas ultrajadas veáis, sin nada decirla? Qué he de hacer yo con reñirla? dadla vos de bofetadas. Yo sé, que si me enderezo, la he de hacer: pues no repara::- No me señales la cara, pegame en este pescuezo. No haya más, cesen los duelos. Matilde es fuerza que diga. Serenisa a qué la obliga? A pintar los once Cielos en la cáscara de una haba. En qué verso? Fuerte aprieto! Ah de ser en un soneto, que acabe en forma de octava. El asunto feliz con que me sales, son los once estrellados Pabellones, sin tener para un cuarto de melones, cuando tocan las nubes los timbales: En las manos los dedos desiguales, sirven para ponerse los botones, y de suerte el asunto, mujer, pones, que los he de dejar todos iguales: Busca un tuerto más ajil, que lo pinte, busca un mono mejor, que lo baraje; un Botero, quizá dará buen tinte, porque yo al ver tal matalotaje, aunque más el discurso encaraminte, aunque moje el pincel en el potaje, en él haba no acierto, que promulgas, a meter once Cielos, nionce pulgas. Si los Cielos Matilde reduce a copia, pues que tuvo su gracia, lleve su gloria. y. El acierto fue Qué buen decir de muchacha! Vive Dios, que está borracha, no sabe lo que se dice. Elogios son excusados. Qué nunca me has de dejar! No se vuelvan a agarrar: vaya, digan los criados. Diga una octava en rigor, pues al festin se entremete, a mi Florilla el vejete, sin nombrar en ella a Flor. Ya me van dando aflicciones, ya me da la musa arcadas, y ya tengo espeluzadas la mitad de las razones. Esta mujer hará que me condene, Tristónica, Bengenjorfe, y Macallane, Solisticio Faetonte en ella tiene caliginoso traglo de debane: todo el cícople airoyo si conviene, solo porque piadosa se me humane, mientras los rimbomvantes firmamentos llueven piramidales elementos. Pues acierta el Vejete su desempeño, para tener la potra denle un braguero. Diga ella sin engaños, aunque le pese, y reviente, una decima, en que cuente con gran brevedad mis años. De esas melenas colijo, que haciendo dudar están, si fuiste padre de Adán, o si fuiste de Adán hijo: Sansón nació en un cortijo, por siempre jamás amén, y por no tener con quien, no te ganó por la mano, porque contigo es enano el mismo Matusalén. No merece otro premio de mayor medra, que llevarse la suma de lo que cuenta. Cascabel hará un retrato de las Islas del Japón. Allí nació Salomón. Sí, porque fue Maragato, descendiente de Vizcaya. Que a un hombre no han de dejarle discurrir! . Ea, calle, y hable. Callo, y hablo; escuchen. Vaya. Un Señor salió a cazar un día de San Antón, y las Islas del Japón descubrió hacia Colmenar: quisolas él agarrar, pero allí le detuvieron, y mientras se dispusieron, y el salir determinaron, en Ballecas se quedaron. Y las Islas? . Se le fueron. El asunto por premio se le dedica, pues que tuvo en su mano coger las Indias. Gran cosa! . Bravo decir! Es agudo en sus primores. Tan repetidos favores no son huevos de freir. Las coplas cesen, y un tema dará fin a la alegría. Pues proponga Useñoria. Y qué ha de ser? . Un problema: Discurriendo con primor, por qué la mona tan blancas tiene sin pelo las ancas? Hola, esta es obra mayor. Diga primero que vos el Príncipe, que esto ha sido un júguete discurrido solo para entre los dos. Mi amor aquí he de explicar. . Mi rabia daré a entender. Que no echemos a correr! Que no me pueda espulgar! En el envés de la mona se dibuja mi esperanza, pues ni un pelo de bonanza mi felicidad corona. Como él está mi persona, bien que en los guantes diviso, que a tener la sala un friso, se encontrara en este caso todo el caballo Pegiso aforrado en raso liso. No es mi pena tan doliente, porque en la mona es antojo el tener solo un ojo, en vez de cola otra frente: supo el suceso el Teniente, Alcalde de los Donceles, y salió con diez lebreles para buscar seis danzantes, que si no son Comediantes, hacen muy bien sus papeles. No hizo bien, y mentirán. Si hizo, y sepa que miente. Qué yo? . Que yo. Tente, tente. Quedo, que no se caerán. Yo a aplacarme no atino. Una rabia tengo eterna. Pues envía a la taberna por media azumbre de vino. Escalante es indecente, y revuelve una quimera: ha del Rey? . Yo le prendiera, si me hallara aquí presente, Cascabel, búscame un palo. Tráeme un zapato, Vejete. Si cojo el pie de un bufete:: 2. Vámonos, que esto va malo. . Qué me ponga en este extremo! voyme por no le reñir. Yo también me quiero ir, porque a la verdad le temo. Príncipe. . Quién me agarró? Esperad. . Voy ocupado. Dónde? . A tocar a nublado: y qué queréis? . Qué sé yo. Pues para eso me llamáis? ahora lo habéis de decir. Qué conmigo has de reñir. A muy mala hora llegáis. Cuando os hallaré con gana, porque más plazos no aguarde? Así a boquita de tarde, o si no por la mañana. Yo no me puedo acostar hasta ver lo que fraguaron: solos los dos se quedaron, y temo se han de abrazar, Mi enojo no disimula mas el dejar de salir. Pues si no tenéis en que ir, yo os alquilaré una mula. No quiero mula alquilada, porque ya tiempo se pierde. Yo saldré en la yegua verde. Yo en mi burra colorada. Os he de dar veinte chirlos, sin que la espada se tuerza. En este lance ya es fuerza el salir a desparcirlos. De mataros tengo gana. Moriréis en conclusión. Yo os heriré en un tacón conodos vedijas de lana. Vamos a usar de inclemencia, puesto que ha de ser así. Quedo, porque estoy aquí. 2. No es cosa vuestra presencia. Por qué ha sido aquesta vez disgusto tan singular? Porque no sabe menear la mano del almirez. Es, porque así lo colijas, porque ha dado su Excelencia en hacer una indecencia. Sobre qué? . Sobre tus hijas. El. Príncipe se entremete? por eso está con ojerás. Las mete en dos mil quimeras a título de pobrete. Ellas son unas bobillas, y temo se han de perder: qué las hacéis? Qué he de hacer, jugar, y hacerlas cosquillas. Pues es muy buen desaliño: Escalante, vete fuera. Solo a ti te obedeciera. . Déjame con este niño: Príncipe, mala ventura os mando, y es fuerza os cuadre, que os corrija como madre, porque al fin sois criatura. Y a qué castigo te inclinas? Ya lo veréis: a Vejete. . Señor. . Saca un taburete, y trae las disciplinas; yo os haré entrar en los trotes: en mi Palacio quimeras? Me habéis de echar a galeras? Galeras no, son azotes. Que has de hacer tal, no lo creas. Oyes, traete un cordel para atarle, y las correas. Voy con notable alborozo. Oh viejo infame, vil suegro? Digo, y avísate un negro, de buena fuerza, buen mozo. Yo traeré aunque sean dos. . Estos favores me hacéis? Caso que os desesperéis, vaya por amor de Dios. Con un Príncipe jurado se hacen aquestos extremos? Mas presto despacharemos, si estáis ya desatacado. Yo me pongo a resistillos, si tu rigor se divisa. Levantad bien la camisa, y soltad los calzoncillos. Es una acción indiscreta, sobre ser villano asunto. Solo os toca en este punto ir soltando la abujeta. Que sois tirano protesto, hombre viejo y muy vulgar. Príncipe, no hay que llorar, que yo haré que acabéis presto. Tengo malas las caderas de una muy molesta tos. Andad, que yo haré que os den en las asentaderas. Ese es fiero disparate, y yo no le disimulo. Os han de poner el culo más maduro que un tomate. Ay desdichado de mí! . Príncipe, vamos queditos, no hay que andarme dando gritos. 2. Ya estamos los dos aquí. Qué padezca tal trabajo! madre mía, hay pena cierta! Cerrad muy bien esa puerta: Príncipe, bragas abajo. Mi Rey, mi señor, clemencia, No lo puedo remediar, ello os los han de pegar, no hay más que tener paciencia. Vamos, que si no los baja, nosotros le cogeremos, no hay que andar haciendo extremos, aquí tengo una navaja. Lástima me llega a dar, le debí mucho a su abuelo, y he de tener gran consuelo de mirarle desollar. Prevenios presto. Por qué son desdichas tantas? Porque me urgáis las Infantas. Cogedle, acabad. Qué es esto? Fácil es que se discurra. Es castigar la inocencia por vuestra mucha insolencia. Pues qué hacen? Darme una zurra. Por hoy ya estáis perdonado, por venir estas malditas. Jesús! Ánimas benditas, qué de buena me he escapado! Idos. . Ya os obedecemos. Idos también, padre, vos. Hijas, por amor de Dios. Deja que a solas le hablemos. Válgate Dios por chiquillas, que exceden toda la ley. Descolorido está el Rey. Será de estar en cuclillas; yo me he visto en grande aprieto, por ellas tengo botines. Adiós, fieros serafines. . Qué bien escapé el coleto! . Matilde sola quisiera ver al Príncipe conmigo. Pues yo me estaré contigo. Ea, pues, salte allá fuera; guarda el paso. . Guardaré. No entre alguno. No entrará. . No nos vea. No verá. . Ea, vete. Así lo haré. Es posible, necio, atento discreto, loco, malvado, que no se gasten cominos para guisar en Palacio? Es posible que mi honor esté hecho un pan rallado, con más conchas que una rana, y más desprecios que un galgo? Que en mi pundonor más simpio, que no el envés de un purgado, ponga mancha tu osadía? es esto moco de pabo? Es bien hecho que se digan mis culpas al Hortelano? Qué mujer ay que no tenga alguna vez arrumacos, y lo que estaba secreto, notorio en todo caso, andarlo vos encubriendo por andarlo publicando? Vive un jarro de Alcorcón, vive un montón de garbanzos, vive una ensalada verde, que si al punto no me caso::- Buenos estamos, honor: paciencia, buenos estamos; que tenga yo tanto miedo! qué haré yo aquí, que no salgo? Pero oigamos antes, celos, no me rompáis los zapatos. Que si la mano de esposo no me dais::- Esto va molo; salo Que he de hacer yo misma otro Príncipe de trapos, y me he de casar con él. Pues ya no lo siento tanto. Cuando a Escalante aborrezco::- Sí yo soy un mentecato. Cuando solo si me agrada, es de noche, y eso un rato; vos decís que esa es la causa de que estéis cojo de un brazo? No, Príncipe, no ha de ser, resolveos, que yo aguardo a que os cosáis esas medias con un poco de hilo blanco. Resolución temeraría! no dijera yo otro tanto; veremos lo que responde. Parece que estáis callando. Princesa Pipiripante, cuyo título elevado, es lo mismo a todas luces, que decir, qué sé yo cuando, bien sabéis cuantas son cinco, no ignoráis cuantas son cuatro; y ya se ve, claro está, por uno, y por otro lado, yo me casara, más temo::- Aquí tengo yo el reparo. Que en una uña de un pie me quiere salir un callo, y para coger lechuzas es mejor tiempo el Verano: No obstante, por daros gusto, pronto estoy. Válgate el diablo: que he de matarle por fuerza! Dios me dé tiento en el brazo. En fin, pues has dado en eso, (que es peor que comer tierra) tú te tomas el pie, con que yo te dé la mano: esta, si mal no me acuerdo, la derecha. Tente, diablo. Qué hacéis, Escalante amigo? Nada, si no chito, cuando::- Os turbasteis? No por cierto, me quedé despatarrado. Por qué no me disteis, tonto? Porque yo a traición no mato, viéndolo el que ha de morir. Si no hubieras tropezado, ni mirara, ni volviera. Viváis infinitos años. Con que vos andéis detrás están bien asegurados; pero por qué a sangre fría querías tan colorado matarme? . Por eso mismo: mirad si es bastante agravio; pero ya que no os pagué, la he de entrar por un costado toda esta daga a la Infanta. En eso no hagáis reparo, vos haréis lo que quisiereis. Comedido habéis andado. A mí me queréis matar? toda mi defensa aguardo en vos, Príncipe. . Si haré: dejad antes, que veamos, qué tanto es el mal que os hace. Para qué? . Para vengarlo. Muere, castísima ingrata. Ay de mí! . Qué será? Un rapto. Hola, a quién digo? hah de casa? Por qué estáis tan sosegados? Qué hace mi hermana durmiendo? Vos con la daga en la mano? Se la estoy vendiendo:- A quién? Al Príncipe en ocho cuartos. Y de verla relucir le dio a tu hija el desmayo. Traigan agua en un arnero, o en una criba, volando. Voy a llamar al Doctor. Yo voy por el Cirujano. Voy a esperar mi enemigo. Voy a atarme este zapato. v Vámonos, vuelva, o no vuelva: qué lance tan bien jugado! . Ay de mí! válgame el Cielo! mucha pena les causé, pues todo el mundo se fue por no verme en este suelo; he de atar en un pañuelo dos, o tres maravedís, con un puñado de anis, y si encuentro puerta franca, marcharé por Salamanca a ser Infanta en Paris. A qué me traéis dando gritos, señor, con tanto silencio, a la más pública sala, al más secreto aposento? No os importa averiguarme lo que tengo tan secreto, que lo sabe todo el mundo: estamos solos? . Yo creo, que si es que no nos escuchan, no nos estarán oyendo. Tenéis sangre? Pero mucha, y buena. Ya lo veremos ahora: sabéis reñir? Lo estudié cuando pequeño, y como no lo ejército, casi casi no me acuerdo. Pues recorred la memoria, y colgaos un puchero debajo de la golilla. Para qué? . Porque yo intento atravesaros la nuez, y podrá mancharse el lienzo de la balona, si cae alguna sangre en el cuello. Luego me queréis pegar? La tardanza está en ser luego. Pues apartaos, que arranco. Qué es arrancar: vive el Cielo, conmigo vos arrancar? Si no, qué haré? Estaros quedo; y dejarme a mí que os pegue. Pues, señor, no puedo menos de arrancar. El qué? . Un gargajo, que me atosiga en el pecho. Yo juzgué que era la espada. La espada? bueno por cierto; la espada es de vaina abierta. Idla sacando con tiento, no os cortéis por ir de prisa docena y media de dedos. Ya está fuera. Avaos allá. La teméis? . No si no huevos: estáis muy determinado? Yo tengo el ánimo hecho a daros dos mil heridas. Dos mil! Os admiráis de eso? pues sabed, que ya os perdono por la menor parte ciento. Y cono las has de dar? Conforme fueren saliendo. Decidme por Dios adónde? Quinientas en el pescuezo, quinientas en un tobillo, quinientas entre los dedos, y quinientas en un ojo. Vele aquí, que quede tuerto. Si os he de matar, qué importa? No había caído en ello; con que me habéis de matar? vive Dios, que sois tremendo; y si yo por bien de entrambos, y por ser Cristiano viejo, me aparto del desafío, acetaréis? . Ni por pienso, sin daros cincuenta chirlos: Príncipe, vamos riñendo, que si no reñís, os mato. Sosiegue usted, Caballero, que eso es matarme a traición; porque me halláis indefenso. Esto es hacer mucha burla, y es bastante regodeo; así sabré yo obligaros. Pues yo me libraré huyendo; hola, socorro, que matan a yo. Hablad con silencio, y morid de buena gana sujeto a la ley del duelo: morid, morid, o matad. Dígole a usted, que no quiero: Infantas, con las tijeras salid las dos: ay! Qué es esto? hoy a tu lado nos tienes. Tres contra uno? a pendejos. Tente, Escalante, qué hacéis? Estoy rezando un Psalterio por el alma del difunto. Quién de los dos es el muerto? Yo, arrepentido Monarca. De qué moristeis? De miedo. Valor fue grande; ea, andad, volveos el alma al cuerpo, y echen suertes entre entrambos. Me acomodo. Soy contento. Pues de este modo ha de ser, el que agarrare primero la mano, se ha de casar, coja malo, o coja bueno: Estiendan todos los brazos en fila, muy bien derechos, y véndenles a los dos los ojos con un pañuelo, de modo que no nos vean, poner en la boca el dedo, ninguno hable hasta agarrar. Así será. . Así lo haremos. Ya yo agarré. No es posible. Cómo que no? cepos quedos, tú eres mía. Hombre, o demonio, que soy el Rey. . Tantumergo! suelto, y no vale. . Ya así. Tú eres? asir un cuernó. Eres barbado? Ni cepa, que tenga tanto cabello. Déjote con Barrabás. Ya cogí yo; aquí te tengo. Y yo también, no te escapes. Las dos Infantas cayeron. Quién a quién? Tú a Serenisa, y a Matilde tú. Confieso, que me alegrara trocar. Eso ha de ser en comiendo. Válgame Dios lo que miro! Lleve el diablo lo que veo. Flora, desgarra ese brazo, a tirar por esos dedos. Y que me claves las uñas. No te haré mal. . Yo no quiero. Cásense aquí de contado. De prometido es lo mismo. Nones, que puede haber maula. Pares, que puede haber trueco. Yo, yo, con quién casaré? 1. Conmigo. Qué buen pellejo para botanas! 1. Y el tuyo, viejo chocho, martullero, de qué servirá, decid? Para que hagan un pandero las mozas de este Lugar. Ea, dejemos enredos, y cada cual se acomode con su cada cual. Contentos estamos todos. Qué soberanos aciertos! Y si acertó a disparar el Poeta, a los pies puesto de todos, los pide un victor, y que perdonen los hierros.
