Texto digital de El buen caballero maestre de Calatrava
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Villegas
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El buen caballero maestre de Calatrava. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/buen-caballero-maestre-de-calatrava-el.

EL BUEN CABALLERO MAESTRE DE CALATRAVA
JORNADA PRIMERA
Volvieron huyendo al fin. Y aún al principio huyeron, en no aguardar cuerdos fueron. Cerco de Viva también llegó la gente. Y entrara en el a no detenerla tu voz, sin que a defenderla Moros, ni gente bastara. Quiero en otras ocasiones lograr mayores fortunas, viendo a sus menguantes Lunas opuestos nuestros Pendones. No dudo de tal hazaña mirando vuestro valor. (yor. Él vuestro, hermano, es má- s. Si del vuestro se acompaña. De qué sirve el cumplimiento? los Cides de Andalucia sois los dos por vida mía: esta es verdad; esto siento. Desde tamaño servi a vuestro padre, si afe, pero aunque valiente fue, los dos me parece a mí le aventajáis por mi vida. Lainez, plubiera a Dios le igualaramos los dos. Esa es humildad debida. Reñir con los dos hermanos Girones, no bastarán todos los perros que están en Africanas Regiones. Ya me parece que veo sus pendones por blasones, en honra de vuestro Girón divino, y alto trofeo. Pues es de ambos la espada, hija de Belona, y Marte, no temo yo de mi parte treinta casas de Granada. Que vuestro valor enseña la fama que tanto alaba, al bravo Conde de Vreña, y al Girón de Calatrava. Sentaos, que venís cansados, pues que venís a enseñar a vencer, y a pelear a los Cristianos soldados. Haced que a la Sierra lleve vuestras hazañas la fama, donde hace a las nubes cama entre sabanas de nieve De vos vengo yo a aprender. Vos me podéis enseñar, pues que llegáis a igualar el decir con el hacer. Un gallardo Moro está junto a la caba diciendo, que te quiere hablar. Ya entiendo, Mueste de Goz que querrá? no os levanteis, que yo voy. De paz viene al parecer. Ni aquí aypaz, ni la ha de haber, hecho un Barrabas estoy. Tiene de entrar? Dile que entre. Dejará las armas? No basta quitárselas yo, cuando alguna cosa intente? Qué querrá? Si es desafío? Nobleza muestra tener. Así tanto que mejor: mas del Maestre confío. P Alá te guarde, fuerte Don Rodrigo Tellez Girón, Maestre a quien alaba la fama por la voz de tu enemigo, gloria de Marte, honor de Calatrava, que tener de mis males tal testigo es lo que más el alma deseaba. Obliga tu nobleza, y cortesía a más honor que darte deseaba, habla a mi hermano, y siéntate que es justo. Conde dame las manos. Aquí tienes asiento. No hacer esto fuera injusto, siéntate, y di, porque sospecho vienes más de paz que quisiera. Mi disgusto discretamente en mi afición previenes, que siempre la fortuna da tristeza, por pensión del valor, y la nobleza. Yo soy Muza, yo soy del Rey hermano, por mi nombre, y mi brazo conocido, por quien jamás llegó ningun. Cristiano al mur de mi alfanje defendido, que si hoy llegó con atrevida mano, fue porque estaba preso, y detenido Muza esparciendo al aire justas quejas en esas Torres que llamáis Bermejas, Yo soy quien en travada escaramuza he resistido en tantas ocasiones la Roja Cruz que el pecho tuyo cruza, y la gente que sigue tus pendones, ellos sabrán decirte quien es Muza, porque aumentando el nombre a mis blasone han visto, a su pesar, en mis fortunas opuestas a tu Cruz mis medias Lunas. Y el que en la margen de ese claro río, tan atrevido, como venturoso, tuvo contigo campo, y desafío, en trance acelerado, y riguroso, y aunque herido, no perdiendo el brío, por faltar el candor del Sol hermoso, nos apartó, y si no con la victoria, quedé en la resistencia con la gloria. Yo, pues, amante de Daraja Mora, cuya hermosura al cielo se aventaje, cuando se viste de clavel la Aurora, y sale el Sol por su primer celaje: incierto yo de que por dueño adora un Moro principal, y Bencerraje, hice por presentarle en la Zambra un ramo en los pensiles del Alambra. El ramo que os he dicho dia Daraja, ella después a su esposo amante: corrido, no yo de ver acción tan baja, saqué el alfanje fiero, y arrogante, y pudiera serville de mortaja el cándido almaizal de su turbante, a no hacer a mi fuerza resistencia, entre las otras, la Real presencia. Prendiome el Rey, que enamorado estaba de la bella, y discreta Sarracina, y con esta ocasión solicitaba gozar los rayos de su luz divina, viendo que mi persona lo estorbaba, su intento desterrarme determina, y logrando su efecto a su deseo, de mi amor fue mi ausencia su troseo. Tomó ocasión de mi celosa historia, con que formó de mí una grande queja, conbatida de celos su memoria, fiera pasión que el ánimo no deja, traidores envidiosos de mi gloria, con quien el Rey mi hermano se aconseja: dicen que me destierre; mas ay cielos! que traidores mayores que los celos? Este, noble Maestre, es mi suceso, de quien puesto a tus pies remedio aguardo. De tu ilustre valor, tus manos beso, por encarecimiento tan gallardo, que estoy enternecido te confieso, y me parece que al remedio tardo: elige, Muza, tú el mejor camino, porque ayudarte en todo determino. Ya tu favor a mi pesar reporto, tanto de tu valor heroico fía: tu esclavo soy. El cumplimiento acorta, y mira. Gran valor, y cortesía. Si para tu remedio importa, que solo, y sin ninguna compañía vaya a Granada, y a tu dama saque, y con su vista tu dolor se aplaque. Dejar entrar. Detente. No te impedidle, que a Muza le importar que habladle. Ya digo que aguardéis. No despedidle, forca, que importa mocho el avisadle. Perro no forcejéis. Por No despedidle. Qué es eso? Quiere entrar este. Dejadle entrar. A Halí, qué hay? Tus pies queremos; la triste nova a bosance traemos, del que haber en Granada. Es importante saber lo que hay de nuevo, porque el modo se prevenga más bien viendo delante los intentos que allá siguen en todo. Cuando sance saber a fe que espante de lo que allá pasar. Ya me acomodo con saber lo que di Dilo acaba. Tu Maestre me escuchar Por tu ausencia, jenior Muza, cando te vimos partir, con llanto a Granada dieron tributo a Darro; y Jenil. El mancebo, el niño, el vejo quedaron tristes por ti: unos te llamaban padre, otros hejo te decir. E los Caballos Moros, el Cencerraje gentil, el Gomel, el Sarracino, el Gazul, el Moradí, Todos del Rey se quejar, diciendo faltar ansí defensa parajos Moros, contra el Cristiano Adálid. Ela bella Sarracina, a quien dio el Majo gentil, parajos labios clavel, parajos manos mársil. Pintas de azueña corba a sus dientes de jazmín, gayombar para el cabello, que vence al oro de Ofir. Yo corazón ser más forte enjo penoso sentir, que la del brasa, y poñal se le pudieran rendir. Viendo que estar desterrado, todo es llorar, y plañir, y dar muestra que lo justo, le tener cifrado en ti. Ha Rey Chico regoroso la prendió en Vivataubid, Avenamar la garda mojos, ella llorar, y plañir. Llamarme a me Sarracina, decirme, jenior Halí, gua tener el corazón del fuego de amor ollín. Decerme, que te buscamos, y de su parte decir, que tu hermano la casar, aunque ella lo resistir. Que si venir a socorrerla, te lo agradecer a ti y demás de eso me dar (mos, tanto del robio cequí. Jenior Maestre, a quien habla. ayudad a un será fin, por la Cruz que traer al pecho, ardiente como robí: no desamparar mojeres en el penoso sentir. E vos Muza agora vemoj ser valiente Almoradí, que por el mojer hermosa es dulce cosa el morir. Tomar el sayo de jerto, upas el adarga tunecí, el alfanje Damasquino, D e la yegua prevenir. Que si a la Mora sacamox, e os casar nostro Alfaquí, no hay más gloria que esperadle, si despois no arrepentir. Maestre, que te parece? Lo que a mi meha parecido es que de lo prometido el cumplimiento se ofrece. Ir por ella prometí, y agora a llamarte envía, el hacello es deuda mía, pagaré pues lo ofrecí. Tu valor me marabilla: no en vano el mundo te afava, por gloria de Calatraba, p por milagro de Castilla. Llevar es justo, Maestre, gente en la ocasión que ves, porque la ocasión después airado el rostro no muestre. Y ansí yo habré de ir con vos, porque será conveniente para lo que el hado intente. Solos hemos de ir los dos. prometilo, esto ha de ser. Yo he de ser el escogido. El vejo estar impotente. Yo puedo decir, y hacer, galgo, nomos apuntemos. Si yo ser galgo, gardar, que corras saber matar. Hijo, todos lo bebemos. Yo vino no lo beber. De gentil cosa te alabas. Maestre, vamos pues. Yo deseaba ir con vos, por temer peligro en vuestra persona, yendo solo como vais. Podo de mi confiáis. No tener cara de mona. Juanes me fecit, castigue los apoditos. Qué es eso? Por tu esclavo me confieso, porque a pagarte me obligue. Señor Moro, espere un poco. Que querer, jenior Cristiano, la espada tienta? Es en vano resistirme, que estoy loco: sabe que soy escudero del Maestre? Ya saber. Quiérole dar a entender. Que bono, Espere. Ya espero. Diego Lainez me llamo. Y yo me llamar Halí. Déjeme decir a mí: el señor Muza su amó enseñale cortesía, o yo se la enseñaré cuando en la campaña esté? Caducar la valentía, vejo empotente, potroso, curar tu catarro, y tos. Perro, bellaco, por Dios, que estoy harto provechoso. Callar. Con vida te dejo. Qué valente parecer: eso lo estar para hacer adufes de to pellejo. Esto sufre el honor mío? perro yo te acabaré. Callar, de que, de que tener vejo tanto brío? Ay igual atrevimiento? No hagáis forza, que romper el braguero, y parecer el tripa. Que esto consiento? La espada sacáis, verdogo? que matar al enocente? Como soy tan impaciente, en cualquier charco me ahogo: sacárete el corazón. Tenerle enamorado, que me le tener guardado: estar por ventura alcón, corazón querer comer? Todo lo contrapuntea este Moro. Amigo ea. Y quién el gasto ha de hacer de estas paces? Yo gastar? Apodareisme Mórico? Ni gato cambo, ni mico, ni otra cosa te llamar. Pues esto se acaba aquí? Daca el mano compañero: no te creer de ligero, si poder correr tras mí, La sangre se me alborota. No venir. Que así me impida, perro, agradece tu vida a mis pies como a mi gora. Cartas de Ronda recibo con tanta prisa; y cuidado? Al suceso te apercibe. Por Alá que estoy turbado, sospechas en ella escribe: queda con salud mi hermano? La respuesta está en tu mano. Pues no sabes responder, o muerto debe de ser, o esá en poder del Cristiano. Bien el suceso adivinas. Oh santas luces del cielo, que por celestes continas, desde el Polo, o paralelo dais influencias divinas! Quien al Alcayde de Ronda pudo ofender, no se esconda si todas le defendéis, mas pues no me respondéis, n esta carta me responda. Fuerte Albayaldos, la ley, mortal no aguarda respeto, del tosco villano al Rey, pues fue a su rigor sujeto tu hermano Mahomad Muley, aunque la fama le alaba, nunca con firmeza acaba, su suerte poco segura, pues le venció la ventura del Girón de Calatrava. El Maestre le dio muerte cuerpo a cuerpo en vivoespanto, solo en su venganza advierte. Ya en lugar de tierno llanto, fuego por los ojos vierte. Oh hermano tan valeroso, cuanto el hado riguroso, contigo ha sido inclemente, que no importa ser valiente, sino ser muy venturoso. Oh mal haya, amén, la espada. del Maestre, que asegura su vida en cualquier jornada, que es en fragua de ventura, más que de valor templada! Pero si te dio la mano el hado fiero inhumano. contra su valor altivo, pues he quedado yo vivo, presto su venganza allano. Que de mi valor espero, cuanto de su dicha siento, que ha de castigar mi acero, aunque se esconda en el viento, a quien fue tu homicida fiero. Ya en él mi venganza mido. Muy bien os está el vestido. Venira fuerte ocasión. No te alabarás, Girón, de que a mi hermano has vencido, que pues estás en la. Vega, verás, como mi rigor bien espada, y lanza juega. Esta amenaza, y furor a mí viene. Cerca llega, Ya considero vencida tu espada, hasta aquí temida. Ya cadaber puede ser: pues. Muza que hemos de hacer? ya está el Maestre sin vida, cómo te podrá ayudar? quién es? Albayaldos. Bien, pues he llegado a escuchar, quiero responder también. Jenior Maestre callar, que si sentir ser perdido. Por ti mi remedio olvido, haz tu gusto. Yo hablaré a este arrogante, y haré lo que tengo prometido. Albayaldos el Ronda, temido por tus hazañas, no remitas a la lengua, lo que se debe a las armas. Si del Maestre pretendes alguna justa venganza, yo sé qué es tal Caballero, que jamás nego batalla. a ningún Moro, y está en la Vega de Granada. No se, valiente Albayaldos, si le viste esta mañana. llegar con la Cruz hermeja. tan cerca de la muralla, que le cerrasteis las puertas, para guardar vuestras casas. Entonces hablar pudieras, si es que hablarle deseabas, donde hallaras de tu enojo, satisfacción en sus armas. Mas pues no lohiciste entonces, si ocasión mejor aguardas, en las sierras de Agraderas, donde cristales desata el Sol con sus rayos de oro, formando sierpes de plata, le hallarás de hoy en un mes con el caballo, y la lanza. Porque he sabido que agora de su Rey recibió cartas, que le manda que a Senilla luego por la posta parta: pero al tiempo que te digo al puesto vendrá sin falta, y para entonces remite Albayaldos la arrogancia, que allí aguardará por vida de los Reyes de Granada. Por Alá, que si no fueras corto sujeto, a mi rabia, que pagaras con la vida las ajenas amenazas. Cuando me ves tan furioso, que hasta los cielos se espantan, a mi enemigo defiendes? di, qué locura te engaña? Como sabes que el Maestro querrá aventurar su fama conmigo, y si acaso quiere, porque no será mañana, es achaque que ha buscado, por no salir, esa carta, que su Rey, dices, que escribe, por excusar la batalla. No ha menester el Maestre crédito en sus alabanzas; que a vuestra costa pública, la fama y a sus hazañas. Y para que tú lo entiendas, si es que estás en Bivarrambla, de aquí un hora te prometo más certeza. O luces Santas! pueda yo ver al Maestre, que de las letras sagradas de nuestro Alcorán reniego, si su vida no me paga la de mi hermano el Alcaide, Que esto consiento? mal haya quien por voluntad ajena su lengua, y sus manos ata, pero más merece Muza. Y quién sufre, tiempo aguarda, por Alá Cristiano perro. Por lo que tengo de rabia. bien puede ser que lo sea Voy aguardarle a la plaza. . Oh cuanto me debes Muza! pues por librar a tu dama, a Albayaldos no le he vuelto a la boca las palabras. Con tantas obligaciones hoy mi libertad enlazas, que aunque la vida te ofrezca, viene a ser pequeña paga. Acudase a lo que importa, Ya me parece que bajan, y de la venida avisan las jabucas, y dulzainas. Qué hemos de hacer en bajando? tú con tu dama te abraza, y a mi cuenta lo demás. Ya estar la gente en la plaza, y a mi parecer venir, más de guerra, que de gala. Suelta perro. Qué es aquesto? 2. Traición, prevenid las armas. Muza te lleva en los brazos, cómo te tiene en el alma. 2. Seguidle todos, y muera. Huid, cobarde canalla, que eso fuera a no valerle el Girón de Calatrava. a, jinior Muza. Al arma toquen. Estas cajas son de mi hermano, que vien a guardarme las espaldas. Pues que me cerráis las puertas, oye, si estás en la plaza, Albayaldos, que yo fui el que te dio la palabra, de que hoy en treinta días te aguardaba en la campaña. De Sol a Sol el Maestre allí sin falta te aguarda: el mismo Maestre fue quien te habló. Mate un aca por llegar para avisarte, de que tu hermano te aguarda. Abrid las puertas, cobardes, que ejército os amenaza? Por gaje del desafío, toma, Albayaldos, la daga, que aquí en las puertas la dejo, tómala cuando las abras. Las puertas eran de acero, de parte a parte las pasa. . , s Volved a leer, que apenas creer puedo; que pretenda Castilla tal locura. Esto dicen, Señor, prudente acude a remediarlo, previniendo el dano. Tornad a leerías. Dicen de esta suerte: Que no te llames Rey, pues que casados. en Nápoles vivieron las dos Juanas, y en ella sus maridos no tuvieron nombre de Reyes. Qué cobardes fueron! Que no es nuevo que hereden en Castilla. hembras, pues heredaron Ormisinda, Usenda, Doña Uiraca, y Berenguela. Que sacan de esa bárbara cautela? A Don Alonso, Duque de Vizcaya, marido de Ormisinda, no llamaron Rey? Con Usienda no llevo Donsilo también la Dignidad, y el nombre Regio? y todos los demás conmigo quieren valerse de Extranjeros ejemplares? Bien es que el daño, con valor repares, que en privilegios, letras, y pendones se diga Don Fernando, lsabel luego, y en los escudos de armas a la contra, estén los de Aragón a mano izquierda, que en Obispados, cargos, y Alcaidías, estén por ambos más las de la Reina. No leas más, que me enfado, y a Dios juro de no firmarlas, si la vida pierdo. Esto piden los Grandes de Castilla, tú con prudencia su arrogancia humil Como en tanta soledad malpagáis, señor, mi amor? Respeto, gusto, y temor pone su mucha beldad. Si dudáis de esta verdad, en mi fe conoceréis la posesión que tenéis, tributo que el alma os paga: Bien es que me satisfaga, cuando tal favor me hacéis, y ansí cuando le recibo, con que mi pesar asojo, es justo que del enojo os dé cuenta con que vivo, declarando os lo apercibo. Justa enmienda de mi pena, que la que Castilla ordena, más libre que debe ser, a sentir, sino a temer, el pensamiento condena. Porque tales condiciones, como me pide que acepte, mengua a mi fama promete, si concede finrazones: de tan justas ocasiones mi enojo pudo nacer; porque se deja entender, y es efecto conocido, que arguye mengua el marido, mandar mucho la mujer. Y a vos llegan a ofenderos con esta pretensión ya, porque mandarlos podrá el que pudo mereceros. Quién goza vuestros luceros, no es justo con tal cuidado tenga, de dudas cercado, ocasión de preguntar, si es que ha venido a mandar, señora, o a ser mandado? Fernando, mucho quisiera acertar a responder, sin libertad de mujer, que solo el viento la altera. Si Castilla considera lo que le puede importar, ocasión debe de hallar: y con razón se movieron, que ellos el Reino me dieron, y me le podrán quitar. A Doña Juana dejaron, y siguieron mi opinión, y por justa obligación a agradarlos me obligaron. Si en mí méritos hallaron para regirlos, también justo es que gusto les den, y que en armas, y pendones, como en nuestros corazones, juntos los nombres estén. No es razón que reparéis en conceder lo que os pide, si como libre se mide, en las razones que veis, en otro tiempo podéis dar del enojo señal, que agora nos está mal, y vuestro valor no ignora, que aún hoy duran en Zamora reliquias de Portugal. Esto decís? Esto siento. Mas siento que lo digáis, que no que lo consintáis: al sin máquinas de viento sobre flaco fundamento funde la esperanza mía. Si decís por mí, podía fundarse en fuerza tan rara, máquina que reservara del tiempo la Monarquía, Porteros, y más porteros, aquí los Reves están, de enojados muestras dan, la vida llego a ofreceros. Quién sois? Quién solo por veros deja una guerra empezada, quien por virtud, y nobleza pudo esos pies merecer, y en fin quien piensa tener por madrastra a Vuestra Alteza. Mas pues no me conocéis, llegaré al Rey mi señor, que promete más favor. Apartad. No os apartéis. Decid, qué es lo que queréis? Eso saber deseaba de vos, y a veros entraba, que conozcáis es razón a Don Rodrigo Girón, Maestre de Calatraba. Vos seáis muy bien venido. Maestre. Cuerpo de Dios, la suspensión de los dos me tuvo en parte afligido: como en la guerra he nacido, no sé de palacio nada, hallé esta puerta cerrada, y entre dejándola abierta, que no me cierran la puerta a mí si no es en Granada. Qué queréis? qué me mandáis? que enojo en los dos se encierra? que en sacarme de la guerra, de mi centro me sacáis. Impórtame que sepáis la causa de mi cuidado. A ocasión habéis llegado, que será razón decilla. Claros Soles de Castilla, quién vuestra luz ha eclipsado? que por la Cruz de mi espada, y por la del pecho uro, que entre más libre, y seguro en la Vega de Granada. En esa hallaréis cifrada la causa. Grande es, Señor, pues un Sol sin resplandor miro, y sin luz dos estrellas. Las causas veréis en ellas, su justicia, y su valor. En la primera, señora, yo borro esta injusta ley, que vuestro esposo es mi Rey, yo os lo llamo desde agora: si Vuestra Alteza le adora, para que son estas alas? Oh matrimonio que éxhalas condiciones tan finiestras, ya que son buenas las vuestras, fueron las del Rey no malas. Pero cesen los cuidados, las demás, señor, firmad, que es una la voluntad entre los buenos casados, pocos son, pero hallados. Citra de la gloria son, y según esta razón, hallo que en este papel, si es buena la de Isabel, no hay áspera condición, Estas son delicadezas forzosas, y no excusadas, que después vidas, y espadas, las haciendas, las cabezas serán de vuestras Altezas. Con tal amor de igualdad, que en su valor, y lealtad veréis en toda ocasión en uno la ejecución, y en otro la voluntad. Si ha de dar un Obispado su Alteza, a su amor le toca, que antes que le dé su boca, esté con vos consultado, y antes os quita el cuidado. Pues tal esposa tenéis, con quien descuidado estéis: y en la lección que os enseño, si sois de la Reina dueño, dueño de todo seréis. Y alégrome, vive Dios, venir en esta jornada de la guerra de Granada a poner paz en los dos: Que le habéis de negar vos al Rey, si bien le queréis? y vos que la negaréis a la Reina, si la amáis? no os reís? no os abrazáis? mucha gravedad tenéis. Vuestra es el alma, y la vida, Yo soy uio humilde esclavo, Lo que pedís firmar quiero, vos sois un gran Caballero Maestre de Calatrava. Hoy de tercero me alabo, ciencia en mí nunca aprendida, hazaña tan conocida, estimo entre los pasados, triunfos siempre celebrados, de mi subido valor, porque es la hazaña mayor poner paz entre casados. No envano el mundo os alaba. Ay Dios que buen Caballero el Maestre de Calatrana. Ese nombre me faltaba: y porque el mundo se espante de alabanza semejante, por un favor tan inmenso, el buen Caballero pienso llamarme de aquí adelante.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Que a Granada se volvió Muza con su hermano el Rey, que alcuzcuz he pasado. Y le asistí como su amigo, entregándole la dama, si sangre, o patria le llama no tiene que ver conmigo, La que agora a mi deseo le importa, pues da lugar la noche, es solicitar ver la estrellaenquienmeempleo. Esta su casa ha de ser, digo el cielo que la sella. que siendo Beatriz estrella, este nombre ha de tener. A estas horas? qué inquietud. Aquesto, Laín, es amor. Piensas, señor, que mi humor nace de buena salud? Qué quieres decir en eso? Que el sereno me hace mal. Un Españo! dice tal? Pues no son de carne, y hueso? No que en la Española Iberia, el ser que adquieren con palma, en vez de materia es alma. Pues yo soy todo materia. No te corre el desaliento que con vergüenza te escucho? Estar al sereno mucho es el propio corrimiento. Melindres tú, cuando yo a todo influjo estoy hecho? Es que a rigores tu pecho tiene Abito, y yo no. Llama mientras vuelvo. El traza tener la calle segura. Siempre es imán la hermosura, de malas lenguas. Mordaza. En fin, cuando he de dormir, me llamas a enamorar? tú quieres que a mí pesar, se venga el alba a reír. Pues tradición es precisa de amor que en tiempos pasados, de ver tantos trasnochados le vino al alba la risa. Ojalá Beatriz me oyera, hasta que el claro rubi diera en su boca, allí si que la aurora se riera. Pues cuantas recoge en breve, centro de más perfección, en menuda risa, son las perlas que el alba llueve. La calle mira, y es salva que al honor se debe dar, que me toca hacer llamar. Es Nuño. No si no el alba. Llega, señora, que ya Don Rodrigo está esperando. Con el alba me va entrando el sueño. Sois vos? Qué va, si en preguntar es porfiada, y el sueño más me molesta, que ha de llevar en respuesta una, y otra cabezada. Qué causa a si le enmudece? El sueño es gran tentación. No me dices que ocasión para no hablar se os ofrece? No es nada, y es mucha cosa, es una fuerza sin brazo, sin ardid, un ciego lazo, una ocupación ociosa, con alivio una pensión, con mucho acuerdo un olvido, vida sin algún sentido, discurso sin atención, quietud que formaun desprecio en la mayor fantasía, y en fin un soplo que envía la noche, que llaman sueño. Lainez. Señora. Y tu amo? Fue a la antigua figurada de ver si está asegurada la calle, mas ya al reclarno viene como un pajarito. Aunque es gustosa risión, y en mi canto no hay traición, en estar presa le ímito. Sin queja de mal pagado, que es mucho siendo soldado; llego a veros, dueño hermoso, con ánimo de dichoso, con temor de enamorado. Si es que en lleganos tardáis, y por rendido os juzgáis. en la lid, aquí os espero, rendiros las armas quiero, gustosa de que venzáis. Mirar por vuestra opinión, a quien como a vos adoro, di a la tardanza ocasión; que vecinos linces son, basiliscos del decoro, Con justa causa os aclama buen Caballero la fama. No es en eso lisonjero el vulgo, el buen Caballero desde chiquito nos llama. Desviate. Qué es desviate? Dejadle por vida mía. En tu casa de placer no me toca a mi tener siempre la medianeria? El buen Caballero somos los dos, y ese honor defienda, en andarnos dando como, en saber dar una tunda, a quiennos quiere hacer momos, En entrar sin más descargos, que el corazón, y buen pico, y sin embargo de embargos en Granada, donde el Chico Rey, nos pudo hacer tan largos. En andar siempre entre acero, que el mayor trabajo es, por Agosto, y por Enero, armados hasta los pies, más mi cabeza primero. En reparar menoscabos, a que en la guerra se anhela, en estar sin luz, en vela, y en ser muchas veces cabos, sin alcanzar para navos. En ser forzoso tener, que a ningún soldado nuevo, esto inventó Lucifer, para el arcabuz el cebo, faltándonos de comer. En llenar tal vez la panza de un bizcocho como yesca, que no es poco si le alcanza, sino que él es buena pesca, cuando el Moro buena lanza. En ser cuando descansamos, los que de extremos a extremos, si a ser viciosos pasamos, si cenamos no comemos, si comemos no cenamos. Y andamos con tanta prisa de honor a los intereses, que es la comezón precisa, porque se pasan seis meses sin que mudemos camisa. Con lo cual, aunque son lucios mis cascos, a ver se alcanza, que presto estaremos rucios, y que toda la alabanza viene a parar en ser lucios. Mucho debéis a mi amor. No es el primer acreedor. Contoda el alma aún no os pago. Ya empieza, tomo, y que hago higas al ojo abizor. Ya se que a vuestra belleza debo la mayor fineza, bien que sois cielo mostráis, pues que la pobreza amáis, y despreciáis la grandeza. Y aunque nada puedo hallar, que esa deuda satisfaga, no podéis vos ignorar, pues sois cielo, que ya os paga el que desea pagar. Y ya hubiera renunciado, bien mío, sino temiera, que no será bien contado, que el Rey a esta guerra fuera, sin ir mi espada a su lado. Esto mi deseo siente, que el mundo tuviera en poco, no habiendo este inconveniente, En mi vida vi valiente, que no pecase de loco. Sentiré la dilación más, aunque vuestra opinión no puede ganar más faima, segura tenéis la dama, cumplid vuestra obligación. Siempre a espaldas del amor, vive, señora, el temor. Parece que gente viene. Retiraos que no conviene nota alguna en vuestro honor. 1. Son diez con esta. 2. La ha dado Maladros por cierta, 1. Pues no lo veis allí parado? hay algo en contra? Jesús, los ladrones que he soñado. Qué harán estos que no acaban de pasar la calle. 3. Llegue soniche, y diniega pegue. Y era el sueño que capeaba. 4. A hidalgo, a lo que le llamo es que al instante rendida la capa entregue, o la vida. Y era el capeo a mi amo. Que se arriesgue sentiré su valor. 4. Ea acabad. Si tenéis necesidad otro socorro os daré de más valor, aunque empeño mi natural, inclinado siempre a hacer bien. No al criado, y esto no entra con el sueño. Tal templanza en su valor, que puede ser? 4. No queremos más que ssu capa, y no demos entretenida al temor. Este volsillo. 4 Bolsillo, la capa agora ha de dar. Ve aquí lo que es llegar hombres de bien a pedillo. El juzgarme con temor, a su maldad los alienta. Que esto su valor consienta! Que esto sufre mi valor! mas si no me han conocido, que desdoro se me sigue? 4. Acabe, no nos obligue. Creo que no han advertido. No hay que advertir. Sus arrojos. buscan el castigo en mí. Ve aquí que riñen, y yo con mi sueño en los ojos. 4. Por vida que si no acaba. 1. Qué aguardamos? a Quedo, amigo, vive Dios que es Don Rodrigo Maestre de Calatrava. Mientras no fui conocido pude usar de lo prudente, más siéndolo, no consiente mi valor esclarecido, dejar pasar el más leve escrúpulo contra él. Agora, infame tropel, verá vuestro intento aleve, si Don Rodrigo temió. 1. Espera. qio 2. Detén la mano. Pese al tu multo villano, Algún Ángel me arrulló. Ved si es temor la nobleza. Agora si que valiente muestra quien es. 3. Tente. 4. Tente: 1. Hay mi brazo. al Hay mi cabeza. Ymás si es calba, o que tratos les pega el buen Caballero: parece que es por Enero, según se quejan los gatos: ya se escaparon. Valor como el suyo no le habrá. Ahora sus, bueno será ayudar a mi señor. El que es valiente de chapa, no ha de apresurarse al duelo: mas que es esto que está en el suelo? más que miro? aquesta es capa, otra es esta, y esta tres, cuatro, no quieren ser nones: yo voy gananido perdones. No vi tal sacar de pies, mas aquí se ha vuelto el uno. Un vestido más no daña, y un capote de campaña. Pues aquí vuelves? San Bruno. Eres de la infame tropa? Después de darme un revés, me lo preguntas? Quién eres? l No lo ves? tu guarda ropa. Pues no quedaste dormido? Quién tal había de hacer? Pues qué hacías? P Recoger, porque tú eres un perdido. Las capas dejaron? Sí: pero el volsillo voló. Luego darle viste? No? solamente lo entre oí. Cerró Beatriz la ventana? Necia, Don Rodrigo, fuera, si la cerrara, y no viera hazaña tan soberana, que vuestro nombre asegura. Hazaña os ha parecido? vive Dios que estoy corrido, que viesedes tal locura. Confieso que cuando os vi sufrir tanto, me admiré. De tanta capa qué haré? Vos desconsíáis de mí? el no excusar ocasiones no es valor. Bien me aconsejo, Ve a un ropero de vielo, que me las mude en calzones. Ese valor, y cordura de nuevo me han obligado, pero mejor explicado en ocasión más seguralo que veáis mi amor espero. Cielos, tal ventura escucho? El riesgo en la calle es mucho, en mi cuarto hablaros quiero, que así la nota excusáis. Ágolpes están las tres. Enviad a Lainez después, porque la hora sepáis, y a Dios Aguardad. Es tarde, mañana os espero . Amor, de tan altivo favor hagamos los dos alarde. Esta es reja, cuanto topa la mano a golpes abrió. Yo muero de gozo; Y yo estoy tentando la ropa. Ligero Sol; mas temprana mañana tu luz envía, que me espera el mejor día en la noche de mañana, Dónde vas? aguardaun poco, la mitad llevad en fin. Qué haces? Do que San Martín, partir capas. Estás loco? Prendas son que has de llevar por tuyas. Qué has recelado? Que sus dueños de contado vengan a desempeñarlas. Qué tengas tan vil temor? No hay que hablar, esto hade ser, las capas no han de tener a Lainez por fiador Esto que os refiero, Conde, es mi cuidado mayor. Emoresa es que a tu valor, y grandeza corresponde, y en tan justa pretensión, ya me parece que veo lográndose tu deseo, que las barras de Aragón en Granada, y en Sevilla se miran entre Leones, siendo de sus, torreones soberana maravilla. Mas dale a mi hermano parte, señor de aqueste cuidado, que pues en Granada ha estado, mejon sabrá aconsejarte. En Gravada entro? Señor, celebraron un torneo, tuvo de verle deseo, y atrevido en su valor, entró a verle disfracado. y justando con el Moro, rindio el premio a su decoro, dejando a el Rey admirado. Y los premios que ganó, con liberal gallardía, todos se los ofrecia a la Reina. as no? Bien mostró que es de las armas la gloria. Pues contra envidias severas, pasó de burlas a verás, la más extraña victoria. Que dos Moros Caballeros, habiendo quien es sabido, cada cual quiso ofendido, probar con él sus aceros. Y él que a entender lo llegó, al con valor, destreza, y brío, en la Végala desafío a todos juntos llamó. Y a pesar de sus fierezas, con sus armas vencedoras, derribó en solas tres horas diez. Gravadinas cabezas. Su valor, Conde, merece ser premiado. Y por su hermano, C espero por vuestra mano la dicha, que amor me ofrece. Ya os prometí que será vuestra Beatriz, yo os empeño mi palabra. Hoy por su dueño mi amor a Beatriz tendrá. Quien duda que a este trofeo mira la ocasión que aguardo? O veloz tiempo, que tardó te mueves hoy al deseo! A muy buen tiempo ha llegado mi hermano. El Rey está aquí. Muestre. Señor. En mí no estoy del bien que he alcanzado. Un criado. Ya estoy llano a obedecer, y seguir vuestro gusto hasta morir. Por tributaria a mi mano quisiera ver a Granada, allanando inconvenientes. Bastará que tú lo intentes? Sí, llevando vuestra espada. Largo cerco es menester, por ser Ciudad defendida, pero yo tengo una vida, que por vos he de ofrecer. Que viváis es loque estimo, para que vuestro valor dé a mis intentos favor. Siempre a seguieros me animo, Pues, Maestre, prevenir lo que importa es menester, que la jornada ha de ser presto: Y yo os he de servir. Breve espero la jornada. Cuando e Rey quisiere sea, la paz mi pecho desea, aunque lo sienta mi espada. Vos la paz, pues que tenéis algún amor? Porque no? no tendré pasiones yo? No creo que os sujetéis a pasiones amorosas, siendo en la guerra criado. Marte por Bulcano hallado, en las redes cautelosas, disculpa a la valentía, cuando está al amor sujeta, que como Dios, no respeta estado, ni Monarquía. Quereisme decir la dama que así os tinde? No es razón, que le importa a su opinión, que esté secreta esta llama. Pues no os diré yo la mía. Tratáis de casaros? Sí: li y es empleo en que por mí el Rey. Señor. otro día, Conde, hablaremos en esto. Mi elección iba a deciros. Mas de espacio podré oiros, y quedad con Dios. No tan presto. Después sabrá que es Beatriz la luz que propia contemplo, y que de amor en el templo tengo el triunfo más feliz. . No tan presto. Vete a espacio, que aunque convidado seas, el sombrero no es capilla. No ves que la noche llega? Es verdad, y lo es también: yo he de perder el juicio; no es posible que le pierda, que ha mucho que está perdido. Aunque tengo el bien tan cerca estoy temiendo perderle. Pues qué mal nos estuviera? Perder a Beatriz? eln Bien dices, porque no hay en la belleza, si la nobleza se junta, venganza que lo parezca, aquí la puerta se allana, y no se encuentra la puerta. Que tan rendida la juzgues? Que no juzga quién desea? Mucho es su recato. Sí: mas la ocasión es la yesca, en que la piedra más fría se pasa a viva centella, pero es a fuerza de yerro. Deja al tiempo la advertencia, y trata solo de ver si llegamos, y que seña te previno. No hay Gentil como un pañal si se pega. Qué dices? Que esta es la casa, y la seña está dispuesta cantando yo. Has prevenido instrumento? Esta vivuela pedí prestada a un Barbero, que por ser suya, recela mi voz, que sueña a folías. No lo dilates. La letra es a treinta días vista. No en donaires tedetengas. Albayaldos, noble Moro, vengar la muerte concierta de su hermano en desafío. Que escucho? detente, espera, puede haber descuido igual? que así el amor escurezca las hazañas del honor? Lainez. Señor. Di, te acuerdas si el término se ha cumplido del desafío? La cuenta se ajusta mañana. Cómo? Comiendo, de esta manera: A dos de Abrila los Moros corrimos hasta sus cercas, que fue cuando se aplazó, a dos de Mayo son treinta. La Cruz es a tres, mañana sus vísperas se celebran: mira tu cuando será, y si se ajusta la letra a los treinta días vista. Mañana el Moro me espera, y yo en amor divertido? mi honor dispuesto a la afrenta? Ea, Laín, antes que todo es el honor. Qué me ordenas? Prueben armas, y caballo, aprisa, no te detengas, que aún temo que he de tardarme si en los del Sol me partiera. Y la ocasión? No me acuerdes, villano. Pues dime, aquesta es Mora vieja por dicha? más mira que abren la puerta. Hermosa Beatriz del alma, que hubiese de ser por fuerza mañana, porque (Ay de mí!) cuando tus rayos me esperan, te responda, que me ausento. Don Rodrigo. El alma tiembla. Oyendo tus alabanzas. Que atropelle estás finezas la obligación del honor. Mi señora, Que violendia! Me envía. Sin alma estoy! A que me sigas, y veas con la fineza. Yo muero. Qué te aguarda. Grave pena. Su voluntad. No me mates, Leonor, pues siendo tan cierta la fineza de su amor: yo aguardar a que en mi ofensa blasone un Moro cobarde? Pesia al tiempo, y como abrevía el curso, que no ha un instante, que era de plomo a mis quejas. No lo entiendo. Ve, Leonor, y dile a Beatriz: no acierta a pronunciarlo la voz. Si pagase esta fineza, con excusarse? Que un Moro en desafío me espera mañana, cuyo recuerdo fue aquella voz, que por seña me dio muerte en vez de vida. De aquí al sitio hay tanta tierra, que si al punto no me parto. (Como si conmigo fuera Ap. el desaire, me enfurezco) Queréis que ninguno crea descuidos de honor en vos? Si trujese la cabeza del Moro: pero que aguardo? dile a Beatriz, que por seña de mi verdad, se la ofrezco. Lo que yo os digo por ella, es que a vuestro honor pidáis, que no al volver con la empresa halléis que sin culpa suya ser vuestra esposa no pueda. Espera. No echas de ver que son amenazas estas, nacidas solo de enojo: pero señor, que nos meta un perro en esto? A mis iras. veré su arrojo en tragedia, Albayaldos teme el rayo, que va sobre ti en centellas, un pecho que por tu causa la mayor victoria arriesga, un corazón; mas qué aguardo? Sígueme Laín. Por fuerza he de llevar. Qué te falta? Alforias, que la cabeza no ha de venir por su pie. Vendrá en mis manos deshecha. Ya se ha llegado el día, noble, y querido hermano, en que dará mi mano castigo a la osadía del Girón atrevido, (cido. que ya en venir primero le he ven- Tu sangre; que presente siempre a mis ojos veo, alienta mi deseo, a que atrevido intente, cumpliendo mi esperanza, lograr si no tuvida mi venganza. Que la mano atrevida, que con suerte infelice. mi gozo contradice, robándome tu vida: hoy verá con su muerte (fuerte. lo o puede mi brazo airado, y Al pie de este alto puso, que da sombra a esta fuente, mirando a su corriente, aguardar determino el tiempo que se alarga, (ga. haciendo lecho de la blanca adar. A ocasión he llegado de embarazar si puedo. en los dos el denuedo; que aún no se si comenzado: el Maestre se tarda, (guarda. y Albayaldos en él la muerte a- De los dos la nobleza a esta piedad me llama, basta a los dos la fama de sangre, y fortaleza: viva, Albayaldos, viva. (altiva? Quién me previene gloria tan Quién tu vida desea. Segura la prevengo, según el gozo tengo, sin saber porque sea, si ya no es que esta fuente (te. saltando en risa coronó mi fren- No me ha visto atendiendo al cristal que se espacia. Con qué divina gracia, mi rostro encubriendo:: mas sin duda delito, (miro. busco impiedades, y al cristalme Albayaldos. Quién me llama? Quién por altivo pregona tu valor. (Muza en el campo) que causa, dime, te arroja a esta acción? El ser tu amigo. No te entiendo. Las heroicas hazañas de tu contrario esta piedad ocasionan. Según eso, desconfías de mi valor? por Mahoma, que a ser otro el que atrevido, y olvidado a la memoria de tantas acciones mías, contra mi nobleza, y honra tal presumiera, que al golpe de este filo, que se aborta centerla, desde esta nube a esa esfera luminosa en átomos lo arrojara, porque en las luces que copia hallara que aún no son tantas, como yo tengo victorias. Tu corazón es bizarro, nadie como yo le apoya. Recelar los contingentes es atención tan forzosa, que toca en temeridad del ánimo, y en lisonja de la juventud, fiarse de un filo, sin ver que al aire de una desdicha, trueca en desmayo la pompa, Temeridad puede ser (no? prometerme la victoria de quien dio muerte a mi herma- De imaginarlo se ahoga el corazón. Fa Muza vuélvete a Granada, y logra la amistad de Don Rodrigo en ocasión más piadosa, si es que al combate no viene, que viniendo, no supongas, que tendrás más ocasión. O qué arrogancia tan loca! vive el cielo que me agravio de ver que no reconozca las ventajas en Rodrigo. No te vas? En fin te arrojas a esperarle, sin que yo las amistades disponga, quedando bien vuestro duelo? En vano, Muza, me exortas a que la vida le deje, y considera que es hora de que venga, que aunque tú tan de su amigo blasonas, podrá ser que al verte entienda, que a tu nación te acomodas, y que yo para vencer me valgo de tu persona. Vete luego. Alá te ayude. Si hará, que al reir aljófar esta fuente, conocí feliz para mí esta aurora. No obstante la ceguedad con que a morir se provoca, no muy distante he de estar, por si en la lid rigurosa usar puedo de algún medio. Que mal su tardanza abona la cólera de Español! Mira que tiempo te sobra, no revientes el caballo. Cómo yo llegue, qué importa? San Pansicio, dicho, y hecho. Solo murió a mi ponzoña. Rebentado se ha el demonio. Qué has hecho? Rodar la vola. Levanta. Sudamos mucho, y me ha dado mal de gora: anda tú, que yo no puedo. (reas No a un caballo al mismoBo. Nioa c ioea le sufocara en su aliento, aún para bañarse en ondas le falta a el Sol mucho espacio: este es el sitio; y no topa, pero allí el Moro me espera, Albayaldos. Quién me nombra? Que viniese antes que yo, no dirás que el Sol no dora todavía las campañas. Sin parar la noche toda me has hecho exceder alviento. La ocasión más venturosa, que dio el amor el deseo, perdí por tu causa: y sola tu cabeza darme puede desquite a tanta congoja. Por despojo la ofrecí al dueño que el alma adora. Mi cabeza? Pues es mucho? Es yunque donde no cortan Espáñolas arrogancias. Las experiencias no sobran en tu hermano? Eso me acuerdas? Que se acierte esta memoria, por tener más que vencer. A tal agravio responda la venganza. Si más Moros que tiene el cielo de antorchas. Válgate Alá por Maestre, alguna deidad te informa. El ruido de los aceros es a esta parte, y pues sobra B ibla l l e para el duelo lo reñido. No voto a Dios, en la Costa como hay Moros, ay Cristianos, todos estamos en obra. Vierta usted la ayuda, y deje que le den al perro soga. Mi intento es solo estorbar, que espadas tan valerosas. se acaben. Qué es acabar? desde aquí se ve en la tolla, que con ser mi amo el Girón, abre el otro tanta boca. Mirale venir al agua de esa fuente en lluvias rojas de sus venas. No me acabes de dar muerte, que malogras la mayor acción. Detente, Rodrigo. No te me opongas, que he de llevar su cabeza. Puro cristal, ya se logra tu placer en tanto rayo que me alumbra. Como sopa quiere morir, con el ansia que se echa al agua. Aunque corras te he de alcanzar; mas yo muero. Encomiéndate a Mahoma. Antes os pido el Bautismo. Qué escucho? Son las congojas que al morir le prevarican. Deme tu mano piadosa vida eterna, y con la muerte a io mi dichoso cuello corta, o mi sangre, y mi deseo. Yo haré tu muerte dichosa, aparta Muza. En la fuente puedes capuzarle, o toma con la mano. Bien has dicho. No yerres la ceremonia. Yo te bautizo en el nombre. La intención es loque importa. Del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Agora si no se muere es un perro. He cumplido con la forma de las palabras? Bien puedes irte luego a una Parroquía. Alá me valga. Expiró, grave dolor. De mi historia será blasón. Luego dije, que era suya la corona al bautizarle con palma, pero manos a la obra, y su cabeza sin tufos vaya, señor, con alforjas: corta; y vamos. Aquí lucha piedad, y amor se convocan; mas yo estragos, donde aunsiento asistir las poderosa mano de quién es la vida? nunca el amor lo suponga. Unida al cuello tu cabeza asista, cuanto lo quiera ese mortal sosiego, que al ser pabesa de un ardiente fuego, sin fuerza vences la mayor conquista. Por ti mi amor con otro se malquista, y por ofrenda a su deidad te niega, que no ha de ser despojo de un Dios ciego quien tan a tiempo supo tomar vista. Aunque rendido al golpe te percibes, y de tu muerte blasonar pretendo, con tanto estrago que al morir recibes, Tu fuiste el que triunfaste, así lo entiendo, pues de amor celestial muriendo vives, y yo de humano amor vivo muriendo. No hay más que hacer. Tu renombre por esta piedad heroica, de nuevo vuele en la fama. En la nobleza no hay otra virtud que más la acredite: y porque mejor conozcas, 9b lo que en tenerla he vencido: mas no quiero que amorosa alguna pasión me irrite; vamos Lainez. Algunas horas no descansarás cercano hay un carmen. No propongas alivios que son pesares; aún más ligero que sopla el cierzo volver querría. Pues si eso pretendes, monta en esa yegua que traigo, cuyo movimiento es hola del mar airado. Beatriz, si honor, y piedad te enojan, morir podré; pero el mundo sabrá que fui en tal victoria infeliz como valiente, y tu cruel como hermosa. Y también sabrá que yo soy de piedad tan notoria, que a un Cristiano recién Moros mal digo, a un Moro que ahora acaba de ser Cristiano. Aquí paz, y después gloria.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Tú seas muy bien venido, que con tu vista he salido de miedo, y cuidado yo. Temiendo desdén, y olvido. Zelosa, y que a celos llegan, todo es llorar, y sentir, la luz a sus ojos niegan, tr lágrimas que por salir suspiros rayos anegan. Cómo con el Moro fue? pero mal te pregunté; que si le viste, es forzoso, que a tu brazo valeroso, o muerto, o rendido esté. Yo de aquí no me he partido un punto, cumpliendo ansí lo que mandas con cuidado, con que ni a tu hermano vi, ni del nombre le he avisado de tu dama. No importa. Agora tierno reporta de tu dama los enojos. Sí llego a verme en sus ojos, no será ventura corta. Ella sale. Di que sale el alba clara del día, cuya luz no hay quien la lguale. Ya volvió Vueseñoria? Sí; porque tu amor mevale, para que de mi ventura, con felicidad segura, tras grave riesgo de enojos, goce con bellos despojos lo que tú fe me asegura. Ya vuelvo otra vez a veros, gozoso con tanto bien, dando a amor el parabién de mirar vuestros luceros, si no pude obedeceros antes. Qué bien lo decís, mi sospecha prevenís, que ya conozco, señor, que fue batalla de amor, e pues que tan tierno venís. Nunca en la de Marte fiero enseñó el rigor violento lisonjas al pensamiento, que tierno en vos considero, mi seña más cierta espero, injustamente agraviada, pues si me hallaras casada, tengo por cierto, Rodrigo, que este indicio era testigo, que me hiciera descuidada. Mirad, Beatriz, que ofendéis la fe en ámaros más rara del mundo. La prueba es clara, justa la queja tenéis, pues la cabeza traéis, con que satisfecha quedo. Darte desengaño puedo, pues crédito aqui no alcanza. Decís bien, que se abalanza la sospecha con el miedo. Razón es que ufano estés, pues por gloria a mi decoro, ya la cabeza del Moro es alfombra de mis pies. Si escuchas sabrás, si quieres, dar muestra de esta verdad. Señora. Sacad, para desengaño, ese cuello helado, y frío: Cierto es mi mal, escuchad: el disculparme es forzoso, por lo que toca a mi honor, pues hallo en ti tal rigor, por haber sido piadoso, bien pudiera riguroso dejar ese intento vano, más fuera hecho inhumano, que dejara sin cabeza, indigno de mi nobleza, Moro que volvi Cristiano. Dejó mi fiero enemigo las verdes hierbas tenidas, fui con manos atrevidas a degollarle, impaciente a executar el castigo: y cuando llego, y me obligo, dijo: Maestre, detente, A tu Ley adoro, y tu Fe, y a Albayaldos bauticé en el cristal de una fuente. Mas ya vengo a conocer, en lo que de ti he advertido, que porque piadoso he sido, contigo vengo a perder: no entendí que eras mujer hasta aquí. Cosa extraña! que fácilmente que engaña quien es querido! Ay de mí! Pero si ello ha sido ansí, ha sido notable hazaña. Tanto, señora, me aflige ver tu cuidado celoso, que mi ánimo dudoso A varios recelos colige: por aplacar tu rigor, nque heridas que tu favor procura esperanza aquí. Qué herido estáis? Ay de mí! ese es tormento mayor; sangre costó? Si señora, Gramprueva el pecho os ordena, pues por ella se condena a confesar que os adora. Solo este favor mejora mi mal, siendo el daño escudo. Y sola esta verdad pudo descubriros mi pasión, que aunque es clara mi afición, con todo en vuestra fe dudo. Aquí me decir que estar, y aquí estar el vejecilio del coraza, y pavesilio. Perro, aquí habéis de pagar. Aún del coz se te acordar. La verdad, señora, os digo. Y yo os muestro mi cuidado. Aqueste perro ha llegado, que servirá de testigo. Halí. Tu mano besamos, nunca mi señor estar cuidadoso si sanar de la herida nos mandamos venir a ver como estamos: y venimos con cuidado: mas ya que haberte hallado no tefer. Dónde quedó? A Granada se partió desde el sitio desdichado. Al pie del frondoso pino con el punta del puñal sepulcro al cuerpo mortal hicimos al Sarracino, el fronte con cristalino. Émbate llegar procura por cima de la verdura, con las linfas que desata, para hacer víril de plata a la triste sepultura. Y con la propia terneza de la desgracia que vimos, un epitano escribimos en la robusta corteza. Luego el camino endereza a Granada, y desde allí me mandar venir a mí a saber como llegar: porque ha querido mostrar su mucha amistad ansí. Ya de vuestro pecho estoy segura, y agradecida. Vuestra es, señora, mi vida, y el alma que humilde os doy: porque tan dichoso soy; de tanto favor cercado, que recela mi cuidado en felicidad igual, que no puede favor tal ser seguro, ni gozado, que a mis méritos excede. De vos tendré nueva queja. Ser mojer? No, que no puede casarse si antes no deja la Cruz, y sin ella quede el Maestre, esto ha de ser. Deja el Cruz, toma mojer, Cruz dejar; y Cruz tomar; cuál es el que más pesar? La mujer al parecer. Halí, cuando has de partir? Cuando tú me lo mandar. Si quieres te podrás ir. luego. Luego me tornar, que tu acabar de escribir. Lainez, régala a Halí. Tú me regalar a mí? ,n Yo a ti? Si no hacer, tu señor luego saber. Yo he de regalarte ansí, galgo, dejarte vivir es poco por lo pasado. Mira que se lo decir a tu señor, que ha mandado. Esto se puede sufrir? A señor Maestre, mirad que no querer regalar el vejo. Hay tal caso perro vive Dios si con vos cierro, que os tengo de hacer callar. ey a llamarte envía. Qué puede quererme el Rey? El obedecerle es ley. por fuerza; o por cortesía, Ya la imaginación mía fuertes males considera. Una carroza te espera, Miedo tengo, aunque no se de qué. Yo también iré, porque entre dudas no muera. Hoy la Cruz dejar espero, y pedir tu hermosa mano, que vida sin ti no quiero: y el bien que en amarte gano, por el mayor considero. Pagas la fe de mi amór, mas un confuso temor me suspende recelosa. Que puede, Beatriz hermosa, ofender a tu valor. Pues solos hemos quedado esta vez, galgo, los dos, yo quedaré bien vengado, que os he de dejar por Dios. Qué dejar? Bien castigado. Si yo a tu señor llamar, lo el volver, y te azotar. Azotar, vivo te dejo? Sí, porque de puro vejo, niño te poder tornar. Así mi venganza espero, pues el Maestre ha mandado que te régale, yo quiero cumplir lo que ha ordenado; que te daré considero para comer? Yo comer? Lo que yo diere ha de ser: no tienes tú que buscar comidas de allende el mar. que yo lo tengo de hacer: ansi darte determino. Qué me dar? Yo te daré lindo pernil de tocino. Pues yo lo comeré. Y dárete lindo vino de Cazalla. Quita, quita. No haya volina, ni grita, no son mis manos escasas. Yo comer higos, e pasas, mel, cuzcuz, o cabra frita, y no querer tu convite. Aquí en un papel guardé un poco, porque no admite, lo que digo amigo. olava He; Mahoma no lo permite, Mahoma tener mandado, y Alcorán tener vedado. Pues ya que no lo comeis, por lo menos llevaréis el ocico refregado. Por eso mucho saber el diablo. Cio. Esto en Castilla yo es lo mejor de comer. Guárdate de mi potrilla, si en mi tierra te coger: no saber mal. Quieres un poco? Que me estar haciendo loco. Con gentil despacho vas. A Dios vejo, rin videl e lo demás. Qué es lo demás? Vejo loco. De la calle no salí mientras has estado ausente, pero ruido, ni gente jamás en ella he sentido, ni el escudero estos días, para que el nombre dijese de la dama a quien se ruias. Ya de esta vez determino lograr este pensamiento, y al Rey pedírsela intento, que es el más cierto camino. No se, hermano, si acertáis en dejar la Cruz, pues veo, que logrando ese deseo, pobre, y sin ella quedáis. Más bien, que imagináis, gano, porque tiene gran belleza, tiene valor, y firmeza, y el gusto es la vida, hermano: trátale algún casamiento en la Corte? Solo el mío. Que se harán juntos confío los nueitros. Mucho contento tendré de ello. Aquí ven drá mi dama. Y la mía. Notable cosa sería si hoy se hicieran. Así será, verás una gran belleza. Cuando a mi dama formó, de hacer otra igual quedó incapaz naturaleza. Vos veréis lo que yo os digo. Y lo que digo veréis. Notable amor la tenéis. Menos que le debo obligo. Maestre, Conde. Gran señor. M Agora, acabó de firmar las condiciones con el de Portugal, y libre quedó Zamora, y yo contento, porque quiero proseguir la jornadade Granada, que ha de ser luego: no estáis pre- para partir, Maestre? (venido Cuando mandes, que yo simpre lo estoy para servirte. Y yo también, señor, con tus pendones he de partir. Si haréis, que sois Girones, a quien amáis aguardo. Tus pies beso, y por hechura tuya me confieso. Hoy será vuestra. En tu grandeza fío todo mi bien. Beatriz hermosa viene. Ay, hermano, ya viene a quien (coro? adoro. Has visto tal beldad, y tal de- Es cifra del valor. Y de los bienes. Mi amor esfuerzas, que buen gusto tienes! Tus pies beso, Señor. Beatriz hermosa, alzad, no estéis ansí. Rara belleza. Que manda en que le sirvaa vuestra Alteza? (adoras? Cómo, Conde, no viene la que Eso mismo decirte pretendia; la tuya ha de venir? Bien a fe mía, Doña Beatriz. Es dueño de mis, ojos Son burlas ̱. No por Dios. Vamos antojos. las. Conde con el amor no hay hermandades. En vano con rigor me persuades. Pues cómo? no me diste la palabra de guardarla de ti? Yo no sabia, que tu adorabas prenda que era mía. Conde, pues asi guardas lo que ofreces? el rigor de mi cólera apeteces? Lo que digo ha de ser, que Don Rodrigo Tellez Girón, horror de su enemigo, en el honor no admite mayorias. Maestre, yo no sufro demasias, que Don Alonfo Tellez, mayorazgo de Don Pedro Cirón, al mundo enseña que diol blasones en Osuna, y en Vreña; En el campo veremos tus blasones. Rodrigo, que los dos somos Girones. Sígueme. clon Voy tras ti. Conde, Maestre, qué es aquesto? dónde vais? Señor, no es nada. Pálido el rostro, y con la voz turbada, me respondéis? Ay cielo, y alimagino, soy su disgusto vino; que he de hacer, cielo? Sin que yo lo entienda ha de haber ocasión de tal disgusto? Señor, 9o Señor. Callad, hablad Rodrigo. Fortuna, venza amor. Pues os obligo, decidme la verdad por vida mía; que ha sido la ocasión? Traición sería, jurada vuestra vida, si negara deciros la verdad: Los ojos bellos adoro de Bearriz, a quien deseo, teniendo de su amor igual trofeo. Pues os podéis casar? Dejar pretendo el Maestrazgo, siguiendo de mi padre los pasos. no no Tu palabra solamente es quien me da esperanza. No lamiego. La cólera me tiene medio ciego. Rodrigo Tellez Cirón, de Calatrava Maestre, como ganaré a Granada, si la Religión os pierde? Agora queréis dejarme, Don Rodrigo? tiempo es este de amor, cuando de Sevilla sale marchando la gente? Volved en vos por mi vida, la propia pasión no os ciegue; como el que havencido a tantos, a sí mismo no se vence? Pidiomela el Conde, y dile la palabra de ponerle en la dulce posesión; pues será razón, Rodrigo, que yo la palabra quiebre? No señor, si la habéis dado, aunque la vida me cueste, cumplase vuestra palabra, y muera yo cien mil veces, porque no es justo que vive quien tal esperanza pierde. Goce de Beatriz el Conde, pues ya la fortuna vuelve las espaldas a mis dichas, y en desdichas las convierte. Bien sé qué viviré poco, que vida no me consiente, memorias de un bien pasado, que pude va poseerle. En preteesiones de amor, quien las ocasiones pierde, qoit forzosos tiene los males, como dudosos los bienes. lamás me apretaron tanto los Granadinos Ginetes, en tantas escaramuzas de Cegriés, y Gomeles. Vive Dios que os sirvo en mucho, nunca he sido tan valiente. Toda el alma me enternece. Qué es lo que dices, Rodrigo? perdona, señor, advierte; tu permites que me case? tu quea otra manor me entregue? tu eres quien la fama alaba? tu eres nobles tu valiente? ansi pagas las finezas, que a mi voluntad me debes? tú me estimas? tú me adoras? tan poco es lo que me quieres? que es esto? vuelve en tu acuerdo, mi daño, y tu agravio siente. Como quieres que lo haga, si tú el alma no me vuelves? Gocete el Conde mi hermano, que es solo quien te merece, y muera yo que he perdido la gloria de tantos bienes. Gócete el Señor de Vreña, y ncabe yo tristemente. Eso dices? Ay de mí! Déjame Beatriz, y vete; sa no me mires, que me abrasas, no me mires, que me enciendes. Mal haya cuanto te quise. Quémayores males quieres? Da beatriz la mano al Conde. Mira, señor, oye. Advierte, que es esto lo que te importa. Piadosos cielos, valedme. Maestre. Señor, que mandas? No es bien que pendiente quede el disgusto, daos las manos. Cómo es posible ofenderle si le das la de Beatriz, de cristal, y helada nieve? más doila pues es tu gusto: tomadla, Conde. Detente. Mas me aprieta la pasión, por mucho que yo te apriete. Maestre. Señor. A Dios. Él os guarde, y me consuele. Dadme la mano, señora, porque todo un ciello lleve. Marchita esperanza mía, ya jamás os veré verde, no hay Abril que os vivifique, no hay alba que os borde, y riegue. Todo será seco estío cuanto hablare, y cuanto piense, hasta que en arestas rubias el viento os esparza, y lleve. Que Beatriz es de otro dueño? y permitió que lo viese la fuerza de mi desdicha? Ha palabra de los Reyes, y que fuerza en un vasallo tan leal tuvisteis siempre! Que pude yo, si Albayaldos no me condenara ausente, por delitos que no hice, a perdimientos de bienes, gozar aquella ocasión, para que agora no hubiese palabra, ni pretensiones, que ofrezcan inconvenientes? Ha mal hayal más que digo, si goza ya eternamente gloria su alma, y la mía infierno de amor padece? Plegue a Dios, Beatriz hermosa, te goce quien te posee, sin que de mi fe jamás, ni te olvides, ni te acuerdes, y parézcate mi hermano. un Narciso, un Ganimedes. Cuanto hablare te enamore, obliguete cuanto hiciere, y plegue a Dios que te olvide mi alma, a quien siempre tienes ocupadas las potencias, que a tu beldad obedecen. Válgame Dios! yo llorar? si alguién ha podido verme? no, que con los desposados el palacio se divierte. Que poco sabe de amor quien del dolor no se vence, que el que desdichas no llora, no quiere bien, o no siente. Qué es esto, señor? Lainez, que ha de ser? Por el trinchete de San Crispín, que estoy loco: esto sufres, y consientes? en la Iglesia he visto agora, y por padrinos los Reyes, del Conde, y de tu enemiga seguidas de mucha gente, y aunque al parecer muy triste, muy quédito, y entredientes el si dijo, cuyo lazo dos cuerpos en uno prenden. Ya salen de la Capilla, y luego el Rey, dicen, quiere partirse para Granada. Ojalá que luego fuese, para que de tantos males me libre una honrada muerte! El Rey te queda aguardando, que luego partirse quiere. . Alto, Lainez, mis armas reflejos al Sol les presten, no le pongas al caballo ricos paramentos verdes, de negra malla le adorna, y aquel caballo prevenme, que viste piel de azabache, sobre pie, y mano de nieve, negras plumas al sombrero, negra seña en el almete, negro pendón en la lanza. A la guerra vas de requien; Dios te libre, que ir de luto funesto fruto previene. No me repliques en nada. Digo lo que me parece, pero voy a hacer tu gusto. . Gusto de quien no le tiene vas a hacer. Ya voy, Granada, porque en ti mi enojo vengue, allí verás por tu daño cuanto en mí los celos pueden: Que ha de haber ríos de sangre, donde mi dolor se anegue. Guarda, Granada, los granos que en tu cascara defiendes, de tus torres, y tus muros, timbre de tus Capiteles, que va el Girón de la Cruz bermeja a buscar su muerte, haciendo mortal estrago en cuantos le resistieren. Guárdate que voy airado, y que soy el que no pierde nombre de buen Caballero, siempre honrado, y noble siempre. Nunca, Malique, a la vez ser General es tenido como agora, ni he temido lo que esta ninguna vez. Y si te digo verdad, no es dudar de la victoria, porque consiste la gloria siempre en la dificultad. Que en el intento que sigo miro por términos llanos, que he de veniro las manos con el Maestre mi amigo. No temo por su valor, sino por el mucho amor de nuestra aminad leal. Muza, no es esta ocasión, cuando el Rey te quiere honrar, para que tenga lugar particular afición. Cuando ves que está en la Vega con nuestra afrenta el Cristiano, que con su atrevida mano la espada, y la lanza juega. No es razón anteponer la amistad de solo un hombre a la gloria de tu nombre, que en riesgo quieres poner. Del Cegrí está defendida Alora, de Reduan C el Ferrí, por Almadan Lorca, que está convatida. Tú, Muza, con el Malique a la voz a Loja ampara, sin que una amistad tan clara por desleal te publique. Estar mi senor aquí? Halí. Alá te desender: todo el Castaño poder venir, senior, contra ti, cubiertos venir los llanos, talando toda la tierra con sangrienta, y dura guerra, animosos los Castanios para poder resistir a Mahoma: su poder muestre. Sabes si viene el Maestre? No te lo saber decir, peenso que querer casar, no venir esta jornada. Si él no viene, todo es nada, no hay que temer, ni dudar, que lo que más claramente me asegura que no viene es el animo que tiene, y nos muestra nuestra gente. Yo defenderé la parte, que a Loja viene a caer, sin que me pueda mover de ella algún poder de Marte. Tú, Malique, ve a la sierra para defender los daños. Estos ardides, y engaños suelen vencer en la guerra. s Haced alto en la falda de esa sierra, ocupando ese llano. Mejor fuera, que por asegurar, ardid de guerra, la sierra con buen orden se subiera, que es peligroso el sitio en que se encierra la gente en este valle. Yo quisiera, porque no haya socorro que le guarde, combatira la Villa aquesta tarde. Que cercar a Granada no conviene, si antes aquestas Villas no se ganan, que nuestro campo cuidadoso tiene, y dé sus armas con peligro estamos: y si socorro la Ciudad previene de bastimento; el cerco dilatamos, aumentando el peligro, y el cuidado. Ese es mi parecer. Y es acertado. Pues están sus escuadras prevenidas, guarde el Maestre el paso de esta fuente, que tendrá las espaldas defendidas del río. No es bastante su corriente, mi vida ha de costar más de mil vidas: dejadme aquí, señor, con poca gente; que aunque tarde volváis, estoy dispuesto a que me halléis en este mismo puesto. No os digo como, pero yo os prometo mi palabra cumplir. Ansi lo fío de un tan grande soldado. En grande aprieto pienso que nos quedamos, señor mío. Tu recelas el mal como discreto, pero temerlo fuera desvarío, cuando estoy loco. A Dios. El cielo os guarde: sin duda moriremos esta tarde. Eso me dices, señor? apelo puedo decir. Traes recado de escribir? Si traigo, mas mi temor saber para que quisiera, mas ya adivino tu intento. Hacer quiero testamento, para que contento muera. La vida me cansa, la muerte deseo, ni huyo el peligro, ni me desespero. Sabes tú, Lainez, si acaso le debo algo a algún amigo? Par diez no me acuerdo. Yo sí, que en Sevilla, las fiestas que hicieron al Rey Don Felipe, que próspere el cielo, libreas, y galas saqué, y así empiezo. Su libro declare lo que aquí no asiento. A Dios mando el alma, a la tierra el cuerpo. Por dos cosas lloro de lástima, y miedo. Mi cuerpo se lleve al Sacro Convento donde los Maestres tenemos entierro. Al Rey, y a la Reina por Maestres dejo, de tan noble cargo dignos herederos. Al Conde mi hermano, si acaso le ofendo, y mis pretensiones enojo le dieron, el perdón le pido. Acude al remedio, porque están de Moros los campos cubiertos. El Rey ha de hallarme aquí vivo, o muerto. Yo bien conocido tuve aqueste riesgo, pero en los peligros ni huyo, ni temo. Mas de veinte mil ocupan los cerros, Alarbes que quitan la luz de los cielos, con flechas que tiran. Así pelearemos todos a la sombra: voy al testamento. Mando a Lainez, mi buen escudero. No me mandes nada, que estoy casi muerto. Mando de mi hacienda, si alcanzare a ello, pues para servir a mi Rey; me veo tan pobre, que apenas unas armas tengo. Se paguen a todos las deudas que debo. Si no te retiras, todos perecemos; no hay otro remedio. Ese no le quiero. Al Rey le suplico, pues que por el muero, haga por mi alma, que a Dios encomiendo. Las cajas te avisan con sus roncos ecos, Retírate, hijo, que este nombre tierno, pues que te he criado, bien dártele puedo. Buen Diego Lalnez, en casos como estos, al arremeter caballo ligero, y a la retirada el buen Caballero, espuela de palo, rocín de madero. Los Moros nos cercan. Santiago, y a ellos viva Calatrava, y mueran los perros. Aquí pagarás el tocino, perro. Hay mayor desdicha. Daca el mano presto. Tu gente estar morta, cógimos en medio, con vida dejar solo un Caballero, que con una espada, mejor que de fuego, tantos Moros mata, que tropieza en ellos. Ese es mi señor. Aquí el cordel tengo para atarte el mano. No aprietes. Si aprieto: por aquellos montes los lleva huyendo. Flechas a ese monstruo tirad desde lejos, pues nuestros alfanjes no son de provecho. A perros cobardes, teméis mis aceros, como a herido toro me vais persiguiendo. Ya de flechas lleva todo el pecho lleno. Jesús sea conmigo. Aquí lo acabemos. Aguardad cobardes, A Dios: qué dolor! ya libre te dejo, para que le ayudes. Con lágrimas puedo solo socorrerle, en el mal que veo. Vitoria, victoria. Aguardadme, perros, que aún estoy con vida, y en el puesto quedo. Hacia aquesta parte el Marcial estruendo da golpes al alma, algún mal temiendo. No se que me altera, que dano sospecho. Muza valeroso, si algo en ti pudieron tantas amistades de obras, y deseos: mira la desdicha, que yo estoy sintiendo, y remedia el daño de aquel Caballero; dígate su nombre la Cruz de su pecho. Ya que con la espada tener no me puedo, deñienda este paso tendido mi cuerpo. A perros, cobardes, que hacéis? deteneos, no quitéis la vida al buen Caballero. Nunca el Rey me diera el cargo que tengo, que fue porque viera. tan triste suceso. Es Muza? Si amigo. En tus brazos vuelvo Muza valeroso, por verte, aunque muero. Mira el cuerpo ya difunto, que está despidiendo el alma del malogrado mancebo, Maestre de Calatraba. El valiente Moro Muza, que era hermano de Avenamar, Rey de Granada, y su Reino, y Señor del Alpujarra: y teniéndole en sus brazos, de esta manera le habla. Cuán desdichado, Maestro, soy, pues vine a ser la causa, que a quien le debo la vida le suceda tal desgracia. Ojalá que yo muriera, porque con eso excusara el eterno sentimiento, que con tu fin me amenaza. Procura sacar la flecha, que fue de su muerte causa. No se atreve, porque teme hacerle mayor el llaga. El Rey viene a socorrerle, porque ya avisan las cajas, que se acerca. Tarde viene; aunque en el puesto me halla. Muza, si a tu hermano sirves, tu gente acaudilla, y guarda. Malique, ya desde hoy nueva ley me rige, y guarda: tú la defiende si puedes. . Santiago, cierra España, a ellos, soldados míos. Mal en la cerca se guarda, huyendo los Moros van. Vejo, el sorte estar trocada. La Villa queda por nuestra; pero que importa el ganalla, si perdemos a mi hermano? Qué desdichada jornada! Maestre, Hermano. Señor, yo he cumplido mi palabra, donde me dejaste estoy. Nunca, Maestre, os dejara. Muza, por la amistad nuestra te pido me des palabra, de que dejarás tu ley, y seguir la nuestra Santa; harás esto? Yo te la doy. Vos, Señor; aquestas roandas veréis de mi testamento, y cumplidlas si os agrada: pobre muero por serviros. El corazón se me arranca. No os aflijáis, pues que muero por mi Rey, por mi Fe Santa, que los buenos Caballeros para esto la vida guardan. Maestre, cuanto ordenáis en- (pliré. Con eso basta, y yo moriré contento: Jesús, ya es tiempo que parta el alma, Virgen valedme, con vuestro Hijo, y mi espada sirva de Cruz a mi cuerpo, envuelto en púrpura, y grana, Ya ha espiraco mi señor. Y todo mi gusto acaba. Y el mío. Y aún el de todos. Y yo llorar tal desgracia. Haced que se lleve el cuerpo donde en un sepulcro se haga, que sus hazañas publique, cuando su tragedia acaba.
