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Texto digital de Las bodas de Bato y Menga

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las bodas de Bato y Menga. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/bodas-de-bato-y-menga-las.

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LAS BODAS DE BATO Y MENGA

V E si lindo es el Garzón, la Novía es mucho mejor. Cese la canción, amigos, de tanta dicha, y de mi bien testigos, y llegad a mis brazos, que el corazón en ellos a pedazos poder daros quisiera, que corto galardón, y premio fuera, a lo mucho que os debo. Con eso a todos obligáis de unevo. Par diez, la Novía es linda. Qué Zagal ha de haber que no se rinda a belleza tan rara? Ergasto, de prata tiene la cara, según relampaguea. Quítese cada cual la galleruza; y haciendo la revellada, que se debe a la gente tan honrada, el parabién les demos. Llega, Melampo, tú. . Juntos lleguemo Gocéis, Joseph, dichoso, por muchos años, vuestro Dueño hermoso y vos, bella Zagala, a quien denguna en belleza iguala, gocéis, libre de engaños, también el desposado muchos años: que hoy en vuestra venida, Nazareth queda toda enriquecida, y en los amenos prados alegres retozan los ganados, celebran vuestras bodas. Y aún a coros también las Aves todas, en verdes facistoles, la bienvenida dan a esos dos soles, de cuyas niñas bellas, reciben resplandor luces, y Estrellas. Bato, no dices nada? llega, y mete también tu Alcaldada. Tengo poca avilencia, por dicho lo tendrá su Revelencia. Llega, no estés medroso. No dices más? Llega, si yo no oso. Pues de qué te acobardas? No son, que no me atrevo. Ve; qué aguardas? Parece te has turbado. No me enturbio. . Pues qué? Se me ha olvidado lo que decir quería, No temas, llega a hablar. Bella María, yo só como es mi nombre. Hay salvaje cómo aqueste! No os asombre, yo só quien só. . Mentecato, Bato te llamas. . Ansí, yo so Bato, y tengo a su servicio: hola, Ergasto, qué tengo? Poco joicio. Su sencillez le abona. Próspere el Cielo tu Personas Y a vosotros el Cielo os vuelva el galardón de este buen celo; pues a favores tales, merecen ser los retornos celestiales. Qué agrado! y qué belleza! Qué discreta! Qué amor! y qué llaneza! Vamos de aquí, que es tarde. Bien decís; id con Dios. El mismo os guarde. Y en paz, y regocijo, de vuestra Esposa bella os nazca un Hijo; tal, que os faque de duelos, por muchos años, sin pensión de celos, gocéis la desposada, Y la veáis por Reina coronada de cuanto el Cielo mira, y el Sol dorado en su carrefaigira Vamos, Melampo, luego. Esperad entretanto que habrar llego, que ya estó algo más ducho, y si empiezo, veréis como desbucho. Llegas, y el miendo pierde. Venga el uno conmigo, que me acuerde lo que decir les quiero. Somos acá adivinos, majadero? llega erguido, y derecho, y sin miedo descubreles tu pecho. Pues ya me delabrocho. Que no te digo eso. . Pues qué? Tocho, digo que te sosiegues, y sin tener empacho a hablarlos llegues. Pues vamos tigo, y migo. Que me prace. . Camina. Ya te sigo. . Será más importante hablarlos por detrás, que por delante? Ponte de hito en hito. Pues no es más mijor decirlo por escrito? . Pues dime, escribir sabes? No, pero sé firmar. Mira que acabes. Ya vo; cuál es el macho? El que tiene barbas? ay tal empacho! Señor. . Id con Dios; qué inocencia! No hay de un jumento abajo diferencia. La letra se aperciba. Bien ha dicho: va de baile, y grita. Dulcísima María, Lumbre clara del Sol; y Luz del día, Nazaret es aquesta, no fértil, ni florida Floresta, ni Alcázar suntuoso de hermosa vista, y frontispicio hermoso, sino una Ciudad pobre, donde, aanque el oro, ni la plata sobre, aquí de mis parientes, en serviros, Esposa, diligentes, como de mí adorada, seréis obedecida, y respetada. Joseph, Esposo mío, Dueño de mis y albedrío, busquen la plata, y oro, el Rico Avaro, el Indio, Alarbe, y Moro, habiten los espacios de Alcázares soberbios, y Palacios, coronados los Reyes, ya derogando, ya poniendo leyes, que yo no busco Altezas, ornatos, vanas pompas, ni riquezas: a vos, Joseph, adoro, en vos, Joseph, mis glorias atesoro; con la humildad me ajusto, esta busco, esta quiero, y esta gusto, que lo demás, presumo parece luz, y ha de acabarse en hamo. Deja bese tus plantas en recompensa de mercedes tantas; y aún es casi ninguna, pues para estar más bien la Luna, desea verse en ellas, y coronar tus sienes las Estrellas; si no es que ya envidiosas, conociendo que son menos hermosas, padezcan mil desmayos, de unas el resplandor, de otras los rayos; aunque si es, cual se cuenta, que a todas de su luz las alimenta el Sol puro, y ardiente, de quien el Sol más claro, y refulgente, tendrás más resplandores, mas luz, mas olaridad, y más ardores. No sé con qué pagaros mas, Joseph, que en serviros, y adoraros, pues sois de inclinación tan pura, y casta, que con acompañaros, para serlo basta; y pues sé qué es tan pura, que habéis de darme gusto me asegura, quiero ahora pediros una merced. Gloria será el serviros. De la Tribu de Juda, Señor, y Esposo Joseph, han sido mis ascendientes hasta mis Padres; de quien las costumbres, las acciones, y el ser que tengo, heredé los nombres, y las haciendas de cada uno; por no ser prolija, dejo al silencio. Y porque fuera también proceder en infinito, y de esos globos que ves, detener los movimientos, y en breve espacio correr tantos piélagos de espuma; y así, solamente iré a mi intento, anteponiendo la humildad a la altivez. Mis Padres fueron Joachín, y Ana; mi Patria fue Nazareth, hasta que al Templo de la Gran Jerusalén me llevaron, aunque indigna de poner en él los pies. Y fue, porque Ana mi Madre, viendo, que hasta la vejez fue estéril, me dedicó el ser Virgen; y después, que con mi poco discurso en la castidad hallé el Tesoro de Tesoros, con que al Gran Dios de Israel le agrada tanto, yo misma a este Señor dediqué la mía, con voto estrecho; y tanto, que solo el adorarle, que en la suya mi voluntad resigné. Esto os pido, dulce Esposo, querido Dueño, esto es lo que vuestra Esposa humilde suplica, puesta a esos pies. Si esto, Señor, permitís, si esto en vuestra gracia hallé, tendréis siempre vuestra Esposa aprisionada a una fe, un albedrío sujeto, una Esclava por mujer, que os adore, que os respete, que os sirva, que en todo os dé lo que puede, quien os ama, si no lo que merecéis. Alzad, Esposa, del suelo, que el Cielo, que gracia os da, viéndoos así, bajará a alzar del suelo, su Cielo. No eclipséis las luces bellas de su fulgente farol, que sois el Sol de su Sol, y quejarse han las Estrellas. Daros gusto está a mi cuenta, y porque veáis que sé corresponder vuestra fe, escuchad. Ya estoy atenta. Dios, cuyo inmenso poder, la máquina universa! de nada, con solo un fiar crió, después que dio a Adán el ser, y de su costilla formó la que tanto mal causó, dejándonos hijos de ira, y enemistad de Dios, le dio descendencia: Y para posteridad mía, quiso preferir a Seth, entre los demás; Seth, después engendró a Enos; Enos, engendró a Cainan; Cainan, a Malaliel; Malaliel, siendo de edad de setenta y cinco años, a Enoc, Siervo de Joab; Enoc, a Matusalén; Matusalén (según Juan Evángelista) a Lamech; este, a Noé, que el arar la tierra inventó; Noé, engendró a Jaseph Sencan: Y después que en este tiempo, de las aguas el raudal, levantando sobre montes, montes de espuma, y cristal, y oprimiendo altivas cumbres el impetuoso mar, hizo grutas de sus peces las cuevas, que al animal terrestre dieron albergue: y en uno, y otro huracán hallaron sepulcro aguátil los hombres, sin reservar de la muerte el duro golpe; mas de lo que la piedad Divina libró en el Arca, engendró: Sen, a Arfajad; Arfajad, a Salé; y luego Salé, Alber (de quien dan a los Hebreos el nombre) Alber, engendró a Faleg; Faleg, a Regú, que Ragán llamó San Lucas (según por tradición suya está) este, a Nacor; y Nacor, a Taré; y Taré, a Abrahan; Abrahán engendró a Isaac; Isaac, a Jacob: y como la Glosa Interlineal, y San Anselmo nos muestra, se denota en Abrahan; la Fe; en Isaae, la Esperanza, y en Jacob, la Caridad. Tuvo a Zarán de Tamar después de Parés; Pharés, a Esrón; Esrón, a Arán; Arán, hijo de Efrón, engendró a Aminabad; Aminabad, a Nasón; que dejando su Lugar en Egapto, salió de él, y por su esfuerzo; alcanzar pudo nombre entre los suyos de Príncipe, y Capitán, que rigiese, y gobernase a los Tribus de Juda. Nasón, engendró a Salmón; Salmón, a Bez en Raab; Boz, a Oved de Rubé; Oved, a Jesé, que Isaac llaman todos los Interpretes; Jesé, a David, el Real Profet; y el Rey David, en la gracia, y amistad de Bersabé, a Salomón; Salomón, y Roboan; Roboan, a Abias; Abias engendró Asá; y Asá, a Josaphae; este luego engendró a Jorán; jorán, engendró a Joatán; Joatán, propagando nuestra Estirpe, engendró a Acaz; Acás, a Esequias; Exequias, ies que aunque m comenzó, tuvo los fines en la gracia, y amistad de Dios; Manasés, a Amón: y este, queriendo imitar de su padre las acciones, siguiendo en la mocedad los vicios, y los deleites, entendiendo, que enmendar podría después su vida, sus criados en agraz la quitaron, porque sirva de escarmiento a los demás. Amón, engendró a Josias, Varón ilustre, y fagaz; Josias, a Jeconías, y sus hermanos, en la transmigración, que se hizo de Salen a la Ciudad de Babilonia; y después de aquesta penalidad, Jeconias engendró, perdida la voluntad, a Salatiel; Salatiel, a Zorovabel, que ya redujo a Jerusalén, llamada Visión de Paz a su Pueblo, a quien Nabuco tenía en cautividad. Zorovabel, a Abiad, a quien otro nombre dan; Abiud, a Eliaquín; Eliaquín, a Azor, igual a su padre; este, a Sadoe; Sadoc, a Achín; Achín, a Eliud; y Eliud, a Eleazar; Eleazar, a Matán; este, a Jacob, que es mi padre natural. Estos son mis ascendientes, cuya memoria inmortal será a pesar del olvido, Y de la envidia mordaz; y aunque todos, como debo, se puede verificar, propagaron nuestra Estirpe. Yo, que el ser estimo en más vuestro Esposo, que tener del Mundo, y mil que criara del Gran Dios la potestad, mi gusto está en daros gusto; mi gloria en la vuestra está, agradaros selicito, y serviros; que ha demás, que en aquesto nada os sirvo, que si vos, Esposa, amáis la castidad, vuestro Esposo también quiere castidad. No soy mío, vuestro soy, en mí, Esposa, granjeáis un Esclavo por Esposo, rendida una voluntad, una fe firme, un rendido albedrío, una leal amistad, que en todo os sirva; que en todo obedecerá vuestro gusto vuestro intento, y un Esposo, que os dará, si no riquezas, y pompas, el alma, y vida, que es más, Y yo contenta de oíros, estoy tan agradecida, que deseo tener vida, solo, Esposo, por serviros. Quién ha sido más dichoso! Qué dicha iguala a la mía! Vuestro soy, dulce María. Vuestra soy, querido Esposo? Qué te congoja? qué tienes, señor? De qué estás suspenso? que estás sin aliento pienso. Tarde a consolarme vienes. Después que el Trono perdiste de aquella encumbrada Silla, a tus plantas no se humilla el Reino dónde caíste? No eres señor absoluto del Infierno furibundo? no te está sirviendo el mundo, dándote de almas tributo. No están todos tus secuaces a tu mandado obedientes? Dime, Luzbel, lo que sientes? Q , saci el rabioso sentimiento de mis insufribles penas, de descanso, y gusto ajenas. Dilas, pues. Estadme atento: Todos pecaron en Adán los hombres de Dios, perdieron la amistad, y gracia; y quedando después, porque te asombre, hijos de ma dición, por su desgracia lo fueron míos, dándome renombre de su Rey, y señor, por mi falacia; y alguna vez vi a pique de ser mío, para siempre del hombre el albedrío. Pues de Dios indignado el brazo fuerte por culpas insufribles, y pecados del hombre, que engañado se divierte, envió contra los hombres desdichados lago upiversal, y común muerte, sin dejar a ningunos reservados, mas de aquestos, que puestos en el Arca, perdonó el golpe fiero de la parca. Para esta acción tremenda, y prodigiosa, y de los que quedaron escarmiento, de los rayos del Sol la luz hermosa oscureció, y paró su movimiento, volviendo el día en noche tenebrosa; pues mostrándose escaso, y avariento, porqué el hombre conozca su fortuna, negó los alimentos a la Luna. Sopla el Cierzo feroz desde el Oriente, y el céfiro, que manso, y bullicioso corrió tal vez, dejando su accidente; rápido se le opone, y animoso, sin tener de Neptuno su Tridente, el Astro frío, y Boreas proceloso, con las aguas se encuentran, y al encuentro cruje oprimido de la tierra el centro. Saca la frente airado, y torvulento el Dios Neptuno, y las alcobas deja, que le dieron aguátil aposento, y a Tridente con rigor navega, por dar más furor a su clemencia, undoso, sacudiendo su madeja, raudales de sí mismo precipita, más inunda, y piélagos gomita. El mar embravecido, y borrascoso, sus olas encrespadas levantando, al Cielo sube inquieto, y espumoso, al más excelso monte amenazando, a cuyo movimiento proceloso el Sol mismo en su Esfera está temblando: señal clara, y anuncio, que adivina del mundo miserable la ruina. Lóbregas nubes, densas, y preñadas el aire ocupan, y la tierra oprimen, y unas con otras juntas, y eplazadas, parece que sintiendo el peso, gimen; y haciéndoles los vientos estacada, rayos sirven de espadas con que esgrimen, antes que entre sus aguas anegado dejen al hombre triste, y desdichado. A veces con relámpagos alumbran de la tierra los más profundos senos; si bien los ojos al ver, deslumbran de los que estaban de su luz ajenos, tempres propagando, con que mudan en repetidos, y feroces truenos, cuyo estrépito horrible, y alborotos, sus hondosas moradas dejan rotos. Cansadas de tener el peso, sudan, destilando el humor que las conjela, los truenos en diluvio el agua mudan, a que esta inunda, y aquel bramando vuela, el combate entre sí, si no lo dudan, dudosa la victoria del que anhela; si bien, ni duda, y muestra que le pesa goce Neptuno el triunfo de esta empresa. El aaroyo, que manso, y apacible comunicó a las flores su corriente, convertido el susurro en son horrible, de los ríos imita los raudales; y el río, que con nombre de risible se sustentó de pobres maniantales, nombre de mar alcanza, si merece nombre de mar quien tanto le parece. El viento en levantados torbellinos, Casas, Torres, y Alcázares derriba, y divididos en varios remolinos, del jugo de la tierra al árbol priva, arrancando ya encinas, robles, pinos, llevando con furor, y violencia aquello donde halló más resistencia. La furia de las aguas, y los vientos temblar hacían la arrugada tierra, sacando de su centro, y sus asientos, ya los montes, ya la nieve de su sierra formando los discordes instrumentos, entre si combaten, y hacen cruda guerra, sobre cual la venganza tomaria del que perdió a Jeova la cortesía. Todo es asombros, voces, y alaridos, confusiones, desdichas, y temores, llanto triste, sollozos, y gemidos; en la tierra borrascas, y rumores; en el aire espantosos estallidos; y en los vientos penas, y dolores, cuyo tumor, y repetidos ecos se oían de las penas en los huecos: en, tanta confusión, y desventura, a los hijos el padre desampara, sin detenerle el llanto, y la ternura de su mujer, del alma prenda cara; y en las profundas cuevas, y roturas de la tierra, en lo más oculto para, por huir del furor, y fin violento, donde después halló sumo momento. Al retúmbar de tanta grita, y lloro, hasta las mismas fieras se enternecen: ruge el León, brama el fiero Toro: los montes, y los valles se estremecen: las Aves, que con canto tan sonoró, a las piedras suspenden, y enmudecen, de altas peñas pedazos se desgajan; al caer rompen pinos, robles rajan, cual de los hombres sube, por librarse, afligido, y turbado al alta torre del peligro, pensando así escaparse, cual presuroso por los valles corre, y cual viéndose a pique de anegarse, y que nadie le ayuda, ni socorre, temiendo de la muerte la fiereza, al tiempo acaba, que su llanto empieza. Las aliferas aves, y veloces, vagantes vuelan por el aire vano: las fieras fugitivas, y feroces, suben al monte, despojando el llano, donde triunfa con muertes mil atroces, el rigor de las aguas inhumanos, donde a un tiempo (notable desventura!) les da violenta muerte, y sepultura. Las más ocultas cuevas, que a los brutos dieron bestial albergue amedrecidas, al escamoso pez sirven de grutas, quedando ellas en agua sumergidas, y las sierras más ásperas, y enjutas, de su mucha altives desvaneridas, porque allí de soberbias no presuman, sus altas frentes montes de agua bruman. Era de ver allí mansas ovejas balar por el Lanifero Cordero, formando unas con otras justas quejas del injusto castigo, y rigor fiero. Y también de meliferas abejas ver la seca corteza del madero, que antes que se destroce, o se destrabe, la que comelna fue, parece Nave. Todo, en fin, cuanto el Sol gira, y abares de Polo a Polo, en su infinita suma de montes de cristal, en que la Barca, o Nave gruesa venza sus espumas, quedó borrado, y solamente un Arca, a quien sirvieron, en lugar de plumas, tres leños, con que del Diluvio escapa, venciendo a mi pesar del agua el Mapa. La hija de Jeumantes Corva asoma de paz con mútil firme vestidura, por celajes de nubes, la Paloma; con el ramo de oliva asegura de Dios la ira, y luego puesto toma la alta portátil Casa en tierra dura; donde a la Estirpe humana, con él absorta, el duró vientre de madera aborta; vuelve a propagar desde este día la humana descendencia poco a poco, hasta que esta Doncella, esta María, que a mi pesar su mismo nombre invoco, cumplirá la Sagrada Profecia, con que a infernales furias me provoco. Esto temo, esto lloro, aquesto siento, esta es mi furia, aqueste mi tormento. Si al hombre de esta fuerte sumergido en prisiones horribles, y espantosas, y en fuego de alquitrán tienes metido, destierra las sospechas mentirosas. Ay Satán, que me tiene sin sentido, el decir, que con manos poderosas esta Mujer, para que más te asombre, me ha de quitar la posesión del hombre; porque, según sospecho, y imagino, nacerá de ella, aunque se oculta el como, mi mayor enemigo. Es desatin el descubrirlo yo: a mi cargo tomo, saliéndole mil veces al encuentro, hasta saber si es Dios. De fuego, y plomo una cama le mando. Yo la acepto, y de saber si es Dios también prometo. Tú verás, pues, como estos brazos siempre están de tu parte furibundos, y haré, si gustas de ello, que pedazos vuelva a romperse el mundo, y dos mil mundos. Tenderé nuevas redes, nuevos sazos, que de almas nos ocupen los profundos; a las mazmorras del Infierno oscuras, pondré de nuevo fuertes cerraduras. Serás de todos mi mayor amigo, si eso cumples. Que lo has de ver espero, y aunque baje, cual temes, tu enemigo a ser Hijo de un pobre Carpintero, verás (oh gran Luzbel) que le persigo, hasta verle clavado en un madero. Pública, porque el hombre vea, guerra contra el Mesías. Guerra, guerra. Aquel Eterno Dios por Isaias promete (oh maravilla milagrosa!) que de una casta, y virginal Doncella, nacerá entre los hombres el Masias, dejándola por traza prodigiosa más intacta que el Sol, que el Cielo bella, más clara que una Estrella; pues como el Sol ardiente, cuando más reverbera, pasando la vidriera, la deja clara, pura, y transparente. Así el Sol de Justicia saldrá el Cristal, dejando sin malicia: (Oh gran Dios de Israel incomprensible, qué inescrutables son tus maravillas!) porque diversos modos, porque asombre, haces, que lo imposible sea posible, como muestras, cuando así te humillas, hacerse Hombre Dios, y Dios al hombre, permite que mi nombre, pues tu nombre engrandezco, de esta que al mundo ala Esclava de su Esclava: Mas ay, que aún ser Esclava no marezco de la que ha de ser Madre de aquel que ha de ser Hijo, siendo Padre. S ete el Dios de Isaac de gracia llena, el Señor es contigo, y tu bendita te llamas entre todas las mujeres. Qué es lo que de mí misma me enajena? qué embajada tan buena, y inaudita! Divino Embajador, qué es lo que quieres? Sosiega, no te alteres, gracia hallaste en la gracia. de aquel, que a saludarte me envía: pierde, pierde el recelo, que Nuncio soy, enviado a ti, del Cielo. Concebiras, y parirás un Hijo, a quien has de poner) EsUs por nombre: y dejándote Virgen, y Doncella, será del Cielo, y Tierra regocijo, que al hombre ensalce, y al In fierno asombre, Tú, Soberana Reina, eres aquella, de quien dijo Isaias, nacerá el Dios Eterno; ya pasó el duro Invierno, y en ti se han de cumplir las Profecias, que a tus Entrañas Puras quiere bajar el Dios de las Alturas. Paraninfo Divino, yo no entiendo como con humildad se compadece lo que promete su Divina Alteza; y sin esto, ni hallo, ni comprendo como conseguiré lo que en mi ofrece, pues varón no conozco, y me provoca mi humildad, y bajeza, y todo me asegura, que este bien merezca, ni que helada me ofrezca, tan a manos colmadas, la ventura: no soy, no soy yo esa, que merece del Cielo ser Princesa. Solo sabré decir, que soy Enviado por Paraninfo de este Desposorio, y a Nazareth, Señora, vuestro suelo: el como se ha de hacer, fue reservado Espíritu al Y ansí podréis, Señora, sin recelo, dar el Si venturoso: librad de tantas penas los Padres, que en cadenas aguardan la venida de este Esposo, vean sus dichas ciertas, (puertas. mirad que aguarda Dios a vuestras Ya los acordes, y Celestes Coros aperciben la celica armonía que suspenden los Orbes Celestiales, acentos alternados; y sonoros, celebrarán de todos la alegría, que ha de dar nueva vida a los mortales. Ya pasa los umbrales, dad el consentimiento; mirad, que el Dueño mío, cubierto de tocío, quiere en vuestras Entrañas aposento, vuestra piedad le abra. (palabra. Cúmplase en mí, Señor, vuestra Pese al Turco, y pese a tal, con tanta nieve, y granizo. Pese a quien Pastor me hizo. Quién habido Invierno igual? Qué bien el Cielo despacha hacia acá copos de nieve! Todo es nieve cuanto llueve. Esta Luna está borracha. No fuera mucho mejor ser Zagal de estos, que ergidos en lana, y borra embutidos, como amagos del Señor, gastan el tiempo, la vida en solo comer, y holgar, que no por el campo andar, mal guardada la comida, al frío, a la escarcha; al hielo Yo os digo, amigo Doristo, que a más de dos he yo visto con sombrero, y creruelo, que con mucha ostentación de nobles, y varios trajes, tienen, porque no te ultrajes, la comida en relación; cuanto mejor es pasar del frío, y hielo el rigor, y comer, siendo Pastor, que siendo Hidalgo ayunar? Melampo ha dado en el chiste, que yo sé también de alguno, que le cuesta buen ayuno lo que caíza, y lo que viste. Aténgome a mi zamarro, y a mi pardasco capote, y a coger de bote en bote, de blanca leche un gran tarro, con un caldero de migas, que después de satisfecho mi buche, y panza, les echo a todos juntos seis higas. Lo demás es desatino, que el trabajo nuestro es leve; que a cintarazos de nieve, hay estocadas de vino. Bien decís, venga la bota, que ya zohondido, callo. Esta tiene ojo de gallo, que vale un real cada gota. Pues bebed, y beberemos. Voto al soto, que esta vez ha de quedar pez con pez: brindis. La razón haremos. Hola, Melampo, qué digo? es para hoy? bueno está: ya escampa; mas arre allá. Qué bien sabe. Ah buen mosquito. Bien haba tan buena Planta, que tal Hijo nos parió. Ahora me enseño yo a hacer pasos de garganta; tened cuenta. Amo, si quiero: Doristo, esto va de rota por Dios, que vos, y la bota reñís muy bien, cuera, cuero; ofrézcote a Barrabas. y como a beber te aliñas, ansi lo lleven las viñas. Dejar, daré otro compás. Eso no, porqué barrunto, según andan las refriegas, que no hay vino en dos bodegas para hacer tal contrapunto; esta vez la bota acoto: yo bebo. Yan juro años, que aunque decís de los dos, que no sois vos mal piloto. Eso sí, cargar, cargar, todo el cuero desocupa; ay de puerca, cual lo chupa. Hasta cuándo ha de durar? a esotra; pues aún porfías? vele a la mano, Melampo. Terrible estáis; ya escampo: en descanso el alma esté de aquel, que fue el inventor de tan precioso licor. Y quién fue, Ergasto? Noé: Bato viene. Dios os guarde: esos son vuestros desvelos, y a mí, que me papen duelos. Para qué vienes tan triste? Como nada os causa pena, todo es comer, y beber, un pracer, y otro pracer. Pues dinos tú, qué te inquieta? qué, no puedes tú también gozar de esta gloria? y bien, has dado, Bato, en Poeta? Eres casado? Prior. Prior qué casado? malo; andas berriondo? Palo. Eres casado deudor? Más mal hay. Qué puede ser? Baro, tu mal es mortal, no tiene cura tu mal. Yo no sé qué pueda ser. Mera; yo ando pensativo; ni duermo, como, ni bebo: yo me acobardo, y me atrevo; tal vez muero, y tal vez vivo; tal vez río, y tal vez lloro. Unas veces es cumprida la gloria, que vi perdida; otras veces imploro, y parece soy de hielo, y este pecho me traspasan unos quillotros, que abrasan; y en lugar de dormir velo. Tal vez tengo calentura, sin tener enfermedad; siendo de tal calidad, que tiene cura, y no tiene cura. Y en fin, yo me voy, y vengo, y en una parte me estoy; y con todo, aún no sé yo empergeñar lo que tengo. Tomaos esa quesicosa. Tal no entendiera por Dios. A cualquiera doy de dos que la acierte. De cuatro, es dificultoso. Valas me Mi pergeño no lo alcanza. Si se le ha entrado en la panza algún dimuño? . Arre allá. Cuánto va que tiene hechizos? Qué son hechizos? Las Brujas los hacen con bebedizos. Pues no es hechizo mi daño, que de Bruja no procede. El mal sabiondo no puede pergeñarlo en todo el año. Llevémosle al Sacristán, que es hombre de buen capricho. La verdad Doristo ha dicho. Y nadie dará más bien el remedio que convenga. No, Melampo, no es buen medio. Pues quién nos dará el remedio? Ninguno habrá como Menga. Que en Menga está tu salud? habrá rayo, guarda Pabro. Toma el enfermo del diabro. Concertadme este Laud. Linda ha estado la maraña. ̱. Vamos, que muero por bella, y está mi remedio en ella. Pues vamos a la cabaña. Qué tenéis, dulce Esposo? qué es, Señor, lo que os priva del reposo? Nada dulce María: mas cómo a hablarla llego? ay honra mía! Joseph, la causa ignoro: bien sabéis, que os respeto, y que os adoro; de qué es vuestra tristeza? Que tal mancha cupiese en su o Si está preñad si serán ilusiones mis desvelos? mas de qué estoy dudoso, si a mi pesar lo veo? Ay dulce Esposo, como es ya conocido lo que os tiene con causa suspendido! quien deciros pudiera, que la preñez, que pena os da tan fiera, y mi honor asegura, es obra del Señor, de vos ventura! Descubriré el Musterio a mi Esposo Joseph, que tiene imperio, en la mitad del Alma? Diré la causa que le tiene en calma? Direle, que el que rige al Cielo, y Tierra, por Tutor le elige, y Putativo Padre? L Diré, que soy del que es Padre, Madre: Déjatele en sus dudas satisfecho? Mas no, que ser podría, si descubriese ansí la dicha mía; que me desvaneciese, y la altivez a la humildad volvieses ni quien será creible, que ser Virgen, y Madre es compatible! Del Señor es la Prenda, y pues es del Señor él la defienda. . Ya se ha ido mi Esposa, y satisfecho; siento abrasarle el pecho: ha pena rigurosa! Que siendo tan atroces los delitos al Cielo, no den voces! Ay honor ya perdido! Ay de mí, Esposa ingrata! por que tu honor a quien te adora, mas Pero Joseph, qué es esto? vos, de aquel Ángel puro, de aquel Torreado Muro, de aquel mirar honeno, a formáis quererlas? lo veis que objetar a las Estrellas? nas si lo vi, qué dudo? Como admito disculpa, si es su preñez la culpa? más Cielos, como puede cometer tal vileza, quien excede a los Cielos en pureza? Aquellos ojos bellos, hermosísimos Soles, del Sol claro, faroles. Aquella boca, aquellos de clavel ricos labios, pudieron en mi ofensa hacer agravios? Aquel eburneo cuello, aquella hermosa frente, de dos Soles Oriente. Aquel rubio cabello, en otros brazos viles pudo imitar flaquezas femeniles? os engañasteis ojos. Es verdad, ojos tristes, lo que a entender me disteis, o son vanos antojos, que forman mis recelos, loco de agravios, y abrasado en celos? Ojos, volved a informaros; volved a la experiencia: mirad, que es nocencia; pudisteis engañaros: más ojos, no hagáis nada, si habéis de verla por mi mal preñada. Creeréis, Joseph, que aquella blanca, y mansa Paloma, que al más lascivo doma, su honor mismo atropella, creeréis bajeza tanta, y tal traición de vuestra Esposa Santa mas ay de mí! que es cosa cierta mi deshonra, pues veo después que mi imineo, mi honra, y vida mu estra, Y entre tantas desdichas, en llanto triste, convertidas dichas, María preñada, Cielos? sin tuvo; y toda mi alegría, ansi María ofende la fe mía? desprecia mis desvelos? adúltera mi Esposa? ayer María Santa, hoy sospechosa? Ay Cielos, quien no fuera de Estirpe esclarecida! quien perdiera la vida, y el ser también perdiera! quien no hubiera nacido, antes de ver mi pundonor perdido! Hay honra! ausentareme de aquella prenda amada; iré a la Scitia helada, o a la ardiente Libia: ireme a habitar entre Scitas, entre incultos, y bárbaros Levitas. Mas cómo, pensamiento, ansí dejáis venceros, posible es, que ofenderos pudo aquel Ángel? miento; miente la lengua, miente quien lo contrario de mi Esposa sienta Y cuando fuera acaso cierto el daño, que temo el fuego en que me quemo, y el incendio que paso, pudiera yo dejarla, y por infame adúltera acusarla, pudiera ver atadas aquellas tiernas manos, y de hombres humanos, heridas a pedradas, y en penas tan crueles, verter sangre sus labios de clavele Pudiera, por ventura, ver al Sol Eclipsado, su rostro mal tratado, despreciar su hermosura? Pudiera, sin cogerlas, ver de sus bellos ojos verter rlas? no pudiera; pues como, sin mirar lo que debo, a su beldad me atrevo? ni aún en la boca temo, que una Paloma pudo fácil romper de la amistad el nudo: El sueño me divierte, que solo mi desvelo pudiera halsar consuelo; en quienes, de la muerte imagen parecida, porque solo muriendo, tenga vida. Joseph venturoso, y Santo, descendiente esclarecido de David. Quién me nombra? . No temas, Joseph dichoso, pues de los vanos celos, que de María has tenido, convierte la pena en gloria, la tristeza en regocijo. Sabed, Joseph venturoso, que es más pura, que el Sol mismo, la Esposa que te dio el Cielo, en cuyas Entrañas quiso, para salud de los hombres, estrecharse el infinito. Obra es de Dios reservada al misuio Autor que la hizo, y quiere en ella ostentar maravillas, y prodigios. Presto, felice Joseph, te nacerá de ella un Hijo, de quien siendo Padre tuyo, serás Padre Putativo. JESUs le pondrás por nombre de quien el oscuro abismo ando al hombre, de menesteroso, rico. Este es el tiempo, en que todo; los Proféticos Escritos, según Isalas, y otros, serán por su bien cumplidos. Descenderá a los Infiernos, y libertara del Limbo los Padres, que ya le esperan. Y subiendo al Cielo Impíreo, con ellos reinara Dios, por los siglos de los siglos. Soberano Nuncio, espera. Queda en paz. Oh Paraninfo Celestial, detente, aguarda, mientras que tus pasos sigo; mas qué es esto, Cielo Santo? estoy despierto, o dormido? Dios en mi María, Cielos? Dios en mi pobre Cortijo: Alcázar de Dios María? María de Dios Archivo? mi María de Dios Madre? y Dios de María Hijo? María mi Esposa, y yo Padre de Dios, aunque indigno? Dios humanado en María? el infinito, finito? el imposible, posible? el inmenso; circunscrito? Dios, y Hombre en un sujeto? sujeto al calor, y al frío? Joseph Padre, sin ser Padre? Dios en mi María habita? María habita conmigo? Joseph, con María, y Dios? con los dos, Joseph abrigo de Dios y Dios de los dos es Hijo? María sustenta a Dios? Joseph a los dossDios mío, respeta a Joseph? Joseph, Padre del mismo que le hizo, el más pobre de los pobres, el más bajo gusanillo, de cuantos alumbra, y cría el Sol con ardientes giros? Padre de Dios, como tengo, cuando esto contemplo, juicio? bruto no, racional soy: no soy hombre, monstruo he sido, pues en tanta gloria, y gozo no me acaba el regocijo. Catoras Aves a coros, para qué queréis los picos? para qué las hojas, árboles? para qué las lenguas, ríos? Animales, peces, hombres, decid todos: Benedictus Dóminus Deus Israel, quia visitabit, fecit redentionem plevís fue, que yo también le bendigo. Mas que fuera, si engañado, mas qué fuera, si ofendido dejado hubiera a María, y entregadola al suplicio? Que fuera, si en los escollos, y entre los duros vacíos del mar de mi confusión hubiera dado, y rompido la. Nave próspera, y rica, que a los hombres trae el trigo? Arcá donde Dios se encierra, Orno de Amor, Vaso fino, Ciudad Santa, Huerto hermoso, jardín del Amor florido, Templo, Escala, Zarza verde, que el fuego trae hoy consigo. Árbol de vida, Muralla fuerte, dichoso Navió, que trujiste a aquesta tierra este Tesoro tan rico. Espejo de Dios, Estrella, Nácar bello, Concha, adonde cayó el Colestial Rocío, de quien nacerá la Perla, que ha de rescatar Cautivos. Siempre confieso mis hierros, que he sido ingrato, que he sido desleal, que no merezco besar la tierra que piso. Voy a pedir a mi Esposa, desengañado, y corrido, de las ofensas, perdón, de los delitos, castigo. Esta es la cabaña, Bato, animate. Cómo puedo, si estó tembrando de miedo? Tú eres lindo mentecato. Pues dinos, qué te acobarda? No sé, juro a mí; dejadme. Quiéres, Bato, que la llame? Sí, Doristo; más aguarda: si viene, qué la diré? Pues ahora en eso estás? lo que quisieres dirás. En viéndola, no sé qué. Dirás que es dulce, y suave, y más que la Luna hermosa. Y he de decir otra cosa? porque eso ya se lo sabe. Nada contigo aprovecha. Tengo tan pegado el amorio, que dejara de ser mío, por ser de mi Menga Mengo; porque es, aunque Carrasqueña, tal, que ninguna Zagala, con su hermosura la iguala: pues qué diré de la greña? Querrás decir los cabellos. No hay crín de caballo, o haca, si Menga los suyos saca, que se compare con ellos. Pues aunque mujer ninguna no piensa (aunque piensa mal) que hay quien pueda ser su igual, aunque entre el Sol, y la Luna, Con todo eso, todas quieren que las digan, son hermosas; y son tan vanagloriosas, que si no lo dicen, mueren, Y si les da otro consejo su espejo, de él no se fían, y que estas todas porfían su defecto en el espejo. En qué te ha favorecido Menga, que así la encareces? te ha mirado? Muchas veces, y ayer allá en el egido, donde mi ganado está, jugando la di una coz, y encaramando la voz, volvió, y dijo. Qué? Arte allá; y luego de esto obligada Menuo, tras mi arremetió, y en los lomos me pegó una disforme palmada, que me aturdió las orejas, y un pellizco. Favor bravo! Que aunque de ello no me alabo, la he carcado las ovejas muchas ve Elado viene con su zurrón; y cayado. Ya mi enfermedad me ha dado Ponerte érguido conviene. Habla tú por mí, Melampo. El Cielo os de larga vida. No en balde con tu venida está tan alegre el campo. Habéis vido mi revisco andar por acá perdido? Yo sé Menga, quien le vido, Adónde, Ergasto? En mi aprisco. Llega, Bato, a resquebrarla. Eso no, sana la quiero. No me entiendes, majadero. Pues qué? Que llegues hablarla. Eso de habrar, so contento; ha de ser a ella? Sí. Habrarela desde aquí? Llega, y dila tu intento. Y si me da un torniscón, o una coz de las que arroja, cuando conmigo se enoja? No hará, goza la ocasión. Menga. No tengas empacho. ̱. Tú eres hembra? Quién lo duda. Si te quiere bien, pescuda. Que me prace, yo so macho, Y pues? Craro se está ello. Si el cochino a la cochina, y si el gallo a la gallina, y a su camella el camello. Si quiere a la perra el perro, y el gato a la gata ama, y en el campo érguido brama, por su becerra el becerro. Y si tiene también ley, con la bórrica el borrico, la vegua con él potrico. Si busca a la gueya el guey, el cárnero a la carnera, y somos también mosotros macho; y hembra como esotros, es mucho que yo te quiera? Querías apercollarme? tira afuera, yo a morir. Eso, Menga, es desvarío. Por demás es proidiarme. Pues di, Menga, qué Zagal es tanto como yo erguido? Ay quien en todo ellegido mejor ajove un costal? quien luche, quien brinque, y corra tanto como yo, ni quien al morro juegue más bien? Mas quiero estarme machorra. Ruégáselo tú, Melampo. Ea, Menga. Aparta allá, o un cáchete llevará. Es poner puertas al campo. Pues si un instrumento cojo al pie de alguna carrasca, quien mejor que yo lo rasca, ni cante, si el chorro arrojo? Voto al Sol, que tiene razón, que el otro día le oí, sin saber quien, y entendí, que groñía algún lechón. Allá a Gila. Achoques nuevos. Podéis ir a hablar tacaño. Eso, si yo no me engaño, elos so No si no huevos. Pues de qué? Voto a mi sayo, que es decirme, que estoy loco: Pues decidme, Bato, es poco de Gila haber sido Mayo? y sin eso, el otro día dalla el pie? Qué desatino! qué Bato allí le diera! Resquiebros, eso está llano de Batoy yo bien sé, que si Gila le dio el pie, él se tomaria la mano. Esas son maginaciones, y quimera de mujeres. Dinos, Menga, si le quieres, y acortemos de razones. Digo que sí, si hay lealtad Si habrá, a él llega. Lléguese él. Lléguese ella. Ea, las manos os dad; también tú tienes enojos? Pues es mucho que los tenga de Menga, si sabe Menga, que es la niña de mis ojos, y ahora con eso sale? voto al soto, que me corro. Ea, pues, no deis de morto. Llega tú, la mano dale, que está con razón mochino. Yo también estoy ceñida. Pues para quitar de duda, partid ambos el camino: trae a Bato tú, Dotisto, yo a Menga llavaré. Yo de Crego servirés Vamos, Bato. No resí Melampo, la mano venga. Mira si están enlazados: Dios os haga bien casados. Ya son uno Bato, y Menga. Suelte luego; y como aprieta, la mano está como un higo. Oye, mire que la digo, que si desde hoy no me respeta como a su marido, y amo, por alto ha de audar la tranca. Pues entendéis, que so manca de lengua? engaño me llamo; vos a mí tal vituperio? No alcéis, Menga, tanto el eco, que habrá la coz, que os derrueco, que pueda habrar de misterio. Bien me estaba yo en mis trece. Ea, Bato, no haya más. No la ofenderé jamás; mas que a mí, si me obedece. Yo obedeceros? mal año; yo sujeta? Ya se aplaca; vos pagaréis, si hay estaca, lo de hogaño, y lo de antaño; por eso, seamos amigos, si queréis en sana paz mos comamos, sin agraz, de la boda los bodigos. Yo os entendere las tretas. Vamos a avisar al Cura, que os eche en la sultura. Yo yo por mis castañeras. Insufrible, y rigurosa ha sido la injusta le lecí contra todos, dulce Esposa, para todos es penosa, hasta el Etiope Adusto, o sea justo, o sea injusto, persona está reservada, sin que pague, empadronada, tributo al César Augusto. Señor, eso os da cuidado? eso, Señor, os da pena, y del gusto os enajena? yo entendí, cuando eclipsado, Esposo, y Señor amado, vi vuestro Divino Cielo, que del pasado recelo, todabía temeroso, a vos, mi querido Esposo; os duraba el desconsuelo. Yo recelo? yo temor de vos, Esposa querida? mi fe dejáis ofendida, mal satisfecho mi amor: Si tuve temor, fue error, mal fundados los desvelos, engaño fue el tener celos, ofenderos, fue celaros, y en lo que soy no estimaros. Fueron de mi fuego celos. No es eso, dulce María, lo que aflige a vuestro Esposo, sino el ver será forzoso dejar vuestra compañía. Esta es la congoja mía, esto lloro, aquesto siento, esto acaba el sentimiento. Esto, Esposa, ha de matarmes que mal, cuando he de ausentarm de vos, puedo estar contento. Vos ausentaros, mi bien? vos de Nazareth sín mí? César lo manda así. 1Y dónde, Esposo? A Belén. En el mundo no habrá quien. me obligue a quedar sin vos; juntos iremos los dos, si me concedéis licencia: porque, Esposo, en vuestra ausencia, qué hicieramos yo, y Dios; pudierades, Joseph, tros; y de mí, de mi ausentaros? ni yo pudiera dejaros, ni adonde fuerais, seguiros. Pudierades persuadiros, dulce Esposo, y atreveros a dejarme? y yo sin veros, pudieran breves minutos tener los ojos enjutos? Si en fin, llego yo a quereros, qué gusto habrá que sea gusto, sin vos, ni con vos? qué pena no será de pens ajena? Como sin vos de Dios gusto, ir con vos, Esposo, es justo; que pues de dos una vida hizo Dios, con vos vnida he de estar, cual rica suerte, hasta que la misma muerte de vos mismo me despida. Mi muerte, Esposa, temí, que apartarme a mí de vos, siendo tan unos los dos, era apartarme sin mí: de mí, que si el alma os di, y a vos llegué a rendirme, irme sin vos, era irme sin alma y con vos quedarme, si era posible ausentarme sin vos antes de morirme. Temí, que el Sol refulgente, que vuestro preñado encierra, Luz del Sol, Solde la tierra, Joseph, vuestro. Esposo ausente, no hiciera su Ocaso Oriente, y yo falta; mas no haría, cuande os hace compañía por inescrutables modos, el que es amparo de todos, Rey, del Cielo, Autor del día. Mas pues ya, querida Esposa, pretendéis mi Norte ser, aunque queda que temer, me será menos penosa esta ausencia rigurosa. y con vos, Dueño Divino, más deleitable el camino. Y ansí, Esposa, pues en eso soy el que más intereso, que vais también determino. Pues qué teméis, dulce Espo si es mi gloria ir con vos, y conmigo, y vos va Dios? Temo el ser tan riguroso el Invierno, y temeroso voy de veros tan preñada, el ser larga la jocnada. Y lo que más me congoja es que en un Disierto os coja vuestro parto, Esposa amada. Temo déjaros, y temo el llevaros, y no irme sin vos, que será morirme. Temo en uno, y otro extremo, que esa Luz en que me quemo me falte temo perdería, quisiera verla, y no verla en aprieto, y rigor tanto, que obligue a salir el llanto de los ojos perla a perla; pero con todo atropella mi amor, cuando considero, que llevo a Dios por Lucero, María por Estrellas: gor podrá vencerla? Qué copo de nieve pura se atreverá a su hermosura, que como arrojada flecha, no caiga al suelo derecha, vencida de su blancura? En fin, Joseph, voy con vos? En el pecho, y en el alma. Quedara sin vos en calma. Sin vida fuera sin vos. Con lo dos va el mismo Dios. En vos la gloria contemolo. Sois de la verdad ejemplo, Vos ejemplo de nureza. Vos diamante en la firmeza. Y vos de Dios Arca, y Templo. Cipres alto. ̱. Huerto hermoso. Cinamomo. Zarza verde. Norte de aquel que se pierde. Lumbre del Sol luminoso. Plantano alto, y doroso. Odorifera Azucena. Justo Abel. De gracia llena: con vos voy, Esposa. Y yo con vos, y Dios mi el llanto. En mí la pena. La Zagala, y el Zagal para he uno son. Haga campo el tamboril, que llegamos a la Igreja. Qué os parece nuestra novia? quién dirá que aquesta es Menga? Voto al Sol, que va espetada, y como un eis vido que alto quillotro? A él digo. Qué quiere ella? Llegamos ya? Ya llegamos; por qué lo dice? Quisiera quitarme estos andularios, que me duele la cabeza, y estó harta de ser novia, Yo pajas. Vamos aprisa. Mas vale aspacio. Por qué? Porque puedo hacer de cuenta que me llevan a la horca, y solamente me queda de vida lo que me falta en subir las escaleras. Qué decís, Bato? Yo callo; porque desde que comienza un hombre, por sus pecados, a ser marido de verás, que hay otros que son de burlas, ha de armarse de paciencia, y enseñarse a callar tanto, por muchas cosas que vea, no ha de hacer más movimiento; que si fuera de madera, o comer a malas migas. Y si acaso a la talega de la sal falta el busiles, le dolerá la cabeza en cerrar, y abrir el ojo; tanto, que al entrar no quepa por las puertas de su casa, donde otra vez, bien de prisa. Dícelo Bato por mí? a. Pues por tido digo, Meng toma si quieren veros. Pullas a mí, barbas dhesa? pura me ha llamado. Quedo, no alborotemos la fiesta. Puta yo? Ba la ser hija de Pero Gil de las Heras, sobrina de Antón Berrueco, de Pascual Camorro nieta, vizniera de Pero Antón, y también tataranieta de Gilote, y Chozna de. Calla, calla, la cantera del diabro que ha levantado; cuanto va, si no la fuera a la mano, que traía su avolonje desde Eva, y Evo acá Pues qué queréis vos, acaso, que por mi honra no vuelva? malos años. Cuanto va, que os he arrancar la lengua, sino calláis. Yo callar? Calla digo. Tijeretas: soy yo muda? soy yo bronces so de más molde, de piedra: no he de dormir por hablar; y para cuando me muera, quiero hablar adelantado. Ya escampa; callemos, Menga, sino queréis, que yo a palos os baje la chirriadera. Quedo, Menga. Quedo, Bato, mira que ya estamos cerca de la Igreja, mesuraos. Veda lo que sujeta quien se casa. Daos las manos. Vaya si ha de ser, Ea, ea, porque aquesto no sé Hágase allá. Quién se apega? No gruñáis, vaya de boda, los Epitalamios vuelvan. Hola, Melampo. Qué ay, Bato? Decidme, si tanta fiesta se hace aquí cuando le casa ellombre, cuando se muera, que es mijor, qué le harán? Cantarle el Requienn eternan pero di, peor es casarse, que morirse? Quién lo niega. Y en qué te fundas? En qué? crara está la diferencia. De qué manera? Escuchad. Viviendo muere una vela; y si no está muerta, muere; que no hay quien su fin no tenga Eso es verdad. Pues oíd. Lo mismo es la vida muesa, que una cándela encendida, porque desde que comienza, cuanto más vive, tanto eslombre mos se acerca a la muerte; y esto mismo un proberbio mos lo enseña, que dice, que al que se muere, se le acaba la candela. Y así, espenzar a vivir, es comenzar la carrera de la muerte; según esto, craro es, que tiene menos pena el que murió, que el que vive, porque su muerte empieza, el otro acaba su vida. yo mucho mijor fuera morirme, que no casarme? aunque un consuelo me queda, que casando, moriré más presto. De qué manera? Porque si es vela la vida, y a la vela quitan cera, y añaden fuego, mas presto acabará. Es manifiesta verdad esa. Pues decid, en qué monje bello, o Erna, y fuego, como en la casa de dos, que no se carean mijor que mi Menga, y yo? La experienciamos lo enseña. Pues que a Laura, Doristo, me quitan, quien como Menga la podrá afirmar, y es zangaño de mi colmena? Si yo so zangaño, Bato, conforme vuesa sentencia, de vuesa colmena vos sois de mis frontes abeja. Pegósela lindamente. Menga se las tiene tiesas. Vamos, Menga, vamos Bato; Si vamos, bien pueden comenzarme las obsequias. Ya vemos los capiteles de Belén, dulce María, las colores, y las Torres, y piramides altivas; animaos, Esposa amada. Veros, Esposo, me anima mas, que el fin de la jornada. Quién, Virgen esclarecida, pudiera en brazos llevaros! Pues Esposo, qué os fatiga El veros ya tan cansada, que aunque vos dais de alegría; esas mejillas rosadas, esos labios de amatistas, fuerza es, que os rinda el trabajo, y vuestras fuerzas se rindan; y más, cuando sois Atlante de aquel, que con solo un fías crió los Cielos, y en ellos errantes Estrellas fijas. Cómo, decid, dulce Esposo, como en vuestra compañía tendré cansandio, si vos sois quien mi cansancio alivia? Con vos, Esposo Joseph, qué jornada habrá prolija? qué pena no será gloria? qué llanto no será risa? No queréis, Consorte hermoso, y Celestial Peregrina, que sienta vengáis a pie, y ya en los últimos días, en que nacerá a los hombres el claro Sol de justicia, el Lucero radiante, que al de las tinieblas frías, cuya altivez, y soberbia. le derribó de la Silla, le quitará con la luz el Reino que tiraniza? No queréis que vuestro Esposo, de cuyos ojos sois niña, sienta el ver en tal extremo a quien de Dios Madre es misma? Y en fin, aquella en quien todas las Celestiales Jerarquías, como a Señora os veneran, como más perfecta envidian: Que más riquezas, y pompas quiero yo, ni que más dichas, que ser, Joseph, vuestra Esposa; aunque soy en serlo indigna? Oh humildad incomparable! Quien no se pasma, y anima de oíros, mansa Paloma, que en el pico traes la oliva de paz entre el hombre, y Dios, después del naufragio, y gira! Ya vuestras plantas, Señora, de Belén las calles pisan, y la noche a tomar frío ha corrido las cortinas. Si no me engaña el deseo, aquestas casas habita un deudo mío: Yo llamo, Mirad, Señor que podría causarles algún enfado, no llaméis por vida mía. Pues de quién, como de un deudo, puedo ampararme? Ah de arriba, ha de casa. Quién va allá? Quién os conoce, y estima por deudo, que fatigado, pobre, a pie, y en compañía de una Preñada, a estas horas os busca. Vos sangre mía? vos pariente mío? vos sois de mi Tribu? Es mentira, que en mi linaje jamás ha habido gente mendiga. Y por el César os juro, que si llegaráis de día con semejante embeleco, que a puñaladas la vida os quitara: Este es Joseph, bien mi enojo le desvía de esta suerte: andad mendigo. . De cuál igual tiranía se cuenta: vuelve, inhumano, vuelve que te precitutas ciego, ambicioso, y soberbio. Dulce Esposo, no tos aflija su ingratitud, y soberbia: por mí, Esposos os desestiman; yo tengo la culpa. Cielos, amparad la causa mía: apelo del parentesco a la amistad; a esta esquina vive un amigo: ha de casa. Quién llama con tanta prisa? Un hombre, a quien acompañan solamente sus desdichas, y una Mujer. Qué queréis? Que nos abráis, si os obliga la amistad que profesamos un tiempo, y la cortesía que a una Preñada se debe. Este hombre desatina. No conocéis a Joseph; el de la prosapia antigua de Matán? Bien le conozco, . más encubrirme quería, y haré que no le conozco: hermano; sueña, o deliria? de cuando acá la amistad, sino es ahora? en mi vida, puedo decir, que le he visto. Y advierta, que si no pica adelante, haré que salgan dos pícaros de cocina, que se maduren los huesos. . Esto merece, quien fía en los hombres: ha pobreza humilde, qué aborrecida eres de te pues esto os causa fatiga? El juicio, y la vida pierdo: qué el Cielo estos hombres cría! daré voces. Joseph, vamos a los Mesones, por dicha habrá más piedad en ellos. Es tarde, y ya recogida estará toda la gente: y es tal la probeza mía, que un maravadí no tengo; más vamos, que la camisa, para pagar, venderé, que a Dios le falte acogida en el mundo, cuando deja por el hombre aquella Impírea, y Celestial Corte, Dios al hombre ronda, y visita, y oprobios en recompensa escucho, en vez de caricias: qué e lo sufra! esto consienta! que esto pase, y no permita, que el fuego voraz a todos convierta en volvo, y ceniza! Ya a los Mesones llegamos. Para vos, dulce María, no más, si fuese posible, hallar posada quería: ha de casa? no responden; ha de casa? Quién nos grita a estas horas? Huésped notable, un pobre hombre os suplica, le deis siquiera un rincón donde albergar una Niña, que preñada el rigor teme de la noche helada, y fría. Mirad qué Príncipe era, Excelencia, o Señoría, sino un hombre mendigante; vaya al campo. De rodillas os suplica, deis en la caballeriza un rincón. Oh qué importuno! este sin duda quería entrar de noche en mi casa, para robarme de día. Duelaos mi necesidad. Oye, denos menos prisa; que si bajo, con un palo le moleré las costillas: vayan para verduleros el mendigo, y la mendiga. Dios nos remedie, y ampare: ya a los ojos cumunica el alma su sentimiento. También los míos estilan en ver tal dureza; ay Cielos! Vos también entefnecida, dulce Esposa? mas que mucho si aún hasta las piedras misma de ver tal impiedad, hacen sentimiento? Aquien no obligan crueldades semejantes? Ah bárbaros Trogolditas? al entrar por la Ciudad vi un soportal, que confina con los muros, cuya boca peñas, brutescas fabrican, allí nos albergaremos: seguidme, Esposa querida. Ya el Infinito Dios quiere volver esta noche en día, sus rayos a coro esparciendo. Oh gran Dios! o maravillas prodigiosas! mas que mucho, que aunque es podecoso, elija esta humildad, y pobreza, si también es sin medida, ya que se ve circunscrito? Vamos, pues servís de guía. Cielos, Luna, y Estrellas, tened de Joseph envidia, pues el Sol de justicia nace a Joseph, y vuestra luz eclipsa. Es visto más crara noche? En este Invierno, ninguna. Que alegre que va la Luna en su tachonado coche! Voto al soto, que va bella, y que estar no puede el Cielo mas mijor de terciopelo; parece un Sol cada Estrella. Qué sereno el tiempo está! No dirán, Ergasto hermano, son, que es noche de Verano. Todos estamos acá. . O Bato, seas bienvenido. El Cielo, amigos, os guarde. Siempre, Bato, vienes tarde. Qué mucho, si somarido? Cómo te va con tu Menga? Como a tres con un zapato. Eso es malo. Garavato: hay quién a Menga entretenga? Muéstrate algunos desvíos? No sé si Menga me ama; si, que ante noche en la cama hallé seis pies con los míos. Cascaras. Y qué te dijo, cuando tú en la cama entraste? Me dijo, marido baste, que nos hamacido un hijo; yo la respondí mochino; eso como puede ser en cuatro meses, mujer? y dijo, es cuatro mesino. Cuatro mesino? este puto. Y qué sientes, Bato de eso? Qué imagino, que en el seso tengo algún mal espírito; más lindamente me engaña, sea cierto, o no sea cierto, Y el niño? Dijo era muerto, cuando volví a la cabaña. Yo no sé si lo reproche, Ni yo. Si Menga porfía, hará creer que es de día, aunque sea a media noche; no hay si no tener paciencia; y sofrir, que si la habro, tiñe, que la toma el diabro. Sobre cuernos penitencia? echa allá tu casamiento. Harto yo me lo reprocho. Mijor os estabáis mocho. Sirvaos mi mal de escarmiento, que ya yo esto arrepentido; pero dejando esto a un lado, que es mijor para dejado. Al pasar por ellegido, he visto unos pajarotes volar con grande algazara; que tiene de persona cara, y de seda los capotes. Vierades bravos tropeles, que hacían guestes alegrías, unos tañen chirimías, otros rascan arraveles. Tal gente en mi vida vi; y perdiendo mi camino, tembrando, y casi sin tino; huyendo vine hasta aquí. Voto al Sol, que brujas so diabro nunca tan bien cantó mueso Sacristan; Berrueco el Ririe eleisón, son famosos Mosiqueros, que andan por el airo. Guarda, será alguna zalagarda de hechiceras, y hechiceros. No, Doristo, no lo digas, ellos vendrán por acá, y la verdad se verá. Bien ha dicho; va de migar: Pues yo las dejé a la lumbre, y estaban pardiobre bellas. Pues ve, Melampo, por ellas, no perdamos la costumbre. Ya mi panza se alborota. Sacar mi cuchara quiero. Aquí tenéis el caldero, y de respeto la bota. Vaya, pues, de rumbo, y gira. . Del puesto nadie se mueva, y cuestele, antes que beba, a cada cual su mentira. Oh qué buen gusto da el ajo! Yo me muero ya de sed. A más espacio comed. Hola, Melampo es destajo? Venga la bora, Dotisto. Primero habéis de mentir. No es menester reortir mucho. . Pues decid. Yo he visto un hombre, que desde el suelo, sin escalera, ni vancos, y sin invención de zancos, dio una puñada en el Cielo. Buena esta. Beba, ahora yo; a proseguiré: Un hombre he vido ausado, y no atrepentido, Bien haya quien te pariós hoy de puta, qué bien dijo. Es sabiondo. Qué os parece? Beba, que bien lo merece. Yo vo ahora. Vaya. El hijo. Prosigue, Bato; qué aguardas? Que Menga me enseñó astuta, es mío, y Menga no es puta, como ahora llueve albardas. Según Bato nos ha dicho, mentira debe de ser. Dad a Bato de beber, y atended a mi capricho. Ya yo bebo. . Va la mía, Yo digo, que verdad es lo que habéis dicho los tres, y que es ahora de día. Bien pardiobre. El cucharon dejo aquí, la bota venga. Vaya, nadie se detenga, y ande la procesión. Beba el Cura, y venga arreo? ya la boca tengo seca. Lindamente se derrueca. Pastores de Galilea, qué lanferos rebaños gozosos apacentáis entre riscos, y peñascos: Sabed, que el Dios de Israel, el Mesias deseado, tanto tiempo, tantos siglos, tantos lustros, tantos años, esta noche, de una Virgen, antes, y después del partó, ha nacido en un Portal, esparciendo al Mundo rayos. Si queréis verle, Pastores, seguid a Belen los pasos. donde en un pobre pesebre, de heno, y paja adornado, le hallaréis: allí veréis a dios mismo tiritando, al imposible, posible, a miserias, y trabajos sujeto, quien es Señor de la Tierra, y Cielos altos. Veréis desnudo al que viste los Cielos de luz, los Astros de resplandores hermosos, de hierba, y flores los campos. Id a adorarle, Pastores, que allí en coros alternados, las Jerarquías celestes cantan; Sanctus, Sanctus, . Hola, a quien digo, Pastores: hola, Bato, hola, Melampo, voto al Sol que están moridos: hola, a quien digo, buen Bato, (la él está tan quillotrado, como mi abue- a esta puerta; hola, Ergasto, con quien es para hoy? no lo oís? (habro? Ay! . Ay! . Ay! Aí llegamos ahora? ya se levantan. Hacia dónde estás, Ergasto? Y tu Melampo? No sé. No sé. . Ni yo tampoco. Aliviaos. Tembrando de miedo estó. Yo también estó tembrando no vuelva aquesta alimaña. Él es pantasma, o pantasmo? Sin duda persona es. Como si tien de Vilano las alas, y en la cabeza tien los ojos como gato, según relampagueba ergidos? . Ya me levanto. Yo también. Arriba, arriba. De provecho no he quedado, por más de milenta días. Yo, Doristo, estó estrujado. Hola, Bato. Ay que me agarra, que me come seor, pájaro, a su remelencia le pido, me deje estar otro año, que ahora no estó maduro. Írguete de Presto, Bato. Quién le habrá dicho mi nombre? si es que busca en nuestro rancho algún caldero de migas, vaya a Doristo, o Melampo, que son famosos Migüeros. Levántate. Guarda pabros . queréis entrar por la boca, yo la coseré a dos cabos, que el dimoño no la abra. Irgente de aí, borracho. Sor Ángel, tiene razón, que me ha llamado borracho; yo le cogere. Mira que somos, Ergasto; Melampo, y Doristo. A fe? Si a fe. . jurado? jurado. Luego ya el brujo se fue? No lo ves. Levanta, Bato. No hay más de levantar? Estás acaso cravado? Si eso solo juera, aún del mal no tanto. Estas tollido? ves qué tienes? Se han pasado a los grigescos las migas; que el miedo las abrando, y vertido. Oh cómo huele! . este vino está adovado; y si no me engaño, pienso que se va de con su amo. No se va, que ya se ha ido. Para vos, como bellaco. Ah juego en la mala cuba. Qué mos dijo el morciélago? que yo al primero gruñido quedé hecho piedra mármol. Dijo, que Dios ha nacido en esta noche, y que vamos a visitarle a Belén, que en un Portal derrocado está, y luego se despidió con no se qué latinajos, que no lo acertará un lince, y de tres a cuatro saltos apeldó, y la vola escurre, que no dle alcanzara un galgo. Pues vamos de aquí; qué hacemos? Vamos luego; qué aguardamos? Voto al Sol que he de llevarle una zamarra, y un sayo, para que se abrigue. Y yo he de coger de mí atol el mayor carnero. Y yo de manteca un tarro ña le he de llevar. Yo de leche, más blanca que el alabastro, que esté diciendo, comeme. Pues vamos a engalanarnos, y a prevenir las, sonajas, y todo lo necesario. Y yo a Menga habré de ir que me mude de paños. ; h , Señor de señores, Rey de incomparable grandeza; vos nacéis en tal pobreza, entre una mula, y un buey. Vos, de que una, y otra Le positiva, y natural, sois Legislador, en tal sujección nacéis, Señor, y en un humilde Portal, sujeto al frío, y calor? como a mi Dios os adoro, como a mi Hijo os quiero, y añ como a Protector os slmo, como a Rey guardo el decoro, De veros temblando lloro; de veros temblando peno, vuestra pena es mi veneno. Y en fin, el alma traspasa veros en tan pobre Casa, de abrigo, y regalo ajeno, Rendido al blanco reposo está mí Joseph dormido: llamarele a mi querido Joseph, a mi dulce Esposo. Oh qué Cielo lummoso! qué suspensión! qué armonía de una, y otra Jerarquía! qué suelo lleno de Cielo: qué Cielo puesto en el suelo? que noche llena de día: Permind, querida Esposa que llegue Dios a mis brazos y que con estrechos lazos abrace mi prenda hermosa. obraz Vues menso po hacedor, y Hijo mío, omnipotente, imposible, Hombre, y Dios incomorensible, vos en un Pesebre al frío? Cielos, qué he llegado a ver? a vos en mis brazos puesto? Aquí echó todo su rostro de Dios el sumo poder. Joseph ha llegado a ser de vos, inmenso Dios, Atlante? Joseph sin fuerza a un Sansón? Joseph humilde a un León? Joseph vasallo a un Infante? Josepl llega con sus ojos a ver a Dios en su pecho reclinado, haciendo lecho de sus brazos? Son antojos, se veo los rayos rojos del Sol, cuyo auxilio invoco, que con mis manos le toco, que con mi boca le beso, qué está entre mis brazos preso; y que Joseph no esté loco! no sé como de contento, de veros a vos, mi Dios, no se suspende el aliento. Mi Joseph, tanto contento? que os vuelva loco, colijo; dadme, Esposo, vuestro Hijo. Tomad a Dios y de Dios Madre, antes que a Joseph su Padre no le acabe el regocijo. Qué bien suena el tamboril! Pues abravelejo, pajas; hablar le haces; Melampo, según de bien que le rascas, Y Bato? ras se ha que do, lia Hola, aguardadme. Ya viene. Ergasto, sopla la flauta, para que el gruñido acuda. Juego de Dios en la carga; no lleva tanto un borrico. Qué traes? Dos mil zarandajas, y un carnero como yo. Tan grande cómo tú? aulajas Como yo, fuera los nueves. Nueves llamas a las alpas? Sí, Melampo; mas qué digo? está lenjos la jornada. Según el Angelmos dijo, no Bato, si no se engaña la vista, ya se descubre desde aquí la propia Casa. Voto al soto, que es de verás; juego, y qué luminarias. Hola, y cómo será Dios? Será de oro, y de prata; pues ay que dudar en eso? Pues no Bato (linda gracia!) no será si no de seda, que es más que la prata branda, que dicen, que Dios es brando, Rrosiga nuesa baila, sea de lo huere. Esta si que es Noche Buena, en que nace el Niño Dios, está si que es Noche buena, esta sí; que las otras no. aquí dan fin, señores, S Boda as d