Texto digital de El blasón de don Ramiro y libertad del fuero de las cien doncellas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Luis de Guzmán
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El blasón de don Ramiro y libertad del fuero de las cien doncellas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/blason-de-don-ramiro-y-libertad-del-fuero-de-las-cien-doncellas-el.

EL BLASÓN DE DON RAMIRO Y LIBERTAD DEL FUERO DE LAS CIEN DONCELLAS
JORNADA PRIMERA
Ya la caza me ha cansado. Tan presto? A quien penas tiene, ningún gusto le entretiene. Qué teda, Señor, cuidado? Hay hermano! con razón llorar, y afligirme puedo, cuando la Corona heredo de Asturias, y de León Con tal trabuto; ay hermano! nunca llegara a Reinar Ramiro, si ha de pagar un pecho tan inhumano. Pluguiera a Dios, que en la sierra, hijo de villana madre naciera, y que allí mi padre fuera esclavo de la tierra. Pluguiera a Dios, que el dental, la reja, yugo, y mancera fuera mi ejercicio, y fuera mi Cetro un pobre sayal. Pobre le llamé? que necio con la Majested estoy, pues lo que buscando voy, es lo mismo que desprecio. Hermano, el sumo Hacedor, que siempre trazando esta nuestró bien, siempre nos da lo que nos está mejor. Él te ha dado un Reino, él sabe para que fin te le dio, y quizá te le entregó, para que tu mano acabe De deshacer el rigor de aqueste fuero cruel; encomiéndaselo a él, que el sabe lo que es mejor. (da, Gracias a Dios, Patria ama- que te piso, y que te veo; cuando mi justo deseo tendrá fin con mi jornada? Todo el monte está ocupado de cazadores, yo quiero ver si son del Rey, que muero por decirle mi cuidado. El que penas tiene, como no se muere? El que en pena fiera vive atormentado, cuando su cuidado le obliga a que muera; si alcanzar no espera el bien que pretende, como no se muere? Quién canta con tanta pena, dando a quien escucha gloria? Quién renueva en mi memoria las penas de que está llena? Una Serrana graciosa es la que canta; yo quiero traértela, porque espero, que tu pasión cuidadosa pueda, cantando, aliviar. Yo gustaré de escucharla un rato. . Voy a llamarla; pero ya vuelve a cantar. Al tiempo que Mauregato, tirano de aqueste Reino, concedió al Moro enemigo el infame, torpe fuero: En la Coruña, en Galicia, vivían dos Cabalieros, por todo extremo valientes, y nobles por todo extremo. A dos hermosas hermanas servian, al mismo tiempo que los Moros empezaban a cobrar el nuevo pecho. Y entre algunas hijas dalgo, que a Galicia repartieron, fueron las dos, que eran almas de estos valientes guerreros; Mas ellos, que no podían vivir sin ellas, quisieron, por librar almas, y vidas, arresgar vidas, y cuerpos, Y solos en la campaña, con determinado intento, al escuadrón enemigo furiosos acometieron. En la batalla, la espada se le quebró al uno de ellos; más fue para dar más gloria a su noble vencimiento: Porque arrancó de una higuera un bastón robusto, y recio, con que dio muerte a los Moros, y libertad a su dueño. Por esto tomó por armas las ojas del árbol mesmo, con que a Galicia dejó libre del infame fuero. D él vienen los Figueross, en cuyo valor el tiempo hará eterna la memoria de tan valeroso hecho. Cielos, quien canta la historia de mi avuelo en esta sierra? Es posible que en la tierra, cause a los ojos tal gloria, El rostro de una Serrana? quiero hablarla. Hay loco amor, hasta cuando tu rigor ha de durar? . Al deana, Ved que el Rey os quiere hablar El Rey? . Sí. Jesús, qué haré? sin duda lo que canté le ha debido de enojar, No llegáis? Ya, ya me allego: en mal hora lo cante. Esta la Serrana fue, qua cantó; mas estoy ciego? O son el Rey, o el Infante los que miro? . Gran señor, ya veo que ha sido error, mas no haya miedo que cante Aquel romance en mi vida. Antes hermosa Serrana, le oí de muy buena gana, ansí, por ser escogida Vuestra voz, como por ser, historia de tanto gusto. Luego no le dio disgusto? Antes me dado placer. Pues desde aquí le prometo de cantársele a porfía, cien mil veces cada día. Qué doñaire tan discreto. Cantadle, y pluguiera a Dios, que otro Caballero hubiera en León, que en él hiciera lo que en Galicia esos dos, Esta es famosa ocasión: aquí gran señor está quien a tus plantas pondrá la gloria de ese blasón. De uno de estos Caballeros tienes un nieto a tus pies, que en este traje que ves, ha estado entre Moros fieros Mas de seis años cautivo. Es don Lorenzo? . Señor, el misno soy. . Oh valor del mundo, que aún estás vivo! Dame esos branos amigo. . Abrázame a mí también. ̱ . Rayo es de Marte: de quien tiembla el soberbio enemigo. Mucha razón es, que honréis a quien de serviros, tiene tanta voluntad, que viene de la manera que veis, Dejando un hijo en reenes, hasta pagar su rescate. De eso quiero que se trate al punto, y si solo vienes A buscar con que pagar, yo haré en llegando a León, que se te dé. . Con razón te puede el mundo llamar, Nuevo, Alexandro de España, déjame besar tus pies. Alza amigo, que no es al valor que te acompaña Igual premio el que te doy; pero yo me acordaré de ti, y premiarte sabré muy presto. . tu esclavo soy. 1. Cuenta con esas armas, alerta, alerta, que el puerco derecho se viene al cerco. 2. Ya están las sendas tomadas. Don Lorenzo, yo querría hablar de espacio con vos, apartémonos los dos de esta grita, y voceria, Y del Moro me diréis algunas cosas, que espero saber, y de todas quiero, que vos solo me informéis. Venid co migo? . A servirte. donde quisieres iré. Gracias a Dios, que podré (Serrana hermosa) decirte A solas mi voluntad. No me faltaba otra cosa. Discreta Serrana hermosa: asa divina beldad me tiene muerto de amores. Qué presto os dejáis morir Podrete un favor pedir? No sé yo que son favores. Dame un abrazo. . no puedo. Tiénes me perdido, y loco. Señor, señor, poco a poco, que soy niña, y tengo miedo. Miedo me tienes? no ves, que soy un hombre? . por eso, que tengo miedo confieso, porque un hombre solo, es Bstante a dármele a mí, donde tigres, y leones, no me le dan . Qué razones tan discretas! . Por aquí Puedes huir, aguarda, aguarda. 2. Huid. Leoneses, que viene. un oso. . . Y un oso tiene tal valor que os acobarda? Mas no os vence su valor, sino vuestro infame miedo. Este es don Pedro, no puedo, detenerme aquí, señor, a Dios. Espera, detente; mas qué es estoz adonde vais Infante? no veis que estáis a vista de tanta gente? Disimular por ahora conviene, y al Rey buscar, que después, yo sabré hallar, los ojos que el alma adora. . Cazador del alma mía, donde vas? aguarda espera. Nise, a matar una fiera voy, cese ya tu porfía, que me quieres? . que me quieras, y que dejes de buscar fieras; pues ya de matar fieras, a las mismas fieras te has hecho en fiereza igual. Nise, ya estás muy pesada, dejamo. . Si ya te enfada mi amor, yo haré, desleal, Que veas en tu rigor (ro mi muerte. . Yo no te quienn matar, ni morirme espero, que está es locura, y no amor. Hay tal ribieza, y desdén! Tibieza es esta? jamás creí, que amor era más, que decir, quierote bien; Soy en esta facultad. muy poco diestro, y por eso, que no entiendo te confieso las leyes de voluntad. 2. Huir, que por allí el oso vuelve. Qué espero? seguirle, y matarle quiero, aguárdame, Nise, aquí. que luego vengo. Enemigo, espera, que tras ti voy. Mil gracias, Nise, le doy al piadoso cielo amigo; pues me trae donde mi pena te pueda a solas decir. Suéltame. . Qué quieres? Ir a ver quien mi mal ordena, suelta la mano, tirano. Suéltame tú el alma, fiera. Nunca quieras que te quiera, Nadie por fuerza. Ya en vano procuro, ingrata obligarte, pues habiendo un año entero, que por tu belleza muero, y que a cazar a esta parte Salgo mil veces por verte, ni estimas este cuidado, ni mi pecho enamorado, puede a lástima moverte; Diamante debes de ser: pues no se imprimen en ti mis penas. . n Juan, si aquí llegase elguna mujer, Graciosa, discreta, y bella, pidiéndote, que su amor estimases, y en rigor, si quisiese, que por ella Me olvidades, que dirías? Que dentro del alma estaba otro dueño que estorbaba, sus amorosas porfías. En esta disculpa fundo, la mía, yo quiero bien a un hombre, y no ha de ver, quien me aparte del en el mundo. Hablas de verás? De verás. Pues dime, quién es el hombre? Tu primo es, y no te asombre, que una Serrana entre fieras, En este monte nacida, se atreva a poner su amor, en hombre de tal valor: él en fin tiene mi vida Por suya, desde aquel día, que a cazar por esta sierra venistes los dos. Que encierra don Pedro tal osadía En su pecho? qué don Pedro esté a mi ofensa dispuesto? aquesto consiento? aquesto con su parentesco medro? Hay otro tormento, cielos? esto solo me faltaba? morir de amor no bastaba: sin morir también de celos? Pues, vive Dios (tigre fiera) que no has de lograr tu amor, ni has de gozar al traidor, que es causa de que yo muera; Yo le mataré, y habrá por ti, dos muertos aquí, yo porque te quiero a ti; y él porque celos me da. Quédate, que yo me voy a vengarme, y a buscarle; porque sé, que con matarle, muerte en su pecho te doy. Espera. . no hay que esperar, muera el traidor. Mi corta suerte maldigo, sin duda le ha de matar. Oh trance terrible, y fuerte! pero yo voy a avisarle, que mi vida está en librarle, y está en la suya mi muerte. Nise mía, adonde vas tan apriesa? . A cierta cosa, que me importa. . Nise hermosa, siempre tan de priesa estás Para hablarme, que ya vienes a darme que imaginar, o que me quieres olvidar, o que olvidado me tienes. Esto solo me faltaba. dájame. . No he de dejarte, que cuando a solas hablarte puedo, como deseana. Será grande necedad, perder la ocasión que espero. Mileno, ya estás grosero. Yo lo confieso, es verdad. Mas aunque prostero soy (enemiga, yo sé cuando, si no me diste burlando, la fe que me rompes hoy) Confesabas que no había en esta sierta pastor, como Mileno, y su amor, te dio cuidado algún día. De esta mudanza enemiga, no me dirás la ocasión? Hy tal desesperación, que a tal tiempo me persiga? Esto necio; yo le quiero engañar; porque me deje es posible, que se queje de un amor tan verdadero Tu lengua ingrata, y cruel! tan falso te ha parecido; el pecho donde has vivido, tan lejos te juzgas dél! Si por no pagar mi amor, injustas culpas me das, presto, enemigo verás, en mi pecho tal rigor, Que te pese de lo hecho. Qué dices? . Que ya murió tu memoria en mí. . Que yo estaba vivo en mi pecho? Perdona, Nise querida; pues ya tu lealtad abona tu honrado intento, perdona mi sospecha mal nacida. Cese ya el enojo esquivo; no quieras volverme loco, que a fe, que no lo estoy poco, de ver que en tu pecho vivo. Perdóname Nise mía. Con condición que jamás dudes de mi fe. . Verás, cuanto mi alma confía De tu palabra, mas di Nise hermosa, por mi vida, engañasme? . Si creida. no soy, hablaran por mí Estos prados, y estas flores, que desde que sale Apolo, hasta que busca otro Polo, hoy en mis quejas, y amores. Pues estas flores también, si de mi firmeza dudas, mi afición con lenguas mudas, siempre publicando estén. Las avecillas cantando, sus amores, y sus quejas, extraran en tus orejas, mi gloria representando. Los arroyuelos que alegres, corriendo, y saltando van; murmurando te dirán mi afición, porque te alegres Hasta el cefiro suave, hará lenguas de las hojas; con que mis dulces congojas te diga, cuanto te alabe, Todo en fin de esta manera te dirá mi amor, y fe, y yo lo confirmaré, con servirte hasta que muera. Satisfecha me has dejado de tu amor. Yo no lo estoy, si un abrazo no te doy. Hay hombre tan porfiado? Tómale, y déjame ir, que no puedo detenerme. En efecto has de quererme? Sí. . Hasta cuando? Hasta morir; y ahora queda con Dios. El milmo, Nise, te guarde. Mi Pedro, si voy tarde, morir tenemos los dos. Es posible, que yo soy quién mereció tanta gloria? que ya vivo en su memoria? que en gracia de Nise estoy? Cielos! dadme el parabién de mi mayor alegría: fortuna! en la gloria mía tu fácil rueda deten. Tiempo, no pases ligero por las glorias que merezco; amor, todo el bien te ofrezco, que por ti gozar espero. Sierras, prados, aves, fuentes, árboles, plantas, y flores, solenizad los favores, a que estuvistes presentes. Y pues en su vida estriba la mía, conmigo todos decid, por diversos modos, viva Nise, Nise viva. Aquí morirás, ingrata, pues de tu tirano amor nace el eterno rigor, que por momentos me mata. Por qué me ofendes, cruel? Porque me ha ofendido a mí un hombre muerto por ti, cuando yo muero por él. Socorre, Mileno amigo, que me matan. . Cielo santo, de mi paciencia me espanto, mi corta suerte maldigo, si entre mis brazos no doy el castigo merecido a este cobarde atrevido. Don Pedro, a buscarte voy. Espera cruel. . Detente loco mancebo, y repara, que podrá costarte cara tu locura. . Nadie intente mi pretensión estorbar; muera mi falsa homicida. Morirá quien a mi vida la vida quiere quitar. detente primo. . traidor, no me llames tu pariente, tu enemigo solamente me llamo. . . Bravo rigor! No me dirás, que te mueve a intentar tal desparate? Veras lo cuando te mate, y cuando a Nise te llene. Escúchame primo, espera. No llames primo a un tirano, que con intento villano nos trata de esta manera. Mátale Pedro amigo, mas no le mates, detente, que a mi brazo solamente toca su justo castigo. Todo el mundo se revuelve por Nise, pobre Mileno! Doña Blanca, y a condeno. tu atrevimiento, pues vuelve a enfadarme de manera tu pasión, que aunque hasta aquí te quisiera más que a mí, ahora te aborreciera. Doña Blanca? cosa es clara, . que engañado, la juzgué por hombre, mas no miré de espacio su hermosa cara: un Ángel es la mujer. Por una villana, ingrato, me dejas? este es buen trato? este es noble proceder? así pagas mi afición? así la fe prometida? tan presto tu pecho olvida. sus deudas, y obligación? Pues no pienses que a rogarte vengo al monte de esta suerte, solo vengo a conocerte, para saber despreciarte. Quédate tirano, y gasta con villanas tu afición, que a un villano corazón, villana Dama le basta. Quédate, ingrato, sin mí, que si dura tu porfía, Nise me dará algún día. justa venganza de ti. Quédate para quién eres, que yo haré al mundo notorio, como ya Juan Osorio vive de engañar mujeres. Que así pagues la afición mayor que conoce el mundo? Solo en mi gusto me fundo, no hay razón donde hay pasión, Pero tú que me aconsejas, y corregirme pretendes, cuando la razón defiendes, por qué a Nise no me dejas? Hay tan tirana porfía? ya no se puede sufrir, nadie se atreva a reñir por Nise, que Nise es mía. qué dices villano? . Digo, que es mía aquesta mujer, y que la he de defender del uno, y del otro digo. Vive Dios, loco, villano, que te mate. . Poco a poco, que si a furia me provoco, y el bastón que está en mi mano esgrimo, toda la sierra pienso que se le ha de hacer pequeña para correr. Tanto atrevimiento encierra un pecho bárbaro, y loco? Matarele. Qué es aquesto, bravos Leoneses? . Bien presto lo verás, espera un poco; que un villano; y un traidor se me atreven. . Paso, paso, sosegaos, contadme el caso. Yo lo contaré mejor: Nise, una Serrana bella, es mía, y siempre lo fue; y estos, sin que; ni por qué, se están matando por ella. Eso no, que Nise es mía, y al que pretenda estorbar mi intención, le ha de costar cara su loca porfía. otro diablo tenemos El Rey viene. Cese pues este pleito, que después averiguarle podemos, Qué es aquesto, Leoneses valerosos? amigos contra amigos a hacer guerra os movéis, temerarios, y orgullosos? Cuando el Moro arrogante en nuestra tierra, pide por fuerza el virginal tesoro que nuestra infamia, y su arrogancia encierra? Volved, volved las armas contra el Moro, mostrad ese valor en la defensa de vuestra Patria, y de la ley que adoro. No permitáis, que nuestra eterna ofensa al paso crezca, que con ella crece nuestra tibieza, y flojedad inmensa. La ocasión venturosa nos ofrece su copete veloz; el cielo, amigo, nuestro partido abona, y favorece. Contra el tirano bárbaro enemigo cortarán muy mejor vuestras espadas, con que a domar su presunción me obligo, Cesen ya las pasiones mal fundadas; y ese furor, que el ánimo os levanta, gastadle en ocasiones más honradas. Mucho me pesa, Rey, mucho me espanta, que nos trates así, cuando no ha sido tanto el delito, ni la culpa tanta. Venga el Moro soberbio, y atrevido, y verás como queda por mi mano ensalzado tu nombre, y él vencido. Deja ya de culparnos, Marte Hispano, danos esas honrosas ocasiones, y podrás conocer quien es tu hermano. Yo, gran Señor, no sé gastar razones, ni desnudar en vano aquesta espada, de quien tiemblan las arabes Naciones: Mas aunque aquí la ves desembamada, si el Moro viene, de su sangre Mora le daré nueva vaina colorada. Y hasta entonces, pues te ha ofendido ahora, la guardaré, donde jamás la vea el rubio amante que la tierra dora. Nuevo César de España, no se crea de nuestros bravos corazones cosa, que de valientes ánimos no sea. Nuestra pendencia tiene de donosa, más que de peligrosa, y va fundada en el amor de esta Serrana hermosa. Ella me quiere, y sigue despreciada, mi pasino la pretende, aunque celoso, y a nuestro Infante su donarre agrada. Pídela este villano, y es forzoso, que unanimes los tres se la dejemos al que por ser su igual será su esposo, Yo os ruego que lo hagáis. . Obedecemo tu gusto. . Yo la dejo. . . Yo la olvido, Todos, si es menester, la olvidaremos. Vos no habéis de olvidarla, antes os pido, que la sirváis por todos; pues la suerte, por ser su igual, os hace su marido. Queredla, y estimadla hasta la muerte; y vos Nise creed, que no os ha estado mal este trueco; pues, si bien se advierte, Mejor es ser mujer de un hombre honrado, que de un Infante, o Caballero amiga. Ya, Señor, que lo tengo bien mirado, Vuestra nobleza, y discreción me obliga a seguir vuestro gusto en todo. . Presto me vengaré de ti, fiera enemiga. Qué es lo que miro, cielos! qué es aquesto? sois don Lorenzo? . Soy, Juan famoso, el que a serviros siempre está dispuesto. O bravo Figueroa valeroso! esos brazos me dad. . Darcos mi vida, con sus lazos, osorio generoso. Cómo ha sido, Señor, vuestra venida? Por el camino lo sabréis, que ahora no es justo dilatar nuestra partida: A la Ciudad nos vamos, y a la hora tratemos del infame torpe fuero, que nor viene a pedir la gente Mora. Yo tengo de negársele el primero. Nosotros desde ahora le negamos. Mayores cosas del valor espero, sotros contemplo, que en volor Qué dices Nise? no ves como a solas te han dejado conmigo? . No me ha pesado de ver que tú solo estés aquí, y en el alma mía, para poder de esta suerte pagar tu amor, con quererte mas que a don Pedro quería. Desleal, falsa, engañosa, mas que canto de Sirena; cocodrilo, que me ordena muerte en su voz peligrosa; Rosa entre espinas de engaño, al quimia cubierta de oro, de duende falso tesoro, bien incierto, y cierto daño, Quédate, que yo me voy, (pues conocida te tengo) a vengarme, si me vengo con el pago que te doy. Una doña Blanca ha sido la que dejó tu afición en blanco, y mi corazón tiene a su gusto rendido. Seguirla, y servirla quiero, que aunque es grande su valor, mejor paga de su amor, que del falso tuyo espero. Quédate sola, y burlada; que la que quiso engañar a tantos, ha de quedar de todos menospreciada. Ved lo que pasa por mí, pues apenas ha un momento, que el mundo, en furor violento, revuelto a mi causa vi: Y ahora de un atrevido villano me vengo a ver despreciada, sin querer que le llame mi marido. Hay presunción arrogante de mujeres! quién pensara, que a un villano se humillara la que no estimó a un Infante? Pero siempre procuramos de suerte al tiempo ajustarnos, que en dejando de rogarnos, nosotras mismas rogamos. No sé qué tengo de hacer, para el cuidado en que estoy; pero a la Corte me voy, que allá lo podré saber. 1. Aquí quiere dar audiencia el Rey al Embajador. 2. Colgarle fuera mejor de un roble. 1. Ya no hay paciencia, que de aquestos Moros pueda la desvergüenza sufrir. 2. Mas que vienen a pedir, que licencia les conceda para escoger, y llevar las doncellas que les da Lon. 1. Presto se sabrá, que el Rey se viene a sentar. e , y dc: Proponed vuestra embajada. El famoso Abderramen, Rey de Cordova, por quien defendida, y ensalzada Vive la Arabiga ley, sabiendo, que has heredado el Reino, del nuevo Estado te da la en buen hora, Rey: Y dice, que si le quieres por amigo, lo será tuyo, y te concedera las paces, que le pidieres; Mas esto con condición, que confirmes el contrato, que concedió Mauregato, y en señal de sujeción Le des luego las doncellas, mandando que todas ciento se junten, porque al momento vengan un escuadrón por ellas, Donde no la paz jurada, queda desde aquí rompida, a esto ha sido mi venida, mira Rey lo que te agrada. Dame licencia, señor, para responderle. . Dame licencia que al perro infame quite el soberbio furor. Déjame, señor a mí, castigar a este arrogante. Don Pedro, Juan, Infante, callad, que yo estoy aquí. Libertad, rómpase luego el fuero infame. . Qué es esto? El pueblo, que en armas puesto, viene alborotado, y ciego. Valeroso Don Ramiro, Rey de León, y Galicia, Restaurador valeroso de nuestra España cautiva: Si a lástima no te mueven de tu Reino las desdichas, muevante de sus doncellas las lágrimas infinitas. Y si aquesto no bastare, muévate tu afrenta misma, para mirar por tu honor, si por tu estado no miras, No diga el Moro arrogante, que los Cristianos le crían doncellas, con que sus vicios aumentan, y solenizan. Si son hijas de León, como su padre las mira en poder de infames lobos, y no los mata, y los libra? Cómo de sus hijos muertos a voces no resucita el valor, con que a ser hijos de tan bravo padre aspiran? Y tú, valeroso Rey, si es tan fiero, como pintan el León que te acompaña, como su furor no imitas? Como sufres, que en España, de sangre Cristiana, y limpia nazcán Genizaros hijos, que a los Cristianos persigan? Vuelve los ojos, Señor, a tu Ciudad, que afligida, a ti, y a Dios pide ayuda, porque en ti, y en Dios confía. Mira por aquesas calles los alborotos, la grita de hombres, niños, y mujeres, que al cielo piden justicia. Pon fin a su llanto, Rey, saca las armas dormidas del ocio infame, que causa su afrentosa cobardía. Tremolen tus estandartes, y en tus banderas lúcidas, tus Cruces, y tus Leones, las Lunas de plata opriman. Junta en campaña tus gentes, el yugo afrentoso quita a León, porque un León, no es bien que al yugo se rinda. Hidalgos tiene tu Reino, que sabrán perder las vidas, porque su Rey, ni su ley hingún agravio reciban. Manda que toquen al arma, rompe el fuero, que aniquila del ilustre nombre Godo, la gloria, y fama divina. Que yo como mis avuelos, hicieron libre a Galicia, pienso poner a León en su libertad antigua. Aunque licencia no tengo, para entrar a donde estoy, mi atrevido intento abona, la fuerza de la ocasión. Y no os espantéis que hable un villano como yo, donde hay tantos Caballeros de antigua sangre, y valor, Que como en Roma el villano. del Danubio, le sirvió a su dormido Senado, de altivo despertador. Ansi lo pienso esta vez, ser en el suelo Español, espuela de los hidalgos, de Asturias, y de León. Porque se corran de ver, que un rústico labrador, donde ellos están callando, venga a levantar la voz. Mas si solos no se atreven. a declarar su intención: rómpase el fuero, y partamos el trabajo que les doy. A las Doncellas hidalgas de fiendan ellos, que yo, defenderé las villanas, con un villano escuadrón, Ea reliquias famosas de los Godos, tiemblen hoy los bárbaros enemigos, de vuestro altino furor. Muramos en la Campaña. defendiendo nuestro honor, y no vivamos pagando pecho, que tanto costó. Ea Leones famosos, si a la justicia; y a Dios tenemos de nuestra parte, quien puede darnos temor? Romped el infame fuero, sepa Abderramen, que sois rayos de Marte, nacidos, para abrasar su Nación Y perdonadme si os hablo tan claro, que como soy villano, no se me entiende lenguaje de más primor. Quédense todas al, que yo sola quiero entrar. Que tengo más que esperar; mujeres son, ay de mí! De mi paciencia me admiro; pues aún las mujeres vienen a dar aentender, que tienen más valor que don Ramiro. Caballeros de León: los que la paz afrentosa del arrogante enemigo compráis tan a nuestra costa. Si con el muerto valor no murio también la honra, duelaos el mirar las nuestras, en afrenta tan notoria. Padres, mirad que ya os quieren quitar vuestras hijas propias: hermanos, vuestras hermanas el verse cautivas lloran. Advertid, amantes tiernos, que vuestras prendas hermosas, vosotros las merecistes, y un fiero alarbe las goza. Posible es, que no os incita la vuestra, y nuestra deshonra? en vosotros hay nobleza? en vosotros sangre Goda? Vosotros sois descendientes de las reliquias famosas de los Godos, que ganaron con Pelayo tantas glorias? Vosotros sois herederos de su valor? mas qué importa tener nobleza heredada, los que no la tienen propia? Si para nuestra defensa valor os falta, nosotras nos sabremos defender, fuerzas, y valor nos sobran. Dejad vosotros las armas, que mujeres Españolas sabrán formar en León nuevo Reino de Amazonas. Venga a pedirnos el Moro su fuero infame a nosotras, y verá si en nuestras manos pierde la arrogancia loca. Pues cuando más no podamos, imitar sabremos todas a las siete, que en Simancas sus manos hermosas cortan. Daremos honor a un Reino, si ellas a una villa sola se le dieron, con la hazaña mayor que el tiempo pregona. Quedaos, pues, para cobardes en la Ciudad, que nosotras a la campaña salimos a defender nuestras honras. Venga el Moro que nos pide, que yo le haré que conozca, como ha de cobrar tributo de las Leonesas Leonas. Hay tan notable valor! vive Dios, que esta mujer eterno dueño ha de ser de mi vida, y de mi honor. Gran. Señor, esto consienten tus deseos? así quieres que villanos, y mujeres en público nos afrenten? Rompe ya el fuero, y moxtremos al Moro nuestro poder. Si tú no le quieres romper, nosotros le romperemos. Sosegaos amigos míos, que muy en breve tendréis ocasión donde mostreis esos juveniles bríos. Tú, Moro, puedes contar al Rey lo que ves, diciendo, que ni su amistad pretendo, ni el pecho quiero pagar. Pártete luego. . Ramiro, mal aconsejado estás, más tu arrepentiras tan presto, . De mí me admiro, que pueda tener paciencia para sufrir a este loco. Vete, Moro, poco a poco, no tomes tanta licencia, que estás delante del Rey. Quién os mete en eso abos? Mi Patria, mi Rey, mi Dios me meten, y es justa ley, que a quien les hiciere ofensa, con las armas en la mano responda . Loco, villano, tu conmigo? . Si alguién piensa, que por ser villano, soy menos honrado que un Moro, engañase. . A Cardiloro te atreves? . Sabéis que estoy aquí? qué es esto? . Señor, perdona mi atrevimiento. Tan gran descomedimiento se hace a un Embajador? Moro, ya no he respondido a tu embajada? qué quieres? vete al momento, no esperes a que algún bravo atrevido castigue tu proceder soberbio, arrogante, y fiero, que no por ser mensajero, descomedido has de ser. Yo me iré, pero primero que de tu presencia parta, de mi cargo brevemente cumpliré lo que me falta. Y en nombre de Abderramen; pues la obediencia jurada le negáis; os desafío para la campal batalla. Desafio a don Ramiro, que Rey de León se llama, a su hermano don Garcia, y a toda la Real Prosapia: A todos los Caballeros, a los hidalgos de casta, y a los villanos, mas no a aqueste, que a aqueste basta. Decidle, que brevemente, si mi vista no le mata, a mis mozos de caballos ha de servir en mi casa. Todo lo demás, que en sí el Reino Leones abarca, desafo, sin que quede segura cosa criada. Mas ya que hablando he cumplido con mi honor, y mi embajada, quedaos, que presto, con obras, veréis cumplir mis palabras. Braba arrogancia. Notable. Atrevimiento solene. Si como la lengua tiene las manos, bien es que hable con tal brío. . Entre su gente por bravo tenido está, mas yo pienso que será más hablador que valiente. Dejemos eso, y tratemos de acudir a lo que importa, pues la distancia es tan corra, y tanto que hacer tenemos. Publiquese por León la guerra, y toda la gente se prevenga brevemente para tan justa ocasión. Vos don Juan osorio iréis a levantar la Milicia de Asturias, y de Galicia, para lo cual llevaréis El bastón de Genetal; y don Pedro vuestro primo, cuyo valor tanto estimo, será mi Alferez Real. Vos don Lorenzó podéis acudir al Tesorero, que os cuente luego el dinero, porque luego lo llevéis: Ya vuestro hijo traigáis, que en esta ocasión que espero no temeré al mundo entero, si vos a mi lado estáis. Y yo entre tanto escribir quiero al Castellano Conde, y a todas las partes, donde socorro pueda pedir; Que si el enemigo viene, todo será menester. Nada tiene que temer, quien por amparo te tiene. Gran Señor, porque se vea con la voluntad, y gusto que a tu servicio me ajusto, hoy mi corazón desea, Que licencia se me dé para enárbolar bandera en esta sierra primera, y fía de mí que haré, Con este traje grosero, algo que honre mi linaje; que tengo en villano traje ánimo de Caballero. Es el valor que has mostrado tanto, que para obligar tu pecho, te quiero dar el cargo que has deseado. Toma la ginera, y parte a levantar esa gente, que si haces como valiente, como Rey sabré premiarte. Yo me acordaré, Señor, de la merced recibida; doña Blanca de mi vida, por vos mi atrevido amor A ser soldado me lleva, y por vos mostrar espero tal valor al Moro fiero, que sin vergüenza me atreva a declararme por vuestro. Viva el Rey nuestro Señor, que nos da vida; y honor. Viva el gran defensor nuestro. Ya el mujeril escuadrón vuelve, y defensor te llama. Aurales dicho la fama mi justa resolución. A quién defiende el honor de las mujeres también, razón es, que ellas le den coroha de vencedor. Hoy las Leonesas doncellas del Moro, hasta aquí oprimidas, truecan de un Rey defendidas en contento sus quererlas: Y pues con su gran valor seguras hace que estén, razón es que ellas le den corona de vencedor. Del yerro que cometimos, con la libertad pasada, aunque fue la causa honrada, perdón, Señor te pedimos: Y que licencia nos des para coronar tu frente con el laurel excelente, tan digno de ella. . Después Te dará el Moro vencido coronas ricas, y bellas, que está te dan las doncellas, porque las has defendido. Estimo la voluntad, y recibo este laurel, para acordarme por él, que os voy a dar libertad: Permítalo Dios, Amen. De tu valor lo esperamos, mas pues aquí nos hallamos, y es ya tarde, será bien, que hasta tú mismo aposento todas juntas te llevemos, y en el camino cantemos. tu gloria, y nuestro contento. Vuestro gusto quiero hacer, pues en todo me le dais. Vos a todas nos honráis; volved, volved a tañer. Dios te dé victoria, Ramiro Espa- ñol. Dio
JORNADA SEGUNDA
Moros, quen tovere amor, tendrá dolor, e quen sen amor está, pracer tendrá, guayha, guayhan. Se perder la lebertad es necedad, perder con elea la veda, es más creceda. Seel amor nos dar contento algón momento, después ado eterna pena nos condena. A la lebre a Abderramen de querer ven, quee contento veverá, se lebre esta, guayha, guayhá. Invencible Abderramen, Rey de Cordona famoso, que haces? como no juntas en campo tu poder todo? No sabes, que don Ramiro, soberbio, arrogante, y loco, las cien doncellas te niega? como estás con tal reposo? qué dices? . qué a tu embajada, me dio por respuesta solo, que ni tu amistad estima, ni teme tu justo enojo. Todo el Reino puesto en armas, con nunca visto alboroto, se altera, y la libertad van apellidando todos. Los Caballeros animan al Rey; los villanos toscos, por las vengatinas armas, truecan el arado corbo. Hasta las tiernas doncellas, con sn escuadrón brioso, le prometen, que han de ser del mundo espanto; y asombro. Pero quien le incita más, son los dos primos Osorios, y don Lorenzo el cautivo. Qué dices? espera un poco, Don Lorenzo solicita mi daño? . Caso es notorio. Ha Cristiano mal nacido! falso, atrevido, engañoso; Cuando a servirme obligado te tengo, por tantos modos, mi deshonor solicitas con ánimo cauteloso? Vive Alá, falso, enemigo, pues ya tu trato conozco, que el disgusto que me has hecho, me has de pagar con otro. Un hijo tuyo me queda, en quien, para más oprobrio, pienso vengarme de ti: partid al punto vosotros Adarle muerte; esperad, no le matéis, que otro modo quiero tomar de venganza, más nuevo, y más provechoso. Parte tu Zaide por él, y con un vestido Moro me le trae. . Harelo al punto. Por Alá, que tengo en poco la locura de Ramiro, respeto del alevoso término de don Lorenzo; pero ya que a mi decoro Se atreve, yo haré que sea la venganza que propongo, a don Lorenzo castigo, y a la Cristiandad asombro. Señor repórtate, advierte, que si don Lorenzo al Rey incitó con pecho suerte, fue por defender su ley, no por querer ofenderte. Y yo sé de mí, que hiciera lo mismo, cuando estuviera de su Rey muy obligado; que un pecho noble, y honrado mal su obligación cumpliera, Cuando por cualquier respeto, viendo a su Rey, y Señor en tal confusión, y aprieto, no mostrara su valor en su defensa: un efeto, Digo, y sustentarlo espero, que como buen Caballero procedió. . Tu procediste muy mal; pues que no le diste castigo al necio grosero. Quisiera yo haber llevado la embajada, que yo hiciera al Cristiano, mal mirado, que en mi presencia anduviera más compuesto, y recatado. Mas tú (pues tanto en ausencia le has alabado) en presencia le debiste de cobrar el miedo, que para hablar te da cobarde licencia. Ya conocemos aquí a don Lorenzo, y sabemos cuanto es su valor. . Y a mí conocesmer . Conocemos la arrogancia que hay en ti. Pues yo te haré conocer, como sé decir, y hacer. Muley soy. Yo Cardiloro. Así se guarda el decoro a mi persona? A no ser por esa causa, ya hubiera hecho, que Muley conmigo tan sobrado no anduviera. Muley sabrá. Baste, digo. Nunca disgustarte espera mi lengua. Ya, don Andrés, en la presencia te ves del Rey. Deme vuestra Alteza sus manos, pues hoy empieza a honrarme. b gracioso es . el muchacho; por Alá, que algún amor le he cobrado: si su ley deja, él será, como yo mismo, estimado, pero si no morirá. Don Andrés, como os halláis con el traje Moro? estáis contento? . Como no sé el fundamento por qué así vestir me mandáis, No puedo decir que estoy bien, ni mal con el vestido; aunque la palabra os doy, que de vérmele vestido me pesa, a fe de quien soy. Calla Andrés, que si supieras cuan bien te está, no dijeras lo que de él dices: advierte, que por él vengo a quererte tanto, que como tú quieras Quedarte en mi Corte, creo, que en ella podrás hallar cuanto pinte tu deseo, pues tú solo has de mandar el Estado que poseo. Las cien Cristianas doncellas, para que te sirvas de ellas, te daré; y en esta tierra, de cuantas Moras encierra, escogerás las más bellas. Cuando vengas a tener edad, una mi sobrina te pienso dar por mujer, cuya beldad peregrina, del mundo espanto ha de ser, Harete tan gran Señor, que en riqueza, y en valor a los más grandes excedas, para que llamarte puedas, entre grandes, el mayor. Qué me respondes? Qué un pecho de un niño; aunque le engrandeces con el favor que le has hecho, para lo mucho que ofreces, parece aposento estrecho. En cuanto a quedar contigo, para servirte, yo digo, que soy contento de hacello; si mi padre gusta de ello, que solo su gusto sigo. Y también, si él quiere darme licencia, de buena gana te obedeceré, en casarme con una mujer Cristiana, que si no, no hay que cansarme. Guardando, en fin, el decoro a la ley, y al Dios que adoro, te servire, caso es llano, no contra ningún Cristiano, más contra cualquiera Moro. Posible es, que de este modo te arrojés a despreciar mi favor, privanza, y todo cuanto te pretendo dar, cuando a honrarte me acomodo? Andrés, muy errado vas, vuelvete a mi ley, verás como te sobra, al momento, honra, riqueca, y contento, y más, si quisieres más. No pienses, que por dejar la ley que tienes. Andrés a Dios dejas de adorar, que Dios, y Alá todo es lo mismo, no hay que dudar. Ni presumas que yo quiero verte sin Dios, más espero que le adores, abrazando mi ley, y menospreciando la que has tenido primero. Mira bien, que te aconsejo lo que te ha de estar mejor. Es como tuyo el consejo; pero yo fundo mi honor en mi ley, que ella es mi espejo. Si con vestirme, y honrarme, pensaste, Rey, engañarme, la suerte se te ha trocado, pues has de quedar burlado, cuando quisiste burlarme. Toma tu vestido allá, que su riqueza pesada nuevo tormento me da, mi pobre traje me agrada, que honrado, aunque pobre, está. Estas joyas, con que en vano tientas mi pecho Cristiano, guárdalas, que bien podría ganártelas algún día, con las armas en la mano. De verme hablar no te espantes tan libre, cuando a oír vengo desatinos semejantes; que aunque soy tan niño, tengo hos pensamientos Gigantes. Figueroa soy, y son las ojas de mi blasón límvolo de mi esperanza, pues con su color alcanza nueva vida mi opinión. Con esto puedes dejarme, pues no has de poder jamás de aqueste intento mudarme, y si lo pretendes más, será cansarte, y cansarme. Rapaz imprudente, y loco, pues mi amor tienes en poco, yo convertiré mi amor en odío, con el furor a que me incito, y provoco. Y pues tu mismo provecho no te ha podido mover, verás como a tu despecho, por temor vienes a hacer, lo que por amor no has hecho. Yo haré, rapaz, enemigo, que veas en tu castigo mi enojo. . . Sigue tu gusto, que yo a sustentar me ajusto la ley que profeso, y sigo. Si ese pecho que me ofende, fuego de cólera enciende, seré cual oro en crisol, o cual Águila, que al Sol probar su vista pretende. Y si pretendes probar la fuerza de mi valor, tus armas puedes tomar, pues de cólera, y furor te puedes al punto armar. Que yo, cual fuerte soldado de Cristo, en el campo armado con las armas de la Fe, gallardo defenderé la que la Iglesia me ha dado. Esta guardar me conviene, como la enseña, y la tiene la santa Iglesia de Roma, renegando de Mahoma, y de su engaño solene. Esto sutres, gran Señor? Por Alá, que ya reviento de cólera; y de furor; llévale Zaide al momento, donde con fiero rigor dos mil azotes le den, que quien desprecia su bien, atropellando mi gusto, que conozca será justo la fuerza de mi desdén. Hárase, sin dilación. Quitarele cien mil vidas, si no muda de intención. Penas por Dios padecidas, no son penas, glorias son. Nosotros, pues aquí estamos juntos, es bien que veamos lo que en aquesta jornada hemos de hacer. . si te agrada (gran Señor) manda que vamos a tu Consejo Real, donde lo que más importa se disponga. . No hagas tal, porque en distancia tan corta puede hacernos mucho mal la dilación; manda luego hacer guerra a sangre, y fuego; deja esos consejos vanos, que los airados Cristianos no vienen con tal sosiego. Gran Señor, si a la experiencia das más crédito, y licencia, que a la soberbia arrogancia; y si en casos de importancia te gobiernas con prudencia, Este pecho, que ha negado Ramiro, aunque se ha cobrado tantas veces, decir puedo, que fue por él en Aledo tu padre desbaratado. Mira, Señor, la corriente de Duero, que en sangre nuestra tiñó el cristal transparente; y mira la que te muestra el campo de Benavente. Ya, vuelta en fuego, revienta la cólera por los ojos, que así tu Alteza consienta, que este ensalce los despojos del Cristiano, con tu afrenta? Ya no se puede sufrir tu temeraria osadía. Ni ya se puede encubrir tu afrentosa cobardía. Cómo sabes, que reñir aquí no puedes conmigo, hablas, sin temer castigo; pero yo sabré buscarte a solas. . Y yo matarte. si viene un mundo contigo. Espera Muley, espera Cardiloro; que mi Estado revuelvan de esta manera dos Alcaides? . Porfiado es Muley, qué bien pudiera hablar con moderación, pues sabe la condición de Cardiloro. . Múley, en cuanto le dijo al Rey tuvo sobrada razón. Cardiloro se mostró muy brioso, y no lo es tanto. . Cardiloro habló tan comedido. . Ea pues, tengo de enojarme yo? No haya más. . De obedecerte gustaremos. . Sea de suerte, que luego al momento vais adonde atajar podáis el furor terrible, y fuerte de estos Alcaides, y quiero- que ninguno a mi presencia vuelva, sin que sean primero amigos. . De su pendencia verás el fin. . Ya lo espero. Ya el Cristianillo azotado queda, como lo has mandado. Ablandaso? . Es por demás. Qué aguardas, que no le das la muerte que ha deseado? Parte al punto, y con mil suertes de tormentos insufribles, le harás padecer mil muertes; y si en penas tan terribles, a nuestra ley le conviertes, tráémele acá, porque vea, como mi mano se emplea en estimarle, y honrarle, pero si no, puedes darle muerte ignominiosa, y fea. A servirte voy dispuesto, del modo que lo ordenaste. Mira, gran Señor, que presto hicimos lo que mandaste. So amigos? . Solo en esto algo rebeldes están; pero presto lo serán, que ya tienen hecha tregua. Un Pastor en una yegua corriendo entró en el zaguan, y quiere hablarte. Entre luego. Rey famoso, como tiene tu Alteza tanto sosiego? cuando el enemigo viene destruyendo a sangre, y fuego, de tu Reino tanta parte, que ha plantado su Estandarte a dos leguas de Logroño, y en su campo el más visoño soldado parece un Marte? En Albelda al fin te espera, donde entrando de improviso, fue su rigor de manera, que aún a las plantas no quiso perdonar su mano fiera. Yo escapé de su furor en una yegua, Señor, y a darte las nuevas vengo; perdona, si culpa tengo, pues fue la causa el temor. Que necio, y cobarde estás; pues cree, que el alma mía no pudo esperar jamás nuevas de más alegría, que las que triste me das. Gracias, cielos soberanos, os dol, pues hoy a mis manos, teniendo su vida en poco, se viene Ramiro el loco con sus tímidos Cristianos. Si yo, para castigar sus locuras, a León le había de ir a buscar, que estime en mucho, es razón, el ver que se viene a entrar Por los silos de mi espada, y esta ocasión deseada, que por momentos me espera, a peso de oro pudiera tenérsela yo comprada. Tú, Pastor, irás al Moro, a quien encargo, y confío la guarda de mi tesoro, y dile, que yo te envío por docientos zequies de oro: que así quedarás premiado del aviso que me has dado. Alá de tus enemigos te deje triunfar. Amigos, ya la ocasión ha llegado, En que se ha de conocer vuestro divino valor, y mi absoluto poder; vamos a ganar honor partamos luego a vencer: Que en Alá, y en Marte espero domar el orgullo fiero de este soberbio enemigo. Yo en darle justo castigo tengo de ser el primero. Por el alto Firmamento, Cielo, Sol, Luna, y Estrellas, juro, pues su atrevimiento te ha negado cien doncellas, que ha de dar una por ciento. o Y por vida de Mahoma, que a su cargo tu honor toma, juro, que ufano; y bizarro, te haré triunfar en un carro, cual los Césares en Roma. A tus pies, Ramiro, atado con las doncellas más bellas irá de todo su Estado, y tiraran cien doncellas el carro en que has de ir sentado. Eso, y más de ti confío, que tu valeroso brío mayores cosas promete. Si así me obligas, darete del mundo el gran señorio. Gran Señor, vengo corrido de ver, que dureza tanta un rapaz haya tenido. Su pertinacia me espanta. Jamás tal valor se ha oído: Así como le llevé de aquí, por bien procuré obligarle a que te diese gusto, y nuestra ley siguiese, más nunca posible fue. Viéndole tan obstinado, para vengar tus enojos, después de haberle azotado, en una cama de abrojos le puse, y a un renegado Hice, que un palo trajese, y con gran fuerza le diese mil palos en la barriga; porque en esto su fatiga igual con su culpa fuese. Mas aunque espaldas, y pecho, con los abrojos, y palos mostraba casi deshecho, a los tormentos, regalos llamaba, y a mi despecho. Dando voces a María, como el tormento crecía, crecia su atrevimiento; yo viendo, que del tormento tan poco caso hacía, Ordené, que diesen fuego a los abrojos, juzgando, que allíle abrasaran luego; más cuando estaba esperando su fin, al fuego me allego, Y vi, que la llama fiera le cercana de manera, que un punto no le ofendía; y un resplandor parecía, que en medio de la hoguera, Con pura luz, le cercaba; donde una voz de mujer oimos, que se hablaba, y a sufrir, y padecer dulcemente le animaba. Oída esta voz, al punto el fuego, que estaba junto, de suerte se dividio, que libre el rapaz quedó donde le juzgué difunto. Y dando voces, tiranos dijo, y ha de vuestras manos me libró la Virgen bella, que parió siendo doncella al gran Dios de los Cristianos. Yo para que ningún hombre, de esta novedad se asombre, a quiien dos palos le he puesto, quitiendo igualarle en esto con el santo de su nombre. Por Alá que me ha espantado, la constancia, y el valor, que el rapacillo ha mostrado. Aquí viene (gran Señor) a cumplir lo concertado, este tu esclavo, . o amigo! el Cielo santo es testigo, que me guelgo de que vengas a tal tiempo: aunque me tengas por declarado enemigo. Pero no te culpo yo, pues te disculpa tu ley, A qué mal tiempo llego! Qué bien disimula el Rey! . En efeto me negó tu Rey el debido pecho? Señor, como de derecho cada cual está obligado a procurar de su estado el augmento, y el provecho. No te espantes de que siga mi Rey el justo deseo, que a verse libre le obliga del triburo infame, y feo. No me espanto, que prosiga Ramiro ese altivo intento: cuando le da atrevimiento ese valor sin segundo, con quien a vencer el mundo me atreviera en un momento, Pero dejando esto aparte, don Lorenzo, yo querría en amistad preguntarte, que gente en su compañía tray tu Rey? . sin engañarte Te diré, Señor, aquí cuanto pretendes de mí saber, y pues ya me obliga tu nobleza; a que te diga la verdad, escucha. . Di. En el punto que se supo, que mi Rey negaba el pecho, y que en libertad quería poner su heredado, Reino. De todos cuantos Estados; tiene Ramiro sujetos, acudieron a León h solícitos mensajeros, Sup Ofreciéndole a su Rey: para conseguir su intento, gentes, armas, y caballos, municiones, y dineros, Los Clerigos, y Presados, Iglesias, y Monasterios que siempre en la Cristiandad suelen ser libres, y esentos, Sus haciendas, y Tesoros liberalmente ofrecieron, que Dios para tal empresa movió sus nobles intentos. Los Estados, que a Ramiro deben amistad, o feudo, socorros muy importantes envíam en breve tiempo. Juntaronse en pocos días con el Ejéreito nuestro, tantas gentes, que poblar pudiera un mundo entero. Los de Navarra, Vizcaya, Alaba, Asturias, Qbiedo, Portugal, Galicia, y cuanto a León está sujeto. Los Castellanos vizarros, valerosos, y soberbios, parece que quieren solos tomar este pecho ha pechos. No estorban en esta empresa la madre al hijo mancebo, ni la mujer al marido, ni al yerno el anciano suegro. Ni la hermana, a sus hermanos, ni la parienta a sus deudos, ni la bella hermosa dama, al querido amante tierno. Antes conformes envían todas con valor inmenso, hermanos, deudos, galanes, hijos, maridos, y hiernos. Solo los viejos, y niños, quedan harto descontentos: de que sus débiles fuerzas, mad no igualen con sus deseos. Para hacerles compañía; también se quedan con ellos, las mujeres, aunque algunas siguen el marcial estruendo. Que como la causa es suya, con su presencia quisieron incitarnos, y ayudarnos, a ganar honrosos premios. Y en fin para no cansarte, digo, que del bando nuestro quedan las casas vacias, y vienen los campos llenos, Si Ramiro tan pujante í viene no me espantaré de que tu Alteza se espante, y cuanto quiera le dé antes que pase delante. Porque don Ramiro es hombre, que hará que el mundo se asombre; de ver tu castigo fiero, fino te rinder primero a don Lorenzo en su nombre. Baste ya la burla, tente Moro, que ya he conocido en tu arrongancia imprudente, que de sisgón, y atrevido tienes más que de valiente. Tú te adelantas conmigo? Yo contigo, y si contigo ciento como tu trujeras, cuando a mi Rey ofendieras te diera justo castigo. Reniego de mi sobrado sufrimiento. . bueno está, que estoy aquí no has mirado? Si no lo mirara, ya no me lo hubiera tragado? Nadie a don Lorenzo ofenda, ni disgustarle pretenda, que soy su amigo, y es justo, que quien le diere disgusto, que a mí me lo ha dado encienda. Antes por lo que se debe al gran valor que su honrado corazón incita, y mueve le quiero dar un soldado, que al campo Cristiano lleve. No pienses que te le doy por cobarde, antes estoy de su valor ofendido; porque jamás he podido rendirse, a fe de quien soy. Que me olgara te confieso de convertirle a mí ley, mas no he podido, y por eso gustare de que a tu Rey se le lleves. . tus pies beso Por tal merced, aunque espero recibir otra primero; y está será, que me des a mi hijo don Audres, y recibas el dinero de mi rescate. . Yo haré, que el hijo, y soldado junto al momento se te dé; Zaide, daselos al punto. Ya entiendo, yo los daré, Queda en paz. Beso tus pies. Cuando en la batalla estés, verás como siempre he sido mus valiente que atrenido; y así quiero que me des palabra, que en la batalla me buscarás. . Buscarete, cubierto de acero, y malla. Pues búscame, y calla, y vete. Pues búscame, y vete, y calla. Qué valientes se han mostrado! Dónde está mi hijo amado? que aguardas? no me le das? Aquí, Cristiano, verás juntos al hijo, y soldado. Tierno, y manso Cordero, que por pagar del hombre el maleficio, clavado en un madero, al Padre os ofrecéis en sacrificio, dejando de esta suerte vencidos al infierno, y a la muerte. Leon bravo, y valiente del Tribude Juda, que la braveza de la antigua serpiente atropelláis, quebrando su cabeza; para que no se atreva jamás a despreciar los hijos de Ena. Camino soberano, que los dichosos pasos encamina del devoto Cristiano, que por el falso mundo peregrina, hasta que alegre mira la Patria Celestial, por quien suspira. Verdad, que sin engaño, a dar conocimiento al alma llega, deshaciendo el engaño, que cansa en ella la ignorancia ciega, para que en vos advierta por donde puede errar, y adonde acierta. Vida, que desde el cielo, disfrazada venistes a la tierra con el humano velo, que en su bajeza vuestra Alteza encierra, queriendo en la partida recibir muerte para darnos vida. Pastor tan cuidadoso, que desde el Norte al alba estáis velando; y sin tomar reposo, la ovejuela perdida vais buscando, porque a lástima os mueve, hasta juntarla a las hoventa y nueve. Luz, que al puerto seguro encamináis la nave temerosa, que tempor al oscuro corre en la mar airada, y procelosa, su perdición temiendo, hasta que os va de lejos descubriendo. Maestro, que en el mundo ponéis escuela de divina ciencia, y con saber profundo enseñáis a los hombres la excelencia de aquella eterna gloria, que alegra, y enriquece su memoria. Cordero, León, Camino, Verdad, Vida, Pastor, Luz, y Maestro; pues por vuestro divino nombre, y por el amor divino vuestro a la muerte me ofrezco, ayudadme en la pena que padezco. plor, terrible, y fuerte! Ay doo hijo del alma querido, quién te puso de tal suerte? Padre amado, ya me olvido de mi tormento, y mi muerte, con solo veros a vos. Morir tenemos los dos juntos, mí querido Andrés. No padre, que solo es la voluntad de mi Dios, que yo de esta suerte muera; pues por no querer negar su Fesanta, y verdadera, muriendo, voy a gozar la corona que me espera. No lloréis, padre, y señor, que vuestro raro valor se afrenta de aquesta suerte; advertid, que por mi muerte, reiros fuera mejor. Cuando yo hubiera negado la ley santa en que nací; fuera muy bien empleado vuestro llanto; pero aquí no viene bien, padre amado, Y para que no sintáis el verme como me veis, quiero, padre, que advirtáis, que cuando aquí me perdéis, en el cielo me ganáis. Pero ya que del vivir, la inevitable pensión viene la muerte a pedir, dadme vuestra bendición, padre, y dejadme partir, que ya mi alma querría verse libre, en compañía de su Hacedor. Duro trance! la de Dios, hijo, te alcance con esta bendición mía. a, y cielo, Soberano Criador de tierra. que de nada en el mundo me criaste, y a tu divina Imagen me formaste, para buscar tu cielo en este suelo. Divino Salvador, que humano velo, para encubrir tu Majestad tomaste, y de muerte, con muerte, me libraste, convirtiendo en placer mi desconsuelo. Gran Glorificador, que al alma mía ofreces, por la muerte, la futura vida, que en ti, por ti, alcanzar pretendo. Pues amanece de mi gloria el día, para gozar su luz serena, y pura, en tus manos mi espíritu encomiendo, Hijo mío? ya murió, ya mi vida se acabó, ya quedó el cielo nublado, ya mi Sol está eclipsado, ya mi espejo se quebró. Pero qué digo? Ay de mí! vivo le conserva el cielo, que yo solo le perdí; porque gozarle en el suelo mas tiempo no merecí, Dichoso Andrés, que gozaste la gloria que deseaste, por la Feque defendiste; mas si a la gloria te fuiste, como en penas me dejaste? Llevarásme allá contigo, hijo, que partir sin mí, no ha sido hazaña de amigo; D12U1 más ay! que no merecí ser de tu gloria testigo. Gózala tú, pues lo ordena tu suerte dichosa, y buena, mientras yo con risa, y llanto tus alegres glorias canto, llorando mi triste pena. Lorenzo, aunque de aquí me partí, por no afligirte lo que entonces no pedí, ahora vuelvo a pedirte: y pues dijiste que ahí el dinero del rescate venía, es bien que se traté de entregármelo. Oh villano! justo será que mi mano te le de cuando te mate. Socorreme gran Señor, que me mata. Qué es aquesto? Dar a un infame traidor la muerte. . Muy descompuesto te tiene el ciego furor: Sosiégate. . Rey tirano, falso, perjuro, inhumano, es bueno, que de esta suerte hayas condenado a muerne a aquel Ángel soberano? Si te le deje en reenes, que causa para matarle hubo? o qué disculpa tienes? Solo quise castigarle; pero tú que airado vienes a culparme, cuando estás cautivo, cómo te vas a incitar a mi enemigo, y para romper conmigo, brío, y consejo le das? Yo cumpli con el valor de mis padres heredado. Yo cumpli con mi rigor, dando, en el hijuelo amado, muerte a su padre traidor. Traidor yo? si lo dijera otro que tú yo le hiciera que se acordara de mí; pero exceptándote a ti por quien eres, a cualquiera Moro, que atrevido intente darme nombre de traidor, le daré a entender que miente. Matadle. . Rey, y Señor espera, Múley detente, Que a mí solo su castigo toca, y yo solo me obligo a vengarte, y a matarle; por esto, Señor, dejarle puedes a solas conmigo, dándome licencia a mí, para que a mi gusto aquí haga de el cuanto quisiere. su valor mostrarme quiere, . si es tu gusto, hágase así. Pues a tu Real aposento te recoge. . Ya me voy. Temerario atrevimiento! A solas contigo estoy, que es, Moro, tu pensamiento? Has por ventura olvidado la palabra, que me has dado? Antes lo confirmo, y digo, que me mataré contigo en esta sala encerrado. Sosiégate, que no quiero que me la cumplas aquí; no empuñes el blanco acero, que si a mi Rey se pedí la vida, que darte espero, Sábete, que solo es, porque pretendo después, con este brazo valiente, quitártela entre tu gente, cuando en la campaña estés, Aquí, dirán que tenía gente conmigo, y dirán, que fue grande cobardía; pero allá conoceran, que es perfecta valentía. Allá cumplir me podrás la palabra que me das; pon a punto tu partida, que si aquí te dol la vida, con ella me pagaras. Estimó el término, hidalgo Moro, y quisiera valer mucho más de lo que valgo, por poder satisfacer mi deuda, y pagarte en algo. Tu valor, y cortesía estimo en más que solía; y pienso, que si supiera temer, desde aquí temiera tu gallarda valentía. Yo confieso, que recibo de ti la vida, y confieso, que para servirte vivo; mas no pienses que por eso, de poder cumplir me privo La palabra prometida; antes la verás cumplida, cuando pudiendo matarte, lo dejé, para pagarte mi vida, con darte vida. Vete ahora, que después mostrarte quien soy espero; y porque a tu hijo Andrés puedas llevar, darte quiero un mí cautivo Leonés, que te acompañe, y le lleve. Si tanto el alma te debe, pagarte será imposible: Tanto tu dolor terrible, como tu valor me mueve. Vamos, porque partas luego? Vamos, y en el alma mía quedara escondido el fuego, que de tu Rey algún día sabrá turbar el sosiego. Tiemble el mundo la pujanza de mi espada, y de mi lanza, que soy Figueroa, y soy padre, que de un hijo voy, a tomar justa venganza. i, , -
JORNADA TERCERA
Hagan alto en el pie de aquesta sierra. Alto soldados, la palabra pase de mano en mano. . Todos hagan alto. Aquí, bravos Leoneses, nos ofrece lugar seguro, y sitio provechoso la sierra de Clavijo; pues guardando del ejército nuestro las espaldas, con su falda tendida, y espaciosa, para plantar el campo nos convida. Ocupémosla pues, y en tan seguro sitio aguardemos al soberbio Moro, y, que a vengarse del daño recibido, en toda la Provincia de Rioja, soberbio viene, amenazando al cielo, que ya de sus injurias incitado, nos trae a castigar sus desatinos. En fin, pues dicen que tan cerca viene su ejército arrogante, en esta sierra quiero esperarle, y darle la batalla. Este es mi parecer, y solo espero, diciendo el suyo cada cual, que todos sigamos al que fuere más fundado. Todos nos conformamos con el tuyo; plántese el campo aquí, y aquí esperemos al enemigo, que esto es lo que importa. Ese consejo apruebo. Y yo le sigo. Pues yo dejo, don Juan, a vuestro cargo la ejecución de todo. . A obedecerte parto al punto. . Esperad, que caja es esta? Un escuadrón que marcha, y en buen orden, acercándose viene a donde estamos. Dejadlos, lleguen, y quien son senamos T Aqueste escuadrón brioso, aunque tosco, humilde, y llano, te ofrece un pobre villano, de servirte deseoso. Hombres de acero en efecto te doy, y presto verás, que vale su acero mas, que el oro puro, y perfecto. Pobres, como el Capitán, son todos, más venga el Moro, que a costa de su tesoro, enrique cerse sabrán, Estimo, como es razón, el servicio que me has hecho, AIIIDS y quedo muy satisfecho de tu animoso escuadrón, Gobiérnale, pues te di la gineta, que algún día premiaré tu valentía. Para servirte nací. Qué caja sueña tan cerca? Gente será, que ha venido al ejército. . . Un lucido escuadrón aquí se acerca. Si por amparar doncellas, este ejército has juntado; y si tu vida, y estado arriesgas por defenderlas, Razón será (gran Señor,) que ellas mismas a ayudarte se dispongan, y a mostrarte, que en eefensa de su honor, Sabran morir peleando, vendiendiendo tan bien sus vidas, que los moros homicidas, no se vayan alabando. Docientas con este intento tu campo siguiendo van, y yo soy su Capitán, (to. B. yo su Alferez, . Yo Sargen Y gobernare de suerte el escuadrón, que primero, que lleve Cordova el fuero, verá nuestra honrosa muerte. Tema mi furor cruel el Moro, porque hoy despedido del corazón a Cupido, y a Marte aposento en él. Yo también seguí el amor, y tan mal pagada fui, que de su prisión salí, huyendo de su rigor. Ya el son belicoso sigo, sus glorias el alma espera, Marte viva, el amor muera, y muera el Moro enemigo. Que gracia, que vizar ría! Bella está Nise por Dios. . S. Hermosa Jimena, en vos vive la esperanza mía. En mucho estimo el valor, que todas juntas mostráis; pues las vidas despreciáis, por estimar vuestro honor. Celebre el mundo la ha zaña vuestra, y consiese que son las mujeres de León, fieras leonas de España, Rindan os parias, de hoy más, Camila, y Pantasilea, porque todo el mundo vea como las dejáis atras. Vuestro valor sin segundo, la fama de Polo, a Polo cante de hoy más, pues el solo merece gloria en el mundo. Muhos años nos honréis, Harto honradas os estáis vosostras, cuando gozáis el honor que defendéis. No con pompas funerales, ni con amargos lamentos, que de tristes sentimientos, suelen ser ciertas señales. No con lutos arrastrando, cuyo funesto color, la tristeza, y el dolor del alma este publicando. Ántea con grande alegría, con regocijo, y contento, (Rey, y Señor) te presento la muerta esperanza mía. Yo no acabo de entenderos; bien os podéis declarar, Ya sabes que hasta llevar a Cordova los dineros De mi rescate, quedó en reenes; don Andres, mi heredero; sabrás pues que cuando a librarle yo Llegué, y a entregar el oro, halle que el Moro le había muedo, porque no quería renegar, y hacerse Moro. Cien mil martirios le dio por esto el Rey inclemente, y en dos pasos finalmente aspado me le mostró. Quise hacer un desatino, de mi dolor incitado, pero mi furor airado, templo Cardiloro, y vino A darme la triste vida, que el Rey me mandó quitar, y un cautivo, que sacar mi dulce prenda querida, Pudiese de la Ciudad, este es, Señor, el suceso de mi jornada; y confieso, que aunque la fiera crueldad, Del Rey Moro fue ocasión para que mi Andrés mostrase su gran valor, y gozase en el Cielo galardón. De su constancia, y su fe, la misma crueldad incita mi deseo, y solicita que igual venganza le dé. Vosotros armad al punto una tienda rica, y bella, y poned el cuerpo en ella de mí querido difunto. Allí reliquia gloriosa, venerada quedaréis, hasta que por mi gocéis sepulcro, y venganza honrosa. Oh crueldad bárbara, y fiera! Rey sin palabra, ni fe, porque tirano, porque violaste de esta manera La justa ley? mas en vano me quejo de un loco Rey, sin palabra, ni sin ley, Moro al fin, y al fin tirano! Don Lorenzo, yo os prometo, que hasta el alma me ha llegado vuestra pena, y ha causado en mi pecho el mismo efeto Que en el vuestro, por lo cual mi real palabra os doy; de ayudaros desde hoy a tomar venganza, y tal, Que satisfechos quedemos de perdida tan notable. Todos con un entrañable amor os ayudaremos A tan justa empresa, . Beso tus pies mil veces, Señor, y a todos por el amor con que me animan; confieso. Que no se con que pagar la obligación en que quedo. Aquél es el Rey: bien puedo con seguridad hablar. Don Ramiro de León, que furioso, y arrogante; con flacas fuerzas te pones contra las del mismo Marte. El famoso Abderramen dice, que quiere olvidarse, del disgusto que le has hecho negándole el vasallaje. Mas esto con condición, que tu ejército a ayudarle vaya a conquistar a Francia, debajo de su estandarte. Que con la suya, y tu gente, será su poder tan grande, que a Francia, y al mundo todo sujetará en un instante. Si lo haces, te promete su amistad, y si no haces lo que te pide, al momento verás derramar tu sangre. Él en sin espera sola mi respuesta, para darte muerte, si favor le niegas, y vida si le ayudares. Fácil le será, y posible, porque en su campo pujante, el valor del mundo todo, todo ha venido a juntarse. Con tu licencia. Señor, quiero al Moro responder. Y será bien menester, que vos volváis por mi honor. Yo quisiera, Cardiloro, que tu demanda pudiera, por ser tú el Embajador, tener gustosa respuesta: Mas nuestra clara justicia, y vuestra mucha soberbia, a pesar de tu amistad, mueven mi Cristiana lengua: Y digo, que a la embajada de tu Rey, bárbara, y necia, solo respondo, que el mío en la campaña le espera; Donde verá brevemente, como con matarle deja libre a León del tributo, y a Francia de su braveza. Venga a probar el valor, que temerario desprecia, y verá su ciego engaño, cuando rendido se vea. Vuélvete pues, Cardiloro, y dile a tu Rey que venga, porque no se pase el día en demandas, y respuestas. Yo me voy, gente cobarde, mas luego vendré a buscaros, porque para castigaros, luego me parece tarde. . Amigos, y a la ocasión a la mano se nos viene, volver aqui nos conviene por nuastra honrada opinión. Mirad, que vuestro valor, cuando defender pretende la patria, también defiende de Dios el supremo honor. Pues si vencida se ve nuestra gente, ya no queda otro Pesayo, que pueda de nuevo ensalzar la Fe. En vuestro valor estriba todo mi Reino; de suerte, que vencidos le dais muerte, y victoriosos la vida. Pues si hoy, en tan justa guerra, peleáis por vuestra ley, por vuestro honor, patria, Rey, vida, hacienda, cielo, y tierra: No tengo más que deciros, sino solo, que tengáis memoria de esto, y que vais al momento a prevenitos: Porque luego acometamos al contrario. . . Allá, Señor has de ver nuestro valor. Pues vamos a vencer. Vamos. Amigas, aquí conviene, con valiente, corazón, a nuestra madre León mostrar las hijas que tiene. Aquí de nuestros Cristianos el suceso esperaremos, y si en peligro los vemos, moriremos a las manos de esos fieros homicidas, que buscan nuestra deshonra, que por librar nuestra honra, no es mucho perder las vidas. No tienes más que decir, Jimena, que yo me obligo, que cuantas vienen contigo, contigo irán a morir. Fía de mí, que sabremos ganar honra; y no te asombres, que pues parecemos hombres, ánimo de hombres tendremos. Después que traje mudé, parece que este vestido, de hombre honrado, y atrevido, me ha pegado un no se que: Ya por pelear me muero. Vamos, que vuestro valor ha de aumentar el honor de la victoria que espero. . Eso responde el Cristiano? Esto dice. . Pues al punto baje mi ejército junto del monte, y en ese llano la batalla le presente: no quede Cristiano a vida, que la ofensa recibida, más espacio no consiente. Muera la canalla perra, que desprecia mi poder; toca luego a acometer. Toca al arma. Cierta, cierra. Ya, don Lorenzo valiente, probar tus fuerzas espero, y por darte muerte muero, buscándote entre tu gente. Adónde estás? que a cumplir no sales lo concertado? temes mi furor airado? conoces que has de morir a mis manos? no respondes? pues no pienses escaparte, porque tengo de buscarte, si en el infierno te escondes. Bárbaro, arrogante, y fiero, que a voces pidiendo vas ya muerte, presto verás, que te la ofrece mi acero. No a don Lorenzo pretendas para tu muerte llamar, que él no ha de querer matar Moro de tan bajas prendas. Yo, que un rústico villano soy, a castigarte salgo, para mostrarte, que valgo mas que el más noble pagano, Aquí veré si desprecias el valor que despreciaste en León, cuando me hablaste lleno de arrogancias necias. Aquí, si mis brazos quieres que a tus mozos de caballos sirvan, a tu gusto atallos podrás, cuando tú quisieres; llega, y átalos, que aguardas? Bellos máncebos, no quiero mátaros, antes espero, que esas presencias gallardas hoy queden en mi poder; rendid las armas. Las vidas verás primero rendidas. Malos podréis defender. esta vez. . Valiente Audalla sigue el venturoso alcance, que aún no conoces el lance, que esperas de esa batalla. Ata esas hermosas manos, que ya te voy a ayudar. Huy es por no pelear? No hago caso de villanos. Viose arrogancia mayor? más, cielos, allí no va mi doña Blanca? que ya casi al Morisco furor la vi del todo rendida; mucho en socorrerla tardo. Aquí Mileno gallardo, que nos matan. Atrevida canilla esperad un poco. Socorre, Mileno, presto a tu Rey. . Cielos, qué es esto? Ya de nuevo me provoco a nuevo furor; y a quiero ir a ayudarte, Señor; mas no me pidio favor missoña Blanca primero? Dársele quiero; mas no, que si allá su amor me llama, aquí mi honor, y mi fama me dan voces: Quién se vio jamás en confusión tal? ser dos Milenos quisiera, porque aquí, y allí pudiera llegar con socorro igual. Pero esta vez, del amor perdone la injusta ley, que a dar favor a mi Rey me lleva la del honor. Retiraos, Señor, que yo sabré solo detener de los Moros el poder, porque no os siga. . Eso no; antes mil muertes pretendo padecer, que no es razón, que salga un Rey de León, afrentosamente huyendo. Viles, cobardes tiranos, esta vez no lograréis el intento que traéis, pues moriréis a mis manos. A ellos Rey, y Señor, a ellos Mileno. Amigos aquí, que los enemigos cargan con mortal furor al Rey. . Muera el Moro. Muera. Retirémonos soldados, que los Cristianos airados, cargan aquí de manera, que imposible me parece prender al Rey. Dónde vais? esperad, no los sigáis; mejor es, pues nos ofrece el cielo buena ocasión, que a la sierra recojamos la gente, antes que veamos nuestra total perdición. Qué decís hermano? Digo, que para cada Cristiano ay diez Moros; y está llano, del seguró y si esperas un mo. le oiras cantar la victoria. Manda, gran Señor, al punto tu ejército recoger, si no te quieres perder, que el poder del mundo junto viene sobre ti. . Yo quiero vuestro consejo tomar; haced luego retirar la gente, que en vano espero sacar gloria de esta guerra, si tiene tanto poder el contrario. . A recoger toca. . . A la sierra, a la sierra. Ya el enemigo cobarde huye. . Seguírele yo hasta la muerte, . Eso no, no le sigáis, que ya es tarde; y con la noche podremos perdernos en esa sierra; mejor es, que de la guerra el cruel fin dil atemos hasta mañana, que es cierto; que adonde el Cristiano está, escaparse no podrá de quedar cautivo, o muerto. Todos ese parecer seguimos; mas ya que Apolo dora el Antártico polo, manda, Señor, recoger tu ejército victorioso, porque con la oscuridad, puede alguna novedad alterarle. . Ya es forzoso. Samos. Idos todos, que yo quiero subir a la sierra, en tanto que me cubre el negro manto de la noche, porque muero Por verme en fiera batalla con don Lorenzo; que aquí, ni se escondera de mí, ni ha de poder excusarla. Hoy le busqué voceando; y pues así no le hallé, callando le buscaré, quizá le hallaré callando. Un ranto quiero esperar, que se sosiegue la gente, porque no haya quien intente mi pretensión estorbar. Aquí asentado podré, por un espacio pequeño, descansar; pero si el sueño quiere vencerme, que haré? Mas no es bien que me acobarde este cobarde temor, que mi notorio valor hará en mi defensa alarde. En ninguna parte puedo sosegar, porque la pena que padezco, me condena a no estar un punto quedo. Oh flacó humano poder! vana, y caduca esperanza del mundo, si una mudanza sola hasta a deshacer Tu gloria, cuan ignorante es el que de ti se fía, la esperanza mía fundar desde ahora quiero, 1q e de su mano espero porque nunca ha despreciado al corazón, que humillado le llama con vina fe, e Divino Rey, que del poder humano la llave tienes, con que en un instante humillas por el suelo al arrogante, y al venturoso humilde das la mano: Si quieres a tu ejército Cristiano dar castigo, y azote semejante, con pecho alegre, y ánimo constante, rendiremos el cuello humilde, y llano. Pero si a compasión pueden moverte los daños, que en tu nombre padecemos, deten. Señor, la espada rigurosa: Contra el tirano bárparo convierte la ira; y pues tu causa defendemos, defiendenos con mano poderosa. Bella Virgen gloriosa, santo Patrón Gallego, haced que admita Dios mi humild- Ya el sueño pesado empieza a rendirme, ya no espero vencerle, reclinar quiero aquí un rato la cabeza. Ramiro, a la sacra Audiencia llegó, por mi intercesión, tu debota petición, y en tu favor la sentencia Pronunció el Rey soberano; no dudes de la victoria, que Dios el triunfo, y la gloria te quiere dar de su mano. Manda luego acometer de ruego al arrogante enemigo, que yo vengo a estar contigo, para ayudarte a vencer. En medio de la batalla me verás con brazo fuerte, dando rigurosa muerte a la Morisca canalla. Hoy tengo de ser su estrago; queda en paz, Godo valiente, y haz que apellide tu gente, Santiago, Santiago. Válgame Dios! visión santa espera, que ya me siento del gran Capit. que para darme consuclo, habito nuevo has tomado: Con tu favor, a vencer al mundo todo me atrevo, que si conmigo te llevo, nada tengo que temer. Pero ya que tu favor gozo, a mi gente afligida voy a dar consuelo, y vida; porque con tal defensor, Tomen las armas, y vamos a ganar eterna gloria, que cierta está la victoria, pues tal soldado llevamos. . Trabajo pasa el que vela, si después de pelear todo el día, ha de quedar sirviendo de centinela, Mas no es Moro el que en el suelo tendido, y durmiendo está? a ser mi cautivo ya le condeno; aunque recelo Que es Cardiloro, quitarle quiero la espada primero, que de esta manera espero, sin trabajo, cautivarle. Ya la tengo; ola, que digo? recuerde el perro. (no Oh villano! que es de mi espada? . En mi ma- no la ves? Falso, enemigo, dame la espada, o a coces te mataré. . Fanfatrón, calla ya, y date a prisión Muy mal mi valor conoces. Qué es esto? Hay alguna alteración en el campo? . Sosegado está todo; yo he hallado a este Moro fanfatrón; que en vez de rendirse, intenta matarme a voces. . Por qué? Porque como no te hallé en la batalla sangrienta de esta tarde, por aquí quise esperarte, y al sueño, un espacio bien pequeño, en el suelo me rendí, cuando llegó este atrevido, que la espada me ha quitado. Cardiloro, el buen soldado, nunca en la guerra dormido ha de estar; mas ya que fuiste descuidado, yo he de andar más cuidadoso en pagar lo que por librarme hiciste en Cordova; dame, amigo, esa espada, y no se trate de esta prisión, que el rescate suyo a pagarte me obligo. Ves la aquí; con condición, que del rescate jamás se hable, que en mucho más servirte pretendo. Son pensamientos tan henrados, dignos de tu pecho fuerte: Cardiloro, de esta suerte quedamos los dos pagados. qq agata rnegas is la enibidia de tus hechos, no me deja ser tu amigo. Ansí Moros, pelead, que cuando os tenga el Cristiano, presos a todos, mi mano sola os dará libertad. Cardiloro valeroso, que haces, que a dar favor no vas al Rey tu Señor? cuando el Cristiano furio so Le acomete con tal brío, que si no le das ayuda; podrá perderse? . Quién duda, que faltando el brazo mío Se perdera; y es razón, que un Rey arrojado, y loco, cuando me tiene en tan poco; pierda sin mí su opinión. Mas dime, si yo dejé al Cristiano retirado en la sierra, como ha osado bajar? . Yo te lo diré. En tanto que el Rey dejó su gente, para venir donde pudiese impedir la batalla en que se halló, Se levantó en esta sierra, a donde el Cristiano estaba una voz, que apellidaba que apenas hay quien intente oponerse a su furor. Un bello mancebo armado, entre todos se presenta en un caballo, que afrenta al blanco armiño nevado. En su brazo airado, y fuerte, una espada resplandece, que en daño nuestro parece la guadaña de la muerte. Es su ligereza tanta, que (como si fuera viento) aquí. y allí en un momento mata, derriba, y espanta Tanta gente, que si dura mucho, su rigor cruel, presto veremos por él, nuestra cierta desuentura. No digas más, que ya muero por verme con el valiente mancebo, que a nuestra gente se muestra tan bravo, y fiero. sígueme, vente conmigo, verás cuan presto le mato, mostrando a mi Rey ingrato, que soy bueno para amigo. A cobardes! mal nacidos. donde está vuestro poder? que os dejáis ansi vencer, de esos Cristianos vencidos. Ansí de un solo mozuelo huis? vil canalla perra, reniego de cuanto encierra con darte muerte, cumplido, Que ya la sangre inocente, de mi amado Andrés incita mi furor, y solicita tu muerte; . Pero insolente, Siendo mi esclavo te atreves a adelantarte conmigo, pues yo haré que en tu castigo, mi furor airado pruebes. Sábete Rey defender; pues ofenderme supiste, que si mi sangre vertiste, la tuya espero verter. Cien mil pedazos primero te pienso hacer. . aunque más te esfuerces, ya no podrás escaparte de mi acero. Hay tal furor? porfiar es por demás, llamar quiero: quien de este Cristiano. mi vida pueda librar. Socorred, Soldados míos qué me mata! . a traidor: muere, y calla. Gran Señor! en tanto que fuerzas, y bríos Tengan mis brazos, no creas que nadie podrá ofenderte Cristiano, si de esta suerte mostrar tu valor deseas Aquí me tienes, y aquí la palabra que me diste podrás cumplir; , pues veniste a tal ocasión, a ti oío para catergarte, Señor, si quieres librarte huye luego, ponte en cobro. Que te buscan dos Cristianos con vengativo deseo, y si más esperas, creo que has de morir a sus manos. Yo me iré, cómo primero matemos a este traidor. no le conviene a mi honor, que tú me ayudes, ni quiero Que aquí te detengas más, vete al punto; . Ya me voy. Ciego de cósera estoy: tirano donde te vas? Espérame, . Don Lorenzo. huyes, para no cumplir tu palabra? . Qué es huir? ya de oírte me avergüenzo? Amartar a Abderramen iba, con seguro intento de volver aquí al momento, a matarte a ti también. Pero ya porque no creas, que por temor ausentarme quería, aunque de ungarme deje, yo te haré que yeas Que tu daño solicitas, en detenerme, y advierte, E que has de vengar con tu muerte, la venganza que me quitas. Si matar al Rey cruel quería, y luego buscarte, ahora quiero matarte, y luego buscarle a él. porque en mi españa hallarás la muerte que darme quieres, Muere, y calla. Por Alá, que me has herido; reniego de Mahoma, si en el fuego que el alma formando está no te consumo. Así quiero dejarte, que al Rey tirano buscar me importa. Cristiano, vuelve a matarme primero. Bien puedo, mas no lo hago, porque de ti recibí vida en Cordova, y aquí, con no matarte te pago. Vuelve pues, y acabarás de conocer, con matarme, que muerto podrás dejarme, pero rendido, jamás. Varia fortuna, tan presto nos has quitado la gloria de la pasada victoria? Vuelves, Cristiano? Qué es esto? no es Cardiloro el que habló? ha mozo arrogante, y loco! ya conoceras cuan poco tu soberbia te valió: Mira si fuera mejor, que mi consejo tomara el Rey, y no se dejara gobernar de tu furor. pcrder. Ha perrol llegado habéis a tiempo, que con la vida, vuestra soberbia crecida en mis manos dejaréis. Tente Cristiano. erión Quién eres tú, que me quieres estorbar? Soy quien te labrá matar. Seas, perro, quien quisieres, ríndete al punto. . Primero te mataré. Perto, infame, si morir no quieres, dame al punto ese blanco acero. Ay fortuna! quién creyera, que volviera tan airada tu rueda? . Suelte, la espada. Antes, Cristiano, quisiera, que me mataras. . No alabo ese loco parecer, porque se quiero tener en mi casa por mi esclavo. Suelte digo, tome a cuestas a esotro galgo, y al punto camine. . Tanto mal junto? Mahoma infame, son estas las glorias que Cardiloro goza por servirte a ti? Paciencia, pues no hay aquí remedio. . Arrogante Moro, hasta cuando ha de durar tu presunción atrevida? Hasta que pierda la vida. Yo te la sabré quitar: caminad, que ya me parto sab Rendid las armas, tiranos. Por demás es porfiar, cuando Alá quiere amparar la causa de los Cristianos. Muramos, valiente Audalla, y no quedemos jamás rendidos. . Ya es por demás; ríndete Aliatar, y calla, que ya nos vemos de suerte, que en todo el campo no queda hombre de valor, que pueda escaparse de la muerte. Mal se puede contrastar fortuna tan declarada; yo me rindo. Eso me agrada. Y yo también, Pues dejar pueden las armas. Tomad, y advertid, pues parecéis nobles, que a los dos tratéis, como nuestra calidad merece; porque a los dos, en Zaragoza, y Toledo, nos llaman Reyes. Ya puedo dar muchas gracias a Dios, por los divinos favores que me ha hecho, pues que fue mi bandera la que en pie quedo, cuando vencedores que de esta batalla nontor os toca, y vamos los dos a llevar a aquestos Reyes, donde mostrar les podamos, que de cortesía guardamos, como del valor, las leyes. Él vuestro manisestáis, en cuanto decís, y hacéis. Venid, que presto veréis, que os honro, como me honráis. . No huyas cobarde, espera, que vengo a pagarte el fuero, y las doncellas te quiero entregar de esta manera. Recibelas, si te agrada; pero si quieres llevarlas, has de pasar a cobrarlas por los filos de esta espala Ha Mahoma soberano! posiblé es, que de esta suerte, mi pechó invencible, y suerte rindas a un flaco Cristiano? Huir quiero, y escapar esta peligrosa vida; santo Alá, si mi crecida, pena te puede obligar, ya que mi honor atropellas, no permitas que aquí muera: Espera tirano, espera, vuelve a cobrar las doncellas. Rey, no le sigas, detente, que no podrás alcanzarle; conténtate con dejarle vencido, y muerta su gente. Parte a Calahorra luego, que luego la ganaras, y desde allíte podrás ir a gozar con sosiego El triunfo de la victoria, que tu valor mereció, dando a Dios, que te la dio, de este suceso la gloria. Luego en la insigue León una Orden fundarás en mi honor, y le darás mi nombre, y advocación. Los nobles, que en sangre, y hechos se aventajaren, serán de esta orden, y trairán por insignias en sus pechos La roja espada, que ha sido causa de vuestra victoria, en memoria de la gloria, que por ella han conseguido. Y como a cualquier soldado, si el despojo se reparte, le toca su honrosa parte, hoy de todo lo ganado Será razón que yo tenga mi parte; y tu Reino todo quiero que por este modo para siempre se prevenga A dármela, cada y cuando que tuvieren de que dalla; y cuando dieren batalla, aréis y todo cuanto Fruto produce la tierra: y cada año, por memoria del honor, y de la gloria que gozan por esta guerra, Las doncellas de León hagan fiestas, y una de ellas será, que muchas doncellas, en devota procesión, Vayan a mi Templo santo aquel venturoso día, que la gloriosa María pisó el estrellado manto. Y también has de fundar un Monasterio, en que sean Monjas las que más desean al diuno Rey mostrar Sus agradecidos pechos: esto en efecto has de hacer, Ramiro, si quieres tener a Dios, y a mi satisfechos. Con esto, cuando te veas en peligro, me podrás invocar, y en mí tendrás todo el favor que deseas. Queda en paz. Mil alabanzas los cielos, Señor, te den, pues de tu siervo también cumpliste las esperanzas. Viva don Ramiro, viva. Viva su fama, y su gloria. Viva, y goce la victoria, en que nuestro bien estriba. Todos a darte, Señor, vénimos el parabién; porque a ti, y a Dios es bien que se atribuya el honor De esta victoria. . Oh amigos! del cielo nos ha venido la gloria, de que habéis sido tan venturosos testigos. A él se lo agradezcamos; y vos don Lorenzo amigo, pues ya del Moro enemigo justa venganza tomamos, A vuestro hijo podéis enterrar, con el honor que a su divino valor, y a su constancia debéis. Ahora, sin más tardanza, a Calaorra partamos, que Dios quiere que ve amos cumplida nuestra esperanza, Con ganarla, y a León desde allinos volveremos, donde las gracias les demos a Dios, y al santo Patrón. Allí, en honra de los dos, de doncellas un Convento fundaré, donde su intento. puedan cumplir las que a Dios, Y al sacro Patrón Hispano quieran ofrecer sus vidas, mostrándose agradecidas a favor tan soberano. Con tu licencia, Señor, y del Infante, quisiera ser yo la Monja primera, que sirva al gran defensor en el Convento propuesto. Nosotras también queremos ser Monjas, porque paguemos al santo Apostol en esto la recibida merced; que yo sé que gustarán de ello Mileno, y n Juan. Hermosas Damas, creed, que todos estimatemos, como es razón, vuestro intento, y a tan justo pensamiento, con gran gusto ayudaremos. Servid, y estimad el bien que os hizo el santo Patrón, y toda nuestra Nación le reconozca también. Y si gloria suelen dar a los valerosos pechos los nobles ilustres hechos, de quien vienen a tomar Algún blasón por trofeo, esta victoria será mi blasón, y me dará el renombre que deseo. Con este blasón aspiro a eternizar mi memoria, acabando aquí la Historia del Blasón de don Ramiro,
