Texto digital de Las belides
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Conde de Clavijo
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Zarzuela
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las belides. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/belides-las.

LAS BELIDES
JORNADA PRIMERA
S? Ado OADI MO ra, o Plumado vivo bajel, que diáfanos golfos surcas, amaina las alas, y surto en la orilla, ni rompas el viento, ni rices la pluma. Yo, que amenacé de Danao. la Real Majestad Augusta con vaticinio, que igual amenaza a vida, y Imperio igual desventura: Mirando desde mi Alcázar e- la traición, con que procura su industria evitar de su ruina el amago, como si borrase a su Estrella su industria; Testigo de su delito vengo a ser, porque al ver juntas. en una traición, duplicadas traiciones, severo mi enojo castigue su culpa. Y pues la región del aire mi animado Solio ocupa, atienda al suceso, pues ya me parece; que en tristes gemidos, mi lástima escucha. Muerto soy. Ay infelice! Alevosas hermosuras, suspended la ira. Ay de mí! ̱i El precepto nos indulta del rigor. Huyamos todas. Ya cobardemente usan fetímida voz, pues cuando desengaños artículan; Repiten, por si hay alguno, que aliviar pueda su angustia. r . Oye Efiré. Aguarda limenia. Por qué me matas, sanuda beldad? ̱. . Ya la Turba ingraza tropezando en las oscuras. inieblas de su delito, que más que la noche asusta, ocultar su traición piensa; y en violencia tan injusta, las Bendes la descubren con lo mismo que la ocultan. pues que desde este sitio anscender puede mi pura luz la más larga distancia, inquirir quiero la lucha de dos contrarios afectos, al ver que iguales pronuncian, Línceo, huye. eres, bella Hipermenestra, que huya de tus brazos? Cómo penden tus alientos de tu fuga. Qué importa que muera? cómo morir logre a vista tuya, donde tus finezas solo me bastan para fortuna. Noble afecto! No en lisonjas te detengas, que aventuras tu vida en tu resistencia. Si tu hermosura me ayuda; de quién huire? De mi Padre, que colérico procura, (mal dije) logra, que sea de cuantos en la coyunda de amor, con nuptiales lazos dos voluntades añudan, al rigor de mis hermanas su tálamo sepultura, solo tú vivo has quedado; que mucho si en ti asegura mi vida mi amor, que salve mi amor mi vida en la tuya? Vete pues. No me lo mandes, ni de tan cobarde arguyas mi pecho, que a ti te deje en tal rigor. Que le buscas mayor creeré, si no partes. Por más que Danao presuma evitar con vuestra muerte mi sentencia, con la suya de él, os vengaré. Qué esperas? huye, que junto a esa gruta del jardín, cuyos cristiales salpican aquellas murtas, Livio estará, y una llave os dará paso a la inculta maleza del Parque, donde caballos, y joyas suplan la desprevención del lance. Más cruel muerte procuras en la ausencia. Esto me importa. No es posible; (suerte dura!) Quién lo estorba? Tu amor. Mas le arriesgas, que le aseguras. Qué te he de dejar? (qué pena!) Si lo ordena la fortuna, huye, que importan dos vidas, Antes con su desventura desvaneceré ese riesgo. Pues ya que es fuerza que cumpla con tu precepto, y mi riesgo. Pues ya, que huir no rehusas de tu peligro, infeliz Joven. Perdida hermosura, aDios, hasta que helhado a tu vista me conduzca, o a sus rigores fallezca. Ve en paz (airada fortuna! Triste fuerte! (hado tirano! 2. Quién si no mi estrella in estreno dicha, que supo tan presto no ser ventura? Noble, piadosa beldad, a mi cargo, de tu angustia tomo el alivio, y vengar de mi Deidad las injurias, de los jóvenes la muerte, y de Linceo la injusta amenaza; porque vea Danao, que nunca se frustran de Júpiter los decretos. Y tú, viviente Chalupa, hazte al aire, y discurriendo el piélago que te inunda; precepto divino, Advierte, que es sacro, que rompás el viento, que rices la pluma. Traición, traición; Androgeo, Laomedonte, traición: en cada planta muevo un monte. . Ah de mi Guarda; no hay quien a mi acento responda? Ya mi voz, y ese lamento, acuden a informarte de una desgracia, en quien no poca parte tengo, Señor; mas cuando (oh triste hado!) fue menos el dolor de un desdichado? Si no lo ha dicho el mísero gemido, cuyo ruido infelice, de un triste pecho en la neutral batalla, mas dice al corazón, cuando más calla, (con ser tanto lo que callando dice:) Sabrás, Señor; sabrás (oh Rey) o hermano; (si es que puede ser Rey quien es tirano) como ya efetuado (pena fuerte, cobarde eres, pues no me das la muerte!) el casamiento (sin valor respiro!) de tus hijas (no hay eco sin suspiro!) con mis infaustos hijos: (ay más males?) Apenas de himeneo a los umbrales llegaron esta noche, dando ufanos teas nuptiales a las diestras manos, cuando de cada Belide al estrago, ejecución sangrienta fue el amago; de su dormido esposo, incauto pecho de líquidos granates borda el lecho. Mueren en fin (mi lástima lo diga) a manos de la cólera enemiga, de las que en vez del amoroso abrazo, del sangriento puñal hicieron lazo. Las antorchas, que ardieron en sus bodas, todas se encienden, pero mueren todas; porque tanto el dolor en todos vaga, que las que enciende el fuego, el llanto apaga. En fin. Señor DRIRA GAIOl No prosigas con esa tragedia, Egipto; cesa, que viven los Dioses, que ha de dejar a los siglos mi justicia, un escarmiento mayor, que fue su delito. Las Belides engañosas (mas que atentas al cariño de Esposas, a su crueldad atentas) a mis sobrinos. la muerte han dado? Oh rigor! que envuelto en tal homicidio, tú mismo solo ser puedes el ejemplar de ti mismo. Tú, Androjeo, rigiendo osado el Escuadrón más lucido de mi Guarda, a esas ingratas conducirás al retiro de la Torre, hasta que logre mi cólera su castigo; pues juro por los funestos negros raudales estigios, cuya palida ponzoña bebe hidrópico el Cocito, que en venganza de su muerte vea en público suplicio Argos, que aún mi propia sangre no reservo del castigo. Esto importa; y más, Androjeo, cuando creo de tu brío, que puestas tendrás en salvo sus vidas, como previno a tu lealtad mi recelo. Ya, Señor, el escondido centro, que de la muralla es ignorado vacíó, las oculta; y por si acaso corren sus vidas peligro, varadas tengo tres barcas en las márgenes del río, o que a la menor seña puedan, abordando a su portillo, hurtarlas al riesgo; ya que mis Soldados altivos, con orden mía, lograron conducirlas a aquel sitio. Está bien. Sacras Deidades, crueles sois, pues no consigo de vuestro poder un rayo, porque acabando conmigo, con mi pena acabe. Enfrena, Egipto, de ese delirio el furor, que antes que el Sol apague lucientes visos en las ondas, y renazca topacio de su zafiro, he de vengar esta ofensa, elito, y esta desgracia. No tanta, Señor, que no haya podido escapar libre Linceo, pues además del indicio de no parecer su cuerpo, deponen haberle visto los Guardas (que la maleza guardan del Parque) con Libio, cruzar sus cotos en dos caballos, que nobles hijos del viento, para la fuga se creyeron hipogrifos; y ya, según lo veloz de sus plantas, imagino que estarán lejos de aquí. Calla; mas como me rindo a la fuerza de un afecto? disimular es preciso, aunque la ruina fatal, que Júpiter me predijo; (contra quien armó la industria mi cautela de designios) no cesa, aunque mueran tantos, quedando uno solo vivo; mas yo, si no me le esconden la tierra, el mar, o el abismo, quitaré en su vida, toda la razón de mi peligro. Gracias a Jove, que ya que contra mi vida vino este golpe, en este acaso trujo templados los filos; pues no sé que mudo acento, que el corazón ha latidos dicta al alma, me previene a tantos males alivio en la vida de Linceo. Palabra te doy, Egipto, de vengarte; (y de vengarme también) y pues es preciso, que Hipermenestra no ignore de esta violencia el motivo; pues aunque ella compasiva perdonase a su dormido esposo, no dudo que mis hijas, del homicidio que cometieron la diesen parte; prender determino a Hipermenestra, porque ella de este suceso testigo la causa descubra; y tú, valiente Androjeo, con migo ven, que; pero esto mejor el efecto ha de decirlo. Dioses, dadme de esta aleve venganza, pues su delirio, no obedeciendo el precepto, dejó pendiente el destino. Quién, Cielos, dijera, que en número tan crecido, siendo tantas al estrago, fuese una sola al carino? Por aquí, Libio. El consejo no fuera malo, si Libio, a puro rodar montañas, bruto de su laberinto, no fuera rucio rodado, con ser Lacayo morcillo; Pero ya que ha dos guijarros di parte de mis ocicos, y que arredrados a un tronco quedan los caballos; dinos a mí, y a mi duda, que somos dos en uno mismo, que es compuesto de dos simples, que criado hasta hoy ha habido, que sufriéndole a su amo un ay de mí; y un suspiro, que suele parar en darle a entender cuantas son cinco? Y uniéndose a esto el venir vergonzante peregrino del hado, Novio ad honorem de una Hipermenestra, que hizo contigo, lo que ninguna hiciera con su marido, que es dejarle vivir; no sepa a que fin a este sitio te encaminas? no advirtiendo, que vamos, señor, perdidos? Calla necio, que no sabes, que tormento, que delirio, (dígalo mi confusión de una vez) que desvarío es el que tiene suspenso el uso de mis sentidos al faltar de Hipermenestra la luz, a cuyos divinos rayos, aún toda mi vida fuera corto sacrificio. Ahora bien, si por desgracia tienes haberla perdido, cuanto quieres por tu suerte? que yo desde aquí me obligo a que haya hombre, que a toda costa te compre el motivo de dejar a su mujer. En viles pechos indignos cupiera solo ese afecto; mas no en pecho, que rendido a su beldad, reverente aún la adora sus descuidos. Pues si su descuido amaras, no te hubiera ya cogido, como a los demás, aquel estupendo maridicio? Permítete a mi congoja, adorado Dueño mío, sin que pueda la distancia ocasionar tu retiro: Que aunque en mi guardo tu imagen (pues a imperios de Cupido en la lámina del pecho te pintó el dolor al vivo;) cada vez, que de tu riesgo me acuerdo; cuando colijo la ira de tu Padre, muero, viendo en afectos distintos fantasía mi fortuna, y evidencia tu peligro. Pero Júpiter, en quien halló siempre patrocinio mi desgracia, querrá, que vengándonos del impío Danao; mas que Rey, tirano, y más que Padre, enemigo, quede mi vida a tus plantas, y tu memoria a los siglos. Por la Luna (que de noche es Candilón del Olimpo, a quien siempre han adorado religiosos los Argibos) que esfiera cosa, que estemos dando, y viniendo en un mismo tema, sin averiguar, si este fragoso camino va a venta, u a parte, donde podamos tomar un pisto. De sus sendas discurramos todo el espacio florido. Suspende la huella, feliz Peregrino, que ya para dar a tus males alivio, me hóspeda una gruta en el pecho de un risco. Espera; que dulce acento, mérrico voreal hechizo, para suspender el alma, entra embargando el oído? Cómo qué? Solfa silvestre? En mi vida oí chillido más sutil; si será voz de algún Músico lampino? Con migo habla. Aqueso vaya; porque si hablara conmigo, me llámara infeliz, que harto lo soy, pues te sirvo. Calla, por si otra vez vuelve a decir su acorde ruido. En la falda de ese monte, cuyo frondoso recinto da al foso de su esmeralda tanto cristal fugitivo, hagan alto mis Escuadras, pues cunsultar determino el Oráculo de Apolo. Viva Echión. Qué distinto fumor responde a mi duda? pues cuando suspenso admiro, Clon dulce, sonoro instrumento, cóncabo metal herido, leco de su consonancia, epitiendo a un tiempo mismo. r. Viva Echión, viva Apolo. Vamos de aquí, Señor mío, que este ya es otro cantar. ̱e Villano, cuando examino dos contrarios acentos, quieres que deje mi brío de averiguar, quién los causa? Decidme, Cielos divinos, a cual de los dos acuda. ̱. A ninguno, si averiguo, que un Músico, y un Soldado son bien penosos martirios; no, por sus valentías; yotro, por sus romadizos. Pero aunque aquel instrumento Belico, Marcial hechizo de los Nobles, me arrebate ras sí; el superior motivo de esta voz averigüemos, pues creo que habló conmigo, cuando dijo al aire. infeliz! Piedad Dioses. ̱. Impelido al ímpetu de las ondas, que con penachos de vidro, en la quiebra de aquel monte, causa el rechazo del río, pobre mísero esquife se va a pique, y dividido entrega a las ondas, cuantos condujo a su precipicio. Favor Cielos, Menos uno, que capital enemigo del agua, va con las ondas luchando a brazo partido. Es verdad; a que esperamos, que a la voz de sus gemidos nuestra piedad no responde? siendo así, que en los peligros de la suerte, es de lo Noble crédito lo compasivo; antes es esto que todo. Dónde, Cielos, mi destino favor hallará? En mis brazos. Eso vaya, que en los míos no descansa, quien se ahoga en agua, pudiendo en vino. Infeliz joven, alienta, ya que el hado te previno en otro infeliz consuelo. Cuando sin alma respiro, lo intento en vano; mas aunque yerto el pulso, el pecho tibio, mudo el labio, el corazón sin acción, la voz sin ruido, yo sin mí, y solo muriendo mi desventura conmigo; sabed, que; pero el aliento, o mal formado, o remiso, al ir a formar palabras, no encuentra si no suspiros; (que esta carta, que en el pecho) que enbalde (ay de mí!) me animo, que mucho, si en mi desgracia, torpe, absorto, mudo, y frío, deja mi dolor el alma en manos de un parasismo: Recíbela tú, adorado ausente bello prodigio, de una vida, con quien muero, de una muerte, con quien vivo; y mi desaliento admite por rendido Sacrificio, que da a tus Altares este infelice Peregrino, no por morir, si no por no morir a tus desvíos. Muriose, salvo el lugar. Quién tal confusión ha visto? Mas no murió, que aunque al grav accidente se ha rendido, bien que sin fuerzas, respira. Pues déjame, te suplico, le dé unas cuantas paradas, que suele ser el colirio mejor de los ahogados. Deja esas simplezas, Libio, y ayúdame a que con él, discurriendo el Laberinto verde de este bosque, veamos, si aquel acento, que oímos, fue parto de algún Silvestre mísero albergue pajizo, donde algún remedio apliquen a su vida. Yo te estimo la comisión, aunque es cosa terrible, que quieras pio, que sea al primer encuentro mete muertos campesino; más vamos, porque en fin algo han de poder los amigos. Qué pálido oscuro centro! sin duda que en su escondido espacio tienen su solio las Deidades del Abismo. Dueñas, en vez de Deidades, deben de habitar su limbo; pero miento, que las Dueñas son demonios femeninos. qu ̱ , s ̱ Venga en hora buena, Línceo feliz, al verde Palacio, al dorado jardín, donde el admirar deje ocioso sentir. Venga, donde rinda florido el Páis, fragrancias del Mayo, rayos del Ofir, siendo engaste el Sol de un otro Alelí. Dónde le prevenga el Aura sutil alfombra de flores, lecho de rubí, descanso apacible de Amor Lid. ̱. Qué dulcísimos despojos del aire informan mi oído! que hermoso Coro lucido, es suspensión de mis ojos! Suspende hado tus enojos, que al llegarme a suspender, entre uno, y otro placer, de escuchar, y de advertir, me queda mucho que oír, no teniendo más que ver. len a tan festiva tropa sobligaria a decir, Venga en horabuena, Al rostro cándidos velos dan, porque más luz no preste; cuando no ha sido celeste el semblante de los Cielos? No me atormentéis desvelos, que en mí mi pesar alista, que aspirando a la conquista de averiguar tal portento, quisiera que el pensamiento se me transformara en vista. O, si otra vez de sus labios volviese mi duda a oír, , . Venga donde rinda, Una blanca Antorcha mueve su airoso desasosiego; luces, suspended el fuego, que peligra tanta nieve; mas no, arded, que a ella se debe acreditaros Estrellas, pues de tantas Ninfas bellas, al impulso celestial a un besubio de cristal habéis robado centellas; la primer vez es, que el hado ha traido a un infeliz, , . Dónde le prevenga el Aura, sutil, Bella Deidad, peregrina, que aunque oculta, te prometo, que acá dentro mi respeto me ha dicho, que eres divina; Quién eres, di? qué a la ruina, que me amaga con la muerte suspendes; puesto que al verte huye toda su crueldad? Mas quien, sino una Deidad pudo revocar mi suerte. ̱ta̱o. Yo, glorioso Línceo, soy Erictrea, cuyo Sacro empleo fue solo el asistir de Apolo al culto, voces robando a su dorado buito, Mas (oh injusta memoria!) no me renueves de mi amante historia el trágico motivo, por cuya causa muero, cuanto vivo. Arrojada del Templo, de mí mismo dolor mísero ejemplo, por amante delito, el centro oscuro de esa gr atah ito. Júpiter, de mi ciencia Mágica, no ignorando la experiencia, (por quien en este espacio al aire doy fantástico Palacio) me manda, que te asista; y pues mi auxilio tienes a tu vista, de tu pesar la lucha participa a mi Magia. Pues escucha O Júpiter, que del Olimpo es Soberano, es Augusto Monarca, pues a su diestra adorna Cetro el trisulco; enamorado de Yo, hermosa Deidad, a cuyo divino imperio rindió, (conociéndole absoluto) bien que a un pequeño holocausto las Majestades del suyo. (Por más que tantos celosos crueles áspides sañudos; derramando su celeste airado rosigo en Juno, mal disimulados siempre, su ruina intentasen.) Tuvo en ella a Pafo, de quien a pocos años fue fruto Libia, que Madre de Belo, dio su nombre a aquel inculto Seno de la África, donde tantas vivoras produjo la tierra, que flor no hay, fuente, ni tronco seguro, que del traidor, cauteloso, tirano veneno astuto, pueda librar lo frondoso, lo transparente, y purpúreo, Belo: (perdona Erictrea lo prolijo del discurso, que si he de enlazar la historia, no puedo evitar el nudo,) Belo, pues, del tiempo al siem ligero incesante curso, a Danao tuvo, y a Egipto, aunque en la sangre tan unos, en el natural tan otros, que desde el primero punto tiraron distintas líneas a la piedad, y al insulto. Danao lo diga; pues solo atento al fatal anuncio de Júpiter, que predice, (voces mintiendo a su bulto) que uno de sus hiernos logre su dicha con su infortunio, y con su muerte su Imperio, traidoramente dispuso, que sus hijas (que por Belo Belides las llamó el yulgo, y por el Danaes) casasen (que a mi pesar lo pronuncio) conmigo, y con mis hermanos infaustos sobrinos suyos. Llegó el día de las bodas, Dioses, cuando hubo, cuando hu voz de placer, que engañosa no tenga por eco al susto?) Pues después que al blando lech dieron Amantes arrullos, (idioma que en el amor habla poco, y dice mucho) incausamente nosotros pagabamos el tributo preciso (que es de la vida ocio, y de la muerte hurto) cuando instadas del precepto tirano, de Danao astuto, dando a la diestra un puñal, (hasta esta ocasión oculto) les dieron muerte; Por qué hay dormidos, habiendo injustos? El blando mullido lecho dejan a trechos purpúreo, equivocando su ira el tálamo, y el sepulcro. Tan cruel cada una esgrime el acero, que a su orgullo no le sació lo sediento aún el mirarle difunto Darle otra vida quisiera su rigor, por dar asunto de más crueldad a su enojo, y al ir doblando el impulso, para duplicarle muerto, le desmentía caduco. Aún mismo tiempo alevosas del deseo hicieron uso, desuerte, que de infelices gemidos fue el ruido uno, porque su triste lamento fuese dos veces confuso. Solo yo, a quien una Noble piadosa hermosura cupo, quedé libre; que no falta entre el más cruel concurso un compasivo jamás, pues es soberano estudio del Cielo unir dos contrarios, para que salga más junto a la piedad el rigor. Dígalo el horror oscuro de la sombra, negro parto de la llama, donde supo hacer mayor al reslejo la tenacidad del humo. Hipermenestra (este es su nombre) manosa supo negarse al enojo, pues aunque es divino estatuto del Cielo, el que a la obediencia de Rey, y Padre condujo; cuando de un injusto Padre son tiranos los influjos, solamente el que a sus voces es in obediente, es justo. Piadosa en efecto, antes que a ese Delfico Cárbuncio peinase la Aurora el rizo undoso copete rubio, pisando de las tinioblas el horor, mi planta indujo a un retrete, donde amante me persuadió, a que el influjo evitase de mi Estrella huyendo, ya que al sanudo enojo del Rey me hurtó, No te digo, que confuso, entre vivir, y perderla, morir escogia a hurto de naturales afectos, hasta que vistió a su gusto el traje de su peligro, que en quien ama puede mucho el riesgo de lo que adora. En fin, de una llave al pulso, salgo al jardín, y con Libio el Parque piso, y ocupo viviente céfiro errado, tostado Alazan adusto, con cuya velocidad o, salvo el riesgo, del Rey huy dejo a Argos, y de la suerte abandonado hijo expurio, sin más arvitrio, que el hado, confusamente discurro este monte, en cuyo seno tu melodía detuvo mi planta, en oposición quizá del que en los profundos cóncabos de esas montañas resonó marcial susurro de cajas, y trompas, cuando lastimosa voz escucho, hija de un mísero Esquise, que a los ímpetus cerúleos de una, y otra hola al trabés dio, de donde escapar pudo solo un Joven, que albergado en mis brazos, al oscuro centro retiré de aquesa gruta, por donde al augusto Palacio, que admiro, entré; y pues Júpiter dispuso en tu ciencia mi remedio, ordena, (ya que al conjuro de tu Magia todo es fácil) pues lloro, padezco, y sufro, que sufra, llore, y padezca, sabiendo, si el dueño (a cuyo altar rindo vida, y alma,) vive del rigor seguro, a al rigor expuesto; y ese mí sero huésped, que trujo la inclemencia de las olas a tu albergue, halle refugio en tu piedad; porque vea Argos, Delfos, y aún el mundo conozca, que una Beldad piadosa, como te juzgo, con una acción sola, sabe borrar muchos infortunios. egrino, feliz sí, pues la Deidad de Jove, con mi piedad ha borrado tu destino, presto logrará tu amor mirar tu perdida Esposa; y tu Sacra Tropa hermosa de Ninfas, a darfavor ve a ese Joven, porque el hado vea siempre riguroso, que de aquí vuelve dichoso, el que llega desdichado. Tu gusto es nuestro precepto, Dónde, Señor, te escapaste? cuanto va damos al traste con el muerto de respeto? Espera; qué es lo que miro? Suspenso mi juicio yace; que falta a un pícaro hace de cuando en cuando un suspir Cómo sin temer la muerte, se entra el vergante acá dentro? Si usted permite el encuentro yo declararé la suerte. No permito, que es azar. Gana tiene usted de juego; no se vaya. Vendré luego. No corra, si ha de parar; que se va en fin Vuria? Si haré, si media licencia, V con aquesta reverencia. Yo no quiero en cortesía; fuese, no vi más violento curso, ni igual maravilla; cuanto va, que la Ninsilla come buñuelos de viento? Cielos, hay más aventuras? Esto me importa, Erictrea; muera yo, como ver logre los rayos de Hipermenestra. Presto logrará tu amor acreditar sus finezas. Libio. Señor; si me dices, que augusta fábrica es esta, que Palacio, y que Deidades, te ofreceré en recompensa de la noticia, esta carta, que en su testamento deja por unica herencia, ese ahogado de la legua, que a mi parecer se ha muerto, porque si él muerto no hubiera no consintiera que yo con provida diligencia se la sacase del pecho; sin duda alguna, que encierra gran cantidad de misterios: ahora bien, rompe la nema, y averigüemos el caso. No la rompas, que mi ciencia leyendo ya los pautados Caracteres de sus letras, ve lo que en ella se incluye. Pues que, di, se incluye en ella? Minos, Rey de la distante celebrada Isla de Creta, teniendo alianza con Echión, de esta pequeña Isla de Delos Monarca, marcha son señas ese, que oíste bastardo son de cajas, y trompetas, escándalo de este monte; sabiendo que mueve guerra contra otro Príncipe (calle sabia, y astuta mi lengua, que contra Danao la mueve, pues una cosa es que sea en su opósito, ignorando contra quien las armas mueva; y otra, que después de estar precisado al lance, sepa contra quien las mueve; pues sabiendo el empeño, fuera intentar que su venganza valga más que su nobleza!) En Marsias, Capitán suyo, de gran valor, y experiencia, que es ese, que a los rigores de las rizas ondas crespas del Eridano, perdió la vida: (También es fuerza ocultarle, que aún no ha muerto, pues en lo que astuta intenta mi maña, que es que consiga gloriosos triunfos su diestra, no cabe, que su valor, sabiendo que miente, mienta;) afianzar su victoria pretendió, dando en su experta militar doctrina heroico General a sus hileras. Hoy pues teniendo noticia, que en este monte se asienta su Ejército, mientras toca las sacras doradas puertas de Apolo, Echión, queriendo llegar Marsias más apriesa a sus plantas, dando al río un pobre Esquise la vela, pereció; ya tú lo has visto, y pues favorable Estrella te ofrece esta ocasión, no, Línceo, altivo la pierdas. Echión es el que marcha por esas montañas, esa es la carta, que asegura la verdad, y la creencia de que es Minos quien la envía, y que es Marsias quien la entrega con su nombre. No prosigas, que al saber, que Marsias era quien murió, aunque la noticia en mi favor sea, lleva muy envuelto en la fortuna el semblante de la pena. Ahora salimos con esto? Quién creyera, quien creyera, que a un amigo, a quien traté algunos anos en Creta, le hubiera desconocido? Mas o pensión del que llega a ser infeliz, que siempre desfiguran las tragedias! De mi turbación fue el yerro. Si mi codicia ratera no le hubiera santamente urgado las faltriqueras, por cierto que el señor Marsias tendría bastante queja de no haberle agasajado. Pues ya que ayuda mi idea el haberle conocido, para que des cabal cuenta de la persona, y la Patria, al Ejército te agrega de Echión, fingiendo que eres Marsias; pues esta cautela, en el aprecio del Rey, no dudo, que de tu adversa Estrella, mude el influjo. Si haré; mas como me alejas la dicha, de que a mi Esposa aún entre sombras la vea? No me olvido de tu amor. Usted, si no la molestan, me responda a dos preguntas, Y cuáles son? La primera es, si entre tantos Salones cómo miro, habrá despensa? La segunda es, si mostrando a mi Amo a Hipermenestra, me mostrará a mí a Florilla? Quita, villano. En la tersa lámina de este cristal, que engasta la fuente en perlas, verás la acción en que ahora se ocupa; pero es bien sepa el incendio de tu pecho, que aunque en peligro la vea, no se ha de arrojar altivo, por no perderme a mí, y a ella; pues luego que de su bulto oses tocar la materia, al ir a buscar reflejos, hallarás solo tinieblas. Condición dificultosa me propones; mas la acepta mi fe, pues me dará vida mirarla aún entre apariencias. Yo no; porque es fiera cosa querer, que dos hombres sean Camaleones amantes. Pues, noble Línceo, mientr his espíritus convoco, calla, oye, mira, y espera. Yo, por servir a mi amo, (a fuer de perro de muestra) me quedo elevado, porque no es criado el que no acecha. amo, Impuros Ministros, que al sabio conjuro de la hidromancia rendís obediencias, vistiéndole al aire aparentes colores, teatro mentido a fantástica scena; haced que al amor de Línceo se muestre la acción en que en Argos se ve Hipermenestra, para que logre salir del cuidado, que aflige su amor, que su pecho atormenta, Batid pues las alas, romped las cadenas, y infestando al viento vuestras plumas negras, sean parto cruel de la boca del Etna, Ya te obedecemos; pues tu voz suprema, como Deidad Sacra, nuestro vulgo fuerza, a que dando al aire tantas plumas negras, eanpao cruel de la boca del Etna. as, ninarro eruel de la Ya que tu tenacidad nuestro examen le niega irazón de esta desgracia, lista que el tiempo convenza serror, y la causa digas, la antigua fortaleza tu prisión ferá. Ah tirana! pues cuantó conmigo fiera, piadosa con quien mi vida amenaza, expuesta dejas al destino mi Corona. Porque memoria, me acuerdas . a Línceo, si ha de ser para que mi amor le crea ausente? Dolor que al alma mil dolores acrecienta. De ti, Hipermenestra, fío, que eternamente encubierta quede al mundo esta traición, pues ya tus hermanas presas están, por vivir seguras de la popular violencia, que a vista de la desgracia quiso turbar mi diadema. Ay amada Esposa mía! Que esto mi valor consienta, sin lograr en un tirano. la venganza de mi ofensa? Línceo, mira que pierdes toda la suerte del verla, sino enfrenas tus afectos. Paciencia, Cielos, paciencia, . que a quien dio vida a mi hijo, haya de sufrir, que expuesta al ceno de un Rey tirano, llore, sufra, pene, y sienta? Júpiter me dé venganza. Tú, Androjeo, sus pasos cela, sus acciones sigue; nunca de vista (ay de mí!) la pierdas, pues a mi rencor importa. Y usted también ha de irpresa? Si amigo. Sin despedirse? Para ocasión como aquesta se hizo la mano de amigos. Ah aleve! ah tirana! ah fiera! Dónde vas? A dar a Flora dos bofetadas a cuenta. Entre pues en la prisión, y quedándose a la puerta un Escuadrón de mi Guarda, solo Androjeo entre con ella, Muerto quedo. Sin mí voy; que me obligue la obediencia a no romper el secreto? Pero pues corren a cuenta de los Cielos mis desdichas, ellos harán, que a ver vuelva a Línceo, y se declaren de mi Padre las cautelas; amor, sufrir, y callar. Pero pues ya de las levas de Echión tengo noticia, con él vengaré la afrenta de la traición, y el engaño. Cobarde soy, pues no venga su agravio mi acero. Mira. Que hay que mirar, Ericte Advierte. Qué hay que advertir? Que pierdes. Todo se pierda. Muere traidor. No hará, pues. solo el viento es su materia tu alivio (puesto que tú pretendes, que acabe) Muer Dónde, Hipermenesta! Donde Eríctrea te ausentas Espera, detente, aguarda. No se aguarde, ni detenga ni espere; si no antes bien se vaya, se huya, y no vuelva Eso dices? cuando pierd de mi Esposa la presencia con la suya? Yo también perdí, si bien se me acuerda, de vista a Flora; y me huelgo. Pero qué cajas son estas? No serán las que mi hambre busca, que son de conserva. Pero si de este apacible sitio recorro las señas, (bien que faltando la gruta, por cuya boca bosteza confuso tropel de horrores, melancólica la tierra) el mismo es en que las voces me suspendieron; con que esa salva marcial, es sin duda de Echión; fortuna empieza a alentar mis esperanzas. Pues vencida la maleza del monte, al Sagrado Templo de Apolo mis plantas llegan, salva le haced, repitiendo las cajas, y las tromperas. Viva Apolo, Apolo viva. Pues ya sus doradas puertas miro desde aquí, a sus Ninfas llamemos. Señor, qué esperas? Tú por más que veas, calla: ya que logró en las desechas fortunas de tierra, y agua, llegando a las plantas vuestras un infeliz, desmentir con tal fortuna su Estrella; d. A mí, y todo, que soy mediano Poeta, y gasto pies, que es un juicio. Decidme quien sois. Yo, Señor, soy Marsias; y de la lengua muda de esta carta, presto sabréis lo demás. Que lea no es justo, sin que primero os dé mis brazos: De Creta es, aguardad mientras leo. Has visto igual gentileza? Bien, Señora, en Marsias se une el valor con la presencia. No mintió su fama. Es mucho, hablando por tantas lenguas. Qué te parece, Señor? No es muy mala la Extranjera. Señor, lo que en ti reparan; pero si te conociera alguna de estas Señoras, la hubieramos hecho buena. Las Deidades no conocen más rostro, que el de la ofrenda; mira, y calla. . Callo, y miro. Sed, Marsias, en hora buena tan bien venido a mi campo, como deseado, en muestra de lo que os estimo, pues cuando por el Rey no fuera, por vuestro valor se os debe aprecio igual. Vuestra Alteza deja cumplida mi suerte, Casandra, mi Augusta bella sobrina, es la que miráis. Quién ignorante navega golfos de luces, que mucho, que al primer paso se pierda, pues el Norte, que le guía, es el rayo que le ciega? Dejad, que la indivisible breve estampa de esa huella toquen mis labios. Callando corresponden las Princesas. Has visto igual hermosura? Si de hermosuras te acuerdas, voló Hipermenestra. Esto no es amor, que es reverencia. Guiad al Templo, pues ya parece que Apolo empieza a favorecer mis armas, pues me envía en esta empresa un General tan bizarro. Pluviera a amor no lo fuera tanto, que; pero refrene mi delirio mi grandeza. Luego, que del holocausto reduzca el fuego a pavesas reses, que consagro a Apolo, trataremos de la guerra, Marsias. Ay esposa amada, cuantos pesares me questas! Ay Marsias, que la tranquila paz de mi quietud alteras! Pues ya desde aquí de Apolo se alcanzan a ver las puertas, sus Ninfas llamemos. Ah de la siempre Augusta esfera de Aposo. Ah de la mansión del Sol. Quién llama? quién lles Quién viene a poblar sus Atas de holocaustos. Quién ofrendas previene a su Estatua, dando auxiliar a sus Vanderas. Pues entre felice quien lograr intenta reverentes humos, sagradas hogueras, que víctimas luzcan, que brilleo centellas. Pues ya, que de sus divinas Ninfas logré la licencia, los soberanos umbrales toquemos del Templo. Y sea siguiendo sus consonancias. Porque alternen sus cadencias , . Pues entre felice, Dónde vas? Dónde, prodigio, mujer, hermosura, o fiera, quieres que mi infausta planta se encamine, que no sea la dejar el laberinto de esta gruta? ̱. Apenas deja su riesgo un pequeño aliento sa tu pecho, cuando intentas romper la cárcel, que un monte labra? ̱. Quién llama? quién llega? Viva Echión, viva Apolo. 1. Arma, arma, guerra, guerra. ̱. Qué quieres? si esos acentos marciales, esa sirena Música, esos roncos ecos, con que aquel parche se queja, me arrastran, aunque no bien vuelto en mí, mi riesgo advierta? ̱. Ay de mí! que si no vale mi astucia más que su fuerza; Pues veo entrar a Echión por la vejetable greña, pestaña verde, que baten llos parpados de mi cueva, pisando el Templo de Apolo, hemo, que Línceo pierda el logro, llegando Marsias sa él. Quién llama? quién llega? Viva Echión, viva Apolo. Arma, arma, guerra, guerra. Quita. ̱. Detente, y no pases osado a emprender la puerta fústica de su obelisco. Harás, que pase a violencia, mi ruego. ̱. Harás, que persuada mas que mi acento, mi fuerza, Pues llegue feliz, Por más que contra mi armes de prodigios esta negra estancia, lo he de lograr. (cia Veamos cómo? A mi obedien- salga del oscuro seno cuanta desasida peña en voraces mongibelos bomita encendidos etnas, que el veloz curso te impidan. Nada acobardada a mi diestra. Qué has de salir? Es preciso. Pues antes que lo consienta, las entrañas del abismo nos reciban. Tente, espera. Esto ha de ser. Ay de mí! Qué horror! Quién llama? quién llega? Viva Echión, viva Apolo. Arma, arma, guerra, guerra.
JORNADA SEGUNDA
Ya que tu presencia deja puestas en buena ordenanza, con Militar disciplina, las filas, y las Escuadras; Mientras que al belico ronco dulce estruendo de la marcha, rompen lo fragoso al sitio las Tropas de la Manguardia, a mi Tienda te he llamado. para decirte la causa, que me mueve a aquesta guerra. Siempre, Señor a tus plantas. confesará mi valor, que humillándose se ensalza. Qué rendido, y que cortés! Sus atenciones hidalgas, ha haber de queren yo a alguno, sin duda que me obligaran a; mas dónde vas, respeto? . La oposición heredada de Delos, y Argos (por más que las pavesas heladas del tiempo, apagar juzgasen sus bien encendidas brasas, voceando incesantemente. la eternidad de mi fama) bien pudiera ser motivo (sin acusar de liviana a mi razón) de esta guerra; pero otro mayor me llama a que a sangre, y fuego entre sus tierras, y sus murallas. Este es, que habiendo. Ay de mí! Mucho me predices, alma. Danao, Rey de Argos, talado todos los campos de Acaya, (de donde Augusta Princesa es mi sobrina Casandra) sin más razón, que el poder mas; pues en esta tirana lid engañosa del mundo, el que más puede, más manda. Y llegando el lance, en que es fuerza tomar venganza de este agravio, determino el esfuerzo de mis armas al suyo unir, pues me mueven parentesco, y alianza. Veamos, si quien tan altivo árbitro de la Campaña, tan inopinadamente Villas quema, y campos tala; (porque aunque las hermosuras matan, no lidiando matan, pues el imperio de Venus no es Academia de Palas) ahora que mi valor une a sus fuerzas mi arrogancia, el que acometió encubierto, abe esperar cara a cara: No le ha de quedar Almena al cerco de sus Murallas, que a la colérica furia de las minas, y las valas, o no vuele despedida, o combarida no caiga; pero, porque en tiempo alguno no se queje, de que haya (sin intentar otro medio más suave, que satisfaga la queja de mi sobrina) hecho tribunal la airada lid de Marte; determino que Embajador mío vayas a proponerle (evitando muertes, robos, y desgracias) que como a Casandra hermosa la restituya las Plazas, que tiranamente ocupa, cesara toda la causa de mi oposición trocando en paces las amenazas; Pues solo de tu valor fiara empresa tan ardua, como intentar, que un tirano Rey, lo que debe hacer, haga: Qué te suspendes? Señor, no la hemos hecho muy mala. Parece, que en vuestro rostro pálidas señas estampa vuestra turbación. Señora, nada a mi pecho acobarda, y más en obsequio vuestro; Pero como el leal retrata en el Espejo del Rey los afectos, con que se halla, al ver a Echión airado, y al notaros agraviada, se ha vestido mi semblante al uso de vuestra sana; a mí solo la obediencia me toca. Pues partid, Marsias, a Argos, donde ruego a Apolo, que vuestra discreción haga practicable el medio, u entre triunfando altiva Casandra. Y advertid, que el interés de la empresa, es mío. Basta, para a creditar tirano a Danao esa circunstancia, Señora, y a mi valor le basta ese influjo, para que su Corona consagre victorioso a vuestras plantas, o muerto, logrando siempre una ofrenda en vuestras Aras, cuando triunfe de un Imperio, y cuando muera de una alma. Yo, marchando poco a poco iré, hasta que dos jornadas de Argos espere mi brío de una tan justa demanda la respuesta, para que en dos acciones contrarias, mi osado Ejército intente el triunfo, o la retirada. Apolo os lleve con bien: Cielos, que pena, o que rabia es la que siento al partirse! Yo os doy, Señora, palabra de que poniendo a un tirano a vuestros pies (pues me ampara Júpiter, y atiendo al triste vaticinio de su estatua) ponga en vuestra frente excelsa su Corona, si mi ingrata airada fortuna borra el rostro de mi desgracia. Mas al corazón le importa tu vida, pues esta helada llama voraz, que en el pecho juzga, que adula, y abrasa, no sé que al alma predice al mirar, Vamos, Casandra. Qué te ausentas. Ya, Señor, soy sombra de vuestra planta. Oh que brava reverencia, no es reverencia cortada. Ahora, villano, te burlas, cuando en las olas airadas de amor, y honor, corre a un tiempo un infelice borrasca? De amor, pues ausente vivo de las luces soberanas de Hipermenestra; de honor, pues cuando de mi arrogancia, Casandra, y Echión fían el crédito, y la venganza, es su enemigo mi Rey, pues aunque ofendido se halla mi valor de sus traiciones; pues aunque intentó su sana mi muerte, no han de decir los acentos de la fama, que Linceo, siendo Noble, contra su Rey, y su Patria tomó las armas, siendo antes mi Nobleza, que su infamia: Júpiter abra camino a mis dudas. un Figón, donde yo coma; porque es cosa muy cansada, siguiendo tus aventuras, andar comiendo tus manlas. Qué te embelesas, Señor? Qué tienes? Cómo no hablas? Qué determinas? Partir a Argos hoy. Con la embajada? porque es linda comisión, Solo seguir mis pisadas te toca, no averiguar de mis designios la causa. Amor, duélete de un noble afecto, dándole alas, con que a la divina esfera de su dueño vuele, hasta. que sus brazos logre; pues si las tuyas te hacen falta, bien puedes labrar piadoso mi feliz vuelo a su estancia, dando a mis alas sus plumas. las saetas de tu aljaba. A Argos parto, con distinto intento del que me manda Echión, que tiempo habrá en que mi honor satisfaga, cediéndole la Corona, si lo permite mi airada suerte, en pago de la noble generosa confianza, que de mi hace, mientras voy a librar de las tiranas cadenas de un Rey injusto a mi esposa, ya que blanda, compadecida a mis ruegos, y piadosa con mis ansias, mostró (aunque en sombras la torre, que la aprisiona, o la guarda, Erictrea, a cuya docta ciencia deber hoy aguarda, (pues el precepto de Jove es el que alienta su Magia) mi afecto auxilio, que dé feliz logro a mi esperanza. Vamos, Libio. Ahora pregunto; habrá otra Selva encantada? otra hechicera? otro ahogo? otro Echión? otra carta? otra sobrina? otra prima? otra suegra? otra cunada? y otro diablo, que me lleve? Estrella, siempre tirana, muéstrate una vez propicia de cuantas has sido ingrata. Fortuna, ya que tu rueda mi mortal hambre debaña, quédate tú con los clavos, y déjame a mí las llantas. Espera. Monstruo, o mujer, que en mentidas semejanzas, ni mujer, ni monstruo eres, pues las pieles te declaran, para monstruo muy divino, para mujer poco humana; qué quieres de mi pacieneia? Que de este coto no salgas. No basta, ay Casandra hermosa! divino móvil de tantas idolatradas fatigas; no basta (ay de mí!) no basta, una, y mil veces repita, que en esa desierta playa tomase puerto, después que a la violenta inconstancia del Eridiano, destrozo fue miserable la barca, de quien solo yo escapé, por acrecentar desgracias a mi suerte; y luego envuelto en tristes míseras ansias, el sentido pierda en manos de dos, que sin duda Guardas de ese monte, me acogieron? No basta, que en esta estancia oscura me halle, ignorando quien a su albergue me traiga? No basta, que cuando apenas vuelto en mí, dulces arrastran mi turbación, los acentos de la música, y la salva, mi huella impidas, armando cuantos sus ciegas entrañas, monstruos ocultan, y que no contenta con su rabia, me hagas racional viviente, aborto de sus entrañas, precipitándome al centro? sino que también, tirana, cuando más cobrado admiro el uso de vista, y habla, cruel me embargues el paso? Júpiter mi intento valga, ya que el poder me limita, pues a no hacerlo, misabia Majia le estorbara el curso. No estorbes, que a cegar vaa a vista de la hermosura, a quien rendi vida, y alma. Y es verdad, pues un retrato a de la divina Casandra, Reina de Acaya, rendí alma, y vida, unica causa de pretender yo con Minos, que en la guerra, que declara contra Danao, me ofreciese por General de sus Armas, por no hallarse ella con quien en una facción tan alta lo pudiese ser, a fin de que dando un triunfo a Acaya tan grande como este, a mí me quedase la esperanza de aspirar a sus favores, cuando mi sangre no ataja tan divinos pensamientos; y así piadosa desata la prisión, con que tus brazos el movimiento me embargan; quita. Escucha. M. Ya a mis fuerzas tanta resistencia agravia; de ti huiré: Y tú, soberano imán, que altivo arrebatas el norte de mis deseos, alumbra a quien te idolatra. Que esto Júpiter consienta? Qué esto consienta mi rabia? Pues cuando Línceo llega a Echión con nombre de Marsias, Marsias buscando a Echión, (por más que procuré cauta ocultarle en esa gruta, de quien un risco es mordaza) afrustrar va de mi astucia las Mágicas asechanzas. Pero pues Línceo lleva para crédito la carta, que le quitó Libio, cuando muerto le creyó en mi estancia, (que a dudarlo no lo hiciera) y Marsias con esta falta es preciso que desmienta su razón (pues embaraza la confusión, que averigue, si acaso del pecho falta alhaja tan importante como ella) veré si hay traza de proseguir este engaño: y pues Júpiter me manda, que siempre a su lado asista, trocando estas pieles pardas por el varonil adorno, también me inspira, que parta a Argos tras él, donde va de Echión con la embajada. Ea poder, ea astucia, pues sacro favor te ampara, haced que el mundo celebre de Línceo la venganza, de su Esposa el desagravio, la victoria de Casandra, el desempeño de Egipto, y de Eríctrea la Magia, Detén amor las iras, no introduzcas cobarde tus flechas venenosas en las lides de Marte. Suspende tus arpones, pues pide su combate, mas que llama que hiela, una nieve que arde. Entrega, pues, al ocio tus tiranos Carcajes, cuya ardiente ponzoña. es tosigo del aire. Detén, detén el golpe, cesen, cesen mis males, que para mi tormento basta mi confusión, sin tus cruel- dades: Armas arma contra amor, no mue- ranadie. Suspended la voz, pues más que acordes, son disonantes acentos, los que en la guerra no son acentos Marciales; al oído del valor, más generosa persuade. que la citara la trompa, y más que la lira el parche. Ay, Marsias, cuantes tormentos . a mi corazón añade tu ausencia! No me dirás. en secreto, de que nace ese suspirar a ratos, ese discurrir a parte, y ese arquear de cuando en cuando los dos iris de azabache, aquí para entre las dos, (que no nos escucha nadie?) Te tiró acaso el Dios niño alguna de las matantes saetas, que le sobraron de las que hizo para Dafne? (que desdenes por desdenes, iguales son las Deidades.) Las mujeres como yo, Laura, no es posible que amén, sino a su respeto, que es su sacrificio, y su imagen. Retiraos todas, que quiero, mientras el Rey vigilante recorre las centinelas, (que en un Rey, mientras embra lucido el arnés, no ay más descansos, que los afanes) igualando su cuidado mi afecto, quiero sentarme a escribir a Acaya, donde por lo que será importante, que algunas Tropas recluten el Ejército, es bien mande hacer levas; pues aunque resuelve Echión, que marche a largas jornadas quiero, por si algún designio hace, suspender este orden que las espaldas nos resguarden mis Vasallos, porque acudan al mayor riesgo sus haces. Idos, pues. Y habrá licencia para proseguir de lance la Música, si te agrada? Cómo sea algo distantes de este sitio, os la concedo, porque sus voces no embargue mi atención. Pues ya, Señora, te dejamos; vade inpace. Amor, permite este rato, que olvidando mis pesares, no piense en tus tiranías; mas ay que lo intento en val cuando un triste ha conseguido olvidarse de sus males? Detente amor las iras, vir a Acaya quiero; plumas, alhajas del aire, propias alhajas de un triste, ollí como sois bastantes para formar estos rasgos, lo fueseis para que amante, alas tejiendo ligeras, siguiese a Marsias, o fácil afecto, que al pecho agravias, pues agradecido sales al labio! yo te daré mi propio aliento por cárcel. , . Suspende tus arpones, Esta es la Tienda del Rey, dicha ha sido, que lograse llegar hasta aquí; mas cómo quien era dije, fue fácil franquearme la entrada; amor, de la dicha a los umbrales estoy, las sombras me alientan, y si de Casandra afable he de merecer el Cielo, siendo de mi suerte Atlante, mis pasos guía; mas si ofendiendo sus altares mi fiel rendimiento, pasan a desprecios sus desaires. Entrega, pues, al ocio, Escribiendo esta; mas Cielos, o en las láminas voreales ha pintado mi aprensión tantos mentidos celajes, o es Casandra; sí, ella es, que mal pudiera cobarde mi fantabía imitar los rayos de otro semblante. Hermosa Deidad ingrata, no te enoje, que se pare mi atención a tu registro, que no es posible que agravie llama, que sin esperanza solo entre cenizas arde. , . Detén, deten el golpe, Ay Marsias! Albricias alma! Quién logró dicha tan grande como oír su nombre en sus labios? Amor, ayuda este lance, pues entregada a un cuidado, en mudo descuido yace. Esto ha de ser: Soberana Casandra. Quién arrogante llega a este retiro? Quién h a este retiro le traen tu belleza, y tu desdén. Laura. Aunque las luces mates, tus reflejos te descubren. El atrevimiento pague con la vida, quien osado hasta aquí entró. Quién a darte este pesar se atreviera (si al Cielo llegan pesares) a no haber sido su suerte tan feliz, que oyese antes de ti su nombre? Pues quién sois vois, para que arrogante imaginéis tal fortuna? Preciso es ya declararme: . Marsias soy. Qué es lo que escuchó? Ya que rondé vigilante las Centinelas, y todas el orden cumplen, sin que halle dormida ninguna posta, a mi Tienda vuelvo (oh grave glorioso afán de los Reyes!) Mas como entre sombras yace su estancia, Aurora Casandra? Este es el Rey; hay más males? . De hombre es la voz; hay más sustos? Qué haré? pero retirarme . importa a mi Tienda, pues un cáncel solo las parte. No respondéis? Sea quien fuere, el acero es fuerza saque en su ofensa mi valor. Pasos siento; fuerte lance! La espada saco: Quién va? Cielos, en este paraje con tanto imperio, quien puede ser si no el Rey? Qué inconstante es mi fortuna, pues cuando por darme un alivio, hace que Marsias, solo por verme, al precepto del Rey falte, deteniéndose esta noche, hace cruel, y mudable, que el Rey le encuentre en su tienda. Pero pues el Rey no sabe, que yo en ella estaba; y Laura con el estruendo suave de la Música, no oyó las voces; pues fuera grande inconveniente, que nuviese sacado luces, no me halle aquí el Rey; pues lo primero es mi decoro. Cobarde es la sombra, pues me huye; pero pues ya con buscarle mi acero cumplió mi brío, cumpla ahora con que le maten o le prendan, mi respeto, satisfacciendo el desaire. Qué haré? Los cielos me valga pues no es posible que escape, perdido el tino a la puerta, fuerza será me declare con el Rey. Hombre, ilusión, o sombra, que de mis Reales, no solo rompes las líneas, pero de mi Tienda; antes que halles tu castigo, dime quien eres. Quién vigilante viene a regir tus altivos victoriosos Estandartes; Marsias soy. Mis iras buscas, pues aunque a mí no me agrave hallándote aquí, faltando a las leyes Militares, y a mi precepto, me agravias, o. Esto no entiendo. Con darte castigo vengo esta ofensa. Hola Soldados. Lea obedecemos tu acento. otra confusión añade su vista a mi duda. Muera. Esperad, que antes que esmalte en él mi acero, pretendo saber, que causa le trae a su despeño. Señor, no sin que me escuches, pases a esgrimir las iras, pues advertirás lealtades, las que imaginas traiciones. Cómo? Cómo al enviarme Minos en tu auxilio, habiendo en las olas inconstantes del Eridano (por donde pensé a tus pies llegar antes) corrido tormenta; llego de tu Tienda a los umbrales en las tinieblas oscuras de la noche, siendo fácil lograr la entrada, diciendo quien era; y asegurarte pudieras, Señor, a no ser mi desdicha tan grande, que en la borrasca no hubiese perdido el pliego, que fácil hiciera verdad, y informe. Eran estas las verdades, que a mi duda prometisteis? Hla Soldados, llevadle al Cuerpo de Guardía, donde hará un tormento declare de Danao los movimientos, pues la turbación, y el traje muestran ser Espía, l. Venga espía ingerto en Sastre, pues miente con desenfado. Ved, Señor; Ay tal ultraje? Qué ay que ver? si vos fingiendo ser Marsias, necio, ignorante, y atrevido, cuando Marsias a Danao va de mi parte Embajador, pretendéis muchas veces engañarme? Advertid, Señor, que solo yo soy Marsias. Ea, baste; ejecutad lo que os mando; Que esto, Dioses celestiales, permitáis? Quién duda, que cuando me creyó cadáver el monte, aquellos villanos entre otras cosas robasen la carta, y con nombre mío; pero adonde vas, cobarde acento? hasta que lo vengue permíteme que lo calle. Como no menos villana aquella mujer, o áspid, que en su gruta me detuvo; pues cómplice de su infame hurto, y de mi injusto agravio, vistió de iras las piedades. Contra mí está todo el hado; mas si los Dioses me valen, aunque mi verdad no tenga testigos, que la afiancen, (pues de la borrasca todos. perecieron al combate) mas ha de poder mi brío; siendo consuelo a mis males morir a la vista hermosa de Casandra, porque alcance ser ceniza a sus incendios, ser víctima a sus altares. . Cielos, en gran confusión me deja el pasado lance, hallar un hombre en mi tienda, ser hombre tan arrogante, que con la espada me espere, que al intentar declararse, diga, que es Marsias; que afirme, que la carta en el combate perdió, que tanto asegure la razón de sus verdades; que Marsias, cuando le envío a Danao, mude el semblante; que tan sin criados llegue, que tan poco en Minos hable, que muertas halle las luces, la mesa en el suelo fácil: Cielos, muchas confusiones son para un humano examen, pues si advierto. Habiendo visto desde mi tienda, que sale tropel de Soldados, vengo, Gran Señor, a preguntarte, (pues motiva su inquietud mi sospecha) que dictamen así los altera; miento, pues solamente me trae saber en que paró Marsias. Nada te turbe, ni espante, Casandra, que solo ha sido dar castigo, a quien cobarde, y atrevido a un mismo tiempo, ciegamente se persuade a que a mí me engaña. Ay triste! Sin duda, ay de mí! que sabe, encontrándole en su tienda, con epto falte Marsias. Mas yo vengaré con su muerte mi desaire. No harás, que sin que aventureap el pundonor de mi sangre, (pues en la Campaña es solo el Cuerpo de Guardía carce!) haré que Arsidas, valiente Capitán mío, le escape esta noche, sin que sepa que es Marsias, pues declararme no conviene a mi respeto, cuando solo es importante que sepa, que a un hombre, a que (por encontrarle en sus Reales encubierto) hoy Echión ha mandado prender, saque del peligro. Tú, Casandra, retírate al hospedaje, que de tantos pabellones fábrica a tu Cielo el aire, pues luego que renaciendo Apolo fénix del Ganjes, su hermosa madeja rubía en azul torno debañe, hemos de poner a vista de los altos homenajes de Argos, nuestros Escuadrones. Aunque intente, que me engañes Echión, su disimulo no podrá, pues me persuaden obligación, y carino, como noble, y como amante, En tanto que este tropel de dudas aclaro, dadme, Cielos, vuestro amparo. En tanto que a Marsias de aqueste vl libro, amor, dame paciencia. Bien es, que suspender trate de este Extranjero el castigo, hasta que esta sombra aclare mi cuidado. ̱. A Vuestra Alteza guarde el Cielo. Que me guarde espero, siendo vos mi suerte, tiene un Astro favorable. ̱. Esta es la Torre. Entre abierta allí una ventana vi. Si estará mi Esposa allí? Aí es detrás de la puerta. ̱. Al ver la almena menor temo no pisar su centro. ̱. Hay más que entrar allá dentro. ̱. Cómo? L. En traje de Doctor. ̱. Yo muero. Salvo el lugar: mas pues templan, no es quimera; que es preciso que se muera cualquiera que oye templar. ̱. Escucha; que breve seña allí a mi duda socorre? Quien quieres que en una Torre cante, que no sea Cigueña? ̱. Calla; que empiezan. Par Dios, nuevos Músicos ganjean, pues sabiendo que desean oírlos, no tienen tos. Viento, pues ligero llevas de mi fuego las noticias, no esparzas las tibias cenizas, pues vive do el fuego encubierto en sus mismas cenizas: corazón alienta, tormento respira. Flora es. De sus voz las señas nunca he sabido veloz, Por qué? Porque por la voz se sacan las pedigüeñas; y a Florilla, que es mi dama, conocerla no conviene, que es una mujer que tiene buena voz; y mala fama. Mas ay, que mí mismo aliento las pavesas desperdicia, pensión del alivio, que encierra un suspiro; pues vuelan al aire de aquel que suspira: corazón alienta, tormento respira. Tú, Libio, mientras que yo doy la vuelta a la muralla, por ver si en ella se halla alguna Guarda, que no nos deje lograr el lance, te acercarás a la puerta, por ver si acaso está abierta. . Miedo, peligroso trance; si llego con sutileza, me arriesgo a que alguien me dé con alguna cosa, que se me ponga en la cabeza: sino llego, doy gran perro a mi amo, y falto a mi honor? ahora bien, cual es mejor, esta honra u aquel entierro? Yo no me resuelvo a huir, ni me conviene el llegar; o quien hallara un matar, que no supiese morir! Ya que están de Hipermenestra las Centinelas dormidas, y solo esta puerta estorba el logro amante a que aspira Linceo, abriéndola yo haré que el robo consiga; pues aunque de Echión venga Embajador, más precisan las leyes del amor, que las leyes de la Milicia. Demás, de que contra el Rey, Patria, y Esposa, no obligan palabras, que por si propias se derogan a sí mismas. La puerta apenas toqué, cuando a mi contacto libra paso a la torre, pues no hay a mi ciencia, y mi osadía, pestillo que se defienda, ni gozne, que se resista. Este es Libio, aqueste cubo de la muralla me sirva de cancel, mientras no fuere tiempo en que a Línceo asista, pues Júpiter me lo manda. le haya yo de ser gallina, sin más interés que serlo, o condición tan maldita, que hay pocos que la confiesan, y muchos que la confirman! Pero ya llega Linceo. Libio, está abierta por dicha la puerta de la muralla? Cerrada está, como hay viñas, mas de cuarenta cerrojos tiene, Señor, sin dos vigas, con sus honores de trancas. Si por de dentro se afirman, cómo las viste? Porque las he visto en profecia; cierto, que es mucho apurar, Ahora bien, yo llego; anima tú, Norte de mi esperanza, mis pisadas, que si es guía de mi ceguedad tu luz, y de mis sombras tu día, cuantos tenaces candados la sellan, hará cenizas el fuego, en que el corazón tantos volcanes palpita: Mas que fácil a mi impulso ha cedido su porfía! Ves, villano, cómo mientes? Ella a mi persona indigna se negó, y si no lo crees, haremos que ella lo diga. Todo en profundo silencio yace, solo de esa Lira se oye la voz, pues repite su canora melodía. Viento, pues ligero llevas de Ya al riesgo se precipita; mejor dijera al Laurel, mejor dijera al laurel, pues en la persona mía le da Júpiter amparo. Ea, amor, ya estás a vista del empeño, o conseguirle o morir; tú, en esta misma parte me espera, que yo, si la fortuna propicia me ayuda, haré que la fama en sus anales escriba: Aquí libró a Hipermenestra Línceo, o perdió la vida. Ahora bien, veamos honor lo que en aquesta conquista me toca; seguir a mi amo, no es lealtad, que es villanía, mandándome lo contrario; quedarme aquí, es bobería, solamente por quedarme; veamos si alguna Ninfilla de aquellas, que aún no se elevan tanto, como lo que pisan, quiere un rato de parlata. C. Quién llama? Reina mía, se concede ve al terrero? Porque quisiera, a fe mía, hablar por la mano, dando a esa hermosura dos higas. Si es de noche, como quiere que entienda lo que habla, diga? Por la mano, no se entiende, ni aún lo que se habla de día. Por Baco que es Flora, ha, aleve compuesto de suegra, y tía! pero honor disimulemos: Digo, pues, que en cortesía me escuche ué, porque en mí concurren las tres cosillas, galán, valiente, y discreto; discreto, porque uso cifras; valiente, porque hecho votos; galán, porque gasto cintas. Mucho estimo la lisonja. Oh qué gran cortesanía! Gran desgracia hu- viera sido que una noche, que por dicha he ido a la hermita de Baco a comprar unas medidas, hubiesen visto mi falta. Si ved viene de la hermita, será sobra. Quién en eso le mete al señor márica? Mas si el oído no me engaña, ni me ha apagado la vista la humedad de algunos brindis, con la Luna se divisa ser este Libio, el criado de Linceo; por mi vida que he echado buen lance; dese a prisión Bravas albricias me esperan! Con migo venga. Usted vive muy de prisa: No me dará usted lugar, si quiera, a que me despida de este sitio, donde el que entra jamás a salir a tina, sino es, que algún guarda damas con su despeje, y sus riñas le eche fuera; y aún entonces hay sus ciertas fullerias? Ande el necio. Y aún por eso porfío. Ande el gallina. j Miren que tacha. Ande el loco. Solamente eso es mentira, que soy cuerdo, pues le sufro. . Este es sin duda la espía, que todas las noches ronda, yo cierro, por no ser vista. . Ya parece que las Guardas, que antes estaban dormidas al impulso del beleño, que en ellas vertí, se animan. Traición. No salga con vida quien atrevido a la torre pisó la vedada línea. Muera. Muera, como libre a Hipermenestra divina. de una violencia tirana. En todo a su lado asista, y pues a Libio prendieron substituya mi osadía su lugar. Libio. Ay de mí! Hermosa beldad, anima, quien te libra es quien te adora; a Hipermenestra retira. al Palacio de mi Padre. Quién en las tinieblas frías de la noche, cautamente la estancia a la torre pisa, muera. Con esa hermosura huye tú, que en mí una viva humana muralla dejas, que sus esfuerzos resista. Cómo de tu brazo quieres (cuando aún del mío no fía mi valor) que necio fie tan alta empresa? Ay impía fortuna! Si has de quitarla, para que diste la dicha? Si el pensar que Libio soy, a no escaparte motiva con tu esposa; mas poder me da aliento, que imaginas; Júpiter te ampara, huye. Ya con aquesta noticia será forzoso. Soldados, agravio es de nuestras iras su resistencia. Ya pues sus instancias repetidas tan alto amparo prometen, y tu valor certifica. no ser Libio, te obedezco. A espacio, a espacio desdichas ves uno de ellos a quien og mal mi ceguedad divisa, con el hurto huye, al que queda cercad, porque al otro siga mi esfuerzo. En vano lo intentas, pues tegiendo denegridas. nubes, cuyo seno aborten rayos, que el curso os impidan, os reduciré a pavesas. S irado fulmina volcanes contra nosotros, huyamos. Llamas respira su negra preñez; al Rey de este asombro dé noticia mi asombro. A la Torre. Al muro. Al recinto, a la alquería. qe Esa, Soldados, máquina robusta, que a los vientos asusta, pues no cabiendo en sí, mal satisfecha, tímido el viento, a su pesar, se estrecha: Es Argos, cuya frente registra al Sol el círculo luciente; que mucho si a su nombre, por despojos, el celeste Pabón rinde cien ojos. Esa hemos de vencer, Soldados míos, igualad las empresas a los bríos; aquí a Marsias espero, aunque de su tardanza cuerdo infiero, que despreciando Danao la propuesta, solo el no responder dé por respuesta. De Casandra es la empresa, otro triunfo en su obsequio se interesa; qué, Ejército, deseas, si mereces solo con un laurel triunfar dos veces? Nada acobarda a mi valor altivo. Pues aunque aquel Soldado fugitivo (disimular conviene, aunque su fuga con pesar me tiene) a Danao dé noticia de mi marcha, rayos abortaré de aquesta escarcha. El triunfo de mi parte está, Señor, si en vos asiste Marte. A no haber ya de su furor librado a Marsias, con mi astucia, y mi cuidado, que penas combatieran en mi pecho! Qué ruido es este? Un hombre, que sospecho, que haciendo de la Plaza una salida, a nosotros se viene a toda brida. Entre sospechas tantas, dudo quien pueda ser. Dadme las plantas. Quién eres? Y qué intentos te traen aquí, me di? Estadme atentos: Yo soy Egipto infelice, hijo del Augusto Belo, hermano de Danao, el cual osado, altivo, y soberbio, mandando a sus hijas, que derramando su veneno en sus Esposos, hiciesen tirano cadahalso el lecho, logró dar muerte a mis hijos. De cuya crueldad Linceo. escapó de Hipermenestra, al Noble piadoso afecto. Ese, pues, profugo, y vago (según dicen) para en Delos. Qué escucho? En mi Reino? Sí. Qué sería, Santos Cielos, que el fingido Marsias fuese? Y pues estar encubierto tanto tiempo a mi noticia, es indicio no nequeño de su muerte, y de la mía, a valerme de ti vengo, sabiendo, que a vengar vienes de tus armas con el resto de Casandra los agravios, para que, pues rige el Cetro Danao injustamente de Argos, des satisfacción a un tiempo al mundo, de que a tus armas debe mi lealtad un Reino, mi dolor una venganza; y. . Suspende tus acentos, que por piadosa, y por tuya, la acción me toca. No menos esperé de tu valor. Entremos a sangre, y fuego la Ciudad. Bien dices, muera un tirano; ya no quiero más partido, que su muerte. Pues si tomáis mi consejo, este es, que pues hoy en Argos se han publicado los juegos Pirrios, y esta tarde asiste a sus festines el Pueblo, logrando de su descuido la ocasión tu valor, demos muerte a Danao; yo tendré en uno de los soberbios Tórreones de la muralla una pieza, a cuyo estruendo la oportunidad avisa. Pues al arma. Pues a ellos. Yo, porque en mí no reparen, me parto. Llévete el Cielo con bien. Hoy vengo tu injuria. Hoy te rescato un Imperio. Hoy para volar tu fama, por plumas daré trofeos. Muera Danao, Danao muera. Delos viva, viva Delos. Calla villano, Señor. Cuando fío de tu acero la guarda de Hipermenestra; (esto Júpiter consiento?) falta de la Torre? Cuando acredita estar Linceo en Argos, hallar a Libio hoy mis Soldados? Si el Cielo armó a los aires de rayos, de relámpagos, y truenos. en su defensa después; que misterioso beleno vertió en las guardas, y yo no pude acudir más presto por lo oscuro de las sombras, y lo distante, que de ellos mi cuarto estaba, a él te queja. Si acaso puede el aliento formar los acentos, sabe Señor, que se ha descubierto en ese cercano bosque de gente número inmenso, de quien Echión, y Casandra son Generales; y pienso que ya en forma de batalla se acercan. A nadie temo, aunque libre Hipermenestra, aunque Línceo encubierto, aunque Casandra arrogante, aunque el Rey Echión soberbio, se armen de ira contra mí; y porque vean no recelo. su amenaza, de los Pirrios juegos prosiga el festejo. Ya todo el Pueblo en el circo, solo espera que el asiento tomes, pues Juez de ellos, has de dar, o negar los premios. Contra todo mi pesar lo haré. Unid a los juegos, que Argos en memoria del hijo de Áquiles consagra a su Templo. Androjeo, pues concedido está el entrar encubiertos, en estos juegos, a cuantos. aspiran al Laurel, quiero que con cuidado estés, por si entrare Línceo en ellos, que importa mucho su muertes pues no dudo, que su esfuerzo, si él está en Argos, le arrastre. Tu voluntad es precepto. Cielos, dad muerte aún tirano, Venid a los juegos, En batallas festibas se unan a un tiempo, en memoria de Áquiles, gala, y esfuerzo. A vistosas Palestras. llamen los Ecos, de las Liras de Marte, Trompas de Orfeo. Arma, arma; fuego, fuego. Ya que en casa de mi padre libre a Hipemenestra dejo, no ha sufrido mi valor estar ocioso su aliento, en estos juegos. Que no halle, a quien osado, y resuelto el nombre me usurpa? O si piadoso el Cielo a mis ruegos (pues solo por esto al Circo, donde de todo este Reino, los jovenes más bizarros, a lidiar concurren) vengo, me le demostrasen, ya que de Arsidas al aliento debí libertad, y vida. Pues dejo conjurado de Echión el poder, contra el soberbio Danao, al Circo asisto, sin que me dé mi venganza tiempo de prevenirme al descanso. Lucha, y Carrera ofre plausible el premio, a quien postre valiente, y huya ligero. Sacudidas las cuerdas harán, que luego en olas de saetas, se anegue el viento. Arma, arma, En los dardos empieza manoso el juego, quedándose en impulso su movimiento. Al vencedor corone frondoso cerco del Laurel, que desdeña rayos a Pebo. Arma, arma, Ay de mí! Traición, que al Rey un Máscara ha herido. A ellos; mueran todos, porque muera el vil delincuente entre ellos. Cumplió su decreto Jove; dejaldos, que; mas yo muero. Bien el orden han cumplid Muera un tirano. Los Cielos lavorecen mis impulsos. Al Circo acometa e de mi Guarda. ̱. Argibos, hoy morimos todos. A ellos. Qué confusión! Qué temor! tu defensa estoy, bello imposible. ̱ . Aquí me tienes, Echión. ̱. Al Rey han muerto; todos a Echión se entreguen, pues este es el mejor medio. Victoria por Echión. ̱r. No ensangrentéis los aceros, en quien Esclavos se rinden a esas plantas. Este Imperio es tuyo. Jóbenes nobles, descubríos, que ese aliento me tiene envidioso. Yo soy Marsias. ̱. Yo soy Linceo. Quién podrá, de tantas dudas, descifrarnos los misterios? E, , iter, cuyos designios te labran el vencimiento; dígalo a un tiempo mirar a Argos rendida, victoriosa a Delos? Májima fue de mi diestra tanto tropel de mesterios, y oráculo, que predijo (efecto. en Linceo el impulso, en mi el Provido en vano presume borrar la Estrella el ingrnio, práctica, de quien fue Danao yerto testigo, inanimado ejemplo. Vínculos amantes aten el dulce lazo desecho, y única vida fábriquen, milagro de Cupido, dos alientos. Pues quién, Soberano love, de los que presentes tengo, es Línceo? Yo, que triste; peregrinando tu Reino, a Marsias, en las orillas. del Eridano soberbio casi muerto hallé, y tomando una carta, que en el pecho llevaba, ser él fingí, por haberme dicho un bello prodigio, que a mi fortuna. importaba el fingimiento. Con que llegando un ella triste a tus Reales, a tiempo que ya él estaba en tus Reales, injuriado me vi y preso de tu rigor, siendo yo quien enviado del Supremo Rey de Creta fui. A mis brazos. llegad. Pues triunfante os veo, mientras a Línceo abrazo, que a Hipermenestra del negro calabozo, que la oculta, saquéis, gran Señor, os ruego. Ya mi valor la ha librado. Mientras yo partí ligero a la Tienda de Echión, sería. Y aunque pequeño culto, su vida os consagra. Pues quien a su oscuro centro te dio entrada? Yo, auxiliada de Jove, como no menos astuta, detuve a Marsias, cuando el generoso afecto de Línceo le albergó en mi gruta. Soy el mismo que escapó de la prisión al ver el río revuelto. Pues ya cumplí de mi Estatua el vaticinio funesto, matando Línceo a Danao; Mirad ahora el escarmiento de las Belides, sacando del pálido Lago aberno agua, cuyos arcaduces por todas partes abiertos, hacen su trabajo inútil. Ay que mal, ay que tan ay que tormento! pues en las mismas ondas, enqu me anego, buscando los cristales, encueno el fuego. En el cristal se quema mi infausto pecho; Cielos, donde huirá un desdichado, si aún la nieve es incendio? Ingratas crueles hermanas, sufrid el castigo eterno, que Júpiter os previno, dándoos solo por consuelo decir al aire, sin más armonía, que el lamento. Si las ondas que sulco, yo misma las enciendo, porque me quejo, ay triste! de que me abrase el hielo? Ay qué mal, Ay infeliz! que cuando tristes lágrimas vierto, de sus líquidas llamas formo otro mongibelo. El triste ruido infausto, que el trabajo funesto motiva, se confunde con mi propio lamento. Mi fúnebre suspiro desate en llanto tierno los copiosos cristales, en cuyas ondas muero. Ay qué mal, Que yo subiendo a mi solio, atento a vuestros progresos siempre estaré, porque digan las voces del universo. Viva Jove, Jove viva. Ay qué mal, Llega Esposa a los estrechos lazos que te esperan. Logre su mayor triunfo el deseo. Yo Egipto, ya te he cumplido la palabra, pues te ofrezco de Argos la Corona, que tuya es, pues es de Linceo. Y yo también a Casandra la cumplo, pues se la cedo; y esta dicha, a ti. Erictrea, confesaré, que la debo. Siempre en tu auxilio, de Jove obedecí los decretos. Solamente en este lance las Plazas mías acepto, que usurpó Danao. Pues sabes cuantos explendores Regios en mi concurren, te pido por más soberano premio de la divina Casandra la mano. En que yo intercedo, pues por mí en tan abatido estado se vio. Si pierdo a Marsias el disfrazado; gano a Marsias verdadero, a quien mi astucia libró. Quién logró tan alto empleo? Pues ajustados los pactos, nuestras Tropas retiremos, después que al Regio Cadáver del tirano Danao demos urna digna, que demuestre las Majestades del dueño. Tú, Androjeo, y tu Laome, donte, agradeced que no os dejo escarmentados. Y digan las voces a un mismo tiempo. Vivan Marsias, y Casandra, Hipermenestra, y Linceo. Y piedad merezca el que solo atento al sacro motivo con sus obediencias disculpas
