Texto digital de Los bandos de Vizcaya
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Rosete Niño
- Atribución estilometría
- Pedro Rosete Niño Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los bandos de Vizcaya. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/bandos-de-vizcaya-los.

LOS BANDOS DE VIZCAYA
JORNADA PRIMERA
̱, o fs Geherosos Vizcainos; bilisimos, y claros. escendientes de valor leaquellos, en cuyos brazos, Alarbes, que invadieron ados Castillas, hallaron suencibles resistencias, almitación de Pelayo, li Cobadonga guarnastis slos altivos penascos; esde las Encartaciones. lasta Veovia, que dando emino a Francia, y Guipuzcoa, ptristalino arbitrario. y es el festivo día, aque todos han llegado. uientay dos Santiglesias, leste Vizcaba a Vilbao, lecon la ciudad de Ortuña parte el término, y el mando a la concorde alianza de aquellos antiguos bandos, que ha tantos anos que tienen en nuestros pechos hidalgos, embegecido el coraje, y el rencor habituado, y a el odio que por las venas corría disimulado; y era con nombre de sangre, corrompido humor, que tanto en los sustos de la ira, socorria por su daño al corazón, pues en él era el socorro contagio, se ha gastado en las ruinas, y aún entiendo, que ha faltado; pues que tanto estrago veo, odio para tanto estrago, Esta es la Iglesia mayor, a cuyas puertas estamos todo lo noble, y los que hasta ahora deslumbrados havemos sido cabezas de estos linajes, llevando Fernan Perez de Gamboa. Aún no está mi altivo brazo satisfecho, que el incendio, que detro en mi pecho guardo, no se apaga de una vez. Fernan Perez, que mirando estáis, que cabeza ha sido de los Gamboas, llevando mi autoridad de los Oñez, todo el sequito contrario entremos, mientras mi hijo Garcia, joven gallardo, viene con todo el linaje, que me sigue, y entretanto que vuestro hijo Lope viene, juntamente acompañado con el vuestro. Ha quien tuviera ocasión para estorbarlo! pues cuantos están presentes son mis parciales, y tantos están como yo, también de las paces disgustados. Entra, Sancho. Ya yo estaba, como Vizcaino honrado, para echarme con la carga. Entra a poner ese estrado para mi hija Teresa, en la Iglesia, pues alcanzo por mi nobleza este honor, y ninguno le ha alcanzado, sino es mi noble familia. Buena ocasión de estorbarlo me ha ofrecido la fortuna. Entro, pues. Aguarda. Aguardo. Martín onez de Butrón, señor del noble palacio de Butrón, y de Múgica: no es querer confederarnos, el querer sobresalir mas que ninguno entre tanto que derecho, o que razón tengo, para que agraviando, tantas ilustres familias, vos solo con ese aplauso yseis de esa mayoria? Tened, ilustre, y bizarro, Fernan Perez de Gambos, que en el rencor obstinado, parece que os despeñáis. con nuevas envidias. Pasto, que desluces mi razón con ese nombre. Entra, Sancho. Detente. Señores míos, en lance tan empeñado, siendo de ustedes el duelo, soy yo quien está cargado. De la inmemori al costuor de tantos siglos me valgo. Hoy ha de quedar desecha costumbre, que infama a tan Es honor. . Es injusticio Es razón. . Es desacato Entra Sancho. De esta suerte, lo estorbaré. San Hilarios aquí de toda la audiencia, que alborotan los estrados. Todos los defenderemos Viven los cielos sagrados Dejadle, y seguidme todo No hay ninguno de mi var Todos son tus enemigos. Yo solo os haré pedazos. Es solicitar tu muerte. Hay hombre más desdichad Vivan los Gamboas. Vivan. Mueran los oñez tiranos. Mueran. Ha pesia mi suerte! ̱. A la enemistad agravios! Discurso a buscar remedios! A hablar a mi hijo vamos. Voy a buscar a mi hijo. Que gustoso queda el brazo con el de sangre civil, de quien presume de vano. Denme venganza los cielos, o acabense mis cuidados! Señora, si tus enojos, tanto tu pesar aumentan, los rayos se desalientan de la esfera de sus ojos. Pues viendo límite tanto de sus ardores sospecho, que se encienden en el pecho, y se apagan en el llanto. Ay Casilda, que es mi pena de tan cruel cálidad, que aún no espero la piedad de alibiar esta cadena, Que aflige el afecto mío, pues en eternas prisiones, son mentales eslabones los que arrastra mi albedrío. Tienes amor! . Eso lloro con ciega desconfianza, sin vida, y sin esperanza. Porqué razón? Porque adoro A Lope, que amante estima mi prima, y hoy que el cuidado, los bandos ha concertado apedirla: ay Dios! se anima Asu padre, porque ansí se asegure a un mismo plazo, en ellos el dulce lazo, tan severo para mí. Sabe Lope tu dolor? Helo querido callar, por no tener que llorar el desaire, y el amor. Él viene a mi parecer. Pues dejanos a los dos. Hasta eso gracias a Dios, bien sé lo que debo hacer. Señora? Lope? Ay de mí! Válido de tu favor, vengo a decirle mi amor a mi dueño, pues aquí, Por el deudo, y la amistad eres tú sola testigo de la fe con que la obligo. Hay tan estrava crueldad! Aguardando esta ocasión hasta ahora retirado en ese zaguan he estado, que mientras la eterna unión De los bandos que se van consumiendo en su valor, hoy en la Iglesia mayor mi padre, y el suyo están Asegurando, he querido hacer con dulces despojos, esta lisonja a mis ojos, y este agasajo a mi oído. Si puedo he de embarázar, que hable con mi prima quí. Hazme este favor. Por mí le puedes asegurar: mas no es mejor? Que tú seas quien interceda en mi bien. No si no que sea quien te acuerde en lo que te empleas. mira Lope. Estoy perdido. Que su hermano. Quedaya en la Iglesia. . Qué vendrá. No hará tal. Pierdo el sentido! Llama a Teresa. . Es causar estás hoy en mi favor. Para que yo. . Su rigor. Pueda decirle mi amor. Ya yo salgo. . Qué pesar! Costanza prima, pues tienes. de este se creto las llanes, y tu solamente sabes. de mi amor males, y bienes. Pues de tu amistad confío, lo que pudiera de mí, y por no hallarme sin ti te ha traído el padre mío A vivir al cuarto bajo de tu casa, en que vivimos, a donde nos asistimos, con tan común agasajo, Aunque ahora estoy segura de mi padre, y de mi hermano; por no hacérmele mayor. por vida tuya, pues gano. este rato de ventura, Que se logre este cuidado, viendo desde esta ventana. Hay suerte más inhumana! que me sujete mi hado A querer también lo mismo que ella, y cuando me sentencio sea de mi sentimiento; a esta pasión, el silencio sea mi mayor abismo; Pues cuando el pecho avasallo. . Ya de nuestro fino amor a los males que padezco, de lo que quiero adolezco, y muero de lo que callo. Desde esa ventana, digo, que aceches. Ya te entendí. Por si alguien. Ay de mí! Viniere. Duro castigo. No vas. Sí, amiga. . Remisa Qué importa callar mi amo si mi afecto se lo avisa. Llega. Ya llego, advertidos acecharán sus desvelos. los ojos; pero mis celos, los ojos, y los oídos. Lope? Teresa, mi bien? Cesó mi llanto, y tu pena. Ya el cielo templar ordena de la fortuna el desden. A quien, hah cielos! a quien tal género de rigor sucede! pues en mi amor viene a ser acuerdo sabio, ser cómplice de mi agravio, Desde hoy mi labio veloz. publicará mi trofeo. Y desde hoy a mi deseo lisonjeará mi voz. Salga del silencio atroz el ardor que no mitigo. Cada palabra testigo pues no cabe lo que siento en todo lo que no digo. se dolió el cielo piadoso; pues hoy en común reposo, nuestros padres por mayor Dicha nuestra, su rigor suspenden con la amistad. De mi ardiente voluntad diligencia ha parecido. Mi desdicha ha concurrido en esa parcialidad. Desde aquel dichoso día, que con ánimo tan fuerte me libraste de la muerte en mi noble caseria. Bellísima prenda mía, tan generosa has andado; que en milvidas me has pagado; pues la que te dio mi amor, fue a cuenta de tu favor, y a logro de tu cuidado. En tanto, pues, que a avisar vuelve Sancho mi criado, que deja puesto el estrado este rato has de lograr. Quién lo pudiera estorbar! Besaré tu blanca mano. A más favores me allano. Cómo? Pues que tuya soy, que mis brazos. Muerta estoy! Goces. Tu padre, y tu hermana. Qué dices? como es posible. Mi afecto ha hablado mentí. Pues en la Iglesia? Ay de mí! Qué haremos? Hay más terrible pasión! Lope, es imposible! De vuestro bien satisfecha me valí de esta desecha, cómo cuidadosa estaba: volved a hablar. De otra aljaba me ha parecido esa flecha. Qué queréis de mis desvelos? Que vuelvas a ver te pido. A quien aurá sucedido ser tercera de sus celos. . Agradecida a los cielos declararé mi deseo a mi padre. . Que trofeo! Y luego? Qué vanidad! Tu padre, agora es verdad. Pues ahora no te creo. Teresa? . Hermana? Ay de mí! hay tan desdichado encuentro! Yo le esconderé aquí dentro. Cómo? qué dices? Que así puedes excusar aquí que le vean. . Qué pesar! A Dios. . Hay tanto tardar! acaba. Espera. . Si haré, Entra . Qué dices? No sé. . Ya entro, Quiero callar. Yendo a decir mis recelos a Costanza, a quien adoro, mi padre con su decoro. Hijos, si mis desconsuelos. Padre? Señor? Qué tenéis? Cómo tan triste volvéis? Sentimientos, qué aguardáis! Mis pesares aumentáis. Mi pena señor, crecéis, Vete, porque yo he de ver, que novedad le hatraído. Pues por aquesta escalera que baja a mi cuarto mismo, secretamente podrás bajar. Tu cuidado estimo. Dinos, padre, el sentimiento que te aflige? Ha cielo impío! cierra esa puerta. Qué es esto? Nuevas desdichas colijo. Ya está cerrada. Escuchad . Prosigue. El oído aplico, por sí es algo que me importe. Aún al labio no lo fío. Solo mi atención te oye. Solo te atiende mi oído. Yo hijos: válgame el cielo! con que dolor lo repito! iba agora; pero como me detengo en refetiros las circunstancias dejando lugar al agravio mío, en que más capaz se haga del pecho, cuanto el arbitrio, sin disponer la venganza se detenga en referirlo. Vos agravio? qué decís? Vos agravio? qué habéis dicho? Yo agravio, y de calidad tan indigna, que ha podido. desairarme la opinión la sangre, y el albedrío. Qué escucho! Pues qué aguardáis? que con presuroso estilo, no decís el ofensor, para que yo. Espera hijo, que no todas las venganzas las roma el acero limpio, quedar bien con la prudencia, es vencimiento más digno. Eso decís? vive Dios, que yo excediendo mi brío a mi natural. Detente, que siempre Teresa ha sido la ira de la mujer, templanza de su enemigo, Yo le mataré, pues ya es su propio honor el mío. Quién se ha atrevido a tú ose Quién el agravio te hizo? Qué esperas? Qué te detienes? Ya el declararlo es preciso Fernan Perez de Gambos. Válgame el cielo! qué he oír mi padre (sin mí he quedado que fue su ofensor ha dicho! Atropellando el blasón de mi privilegio antiguo, el estrado que llevaba Sancho, con brazo atrevido arrojo publicamente para más desaire mío, Qué escucho! No dejaré en su casa. . Ya te he dic que a la prudencia lo fíes; Garcia, que si el juicio se apasiona, cuando quiera obrar con él, el camino errando de la venganza, darás en el precipicio. Por cuánto: ay hado cruel no fuera en más daño mío este suceso! . A su voz he quedado sin sentido, y sin atención. Garcia, raja, y haz, que prevenido? esté el cuarto de Costanza, porque sea su retiro mi prisión, y porque nadie me vea el rostro en el abisaa de mi afrenta, y vuelve lues por ese oculto postigo de esa escalera secreta, que baja a su cuarto mismo, porque en él aquestos días quiero asistir. Ya te sirvo. No pude oír lo que agora a los dos su padre dijo; confuso estoy; pero yo no me he de ir de aqueste sitio hasta ver si puedo hablar a Teresa. En qué peligro está mi vida, y mi honor! pues ahora: ay hado esquivo! si vuelve a subir, es fuerza que encuentre a Lope escondido: y así sale: suerte dura! verle mi padre, es preciso: que haré cielos! En mi agravio, varias cosas imagino. No has de subir. Suelta ingrata, que he de ver. Qué es lo que he oído? Aquién ocultas? Qué escucho! . Ay de mí! Yo detérmino bajar por esa escalera a ver. Infeliz destino! tente, señor. Tú me impides? Fiero lance! Aparta, digo. Muerta estoy! Bajar pretendo. (nos! Que he de hacer cielos divi- Ya llego a ver quien escala los homenajes altivos de mi casa. Yo. Qué veo! Pues cómo cielos? qué miro! Padre? hermano? si aquí Lope? si Costanza? si escondido? yo no. Por eso excusaba, Teresa, tanto conmigo, el que entrase: vive el cielo, que es su amante: ah cielo! el hijo de Fernan Perez. Por esto, Costanza, estorbarme quiso que le viera: vive Dios, que es su amante mi enemigo! Qué haré? Dos venganzas, hoy tomará mi acero altivo. A qué quiera estoy dispuesto, Pues muera. Yo lo acrédito. Tente, hermano. Tú me estorbas? Obre el brazo vengativo, Suspended todos agora el acero ejecutivo. Qué intentas? Qué sepáis todos (ansi entablo mis disignios) Prosigue. . Que, Lope? Ah cielos! Es mi amante. Ella lo ha dicho por disculpar a Teresa. Válgame el cielo! qué he oído? Qué has pronunciado? Esto es cierto. Hay más penas! Pues yo elijo, que sin salir de esta sala, Lope, se case conmigo Costanza; de esta manera averiguar solicito la verdad. . Padre? Señor? . Mal propones. Mal has dicho. Bien dices. Hay tal aprieto! Este brazo vengativo nos vengue de él, y de todos. Ese es el mejor camino. Deténeos. . Deteneos. Aparta. Pierdo el sentido! Cercadle toda la casa, dentro está Lope escondido. Esta es la voz de mi padre. Gran daño! Grande peligro! Un criado que ahl dejé debió de darle el aviso. Contra todo el mundo basta mi valor. Aunque tu brío lo contradiga, yo quiero obrar, conforme a mí mismo: toda mi parcialidad viene con mi padre altivo, yo reportaré sus iras, por excusar el peligro a todos, porque se vea, que hay en pechos como el mío nobleza, y enemistad; que para este duelo esquivo, campañas tiene Vizcaya para ajustarlo, y reñirlo. Pues, Lope, yo os buscaré de mi venganza movido. En cualquier tiempo hallaréis, dispuesto el valor que animo. Agravios de honor, y celos abrasan el pechó mío, Confuso voy. Muerta quedo! Yo me vengaré. Ea amigos, mueran, ansí su muerte intentan Ya el salir luego es preciso Que de confusiones, cielos embarazan mis sentidos! Valor, en que de volcanes. arde mi heroico albedrío, la industria me ha de valer, pues la dicha ne ha podido. Pues no basta la prudencia obre el valor vengativo: ay Teresa, que te adoro! ay Lope, que te he perdido! A dónde vas? Cuando está ardiendo la casa, quieres que me reporte? . Tú eres valiente. No has oído el ruido? . Sí, allá se lo hayan. . Ya está dejado. Pues va si de tu queja. Escucha. . Di. Casilda, creyendo en mí tu proceder insolente, ya me tiene hasta la frente. Pues no pasará de aí. Mis cascos. Malicia rara vas a pronunciar, deten; hay tal insolencia! quién dos cuchillos te clavara en tus cascos no sencillos. Pues ves que el honor manchó aunque me veas hablar, vale mucho un buen callar, Por eso me llaman Sancho en tres dares, y tomares, si a mi conveniencia toca, no despegaré mi boca. Con eso me satisfago. Advierte. Di, picaron Que ya cuenta sin razón. Toca. Por tocar lo hago. Es tu nobleza notoria. Eso a Dios gracias si es, pues al pecho, como ves me traigo la ejecutoria. Sancho de Azaque faurd ay me llamo, y este apellido, con letras está esculpido doradas, donde hay Por armas un laberinto de cepas, muchas, y bellas, un lobo que sale de ellas, y una zorra en campo tinto. Sabes que tiene mi ama Costanza, que anda achacosa, tan agría, y tan enfadosa, que si me mira, o me llama, Es con tan poco solaz, que parece en mi opinión, que habla por un limón, o mira por un agraz? También mi ama Teresa. del mismo achaque adolece, y cuando mira, parece, que con la vista atraviesa, Con tan equívocas loas se gobierna su despecho, que parece que en su pecho andan Oñez y Gamboas. Saucho? Casilda? . Mi ama me llama. . Y a mí la mía. A Dios. . A Dios. Pena mía, templad si podéis la llama! Qué me mandas? Qué me ordenas? Mira . Oye. Lo que has de hacer, es que procures saber de Saucho, ansi de mis penas No párticipes, que es lo que le manda en secreto, que pagártelo prometo en voluntad, y interés. Y a Dios, que esta acción extraña de ti la fía mi fe. Vete, que yo lo sabré, o mal andará la maña. Haz esto. Ya lo apercibo, Oyes el secreto? Es ciertos n No callarás? Como un muerto. Irás luego? Como un vivo. . Sancho? Yo tengo que hacer Casildilla, en mi conciencia, una grande diligencia. Yo no la quiero saber. Quiérotelo yo decir. Pues yo entendí al empezar, que me lo ibas a contar Tengo yo de descubrir un secreto? No hagas tal. Cuando a ti te lo dijera. Eso es va de otra manera. Claro está que entre los dos, Yo soy una piedra, y sí lo quieres fiar de mí. No por cierto. Pues a Dios. . Aguarda. Con esto entablo mejor esta residencia: voy me yo a otra diligencia. Espera, válgate el diablo, Teresa. Qué lindo talle, déjame ir. Que lo oigas quiero, o contarelo al primero que pasare por la calle; pero advierte. Mas que vas a decir, que no lo diga: mira a no ser tan tu amiga. Basta, no me digas más, Teresa allí me apartó, díjome con mil tormentos, y otros tantos Sacramentos, que a Lope buscase yo Al momento, y le dijese, que de aquí a un hora, pues ya la noche viniendo va, con gran secreto viniese A hablarla por el valcón, que a la reja corresponde de tu señora, de adonde de su fineza, en razón Muchas cosas le dirá: esto me mandó en secreto, mas yo, que en lo que prometo, suelo hacer mi gusto acá, Cómo lo tengo en hablar, callo en lo que toza oíllo, mas lo que es ano decillo, yo no me puedo obligar; Porque como es tan estrecho mi pecho, aunque ella lo mande; y es el secreto tan grande, no me ha cabido en el pecho. Pésame de haber querido. a un hombre tan baladí. Casildilla, pues ansí pagas el haberlo oído? Tan fácil es en parlar los ajenos ademanes, que ni un costal de alaeranes, no se le puede fiar. Huélgome de haber sabido, antes de empeñarme más. quién es Casildilla, estás endemoniada? Esto ha sido, No más de reconocer su modo, su trato, y nombre, y que deje agora el hombre para una pobre mujer. Voy a contarlo a mi ama.) Casilda, pues yo lo he errado por Cristo crucificado, si de mi vida, y mi fama Te dueles no hagas también lo que yo, pues sin respeto te he rebelado el secreto. Yo soy muy mujer de bien Buena la he hecho; en efeto te he perdido? Señor, sí. . Pues a Dios. También a mí me está bullendo el secreton Ocasión de soliloquio, o a ló menos de soneto, era está a no tener tanto que hacer; pero quiero; porque no se pierda todo buscara Lope al momento, antes que yo encuentre a otro a quien decirle el secreto Ya ha rato que anocheció, ve aquí que salgo con tiento de aquesta sala, ve aquí, que ya en el zaguan me veo, ve aquí que salgo a la calle. Quien arde en tan grave incende cómo yo? dentro de sí tiene más preciso el riesgo; yasí muriendo a lo más, todole parece menos. Desde que Dios me crió he visto tal noche, apuesto que sabe hablar en Vascuence . Daca, portomar de puro cerrado el cielo. Noble esfera de aquel Sol, a quien idolatra ciego, toda el alma sacrifico en las alas de mi pecho, allá donde en tus mansiones asiste ahora, penetro con las huellas del discurso, con los ojos del deseo. Voy hacia casa de Lope a ver si decille puedo con alguna traza, zas. n é Quién va? Yo ni voy, ni vengo. No habla? Aquesto me faltaba. Responda. Pregunte presto. Quién es? Porque lo pregunta? Porque me importa el saberlo, Yo soy Sancho. Este es criado de Teresa, a lo que entiendo, quiero descubrirme a él, que dándole algún dinero hallará, y él me dará noticia aquí de mi dueño: llégate aca. . Pues envaine. Si haré Pues yo no lo creo; sino escucho que la balna se roza con el acero. Vesía aquí. Esta bien. . No temas. De partido tomar quiero, que no quiera este hombre más, amor, ayuda mi industria. de que le diga el secreto. Conócesme? . Por la voz me parece hombre pequeño. Toma. como no sean palos, creo, que nunca se pierde nada. Lope soy. . Ahora advierto, que es el bolsillo de Lope, y el lance, ni más ni menos. Dime por tu vida? Aguarda, que iba a buscarte por cierto, A mí? Sí para decirte, que Teresa; mas ya entiendo, si el ruido no me ha engañado, que en ese valcón primero está ella misma esperando para hablarte. Pues yo llego. Y yo me entro por sía caso sale alguno de allá dentro para volverte a avisar a que te quites del puesto La oscuridad de las sombras, y de la noche el silencio, dan lugar a que se logren mis atrevidos deseos. Informada de Casilda mi criada, a quien le ha hecho Sancho relación de todo, a aquesta ventana vengo, que corresponde a la misma, por donde con gran secreto. ha de hablar Lope a Teresa, para que puedan mis celos embarázar, si es posible sus amantes pensamientos: Como tan iguales veo las dos ventanas, es fácil escuchar. . Apenas puedo a mi propio distinguirme, ni aún con los ojos del tiento; pero ya pienso que estoy junto a la ventana er Cielos, dad favor a mis designios. Duelante, amor, mis afectos! Ya tarda Lope, y yo estoy aquí con notable riesgo. Quiero llamar. - Ya ha llegado. Quién es? Quién tus rayos bellos, vigilante mariposa ronda sin temer su incendio. Es Lope? . Yo soy. Advierte. Qué dices mi bien? Ah cielos! no puedo hablarte de espacio; y así he elegido este medio en ese liston pendiente va un papel, en que te advierto muchas cosas. Quién pudiera encontrarie! Hallar no puedo con la excuridad. . Yo sí, y del lazo en que está puesto le he quitado, felizmente me ha sucedido. . Supuesto, que ya lo has tomado, Lope, pues lo he sentido, no quiero esperar. . Señora? A Dios, que detenerme no puedo. No se ha de lograr, por Dios, por ahora vuestro intento. . Hay hombre más desdichado! sin duda que con e mesmo liston se volvió a subir el papel! Lope de presto, que Garcia, mi señor, está sus armas pidiendo para salir, . Qué desdicha! Tomaste el papel? El fuego, enemigo de mi amor debió de abrasarle. . Luego puedes leerle en tu casa de espacio. El sentido pierdo! No tocará Casildilla un ochabo, vive el cielo. Voy a morir de mis ansias! Y yo a contar mi dinero.
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADa Llega la luz, o el papel; que con tu aviso, y mi engaño por mi alivio, y por su daño llego a mi mano infiel. Leeré, que aunque es verdad, que me juzgo irremediable de esta dolencia invencible, son de tan vil calidad Los celos, que con injusto término, aunque no castigan sus accidentes, mitigan con embarazar un gusto. Tu curiosidad, señora, es tu enemigo mayor. Ay, Casilda! que mi amor, como es fuego que se ignora De quien el pecho me inflami pienso con cualquiera acclon que me entiende el corazón, quien no me entiende la llama Como desde esta mudanza, mi padre este cuarto habita, e con eso se facilita espoder vera Costanza. Antes que le abras, te digo, que Lope. . Veamos las dos lo que dice. . Vive Dios, que hablan de mi enemigo, sinduda que aquel papel essuyo. Pues yo le leo. ̱r. Suelta enemiga. Que veo! . Cogionos. ̱. Lance cruel! ̱. Yo dejo la luz a efecto deescurrirme en pena tanta, nole alcance a mi garganta algún susto de este aprieto. Garcia? . Ahora veré. No quieras. . Leerle quiero Ver tu muerte! Ya la espero. Válgame el cielo! qué haré? que es el de su hermana. n. Presto loque contiene. . Ay de mí! n. Sabré. . Aguarda. Mas ansí me persuades? Qué es esto, que a vuestras voces? Querer de este papel inferir ingratitud. . Quién decir pudier! a. De esta mujer, que con desdén arrogante, solo atiende a mis desvelos. Teresa? . Sin duda cielos, que es el papel de mi amante. Advierte. . no hay que advertir, que he de alentar su deseo. Qué es contra ti. Yo lo creo, pues se debe de escribir, Lope, la luz llegaré yo misma. , Yo estoy mortal! - Lee. Tú buscas tu mal. Atiende, hermana. Si haré. Así dice lo primero: Ha ingrata! . Nuevos pesares! este es mi papel. . Prosigue, ya que a leer empezaste. Aunque del lance de hoy pudiera de ti quejarme. esta es letra de mi hermana. Santos cielos, amparadme! Alumbra. . Mortal estoy! Me resuelvo a preguntarte, si el decir. . válgame el cielo! Que eres de Costanza amante fue verdad, o fue cautela, solo para disculparme? ha aleve! . un hielo me cubre! Fuerte aprieto! Empeño grave! Y acuérdate que eres dueño de mi honor: ah fiero áspid! y soy ya tuya, aunque lo impida con repetidas crueldades los rigores de mi hermano, y el imperio de mi padre. Aquí dio fin mi esperanza! Y aquí de tu cuello infame será verdugo este brazo. Hermano? No me lo llames. . Garcia? Tu voz me ofende, Detén el brazo. Tu sangre ha de lavar tanto agravio. Si alguna vez por mi amante se ha debido. Bien pudiera comenzar por ti a vengarme, pues de todas mis ofensas no alcanzas la menor parte. Padre? señor! No des voces, que has de pagar libiandades de aqueste papel. Detente, suelta el acero arrogante, dame ese papel; qué es esto? pero del quiero informarme, G del motivo de tus iras. Qué hubiese de ser mi padre, quien estorbe mi venganza! Hay más crueldades pesares! Ha curiosidad celosa lo que has causado de males! Yo le leo. Aleve amiga! Teresa? Costanza fácil. Repara. Lo que reparo, es, que aquel ingrato amante te dio mi papel, mas yo, si los cielos de este lance libran mi vida, del pecho te sacaré a mi coraje, a mi razón, a mi enojo esas prendas desleales. En qué distintos incendios, cielos, mis sentidos arden! . De qué diferente especie es este agravio, que hace tanto escándalo en el pecho, y con impaciencia grave se apodera del discurso. Con nuevo rigor, mi padre me amenaza con la vista. Auran sucedido a nadie tantas penas? pues desde hoy se miden con los instantes. Villana, atrevida, ciega. Antes, señor mío, antes, que con filos de razón vuestras razones me maten, y antes que de vuestra voz lleguen los ecos mortales a herir en lo más sensible del alma, que es donde sabe en su inmensa eternidad la pena inmortalizarse. os reconvengo con este dulce apremio de la sangre, que en las vuestras, y en mis veno con cariño inexcusable corte a cuenta de los dos, unidamente distante; no porque vuestro rigor perdone el viviente estambre que a tres enemigas rinde el torcido vallarlajes sino porque indignamente vuestra lengua no me infame y la lengua del acero, sea solo quien me hable de vuestro mismo repeto os valed, para matarme: Todo lo diga la muerte, y todo el labio lo calle: salga el liquido coral de mi pecho; pero ande tan cortesano el rigor, y la ira tan galante, que no me hiele primero la sangre con los desaires, que podrá ser que después, cuando el brazo ejecutare, no pueda salir ninguna, enque vuestro honor se lave, no excuso padre la herida: mas ay que con deciros padre, parece que entró mejor ala piedad, que al ultraje: no es disculpa de mi hyerro un amor, que en la inviolable clausura de mi secreto, ha tantos anos que yace. No es disculpa, no, el deciros, que a Lopera enemigo amante! le debo la vida, pues me la dio, cuando una tarde, los Gamboas atrevidos, nuestro palacio, arrogantes entraron, y tan crueles quisieron nuestro linaje arruinar, que contra mí esgrimieron las infames cuchillas; y entonces Lope atropelló a sus parciales, y me libró de la muerte. O vil! mil veces la sangre, que a la luz del beneficio, en obstinaciones arde: nada es disculpa, y a veo, en el tronco inejorable del brazo temblar la hoja, feveramente brillante: ya veo dispuesto el golpe, y ya a vuestros pies se abate mi cuello, para que en él - loda su fuerza descanse. . Padre, el aliento me falta, señor, la voz se descae, dueño, la pena me ahoga; pero pese a los vulgares afectos, yo quiero tanto vuestro honor, que si importante juzgáis que muera, yo misma oy llevaré en este trance la mano, para que vos no erréis el golpe al matarme, más, o locas vizarrias! contra esta pasión amable de la vida, si mi llanto, si la piedad, si la sangre os mueve, padre, señor, Garcia, hermano, no acabe mi vida; pero si nada de todo no os persuade, la sangre, piedad, y llanto sea quien antes me mate. Garcia? . Señor? Qué dices? Que de su pecho derrames la sangre, para que en ella nuestra afrenta se desate, que yo me ofrezco adar muerte a mi enemigo arrogante, y en tanto muera Teresa, porque ansí Que poco sabes a donde llega el amor, que con hijos se contrae, pues con ese desahogo: hay Garcia, persuades contra la vida de un hijo a todo el amor de un padre. De modo, que esa piedad os ha de vencer, y el grave mortal accidente, en que toda nuestra fama yace; siendo vos el que debía este remedio aplicarle, le habéis de dejar llegar a términos de incurable. Y para atajarlo todo, no haurá medios más suaves? Dejando viva la causa, siempre está dispuesta a lances, y afectos, que en nuestro daño resulten. . Bien dices. Pague su villano atrevimiento con su muerte. Pues del aire, para que no lo publique, nuestro intento se recate. O a cuanto, escollos de dudas está dispuesta la nave de mi vida! Ya te acuerdas, de cuando yo a mis parciales, en aquesa fortaleza, cuyas murallas combate ese jardín, resistimos el enemigo coraje: también te acuerdas de cuando, porque mejor se ajustasen estos pactos, me dieron por partido, que sacase la guarnición, y te acuerdas, que se ajustaron las paces, que hoy se han rompido con más crueles enemistades, con ese medio, y dejando esa fuerza sin Alcaide, ni gente, desde aquel día ha quedado inhabitable, de cuyo postigo, y puerta yo solo tengo las llaves. Hay una mina también, que corresponde con arte desde el jardín al castillo, cuyo secreto no sabes; pero yo te lo diré, si en algún tiempo importare: pues porque con más secreto sea ha crueles pesares! sin escándalo, su muerte imaginada de nadie esa misma fortaleza, lastimosa, y inviolable, será teatro, y sepulcro de su tragedia, y cadaver manana cuando la noche todo su imperio dilate la llevaremos, y en tanto la aseguremos con arte, porque a mayor precipicio, su locura no le arrastre. Bien lo has dispuesto. Ha rigor! de esta ley incompatable del honor . Padre, señor? No, Teresa, no desmayes, no te aflijas, que en mi pecho más el amor sobresale, que el odio; mi hija eres, no temas, no te acobardes. Garcia, hermano? Ya sé, Teresa, que estos son lances de amor, y pues del primer impulso mío libraste la vida, con más cordura procurará remediarse nuestro honor. A vuestros pies, vuelvo sseñor, a arrojarme agradecida. Levanta: mucho ha de ser si no sale mi llanto a avisarla el daño, que entre las severidades de honrado, vuelvo los ojos a los cariños de padre. Nada asegura mi pecho. Quién padeció tantos mad Quién vio en amor, y en hono tan diferentes ultrajes! Pero suframos desdichas! Pero paciencia pesares! Más silencio corazón! Esta ocasión. Hasta el lance. Hasta el tiempo. Que mi vida salga de tantos afanes. Que me dé venganza el cielo, o mis cuidados me acaben. qué vuelva a triunfar mi honor, o que el aliento me falte. Ya la común tabaola, sale del sueño profundo todo viviente, y del mundo lanoche escurrió la bola. Bella la aurora al crisol de su beldad se deleita, y como dama se afeita, con arreboles del Sol. Una dama, allí al martirio de su tez de vereniena. se acostó como azucena, y amaneció como lirio Donde irá aquella tapada tan de mañana? insolente, vas atopar aguardiente, con tu media natanjada? Allí un galán recatado sale ajado, y sin tumor, jornalero del amor, detrabajar un pecado. Sancho, Sancho? Quién me llama? Yo soy. Pesar de mi avuela, adonde vas? qué anda todo dado al demonio, en que piensas! cómo has entrado? No es tiempo de que ahora me detenga en como entré, Aunque es verdad, que es la parte más secreta. esta de toda la casa. Mira, en vano me aconsejas, Sancho, mi ardiente pasión de lo que menos se acuerda es de la vida, yo muero de mí amor. Pues que me ordenas; Lo primero, que en mi nombre te pongas esta cadena. Siempre untando el eje andarán muy bien las ruedas. Y luego, que al dueño mío. le digas. Aguarda, espera; que Costanza, de su cuarto sale agora al de Teresa, y ha de pasar por aquí; con que el esconderte es fuerza. Antes no; porque Costanza, ya es de quien confía ella solamente este secreto; y asi juzgo a conveniencia. hablarla, pues la diré, si yo no pudiere verla, que le diga lo que intento. Pues yo voy con diligencia a decirle a mi señora como estás aquí con ella. Camina. Mas si Casilda. me ha cargado la conciencia del dueló! pero no imporia, que yo me havendre con ella. Imposibles esperanzas, dejadme o dejad que muera: a este amor! Costanza hermosa? Ay de mí! que aún no me deja el tiempo pedir remedio: Lope? Ya veo, que intentas reñirme este arrojamiento. Advierte. No hay que me adviertas, que cualquiera riesgo es menor por temerario que sea, que el carecer un instante de los ojos de Teresa: yo la adoro. No lo digas, pese a tu atrevida lengua! Pues Costanza, como tú me impidas que lo aborrezca? Y pese a mí aleve afecto, pues tan ciego me despeña! dígolo, porque lo dices con voces tan descompuestas. Estoy loco, mas y aquiero con más recatadas muestras suplicarte, que le digas, si yo no pudiere verla, que a noche, por mi desdicha volvió el papel ella mesma a subir con el listón. Qué ajeno estás de la diestra mano que te lo robó: nunca robado le hubiera, pues comenzando en la mía ha causado tantas penas. Dila también, que esta noche, porque más mi amor la deba, en ese jardín me aguarde, al pie del postigo de esa forteleza, y que vendré a llevarla, donde sea, a pesarde tantos odíos mi esposa, para que tengan sin nuestros nobles deseos, y aquestas civiles guerras. A buen pecho te declaras. Con Costanza está, Con ella, veslo allí. Pues digo Lope. Quiero oír lo que concierta con ese alevoso amante, esa enemiga indiscreta. Que estoy, los cielos lo saben a tu imperio tan sujeta. Hay más que escuchar pesard Que verás con la fineza, que te obedece mi pecho Quién padeció tantas penas! No pienso decille nada; si no pues ansi lo ordenan los hados; pero no quiero hasta el punto que lo emprene discurrillo, que aún a mí me he de callar esta ofensa Vérasme a tus pies rendido. Ha ingrato! Y que el alma atenta, solo a tu precepto aspira, sitanto bien le granjeas. Esta noche. . Pena grave! Se logrará. . Rabia fiera! Mi diligencia. . Qué dicha Ya lucho con mi impaciencia Vendrás? Mis ansias lo digan. Primero a mis llamas ciega Ay de mí! . Teresa mía. Villanos. . Amada prende Atrevidos Dulce dueña Entre cenizas resueltas quedarán vuestras locuras primero. . Mi bien. Teresa? Dile Costanza mi intento. Advierte. No hay advertencias. Repara. . Sí se lo digo, crece mi envidia y mi pena. Diselo aprisa Costanza, y sino escucha a mi lengua esta noche. Él se lo dice. Prosigue. Señora, apriesa, que te busca mi señor. Que de desdichas me cercan! Dila que vendre, Costanza. Eso a mi cargo lo deja. Voy a morir de mi llanto. Yo a vivir de mi cautela. Bien le llaman al amor quebradero de cabeza. Ya que con ardiente afecto a esta fortaleza he entrado, y ayudan a mi cuidado, valor, industria, y secreto. Esta, que por un postigo, por mejor lograr mi fin, se corresponde a un jardín decasa de mi enemigo, Cuyas llaves, sin que alguno sepa que las tenga yo, cuando mi brazo intento a este linaje importuno, Que aquí se fortificaba arruynar, de un confidente suyo me vali prudente, que este castillo guardaba, Y las falsee advertido, persuadiéndole primero las promesas, y el dinero, o interés, que no has vencido. Y por estas ha sacado otras que mi hijo tiene, que así a mi intento conviene, yadejo solicitado Parte de mi noble bando, porque esta noche advertido, valeroso, y prevenido le ocupa, para que cuando El enemino valiente quisiera fortificarle con su guarnición, le halle ocupado con mi gente. En él, pues, a los violentos rigores de mi poder, contra ellos me he de valer de sus mismos instrumentos. Y con tal crueldad me rijo, que si en mi hijo entendiera, alguna piedad, le diera, vive Dios, muerte a mi hijo. Mándele que aquí viniera a buscarme, porque ansí me quede esperando aquí, mientras yo por allá a fuera Mis parciales acaudillo, porque puntuales vengan, y antes que allá lo prevengan, ocupen todo el castillo. Es tanta mi confusión, y mi pesar tan extraño, que se embaraza en mi daño el discurso, y la razón. Que haré en tan distinto ardor, de mi enemistad guiado, de mi nobleza forzado, y vencido de mi amor? Ya ha venido Lope. Allí he visto a mi padre. Hijo? . Señor? Tu cuidado elijo para esta acción, pues aquí? pues ya las amigas sombras con huellas disimuladas, de ese planeta mayor los postreros rayos hajan. has de quedar esperando la gente, que en concertadas, hileras ha de ocupar, a pesar de la arrogancia. enemiga, este castillo, que a seguridades vanas confían, para que en él no hallen recurso sus armas. Yo voy a dar orden luego a esta empresa, no les valga su mismo sagrado a aquellos, cuya altivez los levante. Mueran de una vez los Oñez en esta civil batalla; pero pues ya ha anochecido, y cualquier instante daña de dilación, a traellos me parto yo, tú me aguarda. A quien aurán sucedido, cielos, penas, tan contrarias! si con mi amor me aconsejo, soy aleve con la saña altiva, que heroy camente a posteridad me llama, si con el odio el amor noble atributo del alma, que con más fuertes impulsos mis pensamientos arrastra, me violenta el albedrío, y aún ya novedades halla mi discurso en este amor, pues ignorando la causa del enojo de Teresa, equivocamente anda turbando mi antigua dicha mi nueva desconfianza; pero pues ya le haura dicho mi pensamiento Costanza, que es su verdadera amiga: y ya todas las sagradas luces del Sol, al imperio de la noche se avasallan, antes que mi padre vuelva, pues ya tengo señalada para guardar a Teresa, la más escondida estancia de este castillo, de quien he de quedar yo por guarda quiero ocultar esta luz en aquella misma cuadra, que ha de estar, y al jardín vo a ver si puedo lograrla para esposa, de una vez, a pesar de tantas ansias. Amor, si aquesta coyunda nuestros dos cuellos enlazas las potencias, los sentidos que maré en mentales atas, allá en los saeros Altares imaginados del alma. Dónde me llevan mis paso ciega, tantas veces, tantas, que aún más a escuras camino por mis confusiones varias, que por las mudas tinieblas, que mi atrevimiento ampaña pero yo de que me quejo, si hasta ahora, quien me causa estos ahogos, ignora mi dolor de mis palabras? pues sea esta diligencia a dos intentos, si halla cariño en su corazón este afecto que me arrastra, solicitaré mi dicha, pues agora en intentarla, de que peor calidad se pueden poner mis ansias! por esto pues le he callado; si puedo lograr mi traza a Teresa; pero ya junto al postigo se hallan mis pasos, y ya parece, si el oído no me engaña que le oigo abrir. A esta parte le previne hoy a Costanza, que le dijese a mi dueño, que estuviera. Hacia su entrada quiero llegar. Mas un bulto mal distinto entre las pardas sombras, hacia acá se llega, sies Teresa que me aguarda? Lope? . Teresa? . Yo soy Pues ya que a acciontan extraña se has resuelto por mi amor: sigueme. . Ya se entabla, tan de mi parte el principio, alienta amor mi esperanza. Ya que la seguridad, Teresa mía, te ampara, voy diligente a traer unaluz, que reservada tengo para esta ocasión, en el sitio que te aguarda, que aunque es verdad, que conmigo puedes ir acompañada hasta su retiro, es tanto lo difícil de su entrada, que es imposible sin ella, que puedas ir; y ansi anda, que en este oculto retrete, que de esta espaciosa sala resulta, esperarme puedes mientras vuelvo, a ver la clara amiga, estrella, que influye lanto favor en mi alma: ya vuelvo. Oh cuántos peligros mi ceguedad me amenaza! Amor, ya que conseguí la prenda que deseaba, comienze a arder desde agora el sacrificio en tus aras. Ya que en el castillo entramos a dar muerte a esta tirana: pisad con tan leves pasos, que de la tierra a las plantas se recaten, porque ignore las huellas de nuestra infamia. Y con tan mudo silencio se formen nuestras palabras, que aún de nuestro mismo oído parezca que se recatan. Duélase el cielo de mí! Ya Teresa desdichada, que no te llamo mi hija por no deslucir mi fama: ya que mis honradas iras, piadosamente indignadas se han hecho, cumplir primero con las leyes de Cristiana; dispon el pecho a la herida, que a un tiempo (a penas tiranas!) ejecutada en las tuyas, resultará en mis entrañas mas o pese a la terneza mal nacida! tú no agravias con aleve mancha aquel limpio honor que me acompaña, que han conservado los Oñez para espejo de Vizcaya? pues, Garcia, este punal, en su pecho; pero, aguarda. no quiero atender al golpe fatal que ya le amenaza tu brazo; porque no quiero que al ejecutarle salga segunda vez mi piedad, que es fuerza que persuado a un padre, aún cuando el rigor más elo cuente le hable, con más retórico afecto el carino que la saña. Y así yo me voy, y tú conmigo al postigo baja, y en saliendo yo, Garcia, mis intentos afianza con esta llave, cerrando por de dentro, ya me atajan las lágrimas las razones, y vuelve a tomar venganza de Teresa, mientras yo voy a morir de mis ansias. Ya te sigo. . Padre? Ah cielos! . Señor? Suspende, villana, las voces, si no pretendes anticipar tu desgracia. A hablar voy, y en el labio se me hielan las palabras. én. Cielos, qué haré? que la pena, los sentidos me embaraza, y aún para un solo suspiro todo el aliento me falta. Yo te perdono mi muerte, Lope, pues que tú la causas; pero no la ingratitud, que es agravio contra el alma. Pero sin duda mi hermano para acertar a esta cuadra de alguna luz se ha válido, que me ciega la esperanza; ya llega, pues de tan cerca se deja atender la llama: ay cielos! Teresa mía? Qué es lo que miro! Que causa con tan rara novedad, así a mis ojos te extraña? como hasta aquí te has salido de la parte en que guardada te dejé? . Pues cómo tú, Lope? Ven dueño del alma, pues del jardín te he traído? hasta aquí. Dudas extrañas! Donde? mas según me avnr aquellas mudas pisadas, ya deben de haber entrado los que a mi padre acompaña pero apagando esta luz te llevaré asegurada de su vista. Estoy confusa! No te detengas acaba. Qué es lo que pasa por mí alentémonos esperanzas! Si no me engañó la vista una luz en esta sala distinguí, si ya no fue mi deseo, que me engaña. Fuese mi padre, y yo bueld a que en la sangre villana de esta enemiga, se lave mi honor, que atrevida mano Pasos siento, aqueste es Lo Teresa? Su fe engañada me solica: qué quieres? No quiero volver a habli sino muera de esta suerte. Ceba el puente, y nadiesa de todos los que han entrade Vive Dios, que es el que han Fernan Perez de Gambos. A los puestos. A las armas. Pero que es esto que he oído Mis designios se embarazan; pero en saliendo al jardín daré muerte a esta tirana: ven Teresa. Ya te sigo. Confuso voy. Voy sin alma!
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Confuso, ciego, y turbado, tropezando en mis desdichas, vuelvo a este jardín a ver, cuando saliere Garcia, si a ejecutado: mas ya a lo que el ruido me avisa, sale del castillo. A donde me llevas? . Y había en su vida su rigor. . Ahora ingrata, sin que nadie te redima del golpe. Cielos, que escucho! Dará tu sangre enemiga, sin resistencia. Qué ahogo! Satisfacción a mi ira. Con quién habla? Estoy mortal! Ahora es tiempo. Garcia? . Quién va? Tu padre. . Qué aprieto! Con quién hablas? Con la indigna afrenta de nuestro honor. Con Teresa. Qué desdicha! Si señor. Pues cómo? Ah cielos! No es tiempo de que te diga como se libró hasta que vierta su sangre atrevida. Pues tampoco es tiempo ahora, puesto que el cielo la libra, que tanto el sangriento enojo dure en mi contra una hija. Pues qué intentas? Que encerrada en este cuarto, que linda con el de Costanza. Aquí, fuerza es que el callar elija, porque mi conocimiento, mi facilidad no diga. Eso dices? . Ya es usar demasiado de la altiva condición, obrar dejemos su hado, encerrada viva hasta que el tiempo. Repara. No me repliques, Garcia. Qué es esto que me sucede! Entra Teresa. Mi dicha se ordena bien, pues abriendo con esta llave la misma puerta, que a mi cuarto sale, de la sospecha me libra el entrarme en él . El cielo ha ordenado que tu vivas, entra hija, y Dios te guarde. Que confusión! Qué desdicha! Cuéntame ahora el suceso. Oye. Tú labio prosiga. Volví al sitio en que esperaba este áspid, que tu abrigas, cu- Aa3 cuyo venenoso diente, hizo en el honor la herida. Aquella saña primera, lo reciente de la ira la dispuso; pero ya que esto el cielo determina: ponte en mi lugar, y luego, si a mi conveniencia miras, verás, que la que perdono es la mitad de mi vida. Al querer ejecutar su postrer fatal ruina. dentro del propio castillo escucha voces distintas mi oído, que a un tiempo todas. dicen. Los Gamboas vivan. Qué es aquello? Son los dueños de las voces enemigas, que estorbaron mi venganza, que ahora se fortifican dentro del castillo. Ha cielos! Cautelosos se anticipan a nuestro daño. Pues hijo, obre la industria advertida, mientras el valor se alienta con el socorro que envían. en mi favor de Guipuzcoa, las más ilustres familias. Y ahora, pues, ya la noche de las luces se retira, y el alba con toja huella, sus postreras sombras pisa, a la más heroica acción mi ardimiento te convida. Ya te acuerdas, que te dije de aquel la secreta mina, que corresponde el castillo, que en este jardín que miras. está su boca ignorada de todos, tan escondida que solo su inculta entrada, se ha fiado a mi noticia, que a la más oculta parte de esa fortaleza inclino los pasos, donde encubierta de una pared mal distinta, la boca correspondiente, en señas mal advertidas, distímula cuanto esconde, y engaña cuanto pública. Parte a convocar al punto secretamente Garcia, nuestros parciales, y en tanto de nuestra antigua armería los instrumentos bastantes prevendré, para que sirvan, ya a los pechos para armarse, ya a las manos para abrilla, y asegurando venganzas nuestra obstinada porfía, ardid con ardid se venza, y malicia con malicia: y pues ya Teresa queda. asegurada. Qué ira! no la nombres. A Costanza he de encargar, que la asista, sin que Garcia lo sepa. De mi cautela valida. vuelvo a asegurar sus pechos. Pero aquí sale ella misma. Aquí mi enemiga viene. Señor? . Costanza? En mis iras, no poco mi indignación se acrecienta con su vista. Porque Garcia te vas sin hablarme? Antes querría saber desde cuando acá te pesa. Mi fe te estima. Pues qué novedad? Acaba, ve a lo que te digo aprisa. Ya voy. Mira, que un instante del intento no desistas. Harelo ansí. Ya no tienen, que esperar las ansias mías. Que de paso es cuando veo la menor seña de dicha. Oyes? . Qué mandas? En esa cuadra que cerrada miras, que a tu cuarto corresponde está Teresa escondida; pues tienes llave, hazme gusto de entrar a verla, y los días que hubiere de estar al, regalarla, y asistirla. De muy buena gana. Aquesto te encargo . De mí lo fía. Pero no sepa Teresa, que esta es diligencia mía. Hay tan estraño suceso! Si no que tú, como amiga, lo has dispuesto. No hayas miedo, que yo le diga a mi prima nada de cuanto me has dicho. Eres noble, y entendida. Hay cosa como encargarme, que cuy de yo de mí misma! Vuelvo a prevenir que calles Como quieres que te diga, que no hablaré palabra? Consuélala, que afligida la tendrá el verse encerrada! Estará en mi compañía, como si no lo estuviera. A disponer ansias mías! A morir desconfianzas! Porque muera. Porque viva. Gloriosamente mi pecho. Sin esperanza de dicha. A Dios hermosa Costanza. Los cielos guarde tu vida. Serena, querido dueño, el llanto que en mis enojos turban el sol de tus ojos muchas sombras en tu ceño. En tu adorada hermosura, a pesar de mi deseo me confunde lo que veo todo lo que me asegura. Ahora mi bien, que estás negada a tanto rigor. me desluces el favor con la pena que me das. Ahora que estás guardada en sitio tan escondido, que solamente ha podido la luz del sol deseada Penetrarlo en tu belleza, suspenso el divino encanto, parece que está tu llanto acusando tu fineza. Y ahora, que yo también de espacio te vengo a hablar, pues no he tenido lugar de tan soberano bien. Porque te hallo tan triste, si tú misma, dueño mío, con tu acción a mi albedrío eterna prisión pusiste. No eres tú quien a mi amor humanada tu hermosura coronaste mi ventura con la fineza mayor, Calla, porque mi congoja con palabras enemigas, cuando piensas que me obligas me acuerdas lo que me enoja. Mi esposa has de ser, no hyerro en creer mi dicha ahora. Con eso el yerro se dora, mas no se excusa de hierro. Pues que has visto en mi si firme en tu carino has de hablarme. Mucho para avergonzarme? poco para persuadirme. Quién merece en mi esperanza más amor, mas galanteo, más fineza, mas deseo, ni más atención? Costanza. Como con dudas ansí; quieres perturbar mi empleo? no te entiendo. Yo te creo, que aún yo no me entiendo a mí. No he sido Teresa yo, quien con amoroso fin te trujo desde el jardín hasta este retiro? No. Porqué burlándote estás de mi amorosa pasión? No hago tal. Di la razón. Escúchame, y la sabrás. Prendedle, o dadle la muerte. Más que alboroto es aquel? que escucho entre los soldados que entraron aguarnecer este castillo, yo voy, pues importa, a ver lo que es, y a poner remedio a todo, que al momento volveré a salir de tantas dudas, y esa puerta cerraré con llave, para que nadie te pueda, Teresa, ver. Aún este pequeño alivio de consultar el desdén de mi estrella, me limitan los cielos! porque; porque tan enojado conmigo te muestras: hado cruel! en tan breve tiempo tantas desdichas pueden caber, que aún para pensar en ellas me falta, y en su esquivez con su numero, excedidos mis pensamientos se ven. Es verdad, fiera memoria, que Costanza, cuando ayer mi padre, y mi hermano hallaró a Lope en mi cuarto infiel, dijo, que bien le quería, mas de esto aunque lo escuche, no nació mi pena, no, de escuchar, sí, que también él la quería, que en estos dos lances, a una mujer es de sentimiento este, y de vanidad aquel: es cierto, que en el liston aquel papel le arrojé, que en las manos de Costanza le halló mi hermano cruel; que yo le encontré en las suyas que a leerle le animé, que quiso darme la muerte, que vino mi padre a ser quien entonces la estorbara para animarla después, que a mi amante, y a Costanza los requiebros le escuche, que sus aleves palabras tin enojada atajé, que a este castillo los dos metrujeron y al temer el acero de Garcia, fue Lope a quien encontré con aquella luz, que a este remoto sitio bajé, que no le he podido hablar hasta ahora, y al querer apurar las dudas mías, haavido lance también que me lo estorba; y ahora; pero que sordo tropel degolpes, confusamente yeren mi oído, sin ser averiguada lo mano que los causa, y otra vez, esforzados cada instante mas se dejan atender, y parece que la tierra, dentro allá de su preñez los forma, como que quiere abortar algún cruel monstruo: los cielos mevalgan! que ya sintiendo los pies! los temblores más vecinos los teme el pecho; que haré, que está cerrada esa puerta, yel dar voces, es poner arriesgo todo mi honor, silos parciales me vean de Lopermortal estoy de pena! o anegueme millanto, para que acabe lanto susto de una vez. Suba todo el fiel Cristiano, pues ya no es menester, nadie despegue su pico. Silencio, y valor. Tendre todo el valor que pudiere, Dios sabe lo que podré. Nadie suba hasta que así podamos reconocer este sitio. Nuestra empresa, aunque es callada, no es sin que la sienta la tierra. Aguarda, que una mujer veo, si no miente el traje. Plegue a JesuCristo, amen, que todos los enemigos se vuelvan de ese jaez. Quien esta mujer será a quien guarda tan fiel el castillo? Qué aurán encerrado en él? Dudado asombro quien eres? Quién eres buena mujer? Habla. . Qué tardas? Acaba. . Responde. Qué me queréis? . Qué veo! Qué es lo que miro! Ay cielos! Mi ama es. Pues cómo? Acabó mi vida! Oculta. . Suerte cruel. Cuando nosotros. Qué ahogo? Te dejamos? Responder ya es imposible, acabad con mi vida de una vez. No es tiempo de discurrir el suceso, Pues de qué? De que por la propia mina la llevemos. Dices bien. Ninguno se atrava a entrar a este sitio. . Aquella es señal que nos han sentido. Baja aleve. . Muerte ven! Daos prisa. . Contuso voy. Lope? . Las voces deten. Qué asombro! Que confusión! Cierra la mina. Si haré. Aguarden pese a sus almas, que me dejan sin hacer caso de mí, quiero abrir, y escaparme, mas ya es imposible, aunque más tiro, que es losa de golpe, quien a los pícaros les mete en tener, o en no tener bandos, y parcialidades? buena la he hecho, aquí fue Troya de Sancho, sin duda: hay que abren! mas de cien Onacinos me sacuden el polvo de diez en diez. Quiete el alboroto, y vuelvo: Teresa? esposa? mi bien? Esta es otra. . Ya podrás, bien mío . Prosiga uste. Qué veo! . Teresa soy, y algo más requiebreme; pero con gran cortesía. Dime, villano, infiel, donde? Pues pone las manos en una honrada mujer? Se ha ocultado? Daré gritos. O vive Dios, que he de harr con aqueste acero. Aguarda, que en llegando al, hablaré mas gordo que un caballero en su ciudad. Cómo, o quién llevó a Teresa? . Su padre y su hermano Cómo fue Por esa mina. . Qué dice Lo que oye. . Romper? su centro. Yo lo he intentado, y no pude, con tener toda la fuerza que da la gana de no perder la vida. A estorbar su muerte, por el postigo saldré del castillo, que al jardín corresponde. . Vamos, Todo soy rabia! Yo miedo. Valor, o a morir, o a ser, a pesar del tiempo, dueño de Teresa de una vez. Yo voy a mudar calzones, o a volverlos del rebes. En ese centro oscuro, en ese de la noche albergue impuro, en eterna prisión deja Garcia a esa infeliz, que la paciencia mía ha apurado inconstante, ciega, y loca, y en saliendo el candado de esa toca, selle sus mudos labios, sin sangre satisfaga los agravios, en su vital estambre, el puñal de la sed, y de la hambre acabe de una vez cuanto padezco por su libiano amor. Ya te obedezco. Vuelva a la vaina el enojado acero, y esta rodela que embrazo; primero mi impulso valeroso. prenda otra vez entre el blasón honroso de adquitidos trofeos, puesto que el cielo estorba mis deseos, en tanto que la muerte me importuna, o muda de semblante la fortuna. s Hoy que tan poderoso estoy triunfando del enemigo bando de paz, con encontradas diferencias vengo a capitular mis conveniencias con Martín Oñez, pues será forzoso, que mirándome a mí tan venturoso, los pactos que quisiere consiga mi valor, si verse quiere libre de la prisión, que a mi despecho amenaza a la patria, y a su pecho: las guardas de su casa me han dejado, viendo que solo he entrado, a quien antes prevengo, que a todos les importa a lo que vengo No es Fernando el que veo? Pero él es quien se ofrece a mi deseo. Qué novedad le trae cuidadoso? Guardeos el cielo espejo generoso de los Oñez, que el tiempo empañe tarde. Blasón de los Gamboas, Dios os guarde. De paz vengo. Decidme vuestro intento? A hablaros. . Proseguid. Oíd atentos. Ya he entrado en el jardín; pero que veo! tan extraño accidente a mi deseo suspende el paso? con mi padre hablando reparo a Martín Hoñez escuchando, quiero saber que ha sido. lo que a tal novedad los ha movido. Ya en eterna prisión queda la aleve; pero que es lo que veo! no se mueve ma planta; hasta escuchar desde este puesto tan impensada plática: qué es esto? Nada ahora me digáis, Señor Martin Onez, vos sois noble? añod El sol, rayos pide al blasón que me preside para lucir, vine Dios. Ajustémonos los dos. Lo que proponéis, mirad, que los de mi cálidad, y más tocando al honor, capitulan por valor; y no por necesidad. Las paces son las que yo solicito. . Mi cuidado las desea. . En este estado no tienen remedio, no. Cuando el estrado arrojó mi brazo? . Sellad el labio, porque errasteis, poco sabio, el principio, y lo veréis, que la paz me proponéis, y me acordáis el agravio; decidme, los anos quitan el valor? . En noble pecho, siempre dura satisfecho, solo las finezas limitan. Supuesto que lo acreditan vuestras palabras, y vos ahora, a cual de los dos más es fuerzo le ha quedado en este sitio apartado hemos de ver, vive Dios. Fuerte aprieto! Empeño grave! Primero es bien que advirtáis. que ya en mi pecho no cabe la templanza, y el que sabe mi desaire, ha de advertir, que entonces pude sufrir; pero pude reservar prudencia para callar, y valor para cumplir. Nada excusa mi valor. Quiero salir. Salir quiero. Ea, pues, obre el acero. A tu lado estoy, señor. Tente, porque es deshono la ventaja. . Estando yo a este lado, y a cesó el escrúpulo, rinamos, pues que dos a dos estamos. Bien habéis dicho. Eso no. . Deteneos, Entre mí, y Fernando, fue empezado este duelo, y ajustado le hemos de dejar aquí entre los dos. . Es ansí. Agravio a la sangre hacéis. Vive Dios, que si os movéis No hay razón que lo dilate. Pues vive el cielo que os mas Garcia, si no os tenéis. No hallo razón, ni hallo mode que no nos culpe después. Ea, riñamos. . Eso es querer que se pierda todo; de esta suerte lo acomodo mejor; pues si se excusara nuestro duelo, yo os dejara; pero en razón que os convenza, que cuando el vuestro comienza el nuestro no se repara. Aquí. Cese la porfía. . Ahora. Envainad el acero O pese al dominio fiero! Envainad también, Garcia. Pese a la paciencia mía! Acaba. . Grave pesar! Ea. Que esto he de esperar! Qué desigualdad! Qué extremos! Apartaos. Ya obedecemos. Pues miradnos pelear. Esperad. No he menester, que vos me lo prevengáis. Mueran, señor. Qué intentas, villano? A quien suceder tal desdicha hubo de ser a mí! Rapaz, pues válido de ventaja, habéis querido que triunfemos de los dos, norámala para vos, de quien lo habéis aprendido? Veis esta acción, que en mi pecho obra mi heroico valor, pues estando en mi favor, que me doy por satisfecho perdonando ya despecho de la enemiga quietud, le da mi solicitud un laurel a mi opinión, a mi nobleza un blasón, y a mi patria la quietud. Señor? . Callad. Qué rigor! Vos Fernan Perez, mirad lo que queréis? Esperad, porque a otro empeño mayor me ha traído mi valor. A eso mi pecho réplica, y a todos aquí os pública, que con los parciales vamos, y mañana nos veamos en el árbol de Garnica, donde para que advertidas sigan muchos pareceres, yayan todas las mujeres a nuestra usanza vestidas, que allí se han de ver cumplidas dulces uniones, que adquiere paz que eterna se próspete. Pues allá setratará de hacer lo que conviniere. Quiéralo mi suerte ya. No me dejaras hacer? Cuando el honor se redime con blandos medios, reprime sus impulsos el poder, y tal vez es menester, que el ofendido a quererlos se ajuste, y a proponerlos llega tal vez su porfía. da grazias a Dios, Garcia, que no rogamos con ellos, Repara. . Dale, Garcia, a Fernando. Suerte airada! Rabiando estoy! Una espada la mejor de mi armería, y está, que por dicha mía quebró su infelice hado, cuelga; en su lugar, que he hallado que ganó en trueco fiel, por una que honra él, otra que me deja honrado. Sacaré de la prisión a mi hija, pues ansí llevándola, puede allí asegurar esta unión. Pues así queda. Primero me daré muerte. En mi enojo fiero. nuevos odios considero: vamos. Qué dicha! Qué horror! Qué nobleza! Qué rigor! Respirad muerta esperanza! Animad noble venganza! Alentad perdido honor! Loado sea laungoicoa, Señor de Vizcaya, y sea Andrea María su Madre alabada en todas lenguas. Ya llegué a la raiz de este árbol de Cibiricera, a quien llaman de Garnica, que produce en vez de peras ejecutorias, y fueros, donde no es hombre de cuenta, quien no tiene en él su hoja, como en el rollo su piedra: vengo irritado de mi amo a barrer con mucha priesa esas gradas, que ese tronco tantos días ha que trepan; y a viene bravo concurso de riquístimas libreas: luego dirán, que son cortos los Vízcainos, ya llegan, Dios los conforme, y a mí me ponga donde lo vea, si acaso hay danza de espadas, sin que en la danza me metan Este es el árbol antiguo, cuyas robustas cortezas ha tantos siglos que son, según sus líneas lo enseñan, novilisimos padrones, que el tiempo escribe sin letras las más ilustres familias; de cada Provincia de estas vienen a jurar los pactos, y las heroicas cabezas de las casas, que no siguen las parcialidades, llegan a árbitrar las plei tesías, y homenajes, que aconseja el discurso, y la razón, antes que la patria nuestra tan dividada entre sí, de todo punto perezca. Todos para ser testigos de mi venganza sangrienta. Para que celebren todos la dicha que el alma espera. Para que todos a un tiempo mis fortunas comprendan. Disimular me conviene el volcán que el pecho encierte Ya perdimos la esperanza, múdos incendios, paciencia. Vienen de cada Provincia los linajes. Tente, espera, no te empeñes en decir sus apellidos, que es fuerza, que no puedan tus palabras ajustar la precedencia, y los Vizcainos son de calidad, que en su tierra, como por la Fe de Dios, por la antiguedad pelean. Dices bien, y asi lo callo, porque caber no pudieran en el límite del tiempo sus gloriosas ascendencias, no porque olvido, que siempre la memoria los respeta. 1. Esta carta, Fernan Perez, os traigo. Los cielos quieran, que sea lo que imagino! a Señor Martín Oñez, esta me mandaron daros. Al punto veré lo que dice en ella. La gente que os envío lleva orden de hacer alto junto alárbol de Garnica, de cuya llegada os avisará un clarín. Dios os guarde, Ladrón de Gue vara, Conde de Oñate. Con este nuevo socorro, mas mi esperanza se alienta. Vuelvo a leer, que el contento me hace incapaz de las letras. Los dos mil hombres que pro- metí llegan hasta el sitio, que os junteis para los pactos, de cuya llegada os avisarán las cajas. Dios os guarde. Diego Hurtado de Mendoza, señor del Infanta. do. Sangre del Rey de Castilla, en fin, si no se conciertan he de reducirlo ahora a la última violencia. Pues que tal socorro aguardo a nada he de dar respuesta de cuanto capitulare como a mi gusto no sea Pues todos para escucharme os sentad sobre estas piedras, como es costumbre. Ya todos os obedecen, y esperan lo que les queréis decir. Casildilla, no te sientas junto a mí? Yo no me junto con hombres de esa manera. Ya te atienden. Ya te escuchan. Juráis todos, porque tengan en aumento de la patria, fin estas civiles guerras de cumplir cuanto dijere? Si juramos. No mi lengua, hasta ver lo que propone su labio. Pues la primera proposición, es, que todos, partiendo la diferencia un año, de un bando elijan justicias, y el otro tenga la misma juridicción el año siguiente. A esta no tengo que replicar. Que se sienten en la Iglesia los primeros que llegaren, y al que llegue tarde, sea ofrecerle su lugar, cortesía, mas no fuerza; que en actos públicos, nadie por ir a mano derecha pleitee, sin que a ninguno, para que al otro preceda le valga como hasta aquí privilegio, o preeminencia. Tan noble derecho quiere, que en los Gamboas se pierda? no será mientras en mí pulse la sangre en mis venas. Que se traten casamientos entre los dos bandos, y esta, para más conservación sea alianza perpetua. Qué dicha! Qué respondéis? Que así queremos que sea. Yo no:o si ya escuchara para impedirlo la señal Pues ahora mientras vienen las familias que se acercan a jurarlos homenajes entre nuestras manos mesmas, para que Fernando, y yo lo firmemos, vuestras lenguas repitán, que siempre vivan en uniones siempre eternas, oñez, y Gamboas. . Vivan Amigos, los Oñez mueran, tecán pues ya me informa el clarín. Qué escucho! Parciales, ni aún señas dejad del linaje suyo. Yo basto para defensa de los míos. . Que desdichas! grave empeño! . qué cautela! A ellos amigos. que tarde tanto el socorro! . qué espera tu valor? M, ahora nada: . mueran los Gamboas. Mueran. . De entre los pies ha saltado esta batalla sangrienta, . de peteo se sacuden, no tiene que darme priesa el honor, que no iré allá, si mil demonios me llevan: más dos montones de gente por los dos lados se acercan. Acabad con esta vida. Dadme ya la muerte fiera Tened. Tu voz nos suspende. Esperad. Que nos ordenas? Martín Ofiez. Qué pretendes? . Gárcia. Qué es lo que intentas? Que se acaben. Qué propones? Los bandos. Es necia empresa. Y se cumplan. Bien has dicho. . los pasto De qué manera? Dando a Teresa la mano. Yo estimando tu fineza. Yo lo apruebo. Yo también, y acaben tantas tragedias. Esta, Garcia, es mi mano. Mi amor dignamente premia Quieres casarte Casilda? Ni aún me pasa por la puerta Vivan Ohez, y Gamboas. Y aquí da fin la Comedia de los bandos de Vizcaya, perdonad las faltas nuestras.
