Texto digital de La bandolera de Italia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La bandolera de Italia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/bandolera-de-italia-la.

LA BANDOLERA DE ITALIA
JORNADA PRIMERA
Socorrer el Alcón, que remontando su vuelo, en alcance de la Garza se cala en el firmamento. Pájaro, o bajel de pluma, que haciendo las alas remos, surcas el golfo del aire, no blasones de soberbio. Sigamos a la Condesa, Seguid al Duque. Ea, Infierno, que hoy ha de ser de esa Quinta ruina, y triunfo pequeño la Condesa, contra quien conspiro todo mi imperio, aunque temo a su Custodio, que del peligro más cierto, y mi astucia, puede ser que la libre al mejor tiempo, para cuya lid, mi ciencia convocó el oscuro centro: Espíritus, que antes fuisteis República de Luceros, y ya abrasados carbones, favoreced mis intentos contra esta Ninfa, Condesa de Valde. Flor, en quien veo n según lo que conjeturo) señales de fin honesto; a la castidad se inclina, y es lo que más aborrezco, por ver que el mundo a los castos lleva con palmas a el Templo. Enemiga de los hombres es tanto, que por no verlos, en la caza se divierte, gastando lo más del tiempo en cazar la Garza altiva, y en seguir la res corriendo; y puesto que participan de aquel delito primero todos los vivientes, sea Ninfa esclava de mi yerro. Carlos, Duque de Calabría, viene el monte discurriendo, que por galán, y entendido, en él cifro mi veneno. A su mano, por mi astucia, llegó un Retrato en pequeño, que a hurto copió por el oro un Artífice extranjero; porque la fama de Hinfa voló por distintos Reinos. Viole el Duque de Calabría, y obró en él tanto incendio, que ha fingido aquesta caza para sosegar su pecho. Yo encaminando sus pasos al logro de sus deseos, en forma humana le guío al precipicio, y al riesgo. A la marina. A la playa. Ya llegan al Mongibelo de la vista en que peligran tantas veces los más cuerdos: Aquí del Infierno todo. A esta parte: Hacia este puesto: El neblí voló. Qué miro! Quién eres, hombre? Portento de hermosura, idolatrada en la lámina del pecho; quién te ha traído a mis ojos? Yo con permisión del Cielo. Tú me conoces? . No, y sí. No, y si? La enigma no entiendo. Yo la esplicaré, y tú misma en ti hallaras el secreto. Sé, que eres, señora todo cuanto hay que ver en el suelo; lo mejor, de lo mejor; lo más regio, de lo regio; de lo lindo, lo más lindo; y lo excelso, de lo excelso, Y así con razón diré, al explicarme discreto: No, porque no sé tu nombre; sí, porque a tu luz anhelo; no, porque ignorabate viva; sí, porque viva te veo; no, por luz tan apartada; sí, por adorado incendio. Y en fin, por no dilatarme en él sí, y el no propuesto, cuando es fuerza que me explique, diré advertido, y atento: No, porque no sé quien eres; y sí, por este bosquejo. El Retrato mío guardas: Sí, que le estimo, y venero tanto, que mi corazón es la caja en que le tengo. Quién te le dio? Mi fortuna. Por qué le guardas? Por celos. (mo. Celos? De quién? . De mí mis- De ti mismo? . Sí, que atento tengo celos de mis ojos, porque sé que son parleros. Refiere como le hallaste. Hallele, el alma perdiendo. Vive el Cielo que si callas: Vive tú que eres el Cielo. Mira que me iré, Pues oye. . Prosigue. Ya te obedezco: Prodigio de la hermosura, emulación del Sol mismo, de la Primavera envidia, de la discreción concepto, mi nombre es Carlos, mi patria: perdone amor, si la miento, . el hóspedaje de un risco, adonde a caza saliendo, el gran Duque de Calabría me halló; y con piadoso celo, en la Aldea más vecina me dio el Bautismo y al pecho de un ama fio mi vida, adelantándole el sueldo, En el pajizo Palacio gasté mis anos primeros, sin conocer las delicias, por inclinarme a los riesgos de Marte; y habiendo oído, que es la caza vivo ejemplo de la guerra a los impulsos de mi brazo, al plomo, al fuego, el Oso fue más pesado, y el Tigre fue más ligero: Llegué a la edad más perfecta del hombre, en que escribe el tiempo sobre el papel de los labios la primer línea al respeto, y en que se ilustra el valor, con el valor del acero. Aplaudido, y envidiado que hasta en los pagizos Pueblos asiste también la envidia, como en Palacios excelsos) vivia; mas la fortuna, que jamás fija en un puesto tuvo su rueda, dispuso pasarme desde lo quieto en que me hallaba, al cuidado del mayor desasosiego. Fue el caso, que cierto día, en mi Aldea concurriendo los zagales y zagalas, al siempre usado festejo del baile, sobre una cinta, iris que cayó del Cielo, sin duda porque en el corro no pudo saberse el dueño; tuvimos una contienda, y alzándola yo primero que todos, todos decían: Deja el lazo. Yo que atento, me pareció que había sido la palabra menosprecio, quité al primero la vida, los demás al fin huyendo, pusieron treguas al daño, que juzgaron venidero. Traté luego de ausentarme, y despedido de aquellos, que segundos padres míos les dejé lo agradecido, hurtándoles lo sujeto. Avisaron luego al Duque, y capaz de mi suceso, me mandó buscar, con tanto cuidado, que el cumplimiento duró la distancia sola de él mandarlo, y yo estar preso: Lleváronme a su Palacio, y piadoso, y justiciero me dijo Carlos, de vos (aunque vivo satisfecho me contemplo mal servido, porque los que son mis deudos, no embotan en los humildes los filos de sus aceros; si ignoráis vuestros principios, yo puedo deponer de ellos; tan bueno sois como yo, los dos la culpa tenemos; vos en no saber quien sois, y yo en callar el secreto. Mas para enmendar el daño emplead ese ardimiento en las escuelas de Marte, no en las delicias de Venus. Lemnos, y Chipre se hallan en vivas guerras ardiendo; Europa, y África inquietas, y todo el mundo revuelto. Para que probéis fortuna, oro bastante os ofrezco, que hoy de todo el mundo está el dominio en el dinero: galas, armas, y caballos os aguardan y volviendo la espalda, sin escucharme, me dejó solo, y suspenso. Corrido de tal desaire, desesperado, y resuelto, en manos de la fortuna llegué por rumbos inciertos a Nicosía, Plaza de Armas de Solisbella, portento de hermosura, a cuyas luces se queda el Sol en bosquejo. Perdona la grosería de alabar otro sujeto en tu presencia, señora; porque como me contemplo tu esclavo, ya en la cadena voy eslabonando hierros; y esto asentado, al principio de Solisbella me vuelvo: Los Príncipes confinantes, pretendientes de su Imperio, solicitaban su mano por armas, que en los reencuentros suele el Dios de las Batallas. también hacer casamientos. A servir a Solisbella, con otros aventureros me incliné, que a las Deidades los Nobles obedecemos. Y en un corpulento bruto, testa hermosa, vivo el ceno, crin espaciosa, y tendida, fuerte de brazos, y pecho, anca hendida, piel tostada, galán, dócil al manejo, al freno obediente, monte a el parar al partir viento; etrueno en la carrera, rayo en lo veloz, y lo presto, formándose de sí mismo resámpago, rayo, y trueno. De todos los enemigos el mayor era Aristeo su primo, y hereditario de la Corona de Lemnos, que pretendía arrozante a fuerza de armas el Cielo. Solisbella, a la campaña salió en un Cisne soberbio, que por galán, y bizarro le venía el campo estrecho; tanto, que irritado el bruto, del cabado bronce a el eco, Moncayo se fue nevando, Besubio se fue encendiendo. Del Ejército enemigo se adelantó un Caballero, sobre un Etrope bruto; en cuyo color moreno dio a entender, que prevenía las exequias de su dueño; pues siendo la piel el luto, llevaba en hombros el cuerpo? En el diamante brunido, que engastaba el duro fresno, un rojo cendal traía; y como el color sangriento es senal en mar y tierra de embestir a sangte, y fuego. Reconocida la sena, salí el primero a el empeño; y ya en el ristre las lanzas, partimos los dos tan ciegos, que hechas las astas astillas en los acerados petos, al duro impulso del golpe chocamos pecho con pecho: Desbocáronse los brutos, y rotos los duros frenos, desampararon iguales a un tiempo bridas, y dueños, No bien medimos la tierra, cuando otra vez en pie puestos, se despojó de las armas mi contrario, hice lo mismo, que en las lides siempre el Noble se despoja, y busca el riesgo: Desnudamos las cuchillas, y osados a un mismo tiempo buscabamos la victoria; fue más dichoso mi esfuerzo, pues del corazón la puerta le abrí con llave de acero: Cayó en la verde esmeralda, y todo su campo el duelo quiso vengar en el mío, por ser Aristeo el muerto. Trabose la lid sangrienta, y entre muchos que murieron de ambas partes, un Soldado valeroso (aunque extranjero) que conmigo profesaba amistad (aquí te ruego, señora, que en ti sea tanto, como lo hermoso, lo atento) que con el valor tenía la parte de pintor diestro; ya en los brazos de la muerte, y en los míos dijo, en premio (con voces intercadentes Carlos, amigo, pues muero, toma esta joya, y sacando breve lámina del pecho, repitió: ese aliento toma, porque ya me sobra; o Cielos! la mucha vida que doy para la poca que tengo. Y con voz descompasada prosiguió Retrato es bello de Ninfa, Deidad que yo quise bosquejar; y diestro, siendo señor del pincel, quedé esclavo del bosquejo. Pinté en la lámina lince, y esculpí en el alma ciego, dijo: y contemplando yo el Retrato, que fue al verlo admiración del sentido, pasmo del entendimiento, nada nos diferenciamos yo, y el herido, que a un tiempo yo del Retrato en lo hermoso, y él de la muerte en lo feo, al paso que él espirando, iba yo también muriendo, de una pena en dos alivios, de una llama en dos incendios, y de una flecha en dos vidas, quedó él difunto y yo muerto, A este tiempo Solisbella, desbaratado, y deshecho su campo se retiraba; mas yo en la mano el acero, tu hermosura en mi memoria, y tu retrato en mi pecho, que me aseguraba el triunfo, con pocos que me siguieron, derroté el campo contrario; y fueron tantos los muertos, que en venatorios raudales se vieron nadar los cuerpos, Canté la victoria ufano; pero todo el vencimiento se le debió a tu belleza; porque a vista de su dueño, no hay amante que no sea galán, valiente, y discreto, Solisbella agradecida, quiso premiar mis afectos; y yo ingrato a sus favores, sin admitirlos me ausento. Llegué a Calabría y en ella me recibió el Duque excelso con regocijos, y aplausos, honrándome con los puestos de General de sus Armas, Gobernador de sus Pueblos, y su Montero Mayor; en cuyo divertimiento, por inclinado a la caza, le acompaño, y le obedezco. Siguiendo a un Neblí venía, en alcance de su vuelo, penetrando esa montaña, para mi dichoso puerto, pues buscando tu hermosura en todos cuatro Elementos, furqué el mar, aré la tierra; y últimamente, venciendo la tierra, el viento, y el agua, me venció en tu vista el fuego, Y pues rendido, y postrado, y humilde a tus plantas puestor, estoy, perdona, o castiga mi amoroso atrevimiento, que si no idolatra tuyo, a pesar del Universo, y a pesar de la fortuna, yo tu esclavo, y tú mi dueño has de ser, que no es delito querer ser más, el que es menos, Cortés forastero, estimo la lisonja, o el afecto; y presumo que lo pago con decir que lo agradezca; porque soy tan varonil, que vivo rompiendo el fuero de nuestra naturaleza, y de amor los privilegios de esa mentida Deidad, o fábula de los tiempos, que por mentiroso Dios le trato con menos precio, porque no puede inclinarme a querer si yo no quiero, Cuantos Príncipes Italia tiene galanes, y atentos han pretendido mi mano; mas yo solamente quiero la libertad en que vivo no sujetar mi ardimiento a un esposo, cuando a aún bruto en ese monte sujeto, y reviento en la carrera al bridón, si le manejo. En Valde. Flor, esa Quinta, de quien soy Condesa, tengo mi Palacio, sin más guardas, que mis criados, y Anselmo, un anciano, a quien no escucho, por los caducos consejos que me da, de que me case, a título de Maestro, cargo que le dio mi padre, antes que pagase el feudo a la parca rigorosa; porque mi padre primero rindió en Valde. Flor la vida, pasando a mejor Imperio. Laura, mi prima, aunque hermosa, siguiendo mis pasos mismos, nunca ha querido casarse, que en un lazo hay siempre riesgo: Y aunque estás contradicciones me causan desabrimientos, para hospedar en mi Quinta a cualquiera pasajero, no implican, sigue mis pasos a Valde Flor, donde espero, que tenga el cansancio alivio, admitiendo el aposento y hospedaje en que podrán la voluntad, y el deseo suplir incomodidades de un Alcázar tan pequeño. Obedecerte, señora, debo por tu esclavo hoy muero, sino logro mi esperanza! . De ti conseguir intento, que me feriéis el Retrato. Que me permitas te ruego el alivio de la caja, ya que la perla no tengo; porque es en mi estimación joya, que no tiene precio. Esto ha de ser, ven conmigo, sígueme. . Victoria, Infiernos: ya aquí no soy menester, voy a causar nuevo riesgo en la Quinta. Por aquí podrá ser que le encontremos. Esta es mi gente señora. Gracias a Dios que te veo: hallaste el Neblí? Qué miro! Lindo cazador te has hecho, pues diste con la Paloma; dime, la cazaste al vuelo? Calla, loco, y disimula. Ahora sales con eso? Quién sois vos? El Secretario de mi amo. . Ya os entiendo; seréis muy bien entendido, pues os fía su secreto. De alcamonía me trata vuestra: Cómo le diremos? Vueseñoria no haga caso de este loco necio. Humor tenéis. . Si señora, algo achacoso soy de eso. Cómo os llamáis? Tengo un nombre, sin ser simple, que es compuesto. Nombre compuesto? Ella quiere con el nombre que eche verbos: compuesto de aceite, y masa, agua, y sal, que soy Buñuelo. Quién os puso aquese nombre? Un amigo bunolero, porque un día le comí todos cuantos había hecho, Donaire has tenido toma este diamante. . Acepto, porque esta dadiva viene aquí, como anillo al dedo. Mira si hay embarcación, . y despide los Monteros, y ve esta noche a la Quinta. En sabiendo otro secreto, que a mi entender, me parece, que quiere sal este huevo. A esta parte hemos de hallarla: seguidme todos. Lleguemos. . Señora. Prima. . Qué miro! La Condesa en este puesto, con hombre que es tan bizarro! Sola la Condesa, Cielos, con sujeto que se lleva la atención, y el pensamiento! Prima. . Señora, qué dices? Que me sigas. . Ya obedezco. Señor, pues de esta guitarra tan hermosa eres el dueño, hazme merced de la prima. Estás loco? Estás sin seso? Vamos. . Obediente sirvo. Quién es? No os toca el saberlo, pues yo no quiero decirlo Prima, parece que veo novedad en tu semblante. Qué novedad? Si es mi pecho diamante por la dureza. El daño sin duda es cierto, aunque no alcanzo la causa de tan contrarios efectos; mas el tiempo ha de decirlo, pues todo lo dice el tiempo. Carlos, sígueme. Señora, tuyo soy. Vamos, Anselmo. Ven, Bunuelo. Voy, Ojuela: Tengan cuenta con el cuento: Mi amo, el Duque de Calabría, hoy con el nombre supuesto de Carlos, a la Condesa se la va armando con queso; el viejo está receloso, y Laura, a lo que sospecho, quiere también a mi amo, el diablo tiene el enredo. Mas ya los Monteros bajan hacia la Quinta, y yo quiero ir a yer en lo que para, y sacar el vientre lleno, porque Buñuelo a estas horas, solo es Bunuelo de viento. Venid a Valde. Flor, zagales, venid, venid a la Quinta, que aquí está el Abril. Aquí, que de muesa Quinta es el hermoso Altozano, y del Faro de Mecina Ministro del contrabando, pues desde él a todas horas cuanto pasa registramos, a la salud de muesa ama tiene de prantarse el Mayo, que a las puertas del Abril está más hermoso el Mayo. Valde. Flor llamó a esta Quinta muesa Condesa, por tanto pevete de flores bellas, que trasciende en verdes vasos. Dices bien, que aquellas rosas, con las espinas, y el garbo, y con el olor, parecen damas que salen al Prado. El Clavel galán, polido caballero es cortelano, que va de encarnado, y verde, en hábito de lagarto. El jazmín, y la Mosqueta parecen airones blancos, que rizó la Primavera, y el Céfiro fue peinando. Las Amápolas parecen, cuando las miro a lo largo, procesión de Cardenales, Lope lo dijo, cuidado. El Lirio parece Obispo, por lo hermoso, y lo galano; lo morado, la Mucera, y lo pajizo, el Topacio. Los pajarillos cantores, con sus picos trasladaron de los eminentes riscos, a los árboles sus cantos. Las fuentecillas risueñas de todo están murmurando, cuando por ella se dijo cristal desecho a pedazos. Supuesto que es Paraiso prantemos el Mayo. . Vamos, Pero cuidado al plantarle, no se nos vuelva Manzano. Labradores? . Qué tenemos? Habrá conveniencia acaso entre tantos jornaleros para un forastero? . Hidalgo, vos sois zagal muy polido, no conviene que en el hato entréis, donde está Pascuala. Mirad, que soy de Montalto, y a todos servir deseo, que aunque he venido rodando desde mi Patria a esta Quinta, soy: . Qué será? Un pobre diabro: sabéis vos de ella labranza? De continuo estoy labrando, Aguardad a la Condesa, si queréis acomodaros. Quién os mete a vos en eso, en andar acomodando? Amigo acá no hay oficio que dar a llos Cortesanos; porque en casa no hay Vilor, Sumiller, ni Secretario Mayordomo, ni Cochero, Caballerizo, o Lacayo, pues no hay más Caballeriza en Valde. Flor, que del Asno. Pues permitid que aquí aguarde a la sombra de estos ramos. que pase del Sol ardiente el curso, y en declinando proseguiré mi viaje, que ahora abrasan sus rayos la esmeralda de la selva, en cuyas virtudes halló por la sanbia medicina salud a el género humano. Salud halláis en las hierbas? sois Doctor, o Boticario? No hay ciencia que yo no sepa, sin haberlas estudiado, Sois Májico? De la Magia negra penetro los pactos? Soy tan grande Agricultor, que sin romperlo, o cortarlo, con mi astucia, y con mi ciencia ingeri el tronco de un árbol. Qué decís? . Lo que escucháis. Y cómo os llamáis? . Silvano. Pues Silvano, yo quisiera, sopuesto que sois tan sabio, que me hicierais una reja, que durara en el arado toda la vida, y no fuera menester todos los años calzarla, pues por calzarla no tengo para zapatos. El primer yerro que hice me obligó a romper el barro, y fue tal, que será eterno, sin romperlo, ni gastarlo fuego, y agua, porque el fuego es amor, y el agua llanto. Y le tenéis todabía? Siempre conmigo le traigo. Pardiobre, que el forastero es hombre de garabato. Venid a la Quinta todos. Muesa ama llega. Pues vamos a recibirla gustosos. Vamos tanendo, y cantando. Venid a Valde. Flor, zagales, venid, venid a la Quinta, que aquí está el Abril. Yo os agradezco, zagales, el festejo, y los placeres, y premiaré vuestro afecto; dad a esa rústica gente cincuenta escudos, Anselmo. Quién da luego, da dos veces; vengan los cincuenta escudos, por si acaso usted se muere. Yo los daré luego al punto. Señor mío, el punto es ese. No sé qué ardor en el alma se introduce lentamente, que a un tiempo hiela, y abrasa; si es amor? que algunas veces oí decir, que el amor no se ve hasta que se siente: mas qué pronuncio? Yo había de humillar mis altiveces? yo rendir las vanidades de mi espíritu rebelde, cuando aborrezco a los hombres contra naturales leyes? No soy diamante con alma? no soy escollo eminente? pues como amor ha de herirme. aunque más arpones fleche? Anselmo. Qué es lo que mandas? Guardando el decoro siempre, que me debo por mí misma, en qué cuarto te parece, qué hospede a Carlos? . Señora, el que tu gusto eligiere será el mejor. . Es, que quiero, Anselmo, que me aconsejes, que aunque no he tomado nunca tus consejos, las más veces son las voces las verdades, y el silencio es una especie de traición, aunque hay quien dice, que aquel que calla es prudente. Pues supuesto, gran señora, que el que aconseja no ofende, dejando para después lo que ahora se me ofrece) digo, que en cuarto apartado con ostentación le hospedes, mandando, que asista toda la familia (así conviene a servirle reserbando de su vista, y del banquete tu hermosura, y la de Laura, que el Sol, Monarca luciente, también recata sus luces, y cuanto más se detiene en salir a nuestra vista, más deseamos el verle. Entre todos los manjares (perdonadme, que bien puede en esta frase decirse la hermosura es preeminente, y por eso es tan dañosa la vista de las mujeres. O si cegaran los ojos, que a su Criador ofenden! porque no hay (aunque mis años de la experiencia me absuelven; más apacible veneno, letargo que sea más fuerte, que una hermosura a la vista, que aunque mata, se apetece. Pues qué importa que me vea? Idos todos, y tú vete, y el cuarto de los jardines puedes mandar que aderecen. Señor quieres que en la playa tenga prevenido flete? Eso ha de ser cuando mande la Condesa que me ausente, que es su incendio llama activa, y me abrasa con desdenes: fleta para los Monteros la embarcación que quisieres, y ve esta noche a la Quinta. Pues yo parto a obedecerte. . Carlos, ven a ver los cuadros de arrayanes, y laureles, que quiero lisonjearte, divertirte, entretenerte en su mansión apacible; y Laura, pues se entretiene con las cláusulas suaves de Orfeo la lira apreste: canta, Laura, y tú, Pascuala; pero manda que no templen. Prega a Dios, que el forastero, Pascuala, no mos la pegue. . Ya te obedecemos todos. No me atrevo a responderle, que es su condición altiva imagen de la serpiente. Ea, Infierno ahora es tiempo de que el apetito muestre su torpeza, pues ya siguen la senda de los deleites. Ven conmigo. Las estampas iré besando mil veces de tus pies, aunque las pierdo de vista en lo que florecen. Ven por esta parte. . Ya te obedezco. Amor, concede a mis amorosas ansias la dicha de que se premien. . Ya el amoroso deseo los lleva a que se despenen: invisible he de asistirles, triunfe cautelosamente de Ninfa el Duque y después le incitaré a que la deje, y que el desprecio la obligue también a que desespere. Qué te parece este cuadro? De tu aurora estancia breve, digna concha de esa perla. Ya mi industria el fuego enciende. Malograda fuentecilla, detén el curso y advierte::- Válgame el Cielo, qué escucho! que me detenga refiere la canción, y si reparo en ella, presagio es este: . Ea, no temas. De cuando acá, corazón, presagios temes? Fuentecilla te aclamaron las voces, porque la fuente es símbolo de la gracia, y como en ti permanecen los nácares en tus labios y las perlas transparentes, parece que están diciendo a tu garganta de nieve:- Que si raudales presumes, precipitada te pierdes. Ahora importa mi astucia: Qué aguardas? qué te detienes en declararle tu amor? Decoro, no me despeñes, . tente; mas no soy mujer? qué digo? mi labio miente. otras erraron, qué importa que tú, cómo mujer, yerres? Qué estrella en mi predomina, que con influjo celeste a Carlos me está inclinando? ya es preciso responderle. También yo responder puedo a tus lisonjas corteses, que las fuentes, y las flores pueden ser testigos fieles de mi dureza, y tu afecto en cierto modo me tiene sospechosa, que los hombres suelen mudar pareceres; y así oyendo esa canción, que Laura canta otras veces, me suspende su armonía: callad, vuestras voces cesen: A un mismo tiempo batallan en mi pecho fuego, y nieve: Qué enfermedad será esta; que se ignora, y se padece? Es mi astucia, que a cualquiera siempre le incita a que peque: Infundiré sueño en todos, y luego abriré el retrete de Ninfa, para que el Duque triunfe sin riesgo, y la deje. Sígueme, Carlos. Qué dicha! . Que ya:- Prosigue. . Me vencen: Qué, señora? . Mis pasiones. Ea, tentaciones fuertes. . Amor, pondré en tus altares de este triunfo los laureles. . Ya conseguí mi trofeo, porque ya lascivamente Ninfa atropella el decoro de su honor: ya se resuelve a dejar la castidad por los profanos placeres: ya consiente en el pecado. y ya (aunque al Cielo le pese) será mía, que inspirada de mis tentaciones siempre, será de Italia el asombro, causando horror a las gentes; y aunque quiera arrepentirse, la pondré en la idea infieles de sus culpas los horrores para que no las confiese, ni se arrepienta, porque se salva el que se arrepiente. Solo a mí se me ha negado este indulto: que me queje del Cielo no es mucho, cuando en las Esferas Celestes de la Angélica materia me crió Dios, y valiente toqué en los Cielos al arma, estremeciendo sus ejes. Medí con Miguel la espada, caí, que a ser de otra suerte, no fuera persona que hace, siendo yo la que padece. Ya van huyendo las sombras a el oír, que decir suele:::- Pues ya entre abrojos, y espinas vivirás, aunque otras veces entre sauces y azucenas tuviste más dulce albergue. . No pongas en mi amor duda, que primero al Sol ardiente faltará la luz brillante, que ha tanto que resplandece: Primero de ese estrellado móvil faltarán los ejes, en que esa fábrica inmensa de tanto Cielo se mueve: Primero faltará al prado granos de oro, y hojas verdes, la risa a los arroyuelos, el murmurar a las fuentes, a los árboles las hojas, a el mar arenas alegres, cantos a las dulces aves cuando la Aurora amanece; y finalmente, primero los rigores del Diciembre serán apacibles Mayos en floridos ramilletes, que yo olvide tu hermorura, y que yo Tu voz me ofende: . atiende a esas dulces voces, y no prosigas, si atiendes a sus cláusulas, que están diciendo una, y muchas veces:- Escarmienta en los arroyos, que naciendo en lo eminente con tanta perla, y aljófar, no se libran de la muerte. Ah, pese a la vil memoria! . No te acuerdes, no te acuerdes de la muerte, ni la llames, que ella sin llamarla viene. Mientras durare la vida vive gustosa, y alegre, que la muerte dura siglos, y los días son muy breves. Señora, este corto alivio, que mi dicha me concede, niegas con vanos temores? A un corazón que padece tantas ansias? tantas penas? Pero bien claro se infiere, que no sientes mi dolor, cuando que se explique sientes. Mira el riesgo a que te expones, guarda el decoro a las leyes, no desdiga tu nobleza coronada de laureles. Mal haya tantos avisos: prosigue: qué te detiene? . goza Ninfa, los favores, no se malogre el deleite. No sé qué me dice el alma en ocasión tan urgente: neutral miro mi valor, el ánimo desfallece. Es posible, dueño mío, imán de mis altiveces, idolatrada esperanza, de mis suspiros ardientes, que no te mueve mi amor? que mi llanto no te mueve? Mira que es crueldad injusta pagar amor con desdenes. A tiempo estás de vencer, no seas de las mujeres, que sin valor ultrajaron los divinos rosicleres. Es verdad, yo me retiro; . pero (ha pasiones crueles) vamos, señor, vamos presto, que todo el amor lo vence. Yo soy tuya, tú eres mío, mas no quiero que se cuente, que ha sido fragilidad aquesto que me sucede, pues es solo honesto amor, que con influjo pretende imprimir en nuestras almas el carácter eminente, para gozar de las dichas, que el casto himeneo ofrece, siendo ejemplo a los amantes, que se adoran y se quieren. El corazón a latidos con el gozo se estremece, juzgando por imposible aquesta gloria presente. Ea, Infierno, ya he logrado (como lo esperaba siempre) esta culpa en estos dos sin algún inconveniente. De aquí espero que resulten vicios, y robos crueles, desatinos, homicidios, y destruición de las gentes. Qué lejos estáis, mortales, de las luces del Oriente! Qué breve pasa la noche! Aa mortales, y qué breves son las horas que se pasan desde la vida a la muerte! Ya encarrujando Luceros viene el Alba, Ninfa duerme, y ya para ser ingrato Carlos la deja, y se viene de la playa ya criado. Esta la Quinta parece: aunque cerrada la noche, no ha estorbado que la encuentre. Eres tu Buñuelo? Sí: dime cayó el penitente? No hables locuras: ha laste embarcación? Ya la tienes, y di orden a los Monteros de que al punto se volviesen. Bien hiciste ven conmigo. Tan apriesa? qué te mueve? Mas quién está aquí? El Piloto del bajel, siguiendo a este hidalgo, llegue a esta Quinta para avisar que se pierde viento fresco y mar bonanza, con que el Faro nos previene buen viaje a la Calabría. A el Piloto le parece; pero no vino conmigo. Pues vamos, en qué ahora te detienes? Vamos, Patrón: a Dios, Ninfa, que ya para aborrecerte basta el haber sido fácil. Adiós, alerta, mujeres, y no os fieis, que los hombres todos somos de esta suerte.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Carlos, Laura, Anselmo, amigos, adónde estáis? Qué nos mandas? Dónde está Carlos? . No sé Qué es lo que tiene muesa amas No sé. . Le han picado pulgas y aquesta es la media manta. No le habéis visto? . Señora, antes que riese el Alba, las lio con su criado: yo juzgo que lleva cartas según la priesa, porque yo estaba echado en la parba, y me despertó el roído: conocile en las palabras: fuese diciendo. adiós, Ninfa, y volviendo las espaldas. Ay de mí, que me ha robado la mejor prenda del alma! Qué te ha robado? Ay de mí! Luego que le vi, muesa ama, conocí que era ladrón, mas no Ladrón de Guevara. Busquémosle presto, amigos: Anselmo, no quede rama del monte que no examine tu cuidado, y vigilancia. Dejad la labranza todos, prevenid luego las carpas, alistad los pedernales, que de mi honor en venganza he de talar a Sicilia, he de poner fuego a Italia: no ha de escapar de mi enojo la juventud más lozana del más gallardo mancebo, ni han de obligarme las canas del anciano aunque pretenda templar mi fuego su escarcha. Vívora soy, que al consorte, que en roscas une, y enlaza a el concibir por la boca, entre los dientes le mata, y cuando aborta serpientes, revienta por las entrañas: Abeja soy, que defiende la miel que labró a picadas, y garza tan altanera, que cuando el Neblí la alcanza, para vengarse furiosa, vuelve a el Alcón pico, y garras: onza soy, que combatida del León en la batalla, sobre la espalda le hiere, y la dura piel le rasga: Espin soy armado a puntas, que si alguno le maltrata, heriza las duras flechas, y enojado las dispara con tal ira, que en los troncos las imprime, o las estampa. Y sobre todo, mujer ofendida, y agraviada, que no repara en los riesgos, no teme las amenazas, no hace aprecio de la vida; y así yo desesperada, hasta encontrar al aleve, que es de mi afrenta la causa, seré vívora rabiosa, seré onza que despedaza, abeja, que le penetre, garza, que muestre sus garras, y espín que a su corazón le ponga puntas por alas. Señora, en cualquier naufragio, en la más cruel borrasca, al que siempre en Dios confía, nunca le falta una tabla, y después de la tormenta suele llegar la bonanza. No hagas pública la afrenta, sufre, disimula, y calla, que estando una mancha oculta, nadie repara en la mancha; mas si él que la tiene, a todos la pública, los que pasan, van diciendo, mancha tiene, y como tal le senalan. Sucedida una desdicha, el mejor medio que haya se ha de elegir, y el más blando, que al hierro un golpe le ablanda. Nobleza, y riqueza tienes, más senora, en tales causas suele alcanzar más el ruego, que los tesoros de Arabia. escribe a Calabría al Duque, pues es deudo de tu casa, tratará tu casamiento con Carlos, si tú en la carta dices, que de no casarte corre peligro tu fama, y así honestas tu desdicha, y alientas tus esperanzas. Yo no he menester consejos tú que ya la sangre helada tienes, honestas cobarde el temor vete, qué aguardas? y advierte, que si te encuentro, te he de pagar la enseñanza con dos vívoras de plomo. Bien has dicho, el viejo vaya al desierto, que sin él haremos la vida santa. Yo me voy, el Cielo quiera guiarte en desdichas tantas al verdadero camino, que ahora olvidas, y profanas. A el desierto voy, y en él haré vida solitaria, por satisfacer mis culpas, que el que a Dios busca, le halla. Poned fuego a aquesa Quinta, arda todo en voraz llama. Qué bravo día tendrán lla pulga, y lla garrapata! Por cómplices de mi ofensa hasta los cimientos ardan; que quien albergó a un traidor, no merece ser Alcázar. Prima, ya que te resuelves a empresa tan temeraría, conduce cuantos Vándidos habitan estas comarcas, vende todas tus riquezas, y a precio de las alhajas compra instrumentos marciales, y arma invencibles Escuadras, que atemoricen el mundo, y que talen la Calabría. Ofrece por la cabeza de Carlos minas de plata, el oro que el Sol acendra en cuanto ilumina, y bana; cuanto aljófar desperdicia la Aurora, llanto del Alba, y cuanta riqueza el mundo avarianto encierra, y guarda, que lo que el valor no puede, siempre el interés lo alcanza. Y en tanto que la ocasión llega de verte vengada, en la sangre de los hombres esa ardiente sed apaga, que si a mí me sucediera tu desdicha, no cesara mi hidropesía, bebiendo cada instante sangre humana, hasta encontrar el traidor, y vivo, por las espaldas le arráncara el corazón, y de él hiciera vianda. Ojo alerta, Caballeros, que si unas veces llas damas se llevan llos corazones esta sola se llos traga. Laura, tu consejo estimo, eso ha de ser: en la Playa, pues está cerca, y de tantos Mercaderes es escala, se venda todo, o se queme con el fuego de mi rabia. Publíquese a los Vándidos, que yo tomo por mi causa las suyas, y que prometo defenderlas, y ampararlas; y a cuantos por mi obediencia vinieren, por primer paga hago merced de las vidas. Y lles darás una praza también otro día en lla horca, cuando suban, y no caigan? Y diga la voz del bando, que al que lo contrario haga, luego en fragante delito lo he de colgar de una rama. Así están en Cataluña los racimos, y naranjas: y por no verme colgado sin venir mi Santo, o Santa, venga luego el pie de lista, siéntame a mi y a Pascuala, y hazme luego una escritura. De qué? . De que si me matan, me has de dar el sueldo vivo, y me he de estar en mi casa. Deja las chanzas, cobarde, que ahora no estoy para chanzas. A tomar las armas todos. En lla Quinta hay unas armas con que se armaba mueso amo para salir a campaña, con su bola, y gorrión. Gola, y morrión se llaman, y esas son corazas, necio. Pues yo tengo de llevarlas, por si acaso el enemigo me téntase llas corazas. Ea, fuertes Amazonas, hijas de Marte, y de Palas, no quede hombre, que no muera. A bien, que conmigo no habla. Pues con quién quieres qué hable? No está entendido, Pascuala? con Carlos, que se hizo hombre, y se llevó la ganancia. Zagales, seguidme todos, y trocad la jerga vasta al coleto, y bandolina, al pedernal, y polaca. Todos, te obedeceremos. Y yo te doy la palabra de perder por ti la vida. Viva Ninfa. Viva Laura. Pues esta es causa de todos, no será mejor matarlas? craro está, aquí de llos hombres, y mueran estas tiranas: No hay nenguno que me ayude? Pues por mí, allá se lo hayan. Ya con próspero viaje hemos llegado a tu centro: ya estarás en ti. . Te engañas, que no estoy en mí, Buñuelo. Pues en quién estás. . En Ninfa. Qué dices? . Lo que te cuento: Yo la adoro, y no sé como a lo que adoro desprecio, porque aquellas dos estrellas, retrato del Firmamento, no merecen el agravio, que les hice ingrato, y ciego. Algún espíritu impuro se apodero de mi esfuerzo, pues me apartó la triaca después que bebí el veneno. O nunca el breado pino me admitiera lisonjero, y primero en los escollos del mar chocara soberbio, donde mi ruina sirviera a los ingratos de ejemplo, que yo llegara a Calabría sin el bien, que ya no tengo. Señor, por una mujer tan fácil, haces extremos tan grandes, que ya se pasan de extremos a sentimientos? y que, según me has contado, te premió en tan breve tiempo? y que en una Quinta vive sola, sin padres, ni deudos, siempre expuesta a los peligros de cualquiera pasajero, hospedando en su Palacio desde el Noble hasta el Plebeyo? Quién duda que en esta ausencia habrá admitido otro dueño? Olvida ese desvarío. Cómo puede ser, Ángelio, que la olvide, si me traes a la memoria los celos? Vive Dios, que si supiera, que otro admitía en su pecho, el corazón le arrancara, y le fuera dividiendo en más átomos, que el Sol le reparte al Universo. Pues dime tú, qué mujer dejada guardó precepto al galán ausente? . Cuál? la que tuvo amor perfecto: Dime tú: Si está un retrato pintado en lamina, o lienzo, como pueden pintar otro, si no le borra el primero? Aunque pudiera argüirte, disgustarte no pretendo. Ninfa sé yo que me adora. Ya te habrá olvidado. . Nego, porque hay mujeres, que quieren mucho más con los desprecios; y así, señor, pues ya tienes la posesión, ande el pleito: estate quedo, y aguarda, que Ninfa vendrá a convenio. Necio, la nobleza tiene tan honrados privilegios, que intéreses no los rompen, y siempre apela al acero. Esa es fecta de Mahoma, que siempre los Sarracenos remiten a las espadas su opinión, no al argumento; pero dime, qué más tienen los Nobles, que los Plebeyos? no son todos de una cepa? luego todos son sarmientos. Es verdad, pero repara en que el Labrador atento, los inútiles los corta, y deja los más excelsos, que siempre dan mejor fruto los grandes, que los pequeños. Mas esto para mi pena no hace al caso, ay Ángel bello! Cómo estará Ninfa ahora? Yo te lo diré en un cuento: Tenia cierta doncella un padre muy recoleto, el cual la guardaba mucho, y decía a todo el Pueblo. Mi hija aborrece a los hombres, ni a Misa va por no verlos. Diole entrada cierta noche a un galán, sintiolo el viejo, llamó a la puerta, y la hija turbada con el estruendo, tomó un candelero, y vela con tan poquísimo tiento, que habiendo entrado su padre, se vieron a un mismo tiempo en su mano la bujía, y en el suelo el candelero. A qué ha venido a mi casa? (preguntó al que estaba dentro) y él respondió: Cuando está su hija en tan grande aprieto con la cándela en la mano, me pregunta a lo que vengo? Aplica tú el cuento ahora. Calla, calla, que me has muerto. Yo te he muerto, cuando a mí las nárices me has deshecho? Busca postas al momento, corre. . Yo no soy Correo. Corre al instante. . Ya corro sangre, no me ves corriendo? En fin, vuelves a buscarla? A satisfacerla vuelvo, y los instantes que tardo, son más penas, que padezco. Con la privación de verla se aumenta más su deseo: añada culpas a culpas el Duque, y riesgos a riesgos. Ahora en las manos de Ninfa le he de poner pues la tengo corrida, y desesperada en ese monte soberbio, acaudillando bandidos para lograr sus intentos. Ya de sus sangrientas iras no se libra el pasajero, ni al Peregrino perdona, a todas horas diciendo: En cualquier hombre que mato, tengo un enemigo menos. Todo es traza de mi engaño. Ya de esperar desespero: Cuándo vendrá este criado? Puede haber mayor tormento, que encontrar un presuroso un flemático? . Lo mismo es, que encontrar con un tonto un político discreto. Dices bien: yo te saqué de Piloto, o Marinero, Ángelio, a que me sirvieras, porque conocí tu ingenio, cuando en la navegación, sin declararme el sujeto, me contaste, que perdiste, por frases, y por rodeos, de tu Príncipe la gracia; y ya estoy en el empeño de hacer que a tenerla vuelvas desde hoy sin peligro, o riesgo: yo lo haré. . Qué me faltaba, si tu pudieras hacerlos Quién es el Príncipe? dilo, porque con todos tenemos los Prícipes confinantes amistad, o parentesco: dilo, nada te acobarde. El primero, sin primero de la Invictísima Casa de Ccelí, que Ccelí es Cielo; mas te juro por la fe de los dos (yo no la tengo, y con la verdad le engaño, pues le miento y no le miento) que es imposible que alcances mi perdón. Tan grande exceso hiciste con él, que yo no puedo ser medianere? Yo bien pudiera decirlo, pero fue tal el empeño, que no estoy arrepentido: como lo digo lo siento. Eres deudo suyo? . No, criado de los primeros, el más querido, y el más galán, valiente, y discreto. Diome silla en su Palacio, y porque tuve un reencuentro con uno, que se llamaba Miguel de Dios, privilegio que hoy goza, me desterro: sobre qué fue, no lo cuento, porque es cosa muy sabida. A mi lado se pusieron, como mis leales, algunos amigos y compañeros; pero como fue en Palacio, se enojó el Príncipe y luego que yo caí de su gracia, los demás fueron cayendo: con que aún hoy todos padecen lo mismo que yo padezco. Atrevimiento fue grande. Honrosos atrevimientos no importa que se padezcan por la gloria de emprenderlos. Ya las postas prevenidas están, señor. . Pues marchemos a ver a Ninfa, aquel rayo del Sol, hermoso lucero de la mañana, incentivo en cuyo amoroso incendio gustosamente me abraso, y Fénix de amor me quemo. Si consigo la victoria, tendrá gran día el Infierno. Aquí mandó la Condesa publicar el bando. . Y tiene guen gusto, que aquí hay llagartos, que nos escochan, y muerden. Toca a bando. Ya he tocado, pero no se junta gente, que antes con este roído se mos espantan llas lliebres. Vuelve a tocar. Toco, y guelvo. Y di como yo dijere: Ninfa, Condesa de Valde. Flor, Venus de estas Selvas, Palas de los Montes Rayo de Italia y Protectora de los Vándidos, que ocupan estas excelsas cumbres, hace saber a todos ellos, que viniendo a su obediencia, les guar- dará justicia, y tomará venganza de todos sus agravios, y a los rebeldes castigará con todo rigor mándase pregonar, para que venga a noticia de todos. , - - De aquesta vez quedo rico, Pascuala. . Por qué? No entiendes? Porque so cajero, y llos cajeros enriquecen. Déjame, ilusión, aparta, no me sigas. . Prima, tente. Laura, Pascuala, Fileno, Floro, Bato. . Qué nos quieres? Qué tienes? . Qué ha sucedido? Quién te asusta? Quién te ofende? Oíd: A la muerte he visto. Acá con esa se viene? Cómo la viste? . Escuchadme, que ya mi voz la refiere. En ese encumbrado risco, del Cielo columna fuerte, pues le sustenta en sus hombros, y le gobiernan dos ejes, que del peso fatigado, sudando está su copete líquidas perlas y aljófar, que al pie recoge una fuente, a quien el vulgo de flores en el Imperio silvestre, al aclamarla por Reina, la coronó de laureles, y a quien el prado, por gala la vistió de tela verde, que ella misma fue cuajando de plata, que la guarnece. A este sitio tan hermoso, a este pensil tan alegre, breve rasgo, larga copia, grande sitio, y corto albergue, llegué, a tiempo que los rayos del Sol abrasan, y encienden tanto, que las mieses son calenturas de las mieses, porque en las cañas, o poros se introducen de tal suerte, que amenazando sus vidas por puntos intercadentes, síncopa forma la duda entre si vive, o fallece. Viendo, pues, que lisonjera, y agradable, cortesmente me brindaba con cristales, llegué al néctar a beberle. Reparé luego en su risa, y yo también repareme, diciendo A ninguna hermosa la pesa que la festejen, y pues vamos de camino, seamos todos corrientes; y cual segundo Narciso en su cristal transparente me vi con que en la posada me vine a quedar por huésped. En facistol de esmeralda, que los sauces entretejen, cantaba dulces motetes al instrumento, y compases, que el Céfiro toca, y hiere, cuando en cláusulas suaves cuanto arrebata suspende: dando treguas al cansancio, me entregué al sueño atendedme. Apenas, pues, se rindieron mis sentidos fácilmente al letargo de Morfeo, (veneno de los vivientes, pues quita la media vida, que gozan, mientras que duermen) cuando vi infinitas Tropas de mis enemigas huestes asaltar mis Escuadrones, solicitando prenderme. A este tiempo había llegado Carlos, que gloriosamente, viéndome en tanto peligro, desesperado acomete al vil Escuadrón yo entonces, por matarle, y defenderle, dejé desierta la carpa, y poblé el campo de gente. Rotas todas mis Escuadras, el enemigo resuelve reacer sus Escuadrones; y viendo que se previene, Carlos con mi prima Laura, en la confusión presente, procura ponerse en salvo, no porque el peligro teme, sino porque imaginó entre los golfos terrestres de la pólvora y el humo, que era la deidad que él quiere. Yo envuelta en sangre, y en polvo, vuelvo a la lid como sierpe, que pisadas sus escamas, a morder furiosa vuelve. Al tiempo que un bello joven, que nunca supe quien fuese, en forma de hombre, fue Ángel para que yo no muriese. Desesperada y precita, a Laura la favorece Carlos, y en un hipogrifo, hijo adoptivo del Betís, (sin duda que fue el Pegaso) suben los dos, y él parece, de las espuelas herido, que cuatro vientos le mueven. En tanto el joven gallardo, que a mi lado tuve siempre de los brutos, que sin dueño huellan el campo impacientes, uno prendió con sus manos, sin darles parte a los jueces, que en las derrotas hay muchos, que sin tener varas prenden. Era este Belerosonte tan de azabache, que al verle, de carbón le acreditara el fuego mismo que enciende, a no tener la piel lisa algunas pellas de nieve, para que templar pudiera con lo frígido lo ardiente: era por lo veloz rayo, nube porque espuma llueve, por lo corpulento monte, noche por la crin que tiende, por los relinchos lozano, y por las cernejas fuerte. En fin, a un monte llegamos tan arido, y tan estéril, que en vez de rosas, de espinas formaba sus ramilletes. Desaparecido el joven, dio el bruto en tierra, y en breve respiró el postrer aliento de la vida en fuego ardiente. Por una senda aunque angosta, caminé sin detenerme. en cuyo estrecho camino me salió al paso la muerte. Vi un horroroso esqueleto, desde los pies a la frente todo huesos, nada sangre, todo triste, nada alegre, todo oídos nada escucha, todo lengua, nada siente, todo ojos, nada mira, todo oífato, nada huele, todo tacto, nada toca; y para decirlo en breve, solo era un trasunto todo de nuestra mortal especie. Con el susto de mayada, sin saber donde estuviese, me quedé por algún rato, y al volver del accidente, halle junto a mí un anciano, que para que me confiese, me aseguró que podía hacer oficio de Preste: y al tiempo que ya mis culpas iba a decir penitente, a la voz del parche herido quiso el Cielo que despierte. Conozco que ha sido sueño de la idea, imagen siempre, que en fantasías retrata lo primero que aprende. Y pues del susto cobrada estoy, de nuevo comiencen los estragos de mis iras, para que esculpido quede en mármol, y en bronce duro mi nombre permaneciente, para que viviendo tome venganza, e Italia tiemble, que no ha de quedarme hombre en cuanto el Sol resplandece, que no mate, hasta vengarme de un traidor falso, y aleve. Dices bien dejemos sueños, y haz a todos que te suenen. En corazones bizarros no se imprimen caracteres de cobardes fantasías, ni de temores aleves. Ya estamos, prima, en campaña, el Noble nunca atrás vuelve, ni hace caso de la vida, que a todo riesgo la vende. Quinientos bandidos, Ninfa, te siguen, y te obedecen, sin los que a la voz del bando van viniendo a obedecerte. Puéblese el mundo de Escuadras, que excedan a las de Jerjes, gima fatigado el parche, y en tempestad de preñeces, abata el plomo sus iras, cabado el bronce resuene, formando las confusiones nubes, que tejidas suelen empañar al Sol las luces, y oscurecer los lucientes rayos, cuando nos avisa el relámpago que viene el trueno, y con él el rayo, a quien tememos sin verle. Oh, como luce en tus venas mi sangre! como en quien suele sangrarse, que luego acude por conductos diferentes, toda a la corta cisura, por restaurar la que pierde: y es cierto que no quedara gota que no se perdiese, a no poner a la vena precepto, que la suspende. Id a atalayar al monte, Soldados, y nadie intente matar ningún pasajero; que yo quiero darles muerte conforme sus calidades, porque ninguno se queje: tráiganlos a mi presencia vivos, y sean quien fueren, que al fin muriendo a mis manos, basta para ennoblecerse: mi prima Laura, y Pascuala queden aquí solamente. Ya todos te obedecemos. Tu ofreces hacer mercedes en tu bando. . Así es verdad. Luego sopricar te puede este Soldado visoño, que los servicios le premies? En qué me has servido tú? Quiéres que llo diga? Atiende: En Tambor, y Pregonero. Esos oficios no pueden ascender a otro ninguno, que no es Noble el que lo ejerce, solo el interés los premia, Pues vengan que con dinero, manana seré yo lo que quisiere. Toma, Bato, este bolsillo. Dobrones son por San Lesmes: no hay más oficio en el mundo que no ser Nobles llas gentes. Di, Pascuala, cuantos hombres maté ayer? . No venta muertes hiciste a cara vinazos: mandabas que los trajesen a tu presencia, y después de atados con los cordeles, a uno al corazón tirabas, a otro al blanco de la frente, a los ojos, las narices, los oídos, y las sienes, tanto, que más parecías, que Condesa, Miquelete. Noventa no más maté? Hoy han de ser ciento y veinte. Aciento y diez cada día vendrá a salir desa suerte; y en el discurso de un año (quien fuere curioso cuente suman los que has de matar, con los que ya muertos tienes, cuarenta mil y docientos y sesenta, con que en breve seremos llaves caponas, sin los hombres, las mujeres, Si todas como yo fueran vengativas, y crueles, serían menos ingratos los hombres con las mujeres. Dices bien vamos matando, a cuantos están presentes. Acabemos de una vez con todos. . Eso sí, lleven en la bola, y pues que fingen; que se están muriendo siempre por las mujeres, ahora veamos como se mueren. Olvida esa vil materia, y no hables en ella más. Con razón airada estás: hoy por fuerza de la Feria de Salerno, han de pasar Percachos, y Mercaderes. No ofenderé a las mujeres: los hombres he de matar. Despojos son, y proezas las cabezas que reparte a la selva. . En cualquier parte son despojos las cabezas. A un Ventero dejo allí atado: le mataré? No, que yo le tiraré. . 1. Muerto soy. . Qué bien le di! Pronunció el último acento: ya el Ventero muerto está. Así no quebrantará el séptimo Mandamiento. Un vejete con despejo llega: ya tienes destrozo. El Ventero murió mozo, y aqueste morirá viejo. Por esta senda imagino, que es el camino mejor. Téngase. . Aquesto es peor: falta un traguillo de vino? Cuando lo bebo lo pago. Muy bien lo puede probar. Acabe ya de brindar, que le falta el postrer trago. Dónde va con tanta priesa con aquesa caravina? Señor, vengo de Mecina a matar a la Condesa, a esa infame, esa bribona, esa traidora homicida, que no deja vida a vida, a esa bándida ladrona. Pagará las sinrazones de tratarme de esta suerte: y cuanto os dan por la muerte Me dan quinientos doblones, porque en Nápoles su Alteza la tiene ya sentenciada, demás, que está pregonada en el Reino su cabeza: dos mil reales de a ocho dan a quien la mate, o la prenda: y si hay acá quien la venda, yo sé quien la comprará. Y en fin, la queréis matar? Si se logra mi cautela, aunque la Condesa vela, la sabré despavilar: en aqueste empeño estoy, a la Condesa matemos, y el dinero partiremos. Pues matadme, que yo soy. Por Dios, que yo la hice buena: muerto estoy solo del susto. Atadle a un tronco, que es justo, que pague la misma pena. . Ya está atado. . Aquí una Cruz puede vuesarced poner. Yo se la mandaré hacer. Aquesto es hecho: a Dios luz. s Ya cayó muerto, señora. Descansado queda el brazo en dando un caravinazo: a ver si me mata ahora. Ese cuerpo retirad luego al instante de aquí, enterradle, porque en mí no falte la caridad. . El Vejete ya reposa. Pues tratadle de enterrar, y traedme a quien matar, que no puedo estar ociosa. De rigor tan inhumano, venganza, Cielos, os pido. De qué nace aquese ruido? Piedad, Cielo Soberano; No la ofendáis, si es mujer, y el que lo contrario hiciere, de mí la piedad no espere. De tus pies me he de valer. (te, Dónde vas, hombre? . A buscar si eres Ninfa la Condesa. Aunque ser quien soy me pesa, que lo soy no he de negarte; quién eres? . Cómo he sabido, que ofendida, y agraviada, con la pístola, y la espada, rayo de Calabría has sido, y que en ella son tus nombres, Ninfa, monstruo del amor, Condesa de Valde. Flor, y enemiga de los hombres, y que en Calabría has juntado los más fuertes, y animosos, aleves, y sediciosos: yo a tu valor inclinado, y a servirte juntamente, dejo pendiente de un roble a mi mujer, que aunque es noble, honesta, casta, y prudente, por propia, y aborrecida, por seguir mejor estrella, me quise quitar en ella el estorbo de su vida. Yo he de premiar tu lealtad en esta ocasión, que es sola la intención que sigo: hola, de ese roble le colgad, adonde le puedan ver, y la misma muerte siga, con un letreto, que diga: Por traidor a una mujer. Señora: . Llevadle. . El Cielo me castiga justamente. . . Por esa piedad, a ti Dejadme llegar. . Detente. Las rodillas en el suelo te pido en esta ocasión, señora, aunque estás airada, que viva por la Sagrada Pura, y Limpia Concepción. Nombró la devoción mía, que otra no tengo en mi abono. Qué dices? . Que le perdono en el Nombre de MARÍA: decidme quien sois, hablad. Su mujer es la que ves. Qué propio en la mujer es, a un agravio una lealtad! Señora, aunque rigoroso conmigo anduvo primero, como a mi esposo le quiero: muera yo, y viva mi esposo. Esto escucho, y tú, hombre ingrato, sus finezas atropellas! Qué sabes tú si es de aquellas, que las obliga el mal trato? Tú te has de quedar conmigo: a su casa esa mujer llevad, que no ha de volver a poder de su enemigo, que si esta vez salió vana su intención, porque aquí estoy, quien la quiso matar hoy, lo ejecutará mañana; y para que no la atrase su conocida pobreza, y la obligue a una bajeza, yo la daré con que pase. Cien escudos mi piedad os señala cada mes, y os castigaré después por la menor liviandad: que la que cae en la culpa, teniendo como ahora vos, con que pasar, ni aún con Dios no puede tener disculpa; mas quién, si en lazos crueles vos la dejasteis colgada, la libró? . Dios, y mi espada, que la cortó los cordeles. diez doblones te he de dar. Lleguen, que aquí han de cantar. Quién son estos? . Ut, re, mí Pasaban sin tu licencia cantando, con dos jumentos prendí voces, e instrumentos, y los traigo a tu presencia. Músicos sois? . Sí señora, aqueste es compositor, y este arpista, y buen tenor. Fileno vaya ahora una escuadra de Soldados con esta mujer, porque nadie la ofenda. . Tu pie beso. Ya están aprestados. . Tú no te vayas, cantad, y bien, porque oí decir, que siempre canta al morir bien el Cisne. . 1. Ten piedad. Adónde vais? . . Donde me- la Música, y los Soldados. (drá Mejor cantaréis colgados en aquella hermosa hiedra: no cantáis? . 1. Danos licencia para templar. . No cantéis, si habéis de templar, pues veis, que tengo poca paciencia. Bordaba el Alba las flores, y las fuentes cristalinas lloraban preciosas perlas por la tragedia de Olimpa. Arrojad esos villanos al mar porque no repitan en la historia de Vireno mi tragedia y mi desdicha. Señora:: . Arrojadlos luego de aquesas peñas vecinas, y dejadme todos sola, porque no quiero a la vista tener ningún hombre. Vamos. Vayan a hacer gorgoritas al mar, que diz que llas voces se acraran con llas sardinas, y más cuando son arenques. . Ah memorias enemigas! Aa, Vireno fiero! El mar, cuyas mudanzas imitas, te dé sepulcro en sus ondas. A precio de nuestras vidas la libertad compraremos. Qué escucho! al que se resista, Soldados, dadle la muerte. Valedme, Vingen MARIA Ah, pese a mí, que lo estorbo, . cuando MARIA le libra. No le matéis, deteneos: Carlos es, notable dicha! Ven acá, cómo te llamas? Carlos. . Él es. . No eres Ninf. Aquí de todo el Infierno, . que si defendí su vida, fue porque Ninfa añadiese esta más a las que quita. No acierto a tomar venganza de ti, hallánndome ofendida, y así estoy como el arroyo, cuya corriente nativa suele detener la presa, y nada se desperdicia, hasta que el raudal soberbio abre brecha, y rompe mira: así yo indeterminable me he detenido a tu vista, recogiendo mis enojos en la presa de mis iras. Por ti, Carlos alevoso, he puesto la sangre mía en olvido, y tantos timbres, que mi nobleza acreditan: por ti tengo más delitos, que hay arenas donde pisas: por ti soy en estos montes el asombro de sus Islas, y pública Vandolera, haciendo con mis cuadrillas estragos, robos, y muertes, tanto, que tengo perdida la vergüenza al Cielo, al mundo, sin respetar sus justicias. Tú eres la causa de todo por tu infame alevosía, y hoy he de tomar en ti la venganza. . No prosigas, que esta vida es tuya, y no es bien que acabes tu vida: a buscarte, hermoso espejo, en quien mi alma se mira, vengo, mátame si gustas, que en tan dichosa ruina moriré gustoso, a trueco de que tu contenta vivas. Falso cocodrilo ingrato, que cuando a lástima obligas, fingiendo sentidas quejas, a quien te escuha, y tu miras, cautelosamente riegas la senda en que se desliza: vívora cuyo veneno crece en el punto que pica, y al árbol que besa muerde, con que le seca y marchita, no pretendas engañarme segunda vez, que sabidas . tus cautelas y traiciones, cuando me alagan, me irritan. De vívora, y cocodrilo me tratas cuando rendida el alma vuelve a buscarte con amorosas caricias? Yo confieso, que fui ingrato a tus luces peregrinas; si me ausenté de tus ojos, ya vuelvo a adorar sus niñas: no fue cautela, señora, mi ausencia, sino precisa obligación de hombre noble, que fue forzoso cumplirla. Yo estaba capitulado, (ya es forzoso que te diga, que soy Duque de Calabría por mi dicha, o mi desdicha, con Diana la Princesa, del Rey de Nápoles hija: Si cuando me vi en tus brazos, y de la prenda más rica me hiciste dueño, dijera no puedo ser tuyo, Ninfa, a desprecio atribuyeras lo que en mí fue cortesía, pues te di a entender la causa de mi ausencia sin decirla. Busqué causas suficientes, que la sangre noble estila en semejantes acasos: que hay voces que aunque lastiman, no se ofenden los decoros por el modo de decirlas. Sobre la renunciación del Reino, que llama a hijas, faltando varón, tuvimos la contienda tan reñida, que el Rey alzó su palabra, y yo no quebré la mía. Ya estoy libre de Diana, y por ganar las albricias tuyas yo mismo en persona vengo, que amor facilita siempre las dificultades, y por llegar más aprisa, tomé postas; y llegando al camino, que termina de Nápoles la Calabría, desnudando las cuchillas, y calando las pistolas, con gallarda bizarría tus Soldados me envistieron, y antes de dejar la silla mataron al postillón: desmonté yo, y de la cinta saqué brioso el acero, y disparando, las chispas me mataron dos criados, sin recibir yo una herida, ni Ángelio, que me acompaña: fortuna fue preregrina. otro criado, cobarde, hizo fuga a toda prisa, y sin duda le habrán muerto, que el que huye no se libra de la muerte, que antes suele encontrarla más aprisa; y pues de Amor es milagro vivir yo, y hallarte viva, dame los brazos. . Aparta. Huye, señor, que nos tiran. Qué es lo que tiran, cobarde? Balas como albondiguillas. Libra tu vida, señora, que ya por partes distintas toda la montana asaltan dos Tercios de Infantería. Diligencias son del Rey, toma las postas, y libra tu persona, que yo salgo a embarazar que te sigan. . Eso no, porque en mi fuera infamia la cobardía. Yo en una posta me escapo. . Yo voy a encender más iras. . Mueran todos los bandidos, y el Rey de Nápoles viva. Huye, Floro, . Huye, Fileno. . Bato, aguarda. . Yo de prisa. Adónde? . A ser Ermitano. Pues yo he de seguirte. . Siga. Con el humo, y con el polvo no sé dónde está mi prima. . 1. Por aquí va la Condesa, seguidla todos, seguidla. De la pólvora las nubes me estorban el ver a Ninfa. Este engaño le hace solo el padre de la mentira. Mas aquí está ven conmigo, que en librarte está mi dicha. Fortuna, dónde me llevas? Calla, yo soy quien te guía. Haré que el Duque la goce, y a la Condesa, precita haré que se desespere; mas pese a mí, que la libra su Custodio de mis lazos: huyendo iré de su vista. . Quién eres, mancebo hermoso, que estando casi rendida, y para desesperarme en el golfo de mis iras, sin saber cómo, o por donde me sacas libre a la orilla? Soy un compañero tuyo, y tu Custodio, qué miras? No te vi otra vez. . Camina por esta senda, que yo la tengo a pasos medida: claro está que es la del Cielo, . y los Ángeles la pisan.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Hasta aquí tengo licencia de acompañarte. . Mancebo, sola en un monte me dejas, cercada de tantos riesgos? Sí, que ya quedas segura, no temas. . Nunca mi aliento se rindió a temores viles; mas solo saber deseo quien te ha mandado librarme, porque limitarte el tiempo de asistirme, no parece fineza, si no misterio. Quien a un criado le encarga una dama, sin que atento le mande, que no la deje hasta librarla del riesgo? Ya el bruto, que sujetaste en el pasado reencuentro, me trajo en tu compañía, tu volando, y él corriendo: y ya llegando a la falda de ese remontado cerro, fatigado del cansancio, se rindió al último sueño de la muerte, que es quien cobra de todo viviente censo: rigor parece dejarme en un despoblado yermo. Antes es piedad, porque es la mujer como el incendio, que siempre hace menos daño. en los campos, que en los Pueblos. Sofísticamente arguyes, que ese voraz elemento, mientras dura la materia dura el rigor: luego es cierto, que tanto abrasa en la selva, como en los vecinos techos. Distingo si un edificio ya sin virtud está seco, no avivará más la llama, y se arruinará más presto? Claro está: luego si el campo con el rocío del Cielo no deja secar la planta, que es la virtud que he propuesto, aunque más fuego se anada, es fuerza que abrase menos. Tu razón me ha convencido, mas la enigma no penetro de sacarme de un peligro, para dejarme en un riesgo. Sigue esa senda, que en ella hallarás a poco trecho un espejo, que te explique de aqueste enigma el concepto. Des vaneciose a la vista: si fue ilusión, sombra, o sueño? No, que yo despierta estoy: toda mi vida es portentos. Sola he quedado, y no miro, por más que la vista tiendo, población donde ampararme. En forma humana pretendo hacerla que prevarique: salirla quiero al encuentro. Vandólera de las vidas, a quien el hijo de Venus, en vez de flecha, y aljaba, puso la charpa en tu pecho, que eres deidad no lo dudo, tu rostro lo está diciendo por lo hermoso, que en los hombres no fue patrimonio nuestro: adonde por estos campos vas pisando el prado ameno sola, y a pie, sin más guardas, que esos hermosos luceros? mas si son del Cielo rayos, quién ha de atreverse al Cielo? Fortuna, esto me faltaba: . Cortesano Caballero, que siempre lo cortesano se conoce en lo discreto, ni sé el camino que sigo, ni donde estoy un suceso, que no importa referirlo, y por público no cuento, me desterró de mi Patria, y hallándome en el empeño de quedar bien como Noble, en el lance más sangriento fue mi sagrado la fuga, que ya que lo he dicho, quiero, pues has sabido lo más, no encubrirte lo que es menos. Mujer soy tan desdichada, que para encubrir mis hierros, me valí de aqueste traje, y atropellé por lo honesto. Con un Mancebo a este sitio llegué; pero no de aquellos, que las deudas de agasajos cobran en atrevimientos. Ausentose en este instante; como exhalación, diciendo Guía por aquella senda, si quieres hallar el puerto; y es cierto, pues ya segura del uracán, que en los pechos, montes de herizadas olas fábrica el mundo indiscreto, hallo puerto en vuestra gracia, con que agradecida, puedo decir que me habéis librado del peligro. . Antes te llevo . a tu mayor precipicio, porque mis pasos siguiendo, te levantaré a la cumbre de aquese risco soberbio, donde intento despeñarte tan veloz, que falte tiempo, aunque tú lo solicites, para el arrepentimiento. La cortesía en el Noble es antiguo privilegio, que siempre guarda, y no admite, señora, nuevos impuestos. A la batida inclinado (que yo siempre estoy batiendo) soy con extremo tan grande, que una corza en lo halagüeño de un pensil, donde habitaba, inquieté, y la red tendiendo, yo, con los que me obedecen, (Demonios son los Monteros) hasta un risco la seguimos, (su misma historia la cuento) . donde encerrada la presa, hallándose sin remedio, la verás desesperada; y si desespera, es cierto, que tendremos linda tarde los secuaces del Infierno. Su cortesía me obliga a seguirle Y está lejos? No señora, de aquí a un paso, aunque para ti es estrecho: y luego que conseguido hayas visto mi deseo, irás a mi Real Alcázar, aunque el tráfago es inmenso, porque puedo asegurarte, que es mi Palacio un Infierno. Es muy propio en los Palacios la inquietud. Venme siguiendo, que tú no sabes los pasos. Si haré: mas qué es lo que veo! Donde vais, pasos mentidos, que aqueste es el verdadero? Ay de mí! Señor Divino, quien, estando con Vos mismo, me inquieta con voz mentida, que me ha lastimado el eco? Mas qué miro, Cielo Santo! Aquí yace un Vandolero, que a manos de su enemigo sin confesión habrá muerto. Señor, pues que sois piadoso, no permitáis que a este Reo, sin oírle su descargo, se le anticipe el tormento. Ministro, aunque indigno, soy, y pues soy Ministro vuestro, permitid para el castigo, que lo examine primero. Dadle término piadoso para su defensa, atento a que a los Reos les valen las leyes de su derecho. Misericordioso sois tanto como justiciero; pues si sois en dos balanzas a un tiempo piadoso, y recto, y vos sois el fiel, no pese tu misericordia menos. . Ay de mí! . Gracias os doy, Señor, de que le habéis vuelto la vida, para que pueda lograr su arrepentimiento. Quién eres Varón piadoso, a cuya intercesión debo el remedio de mi alma? Solo Dios es el remedio, yo soy un gusano humilde. Cómo te llamas? . Anselmo. Anselmo? . Sí: qué te admiras? Diez años ha que el desierto hábito. . Qué fue la causa de retirarte a este yermo! El desengaño no más, del mundo. . Humi de te ruego me digas tu Patria. . Ya tan olvidada la tengo, que se fue de la memoria, pues del mundo no me acuerdo. Mira que me importa. . Pues si a ti te importa, direlo: Al Conde de Valde. Flor serví en mis años primeros de Paje: y a Ninfa hermosa, cuando pasó a mejor Reino, me encargó el Conde, que fuese, o su Ayo, o su Maestro, en una Quinta: era Ninfa . (perdona, que me enternezco) muy hermosa, pero libre, y soberbia en tanto extremo, que jamás quiso admitir las coyundas de himeneo, por no sujetar su altiva condición, con el pretexto de aborrecer a los hombres; hasta que un día saliendo, como otras veces, a caza, aquel Dios alado, y ciego la tiró una flecha de oro a su corazón de acero, que como es todo cautelas, le puso en el monte diestro, como cazador astuto, entre la red el señuelo: Este fue un ingrato Carlos. . Calla, que esa voz me ha muerto: Yo soy la infelice Ninfa, el asombro de Palermo, el escándalo de Italia, de Calabría el monstruo fiero, y de Nápoles la esfinge, la que a Dios perdió el respeto, la que manché de mi sangre los timbres claros, y tersos, y la que ya arrepentida de mis locos debaneos me despojo, y me despido . de estos viles instrumentos, de estas profanas alhajas: solo a Dios busco, adiós quiero; y a ti, Anselmo, norte fijo, por quien desde hoy me gobierno, te pido perdón, postrada humilde tus plantas beso, y te ruego afectuosa, que a Dios, con piadoso celo, le pidas, que me perdone. Si lo haré más para eso más cerca estás tú que yo, que para con Dios es cierto, que son mejores padrinos llanto, y arrepentimiento: confía en Dios que ha de darte sin dichoso. . Padre, temo el rigor de su justicia, como ofendido le tengo. Mayores son sus piedades, díganlo Sagrados textos. Discípulo fue de Cristo San Pedro negole, y luego diluvios fueron sus ojos, que lloraron, y llovieron tanto, que fueron canales en su rostro, y corrimientos. El Rey David, gran Profeta de Dios, cometió adulterio con Bersabé, y mató a Urías, y después en llanto tierno satisfizo su pecado. los Psalmos lo están diciendo. La Ramera Egipciaca fue contagio de los Pueblos de Menfis, y Alejandría, que inficionó con su aliento, y luego en la penitencia fue de la virtud ejemplo. La Magdalena fue asombro de hermosura, y sus cabellos lazos de oro, donde tuvo los amantes prisioneros: de Dios oyó la palabra en el Sagrado Evángelio, y arrepentida llorando, dejó el mundo, y se fue al Cielo. Táez, presumida, y vana, gastaba lo más del tiempo en los deleites profanos de públicos galanteos, y en desatados raudales anegó sus culpas, siendo en tanto golfo, su tabla figura del Sacramento. Pues si Dios ha perdonado tantas como te refiero, por qué no ha de perdonarte, cuando los brazos abiertos aguardando está que llegues para echártelos al cuello? Si tuvieras más pecados, que arenas tiene en su centro el mar, si fueran tus culpas mas que los átomos bellos del Sol, mas que de las plantas las hojas, mas que el inmenso mundó contiene en su espacio de hombres fieras, aves, senos, peces, árboles, y flores, y Estrellas el Firmamento, y puesto en una balanza este universal compendio, y en otra una gota sola de Cristo Redentor nuestro, siempre la gota de Sangre pesará más, y ellas menos. Pues Padre, que aqueste nombre por tantas causas te debo, guía mis erradas plantas al camino verdadero, que yo, besando la tierra, . iré tus huellas siguiendo. Hija, levanta a mis brazos, que ya de verte me alegro tan contrita, y olvidada de aquellos pasados tiempos: Sígueme, que en esa pena hay un hospicio pequeño, bastante para que habites, que el que sigue a Dios, si es cuerdo, no ha de buscar más Palacio, que lo que ocupare el lecho. Señor, y Redentor mío, en tu gran auxilio espero: para que yo acierte a amaros alumbrad mi entendimiento, Dempués que lla bandolina dejé con grande eficacía, tengo el prato de lla gracia, pero no el de ella cocina. Llegué a este monte, y en fin di con un guen Ermitaño, que tan gordo, y del tamaño hay pocos por San Martín. Por carrillos, y mejillas tenía el siervo de Dios junto a las ñarices, dos jamones de Algarrobillas. Conociendo mi avilencia, me hizo un favor extraño, que el hábito de Ermitaño me le puso en mi presencia. Brindaron a mi salud Pascuala, y otros Zagales: ha, lo que pueden mortales, lla mujer, y lla virtud! Hicieron el monte establo con Pascuala dos a dos, y de verla dada a Dios, estaba yo dado al diablo; pero ya con santo celo, en aquestos montes agros, es hora de hacer milagros. Deo gracias. . Padre Buñuelo, siendo de la vida airada, cazador, y Pescador, se viene con esa flor? Y él, qué hace aquí? . Pedrada. Diga, pues tanto me apura, como se mete a Ermitaño, si gozó a Pascuala un año? Esa fue una travesura. Por qué con viles intentos, habiendo sido forzada, la dejó sola, y preñada? Porque vean sus aumentos. Bunuelo, solos estamos, cada uno cure su llaga, y pues sé quién es, no se haga lla gata de Mari-Ramos. Desde hoy tu amigo he de ser, y pues me dices que calle, busquemos en este valle industria para comer. Por qué ha dejado, hermanito, a Carlos? . Porque he temblado, y la vida es buen bocado. A buen bocado, buen grito, puesto que con fe sencilla el sostento pides nuestro, atento de buen Maestro le he de leer la cartilla. No hay oficio, ciencia, o arte con que se pueda pasar, si no se trata de hurtar: aquesto se dice aparte, que aunque puedo proseguir, y reservar calidad, callo, porque lla verdad ya no se puede decir. Ser Ermitano no es mala vida, si lo considero, que si no come carnero, tampoco paga alcábala. En esta vida se vive, que todos le hacen el pico, y está a pique de ser rico el que nunca da, y recibe: y si sale por deleite, puede a cualquiera ocurrir en achaque de pedir para la lampara: . Aceite. En cualquier parte hace rosca, y nunca tiene mal año, pero no he visto Ermitaño, que no ande siempre con mosca. La cena no le da pena en corta, o larga jornada, que en llegando a la posada; tiene siempre noche buena. jamás le falta caudal, que anda haciendo todo el día a la bolsa la sangría, si duerme en el cabezal: el trae cubierto el riñón, mas su virtud es tan sana, que anda vestido de lana, señal que tiene bellón. Y en fin, hermano, aunque anda descalzo como Gallego, a cualquiera pide luego, a le pone una demanda: y si una vez te acreditas, andarás en opiniones, como Guarda de Millones, visitando las Ermitas; en viendo gente, elevarse, y no escuse las molestías, que de esa suerte llas bestias suelen venir a clavarse. Aquí vienen a buscar a Ánselmo, y él se hace sordo, porque como ya está gordo, no quiere milagrear: digo, que supro por él a cuantos llegan aquí, y ya se vienen a mí como moscas a la miel. . . Aquí ha de estar. . Hermanito, mire, póngase elevado, que llega mucho pescado, y ha de dar en el garlito: Señor. . Señor. . Aquí están dos Santos en oración, a cual le daré el jamón? Este no es del Alcorán. A cual, entre dudas tales, le daré? Decidlo vos. Partámosle entre los dos, pues son bienes gananciales. Por un jamón no riñamos, . parte conmigo en conciencia, que esta es sabrosa pendencia. Pues partamos. Pues partamos. Este está más amarillo trasudando en santo celo. Mas que se lleva Buñuelo este jamón de codillo. Tome aqueste jamón Padre, y aqueste vino. . Eche, eche. Vino blanco es como leche, por la leche de mi madre. Qué quiere? Tengo una hermana de catorce años:- . Aguarde, para ese milagro es tarde, vuelva por acá mañana. De hidropesía está llena, y con la barriga hinchada. Ese achaque es de preñada, que para, y estará buena. Haga un milagro en que sane, su virtud no se aniquile. Vaya, y dígala que hile. No quiere. . Pues que debañe. Váyase con Dios, hermana, déjenos milagrear. Dígame, la ha de sanar? Yo pondré en ello la mano. . ya se fue, no es linda vida aquesta que te he enseñado? dame la mitad. . Menguado::- Partamos. . Linda partida: yo debo guardar muy fiel lo que adquiera hasta morir. Pues qué habemos de partir? Lo que le dieren a él. Por Jesucristo, que es guena esa fror. . A una Zagala traen asida, y es Pascuala. Yo romperé la cadena de vuestros brazos. . San Pedro! Pascuala se ha endemoñado. Padre, saquela el pecado. ̱. El pecado dijo? arredro. Ahora me has de pagar mi honor, o has de ser mi esposo. Mujer, yo só Religioso, y no me puedo casar. Hoy mis iras probarán tus cautelas. ̱. Déjame ir. Toma, que aquesto es partir contigo lo que me dan. Afuera, quita. Qué es esto? . Nada: No lo ve todo revuelto? El demonio es, que anda suelto en aquesta endemoñada. Qué dice? . No lo ha entendido? Que el demonio se ha soltado con Pascuala, y nos ha dado, Padre, de lo bien cocido. En ti, villano inhumano, he de probar mi rigor, o has de pagarme mi honor. Qué es eso que dice, hermano? Padre, este dimono miente: conjurela. . A mí? qué ira! Vil padre de la mentira, y cautelosa serpiente, no atormentes, ni alborotes a esa mujer. . Cómo no? quién puede estorbarlo? . Yo, en nombre de Dios. . Non potest. Que no puedo, en latín dices? ahora lo verás ingrato. No juguemos. de barato me has deshecho las narices: los buñuelos por los suelos andan: Padre, con quién hablo? mire que se come el diablo a bocados los buñuelos. Escucha, sierpe enemiga. En virtud de Dios te digo::- Esta vez, perro enemigo, habéis caído en lla liga. Qué me quieres, santurrón, hipócrita, y embustero, gordo a poder de dinero? Tendrá cubierto el riñón? Por qué oprimes (suerte abara!) esa mujer? . Porque es mía, y porque me llamó un día para que me la llevara. Sal de ese cuerpo en que estás, deja libre esa mujer. De Dios no tienes poder. Ni tú le limitarás. Ya estás preso. . Linda traza: ahora la ha de pagar, y pues le llegaste a echar el cordón, rinda lla praza. Villano::- Aunque el perro ladre, no muerde al agua bendita. En el nombre de Dios: . Quita. Apriete lla mano, Padre. Yo saldré (fiero rigor! No le suelte, que se ha de ir: si el diabro quiere salir, que dé primero fiador. Una señal, monstruo, o luz de las tinieblas, aquí me has de dar primero. . Di por la senal de esta Cruz. Por señal doy, aunque peno, que un jamón tiene guardado Buñuelo, que aquí le han dado, y un jarro de vino. . Bueno. Es verdad? . Cuento donoso! Allí le tiene guardado. ̱. No le creas, porque ha dado este diablo en ser chismoso. Antes, Buñuelo, imagino, que es adevino: qué cramas? qué sirve andar por llas ramas? aquí está el jamón, y el vino: si no ve, póngase antojos. Ya creo lo que me dices. Y crea, que a llas narices se vino como a los ojos. Pues ya se ha cumplino el plazo, sal en nombre del Senor. Ya obedezco al Criador. Jesús, qué caravinazo! que me han muerto. . Sano estás. Mírenme toda lla popa, que esto ha sido a quema ropa, según huelo por detrás. Calle: hermana, vuelva en sí, y dé gracias al Señor. No se mueve. . Linda fror: yo haré que vuelva arre aquí. Jesús! Jesús! . Grande espanto! t Este es milagro patente, o yo lo hice de repente, o ella ha olido el palo santo. Qué es esto? quién me ha traído aquí? . Yo te lo diré. Era uno, que se fue veloz: no sentiste el roído? Dele a Dios gracias, hermana. Y es muy justo que le alabes, pecadora, que no sabes si llegaras a mañana. Vuélvanla luego al Lugar. Dios le pague esta obra pía. Pues no es para cada día morir, y resocitar. Vayan, y eso que han tomado repártanlo a pasajeros, que los que viven austeros comen las hierbas del prado. Padre Anselmo, no se pierde la Gloria por comer bien. Vaya, y haga que le den a su bórrico ese verde. Miren, que mortales somos, y que la virtud conserva el justo comiendo hierba. Crió con ella esos lomos, que están haciendo cosquillas a cualquiera que llos ve? aunque estas son cosas, que se pegan a llas costillas. Vayan con Dios, que yo aspiro al ayuno, y penitencia. Diga, Padre, en penitencia, va a la cueva del retiro? Dondo Dios me guía voy. Padre mío yo también. Dios les dé su gracia. Amén, Señor ya con vos estoy, misericordia os pedí por Ninfa, y esta merced aguardo. . . Señor, tened misericordia de mí. Si en tantos textos Sagrados vuestra piedad está impresa, y vuestra palabra pesa mucho más que sus pecados, y consentís el pecar, siendo lo que aborrecéis, bien claro está, que lo hacéis por tener que perdonar. Vuestra Bondad nunca cierra puertas a las criaturas. Gloria a Dios en las alturas, y paz al hombre en la tierra. Señora, sed vos mi guía, y mi Pastor no se enoje, porque siempre se recoge la oveja al Ave María; por agua voy, que la sed me aflige más que el sustento, y ya se rinde mi aliento: misericordia tened. De aquese río la orilla será su golfo espumoso. En el mar más proceloso se salva una navecilla: agua tiene aquesta roca, que tu sed aplaque, llega, mira como no se anega, y tiene el agua a la boca. De vuestra piedad dio señas esta peña, con ser dura: Señor, por una criatura sacáis agua de una peña? Ah, pese a mí, que esto veo! quién tantos ojos cegara! quien esta fuente inundara con las aguas de Leteo! Qué milagro tan patente obró Dios por la virtud, pues porque tengas salud se hizo la pena una fuente! Llega, y gusta los cristales de este divino portento, cuyo claro nacimiento viene de tres minerales. Padre, no sé si me atreva al aljófar que atesora; pero donde está la Aurora, qué mucho que perlas llueva? Yo cojo el limpio cristal de aquesta fuente nativa; y Vos Fuente de agua viva en el Pensil Celestial, volved en mi compañía al sitio que sabéis Vos, y pues sois Madre de Dios, sed mi Abogada, MaRIA. Vuestra Limpia Concepción siempre mi devoción fue, y como Norte os hallé de mi albergue en un rincón: quien allí os puso, mi Bien, y os colocó sin grandeza en tan rústica aspereza? Pero ya discurro quien: el mundo, que codicioso de riquezas (bien reparo) os escondió, que el avaro oculta lo más precioso. Todo el bien hallé propicio con Vos, Aurora Divina, en túnica, y disciplina, y mi yerro en el silicio. Vos seréis mi Compañera mientras viva, y mi Abogada: venid, que ya en mi morada me aguarda la hora postrera. Yo, que tu Custodio soy, en ella te asistiré, nunca te dejaré. Siguiendo sus pasos voy. Lidoro, Floro, Pascuala. 3. Di, qué nos quieres, Fileno? Ya sabéis, que a Valde. Flor, cuando venimos huyendo de los bandos, por seguro hicimos sagrado nuestro esta Aldea, patrimonio, con todo lo que estáis viendo, de Ninfa nuestra Condesa, que según noticias tengo, a la penitente vida redujo sus años tiernos, por cuya virtud el Rey mandó retirar sus Tercios. Anselmo, ese Varón Santo, que es de la virtud espejo, la convirtió no fue mucho, que quien al Dragón soberbio venció en cuerpo de Pascuala, dejando libre su cuerpo, más fácilmente obraría en nombre de Dios portentos. Los habitos de Ermitaños tomaron Bato, y Bunuelo, por desmentir sus delitos: cuantos en el mundo ay de estos! Hasta aquí lo sabéis todo, mas no lo que ahora os cuento. Iba yo con mi pollina por leña, y entre esos cerros encontré al Duque, y a Laura, que parecían a un tiempo, él el Lucero del día, y ella la Estrella de Venus. Conociome Laura al punto, y no es poco en estos tiempos encontrar un hombre dama, que tenga conocimiento. Díjome, que en romería viene a la Ermita de Anselmo hecha perla Peregrina, y el Duque flor de romero, que sabiendo las virtudes de Anselmo Varón perfecto, los dos vienen a pedirle, con santo, y piadoso celo, les diga donde está Ninfa, porque en todos estos Reinos de ella no tienen noticia; yo les conté todo el cuento, y como vive tan santa retirada en el desierto: con lo cual ya habrán llegado a la Aldea, vamos presto a recibirlos cantando. Ya es excusado, pues vemos, que llegan a aqueste sitio. Pues va de baile, y festejo. Sean bienvenidos hoy a aqueste Pueblo el Lucero del día, y la Estrella de Venus. Mucho os estimo, Zagales, el rústico cumplimiento. Y yo agradecida os pago con decir, que os lo agradezco. Pascuala, Fileno, Floro, Lidoro, a todos os debo los brazos, llegad. . Señora, no sabes lo que hay de nuevo? Ya lo sé, Parcuala, todo. Y sabes también aquello del demoño que yo tuve? Todo lo sé. Pues laus Deo. Siéntense sus Señorias aquí, que corre más fresco. Es posible (ay Cielo hermoso!) que no he de ver tus luceros! Dame, gran señor, tus plantas. De dónde venís, Ángelio? De correr diversos climas, (en aquesto no le miento) porque desde aquel combate, en cuyo marcial encuentro te ausentaste tú con Laura, a la Condesa siguiendo, no la he perdido de vista hasta ahora, que me dieron noticia ciertos Pastores de ti; y así, señor, vengo a decirte, como queda en ese intrincado cerro con un Joven, a quien llaman Custodio: (aquí obran los celos verdad es, que él es un Ángel, pero la guarda en extremo, tanto, que yo no he podido vencerla; (verdad es esto) y viendo que yo no basto, con mi obligación cumpliendo, te vengo a dar la noticia. Calla, calla, que me has muerto: con otro amante me agravia? viven los rayos supremos de esa luminar Antorcha, que abrasa los elementos, que he de hacerlos más pedazos, que él dispensa átomos bellos. Eres tú, falsa Condesa, quien con honroso denuedo, en venganza de tu honor vestiste de acero el pecho? vive Dios: . Señor, advierte, que es ofenderte a ti mismo, y es ofender a mi prima: si sois dos claros espejos, qué importa que empañar quieran viles bocas con alientos sus lunas, si luego quedan más puros, claros, y tersos, al limpiarlos la verdad, cómo cendal verdadero? En Ninfa caer no pudo mancha de borrón tan feo; y volviendo por su causa, (depongo aquí el parentesco) qué noble has visto en el mundo, que para un contrato mismo, sin desengañar al uno, dé palabra a dos sujetos? Ninguno, que queda infame en mi opinión, y lo pruebo en que nunca se hace caso del que engaña dos a un tiempo. Ninfa es noble, y es mi sangre, y si ha cometido un yerro, u delito vos tenéis la culpa de cometerlo: con la palabra de esposo rendisteis su muro excelso, y ahora, por no cumplirla, la ponéis viles defectos; pues vive Dios, que si fuerais Rey de todo el Universo, como Duque de Calabría, depuesto aquel vil defecto, que tan sin razón nos puso naturaleza, y el tiempo; por mujeres, haced cuenta, que soy hombre para el duelo en la defensa de Ninfa: brazo a brazo, y cuerpo a cuerpo os sustentaré en campaña lo que ahora aquí defiendo. Miente quien ha puesto dolo en Ninfa, los que lo oyeron, el traidor que lo acredita, y él que lo creyó lo mismo: que si os pareció liviana, vos a mi mal Caballero, pues dais crédito a un criado, y aleve, imprudente, y necio borráis con viles injurias de mi sangre el privilegio. Razón tienes, razón tienes, confieso, que poco cuerdo anduve; pero ya sabes, que son villanos los celos, ellos fueron los culpados, que a nadie guardan respeto. Cuanto a la Condesa adoro sabes ya, pues que teniendo tu hermesura en mi Palacio, no usé del tirano imperio, ni pasé la primer línea de lo cortés, y lo atento: y cree, que de Calabría fueras absoluto dueño, y mío, si no estuviera la Condesa de por medio. Ella es alma de mi vida, yo la adoro, y la venero; y claro está, que las nubes se oponen al Sol, mas luego las deshare con sus rayos, y se ve el Cielo sereno. Sol es Ninfa, su luz busco, rayos tiene, no lo niego; y pues las nubes deshechas solo falta ver el Cielo, guía, Ángelio, vamos todos a verla, que no sosiego, pues los instantes que tardo aumentan más mi deseo. Pues sigurme: con su vista lograré su vencimiento. Ven, hermosa Laura. . Vamos. Lidoro, Floro Fileno, vamos a ver a muesama, que hoy ha de haber casamiento. Hermanos, vengan conmigo, verán el mayor portento de santidad, que habrán visto. Padre, otro Santo tenemos? Es una santa mujer. Mujer dijo? pues con eso dejo el desierto al instante. Por qué? . Dicho se está ello, se llevará los milagros, pues la llevan el dinero: ella cargará con todo, y mosotros que ayunemos: desde hoy no pienso ser santo. Qué dicen? . Que yo no puedo llevar esta vida, Padre. Pues cómo ha de ser? Comiendo. Por la comida lo dice? Por comida baila el perro. Vengan, que no faltará entre esas penas sustento. Desa suerte yo volando: mas dígame, habrá torreznos? No faltarán unos tallos de hinojos. . Esos son guenos para lla ventosedad, y en mí hace su oficio el viento. Varón Santo, Padre, Padre. A quién llaman? . Padre, el eco dijo a uno de mosotros, porque él puede ser agüelo. Padre Anselmo? . Varón justo, los que a tus pies nos ponemos somos Carlos de Calabría, y Laura. . Qué es lo que veo! En romería venimos a tu Ermita, y con pretexto de desposarme con Ninfa, por pagar lo que la debo: permíteme que la vea. ̱. Salto, y brinco de contento. Desde hoy no soy Ermitaño. Ni yo tampoco, Buñuelo. Qué hay, Bato? acá estamos todos. , , , . . Menos mi mujer, que ha muerto. Así vea yo a Pascuala. Señor, milagros son vuestros cuantos estoy viendo: quien alcanza vuestros secretos? Llegad, que en aquesta cueva, ya en el término postrero de su vida la hallaréis. Las penitencias que ha hecho, los ayunos, los silicios, y disciplinas, la han puesto en el estado que veis, que es un viviente esqueleto. A que lavara sus culpas, por disposición del Cielo, vino un Santo Confesor de aquese cercano Pueblo; y absuelta ya (Señor, quien penetra vuestros misterios! se volvió, habiéndole dado el Víático Cordero. Gran prodigio! Extraño asombro! Qué admiración! Qué portento! Tibi solí peccabí, malumcoram te fecí. Aquí de todo el Infierno, Qué dulcísima armonía ocupa el aire en acentos! Ambar respira la tierra. Yo solo respiro fuego. Immaculada MARÍA, Madre del Sagrado Verbo, cuando vendrá mi JESos, mi Esposo, que ya le espero para entregarle mi alma? Tu esposo es el Duque. . Fiero enemigo no la inquietes. Ninfa, si yo no merezco la dicha de ser tu esposo, retirado en un Convento prometo acabar mi vida. Solo Jesús es mi Dueño, y Esposo: tú, en recompensa del agravio que me has hecho, dale la mano a mi prima, a quien para dote dejo el Estado de Vel. Flor, y de sus rentas un Templo se fabrique en este sitio, donde coloquéis atentos esta Soberana Imagen de la Concepción: Anselmo, a Dios que ya de esta vida para la eterna me ausento. De alegría el alma llora. Todos hacemos pucheros. Ya elevada sobre el aire parece claro Lucero. Ninfa, esposa. Esposo mío, tanto favor os merezco? Sí, Ninfa, llega al Costado, que por tu culpa me hirieron. Ya os obedezco, aunque indigna. Llega otra vez a mi pecho. Te Deúm laudamus, te Dominum confitemur. En vuestras manos, Señor, mi espíritu os encomiendo. Ya el alma salió de Ninfa, llevemos el santo cuerpo a Cosencia, y con votiva devoción la aclamaremos por Patrona. . Vamos todos a ganar, mas no juguemos. Y yo al infernal Abismo, en que eternamente peno. . Y yo haré que se fabrique el Templo, y en tanto, quiero darte la mano de esposo con la dispensa que espero alcanzar del ViceCristo. Dichosa soy, yo la acepto. Y yo me quedo en mi Ermita. Yo no, porque las apeldo. Y aquí tiene fin dichoso, para admiración, y ejemplo, la Vandolera de Italia, cuyo caso verdadero Ludóvico Blosio escribe, perdonad sus muchos hierros,
