Texto digital de La banda de Castilla y duelo contra sí mismo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Madrid, Librería de Juan Pablo González, s.a.).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La banda de Castilla y duelo contra sí mismo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/banda-de-castilla-y-duelo-contra-si-mismo-la.

LA BANDA DE CASTILLA Y DUELO CONTRA SÍ MISMO
JORNADA PRIMERA
C Yoicha ha sido, que sin ser sentidas, hasta este puesto, señora, ayamos llegado. El primer bien que le debo al ceño de mi fortuna; y pues para mis intentos ya favorables los hados ceden del rigor primero, camina, que en este bosque, (según al ponerse Febo se descubrió) del Cristiano noble Monarca guerrero Alfonso Rey de Castilla el Ejército, pequeño en número, y no en valor, se acampa; adonde pretendo llegar a tiempo que el Alba; nuncio del mayor Lucero; su primer albor descubra. Estraño es tu pensamiento, señora, pues no bastando a tu varonil esfuerzo verte fuera de tu Patria sin amparo, cuando el deudo único, que te quedó, ha más de un año que ha muerto, teniendo en Zoraida, hermana de Mahomad, que empuña el Cetro de Granada, aquel amparo, que en Castilla no tuvieron los tuyos; y finalmente, Siendo el Reey: . Ten el acento, que sabiendo donde van a parar esos rodeos, que es a culpar mi dictamen, elijo el satisfacerlos; porque ya que mis desdichas mi compañera te han hecho en mis males e no es razón te, encubra mis sentimientos, siendo en ti el ampararlos mérito, para saberlos; y más cuando ya emboscadas, seguras de cualquier riesgo, mientras amanece, vamos caminando, y discurriendo. A bien, que siendo mujer, se escusa el escucha atento. Ya sabes como es Leonor El mi nombre; desde aquí empiezo, (porque no permite el caos (de mi historia, y mis sucesos penetrar su laberinto, in que para volver luego no fije al principio el hilo por donde me voy rigiendo. Nuño es mi noble apellido, cuyos blasones excelsos, si no los canta la fama, los grita la envidia, puesto, que no pudiendo sufrirlos, solicita oscurecerlos; (mas no lo conseguira, pues no sin alfo misterio el Cielo infundió esta noble inclinación en mi pecho, en cuyo espacio no cabe de mi espíritu, soberbio el ardor con que discurro, el pronto con que resuelvo, la furia con que me arrojo, y dígalo sin recelo, en llegando la ocasión, el valor con que Peleo. Por muerte del Rey Fernando el Cuarto, empuñó los Cetros de Castilla, y de León el Rey Alfonso el Onceno. Quedó en poder de su madre en tan cortos años tiernos, que dio lugar a que muchos, codiciosos del Gobierno, pretendiesen su tutela, Siendo el más ardiente de ellos Don Juan, Señor de Vizcaya, a quien infinitos Pueblos, teniendo su deslealtad por constancia, y por buen celo, la entrada le franquearon, y las armas le ofrecieron. Era la voz que esparcian libertad al Rey, y al Reino, de la ambición con que algunos Hijos dalgo, mal contentos, a sombra suya lograban, sus rencores encubriendo, con lealtades homicidios, escándalos con obsequios; y en fin, haciendo que el nombre Real sírviese en sus defectos de capa con que embozasen el rostro a sus desaciertos. Entre los que de Don Juan Siguieron el bando (a Cielos, y cuantos por no prevenirle, lloran estragos del riesgo!) Don Juan Nuño, padre mío, fue infeliz el uno de ellos: (que mucho si presumía lservir a su Rey siguiendo lla voz de su libertad: Oh irrevocable decreto (del hado! pues no le basta la buena intención a un pecho para defensa, y no deja a la tragedia el consuelo (de que merecido el golpe, lavise con el ejemplo, Tpues ruina de un inocente, es lástima, y no escarmiento. Sufrió el Rey a los principios; más después su edad creciendo; celoso de que inténtase apoderarse del Cetro Don Juan; porque no tuviesen sus inquietudes somento, traidores declaró a cuantos su parcialidad siguieron; y a este tiempo por vengarse, Sin peligro, y en secreto; fingiendo su desenojo, a Don Juan (tirano acuerdo) convidó a comer un día, y último plato sangriento fue un puñal, que al convertir en púrpura el mantel terso, dio a entender cuan cerca están las penas de los contentos, y que a pechos ambiciosos es el más propio alimento la sangre, aunque ellos la viertan, para bebérsela luego. Indignó al Reino la acción, pero cauto prosiguiendo, Alfonso de su venganza los empezados arrestos, hizo que (pena insufrible!) mi padre (dolor inmenso!) por traidor (miente la fama en un cadahalso (error ciego. diese la vida (qué injuria!) mas que injurias decir debo; pues cuando me acuerdo (ay triste!) Lmuero de ver que no muero. Fue el pretexto el resistirse a entregar al Rey su esfuerzo en el Castillo de Cabra muchos que a Don Juan siguieron; pero el más cierto motivo fue, que con traidor silencio un encubierto contrario, (que no ha podido mi anhelo saber quién es, de mi padre escribió al Rey, proponiendo, como quien solo sabia de Don Juan, y él los secretos, que mientras ambos viviesen, no era posible que el fuego de la inquietud extinguiese sus dilatados incendios. No solo aprobó el dictamen el Rey, sino que excediendo en ferocidad, propuso de todo el linaje entero no dejar la menor vida (sin el mayor escarmiento. Temeroso Ignacio Nuño, mi tío, de este decreto, (de infieles a infieles huye, por si a sus bárbaros pechos se trasladó la piedad cuando se ausentó de aquellos, mayormente al ver que en mí la inocencia en años tiernos le acompañabar reliquia de la de mi padre muerto. En fin, pasose a los Moros de Granada, en cuyo Reino Mahomad, Monarca suyo, ofreció seguro puerto a su borrasca; y a mí, viendo que en el corto tiempo de ocho años, que era mi edad, siglos de males cupieron; compadecida Zoraida, me hos pedó en su Alcázar mismo, movida de mi belleza, que aseguran que la tengo; y yo, si es que la conozco, es por el común proberbio de que siempre, andan unidos lo desdichado, y lo bello. Crecí en poder de Zoraida, tan de sus finezas dueño, tan árbitro de su halago, tan señora de su afecto, que nada, sino es la Patria, pudiera el alma echar menos, si el hado, que no se cansa de perseguirme severo, no acredítase el enigma, que propuse, disponiendo, que quien en beldad creía, y créyese en desdichas: necio es quien llama a la hermosura propio bien, pues siempre vemos, que si es bien, es solo bien para los ojos ajenos; y no se puede llamar ventura la que poseo, Siendo para mi desdicha la misma dicha que tengo. Dígalo ver que rendido Mahomad, expusiese tierno sus continuas baterías al castillo de mi pecho, Sin que el Rey se lo impidiese; pues antes para argumento de cuanto mi imperio era, era mi alfombra su imperio. Tal vez que me encontró a solas entre el amor, y el respeto, intercadente la voz, el rostro grave, y risueño, barajadas las acciones, y prontos los sentimientos, me declaró su pasión con tan corteses extremos, que ofendiéndome el oírlos, sin causa para ofenderlos, apelaba mi modestía de mi voz a mi silencio. En este intermedio (aún no paran mis males) de un fiero accidente Ignacio Nuño, amirtio, murió; echó el resto mi infelicidad, pues ya sin amparo, sin consuelo, (bien que a Zoraida encargada) (no me quedaba otro medio, que morir, si mis desdichas yno me negaran aún esto, por no acabar con mi vida Que lisonja, y mi formento. Con la muerte de mi tío; Mahomad con menos recelo solicitaba mi amor, pero yo el peligro viendo de mi honor, tan sin defensa, hice entre mí este argumento: Si huyo a Castilla, mi vida pongo a un evidente riesgo, a una inevitable ruina pongo mi honor si me quedo; pues salvemos el honor, que la vida es lo de menos. Resolvime presto; en fin, ejecutelo más presto; hablete a ti, Inés, que esclava de Zoraida, de mi pecho te fio mi estimación los ocultos pensamientos. Solicité, de un Cautivo, de una joya por el precio; estos dos vestidos, que buscó astuto, y halló cuerdo. Y sabiendo que Mahomad, con Zoraida, y con soberbio lejército, para entrar por Castilla a sangre, y fuego, (a pesar de Alfonso, que marchaba a impedir su intento, Thoy a Cañete llegaban; quise vendarlos siguiendo, ( donde apenas de la noche los tímidos esperezos piban esparciendo en sombras el invencible veleño de los sentidos, nosotras, (válidas de su silencio, y fiadas de una cuerda, que de un balcón en los hierros tejimos, sabiendo ya la seña, y nombre que dieron, a las guardas engañamos, y en este campo nos vemos, adonde, pues ya la Aurora los vespertinos reflejos, que fue la noche apagando, ya poco a poco encendiendo, busquemos, pues no nos falta espíritu para ello, a tantos males alivio, a tantas penas consuelo, asilo a tantas congojas aedescanso a tantos tormentos; y si tormentos, congojas, penas, males, sentimientos y no hallan alivio, descanso, R norte, ventura, y consuelo, venga la muerte, que en fin moriré gustosa, haciendo de los jaspes de mi honor a mi vida el monumento. Notable resolución la tuya; pero qué es esto? . . Esto es, que en el Real de Alfonso, como ya amanece, han hecho señal de romper el nombre; y pues ya a las luces vemos E del día, de sus n dar las insignias al viento, vamos allá; pero tente, que en el monte contrapuesto, alternando han respondido . con más voz que la del eco, otro clarín. Qué lo estrañas, si ves que yan descendiendo al valle de escuadras Moras un sin número? escapemos, señora. . Qué es escapas, cuando me ofrece este metio mi fortuna, de librarme de mis desgracias muriendo? Tropas de Mahomad sin duda son, que al saber que resuelto aquí Alfonso le esperaba, marcha a la lid. Y qué haremos? . pues ves que más cerca dicen: Ea, Soldados a ellos. A ellos, Afrícanos míos. Arma, arma, guerra, guerra. ( En el grueso mezclarnos de la batalla, para dar al mundo ejemplo, que pueden, sin ser cobardes, ser femeniles los pechos. Lo contrario digo yo, pues las mujeres nacieron con muy sobrada disculpa para poder tener miedo; y pues es gracia en nosotras el ir de un ratón huyendo; de los ejércitos bien podré escapar; mas no puedo, que por un lado, y por otro me tienen cogida enmedio: entre estas peñas me escondo. Rinde, Cristiano, el acero, pues rota la espada, mal puede tu valiente esfuerzo (tas, defenderse. . En vano inten- que admita, Moro, el consejo, pues aunque rota, en mi brazo es furia, es rabia, es incendio. De tu brio aficionado, haber de matarte siento. Lidia, que aún está por ver el que ha de morir primero. Fuerte brazo! . Raro brío! Gran valor! . Notable aliento! Ya aún sin la corta defensa, que te quedó; estás. . Lidiemos, que aún me ha quedado un puñal. No me espanto, vive el Cielo, que Alfonso adquiera victorias con tan heroicos guerreros: Valiente Español, tu brío me obliga con tal extremo, que aunque era mayor victoria hacerte mi prisionero, que vencer a todo el Campo, conozco que tus alientos no han de poder permitir, que te rindas si no es muerto; y pues desaira mi brío, cuando sin armas te veo, la desigualdado por otras vuelve libre, que más precio el que digas que Mahomad, Rey de Granada supremo, cumpliendo con ser quién es, no te dior muerte pudiendo, que matándote, el blasón de verte a mis plantas puesto. Valiente Mahomad, de suerte de su generoso esfuerzo me obliga el proceder noble, que no solo me confieso rendido de tu valor, más rendido al mismo tiempo de aquella gloriosa envidia, que cabe en valientes pechos, al ver que sepas usar de la victoria tan cuerdo, (que a un prisionero rebelde Coluntario esclavo has hecho: tu amigo he de ser desde hoy. Esa palabra te acepto, y a Dios, Cristiano. Oye, escucha. . Qué quieres? Dime primero, ;como haciendo tal acción, sin saber por quien la has hecho, te vas, ignorando quien soy? . Porque no soy de aque- que las ilustres hazañas (llos, hacen más de por sí mismos. A qué fin he de saber tu nombre, si yo en haciendo un beneficio, le olvido? y así, por ocioso tengo el preguntarte una cosa, que ha de olvidárseme luego. Pues yo tengo de decirlo, aunque no quieras saberlo; porque así como el olvido del beneficio en tu pecho es hidalguía yPor ser quien le hace, en mí es el recuerdo, por ser el que le recibe digna acción; y es mucho empeño, que aún en esta bizarría hayas de salir venciendo. Mas por si desfrutar quieres tal vez mi agradecimiento, sabe que soy Garcilaso de la Vega, Camarero Mayor del Rey Don Alfonso. Yo te buscaré algún tiempo. Victoria por Mahomat. . Qué escucho, Divinos Cielos! Aquellas voces publican, que ya mis huestes vencieron a los tuyos; ponte en salvo. Qué es en salvo? no agradezco, que me hayas dado la vida por vivir, si no es muriendo por eternizar mi fama; y así, al cadáver primero despojando de las armas, entraré en la lid, y luego, como pierda yo la vida, mas que ganes tú el trofeo. (̱. Aunque sea contra mí, de ver tu valor me alegro. Victoria por Mahomad. Soldados míos, a ellos.) . Arma, arma, guerra, guerra. e.̱ . Válgame San Nicodemus! Qué haya borracho que diga, que en la guerra hay nada bueno! Hacia aquí, fuego de Cristo, huyendo vienen los nuestros; y yo, que perdí a mi amo Garcilaso en el encuentro, no se hacia donde me esconda. Quién va? . Jesús! peor es esto; quién es? más qué es lo que miro? a fe que aqueste conejo también buscó madrigüera. Soldado es, que viene huyendo; quiero fingir valentía: edónde va, hidalgo? Mancebo, donde usté estaba. De quién huye? De veinte mil perros, que el menor de solo un tajo parte a un hombre como a un hueso. Pues un Moyo de ese brío, de ese garbo, ese despejo, ha de huir? Jesús, qué infamia! Digo, y usted, Caballero, monda nisperos? (veo. Yo estaba: . Escondido, ya lo Arma, guerra. Hacia aquí llegan, (mos. qué hemos de hacer? . Escape- Parece que ambos a dos somos hermanos del nueno Amigo, si he de decir verdad, yo estaba en efecto escondido por no hallar camino; mas ya le tengo, y así, apretar de soleta. Ah guapossigo el consejo! van. Ríndete, Alfonso. Villanos, yno veis que es bárbara ley querer que se rinda un Rey? Pues dadle muerte, Africanos. No será fácil, traidores; aunque lidio mal seguro. (muro El Rey dijo? aquí está un de vuestra vida, señor. Mueran. Qué es morir? primero vuestra sangre fementida verá este campo vertida a los filos de mi acero. e. La banda se me ha caído, que la Reina me había dado. Huyeron. Noble Soldado, tú mi vida has defendido, aunque han querido mi estrella lleve mi banda aquel Moro, que por cuya es, un tesoro no aprecio tanto como ella; y así, yo he de ir a cobrarla. No señor, yo la traeré, como palabra me dé de no entrar en la batallas en tanto tu Majestad; (pues tan cansado, y sangriento (casi le falta el aliento; pues no sufre la lealtad de mi altivo corazón; ni el riesgo en que antes os via, ni dejar mi bizarría y limperfecta aquella acción. Raro brío! . Desta suerte ruyo seré fulminado. Cuase. Qué valiente, qué esforbado va despreciando la muerte! El Rey falta. C Gran señor? Qué ha sido esto? Garcilaso, Inigo, Bermudo, el paso suspenda vuestro valor, pues ya del riesgo pasado seguro estoy. . Solo el veros embotara los aceros. Viéndoos, señor arriesgado, no hubo quien morir no intente Preciso mi riesgo fuera, si mi prisión no impidiera aquel Soldado valiente, que a uno derriba, a otro mata; y a pesar del ciego horror con que el ciego vencedor mis escuadrones maltrata; por los suyos va rompiendo el que ahora al Moro llegó, que mi banda me robó; el que le abraza, ymidiendo del risco que miro allí la distancia, por matarle baja despeñado al valle. Raro valor! . Ay de mí! Valiente Soldado, alienta. Fuerza será, si a tus ojos segunda vez, Rey ilustre, purde llegar victorioso: esta es tu perdida banda, que ya el infelice Moro, que la llevó por trofeo, fue de mi brazo despojo; a tus pies: Llega a mis brazos, que no sin razón me nombro el más poderoso Rey, pues tales vasallos logro; y porque veas que quiero premiar a vista de todos tan ilustre acción Ta Banda adorne tu pecho heroico, hasta que yo te la pida, cuando sentado en mi Trono te la rescate a mercedes. Bien merece tal arrojo tanto favor esvive Dios, que me ha dejado envidioso) Yo premiare tu valor. Mi premio es servirte solo. Gran señor, pues corres riesgo, todo tu Ejército roto; a lo principal acude; ponte en salvo. . Eso dispongo; pero en tanto, ilustre joven, cuyo más que humano rostro jamás he visto, quién sois? Quién pudiera (ha rigorosos Cielos!) decirle que soy objeto de sus enojos! pero en mejor ocasión, ya que mi suerte mejoro, me declararé. Enmudeces? Señor, mi nombre te escondo porque quizá de semblante no mude mi suerte. . Cómo? Como todo soy desgracias. Pues yo os haré dichas todo; Esa palabra os acepto. Yo desde luego la otorgo. Pues retiraos, gran señor. Si haré, aunque vencido, y solo, a enmendar de mi fortuna el error. Joven heroico, aficionado a tu aliento, tu amigo desde hoy me nombro; tuyo he de ser. . Norabuena. Ven, y conozcante todos, que es fuerza que los valientes se traten unos a otros. Ya te sigo: Hados injustos, abra vuestro desenojo, si no camino a mi dichas alguna senda a mi ahogo. Victoria, victoria. 3 En fin, huyendo va el Rey Alfonso? Y aún preso hubiera quedado, a no ser por un bríoso Soldado, que en su defensa fue de tu huestes asombro. Bien castigado mi brazo deja al pensamiento loco de oponerse a mi valor, pues del Cristiano destrozo rojo el campos ha enriquecido de granates los arroyos. Ay hermosa Leonor mía, qué infeliz soy! pues lo propio que te pudiera obligar cuando vencedor heroico los trofeos de mi brazo pusiera a tus pies hermosos, eso mismo ha de ofenderte por ser cristianos despojos; pero vuelva yo a tu vista, que el fiero desdén Berdono por la dicha de mirarte. Señor. . Qué quieres? Un Moro trae de Zoraida tu hermana desde aquese Pueblo corto, en que quedó este papel. Qué será? la nema rompo. Aunque anticipar pesares sienta un pecho generoso; por si puedes remediarlos, en tu noticia los pongo. Leonor desde anoche falta, y hay quien juzga que de embozo al campo de los Cristianos pasó huyendo de nosotros; mira qué debes hacer en su busca: Aa ponzoñoso áspid de papel bruñido! no en vano en renglones pocos vistes la tinta por luto, de la tragedia que lloro. Leonor falta! ha santos Cielos! ;como lo repito, como, Osin que el volcán de mi aliento no abrase del mundo el globo? De qué mi victoria sirve, ni el triunfo de que blasono, pues sin deidad a quien sirva de ofrenda, es ultraje todo? Os mín. . Señor, ya discurro, según advierto en tu enojo, lo que debo hacer faltando Leonor; en estos contornos no he de dejar en su busca los espacios más remotos, que no examino. Por ese lado ve, que por esotro al campo de los Cristianos pasaré, y si es que alevosos no restituyen la prenda a quien toda el alma postro; vive el Cielo, que a sus vidas será verde mauseolo el prado, hasta que purpúreos con sus muertes los pimpollos, lágrimas lloren de sangre los peñascos, y los troncos. ( Ay Leonor, qué mal me pagas lla verdad, con que teadoro! Conocidos mis deseos, admitidos por constantes, merezcan por ofendidos licencia para quejarse. No cantéis más. Señora, vuestra Alteza no de tanto dominio a su tristeza, ved que se ofende el día de que le usurpe esta melancolía los bellos esplendores, que espíritu de luz dan a las flores. De qué es tu sentimiento, (mento señora? . Ay Beatriz mía! mi tor- de tanta causa nace, que solo mi dolor me satisface. Desde el punto primero que a Castilla pasé (de pena muero) a que en los dulces brazos de mi es poso. dos almas una un lazo poderoso; en el Rey encontré tal desagrado, de mí ballesa pocó enamorado, tales discursos vi, tales desdenes, que excediendo mi males a mis bienes, es preciso que sienta este pesar, que el pecho me atormenta; y tarde el llanto olvida (da. mujer que quiere, y no es correspondi- Con razón, gran señora, (llora; vuestra Alteza el desden de Alfonso pero quisiera, a fuer de buen criado, ya que el Rey a mi cargo os ha dejado, teneros muy gustosa mi desvelo. (lo. Yo, Albar Nuñez, estimo vuestroce- Alégrate. . No puedo en penas tantas. Dadme a besar, sra, vuestras plantas. Beltran, qué hay? . Gran señora, que el Rey se acaba de apear ahora, y a que avise me envía. En mi vida gocé tanta alegría: a viene bueno, mi Rey? qué ha sucedido? Bueno, señora, viene, mas vencido. Qué importa, gransr. Si lo importante es vuestra Real salud, que si triunfante el Moro el laurel gana; viviendo vos le ganaréis mañana, eclipsando ese Sol su corba Luna, que es muy varia de rostros la fortuna: Sabéis qué he reparado? . qué, sña.? Que en gran peligro ha estado vuestra persona. En que lo conocisaeisos partiste; En que una Banda os di cuando por favor? . Dura estrella! Y cuando de la lid volvéis sin ella, conozco el grave riesgo que ha pasado, quien después de vencido, despojado viene de aquel adorno que vestía; pero bastaba (ay Dios!) que fuese Mal ha disimulado (mía. su condición la Reina. Ay tal enfado! no penséis que no estimo alhajas que son vuestras, mal reprimo la desazón que causa a mis desvelos, sus temores sin causa, y sus recelos. Y porque veáis mejor cuanto ha llegado a apreciarse de mi vuestra prendaz es cierto, que al peligro más notable me expuso; porque cercado de Moros, viendo, que el aire iban dorando los fluecos en parañados plumajes; con es creje se arrojó ten feroz Alarbe; y mientras que los demás disputaban el coraje de los filos de mi acero, tuvo lugar de llevarse la Banda; seguirle quisé, bien que fatigado, en balde hubiera sido (ssí un Joven, (mal nombre le he dado, jun Ángel, después de haber estorbado, me prendiesen, o matasen, no le siguiera, y vertiendo del Moro la aleve sangre, no me trajera en la Vanda corales sobre corales. No os podré significar cuanto me agradó al mirarle entre las nubes de polvo rayo tan de otro linaje, que este a la nube se arroja, si otros de la nube salen. En Imi vida, gran señora, vi Soldado tan galante, (tan bizarto, y tan brioso, tan baliente tan amable, tan cortés, y tan modesto, tanto, que intentó ocultarme su nombre, porque la paga tal acción no le desaire, mas yo le dejé la Vanda para que después me hablase; y habiéndole hecho merced, con más garbo lo restaure. La vida le debo a ese hombre; no le hallo paga bastante. Bien merece heroicos premios quien así supo arriesgarse por su Rey. . Yo fui testigo de verle segar turbantes a de la suerte que en estio hoz dentada en brazo instable, el bozo de oro en las mieses corta cel tostado semblante de la tierra.. Su valor no dejó encubrirse a nadie. Hasta yo, que estaba dando cuchilladas infernales, le vi reñir como un perro, pero no llegó a igualarme. Pues Adónde estabáis vos? Dónde? con unardió admirable maté dos, o tres mil Moros Sarracenos, y Aliatares. Rara hazaña! . Calla, loco. Por qué quiere usted que calle? y solamente sus hazañas se han de saber? . Perdonadle que es criado mío Cascote. Aquese te descalabre, aunque te dé en la mollera. Qué intentas? . Verle, y ha- deseo, ya que mi suerte (blarle me da el miedo de que alcance perdón; y ya que pudimos en nuestro natural traje mudarnos zentrar aquí en el de hombre, era culpable; a vuestras plantas, señor::- Cielos, qué ven mis pesares! Una mujer afligida::- Válgame el Cielo! Notable confusión! Mi banda, Cielos! y es mujer la que la trae. Viene a ampararse de vos, en fe de que no le falte la Real palabra de que, venciendo infelicidades, es la habéis de premiar benigno. Mujer, o asombro, adelante no pases, que entre mil dudas, que el pensamiento combaten, no sé qué hacerme; esa Vanda, que puesta en el brazo traes, quién te la ha dado? Vos mismo. Qué más ha de declararse? Confuso está el Rey. Señor, qué es esto? . Calla ignorante, Yo a un Soldado se la di, que valiente, y arrogante, después de llevarla un Moro, me la cobró con matarle. ; Y no hizo más el Soldado? Estorbó el que me matasen. Pues ese mismo soy yo, que al ver que os cercan tenaces los Moros; con una espada, que allí fue rayo de Marte, muro fue de vuestro pecho, por señas que al dar alcance al que os robó esa presaeo, me abracé con él, y a un valle cayendo, os puse a los pies Moro, y Banda. . Señas tales no puedo negar. . Pues oye V Alfonso, lo que no sabes. Yo soy Doña Leonor Nuño a cuyo inocente padre, Porque sigisió de u tío Don Juan las parcialidades, diste muerte; rama soy Es aquel infeliz linaje, que ha padecido tus iras, borrando hasta sus señales: A los Moros de Granada, huyendo de tu coraje, me llevó Ignació mi tío: él murió, y viendo que nadie para resguardo tenía, que mi inociencia amparase, anoche de hombre el disfraz me vestí, y hasta tus Reales vine, donde esta mañana pasó lo que tu notaste. Decir no quise mi nombre, temiendo que en ti durase aquel pasado rencor; pero viendo que galante, por mi valor, me ofreciste tu amparo, de ti se vale mi derrotada fortuna: basteseo gran Señor, baste la ya pasada venganza, que informará a las edades. Si mi padre (que no puede ser, señor! quiso quitarte Ca vida; yo te la di; y si una hazaña tan grande no basta a vencer tu enojo, dame la muerte, y acaben mis desdichas de una vez; mas toma esta Banda antes, que te acuerde tu palabra, cuando a tu palabra faltes. Notable mujer!, que puedan belleza, y valor juntarse! Absorto estoy! . Caso raro! Quéhará el Rey en igual lance? Leonor bella (qué hermosura!) tanta novedad me hace verla bella, y animosa, que el agrado en otro traje, dijera que en este amor pasar pudo en un instante. Si vuestro padre de vos fuera heredero en lealtades, nunca yo le castigara; y así, pues debe premiarse, gran señora, una merced:::- Ya tardáis mucho en mandarme La Nobleza de Leonor, tal, que no la excede nadie, y lo que la deboempeñan mi atención a que la ampare; y así, una de vuestras Damas ha de ser desde hoy, y gano. yo por vos de agradecido la opinión. . Sin que llégase a mandarlo vuestra Alteza, tocándome tanta parte, lo hiciera yo, porque en fin, a un Soldado tan galante, (tan bizarro, tan brioso, tan cortés, y tan amable, que así defiende a su Rey, no es fácil que yo le falte. Qué dices? . Que yo me ale- que la guerra, que fue madre (gro, hasta hoy de horrores, a vos con bellezas os alague. Señora. . Ay Beatriz, que lle- mucho que comunicarte. (. (yo Sabed, que vuestra fortuna corre desde hoy adelante por mi cuenta; y esta Banda, a pesar de las edades, yo la haré eterna: Ay Leonor! de mi libertad triunfaste. . Leonor, vuestro soy, que yo debí mucho a vuestro padre. (Den Para cuanto se os ofrezca nos tendréis de vuestra parte (Jues ̱. Vuestra nobleza asegura mi favor: el Cielo os guarde. , Yo, soberana Leonor. solo quisiera acordarte::- Cielos, en su luz me abraso! Qué? Que cuando allí amparaste al Rey, me diste palabra de ser mi amigo. . Es costan- mas como dama, no puede (te; (noble presencia) obligarme lo que como hombre ofrecí. Pues ya que lugar no halle su palabra, se suplico, que la mía no te canse. Qué fue? La de ser tu amigo; ya le iba a decir tu amante. ̱. No ha de tener mal partido, . que no me ofende él mirarle. (ete. Y uced Reina, me querra si la quiero? . Ay qué donaire! ino es él el del escondite? a como se atreve al vergante a hablarme, siendo gallina? Pues Diosa de los desvanes, el requebar a las damas es lidiar con elefantes? Yo solo estimo valientes. Pues digo, si no es cobarde, como cuando yo corría iba una legua delante? Es verdad, yo le querré Pues hija, Dios te lo pague. Qué lacayo tan brioso! Qué fregona tan afable! JORNADA SEGUNDA C
JORNADA SEGUNDA
Señor, dónde vas? qué tienes? ytan triste, y tan pensativo een día que todo Priego quiere arderse en regocijos? qué es esto? . Ay de mí, Casco- que esta pena, este delirio (te, este frenesí, esta ansia, tienen tan justos motivos, que no pudiendo estorbarlos, se hace forzoso el sentirlos. Declareme tu pesar, pues aunque loco, te sirvo con lealtad, y con secreto. Si haré, por si así me alivio: ya sabes, que vi a Leonor, y quedé a su luz rendido. Bien a mi costa lo sé, porque desde que la has visto, me tienes a todas horas leonorados los sentidos. Sabes que quedó en Palacio, donde el Rey, que viva sigios, mil demostraciones hace con ella; pero el capricho receloso de la Reina:- Que le basta con poquito; a la tal hues peda ha puesto mas de tres varas hocico. Yo, que al mirarla quedé postrado, como te he dicho, a las luces de sus ojos; feliz, e infeliz me miro, pues no totalmente ingrata de mis amantes cariños, corresponde a los extremos; imas qué importa si es preciso perder la vida, y perderla? Oh injustos hados esquivos! ysi es el remedio imposible, por qué es posible el peligro? Pues por qué causa la pierdes? Ah quién pudiera decirlo! ipero como he de poder decir, que fui él enemigo más sangriento de su padre, (pues fui el que secreto aviso (dio al Rey? si bien es verdad, que con dudosos indicios de la amistad de Juan Nuño, y de Don Juan, que remiso ypor conspiración oculta no le entregaba el Castillo de Cabra, que el Rey Fernando puso a cargo de su brío; y aunque es verdad que esto fue ltratado con tal sigilo Cazque hadie, ni Leonor misma, (lo sabe, ni lo ha sabido; d si llega a saberlo, es fuerza, que con el extremo mismo, que me quiso, me aborrezca, Bises que es verdad que me quiso. Cierto que a la hora de esta me quedo comó al principio en ayunas del secreto, pues gestero, y pensativo, aún no cabe lo que callas en todo cuanto me has dicho. Pero dejando esto aparte, ino me dirás qué motivo tiene el Rey, para que hoy convocando los Caudillos de sus Tropas, a la vista del ejército enemigo, función de festejo sea la que juzgamos de chirlos? No sé, que esa misma duda me trae, demás de haber sido uno, yo de los llamados; y pues estamos en sitio donde podemos saberlo, no es necesario inquirirlo. Rey, Reina, Damas, Meninas, Caballeros, grendes, chicos, todos vienen. . Qué será? aSabes lo que he discurrido, viendo galanes, y damas, y este plausible envolismo? Qué; Que el Rey quiere casarnos y haz cuenta que es destruirnos. ( deaque Viva el Rey Alfonso, viva para honor de nuestros siglos. Nobles heroicos vasallos, a cuyos brazos invietos debe España aquella antigua libertad, que había perdido; mísera, infeliz esclava del Africano dominio; ya sabéis que desde el día, que empuñó el Cetro mi brío continuando de mi padre Fernando, que entre zafiros reina V El valiente orgullo; desnudé el acero limpio: (contra el Mahometano Alarbe, alcanzando el valor mío victorias, que harán eternas los Anales de los siglos. De quince años vestí arnés, y hallando el Reino diviso en varias parcialidades; le sujeté por mí mismo; y puedo decir, que más que le heredé, le he adquirido. Sucedieron en mi Reino las paces:; o qué mal dijo quien dijo, que eran descanso, consuelo, suerte, y alivio, de los Imperios, pues antes son su ruina, que perdido el valor, cuando en los brazos falta el común ejercicio; una ociosa paz, es solo tiempo para los delitos, amparo de la pereza, y auxiliadora del vicio; porque afeminado el pecho con el descanso tranquilo, el más valiente es cobarde, y el más osado remiso, enseñado a los halagos, se asombra de los peligros, Dígalo el ver, que Mahomad, Rey de Granada, el descuido de mis Armas conociendo, para lograr sus designios, entró talando a Castilla, y que cuando yo atrevido a impedir marché su intento; con las Tropas con que altivo vine otras veces triunfante, volví afrentado, y vencido; y no es, valientes Leoneses, y no es Castellanos míos, lo peor, que triunfe el Moro, sino el haberme yo visto de mis fuertes Infanzones, de mis Fidalgos antiguos desamparado, y expuesto a que el Moro más indigno, Ya un premeditado golpe de la fortuna al arbitrio, mátase a un Rey de Castilla; infamia es solo decirlo. Cerca estuvo, Castellanos, de suceder; pues qué impío temor, qué hado riguroso, de mis glorias enemigo, vuestros corazones postra, y avasalla vuestros bríos? De suerte que una mujer ha menester al Caudillo, de ejército tan pujante, (defender? a un Rey que ha sido, con solo vosotros, parca de ejércitos infinitos? Volved for vos Castellanos; y pues la Vanda que ciño, del valor de una mujer, y de mi riesgo testigo fue en la lid, el propio sea, del desempeño a que aspiro testigo también; recuerdo, que os dé estímulos continuos de que hazañas inmortales borren temores indignos. Orden Militar la Vanda roja ha de ser, y sus ritos ejercicios Militares, porque siendo repetidos, no desmaye en la Nobleza el valor que necesitó, para domar de la Fe los bárbaros enemigos; yo el primero (Ay Leonor bella! ya que no quiere el destino, que otro obsequio te consagre, recibe este por indicio de mi amor) la roja Banda ceñiré, dando principio al Orden, y Gran Maestre, por la fe con que le estimo, y por el valor con que n doctrinará a los que elijo, hago a Albar Nuñez Ossorio, a quien por rentas asigno, de todo cuanto mi brazo egane a los Moros, el quinto: Solo a vuestra gloria anhelo. Y mientras para ceñiros la Vanda, pleito, homenaje en mis manos, y, bruñido acero hacéis todos todos atentos, y suspendidos oíd las Constituciones con que honraros ha querido Rey Alfonso el Onceno. s. Todos atentos oímos. Beatriz. . Señora. Después e mi sospecha, este indicio ha de quitarme la vida Que disimules te pido. Tantas honras en el Rey, . ya dudosa las admito. y Señor, para mí habrá Banda? Calla, y oye. . No respiro. En nombre de Dios amén. Bueno va hasta aquí el principio. Yo alfonso, Rey de Castilla, a honor de mi Reino escribo aquestas leyes del Orden, que instituir determino: A cualquiera que la Banda llévase el pecho vestido, ha de ser buen Caballero, de cualquiera raza limpio, como es origen de Moro, de Villano, y de Judio: Siempre que saliere el Rey a lidiar, salgan unidos a su Rey los Caballeros, sin que en el mayor conflicto le dejen, y el que lo hiciere, por traidor salga al proviso desterrado, y de la roja divisa desposeído: a diez leguas de distancia ay justas, a su distrito han de acudir, y lidiar por el premio hasta adquirirlo: Esté obligado cualquiera Caballero a dar aviso de parte del Pueblo al Rey dle lo que notado ha sido n su proceder, y sea un abogado preciso, que con respeto defienda, si padecieren perjuicio, en ubes Die Dey Clnciozo, a los vasallos, no haciendo caso de su interés mismo por el común interés; y el que faltare a este oficio, sin la insignia, y sin la espada mande un año por castigo: A un mes de tomar la Vanda, ha de elegir a su arbitrio Dama a quien servir atento, cortés, reverente, y fino, y hacer cuanto le ordenare, Siendo de hacer; y el que tibio u descortés no obedezca, de mal Caballero indigno le traten, y el Escudero le llamo descomedido; Pero si con ella casa, los Caballeros amigos le lleven al Rey, que entonces le ha de premiar sus servicios: No digan al Rey lisonjas, no den a truhanes auxilio; preciense de buenas armas, anden siempre bien vestidos, no jueguen naipes, ni dados, cumplan lo que hubieren dicho, y últimamente defiendan la divina ley de Cristo, hasta morir peleando (por tan sagrado motivo. Las Leyes son, Castellanos, las que oís. . Todos decimos, que observarlas admitimos. Pues ahora la una mano puesta en vuestra espada, U y otra en mi diestra, jofrecéis, y juráis, que guardaréis las Constituciones? . Sí. , Que ni por mal, ni por bien las rompera Caballero, y al que lo haga, Moro fiero le de a traición muerte? . Amén. Pues ahora, Maestre, aquí guales somos los dos; yo a vos doy la Vanda, vos me la habéis de dar a mí. Así lo haré. . Pues llegaos, id la Vanda recibiendo. Que yo tendré Banda entiendo. Beltrán Guevara, acercaos; Garcílaso de la Vega, venid vos. . Yo entro el postrero: sí seré yo Caballero, oliendo tanto a la pega? Llegad vos, Bermudo de Haro. Aquesta es fortuna rara: yo me sigo ahora. . Repara, que estas loco. . Ya reparo; mas vive Dios: . Dura estrella! aún ignoro lo que he visto. Noble función! . Vive Cristo, que me han dejado sin ella por vida del mundo entero. Ahora observando la ley, el que desampare al Rey comos infame Caballero; quien las damas ultrajare, quien a su Rey le mintiere,: su Patria no defendiere, su Religión no amparare; de vos, Maestre, el castigo reciba, que mereció; y pues Caballero yo soy también, también me obligo a observar la propia ley; pues cuando así se adelante, zquien habrá que la quebrante, viendo que la obserba un Rey? Por todos, señor, las gracias os doy de que vuestra Alteza a nosotros nos elija para este honor, y que quiera imponerles tan pesada carga a mis caducas fuerzas; (pero prometo por todos, que desde hoy el Orden sea de la Vanda roja, espanto de las Armas Agarenas, teñida más que con grana, con sangre de infieles venas, esta insignia, que desde hoy purpúreo infausto cometa del Moro, anuncie a su Imperio Canticipadas tragedias. Y ahora, nobles Castellanos, pues veis cuanto se desvela vuestro Rey en inventar honores que os engrandezcan; decid, que dichoso viva Rey, que la virtud alienta. Viva nuestro Rey Alfonso. El alma tengo suspensa: Cielos, mucho a Leonor mira . el Rey. . Ya, señora, queda vuestro temor satisfecho, ya la Vanda, por ser vuestra, no solo no se perdió; más dando principio a esta Militar Orden, las canas autoriza, adorna, y sella de su Gran Maestre, donde la veneren y la estiendan: Ay Leonor! saben los Cielos, que por no dar a la Reina nueva sospecha, al mirar, que después que tú la tengas en el tuyo, al pecho mío la traslado, mi cautela la ha enajenado de mí. (teza Muy bien, señor, vuestra Al- lo ha pensado; pero vos ved, que fue mía esa prenda, cuidad de ella en las batallas, que sentiré que se os pierda. Ya en mi poder, gran señara, esta alhaja, por ser vuestra, no he merecido adquirirla, pero sabré defenderla. La Reina, desconfiada, (con equivoca respuesta habla del Rey, y de mí: edonde mi infeliz belleza qirá, que escollos no encuentre? 1 Señor. . Qué traes? Licencia un Embajador del Moro te pide que le concedas (punto. para hablarte. . Que entre al En fin, tu despecho intenta ver al Rey? . No me disvadas, Osmín, pues qué consideras cuanto más muerte que vida es la vida que me alienta, sin aquel ingrato dueño de mis rendidas potencias; y pues en poder de Alfonso sé que estáz por diligencia última, apele mi amor al ruego, antes que a la fuerza. Entrad. Rey Alfonso invicto, guárdete Alá. . Con bien vengas, Moro. . Feroz mastinazo! Cielos divinos, no es ella? Leonor. . Qué quieres? No es este Mahomad? . Sí. Todas las señas son de aquel valiente Moro, que en la pasada refriega quedó mi amigo. . Parece que te ha helado mi presencia; de qué te has turbado, Moro? De nada, que aunque pudiera, viendo lo que estoy mirando, quedar sin alma me es fuerza mi turbación disimule, y mi embajada refiera. Mahomad, gran Rey de Granada, y de cuanto espacio riegan del caudaloso Genil rápidas las ondas crespas; a ti, Alfonso, que en Castilla, y en León augusto reinas, salud; e informa por mí cuanto siente el que pretendas romper la antigua amistad, y las inviolables treguas, que con tu padre Fernando guardó su correspondencia, dándole tan repetidas causas, para que sangrienta su cuchilla vencedora, rayo sin fuego te hiera; pues por el grande Mahoma, L que jamás su ánimo ha sido ofenderte; y porque veas cuanto aprecia acreditar las verdades que profesa; te ofrece cuantos partidos gustes, cuantas conveniencias intentes, como una cosa, que te pide, le concedas: Una divina Cristiana, cuya singular belleza iguala a su deslealtad, que harto encarecida queda; huyendo de ti, y los tuyos, por estrañas contingencias, llegó a Granada, y Zoraida, de Mahomad hermana, en ella la admitió, haciéndolo dueño de su amor, y sus grandezas, Esta, ingrata al hospedaje, al amparo desatenta, infiel a tanta amistad, traidora a tanta fineza, habiendo ante ayer llegado a Cañete, esa frontera, con Zoraida, y con Mahomad, válida de las tinieblas de la noche, huyó a tu campo, dondé sabe que sé alberga. Pero viendo que Zoraida no puede vivir sin ella, por el amor que engendraron su crianza, y su asistencia; Mahomad, porque restituyas a Leonor (que es de la bella Cristiana el nombre) te ofrece los tesoros que apetezcas, y volverte cuantas Plazas en estas últimas guerras te ha ganado su valor: esto postrado te ruega, esto, humilde te suplica; mas si sus ruegos no aceptas, prevente a su indignación, pues su vencedora diestra a fuego y sangre en tu Reino, será: . Suspende la lengua, bárbaro, acomo pronuncias tal? la cólera me ciega: pues yo a Leonor, que::- Señor::- Válgame Dios! la violencia . de mi pasión me arrebata: ya me juzgaba sin ella. Templad el enojo, que quien la pide no la lleva. Moro, di a tu Rey, que a quien acude, a mí por defensa; no uso yo desampararla; pues cuando dama no fuera, me bastaba a mí el ser Rey. (. Breve ha sido la respuesta. Beatriz, puedo ahora quejarme? aves como todas las señas convienen, con mi dolor? . Mira que aguarda su Alteza. Valiente eres, Moro como amenazas peleas. Mal año, para el perrazo, en campaña me cogiera! Qué es esto, Mahomad? Amar, por influjo de mi estrella: A Leonor? . Sí, amigo, y para tener alivió mis penas, de ti se vale mi pecho. A muy buen puerto te llegas. Moro, dile a Mahomad, que hacer de Zoraida ausencia, fue más cordura, y lealtad; que no traición, ni cautela. Cómo pudo (ah infiel aleve!) tan mala correspondencia ser cordura? . Como a mí la ley natural me enseña a buscar lo que me falta. YY qué os faltaba con ella? La patria, que es de los nobles la más estimada prenda. Ynes posible que pagaséis una fe tan verdadera con un engaño? . Advertid, (qué esto mi valor consienta!) que corréis riesgo si os oyen. Él se declara. . A qué es peras? Advertir, que ya pasáis de la línea quen os franquean de Embajador; mas el lazo: loo.L Bumo Solo para mí tal prenda puede ser! aoniq up Soltad, que ya es mucha osadía la vuestra. . Ay, que se matan Qué es esto? pero una cinta en el suelo está, alzarela, que sin duda es de Leonor: D hablad, no me dais respuesta? Si señor, del pecho un lazo se le cayó a Leonor bella; ese Moro, y yo la alzamos, más luchando en la contienda se dividió, y desatada la cinta, que el lazo enreda, él quedó con una parte, y yo con otra, qué es esta. Pues quien da a vuestros alientos osadía pero vengan las cintas. . En mí no hay nada que daros, que ajeno sea. En mí sí. Qué es estoyjel uno merda lo que otro me niega? Sí señor. . Lance terrible! Escúcheme vuestra Alteza: De dos colores se forma, el lazo que flor remeda; uno azul, y otro pagizo; con que en nuestra competencia partido, el color azul me toca, que celos muestra. Yo viendo que es muy impropio, que quien amores no tenga, tenga celos, que aún en burlas el pensamiento atormentan, vuelvo a la dama su cinta, apidiéndoos a vos licencia: tomad, Leonor vuestro lazo, que tengo a gran conveniencia, por quedarme sin los celos, el quedarme sin la prenda; pues si aún sin causa me ofenden, mirad, con razón qué hicieran. Yo nada puedo volveros; pues quien a su Rey le lleva de vos, Leonor, tan injusta desesperada respuesta; en darle el color pajizo, que en la palidez que ostenta desesperación explica; nada le da, pues sus señas le ofrecen lo que se tiene su desesperada queja. Y pues la cinta no añade, ni alivio, ni diferencia; nada importa que la lleve, ni nada que te la vuelva. Pero por si alguno juzga, que algo a mi Rey aprovecha, que yo me lleve esta cinta, venga a mi campo por ella. L. Oye, escucha ay osadía mayor! Garcilaso, vuela en su alcance, dale muerte. Oh! quiera el Cielo, que pueda obedecer a mis celos, sin que falte a aquella deuda de mi vida. Aa perro, aguarda. ( Puesto que solos nos dejan, Leonor bella, en cuyos ojos Fénix el alma se quema, feliz::- . Antes que adelante pase, señor, vuestra Alteza, la verde cinta, que cuando se dividió el lazo, en tierra cayó, ha de restituirme. , Como quieres que mi pena, cuando no logra de ti la esperanza más pequeña, una que le da el acaso, sin esperarla, la pierda? Como debéis discurrir, que esperanza que os granjea, sin la voluntad del dueño, la fortuna; está violenta, y al soplo de un desengaño, o se marchita, o se hiela. A los que son infelices, el gusto de ver que llega la felicidad, los priva de suerte que no los deja discurrir las circunstancias del bien que se les franquea. A mi servino esta cinta, y pudiendo ser de aquellas una, que celos explica, y otra, que iras manisiesta, venirse a mí la esperanza, es preciso que lo crea buen agüero y no admitirla, fuera en mí no apetecerla; y así, esta verde señal desde hoy el alma la hospeda, pues en fin venga la dicha, y como quisiere venga. Pues ya que yo no he podido impediros el tenerla; tenedla, no por favor. Por qué? . Por contingencia. A que se habrá vuelto el pero aquí con Leonor, penas, (Rey? está hablando. Ya que alcanzo, Leonor, de vos la licencia de que alhajas vuestras goce, favor, o no favor sea; sabed, que sois el objeto de mi amor; y aunque a la Reina de hacer ilustre su Banda le hervendido la fineza, por vos ha sido, que así hago aquella acción eterna, del valor con que mi vida defendisteis; y pues ella ánima por vos, muedne mi vida como que es vuestra; y a Dios, que la Reina puede echarme menos. Quee. Estrella ya a vista de tanto agravio es ultraje la paciencia! Leonor. . Señora. . Qué ha- Vi venir a vuestra Alteza (ceis? y aquí la esperaba. . Y bien divertida por más señas. Cielos, si habrá visto al Rey hablar conmigo! es, que en esta parte, lyo, sí::- . No os turbéis, y escuchadme una advertencia: volcanes exhala el pecho. Sin culpa estoy, y estoy muerta. Quién al Sol quiere volar, Leonor, con alas de cera, Ícaro desvanecido; sus estragos le escarmientan. Muy demasiado leal sois con el Rey, no quisiera, que fueses menos conmigo; porque no digo evidencia, a una ilusión, a un amago, una sombra, una sospecha, haceros dos mil pedazos fuera venganza pequeña: Mirad a quien agraviáis, sabed que soy vuestra Reina; y que podrá escarmentaros; si acaso no se os acuerda, ver que a vos, y a vuestro padre una traición torpe, y ciega, os cuesta a vos la opinión, y a él le costó la cabeza. Cuas. De vos abajo, mil veces miente la villana lengua, que en mi padre; mas ay Cielos, ; qué es lo que el despecho intenta en dar voces, que descubren más, que desmienten mi afrenta! mejor es llorar, desdichas. Tan velozmente se silse el Moro, que no le pudo alcanzar mi diligencia; pero qué miro, ha tirana, ino le bastaba a mi pena, que otro lleve un favor tuyo, sin mirar el que tú sientas su ausencia, según publican tus lágrimas y tus quejas? Solo me falta (ay de mí!) que sobre mi mal me vengas a pedir celos. . Que causa tienes para que así Viertas los tesoros de la Aurora en esas líquidas perlas, que derramas? . Ay de mí! No merezco más respuesta? o qué bien haces! castiga tan mal nacida fineza como la mía, pues sin que la escarmienten cautelas, vino su rendidó afecto solo a pedirte licencia de que el día señalado, en que los que ciñen esta roja militar insignia, elegir objetos puedan a quien dedicar amantes su adoración, permitieras declarar por tuya un alma, que ha tanto, que esclava y presa arrastra de tus prisiones las dúlcísimas cadenas. Mas viendo que hay quien restado venga por ti, y por ti ofrezca en oro todo el Ofir, y todo el Ceilan en Perlas, discurro que está demás tomar mi amor por su cuenta, tu cortejo, tu atención, tu cuidado, y tu defensa; y así es mejor ausentarme a no embarazar que sientas tan justo dolor. . Detente, Garcilaso!luego piensas, que mujeres como yo, de mi sangre, y dé mis prendas, después de haber permitido un festejo, otro pudieran aceptar? no a mi respeto haga tu juicio esa ofensa, y cree, que mayor causa es la que llorar me fuerza lágrimas, que más la rabia las vierte que la terneza. Qué dices? pues quién te pudo dar causa para que sientas? Ser infeliz. . De qué modo? con Haciendo mi infausta estrella, que me agravien, y que yo vengar mi agravio no pueda. Cómo no? viven los Cielos, que al que ofenderte creyera, le diera mil muertes yo. Ven acá (o, si hallase senda en que mi perdido honor cobrar su lustre pudiera!) no te obliga el homenaje del nuevo Orden que profesas, a hacer cuanto te pidiere la dama que a elegir lleguas? . Sí, , Y una vez concedida de mi parte la licencia, por serlo tuya, no debes obedecerme, so pena, si a esta circunstancia faltas, de mal Caballero? . Es fuerza. Pues yo::- pero juzgo que es parte peligrosa esta para un secreto que tengo que fiarte, en que se atrea mi honor; y así, pues el día a sentir la injuria empieza de las vencedoras sombras, uetey así que anochezca, en el jardín de Palacio me buscarás, donde mientras la Reina esta con las Damas divertida, hablarte pueda en el dolor que me aflige. Oh! quiera amor, que fallezca antes con antes la luz de ese radiante Planeta. En él espero, y a Dios. Puesto que tengo en cualquiera parte de Palacio entrada, en él veré lo que intentas. Estrella siempre cruel::- Fortuna no siempre adversa: Yo enmendaré tus influjos. Garcil. Yo inquiriré una sospecha. verá la que me ofende.. Y sabrá la que me alienta:: Garcal. Leon. Cuánto puede mi valor. debe vante pratere y etran emborados a mi fineza. Rey. Lóbrega noche fría, imagen de mi triste santasa si entre tanta luz bena influyendo en mi amor está mí es¬ pedidla que se ausente, (trella, pues no es razón que tan desigual raye en dos albedríos, (mente en mí finezas y en Leonor desvíos. Beltr. Mucho a sus sentimientos se entrega vuestra alteza. Rey. Por dar en mi tristeza lugar a mis amantes pensamientos, bajo a la estancia umbrosa de este jardín. ¡Ay homicida hermo yni vi repacote coveneria quitásteme la vida, Beltr. Es su esquivez terrible. (sible, Rey. Mas amor se acrisola en lo impo- Belir. No en vano gran señor, tu pecho (siente Rey. Pero, Beltrán detentepre pica dice. que no lejos de aquí (soy infelice!) quiere la reina divertir su pena. Oigamos loque cantan que en laame esfera del jardín, mejor veloces na de la distancia informarán las voces. fiidose, placereoo Felir. A obedecerte solamente aspiro se y por otro lado salen Leonor y Ines a corazón en el lugar me miro al cómbate aplazado, adonde honor, y amor me han con¬ la reina divertida queda y sin ser sentida ninguna de las dos, Inés, estamos, enae del lleve, es infelio e que dien y yo rebelo fues en el cer la múgica no hay que e Pues desde aquí donde mil celosias tejo espere la ocasión que soy a zanto mnas mne dónde, si es que logramos lo que hemos discurrido, (do. mi sangre cobrará su honor perdi¬ In Posible es que a la reina la venciese su pasión? Leon. No me admira prorrumpiese así, porque aunque es reina podero¬ en efecto es mujer y está celosa. sólo, Inés, este día puedo culpar la desventura mía. Inés Hacia donde dijiste te esperase Garcilaso? Leon. A la entrada de aqueste cenador y esa enramada dije, si antes venía, me aguardase. Sale Garcil. Pisa quedo, Cascote. Cas. Por qué no? Inés. Un bulto aquí vie- n Quiera amor él sea; y pues (ne. tan a todas horas temer mi suerte, la queja mía fuerza es que diciendo llegue. e! EllayM. Ay triste corazón hay hado ale- que tú eres infeliz y yo rebelde. o. Garcilaso? Gárcil. Sisoy! Deidad de este sitio fuerte, quien ciego ya de mirarte viene a cegar de no verte, Aquí me tienes, ¿qué mandas? Leon. Ay Garcilaso! aún no cree mi pecho que yo me pude resolver de aquesta suerte. Tocan y más cuando aquel acento segundo riesgo previene, a una acción tan nueva en todo lo quiere el hado, quien a destino vencer a los riesgos puede? Garcil. No con mayores enigmas, hermoso dueño me aumentes las dudas. Acaba y dime de lo que nacen. Ln. Atiende, y antes que te la declare, sabe que con el decente decoro que se permite Lleguea Dios no paguemos es Señor, de esta venida pe y nos muela a estas sagradas paredes; el día en que a elegir dueño como me dijistes, llegues, te concierto, que por tuya (ces me nombres. . Una y mil ve- por tu esclavo: . Aguarda, es- que no es esto porque pienses (pera, que alentar tus esperanzas pretendo, sino por verte incluido en el homenaje que has jurado, de que siempre lo que tu dama te mande; obederaás ciegamente, pena de mal Caballero. Sin circunstancia tan fuerte; por si solo, aquel que es noble, debe amparar las mujeres. Pues ya que de todas formas hacer lo que mando debes, ya sabes que el Rey Alfonso, por los influjos aleves de un ignorado traidor, que nunca supe quien fuese:- Válgame el Cielo! A mi padre adió en un cadalso la muerte: esta nota, este baldón de que traidor le creyesen, resultando en su linaje, no solo a mí me comprende, mas para que no lo dude hoy la Reina (dulor fuerte!) cara a cara (fiero ultraje!) Eme lo repitió: jo mil veces mal haya voz, que invisible cuchilló sin filos hierel Y pues no hay para un amante fineza más eminente, que volver por el honor de lo que adora, y las leyes hoy permiten de Castilla, que tales lances se enmienden con la espada; no pudiendo, por mujer ceñir arneses, te mando que por mi honor vuelvas heroico y valiente, retando de infame, y vil al traidor que injustamente informó contra mi padre al Rey, probando que miente en campal batalla, a vista de Corte, Nobleza y Plebe. Ya no puedes escusarte pues: mas aquí llega gente, retírate no sea alguna (pues la música suspenden) de las damas de la Reina, que yo de la propia suerte me voy; vuelve de aquí a un rato un Oye, espera. Adiós, pobrete. Adiós, niña. Hados injustos, pues yo que fui (abrá más fuerte Zcaso!) quien influyó al Rey, que al padre de Leonor diese la muerte, he de desmentirme, retando públicamente a mí mismo de traidor yo propio! Cielos valedme en tan fura confusión. Ah Señor, que gente viene. Oh qué presto, amor, que presto truecas en males los bienes! Vive Cristo, que se ha helado: vamos Qe Mal el pecho puede deszansar. En nada encuentras alivio. Ya otra vez vuelves? Sí, pues sin duda fue el viento quien en las ramas que hiere causó el ruido, pues a nadie hemos visto. . Y aún por ese motivo se están adonde quedaron los dos sirvientes. Eres tú? . Qué oigo! esta Cielos, de Leonor parece: (voz, aqué hará en este sitio? sí::- No creerás como me tienen los temores dé la Reina: Sabes bien, que no hay más gente en el jardín, que nosotros? Sí; ella sin duda me debe . de haber visto bajar, y hablarme aquí a solas quiere, pues de la Reina se guarda: Solos estamos, qué temes? Nada; y pues una palabra dada, como sabes, tienes, mi honor es tuyo, y mi vida. (eres? Qué dices? . Pues no me Sin, duda con la palabra que le di me reconviene, cuando el lance de la Banda de ampararla. . Ver conviene desde aquí si alguien acecha nuestros pasos, Ya la gente, que se acercó, habrá pasado. Pues llega. . Pero no, ten- que hay más bultos de los doste, que dejamos. . Mas si hubiese fantasmás en el jardín? Que vencidos, tus desdenes, me permitas que te adore. Tuya he de ser, pues te tiene jurado por Rey el alma. Como tal obrare siempre: Beltran, hay mayor fortuna! s ya Leonor me favorece. Qué escucho! aqueste es el Rey: ha ingrata! ah traidora! ah aleve! Ruido he sentido en las ramas. Retírate, que nos pueden sentir, y aquella palabra are cúmplela como quieeres, Por mi corre tu fortuna. Ven, Inés. , Vas más alegre? Vine a dar una esperanza, y con otra mi amor vuelve. (. Inés mía? Quién va? Nadie: vive Dios, que las Ineses barban aquí en un instante. Quién va digo? Yo soy tente. Señor qué hubo? . Buenas nue- Cascote. . Qué hay? (vas. De este verde laberinto nos salgamos, antes que mi amor me fuerce a hacer alguna locura. Señora, a que al jardín vienes? A dar rienda a mis pesares, Beatriz, por si a solas pueden descansar mis pensamientos. Vamos de aquí, que dos veces donde pensé hallar la vida, vine a encontrar con la muerte (. De buena hemos escapado. Que así a tu amor se convence su desdén? . Su piedad logro; pero aguarda, que parece que aún no se fue: Dueño mío, Leonor bella, tanto deben Za tu amor mis rendimientos, siempre amantes, finos siempre, que por alargar mi vida dilatar espacios quieres a tu ausencia? Oh si jamás las luces amaneciesen del día, pues de las sombras todas mis venturas penden! Cielos, aqueste es el Rey, y hablando (evidencia fuerte!) con Leonor sin duda estaba, pues que por Leonor me tiene: Si pudiese hacer de forma . que desmentir no pudiese mis averiguados celos, fingiendo la voz de suerte, que me tenga por Leonor. Mi bien, porque así enmudeces? n temo deciros::- Ah falso! que volví aquí solamente Ya pediros que en señal de las finezas que os debe el alma, por favor mío unas memorias que vienen en este anillo, admiras, en cuyas piedras lucientes cifrada está mi fineza. . Apenas su dicha cree el alma; por prenda tuya serán mis rayos su oriente. Presto aguaré tu placer; a Dios, señor, no me eche menos la Reina. Los Cielos mi dueño, te guarden. Fuese, señor? Sí, Beltran, y en muestra de cuanto mi amor la debe, unas memorias me ha dado: Ay hombre de mayor suerte? ;ay amante más feliz? Sin ti tu gusto te tiene. Hola Albar Nuñez Bel- Beatriz, Nise, Flora, Irene. (trán, Válgame el Cielo! la Reina. Gran señora, que nos quieres? vuestra Alteza:- Qué ha sido esto? Que estando ahora en aqueste sitio divirtiendo penas, eché menos de repente las memorias de un anillo, que no hay cosa que más precie: buscadlas por el jardín, y si alguno las hubiere encontrado, las cobrad, emenos si mi Rey las tiene; pues estando en su poder memorias mías? no pueden dejar de estar bien halladas, estimadas, y decentes; y yo espero, que en su mano, aunque otras en ella hubiese, lo que debe hacer le avisen cuando de quien son le acuerden Todo el jardín veré. . Oís? no os canséis, que quien las tiene no las volverá. . Ya entiendo la cifra. . Raro accidente! la Reina fue::- . Disimula: que discreta, que pruudente me ha advertido de mi error! corrido estoy de que óyese sus celos JO, a cuantos riesgos . se expone un amor rebelde! (vede La Reina celosa, y triste, y el Rey disgustado vuelven, quiera Dios que pare en bien: Ah sí mis canas pudiesen hacer que el mal que adivino o se alivie, o se remedie!
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA 2. Venid al empleo, amor os consagra Júbilo acorde, galanes, y damas, gala s alba alarma alarma alarma Que en vano el pecho se anima, lleno de celosa rabia, a fingir. . Mudo y cobarde Garcilaso, ni me habla, ni me mira; si será tan repentina mudanza de verse favorecido, qué es hombre, y eso le basta? . No teniendo, gran señora, la suerte gloria más alta que darme, que la que ya en vuestra beldad gozaba, segunda vez me la ofrece y segunda vez ufana mi elección la admite. Celos, haced un instante pausa: No pudiera de otra suerte decir, que lisonjeaba mi fineza la fortuna, sino es volviendo a emplearla en quien también la merece? Oh cuanto siento que vaya . Leonor con otro! mas yo del veneno haré triaca. Venid al empleo, Yo, que llevo por mi dama mi espada, con quien me libro de servirla, y adularla, tras ellos voy, por si pueden hallar ocasión mis canas de hablar al Rey en aquel pasado lance, pues para s que lo hagacasí, me franque nuevo permiso esta Vanda.bs. Confusa imaginación:- Cobarde desconfianza::- Pues del concurso me alejas:- Ya que del Salón me sacas:- Dime; mas Cielos, no es esta Leonor? . Dime, pero calla, que este es Garcilaso. Penas, finjamos. Finjamos, ansias. Turbado estoy! donde injusta, hermosísima tirana, sin ver qué en tan feliz día es reparablé tu falta, vas de esa suerte? . A no dar con mi presencia más causa a vuestro silencio, pues no quiero estar desairada, viendo que el favor que ayer pos daba vida, hoy os mata; ay vos dónde vais? . Ah celos! No me respondéis palabra? que bien hacéis! castigad fineza tan mal fundada como la mía, pues sin que la escarmienten mudanzas, no solo llegó a fiaros su honor, su vida, su fama, sino su fe, a decir iba. No de mis voces te valgas para deslucir a un tiempo mis celos, y tus mudanzas. Tu celoso? pues de quién? Qué, quieres negarme, falsa, que con el Rey estuviste hablando, así que la espalda Di volví, en el jardín cinciendo ruido de gente en las ramas, y que creyendo que era (yo Don Beltrán de Guevara, del, mismo. Rey lo, escuebe. pueo escuene que lograba favores tuyos! . Espera; luego tú::- . En vano te cansas No fuiste:- . Déjame aleve Quién en la segunda instancia, que te llegué a hablar, me oyó? No que era el Rey. n Pues aguarda, que no hay que buscar disculpa. Por qué? . Porque ya está halla- Cómo? . Como yo creí, (da. que eras tú con quien hablaba; pues viendo que dos se llegan, y dos son los que se apartan, quien distinguir entre sombras podrá las señas contrarias? Inés también se engañó: de ella te informa. . No basta para creer;pero el Rey viene hacia aquí. Pues por ver si hallas forma de inquirir si es cierto lo, que aseguro: . Qué trazas? Detrás de aqueste cancel oculta estar, por sí te habla en el lance del jardín, que si has discurrido traza para de esta suerte no cumplir aquella palabra; para faltar a quien eres no has de tener circunstancia, que de mi dependa. . S. Escucha. . Suelsa: Si haré pues me ataja llegar el Rey. Garcilaso. Gran Sr, que es lo que manda vuestra Alteza? . Yo he venido, viendo, quesolo os quedabáis, a fiar de vuestro pecho, como amigo, vida, y alma. Tan grandes honras en mí, (oh invictísimo Monarca!) no hallan méritos condignos. Esto importa oír Si hallan; y porque para obligaros razones, y circunstancias, aboguen, por mí, vos sois mi hechura, y a vuestra casa siempre honrar he pretendido. Vuestro soy, en mí no hay nada que no tenga el ser de vos: en qué pararán tan raras prevenciones! . Pues oídme: Ya sabéis que entre las varias Constituciones que he escrito sobre el Orden de la Vanda, Militar insignia, Puestra, una que elija dama cada Caballero al genio de su afecto, o su esperanta; Todos habéis elegido una que amar, y entre tantas como sirven a la Reina, (supongo que fue ignorancia) a Leonor os inclinastéis, no fue la elección errada hacia vos, aunede hacia mí; ( esto que advertiros falta, sabed que a Leonor adoro, y sabed, que no se agravia de saber con cuantas verás mi fineza la idolatra. Qué oigo, Cielos! Penas, qué oigo! Y así habéis de festejarla en lo aparente, ostentando; que es su amor el que os arrastra y no ha de ser sino el mío el que habéis de exagerarla: encarecedla mi afecto, y si os respondiere uraña, advertid que es disimulo; pues para que esté avisada, y conozca que de vos hago tanta confianza, la diréis que solo aspiro a ver su sol cara a cara, porque no siempre la noche ea quien anuncie al Alba: obedecedla en servirla, Garcilaso, y festejadla, advertido de que hacéis por mi cuanto ellal os encarga; y en fin, decidla, que algunos ratos al jardín se salga, como anoche, donde pueda verle Gezelo en al a solas, señor, os habla? ya amor? Leon. Solo esto falta a mis pesares. Rey. Bien que de la reina se recata. Gárcil. Ay hombre más infeliz Leon. HAy mujer más desgraciada! Rey. Y pues ya los instrumentos (can haced lo que os he ordenado, vuestro eu o lo manda y no podéis errar desde hoy de ignorancia. Leon. Muerta salgo! Garc. Sin mí estoy estoy culpada. León. Pero si no qué temo? eon evidencia tan clara, Mas sí logro, un desengaño, a qué aspiro? Leon. Diré como el Rey se engaña. Garcil. No escucharé sus traiciones, Leon. Qué es lo que veo? él se pasa? sin hablarme. oís? Pasa muy grave Garcil. Qué mandáis? Leon. Dónde vais? Garcil. Donde me llaman dos obligaciones, pues desagraviando una dama, camino al cumplir con ambas. Leon. A eso vais? Gurcil. Eso prod porque no juzgéis que anda buscando la industria modos cuando vos no me habéis da claro está la menor causa; pie su arena a la cuando mi afligido pecho pase la enemiga lanza, curo, do, de para que acabe mi vi donde mi ventura acaba. Eso es lo que he menester. Leon. Y muy bien puesta mi opinión? no quiera Dios tal desgracia. Gárcil. Pues a vos que os va en mi vida? Leon. Después de mi honra, y mi fama Si sabes, h injusta! que el rey te ama, Vo se ay de mí! que no desdeña, de d de. yporque muen S. qué maenga Leon. Mira me agravias mucho. y te diré Garc. Qué León. Que si de mis verdades car el poble respeto quizás la satisfación, que hoy doy, negaré magana oy pero que adetan D deteres y le D mi afecto en ejecutarla, pues si aspiro a que Leonor de mí se obligue, hago falta a la lealtad de mi Rey, pues que la sirva me encarga de parte de su fineza; y si a cumplir lo que él manda acudo falto a mi amor, naciendo en mis esperanzas hidras de rabiosos celos, aspides de ardientes sañas: con que no es dable a mis penas, ni quererla, ni obligarla, Estores en cuanso es mi amor, veamos en cuanto a mi fama. Yo retador de mí mismo? si no salgo a la demanda, cobarde soy, y si salgo, dirán cuantos esperaban verme lidiar que no hice mucho en buscar la batalla, C pues seguro está de sí y quien no tiene en la campaña más contrario que a si propio, ni más riesgo que su espada. Si yo confieso a Juan Nuño inocente, hago una infamia, pues desmiento lo que al Rey aseguré por mis cartas; pues aunque yo las noticias gránjease de otros, bastaba el que yo verifícase sus obras con mis palabras. Si no llego a confesarlo, no vengo a conseguir nada en la empresa, y el honor de su hija no restaura, quedándose ella ofendida, y mi opinión ultrajada: con que la lid no es posible admitirla, ni escusarla, ni ser tampoco vencido, mi vencedor: suerte infausta, y habrá en cuanto las historias escriben, en cuanto enlazan sus acasos, sus sucesos, contraciedades más arduas, más estrañas confusiones, que las que mi pecho asaltan? 3. Cómo de tantos enigmas Cielos, saldré? mas ya alcanzan el como han de ser mis penas, a pesar de mi contraria fortuna, yo haré de forma, que yo rete, y que yo salga, que mi Rey quede servido, obedecida mi dama, la acusación destruida, mi opinión asegurada, Leonor libre de mis celos, mi amor fuera de mis ansias; y por no perder espacio, vamos a emprender tan varias acciones, en que pendientes están amor, vida, y fama. Venid al empleo, que Amor os consagra, yen júbilo acorde galanes, y damas, y diga la salva: Al arma, Amor, al arma. 1. Venid, que trocando sus flechas contrarias la aljaba de Marte, de Amor es aljaba, Y diga la salva: Al arma, amor, al arma. Arma, arma, guerra, guerra Tened,; qué estruendo embaraza de nuestra, alegría el gozo? Señor, corrido de que hayas despreciado aquel mensaje, Mahomado de Alarbes escuadras cubriendo los campos viene. Aún otras penas me faltan! Ah perro! No importa, al punto marchad, Beltran de Guevara, con los Tercios Andaluces, en tanto que con las varias Milicias de los dos cuerpos de Castilla, y de Vizcaya, como al fin General mío, va Garcilaso, que él basta a que trueque en escarmientos esa traidora canalla sus ardimientos, Bien presto castigaré su jactancia. Quién creyera, sacros Cielos, que Garcílaso faltara a mi obsequio en tan plausible día! pero qué me espanta, si en vano aspira a las dichas, quien nació a estrenar desgracias. Y nosotros el festín prosigamos, pues no hay causa bastante para impedirle; pero esperad, que en la salva de aquel clarín otro acento la esfera del aire rasga. A lo que desde este sitio permite ver la distancia, Garcílaso es de la Vega. Desocupando la espalda de un ligero hermoso bruto, en lla punta de la lanza colgado trae un cartel. Novedad es bien estraña. Ya entró en Palacio. Qué puede sel de tal acción la causa? Cumplir su palabra intenta: nunca de su sangre hidalga lo dudé. Mas si mi amo, con sus amantes marañas, perdió el juiciol Gran señor, dadme a besar vuestras plantas. Alzad del suelo, y decid ya qué efecto en este día, que os aguarda de alegría, entráis a verme de lid? Si cual guerrero a la lid, del Moro la indignación vais a postrar, qué ocasión te trae con tan breve espacio de la palestrá a Palacio? Prestadme un rato atención. Alfonso, heroico Monarca de León, y de Castilla, Regio honor de Portugal, heroica Reina María, bellos Astros de su cielo, Fidalgos de sangre antigua, Castellanos Infanzones, cuantos la purpúrea cinta haféis que en alarbe sangre otra vez el valor tiña: Ya sabéis, que en la menor edad de Alfonso, encendidas en comuneras discordias las Castellanas Milicias, sobre a quien del Rey tocaba la tutela, se vio tinta muchas veces la campaña; en cristiana sangre nuestra mezclando escuadras moriscas, (que donde la ambición lidia, a Religión no se atiende, el parentesco se olvida. Don Juan, Señor de Vizcaya, como sabéis, la cuchilla desnudó contra este Reino, de Alfonso la justicia cortó en solo una garganta los cuellos de muchas hidras. Entre los que por su causa perdieron honor, y vida; uno fue Juan Nuño, padre de Leonor, a quien mi dicha, o mi elección, de mi obsequió la veneración dedica. Fama fue, que no hubo causa para que en tan gran desdicha perdiese vida, y honor, más urgente, ni más viva; que haber un contrario suyo, de quien el Rey las noticias fiaba, escrítole a Alfonso algunas causas fingidas, que su muerte ocasionaron, juntándose a su malicia haberle al Rey resistido el Castillo que obtenía por Don Juan, donde de aquella sedición se recogían en algunos reboltosos las mal heladas cenizas. No fue menester más prueba para Alfonso, pues la ira sumario haciendo el proceso, sentencia difinitiva dio contra él, cuya deshonra resultando en su familia, Leonor la siente, y la llora; o hay que espantar, que es su hija. y en fe de que por la Vanda, que traigo al pecho ceñida, debo hacer cuanto me mande la dama que atento sirva; sabiendo que en nuestros fueros. es al noble permitida la licencia del retar, y que el medio de que viva Leonor con honra, es hacer patente a cuantos la miran, que fue inocente su padre, y que de traidora envidia vos, señor, mal informado, le hicistes dar muerte indigna! Desde luego, obedeciendo su precepto, desafía, reta, convoca, y emplaza, según fueros de Castilla, mi valor al enemigo de Juan Nuño, a quien afirma, que él fue el traidor solamente, y que en cuanto su malicia informó al Rey, por la barba, miente una vez, e infinitas. Y para que lo que dice la voz, el brazó lo diga, mañana apenas el Alba salga comboyando el día, me presentaré en la plaza de vuestro Palacio, a vista de Corte, Plebe, y Nobleza, donde aguardar determina mi esfuerzo de sol a sol, con las armas que él elija. Y para que así de todos pueda venir a noticia, quede con este puñal clavado aquí por divisa este cartel; y pues ya cumplí con mi bizarría, a cumplir con lo que manda mi honor iré, pues me incita esa militar sirena, volviendo a regir la brida (de aquel céfiro Andaluz, que aunque en el duelo se impida, pendiente un rgto, aceptar otro, si acaso peligra mi vida antes que se cumpla, a cuenta vuestra, y no mía queda el que salvéis mi honor, que endos acciones precisas, primero que yo osue Caballeros de la insignia roja hoy es día de hacer nnuestra fama esclarecida: seguidme todos, y Alfonso, Castellano Alcides, viva. . Todos te siguen diciendo la lealtad que los ánima:- Viva Alfonso, guerra, guerra Oye, aguarda, En vano aspiras, gran señor, a detenerle. De nuevo su gallardía ha enamorado mi pecho. Señor, aguarda una pizca, que va a ayudarte Cascote. (pa. Haced que todos le sigan, y aguardad vos, que pues ha tanto que tenéis pedida audiencia, hoy quiero lograros, la ansia que la solicita. No es mucho señor, en vos el favorecerme. Enigmas, zcomo siendo Garcilaso de haber quitado la vida a Juan Nuño, el instrumento, él a sí se desafía? Mucho de vuestra prudencia, Albaro mi pena fía. Ay tal confusión! Mi suerte solo en serviros estriba. Leonor. . Señora. Venid. Pues qué es esto, se retira vuestra Alteza? . Efecto es de mi gran melancolía. Dios os guarde. Ven, Beatriz, on y lleva en tu compañía a Leonor, pues quedar quiero deste cancel escondida, ( por ver lo que obra una industría, FG v ME CO l Deje y0 DVOjCO ONO, qeEIITO Oh cuanto el Rey en sus siempre sinos delirios vacila! Cielos, si ama Garcilaso a Leonor, pero qué indignas presunciones! pues él, como yo le encargué, que la asista; por ella hace esto, y por mí, que a no ser así, sería de mis furores estrago, de mis escarmientos ruina; y vive Dios: pero quién está aí? . Como se olvida vuestra Alteza, gran señor, tan presto de que me intima, que a hablarle quede? oiomroq Es verdad, cegome una fantasía; y pues ya quedamos solos hablad. . Antes me es precisa esta acción. Como a mis plantas banda, y espada, rendidas ponéis? Hago lo que debo. Pues decid lo que os obliga Atendamos. Un delito, que de tal honor me priva. Vos delito? . Y el mayor. Decidle, decidle aprisa, que no sabéis cuanto el pecho hoy de haber visto se indigna, que hayáis vos sido el primero que rompa las leyes mías, lleno de años y experiencias. En cualquiera edad peligra el hombre; mas si me dieráis mayor permiso, diría:- . Qué? Que vos tenéis la culpa de mi culpa. Qué osadía! yo culpa de vuestro error? Bien el discurso encamina. Si señor, no es de mi orden ley, que el vasallo que mira algún defecto en su Rey, le avise? . Es deuda precisa. Y que dé parte del Pueblo con gran respeto le diga lo que a su Reino conviene, pena de que el que lo omita, ande un año sin espada; ni Banda? . Sí. Pues a vista de que falto a aquel decoro que os debo, y que vuestras iras, yendo contra vuestro amor, contra mi fe se conspiran; por mejor partido, tomo, que yo de mi mano misma me dé el castigo, que no atreverse mi osadía a deciros cuanto siente el Pueblo ver ofendidas de la Reina mi señora la atención, y la caricia, rindiéndoos el dulce hechizo de la beldad peregrina de otro objeto; esto los Pueblos murmuran, y esto concita del Portugués el rencor, viendo tratáis a su hija con tal desprecio, y::- Caduco, ten, la lengua fementida; epues como, tu atrevimiento así mi paciencia irrita? vive el Cielo::- i Gran señor, lo untir no la espada vengativa empleéis en un rendido A vos os debe la vida, Cate. Qué es esto, Albar Nuñez: Es, que mis canas sacrifican su vida por vos, y solo logran de entrambos las ruinas. Dónde vais? A no ver cuanto mi razón se desperdicia. Pues llevad espada, y Banda. Basta que muestre partida la acción, que cuando el clarín a la batalla convida, cobra Albar Nuñez las armas con que al Moro atemoriza; mas la Banda no señora, que a vista de la ignominia, que lloro, para ultrajarla, mejor me está no ceñirla. (Ce Pues yo la cobraré, para que al brazo restituida, Pleor ou de e se Dcosos, quiéia se diría, D0 que a mi grandeza pudiese causar tu fortuna envidia! Co talo Victoria por Alfonso. Cierra, cierra. Santiago, Guerra, guerra. Pues nos vemos cortados, a retirar, soldados. o O pese a mi ardimiento! Rindete, Moro. En vano es vuestro intento, que soy herida, y acosada fiera. Ya en la tierra cayó, Matadle, muera. Tened soldados míos, no en un rendido los héroicos bríos cortén, y ese es cuadrón seguidligero pues ya este queda por mi prisionero Obedecerte debo, a la campaña el alcance sigamos. Viva España. Viva, y huya de mí todo Morazo pues les voy a pegar mi cascotazo. Quién eres, valeroso Soldado, que atrevido, y generoso darme vida has querido? (cido, Quién quiere que le estés agrade- pues no solo he de darte la vida, mas también he de librarte del duro cautiverio. Sabéis quién soy? Del Granadino Imperio eres Rey absoluto, (buto Pues como en mi desprecias el tri- que ofrecemiprisión? estraño abismo Cómo esto lo ejecuto por mí mismo sin buscar premio a tanta bizarría Esas palabras dije yo algún día. Pues ahora Moro, a repetirlas lle- Quién me di? (ga::- Garcílaso de la Vega. Ya teconozco, y yhabiendo tu orgullo quedarán muy gustoso esclavo tuyo, Ya la vida te he dado Sí, y la galantería me has pagado que hice por ti. Pues siendo de esa suerte, (te. vuelvea reñir, porque hededarte muer Pues qué vienes a darme si la vida me das para matarme? Todo, y nada; y pues ya igua- en esta ocasión nos vemos, (les el lazo de Leonor bella, que temerario, y resuelto en aquel pasado lance te trajiste, es el empeño, que me precisa a buscarte, porque a quitártele vengo. En mucho Alfonso te precia pues tan imposible arresto te confía. Por mí solo, Moro, tanto triunfo emprendo pues si a Leonor idolatro, icómo, sin desaire, puedo dejar de cobrar sus prendas? Ni yo de negarlas, viendo, que para mi enojo son motro estímulo mis celos; y porque mi garbo adviertas, ya esta la prenda en el suelo, que ni de la posesión la ventaja me reservo, el que quedare la lleve. Obras como Caballero. Que no te acabe mi furia! Que no te abrasé mi aliento! Pues el que con Garcilaso lidiando está, Caballeros, es Mahomad Venid, porque no escape de muerto, o preso. Todos te seguimos. Date, Moro, a prisión Deteneos, Bermudo, Inigo, pues yo soy quien su vida defiendo. Tu defenderle, cuando es, ya su ejército desecho, la más importante presa? Sí, que en particular duelo lidio, y no ha de decirge, que con ventaja le venzo. Pues quién te ha dicho que yo necesito de tu esfuerzo? Que tengas razones tú de ampararle, no es lo mismo, que tener causa nosotros para no prenderle, siendo quien la victoria asegura. Advertid, que::- Nada advierto; y así, Castellanos míos, llevémosle prisionero, No es fácil. Cobra ventaja, n pues contra tantos no puedo defenderte, y ponte en salvo. Así lo haré, que aunque dejo de llevar el lazo ahora, yo te buscaré bien presto para volverle a cobrar. (V Quita, aparta. Es vano empeño. Sigásmole. Ya no importa, pues abanzando terreno Les imposible alcanzarle; y pues el lazo me llevo, mientras él viene a cobrarle cumpla con lo caballero, siguiendo el alcance. , Quién diablos me ha metido en esto, señores, sin ser yo hombre ni de honra, ni de provecho? icual anda ya la batalla! mas ay de mí, que un podenco, atisvador de cascotes, porque ha servido a un yesero, viene hacia mí. Suerte injusta, que poco a tu influjo debo! pues:: mas quién va? Ay es un ripio, que fue cascote otro tiempo. Quién eres me di, Cristiano o vive Alá:- . Quedo, quedo que si usted aprieta la llana, hará pedazos el yeso. Y pues esto estriba en solo decir quien soy (ay tal perro!) sepa usted, mi amo, que soy un criado majadero de Garcílaso, un hidalgo, que desfacedor de tuertos anda buscando aventuras, por señas que ahora tenemos una entre manos, sobre una traición, una dama, un duelo, y un::- En qué, señor, te paras, pues viene en tu seguimiento todo el ejército? Os mín, ese criado te entrego para que allá más despacio pueda informar por extenso de lo que si no me mienten los indicios, hacer pienso medio para mi despique. Ea, ven, Cristiano. No quiero. Abanza, abanza. Traedle. Ven ustedes, pues no huelgo de que me lleven, por solo yoy tener que contar un cuento. C Dónde, Leonor, me conduce tu cuidado? . Donde intento ver si de vuestros enojos p las injustas iras templo; Y y si algo, señora, con vuestra Majestad merezco debaos yo, que un breve rato disimule vuestro cielo este cáncel. . Para qué? Solo se que este es el medio de saber que no soy tan traidora como parezco. Por salir de tantas dudas me he de esconder. namo? Pues sea presto, que oigo pasos. esp No dirás, Leonor mía, que no vengo imán atraído al norte de tus divinos luceros tisnón en alas de mi cariño. El Rey es, válgame el Cielo! Y pues haberme llamado a este retirado puesto algún favor me asegura, qué quieres? Que estéis atento. Vos, gran señor, obligado de aquel socorro pequeño, que debisteis a mi brazo; me honrastéis con tal exceso, que a Palacio me trajisteis. Es verdad. Donde bien creo, que por garbo, o bizarría obrastéis hartos extremos en mi favor. . Es así. En el jardín encubierto conmigo una noche hablastéis, Nada de todo eso niego. Y yo os respondí juzgando no ser vos. Ten, cómo es eso? Esto es, señor, que llegó de desengañaros tiempo, pues pasó mi disimulo a ser de mi opinión riesgo. Y pues habiéndoos ya dicho, que no hablé con vos, es cierto, que hablaría con quien ya tengo elegido por dueño; lo que os suplico es, señor, pues como sabéis yos mismo, Da jamás motivo tuvisteis de mí para darla celos a mi Reina y vuestra esposa, que olvidado deste afecto, solo os aeordéis de que soy quien soy y que mal puedo agraviando mi decoro, faltar a entrambos respetos, mayormente cuando vos debéis: . Suspende el acento, pues cómo: . Qué pretendéis? Cuando yo:: Dejadme os ruego. Creía:- . Mirad, señor::- Qué afable:- Advertid, que puedo reportaros fácilmente. Con qué tirana? Con esto: señora, ya yo he cumplido, proseguid vos el empeño, que ni podéis pedir más ni yo he podido hay a menos ( Turbado estoy! sta Ya, señor, a desengaño tan cierto, solo mis lágrimas pueden deciros mis sentimientos. Confuso discurso mío, pes posible que yo mismo no he de valer más que yo! Y pues soy yo::- Deteneos, no lloréis, templad la pena, que yo señora os prometo trocárosla en alegría; mas qué clarín lisonjero lq rompe el aire? lo Ya, señor, con su obligación cumpliendo, Garcílaso en la palestra se presenta, pues del duelo es hoy el día. . No pude, según Castellanos fueros, dejarle de conceder el campo: y pues soy del reto el Juez yo, vos, gran señora, me habéis en el Solio Regio de asistir. . De vuestros rayos participaré reflejos. Pues dadme, señor, licencia, pues yo tengo de hacer bueno el campo, para acudir a que esté todo dispuesto. Id en buen hora; y porque no es razón, que os vea el Pueblo, sin vuestra insignia; Ta Banda tomad, y advertid que en esto os doy a entender, que aquel delito pasado enmiendo. De esa suerte solamente la tomare. . Y demás de esto, en ese verde listón, o que fue de un ingrato dueño, aún la más leve esperanza no ha de reservar mi afecto: tomadle también. Obráis como quien sois, Cuánto debo a mi fortuna! Adiós, locos amorosos pensamientos. . Ya que es día que retado comparece Caballero de nuestra. Orden, fuerza es que los demás le aseguremos sí la palestra, en tanto que ocupa el Rey el asiento, Efijad la valla, y después Cid despejando el terreno. Ya el Rey, la Reina, y sus Damas, duplicando, lucimientos, su puesto toman. t Pues vuelva el clarín a herir el viento. , Habéis, Caballeros, ya, según establecimientos de nuestra Orden, conducido el mantenedor guerrero a su tienda? . Sí señor. Pues ya podrá, según esto, vuestra Majestad licencia dar de que le llame el eco del clarín. . Haced llamada: , como saldra de este empeño . L Garcilaso! Quén creerá, que haberle inducido siento a esta acción! Ya, aquella marcha seña es de que viene al puesto. Pues ya, señor Garcilaso en vuestro sitio os advierto, esperad a que en el suyo parezca el aventurero que se espera. Ya ha venido. . Dónde está Es, que soy yo a un tiempo mantenedor, y retado. Qué decís? Que oigáis atentos. Qué intentará su osadía? Ay más estraño suceso! Garcílaso de la Vega soy, Rey Alfonso el onceno, de cuyo valor fiaron las lealtades de tu Reino tu tutela, en cuyos años, con mi obligación cumpliendo, te informe de las cautelas ade Juan Nuño; si fue cierto mi aviso, bien su castigo lo dice con el ejemplo; pero hoy, que estoy precisado, pena de mal Caballero, a obedecer a mi dama; perdóneme, tu respeto, y el suyo también, el día que cumplo con su precepto, pues ella manda que rete al enemigo encubierto (del ya difunto Juan Nuño su padre, a fin de que viendo (su acusador desmentido, quede su honor satisfecho; yo retador de mí mismo en la valla me presento, y de mí mismo también contrario; en los dos extremos de Caballero y amante, cumpliendo a un tiempo con ellos ys. yo afirmo, que fue Juan Nuño traidor y yo lo desmiento, que murió como inocente, que falleció como reo, que mereció mil castigos. (que fue digno de mil premios. Y pues yo he de confesarlo, negarlo a un mismo tiempo, el modo de que no pueda nadie dudarlo ni creerlo, es darme la muerte yo, pues de este modo saliendo de tan nunca visto lance, a Leonor divina vengo de su enemigo, pues queda cobrado su honor, si muero, y yo sin nota en mi fama, cuando osado defendiendo a lo que afirmé; muero sin Pnegarlo ni concederlo: una victoria te acabó de dar con aqueste acero, espa donde rendido Mahomad las paces queda pidiendo, (y con este dos victorias me ha de conseguir mi esfuerzo; muera un infeliz a quien guardó el hado para ejemplo de desdichas, de tragedias, de males, de sentimientos, Ruenas, y:: - Yen el impulso. Ay de mí que yo fallezco si él muere! Notable empresa! Hidalga acción! Y supuesto que es un Monarca ley viva, y dar a todo remedio está en mi mano, yo doy a ti, y a Juan Nuño muerto, por buenos, por valerosos, y leales Caballeros, como lo asegura el ver que sus honores le vuelvo Leonor, para que tú::- imás qué militar estruendo es el que oigo? . Por la valla viene entrando un encubierto, cuyo traje muestra ser de los Infanzones nuestros. Quién será? Cielos, mal hice en declararme tan presto. Más enemigos mi padre tuvo, pues este ha dispuesto mantener lo que afirmó. Haced señal, y entre luego. Rey Alfonso, generos os Héroes de su Augusto Imperio, ante vosotros, en fe del seguro me presento de este cártel, para que con Garcilaso midiendo las armas, le de a entender, qué lo que digo mantengo. Antes que yo te conceda el campo, saber deseo quién eres. Callando el labió, lo dirá el rostro. . Qué veo! Mahomad es. Con que según me da a entender tu ardimiento, la acusación de Juan Nuño defiendes? Eso no entiendo, pues solo se, que ofendido de Garcilaso, sabiendo de ese criado, que es quien me informó de todo:- Certo. Que público duelo hacía, y a cualquier aventurero se le concedía la entrada, a solo restaurar vengo una prenda, que al acaso e ha debido, y no al esfuerzo; y pues de venir por ella palabra le di, ya es tiempo de que una ingrata conozca, que aún a pesar de su ceño sé arriesgarme por su amor. Mucho de verte me alegro, Moro, pues verán, que cuando a pelear salgo, peleo. Aunque es distinto el motivo; el día que ya hice bueno el campo, negar no cabe la lid. niotro Toca a Leonor bella por tu cuenta va mi riesgo: vencido estás. Es verdad. Pues reservando por premio de su valor esa prenda por quien venisteis, y siendo su esposa Leonor; no queda a su amor ningún recelo; y advertid, vos, Garcilaso que un error fue el instrumento de vuestras sospechas, pues solo amo, solo venero a quien alma de mi vida es vida de mis afectos. Dichoso fin! Feliz día! A tus plantas tienes, bello milagro de amor, a quien mas tu esclavo es, que tu dueño. Qué esto miren mis rencores! Y pues quieres con mi Cetro Mahomad, hacer paces, ven donde pactados los feudos te las conceda. Perdida Leonor, mas que pierda el Reino. Pues hay boda, habrá librea. Porque tenga fin con esto en la Vanda de Castilla Duelo contra sí mismo. z EVISTIA AUNIRA GGD O VIQUIO JAÓN AUBIADH ONIS) R
