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Texto digital de La babilonia de Europa y primer rey de romanos

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Atribución tradicional
Fernando de Bárcena y Orango
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Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Bilbao. Biblioteca Foral de Bizkaia: R-3406 [9]).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La babilonia de Europa y primer rey de romanos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/babilonia-de-europa-y-primer-rey-de-romanos-la.

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LA BABILONIA DE EUROPA Y PRIMER REY DE ROMANOS

JORNADA PRIMERA

Cesa, bárbaro Rey, calla tirano, que vive mi Deidad, y alta Diadema, Dios divino, he inmenso; (se el que fueres) por qué causa me impides que te vea? Calla, necio Sabino: no prosigas. De ese modo desairas, y desprecias al Romano, que tan urbanamente rendido te suplica, pide, y ruega Vive mi Deidad Sacra, otra vez digo, que si no fuiste aquí breves pavesas a la llama menor de mi ira justa, ha sido por oviar, que la soberbia fortuña un Rey en el Imperio de la Tierra, que para darle muerte, fue preciso lo intentasen los Dioses de la Esfera. Queda con vida, queda; pero advierte, que de mi vaticinio el plazo llega. Qué especie de favor es el que me haces, Sacro Dios, si a mi oído así te niegas? 2. Titoracio, mi Rey, señor, y hermano, qué novedad es esta, pues apenas con Gordiano de Roma te dejamos, del Empireo la máquina suprema a estallidos se rompe, y se estremece? Que amotinado el vulgo de los Astros, solo sobre este Alcázar es su guerra. Gran Duque de Acenina, noble Erato, divina justiniana, Ovinia bella, sabed, que estando ahora despachando la embajada, que Roma me presenta con Gordiano, los Dioses se alteraron, aplaudiendo, sin duda, mi respuesta. Por saber hoy la causa, he de seguirte: ay Justiniana bella! Bien se deja ver, cuan grande es mi amor en tu holocausto, cuando unas confusiones tan tremendas de tu belleza, aún no me han separado, Y el Tiber, batallando entre sus peñas, en torres cristalinas se remonta a luchar con el Polo, y las Estrellas. . Príncipe de Sabinia, invicto Tacio, qué confusión en tu Palacio es esta? porque están mis sentidos en ti misma. . Aún más que tú, hay Gordiano! a sentir llego la respuesta, que a Rómulo le llevas, infeliz embajada fue la tuya; antes yo, hubiera muerto, que tal viera. . O que envidia que tengo, al ver cuan fino Erato a justiniana la venera! . Qué congoja igualará a mi congoja, a no ver, que los Dioses, en defensa de Rómulo, y de mis, se han irritado contra el necio Sabino, Cual qué atruena! A seor Embajador, a seor Gordiano; como en mitad de Invierno el Cielo truena? Disteis ya la embajada? Qué es aquesto? Cesa Libelo: ay Cielos! Cesa, cesa, que he de hacerte un estracto de mis males. Pues yo ofrezco escucharte, ea empieza. Gordiano, Varón de Umbría soy, donde venturas tantas logré de los altos Dioses, que ellas mismas me anunciaba que para ser desdichado, siendo dichoso empezaba. Tan feliz, en fin, viví, que no habiendo quien turbara mi suave tranquilidad, disfruté edades bien largas Pues yo ofrezco escucharte, ea empieza. tanta quietud, que el valor ya se corría, y ajaba. Cansado, pues, de tal ocio, pretendí apurar las causas naturales, penetrar y las más profundas, y sabias Ciencias, partí a Alejandria a inquirirlas, y estudiarlas. Volví a Ombría de allí a breves años, (nunca yo tornara) a tiempo, que por la muerte de Roma, (Mujer tan sabia, tan varonil, y valiente, que llegó a emprender ufana, facción, que solo al mayor Legislador fuera dada) pues fundó aquesa Ciudad en las anchurosas faldas de los eminentes siete Babilonia, que el ser esta Montes, que el gran Tiber baña, y la dio su mismo nombre, por memoria de su hazaña: y en los postrimeros lances de su heroica vida, aclama por Dueño árbitro absoluto de su nueva Isla Romana, a Rómulo; ese famoso Campeón, hijo de la Sacra Pues yo ofrezco escucharte, ea empieza. belica Deidad de Marte, quien al instante se trata jurar Rey de aquese Pueblo; y al advertir, que a sus altas proezas venía estrecho, grande ambición; pero hidalga) todo el ámbito del Orbe dio muestras, de que intentaba dilatarle; pues en tiempo (empresa bien celebrada!) de seis meses, ensanchó a Roma, desde la playa del Tiber, hasta la cumbre de la celebre Montaña del Palatino, quedando desde hoy tan asimilada a la que en Siria fundó Semíramís, que no se halla más difetencia entre Roma, y entre la siempre turbada Babilonia, que el ser esta antes, que Roma fundada, Bien su confusión lo dice; pues con ser tan elevada A2 a los Astros la granmente de Rómulo, precisada se miró hoy a valerse de ajena dirección, para su heroica población nueva, pues ya perplejo brindaba con su lado, y su dominio, a cuantos nobles en armas, y letras expertos fuesen. Yo entonces, como anhelaba por calar los movimientos, y operaciones, que usaba en su fundación, dispuse profesar, por esta causa, con Rómulo la amistad, que firme mi pecho guarda. Viendo, en fin, Rómulo a Roma de Varones inundada, y viendo también, que Roma en sus principios labraba sus fines, y sus exequias, por la tan sensible falta de mujeres, resolvió prudente, solicitarlas en las Ciudades vecinas. Despachó tres Embajadas, muy atentas, y corteses; la una, al Duque de Toscana; con Salinator; la otra, con Cameratio, a la alta Ciudad de Espeleto; y yo a Sabinia. (ay, justiniana!) Seis días ha, que llegué a esta Ciudad, y las gradas de este Palacio pisé; y porque Tacio se hallaba ocupado, y divertido, fue fuerza se dilatara mi Embajada, hasta este día: pero aún antes, que dejara aquel día estos Salones, vi a la hermosa justiniana, Beldad, aún más que Divina, del Rey Titoracio hermana; y al mirarla, tan turbado quedé, (ay Cielo!) que juzgaba. que era el Soberano Templo de Venus, el que ocupaba: pues la rodilla en la tierra puse, y la vista inclinada a su hermosura, de modo la creía, y contemplaba Venus, que cruzando entonces por el retrete una Dama suya, con un braserito de oro, lleno de ascuas, saqué muy breve del pecho una inapreciable caja, la que de fragrante aroma una porción encerraba: y viendo que Cintra (así aquesta Dama se llama) se iba, sin hacer reparo en mí, la dije así: Magna Sacerdotisa, decidme: en qué mi devoción falta hoy al Rito, y a la Ley de este Templo, que te apartas, y huyes de mí, sin querer ver la ofrenda, ni acetarla? Llega, así te guarde Apolo, (proseguí) que con el alma te lo ruego, admite esta víctima mía; palabras tales moverla puditron, a que a mi voz se acercara, y entonces vertí en el fuego el olorifico ámbar, que en diluvios de perfumes, condensó toda esa estancia; y ella, al mirar tal acción, a risa se provocaba mas yo irritado, y severo, la dije: Mi pecho extraña mucho, la descompostura, e irreverencia; que halla en vos, pues al Simulacro, Altar, y obsequiadas Arás, la espalda volvéis; y admito, que quien ayer procuraba la devoción, y el fervor en los humanos, hoy haga sacrílegamente, que esta Ley quede violada. Raro frenesí, por cierto, Caballero, os avasalla! Nunca vi loco de más exquisita extrabagancia, respondiome, y me dejó; y al golpe de burla tanta, volví de improviso en mí: que si es el ruido aldabada, que despierta a el que en el sueño fluctua, cuando la magía de su deseo le finge glorias, y fortunas vagas: Para despertarme, qué: más ruido necesitaba, que la injuria con que Cintia al despedirse me habla? Vuelto, en fin, de este accidente, discurría, imaginaba (aunque en vano) en minorar su curso a la Tona, para volver el siguiente día a esta Esfera Soberana, donde siempre estaba fijo, apenas volvía el Alba. Hoy llego el caso, que el Rey Tacio, saber deseaba de mi Embajada el resumen; y entré a su Retrete a darla. Saludole en nombre de las Deidades Sacrosantas, y de Rómulo, mi Amigo, cuando aún antes que acabara yo de expresar el proyecto de mi atenta, y cortesana congruencia, su sitial dejo, diciendo en voz alta: A ese Idumeo; a ese hijo (ta expurio, nacido de aquella inna- sacrílega, le decid, que yo no doy mis Vasallas para esposas de los viles vándidos, que le acompañan. No bien había formado tan afrentosas palabras, cuando en la espada la mano puse, de cólera, y rabia; para embestirlo, y matarlo; y sin duda lo lograra, si no se hubiera interpuesto entre su vida, y mi saña toda la Deidad de jove; pues extremeció ese Mapa zafírico de los Astros, y colérico amenaza con sus rayos al Sabino, poniendo al Empireo en arma ruidosa, (como ya oístes ahora, cuando la causa me preguntastes) por darle a entender lo injusta, y mala, que había sido su respuesta; pues el Cielo se inquietaba. Tú dirás; (ay de mí triste!) que si se irritó mi saña contra Tacio, fue por ver, que a Rómulo le injuriaba, y a mí también. (ay Libelo. Si esto imaginas, te engañas; que mi furor nace solo (a quí el aliento me falta!) de haberme obligado Tacio, a que de Sabinia salga ahora al punto, para nunca jamás volver a pisarla perdiendo de aquesta suerte (nus la Beldad más Soberana que vio el Mundo: y pues que Ve ha dispuesto, (ay justiviana!) que yo te pierda, (qué ahogo! de ella he de tomar venganza vive el Cielo! podrá poco mi estudio, cuando no valga para destruir, y dar su Doctrina, y Ley por falsa. No he de cesar, hasta ver sus Templos, y sus Estatuas, profanados, y resueltos en humo, en polvo, y en nada, para que los Orbes digan, que aún las Deidades Sagradas ofendidas de Gordiano fueron hoy, y no vengadas. . No he visto en mi vida hom- de barbaridad más rara, (bre como querer aporrearse a con Venus; y me alegrara, que la estripara, por ver a Venus despanzurrada, Príncipes valerosos, yo no quiero nada emprender, por solo mi dictamen, sin que de vuestro pecho haga primero del mejor parecer un cuerdo examen; que este es caso tan arduo, y tan severo, que quise para entrar en su certamen de Majestad Augusta, y Regia, armarme la que prodigo el hado quiso darme. a Venus despanzurrada, No importa, que el tirano de Toscana, y el de Viter, tan mal os despachase, que yo me vengaré de ellos mañana, y de Tacio, que aún es de mayor clase contrario; pues ahora ante Diana orando, merecí me revelase, que el Sabivo, imprudente, y mal sañudo, a Gordiano ultrajó. (dolor agudo!) Esto supuesto, Amigos, yo he pensado darles a mis Vasallos con cautela lazos dulces de amor; mas mi cuidado, en encontrar el modo se desvela. estilo hallará el pecho lo que anhela? Decidme los Aquí a vuestra elegante elección dejo que examine el arbitrio, y el consejo. Rómulo Soberanó! . Gran Monarca! De cuanto baña el Tiber, y de cuanto el Palatino Monte altivó abarca! Cuyo aliento venera el Mundo tanto. Que ya como caudillo de la parca. Aún al viento das miedo, si no espanto. 2. Porque veas, que el alma te obedece su sentir, aunque inútil, ya te ofrece. Ah, envidioso Sabino, quiera el Cielo, que consiga mi pecho su venganza! Ay te doy el que encuentra mi desvelo, Y yo el que mi talento corro alcanza. Pues vea el alma vuestro amante celo. Solo le podrá dar a tu esperanza medio en tan arduo caso, e importuno, (cómo Dios del consejo) el Dios Neptuno. Con mi intento este voto, amigos, viene, no extrañes, Camerario, que yo el tuyo no lea, porque solo este conviene. Pues el mío has leído, que no el suyo. Os engañáis, por Dios. . Oh es qué contiene lo mismo uno, que otro. . Así lo arguyo. Pues veamos el vuestro. 3. Dioses Santos, quien en un punto vio portentos tantos? Haber dado los dos un mismo voto, con unas mismas cláusulas, y acentos? O! qué grandes favores, según noto, los Dioses para mi guardan atentos, que pasan de las márgenes, y el coto de sus impenetrables pensamientos. 2. Raras dichas te anuncian hoy los Cielos! Para vos las intentan mis desvelos, Salid del calabozo del pecho, ansias fatales, pues su cóncavo es, (cárcel. para tan gran volumen corta Ay Gordiano! Casar con Erato, no es dable, aunque por conveniencias de su estado, mi hermano me lo Decirle los motivos, (mande. que en mí ay, para negarme a tal consorcio, es imposible, sin que sea tratable tampoco, que Gordiano me vuelva a ver amante. Qué congoja! qué ahogo! Posible es, celestiales Deidades, que mi hermano, por ser yo la mayor, ha de obli- a casar con el Duque, (garme. a quien siempre constante aborrecí! Por qué te turbas? Llegó (ay Dioses!) a escuchar, Obinia, dolor fuerte! (me, (parte, Si es que al Rey Titoracio le da de que adoro a Gordiano. Que así me descuidase! Ya escuché, justiniana, (tarte. las ansias, que ha llegado hoy a cos Aquí me valga Apolo. . Lo discreto, lo amante. Gran Júpiter, valedme. . Del rayo, de Acenina Duque (grande: Qué escucho? Rara dicha! . Dos mil abrazos dadme. ( . Por qué es ese alborozo? Porque en en exagerar tanto a mi amante, Claro es, que esto es darte armas, contra mi pecho. (sarte? Según eso, mi amor llega ape. alpas mis desvelos. De una vez apuremos, . si hay más felicidades. No solo, pues, me pesa, mas aunque exales iras, y volca haré de modo, que (nes, solo a mí el Duque ame. Qué oigo, Dioses? O plegue al a vosotros, que llegue a efectuar lo que pretende Ovinía! Mas que envidiosa hermana? Fingir importa, Qué es lo que articulastes? Mira lo que haces. Hermana hermosa, y bella, no por temeridades. llevarlo pretendamos: Ea, que ya prudente venceraste; qué importa que conmigo el Duque Erato case, si alcanzas tu después, (casarte que haya el Rey nuestro hermano de con el bizarro Duque de Toscaba ea, date a partido, que. Cesa, (cansarte tirana Obinia, en vanores el Hermana; por los Dioses, vuelvo aquí a suplicarte, te venzas; que si no, (me con un puñal cruel he de matar. Cielos, qué a tal tu llanto pretenda precisarme! Quién vio mayor ventura? . Doite palabra, Ovinta, de alví. si es que ya no le tengo p. (darla, olvidado bastante, Oh hermana idolatrad Fineza tal, con qué podré pagar- Quién a quien de las dos . da fineza más grande. Tan presto lo agradeces? . No con tales recelos me acó. 1. Pues no ves, que me falta (bardes. lo esencial, para darte gusto; pues si mañana (acaben dispone nuestro hermano, que se de efectuar nuestras bodas, no es motivo bastante para yo repugnarlas: (sarte; decir, que tú con él quieres ca- porque esa causa, no tiene fuerza bastante, para que olvide hoy (tante. al mismo, que ayer adoré cons- Y si supieses, que él tuviese trato amante, y secreto con otra, bastaba: Quién lo duda. Y si aquí te enseñase yo alguna alhaja suya, no pudiera tu arte hacer creer a Sabinia, (amante, que el Duque de Acenina era mí supuesto que yo tengo, y ningún otro nadie, reliquias suyas? aro está; pero de qué modo alcanzaste alhajas tú del Duque? hay más dichas que darme, Deidades sacrosantas? (tarde, Estando una mañana, aunque muy en oración el Duque, en el Templo de Dafne. Yo desde la tribuna, (rarle, que cae al Templo, me salí a mí. reparé muy atenta la caja, donde trae la mirta, y el incienso; y mirando su peregrino esmalte, y hechura nunca vista, determiné al instante, enviársela a pedir, (de para despacio examinar su grana primor, bastante extraño; a que el Duque arrogante me la envía, diciendo: (vale, que caja, y cuanto hoy su poder lo pone por alfombra de mis plantas Reales, expresiones, que aunque (cen, del niño amor es cierto, que no ha- sonaron a mi oído como ternuras suaves. Ooh! Esta es la caja. Bien dices; porque su aliño es admirable. Espera la abriré, aunque no fue tratable hasta ahora a mi discurso, (la sabe pues solo el Duque Erato abrir Bien miento, porque la abro hap cada punto, e instante, y ahora la echo el muelle, porque la sea más impracticable a mi hermana el abrirla, a fin, de que no alcance lo que incluye su centro, (gante, (que es el retrato fiel de su arro- y bien ingrato dueño; porque si la dejase abierta, justiniana miraría el retrato cada instante, (al pensarlo, de bronce soy!) con que en vez de darle al olvido, (sin duda que en adorarle más ha de em- Si no se puede abrir, déjala, no te canses, ñarse. pues al intento nuestro, (halle nada embaraza el que cerrada se con ella he de servirte, en cuanto me intimaste. Y yo seré tu esclava para pagar fineza tan amante: ingrato Duque, el tiempo espero que ha de darte a entender, lo que gana (me. . tu pecho, y tu valor en adorar- De este modo ya tengo pretexto muy bastante, para que el Rey mi hermano, no intente con el Duque despo- divirtiendo así el tiempo, (sarme; logrando consolarme con aquella esperanza, de que por raros rumbos sea da- que idolatra Gordiano me vuelva a ver amante. Pero ay de mí, que no (ver!) ha de ser ya posible, (soy cada. pues mi hermano echó bando, que le prendan, o maten, a cualquiera Romano, que de su Pueblo el ámbito pisa Y que no baste aquesto, a que pueda olvidarle! Pero qué mucho, si (bastante? mayor causa, y razón no fue Como decirme Cintia, que es loco, e ignorante; (ble, pues cuando el primer día, que en Palacio me vio, y pude la rodilla por tierra, la dije me informase, (re. (mirarlo a qué efecto Gordiano (l pretendió para hablarla atrodí. Y me respondió (ay triste!) que llega a apoderarse del tal letargo, que (hable! se arrodilla a cualquiera, que le Qué desgracia! qué pena! Pero el Duque a esta parte llega; Dioses, yo no (me. sabré decir lo que llega a cansar. Bella: . Duque, cesad. Si haré, como declares, hermosa justiniana, (des. la causa de esas fieras cruelda. A las damas como yo, ea. bastalas el que presuman, que fue un galán en su obsequio, aleve, y falso, aunque nunca la presunción se confirme, para que al punto reduzcan la gratitud en crueldad. (chan Dioses, qué es esto que escu- mis oídos? Mas me ofende el darme a creer, que duda vuestro oído de mi encono la causa: id a la Augusta Majestad de Titotacio, y decidla, que repugna mi pecho el daros la mano de esposa; porque yo astuta supe los tratos secretos, (con qué pena lo artícula el corazón!) que tenéis con mi hermana, (quien mi furia probará también) y sea testigo de aquesta injuria esta reliquia, que a ella la disteis. . Estatua muda he quedado! . La que indigna es, por haber sido tuya, de estar en mi noble mano, siendo acción mil veces justa, que yo de este modo, a su dueño aquí la restituya. Dioses, con vuestras Deidades p. no cumplo, si no os tributa en sacrificio, mi pecho todas las potencias juntas, pues cuanto emprendo, por vos hoy todo se me efectua. La caja, (ay Cielos!) que di a Ovinia (el alma fluctua en el mar de tanto abismo, el corazón no pulsa, el labio indagar no puede, aún lo mismo, que pronuncia) Orbes, Mares, Cielos, Dioses, Hombres, Faunos, Ninfas, Musas decid entre todos, (si es que para lo que os procura mi pecho bastante sois) si acaso mis ansias luchan con las fantasmas del sueño? Y si no queréis (aguda pena!) decirlo, libradme de tan tumultuosa turba, que yo así sabré si ha sido sueño, lo que aquí me asusta, ,)y , d En aquesta frondosa verde Playa, donde solo me escucha el roble, el haya, gemir tengo, diciendo humildemente, Marítima Deidad, que con tridente, humido Cetro, riges; y dominas el Orbe de Ciudades cristalinas, dame en tal confusión, en ahogo tanto, favor. . Mitiga, Rómulo, tu llanto. Asombro imponderable! Qué he escuchado? en la estatua su espíritu me ha hablado. Dicha extraña! Y según lo que estoy viendo, sus miembros insensibles va moviendo. De Roma Deucalión, Prole del Mundo, no temas, que el instable, e iracundo hado infiel, con la edad de Roma acabe que yo he de hacer antídoto suave la congoja de tu tosigo todo, ya que por el atento, y cortés modo, no han querido los Pueblos confinantes de Roma, maridar con ella amantes, se unirán con la industria, y la cautela; Pública, pues, que das a la tutela de los materiales, o ya solemnes juegos, y verás, cual con estas novedades, se despueblan, y asolan las Ciudades por solo ver la tuya; y en estando todos sus Forasteros ocupando sus calles, dispondrás, que la romana juventud acometa audaz, y ufana al tropel de bellezas extranjeras, que inundaren tu Pueblo lisonjeras; y hecho el rapto, trocar es necesario en halago, y amor lo temerario. Primero en tus Romanos Paladines reinará la cordura, a cuyos fines, porque de esta, y de amor, hoy no carezcan, dispongo, que en tu alivio comparezcan Venus bella, y Minerva, hija la una del Mar, quien darla pudo tersa cuna, y la otra es oráculo elevado de todas cuantas ciencias me ha usurpado. Con esto queda en paz, Rey sin segundo, cuyos Vasallos ya les teme el Mundo, que aunque mi voz te falte, aquí te que mi imagen, para que animarte pueda. Celestiales Deidades, si tuviera juicio, con dichas tales le perdiera. Oh gran Rómulo invicto. Segundo heroico Marte. Venus es en tu auxilio. Minerva es de tu parte. Solo en vos hallar pudiera, bellísimas Deidades, bienes tales. Toma aquesta palma verde, ma este Ídolo bello. . Cuya reliquia, y bosquejo. (meneo. Toda mi sabiduria . Todo el imán de Hi- En ti depositará. . Dejará en ti para eterno. Con el alma lo recibo, Ahí te doy toda mi ciencia. Al todo mi amor te entrego. y al labio indigno los llego. Gran Rómulo, no temas. Porque a tu lado siempre. Estará mi elegancia. Y mis flechas ardientes. No temas, no, que a Roma. La falten las mujeres. Ni succesión heroica. 2. Con que eterna, y temida persevere. Oh! cuanto recenozco, que me estimas, Soberano Neptuno, pues has dado muestras, de querer verme ya encumbrado en la Esfera Celeste, donde ánimas, puesto, que antes de tiempo en estos Climas terrestres tantas alas hoy me has dado, que si ahora al Empireo no he volado. fue por temer, que sientas, y que gimas la acción de querer yo dejar a Roma, para que halle su fin en el momento mismo, en que su feliz principio toma, construyendo su cuna en monumento; así, loca altivez, tus ansias doma, continua en tu empezado intento. JORNADA SEG NDA

JORNADA SEGUNDA

Qué es lo que me dices, Duque: Muestra. . Digo, pues, que este cártel un Vasallo mío, quien hallarse pudo en Roma, a tiempo que andaban publicando entre los suyos las fiestas, que aqueste edicto menciona, y cuando discurro, que gustarias de verle, os traigo, por daros gusto al oírlas, el cártel. No si no cauto, y astuto, por ver si persuado al Rey a partirse a Roma oculto, para en su ausencia robar a justiniana. (hado injusto. Pues leed lo que conviene, Estadme atento. . Ya escucho, Rómulo, Rey Soberano, de cuanto el Monte robusto del Palatino registra, y cuanto en undoso curso baña el Tiber, ha mandado publicar con celo sumo los juegos, que Neptuniales los ha de llamar el vulgo desde hoy, sacrificando con ellos a los profundos Dioses, nuestra nueva Roma. Manda también, que entre cuyo regocijo, ayan de ir, sin que se excuse ninguno, a Palacio con sus nuevas esposas, que es el fin suyo obsequiarlas con su misma presencia, y cariño augusto. Así mismo nos previene, que en día tan absoluto, cualquier Príncipe Extranjero llevar pueda al lado suyo a su hermana, esposa, o hija, a gozar del noble asunto de tales festividades. Dado en salenda a veinte y uno: Tal novedad, qué os parece? Astros, aquí vuestro influjo. . Con que según lo que aquese edicto menciona, hubo quien les diese a los Romanos Mujeres? Así lo arguyo. (do Posible es, Duque, que ha abí- quién dio esposas, para el nudo de tan viles parricidas! Tendría alborozo sumo en hallarme allí, por ver. que Damas son las que indujo la suerte a su más, que indigno poder. Qué halla tu discurso difícil entrar en Roma disfrazadamente oculto? Ver a Rómulo en Palacio, que no me será, discurro, muy difícil, y así intento partirme a Roma ahora al punto. Hado, algún día, no habías de separar lo iracundo? Los dos iremos llevando, con nosotros, porque es justo a justiniana, y Obinia, acción, que estimarán mucho, que las Damas son amigas de ver, y saber. Qué escucho! Peor está, que estaba Dioses. Titotacio, yo repugno tu intento, yo no le apruebo; pues quien entre tal tumulto pretende llevar consigo su honor, pues no es corto triunfo guardarse uno a sí mismo en día de tanto orgullo. Duque, donde yo no esté . nunca ha de estar mi honor puro Vive el Cielo, justiniana, que aún todavía presumo robarte, aunque a Roma vayas al lado del fuerte muro de Tacio! Y por los funestos piélagos estigios juro, que has de estar en mi estado, antes que se oculte ese diurno Farol en el Occidente, pues parto a Roma en vi tan veloz, que exceda al Catro del Dios Bolo en lo argudo; Mío has de ser, Monstruo bello: pero ay de mí! que mi orgullo; y mi valor titubea, cuando a imaginar acudo el rigor que ha de mostrarme al robarla, el que sañudo podrá matarme: mas no, que yo oblaré, que su injusto rencor me quite la vida; pues yo haré, que al lado suyo venga Anfile, a quien llevar de paso a Roma presumo, para desde allí partirnos a Acenina los tres juntos; y de esta suerte esta ingrata, ocultará lo iracundo, o por modestia, o por no desairar al noble augusto sujeto de Anfile bella, mi hermana, quien con estudio halagará a aquesta ingrata. Ea, Venus, hijo tuyo seré, como no malogres este trofeo, que busco. . Ya quien duda, que de haber a los Dioses ofendido, te hallarás arrepentido. Quien lo duda; pues ayer junto a un Ídolo, pasando de Siquís, que en el camino de Roma está, a un Peregrino vi delante de ella orando, díjele, que en su oración celase, que tiene pena de muerte el que se enajena en su Rito, y devoción: pero aunque con argumentos varios le iba a reducir, no le pude persuadir a aprobar mis pensamientos? y cansada mi paciencia de tanta dispura, hice lo que el vano Alcorán dice, y es que toda competencia a la sangre, y al rigor se reduiga; y así, allí al infelice le di muerte con tanto furor, que por saciarse mi saña, cogió el cadáver, y ciega contra la Estatua le estrega, y de púrpura la baña: y porque veas que estoy arrepentido, óyeme: Luego que a Roma llegué, y vollé este Palacio hoy, iracundo con la espada dejé una Estatua caer, que pude ver, sin querer, de ese frontís en la entrada, Era de Venus la imagen, y mil veces la pisé, y en el suelo la dejé, para que todos la ultrajen: y mientras que con mi aliento no acabe, (ya que no quiere, favorecerme) no espere de mi otro arrepentimiento. Es posible, que artícules tal, sabiendo, que no gusto de ello, y que tengo disgusto de que no lo disimules. Ah, mal gentil sacrílego! Sí? Pues advierte Líbelo, que ni aún a ti, vive el Cielo; reservaré, si es que llego a ver, que adoras los Dioses. Norabuena: Antes por eso lo haré peor;, Como tu hacerlo no oses en mi presencia, no importas Cómo no? Hay más que morir mártir? Pues en mi sentir, será gloria nada corta. Sacra Deidad, yo te saco la espada, por no tener víctima, que te ofrecer. O!Dios Sabroso, Dios Baco! Libelo, dame los brazos. Dame tú, Baco, valor, pues voy a ser por tu amor (. cuatrocientos mil pedazos. . Pero no, no tengo aliento . para morir, no es posible. No vi valor más plausible en tan bajo pensamiento. (. Huiré, pues yo juzgaba, . que era de burlas. . No solo. Ay de mí! Válgame Apolo! No te daré. . Pena brava! Muerte; pero te he de dar mil abrazos. . Qué es aquesto; el lanca bien se ha compuesto, . pues podré disimular. Dime, por qué no me matas? Por no darles un trofeo a los Dioses. Mi deseo no logro, si no desatas en mí tu ira. . Sospecho, que les hago más ofensa en hacer, que en su defensa nadie muera a mi despecho, que si ya a hacerles agravio no es mi crueldad bastante, he de acudir elegante a la energía del labio, ni creerá, que ya me pesa de no haber la vida dado . por ti, Dios Baco tostado. . Ya mi humildad te confiesa mi flaqueza, y mi pecado; y pues ya me ves contrito, quien duda, que mi delito le darás por perdonado? , , s Dioses, Dioses es posible, . que mi planta a Roma pisa! Yo en Roma? Loco deseo, qué es aquesto? Extraña dicha! Aquese seguro Erato todo el recelo me quita. . Ya veo, hermano, lo mucho que me aprecias, y me estimas, pues me has traído, a que vea novedad, que no creía examinar nunca, y tanto deseo en verla tenía. No me lo estimaras, si supieras la intención mía, hoy tirana has de estar, dentro de un instante, en Acenina; y porque no cales mí designio, ni mi malicia, finjo, que a ti te aborrezco, y que amo a tu hermana Obinía. Nunca creí, justiviana, que anduvieses hoy tan fina conmigo, puesto, que al Doque le olvidaste, con tan viva eficacia, que le ha sido preciso amarme, qué dicha! Obinia, no me recuerdes eso, mi pecho te avisa, si no quieres obligarme a que a mi gracia le admita otra vez: fingir importa. . No, amada hermana, no hablaré ya de esto, si olvidarle en eso estriba. Tacio, en qué tan suspendido estáis? . Es lo que me admira, ver tan ensanchada a Roma, ver sus torres tan vecinas con el Sol; y al fin, ver hoy, que es segunda confundida Babilonia, la que ayer era una pequeña Villa. De ese mismo modo, todos por gran portento lo afirman. Yo, pasmo en fin, aquí solo nos falta, quien nos dirija a la parte donde cae el Templo, que nos decían, que a Diana fabricaron los Romanos, quien confina con el Palacio del Rey, siendo hoy el primero día, que con los círcenses juegos, los Romanos sacrifican en él. . Pues para encontrarle, hay más de seguir la línea, que toma la demás gente? Decís bien. Pues a seguirla. Tente, Duque, que allí veo un Romano, de rodillas y sacrificando, y el mismo Soldado es, que fue a Sabinía con Gordiano; hablarle tengo, por ver si se verifica lo que decís, de que no será en Roma conocida mi persona, en este traje. Baco mío, aún no respiras? Ah Soldado. Baco me habla. Qué quieres, Deidad bendita? rano. Deidad soy, pues que los Dioses me gritan. Ah Soldado. Gran portento, gran milagro, maravilla! - Pero qué milagro, ni l. que diablo, pese a mis tripas, pues son los que me han hablado, estas figuras malditas. Soldado, de qué os turbáis? Vive Dios! Advierte, mira, así Júpiter te guarde. Bien elevada tenía su atención. . Recóbrate, Es de persona exquisita el tal Soldado. . Por qué con tanta atención me miras, Romano? Me has conocido? No dudes más, imagina, que en campaña fui tu amigo, cuando Soldado. . Por vida de Apolo. Aa! compadre mío, tú estás aquí? No te había conocido; has olvidado aquellos tiempos, y días, que estabamos en campaña en las guerras de Sabivia, cuando eras tú en los Reales de Tacio, y de la cocina de su Tienda, el Ayudante, o Sollastre, y me metias en ella, do me llenabas de forraje aquesta tripa? Viven los Dioses, que está loco este hombre, y es precisa acción seguir lo que dice. Has visto jamás, Obinia, otro más celebre lance? Nunca. . Ni yo, por mi vida. Toca esos cinto claveles. El hombre es todo una risa. Qué sea esto fuerza, Dioses! Danos, amigo, noticia de esas Damas, de esas nuevas esposas de Roma altiva. Qué bien creído lo tienen, que hay Damas, y no hay maldita; pero si hay tal, que las veo. Dónde vi yo a esas dos lindas? Cálido Baco, no caigo. Ya que queréis individua noticia, de lo que en Roma sucede hoy, oídme. Dila. Las nuestras esposas nuevas están en la galería de aqueste Palacio, hasta que en la función aplausiva del Templo, se nos entregué a cada uno su querida esposa. . Faltaos también decirnos, de que Provincias han venido? . De la Gotía. 2. Góticas son? Y muy lindas. Bien miento. Oh cuál que caeréis en la trampa taróncicas! Venid, hermosas Madamas, a las fiestas, y alegrías; seguidme al Templo, y veréis (cuando ya esté concluida la función) por esas calles, como corren, como gritan muchos Paris, y Plutones, Elenas, y Proserpinas. Hal pobretes, cuanto dierais por comprender este enigma. Pues no me conoció este, celo que me aftija, Ingrata, si he de robarte, h. qué importa tu tiranía? Al savor, que me hizo Erato, quedo obligada, y rendida. Si no he perdido el talento, ha sido, porque creía, que eran las dichas, que toco, o soñadas, o fingidas. Ay Gordiano, ya soy tuya, darate aliento mi vista; porque al verme, no te mate novedad tan repentina. , h A ti, venerado asombro, solo hinco la rodilla. Príncipes, y amigos míos, porque veáis, que imagina mi amable ansia, premiar vuestra fineza prevista, atendedme? Contemplando yo, que vuestra edad florida se va malogrando, sin pagar hoy la tributiva pensión de amor, a la siempia sagrada Venus propicia, dispuse por esta causa; y por otra más crecida, (como ser preciso dar succesión a vuestras ricas posesiones) daros hoy esposas nobles, y ricas, porque no tengáis vosotros nada, que envidiar, en día que gozarán mis Romanos tantas suaves delicias en el robo, que han de hacer, pues han de ser preferidas vuestras personas, a toda la Romana comitiva. Di una orden allá dentro a un Soldado, quien la vida perderá antes, que faltar al decreto, y orden mía. Mándele, que discurriese a Roma, debajo a riba, y que de las extranjeras Damás, que sus calles giran, til de a tres de las más bien matizadas, y prendidas, a las cuales con halagos, o con lo que su entendida cordura juzgare ser mas al caso, las dirija a este Templo, en donde amantes vuestros afectos las sirvan. Y a ti también, por (los grandes favores, que aquí nos dictas. Entro a lo serio: Señor, tu orden augusta cumplila: A las puertas de este Templo tengo tres Damas bien lindas, esperando la segunda orden de tu voz benigna. Oh leal Soldado! Pues vuelve, y a mi presencia las guía. Sirviéndolas vienen dos Braceros, o Camaristas, bajadlos entrar también, que nada importa; mas mira, que has de dar, cuando contema que los juegos finalizan, (ples, la seña a son de trompeta, para que con osadía entréis a saco, valientes, a las bien desprevenidas Extranjeras, Está bien, que ya rabio por ver niñas. Ya ellos tomaron la puerta, Señor, y acá se encaminan. Hermoso Retrato, dime si tu original me olvida. Dos Nobles. Dos Extranjeros. (ras 2. Gran Señor, son los que mí- postrados a vuestras plantas, que es justo, que así se rindan, por la dicha de mirar vuestra persona benigna. Sentaos, pues, y cubrios. Es posible, que mi altiva vanidad, como vasalla, (aunque encubierta) se humilla a una soberbia, que ayer aún no admitió para amiga? Que mucho, si amas arrojos, la currosidad obliga? La Fábrica del gran Templo, es un pasmo! Es maravilla! Sus Bóbedas, y artesones, son portento! Es cosa tica! Tú, Soldado, ve al Alcázar, a donde se depofitan las nuevas Romanas, vuestras esposas, siempre propicias; y para que el Templo ocupen, con la seña las avisa, pues se van a principiar los juegos: Lo que haces, mira, disimula siempre. . Ya ellas en tropas festivas van llenando todo el Templo, excusándome la ida. Duque, ver estas Romanas deseo con ansia viva. Y yo, ya tardo en hallarme con tu hermana en Acenina. Con más majestad, ni más placer, fausto, ni alegría, no pienso verme jamás, Obinia mía. . Ay, amiga, distintas son! Labio, tente: . No os declaréis, ansias mías. Ay, Gordiano! Venturosa es quien te advierte, y divisa con el grande Rey de Roma en igual Soberanía. Ruégote, lámina bella, que me avises, que me digas, si en Sabinia, justiniana se acuerda de mí, o se olvida. Qué hermosa es aquella Dama! Qué mujer tan peregrina! , . (diano! Ah, vil hombre! Ah, vil Gor- Hoy he de hacer vengativa, que con rabia te aborrezca la Dama, que sacrificas; que fuera en mi impropio, cuando me ofendes, no ser impía. Ya sabes, Venus, a lo que Júpiter nos envía. Hoy, Sabinas hermosas, recibiréis mil dichas; pero con tal semblante, (gria; que volveréis en llanto la ale, (bre, Qué tiene en la mano este hom que de ello el ojo no quita? Yo haré que alce la cabeza; Gordiano, repara, y mira allí a Cintia, la Criada de tu Dama, haber si pica. . Qué miro! No es Justiniana aquella? Tente, ansia mía! Que no; que es que me la finge mi amorosa fantasía: pero no hay tal. Dioses, Dioses, mi mente sueña, o delita; Eres tu Libelo? . Sí. . Aquí te ruego me digas, si estoy durmiendo, o velando? Hecho está una badurrina su entendimiento. Si duermes, hombre, sin duda maldita y no miento, pues no es otra . cosa, que un sueño la vida. Rómulo invicto! . Qué dices? Quién a esta inquietud te incita? Suplícote, que des orden, que las voces, y armonía, hagan poco estruendo; porque si me despiertan, me quitan un más, que dichoso sueño. Qué sueñó, si es que delirtas? Qué es lo que he vistó en Gordía Loco es: bien dijo Cinria, (no? Válgame Apolo, qué ahogo! Pensé, (ay de mí!) que veya en el Templo a Justiniana. . Aquí muero! Qué desdicha! Que a esto viniese yo a Roma! Ya ves de mi vengativa rabia, Minetva, el efecto. Por justa apruebo tu ira. Qué miro? otra vez volvéis a honrarme, Sacras Divinas Deidades? Quién en el Mundo tales bienes participa? Oh, Sacres Romanos! Ya tenéis dormidas. A las débiles Garzas. (vinia. Que dejaron su nido en la Sa- Alcones, quedito, pasito, (las. sin estruendo alcanzadlas, y seguid Diversión solemne, Duque! Majestuosa, y divertida! No pienso nunca tener día más gustoso, Obinia. Yo tampoco: Pues el Duque Clicie, amante mi luz mira. Pues yo despierto estoy. (nia. Ya tardo en volverme a Sabi- Quedito: ce, cé, Romanos, que duermen; no hasta haberlas asido, (deis. no se os huyan, y burlados que. Pasito: ce, ce, que duermen; que duermen: mirad lo que hacéis; acercaos a ellas quedito, y con grande silencio las prender, Qué Damas son estas, que ni salen, ni lo imagmnan? Ya va llegando la hora de que vayas a Acenina, ingrata. . De qué sirvió quererte yo: Cruel desdicha! Despierto estoy, Dioses, Dioses; Hay justiniana Divina! Marte debió de traerte a Roma, desde Sabinia. Justiniana en Roma, Cielos? Raro asombro, y maravilla! Ea, Príncipes, y amigos, con grande decoro asidlas a esas Damas, y a el recinto de este Templo conducidlas, y luego echad fuera de él a los que en su compañía vienen; y si se resisten, dadles sepulcro en sus Piras profudas. . Y toque el parche a rebato, y a fagina. . Muerta soy! Sin alma quedo. Ay de mí! Soy piedra fría! Tan baja traición, no tienen las historias esculpida; De coraje, y rabia muero! Yo reviento con la ira! Soldado, darete muerte, . si no partes a Sabinia, a participar a Tacio, tu indigno Rey, la noticia de mi venganza; porque cuanto más a prisa gima, será mayor su dolor, y mi acción más aplaudida. Si no muero por mi honor, cumplo mal con mi osadía. Él no morir, viendo presa mi Dama, es vil cobardía. Todo es un asombro, cuanto por mí los Dioses practican. No eres hombre, si no atrapas, Líbelo, cuarenta chicas. Ay justiniana! jamás Teneos, voto a Baco; juzgué mirarte tan mía. Beldad, si te he dado el alma, pregunto, cómo no animas? Pierda yo el aliento, humana Deidad, si tú no respiras. Príncipes, con todo obsequio a esas Damas asistidlas en su letargo, que es fuerza dar las vidas, por sus vidas. . 1. Favor, Dioses! 2. Piedad, Cielos! 1. Ya es en vano. 2. Aunque más gimas. Vive Dios, que no han dejado para mí ni una chiquilla. 1. Soy muerta, ay de mí! 2. Traición! 1. Lealtad es. 2. Pero muy fina. Teneos, voto a Baco; todas, todas me las pillan: voy allá echando venablos: . Ha perros, que éxhalo chispas. 4p0 G0 É p33 JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

El gran Rey de Sabinia, quien arribó a vengar tanta ignominia, viva siglos ufanos. Viva el cruel ázote de Romanos; viva con mil placeres, pues pues viene a restaurar nuestr Haced alto, Soldados, hijos de Marte, rayos animados. Catorce mil Vasallos míos, fuertes, en cinco mil Caballos, y nueve mil Infantes a tu Ejército uní tan artogantes, que ellos mismos indican, que es valor, aún más, que el que publican. Mi coraje, que doma a la misma soberbia, tema Roma; y la belica trompa, esas regiones yenda, corte, y rompa. A esta verde campaña, a quien el transparente Tiber baña, y do mi huella estampo, haré la bañe en púrpura mi Campo. Al asalto aspiremos, con las huestes, y tropas, que traemos, de los muros soberbios. Rasguemos sus marmoreos fuertes nervios, Tente, que esta es la gruta, por donde la Romana turba bruta, ayer nos arrojaron. Y harto fue, que la vida nos dejaron Examinar su buque otra vez es preciso, invicto Duque, porque a entrar quepa todo mi Campo en Roma, con ánimo Godo. Mi pecho te previene, que es preciso saber también, si tiene boca ese centro dentro, que salga a la Ciudad. . Erato pienso, que la tiene; o haremos, en el caso, de que no la encontremos, que a pala, y tapa, nuestra Infantería la abra con silenciosa batería. Bien dice tu ira fuerte. Vive el Cielo, que tengo de dar muerte cruel, a los que habitan aquese Pueblo infame; etnas vomitan mis ansias al decirlo, pasarles tengo a todos a cuchillo. Reservando se entiende las Infantas. . A esas más comprende mi saña, porque adviertas: no sé como no muero al pensar tal afrenta! Dolor fiero! Haremos, que se riegue Roma con su vil sangre, y que se anegue. Mi pecho abismos vibre. , . Roma, de nuestr Bella Obinia Ánfite hermosa? Oh cuán grande fue el fracaso pasado, pues al presente con tanta ansia le lloramos, como si acabara ahora de suceder: sin Erato yo? Yo en Roma prisionera? Desgracias, aspacio, aspacio. Mayor perdida es la mía, pues patria, amante, y hermano, me saltó todo en un día. Obinia bella, sigamos a Justiniana. . En qué parte se hallas En aquellos cuadros del jardín; advierte como solloza. . Es verdad, notando, que nos dijo, que ella no llora por lo que lloramos nosotras, sin que alcancemos el motivo de su llanto. Dejad el dolor, que es ya más delito, que recato; tú, Ánfite, para llorar puedes haber alegado (libre. sira rabia Dios te más, que el que te hallas ausente de tu patria, y sin tu hermano? Pues esto mismo no había de sucederte, di, cuando pénsase tu hermano el Duque dar a tu hermosura estado? Ausentándote de él, para jamás volver a sus brazos? Y tú, Obinia, es la razón, que alegas para tu llanto, el que perdistes al Duque, pues es dolor mal fundado, que aunque en él perder pudiste un grande amante, has hallado en Camerario, otro igual. (. Y a ti, el invicto Gordiano . de Umbría, te adora; yo aae. bien sé, que el día del rapto, juzgando ser mi hermosura, a Ánfite tomó en sus brazos, y no me ha pesado de ello. (to, Qué importa: ay de mí! si ingra- y desatento me dijo, que le había traspasado toda el alma, haber aquel día mis luces robado. Lo mismo casi me pudo decir a mi Camerario; bien, que de allí a poco tiempo rondó mi luz, intentando trobar lo que había dicho: y es rendimiento tanto, que si no le excede, iguala con el que le debí a Erato. Qué bien aquel docto dijo, que somos monstruos ingratos, e instables, que a la menor preferencia, que encontramos en otro amante improviso, al primero le olvidamos: somos Sabinas, en fin, y saben todos lo vario de nuestras operaciones. Prince Pero en suma, Salinator (Justiniana) es quien motiva tu pena, se mostró acaso irreverente a tu obsequio? No, que antes son sus halagos atentos, los que motivan, y aumentan hoy más mi llanto; solo lloro crueldades de la fortuna, ese vario monstruo, que me quita cuantas dichas Venus me va dando. Comunícanos tu mal, hermana. . Acaba. Escuchadlo: de Sabinia, sepa, Ovinia, Viví como Pi (no importa, que esto ya se que es fuerza en esta historia repetirlo, y fuerza, que las dos volváis a oírlo) ufanas, y libre, solo tributando altiveces a Marte; mas mirando Venus, que de su imperio olvido hacía feudataria, también has de ser mía dijo, y su pensamiento no fue vano, pues movió con impulso soberano su guerra en mi arrogante pensamiento, de esta suerte empezando su somento: Rómulo, en su primera Monarquía, hizo a su amigo el Príncipe de Umbría, Enviado de Sabinia, en ella entra, dulzuras al nombrarle el alma encuentra. De Roma Embajador entró Gordiano en Sabinia, a pactar entre mi hermano, y Rómulo, una eterna, y siempre firme amistad, que asegure, y que confirme las paces, por eternas, e inviolables, entre dos Majestades tan loables, pidiéndole al Rey Tacio en réenes de ellas, a mí, y a Obinia, sus hermanas bellas, para dignas esposas de sus nobles Príncipes, y también por más redobles, seguros, así mismo le pedía le enviase de su larga Monarquía dija Ciudad, que con el Sol su frente eleva. Su embajada aquel día dar no pudo, porque el Rey, silenciosamente mudo, dijo, que para ver a nadie estaba, a causa de un cuidado, en que fluctuaba. Salió otra vez Gordiano de Palacio, en cuyo suntuoso; y Real espacio, lo dichoso pasaba a ser locura; pero envidiosa, y vana la fortuna, como dando a entender, que no hay ninguna felicidad sin ella, me derriba de la que estaba hollando cumbre altiva: pues dispuso, que astuta una criada, a creer fijamente me persuada, verme, y amarme, todo fue en un punto, según señas, que en él veo, y apunto; seis días se detuvo allí, en los cuales rondó de mis mansiones los umbrales. Y Venus luego entró fuerte a rendirme, y no la costó mucho el persuadirme, al mirar lo rendido, y lo obsequioso de Gordiano, galán, noble, y famoso, con que delicias Venus me brindaba! pues prodiga al oído me dictaba, no dudes, que gustoso el Rey tu hermano, en Umbría te case con Gordiano. Con tal inspiración, y tal ventura, que en Gordiano concurre (a inconstante bestigio!) mucha parte de ignorante. A tal informe, entonces fui de hielo bulto, inmóvil; pues sin ningún receló, tal vez le contemplaba ya evidente, y tal vez ilusivo, y aparente. Viéndome en tal congoja, Venus bella culpó de mal fundada mi querella, diciéndome, que como era posible, que hubiese en él defecto tan terrible; pues de ser esto cierto, es cosa clara, que Rómulo a Sabinia no le enviara con negocio por sí tan arduo, y grave vida persuasión, afirmando lo que aquesta Deidad, benignamente me amonesta. Llegó a día; en que quiso el Rey mi hermano despachar la embajada del Romano, cuya ocasión mi pecho imaginaba, que mil siglos, y edades se tardaba; pues todo mi deseo, era partirme a Roma con Gordiano, amante firme. Al Rey participó todo el Expreso, que incluia de Rómulo el Congreso, cuando deja el Dos el de saña armado, Tacio apenas escuha tal tratado, y no solo a él se niega su ira fuerte, mas quiso allí a Gordiano dar la muerte. Yo, que tras de un cancel pude escucharlo, quise salir entonces, a matarlo, tan colérica, y ciega, que creía, que toda la celeste artilleria sobre nuestro Palacio se iba hundiendo, imaginado, solo fue este estruendo supuesto, que queriendo averiguarlo, llegué disimulada, a preguntarlo al Rey, quien me responde, que no entiende lo que mi confusión saber pretende. Tan confusa, y sin alma quedar pude, (quien hay, que de suceso tal lo dude? que escogía la muerte, por partido, por serme ya dolor menos crecido, Cansada Venus ya de la fortuna, por su vil competencia, e importuna, en vencer se empeñó todo imposible, con divinidad suma, e indecible. No temas, me decía, (mal resisto mis penas!) este lance, que aquí has visto, que aunque a ti te parece ya intratable el que vuelvas a ver tu objeto amable, posible te ha de ser volver a verle, que yo a este monstruo ingrato he de vencerse; Con este gran consuelo, que me daba mi esperanza, a su estado se tornaba, (que es todo suavidades, cuanto inclina) los impulsos de Rómulo, a que intente mujeres adquirir, para su gente; para cuyos efectos, grandes fiestas en Roma divulgó, porque con estas nuevas celebridades, se despueblen, y asolen las Ciudades, para ir a ver la tuya sin cuidado. Apenas fue en Sabinia divulgado aqueste tan ruidoso, y grande asunto, se admiró el Rey, mi hermano, y luego al pun mil arbitrios, y modos discurría, para ver como en Roma entrar podría; al fin modo, y arbitrio encontró, y toma resolución de ir a ver a Roma, llevándonos a mí, y a Ovinia bella a su lado. Ahl tirana, infausta estrella? Las calles, pues, de Roma paseamos, y aspació su gran máquina miramos; y después en el Templo de Palacio, nosotras tres, Erato, y Totacio, entramos, porque Rómulo, aquel día franco para los nobles le tenía, en cuya sacra estancia, y holocausto, asiento nos dio a todos con gran fausto. Mira, me dijo Venus, como pudo mas mi ingenio, industrioso, audaz, y agudo, que la saña iracunda de esa fiera, ya verás cual dispongo de manera, que alcances dos victorias muy famosas; la una es, que con estas cautelosas fiestas, que alegre ves, y consideras, robe el Romano, cuantas extranjeras incluye su Ciudad en este día; es la otra, que venzas la porfía de ese monstruo: hoy tu triunfo será fijo, apenas finalice el regocijo, Gordiano en este Templo ha de robarte, y así, no trates más, que de alegrarte. Yo, aunque con tal ventura, sin mi estaba, que casi fin volví a cobrar aliento, para solo decir: Sacra Deidad del azul Polo, por donde ya mi pecho dudar puede, que con Gordiano en Roma hoy me quede? Para estar ya en sus brazos, qué me falta? El alma de placer se sobresalta. Advirtió la fortuna mi contento; (no sé cómo al decirlo cobro aliento) y cuando averiguo, que había sido quien su máquina había destruido Venus (porque hasta entonces no sabia, que era Venus la que la competía de una vez echó el resto de sus iras, como diciendo alegre, ahora te miras, pero muy poco tiempo ha de durarte, pues tengo vengativa de dejarte de todo punto ya, sin esperanza, porque esta sea mi última venganza. Ay Obinia! Ay Ánfite, amiga amada, qué no hará la fortuna ya irritada! En metad de las fiestas de aquel día, cuando yo suavidades mil bebía en la presencia airosa de Gordiano, en pie le advertí puesto (hado tirano!) de un frevesí oprimido, que le irrita, y a desvaríos mil le precipita, tanto (ay de mí!) que dije: mayor daño es el suyo (infelice desengaño!) pues entre dos desgracias, mejor era el ser loco, que no que necio fuera. Aquí es donde fluctua el labio mío, y ya se me estremece el pecho frío. Venus, (dije en desesperado acento) si no ignoraba ya tu pensamiento, el defecto tan grande de mi amante, (el que me ha precisado, y con bastante causa, que le aborrezca) por qué, dime, me has traído engañada? Sufre, y gime, (me réplica) que aunque te ha parecido, necio, yo le haré cuerdo, y entendido. Vosotras que pues Venus me ofrece, y me previene hacer cuerdo a Gordiano, es desacierto llorar comó infeliz, y yo os advierto, que el haber dicho aquello, fue fingido, por no mira? mi aliento desfallido; pues no es fácil que Venus algo, trate, sin que, este monstreo noe lo desaeate. Solo curte penas Aautas aa consuelo ha quedado conmigo, soy un hielo!) de que el Cielo se agrada, de viva resistiendo a esta ingrata vengativa: Y así, llena de esfuerzo, hoy he de armarme, para cuantas desdichas quiera darme, pues al menos consigo la alta, gloria de que diga del Mundo la memoria, que una dama, valiente ha dominado a la instable fortuna, y aún a el Hado; y también pondrá él pie sobre la Luna, mujer que ha resistido a la Fortuna. Bella justiniana, digo, que tuvo razón tu labio, cuando dijo, que era culpa nuestro dolor. . Me han dejado tus congojas sin sentido. Y a mí una estatua de mármol. Vuestro amor estimo, amigas; pero aquí llega a estos Claustros Gordiano: Dejadme sola con él; las dos retiraos. Pues qué intentas? . Dinoslo. Darle a Gordiano mi mano, y hacerle de mi hermosura Dueño; mas que sea falto de entendimiento, porque no logre ese Monstruo vario sus designios. . Es posible, qué intentes tal! . Haz reparo, de que quien se entrega a un loco amante, se pone en brazos de la muerte. . Vuelve en ti, que eso, y lo que ha deseado fortuna, es todo uno. No hay tal. 2. Advierte. Es cansaros. No insistáis en ese tema, si no queréis, que a mis manos mismas fenezca mi aliento, En ese caso, el dejaros es más cuerdo; pues morir a las manos de Gordiano, es más dulce muerte, que morir en tus mismos brazos: y así, pues, Gordiano, llega,y me desvío. . Y yo me aparto. Bellísima justiniana. Apolo, Príncipe, os guarde. Oh, que bien hacéis alarde de esa esquivez inhumana, que nuevamente temprana en vos vive, en vos se halla, y la causa investigarla, no tengo; sí, pretender no quitaros el placer de tenerla, y sustentarla. . Venus, qué es esto? No son de loco aquestas palabras, mi dicha, sin duda labras. Antes en esta ocasión, obligación generosa, fielmente reverenciada; y de modo, mi postrada atención teme el respeto de tu Divino concepto, que con bizarría osada subiera hasta el capitolio del Sol, y le derribara de su sitial, y os sentara después a vos en su Solio, donde con perfumes de olío vuestra persona anegara, (si preciso lo mirara) porque nada allí una vez le faltara a tu altivez; todo esto por vos obrara, con tan nueva admiración, he de ser la loca yo: bien tu piedad me anunció, cuando me dijo, qué había de ser feliz todavía, quién más venturas logró? Por Princesa, y por hermosa; y en suma, por ser mujer, debéis vos, Señora, ser de mi noble, y obsequiosa mas ao amaros. . Soy mortal! Porque si Venus entiende, que me irrita, y que me ofende en hacer, que vos con tal ingratitud (fuerte mal!) me tratéis, no solo intento, que sepa, que no lo siento; pero que sepa también, que al mirar vuestro desdén, cobro tan grande contento, que si ella quisiera ahora trocar vuestra ingratitud, en amor, y gratitud, de vos huyera, Señora, y de la luz de tu Aurora, porque no dijese ella, que tuve que agradecerla; y también, que es lo especial, por no veros a vos mal empleada, que sois bella. . A quién tanto infausto acaso en el Mundo ha sucedido? Solo hallo (pierdo el sentido!) mil muertes a cada paso; todo es horror, y fracaso! Venus, pues me ves así, compadecete de mí, o dame muerte cruel. Quedome en este cancel, que viene Rómulo allí. Noble, y hermosa Princesa, quien duda, que solo yo he sido quien causa dio imprudente para esa inquietud de VaA. Y pues Agresor he sido, porque a Roma os he traído, esgrimid contra mi cuello, pues logro mi dicha en ello, aqueste acero bruñido. V. Mag. Señor, alce del suelo, porque are hasta tanto así estaré, pues antes debo a tu amor mucho bien; mucho favor V. A me dé muerte. Si haré, como vuestro fuerte pecho obedecerme quiera. Nada, es posible, que infiera mi pecho de lo que advierte. Gran Señor, lo que os suplieo. Pedid sin miedo: pues qué mandaréis, que yo no haré? Cuando el alma os sacrifico, y aún más de lo que público? Nada más pediros quiero, que el que vistáis el acero. Bien está, que yo sabré como os desagraviaré, ya que ahora por vos no muero. De esa congoja en que os vi, decid, Señora, la causa, para que pueda hacer pausa mi desasosiego. . Aquí entra lo que pretendí, oír. . Digo: Oh generoso Rey de Roma, victorioso, que ha habido en aqueste Templo mujer, que dar pudo ejemplo al amor más obsequioso. YYo, pues, he atropellado por la fama, y pundonor, para rogar con mi amor a un hombre, y aún no ha bastado para que se haya postrado, ni aún a el agradecimiento menor: mirad, qué tormento! Ved a que estado llegué. Lo que ha dicho, por mi fue, sin duda. . Todo mi aliento se turbó a noticia tal. Verdad es, Rómulo, que a justiniana adoré; mas cuando vi su mortal desvío con otro igual aha í. corresponder quise yo, porque esto me pareció más cuerdo, por no cansarla, para después obligarla. Qué oigo? Quién tal error vio? Para que mayor no sea, me ausento; sin alma voy! . Amante felice soy! Ay beldad, mas qué fevea! Quiero que mi rencor vea Camerario. . Como así huyes, Rómulo, de mí? Vos, Príncipe, merecéis esto, y más, según me habéis irritado. . Yo a vos? . Sí. vos, viven los Dioses; pues le tendré por mi enemigo, aunque sea el más amigo, al que obra poco cortés. Quiero la razón me des. de tu enojo. . Qué extrañado, el verme yo precisado a enseñaros (lo refiero corrido!) a ser Caballero. (do? Pues yo en serlo, en que he falta, En que a la grande Princesa de Sabinia, a la Divina justiniana peregrina, desprecias; qué acción es esa de noble? . Rómulo, cesa. No fue en mi poca piedad, cuando a toda mi Ciudad no la puse en arma airado, para ir a arrasar tu Estado. . Deteneos; escuchad: Quién creerá, que un rendimiento amante, (válgame Apolo!) no bastó a rendirla, y solo un grave desabrimiento mío, (raro vencimiento!) tanto la oprime, y Y esí, que mucho, que diga el Mundo, que a la belleza, no el halago, la aspereza, mas la rinde, y más la obliga. Dejadme llorar, Infantas. Mitiga el llanto, que en ello alcanzas poder triunfar de aquese vestiglo horrendo, pues de lo contrario es fijo. Pero este belico estruendo, a qué efecto los Romanos le mueven? Portentos bellos, nobles Infantas, sabed, que Erato, y Tacio, soberbios en Roma entraron con su campo, por encantamento, pues todas las centinelas lo juran así a los Cielos, al ver, que no han escalado los muros, ni sus pertrechos, para entrar, en fin, en fin; ya ellos se miran tan dentro de Roma, que atropellando las Guardas de aqueste Templo, y aqueste Palacio, buscan a Rómulo para hacerlo pedazos, dando principio su saña por vuestros cuellos; porque más quieren miraros muertas, que sin honor; esto vienen publicando a voces, y así guardad vuestro cuerpo, que yo me voy a esconder en un buracón horrendo. . ite! Solo estas nueva? le faltaba a mis tormentos. Yo castigaré de Tacio, el necio infame concepto, que ha hecho de su honor propio; imitad mis movimientos, seguidme las dos. 2. Tu osado pecho nos arma esfuerzo. Duque, entrén os en Palacio, por esta parte del Templo, y hasta hallar al Rey, no cese nuestro coraje sangriento. Etnas vibre nuestra ira. Éxhale rayos el pecho. Vil Sabino. Infame Erato, que darte el nombre no quiero de hermano. Que no te llamo hermano, ni puede serlo, quien juzga mal de su honor. Qué haces, Ánfite? Teneos; vosotras, que del honor fuisteis en el Mundo ejemplo, sois las mismas que impedís, que la venganza tomemos, de quien manchar ha podido de su caudidez lo terso Calla, te digo otra vez, bárbaro; hablen los aceros, Infantas, hasta mirarlos en mil átomos peo Mueran, Duque, estas aleves, Yo solo dar muerte puedo a esta Idra; muere, infame. Ya por darte muerte muero. Mueran aquellos, aún más que irracionales sangrientos, brutos, que no es bien se llamen hombres, quienes sus aceros embotan en los Divinos, siempre venerados pechos de aquellas Sacras Deidades. Teme, Tacio, mis alientos. Teme, infame Rey, mi rabia. Teme, bárbaro, mi esfuerzo. Qué zarracina que anda entre suegros, y entre iernos! Aquí llegan, ea, Sacra Palas, y Sacra Venus; dejad, que en mi laberinte me entre, como Can cervero. Posible es, que estos traidores Romanos, salvar pudieron de nuestras iras, a esas viles ingratas, Líbelos infamatorios de nuestra opinión? Pero qué veo? Rómulo allí batallando viene; él solo, resistiendo a dos Escuadrones; Duque, sigamos su alcance, Huyendo nos de lidiar. Valedme, Cielos! Feliz yo, que la valiente espada de un Rey te entrego, Señor! Trofeo feliz? Favor, Dioses! Piedad, Cielos! Duque, Soldados, aquí traidoramente le demos muerte, pues es dispensable entre los hidalgos fueros, que haya venganzas aleves, para aleves tratamientos. Ya, Celestiales Deidades, a morir estoy dispuesto; pero permitid, que sea más noble este postrimero trance de mi vida, logre yo, Sacros Dioses, el premio de morir a vuestra ira, y no a la de humano esfuerzo. Dúplica la saña, Duque, y vos Soldados, de nuevo cobrad coraje. . 2. A la rabia nuestra, muera. Deteneos, bárbaros. . Hay madre, que con los temblores, y truenos se desmoronó mi choza; y me ha quebrado los sesos. Válgame Baco, aquí todo me tropiezo, yo voy ciego. . Dioses, Dioses, con que todo ha de ser obrar portentos en mi favor? Rara dicha! Tú, Rómulo, ensancha el pecho, nada en el mundo te asombre, mientras que yo te defiendo, y o mismo he de ser ministro de aquestos cuerpos funestos, bajando a darlos sepulero al encendidoLeteo, donde eternamente lloren las ofensas, que te han hecho. s, Sabino infeliz, si no lloro aquí tu fin funesto, es porque me lo embarazan los agravios, que me has hecho. s Ya, Rómulo, tus contrarios, quedan todos padeciendo en el etna, la cruel pena de mi alto decreto. Marte, si tanto me amparas, confirmará el Universo lo que dice, de que soy hijo de Marte supremo, Rey victorioso de Roma, si ayer nos envió nuestro sagrado padre Neptuno a que armasemos tu pecho; Manerva de su elegancia, y yo de mi amor supremo, hoy nos envía, e induce, como Soldados guerreros, para que aquí te ciñamos de ánimo, valor, y esfuerzo. Y así admite. Recibe. Esta lanza. Aqueste acero. Con la cual. Con cuyos filos. 2. Triunfarás de olvido, y tiempo. Y con esto queda en paz. Y quédate en paz con esto. Cíñome esta espada, para jamás desceñirla, puesto que no será necesaria, si por mi pelea el Cielo. Y este hasta divina, estando en las paredes del Templo, desde allí ha de vencer más, que en mi puño, y con mi pero. Hércules Romano. u Cuya fama, y renombre. Cuya gloria, y trofeos. 5 2. Hasta donde muere Los llevarán mis ecos Desde rico mansoleo. Dioses, Dioses, favores tan profundos a un indigno? Qué es esto? No lo entiendo: quiera el Cielo, quien os está hoy viendo propicios, que jamás os vea iracundos. El sayal de Ministril romé a toda prisa, pues con prodigios más de mí! me amagan los Dioses; y es, porque procedí tan vil, como esconderme en aquel bujero, o cobacha, para escaparme del cruel combate: (flaqueza rara!) pues en vez de ser en él. quien más matara, he hiriera, defendiendo a Roma, fui, quien metido en huronera verla morir pretendí, sin dar un tajo siquiera. Ea, hagamos penitencia en el Templo de Diana; yo confieso mi insolencia, y ofrezco de buena gana la enmienda, y la continencia. Viva Rómulo, de Roma hey vencedor del Sabivo. Ea, Señor, que ya llega el aparato festivo; dejo la caña, y pongome a un lado tan compuestito, que ni una modesta Ninfa. , ,y Príncipes, aquí os suplico, y a vos, hermosas Infantas, que con afectos rendidos sacrifiquéis a los Dioses, diciendo en canoros ignos. Soberanas Deidades, que convertís las iras en piedades. 4. Soberanas Deidades, A favor tan Divino, (go. como tu inmensidad darnos preví A favor tan Cuanto el Mundo tributa, es corto sacrificio, sin dispura. 4. Cuanto el Mundo tributa, En esta lanza, cuyo precio, que vale más, que el Mundo, por haber sido vuestra, os entrega mi fuerte mano diestra; cuanta víctima encierra el ámbito anchuroso de la tierra. 4. En esta lanza, cuyo, arguy Ahora solo resta, hermosa justiniana, que pues miro preciso, que os aclamemos Reina, del largo recinto de Sabinia, por la muerte de tu hermano, el atrevido, de cuyo trágico fin, cobraste tal regocijo, en vez de dolor, que yo me admiré, mas sin motivo: Porque qué mucho, que entonces tuvieseis tal regocijo, al escuchar su desgracia, si de ella habéis conseguido dos glorias bien memorables; la una, es haber adquirido, la venganza de un perjuro, que dijo mal de su mismo honor; y la otra, es haberse tus Sacras sienes ceñido de la Diadema Imperial de Sabinia. Todo es fijo, cuanto has dicho, valeroso Rómulo, sin alma vivo con tanto placer! Al fin, solo resta, otra vez digo, que le deis Rey a Sabinia, el que advirtiereis más digno de los tres Príncipes, que en el Templo os han servido. Obedecerte es mi dicha, para cuyo efecto digo, qué quién merece mi mano? He de perder el sentido con la gran dicha, que voy a alcanzar de los Divinos lázmines de aquella mano. Aún no me has de ver contrito, Venus; aunque a justiniana pierda en este instante mismo: viva mi tenacidad. El más digno, al fin, ha sido el Príncipe, Galán siempre. No te asustes, valor mío. . De la fértil poderosa Ombría. Qué es lo que he oído? Dioses, Dioses, cómo es esto? Ahora sí, que pierdo el juicio, Bella justiniana, gracias a Jove, que ya lo exquivo cesó; habrá quien crea, que mas que Venus he podido! Vive el Cielo, que he quedado en estatua de mármol frío! Obinia, hermana, a qué esperas? Dale la mano, al invicto Camerario. Esta es mi mano, Duque. Muy cruel no has sido, Hado; pues hallo en Obinla, lo que en su hermana he perdido. Salinator, Conde ilustre de Viter, esclarecido, aquesta es mi mano, en premio de tu holocausto rendido. otra vez, y otras mil veces, Ánfite, el alma te rindo! Aguarden los Mosqueteros, que falta más: Bueno! lindo! Que ya que yo no me caso, oirán lo que pronóstico; y mientras aqueste anuncio estudio, os habla el altivo Con que ahora falta, que yo agradecido, Príncipes, a lo que os debo ensanchar, como imagino, vuestros Estados, a donde intento restiruiros, con el sequito que es justo, a Príncipes tan altivos? Que yo, desde hoy, divulgar por edictos determino la erección, de un Supremo Augusto disputativo Senado, que establecer, desde hoy, en Roma imagino, como tan indispensable, para que con los conscriptos Varones, que le compongan, halle en mi gobierno alivio. Y mi pronóstico es, conclave docto, y lucido, que el robo de las Sabinas, da fin con su finiquito; y así, al Poeta daréis un perdón, ya que no un victor.