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Texto digital de Babilonia de amor

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Atribución tradicional
Fradrique de la Cámara
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No es posible No concluyente
Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte III de Doce comedias las más famosas… (Lisboa, 1649).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Babilonia de amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/babilonia-de-amor.

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BABILONIA DE AMOR

JORNADA PRIMERA

Ya estas en Madrid En el hallare Martín seguro, el remedio, que procuro a mi fortuna cruel: En todo tiempo madrasta fue la patria al natural, siempre al propio trata mal siempre al que es hijo contrasta. Aquí pienso divertir tristezas de Andalucia. A eso vuelves toda via? cuanto va que referir quieres tu pasada historia, y recontarme muy tierno todo aquel glorioso Infierno, y aquella penosa gloria? Aquí he de esperar respuesta del criado que envíe, a saber! de Don Franc La fiesta podemos pasar, señor entre aquellos verdes ramos, aunque sin comer estamos, y tengo yo por mejor, que nos vamos aún mesón, y dejemos la alameda, pues tiempo después te queda para hacer información de la casa a donde vive, Don Francisco. Necio estás, vuelve a aquel lado, y verás un coche. No lo recibe bien mi estomago. Y en él Don francisco. Ahora sí, el coche ha parado allí, y él es el que sale de él. Dade los brazos Don Juan a quien con tanto deseo sale a recibiros. Creo, que correspendiendo os van, amigo los que he traído y de esta jornada el gusto, ya del pasado desgusto no estaré tan ofendido, pues al fin ocasión fue, que nos viesemos los dos. Mi Don Francisco por Dios que donde pones el pie tengo de poner la boca. Martinillo alza del suelo. Ya después que nuestro suelo dejaste por tierra poca a tu valor no serás el que en Cordova solías de aquellas noches, y días, ya señor te olvidaras, bien se te luce la Corte. No creas que esté olvidada en mí la amistad pasada, que no hay cosa que le importe, tanto aún noble como ser agradecido, y amigo en las ocasiones. Digo, que puedes ejemplo ser de amistad, y de valor no como algunos amigos, que lo son hoy, y enemigos, cuando les está mejor. Del cuidado me sacad Don Juan de vuestra venida, pues sabéis me va la vida en lo que os toca. Escuchad la más famosa Ciudad que en su orilla el Betis ve donde Gigante de plata la frente inclina a su pie, en cuya fértil ribera llego el Céfiro a tener, hijos que su ligereza corrido invidio después. Cordova al fin patria nuestra, donde en la tierna niñes pienso que nuestra amistad, tuvo principio al nacer; mas si los astros disponen la inclinación, el querer nuestras estrellas se amaban sin que tuviesemos ser. En esta Ciudad amigo, el alma; que libre fue hasta entonces de unos ojos tiranos de cuanto ven sentí prender, si es posible que tanta gloria es prender. No creyera yo hasta entonces, no lo pudiera creen, que la libertad, perdiendo ganase tanto en perder, No me atrevo a retratarlos, la lengua es tosco pincel mirarme puedes el alma que en ella los podrás ver pero retira la vista que te vendrás a perder que solo de sus prisiones se libra quien no los ve dos veces el sol del Aries llego hasta el dorado pes y el campo vio primavera lo que cano invierno fue, en tanto que este milagro ciego, idolatra adore, siendo siempre a mis finezas, correspondencia el desdén. Que de veces el Aurora con su rojo rosicler en sus balcones ingratos me miro al amanecer. Parece que de piadosa mas tarde salió tal vez y desperdiciando perlas, sintió mi pena cortes. Salio una mañana al campo, mi adorada doña Inés, que este es su nombre, en un día del más apazble mes, si fue Flora de las selvas, si Venus del campo fue, el amor lo juzgue solo, si ciego la pudo ver. Entre lo espeso de un bosque que con verdes ojas es desprecio del Dios, que amante, fue desprecio del laurel, con más belleza que Dafne, con más, que Dafne, desdén Inés bella, en cuyos ojos, esferas de luz se ven, pudo a no estar escondida al rayo brillante ser si laurel, más fugitivo, más amado, si la ve. Escondido entre unos ramos abrazado pude ver jurisdicciones de nieve en imperios de clavel. Que bien soleniza el campo tanta belleza, y que bien, entre despeñada rola el arroyo bachiller otro amante más dichoso, que la acompaña mire tan contenta ella en amarle como en sus favores él. Viendo mis celos verdades sentimientos anime, y alentado en mis pasiones suspensiones desate quién vio más cordura en celos? Adonde estaban llegué, y acortando los discursos la espada ciego saque. Las voces de mi enemiga rémoras quisieron ser de mis justos desatinos, aunque todo en vano fue, que yo, y mi competidor, a pocos lances manche las flores, con sangre suya. y con el loco Frances los árboles, y las plantas furioso despedace. La fortuna del herido hartas veces envidie pues fue dichoso Medoro, y ella su Ángelica fue. Canzado de hacer locuras del campo me retire al sagrado de un Convento adonde oculto pase hasta que sano el herido, que fue en poco más de un mes, trataron luego casarse: aquí Don Francisco fue donde tuve por perdido el sezo segunda vez. Determine de ausentarme, buscarte determiné por ver si allá olvido ausente un amor de tanta fe. A la Corte vengo, amigo, a la Corte, donde se que si en ella no hallo olvido, sin remedio mi males. Don Juan en esta ocasión dos efectos desiguales de mis bienes, y tus males. asaltan el corazón. Entre dos contrarios luche; dudoso miro al deseo: alegre, porque te veo, y triste, porque te escucho. Siento tu pena de suerte, y el verte triste, y celoso; que por no verte quejoso trocara Don Juan el verte. Mira que encarecimiento hace mi amistad aquí; pues por verte alegre a ti, diera de verte el contento A este lugar he venido, para casar concertado con Doña Ana de Albarado hija del fuerte, y temido Don Bernardino, que en Flandes. goberno un terció, persona de quien la fama pregona, tanto valor, y hechos grandes su guésped ahora soy en tanto que se acomoda lo que conviene a mi boda, mi guésped serás desde hoy, que mi aposento es capas de alojarnos a los dos. Ay ingrata, plega a Dios, . que pueda la ausencia más que a podido tu rigor. Ya Don Francisco obedezco y si es posible agradezco tanta merced, y favor Dejad agradecimientos las cortesías dejad que no es esta la amistad que permite cumplimientos. Cómo es de vuesa merced. la gracia? No la he tenido, en mi vida, que no he sido busón jamás? Bien a fe, como se llama pregunto? no se espante, no se asombre. Luego según eso el nombre me pergunta? Ese es el punto. Puntos a mí, boto al sol, que ese modo de decir no es cosa para sufrir ningún honrado Español. Hable bien, o llevará que no soy de burlas yo, Pues yo sí- Pues yo soy yo. Lo que quisiere será vuesa merced, y yo soy el menor de sus criados. Bueno es para mis enfados lo que le he escuchado hoy se hubiere de ser mi amigo; oye, vuelva acá a escucharme, ni tiene de replicarme, ni ha de burlarse conmigo; que soy algo mal sufrido. Qué es vusted tan regañón? Por mi mala condición estoy como ve perdido. Conociendo lo que dice no trata de se emendar. Ya es aqueso replicar, y al concierto contradice que los dos habemos hecho pero vámonos a casa que allá comerá sin tasa. Y harame muy buen provecho Eso será si yo quiero. Qué dice? Si yo quisiere. Miente todo el que dijere que no es muy buen caballero mi amigo, y mi camarada, el señor. Antonio. Antonio. este hombre es algún demonio la espada tuvo empuñada luego que el mentís oyo; la escapatoria fue buena con que salí de la pena, que su cólera me dio en fin que no he de comer, sino es que sea su gusto? Pues en casa a mi desgusto cosa alguna se ha de hacer? Si tiene dueño la casa. cómo lo puede impedir? Téngoselo de decir. Que tal en el mundo pasa que haya tan gran desatino? Diga para no comer quédame a mí más que hacer que matarle en el camino. . Puedo darte prima mía, el parabién de tu empleo? Si te responde el deseo dirá que es necia porfía, y enfadosa tiranía que quiera mi padre injusto, casándome a mi disgusto dejar en esta ocasión tan extraña mi eleción tan extrañero mi gusto. Con que necia pesadumbre solicita a tormentarme: tengo prima de casarme no más de porqué es costumbre? Que engaño hay que le deslumbre para que con alma ingrata cuando de quitarme trata? la preciosa libertad, venga hacer mi voluntad la de que menos se trata. Hasta ahora no he querido a nadie he tenido amor. segura de su rigor he estado en mí mismo olvido la despreciadora he sido de sus flechas, y rigores: nieve soy a sus ardores si libertad apetesco cuando amores aborresco tengo de fingir amores? Hablas de verás? Y tanto, que puede en lo que te digo servir prima de testigo bien verdadero este llanto el alma en tormento tanto testimonio da en los ojos de sus pezares, y enojos, diciendo, y pienso que bien, no son ojos, porque ven por lo que lloran son ojos. Ya que me ha dado ocasión lo que ahora te escuche del alma te mostrare la más oculta pasión: Salga ya del corazón hasta este punto encubierto, un secreto que me ha muerto, un amor disimulado, un infierno, que he pasado, un mal que no he descubierto. Salga la pena cruel del pecho, que en cárcel breve entre pasiones de nieve fue abrazado Mongibel, ardientes centellas de él publiquen en tanto ardor, de unos celos el rigor, la fuerza de una lealtad, un amor con amistad, una amistad con amor. No me tengas más suspensa tu pena, prima me di, qué reparas? Ay de mí. Mira que me haces ofensa, que te turba? La vergüenza. Qué te enmudece? El respeto? ayudarasme en efecto. Eso dudas, bien a fe contra mí te ayudare, Prometeslo? Si prometo. Yo prima, que como sabes desde la niñez más tierna, imitándote en lo libre, desprecie de amor la fuerza Yo que tantas veces sorda, no escuche sus quejas tiernas, siendo áspides mis oídos, al encanto de su lengua, que entre Caribdes, y Scila, de palabras, y finezas, navegue su golfo altivo, segura de sus serenas, y en su ciego laberinto, que al más atinado enreda, fui Teseyo de sus lazos, burla fui de sus saetas, como aquestas altiveces, tanto aunque niño le ofendan, que a los dioses no perdona entre los orbes, y esferas este incendio de las almas, tirano de las potencias, estrago del albedrío, guerra fatal de la tierra, porque sus álagos yo, le desestime soberbia; y rebelde a tanto imperio, hice burla de sus flechas, trazo para su venganza, aquí se turba la lengua, que viniese Don Francisco. Ya lo dije, no es ofensa, la que no estuvo en mi mano y hasta aquí callo mi lengua. Que de veces a este amor, hice en vano resistencia, y cuantas por no mirarle, no tener ojos quisiera, creí yo que la esperanza, es quien el amor sustenta, que con ella se aumentaba, y que cesaba sin ella engáñeme, ya lo veo, pues la voluntad es ciega, y siguiendo lo que quiere los discursos atropella Desesperada, y celosa, sin poder quejarme piensa el infierno que he pasado, si en el infierno hay tal pena, Aún a los ojos no he dado para que digan licencia a Don Francisco este amor tan interior fue mi pena, las lágrimas reprimi, los suspiros, que pudieran, descubrir estos efectos si a buscar la causa fueran resuelta estaba a callar, y estaba a morir resuelta entre amantes desatinos, y entre celosas tristezas. En noche oscura no has visto entre lóbregas tinieblas de la preñez oprimida temblar de espanto la tierra hasta que el que un tiempo fue aborto de sus cabernas, rompiendo la superficie, salga del centro a la esfera? Entre la región del aire, no viste materia densa, de calidades contrarias, que en odiosa competencia hace estremecer los orbes, la esfera en los polos tiembla hasta que saliendo el rayo el ruido espantoso sueña? En el safir luminoso tal ves sangriento cometa pronóstico fue de estragos, aviso fue de tragedia lo mismo en mi pecho ha sido, este amor en la violencia, rayo que horizontes gira, a donde la resistencia, es darle materia solo, en que ejecute la ofensa, temblor fueron en el alma procurando salir fuera, celos, desesperaciones, desengaños, y tristezas el concierto de tu boda, me pronóstico cometa el fin de mi vida triste. Si tu piedad no remedia, el daño que he referido, pues estas libre; y deseas, no rendir el albedrío, pero si mudarte intentas quítame la vida triste que en medio de tanta pena si Don Francisco me quitas la mayor piedad es esa. A no ser mi condición, la que aquí te he declarado, pudieras con tu cuidado despertar mi indignación. No hay cosa que a una mujer haga amar lo que aborrece como ver que otra apetece lo que no quiso querer. Nunca fies tus desuelos, al mismo competidor, pues lo que no hace el amor, hacen mil veces los celos. No porque en esta ocasión, entre fáciles mudanzas mal logre tus esperanzas, mi celosa presunción. Antes me obliga de modo, ver que de mí te has fiado, que verás en mi cuidado como tu gusto acomodo. Tu amor a tu amado di, pues a las dos está bien, a ti pues le quieres bien, y pues no le quiero, a mí No en balde en tu confianza tanto bien me prometí, dame los brazos. De mí segura está tu esperanza. Remedio serás señora de los males que padesco. A la prición que aborresco serás mi libertadora. Sale el Invierno entre sus nieves cano, y tanto en sus rigores persevera que el valle, el campo, el soto desespera de la venida alegre del verano. Llega el Abril, y con verdor lozano el pardo campo vuelve primavera. cobran las flores su beldad primera, que el seco otoño marchitó tirano. El que fue un tiempo ejemplo de rigores alegre vuelve al más felice estado, fértil inundación de Flora alcanza, Si el invierno han pasado mis amores, y el Abril de mis dichas ha llegado, albricias que hoy nacéis verde esperanza. Quién no te estima libertad querida, que te pierda en castigo, será justo, sin ti no puede ser el gusto gusto, uede ser sin ti la vida vida, queda que perder, si estás perdida? C todo es pena sin ti, todo es disgusto; el que te pierde con rigor injusto de lo mejor del alma es homicida, Pública guerra contra el pecho mío, dorada flecha pon al arco en vano, ciego cupido, pues a tanta ofensa Será seguro alcázar mi albedrío, donde desprecie tu rigor tirano, en cuanto yo a mí misma no me venza. Cuidado me da el tardar, Don Francisco. Su criado, le dio señor un recado, y luego sin aguardar, mando el coche aderezar, com presteza, y prisa tal, que imagino, que fue igual, con el curso que llevaron, pues las ruedas no dejaron, pordo pasaron señal, el es gallardo en extremo, mil años le goce esposo mi señora. Receloso estoy Fabio. De que. . Temo, de una desdicha el extremo de un desacierto el rigor, aunque en el hay tal valor. Doña Ana se muestra ingrata, Don Francisco lo dilata, en ninguno he visto amor. No es materia un casamiento, que se pueda remediar, después de se ejecutar si salio errado el intento. Tarde el arrependimiento llega, el desengaño tarde, dudoso estoy, y cobarde no es mucho en tanta mudanza que entre temor, y esperanza indeterminado aguarde. Él viene ya señor. n Dame las manos. Toma los brazos, que es al fin más justo tu tardanza me tuvo con disgusto, que fue la causa? Habla señor primero, a aqueste generoso caballero que es Don Juan de Mendoza. Su apellido, puede en el mundo hacerle conocido, perdonadme señor la inadvertencia; de no haberos hablado, y de esta casa, os servid, y de mí. A merced tanta la estimación responda en lengua muda, del señor Don Francisco vuestro yerno, Y del que lo ha de ser merezco el nombre, del mayor servidor, del más amigo, y así me corre obligación más grande, para emplearme en el servicio vuestro. Viene Don Juen por un suceso extraño de Cordona su patria, y patria mía, donde nuestra amistad, desde años tiernos, atras dejo la de Aureliano, y Tirso de Pilades, y Orestes, y de cuantos, la antiguedad celebra en blancos mármoles, en este punto, como ves acaba, de llegar a Madrid, y yo en sabiéndolo a buscarle salí para traerle, a ser con tu licencia, guésped mío el tiempo que en la Corte se detenga. Quejoso Don Francisco me has dejado pues pudieras habérmelo avisado, porque también a recibir saliera guésped de tanto gusto, Fabio hola? Que me mandas, señor. Luego al momento, harás aderezar un aposento, para el señor Don Juan, que se hace tarde. Que he de serviros, como debo espero, ahora solo obedeceros quiero. Ya que el señor Martín vino a esta casa, quiero decirle, todo lo que pasa, hay en ella Francisca, una fregona, espíritu del rastro, y la chacona, el alma del rastrillo, y la limpieza, plusultra a toda fregonil belleza. Basta; que para ser de amor despojos, no he menester; yo verla de mis ojos, que de lo que decís todo aturdido, flecha amorosa siento en el oído, a lo de Rey enamorar me quiero, por aquesa Francisca vivo, y muero y sin verla, y saber si es gorda, o flaca, es para mí la infanta Doña Urraca. Que está vuste de amores tan perdido? La primer vez es esta que he querido primer amor siempre es de esta manera, Pues será la primera; y la postrera, porque soy su galán, y vive Cristo, que el que intente. No más, que yo desisto. sta afición quimérica, y prometo, d no tratar más de este mental conceto. Eso me agrada, venga pues conmigo. Soy servidor de vuste. Y yo su amigo. Que te pareció Doña Ana, el Cordoves? Cuando entró, y del coche se apeó le vi desde la ventana y aunque de prisa le vi, él me pareció galán, si como aqueste Don Juan fuera Don Franciseo, él sí ya hubiera dado a mi padre del tratado casamiento. A mi amante pensamiento, no hay cosa que tanto cuadre, como ver que le aborrezcas, prima con extremos tales plega a Dios, que estéis iguales y lo mismo le parezcas, pues de ese modo aseguro mi amor, mi dicha, y mis celos. Don Francisco, mi señora, y el gallardo caballero, que vino esta tarde a casa, entran a verte. Qué es esto, corazón vos alterado, pretendéis salir del pecho, solo de escuchar el nombre de Don Juan? amor, qué es esto? mal disímulas agravios, venganzas intentas presto, llega Francisca esas sillas, mientras yo a mi muerte llego. Aquí está mi amada Celia, . y mi aborrecido dueño desigualdades de amor injustas suertes troquemos poned el alma en Doña Ana, o dadme de Celia el cielo Vine engañado a casarme, por un ausente concierto, mal haya quien ciego elige dueño sin verle primero Mire de Cena los ojos, y entre sus claros luceros, hallo priciones el gusto el alma dichoso incendio dulce encanto el albedrío, bello objecto el pensamiento, Mas dónde ciego camino? parad pensamiento el vuelo, que hay rayos, y precipicios, para Faetontes soberbios aquella es Don Juan, Doña Ana, y esta es Celia, ay dulce cielo, como abrazáis, si lo sois? quién vio en la gloria tormente? Dadme señoras las manos, y perdonad si grosero, les llamo manos al sol, que quien a sus rayos bellos se atreve con vista humilde en sus esplendores ciego no por si ve lo que mira. Tan cortesanos extremos, muy hijos son de Madrid no parecen verdaderos. Tomad Don Juan esa silla, Lo que mandáis obedezco. No vi, no igual hermosura, . que poderosos afectos me van asaltando el alma, ojos, ojos deteneos, que es mi amigo Don Francisco, dónde camináis deseos? tan traidoras esperanzas, asaltan tan noble pecho? Lo que no riudio la vista, van los hoídos rindiendo, si me aficiona lo airoso, ya me rinde lo discreto. Que tiranía es aquesta, cuidados que dulce incendio es Troya de las potencias del alma, letargo ciego. que usurpando el albedrío, tiene poderoso imperio con tirano señorio, en la libertad, que un tiempo, ejemplo fue por lo libre, y fue por ingrata ejemplo? Yo rendida, yo en priciones, que fui del amor desprecio, roca en quien las flechas suyas tantas veces se rompieron? mas ay de mí, que es defensa débil pasados trofeos, para peligros presentes. Ay Celia mal haya el necio, que siendo esto del casar, tan largo, y prolijo censo, que dura toda la vida, sin amor elije dueño. De Cordova, como sabes, vine a casarme contento, de la nobleza, y virtudes de Doña Ana, mas el Cielo, que reparte inclinaciones, en movimientos diversos. Que poco importan, que poco nuestros humanos intentos, si decretan las estrellas, diferentes los sucesos. En fin por inclinación, y por destino quisieron, cuantos benevolos astros, influieron en mi pecho, que te adore Celia hermosa, con un amor tan perfeto, que aspira a inmortalidades, burlando imperios del tiempo, Luego que te vi te ame, aunque nome atreví luego, a declararte este amor, tu enojo, y mi mal temiendo: que en un verdadero amante, todo es temor, y respeto. Mas ya la razón vencida, acabado el sufrimiento, no hay resistencia, que baste a desmentir tanto fuego, para ocultar tanta llama. Primero Celia, primero que el alma, que ya te adora, reconozca ajeno dueño, y este casamiento injusto, llegue al esperado efecto, verás en quietud, y paz, los discordes elementos, y las estrellas doradas ser flores del verde suelo, Si agradecida, y piadosa, correspondes a mi pecho, seré tuyo eternamente si decientas vidas pierdo, y cuanto ingrata me olvides no ha de faltarme el remedio de una desdicha sentida, que es el más fuerte veneno. No se Don Francisco mío, como empiece a responderos si lo que se estima mucho, nunca se declara presto los ojos lenguas del alma digan a voces si os quiero mientras para declararlo la lengua rompe el silencio si las estrellas conforman, en celestes movimientos las aficiones que mucho que desde el punto primero que os vios quisiese a pezar de tantas dudas, y celos de mi prima la belleza, y del desposorio vuestro? Mas todo el amor lo vence, no hay monte altivo, y soberbio de imposibles, que no allane todo emprende, porque ciego, no conoce los peligros. Que vendréis Don Juan es cierto de Cordova vuestra patria, con ausentes sentimientos dejastes algún cuidado; qué os cause ahora desuelo? hablad que comunicados siempre los males son menos. Cuidados deje bastantes a desvelarme, mas pienso que fueron ensayos breves de mayores sentimientos. Tan aprisa tanto olvido? tanta mudanza tan presto? solo sois para presente no fois para ausencias bueno mas de amor tan repentino el origen no sabremos? Hay más apretada doda? . hay más riguroso aprieto entre Cabrides, y Scila dudoso golfo navego, dulces firenas escucho, favor, favor que me pierdo amistad. Qué reparáis? bien sabre guardar secreto. halló Vlises más encantos, más laberintos Teseo? Si tu reduces Doño Ana, con el viejo yo me atrevo. A lo que digo me obligo. Serás mía. No lo creo, que hay grandes difficultades, En qué. En que lo deseo. Tan imposible es señora de mis cuidados el dueño que en mí mismo para amarla el mayor contrario tengo. Declarádmelo Don Juan advirtiendo que os prometo de acabar ese imposible, si es que yo acabarle puedo, No temáis disficultades en qué dudáis? atreveos, ved que la dicha consiste en tener atrevimiento. Aquí se acaba el valor, . más sírvame de remedio el huir, que estos peligros solo se vencen huiendo. mirad señor Don Francisco, que dais con su prima celos, a la señora Doña Ans. trocad conmigo de asiento, porque aunque yo he procurado disculparos, os prometo que muy poco me ha valido, vos solo podréis hacerlo. Pues me lo mandáis los dos así a los dos obedezco. A mi nome obedecéis, que ni me quejo, ni siento, que habléis con Celia mi prima antes lo estimo, y lo quiero, No entendí que os ofendía. Quién os dice que me ofendo? Don Juan. Engañaros quiso. Pues por qué causa? Sospecho, que desde que vio a mi prima esta picado en extremo, y así por llegar a hablarla fingio lo que dijo. Cielos, tan presto tantos pezares? . tanto disgusto tan presto? mi amigo es Don Juan no sabe el amor que a Celia tengo; suya será si la quiere, y aunque yo muera de celos haré de amistad por el el más celebrado extremo que las historias alaban. Es verdad señor es cierto, que está mi prima celosa de que a Don Francisco quiero o de que el me quiere a mí; Y no son estos luceros, que prestan rayos al día bastantes para dar celos a la mayor hermosura al más alto pensamiento? Hy perdidas alegrías. . como acabastes tan presto; a dios esperanzas mías que un desengaño me ha muerto, bien engañosa Doña Ana burlaste de mis deseos. Qué es esto ingrato Don Jui a mis ojos tal desprecio? tú por huir de escucharme fabricaste aqueste entedo amante de Celia tú, cuando yo de amar me pierdo? venganza amor que me abrazo, Mi señor en su aposento que entréis a cenar aguarda Vamos pues vencio en efecto, . la amistad, pero que importa, en cuanto el fuego no venzo adónde es el alma Fénix en lo ardiente, y en lo eterno? Qué mal se dispone amor. . a la fianza que intento de dejar Celia a Don Juan cuando yo por Celia muero he de dar el alma misma? o riguroso decreto, ley de la amistad tirana en que confusión me has puesto Mal cumples prima palabras. Bueno es quejarte, y me has muer Con tus engaños me matas. (to Tú te quejas, y me quejo Mis quejas son con razón. Pues yo pienso que la tengo Mi señor está aguardando. Hay más confusiones cielos? hay más dudas, más encantos? Ojos, que os perdéis teneos, un volcán llevo en el alma. En el pecho áspides llevo, Oh Babilonia de amor, Oh laberinto de celos,

JORNADA SEGUNDA

A penas el Aurora, entre rojos celajes del Oriente, del amante que adora, triste, y llorosa el ausentarse siente, desperdiciando perlas, y alegre el sol madruga por cogerlas. Apenas la de horrores, madre siempre funesta, siempre triste, que a los hurtos de amores encubridora con su manto asiste siendo en ocultos daños lóbrega confusión, vabel de engaños Pasa a orizonte nuevo, y en leciras de nácar, y diamante alegre sale Febo, con diadema de luces radiante. a ser a los mortales, descubridor de bienes, y de males, Cuando el cuidado mío, no permite a los ojos dulce sueño, Oh ciego desbarío, tanto poder en plazo tan pequeño? de ayer tantos desbelos. tantas dudas de ayer, y tantos celos? Don Juan enamorado solicita de Celia los favores. sin que le de cuidado, la vana pretensión de mis ardores, y procediendo ingrato huye de mí, si declararle trato la pasión que me ofende, y para dar más causa a mis enojos, mostrando que me entiende, huye de mis palabras, y mis ojos, que mal que descansa, prima, también desprecios, no bastabar celos? En busca tuy, Doña Ana, he salido antes que el día de libertad a las aves, y les de a las flores riza, Que mal que duermen los celos, qué furiaes esta, cielos? quien batalla con sospechas, y quien con celos porfía, cómo has madrugado tanto? que causa dime te obliga, a que con esa hermosura, otra Aurora tenga el día? bien lo confirma lo bello, lo lloroso lo confirma en la mundación, que goza el campo de tus mejillas fía de mí tus pezares de mí tus sucesos fía, que estas obligada, advierte, pues te fíe el alma misma que ese llanto no es sin causa, Mal sin ella ser podía grande es, y no está muy lejos, y si digo que en ti misma pienso que acierto. Ay de mí con causa el alma temía; declárate prima más que si mi sospecha atina, en el discurso, que ha hecho pienso que soy la ofendida. Tu matándome te quejas? Si yo te he ofendido mira que eres tú quien lo mando. Sospecho que desatinas, Si es desatino fue tuyo, pues mandaste inadvertida, que quisiese lo que quieres. Loca está, la tema es linda. Pudieras mirar primero si dejar de amar podías, y no burlar mis deseos, con palabras tan fingidas, No vi tan discreta loca, ni locuras también dichas, sino me tocara tanto diera licencia a la riza, padre señor, Qué es aquesto, porque das voces. Francisca acudid que un accidente, que de sentido le priva le ha dado a Celia, Ah traidora, que bien tu engaño imaginas, que bien tu amor disimulas. Furiosa está soy perdida. No estoy loca, cuerda estoy, que aunque con razón podía la pena volverme loca, no ha sido tanta mi dicha, pues a estarlo no sintiera. Si no lo estas como afirmas, que yo a Don Francisco quiero sabiendo que al alma mía le abórrese más el verle, que al sol las tinieblas frías. Que aún no quieres entenderme? Qué he de entender si deliras? Quiéres escucharme? . Di pero si loca porfías en decir, que yo te he dicho, que a Don Juan el alma rindas, qué he de escuchar? Bueno es eso, a fe que es arto más fina esa locura en que das. Luego es aquesto mentira. Ya no te acuerdas Doña Ana que dándote el otro día el parabién de tu boda dijiste libre, y altiva, que antes que la libertad, perder la vida querías, y que asegurada yo de tu condición esquiva, le dijese a Don Francisco con tal extremo quería que primero que el olvido volviese breves cenizas, este fuego en que me abrazo los elementos serían conformes, el día oscuro, y clara la noche fría; no fuiste quien me animo a que mi esperanza altiva prosiguiese? . Quién lo niega? Pues como engañosa amiga más mudable que la luna. mas que las ondas altiva de la que es madre de Venus, contra tu palabra misma contra mi amor, y tu fe a Don Francisco me quitas? otro dispárate es este. Si casarte pretendías; que sacabas de engañarme? celos tuviste, y envidia, bien lo adivino mi amor bien el alma lo temía? Pues tú sabes, que mi gusto a Don Franciseo se inclina. Pues si la tarde que vino, Don Juan, y a hacernos visita entraron juntos los dos te mostraste tan sentida de que hablase a Don Francisco que con poca cortesía, hiciste de mi celosa, que los dos trocasen sillas, no te parece que tengo causa para estar sentida, de este engaño, de este agravio? Quieres prima que te diga como yo soy la quejosa, y tú sin razón suspiras; el trueque de que te quejas trazo Don Juan, porque aspira a ser tu amante a pezar de mis celosas invidias: que el amor, que ha tanto tiempo que con alma vengativa en mis libres altiveces pretende mostrar sus iras venciendo las resistencias, pudo herirme por la vista como diestro tirador, mira si es breve la herida pues llega hasta el corazón, ya me es forzoso que diga este sentimiento a voces como bien dispuesta mina, salgan del alma a los labios, con el fuego, que le aplican tantas ardientes congojas, tantas celosas fatigas, altivo triunfa el amor de mi condición altiva, Don Juan me ha robado el alma, ya no soy quien ser solía. Dame mil veces los brazos, pues los celos que tenía me has quitado, y la esperanza cuasi muerta resucitas. Así estuvieron los míos. Segura de mi amor fía, que a Don Juan no he de rendirme si eternidades porfía, pues con aquesto te obligo a hacer la fianza misma con Don Francisco Mi padre, pienso que ha entrado desuía no entienda lo que tratamos, Oh mi Doña Ana querida tan temprano levantada, tan de mañana vestida pienso que por verte el sol más presuroso camina, tú también has madrugado? Hacer quise compañía, a mi prima. Y a los dos, nos da las manos. . Oh hijas el alma os daré en los brazos déjanos solas sobrina, y perdona que el amor a tratarte así me obliga, Si lo hicieras de otra suerte me déjaras ofendida. En confusión he quedado no se que el alma adivina que astrólogo en mis pezares, los daños me pronostica, Doña Ana querida Desde mis tiernos, y primeros años que quiero cuenta de mi vida darte, en lugares del mío bien extraños, a la inclinación siguí del fiero Marte testigo fui en Italia de los daños, que el católico, y belico estandarte, pudo hacer con valor tan soberano, al gallardo Frances, y Saboyano. Quien podrá relatar lo que en Piamonte con celestial valor, marcial denuedo, que aún de nombrarle tiembla el Horizonte, acabó el gran Don Pedro de Toledo desde el Tibre al sepulcro de Fartonte, asombro fue donde afirmar te puedo, que con valor heroico, y peregrino, honró su nombre del laurel más digno, Allí fui militando en sus banderas lucido Capitán de Infanteria, con tan bizarra gente en mis hileras, que admiro el sol su heroica gallardía en cuantas vueltas dío por las esferas. de donde nace hasta do muere el día, ni en cuanto el magno Jerjes juntó gente, más altiva la vio, ni más valiente. Acabada esta guerra con gloriosa, reputación a nuestra cara España por no mirar la inclinación ociosa: que tan bizarros bríos acompaña; a Flandes me pase, y a la arenosa Egipeia tierra a quien el Nilo baña o a la Zona más torrida seguro, fuera a buscar la gloria que procuro. Fuy Maese de campo, hasta que viejo determine volver al patrio suelo, tratando con prudencia, y buen consejo dar lo postrero de mi vida al Cielo, tú sola hija de mi amor espejo, en inquietud me tienes, y desuelo, y así con gusto tuyo determino de darte esposo de tus prendas digno Don Francisco lo es, y está en mi casa con el título ya de yerno mío, veo que sin la ejecución se pasa el tiempo por un loco desbarío, en la reputación mi honor se abraza venza aquí la razón, no el albedrío. Desde hoy tu resistencia será en vano, a Don Francisco, hoy has de dar la mano, Porque el honor, que con trabajo tanto, tantos peligros de una, y otra empreza acosta de mi sangre escrebí en cuanto no me asalto del tiempo la flaqueza no ha de vencer aquí tu tierno llanto honor es esto; y quien honor profesa no es posible, que espere en dilaciones ver tu opinión andar en opiniones. . pedado como a Bien cuidado hemos que- o rigores de mi suerte, la sentencia de mi muerte en este punto he escuchado cómo enmudeccéis cuidado? cómo al Cielo no os quejáis? cómo si sentís calláis? mas entre tormento tanto sirva de lengua este llanto, harto os quejáis si lloráis Francisca. Señora mía hay en que te sirva? Sí. Qué es lo que mandas? De ti, toda el alma se confía, de esta suerte la porfía de mi padre he de estorbar este papel me has de dar a Don Juan, o a su criado. Tú verás con que cuidado de obedecer, y callar. Si no me engaño a Francisca he visto en aquesta sala, que donaire, que despejo. el verla me hace cosquillas válgate Dios por muchacha. Yo llego a hablarla, yo llego de esta vez mi amor la allana francisquísimo donaire, culta, y cultísima gracia, donaire el más critiquisimo, fregona la más bizarra, que vio cucina del mundo, recibe un alma la caya, en pena por tu belleza, si hay en los lacayos alma. Lacayo el más picarisimo que empeñó zucia almoasa engendrado para culto y lacayo por desgracia una alma en pena me ofrece lindo don, famosa traza ha buscado el majadero, para dejarla obligada, almas a mi lindo cuento, es cosa de oro, o de plata, porque espíritus a mí no me sirven para nada, sabes de tu amo? Sí en su aposento está. Anda y dale aqueste papel. Y a mí no me dice nada de esa suerte se despide? Que se quede en hora mala. Con quién hablabas ahora? Bueno con Francisca hablaba no lo vio? Bien lo había visto, más pense, que me engañaba, Penso mal Pensé muy bien. Aquí diciéndome estaba que me quería en extremo desde que vine a esta casa y que aunque cierto Antoñuelo con requiebros la cansaba a mí solo me quería, y que al sin sería. Calla qué boto A. Viene mi amo dejémoslo hasta mañana. Que tenga un busón tal dicha muriéndome voy de rabia. Qué es esto cuidados míos de ayer acá tal mudanza? nunca viniera a Madrid, nuncala Cordoba dejara. Tenemos lamentación. Primero, hermosa Doña Ana, que mirándote mis ojos, fueses encanto del alma, mutiera mil veces yo pues con aqueso escapara de la ofensa de un amigo, de un amor sin esperanza de unos celos sin remedio de un mal que nunca se acaba. A señor, señor no oyes, que te suspendesn? o hablas! Déjame Doña Ana hermosa. Es de Doña Ana esta carta señores? De Don Francisco soy amigo Cosa extraña él ha perdido el sentido, señor, señor. Quién me llama? Martín soy no me conoces? Algo divirtido anda, el pensamiento no es mucho, que no te viese. Esta carta, lee. De quién es, No lo se de dármela ahora acaba, Francisca Turbado leo. olobuaito nald Don Juan, desde que a esta casa para abrazarme venistes, se os rindio la más gallarda libertad, que con desprecio vencio del amor las armas, mi dote, y mi calidad ya lo sabéis, si os agrada ser dueño de todo ahora. la ocasión pienso que os llama: mi padre contra mi gusto darme a Don Francisco trata buscad para deshacer este casamiento traza, que haciéndolo será vuestra, hasta la muerte Doña Ana. Amor hay más confusiones? nuevos peligros asaltan, el fuerte de la amistad dudosa está la batalla Mas que bajel flutuante entre las soberbias aguas, que ya sube a las estrellas, y ya a los infiernos baja navegante el pensamiento. en tan dudosa borrazca, cuando espera tomar puerto, en mar se engolfa más alta? más resistamos, valor, venza la amistad, no salga siempre el amor victorioso. Aún peor está que estaba la carta tuvo la culpa. válgate el diablo por carta, que te turba. Una sospecha. Qué te congoja? Una llama, No la sigas. Cómo puedo? Tienes causa. Tengo causa, Es error. , As acertado. Síguele, No hay esperanz p Por qué? Porque hay amistad. Es mucho? El alma me abraza, Quién te lo estorba? Un amigo. Y quién te incita? Esta carta. No te entiendo. Ni yo a mí. Don Franciseo viene. Calla. Si no me engaño Don Juan, estuvo viendo una carta de Celia será sin duda, a veros vengo, que el alma no se halla un punto sin vos! Mi amor Don Francisco os paga pues a buscaros salía, Y era para hacerme larga relación de vuestro amor, ya melo dijo Doña Ana, y creed que estimo en mucho, veros también empleada la voluntad, pues es Celia discreta, hermosa, y gallarda suyo será el papelillo, que os dieron tan de mañana, si valgo para tercero, y sabéis cuan obligada mi voluntad a serviros, está. Viose más extraña, ocasión, antes el rayo, en esa sospecha caiga, si niego doile ocasión, que piense la verdad clara, y en tan verdadero amigo cualquiera ilusión agravia amistad será engañarle, que en lo que toca a su fama sabre yo morir primero, que intentar ponerle mancha, acertado habéis amigo no es justo se os niegue nada, que en la amistad verdadera, se comunican las almas, para contaroslo todo, os buscaba esta mañana, que venga a ser buen amigo, . quien su propio amigo engaña! Vos veréis si a vuestro gusto se acudir, a Celia ingrata, a mudable. Ya por vos doy alas a mi esperanza. Qué he de serviros es cierto. Dadme licencia que salga, hasta la calle mayor: No queréis, que con vos vaya? No que estando desposado no os quiero sacar de casa, quedad con Dios. Él vos guarde. Señor qué es esto en que andas, En un laberinto ciego, sin salida, y con entrada de amor en la Babilonia, donde no entiendo las hablas. . Válgate Dios por tramoya por amor, y por mudanza también Babilonia soy, pues no entiendo lo que hablan, Mal lograda esperanza, primero muerta, que tuvieses vida, burlada confianza, mal empleado amor, Celia fingida amistad verdadera, todos jutos trazáis mi muerte fiera Desesperado muero no bastaban amor tantos desuelos? tengo de ser tercero de Don Juan a pezar de propios celos yo ver ajenas dichas? para morir no sobran mis desdichas, Cómo estás tan descuidado, y en soledad te entretienes, cuando tantos parabienes te aguardan de haber llegado el fin tan apetecido, de tu dilatada boda? mira aquella casa toda está fuera de sentido, de alegría, y eres solo, quien lo soleniza menos, con los ojos más serenos, que vio en cuanto corre Apolo vide ahora a mi señora, que quiso por no faltar al melindre del llorar dar a sus soles Aurora llorosa estaba, y hermosa. Cómo sin morir te escucho! mas si a morir voy, que mucho que la vieses tu llorosa? Alegrate. No es posible. Aunque la veas? Jamás. Cruel en extremo estas ello es cosa harto terrible esto de casar pues tanto se reme. En tanto pensar procure la lengua hablar, rompa priciones del llanto Don Franciseo ingrato, que veniste aquí a ser de mi alma, veneno sutil, mal haya mil veces el día en que vi tus ojos ingratos, para penas mil muriera primero, que llegar a oír tus palabras falsas que necia creí, por ellas no menos que el alma te di, y ganando engaños, libertad perdí entendí obligarte que mal lo entendí que falso fue siempre todo presumir, Bien se que Doña Ana merece gentil que por su belleza, me dejes a mí: más contra tu engaño, que puedes decir, que para desculpa, se pueda admitir, no dijiste ayer, primero que él sí, de este casamiento me lleguen a oír cesará en los orbes de la luz safir, cuantos movimientos, incluyen en sí serán las estrellas, flores del Abril, y los elementos, se vendrán a unir dejando conformes, tanto competir, pues como mudable, como falso di, solo en una noche, te has mudado así? cese la cordura, acabe el sufrir, piérdase el sentido pues yo me perdí, que es poca fineza, que es poco sentir en tantas desdichas ser cuerda, y vivir. Que de confusiones me cercan aquí, no se ser amante sino se morir. Celia más mudable, que el azul safir marchetado atrechos de luceros mil, ingrato me llamas, sabiendo que fui, ejemplo de amantes desde que te vi, con eso disculpas falsa el escribir a Don Juan papeles? que bien ay de mí, temí tus mudanzas, mi muerte temí culparte no puedo, Celia, porque al fin, mejor elegiste, y pues te perdí quédeme el consuelo de poder decir que como discreta, supiste elegir? A llorar mis males, voy solo que aquí, podrá enternecerte el verme sentir, y como a Don Juan, antepongo a mí, no quiero en su daño favores de ti mil años le goces, alegre, y felix, mientras yo de celos me voy a morir. Loca está esta gente, y vengo a inferir, que lo he de quedar, si los vuelvo a oír. Aguarda, detente, yo mudable fui? que causa te obliga. a tal frenesí? papel a Don Juan, dices que escrebí sin duda pretendes sacarme de mí qué enredos son estos? en que encantos di, que ni los entiendo, ni me entiendo a mí? confusa Babel, donde me perdí, el Cielo piadoso me saque de ti. Qué es hija lo que me quieres? Hablarte señor en cosa, que no tuviera remedio, si lo dilatara una hora. Si aún le tiene a tiempo vienes Tu concertaste mi boda con Don Francisco, y a eso vino a la Corte de Cordona. Yo confieso que su talle, que su brío, y su persona gallarda en todas acciones a pie, y a caballo airosa, bastarán a aficionarme si fuera un monte, una roca a no estar tan de por medio lo que escucharas ahora. Jamás quise a Don Francisco, y él me pago con la propria voluntad, porque en mi prima la puso desde la hora, que la vio, que agradecida le corresponde amorosa Esta señor, es la causa de mi dilatada boda a donde tres voluntades, fieramente se malogran: si es tu gusto, que me case, contra estas razones todas, y que muera entre tristesas de mal querida, y celoza, a morir, y a obedecerte me dispongo, mira ahora, si tienen causa mis dudas, y disculpa mis congojas, Tan confuso me ha dejado lo que te he escuchado ahora que indeterminada el alma no sabe lo que responda. Señor aunque ser yo parte puede hacerme sospechosa en lo que quiero decirte escucha mi boto ahora. Mucho de tu ingenio fío, en lo que tanto me importa; quiero oír tu parecer. Bien se que es difficultosa la salida en este caso. a donde el gusto, y la honra, tan encontradas se miran, pero suponiendo ahora, que son forzosos dos males, es bien que el menor se escoja. Casando yo, y Don Francisco mas honor pierdes, que cobras pues en Celia el sentimiento, hará su afición notoria, todos dicen, que a casarse Don Francisco vino, y sobra para no haber que decir que le vean con esposa, a Celia no llamas hija? has hoy en Madrid notoria, que para ella se trataba, esta concertada boda casala con Don Francisco, que los dos señor se adoran, y juntas dos voluntades que sus estrellas conforman atajas así discursos, y murmuraciones cortas, hallando juntos, y unidos gusto, amor, remedio, y honra. Quién descubriera esa traza sino tu discreción sola luego pienso ejecutarlo, los brazos mil veces toma. Guárdete el Cielo mil años. Y hágate tan venturosa, como si nacieras necia o si no fueras hermosa voy a hablar a Don Francisco a Dios hija. . Y yo gloriosa ire a pedir a mi prima albricias de esta victoria. Dónde me llevas amor cómo ciega mariposa? si he de morir en la llama el curso atrevido afloja. Mas Don Juan pienso que ha entrado. El atreverme que importa, si he de volver de mí mismo vencedor, y sin victoria? Yo quiero llegar a hablarle, o señor Don Juan. Señora es capaz el nombre mío que al cielo de vuestra boca lo levantáis? Bueno es esto? agradezco la lisonja. Nunca lo son las verdades. Muy mal remedian ahora adulaciones Don Juan ofensas que tanto tocan al alma. Confuso estoy yo he dado causa señora, para que estéis con razón de mí un instante quejosa? Mas el negarlo me ofende. Toda el alma se alborota en qué señora os ofendo? Para ofenderme no sobra que aún amor ya declarado deis estimación tan poca tanto desprecio a mis ojos, tantas ofensas celosas, con mi prima a quien rendida vuestra voluntad adora; y decís de que me quejo? mas no es falta de memoria, sino de agradecimiento, o de mis desdichas sobra. Perdone aquí la amistad. la lengua el silencio rompa, que en culpa de tanta pena es la disculpa forzosa, sepa la verdad Doña Ana, por lo que al amor le importa, y ausentándome esta noche, quede la amistad gloriosa amigo seré, y amante, para que me halléis señora desculpa entre tantos hierros oíd mi desdicha ahora. Harto estimare Don Juan que la tengáis, que piadosa pretendo hallaros disculpa, fácilmente amor perdona. Huyendo de una desgracia a Madrid llegue señora, Corte del mayor monarcha de los términos de Europa, este cuyo imperio siempre el sol de luces corona hoya muerto en occidente, o cuando en Oriente asoma aquí pues. Tened Don Juan, que ha entrado mi padre ahora, tiempo habrá después de oiros. . Mal mi disculpa se logra mas si de algún Dios piadoso, que la amistad perfeciona, es esto advertencia, baste, no más locura amorosa porque si es alma el amor, no es menos alma la honra. . Qué es señor lo que queréis pues ya como habéis mandado solos habemos quedado? Yo aseguro que escuchéis, lo que deciros espero, pienso que de buena gana, Verdad me dijo Doña Ana oír de esta puerta quiero si tratan lo que sospecho, cobarde estoy con razón asustado el corazón, pretende salir del pecho. Yo aseguro Don Francisco, Veas en esta ocasión, que como a hijo del alma te quiere tratar mi amor triste me trajo estos días, cuidado, y pena me dio el ver en tu casamiento, tan prolija dilación, como a quien tanto te importa saber quise la ocasión; y como a quien lo procura pocas veces se nego, que a lo más oculto suele el tiempo descubridor, ser clarín que lo pública, supe al fin que procedio, de que Celia mi sobrina usurpando tu afición con dilaciones cansadas! tantas dudas ánimo si es así; y esta es la causa de la injusta dilación, que mi opinión tanto ofende, que tanto ofende mi honor no quiero yo que te cases contra tu gusto, eso no que un casamiento forzado es solicitarle erroa, mas pues a Celia deseas a Celia te daré hoy, que ni en cualidad, ni dore es a Doña Ana inferior, responde ahora, y advierte, que si a una de las dos no tratas de dar la mano luego al punto vive Dios, que pues atrevido ofendes mi honrada repusación, y piensas tú que en las canas, ha desmayado el valor, que en este aposento mismo, que nos encierra a los dos, uno ha de quedar difunto. Ay tan grande confusión? . a Celia adora Don Juan a Celia adora mi amor Don Juan es amigo mío, Doña Ana aborrezco yo, que he de elegir que no sea mi muerte, mi perdición? hay amistad, que me matas, ay que me pierdes, amor. Mucho duda Don Francisco verdadero fue el temor, no quiere quien duda tanto. En fin la amistad vencio, muera yo, viva Don Juan Que me respondéis. Señor. no os espantéis que me admire de tan nueva presunción, como la que habéis tenido, a Celia he querido yo cuando enamorado; y ciego por Doña Ana el corazón cuenta las horas por siglos. Qué es lo que escucho? a traidos, bien dicen que quien escueho, siempre encventra lo peor. Qué nuevo entedo es aqueste así Doña Ana burlo, engañosa necia; y ciega un padre de mi valor? en fin no queréis a Celia? Doña Ana solo señor, es dueño de mi albedrío, quien esotro os resirio no estaba bien informado advertí que os engaño, o como niega la boca. lo que dice el corazón. No quiero yo Don Francisco que deis con tanta razón de estas dilaciones quejas hoy os eis de casar, hoy ha de ser vuestra Doña Ana. . Mal podrá si muerto estoy Mucho fue mi sufrimiento ingrato, pues escucho tan traidores desengaños a tu fementida voz, sin que saliese animada de la furia, y del dolor a tomar de mis agravios debida satisfacción este desprecio merecen las finezas de mi amor este olvido mis desuelos mi voluntad tal rigor? Si formas ofensas tuyas de lo que oíste a mi voz justas son Celia tus quejas, y me culpas con razón, mas si primero que juzgues mirares el corazón mentida verás la ofensa, que la lengua pronuncio fuerza de desdichas mías de tus ojos me aparto? no soy para merecerte solo para amarte soy. Que aún intentas engañarme? Míos los engaños son, hay finezas de amistad, que rigurosas que sois quien busca lo que aborrece, quién lo que quiso dejo? Calia mía yo te adoro, nunca el alma te ofendió. Yo mismo ohí mis ofensas. Lo que oíste te engaño. No escuche yo tus desprecios? Desdichas, desprecios no. A Doña Ana no elegistes. Mi desgracia la eligio. Quién pudo obligarte a tanto? Una amistad me obligo, que ha de costarme la vida, Mudanza dirás mejor. No verá mi amor mudado, en cuantas vueltas el sol diere a Horizontes diversos, que aunque desdichado soy para no poder gozarte. . Qué engaños amor son estos? en qué laberinto estoy? quien me adora me desprecia quien vio confusión mayor mas como creo ignorante, con engañada opinión que puede decir verdades. quién una vez me engaño? muerte piadosa a mi daño librame en esta ocasión, de este caos de confusiones, y Babilonia de amor.

JORNADA TERCERA

Si habéis templado empezad. Por excusar ese enfado, teniamos ya templado, va de música. Cantad. Desprecio fue de estas selvas la hermosa, y libre Narcisa, y hoy amante da castigo a sus altiveces mismas, la causa que la atormenta de que llorosa suspira, por no le llamar amor, dice que es melancolía. . No cantéis más que sospecho que relatáis mis desdichas, que publicáis mis pezares, y en fin con lengua atrevida cantáis vitorias de amor contra libertades mías. Injustamente te enojas advierte señora mía, que de Narcisa cantamos. Pues yo soy esa Narcisa, a quien obligan los hados a quien desdichas obligan, que desprecie a quien la quiere, y a quien la desprecia sigua, que habiendo sido diamante, sea cera adonde inprima sus rigores el amor. Ya de sentido la priva. la tristeza. Cuánto escucha todo señor imagina que de sus tristezas habla. Divertirte solicita saliendo al campo esta tarde, donde entre nevadas guijas, el risueño Manzanares aljófares desperdicia, donde sierpe de cristal, discurriendo fugitiva, jurisdicción de esmetalda en dulces lazos termina, qué respondes? Que tu gusto, por alma en mi pecho habita. El cielo te alegre, Fabio has poner el coche aprisa: de aderezar la merienda tendrás cuidado Francisca. Esta si pesia a mis males que es fiesta gustosa y linda. pues ha de haber que comer, que sin ello fuera fría, como un discreto si es pobre, y una rubia presumida. Ya que solas nos dejaron descansa conmigo prima, pues sabes que tus tristezas, como propias me lastiman, La causa te toca tanto, como a mí, que las desdichas observan nuestros sucesos, con una fortuna misma a penas ohí a mi padre la uegación fementida de Don Francisco a tu amor, y que importuno quería que yo le diese la mano, cuando la razón vencida un accidente cruel de los sentidos me priva, efecto de aquesta causa salió mi melancolía. que a veces llama locura quien el otigen no atina es pera solo mi padre que esté más convalecida de esta enferma pesadumbre para efectuar el día de mi boda, pero yo, que adilatarla me obliga tu voluntad, y mi amor descontenta, y desabrida ya con fingidos dolores, ya con locuras fingidas la enfermedad acredito, que ha de durar Celia mía en cuanto a las dos importe, y a nuestros intentos sirva. Solo tu ingenio divino, hallar remedio podía contra los golpes, y trazas de la fortuna inimiga vencedora de los astros te contemplo, pues limitas el poder a los sucesos, y mirándote me admira ver a tus pies la fortuna. Con ella se me permita, que este también a los tuyos, donde apezar de la envidia, pueda igual con la fortuna, hacer eternas mis dichas. Que bien jugáis del vocablo, No fuera malo a fe mía, haber juego de vocablos, que de tautes abría, que se dejasen perder, por estar la noche, y día sin callar jamás la boca, y aún sin eso todabía (no faltan) uno una dama en mi lugar, que selía, por hartarse bien de hablar hacer algunas visitas a donde los cumplimientos, tan prosongados hacía, que a escribirse no cupieran en muy dilatadas rimas, y cuando la visitada iua a responder decía, cortándole las razones, no se cance reina mía que ya se lo que me quiere decir, y así repetía, por ambas sin que pudiese desayunarse la amiga, que bien jugara este juego, esta que dijo. Y podría jugarle Martín con vos, que por vida de Francisca, que sois official famoso. Qué hace vuestro dueño Habita entre las naves, y esferas, y un poquito más arriba, desde que vino a Madrid. Tan altanero camina? Tanto señora que a veces suelo perderle de vista, y aún él se pierde por ella, si es que mi sospecha arina. Está en casa? No es posible, que haya vuelto tan aprisa; De dónde? De Babilonia, donde dice que camina. Babilonia? Esas jornadas suele el hacer cada día, y ayer si mal no me acuerdo me dijo que a Creta iua ver ciertos monos, y toros, El Minotauto diría. Todo señora es lo mismo ved que buena mercancia. El humor que vos gastáis, a se que lo es, y de estima. Antes no pues que me vale tan poco. Aquesta sortija de señal de que me agrada vuestro ingenio; y gusto. Vivas, más años que en un Poeta una vayeta raída. Muestra a ver Martín amigo. No tienes que ven Francisca no son todos tiempos unos. Han visto cual bofoniza, el muy lacayo, Fregona, iva a decir relamida, no me perdáis el respeto No haya más por vida mía, dile Martín a Don Juan que esta tarde de tenmina llevarnos mi padre alirío, por ver si en sus aguas frías halla alivio mi tristeza mi fuego decir podía, A obedecerte me parto pagareisme fregoniza estas desautoridades, Que esto a un busón se permita Que es lo que intentáis Don Ana. Divirtir mi pena esquiva, hablando a Don Juan, Amor tus pensamientos consiga pues tu dicha es el remedio de mi esperanza perdida Emprenderela a lo menos. aunque muera de atrevida, que morir bizarramente también se tiene pos dicha. Qué rigor fortuna esquiva me obliga que triste suerte, a que en una eterna muerte, immortal mi pena vive? idrá mi desdichares, pues cuando a afligirme empieza si le corto una cabeza vuelve a naces otra vez de dudas soy un abismo, y en diferentes pasiones atrevidas discensiones, padezco en el pecho mismo entre tan dudosa calma me trata que sin razón como a extraño el corazón y como a extranjero el alma vendrá este amor a matarme, pues que tirano permite, que el remedio solicite, ni el alivio de quejarme siendo mis quejas el medio, no me consiente quenar, el remedio era olvidar, mas siempre olvida el remedio seré de amistad ejemplo de amor ejemplo seré y la vida dejaré en las aras de su templo Gracias a Dios que te he hallado, que en el golfo de las yeguas mas de cuatrocientas leguas pense habías navegado, cómo en Creta lo pasaste? viste a la hermosa Ariana hablaste a Fedra su hermana al viejo Minos ablaste? Qué dices loco Pregunto lo que tu dicho me has a Babilonia no vas, no vas a Creta en un punto? Martín esa Babilonia, en el alma misma está Qué espíritu, y novedad. válgate Dios por Polonia entre ahora a donde vi los dos soles de esta esfera diosas de la primavera, en verlas me suspendí; nunca envidie a los discretos como en la ocasión presente, para decir altamente, dos docenas de conceptos, llegue dlámome Doña Ana; y pergúntome por ti mina de aljófares vi, entre cortinas de grana, porque al dispuntar los labios, en el rubí dividido mire perlas atrevido, de todo el Oriente agravios díjome que suan al río que te lo dijese yo, pues lugar te señalo debe de ser desafío. Acaben ya mis desdichas la muerte que solicito, pues soy contra lo que adoro tirano ingrato inimigo muera entre mis propios celos pues he buscado atrevido infiernos, tormentos, muertes, venenos, y basiliscos, más disimular me importa, porque ya Don Juan me ha visto para que me deis albricias vengo buscaros amigo, de la muerte que me espera, . pienso que en el punto mismo que os inclinastes a Celia con poderoso destino, adivine vuestro amor de la amistad fue prodigio, que penetrar lince pudo vuestros pensamientos mismos pretendi desengañarme, no lo hubiera pretendido, mas quien busco desengaños, que no encontrase peligros? salir quise de esta duda a vos os lo dije, y quiso, mi fortuna, que acertase, pues confesastes rendido, y obligado del tormento, de deseosiencendidos, donde siendo el alma Troya dando llamas en suspiros publicara tanto incendio, si hubierades pretendido esconderle entre temores ocultarle entre desvíos, no puede el rayo impaciente esconder bizarros bríos en límites de la esfera, que su natural altivo, venciendo las resistencias, rompe priciones de bidrio del aire breve defensa al fuego cuasi infinito, con que es incendio del viento, y de la tierra castigo, así vuestro amor tan poco lo estuviera, que atrevido, cuando más apricionado, mas del temor oprimido discurriera licencioso en esfera de suspiros, Lo que digo a mis sospechas basto para dar motivo, y acabo de confirmarlas, haberos Don Juan oído que distes el alma a Celia, y entre sus ojos divinos perdistes la libertad, y yo la vida he perdido, prometí de ser tercero en vuestro amor, y lo he sido, tan diligente en matarme, y tan puntual en serviros, que esta mañana, ay de mí me dijo Don Bernardino, que será vuestra, y que juntas se harán en un tiempo mismo nuestras bodas, y mi muerte ved si he acertado a serviros, Que acertastes a matarme, que perderme habéis sabido acrediten mis agravios, y yo abrazado acredito, más disimularme importa porque no entienda, que ha sido falsa mi noble amistad, y que a Doña Ana he querido. Desde que mis pensamientos os entregue Don Francisco no espere menos dichoso, el suceso. Tanto estimo el ver contento a Don que de mi pesar me olvido. (Juan, Las tramoyas le acabaron vive Dios que te han cogido. Esta tarde en los cristales que despeña fugitivo el risueño Manzanares veréis a Celia, que quiso ser Diosa del verde bosque ser Ninfa del claro río, en el Don Juan os espero, y en el serán mis suspiros. . incendio de sus cristales. . Oigan que triste, y frunsido, que se ha quedado mi amo por ti pienso que se dijo, aquel romance que empieza cabisbajo, y pensativo. Tiempo es de burlas billano cuando mi bien he perdido cuando he cobrado mis males? Tente, señor, que imagino, que va de verás. Traidor, cuando perdiendo el sentido estoy de rabiosos celos te burlas de mi atrevido Doña Ana de ajeno dueño, y yo a mi pesar marido? de Celia? acabe la vida, entre cuerdos desvaríos, venganza a voces pido, (migo, que me ha muerte un engaño, y una mas ya la muerte piedosa, a quien invoco ofendido, dio fin a mi vida triste, no a mi amor; que es infinito libre estoy de cuerpo ya ven acá Martín que has sido, mi fiel lacayó en el mundo cazose ya Don Franciseo? sintió mi muerte Doña Ana? cuentamelo todo amigo. Nadie se acuerda de ti? Yo lo se que en este siglo al mayor amigo ausente le pagan con torpe olvido, que será un muerto Martín? Y un ausente no es lo mismo? Mas ya siento conducirme rompiendo los senos fríos de la tierra al caos confuso de condenados castigos, ya de la infernal caberna sueñan aquí los gemidos, y los remos de Aqueronte van rompiendo el negro río entra Martín en el barco, que solo en este conflito me acompañas. Di señor, seguir su humor imagino bogad infernal barquero que pienso que a vuestro officio le viene como de molde este aborrecido sitio hechad la plancha, y salgamos mas ya sale a recibirnos el vigilante cervero con espantosos aullidos por las tres bocas arroja de tres en tres los latidos. De quién es este cuartel? que esta ala puerta, y principio del infierno, y por las bocas arrojan fuego encendido las almas, que en el abitan? Maldicientes son, que quiso el Rector de estos baratros, ponerlos tan al principio para que de cuanto entrase pudiesen haber registro. Los que tratan de linajes, están aquí, y así mismo, los que en las vidas ajenas emplean siempre los filos, aquellos señor, son sastres estos preciados de lindos, que sienten más que su pena verse camuscar los rizos, y mal lograr de los moños, el trabajo más preciso no verás aquí escribanos, tanto el número ha excedido, que por no estar apretados otro infierno han escogido, república es de por sí, que no admite señorio; donde dan temor sus plumas; hasta a los demonios mismos. A dónde están los amantes? Pienso, señor, que en el limbo, porque la inocencia suya no merece otro castigo, Cupido buscando voy, donde estas vendado niño que a mis voces no respondes, que no escuchas mis gemidos? llegue mi voz a tu esfera, y mi pena a tus oídos, y aunque las escondas Áspid, al encanto que público v enganza a voc es pido, que me ha muerto un engaño, y un a- Eso si quéjate bien, (migo, que es un bellaco Cupido, no puede hacer cosa buena, quien de elemento tan frío, como el agua tuvo ser mira que gentil principio. No ves un buitre cruel, que con furor tan impío, come a un hombre las entrañas? allí están los celos hijos de la invidia, y del amor, allí he de estar entre silbos de Serpientes, y Dragones, no ves de color sanguino las arpías venenosas? Solo eso, señor, no he visto todo lo demás muy bien. Míralas pues, Ya las miro: Vuélvete Martín al mundo, di a Doña Ana, que me has visto en un infierno de celos, donde condenado he sido, por guardar una amistad, y di a Celia, que he querido el infierno de mis celos, antes que su amor fingido; nada de lo que ha pasado le cuentes a Don Francisco, porque ni aún muerto sospeche que pude haberle ofendido al tormento que me espera resuelto, y ciego camino a ser ejemplo de amor y a ser de amistad prodigio venganza a voces pido, que me hamuerto un engaño, y un amigo. Amor de tantos enredos, causa siempre, que has podido hurtar con tus embelecos, a mí, señor, el juicio de ti justicia pido, que Don Juan con sus celos me ha molido. Cuando mereció, señora, el humilde Manzañares, que dando invidia a sus ninfas, honreis cortes sus cristales? cuantas esta Selva hermosa sacras oculta deidades, en festivos regocijos Venus segunda os aclamen, vos triste, señora, y sola? quien hermosa Celia os trae aquí donde mis sospiros, pueblan estas soledades? No es mucho, que mis tristezas en este lugar se hallen, que soledades a un triste siempre fueron agradables, vos ignorando la causa, perguntáis por mis pezares? pero las ingratitudes, siempre fueron ignorantes dígalo el campo, que afirma que mis congojas mortales enternecen estos montes, y embarazan estos valles. Yo ingrato, como es posible si venzo en amor constante, cuantas famosas historias celebran antiguedades? Píramo, Leandro, y Tisbe, y el amante de Anajarte, no supieron que es amor, si llegan acompararse, con adoraciones mías, mas de esto no es bien que trate aquí donde necias mueren, mis vanas seguridades. Con engaños, y mentiras piensas volver a engañarme? si fiada en tus palabras hablo Doña Ana a su padre, diciéndole nuestro amor, que tu negaste mudable si estas casado que intentas? basten tus traiciones, basten, que con cuidados, y celos, llorosa, y muerta me halle en brazos de la sospecha cada vez que el alba sale, Escondido entre las ojas de aquestos frondosos sauces seguro de que me vean, he de escuchar lo que hablaren Don Francisco, y Celia son podrá ser que en lo que traten hallen luz mis pensamientos, en confusión tan grande, ría. Celia hermosa, Dueño de mi aleguio, déli deidad de cuantas se os tentaron bellas en cultas flores, más fragrante rosa Febo divino en escuadrón, y estrellas apacible desdén, muerte gustosa, Etna que ánima del amor centellas, y éxsala eternizando mis enojos nieve del pecho, y fuego de los ojos, Epílogo felice de hermosura, extremo raro del pincel valiente, que juntando alcarmín, y nieve pura. albores en crepúsculo de Oriente retrato la celeste compostura, con ingenio tan vivo, y diligente, que a penas detérmina mi desuelo si el cielo Celia es, si es Celia el cielo Atlante de tus luces esperaba, merecer engañada mi esperanza, que poco en tanto bien se recelaba, del poder infeliz de una mudanza, cuando más tu favor solicitaba, poner a mis temores confianza, y ya con alas libres presumia ver el palació del autor delidía. Estrellas en mi daño conjuradas, Don Juan de tu belleza enamoraron, donde mis esperanzas malogradas, sepulcro breve en vez de cuna hallaron, del mismo sol se ven precipitadas las que su esfera altiva conquistaron hallando en sus intentos castigados, Y caros infelices renovados. Es la amistad que de la edad más tierna, profeso con aqueste caballero, la mayor que en antiga, ni moderna se escribe historia en bronce, ni en acero, no vio la luna en su carrera eterna, en cuantas vueltas ciñe el hemisfero, finezas de amistad más bien pagadas de una alma son dos vidas animadas, Esta causa señora me ha obligado aperder lo que adoro, y aperderte para que lo que pierdo desdichado Don Juan alcance acosta de mi muerte, suya serás, y yo desesperado, sino basta a matarme mal tan fuerte, tanta belleza llorare perdida padeciendo una muerte de por vida Don Bernardino, que te cases trata rendido a la porfía de mi ruego, pues es conmigo el alma tan ingrata, que yo para abrazarme busco el fuego, hasta mañana solo se dilata, la pena triste que he buscado ciego, aquí me tienes, si vengarte piensas de mis desdichas no, de tus ofensas. Para quedar perdonado mal se dispone tu pecho, que en la confusión que has hecho lo principal has callado si las culpas has negado, cómo has de alcanzar perdón? parécete que es razón, que quiera tu voluntad preferiendo una amistad, escluir una afición? tu nombre esta acción infama en linda ignorancia das, pues puede contigo más un amigo que una dama; publique en lenguas la fama en suceso semejante el extremo de este amante, la firmeza de este amigo, sitva el mundo de testigo; en fineza semelante, Piensas así desculpare? Don Francisco tu mudanza pero que mayor venganza, que ver que llegues a amar quien también sabe pagar, que por otro amor te olvida. Doña Ana de ti querida adora a Don Juan de suerte que a ti te llama su muerte ya él le llama su vida. Tú por Doña Ana perdido ingrata a tu amor responde, y quiere quien corresponde su amor con ingrato olvido a Don Juan, que me ha querido por ti lo vengo a olvidar, y al fin solo te he de amar, aunque ser ingrato intentes amores tan diferentes quién los podrá conformar? Solo a ti Celia te quiero esto señora es verdad. Muy mal de tu voluntad lo que me afirmas infiero, si dices que eres tercero, de Don Juan, quieres que crea que tu amor en mí se emplee? como tengo de creer, que puede un hombre querer lo que para otro desea? Mas que poderes te he dado, para que en esta ocasión, a pesar de mi elección marido me hayas buscado? no basta que estes casado, y con proceder tirano des a Doña Ana la mano, a pesar de mis ofensas? porque te has casado piensas, casar el género humano? Pues primero vive el cielo, que en eso me rinda el ruego ardera el hielo en el fuego y el fuego será de hielo brotara estrellas el suelo y el Cielo llovera flores, iras en vez de favores con la ocasión que me das en lo que esperas verás, y en vez de agrados rigores, ya con ánimo constante los dos olvidar espero Don Juan, porque no le quiero y a ti por mudable amante. No pases más adelante, mira. Ya no hay que mirar. Adónde vas? A olvidar. Espera. Ya no hay que esperar de amante que no me quiere, y que a otro me quiere dar. . Cuando busque despongaño halle confusión mayor, qué encanto es este amor? todo dudas, todo engaño sin remedio es este daño que en tal desconformidad no sabe mi voluntad, que medio podrá eligir, Cielo cuando he de salir de tan grande oscuridad, mas Doña Ana divirtida, y sola con sigo hablando se viene al Cielo quejando de alguna pena afligida si es la enfermedad fingida escuchándola he de ver, sin que me vea, y saber lo que en fin me importa tanto saldre de este ciego encanto aquí me vuelvo a esconder. Sin duda que está mi pena debe de ser immmortal, y este mal. Pues a lo eterno condena de origen es celestial, querer con tanta firmeza, sin hallar correspondencia, que paciencia, podrá sufrir la aspereza de un olvidado en presencia hay Don Juan nunca mis ojos, para mi mal te miraran, no llegaran, a ser del amor despojos, pues a no verse no amaran sea treuna mitristeza pues mi desdicha no alcanza una mudanza, porque sobra la firmeza donde fulta la esperanza; y aunque en mi ciega porfía fortuna en todo mudable sea estable, muera de firmeza mía y no viva de mudable, pues es eleción mejor, que una esperanza perdida, que no olvida, ya que no acaba el amor que venga a acabar la vida. Hasta este bien me ha negado, mi destino, que impiedad, si es verdad, que la muerte a un desdichado, viene a ser comodidad, mas si consiste en sentir, el más perfecto querer venga a ser en mí tan largo el vivir, como eterno el padecer En tal desdicha, señora, no me deja el sentimiento, que para poder decirla la lengua rompe el silencio, mal haya el amor mil veces sus tramoyas, y embelecos, que es Argos para los males, y para los bienes ciego Don Juan, señora. Ay de mí, alguna desgracia temo, prosigue. Perdió el sentido, y con locos desconciertos, viene por Madrid gritando moviendo a lástima el verlo, a las peñas sin sentido, mas ya de su voz los ecos, escucho. alon vin Nadie me impida; que como el músico Griego rompiendo estos calabozos, vuelva a ver la luz del Cielo. Ay de mí. De tanto daño eres la causa. Bien creo, que es bastante mi desdicha, para más tristes socesos, más igualando los males, vendrá a ser mi culpa menos ingrata soy si soy cuerda loca seré si no muero. Bueno por mi vida estoy entre aquestos dos extremos de quien sin ser la virtud he venido a ser el medio; que pecados son los míos, que entre dos locos me han puesto, amantes si de esta salgo en mi vida vuelvo a veros. Abuscar el alma iré apezar del mismo infierno pues en Doña Ana ha quedado. Qué desdichado suceso en ella estaba sin duda luego no ha bajado al centro de las tinieblas conmigo, que fue lo que bajo luego, y que es lo que soy ahora sombra seré más no a siento, porque una sombra no siente. Y yo mil infiernos siento, alma no soy, pues Doña Ana la tiene, tan poco cuerpo, pues de ninguno se ha dicho, que sienta después de muerto mal atino con mi nombre, aunque si mal no me acuerdo Babilonia soy de amor, nueva región soy de celos, pues guardo amistad celoso. Lo que miro a penas creo. Llega tu señora a hablarle que yo por Dios, que no puedo por muy forzosas razones, la principal por el miedo. Qué es esto, señor Don Juan un hombre noble, y discreto, a una pasión en el alma le permite tanto imperio? tened más valor Don Juan volved en vos, que os prometo que solo por lo que os toca estoy corrida en extremo. Válgame el cielo imagino, que de algún letargo ciego, he despertado. Parece, que oyendo tus dulces ecos los ya perdidos sentidos a su natural volvieron. Yo estuve loco sin duda. Que extremos Don Juan son estos que a tanto os han obligado? Con causa son los extremos. Cuerdo, y muy recuerdo está salto, y bailo de contento. Sabed hermosa Doña Ana que desde el punto primero en que os vi, se os rindio el alma con un amor tan perfeto, tan difícil de acabarse, que tuvo amagos de eterno, si bien hubo un imposible, para este amor de por medio, que malogrando esperanzas fue berdugo del deseo, este fue de Don Francisco la amistad, por quien padezco las más costosas finezas, el más tirano tormento que promulgaron crueldades que verdades padecieron, no pude, ni fue posible disimular este incendio, que para esconder amor, ni hay cautelas, ni remedios, sospechas de Don Francisco conocieron los efectos, si bien dudando la causa no atinaron el sujeto. En fin sospecho que Celia de tantos cuidados dueño animaba mis suspiros, era causa a mis desuelos: esta sospecha me dijo, yo por deslumbrarle necio, que la verdad no atinase confirme su pensamiento, siempre el mentir fue dañoso, siempre se hacen mil de un yerro que mal jamás vino solo, ya me enseña el escarmiento, que no es lícito el mentir, aunque sea al fin muy bueno, engañado como digo, trato mi amigo, aquí pierdo la vida con la paciencia mas solo quejarme debo, de mí, que traje un engaño bastante aquitarme el seso a Don Bernardino hablo, pidiéndole que por dueño, me diese a Celia, y después, me pidio albricias diciendo la gloria que me esperaba en tan dichosos sucesos oyéndolo me quedé, como aquel que el compañero le mato furioso rayo que entre atonito, y suspenso no sabe determinar, cual de los dos es el muerto aunque después la congoya las suspensiones rompiendo, me ha tenido de discursos como de dichar, ajeno esto señora, es la causa de mis locos desconciertos remedio solo en mi pena y solo en mi mal remedio. Por aquí pienso que fue. Yo le vi entre aquellos fresnos mas ya con él has topado. Oh señores, donde bueno tan apresurados vais? mandáis que os vaya sirviendo? Villano no me dijiste, que Don Juan fuera de seso andaba por estos sauces? Yo le vi, señor, corriendo, con mil acciones de loco. Y yo afirmare lo mismo. Pues, como es todo mentira, Milagros son, que no entiendo, Engañaré a Don Francisco, haciendo otro fingimiento, verdad es que estuve loco, que el impensado contento de ver, que ya Celia es mía, pudo causar tal efeto. Mejor locura es aquesta, Que he llegado a escuchar Loca estoy. (esto, Y yo corrida. La amistad venza a los celos pues que Don Juan os adora, con tan amoroso extremo, sed mí, señora, servida de darse la mano luego. Pues sois el tercero vos, digo que acepto el concierto, así me vengo de ti, y arto a mi costa me vengo, De verás va, vive Dios, y ya no tiene remedio, que tal hago? Qué tal miro? Qué tal busco? Qué tal quiero? La amistad me obliga a tanto Por ser buen amigo muero, El vengarme me disculpa Enmudéceme el respeto. Esta es mi mano, Y la mía, sin alma es esta. Teneos que se han de trocar las Juertes pues lo están los pensamientos. Todo lo que habéis tratado quiso que escuchase el Cielo para que tantos disgustos no quedasen sin remedio dad vos la mano a Doña Ans y vos a Celia. No puedo replicar, Ni yo tan poco; Aquí senado discreto, se da fin a la comedia. Aguarden que estoy soltero, y he de casar con Francisca. El novio soy yo. No quiero a ninguno de los dos. Según eso acabe luego la Babilonia de amor, y la amistad en los celos,