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Texto digital de Las aventuras del alma

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Luis Vélez de Guevara Probable
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Pozo, Cristina y Claudia Sánchez. Texto digital de Las aventuras del alma. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/aventuras-del-alma-las.

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LAS AVENTURAS DEL ALMA

Escúchame, Vuestra Alteza. No hay que porfiarme, Amor que no es bien que a mi grandeza se iguale el hombre. Señor, dad a su humildad nobleza, valor a su bajo ser, fuerza a su flaco poder, a su sangre calidad; remedio a su enfermedad, que así le puede tener. Tengan las guerras mortales concierto del hombre y Dios; después de tan largos males, treguas, y queden los dos deudos, y amigos, y iguales: hágase este casamiento. Atrevido es vuestro intento, Divino Amor: mucho puede con vos el hombre. No quede por vos. Alto pensamiento. Y así soberbio ha sido el querer emparentar conmigo el hombre atrevido. El amor baste a igualar lo que el rigor no ha podido. Echeso de ver que soy vuestro privado faltante, lo que pidiendo estoy: no llegue al último trance su mal. Rindiendo me voy, Amor, a vuestro poder. Pero, ¿quién es la mujer que aportéis por esposa a mi ser? La más hermosa que ha visto el humano ser. Aunque nacida en el suelo, trae su descendencia hidalga de los solares del Cielo. Esa nobleza le valga. Puesto que de humano velo como con tosca corteza cubre esta antigua nobleza, inmortal es como Dios. Y repare que en los dos, aquesto y en la belleza, que a su imagen la formó y semejanza, tu padre. Y en el suelo la engendró; porque la Tierra es su madre. Ya queréis, Amor, que yo con esposa que es villana por partes de madre junte mi grandeza soberana. Eso no se me pregunte, pues amor todo lo allana. No hay cosa que al poder mío no rinda laurel y palma: no en vano con vos porfío. ¿Quién es, al fin? Es el Alma; que es reina del albeldrío de cuyo reino le ha hecho vuestro padre donación: en la tierra, satisfecho, del miedo y de la razón que viven siempre en su pecho, que sabrán aconsejarle. Lo que mejor le estuviere corregille y enmendalle mientras el rey no hubiere, aunque poco, a deduralle. Mas, por que de su belleza, mire el extremo mayor que vio la naturaleza, este retrato mi amor pintó para vuestra Alteza. Divina y rara hermosura: no formó mayor beldad en terrestre criatura mi padre. La voluntad me lleva, Amor, la pintura: preso en sus ojos estoy. Amor, herido me habéis. Laurel y vitoria os doy, que vencer más no tenéis; que de estos dos soles soy. Retrato celestial… el hermoso original quiero ver, Amor Divino: ¡trazad luego mi camino y mi jornada real! ¡Síganme los cortesanos del cielo: alados cherubes, formando en los vientos vanos carrozas pintadas, nubes de celajes soberanos! Para llevar de camino, me hará favor de un vestido el Sol; con estrellas peregrino porque sirva su arrebol. De guarda, polvo al Divino sea la historia de Adán; el dibujo, con que al viejo enojo, remate dan; y todo el mar sea espejo para ver si voy galán. Si camina vuestra alteza con toda la real grandeza que pretende acompañalle, no es posible aposentalle la humana naturaleza para su deidad. No abra aposento, porque suelo estrecho parecerá; que quien no cabe en el cielo mal en la tierra cabrá. Estrecharse es menester de grandeza y de poder; no con jornada real. ¿Y aposentarle un portal, podrá? Pues así ha de ser. Trazad vos, Amor, el modo. Y perdone mi justicia, que sois ya dueño de todo. De hacer vienes mi codicia en el quebradizo lodo del hombre. ¡Amores del alma! Amor, me tiene inquieto en esta amorosa calma hasta llegar al efecto de mi boda y vuestra palma: ¡partamos! Con un vestido de carne humana, señor, habéis de bajar vencido de vuestro divino amor; con qué iréis desconocido. Veréis el original primero de esta manera; que la grandeza real habéis de excusar, y fuera a sus ojos desigual. Y luego que vuestra Alteza satisfaga su belleza y por dueño suyo quede, traella a su rey no puede con la de vida, grandeza. Éste es mi consejo. Ha sido. Como vuestro riprivanza habéis, Amor, merecido, soy por vos el nombre: alcanza gracia de la que ha perdido. Parta Gabriel solamente por nuestro aposentador, delante. Eso es conveniente. Y dalde, Divino Amor, con mi sello una patente. ¡Sea la primer jornada a Nazaret, de Galilea, en casa de una sagrada virgen; la segunda sea en Belén, y mi posada sea amor en un portal! Aunque soy Dios que no quiero ser conocido por tal, la Jerusalén espero pasar después. Celestial itinerario habéis hecho. Vamos, Amor, que me abrasa el alma; de amar, el pecho. Y aunque para mí su casa sea espacio muy estrecho, he de cifrar mi grandeza. Amor Divino, por vos, ¡dadme a vestir con presteza! Hoy se viste de hombre Dios, ¡humana naturaleza! ¡Albricias que desde el cielo y doy con Dios en el suelo, que ha sido una heroica prueba! Vuestro amor, Alma, me lleva a vestir de humano velo. El temporal nos convida a obscena vejación. No perdamos la ocasión, que no se cobra perdida. El mar del deleite en calma nos promete prestamiento; seguro y dichoso puerto en la provincia del Alma. Muchos tiene el albedrío. Y cualquiera que tomemos basta para que alcancemos el fin del intento mío. ¿Qué armada contra los tres puede atreverse en el mar del deleite a navegar que no de luego al través? ¿Qué leño no echará a fondo nuestro poder y furor? Porque sabes mi valor, Príncipe, no te respondo; que ya sabes que no hay vida que me resista jamás. Pues de cuantas, viendo éstas, Mundo, soy el homicida; porque de ninguna suerte no ha habido ocasión de honor que no salga vencedor el Príncipe de la Muerte. El número fuera eterno, que al tiempo le aventajara. Si sus hechos os contara el Príncipe del Infierno… Y aunque duda a la vitoria, puse en la primer batalla… ¡no determino contalla, pues no salí con la gloria! … pero siempre en la jornada, donde perder el honor sea ventura, es más valor una bella retirada; después que rey, que monarca, que capitán no vencí, ¡responda David por mí! ¡Rey, profeta, patriarca! Diga el valiente Sansón que venció a los filisteos si me dio algunos trofeos: confiéselo Salomón. Del gran valor que encierra, príncipes, en los dos, me siento insatisfecho. Está el Príncipe de la Tierra, que ésta ha sido la razón que justamente me obliga con vosotros a hacer liga para tan ardua ocasión. Vuestra amistad profiere, porque con los tres no hay cosa de impresa dificultosa que en breve por mí no esté; y pues ésta es, con intento de casarme con el Alma, ¡y vemos el mar en calma! Demos las velas al viento. Y para ver el trofeo que con vosotros codició, ¡sople el céfiro del vicio en las velas del deseo, que de esta suerte confió! Príncipes, con el favor vuestro, en breve, ser señor del reino del albedrío. No hay temor, guerra, ni asalto de enemigo en la jornada: ¡a enbarcarnos, que la armada está de vergas en alto! ¡Alto, pues! ¡Embarca, embarca; que amor del Alma me lleva! Ya toco el tiro de leva. ¡A costa, a costa la barca! Ésta es, Príncipe del Cielo, la corte del Alma. Amor, bien muestra quién es. Señor, es la más rica del suelo que el reino del albeldrío por gran tierra se dilata, abundante de oro y plata. ¡Ay, si llegase a ser mío! Ésta es su alcázar real. ¡Es milagroso, este edificio: da de su grandeza indicio y es a su poder igual! Que de balcones y puertas que tiene, con diferentes favores a pretendientes, pensamientos siempre abiertos no hay. Sin arpón, una torre que a su ligereza ayudan, se vuelven y se mudan acada viento que corre. Éste es, sin duda, el terrero blanco; también donde tiran deseos que ver aspiran: lo que yo gozar espero. Un hombre sale acá fuera, al parecer sin sentido. De más colores vestido que viene la primavera; lleno de instrumentos varios y con otra cara atrá, como traidor. Que jamás nos han de faltar contrarios que siempre hemos de tener, en palacio, regañones de bellacas intenciones. Pues, si puedo, no han de ver lo que sus ojos desean; que con la reina he de estar en palacio a su pesar, donde sus ojos me vean. ¿Qué es...? Sepamos lo que decís, hermano, lo que traéis. Extranjeros parecéis. Somos muy lejos de aquí. Bien se echa de ver. ¿En qué? Con que no me conozcáis. ¿Qué oficio en la corte usáis, que de la frente al pie tan llenos estáis de colores? Soy escudero, lacayo; soy paje; soy papagayo. Soy de reyes y señores notable entretenimiento; y algunas veces, encanto. Versos hago, pinto y canto; bailo y danzo y todo es viento. Tenéis de camaleón las colores. También tengo la naturaleza, y vengo por la limia de varón, de la traición y el engaño; que sólo un hijo tuvieron a quien por nombre pusieron Disimulo, que fue extraño con la Mentira caso: hermana del Interés, dama de corte después por amores, pienso yo. Éstos mis padres han sido; que a su imagen me engendraron y Lisonja me llamaron, ¡qué cortesano apellido! Sirvo de hombre en la ciudad de Placer, porque el mayor que pueden dalle a un señor es no decille verdad… Hácenme muchos favores: danme cadenas, vestidos, ya deudos, ya conocidos. Doy oficios, doy honores; cuando dar consejos puedo, aunque sé que hago mal, aconsejo a cada cual en derecho de su dedo: al feo alabo de hermoso, de bizarro al arrogante, de discreto al ignorante, al cobarde de animoso, de largo al que en la cabeza tiene liberalidad. Y muchos por vanidad vencen su naturaleza: si se quiere despeñar uno, digo que hace bien, y si no lo hace, también. Y veces me imita el mar, que con la apacible calma tan lisonjero se muestra. Decinos, por vida vuestra, la casa que tiene el Alma; que parecéis muy de allá. Soy... gran cosa de su Alteza, porque alabo su belleza y mil regalos me da. Sólo con su mayordomo, Entendimiento, estoy mal; que es un viejo tal por cual y no sé por dónde o cómo libre me tengo de ver de su mala condición. Que es caduco y regañón y me ha llegado a entender, y no me deja parar en casa... mas si os conviene saber la casa que tiene, bien me podéis escuchar. Y porque de su aparato y pompa nuevas llevéis a la región que lleguéis, haré un sucinto retrato: El mayordomo mayor es este viejo que cuento, que se llama Entendimiento, que a fe que tiene valor. A la reina es camarera otra vieja regañona: aunque de grave persona, prudente, sabia y severa, que se llama la Razón; pues del mayordomo, hermana, y no hay tarde ni mañana que no hagan un sermón a la reina. Y aunque ha dado en enfadarse con ellos, súfrelos, y vuelve a vellos; porque los dos la han criado. Caballerizo mayor, el Apetito, es famoso, y en extremo caprichoso en galas, gustos y amor de diversas gracias lleno; y al fin para exagerallo, tan buen hombre de a caballo, que suele correr sin freno. El Cuerpo es su secretario, de mal talle, hombre grosero para todo majadero para nada necesario; que nunca de ella se aparta y es su privado también que come y bebe muy bien, mas nota mal una carta en el hombre de la vaca. Si mal no me acuerdo, son la nuevas la Adulación, el Cumplimiento, y la loca, siempre coja Cortesía; con reverencias eternas que trae gonces en las piernas y en la mano, perlesia. El mucho encarecimiento y la trampa, al mentir junta la respuesta y la pregunta, las chismes, la fama, el cuento; el mentir el Enefeto, el oísme el con quién hablo. Y jugando de un vocablo a cada paso, el Conceto; y muchos más que no sé. Las damas... pienso que son la Memoria, la Pasión, la Voluntad y la Fe, la Esperanza y Caridad, la Mocedad, la Alegría, la Sinagoga judía, la hermosa Gentilidad. La Fe está ciega, y así, la tienen arrinconada; la Mentira moría por pesada: no hay ya quien la sufra aquí. Que en cualquier conversación todo es hablar de la muerte, que basta nombre tan fuerte a dar mal de corazón a la Caridad: hicieron limosnera, y no le han dado para que diese, un cornado; y los pobres perecieron la esperanzada en canear. Porque de verde se viste siempre, y no hay cosa más triste en el mundo, que esperar quien más con su Alteza priva: es la Voluntad, que en nada de cuanto a el alma le agrada, dificulta ni se esquilla la camarera mayor. De palacio ha pretendido Echalla, y nunca ha podido: tiénele la reina amor. La Gula es la consejera, el Deleite, es cocinero; el Tiempo es el jardinero, padre de su primavera. Y al fin, haciendo apariencia de real demostración, enana es la Contrición, y Gigante la conciencia. ¡Casa sin concierto, Amor! ¡Tiene el Alma triste estado! Como huérfana ha quedado. Vive sin orden, señor. No me diréis, extranjeros, de adónde sois; que por Dios que en mi vida vi otros dos más galanes, extraños caballeros. Lisonja, poco provecho sacar de los dos podéis aunque más nos alabeis; que ya os hemos visto el pecho fuera de que hemos llegado pobres a la corte. Y agora, porque no habiendo doblón, andar doble es excusado, voy por otra parte a echar la red, como esotras veces; que a fe que no falten peces, porque está muy vacío el mar. Pienso que hay en el terreno galanes. En tu beldad, idolatran. Voluntad, de reino extranjero, al parecer. Sí, señora. Galanes por cierto son. ¡El Alma! Ha hecho un balcón el oriente de su aurora, y está con la Voluntad: al retrato la coteja. El pensamiento se deja atrás su rara beldad. Háblales: sabrás quién son. Medrosa estoy en extremo. ¿Qué temes, señora? Temo, Voluntad, a la Razón. ¿Pues no ves que es desvarío que a nadie temas agora siendo universal señora del reino del albedrío...? Habla, diviértete ¿quieres moza? Y con un pasamiento otro goza de tu tiempo. Si verte lograda quieres que no importa tu opinión, esto mal tu autoridad. Esté alerta, Voluntad. Por si viene la razón. Aquí mirando estaré, que otras veces que te haya hablando suelo cegalla porque acompañe a la fe. A caballeros. Señora que nos mandáis ¿qué queréis? Extranjeros parecéis. Y, ¿Cuándo llegasteis? Agora. ¿De dónde sois? De región muy lejos de aquí. ¡Qué hermosos! De ver reinos deseosos nos trajo la inclinación a ver vuestra corte Y de ella, ¿Qué os parece? Milagrosa, Y de su fábrica hermosa; ¡pero que vos sois más bella! A que os busquemos nos llama vuestra fama rara ahora, y con ser tanta señora, sois mayor que vuestra fama. Y si acaso os desdeñáis que os ame un extranjero aquí soy, y espero que mis grandezas creáis si ser mi sosa queréis. Aunque mi reino en el suelo no está. ¿Pues dónde? En el Cielo. Lejos el reino tenéis y el clima muy apartado; aunque me habidos parecido muy bueno para marido muy malo para el vidado. Esa es la loca presunción, no está para nuestro intento bien, Alma, ese casamiento. Ven, que viene la Razón. Voluntad, ¡no la llevéis! Que yo sé que esto es tan justo que le ha de dar mucho gusto a la Razón. ¿No os cansáis? Que no ha de casarse el Alma con vos. Nuevo amor me enciende. Porque el Mundo la pretende y él ha de llevar la palma; Que está su reino cercano al del Alma, que es razón de estado en esta ocasión darle de esposo la mano. Yo tengo mayor poder y el Mundo a oscuras vivía. si yo no le diera el día con que se pudiese ver Y porque de luces bellas se adornase cuando fue desnudo, así, le arrojo encima un manto de estrellas- A cada mayo le doy el más bizarro vestido que las flores han tejido. Su amparo eterno soy, Alma, sí que a la verdad, no admitas vanos consejos. Es vuestro reino muy lejos. Bien dice la Voluntad. aunque mi afición es mucha que talle hermoso agrado. La armada al puerto ha llegado del Mundo la salva, escucha. El Mundo ha llegado, Amor, y al Alma a desaltearme, por el Mundo ha de dejarme. Ese es celoso temo; que no todo el poder que encierra. Ya el príncipe de la tierra, Alma ha salido del mar. Otros príncipes vienen, con el galán que sale no hay belleza que le iguale. Ven, ¿qué cantos te detienen? Una divina hermosura que me ha parecido bien. Ven a ver el Mundo, ven. Alma, ¡mira que es locura! Los ojos te he de cegar porque vengas donde voy Ya, Voluntad, ciega estoy ¿Dónde me piensas llevar? A que tu hermosura goces. Ya la esperanza tarda. Alma mía ¡espera, aguarda! Pero en vano le doy voces que va tras la Voluntad ciega a despeñarse. ¡Cielos! Ven, que me abrasan de celos, Amor, su olvido y beldad. El puerto del Albedrío nos ha recibido bien. No es mucho que de él te den. Prestó el Mundo, el señorío. El Alma vendrá a ser mía. Ciertos serán los trofeos, pues han hecho sus deseos; salva a nuestra artillería. Este es el Real Palacio Del Alma. ¡Gran Majestad! Yo sé que la Voluntad no anda en mi intento de espacio y que ha de ser de mis bodas la venturosa ocasión, porque tiene inclinación Crías a mis cosas todas. Sin duda que busca modos de agradarte diligente en esto. Oh ¡Qué honrada gente! Lisonja. Aquí estamos todos como ven. Vemos. Yo, días ya que os deseaba. ¿Y toda la corte estaba del mismo voto? ¡Pues no! Son con los tres, su grandeza ha de levantarse más En favorecernos das. Esa es tu naturaleza. Mundo, muy galán venís. Vestido más que estrenado. El abril os ha cortado; con que más que el sol lucís. ¡Qué buen talle que traéis! ¡Qué buenas piernas, qué rostro! ¿Es el Sol como vos, un monstruo? A vos mismo os parecéis, solo a vos os imitáis. No he visto cosa tan buena. Ponte al cuello esta cadena. Mil años, Mundo, viváis. Vos, príncipe generoso de la etropía infernal no tenéis en nada igual. Que sois todopoderoso; la querer vos estuviera puesta sobre el aquilón la silla que en confusión puso a la estrellada esfera. Sois galán por lo moreno, que si videando el arrebol vuestro, os ha quemado el Sol; que os dio el Sol de lleno en lleno. Algo también darte quiero. Siempre me das con que coma. De los usurios toma, Lisonja, todo el dinero, el de los reverendos despenseros, que es tesoro mio. Y la plata y el oro de fulleros jugadores. El de los falsos testigos y tú veniros también. Victoria alcancéis, amén, contra vuestros enemigos que, alabanza muerte, vos por valientes no alcanzáis. Que si con Dios peleáis dudo que se escape Dios. Galán sois por lo delgado, y en extremo sois galán que ya es muy de ganapán ser de piernas abultado. Y para que un hombre asombre y lo pueda parecer mala cara ha de tener. Vos tenéis cara de hombre, no hay quien a vuestra persona no tiemble como una caña. Que es muerte vuestra guadaña la que a nadie no perdona. Algo es bien quedarte intento. Toma, pues soy homicida, esta cédula de vida. Vos me dais como valiente. Ya viene la Voluntad con el Alma de la mano ¡ciega! Esposo soberano ¿Cuándo veré tu beldad? ¿De eso te acuerdas ahora? ¡Estando el Mundo delante! Voluntad, soy ignorante. Dadme esas manos, señora. Y a nosotros. Levantad, Príncipe. Verás tu intento. Ya viene el Entendimiento. ¿Por qué sacáis, Voluntad, al Alma aquí de esta suerte? ¿A vista del mar profundo, de la Lisonja y del Mundo, del Infierno y de la Muerte? Ya vendrá a darnos el viejo malos días… Mayordomo, estoy ciega, y no sé cómo camino. Vas sin consejo. Que dije cosas del cielo, me dice la Voluntad. No te aconseja verdad. De que se mude recelo. Mundo, porque aquí ha llegado, por nuestro mal y su bien, un extranjero de quien el Alma se ha enamorado; que príncipe dice que es del Cielo y le ha parecido muy bueno para marido. ¡Habremos dado a través! Tú, príncipe del Infierno que para cosas tan grandes la magia negra sabe y eres nigromante eterno con el Mundo y con la Muerte, encanta al Alma. ¡Pues canten! Y nuestras voces le encanten, que es el contrario muy fuerte. No pierdas tú la ocasión. Lisonja y tú, Voluntad, venid. ¡Músicos, cantad! Y encantad a la Razón; duérmase el Entendimiento; que hacerme instancia comienza. ¡Canten consejos y venza mi amoroso pensamiento! No dejes que el abril de tus tiernos años pase; la bizarra primavera y sus flores lleve el aire Alma otorga hermosura, de lo extranjero amantes que cae muy lejos el cielo y es región inhabitable. Si al mundo sigues serás desde el poniente al levante reina universal de todo. Lo demás es disparate. Ya tu beldad, los aves harán la salva y jugarán los aires entre las hojas verdes para salir a recibirte y verte, y las fuentes de plata que siempre corren bordarán con aljófar yerbas y flores. Ya el entendimiento está dormido, seguí el alcanza de la victoria y seguidme. ¡Qué música tan suave! Cantad, cantad que me claven vuestras voces admirables ¡Mundo, tuya soy! Yo he sido el más venturoso amante. No habrá riqueza en la tierra que tu belleza no esmalte. Oro te darán mis ríos; piedras te darán mis mares; mis plantas te darán seda para que pises y arrastres. El mar, la tierra y el viento preciosísimos manjares. Ya tu beldad, las aves harán la salva y jugaran los aires entre las hojas verdes para salir a recibirte y verte y las fuentes de plata que siempre corren bordarán con aljófar yerbas y flores. Armado de punta en blanco, Amor, al campo he salido Y como al Alma he perdido suspiros del alma arranco. Si el Mundo, enemigo fiero, me la pretende usurpar se la tengo que quitar, y vencer al mundo espero. Aventurero he de ser del Alma mía de haber selva de engaños que no revuelva hasta que alcance a ver. Aquí está el Entendimiento, dormido sobre el bastón. Cual estará la razón. Por perdida al Alma cuento. Despiértale A mayordomo del alma despierta ya, que transportado que está no está más pesado el plomo. ¡Entendimiento! ¿Quién es? Gente de paz, despertad. Del Alma. La Voluntad Es dueño de sus pies, que tras el mundo que la lleva y encantándome el sentido me ha dejado aquí dormido el canto que el Alma eleva. Ya no despertarme vos yo estuviera un siglo en calma. Partid a buscar a el Alma, y decidla como Dios la anda buscando también. Que deje la Voluntad y que siga la verdad, que ha de ser eterno bien que se ingrato es un tirano. Ya dejalla burlada, llegó que mire agotada la flor del primer verano. Partid, viejo Entendimiento, aprisa a desengañalla. Yo tomo para buscalla las alas del pensamiento Vamos, amor, a buscar al Alma que de vencer está impresa y del poder del Mundo la he de sacar. Por el Mundo aventurero, hay herido de su amor. Yo pretendo ser, señor, vuestro divino escudero. Hijas de Jerusalén, entre quien mi bien procuro, por los montes os conjuro y por sus yerbas también que me digáis dónde está la que busco enamorado, que este amoroso cuidado mil sobresaltos me da. ¿Qué palacios levantados son estos que el cielo tocan y a las estrellas provocan de homenajes coronados? Un padrón se nos ofrece a los ojos. Y está en él, Príncipe, escrito un cartel. Y de encantamiento parece. El Paso vuelve atrás, caballero. Un cartel con los cualquiera que tú seas si llegares a este lugar, si no es que el fin postrero de tu miseria vida. Discargo tres fieras aventuras, a tu acecho aguardan si estos márgenes pasares. Porque el Alma del mundo regalada vive en estos palacios encantada. ¡Encantada el alma está! Escudero Amor Divino, a emprenderme determino las tres aventuras, la que al Alma de otra manera no puedo dar libertad. Hoy muera la Voluntad y el Mundo enemigo muera. Sacar la victoria espero librando al Alma encantada. Sígueme, questa es la entrada. ¿A dónde vas, caballero? ¿Agora no me conoces, Mundo? No te vi fama. Tan desconocido estás que a tu señor desconoces. No es mucho, pues dijo Juan que yo en el Mundo estaría y no me conocería. Vienes con la piel de Adán, ¿Cómo te he de conocer? Yo haré como me conozcas y mi poder reconozcas. Yo también tengo poder. ¿Qué poder tienes, villano’ ¡Si en la batalla naval del diluvio general te eché encima el océano! Ya negué toda tu armada sin que se escapase de el sino solo aquel bajel, que fue figura sagrada de mi santísima madre, en que por querello yo solo Noé se escapó para ser segundo padre. Mas por la estatua arrogante de navuco representas y hacer guerra en el cielo intentas como soberbio gigante. ¡Derríbate por el suelo adonde te tenga a raya! Rendido soy, tu osadía salió de mi vencedora. ¡No me mates! Vive agora. Yo te abrasaré algún día. Ya quedo de esta aventura, Amor, vencedor triunfante. Pasemos más adelante. ¿Dónde vas, triste criatura? ¿También, villano en el suelo, me desconocéis vos? ¿Quién eres? Hijo de Dios, rey de la tierra y el cielo. Pues si ese nombre te dan y lo quieres parecer y es tan grande tu poder, vuelve estas piedras en pan para, que hoy entre los dos, salga vencedor tu nombre. No en solo pan vive el hombre, sino en palabras de Dios que el pan en que ha de vivir ha de ser sustanciado en mi carne. Ya he quedado vencido y no puedo huir. ¡Suéltame! Que por demás pienso vencerte que si vano alzo contra ti la mano. ¡Vade retro Satanás! Otra aventura, señor, para que al Alma libréis os falta, no os desmayéis. ¿como desmayar, Amor, cuando la victoria espero? Mis pasos sigue y verás mi valor ¿A dónde vas, animoso aventurero? ¡Qué vista tan espantosa! ¡Qué aventura tan terrible! ¡Que monstruo tan invencible! ¡Que flaqueza tan medrosa! ¡Qué espectáculo tan fiero! Si no es a esta impresa, Amor. ¿No combates, caballero? ¡Agora temes, agora! ¿Qué valor has de mostrar? Sangre empiezas a sudar. Tanto el Alma me enamora que el temor he de vencer. ¿Qué cáliz es, parca dura? El amargura que por ella has de beber. ¡Bebida triste esta! Ea, confuso no estés. Padre, si posible es pase este cáliz de mi. Después he de pelear con esta. Arma extraña. Esta ha de ser la guadaña con que de ti he de triunfar. ¡Bebe el cáliz con valor, que aguardas mucho los pies! Solo a que tú me lo des, para pasalle mejor. Vesle aquí. u voluntad, ¿Cómo se hace en el cielo se cumpla, padre, en el suelo? ¡Oh fineza de amistad! Lleno de valor estoy ahora que le he bebido. Ya estoy, Amor, atrevido. ¡Guárdate, muerte, que voy! ¡Ven! La cruz pienso ganarte. Yo pienso en ella vencerte. Tuya es la victoria, Muerte. Ya empiezo a crucificarte, ¡Dadme tres flechas, amor, para las manos y pies! Este es del Alma interés. ¡Perdonad, alto señor! Solas ellas me han vencido. Que de la muerte mi amor ha de salir vencedor. ¿Cómo, estando tú rendido? De esta suerte que este palo donde fue mi vencimiento ha de ser el instrumento de mi victoria y regalo del Alma que tanto quiero ¡Su esposo y tu mente soy, Muerte vil! Rendida estoy, ¡De mi valor desespero! Ya han dado las aventuras, del Alma al fin seré su esposo, me la llevaré a regiones más seguras, romper el encanto quiero a donde vive olvidada de mí, en su engaño entregada. Ya vivir las bodas espero. ¡Príncipes del hondo abismo, abrid vuestras puertas todas y derribad por el suelo sus máquinas poderosas! ¡Ábranse de par en par vuestras cuevas cavernosas y y por ellas vencedor entrará el rey de la gloria! ¿Quién es este, quien es este? Rey de Gloria que asoma a nuestras puertas cerradas y a nuestras cavernas hondas. El rey de los reyes que de estrellas se corona y el señor de los señores a quien los cielos se postran. De estas oscuras mazmorras y entre con la libertad el Dios de la Gloria. Salid del oscuro encanto, dulce y regalada esposa, que os dan libertad mis manos heridas y vencedoras. Quitaos de la vista el velo que para veros estorba. La sangre que corre a ríos por vos de mis venas rojas. Ya pasa el inverno frio, ya la temerosa sombra de la noche se huye en la cuna del aurora. Dadme vuestros pies divinos, que de jacintos se bordan, como vuestras blancas manos hechas al torno de aljofar. ¡Alzad, esposa querida! ¡Alzad, cándida paloma; que hoy os habéis de embarcar para el reino de la gloria! Ya la nave de la Iglesia, una de las mulas rojas; en cuios canpos, al viento, los sacramentos tremolan. Sea por bien a la jornada por vuestras bodas dichosas; y trae, por farol divino, hostia, y cáliz en la popa. ¡Al mar, venid a embarcaros! ¡Y de vuestra casa toda, Razón y Entendimiento vayan! ¡Con vuestra persona Fe, Esperanza y Caridad! Y la gallarda Memoria, que sin Voluntad os quiero. Y al celebrarse mis bodas, ¡casa os pondré de otra suerte! Vuestra esclava soy, y esposa: haced en mí vuestro gusto. ¡A costa, la nave, a costa! Ya os hace salva la nave de la Iglesia, ¡y viento en popa! Para el viaje, ¡apercibe aquesta máquina hermosa! A quien de sustento quiero, que os sirva mi sangre propia, y mi carne en pan divino; que en la navegación toda esté el bizcocho, ¡a beber! ¡¿Cuándo mereció mi boca comida tan soberana?! ¡Manda, Amor, zarpar agora, pues nos favorece el tiempo! ¡Leva las áncoras, ola! ¡Buen viaje! ¡Buen viaje! ¡Zarpa a la gloria, a la gloria!