Texto digital

Texto digital de Auto Sacramental (Emp: Ya se despedía el mayo)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Diego Ramos del Castillo
Atribución estilometría
Diego Ramos del Castillo Probable
Género
Auto
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Auto Sacramental (Emp: Ya se despedía el mayo). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/auto-sacramental-emp-ya-se-despedia-el-mayo.

Logo BICUVE

AUTO SACRAMENTAL (EMP: YA SE DESPEDÍA EL MAYO)

Ya se despedía el Mayo de la fértil Primavera que ha matizado los campos de claveles, y azucenas, para que el Junio lozano, que toda esta pompa hereda, pido el perdón de los hierros, porque se usa, y lo merece, pues ha andado tan atento que hizo el festejo a MARIA con alma, y vida, ponisindo todos sus cinco sentidos en tan soberano empleo. azone, logre, y posea V a su camino, obioribr amigo, que no soy de las que piensa. Amiga, no se me altere, que no tengo de comerla, que aqueste prado es común. Pues eche por otra senda, que es común también. Señora, ya he dado en aquesta tema; prosiga usted lo cantado, que tiene gracia; mi Reina; Cuando un humilde arroyuelo, que rico se vio en la selva, porque le falta el caudal, corrido se va a la sierra. No le he dicho, camarada, que siga por la otra senda? Gamarada, no la he dicho qué es mi gusto ir por aquesta? Esa es mucha demasía. Mucha demasía es esa. Si no fuera, vive Dios. Vive Dios que sino fuera. Caballero, con quién habla? Con quién habla, Caballera? No me detenga, hidalgo. Hidalga, no me detenga. El trato de mentecatos, siempre fue cosa molesta. Siempre fue cosa liviana, el trato de las discretas. Diré mi intento, por ver si su porfía me deja. Por eso dice, un provervio, que alcanza el que persevera. El fin que me ha conducido a esta solitaria selva, a donde Flora fabrica alcatifas de mosquetas: ha sido la persuasión de una devoción que anhela con fervorizado afecto, consagrar decentes fiestas al que en los Orbes no cabes de las impíreas esferas: Y en un círculo pequeño toda su grandeza encierra; y tócame el desempeño, por seryo su diligencia. Porcojer todas las flores, que son de este prado estrellas, pues inclinan la atención que en mirarlas se deleita, llegué hasta aquí; y el acaso, No prosigas, Diligencia: el Cuidado soy, que sigo de su coturno las huellas, del mismo intento guiado: y llegué a estas incultas breñas, buscando al amor, que aquí pienso que errante, vaguea; que como es ciego, recelo que se pierda en la maleza de este obelisco de sauces, o piramid de azucenas, donde en pacifica unión abraza una amante hiedra a los pimpo los de un olmo: y tanto el vínculo estracha, que indisoluble parece; porque vea la experiencia que aún almas vejetativas no se libran de las flechas de este vendado rapaz que con tirana violencia albedríos avasalla, y voluntades sujeta. Solicitos le busquemos Solicitos le busquemos por esta hermosa floresta, porque con su compañía conseguiremos la empresa: no hay que temer imposibles, pues ninguno hay que no venza. Dices bien, vamos almonte, penetremos la maleza de ese agigantado cerro, a cuya altiva cabeza sirve de corona el Sol, y la Luna de diadema. Discurramos ese valle, y talemos esa sierra, en cuyos hombros estriba toda la fábrica excelsa. Y si hallarle conseguimos, Si llegare a su presencia. Será feliz mi fortuna. No será mi suerte adversa. No temeré ningún riesgo. No habrá peligro que tema. t Por este sitio ameno, mas de placeres, que de flores, lleno, donde encoros suaves saluda la capilla de las aves, a la rosada aurora, porque ya de fulgor los campos dora? y en búcaros de nieve Cintio su néctar, y Ambrosia bebe, me guía mi destino, dudoso del camino que con amante celo busco por tumbos de este de suelo, Porque no hay cosa tan fuerte que el fuego de amor no venza. Que no hay empeño tan arduo que imposible al amor sea. Sigue el rumbo que gustares, que yo seguiré tus huellas. Vuelve a cantar, porque así la música nos divierta, por entre los labirintos de esa escabrosa aspereza. Canto, pues sujeta está a tu gusto mi obediencia. A la fiesta solemne de este Pan Sacro, quien que amante, si atiende no va bailando? Por la agreste maleza de esta escabrosa, y rústica aspereza, donde en lazos distintos tejen las plantas verdes labirintos, en que aprisionan a un arroyo helado, por deudas que a las flores no ha pagado: instada del impulso que me alienta, de saña airada, y cólera sangrienta, con valor arrestado, ruina pretendo ser del díos vendado. dándole a mi designio feliz suerte, con hacerle despojo de la muerte: pues que la Envidia soy, por quien el hombre perdió de Justo el ínclito renombre. Por la amena ribera de este cristal, a quien la Primavera quitó los grillos que le puso Enero, por ser murmurador, y lisonjero: de mi afecto guiado las huellas del cuidado, solicito procuro, pues vive solamente aquí seguro de rendirse al descuido perezoso: pues en el prado umbroso diligente fabrica las aromas que atento a Dios dedica: y como está obligado, satisfacer procura su cuidado. Pero entre los confusos labirintos de esta Creta, tejida de lacintos, escondida estaré, y entre estas flores brotaré, como el áspid, mis rigores: dando sepulcro en urna de claveles, a sus pretextos falsos, y infieles: pues si de un culto fiel devoto nace, a mis manos verá que humilde yace. Mas en esta aspereza, donde ostentan los brutos su fiereza, navegando por golfos de esmeralda, desde la cumbre excelsa hasta siendo Piratas, o vajeles vivos, que voraces, y altivos combaten con rigor, y voraz saña, a cuantos talan la áspera montaña. Quién podrá terminar dudas que ofrece la confusión que en la arbóleda crece? Bajaré al valle umbroso, a quien riega un arroyo caudaloso, cinta de plata, con que prende el prado los troncos de ese monte agigantado, o vena pordo sangra aquella fuente la nieve de su cándida corriente. Víguela de cristal, violín de nieve, pues si en las guijas sus raudales mueve, le ostenta tan suave, que duda el campo si es clarín, o abe. Talaré de ese bosque la arboleda, por ver si encuentro en él una vereda que me conduzca al puerto deseado de verme en la presencia del cuidado, Mediré la maleza de esta intrincada, y rústica aspereza. pero si no me engaño, . veo al Amor, origen de mi daño. Si no mienten las señas, . diviso una mujer entre estas breñas; Vibraré el plomo ardiente, porque en él mi rigor esperimente. Sabré que le ha guiado a la inculta aspereza de este prado. Y pues solo le advierto, a este impulso fatal quedará muerto: mas no conseguí el tiro, porque no me conozca, me retiro, Fugitiva luz, detente que según rayos obstentas, bajaste de flor del Cielo a ser de la tierra estrella. Dulce Envidia del Aurora, cuyas brillantes centellas, mas, que presagios de un día son de todo el Sol afrenta. Cuando la vista se inclina a mirarte, te confiesa, cándido copo en el valle, nevado armiño en la selva. Dónde vas? Que con tal prisa mueves las plantas ligeras, que, o liciones das al rayo, o aprendes para saeta? Porque a este desierto bosque retiras tus luces bellas, cuando con tu ausencia el orbe viste fúnebres tinieblas? Que designio te conduce a esta soledad desierta, donde te aclama deidad, el clavel, y la azucena? No pienses de mi esconderte, aunque logre tu presteza, la velocidad de abe, del viento la ligereza. Porque tal el atrectivo es con que el alma me llevas, que aunque le hurtes al rayo el curso con que penetra, en su mayor precipicio esas diafanas esferas; aunque hipogrifo te ostente y veloz garza te atiendas: aunque exhalación te formes, y aunque te enciendas cometa no dejaré de seguirte hasta que saber merezca, que causas a tu deidad, a este desierto destierran? Sola una luz de quien eres mis sumisiones te deban, un alivio mis cuidados, un San. Telmo mi tormenta, mis descáminos un norte, y mi noche una centella. Que a cuanto me dispusieres, siempre pronta mi obediencia no faltaré, aunque en obsequio dé la vida que me alienta. Ocultarele mi intento para que quien soy no sepa, y así viva descuidado de la ruina que le espera. A tus ruegos me suspendo, que tu agradable modestia sabe también obligar, que fuera muy desatenta, si faltara poca urbana a agradecer tu fineza. Y estando tan obligada ya es en mi precisa deuda, Si me sigues, te diré, de mis designios la empresa que ocultas, y justas causas, que las calle aquí me fuerza De esta forma solicito. es que es mengua an de mi vanidad, que un pobre tales facciones emprenda, con que a la prosperidad se cuente su fama eterna; Sígueme, pues. Ya tesigo. De esta suerte su soberbia verá abatida, al amago de esta hidrópica, y sedienta vívora, que escupe en plomo, todas las iras del flegra, tronante metal, que arroja con más que fatal violencia, la voraz furia del rayo, y los incendios de el etna. Apresuremos el paso porque te diga mi lengua, cuanto saber solicitas. Gustoso sigo la senda, que por calles de esmetalda, forman tus garbosas huellas. Quién a visto el amor por aquí? Yo le vi. Yo no. Yo sí. Aves, que al primer albor la salva a la aurora hacéis, porque no me respondéis? Visteis por aquí al Amor? sabéis dónde asiste? No. Si de mi Amor no sabéis, que haré cuitado de mí? Quién a visto el Amor por aquí? Yo le vi, Yo no. Yo sí. Prado, si de pena entiendes, cuál te parece mayor? Yo digo, que Amor con celos. Yo, que ausencia, habiendo amor. Augméntese mi dolor, pues mi dulce Amor perdí; que haré cuitado de mí? quién a visto el amor por aquí? Yo le vi. Yo no. Yo sí. Voz, que con sonoro acento la región de aires repueblas; forma algún eco piadoso, que me conduzca a la senda por donde reside Amor, pues que no ignoras la pena de un amante, si padece de aquello que ama la ausencia, Si no díganlo las flores, que mustías experimentan los rigores de la noche, cuando Apolo entre sirenas sepulta el candor brillante, con que su vida alimenta. Atended a mis clamores, aves, y escuchad mis quejas, no seáis mudas para mí, siendo para otros parleras, Mas que me admiro, y suspendo, de ver que el amor se pierda, cuando le falta el cuidado? pues consta de la esperiencia, que no anda en muy buenos pasos si sin cuidado se obstenta. Respóndeme Eco piadoso, si de benigno te precias: has visto a mi amor querido? Perdido. Y hallárale mi Ciudado? En el prado. Luego en él errante está? Esta. Que amante toletará tan penetrante dolor, si le dicen que su amor, perdido en el prado está? Discurriré lo intrincado de la escabrosa maleza, de ese olimpo agigantado, o atlante de las esferas, por ver si en él examino las estampas de sus huellas: hasta el más remoto clima, si no le esconde la tierra he de examinar el rumbo, por donde errante vaguea. Ayude el Cielo mi intento, porque conseguirlo pueda. Quise dar logro al intento, que dispuso mi cautela, con llevarle a lo escondido de esa retirada sierra, para que en su soledad, blanco de mis iras fuera: y el Cielo, que siempre opuesto a mis designios se muestra, le anuncia el riesgo sin duda, pues apenas la fiereza de mi aspecto atento mira; cuando tímido recela; y huyendo de mis rigores, cual exhalación ligera, se desvaneció a mi vista, talando la inculta sierra, y pues aquella ocasión perdí, mi altivez que espera? pero hasta vengar mi agravio le he de seguir, si la tierra le sepultare en lo oscuro de sus lóbregas cabernas. Qué delito he cometido envidia altiva, y soberbia con querer solemnizar del Pan Celeste la fiesta? porque con disfraz mentido mis ultrajes solo intentas? desluciendo mis acciones, con censurarlas grosera? pues si piensas, que me agravia no saves lo que te piensas, pues cuantos más invidiosos, a mis fortunas asestan, tantos más aplausos crecen, haciendo mi fama eterna. Tú te agravias, tú te ofendes, tu rabias, sientes, y penas, y yo glorioso me obstento, pues es razón manifiesta, que si me envidias, hay cosas en mí, que envidiar se pueda porque nunca haces el tiro al que carece de prendas, al habitado, al humilde, ni al que aflige la miseria. Veré si por aquí asiste: mas si no finge la idea, es este; encubrirme quiero entre estas ramas amenas, Arroyuelo sonorro, músico cisne, ruiseñor canoro, que con lengua de nieve endechas cantas en dístrito breve, a un clavel aquien rondas las calles, que pasean tus tersas ondas; y viéndote tan rico, y celebrado, olvidas tu principio, a por el prado corres, cantando amores a las fragantes flores, sin atender que toda esa grandeza, que prodiga franquea tu riqueza: tuvo origen humilde de una peña, y esa opulencia la experienca enseña, que parará en el mar; y en fin advierte, que toda Majestad, cesa en la muerte. Prado alegre, y umbroso, donde el Mayo vistoso general de fragantes escuadrones, trémola por el aire sus pendones, y toca al arma en la palestra hermosa la Emperatriz de la milicia umbrosa, porque pública guerra contra el clavel purpúreo, que en la sierra a usurparle se atreve el cetro, que a sus nácares se debe. Tierra, mar, fuego, y viento. Antorchas del fulgúreo firmamento. Valles, plantas, y flores. Peces, aves, sonoros ruiseñores, hasta conseguir mi intento. Discurriré la maleza de este pensil de esmeralda, corte donde el Mayo reina, hasta verme del cuidado en la agradable presencia: pues solo en su compañía cifro mis mayores medras, Fuentes, montes, y prados. Fieras, arroyos, cerros, y collados. Atended mis clamores. Permitid, que ejecute mis rigores en este cruel tirano, siendo caduco triunfo de mi mano. Mas entre unos claveles, diviso una corona de laureles. Si no miente el deseo una corona de laureles veo. Levantarla pretendo. Gustesa la aprendo, pues mi mérito aclama. Mas dignas son mis sienes de esa rama, solo a mi frente el lauro se le debe. Como tu mano aleve los honores me usurpa, que hay el prado a mis sienes atento ha dedicado? Cese ya tu porfía, déjame la corona, pues es mía. Ya que tu intento osado a mi altivez opuesto se ha mostrado, verás por la experiencia, que te rindes humilde a mi violencia. Satisfacerte con razón pudiera a acción que es tan grosera; pero son excusadas las razones, cuando acreditan obras mis blasones; cuyos timbres aclama dé polo a polo la parlera Fama. Tu osado atrevimiento castigara, y altivez tan soberbia derribara, con razón, o violencia, mas no eres digna tú de competencia, que fuera desvarío salir a desafío quien ser noble confiesa; con quien es el compendió de vileza: y eres mujer bastante consecuencia de donde infiero nnaguna competencia; porque nunca se ven esos efecios, no corriendo parejas los sujetos. Mujéril es mi aliento, pero tan valeroso mi ardimiento, y tales mis arrojos, que le he causado al mismo Dios enojos, a quien no he combatido? quién a mi inclinación no se ha rendido? En el lucido Impéreo donde erigen harás a Dios los Justos tuve origen. En la más luminosa criatura, que en la celeste altura los renombres gozo de más hermosa, la que de dones fue más caudalosa; y en tan brillante oriente de esplandores, tuve principio: y viendo otros mayores, cual Águila ligera quise volar a superior esfera, y oponerme a las luces majestuosas, del que el ser les ha dado a todas cosas Pues si yo al mismo Dios he echado guerra, y en el Cielo me he opuesto, y en la tierra: como quieres librarte de mi aliento, sin que aquí me confieses rendimiento? Quien en el mundo ha habido, en cuyo pecho no haya yo asistido? Quién de mí se ha librado? Quién no ha sido envidioso, o envidiado? por mi llora hoy el hombre la culpa original, y aunque te asombre. y por la envidia fuerte se procuró de un Hombre Dios la muerte, Abel rindió su aliento a los rigores de Cain sangriento, por la envidia de ver que era aplaudido: causa con que se aumenta mi gemido. Raquel de Lía envidiosa por verla tan perfecta la fucndiosa. Saul al Rey David lo feliz envidiaba de su lid: y el humano linaje por mí está avasallado, y en ultraje; mira ahora si ilustre soy, supuesto que a tantos valerosa yo me he opuesto, Nunca dirijo el tiro, al que abatido en la pobreza miro; solo a la Majestad, y a la Grandeza, al aplauso, a la dicha, a la riqueza, al superior envidio que me excede, al inferior, porque igualarme puede, y al que mi igual atiendo, porque iguala la dicha que aprendo. propiedad, de mi esencia, no querer igualdad, ni precencia: si puedo he de vencerte, y he de eclipsar las luces de tu suerte. Monstrusa envidia, fiera fementida, primero en sangre se verá teñida, la esmeralda fragante de ese prado, que el fin de tus intentos veas logrado. Sabes que soy Amor, por quien el hombre, si se atendía esclavo, ya el renombre goza por mí de libre, con la gloria, de que triunfante alcance la victoria? Qué pecho no he postrado? Que amante voluntad no he contrastado? Quien feudo no me paga, porque un deseo en logros satisfaga? De quien con mayor gloria los Annales celebran la memoria? Ay imposible alguno, que lo haya sido para mí? Ninguno. De mis doradas flechas los arpones humillan los más fuertes corazones: porque es tal mi violenci, que es sin valor la humana resistencia. No impero yo en las almas, porque me ofrecen laureadas palmas? Pues el Verbo Encarnado, del alma enamorado no bajó a hacerse Hombre de su Alturan en las entrañas de una Criatura, sin mancha de pecado Concibida? por quien el hombre goza mejor vida; Quien si no yo pudiera, y mi grandeza obligar todo un Dios a una fineza, como que humano se haga, porque deudas del hombre satisfaga? humillando su alteza, porque suba lo humano a la grandeza de unirse a la Deidad incomprensible, cosa que para mi fue muy posible: quien por el mar de amor ha navegado, y en mar de celos se vio zosobrado, soplando se en la nave del deseo el viento de esperanzas, que el trofeo no consiga del puerto que procura, adonde está la ejecución segura. Si Rey soy de las almas, y lo aclama el clarín acentuoso de la Fama, como usurparme intentas la Corona de qué digna se atiende mi persona? deja aleve la empresa, o inundará tu sangre esta maleza. Si el mundo se opusiera para impedirlo, poco el mundo fuera; Si nomiente el oído, y me he engañado? es la voz del Amor la que he escuchado. Rendiré lo orgulloso de tu aliento; porque sirvas al Orbe de escarmiento. Terminará esta flecha penetrante, arrojo tan soberbio, y arrogante. Pero sin duda, que el Amor es este: que en este sitio egreste acentua el gemido, viéndose de la envidia persiguido. Muere villano aleve, pues tu humildad a mi altivez se atreve, límite el plomo ardiente, y venenoso, afecto tan celoso. Detén mordaz Envidia el brazo airado, que sacrílegamente has levantado; no ejecutes el golpe riguroso con intento alevoso; porque al Amor persigues, y disfrazada sus pisadas sigues? en que, di, te ha agraviado? que opuesta a sus afectos te has mostrado? Que más causa procura tu desvelo, que ver que logre aplausos en el suelo con tanto lucimiento, siendo acerbo motor de mi tormento: y porque sean mis penas más crueles, usurparme pretende los laureles que a mi mérito solo Dafne consagra, y me dédica Apolo. quien eres tú, que osado opuesto a mis designios te has mostrado? Soy Envidia matante, Argos, de amor, Custodia vigilante: soy el Cuidado, que su vida aguardo. Un volcán me sufoca, en iras ardo. Dame los brazos ya, Cuidado amigo, ielo me es testigo los anhelos con que estaba por verte, pues ausente de ti, temí mi muerte. Con el mismo cuidado, buscándote he venido por el prado. Recibe esta corona, que atento he fabricado a tu persona, pues que gozas tú solo el imperio del uno, y otro Polo: que como divertido siguiendo tus pisadas he venido, se me cayó en lo ameno de las flores. Recibo agradecido los honores, con que mi humilde metito has honrado. El Cielo contra mí se ha conjurado, porque rabiando muera con rigor tan atroz (oh pena fiera!) en vano me previne de rigores, pues eclipsar no puedo sus loores. Basilisco matante, y ponzoñoso, que con disfraz mentido, y engañoso encubres la ponzoña venenosa, de tu furia alevosa; en que, di, te he agraviado? con festegar a un Dios Sacramentado, que porque sea de muerte el hombre exento, su misma carne da por alimento? Antes con eso aumenta la flaqueza de la humana, y mortal naturaleza, las venganzas, lacivias, vanidades, iras, muerte, miseria, enfermedades, y cuanto mal el hombre ha padecido, de la carne su origen han tenido: Luego si Cristo intenta curarla con la Carne más aumenta, y esto con evidencia, pues es Fuente de males por esencia. Concedo que es verdad, si se entendiere, de la humana, mas si a esta se le uniere Pues conta comer carne, y sangre humana es tiránica fiereza de Scitas, y de Caribés; el padre de las tinieblas esto introdujo en los hombres por aumentar su soberbia: luego si Cristo pretende curar la brutal torpeza de esta tirana crueldad, como es posible, que pueda con lo mismo, que es origen de dónde todas se engendran? Todo el supuesto te niego, porque hay mucha diferencia de la humana, que es la fuente de todas nuestras miserias, a aquesta que por divina de la muerte nos preserva, temmplando del que le come, la diabólica fiereza de su humana inclinación; y aunque venenosa sea, por la hipostática unión, de la Divinidad, queda más rutilante que el Sol, pura, agradable, y perfecta: No has reparado en la nube, que hasta los Cielos se eleva, y herida de el Sol se duda si es el Sol la nube misma? siendo crédito las luces, que brillante reberbera; i esto no le es natural, la deidad soberana. a ser divina pasará de humana, reparando los daños de el pecado con un Blanco Bocado en que nos da su Carnepo oorra lo Oi lustento. o que has dicho así argumento. pues consta de la esperiencia, que le dieron ser humilde. los vapores de la tierra? Así nuestra carne tuvo, ser humilde en la vajeza, de la tierra, mas unida a la luz de la suprema. Deidad, brillante, y lucida, como divina se obstenta: y este lucir le proviene, no de su naturaleza, sino de la unión que tiene, con la Deidad más inmensa, y como tal nos repara, y nuestros males remedia. No hay duda, que entró la muer en nuestra naturaleza, por el pecado, y la carne; luego, si es veneno aquesta, que a morir nos apresura, y nuestro mal accelera: como podrá remediar con la carne esta dolencia? Esa es condición de Dios que repara nuestras quiebras, con los mismos que fue causa de todas nuestras dolencias: y allí donde nos perdimos nuestra perdida remedia: Suele quebrarse en el monte un arroyo, que a las selvas con su cristal fertileza, y los verdes campos riega: Y el pastor, a cuyo cargo está la umbrosa floresta, ve la fiesta, sube al monte, ve que se quebró en la sierra, y onde reconoce el daño, con el reparo le enmienda. Así Cristo, como vio que nuestra naturaleza por un manjar venenoso tuvo las fatales quiebras, hoy nos da su misma Carne, porque tenga vida eterna. Milagro de los milagros que ha obrado su omnipotencia, pues en una breve Hostía cifró toda su grandeza; asistiendo todo en toda, y en cualquiera parte de ella, con la misma Majestad que está del Padre a la Diestra. Pues dime, como es pos- sible que esté en todas, y en cualquiera? En las cosas naturales la experiencia lo demuestra. El alma está en todo el cuerpo, y con toda su grandeza en la menor parte de él, aunque muy pequeña sea. No hay duda, pero también. Enmudece bestia fiera, que como el áspid arrojas el veneno en las blasfemias con que agravias el poder de un Dios, pues de su potencia dudas que bajo a ser Hombre, porque Dios el Hombre sea: y pues se humano Jesús, Tente, aguarda; no me hieras, que ese Nombre me ha postrado, y ha abatido mi soberbia; porque oyéndole, se humilla el Infierno, Cielo, y tierra, para que es tirano Amor tanto arpón, y tanta flecha? Si con esa voz me matas, que el corazón me penetra: rendido estoy a tus pies, perdóname las ofensas que de mí has reconocido, que a quien su culpa confiesa, no se le niega el perdón: y te hago una promesa, de que si envidia fui, ya celo de amor de Dios sea; pues de la envidia a los celos hay muy poca diferencia. Si observas lo que pro- metes, merecerás mi clemencia. Pues tu esclava me con- fieso, no faltaré a tu obediencia: mas si no finge el oído, es música la que suena. A la Mesa del Pan de los Cielos, (med, mortales, alegres llegad, y co- que aunque sea su precio infinito, de gracia hoy a todos le ofrece la Fe. Bien venida Diligencia, pues mi marchita esperanza recibe con tu presencia. Siguiendo tus huellas vine, talando esta inculta sierra: pero ya que te he hallado, no temo fortuna adversa. Manda, y dispon mi persona, pues a ti vivo sujeta. Feliz es mi suerte ya, pues que logré tu asistencia. Pues ya que tan fervorosa vuestra devoción se muestra, singular en los afectos, seguidme, porque en la Fiesta del Sacramentado Pan, que hoy solemniza la Iglesia, pretendo que nos hallemos, dando de nuestro amor muestras. Vamos luego. Pues seguidme, que esta es sin duda la senda. Para que con ese velo disfrazáis hoy lo Divino, si todos conocen ya que sois del mismo Dios Hijo? Vengan los amantes, cántenle la gala, a un Dios que del Cielo bajó por las almas. Todos sus donaires hoy en Pandisfraza, que por ir de ronda uso de esta traza. Soberana Majestad, Señor, Divino, y Humano, a festegaros venimos con músicas, y saraos, porque a serviros, Señor, quien no ha de venir valland Sol Ardiente, y Lumino que en vuestro mortal ocaso disteis oriente a las almas que en la noche del pecado su funesto fin lloraban, surcando mares de llanto. Dulce Orfeo de las almas Fénix que murió abrasado en el fuego de su amor, cuyo incendio fue tan raro, cuyo ardor fue tan activo, que el Ignifero topacio, titúnea a parasismos, si se opone a contemplarlos Con humildes rendimiente os dédica en holocausto alma, y vida, quien quisiera seroy el dueño de cuantos tesoros contiene el ambito de la tierra en sus espacios, para avasallarlo todo a vuestros pies soberanos; porque día tan feliz tuviese el debido aplauso. Mas si en los arduos empaño basta solo el intentarlos, recibid la voluntad, que es la que humilde os consage Perdonad lo defectuoso; por humildes no perdamos. Y vos, Audictorio ilustre, cuyos renombres son tantos, que no hay guarismo, que pueda alcancar a numerarlos. Cuyas celebres proezas, dignas de inmortales lauros en los añales serán en la duración de mármol. Disimulad los defectos, pues es de pechos hidalgos amparar al desvalido, y levantar al postrado. Tengo un rendimiento humilde en vuestra piedad amparo. Favor en vuestra clemencia, y en la noblezan agasajo. Qué reconocidos siempre. Atentos, como obligados. A esta deuda agradecidos, y sujetos como esclavos. Celebrando nuestra dicha. Nuestra suerte publicando. Vuestra hidalguía aplaudiendo, digna de eternos aplausos. Con tal honor triunfaremos, y quedaremos ufanos. Si nos concedéis begninos Disimulo a vierros tantos. Si logra nuestra humildad. Perdón, ya que no el aplauso,