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Texto digital de Auto Sacramental (Emp: Por la verde maleza)

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Diego Ramos del Castillo
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Diego Ramos del Castillo Probable
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Auto
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Auto Sacramental (Emp: Por la verde maleza). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/auto-sacramental-emp-por-la-verde-maleza.

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AUTO SACRAMENTAL (EMP: POR LA VERDE MALEZA)

Por la verde maleza de la intrincada y rústica aspereza a donde Flora hermosa borda alcatifas de jazmín, y rosa, porque el Abril lozano reciba al Mayo ufano con la pompa decente a su grandeza, cuando por general de la maleza le reciban en tropas bien dispuestas cuantas flores habitan las florestas de los acentos, vengo convocada, que organiza la fama en voz arpada, del uno al otro Polo en cuanto de fulgores viste Apolo, poblando la región vaga del viento, de aplausos, de que es digno este Convento, que aunque el Orbe le aclama es corto sitio, para tanta fama: pues si el mundo su espacio dilatara aún más allá su aplauro se explayara. Instada del afecto que me guía obstentarme pretendo en este día, sino la más lucida en tal empresa, la más afectuosa a aquesta Mesa. Llegué a ese ameno prado de esmeralda, y subies matizado, por coger unas flores en su estancia, y en ellas ofrecer suave fragancia: que una flor es constante que para quien es pobre, es un diamante: y aunque soy la Pobreza; alegre llego a tan divina Mesa, que aunque la empresa es ardua, y eminente intentarla me basta solamente. Pues a veces es cierto que consigue más fácil el acierto quien menos le asegura, que quien con más anhelos le procura. Quiero con estas flores en quien retrató Flora sus primores; matizar los espacios de este suelo, ya (pues le asiste Dios) glo Pero si no esficción de los oídos, un instrumento eleva los sentidos; proseguiré mi intento, en cuanto se términa el dulce acento, No es delito nacer pobre, si a vuena luz se repara pues pudiendo entre diamantes, nació Dios en pobres pajas. Sonoroso instrumento que has dado a mis temores nuevo aliento, de emprender hallaré modo? En todo. Quién me conduzga no advierto, Acierto. Tendré mérito capaz? Tendrás. Pues que solícito más, si hoy a mi humildad atento me canta aquel suave acceto, en todo acierto tendrás? Quién quietará mi desvelo? Consuelo. Y al pesar qué engendró el susto? Gusto. Pues quién se opondrá al temor? Valor. Ya mi placer es mayor, pues segunda vez oí, que he de conseguir aquí consuelo, gusto, y valor. Ya mi humildad celosa procurará el acierto cuidadosa, pues pera darme aliento que le hallaré, me dice aquel acento; buscarele en el clima más distante, hasta lograr los lauros de triunfante. Favorézcame el Cielo, pues sabe lo sencillo de mi celo. Desde ese cerro umbroso, fijo estrivo del Orbe luminoso, o columna constante, donde descansa el globo rutilante, primer cuna de Apolo, atalaya del uno, y otro Polo, soberbiamente vana, codiciosa der ser la más temprana que de lauros, y aplausos se corone, mi destino me guía, donde abone con ornato pomposo los timbres de mi dueño, que celoso de conseguir la palma, airado intenta oscurecer con nieblas de la afrenta a la que humilde, y pobre al oro se opusiere, siendo cobre; que es arrojo, y osado atrevimiento que se oponga el mendigo al opulento: puesto que hoy en el siglo la riqueza es la que califica la nobleza, emprenderé el acierto que procuro, que pues soy vanidad, ya le aseguro. s. Pero un sonoro acento puebla de melodía el vago viento: cuando atenta le escucho con mis temores pesarosa lucho. De las regiones celestes se precipitó Luzbel por su soberbia ambición: lo mismo puedes temer. De las regiones celestes? quien, di, voz atrevida mi intento impedirá, sin que la vida rinda al amago de este brazo fuerte; úunico sustituto de la muerte? quién contra mi vanidad? La humildad. Qué puede siendo mendiga? Obliga. A quién engañosa voz? Adiós. Ya es mi pena más atroz, pues esta voz que escuché tirana, acentua que la humildad obliga a Dios. Que le falta a mi desvelo? Celo. Cómo le conseguiré? Con Fe. Quién logrará tal blasón? Devoción. Ya es mayor mi confusión pues que mi pompa desprecia, diciendo, que solo aprecia celo con Fe, y devoción. Calla mentida voz, pues engañosa de mi aplauso envidiosa organizada en la región del viento pretendes que desista de mi intento: pues si a impedirlo se opusiere el mundo, verá que valerosa le confundo. Proseguiré mi intento, y la Pobreza pondrá a mis pies humilde, la cabeza, que es mengua de mis nobles ardimientos que logre, siendo pobre, lucimientos, que eclipsen los blasones de quien ánima todas mis acciones. . ese excelso monte, Duaña de los candores de Faetonte, cuya altivez es tanta que loco con el Cielo se levanta. Las más remotas sendas he talado que encubre la arboleda de ese prado, cruzando por las calles de esmeralda, desde la excelsa cumbre hasta la falda, y en todo su distrito no he conseguido el fin que solicito: y así, triste, y penosa, paseando sendas de jazmín, y rosa, en un mar de congojas fluctuando, vengo mi avara suerte lamentando, hasta hallar el acierto donde tengan mis ansias feliz puerto. Todo el bosque he corrido, y de la sierra al valle he discurrido, y en todo el verde espacio no he hallado a la que ansioso busca mi cuidado: y al llegar a este sitio deleitable, una voz en acento lamentable mi nombre ha articulado, sino finge el oído, y me he engañado. Válgame mi soberbia presuntuosa, y rinda la cérviz esta alevosa a la coyunda de mi airado aliento, porque sirva a los siglos de escarmiento, y en túmulo de horrores se sepulte, donde el olvido su memoria oculte. Mas si la fantasía no me finge, en la palestra umbrosa está la esfinge que furiosa persigo: hoy será de tu mina aquí te estigo, Prodigio hermoso del valle, de quien esta alegre selva recibe ser, pues florece con que le pisen tus huellas. Deidad bella, emulación de la superior esfera: aguarda, detén el paso, no retires la belleza; que es acelerar la noche dejar sin luz la floresta. Con mujeres que no admiten vulgares lisonjas, necia siempre ha sido la porfía, y es acción poco discreta querer que lo voluntario haga preciso la fuerza, pues lo que el ruego no alcanza no ha de granjear la violencia. Perdona, Venus hermosa, de mi error la inadvertencia, si es culpa haber intentado consagrarme a tu obediencia, por ser en amantes aras de tus coturnos ofrenda; sino falté a lo cortés, que lugar tiene tu queja? pues mi vibanidad en nada se ha olvidado de lo atenta. Obliga tanto un agrado. . Pero si no es engaño, o apariencia Y es mujer la que atiendo en mi presencia. Seguiré de mis penas el destino, hasta hallar de mis dichas el camino: mas allí un hombre miro; porque no me conozca me retiro. lo cortés tanto sujeta, que estimo como favor, lo que sentícomo ofensa. Si a estilo que es tan cortés la justa correspondencia excuso, con no admitir vuestras galantes finezas: no es negarme agradecida, pues fuera más que grosera, cuando obligada me atiendo no confedar esta deuda; pero me imposibilita el empeño de una Fiesta que hoy mi devoción consagra, y es precisa mi asistencia, si mi suplica consigue que me permitáis licencia. Quién también sabe obligar todo albedrío sujeta, y así a cuanto dispusieres el mío está a tu obediencia. Creed que reconocida estaré a vuestra fineza, pero no eres el acierto? Mas tú no eres la pobreza? La Pobreza soy (el traje no te da bastantes señas?) que por entre labirintos que tejen murtas, y yedras he talado de los bosques las más intrincadas breñas en busca tuya, hasta que un acaso me franquea la dicha que no lograron repetidas diligencias. Pues yo (imán de mis afectos) toda la mansión desierta de ese prado he discurrido, y no le debí a mi estrella por avara, conseguir una estampa de sus huellas. Mas ya es mi suerte propicia, ya no es mi fortuna adversa, y ya mil veces me doy alegre la enorabuena; pues el logro más feliz me ha dado la contingencia. Con Júbilos de alegría, mi alborozo te celebra, porque en ti empiezan mis dichas, y se terminan mis penas. Pues ya que no acaso el Cielo me condujo a tu presencia: aquesta rama en que Dafne se transformó, sea diadema. que tus sienes orle, dignas de más relevantes prendas: premio de la devoción con que constante te empleas en solemnizar con Cultos de tan reverentes Fiestas el mayor de los milagros que ha obrado la Omnipotencia, pues todo un Dios se reduce a lo corto de una Oblea, para que le coma el hombre. Oh inefable providencia! que aunque la envidia voraz tus blasones oscurezca, corre por cuenta del Cielo el premiar tu permanencia. Pues por la perseverancia. con que este Culto celebras, a emulación de los siglos, será tu memoria eterna; pues a pesar de la envidia, darás a la Fama lenguas. Ya es mi tormento, mayo ya es insufrible mi pena! pues que de lauros corona el Acierto a la Pobreza por hacer más mi dolor, porque yo rabiando muera. No sin razón justa, Acierto, creo que me lisonjeas, cuando lo humilde contemo de mi mendiga Pobreza, indigna es de esos honores, por pobre, mi insuficiencia. Antes por Pobre, mereces el laurel que te celebra, que en esta Mesa no vale con vanidad la grandeza: y así de esta verde rama se corone tu cabeza. Detente, que de ese tr sola es digna mi nobleza, pues la Vanidad ilustre soy hija de la riqueza de quien pregoba la Fama tantas celebres proezas; cuyos timbres el volumen de los annales celebra, por quien fabricó Nabuco aquella estatua soberbia, a cuya altivez, la Luna tal vez sirvió de diadema. De Goliar vano, y altivo es hoy la memoria eterna, porque por mi valeroso hizo a todo Israel guerra: que encomios no solemnizan de mi poder la grandeza? a quien con blasón más digno el aplauso lisonjea; que no ha conseguido el oro? Que majestad, que eminencia la vanidad no domina? La ambición no señorea? No me intítulo del mundo la más poderosa Reina? Por quien por sendas de plata vuelan aves de madera? Por quien descubre el trabajo las entrañas de la tierra? Quién de más laureles triunfa? Quién más victores granjea? Hay memoria de algún pobre? Quién su humildad no desprecia? No es el escarnio del mundo? No es la risa de la tierra? Qué blasones ha granjeado? Qué memorias le celebran? Que linajes no ha eclipsado el horror de la pobreza? Qué sangre no ha oscurecido con sus pavorosas nieblas? Y pues nadie la apetece, sin duda no es cosa buena: Quien no huye cuidadoso de su enfadosa presencia? Pues como si esto es tan cierto desvanecida te empeñas con inadvertido al cuerdo, siendo tan ardua la empresa y me usurpas la corona de qué es digna mi cabeza? no te empeñes, reconoce tu cortedad, y miseria, que al precipicio te guían débiles alas de cera, o rendida quedarás al rigor de mi violencia. No harás, porque está presenmte quien cual argos la defienda. Y si la ultrajas por pobre, es vana tu diligencia, pues a Dios tanto le agrada la humildad, y la pobreza, que su mendigüez admite y los tesoros desprecia. Y así queriendo bajar por hacerse Hombre a la tierra, eligio para su Madre la más humilde Doncella, No nació en ricos Palacios, un pobre Portal le alberga desnudo de toda pompa, del hielo a las inclemencias, y siendo Rey poderoso la Majestad menosprecia. Pastores son los primeros a quien el Ángel las nuevas dio de su Natividad. Y para basa primera que este edincio sustente de la Militante Iglesia, un Pescador eligió, a quien las llaves entregan de sus Tesoros, y los Apostoles pobres eran. Bien aventurado el pobre, dicen las Sagradas Letras; puesto que el Soloserá dueño de la vida eterna. Y aún del mismo Cristo, dice de San Pablo la elocuencia, y que por esta fineza, luego si es tal la grandeza de la humildad, que parecé mereció Cristo por ella que es su mérito mayor, (se sigue con evidencia) que es el de tu vanidad obstentación, y riqueza. La soberbia de Nabuco derrivó una humilde piedra; de Goliar, un Pastor pobre, sujetó las fuerzas, y humildes armas elige, por seguro de la empresa. La Vanidad de Luzbel, las más hermosas Estrellas derribó del firmamento a las regiones leteas, y la humildad ocupó las sillas que aquellos dejan. Qué riesgos no te amenazán? Y qué ruinas no te esperan? Y aún esto en los insensibles reconoces la esperiencia, pues la humilde flor que al valle con su fragrancia recrea, no teme el furor del rayo, ni sus amenazas fieras; pero el roble, que soberbio al Cielo escalar intenta, los encendidos aceros en su ruina experimenta, y a los combates del Noto la cerviz rinde, y sujeta. Sí, mas consiguió el aplauso de superior en la sierra, siendo admiración de cuanto habitaron la floresta. Y fue acaso derribarle, pero tú en continua afrenta al rigor de los ultrajes siempre habatida te ostentas También Cristo, con ser Dio muerte afrentosa tolera, y por eso no perdió el Ser de su Omnipotencia. Y antes de obrar su poder en la noche de la Cena el mayor de los milagros, humillado por la tierra a los Discipulos lava los pies la Suma Grandeza; Y porque se reconozca cuanto de humilde se precia, en los breves Accidentes de la Hostia más pequeña, y en la menor de sus partes, toda su grandeza encierra. Luego si en tan gran Misten tan humilde se demuestra, sin duda es muy de su agrado la humildad, y la pobreza? Pues donde más soberano, y majestuoso se ostenta pues luce allí su poder y así le canta la Iglesia: porque de cuantas finezas, y maravillas ha obrado, esta fue la más suprema. Allí Quérubes le asisten; los Ángeles, le veneran; las Criaturas, le admiran; y los lustos le celebran por Grande, por Poderoso, por Rey de Cielos, y tierra, por Magnifico Señor, pues tan liberal se muestra, que por darles sus tesoros al hombre, en cuerpo se queda: luego no se ostenta pobre: pues pone tan rica Mesa? Los elogíos, los aplausos, las alabanzas inmensas, que los Ángeles le cantan en acordes chanzonetas, la admiración de los Cielos, y el espanto de la tierra, es ver, que humillado Dios, siendo infinito, se estrecha, y en lo corto de una Forma cifra toda su grandeza, para que le coman todos, y sin alguna reserva rico pobre, bueno, y malo; mas con mucha diferencia, que uno hyerra, porque come, y otro, porque come acierta. No admiran sa majestad, el poder, ni la grandeza, que del principio del mundo tienen bastante experiencia, si no que se haga común el singular por esencia. Aguarda, que dificulto. Bastan ya las controversias, Vanidad, pues que vencida te atiendes de la Pobreza, y así como acierto yo, coronara su cabeza pues que con sencillo celo tan fervorosa se emplea en festejar el Maná que llovió el Cielo a la tierra. Porque los que de esta forma a Dios no consagran Fiestas, ningún acierto consiguen, pues es cierto que lo hyerran: y nunca con Vanidad triunfa quien llega a esta Mesa: logre tu frente dichosa los renombres que granjeas. Tente, que el pecho se abrasa, cuanto respiro es un etna, las razones se suspenden, los espíritus se hielan: despójame de la vida primero que el laurel vea en un gusanillo vil humilde Hijo de la tierra: al impulso de mis iras, ya mis esperanzas mueran; que es mengua de mi ardimiento vivir a vista de afrentas: el Infierno me sepulte en sus lóbregas cabernas porque quien vive envidiosa, de desesperada muera. Corrida la Vanidad, el vencimiento confiesa. No sé como satisfaga Acierto aquesta fineza que confieso al proceder ilustre de tu nobleza: Ninguna es tu obligación, pues satisfago una deuda. Ríndote humilde las gracias, pues a tan sublime esfera hoy levantas mi humildad. Tu devoción lo granjea: y pues hemos conseguido fues aplausos, que te celebran, y yo el lauro de ser tuyo, a solemnizar empieza las glorias de este Señor, a quien debemos la empresa. Sabe el Cielo que mi afecto hoy manifestar quisiera, y que acreditaran obras lo que en desos se queda; pero los defectos supla la voluntad que me alienta. Pues vamos luego al Conuento de Clara, Clara Lumbrera, o hermoso Sol, que en el Cielo de la Militante Iglesia, desterrando negras sombras, brillante luz reververa. Solo ese fin solicito Pues vamos, no te detengas. Decid porque blasonáis de gran señor, si atendemos que os tienen vuestros Esclavos cuando gustan descubierto Pienso que llegamos tarde, pues la Fiesta han empezado. No llega tarde, quien llega a este Cónbite Sagrado. Pues luego, sin dilación nuestro intento prosigamos, pidiendo a su Majestad perdón de defectos tantos. Marte valeroso, y fuerte, que en la Palestra de un Palo muerte disteis a la muerte, y triunfasteis del pecado. Sansón bizarro, y valiente, a quien el León Tartarco rindió el orgulloso aliento, pues yace desquijarado. Perdonad las cortedades de tan humilde holocausto, y admitid la voluntad de la que concelo santo vuestras glorias solemniza, merezca vuestros agrados. Premiad, Señor, su desvelo y perdonad hierros tantos, que quien hierra por amor, está, Señor, disculpado. Disimulad los d efectos de quien con arrojo osado quiso examinar las luces de vuestros inmensos rayos, sin temor del pricipicio. Noble, y Ilustre Senado, cuya prudente elocuencial, a emulación del Romano, da nuevo asunto a la, Fama cuando a vuestra frente lavio Disimulad nuestros hierros Vuestra piedad merezcano Pues humildes lo pedimos, a vuestras plantas postrados. Porque con esto quedemos Con la piedad alentados, Con ánimo de serviros, y con el perdón ufanos. Si nos concedéis begnigo Perdó, ya que no el aplad