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Texto digital de El austria en Jerusalén

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XLVIII de Nuevas escogidas (1704).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El austria en Jerusalén. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/austria-en-jerusalen-el.

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EL AUSTRIA EN JERUSALÉN

JORNADA PRIMERA

Sombra, qué quieres? mi ley a socorrerte me obliga; no me aflijas: qué fatiga! Parece que llama el Rey. No señor, que combatido del cuidado que le dio la carta, que recibió del Pontifice, dormido se quedó; y como le den tal pena, y fatiga tanta las perdidas de la Santa Ciudad de Jerusalén, en tanta melancolía, de una ruina tan violenta, las especies representa del sueño, a su fantasía, al parecer. . Retirados, no al descanso, hagamos ruido: o Rey, ni aún el sueño ha sido suspensión de tus cuidados! (alen, Ay mísera die ti, jerd- llora, suspira, gime; y en ansia tan cauel, (llanto; conviértete al Señor, procure el tu dolor, en tus lágrimas verter. Ay mísera de ti jerusalén. Como yace triste, y sola, Ciudad de tanto poder, la señora de las gentes, viuda entre lutos se ve. La Rei na de las Provin. tributo paga a otro Rey, y a tanta bárbara planta, es alfombra su Dosel. . Ay mísera de ti Jerusalen. Ay mísera de ti Jerusalén. Jeremías, ya he mirado cumplir tus lamentaciones; Jerusalén, tus prisiones he sabido, y he llorado. De noche, y de día llora, y sus lágrimas veréis en sus parpados cuajar, y en sus mejillas pender. No hay quien la consuele, todos la desconocen; porque memorias de un Poderoso, él las arruina al caer. Ay misera, Piedra sobre piedra, no queda en su redondez; donde aún el menor cimiento padrón del estrago fue. Ay del miserable siglo, pues que tuvo fin en él, de la hija de Sion, el fausto, y la explendidez. y en ansia tan cruel procure el hay mísera de ti Jerusalen. Ay miseran de ti Jerusalén. (loces, no os arrébate tan presto el viento. Señor, qué es esto? (cias . De que gran señor, das voces? que el sueño medio homicida, sea intermisión de la vida, si no lo fue del cuidado? Y por si disculpar puedo aprensión tan infelice, lee lo que el Papa dice en este Breve, Manfredo. A nuestro amado hijo en Cristo, Federico Segundo, Rey de las dos Sicilias, y de Cerdeña, Du- que de Suevia: Honorio, por la Divina Clemencia, Papa Tercero, salud, y Apostolica bendición. Amado hijo, de la rota, y per- dida de los socorros, que fueron a la Sauta Ciudad de Jerusalén, debemos dar a V. Mag. pésame igual al que re- cibimos, como a primogenito Mo- narca de la Fe, quedando a nuestro que ya que Dios ha hecho, por nues- tros pecados, tan infelices nuestros tiempos, haya también hecho en ellos a V. Mag. tan poderoso, y tan cordial reverente hijo de esta Sede Apostoli- ca, para que acordándose del celo con que murió en esta conquista su avuelo, el Emperador Federico el Grande, emplee en su restauración res de su Augusta Casa de Suevia; y los pocos días, que este dolor dejare de vida a nuestros fatigados años, se- ran a cuenta de esta esperanza, que solo de V. Mag, pudieramos conce- bir, y para que franquearemos todos los tesoros temporales, y espirituales de la Iglesia. Guarde, amado hijo en Cristo, a V. Mag. el Cielo, como la Cristiandad ha menester, y le con- serve en su santa gracia. Dado en él Laterano a o. de Marzo, año tercero de nuestro Pontificado, de la salud humana 1214. Mas de bi en esta noticia, con admiración extraña, al dolor, que a la razón, que esta no me consolara, y aquel, como con un hielo, todas mis acciones pasma, en lo absorto de la pena, lo sensible me arrebata. Y cuando el mismo cansancio del pesar al sueño llama, descanso se hubiera hecho la pena, sino estorbara mi sosiego, la memoria, que cuidados que se arraigan tanto al alma, nunca duermen, como nunca duerme el alma. Vestido de esas especies, que condensan nieblas vagas, dentro de la fantasía, el sueño mi idea asalta. Acabando de leer en la Escriptura Sagrada, las tristes lamentaciones de Jeremias, que en ansias de Jerusalen la ruina lloran, como que la cantan. El alma en el sueño libre de algunas siempre cansadas operaciones del cuerpo, que suspende en esta calma, se retira allá a la mente, como buscando su Patria. Y como también entonces se extenuan, y adelgazan las telas donde residen las facultades humanas, Ve como espíritu, más, tejiendo tal vez fantasmas, que no solo en la noticia no caben, más ni bastaran o la vista, a comprenderlas, o la idea, a imaginarlas. Soñé en efecto, que via mi intensiva perspicacía, (como si la fantasía sus bultos me condensara) al Profeta Jeremías, y a Jerusalén esclava. Vistiendo en Egipcias tocas nieblas de tejida gasa, que el aire riza, y trémola, por sutiles, y por blancas: creyendo desvanecerlas, quizá con solo soplarlas. Las tristes lamentaciones entre los dos alternaban, gimiendo el Pueblo a sus ecos, cuyo lamento acompañan, ronco el aire, en las sordinas, y sordo el eco, en las cajas. Aquí se hizo el dolor, peso, que el corazón estrechaba, y el peso, se hizo desvelo; pues desperté, a voces altas, llamándolas, cuando huyeron las confusas sombras vanas, como si la luz que abrieron mis ojos, las desatara. Deja ya de esa aprensión, señor, las imaginarias especies, que al ver el Orbe a Sion recuperada, es el asunto mayor, que pueden hallar tus Armas. Viva Federico, viva. Aguarda, a qué es esa salva? Un Aleman Caballero, ahora de llegar acaba a Nápoles por la posta; pero con familia tanta, que aún no faltó en la presteza el lucimiento a la entrada. Y eso, qué hace a este alboroto? Como en Francosure se hallaban los Electores, a fin de nombrar, por estar vaca la Dignidad Imperial, quien tanto Trono ocupara; Y como el César Henrico, vuestro padre, que Dios haya, Rey de Romanos, os hizo jurar en tan tierna infancia, que (el muerto) Otón de Sajonía pudo con industria, y maña tiranizar el Imperio, han concibido esperanza de que vos seáis elegido; y sin duda esta es la causa de que alborozado el Pueblo, vuestro heroico nombre aclama. Viva Federico, viva. . Oíd, y que destemplada ronca sordina, tan mal el eco al aire dilata, que lo que aquí aplauso empieza, allí en lamento se acaba. En la Plaza de Palacio, a lo que de aquí se alcanza, entra una enlutada tropa, que a un Caballero acompaña; En negro caballo viene, vestido de negras Armas; negras son de sus trompetas, banderolas, y casacas. Negro Estandarte enárbolan, y en su mano una Cruz blanca; bien, que los Soldados suyos, negras Banderas arrastran. . Por dos de las muchas puertas, que hay de Palacio a esta Plaza, entrando van las dos tropas, Franque eseles la entrada, a pública Audiencia juntos, que quiero ver como enlaza aquel júvilo con este horror la vida en sus farsas; mas cuando en ella tan cerca uno de otro no se hallara? Dame Gran Señor tu mano. Dame Gran César tus plantas. César dijo, . Feliz nueva! Perdonad, que cortesana, . no se explique mi atención, hasta saber con quien habla; Duque, Primo, alzad, no veis, que ni aún la corta distancia, que hay de mis brazos, a mí, hay de mí, a Leopoldo de Austria? V. Majestad me honra, y advierta, que si no engañan las especies de aquel tiempo, que estuve en la Tierra Santas como Maestre de aquella Militar Religión Sacra de los Teutónicos, timbre de la Nación Alemana: el Rey de Jerusalén, es el que con muestras tantas de pesar, tienes presente. Qué decís? . La verdad clara: aunque si Leopoldo no lo dijera, no acertara a dar señas yo de mí, mas que este llanto, estas ansias; tanto, señor, de mí mismo me alejaron mis desgracias. Sea V. Majestad bien venido, donde ensalza con su adversidad mis glorias, pues de mi poder se ampara; que a no ser el infortunio vuestro de quien más alcanza a mi dolor, que a mis triunfos, la vanidad estimara, por ver en vos de mi afecto de monstraciones tan altas. Excusadlas, señor, todas; porque no bien se emplearan en Juan de Breña, un Soldado, sin más caudal que su espada. Lo que fue de la fortuna, cobró la fortuna ingrata, me enriqueció generosa, solo por robarme avara; y aún se muere, porque no me ha robado la constancia. Solo yo, sin otra alguna accidental circunstancia, llego a vuestros pies, en ellos se esconderá de la airada fortuna que le persigue, con una inflejible saña, un infeliz Peregrino, que algún tiempo fue Monarca. Qué lastima! . Qué dolor! Perdonadme, que os ataja el discurso una noticia, que a vuestro consuelo tarda, y a vuestras glorias, de quien está tan interesada mi lealtad, que entre festivas señales alborozadas, le parece, que os la hurta, el rato que os la dilata. El Electoral Colegio, viendo, señor, que os hallabáis con el derecho adquirido de una casi hereditaria suecesión, con que el Imperio se conservó en vuestra Casa: Viendo que sois hijo, y nieto, fecunda, y florida. Rama de Henrique, y de Federico, dignos de eterna alabanza. Y viendo, que vuestro Padre, con victorias señaladas, tanto su poder estiende, y tantos triunfos alcanza, que hizo, que Rey de Romanos desde la cuna os juraran. Y la tierna edad (después de muerto Henrique) fue causa de que Otón a vuestra frente el Laurel tiranizara. El Sacro Romano Imperio, por sucesor os aclama; y a mí como el más propinquo pariente vuestro, señala, (hallándome acaso entonces) en mis Provincias cercanas, del Condado de Tirol, cuyas convecinas Plazas, por la Baltelina ofrecen el más breve paso, a Italia, para daros en su nombre, la obediencia, y la embajada. Ea, Heróico Pederico, la edad vuestra, que no pasa de cuatro lustros, las nobles cualidades soberanas, que os componen, el poder, que Dios a ese brazo encarga la ocasión, que hoy os envía, en que da a entender su sabia providencia, que quizá para este efecto os exalta, os ponen en mucho empeño; pues debéis tanto a la fama, que os habéis menester todo, solo para acreditarla; no desmintiendo a los vuestros tan felices esperanzas, como de vos concibieron en las primeras tempranas luces de la vida; O puedan vuestras heroicas hazañas, hacer al Cenit ardores los crepúsculos del Alba! sin que la tarde desdiga indicios de la mañana. Viva el Grande Federico, Emperador de Alemanía. . Viva, y de sus plantas trono sean, las ya felices canas mías, los cándidos copos, en cuyas cumbres nevadas sabe encender la prudencia, desengaños entre escarchas. Alzad, señor, otra vez, digo, y con más circunstancia, ahora, que antes; pues si ahora mas poder en mí se halla, y en vos mayor aflicción: cuando os valgo, es cosa llana, que está con vuestra fortuna mi protección desairada. Nada a los Reales pechos debe contrastar, y nada los ánimos generosos asusta, ni sobresalta. Ninguna excelencia es más digna de los Monarcas, que ser de ánimo inmutable a tempestad, y a bonanza; dando a entender en fortunas favorables, o contrarias, que ni lo adverso se teme, ni lo próspero se extraña: propriedad, porque los Reyes Serenísimos se llaman. Tocheo, Gran Rey de Egipto, después que conquistó el Asia, tantos Monarcas Cautivos trujo, que uncidos tiraban de su Carroza; y un día, volviendo el uno la cara, vio las ruedas, y riose; fue del Soldan tan notada la alegría, que al Cautivo quiso preguntar la causa; y él dijo: Señor, he visto en esta rueda cifrada la esfera de los Planetas, y la fortuna voltaria, que de ellos depende; y viendo, que en acciones alternadas, la parte inferior asciende, cuando la suprema baja, me he consolado, sabiendo, que en alternaciones varias, a otro movimiento, es fuerza, que yo ascienda, y que tu caigas; con que estoy mejor que tú, si a los dos nos acompañan en dicha, y desdicha, a ti temores, a mi esperanzas. Temió el Bárbaro el aviso, usando con más templanza desde entonces de sus triunfos: No sin providencia rara os trajo el Cielo a mi Corte el día que me enviava la noticia del Imperio, para que así moderara mi soberbia en vuestra ruina; viendo en tan corta distancia, que aquí un Imperio se pierde, si allí otro Imperio se gana; porque yo con temor viva, y vivas con confianza. Después, que el Soldan de Egipto, Saladino, con sus Armas, a los Cristianos de Oriente primero inunda, que mata. Después, que en la sed, y el bulto de innumerables Escuadras, nos despareció los ríos, nos escondió las montañas, conquistó a Jerusalén, en donde entonces Reinaba el último Balduino; curiosidad observada en otros Reinos; y en este, si la prudencia repara, que en un Balduino empieza, y en un Balduino acaba. Guido Lusiñan entonces, que con Síbila su hermana casado estaba, heredó el Reino, solo en la vana pompa del nombre; porque a los Cristianos quedaban solamente las Ciudades de Tiro, y de Prolemaida, Sidon, y Antioquia; en Suria; con que en esta imaginaria Monarquía, bien se infiere, que más su brazo heredaba, que el cuidado de regirla, la obligación de cobrarla. Federico Barbarroja, Emperador de Alemanía, vuestro avuelo, pasó entonces a Palestina, en demanda del gran Sepulcro de Cristo, que los Bárbaros profanan. Perdonad, que aquí al aliento se me anudan las palabras; y bien, que lágrimas mías, hasta los suspiros bañan, ellas el dolor no vierten, aunque la vida derraman. De toda la Cristiandad, fueron con él señaladas personas, haciendo entonces mas conocida ventaja. Balduino, Conde de Flandes, y Leopoldo, Duque de Austria, que está presente. El Gran César de Nápoles, con su Armada zarpó, y brumando con ella al Helesponto la espalda, entró por Asia menor, donde puso fuego a cuantas Ciudades, le resistieron, ya el tránsito, o ya la entrada. Finalmente conquistó de Armenia, y Mesopotamía la mayor parte, no habiendo dado paso sin batalla. Pues conquistando el camino, a los Bárbaros costaba en su peregrinación, una rota, cada marcha; con que pueden sus victorias contarse, por sus jornadas. Oh Juicio de Dios oculto! quien creerá, que cuando estaba vencido el Soldan, aún solo del rumor de sus hazañas, porque el victorioso empieza a vencer, cuando amenaza. Fue ocasión un leve antojo, de que no desocupara todo el Reino, que quería a las Banderas Cristianas restituir, tan medroso, que no solo le entregaba; pero él no perder el suyo, graduó, entonces, por ganancia. Mas quien lo duda, sabiendo (quisiera esta circunstancia callar) o sirva el decirla al Mundo, para enmendarla! Quien lo dudara, sabiendo, que en la perdida pasada de Jerusalén, al tiempo, que las Lunas coronaban las Torres, cuyas agujas ese Globo azul taladran. Vio Santa Brígida, el Cielo, cuyos Coros celebraban la perdida de los Fieles, con alegres consonancias, por lo mal que de ellos era tal Reliquia venerada. En fin, por nuestros pecados, a bañarse entró, en la mansa corriente del Cigno; el César, cuyas cristalinas aguas, ocultando algún bajio, en falsas risas de plata, al Invicto Federico de nuestra vista arrebatan; y con beberle su vida, aún tienen sed de su fama. Murió vuestro avuelo allí, trocándose, por su falta el semblante a las victorias, tanto un solo hombre importabal Oh fortuna de la guerras quien se fía de tus auras, si en solo una vida pierdes, cuanto en tantas muertes ganas! A este se sigió otro golpe, que fue la muerte temprana del Rey Guido, y su Corona quiso el Cielo que recaiga en Isabela mi esposa, que pisa el Celeste Alcazar, hermana de Balduino también, cuya malograda belleza, de su hermosura, una copia soberana dejó en mi hija Violante, heredera propietaría de Tiro, y de Palestina, de Idúmea, y de Samaria. Pues Armas de vuestro padre me ayudaron a cobrarlas, Ricardo, Rey de Inglaterra, ardiendo en celosa llama de la Fe, fue a socorrerme; y viendo con tal pujanza el Ejército Latino, para que Egipto llorara dentro en su casa la guerra, que me introdujo en mi casa; y a lo menos el vencido al vencedor sustentaba. Pasamos a Egipto, donde conquistamos a Damiata, imbadidas en su Costa otras maritimas Plazas, conduciendo por el Nilo al Campo las vituarlas, por costear nuestras Galeras, al Ejército la marcha, a Babilonia de Egipto, que hoy el Gran Cairo se llama, púsimos sitio, con tanto valor, con fiereza tanta, que el Soldan por levantar el sitio, capitulaba, no solo a Jerusalen entregar, sino a Césarea de Palestina, a Belén, Gaza, Nazareth, y Jafa. Fuele preciso a Ricardo dar la vuelta acelerada a Europa; porque Franceses, viéndole ausente, infestaban sus Fronteras, invadiendo sus términos, y comarcas: Oh cuánto daño a mi Imperio hizo la ambición de Francia! Pues como dejó Ricardo la empresa desamparada, no solo dio a Saladino este accidente arrogancia; mas creciendo, luego, el Nilo, nos hizo romper con rabia los diques, que le refrenan, y en procelosa borrasca, voraces sus ondas crespas, se bebieron las campañas, anegándonos a todos. Perecimos a la saña de hambres, diluvios, y guerra; pues los que del Nilo escapan, entre los silos perecen, que sus avenidas guardan. A algunos tiene la hambre, aún la voz debilitada, para la queja, el aliento, con respiraciones flacas les falta para la vida, si en el gemido se gasta. Tímido alguno se queja; porque al Enemigo llama con su acento, que escondiendo entre sus fauces su espada, aún los suspiros le corta por medio de la garganta. Solamente, en fin los que se desesperan, se falvan, abriendo, con el despecho, el paso a la retirada: y entre ellos yo, que infelice, es, el que en desdichas tantas, contra su fortuna dura, viviendo más que su fama! Siguió la victoria Egipto, antes, que se reforzaran de la ruina las reliquias, que en las ásperas montañas de los montes, y las grutas, al cóncabo sirven de alma. Conquistó cuanto adquirimos, y yo dejando encargada la hija, y el Reino, que es ya de esta dignidad fantasma, a los Maestres del Temple, y San Juan, cuyas bizarras Caballerias, aún a esta fortuna infeliz contrastan. En Jope me embarqué, a fin de convocar las Cristianas Armas de Europa, en favor de mi hija, a esto, y a causa de ser Nápoles de Oriente la Potencia más cercana. A Nápoles hice, que nuestro rumbo destinara el Piloto, y descubriendo sus celajes desde la alta Mar, sus montes nos hujan cuanto el Bajel navegaba, hasta que pude a mis ojos fijarlos con mis estampas. No perdamos en ofertas el tiempo, luego se parta vuestra Majestad, a Roma, a que le conceda el Papa algún socorro, y Galeras, que por ser las mares bajas de aquellas Costas, mejor en sus empresas, se mandan; los Arseñales se lienen de Nápoles, de Toscana, y Venecia, de Armazones, que a mis expensas se hagan, de que cuidará Manfredo, poblando de vituarlas, municiones, y pertrechos, todas sus Atarazanas. Al Pontífice se escriba, que conceda la Cruzada para esta guerra; y pues Dios cuenta estrecha me tomara, de que me hizo poderoso, y viven los que le ultrajan, hoy porla posta, también Arma, guerra. 1. Al rastrillo. me he de partir a Alemanía, porque en Aquisgran reciba la primera Diadema Sacra de la Corona de hierro, sin solemnidades vanas: Y luego a Jerusalen, me he de partir, en venganza de los agravios de Cristo, notando al ver, que se valga el que es todo Poderoso del poder que dio a mis Armas, la obligación que me pone, pues sus ofensas me encarga. Mi obediencia es la respuesta. A ejecutar lo que mandas voy. . Yo a Alemania te sigo, Diciendo con esas salvas. El Gran Federico viva, Emperador de Alemanía. . 2. Al muro. 3. Al puente. Arabes, pues no pudo nuestra gente estorbar, con violencia, ni con traza, que tomen puesto, a vista de la Plaza, esas tropas primeras, que el Cielo ocultan ya con sus Banderas, y con sus filas el terreno encubren, ya que de aquí los muros se descubren de Prolemaida, aún antes que abanzada, corte su gente nuestra retirada: entrémonos en ella, que al Cristiano, nuestro valor el sitio ha de hacer vano; pues de codicia ciegos, hoy a mi devoción tengo los Griegos. 1. Ven erminia, bellísima Belona, que solo basta en ella, tu persona a contrastar la fuerza de este acaso. 2. Ved que nos cortan, apretad el paso. Retírese la gente. Arma, guerra, al Castillo, al llano, al Puente. . No los sigáis más, amigos, dejadlos, pues ya se vuelven a la Ciudad, y cargados, tan determinadamente: su temor, de muros visten, y de torres le guarnecen. De mi Religión las Cruces (a cuyo denuedo fuerte toca la Vanguardia) están de sus surtidas enfrente cerrando sus avenidas, en tanto que se acuartele la Reina, que en la batalla. de nuestro Ejército viene. Religión, y Cruces, vaya; ya es tiempo de que despierte de una mortecina, donde se sueña, aunque no se duerme. Puesto que aún a ojos cerrados se me figuró la muerte: poco a poco me levanto. Aquí está un Morillo, Mientes, que la sera está en el traje prendida con alfileres, y la Feclavada al alma con treinta clavos de a geme: Viva la Fe de Dios, perros. Hugo, qué disfraz es ese? Señor, ser espía perdida; pues sabes cuan diestramente la Arabe lengua, y la Turca hablo, y desde mis niñeces, por no tener otro oficio, mi curiosidad la aprende. Sabiendo, que vuestras Armas, (oh dignísimo Maestre de San Juan, lustre en el Asia, de los Timbres Portugueses) a cercar a Prolemaida habrán de venir, zampeme dentro, aún sin aquella salva, del entrome acá, que llueve. Véstime de esta almalafa, y estuve en ella dos meses; sabe Dios con que trabajo, que soy de estomago débil; y para echar cualquier trago, fue menester esconderme. Supe cuantas municiones, Armas, y pertrechos tienen dentro; y hoy, que esa salida han hecho a reconocerte, desde el punto que a sus muros diste vista, con sus huestes me mecelé en sus tropas, para que lo que supe, revele. Y el hacer la mortecina valió, para que me quede acá a costa de los bollos, que quiso el diablo que siembren en mi manido espinazo, cuantos Moros me pateea; pues mi cuerpo por maduro, de carne momia parece. . Calla; y pues de aquesta salva, que ya ha llegado, se infiere, la Reina al campo: a ella es bien que digas cuanto supieres. Viva nuestra Reina, viva, y a par de los siglos Reine. Alfonso de Portugal, Serenísima Progenie, (bien, que trasplantada al Asia) de los Lusitanos Reyes. Gerardo de Videforte, Maestre ilustre del Temple; pues a vuestro cargo quiso el Rey mi padre, que quedé, en tanto, que de socorros de Europa, asistido vuelve; mirando, que a mi conflicto, el último esfuerzo quieren hacer todas las Naciones Católicas del Oriente. Ya os acordáis, de que os dije, que no es bien que ellos se esfuercen en mi socorro, y que yo entre los muros me encierre de Jafa, a mi corazón estrechas cárceles breves. A Prolemaida rendida he de tener, cuando lleguen las Armas de Federico, por ser el puesto que ofrece en toda Suria, el mejor surgidero de Bajeles. Vean, que no tiene el alma sejo, y que son las mujeres capaces de mandar armas; porque de paso se observe, que con el Cetro, el valor nace, el uso de él, se aprende. Aunque a esta resolución me opuse una, y muchas veces, pues no sirvo a aconsejarte, solo vengo a defenderte. Cree, señora, que temiendo en ti cualquiera accidente, vienes solo a hacer cobardes, a Soldados tan valientes. Y cree, que tan desbarbados son los señores Maestres, que mejor será, señora, que lidien, que el que aconsejen. Miren como en estas guerras los Caballéritos mueren de las Ordenes, si al puesto por la antiguedad se asciende; y esto, son los más antiguos. Y quién en eso te mete? No falta, que ya hay alguno, que lo desbarbado atiende de los dos, deja que tasque este bocado al que muerde. Qué hay de nuevo Hugo? . Se. reforzada está de gente (ñora, Prolemaida, y dentro de ella Erminia, mujer, que quiere buscar a las hermosuras nuevas sendas de crueles, teniendo de puro ociosos, opilados los desdenes. Hija es del Bajá, y las Armas sabe manejar, de suerte, que primero con punzadas mata, que con esquiveces. Pocos bastimentos hay; pero esperan brevemente en una Armada de Egipto, que podrán abastecerse para el largo sitio. . Amigos, nada mi constancia teme; porque las dificultades, que a una heroica empresa crecen, al ánimo tibio apagan, pero al generoso encienden. Celo de la Religión, es quien me dicta que espere, que este luto, que la vista nos viste de lobregueces, por el Sepulcro de Cristo, en galás presto se trueque. Ánimó, pues; y ahora vamos a disponer los cuarteles, y a encaminar los ataques, por donde el sitio se estreche. Vamos repitiendo todos, con el ánimo de verte, alentar a tus Soldados en esas salvas alegres. Viva nuestra Reina, viva, y a pesar del tiempo, Reine. 1. Aquí está el Soldan. . Era Ismén de venir a verme? (ora Feliz, señor, el que logra, que de su falta te acuerdes, cuando en tu servicio ociosa su inutilidad le tiene. No tanto, que no haya estado ansioso de que vinieses a Jerusalém, ahora. Qué causa pudo moverte? Yo he recibido en dos cartas dos avisos diferentes; el uno, de que en Europa grande Ejército se mueve, para cobrar este Reino, que con sus Armas adquiere mi padre el Gran Saladino, que en esos Orbes Celestes, a par de Mahoma, pisa al Firmamento los ejes: y otro, de que los Cristianos, sobre Prolemaida vienen, no obstante estar en Europa su Rey Juan de Breña, ausente, sabiendo que a tus conjuros, nominas, y caracteres, los espíritus inmundos del negro Abismo obedecen, quiero que a mis ruegos, uno de tus familiares fuerjes, que traiga de esas facciones las noticias, tan en breve, como a su reparo importa, y a mi decoro conviene, en tan grande obligación, Príncipe está, que sucede a un gran Rey, como a mi padre no para desvanecerme de ser su hijo, si no para advertir que me deje la obligación de imitarle, vinculada al sucederle. Ya sabes, que entre nosotros son los conjuros frecuentes, y que ningún hecho de Armas nuestros Anales contienen, donde estás supersticiones, y mágicas no so encuentren; ni Pormás faltaran de esta guerra, que celebren a Ismen, cuando sus hechizos entre sus facciones teje; pero de esto hay visto tanto, que no quisiera ponerme, a que alguno. . No prosigas; que yo no hallo inconvenientes, siendo usada entre nosotros la negra ciencia, en que verse puedan muchas veces, cosas, que sucedan muchas veces. Pues echa esa salva, siendo cierto, que mejor se cree a la vista, que al oído, mejor es que te revelen tus ojos primero cuanto en Proleaida acontece; porque si es mal, tú de sola tu curiosidad te quejes: Espíritus, que oprimidos, . a mi conjuro obedientes, al aire le vestis bultos de imaginarias especies, a este asunto vuestras sombras, negras fantasmas condensen. Ya obedecemos. s, Soldados, llegad recatadamente, pisando a la noche tantas arrastradas lóbregueces. Esta es la Tienda, y supuesto, que los Griegos siempre infieles a los designios Cristianos, este cuartel, que defienden, nos franquean; porque el oro, en ellos, a la Fevence: ya que seña, contraseña, y nombre también adquiere de ellos mi industria, y aún ellos la retirada me ofrecen: lograd la ocasión, que hermosa está! qué mucho? si duerme, y ya la miro infeliz, que son los dos accidentes, en que estar las hermosuras, con mayor perfección suelen. Que poco Erminia viniera a prenderla, si supiese su origen, mas no es posible que haya quien se le revele. 1. Qué hacemos pues? Ea, llegad, Qué hacéis traidores Infieles? Llevarte, donde del sueño a ser infeliz despiertes. Socorro. . Traición, traición Repetid confusamente; porque las tropas de escolta a herir por dos partes entren. Traición, traición. Arma, arma. Divinos Cielos, valedme. Ya los nuestros les envisten, porque más se desordenen con la noche, y con el arma; los Griegos por sus cuarteles nos dan paso franco, amigos, muera el que le defendiere. Traición. . Arma. Hacia aquí suena el rumor, ea valientes Caballeros, a rebato, y sígame el que pudiere. . En defensa de la Reina, Templarios, la furia emplee vuestro valor invencible. . Esperad viles rubeldes. Qué es esto Señor? . Esto es, que aunque a mis Armas aumente esta prisión, tantos triunfos; de suerte pudo ofenderme de los Griegos la traición, que intentaba darles muerte a todos; bella Cristiana, perdona; si acaso eres, cómo te he visto, que ya mis rendimientos correses, aún lo que es fortuna mía, por desgracia tuya sienten. Ya que del Alba los tibios crepúsculos amanecen, mira también, lo que ahora pasa en la amena, la fértil Playa de Nápoles, donde mil Príncipes excelentes, a toda la Cristiandad concurren para ofenderte. El Gran Federico, viva, Emperador de Occidente. Viva, y Violante su esposa ciña inmortales laureles. Dando de sus dos manos el nudo, que se estreche, eslabones de fuego, a vínculos de nieve. Gran Rey de Jerusalén, pues su Imperio te compete, habiendo ajustado el Papa, que capitulado quedes con mi hija. . Cielos que escucho! La causa de Dios defiendes, y tu Reino; ya te espera tal población de Bajeles, que en sus buques, y sus bultos, el golfo nos desparecen: Este Estandarte bendito manda el Papa, que te entregue; porque en él la mejor prenda del feliz suceso lleves; todos estamos cruzados, qué aguardamos, que impacientes no nos embarcamos, donde las quillas, las ondas quiebren? Antes de tomarle, oíd Príncipes, que estáis presentes: En este Sacro Estandarte hago a Dios voto solemne, que de la futura esposa, la blanca mano no llegue a tocar, sin que descalzo, las sagradas puertas entre de Jerusalén, ha donde las huellas de Cristo bese, y sin coronar de Cruces sus sagrados capiteles. Amigos, al mar, al mar, que la religión ardiente, piensa, que al Cielo se hurta todo el tiempo, que se pierde. A embárcar, y en esa Cruz juren todos no volverse a Europa, sin que el Sepulcro quede en poder de los Fieles. Si jurarán, pues a todos un santo furor enciende. Si juramos. De rodillas, vuestra devoción venere la Sacra Insignia de Cristo, que al aire ofrezco tres veces. Si adoramos. A embárcar, diciendo en salvas alegres, la Fé viva. . Y Federico, Emperador de Occidente. Ay de mi infeliz! qué he visto Lo que quisiste, que hiciese visible, y aún estas sombras, que al aire se desvanecen, para que el rumor te dure, los ecos lejanos suenen. Que tan cerca de mi amor los áspides estuviesen de los celos, enemigas fieras, sospechas crueles, que al alma, y a la memoria sois ensortijadas sierpes. JORNADA SEGUNDA , . (mio,

JORNADA SEGUNDA

Acuérdame, memoria, el dolor y exhalaré mi pena en mis suspiros. De Jerusalén las Torres, del tiempo padrón antiguo, de Arabes Lunas corona el Gran Soldan Saladino. (tiempo La esfera del aire, a un rompen, y pueblan gemidos de Cristianos, cuando pierden el gran Sepulcro de Cristo. Acuerdame,, Desde aquí, señor, oculto verla podrás. No hagas ruido, que aún juzgo, que a lo que veo, me estorba lo que respiro. Vuestra Majestad, señora; no solo su ánimo invicto desluce con su dolor, mas deja en él ofendido el respeto del Soldan, que atento, cortés, y fino, procura, ya que no puede olvidarlo, disuadirlo. Mal conviene lo afectado de lo cortés, y rendido, con haber amenazado mi vida, si vengativo el Ejército Cristiano prosiguiese en sus designios, asaltando a Nazaret. Ay Iimen! tú me has perdido con aquella industria. . Fue militar ardid preciso. Con suélate, Gran Señora, viendo que está Federico tu esposo sobre esa Plaza, y Ejército tan lúcico, dudo, caso, que no logre el todo de sus designios, en tu libertad, al menos, conseguirá algún partido. No es esa, Erminia, mi pena, que solamente me aflijo de estar hoy en Nazareth, donde profanada miro la Casa, en que le anunció a María el Paraninfo la Encarnación Misteriosa del Verbo Sacro Divino; y el mismo Sagrado Albergue; el umbral, y el techo mismo, donde lo más de su vida habitaron Madre, y Hijo; mas tu ignoras el misterio. Le ignoro, pero le admiro, con tal ternura, señora, que atenta a vuestros conflictos, mil veces yo maldiciendo mi valor, me he arrepentido de haberos traído ha ellos. Cómo en ocultos latidos, a Erminia, muda la sangre, da de su origen avisos, (mata, Vete Ismen, que aunque me a hablarla me detérmino. Enternecida, por eso gusté de oír repetido el estrago de la Gran Jerusalén, si examino, que la Música en los males, tan grandes, tan excesivos, solo divertirlos sabe, cuando acompaña a sentirlos, Solo queda de su estrago la memoria en el castigo; pues aún hoy de su cadáver, las rui nas son edificios. Deja el tiempo a la soberbia, en cada ruina un aviso; porque de tan grande estrago, aún el temor es indicio. Perdonadme, que yo llegue a estorbar, lo divertido de vuestras ansias, señora; que habiendo notado, y visto, que en fin es dolor el que os récrea compasivo, ya que no puedo evitarlo; me he resuelto a interrumpirlo. Guarde a vuestra Majestad el Cielo félices siglos: No sé si muestre al Soldan, que sus ansias he entendido: pero si a su atrevimiento es imposible el castigo, culpe que ignoro, y no llegue a presumir, que permito, que un enojo desarmado, añade a la ofensa brío; y en mí le pondrá el saberlo, en la senda de decirlo; no sea, pues, mi entendimiento cómplice en su desatino, que tiemblo yo a mi razón, y estoy cobarde conmigo: o como el ser Grandes, es fortuna aún en los delitos! Qué tiemble yo a una mujer! La Letana conmigo vaya, que en esto de espía lo peor es lo perdido; pues bien dice el nombre, cuanto es arriesgado el oficio, (llaneza No he visto mejor de entrarse dentro; oye amigo, salga fuera del jardín, piensa que es esto baldio? No vi jardín de Comedia; que hasta hoy haya tenido quien le guarde. . Vaya fuera, que está dentro de este sitio el Soldan. . Todos cabemos, El desenfado es muy lindo, vaya fuera, o por Mahoma. Sois un Morillo atrevido; con un hombre como yo os metéis? . Señor, suplico a vuestra, que se yo qué, que no sé lo que me digo; él sin duda tiene entrada, pues responde tan altivo. En los Palacios no hay cosa como ser introducido: vive Dios, que este ha pensado que soy algo. Preveniros quisiera. . Callad. Qué es eso? Mal hayan, amen, mis gritos, que está aquí el Soldan, hoy muero, hay mi pesquezo querido, que de inflamación de esparto, te amenaza un garrotillo; yo no escurro el lazo, y tú tendrás lazo escurridizo. Isbella? . Señora, él es. Ya las dos me han conocido. Calla. . Señor, este Moro, hasta tu presencia quiso entrar, advértile yo; y él. . Mira, que a tu servicio importa, señor, este hombre, que es espía, que yo envío a los Cristianos, y viene a decir lo que ha entendido; disímula por la Reina, que luego hablará conmigo: llégate Adalat, no temas. Erminia al Soldan le ha dicho lo que piensa que soy yo, pues con ella, que soy, finjo de cuatro costados Moro; un poco de él me retiro, porque no sé si a este Perro olerá bien el tocino. De qué te turbas? . Señor, tengo el valor quebradizo, y es tu semblante de hierro, para un ánimo de vidrio. Quien para lo que a fingir, voy me prestará aquel brío, con que miente en su linaje cualquier Hidalgo postizo? De un balcón de vuestro cuarto cayó, señora, este libro de memoria, álcele yo, y mirándole tan rico, conocí luego en la zapa, en su verde pergamino, claveteadas vuestras Armas, dibujo bien exquisito, sin más color, que tachuelas, ni más pincel, que el martillo, conocí ser vuestro; y como advierto, que siempre han sido los secretos de los Reyes, sagrados en el retiro; y que aún es muy peligrosa habilidad, discurrirlos, dije, qué será entenderlos; pues cualquiera que ha sabido sus misterios, trae la vida pendiente de un frágil hilo, que no gustan de temer a nadie, los que temidos deben ser; y si tal vez se declaran, ellos mismos gustan de romper el saco, donde los han escondido; mucho sabe el miedo, pues político moralizó yo con él; pero tal vez alimenta mi capricho, de hojas de libros morales, los gusanos del oído: porque en otras manos no diese: perdonad, si irrito vuestro enojo, que tal vez, fue lo obsequioso atrevido, me resolvia entrar, a donde pudiese restituiros de mi mano vuestra alhaja: tomad, señora, que fío, que de vuestro gusto tenga algún secreto escondido. No es despejado el Soldado? Cortesano es, y ladino. Bien claro se deja ver, que él esta industria ha elegido para hablarme, y la vitela ocultará algún aviso. Alzad, que este libro fue alhaja del gusto mío; y algún día querrá Dios, que yo os premie este servicio. Y en tanto, Adalar, pueda substituir este anillo el hallazgo, que no es bien, que quede, donde yo asisto, deudora su Majestad. Pues tú sola, Isbelia, has sido, la que para que me sirva, de todas mis Damas vino, guárdale, y mira si trae algo en la vítela escrito, y avísame. . Así lo haré. Este si que es artificio, pues él paga mi embajada. Qué es eso que se ha caído? Ay desdichado de mí! nada, señor, San Longinos, no dejéis, que lo culpado se trasluzga en lo amarillo Un retrato es. . No, señor, que yo en mi vida he traído, quien a mi Dama, o a mí dismienta. . Cómo? No es fijo, que es un gran desvergonzado el retrato más pulido? pues no hay ninguno, en que no mienta el Pintor su poquito; y él desmiante cara a cara, en cuanto no es parecido. (gen, Pues que es esto? . Es una ima- que para algunos peligros traigo de mi devoción. El dice mil desatinos. Qué imagen un Sarraceno (do. trae? . Por Dios que estoy perdi- de Federico es la copia, y si él la ve, yo agonizo; retrato es del Zancarrón. Y eso que es? . Buena la hici- por la hebra del pernil (mos, sacán ahora el ovillo, de que soy Cristiano rancio. Pérnil, y bota de vino trae, sin duda es Renegado. Mientes perro, vive Cristo. Cómo Cristo, siendo Moro? Yo he echado por esos trigos: perdona, señor, que estoy hecho a andar en mi ejércicio, fingiendo que soy Cristiano; y así, tengo pegadizos sus votos. . Y el vino? . Sí, que a sus Soldados convido con él, y es el garabato con que sus secretos pillo. (ro. Suelta ese retrato. . Hoy mue Más Cielos, qué es lo que he visto! como del Emperador traes el retrato? . qué he oído? mira en ese libro Isbella, a cuyo secreto fío el retrato de mi esposo, si viene en él. No le miro. Pues como, bárbaro, tú, a ocultar, te has atrevido, quizá por lo codicioso, de los luminosos visos de sus diamantes, retrato, que dentro del mismo libro que me das, iba? . Señora, por Dios, que estoy aturdido, que cuando mienten las Reinas, mienten con tal señorio, que nos mandan no dudarlo, cuanto más contradecirlo: por dársele yo al Soldan, pensando, que así le sirvo, (tráguese está) le ocultaba, perdón a tus plantas pido. Perdón traidor? la disculpa me ofonde más, quien te ha dicho, que había de recibir el Soldan, lo que yo estimo tanto? y si él le recibiera, quien ha creer te ha inducido, que yo por cobrarle, no supiera a los mismos filos, que más que para defensa, hoy para decoro ciño? Señora. . Templala. Qué supierais? . Destituiros de mí, dándome la muerte, sin que intentéis presumido, como en mi vida, tener en mi decoro dominio. Que haya de ser fuerza, Cielos, que habiendo ya conseguido de mi enemigo el retrato, haya de restituirlo, tercero yo de mis celos, mas es fuerza, si averiguo, que estando ella en mi poder, fuera muy mal parecido, usar de lo Soberano, para acreditar lo fino. No, señora, os irritéis, que el Soldan nunca ha sabido, mas que hacer lo más heroico, habiendo solo aprendido de su padre a vencer Reyes, y conducirlos Cautivos, no había de tener ahora por triunfo a sus Armas digno, hurtar pintado un Monarca, quien le espera vencer vivo. Soberano me hizo Alá, y Alá Soberana os hizo, caracter, que nunca pueden borrar los hados esquivos; y aún sin la parte de Dama, nunca supiera mi brío quitar decoros Reales a los Monarcas vencidos, porque quito a mi victoria, la grandeza que les quito, El señor Emperador, que esposo habéis elegido, lidia con un gran Monarca; y habiendo de competirnos, fortuna es de la desgracia, ser heroico el enemigo; a su esposa, y su retrato, que están en el poder mío, sabe tratar el Soldan con el respeto debido: venerar a mi contrario, es vencerme yo a mí mismo; y mal le resistiré a él, si a mí no me resisto. Tomad, señora, el retrato, y admitidme el sacrificio, de ser yo quien os le dé, siendo forzoso sentirlo; y como cualquiera así;, por más que otro se ha tenido, no os admiréis, que yo crea, de mi altivez persuadido, que más hago yo en vencerme, que en vencer a Federico. Gallarda acción habéis hecho. Deja Erminia de decirlo, que de una acción contra el alma, aún el aplauso, es martirio. Oh Sangre Real, y cuanto con tus influjos benignos, aún a los bárbaros pechos dictas heroicos latidos! creed, que de esta fineza, cuanto yo puedo, me obligo. Dichas hay muy infelices; pues siento lo agradecido. Por qué, si vos lo habéis hecho, por obligar mi desvío? Porque agradecéis aquello, en que me mata el serviros. Con todo, ya que al Soldado vos habéis dado el anillo del libro en hallazgo, yo, si vos me dieréis permiso, en hallazgo del retrato, darle también detérmino esta joya: dentro va . . mi retrato, si has traído alguna noticia, vuelve a estos jardines floridos por la respuesta. . Si haré, También yo licencia os pido (vo? de rescatarle esa joya a ese hombre. . Por qué moti- Caz, ya está estotro retrato para dar otro estallido. No es bien, que una joya vuestra esté en poder de un indigno, Eso es honrarme, (cio Mirad, cuan contra el vuestro, es mi jui- que al digno no se la diera; pues si mejor lo examino, prendas de las hermosuras, que dio el garbo, y no el cariño, mejor que en los sospechosos, están en los abatidos. Yo fui quien os dio el retrato, y era regular estalo darme a mí este ballazgo. . Bien decís, yo erré, hados impíos, por librar los dos retratos, a qué pactos no me rindo: tomad de hallazgo esta joya. Perdonad, que no me animo a tanto. . La del Soldado, rescatar no habéis querido? Sí, más no de vuestra mano, pues son extremos distintos, tomar un amante dones, o rescatar desperdicios. Ser de mi mano, le añade de estimación otro indicio. Quitad lo rico al favor, veréis como le recibo. Pues creéis vos, que yo os diera lo estimable, sin lo rico? Y vos con lo generoso, creísteis ganar lo fino? favor en dadiva envuelto, no es para mi favor digno; pues me dejaréis pagado, pero no favorecido. Del retrato de mi esposo, mal, señor, habéis creído quedar pagado con esto; tomadle, pues que yo os fío, que aún os quedo muy deudora, según lo que yo le estimo. No prosigáis, que os lo creo, solamente por no oírlo, y por no hacer de mis penas cómplices a mis oídos; y mirad, cual es, señora; lo extraño de mi capricho, que de que no agradezcáis, os quedaré ngradecido. La joya no ha de volver a mi mano, habiendo sido dividida para vos. Pues yo en no tomarla insisto, que no vendo mis acciones. Por haberosla ofrecido, lo que me toca es dejarla, . Y a mi cortés, y rendido, alzarla, con el respeto, con que tanta fe os dedico. Después que yo la arrojé la tomáis vos? . Sí, pues miro, que hay diferencia en hallarla, o tomarla por mi arbitrio, que sabiendo que fue vuestra, no fuera atento designio dejarla en el suelo, joya, que vos hubieráis perdido, u desechado, era solo, si vuestro dictamen sigo, de una Dama vuestra; y pues otra más cerca no he visto, tomad esa joya vos; Y aunque valor excesivo le dan Orientales perlas, que cuajó en conchas el Nilo: perdonad, que no es posible pájaros la que atrevido llevo, porque es de Violante, y no hay precio a lo infinito. Viváis, señor, mil edades. Contaré lo sucedido todo al César; mucho traigo Erminia, que hablar contigo, luego volveré al jardín, dale orden a ese Morillo, de que pueda yo entrar siempre. Así lo haré. . Mozo, el vino y el tocino trae, verás como los dos engullimos, con el callate, y callemos. Unatápico, y callapico. Mucho el Bárbaro me cansa. Por qué, si antes tu desvío tanto le ultraja? . Ay Isbella! eso dices, quien te ha dicho, que la costa de mi enojo, sacará yo en su castigo? Ya, señora, va la noche cubriendo de sus zaphiros la Esfera; y pues de esta Plaza, el Cabo soy, y el Caudillo, a pediros vengo el nombre, Aunque siempre se ha tenido el tiempo, que prisionera del Soldan la tierra habito, ese decoro, a mi ser, no me atrevo hoy a admitirlo, así porque está presente vuestro Rey, de quien yo he sido prisionera, como por estar Ejército mío sobre, la Plaza, y así, a usar ahora no me inclinó tal confianza. . Señora, mi respeto es siempre el mismo, y vos sois siempre quien sois; en mi Reino os he asistido, como a huéspeda, y así no alteraréis el estilo, de que habiendo Real persona, se haga el obsequio debido de pedirle el nombre. . Puesto que el darle en vano resisto, llegad: Federico es el nombre, es la seña, desvarío, la contraseña, venganza, su atrevimiento, así explico; ya le he dado a Ismen el nombre, y a vos os he respondido. . Me ha respondido; pues qué Ismen, fue lo que te dijo? Por contra seña, venganza, y por nombre, Federico, me lo desvarío por seña. y seña es desvarío; Federico, y vengarza; en nada me han reprimido, No sé, señor, si lo aciertas, poniendo en el albedrío de la Reina, seña, y nombre, que aunque es cortesano arbitrio, teniendo sobre nosotros ese Ejército vecino puede. . Calla, no lo digas, que me ofenderé de oírlo. Yo hago aquí como quien soy, de Violante no imagino, que se valga en su favor de lo que yn le confio; a niigún Cristiano puede palar, prespor qué camino puede revelar el nombre, y más en esto te afirmo, que aunque de ella no fiara, no faltara a este rendido primor, mas por otra parte, cautelara este peligro. Mira, señor, por tu Reino, el Emperador altivo te conquistó a Prolemaida, expugnó a Sidon, y Tiro; Tiberiades, y el mar de Jenazareth umbríos, se ven, cubriendo sus muros los Estandartes Latinos, Traer hiciste a Violante, a Nazareta, por ser sitio mas fuerte, y en su demanda, a sitiarla el César vino, junto a Nazaretfurioso, tu Ejército ayer deshizo, Encerrástete en la Plaza, pero con ánimo, invicto la asaltaba, cuando yo su fiero orgullo reprimo; diciendo, que si adelante prosiguiese vengativo, haría, que Violante. . Ay triste! La vida diese a un cuchillo; con este temor su gente, desde ayer se ha suspendido, y pues estás esperando, que lleguen tropas de Egipto, para hacer último esfuerzo, deja, señor, lo remiso, deja lo amoroso, y deja entre lo ardiente, lo tibio; y sirva el tener la Reina, para hacer con buen partido la paz. . Ay Iimén! no digas eso; porque solo vivo, pensando, que no se casa, en cuanto dura el prolijo cautiverio; y pues ya hice de su voluntad destino, no me aconsejes, que no hay mas razón en mi delirio, que el que mis suspiros hagan los alientos, parasismos, 2. Dadnos las plantas, Príncipes gloriosos. 2. Res, Bien venidos, Maestres valerosos, Cómo fue en la jornada? La tierra, Gran Señor, dejo talada, sus panes destruidos, y todos sus forrajes consumidos. Saqueadas dejo cuantas caserias, garzotas fueron de las ondas frías, en la raya del mar de Galilea, sin que en su margen población se vea, donde no encuentre en su difunta gloria, ruinas la vista, horrores la memoria. En el Monte Tabor se resistieron los Arabes bándidos, que vivieron el verde corazón de las montañas, por alma de sus concabas entrañas; pues desmontados de los brutos fieros, mis Teutónicos, nobles Caballeros, todas las faldas del Tabor sembraron de cuerpos, cuyas vidas derramaron, y en cuyos siempre fértiles errores, se siembran muertes a nacer horrores. La cumbre del Hermón, verde Atalaya de los dos Mares, cuya espuma raya su falda, y como tanto se dilata, verdes coturnos le bordó de plata, fue resugio a los Turcos fugitivos, que cadaveres vivos, en su verde maraña, se vistieron por tumba la montaña. Poblé en esta conquista, cumbre, y falda de Cruces del Baptista; que cuanto en ella vejetable hallaron, a un tiempo enrojecieron, y nevaron, La sangre allí vertida, que de almas racionales producida, vidas de racionales fomentaba, en su riego los troncos fecundaba, y en sus purpúreas olas fugitivas, almas fertilizó vejetativas; y así el coral ardiente, no perdió en lo vertido, lo viviente, Nada consuela mi dolor, amigos, pues todos sois de mi aficción testigos, y fieles compañeros, sed del remedio sabios consejeros. Después de triunfos, y victorias tantas, como habéis puesto todos a mis plantas, que cualquiera facción sin vanagloria, desde que fue designio, fue victoria, Hoy somos victoriosos, y vencidos, a la razón rendidos, y a un heroico temor de piedad lleno, los Campos de Esdrelón, sepulcro ameno, fueron tres días ha, de los Gitanos, que condujo el Soldan, y vuestras manos, de sus bárbaras venas, desataron otro Mar rojo, donde se anegaron. Sitiele a Nazarcih, en cuyo centro la Emperatriz mi esposa estaba, y dentro el Soldan, de la rota se guarece; y cuando me parece, que en la empresa que sigo, los dos intentos de una vez consigo. El Bárbaro inhumano, fiero, aleve, y tirano, amenaza su vida, si no cesa mi aliento de seguir la heroica empresa. Una vida ha podido hacer, que venza a todos el vencido; pero una vida tal, que al sentimiento, todas las nuestras penden de su aliento, Tres meses ha, que triunfo en Palestina; cuatro ha que su belleza peregrina, cautiverio padeces qué tesoros al Bárbaro no ofrece por su rescate liberal mi mano? Qué medios antes no dispuse en vano, teniendo a vista de los coligados, mi poder, y mi amor tan desairados? Padre, señor, amigos, compañeros, Príncipes, y Maestres, Caballeros, en un oculto medio tengo cifrado el último remedio de libertar mi esposa, de Dios la diestra todo poderosa; es quien da las victorias de su manos pues qué puede sin él, poder humano? La tierra que pisamos, con sus milagros consagrada hallamos, con sus pasos está santificada, bien, que de los Infieles profanada; aquí no puedo más, que al persuadiros, quiebro para un acento, mil suspiros. De Nazareth las Torres predominan, los Campos de Esdrelón, donde terminan de Gelboé los Montes, cuya altura, fue de Saul infausta sepultura; y en quien solo, según mustios se ofrecen, las maldiciones de David florecen. Aquí está aquella antigua Palma, aquella donde al Pueblo de Dios, Débora bella, Profética juzgaba prodigiosa, y en su verde campaña deliciosa, con su soberbio Ejército lucido, Sísara por Barac quedó vencido. Aquí está aquella Iglesia celebrada, que fue por Santa Elena edificada, donde para comer Chisto los granos, las espigas deshizo con sus manos. Leopoldo; primo, pues que tú has tenido por cuartel este Campo, aquí te pido, que con tu Religión estés orando, y este suceso a Dios encomendando; a la parte de Oriente, levantado del precipicio está el Monte Sagrado, donde arrojar a Cristo pretendieron, de Nazareth los pérfidos, que vieron, que en su Patria prodigios no quería hacera aquí una Hermita de María está arruinada, y puesto que su llano es tu cuartel (oh Alfonso Lusitano) en ella estén piadosos todos tus Caballeros Religiosos, pidiendo a Dios el buen suceso mío, que de vosotros, no de mí, confío. Gerardo, vuestra Religión Sagrada, toda esté en emboscada, y de Capharnaún, junto a la puerta, por si la empresa me saliere incierta; y al infiel, en su industria mal seguro, armas falsas le den por todo el muro, menos por esta parte que ocupares; Tú, señor, si escuchares rumor de escaramuza, o de reencuentro; con la gente de Europa ve al encuentro, a dar calor a los Templarios; todos estén por varios modos, unos en Oración, y otros lidiando, las piedades del Cielo sobornando. Al Alba, pues, toda la gente mía, reciba la Sagrada Eucharistia, pienda mayor de todas las venturas, que ofrece Dios seguras, y montados, y armados, hagan alto, tomando puestos para dar asalto. El Cielo te conceda la victoria, viéndote tan celoso de su gloria; porque en el Trono de Salem Sagrado; con tu esposa, y mi hija Coronado, las traiciones cruelos castigues de los Griegos; pues infieles, al Bárbaro tu esposa le entregaron: mas cuando ellos traiciones no abrigaron? Yo voy a dar el orden, de que osados, mis Caballeros todos esforzados, se armen a la facción. . Ya te obedezco. Solo a servirte mi lealtad ofrezco. . Gracias a Dios que llegué. Seas Hugo bien llegado. Dirás bien resucitado, pues la muerte me tragué; oye, que ya te desbucha mi celo, mi comisión, en forma de relación, sin darte con él, escucha. Di, señor, tu aviso fiel a la Reina mí señora, en cuya respuesta, ahora traigo suyo este papel, que franqueándome un mastín el Jardín, que quise ver, me le dejaron caer por la reja del jardín. Este retrato me dio suyo, en esta joya bella, yo te contaré con ella, lo que al Soldan le pasó, cuando tengamos lugar. Ya he leido sus renglones, mira luego a que te expones, pues de ti quiero fiar, no tan solo mi persona, sino también, fino amante, la libertad de Violante, y el honor de mi Corona. Ay, señor, voyme de aquí, que todo ese confiar, en bien no puede parar, pues no cabe tanto en mí. A Violante la avisé, que esta noche me esperase, que de hombre se disfrazase, y aquí me responde, que de todo está prevenida; todo en esto se interesa, puesto que toda la empresa nos suspenden con su vida: pues ni puedo proseguir, ni su persona librar, ni el Sepulcro restaurar de Cristo, he de conseguir, no arriesgando mi persona; y en tanta necesidad, perdone la autoridad, y perdone la Corona; pues dentro puedes entrar, ya que Moro te has fingido tú también desconocido, contigo me has de llevar; la dificultad infiero, que es desfigurarme a mí; pues no es posible, que aquí falte, o algún prisionero, que me hubiese conocido, o muchos, y menos fío; de tanto retrato mío, como la fama ha esparcido. Sí, señor, en caso tal, que parece impropio, digo, que el Ejército Enemigo, no conozca al General nuestro con quien han estado por fuerza mil prisioneros; y aunque no haya mensajeros, mil Trompetas han hablado en los canjes de estos días, y en cualquiera cosa urgente, es fuerza que entre su gente anden también las espías: Paso es, que si le pusiera el ingenio con descoco, aún en Comedia, tampoco faltara quien le mordiera. Digo, pues, que cuanto a entrar en Nazareth, tu conmigo, cosa es a que yo me obligo, sin que haya en que reparar, como entres desconocido. Para esta dificultad, oye una curiosidad, que el ingenio me ha ofrecidos hombres lomos ha dos haces, los que vivimos espías, que andamos todos los días trocándonos en disfraces. En los aurcos Religión es, que el Papaz mesurado, el rostro traiga aselpado, y emboscado en lo barbón. Hay uno, que con aliño, hace bravas barbas rizas, y esconde en barbas postizas indecoros de lampiño. Su habilidad, de manera esté oculta, que se fía de pocos; hizome un día una barba, y cabellera, para disfrazarme yo, y es por lo que extraño está, porque postiza, quizá, otra en Suria no se halló; porque si muchas se hicieran, era arriesgado, pues toco, que valiera el disfraz poco, si comunes anduvieran. Tiempo vendrá, porque asombre, que no admita estos engaños, pues de aquí a quinientos años no habrá calvo ningún hombre. Esto es fuerza, que yo escoja, porque más la industria cuadre, pues a ti, a tu avuelo, y padre, os llamaron Barbarroja, por el dorado color del rubio pelo Alemán; pues como conocerán, que eres el Emperador, si barbinegro te vuelves? Y depuesto tu decoro, en Egipcio traje, o Moro, conmigo a entrar te resuelves? y más si me solemnizas, que en el tiempo que nos cabe, apenas alguno sabe, que hay tales cosas postizas. Ven, pues si se logra el caso, tengo para la salida buena escolta prevenida, que nos asegure el paso, sin que lo pueda culpar, quien a honor, y amor atiende, que en lo mucho que se emprende, mucho se debe arriesgar. No os canséis, Gobernador, que daros nombre no intento hoy. . Señora, reparad. Nada reparo, . Qué es esto? Su Majestad se ha empeñado, su antigua opinión siguiendo, de que hoy no ha de dar el nombre. No sé, señora, en que os debo, hasta el esquivo rigor, de no admitir mis obsequios, y más este, que ya toca en querer vuestro despego, hacerme desconfiado, por desmentirme lo atento, Siempre, señor, he admitido este militar cortejo; hoy he hecho este capricho, y he de salir con mi empeño por vida del César. . Basta, no digáis más, que lo creo; porque a jurar no volváis, y replicaros no quiero, por no ver cuanta es en vos la fe de ese juramento: llega Ismen, y pues que yo de su Majestad no celo el nombre que da, tampoco quiero yo darle secreto: Federico el nombre; amor, seña, y contraseña, celos; ya también he dado el nombre, y os he respondido en esto. . A distribuirle voy en los Cabos, y los puestos: ay Soldan, mas a tu amor, que a tus enemigos temo! Qué es esto, señora? . Es irse, al parecer, disponiendo todo en mi favor, Isbella. Al Emperador espero esta noche, y cuando yo, materia de estado he hecho no dar el nombre; porque era indigno de mi esfuerzo engañar, a quien de mí confía, procura crego el Soldan, por explicarme su amoroso debaneo, en cifra, que le oiga yo; y puesto que usarle puedo; jamás menos enfadoso, ha sido su atrevimiento. Ven a mudarme este traje, que no hay decencia en los riesgos; y porque antes de lograrse, no puedan echarme menos en mi Cámara, porque a ella no entren, dirás, que ya quedo recogida. . Así lo haré, Que estaba borracho, pienso, Mahoma cuando vedó el zumo de los sarmientos; Adalar me dio esta bota ayer, donde me recreo, de destilación de mosto, rellenándome el pellejo. Pez con pez está la bota, y como de Erminia tengo orden para abrirle, y dijo que hoy vendría en anocheciendo, trayendo a mí sed mosquita refacción, para refresco; a la puerta con la bota, puntual a esperarle vengo; ya llaman, quién es? . Yo soy. Y quién es yo soy? . Quién, ego. Y quién ego es? . Vino blanco, que se avinagra de añejo. Hablaras para mañana, hombre, y a tienes abierto, que dos sentidos confortas con el tufo, y con el eco. Bien hasta aquí ha sucedido. Desde aquí adelante es ello. Qué hay Adalar, quien contigo viene? . No es de cumplimiento Ametillo, es un criado, que te trae el refrigerio oculto, que yo no había de venir por mi respeto cargado con él. . Bien dices. Oyes, sabes qué sospecho? Qué? . Que venderse podía en Bótica tu resuello. Por qué? . Basta el olorcillo a rosucitar un muerto. Has de detenerte mucho? Tengo que hablar en secreto con Erminia, y hasta que baje ella a este sitio ameno, la he de esperar. . Largo va; pues por si acaso me duermo, que suele el sueño llamarme a guiñadas cuando bebo, en la misma cerradura esta llave puesta dejo; cierra al salir, y podrás volver a arrojarla luego por debajo de la puerta, la hallaré en amaneciendo; porque más que nuestras llaves, guarda estos sitios el miedo. . Ea, señor, lo que a mi pudo tocarme, es entrarte dentro; qué quieres hacer ahora? Hugo, mi primer intento fue, que buscases industria para entrar donde me veo; avisé a la Reina, que estuviera en este puesto a la fuga prevenida, para estás tapias, trayendo escalas de cuerda ocultas, que arrojadas con arpeos, para entrar, y salir sirva, ya que la suerte ha dispuesto, que aquí por la puerta entramos, y que por ella podemos salir; yo le di por seña, que me tremolase un lienzo blanco, que aún a las tinieblas concede algunos reflejos, si salimos del jardín, salir de la Plaza espero; pues por eso a los Templarios mandé, que en sirios diversos, diesen rebato, con que siendo fuerza salir luego al Campo, del Muro, alguna partida a reconocerlos, fácil es a lengua, y traje, que con ellos nos mezclemos, para salir, y tocando por todas partes, es cierto, que es lo natural que salgan, puertas, y rastrillo abriendo, por donde no suena el arma, que es por la puerta en que dejo para abrigarnos allí, emboscado con el grueso de sus tropas, a Gerardo. Todo está muy bien dispuesto si sucede como pintas, que aunque tome bien los puestos la prevención, sabe el diablo dejar algún abujero, por donde hacia otro camino, suele verterse el suceso. Tú, que el jardín sabes, mira si la hallas; pues suponiendo, que yo he des reconocerla, y que ignoro todo el centro del frondoso, verde, y vario laberinto de su enredo, no me moveré de aquí, porque no me pierdas. . Bueno: no es fácil, que tú te pierdas, si andas conmigo; pues veo, que te hizo Dios boquirrubio, y te hice yo pelínegro. . Con qué susto está el dolor, hasta vencer; en el pecho no puede ya el corazón sufrir a mí mismo aliento. Temeridad fue arriesgarse en mi persona el Imperio; mas temeridad fue justa, que no era decente acuerdo, que la vida de Violante tuviese a todos suspensos; y volverme desairado con Ejército tan grueso, no solo sin conseguir, con ánimo, y con esfuerzo, la libertad de mi esposa; mas dejando en cautiverio de mi Redempror Glorioso el Sagrado Monumento. Dirá alguno, que bien pude fiar lo que ahora emprendo a otros Príncipes: verdad es, el arrojo confieso; mas no sufre mi valor, (perdóneme aquí lo Regio) que otro a mi esposa me libre, disculpar puede mi exceso de mi esposa el amor justo, de mi Religión el celo. (coja; Quiero antes que me re- por las rejas, que a este ameno Jardín, de Violante el cuarto tiene, ver si acaso acecho la nieve, de cuyos copos, los ojos traigo sedientos. Un bulto viene hacia allí, si será Hugo, no me atrevo a hablar; mas donde me vea me pondré. . Allí un bulto veo, que se me pone delante, como a embarazar mi intento. No será él, pues no me habla. Quién será, quien tan resuelto se entró hasta aquí, y hacia mí se acerca, así he de saberlo; quién va? . Cielos, aquí ya ocasión, y vida pierdo, pues no es Hugo: qué desdicha! No responde? . Soy de hielo que todo vaya perdido. Ya me falta el sufrimiento, muera, pues. . De las palabras, solo a las obras apelo. Diga quién es. Federico, Valor, ya estoy descubierto: en que fatal ocasión me fue a nombrar este necio. Federico. . Calla. . Dos son ya, y el nombre me dieron, de mis Guardas, serán Cabos, que andan de ronda, supuesto que le saben; pues aquí, yo la autoridad arriesgo, no quiero que me conozcan. . Federico, ya está hecho lo que man daste, y ya baja. El hombre la espalda ha vuelto, desde que me oyó nombrar, qué será? que no lo entiendo; pero de su retirada alguna traición recelo. Ya está aquí la Reina. Eres tú? . Yo soy. Y quién hoy puesto a vuestras plantas, señora, feliz, gustoso, y contento, en los lejos de las dichas, se de sconoce a sí mismo, El César es. . Señor, yo: muerta estoy, a hablar no acierto, que me hace el traje a sus ojos, turbación todo el respeto. No en agradecerme, nada perdamos, señora, el tiempo, que estoy con cierto cuidado; venid a donde logremos coronar de vuestras plantas de Roma el Laurel Supremo, Por si encontraremos ronda, el nombre, señor, prevengo, Federico. . Ya conozco, porque el Turco, que resuelto me acometió, se ausentó al oírle; o como es cierto, que favorece su causa por oculta senda el Cielo. Quién creerá, que a mi valor, le pone mi traje miedo? Y como en una Comedia, creyerán los Mosqueteros, que hay en Graciosos valor, ni habilidad para esto? Qué horror! qué asombro! Qué extraña admiración! qué portento es este? Cielos! parece, que caduca el Universo, Arma, arma, guerra, guerra. Qué confusiones padezco! Soldados, Ismen. Señor, prodigios toda, y agüeros, es la noche, y todo el Orbe se está al susto estremeciendo. La Casa, que los Cristianos aquí adoraban, diciendo, según su Ley, que fue en ella la Encarnación de su Verbo, y que su Dios, y su Madre, en su habitación vivieron; en medio de un terrémoto, arrancada de cimientos, entera a región extraña volando va por el viento. Apenas este prodigio conocimos, cuando dieron arma por diversas partes, y confundidos los ecos, de terremotos, y cajas, duran al aire, diciendo. . Arma, arma, guerra, guerra. Qué horror! qué pasmo! qué miedo! Y no solo en eso paran las desdichas, pues saliendo partidas por diferentes puertas a reconocerlos, de la de Capharnaún tres hombres se dividieron, y llegaron por seguirles a una emboscada los nuestros, donde a Violante aclamaron, luego que los recibieron, y a toda brida cargados, volvieron pocos, y de ellos sabida la aclamación, a Violante echamos menos; confirmándolo el mirar todos a espacio pequeño, que el rebato en general asalto, van convirtiendo. Hay más desdichas fortunal Astros, templad lo severo del influjo, que no cabe en mi paciencia lo adverso. Ea, no embaraces, señor, con las quejas el remedio, a resistir el asalto. A hacer el último esfuerzo. Ya no hay que perder, amigos, después que a Violante pierdo, (muro. 2. Vamos. . Arma, guerra, al , ̱s, Amigos, pues, ya tenemos a vuestra Reina, al asalto; Su venida celebremos con la toma de la Plaza, entrada ya, a sangre, y fuego. Ya mi presencia os anima. Escalen mis Caballeros el muro por esta parte. A escala vista asaltemos . por esta parte, a pesar de los volantes incendios, que ilueve, el muro. . La punta de este rebellín soberbio, en honor de su venida, coronaré yo el primero de las Teutónicas Cruces. En los de San Juan me mezclo, que ninguno ha reparado en el ardor del empeño, si es igual el que a su lado va a socorrerle en un riesgo. Turcos, Egipcios, aquí. Arabes, ve de que defiendo yo el muro. . A darles calor con todo el grueso estaremos aquí. . Barran la muralla primero nuestros Flecheros. Por esta parte un Cristiano subió. . Testigos los Cielos sean, de que el primero soy que conseguir debe el premio de la Corona mural. Soldados, hacia este puesto, que nos entran. . Leopoldo es, Caballeros, socorredlo, que está solo sobre el muro. Soldados, vuestro ardimiento me socorra, porque todo el poder del Sarraceno carga sobre mí. . Aunque hacen todo cuanto pueden, vemos, que nadie puede fubir. No hay quién me socorra, Cielos? La fuerza aquí del asalto sea, que está en grande aprieto el Duque de Austria, Soldados. Ya los de San Juan subieron, pero están distantes de él. A quí, amigos. . Socorrerlo quiero en persona. Señor, qué haces? Qué he de hacer, sabiendo, que pierde la vida allí mi mayor amigo, y deudo. Jesus mil veces! . Del muro al campo se arrojó, viendo que estaba solo en la Torre. Hay más infeliz suceso! Victoria por Federico. Ya la victoria no quiero, con tan gran perdida. Dios me ampare. . Primo, qué es esto? Solo me vi en esa Torre, acosado de los fieros Bárbaros; pues por la parte, que yo subí, no pudieron subir otros, maté tantos, que pudo formar mi acero en mi circunvalación, de codaveres un cerco. Y en fin, viéndome perdido de socorro, y no de aliento, me volví a arrojar al campo a tus plantas, donde quedo del golpe, y de la fatiga, ni bien vivo, ni bien muerto. Qué horror! de Bárbara sangre . Soldados, desde esta cumbre rojo está. . Y menor portento no es, que de pies a cabeza, de púrpura esté cubierto, sin que tocase una mancha, ni un leve matiz sangriento a la banda blanca, Amigos, retiradle, donde el lecho le repare, y en memoria de tan heroico trofeo, desde hoy a la Casa de Austria, por augustas Armas dejó, banda bianca, en campo rojó; pues no en vano del suceso de estar intacta la banda, y manchado todo, infiero, que ha de estar intacta en todo a los siglos venideros, la pureza de su Casa, que guarda Dios para centro de la Ferde esta victoria a darle gracias entremos en su patria. Vamos, pues, publicando esos acentos. Vamos, pues al aire dice el clarín en los gorjeos, Victoria por Federico, y Violante, Reyes nuestros. JORNADA TERCERA (aquella

JORNADA TERCERA

Salve Santa Ciudad, salve tú de nuestra Fe Metropolí primera. del Monte Holívete, deja Jerusalén dominarse, no habiendo edificio en ella, que de aquí no se registre. Soldados, de esta eminencia del Monte Sion, en donde mi padre su Corte asienta, para sitiar la Ciudad, se dominan las almenas de Jerusalén. . Sol lados, entre las cumbres soberbias de olivete, y de Sion, la profundidad amena del Valle de Josaphar, se forma de sus laderas, de quien ya en vertientes, que de las cumbres se despeñan, y ya en cisuras de escollos, que brotan undosas venas, el arrojo de cedrón, aún más inunda, que riega. Este es mi cuartel, de aquí las surtidas de la puerta cerraremos, donde fue el Protomartir Estevan muerto, y su sangre rubies hizo a las más brutas piedras. Y pues todo Peregrino, al ver las Torres excelsas de la Santa Ciudad gana tanta su ma de Indulgencias. Pues no hay bárbara Nación del Orbe, que reverencia no haga a sus Torres, y adore la Santa Ciudad al verlas. Pues desde aquí se registran sus piramides supremas. La Música, que en el Culto Divino, en dulces cadencias mi Cápilla inunda. . El Coro, que en mi Cápilla se emplea en los Divinos Oficios. Las cajas, y las trompetas. Hagan salva a sus murallas. Saluden cláusulas tiernas sus muros. . Rompan el aire de nuestro alborozó en muestra. Y en tanto que el Patriarca de Jerusalén, nos echa la bendición. . Repitamos todos, postrados en tierra, (aquella . Aquí, Soldados, se mira Salve Santa Ciudad, salve tú de nuestra fe Metropolí primera. Adorad todos rendidos conmigo, las sacras huellas, que Cristo al subir al Cielo; desde aquesta cumbre impresas dejó aquí, siendo al contacto tierna lamina la piedra. Adorad, desde este monte, el lugar, donde la Cena Sagrada celebró Cristo, dándonos su Cuerpo en ella; Adorad, desde este Valle de Gesetmaní las Huertas, que Cristo regó de sangre, sudando en ansias internas. En este Monte, el lugar está, donde Cristo enseña la Oración Vocal; que al Padre, en el Padre nuestro ruega todo nuestro bien; y aquí se divisa, señor, cerca la Casa de aquel Concilio primero, que nos celebran los Apostoles, en donde el Credo todos ordenan dejando la Fe en catorce proposiciones resuelta. Veneremos desde aquí la que fue primera Iglesia de la Ley de Gracia, donde María Señora nuestra, vivió en perpetua oración, recibiendo su pureza de su Capellan San Juan, aquella cándida oblea, en que el Cuerpo de su Hijo, entre accidentes se cela; porque otra vez, a sus puras Sagradas Entrañas, vuelva. la Sacratísima Cueva donde oró, y entre congojas, el alma en sudor envuelta, en tierra cayó, dejando estampados en la peña pies, y manos, que aún la roca de su angustia, a la terneza, por beberle las estampas, se volvió escollo de cera, La Cueva es esta, señor, donde Dios, la tarde misma, que por la Puerta Dorada, triunfante en la Ciudad entra; al ver la Ciudad lloró, profetizando su adversa ruina: o bondad infinita! o luma piedad immensa, que aún lágrimas el castigo de los protervos te cuesta! De Salomón, y David, entre las ruinas deshechas, del Alcazar de Sion, de quien solo estragos quedan, se ven allí los Sepulcros. En esta fuente risueña, que al baño de Siloé fugitivas aguas lleva, la Emperatriz de los Cielos lavó, con suma pobreza, y suma humildad, sus paños. Ya desde aquí se venera el lugar, donde a María, de los Serafines Reina, el Arcángel San Gabriel, dio una hermosa palma, en seña del purísimo candor; porque con ella pudiera entrar triunfante en la Gloria, anunciando su grandeza el tránsito Celestial a las Sagradas Esferas. Del Calvario se descubre de aquí, la cumbre, que excelsa fue a Dios el mayor Altar, para la mayor Ofrenda. También yo, desde aquí miro; que aún del tiempo se reserva, el Sauco, donde Judas; al fresco se bambolea: despenseros, venid todos, que aquesta reliquia es vuestra. Bárbaro calla, que no es ocasión de chanzas esta. Válgame Dios! pues no basta; que estén los demás de verás? Pues tan Sacras Estaciones, todos desde aquí contemplan. Pues todos desde aquí miran tantas Reliquias diversas. Repita otra vez la salva en numerosa cadencia. . Salve,. Amigos, ya que al tomar a Nazareth, en la fuerza del asalto, el Soldan puso en su fuga su defensa; ya que otra vez le rompimos, y de sus Tropas deshechas, con fugitivas Reliquias, en Jerusalén se encierra. Jerusalén, el asunto de vuestras victorias sea; y el término de tan larga peregrinación, su empresa. Hasta que aquellas agujas coronar de Cruces vea, no he de celebrar mis bodas, a cuya causa la Reina, con su padre dividida, de mi Corte se acuartela. Del Sacro Monte Sion, en aquella cumbre opuesta, en tanto que a visitarla paso, tu Leopoldo ordeña, no solo el acampamiento, sino ataques, y trincheras, desde luego en baterias, herido su muro sienta, de los arietes volantes, la dura acerada testa, a cuyos choques el aire gima, el muro se estremezca; y aún el eco en vagos golpes, el cóncabo espacio hiera. De mis Tropas, General eres, Maestre te ostentas de la Religión Sagrada de María, que se emplea en hospedar Peregrinos, cuya caridad intensa, es su instituto: ninguno las tres Milicias profesa, más práctico del Páis, que tú; pues desde tu tierna edad, diez y seis Campañas militaste en esta guerra. Director, pues, de este sitio serás, todos obedezcan tus ordenes, que las Armas, que en la pasada refriega gan aste a la Casa de Austria, y por timbre tuyo quedan, han de exaltarse esculpidas en una de las seis puertas, que ocupan hoy el recinto de Jerusalén, en prueba de cuanto importó tu brazo a expugnarla, y no agradezcas mis demonstraciones, viendo, cuanto un lazo nos estrecha; pues siempre fueron tan unas las Casas de Austria, y Suevia. . No hay voz para tantas honras, aunque responder quisiera, acreditelas, si no mi mérito, mi obediencia; y en tanto que vuelve, vamos dando a los cuarteles vuelta. Por esta parte, el cordón se cierre, tú te acuartela, hija, junto a la Sagrada Casa de María. . Eterna será en mí la pena, viendo lo poco que Dios espera de nuestro culto, supuesto, que la mañana, que a fuerza de armas, en feroz asalto, tomó a Nazareth el César, los Ángeles arrancaron de allí su Casa, que llevan por los vientos a Dalmacia, en cuyos montes la asientan, según por cartas después supimos. . Arma, arma, guerra. Qué es esto? . Qué es esto? Aquí, según conocerse deja, han hecho contra nosotros salida; y por la aspereza del Sion, hasta la cumbre, sus Tropas romper intentan. En lo profundo del Valle, formando va sus hileras el enemigo, sin duda, para abrir por aquí senda a algún socorro. . A dar vamos calor con nuestra presencia a su oposición. . A mí, y a mis cruzadas Banderas toca, por ser hoy de guarda, la salida; vuestra Alteza, en tanto que al arma salgo, las avenidas defienda. Así lo haré, vivos andan los rebatos. . Arma, guerra, Todabia del asalto de Nazareth, esta pierna tengo estropeada; por eso el Cirujano me ordena guardar la boca, y la espada. No sé que tienen, que alientan las guerras contra estos perros, al más mandría, al más vadea; mas qué mucho? si de celo armados, todos confiesan, antes de entrar en las lides; y es gran cosa lo que esfuerza el coleto sin dobleces, que da la buena conciencia. Cómo pudieras tú en lid entrar, aunque no estuvieras herido, con el peligro, de que allí te conocieran, y no volvieras de espía? Le causa; señor, es esta, porque yo entré en el asalto, por no volver nunca a aquella maldita vida de espía, habiéndome a manos llenas (como dicen) Federico, premiado la extraragema, de ser yo principal causa de libertar a la Reina; y desde que valgo más, tengo conmigo más cuenta. Creciendo el cómvate va. Sí, pero muy lejos suena. Ven acá, tú que mil veces has entrado, según cuentas, en Jerusalén, sabrás, que dos Capillas excelsas, sobre la puerta dorada, los Capiteles descuellan? que el ver al uno con Cruces, mi curiosidad despierta. Ese, señor, es el chiste mas gracioso de la Secta de Mahoma, para risa, permite que lo refiera: Tienen, señor, los malvados estas dos Capillas hechas, una a Cristo, otra a Mahoma, diciendo, que en su eminencia, los dos han de juzgar juntos a tantas gentes diversas, como en el día del Juicio cabrán en la breve esfera de este Valle, y que allí Cristo condenará con seyeras voces, Géntiles, Judios, y Cristianos, que resuelta su indignación, a los Moros les dará la propia pena; y en tonces dirá Mahoma; quédito, señor Profeta, los Moros han de salvar se, aunque Alá quiera, o no quiera, o sobre eso reñiremos, y habrá la marimorena; y convertido en un macho de cabrío, porque sea el disfraz tan como suyo, ser transformarán apriesa los Moros todos en pulgas, que entre su lana revueltas, se irán con él a la Gloria, donde en llegando, a carreras, por los rincones del Cielo, se irá sacudiendo de ellas. . Rara ceguedad! creciendo va el arma, y aquí se acercan, vamos a hacer, que en la línea las armas todos prevengan por si importa salir. . Vamos, Arma, arma, guerra, guerra. Sombra, qué quieres de mí? ya de mi estrella al rigor, caballo, sangre, y valor, en la refriega perdí. Retirarme quiero aquí, y cuando a alentar venía, la cansada vida mía, entre tanto horror violento, viste a los ojos el viento, sombras de la fantasía. Una Celestial Mujer, en cuyo diáfano albor, cuajó la Aurora el candor, de un perpetuo amanecer; benigna se deja ver, y airada, sus labios rojos pronuncian dulces enojos, que mueven los corazones, y el bulto de sus razones están tocando mis ojos. Dias ha, que Soberana me permites Mujer verte, intimándome la muerte, si no me vuelvo Cristiana: Por ilusión tuve vana tu aviso, y ahora siento que a tanto golpe violento, la vida me va faltado; vino el desengaño, cuando es estrago, y no escarmiento. O nunca hubiese salido de Nazaret con la vida! Nunca una mina escondida el paso hubiese ofrecido al Soldan! y hubiese sido sagrado nuestro también; pues siempre mis ojos ven esta Deidad tan airada, que absorta, muda, y pasmada, temo, sin saber a quien: yo muero. Erminia, hacia allí, a pie, y herida se entró, nadie me siga, que yo solo he de prenderla. Aquí se acercan; pero ay de mí! la vida derramo ya en la púrpura, que va todas las flores tiñendo. Aquí: Cielos, que estoy viendo? Quién agonizando está; o Gran Maestre, no en vano, fue un afecto no entendido, que siempre oculto he tenido a ti, y al nombre Cristiano, sola puede ya tu mano darme vida. . Egipcia hermosa; qué es esto? tu sangre undosa la azucena tiñe? Injusto dolor! cuando el mismo susto, pálida pone a la rosa. Esto es morir, pues se ve el alma en sangre salir, dos veces será morir, si muero sin vuestra Fé, Tu mano el caracter dé de la Gloria, a mi agonia, en esa corriente fría. O más que feliz mujer! pues tu Jordan ha de ser esta fuente de María; aquí sus paños lavó la Emperatriz Celestial, su contacto, el manantial undoso santificó. Ven, donde te bañe yo con sus licores extraños, por remedio de tus daños, dándote la eterna Palmas pues como lavará un alma agua que lavó sus paños? Robusto Atlante seré de tu cielo, ven conmigo. La senda del Cielo sigo, y ignoro si acertaré. Tu condúctora es la Fe, no temas. . Valedme, pia María, en tanta agonia! No temas, pues, tu desvelo, que no hay más senda, que al Cielo, desde el Agua de María. . Guerra, guerra. . En vano querer su línea romper, (ah sido en vano el acometer, pues no solo han resistido; pero aún hasta aquí seguido de su cólera, y fiereza, del Sion en la maleza, si intentamos rechazallos, fuerza ha sido los caballos desmontar, por la fiereza. A salir determinado de Jerusalén venía, porque a la persona mía decente no se ha juzgado, estar en ella cerrado; y por poder yo juntar con esfuerzo Militar el poder de mi Corona, volviendo por mi persona el socorro a acaudillar, a Erminia embié a divertir por el Valle del Cedrón; y en tanto por el Sion, intentando yo salir, no lo pude conseguir, cuando en la Plaza a rigores, sobra gente, mas no ignores, si el sustento a faltar viene, que tantos contrarios tiene, cuantos son los defensores; fuerza el rendirla ha de ser. Señor, pues no has de lograr tu salida, a retirar manda tocar que temes puedes, si llegan a ver tu persona aquí empeñada, que corten la retirada. Como es fácil que lo intente, si con la nuestra su gente, hasta aquí vino mezclada; antes los vuelvo a animar, por ver si puedo romper. Aunque rompas, qué has de hacer, si aquí no puedes montar, y luego te han de alcanzar? A la falda de Sion, de Arabes un Escuadrón, para mi fuga importante, me ha de recibir, bastante a hacerles oposición: no me aconsejes, mi vida de qué provecho me ha sido, después de un Reino perdido, y Violante, ay Dios! perdida? tu fuiste allí mi homicida. En qué te pude enojar? Para cuando adivinar era, los daños futuros, para cuando tus conjuros, y para cuando avisar? Señor, cuando ciencia fuera la mía, aún no te quejaras bien, porque si me mandaras, que juicio sobre ello hiciera, lo que alcanzara dijera. No es el mío adivinar, si no solo conjurar espíritus, es mi asunto, y a lo que yo no pregunto, no responde el familiar, Si sospechoso te hallaras de una tan grande traición, que hiciera averignación de ella, sin duda mandaras, bien dije, que no fiaras de ella en nada; pues no ignoro, que su traición con el oro falseó. . No ofendas su fe, que mil muertes te daré, si rocas en su decoro. Al monte, a la cumbre. . Allí el cómvate más se aviva por el paso. . Suerte esquiva! Y nuevo socorro aquí te viene. . Déjame a mí el cómvate renovar con él; por aquí bajar veo del Monte a mis Soldados, del Cristiano rechazados, salirlos quiero a esforzar: a ellos, amigos. Cristianos, a ellos. . Qué veo, enojos? suspendidas de los ojos se me han quedado las manos; ya son, mis intentos vanos: ninguno pase adelante, ninguno hiera arrogante, a vista de esta Deidad, y de quieta inmunidad goce el cuartel de Violante. Perdonad vos, gran señora, que mi rendimiento fiel, que era este vuestro cuartel, tuvo ignorado hasta ahora: no hubiera mano traidora, que por aquí se atreviera a mover guerna. . Quisiera saber en esto curiosa, cuanto más que por hermosa, sabré yo vencer por fiera. Celar supe mi pasión, por no llegar a ofender el amor con el poder, cuando estabáis en prisión; hoy, que sin esa objección puedo amar, hacer intento gala de mi rendimiento; pues quitarme esa crueldad, no puede la vanidad, que me da mi pensamiento? el rigor, la tiranía, bien os sabrán despicar; mas quien os podrá libras a vos de mi fantasía? Bástame la pasión mía, contra vuestro proceder, siempre obstigado en querera que se esto os puede irritar, bien vengado con mi amar quedo de ese aborrecer, ni vengar vuestros rencores pueden este amor profundo, porque desde hoy hago al Mundo gala de vuestros rigores: hacedme más, que mayores mis dichas entonces son; y si vuestra condición, de mi ofenderse procura, aún con vos vuestra hermosura, me disculpáis la elección. No le oigáis, que cuando sigo su retirada arrogante, por enemigo, y amante, (go, dos veces es enemigo. Guerra, guerra. . Teneos día Soldados, por la espesura, el muro nos asegura: caminemos presurosos, que todos volvéis airosos, huyendo de una hermosura. . Viste, Isbella; el frenesí de este Bárbaro? . Señora, tales sus cortesanías son, que a todos nos asombran; tanto, que cuando fue el César con resolución heroica a sacarte de prisión, quedé yo muy sin zozobra, de que vengasen en mí tu fuga, mas fui dichosa con todo eso; pues entrada la Plaza, a la misma hora me hallasteis en el Palacio; pero esto aparte: qué importa la locura del Soldas? Nada, que a mí no me enoja, sino que a mí me lo diga; pues solo en grandes personas, no ofende a ceños de esquivas todo el aplauso de hermosas; y tienen los imposibles sus libertades tan otras, que no temen juicio ajeno las seguridades propias. . El César viene. Pasando a vuestra Tienda, que doma la espalda a esta cumbre, siendo de su Turbante garzota, escuché el ruido del arma, y por más que presurosa llegó al socorro mi espada, fuego vibrando la hoja, se retiró el Enemigo. Vuestra Majestad no exponga su vida otra vez al riesgo, y en tales casos conozca; que de todos es su vida, pues que penden de ella todas. Esto es tenernos con susto a todos, y en una corta facción empeñar a un choque, sin tiempo, todas las tropas. Hasta mi Tienda llegaron los nuestros puestos en rota, y fue forzoso salir a alentarlos valerosa; con mi presencia volvieron sobre los Turcos, que toman la carga: salió el Soldan, que acaso estaba de escolta, a recibirlos, y viendo, que a todos mi voz ejorta al cómbate, se retiran, diciendo, que generosas cuchillas, donde hay bellezas, en el respeto se embotan. Eso, y lo que en Nazaretaa me contó Hugo de la joya, me ha admirado. . Pues, señor, si gustas de saber cosas ingeniosas del Soldan, oye una digna de historia. Un Monje Español, a Egipto encaminó su derrota; supolo el Soldan, llamole, y díjole con voz bronca: a qué habéis venido acá? y el Padre, con muy melosas palabritas, debanadas en una santa pachorra, dijo, a decir la verdad, y a morir por ella sola, predicándola; él entonces le replicó con gran sorna: si por la verdad deseas morir, mejor es que escojas, Peregrino, otro Páis; a España otra vez te torna; y di la verdad n ella a personas poderosas, y verás como en tu Patria, morir por la ver dad logras, que acá el decir las verdades, tan ha pechos no se toma. Lo que hizo su padre, fue cosa más maravillosa; estando a la muerte, hizo que en una pica le pongan su mortaja, y por las calles de Jerusalén famosas, llevada en público, una voz, así a todos pregona: Saladino, Gran Soldan de Egipto, de Babilonia Calisa, Rey de Suria, de Armenia, y de Capadocia, hace saber en su muerte, a cualesquiera personas, que después de dominadas las Naciones más remoras, conquistados tantos Reinos, y adquiridas tantas pompas, no saca de todo el siglo, sino esta mortaja sola. Ved en un Bárbaro aquí, una enseñanza tan docta para los Fieles, y ved como en ellos se malogra. No mucho, que allá sabrá agradecerlo Mahoma. Feliz nueva? Gran ventura! Leopoldo, qué os alboroza? Alfonso, qué os sobresalta? Erminia, Egipcia Belona, hija de Absalem. Emir de Prolemaida, que en otra ocasión en un reencuentro murió, salió valerosa, como criada en la guerra, tantas veces vencedora, a acometer mis cuarteles; herida se entró en la umbrosa espesura de los cedros, que todo el Valle coronan, cuando yo la segul, hallela entre mortales congojas, que derramaba en su sangre la vida sobre las rosas. Pidió angustiada el Bautismo. y yo con ansia debota se le di, en aquella fuente, en cuya corriente undosa, a las manos de María, manillas de nieve bordan, Apenas de sus cristales toco las primeras ondas, cuando milagrosamente, no solamente mejora el alma, bebiendo en agua el caracter de la Gloria, sino el cuerpo, de quien luego la salud entera cobra. Gran prodigio! . El regocijo de esa noticia me toca a mí, que la quise mucho, por las prendas que la adornan; aunque fue quien me prendió, Y a mí, puesto que la boba me regaló por espía, qué dirá si me ve ahora? mas diré, que en ese tiempo, mas es que defecto, loa, porque sin tener dos caras, nadie a vivir se acomoda. La noticia que te traigo, aún es, señor, más gustosa, porque te piden renenes, que a des Cabos correspondan, que a capitular saldrán las condiciones, y forma, para entregar la Ciudad. Qué dices? . que fue tan pronpta mi ejecución, que sin que de darte cuenta interponga la dilación, acusando la pereza de las horas, los renes entregados están; y en tu Tienda propia, dos Emires, que han venido, a que sus propuestas oigas. Señor, no a mí se atribuya, sino a tu nombre la gloria: en todo, señor, se muestra tu Majestad poderosa; pero en la guerra más, puesto, que siendo mis fuerzas pocas, tantas veces las inmensas de tus enemigos postras. Leopoldo, todos los pactos a ti te cometo, otorga, en honor de la Milicia, las condiciones honrosas que pidieren, por estar dentro el Soldan en personas y porque jamás quité al enemigo la honra, que castigarle, el rendirse, . . en algo el triunfo desdora. El Sagrado Lignum Cruéis, que adquírimos en la toma de Nazareth, para que en el Sepulcro se ponga, le llevaré yo en mis hombros; porque mi entrada ostentosa haga: descalzo he de entrar, ceñida al cuello una soga, y oprimiendo mis tervices de espinas una corona, que de donde salió Cristo con insignias afrentosas, no fuera bien parecido, que entrase yo con más pompa. Las Ordenes Militares, sus familias Religiosas, y sus Maestres, irán a la insignia vencedora, que la victoria nos da, alumbrando con antorchas sus Capitulares. Mantos, con la variedad vistosa de sus colores, en Cruces, cándidas, negras, y rojas, serán gala de mis triunfos. Ceñiremos luego todas las Tropas, acaudilladas de la Majestad gloriosa del Rey, y la Emperatriz; y pues de ver, que ya goza esa Reliquia la Iglesia, mal el alma se reporta, a dar gracias me retiro; y en empresa tan heroica, conoced todos, amigos, que quiere Dios la victoria, sin nosotros, para sí; pues de prenda tan dichosa, por mano, como la mía, sus enemigos despoja. Habiendo llegado el día, hija querida, que cobras Reino, que fue de tu madre; ya la muerte no me asombra, viéndote Reina en el Asía, y Emperatriz en la Europa. Feliz el suceso ha sido, vamos a que se disponga la entrada. . Vamos, que juro, que ponga luego por obra, derribarles a estos perros la Capilla, donde acotan, que todos han de ser pulgas del gran Macho de Mahoma. . Ismen, detente, qué ha sido? Ay de mi! rabiando voy, que del espíritu estoy inflamado, y poscido; oye lo que conjeturo ( . con mi ciencia, y con mi miedo entre las sombras, que puedo hurtarle al siglo futuro. Tu entregas esta Ciudad, que por casos bien extraños, dentro de muy pocos años volverá a tu potestad. Guárdala entonces más bien; porque llego a recelar, qué habiéndose de llamar Reyes de Jerusalen los de Nápoles, le infiere, que el derecho en adelante, que desde ahora con Violante Federico los adquiere. En otros Reyes gloriosos de Nápoles recaerá, donde mi Imperio tendrá enemigos poderosos; y más si llego a mirar, (antes mi fuego me anegue) que la Casa de Austria llegue la de Suevia a heredar, como a Nápoles también; y el Austria, aunque más me ofen- con tres títulos pretenda. (da, ser suya Jerusalén. De su Casa celebrada las Armas no puedo ver, que Leopoldo ha de poner, sobre la Puerta Dorada; porque presagio será que mi ciencia me interpreta, pues azote de tu Seta otro Leopoldo vendrá del Austria, cuyo blasón no más que al llegarlo a ver, yo mismo me he de morder de Rabia mi corazón. Cielos, qué fiero do lor su fantasía ha turbado? Ismen, Ismen, qué te ha dado? Ismen amigo? . Señor. Qué accidente, o frenes? te ha turbado la razón? qué delirio, y qué ilusión te ha dado? . Señor, a mí, como estoy yo aquí! . Pues zozobraste entre rigores; ciertos futuros temores, no acabas de decir. . Yo? En su delirio cruel no se da por entendido, bien claro se ha conocido, que habló su espíritu en él, Ay Ismen! forzoso ha sido rendir la Ciudad al hado, ya dejo capitulado, no solo restituido dejar el Reino, si no cuanto con soberbia mano el Ejército Cristiano en Egipto conquistó. Fuerza ha sido; pues a ultraje de cruel hostilidad, se recogió a la Ciudad la gente de los Villajes; Y tanto el numero crece de gente, que en conclusión, no sirve a la opugnación, y el bastimento encarece; que ni el ánimo valiente resistírsela ha podido, y más habiendo perdido en batallas tanta gente, la más lucida, y experta, y Erminia en una salida quedó en el Cedrón vencida, prisionera fuese, o muerta; esperando estoy la entrada de ese César Aleman, pues hasta los hados dan veneración a su espada, que pues la empresa que sigo perdida vengo ha dejar, ni un instante quiero estar en Reino de mi enemigo. Ya se ve por este llano del Valle ameno, y florido, en dos alas repartido el Ejército Cristano, ciñendo tanto Escuadrón, que a la entrega, se previene, la tropa que en medio viene en forma de Procesión. Pues mi gente a la salida se ordene saliendo honrada, con toda Arma enarbolada, toda Bandera tendida, y tú por tu autoridad, y por no infamar mi mano, entregarás alcristiano, las llaves de la Ciudad. . Estandarte de la vida, Insignia de nuestro Rey, en cuya señal gloriosa el César supo vencer: Salve, y permite a la rendida Fé, que trono tuyo sea Jerusalén. Oh Madero Celestial! que supo mano cruel de aquella Sangre Divina manchar, para en no blecer; el Rey de Reyes, tu peso pudo sufrir; pues por qué no adorarán tus Esclavos, el contacto suyo en él? Salve, y permite,. César de Occidente Invicto a tu lado pone Ismen las llaves de la Ciudad: ay infeliz! qué miré? déjame Madero Sacro, qué me quieres? que ya sé, que a pesar del poder mío, he de huir de tu poder. (grío Qué es esto? . Raro prodí- Ismen. . Sin duda esto fue, que vomitó, en una arcada de diablos algún tropel. Ismen. . Erminia, ay de mí! Qué ha sido esto? . Que ha si no huir de esa señal (de ser, aquel espíritu infiel, que en mi dominaba. Puesto, que de él te llegas a ver libre, como yo, recibe de los Cristianor la Fé, Qué, tú eres Cristiana? . Sí. Pues sabe Erminia, que es Cristiano también tu origen, hija eres noble, de aquel Conde Insigne de Trípol, muerto en esa guerra, a quien el Emir de Prolemaida, en una rota cruel hurtó en la cuna, y criada en su fecta, quiso que fueses infiel; pero el Cielo ha dispuesto, que otra vez, te conduzga su vivir, al motivo de nacer: yo también pido el Baptismo. Yo tu padrino he de ser, y hoy celebraré mis bodas, porque se lleguen a ver uñidas las dos cervices, siendo su vugo un laurel, de quien cuantos Reyes puedan a Nápoles suceder, de jerusalen Monarcas se llamen. Entremos, pues, al Santo Sepulcro, Allí término podrá tener nuestra estación. Dando fin a el Austria en Jerusalen.